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El discurso de Eugenio Deschamps, de salutacin a Mximo Gmez a su llegada a Santo Domingo, el 18 de abril de 1901: "La epopeya no haba muerto.

Haba reclinado, cargada de lauros, la cabeza, y dorma sobre las gloriosas tumbas de Bolvar y de Pez. La va, empero, trazada por Miranda y San Martn estaba ah, cuajada de abismos, salpicada de crteres, y cual la espada de la leyenda, era imposible tocarla a quien no sintiera en s la titnica musculatura del len llanero, o no tuviera la pujanza del guila que fue de cumbre en cumbre tocando dianas gloriosas a lo largo de los Andes. De pronto soliviantronse los pueblos. Son el clarn, y brill el machete al sol. Era que haba despertado la epopeya, que salv el mar, que salt, rugiente y trgica, a la faja de tierra en que se haban arremolinado las sombras en derrota, y encendiendo el volcn de las batallas, y haciendo surgir las abnegaciones estupendas, y resucitando con grito formidable los herosmo magnficos, y cruzando a nado, con la espada entre los dientes, el horrible mar de sangre que entre ella y el triunfo arroj, desesperada, la insensatez del error, traspuso el monte, llen el valle, y cerr con el mgico buril de la victoria, el fulgurante ciclo heroico del continente libre! T, oh paladn, eres la resurreccin de la epopeya! Ave, Hatuey! Al sentirse hollada por ti, se estremece de jbilo tu tierra. Acepta, hroe, sus viriles y ruidosos entusiasmos. Al saludarte, al festejarte, al glorificarte, orgullosa y altiva, el alma de la patria saluda y festeja y glorifica en ti el hondo sentimiento del herosmo y de la gloria; saluda y festeja y glorifica a Cuba, libre, al trmino de sus espantosas dcadas sangrientas; saluda y festeja y glorifica la radiosa trinidad que ha de alzarse, triunfadora, en el rebelde pilago Caribe; saluda y festeja y glorifica, por ltimo, a Amrica, arrojando intrpida, la carga de sus picos dolores y de sus nefandas servidumbres, y encarndose a los siglos, sin amos, libre, heroica, prspera, ubrrima, ntegra y gloriosa!"