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A diferencia de lo que ocurría en los paradigmas desarrollistas y

reproductivistas, el nuevo paradigma, para interpretar la relación entre sociedad y


educación en América Latina revaloriza el papel que juegan las demandas sociales en
los procesos educativos, por lo tanto el carácter más o menos democrático de las
tendencias que se organicen en torno a la educación no dependerán solamente de la
voluntad y las acciones del Estado y los grupos dominantes, sino también de las
demandas populares.
El proceso de democratización se ve así como consecuencia de la necesidad de
canalizar las aspiraciones de educación de importantes sectores de la sociedad
Aceptar que los procesos educativos se configuran por múltiples actores llevará
necesariamente a analizar cada vez más consecuentemente el papel de los actores del
proceso educativo no sólo como meros reproductores, ya sea del orden establecido o
aún de políticas de transformación, sino como productores, creadores y recreadores de
las condiciones de dichos procesos.
Los políticos, agentes burocráticos, administrativos, docentes, padres de familia
y estudiantes dejarán de ser vistos como actores pasivos y se pasará a estudiar su rol y
sus formas de articulación en cada situación concreta.
Otra diferenciación que se podía marcar respecto del nuevo paradigma es que
introduce la idea de que la educación puede contribuír a la reproducción de la
estratificación social pero también puede contribuír a un progreso personal relativo, ya
que si bien la educación podría estar legitimando un orden social estratificado, aún así
no hay avance social posible sin educación.
El paradigma desarrollista postulaba un ciego optimismo pedagógico. El
paradigma reproductivista puso en evidencia una serie de mecanismos discriminatorios
de funcionamiento del sistema educativo, lo que dio lugar a una posición pesimista
frente a las posibilidades de la educación en relación con el avance hacia una sociedad
más justa donde todos los individuos tuvieran mejores opciones para su realización.
El nuevo paradigma no adopta ninguna de la posiciones extremas, apela a la
reivindicación del valor de la educación, sin crear expectativas desmedidas al respecto.
En esta corriente se ubicarían investigadores como Braslavsky y Filmus en nuestro país.

“LA EDUCACIÓN SECUNDARIA


EN ARGENTINA:
UN ESTADO DEL ARTE”