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HOMO SACER El poder soberano y la nuda vida I Giorgio Agamben Traduccion y notas de Antonio Gimeno Cuspinera PRE-TEXTOS 1a reproduccén total o parcial de est bre, no atorisada por los editors, ‘ola derechos resevaon. Culler uiizcion debe ser reviamente slicad Diseho cublena:Pre-Testos (SG. B) “Tilo de ls edcion original en lng ans 1 ptere soorana tarda va Primera adc dicembre 1998 ‘Primera rempresion: novembre 2003, Segui repre: spembre 2006 © dele taduecs y nots: Astonio Gimeno Cuspner, 198 1 1995 Ghlo Einoct edtore spa, Torino © de in presen edicin ExT, 1598 bis Santinget, 10 $6005 Valencia, ras 6 48 ED SAN sa 8191-2059 Denosto a 3451-2006 HOMO SACER El poder soberano y la nuda vida I Das Recht hat kein Dasein fur sich, sein We- sen vielmehr it das Leben der Menschen selbst, von einer besonderen Seite angesehen. ta in jure civitatis, civiumque officis inves tigandis opus est, non quidem ut dissolvatur Civitas, sed tamen ut tanquam dissoluta consi- deretur ic est, ut qualis sit narura humana, qui bus rebus ad civitatem compaginandam apta vel inepta sit, et quomodo homines inter se compont debeant, qui coalescere volunt, rec- te inteligatur, Hones INTRODUCCION 6 griegos no disponian de un término tinico para expresas lo que nosotros entendemos con la palabra vida, Se servian de dos términos, semantica y morfol6gicamente distintos, aun- que reconducibies a un étimo comin: 204, que expresaba el simple hecho de vivir, comin a todos los seres vivos (anima- Jes, hombres o dioses) y bios, que indicaba la forma o manera de vivir propia de un individuo 0 un grupo. Cuando Platon, en el Filebo, menciona tres géneros de vida y AristOteles, en la Bti- ‘ca Ncomaquea, distingue la vida contemplativa del filsolo (bios thearetihds) de la vida de placer (bios apolaustits) y de la vida politica (bios potitikés), ninguno de los dos habria po- ido utilizar nunca el término 20¢ (que significativamente rece de plural en griego) por el simple hecho de que para ellos ‘no se trataba en modo alguno de la simple vida natural, sino de una vida cualificada, un modo de vida panicular. Aristo. Jes puede hablar, desde luego, con respecto a Dios, de una 22° » ariste hai aidios, vida mas noble y eterna (Met-1072b, 28), mas solo en cuanto pretende subrayar el hecho nada banal de que ‘también Dios es un viviente de la misma manera que, en el ‘mismo contexto, recurre al término 208 para definis, de modo jgualmente poco trivial, el acto del pensamiento); pero hablar cde una 208 poittité de los ciudadanos de Atenas habria carecidor de todo sentido. ¥ no es que el mundo clisioo no estuviera fami- liarizado con la idea de que la vida natural, la simple 20€ como tal, puciera ser un bien en si misma. En un parrafo de la Polt- ica, (1278b, 23-30), después de haber recordado que el fin de Ja ciudad es el vivir segin el bien, Aristoteles expresa con in superable lucider esta consciencia: Esto (el vvi sein el ben) es princpalmente su fla, tanto para to- {os los hombres en comin, como para cada uno de ells po separa, ero tambien se unen y mantienen la comunidad polities en vista sim plemente de vivir, porque hay probablemente algo de bueno en el so- lo hecho de vivir hata t62en autd méinon) sino hay un exceso de ade versidades en cuanto al modo de vii (had fin Bfon), es evidente que 1a mayosia de los hombres soponta muchos padecimietos y se feta ab ida C209, como si obiera en ella cierta serenidad Ceuemeria, bello ia) yuna culzura nar No obstante, en el mundo clisico, la simple vida natural es excluida del ambito de la polisen sentido propio y queda con- finada en exclusiva, como mera vida reproductiva, en el dm- Dito de Ia ofkos (Pol 12522, 26-5). En el inicio de la Politica, Aristoteles pone el miiximo cuidado en distinguir entre el of. ‘bomdmos (el jefe de una empresa) y el despotés (el cabeza de familia), que se ocupan de la reproduccién de la vida y de su mantenimiento, y el politico, y se burla de los que imaginan que la diferencia entre ellos es de cantidad y no de especie. Y cuando, en un pasaje que se convertria en canénico en la 0 tradicién politica de Occidente (1252b, 30), define el fin de la comunidad perfecta, lo hace precisamente oponiendo el sim= ple hecho de vivir (td 2én) a la vida politicamente cualificada (t6 e8 zén): ginoméne mén ofin tof 22n béneken, oitsa dé toi ef 2én, -nacida con vistas al vivir, pero existente esencialmen- te con vistas al vivir bien. (en la traducci6n latina de Guiller. mo de Moerbeke, que tanto Sto.Tomds como Marsilio de Pa- dua tenian a la vista: facta quidem igttur vied gratia existens ‘autem gratia bene vivendi) Es cierto que en un celebésrimo pasaje de la misma obra se define al hombre como politibon zoon (1253a, 4); pero aqui (al rmangen del hecho de que en la prosa dtica el verbo biontat no se ubliza pricticamente en presente), politico no es un attibu to del viviente como tal, sino una diferencia especifica que determina el género zoon (inmediatamente después, pot lo demas, la politica humana es diferenciacla de la del resto de los vivientes porque se funda, por medio de un suplemento de po- litcidad ligado al lenguaje, sobre una comunidad de bien y de smal, de justo y de injusto, y no simplemente de placentero y de doloroso). Foucault se refiere a esta definicion cuando, al final de la Vo- luntad de saber, sintetiza el proceso a través del cual, en los ‘umbrales de la vida moderna, la vida natural empieza a ser in- ‘luida, por el contrario, en los mecanismos y los célculos det poder estatal yla politica se transforma en bio:politica:-Duran- te milenios el hombre siguié siendo lo que era para Aristételes: tun animal viviente y ademés capaz de una existencia politica, el hombre maderno es un animal en cuya politica esti puesta en entredicho su vida de ser viviente- (Foucault I, p. 173) ‘Seg Foucault, l umbral de modernidad biol6gica- de una sociedad se sitia en el punto en que la especie y el individuo, fen cuanto simple cuerpo viviente, se convierten en el objetivo de sus estrategias polticas, A partic de 1977, los cursos en el Collage de Francecomienzan a poner de manifiesto el paso del -Estado territorial al Estado de poblacién. y el consiguiente aumento vertiginoso de la importancia de la vida biolégica y de la salud de la nacién como problema especifico del poder soberano, que ahora se transforma de manera progresiva en gobierno de los hombres: (Foucault 2, p. 719). -El resultado de ello es una suerte de animalizacién del hombre llevada a ‘cabo por medio de las més refinadas técnicas politicas. Apare- cen entonces en la historia tanto la multiplicacién de las post- bilidades de las ciencias humanas y sociales, como la simul ‘ea posibilidad de prcteger la vida y de autoriaar su holocausto.» En particular, el desarrollo y el triunfo del capitalismo no ha- brian sido posibles, en esta perspectiva, sin el control discipli- nario llevado a cabo por el nuevo bio poder que ha creado, por asi decitl, a través de una serie de tecnologias adecuadas, los -cuerpos déciles: que le eran necesarios. Por otra parte, ya 2 finales de los afios cincuenta (es decir casi veinte aos antes de la Volonté de savow?) H. Arendt habia analizado, en The Human Condition, el proceso que conduce al bomo laborans, y con él ala vida biologica como tal, a ocu- par progresivamente el centro de la escena politica del mundo ‘moderno. Arendt atribua precisamente a este primado de la vida natural sobre fa acci6n politica la transformacién y la de- cadencia del espacio pablico en las sociedades modernas. hecho de que la investigaci6n de Arendt no haya tenido pric Uicamente continuidad y el de que Foucault pudiera empren- der sus trabajos sobre la biopolitica sin ninguna referencia a ella, constituye todo un testimonio de las dificultades y de las resistencias con que el pensamiento iba a tener que enfrentar- se en este Ambito. Y a estas dificultades se deben, probable- mente, tanto el hecho de que en The Human Condition la au tora no establezca conexion alguna con los penetrantes andlisis ue habia dedicado con anterioridad al poder totalitario (en los que fata por completo la perspectiva biopolitca), como la cir ‘cunstaneia, no menos singulas, de que Foucault no haya tras- ladado nunca su investigacién a los lugares par excelencia de la biopolitica moderna: el campo de concentracion y la es- tnuctura de los grandes Estados totalitarios del siglo XX. La muerte impidio a Foucault desarrollar todas las implica- clones del concepto de bio-politca y también mostrar en qué sentido habia podide profundizar posteriormente la investi- ‘gacién sobre ella; pero, en cualquier caso, el ingreso de la 208 ‘en a esfera de la foks, a politizacion de la nuda vida como tal, cconstituye el acontecimiento decisivo de a madernidad, que ‘marca una ansformacion radical de las categorias polkico-f- loséficas del pensamiento clasico. Es probable, incluso, que, st la politica parece sultit hoy un eclipse duradero, este hecho se deba precisamente a que ha omitide medirse con ese aconteck miento fundacional de la modernidad. Los -enjgmass (Furet, . 7) que nuestro siglo ha propuesto a la raz6n historica y que siguen siendo actuales (el nazismo es s6lo el ms inquietante entre ellos) s6lo podrin resolverse en el mbito —la bio-poli tiea en que se forjaron. Unicamente en un horizonte bio-po- Itico se podsi decidir, en rigor, si las categorias sobre las que se ha fundado la politica moderia (derecha/izquietda; priva- ddo/piiblico; absolutismo/democracia, et), y que ste han ido de fuminando progresivamente, hasta entrar en la actualidad en luna auténtica zona de indiferenciacién, habrin de ser abando- nados definiivamente o tendrin la ocasin cle volver 2 encon- trar el significado que habian perdido precisamente en aquel horizonte. ¥ s6lo una reflexion que, recogiendo las sugerencias ce Benjamin y Foucault, se interrogue temdticamente sobre fa relacion entre la nuda vida y la politica, que rige de forma en- cubierta las ideologias de la modernidad aparentemente mas alejadas ene si, podra hacer salir ala politica de su ccultacion ya la vez, restituir el pensamiento a su voeacién prictica &

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