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Jackson, Philip W: Práctica de la enseñanza, Amorrotu, 1ª. Ed. Buenos Aires. 2002

6. Dos puntos de vista diferentes sobre la enseñanza: el mimético y el transformador

Sostengo en este capítulo que dos modos característicamente distintos de reflexionar sobre la educación y de llevar a la práctica esa reflexión son la base de la mayoría de las diferencias de opinión que han circulado en los medios educativos durante los dos o tres últimos siglos.

¿Qué nombre daremos a esas posturas? Recomiendo llamarlas “mimética” y “transformadora”. Propongo además que las consideremos como dos tradiciones dentro del dominio del pensamiento y la práctica de la educación. ¿Por qué tradiciones? Porque cada una tiene una larga y respetable historia. Y porque cada una es algo más que un argumento intelectual. Ambas suscitan adhesión hacia un determinado punto de vista; ambas implican compromiso con ciertas prácticas conexas. Una y otra suponen un modo coherente y unificado de pensar; sentir y actuar dentro de un dominio concreto, en este caso el de la educación.

La tradición mimética

Es más fácil de describir, está más cerca de la idea que hoy parece tener la gente respecto de la educación. Está más en consonancia con todo lo que se considera “científico” y “riguroso” en este campo.

Esta tradición es llamada “mimética” porque se centra en la transmisión de conocimientos fácticos y metodológicos de una persona a otra, a través de un procedimiento esencialmente imitativo. Otro nombre que se le podría dar sería “epistémico” porque se centra en el conocimiento.

Prefiere el término mimético por la importancia del método. El conocimiento de tipo “mimético” es un conocimiento de segunda mano (pertenece a alguien antes de pertenecer al alumno), “es conocido” por el docente y “presentado” por éste al alumno. El alumno “no lo descubre”. El conocimiento “pasa” de un individuo a otro, de un texto a un individuo. Es separable, puede preservarse, sobrevive, puede poseerse, puede perderse, puede mostrarse, puede reproducirse, puede transmitirse. El conocimiento es objetivo, verdadero o falso, exacto o inexacto, correcto o incorrecto en comparación con el modelo (el docente o la autoridad), que es el principal criterio para evaluar el aprendizaje. No se limita al aprendizaje libresco, incluye el aprendizaje de destrezas. Saber qué y saber cómo.

“Lo que sabe el docente (o el autor del libro de texto, o del programa informático) es lo que llegará a saber el alumno”

El procedimiento para transmitir el conocimiento mimético consta de cinco pasos:

1. Someter a prueba: diagnóstico.

3.

Ejecutar/evaluar: ejercitación /aplicación/evaluación

4. Premiar/fijar: estímulo/ paso a otra actividad

5. Corregir/rehacer: reforzar

6. Avanzar hacia un nuevo contenido. /Retroalimentación.

De alguna forma todos los docentes enseñamos de este modo, sólo que algunos le dedican mayor cantidad de tiempo a esta manera.

La tradición transformadora

Esta tradición considera que la buena enseñanza es capaz de lograr: una transformación en la persona enseñada. Esas modificaciones comprenden todos los rasgos de carácter y de personalidad más altamente valorados por la sociedad (aparte de los relativos a la posesión de conocimiento per se).

Lo

más común es

referirse

a “actitudes”,

“valores”

e

“intereses”

como los

rasgos

psicológicos que los docentes actuales desean modificar.

Una metáfora conexa, con frecuencia utilizada para ridiculizar la tradición mimética, describe al alumno como una especie de vaso en el que se “vierten” o “almacenan” conocimientos. Lo importante es esas metáforas es que en esencia el recipiente en cuestión no cambia, con sus “contenidos” o sin ellos.

La imagen básica de la tradición transformadora es muy diferente, es la del alfarero que trabaja con arcilla. La metáfora del docente como artista o como creador que otorga a la tradición transformadora un aire de profundidad y dramatismo, tal vez hasta de espiritualidad.

Pero, las metáforas son sólo figuras retóricas.

Algunas

características

de

lo

que

hacen

los

docentes

que

adhieren

a

la

tradición

transformadora:

1)

valores, actitudes. (Sócrates, Jesús) 2) Persuasión “blanda” : El presentar (mostrar/contar) de la tradición mimética es reemplazado por afirmaciones menos categóricas y por una autoridad pedagógica más moderada. El estilo de la enseñanza es más judicial y más retórico. No se basa tanto en la prueba y la demostración. A menudo la autoridad del docente queda tan disminuida por una modalidad interrogativa que parecen invertirse los roles. Este docente parece más humilde. 3) Empleo de narraciones: Relatos, “historias” de carácter moral: lo apropiado, lo justo, lo correcto. Narrativa moralizante. Historias acerca de cómo vivir (o cómo no vivir) nuestras vidas.

Ejemplo personal: se esfuerzan al máximo por ser ejemplos vivientes de ciertas virtudes,

En cuanto a la relación psicológica y epistemológica entre docente y alumno, en la tradición mimética, el maestro es quien ocupa el lugar del experto en tanto posee el conocimiento sustantivo y metodológico. Los alumnos son doblemente ignorantes ya que carecen de ambos.

En la tradición transformadora la superioridad del docente no está clara, la relación entre maestro y alumno se presenta global y ambigua.

Los docentes que trabajan dentro de la tradición transformadora procuran en realidad producir cambios en sus alumnos (y quizás también en sí mismos) que los conviertan en personas mejores, no sólo más cultas y capacitadas, sino mejores en el sentido de acercarse más a lo que los seres humanos son capaces de llegar a ser: más virtuosos, más partícipes de un orden moral en evolución.

Es una empresa filosófica en tanto utiliza medios filosóficos. Sin importar cómo describan sus actos los docentes de esta tradición tratan de cambiar a sus alumnos (y posiblemente a sí mismos) por medio que no son didácticos ni dogmáticos. Recurren en cambio a la discusión, al demostración y la argumentación.

El planteo de que los docentes cumplen un cometido moral y filosófico presenta algunos problemas.

1)

Parece pretencioso, los docentes mismos no parecen hablar así de lo que hacen.

2)

Los docentes suelen pasar por alto las dimensiones morales de su labor.

Relaciones entre ambas tradiciones.

¿Cómo se relacionan ambas tradiciones en la realidad?

No aparecen diferenciadas con mucha claridad. Lo más parecido a una versión no adulterada de enseñanza transformadora en acción es una sesión con el psicoterapeuta. La enseñanza típicamente mimética es tan infrecuente como la típicamente transformadora. Pero como ejemplo: clase de baile o de mecanografía. No es infrecuente que una de las dos tradiciones predomine en diversas situaciones de enseñanza.

Podemos hacer tres generalizaciones:

Ciertas materias se asocian más que otras con la tradición mimética o con la

transformadora. 2) Algunos programas curriculares parecen más miméticos o más transformadores que

otros. Algunos niveles de escolaridad parecen más susceptibles a la atracción de una u otra

de las tradiciones.

3)

1)

El problema de estas generalizaciones es que ninguna es muy sólida, hay demasiadas excepciones. Es decir, todas, o casi todas, las situaciones de enseñanza pueden funcionar en cierta medida dentro de cualquiera de las tradiciones dominantes. En otras palabras, pueden moldearse para ser útiles ya sea a la tradición mimética, a la transformadora o a una combinación de ambas; la elección dependerá en parte de las preferencias del docente, pero también de otras cosas, como el clima de opinión predominante, las políticas administrativas, las enseñanzas de conocidos y expertos en esos temas, etcétera.

El autor opina que la enseñanza está tomando un rumbo hacia lo mimético, debido al alejamiento de los docentes de lo que se llamó el amplio conjunto de metas transformadoras:

formación del carácter, desarrollo moral, integridad, buena conducta, civismo. Éstos fueron reemplazos por nociones como: maestría, destreza básica, competencia, responsabilidad. Se aprecia el gradual surgimiento y la hegemonía del “espíritu científico”, la promoción de una mayor precisión, objetividad y confiabilidad en la conducción de los asuntos educativos.

¿Cómo interpretar esto? ¿Cuál es su causa?

Los dos vínculos que me parecen más obvios son el existente entre la tradición mimética y el surgimiento de una visión científico-tecnológica del mundo, por un lado y el que une a la tradición transformadora y los métodos de Sócrates.

La capacidad de traspasar a su auditorio, de despertar al pensador ocioso de su sopor dogmático sin enseñarle al mismo tiempo qué tiene que pensar, me llevar a clasificar a Sócrates entre los primeros maestros que trabajaron casi exclusivamente dentro de la tradición transformadora.

Por su parte la conexión entre la tradición mimética y el surgimiento de una visión científica tecnológica del mundo, se fortalece con el desarrollo de las ciencias sociales, entre ellas la psicología y su vínculo con la educación.

Los estudios aplicados en la enseñanza se relacionan más con la tradición mimética porque sus resultados son fáciles de medir, la atención suele centrarse en los resultados epistémicos. Con una orientación normativa.

Por otra parte, estas investigaciones se centran en aspectos observables que realiza el docente con regularidad y que permiten generalizar y “controlar” a los docentes.

Hay otra preocupación que a veces se expresa respecto de la tradición mimética en particular; aunque también puede referirse a algunos aspectos de la tradición transformadora. Se trata de que algunos alumnos estén expuestos de distinta manera a las dos tradiciones según la clase social a la que pertenecen, lo que implica una clase de injusticia social.

El motivo por el que los niños pobres reciben una dosis excesiva de enseñanza mimética y tal vez de inferior calidad, además no es difícil de imaginar cuando comenzamos a considerar las condiciones que rodean su educación, es decir, las privaciones que sufren también en otras

esferas, sus vastamente publicitadas “dificultades de aprendizaje”, las actitudes públicas en cuanto al “lugar” de los pobres en nuestra sociedad, lo que se dice que “necesitan”, y así sucesivamente. Todos esos factores llevan a la creencia de que esos niños necesitan más “repetición y práctica” que los provenientes de hogares de mayores recursos, como también más “elementos básicos” y formación práctica, lo cual significa cursos de orientación profesional y presuntamente destinados a desarrollar las llamadas “aptitudes para la salida laboral”, etc.