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Parto: Mecanismo, clínica y atención

Parto: Mecanismo, clínica y atención

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Parto: Mecanismo, clínica y atención

Длина:
489 pages
5 hours
Издано:
Mar 11, 2021
ISBN:
9786074485950
Формат:
Книге

Описание

El Dr. Luis Espinosa Torres Torija, a través de esta segunda edición de Parto: mecanismo, clínica y atención, expone el evento obstétrico normal del parto y sus más frecuentes complicaciones desde un enfoque biopsicosocial; describe cómo el partero debe observar y cuidar de manera correcta el transcurso natural del parto, hecho que a través de mill
Издано:
Mar 11, 2021
ISBN:
9786074485950
Формат:
Книге

Об авторе

Luis Espinosa Torres Torija Posgraduado en Ginecología y Obstetricia, Centro Médico Nacional “20 de Noviembre” ISSSTE, Ciudad de México. Posgraduado en oncología quirúrgica de glándula mamaria. Profesor instructor para médicos internos de pregrado, residentes de medicina familiar, médicos becarios y adscritos, IMSS régimen ordinario e IMSS-Prospera, Veracruz, México. Médico adscrito del Hospital General de la Zona No. 24 e ISSSTE, Veracruz, México.

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Parto - Luis Espinosa Torres Torija

Fuentes

1



Evolución del parto humano


Luis Espinosa Torres Torija

El origen y materia del ser humano, como de cualquier ser vivo, es el mismo que originó a las estrellas, los planetas, el universo, esto significa que todo lo que existe está conformado de los mismos elementos físicos y químicos del polvo estelar como ¿consecuencia de un acto divino?, ¿producto de la naturaleza?, ¿resultado casual del residuo estelar?

En el planeta Tierra, los seres vivos poseen un origen común que en diversos momentos, se ramificó en función de las condiciones, circunstancias y necesidades de los organismos con el objetivo de adaptarse y sobrevivir, y así, así, perpetuar la especie.

De la misma manera, también existió un origen y pasado común para todos los primates divididos en dos grandes especies: los monos y el género Homo (hombre), hecho que sucedió hace cinco millones de años atrás; sin embargo, la aparición de este género como especie sapiens fue apenas hace 200 mil años, dicha clasificación fue aceptada por los humanos bajo el significado de sabio, sin embargo, el género homo no siempre fue privativo del sapiens, ya que existió diversidad.

El más conocido es el Australopithecus el cual existió hace 3.5 millones de años y fue descubierto en Adís Abeba, Etiopía, se trata de una hembra que caminaba erguida y medía un metro de altura. Los científicos concluyen que tuvo descendencia, nombrada por los antropólogos que la descubrieron como Lucy.

En distintas épocas se han descubierto más fósiles Homo, por ejemplo el soloensis, floreciencis, denisova, ergaster, entre otros, todos ellos humanos. Es una falacia considerar que estas especies se ubicaron en una línea de descendencia directa, lo cierto es que desde hace dos millones de años hasta cerca de 10 000, existieron y coexistieron varias especies humanas. Especial mención merece el Homo neanderthalensis (HN), mejor conocido como el hombre de Neanderthal, el cual no es un ancestro nuestro a pesar de que ésta fue la más desarrollada hasta la llegada del Homo sapiens; cualquiera que haya sido la circunstancia, el hombre, ahora moderno, extinguió y reemplazó al Neanderthal, incluso cuando el HN era de complexión más fuerte, con capacidad intelectual para tener conciencia de especie, inventar armas y utensilios, pero vivió de la misma manera por miles de años; en cambio, el Homo sapiens evolucionó más rápido, aunque físicamente menos fuerte, desvalido si se compara con muchos de los animales que existieron en la época remota, pero con un cerebro igual al del hombre actual, órgano que consume hasta 25% de la energía corporal en reposo y cuyas funciones hacen la diferencia con el resto de los seres vivos.

El Homo sapiens compitió con el HN por espacio y alimento. Se ignora hasta qué punto, pero lo más posible es que esa relación tuviera sus altibajos, algunos estudios aseguran que incluso se aparearon y procrearon, sin embargo no está respaldado de manera absoluta. En 2010 se publicó un estudio que duró cuatro años, los resultados demostraban que del 1 al 4% del humano moderno de la población de Europa oriental tiene DNA Neanderthal, a pesar de ello, el hallazgo no concreta alguna teoría en realidad y más aún, genera más dudas.

La razón más frecuente que se esgrime para tratar de explicar por qué los primeros ancestros decidieron caminar en dos extremidades está relacionada con los cambios climáticos, esto se puede resumir de la siguiente manera: el hábitat de los primates del este de África vieron convertirse a la selva en sabanas, fue necesario habituarse, a deambular en búsqueda de alimento; con el paso de millones de años esta actividad se perfeccionó y, como consecuencia, el cambio anatómico, biológico y funcional se modificó de forma importante. La evolución del resto del cuerpo y el cerebro fue determinante para el origen del Homo sapiens, el cual de distintas maneras compitió con los demás Homos hasta convertirse en el único género de este tipo, la única especie, sin embargo, este alcance no fue gratuito, tuvo sus consecuencias más o menos desfavorables en diversas partes del cuerpo, como en el sistema circulatorio, respiratorio, la columna vertebral, la gestación y, de forma dramática, en el parto.

El parto humano es el más doloroso, difícil y mortal de todos los animales del planeta; la ACOG (por sus siglas en inglés, American College of Obstetricians and Gynecologists), en Clinica Review (Tracy, 2002), el artículo titulado Maternal Mortality: an international crisis, concluye que en el mundo muere una madre por minuto por causa del embarazo y el parto (1 600 al día), por su parte, el Dr. Antonio Terrones de Argentina menciona que equivale a que cuatro aviones boing 747 lleno de embarazadas se estrellará mortalmente cada día, ¿por qué esta realidad?

Para intentar entender, debe hacerse un análisis por partes; para empezar, se generaron grandes cambios como consecuencia de la bipedestación que, a su vez, ejerció una profunda repercusión en la biomecánica del parto.

A continuación se describen diversas ventajas de la bipedestación, entre las más evidentes el individuo presenta:

1. Mejor visión su alrededor.

2. Mayor libertad del empleo de las manos.

3. Menor gasto energético.

4. Mayor control de la temperatura corporal.

5. Mayor movilidad tronco-pelvis.

Para que lo anterior sucediera, algunos músculos se fortalecieron y especializaron como los glúteos, sobre todo el glúteo medio, la función del psoas iliaco también fue fundamental, se fortalecieron los músculos perineales (elevador del ano, bulvocavernoso, transversos, entre otros); también sucedieron cambios en la estructura pélvica:

1. El canal pélvico se hizo más complejo.

2. La pelvis se estrechó.

3. El canal de parto se volvió acodado (curva de Carus).

4. A consecuencia de los cambios óseos y musculares, la vagina se hizo anterior (hacia adelante si se compara con los demás mamíferos).

5. En general, el canal de parto se hizo más largo y sinuoso.

Por otro lado, el desarrollo encefálico del Homo sapiens también provocó profundos cambios en el tamaño del cráneo del feto; el mayor crecimiento y desarrollo cerebral se dio a costa del lóbulo frontal, sitio que se relaciona con funciones biológicas, psicológicas, sociales, de aprendizaje, así como de regulación del raciocinio e instintivas; el incremento de la masa encefálica se relaciona con las capacidades lingüísticas, aunado, se encuentra que la bipedestación generó cambios anatómicos relacionados a la fonación, por ejemplo: el descenso de la laringe y aumento del volumen de la faringe, cuya pared anterior está formada por la lengua.

Para ofrecer una mejor idea del desarrollo encefálico, en el cuadro 1-1 se muestran algunos ejemplos comparativos con otros Homos y con el chimpancé:

En el cuadro 1-2 se puede observar la relación cerebro-masa corporal.

La cabeza fetal en el humano resulta ser de un tamaño desmesurado y grande en proporción al resto del cuerpo, a mayor volumen del cerebro y bipedestación, mayor dificultad para nacer.

NEANDERTHAL

Lucy tenía una pelvis platipeloide, el estrecho superior y la salida pélvica eran grandes y el estrecho medio era parecido al de la mujer actual. Si bien había posibilidad de distocia, el canal de parto resultaba mucho más grande que el de un sapiens; en cuanto al cráneo fetal, éste tenía más o menos el mismo tamaño de aquél pero tendía a ser más alargado que redondo y, por lo tanto, cabía mejor en la pelvis materna (es decir, era más largo que ancho); la masa encefálica del feto resultaba desarrollada hacia la parte occipital, de forma evidente la frente resultaba aplanada, por lo que con seguridad se presentaron problemas de parto, aun así éste resultaba más fácil que en la parturienta humana moderna.

CHIMPANCÉ

La hembra chimpancé tiene un tipo de pelvis llamada antropoide, lo que significa que los diámetros del canal óseo del parto son en sentido anteroposterior mucho más grande que el transverso u oblicuos y casi desde la entrada hasta la salida tiene los mismos diámetros; la pelvis, útero, cuello cervical, vagina y vulva tienen un trayecto rectilíneo (en comparación con la mujer actual, se encuentra situada en una posición posterior); de tal manera que el feto, que tiene una cabeza pequeña y alargada (al contrario de la del humano que es redonda) se encaja en una variedad de posición occipito-sacra, desciende y se expulsa de la misma manera, no realiza movimientos de flexión, asinclitismo ni rotaciones.

Otra característica es que el cuello cervical de la hembra chimpancé prácticamente no carga al contenido uterino, por lo tanto, al inicio del trabajo de parto se encuentra blando y se abre con facilidad; como consecuencia el trabajo de parto es corto (con una duración promedio de 2 h); un hecho revelador es que el diámetro biacromial en el chimpancé es menor y más flexible que el toracodorsal. Por lo tanto, en el transcurso del canal de parto el feto se comprime y muestra diámetros más reducidos (en el feto humano el diámetro biacromial es más largo que la estructura torácica); la cabeza nace en occipito-sacra es decir, su rostro mira hacia el abdomen materno, incluso el chimpacé recién nacido, se toma con las manos del pelo materno para ayudarse a nacer mientras su madre lo auxilia, después él busca las glándulas mamarias para alimentarse.

RESTO DE LOS CUADRÚPEDOS

En la mayoría del resto de los cuadrúpedos, la pelvis de las hembras es alargada y la trayectoria pélvica es rectilínea. Es habitual que las espinas ciáticas no se desarrollen, el útero con su contenido descansa sobre la panza y no sobre el cuello cervical, la vulva tiene una posición posterior (contra la anterior de la mujer); si bien en el parto pueden presentarse distocias, es menos frecuente que en el humano. El feto, por lo regular, tiene presentación cefálica con las patas por delante.

PARTO HUMANO

El desarrollo del cerebro humano está, sobre todo, en correspondencia al lóbulo prefrontal y genera una presentación ajustada al canal de parto el cual está reducido a consecuencia de la bipedestación. La pelvis se sujetó a cambios muy importantes, por ejemplo:

1. Se hizo más estrecha. Fue necesario compactarse para poder sostener por un lado la cabeza y tronco y por otro, ésta debía ser un punto de apoyo para los miembros pélvicos. Una cadera corta permite caminar y correr mejor.

2. Más sinuosa. La entrada pélvica tiene como diámetros mayores el transverso y los oblicuos, a nivel de la pelvis media existe un estrechamiento ocasionado por las espinas ciáticas (espacio de las mínimas dimensiones pélvicas), la salida pélvica tiene como diámetro mayor el anteroposterior (contrario a la entrada pélvica), el canal pélvico no es rectilíneo sino acodado (curva de Carus).

3. Cráneo fetal. Incrementó el diámetro frontoccipital, que es el que opone mayor resistencia al canal de parto, el crecimiento cefálico y, por tanto, craneal resulta a expensas del lóbulo prefrontal y hace de la cabeza una estructura redonda y grande (cabezón), esta situación no sucede en el chimpancé, cuya cabeza del recién nacido de término no es más grande que la de un humano con 33 semanas de gestación y además no es redonda, sino alargada; por otro lado, el foramen magnum del sapiens es más bien central contra la posición posterior en los cuadrúpedos; por lo tanto, la articulación atlantooccipital confiere amplia movilidad cefálica y, por lo mismo, hay mayor riesgo de presentación anómala, como por ejemplo, la deflexión.

4. La expulsión del feto debe realizar diversas maniobras para sortear este complejo canal de parto, se encaja en un diámetro oblicuo o transverso, tiene que hacer flexión para presentar sus menores diámetros y, en ocasiones, tiene que vérselas con el diámetro biciático, es decir, debe rotar para coincidir sus menores diámetros con el anteroposterior del estrecho inferior (la rotación interna de la cabeza es un rasgo tardío de la evolución humana); el diámetro biacromial es mayor y además más rígido que el toracodorsal (el tórax, el alargamiento de las clavículas y la reorganización de la articulación del hombro se modificaron para poder tener más éxito, dejar de utilizar los brazos y manos para caminar y tener facilidad de los mismos para nuevas funciones); por lo tanto, dicho diámetro también debe realizar movimientos en el canal de parto ( rotación interna, rotación externa, desprendimiento) con el riesgo latente de la distocia de hombros; al llegar al estrecho inferior, el suboccipucio de la presentación debe engancharse con el subpubis para poder extenderla a partir de la articulación atlantooccipital, y así poder emerger y desprenderse.

Partes blandas

1. La mujer se mantiene erguida durante el embarazo, por lo tanto el cuerpo y útero tienen el diámetro mayor longitudinal.

2. Sin embargo, la vagina y aún más la vulva, no siguen la trayectoria del cuerpo uterino. La primera se encuentra situada en la parte anterior (contraria a la dirección posterior del mono y, por lo tanto, en el trabajo de parto el feto sigue una trayectoria recta y simple).

3. Además de los múltiples movimientos contorsionistas de la cabeza, hombros y pelvis del feto, durante el trabajo de parto, debe seguir diversas direcciones.

4. Durante el embarazo, el cuello cervical debe convertirse en una estructura resistente, gruesa y firme para contener el peso cada vez mayor de su contenido, al final del embarazo soporta, por ejemplo: un feto de 3 500 g, placenta de medio kilo y 800 mL de líquido amniótico. Llegado el final del embarazo, en el cuello cervical deben suceder profundos cambios: en un inicio, debe reblandecerse, hidratarse, ablandarse, entreabrirse, para luego, con la contractilidad uterina ya de trabajo de parto, borrarse y dilatarse por completo; este proceso entraña diversos riesgos como: que no suceda o no se genere de manera correcta el alargamiento de la etapa prodrómica del trabajo de parto (con su proceso sintomático y la usual desesperación de la embarazada, familiares e incluso el mismo médico), las muchas horas del trabajo de parto, hechos fisiológicos que si no son comprendidos por el facultativo tratante, por desgracia llevan con frecuencia a la toma de decisiones erróneas y en potencia peligrosas para el binomio (confundir pródromos con trabajo de parto, inducción de éste con occitocina sin presencia de madurez cervical o sin indicación precisa, dilatar el cuello cervical de forma digital, realizar cesárea por trabajo de parto prolongado, entre otros).

5. El periné de la mujer resulta una zona de resistencia para el desprendimiento de la presentación, se trata de una parte formada por la convergencia de diversos músculos que conforman una especie de cuña; no es poco frecuente que esta zona se lesione desde pequeñas fisuras hasta grandes desgarros (en los cuadrúpedos, el periné casi no existe).

Como consecuencia de todo lo antes mencionado, el Homo sapiens nace pretérmino de forma biológica, esto significa que no puede sobrevivir por sí solo, al nacer se encuentra desprotegido, a diferencia del resto de los animales, y no sólo los mamíferos, también lo ovíparos al nacer cuentan con condiciones físicas e instintivas para sobrevivir y buscar su alimento (un chimpancé, un potro, cocodrilo, entre otros).

Dado que la salida pélvica es ósea y blanda en dirección anterior y con el hecho de que la presentación nace en occipito-púbica, a la mujer le es difícil atenderse por ella misma el parto, el riesgo posible es lesionar la columna cervical del producto al intentar terminar de extraerlo o desenrollar una eventual circular de cordón, además de los potenciales riesgos de hemorragia y distocias, entre otros; de allí la importancia de que la atención del evento obstétrico sea un ejercicio individualizado pero con apoyo, razonado y humanizado. Resulta peligroso seguir modas sin la formación necesaria; más allá y con apego a la verdad impuesta, inclusive hay profesionales que en teoría están capacitados para auxiliar a una mujer a traer al mundo exterior a su hijo, y que muchas veces no sólo no cumplen con su tarea, sino que resultan parte los problemas: ¿cuántos parteros conocen la historia de la evolución del parto humano?, ¿cuántos practican una obstetricia basada en la clínica?, ¿cuántos profesionales valoran a la parturienta como entes biopsicosociales?, ¿cuántos médicos no sólo son humanitarios sino humanistas?, ¿cuántos profesionales de la salud buscan una patología, medican y hasta burocratizan un evento que es normal?, ¿a cuántos médicos les importa en verdad el dolor de la parturienta? En primer instancia, el partero debe saber qué ha sucedido con el embarazo y el parto a través de la evolución del Homo sapiens, pero no sólo entender de antropología, sino también de sociología, psicología, filosofía, historia de la medicina, esto le permite tener una amplitud teórica para contemplar el vasto e intrincado mundo en el que vive un único género y especie humana, y la normal, pero sui generis, forma de perpetuarla.


BIBLIOGRAFÍA

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Deacon T: The symbolic Species: the coevolution of language and the human brain. EUA: Allen Lane Harmandsworth, 1997.

Dunbar R: La odisea de la humanidad. Una nueva historia de la evolución del hombre. Barcelona: Editorial Crítica, 2007.

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Martin-Loeches M: La mente del homo sapiens. El cerebro y la evolución humana. Madrid: Editorial Santillana, 2008.

Stringer C: En busca de los Neandertales. Barcelona: Editorial Crítica. 2001.

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Waal F: La politica de los chimpacés: el poder y el sexo entre los simios. Madrid: Editorial Alianza, 1993.

Walter Ch: El último superviviente. México: Editorial Planeta, 2013.

2



Antecedentes históricos de la atención del parto


Luis Espinosa Torres Torija

No es posible entender la atención del parto sin la presencia de las comadronas. Desde que el ser humano es consciente de su existencia ha sentido la necesidad de auxiliar a sus semejantes cuando se encuentran en una situación vulnerable o de dolor. Éste es el origen de los médicos llamados curanderos, chamanes o brujos, pues surge la necesidad que saber qué provoca el dolor y, sobre todo, cómo aliviarlo. El dolor más singular es el del parto y quién más sensible y comprensiva sobre ello que una mujer.

En relación a la atención de la parturienta y del parto mismo existen infinidad de ideas y prácticas para llevarlo a cabo, unas se originan en la observación y la reflexión, otras están plagadas de superstición o de religiosidad, algunas verdaderas genialidades, pero también muchos errores.

Como ejemplo de la actividad humana en este terreno se mencionan algunos ejemplos: entre los zulúes de África, cuando la mujer está a punto de parir, debe soplar dentro de una vejiga de animal o una caña cerrada para generar el pujo. Los comanches americanos provocaban el parto al hacer que un caballo a todo galope se detuviera a pocos centímetros de la mujer. Para la tribu de los cunas es vergonzoso que la mujer grite durante el trabajo de parto; para evitarlo, le dan de comer corazones de iguana y de esta manera obtener el estoicismo que estos animales muestran cuando son torturados. En diversas partes del mundo se acostumbra que la mujer dé a luz apoyada sobre las rodillas de la partera o un familiar, como en algunas tribus norteamericanas, Perú e incluso en diversas partes de Europa. Todo parece indicar que este hecho dio origen a la invención de la silla obstétrica, muy popular en Holanda y en toda el área anglosajona; cabe mencionar que el uso de la silla es tan antiguo que Hipócrates ya lo aconsejaba. La utilización de infusiones de hierbas o ciertos alimentos durante el trabajo de parto siempre ha existido; estas sustancias han tenido efectos diversos: oxitócicos, vomitivos, laxantes y algunas, como el vino, sirven como analgésico y anestésico. Asimismo, en la mayor parte de los pueblos es recurrente el uso de correas alrededor del abdomen con el objetivo de hacer presión uterina. En las comunidades indígenas del estado de Veracruz, México, se aplica dicha compresión con sábanas o sogas mientras la parturienta permanece hincada y sostenida con las manos sujetas de otra soga que cuelga de una viga en el techo, como lo muestra la figura 2-1.Hay costumbres peculiares como la de los birmanos en las que una vez que la embarazada se encuentra en trabajo de parto, la desnudan y la hacen correr alrededor de la habitación hasta extenuarse, mientras que un grupo de mujeres golpea su abdomen con almohadas, cuando el parto está cerca, la acuestan y una de ellas se sube sobre el abdomen y hace presión con los pies.

El corte del cordón umbilical se ha realizado con artefactos naturales como las astillas de bambú, caña, conchas marinas o como lo hacen los klamats en Oregón, EUA, que trituran el cordón con una piedra. En México se acostumbra guardar como recuerdo un trozo de cordón umbilical o enterrarlo en el patio de la casa paterna y sobre él plantar, de preferencia, un rosal; la idea es que al crecer el bebé nunca se olvide de su hogar y siempre regrese a él.

En cuanto a la placenta, lo más frecuente es enterrarla; aunque hay tribus que la cocinan y se la comen.

Con respecto al puerperio, en general, las prácticas muestran que la mujer como su hijo deben estar limpios. Algunos grupos prefieren el agua caliente y otros por la fría. La mayor parte de las civilizaciones está de acuerdo en que se trata de una etapa muy importante y delicada.

El nacimiento de gemelos siempre ha sido motivo de atención especial; para algunos pueblos es signo de buen augurio, sobre todo si ambos son niños. Todo lo contrario sucedía con los arunta de Australia, en donde el padre mataba al niño más débil para luego cocinarlo y comérselo; en algunas tribus africanas, el nacimiento de gemelos era signo inequívoco de adulterio.

En cuanto a los antecedentes históricos, a la partera en la antigua Roma se le llamaba obstetrix, que viene del latín obstare estar al lado de. De dicho término se deriva la palabra obstetricia, de tal manera que los obstetras actuales son herederos no sólo del término etimológico, sino también del saber (empírico al inicio) de aquellas mujeres que ayudaban a otras a nacer a sus hijos.

Otro término utilizado para denominar a estas mujeres es matrona, palabra de origen escandinavo (matris), que significa pequeñas hadas del bosque en Mesopotamia, por ejemplo, las matronas eran consideradas sacerdotisas inspiradas por Inanna, diosa del nacimiento. Este mismo rango superior lo tenían en la antigua Grecia, donde además se invocaba a la diosa Artemisa. En el antiguo Egipto, las parteras estaban organizadas en corporaciones. Las mujeres egipcias parían en cobertizos hechos de ramas situados en jardines o en el tejado de la vivienda, y para mitigar el dolor del trabajo de parto bebían cerveza. En el antiguo testamento, se hace mención del trabajo de parteras, como es el caso del segundo parto de Raquel, que era la mujer de Jacobo.

En la época talmúdica, la matrona era parte importante de la sociedad; la partera hebrea fue quizá la más conocedora del arte obstétrico pues llegaba a realizar cirugías como la embriotomía.

En el imperio azteca, la función de la partera comenzaba con el mismo embarazo, incluso se puede considerar que llevaba a cabo el control prenatal, aconsejaba desde cuestiones relacionadas a la nutrición como asuntos conyugales, en este sentido se sugería mayor actividad sexual durante los primeros meses para fortalecer al embrión y suspenderlo al final para evitar que el niño naciera manco o cojo; además del riesgo de que el semen se coagulará sobre el feto y esto dificultara el nacimiento. Desde cinco días antes de la fecha programada por la partera, ésta acompañaba a la embarazada a todas horas, y cuando la mujer comenzaba el trabajo de parto recibía un buen baño en el temazcalli y junto con sus ayudantes, la prodigaban de cuidados.

Algo interesante era la posición en la que se paría, como lo señala el cronista Herrera: las mujeres paren boca a vaxo, en cuatro pies, las manos en el suelo y la comadrona recibe a la criatura por detrás (figura 2-1). Cuando nacía un niño, un trozo del cordón umbilical ya desecado se le daba a un guerrero para que lo enterrase en el campo de batalla; si era niña, el trozo de cordón se enterraba en la casa paterna, de preferencia cerca del fogón. Otro dato relevante es que las parteras aztecas practicaban cirugías como la fetotomía, cuando el parto resultaba imposible.

Figura201.jpg

Figura 2-1. Posiciones utilizadas para parir entre las indígenas mexicanas.

Si bien durante siglos la partera fue pilar importante en diversas sociedades, también es cierto que llegó el momento en que su función se demeritó y al parecer esto comenzó con la caída del imperio romano y la llegada de la Edad Media, periodo en donde prevaleció el poder de la religión intolerante e ignorante por encima de toda ciencia, aunado a la discriminación que se sometió a la mujer, quien era considerada un ser inferior y sin derechos incluida la partera. Entonces, comenzaron a presentarse los médicos varones provocando una situación excepcional: por un lado, estaban las parteras empíricas con gran práctica en la atención del parto, y por otro, el médico que se consideraba conocedor del saber pero sin tener la experiencia obstétrica. Este hecho tenía tres razones fundamentales: en general, la comunidad le tenía más confianza a las matronas que a los médicos; en segundo lugar, no se aceptaba que un varón observara los genitales femeninos, y por último, al facultado del siglo XVI le resultaba vergonzoso ser partero, pues tal quehacer era tarea de mujeres y no del médico erudito y científico. Sin embargo, el interés de los varones por el parto siempre ha existido; como ejemplo de ello está Hipócrates en el siglo V a. de C., quien partía de conceptos erróneos y carecía de experiencia en la observación directa del momento del parto y alumbramiento. Para él, el feto tiende a abandonar el claustro materno obligado por el hambre, además, sólo puede nacer en presentación cefálica porque es así como puede apoyar los pies sobre el fondo uterino e impulsarse hacia el exterior; además consideraba que la pelvis materna era muy elástica y sólo se ensanchaba para dejar pasar al feto. Esta teoría prevaleció durante demasiados años. En 1543, Vesalius cuestionó esta teoría hipocrática, pero fue ignorado durante casi dos siglos, hasta 1701, cuando Deventer en su libro Novum lumen, hace referencia al carácter rígido de la pelvis.

Los primeros avances en obstetricia se deben a Sorano de Efeso, médico griego que vivió durante el reinado del emperador Trajano (98-138 d. de C.). Él escribió un libro que denominó Arte obstétrico, este escrito trata sobre la atención del parto y estaba dirigido a médicos y parteras.

Las adversidades de las parteras no terminaron con la Edad Media. En el Renacimiento, los médicos y la iglesia se unieron para desprestigiar aquella labor que alguna vez fue considerada sagrada: a las parteras se les acusó de embusteras, incluso de tener pacto con el diablo al querer aliviar el dolor que por mandato divino debía sufrir la mujer durante el trabajo de parto. Al respecto, se dice que en 1591, Eufame Malcayane de Edimburgo fue quemada viva en la hoguera por orden de Jaime VI porque solicitó a una partera una pócima que le aliviara el dolor del parto. No corrió la misma suerte la reina Victoria en 1853, cuando le dieron a oler vapores de cloroformo durante el

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