Вы находитесь на странице: 1из 30

El existencialismo nace como una reacción frente a las

tradiciones filosóficas imperantes, tales como el racionalismo o


el empirismo, que buscan descubrir un orden legítimo de
principios metafísicos dentro de la estructura del mundo
observable, en donde se pueda obtener el significado universal
de las cosas. En los 1940s y 1950s, existencialistas franceses
como Jean-Paul Sartre, Albert Camus, Simone de Beauvoir y
Daniel Lira realizaron escritos académicos y/o de ficción que
popularizaron temas existenciales del tipo de la libertad, la
nada, el absurdo, entre otros. Walter Kaufmann describió al
existencialismo como "el rechazo a pertenecer a cualquier
escuela de pensamiento, el repudiar la adecuación a
cualquier cuerpo de creencias, y especialmente de sistemas, y
una marcada insatisfacción hacia la filosofía tradicional, que
se marca de superficial, académica y alejada de la vida".
El existencialismo es un
movimiento filosófico y
literario propio de los siglos
XIX y XX, pero se pueden
encontrar elementos
existencialistas en el
pensamiento (y vida) de
Sócrates, en la Biblia y en la
obra de muchos filósofos y
escritores anteriores a la edad
contemporánea.
El existencialismo resalta el papel crucial de
la existencia, de la libertad y de la elección
individual, y que gozó de gran influencia en
distintos pensadores y escritores de los
siglos XIX y XX.

Debido a la diversidad de posiciones que


se asocian al existencialismo, el término no
puede ser definido con precisión. Se
pueden identificar, sin embargo, algunos
temas comunes en todos los autores
existencialistas. El término en sí mismo
sugiere uno principal: el énfasis puesto en
la existencia individual concreta y, en
consecuencia, en la subjetividad, la libertad
individual y los conflictos de la elección.
Tal vez el tema más destacado en la filosofía
existencialista es el de la elección.
La primera característica del ser humano, según
la mayoría de los existencialistas, es la libertad
para elegir. Mantienen que los seres humanos
no tienen una naturaleza inmutable, o esencia,
como tienen otros animales o plantas; cada ser
humano hace elecciones que conforman su
propia naturaleza.
Según la formulación del filósofo francés Jean-
Paul Sartre, la existencia precede a la
esencia. La elección es, por lo tanto,
fundamental en la existencia humana y es
ineludible; incluso la negativa a elegir implica
ya una elección. La libertad de elección
conlleva compromiso y responsabilidad. Los
existencialistas han expuesto que, como los
individuos son libres de escoger su propio
camino, tienen que aceptar el riesgo y la
responsabilidad de seguir su compromiso
dondequiera que éste les lleve.
Jean-Paul Sartre (1905-1980), filósofo, dramaturgo,
novelista y periodista político francés, uno de los principales
representantes del existencialismo.
Las obras filosóficas de Sartre conjugan la
fenomenología del filósofo alemán Edmund Husserl, la
metafísica de los filósofos alemanes Georg Wilhelm
Friedrich Hegel y Martin Heidegger, y la teoría social de
Karl Marx en una visión única llamada existencialismo.
Este enfoque, que relaciona la teoría filosófica con la
vida, la literatura, la psicología y la acción política
suscitó un amplio interés popular que hizo del
existencialismo un movimiento mundial.
Sartre, que utilizó el término existencialismo para definir
y calificar su propia filosofía, se convirtió en el gran
difusor del movimiento a escala internacional una vez
finalizada la II Guerra Mundial. El pensamiento de
Sartre, impregnado de ateísmo y pesimismo de una
forma explícita, argumentaba que los seres humanos
necesitan una base racional para sus vidas pero son
incapaces de conseguirla y, por ello, su existencia es
“pasión inútil”. No obstante, insistió en que el
existencialismo es una forma de humanismo y resaltó la
libertad, la elección y la responsabilidad humana. Con
gran refinamiento literario, intentó reconciliar esos
conceptos existencialistas con un análisis marxista de
la sociedad y de la historia. Sartre fue autor de otra de
las obras claves en la historia del existencialismo, El ser
y la nada (1943).
Sartre se forma en la fenomenología de Husserl y en la filosofía de
Heidegger, discípulo éste de aquél. En plena guerra mundial, cuando
forma parte del Ejército Francés como meteorólogo, Sartre es hecho
prisionero, y en el largo periodo de ser cautivo del nazismo reformula
muchas de sus ideas, elabora otras, escribe constantemente, incluso
representando obras de teatro en pleno campo de prisioneros, aunque si
en Heidegger el Da-sein es un «ser-ahí», arrojado, «yecto» en el
mundo, «para Sartre, el humano, en cuanto «ser-para-sí», es un
«proyecto», un ser que debe hacer-se».
Sartre considera que el ser humano está
«condenado a ser libre», es decir, arrojado
a la acción y responsable plenamente de la
misma, y sin excusas.

A su vez, Sartre, concibe a la existencia


humana como existencia consciente. El ser
del hombre se distingue del ser de la cosa por
ser consciente. La existencia humana es un
fenómeno subjetivo, en el sentido de que es
conciencia del mundo y conciencia de sí. Se
observa aquí la influencia que ejerce sobre
Sartre el racionalismo cartesiano. En este
punto se diferencia de Heidegger, quien deja
fuera de juego a la conciencia.
El hombre es el único que no sólo es tal como él se
concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe
después de la existencia, como se quiere después de este
impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que
lo que él se hace. Éste es el primer principio del
existencialismo.

El existencialismo es humanismo
Sartre escribe que en el ser humano «la existencia precede a la
esencia», contrariamente a lo que se había creído en la filosofía
precedente. ¿Qué quiere decir esto? Sartre da un famoso
ejemplo: si un artesano quiere realizar una obra, primero «la»
piensa, la construye en su cabeza: esa prefiguración será la
esencia de lo que se construirá, que luego tendrá existencia.
Pero nosotros, los seres humanos, no fuimos diseñados por
alguien, y no tenemos dentro nuestro algo que nos haga «malos
por naturaleza», o «tendientes al bien» —como diversas
corrientes filosóficas y políticas han creído, y siguen
sosteniendo—. «Nuestra esencia, aquello que nos definirá,
es lo que construiremos nosotros mismos mediante
nuestros actos», que son ineludibles: no actuar es un acto en
sí mismo, puesto que nuestra libertad no es algo que pueda ser
dejado de lado: ser es ser libres en situación, ser es ser-para,
ser como proyecto.
En su primera obra filosófica, El ser y la nada (1943), Sartre
concebía a los humanos como seres que crean su propio mundo
al rebelarse contra la autoridad y aceptar la responsabilidad
personal de sus acciones, sin el respaldo ni el auxilio de la
sociedad, la moral tradicional o la fe religiosa. Al distinguir entre
la existencia humana y el mundo no humano, mantenía que la
existencia de los hombres se caracteriza por la nada, es decir,
por la capacidad para negar y rebelarse. Su teoría del
psicoanálisis existencial afirmaba la ineludible responsabilidad
de todos los individuos al adoptar sus propias decisiones y hacía
del reconocimiento de una absoluta libertad de elección la
condición necesaria de la auténtica existencia humana. Las
obras de teatro y novelas de Sartre expresan su creencia de que
la libertad y la aceptación de la responsabilidad personal son los
valores principales de la vida y que los individuos deben confiar
en su poder creativo más que en la autoridad social o religiosa.
En su última obra filosófi
ca, Crítica de la razón
dialéctica (1960), Sartre
trasladó el énfasis puesto
en la libertad
existencialista y la
subjetividad por el
determinismo social
marxista. Afirmaba que la
influencia de la sociedad
moderna sobre el
individuo es tan grande
que produce la
serialización, lo que él
interpreta como pérdida
de identidad y que es
equiparable a la
enajenación marxista. El
poder individual y la
libertad sólo pueden
recobrarse a través de la
acción revolucionaria
colectiva.
Maurice Merleau-Ponty (1908-1961), filósofo
existencialista francés, cuyos estudios
fenomenológicos sobre el papel del cuerpo en la
percepción y la sociedad abrieron un nuevo campo a
la investigación filosófica.

Es frecuentemente clasificado como existencialista,


debido a su cercanía con Jean-Paul Sartre y Simone de
Beauvoir, así como por su concepción heideggeriana del
ser, aunque posteriormente debido a su litigio con Sartre,
Merleau-Ponty negaba pertenencia o acuerdo con dicha
filosofía.
El primer trabajo importante de Merleau-Ponty fue La estructura
del comportamiento (1942), una crítica al conductismo. Su obra
fundamental Fenomenología de la percepción (1945), es un
estudio detallado de la percepción con influencias de la
fenomenología del filósofo alemán Edmund Husserl y de la
psicología de la Gestalt. En este libro mantiene que la ciencia
presupone una relación de percepciones original y única con el
mundo que no se puede explicar ni describir en términos
científicos. Este libro puede considerarse una crítica al
cognitivismo —la idea de que el trabajo de la mente humana
puede ser entendido, estructurado en términos de reglas o
programas. Es también una crítica contundente al
existencialismo de su contemporáneo Jean-Paul Sartre, al
mostrar que la libertad del hombre nunca es absoluta, como
afirmaba Sartre, sino que está limitada por nuestro propio
cuerpo y el de los demás.
La importancia primordial de la percepción

Desde la época de La estructura del comportamiento y la


Fenomenología de la percepción, Merleau-Ponty quería
demostrar que la percepción no es el resultado casual de las
sensaciones "atómicas", en contraposición a la tradición
iniciada por John Locke, que estaba siendo perpetuada por
ciertas corrientes psicológicas de la época, en particular la
psicología del comportamiento. Para Merleau-Ponty, en
cambio, la percepción tiene una dimensión activa, en la
medida en la que representa una apertura primordial al mundo
de la vida. En contra del atomismo antes citado, Merleau-
Ponty logra valiosas conclusiones apelando no sólo a la
fenomenología (o estudio lógico de las cosas tal cual
aparecen) sino también con el gran aporte de la Teoría de la
Gestalt y los descubrimientos referidos a las funciones
psíquicas realizados hasta su época.
Karl
Jaspers (1883-
1969), filósofo y
psiquiatra alemán,
uno de los
fundadores del
existencialismo. Su
obra, que integran
más de 30 libros,
influyó de forma
determinante en la
teología, la
psiquiatría y la
filosofía del siglo XX.
La mayoría de los comentaristas asocian a Jaspers con la
filosofía del existencialismo, en parte porque se explaya
ampliamente en las raíces del existencialismo de Nietzsche y
Kierkegaard, y porque el tema de la libertad individual es una
constante en su obra.

En Filosofía (3 vols, 1932), Jaspers da su visión de la historia


de la filosofía e introduce sus temas más importantes.
Comenzando por la ciencia moderna y el empirismo, Jaspers
señala que al cuestionar la realidad enfrentamos los límites
que un método científico (o empírico) simplemente no puede
traspasar. En este punto, el individuo enfrenta opciones:
hundirse en la resignación o dar un salto a lo que Jaspers
llama la 'Trascendencia'. Al dar este paso, los individuos
confrontan su propia libertad ilimitada, que Jaspers llama
Existenz, y pueden finalmente experimentar la auténtica
existencia.
La Trascendencia es, para Jaspers,
lo que existe más allá del mundo del
tiempo y el espacio. La formulación
de Jaspers de la Trascendencia
como la expresión máxima de la no-
objetividad ha llevado a muchos
filósofos a argumentar que Jaspers
se transformó en monista, aunque el
mismo Jaspers continuamente
destacó la necesidad de reconocer
tanto los conceptos de subjetividad
como objetividad.
Aun cuando él rechazó doctrinas religiosas explícitas,
incluida la noción de un Dios personal, Jaspers
influenció la teología moderna a través de su filosofía
de trascendencia y los límites de la experiencia
humana. Las tradiciones del Cristianismo místico
influenciaron a Jaspers de forma considerable,
particularmente Meister Eckhart y Nicolás de Cusa.
También mostró interés activo en las religiones de
Oriente, particularmente el budismo. Jaspers también
entró en debates públicos con Rudolf Bultmann, en los
que Jaspers criticó la "demitologización" del
cristianismo.
Jaspers también escribió extensamente sobre la
amenaza que representa para la libertad
humana la ciencia moderna y las instituciones
políticas y económicas modernas. Durante la
Segunda Guerra Mundial tuvo que dejar su
puesto de profesor dado que su esposa era
judía. Una vez terminada la guerra pudo retomar
su puesto, y en su obra La cuestión de la
culpabilidad alemana examinó la culpabilidad de
Alemania como un todo en las atrocidades
cometidas por el Tercer Reich de Adolf Hitler.
Gabriel Marcel
(1889-1973),
filósofo católico,
dramaturgo y crítico
francés que mantenía
que los individuos tan
sólo pueden ser
comprendidos en las
situaciones específicas
en que se ven
implicados y
comprometidos. Esta
afirmación constituye el
eje de su pensamiento,
calificado como
existencialismo
cristiano.
En 1929 tras largo período de inquietud religiosa e
influenciado por sus amigos, Du Bos y Mauriac,
Marcel se convirtió al catolicismo. De este período de
búsqueda religiosa también surge su obra Être et
avoir publicado en 1935.

En 1933 adquirió un apartamento en la calle Rue de


Tournon que le sirvió de residencia hasta su muerte y
donde se reunía con un grupo escogido de
pensadores católicos con el fin de elaborar una
filosofía espiritualista cristiana.
En 1946, Sartre publicó su
ensayo El existencialismo
es un humanismo en el que
afirmaba que Marcel era un
«existencialista cristiano»
cosa que éste rechazó pero
que le sirvió para ser
conocido fuera de Francia.
Con motivo de esta disputa,
Marcel definió su filosofía
como «neo-socrática»,
expresión que usó
innumerables veces
durante las conferencias
que dio por Europa desde
1949 a 1951.
En su primer libro, Diario metafísico, Marcel abogaba por una
filosofía de lo concreto que reconociera que la encarnación del
sujeto en un cuerpo y la situación histórica del individuo
condicionan en esencia lo que se es en realidad.

Marcel distinguió la reflexión primaria, que tiene que ver con los
objetos y las abstracciones. Esta reflexión alcanza su forma
más elevada en la ciencia y la tecnología. La reflexión
secundaria -usada por él como método- se ocupa de aquellos
aspectos de la existencia humana, como el cuerpo y la
situación de cada persona, en los que se participa de forma tan
completa que el individuo no puede abstraerse de los mismos.
La reflexión secundaria contempla los misterios y proporciona
una especie de verdad (filosófica, moral y religiosa) que no
puede ser verificada mediante procedimientos científicos, pero
que es confirmada mientras ilumina la vida de cada uno.
Marcel, a diferencia de otros existencialistas, hizo hincapié en
la participación en una comunidad en vez de denunciar el
ontológico aislamiento humano. No sólo expresó estas ideas en
sus libros, sino también en sus obras de teatro, que
presentaban situaciones complejas donde las personas se
veían atrapadas y conducidas hacia la soledad y la
desesperación, o bien establecían una relación satisfactoria
con las demás personas y con Dios.
En cuanto a la familia, Marcel tras reflexionar en su
experiencia de temprana muerte de su madre, afirmaba
que la familia era una especie de símbolo de una
realidad personal mucho más rica y profunda donde el
amor recíproco y la mutua donación son la base o
fundamento. En ese mundo, el niño ve un refugio de
recuerdos felices donde vuelve cada vez que hace falta.
En el caso de los que morían hacía notar al mismo
tiempo su lejanía (ya no están) y su cercanía (la
nostalgia).
Como se ha mencionado los textos de su Journal
Metaphysique reflejan tanto sus estudios de filósofos y
corrientes de pensamiento, —escrito eso sí a modo de diario—
como sus experiencias personales. Así la segunda parte del
Journal trata de su experiencia de la guerra y evoca su idea de
la trascendencia de la existencia encarnada por medio de un
análisis fenomenológico propio.

Esta metodología fue desarrollada ulteriormente cuando


oponía la «fenomenología del tener» a la «fenomenología
del ser» que lo pone en las puertas de la metafísica.