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William Camacho S.

EJEMPLO DE ELABORACIÓN DE UN GUIÓN LITERARIO A PARTIR DE LA ADAPTACIÓN DE UN TEXTO LITERARIO

1. Indicaciones generales

2. Conceptos empleados

3. “El eclipse”, de Augusto Monterroso

4. Primer paso: el concepto

5. Segundo paso: la sinopsis

6. Tercer paso: el tratamiento

7. Cuarto paso: la escaleta

8. Quinto paso: el guión literario

1. Indicaciones generales

A partir de una adaptación del cuento “El eclipse”, de Augusto Monterroso, se elaborará un guión literario, siguiendo todos los pasos aconsejados para dicho fin.

Es necesario repasar los conceptos que figuran en la siguiente sección, pues así no habrá dificultades para comprender los distintos pasos que conforman el proceso de creación de un guión literario.

Se hará una adaptación libre, respetando la estructura temporal del relato original, pero modificando la amplitud y el alcance de las analepsis. Si bien la temática, el tiempo y el lugar de la historia original serán cambiados totalmente, se parodiarán los rasgos fundamentales del argumento.

El título del guión será: La batida

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2. Conceptos esenciales

Concepto (logline)

Argumento básico de un guión descrito en unas pocas palabras que recogen su esencia, en tiempo presente. Los seguidores estrictos de la ortodoxia no permiten más de cinco líneas.

Sinopsis

Breve descripción o resumen del tema y argumento que trata la película. Con extensión de una a cuatro páginas, se escribe en presente de indicativo, con lenguaje conciso y sin diálogos. Incluye el desenlace.

Tratamiento

Exposición literaria del argumento de la historia, siguiendo la pauta de las escenas que formarán la mencionada historia. Se narra en presente, no hay diálogos, sino descripciones de los personajes y acción, usualmente escena por escena, tal y como aparecerá en la película. Suele tener una extensión de 1/3 de las páginas que contiene un guión, pero pueden hacerse tratamientos más reducidos o más extensos.

Escaleta

Lista de escenas del guión con breve descripción de las mismas, que marca la progresión dramática de la obra. Una escaleta completa lleva todas las escenas del guión, si bien en ocasiones se utilizan escaletas intermedias, que llevan únicamente los grandes bloques de secuencias. Una escaleta muy detallada en su descripción puede ser origen de un tratamiento secuenciado.

Guión literario

Guión escrito por el guionista. El guión literario no debe incluir tipos de plano y otras indicaciones de cámara, ya que éstas serán añadidas posteriormente en la confección del guión técnico. En algunos países, como en España, se suele incluir numeración en contraposición a otros como EEUU, donde no es lo usual.

Escena

Unidad básica del guión formada por una serie de planos que forman una acción dramática dentro de la trama y que normalmente mantienen constantes la unidad espacial y temporal. Grosso modo, si se cambia de lugar o se rompe la unidad temporal, se cambia de escena. Una excepción a esta norma sería, por ejemplo, una persecución callejera en la que se rompe la unidad espacial sin variar de escena. El término también puede definirse como una acción dramática que, en caso de desearse así, podría ser registrada en un solo plano; desde este punto de vista, se cambiaría de escena cuando ineludiblemente se tuviera que efectuar un corte. El objetivo fundamental de cada escena en el guión de estructura clásica es hacer progresar la historia. Formalmente cada principio de escena se indica con la identificación INT. (interior) O EXT. (exterior), el lugar donde tiene lugar, y el periodo del día en el que sucede DÍA, NOCHE, AMANECER o ATARDECER), dando lugar al encabezamiento de escena.

Secuencia

Conjunto de escenas que forman un núcleo o unidad de acción dramática. Una secuencia tiene su propia estructura, con establecimiento, desarrollo y desenlace, conteniendo una o más escenas que pueden cambiar de ubicación o temporalidad pero manteniendo el nexo común que las une entre sí (forman una unidad de acción dramática). Las persecuciones, el asalto a algún edificio (con escenas de interior y exterior), la preparación de unas oposiciones o exámenes, (con escenas de noche y día), son ejemplos de secuencias compuestas por diferentes escenas que mantienen una unidad de acción dramática.

por diferentes escenas que mantienen una unidad de acción dramática. anterior sección índice siguiente sección
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3. Cuento

El Eclipse

Augusto Monterroso

Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora. Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas. Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida. -Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura. Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles. anterior sección índice siguiente
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4. Primer paso: el concepto

Un agente en cubierto de la policía se infiltra en una pandilla peligrosa, pero su misión no llega a buen fin, debido a la inesperada intervención de su superior.

no llega a buen fin, debido a la inesperada intervención de su superior. anterior sección índice
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5. Segundo paso: la sinopsis

El subteniente Bartolomé Casazola es un agente encubierto que pretende infiltrarse en “Los Pendex”, una peligrosa pandilla de la zona sur. Durante tres meses, se hace pasar por traficante y, tras ganar la confianza del líder, es aceptado como miembro de la pandilla. Así, obtiene información sobre sus actividades delictivas, como también evidencias para poder capturarlos y procesarlos. Antes de que los pandilleros ejecuten un secuestro, el subteniente coordina una batida policial, informando a sus superiores cuándo y dónde efectuarla. Sin embargo, los pandilleros descubren las intenciones de Casazola, lo cual deriva en consecuencias trágicas para el policía. Lo invitan a una fiesta, donde le ponen una droga en el vaso, para narcotizarlo. Él, sintiéndose mareado, deja de luchar contra los efectos del narcótico y se duerme. Al despertar, está amarrado a una silla, rodeado por los pandilleros. Sabe que piensan asesinarlo, por eso, intenta salvar la vida diciéndoles que, si no lo matan, él podría librarlos de la cárcel, pues tenía datos sobre una batida policial. Los pandilleros sonríen y, luego, el líder lo acuchilla. Al minuto, entra un capitán de la policía, a quien los pandilleros le entregan un fajo de billetes, agradeciéndole por haberles informado de esa batida y de las que habrán en el futuro.

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6. Tercer paso: el tratamiento

En la sala de un departamento hay mucha gente bailando, conversando, riendo y bebiendo. Al lado del aparato de sonido, sentado en un sillón, el subteniente Bartolomé Casazola, con la mirada perdida, procura levantarse, hasta que, luego de

varios intentos infructuosos, afloja el cuerpo y cierra los ojos, mientras piensa: “¿Por

qué acepté esta misión? Debí negarme

debí tener más cuidado

seguro pusieron

algo en mi vaso

no puedo moverme

tengo sueño

mucho sueño

”.

Tres meses antes, en la Academia Nacional de Policías (Anapol), luego del acto de graduación, el comandante de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) se acerca al flamante subteniente Casazola y, tras felicitarlo, lo lleva hacia un sector alejado de la multitud. Ya en privado, le dice que los instructores de la academia le han hablado muy bien de él, destacando su integridad, su compromiso con la institución y su temeridad. Por esos motivos, el comandante le dice que lo considera el hombre ideal para realizar una misión peligrosa: actuando como agente encubierto, representando el papel de traficante, infiltrarse en “Los Pendex”, pandilla de la zona sur que, desde hace un par de años ha estado cometiendo delitos cada vez más graves (peleas, asaltos, violaciones y secuestros “express”), para identificar a los cabecillas y, así, realizar una batida con el fin de arrestarlos. El subteniente le agradece la confianza depositada en él y acepta la misión, prometiendo cumplirla con eficiencia. Entonces, el comandante, con un gesto de mano, llama al capitán Reyes, quien se acerca de inmediato. Le dice que el subteniente Casazola ha aceptado la misión, por lo que debe darle las instrucciones correspondientes, además del apoyo necesario. El capitán Reyes, haciendo el saludo militar, confirma haber entendido las órdenes del comandante, quien se retira del lugar, tras estrechar la mano de Casazola y desearle éxito. Ya solos, Reyes comienza a explicar los pormenores de la misión.

Casazola comienza a vender sobres de cocaína y yerba en una esquina de la calle 21 de San Miguel. Tiene suerte, pues el primer día, un miembro de “Los Pendex”, Juaco, se convierte en cliente suyo. Gracias a él, conoce a otros pandilleros, a quienes también les vende droga. Para ganar su simpatía, les hace rebajas en el precio o les otorga crédito o les da “yapitas”. Así, poco a poco, establece vínculos de amistad con ellos, logrando infiltrarse en su círculo. Cierto día, el Juaco lo invita a una fiesta; Bartolomé acepta la invitación. Allí, el Juaco le presenta al Yerbas, líder de la pandilla, quien le dice (empleando un tono ambiguo, entre broma y amenaza) que debe pagar su boleto de entrada a la fiesta: diez sobres de coca. El subteniente, representando

bien su papel, le contesta (con el mismo tono ambiguo) que nunca regala sus productos, y que, como había sido invitado por el Juaco, no tenía por qué pagar nada. Ante tal respuesta, los demás se callan repentinamente, haciendo evidente la tensión del momento, reflejada también en el cruce de miradas “amenazadoras” entre Casazola y el Yerbas. Sin embargo, tras algunos segundos de tensión, el subteniente cambia la expresión seria de su rostro y le dice al Yerbas que le dará la coca, pero no como pago, sino porque él comparte todo con los amigos. El yerbas se relaja, acepta las palabras de Casazola y, tras ofrecerle un trago de su propio vaso, pide a gritos que pongan la música. La fiesta continúa, amena y en calma. En cierto momento, el Yerbas le dice a Casazola que le ha caído bien, pues le gusta que los hombres tengan las bolas bien puestas y que sepan ser buenos amigos. Casazola agradece la muestra de simpatía, entregándole dos sobres de coca.

Con el paso de los días, Casazola comienza a formar parte del grupo, yendo a sus fiestas, parrilladas y farras de cantina. Precisamente en una cantina, mientras el subteniente está bebiendo con el Yerbas, el Juaco y algunos pandilleros más, el líder de “Los Pendex” pide silencio a la mesa para anunciar, simulando (o remedando) solemnidad, que han decidido incorporarlo a la pandilla. Casazola, fingiendo emoción, agradece que lo hayan aceptado como “Pendex” y, para celebrar, saca varios sobres de coca. Todos, menos Casazola, hacen líneas de polvo blanco sobre la mesa y las inhalan con bombillas recortadas. Entonces, notando que el subteniente no participaba del festín, el Yerbas le pregunta por qué no lo hacía. Casazola, sin el menor signo de turbación, le contesta que hace años había dejado de consumir, pues llegó a un punto en el que él mismo era su mejor cliente, de modo que el negocio casi va a la quiebra, y que, desde entonces, su único vicio era el trago. El Yerbas acepta la explicación y, por ello, pide que todos “sequen” sus vasos en honor al nuevo miembro de “Los Pendex”. A medida que la farra prosigue, le van contando algunos detalles sobre sus “movidas”: cómo elegían a quién secuestrar, dónde lo retenían y cómo cobraban el rescate; a quién vendían las partes de automóviles que robaban; a qué chicas de “buena familia” habían violado y quiénes eran las próximas “candidatas”; cuáles eran las mejores horas y lugares para asaltar “jailoncitos”. Entonces, Casazola les pregunta si alguna vez tuvieron problemas con la policía. El Juaco le dice que nunca, que siempre eran cuidadosos antes de ejecutar un plan, que tomaban todas las precauciones necesarias. Luego, casi al oído, el Juaco le dice que su mayor temor (y el de los demás “Pendex”) era que lo metiesen en la cárcel, pues sabía que allí, a los “changos” los utilizaban de putas.

Durante algunas semanas, el subteniente participa en asaltos, robos y peleas callejeras, como uno más de “Los Pendex”. Luego, mientras está parado en su

esquina habitual, representando el papel de traficante, el Juaco aparece para decirle que en la noche hay una reunión importante en la cantina de siempre. Casazola asiste

a la reunión, donde el Yerbas le dice que han ubicado un “cliente” (tal como se refieren

a quien pretenden secuestrar), y le explica algunos detalles de la “operación”: que el

“cliente” es el único hijo del senador Galindo; que es un “chango” de quince años; que los fines de semana parquea su auto en la calle 21 y, poniendo música a todo volumen, farrea con sus amigos hasta quedar “mulas”; que, cuando sus amigos se van, se encierra en el auto para dormir la borrachera; que ese es el momento ideal para ejecutar la “operación”; que, además del rescate, también se pueden quedar con el auto. Luego, le pregunta si le interesa participar en el asunto; el subteniente responde que sí. Entonces, el Yerbas comienza a explicarle cuáles serán sus funciones en el secuestro. Le indica que el sábado organizarán una fiesta, y que, a cierta hora, dirán que falta trago, por lo que saldrán a comprarlo, pero, en realidad sólo será el pretexto para salir de la fiesta sin despertar sospechas y poder realizar el

golpe.

Tras salir de la reunión, Casazola está caminando en la calle, manifestando nerviosismo en sus gestos. Toma su celular y llama al capitán Reyes; le informa sobre el plan de “Los Pendex” y le dice que ya ha reunido suficiente información y evidencias como para arrestarlos antes de que realicen el secuestro; le cuenta sobre la fiesta, indicándole que la batida debería realizarse ahí, para capturar a la mayor cantidad posible de pandilleros, incluidos sus líderes. El capitán le dice que está de acuerdo, que se procederá con la batida el sábado, antes de que cometan el secuestro; y, antes de colgar, felicita a Casazola por su eficiente labor.

En un cuarto del departamento donde se realiza la fiesta (la música y el bullicio de la gente se oyen claramente), el subteniente despierta, aún atontado por el efecto del narcótico, maniatado y amarrado a una silla. Con la vista borrosa, distingue varias siluetas frente a él; la visión se le va aclarando y escucha al Yerbas, quien le pregunta (con sarcasmo) si se encuentra bien, si soñó con los angelitos y cosas por el estilo. Casazola, evidentemente angustiado, pregunta qué ocurre, por qué lo drogaron, por qué lo tienen atado. Mira al Juaco y, suplicante, le dice que, por favor, ya paren la broma, que lo suelten de una vez. El Juaco sonríe y, repentinamente, le da un puñete, haciéndole sangrar la nariz; luego, casi gritando, le dice que es un hijo de puta, un hipócrita, que saben que es policía, antes de propinarle una seguidilla de golpes. El Yerbas contiene la furia del Juaco y, acercando su rostro al de Casazola, le dice que está jodido. Saca una navaja y le dice al subteniente (quien hace gestos de terror) que va a enseñarle cómo “Los Pendex” castigan a los traidores.

Tres meses entre los pandilleros le habían servido para obtener información valiosa, como la que le dio, inocentemente, el Juaco al contarle sobre su mayor temor. Recordando eso, el subteniente intenta salvar la vida diciéndoles (con tono firme, pero evidentemente fingido) que sí, que era policía encubierto y que, por eso mismo, sabía cuándo y dónde la FELCC iba a realizar la batida para capturarlos; que si no lo mataban, él les daría toda la información para que pudiesen escapar. Mirando fijamente al Juaco, continúa diciendo que, si no lo mataban, él podía librarlos de la cárcel. Al escucharlo, el Yerbas y el Juaco cruzan miradas, manifestando en sus rostros gestos que reflejan duda o reflexión, pero luego de dos segundos, su expresión cambia repentinamente y ambos esbozan sonrisas forzadas.

Del cuerpo inerte de Casazola, brota sangre a borbotones, mientras el Yerbas limpia su navaja con un trapo, a tiempo de agradecerle al capitán Reyes por la información que les proporcionó. Éste, contando un fajo de billetes, responde que no fue nada, que mientras pagasen bien, él les continuaría avisando sobre todas las operaciones encubiertas, batidas y redadas que la policía planificaría en el futuro.

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7. Cuarto paso: la escaleta

1. INT. DEPARTAMENTO DEL YERBAS. SALA – NOCHE

Se ve mucha gente en la sala. Algunos bailan, otros conversan; todos beben. Se nota que es una fiesta divertida. Bartolomé Casazola, está sentado en un sillón; tiene la mirada perdida e intenta levantarse varias veces, pero no lo consigue (es evidente que está alcoholizado o drogado); finalmente, su cuerpo se afloja, apoya la nuca sobre la parte superior del respaldar y cierra los ojos. En primer plano, se escuchan las reflexiones del protagonista (voz en off). En segundo plano, se escucha la música y el bullicio de las demás personas.

2. EXT. PATIO DE LA ANAPOL – DÍA

En un plano general, se muestra el acto de graduación de los cadetes de la ANAPOL. Se ve el escenario, montado sobre una tarima (con alfombra roja); encima de esta, hay una mesa larga (con mantel de terciopelo verde), ocupada por autoridades policiales y de gobierno; en el extremo derecho de la tarima, hay un atril y un pedestal con micrófono. El director de la ANAPOL está ubicado detrás del atril, pronunciando un discurso. De frente al escenario, hay varias hileras de sillas, ocupadas por los invitados al acto. A la derecha, otra hilera de sillas (dispuestas en posición perpendicular con respecto al escenario y los invitados) están ocupadas por los cadetes.

Se escucha el final del discurso del director. Luego, comienza a llamara a los cadetes para entregarles sus diplomas.

Se ve a Bartolomé Casazola subir al escenario y recibir su diploma. Luego, se acerca a la mesa y estrecha las manos de las autoridades, antes de retornar a su silla. Se escucha al director pronunciando el nombre del protagonista.

Casazola está conversando con sus padres. El comandante de la FELCC se acerca al grupo, felicita al cadete y saluda a los familiares. Luego, toma del brazo a Casazola y le dice, discretamente, que quiere hablar con él en privado. Se los ve alejarse del grupo.

En primer plano, se escucha a los padres de Casazola expresándole

su orgullo y felicidad; luego, se escucha las palabras del comandante. En segundo plano, se escucha el bullicio de la gente.

Alejados de la multitud, el comandante y Casazola conversan. Poco después, se une

a ellos el capitán Reyes, solicitado (mediante una seña con la mano) por el

comandante, quien le da algunas instrucciones. Reyes confirma que acatará las órdenes y hace el saludo militar. El comandante se despide de ambos y Reyes se queda conversando con Casazola. En primer plano, se escucha la conversación de Casazola con el comandante y con el capitán. En segundo plano, se escucha el bullicio de la gente, pero con menor volumen que la escena anterior.

3. EXT. CALLES – DÍA Y NOCHE

Se ve a Casazola, vestido de civil, parado en una esquina de la calle 21 de Calacoto. Se nota el transcurso del tiempo por una serie de tomas discontinuas (realizadas con luz natural a distintas horas del día) que muestran al protagonista, de manera intercalada, vendiendo pequeños sobres de cocaína a compradores circunstanciales o parado solo en la esquina esperando clientes. Cuando se muestra la venta de droga, se aprecia que, tanto Casazola como el cliente de turno, actúan con extrema discreción.

Sólo se escucha el bullicio de la calle (motores, bocinas, voceadores, música, etc.).

Casazola está en la esquina y aparece el Juaco para comprar un sobre. Dialogan un rato y, así, el subteniente se entera que el Juaco es de “Los Pendex”. Por eso, lo trata

con exagerada amabilidad e, incluso, le da una “yapita”. Le dice que antes trabajaba en la Pérez, pero tuvo que bajar a la zona sur porque los policías ya lo tenían fichado.

El Juaco le dice que, si la coca es buena, le conseguirá más clientes entre sus

amigos. Luego, se despiden; Casazola, esbozando una sonrisa, ve al Juaco alejarse

del lugar.

En primer plano, se escucha la conversación. En segundo Plano, se escucha el bullicio de la calle.

Durante varios días, Casazola continúa representando el papel de traficante. Nuevamente, se refleja el transcurso del tiempo a través de tomas discontinuas a distintas horas del día, mostrando al protagonista, en cada una de ellas, vistiendo ropa

diferente. En esta serie de tomas, también aparece el Juaco, con uno o más amigos, quienes le compran coca a Casazola. Se hace evidente que la confianza y simpatía entre el subteniente y el Juaco va creciendo, pues en la serie de tomas se muestra un avance gradual en la forma de saludar o despedirse (desde el apretón de manos diplomático, hasta el abrazo afectuoso). Sólo se escucha el bullicio de la calle.

Casazola está comiendo una salteña y llega el Juaco. No hablan mucho, pues el

Juaco está apurado; le dice que sólo vino para invitarlo a una fiesta. Casazola acepta

la invitación y el Juaco le da la dirección antes de irse. Casazola hace un gesto con las

manos y dice, casi murmurando, “¡Síiiii!”, haciendo evidente que la invitación del Juaco es un avance importante en su misión. En primer plano, se escucha la conversación. En segundo plano, se escucha el bullicio de la calle.

INT. DEPARTAMENTO DEL YERBAS. SALA – NOCHE

En el departamento del Yerbas hay mucha gente joven (bailando, bebiendo, fumando, etc.). Se hace un paneo para mostrar la fiesta (partiendo desde la pared opuesta a la puerta, de izquierda a derecha). La puerta está abierta, porque la gente entra y sale continuamente. Casazola llega; el Juaco lo divisa y se acerca para saludarlo efusivamente. Algunas personas (clientes) también lo saludan con afecto. El Juaco, a gritos, pide que cambien de música, mientras lleva a Casazola hacia el sitio donde

está el líder de la pandilla. Una chica obedece al Juaco y detiene la música para cambiar de disco. El Juaco, a tiempo de realizar las presentaciones, le dice al Yerbas que Casazola es buen tipo, que su coca es la mejor, que a veces rebaja el precio o da yapitas o vende a crédito. Pese a las alabanzas del Juaco, el Yerbas manifiesta una actitud hostil contra Casazola, y le pide (empleando un tono ambiguo, entre broma y amenaza) que pague su entrada a la fiesta con diez sobres de coca. Casazola replica en el mismo tono, diciéndole que, como es invitado, no tiene por qué pagar nada. Dado que aún no se ha puesto la música, todos escuchan el intercambio de palabras,

y se genera un silencio tenso. Casazola se encarga de remediar la situación,

ofreciendo los diez sobres, no como entrada, sino como gesto de amistad. El Yerbas acepta el ofrecimiento y, cambiando de actitud, pide que pongan la música. La tensión desaparece y la fiesta continúa. En primer plano, se escuchan las conversaciones. En segundo plano, se escucha la música y el bullicio de la gente (excepto durante el momento de tensión).

Pocas personas quedan en el departamento (algunos están durmiendo en sillas o en el piso); todos están evidentemente ebrios. Un muchacho está tocando la guitarra, acompañado por un coro de borrachos que no atinan ninguna nota. En el sofá, se ve al Yerbas conversando con Casazola; le dice le ha caído bien, pues le gusta que los hombres tengan las bolas bien puestas y que sepan ser buenos amigos. Casazola agradece las palabras del Yerbas y le obsequia dos sobres de coca. En primer plano, se escucha la conversación. En segundo plano, se escucha la guitarreada.

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