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RESUMEN.

EL CONFLICTO SOCIAL MODERNO: ENSAYO SOBRE LA POLITICA


DE LA LIBERTAD DE RALF DAHRENDORF
CAP 1. LAS REVOLUCIONES DE LA MODERNIDAD
Historia de dos ciudades.
Plantea la historia de dos hitos revolucionarios como son la revolución francesa y todas sus
causas y consecuencias en aspectos de la libertad, y de las titularidades, y por el otro lado la
Revolución Rusa.
La paradoja de Martínez.
Plantea los conceptos de titularidades y los de provisiones. El autor alude a las titularidades
y las utiliza en el libro como derechos y las provisiones como bienes y servicios.
CAP 2. Ciudadanía y clase social.
El autor plantea que la desigualdad siempre ha existido y permanecerá en las
sociedades. Plantea que las diferencias importan al menos en la medida en que los distintos
intereses de cada uno se interfieren con los demás, cuando no porque algunos logran
imponer su voluntad sobre otros.
El autor plantea la reaparición del contrato social, que en la actualidad está
motivado por la dominación de un gobierno mínimo suficiente para garantizar la ley y el
orden. Este redescubrimiento del contrato social surge de la búsqueda de estructuras
fundamentales en una jungla de superestructuras de muchas clases.
El contrato social no es un esqueleto inamovible del cuerpo político, está sujeto a
cambios. La constitución americana se acerca a un contrato social deliberado en la historia
moderna. El contrato social no es la base de la sociedad, sino l sujeto de la historia. La
cuestión no está en si debemos volver o no a las cláusulas perpetuas del contrato social,
sino cómo podemos redactar de nuevo dichas cláusulas con el fin de hacer que la libertad
progrese bajo distintas condiciones.
La división del trabajo coordina tareas diferentes para conseguir un efecto común; la
estratificación social subordina unos a otros mediante la aplicación de una escala de valores
por la que unos que sitúan por debajo de otros. Es difícil pensar, en la práctica, en la
asociación humana sin que exista un elemento de dominación. Allídonde existe la sociedad
existe el poder.
La sociedad no es agradable, pero es necesaria. Por tanto, la cuestión, es de qué
forma el poder y las desigualdades que genera se pueden convertir en ventajas, en términos
de libertad. La desigual distribución de las oportunidades vitales es resultado de las
estructuras de poder.
La insociable sociabilidad del hombre es el aguijón que origina el antagonismo del
que fluye el progreso, incluyendo más oportunidades vitales en un contrato social
mejorado. El poder no sólo genera desigualdades sino, por la misma razón conflicto.
El origen del conflicto de clases ha de encontrarse, entonces, en las estructuras de
poder que ya no tienen la cualidad absoluta de jerarquía atrincherada. El sujeto del conflicto
de clases son las oportunidades vitales o, más precisamente, la desigual distribución de las
oportunidades vitales. Quienes están en el extremo menos ventajoso demandan más
titularidades y provisiones a quienes están en los puestos aventajados.
Incorporarse a la ciudadanía.
Uno de los acontecimientos más importantes que acompañaron al nacimiento de la
modernidad fue la creación de la nación-estado. Fue también un vehículo necesario para
que el contrato social moderno ocupara el lugar de los vehículos feudales. Proporcionó el
marco para la ley y las instituciones que habían de sostenerlo.
Plantea el autor que el monumento del principio de ciudadanía comienza con la
creación de unidades políticas en cuya constitución los derechos civiles y la participación
ciudadana se convierte en elementos necesarios.
La ciudadanía describe los derechos y obligaciones asociados a la capacidad de ser
miembro de una unidad social y, de manera especial a la nacionalidad.
La ciudadanía por consiguiente, es un conjunto de derechos y obligaciones para
aquellos que están incluidos en la lista de miembros. Lo de derechos y obligaciones se
escribe fácilmente, pero tiene sus trampas. La ciudadanía es un rol social real, provee de
titularidades. Una obligación del ciudadano es cumplir con la ley. Las obligaciones no
deberían incluir solamente obediencia, sino también civismo, actividad y competencia. Las
obligaciones comunes del ciudadano abarcan tanto los deberes políticos como los sociales,
y la más importante de las obligaciones sociales es el trabajo.
La ciudadanía es un contrato social generalmente válido para todos los miembros; el
trabajo es un contrato privado. En aquellas sociedades en que no existe el contrato privado
de trabajo tampoco hay ciudadanía.
Otro tema, es en relación al voto obligatorio, que es una dudosa interpretación de
los derechos de ciudadanía. En principio, los derechos de ciudadano no son condiciones,
sino categóricos. O también se platea que la ciudadanía no puede ser objeto de comercio.
La sociedad civil no es juego privado de discurso inteligente separado de las
instituciones de gobierno, y mucho menos contra ellas. Es más bien, el concepto inclusivo
para las unidades sociales en el que la ciudadanía es el principio guía.
Todos los miembros poseen ciertas titularidades iguales que poseen la cualidad de
normas sociales. Están obligados por las sanciones y protegidos por las instituciones. Sólo
resulta efectivo cuando hay estructuras de poder que las respalden. La búsqueda de una
sociedad civil, y en último término, de una sociedad civil mundial, es la búsqueda de
derechos iguales en un marco constitucional que domestique al poder, de manera que todos
puedan disfrutar de la ciudadanía como fundamento de sus oportunidades vitales.
El caso de T.H. MARSHALL.
Uno de los temas del conflicto social moderno ha sido el de la extensión de la
ciudadanía a más miembros de la sociedad. Una manera de describir este proceso consiste
en contar la historia del sufragio universal. En primer lugar se abolieron, para los hombres,
las cualificaciones referidas a la propiedad o a los tipos de impuestos y se extendió el
derecho de voto a todos los adultos varones. El proceso duró más de un siglo incluso en
países que lo comenzaron pronto. Después, en los países que limitaban el derecho de voto a
los hombres comenzó la lucha por conseguir el sufragio femenino.
La tesis de Marshall, es que el cambio social moderno ha transformado las pautas de
desigualdad y lo conflictos resultantes de ellas. Lo que solían ser diferencias políticas
cualitativas entre los hombres se han convertido en diferencias cuantitativas. Esto se ha
producido en dos etapas, por la misma revolución de la modernidad y por las
transformaciones del mundo moderno.
Marshall comienza por discutir la jerarquía feudal con sus privilegios y exclusiones
definidos legalmente. Es el mundo del estatus, que se desmorona cuando se ve invadido por
el contrato moderno. En el mundo antiguo, la titularidad constituía una pauta aparentemente
inmutable de desigualdad. El impacto de la ciudadanía en un sistema tal estaba obligado a
ser profundamente perturbador e incluso destructivo. Significa nada menos que el fin de las
barreras de desigualdad definidas legalmente. Marshall dice algo apologético, es verdad
que las clases siguen funcionando, después de que se ha establecido el principio de
ciudadanía. La ciudadanía es la fuerza conductora del conflicto social moderno.
El conflicto social moderno no se ocupa ya de suprimir diferencias que tiene el
carácter vinculante esencial de la ley. El principio de ciudadanía ha destruido tales
diferencias. El único estatus legalmente vinculante que ha permanecido es, de hecho, el de
la ciudadanía. El conflicto social moderno se centra en el ataque de las desigualdades que
restringen la plena participación ciudadana por medios sociales, políticos o económicos, y
en el establecimiento de las titularidades que constituyen un estatus de ciudadanía rico y
pleno.
T.H. Marshall distinguió tres estadios en este proceso, que denominó derechos
civiles (S. XVIII), derechos políticos (S. XIX) y derechos sociales (S. XX).
Los derechos civiles constituyen la llave del mundo moderno. Incluyen los
elementos básicos del imperio del derecho, de la igualdad, ante la ley y del derecho de ser
juzgado. El fin de las jerarquías significa el comienzo de los derechos civiles. Nadie está
por encima de la ley; todos se encuentran sujetos a ella. El derecho obliga al poder y a
quienes lo detentan, al mismo tiempo, que proporciona un refugio, que es garantía de
integridad, a quienes están en posición minoritaria, bien sea esta temporal o permanente.
El imperio del derecho permite serías desigualdades desde el punto de vista de la
titularidad, a menos que todos los ciudadanos puedan disfrutar de la oportunidad de ir
incorporando sus intereses al derecho. Esta es la razón por la que los derechos políticos
constituyeron un necesario suplemento de los derechos civiles. No sólo incluyen el sufragio
universal, sino también la libertad de asociación, la libertad de expresión y toda la panoplia
de derechos que desarrolla John Stuart Mill en su trata de Libertad.
En los EEUU, prevaleció una noción de oportunidad que interpretaba de modo
restrictivo la igualdad de oportunidades en origen y de modo extensivo las posibilidades de
elección subsiguientes. Los derechos civiles, políticos y la frontera abierta definían el
concepto americano de libertad, y hasta cierto tiempo, lo continúa definiendo hasta hoy.
Los pobres son dignos de ayuda si se ayudan a sí mismos; es caso contrario, su condición
es cosa suya. En Europa del S. XX está marcado por un desarrollo diferente. Ya fuera la
lógica de la ciudadanía y la lucha de clases, o la tradición de un Estado omnicomprensivo,
la que inspirase el proceso, se consideró que los miembros de la sociedad necesitan algo
más que derechos políticos y civiles. Se incorporan a ellos los derechos sociales, de manera
que el estatus de ciudadanía vino a incluir, como puso de manifiesto Marshall, un derecho
universal a un ingreso real que no se proporciona al valor que pueda asignarse al
demandante en el mercado. Es una titularidad.
El argumento subyacente está bastante claro, los derechos civiles no sólo se ven
recortados por el poder exorbitante que tienen algunos, sino también por la debilidad
económica de muchos de los que disfrutan de ellos. El hecho de que uno pueda permitirse
la defensa de su interés o de su honor ante un tribunal de justicia marca una clara
diferencia.
¿ Un Mundo perfecto?
En primera instancia, el proceso está muy lejos estar completo. En la agenda de las
luchas por las ciudadanías y las titularidades quedan tres cuestiones importantes. La
primera procede del hecho de que resta todavía mucho por hacer para que todos los
ciudadanos, incluso los de las sociedades de la OCDE, vean asegurados sus derechos de
ciudadanía. La vieja lucha de clases no ha terminado, ni mucho menos las fronteras de
membratura originan violentas luchas, quedan aún por reconocerse los derechos de las
mujeres y de las minorías. Tales conflictos pueden implicar las salidas a la luz de viejos
temas más que la adición de otros nuevos, pero, preocupa a millones de seres humanos y a
de pelearse por ello, y ganar.
Por el contrario, la segunda de las cuestiones puede construir una señal de las cosas
que están por venir. Nuevos problemas sociales.
La pobreza persistente y la situación duradera de desempleo plantean cuestiones
nuevas de ciudadanía, y los antiguos instrumentos del Estado Social no parecen capaces de
darles adecuada respuesta.
Los movimientos sociales resultantes o, por decirlo de forma modesta, las
iniciativas cívicas, añaden un elemento nuevo a los conflictos modernos ante él, que las
situaciones basadas en las clases sociales se encuentran mal preparadas.
La tercera cuestión es la más importante entre las tres, está claro que podemos y
debemos, comenzar a construir una sociedad civilizada de ciudadanos en nuestro propio
país. Pero desde el momento en que queda confinada a las fronteras de una nación se
encontrará emparejada con actitudes políticas y reglas de exclusión que violan el autentico
principio de la sociedad civil. La histórica tarea de crear la sociedad civil sólo estará
completa una vez que se halla concebido los derechos de ciudadanía de todos los seres
humanos. Necesitamos una sociedad civil mundial.

CAP 3. La política en la sociedad industrial.


Momentos y motivos de cambio.
La primera de ellas es que el progreso de las titularidades es desigual. No se
producen de una manera incremental o gradual, sino acurren por pasos.
El segundo descubrimiento que hacemos al seguir la huella del progreso de la
ciudadanía es que, en general es un progreso autentico. Transcurre largos períodos en los
que suceden pocas cosas, pero cuando ocurre algo se trata generalmente de una progresión.
Los acontecimientos que destruyen logros interiores son raros y dramáticos.
Max Weber y el problema de la política moderna.
Weber se lamentaba de la mediocridad del liderazgo alemán con posterioridad a
Bismarck, y lo consideraba como resultado de la peculiar mezcolanza de fuerza y debilidad
del fundador. También era resultado del fenómeno social y político de la burocracia, que
conformó el pensamiento de Weber en torno a la política moderna más que ningún otro
tema.
Weber plantea la cuestión de la democracia desde el ángulo importante, aunque
limitado. En vista de la creciente ineludibilidad y consecuente poder de la administración
civil, se pregunta cómo puede haber garantía de que haya poderes que refrenen y controlen
efectivamente la monstruosa preponderancia de su posición que continúa haciéndose cada
vez más importante.
Weber nos recuerda que el modelo sencillo de las fuerzas sociales que incluyeron a
las clases sociales, y proporcionan energía y dirección, y élites que reconcilian sus intereses
con la necesidad del momento, es demasiado simple. La naturaleza de las elites no es el
único obstáculo posible al funcionamiento del modelo; sin embargo, weber realiza un
comentario a propósito de la incapacidad de los inquietos comandantes del regimiento para
representar ante sus superiores los intereses de aquellos que están a su cargo. La amenaza
burocrática es más seria aún. Por ejemplo, puede paralizar a los que median entre el pueblo
y el poder. Al parlamento. El parlamento puede convertirse en una simple tienda parlante
en la que los representantes del pueblo dan rienda suelta a sus resentimientos y deseos, pero
sin que ocurra nada.
Esta burocratización de los parlamentos constituye un serio problema en todas
partes. Tiende a apartar a los que están fuera, el pueblo, de sus instituciones políticas y
origina un conjunto nuevo de movimientos sociales que se enfrentan enseguida con el
mismo conjunto de problemas.
Dos procesos constituyen el mínimo democrático. Uno es la entrada de los puntos
de vista y de los intereses populares en el sistema político, el otro es el control de los que
están en el poder y en su administración. Si cualquiera de estos dos procesos, es decir, el
input democrático o el control democrático se bloquean, se produce una crisis
constitucional. El mínimo democrático no es la aplicación de una bella idea o de un dulce
sueño. Es la manera más sensible de asegurar que se puede producir el cambio sin que haya
revolución. En este sentido, la democracia es simplemente más eficaz que otras formas de
gobierno.
Los parlamentos, dijo Weber, son, en primera instancia, representaciones de
aquellos sobre los que gobierna la burocracia. A Weber le preocupaba lo que la burocracia
no puede alcanzar, planteándose el tema del liderazgo.
Sobre las constituciones Mixtas.
El autor plantea que la constitución de la libertad tiene tres elementos
indispensables. El imperio del derecho, la democracia y el liderazgo. Plantea que las
constituciones mixtas deben plantear estos conceptos para ser de alguna forma perfectibles
en el tiempo.
CAP 4. Las tentaciones del totalitarismo.
Proletariado que se desvanece.
El autor plantea la desaparición del proletariado, por causas de la 1era Guerra
Mundial, ya que los conflictos sociales o de clases, la lucha por la ciudadanía y el deseo de
mejorar las oportunidades vitales se hicieron aparentemente a través de extrañas
desviaciones. Fueron removidos violentamente.
Los representantes del proletariado votaron los créditos necesarios para la guerra en
los parlamentos de sus respectivos países. Los partidos socialistas de Francia y Alemania
estaban en lugar de crear un mundo diferente, los trabajadores fueron a la guerra por el
mundo tal como era.
Plantea en primer lugar la desaparición del proletario por el totalitarismo, ya que
produce atomizar a la sociedad y convertirla en clases a masas, por lo tanto, la clase
proletariado se desvanece y coloca ejemplos relacionado con los totalitarismos y algunos
países de principio del siglo XIX.
El totalitarismo.
El totalitarismo es el resultado de reemplazar las estructuras sociales antiguas por
sociedades de masas sin estructura alguna.
La situación totalitaria supone la incompatibilidad entre el privilegio sin contexto y
la ciudadanía sin anclaje; una sociedad que parece incapaz de caminar hacia la sociedad
civil o de regresar a pautas más tradicionales. El proceso totalitario resuelve la
incompatibilidad mediante la destrucción de todas las estructuras tradicionales o
autoritarias supervivientes. El totalitarismo es destrucción pura, por esto resulta tentador
contemplarlo en términos de psicopatología. Los líderes totalitarios conducen a sus
naciones al suicidio colectivo, después de haber asesinado a muchas otras en el camino. La
revolución permanente es también un permanente estado de emergencia; en la práctica, esto
es más que una revolución.
El totalitarismo es, así, una posibilidad extrema de la organización de la
desorganización, un régimen de anarquía.
CAP 5. El mundo de Aron.
La sociedad industrial.
Plantea una biografía de Raymond Aron.
Convergencia, socialismo y diversidad.
El socialismo se ha convertido en una palabra que tienen muchas facetas que es
necesario distinguir. En primer lugar, ha de distinguirse entre el sueño socialista y la
realidad socialista.
Dentro de la realidad socialista ha de efectuarse otra distinción. Es la que se da entre
la social democracia y el socialismo realmente existente. La social democracia es la
extensión del proceso de ciudadanía mediante la reforma en lugar de la revolución, y bajo
diversidad de condiciones políticas y económicas. El socialismo realmente existente es un
régimen totalmente distinto, aunque requiere que volvamos a efectuar otra distinción.
Países que no siguen la línea de la URSS imperialista.
Su modelo de economía y de sociedad no es alternativo al de los llamados países
capitalistas. Es más bien, un fenómeno de desarrollo tardío y desigual. En la mayor parte de
las sociedades que se aventuraron tarde por el sendero del desarrollo económico moderno,
las consecuencias deseadas de este desarrollo se encontraron con obstáculos políticos. Una
vez que el problema inicial de un país ha quedado definido como político, es muy probable
que su economía se encuentre con trabas. Se ve arrastrada de manera ineficaz por una clase
política interesada fundamentalmente en mantener su poder, y por una población de
súbditos susceptibles de organización y movilización, pero no de ser ciudadano
participante.
El socialismo no es otra cosa sociedad industrial, sino un método político de
promover el desarrollo. Es un fenómeno de los países en vías de desarrollo. El socialismo
realmente existente no fue nunca más que un camino de rango hacia el mundo moderno, si
es que lo fue incluso. El socialismo realmente existente debe de ser estable en cuanto que
combina la pesada mano de la burocracia con un progreso económico mínimo o incluso con
la ausencia de declive económico.
La lucha de la clase democrática.
El conflicto social moderno se desarrolla en torno a la consecución de derechos de
ciudadanía para todos en un mundo en el que existen ricas y variadas oportunidades de
elección. Se funda en las divisiones sociales, trasladadas al ruedo de la política y
manifestadas de múltiples maneras, que dependen de las específicas condiciones culturales
y de las situaciones históricas.
En todas las democracia modernas, el conflicto entre grupos diferentes se expresa a
través de partidos políticos que representan, básicamente, una traducción democrática de la
lucha de clases.
Existen divisiones sociales que dan lugar a conflictos políticos. Pero, en lugar de
hacerse cada vez más violentos, y perjudiciales estos conflictos quedaron domesticados por
instituciones en las que encontraron una expresión constitucional ordenada. Los partidos
políticos, las elecciones y el parlamento se ocupan del conflicto, sin que haya revolución.
Democracia significa aceptar los conflictos, no con el fin de apaciguarlos, sino de
prevenir que se conviertan en belicosos. Tiene sentido distinguir entre las grandes luchas
por las titularidades, o los derechos ciudadanos, y las aspiraciones crecientes de que se
produzca la distribución de la riqueza en el margen existente entre aquellos que disfrutan ya
de los derechos ce ciudadanía.
1968.
En los EEUU su presidencia se había desarrollado de acuerdo con el programa de la
gran Sociedad que había marcado el test de la época, pero también había dejado al país
implicado más intensamente en la guerra del Vietnam, hecho que iba a empujar a los EEUU
hacia unas de sus crisis constitucionales más profundas. También en Europa, la
gobernabilidad, la legitimidad, se puso en cuestión en 1968, aunque, para muchos, el hecho
venía asociado a la capacidad de efectuar reformas que podía tener el sistema político.
CAP 6. La crisis de los setenta.
El derrumbamiento del orden mundial.
El 15 de agosto de 1971, el presidente Nixon, despidieron al sistema monetario del
período de la posguerra. Suspendieron la convertibilidad del dólar en oro, impusieron una
sobretasa a las importaciones y sobre todo dieron como razón de todas estas acciones el
derecho de los EEUU a anteponer su propio interés a las responsabilidades para con los
demás.
La guerra de Yom Kippur de octubre de 1973, y la concomitante primera crisis
petrolífera, constituyeron un ejemplo de lo que venimos diciendo. El efecto neto que la
inflación existente en los países de la OCDE produjo en los demás no fue menos grave que
el de las dos grandes subidas en el precio del petróleo.
Un Estado de incertidumbre.
Las reformas realizadas en aquella época implicaban más actividad gubernamental o
paragubernamental que había que administrar. Un conjunto más sutil de consecuencias
parcialmente no comprendidas está relacionado con la democratización. El eslogan abarca
una multitud de cosas, pero, paradójicamente, la mayor parte de ellas llevan a la
burocratización más que al poder del pueblo. La democratización significa reunión de
comités y las reuniones de comités no sólo consumen tiempo, sino que también conllevan
papeleo. La democratización significa la creación de instancias de apelación para todas y
cada una de las decisiones que se toman y, por la misma razón, más trámites. La
democratización significa la sustitución de las razones elaboradas y explicitas por el juicio
personalizado; una rutinización requiere formularios, archivos y administradores.
Sociedad Post Industrial.
Daniel Bell, que acuño la expresión sociedad postindustrial estaba en principio muy
interesado en los cambios producidos en el empleo. A medida que las sociedades modernas
se alejaban de la producción de bienes, comenzaban a darse a conocer nuevas fuerzas
conductoras del progreso. Se trataba, sobretodo, del conocimiento y la información.
Además, estas fuerzas y su base científica, habían ido más allá de la simple prueba y error a
la codificación. Esto significa a la vez que los científicos y los técnicos se han convertido
en un grupo social constituido e indispensable; marcan, como apunta Bell, el advenimiento
de un nuevo principio de estratificación. Su mundo es realmente un mundo deliberado. La
planificación proporciona una situación de decisión específica, como contraria al papel más
impersonal y disperso del mercado.
CAP 7. El conflicto después de Las clases.
El paro
Los 80 experimentaron el fenómeno más desconcertante, a pesar de que el
crecimiento económico se extendiera a muchos países avanzados. El desempleo había
surgido realmente en los 70, pero en aquella época pareció ser la mera consecuencia del
descenso experimentado por la actividad económica. En los buenos años económicos de los
80, el paro continuó creciendo y, en cualquier caso, permaneció siendo elevado.
El levado porcentaje de paro en pleno crecimiento económico plantea cuestiones de
desarrollo económico, de historia del trabajo y de ciudadanía. Las consideramos todas
porque la historia del trabajo es crítica en el reciente giro experimentado por el conflicto
social moderno.
La subclase: una cuestión de definición.
Para que surja una subclase tiene que darse un proceso sistemático de reclutamiento,
de definición y de comportamiento. De un grupo sobre el que se acumulan las patologías
sociales hasta crear una situación de larga duración. Se caracteriza por la ausencia de
capacidades y el desempleo, la residencia en áreas particulares y la dependencia de las
instituciones de bienestar. Muchos miembros de la subclase pertenecen a minorías y viven
en familias incompletas. Tienden a comportarse de manera aberrante.
Los riesgos de la anomia.
Los conflictos han de verse para que sean reales. Tiene poco sentido hablar de
grietas en las estructuras sociales si no sale ruido alguno de ellas. Está claro por tanto, que
en las sociedades contemporáneas de la OCDE no hay conflicto de clases en el sentido
clásico del término. Grupos sociales que están divididos por barreras generalizadas de
poder y titularidades. Quedan restos del antiguo conflicto. La clase mayoritaria continúa sus
escaramuzas en torno a la redistribución. Hay razones por las que esto debería ser así. Una
de ellas es el tamaño y el peso de la mano de la mayoría. Otra razón es la individualización
del conflicto social en las sociedades abiertas. La movilidad individual ocupa el lugar de la
lucha de clases. La anomia describe una situación en la que quedan sin castigo las
violaciones de las normas. Fenómeno de la subclase.
CAP 8. UN NUEVO CONTRATO SOCIAL.
Quien desea el cambio.
El autor plantea los cambios visto desde la socialdemocracia hasta el
conservadorismo del thatcherismo. Alude a este último a una descripción evocadora de un
programa de cambio radical. Su objetivo central consiste en ofrecer una gran cantidad y
variedad de posibilidades de elección en un mundo de rigidez corporativista. Estas
posibilidades de elección son en gran parte económicas. Y también se plantea como otro
sector, los verdes, que son un conjunto de movimientos feministas y ecologistas que buscan
maximizar el juego político en un nuevo contrato social.