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Saint X

Saint X

Автор Alexis Schaitkin

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Saint X

Автор Alexis Schaitkin

оценки:
3/5 (126 оценки)
Длина:
444 страницы
8 часов
Издатель:
Издано:
18 сент. 2020 г.
ISBN:
9786075572505
Формат:
Книга

Описание

UNA NOVELA ESTREMECEDORA SOBRE EL DUELO, LA OBSESIÓN Y EL VÍNCULO ENTRE DOS HERMANAS QUE NUNCA TERMINARON DE CONOCERSE.
Claire tiene sólo siete años cuando su hermana mayor, Alison, desaparece la última noche de las vacaciones familiares en la paradisiaca isla caribeña de Saint X. Días después, el cuerpo de Alison aparece en el mar, y la policía arresta a dos empleados del sitio turístico. Pero los sospechosos terminan por ser liberados, y la muerte de la joven se convierte en un misterio sin resolver con resonancia internacional.
Años después, Claire tiene un encuentro fortuito que la hacer revivir los hechos que llevaron a la desaparición de Alison. Entonces emprende una búsqueda obsesiva por la verdad. ¿Qué fue lo que ocurrió en Saint X? ¿Qué hacían los sospechosos esa noche en la playa? Y la pregunta más difícil de responder: ¿quién era en realidad su hermana perdida?
A través de la búsqueda de Claire, Alexis Schaitkin nos presenta una poderosa novela sobre las historias que perseguimos para entender el pasado, y el poder esclavizante de la obsesión y la tragedia.
"A la vez fríamente satírica y cálidamente romántica. El brillante debut de Alexis Schaitkin… Es irresistible por su inteligencia y suspenso". Joyce Carol Oates
"Una exploración caleidoscópica sobre la raza, el privilegio, la familia y la identidad, relatada
con el dinamismo concentrado de un thriller". Chang-Rae Lee, autor de Rendidos y Desde las alturas
"La atmosférica novela de Alexis Schaitkin… desvela inquietudes sobre el duelo, la verdad, el privilegio y una cultura que convierte el asesinato en materia de entretenimiento". Carol Memmott, The Washington Post
Издатель:
Издано:
18 сент. 2020 г.
ISBN:
9786075572505
Формат:
Книга

Об авторе

Alexis Schaitkin’s short stories and essays have appeared in many literary journals and newspapers. Her fiction has been anthologized in The Best American Short Stories and The Best American Nonrequired Reading. She received her MFA in fiction from the University of Virginia, where she was a Henry Hoyns Fellow. She lives in Massachusetts with her husband and son. Saint X is her debut novel.


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Saint X - Alexis Schaitkin

PortadaPágina de título

Para M & E

Indigo Bay

Comienza con una vista aérea. Deslízate bajo las nubes y allí está, la primera mirada al archipiélago: un instante, un vistazo, un espectáculo de color tan repentino e intenso que impacta tanto como sumergir un cubo de hielo en agua caliente y verlo estallar en mil pedazos: el mar cerúleo, las islas esmeralda anilladas por arena blanca y quizás, en este día, en la esquina de la imagen un buque carmesí.

Baja un poco más y las islas revelan su topografía, valles, planicies y los picos cónicos de los volcanes, algunos de ellos aún activos. Allí está el Monte Scenery en Saba, el Monte Liamugia en Saint Kitts, el Monte Pelée en la Martinica, el Quill en San Eustasio, La Soufrière en Santa Lucía y en San Vicente, el Grand Soufrière en la capital Basse-Terre de la isla de Guadeloupe y Soufrière Hills en Montserrat, así como el Grand Soufrière en la pequeña Dominica, rodeado por no menos de nueve volcanes. Los volcanes suscitan una intranquila sensación de apareamiento entre la cotidianidad de la vida y la amenaza de una erupción. (En algunas islas, ciertos días, copos de ceniza sobrevuelan suavemente en el pálido y fino aire, antes de aterrizar en las laderas cubiertas de hierba y en los aleros de los tejados.)

En algún lugar del archipiélago, se encuentra una isla de unos cuarenta kilómetros de largo y doce de ancho. Es un lugar plano, de un color deslavado y polvoriento; su tierra es fina y árida, el terreno está punteado por estanques salinos y la vegetación nativa consiste básicamente en maleza tropical, uva de playa, cactus y franchipán salvaje. (Aquí también hay un volcán, el Devil Hill: es pequeño y el magma asoma a la superficie algunas veces, sin embargo resulta poco interesante como una posible amenaza o como una atracción.) La isla alberga a dieciocho mil residentes y recibe casi a noventa mil visitantes al año. Visto desde arriba se asemeja a un puño cerrado con un dedo señalando al oeste.

La parte norte de la isla mira al Atlántico. Aquí la costa es delgada y rocosa, y el agua está sujeta a los cambios de temporada, a veces es demasiado tempestuosa. Casi todos los residentes viven en esta parte de la isla, y la mayoría de ellos en la pequeña ciudad capital, Basin, en donde las escuelas de bloques cenizos, las tiendas de alimentos, las iglesias y gasolineras se entremezclan con edificios coloniales color pastel, ahora deslavados: la mansión georgiana color rosa pétalo del gobernador general, el Banco Nacional verde menta, la Prisión de Su Majestad azul cáscara de huevo (una prisión junto a un banco, uno de los chistes locales favoritos). De este lado de la costa, los nombres de las playas susurran sus defectos: Salty Cove, Rocky Shoal, Manchineel Bay, Little Beach.

En la parte sur de la isla, las suaves olas del mar Caribe acarician la fina arena. Aquí los complejos turísticos o resorts puntúan la línea costera. El Oasis, el Salvation Point, el Grand Caribee y la joya de la corona de la isla, Indigo Bay. Cada uno de estos complejos está adornado con buganvilias, hibiscos y framboyanes, hermosos engaños intencionados para sugerir que la isla es un sitio exuberante y fértil.

Repartidos por el mar que rodea la isla, existen unos doce cayos deshabitados; los más conocidos son el Carnival Cay, Tamarind Island y Fitzjohn (famoso, al menos localmente, por ser el hogar de la lagartija Fitzjohn). Estos cayos son sitios populares para hacer excursiones: buceo con snorkel, días de campo románticos o expediciones guiadas a las cavernas de piedra caliza. El cayo más cercano a la isla es el irónicamente llamado Faraway Cay (Cayo Lejano), a unos quinientos metros de la costa de Indigo Bay. Su playa nacarada, sus vistas salvajes y una diáfana cascada en el centro, podrían hacer de este cayo un destino popular como sus vecinos, si no fuese por la plaga de cabras salvajes que viven allí y se alimentan de verdolaga de playa y tunas.

Los visitantes tienen poco sentido de la geografía. Si se les pregunta, pocos sabrían hacer un bosquejo de la forma básica de la isla, no serían capaces de ubicarla en un mapa, ni distinguirla de otras masas de tierra pequeñas que puntean el mar entre Venezuela y Florida. Cuando un taxi los transporta del aeropuerto al hotel, o del hotel al restaurante caribeño de comida fusión en la avenida Mayfair; o cuando hacen un paseo para ver una puesta de sol en el catamarán Faustina, o bien al desembarcar de un crucero en Hibiscus Harbour; o cuando una lancha los lleva a toda velocidad desde Britannia Bay a la antigua finca de azúcar, no saben si viajan de norte a sur o bien de este a oeste. La isla es un encantador no-lugar suspendido en agua tan clara como la ginebra.

Cuando vuelven a casa, rápidamente se olvidan de los nombres de las cosas. No recuerdan siquiera el nombre de la playa en donde su resort estaba situado, o el cayo donde fueron a la excursión de snorkel. (Aquella playa regada de dólares de arena, tan poco valorados.) Olvidan cómo se llamaba el restaurante que les gustó más; lo que queda es sólo el recuerdo de algo parecido a una flor exótica. Incluso olvidan el mismo nombre de la isla.

Mira a Indigo Bay más de cerca y los detalles del resort quedan a la vista. Un largo camino alineado con palmeras perfectamente verticales, el lobby de mármol con su techo abovedado, el pabellón abierto en donde se sirve el desayuno hasta las diez de la mañana, el spa, la piscina con forma de alubia, el centro de fitness y de negocios (la palabra CENTRO grabada en una placa afuera de cada uno de los salones; a los turistas americanos les encanta que esté escrita a la manera británica, algo tan pintoresco y serio para una isla tan alejada de Inglaterra). En la playa las tumbonas se organizan en forma de una parábola que sigue la curva de la bahía. Allí las mujeres locales colocan tambos, antiguamente usados para transportar leche, debajo de sombrillas azules, para trenzar el cabello a las niñas. La fragancia del ambiente es típica del trópico, franchipán y protector solar con olor a coco, así como el suave aroma a sal del océano ecuatorial.

En la playa están las familias, alrededor de sus sillas se ve la arena esparcida entre palas, flotadores, pequeñísimos zapatos de playa; parejas en su luna de miel debajo de los búngalos; jubilados a la sombra leyendo gruesos thrillers. No tienen idea de los sucesos que están a punto de ocurrir aquí, en Saint X, en 1995.

La hora: entrada la mañana. Mira. Una chica camina por la arena, su andar es perezoso, como si eso no tuviese ninguna consecuencia para ella, cuando llegue a donde se dirige. Mientras camina, varias cabezas voltean: hombres jóvenes, de manera evidente; hombres mayores, sutilmente; mujeres mayores, con añoranza. (Alguna vez tuvieron dieciocho años.) Lleva una túnica larga y ondulante sobre el bikini, su modo adolescente de portarla tiene un aire provocativo. Pecas color albaricoque se reparten a lo largo de su piel lechosa tanto en su rostro como en sus brazos. En un tobillo lleva una pulsera de plata con un amuleto en forma de estrella, y sandalias de plástico en sus largos y delgados pies. Una bolsa de rafia de playa cuelga de manera casual de su hombro. Su cabello rojizo, grueso y lustroso como el de un caballo, está amarrado con una banda elástica en un peinado aparentemente desordenado.

—Buenos días, dormilona —le dice su padre cuando llega a las tumbonas donde se encuentra su familia.

—Buenas… —dice ella bostezando.

—Te perdiste un crucero enorme que pasó justo por aquí. No te imaginas lo gigantesco que era —dice su madre.

(A pesar de que los huéspedes de Indigo Bay se quejan de los enormes barcos que impiden la vista, es verdad que sienten una orgullosa satisfacción en estos momentos: criticar el mal gusto de los otros les hace reafirmarse, ellos no han elegido hacer sus vacaciones en un lugar de vulgar opulencia como un barco, que es tan hermoso como un conjunto de oficinas.)

—Suena fascinante —dice Alison al arrastrar hacia la zona soleada una silla que se encuentra bajo la sombrilla. De su bolsa de playa saca un walkman amarillo. Se recuesta, se pone los audífonos y los lentes oscuros.

—¿Vamos a la piscina? —pregunta su padre.

Alison no responde. Finge escuchar otra cosa en vez de hacer caso a lo que su padre quiere hacer, simplemente lo ignora.

—Bueno, quizás en otro momento cuando todos estén con más ánimo —dice su madre con una sonrisa cómplice.

—Hey, Clairey —dice Alison—. Voy a una búsqueda de tesoros y voy a traer una estrella de mar.

Le habla a la pequeña niña que se sienta en la arena, entre las sillas de su madre y su padre, quien hasta ese momento estaba muy concentrada apilando arena en pequeños montículos.

—Voy a una búsqueda de tesoros y voy a traer una estrella de mar y un perro —dice la pequeña.

Es tan peculiar su apariencia como lo es atractiva la de su hermana mayor. Su cabello es casi blanco, su piel extremadamente pálida. Ojos grises, labios blanquecinos. Estas características combinadas dan una impresión tan llamativa como sencilla. Ésta es Claire, de siete años; Clairey, para su familia.

—Voy a una búsqueda de tesoros y voy a traer una estrella de mar, un perro y un piccolo.

—Un piccolo —susurra Claire. Sus ojos se agrandan con sorpresa.

El padre hace señas a uno de los hombres que atiende en la playa. Hay dos, ambos de piel oscura, con pantalones y camisetas tipo polo blancas, con la insignia del resort bordado al frente con hilo dorado. El flaco y el gordo, eso es lo que viene rápidamente a la mente de los huéspedes. El hombre que se acerca a la familia es el flaco, Edwin.

Cuando se acerca, Alison se sienta y se alisa el cabello.

—¿Cómo se encuentran esta mañana? —pregunta.

—Excelente —dice animada la madre.

—¿Primera vez en nuestra isla?

—Sí —confirma el padre—. Llegamos ayer por la noche.

Las vacaciones familiares las hacen en un resort diferente en una isla distinta, cada invierno, por una semana. Esto les proporciona el respiro suficiente, fuera de su suburbio nevado, para enfrentar lo que queda por venir en los próximos meses de oscuridad y frío. Han visto palmeras doblarse para besar la arena. Han visto el agua tan pálida como los glaciares y han caminado sobre arena tan suave como la crema. Han visto el sol transformarse hasta ser una yema gigante anaranjada que se rompe y se desparrama sobre el mar al final del día. Han visto el cielo nocturno triunfante con finas estrellas azules.

—Hoy nuestra isla está mostrando su día más hermoso para ustedes —hace un gesto con su delgado brazo hacia el mar—. ¿Qué puedo traerles esta mañana?

—Dos ponches de ron y dos ponches de frutas —dice el padre.

Alison suspira ligeramente.

El flaco regresa un rato después. (Demasiado tiempo, piensa el padre, como piensan todos los padres que están en esta zona de la playa, el flaco es un parlanchín y además lento.) Trae en una bandeja las bebidas adornadas con cerezas de Maraschino y flores de hibiscos.

—Tenemos un partido de voleibol esta tarde —dice—. Espero que nos puedan acompañar.

—¡Oh, cariño, eso te gustaría! —la madre le dice a Alison.

La chica se voltea para mirarla. A pesar de que trae los lentes oscuros, la madre sabe que su mirada es fulminante.

El flaco aplaude.

—Excelente. ¿Contamos con usted, señorita?

La chica se ajusta los lentes oscuros:

—Quizás.

(Últimamente ha desarrollado un gran talento para expresar las palabras más inocentes como veladas insinuaciones. Su madre se ha dado cuenta de ello.)

—¿O más bien somos de las que tomamos el sol, no? —dice el hombre.

Alison se sonroja.

El padre toma su cartera y extrae algunos billetes del grueso fajo que sacó ayer del banco. (¿Fue realmente ayer? Ya estaba empezando a sentir el efecto mágico y rejuvenecedor de la isla.)

—Gracias, señor.

El flaco mete el dinero en su bolsillo y sigue su camino por la playa.

—Tipo agradable —dice el padre.

—Sí, amigable —coincide la madre.

—¿Bueno? —dice el padre levantando su copa.

La madre sonríe. Clairey mira detenidamente su cereza. Alison revuelve su bebida con una estudiada desgana.

—¡Por el paraíso! —dice el padre.

Bajo el hiriente sol de la tarde, el gordo hace su recorrido por la playa, deteniéndose en cada grupo de sillas: El partido de voleibol comienza en cinco minutos, dice suavemente. Mueve la cabeza de manera incómoda, ajusta el cuello de su camiseta y continúa su marcha. Los huéspedes lo miran. Es grande, de ese tipo grande que llama la atención. Éste es Clive, Sasa, para quienes lo conocen.

—¡Más te vale vender bien mi partido, man! ¡Nos faltan cuatro jugadores! —el flaco le grita con las manos alrededor de la boca desde la cancha de voleibol—. ¡Voleibol para campeones! ¡Última llamada!

La gente que despierta lentamente de la siesta o está leyendo agita la cabeza frente a ese griterío y sonríe indulgentemente. Asume que este flaco es un elemento importante en estos ambientes, él garantiza la energía necesaria en la playa y el sentido de la diversión con sus pretenciosas y al mismo tiempo pegajosas palabras.

Alison se quita los auriculares y se pone de pie.

—¿Quieres venir a verme jugar, Clairey? —le tiende la mano a su hermana.

Mientras las hermanas cruzan por la playa hacia la cancha de voleibol, hombres jóvenes también se levantan de sus sillas y se dirigen casualmente tras ellas. Al final, sí tenían ganas de jugar voleibol.

El flaco va contando el número de jugadores: uno, dos, uno, dos. Claire se sienta en la orilla.

—Tú eres mi par extra de ojos, pequeña señorita —le dice haciendo una mueca mientras le revuelve el pelo; ella se estremece con este contacto.

Justo antes que el partido comience Alison se quita la túnica, la saca por encima de su cabeza y la deja caer en la arena junto a su hermana. Los ojos de los demás jugadores se dirigen hacia ella, percibiendo, mientras tratan de aparentar que no miran, la gran cicatriz rosa con forma de caracola en su vientre. Por un momento ella se queda totalmente quieta, todos participan en este instante de su espectáculo secreto. De repente da un golpe a la pelota que está en la arena y la lanza por los aires.

En realidad, no es un gran partido. Algunos preparatorianos, universitarios y padres jóvenes con evidente aptitud física; una mujer que esquiva la pelota cada vez que le llega; un marido y su mujer, ambos treintañeros, él con una pequeña barriga visible sobre el resorte del traje de baño color rosa con diseño de delfines, ella con un cuerpo perfecto, clara evidencia de frenéticas horas invertidas en el gimnasio; también hay un hombre muy hábil cuyo exagerado compromiso con el juego (clavadas innecesarias y agresivas, y una incómoda y frecuente repetición de la frase un consejito cada vez que pretende motivar a su equipo para que no pierda el ritmo) comienza a poner muy nerviosos a los demás jugadores en poco tiempo.

Mientras el juego avanza, los participantes van comentando los típicos temas. Se ha dicho que dos parejas son de Nueva York, una de Boston y otra de Miami. La mujer que esquiva constantemente la pelota es de Minneapolis. Un hombre que viene de Chicago para celebrar su luna de miel ha dejado a su esposa en la habitación; aparentemente el langostino de la cena estaba pasado, lo que la obligó a quedarse refugiada.

—Me dijo que la dejara sola —añade de inmediato—. Dijo que no tenía sentido que los dos nos perdiéramos el día, si de todos modos no iba a ser de ninguna utilidad mi presencia en la habitación —repite las palabras de su esposa, mientras frunce el ceño, en ese momento se le ocurre que quizá pudo haberla entendido mal y está cometiendo el primer gran error de su matrimonio.

—Bienvenido a los próximos cuarenta años de tu vida —dice el hombre súper comprometido. Él y su mujer llevan dos días en Indigo Bay. No lo malinterpretes, él está bien, pero ellos preferirían estar en Malliouhana en Antigua, ¿o era Anguila?, ese lugar donde estuvieron el año pasado. La pareja de Miami tiene amigos que dan la vida por Malliouhana—. ¿Somos los únicos que creemos que la comida aquí es bastante mediocre?

La mujer de Minneapolis dice que la comida aquí es deliciosa pero exageradamente cara.

—Eso es porque tienen que traerlo todo en barcos —dice el hombre del traje de baño con diseño de delfines.

—Eso es lo que ellos dicen. Pero en realidad es porque somos público cautivo —corrige su mujer.

—Y el servicio es un asalto.

—Cuando llega la cuenta, yo ni miro. Solamente me limito a firmar.

—¡Tipo listo!

—¡Casi, cariño! —dice la mujer del hombre del traje de baño de los delfines cuando él saca y estrella la pelota en la red. Este traje de baño lo avergüenza, pero fue un regalo de ella, y estaba tan emocionada cuando lo vio, que no quería ofenderla si lo regresaba, aunque él sospecha que ella estaba emocionada no porque creyera que a él le haría feliz, sino porque a ella le hacía feliz. En el fondo ella quería un marido con quien no tuviese que ser tan seria. Él se dio cuenta de esto, pero no dijo nada, sabía que sería cruel y no tendría sentido hacerle ver que, a veces, el resultado de ciertas intenciones es terrible aunque su origen fuera bienintencionado. Cuando se separen dentro de tres años, él se dará cuenta de cuántas cosas había percibido en silencio, de cuánto tiempo perdió sonriéndole mientras en su mente no paraba de criticarla.

Se inició una discusión sobre los pros y los contras de la variedad de excursiones ofrecidas por el resort. Alguien pregunta si el viaje para hacer snorkeling en Carnival Cay merece la pena.

—Fuimos ayer. Verás tantos peces que te sentirás enfermo —dice uno de los maridos de Nueva York.

Alguien ha escuchado que la excursión de buceo al sitio donde hay un barco que se llama Lady Ann, y que se hundió debido a un huracán hace cincuenta años, no deberían perdérsela. Alguien más estuvo por la mañana jugando al golf y puede reportar que es fantástico el campo. La mujer del hombre del traje de baño de delfines ha decidido no ir al tour de la plantación de azúcar y la destilería de ron. Otro esposo de Nueva York recomienda un pícnic romántico en Tamarind Island. La playa es exquisita. Él y su mujer tuvieron todo el lugar sólo para ellos. Él no menciona los pétalos de rosa falsos que constantemente se encontraba en la playa enterrados en la arena, así como restos de otras excursiones de pícnics románticos; tampoco cuenta cómo ha tenido que enterrar este recuerdo en su mente, amargando su memoria, cuando sabe que fue una experiencia agradable.

Los chicos que seguían a Alison por la playa incluyen a un chico bajito y musculoso que trae anudada al cuello una gargantilla de fibras de cáñamo; un chico con una camiseta con las letras griegas de su fraternidad universitaria; un chico rubio alto, quien bajo presión, acepta que estudia en Yale. También hay una chica que estudia Comunicaciones. Por algunos minutos intercambian nombres de gente conocida para ver si alguien tiene algún amigo común. La exnovia del chico de la gargantilla de cáñamo está en la clase de Psicología del Desarrollo con el chico de la fraternidad.

El compañero dormilón de la chica que estudia Comunicaciones forma parte de una orquesta junto con el chico rubio de Yale. El chico rubio toca el violonchelo. Se irá de gira a San Petersburgo en marzo.

—Qué pequeño es el mundo —dice el chico rubio cuando se da cuenta de que un compañero suyo de futbol soccer del bachillerato está en el dormitorio de Alison en Princeton.

—En el sentido de que nuestros mundos son pequeños —replica Alison.

Él ríe.

—Buen punto, Ali.

—Alison.

—Buen punto, Alison.

Los jugadores sacan y clavan la pelota, de fondo tienen un paisaje dicromático de arena y cielo. Se agarran las rodillas y dicen Uf después de alguna jugada aeróbica. Miran a Alison. Ella salta y clava, se lanza por la pelota sin miedo. Su cuerpo es ágil y atlético. Incluso cuando está sin moverse, hay una energía a punto de estallar. Cuando la mujer del hombre con el traje de los delfines descubre que está viéndola, él finge estar muy concentrado observando el océano.

Desde su sitio en la playa, Claire mira y se pregunta si ella tendrá de mayor esa belleza contenida en los movimientos de su hermana. Lo duda, pero eso no la pone realmente triste. Es suficiente con disfrutar la calidez de la luz que emana su hermana.

Cuando termina el juego (victoria para el equipo del caballero súper comprometido, que ahora dice que lo importante es divertirse), el rubio se acerca a Alison. Hablan un poco. Los otros chicos los miran con recelo y cierta autorrecriminación, recapitulan y cambian su foco de atención a la chica de Comunicaciones. El chico rubio toca el hombro de Alison y luego se va andando lentamente por la playa. Cuando se ha marchado, ella pone su mano en el exacto lugar que él ha tocado y sacude su delicada piel con la punta de los dedos.

Mientras la tarde se desliza hacia la noche, los huéspedes se van alejando de la playa. Las horas anteriores a la cena las dedican a recuperarse del día, del sol, del calor y la bebida, tanta es la belleza que sus ojos requieren descansar de ella. Se duchan. Se ponen en contacto con sus oficinas. (Sus conocimientos son necesarios para resolver alguna situación espinosa, proveen la solución con alivio; o bien se les dice que disfruten las vacaciones, que las cosas van lentamente saliendo adelante sin ellos, lo que provoca que el resto de la velada se queden molestos y algo enojados.) Tienen sexo en las blancas y mullidas camas del hotel. Después se comen los mangos de las cestas de bienvenida, dejando que el cremoso jugo escurra entre sus dedos. Investigan las botellas en los pequeños minibares de la habitación. Cambian los canales de la televisión más por hábito que por interés, miran por pocos minutos un programa de noticias de Saint Kitts, una repetición de Miami Vice, un documental de algún cantante de reggae, que no es Bob Marley ni Jimmy Cliff. Se sientan en los balcones, fuman porros flojos de hierba mediocre que han conseguido en la isla y observan la noche hacer su entrada frente a ellos: antes que el sol desaparezca del todo, las palomillas relucen en la oscuridad, las palmeras se convierten en borrosos molinos de viento y las primeras desdibujadas estrellas perforan el cielo.

Las hermanas se encuentran juntas en la cama de Claire y dejan que el aire acondicionado bombardee sus cuerpos. Un día en la playa y Alison casi está color nuez tostada. Sus pecas, ligeramente color albaricoque en esta mañana, ahora son chispas bermellón. La piel de Claire se mantiene de un rabioso color rosa.

—¡Ay, pobre cosita! —dice Alison.

Toma una botella de aloe vera del botiquín del baño y derrama el líquido sobre su palma. Frota a su hermana, centímetro a centímetro. Claire cierra sus ojos y se deja ir como en un sueño por el contacto con su hermana.

Alison ha estado estudiando fuera, en la universidad, durante cuatro meses. Algunas veces, en casa, Claire va a la habitación de su hermana y se sienta sobre su cama. La sensación en el dormitorio de Alison es como si se hubiese marchado apenas un minuto antes. En el escritorio hay pilas desorganizadas de fotos, y junto con lápices y plumas dentro de una taza azul de cerámica, un tubo de brillo de labios sabor fresa. (Una vez abrió el tubo y chupó un poco, de ese modo pudo inhalar el olor de su hermana en sus propios labios. No se ha atrevido a hacerlo otra vez.) Hay carteles de diferentes bandas en las paredes. La ropa que su hermana no se llevó a la universidad está descuidadamente doblada en el armario. Pero la alcoba no se siente deshabitada. Algunas veces, cuando cierra los ojos, no es capaz de recordar la cara de su hermana. No puede escuchar su voz y cuando esto pasa la inunda una ola de pánico.

Ahora en el cuarto de hotel que comparten ambas, se percibe cierta humedad con la presencia de Alison, y todo aquello que Claire ha echado de menos reaparece rápidamente. Ese modo de morderse la uñas, tan salvaje. Su costumbre de frotar su cicatriz entre la ropa mientras está pensando. El modo en que baila, pequeños movimientos privados, cuando se mueve por una habitación. Su hermana es un secreto murmurado en su oído.

¿Cuál es el pensamiento de un padre al ser despertado al amanecer en el segundo día de las vacaciones? Los malditos pájaros: los gallos cantan a lo lejos, allá en algún sitio detrás del resort; un persistente pájaro de pecho amarillo grazna de manera muy aguda en el balcón. (Éste es el bananaquit o pájaro platanero, una molestia de la isla.) Lanza una bata, sale al balcón, asusta al pájaro y regresa a la cama. Pero está de vuelta al minuto. Lo hace tres veces, pensando con desesperación en algún huésped anterior, que seguramente le habrá ofrecido los restos de su pain au chocolat del desayuno. Se dice a sí mismo que debe relajarse. Ya está totalmente despierto ahora, será mejor comenzar el día. Besa a su mujer, quien sigue profundamente dormida y sale al balcón para evaluar la mañana. Es un día claro. Algunas nubes bajas se mueven lentamente como cruceros a través de un cielo azul puro. Faraway Cay parece tan cercano que tiene la sensación de poder alcanzarlo y tocarlo. Es capaz de identificar cada palmera en la orilla de la playa. Puede ver la superficie de la roca negra del cayo cubierta por musgo y las sombras de sus barrancos. Estos verdes tan intensos del cayo no existen donde él vive. Un padre que piensa, por un momento, que hay gente que vive toda su existencia sin llegar a ver un sitio tan hermoso como éste. Se recuerda a sí mismo, como lo hace a menudo, que es afortunado. Hizo una pausa para hacer una reflexión similar en el trayecto del aeropuerto al resort, en cuyo recorrido vio ciertas situaciones —niños jugando en patios polvorientos, mujeres adormiladas detrás de tenderetes con botes de hojalata, casas de concreto que alguna vez fueron color turquesa, amarillo, rosa, pero que ahora están descascaradas, perros callejeros— que evocaron las de su propia vida: sus hermosas hijas, su mujer, su casa (los aleros ahora cubiertos de nieve reluciente), Fluffernutter, el perro.

Sus pensamientos se ven interrumpidos por un ruido mecánico. Un tractor está abriéndose paso en la playa: se da cuenta de que ahora la arena, que estaba inmaculada ayer, es un revoltijo de matas de algas marinas color marrón. Dos hombres con overoles de trabajo están rastrillando el alga y colocándola en montones. El tractor los sigue para recogerlos. Detrás del tractor, un cuarto hombre va con una escoba alisando el camino.

Un padre de pie en el balcón mira el procedimiento por un tiempo. Comprende ahora que la playa no es naturalmente pulcra, lo que, admite, debería haber sido evidente para él y este descubrimiento le empaña el gozo de lo que ve. Su reacción le molesta. ¿Por qué el trabajo de estos hombres le provoca apreciar menos la playa en vez de que sea al revés?

Conforme va desenvolviéndose el segundo día en Indigo Bay y se va acostumbrando a la belleza del resort, a los arbustos con lacrimosos retoños de flores rosas por doquier y al agua descaradamente color turquesa, comienza a percibir nueva información, se da cuenta, por ejemplo, de que la leche en el buffet del desayuno en el pabellón al aire libre está un poco más agria y deja un cierto sabor desagradable en la lengua. No dice nada al respecto. No le solicita a la mujer, que lo recibió tan calurosamente en la entrada del pabellón, que arregle esta situación. Simplemente lo registra para sí mismo. También registra que en algunos sitios del resort es capaz de percibir cierto vaho de olores inequívocos. En la zona alejada de la piscina: basura caliente. A la vuelta del camino de grava que lleva de su habitación a la playa: aguas residuales. Jamás se le ocurriría quejarse de esas cosas, como quizás algunos otros huéspedes sí lo harían. A él le gusta pensar que luce su opulencia con buen gusto. No se mueve por el mundo esperando que las cosas sean perfectas. Intenta que le guste todo y todos, lo más que se pueda. Incluso reconoce que esta postura que ha adoptado frente al mundo es lo menos que podría esperarse de él, dada la posición que ocupa. Es fácil hacer concesiones cuando tienes una vida afortunada.

Aunque ahora todo está un poco deteriorado, ¿o no? La misma decepción cada año; pueril, lo acepta, pero allí está. No. No ha encontrado el paraíso, no todavía. Porque así es en cualquier lugar: cuando te das cuenta, al final todo se trata de cuerpos y su variedad de desperdicios, y dónde se coloca todo eso. Esta situación sólo será molesta por dos días antes de en realidad tener todo bajo control. La semana previa a tomar el vuelo hasta acá, una tormenta de nieve impidió en Manhattan que se recogiera la basura por algunos días. En su camino de la estación Grand Central a su oficina, las aceras se encontraban llenas de montones de bolsas negras de basura de un metro y medio de alto. En las esquinas, los basureros estaban rebosantes y el suelo alrededor cubierto de huesos de pollo, hot dogs a medio comer, pañales, ríos de café viejo chorreando por el concreto. Vio a un pequeño terrier cubierto con un jersey rojo orinando en la base de un montículo de bolsas de basura, vio también un charco color beige oscuro al lado de una pila de basura, estuvo contemplándolo con curiosidad por un momento antes de que un olor lo golpeara de repente y se diera cuenta de que se trataba de vómito. Mientras caminaba a través de todo esto tenía una idea fija en su mente, la imagen de una playa tropical y pensó: Gracias a dios que me largo de aquí. Pero ahora que está fuera, ahora que está aquí, no puede más que preguntarse si la única maldita diferencia no serán sólo las buganvilias, si no será este lugar igualmente horrible, pero salpicado por un barniz poco convincente de belleza.

Una pelota de plástico amarilla vuela por los aires. Una docena de niños corren a través de la playa para atraparla. Son las diez de la mañana, el comienzo de la hora diaria de juegos y carreras para los niños en el resort. Mientras que los niños juegan, sus padres aprovechan el tiempo libre. En el momento en que la pelota amarilla alcanza el punto más alto, una madre se estremece con la fuerza de su primer orgasmo en un mes. Otra madre está cerca y desea ferozmente que su marido aguante. Un marido y su mujer, con la intención de practicar sexo, roncan en la cama. Otras parejas toman cocteles de tequila sunrise dentro de la bañera, leen en la playa, se esmeran juntos en las cintas de correr del gimnasio. Una mujer posa para su marido frente al océano, tratando de esconder sus muslos flácidos. Por un momento, sus hijos desaparecen de su vista. Brevemente, parece que no existen.

Claire no es buena para estos juegos, se cae en el juego del cangrejo. Vamooos, le apremia su compañero en la carrera de tres piernas. Dos vueltas en la carrera de la cuchara y el huevo, el huevo se cae de su cuchara y se estrella en su pie. Pero sobre todo no es nada buena en el misterioso proceso por el cual niños y niñas seleccionan compañeros para hacer grupitos, garantizando tener colegas para jugar esa semana. Incluso Axel, que viene de Bélgica, quien no habla inglés, se hace amigo de otro niño ruidoso. Los niños y niñas son capaces de encender tan rápido la llama de la amistad que ella se queda mareada, como si el mundo hubiese estado dando vueltas y cuando finalmente se detiene, todo se acomoda otra vez y ese negocio de hacer amigos queda resuelto, ordenado, y ella fuera.

El gordo trae el almuerzo de la familia. Lo miran subir por la playa intentando equilibrar sobre su hombro la pesada bandeja. Tropieza. Las papas fritas caen a la arena.

—Lo siento —dice cuando llega con ellos—. Ahora traigo más chips.

—Oh. No se moleste. Hay suficientes —dice la madre en tono alentador—. Clairey, cariño, no escribir.

La pequeña se paraliza, atrapada con su dedo índice en el aire. La palabra que estaba tratando de escribir era chips. Ya iba por la p. Pone la mano a su lado. Puede sentir en el dedo un picor, un calambre, porque se ha quedado la p a la mitad y falta la s. Ya lo terminará después.

—Déjala en paz —Alison le grita a su madre. Toma la mano de Claire, la acerca a sus labios y le da un pequeño beso.

La madre suspira. Esta costumbre de su hija pequeña apareció hace unos meses: su dedo índice meneándose y saltando por el aire: Estoy escribiendo, murmuraba Claire cuando su madre le preguntaba qué ocurría. Se reunieron con el psicólogo de la escuela, un error; después de esto, Claire comenzó a hacerlo a escondidas, sigilosamente, cuando creía que nadie le estaba prestando atención. Es una lucha constante para las madres: ¿cómo saber cuándo es simplemente una rareza y cuándo es algo por lo cual preocuparse? ¿Cuánto daño le puedes hacer a tu hijo si tratas algo de un modo y no de otro?

Una vez que Clive ha colocado la comida en las mesas bajas entre las sillas, toma una pequeña toalla de su bolsillo y se limpia el sudor de la frente.

—Se debe sentir mucho calor con pantalones largos —dice el padre.

Alison fulmina a su padre con una mirada, él la ignora. Si los padres únicamente dijeran lo que sus hijas adolescentes aprueban, nunca hablarían; la madre y el padre intercambian miradas. Un cambio ha ocurrido en su hija últimamente: su humor adolescente está revestido de un tufillo de juicio moral. Más reciente es este suspirar displicente, como si apenas mereciera la pena el esfuerzo por juzgarlos. No nos equivoquemos, ahora ya es una estudiante universitaria.

—No es tan malo —murmura el gordo—. ¿Tienen un invierno frío, allá en casa?

—Brutal —dice el padre—. No para de nevar. Lo envidio, despertar con esto diariamente.

—Tenemos huracanes —dice el gordo.

—Tuvieron uno bastante malo, esta temporada, ¿verdad? ¿José, puede ser?

—Luis.

El padre aplaude.

—¡Luis! ¡Eso es!

—Se destruyeron seiscientas casas y casi todas nuestras escuelas.

—¡Qué terrible! —dice la madre.

El padre no comprende cómo puede la gente desear vivir en un lugar donde algo como eso puede ocurrir. Se da cuenta de que un sentido de supervivencia frente a la

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Обзоры

Что люди думают о Saint X

3.1
126 оценки / 21 Обзоры
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Отзывы читателей

  • (2/5)
    The synopsis I read about this book before starting it had me believing that is was a very different kind of book. This is no murder mystery but a series of chapters on people affected by the death of a young woman in a variety of ways. Some of the chapters are short, about people who weren't as critical to the investigation. The bulk of the book follows the younger sister left behind, Claire/Emily, and a waiter at the island resort where the disappearance and death occur, Clive. While investigated about the death, Clive is innocent but does get in trouble due to drugs. His life is rather mundane compared to Claire, who becomes obsessed with Clive after recognizing him as a taxi driver in NYC. The obsession is unhealthy and unnatural, plus it is evident that Claire has some mental difficulties that have been ignored by her family. The book drags in a serious way. The descriptions are often tedious, and there is too much detail in what seems to me to be strange places in the book. This was a book chosen by one of my book clubs, so I persevered to the end.
  • (2/5)
    Eighteen-year-old Allison goes missing while on a Caribbean vacation with her parents and seven-year-old sister Claire. A few days later her body is discovered. Two young men who were seen leaving a bar with Allison, who were also waiters at the resort where her family was staying, are suspected of murder and detained. However, there are shortly afterwards released, since they have air-tight alibis (they were in jail for drunk driving when the murder occurred). The murder is never solved.Fast forward nearly 20 years. Claire (now named Emily, don't ask why), living in New York City, becomes obsessed with her sister's murder, and decides to try to untangle the mystery of what really happened.This is a debut novel, and it shows. There is very little tension, and the plot is plodding and repetitive. We get the details of every boring day the family spent at the resort before Allison went missing on about the 8th or 9th day. In her "investigation" Claire doesn't return to the island. Instead, she decides to try to learn what kind of person Allison really was. There are pages of snippets from Allison's diary, full of teenage angst, starting from the time she was 15. There are interviews with her high school teacher about what a great student she was, interviews with her college roommate about what a great friend she was.Then, serendipitously, Claire discovers that one of the young men initially suspected in Allisons death, now in his 40's, is living in NYC. She begins spying on him, following him surreptitiously, even striking up a conversation with him. This seemed to go on forever, but actually only went on for a few months. And in the end, the mystery is never solved; Claire just comes up with a few best guesses.So basically, this is a book that goes on and on and on and on....and ends up nowhere. Sorry I wasted my time, but at least it was only a library book.1 1/2 stars
  • (2/5)
    Not really my kind of book at all, but I read an advanced copy for discussion.

    Standard disclaimer 1: I work for the company that published this book but my views and opinions are my own and do not represent those of many company.

    Standard disclaimer 2: My rating reflects my level of interest and enjoyment, not my opinion of the quality of the book, which is well above average.

    I found Clive far more interesting than Claire/Emily or Alision and was frustrated that the story was being carried by characters who, the narrative seemed to say, had few if any redeeming qualities, but also weren't so awful that I could enjoy disliking them. Claire/Emily indulges in the kind of self-centered navel-gazing with a side of self-congratulatory faux-wokeness I expect from white male liberal arts majors writing thinly-veiled wish-fulfillment "autobiographies". Clive's story got lost in the middle of it all.

    I did enjoy some of the writing but was put off by how the style jumped around inconsistently. We start in second person, move to third, then first for the MC and third limited for Clive (because a black man from the Caribbean can't speak for himself? Because his story is really her story about him? Because he lets life happen to him while Claire/Emily is active in hers? Because the author is worried about backlash for cultural appropriation? Which is it?) with side character first person interludes at the ends of some chapters but not all. Then we get Claire/Emily imagining Alison's life, but it turns out that some of the exact situations and phrases she imagines are accurate. How? It's fine that we get no conclusion from Clive, but suddenly the conclusion is third person limited (again from a black character), instead of the first person narration we've come to expect, from a character we've so far only seen through Clive's eyes, and who has no direct connection to Alision, unlike all the other interlude characters. The connecting logic and pacing seem to be missing, right at the end when everything should be coming together.

    Yeah, not my kind of book.


    Edit: I do think that the author says important things about race and privilege for people who may not have thought about them before, but the thoughts seem addressed to a limited audience of the wealthy intelligentsia who might see themselves in the main character. As a well-off white woman from a privileged background who wallows pathetically in white guilt, I didn't find many new sentiments...which is odd, considering that I've never stalked anyone, let alone a member of an underprivileged population, in my life.
  • (3/5)
    Claire was a little girl when her older sister died under mysterious circumstances while the family vacationed on the Caribbean island, Saint X. In Alexis Schaitkin’s same-named novel — Saint X — she examines the incident itself, and the aftermath through a variety of narrative techniques including a second person omniscient voice, and first person recollections of many of the characters present at the resort where Alison died. The bulk of the story takes place years later one winter in New York City where Claire finds herself obsessed with finding out what happened. This was an interesting book that I think many readers would enjoy — there’s a murder mystery, psychological examination of those left behind, and an entertaining structure that keeps the reader engaged throughout.
  • (4/5)
    This debut novel was a remarkable and unique character study on the harsh distinctions of race and class, the media obsession with dead white girls, survivor guilt, and the often ignored victims & bystanders of a tragedy. We not only hear Claire’s story, we also see through the eyes of the men accused of the crime and other vacationers there at the time. I loved these multiple viewpoints, as I also did the autopsy report and the chapter about the made-for-tv-movie about Allison’s, and felt they brought even more to the story. The author wrote very vivid descriptions of Saint X, and of New York as well that made me believe I could feel the warm island breezes, and the harsh New York air. When Claire became obsessed in her quest and later withdrawn, I alternately understood her pursuit and yet wanted to yell at her to “snap out of it!”
  • (2/5)
    The writing was beautiful and I loved the frost 100 pages or so. However, after that it dragged a lot, and I didn't really take to the main protagonist Claire/Emily. I skimmed to the end, but I think this book is mainly about the writing.
  • (1/5)
    So boring, it was really painful to read.
  • (5/5)
    A debut novel written by a young author in a very mature way. It seems as if Ms. Schaitkin has a dozen her so novels under her belt. This is a mystery novel written from many points of view. The story revolves around the death of a teenage girl on a resort island in the Caribbean, The primary characters are the girl's younger sister and the islander that was blamed for her murder. He ends up as a taxi driver in New York and she becomes his stalker. There were many twists and turns which I didn't didn't see coming (which is a good thing). A great new voice in fiction.
  • (5/5)
    This novel starts with a sadly common trope: beautiful white teen on a Caribbean vacation with her wealthy family goes missing after a night of debauchery and is found dead. But what spins out are remarkable stories from beautiful and talented Alison's much younger sister Claire and from Clive, a resort worker suspected of Alison's murder. Packed with truth about the doubts and guilt of rich white people in contrast to the islanders who are struggling to get by, there's such wisdom and perceptiveness from Claire, as she moves to NYC years after Alison's death and is picked up in a cab by Clive, the hotel worker who had migrated and is now living in a hand-to-mouth immigrant's nightmare, haunted by the son he left behind and his memories of Alison's last night. Claire single-mindedly stalks Clive and her obsession with getting to the truth, along with his acceptance of his limited life, bring about a surprising denouement and a pleasing coda. It's the type of book you fall into so easily, with brilliant physical descriptions of beach and city, and the insights of the characters into their own weaknesses and inadequacies are wonderfully unraveled. Class struggle is deeply probed in this exceptional and memorable novel.Quotes: "During my first few years in New York I was living in the whimsical elective poverty that is so common among the children of affluence.""My entire identity from that first moment when they named me - it's not about anything. It's like our only culture is this very nice life we have.""There's this really slippery slope between being glad you have something and thinking you deserve it.""As she watches the island pass by, she is filled with disquiet at her inability to parse the things she sees. Is this place in the process of being built, or unbuilt or rebuilt or none of these - maybe something is happening here that she lacks the experience to comprehend.""She has been born into a family whose wealth places them at the tippy top of that country. It is a disgusting amount of luck. you could never be forgiven for such good fortune.""What is gratitude, really, but revenge for a system that gives and deprives at random. No, not at random. The non-randomness is exactly the point.""Don't ever try to out-talk a woman. They store the right language up so it's ready to throw down when the times comes.""Here's the thing about women: if the world was only women, there wouldn't be language at all. They don't need it."
  • (5/5)
    Excellent literary fiction and part mystery/thriller. The title refers to a fictional Caribbean island that is also the 1995 site of an unsolved murder (?)/death of a beautiful, promising teenage girl. The omniscient narration that starts the novel has a unique view from above as a traveler would approach in an airplane then zeroes in to the exact resort and the family vacation that is about to become their worst nightmare. It's compelling and gives the impression of 'there but for the grace of God...' it could be any generic family. But it is the Thomas family - the parents aren't even named, but are identified by their roles, and the two daughters, Alison: 18, freshman at Princeton, beautiful, confident and trouble-seeking ("Maybe part of what it means to be eighteen is to feel perpetually caught between the intensity of one's desires and the dawning of the self that judges them." (57) and Claire: 7, shy, withdrawn, overshadowed by but enamored with her big sister. Since the girls are sharing a room, Claire alone is privy to her sister's late night comings and goings, but she is so naive, and so trusting that she doesn't tattle. That is one possible mistake. On their last night, Alison does not come home at all and when her body is found, her parents insist it is murder and 2 of the resort workers (Clive and Edwin) are blamed though eventually freed and the case is never solved. Fast-forward 20-some years and Claire, who goes by Emily is living and working in NYC, hops into a cab and realizes the driver is Clive. This is the heart of the book. She begins to stalk him and eventually befriends him, waiting for the moment he will slip up and reveal something crucial to the case that clears up the whole thing. To say Claire/Emily is unstable at this point is a bit of an understatement, but the author does a great job of building sympathy and the traumatic effect Alison's death had on Claire at such a young age cannot be underestimated. All she has are shadowy memories and impressions. She asks "What is the neurological experience of a person? When you think of someone, what sound, image, scent is summoned?...Alison is flowers and white teeth" (88) Eventually Emily's pursuit of Clive comes to a head and she gets some answers, but not the ones she wanted. They are not the ones I expected either, which made for good reading. In addition to the compelling plot, there are issues here too: the dynamics of vacationing in "poor" countries where the economy is so tourist-dependent, class and race, creating a meaningful life and friendship so deep it becomes sacrificial. All of this is seamlessly integrated as is the narrative viewpoints from a variety of characters, even if they only contribute a brief reflection showing we are all touched by proximity to tragedy and make sense of it in different ways.
    Notable quotes: "To mourn a girl with infinite futures was to mourn infinitely." (57)
    "We see so little of people. We forget how much submerged darkness there is around us at every moment. We forget until we are forced to remember." (91)
    "Clive Richardson was a man hiding in plain sight, drawing no attention and leaving no trace upon the minds of others. He was an island, isolated and impenetrable." (144)
    "What I can say is this: While the details of this story may be products of my imagination, I trust its broad strokes and core themes. I believe that for my sister, our family vacation coincided with one of those brief, intense intervals of identity formation we all experience from time to time in our lives. She arrived at Indigo Bay at that critical moment when the girl cuts herself on the shards of her own reflection and watches, baffled and thrilled as the blood begins to flow." (203)
  • (3/5)
    This is the kind of book where the marketing seems to point in a different direction that what the content is actually about. Saint X has profound moments, perhaps even some brilliant moments, but it never comes together as a mystery or a thriller, and it probably wasn't meant to, but my expectation going in was to delve into the mystery of a murder in Saint X. Setting aside expectations about a plot-driven page turner, Saint X is an insightful novel that provides multiple moments of interesting introspection about society, class and race. However, it's bouncing format with multiple perspectives from all characters, major and minor, results in a choppy reading experience that made the whole novel a bit of a chore to get through, with a payoff that doesn't quite rise to the level of the reader's effort. Go in expecting a slow read that will make you think, but skip it if you are looking for a fast-paced mystery with clear answers.I received an ARC in exchange for an honest review.
  • (4/5)
    I am surprised at the less than stellar reviews of this novel! During a vacation to a fictional Caribbean island Alison Thomas, the elder Thomas daughter, goes missing and is ultimately found dead on a nearby cay. Two local men are arrested but released due to lack of evidence. Years later, the younger Thomas daughter (Claire Emily) fortuitously encounters one of the suspects and fosters a relationship with him in hopes of coaxing out the truth. But the story is really just a backdrop for exploring multiple different themes; among them, while privilege, teenage angst, arrogance, superficiality and obsession. The actions and thoughts of all the characters – Alison, Claire, the parents, the suspects, various minor characters – allow the reader to peek at genuinely held (but perhaps not politically correct) beliefs about race, class, and generational differences. Admittedly I cringed from time to time at stereotypes that I may subconsciously embrace. If you are looking for a suspenseful whodunit, this novel does not fit that bill. Nor does the ending uplift. But, if you want a pretty good story with just a tinge of mystery that delves deeply into human nature, your review will be more positive than some of the others are.
  • (3/5)
    Thanks to Celadon for this ARC. No one markets a book better than Celadon...thanks for all the add-ons! I move your books to the top of my list. Opinion of this book is mine alone.

    Alison and Claire are sisters, Claire only 7 and Alison college age. They are on vacation with their parents on Saint X. Alison is looking for something different, exciting, dangerous...she thinks she will be able to handle danger well. Until she turns up dead. This book focuses on how the death of a privileged girl on an impoverished Island changes the lives of everyone involved. Told from different points of view, it tells the story of a tragic ending and it’s aftermath.

    I found this book to be wordy, long. It didn’t help that the books print seemed smaller than I’m used too. It could be cut down by 50-100 pages easily. A lot of detail regarding Claire’s nightly rounds that I found painfully slow, and found myself skimming and not really missing anything. Not the ending I expected or what was promised on the jacket, but appreciated. The first half of the book seemed to move slow, then all of a sudden it flew. I found Alison and Claire annoying, and at times wanted to smack both of them...Alison with her privilege attitude, and Claire as a young adult.


  • (4/5)
    Solid melodrama showing the consequences of the death of a young woman on the people around her. It's not a mystery or a crime whodunit; there is an answer but it's not one that will satisfy the mystery reader. It's more existential than that. Schaitkin explores race, class and delusion in this well-written, compelling story.
  • (3/5)
    Saint X is a good effort for a debut novel but I felt as if the author was trying too hard and that detracted from my enjoyment. Author Alexis Schaitkin does a good job of zeroing in on the differences in cultures and countries and traditions and expectations, and how one event can ripple out and touch so many lives forever. When 7-year old Claire’s big sister Alison disappears and then is found to be murdered life for Claire and her parents is never the same. It isn’t the same for those accused of the murder, those who discover it, anyone touched by it in any remote way. We meet Claire again when she is in her mid-twenties and seemingly successful. Then she happens upon the man she thinks killed her sister, and she becomes more than obsessed. It’s as if she starts to descend into madness. It’s an interesting journey for Claire and those around her from there on.But much of the book felt like the author just couldn’t get a handle on where she was going with the story or her short story background got in the way. Did she intend to be politically correct or incorrect, condescending, critical, sympathetic. I couldn’t tell. The “island talk” became irritating quickly – “she little dress, he talk to she, she come up to us, on and on. At least be consistent with it if going to do it. You can’t say, “get we fired” but then “touched his shirt.” It’s jarring. I do understand social commentary and coming of age stories, and I also understand a fair number of big words, but there are too many of them and they drag on too long and are not strung together in a way to make it as interesting as it could have been. The descriptions of the surroundings read like National Geographic articles. The story moves along at a likely intentionally slow pace but jumping from character to character as it does doesn’t really give a better picture of these people and their histories, or what they have to do with Claire’s story. There is no magic thread to tie them all together.The synopsis leads us to believe this is the story of the girl who was murdered and how her sister came to know her. But it spends far too much time on other people; every time a character is mentioned there is a long story about that character making this more a book of short stories than a cohesive tale with feeling. Again, most of the time I felt as if I was reading an exam or a term paper or an article submitted for a job. The author seemed to be trying so hard to cover every single thing, to not disappoint, that I was in fact disappointed.Thanks to Celadon Books/Macmillan for providing an advance copy for my honest review. Saint X was an interesting study of the world and the people in it and I do look forward to author Schiatkin’s future works as she becomes a more seasoned novelist.
  • (2/5)
    Thank you in advance to Celadon Books for sending me this novel to review. A positive review was not required and all views are my own.

    “Saint X” is a fictional Caribbean Island. And, while some reviewers will immediately think of Natalee Holloway’s 2005 disappearance from Aruba – readers will be surprised to learn that Schaitkin did not use that as her guide. Yet, some readers might draw the parallel and will be disappointed.

    “Saint X” is told from multiple POVs – Claire/Emily, Clive, and several minor characters in a bold face type usually at the end of a “chapter”. Though often it is hard to tell which POV is narrating the “mystery scenes”. Rather than number her chapters, Schaitkin names them to coincide where the story is taking place.

    Claire is seven (7) years old when her college age sister Alison disappears on the last night of the family’s vacation on the Caribbean Island of Saint X in 1995. Alison’s body is discovered several days after she went missing.

    The Thomas family makes a move out to Pasadena, where Claire becomes Emily – using her middle name.

    Her life is changed and not quite the same. Her family still wants the truth of Alison’s death and more so when suspects are found but released when the evidence and timeline doesn’t align with the facts. Ultimately it is decided that Alison’s death was an accident – but her parents refuse to accept that.

    Now, as an adult, Emily is living in New York and soon connects with one of the suspects in her sister’s disappearance and murder. It is more by accident than actual planning.

    Emily is determined to find the truth about her sister’s death – to get to the bottom of it. It turns from a fact-finding mission to an over-consuming obsession that overwhelms not only her personal life, but work life as well as she lags behind in her work responsibilities so much so that it has dire consequences. Emily is also learning that the Alison she knew isn’t the one that she gets to know. Still, she can’t let go.

    Alison, in death, has consumed Emily’s life. Emily begins dogging Clive, trying to get him to slip up, find something that can convince her that he murdered her sister.

    But, just as Emily thinks she’s learned the truth – only it’s a truth she’s always known. Readers will be surprised to learn the truth as well. And, in the end, Emily/Claire learns that the truth sometimes does nothing for us. Is seeking closure about hanging on, or letting go?

    The end was not what I was expecting, then again that’s probably what the writer had intended. It was a different and unique novel. I was expecting one ending and wound up with an entirely different ending.

    Schaitkin weaves in the past and current stories of other characters central to the story – Clive as well the minor voices we hear in it, mostly at the end of a chapter. Though, at times it seems unnecessary and can clutter up the story. It does well to describe the differences between the islanders who live there from day to day and the vacationers.

    As one reviewer stated – it was like they were reading, yet making no progress. After reading that review, I will state that I felt the same way. I do believe that some of the writing could’ve been halved and the story would’ve worked out the same.

    If you’re looking for a murder-mystery, you won’t find it in this novel. There is no intrigue. In fact, I’m not sure what it is. I don’t know if that is good or bad.

    This would probably be a great weekend read from the library for a change of pace depending on your preferred genre.



    “Saint X” is Schaitkin’s debut novel
  • (4/5)
    Saint X is a Caribbean island somewhere near St. Kitts. On this island is Indigo Bay, a resort frequented by wealthy Americans, among them the Thomas family. Alison has just finished her first semester of college and sharing a room with her much younger sister is less than exciting, so she leaves each evening to spend time with another college student and then two young local men who work at the resort. The night before the family is due to fly back to New York, she disappears. This both is and isn't a crime novel. Alexis Schaitkin is less interested in the crime itself than on how Alison's death affected the people around her, with a particular focus on her little sister Claire. Claire is too young to have fully understood what was going on and later her parents focused on keeping her childhood as normal as possible. It's years later, when she's living alone, that a taxi ride sends her into a compulsive search to learn more about her sister. As she digs into her sister's life, she begins to both intrude into the lives of others and to lose something of herself. This novel is not quite sure what it's supposed to be. It begins as a wide look at a group of people, written with a sort of objective detachment, then becomes a close character study of one woman, only to finish as a "what really happened" look at Alison's disappearance. It works as long as the reader is willing to have the book constantly shift and adjust as it figures out what it is trying to say.
  • (3/5)
    Claire is the much younger sister of radiant Alison. Alison is the stunning and flirty tourist on winter vacation to the Caribbean with her wealthy family. But when Alison goes missing and is later found dead her murder remains a mystery, quickly becoming a cult following and sparking reddit theories and spin off shows. As Claire reinvents herself from the "dead-girl's sister" and winds up back in New York, in the back of a cab driven by a former suspect in her sister's murder, her world quickly becomes swallowed up in Alison's pull once again. This story is engrossing as the reader is offered snippets of Alison's life post death. We quickly see Alison's infection nature. It is Claire who provides the quirky weirdness that unfortunately drives this read. As the narrator, Claire commands the story and all of her obsession that entails. *Disclaimer: a review copy was provided by the publisher. All opinions are my own.
  • (5/5)
    Ooh, this was a good one! The book is being compared to Emma Cline’s The Girls, and Lauren Groff’s Fates and Furies, and since I haven't read either of those books, I have no idea if that is a fair comparison or not. While reading this book though I kept getting Celeste Ng vibes to the story so if you like that author, I recommend reading Saint X.During a family vacation on the Caribbean island of Saint X, college student, Alison, goes missing. A few days later her body is found and two male resort employees are arrested. It's a huge story in the United States and the mystery deepens when the men are released because the evidence against them is flimsy. Alison's seven year old sister, Claire, and her parents return home, heartbroken and devastated. Years later, Claire wants answers as to what exactly happened the night of her sister's death.I went a bit light on my synopsis because I almost think the publisher's synopsis gives away too much. Such a significant part of the story is Claire and her desire to learn more about her sister and everything that happened on the island and I feel like as a reader you need to watch everything unfold naturally in order to get the most out of the book.There's obviously a mystery element to the story but that part was almost secondary to me as Claire herself was the driving force. The aftermath of her sister's death and how it affected Claire and her family was the heart of the story for me. However, what makes this book special is the fact that each reader might cling to something different from the story. The author does show the perspectives from time to time of other characters and without getting into spoilers, some readers might find the strength of the story to be in the chapters towards the end of the book. There's lots of themes the author explores and the fact this is her debut novel is rather impressive. It's good people, I highly recommend checking this one out!Thank you to Celadon Books for sending me an advance copy in exchange for an honest review!
  • (5/5)
    Saint X is highly atmospheric literary fiction with a slow burn.The first 30 or so pages provides us with a cinematic view of Saint X and the characters we'll get to know, told by an unseen narrator as if setting a stage. If you read a sample, don't let this opening throw you. We soon move closer, with alternating narration from a few different characters. This story unfolds slowly. While it has aspects of suspense and mystery, I'm not sure I'd label it as either. For me, this is literary fiction at its best; an in-depth character study challenging our perception of people and situations. The writing is pure magic.I don't want to tell you anything more about the story or the characters. In fact, I'd recommend going into this one blind. Saint X is not a story you just read; it's one you experience.*I was fortunate to receive an advance copy from the fabulous Celadon Books.*
  • (5/5)
    7-year-old Claire and her older sister, Alison, are on vacation with their parents on the Caribbean island of Saint X. On their last evening there, Alison disappears. Days later, her body is found and the police arrest two local men, Clive and Edwin. Clive and Edwin are soon released as there is not enough evidence to hold them. So the family comes home. Years later when Claire is an adult and living in New York City, she runs into Clive. Claire becomes obsessed with learning the truth of what happened to Alison and she starts to follow Clive around the city. She’s sure that someday he’ll make a mistake and the truth will be known.This is the type of book that, while it tells a very interesting story, it’s not the story itself that makes it special but rather the telling of the story. The author has a wonderful way of bringing her reader right into the hearts and minds of her characters. Each of the characters has their own tale to tell and even the characters who only make a brief appearance have their chance to share their views. There are a lot of layers to this intelligent book and I absolutely loved it. It’s a slow moving, beauty of a book, languid like a warm Caribbean beach, but keeps lovingly pulling you along.Keep an eye on this debut author. She’ll be going far for sure!This book was given to me by the publisher in return for an honest review.