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Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

Hush, Hush

Narrado por Patch Cipriano

Advertencia: Esta obra es originalmente de Becca Fitzpatrick. Se tomaron sus personajes y la trama para crear este Fan Fiction.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

SINOPSIS

Ya estaba harto de vagar por las calles sintiéndose como una pluma en el aire. Quería sentir, quería más que nada ver la vida de la misma forma de los humanos. Quería ser como ellos. Para lograrlo, su único objetivo era matar a la descendiente de Chauncey Lengais:

Nora Grey. Pero para su sorpresa, ese objetivo se ve obstaculizado por nada más y nada menos que por su Corazón. Entre los planes de Patch no estaba enamorarse, así que ahora tendrá que elegir entre seguir siendo un ángel caído y proteger a la mujer que ama, o aventarla a la muerte, para conseguir un cuerpo humano.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

Coldwater, Maine.

Capítulo Uno.

Me senté pesarosamente en mi mesa de siempre, casi al final del salón de clase. Fijé la vista en la pizarra, donde un par de muñecos desnudos reposaban debajo de un par de letras que decían "Bienvenidos a la Reproducción humana (Sexo)".

Sonreí para mis adentros. Esta clase sería completamente aburrida, ya que, al fin y al cabo, no me enseñaría nada que no supiera ya.

Una chica que repentinamente se había quedado boquiabierta en la puerta llamó mi atención.

Era Nora.

La contemplé fijamente como hacía siempre, desde que había decidido entrar al instituto. Sus labios ligeramente entreabiertos dejaron escapar un suspiro.

Un estremecimiento me recorrió el cuerpo al mirar su boca, y una vez más, me imaginé mordiendo suavemente su labio inferior. Soñé como sonaría el gemido de placer al salir de su boca… Sus manos aferrándose a mi cabello, en clara señal de que le agradaba.

Sacudí levemente la cabeza para desechar esas imágenes, y me removí algo inquieto en mi mesa, mientras seguía contemplándola, pero esta vez con mi mirada fija en sus ojos. Esos ojos grises que me ponían tan…

Su amiga apareció a su lado. Le susurró algo a Nora entre dientes, y ella soltó una media sonrisa. Mis ojos bajaron nuevamente a sus labios, y contemplé de nuevo aquella boca.

Vamos, Jev. Concéntrate en tu único Objetivo: Matar pensé.

Pero era difícil concentrarse en matar a alguien te atraía como nunca nadie te ha atraído antes. Observé de mala gana como Vee tomaba lugar junto a ella un par de mesas por delante de mí. Si tan solo yo pudiera sentarme a su lado…

— ¡Equipo, a sus asientos! —Dijo aquel hombre que se hacía llamar entrenador, luego de haber hecho sonar esa cosa que le colgaba del cuello. Desde que lo había

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visto, tenía la clara impresión de que para él, la Biología y el Basquetbol tenían la misma forma de enseñanza. —Puede que no se les haya ocurrido, chicos, que el sexo es mucho más que una visita de quince minutos al asiento de atrás de un coche. El sexo es ciencia. ¿Y qué es la ciencia?

— ¡Un aburrimiento! —dijo alguien del fondo.

Decidí dejar de prestar atención. Por lo general me frustraba la inmadurez de algunas personas, y no quería ponerme de mal humor tan pronto por la mañana.

Dirigí mi mirada nuevamente hacía Nora, y su patética compañera que pensaba que era la reina del mundo solo porque había perdido su virginidad con un chico excitantemente misterioso. Aún me sentía algo incómodo cuando Rixon me recordaba aquello, asegurándome que Vee no lo recordaba porque había introducido en su cabeza la imagen de una persona diferente, alguien que nunca volvería a ver. Me exasperaba lo que había sucedido entre ellos… ¿Cómo esa chica había entregado su pureza a un completo desconocido a la primera? Rixon ni siquiera tuvo que pedirlo dos veces. Tuve que contener el impulso de lanzarme sobre ellas y llevarme a Nora lo más lejos posible de su personalidad tan desfachatada. Con solo pensar que Nora pudiera hacer lo mismo con cualquier chico que se le cruzase…

El estudio de algo—La voz de Nora interrumpió mis pensamientos y me trajo de vuelta a la realidad. Al parecer, el "entrenador" le había hecho una pregunta.

El hombre se acercó a su mesa, y se inclinó hacia ella. Demasiado cerca.

Cerré mis puños con fuerza, y suspiré. Aléjate rugí en mi mente.

— ¿Qué más? —insistió.

—El conocimiento alcanzado por medio de la observación y la experimentación— Contestó Nora. Contuve una risa. Parecía que se fuera tragado el libro y estuviera escupiendo las palabras que sabía que eran correctas.

El hombre aquel se dio cuenta.

Dilo con tus propias palabrasle dijo a ella.

Su lengua se abrió paso entre sus labios, tocando la parte superior de este con suavidad. Otro estremecimiento se abrió paso por mi cuerpo. Maldije para mis adentros. No podía permitir que ella tuviera ese grado de influencia sobre mí.

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Tienes que matarla, Jev. Gánate su confianza y mátala pensé con frustración.

Desvié la mirada de aquellas tres personas, y me concentré en dibujar unos garabatos en el pedazo de papel que reposaba sobre mi mesa. Recordé los motivos por los que estaba en Coldwater.

"—Así que… para ser humano, ¿tengo que matar al descendiente de Chauncey? — pregunté.

No exactamente. Ella tiene que hacer el sacrificio por voluntad propia, o no tendría caso—respondió él.

Reí sarcásticamente.

—Oh, claro. Voluntariamente. ¿Es sumamente sencillo, no? Solo tengo que aparecer frente a ella y decirle: "Oye, descendiente de Chauncey, ¿Podrías por favor atravesarte el pecho con esta daga? Es que verás, quiero ser humano y necesito que te suicides" ¿En qué demonios estás pensando, Barba? ¿Crees que morirá solo porque un ángel caído se lo pide? —le pregunté.

Él me miró con una sonrisa jugando en la comisura de sus labios mugrosos.

Los humanos son capaces de morir por amor—dijo él.

Contuve el impulso de vomitar. Hace años que no sentía ni una pizca de simpatía por nadie.

— ¿me estás diciendo qué…?

Siempre puedes enamorarla—dijo él."

Regresé al presente y ahogué un suspiro. Necesitaba ganarme a Nora lo más pronto posible. Quería un cuerpo humano. Lo quería con todo mí… ¿Ser?

Cámbiame de mesa. Ponme junto a Nora. Ahora Gruñí en la mente del entrenador.

Un sonido agudo y chirriante se escuchó en toda la sala. El "entrenador" llamaba al orden a la clase. Estupendo.

—Quiero que todos los que estén sentados del lado izquierdo del pupitre (éste es el lado izquierdo) se cambien a los del asiento de adelante. Los de primera fila (Si, Vee tú también) se irán al fondo.

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No sabía exactamente que sentí al tener la oportunidad de sentarme junto a Nora. Un poco de desesperación por matarla y obtener mi cuerpo cuanto antes, y mucha lujuria por tener tan cerca su cuerpo, también algo de obsesión al querer tocarla y todavía no poder, y ni mencionar el deseo de cubrir sus labios con los míos, aunque no pudiera sentirlos físicamente. Me estremecía con solo mirarlos, sin saber exactamente que tenia ella tan diferente a las demás.

Nora tenía la mirada levantada, estudiando a todas las personas que daban vuelta a su alrededor, hasta que su mirada se posó en mí. Volví a estremecerme. Maldición.

Lancé de mala gana mi cuaderno en la mesa junto a ella, y me senté. Ella me sonrió.

Hola. Soy Norame dijo.

La observé fijamente, y le mostré una ligera sonrisa. Ya lo sé, chica. Vengo a matarte pensé. Ella me devolvió la mirada un poco titubeante por unos segundos, para después dirigirse a la pizarra frente a ella.

Permanecí mirándola mientras el entrenador explicaba lo que había que hacer. Ella parecía incómoda. Una sonrisa amenazaba con dibujarse en mi rostro, pero la contuve. El entrenador continuó hablando. Al parecer, quería un informe detallado sobre toda la información que tenía de Nora. Era fácil. Y para mi satisfacción, este trabajo me haría mantener los ojos alejada de ella un par de minutos.

Cuando el entrenador terminó de hablar, tomé una hoja de mi cuaderno, rasgando el papel y comencé a escribir.

Nora Grey.

-columnista de la revista digital del instituto.

-le gusta la poesía.

-Su música favorita es barroca

-Solo hace ejercicios cuando hay buen clima.

Con mi visión periférica, observé que giraba su rostro para observarme.

— ¿Qué escribes? —preguntó.

—Y además, puede hablar—susurré, mientras lo escribía.

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Se acercó a mí, pero no lo suficiente. Intentaba ver lo que había escrito. Doblé el

folio por la mitad, acercándole más a mí, instándola a que se acercara aún más por sus intentos de leer.

— ¿Qué has escrito? —quiso saber.

Se estaba exasperando. Me encantaba.

En un intento por más exasperación, tomé su hoja, la arrugué entre mi puño y la

arrojé al cesto de la basura. Funcionó.

Enojada sacó otra página de su cuaderno, y preparó su lápiz para escribir.

— ¿Cómo te llamas? —me preguntó.

Sonreí. Su rostro estaba ligeramente rojo por la cólera. Me imaginaba su cara de un tono escarlata si supiera lo que quería hacer con ella.

¿Tú nombre? —insistió.

Mi

nombre es Jev pensé. Pero no vi necesario recordarle esa información. Además,

hace años que nadie me llamaba de esa forma.

—Llámame Patch. Lo digo en serio. Llámame—me insinué.

Guiñe un ojo al decirlo, y contemple con satisfacción como se ruborizaba un poco más.

— ¿qué haces en tu tiempo libre? —preguntó.

No tengo tiempo libre.

—Supongo que esta tarea lleva nota, así que ¿por qué no me lo pones fácil?

Me recliné en el respaldo de la silla, y crucé mis dedos por detrás de mi cabeza. Era posible que ella no hubiera captado el doble significado de sus palabras.

— ¿Quieres que te lo ponga fácil?

Otra insinuación. No entendía completamente lo que estaba sucediendo, pero me agradaba. Me gustaba ver como se sonrojaba, ver como se enojaba. Y Aún más, me encantaba verla asustada. Si tan solo me recordaras… pensé, irónicamente,

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recordando el momento en que tuve que borrar su memoria, luego de haberla conocido en aquel restaurante.

—En mi tiempo libre… hago fotos—dije, pensativo.

Observé con incredulidad como escribía "Fotografía" en su hoja.

No he terminadodije—tengo una colección bastante completa de una columnista de la revista digital que cree en la alimentación orgánica, que escribe poesía en secreto y que se estremece de sólo pensar que tiene que escoger entre Stanford, Yale y… ¿Cómo se llama esa grande que empieza con H? —Me miraba sorprendida, con la mandíbula colgándole. Contuve una carcajada. —Pero al final no irás a ninguna de ésas.

—Ah, ¿no?

Me resultaba placentero hacerla sentir incómoda, pero ya había perdido el rubor. Quería que lo recuperara. Metí la mano debajo de su asiento y la arrastré más cerca de mí. Su cara se tornó roja de nuevo, pero fingió que no le importaba la proximidad.

—Y aunque consiguieras entrar en las tres universidades, las despreciarías por considerarlas un cliché del éxito—continué—Pontificar es la tercera de tus tres grandes debilidades.

— ¿Y cuál es la segunda? —preguntó, algo molesta.

—No confías en nadie—lo pensé mejor—Rectifico: Solo confías en las personas equivocadas.

— ¿Y la primera?

—Te empeñas en tener todo controlado.

Pude sentir como se estremecía. Pero vi que claramente no estaba dispuesta a dejarse intimidar por mí. Casi reí. Ya lo veríamos.

— ¿Duermes desnuda? —pregunté.

Conocía la respuesta, por supuesto. Antes de entrar al instituto, hubo varias noches en las que iba a espiarla a su casa.

Claro, a ti te lo voy a contar. —Sonreí.

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— ¿Has ido al psicólogo alguna vez?

No. —Mintió. También conocía la respuesta a esa pregunta.

— ¿Has hecho algo ilegal?

—Pues Claro que no. ¿Por qué no me haces una pregunta normal? Cómo… qué música me gusta—dijo ella, algo irritada.

No voy a preguntarte lo que puedo adivinar.

— ¿Sabes qué tipo de música me gusta?

Barroca. Cuando se trata de ti todo tiene que ver con el orden, el control. Apuesto a que tocas… ¿El chelo? —pregunté, conociendo también la respuesta.

Error.

Dsk. Dsk. Resultaban patéticos sus intentos por mentir. Trate de no reír. Miré una vez más sus labios, tratando de no dejarme llevar por el impulso de acercarme y besarla aquí mismo.

Deseché ese pensamiento inmediatamente. Una vez más, como ya había pasado en varias ocasiones, contemple el acto de matarla. Algo se removió inquieto dentro de mí. Déjate de babosadas, es la única forma de ser humano pensé, antes de saber si realmente esas emociones se debían a que no deseaba matarla.

— ¿Qué es eso? —le pregunté, dirigiendo mi atención a la marca en su muñeca.

Sabía lo que era, por supuesto. Ella se alejó, como si repudiara mi contacto.

Me sorprendí.

Una marca de nacimiento.

—Parece una cicatriz. ¿Eres suicida, Nora? —la miré. Esperaba que contestara "Si, soy suicida y estoy esperando que un ángel caído venga a pedirme que me mate para él" pero sabía que eso no pasaría. — ¿Padres casados o Divorciados?

Vivo con mi madre.

— ¿Y tú padre?

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—Murió el año pasado.

— ¿Cómo murió?

—Lo mataron. Ésas son cosas personales, si no te importadijo, con voz queda.

Estaba incomoda, podía sentirlo. Pero por primera vez no me sentía feliz con esa situación. Ese tema parecía lastimarla. No quería lastimarla… aún.

Tiene que ser duro. —le dije, medio disculpándome.

Me encontré pensando en cuanto había sufrido esta chica antes de que yo apareciera… Si tan solo yo pudiera…

El timbre de salida me devolvió a la realidad.

Me levanté del asiento rápidamente antes de que me pusiera a consolar a la pelirroja. ¿Qué me estaba pasando? Era justo como ese día en el restaurante… Cuando tenía la necesidad de…

Espera—escuché llamarla a mis espaldas. — ¡Un momento! —Continué caminando— ¡Patch! Aún no tengo nada sobre ti.

Con el bolígrafo aun en la mano, me acerqué a ella y escribí en su palma mi número telefónico antes de darme cuenta realmente de lo que estaba haciendo.

Esta noche estoy ocupadadijo ella, observando su mano.

—Yo también—le dije.

Di media vuelta y me encaminé al estacionamiento, a por mi moto. Sabía que llamaría, tarde o temprano. Y estaba ansioso por esa llamada.

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Ya había anochecido.

Capítulo Dos

Dejé de contemplar el cielo y bajé de un salto del Arcángel. La noche estaba fresca y tediosa.

—Me pregunto que tendrá esta instalación, que te mantiene sobre ella tanto rato— dijo una voz detrás de mí.

Me gusta ver todo desde arriba. Me recuerda los viejos tiempos—le respondí.

Rixon dio unos pasos hacia el Arcángel, observando su altura.

—Sí, suponía que era algo como eso. Por cierto, ¿Dónde has estado? ¿Acostándote con meseras otra vez? —preguntó.

Enarqué las cejas.

No veo como puede importarte lo que hagale dije.

Medio sonrió.

—Ya, ¿Aún enojado por lo de la amiga de aquella pelirroja? Tuvo suerte de que fuera su amiga, y no ella misma. La verdad es que estaba bien buena. La pelirroja, me refiero—dijo él.

No le di tiempo siquiera de pestañear, eché el brazo hacia atrás y con toda la fuerza que tenía aterricé el puño en su mandíbula. Rixon salió disparado unos cuantos metros hacia atrás, escupiendo sangre.

—Imbécil, me has roto un diente. —dijo.

Fingí estar indignado.

—Que mal, de verdad. Mi intención era romperlos todos—medio gruñí.

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—No sé qué mierda es lo que te está pasando… Cada vez que menciono a la pelirroja o a su amiga te pones… activo. ¿Qué pasa Patch, te gusta? —preguntó, riendo, como si la idea de aquello fuese completamente ridícula.

—Bueno, si quieres acostarte con ella, pues… Está bien, dejaré de espiarla en las noches mientras se desnuda—dijo él.

Lo miré incrédulo, con la sangre comenzando a hervir.

—Que tú… ¿Qué has dicho? —exigí.

Sonrió burlonamente. Una sonrisa que daba a entender que no te arrepentías de nada de lo que habías hecho, aún cuando fuera una estupidez.

Te dije que estaba bien buenafue lo que dijo.

Arremetí contra él. Lo golpee en las costillas, el estomago, la mandíbula, golpee su cabeza contra el suelo, rasgué cada centímetro de su piel con mis golpes.

Lo inmovilicé bajo mi cuerpo.

Escucha bien lo que te voy a decir, porque no voy a volver a repetirlodije, apretando su garganta con fuerza. Rixon reía, pero estaba nervioso—Ella es mía, ¿de acuerdo? Si vuelves a acercarte a ella, te arrancaré las piernas. Si te atreves siquiera a mirarla, te arrancaré los ojos. Y si tienes intenciones de tocarla, te juro entonces, que voy a matarte con mis propias manos. ¿Te ha quedado claro? No te quiero cerca de ella—gruñí.

Lo solté, y me levante, limpiando mis manos ensangrentadas.

—Mierda, Patch, tardaré semanas en curarme. Esto alejará a las chicas—dijo él.

Pues bien, pensé.

Me alejé de él en dirección a la salida del Delphic. En cualquier minuto darían entrada a los humanos al parque.

Consulté mi reloj y me di cuenta que Nora no me había llamado aún. ¿Por qué no lo había hecho? De seguro estaba tratando de reprimirse. Sí, eso es lo que pasa.

Llamará, pensé.

Me subí a mi Ducati Streetfighter y aceleré en dirección al salón de Bo., donde seguro me esperaba algo bueno.

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Al llegar al lugar, me adentré en él colocando un billete de veinte dólares en la mano del portero. Seguí mi camino sin detenerme dándole a entender que se quedara con el cambio. Bajé a la sala de billares, y me encontré con que un grupo de tipos que creían tener apariencia mortal me esperaba. Sonreí para mis adentros al ver sus rostros. Pensaban que me intimidaban.

Buenas noches, caballerosdije, sonriendo ante la palabra "Caballeros"

Vaya, Albert nos ha dicho que eras realmente peligroso, pero no te ves lo suficientemente fuerte para serlo. ¿Seguro que sabes jugar Billar? Esto no es un juego de muñecas—dijo el más grandote.

No entendí exactamente que tenía que ver la fuerza con el juego, pero reí incrédulamente con su suposición de que no era "fuerte".

—Algún día dejaré que te hagas tus propias ideas—prometí.

Tomé el taco de billar de siempre, y lo preparé para la jugada.

—Y bien… ¿De qué estamos hablando? —pregunté.

Un yatedijo uno de ellos.

—Pensé que habría algo más valioso. —dije.

— ¿qué más puedes querer? —preguntó otro de ellos.

Dirigí mi mirada al fondo, donde un grupo de mujeres se encontraban observándonos. Bueno, observándome a mí, para estar claros. Les sonreí.

Entre ellas se encontraba una pelirroja de mediana estatura, sus cabellos estaban claramente con un falso rizado. Contuve un gemido de sorpresa. Me recordaba a… Nora.

Volví a revisar mi teléfono y no había llamadas aún.

— ¿Y bien? —preguntó el mismo tipo de hace un rato.

No importa. El yate es suficientedije, volviendo al juego.

—Bueno, ¿Qué apostaras tú? —preguntó otro de ellos.

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No creo que sea necesario apostar nada, ya que no seré yo quien pierda. Pero si tanto quieren saber… una Ducati Streetfighter—dije.

—Prepárate a perderla entonces.

Sonreí. Era agradable apostar contra alguien tan arrogante. Hacía que el juego se tornara un poco divertido. Mi teléfono sonó.

— ¿Si? —contesté, sin mirar el número.

—Llamo para ver si podíamos quedar esta noche. Dijiste que estabas ocupado, pero…

Tuve que utilizar todo mi autocontrol para no explotar en carcajadas.

Nora. —Contesté, con un suspiro de alivio y diversión. — Creí que no llamarías nunca—Le dije, recordándole sus palabras.

—Bien. ¿Podemos quedar o no? —preguntó.

Resulta que no puedodije, observando a lo tipos que me miraban frustrados.

— ¿No puedes o no quieres? —preguntó, exasperada.

Estoy en medio de una partida de billar—dije, conteniendo la risa aún—Una partida muy importante.

— ¿Dónde estás?

—En el salón de Bo. No es la clase de sitio que frecuentas—dije.

Me pregunto si tu testarudez te traerá aquí, pensé.

—Entonces hagamos la entrevista por teléfono. Tengo un par de preguntas…

Colgué. Tenía poco tiempo para terminar la partida antes de que Nora llegara.

Bien, terminemos con estodije.

Unos 30 minutos después, ya era dueño del yate.

Y Nora aún no aparecía.

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Otro grupo de tipos fornidos se acercó para apostar un Ferrari Italia Turbo 480.

Estaba a punto de hacer el tiro ganador, cuando escuché mi nombre.

— ¡Patch!

El taco resbaló entre mis dedos clavándose en la mesa. Mierda.

Inmediatamente entré en la mente de todos los que me rodeaban, haciéndoles ver que había ganado. No quería perder mi Ducati.

Fijé mi atención nuevamente en Nora, y observé que el Portero estaba tratando de sacarla del lugar. Sonreí.

—Está conmigo—le dije al tipo, notando que la sujetaba.

Suéltala, Rugí en su mente.

Pareció desconcertado un segundo, y aflojó su agarré. Ella se aprovechó de eso y se acercó a mí, liberándose de los pétreos brazos de aquel hombre.

Un estremecimiento recorrió mi cuerpo al verla, y seguí sonriendo.

Perdona por colgarte. La cobertura aquí no es muy buena—dije.

Me di cuenta de que teníamos demasiado público. Miré a nuestros espectadores y les di a entender que aquí sobraban.

Uno a uno, se fueron alejando del lugar. El último de ellos chocó con Nora, y la hizo trastabillar. Tuve que apretar los puños y concentrarme en mantener la calma para no saltarle encima aquí mismo y partirle el cuello.

Sacudí la cabeza dándome cuenta de lo que había pensado. ¿Qué estaba pasando conmigo?

— ¿Bola Ocho? —Preguntó. — ¿Cómo están las apuestas?

Sonreí. ¿Entablando una conversación?

No Jugamos por dinero.

― Qué mal. Iba a apostar todo lo que tengo en tu contra. ―Levantó su trabajo, dos líneas ya completas―. Unas pocas preguntas rápidas y me voy.

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Fijé mi mirada en el papel.

― ¿Cretino? ―Leí en voz alta, apoyándome en el palo de billar―. ¿Cáncer de pulmón? ¿Se supone que eso es profético?

Se abanicó con el trabajo.

― Asumo que contribuyes a la atmósfera. ¿Cuántos puros por noche? ¿Uno? ¿Dos?

― No fumo.

― Mm-hmm. ―Dijo, colocando el papel entre la bola ocho y la morada lisa. Escribió

"Si, fuma puros" en la línea tres.

― Estás jugando sucio. ―Dije, sonriendo ante lo que había hecho.

Hace mucho que no sonreía verdaderamente, no recordaba lo bien que se sentía.

― Espero que no te favorezca. ¿Tú sueño más anhelado? ―preguntó.

No lo pensé mucho. Solo tenía un sueño en la cabeza últimamente. Y, para mi agrado, la haría ruborizar.

― Besarte.

― Eso no es gracioso. ―Dijo. El rojo llenó sus mejillas.

― No, pero te hizo ruborizar.

Se sentó sobre la mesa. Cruzó las piernas, usando la rodilla como tablero de escritura.

― ¿Trabajas?

― Limpio mesas en el Borderline. El mejor mexicano en la ciudad.

― ¿Religión?

Bueno, esa no era mi pregunta favorita. Pero casi esperaba que la hiciera. Puse una mano en mi mandíbula como si estuviera pensando.

― Religión no

Culto.

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― ¿Perteneces a un culto? ―parecía sorprendida.

― Y resulta que tengo necesidad de sacrificar a una mujer sana. Había planeado seducirla para que confiara en mí antes, pero si estás lista ahora

Sabía qué pensaría que me estaba burlando de ella. Nunca creería en la verdad de mis palabras.

― No me estás seduciendo.

― Todavía no he empezado.

Saltó de

la mesa y me encaró. La proximidad envió chispas ardientes a mi

estomago.

Vee me dijo que vas en último curso. ¿Cuántas veces has suspendido la biología de segundo año? ¿Una? ¿Dos?

― Vee no es mi portavoz.

― ¿Estás negando haber suspendido?

― Te estoy diciendo que no fui al instituto el año pasado. ―Una vez más, creyó que mentía.

― ¿Faltaste sin autorización?

Tenía la necesidad de responderle sinceramente. Bajé el taco de billar y le hice señas para que se acercara, tal y como hacen los niños cuando quieren contar un secreto. No se acercó.

― ¿Un secreto? ―Dije en tono confidencial―. Nunca antes he ido a la escuela. ¿Otro secreto? No es tan aburrida como esperaba.

Miré su rostro y contuve una sonrisa, sin mucho éxito.

― Crees que estoy mintiendo.

― ¿No has ido a la escuela, nunca? Si eso es cierto, y tienes razón, que no creo que la tengas, ¿qué te decidió a venir este año?

― Tú.

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Sabía que eso la haría sentir asustada. Me arrepentí luego de haberlo dicho, pero solo un poco. Era la verdad, pero no quería que saliera corriendo… quería mantenerla allí, de alguna manera.

― Esa no es una respuesta de verdad.

Me acerqué a ella lo suficiente como para que solo hiciera falta una inclinación, si quería besarla. Y quería.

― Tus ojos, Nora. Esos fríos ojos gris pálido son sorprendentemente irresistibles. ―Incliné la cabeza a un lado, estudiándola desde un nuevo ángulo. Mirando sus labios―. Y esos labios sensuales atraen como un imán.

Antes de que pudiera llevar a cabo lo que quería, se alejó. No sin estremecerse ligeramente. Su cuerpo me correspondía.

― Eso es suficiente. Me voy.

Me miró como intentando deducir por qué actuaba así. Supuse que para una humana, mi actitud era sarcástica y engreída. Bien. Eso la mantendría alejada, y así no pondría tantos peros a la hora de matarla.

― Pareces saber mucho sobre mí. ―Dijo―. Más de lo que deberías. Pareces saber exactamente qué decir para ponerme incómoda.

― Me lo pones fácil.

Ella era como un libro abierto, siempre dejaba claro que era lo que le molestaba y lo que no.

― Admites que lo haces a propósito.

― ¿Hacer qué?

― Esto. Provocarme.

Mi mirada que estaba meticulosamente en sus labios, noto el suave fruncimiento de este al decir cierta palabra…

― Repite "provocarme". Tu boca se ve provocadora cuando lo dices.

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― Hemos terminado. Termina tu partida de billar. ―me entregó con brusquedad el palo de billar. No lo tomé. Quería que se quedara.

― No me gusta sentarme a tu lado. ―Dijo―. No me gusta ser tu compañera. No me

gusta tu sonrisa condescendiente. ―Noté como su cuerpo me decía que estaba mintiendo―. No me gustas tú. ―Dijo, tratando de convencerse más a si misma que a mí, y empujó el palo contra mi pecho.

― Me alegro de que el Entrenador nos pusiera juntos. ―Dije. Pensando en el tipo que se hacía llamar "Entrenador"

― Estoy trabajando para cambiar eso. ―Replicó.

Sonreí ante la idea de que lo intentara. Sabía que el entrenador accedería a su petición, pero si yo influía en su mente, o en la de Nora, eso no pasaría. Mi mirada se desvió a su cabello, y estirando mi mano, dejé caer al suelo lo que tenía allí.

― Un papel. ―le expliqué. Observaba mi muñeca.

― Ese es un desafortunado sitio para una marca de nacimiento. ―Dijo.

Mierda. Bajé la manga casual pero perceptiblemente sobre la muñeca.

― ¿La preferirías en algún lugar más privado? ―pregunté, tratando de distraerla.

Funcionó.

― No la preferiría en ningún sitio. ―Parecía nerviosa―. No me importaría si no la tuvieras en absoluto. ―Realmente estaba nerviosa―. No me importa tu marca de nacimiento, punto.

Bien. Ya tenía suficiente.

― ¿Alguna pregunta más? ―Pregunté―. ¿Comentarios?

― No.

― Entonces te veré en bio.

La vi vacilar, como si quisiera decir algo más. Luego de que se lo pensara mejor, salió disparada hacia la salida.

La observe fijamente hasta que la vi desaparecer.

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Capítulo Tres

Llegué al Delphic cerca de medianoche.

Una fina lluvia caía sobre mí, ciñéndome la ropa al cuerpo, y el cabello al cráneo.

Subí al Arcángel en un intento desesperado de poder pensar con claridad, de despejar mi mente. Desde que Nora había salido del Salón de Bo., No había dejado de pensar en ella.

No entendía que me sucedía, pero cada vez que imaginaba las diferentes formas en las que ella podía morir, mi cuerpo se estremecía. No era que lo sintiera, porque no puedo sentir ningún tipo de sensaciones, pero lo sentía a un nivel emocional. Era como si fuese mi alma (Si es que tenía una) la que temblara al solo pensar en la muerte de esa chica.

Recuerdo la primera vez que la vi, en su habitación, justo el primer día que comencé a observarla a diario. Había pensado que no había chica como ella. Era muy guapa, si, pero no era en eso en lo que me había fijado. Tenía carácter, y actitud. Me había dado cuenta que era fuerte, al menos emocionalmente. Y eso me gustaba.

"Ya era tarde.

La mayoría de las personas se encontraban durmiendo a estas horas de la noche, pero ella no lo estaba. Se encontraba sentada en el suelo, reposando la espalda en su cama, con la vista perdida en una pequeña caja plateada que sostenía en su regazo. Su cabello estaba suelto, y los alborotados rizos caían a cada lado de su cara. Tenía la cabeza baja, como si estuviera llorando. Su cuerpo daba sacudidas, como cuando tratas de contener los sollozos.

La miré fijamente. No podía creer que ella fuera la descendiente que necesitaba para llevar a cabo el sacrificio. No tenía ningún parecido con Chauncey… Lo que me hacía preguntarme si tal vez, había sido un error.

Entonces mi mirada se posó en su muñeca, y contuve un gemido. Era ella. De eso no había duda. Lástima.

¿Lástima? ¿Lástima por qué? Pensé. Luego sacudí la cabeza.

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La rama donde me encontraba emitió un ruido, y ella levantó la vista. La miré a los ojos, aún cuando sabía que ella no podía verme. Se encontraba confundida… y contemple con gran curiosidad como su rostro estaba completamente seco. Pero sus ojos reflejaban dolor y angustia. Suspiró y regresó su mirada a unas fotografías que sostenía.

—Lo siento, padre. Yo tenía… yo tenía que haber estado contigo… Yo… yo tuve que acompañarte—susurró, cerrando los ojos con fuerza.

Sus puños se cerraron con fuerza, tiró las fotos dentro de la caja y la cerró de un golpe. Se levanto, y secó una pequeña lágrima que había logrado escaparse.

No voy a llorar—susurró, tratando de convencerse a sí misma. —No voy a llorar, no lo haré.

Una parte dentro de mí se removió inquieta. Quería entrar, consolarla y decirle que todo estaba bien, que allí estaba yo con ella.

Pero esa era mi parte débil, y yo no era débil. Traté de regodearme de su sufrimiento, y lo logré. Imaginando mis carcajadas al momento de sacrificarla.

Me estremecí, pero lo ignoré. Bajé del árbol de un salto y me encaminé al Delphic. No tenía medio de transporte en ese entonces. Estaba deseando ansiosamente que llegara el inicio de clases, momento en el cual se activaría mi plan para asesinarla."

Seguía pensando en ella cuando me encaminé a los túneles, en dirección a mi casa. Al llegar, me quité la ropa y me metí entre las sabanas.

No era que yo necesitara dormir, pues los ángeles caídos no duermen técnicamente. Pero mi cuerpo si lo necesitaba. Así que cerré los ojos, y me sumergí en mis pensamientos… que eran sobre Nora.

El "Entrenador" estaba malgastando saliva hablando aún sobre lo que él creía que era el sexo. Yo no le prestaba atención, estaba concentrado en mi compañera, la cual estaba concentrada en algo más.

Observé como escribía "Poco dispuesto a cooperar con el trabajo. Demuestra escaso interés por el trabajo en equipo".

Contuve una risa. Eso era cierto… en parte. No me interesaba trabajar con nadie. Nadie, que no fuera ella.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

Seguí observándola… parecía preocupada. Metió una mano en su mochila y sacó dos comprimidos de algo que tenía un asqueroso color gris. Se los metió a la boca,

y los tragó.

Enarqué las cejas, curioso, esperando a que ella me dijera por qué tomaba esas cosas. Pero como no, nos interrumpieron.

― ¿Nora?

El entrenador se encontraba frente a Nora, esperando su respuesta.

― ¿Podría repetirme la pregunta? ―dijo ella, ruborizada.

Los inmaduros que la rodeaban soltaron una pequeña risa, lo cual pareció irritar al entrenador.

― ¿Qué cualidades te atraen de un posible compañero? ―dijo.

― ¿De un posible compañero?

―Venga, no tenemos toda la tarde.

Ella parpadeó sorprendida, y algo confundida. Me recliné en la silla, y la estudié, esperando su respuesta.

― ¿Quiere que haga una lista de las características de un…?

―De un posible compañero, sí, eso ayudaría―dijo el entrenador, exasperado.

Me miró.

Una parte de mí sabía que lo haría, así que sonreí abiertamente, y articulé las palabras "Estamos esperando" para que se diera prisa. Se ruborizó, y movió sus manos.

Me había dado cuenta, que cuando está nerviosa, trata de desviar la atención a su cuerpo.

Sonreí para mis adentros.

―Nunca lo he pensado―respondió al fin.

―Pues piénsalo ahora, y rápido.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

Entré en la mente del entrenador para que se dirigiera a mí, y lo hizo.

―Tu turno, Patch.

Cambié de posición, girando mi cuerpo levemente en dirección a Nora.

―Inteligente. Atractiva. Vulnerable―dije.

Miré de reojo a Nora, pero estaba mirando al entrenador escribir mis cualidades en la pizarra.

― ¿Vulnerable? ¿Y eso? ―preguntó.

Abrí la boca para contestar, pero me vi interrumpido por Vee. Tuve que hacer un esfuerzo enorme para no mandarla a callar a gritos.

― ¿Esto tiene algo que ver con el tema que estamos estudiando? Porque en el libro de texto no dice nada sobre las características que debe reunir el compañero ideal. ―dijo ella.

El entrenador la miró, y explicó lo que parecía el motivo de su pregunta. Luego le pidió las cualidades que busca en un chico.

―Guapísimo, rico, indulgente, sobre-protector y un poquito perverso―dijo.

Reí. Ya que ella no recordaba a Rixon, al parecer hablaba de mí.

―El problema de la atracción entre humanos, es que nunca sabes si esta será correspondida―dije, más para mí mismo que para los demás, pero de igual forma escucharon.

―Excelente observación―dijo el entrenador.

―Los humanos son vulnerables―dije, haciendo énfasis en "Son" y no decir "somos". Nadie se dio cuenta―Porque se les puede hacer daño.

Le di un rodillazo a Nora, la cual volvió a ruborizarse, y luego se apartó.

―La complejidad de la atracción (Y reproducción) entre los humanos, es uno de los rasgos que nos diferencian de otras especies―dijo.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

Resoplé. ¿De otras especies? Yo era "De otra especie" y la forma de atracción era exactamente igual a la de los humanos. Estúpido.

Siguió hablando de estupideces mientras yo me perdía en mis pensamientos, deseando que fuera el hombre que tenía en frente la persona que debería matar, y no la chica que tenía a un lado.

Un minuto después, mi nombre me trajo de vuelta a la realidad.

―Muy bien, Patch. Imaginemos que estás en una fiesta. Ves a muchas chicas de diferentes formas y tamaños. Rubias, morenas, pelirrojas, algunas de pelo azabache. Algunas son habladoras, mientras que otras parecen tímidas. Has encontrado a una chica que es tu tipo. ¿Cómo le comunicarías tu interés?

―Me acercaría y le hablaría―dije, sin pensar.

―Estupendo. Ahora viene lo más importante. ¿Cómo averiguarías si es una presa accesible o, en cambio, quiere que te largues?

Pensé. Recordé entonces la primera vez que hablé con Nora realmente…

―La estudiaría. Me preguntaría qué piensa y qué siente. Ella no me lo va a contar a la primera, por lo que tendré que prestar atención. ¿Me mira de frente? ¿Aguanta la mirada y luego la aparta? ―miré de reojo a Nora― ¿Se muerde el labio y juega con su pelo, como está haciendo Nora en este momento?

Más coqueteos. Era un problema, pero me gusta coquetear con ella. Más de lo sanamente posible.

―Ella es una presa―dije, y le di otro rodillazo. Otra vez se sonrojó.

― ¡Muy bien! ―exclamó el entrenador.

Parecía realmente feliz de que por primera vez, todos los alumnos estuvieran prestando atención a una de sus clases.

Observé a Nora con más intensidad.

―Los vasos sanguíneos del rostro de Nora se están dilatando y tiene la piel caliente. Sabe que la están cortejando. Le gusta recibir atención, pero no sabe manejarse―dije.

―No estoy sonrojada―dijo, y se sonrojó un poco más.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

―Está nerviosa―dije. ―Se acaricia el brazo, para desviar la atención de su rostro a su figura. Quizás a su piel. Son sus puntos fuertes.

Levantó la barbilla, simulando dignidad.

―Esto es ridículo―dijo.

¿Ridículo? Bueno, destrocemos esa dignidad que queda, pensé. Coloqué mi mano en

el respaldo de su silla, como si eso fuese lo más normal del mundo. La miré a los ojos con toda la intensidad posible que pude reunir, y me perdí en las profundidades de sus ojos grises. Ella me devolvía la mirada sin decir nada. Ambos perdidos en el otro. Lo sabía.

"Vulnerable" dije, sin decir palabras en realidad.

Eso pareció molestarla y devolverla a la realidad. Arrimó su silla más adelante, dejando caer mi mano. Casi solté una carcajada.

― ¡Ahí lo tienen! Así funciona el proceso Biológico―dijo el entrenador.

Resoplé bajito, asegurándome de que solo yo lo escuchara.

― ¿Ahora podemos hablar de sexo, por favor? ―solicitó Vee.

―Mañana. Lean el capítulo siete y vengan preparados para un debate―respondió él.

Sonó el timbre, y eché mi silla hacia atrás, simulando que ya me iba.

―Ha sido divertido. Repitamos cuando quieras―dije.

Me alejé de ella, saliendo por la puerta. Justo en ese momento, entre en la mente del entrenador, solicitando que saliera inmediatamente. Él lo hizo, por supuesto. Sin que se diera cuenta Nora, tomé su lugar entrando en la mente de todos, para que todo aquel que mirara hacía donde me encontraba, no me viera a mí, sino a McConaughy. Sabía que Nora vendría a hablar con él sobre mí. Sabía también que él haría lo que le pidiera, sin mi influencia. Por eso, ella no hablaría con él. Hablaría conmigo.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

Capítulo Cuatro

Sobre el escritorio había un libro de jugadas, así que me entretuve con él, dibujando un partido mientras sentía a Nora acercarse.

Cuando estuvo frente a mí, contuve las ganas de soltar una risotada. Después de todo, no sería común que el entrenador se riera de ella en estas circunstancias, y no quería que acudiera a un personal de rango mayor. Sería un poco más problemático tener que fingir ser la directora o alguien de igual importancia.

―Dime, Nora. ¿Qué puedo hacer por ti? ―le pregunte, de la misma forma que el entrenador lo hubiera hecho.

Aunque claro, tampoco me preocupaba imitarlo a la perfección. El truco que puse en su mente se haría cargo de todo.

―Quiero decirle que la nueva disposición en clase y el nuevo plan de trabajo me incomodan―dijo ella, con total serenidad.

Enarqué las cejas, y obtuve una postura mucho más cómoda en lo que a mí respectaba: empujando la silla hacía atrás y entrelazando las manos detrás de mi nuca.

―A mí me gusta la nueva disposición. Casi tanto como este marcaje hombre a hombre que estoy preparando para el partido del sábado―dije, admirando el trabajo que había hecho. Sin ninguna duda, que milagrosamente alguien haya dibujado un marcaje perfecto en el libro sería extraño para el entrenador. Pero luego de que mi malditamente perfecto ingenio le diera la victoria, olvidaría ese hecho. Estaba seguro.

Nora dejó caer algo en la mesa, y levanté la vista para observar una copia del código de conducta del instituto y los derechos de los estudiantes sobre la mesa. Tuve que morderme la lengua para no reír. Sabía jugar muy bien su juego.

―La norma dice que ningún alumno debería sentirse amenazado dentro del colegio―dijo.

Sentí como si me fuera abofeteado. Me costó un montón no mostrar signos de mi incertidumbre. ¿Se sentía amenazada? ¿Por qué? Bueno, yo la había asustado en algunas ocasiones, pero ¿Amenazada? ¿Por mí?

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

De pronto desee haberla tratado mejor desde un principio.

Bueno, pero ¡maldita sea! ¿Por qué? Mientras más rápido se hiciera a la idea de que era peligroso para ella, mejor. Pero aun así, una parte de mí no lo quería.

― ¿Te sientes amenazada? ―pregunté.

―Me siento incómoda. Y quisiera proponer una solución. ―Guardé silencio. Bueno, eso está mejor. La incomodidad siempre es más fácil de controlar pensé. E imaginé nuevamente mis labios sobre los suyos, y cerré los puños con fuerza para contenerme de abalanzarme sobre ella y… hacer cosas indecorosas. Afortunadamente, no esperó a que siguiera hablando, porque continuó―Me ocuparé de la tutoría de cualquier alumno de Biología si vuelve a sentarme al lado de Vee.

¿Qué? ¿Tener que compartirla? ¿No sentarme más a su lado? ¿Tener que soportar como Vee la lanzaba a los brazos de un desconocido solo porque si? Estaba loca.

―Patch podría necesitar un tutor. ―me limité a decir.

Casi me sacó la lengua. Casi.

―Eso queda descartado―dijo.

¿Cómo era que de pronto quería evitarme a toda costa? ¿Por qué?

― ¿Lo has visto hoy? Estaba implicado en la clase. En todo el año no le había oído

decir una sola palabra, pero ha sido sentarlo a tu lado y… ¡bingo! Su calificación en

esta asignatura va a mejorar―Aunque tampoco era que me interesara la asignatura en absoluto.

―Y la de Vee va a empeorar.

Bufé ligeramente. Al parecer no lo había notado.

―Es lo que pasa cuando no puedes mirar a tu lado y encontrarte con la respuesta correcta―dije.

―El problema de Vee es la falta de constancia. Yo le echaré un cable―dijo.

―De momento seguiremos así. ―miré el reloj. Mierda, el entrenador ya debería estar por regresar. ―Llego tarde a una reunión, ¿Algo más?

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

Pareció pensarlo, pero no tenía nada más a lo que aferrarse.

―Esperemos unas semanas a ver qué pasa―Tendría que enamorarla demasiado pronto―Ah, y lo de darle clases particulares a Patch iba en serio. Cuento contigo.

Me levanté del escritorio y salí del aula en dirección al estacionamiento, justo cuando observaba al entrenador pasar por el otro pasillo. Demasiado cerca, pero lejos de notar algo.

Subí a mi Ducati y aceleré en dirección al Delphic.

―Vaya, hasta que apareces.

Me giré para ver a Rixon bajar del Arcángel.

―Pensé que no te atraía el arcángel―le dije.

Se encogió de hombros.

―Solo estaba probando que se siente. Tienes razón, recuerda los viejos tiempos. ―dijo.

Comencé a caminar en dirección a mi casa.

― ¿Te suena el nombre de Nora Grey? ―preguntó de pronto.

Me quedé congelado.

―Creo que es el nombre de esa pelirroja que tanto te gusta. Es su nombre, ¿No? ―dijo él.

Me giré sobre mis talones, y comencé a caminar en su dirección con los puños cerrados, y el ceño fruncido. ¿Pero qué mierda? ¿Cómo Rixon conocía su nombre completo?

―Vaya, deja tus celos niño malo. No es conmigo con quien tienes problemas―dijo.

Me detuve.

― ¿Con quién entonces, sino?

Se encogió de hombros, restándole importancia.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

―No sé quiénes son.

―Quienes son… ¿Quiénes?

Me estaba exasperando.

―Chicos. Dos. Los escuché hablando sobre ella, y un ataque. ―dijo él.

Me quedé pasmado.

― ¿Ataque? ¿Qué ataque? ―pregunté. Volvió a encogerse de hombros. ―Rixon, más

te vale que digas todo lo que sabes si no quieres hacerle una visita de urgencia al

odontólogo más cercano.

Soltó unas carcajadas.

―Vale, vale, tranquilo. Lo único que escuché fue que ya habían encontrado a Nora Grey, y que lo más probable es que la atacaran hoy en la biblioteca. Al parecer saben que ella y su amiga estarán allí. Y… oye, venga ¿A dónde vas? ¡Patch! ―gritaba.

No le presté atención.

Corrí de nuevo hacía mi Ducati, y aceleré en dirección a la biblioteca.

No podía permitir que algo le pasara a Nora. No todavía.

Llegué a la biblioteca justo a tiempo, a mi parecer.

Nora se encontraba en una de las mesas junto a Vee, y todo parecía Normal. Me encaminé hacía donde se encontraba la bibliotecaria. Si estaba en la biblioteca, bueno, tenía que tener un motivo.

―Quiero llevarme un libro―le dije.

La bibliotecaria enarcó una ceja.

― ¿Qué libro? ―preguntó.

Mierda.

―Eh, uno de historia―respondí.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

Ahora enarcó las dos cejas.

― ¿Nombre del libro?

Bueno, maldita sea.

―Da igual. Solo deme un puto libro. El que sea―le dije.

Ella se ruborizó.

Unos pocos minutos luego, estaba de regreso con un libro en las manos. Me lo entregó, y nuestros dedos se rozaron. Pude sentir como su cuerpo se estremecía.

Sí, este era el efecto que causaba en las mujeres.

― ¿Algo más que te pueda ofrecer? ―preguntó.

Enarqué las cejas ante su insinuación, y solté media sonrisa.

―Sí, supongo que sí―le dije.

Me sonrió esperanzada.

―Mira detrás de mí―le dije, cortando su ensoñación. ― ¿Notas a alguien extraño? ¿Alguien que tenga pinta de estar siguiendo a alguien más?

Vi la clara decepción en su mirada, sin embargo comenzó a barrer la biblioteca con

sus ojos.

―Lo siento, no…―dijo. Bueno, de seguro Rixon había escuchado mal. Me prepare para irme―Espera, allí hay un chico (Creo que es un chico) extraño. Tiene una sudadera con capucha que le cubre el rostro―dijo.

Bingo.

Miré unas tarjetas que reposaban en el escritorio.

― ¿Tu número? ―pregunté, señalando las tarjetas. Ella asintió, ruborizada. Tomé una tarjeta―Tal vez un día te llame.

Salí de la biblioteca, y me escondí junto al coche de Vee, en la oscuridad, esperando. Pasaron unos largos minutos en lo que la desesperación me carcomía hasta que al fin las vi llegar.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

Luego de que Nora y su amiga desaparecieran, lo vi.

Echó a correr antes de que pudiera ver quién era, o de entrar en su mente siquiera, y me recorrió el cuerpo entero un escalofrío.

Si estaba detrás de Nora.

Y no era humano.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

Capítulo Cinco

Intenté seguirlo, pero no tuve tiempo. Perdí su rastro al instante en que siguió el Neón.

Vamos, Jev. Piensa rápido me dije. ¿A dónde podría ir Nora a estas horas, luego de la biblioteca?

La respuesta era tan obvia que casi reí. Casi.

Su casa.

Aceleré la moto a todo lo que daba. Solo esperaba que el perseguidor de Nora no fuera quien yo estaba imaginando.

Me equivoqué.

Nora no llegó a su casa, por más que estuve por media hora esperándola. ¿A dónde mierda se había ido esta chica? No tenía tiempo para andar de niñera salvándola de todo el peligro que la rodea. Debería considerar más a fondo el hecho de que Nora no debería importarme en lo más mínimo. Bueno, salvo su sacrificio. Pero sentía curiosidad. ¿Por qué la seguirían? ¿Qué habría hecho esta chica como para que fuese lo suficientemente fuerte y provocar un ataque? Su perseguidor no era humano, y los únicos que poseían la capacidad de correr a esa velocidad eran los ángeles caídos, y los Nefilim. ¿Por qué alguno de ellos seguirían a Nora?

Bajé de un salto del árbol donde me encontraba a la espera, subí a mi moto y aceleré al Delphic.

―Vaya, ¿Me visita la realeza? ―dijo Rixon al verme llegar.

El Delphic, como de costumbre al anochecer, estaba repleto de personas.

Tuve que hacer un esfuerzo para llegar a los túneles sin ser visto, y no estaba de humor para las bromas de Rixon.

―Venga, cierra el pico―le espeté.

Se levantó del sillón donde se encontraba, y se acusatoria.

acercó a mí con una mirada

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

― ¿De dónde has sacado el Yate que está a la orilla del río? Venga, no me vayas a decir que no es tuyo porque encontré allí una copia de las llaves de tu Ducati―me acusó.

Sonreí.

―Lo gané en Bo.

Me devolvió la sonrisa.

―Lo quiero―dijo él. ―Venga, somos amigos ¿No? Y cada vez que vas a jugar billar regresas con algún juguete nuevo. No te hará falta. A mi si, las chicas se vuelven locas en los Yates. Y me gusta tener el sexo asegurado.

Abrí la boca para decirle que se buscara su propio Yate, cuando se me ocurrió algo mejor.

―Vale, pero solo con una condición―le dije.

―Tú dirás.

―Si en algún momento te pido que siguas a alguien, lo seguirás sin preguntar, ¿Vale?

Llegué al instituto justo a tiempo para biología.

La verdad es que no me sorprendía que aún no se dieran cuenta que la única materia que cursaba era Biología, cuando debería estar en otras clases. Pero teniendo en cuenta lo estúpidos que llegaban a ser los humanos, bueno, no importaba.

Entré al salón de clases, y pude escuchar a Nora.

―Patch es lo que menos me preocupa.

Su mejor amiga, Vee, estaba sentada a su lado.

―Es mi sitio, si no te importa―le dije.

Ambas me miraron, levemente sorprendidas.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

Esperé paciente a que Vee se pusiera de pie y se colgara la mochila al hombro. Pero no podía soportar tanta lentitud. Estirando mi brazo le indiqué el pasillo, queriéndole gritar "Mueve ese asqueroso culo lejos de Nora ¡Ahora!"

Cuando finalmente se largó, me senté.

―Estás guapa, como siempre―le dije.

Me recliné en la silla con las piernas estiradas.

―Gracias―respondió.

Se ruborizó levemente, y parecía iniciar una guerra en su interior.

―Y además hueles bien―agregué.

Me gustaba ese ligero olor a fresas. No parecía ningún perfume… solo su olor natural.

Era perfecto.

Ya vuelven las cursilerías, Jev. Contrólate. Cuerpo humano. Sacrificio. Matar.

―Se llama ducharse―dijo. Como no contesté, prosiguió―Utilizas jabón, champú y agua caliente.

―Y te desnudas. Conozco el ejercicio―le dije.

Eso pareció incomodarla, pero antes de que pudiera cambiar el tema, sonó la campana.

El entrenador tomó su lugar en la clase, pero no presté mucha atención mientras discutía los puntos de un cuestionario que teníamos que llenar. La imagen de Nora dándose una ducha mantenía mi mente ocupada. Esta no era precisamente mi forma de concentrarme, y comencé a acalorarme. Sacudí levemente la cabeza para tratar de despejar esas imágenes. Observé que Nora tenía el ceño levemente fruncido, y estaba estirando sus dedos para lo que supuse sería liberarse de un calambre.

―Pareces cansada. ¿Una noche dura? ―le pregunté en un susurro.

―Te vi en la biblioteca―susurró de vuelta, esforzándose por parecer concentrada en el examen.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

Claro, debí imaginar que Sherlock Holmes notaría mi presencia.

―El punto culminante de mi noche―mentí.

― ¿Me estabas siguiendo?

Eché la cabeza atrás y reí por lo bajo. ¿Qué, era adivina, además de detective?

― ¿Qué estabas haciendo allí? ―insistió.

―Fui a sacar un libro―respondí.

Se quedó en silencio unos segundos, mientras respondía algunas preguntas del cuestionario. Me limité a observarla.

Como intuyendo que la miraba, me miró y sonreí.

Algo dentro de mí se removió inquieto al notar que Nora se había puesto nerviosa, dejando caer el bolígrafo al suelo. Me incliné, lo tomé y se lo devolví.

―Después de la biblioteca, ¿Adónde fuiste? ―preguntó.

― ¿Por qué lo preguntas?

― ¿Me seguiste?

Lo intenté.

―Pareces un poco nerviosa, Nora. ¿Qué te ocurre? ―le pregunté, fingiendo estar preocupado, pero conteniendo con todas mis fuerzas las ganas de reírme.

― ¿Me estás siguiendo? ―insistió.

Chica lista pensé.

― ¿Por qué iba a seguirte?

―Dímelo tú.

El entrenador llamó su atención y Nora volvió a concentrarse en el examen. Lo cual era estupendo, porque no tenía intenciones de responder a sus preguntas.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

Finalmente, el adulado profesor complació a Vee en cuanto a su clase sobre el sexo, lo cual me pareció altamente aburrido.

Y finalmente, cuando estaba dispuesto a marcharme, Nora me detuvo.

En contra de mi voluntad, mi corazón se agitó.

― ¿Podemos hablar? ―preguntó.

Me senté en el borde del escritorio.

― ¿Qué pasa?

―Sé que no quieres sentarte a mi lado más de lo que yo quiero sentarme a tu lado. Creo que el entrenador consideraría cambiarnos de sitio si tú se lo pides. Si le explicas la situación…

― ¿La situación? ―la interrumpí.

―Que no somos… compatibles.

― ¿No lo somos?

―No es una novedad.

Vaya, para mí sí lo era. ¿Qué no se enteraba de nada?

―Cuando el entrenador me solicitó mi lista de atributos deseados en un compañero, yo hablé de ti.

―Pues retíralo.

Ni en broma.

―Dije: inteligente, atractiva, vulnerable. ¿No estás de acuerdo?

Esperé que protestara por lo de "Vulnerable" pero no lo hizo. Lástima.

― ¿Le dirás al entrenador que nos cambie de sitio o no?

―Paso. Empiezas a gustarme.

Y maldije para mis adentros, porque era cierto.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

Nora me estaba empezando a… en realidad era algo más que gustar, y no encontraba forma de evitarlo.

―Creo que estarías mejor con otro compañero, y tú lo sabes―dijo, sonriendo algo tensa.

―Me temo que podría acabar sentado al lado de Vee. No voy a tentar a mi suerte.

Y como un demonio invocado, Vee apareció.

― ¿Interrumpo algo? ―preguntó.

Nora negó. Luego de un par de cometarios entre ellas que me hicieron reír, pregunté:

― ¿Alguna otra cosa, Nora?

―No. Nos vemos mañana―dijo.

―Lo esperaré con ansias―dije, y le hice un guiño.

Con el pulso repentinamente nervioso, me alejé en dirección al estacionamiento.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

Capítulo Seis

La tarde transcurría de lo más brutal.

Si fuese humano, y estos fuesen capaces de morir de aburrimiento, oficialmente habría muerto en un par de horas.

La mañana con Nora en el instituto me había dejado algo pensativo.

¿Por qué pensaba que no éramos compatibles? Supuse que al mirarla y describir las cualidades que busco en una compañera, se habría dado cuenta que hablaba de ella. ¿Acaso lo ignoraba? ¿Me ignoraba ella a mí? ¿Por qué no podía yo ignorarla a ella?

Maldición.

¿Por qué no podía sacármela de la cabeza? Desde que coqueteamos en aquel restaurante, la primera vez que la vi… ¡Mierda! Me había atraído. Me atrae. Siempre lo ha hecho, pero ¿qué pasa con eso? Todas las mujeres me atraen, ¿Qué puede tener ella de especial?

Suspiré frustrado, mientras observaba el techo de mi habitación.

Mi teléfono sonó con una llamada entrante, y por una fracción de segundo, quise

que fuera ella. Pero no, por supuesto. No era Nora.

― ¿Qué pasa, Frank? ―contesté.

― ¿Qué pasa? ¡Como me preguntas qué carajos pasa! ¿Por qué no has venido a trabajar? ¡Te he salvado el culo muchas veces! ¡Me debes un millón de favores! Más te vale presentarte hoy, porque no voy a volver a salvarte el culo, Cipriano―gruñó.

―Veré que puedo hacer―dije, y colgué.

Me revolví en mi cama, y continué con mi tranquila inspección al techo. ¿Trabajar? ¿Para qué seguir trabajando en el Borderline? Desde que había entrado a jugar en Bo., no me hacía falta ningún trabajo. En una noche en el billar ganaba lo que podría ganar en dos meses en el Borderline.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

Pero ni siquiera apostando podía dejar de pensar en Nora, y la verdad es que necesitaba sacármela de la cabeza.

A la mierda todo, pensé.

Me saqué los pantalones de una patada, y arrojé la camisa al suelo. Entré a darme una ducha y despejé un poco mi mente.

Mientras el agua caía sobre mi cuerpo, sentí un torbellino explotar en mi cabeza. El momento en el que Nora me preguntó si la estaba siguiendo… Aquellos nervios… No se refería al hecho de que estaba en la biblioteca… O bueno, tal vez sí, pero no era solamente eso. Ella sabía, sentía que algo iba tras ella, algo peligroso. Me contuve de darle un golpe a la pared y me maldije por ser tan imbécil. Debería haber intuido lo que estaba pasando, debería haber entrado en su mente y descubrir sus pensamientos, ¡debería haber prestado más atención, joder! Tenía que descubrir quien la seguía, y que quería de ella. Y lo sabría, por supuesto que lo sabría.

Al salir, me coloqué una camiseta negra y un par de jeans ajustados, negros también. Me calcé mis botas negras de nuevo, y tomé las llaves de mi Ducati para ir a mi tan aborrecido trabajo.

Salí de mi casa pensando en Nora, por supuesto. Y entonces recordé lo que me había contado Rixon. ¿Quiénes podrían ser? Fue entonces cuando una revelación se abrió paso en mi cabeza. ¿Dónde estaba Chauncey? La última vez que lo vi, en el último Jeshván, estaba en Francia. ¿Sería posible que ya hubiese descubierto el paradero de su descendiente, y supiera el poder que tenía ella? Si no era Chauncey… ¿Quién más? Y si fuera Chauncey… Tenía que saber que por las venas de Nora corría el poder de hacerme humano, y acabar con él para siempre. A menos, claro, que la matara él primero. No. Si se atrevía a colocarle las manos encima a Nora… lo mataría. Me importaba una mierda quedarme sin Nefilim que poseer, fácilmente podría hacerme con otro. Pero no iba a dejar que la tocara, nadie puede tocarla.

Nadie toca lo que es mío.

Es mía.

Pero, ¿Qué mierdas estás pensando Jev? Esa chica no es tuya, así que deja de pensar en ella como si lo fuera.

Aunque tal vez lo era, ¿No? Después de todo, iba a volverme humano por un sacrificio que haría ella. Ya investigaría sobre Chauncey más adelante…

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

Llegué al Borderline justo cuando Frank me llamaba por centésima vez. ¿Qué no podía esperar?

―Maldita sea, Patch, contéstame―susurró, mientras marcaba el número de nuevo.

Bueno, no me había visto.

―No quiero―le dije.

Se sobresaltó, y se giró para encararme.

―Oh, te dignaste a trabajar. Genial. Ten―dijo, entregándome un delantal―Atiende

las mesas. O haz lo que se te dé la gana, pero haz algo, por favor.

Y entró.

Yo lo seguí de mala gana, mientras me colocaba el delantal. Atendí un par de mesas que estaban ocupadas, y fui a la barra a entregar el pedido. Odiaba esto.

Entregué los pedidos, y fui a otra mesa desocupada que estaba asquerosamente sucia. Cogí un paño y comencé a limpiarla, enojado porque las personas pudieran causar tantos desastres.

Entonces la sentí.

Supe que era ella antes de verla, pero igual me sorprendí al girarme y verla sentada en una de las mesas del fondo.

Mi pulso se aceleró ridículamente.

Antes de saber lo que estaba haciendo, me encontré caminando en su dirección. Contuve la risa al ver que estaba en un apuro. Al parecer, no quería hablar conmigo. Lástima, porque yo si quería hablar con ella.

―Vaya, vaya. ¿No tienes bastante con verme cinco días a la semana? ¿También te apetece por la noche? ―pregunté, al llegar a su lado.

―Lamento esta desafortunada coincidencia.

Me

haciéndolo girar entre mis manos. Mierda, esperaba que no notara que estaba

vaso,

senté

en

el

sitio

de

Vee, Apoyé los brazos en la

mesa

y

cogí su

nervioso.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

―Ese asiento está ocupado―dijo ella. La ignoré. ¿Cómo se lo pedía? ― ¿No deberías estar trabajando en lugar de confraternizar con los clientes?

Sonreí. Bueno, después de todo, siempre se me ocurría algo.

― ¿Qué haces el domingo por la noche? ―pregunté.

Resopló. ¿Por qué lo hacía?

― ¿Me estás invitando a salir?

―Te estás volviendo una engreída. Eso me gusta, Ángel.

Me encantaba, en realidad. Pero no llegaría a admitir eso.

―Lo que a ti te guste me trae sin cuidado. No pienso salir contigo. Ni una cita. Y menos a solas. ―Se ruborizó levemente, y quise saber qué pensaba. Pero no me atreví a preguntarlo― Un momento, ¿acabas de llamarme "Ángel"?

―Ajá.

―Pues no me gusta.

Sonreí con todas mis ganas. Definitivamente, ella tenía algo.

―Pues así se queda, ángel.

Mis ojos se desviaron a, como siempre, sus labios, y me di cuenta.

Esto tenía que ser obra de Vee, por supuesto. Nora casi nunca usaba maquillaje.

Me incliné sobre la mesa, frotando sus labios con mi pulgar para retirarle esa cosa pegajosa de los labios. Mucho mejor.

Noté la exquisita suavidad de besándola.

sus labios, y por milésima

vez, me imaginé

―Así está mejor. ―dije, con la voz entrecortada, supongo que no se dio cuenta.

Agitó su cabello, tratando de fingir indiferencia. Pero noté, que tal y como a mí, mi roce le había afectado.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

―En cualquier caso, no me dejan salir por las noches si al día siguiente tengo clase―dijo.

―Qué pena. Hay una fiesta en la costa, pensé que podíamos ir. ―dije, aunque era mentira, por supuesto. Supuse que al imaginar estar rodeada de otras cientos de personas, aceptaría.

Bajó la mirada y tomó un poco de agua. Estaba nerviosa, lo sabía, porque bostezó, y jamás había visto un bostezo tan falso.

―Bueno, como te he dicho, tengo clase al día siguiente. Y si tanto te interesa esa fiesta, te aseguro que no iré―dijo. ―En cualquier caso, ¿Por qué me invitas a mí?

Bien, lo de la fiesta no había funcionado.

―Quiero estar a solas contigo―dije, y no podía ser más cierto.

Pude ver su sorpresa.

―Escucha, Patch, no quiero ser grosera pero…

―Sí, ya lo veo.

― ¡Bueno, tú empezaste! No puedo ir a esa fiesta. Fin de la historia.

― ¿Por qué tienes clase al día siguiente conmigo?

―Las dos cosas.

¡Bingo! Había confesado.

o porque te

da miedo estar a solas

― ¿Te dan miedo todos los chicos… o solo yo?

Me puso los ojos en blanco. Contuve una risa.

― ¿Te hago sentir incómoda?

Me miró fijamente unos segundos, y luego parpadeo ligeramente confundida.

―Lo siento, ¿De qué estábamos hablando?

―De ti.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

― ¿De mi?

―De tu vida personal.

Rió, y me encantó ese sonido.

―Si esto tiene que ver conmigo… y el sexo opuesto… Vee ya me ha soltado ese rollo. No necesito oírlo dos veces.

― ¿Y qué dice la sabia Vee?

―No entiendo por qué estas tan interesado.

Bueno, yo tampoco lo entendía al fin y al cabo, pero contesté con la verdad:

― ¿Interesado? Estamos hablando de ti, estoy fascinado.

Sonreí.

Ella se puso aún más nerviosa, y su rubor se intensificó.

―Creo que deberías regresar al trabajo―dijo.

― ¿sabes? Me gusta pensar que no hay un solo chico en el instituto que esté a la altura de tus expectativas.

―Olvidaba que eres un experto en mis supuestas expectativas―se mofó.

La miré fijamente unos segundos.

―No eres muy reservada, Nora. Ni tímida. Solo necesitas una buena razón para esforzarte por conocer a alguien.

―No quiero hablar más sobre mí.

―Crees saber todo de todo el mundo.

―Eso no es cierto―se defendió. ―Por ejemplo, no sé mucho acerca de ti.

―Porque no estás dispuesta a conocerme.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

Y de pronto eso me molestó. ¿Por qué ella era así? ¿Qué la hacía tan diferente a las

demás?

―He husmeado en tu archivo de estudiante.

Mierda.

―Estoy seguro de que eso es ilegal―dije, ocultando mi irritación.

―Tu carpeta estaba vacía. No tenía nada, ni tarjeta de vacunación.

― ¿Me estás diciendo que temes que te contagie de algo?

―Te estoy diciendo que te veo venir y quiero que lo sepas. No has engañado a todo el mundo. Voy a averiguar que tramas y te dejaré al desnudo.

Sus palabras crearon imágenes en mi cabeza.

―Es lo que más deseo.

Volvió a ruborizarse.

―Hay viene Vee. Tienes que irte.

Me quede observándola fijamente, descifrándola.

― ¿Por qué me miras así?

―No eres para nada lo que esperaba.

―Ni tú―replicó. ―eres peor.

MARY ANN GRINTON

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Capítulo Siete

― ¿Recuerdas el trato que hicimos por el yate? Necesito un favor. Y lo necesito ahora―le dije a Rixon, segundos después de atravesar la puerta de su casa.

Me miró un tanto enojado unos segundos, con un cubierto a medio camino de su boca.

― ¿No te enseñaron a tocar antes de entrar? ―preguntó.

Bufé.

―No veo cómo es eso necesario. No seas idiota. ¿Qué pasa con ese favor? ¿Lo harás o no?

Se echó hacia atrás en la silla y me observó de arriba abajo, mientras sopesaba la respuesta que daría.

― ¿Qué pasa si me niego? ―Quiso saber.

―Tendré mi maldito yate de vuelta―rugí.

Maldijo por lo bajo y se puso de pie, acercándose a la ventana y corriendo las cortinas. Se quedó un par de segundos observando el paisaje, y comenzó a silbar una melodía. Estaba poniendo a prueba mi paciencia, el muy maldito. Pero me quedé en silencio, esperando su respuesta. Luego de unos interminables tres minutos, al fin habló.

―Está bien. ¿Qué tengo que hacer? ―Preguntó.

Suspiré, y fui a sentarme en una de las sillas sobrantes en la mesa en la que él estaba minutos atrás.

―Necesito que investigues el paradero de Chauncey Langeais.

Rixon enarcó una ceja, curioso por saber el motivo de ese favor. Él y yo éramos algo así como lo que se consideraba hermanos. Ambos fuimos Arcángeles alguna vez, solo que él cayó del cielo primero que yo. Y caímos por diferentes motivos. Rixon tenía sed de poder, quería ser el líder de la cátedra de los siete. Quería ocupar mi lugar. La cátedra de los siete eran un grupo de arcángeles poderosos

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que se encargaban de mantener en la tierra todo bajo control. Un control que Rixon había destruido hace más de doscientos años.

― ¿Puedo preguntar por qué? ―pidió.

―No.

Una leve carcajada por su parte.

―Deberías ser un poco más abierto, Patch.

― ¿Así como tú conmigo?

Otra carcajada. Si yo era cerrado, Rixon era una tumba.

―Vale, te haré ese favor. Todo sea por el sexo en yate―dijo.

Sonreí.

―Necesito la información para esta misma tarde. ―le dije.

Asintió.

―Te veré en el Delphic a eso de las 9:30pm.

Y sin más nada que agregar, hice mi camino lejos de allí.

Salí de aquella cueva aún con el sol reflejándose en el horizonte. Estaba atardeciendo. El cielo tenía esa perfecta tonalidad naranja y rosa digna del crepúsculo. Suspiré mientras recordaba aquel día, hace tantos años, cuando caí del cielo…

"―No está permitido enamorarse de una humana, Jev. Eso deberías saberlo―Rugió Rafael, uno de la cátedra de los siete.

Realmente no estaba enamorado de esa chica. Yo solo… necesitaba salir de la rutina unos minutos. Necesitaba sentir… el calor de un cuerpo humano. En el cielo todo era frío, hielo, humedad. Y aunque mi cuerpo no podía sentir, mi alma lo percibía. Esa chica humana era capaz de calentar mi alma. Un alma cruel que se había perdido hace cientos de años.

― ¿Qué vas a hacer? ―pregunté.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

Los otros seis arcángeles restantes se agruparon a mí alrededor, con una llama de furia en su mirada.

―Te desterraremos. El líder de los siete no puede dar ese ejemplo al resto de la comunidad angelical. Dile adiós a tus alas, arcángel."

Regresé a la realidad sintiendo la llegada de un nuevo mensaje de texto a mi teléfono celular. Metí la mano en el bolsillo de mis pantalones y extraje el aparato. Casi solté una carcajada al ver el remitente.

Dabria.

¿Dónde estás? Necesito hablar contigo inmediatamente.

Apagué el equipo y volví a guardarlo en mis pantalones. Subí a la moto, la encendí

y aceleré en dirección al Delphic. Rixon solía vivir en los túneles, igual que yo,

pero luego de unos sutiles enfrentamientos por chicas (sus chicas, y los ruidos que estas hacían en la noche) se mudó a las afueras de la ciudad. Desde ese día supe lo que era dormir con tranquilidad.

Ya había anochecido, y faltaban pocos minutos para que Rixon llegara con la información que le había pedido que me consiguiera. Salí de entre las sombras sigilosamente para que nadie me notara, y entré al salón de videojuegos. Sentí que alguien me observaba, y al instante llevé a mis ojos en esa dirección. Solo logré ver la espalda de un tipo alto, que se alejaba con la capucha de su sudadera puesta.

Le resté importancia al asunto, y fui hacia una de las máquinas para jugar Nosferatu. Era un juego de terror en el que tienes que asesinar un montón de cosas. Era mi favorito. Me arremangué las mangas de la camiseta hasta los codos,

y me coloqué mi gorra de béisbol que traiga en el bolsillo del pantalón para que

nadie me notara. Así, comencé a jugar mientras esperaba la llegada de Rixon.

Sin embargo, un par de segundos luego de haber comenzado a jugar, sentí su presencia allí. La miré en el mismo momento en que ella me miró, y sonreí.

Nora.

Se puso nerviosa, y aprovechando la oportunidad de que su amiga no me había visto, la arrastró al otro lado de la habitación, donde no podía verla con mucha facilidad.

Volví a sonreír, esta vez para mis adentros. Tonta Nora.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

Quise concentrarme de nuevo en el juego, pero al ver que Nora y Vee se acercaban a dos chicos, me detuve. ¿Qué demonios? ¿Una cita doble? Mataría a Vee. Lo haría. O bueno, tal vez no, dado que Nora estaba tan emocionada como una jirafa en un zoológico. Me percaté de nuevo en la presencia de aquel tipo de sudadera con capucha. Tuvo que sentir mi mirada sobre él, porque inmediatamente dijo algo y se retiró. ¿Quién era ese hombre? El otro chico, que era un poco más bajo pero igualmente alto, les entregó unas bebidas. Se tardó más de lo normal en entregarle la bebida a Nora.

Comenzaré a creer que realmente te gusta esa chica habló la voz de Rixon en mi cabeza. Miré a todas partes esperando encontrarlo, pero no lo vi. Y muy puntual, debería agregar Que gracioso. ¿Qué has averiguado, Rixon?

Vaya, vaya, directo al grano. No debería sorprenderme. Muy bien, te lo pondré de esta manera: Si respondes a mi pregunta, te diré todo lo que sé, ¿Te parece?

¿Qué quieres saber?

¿Cuándo pensabas decirme que ibas a convertirte en humano matando a la descendiente de Chauncey?

Me quede sin decirle nada unos segundos. No debería sorprenderme el hecho de que hubiese descubierto todo. Después de todo, había sido yo quien lo mando a investigar en un principio, ¿no?

No pensaba decírtelo, realmente

Está bien. Ahora, bien, prepárate para escuchar lo que barba me ha dicho: No necesariamente tienes que esperar a Jeshván, o hacer que Nora haga el sacrificio voluntariamente, puedes matarla. Solo que luego de matarla, deberás ligar tu sangre con la de ella. Claro, también es factible el sacrificio propio, y es mucho más directo. Pero te lo digo hermano, por si se te complica eso del enamoramiento (Si, ya sé que tienes que enamorarla). Ahora, lo más importante de todo: Chauncey sabe lo que está sucediendo. Se ha corrido el rumor de que quieres ser humano. Casi todos los ángeles caídos lo saben ya. Así que… ha venido a Coldwater para ahorrarte el trabajo. Y liberarse del juramento de lealtad. Va tras Nora, amigo mío.

Inmediatamente busqué con la mirada al tipo con capucha. ¿Sería posible que…? No, lo sabría.

Gracias, Rixon

Todo sea por el…

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

Sexo salvaje y fácil en el yate. Ya, lo sé

Y allí mi conversación se vio interrumpida.

―Oye, Nora, ¿no es ese Patch? ―Dijo Vee.

Se encontraban en la mesa de Hockey, a pesar de ello, podía escucharlos con claridad. Tenía mis sentidos aturdidos y agudizados.

―Jmmm―Dijo Nora, como tratando de evitar el tema.

Miré a Vee, y esta me devolvió la mirada por unos segundos, antes de concentrarse de nuevo en su amiga.

Me señaló.

― Allí, Ese es él, ¿cierto?

―Lo dudo―seguía tratando de evitarme. ―Elliot y yo seremos el equipo blanco.

―Patch es el compañero de biología de Nora―Continuó diciendo Vee, a pesar de las súplicas silenciosas de Nora de que se callara. Sonreí, y continué estudiando a Nora, y escuchando.

―Él sigue mirando para acá―Vee dijo bajando la voz. Ella se reclinó contra la mesa del fútbol, intentando que su conversación pareciera privada, pero ella susurró tan alto, que era absurdo no escuchar ―Se está preguntando qué haces aquí con…―Vee balanceó su cabeza hacia Elliot.

Nora cerró los ojos, y tuve que contener una carcajada. Estaba ruborizada. Me encantaba verla así. Me sentía… ¿Humano?

―Patch ha dejado bien claro que quiere ser para Nora algo más que compañero de biología― continuó Vee ―Y nadie puede culparlo.

― ¿Es cierto eso? ―Dijo Elliot, mirando a Nora de una manera que decía que no estaba sorprendido. Que él ya lo sospechaba. Se acercó más a Nora, y tuve que apretar los puños para no destrozar su mente en cuestión de segundos.

―No es eso―Quiso corregir Nora. ―Es…

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

―Peor que eso―Vee continuaba con su drama que amenazaba con partirme de risa―Nora sospecha que él la está siguiendo. La policía está a punto de intervenir.

Me quedé paralizado. ¿Qué…?

― ¿Por qué no jugamos? ―Preguntó Nora en voz alta y tiró la bola al centro de la mesa, pero nadie lo notó.

― ¿Quieres que hable con él? ―Le preguntó Elliot. Claro, ven a hablar conmigo,

imbécil. Veamos cómo termina todo esto. ―Le explicaré que no estamos buscando problemas. Le diré que estas aquí conmigo y que si tiene algún problema lo puede discutir conmigo.

Eso estaba hecho. Incluso estuve a punto de ser yo quien se acercara a su mesa, y alejarlo de Nora, pero ella cambió el tema.

― ¿Qué le pasó a Jules? ―Dijo. ―Se ha ido por mucho tiempo.

―Sí, quizá se cayó en el inodoro―dijo Vee, pareciendo decepcionada.

―Déjame hablar con Patch―dijo Elliot.

Oh, claro, ven a hablar con Patch deseé.

Nora se veía dubitativa, como si sintiera el peligro que correría ese chico si se atrevía siquiera a mirarme.

―Él no me asusta―dijo Elliot. Pues ya tendría tiempo de asustarte.

―Mala idea.

―Gran idea―dijo Vee, haciendo eco de mis pensamientos. ―De otra manera, Patch podría volverse violento ¿Recuerdas la última vez?

¿La última vez?

―Sin ofender, pero este chico suena como un arrastrado―dijo Elliot―Dame dos minutos con él―Él comenzó a caminar.

Flexioné mis dedos y me preparé para darle la paliza de su vida. ¿Arrastrado, yo? Hijo de puta.

MARY ANN GRINTON

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―No―Dijo Nora, agarrándolo por la manga para detenerlo. Maldita sea, Nora, déjalo que venga. ―Él, eh, podría ponerse otra vez violento. Déjame lidiar con esto. ―Fulminó a Vee con la mirada.

Bueno, pensándolo mejor, sí, que viniera Nora.

― ¿Estás segura? ―Dijo Elliot ―Estaría muy feliz de hacerlo.

Yo estaría feliz de partirte los dientes.

―Creo que es mejor si se lo digo yo.

Nora estaba completamente nerviosa. Frotó sus manos en sus jeans varias veces, tratando de controlarse. Regresé mi atención al juego por una fracción de segundos, para no entretenerme demasiado con sus piernas. Presioné los botones con demasiada fuerza mientras alejaba de mi mente los pensamientos calientes, cosa que no me resultaba fácil mientras sentía la mirada de ella por todo mi cuerpo.

Cuando llegó a mi consola, la golpeó por el lado para llamar mi atención. Cuando la miré, dije: ― ¿Pac-Man? ¿O es Donkey Kong?

Una lenta sonrisa se expandió en mi rostro.

―Béisbol. ¿Crees que puedas pararte tras de mí y darme un par de instrucciones?

Bombas explotaron en la pantalla y cuerpos gritando navegaron en el aire.

imperceptiblemente hacia la mesa de fútbol. Como si no lo supiera ya.

¿Cuál

es

su

nombre?

―Pregunté,

señalando

con

la

cabeza

casi

―Elliot. Mira, debo hacer esto rápido. Me están esperando…

―Lo he visto antes―dije, recordando de pronto el juego de béisbol en la escuela. La primera vez que le hablé a Nora en su mente.

―Él es nuevo. Se acaba de transferir.

―Primera semana en la escuela y ya hizo amigos. Qué suerte tiene―La miré con doble intención. ―Podría tener un lado tenebroso y peligroso del cual no conocemos.

―Parece ser mi especialidad.

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Se quedó en silencio, esperando a que replicara por su indirecta. Se la dejé pasar.

― ¿Quieres jugar? ―Incliné mi cabeza hacia más allá de los videojuegos. Hacia la multitud en dónde solo podía ver mesas de billar.

―Nora―Gritó Vee, interrumpiendo. Maldita Vee. ―Ven aquí. Elliot me está ganando.

―No puedo―Me dijo.

―Si yo gano―Continué, como si no hubiese escuchado a Vee, y sin tener intenciones de alejarme de ella. ―Le dirás a Elliot que pasó algo. Le dirás que ya no estarás libre esta noche.

― ¿Y si yo gano?

La observé de la cabeza a los pies. Sonreí. Era fácil que esta chica me gustara.

―No creo que debamos preocuparnos por eso.

Golpeó mi brazo, y sentí chispas eléctricas quemar allí donde había tocado. Mierda.

―Cuidado―dije en voz baja. ―Ellos podrían creer que estamos flirteando.

Y eso era justamente lo que estábamos haciendo. Una parte de mí analizaba las palabras que Rixon había dicho hace unos momentos. Podía matar a Nora, podía hacerlo ahora mismo y obtener lo que deseaba. Pero estaba comenzando a necesitar algo… algo que solo tenía ella.

―Una mesa de billar―la tenté.

―Estoy aquí con otra persona.

―Ve hacia los billares, yo me encargo de lo demás.

Se cruzó de brazos, esperando lucir severa y un poco exasperada, pero luego se mordió el labio, y supe que estaba sopesando mi propuesta.

― ¿Qué vas a hacer, pelear con Elliot?

Podría ser una opción.

―Si tengo que hacerlo… Se acaba de vaciar una mesa. Ve y ocúpala.

MARY ANN GRINTON

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Si es que te atreves hablé en su mente.

Se puso rígida.

― ¿Cómo haces eso? ―preguntó, nerviosa.

Me burlé internamente, observando su miedo y disfrutando de ello.

― ¿Cómo haces eso? ―Repitió.

Sonreí maliciosamente.

― ¿Hacer qué?

―No hagas eso―Me advirtió―No finjas que no lo estás haciendo.

Recliné un hombro contra la consola y bajé la vista hacia ella.

―Dime qué es lo que se supone que estoy haciendo.

―Mis pensamientos.

― ¿Qué pasa con ellos?

―Ya basta, Patch.

Observé todos lados de una manera teatral, como si tratara de hacerle una pregunta demasiado personal.

―No dirás que estoy hablándole a tu mente ¿cierto? ¿Sabes lo loco que suena eso?

Tragando, dijo intentando aparentar calma: ―Tú me asustas y no estoy segura de que seas bueno para mí.

―Yo podría hacerte cambiar de opinión.

Y vaya que seré bueno contigo.

―Nooooora―Se escuchó la voz de Vee llamar sobre todas las voces y los sonidos electrónicos.

―Encuéntrame en el arcángel―le dije.

MARY ANN GRINTON

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Se alejó un paso.

―No.

Me acerqué por detrás y le susurré al oído: ―Te estaré esperando.

Luego salí de los videojuegos.

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Capítulo Ocho

En cuanto puse un pie fuera de la vista de Nora, abrí completamente mis sentidos. Cerré mis ojos y me concentré plenamente en la presencia de Chauncey. Apreté los puños mientras intensificaba la búsqueda, pero no me daba resultados. No podía percibirlo, si es que realmente se encontraba aquí.

Iba tras Nora. El muy maldito estaba pensando en liberarse de su juramento. No podía permitirlo. Si él conseguía matar a esa chica primero que yo… me quedaría sin Nefilim que poseer en el Jeshvan. Y no estaba dispuesto a correr ese riesgo. Chauncey sabía que si yo mataba a Nora, él moriría con ella. Así que, lo más probable es que jugara sus cartas rápido, ya que se le agotaba el tiempo.

No me quedaba más opción que hacer lo mismo, y hacer mi juego esta misma noche. Si aquel tipo encapuchado era Chauncey, estaba lo suficientemente cerca de Nora como para matarla en cualquier momento. No podía permitir eso. Ella era mía. Y si moría, moriría en mis brazos.

Me encaminé al arcángel y observé a lo lejos, como Nora platicaba con Vee. Parecía un poco enojada, y a la vez nerviosa. Bajé la vista hasta sus piernas, volviendo a subir por su estómago, sus pechos, su rostro… y ese cabello. Una media sonrisa se abrió paso en mi rostro. Pasé una mano por mi cabello mientras imaginaba, por milésima vez, que se sentiría besarla. Si tan solo… Si tan solo no fuera a ella a quien tuviera que sacrificar para ser humano.

Sacudí la cabeza, para dejar de pensar estupideces. ¿Qué pasa con que sea ella? Es igual para mí si es ella, Vee, o alguna otra mujer de la calle. O al menos de eso trataba de convencerme.

Nora se despidió de su amiga y comenzó a caminar en mi dirección, aunque sin verme. Me atravesé en su camino.

―Perdone―dijo, al rebotar contra mi cuerpo.

―Te perdono―le dije, sonriéndole morbosamente.

Me miró y parpadeó. Pareció desconcertada un par de segundos, pero al percatarse que era yo, frunció el ceño.

―Déjame sola. ―gruñó.

MARY ANN GRINTON

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Intentó esquivarme, pero al tratar de pasar por mi lado, la tomé por el codo.

― ¿Qué pasa? Parece que vas a vomitar―le dije.

―Tienes ese efecto en mí―dijo bruscamente.

Grrr, la gata saca sus garras. Reí, y eso pareció hacerla enojar mucho más.

―Te invito a tomarte algo―Aferré el agarre en su codo y la llevé hasta el carrito de limonadas.

No quiso dar un paso más.

― ¿Quieres ayudarme? aléjate de mí.

Intentó liberarse de mi agarre, y en el intento, un rizo mechón de cabello apareció

en su rostro. Lo aparté.

―Amo tu cabello. Me gusta cuando está fuera de control. Es como ver una parte de

ti

que necesita salir más a menudo―le dije.

E

inmediatamente imaginé a Nora sin control, sin ropa y cerca de mí. Maldita sea

con mis pensamientos.

Con furia, se alisó el cabello. Por una fracción de segundo pareció que se estaba arreglando para mí, lo cual provocó una extraña sensación en mi estómago.

―Me tengo que ir. Vee me está esperando―Hizo una pausa, en la cual se soltó de

mi agarre, y luego agregó: ―Supongo que te veré el lunes en clase.

―Ven conmigo al arcángel―le pedí.

Alturas, muchas personas gritando, y una inesperada falla en un solo carrito. ¿Qué mejor manera para morir? Algo se removió en mi interior, al imaginar la sangre de Nora llenar el suelo. Pero era una oportunidad perfecta.

Ella estiré el cuello para mirar hacia el Arcángel. Gritos agudos hacían eco desde los carros que hacían estruendos en las vías.

―Dos personas en una silla―Le dije. Sonreí de una forma lenta y atrevida.

―No―se negó. ―De ninguna manera.

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―Si sigues huyendo de mí, nunca descubrirás qué es lo que está pasando de verdad. ―Le dije.

Con ese comentario, debió haberse ido corriendo. Pero no lo hizo. Sabía exactamente que decir para picar su curiosidad, para que subiera conmigo al arcángel. Sabía qué decir en el momento correcto.

― ¿Qué está pasando?

―Solo hay una manera para saberlo.

―No puedo. Le tengo miedo a las alturas. Además, Vee me está esperando.

Maldición, Nora. No te hagas de rogar.

―Si aguantas toda la ronda sin gritar, le diré al entrenador que nos cambie de silla.

―Ya lo intenté Él no va a cambiar de opinión.

―Yo podría ser más convincente que tú.

Aún no había notado que era conmigo que había hablado. Por supuesto, ahora, después de esta noche, ya jamás lo notaría.

―Yo no grito―dijo. ―No en atracciones de carnavales.

Juntos nos encaminamos hasta lo último de la fila de espera para el Arcángel. Una ráfaga de gritos se levantó y luego se apagó lejos en el cielo nocturno.

―No te había visto antes en Delphic―dije.

Y era cierto. Yo solía pasar varias noches de la semana en lo alto de la figura del arcángel, observando sin ser observado. Y nunca la había visto; porque de haberla visto, jamás se me olvidaría. Nunca olvidas algo tan cautivante y hermoso.

― ¿Vienes aquí seguido?

―Tengo una historia con este lugar.

Llegamos hasta el principio de la fila, mientras los carros se vaciaban y un nuevo par de buscadores de emoción se montaban.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

―Déjame adivinar―dijo. ―El año pasado venías aquí en lugar de ir a la escuela.

Estaba siendo sarcástica, lo sabía, pero sin embargo contesté: ―Contestar eso significaría dar pistas sobre mi pasado y prefiero mantenerlo en secreto.

― ¿Por qué? ¿Qué tiene de malo tu pasado?

―No creo que ahora sea un buen momento para hablar de eso. Mi pasado podría asustarte.

Si, más asustada de lo que ya deberías estar.

Nuestros brazos se tocaron mientras nos acercábamos, y allí estaban de nuevos esas chispas que sentía en mi alma.

―Las cosas que tengo que confesar no son el tipo de cosas que le cuentas a tu irrespetuosa compañera de biología―dije.

Se estremeció de miedo, y fingí no notarlo. Moví bruscamente mi barbilla hacia la rampa.

―Parece que es nuestro turno―le dije.

Empujé la salida giratoria. Cuando llegamos a la plataforma de abordar, los únicos carros vacíos eran el que estaba al frente y el que estaba en lo último. Me dirige al primero, ya que era más sencillo sabotear este.

El carro que escogí tenía un grupo de cuatro pinturas. La primera representaba una turba de demonios con cuernos arrancándole las alas a un ángel masculino que gritaba. La siguiente pintura mostraba al ángel sin alas posado sobre una lápida, observando de lejos a unos niños jugando. En la tercera pintura, el ángel sin alas estaba parado cerca de los niños, haciendo señas con el dedo a una niña de ojos verdes, para que esta fuera a donde él. En la última pintura, el ángel se balanceó como un fantasma sobre el cuerpo de la niña. Los ojos de la niña estaban negros, su sonrisa se había ido y le salieron cuernos como a los demonios de la primera pintura. Una media luna colgaba sobre las pinturas. Vaya historia la que estaba grabada allí.

Nora se deslizó en el carro junto a mí, temblando.

―Tu pasado no me asustará―Dijo, abrochándose el cinturón―Creo que más que nada, estaré aterrada.

MARY ANN GRINTON

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―Aterrada―Repetí, mientras seguía observando las pinturas. No podía estar más en lo cierto.

Los carros comenzaron a moverse en reversa y luego dieron bandazos hacia delante. De una manera no muy tranquila, nos alejamos de la plataforma, escalando la montaña sin cesar. El aire estaba lleno de olor a sudor, moho y del agua salada que soplaba del mar.

―Te ves pálida―Dije, inclinándome para poder ser escuchado a través del ruido de las vías.

En la punta de la montaña, hubo un momento de vacilación. ¿La mataba? ¿Así, a sangre fría? La observé por el rabillo del ojo, y contuve un suspiro. La brisa alborotaba sus cabellos, de por sí ya desordenados, y le daba un aspecto realmente encantador.

Entonces me miró y sonreí de oreja a oreja.

― ¿Asustada, ángel?

Soltó una risa nerviosa, y sentí que esa risa perforaba en mi interior. El arcángel ya estaba en la cima, así que tenía que actuar rápido.

Seguía observándola, preparándome para saltar en el momento justo en que aflojara un par de tornillos del carrito. Pero no pude hacerlo.

Me introduje en su mente.

Le hice creer que su cinturón se había desabrochado, y que el carrito la aventaba al vacío. No podía matarla aquí, había demasiadas personas. O bueno, esa era la excusa que necesitaba creer. ¿Por qué no me limité a lanzarla al vacío, y ya está? No podía… ¡Maldición, no podía! Entonces, en un movimiento brusco, Nora se vio impulsada a un lado, y al estar sumergida en lo que la hacía creer ver, no se sostuvo. Realmente, por una fracción de segundo estuvo a punto de caer. Pero no pude permitir eso. Si ella caía… si moría…

La envolví en mis brazos, aferrándola contra mi cuerpo. Y tocarla así, tan abiertamente, calentó mi alma en todos los sentidos. No solo la calentó, la hizo hervir hasta casi explotar de combustión espontánea.

Nora gritó.

Y la ronda terminó en la plataforma de desembarque.

MARY ANN GRINTON

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―Vaya, eso sí que fue un grito―Dije, sonriéndole de oreja a oreja.

No pude dejarte morir, Nora. No pude…

―Mi cinturón… ―Comenzó. ―Creí…

― ¿Qué creíste? ―Pregunté, fingiendo estar interesado. Pero vaya que sabía qué había creído.

―Creí que me había caído del carro. Literalmente, creí que iba a morir―dijo, y se veía realmente asustada.

―Creo que ese es el punto. ―Dije. ―Supongo que nos quedamos como compañeros.

―El arcángel…―Murmuró, mirando sobre mi hombro a la montaña rusa, la cual estaba comenzando su siguiente ascenso.

―Es un ángel de alto rango―le dije, recordando de nuevo mi historia, la historia del carrito…―Mientras más alto estas, peor es la caída.

―Creo que apenas soy un ángel guardián―murmuró ella.

Sonreí a mi vez, otra vez. Guiándola por el camino, dije: ―Te llevaré de regreso a los videojuegos.

MARY ANN GRINTON

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Capítulo Nueve

Me abrí paso entre la gente de los videojuegos, pasando el mostrador de los premios y los baños. Seguía maldiciéndome una y otra vez por no haber matado a Nora cuando tuve la oportunidad. Ni siquiera tendría a la policía detrás de mí, ya que haría creer que sólo fue un accidente del carrito de la atracción del parque. Necesitaba deshacerme de ella, antes de que afectara a un nivel más profundo todo mi organismo.

Cuando estábamos llegando a las mesas de fútbol, se me ocurrieron muchas maneras más sencillas de matarla ahora mismo: Asfixiarla, dispararle, golpearla hasta que perdiera el conocimiento, o simplemente entrar a su mente y destrozarla. Pero no podía.

Sin embargo, al divisar a Vee y al otro chico a lo lejos, entré una vez más en la cabeza de Nora y le hice creer que la mesa estaba vacía.

―Parece que se fueron―Dije. ―Creo que necesitas a alguien que te lleve.

―Vee no me dejaría―Dijo ella, parada de puntas para ver sobre el gentío. ―Probablemente estén jugando tenis de mesa.

No, están jugando futbol todavía, ángel.

Recorrió por todos lados el lugar mientras la seguía, tomándome una soda que había comprado en el camino. Mis escasos buenos modales me habían inducido a ofrecerla una, pero me la había rechazado. Nora llegó a otra de las mesas de juego, pero mi truco funcionaba perfectamente. No veía a nadie, y nadie la veía a ella.

―Quizá estén en las máquinas de paintball―Le sugerí, tratando de no burlarme de ella.

Su rostro estaba tornándose de un tono magenta. Estaba enojándose. Levanté mi soda, en señal de ofrecimiento y le pregunté: ― ¿Segura que no quieres tomar algo?

Miró la soda, y luego a mí. La intensificación del rubor en sus mejillas la delató, y supe que se acaloraba con solo pensar en poner su boca donde antes estuvo la mía. Y yo también, maldita sea. Incluso, mientras sacaba su teléfono celular de su bolso, pensé en acercarme a ella aquí, ahora, tomarla y secuestrarla. No para

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matarla, no, claro que no. Haría cosas mucho más emocionantes con ella de prisionera. Y vaya que la pasaríamos bien.

Estuve a punto de pasar por alto el hecho de que, ¡tenía un celular en la mano para llamar a su amiga! Con un movimiento ligero de mis dedos, apagué el celular. Así se quedaría hasta que tomara una decisión esta noche. Estaba sopesando seriamente lo del secuestro.

―Mi oferta sigue en pie―le dije, tratando de mantener mi rostro inexpresivo, y mi cuerpo tranquilo.

Pude ver en su rostro que estaba pensando que sería más seguro irse con cualquier otro hombre, no importaba si fuera un completo desconocido, que salir de allí conmigo. Una parte de ese razonamiento era cierto. Ni yo mismo comprendía ahora mismo de qué sería capaz. Sin embargo… la imagen de Nora sin vida se repetía en mi cabeza, y causaba extraños espasmos en mi interior.

Se dio en la frente con la palma de mi mano. ―Su auto. Probablemente ella me está esperando en el estacionamiento.

Salimos de los videojuegos y caminamos hasta el estacionamiento. Yo la seguía desde atrás, esperando el momento justo para hacerla pasar desapercibido el Neón de Vee. Ahí está. Abrí su mente y borré las imágenes. Nora se veía realmente furiosa y desconcertada.

― ¿Alguna otra opción? ―Le pregunté.

Mordió su labio, y sopesó la única alternativa que le quedaba.

Sabía que en estos momentos, Nora estaba sola en su casa. En el tiempo que la estuve investigando, descubrí que su madre trabajaba un poco lejos. Solo contaba con una anciana que hacía la limpieza, pero para estas horas, ya debería estar ocupada en sus propios asuntos. Así que, si finalmente iba a asesinarla, solo tenía que llevarla a casa.

Nora resopló.

―Me llevarás directo a casa―Dijo. Sonó más como una pregunta que como una orden. Bingo.

―Si eso es lo que quieres…

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Titubeó, como si quisiera hacerme una pregunta, pero se contuvo. Se veía un poco asustada.

Comencé a caminar al lugar dónde había dejado la moto, con Nora siguiéndome los pasos. Al encontrarla, me subí a ella, e incliné mi cabeza hacia el asiento trasero. ―Móntate―le dije.

―Vaya. Linda moto―Dijo. Y pude percibir el miedo que le producía mi Ducati. ―Me gusta la sensación el viento en mi cara―Continuó, como si quisiera evitar algún comentario de mi parte.

Solo había un casco, negro con la visera teñida, y se lo entregué, no muy seguro de saber el por qué. ¿Cortesía? Tal vez.

Se subió a la moto, justo detrás de mí, y tuve que contener un gemido al ver que sus piernas entraban en contacto con las mías. Mi alma hervía a fuego lento con esa cercanía. Me hubiese gustado desesperadamente poder sentir físicamente ese contacto, pero esa era una capacidad de la que carecían todos los ángeles caídos.

― ¿Es difícil conducirla? ―Preguntó.

¿Quieres decir que si es peligroso?

―Que va― Dije, contestando a sus dos preguntas, la que dijo y la que no dijo. Sus piernas estaban aferrándose a las mías de manera inconsciente, y reí por lo bajo. ―Estás tensa. Relájate.

Cuando salimos del estacionamiento, la explosión de movimiento la sobresaltó; había estado aguantándose de mi camisa, teniendo entre sus dedos la cantidad de tela necesaria para mantenerse en balance. Pero sin estar satisfecho con eso, aceleré. Sonreí cuando envolvió sus brazos alrededor de mí, en un abrazo de oso al revés.

Aceleré un poco más, y apretó su cadera contra mí. Apreté con fuerza el mando de la moto, para contenerme de frenar y tomarla allí mismo. Nora, no me hagas esto tan difícil.

Cuando llegamos a su casa, detuve la motocicleta en la entrada, que estaba toda cubierta de neblina, apagué el motor y me bajé de ella. Mientras Nora se deshacía del casco, tomé las llaves de su bolso, y me encaminé a la puerta para abrirla, con Nora siguiéndome los pasos.

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Cuando me detuve frente a la puerta e introduje las llaves, bajó su bolso del hombro y abrió el compartimiento en donde guardaba las llaves. Notó que no estaban allí.

―Devuélveme mis llaves―Dijo, desconcertada por no saber cómo sus llaves habían parado en mis manos.

―Se te cayeron en los videojuegos cuando estabas buscando tu celular―mentí.

―No me interesa en dónde las tiré. ¡Devuélvemelas!

Levanté mis manos, clamando inocencia, y me alejé de la puerta. Recosté un hombro contra los ladrillos y la observé acercarse hasta la cerradura. No abras Intentó girar la llave, pero no se movió.

―La atascaste―Dijo, moviendo la llave. Señalé la cerradora y levanté las cejas en una silenciosa pregunta. ―Adelante. Inténtalo. Está atorada.

Con un agudo clic, hice girar la llave. Con la mano puesta en el picaporte, arqueé

de

nuevo mis cejas como diciendo ¿Puedo?

Mi

corazón comenzó a latir con fuerza al imaginarme a solar con Nora. En su casa.

Sin testigos de nada.

―Vete. No vas a entrar. Estoy sola en casa―dijo.

Lo sé.

― ¿Toda la noche? ―Como si no supiera ya la respuesta.

―Dorothea vendrá pronto―Mintió. La ponía nerviosa. Estaba pensando en lo mismo que yo.

― ¿Dorothea?

―La señora que limpia. Ella es vieja, pero fuerte. Muy fuerte―Intentó pasar y dejarme atrás, pero no la deje.

―Suena aterrador―dije, sacando la llave de la cerradura y entregándosela.

―Ella puede limpiar un inodoro por dentro y por fuera en menos de un minuto. Más que aterrador―Tomando la llave, pasó por mi lado con toda la intención de cerrar la puerta entre nosotros, pero cuando lo iba a hacer, Me paré bajo el umbral, con

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mis brazos puestos en cada lado del marco. No te vas a deshacer tan fácilmente de mí.

― ¿No me vas a invitar a entrar? ―Pregunté, sonriendo.

Vamos, ángel. Es más fácil matarte dentro.

―Es tarde―dije, siguiéndola de cerca con mis ojos. ―Debes de tener hambre.

―No. Sí. Digo, sí, pero…

Entonces entré a la casa.

Ella retrocedió tres pasos; cerré la puerta, empujándola con mí pié. ― ¿Te gusta la comida Mexicana?

―Yo…

― ¿Los Tacos?

― ¿Tacos? ―Repitió.

Qué divertida, Nora. En serio vas a hacerme cocinar.

―Tomates, lechuga, queso―le dije.

―Sé lo que es un taco.

Bueno, al menos sacaría provecho de lo que había aprendido en el Borderline.

Antes de que pudiese detenerme, crucé la habitación a grandes zancadas y al final del pasillo, me dirige a la izquierda. A la cocina. Fui hasta el fregadero y abrí el grifo mientras frotaba jabón hasta la mitad de mis brazos. Fui a la despensa, busqué en la nevera, saqué productos de aquí y allá (salsa, queso, lechuga y tomate) y luego busqué en las gavetas hasta encontrar un cuchillo.

Mi corazón se detuvo.

Observé que Nora se llevaba una mano a la boca, y noté que estaba observando la maraña desordenada que era su cabello. Sonreí.

― ¿El rojo de tu cabello, es natural?

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Se me quedó mirando.

―No tengo pelo rojo.

―Odio ser el que te de la noticia, pero es rojo. Podría prenderlo en fuego y no se pondría más rojo.

―Es marrón. ―dijo ella. ―Es la luz.

―Sí, quizá sean las bombillas―dije, sonriendo por primera vez con lo que sería una sonrisa verdadera.

―Regreso enseguida―dijo, saliendo de la cocina a toda prisa.

Me quedé observando fijamente el cuchillo, pensando en qué haría con la nueva oportunidad que se me había presentado para matar a Nora. Rebusqué de nuevo entre los gabinetes, hasta hallar un cuchillo mucho más grande y afilado. La imagen de Nora bañada en sangre comenzó a llenar mi cabeza.

Comencé a picar algunos de los ingredientes, mientras mi mente daba vueltas.

― ¿Podemos dejar esto para otro momento? ―preguntó Nora, sacándome de mis pensamientos. Puso una mano en su estómago, señalando que le estaba molestando. ―Me siento algo mareada. Creo que fue por la moto.

Paré de cortar con el cuchillo y la miré. ―Casi termino.

Noté que miraba el cuchillo con nerviosismo, y miedo. Lo sostuve en alto y lo examiné. La hoja brillaba bajo la luz. Volví a ver a Nora ensangrentada.

―Baja el cuchillo―Pidió, tratando de sonar calmada.

Dejé de mirar al cuchillo, Luego miré a Nora y luego una vez más al cuchillo. ¿Qué haría? ¿La mataría?

Y fue justo allí, mientras observaba esos ojos grises, mientras la tenía indefensa

frente a mí, cuando supe que jamás le haría daño. No podía. Algo mucho más fuerte que el deseo de ser humano se había apoderado de mí.

―No te voy a lastimar, Nora―susurré.

―Eso es tranquilizador―dijo, con voz tensa y seca.

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Estaba asustada, y no sabía si era por la revelación que había tenido segundos atrás, pero ya no deseaba incomodarla. Quería agradarle. Quería estar bien con ella. Hice girar el cuchillo, con el mango señalando hacia ella. ―Ven aquí Te voy a enseñar cómo hacer tacos.

Pude sentir que vacilaba. Nora no era idiota, ella sentía que realmente era peligroso estar conmigo. Aún tenía ganas de matarla, pero la necesidad de estar con ella era mucho más fuerte.

― ¿Qué tal un trato? Ayúdame a hacer tacos y contestaré algunas de tus preguntas―le ofrecí. Si con eso no confiaba en mí, ya no sabría qué podía hacerla confiar.

― ¿Mis preguntas?

―Creo que sabes a qué me refiero―le dije.

Sin decir nada más, y estando picada por la curiosidad, se acercó a mí. Coloqué la tabla de picar frente a ella.

―Primero―Dije, parándome detrás de ella y poniendo mis manos sobre la encimera, justo al lado de las suyas. ―Escoge un tomate. ―Agaché mi cabeza, acercando con cautelosa lentitud mi boca a su oído ―Bien hora, agarra el cuchillo.

― ¿El chef siempre tiene que estar así de cerca? ―Preguntó, y no pude percibir si

le gustaba o le asustaba el hecho de que estuviera tan cerca de ella. En mi opinión,

estaba a punto de dejarme llevar por mis impulsos.

―Cuando él está revelando secretos culinarios, sí. Agarra el cuchillo bien.

―Eso hago.

―Bien.

Alejándome unos segundos, la miré cuidadosamente, como inspeccionando cualquier imperfección. Mis ojos se desviaron, recorriéndola de arriba a abajo y de aquí a allá. Casi sonreí. Se veía perfecta, y sabía cómo agarrar un cuchillo. Podría decir que se veía realmente sexy.

―El cocinar es algo que no se aprende―Dije. ―Es natural. Es algo que tienes o no. Como la química. ¿Crees que estás lista para la química?

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Presionó el cuchillo hasta atravesar el tomate, el cual se dividió en dos y cada mitad rodó sutilmente en la tabla de picar. ―Tú dime, ¿Estoy lista para la química?

Dejé escapar un sonido bajo, mitad gemido, mitad gruñido. ¿Estaba coqueteando conmigo? Eso no ayudaba en nada a las ganas que tenía de subirla en mis brazos a la habitación. Sonreí.

Luego de cenar, llevé nuestros platos al fregadero. ―Yo los limpio y tú los secas―le dije a Nora.

Rebuscando en las gavetas al lado del fregadero, encontré una toalla y la lancé juguetonamente hacia ella.

―Estoy lista para hacerte esas preguntas―Dijo. ―Comenzando con la noche en la biblioteca. ¿Me seguiste?

Me recosté despreocupadamente contra la encimera, acomodando mi gorra de beisbol hasta cubrirme parte del rostro. Una sonrisa tiraba de mis labios.

No podía pensar en las preguntas de Nora. Estaba pensando en algo mucho más importante.

Quería besarla. Ahora mismo. Y ella también quería, podía notarlo, podía sentirlo. Escuchaba esas súplicas silenciosas de su cuerpo. Arquee mis cejas, esperando que continuara hablando, que desviara mi atención, o esto se pondría rojo, y no de sangre precisamente.

― ¿Qué? ―pregunté.

―Eh, nada. Nada de nada. Tu limpias, yo seco.

No, Nora. Todo de todo. Eso pasa.

No nos tomó mucho tiempo en terminar de fregar los platos, y cuando lo hicimos, nos encontramos apretujados en el espacio al lado del fregadero. Me moví para quitarle la toalla y nuestros cuerpos se tocaron. Ninguno de los dos se movió, manteniendo el frágil enlace que nos mantenía unidos.

Pero maldita sea, ella se movió primero.

― ¿Asustada? ―pregunté en un murmullo.

―No.

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―Mentirosa.

Sentí que su pulso se aceleraba. ―Tú no me asustas-

― ¿No?

―Tal vez solo me asusta… ―Y se quedó en blanco. ¿Qué le asustaba? ¿Qué le hiciera daño? ¿O podría ser…? ―Quizá tenga miedo a… a…

― ¿Qué yo te guste?

―Sí―y luego de haber confesado, y de que mi corazón se detuviera un segundo, agregó: ―Digo, no. Definitivamente no. Eso no era lo que estaba intentando decir.

Se me escapó una risita. No mientas, Nora.

―La

alrededor―Dije.

verdad

es

―Pero…

que

parte

de

mi

definitivamente

no

está

cómoda

contigo

Se aferró a la encimera que estaba justo detrás de ella. ―Pero al mismo tiempo, siento una aterradora atracción hacia ti.

Sonreí. Entonces era mutuo, después de todo. Es que claro, ¿Cómo no?

―Que creído eres―Dijo, empujándome con su mano.

El contacto me superó, así que no lo pensé dos veces.

Su mano quedó atrapada contra mi pecho y bajé su manga hasta su muñeca, cubriendo su mano con ella. Así de rápido, hice lo mismo con la otra manga y sostuve su blusa por los puños, dejando sus manos capturadas y su boca abierta en protesta.

La jalé hasta tenerla cerca y no me detuve hasta que estuvo directamente en frente de mí. La levanté y la senté en la encimera, para que su rostro quedara al mismo nivel que el mío; le sonreí, preparándome

―Quítate la gorra―Dijo.

La giré, poniendo la visera hacia atrás.

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Se acercó más a mí, y colocó sus piernas a cada lado de mis caderas. Si antes dudaba del hecho de matarla, ahora estaba completamente seguro de que no lo haría. Nora lograba meterse bajo mi piel, calentándome hasta un nivel que nadie nunca había logrado. Ni siquiera aquella chica por la que había caído hace años. Puse mis manos en la encimera, justo al lado de sus caderas y me acerqué inclinando la cabeza hacia un lado. Nora inhaló, y yo hice lo mismo.

―Deberías irte―Susurró. ―Definitivamente deberías irte.

¿Irme? Oh, no, Nora. No creo que pueda irme.

― ¿Ir aquí? ―Llevé mi boca a su hombro. ― ¿O aquí? ―La moví hasta su cuello.

Saboree su piel mientras mi alma registraba el calor del momento. El corazón me latía con tanta fuerza, que me preocupaba que Nora pudiera escucharlo. Moví mi boca lentamente hacia el norte, hasta su mandíbula, rozando ligeramente su piel con mi lengua.

―Mis piernas se están durmiendo―dijo.

―Yo podría resolver eso―dije, cerrando mis manos sobre sus caderas. Estuve a punto de tomarla en mis brazos, y llevarla escaleras arriba, pero nos interrumpieron.

Su teléfono sonó, y maldije por no haberme asegurado de mantenerlo apagado.

― ¿Te puedo llamar después? ―le preguntó Nora a la persona que estaba del otro lado de la línea. Supuse que era su madre.

Cerró el celular.

―Tienes que irte―me dijo. ―Ahora.

Volví a girar la visera de mi gorra, y sonreí, notando algo.

―No llevas maquillaje.

―Debí haberlo olvidado.

Si claro, como no.

―Que tengas dulces sueños.

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―Seguro. No hay problema.

―Sobre la fiesta de mañana en la noche…

―Lo pensaré―dijo

Acepté eso. Guardé en su bolsillo un pedazo de papel.

―Aquí está la dirección. Te estaré buscando. Ven sola.

Sobre todo, no lleves a Vee.

Luego de eso, salí de la casa de Nora con todas las intenciones de darme una ducha de agua fría.

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Capítulo Diez

Salón de Bo. Te estoy esperando.

Guardé de nuevo el teléfono celular luego de haber leído el mensaje. Supe que era Dabria muchísimo antes de leer el remitente, y suspiré de frustración. Solo había una manera de sacármela de encima, no matándola. Tendría que ir a verla.

Debía existir un motivo, aparte de que ella quería que recuperara mis alas, para que fuera tan insistente. Pensé que había cerrado todo tipo de contacto aquella última vez que nos vimos, hace ocho meses. Dabria sabía que iba tras Nora, y entendía cual era mi objetivo. Pues se llevaría una sorpresa al saber que había cambiado mis planes. Si es que se lo decía, claro.

Me puse un pantalón de cuero negro, mis botas negras y una camiseta, negra también. La mayoría de mi ropa era de color negro, lo cual era una ventaja si querías pasar desapercibido en las noches. Tomé las llaves de mi moto que reposaban en la cama, y salí de los túneles. El Delphic, como en cualquier otro día bañado por el sol, estaba completamente vacío. Me acerqué con pasos lentos a la moto, y en el trayecto observé largos segundos el arcángel.

Ahora me recordaba a Nora.

Aceleré en dirección al club de billar, pensando en qué podría querer Dabria.

Minutos luego de detenerme en el estacionamiento de Bo., estaba sentado en una mesa frente a mi ex novia. Si horas atrás me hubiesen preguntado cuál sería el momento que más quería evitar a toda costa, diría que sería este.

—Te escucho, ¿Qué quieres decirme? —le pregunté, tratando de estar calmado.

Apreté los puños bajo la mesa, tratando de no mostrar signos que denotaran que odiaba estar aquí con ella. Ya me iría luego de que dijera lo que tenía que decir.

Es sobre Noradijo.

Esa oración fue suficiente para que captara completamente mi atención. Enarqué mis cejas, instándola a continuar.

—Volví a ver en su futuro.

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— ¿Y?

Nora va a morir.

Me quedé frio.

— ¿Voy a asesinarla? —pregunté.

Dabria negó con la cabeza.

No puedo verlo.

Apreté los puños de nuevo, y la mandíbula.

Mira de nuevo—le ordené.

Ella enarcó las cejas y se cruzo de brazos.

— ¿Qué me darás a cambio? —preguntó.

Estuve a punto de lanzármele encima.

—Te dejaré permanecer con las alas—le dije, con toda tranquilidad.

Si había algo que asustara a un ángel de la muerte, era la posibilidad de perder las alas y toda aquella visita al cielo. Tenía el poder de hacerlo, por supuesto, ya que se suponía que Dabria no debería estar aquí, y los arcángeles no podían defender a aquellos que habían roto las reglas.

Dabria apretó los labios en una clara muestra que decía que me creía capaz de unirla a los caídos y cerró los ojos.

Lo más paciente que pude, esperé las palabras de ella. Gemía, hacia muecas y apretaba los puños mientras observaba. Muy lentamente, los efectos fueron pasando y ella abrió los ojos. La fulminé con la mirada mientras se limitaba a observarme, sin decir nada.

— ¿Y bien? —pregunté, dejando salir el aire por entre los dientes.

—Vas a salvarla. Regresarás conmigo—dijo, con una sonrisa.

Resoplé.

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—Si la salvo, no será por ti, créeme.

— ¿Por quién sino, entonces? —Preguntó, muy interesada en saber.

Me quede en silencio, estirando mis piernas y cruzando los brazos detrás de mi cabeza. Sonreí al ver lo exasperada que comenzaba a ponerse Dabria al darse cuenta.

—No estarás haciéndolo por Nora, ¿Verdad? Es una humana.

— ¿Qué pasa con eso?

No son compatibles.

— ¿Es tu opinión? Vaya, no recuerdo habértela pedido.

Entonces su mirada se tornó oscura, y supe que otra visión llegaba a ella. Fue cuestión de segundos, pero lo noté. Luego de eso, me miraba con una sonrisa, sin decir absolutamente nada.

Va a morir. Ahora.

Me levanté de un saltó, tomándola por el cuello y acercándola a mí. Ahora si estaba mostrando mí enojo.

— ¿Dónde está? —demandé saber.

Volvió a sonreír.

—No dejaré que estén juntos, Patch. Lo sabes.

Apreté el agarre en su cuello. Si las miradas mataran, lo más probable es que estuviera sin vida ya.

— ¿Dónde. Está?

Victoria's Secrets.

La solté y salí corriendo de allí. Subí a la moto con el corazón repentinamente acelerado. Era extraño como las cosas cambiaban de un momento a otro. Días atrás, estaba sediento de la sangre de esta chica, y ahora corría lo más rápido que podía solo para salvarla. Era la primera persona en todo el jodido mundo que me

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hacía cambiar de opinión. Aceleré la Ducati en dirección al centro comercial y fijé mi vista en las calles.

Pasé varias veces frente a la tienda donde se encontraban. A la primera, vi a Nora

y a Vee mirando ropa interior; tuve que alejar mis ojos de allí para tratar de evitar

imaginar a Nora semidesnuda. A la segunda, Nora le entregaba a Vee su chamarra.

Y a la tercera, se encontraba Nora sola. Se le veía preocupada, y detuve la moto a

escasos metros de ella. No lo notó. ¿Dónde se había metido Vee? Abrí completamente mis sentidos, y la localicé. Mi cuerpo se tensó y comencé a correr hacia un callejón oscuro que se encontraba a unos cuantos pasos.

A primera vista, la persona que se encontraba en el suelo podría pasar por Nora, con su chamarra puesta, ya que la oscuridad no ayudaba mucho. Un tipo vestido completamente de negro la golpeaba con furia, como si deseara acabar con ella. Se me heló la sangre y corrí aún más rápido en su dirección. Me arrojé sobre él, quitándolo de encima de ella. Por unos segundos, nos sumergimos en una pelea carnal; cada golpe resonaba con fuerza. Pude sentir a alguien caminar hacia nosotros, así que nos detuvimos. Él salió corriendo antes de poder descubrir de quien se trataba, y no conocía su mente. Maldije. Me arrodillé frente a Vee, pensando en si me la llevaba conmigo, o la dejaba aquí. Después de todo, Nora estaba con ella Los pasos seguían acercándose, esta vez con más velocidad, así que me levante. Vee me miró por entre las rendijas que ahora eran sus ojos. Y me fui de allí.

Más tarde escuché a Nora llamar a una ambulancia, y a personas acercándose para ayudar. Yo me mezcle entre ellos, hasta llegar a mi moto. Subí a ella, y aceleré al Delphic.

Estuvieron a punto de matar a Nora de nuevo, si es que hubiese sido ella la que saliera de la tienda. Apreté los puños y la mandíbula.

Me estaba cansando de perseguir a un fantasma.

Encontraría al responsable de todo esto, y le daría la muerte más dolorosa que jamás habría podido imaginar.

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Capítulo Once

A la mañana siguiente estaba realmente cabreado.

— ¿Dices que era una mujer? No. Era un hombre. Yo lo vi. Peleamos—gruñí.

No me refiero al agresor. Fui a ver a Nora, como me pediste. Ella vio una mujer antes de encontrar a Vee. La vi en su mente. dijo Rixon.

Había enviado a Rixon a cuidar de Nora mientras trataba de seguirle la pista al tipo que había agredido a Vee. No es que ella me importara, pero le importaba a Nora, y ella me importaba a mí. Además, seguíamos con el tema del fantasma que perseguía a mi chica.

— ¿Pudiste detallarla? ¿Sabes qué aspecto tenía? ¿Sabes si Dabria…?

Pero no era posible. Dabria estaba conmigo en ese momento.

No pude detallarla plenamente, lo cual me hace pensar que en realidad fue un truco mental. Los recuerdos en la mente de Nora son un poco difusos. No recuerda ninguna característica relevante.

Pasé las manos por mi rostro, con un deje de frustración.

— ¿Has sabido algo de Chauncey?

—Nop. No hay nada en los registros de las llegadas a Coldwater en los últimos seis meses, tampoco en hoteles; lo cual me hace pensar, a cualquiera en realidad, que es posible que no esté usando su nombre. O puede que no se esté quedando en la ciudad.

Tenía que reconocer que el muy maldito era astuto. Si sabía de mis planes, se mantendría oculto hasta que fuese el momento indicado.

Tengo que encontrarlo. No se puede esconder para siempre; nada puede mantenerlo oculto mucho tiempo—rugí entre dientes.

Rixon levantó las manos en un claro gesto que rezaba que no podía hacer nada. Y eso me enfurecía más. Tenía que descubrir dónde estaba, qué planes tenía. No

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podía simplemente basarme en intuiciones, tratar de adivinar cuál sería su siguiente paso.

— ¿Qué vas a hacer? —preguntó.

Suspiré de exasperación.

—No lo sé, hombre. No se me ocurre nada todavía.

—Lo más viable sería que esperaras a que él hiciera el próximo movimiento.

— ¡Siempre es él el que hace los movimientos, Rixon! Siempre el primero. Siempre

el último. Me está enfureciendo el hecho de que cree que soy su marioneta. No hay

un rastro. No hay ninguna mente que conozca. ¡No tengo nada! Y Dabria no planea decirme dónde se encuentra, porque no me contesta las llamadas. Está celosa de Nora.

— ¿Qué esperabas? La dejaste por una humana, y ahora que regresa por ti, ¿Qué crees? Vuelves a elegir a una humana por encima de ella.

Pues tiene que superar eso.

Lo estás aceptando.

—No estoy aceptando nada, hombre. Yo solo…

— ¿Estás enamorado de ella?

Me quedé en silencio un par de segundos, observándolo fijamente a la espera que dijera que estaba bromeando. Pero, al ver que enarcaba ambas cejas esperando mi respuesta, supe que era en serio lo que preguntaba.

—Por supuesto que no. ¿Amor? Eso no va conmigo, cariñito.

— ¿Entonces qué esperas de ella?

Ya lo sabes: un cuerpo humano.

— ¿Y por qué no la has matado todavía?

Tenía que reconocer que Rixon tenía sus momentos en los que se volvía realmente insoportable. ¿Amor? ¿Por Nora? Ni hablar. Me atraía. Me volvía loco en ocasiones. Pero eso no era amor; ni de lejos. Aunque, tampoco era que sabía exactamente que

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era el amor. Estaba maldito. Jamás sabría lo que se siente; tal vez mi cuerpo, pero

yo no. Sentía el contacto físico como a través de un cristal: mi cuerpo sentía, se

calentaba o enfriaba, se hería. ¿Pero mi alma? ¿Mi esencia? ¿Lo que yo era realmente? No sentía absolutamente nada de eso. Me emocionaba internamente, pero eso no tenía nada que ver con lo físico. Mi verdadero yo sentía todo a un nivel puramente emocional, y era difícil que me emocionara a ese nivel.

Sólo una persona en la historia había sido capaz de hacer eso.

Había cambiado mi decisión de matarla la noche pasada, cuando Nora invadió de lleno gran parte de mi alma. Sin embargo, ya no estaba completamente seguro de esa decisión. Después de todo, ser humano era lo que había deseado desde que me expulsaron, ¿no?

—Sólo estoy esperando el momento adecuadodije.

— ¿Qué sería cuál? ¿Luego de que te acuestes con ella y hagan cosas divertidas? Vamos hombre, acéptalo: si no la has matado, es porque realmente no quieres hacerlo. Fin. Estás permitiendo que esa chica te debilite.

De un solo golpe tiré a Rixon al suelo, dándole un puñetazo en la mandíbula. Se levantó al instante, aunque debía tenerla rota. ¿Ves lo que digo? No sintió el golpe físicamente, pero en sus ojos vaya que se veía la furia que eso le había causado. Intentó devolverme el golpe, pero fui más rápido y desvié la dirección de su brazo, llevándolo a su espalda y manteniéndolo allí unos segundos antes de soltar:

—No te atrevas a repetir que soy débil. Te mataré si vuelves a decirlo. No soy débil. No lo fui, y no lo seré. Lo que haga o deje de hacer con Nora no es de tu incumbencia.

Lo

liberé y me di la vuelta para alejarme.

Vi

la hora, y noté que ya era demasiado tarde para ir al instituto. Daba igual, la

única razón que tenía para asistir era Nora, y podía espiarla sin que ella lo notara

para cerciorarme de que estuviera bien. Lo cual no ayudaba a afirmar el hecho de que no me importaba. Maldita sea. No me entendía últimamente. ¿Me importaba la chica o no? Claro que me importaba; es decir ¿Y mi cuerpo humano? Pero venían de nuevo esas imágenes de Nora ensangrentada y se me revolvía el alma. ¿A esto era lo que llamaban "Sentirse confundido"? Porque si era así, era una verdadera mierda.

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Decidí ir a jugar una partida de billar. Un par de chicas, trucos mentales y el humo del ambiente serían suficientes para despejar mi mente. Subí a la moto y aceleré todo lo que pude.

Al llegar, bajé directamente y le hice señas a un grupo que estaba comenzando las apuestas de billar para que me integraran, pero ya estaban listos. Maldición. Me acerqué a una mesa de póker y tomé asiento. Todos me miraron.

— ¿Sabes jugar? —preguntó uno de ellos, un tipo calvo.

Reparte las cartas—me limité a decir.

Hizo el intento, pero otro de ellos, uno de pelo rojizo con un traje bastante formal lo detuvo.

—Aquí se juega con dinero. Si no tienes billetes, no entras—gruñó.

Rodé mis ojos, metí la mano en el bolsillo trasero de mis pantalones y saqué mi billetera. Puse diez billetes de cien dólares en la mesa.

— ¿Así es suficiente? ¿O tengo que sacar más? No entiendo esa necesidad de ver cuánto dinero tengo. Cuando juego, gano. Siempre.

—No quieras hacerte el gracioso. ¿Sabes quién es el mejor? Yo lo soy. No tienes nada que hacer contra mí.

Ya lo veremos Le sonreí, y puse mucha atención en destilar todo el peligro que representaba.

Diez minutos después y tenía siete mil dólares en el bolsillo. El tipo de traje estaba cabreado, y me miraba como si quisiera estrangularme. Venga, que lo hiciera, y lo destrozaría. Le sonreí cuando se levantó de la silla, con intenciones de saltarme encima. Pero algo peculiarmente atractivo lo detuvo. Dejé de respirar unos segundos. Era aquella pelirroja que tanto se parecía a Nora.

Tengo un tratodije, antes de que pudiera marcharse.

Se detuvo, y me miró, frunciendo el ceño.

— ¿Qué propones?

Te doy una oportunidad para recuperar todo tu dinero.

MARY ANN GRINTON

Hush, Hush Narrado Por Patch Cipriano

—No me queda más para apostar.

Yo no pido dinero a cambio.

— ¿Qué quieres?

Moví mi cabeza, señalando a la chica.

A ella.

Su mirada iba de mí a su acompañante, y viceversa. ¿De verdad lo estaba pensando? Maldito idiota. ¿Apostar a una mujer? Que imbéciles eran los humanos. Pero claro, estábamos hablando del dinero.

Hecho.

La pelirroja frunció el ceño y lo sujetó de un brazo.

Oye, yo no soy un juguete que puedes apostar. le dijo.

Volví a sonreír.

—Tú haces lo que yo te ordeno, ¿entiendes? —le susurró el del traje, pero de igual forma escuché.

La chica se limitó a asentir, agachando la mirada. Y allí perdió todo lo que por un momento comparé con Nora. Ella nunca se haría sumisa de un tipo. No lo había hecho conmigo, y estaba seguro de que no lo haría con nadie.

Barajearon las cartas, las repartieron, y quince minutos después la chica ya era toda mía. Sin embargo, luego de que el tipo del traje tirara la mesa y se fuera encabronado, me giré y le dije a la chica:

—Lárgate.

Ella mi miró sorprendida, parpadeando una y otra vez. Su expresión decía algo así como: ¿Qué no querías acostarte conmigo?

—Pero creí que nosotros…

Me levanté y guardé el dinero en mis pantalones.

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—No hay un nosotros. Te confundí con una chica, pero no te pareces en nada a ella.

Y sin nada más que decir, me fui de allí.

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Capítulo Doce

Al día siguiente, tampoco fui a la escuela.

No lograba sacar a la maldita Nora de mi cabeza, así que ir a la jodida escuela no iba a ayudar en nada. En cambio, fui a jugar al paintball con Rixon y otros caídos.

No me entretenían demasiado, pero al menos tenía que concentrar mi mente en otro objetivo. Como por ejemplo, las pelotas de mi mejor amigo que no tenían protección. No le dolía a él, pero era obvio que a su cuerpo sí, por lo tanto me partía de risa ver como su organismo se doblaba cuando lograba pegarle.

— ¿Qué has sabido de Dabria? irónicamente, Ángel.

—le pregunté a uno de los caídos, llamado,

—Dicen que ha regresado al cielo. Me dijeron que los arcángeles estuvieron a punto de descubrir que se escapaba para venir a la tierra. No creo que quiera volver.

Mi teléfono comenzó a vibrar en mi bolsillo, y tomé unos segundos antes de meter la mano y sacarlo de allí.

Patch—contesté.

—Sé que es tu día libre, pero en serio necesito que cubras a mi hermano. Ha tenido un problema con su apéndice y está en el hospital; él me pidió que te llamara. — dijo la voz al otro lado de la línea.

Tamara. —la saludé. Me había acostado con esta chica un par de veces en el pasado, antes de obsesionarme con el cuerpo de Nora. Mierda, ¿Había dicho "Obsesionarme"? No hay problema.

Colgué.

Chicos, debo irme. Trabajo esta noche—informé, y busqué mi moto.

Cuando llegué al Borderline, expliqué lo que había pasado con el chico que había solicitado que lo suplantara. Mierda, odiaba trabajar. ¿Qué por qué no dejaba este jodido trabajo? Fácil: Nora casi siempre venía a él. Estaba seguro de que si Rixon entrara en mis pensamientos en estos momentos, se partiría de risa y comenzaría

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con ese montón de basura de que ella realmente me importa y todo eso. Bah. La chica me gustaba. Punto. Hasta ahí llegaba todo. O eso creía.

Me adentré en la cocina, buscando un par de pedidos para la mesa cuatro cuando sentí su presencia. La busqué con la mirada a través de la ventanilla del cocinero, pero no la vi. Rápidamente salí de allí con las bandejas en mano, y entregué la orden. Ahí si la vi.

Tuve que contener una carcajada al verla sentada en la barra con uno de los chicos que, si no ponía especial cuidado en dejar de mirarle las piernas, iba a arrancarle los ojos. Tenía una película estilo chabacano que le quedaba realmente horrible, y una minifalda que me obligaba a mantener mis ojos en ella.

Al parecer me estaba investigando, porque luego de que él le dijera que me encontraba en la cocina, se puso repentinamente nerviosa.

—Creo que dejé el coche arrancado. ¡Pero fue genial hablar contigo! —dijo, apresurándose en tomar sus cosas y levantándose del taburete.

Con paso rápido se encaminó al baño, y con una sonrisa maliciosa en el rostro se dirigió al baño. Lo cual era genial, porque si lograba matarla allí dentro, nadie lo notaría sino hasta dentro de un par de días, cuando tocara la limpieza. Pero… ¿Podría matarla finalmente?

Ya dentro del baño de damas, cerré la puerta detrás de mí, poniendo especial cuidado en que nadie pudiera abrirla. Nora se encontraba frente al lavamanos, con el rostro bajo. Inhaló un par de veces y luego esparció agua fría sobre su cara. Aun no sabía cómo me sentía con el hecho de que realmente estaba indagando en mi pasado. ¿Furioso? Era claro. ¿Complacido? Tal vez un poco. Eso demostraba que claramente estaba interesada en mí.

Cuando finalmente cerró la llave y miró hacia arriba, vio mi cara reflejada en el espejo. Gritó y me di media vuelta. No estaba sonriendo, ni tampoco parecía entretenido. Seguía sin descubrir cómo me sentía realmente. Y, seguía con mi lucha interna sobre matar o no.

— ¿Qué estás haciendo aquí? —Preguntó, jadeando.

—Trabajo aquí.

—Me refiero a aquí. ¿Es que acaso no sabes leer? El símbolo de la puerta…

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—Estoy empezando a pensar que me estás siguiendo. —la interrumpí. —Cada vez que me doy la vuelta, tú estás ahí.

—Quería invitar a Vee a salir. —Explicó—Estuvo en el hospital. sonaba a la defensiva, lo cual claramente demostraba su culpa detectivesca. —Nunca pensé en toparme contigo. Supuestamente estás en tu noche libre. ¿Y de qué estás hablando? Cada vez que me doy la vuelta, tú estás ahí.

La observé de arriba abajo, sopesando seriamente que reacción tomar. Quizás pudiera dejarlo pasar, después de todo, jamás descubriría nada. No antes que la matara. Tal vez podría contarle todo, como último deseo. Miré su cabello falso.

— ¿Quieres explicar tu pelo chabacano? —le pregunté.

Se arrancó la peluca con frustración, y la arrojó sobre la encimera del baño.

— ¿Quieres explicar dónde has estado? Has faltado los últimos dos días a la escuela.

¿Acaso me extrañaba? Estuve tentado de preguntarle, pero en cambio dije:

— Jugando Paintball. ¿Qué hacías en la barra?

Provocando la muerte de uno de mis compañeros de trabajo con esa falda, lo más seguro.

—Hablaba con el Barman. ¿Acaso es un crimen?

Crimen si llegase a matarlo. Aún lo reconsidero.

Equilibrando una mano contra la encimera, levantó su pie para desabrochar un tacón de cuero de tiburón. Se inclinó ligeramente y tan pronto como lo hizo, un trozo de papel cayó al suelo. Se arrodilló para tomarlo, pero fui más rápido. La sostuve sobre mi cabeza para que no pudiera alcanzarla. Infantil.

— ¡Devuélvemela! —Me ordenó.

— ¿Tiene Patch alguna orden de restricción? —Leí— ¿Es Patch un delincuente?

— ¡Dá-me-lo! Dijo entre dientes furiosamente.

Solté una risa por lo bajo, ante el descaro de la siguiente pregunta. Definitivamente estaba interesada en mí.

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— ¿Patch tiene novia?

Puse el papel en mi bolsillo trasero, sintiéndome repentinamente complacido. ¿El enojo de sentirme acosado? Bueno, ahora formaba parte de la historia. Vi en los ojos de Nora que estaba dispuesta a tomar el papel, a pesar del lugar donde se encontraba, así que me eché hacia atrás en la encimera, nivelando nuestros ojos.

—Si vas a buscar información por ahí, preferiría que me preguntaras a mí. —le dije,

y fue sincero. Las personas podrían darle la idea equivocada. Hablaran bien o mal

de mí, nunca dirían la verdad.

—Esas preguntas eran una broma. Vee las escribió. Es su culpa.

Conozco tu letra, Nora.

—Bueno, ok, está bien. —se quedó en silencio en lo que supuse sería un intento desesperado por pensar algo que la librara del atolladero, así que, mientras perdía el tiempo, preferí responder a sus preguntas.

—No tengo ninguna orden de restricción. —Dije—No he cometido ningún delito.

Levantó la barbilla.

— ¿Novia?

Sip, definitivamente interesada.

Eso no es de tu incumbencia.

Trataste de besarme. —Me recordó— Lo convertiste en algo de mi incumbencia.

Traté de reprimir una sonrisa mientras recordaba aquel momento. Vaya noche. Recordé cada detalle de ese casi-beso, incluyendo su gemido/suspiro.

Ex novia. —Dije, después de un momento. Recordé a Dabria y a su, para mi felicidad, regreso al cielo—Pero ella no anda por aquí.

— ¿A qué te refieres con que no anda por aquí?

—Se ha ido. Nunca volverá.

O al menos eso esperaba.

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— ¿Te refieres a que… está muerta? —Pregunté.

No lo negué. Ella era un ángel de la muerte, después de todo.

La puerta del baño de damas sonó cuando alguien intentó entrar, lo cual me recordó donde estaba.

Necesito volver a trabajar. —Dije. Volví a escanearla completamente, y me vi atrapado de nuevo más debajo de sus caderas. —Falda mortal. Piernas de infarto.

Y salí de allí.

Visualicé a Nora un par de mesas más allá, lo cual me hizo preguntarme si era cierto lo que Nora decía, y realmente la culpa de todo la habría tenido Vee. Daba igual. No pude detallar muy bien al chico que la acompañaba, porque Frank me miraba desde la cocina con algo de enojo reflejado en sus ojos. Supuse que había visto a Nora entrar al baño, y a mí seguirla. Contuve el impulso de levantar mi mano y enseñarle el dedo del medio, y en cambio continué trabajando.

Me llevó toda la noche sacar la imagen de esas piernas de mi cabeza.

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Capítulo Trece

— ¿Estás seguro de eso? —pregunté, apretando los puños.

Rixon asintió.

Completamente. Yo lo vi. Llevaba el rostro cubierto, pero era un hombre.

— ¿Lo seguiste?

—Lo intenté. Primero quise asegurarme primero de que Nora estuviese bien. Cuando volví mi atención al hombre, había desaparecido.

Fruncí el ceño, enojado. No podía reclamarle nada, había hecho realmente bien en asegurarse de que Nora estuviese bien. Supongo que él ya tenía claro algo que yo todavía luchaba por descubrir.

—Maldición. ¿Pudiste entrar en su mente? —pregunté.

Rixon se desplazó por la habitación, reposando en la esquina de mi cama recubierta de seda negra.

—Lo hice. No había nada. Estaba bloqueado. Es como si supiese que podía mirar dentro de su cabeza y estuviese preparado para ello—respondió.

—Lo cual quiere decir que…

Sabe que lo estamos acechando—terminó él por mí.

Maldita sea.

Media hora después de mi charla con Rixon ya estaba en el instituto. Hoy tenía Biología, y no podía faltar. Necesitaba ver a Nora.

Estacioné la moto en el aparcamiento y me dirige al salón, siendo consciente de la mirada de multitudes de chicas sobre mi espalda. Una de ellas, rubia y superficial, me miró directamente a los ojos, sonriéndome, como queriendo hacerme una invitación. Me acerqué a una máquina para sacar una coca-cola, y ella se aproximó, tambaleándose sobre unos tacones de aguja demasiados altos.

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—Hola, tú debes ser Patch—dijo.

Asentí, regalándole una última sonrisa y queriendo pasar de ella. Iba a llegar tarde.

—Soy Marcie. Millar. Seguramente has escuchado hablar sobre mí…

Lo siento, no.

Intenté, nuevamente, seguir mi camino, pero me detuvo del brazo.

— ¿Me invitas una coca-cola? —preguntó.

Contuve un suspiro. Me giré, encarándola, y volví a sonreír. Esta vez mostrando libremente toda mi frustración.

Claro. Ten. Le entregué la que llevaba en la mano y, finalmente, me dejó seguir caminando.

Como suponía, llegué un poco tarde. Toda la clase estaba dividida en parejas, y Nora ya estaba con Vee, así que no me quedó de otra que hacer equipo con un niño lleno de acné llamado Errowl. Hice que reposara sobre la mesa mientras él me explicaba qué era lo que tenía que hacer.

Mientras esperaba que pasaran los cinco minutos de reposo, un sobresalto de Nora llamó mi atención, mis sentidos se agudizaron y escuché lo que tenía que decir…

—Oh, Dios mío. —Dijo—Elliot irrumpió en mi casa anoche, fue él. Robó el artículo. Posiblemente como castigo por encontrar el artículo en primer lugar.

¿Artículo? ¿Qué artículo?

—Whoa, ¿qué? —Dijo Vee.

Maldita sea. No estaba entendiendo nada. Necesitaba saber todo con detalles, ¿qué era lo que pensaba Nora? ¿Ella se imaginaba quien podría ser? Precisaba estar un poco más cerca de Nora para entrar a fondo en su mente, así que miré al entrenador y le ordené mentalmente "Busca la manera de separar a Nora y a Vee"

Obedeciéndome, el entrenador de acercó a ellas.

— ¿Qué pasa? —preguntó.

Vee rió a las espaldas del entrenador, mientras Nora se ponía nerviosa.

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—Um… El sujeto no parece tener pulso. —Dijo.

Mientras el Entrenador probó el pulso de Vee, ella fingió un desmayo y se avivó a sí misma. El Entrenador miró a Nora, frunciendo el ceño.

—Justo aquí, Nora. Golpeando alto y fuerte. ¿Estás segura de que el sujeto se abstuvo de actividades, incluyendo hablar por los enteros cinco minutos? Su pulso no es tan lento como se esperaría que fuese.

—El sujeto luchó con la parte de no hablar. —Vee intervinoY el sujeto tuvo un duro tiempo relajándose en la mesa de Biología, dura como una roca. Al sujeto le gustaría proponer cambiar lugares para que Nora pueda ser el nuevo sujeto - Vee usó su mano derecha para agarrar a Nora y empujarse a sí misma verticalmente.

No me hagas lamentarme de haber permitido que eligierais vuestro propio compañero. —dijo el Entrenador.

No me haga lamentarme de haber venido a la escuela hoy.