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Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino

Facultad de Filosofía

Reflexiones de Filosofía
Social sobre la familia.

Pbro. Juan Lisandro Scarabino, 14 de Noviembre de 2003


2

Reflexiones de Filosofía Social sobre la familia

El gran filósofo de la Grecia antigua, Aristóteles, definió al hombre como un


animal político, o sea, como un animal, que por su misma naturaleza es social. La
sociedad brota de la misma naturaleza del hombre. Afirmar esto es de suma
importancia, porque se dice que ni el individuo puro, ni la sociedad pura existen, lo que
existen son los hombres concretos que son tantos individuales, como sociales. Se
desecha que la sociedad sea simplemente un pacto entre los hombres, el cual no es
necesario, como propagan los individualistas. A su vez, se desecha también, la teoría del
universalismo social, que afirma que la sociedad es algo que existe fuera del hombre.
¡No! La sociedad brota de la misma naturaleza humana. Por esto las inclinaciones
naturales se ven representadas en la sociedad.
Hagamos un paréntesis y expongamos de una manera sintética las inclinaciones
naturales tal como se encuentran en la doctrina del doctor Angélico.1
Dice Santo Tomás que existe una inclinación común al hombre y a todo los
seres, en cuento que son substancias, esta inclinación es la de la conservación del propio
ser, de la propia existencia. También existe una segunda inclinación, que es común a los
hombres y a todos los animales, que es la unión entre el macho y la hembra y la
educación de los hijos. Y por último, una tercera inclinación propia de la naturaleza
humana, como es el conocimiento de la verdad y la vida en sociedad.
A estas hay que sumarles el primer principio de la razón práctica, que es base de
todas las inclinaciones, que se puede formular de la siguiente manera: “Bonum est
faciendum et prosequendum, et malum vitandum.”
Sintetizando podemos hablar, entonces, de cinco inclinaciones:
1- Al bien;
2- A la conservación del ser;
3- A la unión sexual y la educación de los hijos;
4- Al conocimiento de la verdad; y
5- A la vida en sociedad.
En este trabajo nos interesa la tercera de las cinco inclinaciones, que es la unión
sexual y la educación de los hijos. Estas son inclinaciones comunes a todos los animales
y de un modo especial del hombre. Todos los animales no racionales, por instinto,

1
Cfr. I-II, 94, 2
3

tienden a la unión sexual y cada vez que tienen crías se puede observar el cuidado que le
dan: el alimento, el cariño y hasta le enseñan cosas: a cazar, a volar, a huir del peligro…
El itinerario que proponemos para este ensayo es profundizar en esta inclinación,
que constituirá la familia. Ver su esencia, su finalidad y su importancia para la sociedad.
Junto a esto, analizaremos la situación de las familias en nuestra Argentina. En este
punto nos daremos cuenta que al estar debilitada la familia, se debilita la sociedad. Por
último concluiremos afirmando la necesidad de las familias y la imposibilidad de
prescindir de ellas.
Dice Rafael Gambra que la familia es la primera forma de sociabilidad, ya que el
instinto genético y el de la paternidad son los más fuertes impulsos que unen a los seres
humanos y de esta forma se determina la institución familiar. Esta se constituye en la
primera y más universal de las formas de sociabilidad.2 De este razonamiento viene
aquella famosa e histórica definición: “la familia es la célula de la sociedad”. No puede
entenderse, por lo tanto, una sociedad sin familias. Es imposible que esto ocurra. Por
eso afirma nuevamente Gambra de una manera categórica y hasta desafiante: “Lo que
puede afirmarse como un hecho constante, no contradicho por ningún dato histórico ni
etnográfico y apoyado en fundamentos psicológicos ciertos, es que la familia ha
existido desde que hubo hombres y mujeres en la tierra, aunque adaptándose a las
condiciones espirituales y económicas de los diversos pueblos y de las diversas
épocas.”3
Siempre ha existido la familia y siempre existirá mientras vivan los hombres.
Este es el sentido primordial de la familia entendida como célula de la sociedad, pero
veremos más adelante que no es el único sentido.
Acá surge una primera cuestión que es necesaria resolver: partamos de la base
que la familia es la célula de la sociedad y de la evidencia que la sociedad está en
constante evolución, esto quiere decir que la familia también es cambiante, pero, ¿puede
cambiar la esencia y la finalidad de la familia? ¿o simplemente cambian las estructuras
y las constituciones? Para poder dar una respuesta satisfactoria tenemos que hacer dos
cosas: primero comparar los cambios familiares. Para ello compararemos las familias de
la sociedad post-industrial con las rurales. Y en segundo lugar intentaremos describir la
esencia y la finalidad, que no pueden haber cambiado.

2
Gambra, Rafael (1970). Curso elemental de Filosofía. Salamanca: ediciones Anaya. Pp. 233-234
3
Idem. P. 235
4

En la sociedad rural, la familia era el lugar natural donde se constituía la


sociedad: en aquella se recibía la educación, se trabajaba en la casa y todos lo hacían.
Había un respeto muy profundo y marcado hacia la autoridad de la casa. Aquellas
familias de antaño eran muy numerosas: estaban los abuelos, los padres, los hijos (que
eran muchos) y los siervos. Orlandis marca cuatro características de esta familia:
1- El llamado “clan familiar” estaba constituido por un grupo muy amplio;
2- Había un centro, que era la casa familiar. Todo se concentraba en ella;
3- El individuo se sentía plenamente integrado en esa familia, había un fuerte
sentido de solidaridad entre sus miembros y una mentalidad y tradiciones
comunes.
4- Todas las personas se conocían en aquella sociedad. El hombre no era un
número más, sino una persona con nombre y apellido y hasta, a veces, con
un sobrenombre.4
Esto cambió en las sociedades industriales. Los descubrimientos técnicos,
científicos y médicos influyeron mucho en las familias. Junto a todos estos factores no
podemos dejar de mencionar el factor económico y el aumento de las necesidades para
poder vivir. Podemos marcan, junto con Rieber5, las siguientes características de las
familias en esta época:
• Reducción del “clan familiar”. No se tienen tantos hijos como antes.
• Se quiere elevar el nivel de vida. Esto lleva a la mujer a trabajar.
• Se produjo un gran incremento de divorcios.
• Se reemplaza la constitución familiar, por considerarla anticuada y
superflua. Se proponen que se viva junto, sin ningún compromiso.
• El hombre deja de ser persona y se transforma en un número más.
A simple vista parecería que la esencia de la familia ha cambiado, pero esto no
es así. Simplemente hay una evolución en la que se puede observar que continúan
intacto los siguientes puntos:
- Los hijos.
- La vida conyugal.
- La educación.

4
Cfr. Orlandis. La familia en la sociedad urbana e industrial. En Cuestiones fundamentales sobre
matrimonio y familia. II simposio internacional de Teología. Universidad de Navarra. Pp. 553-554.
5
Rieber. Individuación y autorrealización ¿dentro o fuera de la familia? En Cuestiones… idem. Pp. 273-
286.
5

Estos “factores” existen desde que hay familia y esto ocurre, como dijimos
anteriormente, desde que hay hombres en la tierra.
Hagamos un análisis histórico de cada uno de los tres puntos.
Los Hijos
En las sociedades rurales, el índice de la natalidad era muy alto. Las familias
eran muy numerosas. Había dos factores que condicionaban el ejercicio de la
maternidad: el elevado nivel de mortalidad infantil y el nivel de vida que rondaba por un
promedio de los 40 años. Esto llevaba a que la función principal de la familias fuera la
de tener hijos. Pero con el desarrollo científico y tecnológico que acompañaron a la
industrialización, se ha podido reducir el índice de mortalidad infantil y hasta se ha
duplicado el promedio de vida. Estos hechos producen una modificación de la vida
familiar. El matrimonio no puede ser visto sólo como una sociedad que su función
principal y hasta muchas veces la única, era la de tener hijos. El desarrollo cambió esto.
Todo matrimonio tiene, hoy en día, dos períodos: el de los hijos y el que se quedan los
esposos solos, debido al alejamiento de los hijos de la casa. Antes solamente existía el
primer período. Esto lleva al replanteo del tema. Pero en todo caso se puede sacar una
primera conclusión sobre la esencia del mismo: los hijos. Para que haya verdadera
familia tiene que haber hijos.
En esta primera argumentación, ya está mencionado, de una manera explícita el
segundo de los puntos: la vida conyugal
En la antigüedad no era un tema de suma importancia, según vimos
anteriormente, pero hoy sí lo es. La familia tiene que seguir cuando los hijos se van.
Entran en juego dos conceptos: la fidelidad y el amor. Esto no puede ser dejado de
lado.
Y por último tenemos la educación. Antes se contemplaba en las familias: en
estas se educaba y también se trabajaba. Y así, los padres educaban trabajando con sus
hijos. Convivían todo el día. Hoy ya no ocurre esto. Los padres no trabajan en casa, sino
lo hacen fuera de ella. Y a esto se le suma la necesidad económica y social del trabajo
de la mujer, que olvidándose que es madre, pasa muy pocas horas en la casa junto a sus
hijos. Esto repercute en la educación. Los padres ya no pueden educar, no tienen tiempo
y solucionan el tema, mandando a los hijos a la escuela. Y como en la casa no están los
padres, los hijos pasan en las escuelas todo el día. De esta forma esta se transforma en la
educadora de los hijos, desplazando a las familias. Esto es muy grave, como veremos
más adelante.
6

Pero ¿es solamente el fin de la familia el tener hijos, procurarle un bienestar y no


educarlos? ¿importa fomentar la vida conyugal? ¿son necesario los hijos para que haya
familias?
Vamos a empezar a definir, a partir de lo expuesto hasta el momento, la
finalidad de la familia.
Hijos, vida conyugal y educación, no pueden ser ajenos al fin. Estuvieron, están
y tienen que estar en las familiar, para que sea familia.
Santo Tomás habla de dos fines del matrimonio, uno principal y otro secundario.
El primario es el bien de la prole, que implica la generación y el desarrollo de la misma.
En este punto cita a Aristóteles que, en la Ética a Nicómaco, dice que tres cosas reciben
los hijos de los padres: la existencia, el alimento y la educación. Y el fin secundario
consiste en los servicios mutuos que hay que prestarse, o sea, la complementación entre
el hombre y la mujer, la vida conyugal.6
El Angélico integra los tres puntos que veníamos mencionando.
Esta es la finalidad de la familia. Su esencia, no hace falta explicarla y
desarrollarla ya que es ser una comunidad, una institución.
Pero hoy en día, parece que esta teoría pasó de moda, dejó de tener vigencia:
uniones de homosexuales, abortos, divorcios, derechos reproductivos, planificación
familiar, esterilización, anticoncepción, paternidad planificada, cambio de roles en el
sexo… avalan este cambio. En este punto nos surge una pregunta ¿cuál es la raíz de este
cambio de mentalidad? Creemos y sostenemos que es el haber cambiado el fin principal
del matrimonio, de las familias. Encontramos en el fenomenal texto de Illanes7 que
Doms sostiene que el fin último es el acto matrimonial, porque esto actos no pueden ser
considerados medios para un fin, para la procreación, sino que tienen en si mismos
valor, en cuanto que manifiestan y realizan el amor que une entre sí a los esposos. La
familia tiene un fin próximo y un objetivo radical: la unión de los esposos. Los hijos son
un efecto.
Esto es gravísimo y es la causa de la decadencia de las familias y por ende de
toda la sociedad.
El mismo Illanes marca dos errores de esta postura:

6
Supl. q. 41, a. 1, c.
7
Illanes. Amor conyugal y finalismo matrimonial (metafísica y fenomenología en la consideración del
matrimonio). En cuestiones… idem. Pp. 471-480.
7

• El amor no es un fin, sino que es la causa, la fuerza, el impulso que


conduce a la familia y una vez constituía la afirma.
• La sexualidad se presenta, con esta postura, como una fuerza
ordenadora, no a la transmisión de la vida, sino al placer y a la
autorrealización.
Esto trae las gravísimas consecuencias que se pueden observar en la actualidad
y que tocan a la finalidad de la familia:
• Los hijos  en una familia, a veces, los hijos molestan, pero como,
es realizar el fin la unión sexual, se utilizan los métodos
anticonceptivos y si, fruto de algún desperfecto, se engendrara un
hijo, se lo aborta y chau problema. Ya que si se puede “planificar la
familia”, está bien decidir cúando y cuántos hijos tienen que nacer.
Total el fin del matrimonio se cumple y por lo tanto existe un
“derecho reproductivo”.
• Si el fin es el amor de los cónyuges y no los hijos, está bien y es
natural la unión entre homosexuales.
Si se cambia el fin, ocurre todo esto. Y si se hiere a la célula básica de la
sociedad, se hiere a toda esta. Por eso no es de extrañarnos que la legislación civil se
entrometa en estos temas y busque apuntar al permisivismo y a la trivialización de los
problemas. Si a esto agregamos la cada vez más en aumento ruptura con lo sobrenatural,
y por lo tanto la absolutización de lo individual y lo humano del matrimonio, es
inevitable que se produzcan en la sociedad una regresión moral de la institución
familiar. Esto trae dos grandes riesgos: pone en peligro la estabilidad del matrimonio,
que se ve comprometida con la ley de divorcio. De esta forma el matrimonio pasa a ser
un contrato más, como si fuera un trabajo. Cuando los cónyuges se cansen, se rompe el
contrato y se hace otro. Esta ley evita que el compromiso sea hasta la muerte, sino hasta
cuando los cónyuges quieran. Es impresionante y llama la atención como aumenta la
cantidad de “familias” (aunque no es la palabra adecuada), conformada por separados,
divorciados y juntados. Y lo más grave de esto, es el efecto que repercute en los hijos.
Nos contaba una profesora que una vez entro a un jardín de infantes y le pregunto a un
niño, elegido por azar, cuántos hermanos tenía. Y le respondió con una pregunta ¿qué
día de la semana? Esto es consecuencia de esta ley. Nos preguntamos ¿cómo se lo puede
educar a un hijo en esta circunstancia? ¿cómo se le puede trasmitir la profundidad del
8

amor? ¿cómo va a saber lo que es una familia? Y estos niños nacidos en estas familias
inestables serán los futuros adultos de la sociedad ¿qué le espera a las sociedades con
estos adultos?
El otro gran riesgo que lleva implícito todo esto es el siguiente: la relativización
de la sexualidad comprometida por el aborto. En el fondo esto es fruto de lo anterior,
porque el divorcio destruyó el respecto de la institución familiar. Y si no se respeta esta,
los hijos, que son el fruto por excelencia tampoco se respetaran. Se los puede abortar sin
ningún problema. Y para dejar tranquila la conciencia ya no se habla de hijo, sino de
feto, ya no se dice aborto, sino interrupción del embarazo. Y la ciencia dice que a partir
de la concepción ya hay una vida, y relativizan el valioso aporte de la ciencia. Se
cambia el lenguaje, a las cosas ya no se las llama por su nombre y se rechaza toda
postura que no les convenga. Pero nunca podrán calmar y dejar tranquila a la
conciencia.
Ya todo es un descontrol ¿por qué no implementar la unión de los
homosexuales? Ellos tienen derecho, porque ya no hay sexo, como dicen, sino géneros.
Y no dos, sino cinco, tal como se declaró en el último encuentro de mujeres
autoconvocadas, realizado en agosto de este año en la ciudad de Rosario. Claro, la
consecuencia de esto repercute también en los hijos. Por supuesto, los que adopten,
porque una vez conseguido que se promulgue la ley de convivencia, ahora buscan que
puedan adoptar hijos. Pobres niños, ni siquiera podrá saber quién es su madre y quién su
padre. No podemos dejar de ilustrar esto con un caso verdaderamente lamentable que
nos contaba una compañera: en un matrimonio, los padres se separaron, el hijo de seis
años se va a vivir con la madre y esta se junta (porque sería un despropósito decir que se
casan) con su mejor amiga y le exige al hijo que a las dos llame madre. Las
consecuencias son terribles.
La institución familiar se desploma ante la usurpación progresiva que el poder
del Estado hace sobre la legislación familiar, sin respetar el derecho natural y mucho
menos a Dios.
A pesar de todo esto, de la situación actual del mundo, la institución familiar
sigue ejerciendo una influencia clara en la formación de las personas y de la sociedad.
Ella es la célula y el único lugar donde se puede educar. Una sociedad sin que las
familias eduquen es imposible de concibir. Esto lo intentaron llevar a la realidad los
hombres del positivismo ilustrado, quienes pensaban que la salvación venía por la
educación y la escuela se puso en centro de la realidad social. Haciendo a los hombres
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ilustrados y razonables se podía salvar a la sociedad y a todos los problemas que a esta
le atañen. Entonces cada vez más la escuela fue posibilitando el desarrollo de las
ciencias pedagógicas de modo que, se potenció tanto la pedagogía académica que se
menospreció a las familias. Esto ocurrió en la primera mitad del siglo XX. Los
pedagogos, remplazando a los padres, tenían que lograr la tarea formativa. Pero como la
única que puede educar es la familia, este sistema explotó. Porque por los años 60
Europa tenía una propuesta educativa magnífica, pero la juventud estudiantil se rebeló:
fue el famoso Mayo francés. Es que la escuela no resuelve el tema, se necesitan las
familias.
Una situación parecida encontramos en nuestra Argentina de hoy en día: nunca
ha habido tanta propuesta educativa, hay montones de colegios, univesidades, terciarios,
profesorados, cursos de extensión, carreras, licenciaturas, doctorados... Y pesar de todo
esto, la sociedad sigue en decadencia. Se destruye la familia, se destruye la sociedad.
Hay abundancia de educación y sin embargo hay insatisfacción por los resultados
educativos. Hoy tenemos una oferta educativa amplísima y enorme, pero rebeldía
juvenil, delincuencia, inseguridad, violencia, paro laboral, piquetes por todos lados,
miedo ante la vida, desorientación ética, agresividad incontrolada, incompetencia
profesional, ceguera ante el sentido de la vida, falta de amor, incapacidad para la vida
familiar, frustración personal, suicidios. La escuela no resuelve. Hace falta la familia.
La mayoría de los textos consultados piden a grito que se vuelva a fortalecer a las
familias: “Así, pues, atentar contra la familia es atentar contra la persona o, lo que es
lo mismo, atentar contra la esencia de la sociedad”8; “Las condiciones de la sociedad
hoy exigen un esfuerzo de la acción familiar para el normal desenvolvimiento del
hombre”9; “Este oscurecimiento de la institución matrimonial y el progresivo deterioro
de la familia se encuentran en estrecha relación con la descomposición y declive de la
sociedad y cultura occidental”10; “Puede concluirse sin reservas que el futuro de la
educación es el futuro de la familia”11... Y así se pueden encontrar muchísimas frases
más.
Pero no queremos cerrar este trabajo sin hacer una mención de la opinión de
Juan Pablo II, y por lo tanto, de toda la Iglesia que él tiene a su cuidado. Ya en

8
Alvira. ¿Persona o individuo? Consideraciones sobre la radicalidad familiar del hombre. En cuestiones...
idem. P. 463
9
García Hoz. La familia y tarea educativa. En Cuestiones... idem. P 744
10
Yanguas. Algunas raíces filosóficas de la situación matrimonial familiar. En Cuestiones... idem. P.453
11
Altarejos. El futuro de la familia y el futuro de la educación. En Cuestiones... idem. P.852.
10

Catecismo se encuentra un pedido: que se ayude y defienda a las familias mediante


leyes y medidas sociales apropiadas. Y que toda autoridad civil tiene que considerar
como deber grave el reconocimiento de la auténtica naturaleza del matrimonio y de la
familia. Tiene que proteger, fomentar y asegurar la moralidad pública.12
Juan Pablo II, en innumerables viajes, audiencias, ángelus, conferencias,
mensajes, cartas apostólicas, encíclicas... no se cansa de pedir a gritos por las familias:
“¡El futuro de la humanidad se fragua en la familia!”; “0o podemos esperar una
sociedad renovada en sus valores sin una profunda renovación de la familia. Ella es
generadora y trasmisora de la vida”; “Es necesario hacer lo imposible para que la
familia no se suplantada. Lo requiere no sólo el bien privado de toda persona, sino
también el bien común de toda sociedad, nación o Estado de cualquier continente”;
“Cualquier violación a los derechos de la familia, cualquier política que conduzca al
debilitamiento de la institución de la familia, no puede llevar a un progreso
verdaderamente humano y cultural”; “El papel de la familia en la edificación de la
cultura es determinante e insustituible”13... Estas son algunas de las frases del Santo
Padre.
En este tema la Iglesia siempre ha sido muy clara: llama a las cosas por su
nombre: al aborto, asesinato; a las uniones entre homosexuales, como antinaturales;
condena el divorcio, fomenta la vida, las familias numerosas. Y alza la voz en medio de
todas las barbaridades que promulga el gobierno. Y no calla nunca, y no cambia la
vedad por nada. No negocia, porque en estos temas no se puede negociar. Y por esto la
Iglesia es el blanco de los ataques. Y la calumnian, inventan cosas, le pintan las paredes
de la Catedral. Y la Iglesia sigue proclamando la verdad. Hoy en día es casi la única
institución que alza la voz.
Bueno, para ir terminando, vamos a dejar que Juan Pablo II haga una síntesis de
lo expuesto y cierra estas reflexiones de filosofía social sobre la familia:
“Los males de la sociedad son un reflejo de los males familiares. Cuando la
familia, célula básica y vital de la sociedad, está enferma, toda la sociedad también lo
está. Cual es la familia, tal es la nación, porque tal es el hombre”14

12
Cfr. Catic 2197 ss
13
Sacadas del Diccionario Social y Moral de Juan Pablo II. Realizado por Jesús Lasanta. Ed. Edibesa.
Madrid. Pp. 263-281
14
Homilía del 8-9-79 y Discurso a los obispos brasileños de la región sur. En el diccionario citado.
11

Bibliografía consultada

• Cuestiones Fundamentales sobre matrimonio y familia. II Simposio


internacional de teología. Universidad de Navarra.

Del libro los siguientes artículos:

o Rieber. Individuación y autorrealización ¿dentro o fuera del matrimonio y la


familia? (Pp. 273-28).
o Yanguas. Algunas raíces filosóficas de la situación matrimonial familiar.
(Pp. 453-458).
o Alvira. ¿Persona o individuo? Consideraciones sobre la radicalidad familiar
del hombre. (Pp. 459-464).
o Illanes. Amor conyugal y finalismo matrimonial (Metafísica y
fenomenología en la consideración del matrimonio) (Pp. 471-480).
o Orlandis. La familia en la sociedad urbana e industrial. (Pp. 553-556).
o Sarmiento. Amor conyugal y fecundidad. (Pp. 567-576).
o García Hoz. La familia y la tarea educativa. (Pp. 715-746).
o Altarejos. El futuro de la familia y el futuro de la educación. (Pp. 847-852).
o Zumaquero. Familia, educación y autoridad. (Pp. 853-860).

• Gambra, Rafael (1970). Curso elemental de Filosofía. Salamanca: ediciones


Anaya.
• Lasanta, Jesús. Diccionario Social y Moral de Juan Pablo II. Ed. Edibesa.
Madrid.
• Fosbery, Aníbal. Conferencia “La familia hoy”. Realizada en el salón
Anasagasti del Jockey Club de Capital Federal el día 10/11/1999. (Texto no
editado).
• Tomás de Aquino. Suma de Teología.