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Parte de homilía predicada por el Cardenal Jorge M. Bergoglio, s.j. el ,4 de julio de 2001.

…”Ser testigo de Cristo, ser testigo del Evangelio, es comenzar un camino que uno nunca sabe donde va a terminar. Un camino que es muy claro: no vivir para sí. Lo acabamos de escuchar en Pablo: “nadie vive para sí” de los que quieren seguir a Cristo. Ese camino se proyecta hasta el final. Nadie muere para sí. Cuando uno muere no para sí entonces germina, crece y da fruto; se hace un grano de trigo caído en tierra.

Esta parroquia, ha sido ungida por el testimonio de quienes “juntos vivieron y juntos murieron”. Por el testimonio de aquellos que quisieron no vivir para sí, quisieron ser grano de trigo y murieron para que otros tuvieran vida. No sólo se ungió el altar en aceite cuando se consagró esta parroquia. Las baldosas de este solar están ungidas con la sangre de aquellos a quienes el mundo no pudo reconocer porque no eran del mundo…

…Esta parroquia ungida por la decisión de quienes juntos vivieron, ungida por la sangre de quienes juntos murieron, nos dice algo a esta ciudad, algo que cada uno tiene que recoger en su corazón y hacerse cargo.

Hay gente que sigue siendo testigo del Evangelio, hay gente que fue grano de trigo, dio su vida y germinó.

…Simplemente ruego para tener la gracia de la memoria, que nos haga agachar la cabeza y pedir perdón, usando las palabras de Jesús “porque no saben lo que hacen”, por quienes desgarraron esta ciudad con este hecho. Pedir perdón por cada uno de nosotros cuando queremos que el mundo nos reconozca como de él y no pagar el precio que hay que pagar cuando el mundo no nos reconoce; y quiero dar gracias a Dios porque todavía hoy, en medio de una ciudad turbulenta, llena de vida, de ansiedad, llena de fuerza, llena de esperanza, llena de problemas, llena de trabajo, quiso darnos una señal. HAY GENTE QUE TODAVÍA QUIERE VIVIR NO PARA SI. Y EL SEÑOR PERMITE QUE HAYA GENTE QUE EN ESA COHERENCIA MUERA NO PARA SI SINO PARA DAR VIDA A OTRO.