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1 LA

PEREZA

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LA

PEREZA

COLECCION

OE CANTARES

ORIGINALES

AUGUSTO FERRAl'i

MADRID

DJPRENTA

DE

T .

t'ORTA:-;ET

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fi¡\¡\ ION

RODRIGUEZ

COR I\1:.\ .

~h1

tu ooml,re

)'el de Gusb\'O en h:tt

primes

as

])l¡ginna

1

me

)J.'\rec.eri~

incompleto

es t o

Hbrito

<lUC

to

dedica lu comp:\üero

Augus to.

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,.

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SOLEDAD.*

LA

cerré el libro

la última página,

Leí

mi cabeza entre las manos .

y apoyé

mi país,

de

brisa

de la

soplo

Un

y armonia.s

de perfumes

una onda

y acarició mi

lejanas , besó mi frente

oido al pasar. Toda mi

sus d ías

Andulucia,

con

lras-

y s us noch es luminosas

y

de oro

I . A SO U':I )A il. 11 1.''"

de

H ilito

el

t'Ort

' Diu

.

~

atl.&t l1 att~

prH'JNIMos,

f!O

pan

Ol'kri•Ut•.

CUUirft

W- ••

*-

ti

~

~

fll

algo

h•Wa-a •

<tW

tit•rlo

""'tn• de

J .,an~

mutbot que l tnl.a

lo1

cM fiiJt'ltlO, de

~"

t.anla ru

lib1'o • . 1le fiiUIInM

f'«<¡fMo

LA PE·

N;o

llo,- i!M'hl,o m Hb

.-n

~.

P'Ofl\10.

como

J al trtntt

ml1 canl;'ltttllnti!.IIIOI,

H EZ,\,

tlJIIO~Ios

t'" MIO

''""' M I j t lid o cl11ko

que ,

"''"

t.1~ rtd6

Y

4.m60

IOi

•El

N

i~~olrod ncdoM,

SOLEDAD.

U

C

,

f.)

Molto

llll)oo;UjiO COAISN-.hto GIIU.l'fO

.~.

~

,w¡a,

~~

O

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~

AUGUSTO

FERRAI'.

parentes, se levantó como una vision

de

fuego

del fondo de mi alma.

Sevilla con su

Gi1·alda

de encajes

que

copia

temblando

el Guadalqu i-

vir,

y

sus calles morunas, tortuosas

y

estrechas, en las que áun se cree es-

cuchar el extraño crujido de los pa-

justiciero;

sus rejas

sos

del s·ey

Sevilla

con

y sus cantares,

sus cance-

las

sus

músicas,

siestas de fuego,

de rosa

villa,

,·einte centurias

y

sus rondadores,

cuentos,

sus retablos

y

y

s us pendencias

sus

sus

sus alboradas color

sus noches tranquilas

y

y sus crepúsculos azules; Se-

con todas

las tradiciones

que

han amontonado so-

bre

su frente,

con

toda la pompa

y

la gala

su naturaleza mes·idional,

con toda la poesía que la imaginacion

de

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LA S OI.F.DAD.

Jlres ta á un J'ecuerdo quer ido, apare- ció como por encanto á mis ojos, y penetré· en su recinto, y crucé s us calles, y res piré su atmósfera , y

Jos

cantos que entonan en voz baja

las

muchachas que cosen detrás de

las

celosías, medio ocultas entre las

hojas de las campanillas azules; y as-

piré con voluptuosidad la f1·agancia

de

las madresel vas, (1ue co rre n por

un

hilo de balcon á balcon , formando

toldos de nores; y torné, en fin , con

mi

esp íritu~~ viv ir e n l a ciudad do nd e

he

nacido, y de la que tan viva guar-

daré siempre la memoria.

el tiempo (rue tmscurrió

mie ntras soñaba despier to . Cua ndo

me incorpor é, la luz que ardía sobre

mi bu fete oscilaba próxima á espirar,

No

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JO

AUGUSTO

FERRAN.

arrojando sus últimos destellos, que en círculos ya luminosos, )'a som- bríos, se proyectaban temblando so- bre las paredes de mi habitacion. La claridad de la mañana, esa cla- ridad incierta y triste de las nebulosas mañanas del invierno, teñía de un vago azul los vidrios de mis balcones. Al través de ellos se divisaba casi todo Madrid. Madrid env uello en una ligera ne- blina, por entre cuyos rotos girones levantaban sus crestas oscuras las chimeneas, las buhardillas, Jos cam- panarios y las desnudas ramas de Jos árboles. Madrid, sucio, negro, feo como un esqueleto descarnado, tiritando bajo su inmenso sudario de nieve.

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LA

SOLEDAD.

11

Mis miembros estal>an ya atel"idos;

pero

entónces tuve

frio

hasta

en

el

alma.

Y

sin

yo habia vuelto

á

de mi ciu-

embat~o,

respirar la tibia atmósfera

dad querida;

yo babia sentido el beso

vivificador de

sus brisas

cat~adas

de

perfumes;

su sol de fuego habia <les-

lumbmdo

mis ojos,

al

ve rdes lomas

sobre que

lrasponet·

las

se asienta el

conve nto fle

A:;nal(a?·aclw.

Aquel

mundo de

recuerdos lo

ha-

bia

e,·ocado,

como

gico,

un libro.

un

conj\n'O

má-

Un libro impregnado en el

perfu-

me

d~

la s

flores de mi pais;

un libro

de l

que

cada

una de

las

páginas es

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1·2

.\ UO USTO

FJ; R R A

:S.

un

sus piro, una sonrisa, una lá:;p·ima

ó

un

m yo de sol;

un

libro,

por úl -

timo,

en mi alma

ble de

c uyo

so lo

un

lílu o

l

;iun

d cs ~lierla

sentimiento ind efini-

vaga Lrislcza.

¡L" Soledad!

l-1

soledad es el cantar fa,·o•·ito del

pueblo en mi Andalucía.

Aquel

gario.

Como

libro lo tenia allí para ,juz-·

cueslion

de

senlimicnlo,

para mi ya lo estaba.

Sin embargo, el

criterio de la sen-

sacion

ramente indi\·iduales, debe despojar el critico,

está

sujeto

a

influencias pu-

las que se si ha de lle-

de

nm· s u mision dignamente.

es es posible .

E~lo

lo

que

\'O)'

á

hacer, si

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me

13

A SOI.BOA D.

l.

Hay una poesía magnífica

y sonora,

y del

una poesía hija de la medilacion

las

todas

engalana

:u"lc, <rue

con

se

de la lengua,

se mueve

que

pompas

cadenciosa majestad, habla

una

con

á la imaginacion, completa

s us cua-

y la conduce á su antojo por un

dros

seduciéndola

desconocido,

sendero

y s u herm osura.

su ar monía

con

Uay otra natm-al, bre\'e,

seca, que

eléc-

brota del alma como una chispa

sentimiento

el

hiere

con

trica,

que

una palabm, c¡ue hu)·e, y, desnuda de :u·ti licio , d esembarazada dentro de u na

forma lilJI"e, despierl.'\,

una que

con

que duermen

las mil ideas

las toca,

en el océano sin fondo de la fanl.'\sía.

dado:

, ·alor

tiene

La

primera

un

es la poesía de lodo el mundo .

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14

A.UOUSTO

FP.RRAN.

La segunda carece

de medida

ab-

soluta, adquiere las proporciones de la imaginacion que impresiona: pue-

de llamarse la poesía de los poetas.

La

primera

melod ía que

es

una

se desarrolla, acaba y se des-

nace,

vanece. La segunda es

acorde que se

un

arranca de un arpa, cuyas cuerdas

se

quedan vibrando con armonioso.

zumbido

tm

Cuando

concluye aquella,

se

se

dobla la hoja con de satisfaccion.

una suave sonrisa

· Cuando se

acaba esta,

inclina

se

la frente,

cargada de pensamientos

sin nombre.

La

el

fruto

di,•ino

de

la

una

es

union del arte y de la fantasía.

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L:\

SOLEUA.IJ.

15

La

otra

es

la

centella

inflamada

sentimiento

que brota al choque del

y

la pasion. Las poesías de este libro

pertene-

cen

al

último

de

los dos

géneros,

porque son

populares,

y

la poesía

popular es la síntesis de la poesía.

 

El

pueblo ha

sido

y

scrfl siempre

el

g•·an

poeta

de

todas las edades

y

de

todas las naciones. Nadie mejor que él sabe sintetizar

en sus obras las creencias,

raciones

y

el

sentimiento

las aspi-

de

una

época.

Él

forjó

celeste de

esa

Jos

maravillosa

dioses

epopeya

del paganismo,

que despues formuló Homero.

É l ha dado el sér á ese mundo in-

tradiciones religiosas,

visible

de

las

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W

AUGUSTO

f'ERRAN.

que

mitología cristiana.

puede llamarse el mundo de la

Él

inspi•·ó

al

sombrío

Dante

el

asunto de su terrible poema.

f: I dibujó

á

Don J uan.

 

f: t soiió

á

Fausto.

1!:1,

por

úllimo,

ha infundido

su

aliento

de "ida

á

todas esas figuras

gigantescas que el

arte ha perfeccio-

nado luego,

prestándoles

formas

y

b"411as.

 

Los

g•·ancles

poetas, semejanles

á

un

osado a•·quitecto,

han recogido

las piedms

talladas por él,

y

han le-

,·anlado con

ellas

una

pirámide

en

cada siglo.

 

Pirámides

colosales,

que

domi-

nando

la inmensa

ola

del

olvido

y

del

tiempo,

se

contemplan

unas

tt

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LA

SOLED A D .

17

y señalan el paso de la humani-

otras

dad por el mundo de la inteligencia.

Como

á sus

maravillosas concep-

ciones, el

pueblo dá

á la expresion

de s us sentimientos una forma espe- cialísima.

Una

sentida ,

r.·ase

toque

un

va-

liente 6 un

natural, le bastan

rasgo

emili1· una idea , caracterizar

(XI I'U

un

tipo

ó hacer una descripcion.

Esto

mits

las

y no

canciones

son

populares.

Todas las naciones las tienen.

Las

las

de toda la

nuestras,

An-

dalucía en

particular , son

acaso las

mejores.

En

algunos países,

en Alemania

sobre

lodo,

esta clase

de canciones

constituyen un géner o de poesía .

2

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Rucke~·t,Uhland,

Gocthe,Schiller,

de cul-

Hcine, no se han desdei'iado

han gloriado de

más,

tivarlo;

se

es

hacerlo. Entre nosotros no:

estas canciones

se aplauden,

se admiran, es verdad,

boca en boca. Trueba

de

se repiten

las ha glosado con una espontaneidad

Fernan Ca-

y una gracia admirables;

ni1mero

ballero ha reunido

un gran

pero nadie ha tocado

sus obras;

en

á la cate-

para elevarlo

género,

ese

del arte.

goría de tal en el terreno

aspira el autor

lo que

es á

A esto

Soledad.

Lc1

de

pretensiones

las

que

Estas

son

aparecer en la arena

al

trae su libro

literaria.

digno de aplauso,

El propósito

es

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LA

SOLEDAD.

19

---------------

y

la

que
1.

empresa más

arriesgada

á primera vista parece.

de lp

¿Cómo lo ha cumplido?

«

AZ p1·incipio

tmos

de

esta colcccion

cantat·es

al

bueno en

he puesto

del pueblo , pcn·a

ménos de que

cucmtos

estm·

hay

al!Jo

Se!JW'O

este

lib1·o.»

Así

dice el

así lo hace.

autor en el prólogo,

y

Desde

modestia y con- nos gusta.

Sea

las comparaciones.

No tiene por qué rehuirlas. Seguramente que los suyos se dis-

luego

la

vez

confesamos

de

que este

rasgo,

á

fianza en su obra,

como fueren

autor no

rehuye

sus cantares,

el

tinguen de los originales del pueblo:

la forma

del poeta,

como la de

un>~

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~

AUG USTO

FERRAN .

mujer aristocrática, se rel'elaáun bajo

sus movi-

el traje más humilde,

mientos elegantes

en In concision de la ft·ase, en la sen-

cillcz

tia

pot·

y

cadenciosos; pero

e 11

la vale n-

de

los conceptos ,

y en la ligereza de los toques, en la

¡:racia

y en la ter nura de ciertas ideas,

t•ivalizan, cuando no los \'Cncen, con

los que se

ha

ba propuesto

de

L a

por norma .

no

El

autor

Soledad

del

mente,

pueden im itarse. Tampoco ha escri to

vía de pasatiempo, sujetándose

imitado

la poesía

porque

pueblo servil-

no

hay

cosas

que

un

cantar por

á una

forma

prescrita,

como el

qu e vence

una di ficul ta d por

gala,

no ;

los

ha

hecho sin du da, porque sus ideas,

al

revc~Lirse

espontá n ea m e n te

d

e

una

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LA

SOLED A D.

21

forma,

libt•e educacion literaria,

miento de

estudio

popul3t·, han formado desde luego su

representar

talento

poesía

y el

han tomado

esta; porque su

su conoci-

los

poetas alemanes

de

la

especialisimo

propósito para

este nuevo género en nuestra nacion.

En

efecto,

sus cantares, ora bri-

llanles

y

graciosos,

ora sentidos

y

profundos, ya se

dio de un rasgo apasionado

ya merced

vaga,

de las fibras

traduzcan

por me-

y valiente,

una

nota melancólica y

á

herir alguna

siempre

vienen

del corazon del poeta.

En

ellos

hay

un

grito

para

cada

dolor, una

sonrisa

para

cada espe-

ranza, una lágrima para cada desen-

'fti'io, un suspi ro para cada recuerrlo.

En sus manos la sencill a arpa po-

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2"2

AUGuSTO

t'ERRAX .

puJar recorre todos los géneros, res-

ponde

las pasiones.

á todos los tonos de la infinila

del sen timiento

y

es~ala

No obstante, lo mismo al reir que al

que al

exponer algunos de sus

nómenos,

que al

canciones rebosan en una especie de

vaga

produce en

eslas

traducir un sentimiento

suspirar,

exlraiios fe-

al

hablar

del amor

al

formular una esperanza,

é

indefinible

melancolía

que

el ánimo una sensacion

al par dolorosa No es exlraiio.

y

suave.

En

mi

país,

 

cuando

la guitarra

ncompaila

la

Soledad,

ella

misma

pa•·ece como que se

queja

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y

1101-a.

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Bny

tmn

¡>erczn ncliva

Que mientras descansa ¡>icnsn,

Quo cnlltt porque

Que duerme pero que suefln.

so vence,

Es

como un

levo reflejo

Do

la majestad suprema,

Que,

ctcrnameot~

tranquila,

Sobre el

uniYerso reinn.

¡Oh

nsilo del

pensam iento

g,.,.nuto,

dulce pcrc7.n;

Mil

Que de ti

'' CCCS

feliz el hombro

goza en

In ticHn!

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LA

SOLEDAD

lSvU

J.

Lns fntigns que se cnntnu

Son las fntigns

Porq ue se cnntnn llorando

Y l ns lágr imas no snlcn.

rnt\s

grundcs,

Al

ver en tu

JI.

scpnllurn

Lns siemprevivas t;~nfrescas,

nlmn,

Que estás p nrn siempre muerta.

Me ncuer<lo, madre del

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At:GUSTO

FF.RRA~.

111.

Los mundos que me roclenn

Son los que mc!nos

me cxtrañ.an :

El que me tiene nsombmdo

Es el mundo

de

mi almo.

IV.

Los que

In

cuentan po1· años

Dicen

que In

vidn

cortn;

es

Á mi me parece larga

.Porque In c uento por horns.

V.

Cuando dices un embuste

Ln sang,·c

snltn (,

tu cnrn:

No digns más

verdades,

que

Porque es tu sangre

encnrnncln.

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L.\

SOLEDAD.

29

-----

VI.

Pnsó por

un bosque

y

dijo :

«Aquí est á. la sole d a d

»

Y el

ceo me r espondió

Con voz muy ronca:

.:aquí

está.»

Y me respondió uqui

está:&

Y sentí como un temblor,

Al

ver que la voz snlin

D<l mi

propio cornzon.

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10

AUG US TO

FEllRA~.

\'11.

Dos

hay

males

en el mundo

Que

es necesario vencer :

El amor

mlo

do

s í

mismo

~~

Y el rencor de la mujer.

\'JII ,

11.1 darme la

muertG, ingo·nta,

JÍ.

m ismn

te

castigas,

P ues

tu castigo mayor

t::S

quedarte con dos '•idas.

IX .

Yo me

ma r chó al cnmpo san

to

Y

a voces llamé

á los

muertos,

Y pnrn castigo mio

Los

vivos

respondieron.

me

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LA

SOLEDAD.

31

X.

Eres

muy niña y

ya

olR\'A~

Eu tu pañuelo

alfi leres:

Yn

dejan ver desde niñas

Su

inclinacion l as mujeres.

XI.

Dentro de un

tropel do penas

'l'engo mi cuer po metido,

Y nndic

me

socotTo

Pot·

más

qu e

á

voces lo p ido.

Xll.

Al

verme triste

No mo ¡>regunlos

á

tu Indo

qué

tengo;

l'cndrin que responderte, Y yo acusarte no quiero.

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:tl

AUGUSTO

FERR A~.

XIII.

Yo tengo hecha con el ciclo

Una cscs·it ura perpétua

Do no marcharme dul

mundo

!Insta

que la muerto venga.

Y hasta que la muerte Esperaré sin quejarme,

venga

Sólo por ver en el mundo Dónde concl uyen los mal es.

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LA

SOLEDAD .

XIV.

No hagas dano, compafiero,

Ni

Porque aquel que

Casi siempre á hierro mucre.

á

los que dalío

te

á

hicieren,

hierro mata

XV.

La mue rte Y" no me espanta Tendría más que temer

Si cu el ciclo me dijeran :

Has

d e volver

í•

nneor.

;

XVI.

Si mis ojos no to dicen

'l'odo lo que el pecho

sie~te,

No es porque se están callados; Es porque no los comprendes.

3

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~1

AUGl'STO

~'RUII.\:-;.

XVll.

Puedes

hacer lo quo

c¡uicrns,

Quo

á nncln me opongo yo¡

Pero comprar

mi

dinero

Con tu

qucrer

¡e-so uo !

XVIII.

Yo no

lo

que yo tengo,

Ni

só lo

qu e

me

hncofn lln,

Quo

s

iempre

espet·o

unn cosn

Que

n

o s6 cómo so

llntnn.

 

XIX .

Yo propio jue'¿ de

mi

cnus:\

Ho V'Ct_tido

á scut<:ntinr

Quo yo la mue rte mc J·czco

1

1'ú

In muerte

y

nl go

tnll~.

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.

LA

SOLEDAD.

XX.

:l3

Las estrellas que en el cielo

B l"illnn

¡Cutintas noches de fatigas

Los

con g rnn

querido

claridad,

coutor!

ho

Las

he querido contar

á conseguir,

Sin llegarlo

Que tengo los ojos malos

Do llot·n•·

y

de

•·cir.

De

llorar, cuando

me ncuordo

Quo Dios de mi te npnrtó

De reir,

ni acordarme

¡

Que pronto iré junto á

Dios.

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AUGUSTO

t'I!RIIA!\.

XXI.

De mirar con demasía

se·rhe

han cegado los ojos,

Y ahora que ciego me encuentro

Es cuando lo v eo todo.

Y

ahora que lo

veo

todo,

Estoy viendo de continuo

El mundo

y

sus descognnos

Pasar dentro de mí mismo.

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LA

SOLEDAD.

XXII.

Si me quieres como

dicca,

:n

¿Por qué te apartas de mí?

Aguo. que va rio

abajo,

En la mar viene

ú.

morir.

XXlll.

No os

o:<trañe,

compnncros,

Que siempre cante mis penns,

Porque el mundo me

ha

enscnndo

Quo las mins son lns vuestras.

XX.JV.

Hace yn muy largos alloe

Que en todas partes te veo,

Poro no tnl como

Sino segun mi

eres,

deseo.

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\

~

A

ClUSTO FEilllA1'.

XXV.

á

tu

m ad re que ain

~n lt~

Mo vongn

Que In qu iero ,

Contar tus malas acciones.

á.

h nbl nr cs1:n n o"ch o,

una por una,

Mirando ni cielo juraste

No me cngafiarlas

nuncn,

Y desde cntónccs el ciclo

Sólo

con verte se

nubl a.

En un calabozo oscuro

Sn[•·o penas sobre penns,

Y''

So

fuerza de estar(, oscu•·M, h a vuelto mí pennncgrn.

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- - ----

XX\"111.

Al snher que

lile

eng:lfinbos,

Fui me

,; In orilln del mur ;

Qui110

llornr y no

pude,

Y en

m <l

puse

:i pe nsa r.

 

En

ti

me

pui)C

ú

pcnsnr )

Y

por

liu

ll~guó

¡,entender

Como unn muj e•· que quiere

Pucd<·

olvida•·

su

querer.

Puede

olvidnr

su querer;

Y al

ver quo

eslo ero

,·erdnd,

Mis hígrimns •e perdieron

En lo profundo del

mnr.

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40

.\UGUSTO

FERflA!\.

XXIX.

'l'u aliento es m i ianicl\ vida,

Y

so n

tus

ojos mi

luz ;

Mi alma está donde tu pecho,

::m

pntrin donde estds

tú.

XXX.

Del

fuego que

por

tu gusto

Encendimos hace tiempo,

I.os cen izos sólo

uedu 11 , llevo.

q

los

Y

en

el comzon

XXXI.

Pobre me acosté, y en

suenos

Vi lleno

de oro mi cuarto:

Más pobre me levanté

Que tintes de haberme acostado .

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L.\

SOLJ;DAD.

41

XXXII.

¿Cómo quieres que yo quemo

L ns prendas que me hns devuelto, Si el comzou me lo has dndo

TÍI

misma cenizas

hecho?

XXXIII.

El

¡>:ijnro

que me

diste,

Preso lo

Y

tengo en su j nul n,

y

n och o

ol 'pobre d e dio.

So

muc re,

y

por eso cant a .

XXX IV.

Llevns escrito en

tu

cara

Quo tienes mal cornzon,

Y ca tnn

poca

tu

vcrgiicnzn

Quo ñun vns por dondo yo voy .

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4~

AI " GI"STO

FE!lll ; \'(.

XXXY.

~ladre

min, compn fíern.,

Mndro min, ¿dónde estás?

en el cementerio

T e llamo

Y no <¡uicrcs contestar.

No me quieres

contcst.1r

Cuando te vengo

Bl

á

pedir

nlmn

que te llcvfiste

Al scpnrartG de

mi.

1

Al HGpnrnrtc de mí

M<~

Y

disto

un

beso de

en

tus l nbios tocln

ncli0$

1

mi

nlmn

~[ndrc

min

1

so quedó.

© Biblioteca Nacional de España

1

J.A

!'OJ.EDAO.

43

Si

os

xxxn.

encontrnis nlgun din

Dentro de In soledad,

No pidnis

consuelo

Porque

ól no

os

lo

ni

mundo,

puede dar.

x:o:v u .

q n o

tol O

Y ya

só que

Y

solnmcnto

voy

á pe1·dcr

estoy perdido,

me

pesn

Que no

te

pierdas conmigo.

XXX\'111.

Tengo deudas

en

In ticrrn ,

Y dcnclns tcugo en e l ciclo :

Pngaré nllá co u mi olma ;

Yn

pngo nqui

con

1ni cue rpo .

© Biblioteca Nacional de España

11

AUOt,;STO

FERRAI'.

En

XXXIX.

sueflos te contem¡>labn

Dentro de 1n oscuridad,

Y cuando abriste los ojos

Todo comenzó

á

brillar.

'fodo

comenzó

á

brillar,

Y entónoes

te llamé yo:

Cerraste ni punto los ojos,

Y la oscuridad volvió .

© Biblioteca Nacional de España

LA

SOLili>A.l>.

XL.

~~

Cuando to estoy

conte1nplnndo

Quisiern poner en

ti

l~n

unn, c uantas miradas

Desde que

vivo perdi.

XLI.

Ántes piensa

y

dcspncs hnbla,

Y dcs¡lllcs do haber hnblndo,

Vuelve

Y

verás

ll.

pensar lo c¡uc h os dicho,

si

es bueno 6

mnlo.

XLII.

Entro un

rosal

y

una

zarza

Nació una flor amarillo,

Con tantos

Que se murió el mismo din.

y

tantas penns

© Biblioteca Nacional de España

4U

A

U

0

liSTO

FE 1111.\l'l.

XLI!

l.

He preguntado llorando

Á mi pobro coruzon,

S i os mcntirn su nlcgrí" Y si es verdad su dolor.

Y

Y si

es verdad su dolor,

se

ha

puesto

á

suSJlirnr,

Diciéndome en sus suspiros :

Es li1Cntim

y

es vc•·dnd.

© Biblioteca Nacional de España

J

\

SOLEDAD.

XLIV.

Y

Cunndo

se llama

¡,

uun

niuguna voY.

respondo,

¡H>Ort n

Ea acnnl

Son muy

de q uc ricos

ó

en la cnsa

muy

pobre~.

XL\".

'l'odo

el que la piedra tirn

'i

esconde dcspues

In

mnno,

l!:s ,

nuuquc

no lo

pnrczcn,

El mf•s malo d e

los

mnlos .

XI.VI.

Cuando

pnsé

por tu cnsn,

o:¿Qui~n

vh·c?,

ni

vcrmugritnstc,

Sólo

con In

maln

idea

De, s i áun

vivit\,

mnln1'HlO.

© Biblioteca Nacional de España

~~

AIWCSTO

I'ERRAN.

XLVll.

Yo no sé dónde he l eido

Quo

todtt ltt vidn

es sueno

¡

Y

para ver si es

vc1·dnd,

Á

solas vivo despierto.

 

Á

solas vivo despierto,

Y

he sncndo en cousccucncin

Qno

por la noche se vive,

 

Y que do .:lia se sueña.

© Biblioteca Nacional de España

·

I.A

SOLP.llAO.

XLVIII.

Dicon que te motes monja

Y

.Po•·quc una cosa

O

no lo

qttiCI"O

Cl"OCI"

1

te fnltn

Que

yo

nuncn te dnré.

1

XLIX.

Por Dios, mujer,

no me

mi.-cs

lll

Con los ojos entreabiertos,

Po.-quc así

me dices

sólo

Ln

mitnd de tus secretos.

L.

Todos los sabios del mundo

Han sncndo

Que el dinero

en consecuencin,

y

las mujeres

So parecen

en

la mezcla.

© Biblioteca Nacional de España

·1

1it1

AI . ()IJSTO

FERRAK.

Ll.

Cuando el f río de In muerto

A

hclnr comience mi

snugro,

T e

llnmnré

en

vO'I.

Pnr11

qne vcngns á

muy nllll

hnblnrmc.

Y cuando estés á mi Indo dirás lo que yn snbes

Mo

Y

IISÍ

se

concluirán

De una vez todo s mis

males.

© Biblioteca Nacional de España

LA

SOLEDAD .

El

Lll.

q uerer es una hog ucm

~1

Que en nuestro pecho so enciendo;

Po a· eso cuando

que r emos

'l'oda nue¡;tra sangre hierve.

Llll.

«Desde Granada

á Sevilla,

Y

desde

Sev illa al

ciclo

»

Pca·o

no

t!i,

desalmadñ;

'1'1'1irás

ántcs al infierno.

 

LIV.

¡Ay

pobre de mi, quo

á

í ucrza

Do pensar en mis vecinos,

1\:lo

hu salido de mi casn

O lv icl An d om o

á

mismo !

© Biblioteca Nacional de España

S~

i\UGUSTO

FERRi\1'1.

LV.

Ánimo , cornzoncito ,

Vuelvo

Quo

)luchas

á

recobrar la vida,

á un te quedan en el mundo

¡lenas escondidas.

Muchas penas escondidas,

Y

entro ellas

¡ay

1 la más

negra :

La

do hallnrtc

día

y

nocho

Á

sol as

con t u conciencia.

© Biblioteca Nacional de España

LA

SOLEDAD.

J.VI.

E n el ciclo hay

una estrellr.

Qu()

corre hác in t odas pattes,

Mirando si hay

Dos corazones

en el mundo

iguales.

Y

L\"11.

T-cvántntc si

te

enes,

ántcs

d e volver C.

andar,

Mirl\ dónde te has cnido

Y pon nllí una sclínl.

LVlll.

Si

yo

tuviera el dinero

Do los que

á

mi me han

vendido,

Ellos fueran ménos pobres,

Y

yo

se~·in

más

rico.

© Biblioteca Nacional de España

51

AUGUSTO

Ff;RIIA:'i.

LIX .

Por In noche pienso en

tf,

Y en

pienso

á

todas lloros;

Y mientras tanto yo vivo,

Vivirá en mi

tu mcmorin.

A

Vivirá en mí

tu

memoria,

In vez triste

y

alegre,

Pues hns sido mujer bueno,

Lo

cunl rnrn vez sucede.

© Biblioteca Nacional de España

LA

SOLEDAD.

55

---

LX.

Me dcs¡lerté

á

media noche ,

Abr!

Quo

los ojos, y nl ver

tí•

estnbns

á

mi

Indo,

Volvi

á

dormirme y

soné.

Yo

me

t.XI.

asomé

á

un

precipicio

Por ver lo que había dcnh·o,

Y cstnba tan negro

Que el sol me

el fondo,

luego.

hi<o dnfio

r.xn.

Me hnn

di cho que

hay

unn fl or,

De

todas

h

más humild e :

Flor que

quisiera yo darte ,

ll lor llnmnda «no me

olv ides. »

© Biblioteca Nacional de España

At:OUSTO

PERRA!'(.

r.xm.

Las pcstnfias de tus ojos

Son más ncgms que In mom,

Y

entre

pcst

~fin

y

pestaña

Una cstrcll itt\ se nsomn.

LXJV.

Por Dios, mujer, no

N i

to

pongns coloradn:

te

cseondns

Lo qno acnbo de dcciotc

Ji:s

lo quo todos

te

LXV,

cnllnn.

Yo no podrin sufrir

'l'nntns fntigns y pcnt\s,

Si no tnviort\ ¡>rcsento

Quo In cnusn hn sido clln.

© Biblioteca Nacional de España

LA

S.OLEOAO.

5'i

!.X VI.

Los cantares que yo canto

Se los reg alo {,

los vi e n tos,

Y

uno no más, uno

sólo,

Guardo hace tiempo

en secreto.

Y nqul lo guardo

cm

secreto,

Pnrn cnntárselo {, solas

Al

que me quiera explicar

1':1

po1· qué

ele

muchas cosas.

© Biblioteca Nacional de España

r,S

.\UGUSTO

FEIIII.\IS.

LXVII .

No vnyns tan

á

m

en udo

A buscar agua {• la fuente,

Que

si

{,

la orilla rcsbnlns

So enturbiará In corriente.

LXYlll.

Nino, moriste

nlnncer

¡

Yo envidio el destino tuyo:

'l'ú

no sabes

lo <¡ue hay

Desde la cuna ni

sepu lcro.

L)(IX.

- Di, mujer, ¿qué estás haciendo?

:

¿No te ha dado Dios rnzon

Pnm v er que

si

me cngnlins,

Nos cugnfinmos

los dos?

© Biblioteca Nacional de España

LA

SOLKOA O.

59

J,XX.

Cndn vez que

snle el

sol

Me

ncucrdo

Que

si n pan

d e m is

hel'lnanos,

y

con fat igas

Van

ú cmpEYtnr

su trabajo.

Fntígnnse en el trabajo

Mientras el sol los alumbra,

Y

del

trabajo

descansan

Cuando se

quedan

á

oscuras.

© Biblioteca Nacional de España

00

AUGUSTO

PERRA!'.

LXXI.

Hns pnsndo junto

{,

Sin

decirme «nclios» siquiorn

Justamente hoy hace

un

nño

Quo

yo te dije

quién crns.

LXXII.

Olvidn, ¡mes

lo quieres,

Cunnto Jos dos hemos

hecho¡

i\[ns

una

ver.

gencrosn

¡

Y clójnmc los recuerdos.

LXXIII.

Por mi

gusto

en

No

lo que entré

In

corriente

á

buscnr,

Y sin sentir me hn llevado

Ln

corriente hasta ln

mnr.

© Biblioteca Nacional de España

LA

SO LEDA O.

01

T XXlV.

Te he v uelto

á

ver,

(luo el verte

me ha

y

no

sorprend ido:

creaa

U is ojos

yn.

uo

se

nsusUin

De

ver lo que otros

han

visto.

J,XX\".

que me vns

á

matar

F.n

vez de

darme la vida:

El

morir nada me im¡>Ortn,

Pues

te

dojo el

alma mia.

LXXVI.

Yo me he querido vengar

Do

los que me hacen

sufrir,

Y

me

ha

dicho mi conciencia

Que ántes me vengue de mi.

© Biblioteca Nacional de España

02

Al.GUSTO

FERR¡\;'(.

------

!.XXVII.

Yo ¡Jcdí licencia á Dios

Quo

me dejase quererte,

Y Dios,

ni

ver mis

fatigas,

Me

In

otorgó para siempre.

Me

la

otorgó para siempro

Y

cuando dije:

etc

quiero,»

So

Y 1\

presentaron l os l1ombrcs

mi querer se opusieron.

© Biblioteca Nacional de España

¡

I.A

---

SOLI!.DAD.

J.XXVIIJ.

En lo profunclo

del mm·

C3

Hny un castillo encantndo,

En ol que no entrnn

mujeres,

Para que dure el encanto.

l.XXlX.

i\!e he equivocado ni decirle:

Por ti mC muero, bicu

mi o¡

Qu ise dec irte , y .perdonn,

Qno tan sólo por

ti

I.XXX.

vivo .

A1 verte cerca de mí, Dudo yo mismo si sueno¡

Sueno de noche contigo,

Y orco que estoy despierto.

© Biblioteca Nacional de España

1>1

Al:Gt'STO

PERRA:\.

LXXXI.

Eseuehadroe sin reparo¡

Mis

pa l ab ra s

so n

verdad ~s :

Nunca

Al

que

mirois con desprecio mendiga en la calle.

El

que

mendiga en

In callo

Ea

el más digno

de lástima,

Porque además do ser pobro,

T.o

va

diciendo en

voz

© Biblioteca Nacional de España

al tn.

LA

SOLEDAD.

LXXXII.

G.5

Ni en In muerte he do encontrn•· La qu ietud que me hoce folto;

Por eso, c unndo me miro,

Tengo de

mi

mismo lástimo.

LXXXlll.

Bu Yerdnd,

dos son loe coens

Quo el mundo

entero gobierno u:

.El

Y

o•·o,

por l o que

el nmor, por lo

vole,

que Cu06fn.

Mujer,

r.xxxrv.

¿quién pudo nnuncinrte

Lo que el cornzon te pide?

Nunc~

te hablé,

y

con tus ojos

Cuonto deseo

me dices.

© Biblioteca Nacional de España

I.xxxv.

Cu nndo el reloj

dá lns h o•·ns,

Dice

á

todos sin rcpn•·o:

Al

Al

rico,

pobre, que nr.de despacio.

que ancle deprisa¡

Y

el pobre que nndn despncin,

Con

sed y

hambre en

el

cnmino,

Suele (,

Much o imtes que

veces llegar únlcs,

el mtis

deo.

© Biblioteca Nacional de España

LA

SOLEDAD.

6i

t.xxxn.

Cndn v c7.

que pn so

y

mi• ·o

El

Volviendo

Digo llorando:

s itio donde

te

habló,

ni

cielo l os ojos

¡nqu! íué

1

J.XX.'(VIJ.

Ahora me vienes

diciendo

Que

el

tiempo pic·do con tigo¡

¿C6mo

se

puede

J,o que nuncn

se

perdc•·

hn lenido?

J,XXXI'IIr.

Mirn •i

he

sof•ndo

COSAij

En

Que he sofindo quc crn un s ueno

¡\un

estn noche pnsndn,

lo mismo que solinlJn.

© Biblioteca Nacional de España

FERRAl'i.

AUCII:STO

J,XXXTX.

Que mo cngnfinrn unt\ ve1.,

¡ pero dos!

eom¡mmd o

Lo

q ue c¡uica·e

hombre

el

Pn.- fuer-t.n

Pierde todn su

rnzon.

XC.

herida

In

mue1-tc

l

De

i Ad

ios

es

el pecho mio:

Que abriste

en