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Capituto 11 LA AGRESIVIDAD: naturaleza, causas y control Esquema del capitulo Perspectivas teGricas sobre la agresividad: en busca de las raices de la violencia “Teorias del instinto: la agrestvidad como une tendencia innata Teorias biolégicas Teorias del impulso: el motivo para daftar a los demas Teoria del aprendizaje social: Ia agresividad como comportamiento social aprendido Teorfas cognitivas de la agcesivida. el afecto Determinantes sociales de la agresividad: cémo las acciones de los demas, o nuestra interpretaci6n de ellas, influyen en la agresividad © AGRESION: EL PUNTO DE VISTA ETOLOGICO La frustraci6n: por qué no conseguir lo que quieres (o lo que esperas) puede conducir en ocasiones a la agresividad La provocacion directa: cuando la agresividad genera agresividad Exposicion a la violencia en los medios de comunicacién: los efectos de presenciar Ia agresividad ‘Activacion excesiva: emocién, cognicién y agresividad Excitacién sexual y agresividad: {son el amor y el odio dos lados de la misma ‘moneda de Ja conducta? Celos y agcesividad: zdeseamos datiar a los que amamos si nos han sido inficles? PSICOLOGIA SOCIAL APLICADA. Pornografia violenta: guna posible causa de violacién? Causas personales de agresividad El Patron de Conducta Tipo A: zpor qué la A del Tipo A significa agresividad? Percibir malicia ex: las intenciones de los demas: sesgo atribucional hostil Inritabilidad, rumiaci6n y las «cinco grandes» dimensiones de la personalidad ) después de recibir las doss i | derestosterona i Eas i 48 : i | a8 = 40} | q | % we 2 35 i i as 30] l 293 : 2s) : Enfado ‘AgcesGn verbal ‘Agresin fen : Modicién SG bonis Soc ine Lae Po ‘Efectos de Ja testosterona en la agresividad, Las transexualey’ que. "-biezon grandes dosis de testosterona como pate de so trstamientd da ambi de sexo presenraban mayor endencia a enadart ey elacin. Ibs pectin. rer bi lg borpnan ren "Pacts et daton de Van Goon, Faia y ol, 338) 457), las participantes mostraron mas tendencia a llegar a enfadarse después de reci- bir las hormonas. Estos hallazgos, ademas de otros datos que sugieren, por ejemplo, que la agresivi dad extrema puede estar relacionada con trastornos en los mecanismos nerviosos que regulan las emociones (Patrick, Bradley y Lang, 1993), nos llevan a concluir que los factores bioldgicos pueden jugar un papel en el comportamiento agresivo, Sin embar- go, es importante sefialar que ninguna de estas evidencias indica que Jas tendencias agtesivas sean heredadas de forma directa © que los factores biolégicos sean los prin- cipales determinantes de la agresividad humana. Al contrario, algunas pruebas indi- can que Jos procesos bioldgicos ¢jezcen sus efectos contra un rico tel6n de fondo de factores sociales y cognitivos. De este modo, como los seres humanos no se ven ima- pulsados a dafiar a los demas por instintos agresivos irresistibles, no son llevados a entrar en este comportamiento por fuerzas agresivas todopoderosas. Por lo que se re- fiere a ia agresividad humana, la biologia puede ser importante, pero no definitiva. 458 PSICOLOGIA SOCIAL ‘Teorfas del impulso (de Ta agresividad): Teorias ‘que supieren que la ‘agresividad es producto de unas condiciones eterna que despiertan rmotivos para dafiar a fos demas; la mis Famosa es a hiporesis de le frustcacigne apresvidad. ‘Teoria del aprendizaje « social: Teorfa que enfatiza que los eomportarsientos agresivos se aprenden, yasea a cravés de la texpeciencis direceay la practica o 8 través dela Dobservacién de los emis Teorfas del impulso: el motivo para dajiar a los demas Cuando los psicélogos rechazaron la teoria del instinto, contraatacaron con otra pros pia: la idea de que la agresividad nace, principalmente, de un impulso evocado desde el exterior para daifar a los demés. Este enfoque se reflefa en diversas teorias def im- pulso de Ja agresividad (Berkowitz, 1989; Feshbach, 1984). Estas teorias proponen | que las condiciones extemas como la frustracién (cualquier interferencia en compor- tamientos dirigidos a la obtencién de un fin) suscitan un fuerte motivo para dafiar a los demas. Este empuje agresivo, a su vez, conduce a actos manifiestas de agresivi- dad. De todas estas teorias la més conocida es, con diferencia, la hipétesis de fa frus- tracién-agresién (Dollard y otros, 1939). Segiin ésta, la frustracién despierta ua im- pulso cuyo primer objetivo es dafiar a una persona o a un objeto peccibido como causa de la frustracién (Berkowitz, 1989). 3 Estas teorfas consideran que, en cuanto a Ja ocurrencia de la agresividad, tienen més importancia las condiciones externas que las tendencias innatas. Por ello, offe- cen més esperanza acerca de la posibilidad de prevenir este comportamiento. Sin em- bargo, debido a que la frustraciGn es una experiencia conwiin de la vida diatia, las te- orias de! impulso parecen dejar a los seres humanos frente a continuas —e inevita- bles fuentes de impulsos agresivos. Teoria del aprendizaje social: la agresividad como comportamiento social aprendido La teoria del aprendizaje social es ota perspectiva sobre la agcesividad claramente contrastada. Este enfoque hace hincapié en Ja idea de que la ageesividad, como otras. complejas formas de comportamiento social, en buena parte se aprende (Bandura, 1973, 1986; Baron y Richardson, 1994), Scgiin esta perspectiva, los seres humanos no nacen con una serie de respuestas agresivas a su disposicién. Més bien, las van ad- quiriendo del mismo modo que adquieren otras formas de comportamiento social: a través de Ja experiencia directa u observando las acciones de los demas. Ast, depen- diendo de la experiencia pasada, Ja gente de distintas culturas aprende a atacar a Jos dems de diversas maneras, ya sea mediante kungfu, cerbatanas, machetes, pistolas, 0 de modos més sutiles como el que muestra la Figura 11.2 (pag. 459). Pero, en cuanto a la agresividad, eso no es todo lo que se aprende. A través de la experiencia directa o indirecta los individuos también aprenden, (1) qué personas 0. grupos son objetivos apropiados para la agresividad, (2) qué acciones justifican o re- quieren represalias agresivas, y (3) en qué situaciones y contextos es apropiada o ina- propiada la ageesividad. En pocas palabras, la perspectiva del aprendizaje social sugiere que el hecho de que una persona actie de un modo agresivo en una situacién determinada depende de diversos factores como la experiencia personal, la consolidaci6n (recompensa) asociada con la agresividad, y muchas variables que determinan las percepciones y pensamientos del individuo con respecto a lo apropiado y los potenciales efectos de dicho comportamiento. Estos factores son susceptibles de sufrir cambios. Por ello, la teorfa del aprendizaje social es muy prometedora en cuanto a la posibilidad de preve- nir 0 controlar la agresividad. De mas esté decir que esto la hace una atractiva teorfa para los psicélogos sociales. 4 Laacresivinap 459 MATEN St toa a Bole Teorias cognitivas de la agresividad: los papeles de los guiones, las evaluaciones y el afecto Imagina que estas en el supermercado y otro cliente te embiste con su carrito. ¢Cmo reaccionas? Seguramente con sorpresa y dolor. Pero, ¢tomarfas represalias, empujan- do tu carrito hacia €l? 0 te tragas el enfado y prosigues con tu compra? Evidente- mente depende de muchos factores: el tamaio y aparente furia del agresos, si hay més gente presenciando la escena, etcétera. Segdin las teorias modeznas de Ja agresivi- dad, los factores cognitivos juegan un papel crucial a !a hora de determinar como re~ accionaras (Anderson, 1995; Berkowitz, 1989; Huesmann, 1988, 1994}. Uno de ellos implica lo que los psicélogos sociales denominan guiones —aprogramas» cognitivos para los acontecimientos que se supone que ocuttiran en una situacién determinada. Como tu guién para ir al supermercado no incluye pelearte con otro cliente, este fac- tor actuaré en contra de que tomes represalias en ese lugar. Oteo factor cognitive que influiré en tu comportamiento es tu interpretacién de la situacién —tu valoraci6n de por qué el otro cliente choca contigo. 2Lo hace adrede? go simplemente es un accidente? Hards una valoracién ripida de la informacién dis- ponible (por ejemplo, si el individuo se esta riendo a cazcajadas o pide perd6n efusi- vamente} y a continuiacion, decidiras c4pidamente si hubo o no malicia por parte de esa persona (Anderson, 1995). Esta valoracién inicial puede venit seguida de otra re~ valuacién en la que te tomes mas tiempo para considerar la siruacién y valorar los factores en funcién de qué ocurrirfa si nctuases de otra manera. Si embistes al agresor puedes tener una satisfaccién momentnea pero probablemente no acabarés de hacer la compra. Puede tomar represalias y al final os echarfan de la tienda. Pensamientos como estos determinan la agresividad en situaciones en las que la gente se toma tiem- ‘po para considerar sus acciones y los posibles resultados que produzcan. Finalmente, es importante tener en cuenta tu estado de dnimo. Las experiencias desagradables, como ser embestido por otro cliente, producen efectos negativos. Como sefialibamos en cl Capitulo 3, nuestro estado de nimo cjerce importantes efectos en nuestro proceso cognitive. Asi, como sugiere Berkowitz (1989, 1994) el 460 PSICOLOGIA sociAL dolor que sufres te puede llevar tanto a tendencias inmediatas de represalia o de reti- rada («luchar 0 volar») como a pensamientos y recuerdos de otras experiencias dolo- rosas o desagradables. Fsto, a su vez, puede desencadenar en una reaccién agresiva (Berkowitz, 1989). Resumiendo, Jas teorias cognitivas de Ja agresividad sefialan que este comporta- miento surge de una compleja interaccién entre estados de dnimo y experiencias, los pensamientos y recuerdos que éstas provocan, y nuestras valoraciones cognitivas de la situacién (véase Figura 11.3). Este marco para entender las raices de la agresividad es mas complejo que los ofrecidos anteriormente por Freud y Lovenz 0 por la hipéte- sis de la frustracién —agresién de Dollard y sus colaboradores (1939). Pero como puedes ver, estas primeras investigaciones no eran lo suficientensente stiles y precisas. {on ceermateemern cet “Teovio copiivas dela AICS ne 3 rn serge Trois IGURA 14.3, Teocias cognitvas dela agrsividad. Las teosias modernas supieren qué | agus la agresvidad nace : el comportaniiento agresivo estd influericiado por. unas complejas inte una complja 8 ‘racciones cute factores eognitives (guiones, valoraciones del compor- innectcion ote oe ~tamiznto detox demés, ecucidos y asociaciones provocadas por imapal- faeces copnitives, "gop ageesive) y nuestros extados afectivos del momento, cade aime Y : © Fupies Babada on sugorencias de Andetson, Anderton ¥ Deus Barkow, 128%; Zit- ous vast ‘an, 19%, en) : EES yee Determinantes sociales de la agrésividad: ©” _c6mo las acciones de los demas, o nuestra _ interpretacién de ellas, influyen en la agresividad Piensa en la siltima vez que perdiste los estribos. Qué te hizo perder la calma? Pro- bablemente tu cnfado lo originaron las acciones de otra persona. De hecho, cuando La acresivipaD 461 preguntas a la gente por situaciones que les hicieron enfurecer, Ja mayorfa hacen re- ferencia algo que hizo o dijo otra persona (Harris, 1993; Torestad, 1990). No es tan probable que mencionen bechos fisicos como el cansancio, el mal tiempo, etc. Bn pocas palabras, la agresividad a menudo es producto de distintos condicionantes s0- Gales, que pueden originar esa conducta agresiva o aumentar su intensidad. En esta seccion examinacemos algunos de estos factores. Antes, sin embargo, analizaremos. tuna cuestidn critica: 2Cémo podemos estudiar Ia agresividad humana —especialmen- te la agresién fisica—— sin poner en riesgo a los participantes de Ia investigacién? Ar- nold Buss (1961) dio una importante respuesta en un estudio que muchos psicélogos sociales consideran tan creativo como polémico. AGRESION: EL PUNTO DE VISTA ETOLOGICO Elena Gaviria nT ~ Cuando ge habid dala etologia, muchas veces se iensa en determinismo genético, en instintos y en ‘impulsos,inevitables, sobre toda en relacién con el fenomeno.de la agresion Ello 68 debe a que lo que se conoce de la. eto- logis es.lo que diuigaron hece SO afios autores © come Ardrey, Lorenz y Mortis, y esti sélo en par. “ras y espeties infers ‘te, porque fos escritos de Lorenz, por ejemplo, no fhableber' sélo del impulso agresivo del sar hum ‘no, sino también'de. los mecanismos de contral que heh evolucionada al'misms tiempo que 1a con- ducta egresiva (Lorenz, 1968), “Paro el conocimiento dé la conducta snimel ha avanzada considerabiernente desde entorioes. An ‘tes de hablar‘sobra coma ven los etdlogas le sare. sién, es importante 'describir.’ aunque Sea breve- mente, en du consista la etolagla actual, en un intento de reducir los prejuicios. tan, extendidos contra‘ella (pusde verse una descripcion algo mas detaliada en Gaviria, 1988b, asi coma. en otros ‘wabajas espactficos de la distiplina etolégical. ‘El objeto ‘de estudio de la Etologia.es la base bioldgioa de ta conducta: Pero fo que: més ja ce ‘acterize es lo forma de sbordar ese objeto, Los ‘stologos no consideran que haya especies superio- orgs; cada-une tlene sus pedi lieridades. dignes de interés por’ si mismas. Cada. ‘especie se ha ido edaptanio al media en: que vie, ¥y esa necesidad de adeptacion a los cambias em- bientales es la nsable de la enorme diverst dad de: ectructuras fisicas y mecaniemos conduc tusles presantes en la naturaleza. Para poder es: tiidiar esa gran variedad. de especies y comportarnientes, es neaesario observer y descr bir lo maé detélladamente: posible Is conducts’ de la especie que se esté investigando, y stl. des- pués de esta meticulosa recogida de datos se po- ‘dé intentér explicar y generalizar o comparér con otras especies. = * Para la explicacién de ios fenémanos que estu- dian, los etélogos utlizan cuatro niveles: a) le evo- luciéh filogendtics, es deair; el arigan evolutiva y la transformacién de la conduota 9 la astrisctura fist ca_a lo largo de la evolucién da la especie; para lo cual-recurren al estudio comparada de, especies emparentadas que estén en distintos! estadios de evoluciéin; b) el desarrollo antogenétic, és. denir los cambios que sq producen a fo largo de la vide de un iridividio; c) las causds inmediatas; yd} le funcién, o les consecuancies Gitimas: de ‘mostrer una determineda conducta 0. posear una determi nada ‘estructura fisica. Segtin hayan sida les con- secuencias de una conducta en el pasado evoluth vo, [a seleccion natural Ia, habré favorecida o ha- bbré hecho que se eitings. Estos cuatro, niveles de explicaciOn con independientes entre si pero rio. ex cluyentéis; pueden utlizarse varios ‘0 todos: para der cuenta de un daterminada fenémeno. Como puede verse, la explicacion alustva a fa influencie ‘de los genes’en la conduota, que corresponderia al primero de estos cuatro niveles, no es le unica que buscan los etbiogas, Esta forma de ebardar el estudio de la coriduc- ta animiel.es caracteristica ‘da la Etologie dasds us comisnzos pera, en cuanto’a fos fenomenos que [a intaresan y el enfaque que.edopta al este Le primatolagis actual considera cada vez més los individuos como parte de une red de relacio- nes sociales, dende los animales son capaces de reconocerse entre si come individuos y de tener en cuenta toda la experiencia anterior de interac- cién positive y negativa entre ellos. Esta forma de enfooar Ia conducta animal tlene un carécter rmu- cho mas relacional que ef enfoque indhiduslista, centredo en le competicion, més propia de fos s0- clobidlogos. Pera los primetes las relaciones con otros miembros de! grupo son importantes porque su- ponen’una serie de ventajas y' pueden durar toda ia vide. Por esa, pasan tantas horas al die dedice- dos @ actividades que sitven para fortelecer los ~ ‘vingulos entre individucs, como el egroomingn (es- pulgemienta con fines mas afiistivos que Fi cos), Cuando surge un canflicto entre ellos, ese vinculo se ve aménazado, y si le agresion menifes- teda pasa de'clerto limite, le relacién puede rom- perse. Por eso, un primate generalmente no Giaré Un incidente agresivo por razones sin impar- tanofa, incluso aunque tenga gerantizada la victoria. La compatician esta condicionada por et valor del competidar como campenera y aliado en otros contextos. Por tanto, mientras las anAlisis ‘que hacen los sociobidlogos de la competiciin ba- sados en fa relacion coste/beneficio prestaban atencién exclusivamente a los riesgos fisicos de le lucha para el Individuo, fos sndjisis de los etélogos y primatéloges ernpiezan # tener en cuenta terre bien los costas socieles de la competicion. Por otra .perte, los otélogas consideran la agresi6n como una forma en que los conflictus de intereses son expresados y rasualtus, y acimiten la posibiidad de que su impacto en futures relecio- nes sea desde perjudicial hasta beneficioso. Por supussta, estamos heblando de wagresion instru- mentals, no de dagresién hostily (véase la distin cidn entre ambag en Is pég. 412), Cuando la de- manda es mayor que los recursos disponibles: st tuacién muy frecuente en le natureleza y tambien en las sociedades humanas, el conflicta es practi- camente inevitable. Por ello, la conducta agresiva no es: por definicion antisocial o inadaptativa, E! conflicto e=,un componente. perfectemente imegrado en las relaciones cooperativas da los miembros de un grupo y, por tanto, no tiene mu- cho sentido plantear la dicotomia entre conducta agresiva y conducts socislmente positive 0 prasa- cial como si fueran incompatibles, De hecho, en La AGRESIWIDAD 463 muchos casos las consecuencias positivas de un acto agresivo son mAs Namativas que las nega tives. Por ejemplo, los estudios de los primatéiogas han encontrado que la agresin desempefia un pe- pel importante en los grupos de primetes a la hora de asegurar que los individuos respeten de- terminados cédigos sociales, neceserios para que exista un orden que parmita a los miembros del grupo predecir el resultado de sus relaciones $0- isles, asi como prateger a sus perientes y @ Sus ‘compafieros vatiosos. Nos referirernos muy breva- mente @ uno de esos estucids, donde, ademas se pone de manifiesto la capacided antes menciona- da de los primates para reconocerse camo indivi- duos y pare tener en cuenta sus experiencias mu tuas anteriores. Se treta de una Investigacion sobre la distribu cién de comida entre los miembros del grupo. ‘Aunque antes se pensaba que los mecanismos no competitivas de distribucién det alimento eran ex: clusivamente humanos, y estaban intimamente ‘igedos a Ja aparicién de fe caza cooperative, este divs recientes de los primataloges con chimpan- cés estén tirando por tierra nuestrss pretensio- nes de originalidad. Los chimpancés no stio cazan en grupo de vez en cusndo sino que comparten ta comida con otros compafieros, siguiendo, ade- més, un eriterio de reciprocidad bastante estricto, Para averiguar qué mecenismos empleaban para conseguir que nedie se aprovechara de otro, de Wael (1S88a} realiza un estudio con chimpancés en cautividad proporcionéndales ramas y hojas come alirento, De todas les interaociones que se registraron relacionadas con la comida ie mitad sonsistieron en fs trensmisién de_alimenta de un individuo a otro, Estas interacclones sobre la co- mida se caracterizaron por un aumento en la fre~ ‘uencia de conductas agrasivas y sobre todo en la de conducts de apaciguamiento (bases, caricies, abrezos, tipicos de los chimpencés tras un inc dente de conflicta). Al analizar las conductas agre- sivas, de Waal comprabé que la mayor parte de elias eran dirigides hacia los individuos que pedian comida, no hacia los que fa tenien (es decin, no eran conductas destinadas a apaderarse del elt mento en manos de atro). Sin embargo, no se tre- taba de une simple reaccién defensiva del poses- dor da la comida para alejar al pedigGerio. Los chimpancés eran tremendamente selectivos a la hora de agredir al que pedie comida, y sélo lo 462 PsicoLocfa socia, diarlos, la disciplina ha evoluciondde considerable- mente desde entonces. Del énfasis en el individuo y su ¢luchap particulor por adaptarse al medio fisi- ca, caractsristico de la etologie clésica {ouyos ma- xirnos representantes son Konrad Lorenz y Niko Tinbergen), se he pasado @ un mayor interés por las estructuras y los procesos grupales, conside- rando que la conducta de los individuas no s6lo evoluciona en un medio fisico sino también dentro de un medio social (en el caso de especies sucia- les, naturalmente]. A esta nueva fase de fa disct plina se la conoce como etologia social, y de ella ha surgida una subdisciplina: la primatologia, can- trada en al estydio de la conducta de ios primates (incluido. ef hombre}, a la que heremos referencia repetidamente an las parrafos que siguen. Por qué ha sido tan criticada la vision etologi- ca da la agresiéri humana? Es cierto qua muchos biélogos (especialmente los sociobidlogas) han po- tenoiado una vision bestante estrecha de la note raleza animal y humana, dando un excesivo, énfa- sis @ la competicion. Esta visién compatitiva proce- de de la idea de le «lucha por la supervivericiay con le qle Darwin represents simbalicamente la forma en que actia la selaccién natural, Lo que Darwin queria decir no era que los individuos de cada especie se pasaran la vida luchando entre si para conseguir ser los mas aptos y sobrevivir a to- dos los demas. La seleccién natural opera funda- mentaimente mediante fa compatician indirecta, es decir, a través de le mela adaptacién de deter- minados individuos @ las condiciones ambientales. Los que no se adaptan, probablemente no sobrevi- viran lo suficiente como para dejar desoendencia, y Sus genes se perderdn sin necesidad da que gin congénere luche contre ellos hasta matarlos. Pero hay algo més en el rechazo a todo fo que suene a uinnatismo» en el tema de ia agresion. Curiosemente, la mayoria de la gente esta dis puesta a aceptar que existen elementos innatos en le conducta humana cuando se habla de fend- menos como el apego, el sexa y la atraccién o la cooperacian (véanse, por ejarnplo, las referencias a este tipo de explicaciones en los Capitulos 1, 7, » By 9 de este texto), Y no por allo se entiende que esas. cepacidacles innatas sean inmunas a modifi caciones culturales. Sin embargo, hay una tenden- cia @ identificar agresion y violencia con patologia ‘social. Par eso, cuando se dice que tenemos una pradisposicién genética a manifestar conductas agresives, la reaccién de los cientificos sociales es de rechazo. Sin embargo, hay muchos cesos en los que 's agresion puede producir resultados pro- sociales (por ejemplo, el apoyo a alguien en un conflicts contra otro; véase ef Capitulo 10, pag. 358-359; y algunos otros ejemplos que vereras @ continuacién}. En contra de esta vision tan negativa. los etblo- gos [hablaremos fundamentaimente de los prima- vologos, por estudiar las especies que mas nos in- teresan aqui) consideran la agresién como una tactica mas entre otras empleadas por los prima- tas para lograr determinades fines sociales, es deci, tienen una vision instrumental de la agre- sién. Por cierto, hay que racalcar que los prima: tas recurren poco a esta tdctica porque es dema- siado costosa, La pregunta «gson los seres humenos innata- mente agresivos?» pued= entenderse de varies formas: si lo que se cuestiona es si tienen los se- res humanos un impulso a compartarse de forma violenta que no puede dejar de manifestarse ni si- quiora aunque haya fuertes presiones sociales en contra, la respuesta de las etbiagas actuales seria con toda probabiidad. negative. Ahora bien, si al sentido de la pregunta se refiera a si asta la natu- raleze humana dotads jnnatarnente can una capa- cidad para manifestar agresi6n, le respuesta seria distinta, La postura de los etélogos ante esta pregunta puede resumirse de la siguiente forrna: los seres humanos nacemos equipados can una serie da pacidades y limitacionas, pera éstas, par si mis- mas no son fas ni estén determinades. Més bien son como diractrices que nacesitan una definicién espacifica en un contexta cultural concreto. Entre estas potencialitades estén la capacidad pars la conducta cooperativa y fa capacidad para la con ducta competitive. Por tanta, la agresion, lejos de ser considerada como une forma de conducta pa- talégica, inadaptada o antisocial es, desde esto punto de vista, una parte de fa «sociabilidad» de los primates. Hey dos ideas fundamentales que queremos resaltar en el enfoque etolégico de la agresién, ideas que ya han sido apuntadas y sabre los que seguirermas haciendo hincapié: a} fa agresién for- ma parte de les relaciones sociales, muchas ve ces coordinada con Is conducts afilative o proso- iat y b} le agresién no sdlo tiene efectos parjudh Giales para ios indwviduos y para el grupo. ! 464 PsICOLOGfA sociAL hhacian 2 aquellos que en ocasiones anteriores no habizn repartida can ellos lo que tenian. Por tan- to, los individuos que habian sido menos genero- sos cuando poseien alimenta tenian més probabil dades de encontrarse con resistencia cuando no tenien comida'y trataban de coniseguir una parte dela que poseian otros. Estos resultados sugisren que [a reciprocidad a la hora de compartir comida en esta grupo de chimpancés depende, al menos en parta, de las sanciones agresivas contra los in- dividuos que se resisten a compartin. 2Oué condlusiones podemas éxtraer de fo visto hasta ahora? Por una parte, deberia resultar ob- vio que le agresién no es una invencién humana. Las conductas agresivas son demasiado transcuk turales y demasiado semejantes a las que se ob- servan en, todo el reina snimal. Ni siquiera pade- mos presumir de haber inventado la guerra, si en- tendemos por tal la arganizacion de los miembros de une comunidad para luchar contra los de otra or un trozo ds tierra y los recursos asociados a ella, Un comportamiento de este tipo ha sido ob- Sarvato pn. nuestro paviente més proxi, el chimpandé (por ejemplo, Goodell, 1986]. Tempoco la capacidad para hacer les paces puede conside- rarse ‘exclusivmente humana. En los tltimos afios, diversos primatélogas han padide documen- tar sin lugar @ dudas Ia existencia de poderusos mecerismos de reparacién social después de epi sodios de agresién en varias espacies de primates (Bor ejsmpio. de Weal, 1889b). Por supuesto, cabe fa pregunta de hasta qué ‘punto son pertinentas los estudios sobre conducta agonistica en primates ‘no humanos para com- render la agresién humana. Este punta es lo sufi- ‘cientamente importante coma para que tratemos da aclerarlo. ‘Las etdlogas no estudlan las conduc- tas agonistices y afilativas de los chimpencés 0 Jos macacos para descubrir si la naturaleza huma- na es ¢en realidad» una neturalaza da chimpancé © de macaco moldeade al menos hasta cierto pun- ‘to por nuestrs capacidad para la cultura. Emplean les resultados de sus estudios sobre agresin en primates no humanos para construir y poner a prueba madelos conceptuales. Por ejomplo, jos re sultadas de un estudio que relaciona la variabilidad de las relaciones de dominancia de los macacos con Is distribucién de los recursos podrian ser aplcables 2 fa conducta de los nifias no porque estos posean una épsicolagia de macacod 0 un eropertario de conductes de macacoy, sino por- que podria haber una_rslacién mas abstracta’en- tre la-distribucién da recursos y les técticas soci les empleadas para obtenefios. Por otra parte, existe una cantided cada vez mayor de estudios etolagicos centrados en ja conducta humana, es- peciamente Infantil, cuyos resuttados se diferen- clan de los obtenides con’ otros primates menos de lo que muchos esperarian (por ejemplo, Omark, Strayer y Edelman, 1980), Aunque hey un ‘prejuicio contre los etslogos que les tacha de «daterministas biologicos», evi- dentemente son conscientes de que e! campanen- te de sprendizaja est4 muy desarrollado no slo en los seres humangs, sind en muchos atras ani- males también; de que las actitudes hacia la gue- 1a y la paz pueden ser moldaadas a trevés de la educacién y la cultura; de que los génes orean po- teneialidades, no pautas inevtables; y de que I conducta agresiva no as fa'Gnica que ha sido se faccianada en nuestra historia evolutiva. No dabo- mas pasar por alta la evolucién paralela de ciartos atributos que sirven para limitar la exprasion de ta ‘agresién, ni podemos ignorar fos datos recagidos fen otras especies de primates sobre spacigua- mienta tras un conflicts, Pero na es esta Ia dnica leccién de optimisena que pademos tomer da los astudios etalégioos. Los snimales sociales son astrategas cuya cart ducta se ajusta a los cambios ambientales. El co- ocimiento de come han evolucionado las condue- ‘tas es una base a partir de le cual. se pueda inten- tar manipular el ambiente para regular al ‘somportamiento (por ejemplo, para inhibis la agre- sién} Bibliogratia Gavers, E. [1996). «Bases bloldgicas de la conducts ‘so Shi Enal Mossisy MG; Mow (Orel Tatael de Psicciogia Social, Vol. 1: Procesas Basicos. Ma- drid, Sintasis, pag. 49-69. Goovau, J. (1988). The Chimpanzees of Gambe: Pat ters of Behavior, Combrege, Beenen. Loren (1968). Go Aggression. New York, Harcourt, Grace and Waray Sedona, Sora b agrestes ol prevandco mal Maco, Sigma, 47 Omarx, D. R.. Simaver, FF y Boman, D. G, [Eds.). Do- ‘minanco Flotons: an Eolas! View of Fame Gonfiet and Socal itaracton, New! York. Gertand De Waal, & BM, [19898], «Food sharing and resiprocal obigetns nmong cnpsncsee’? cera! of Faron Erion, 18. 40b400 Win. FB. M, (ISB), Penoometing among Prima tas, Combet. Herverd Uetersty Breas | Sugiere que la frostraci6n es un poderose detertsinante de agresivided. tos La aGREsivipap 465 La frustracién: por qué no conseguir lo que quieres (o lo que esperas) puede conducir en ocasiones a la agresividad Supén que preguntas a veinte conocidos tuyos cudles son Jas principales causas de agresividad. ¢Qué contestarfan? Probablemente la principal respnesta seria la frustra- cidn. $i les pidieses que definiesen la frustracién muchos ditfan, «es la manera en qué me siento cuando algo —o alguien— me impide conseguir lo que quiero o espero en una determinada sitaacién». Esta opinién generalizada de la importancia de la frus- tracién como causa de agresividad nace, al menos en parte, de la famosa hipétesis de la frustraciGn-agresividad propuesta por Dollard y sus colaboradores en visperas de Ja Segunda Guerra Mundial (Dollard y otros, 1939). En un principio esta hipétesis hacia las siguientes, y radicales, afizmaciones: (1) la frustracién siempre lleva a algu- na forma de agresividad, y (2) la agresividad siempre nace de la frustracién, En bre- ve, la teorfa apoyaba que Ins personas frustradas siempre entran en algin tipo de agresividad y todos los actos agresivos, a su vez, son el resultado de una frustracién, Declaraciones atrevidas como éstas son atractivas, lo cual no implica que sean nece- sariamente precisas. De hecho, hay pruebas de que ambas afirmaciones van demasia- do lejos en cuanto a fa importancia que asignan a la érustracién. in primer lugar, esté claro que las personas frustradas no siempre responden con pensamientos, palabras o hechos agresivos. Al contrario, muestran diferentes reaccio- neg que van desde la desesperaci6n y la depresién por un lado, hasta los intentos di- rectos de traspasar su fuente de frustracién a los demés. En segundo lugar, queda igualmente claro que no toda Ia agresividad proviene de frusteaciones. [La gente agrede por muchas razones y como respuesta a diversos facto- res, Por ejemplo, los profesionates del boxeo golpean a sus rivales con el deseo de ga- nar valiosos premios y no porque se sientan frustrados. Del mismo modo, en las gue- tras, los pilotos de las fuerzas aéreas afirman que pilotar sus aviones es una fuente de places, y cuando bombardean al enemigo se sienten euféricos y no frustrados. En es 08, ¥ en muchos otros, la agresividad proviene de factores distintos a la frus- tracién, Posteriormente consideraremos algunos de estos factores. En vista de estas consideraciones, son pocos los psicélogos sociales que conside- ran que la frustracion es la dinica, o més importante, causa de agresividad. En cam- bio, muchos crecn que es wno de los diversos factores que pueden llevar a actuar agresivamente. En esta linea, Berkowitz (1989) ha propuesto una versién revisada de la hipétesis de le fruscracién, agresividad que parece coherente con una gran canti- dad de datos sobre los efectos de Ia frustracién. Segtin esta visi6a, la frustracién es nina experiencia desagradable y aversiva, y por ello conduce a la agresividad. En po- cas palabras, la frustracién a veces produce agresividad debido a una refacidn basica entre afectos negatives y comportamientos agresivos, relaciOn que se ha confirmado en diversos estudios (daGloria Pahlavan, Duda y Bonnet, 1994), Estas sogerencias ayudan a explicar por qué la frustracién inesperada y la frustra- i6n considerada ilegitima provocan mayor agresividad que la frustracién esperada 0 Jegitima, Esto es asi porque Ja frustracion inesperada o ilegitima genera mas afectos negativos que la esperads o legitima. En resumen, aunque la frustracion puede ser una causa potencial de agresividad, no es el tinico factor que determina este comportamiento y no juega el papel tan cru- cial que mucha gente cree, 466 Psicotocia sociaL La provocacién directa: cuando fa agresividad genera agresividad eRecuerdas la escena del carrito de la compra? Supdn que cuando micas al cliente que te embiste con el carro te da una mirada asesina y murmura «esto te enseifard 3 no meterte en mi camino». ¢Cémo reaccionas? Seguramente te enfureces y quiz to- ‘mas algiin tipo de represalias. Podrias hacer un comentario cortante como 2quién te ccrees que eres? 0 gqué pasa contigo, ests loco? Si estuvieses suficientemente enfada- do, también podrias empujar tu carro contra el suyo ¢ incluso contra él directamente. Este incidente ilustra un importante punto sobre la agresividad: a menudo, es el resultado de una provocacién fisica © verbal por parte de otra persona. Esto quiere decir que, cuando somos victimas de Ja agresividad de otros, raramente ponemos la otra mejilla, al menos si podemos evitarlo, En cambio, tendemos a corresponder de- volviendo tanta agresividad como hemos recibido —o quizd un poco mis, especial- mente si tenemos la certeza, como en este incidente, de que la otra persona tenia la intencién de hacernos daiio (Dengerink, Schnedler y Covey, 1978; Ohbuchi y Ogura, 1984). Este dltimo hecho —el de que a menudo correspondemos con més agresividad que la recibida— explica por qué la agresividad constituye a menudo wna espiral as- cendente desde insultos moderados a otros més fuertes, o de empujones a golpes, pu- fictazos 0 cosas peores, Pero, gqué acciones considera la gente provocativas? Diversos estudios han inves- tigado este tema (Torestad, 1990). Harris (1993) Uevé a cabo una investigacién que aporta claras pruebas en este aspecto, ademas de sefialar diferencias de sexo en cuan- toa las respuestas a la provocacién. Pidié a varios centenares de estudiantes (hom- bres y mujeres) que describiesen la peor provocacién que podia exponerles una per- sona de su edad. Como muestra la Tabla 11.1, tanto los chicos como las chicas afir- maron que las agresiones fisicas y verbales eran las mas provocativas. Sin embargo, respecto a otras posibles causas de enfado, se dieron interesantes diferencias de sexo. TaBia 11.1. Acciones de tos demas que provocan enfado Como puedes ver, tarito fos hombres como las mujeres creen-que la agrestén fisica y verbal es Ia que mas enfado provoca. Sin’ embargo, existen algunas interesaittes diféx ‘rencias de género én cuanto a las posibles fuentes de enfado. Por ejemplo, las mujeres setialan que se enfadan mis que los hombres en acciones comdescendientes 0 en las.que se muestra falta de sensibilidad. “Tipo de comportamicnto Hombres Mujeres “Ageesin fisica 45 35 : Agresién verbat 25 34 Insensibilidad 9 7 Condescendencia 18 4B Falta de honradex 2 Ineficiencia| 1 1 (ent: Baad en daeos de Harris, 1993. La AGREsIVIDAD 467 Por ejemplo, las mujeres aportaron una mayor tendeneia a enfadarse que los hom- bres en acciones condescendientes en tas que la otra persona mostraba arrogancia 0 sugeria que cra superior. Del mismo modo, las mujeres se enfadaban més que los hombres en acciones en las que otra persona resultaba herida, y en acciones que im- plicaban faita de sensibilidad, es decir, situaciones en las que sus sentimientos eran ig- norados por otras personas. En resumen, los hombres y las mujeres diferian en cuan- to a las formas especificas de provocacién que encontraban mas enojantes, Como se- fial6 Harcis (1993), estas diferencias reflejan estereotipos en funcién del género como Jos que describimos en el Capitulo 6. Estos estereotipos sugieren que las mujeres de- berian ser amables, cuidadosas y sensibles 2 los sentimientos de los demés; en vista a estos estereotipos no seria sorprendente que obscrvaran que comportamientos opucs- {05 a cstos supuestos rasgos resultaran especialmente enojantes, Exposicién a la violencia en los medios de comunicacién: los efectos de presenciar la agresividad Haz una lista de las peliculas que has visto en los iltimos meses. Ahora contesta # la siguiente pregunta: :cuanta agresividad o violencia contenfan?, gcudntas veces a lo largo de la pelicula los personajes golpeaban, disparaban o intentaban daitar a al- guien? A menos que tus habitos cinematogréficos sean poco usuales, probablemente reconozcas que muchas peliculas populares contienen una gran carga de violencia, mucha més de la que jamés presenciaris en la vida real. Un andlisis detallado del contenido de los programas de televisiGn, peliculas y acontecimientos deportivos tele- visados indica que todos ellos incluyen mucha violencia (Reiss y Roth, 1993; Waters y otros, 1993), De hecho, un reciente estudio que analizaba el contenido de spots de productos alimenticios —por ejemplo, leche, sopas, cereates— descubrié que incluso éstos contenian temas de violencia (Rajecki y otros). Estos hallazgos han Hevado a muchos psicdlogos sociales a plantearse las siguien- tes preguntas: la exposiciOn a este material incrementa fa agresividad entre nifios © adultos? Este tema es muy importante y no sorprende que haya sido objeto de cente- nares de proyectos de investigacién (Huesmann y Miller, 1994). Los resultados de es- tos estudios no son del todo consistentes pero, tomados conjuntamente, sefialan la si- guiente conclusion: la exposicisn a la violencia de los inedios de conuoticacién puede ser un factor que contribuya a aumentar los niveles de violencia en Estados Unidos 9 en cualquier otro lugar Pruebas de tos efectos de Ia violencia de los medios de comunicacién sobre la agresi- vidad. Distintas lineas de investigacién, Jlevadas a cabo de distintes maneras, con- cuerdan con esta conclusién, Primero, los investigadores han levado a cabo muchos experimentos de laboratorio a corto plazo, estudios en los que los individuos son ex- puestos a peliculas o programas de television que muestran un alto nivel de violencia, seguidos de observaciones de las tendencias de los participantes a agredir a los demas (Bandura, Ross y Ross, 1963; Geen, 1991). En general, los resultados de estos expe- timentos indican que incluso los mas pequeiios pueden aprender nuevas maneras de agredir a los demés al exponerse a la violencia de los medios de comunicacion, y que la exposicién a ese material puede incrementar su tendencia a poner esos comporta- mientos en practica. 468 PsIcoLOGiA SOCIAL ‘Un segundo grupo de estudios ha utilizado otto enfoque distinto, conocido como observacién estdtica (Hucsmann y Milles, 1994), En estos estudios, se obtiene infor- macién de dos factores: el nivel de agresividad de los nifios (evaluada, por ejemplo, por profesores o por sus coeténeos) y la cantidad de televisién y peliculas violentas que ven los nifios normalmente. Luego los investigadores correlacionan estas varia- bles para determinar si guardan algin tipo de telacién, Los resultados de estos estu- dios indican que, efectivamente, estos factores estin positivamente correlacionados: cuantos mas programas violentos ven, mas agresivo tiende a ser su comportamiento (Bachrach, 1986; Huesmann y Eron, 1986; Leyens y otros, 1975}, Sin embargo, las pruebas més convincentes del vinculo entre la exposicién a la violencia de los medios de comunicacién y la agresividad las ofrecen las investigacio- nes a largo plazo (longitudinales) en las cuales se estudia a los participantes durante muchos afics (Huesmann y Eron, 1984, 1986). Por ejemplo, en una de las mas cono- cidas, se pregunté a todos los estudiantes de tercer grado de un condado al norte de Nueva York cudles eran sus programas de televisiéa favoritos. Ademés, se obtuvie- ron indices de agresividad de estos nifios a partir de las opiniones de sus compafieros de clase. Los resultados indicaron que habja un vinculo entre estas variables, al me- nos entre los chicos: cuanta mas violencia vefan, mayores eran sus indices de agresi- vidad. Diez afios més tarde, se volvid a estudiar a los mismos participantes y la rela- cién se confirmé: cuanta mas violencia habfan visto de nifios, mayores eran sus nive- les de agresividad de adolescentes, Finalmente, las mismas personas volvieron a ser estudiadas cuando tenfan alrededor de treinta afios. De nuevo, la cantidad de violen- cia que habfan visto de nifios predecia su nivel de agresividad —tanto sus propios fn- dices de comportamiento agtesivo como los archivos estatales de artestos por accio- nes agresivas. Estos dramaticos resultados se han reproducido en otros estudios a lar- go plazo Hevados a cabo en distintos paises —por ejemplo, Australia, Finlandia, Israel, Polonia y Africa del Sur (Botha, 1990; Huesmann y Eron, 1986). En todos ellos, cuanta més violencia televisiva presenciaban los pacticipantes, mayores eran sus posteriores niveles de agresividad. Ademds, en estos tiltimos estudios, los resulta dos se obtuvieron tanto para mujeres como para hombees. Aunque estos estudios son impresionantes y se han levado a cabo muy detallada- mente, es importante recordar su naturaleza correlacional. Como sefialabamos en el Capitulo 1, el hecho de que dos variables estén correlacionadas no implica que una cause la otra. Es mas, como sefialabamos anteriormente, no todos los estudios sobre la violencia de los medios de comunicacién han dado resultados consistentes. Cuan- do todos los tipos de pruebas son tomadas en cuenta y los resultados de estos estu- dios son sometidos @ meta-anilisis (véase Capitulo 1; Comstock y Paik, 1991; Wood, ‘Wong y Chachere, 1991), los resultados sefialan la conclusién que avanzibamos al principio: la exposicién a la violencia de los medios de comunicacién puede contri- buir, junto con muchos otros factores, a fomentar la agresividad. Activaci6n excesiva: emocién, cognicion y agresividad Supén que yas al aeropuerto a buscar a un amigo. Por el camino, un conductor te corta el paso de repente y casi chocas con él. Tu corazén palpits con fuerza y sientes que se te dispara la presién sanguinea; pero afortunadamente, no ocurre ningrin acci- dente, Llegas al aeropuesto. Aparcas y sales a toda prisa porque el vuelo de tu amigo esté a punto de Ilegar. Cuando llegas al mostrador de seguridad hay un anciano de- La AGRESIMIDAD 469 lante ruyo. Cuando pasa por el detector, suena la alarma y se siente confundido, El guardia de seguridad no puede hacerle entender que debe vaciar sus bolsillos y volver a pasar por el detector otra vez. Tii te desesperas. De hecho, sientes que vas a enfure- cer. «gQué le pasa?» piensas. «¢Bs la primera vez que va a un aeropnerto?> Como la espera continta, estés tentado a gritar al anciano o incluso a abrirte paso a empujo- nes. ‘Ahora veamos Ja pregunta clave: Crees que ef incidente de tréfico puede haber tenido algo que ver con tu repentino arrebato de necvios? En pocas palabras, gpuede la excitacién emocional de ese incidente haberse traspasado a la situaci6n, rotalmen- te ajena, de Ia puerta de seguridad? Podria ser (Zillmann, 1988, 1994). Bajo algunas condiciones, los aumentos de excitacién, sea cual sea su origen, pueden aumentar la agresividad en respuesta a fa frustcaci6n 0 a la provocacién. De hecho, en varios ex- perimentos Is excitacién producida por fuentes como la participacién en juegos com- petitivos (Christy, Gefland y Hartmann, 1971), el exceso de ejercicio (Zillmann, 1979) e incluso algunos estilos de miisica (Rogers y Ketcher, 1979) ha potenciado un posterior comportamiento agresivo, 2Por qué ocurre esto? La teoria de la transferen- cia de excitaci6n da una convincente explicacién (Zillmann, 1983, 1988). Teoria de ta transferencia de excitacién. Esta teorfa empieza apuntando que la exci- tacién psicolégica, sea cual sea su causa, tiende a disiparse con el tiempo. Asi, una parte de esa excitacién puede persistir cuando la persona pasa de una situaci6n a otra. En el ejemplo anterior, parte de la excitacién producto del incidente de trafico puede permanecer presente cuando legas al mostrador de seguridad del acropuerto. Entonces, cuando te encuentras con un pequefio percance, esta excitacién intensifica tu reaccibn emocional frente a esa situacién, BI resultado: en lugar de sentiste algo molesto, enfureces. Ademés, la teorfa de la excitacién sugiere que estos efectos tienen mis posibilidades de ocusrie cuando las personas involucradas no son conscientes de la presencia de esa excitacién residual, Jo cual es muy comin, ya que los pequefios sintomas de excitacién son dificiles de percibir (Zillmann, 1988, 1994). Esta teorfa también afiade que dichos efectos tienen mas probabilidades de aparecer cuando los individuos reconocen esa excitacién residual pero la arribuyen a hechos que ocurren en ese mismo momento (Taylor y otros, 1991). En el incidente descrito, por ejemplo, tw enfado aumentaria si relacionases tu excitacién con el incidence de] anciano (véase Figura 11.4, pag. 470). Emocién, cognicién y agresividad: la compleja interaccién entre cllas, Recientemente, Zillmann (1988, 1994) ha ampliado la teoria de la transferencia de excitacién para explicar cémo la emocién (excitacién) y la cognicién interaccionan para dar forma a las reacciones agresivas, Primero, consideremos el impacto de la cognicién sobre ta emocién —un tema que vimos en otro contexto en el Capitulo 3. ¢Cémo pueden nuestros pensamicatos despertar Ia excitacién y, asi, aumentar nuestra tendencia a agredir? Una respuesta serfa qe nuestcos pensamientos nos flevan a reevaluar acon tecimientos que provocan emocién. Por ejemplo, considera el retraso producido en el mostrador de seguridad. Supén que a los pocos segundos te das cuenta que el ancia- no es extranjero y no habla tu idioma. Entonces el motive de la confusién es claro, y el zesultado puede ser un menor grado de enfado por tu parte. En otras palabras, esta nueva informacién te lleva a reconsiderar la sitwacién y esta actividad cognitiva, a su vez, puede influenciar tus reacciones emocionales para bien. Muchos estudios han ve- tificado estas conclusiones (Zillmann, 1994). Por ejemplo, si se advierte a las perso- 470 Psicotocia social Se arbuye la icici Increments ieeacibn al retro Iw agresiided fain presente ene (Gorel resto ecard proves. ‘equa poe anlano) Incidenees Inctemento Excieaci6n residual Frustracién, de E wifico excitaciba, Scatribuyels | one fritacion |e identes ds [OL ‘silico Ta aggesividad ' | Notnerementa ' i t t » Figura 11.4. Teoria de la transferencia de excitacién: una perspectiva general. Esta teorfa sugiere que la exci- taci6n producida en: una sicuncién puede prevalecer e intensificar reacciones emocionales poste rioees, en otras sitwaciones. Ast, fa excitacién generada por el incidente de trifico intcusifica los sentimientos de enojo o frustracién en cl mostrador de seguridad del iecopuerto, ‘oue: Basado on sigerecias de Ziman, 1988, 1994.) nas de que el individuo con el que van a interactuar estd muy preocupado, éstas ex: perimentacén menos enojo ante la posible groserfa de ese individuo que sino reciben esa informacién o la reciben una vez esa persona ya les ha provocado (Zillmana y Cantor, 1976). En estas situaciones, la cognicién ejerce un gran efecto en nuestras re- acciones emocionales. 2Qué hay del impacto de la excitacién sobre la cognicién? ¢Influyen nuestros ni- -veles de activacién emocional en nuestros pensamientos sobre el comportamiento de los demas y, asf, en nuestcas tendencias agredirlos? De nuevo la respuesta es sf. De hecho, como apunt6 Zillmann (1994), la excitacién emocional a veces produce lo que él denomina un déficit cognitive —menor capacidad de formular planes de ac- ” . tuacién racionales 0 de evaluar las posibles consecuencias de diversos comportamien- 0s, ©, como yo mismo describo este principio en clase, «cuando las emociones auc ‘mentan, le raz6n se escapa por la ventana». El sesultado, entonces, puede ser un im-* pulsivo ataque contra los demas, con todos los riesgos que esto implica. Volveremos al papel de la cognicién sobre la agresividad posteriormente, cuando tratemos el con-. trol y la prevencién de los comportamientos agresivos; como veremos, reestablecer et control cognitivo del comportamiento puede resultar muy efectivo a la hora de cedu- cir la violencia interpersonal (Zilimann, 1993). Celos seal Percepein de una amenaza a una relacién Senrinigneal debido a a aparicién de una eval. La sGRESIVIDAD 471, Excitacién sexual y agresividad: gson el amor y cl odio dos lados de la misma moneda de la conducta? ‘A menudo se comenta que el amor y el odio estin muy relacionados. Por ejemplo, analiza la siguiente cita: «La odiaba con ut odio peor que la indiferencia porque era la otva cara de'mi amor» (J. August Strindberg, 1900). ¢Son acertadas estas observa- ciones referentes a los vinculos existentes entre el amor y el odio? Si se interpreta el amor como activacién o excitacién sexual, las investigaciones de los psicdlogos so- ciales apoyan esta vieja idea. En primer lugar, parece ser que los niveles bajos de excitacién sexual pueden re- ducir la ageesividad. En distintos estudios se signicron los siguientes procedimientos: primero, los participantes eran molestados por un extraiio. Luego se examinaban es- timulos que despertasen levemente la excitacién sexual (fotos de atractivos desnudos) y estimulos neutrales (fotos de paisajes, arte abstract, etcézera). Finalmente, tenfan la oportunidad de tomar sepresalias contsa sus provocadores (Baron, 1974, 1979; Ramirez, Bryant y Zillmann, 1983). Los resultados indicaron que los individuos ex- puestos a los desnudos (estimulos de excitacién leves) mostraban menores aiveles de agresividad que los expuestos a los estimulos neutrales. Sin embargo, debemos recalcat la palabra «leves». En posteriores estudios en los que los participantes eran expuestos @ un material que despertaba mas la excitacién sexual, esta excitacién incrementé la agresividad mas que 1a redujo (Jaffe y otros, 1974; Zillmann, 1984). Estos descubrimientos sugieren que Ja relacién entre exci- tacidn sexual y agresividad es de naturaleza cievilinea. @Por qué ocurre esto? Zill- mann (1984) propnso un modelo de dos componentes que ofrece una respuesta stil. Segtin este modelo, la expasicién a estimulos eréticos produce dos efectos: incre menta la excitaciéa e influye en el estado afectivo del momento —sentimientos nega- tivos y positives. Entonces, el hecho de que la excitacién sexual incremente 0 reduzca la agresividad dependerd de las pautas generales de estos efectos. El material erdtico eve genera niveles de excitacién bajos pero altos niveles de afecto positivo. Ex conse- cuencia, la exposicién a estos materiales tiende a reducir la agresividad. Por contra, el material erdtico explicito genera mayores niveles de excitacién, pero también efec- tos negativos, porque mucha gente cree que las imagenes que muestran son inquie- tantes e incluso cepulsivas. Asi, este tipo de material incrementa la agtesividad. Los resultados de diversos estudios apoyan esta teoris de los dos factores (Ramirez, Br- yant y Zillmann, 1983), ya que ofrece fa posibilidad de entender Ia relacién entre la éexcitaci6n sexual y la agresividad. Todos ellos indican que, aunque ambas estén muy relacionadas, la naturaleza de dicha reloci6n es mas compleja de lo que crefanvos in cialmente. Celos y agresividad: gdeseamos dafiar a los que amamos si nos han sido inficles? Los observadores del comportamiento humano desde Shakespeare a Freud contienen que los celos sexuales o percepcidn de una amenaza a una relacién romantica por la aparicién de un/a rival, pueden ser una poderosa causa de agresividad. Las inves ciones sisteméticas en este campo confirman esta idea, Las personas que sienten que sus amantes se han portado mal con ellas coqueteando —o algo peor— con otra per- sona suelen sentirse muy enojadas y frecuentemente piensan o llevan a cabo acciones 472. Psicotocia social encaminadas a castigar a sus amantes, a sus rivales o a ambos (Buss y otros, 1992s Parrot, 1991; Sharpsteen, 1991). Al contrario de lo que los observadores informales sugieren, la mayor parte de culpa y eufado suele recaer en la pareja més que en el ri- val (Paul, Foss y Galloway, 1993). Sin embargo, lo mas cucioso es que las mujeres se enfadan mas, tanto con sus parejas como con las rivales, que los hombres (Paul y ‘otzos, 1993) y tienen mas probabilidades de reaccionar agresivamente ante estas infi- delidades. Un estudio llevado a cabo por Werth y Kalma (1993) da pruebas eviden- tes de estos hechos. Estos investigadores pidieron a un buen niimero de estudiantes que tomaban par- te en un curso de psicologia social en una universidad de los Paises Bajos que indica- ran cémo reaccionarian si se enterasen que sus parejas tenian un Ifo con otra perso- na. Gomo puedes ver en la Figura 11.5, las mujeres sefialaron que tenderian a res- a [Eg Fomtrs view Las mujeres mostracon tener | [Por contra, los hombres indiearon| ‘mas disgosicioa a accuar que efan is posi dade ‘agresivarmence ante las 110 infidelidades de sus parejas “aed hcenchaniose 109 J | 36.6 ong 80 1d de mosteae ese comportamiento 70 ct) Probabili so sncas de ginero en los eclos sesuales, Como puedes ves las : Fiona 11.5, see _ tes indican que tenen ins probabiidades de responder agreivamente Ta infideidad de sus amiantes. eau o dts de Wee Kab 1993) La aGResvipaD 473 ponder a sus parejas con insultos y agresiones fisicas, o bien a pedirles explicaciones. En cambio, los hombres indicaron que probablemente se emborracharian, En otros estudios se han obtenido resultados similares (Paul y otros, 1993}, con lo que estas diferencias segiin el género parecen ser reales. Pero equé es lo que las expli- ca? La perspectiva de 'a psicologfa evolutiva (véase Capitulo 1) sugiere una posibili dad, Segiin esta perspectiva, debajo de los celos sexuales masculinos y femeninos en™ contramos diferentes fuerzas biolégicas. En el caso de las mujeres, estos celos se cen- tran, fundamentalmente, en fa pérdida potencial de recursos necesarios para la ctianza. Hasta hace poco las mujeres dependian de los hombres para acceder a los re- cursos necesarios para criar a los hijos. En este contexto, un hombre intinerante po- dia decidir irse por ahi Ilevandose esos valiosos recursos consigo, EI resultado: las mujeres reaccionan con fuerza ante la infidelidad sexual de sus parejas. En el caso de los hombres, en cambio, los celos sexuales se centran basicamente en una preocupa- ién acerca de la paternidad. Si su pareja tiene relaciones sexnales con otro hombre, se ven en Ja situacién de estar eriando a los hijos de otros, En el pasado este era un ‘motivo importante de cclos. Sin embargo, la llegada de anticonceptivos efectivos ha reducida la posibilidad de que las mujeres queden embarazadas de otros individuos. En consecuencia, segiin Weerth y Kalma (1993), ahora los hombres tienen menos ra- zones para reaccionar agresivamente a los celos. Por contra, en el caso de las mujeres los motivos de esas reacciones no han cambiado. ¢Cuil es el resultado global? Las mujeres reaccionan mas agresivamente que los hombres a los celos sexuales. Evi- dentemente, dado que los hombres, en general, son més fuertes fsicamente que las mujeres, las reacciones agresivas de las mujeres suelen ser menos serias que las de los hombres. Por ejemplo, las mujeres gritan a sus parejas o intentan pegacles o araiiar- les, En cambio, las reacciones de ios hombres a menudo acaban con heridas graves, el tipo de malas tratos a esposas que menciondbamos al principio de este capitulo (Holteworth-Munsoe y Stuart, 1994), Debemos afiadir que esta es s6lo una posibilidad altamente especulativa; existen muchas otras explicaciones de descubrimientos recientes que sefialan que las mujeres reaccionan més agresivamente a los celoss por ejemplo, Jas normas que sugieren que os hombres no dehen agredir a sus mujeres atin y cuando éstas les provoquen (véase nuestra proxima discusi6n sobre las diferencias segiin el sexo en la agresividad). Sea cual sca la explicacién més precisa, est claro que los celos sexuales son un fuerte motivo de agresividad tanto por parte de hombres como de mujeres, y en este sentido los celos siguen estando a la altura de su temida reputaci6n. na posible a causa En las Gitimas décadas, han desaparecido las restricciones a los materiales sexuales en muchos paises occidentales. Este hecho, junto con el aumento de las ventas de aparates de video, ha Hlevado a una situacién en la que el acceso a la pomografia, tanto en prensa como en video, est al alcance de la mano. Ademis, parte de este material contiene escenas en las que se mezclan sexo y violencia. Normalmente las 474 PsicoLoGlA SOCIAL yictimas son las mujeres, a las que se viola, tortura y malteata de muchas mancras. Dado que la exposicién a la violencia de los medios de comunicacién puede provocar comportamientos agresivos entre los espectadores y que los altos niveles de exci- tacidn también incrementan la agresividad, los psicOlogos socinles creen posible que la pornografia violenta, como se la denomiina, sea peligrosa. 2Qué revelai los estu- dios realizados? Como en el caso de los estudios sobre los efectos de la violencia en los medios de comumicaciéa, los psicélogos sociales han adoptado diversos métodos de investiga- cién para estudiar este tema. Uno de ellos consiste en una serie de experimentos de Jaboratorio a corto plazo en los cuales se expone a los participantes a pornografia violenta, pornograffa no violenta y material neutral (Linz, Donnerstein y Penrod, 1984; Zillmana y Bryant, 1984). Los resultados indican que la exposicién a porno: grafia violenta fomenta insensibilidad ante Ja violencia sexual tanto entre hombres ‘como entre mujeres —por ejemplo, una tendencia a percibic la violacién como menos seria y 2 mostrar menos comprensién hacia las victimas. Ademds, fa exposici6n a este tipo de material ejerce un efecto insensibilizador, y cuanta més violencia ven en las peliculas, menos negativamente reaccionan ante ésta, Estos hallazgos sugieren que Ja exposicién a escenas de violencia contra mujeres puede provocar efectos adversos a sus espectadores, volviéndolos insensibles a la violencia sexual y —en el caso de los hombres— aumentando su deseo de actuar de ese modo ellos mismos (Linz, Don- nerstein y Penrod, 1988}. Otzas investigaciones que utilizan métodos diferentes apuntan a distintas conclu- siones, al menos en cuanto @ la violacidn (Baxter y otros, 1984). En un geupo de es , por ejemplo, los investigadores analizaron el contenido de revistas pornogri- ficas, peliculas y cintas para determinar qué proporcién de este material se podia cla- sificar como pornografia violenta. Aunque esta investigacién no es ni mucho menos concluyente, sugiere que s6lo una pequelia proposcién de este material contiene ac- ciones violentas. Las estimaciones varfan segtin los estudios, pero la mayorfa sostiene que sélo entre el 4 por ciento y el 7 por ciento del material pornogesfico incluye es conas agresivas en las que se hiera a los personajes. Ademés, s6lo el 2,4 por ciento de estas cintas y peliculas muestran reacciones negativas por parte de las mujeres que aparecen frente a las acciones que se llevan a cabo (Palys, 1984). Asi, en resumen, la pornografia violenta s6lo representa una pequeiia proporcién del material pornogra- fico disponible. Pero, équé hay de la posibilidad de que, como afirman las feministas, «la pocno- graffa es la teorfa y Ja violacién es la prdctica» (Morgan, 1980}? ¢Contribuye el faci acceso a material pornogrifico al fomento de las violaciones? Aunque no hay una respuesta definitiva para esta inquietante pregunta, un estudio realizado por Kut- chinsky (1991) aporta algunos datos que dan mucho que pensar. Kurchinsky razon6, del siguiente modo: si la pornografia esta relacionada con las violaciones, entonces este tipo de crimenes deberian haber aumentado una vez legalizado este material, al que se puede acceder més fécilmente. Para comprobat esta posibilidad, rennié las es- tadisticas de delitos por un periodo de veinte aiios para cuatro paises: Estados Uni- dos, Dinamarca, Suecia y Alemania, La pornografia en Dinamarca, Suecia y Alema- nia se legalizé en 1969, 1970 y 1973 respectivamente, y en el mismo periodo empezd a ser ficilmente asequible, aunque no legalizada, en los Estados Unidos, lnccementa- ron las violaciones en estos paises a raiz de estos hechos? Como puedes ver en ta Fi- gura 11.6 (pag. 475), sdlo aumentaron en los Estados Unidos; y en este aspecto, reflejaron un aumento muy similar al de otros tipos de delivos. Estos resultados su- LA AGRESIIDAD 475 maa Estados Unidos - violaciones mam Estados Unidos ~ agresiones x Alemania ses Secia 40 Indice por 100.000 1964 1970 1980 Aiio FiguRa 11.6, Pomografia: zesta relacionada con la violacion? Tras Ja legalizaci Ja pornografia en Dinarharca, Suécia y Alemania, Jos indices de viola- clones no aumentaron. En Estados Unidos incrementaron una vex la pornografia empez6 ¢ ser més asequible; sin embargo, también incte- mentaron otros delitos. Estos resultados cuestianan el hecho de que la pornograffa estimale las violaciones. ‘ese: Boado en dai de Kichiosky, 2991) gieren que, como temian algunos exiticos, la facilidad de acceso a la pornografia no contribuye a incrementar las violaciones. Evidentemente estos hollazgos no son concluyentes. Aunque las violaciones no aumentaron en Dinamarea, Suecia y Alemania después de la legalizacién del material pornogrifico, ¢s posible que dichos materiales ejerciesen efectos negativos en este sentido, pero que se viesen contrarrestados por otros cambios en esas sociedades. En otras palabras, como la naturaleza de esta investigacién es correlacional, no podemos descattar la posibilidad de que otros factores, no incluidos en el andlisis, escondan efectos adversos de la pornografia. Pero como sefisla Kutchinsky (1991} el hecho de gue en Estados Unidos incrementasen las violaciones y otros crimenes apoya Ia idea de que la violaci6n cs, fandamentalmente, un acto de violencia, no de excitacién se- xual, Si esto es asf, quizé deberfamos preocuparnos més de los posibles efectos de las, peliculas y programas de televisiGn que contienen escenas de violencia explicita que 476 PsICOLOGIA socAL, edn de Conducta po A: Coneiste fendamentalmente en altos niveles de competitivitad, prise y hostilided. Patron de Conducta Tipo B: Modelo fauseneia de las ‘caracteristicas asociadas ‘con el modelo de compoctamiento del Tipo A. de tos efectos de los materiales que representan comportamientos sexuales violentos, Solo més investigaciones pueden resolver esta cuestiéns pero uta cosa esta clara: los medios de comunicacién ejercen mucha influencia en las actitudes, valores y compor- tamientos de los espectadores. Asi, son mucho mas que un reflejo de la sociedad; también la determinan y la influencian. is ‘comportami _vaci6n emosionil Bfécta'a rouchos aspectos 1 Capitula. 7) y los celos dbsttminan a dessrolo de se pc ieee 10); l sorpdeatnlenes weal comp Nicos gExisten personas predispuestas o «imprimadas> para la agresividad por sus caracte- risticas personales? Algunas observaciones informales sugieren que si. Si bien algunos individuos nunca pierden los estribos ni reaccionan agresivamente, ottos parecen es- tar siempre encolerizados, a menudo con serias consecuencias, En esta secciGn exami- naremos diversas caracteristicas personales que juegan un papel importante en la agresividad. EI Patrén de Conducta Tipo A: zpor qué la A del Tipo A significa agresividad? 2Conoces a alguien (1) extremadamente competitivo, (2) que siempre tenga prisa, y (3) especialmente irritable o agresivo? Si tu cespuesta es si, esta pecsona responde a Jas caracterfsticas de lo que los psicdlogos denominan Patsén de Conducta Tipo A (Glass, 19775 Strube, 1989). En el lado opuesto encontramos las personas que no muestran estas caracterfsticas —individuos que no son muy competitivos, que tio van. siempre a contrarreloj y que no pierden facilmente los estribos; estas personas repre- sentan el Patton de Conducta Tipo B, Segiin las caracteristicas sefialadas, parece \égico esperar que, en muchas situacio- nes, el Tipo A tiende a ser mas agresivo que el B. Los resultados de diversos experi- mentos (Baron, Russell y Arms, 1985; Carver y Glass, 1978) corrobocan este hecho. Por ejemplo, veamos un estudio levado a cabo por Berman, Glaude y Taylor (1993). Estos investigadores expusieron a individuos del Tipo A y del B a la creciente provo- cacién de un extaito: ambos participaban en un juego de reaccién en el que la perso- 7 Agresividad hostil: “Agresividad cuyo principal objetivo es producir algun tipo de afo sla vletima. Agresividad: instrumental, ‘Apresividad cuyo ‘principal objetivo es aleanzae algin objetivo como el aces a recorsos valiosos. Sesgo aribucional onl Teadescia a percibie que as scones Glos dems nacen de intenciones hors an $eanndo no exh del todo cata La acresivipab 477 na que respondia mas despacio (el perdedor) recibfa una descarga por parte de su ‘oponente. Otra caracteristica del estudio era medir el nivel de testosterona de los participan- tes; la testosterona es una hormona sexual masculina muy importante. Dicha hormo- nna se media a través de la saliva de los participantes antes de iniciar. Los resultados mostraron que durante este juego competitivo, los participantes del Tipo A que teni- an vn alto nivel de restosterona, daban las descargas mas altas a sus oponentes. Ade- més, los del Tipo A y alto nivel de testosterona tenian més probabilidades de elegit fos shocks més altos. Estos hallazgos indican que dos caracteristicas personales dis- tintas —el Patron de Conducta Tipo A y el nivel de testosterona— juegan un papel determinante en el comportamiento agresivo. Otros descubrimientos sefialan que los individuos Tipo A son realmente hostile no agreden pot el simple hecho de alcanzar los objetivos de los demas, como ganar tuna competicién atlérica 0 promover sus carreras profesionales. Mas bien ticnen més posibilidades que ‘os individuos del ‘Tipo B de desacrollar una agresividad hostil — agresividad cuyo principal objetivo es producir algiin tipo de daiio a la victima (Stra- be y otros, 1984). En vistas a ello, no sorprende que los individuos Tipo A sean mas propensos que Jos B a acciones agresivas, como los malos tratos de menores 0 de es- posas (Strube y otros, 1984), temas que pronto examinaremos con més detalle. En cambio, los individvos Tipo A tienen menos probabilidad de desarrollar una agresivi- dad instrumental o agresividad cuyo principal objetivo no es dafiar a la victima sino aleanzar sus objetivos, como el control de recursos valiosos o los elogios de los de- mis por comportarse de una manera «dara». Percibir malicia en las intenciones de los demas: sesgo atribucional hostil @Recuerdas el ejemplo del carrito de Ja compra? En al sefialabamos que, a menudo, nnnestras atribuciones acerca del compostamiento de los demas (nuestras interpreta- ciones de por qué la gente actiia como actiia) juegan un papel importante en el desa- rrollo de la agresividad. Si decidimos que las acciones de alguien, como embestirnos ‘con un catrito, se hicieron a propésito, es mucho ms probable que tomemos repre~ salias que si las calificamos de accidentales 0 no intencionadas. Sin embargo, en mu- chas situaciones interpretar las acciones de los demas no es tarca facil: su comporta- miento es ambigno y no podemos determinar si tenfan intencién de hacernos dafio 0 no. En estos casos, otro factor personal conocido como sesge atribucional hostil ad- quiere relevancia. Esta es la tencencia a percibir intenciones 0 motivos hostiles en las acciones de los dems cuando éstas son ambiguas. En otras palabras, las personas con una tendencia hostil atribuible raramente dan a os demas el beneficio de la duda; simplemente asumen que cualquier accién provocativa de los demas es inten- cionada y reaccionan en este sentido, a menudo con fuertes represalias (Dodge y otros, 1936). Les resutltados cle muchos estudios apoyan el posible impacto de este factor. Por ejemplo, en un experimento especialmente relevante, Dodge y Coie (1987) midieron la tendencia de los chicos a atribuir intenciones hostiles a los demés y observaron el comportamiento de esos chicos mientras jugaban con otros nifios. Los resultados in- dicaron que, a mayor tendencia a manifestar intenciones hostiles, mayor era la pro- babilidad de comportarse agresivamente, 478 PsicoLoGta SOCIAL Con jévenes y adultos se obtuvieron resultados similares. En un estudio en estat: | nea, Dodge y sus colegas (1990) examinaron la relacién entye las tendencias hostiles atribuibles y la agresividad entre un grupo de chicos adolescentes recluidos en una prision de maxima seguridad para delincuentes juveniles. Estos jévenes habian sido condenados por una amplia variedad de crimenes violentos como asesinatos, agresio- | nes sexuales, secuestros y robos a mano armada. Los investigadores plantearon la hi- potesis de que entre estos chicos las tendencias hostiles atribuibles estarian relaciona- das con el nimero de crimenes que habian cometido, asi como con las evaluaciones de observadores de las tendencias de los prisioneros a responder agresivamente a las provocaciones de los demas. Los resultados confirmaron las das prediceiones. En re- suumen, la tendencia a percibir malicia en las acciones de los demas, aun y cuando re- almente no existe, es una caracteristica personal estrechamente relacionada con los niveles altos de agresividad contra los demas. Irritabilidad, rumiaci6n y las «cinco grandes» dimensiones de la personalidad En los iltimos afios, las investigaciones sobre la personalidad han legado a una alar- mante conclusién: aunque la gente difiere en una enosme variedad de aspectos, mu~ cchos de ellos confluyen en sélo cinco dimensiones basicas (Costa y McCrae, 1994; Funder y Sneed, 1993). Estas figuran en la Tabla 14.2, y muchos estudios indican ‘que, realmente, son dimensiones fundamentales de la personalidad. Por ejemplo, ver en qué dimensién estin los individuos se adivina facilmente cuando desconocidos se encuentran por primera vez (Funder y Colvin, 1991; Watson, 1989). Y permanecer en varias de las «cinco grandes» dimensiones esta muy vinculado a la satisfacci6n y el rendimiento en el trabajo (Barrick y Mount, 1993). ¢Estdn estas dimensiones rela- Tasta 11.2. Las «cinco grandes» dimensiones de la personalidad Un creciente nitmero de investigaciones indican que las dimensiones gue se musstran aqui son fundamentales” respecte la personalidad humana. Dimension Deseripcién Exnroversion Dimensién que comprende desde los sociables, habladores, amantes de las diversiones, hasta los formales, reservados, sileuciosos y pruelentes ccon los dems Amabilidad ‘Comprende desde os bondadosos, dulces, cooperantes, confindas, que ayudan a los dems, hasta los quisquillosos, cudas, sospechosos y testarudos. Aplicacién Comprende desde los ocganizados, cuidadosos, autodisciplinados, responsables y escrupulosos, hasta los desorganizados, poco cnidadosos, sin voluntad y sin escetipulos. Estabilidad emocional Comprende desde los pausados, calmados, serenos y no hipocondriacos, hhasta Tos nezviosos, ansiosos, excitables ¢ hipocondrfacos. Apertura a la experiencia Comprende desde los imaginativos, seasibles, intelectuales y clegantes, hasta Jos insensibles, realistas, groseros y simples. LA AGRESIMIDAD 479 cionadas con Ia agresividad? Las investigaciones Nevadas a cabo por Caprara y sus colaboradores (Caprara y otros, 1994) indican que si, En estos estudios —la mayoria de Jos cuales se realizaron en paises europeos como Iralia— Caprara y sus colaboradores vieron que varios rasgos, incluyendo la frritabitidad (tendencia a reaccionar impulsivamente 0 bruscamente incluso ante pe- quefias provocaciones), la reactividad emocional (tendencia a reaccionar de forma exagerada ante le frustracién} y la runsiacién (tendencia a pensar en las provocacio- nes y buscar venganza}, estaban relacionadas con la agresividad (Caprara, 1986, 1987) Estas caracteristicas, a su vez, estén muy vinculadas a dos aspectos de las «cin- co grandes» dimensiones de la personalidad: la cordialidad y la estabilidad emocio- nal. En otras palabras, las personas altamente irritables 0 reactivas emocionales tien- den a caer en el extremo hostil de In dimensién cordialidad —hostilidad, mientras que fos que presentan una alta rumiacién tienden a caer en el extremo inestable en la dimensién de la estabilidad emocional. Asi, en pocas palabras, la agresividad esta re- Iacionada con dos dimensiones basicas de la personalidad, las cuales también guar- dan relacién con otros muchos aspectos del comportamiento social. Ademés, estas dimensiones también estan relacionadas con nuestras propias experiencias con perso- nas altamente agvesivas: a menudo estas personas parecen ser desagradables, sospe- chosas y hostiles, asf como propensas a reaccionar emocionalmente, ¢ inestables. 2Existen realmente diferencias de género en la agresividad? :Son los hombres mds agresivos que las mujeres? El folklore afirma que si, y los re- sultados de investigaciones sugieren que, en este caso, esta observacién informal es correcta: los hombres suclen reconocer més participaciones en acciones violentas que las mujeres (Harris, 1994; véase Figura 11.7}. Sin embargo, en observaciones mds de- tenidas esta vision es més compleja. Por un lado, Jos hombres son mas propensos a llevar a cabo acciones agresivas 0 a servi de objetivo de dicho comportamiento (Bo- amemes i tenn | 25h QUE tA TUYA He > OS acre wary LAF SMG ee 1) ges Me ; yn Heole Diferencias de género en ia agresividad: mAs complejas de lo, que imaginas. Las inwvestigaciones indiean que, como pues ver los hombets tien més tendeacia a desareolar uaa agrsividad sica, “agresiéa verbal y fa indirecta, ‘Poeste:Reimpreso con armiso especial del King Teas Spite Sisi.embargo, las. mujeces suelen mostrar owas formas de agresividad, principalmente fa 480 PsicoLocia social, gard, 1990; Harris, 1992, 1994); aunque, como anotdbamos anteriormente, los inci- dentes por celos sexuales son una importante excepcién a esta regia (de Weerth y Kalma, 1993; Harris, 1994). Por otro lado, la magnitud de estas diferencias varia enormemente segiin la situacién. Primero, las diferencias de génezo en la agresividad son mayores en ausencia de provocacién que con ella, En otras palabras, si no hay provocacién, los hombres tie- nen més probabilidad de agredir a los demas que las mujeres (Bettencourt y Miller). Por contea, en situaciones en las que la provocacién esta presente, las diferencias de género se reducen e incluso desaparecen. Ademés, 1a magnitud —e incluso la direc- clén— de las diferencias de género varia enormemente segiin el tipo de agresividad. “Mientras que los hombres tienclen mas a la agresi6fisiea —golpes, pulictazos, pata- das, uso de armas— las mujeres son mas propensas a la agresion verbal y otras for- mas de agresividad indivecta. Ea efecto, las mujeres suelen desarrollar formas de agresividad que hacen que las victimas encnentren dificil identificar al agresor e in ccluso no se den cuenta de que son las victimas de ese comportamiento agresivo {Bjorkqvist, Lagerspetz y Kaukiainen, 1992). Entre los nifios, estas formas indirectas de agresidn incluyen decie mentiras o hacer correr rumores a espaldas de fa victima, convirtiendo al amigo en rival e ignor4ndolo. Las investigaciones indican que estas, diferencias segin el género estén presentes en los nifios a partir de los ocho afios y se incrementan hasta los quince (Bjorkqvist y otros, 1992). ¥ también persisten en fa edad adulta. De hecho, algunos hallazgos recientes (Bjorkqvist, Osterman y Hjelt- Back, 1994) se pueden interpretar sugiriendo que aunque los hombres incrementan el uso de formas indirectas de agresin a medida que maduran, las mujezes contindan eclipsindolos en este respecto. En resumen, en cuanto a la agresividad existen algunas diferencias entre hombres ¥ mujeres, pero son mas sutiles y complejas de fo que sugieren las observaciones i formales. Si esas diferencias exisien realmente, entonces Ja siguiente pregunta es: , y realizan este tipo de acciones cuando sus vidas personales son demasiado dolorosas para s0- portarlas: por ejemplo, cuando los negocios ilegales son descubiertos, o cuando han experimentado grandes fracasos. Cualquiera que sea el mévil del familicida, es real- mente un caso espantoso de agresién en el contexto de relaciones familiares intimas. rar Agresiones laborales: ‘Agresiones ocurridas en fos lugares de trabajo, LA acRESIVDAD 485 Violencia laboral: agresiones en el trabajo Newark, NiJ.—- Un empleado de correos ha confesado la matanza de dos de sus colegas habituales y de dos clientes denaro de una oficina de correos durante un robo para conseguir dinero. «Les ordens que se echaran al suelo y simplemente les dispard», dice el New Jersey U.S. Abogada Ruth Hochberg (Newsday, 12 de - marzo de 1995). Nueva York — Una joven trabajaba como operaria con un compatero que le pidis salir con ella repetidamente. Ella le dijo que no estaba interesada, y cuando al insistié, ella le dijo que parara la persecuci6n; él no ces6; entonces ella escribis, tina carta al jefe de planta diciendo que temia por su seguridad. Mientras el jefe aplazaba la decision, el hombre disparé y maté a la mujer delante de 125 empleados y luego se suicid, (Associated Press, 12 de junio de 1994.) Tnformes de incidentes como éstos han aparecido frecuentemente en los iltimos afios produciendo wna gran alarma social, y son un reflejo de una oleada creciente de violencia laboral. De hecho, una media de quince personas son asesinadas en el tra- bajo cada semana s6lo en los Estados Unidos, un total de mas de 7.600 desde inicios de los ochenta a principios de los noventa (National Institute for Ocupational Safety and Health, 1993). Durante 1992, el iltimo afio del que tenemos datos completos, ia oficina de estadisticas laborales informa que 1.004 empleados fueron asesinados en el trabajo (cantidad un tercio superior a la media de asesinatos cometidos durante la década de los ochenta), ‘Asi, estas estadisticas parecen sugerir que los puestos de trabajo se estén convir- ticndo ea sitios realmente violentos donde empleados insatisfechos se disparan 0 se atacan entre si, Debemos apuntar dos hechos importantes: (1) una gran parte de la violencia en los Iugares de trabajo ocurre en conexién con robos y crimenes relacio- rnados; esto generalmente no implica casos en los que empleados furiosos de repente abren fuego contra sus compafieros o supervisores; y (2) recientes encuestas indican, que las amenazas de dafios fisicos o las agresiones reales son bastante ratas: slo el 7 por ciento y el 3 por cieuto de los empleados de compafiias en una amplia escala de ‘encuestados (Northwestern National Life Insurance Company, 1993). ‘En resumen, una creciente evidencia sugiere que Ja violencia en los lugares de tra- bajo es un tema impoztante digno de ser estudiado cuidadosamente, pero que sdlo es la punta dramatica de un problema inmenso: las agresiones laborales (Newman & Baron, en prensa). En otras palabras, mientras algunos empleados son victimas de ataques asesinos, la gran mayorfa reciben formas de agresin menos draméticas (véa- s¢, e.g Bjorkqvist, Osterman, & Hjelt-Back, 1994). ¢Cémo es este tipo de agresién? Las investigaciones sugieren que es, en su mayoria, de naturaleza encubierta. En otras palabras, esta destinado a infligir dao intencionado a las victimas evitando que éstas identifiquen Ia fuente de agresi6n ¢ incluso que se den cuenta de que han sido victimas de un dao intencionado. Este tipo de agresién es la preferida por dos razones, Primera, en los lugares de trabajo hay muchos testigos posibles de los actos de agresién y, en gencral, éstos desaprueban este tipo de comportamiento. Las agre- siones encubiertas, desde luego, evitan estos problemas. Segundo, putsto que general- ‘mente en los lugares de trabajo los agresores tendran que colaborar en el fururo con las vietimas, prefieren las formas encubiertas de agresividad porque éstas reducen la probabilidad de que se tomen represalias. 486 Psicotocia sociaL Como es la agresién encubierta? El marco de trabajo desarrollado por Arnold Buss sugiere que tiende a ser verbal mas que fisica, pasiva mas que activa ¢ indivecta mas que directa. Las formas verbales de agresiéa implican un esfuerzo por éausar dafio a otros a través de palabras, mientras que las agresiones fisicas incluyen accio- res abiertas encaminadas a herir de alguna mancra a la victima, Las formas de agre- sién directa van dirigidas dicectamente a la victima, mientras que las formas indirec- tas se efectian a través de acciones de otras personas o a través de ataques a perso- nas u objetas valiosos para la victima (daitar a Ja familia, a los amigos o a los bienes; Lagerspetz y Bjorkqvist, 1994). Finalmente, las agcesiones activas producen daiios través de la realizacién de algunas acciones, mientras que las agresiones pasivas pro- ducen daitos a través de la ocultaciOn de algunas acciones, La Tabla 11.3 representa ejemplos de cada una de las ocho formas de agresién sugeridas por Buss (1961). Di- cha tabla indica que Jas agresiones encubiertas en el ambito laboral adquieren dife- rentes formes. Recientemente, Baron y Neurnan han probado que en los lugares de trabajo las agresiones verbales, las indirectas y las pasivas son més comunes que otros tipos de agresiones. Estos investigadores pidieron a estudiantes de empresariales avanzados que puntuaran (en una escala de cinco puntos} la frecuencia con la que habian sido testigos o habian experimentado cuarenta formas distintas de agresiéa, Estas formas Tipos de agresion a TEs: Ejemptos Verbal-Pasivarlndicecta Verbal-Pasiva-Directa Verbal-Activa-Indivecta Verbal-Activa-Directa Fisica-Pasiva-Tndirecta Fisica-Pasiva-Directa Fisien-Activa-Indieecta Fisica-Activa-Directa No negar rumores falsos sobre alguien. [No transmitir una informacién necesacia para aleanzar un objetivo. No devolver las Hamadas de las personas objetivo. Dar un tratamiento silencioso a alguien. Esparcir falsos rumores sobre alguien. Despreciac la opinién de Ja persona diana ante los demés. Gritag,insultar, dar voces Alardearse del status social o Ia autoridad: actnar con condescendencia y superioridad. Provocar retrasos en acciones importantes para las personas objetivo. No tomar las medidas que podrian proteger la seguridad y el bienestar del objetivo. Abandonar a propésito un area de trabajo cuando entra el objetivo. Reducir las oportunidades de expresarse de las personas diana (ponerlo al final de la lists en una sesion para que asi no tenga tiempo de hablar). Robar o destruir las propiedades del objetivo. Consume innecesariamente los recursos necesarios para el objetivo. Atague fisico (empujar, golpear). Gestos obscenos 0 negativos hacia alguien. ‘LA AGRESIVIDAD 487 fueron escogidas para representar las ocho combinaciones de agresin incluidas en el marco de trabajo de Buss. Como muestra la Figura 11.9, los resultados indicaron que Jos participantes en el estudio fueron testigos de agresiones verbales de forma mas frecuente que de agresiones fisicas. En conclusi6n, fueron testigos de agresiones pasi- vvas mas que de activas, e indirectas mas que de directas. Fste hecho apoyaba la idea de que muchas de Jas agresiones ocurridas en los lugares de trabajo son encubiertas ~ ds que de naturaleza abierta. 2Crecen las agresiones laborales?, y si erecen, por qué? El incremento de informes de los medios de comunicaciéa acerca de la violencia en los lugares de trabajo parece indicac que este tipo de comportamientos aumenta; grealmente es ast? ¢Qué hay acer- a del crecimiento de las agresiones taborales?, :también estén aumentando? Las pruebas existentes todavia no proporcionan respuestas claras a estas preguntas, pero e ats ase pod a deca el Las formas verhals de agcesin, Spedaine nfm aon | Pints sn ina 9p | i le esr © iB 271 2.65 251 [as ponnas fsicas de ages i 243 sspecialmente formas acivasy dcectas, 234 faeron estimadas como meuos fecoeni : 23 & 2a 202 134 1.94 2 174 Fr | 2 as : ‘Verbal Verbal- Verbal Verbal~ Fisica~ Fisica Fisica Fisica Activa Activa- Pasiva- Pasivas Activa~ Activa~ Pasivan Pasiva- Directs Indireeta Directa Indirecta Directa Indirecta Directa Indirecta Formas de agresion Nivel de frecuencia a 488 PsicoLocta sociaL arecen ser la base para indicar que este aumento ya ha ocurrido, o esté actualmente pasando. La base para esta sugerencia es sencilla: en los iltimos afios, muchas orga- nizaciones han experimentado cambios répidos, y algunos de esos cambios parecen ser los que pueden propiciar la plataforma para incrementar la agresividad, ya que generan condiciones que facilitan estos tipos de conducta, Entre los cambios mas im- portantes estin la reduccién de plantilla y los despidos, que han incrementado !a frustraci6n y Ja incertidumbre entre millones de empleados, y el aumento de la diver- sidad de la fuerza de trabajo, que oftece tierra féctil para la aparici6n de estereotipos negativos como los que vimos en el Capitulo 6, Ademés, a causa del recorte de pre- supuestos, las presentes condiciones fisicas de muchos trabajos han empeorado, ex- poniendo a muchos empleados a fuentes gencradoras de influencias negativas de ca- ricter medioambiental (Baron, 1994; Hammer & Champy, 1993). Juntos, estos cam- bios pueden haber creado condiciones que aumenten el comportamiento agresivo. Debemos afiadir que atin no hay prucbas concluyentes de que los cambios en los hu gates de trabajo produzcan dichos efectos, aunque en un estudio reciente (Baron & ‘Neuman, en prensa), la cantidad de ageesiones aportadas por los empleados estaba positivamente correlacionada con la magnitud de los cambios en su organizacidn. En cualquier caso, descubrir las causas de la violencia y la agresividad laboral es funda- mental, porque sélo cuando estos factores sean identificados podremos desarrollar procedimientos efectivos para prevenitlos y controlazlos. eCudles podrfan ser estos procedimientos? En la préxima seccién damos algunas ‘ideas para la prevencién y el control de las agresiones, Si hay una idea en este capitulo que esperamos que recuerdes en los préximos afios es ésta: la agresividad no es una forma de conducta inevitable o inalterable. Al contra-" rio, al ser consecuencia de una interaccién entre acontecimientos externos, cognicio- nes y caracteristicas personales, se puede prevenir o reducir. En esta wltima secci6n, consideraremos diversos procedimtientos que, cuando se usan de forma apropiada, pueden ser efectivos. El castigo: guna disuasién efectiva de la violencia? En el estado de Nueva York, donde vivo, una de las claves de la eleccin de goberna- dor en 1994 fue la pena capital o pena de muerte para algunos delitos violentos (véa- se Figura 11.10, pag, 489). El anterior gobernador Mario Cuomo estaba decidida- mente en contra de la pena capital; de hecho la prohibid durante doce afios seguidos. EI nuevo gobernador George Pataki, estaba a favor de ella y r4pidamente la firmé cuando pasé por la asamblea legislativa estatal. Aunque los dos gobernadores tenfan muchas razones para oponerse o favorecer la pena de muerte, una especialmente” recalcada durante las elecciones fue su posible valor como medida diswasoria. El go- : bernador Cuomo crefa que fa pena capital no podria disuadir a los delincuentes de realizar actos agresivos, mientras que el gobernador Pataki pensaba que podrfa fun- cionas. Como explicaremos a continuaci6n, éste es un tema complejo, y las pruebas (Castigo: Contrapartida | de consecuenciss adversas para disminuir algnna candocta LA AGRESIVIDAD 489 relativas a ello son variadas. De este modo, no podemos esperar resolverlo en este ca- pitulo (Baron & Richardson, 1994). Lo que podemos hacer, como siempre, es desta- car algunos factores pertinéntes sobre el uso del castigo —contrapartida de conse- cuencia adversas para reducir algunos comportamientos— como una técnica para re- ducir la ageesién. Primero, deberiamos apuntar que existen pruebas que llevan a Ja conclusién de que el castigo puede resultar efectivo a la hora de disuadir a los individuos de desa- 490 PsicoLocia socta. Hipétesis de Ia eatarsist “Teoria que dice que #1 las personas enfadadas pueden xpress impulsos ageesivos de forma relaivamente segura, serin menos ropenos a desarraller comporramientos mas agresivos. rrollar determinadas formas de condueta. Sin embargo, estos efectos no son ni auto- miticos ni seguros. A menos que el castigo sea aplicado de acuerdo a unos principios basicos, puede resultar totalmente ineficiente. Qué condiciones se deben cumplir para que el castigo sca efectivo? Primero, debe ser inmediato, es decis, debe seguir a Jas acciones agresivas tan rapido como sea posible. Segundo, debe ser cierto: la pro- babilidad de que el castigo siga a Ja agresién debe ser de un cien pot cien. Tercero, debe ser estricta, es decit debe ser de suficiente magnitud como para que resulte alta mente desagradable para los posibles destinatarios, Finalmente, debe ser visto como justificado; si, por el contrario, es percibido por los destinatarios como un hecho ale- atorio 0 no relacionado con sus acciones pasadas, sus efectos disuasorios s¢ ¥en enor- memente reducidos, Desafortunadamente, como puedes ves, estas condiciones a menudo xo estén pre- seates en los sistemas de justicia criminal de muchas naciones. En muchas sociedades, Ja aplicacién de un castigo por acciones agresivas es demorada durante meses o in- cluso afios; muchos criminales se salvan del arresto y de la condena; la magnitud del castigo varia dependiendo del tribunal o de la jurisdiccidn, entce otros factores; y el castigo es a menudo percibido como injustificado o injusto por los que lo reciben. Teniendo en cuenta todos estos factores, no es de extrafiar que el castigo pueda pare- cer un medio ineficaz de disuasién de la violencia. 2Podria resultar efectivo como di- * suasor si fuera usado eficientemente? Si bien no podemos asegurarlo, las pruebas in- dican que si setia posible, siempre y cuando fueran usados de acuerdo con los princi- pios sefialados anteriormente, Ahora, antes de concluir, volvamos al tema de la pena capital. Dejando a un lado las considesaciones éticas que puedan surgir, cabe preguntarse: 2Es ésta una disuaso- a efectiva de los crimenes violentos? Como de costumbre, nosotros lo dudamos. Son tan pocas las ejecuciones, que todo el mundo, criminales potenciales incluidos, se da cuenta de que la probabilidad de correr esta suerte es précticamente inexistente. Bajo estas condiciones es dificil cuantificar la eficacia de dicha medida, Pero puede haber otra justificacién para este castigo, raramente tenida en cuenta en los debates sobre este tema. Aunque la pena capital no disuada a fos demas de llevar a cabo actuacio- nes agtesivas, evita de hecho que quien la recibe dafie a otras victimas indefensas. Ello es relevante ya que, mal que nos pese, muchos crimenes son cometidos por de- lincuentes reincidentes, es decir, personas que habfan sido condenadas por crimenes anteriores y que ahora estén de nuevo en fa calle. Cabe aiadir que todas las formas de castigo, y en especial la pena capital, levantan importantes cuestiones éticas que ni” nosotros ni otros psicélogos podemos solucionar. Sin embargo, ante la creciente esca- Jada de violencia en tos Estados Unidos y en otras partes, cabe considerar y analizar’ detenidamente cualquier medio disponible que permita proteger victimas inocentes, Catarsis: gayuda realmente el sacarlo fuera de tu interior? Cuando era nifio, mi abuela, para suavizar mis rabietas acostumbraba a hacerme el siguiente comentatio: «jEso es, Bobby, desahdgate... no te guardes nada dentro o te hard poner enfermo!» Sin duda, ella creia en la hipétesis de la catarsis: la idea de que sila gente da rienda suelta a su célera y hostilidad bajo formas relativamente poco, perjudiciales, se puede ver reducida su predisposicida a adoptar comportamientas més agresivos (Dollard y otcos, 1939). 3 La acRestvipaD 491. GBs esto realmente cierto? Las pruebas existentes muestran un panorama vario- pinto (Feshbach, 1984; Green, 1991), Por un lado, la participacién en actividades que no son peligrosas para los demas (actividades deportivas vigorosas, atacar una foto de nuestro mayor enemigo, gritar obscenidades dentro de una habitacién vacia) puede reducir las explosiones emocionales derivadas de Ia frustracién y de la provo- cacién (Zillmann, 1979). Pero, desafortunadamente, estos efectos parecen ser tempo- rales, Las explosiones emocionales por provocacién pueden reaparecer tan pronto como el individuo piense de nuevo en los incidentes que le hicieron enfurecer (Capra- ra, 1994; Zillmann, 1988), {Qué hay de la idea de que realizando acciones agresivas «seguras» se reduce la probabilidad de desarrollar formas mas dafiinas de agresiOn? En este sentido los re- sultados son atin menos esperanzadores. Parece ser que la agresividad no se reduce ai (4) mirando escenas de peliculas violentas en la televisién (Green, 1978), ni (2) ata- cando objetos inanimados (Mallick & MeCandiless, 1966), ni agrediendo verbalmen- te a otros, Mas atin, algunas prucbas muestran que estas actividades pueden poten ciar dicha agresividad. Resumiiendo, en contra de la creencia popular, fa catarsis no parece ser un medio muy efectivo para reducir la agresividad. Participar en formas «segnras» de agresi6n. fo simplemente en actividades vigorosas y enérgicas puede producir reducciones tem- porales de la excitacién; pero los sentimientos de ira pueden rdpidamente volver cuando el individuo encuentre, o simplemente piense, en las personas que previamen- te le enojaron, Por esta razén, Ia catazsis puede ser menos efectiva en la reduccién de Ia agresividad de lo que se pensaba. Intervenciones cognitivas: disculpas y superacién de déficits cognitivos ‘Vamos a volver una vez més a nuestro ejemplo del carrito de la compra. Esta vez imagina que inmediatamente después de chocar contigo, el otro cliente se disculpa de forma educada. «jPerdéneme!», dice claramente contrariado. «Esta usted herido? jLo siento mucho!» ze enfadarias? Probablemente no. Su disculpa, la admision de tun hecho erréneo, més una peticién de perdén conseguirdn detener tu reaccién emo- cional. Desde Inego, tus reacciones dependersn fuertemente de la naturaleza de sus excusas y de la apatente sincetidad de sus disculpas. Los hallazgos en las investiga ciones indican que las excusas relativas a causas mds alld del contro! de la persona que se excusa son mucho mas efectivas que las que se refieren a causas que estan bajo su propio contro! (Weiner, 1987). Y nosotros probablementc tendemos a eno jarnos menos cuando las disculpas parecen ser sinceras que cuando pazecen ser una tentativa de encubrir una intencién maliciosa (Baron, 1989; Ohbuchi, Kameda y ‘Agarie, 1989). Ast, canto excusas como disculpas pueden resultar efectivas como es trategias cognitivas para reducir la agresividad. Otra técnica cognitiva es le relativa al concepto de déficit cognitivo, vista ante- riormente, Como recordards, ello hace referencia al hecho de que cuando estamos muy enfadados, nuestra habilidad para evaluar las consecuencias de nuestras propias acciones puede verse reducida, En consecuencia, la eficacia de ciertos mecanismos de contencién de la agresividad (por ejemplo el temor a las represalias) se puede ver re- ducida. Cualquier procedimiento que sirva para superar este déficit cognitive puede ayudar a reducir la agresividad (Zillmann, 1993). Una de las técnicas incluye la prea- 492 Psicoocia social tribucidn o atribuir acciones molestas de otros a causas inintencionadas antes de que ‘ocurra la provocacién. Por ejemplo, antes de encontrarnos con alguien que conside- sas puede hacerte irritar, podrias hacerte a la idea que ella 0 él no tiene intencién de hacerte enfadar; es slo su manera de ser, poco afortunada. Ota técnica se basa en evitar pensar en errores previos reales o imaginarios (Zillmann, 1993). Fllo puede lo. grarse a través de la participacién activa en actividades agradables, tales como ve tuna pelicula divertida o un programa de televisiOn o resolver un puzzle, Estas activi- dades son apropiadas para perfodos de pérdida de entusiasmo, durante los cuales la cGlera se puede disipar, y también ayudan a restablecer los controles cognitivos sobre - la conducta, es decit, los controles que juegan un papel clave en inhibir Ja agresi- vidad. Otras técnicas para reducir Ja agresividad: exposicién a modelos no agresivos, entrenamiento en habilidades sociales y respuestas incompatibles Muchas otras técnicas han sido sugeridas para reducic la agresividad. Aqui, conside- raremos brevemente tres que parecen ser bastante efectivas. Exposicién a modelos no agresivos: el contagio de fa moderacién. Si le exposicién a acciones agresivas en peliculas o én la televisi6n puede incrementar la agresividad, podria suponerse que la exposici6n a acciones no agresivas provocaria el efecto con trario. De hecho, los resultados de diversos estudios indican que esto es asi (Baron, 1972; Donnerstein & Donerstein, 1976), Estos hallazgos sugieren que puede resultar Stil establecer modelos no agresivos en situaciones tensas y potencialmente peligro- sas. Su presencia puede servir para decantar la balanza en contta de la violencia, Entrenamiento en conductas sociales: aprender a convivir con otros. Una razén de por qué muchas personas se ven envueltas en encuentros agresivos es que carecen de las habilidades sociales basicas. No saben cémo reaccionar a las provocaciones de los otros, incapaces de calmarlos en vez de isritarlos. Del mismo modo, desconocen la ‘manera de comunicar a los demés sus propios deseos, lo que deriva en una creciente frustracién cuando dichos deseos no sori tomados en cuenta. Estas personas que ca- recen de habilidades sociales basicas parecen ser Jas responsables de una elevada pro- porci6n de la violencia generada en muchas sociedades (Toch, 1985). De este modo, ° dotando a estos individuos de dichas habilidades sociales, se podria llegar a reducic fa incidencia de la agresividad, Afortunadamente, existen procedimientos sistemsticos no muy complejos para ensefiar a estos individuos este tipo de habilidades. Por ejemplo, adultos y nizios pue- | den rdpidamente mejorar su conducta social observando los modelos sociales: gente que manifiesta tanto comportamientos efectivos como no efectivos (Schneider, 1991). Mas ain, estas mejoras se pueden obtener con sélo unas pocas horas de entrena- miento (Bienert & Schneider, 1993). Estos hallazgos sieven para subrayar los siguien- | tes puntos: (1) personas altamente agresivas —nifios © adultos— no son necesaria- mente individuos «malos» que atacan a los demas a causa de impulsos hostiles ¢ controlables; (2) su agresividad a menudo proviene de una carencia de habilidades sociales basicas y (3) estas deficiencias se pueden superar répidamente. Respucttas ingompatibles: En rolaciGn a La agresividad, son respoestes incompatibles con la clera 0 la agresividad contra los dem Laacrestvipap 493 Respuestas incompatibles: el afecto positive como medio de reduccién del enfado. Supén que estas en una situacién en la que notas que te stds enfadando, y de repen- te, alguien cuenta una broma que te hace reft. :Seguirias enfadado? go seria mas pro- able que te calmases? Son muchas las pruebas que indican que tu isa, y los senti- mientos positivos asociados a ella, bien deberfan ayudarte a contrarrestar la cOlera y la agresividad (véase Figura 11.11; Baron, 1993). Esto es asi porque cs extremada- mente dificil, si no imposible, simultanear dos respuestas incompatibles 0 experimen- tar dos estados emocionaies incompatibles al mismo tiempo, ¢Qué estimulos o experiencias son incompatibles con la agresividad? Los resulta- dos de investigaciones indican que el humor, la excitacion sexual Jeve y los sentimien- tos de empatia hacia la victima son efectivos a la hora de reducir la agresividad (Ba- ron, 1983, 1993). Por ejemplo, consideremos un estudio reciente en los efectos agre- sividad-inhibicién de la empatia desarrollado por Richardson y sus colegas (Richardson y otros, 1994). Estos investigadores disponian de un grupo de universi- tarios varones participando ea un trabajo de tiempo de reaccién competitive como el visto anteriormente, en el que la persona que mas tarda en responder recibe una des- carga elécrrica de su adversario, Previamemte, se pidié a la mitad de tos participantes, que intentasen comprender c6mo se sentia su contrincante en cada prucba; a los otros no se les dieran estas indicaciones, Los resultados mostraron que, como se es- peraba, los que recibieon estas instrucciones propinaban descargas més débiles a sus oponentes, Por tanto, como predijimos, la empatia hacia la victima potencial sirvi6 efectivamente para reducir la agresividad, Estos hallazgos, junto a los de otros mu- 494° PsicOLostA sociat chos estudios (Baron, 1993), sugieren que cuando se induce a las personas enfadadas 3 experimentar sentimientos 0 emociones incompatibles con fa agresividad, su ten dencia a tomar parte en agresiones se reduce. Por tanto, las respuestas incompatibles también pueden ser ttiles como estrategia para reducir la agresividad. Al iniciac este capitulo, nos referimos al hecho de que los niveles de agresividad varian enormemente en funcién de las diferentes cultucas. Esta conclu- sin esta sostenida por muchos estudios en Ios que se compara la frecuencia de varias formas de agresi- vidad, por ejemplo, fisicas y verbales, en distintas culturas (Huesmann & Eron, 1986; Frackek, 1985). En uno de estos estudios, por ejemplo, se examina- on los niveles de agresividad de 137 sociedades di- ferentes (Burbank, 1987), y los hallazgos indicaron que verdaderamente existen enormes diferencias. No sorprende que estas diferencias se den entre los adultos, en los que se han centrado la mayoria de estos estudios. Cuando llegan a la edad adulta, estos individuos han estado inmersos en las normas de su cultura durante muchos afios y han tenido mucho tiempo para aprender lo que dice su cultura acerca de la agresividad: cuando es apropiada, qué formas deberia tomar, quiénes son los. objetivos apropiados. Pero, gqué hay respecto a los nifios?, gadoptan esas normas y valores culturales incluso en ‘edades tan tempranas? Un estudio reciente llevado a cabo por Ostermann y sus colegas (Ostermann, 1994) sugiere que si. En este estudio, los investigadores analizaroa la incidencia de tres tipos de agresién (verbal, fisica e indiresta) entre niffios de ocho ais de distintas cul- turas y grupos étmicos. Los grupos inclufan nifios de Polonia, dos grupos de Finlandia (cuyo idioma era el finlandés o el sueco), y dos grupos de los Estados Unidos (afroamericanos y nitios del Céucaso). Algu- nos cientos de nifios fueron entrevistados individual- mente, y los investigadores les hicieron una serie de “ preguntas sobre las agresiones fisica, verbal e indi- recta. Por ejemplo: Quién pega cuando se pelea con otros? (fisica). Quién grita cuando se enfada con alguien? (verbal). Quién cuenta historias falsas de los que Je han hecho enfadar? (indirecta). Ademés, también se preguntd a los nifios con qué frecuencia las personas nombradas desarrollaban ese compor- tamiento. Les mostraron fotografias de todos los es- tudiantes de su clase mientras hacian estas pregun- tas y contestaban sefialando las personas adecuadas, "= Su propia fotografia estaba incluida, asi que podian nombrarse incluso a ellos mismos. Los resultados indicaron que existen grandes di- ferencias entre los grupos estudiados. Como puedes ver en la Figura 11.12, los jévenes afroamericanos destacan como los més agresivos, seguidos por los nifios céucaso-americanos. Este modelo era cierto tanto pata las meras estimaciones de agresividad (la media dada a cada chico por sus compafieros de cla- se) como para las autoestimaciones (cuando los ai- Pn rs La AcrEsivipan ‘495 fios se nombraban y se evaluaban a ellos mmismos). Un hallazgo adicional de interés era que en todas las culturas los nifios puntuaban a los demas como més agresivos que ellos mismos. En otras palabras, mos- ~ traban la pica tendencia atributiva interesada que vimos en el Capitulo 2: la tendencia a atribuir accig- nes negativas a los dems y acciones positivas a uno mismo. teed icon [Ef Meas gi vven en USA Finlandeseslsuecos Finlandeses Los nios afroamericanos ‘eran los mis agresivos “Hereroevaluaciones “Medid (autoevainaciones o evaluacién externa)

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