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ÍNDICE

Presentación Introducción. Notas para un diccionario

7

Biográfico de Guardianes de la Memoria Social Boliviana

9

I.

Los diccionarios biográficos de alcance nacional

9

II.

Los diccionarios biográficos de alcance regional.........................................................................12

III.

Bruno Groppo y el enfoque sociobiográfico de la Historia ............................................15

IV.

Los archiveros del incario .........................................................................................................................................17

V.

Los archiveros de la colonia ...................................................................................................................................17

VI.

Los archiveros militares en la Guerra de la Independencia ...........................................18

VII.

La República: el rol de los presidentes .....................................................................................................19

VIII.

El aporte de los intelectuales.................................................................................................................................20

IX.

Las archivistas mujeres ................................................................................................................................................21

X.

Los archivistas profesionales ................................................................................................................................21

XI.

Los

becarios ................................................................................................................................................................................22

XII.

Los archiveros religiosos y empíricos ........................................................................................................23

XIII.

Los

extranjeros ........................................................................................................................................................................24

XIV.

Acciones de los archivistas ......................................................................................................................................25

XV.

Los destructores de la memoria ........................................................................................................................25

Diccionario de Archivistas de Bolivia ..................................................................................................................................27

Fuentes consultadas

635

Bibliografía

635

Publicaciones oficiales

653

Periódicos

654

Boletines y Revistas

657

Otras fuentes primarias

657

Fuentes consultadas en internet

658

Índice onomástico

661

PRESENTACIÓN

Un Diccionario es una obra que requiere la participación de una especie de ejército de investigadores y demanda años de recolección de datos, que tienen que ser compulsados y contrastados.

El Diccionario de Archivistas de Bolivia, elaborado por largos años por el director de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional, Luis Oporto Ordóñez, no habría culminado sin el concurso decidido de los archivistas de Bolivia y de otros países, que generosamente enviaron sus referencias y también compartieron sus experiencias y trayectorias personales en beneficio de los archivos bolivianos.

Nuestro reconocimiento y agradecimiento profundo a todos ellos, así como a la valiosa colaboración directa y militante de quienes en realidad son los coautores de este trabajo, por una parte, Carola Campos Lora y Edgar “Huracán” Ramírez Santiesteban, del Sistema de Archivo de la Corporación Minera de Bolivia, y por otra de Gonzalo Molina Echeverría, infatigable investigador de la Archivística boliviana.

Esta publicación especializada, única en su género a nivel internacional, es un primer esfuerzo, de mucha dedicación por reunir información tanto de los archivistas del pasado, los ya fallecidos, como los que conforman la base social de la Archivística boliviana actual. Es una obra que implicaba recopilar de forma sustentada y documentada el trabajo de los archivistas vivos, algunos de los cuales lamentablemente se resistieron a enviar sus datos -posición que respetamos pero no compartimos en absoluto- y como cualquier producto pionero, permite labrar el terreno y abrir los surcos para sembrar la semilla que posteriormente fructificará en base al esfuerzo de otros investigadores que se encarguen de llenar los vacíos, enmendar errores y aportar con nuevas referencias biográficas a este trabajo.

Esta obra es un homenaje a los cien años de servicio público de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional, resultado de la fusión de la antigua Biblioteca del Congreso (creada en 1911), con el Archivo Legislativo (conformado en 1988), cuyo acervo documental y bibliográfico responde con propiedad e idoneidad a las necesidades de información de la Asamblea Legislativa Plurinacional y Vicepresidencia del Estado.

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Reiteramos el reconocimiento a los archivistas nativos y extranjeros que nos legaron gran parte de la memoria institucional e histórica de este valeroso pueblo boliviano, desde la época preshispánica hasta el actual Estado Plurinacional, y que se plasma en esta obra que ahora ponemos a consideración de la ciudadanía en general.

VICEPRESIDENCIA DEL ESTADO PLURINACIONAL

INTRODUCCIÓN

Notas para un Diccionario Biográfico de Guardianes de la Memoria Social Boliviana

El Diccionario Biográfico de guardianes de la memoria social Boliviana contiene 812 entradas, de las cuales 68% corresponden a varones de todas las épocas (desde el Incario), 22% a mujeres, que aparecen con identidad propia a partir de la segunda mitad del siglo XX; 5 % a las acciones colectivas de los archivistas (reuniones, asociaciones, declaración de principios), y 5 % a instituciones y centros de archivo.

Esta es una primera aproximación especializada, por lo que asumimos como propias las palabras de José Roberto Arze quien en sus “Apuntes preliminares para una bibliografía biográfica boliviana” (1978), señala que sus trabajos biográficos, “revelan que existe todavía un vasto campo por explotar”. Desde aquel año no es poco lo que se ha escrito en el campo biográfico, aunque sigue siendo insuficiente ese esfuerzo para construir una Enciclopedia Biográfica Boliviana.

I. Los diccionarios biográficos de alcance nacional

Un puñado de intelectuales ha volcado sus esfuerzos en construir diccionarios de personalidades y personajes de la historia boliviana, entendida esta desde la época prehispánica. Ese esfuerzo colectivo ha indagado en diversas áreas del conocimiento, con objetivos generales más o menos afines, pero con distintos alcances y enfoques metodológicos, en la selección y estudio de los personajes biografiados.

Uno de los repertorios más tempranos corresponde a José Domingo Cortés, intelectual chileno que fue Director General de las Bibliotecas Públicas de Bolivia, durante el gobierno de Mariano Malgarejo, quien escribió en 1875 el Diccionario Biográfico Americano. Obras Publicadas, impreso en París, en la Tipografía Lahure. El volumen contiene “los nombres, con los datos biográficos y enumeración de las obras de todas las personas que se han ilustrado en las letras, las armas, las ciencias,

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las artes, en el continente americano”. Sin embargo, en el plano nacional, uno de los primeros ensayos corresponde a Moisés Ascarrunz Peláez, quien publicó una selección de Hombres célebres de Bolivia (1920), con el auspicio de la Oficina Nacional de Estadística y Estudios Geográficos, “reuniendo las noticias más sumarias posibles, pero a la vez las más imparciales y exactas de los [110] hombres que han actuado en Bolivia”. Ricardo Alarcón, en “Apuntes para un Diccionario Biográfico Boliviano, 1825-1915”, publicado en Bolivia en el primer centenario de la Independencia (1925), buscaba reunir “la mayor cantidad de referencias desapasionadas, suscintas y simplemente informativas, de todo cuanto representa el cerebro y la acción de Bolivia”. Hay un enorme vacío hasta la década del 60, en la que Arturo Costa de la Torre publicó su Catálogo de la Bibliografía Boliviana, 1900-1963 (1968), al que antecede una semblanza biográfica de los autores, sin duda el mayor esfuerzo en su género, no superado hasta hoy, aunque muchos de sus datos carecen de fuentes, lo que motivó debates e incluso muchos investigadores lo usan con cierta reserva.

José Roberto Arze, en su Diccionario biográfico boliviano, comenta las Figuras bolivianas en las Ciencias Sociales (1984); Eclesiásticas (1985); Geógrafos, exploradores y científicos (1987); Historiadores y cronistas (1989); y Figuras centrales en la historia de Bolivia en las épocas de la Independencia y República (1991), en la que ha combinado “los criterios de celebridad (entendida como la consagración histórica o persistencia de la fama a través del tiempo) y trascendencia (“proyección de la actuación histórica o cultural del personaje más allá de los ámbitos exclusivos de su especialidad o de su localidad)”, aclarando que “no es la adhesión a la tesis Carlyliana de considerar al ‘héroe’ como el ‘forjador’ de la historia, sino más bien reconocer en la personalidad destacada un ‘producto’ de la historia y de su clase que recobra, con mayor o menor profundidad, sobre el desenvolvimiento histórico”.

Guillermo Lora, en su Diccionario Político, Histórico, Cultural de Bolivia (2002), reconstruye la historia desde la visión materialista, que “gira alrededor de los problemas sociales e históricos bolivianos”, en su estrecha vinculación con el pensamiento internacional”, y “cotejadas con las expresiones del pensamiento conservador o derechista”, alejándose de “todo criterio sectario o discriminatorio, que siempre es expresión del oscurantismo”, con la idea “de cooperar en alguna forma al hombre que lee e investiga”.

Josep M. Barnadas, en su Diccionario Histórico de Bolivia (2002), obra de carácter enciclopédico, incluye biografías de personalidades (fallecidas al 31 de diciembre de 2001), instituciones, movimientos (sociales e ideológicos), fenómenos (hechos históricos) y publicaciones periódicas. Esta obra mayor de la historiografía plantea desarrollar un Diccionario con un amplio criterio de inclusión “que se deduce del postulado ‘todo es Historia’, (…) para dar paso a toda la realidad boliviana, (…) con una visión integral de la Historia”.

Otros investigadores se dedican a biografías más especializadas. Julio Díaz Arguedas publicó Los generales de Bolivia. Rasgos biográficos, 1825-1925 (1929); Elsa Paredes de Salazar el Diccionario biográfico de la mujer boliviana (1965), Arturo Costa de la Torre Mujeres de la Independencia (1977), y José Macedonio Urquidi Bolivianas ilustres: las guerrilleras de la Independencia (1967). Manuel Frontaura, por su parte, se ocupó de los Expedicionarios, descubridores y exploradores de Bolivia (1971), con la

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intención de “seguir los pasos de los hombres que han descubierto Bolivia (…) del esfuerzo hecho por ellos en busca de forjar una nacionalidad. El propósito consiste en narrar su hazaña humana, destacar su valer y su valor”, especialidad que cultivó, también, Julio Díaz Arguedas en Expedicionarios y exploradores del suelo boliviano (1971). Carlos Castro Rodríguez, se ocupó de los Presidentes de la Corte Suprema de Justicia de Bolivia (1989), con breves semblanzas “de la vida de grandes magistrados que han hecho culto en el altar de la diosa Themis”, es decir, que han dirigido el alto tribunal entre 1827 y 1985. La obra fue actualizada por Guadalupe Amusquivar, en Presidentes de la Corte Suprema de Justicia de Bolivia, 1827-2007 (2009).

La Literatura, en general, fue cubierta generosamente con el estudio revelador de Augusto Guzmán, en Biografías de la Literatura Boliviana (1982) exhuma “autores nacidos entre 1520 y 1925”, interesado en “su vida interior, el pensamiento vivo reflejado en su producción intelectual”. Juan Quirós, en su Índice de la poesía boliviana contemporánea (1964); Juan Siles Guevara, en Las cien obras capitales de la literatura boliviana (1975); Adolfo Cáceres Romero, en su Diccionario de la Literatura Boliviana (1977); y Roberto Ágreda, en Antología comentada de la Poesía boliviana (2010), compilan biografías de poetas y escritores nacionales, en los que se privilegia la crítica. Elías Blanco Mamani, destaca con su Enciclopedia Gesta de autores de la literatura boliviana (2004), su Diccionario de Poetas (2011) y Novelistas (2012), seguido de su colección Profetas en la cultura boliviana: Chilenos (2007, 2010); Argentinos, (2010); y Alemanes

(2010).

En periodismo Gonzalo Vizcarra Pando escribió una antología sobre El cuarto poder. Semillero de periodistas y escritores (1984), con “semblanzas de periodistas de todos los tiempos que cumplieron y cumplen una loable y fecunda tarea en el ámbito cultural, que aportaron con sus publicaciones al vasto campo literario de nuestro país”, con el objetivo que “sirva de documento de consulta”.

En el campo educativo, Guillermo Medrano Reyes, compila la labor de Educadores en el Instituto Normal Superior “Simón Bolívar”, 1917-1969 (2003), con breves “biografías de educadores bolivianos y extranjeros, complementando con algunas autoridades educativas que apoyaron al crecimiento del Instituto”, para que sirva “como una fuente de consulta para interesados en la materia”.

Una obra de carácter amplio e incluyente es la que realizaron Oscar Patricio Vargas Aguirre y Juan Carlos Montecinos Luque, que en tres tomos entregan la Trayectoria de la diplomacia boliviana. 179 años de internacionalismo (2004), con exhaustivas biografías de los Ministros de Relaciones Exteriores y diplomáticos bolivianos, señalando que “nuestra comprensión debe estar basada en la educación de las nuevas generaciones para que adquieran el grado de responsabilidad con la existencia de Bolivia”.

El mundo de la fotografía, ha sido cultivado con esmero en el afán de reconstruir la historia de esta fascinante profesión que cautiva a propios y extraños. Daniel Buck, sorprende cada vez que se lee su Pioneer Photography in Bolivia: Directory of Daguerreotypists & Photographers, 1840s-1930s (1999), fuente primordial para la Historia de la fotografía en Bolivia. Desde sus orígenes hasta 1900 (2011), de Fernando Suárez Saavedra, proyecto del que ya entregó el primer tomo.

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Jorge Villanueva Suárez llena un vacío con Dibujantes, pintores y escultores bolivianos (2007), que incluye “en lo posible a todos los artistas bolivianos (sin distinción de tendencias, ideas políticas y religiosas), que se dedican a las Artes Plásticas”, con vacíos notables, por cierto. Al calor de la celebración del Bicentenario, el periódico La Razón, entregó Arte Bolivia (2009), con datos “desde tiempos prehispánicos hasta los días actuales”, con el fin de “rendir homenaje a los creadores bolivianos”.

Salvador Romero Ballivián, publicó su Diccionario biográfico de parlamentarios (1979-2009), concebido como “un trabajo de sociología política (que) constituye un retrato de la elite política boliviana desde el retorno a la democracia (1982)”, destinado a ser una obra de consulta, “que permita acceder de manera rápida a información biográfica sobre los diputados y senadores titulares”.

No faltan curiosos ‘diccionarios’ biográficos de personalidades (desconocidas), como el del extranjero radicado en Bolivia, L. Alcántara Lecca, que publica su tempranero Diccionario Biográfico de figuras de actualidad (1929), “escrito y ordenado sin preferencias con carácter únicamente imparcial e informativo”. Carlos Gómez- Cornejo en su obra Figuras ejemplares (1947), “ha extraído de nuestra historia aquello, que, realmente, pudiera o debiera interesar a los niños. Y también a los mayores”. El repertorio Quién es quién en Bolivia (1942), explica que “en sus páginas figuran personalidades de todas las tendencias, actividades y corrientes ideológicas”, prometiendo “una publicación seria e imparcial”; similar línea sigue Edmundo Montenegro, con su menos difundido Diccionario biográfico de personalidades en Bolivia (1968 y 1996).

Al culminar el siglo XX, Carlos Humberto Rivas Graña se adelantó con su diccionario biográfico de Personajes Bolivianos del Siglo XX (1991), el periódico La Prensa, publicó 100 gigantes del siglo (1999), “con las biografías y semblanzas de los 100 hombres y mujeres -en estricto orden de importancia- que construyeron y conmovieron la historia de la Bolivia contemporánea” y La Razón hizo lo propio en sus 100 Personajes del siglo XX (1999). A raíz de la elección del presidente Evo Morales Ayma (diciembre de 2005), en los últimos años se observa un viraje hacia una intermitente revisión historiográfica en busca de incluir a protagonistas indígenas y populares en la explicación del decurso histórico. Un buen ejemplo lo da el periódico La Razón que publicó Cien personajes de la República (2006), en el intento de “identificar y conocer a cien personalidades relevantes de la historia republicana de Bolivia (1825- 2006)”, esfuerzo en el que “particular atención ha merecido la presencia de actores indígenas, hombres y mujeres de varias regiones [que] influyeron en la construcción de la República, [con ello] es posible mostrar el país diverso que somos…”.

II. Los diccionarios biográficos de alcance regional

A nivel departamental, La Paz cuenta con más estudios. Nicanor Aranzáes fue el primero en publicar una obra, insuperada hasta hoy, con puntillosa precisión de datos (aunque paradójicamente sin identificar sus fuentes), amplitud de criterio, más afín a lo que propone Lora que otras propuestas. Se trata del célebre Diccionario histórico del Departamento de La Paz (1915), escrito en un alarde del dominio del arte de la biografía, “para recordar a los antiguos vecinos que se establecieron en la ciudad (…)

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de los que descienden las familias paceñas”, pues “con la indicación de los primeros hijos de los vecinos con la fecha de sus nacimientos, cada familia podrá fácilmente encontrar el tronco de donde procede”. Víctor Vargas Olmos, publica Personalidades en La Paz. Un homenaje al IV Centenario de la Fundación de La Paz (1948), que “en sus páginas tiene escrito glorias y heroísmos” de personalidades históricas. Julio Díaz Arguedas entrega Paceños célebres (1974), seguido de Raúl de la Quintana Condarco, con su Esbozo sobre periódicos y periodistas paceños (1988); el empresario Pedro Cáceres, publica Quién es quién en La Paz (1990), con “biografías de las personalidades más destacadas”; Rolando Costa Arduz, colaborado por cinco coautores, publicó Foro paceño del siglo XIX (1993); finalmente, Elías Blanco Mamani, regularmente engrosa su diccionario de Forjadores de la cultura boliviana, con el que sistematizó el aporte de Orureños (2006); Tarijeños (2010); Potosinos (2010); Paceños (2011), Cruceños (2012), Cochabambinos (2012) en la cultura boliviana; y Doscientos poetas paceños (2009).

Llama la atención el interés de los intelectuales benianos por la labor desarrollada, a partir del clásico estudio de Manuel Limpias Saucedo, Los gobernadores de Mojos (1942), en el que confía en que “la vulgarización de los hechos de antaño tenga la virtud imponderable de despertar entre los hombres de mi tierra las ansias infinitas de trabajar, más de lo que hasta aquí se ha trabajado, por desentrañar del seno de la madre tierra los productos valiosos que harán la riqueza de sus tenedores”. Hugo Aguirre Ortiz, publica En el Beni ¿quién es quién? (1997) en seis sorprendentes tomos, con profusa información sobre “instituciones y personajes del pasado y del presente, que han contribuido con su presencia y accionar al nacimiento y consecuente desarrollo de la cultura y civilización del Beni”, buscando con ello “que cada beniano, y cada boliviano, conozca la historia de pueblos, hombres y mujeres de esta parte del país”.

En la Perla del Acre, Cobija, Teddy Farrachol Arzabe, entrega su Bibliografía beniana y pandina (2006), pretendiendo “registrar lo más sobresaliente del periodismo y la literatura”, esfuerzo complementado por Oscar Jesús Ruiz Durán con Datos biográficos de los escritores en Guayaramerín (2011), “sencillo trabajo dirigido a todas las personas que de un modo u otro han contribuido y contribuyen con mucho sacrificio con la edición de sus obras literarias, para que el Beni y Bolivia toda sepa apreciar mejor a los escritores”.

Osvaldo Maldonado Morató, incursiona con Apuntes biográficos para la historia de la medicina en Cochabamba (1987), tema prácticamente desconocido, con fichas redactadas a la manera de fuentes primarias, busca “exponer a quienes, cumplidos sus veinticinco a treinta años de trabajo y docencia, han sido formadores de las nuevas generaciones (y servirá para) criticar el presente”. Por su parte, Ramón Rocha Monroy, estrena su cargo de Cronista Oficial de la ciudad de Cochabamba, con Doscientos personajes cochabambinos (2010), figuras “suficientemente representativas que aportaron a que Cochabamba sea el nexo fundamental de la unidad del país”.

Potosinos ilustres. Biografías breves (1987), de Wilson Mendieta Pacheco es trabajo “sencillo, pero meticuloso y, a la vez, documentado que tiene el propósito de rescatar del olvido a prominentes hijos de la Villa Imperial”. En Oruro, Marlene Durán Zuleta, ofrece Mujeres orureñas (2006), afirmando que “la memoria no puede continuar en el velo del olvido”, lo que la impulsa a biografiar a “mujeres que justifican su destino, sus torsos, sus cenizas” que “sembraron almácigos y alcanzaron la cúspide del resplandor”.

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Luego, en coautoría con Lidia Castellón de Condarco, publica su Diccionario de autores orureños (2007), “una aproximación bio-bibliográfica a los escritores nacidos en Oruro, y asimismo, a los que eligieron como residencia esta ciudad”.

Santa Cruz ha mostrado su pujanza con la monumental Enciclopedia del Oriente Boliviano (2010), editada por Víctor Hugo Limpias Ortiz, por encargo del Gobierno Municipal, para conmemorar el 450 aniversario de fundación de Santa Cruz de la Sierra, “para contribuir al conocimiento y comprensión integral de la realidad integral (sic) del oriente boliviano, comprendiendo los departamentos de Santa Cruz, Beni y Pando, con 5.200 entradas, se resume la realidad histórica, y aspectos generales y particulares más relevantes”, en todos los órdenes. Por su parte, Tito Montaño Mojica, publica Hombres notables en Portachuelo. Personajes que han hecho historia (2009), “un texto de investigación dirigido a personajes que han dejado huellas profundas de bien social en la ciudad de Portachuelo”.

Bernardo Trigo ha indagado sobre Tarija y sus valores humanos (1978), que recoge “las lecciones dejadas por hombres que sobresalieron por sus virtudes y talentos, desde el siglo XVI hasta el tiempo contemporáneo”.

Como se puede colegir, es una tarea muy delicada la que debe asumir el compilador cuando realiza su selección biográfica, pues un Diccionario necesariamente debe ser amplio e incluyente, inclusive si se asume la metodología selectiva de identificar personalidades que han forjado el ser social y le han dado impronta al decurso boliviano. Un Diccionario es generalmente obra de largo alcance en el tiempo, muy distinto a los repertorios del tipo Quién es quién, que generalmente se actualizan periódicamente, formando mas bien un directorio.

Debemos confesar que la idea de escribir un Diccionario surgió hace ya varios años, cuando publicamos Historia de la Archivística Boliviana (2006), en la que se logra identificar las bases y fundaciones de la archivística boliviana a lo largo de la historia, en los principales ámbitos de actividad del Estado (público y privado, incluyendo las de tipo eclesiástico, militar, sindical, universitario, gremial), situándola en el análisis comparativo con el desarrollo de la Archivística latinoamericana y mundial. Con Legislación Archivística de Bolivia (2007), complementamos de manera magistral la otra vertiente, la que vino esculpida por legisladores y administradores del Estado, y detrás de esas dos abstracciones, emerge con fuerza la masa humana formada por hombres y mujeres del llano. Ese objetivo se buscó también en Archivos Militares de Bolivia. Historia y tratamiento archivístico (2011), en el que se identifican a los constructores de la archivística militar.

Esa trilogía nos proporcionó los elementos fundamentales para construir las bases de un Diccionario de Archivistas de Bolivia, en el que se incorporan a notables y célebres profesionales, bolivianos y extranjeros, que aportaron en temas tan diversos como la teoría científica, la planificación del servicio, las técnicas y las tecnologías, para hacer de la nuestra, una archivística moderna; y, junto a ese grupo selecto, sumamos -como paradoja de la historia- a destructores de la memoria, que han hecho los mismos esfuerzos para destruir los documentos y los archivos, quizá para no dejar huella de su actuación. Pero, definitivamente, comprendemos que no cabría posibilidad alguna de ostentar nuestros recursos

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documentales -que soportaron el paso de los siglos y sobrevivieron, digamos, casi milagrosamente a los embates destructivos- sin los ejércitos anónimos de archivistas, profesionales o empíricos, que entregaron su juventud, expusieron la vida misma, pues la han gastado generosamente, para construir, sistematizar, preservar y difundir el mayor legado de la bolivianidad: la Memoria Administrativa e Histórica del Estado. El insigne Gabriel René Moreno, es el mejor ejemplo de lo que anotamos. En

Archivo de Mojos y Chiquitos, denuncia “el descabalamiento y dispersión, decretados y consumados por el Excelentísimo Gobierno de Bolivia el año 1837”, circunstancia en la que el Archivo fue retirado “de su centro por obra de autoridad y ha venido a parar a manos cuidadosas por obra de la misericordia”. Cuando tuvo en su poder los 41 legajos del Archivo, trabajó tres horas al día y aplicando su curioso “método histórico-cronológico de títulos”, los catalogó y ordenó, vaciando su contenido en

  • 631 papeletas, los mandó transcribir a Enrique Barrenechea, a quien contrató con

su propio peculio, para remitir el monumental catálogo resultante a la imprenta de

Nicolás Anrique, en Valparaíso, con un presupuesto de la Legación boliviana, que se redujo considerablemente por una huelga de tipógrafos, provocando un déficit de

  • 390 pesos, que el orgulloso polígrafo decidió cubrir. Al término de esta apasionante

aventura, contrató a Zenobio Moreno para la encuadernación en pasta de los 41 volúmenes y los entregó el Archivo Nacional de Bolivia, con su catálogo impreso en

  • 500 ejemplares.

Cerrando la forzada digresión, confieso que fue tarea compleja la de identificar a los Guardianes de la Memoria, es decir a custodios que siempre fueron marginados en el recuento histórico, considerados meros individuos y no actores protagónicos de la Historia, y por ello, irrelevantes, lo que explica su ausencia generalizada en la casi totalidad de diccionarios, salvo esfuerzos aislados como el de Guillermo Lora.

El Diccionario de Archivistas de Bolivia, tiene el propósito de recuperar tanto los aportes de célebres archivistas como los de simples trabajadores de archivo -hombres y mujeres- injustamente invisibilizados. Es una visión incluyente que considera a bolivianos y extranjeros que han aportado -y aun lo hacen- al desarrollo archivístico de Bolivia. El lector estará tentado de cuestionar si todos los que están registrados en el Diccionario realmente lo merecen, acostumbrados como estamos a honrar a prohombres y grandes personalidades, que han debido protagonizar actos heroicos para poder ingresar a la Historia. Para nosotros, un funcionario que ha entregado su vida, desde la preciada juventud hasta la jubilación, en custodiar un archivo, es ya digno de figurar en el Diccionario. Por esa misma senda marchará también el joven profesional que incursiona en esta labor, tan anodina para el común, tan ajena, tan distante, tan desconocida, tan árida, incluso tan despreciada. Constituyen la base social de la archivística.

III. Bruno Groppo y el enfoque sociobiográfico de la Historia

El Diccionario de Archivistas de Bolivia adscribe los planteamientos del enfoque sociobiográfico que emerge progresivamente, en el campo científico como un método

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original de la historia social, como lo explica el Prof. Bruno Groppo, investigador del Centre d’Histoire Sociale du XXe Siècle (adscrito al Consejo Nacional de Investigación Científica de Francia y a la Université de Paris I Panthéon-Sorbonne), en su obra “Les dictionnaires biographiques du mouvement ouvrier: analyse comparée d’un genre scientifique” (en prensa), que compartió con nosotros en abril de este año. El Prof. Groppo sostiene que el enfoque sociobiográfico “no permaneció confinado a la historia social y de la clase trabajadora, sino abordó también otros ámbitos, vinculados o no con el movimiento obrero”. Es el caso, continúa, de varios diccionarios biográficos o enciclopedias “consagrados a la izquierda, a las mujeres (generalmente infra representadas en los diccionarios del movimiento obrero) o a grupos particulares (por ejemplo, los voluntarios de las brigadas internacionalistas en España)”. Concluye afirmando que “esta enumeración, aunque muy incompleta, muestra [que] el enfoque sociobiográfico priorizó un interés cada vez más profundo por el individuo, la biografía, la microhistoria, la historia de la vida diaria”.

Cita como pionera en esta labor al Diccionario Biográfico del Movimiento Obrero Francés (DBMOF), llamado también el Maitron -por el nombre de Jean Maitron, su iniciador- “el ejemplo seguramente más significativo de lo que se convirtió en una clase científica de pleno derecho y una manera original de abordar la historia de los movimientos sociales”. Como señala, Groppo, el Maitrón desempeñó un papel de precursor, se convirtió en una referencia importante y una fuente de inspiración para otros diccionarios biográficos. En otras palabras, el enfoque sociobiográfico “contribuyó a superar la historiografía tradicional del movimiento obrero, que se concentraba sobre las organizaciones, las ideologías y los dirigentes”. Su gran mérito reside en que “al interesarse por el papel de los militantes ‘indeterminados’, permitió entre otras cosas reconstruir, sobre la base de los itinerarios individuales, el perfil de distintas generaciones del movimiento obrero”. Finalmente, señala que “el interés por el enfoque sociobiográfico se vincula en gran medida a los cambios que se producen en un momento histórico de la labour history, con el paso de la historiografía institucional político-ideológica a una historia social y cultural de los trabajadores y del mundo del trabajo, en particular bajo la influencia de historiadores marxistas ingleses como Edward Thompson y Eric Hobsbawm”.

Por ello, el Diccionario de Archivistas de Bolivia, registra a profesionales e intelectuales de notable trayectoria archivística, junto a la base social de la archivística boliviana, la que en otras circunstancias no podría aparecer en un Diccionario, por eso es importante aclarar que no es un directorio de profesionales, sino un diccionario biográfico que incluye a trabajadores de archivo, sin importar si tuvieren producción intelectual, alcanzaren grados académicos o descollaren en su ámbito laboral.

Nuestra recopilación incluye una selecta relación de instituciones y acciones archivística, de la base social que han marcado con su impronta el desarrollo de la archivística boliviana. Un centro de archivo viene a ser la expresión más sublime de la labor del archivista, se lo debe considerar como una especie de ‘hijo jurídico’ de aquel. Muchas instituciones nacen de forma casi natural y por ello no cuentan con una norma legal que dé razón de su existencia. En cambio, otros surgen con el beneplácito de sus autoridades, en medio de actos públicos para dar a conocer su existencia, puede ser un Archivo con un edificio monumental, con todos los recursos humanos,

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científicos y tecnológicos, o uno muy modesto, con lo esencial para desenvolverse. Unos y otros, tienen el mismo grado de importancia, pues los registros y documentos que conservan son cruciales para la sociedad y los ciudadanos, a los que sirven.

IV. Los archiveros del incario

Como toda ciencia, la Archivística tiene sus precursores, en nuestro caso está conformado por una pléyade de cronistas e historiadores tempranos, como fueron los archivistas incaicos, que antecedieron a los cronistas españoles. La historia temprana de Abyayala o América se caracterizó por la construcción de una formidable memoria administrativa e histórica, que ha alcanzado notable desarrollo en Mesoamérica y Los Andes. Ya en esa época encontramos, en el caso particular de la experiencia del Qollasuyo, precursores de la archivística boliviana. Nos referimos a los archiveros del inca, quipucamayoc y amautas. Los primeros lograron desarrollar una amplia y sólida infraestructura documentaria y archivística que atesoraban los quipus, aquellas cuerdecillas de distintos colores, grosores, fibras y tamaños, con los que el Inca lograba un control preciso de la información acerca de los negocios del Imperio, complementado por una impresionante red vial incaica, el Qhapajñan, que asombró a los primeros españoles que invadieron, conquistaron y colonizaron nuestras tierras por quinientos años.

El Inca conquistó un vasto territorio en base a alianzas interétnicas, doblegando naciones indígenas, a las que logró confederar para levantar un imperio. Pero no es menos cierto que fue el poder de la información lo que le facilitó la tarea. Uno de los historiadores incas llegó a decir: “Qué sería si dominaran la palabra, si con el quipo ni un par de alpargatas puede esconderse a los ojos del Inca”. La mayor parte de los archiveros e historiadores del incario han quedado hasta hoy en la oscuridad del anonimato, pues la historia no ha sido generosa para rescatar sus nombres del olvido. Guamán Poma de Ayala nos ha hecho saber, generosamente, que a esta noble labor estaban destinados sabios de la sexta y séptima calle, responsables de custodiar la memoria administrativa e histórica.

V. Los archiveros de la colonia

El quipu sobrepasó el límite temporal de la era prehispánica, pues está documentado su uso en la época colonial, en la que muchos caciques presentaron quipus como pruebas de su linaje, ante las cortes de esa época, para garantizar sus derechos. El régimen hispano ordenó que se transcribieran los quipos. Muchos ex funcionarios del Incario fueron sometidos a largas sesiones para descifrar el contenido de los archivos incas. Los españoles levantaron minuciosamente datos estadísticos, demográficos y administrativos, que eran de extrema utilidad para conocer el potencial de las regiones sometidas a sangre y fuego. La mismísima crónica española en gran medida contiene los secretos del imperio inca, extraídos desde la mente de los amautas. Una vez que se recogió la información de valor estratégico, se ordenó la destrucción de los quipus en todo el virreinato del Perú. Lo propio sucedió en Nueva España, en la que se destruyeron por fuego los códices mayas y aztecas.

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Después de esa insana acción de destrucción de la memoria Inca, reinó la escritura y se impuso el papel sellado español en las colonias del Imperio de Carlos V. Entre los precursores citamos al mismísimo Virrey Francisco de Toledo, el Solón de América, quien dictó la primera ordenanza para la creación del Archivo de La Plata. Destella con luz propia el Inca Garcilaso de la Vega, historiador peruano, quien nos mostró los alcances del sistema del quipu. Acompaña en esta dignidad histórica el célebre Pedro de Cieza de León, quizá uno de los más acuciosos soldados que recogieron la memoria de la conquista del Perú, luego de la invasión y anterior a la fase de colonización.

Consolidado el Estado Imperial Hispano, la administración fue honrada con ilustres historiadores de la talla de Luis Capoche y Bartolomé Arzáns Orsúa y Vela. Es la época de los notarios y escribanos, estos últimos celosos custodios de la memoria de las ciudades coloniales, que acompañaron al fiero capitán y el cura fanatizado. Azebedo, fue el primero en guardar con su vida las actas de fundación de La Paz. Le siguieron numerosos escribanos, de los que tenemos sus nombres consignados en los infolios del archivo del cabildo. Algunos han entrado a la historia por su conducta aleve, otros como verdaderos héroes, pues de ellos dependía la seguridad jurídica de los ayuntamientos. Los hemos reunido en esta obra bajo el título genérico de “Archiveros de la colonia”.

VI. Los archiveros militares en la Guerra de la Independencia

La emancipación de las antiguas colonias tuvo su epicentro en la Audiencia Real de los Charcas (antiguo Territorio desprendido del Virreinato del Perú para anexarlo al de La Plata, en 1776). Los prolegómenos de la independencia nos muestra la bravura de los ejércitos indios de Julián Apaza, Túpac Katari, que estacionó tres formidables ejércitos en El Alto, Pampahasi y Quilliquilli , formando un séquito de leales en los que no faltó el Escribano mestizo, que fue su secretario y le ordenaba su correspondencia. Ya en el siglo XIX, el 25 de mayo de 1809, un grupo de patriotas apresó al presidente de la Audiencia, y el 16 de julio, Pedro Domingo Murillo y sus conjurados, tomaron la ciudad de La Paz para proclamar la independencia de España. Paradójicamente, 16 años más tarde fue la última en alcanzar la independencia. Valerosos patriotas no sólo se sumaron a las numerosas batallas por la libertad, sino que cuidaron los archivos. Hemos exhumado los nombres de valientes guerreros que protagonizaron hazañas archivísticas como Juan Manuel Cáceres, que no sólo fue Escribano y archivero de la Junta Tuitiva, sino que organizó una Compañía de Milicias de Escribanos. Pos su parte, Gregorio Lanza y Buenaventura Bueno, oyendo el clamor de la población paceña, no dudaron en mandar a seleccionar documentos de hipotecas, los que destruyeron por fuego.

En esa dramática época de la historia patria, encontramos militares que arriesgaron la vida para proteger los archivos de campaña, entre ellos la egregia figura de Florencio O’Leary, bravo y paradigmático militar que a tiempo de combatir custodiaba el archivo de campaña aun a riesgo de su existencia. Analizamos también la controversial conducta de los próceres de la Independencia como el Libertador Bolívar y el General San Martín, que comulgan con una tendencia incomprensible

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de destruir correspondencia generada al fragor del combate. Simón Bolívar ordenó que se destruyera su correspondencia personal, señalando su última voluntad en la cláusula 9ª de su testamento a su albacea, quien felizmente para la historia, desoyó el pedido del Libertador. Por su parte, el General José de San Martín no delegaba a ninguno la depuración de su archivo, pues se encargaba en la tienda de campaña personalmente de seleccionar lo que luego incineraría, para no dejar huella de una actuación castrense determinada.

Recuperamos también la legendaria y solitaria experiencia de la primera mujer archivista de Latinoamérica que sirvió en el Ejército Libertador al mando de Bolívar, custodiando su archivo secreto. Era Manuelita Sáenz, quien fue incorporada a la caballería patriota con el grado de Húsar. La época de la guerra de la Independencia, tan álgida y dinámica, significó que se perdiera valiosa documentación colonial, pero sobrevivieron a la acción depredadora testimonios como el de José Santos Vargas, que dejó su diario a la posteridad, por el cual conocemos la sufrida experiencia de las guerrillas.

Actualmente existen cuatro archivos militares institucionalizados, uno organizado por el Ejército, pero de carácter general de las Fuerzas Armadas del Estado, dos en el ámbito del Ministerio de Defensa Nacional y uno en las Fuerza Aérea Boliviana, que organizan sus fondos documentales respetando los principios archivísticos y prestan servicios a sus instituciones, a ciudadanos y a investigadores, en base a sus reglamentos.

VII. La República: el rol de los presidentes

Satisfactorio es el hecho de incorporar la memoria de varios ex presidentes de la República, que se han hecho acreedores de este honor por su labor en beneficio de los archivos. Antonio José de Sucre, el joven general, lugarteniente de Bolívar, vencedor de la Batalla de Ayacucho (9 diciembre 1824), asumió el control de la República de Bolívar (como zalameramente nominaron a esta tierra los doctores de Charcas), bajo férreo control de Casimiro Olañeta. Sucre dictó los primeros decretos para poner orden a la gestión documental y se preocupó personalmente en verificar el estado en que se encontraban los archivos de la incipiente república.

La Era republicana se estrena con la organización administrativa del nuevo Estado. Los primeros decretos determinan la creación de tres ministerios y vemos con sorpresa que entre el personal designado figuran ya los oficiales archiveros. José María Urcullo, José Ignacio de Sanjinés y Ángel Mariano Moscoso, tienen el mérito de haber sido los primeros archiveros del poder legislativo. Más tarde, el presidente José Ballivián promulgó la ley de acceso a los archivos públicos, suficiente mérito para pasar a la posteridad, pues tuvo un atisbo de modernidad en una época en que se inculcaban los más elementales derechos humanos. La historia ha sido ingrata para identificar al parlamentario que redactó el proyecto del código de procederes, del mercantil y del criminal (penal) entre 1831 y 1835, donde subayece el concepto de documento auténtico y se señala el procedimiento fedatario; asimismo con el que elaboró el proyecto de ley del Notariado (1858), magnífico cuerpo normativo que trae el primer reglamento de archivos de la República, vigente hoy en día. Ante este

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vacío, identificamos a los presidentes que promulgaron esas leyes, Andrés de Santa Cruz y José María Linares.

En el siglo XX, José Gutiérrez Guerra aprobó el reglamento del Ministerio de Guerra (1919), Bautista Saavedra dictó el Reglamento de Bibliotecas y Archivos, que incluye las funciones del jefe de archivo, correspondencia e informaciones (1923), en 1938 Busch promulgó la CPE que incorpora el régimen cultural y la defensa y salvaguarda del patrimonio cultural de la Nación, y junto a ellos un régimen proteccionista de los documentos históricos; en 1940, el Gral. Enrique Peñaranda puso en vigencia la norma documentaria y bibliográfica; en 1961, Víctor Paz Estenssoro dictó una serie de normas reglamentarias del régimen cultural y ordenó la transferencia de documentos históricos con antigüedad superior a los 35 años al Archivo Nacional de Bolivia; en 1976, el Gral. Bánzer declaró de utilidad nacional a las documentaciones administrativas inactivas prohibiendo su destrucción; Paz Estenssoro ratificó su alcance en 1989 por medio de tres decretos supremos, que sintetizan la genialidad de Gunnar Mendoza de incorporar la teoría archivística por medio de normas jurídico- administrativas; en 1994, Gonzalo Sánchez de Lozada dictó el decreto supremo que establece el Reglamento Común de Procedimientos que ordena el establecimiento de archivos y bibliotecas en los ministerios del poder ejecutivo; el 2004 el presidente Carlos D. Mesa, promulgó el DS 27490 que autoriza la creación del Archivo Histórico de la Minería Nacional e institucionaliza el enfoque sistémico, iniciando así una nueva era en la Archivística nacional. El presidente Evo Morales Ayma tiene el mérito de haber promulgado la Constitución Política del Estado Plurinacional que incorpora un nuevo paradigma para la gestión documental, la obligación del servidor público de custodiar los archivos, el régimen de acceso libre a la información público y su contrapeso, el régimen de la reserva, finalmente, la definición de competencias para la creación, sostenimiento y desarrollo de archivos del nivel central del Estado, del nivel departamental y del nivel municipal, aspectos que complementan el antiguo régimen patrimonial que viene repitiéndose desde 1938.

VIII. El aporte de los intelectuales

El siglo XIX, un puñado de intelectuales, papelistas y bibliógrafos pioneros aportaron a la histórica aventura archivística de esa época, entre ellos Nicolás Acosta, José Rosendo Gutiérrez y Gabriel René Moreno. La memoria recupera la gesta de los historiadores que muy temprano acometieron la noble tarea de salvar los testimonios de nuestra experiencia histórica, como es el sublime recuerdo de Gabriel René Moreno, a quien la historia le reconoce como “El Príncipe de las Letras” y nosotros como el artífice de la creación del Archivo Nacional de Bolivia, hecho que destacó ya, René Arze. Sin duda alguna, el firmamento archivístico de Bolivia se ilumina con la figura descollante del insigne Moreno, quien salva personalmente los archivos de la Audiencia Real de los Charcas y de la incipiente República, proponiendo un magistral plan de siete puntos que culminó en el proyecto presentado por Demetrio Calvimontes, promulgado como ley de creación del Archivo General de la Nación el

  • 18 de octubre de 1883.

La clase política declaró a Gabriel René Moreno “Traidor a la Patria”, a raíz de su actuación peculiar en la Guerra del Pacífico (1879), como mensajero del gobierno

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de Chile, con la misión de entregar las bases de un entendimiento que la historia denominó como “Las Bases Chilenas”, al presidente Hilarión Daza. A pesar del calificativo que lo deshonró, Moreno nunca dejó su misión autoimpuesta de rescatar lo esencial de la memoria intelectual e institucional de la Nación, que había sido condenada a la destrucción inminente. A la postre, le cupo el gran honor de dirigir el flamante Archivo General de la Nación al ingeniero alemán Ernesto Otto Rück, notable papelista y reputado bibliógrafo que atesoró un caudal de fuentes primarias del más alto valor, entre ellos los escritos de Luis Capoche, Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela, el Álbum de Melchor María Mercado, el Diario del Tambor Mayor Vargas, que uno a uno fue publicando Gunnar Mendoza.

IX. Las archivistas mujeres

El Diccionario registra un grupo de mujeres que crece a diario, dándole a la profesión archivista un sello femenino, quizá no en el nivel de Enfermería o Trabajo Social, donde es predominante la presencia de las mujeres. En los primeros años de la Carrera de Bibliotecología se observa ya un número mayor de mujeres respecto de los varones. Es importante señalar, sin embargo que el oficio fue detentado por centurias por el sexo masculino. Es así que los quipucamayoc o los escribanos y de la colonia y los secretarios y archivistas del siglo XIX eran enteramente varones. Eso explica que en nuestro registro correspondiente al siglo XIX, tan sólo se identifiquen a dos mujeres, ambas temerarias y patriotas: Manuelita Saénz, la archivera del Libertador S. Bolívar, y Juana Azurduy de Padilla, que guardó con fervor las cartas de su esposo y las que ella cruzó con los generales argentinos. En el siglo XX van apareciendo, de manera paulatina, las figuras de mujeres, entre ellas la archivista Zaida Zárate que escribió el reglamento de archivos de la Patiño Mines. Hoy el firmamento archivístico boliviano tiene presencia femenina a nivel nacional. Muchas mujeres dirigen o tienen participación decisiva en archivos de Bolivia, entre ellas Marcela Inch, reemplazada recientemente por Ana María Lema (ABNB), Mary Money (Archivo de La Paz), Raquel Lara (Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores), Marisol Condori (Archivo del Ministerio de Justicia), Miriam Cuevas (Banco Interamericano de Desarrollo-Bolivia), Ingrid Olivares (Ministerio de Agricultura y Tierras), Carola Campo (Sistema de Archivo de la Corporación Minera de Bolivia). Del total de entradas, el 22% corresponde a mujeres, que aparecen esporádicamente desde los años 40 y con identidad propia a partir de la segunda mitad del siglo XX.

X. Los archivistas profesionales

Las carreras universitarias, donde se forman los profesionales de Historia y de Bibliotecología, a su turno incorporaron en sus mallas curriculares, asignaturas como Paleografía, Fuentes para la Historia de Bolivia, Archivística General, Gestión documental, Nuevas tecnologías, Organización de Archivos administrativos, Descripción y Conservación.

Al paradigmático Alberto Crespo Rodas le corresponde el honor de haber sido el primer historiador profesional boliviano, titulado en la Universidad Nacional de San Marcos (Lima, Perú), y a Luis Verástegui el de haber sido el primer

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técnico boliviano titulado en Archivística, Licenciado en Bibliotecología con cursos en Museología en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Una primera generación de historiadores tomó la posta. Imbuidos de nobles ideales, recorrieron el territorio nacional levantando inventarios de archivos parroquiales perdidos en la inmensa geografía rural y urbana de nuestras ciudades-aldea de esa época, entre ellos Fernando Cajías, Clara López Beltrán, Florencia Ballivián, Jorge Cortés, Martha Paredes, Isabel Alípaz, René Arze, y entre ellos, la bibliotecóloga Norah Camberos, que resguardó durante años el Archivo Histórico de la Casa Suárez en Guayaramerín, en el noreste de Bolivia. La Sociedad Boliviana de la Historia incluyó en sus congresos anuales, un marcado interés por los archivos de diversas regiones, como el oriente (Archivos de las Misiones) y occidente (Archivos de Oruro).

La Carrera de Historia se convirtió en la meca de la archivística histórica boliviana. Convocó cursos de alto nivel en el que participaron Manuel Vásquez, Gunnar Mendoza y Aurelio Tanodi. Los miembros de la Sociedad Boliviana de la Historia asesoraron a la primera Asociación de Archivistas de La Paz, que se formó en 1976, de efímera existencia. En Potosí, descolló la Casa Nacional de Moneda, donde trabajaron codo a codo Guillermo Ovando Sanz y Mario Chacón Torres, asesorados desde Sucre por Gunnar Mendoza. Alberto Crespo Rodas y un grupo de estudiantes, escribieron una de las páginas más bellas de la archivística, al fundar el Archivo de La Paz (1971), que recogió los saldos de la documentación colonial que había sido condenada a la destrucción inminente por los jerarcas del distrito judicial de La Paz.

Luis Verástegui fue el primer boliviano con título de técnico archivísta, extendido por la Universidad de Córdoba, impartiendo docencia en la UMSA. Fue fundador de la Carrera de Bibliotecología y uno de los primeros profesores de Archivística en esa carrera. La primera Archivista profesional graduada con esa mención, de la Carrera de Bibliotecología y Ciencias de la Información de la Universidad Mayor de San Andrés fue Flora Rosso, Supervisora de Kardex de la UMSA. A ella se sumaron María Antonieta Cajías, Judith Ozuna, Carola Campos Lora, Ludmila Zeballos, Javier Saravia Tapia, Liz Quiñones, entre otros. Simón Cuba, fue el primer Magíster en Archivística, con estudios en la Universidad Internacional de Andalucía-La Rábida (Huelva, España) y Carola Campos Lora, la primera Master en la misma universidad.

XI. Los becarios

El Archivo de La Paz envió jóvenes historiadores a formarse en los cursos especiales de capacitación que se habían creado por recomendación de la Primera Reunión Internacional de Archivos, realizada en Washington D.C. en 1961, al que asistieron Gunnar Mendoza, Guillermo Ovando Sanz y Mario Chacón Torres.

En Madrid, Vicenta Cortés Alonso había logrado arrancar con éxito los Cursos de Organización y Administración de Archivos Históricos, que se impartieron en la Escuela Nacional de Documentalistas adscrita a la Biblioteca Nacional (Madrid, España). Por su parte, Aurelio Tanodi, fundó el Centro Interamericano de Desarrollo de los Archivos en Córdoba, Argentina, donde impulsó cursos

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de Organización de Archivos Administrativos. Contó para este propósito con el apoyo de la Organización de Estados Americanos, gracias también a Celso Rodríguez, que desde Washington apoyó incondicionalmente el desarrollo de los archivos de Latinoamérica. Los primeros en participar en esos cursos (1974) fueron René Arze y Elvira Cárdenas por Bolivia y César Gutiérrez por Perú. Siguieron esa senda un grupo de archiveros que tomaron a su cargo los más importantes repositorios del país. Una nueva generación de historiadores y bibliotecarios se formó posteriormente en los cursos impartidos por el Escuela Iberoamericana de Archivos, esta vez financiados íntegramente por España.

XII. Los archiveros religiosos y empíricos

Sobrecogen las vicisitudes que tuvieron que enfrentar temerarios curas franciscanos como Manuel Mingo, el primer archivista del Archivo Conventual de San Francisco de Tarija, y el tarijeño Pedro Corvera, su primer catalogador, o Gerardo Maldini, quien ya en el siglo XX completó esa tarea. Por su parte, en La Paz, Felipe López Menéndez recogió y sistematizó los papeles del Arzobispado, con el que formó un formidable repositorio.

Sitial especial tiene en nuestro panteón el senador Moisés Ascarrunz, fundador de la Biblioteca del Congreso en 1911, lo cual debe considerarse como una hazaña sin precedentes, para dotar de una biblioteca digna al Poder Legislativo que había quedado sin recursos bibliográficos a raíz de la Guerra Civil de 1898, pues a tiempo de trasladar el Poder Ejecutivo y Legislativo a La Paz, dejó atrás, en Sucre, al poder Judicial y al Archivo Nacional de Bolivia.

Emulando el ejemplo temprano de Moreno, Gunnar Mendoza (Sucre), Alberto Crespo Rodas (La Paz), Armando Alba (Potosí), José Macedonio Urquidi (Cochabamba) y Hernando Sanabria Fernández (Santa Cruz), protagonizaron sus propias batallas a favor del conservacionismo patrimonial. El más paradigmático es Gunnar Mendoza, que custodió la memoria social por medio siglo (1944-1994), apoyado por historiadores de la talla de Lewis Hanke y el gran archivista Theodore Schellenberg, de quien fue Mendoza su discípulo. Miembros de la sociedad civil también aportaron con su esfuerzo en la tenaz lucha para conservar la memoria social. Supieron seguir el ejemplo de los historiadores un grupo de archiveros mineros, quienes bajo la dirección de Edgar “Huracán” Ramírez, han protagonizado la hazaña más grande de salvataje del siglo XXI, de la memoria histórica minera de destrucción inminente, los invaluables archivos de la minería nacional, tanto en las ciudades de El Alto, Potosí y Oruro, como de los centros mineros de Viloco, Colquiri, Avicaya, Catavi, Santa Fe, Bolívar, Huanuni, centros mineros que fueron cerrados a partir de 1985, condenando a los documentos a la destrucción, ante la mirada impasible de autoridades políticas y técnicas que no hicieron nada para evitar el desastre, en su insano afán de sepultar el Capitalismo de Estado con todo y su memoria.

La mayoría de los archivos administrativos tenía -y tiene aún- entre sus funcionarios a los denominados ‘archivistas idóneos’, que por distintas razones no pudieron formarse en la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz. Son trabajadores a los que se les ve con cierto desdén, por encima del hombro, por el

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simple hecho de “no ser del Área”, sin considerar que mientras más alejada esté una ciudad o centro poblado de la sede de gobierno, existirá mayor número de empíricos o idóneos. Pero estos trabajadores, injustamente vilipendiados, han dado lo mejor de su ser a los archivos y los documentos, siendo muchos de ellos guardianes y custodios que luchan sin cuartel por preservar esa herencia cultural. Aquellos y éstos abrieron la senda a una generación de jóvenes profesionales que se forman en las aulas universitarias para aplicar la teoría y la ciencia archivística a nuestra praxis.

XIII. Los extranjeros

El Diccionario incluye la memoria de los archiveros extranjeros, pues como Bolivia no es una isla, un puñado de aquellos aportó -y aún lo hace- con su experiencia, conocimientos y concurso generoso a la construcción de la archivística boliviana y a la organización de los Archivos. Son pocos, ciertamente, e incluso un par no llegó a conocer el país, pero en este caso debido a la notable influencia de su obra intelectual, convertida en manuales de obligada consulta en las aulas universitarias y en los Centros de Archivo, amerita plenamente su inclusión.

Entre los extranjeros que han trabajado en Bolivia citamos a Ernest O. Rück, Ingeniero prusiano que llegó a ser el primer director del Archivo General de la Nación a fines del siglo XIX. Están los argentinos Aurelio Tanoni, que desde Córdoba apoyó al desarrollo del Archivo de Santa Cruz de la Sierra y Celso Rodríguez, un verdadero paladín que apostó incondicionalmente por Bolivia desde su cuartel general en la OEA en Washington. Los franceses Marie Helmer, quien estudió de forma primigenia los invaluables fondos coloniales de Potosí y Thierry Saignes, que hurgó en archivos españoles para hallar piezas maestras de la historia colonial boliviana, levantó índices de archivos nunca antes descritos. Lewis Hanke, director de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, trabajó con remarcable consecuencia con Gunnar Mendoza en la labor editorial de obras capitales de la archivística y la historiografía colonial; Jeroen Strengers, voluntario holandés organizó los archivos de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia; José Miguel López Villalba, autor de la monumental trascripción paleográfica de los Acuerdos de la Real Audiencia de La Plata (1561-1568), enamorado de Bolivia, va y viene impartiendo su amplio conocimiento sobre paleografía del documento indiano, en La Paz y Sucre; el entrañable amigo del Perú, César Gutiérrez Muñoz, quien visita de forma intermitente los archivos de nuestro país, “cuando quiere, cuando puede y sobre todo cuando debe”, a quien nunca terminaremos de agradecer por su aporte sustantivo al desarrollo de la archivística latinoamericana.

Sin duda el ejemplo más significativo es Theodore R. Schellenberg, el padre de la Archivística Moderna mundial, Archivista de los Estados Unidos, organizador de la Primera Reunión Interamericana de Archivos, semilla para muchos emprendimientos de la archivística Iberoamericana, a la que asistieron como delegados de Bolivia Gunnar Mendoza, Mario Chacón Torres y Guillermo Ovando Sanz. Subyugado por la fama del cerro rico, Schellenberg visitó Potosí en 1961, dictando conferencias públicas para asombro de propios y extraños. Otros no conocieron Bolivia, como Vicenta Cortés Alonso, pionera de los cursos de formación para archivistas

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latinoamericanos en España; Antonia Heredia quien tomó la posta y coordina la Maestría de Archivística en la Universidad Internacional de Andalucía en La Rábida (Huelva), donde se forman los profesionales bolivianos; Dan Hazen, quien desde Harvard apoya generosamente con recursos económicos a la descripción y digitalización de archivos históricos, como el Archivo de La Paz en el centro del poder político, o el Archivo Regional de Tupiza, en la periferia. Menos conocidos son Liston Fox, de la Universidad de Tennesse, quien llegó al país en 1957 para impartir cursos de Archivo, como parte de la Misión de cooperación de esa Universidad; y la Dra. Silvia Schenkolewski, enviada por el gobierno de Israel e impartir cursos de Organización de Archivos en la ciudad de Sucre, en 1993, como parte de una gira por Latinoamérica.

XIV. Acciones de los archivistas

El lector podrá apreciar que el Diccionario le ha dedicado lugar preponderante a las acciones de los archivistas, esenciales para comprender el actual desarrollo alcanzado en el país. Estas acciones se expresan en las reuniones técnicas de consulta (1979-1984), congresos nacionales y departamentales, resoluciones de convenciones y congresos internacionales, tales como la Declaración de Principios de la Primera Reunión Interamericana de Archivos (1961), la Carta Americana de Archivos (1972), la Declaración de Principios de los Archivistas de Bolivia (1982), el Código de Ética del Archivista (1996) y la Declaración Universal de los Archivos (2010). Estos instrumentos esenciales ayudarán a los archivistas a comprender mejor la importancia de nuestro trabajo y la obligación que tenemos de servir a las instituciones de las que dependemos, pero también a los investigadores y a la sociedad, que han depositado su confianza en nuestra labor. La expresión más significativa que corona los esfuerzos de las acciones de los archivistas se plasma en la creación de los centros de archivo e instituciones de enseñanza superior archivística. Hemos incorporado a una parte representativa de los mismos, que con su trayectoria se convierten en hitos y ejemplos que debemos emular. Como es obvio, no es objetivo del Diccionario, incluir la totalidad de centros de archivo, que es muy grande a nivel nacional, pues esa es materia de una Guía o Directorio de Archivos de Bolivia, tarea pendiente de realizar. Finalmente, las acciones se expresan en una ya extensa producción intelectual de los archivistas, en cuyo caso debidamente documentada y verificada, se han incluido las referencias al pie de cada entrada con el título de Publicaciones Archivísticas, desde artículos hasta monografías -reiterando, publicadas o impresas-insumo básico para una Bibliografía Archivística Boliviana, proyecto que se halla en pleno desarrollo, desde hace tres años, la que, junto a Gonzalo Molina Echeverría, pensamos publicar a futuro. En algunos casos que ameritan, se decidió incluir la totalidad de producción intelectual (no sólo de la especializada archivística) de los biografiados.

XV. Los destructores de la memoria

Este panorama tiene como contrapartida la ingrata memoria de los destructores y depredadores de los archivos, que se caracterizan también por su noble prosapia,

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siendo muchos reputados intelectuales, como Alcides d’Orbigny, que no tuvo reparos en llevarse como “regalo” las Actas Capitulares de La Paz correspondientes al siglo XVI. Investigadores prestigiosos a los que se tuvo que declarar “non gratos” vetándoles el acceso a los depósitos de archivos históricos. Custodios y directores fueron acusados de sustraer selectivamente valiosos documentos. A la lista se suman incluso presidentes de la República, pues dos de ellos autorizaron la destrucción de archivos, otro que trató de subastar el valioso diario del guerrillero Ernesto ‘Che’ Guevara y que hoy por ese y otros delitos de lesa humanidad, purga la pena capital. Ministros de Estado, una alta autoridad de la Corte Superior del Distrito Judicial de Tarija, políticos y burócratas, que destruyeron, subastaron documentos valiosos de los archivos históricos, o se llevaron documentos desde los archivos, para usarlos en investigaciones, pero que habiendo concluido los estudios, no los restituyeron.

La violencia política desencadenó actos de destrucción masiva de archivos. El

  • 12 de febrero de 2003, grupos sociales tomaron con violencia instituciones símbolos

del poder, quemando sus archivos y bibliotecas. El 8 septiembre de 2008, en medio de la violencia política desatada, grupos opositores a la Asamblea Constituyente, planificaron la toma violenta de instituciones estatales en la ciudad de Santa Cruz de

la Sierra, quemando sus archivos. Cuando este Diccionario ya estaba concluido, un grupo de miembros de baja graduación de la Policía Nacional, planificaron la toma violenta de las instalaciones de la Dirección General de Investigación Interna de la Policía, para destruir por fuego el Archivo del Tribunal Disciplinario de la Policía Nacional la mañana del 22 de junio de 2012.

Forman parte de lo que la historiografía especializada bautizó como Biblioclastas y Memoricidas (destructores de libros y documentos), que en conjunto han provocado más daños al patrimonio documental del Estado, que todos los factores y vectores de destrucción, durante el proceso histórico.

Al respecto, reflexionando sobre este mal endémico, uno de esos archivistas empíricos (‘idóneos’ los llaman) nos decía:

“Habrá que levantar dos murales en el ingreso de los archivos históricos. En un costado estarán las figuras señeras de aquellos que han dado la vida para salvar los documentos, y en el otro los que con similar denuedo han dedicado todo su esfuerzo y los medios a su alcance, para sustraerlos o destruirlos”.

A

ABASCAL Y SOUSA, JOSÉ FERNANDO DE

(Oviedo, 30 de mayo de 1743. † Madrid, 31 de julio de 1821)

Noble, militar y político español. Mariscal de Campo. Ingresó en el Arma de Infantería, integró la Orden de Santiago (1795) y la de Carlos III. Combatió en Argel y los campos del Rosellón. Sirvió en Santa Catarina, la Colonia del Sacramento, Santiago, La Habana (1796) y Guadalajara. Trigésimo quinto Virrey del Perú (1806- 1816) y primer Marqués de la Concordia Española en el Perú. Fue un bastión del legalismo absolutista. Nombrado Virrey del Río de la Plata (1804), sin tomar posesión del cargo, pues fue designado Virrey del Perú, cargo que tampoco pudo desempeñar hasta 1806, debido a que fue apresado por los ingleses y obligado a realizar un largo periplo por Veracruz, La Habana, las Azores y Lisboa. Luego hizo el trayecto de 3.500 kilómetros desde Sacramento a Lima. Su gestión virreinal se centró en asuntos de salubridad pública, cultura y defensa. Creó numerosas escuelas taller, y, con la colaboración del pintor José del Pozo, creó la Real Escuela de Pintura de Lima. Auxilió a la expedición del doctor José Salvany y Lleopart, con el apoyo del protomédico Hipólito Unanue, para la vacunación antivariólica de los súbditos peruanos, que llegó a Cochabamba. Creó, en los extramuros de Lima, un cementerio, con el sostén del alto clero limeño así como del colegio médico; creó el Colegio de Medicina y el Jardín Botánico (dotado de claustro de profesores, biblioteca, salas de prácticas, etc.) para la formación de galenos y especialistas. Dio empuje a los colegios de San Pablo y del Cercado para la instrucción de los hijos de la elite peruana y fundó el Colegio de Abogados, netamente criollo. Apoyó al Virrey Liniers y a Francisco de Elío en la defensa de Buenos Aires y Montevideo, durante la invasión británica comandada por William Carr Beresford y Wizelock (1806-1807). Puso en marcha un ambicioso plan de defensa de la ciudad de Lima, el puerto del Callao, con la reparación de la antigua fábrica de pólvora y la reorganización del Ejército Real del Perú, en el que destacó el regimiento de patricios “La Concordia Española en el Perú”, como símbolo de la unión entre españoles peninsulares y americanos y la reorganización de una flotilla que custodió los mares del Sur contra extranjeros e insurgentes. Ante la invasión de España por Francia, Abascal se adelantó a jurar lealtad al rey Fernando VII. Fue apreciado por la élite limeña, con la que adoptó una política de conciliación y acercamiento. Autorizó elecciones para diputados de Lima y Cusco para las Cortes de Cádiz.

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En esa época circularon periódicos conservadores (Gaceta del Gobierno de Lima, El Verdadero Peruano) y pro constitucionales (El Peruano, El Satélite del Peruano), fueron frentes de batalla de la elite política virreinal empleada por absolutistas y reformistas hasta 1814, que se dieron también en los claustros universitarios de la Universidad de San Marcos (Lima) y la San Antonio Abad (Cusco). Nombró a J.M. Goyeneche* Comandante de los Ejércitos Reales, con el que enfrentó a las republiquetas y los ejércitos argentinos, a los que rechazó, en sus incursiones sobre Charcas. Volvió a España cargado de títulos y honores, con su título de Castilla del Marquesado de la Concordia Española en el Perú. Su archivo se encuentra en el Archivo General de Indias (Diversos, Archivo de José Fernando Abascal), “en siete cajas de documentos sin catalogar que contienen gran cantidad de documentación oficial y privada del Virrey, fundamental para la historia del Perú, de 1806 a 1816”, como informó Fernando Díaz Venteo en su obra Campañas militares del Virrey Abascal (1923). Contiene documentación del período 1804-1821, desde su nombramiento como Virrey del Río de la Plata, hasta sus últimos años de vida en España. Serveto aclara que ya existe a la fecha un catálogo.

Fuente: Serveto, 2010, 9 (1): 12-15; http://es.wikipedia.org (24.4.2012).

ACEBEY AYOROA, AMILKAR

(La Paz, 15 de diciembre de 1971)

Licenciado en Historia (UMSA), con estudios de especialización en historia económica, Diplomado en Educación Superior, cursos en Gestión documental, Organización de archivos y Administración de centros de documentación. Es docente interino en las carreras de Historia* y Sociología (UMSA). Tiene estudios y ensayos de investigación en temas de historia económica. Es uno de los archivistas que se ha especializado en gestión de archivos financieros e industriales. Siendo estudiante, participó en la organización del archivo del ex Banco del Estado y en el rescate de documentos del Juzgado de Corocoro (La Paz), ambos por encargo del Archivo de La Paz*. Ya como profesional, el 2003 impulsó, junto a un equipo de trabajo de la carrera de Historia, la organización del Archivo Judicial de Poopó (Oruro). Supervisó las tareas de organización del Archivo Central, Archivo de Custodia y Archivo Histórico de la Superintendencia de Pensiones, Valores y Seguros, que contiene datos sobre la regulación y fiscalización del sistema de pensiones y el mercado de valores y seguros; en los que se logró concentrar los fondos del Instituto Boliviano de Seguridad Social, el Instituto Nacional de Seguros de Pensiones, la Superintendencia de Pensiones, la Comisión Nacional de Valores, la Superintendencia de Valores, las Superintendencia Nacional de Seguros y Reaseguros y la Superintendencia de Seguros. Entre 2004 y 2009 fue responsable del sistema de Archivo y Biblioteca de la SPVS, conformado por 3.120 metros lineales de documentos. Al transformarse en Autoridad de Fiscalización y Control Social de Pensiones, fue designado Responsable del Área de Archivo y Correspondencia. En abril y julio de 2010 supervisó la primera fase de conformación del Archivo Institucional de la Empresa Minera “Inti Raymi” SA, concentrando y organizando un total de 509 metros lineales.

Fuente: CV.

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ACHÁ, SAMUEL

Director del Archivo Nacional de Bolivia en 1890-1896. Tuvo a su cargo el trabajo de selección del Archivo Histórico de Mizque, que fue catalogado y ordenado desde 1876, para cuyo objeto se destinaron 10.000 bolivianos para la adaptación de infraestructura y adquisición de mobiliario. En 1893, durante su gestión, se destinaron 5.000 bolivianos para la publicación del catálogo de la Biblioteca Nacional, la construcción de una sala de lectura y la adquisición de máquinas y útiles necesarios para el establecimiento de un taller de encuadernación. Fue director del Boletín y Catálogo del Archivo Nacional de Bolivia, desde el Nº 40 (1890) hasta el Nº 75 (1896).

Publicaciones archivísticas: Memoria que presenta el director del Archivo Nacional al Ministerio de Gobierno. Sucre, La Industria, 1892; Boletín y Catálogo del Archivo Nacional de

Bolivia (Nº 40, 1890-75,1896). Fuente: DS. 10.10.1917; Oporto, 2006: 213.

ACOSTA PERALTA, NICOLÁS

(Coroico, Provincia Nor Yungas, La Paz, 6 de diciembre de 1842. † Cantón Taca, Provincia Sud Yungas, 31 de octubre de 1893)

Abogado, historiador, erudito, escritor, periodista y uno de los más importantes bibliófilos de su época. Hizo sus estudios en el Seminario de San Jerónimo y la Universidad Mayor de San Andrés. Fue secretario general de Narciso Campero* en Europa y secretario privado del Presidente Adolfo Ballivián. Munícipe del Concejo Municipal de La Paz (1878); Convencional (1880-1881); Diputado Nacional por la Provincia Pacajes (1885); miembro de la Embajada de Bolivia en Venezuela para la celebración del centenario de S. Bolívar*; Juez Revisitador de la Provincia Pacajes, época en la que llevó el archivo de la revisita a grupa de mula; Oficial Mayor de Justicia e Instrucción. Secretario de la Legación Boliviana en Londres (1873). Destacó como fundador y director de El Titicaca y otros periódicos. Miembro de la Masonería, militante del Partido Liberal de Eliodoro Camacho y Presidente de la Agrupación Científica y Literaria “Sociedad Gutiérrez”. Durante su estancia en Londres, con la cooperación de Pascual Gayangos y Clement S. Markham, logró obtener una copia del Libro Primero de Actas del Cabildo de La Paz (1548-1562), que se encontraba en la Colección Egerton del British Museum, transcribiéndolo parcialmente por primera vez, de lo que resultó un extracto o resumen de los “primeros 16 folios, [pues] no pudo leer su contenido”. Reunió una selecta biblioteca boliviana de impresos y manuscritos de valor histórico (1574-1884), afirmando que por la falta de “archivos públicos y privados y en que se deja sentir un tanto el espíritu egoísta, algo ha debido hacerse para acumular dispersos datos de distintos tiempos y lugares, a fin de reunirlos y lanzarlos a la prensa”. Con ellos escribió su afamada Guía del Viajero en La Paz. Noticias estadísticas, históricas, locales, religiosas, templos, hoteles, edificios, antigüedades, etc., publicada en La Paz, en la Imprenta de la Unión Americana, en 1880, obra dedicada a J.R. Gutiérrez*, “propagador de la afición a los estudios bibliográficos e históricos en Bolivia”. Actualmente esa valiosa colección -que fue vendida por sus descendientes a centros académicos de los Estados Unidos en 1914 -se halla dispersa en las universidades

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de Harvard (Cambridge, Massachusetts), y Northwestern (Chicago, Illinois). Es autor de Apuntes para una Bibliografía Periodística de la ciudad de La Paz (1876). También de Historia de la Confederación Peruano Boliviana y Bibliografía de sus manuscritos y Biblioteca, ambos inéditos.

Publicaciones archivísticas: “Catálogo de Libros, Folletos, Manuscritos y documentos de la Biblioteca de Nicolás Acosta en las Universidades de Estados Unidos”, en: The Hispanic American Historical Review, Vol XII (1932), XIII (1933).

Fuente: Acosta, 1880: 18; Aranzáes, 1915; Barnadas, 2002: I, 57; Costa de la Torre, 1968: 243-244; Costa de la Torre, 1970; Feyles, 1965: 15; Siles, 1971:1.

AGRAMONT VIRREIRA, MIRIAM

(La Paz, 28 de febrero de 1949)

Estudió la carrera de Bibliotecología y Ciencias de la Información* (UMSA), y la carrera de Historia*. Cursó el Diplomado en Gestión de Archivos Administrativos y Archivos Históricos (2002). Ha combinado la experiencia bibliotecaria con la archivística. Trabajó en la Biblioteca Central de la UMSA (1977-1986), el Centro de Documentación del Centro de Información y Desarrollo de la Mujer (1985- 1987), el Centro de Documentación del Instituto para el Desarrollo de Empresarios y Administradores (1987-1989), el Centro de Documentación de Tecnología Apropiada para la Mujer Campesina (1989), en la Biblioteca Minera “Luis Ballivián Saracho” de la Asociación Nacional de Mineros Medianos (1989-1998), las bibliotecas de la Cooperación Holandesa (1994-1995), Empresa Minera “Inti Raymi” (1992-1996), Empresa Minera “La Barca” (1993-1994) y Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (2004-2005). Fue docente de Administración y Organización de Archivos del Instituto Boliviano de Estudios Empresariales y de la Universidad Privada Boliviana (2000-2007). Participó en el Seminario de Promoción de la Lectura en La Habana, Cuba (1986) y en el curso de Historiografía Boliviana de la Universidad Andina. Como archivista trabajó en el Archivo de Proyectos de la Fundación “Bolivia Exporta” (1996-1997), consultora en el Sistema Nacional de Archivos Administrativos del Defensor del Pueblo (1998-1999), en la Superintendencia General del Sistema de Regulación Sectorial (2000-2009) y en el Sistema de Archivos de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (2003-2004). Trabajó como Encargada de Archivo y Biblioteca de la Autoridad de Fiscalización y Control de Telecomunicaciones y Transportes (2009-2010). Entre su obra publicada e inédita, señalamos: Bibliografía de la Mujer Boliviana 1920-1985, coautora (1985); Bibliografía de la mujer en salud (mimeografiado, 1986); Boletín Bibliográfico Minero-Metalúrgico (1989-1998); Historia de una experiencia de trabajo colectivo: Red Local de Información Socio Económica (1996); Bibliografía sobre Historia de la Minería: Biblioteca Minera Luis Ballivián Saracho” de la Asociación Nacional de Mineros Medianos (1997, inédita); Catálogo de Artículos de Prensa: Superintendencia General del SIRESE, Superintendencia de Electricidad, Superintendencia de Hidrocarburos, Superintendencia de Saneamiento Básico, Superintendencia de Telecomunicaciones, Superintendencia de Transportes (2000-2009).

Fuente: CV.

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AGUILAR, MIGUEL

(La Paz, 12 de abril de 1963)

Estudió la carrera de Bibliotecología y Ciencias de la Información* (UMSA). Apoyó en la edición del boletín hemerográfico Eco Informe (1994-1995). Trabajó en la Biblioteca del Centro de Promoción de la Mujer “Gregoria Apaza” (1994), en el Centro de Documentación en Información Nacional (1994). Pasó al Archivo del Banco Central de Bolivia (1996–1997) y la Biblioteca de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (1997-1998). Trabajó en la organización del Archivo del Programa Integrado de Servicios Básicos de Salud y Fortalecimiento Institucional (1999-2000); fue Auxiliar del Archivo de la Oficina de Derechos Reales de La Paz (2001), Técnico en el Archivo del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (2001-2009) y en el Archivo de la Corte Nacional Electoral, donde trabajó con J. Saravia* y C. Canedo* (2009–2011). Fue contratado, en mérito a su experiencia, como Encargado del Archivo Central del Sistema de Archivo de la Corporación Minera de Bolivia* (2012).

Fuente: CV.

AGUILAR CALDERÓN, EDWIN J.

(La Paz, 19 de mayo de 1983)

Contador público (egresado) y programador de sistemas. Es estudiante de la Carrera de Bibliotecología y Ciencias de la Información* (UMSA). Antes de ingresar a la actividad archivística se desempeñó como control operativo de la empresa Prosegur (2003-2004). Asistió al III y IV Congreso Nacional, de Oruro (2006) y Potosí (2008) y al IV Congreso Internacional de Bibliotecología, Archivística y Museología (2007). El 2005 ingresó como consultor técnico al Archivo y Biblioteca Económica del Ministerio de Hacienda, donde organizó la serie Presupuestos Nacionales. El 2008 fue designado Custodio de Documentos del Servicio Nacional de Propiedad del Estado, responsable por ello de la organización técnica de los archivos de 20 entidades en proceso de liquidación. Como resultado de su trabajo, ha realizado una primera transferencia de fracciones de series inactivas al Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia*.

Fuente: CV.

AGUILAR DÁVALOS, GONZALO JAVIER

(La Paz, 6 de abril de 1952)

Estudió la Carrera de Historia* (UMSA). Tiene un curso de postgrado de Especialista Superior en Periodismo Avanzado (Universidad Andina “Simón Bolívar”, La Paz) y otro en Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas. Fue docente en varias facultades de la UMSA (1979-1996). Tuvo a su cargo la cátedra de Archivo Histórico en la Carrera de Bibliotecología y Ciencias de la Información* de la UMSA (1990); fue docente en la Unidad Académica Campesina de Tiwanaku de la Universidad Católica Boliviana (1993 y 1995) y la Universidad Nuestra Señora de La Paz (2000- 2004). Participó en el IX Curso de Organización y Administración de Archivos Históricos* en la Escuela Nacional de Documentalistas, Madrid, España (1981), a la

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que presentó su tesina Aportes para la mejora del servicio archivístico en Bolivia (l981); y en la Escuela Iberoamericana de Archivos. Siendo estudiante universitario se introdujo a la Archivística, participando en el Curso de Archivos Administrativos, Paleografía, Teoría archivística y Archivos Bolivianos (1976). Colaboró en Los bolivianos en el tiempo, bajo la dirección de A. Crespo*, y en la serie de fascículos Bolivia en transición: La Guerra del Chaco, publicados por la Coordinadora de Historia e Investigadores Asociados (1999). Formó parte del proyecto de Recopilación de la correspondencia diplomática entre Bolivia y Chile de 1825 a 1879 (Misión Bustillo), bajo la dirección de J. L. Roca* (1979). Trabajó con Azul Editores en la edición de Las claves del comandante, poemario de Héctor Borda Leaño (1997); participó en la elaboración de fichas históricas para la Autobiografía de Juan Lechín Oquendo (1997-1999) publicado como Memorias (2000); y fue corrector de estilo de la autobiografía de Víctor Paz Estenssoro* (1999). Publicó sus investigaciones periodísticas en el Semanario Aquí, por encargo del Servicio de Paz y Justicia (1990). Fue redactor del boletín Solidaridad y de MIC (1991-1994), donde publicó sus trabajos sobre el pueblo Mosetene, para la Coordinadora de Solidaridad con los Pueblos Indígenas de Bolivia (Regional La Paz). Editor del boletín de prensa Caminoticias; Vocerito (periódico de Alasita, 1 al 3, 1996-1997), La Prensita (periódico de Alasita del Sindicato de Trabajadores de la Prensa de La Paz, 1998). Participó en la edición de El Che en la Poesía Boliviana (1994, 1997); redactor del periódico Nuestra Imagen (1996); corrector de estilo en Presencia (1996-1997); columnista A Rajatabla en el Extra y en la revista dominical Asalto con sus notas Breves de la Historia (1999- 2004). Su carrera archivística la inició como Encargado de archivos de Constructora CON 1115 (1977-1979), fue Auxiliar del Archivo de La Paz* (1980), donde clasificó y catalogó los Libros de padrones, visitas, revisitas y catastro de las Provincias de La Paz (siglos XVII-XIX) junto a R. Choque*. Realizó la transcripción del Diario de Campaña de Esteban Loza (22.12.1781), del Testimonio de Nicolás Tellería (15.8.1781) y del Proceso contra Pedro Obaya* (El Rey Chiquito), documentos concernientes a las Rebeliones Indígenas de 1780-1782, proyecto dirigido por A. Crespo. Fue Encargado del Archivo del Sistema y Fondo Nacional de Información para el Desarrollo del Ministerio de Planeamiento y Coordinación (1982-1985), oportunidad en la que participó en la recopilación de la Guía de Tesis (Tomo II, 1982). Con E. Cárdenas* elaboró el Manual del archivo activo, que fue aplicado en los archivos de la Universidad de San Francisco Xavier y en los ministerios de Urbanismo y Vivienda, Asuntos Campesinos y Agropecuarios, Planeamiento y Coordinación, así como en la Junta Nacional de Solidaridad y Desarrollo Social y el Estado Mayor de Ejército (1983-1985). Posteriormente organizaron el curso de Capacitación de Técnicas de Archivo y Documentación (1982); el Seminario de Microfilmación (1982); y el curso de Introducción a las Técnicas Documentales (1982); participó en el Proyecto de Sistemas de Información, con apoyo del PNUD/FAO/BRA (1983). Volvió al Archivo de La Paz como docente-archivista (1990 y 1993), ocasión en la que ordenó e inventarió la Colección Fotográfica y el Fondo Tesoro Público del Departamento de La Paz (siglo XIX), trabajó en la redacción de la “Guía del Investigador” y diseñó nuevos formularios de Registro del Investigador y Reprografía de Documentos, con I. Jiménez*; así como un Manual para el servicio al usuario del archivo y biblioteca. Más tarde se incorporó a la Red de Información SOL (proyecto impulsado por Beatriz Rossells y L. Oporto*) como responsable de la ordenación y procesamiento de su

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documentación (1993-1994). Participó en el proyecto de Organización del Archivo del Ex-Banco del Estado, por encargo del Archivo de La Paz* (1995). Fue director de la Biblioteca de la Universidad Andina “Simón Bolívar” (La Paz). Fue designado Director de la Dirección General de Registro, Control y Administración de Bienes Incautados (2007-2010). El 2011 ha realizado la evaluación y diagnóstico de los Archivos administrativos, Central y de Capitalización y Privatización del Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural, y se le encomendó elaborar Planes de trabajo, Guías Generales de Control, trabajo que está en curso.

Publicaciones archivísticas: “Bases para un estudio objetivo de la situación económica y profesional del archivista boliviano. Plan para el levantamiento de un censo preliminar de archivos y archivistas bolivianos y conclusiones de proyección legislativa”. Relato para el punto C del temario. Por Marcela Inch, Roberto Choque C., Gonzalo Aguilar D., p. 83-94, en Segunda Reunión de Consulta sobre Archivos Bolivianos. Cochabamba: Centro Pedagógico y Cultural de Portales, Imp. Taller Gráfico del Centro Portales, julio 5-7, 1982. 123 p. mimeo; Plan para la organización del Archivo Central del Ministerio de Planeamiento y Coordinación (La Paz, 1985); “Consideraciones para la reglamentación interna de archivos en la administración pública” y “Plan para el levantamiento de un censo preliminar de archivos y archivistas bolivianos”, en coautoría con M. Inch (Segunda Reunión de Consulta sobre Archivos Bolivianos, Cochabamba, Centro Pedagógico y Cultural Portales, 1982); Manual del archivo activo: teoría, procedimientos y técnicas, en coautoría con Elvira Cárdenas de Paravicini (La Paz, SYFNID- Ministerio de Planeamiento, 1983; 1985); “Exposición audiovisual en 1981 sobre la Guerra Civil Española” (Revista Humanidades, No 1. La Paz, Facultad de Humanidades UMSA, 1987); “La sección fotográfica del Archivo de La Paz” (Boletín del Archivo de La Paz, Año XII, Número especial, 1991; “Aportes para la organización de un archivo contable: el Archivo General del Banco del Estado” (Boletín del Archivo de La Paz, 17 (16-17): 77-86, 1997).

Fuente: CV.

AGUILAR MOLLINEDO, PABLO LUIS

(La Paz, 22 de junio de 1967)

Estudiante de la carrera de Administración de Empresas (UMSA). Estudios de Auxiliar de Contabilidad en el Centro Especializado en Computación. Antes de ser archivero, fue barman profesional, regente del Colegio Santa Bárbara (La Paz), ayudante de mecánica y administrador de restaurante. Inició sus actividades en el ámbito archivístico (2005) en el Sistema de Archivo de la Corporación Minera de Bolivia* como Auxiliar del Archivo Intermedio y Archivo Central, donde actualmente trabaja. Participó en el salvataje de los fondos documentales Empresa Minera Colquiri, Empresa Minera Viloco (La Paz) y Planta de La Palca (Potosí).

Fuente: Expediente personal en el Archivo Central de Comibol.

AGUILAR ZEBALLOS, MARUJA

(Oruro, 8 de abril de 1952)

Autodidacta. Desde muy joven tuvo que trabajar en el rubro de medicamentos. Por azares de la vida militó en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, gracias a lo cual ingresó a la Alcaldía Municipal de Oruro como conserje, siendo asignada a tareas de limpieza en la Oficialía Mayor de Cultura donde funcionaba la Biblioteca

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Pública. En su tiempo libre ayudaba en algunas tareas a los bibliotecarios, que eran pocos, con el tiempo les seguía a los cursos a los que asistían y así fue aprendiendo esta noble profesión. Casualmente, la Alcaldía estaba a punto de inaugurar una segunda Biblioteca Pública en la nueva Casa de la Cultura que fue construida con la cooperación del gobierno de China. Pidió ser transferida a esas dependencias y empezó a organizar la Biblioteca desde cero, proponiéndose convertirla en la mejor de su ciudad. Asiste regularmente a cursos y congresos, entre ellos a las del Sistema Universitario de Bibliotecas, siendo en rigor de verdad, la única no universitaria. La Casa de la Cultura decidió fusionar en un solo servicio la Biblioteca Pública y el Archivo Histórico Municipal. Los documentos del antiguo Archivo Histórico (colonial) estaban alojados en la célebre Biblioteca “Marcos Beltrán Ávila”, a cargo de Juan Terceros Zambrana. El escritor Carlos Condarco, Oficial Mayor de Cultura de esa época, fue el artífice de la fusión. E. Cárdenas* elaboró un índice cronológico y coordinó su traslado, haciéndose cargo del repositorio por corto tiempo. Otro de los sueños de Maruja Aguilar fue dotar de una Hemeroteca a su ciudad, que se concretó en 2003, con la transferencia de colecciones duplicadas de la Biblioteca del Congreso de Bolivia, que actualmente presta servicio público, junto a la biblioteca y archivo histórico.

Fuente: Oporto, 2011: 48-51.

AGUIRRE FLORES, LILIANA

(La Paz, 14 de noviembre de 1983)

Licenciada y Máster en Filología Hispánica. Es Archivista Responsable de la hemeroteca del periódico La Razón desde 2006 y del Archivo que perteneció al fotógrafo L. Flores*, quien trabajó para el periódico durante muchos años. Una colección de fotografías del trabajo particular, Flores la vendió a la empresa, en las que se encuentran aproximadamente 200 fotografías históricas, desde 1952, las que se encuentran en proceso de digitalización. Por su parte, el actual Archivo fotográfico de La Razón¸ que es resultado del trabajo de sus reporteros gráficos y el Archivo de fotografías internacionales de agencias de noticias, desde 1990, en su mayoría están digitalizados en el programa Cúmulus y está a cargo de fotógrafos del periódico y tres operadores que continuamente agregan imágenes con descripciones y descriptores para su búsqueda. En el caso de la Hemeroteca, esta colección se halla prácticamente completa desde la creación del periódico en 1990. El material del fondo documental de la Hemeroteca es de uso restringido, de uso exclusivo de la Redacción del periódico, al no estar abierto al público. Sin embargo si un investigador desea consultarlo debe enviar una solicitud a la Jefatura de Redacción. Finalmente, los documentos propios de la administración del periódico forman otro archivo que está bajo el resguardo de “File-Archivos” una empresa de Archivos en Custodia*.

Fuente: Información intercambiada por Internet. (8.8.2011)

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AHLFELD, FREDERICK

(1892-1982)

Geólogo alemán, montañista y fotógrafo. Emigró a Bolivia en 1924. Según Jill Neate, Ahlfeld fue “por más de medio siglo la autoridad principal [en Bolivia] de geología y mineralogía, produciendo más de treinta libros especializados e innumerables otras publicaciones”. Explorador nato e incansable, cubrió miles de kilómetros a pie y participó en más de cuarenta expediciones, en las que visitó las minas, estudió los yacimientos minerales y las altas cumbres. “Su conocimiento de [la Cordillera Real] era incomparable y sus archivos de fotos un verdadero tesoro familiar”. Se dice que los Archivos de Ahlfeld se hallan en Cochabamba.

Fuente: Buck, 1999.

AHUMADA MORENO, PASCUAL

(n. Chile)

Papelista y documentalista. Asumió la noble misión autoimpuesta de recopilar los documentos oficiales relativos a la Guerra del Pacífico que involucró a Bolivia, Chile y Perú, con resultados nefastos para Bolivia que perdió su Litoral, y para el Perú, que sufrió la invasión territorial y ocupación desde el sur hasta Lima y ciudades del interior, y a la postre perdió la provincia de Tarapacá y Arica. Chile extendió su frontera a grados geográficos impensados. En la campaña bélica de 1879-1882, los archivos oficiales bolivianos y peruanos fueron requisados por las tropas chilenas, mientras que otra documentación se perdió definitivamente como efecto de la ocupación militar o quedó en posesión de particulares. Los archivos de los territorios ocupados fueron declarados objetivos militares y por ello remitidos a Santiago, aunque de acuerdo al historiador chileno Sergio Villalobos, este tipo de documentación es muy amplia y puede estar en poder de particulares, instituciones o en archivos nacionales o privados, como fue el caso de dos expedientes que corresponden al relato de la muerte de un oficial del monitor Huáscar y al inventario del vapor chileno Rímac, que fueron adquiridos de un oficial de la Armada chilena en 1996 por el abogado peruano Guillermo Berdejo Díaz, quien tras pagar una suma indeterminada en dólares los donó al Congreso y a la Marina de Guerra peruana. El ilustre papelista chileno Ahumada Moreno acopió con paciencia infinita una apreciable cantidad de documentos oficiales de los tres países beligerantes, referidos a la Guerra del Pacífico, los que compilados en riguroso orden cronológico fueron publicados en ocho tomos, impresos entre 1884 y 1889, y un apéndice, con lo que ha dispuesto al uso público un impresionante archivo conformado por transcripciones de documentos oficiales de los tres países a los que sumó informes, crónicas y comentarios de prensa, además de algunos de Europa y Estados Unidos. Como afirma el autor “como trabajo intelectual, es humilde; como fuente para la historia, grande”.

Fuente: Ahumada, 1884-1889; Oporto, 2006: 149; El Mercurio, Lima, 19.04.2006.

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AILLÓN SORIA, ESTHER

(La Paz, 18 de septiembre de 1961)

Licenciada en Historia UMSA (1996), Maestría (2001) y Doctorado (2007) en Historia por El Colegio de México. Tiene Especialización Superior en Comunicación en la Universidad Andina Simón Bolívar, La Paz (2003), y Diplomado en Educación Superior UMSA (2004). Ha sido becaria de SEPHIS (Programa del Instituto Internacional de Historia Social de Holanda). Formó parte del colectivo Cocayapu (1990-1995) y fue Responsable del Proyecto Conservación y Catalogación de los documentos de la Real Academia Carolina, 1776-1807, Sucre (2007). Se desempeña en la labor docente en la UMSA, Universidad Católica Boliviana y en programas de postgrado. Fue Coordinadora de la Carrera de Historia de la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca (2007). Ha planificado numerosos talleres y cursos referidos a la organización y conservación de documentos. Desde 1990 participa en cursos, seminarios, congresos y talleres, entre ellos el Cursillo de Archivos (1990), Curso de organización de Centros Documentales (1992), de Organización y Administración del Archivo de Gestión (1996), Técnicas Especializadas en la Administración de Archivos Centrales (1997), Conservación Preventiva y Restauración de Documentos para Bibliotecas (2004). También fue activa en numerosos congresos y reuniones, entre ellos las III Jornadas Paceñas de Bibliotecología (1987), el Primer Encuentro Nacional para la Guarda del Documento Audiovisual (1993), los dos Seminarios Nacionales sobre Legislación, Políticas y Estrategias del Patrimonio Cultural de Bolivia (La Paz, 1993 y Santa Cruz de la Sierra, 1994); el Panel sobre Archivos y Sociedad (1995), Reunión-Taller sobre la Articulación del Sistema Nacional de Información (1995), Seminario de Presentación de Proyectos para Trabajo en Bibliotecas y Archivos (1995), I Congreso de Trabajadores de la Información de La Paz “Alberto Crespo Rodas” (1996). Co-organizadora del Seminario-Taller sobre la Ley del Sistema Nacional de Información (1997), Primer Taller Departamental sobre la Ley del Sistema Nacional de Archivos (2006), Taller Internacional para Autores y Editores Científicos (2006), y las III Jornadas de Reflexión sobre Patrimonio, Museos e Investigación (2006). Publicó Vida, pasión y negocios: el propietario de la viña San Pedro Mártir, Indalecio González de Socasa (1755-1820), Potosí y Cinti a fines de la colonia y en la guerra de la independencia (Sucre, ABNB, 2009), que fue su tesis de licenciatura. Inició su carrera archivística como Auxiliar del Archivo Histórico Municipal de La Paz (1988), Auxiliar-Técnico (1988) y docente-investigadora del Archivo de La Paz* (2006, 2009). Su aporte archivístico más importante es la organización del Archivo Histórico de la Sociedad Agrícola, Ganadera e Industrial de Cinti*, con E. García*, emprendimiento desarrollado por C. Calvo*, un ejemplo solitario de apoyo a los archivos del sector privado. Allí coordinó el Proyecto de Investigación Histórica “500 Años de la Hacienda San Pedro y Cinti” (1989-1997).

Publicaciones archivísticas: “El sur boliviano: entre dos siglos (Entrevista con el historiador Erick Langer)” (Presencia, La Paz, 21 de marzo de 1993: 14-15); “Legislación sobre patrimonio cultural de Bolivia: Una necesidad colectiva”, con Eduardo García (Presencia, La Paz, 20 de

marzo de 1993: 4); “El valor de los archivos regionales: Relación de los descubrimientos de un buscador de tesoros. Entrevista al historiador Erick D. Langer” (Presencia Literaria, La Paz,

  • 20 de junio de 1993: 12-13); “Reflexiones en torno a los archivos de la empresa privada: Los

documentos de ‘La Villa de París’. El pulso del comercio paceño en el siglo XX” (Presencia Literaria, La Paz, 1 de mayo de 1994:7); “El archivo de SAGIC S.A.” (Boletín del Archivo La Paz,

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15, 1995); “Bagdad y el ‘Paceñazo’. Asonadas y saqueos de libros y documentos en el siglo XIX boliviano” (Marxismo militante, 2005, 35: 69-79); publicado también como; “Asonadas, saqueos y pérdida de libros y documentos en el siglo XIX boliviano. Bagdad y el Paceñazo” (Anuario 2003 del ABNB, Sucre, 2003: 559-570); “Política cultural alrededor de la bibliografía Interamericana”, en: Carlos Marichal, Coordinadora (México y las Conferencias Panamericanas, 1889-1938. Antecedentes de la globalización. México: Secretaría de Relaciones Exteriores, 2004:

149-161); Boletín del Archivo de La Paz, 2006, Nº 23-24: “Convenios de Cooperación con el Archivo de La Paz. El proyecto BANEST” (63-72); “Cooperación Internacional: El Proyecto Harvard I, Harvard II, y el Archivo de La Paz” (83-98); “La formación de recursos humanos:

el Archivo de La Paz y las nuevas generaciones” (105-117) y “Prólogo para un encuentro. Apuntes sobre la historia del Archivo de La Paz y algo más sobre la historia y los historiadores. Entrevista con René Arze Aguirre” (145-174); “El archivo histórico” (Khana, Revista de la Alcaldía Municipal de La Paz, 2008: 50).

Fuente: CV.

ALARCÓN DE LA PEÑA, ABEL

(La Paz, 10 de octubre de 1881. † Buenos Aires, 20 de octubre de 1954)

Doctor en Derecho (UMSA, 1903). Novelista, profesor, escritor perseverante, político liberal, parlamentario. Fue redactor del Diario de Sesiones del Senado Nacional, Oficial Mayor de Instrucción Pública. Viajero infatigable. Fue director de la Biblioteca Pública de La Paz (1904-1906), puesto que dejó para encargarse de la dirección del Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores. “En este cargo adquirió extraordinaria competencia, manifestada en valiosos folletos, entre ellos uno relativo a la cuestión de límites con el Paraguay”, más tarde fue Jefe de la Sección Consular de ese ministerio, Secretario General de la UMSA y Subsecretario de Instrucción Pública. Miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua, de la que fue Secretario hasta su muerte. En 1942 se le concedió pensión vitalicia, en su condición de “Eminente servidor público”. En 1943 la ciudad de La Paz le otorgó la Medalla al Mérito.

Fuente: Alarcón, 1925: 364; Quiroz, 2009.

ALARCÓN ESCÓBAR, CINTIA KARINA

(Oruro, 7 de marzo de 1979)

Licenciada en Administración de Empresas (Universidad Técnica de Oruro), con un Diplomado en Comercio Internacional en la Fundación IDEA (2005) y otro en Administración de Archivos en la Universidad Nuestra Señora de La Paz (2008). Hizo también el curso de Secretariado ejecutivo contable computacional en el Instituto “Arrieta” de Oruro (1998) y es técnico medio en manejo de paquetes (2004). Asistió al Seminario de Gestión Documental y Organización de Archivos, organizado por la Movida Ciudadana Anticorrupción y la Biblioteca y Archivo Histórico del Congreso Nacional* (2006); y al de Normalización y Manejo Documental en la Gestión Pública, patrocinado por el Ministerio de Educación y Culturas (2006). Trabajó como Auxiliar de Oficina en la Corporación del Seguro Social Militar de Oruro (1998-2000) y en similar condición en la Empresa de Servicio Transtur de La Paz (2005). Realizó sus pasantías profesionales en el Área de Títulos en Provisión Nacional Universitarios del Ministerio de Educación y Cultura, que significó su primer encuentro con

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archivos institucionales, realizando también operaciones en bases de datos (2004- 2005). Fue promovida como Profesional I en Títulos (2006), y luego como Profesional I Encargada de Archivo Central (2007-2008) y desde 2008 como Responsable de Archivo Central del Ministerio de Educación.

Fuente: CV.

ALBA ZAMBRANA, ARMANDO

(Potosí, 9 de febrero de 1901. † Potosí, 20 de octubre de 1974)

Estudió en el Colegio Pichincha de Potosí. Escritor, historiador, periodista, poeta y papelista, autodidacta. Su primer empleo fue en la Empresa Minera Unificada de Potosí. Fue Presidente de la Sociedad Geográfica y de Historia de Potosí, fundador de la Sociedad Geográfica y de Historia de Tarija. Socio correspondiente de la Academia Nacional de Bellas Artes de la República Argentina y de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos. Fundador y Vicepresidente del Instituto Boliviano de Cultura Hispánica (La Paz). Miembro prominente de Gesta Bárbara. Fue Alcalde de Potosí (1929-1930), Senador (1943), Ministro de Educación (1947), Embajador en España (1949) y Venezuela (1950). En 1941 comenzó a concentrar en la Casa de la Moneda los manuscritos coloniales que se hallaban dispersos en la ciudad por Potosí. Convirtió a la antigua Casa de la Moneda en Museo Numismático, con la más completa colección de monedas y medallas, además del taller original de acuñación que hizo restaurar. En su interior creó un Museo de Pintura Colonial y otro de Artesanías. Instaló en ella la Biblioteca de la Sociedad Geográfica y de Historia Potosí. Fundó el Archivo de documentos coloniales y republicanos, donde se originó el Archivo Histórico de Potosí* y una Biblioteca de Obras Raras; creó una Galería Nacional de Próceres, fundó la Editorial Potosí que dio a luz obras cumbres de la literatura y la historiografía boliviana y pensó en una Escuela de Artes y Archivología. Fue el primero en difundir la existencia de los archivos coloniales de Potosí. Recibió el primer Premio Nacional de Cultura, en 1969. Notable patricio, no dudó en dar apoyo solidario a perseguidos políticos, como el caso de A. Urquieta*, a quien acogió en la Casa de la Moneda, cuando aquella buscó refugio al ser perseguida por la dictadura de H. Bánzer*. Era conocido como “Armando Habla” por su notable oratoria y dominio del idioma, muy propio de esa época. Elaboró, para el Museo de Historia y Arte de la Casa de la Moneda, un Índice analítico de documentos históricos de la Villa Imperial 1545-1900, que se halla inédito.

Publicaciones archivísticas: “Los archivos coloniales de Potosí” (Kollasuyo, 1939; Id. en Raúl Botelho Gozálves, Comp. El Hombre y el paisaje de Bolivia. La Paz, Biblioteca Sesquicentenario, 1975: 197-214); “Los archivos coloniales del Museo Nacional de la Casa de Moneda” (Sur, 1943); “Los archivos de Potosí” (La Razón, La Paz, 25 de febrero de 1945: 10).

Fuente: Barnadas, 2002, I: 81; Blanco, 2004; Costa de la Torre, 1968: 251 - 252; Quiroz, 2009; Comunicación personal de Edgar Ramírez (24.06.10).

ALBORTA GARCÍA, IVONNE CARLA

(La Paz, 9 de diciembre de 1982)

Estudió la Carrera de Psicopedagogía y cursa, como carrera paralela, Bibliotecología y Ciencias de la Información* (UMSA). Realizó cursos sobre la Ley Nº 1178 de

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Administración y Control Gubernamental SAFCO, Catalogación de Materiales Electrónicos y otros del área de Pedagogía y formación docente. Participó en las Jornadas Paceñas de Bibliotecología (2008). Realizó pasantías en la Biblioteca y Archivo del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas (2009) y en el Archivo de Kardex Académico de la Carrera de Informática (2009); trabajó en la organización de la documentación del programa APEMIN II transferida al Ministerio de Minería y Metalurgia (2010). Fue consultora de la Biblioteca del Museo Nacional de Etnografía y Folklore* (2010); hizo prácticas en las Bibliotecas de La Paz y El Alto (2009). Trabajó en el Archivo del Ministerio de Obras Públicas Servicios y Vivienda (2011).

Fuente: CV.

ALBORTA TRIGO, FREDDY

(La Paz 31 de octubre de1932. † La Paz, 17 de agosto de 2005)

Fotógrafo y cineasta. En su faceta cinematográfica participó en la realización de la película documental El día que me quieras (1997), que trata sobre la muerte del comandante guerrillero “Che” Guevara*, a partir de la histórica foto que tomó en su lecho de muerte. Asumió como referente al fotógrafo estadounidense Robert Cappa “por la fuerza de sus trabajos”. Fue reportero deportivo en Bolivia y corresponsal gráfico de United Press International y Associated Press, así como en Presencia, Última Hora y Jornada. Fue pionero en introducir la máquina fotográfica de 35 mm a los campos deportivos, donde “todos trabajaban con esas de cajón. Cuando llevé mi maquinita pequeña hasta los jugadores se burlaban: no creían que podía sacar”. Además realizó fotografía de retratos, rostros infantiles, danza, monumentos, paisajes y costumbres andinos. Junto a L. Yelincic*, introdujo la fotografía a colores, instalando su estudio “Capri Color”, dedicándose tambien a la producción y comercialización de tarjetas postales de Bolivia. Fue fotógrafo oficial del presidente V. Paz* (1952-1964; 1985-1989), pero saltó a la fama internacional por sus célebres fotos del cadáver del “Che” Guevara, asesinado en la escuela de la Higuera el 9 de octubre de 1967. Llegó a ser considerado como uno de los fotógrafos más influyentes hasta la mitad de los ochenta. Mostró la importancia de su Archivo fotográfico en 2001, en una exposición retrospectiva sobre Víctor Paz “a quien acompañó en su encuentro con John F. Kennedy, en sus viajes a México, Venezuela, Perú”, que posó junto al mariscal Tito de Yugoslavia, al Gral. Charles de Gaulle de Francia y al rey Juan Carlos de España. Participó en una exposición itinerante de “las mejores fotografías del mundo”, en la Galería Nacional del Juego de Palma, en París (2003), Haus der Photographie de Hamburgo (2004) y en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires (2006). Durante su labor profesional (1952-1980), coleccionó fotografías de la vida política nacional.

Obra publicada: Bolivia (La Paz, Capri Color, 1977).

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Freddy_Alborta; Reportajes de Presencia, 1996:8; Dorado, 1993: 13; La Prensa, 2001:9b; Ríos, 1978:1.

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ALCOCER, MARÍA HORTENSIA

Archivera. Trabaja en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia* Organizó, durante la gestión de R. Arze*, el “Archivo del Siglo XX de Bolivia”, con documentos de la Presidencia de la República y de ex presidentes, como W. Guevara Arze*.

Fuente: Información de René Arze.

ALIAGA CANDIA, GROVER LEOPOLDO

(La Paz, 1 de octubre de 1982)

Licenciado en Informática (UMSA). Realizó investigaciones sobre Lingüística Computacional, diseñando etiquetadores, lematizadores y correctores de ortografía, rama especializada de la Lingüística Computacional y de la Inteligencia Artificial para recuperación de información. Al notar que la mayor parte de los trabajos de investigación estaban realizados por investigadores de habla inglesa, incursionó en la investigación sobre la recuperación de información en castellano. Tiene amplios conocimientos sobre Teoría de la Información, materia de la cual fue auxiliar de docencia en la Facultad de Ciencias Puras de la UMSA, con varios estudios sobre cuantificación de información, que los plasmó en su tesis de licenciatura, Recuperación de Información en el Lenguaje Castellano. Actualmente investiga la clasificación automatizada de documentos. Participó en cursos y seminarios organizados por Microsoft y Minería de Datos. El 2008 logró el primer prototipo de un sistema de búsqueda similar al Google, que permite recuperar información en las innumerables referencias -a texto completo- de los documentos incluidos en el Compendio de la Legislación Boliviana de 1825 a 2008, presentado al Ing. Armando de la Parra, Director de la Fundación de Apoyo al Parlamento y a la Participación Ciudadana FUNDAPAAC. El prototipo fue aplicado oficialmente a la segunda edición del Compendio de la Legislación Boliviana de 1825 a 2009. Fue Encargado del Centro de Documentación de la Corporación Minera de Bolivia en la ciudad de La Paz (2010) y desde el 2011 diseña la base de datos para la gestión integrada en el Sistema de Archivo de la COMIBOL*.

Fuente: CV.

ALIAGA MALDONADO, DANNY SUSAN

(La Paz, 12 de junio de 1983)

Licenciada en Historia, con especialidad en Archivística (UMSA). Estudia la Carrera de Derecho en la Universidad Salesiana de Bolivia. Ha cursado los Diplomados en Administración Documental y Procesos Archivísticos en la Universidad Nuestra Señora de La Paz (2008), Pedagogía y Derecho de la Familia en la Universidad Salesiana de Bolivia (2007), Educación Superior UMSA (2009). Cursa la Maestría en Salud y Seguridad Ocupacional en la Universidad Catolica San Pablo (2011). Estudió también las profesiones de Auxiliar de Oficina y Secretariado Ejecutivo (1997), Técnico Medio en Aplicaciones y Sistemas Operativos (1998), Auxiliar de Contabilidad Computarizada (1998) y Técnico Digitalizador en Documentación Histórica (2008). Participó en seminarios de Derechos Humanos, Metodología de la Investigación

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Universitaria, Educación Bursátil, Mercado de Valores, Nueva Constitución Política y Autonomías y Legislación Penitenciaria en Bolivia. Trabajó como Secretaria del Sindicato Mixto de Trabajadores en Tabaco Derby (1999), Locución y anuncios publicitarios en Radio Continental (2000), Registro entrega y catalogación de libros 14º Feria del Libro de La Paz (2000), y como Cajera Secretaria de la Cooperativa Agropecuaria Integral (2006). También realizó Pasantías en el archivo y Kardex de la prefectura del Departamento de La Paz y como Asistente Legal en el Centro Provida de la Universidad Salesiana de Bolivia. Su experiencia laboral archivística empezó con su trabajo de Control y Administración de Archivos de gestión de Súper Canal (2005), el Diagnóstico y planificación del Archivo de Gestión del Centro de Asesoramiento Empresarial y Multidisciplinario (2007), Organización de Archivos y Registros de Almacenes para la Secretaría Departamental de Deportes (2007), la Digitalización de Padrones del siglo XIX en el Archivo de La Paz* (2008), Técnico en identificación, organización y clasificación del Fondo Pólizas de Importación de la Aduana Nacional de Bolivia (2009-2010), Encargada Nacional del Departamento de Administración Documental y Archivo de la Caja de Salud de la Banca Privada (desde 2010). El 2011 defendió su proyecto de grado Reglamento de Administración Documental y Archivo de Historias Clínicas de la Caja de Salud de la Banca Privada, el primero en su género en Bolivia, que fue calificada por el Tribunal con Máxima Distinción y recomendación de publicación.

Fuente: CV.

ÁLVAREZ DE ARENALES, JUAN ANTONIO

(Villa de Reinoso, Castilla, España (o Salta, Argentina), 13 de junio de 1770. † Moraya, Bolivia, 4 de diciembre de 1831)

Militar argentino. Héroe trinacional de la Independencia. Combatió en territorio de la Audiencia de Charcas (batallas de Vilcapugio y la Florida, por ejemplo), en la Argentina y el Perú (que le confirió el grado de Mariscal). Al final de sus días perseguido políticamente en la Argentina, se acogió al asilo en Moraya, pequeño pueblo del sur de Bolivia, a doce leguas de Salta, donde falleció a poco de llegar. Como resultado de las batallas que dirigió formó un importante archivo epistolar con guerrilleros y comandantes de Charcas, entre otros el Gral. A. J. de Sucre*, Ignacio Warnes (70 cartas dirigidas a Arenales entre 1813-1816), Eustaquio “Moto” Méndez, el Cnl. José María Pérez de Urdininea; incluso con el Gral. Pedro Antonio de Olañeta, “el último León de Iberia”. El Archivo de Arenales se hallaba disperso en varios repositorios. P. Peña*, directora del Museo y Archivo Histórico de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno de Santa Cruz de la Sierra, gestionó ante el Consulado General de la república Argentina en Santa Cruz de la Sierra, una copia digital de este archivo que le fue entregada en mayo de 2010, hecho que “permitirá clarificar algunos aspectos de interés en la última etapa de la guerra de la independencia” de Charcas en el siglo XIX. El archivo digitalizado fue entregado también al Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia*.

Fuente: Minutolo, 1988: I-XLIII; Comunicación personal de Paula Peña (22.05.10).

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ALVÉSTEGUI LAREDO, DAVID

(1887. † 1973)

Estudió Derecho en la UMSS. Periodista y político. Redactor de El Republicano y La Nación. Fundó y dirigió La Razón (1917). Fue Diputado (1916). Ministro de Gobierno y de Relaciones Exteriores (1934-1935). Embajador en el Paraguay, Brasil (1932-1934) y Argentina. Escribió la biografía de Salamanca y sobre el problema del Chaco. Presidió la delegación boliviana en la Conferencia de Paz de Buenos Aires (1936-1938). Siendo Embajador ante la Santa Sede (1935), se le encomendó la ubicación de documentos referentes a la erección de la Diócesis de Santa Cruz de la Sierra, informes episcopales, Gobernación de Chiquitos y Cartas annuas jesuitas (1740-1750), para documentar los derechos de Bolivia en el territorio del Chaco. Formó un selecto grupo de investigadores, entre ellos el Profesor Perali, antiguo y experto funcionario del Archivo del Vaticano. Recibió el apoyo del padre Pirri, custodio de la Sección Civilta Católica del Archivo del Vaticano, quien le dio acceso al Archivo de la Casa Genelizzia. Instruyó al Cónsul de Bolivia en Roma, copiar los manuscritos del franciscano Doroteo Giannecchini, que se encontraban en Florencia (curioso dato, pues ya H. Vázquez* afirmó haber copiado en su misión en el Archivo Orgnissanti, en 1932, por encargo del gobierno); asimismo las cartas annuas jesuitas que fueron publicadas en Italia a principios del siglo XIX. Alvéstegui revisó personalmente los archivos de la Orden Jesuita, colaborado por el padre Edmondo Lamalle, director de la Sección Privada del Archivo del Vaticano, quien buscó informes sobre el padre Ignacio Chomé (primera mitad del siglo XVIII). Finalmente logró copiar la correspondencia boliviana enviada al Vaticano durante el siglo XIX. La misión Alvéstegui fue la última en archivos europeos que durante

  • 70 años recabaron copias de los archivos de España, Inglaterra e Italia, con lo que se

formó un rico fondo documental de capital importancia para reconstruir el pasado colonial, como apunta J. Siles*. David Alvéstegui conservó su correspondencia privada de 1922 a 1949, la que fue entregada al Centro Bibliográfico Histórico

“Joaquín Espada” (Cochabamba).

Fuente: Barnadas, 2002, T. I: 112; Siles Guevara: 1973; http://censoarchivos.mcu.es (21.3.12)

AMARO TOCO

Amauta. Estudió los Archivos de quipus históricos de Cuzco y Sacsahuana, empleados en sus discusiones filosóficas para demostrar la imposibilidad de los hombres “nacidos de hombre y mujer”, de ser dioses, y la anécdota histórica “sobre las reinas viudas que se retiraban al Acllahuasi y llevaban una vida de obediencia y sumisión”.

Fuente: Porras, 1953: 128.

AMPUERO ALDANA, JORGE

(19 de enero de 1940)

Bachiller en Humanidades. Se matriculó en el primer curso de la Escuela de Bibliotecología de la Facultad de Filosofía y Letras (1971), luego de rendir una

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prueba de cultura y haber certificado “un mínimo de cinco años de trabajo en el ramo bibliotecológico”, según resolución del Consejo Supremo Revolucionario de la UMSA de 24 de marzo de 1971, sin embargo, el golpe de Estado del 21 de agosto de ese año provocó el cierre de las universidades, truncó sus deseos. Participó en el Curso Audiovisual de Bibliotecología de la UNESCO en Cochabamba (1969); y el Cursillo de Orientación Bibliotecológica, auspiciado por el Centro Boliviano Americano (1970) y en el Curso de Archivos y Documentos Públicos UMSA-OEA (1976). Como Secretario de Estudios de la Escuela Militar de Ingeniería, elaboró el plan de organización de su Biblioteca (1959). En la EMI fue Secretario General, miembro del Consejo Superior de Estudios, Jefe de la Biblioteca Central, Asesor Académico, Secretario General de Ciencias Básicas y Coordinador del Curso Vestibular. Participó en la elaboración del Reglamento de Régimen Interno de la Escuela Militar de Ingeniería y del Proyecto Azul para la Ingeniería Militar. En 1973 el Presidente de la República le extendió el título constitucional de Subteniente de Servicios, atendiendo a los méritos y servicios de bibliotecario. Más tarde pasó a ser Encargado del Archivo y Registro Académico; y del Registro y Clasificación de Documentos y Títulos Académicos, organizando el Archivo Central Académico de la Universidad Militar, con la función de establecer un control y la seguridad de la documentación y otros materiales (1982). Fue condecorado por el Comité de Bibliotecarios y Documentalistas de Bolivia* (1993). Tiene, inéditos, el Proyecto de Reglamento de la Biblioteca, Proyecto para Creación de la Oficina de Admisiones y Registros y del Proyecto para la creación de un Centro de Documentación; Resumen Histórico de la Escuela Militar de Ingeniería y Reglamento de Docencia.

Fuente: Oporto, 1993: 21-23.

AMUSQUÍVAR PEÑARANDA, GUADALUPE

(Sucre, 18 de diciembre de 1964)

Socióloga (UMSS). Proviene de una tradicional familia de políticos (Su tío abuelo Claudio Peñaranda, 1883-1921, fue influyente liberal, poeta, educador, diputado por Chuquisaca; periodista de La Mañana de Sucre; autor de letras de cuecas y bailecitos tradicionales de Chuquisaca; padre de Agar Peñaranda, troskista chuquisaqueña) y músicos autodidactas (José Peñaranda, su abuelo, periodista conocido por el mote de “Pepín”), cultiva ella misma la música tradicional. Ejerció la docencia en la UMSFX (1990-1995), donde fue Presidenta de la Célula de Docentes (1990-1995). Facilitadora en el curso sobre Bibliotecas del Instituto de la Judicatura, organizada por el Poder Judicial de Bolivia (2008), Auxiliar del Departamento de Planificación del Proyecto “Sucre Ciudad Universitaria” (1990-1998), y Encargada del Centro Departamental de Información y Documentación, que tuvo a su cargo el rescate de la documentación de la ex-Corporación de Desarrollo de Chuquisaca CORDECH, disuelta en la primera mitad de la década del 90. Encargada de Biblioteca, Archivo y Gaceta del Tribunal Agrario Nacional (2000-2004) y Jefa de la Biblioteca de la Corte Suprema de Justicia (2004-2012), que lleva el nombre del doctor Edgar Oblitas Fernández, Presidente del Tribunal de Justicia de la Nación en 1985 y 1988 (A iniciativa suya se tramitó el Acuerdo de Sala Plena de la Corte Suprema de Justicia 15/2008). Como parte de sus

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competencias tuvo a su cuidado la publicación de la Gaceta Judicial Agraria de Bolivia, el Catálogo Bibliográfico de la Biblioteca Tribunal Agrario Nacional (2005), los Discursos Informes de los Presidentes de la Corte Suprema de Justicia 1927-1977, en dos tomos (2006); los Discursos de los Presidentes en las Aperturas de los Años Judiciales (reedición de 1927) en ocasión del Centenario de la Corte Suprema de Justicia (2007); Agenda Judicial (2008); El Poder Judicial de Bolivia. Memoria Histórica. Homenaje al Bicentenario del 25 de mayo de 1809 (2009), los Discursos Informes de los Presidentes de la Corte Suprema de Justicia 1977-2007, en dos tomos (2009) y las biografías de los Presidentes de la Corte Suprema de Justicia de Bolivia 1827-2007 (2009).

Fuente: CV; Amusquivar, 2010: 79-82.

ANDRADE DÍAZ, SONIA

(La Paz, 10 de octubre de 1954)

Licenciada en Bibliotecología y Archivología UMSA (2005). Secretaria Ejecutiva egresada del Lincoln Institute (1975). Hizo los Diplomados Superiores en Gestión de la Documentación y Archivos, Universidad Loyola (2005); Educación Superior (UMSA, 2007); y Administración de Archivos (Universidad Nuestra Señora de La Paz, 2008). Participó en el curso Gestión de Documentos y Archivos Administrativos, organizado por la Dirección General de Libro, Archivos y Bibliotecas y la Agencia Española de Cooperación para el Desarrollo (2007). Docente de Organización de Archivos en el Curso Virtual de Bibliotecología y Ciencias de la Información, UMSA (2010). Participó en los Congresos Nacional e Internacional de Bibliotecología (2003, 2005, 2007 y 2009). Siendo una eficiente secretaria en la UMSA, decidió estudiar Bibliotecología y Archivología. Ya titulada, fue promovida a Encargada del Archivo del Comité Ejecutivo de la Universidad Boliviana (2007), donde propuso la creación del Archivo Central del CEUB y de la Cooperación Universitaria Técnica Especializada COUNIT, proyecto financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo y la Vicepresidencia del Estado Plurinacional. Interesada en el avance archivístico realizó gestiones ante el XI Congreso Nacional de Universidades, para integrar a las Bibliotecas, Archivos y Museos como componentes del Patrimonio de la Universidad Boliviana, en julio de 2009.

Fuente: CV.

ANDRADE PADILLA, CLAUDIO FROILÁN

(Catavi, Provincia Bustillo, 31 de octubre de 1956)

Fue funcionario del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia* entre 1984 y 1993. Considera a esa institución como su universidad, pues en ella aprendió el valor de los archivos y los documentos. Apoyó a E. Aillón* en el proyecto de recopilación de documentos sobre la hacienda “San Pedro Mártir”. Fundó la Consultoría Especializada en Investigación Documental e Histórica, con la que se dedica a la pesquisa de fuentes para terceros, ya sea para apoyar tesis de doctorado (como la del historiador Robin Kiera, Universidad de Münster), o investigaciones (como la de la Dra. Heidi Scott, Universidad de Gales). Ha sido integrante del Comité de Historiadores de la III Olimpiada del Saber Histórico, dentro de los programas del Bicentenario del primer

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grito de libertad, en Sucre. Es autor de Rebeliones indígenas de 1780-1781 (Sucre, El Ciprés, 1994), con una versión bilingüe castellano-quechua editada por ACLO; Fancesa, monopolio y poder político (Sucre, Túpac Catari, 2000), Charcas: minería en crisis y dialéctica revolucionaria (2009); coautor de El gran salar de Uyuni (2005) “auspiciado por Asur mediante convenio legal con Verónica Cereceda”, como afirma.

Fuente: Brochure: Consultoría Especializada en Investigación Documental e Histórica, prospecto. Comunicación personal (20.05.10).

ANGULO, BASILIO

Importante amanuense de Julián Apaza (Túpac Katari*), a quien acompañó hasta Copacabana, donde escribió dos bandos, en Copacabana y Yunguyo, a nombre del líder indígena y de Miguel Bastidas, instando a los indios a la rebelión.

Fuente: Valle de Siles, 1990.

ANTEZANA ERGUETA, LUIS

(La Paz, 1928)

Político, escritor, de formación polifacética. Estudió Medicina (La Paz), Derecho, Ciencias Agrarias (Cochabamba) y Economía Agraria (Venezuela). Dedicó su vida al análisis de la historia y la economía agraria boliviana. Fue docente de Economía Agraria en la UMSA y en la Universidad de Nuestra Señora de La Paz. Abrazó las filas del Movimiento Nacionalista Revolucionario, habiendo sido designado Vicepresidente y Presidente del Consejo Nacional de Reforma Agraria (1995- 1996) y asesor de las Cámaras de Diputados y Senadores. Fue Director del extinto Fondo Editorial de los Diputados (1988). Es académico de número de la Academia Boliviana de Historia Militar y miembro honorario de la Academia Nacional de Ciencias Genealógicas y Heráldicas de Bolivia. Autor de Evaluación económica-política de la Reforma Agraria (1986), Historia secreta del Movimiento Nacionalista Revolucionario (1985-1988), Trampas y mentiras de la Ley INRA (1999), Práctica y teoría de la Asamblea Constituyente (2003), Pisagua: proyecto de solución de la mediterraneidad de Bolivia (2003), Constituyente reformista o revolucionaria (2004), Proteccionismo y libre comercio en Bolivia (2005), La contrarevolución del 4 de noviembre de 1964 (2006), Historia del Estado en Bolivia (2007), Los tanques en la Guerra del Chaco (2010), Masacres y levantamientos indígenas en Bolivia (2010). Coautor con su hijo Alejandro de Estructura agraria en el siglo XIX (1992), Juicio y condena a la Ley INRA (1997), La segunda revolución de Cochabamba y la batalla de la Coronilla (2012) y Viva la patria, muera el Rey. Homenaje al patriota Mariano Antezana (2012). Se autodefine como “el último libelista del siglo XX”, por ello afecto al folleto boliviano, del que posee una importante colección. Igualmente, recopiló fotografías, recortes de prensa, revistas y otros documentos relacionados al proceso de la revolución de 1952, imágenes sobre los protagonistas de esa época: V. Paz*, H. Siles*, R. Barrientos*, Juan Lechín Oquendo, Germán Monroy Block, José Fellman Velarde, entre otros. En 2005, entregó su colección fotográfica al Archivo de La Paz*, para fines de identificación, descripción, digitalización y conservación.

Fuente: Mamani y Sejas, 2005; Oporto y Quintana, 2005.

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AÑEZ GÓMEZ DE LA TORRE, ALFREDO

(Trinidad, Beni, 14 de octubre de 1956)

Arquitecto (UMSA). Fue contratado por el Banco Interamericano de Desarrollo en Centroamérica para trabajar en reconstrucción de viviendas sociales y prevención de desastres naturales (2003-2006). Trabajó para el Ministerio de Vivienda y Urbanismo en Guanay, Totora, Aiquile, Mizque (2002-2003); diseñó el proyecto de la restauración del edificio antiguo de la Patiño Mines (Comibol), donde está el actual Ministerio de Planeamiento, durante los gobiernos de C. Mesa* y Eduardo Rodríguez Veltzé. Tiene el mérito de haber diseñado el proyecto del primer edificio expresamente construido para Archivo, el 2002, destinado al Archivo Histórico “Suárez Hnos.”* de la ciudad de Guayaramerín (Beni), proyecto financiado por el BID. El Archivo fue inaugurado el 2006, luego de la organización técnica de los documentos, proyecto ejecutado por P. Gamarra*, L. Oporto*, J. Zurita* y P. Gosálvez*. En 1986 F. Cajías* y J. Cortés*, trasladaron el Archivo desde Cachuela Esperanza a Guayaramerín, gracias a las gestiones ante el rector Fari Abidar y el director administrativo Jorge Melgar Rioja, de la Universidad Técnica del Beni. En 1999 presentaron el proyecto a Philippe Dewez, representante del BID en Bolivia (falleció en enero del 2010, siendo asesor del presidente Preval ante el BM, en el terremoto de Haití). Añez implementó el Servicio de Mejoramiento de Navegación Amazónica (Semena) con la Embajada de Bélgica; hizo también la restauración de Villa Luta (Lutgarda), la casa de Nicolás Suárez en Cachuela Esperanza (de Villa Judith no queda nada) y arreglos estructurales en la iglesia del pueblo. Fue Viceministro de Vivienda con Evo Morales (2006-2007). Actualmente se dedica a la actividad privada.

Fuente: CV.

APARICIO, SEBASTIÁN DE

(La Paz)

Escribano (archivista), patriota de las filas de Pedro Domingo Murillo, fue uno de los firmantes de la Proclama de la Junta Tuitiva de La Paz. El 30 de enero de 1825 el antiguo combatiente de las Republiquetas, J.M. Lanza*, lo designó Escribano de la ciudad, y dispuso se le entregase el Archivo de la Municipalidad de La Paz.

Fuente: Portugal, 1976: 84; Oporto, 2008: 219.

APARICIO CORDERO, SAÚL IVÁN

(La Paz, 9 de febrero de 1970)

Oficial de Policías. Egresó de la Academia Nacional de Policías como Subteniente Profesional el 27 de noviembre de 1992. Realizó el Post Grado de Seguridad Ciudadana (Universidad Policial “Mariscal Antonio José de Sucre”) y estudió Derecho (UMSA). Obtuvo las Condecoraciones, “A la Constancia” y “Caballero de la Orden”. Participó en cursos relacionados a la Carrera Policial en el Centro Nacional de Capacitación de Personal (CENCAP) de la Contraloría General de la República, Investigación Criminal, Comercio Exterior y Políticas de Seguridad Bancaria. Fue designado Jefe de Registros y Archivo de Sub-Oficiales, Sargentos, Cabos, Policías y Personal Administrativo de la Policía Boliviana dependiente de la Dirección Nacional

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de Personal (Departamento de Escalafón Único), siendo uno de los primeros oficiales de la Policía Nacional que hizo estudios especializados en Archivística, como Conservación de Materiales de Archivo (2007), Base legal de los archivos históricos en las instituciones públicas (impartidos por L. Oporto*, J. Ozuna* y L. Zeballos*) del Programa Permanente de Asistencia Técnica de la Biblioteca y Archivo Histórico del H. Congreso Nacional*, y Fundamentos de la Teoría Archivística y Gestión y Organización de Archivos Administrativos (2009).

Fuente: CV.

APAZA CHOQUE, ANACLETO

(La Paz, 13 de julio de 1944)

Ingresó a la Corporación Minera de Bolivia* como Agente de Control de Protección a la Propiedad (1972). Posteriormente ocupó varias funciones como Mozo de cafetería del Área de Administración de Edificios (1978), Mensajero “B” de la Sección Correos (1980), desde donde fue promovido a Auxiliar “B”, Auxiliar “C” (1986), Encargado “B” (1987), y Mensajero “B” dependiente de Secretaría General (1989). El 20 de julio de 1990 fue promovido como Encargado de Archivo, luego de la calificación de méritos y evaluación de su desempeño por Secretaría General. El 2000 se acogió a los beneficios de la jubilación luego de 28 años continuos de trabajo en la COMIBOL.

Fuente: Expediente personal en el Archivo Central de la Comibol.

APAZA NINA, JULIÁN v. TÚPAC KATARI APONTE, ROSITA

Muy joven perdió a su primo en la guerra del Chaco cuando éste cayó prisionero, hecho que la llevó a incorporarse al Servicio Secreto, gracias a su amistad con oficiales del Colegio Militar, junto a su amiga Adela Bello, mujer de pollera oriunda del Beni. A su grupo se integraron Elsa Aguilera, Chabela Reyes, Zoraida Alcoreza, Cristina Velasco y Liz Morales, mujeres con dotes extraordinarias, de notable inteligencia, personalidad y facilidad para realizar contactos con el enemigo, espías que tuvieron notable desempeño durante la Guerra del Chaco, pues trabajaron en territorio ajeno, al mando de G. Velasco*, conocido como Agente “013”, jefe del Servicio Secreto. Estas aguerridas mujeres fueron infiltradas en las oficinas del Consulado del Paraguay en Salta. Rosita figuraba como comerciante arequipeña que trajinaba sus mercaderías por el norte argentino y el sur del Paraguay. La agente Adela Bello aparentaba ser cocinera de pollera y la artista de teatro Elvira Llosa aparentaba ser folklorista peruana, muy activa en la prensa y radio de esa ciudad. Alquilaron un departamento amoblado cerca del consulado, logrando cultivar amistad con funcionarios paraguayos. Invitaron a una cena a Martirián Pérez, jefe de la misión diplomática, a los agentes del servicio secreto y al resto de los funcionarios. Mientras la fiesta estaba en su apogeo, el Agente “013” y Carlos Ackerman, experto en abrir cajas de seguridad, ingresaron subrepticiamente a la residencia oficial, abrieron la caja, requisaron los archivos del Servicio Secreto del Paraguay y documentos relativos a la guerra, vaciando su contenido en dos

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maletas. Concluida la misión las espías abandonaron el departamento por la puerta de servicio, huyendo rumbo a Tupiza.

Fuente: Durán, 1997: 106-109.

ARAMAYO SERRANO, SORAYA

(Potosí, 28 de noviembre de 1968)

Licenciada en Turismo (Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca). Asistió al Taller Nacional Teórico Práctico sobre Técnicas de Procesamiento Documental (1991), Seminario Nacional de Archivística, a cargo de la Dra. S. Schenkolewski Kroll*, experta en archivística y bibliotecología del Estado de Israel (1993), Congreso Nacional de Archiveros, Bibliotecarios y Documentalistas de Bolivia “Gunnar Mendoza Loza”* (1995), Seminario La Archivística y la Preservación del Patrimonio Histórico Documental (1996). Participó como becaria, en el Seminario de Organización de Sistemas de Archivos, auspiciado por el Centro Iberoamericano de Formación en La Antigua, Guatemala (1997), hizo el curso de Manejo de Sistemas de Microfilm, dictado por el experto de los Archivos Nacionales de Francia, Joël Surcouf (1997), curso de Microfilmadora y Reveladora, dictado por el Ingeniero Adolfo Saldivias (1998), Paleografía Hispanoamericana (Siglos XV–XVIII), dictado por el Dr. J.M. López Villalba* (2000). Asistió al Primer Diplomado en Gestión Documental y Archivos Históricos, UMSA (2002), Primer Taller Básico de Conservación Preventiva y Restauración Para Materiales de Archivo (2006), Conservación Preventiva y Restauración del Papel para Bibliotecas (2007), y al IV Congreso Nacional de Bibliotecología, Documentación, Archivística y Museología (2008). Publicó artículos en la Revista de la Casa Nacional de Moneda, el Boletín del Archivo Histórico de la Casa Nacional de Moneda y la Revista de la Fundación Cultural del B.C.B. En 1991 fue designada, por el Banco Central de Bolivia*, en el cargo de Auxiliar del Archivo Histórico de Potosí* (Casa Nacional de Moneda) y en abril de 1994 como Catalogadora, en el que se mantiene actualmente.

Publicaciones archivísticas: “Documentos del Banco de San Carlos y la Compañía de Azogueros” (Boletín del Archivo Histórico de Potosí, 1995, 10: 37-39); “El Archivo Histórico y el rescate documental” (Boletín del Archivo Histórico de Potosí, 1996, 11: 33-36); “Testamento de Luis Cabello, constructor de la Casa de Moneda” (Patrimonio Monumental. Casa Nacional de Moneda. Potosí, 1999: 17-24).

Fuente: CV.

ARAMAYO ZEBALLOS, CARLOS VÍCTOR

(París, Francia, 7 de octubre de 1889. † París, 1981)

Estudió en el Beaumont College y Exeter College de Oxford (Inglaterra). Fue tercer secretario de la Embajada de Bolivia en Buenos Aires (1916), Diputado por Sud Chichas, Tupiza (1916-1920), Agente confidencial de Bolivia en Washington D.C. (1920). En su calidad de delegado ante la II Asamblea de la Liga de las Naciones (1921) planteó la revisión del Tratado de 1904 con Chile. Fue Embajador de Bolivia en Londres y París; y también fue Ministro de Hacienda y de Relaciones Exteriores

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(1935). Premio Cabot de Periodismo (1947). Heredó las empresas mineras de su padre, Félix Avelino Aramayo, siendo conocido en la historia como uno de los tres Barones del Estaño, junto a M. Hochschild* y S.I. Patiño*. Controló la política boliviana y fue dueño del influyente periódico La Razón. Presidente de sus empresas mineras (1926), agrupadas en torno a la Compagnie Aramayo de Mines en Bolivie S.A., con sede en Ginebra (Suiza), las que fueron expropiadas, junto a sus archivos, el 31 de octubre de 1952, por el gobierno de V. Paz Estenssoro*. Actualmente sus archivos forman parte del Sistema de Archivo de la Corporación Minera de Bolivia*.

Fuente: Alarcón, 1925: 366; Wikipedia (14.2.12).

ARANCIBIA ANDRADE, FREDDY

(Uncía, Provincia Bustillo, Potosí 5 de julio de 1957)

Radiólogo (UMSFX); historiador, museólogo (autodidacta) y antropólogo social y cultural (UCB, Cochabamba). Fue docente de la UMSFX (1986-1987) y la Universidad Nacional “Siglo XX” de Llallagua (1987-1990). Se identifica como discípulo de G. Mendoza*, quien lo acogió en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia*. Miembro del Consejo Internacional de Museos, París, Francia (1994). Estudió el origen de la danza de los diablos, a la que denomina Tinku-Diablo, postulando su origen en la mina de Aullagas, trasladada a Uncía, donde actualmente se celebra en la Fiesta de San Miguel. Es autor del proyecto de restauración del palacete de Simón I. Patiño en Uncía, donde se erige hoy un museo histórico, restaurado con financiamiento de la cooperación española. Hasta allí logró hacer trasladar los archivos judiciales de la provincia Rafael Bustillos. Fue Director de Cultura y Turismo de la H. Alcaldía Municipal de Uncía (2003-2007) y Consejero Departamental por la provincia Bustillos (1997-2000). Publicó varios libros, entre ellos Leyenda e historia de la diablada. Fiesta de San Miguel en Uncía (Llallagua, Universidad Nacional Siglo XX, 1991); Uncía y Llallagua. Una historia ignorada (Llallagua, 1998); Uncía. Historia, cultura y turismo (2008).

Fuente: CV.

ARANCIBIA MOLLINEDO, JOSÉ

(La Paz, 17 de junio de 1952)

Capitán de Policías. Estudió en la Academia Nacional de Policías (1972). Es licenciado en Ciencias Políticas de la UMSA (1996). Realizó Diplomados en Gerencia Pública, Educación Superior (UMSA) y Museología (Universitas Platense, Sucre). Fundador del Archivo Histórico y Museos Policiales (1999), de la Academia de Ciencias e Historia de la Policía (2009) y del Colegio de Politólogos de La Paz. Trabajó en la organización del Museo Académico (2003) y del Museo del Narcotráfico (2005), que se encuentran en instalaciones de la Academia Nacional de Policías en Següencoma. Director del Archivo Histórico y Museos Policiales, obra de su creación y con escasos recursos de la institución policial. Elaboró el documento de trabajo Organización, funcionamiento, estatutos y régimen interno de la Sociedad de Amigos del Museo Policial, en 1999 (Inédito). Presentó un

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informe completo de su trabajo en su ponencia al III Encuentro Latinoamericano de Archivistas, Bibliotecarios y Documentalistas (2011).

Publicaciones archivísticas: “El Museo Histórico-Criminalístico Policial y sus proyecciones académicas” (Fuentes, 2011, 5 (12):30-35).

Fuente: CV.

ARANDA, JUAN IGNACIO DE

(Zaragoza, España)

Licenciado, con residencia en Lima. El célebre Marqués de Cañete lo nombró Corregidor de La Paz el 13 de diciembre de 1558. Hizo refaccionar y mejorar el edificio del Cabildo. Gracias a su descripción podemos reconstruir una sala de Cabildo, que alojaba el archivo de la ciudad: El salón principal contenía los retratos de los reyes de España en grandes cuadros con marcos dorados:

se veía al ambicioso Carlos V, al fanático Felipe II, al holgazán Felipe III, al corrompido Felipe IV, y al débil y supersticioso Carlos II, colocados en distancias proporcionadas. Las sillas canapés y mesas de madera de cedro primorosamente labradas y doradas. El Salón de sesiones del Cabildo, algo más pequeño que el anterior. Los asientos destinados a los miembros del regimiento, eran grandes sillones con respaldones dorados, distinguiéndose en la del Presidente las armas de Castilla; una colosal mesa, cuyos pies representaban las garras de un león, tenía un tapete rojo de tela ordinaria del país; sobre la mesa había un candelero de barro cocido con su gruesa vela de cebo, para ser encendida a su tiempo con un tizón; un tintero también de barro contenía el líquido fabricado de alcaparra por los activos amanuenses y algunas plumas de ave hábilmente tajadas a gavilán constituían todo el menaje de esa soberbia secretaría (…). Allí estaba guardado el estandarte real. Nos olvidábamos: lo que no debía faltar en ninguno de sus aposentos incluso el salón de sesiones, era la imagen del Crucifijo. Tal era la morada de los soberbios funcionarios de la colonia”.

Fuente: Aranzáes, 1915.

ARCANI CALLE, JULIO

(La Paz, 12 de mayo de 1959)

Fue Encargado del Archivo General de la Corporación Minera de Bolivia* (1987), sucesor de J. Gallardo Irigoyen*, quien fue protagonista en la organización del Archivo de COMIBOL junto a L. Jordán Espinoza*. Prestó servicios en la Corporación Minera de Bolivia como Agente de Control dependiente de Protección a la Propiedad (1973- 1979), Mozo dependiente de Administración de Edificios (1979-1980), Mensajero “B” de la Sección Correos (1981-1986), fue ascendido por méritos propios a Encargado “B” del Archivo General (1986). El 1º de marzo de 1987 fue ascendido a Encargado del Archivo General, sin embargo su retiro se produjo el 30 de abril.

Fuente: File personal.

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ARCANI LIMACHI, LEOCADIO

(La Paz, 1 de diciembre de 1945)

Modesto funcionario del Archivo Central del Ministerio de Defensa Nacional, responsable del Taller de Encuadernación. En sus 29 años de servicio, ha realizado la encuadernación en pasta dura de la totalidad de volúmenes que han recibido ese tratamiento. Su taller es precario, pero “se da modos para que su trabajo esté siempre puntual”. Autodidacta en el ramo, sin embargo su obra tiene “garantía de perpetuidad”, como señala su curriculum vitae.

Fuente: CV.

ARCE GÓMEZ, LUIS

(Sucre, 1938)

Militar. Alcanzó el grado de Coronel. Fue dado de baja del Ejército en 1960 acusado de violar a la hija de un superior, por lo que pasó a trabajar como reportero gráfico del periódico católico Presencia, donde fue conocido como “El Mala Vida”. Fue arquero del equipo oficial del Círculo de Periodistas Deportivos de Bolivia. En noviembre de 1964 participó en el golpe de Estado contra V. Paz Estenssoro*, siendo reincorporado al Ejército con el grado de capitán. Luego del golpe de Estado de 1969 contra el Presidente L. A. Siles*, sirvió como Jefe de Seguridad del gobierno del Gral. A. Ovando Candia* quien lo llevó consigo a su exilio a España, luego de ser derrocado por el Gral. Juan J. Torres Gonzáles (1970). Retornó a Bolivia en 1974 y un año más tarde incursiona en el negocio de la cocaína. En 1978 era Jefe del Departamento II de Inteligencia desde donde apoyó al golpe del Cnl. Alberto Natush; en diciembre de 1979 tomó por asalto las dependencias del Servicio de Inteligencia del Estado, secuestró su documentación y la trasladó al Gran Cuartel General de Miraflores. Participó con L. García Meza* en el golpe del 17 de julio de 1980, siendo designado Ministro del Interior, calificado por la CIA como el ‘Ministro de la Cocaína’. En 1982, reconquistada la democracia, huyó a la Argentina, pero el 10 de diciembre de 1989 fue capturado y entregado por el presidente J. Paz Zamora*, a los EE.UU., donde fue condenado a 30 años de prisión, del que fue liberado a la mitad de su condena. El gobierno de E. Morales* logró extraditarlo y enviarlo a prisión el 9 de julio de 2009 para purgar la pena capital de 30 años sin derecho a indulto. Desde su celda denunció que T. Montaño* fue director del Archivo de Inteligencia de la Sección II (Inteligencia Militar) del Estado Mayor General, “que contiene expedientes del Servicio de Inteligencia del Estado”. El SIE, aparato responsable de la represión policial a dirigentes sindicales y políticos, fue creado en 1971 por el Gral. H. Bánzer*, estaba controlado por el Ministerio del Interior y puesto al servicio del Ejército. Con la instauración del gobierno de Lidia Gueiler en 1979, los militares decidieron evitar que ese Archivo fuera revisado por el Ministro del Interior Jorge Selum Vaca. El Gral. Rubén Rocha Patiño, Comandante General del Ejército, ordenó al Cnl. Luis Arce Gómez, Jefe del Departamento II, el asalto al edificio del Ministerio del Interior con el propósito de secuestrar el Archivo secreto del Servicio de Inteligencia del Estado, para su traslado al Cuartel General de Miraflores. El Ministro Selum afirmó que Arce “Se llevó absolutamente todo, (…) todos los expedientes que habían (…) y lo que no podía llevarse lo incendió”. En Santa Cruz un comando de la VIII División asaltó

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las oficinas de la Dirección de Investigación Criminal, con los mismos fines, pero el Ministro logró la devolución de esos archivos mediante el diálogo. Los diputados, con carácter de urgencia, emitieron una resolución camaral exigiendo la devolución de los archivos del SIE, pero estos jamás fueron restituidos.

Fuente: De Frente, 1980: 8-11; Soria Galvarro, 1989; Extra, 2009. García Meza, 2010.

ARCE RUIZ, ANICETO

(Tarija, 17 de abril de 1824. † Sucre, 14 de agosto de 1906)

Fue abogado, empresario y político. Presidente de la República del 15 de agosto de 1888 al 11 de agosto de 1892. De modesta familia, cursó estudios de secundaria en el Colegio Junín de Sucre y Derecho en la Universidad de San Francisco Xavier. En 1850 fue elegido diputado; perseguido por Manuel Isidoro Belzu se exilió en Copiapó (Chile) donde se interesó por el trabajo de minas y trabajó el yacimiento de plata de Huanchaca con la que llegó a ser el primer millonario del país. Rector del Colegio Pichincha de Potosí en 1857. Fue ministro de Bolivia en Argentina y Paraguay (1863). Durante la Guerra del Pacífico encabezó el Partido ‘Pacifista’, sosteniendo que el Litoral era indefendible y debía buscarse una alianza con Chile. Participó en la redacción de una nueva Constitución. Fue vicepresidente de Narciso Campero (1880-1884), pero debido a sus divergencias en la resolución del conflicto bélico con Chile, fue desterrado en 1881, instalándose en París. Regresó en 1883 y formó el Partido Constitucional, que se transformó en Partido Conservador al fusionarse con el Democrático, para la defensa de las élites empresariales. En 1885 fue nombrado ministro en Chile y, en 1886, en España y Francia. Combatido constantemente por los liberales, durante su mandato hizo construir las carreteras Sucre-Potosí, Sucre- Cochabamba-Oruro, y Cochabamba-Beni; así como el ferrocarril hacia Chile, para el transporte de minerales. Creó el Colegio Militar, electrificó algunas ciudades y modernizó la banca y la inversión. Trató, sin éxito, de que le fuera devuelta a Bolivia la franja del litoral arrebatado por Chile o que se cediera los territorios de Tacna y Arica. Por su carácter enérgico y firme en favor del orden civil y democrático se le conoció como “el Boliviano de hierro”. Sentó las bases para el funcionamiento de un sistema de partidos políticos modernos en el país. En 1879, en plena guerra con Chile, propuso trasladar la Biblioteca Nacional “al local del extinguido colegio Junín, abonando de su cuenta un empleado para su metódico arreglo y mejor servicio por el término de seis años”, acuerdo que aceptó el Gobierno mediante Resolución Suprema de 17 de octubre de 1879. Luego de la Guerra del Pacífico, M.V. Ballivián* insta a la creación de la Oficina de Límites para estudiar las cuestiones limítrofes de Bolivia, y sugiere al Gobierno “a realizar una tarea de copia de documentos en los Archivos españoles y en el Brithis Museum”, instruyéndosele a A. Arce, Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario, la copia de 192 documentos de interés nacional, en el Archivo General de Indias* de Sevilla, enviando a esa ciudad a su secretario, L. Salinas Vega* (1886). En esa oportunidad “esboza un plan de investigación histórica para colocar a Bolivia a la altura de los trabajos realizados por otros países americanos”. En ese valioso documento, datado el 24 de diciembre de 1886, describe la precaria situación del Archivo de Indias: “Este famoso Archivo que contiene la documentación de tres siglos, no está catalogado ni menos ordenado.

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Los pocos índices que se están formando son deficientes y no expresan la materia de los legajos a que se refieren. Los papeles no están encuadernados ni foliados, sino envueltos en simples atados o paquetes [que] contienen documentos de diversas épocas y diversas materias”. Arce soñaba con formar “no sólo un Archivo Nacional muy importante, sino que en su género, uno de los más ricos de la América del Sur”.

Fuente: Oporto, 2006: 148; Siles Guevara, 1970; Poder Ejecutivo, 1879; http://es.wikipedia. org/wiki/Aniceto_Arce (20.3.12).

ARCHIVEROS DE LA COLONIA

Las huestes conquistadoras que poblaron la provincia de Charcas eran lideradas por aguerridos soldados a quienes acompañaban siempre un cura y un escribano. Éste, Escribano Público y de Cabildo, tenía al menos dos funciones muy claras. Por una parte, como Escribano de Cabildo debía llevar las actas oficiales (“guardar con toda fidelidad el Libro de Acuerdos del Cabildo”), resguardar el archivo de la ciudad, extender copias y hacer los traslados; juraba por ley “guardar secreto de lo que en los cabildos se tratase”. En segundo lugar, como Escribano Público es la autoridad del servicio fedatario, es decir, daba fe de ciertas actuaciones y diversas diligencias que pasaban ante su autoridad a las que protocolizaba y autorizaba con su firma (como las Relaciones), y la autenticación, velando por la autoría del titular del documento. Las Siete Partidas, compiladas por orden del rey don Alfonso “El Sabio”, señala al Escribano “como hombre que es sabedor de escribir”. El (Título 8º) del Fuero Real de España, código general de 1255, trata sobre los Escribanos Numerarios. Escriche en su Diccionario Etimológico menciona que es una ocupación “tan delicada como honorífica y respetable”. Era un cargo vitalicio y el oficio solía pasar de padres a hijos. Los Escribanos eran designados por cédula real y para ejercer en América, debían cumplir exigentes requisitos. Eran los custodios de las escrituras públicas que se conservaban en el Arca de las Tres Llaves, de las cuales una quedaba en poder del alcalde, otra en la del regidor y la tercera era custodiada por el escribano. El acceso a los registros era restringido y primaba el secretismo como norma general. Sin embargo, los Escribanos ya servían a su comunidad extendiendo traslados y otorgando copias legalizadas, como parte de sus servicios. En La Paz, entre 1548 y 1562, se sucedieron varios escribanos. En Laja, el 20 de octubre de 1548, P. de Azebedo* fue el primer escribano que certificó las actuaciones del Cabildo fundacional de la Villa de Nuestra Señora de La Paz y de los vecinos hispanos de la nueva ciudad, a los que acompañó. Francisco de Cámara fue designado por el Cabildo de La Paz el 20 de octubre de 1548 como Escribano de la ciudad de La Paz, seguido por un verdadero ejército de escribientes de los que la historia ha registrado vagamente sus nombres: Gaspar Sotomayor (que le reemplazó), Melchor de Espinoza (nombrado por La Gasca), Juan Francisco de Villalobos, Melchor de Ribera, Pedro Ibáñez de Ondarza, Melchor de Ocaña, Francisco de Reinoso, Martín de Olmos, Hernando Carrión, Pedro de Puerta, Gonzalo Franco, Antonio de Valera, Pedro Pedraza, Alvar García, Francisco Logroño, Lorenzo de Cantoral, Hernán González, Miguel Medina, Dr. Ribadeneira, Francisco Quixada, Juan Bravo, Alonso de Nociva, Francisco de Arredondo, Babiles de Arellano, Hernando Cavallero. Mas tarde aparecen Pedro de Manzaneda (1652), Juan de Aleutzia (1664), Juan de Manzaneda (1692), Antonio

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Vásquez, Enrique Charraja* (1751), Jerónimo Chávez de Peñaloza, Mariano del Prado (1814), Francisco Gonzales Manzaneda, el Escribano Álvarez (quien casó con Liberata Graneros, hija del Challat’ejeta), el patriota S. Aparicio* (1825). En Santa Cruz de la Sierra, se perdió el acta original de 26 de febrero de 1561 y el Escribano Francisco Gallego, quien acompañó a los 90 españoles que fundaron la ciudad, suplió ese vacío en nueva acta fechada el 20 de abril de ese año. El Escribano P. de Arteaga* certificó la Relación del gobernador Martín de Almendras Holguín de 1607, Pedro Marino Sarmiento la Relación del Gobernador Ruy Díaz de Guzmán (1618) y Luis Gutiérrez protocolizó la Crónica sobre la Jornada y descubrimiento de las provincias de los Moxos, Dorado y Paytití, llamados Torocíes de Lorenzo Caballero, en 1635. En el Valle de Tarija, el 4 de julio de 1574, el conquistador sevillano Luis de Fuentes estuvo acompañado por el Escribano Francisco Fernández de Maldonado. En La Plata el Escribano Bartolomé Ascanio legalizó ese mismo año una escritura presentada por el Presidente de la Audiencia Juan de Lizarazu, el Procurador General de la Compañía de Jesús en la Provincia de Charcas Juan Navarro, el comerciante español Pedro de Iriarte y tres testigos, por la que Iriarte entregaba 54.000 pesos para el descubrimiento y conversión de los Moxos.

Fuente: Crespo, 1972; Gandarilla, 2004; Oporto, 2006: 88-109; Sanabria, 1961: 89, 93; 158-159; Vacaflor, 2004.

ARCHIVEROS DE LA CORPORACIÓN MINERA DE BOLIVIA

Grupo de ex trabajadores mineros de la Corporación Minera de Bolivia*, dirigidos por E. Ramírez*, en 1999, quienes protagonizaron una hazaña de salvataje documental equiparable a la de G. R. Moreno*, en 1876 (Sucre), L. Subieta* y A. Alba* en 1938 (Potosí), y A. Crespo* en 1971 (La Paz). Forman parte de ese grupo de archiveros mineros, D. Segales*, A. Sánchez*, O. Quispe* y E. Copa*. Posteriormente, merced a un convenio con la Biblioteca y Archivo Histórico del H. Congreso Nacional*, la Carrera de Historia* de la UMSA y la COMIBOL, se capacitaron sostenidamente en Archivística, Gestión documental, Legislación Archivística, Conservación y Restauración de documentos de Archivo. Actualmente estos archivistas han logrado organizar los documentos de la COMIBOL en La Paz, El Alto, Oruro y Potosí, ciudades en las que se han construido edificios expresamente diseñados para archivo. En una segunda fase se han incorporado profesionales graduados de la UMSA, con los que encaran la organización y servicios en los archivos del Sistema de Archivo de la Minería Nacional*, creado por el DS 27490, dictado por el presidente C. Mesa Gisbert*. Participaron en el Diplomado de Gestión Documental y Organización de Archivos de Empresas Estratégicas del Estado, impartida por la Escuela de Gestión Pública Plurinacional (2012).

Fuente: Testimonios de los mismos; Oporto y Ramírez, 2007.

ARCHIVEROS DEL INCARIO

Funcionarios del Imperio Inca, responsables de administrar el sistema contable del quipu y la memoria histórica. El primero, a cargo de los Quipucamayoc, con presencia en todos los confines del Incario, desde la Pacha (unidad social de 100 familias), hasta la Marka o ciudad inca. Eran apoyados por auxiliares encargados de transportar el

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quipu dentro del territorio del Incario, entre ellos los qachas (mandaderos) y chasquis (mensajeros). El quipu se elaboraba en cuerdecillas anudadas, de fibra vegetal o animal, en varios grosores, tamaños y colores, los cuales denotaban un significado; estaba destinado a registrar información estadística, demográfica, económica y de otros rubros de la vida social y económica (población, ejército, hombres en edad de servir en la milicia, infantes, mujeres, adolescentes, ancianos, cantidad de tejidos y cerámica, etc.). El archivo del quipu se trasladaba anualmente desde las pachas y las markas hasta el Cusco, ocasión en la que eran centralizados por orden imperial. En ocasiones sagradas y días festivos especiales, la memoria del quipu era decodificada y sintetizada por los Amawtas, responsables de elaborar la historia oficial del Incario. Tanto los quipucamayoc como los amawtas, eran ancianos que formaban la sexta y séptima calles en la nomenclatura del ciclo de vida que elaboró G. Poma de Ayala* en su célebre Nueva Corónica y Buen Gobierno. La capacidad de almacenaje del quipu era de 20 años, pero el amawta podía retener los fastos de hasta 500, sin faltar a la cronología de los hechos. La historia ha recogido los nombres de Amaro Toco*, Luis y Francisco Yutu*, el cacique y quipucamayoc Catari El Viejo*, como ejemplos de aquel ejército de archiveros del Inca.

Fuente: Oporto, 2006; Porras, 1953.

ARCHIVEROS EN ACCIÓN

Grupo de trabajo fundado en febrero de 2008 por los archiveros S. Cuba*, G. Illatarco* y R. A. Santos*. Se muestran como un movimiento reflexivo del quehacer archivístico nacional e internacional, con el objetivo de contribuir al rescate, conservación y difusión del patrimonio documental. Editan un boletín ocasional en celebraciones o eventos archivísticos, con el fin de difundir y analizar sus propuestas.

Fuente: Comunicación personal de R.A. Santos.

ARCHIVEROS IDÓNEOS (EMPÍRICOS)

Desígnase con ese denominativo a los archiveros por experiencia, que no asistieron a la universidad para recibir formación superior en esa especialidad. Constituyen, hasta hoy, la mayoría de los trabajadores de archivos en Bolivia. Desde 1976 se han organizado en Asociaciones de existencia efímera, tales como la Asociación de Archivistas de La Paz*, Comité Nacional de Archiveros, Bibliotecarios y Documentalistas de Bolivia*, Comité Nacional de Trabajadores de Archivos, Bibliotecas y Museos; Comité Departamental de Trabajadores de Archivos, Bibliotecas y Museos; Asociación de Archivistas y Bibliotecarios de La Paz. En el anteproyecto de Ley del Sistema Nacional de Archivos*, aprobado en el Congreso Nacional de Archivistas de 2007 (Sucre), se contempla la profesionalización obligatoria de los archivistas idóneos, mediante un programa especial de titulación, que les permitirá incorporarse al Escalafón Nacional de Archivistas que se pretende formar a la manera de un cuerpo facultativo.

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ARCHIVEROS MILITARES

Dentro de la institución castrense existe un reducido grupo de archiveros militares, pocos por vocación y la mayoría por destino militar, de duración anual, generalmente repetible en la misma unidad y excepcionalmente por más tiempo. La parte técnica de los archivos está a cargo de militares de vocación archivística y, desde 2000, a partir de la organización del Archivo del Ministerio de Defensa a cargo de L. Oporto* y B. Lecoña*, se incorporó técnicos profesionales formados en la Universidad. Generalmente los archivos militares están a cargo de coroneles con cursos de Diplomado de Estado Mayor (DEM), un grado de alto nivel en la estructura de mando castrense. La responsabilidad de estos jefes militares superiores recae sobre todo en el servicio fedatario, tanto en el Archivo Territorial (autenticación, certificación y extensión de copias legalizadas de libretas del servicio militar), Archivo de Contabilidad (certificación y calificación de años de servicio) y el Archivo Histórico del Ejército (calificación de fases de campaña de la guerra del Chaco), en tanto la responsabilidad técnica (tratamiento archivístico) corresponde a los profesionales. Entre los archiveros por vocación podemos citar al Tcnl. R. Sánchez Morales* (trabajó desde los 80’s en el Archivo de Territorial del Ministerio de Defensa), el Cnl. A. Colque Estrada* (organizó el Archivo Histórico del Ejército), el Cnl. S. Orellana* (reemplazó en el cargo al anterior), el Cnl. R. Soria* (organizó los archivos de la Fuerza Aérea Boliviana y reemplazó al anterior), el Mayor R. Quintana* (sistematizó los archivos de reclutamiento militar) y el suboficial Reynaldo Aguilar (fue uno de los primeros a cargo de un archivo castrense). Entre los militares que llegaron al Archivo del Ministerio de Defensa, por destino, mencionamos al Cnl. Raúl Aramayo Estrada (2002-2005), Cnl. Edgar Flores Peñaranda (2006), Cnl. Teodoro Valero Calle (participó en la Exposición y conferencia internacional de Archivos en Bogotá, Colombia, 2007), Cnl. Carlos G. Arzabe Saavedra (2008), Cnl. Hugo Quiroga Morales (2009, participó en el Primer Encuentro Latinoamericano Bibliotecas, Archivos y Museos), la Cnl. María Edme Siles Pérez (2010) y el Cnl. René V. Medrano (2011). En el caso del Archivo Histórico Militar, fueron designados en ese alto cargo, el Cnl. R. Soria, el Cnl. Rubén García (2011) y el Cnl. Edgar Bilbao La Vieja Espinoza (2012).

Fuente: Informe de Bertha Lecoña sobre Responsables del Archivo Central; Oporto, 2006; Oporto, 2011d.

ARCHIVEROS PROFESIONALES

Denota a los profesionales formados en cursos superiores universitarios, tanto en la carrera de Bibliotecología y Ciencias de la Información* como la carrera de Historia*, ambas de la UMSA, aunque sólo la primera extiende títulos de licenciatura con mención de Archivología y Bibliotecología, los que se hallan agremiados en el Colegio de Profesionales en Ciencias de la Información de Bolivia CPCIB*. Tambien se especializaron en Diplomados y en los cursos del Centro Interamericano de Desarrollo de Archivos* (Cordoba, Argentina) y la Escuela de Iberoamericana de Archivos* (Madrid, España) Los archiveros formados en la carrera de Historia dirigen importantes archivos históricos de Bolivia y han organizado destacadas actividades especializadas en este campo. En 1982 han conformado la Asociación de Archivistas Exbecarios de la OEA* cuya existencia se prolongó hasta 1993, cediendo

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el lugar al Comité de Archivistas, Bibliotecarios y Documentalistas de Bolivia* que

se extinguió en 1996.

ARCHIVEROS SIN FRONTERAS (AsF)

Organización internacional sin ánimo de lucro, fundada en Gerona (Italia) en 1998, con representantes de Perú, Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Uruguay, Francia y España, bajo los principios de la Carta Internacional de Archivos. Formada por voluntarios, colabora en el desarrollo de proyectos de cooperación y solidaridad del ámbito de la archivística y el patrimonio documental. Actúa en naciones que poseen un patrimonio archivístico en riesgo de destrucción a causa de conflictos sociales o bélicos, terrorismo o falta de recursos. Ha constatado que es el propio hombre que crea los archivos el que los destruye, a pesar de su notable importancia, pues en los archivos descansa la memoria de la humanidad. AsF ha trabajado en Fez (Marruecos) y en la Recuperación de los archivos de las dictaduras militares de Latinoamérica, como el llamado “archivo del terror” de Paraguay. Está conformado por España (Mariona Corominas), Perú (Aída Luz Mendoza), Francia (Daniele Neirinck), Bolivia (R. A. Santos*), Argentina (Guillermo G. Bustos), Brasil (Jorge Enríquez Vivar), Ecuador (Jorge Yépez), Uruguay (Liliana Gargiulo), Colombia (Jorge Cachiotis) y México (Ramón Aguilera). Desde el 2008, forma parte del proyecto internacional Organización y acceso a los archivos y documentos de los regímenes represivos de Latinoamérica. En Bolivia, R. A. Santos*, Fernando García, N. Figueroa* y Lourdes Ríos, fundaron la filial boliviana el 4 de octubre del 2007. A pesar que es objetivo de esta organización el de apoyar la desclasificación de archivos de las dictaduras, no se los vio actuar en el caso de O. Flores* quien emprendió una cruzada para abrir los archivos de la dictadura de Luis García Meza* (1980-1981), que tuvo el apoyo inesperado del fiscal M. Mendoza* y el juez R. Valverde*, quienes ordenaron su apertura la que luego de ser apelada mereció el histórico auto de la Corte Suprema que declaró la procedencia de la medida. Sus Estatutos Internacionales de Archiveros Sin Fronteras fueron aprobados el 26 de noviembre de 2003, en la Sala de Actos del Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona (España).

Publicaciones archivísticas: Qué es el Plan de Actuación Global (PAG) (Documento No. 5, 2004); Archivos y Cooperación. Diez años de Archiveros Sin Fronteras (Barcelona, ASF, 2009).

Fuente: Archiveros Sin Fronteras, 2009; comunicación personal de Aida Luz Mendoza (2.2.2010) y R.A. Santos.

ARCHIVO DE LA COMPAÑÍA DE FERROCARRILES ANTOFAGASTA-BOLIVIA (FCAB)

Como parte de sus responsabilidades, la Compañía de Ferrocarriles Antofagasta- Bolivia, encargó fotografías de la construcción y operación de sus líneas en Chile y Bolivia, de Antofagasta (Chile) a Uyuni, Oruro, La Paz, Cochabamba y Potosí, Bolivia. El tramo del ferrocarril a Bolivia se inició en 1889. Las numerosas fotografías se encuentran en los archivos de la compañía en Londres, Antofagasta y Santiago. Algunas fueron publicadas en el álbum Desde el Pacífico. El Ferrocarril de Bolivia y Antofagasta (Chile), 1888-1988 de Howard Blakemore (1990).

Fuente: Buck, 1999.

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ARCHIVO DE LA PAZ (ALP)

Repositorio fundado por A. Crespo*, refrendado por el DS 09777 (15 de junio de 1971) como Archivo Intermedio Nacional, hecho que provocó un distanciamiento

con G. Mendoza*, director del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia*. El Archivo de La Paz se creó con el fondo documental colonial de la Corte Superior del Distrito Judicial de La Paz, que fue desechada y a punto de ser vendida a empresas de papel, no obstante llegó a recoger ciertos documentos de carácter nacional. J.

  • A. Ovando*, denunció la intención de la Corte Superior de Justicia de La Paz de

desechar sus archivos y llamó la atención de los historiadores, los que acordaron con la Corte, organizarlo técnicamente en la UMSA y disponerlo al servicio público. Más tarde el ALP realizó importantes esfuerzos para recoger archivos de provincias y de personajes ilustres de La Paz; y de igual manera una parte muy reducida de documentos de la UMSA. Funciona como un laboratorio de investigación para los egresados y titulados de diversas facultades de la UMSA, pero sobre todo los de la Carrera de Historia*. Durante la gestión de L. Escobari* se construyó el moderno edificio donde funciona actualmente. Carece de personal de planta en número suficiente para cumplir su misión, por lo que acude a pasantías de estudiantes de la carrera de Historia de la UMSA, quienes a tiempo de realizar prácticas, elaboran instrumentos descriptivos. Para este fin recibió generoso apoyo de la Universidad

de Harvard y últimamente de la British Library. Participó activamente en la organización de talleres departamentales y en el congreso nacional de archivistas para discutir el anteproyecto de Ley del Sistema Nacional de Archivos. El 2010

desarrolló los Programas de Descripción y Digitalización de Archivos Fotográficos y el Sistema de Descripción Archivística, con el que se escanearon cien mil fotografías, de la colección donada por la sucesión del desaparecido periódico Última Hora. Los resultados fueron presentados el 21 de febrero de 2011, como parte del Primer Curso de Descripción y Digitalización de Archivos fotográficos. Los directores fueron A. Crespo* (1971-1989), F. Ballivián* (1988-1990), M.L. Soux* (1990), M. Money* (1991),

  • R. Choque* (1991-1994), L. Escobari* (1994-1999), X. Medinaceli* (2000-2004), E.

Bridikhina* (2004), R. Barragán* (2005-2011) y M. Money* (2012). En su primera

época tuvo vigencia la Subdirección que fue ejercida por R. Arze* (1976-1980) y

  • F. Ballivián (1981-1989). Los Fondos, Subfondos, Series, Subseries y Colecciones

Documentales, son: Colonia: Expedientes Coloniales (1558-1824), Series temáticas:

Ejército (1781-1888), Remate de Diezmos (1782-1797), Iglesia (1561-1880), Tabacos, Naipes y Papel Sellado (1695-1820); Registro de Escrituras (1564-1825); Cajas Reales (1563-1824); Padrones (1613-1817); Visita de Tierras (1656-1662); Miscelánea Colonial (1580-1820). República: Ministerio de Educación (1909-1960); Ministerio del Interior, Migración y Justicia (1942-1993); Dirección General de Estadística y Censos (1949-1967); Identificación-Dirección General de la Policía (1922-1977), Censo de Extranjeros (1942-1976); Ministerio de Trabajo y Previsión Social-Patronato Nacional de Menores (1947-1951); Contraloría General de la República (1888-1993); Instituto de Trabajadores del Ministerio de Planeamiento y Coordinación (1980-1983), Instituto de Maternidad “Dr. Natalio A. Aramayo” (1955-1979); Prefectura de La Paz (1825- 1975), Expedientes (1825-1969), Obras Públicas (Mapas y Planos, 1869-1982), Planos de Expedientes (1881-1884), Padrones (1829-1950), Catastro (1932-1953), Aduana

Agropecuaria Departamental (1942-1987), Subprefectura de Yungas-Coroico (1900-

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1990); Corte Superior del Distrito (1825-1995), Protocolos y Minutas Notariales (1826- 1900), Juzgado de Achacachi (1816-1920), Juzgado de Luribay (1860-1940), Juzgado de Pucarani (1816-1941), Notaría de Sorata (1720-1930), Juzgado de Instrucción Provincia Camacho, Notaría de Fe Pública Provincia Camacho (1768-1994), Notaría Provincia Camacho (1830-1994), Archivo de Pacajes (1857-1980), Alcaldía de Corocoro, Alcaldía de Coroico; Corporación Regional de Desarrollo de La Paz (1974- 1987); Corporación Boliviana de Fomento (1947-1971); Facultad de Humanidades (1944-2000). Colecciones: Academia Nacional de Ciencias-Estación Biológica del Beni (1990-2004), Manufacturas de Textiles Forno (1939-1992). Miscelanea/Colección Republica: Junta de Vecinos de Sopocachi (1939), Amargo Mar (1879-1981), René Ballivián Calderón (1904-1952), Luis Ballivián Saracho (1905-1980), Fernando Baptista Gumucio (1979-1992), Mariano Baptista Gumucio (1830-1996), Guido Capra Jemio (1870-1968), Armando Cardozo González (1958-1996), Gregorio Chirveches Arrospide ((1865-1888), Compañías Comerciales Gomera (1880-1928), Alberto Crespo Rodas (1921-1964), Justo Pastor Cusicanqui (1892-1971), Laura Escobari de Querejazu (1883-1945), Raúl Espejo Zapata (1964-1983), Gloria García de Terrazas (1845-1891), Luis Fernando Guachalla (1895-1954), Kempff Bacigalupo (1851-1870), León M. Loza (1548-1953), Cristina Mejía (Ong’s, 1976-1999), Jorge Mercado (1879- 1992), Fructuoso Ramos (Minas, 1912-1913), Carlos Navarro (1876-1856), Jorge Alejandro Ovando Sanz (1921-1927), José Manuel Pando (1897-1917), Partido Liberal (1916-1917), Francisco Javier Pescador Sarget (1947-1999), Claudio Pinilla (1883-1906), Julio Romero (1940-1959), María Josefa Saavedra (1616-1955), Sociedad Boliviana de Sociología (1948-1954), Sociedad Geográfica de La Paz (1822-1948), José Luis Tejada Sorzano (1830-1939), Julio César Valdez (1568-1934), Gualberto Villarroel (1944-1948), Alberto de Villegas (1918-1932), Federico Zuazo (1886-1895); Colección Asamblea Constituyente (2006-2007), Colección Fiesta Popular Paceña (1880-2008). Colecciones Fotográficas: Colección Histórica (1863-1990); Fondo Fotográfico Última Hora (1930-2002), Colección de la Barra de Muñoz Reyes (fines del XIX-1902), Luis Antezana Ergueta (1940-2003); Fondo Oral (1966-1996). Cuenta con una biblioteca

de aproximadamente 10.000 volúmenes, una hemeroteca. Desde 1976 (N° 1) publica el Boletín del Archivo de La Paz, al 2012 llega al N° 27. En 1993 fue reconocido con un Diploma en mérito al “Servicio Documental” por el Comité Nacional de Archivistas, Bibliotecarios y Documentalistas*. El Gobierno Autónomo Departamental de La Paz declaró al Archivo de La Paz “Patrimonio Histórico-Cultural del Departamento de La Paz”, mediante Decreto Departamental Nº 023/2012, de 20 de junio de 2012, y el Gobierno Autónomo Municipal de La Paz, “Patrimonio Histórico, Cultural y Documental del Municipio”, mediante Ley Municipal Nº 021, de fecha 13 de julio

de 2012.

Fuente: Boletín del ALP, Nº 27 (2012), Guía del Archivo de La Paz (2008).

ARCHIVO DE LA VILLA DE LA PLATA; ORDENANZA VIRREYNAL

Célebre Ordenanza dictada por el Virrey F. de Toledo* (1574), que instruye la creación de los Archivos de Cabildo en la jurisdicción del Virreynato del Perú, señalando las obligaciones de los Escribanos, el acceso y su limitación, el régimen fedatario, las sanciones y los derechos de los ciudadanos.

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Ordenanza

Unas de las cosas que mas es menester para el Gobierno de las republicas de estos estados de su Majestad es la guarda, e buen recaudo de las Provisiones, é Cedulas reales que de ordinario se proveen por el Real Consejo de las Indias e por los Viso Reyes, e Gobernadores que su Majestad envía…

(…) quedando las dichas Provisiones todas sin ningún efecto, si no hay recaudo en la guardia, y si no estuviesen puestas por orden, de suerte que se pudiese ver, y entender de Ordinario para la ejecución, e cumplimiento de ellas que es lo que principalmente se ha de pretender, y para que de aquí adelante le haya.

Ordeno y mando que en el Archivo que yo dejo proveído que haya en las Casas del Ayuntamiento en la misma sala donde se hace cabildo haya tres llaves.

La una de las cuales tenga el Alcalde más antiguo, y la otra un regidor cual señalare el Cabildo, y la otra el dicho escribano, y en el dicho Archivo esté el Libro de las provisiones Originales que yo dejo encuadernadas, las que se han podido haber hasta ahora con las diligencias que

por mi mandado se han hecho, el cual dicho Libro no se pueda sacar fuera de la dicha Sala, ni quitar de el algunas de las dichas Provisiones, ni para sacar Traslado, ni para sacar el original en algún Proceso, ni por otra causa ninguna, so pena de mil Castellanos, repartidos por los que tienen las dichas Llaves, en los cuales desde ahora les doy por Condenados lo Contrario haciendo, e mando que el Juez de residencia averigüe ante todas cosas lo contenido en esta Ordenanza, e pareciendo culpados ejecute la dicha Pena, y lo mismo se entienda en lo que toca al Libro de estas Ordenanzas Originales que ha de estar junto, y encuadernado con lo

susodicho.

Libro en que estén sacadas y autorizadas todas las provisiones y cédulas.

En el mismo Libro, el traslado de estas Ordenanzas.

Todo lo que se traslade a los dos meses de estas Ordenanzas, el Escribano de Cabildo, lleve a los Cabildos Ordinarios y le tenga puesto encima de la mesa y esté instruido e informado de su contenido de estas ordenanzas, para dar noticias a las Justicias y Regimiento, para que no se vaya ni se pase contra el tenor y la forma de ellas, y que si en esto hubiera descuido o remisión del escribano de cabildo, incurra en pena de 200 pesos aplicados según dicho es.

Es necesario que se ponga recaudo en las Provisiones que de nuevo vinieren de su Majestad o los Viso Reyes y Gobernadores proveyeren para el buen gobierno de la República, ordena y mando que el mismo día que recibieren el Despacho aun que no sea día del Cabildo, se junten y lean las cartas y provisiones que con ellos vinieren, y sin salir de la dicha Sala las pongan luego con las demás en el dicho Libro Originales, y las hagan trasladar, y autorizar en el Libro de Provisiones y Ordenanzas que ha de estar en poder del escribano del Cabildo, y cuando partiere el Correo den aviso al Viso Rey o Gobernador que fuere del recibo de las dichas Provisiones y Cartas y de lo que se hizo en la Custodia, y ejecución de ellas y asimismo lo dejen asentado en la margen de la Provisión que se trasladare y autorizare para que de aquí adelante haya el recaudo que conviene a las dichas Provisiones y Cédulas; y este dicho Libro por muerte o ausencia del dicho escribano de cabildo se entregue al que sucediere en el dicho Oficio, so pena que si en todo lo contenido en esta Ordenanza hubiere descuido, el Cabildo incurra en pena de cien pesos repartidos como a cada uno le cupiere.

Fuente: Poppe, 2000.

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ARCHIVO DE LAS SUBLEVACIONES INDÍGENAS DEL SIGLO XVIII

Colección de 200 cartas producidas por indígenas en la época del Cerco de La Paz, en el siglo XVIII, formada por M.E. del Valle de Siles*, para documentar su Historia de la Rebelión de Túpac Katari, obtenida de diversos archivos los que luego fueron entregados en calidad de donación al Archivo de La Paz* (1991), con lo que se fortalece la colección organizada por J.R. Gutiérrez*, existente en la Biblioteca Central de la UMSA, de gran valor para la historia de la rebelión desde el punto de vista indígena y el que se conserva en el ABNB* (Fondo Audiencia de Charcas, Serie Sublevación General de Indios, 1777-1810). Los diarios, informes oficiales remitidos al Virrey Vertiz, por Sebastián de Segurola, al Obispo de La Paz Remigio La Santa Ortega, al Cabildo y a los comandantes I. Flores* y José de Reseguín, son fuentes que permiten conocer detalles de lo que acontecía en La Paz durante el cerco de 1781. A estos se suman otros Diarios, como el anónimo atribuido a T. Cotera*. Sin embargo, en el caso de los campamentos indígenas, no existen fuentes propias, al margen del “informe” del padre Borda y el que redactó el escribano E. de Loza*, “quien tuvo trato personal con Túpac Katari”. Generalmente los informes relativos a la visión indígena, subyacen en el expediente que consigna las declaraciones hechas durante las confesiones de los rebeldes indígenas; y numerosas cartas y mensajes intercambiados entre ellos, que suman 200. Estas fuentes permiten “reconstruir

a brochazos lo que era la vida cotidiana en el campo de los que si un día fueron los vencedores, resultaron a la larga y como siempre los perdedores”. Entre ellas está la carta de Ascencia Flores a su marido Diego Quispe, el Mayor (Mocomoco,

  • 4 de octubre); Rosa Luque al Alférez Real Diego Quispe, el Menor (Patambuco, 10

de septiembre); Nicolás Apaza a Gregoria Apaza (Peñas, 22 de octubre); Gregoria Apaza a Miguel Bastidas (Achacachi, 30 de octubre); Andrés Túpac Amaru al Alférez Real Diego Quispe (Cruz Pata, s.d.); Casimiro Arias a Quispe, el Menor (Taresquía,

  • 1 de septiembre), Andrés Túpac Amaru a Gregoria Apaza (Azángaro, 11 y 24 de

octubre de 1781); Diego Quispe, el Mayor, a Diego Quispe, el Menor (Mocomoco, 16 de agosto; Capinota, 2 de octubre de 1781); Miguel Bastidas a Quispe, el Mayor (Cruz Pata, 11 de octubre), del Común de indios a Gregoria Apaza (Sorata, 23 de mayo); de Quispe, el Menor al Mayor (Tejar, 10 de octubre). “Los rebeldes, por lo general, no escribieron personalmente sus cartas porque no sabían castellano o porque si lo conocían, no sabían escribirlo. Incluso puede verse que aun pudiendo escribir usaron amanuenses, seguramente porque ello les daba un cierto estatus. B. Lewin afirma que tres fueron los escribientes en castellano: Agustín Carlos Troche, Joaquín Anaya y Basilio Angulo Miranda. Utilizaron, por lo tanto, secretarios mestizos o criollos, conocedores tanto del castellano como de las lenguas aborígenes, las que por entonces no podrían escribirse habitualmente, salvo el caso de algunos misioneros que se emplearon en crear una grafía que en todo caso no estaba al alcance de los profanos en la materia”, mas, como lo hace notar del Valle, son “los propios sublevados los que dictan porque el estilo y la estructura que no son propiamente los que usaría una persona de habla castellana, no cambian, aun cuando hayan sido utilizados diferentes plumarios; se notan además, ciertas constantes psicológicas (….) Es por ello que el epistolario indígena tiene tanto valor sociológico y resulta una magnífica pauta para captar las situaciones y estados de ánimo”. Por esa razón se puede afirmar que son cartas de autoría de los líderes indígenas, lo que les da

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un valor testimonial de primer orden, en tanto que al amanuense criollo o mestizo le pertenecen, por lo general, los comienzos y los finales de cada misiva, es decir su parte convencional, “pero lo esencial de su contenido está en el mensaje que se quiere transmitir, en el cual se reflejan siempre los sentimientos genuinos de quien las firmaban y las circunstancias reales que se vivían”.

Fuente: Valle, 1990: 342, 347; Lewin, 1957: 528-529.

ARCHIVO DE MOJOS Y CHIQUITOS

La historia de este Archivo, es como lo fue la vida misma de su salvador, G. R. Moreno*, es decir fascinante y aventurera y amerita, desde todo punto de vista, contarla. Ninguno como Moreno para asumir retos que superan en gran medida la capacidad de una persona. Asumió el desafío de organizar, ordenar, encuadernar y transferir a Sucre, el Archivo de Mojos y Chiquitos, que llegó a sus manos “por obra de la misericordia”. El Archivo que contenía los documentos producidos por las Misiones de las provincias de Mojos y Chiquitos, fue custodiado por el Gobernador L. de Ribera*, quien el 5 de septiembre de 1788, reunió sus papeles en cinco cuerpos, desde 1776 hasta 1786. Más tarde, el Oidor Antonio de Villa Urrutia, Protector de las dos provincias, nombró a N. Vidal* como archivero (1795). En 1803 se nombró a Don J.J. Zuzunaga* como archivero, quien tuvo que entregar los papeles al escribano de cámara A.M. Toro* y el de Misiones al Relator L. Fernández de Córdoba*. En 1806, el Gobernador P. P. Urquijo*, completó el Archivo con legajos de 1802, un mapa de 1804, y un informe de los acontecimientos de Buenos Aires de 1806. Ya en época republicana el Archivo sufrió “el descabalamiento y dispersión, decretados y consumados por el Excelentísimo Gobierno de Bolivia el año 1837, con la mira de buscar datos administrativos para mejor proveer”. En esas circunstancias, el Archivo fue retirado “de su centro por obra de autoridad y ha venido a parar a manos cuidadosas por obra de la misericordia”, es decir, a poder del insigne Moreno, quien organizó y estudió los expedientes, durante dos meses y medio, trabajando tres horas al día y aplicando su curioso “método histórico-cronológico de títulos”, pleno de anotaciones ilustrativas, lo que dio como resultado un exquisito instrumento descriptivo y sus dos introducciones históricas sobre Mojos y Chiquitos. Cumplida la labor contrató a Enrique Barrenechea para “la copia en limpio de las 631 papeletas que contienen todos los títulos del Catálogo”, tarea en la que empleó “dos resmas de papel florete de primera clase a 12 pesos resma, para hojas de refuerzo y separación entre los expedientes agrupados en volúmenes”. Luego tomó los servicios de Zenobio Moreno para la encuadernación en pasta de los 41 volúmenes resultantes. Finalmente, contrató la imprenta de Nicolás Anrique, en Santiago de Chile, el 6 de diciembre de 1888, para la impresión de 300 ejemplares de la obra titulada Biblioteca Boliviana. Catálogo de Mojos y Chiquitos, por la suma de $. 1.030.12. Anrique recibió el encargo de “disponer los 41 volúmenes en folio”, para su transferencia al recientemente creado Archivo Nacional en Sucre (obra también de Moreno), por intermedio de la Legación de Bolivia en Santiago, oficina que había dispuesto $ 910 para la encuadernación y edición de los catálogos, “suma que se ha excedido debido a la extensión que ha tomado la obra por causa de los prólogos y las notas y no poco a la alza de salarios consiguiente a la huelga de

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cajistas que ha ocurrido en el presente año”. Ante esa situación, el escrupuloso Moreno, “se apresuró a cubrir dicho exceso, ascendente a la suma de 376 pesos”, lo que Anrique puso en conocimiento del Responsable de la Legación boliviana. El sorprendente Archivo ha sido organizado por Moreno en tres partes. Archivo de Mojos. Vol. 1-22. Extrañamiento de los Jesuitas (1767-1768, 1767-1772), Gobierno de Aymerich (1768-1772), Gobierno de Velasco (1773-1777), Gobierno de Flores y Peralta (1778-1785), Gobierno de Ribera (1786-1790; 1787-1790; 1787, 1790, 1788- 1793, 1786-1792, 1791-1792), Gobierno de Zamora (1792-1795, 1795-1802, 1791- 1802, 1793-1802), Gobierno de Álvarez (1802-1805), Gobierno de Urquijo (1805- 1811), Camino y Misiones de Yuracarés (1765-1792), Estados, razones y cuadros estadísticos (1802-1820), Expedientes de curas (1792-1811) y Misiones de Cordillera (1799-1803). Archivo de Chiquitos. Vol. 23-34. Gobierno de Villaronte (1767-1774), Visita eclesiástica y estatutos (1768-1769), Gobierno de Bartelemí Verdugo (1777- 1784, 1780-1785), Gobierno de Cañas, de Zudáñez y de López Carvajal (1786-1790), Gobierno de López Carvajal (1786-1791, 1790-1793), Gobierno de Rodríguez (1790- 1799, 1792-1799, 1793-1799), Gobierno de Riglos (1799-1808), Gobierno de Riglos, de Álvarez y de otros (1800-1820). Archivo de la Administración de Misiones. Vol. 35-41. Disposiciones comunes (1768-1808), Gastos y frutos de Mojos (1795-1806, 1806-1808), Protectoría y Receptoría (1768-1810, 1790-1812), Gobierno de Riglos (1799-1808), Correspondencia de Gobernadores (1768-1810) e Índices, inventarios del Archivo (1767-1887).

Fuente: Moreno, 1973: 521-522.

ARCHIVO FRANCISCANO DE TARIJA

El convento San Francisco de Tarija contiene los documentos producidos por la Orden Franciscana en su obra misional en Tarija y el Chaco, que se expresan en el catálogo del P. P. Corvera*, elaborado en 1916, completado por el P. G. Maldini*. Conserva las memorias y hazañas de los misioneros que, “sin pretensiones de heroicidad, han relatado su vida entre los pobladores chaqueños”. En los últimos años ha sido sistematizado con técnicas modernas de Archivo por el R.P. G. Calzavarinni*, quien además ha impulsado una exitosa política editorial con la que ha editado valiosos manuscritos y reeditado obras ya agotadas, además de su propia obra de investigación.

ARCHIVO GENERAL DE INDIAS (AGI)

Fue creado por el rey Carlos III, con el objetivo de centralizar la documentación referente a las colonias españolas hasta entonces dispersa en diversos archivos en Simancas, Cádiz y Sevilla. El proyecto de creación fue elaborado por J. Gálvez* en 1782 y ejecutado por J. B. Muñoz*. En 1785 empezaron a llegar los primeros documentos. Fue organizado por el Archivero propio y Oficiales, siguiendo las Ordenanzas para el Archivo de 1790. En sus ocho kilómetros de estantería, conserva unos 43.000 legajos, con unos 80 millones de páginas y 8.000 mapas y dibujos que proceden de los organismos metropolitanos encargados de la administración de las colonias. Sus fondos corresponden a los producidos por los organismos Metropolitano (Consejo de Indias, s. XVI-XIX; Casa de Contratación, s. XVI-XVIII; Consulado de Sevilla y Cádiz,

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  • s. XVI-XIX; Secretarías de Estado: Indias, Justicia, Hacienda y Guerra, s. XVIII-XIX; Juzgado de Arribadas, s. XVIII-XIX; Comisaría Interventora de Hacienda Pública de

Cádiz, s. XVIII-XIX; Renta de Correos, s. XVIII-XIX; Tribunal de Cuentas de Ultramar,

  • s. XIX; Real Compañía de La Habana, s. XVIII-XIX), Coloniales (Capitanía General

de Cuba, s. XVIII-XIX); y Particulares (Duque de Veragua, s. XV- XVIII; General de Polavieja (1876-1898) y Virrey Abascal (1804-1859). Actualmente se encuentra distribuido en diez y seis secciones. Los documentos de la Capitanía General de Cuba fueron repatriados de La Habana después de la Guerra de España con Estados Unidos. Los documentos del Duque de Veragua (descendiente de Cristóbal Colón) fueron adquiridos en 1930. Durante el siglo XIX y XX, los gobiernos de las repúblicas americanas enviaron misiones oficiales a este inmenso repositorio, para respaldar sus derechos territoriales en los numerosos litigios fronterizos provocados como efecto de la independencia de las ex colonias americanas. Es la meca de la investigación histórica sobre América Colonial.

Fuente: España, MEC, 1996.

ARCHIVO HISTÓRICO CASA SUÁREZ HNOS.

El origen de este importante Archivo se remonta desde la fundación de Cachuela Esperanza (distante a 45 Km. de Guayaramerín, Beni) por Nicolás Suárez* en 1882, siendo desde entonces el centro del gran emporio de la goma con su establecimiento industrial. Luego del fallecimiento de Nicolás Suárez, en 1940, la Casa Suárez se mantuvo todavía hasta 1953, con sus hijos bajo la denominación de “Sucesores de la Casa Suárez” que vivieron la decadencia y el fin del emporio gomero. Por tanto, la producción documental de la “Casa Suárez” fue abundante en relación a las actividades industriales, comerciales, financieras, de transporte, de salubridad, de servicios básicos, salarios, mano de obra, etc. necesarios para el funcionamiento y administración de la empresa. Sin embargo, mucha de esta documentación se ha perdido lamentable e irreversiblemente, debido al deterioro de los papeles abandonados a la intemperie, los rigores del clima y “por la imprudencia e ignorancia de algunas personas, que utilizaron los documentos para envolver objetos o empapelar paredes”. Conscientes de su valor e importancia, en 1976 (noviembre) una Comisión del Instituto de Historia y Literatura del Instituto Boliviano de Cultura, a la cabeza de F. Cajías*, secundado por J. Cortés*, y la colaboración de la Fuerza Naval (depositaria de los documentos) y varios voluntarios, entraron en acción conjunta para salvar este archivo, previo diagnóstico de la situación, que se encontraba “amontonado en un viejo caserón; recoger los papeles, limpiarlos, salvarlos de las lluvias, ha sido la primera tarea”, con un ordenamiento preliminar, logrando reunir 373 legajos e identificar en 189 anaqueles la documentación contenida en folders y archivadores y una gaveta con 48 cajones llena de folders, con años topes de 1890 a 1955 y diversos tipos y formas documentales: contabilidad, rendiciones de cuentas, planillas, informes y contratos de navegación, informes de producción, transporte de mercaderías, contratos con casas comerciales de Europa, correspondencia (con casas comerciales, con los gobiernos regionales, con el gobierno central, con particulares), contratos de trabajo, historias clínicas, juicios de expropiación, tenencia de tierras, expedientes, libretas, relaciones de la situación previa y posterior a la Guerra de la

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Acre, informes sobre la participación en dicha guerra, etc. Cajías también destaca la importancia de las fuentes orales (de ex trabajadores de la Casa Suárez o vinculados a ella, como complemento de la documentación) y arquitectónicas de la región. En su informe la Comisión recomendó “la necesidad de buscar un local más adecuado ya que la citada casa no ofrecía la seguridad necesaria”. Previa aprobación de las instituciones responsables del archivo, se presentó la posibilidad de trasladarlo al Palacio de Cultura de Guayaramerín pronto a inaugurarse, sin embargo surgieron dos dificultades en cuanto a su traslado debido a que la rampla del portón del río Yata se quebró, lo que impedía el paso de las movilidades, y luego la negativa del pueblo de Cachuela para que se traslade los documentos a Guayaramerín, aunque con derecho, paradójicamente con el argumento de que formaba parte de su patrimonio histórico, tan descuidado. Así, se tomaron medidas de seguridad y resguardo, con el compromiso de habilitar un local adecuado. Una segunda comisión (noviembre de 1978) a la que se sumó P. Barbáchano*, consultor de la Unesco, inspeccionó el archivo, y tras un diagnóstico sobre el estado de la documentación, evidenciaron el deterioro y la pérdida en un 20% respecto a las anteriores visitas, lo que motivó la imperiosa necesidad y urgencia de su traslado a la ciudad de Guayaramerín, que felizmente se concretó instalándose, de manera acondicionada, en el Palacio de la Cultura de la Universidad “Mcal. José Ballivián” (inaugurado el 19 de noviembre de 1977), gracias al apoyo del Dr. Aldo Bravo, Presidente del directorio del Palacio de la Cultura del Beni y su esposa H. Suárez*. A pesar de la buena acogida, la infraestructura no reunía las condiciones adecuadas para la instalación del archivo, por lo que años después, en 1999, la Universidad Técnica del Beni, el Congreso Nacional y la Unesco firmaron un acuerdo “para el rescate y preservación de los archivos históricos del auge de la goma y de la ex-Casa Suárez”, con la cooperación de la Carrera de Historia de la UMSA* encargada de la “evaluación y clasificación de la documentación”, mientras la Unesco, en su programa de preservación del patrimonio cultural, conjuntamente la Comisión de Política Exterior de la Cámara de Diputados, gestionaría un “ambiente apropiado”. En su preservación también protagonizaron esta hazaña N. Camberos*, Hortensia Suárez y la directora del Palacio de la Cultura Carmen Gamarra. En 2002, el Banco Interamericano de Desarrollo financió la construcción de un nuevo edificio diseñado exclusivamente para el Archivo Histórico con un micro clima estable y atemperado, obra meritoria del arquitecto oriundo de esa región A. Añez* y sustentó la adquisición de 180 estantes metálicos. Por increíble que parezca ninguna autoridad se ocupó de mandar a armar la estantería y contratar personal calificado para organizar la documentación histórica. Gamarra, robándole tiempo a sus labores, logró el traslado de la documentación desde el Palacio de la Cultura hacia dos salas del nuevo edificio. En 2003, el decano de la Facultad de Humanidades de la UMSA, F. Cajías, encomendó a la historiadora P. Gamarra* un diagnóstico de la situación del archivo, quien presentó un informe técnico. Se puso en marcha una serie de planes que se frustraron por falta de recursos. Un hecho circunstancial reactivó el proyecto. El presidente del Senado y del Congreso, Sandro Giordano, ganadero oriundo de Riberalta, se interesó en el asunto. Por otra parte, el historiador A. Lijerón Casanovas* ejercía las funciones de director de Cultura de la Prefectura del Beni y asumió el desafío. Gracias a su tesón, la Prefectura financió el viaje de una comisión técnica de la UMSA y la BAHC, para la organización del archivo. La ciudad

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de Guayaramerín acogió a los archivistas con la proverbial amabilidad amazónica. Inmediatamente empezaron las tareas: se realizó el curso de organización de archivos y se organizó la documentación en cajas normalizadas. La Alcaldía designó a dos funcionarios para trabajar en el archivo y a dos obreros para armar los estantes. El Comando del Ejército (Regimiento RI 17, Independencia) destinó 10 conscriptos para esa labor. Una profesora y varios estudiantes de secundaria se sumaron a la limpieza del legado histórico. Finalmente, el 3 de diciembre de 2005, se realizó la inauguración y entrega del Archivo Histórico de la Casa Suárez, en Guayaramerín, que contó con el apoyo de la Vicepresidencia de la República, la Biblioteca y Archivo Histórico del Congreso Nacional (Asamblea Legislativa)*, la Prefectura del Beni, la Alcaldía de Guayaramerín y la Carrera de Historia de la UMSA.

Fuente: Cajías, 1976: 17; Cajías, 1977: 1 y 4; Cortés, 1979: 15-19; Oporto, 2005c: C11; Zambrana, 1984: 9; El Deber, 2005: C6; La Razón, 1999: 38; Presencia, 1979: 1.

ARCHIVO HISTÓRICO DE LA SOCIEDAD AGRÍCOLA, GANADERA, INDUSTRIAL Y COMERCIAL (SAGIC)

Archivo fundado en 1989 por el empresario C. Calvo Galindo*, Presidente del directorio de SAGIC S.A., que acopió documentos de la época de S.I. Patiño* en la hacienda “Quimbanda”, Valle de Cinti (Chuquisaca), descubiertos por el historiador E. Langer*. Más tarde, E. Aillón Soria*, fue designada coordinadora del proyecto de organización del Archivo, por la directora del Archivo de La Paz* F. Ballivián de Romero*. Realizó la primera clasificación (1989-1990) en la Hacienda “San Pedro”, con E. García Cárdenas*, trasladando el Archivo a la ciudad de La Paz, donde trabajaron Maribel Vargas (1991-2002), Arturo Filipovich (1991-1993), Guillermo Cardona (1990-1991) e I. Jiménez*, quien se hizo cargo del repositorio entre 1997 y 1998. El archivo está conformado por Balances Generales y Memorias; Planillas de Sueldos y Salarios; Asientos de Diario y Contabilidad, Correspondencia e Informes de la empresa. Recogió tres fondos históricos privados provenientes de La Casa Leytón & Vacaflores, La Villa de París (La Paz) y la colección Argandoña. Implementó un archivo de imágenes con documentales y publicidad de la destilería “San Pedro” elaborada por Ecco Publicidad (de María Angélica Kirigin de Calvo); una Colección Fotográfica que registra las distintas etapas de la empresa y un Fondo Oral con entrevistas a fundadores de la empresa, gerentes, administradores, trabajadores, arrenderos y arrieros de SAGIC. En 1991 se formó un Archivo Intermedio (1970- 1980) y en 1994 su Archivo Central, incluyendo los archivos de gestión. El resultado fue un archivo privado modelo, único en su género. Colateralmente impulsó el Proyecto de Investigación Histórica “500 Años de San Pedro Mártir”, para lo cual se creó un Centro de Documentación Especializado, que adquirió bibliografía, encargó fotocopias de documentos existentes en el Archivo General de Indias*, Archivo General de la Nación Argentina, Archivo Nacional de Bolivia, Archivo Histórico de la Casa Nacional de Moneda*, Archivo del Juzgado de Cinti y Archivo de la Notaría de Camargo. Más tarde se incorporó un estudio de recuperación arquitectónica de las construcciones coloniales de San Pedro Mártir y el proyecto arqueológico “Valles del Sur”. Así mismo se realizó un Censo somero de los Archivos judiciales, notariales y parroquiales de Cinti (1994). El 2002, en medio de una situación financiera muy

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difícil, la empresa trasladó nuevamente los documentos a San Pedro. A esa profunda crisis se sumó la infortunada muerte de C. Calvo (2007) decretando el cierre temporal de la actividad industrial de “San Pedro” en 2004. Paradójicamente, la documentación se conserva en San Pedro Mártir, abandonada, como la encontró Langer en 1989.

Fuente: Comunicación personal de E. Aillón (29.04.10).

ARCHIVO HISTÓRICO DE POTOSÍ

Fundado por A. Alba*. Es el repositorio más importante sobre Cajas Reales de la Colonia. Su organización como Archivo Histórico data de los años treinta, cuando la Sociedad Geográfica y de Historia ‘Potosí’, hace conocer un amplio plan de actividades en junio de 1936, solicitando organizar un centro documental en el edificio de la Casa de Moneda. Es por Ley de 2 de octubre de 1940 que se entrega oficialmente la custodia del edificio a la Sociedad Geográfica y de Historia, comenzando hacer realidad la organización y centralización de la documentación, dispersa en distintas oficinas públicas que no prestaban ningún servicio. Continuando con su misión, el Archivo Histórico de Potosí procedió a la recuperación de la documentación de las provincias del departamento. El Archivo funciona en la Casa de Moneda, repositorio dependiente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia*. El gobierno de L.A. Siles Salinas* (1969) ordenó transferir su administración al Banco Central de Bolivia*. Historiadores de la talla de L. Hanke*, Tibor Wittman y M. Helmer* valoraron la importancia de sus fondos. Sus directores fueron M. Chacón Torres*, E.A. Valda*, cargo que actualmente ocupa J.A. Fuertes*. G. Mendoza* asesoró a M. Chacón en la organización de sus fondos, junto a G. Ovando*. Desde este repositorio se ejecutó el primer censo de archivos de Potosí, dirigido por E. Valda, logrando recoger los archivos de las provincias de ese departamento. Desde 1985 publicó el Boletín del Archivo Histórico de Potosí, cuyo último número 12 data del año 1997. Está conformado por los siguientes fondos o secciones: Cajas Reales (1550-1825), Iglesias y Conventos (1563-1881), Escrituras Notariales (1568-1983), Cabildo, Gobierno e Intendencia (1620-1825), Ramo de Temporalidades (1626-1825), Casa de la Moneda (1626-1910), Administración de Tabacos (1645-1825), Expedientes Provincia “José María Linares” (1705-1911), Banco de San Carlos (1747-1825), Banco de Rescates (1825- 1898), Tesoro Público (1825-1913), Prefectura del Departamento (1825-1945), Corte Superior de Justicia (1825-1954), Expedientes de la Provincia Chayanta (1830-1954), Banco de Habilitaciones (1833-1847), Honorable Concejo Municipal (1846-1920), Tesoro Departamental (1863-1979), Superintendencia Departamental de Minas (1878-1984), Registro Civil (1912-1941), Sociedad Geográfica y de Historia “Potosí” (1913-1974), Banco Agrícola de Bolivia (1967-1982). En 1993 (25 de noviembre) fue reconocido con un Diploma en mérito al “Servicio Documental” por el Comité Nacional de Archivistas, Bibliotecarios y Documentalistas*.

Fuente: Boletín del Archivo Histórico de Potosí, (12), 1997; Censo Guía de Archivos de Potosí, 1993

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ARCHIVO HISTÓRICO DEPARTAMENTAL DE SANTA CRUZ “HNOS. VÁZQUEZ MACHICADO”

El origen de este Repositorio se remonta a 1987, en la gestión del Alcalde Municipal Pedro Ribera Sánchez, “con un pequeño presupuesto y un número no determinado de manuscritos y otros documentos recopilados de las Notarías, el municipio y la Judicatura”, que comprenden los siglos XVII al XIX. Recogió importante documentación de carácter departamental, sobre todo de la época republicana. Se organizó un directorio, conformado por personalidades, pero “fue inactivo y no cumplió su función”, siendo disuelto en 1993 (Ordenanza Municipal Nº 0/93 de

  • 23 de agosto), para proceder a su municipalización. Aunque logró el apoyo de las

instituciones cívicas y culturales de esa ciudad, pero no pudo concretar su más caro

anhelo de dotarse de un edificio propio, provocando continuos traslados, lo que impidió que prestara servicios eficaces con la valiosa memoria departamental que no llegó a ser totalmente organizada. A la muerte de E. Zambrana*, quien ocupó la dirección del Archivo, parte del archivo fue transferido al Museo de Historia* dependiente de la Universidad Gabriel René Moreno. El Archivo recibió copia digitalizada del Archivo del Gral. A. Álvarez de Arenales*, en 2010. Publicó Archivo. Órgano oficial del Archivo Histórico Dptal. de Santa Cruz (Nos. 1, 1988- 6, 1992).

Fuente: El Mundo, 1994: 15; La Estrella del Oriente, 1998: 5; Informe de Paula Peña de 22.5.2010.

ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL “JOSÉ MACEDONIO URQUIDI”

El 23 de abril de 1943, José Macedonio Urquidi* es nombrado por el Alcalde de Cochabamba, director del Archivo Histórico Municipal, quien permaneció en el cargo hasta 1961, dándose así origen formal a la creación de este Repositorio, que empezó a organizarse años antes desde 1941, con la concentración de los escrituras públicas y expedientes coloniales que se encontraban en las distintas notarías (posteriormente fue incrementado con otro grupo), que inicialmente fue instalado de manera precaria “en una oficina anexa a la Jefatura de Mercados, junto al mercado conocido con el nombre de La Recoba”. Después de peregrinar por distintos lugares en busca de un espacio adecuado, fue instalado en la Casa de la Cultura (desde entonces funciona sin una infraestructura adecuada), aunque sin haberse organizado y catalogado adecuadamente; sin embargo a la jubilación del Dr. Urquidi el Archivo quedó cerrado y abandonado, ocupándose sus ambientes con la Oficina de Planificación. En 1974, A. de Morales*, presentó “un plan compendioso de organización y catalogación” de los 500 legajos, consistente en la reagrupación en tres secciones: Protocolos o Escrituras Públicas, Expedientes, y Archivo de Mizque; luego ordenados los legajos con un fichero cronológico (por año), alfabético (por notarios) y materias o temas, y contar con un Reglamento para la correcta administración y servicio a través del Registro del investigador; asimismo de un local adecuado. Sin embargo, recién en 1984 se da un paso importante con la contratación del historiador y archivista Roberto Choque* quien dirigió, a pesar de las adversidades que tuvo que enfrentar, el proyecto de re- organización del Archivo Histórico “José Macedonio Urquidi” (octubre de 1984-mayo de 1985). En su informe hace notar que toda la documentación se encontraba “sin ningún tipo de clasificación y ordenación. Se conservaba prácticamente mezclados

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sin distinguir lo que corresponde a la colonia y república en los anaqueles de los estantes de madera”. En su labor de clasificación y ordenación de la documentación identifica los siguientes dos grupos República: Expedientes Judiciales, de Cochabamba y Provincias (1825-1924), Protocolos Notariales (1825-1900), Minutas (1825-1903); y Colonia (1557-1825): Expedientes (Corregimiento e Intendencia) (siglos XVI-XVIII), Registro de Escrituras (1559-1824), Padrones (1580-1793), Visitas de Cárcel. Concluyendo en sus recomendaciones la urgente necesidad de un local propio y adecuado, equipamiento y personal; que permitirá recibir transferencias documentales e incrementar el acervo documental. De acuerdo a sus Fondos y series, no sólo conserva documentación referente al municipio de Cochabamba: Expedientes Judiciales Cochabamba (1558-1924), Expedientes Judiciales Mizque (1561-1864), Expedientes Judiciales Provinciales (1825-1900), Minutas de Cochabamba (1725- 1900), Minutas de Quillacollo (1830-1900), Padrones de Indios (1580-1745), Protocolos Notariales de Cochabamba (1559-1900), Protocolos Notariales de Mizque (1586-1824), Protocolos Notariales de Quillacollo (1828-1900), Documentos Eclesiásticos (1825 -1867), Vistas de Cárcel (1772-1847). Como órgano de difusión publicó Retrospectiva (número 1, 1993, 2, 1994). En 1993 el Comité Nacional de Archivistas, Bibliotecarios y Documentalistas* le confirió un Diploma de reconocimiento; y el 2004 el Colegio de Profesionales en Ciencias de la Información de Bolivia (CPCIB)* con una plaqueta.

Fuente: Censo Guía de Archivos España e Iberoamérica ; Choque, 1985: 1-11; Morales, 1976:

ARCHIVO INTERMEDIO NACIONAL

La idea de crear un Repositorio Intermedio se remonta a la hazaña de G.R. Moreno*, quien en su plan de siete puntos proponía destinar en Sucre, un depósito general “de manuscritos históricos de la República, una sala especial, bien segura y seca”, con el objetivo de concentrar “no tocando el suelo y sin confusión de procedencias, los archivos”. En 1883 se creó el Archivo General de la Nación, con una parte histórica, conformada por los papeles de la Audiencia de Charcas y otra administrativa, con los fondos de los Ministerios de Estado. Casi un siglo más tarde, G. Mendoza* dio otro paso importante, mediante la dictación del DS 05758 (7.4.1961), que proponía “el envío al ABNB, de los documentos de carácter nacional, con antigüedad de 35 años”. La idea fue retomada por historiadores de La Paz, esta vez con el DS 09777 (15.6.1971), que instruía exactamente lo mismo, pero con destino al recientemente creado “Archivo de La Paz, dependiente del Rectorado de la Universidad Mayor de San Andrés”, con la salvedad de excluir a los Ministerios del Interior, Relaciones Exteriores y Culto y Defensa Nacional. G. Mendoza retomó la iniciativa haciendo aprobar el DS 13956 (10.9.1976), que “declara de utilidad nacional al Programa de Desarrollo del Servicio de Archivos y Documentos Públicos de Bolivia”*, calificando como tales “a todos los producidos a partir del año 1825”, al tiempo de definir las cinco clases documentales que caracterizan a las documentaciones bolivianas, complementado con el DS 13957, de la misma fecha, en la que a tiempo de informar que está “en estudio la provisión de un repositorio intermedio dotado de los requisitos necesarios de eficacia y seguridad contra todo riesgo donde se podrán instalar los documentos públicos inactivos”, prohíbe

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de forma absoluta la “incineración, venta, desecho y eliminación por cualquier medio” de los documentos públicos. Vuelve a la palestra con tres nuevos decretos (2.3.1989). El 22144, “declara de máxima utilidad y necesidad nacionales todas las documentaciones públicas”, ratifica el concepto de documentaciones públicas, determina las tres fases del ciclo vital de los documentos e incorpora el régimen sancionador del Código Penal para los infractores; el 22145, hace lo propio para las documentaciones inactivas y ordena la “habilitación inmediata por cada entidad de un depósito en una dependencia adecuada” para conservarlas, entre tanto “sea provisto el Repositorio Intermedio Nacional”; y el 22146 se refería al establecimiento del Repositorio Intermedio Nacional para la evaluación de las documentaciones inactivas públicas, “como un anexo y bajo la misma dirección del Archivo Nacional de Bolivia en la ciudad de Sucre, encargándose su construcción al Banco Central de Bolivia y el equipamiento sería gestionado ante la UNESCO; ratifica la exclusión de los tres ministerios señalados por el DS 13957, e incluye en esta salvaguarda al Banco Central de Bolivia*. Todavía logra hacer promulgar un cuarto DS, el 22396 (16.12.1989), que se ocupa de las documentaciones inactivas privadas, en cuyo caso “se estimulará -dice la norma- a los poseedores de documentaciones privadas a transferirlas voluntariamente a los archivos públicos u otras entidades similares”. Con estas cuatro disposiciones pensaba haber zanjado el problema de la radicatoria del Repositorio Intermedio Nacional y consolidar las competencias del Archivo Nacional de Bolivia; al parecer aceptada por la elite intelectual paceña, pues el DS 23934 (21. 12. 1994), sancionado nueve meses después del deceso de G. Mendoza, instruye el traslado de “los archivos de documentación inactiva de los Ministerios al Repositorio Intermedio Nacional cuando venciera el plazo para la permanencia de expedientes en archivo inactivo”. Sin embargo, “en mayo de 1998 el gobierno aprobó el DS 25046, de creación del Repositorio Intermedio del Poder Ejecutivo (RIPE), situado en la ciudad de La Paz, dependiente del Ministerio de la Presidencia de la República, con las mismas atribuciones que se le confirió al Repositorio Intermedio Nacional, es decir, con la misión de organizar y purgar (sic) la documentación inactiva del Poder Ejecutivo con 15 años o más de antigüedad para remitirla y entregarla al cumplir treinta y cinco años de antigüedad al Archivo Nacional, con excepción de tratados, instrumentos internacionales y documentos confidenciales”. Esta medida no consultada con el ABNB, provocó una profunda crisis en el desarrollo de la Archivística nacional, agravada por la manifiesta inviabilidad del RIPE, que no logró funcionar institucionalmente, convirtiéndose en un depósito insano, una “bodega” o una “pocilga” de documentos y de objetos, equipos y materiales obsoletos que remite hasta allí la Administración Pública, cual si se tratara de un almacén de “activos fijos”. En 2006, la dirección del ABNB explicó que “el RIPE se creó porque el Repositorio Intermedio Nacional nunca se hizo realidad”, además de “dos razones más importantes: la sede de los Ministerios del Poder Ejecutivo se encuentra en La Paz y el ABNB en Sucre”; y finalmente, que “el ABNB no tenía, a pesar de su nuevo edificio, la capacidad de funcionar como Archivo Intermedio y recibir toneladas de documentos aunque después sean eliminados”, obviamente como resultado de la evaluación técnica. La última vez que se abordó el tema fue durante el Congreso de Archivistas de Bolivia (2007) que trató el anteproyecto de Ley del Sistema Nacional de Archivos, en el que se diseñó una red de repositorios intermedios a nivel departamental y nacional, retomando

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la idea original de Gunnar Mendoza, al establecer en Sucre los órganos directrices de la Archivística boliviana, que regularán, también, las tareas de los Repositorios Intermedios.

Fuente: Oporto, 2006: 229-230; Oporto y Rosso, 2007: 212, 218-220, 225-231, 246, 257-258.

ARCHIVO Y BIBLIOTECA NACIONALES DE BOLIVIA (ABNB)

En 1874, G. R. Moreno* levantó un censo de archivos en Sucre, con el que redactó un proyecto de concentración de los recursos documentales de la colonia y la república, que luego será recogido por el diputado D. Calvimontes* quien elaboró el proyecto de ley de creación del Archivo General de la Nación en 1882. El Archivo fue organizado por Ley de 18 de octubre de 1883, que autorizó invertir hasta Bs. 40.000 para “poner en orden y clasificar el Archivo Nacional de la República, coleccionando en sección especial todos los documentos referidos a los límites de Bolivia con otros países”. El Archivo Nacional cumplía la función de archivo histórico, sobre la base de los documentos de la Real Audiencia de Charcas, en tanto el Archivo General de la Nación tenía la misión de recoger los documentos de los ministerios del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo, de acuerdo a la Ley de 28 de noviembre de 1898, la cual no se efectivizó debido al traslado de la sede de gobierno (con los Poderes Ejecutivo y Legislativo) de Sucre a la ciudad de La Paz, como consecuencia de la Guerra Civil de 1898-1899. Era una entidad dependiente del Tribunal Nacional de Cuentas (desde 1928, Contraloría General de la República). El Decreto Reglamentario del 5 de mayo de 1884 le exigía al Archivero Nacional “competencia en la materia, llevar un índice en que se consten todos los papeles, legajos y libros del archivo con expresión de su procedencia y numeración, así como una constancia documentada de todo lo que se saque del archivo así como de los que se devuelvan”. Era responsable de conservar el archivo con orden y método de modo que cada legajo tenga su carátula por orden cronológico en el lugar que le corresponde a cada una de las oficinas, respetando su procedencia. En 1936 se fusionó con la Biblioteca Nacional conformando un servicio unificado, aunque en los hechos funcionaba de esa manera desde hace mucho tiempo. Custodia los documentos coloniales de la Real Audiencia de Charcas desde el siglo XVI y los que produjo la República desde 1825 hasta 1890. Su primer director fue el ingeniero E.O. Rück* (1884-1889, 1904-1909), quien organizó los fondos por materias, hecho que se mantuvo hasta el siglo XX, en el que se introdujo paulatinamente la teoría archivística. En el siglo XX tuvo como director a G. Mendoza*, durante cincuenta años de servicio (1944-1994), gracias a cuyo trabajo se modernizó el tratamiento archivístico y se convirtió en uno de los archivos históricos más prestigiosos de América Latina. Organizó desde 1979 cuatro reuniones nacionales de consulta, fracasando la quinta. En 1985 pasó a depender del Banco Central de Bolivia*, y más tarde de la Fundación Cultural* del ente emisor. A la muerte de G. Mendoza (1994) le sucedieron los historiadores J. Barnadas*, R. Arze*, H. Poppe* (abogado), M. Inch* y A.M. Lema*. El 31 de octubre de 2002, siendo directora M. Inch, inauguró las instalaciones del moderno y funcional edificio que alberga tanto a la Biblioteca como al Archivo Nacional. En la primera década del siglo XXI, retomó el liderazgo impulsando la digitalización de libros clásicos de Bolivia, incorporándose así al Proyecto de la Biblioteca “El Dorado”, impulsado por la Asociación de Bibliotecas Nacionales de Iberoamérica (ABINIA);

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convocó a congresos y reuniones nacionales de archivistas y bibliotecarios en los que se discutieron los anteproyectos de la Ley del Sistema Nacional de Archivos* y el de Bibliotecas. Desde 1994 publica el Anuario de Estudios Históricos Archivísticos y Bibliográficos, con 17 números al 2011. Está conformado por los siguientes fondos, series y colecciones: Colonia: Audiencia de Charcas (1543-1825): Cédulas Reales (1543-1820), Libros de Acuerdos (1561-1826), Correspondencia (1543-1808), Escribanía de Cámara (1748-1827), Expedientes Judiciales (1570-1825), Juzgado Mayor de Censos (1682- 1777), Misiones de Mojos y Chiquitos (1640-1887), Guerra Civil entre Vascongados y otras naciones (1622-1643), Academia de práctica forense (1688-1831), Universidad de San Francisco Xavier (1613-1820), Sublevación General de Indios (1777-1810); Escrituras Públicas, La Plata (1549-1825); Cajas Reales, La Plata (1773-1824); Catedral de La Plata (Siglos XVII-XIX); Cabildo de Potosí. Libros de Acuerdos (1580-1817); Corregimiento de la provincia de Mizque (1565-1863); Tierras e Indios (1537-1859); Minería (1548-1826); Industria y Comercio (1549-1838); Negros (1549-1824); Guerra de la Independencia (1809-1824). República: Comandancia del Ejército Unido Libertador (1825); Ministerio del Interior y Gobierno (1825-1899); Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto (1825-1898); Ministerio de Hacienda (1826-1936); Ministerio de Guerra (1826-1898); Ministerio de Instrucción (Educación) (1840-1898); Ministerio de Culto (1842-1899); Ministerio de Fomento e Industria (1879-1898); Ministerio de la Presidencia (1922-1970); Ministerio de Asuntos Campesinos y Agropecuarios (1953- 1970); Poder Legislativo (1824-1916); Corte Suprema de Justicia (1827-1923); Tribunal Nacional de Cuentas (1826-1928); Contraloría General de la República (1906-1971); Banco Central de Bolivia (1869-1987); Correos de Bolivia; Instituto Psiquiátrico (1891- 1986); Escuela Nacional de Bellas Artes (1936-1967); Museo Nacional de Arqueología (1924-1965); Conservatorio Nacional de Música (1907-1961); Corte Superior de Distrito de Chuquisaca (1825-1950); Prefectura de Chuquisaca (1825-1916); Radio Loyola (1969-1986). Colecciones: Ernesto Otto Rück* (1560-1902); José Manuel Pando* (1871- 1908); Otto Felipe Braun* (1826-1938); Samuel Velasco Flor* (1831-1896); Mamerto Urriolagoitia (1965-1970); Fernando Ortiz Sanz; Manuel Giménez Carrazana (1880- 1921); Familia Mujía (1881-1934); Familia Ramírez; Familia Galindo; Luis Paz; Walter Guevara Arze* (1930-1990); Gunnar Mendoza Loza* (1926-1994). En 1993 (25 de noviembre) fue reconocido con un Diploma en mérito al “Servicio Documental” por el Comité Nacional de Archivistas, Bibliotecarios y Documentalistas*.

Fuente: ABNB, 2000: 14-23; Mendoza, 1986a: 33-44.

ARCHIVOS DE JUNTAS VECINALES

Los Archivos de las Juntas Vecinales, al igual que las Organizaciones Territoriales de Base (creadas por Ley 1551, de Participación Popular de 20.4.1994), fueron legitimados por imperio de la Ley 2341, de Procedimiento Administrativo (23.4.2002), al señalar que “podrán acreditarse a través de la presentación de actas o instrumentos legales”. Este es el ejemplo de un Archivo de Junta Vecinal. El domingo 22 de abril de 2012, se realizó una asamblea de vecinos de la urbanización COVICO, un barrio más de la ciudad de La Paz (Bolivia). El orden del día contemplaba “la entrega de documentación por parte del ex presidente Melitón Quispe”, para cuyo fin unas tres decenas de vecinos se congregaron en plena calle. El acto fue inaugurado por la

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Presidenta de la Junta de Santo Domingo, Sra. Lublia Chuquimia, quien presentó al ex dirigente y le cedió la palabra. Con orgullo, el vecino tomó la palabra y entregó una carta oficial que describía el contenido del archivo de la Urbanización COVICO, que había organizado durante su gestión dirigencial. Aprovechando la circunstancia el ex dirigente rememoró la historia de la vecindad que se originó en la Cooperativa de Vivienda de la Corporación Minera de Bolivia (COVICO), formada por trabajadores de esa empresa estatal, quienes se adjudicaron 91 lotes de 150 mts.2. En 1999, los vecinos eligieron a Melitón Quispe (1950) como su dirigente y éste junto a los vecinos David Plata, Celia Roque y Alicia Mamani, iniciaron los trámites ante la Alcaldía Municipal para obtener la Planimetría legalizada, requisito esencial para construir, la Tarjeta de Propiedad, los Planos del Área de Equipamiento, los Planos de Estudios Geológicos. Al mismo tiempo, desglosaba cada uno de los inmensos documentos, ratificando que “son originales”. Adicionalmente entregó un archivador de palanca, repleto de correspondencia, mostrando su contenido, explicando que “contiene todas las cartas y memoriales que hemos presentado para conseguir nuestra planimetría”. Alguien dijo en voz alta que se debía foliar los documentos antes de entregarlos a la Presidenta. Sobre la marcha, dos vecinos realizaron la foliación de motu proprio, contabilizando 317 folios. La presidenta de la Junta con términos sencillos expuso la importancia de los documentos que acababa de recibir:

“estos documentos, estimados vecinos, son como el certificado de nacimiento de la urbanización. Muy pocos dirigentes han hecho lo que don Melitón: guardar el archivo de la urbanización. Es más, pocas urbanizaciones tienen su documentación legal completa como el caso de ustedes. Los felicito”. A tiempo de concluir el acto, señaló que “mandará hacer una fotocopia simple de toda la carpeta para entregarla al representante de la Junta”. Algo sorprendente sucedió en ese momento, pues uno de los vecinos opinó que debía ser al revés, es decir “que el Representante de la Urbanización custodie los documentos originales y se entregue a la presidenta de la Junta las copias simples”. Tanta claridad sobre el valor de los documentos, sorprende sin duda alguna. De inmediato la Asamblea nombró Custodio del Archivo de la Urbanización COVICO al Representante de la Urbanización”, con la instrucción expresa que a su vez entregue el Archivo al próximo dirigente que se elija. De esa manera, aquel ‘certificado de nacimiento’ de la Junta de Vecinos de la Urbanización COVICO, junto a toda la documentación generada desde 1999, queda en poder del Archivero de la Junta, ejemplo sorprendente sobre el manejo de la documentación oficial en organizaciones vecinales. Melitón Quispe, es actualmente dirigente de una central agraria en los Yungas.

Fuente: Asamblea de Vecinos de la Urbanización COVICO del Barrio de Pampahasi, La Paz

(22.4.2012).

ARCHIVOS DE LAS DICTADURAS MILITARES (DESCLASIFICACIÓN DE LOS)

En 2010 la Corte Suprema de Justicia de la Nación declaró procedente la demanda de Desclasificación de los Archivos de las dictaduras militares de Bolivia. Desde su creación en 1983, la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Mártires por la Liberación Nacional ASOFAMD, ha luchado denodadamente por encontrar a los desaparecidos durante las épocas de dictadura y democracias autoritarias en Bolivia. El Consejo Interinstitucional para el Esclarecimiento de Desaparecidos

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Forzados CIEDDEF, presidido por el Ministerio de Justicia, logró exhumar -después de 40 años- restos óseos de nueve combatientes de la guerrilla de Teoponte (1969). En los últimos años la ASOFAMD, impulsó la campaña de “Desclasificación de Archivos”, como contribución al conocimiento de la verdad y la justicia, demanda que no logró ser atendida por el Estado. Ante esa situación, ASOFAMD, logró un avance importante bajo la presidencia de A. Urquieta*, dentro de la única causa abierta por el delito de desaparición forzada de personas durante la dictadura de L. García Meza* (1980), pidiendo el “levantamiento de la reserva” y “acceso a los archivos secretos de las Fuerzas Armadas”, a fin de contribuir al esclarecimiento de la desaparición forzada de todos los desaparecidos, campaña que tomó un giro dramático con acciones de hecho que asumieron O. Flores Bedregal* (su hermano fue asesinado durante la dictadura de L. García Meza*, 1980), Hortensia Gutiérrez Vda. de Flores (su esposo fue asesinado en la dictadura de R. Barrientos*, 1965) y Marta Montiel Oyarzum (su padre fue asesinado en la dictadura de A. Ovando* en 1970). A pesar de dos autos favorables, emitidos por la Corte Suprema de Justicia, el Alto Mando Militar no facilitó la apertura de los archivos de las dictaduras militares.

Fuente: Comunicación de ASOFAMD (16.06.10); Correo enviado por O. Flores (12.05.10).

ARCHIVOS DE QUIPUS, DESTRUCCIÓN DE LOS

Luego de tomar el Cuzco, Atahuallpa ordenó a sus generales quemar los grandes archivos de quipus históricos, y “matar a todos los quipucamayocs que pudieron haber a las manos y les quemaron los quipos diciendo que de nuevo habían de comenzar”. Posteriormente, el Concilio de Lima de 1583, y los extirpadores de idolatrías, ordenaron quemar los quipus de las huacas provinciales “en razón de los hechizos y brujerías que se les atribuía”.

Fuente: Mendoza, 1982: 32; Oporto y Ramírez, 2011: 130; Porras, 1953: 130, 134.

ARCHIVOS DE TELEVISIÓN BOLIVIANA, DESTRUCIÓN DE LOS

A raíz del apresamiento del criminal de guerra, el nazi Klaus Barbie, alias Klaus Altmann, el periodista C. Soria Galvarro*, en su condición de Director de Noticias de Canal 7, Televisión Boliviana, realizó una extensa entrevista en el largo viaje desde La Paz hasta Alemania, que se difundió en el programa “Hora 13”, que conducía Julio Barragán el 20 de febrero de 1983. La entrevista fue contextualizada con otras entrevistas realizadas en Francia a personalidades como Christian Pineau (dirigente de la resistencia francesa durante la guerra), Beate Klarsfeld (la cazadora de nazis), Marie-Claude Ballón-Cuturie (sobreviviente de los campos de concentración y por ello testigo en el Proceso de Nuremberg) y Marie Madeleine Fourcade (heroína de la resistencia), además a dirigentes políticos, gente de la calle y residentes bolivianos en París. Cuando quiso escribir un libro sobre el tema, grande fue su sorpresa al enterarse que ese valioso material “se extravió o fue borrado”, a excepción de la entrevista al criminal nazi. Azorado, el periodista achaca tan tremenda pérdida a “la falta de recursos, la indolencia o la ausencia de una adecuada organización interna del canal estatal”, provocando “la pérdida irremediable de materiales verdaderamente importantes para la ‘memoria’ del país”. Concluye el autor,

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invocando que “las películas y videos del mismo modo que los escritos deberían considerarse documentos, fuentes documentales para la reconstrucción de nuestra accidentada historia”. El Canal estatal fue creado en 1969. Las oficinas administrativas se encontraban en la calle Ayacucho y los depósitos de archivo en El Alto. Parte del archivo se destruyó a fines de los 70’s “al inundarse uno de sus depósitos del canal ubicado en la calle Ayacucho”, y por el “hecho que mucha gente se llevara cintas para revenderlas a buen precio”, afirmó C. Mesa*. Un total de 2.800 rollos de material periodístico fueron transferidos a la Cinemateca Boliviana*. En 1997 aún se conservaban en ese depósito 1.500 videos en formato Umatic y VHS.

Fuente: Soria Galvarro, 1986: 6-7; Presencia, 1997: 7.

ARCHIVOS DEL INSTITUTO CINEMATOGRÁFICO BOLIVIANO (ICB)

El Instituto Cinematográfico Boliviano fue creado inmediatamente después de la Revolución de abril de 1952 para convertirse en instrumento de propaganda del gobierno del Movimiento Nacionalista Revolucionario. Su misión era la producción de informativos semanales titulados Aquí Bolivia, que se exhibían en las salas de cine del país, “en los cuales se hacía apología de los líderes “emenerristas” y se presentaban noticias políticas, sociales y económicas y hasta deportivas, en función siempre de demostrar que la revolución funcionaba”. Su importancia es notable, pese a ello, pues muestra testimonios de las grandes movilizaciones sociales de la época, fundamentalmente, de campesinos. Los noticieros continuaron durante los gobiernos de R. Barrientos* (1964-1969), L.A. Siles* (1969), A. Ovando* (1969) y Juan J. Torres (1969-1970). Otro documental impresionante se refiere al Primer Festival Indígena en el estadio Hernando Siles, “que chocaba a la clase alta que había estado acostumbrada a ver a los campesinos como pongos y semiesclavos”. La mayor parte de sus archivos se conservaron, habiendo sido entregados a la Cinemateca Boliviana*.

Fuente: Presencia, 1997: 9.

ARCHIVOS EN CUSTODIA, EMPRESAS DE

Empresas dedicadas a “la custodia de archivos [hecho que] implica la guardia y custodia de material documental, así como la seguridad y protección de los archivos, de los cuales son responsables” (Raúl Bossini). En España se rigen en la Ley 15/99 de Protección de Datos (abril 2008). Administran cualquiera sea el soporte: papel ( copias de seguridad, fondos documentales, historiales clínicos y documentos confidenciales), imagen (acetatos, películas, video), soportes magnéticos ( informáticos). Las características de su servicio son liberación de espacio físico, optimización en la gestión de Archivos en todo su ciclo vital, acceso remoto al expediente, traslado del documento, consulta y actualización, acceso controlado a documentación confidencial y conservación . Sin embargo, también ofrecen destrucción de Archivos (G. Stauffer). En España existen 24 empresas, reguladas por la Agencia Española de Protección de Datos. La más antigua (1905) y extendida (26 sucursales en España y seis en Europa) es Gil Stauffer, que ofrece un servicio, “orientado a mejorar la eficacia del negocio de sus clientes”. Han creado una Asociación de Documentación e Información y un

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Data Privacy Institute. Existen cinco empresas en Bogotá (Colombia). En Santiago de Chile, Trends Ingeniería, opera desde 1995, especializada en el desarrollo de Sistemas integrados de administración documental. Ingresó con File Archivos, a La Paz (2000) y Santa Cruz de la Sierra (2005). Se especializa en asesoramiento y gestión de Archivos empresariales, ofrece administración y custodia de Archivos físicos, consultas desde el Almacén de Custodia, resguardo de medios magnéticos y ópticos, digitalización de documentos, administración electrónica de documentos digitalizados, gestión de Archivos en sitio y asesoramiento en manejo documental.

Fuente: http://www.filearchivos.com/ (8.4.12); http://es.over-blog.com (8.4.12); http://www.confidalia.es (8.4.12); http://www.gil-stauffer.com (8.4.12); http://www. proveedoresgobierno.com (8.4.12)

ARCHIVOS FOTOGRÁFICOS

La fotografía, alternativa documental ampliamente utilizada en Bolivia, se inició básicamente con el trabajo pionero de M. Barrios, en Potosí en 1850. Le siguieron fotógrafos de la talla de J. Cordero* y L. Gismondi*, quienes instalaron prestigiosos estudios en la ciudad de La Paz. Gismondi estableció otro en Lima (Perú), con lo que su celebridad fue binacional. Entre otros fotógrafos destacados están: Maximiliano T. Vargas con laboratorios en La Paz y Arequipa; los hermanos Valdez en La Paz y Sucre; los hermanos Carlos (1885-1976) y Miguel Vargas (1886-1979); Hanz Swimmer; más tarde los hermanos rusos Kavlin* (1918); B. Cáceres (1900-1930), V.M. del Castillo (1925), J. Delaney (1930), Abdón Flores, con su estudio en la calle Colombia; Guerra, en la calle Oruro; el renombrado fotógrafo peruano M. Chambi* (1891-1973); y José Velarde, en 1925. Posteriormente instalaron estudios F. Alborta* (fotógrafo oficial del presidente V. Paz*) y L. Yelincic*, Antonio Eguino, el peruano G. Rojas* y otros. Los fotógrafos J. Cordero*, L. Gismondi*, J.N. Piérola* y L. Flores*, marcaron la época de oro de la fotografía paceña. En Cochabamba estaban los estudios de Félix Angulo, L. Bazoberry* (fotógrafo de la Guerra del Chaco), M. Ocaña (trabajó también en las minas de Patiño), y García, siendo R. Torrico* el que más destaca. En Potosí, Federico Arizmendi, Emilio Casas, Valentín Meriles y Pedro N. Pérez. En Sucre, los Hnos. Valdez y Alfredo González. En Tarija el estudio de los Hnos. Pérez, y en Santa Cruz de la Sierra, los fotógrafos Valdez y Cía., y Vaca Pereira. C. Portillo* en la ciudad de Oruro, y la intrépida figura del fotógrafo trajinante D. Aima* (que trabajó como tal en el departamento de Oruro y las minas a partir de 1960, cuyo archivo de negativos fue adquirido por el Museo Nacional de Etnografía y Folklore*). Otro archivo de valor innegable es el que ha formado durante largos años J. Bastos*, como resultado de su trabajo como fotógrafo en las minas de Llallagua, durante la década del setenta. Otros fotógrafos que han documentado diversas facetas del desarrollo boliviano, conforman una amplia gama de profesionales e investigadores, entre los que encontramos a antropólogos, etnógrafos, historiadores y artistas que usan la fotografía para fines ajenos a la fotografía comercial. Entre ellos citamos a Arthur Posnansky* (1873-1946) que documentó con esos registros su trabajo arqueológico en Tiwanaku; los hermanos Sintich que llegaron con la Misión Científica Francesa y trabajaron en esa ciudadela prehispánica (1903-1905); Georges Roumá levantó registros antropométricos de aymaras (1910), A. F. Bandelier* trabajó en Copacabana

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y ciudades del Perú entre 1892 y 1903 acompañado por el fotógrafo F. Lummis*, quienes recogieron “copiosas memorias, planchas, planos, vistas fotográficas” por encargo del Museo de Historia Natural de Nueva York (1859-1958); A. Arguedas* documentó su vida intelectual y familiar sistemáticamente desde 1900 hasta su muerte, Alfred Metraux realizó invaluables registros fotográficos de los Chipayas en su impenetrable hábitat (c. 1920), el francoargentino Jean Vellard documentó fotográficamente la tragedia de los Urus del Lago Titicaca (1937); R. Gertsmann* (1896-1964) activo en Bolivia entre 1924 y 1928, publicó un magnífico libro de fotografías; Herbert Kirchhoff editó otro trabajo similar; Pierre Verger viajó por el país a mediados de los años 30; y también Hans Mann (1900-1966). La lista continúa con Gustav Torlichen quien levantó registros fotográficos de la Corporación Minera de Bolivia (cuya biografía está inserta en Colorista del Collao, Biografía de Italaque y del pintor Leonardo Flores Cejudo, 1966). No podemos dejar de mencionar a los fotógrafos franciscanos H. Walpoth*, conversor de Urubichá (1938-1940); Fr. J. Bernabei* (1899- 1901), T. Herzog (1907) y W. Kowanda* (1925). Son importantes también las fotografías de los cruceños L. Lavadenz*, M. Rojas* y los archivos de Carlos Cirbián Barros (Santa Cruz). En otro orden mencionamos los archivos fotográficos institucionales, siendo los más importantes el que ha formado el Archivo de La Paz*, enriquecido el 2010 con la donación de la que formó el periódico ya desaparecido Última Hora, y que gracias a un apoyo de la British Library, digitalizaron más de cien mil piezas; Los Tiempos de Cochabamba; el Museo Nacional de Etnografía y Folklore*; la Misión Franciscana de Schwaz (Tirol, Austria), el Archivo Parroquial de Urubichá y el Archivo de la Recoleta (Sucre); el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia* y el que existe en la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional*.

Fuente: García, 2009; Oporto, 2003a: 1 (6): 24-26; Oporto, 2007: 2 (7): 104-105; Oporto, 2009:

52-53; Querejazu, 2010.

ARÉVALO JORDÁN, VÍCTOR HUGO

(Cochabamba, 23 de diciembre de 1946)

Boliviano notable injustamente ignorado en Bolivia. Nuevamente pareciera que el viejo refrán tiene mucho de verdad: “Nadie es profeta en su propia tierra”. Fue maestro rural en Umala, célebre comunidad aymara donde desempeñó el cargo de Alcalde por elección popular. Más tarde aparece como funcionario de aduanas, actor de teatro y cultivador de la poesía. Como muchos Archivistas idóneos* de su tiempo, estudió en el célebre curso de Administración Archivística y Paleografía que dictaron G. Mendoza*, M. Vásquez*, y otros docentes de la Escuela de Archiveros de la Universidad de Córdoba* (Argentina), en el ya lejano julio de 1976, en la Biblioteca Municipal de La Paz. Allí se organizó la primera Asociación de Archiveros de La Paz*, de la que formó parte de su mesa directiva. Con justicia se reclama discípulo de G. Mendoza* y J. Gantier*. Luego participó en el Curso de Administración de Archivos, en el Centro Interamericano de Desarrollo de Archivos CIDA*, en la Escuela de Archiveros de la Universidad de Córdoba. Por ello reivindica ser discípulo de A. Tanodi*, Esther Fajardo, M. Vázquez*, Ana Schelzer, Emiliani y Aliaga. Pese a esa formación colateral, fue un gran autodidacta, pues tardíamente obtuvo el bachillerato de Ciencias en Tecnologías de la Información, y más tarde aun, el Master en Dirección de Sistemas de Información, curso a

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distancia en la Universidad de Canterbury, Reino Unido. Es Profesor titular de Metodología de la Investigación Histórica, Paleografía y Diplomática Americana (estas dos las dicta también en la Universidad de Entre Ríos), Historia Americana y Seminario de Tesis, en la Universidad Católica de Santa Fe. También es docente en el Instituto Superior No. 12 del Ministerio de Educación (Santa Fe), con el Curso de Introducción a la Archivología, y de manera innovadora, en la Tecnicatura y Licenciatura en Archivística (modalidad a distancia). Finalmente podemos decir que es profesor titular en las cátedras de Paleografía y Diplomática, Metodología de la Investigación Archivística y Seminario de Tesis en la Facultad de Ciencias de la Gestión de Paraná y en la Carrera de Historia de la Concepción, Uruguay. Fue elegido Presidente de la Federación de Archiveros de la Argentina (2010-2012) y miembro de la Comisión Científica del Brasil. Regresa a Bolivia, esporádicamente, por motivos familiares, ocasiones que se aprovechan para dictar una conferencia o participar en tertulias archivísticas.

Publicaciones archivísticas. Su obra intelectual es amplia. De ellas existen en la Biblioteca de la Asamblea Legislativa Plurinacional:

  • 1. Introducción a la paleografía hispanoamericana (1984)

  • 2. Cuadernos de Archivística (Director). Nos. 1 (1987) al 6 (1994).

  • 3. Técnicas documentales en archivo: la descripción archivística (1991)

  • 4. Planificación general de los archivos (1991)

  • 5. Apuntes para la introducción a la metodología gnoseológica de la historia (1992)

  • 6. La Archivología en las Ciencias de la Documentación (1993)

  • 7. Documática: aplicación informática a documentos de archivo (1993)

  • 8. Diccionario de términos archivísticos (1995)

  • 9. La profesionalización de los archivos (1996)

    • 10. El acto proyectual de los archivos (1996)

    • 11. Archivoeconomia: edificios, locales y equipos para archivos (1996)

    • 12. Teoría, fundamentos y práctica de la Archivología (2001)

    • 13. Técnicas documentales de archivo: ordenación y clasificación de los documentos de archivo (2003)

    • 14. Descripción colectiva de los archivos (2005)

    • 15. Archivos de comercio exterior (2005)

Fuente: Oporto, 2009c; Oporto, 2012a; Entrevista personal con VHA, el 19.07.2010.

ARGOTE MEJÍA, MARÍA LUISA

Licenciada en Comunicación (UMSS), periodista (UCB) y secretaria bilingüe inglés-español con estudios en Our Lady of Lourdes Business College (institución canadiense). Tiene un postgrado como Especialista en Gestión Universitaria (UMSS), el Diplomado en Géneros y Formatos Periodísticos (Universidad San Francisco Xavier) y el Diplomado en Gestión y Administración Universitaria (UMSS–CEUB– Universidad Nacional de España de Educación a Distancia). Fue Jefa de archivos de

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la Universidad Mayor de San Simón de Cochabamba, unidad creada en 1995, que contiene documentación desde 1826. Participó en el Congreso Nacional de Archivos que trató el proyecto de ley del Sistema Nacional de Archivos (Sucre, 2006).

Publicaciones archivísticas: “Archivo Histórico de la Universidad de San Simón de Cochabamba”, en Fuentes, revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional, 2010, 4 (8): 35-37.

Fuente: CV.

ARGUEDAS, ANTONIO

(13 de junio de 1928. † La Paz, 22 de febrero de 2002)

Militó en el Partido de Izquierda Revolucionaria en su juventud. Se afirma que pasó luego al Partido Comunista de Bolivia. Militó también en el Movimiento Nacionalista Revolucionario. Estudió Derecho. En una acción espectacular, envió microfilmes del Diario del “Che” a Cuba, copia de las fotografías que tomó el capitán F. Ramos Medina (Félix Rodríguez Mendigutia*), agente de la CIA. De esa matriz obtienen tres copias fotográficas que las entregan a los generales R. Barrientos*, A. Ovando* y Joaquín Zenteno Anaya. Arguedas tomó el Diario del “Che” Guevara* de una copia que le había entregado el agente Hugo Murray al Cnl. “Toto” Quintanilla con fines de inteligencia. Los americanos distribuyeron copias a los servicios de inteligencia de varios países de América Latina con fines de investigación. Arguedas ordenó elaborar una copia y decidió enviar el Diario a Fidel Castro, “por resentimiento contra la CIA, que lo trataba como inepto y hastiado de la intromisión norteamericana”. Pegaron las fotografías en una colección de música folklórica boliviana, en discos de vinilo, y lo llevaron hacia La Habana gracias al apoyo de los socialistas chilenos. Luego protagoniza una espectacular fuga hacia Chile el 17 de julio de 1968, en un vehículo conducido por el propio chofer del Ministerio. Luego de permanecer incomunicado, deambuló por Rusia y Estados Unidos; volvió a Bolivia, igualmente de forma espectacular. En su domicilio guardó celosamente más de un centenar de archivos secretos y las manos del Che, que también las envió a Cuba. Nuevamente se exilió en varios países, entre ellos Cuba desde donde retornó en 1976. Estuvo preso, acusado de secuestro entre 1986 y 1989. Murió trágicamente al detonarse un artefacto explosivo.

Fuente: Morán, 2005; http://edant.clarin.com (23.8.11).

ARGUEDAS DÍAZ, ALCIDES

(La Paz, 15 de julio de 1879. † Chulumani, Sud Yungas, La Paz, 6 de mayo de 1946)

Escritor, novelista, historiador y diplomático. Se graduó como Abogado, pero jamás ejerció. Periodista de El Diario, desde donde fustigaba, implacable, a todos los gobiernos. Ocupó varios cargos diplomáticos, lo que le llevó a vivir la mayor parte de su existencia en Europa, sobre todo en París. Fue también Jefe del Partido Liberal y parlamentario, habiendo sufrido los rigores de destierro y prisión. Formó parte de la vanguardia literaria e intelectual latinoamericana de la Belle Epoque, durante 26 años en París, donde se dedicó representar al país y sobre todo a escribir. Compartió con célebres emigrados latinoamericanos, consentidos en ser nombrados cónsules

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eternos, lo que esperaban como obligación natural de sus gobiernos. Se le ha calificado como escritor reflexivo-introvertido, “obstinado en la consecución de sus ideas, terco y cerrado a toda influencia” (Moisés Alcázar, 1963). Escribió, al inicio de su carrera, novelas de corte histórico (Pisagua, 1903) e indigenista (Wara Wara, 1904) -que luego despreció- derivando hacia el ensayo sociológico (Pueblo Enfermo, 1909) y la novela social (Raza de Bronce, 1919), con el que alcanzó la fama; la historiografía (Historia General de Bolivia) con la que alcanzó su consagración, y las de corte autobiográfico (La Danza de las Sombras, 1934), extraídas de su Diario íntimo, con las que develó la intimidad de su ser. Su vida fue metódica y sistemática: “Me levanto a las seis y media de la mañana y entre preparar mis documentos, arreglarme y tomar el desayuno llegan las ocho. A esa hora me pongo a mi mesa de trabajo y escribo hasta las once y media. Luego doy una vuelta a mi jardín talando mis árboles y rosales, removiendo tierra, sembrando e injertando, si hace buen tiempo, hasta las doce y media o tres cuartos, hora del almuerzo. Pasado éste vuelvo al jardín hasta

las dos y media o tres, y, en seguida, otra vez a mi trabajo hasta las cinco. A esa hora descanso leyendo los periódicos del día o despachando mis cartas. Después de la ”

comida, lectura hasta las diez y por fin, a la cama

Alcázar dice de él: “Eterno

... inconforme, moralista inflexible, inexorable censor hasta de su propia conducta. Irradió con su obra una visión pesimista de la historia”. Aunque sus biógrafos afirman que “influenciado por Federico Enrique Amiel, María Bashkirstec, los hermanos Goncourt, Pierre Louys, Samuel Pepys, Julio Renard, escribió cotidianamente notas íntimas” confiesa a su amigo Bedregal, en carta del 4 de marzo de 1927, desde Couilly: “Y como esa mala manía la he tomado hace la friolera de 27 años y antes de haber leído siquiera a Amiel (…) mis apuntes forman hoy una respetable colección que en estos últimos tiempos me he tomado la paciencia de releer para destruir lo muy personal, agrupar las materias y reducir mis cuarenta volúmenes a 25 o 26… Hice esto bajo la penosa impresión del desastre de nuestro amigo Armando (Chirveches) y porque habiendo ya traspuesto la cumbre, voy camino de la bajada. Y hay que aligerar el fardo para no llevar mucho peso encima a la hora del gran salto…” Viviría mucho más. Esa labor la realizó sistemáticamente durante 40 años, desde 1900 hasta 1946, año de su muerte. Durante ese lapso llevó su Diario íntimo con episodios de su vida personalísima, observaciones, análisis y reflexiones de sucesos políticos, literarios, cuadros de viaje. Escribía en su cuaderno todas las impresiones del día, con observaciones penetrantes y agudos comentarios. Después los copiaba a máquina en hojas grandes que empastaba él mismo. Al final, redujo la colección a 12 tomos. Organizó, paralelamente, un archivo epistolar, con copiosa correspondencia que sostuvo con escritores famosos, sus pares, de Bolivia, Latinoamérica y París; y en todas puede advertirse el rigor crítico y el estilo apasionado y apasionante de su prosa, reuniendo un formidable corpus epistolar. “Fue así que Arguedas formó un completo archivo de su correspondencia, emitida y recibida, y que en su parte esencial está contenida en siete tomos, cosidos y encuadernados por él mismo, pues su largo e intenso trato con los papeles le había llevado a aprender y practicar la artesanía de la encuadernación. Cada uno de estos tomos, unas 1.500 páginas en total, lleva a final un detallado índice alfabético”, dice Alberto Crespo Rodas. Entre 1922 y 1939, Arguedas había tomado la costumbre de

dirigir epístolas de advertencia y de admonición a los presidentes de la República, llamando la atención de sus actos de gobierno, pidiendo rectificar conductas o

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erradicar vicios ancestrales, lo que le valió enemistades y represiones veladas y abiertas, hasta la agresión física por parte del Tcnl. G. Busch*, en el palacio de gobierno el 4 de agosto de 1938. También incursionó en la fotografía, acopiando un importante archivo, que describe José Luis Roca*: “Su archivo fotográfico es un aporte documental tan valioso como sus cartas. Si estas se encuentran meticulosamente seleccionadas, cosidas, numeradas y empastadas, la presentación de aquel compite en orden y pulcritud, cada álbum corresponde a una época, a un ambiente. Los retratos asoman por unas aberturas circulares, redondas, ovaladas, al pie de los cuales está la fecha, el nombre y el número bajo el cual aparece en el índice. Allí parecen cobrar vida los protagonistas de la aventura parisiense. Mostachos a lo Kaiser, chistera, levita y bastón. Aldeanos españoles, indios bolivianos, bañistas de los años treinta con batolas pegadas al cuerpo y que el agua convierte en segunda piel, paisajes, en fin, de los dos mundos donde él vivió, captados por él mismo, donde el obsesivo escritor tornase en avezado fotógrafo”. Acopió un importante archivo de documentos sobre Bolivia, los que conseguía sistemáticamente de amigos y conocidos, entre ellos el importante y revelador Archivo del ex presidente T. Frías*, cedida generosamente por su hijo Carlos. Rufino Blanco Fombona, uno de los biógrafos de Bolívar, le alcanzó documentos valiosos del Libertador, desconocidos por Arguedas. Le dice, en su carta de 28 de julio de 1913: “Entérese bien de todo antes de ponerse a escribir, tome sus notas, aclare sus ideas, forme sus juicios. (…) Consulte mucho a O´Leary*, no sólo los dos volúmenes de narración donde está todo lo referente a Bolivia; sino los 31 volúmenes de Documentos y correspondencia de próceres: ahí encontrará usted, en potencia, casi toda la historia de su país. No se deje llevar por historias falaces del Sur, ni por tradiciones absurdas de cabezas indignas o ignaras”. El 25 de diciembre, Fombona, le envía las Cartas de Bolívar que estaba preparando para publicar con Michaud, su editor, de quien se queja diciendo que “es un miserable que me está deteniendo la publicación”. Depositó copias de su Diario Íntimo o Memorias en varios museos y bibliotecas mundiales, con estricta prohibición de que se publiquen hasta que no pasen cincuenta años de su fallecimiento, sin embargo, pocos días antes de extinguir su existencia, autorizó a sus herederas que vieran lo conveniente con respecto a esta decisión. Más aún, en vida rompió esa decisión pues con muchas de las páginas de su Diario, compuso en 1934, el primer tomo de La Danza de las Sombras, “lo más atrayente y mejor escrito de toda su obra”, según Luis Alberto Sánchez. Incluso cuando se encontraba en Buenos Aires, el 21 de enero de 1945, escribió en las páginas de su Diario: “Se me ocurre, repentinamente, reunir este y otros materiales, ensamblarlos, y publicar un libro con el título de Etapas de la vida de un escritor. La disculpa para la publicación de este libro de carácter muy personal, es que “cuando un hombre pasa de los sesenta ya puede hablar de sí con calma, sin amor, sin odio y sin cálculo”. En 1960 Editorial Aguilar encargó a Luis Alberto Sánchez, una edición de las Obras Completas de Arguedas, incluyendo en ellas una selección de las cartas enviadas a los presidentes de Bolivia en el primer tomo. Por su parte, en 1963, Moisés Alcázar llevó a la imprenta el deseo íntimo de Alcides Arguedas, publicando un tomo titulado Etapas de la vida de un escritor, con una selección tomada de esa inmensa producción inédita, gracias a la autorización de su hija, Stella Arguedas Tapia, quien por razones obvias pidió se supriman algunos nombres de personajes que aún actuaban en la escena política. En esa oportunidad publicó cuatro cartas,

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completando la selección de Sánchez. En 1979, al cumplirse el centenario de su nacimiento, la Fundación “Manuel Vicente Ballivián”, encomendó a J.L. Roca* y A. Crespo* realizar una selección de su epistolario, publicándola bajo el epígrafe de Epistolario de Arguedas. La generación de la amargura, en la que incluyen una selección obtenida de su archivo. Posteriormente, M. Baptista* publicó Cartas a los presidentes de Bolivia (1979). La responsabilidad de la custodia de semejante legado recayó en su hija Stella, la que facilitó el acceso, por dos veces consecutivas para editar y publicar estas obras, parcialmente a ese acervo, la primera en 1963 a Moisés Alcázar, la segunda en 1979 a Alberto Crespo Rodas. El 2004, su hija y nieto entregaron el Archivo y Biblioteca de Arguedas al Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia*, el que luego de su catalogación por J. Saravia T.* fue abierto al público en 2007, en sala especial con su nombre.

Publicaciones archivísticas: “Las fuentes de información histórica en periodos de anormalidad política” (Kollasuyo, 1939, Nº 4: 7-24); Etapas de la vida de un escritor (Prólogo y notas de Moisés Alcázar. La Paz, Talleres Gráficos Bolivianos, 1963); Epistolario de Alcides Arguedas. La generación de la amargura (Prólogo de Alberto Crespo Rodas. La Paz, Fundación Manuel Vicente Ballivián, 1979. Incluye un ensayo de José Luis Roca: “Arguedas y la cofradía de “El Napolitano”…”:

32, 39); Cartas a los presidentes de Bolivia, Prólogo y notas de M. Baptista (La Paz, Última Hora,

1979).

Fuente: Ut supra; El Deber, 2004: A21.

ARTEAGA, PEDRO DE

(Santa Cruz “La Vieja”, c. 1578)

Escribano de Cabildo y Público entre 1603 a 1607 y entre 1618 a 1622. Vivió consagrado a la labor de fedatario, ejerciendo la potestad de dar autorización firmada a diversas

diligencias que pasaban ante su autoridad. Le tocó redactar y dar fe de la Relación de todo lo que en viaje del socorro que el señor gobernador Martín de Almendras Holguín

vino a dar al cacique Cuñayuru y sus comarcanos contra el pueblo de Charagua y Tatamiri y Sebastián Rodríguez y Don Pedro y sus aliados desde doce de julio de 1607, que salió de la ciudad de San Lorenzo con su campo, suscrito por el Gobernador, en Cuñayuru el

  • 10 de agosto de 1607. También certificó el estado de las cuentas del Cabildo de San

Lorenzo (1620), la Información de sus provincias y fronteras con motivo del castigo a los indios chiriguanos por el general Juan Manrique de Salazar por encargo del Gobernador Nuño de la Cueva (1621); la Relación de la gobernación de Santa Cruz de la Sierra de los vecinos de la ciudad de San Lorenzo de la Frontera sobre la importancia de dicha ciudad y de Santa Cruz de la Sierra (1621). Erróneamente, creemos nosotros, L. Ribera* le atribuye la autoría de la crónica o relación del Gobernador Almendras a Arteaga, siendo tan

sólo éste, el escribiente y fedatario, precisamente por su condición de Escribano.

Fuente: Sanabria, 1961: 155-183.

ARUQUIPA CALCINA, BERTHA MARÍA

(La Paz, 7 de abril de 1980)

Licenciada en Bibliotecología y Ciencias de la Información (UMSA). Programadora en Software en Aplicaciones ATSYH (1999), Diplomado Superior en Gestión (Universidad

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Loyola). Participó en la Reunión Anual de Bibliotecología y Documentación (2000), Seminario Sobre Museos (2001), los Congresos Internacionales de Bibliotecarios, Documentalistas y Archivistas (2001, 2003, 2005, 2007, 2009), el II Seminario de Museología “El Museo como Factor de Desarrollo e Identidad Cultural” (2004), las Jornadas Paceñas de Bibliotecología, Documentación y Archivística: “Experiencias e Innovaciones en los Centros de Información de La Paz” (2004), el Seminario de Descripción Archivística (2005), el Curso de Archivo Moderno (2006), el Curso de Usuario Albalá (2008), el Primer Encuentro Internacional de Información para el Cambio Ciudadano (2008), los Seminarios sobre la Base Documental del Sistema de Gestión de la Calidad (2008), Metodologías para el Manejo de Archivos y Documentos Electrónicos (2009), el Taller de Conservación y Curación del Libro (2009), y el de Implementación del Programa de Gestión Documental bajo Estándares Internacionales en el BCB (2009). Publicó Catálogo Bibliográfico de Información Ambiental (La Paz, Centro de Documentación e Información en Medio Ambiente- Cámara Nacional de Industrias, 2000). Trabajó en la Biblioteca Especializada de la Facultad de Agronomía de la UMSA (2001), Archivo del Fondo Nacional de Vivienda Social FONVIS (2001), Archivo de la Cámara Nacional de Industrias (2002-2003), Archivo del Banco Central de Bolivia (2004-2005, 2006 a 2011), Archivo del Programa Nacional de Cambios Climáticos del Viceministerio de Recursos Naturales y Medio Ambiente (2006), y Archivo de la Unidad de Planificación y Servicios a Operadores del Viceministerio de Transportes (2006).

Fuente: CV.

ARZANS DE ORSÚA Y VELA, BARTOLOMÉ

(Potosí, 1676. † Potosí, 1736)

Afamado cronista del Potosí Colonial. Los registros parroquiales muestran que Arzáns se casó el 2 de mayo de 1701 con doña Juana de Reina, unos 15 años mayor que él. Fue un autodidacta “con poca academia formal, que llenó su mente con una vasta ilustración antigua y moderna”. Hombre leal a Potosí, solidario a la vez de austero, no escatimó esfuerzo alguno para ayudar a enfermos y enterrar algunos de los 20.000 muertos que provocó la epidemia de 1719. Llegó a ser maestro de escuela. Ordenó los anales de Potosí, revisando cuanto libro se publicó en esa época (algunos de los cuales nunca fueron hallados por los historiadores contemporáneos como L. Hanke*), así como archivos y manuscritos de toda índole, con los que escribió su Historia de la Villa Imperial de Potosí, monumental obra que le tomó 30 años. La historia de este manuscrito es sencillamente sorprendente, pues habiéndola iniciado en 1705 la terminó de escribir en 1735, un año antes de su muerte, mas, fue conocida y utilizada antes de ser publicada, por ejemplo por ciertos eclesiásticos que usaron en sus sermones sus cuentos “a veces espeluznantes y a veces edificantes para imprimir en los ánimos licenciosos y turbulentos de los potosinos, el amor a la piedad y a la castidad”. Más tarde el fraile dominico Josef Lagos predicó durante nueve noches sucesivas sobre la epidemia de 1719, en base a su Historia. Otros amenazaron la existencia de Arzáns al sentirse ofendidos por sus crónicas, como el caso de un vecino iracundo que amenazó con matarlo por haber escrito sobre “los excesos de cierto juez” que era su pariente, y un oficial real que quiso eliminar al historiador

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y destruir sus escritos porque había denunciado su complicidad en un hecho de corrupción oficial (contrabando), uno de los temas favoritos de Arzáns. Muchos se interesaron en la obra y quisieron comprarla, como un francés que deseaba llevarla a su rey; y otro a España, propuestas tentadoras por ser muy bien remuneradas que Arzans rechazó sistemáticamente. Sin embargo su hijo Diego no fue tan escrupuloso y la vendió a un cura, aunque a la muerte de éste, el manuscrito fue recuperado y enviado a España, donde fue encontrado ya en era moderna, en la biblioteca privada del Rey. La obra fue analizada y estudiada por L. Hanke* y G. Mendoza*, quienes dieron a imprenta una hermosa edición publicada en tres tomos por la Universidad de Brown en Providence, Rhode Island, en 1965, editada sobre la base del manuscrito existente en la Biblioteca del Palacio del Rey, en Madrid (España) y del manuscrito que fue adquirido por G.E. Church*, del librero parisino Chadenal, en 1905, donado a su muerte a la Universidad de Brown. Arzáns tiene otra obra titulada Anales de la Villa Imperial de Potosí, que vendría a ser “un esbozo o borrador inicial de la Historia, libro aquel publicado por V. Ballivián y Roxas* (1873) y por M. Baptista* (1970). El manuscrito de Arzáns, al igual que la de Garcilaso, despierta susceptibilidad entre investigadores, como A. Crespo*, quien afirma que los sucesos narrados por Arzáns “en una proporción que es difícil de ser establecida, pertenecen al campo engañoso y fantasmagórico, de la leyenda y el hechizo”, como afirma C. Soria Galvarro*.

Fuente: Barnadas, 2002, I: 200-201; Hanke, 1965:62; Soria Galvarro, 2010: C9.

ARZE, JOSÉ ROBERTO

(Cochabamba, 30 de marzo de 1942)

Estudió en el colegio La Salle y otros fiscales de Cochabamba y Derecho en la UMSS. Bibliógrafo e historiador. Docente emérito de la Carrera de Bibliotecología y Ciencias de la Información* de la UMSA. Es miembro de las Academias Bolivianas de la Historia y de la Lengua. Por su vasta obra es figura importante entre los bibliógrafos bolivianos, con sus aportes sobre Ensayo de una bibliografía del Dr. José Antonio Arze (1968), Apuntes para el catálogo de seudónimos bolivianos (1981), Fuentes para la Historia de las Ideas en Bolivia, siglo XX (1988), Ensayo de una bibliografía del Mcal. Antonio José de Sucre (1995). Fue Director del Centro de Documentación Científica y Tecnológica de Bolivia, dependiente de la UMSA, y de la Biblioteca Municipal “Mariscal Andrés de Santa Cruz” de La Paz. Es autor, entre otras obras, del Diccionario Biográfico de Bolivia en seis tomos (1984-1991), el Manual de Bibliografía (1992), Análisis crítico de Bolívar de Marx (1998), Contribución de Cochabamba a la literatura boliviana (2002), Cien años de Historia del Seguro en Bolivia, 1904-2004 (Asociación Boliviana de Aseguradores, 2007) y Obras juveniles, 1995-1963 (edición facsimilar, 2007). Su obra incluye también Malgranda Boliviana Antologio (2004), una antología de escritos en esperanto, sus Código abreviado de catalogación (2002) y Cómo organizar una biblioteca (2005). Custodia parte del Archivo de J.A. Arze*, del que ha transcrito ocho archivadores de palanca de obras inéditas del mismo y con ellos ha publicado cuatro volúmenes: Bosquejo sociodialéctico de Bolivia y otros escritos afines (1978), Polémica sobre marxismo y otros ensayos afines (1980), que circuló con sobrecubierta titulada Ensayos filosóficos, por la represión de la dictadura de García Meza*; Escritos literarios (1981), comentarios y semblanzas; La autonomía universitaria y otros escritos afines (1989). Actualmente

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también custodia algunos documentos del Partido Comunista de Bolivia y del Partido de la Izquierda Revolucionaria. A propósito, conocer a los custodios de partidos como el PCB, es una incógnita, aunque han trascendido los nombres de Jorge “Flaco” Leytón (en la década de los 60’s), Jorge Kolle Cueto (1971), C. Soria Galvarro*, éste último tenía una colección de Unidad.

Publicaciones archivísticas: “Informe preliminar sobre la situación del archivo de José Antonio Arze” (Boletín del Archivo de La Paz, 1988, 8 (11): 23-28).

Fuente: Arze, 1984; 1985, 1987, 1989, 1991, 1997.

ARZE AGUIRRE, RENÉ DANILO

(La Paz, 4 de agosto de 1947)

Licenciado en Historia (UMSA). Realizó estudios especializados en Archivística en el Centro Interamericano de Desarrollo de Archivos*, en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina (1974) y en el II Curso de Organización y Administración de Archivos Históricos*, en la Escuela Nacional de Documentalistas de Madrid*, de la Biblioteca Nacional de España (1978), donde tuvo maestros de la talla de A. Tanodi* y V. Cortés*. Su amplia experiencia en la docencia universitaria la desarrolló en las Carreras de Historia, Turismo y Bibliotecología de la Facultad de Humanidades de la UMSA, Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Nuestra Señora de La Paz, Academia Diplomática y Facultad de Derecho de la UMSFX de Chuquisaca. Fue Director de la Carrera de Historia* (1983-1988), donde también ejerció la Subdirección del Archivo de La Paz* (1976-1980), del que siendo estudiante fue uno de sus fundadores con M. Money*, R. Choque* y F. Ballivián de Romero*, a la cabeza del Prof. A. Crespo*. En ocasión del 40 aniversario del Archivo de La Paz (2011), fue distinguido con una plaqueta recordatorio. También fue Director de la Biblioteca Central de la UMSA (1990-1992), del que injustamente fue removido de sus funciones. Es miembro de número de la Academia Boliviana de Historia, corporación a la que ingresó con su discurso “Consideraciones en torno a las fuentes escritas y orales para los estudios históricos de Bolivia” (IV.20, 21), y correspondiente de las Academias de Historia de España, Argentina, Perú, Venezuela y Puerto Rico, como lo es, también, de la Asociación Peruana de Archivistas, de la Sociedad Boliviana de Historia y de la Sociedad Geográfica y de Historia de Sucre. En 1998 fue distinguido por el Gobierno de Francia con la Orden de “Caballero de las Artes y las Letras”. Recientemente la Carrera de Historia, el Archivo de La Paz y la Decanatura de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, reconocieron su obra y nominaron una sala con su nombre.

Fue discípulo de G. Mendoza*, trabajó con él en la Sub-dirección del Archivo y la Biblioteca Nacionales de Bolivia* (1988-1989), institución de la que luego fue director (1994-1998). Conoció al ilustre archivista cuando investigaba sobre su tesis, impactado positivamente por la labor silenciosa pero monumental que desarrollaba al interior del ABNB. Allí, junto a Luis Ríos Quiroga propuso un reconocimiento a G. Mendoza, en forma de un “homenaje-trabajo”. Para ese propósito, pero sin aclararlo, le pidió su ya extensa bio-bibliografía. A su retorno a La Paz reunió a un grupo de intelectuales jóvenes, con cuyo concurso escribieron Estudios en Homenaje

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a Gunnar Mendoza (1978), volumen impreso en multicopiadora, pues se solventó con cuotas de los propios autores. Invitó a J. Barnadas*, para escribir un prólogo, nobleza no devuelta cuando éste hizo su propio homenaje póstumo, en 1994. Con la obra ya impresa viajó a Sucre, y junto a L. Ríos Quiroga, una mañana en un ambiente normal y rutinario, sin acto público alguno, pidió hablar con G. Mendoza. Cuando éste les recibió, le entregaron ejemplares del Homenaje. La sorpresa fue total. El Maestro quedó pasmado y retribuyó con el trabajo “Los cien años del periodismo impreso en Bolivia, 1823-1922”, con dedicatoria a los autores (Presencia Literaria. La Paz, 2 de septiembre de 1979). Cumplida la misión, regresó a La Paz.

Viajó mucho fuera del país, como Profesor invitado, dictando cursos y conferencias en universidades e instituciones de España (Universidad de Alcalá de Henares), Francia (Escuela de Altos Estudios Nacionales de París), Venezuela (Caracas), Colombia (Bogotá), Perú (Lima), Paraguay (Asunción) y Ecuador (Quito), con temas referidos a la historia de Bolivia, historia andina, metodología e historia oral, archivística y bibliografía. Participó como ponente de las cuatro Reuniones Nacionales de Consulta sobre Archivos Bolivianos* (Cochabamba, 1979, 1982, 1983, 1985); como así en Coloquios, Congresos, Debates, Encuentros, Mesas, Simposios, etc., sobre historia y archivística, en Cochabamba, La Paz, Potosí, Santa Cruz, Sucre, Trinidad, y en viajes realizados al exterior. Fue invitado, en calidad de Profesor visitante, a la Biblioteca del Congreso y el Archivo Nacional de Estados Unidos (1984). Sin embargo, salir al exterior no siempre fue experiencia placentera. En 1980, a raíz del golpe de L. García Meza* se vio forzado a viajar al exterior, para lo cual decidió usar una beca de doctorado que había obtenido, en Italia. Salió con ese destino, llevando consigo a su familia, pero la falta de recursos le obligó a detenerse en México. De allí fue a Venezuela, donde impartió clases de Archivo en hoteles para sobrevivir.

Ante situación tan azarosa, plena de incertidumbre, regresó a Bolivia por Santa Cruz de la Sierra, ciudad donde, gracias a la archivera cruceña Adelaida Suárez (a quien recuerda, siempre, con cariño), logró firmar un contrato con la Cooperativa Rural de Electricidad, para organizar su pequeño Archivo y Biblioteca, y un segundo, esta vez para organizar el Archivo de la Corporación de Desarrollo de Santa Cruz, conformado por toneladas de papel en completo desorden, custodiadas en inmensos depósitos. Ambos trabajos los desarrolló con competencia y profesionalidad, donde pudo demostrar su conocimiento y dominio de la ciencia archivística. Pese a ello, en ese tiempo vivió “a pan y agua”, hasta que, en 1981, G. Mendoza le apoyó para postular a una beca de la Fundación Interamericana para investigar la Guerra del Chaco (1932-1935), que felizmente ganó. Alguien le comentó que la Prefectura de Chuquisaca custodiaba documentos de esa época. En su búsqueda encontró todo menos papeles; sin embargo, en 1982, cuando visitó los almacenes de esa entidad, en medio de turriles, llantas viejas y todo tipo de objetos en desuso (que los administradores de empresa llaman “activos fijos”), descubrió con asombro un Archivo escondido, con miles de papeles amarrados con yute. Cuando los desató encontró telegramas y correspondencia, que cubrían un arco temporal desde 1846 hasta 1970, incluyendo documentos de la Guerra del Pacífico (1879-1880). De inmediato comunicó el hallazgo a la Dra. Rúa de Tirado*, directora del Centro Bibliográfico, Documental e Histórico de Chuquisaca*, con la que gestionó la transferencia de los

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documentos de ese depósito. Felizmente encontró eco en el Prefecto y Comandante del Departamento de Chuquisaca, Don Julio Loayza Valda, quien luego de verificar la importancia singular del Archivo, autorizó su transferencia. R. Arze, luego de una somera selección, personalmente trasladó lo más valioso: “he tenido el honor de llevar conmigo, jadeando, los libros más valiosos”, repitiendo así la proeza de G.R. Moreno*, de 1874. Dos camionetas fueron necesarias para trasladar el Archivo que llenó la mitad de un cuarto del edificio del Centro Bibliográfico, dependiente de la Universidad. Luego, ya en calma, consultó esas fuentes, con las que documentó su obra Guerra y conflictos sociales. El caso rural boliviano durante la campaña del Chaco (I.3), que se basa fundamentalmente en testimonios de historia oral recogida de la boca de excombatientes de la aquella guerra, que vivían en la ciudad de Sucre.

Su producción intelectual se desdobla en dos áreas del conocimiento: la Historia y la Archivística. Una de sus primeras publicaciones fue el índice de los Documentos sobre la historia de Bolivia existentes en el Archivo General de la Nación Argentina, publicado en 1975 (IV.2). Compitió con historiadores de la talla de R. Condarco* en el concurso internacional convocado por la Organización de Estados Americanos (OEA)* con motivo del Sesquicentenario de la Independencia de Bolivia, obteniendo el primer premio con su investigación pionera sobre la Participación popular en la guerra de la independencia (I.2), que fuera su tesis de licenciatura, cuya publicación fue dedicada a su Maestro Gunnar Mendoza, quien la prologó la segunda edición, en 1987. Elaboró una excelente compilación sobre Fuentes para la historia de la iglesia en Bolivia (Una Guía Preliminar), publicada en 1985 (IV.17), única en su género y de notable utilidad e importancia. Se puede afirmar que su obra historiográfica es el resultado del análisis y compulsa de fuentes primarias de archivo. Una simbiosis perfecta entre el historiador y el papelista. Ha destacado también como compilador y editor de obras históricas, sobre todo las de Gabriel René Moreno (II.2,6) y de Humberto Vázquez Machicado* (II.3, 4, 5), realizada esta conjuntamente con Alberto M. Vázquez y Fernando Vázquez Z., y sobre la obra del naturalista Alcide d’Orbigny* (II.7). Entre los trabajos intelectuales más importantes de su vida, está la que realizó para la Biblioteca Boliviana y Peruana de Gabriel René Moreno (II.2), sobre todo el tomo referido a las notas inéditas del ilustre polígrafo, pues el resto es edición facsimilar. “No se hubieran entendido las notas inéditas sin consultar y cotejar la Biblioteca Boliviana y la Biblioteca Peruana”, enorme desafío que enfrentó con ayuda de Fernando Vázquez. De motu proprio, decidió elaborar un índice analítico de las 6000 páginas de aquellos repertorios, con un método casi surrealista, “trabajando 8 páginas, en 10 horas diarias, durante seis años” de labor benedictina, pues, dada su conocida tendencia perfeccionista, leyó “hasta 3 veces las 6 mil páginas”, revisando cada detalle, cada referencia. Parte fundamental de su producción intelectual historiográfica y archivística está dispersa en publicaciones especializadas nacionales y extranjeras, algunas de ellas de escasa circulación en el país, lo que motivó inclusive, un plagio, como aconteció con “La destrucción de documentos en América Latina, el caso de Bolivia”, publicado originalmente en el Anuario Interamericano de Archivos, que apareció luego bajo autoría institucional en la revista Archivo, patrimonio documental para la historia cruceña (No. 3, 1989), que editaba A. Gómez*, Director del Archivo Histórico Departamental de Santa Cruz.

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Heredó parte del Archivo personal de J.A. Arze*. Los estudios inéditos están en poder de J.R. Arze*. La parte que corresponde a R. Arze está conformada por algunos papeles del Partido de la Izquierda Revolucionaria, recortes de prensa, correspondencia familiar, las ponencias y correspondencia del primer congreso de Sociología de 1952 (de la que J.A. Arze fue Presidente y H. Vázquez Machicado Secretario) y del tercer congreso Indigenista de 1954, organizado con el auspicio de la UMSA. Tiene también una valija con documentos de su padre y los de su propia actuación. Cuando tuvo que hacerse cargo de la subdirección y luego de la dirección del ABNB, viajó a Sucre trasladando sus archivos, en dos tortuosos viajes de ida y vuelta. Durante el golpe de García Meza*, debiendo salir al exilio, por seguridad entregó al Archivo de La Paz 1.000 documentos. Finalmente donó a ese repositorio los que corresponden al primer congreso de Sociología. Actualmente continúa catalogando el Archivo que se encuentra en su poder.

Una valoración de su gestión en la dirección del ABNB, nos muestra varios logros. Inauguró el Archivo del ex Presidente Walter Guevara Arze*; y el Programa de Digitalización, con el que se han accesibilizado valiosas obras primigenias que custodia el ABNB. A él le corresponde el mérito de haber iniciado la edición del Anuario de Estudios Bolivianos, Archivísticos y Bibliográficos, que publica el ABNB desde 1994, aunque J.M. Barnadas reclame la paternidad cuando menciona que “programó y dejó prácticamente listo el primer volumen”. La adquisición, por la vía de la donación, del Archivo de Walter Guevara Arze no fue tarea sencilla, pues WGA recibió propuestas para ceder su archivo a una universidad extranjera, con costo. R. Arze pidió al ex presidente que ese archivo permaneciera en Bolivia y se lo entregara al ABNB. Luego de discutir el tema, como es lógico, WGA aceptó, pero pidió que el BCB pagara su costo. R. Arze fue enfático: “El BCB no pagará ni un centavo por el Archivo”. Este Archivo tiene un altísimo valor histórico no solamente porque contiene los documentos de la gestión presidencial (1979) de WGA, sino por los papeles del Movimiento Nacionalista Revolucionario, del Partido Revolucionario Auténtico y documentos de los ministerios de Gobierno y Relaciones Exteriores, y cuando fue embajador en Venezuela y la OEA. Finalmente, merced a la relación consanguínea

entre R. Arze y WGA, llegaron a un acuerdo para la transferencia, previa clasificación y organización, tarea encomendada a G. Molina* y F. Chuquimia*. El archivo estaba empaquetado en 136 cajas de archivo. A la conclusión del trabajo de descripción, el Archivo se selló con lacre y se entregó (7 de marzo de 1996), bajó la supervisión de Valentín Abecia, presidente de la Fundación Cultural del BCB*, al director del ABNB. El propietario pidió que los papeles de Oscar Unzaga de La Vega (líder de la Falange Socialista Boliviana), se abran el 2000. El anciano político se despidió de su archivo, recomendando a René: “en mis papeles está el testimonio de mi vida, cuídalos…”. La conclusión, si quisiéramos sacar una, es que este fondo no hubiera permanecido en Bolivia y menos aun se hubiera entregado al ABNB si no estaba R. Arze como

Director de esa institución.

Durante su gestión como Director del ABNB, fue sometido a dura presión por parte de la jerarquía del Banco Central de Bolivia, pero no fue la única amargura que tuvo que soportar, pues se intentó opacar su labor, sus logros, pero sobre todo su dedicación genuina al ABNB y la afección entrañable a Gunnar Mendoza, su

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Maestro. Cuando J.M. Barnadas hizo el homenaje a la memoria del maestro, fue ignorada su participación, pero lo que más llama la atención es que se lo hubiera excluido en la compilación de las Obras Completas de Gunnar Mendoza, publicadas por el ABNB, con introducciones de M. Inch, W. Lofstrom, Ignacio y Javier Mendoza. En justicia la redacción del prólogo, sino del estudio mismo, correspondía a R. Arze, no sólo por la notable obra que realizó como Director del ABNB, sobre todo por su conocimiento y relación con el Maestro.

BIBLIOGRAFÍA

I. Historias y Biografía

  • 1. La vida cotidiana en La Paz durante la Guerra de la Independencia 1800-1825. La Paz: Editorial UMSA, 1975. En colaboración con Alberto Crespo Rodas, Florencia Ballivián de Romero y Mary Money. Segunda edición. La Paz: Gobierno Municipal, 2009. Biblioteca Paceña-Colección Bicentenario, 6

  • 2. Participación Popular en la Independencia de Bolivia. La Paz: Talleres de Artes Gráficas del Colegio “Don Bosco”, 1979. Segunda Edición: La Paz: Fundación Cultural Quipus, 1987.

  • 3. Guerra y conflictos sociales. El caso rural boliviano durante la campaña del Chaco. La Paz: Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social, 1987.

  • 4. Carlos Salinas Aramayo. Un Destino Inconcluso 1901-1944. La Paz: Artes Gráficas Latina, 1995.

  • 5. Breve Historia de Bolivia. Sucre: Universidad Andina Simón Bolívar, 1996.

II. Ediciones, Compilaciones

  • 1. Estudios Bolivianos en Homenaje a Gunnar Mendoza L. La Paz: [s.ed.], 1978.

  • 2. Biblioteca Boliviana y Peruana de Gabriel René Moreno. Segunda edición facsimilar. En colaboración con Alberto M. Vázquez. La Paz-Sucre: FHVM, 1990-1996. 6 vols.

  • 3. Humberto Vázquez-Machicado: Los precursores de la Sociología Boliviana. Segunda edición. La Paz: Editorial “Don Bosco”, 1991. Editores: René Arze Aguirre, Alberto M. Vázquez y Fernando Vázquez Z.

  • 4. Humberto Vázquez-Machicado: Glosas sobre la historia económica de Bolivia: el hacendista don Miguel María de Aguirre (1798-1873). Segunda edición. La Paz: Editorial “Don Bosco”, 1991. Editores: René Arze Aguirre, Alberto M. Vázquez y Fernando Vázquez Z.

  • 5. Humberto Vázquez-Machicado y José Vázquez-Machicado: Santa Cruz de la Sierra. Apuntes para su historia (Siglos XVI al XX). Segunda edición. La Paz: Editorial “Don Bosco”, 1992. Editores: René Arze Aguirre, Alberto M. Vázquez y Fernando Vázquez Z.

  • 6. Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia: Antología de Ensayos sobre los Últimos Días coloniales en el Alto Perú. Compilación y Prólogo por René Arze Aguirre. Sucre: ABNB,

    • 1996. Edición conmemorativa del ABNB en el centenario de la publicación de esta obra.

Reeditado en la Revista de Humanidades y Ciencias Sociales. Segunda Época, Vol. 13-Nº 1-2

(Santa Cruz, UAGRM, junio-diciembre de 2007). Homenaje a Gabriel René-Moreno a cien años de su partida (1908-2008).

  • 7. El naturalista francés Alcide Dessaline d’Orbigny en la visión de los bolivianos. Selección, Prólogo y Notas de René Arze Aguirre. La Paz: IFEA/Plural, 2002.

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III. Artículos sobre Gunnar Mendoza Loza

  • 1. “Gunnar, un maestro”. En: Estudios Bolivianos en Homenaje a Gunnar Mendoza L. La Paz: [s.e.], 1978: 5-7. En colaboración con Josep M. Barnadas.

  • 2. “Gunnar Mendoza, un maestro”. Presencia Segunda Sección. La Paz, octubre 8, 1978: 1. En colaboración con Josep M. Barnadas. Reproducido de: Estudios bolivianos en Homenaje a Gunnar Mendoza.

  • 3. “Al servicio de la memoria del país”. Presencia Segunda Sección. La Paz, febrero 9, 1986: 1 y 2.

  • 4. “En Honor de Gunnar Mendoza”. Reunión, Nº 5. Madrid, julio 1986: [3]

  • 5. “‘Al servicio de la memoria del país’”. En: Universidad Mayor de San Andrés. Gunnar Mendoza L. Doctor Honoris Causa de la Universidad Mayor de San Andrés. La Paz: Imprenta UMSA, 1987: 13-18. Discurso pronunciado en el acto de entrega del título de Doctor Honoris Causa, otorgado por la Universidad Mayor de San Andrés al historiador y archivista Gunnar Mendoza, realizado en el paraninfo universitario el 6 de febrero de 1986.

  • 6. “René Arze Aguirre recuerda a Gunnar Mendoza. En las huellas de la historia”. Puerta Abierta-Presencia. La Paz, 8 de marzo de 1994: 1. Reportaje.

  • 7. “Gunnar Mendoza”. Presencia Literaria. Revista Cultural. La Paz, marzo 13, 1994: 8-9.

  • 8. “Gunnar, un maestro”. Correo Literario-Correo del Sur. Sucre, abril 3, 1994: 3. En colaboración con Josep M. Barnadas. Reproducido de Estudios Bolivianos en Homenaje a Gunnar Mendoza (La Paz, 1978)

  • 9. “Gunnar en el Archivo y la Biblioteca Nacionales de Bolivia. Una extraordinaria misión”. Presencia Literaria. Revista Cultural. La Paz, marzo 12, 1995: 9

  • 10. “Gunnar en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia. Una extraordinaria misión”. Correo del Sur. Sucre, marzo 5, 1995: 4. Versión resumida de Presencia Literaria (v. 7)

  • 11. “Historiador y Archivista: Gunnar Mendoza L.”. En: 100 Personajes del siglo XX. Fascículo 11. La Razón. La Paz, octubre 14, 1999: 162-164 (Nº 51). Publicación simultánea de Opinión (Cochabamba) y El Nuevo Día (Santa Cruz).

  • 12. “De omisiones y presencias. Gunnar Mendoza L.”. Brújula-El Deber, Nº 111. Santa Cruz, abril 14, 2001: 6-7.

  • 13. “Gunnar Mendoza en la memoria del país”. Presencia en la Cultura, Nº 40. La Paz, 22 de abril de 2001: 10-11.

IV. Publicaciones Archivísticas (y fuentes)

  • 1. “La historia económica y los Registros de Escrituras”. Presencia Literaria. La Paz, 29 de junio de 1975: 4. En colaboración con Alberto Crespo y Florencia B. de Romero.

  • 2. Documentos sobre la historia de Bolivia existentes en el Archivo General de la Nación Argentina (Índice parcial). La Paz: Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación-UMSA, 1975.

  • 3. “‘Sin documentación desconoceríamos el pasado… y careceríamos de una base para la administración del presente y de información para el porvenir’”. Semana de Última Hora. La Paz, 9 de enero de 1976: 8-9.

Entrevista a René Arze y Florencia de Romero.

  • 4. “Documentos Públicos de La Paz”, en Boletín del Archivo de La Paz, Año I-Nº 2 (La Paz, UMSA, mayo-agosto, 1976): 27-29. En colaboración con Florencia Ballivián de Romero.

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  • 5. “Un testimonio artístico de la región andina: la iglesia de Jesús de Machaca”, en Arte y Arqueología, Nº 5-6 (La Paz, UMSA, 1976): 265-284.

  • 6. “La Colección Documental del Sesquicentenario del Perú y su importancia para la historiografía boliviana”, en Boletín del Departamento de Historia, Año I-Nº 3 (La Paz: UMSA, 1977): 4-5.

  • 7. Id. Historia. Boletín de la Carrera de Historia, Nº 1-19. Edición especial (La Paz: UMSA, 1997): 27-28.

  • 8. “Un documento inédito de Pedro Vicente Cañete en torno a la controversia de la nueva mita de Potosí”. En: Estudios Bolivianos en Homenaje a Gunnar Mendoza L. La Paz: [s.e.], 1978: 119-124.

  • 9. “Guía sumaria para el investigador del Archivo de La Paz”, en Boletín del Archivo de La Paz, Año IV-Nº 6 (La Paz: UMSA, 1979): 3-10.

  • 10. “La destrucción incontrolada de documentaciones de entidades públicas y privadas”. En: Segunda Reunión de Consulta sobre Archivos Bolivianos. Cochabamba: Centro Pedagógico y Cultural de Portales, Imp. Taller Gráfico del Centro Portales, julio 5-7, 1982. Mimeo. p. 37-46 Relato para el temario en el punto A.

  • 11. “Los Recursos Documentales de Archivos para la Historia Social”. Tercera Reunión de Consulta sobre Archivos Bolivianos. Cochabamba, julio, 1983. mimeo.

Relato para el punto Nº 7 del Temario: “Accesibilización de recursos documentales de archivo en Bolivia para su aprovechamiento en ciencias sociales: Historia social”.

  • 12. “A propósito del centenario del Archivo Nacional de Bolivia”. Semana de Última Hora. La Paz, 21 de octubre de 1983: 5.

  • 13. “Entre el olvido y el fuego: Destrucción de documentos de entidades públicas y privadas”. Presencia Segunda Sección. La Paz, 23 de octubre de 1983: 1-2.

  • 14. “Historia escrita e historia oral: Notas para un estudio de las fuentes de la historia de Bolivia”, en Historia y Cultura, Nº 6 (La Paz: Sociedad Boliviana de Historia, octubre, 1984): 3-12.

  • 15. “La destrucción documental en América Latina: el caso boliviano”, en Anuario Interamericano de Archivos, Vol. IX-X (Córdova, 1984): 38-43.

  • 16. Un Archivo oral boliviano sobre la guerra del Chaco. Cuarta Reunión de Consulta sobre Archivos Bolivianos. Cochabamba, julio, 1985. mimeo. Relato para el punto Nº 7 del Temario: “Recursos Documentales no textuales de Bolivia”.

  • 17. Fuentes para la historia de la Iglesia en Bolivia (una guía preliminar). La Paz: CEPROLAI/ CEHILA, 1985.

  • 18. “Los archivos históricos de Bolivia en la obra de Gabriel René Moreno”, en Signo, Nº 18-19 (La Paz, mayo-noviembre, 1986): 161-165.

  • 19. “Fuentes orales e identidad en el contexto de la Guerra del Chaco”. Presencia Dominical. La Paz, 7 de diciembre de 1986: 9.

  • 20. “Consideraciones en torno a las fuentes escritas y orales para los estudios históricos de Bolivia”. Semana de Última Hora. La Paz, 26 de junio de 1987: 8-9.

  • 21. “Consideraciones en torno a las fuentes escritas y orales para los estudios históricos de Bolivia”, en Signo, Nº 21 (La Paz, mayo-agosto 1987): 3-11.

  • 22. “Problemas teóricos y metodológicos de la historia oral”, en Temas Sociales, Nº 11 (La Paz, Carrera de Sociología-UMSA, [1987]): 65-75.

  • 23. “Algunas notas más sobre las fuentes históricas relativas a Mojos”, en

Simposio sobre

Importancia de las Misiones Jesuitas en Bolivia. La Paz: Ministerio de Relaciones Exteriores y

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Culto-Comisión Boliviana del V Centenario del Descubrimiento de América. Encuentro de Dos Mundos, 1987 p. 23-32.

Ponencia presentada a la mesa I. Fuentes. Trinidad, Beni, octubre 10-14 de 1987. Hay

separata.

  • 24. Algunas notas más sobre las fuentes históricas relativas a Mojos. La Paz: Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, 1987. Separata. Ponencia presentada a la mesa I. Fuentes. Trinidad, Beni, octubre 10-14 de 1987.

  • 25. “La destrucción documental en América Latina: el caso boliviano”, en Archivo. Órgano oficial del Archivo Histórico Departamental de Santa Cruz, Año 2, Nº 3 (Santa Cruz, septiembre-noviembre, 1989): 72-78.