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DE HUSSERL A HEIDEGGER ORNL ay pensamiento fenomenolégico Josep Maria Bech Filosofia 9 @ TACO tp) E UNIVERSITAT DE by De Husserl a Heidegger La transformacién del pensamiento fenomenolégico Josep Maria Bech @ E EDICIONS © BARCELONA Be BIBLIOTECA DE LA UNIVERSITAT DE BARCELONA. Dades catalografiques Bech, Josep M. De Husserl a Heidegger : la transformacién del pensamiento Fenomenolégico. ~ (Filosofia ; 9) Referéncies bibliografiques. Indexs ISBN: 84-8338-276-8 1. Titol Il, Colleccié: Filosofia (Universitat de Barcelona) ; 9 1. Husserl, Edmund, 1859-1938 2. Heidegger, Martin, 1889-1976 3. Fenomenologia 4. S. XX © EDICIONS DE LA UNIVERSITAT DE BARCELONA, 2001 Balmes, 25; 08007 Barcelona; Tel. 93 403 55 30; Fax 93 403 55 31 eub@org.ub.es; www.ub.es/edicions/eub.hem Produccin: Publicacions de la Universitat de Barcelona Impresion: Grafiques 92 Depésito Legal: B. 34.696 - 2001 ISBN: 84-8338-276-8 Impreso en Espanya / Printed in Spain Una versién alterada de los capitulos 9 y 14 fue publicada en los niimeros 11 y 13, respectivamente, de la revista CONVIVIUM. La amabilidad de sus ditectores ha hecho posible la inclusi6n de di- hos textos en la presente obra Esta obra ha sido publicada con la ayuda de la Direccién del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Educacién y Cultura, ‘Queda rigurosamente prohibida la reproduccién total o parcial de esta obra. Ninguna parte de esta publicaci6n, incluido el disefio de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada, trasmitida o uti- lizada para ningtin tipo de medio o sistema, sin la autorizacién previa por escrito del editor. ala meva filla Laura Indice 1. Introduccién. La fenomenologia ...........0++055 15 1.1. El movimiento fenomenolégico ...........0005 15 1.2. Compromiso mundano y subjetividad transcendental . 22 1.3. El punto de partida de la fenomenologia .......... 34 1.4. De la fenomenologia de la significacién a la fenomenologia genética . 43 1.4.1. La dialéctica del sentido y la presencia . 44 1.4.2. La primacta de la percepcién . . 47 1.4.3. La epojé y las reducciones ... 52 1.4.4. Egologfa y andlisis de la constitucién . . 56 1.5. De la «vida de la conciencia» a la «comprensién CS ES 58 1.5.1. La primacfa ontolégica de lo histérico . . . 66 1.5.2. La comprensién originaria de losentes...... 71 1.5.3. El ser expone su propio encubrimiento ..... 16 1.6. Historia del sentido y ciencia universal de laraz6n .. 86 2. Las formas de la primordialidad fenomenolégica .... 99 2.1. La cuestionable preponderancia de la reducci6n fenomenol6gica ...... 6. eee e eee eee eens 99 2.2. La insostenible primordialidad de la «metodologia de la inmediatez» 105 2.3. UEs posible intuir sin comprender? 109 2.4. Especular es inevitable porque no es posible limitarse adescribir.... 6... e ccc e eee cece e eee eens 113 2.5. Objeto representado contra sujeto representador.. 117 2.6. Las insuficiencias de la tematizacién fenomenoldgica: conceptos tematicos y conceptos operativos ..... 2.7. La tensi6n entre lo tematico y lo operativo como tema fenomenoldgico ..........00.0005 2.8. La insatisfactoria tematizaci6n fenomenoldgica de lo operativo 6.6... eee eee eee eee eee 2.9. Constituci6n mundana y constitucién transcendental 3. La justificacién transcendental en fenomenologia . . . . 3.1. Continuidad formal y discontinuidad metodolégica . . 3.2. El ambiguo transcendentalismo de Husserl ..... . 3.2.1. Evidencia absoluta e intuicién inmediata . . 3.2.2. La promiscuidad de critica e idealismo .... 3.2.3, iLa raz6n fenomenol6gica es una raz6n abierta? 3.3. El transcendentalismo de la ontologfa fundamental 3.3.1. El sentido del ser y el metatranscendentalismo 3.3.2. La recfproca remisién de principio y fundamento ........ cc cece eee eee 3.3.3. El transcendentalismo circular de Heidegger . 3.3.4. Comprensién ontolégica y comprensi6n hermenéutica 6.0... ese eee cence eee 4. Estructura intencional y tiempo fundamentador .. . . . 4.1. La dimensién temporal y la estructura teleolégica de la conciencia .... 66.0... ee eee eee eee ee 4.2. Intenci6n e intencionalidad: la remisién alaevidencia ... 6.6... cece eee eee eee 4.3. La vida intencional de la conciencia como teleologia 4.4. La necesaria autoexpropiacién del sujeto del conocimiento 4.5. Intencionalidad contra transcendencia .. 4.6. Presente primordial y futuro originario: las insuficiencias de la teoria fenomenol6gica del tiempo... 0... cece cece eee eee ences 8 + De Husserl a Heidenger 121 126 129 134 137 137 141 144 147 149 152 156 160 163 166 169 169 172 177 181 186 188 4.7. 48. EI posibilismo del Dasein y la temporalidad auténtica El futuro como fenémeno primordial del tiempo originerio aiiee tH ee eee . Comprender e interpretar en fenomenologia ....... 5.1. 5.2. 5.3. 5.4. 5.5. El compromiso de la fenomenologia con la explicitaciOn «6.6.6 cece eee e eee 5.1.1. Programa descriptivo y solicitacién interpretativa 5.1.2. Explicitaci6én y transcendencia 5.1.3. (Una fenomenologia hermenéutica’ i 5.1.4. Motivacién filoséfica y libertad hermenéutica La dimensién hermenéutica de la ontologia fundamental .......-. arent ea 5.2.1. El circulo hermenéutico y su problemética . 5.2.2. Los «en-tanto-que» apofantico y hermeneutico La fenomenologia y el lenguaje: el problema del sentido antepredicativo ........ La imprecisién terminolégica de Husser!: iuna «enfermedad infantil» de la fenomenologfa? . . El surgimiento paralelo del lenguaje y del sentido: el problema del sentido preexistente ..........+ El pensamiento fenomenolégico y el problema de la verdad 6.1. 6.2. 6.3. 6.4. 65. La verdad segin la fenomenologta El car4cter no revisable de la verdad fenomenoldgica ....... 0... cece eee eee La verdad como Erschlossenheit...........+4++ EI principium principiorum de la intuitividad presentificadora, y el concepto de verdad como autodonaci6n .... 2.6... eee eee eee eee La critica de la verdad fenomenolégica ......... 190 194 201 201 203 206 210 213 215 219 221 225 228 Indice + 9 6.6. La revision heideggeriana del concepto de donacién 251 6.7. Reducci6n transcendental y verdad del ser ...... 254 6.8. La verdad como intuicién no desmentida ....... 257 7. La vocacién adversativa de la verdad heideggeriana .. 263 7.1. La critica al autoconfinamiento en la donacién ... 263 7,2. La enigmética posibilidad del error 267 7.3. El cardcter veritativo del ser ...... 270 7.4. La plasticidad radical de la Erschlossenheit . 273 7.5. La tendencia encubridora de la verdad ... 276 7.6. El interés del Dasein en la no-verdad: des-encubrimiento, inautenticidad, autoencubrimiento 278 7.7. Una verdad de disposici6n adversativa ......... 284 7.8. iPor qué es fundamental el interés por la verdad? . 291 8. Las consecuencias metodolégicas de la «cuestién Ce 297 8.1. Fundamentalismo y transcendentalismo: los modos de la conciencia como modos de la objetividad . 297 8.2. Heidegger y las cuestiones de método 302 8.2.1. Acceder metédicamente al ser es comprenderlo finitamente . 304 8.2.2. La metodologfa inexplicita de ‘Ser y tiempo. 306 8.2.3. El «dispositivo transcendental» heideggeriano 309 8.3. La btisqueda heideggeriana de un fundamento GItIMO eee eee cee ee ees 311 8.3.1. La funci6n «anticircular» del Dasein ..... 314 8.3.2. La conciliacién de método e inmediatez... 316 8.3.3. El carécter mediato de la autodonacién del fenémeno . . 320 327 10 * De Husserl a Heidegger 10. 11. 9.1. 9.2. 93. 9.4, 9.5. 9.6. 9.7. 9.8. 9.9. 9.10. La fenomenologfa del Dasein como hermenéutica La peculiaridad metodolégica de Heidegger ... . Transcendentalismo y hermenéutica ......... El sentido del ser como constituyente universal . La tesis de que el método nunca puede ser neutro Un caso de ambigiiedad metodolégica ....... El sentido del ser como horizonte de automostracién La verdad del ser condiciona la automostraci6n delente .. 6... cece eee eect eee e eens El «fenémeno» como antitesis de la autodonacién Constitucié6n originaria y sentido del ser: ipor qué constituye la conciencia? .......... Conciencia intencional y experiencia del ser ...... 10.1. 10.2. 10.3. 10.4. La indiferencia ontolégica de la fenomenologia . 10.1.1. El «ser absoluto» de la conciencia pura . La diferencia ontolégica como articulacién 10.2.1. Las formas que reviste la precedencia 0S FS 10.2.2. El Dasein como ente «ejemplar» . . El alcance ontolégico del Dasein . . 10.3.1. Existencia y subsistencia ....... 10.3.2. La.primacfa de lo existente sobre lo subsistente ....... 0.0.0 e eee La degradacién progresiva de la diferencia ontolégica 6.6... e sce e eee cece eee e ene 10.4.1. Las consecuencias extradnticas de la finitud ...... 0. cece eee eee 10.4.2. La finitud como origen de la experiencia el series ctrissatres ona soca ect Presencia fenoménica y automostracién primordial . ILL Intuicién sensible e intuicién categorial....... 327 330 334 341 343 345 348 351 355 359 363 363 365 369 373 376 380 383 399 399 Indice * 11 12. 13. 11.1.1. La presentificacién del ser en la intuici6n categorial 6... .....0005 acta letectte 401 11.1.2. Presencia fenoménica y autodonacién del ser .. + 403 11.2. La primacfa ontolégica de la presencia ....... 406 11.2.1. Los efectos presentificadores de la intuici6n ... 6. eee eee ee eee 408 ‘11.2.2. Mirada natural y mirada fenomenolégica 410 11.2.3. El vinculo entre donacién y presencia.. 412 11.2.4. Una ontologia antimetafisica y antipresencialista ........++..005 415 11.3. Husserl, Heidegger y el fundamento de la automostraci6n ........ + esse erences 417 El vinculo mundano y los efectos de la finitud .. . . . 429 12.1. El mundo como principio y como fundamen a vertiente mundana del sujeto ..........++ 429 12.2. El mundo como entidad subjetiva ........... 434 12.3. Manifestaci6n determinable y proyecto abierto . 437 12.4. Presencia, intencionalidad, transcendencia .... 441 12.5. El pars pro toto y la categoria ontolégica de la posibilidad .......... 0 ce eeeeeeeee 443 12.6. Las consecuencias epistemolégicas del infinitismo 448 12.7. Intuici6n y receptividad ....... 0.60. eee 450 12.8. Las carencias congénitas del finitismo ........ 454 12.9. Transcendencia, derelicci6n y manifestidad .... 458 Facticidad primordial y constitucién originaria ..... 463 13.1. La insistencia en la primordialidad de lo factico .. 463 13.2. Facticidad y finitismo ...............00005 466 13.3. Ontologismo y finitismo en el pensamiento de Heidegger 470 13.4. La finitud como condicién para la diferencia ontolégica 62... cece cece e cece eee eee 473 12 © De Husserl a Heidegger 13.5. Facticidad y actitud teérica: sujeto y objeto en fenomenologia .......0seeeeeeeeeneeee 477 13.6. La teoria fenomenolégica de la reflexién 13.7. El subrepticio antiteoricismo de Husserl 13.8. El problema de la autoconstituci6n del sujeto .. 487 13.9. La conciencia pura como esfera de posicién absoluta 66.6... cece eee e eee eee e nes 490 14. Temporalidad finita y diferencia ontolégica ....... 495 14.1. La Zeitlichkeit como condicién para comprender OL ser ec ccc eee e eee n eee eereeerace 495 14.1.1, El carécter ontol6gico de la temporalidad finita oe cece eee cece eee eee eee 498 14.1.2. La recfproca posibilitaci6n de temporalidad y diferencia ontolégica . 502 14.2. El horizonte finito de la comprensién del ser... 508 14.2.1. La parad6jica fundamentacién del ser por elente 6... eee cece cece cence eee 510 14.2.2. La diferencia como lo finitamente primigenio 6.0.0... .00eeeeeeeee 512 14.2.3. El cfrculo hermenéutico y la hegemonfa del ser... c eee e cece cece eens 514 14.2.4. La temporalidad expresa la peculiaridad ontolégica del Dasein ........ toons SID indice de autores Indice de materias. 00.0... 0. cece cesses eee ee ee 1. Introduccién. La fenomenologia 1.1. El movimiento fenomenoldgico Es notorio que la denominacién «movimiento fenomenolégico»! fue acufiada para designar una escuela filoséfica cuyos fundadores profesaron en diversas universidades centroeuropeas, principalmente en Géttingen y en Munich, durante las dos primeras décadas del pre- sente siglo. En el perfodo de entreguerras la influencia del pensa- miento fenomenolégico se fue extendiendo por Occidente, y en las décadas de los afios cuarenta y cincuenta alcanz6 su m4xima expan- sién en la Europa continental, donde la fenomenologia se convirtié en la filosofia hegeménica con pensadores del rango de Jean-Paul Sar- tre, Maurice Merleau-Ponty, Jan Patotka y Enzo Paci. En los paises de habla germénica, el grupo de filésofos que desde principios de siglo habfa impulsado la doctrina, se hizo cargo de la publicaci6én, mante- nida hasta 1930, de un anuario dedicado a los estudios fenomenolé- gicos que tenfa por titulo Jahrbuch fiir Philosophie und phaénomenologi- 1. En la bibliografia dedicada a los aspectos globales del movimiento feno- menoldgico merecen ser destacadas las obras siguientes: Herbert Spiegelberg, The phenomenological movement (Phaenomenologica 5/6), La Haya 1976, 2. ed.; Ju- lius Kraft, Vor Husserl 2u Heidegger, Hamburgo 1977, 3. ed. Friedrich-Wilhelm von Herrmann, Der Begriff der Phiinomenolagie bei Heidegger und Husserl, Frank- fart a, M. 1981; Walter Del-Negro, «Von Brentano iiber Husserl zu Heidegger», en: Zeitschrift fiir philosophische Forschung 7 (1953), pp. 571-585; Richard L. Schacht, «Husserlian and Heideggerian Phenomenologics», en: Philosophical Stu- dies 23 (1972), pp. 293-314; Frank J. Smith, «Being and Subjectivity: Heidegger and Husserl», en: Phenomenology in Perspective, ed. por EJ. Smith, La Haya 1970, pp. 212-221. Introduccidn. La fenomenolagla * 15 sche Forschung («Anuario para la filosofia y para la investigacién feno- menolégica») y que fue dirigido por Edmund Husserl, el mds original de los fenomenélogos y el indiscutido progenitor de la doctrina. Tam- bien participaron en la edicién del Jahrbuch otros fenomendlogos cé- lebres, entre los que destacan Alexander Pfander, Oscar Becker, Max Scheler y, sobre todo, Martin Heidegger. La inclusi6n de Heidegger en el movimiento fenomenoldgico debe ir acompajiada de ciertas matizaciones. A pesar de que Sein und Zeit (Ser y Tiempo), la obra mas célebre de este pensador, fue inicial- mente publicada en el Jahrbuch editado por Husserl, la «primera» fi- losofia de Heidegger, o sea la doctrina que este autor denominé «on- tologia fundamental», mantiene una ambigua relacién con la escuela de pensamiento que impulsaba Husserl. Los antagonismos entre am- bas doctrinas coexisten con las afinidades, y en este complejo hori- zonte aparecen algunos de los temas més relevantes de la filosofia de nuestro tiempo. Sobre todo, los vinculos entre ambos modos de pen- samiento, formados por desacuerdos y por coincidencias de una dramética complejidad, ayudan a entender los avatares del movi- miento fenomenolégico a lo largo del siglo XX. En relacién con la obra de Husserl conviene sefialar, ante todo, que radicaliza la tradicién cartesiana hasta el punto de encarnar con nitidez el paradigma del sujeto reflexivo y auténomo. Los temas del pensamiento moderno asociades a la subjetividad autorreferente que Descartes puso al descubiertd, en efecto, son preponderantes en la doctrina fenomenolégica. En ésta parecen haberse dado cita las pre- ocupaciones esenciales de la Edad Moderna: subjetividad como fun- damento, transcendentalismo como voluntad de limites, idealismo como espontaneidad enaltecida, autorreferencia como pretensién de absoluto, presencia del yo ante s{ mismo como punto de partida in- soslayable, temporalidad como efecto de la reflexién fundamental. Todos estos impulsos de pensamiento, desde luego, parecen tener un lugar preponderante en el entramado meditativo de la fenomeno- logfa. Y coexisten en la obra de Husserl con una voluntad de depu- raci6n que denuncia como «metafisica degenerada» toda reticencia 16 * De Huserl a Heidegger ante la tnica idealidad que este autor considera auténtica: aquella que puede ser indefinidamente recapitulada sin que la identidad de su (auto)presencia sufra menoscabo alguno. Por medio de una cuidado- sa combinacién de lealtades y de intransigencias, Husserl organiza un caleidoscopio gnoseolégico que compendia los principales temas fi- loséficos de la modernidad y en el que la subjetividad autorreferente es hegeménica. Si en la obra de Husserl culmina el paradigma reflexivo tradi- cional, también contiene indicios de que la subjetividad que insiste en tematizarse a s{ misma se encuentra abocada a un colapso no leja- no. El modo de pensar que se fundamentaba en el sujeto autorrefe- Tente, en efecto, empez6 a cuartearse ya en vida del propio Husserl, iniciéndose asi un proceso de disgregacién que se ha prolongado has- ta nuestros dias. Este desmoronamiento comenz6 en la década de 1920, aproximadamente diez afios después del «giro transcendental» husserliano de 1913 que va a ser glosado a lo largo de la presente obra, y coincidiendo con la aparicién de una actitud de suspicacia que iba a durar bastantes décadas y cuyas consecuencias han marca- do las maneras de pensar de nuestro tiempo. En la época menciona- da, efectivamente, se advirtieron los primeros indicios de desasosiego ante el predominio de la subjetividad reflexiva. Comenzé a difundir- se en el dmbito filoséfico cierta impaciencia ante el paradigma mo- derno, y al cabo de poco tiempo los cuestionamientos impulsados por este malestar influyeron sobre el movimiento fenomenolégico. Si bien este recelo cristalizé en la década de los afios veinte, las premonicio- nes sobre el derrumbamiento del subjetivismo y el cuestionamiento de la reflexién se habfan ido sucediendo en las décadas precedentes. Los historicismos, los vitalismos, la filosofia de las Weltanschauungen o «concepciones del mundo», asf como la difusién del legado kierkega- ardiano, por un lado, y por otro las distintas versiones del materialis- mo, el empiriocriticismo, el pragmatismo y el naturalismo, habfan ve- nido minando con mayor o menor efectividad el prestigio de la refle- xi6n y la creencia que la subjetividad es la referencia gnoseolégica su- prema. Introduccién. La fenomenolagia * 17 Esta actitud general de suspicacia, con todo, no alcanz6 un pre- dominio efectivo hasta la década de los afios veinte. Hacia el final de dicha década la progresiva difusi6n del pensamiento de Heidegger en la Europa continental transformé el malestar ante los postulados de la modemnidad filoséfica en el acicate decisivo para el pensamiento. Los filésofos influidos por Heidegger consideraron entonces que el para- digma de la subjetividad reflexiva era el enemigo capital y que, en con- secuencia, debfa ser eliminado cuanto antes.” Sin duda el cuestiona- miento de la subjetividad autoconstituyente es un leitmotiv en la obra de Heidegger. Pero el «sujeto» heideggeriano, de una manera o de otra, es siempre receptivo: unas veces acoge una «comprensién del ser» facilitada por las efectuaciones «proyectivas» de la existencia, y en otras ocasiones se subordina a los designios de un Ser cuyos rasgos ase- | mejan los que secularmente han sido atribuidos al sujeto auténomo. ) La «primera» filosofia de Heidegger, en,suma, fomenté una acti- tud de recelo ante la hegemonfa atribuida’al sujeto auténomo, auto- rreferente y autoconstituido. Para esta labor de zapa, Heidegger y sus seguidores eligieron como punto arquimediano el talante receptivo del «sujeto».> Se trataba de revocar el principio de la subjetividad on- tificadora, aun cuando ello conllevara reinterpretar la historia de la filosofia en Occidente. A lo largo de su trayectoria Heidegger Ilegé a denunciar como «culminacién de la metafisica de la subjetividad» unas doctrinas que habfan sido consideradas la condena definitiva de 2. Al menos desde una perspectiva estrictamente contemporinea se tiene la impresin de que los inspiradores de 1a suspicacia desarrollaron una tarea eficaz, ya que incluso los adversarios de esta tradicién revocadora reconocen la canoniza- ‘ién cultural del recelo que venimos glosando: «Es preciso admitir que se nos han abierto los ojos: hoy ya nadie cree en el Saber absoluto, en el sentido de Ia histo- ria o en la transparencia del sujeto.» Gf Alan Boyer et. al., Pourquoi nous ne som- mes pas nietzschéens, Paris 1991, p. 8. 3. En todo caso, la figura «subjetiva» que aflora en la obra de Heidegger in- siste en negar su condicién y suele adoptar un talante receptivo. Este encubri- miento llega al extremo de que incluso el «proyecto» o Entwurf fundamental-on- tol6gico, el plausible equivalente heideggeriano de la clisica «dimensién esponté- nea» del sujeto, en tiltimo término proviene de que la movilizacién ontolégica del tiempo mitiga las constricciones énticas del «sujeto». 18 * De Husert a Heidegger la tradicién subjetivista. Incluso la «voluntad de poder» nietzscheana, en efecto, fue interpretada por Heidegger como un signo de la «vo- luntad de ser sf mismo» de un sujeto inmerso en el «olvido del ser» y empefiado en prevalecer sobre toda realidad éntica.4 En este mismo sentido el Heidegger tardfo advirtié en la técnica, como es notorio, las aspiraciones de la subjetividad al predominio universal. El persistente cuestionamiento que Heidegger dirige al principio de la subjetividad es también una descalificacién rotunda del sujeto transcendental que defendfa el Husserl idealista. Este repudio alcan- za asimismo al paradigma reflexivo, gravemente menoscabado por la implacable revisi6n heideggeriana. Por efecto de esta miiltiple con- frontacién, en todo caso, surgié en el seno del movimiento fenome- nol6gico la «tensién esencial» que se manifest6 en los antagonismos que personificaron las figuras histéricas de Husserl y de Heidegger. Vamos ahora a referir las particularidades de esta «tensién esencial», para lo cual esbozaremos las posiciones adoptadas por los dos autores a cuyo pensamiento esté dedicada la presente obra. Una de las plasmaciones mds importantes del referido antago- nismo tiene su origen en el llamado «paradigma de la reflexién» y aflora en la obra de Husserl como un enaltecimiento del inmediatis- mo presencialista. Esta primacfa, a su vez, est relacionada con la im- portancia que otorga la fenomenologia al cometido autodonador y presentificador del «fenémeno». Heidegger, por el contrario, tiende a privilegiar aquellos factores que, aun cuando de cardcter meramente presentido, son de hecho la condicién que hace que sean posibles precisamente aquellas instancias «dadas inmediatamente en sf mis- mas y por s{ mismasy a las cuales la actitud antag6nica de Husserl in- siste en asignar la primacfa. El punto de vista filoséficamente subver- sivo que defiende Heidegger, por consiguiente, procura primar todo aquello que subyace t4citamente a la propia in-mediatez hasta el ex- 4. No es adecuado dilucidar aqui si el Ser de la segunda etapa heideggeria- nna es un «acontecer puro», o si hay que invocar la figura del «sujeto» formal para comprender su carécter esponténeo. Introduccin. La fenomenologla * 19 tremo de ser la condicién que la hace posible. Sin duda este impulso desvelador fue decisivo para la evolucién del pensamiento fenome- noldégico. Propone reorientar la atencién del fenomendlogo hacia todo aquello que, si bien en modo alguno se halla palmariamente presente, de hecho encarna el principio de toda posible presencia. Heidegger combate el absolutismo de la presencia, en suma, y con él la hegemonfa del onticismo. Concentra su atencién en aquello que * en thodo alguno puede ser registrado como presente y accesible, en / aquello que jams se podr «dar por s{ mismo y a sf mismo», en aque- ? Ilo que eficaz y persistentemente elude toda aprehensi6n in-mediata, pero que, paradéjicamente, resulta ser también aquello que hace posi- ble toda in-mediatez, toda presentificacién y, en definitiva, toda obje- tividad. Asif atribuye Heidegger valor constituyente a una no-presen- cia irreductible, detectando en el «presente vital» husserliano una no-vida o no-presencia o no-pertenencia-a-s{-mismo irrevocables, y aboliendo en consecuencia el cardcter primordial que Husserl asigna al «presente vivo» o der lebendige Gegenwart. Denuncia Heidegger, en definitiva, el talante no originario que habita en el presente mas de- purado y que, a pesar de todo, impregna el yo moderno que cree po- seerse a sf mismo. Ya se habr4 advertido que en el cuestionamiento de Heidegger la deuda con el pensamiento transcendental se perfila con nitidez. Atribuye una total precedencia a las condiciones que, aun cuando s6lo puedan ser advertidas a contraluz, hacen posible las instancias en cuyo cardcter inmediato y patente insiste la fenomenologia. En una perspectiva andloga el concepto heideggeriano de «verdad», o sea la problemética verdad antiteérica que propone la ontologia fundamen- tal, est4 vinculado con la actividad des-encubridora del «ente exis- tente» o Dasein y posee por consiguiente un perfil inequivocamente transcendental. Parece, por todo ello, que Heidegger no llega a des- marcarse de los planteamientos de la filosoffa transcendental, al me- nos en la obra en torno a Ser y Tiempo. Incluso serfa posible inter- pretar la ontologia fundamental como un transcendentalismo que parte de la conviccién, evocadora del principio que orienté la revo- 20 * De Husserl a Heidegger lucién kantiana, de que las condiciones de posibilidad de la «com- prensién del ser» son al propio tiempo las condiciones de posibilidad del propio ser. Aun cuando para el Heidegger postrero la «derelic- cién» o Geworfenheit prima sobre el «proyecto» o Entwurf en vez de complementarlo existencialmente (todas estas nociones serén ade- cuadamente esclarecidas en las secciones que siguen), en realidad una lectura imparcial de Ser y Tiempo deja bien claro que el ser es «proyectado» o entworfen por el Dasein en el seno de un complicado vinculo constitutivo. El impulso antirreflexivo y antisubjetivista que aflora en la sus- picaz actitud de Heidegger, en suma, no fue ajeno a la profunda bre- cha que abrié la ontologfa fundamental en el entramado de posi- ciones filos6ficas representado por la obra de Husserl. Para algunos autores, como se ver4 en el transcurso de la presente obra, hablar de «profunda brecha» no pasa de ser un eufemismo, ya en su opi- ni6n la influencia de Heidegger conmovié hasta sus cimientos la en- tonces expansiva fenomenologfa. En todo caso, los efectos en el movimiento fenomenolégico de la ya glosada «tensién esencial» en- tre los dos estilos de pensamiento fueron tan radicales que determi- naron el rumbo de la filosofia europea del siglo XX. Algunos histo- tiadores, no obstante, se han preguntado si el cuestionamiento de las convicciones fenomenolégicas dio lugar a que la doctrina per- diera influencia a partir de 1960, o bien si la discrepancia que veni- mos comentando consistié inicamente en una reformulacién super- ficial que, en iltimo témino, confirmé la solidez y la unidad inter- na de la fenomenologia. Sea como sea, la presente obra pretende evaluar la turbulencia producida en el horizonte filos6fico europeo, y especialmente en el movimiento fenomenolégico, por la «tensién esencial» que, como ya hemos sefialado, fomentaron las doctrinas de Husserl y de Heidegger. Por lo pronto, y a fin de establecer un perfil unificado de referencia, en las secciones que siguen vamos a exponer los aspectos generales de los dos sistemas de pensamiento cuyos antagonismos y afinidades dieron lugar a la referida «tensién esencial», Introduccibn, La fenomenolagia + 21 1.2. Compromiso mundano y subjetividad transcendental Durante la vida de Edmund Husserl (1859-1938), el principal inspirador de la fenomenologfa, la orientacién de la doctrina sufrié importantes modificaciones. Quiz4 el hito m4s importante fue el surgimiento de la fenomenologfa transcendental, etapa iniciada ha- cia 1913 con la publicacién de la obra habitualmente designada como Ideas y en la que culmina el compromiso husserliano de establecer una fundamentaci6n definitiva para el pensamiento. En esencia la fenomenologia transcendental consiste en la prdctica sis- tematica de la «reduccién fenomenoldgica». Esta operacién suspen- de la tesis realista comprometida con la «actitud natural», o sea la disposicién crédula de los seres humanos hacia el mundo en que presuntamente est4n inmersos, y que aun siendo patentemente pre- filos6fica conlleva de hecho una tesis sobre la realidad. Al fin y al cabo el ser humano que adopta la «actitud natural» ha de in- terpretar su propia experiencia como una «experiencia del mundo», © sea como la captacién de unas entidades que presuntamente son la causa inmediata de sus vivencias. Puede decirse, por tanto, que el compromiso esencialmente «mundano» del sujeto se hace efecti- vo en la «actitud natural». Su experiencia del mundo consiste, de buenas a primeras, en una creencia tan poco expuesta a cues- tionamiento alguno que Husserl la denominé «creencia natural en el mundo». Por esta causa la reduccién fenomenoldgica conlleva por lo pronto una epojé universal, y esto quiere decir que el sujeto debe suspender radicalmente su «creencia en el mundo». A pesar de ello la vida de la conciencia queda inalterada, ya que «la desconexién (Ausschaltung) fenomenol6gica», segtin el propio Husserl, «en modo alguno vulnera el caracterfstico modo de ser de la conciencia, abso- luto y especifico a un tiempo. De hecho la intervencién fenomeno- légica convierte este peculiar modo de ser en un 4mbito especifico 22 + De Husserl a Heidegger de realidad. La fenomenologia lo considera su objetivo preferente porque constata que es tan irreducible como primordial.»5 La inhi- bicién de la «tesis mundana», no obstante, afecta también a la con- ciencia que «cree» en el mundo. La epojé fenomenolégica, en otras palabras, se propone desvelar el sujeto efectivo que cree en la rea- lidad, 0 dicho de otro modo; esta operacién pone de manifiesto el desempefio constituyente del llamado «sujeto transcendental». Al fin y al cabo, el propédsito general de la reduccién fenomenolégica, de la cual la epojé vendria a ser el brazo ejecutor, es transponer tan- to las cosas pretendidamente «reales», como el propio sujeto «mundano», en prestaciones espontdneas de este «sujeto transcen- dental», : Esta declaracién de principios delimita definitivamente el ambi- to de la indagacién fenomenolégica. «En opinién de Husserl, sdlo remitiendo las configuraciones gnoseolégicas (Erkenntnisgebilde) al proceso de constituci6n que protagoniza la conciencia, es posible esclarecer fenomenolégicamente el conocimiento. Sélo entonces la objetividad de tales configuraciones podré ser referida a la “actividad donadora de sentido” que ejerce la subjetividad.»® La doctrina de Husserl, en una palabra, consigna las cuestiones de justificacién légi- ca y de validez epistémica al «sujeto transcendental». De todos mo- dos, Ilegados a este punto conviene prevenir una posible confusién terminoldgica delimitando con nitidez dos conceptos de evidente im- portancia: «reduccién fenomenolégica» y «epojé». Conviene precisar que la operacién de la epojé no sélo no conlleva tesis alguna acerca del «modo de ser» de la realidad, sino que ademés se halla totalmen- 5. Cfe Edmund Husserl, Ideen zu ciner reinen Phiinomenologie und phiinome- nologischen Philosophie, 4.* ed., reimpr. de la 2.* ed. de 1922, Tiibingen 1980. Este curioso titulo es habitualmente abreviado con la denominacién Ideas. La prime- ra traduccién al castellano de las Iden fue publicada en México D.F, con el ti- tulo Ideas relativas a una fenomenologta pura y a una filosfia fenomenalégica, cl afio 1962. 6. Gfx Elisabeth Strdker, «Phinomenologie und Psychologie: die Frage ihrer Bezichung bei Husserl», Zeitschrift rr philosophische Forschung 37 (1983). Introduccién, La fonomenolegia * 23 te desprovista de presuposiciones. De hecho la epojé consiste simple- mente en suspender todo juicio sobre el status ontoldégico de la reali- dad, y su finalidad es indagar los origenes de la «actitud natural». Pre-” tende dejar sin efecto las consideraciones de alcance «objetivo» que impiden acceder a aquellos modos subjetivos de la conciencia que, precisamente, llevan las cosas presuntamente «objetivas» a la plena manifestacién de s{ mismas. Sin embargo, aun cuando la epojé no conlleva tesis alguna sobre la realidad, en cambio hace posible una operaci6n, la «reduccién fenomenoldgica», con un compromiso on- toldgico especifico. En esencia la «reduccién fenomenologica» consiste en remitir unas entidades condicionadas (las configuraciones de la conciencia, tanto si son ideales como si son reales) a sus correspondientes condi- ciones (las experiencias de la conciencia, 0 sea los desempefios men- tales que hacen posible tales configuraciones). Esta reduccién conlle- va una presuposicién sobre la realidad al postular la existencia de un foco unificador ideal para las vivencias, el cual permite justificar tan- to las conexiones racionales que presentan las experiencias de la con- ciencia, como las predicciones sobre objetos inferidos a partir de da- tos elementales. El acceso al «sujeto transcendental», de todos mo- dos, requiere una operacién complementaria. Mantiene la fenomeno- logfa que la «reduccién transcendental» da paso a un orden de reali- dad correlativo del que se suele denominar «mundo» en la actitud natural. Este horizonte alternativo es el llamado «fenémeno del mun- do transcendental», designado habitualmente por Husserl como «noema transcendental». El doble desvelamiento que acabamos de referir, o sea la pues- ta al descubierto tanto del «mundo» como de la «subjetividad» transcendentales, orient6 decisivamente a investigacién fenomenolédgica. El «fendmeno del mundo» sélo se manifiesta con nitidez a partir de su irrupcién primigenia en la vida de la subjeti- vidad transcendental. Por esta causa, el fenomendlogo debe con- centrar su atencién en los desempefios originarios que por sf mis- mos instituyen sentido. Una vez establecida la primacia del «mun- 24 + De Husserl a Heidegger ‘ S do» y de la «subjetividad» transcendentales, la principal tarea fe- nomenolégica es obviamente explorar el «modo de ser» de la reali- dad. Desde luego no se trata de indagar acriticamente el entorno natural, ya que a la fenomenologia no le interesa el mundo mera- mente «mundano». Se trata, por el contrario, de esclarecer el pe- culiar mundo que corresponde al 4mbito universal configurado por los desempefios del yo transcendental. Importa escrutar, en otras palabras, el propio «mundo» que la reduccién fenomenolégica ha permitido identificar. Aun cuando la fenomenologia enaltece un sujeto no contami- nado por vestigio alguno de mundanidad, conviene no olvidar que en el sujeto transcendental fenomenolégico sobrevienen constituti- vamente tanto «el ser del mundo en general» como «el ser de los en- tes intramundanos». Por consiguiente la precedencia de este sujeto no conoce Ifmites, y se refiere tanto al propio «mundo en general» como a los entes particulares que irrumpen en él. El sujeto trans- cendental fenomenoldgico ostenta de hecho un cardcter absoluto, que atafie tanto a operaciones propiciadas por la reduccién feno- menoldgica como a los 4mbitos de realidad que resultan afectados por ella. Precisamente el mas general de tales Ambitos, 0 sea la co- rriente de las vivencias de la conciencia, forma una regién ontolé- gica privilegiada que, en palabras de Husserl, equivale a una «esfera de posicién absoluta». El interés por los modos de ser y de actuar del yo transcenden- tal ha dado lugar a que la fenomenologfa analice preferentemente la correlacién intencional y universal entre el ser y la conciencia. Como se desprende de los postulados ya referidos, para la fenome- nologia sdélo existe el «mundo» en la medida que se trata de un «mundo para el sujeto». Y correlativamente este protagonismo del sujeto solo tiene sentido si, como dice Husserl, consigue presentar- se como «un vinculo intencional con el mundo». Esta desconfianza hacia el subjetivismo unipolar, a su vez, suscita un tema fenome- noldgico primordial. Su punto de partida es que el sentido de un ente cualquiera s6lo puede ser esclarecido escrutando las vivencias Introducciin. La fenomenologia * 25 que lo hacen sobrevenir en forma de «donacién originaria».” Este crucial postulado fenomenolégico, en otros términos, afirma que entidad alguna podrd jams ser pensada, es decir: tenida por real o por posible, si no se halla entretejida con el vinculo universal que conecta el yo con el mundo. Ha estar necesariamente infiltrada en la conexi6n originaria que la fenomenologfa denomina «intenciona- lidad». O sea que todo ente ha de impregnar la correspondiente viven- cia intencional para que sea aprehendido por la conciencia. «Todo po- sible objeto puede hacerse intencionalmente accesible a la concien- cia, o sea que puede donarse originariamente a las vivencias, de mil- tiples y diferentes maneras. En realidad no es posible acceder a un ob- jeto si se soslaya la variedad de sus modos caracteristicos de donarse. Por esta causa, una filosofia que aspire a una radical ausencia de pre- juicios no tendr4 mds remedio que analizar el vinculo inerradicable que conecta las cosas que encontramos en el mundo con sus corres- / pondientes modos de darse, o sea con los modos por medio de los | cuales cada cosa se “manifiesta” subjetivamente, ya que sdlo en ellos 3 se puede manifestar.»® O sea que el «mundo» se constituye por me- dio de unos desempefios o prestaciones de la subjetividad. Son las operaciones que Husserl llama Leistungen, y a ellas s6lo la reflexién fenomenolégica puede dar acceso. Con todo, no es posible asignar un cardcter arbitrario o volun- tarista a estos desempefios o prestaciones subjetivas, ya que unas limitaciones de caracter inmanente o estructural condicionan la espontaneidad del sujeto transcendental husserliano. Pero preci- samente estas constricciones son la raz6n de ser de la fenomeno- logia. En realidad la relacién entre las actuaciones de la subjetivi- 7. «Como donacién originaria» pretende traducir el término husserliano «omit originiiver oder urspriinglicher Gegebenbeit», articulado sobre el feliz. redobla- miento, latino y germénico, del vocabulario acufiado por Husserl. 8. Klaus Held, «Edmund Husserl», en: Klassiker der Philosophie, ed. por O. Héffe, tomo II, Munich 1983, p. 279. 26 * De Husserl a Heidegger dad y los resultados que éstas producen contiene la «correlacién universal a priori» que importa analizar por encima de todo. Husserl consideré, en efecto, que la principal tarea filoséfica consistia en escrutar la correlaci6n entre «el producir» del sujeto (ya que no la «produccién», puesto que éste termino connota precisamente el re- sultado a correlacionar con el propio acto de «producir»), y el pro- pio «producto» de éste, o en otras palabras, la correlacién entre su propio «realizar» (desde luego no la «realizacién») y aquello que di- cho acto «realiza».? Es notorio que la influencia del filésofo neo-aristotélico Franz Brentano (1838-1917) fue determinante para acreditar el concepto de intencionalidad, al cual acabamos de hacer referencia. Sin em- bargo, la intencionalidad husserliana no se reduce a la mera direccio- nalidad de los actos de la conciencia que para Brentano era el rasgo intencional preponderante. Husserl subraya, por el contrario, el com- promiso de la intencionalidad con una decisiva «remisi6n a la evi- dencia». La orientacién de la conciencia hacia el objeto «intenciona- do», en otras palabras, solicita la plena «realizacién» o Erfiillung de di- cho objeto en la intuicién, la cual interpreta Husserl como una «po- sesién del objeto en consonancia con su modo de ser sf mismo». Esta apropiacion plena, por su parte, no sélo aporta una depurada nocién fenomenolégica de «evidencia», sino que ademés anuncia un sugesti- vo concepto de verdad inmediata. O sea que el punto de partida de la intencionalidad, la necesidad de ser «conciencia-de-algo», en opi- nién de Husserl esté subordinado a la evidencia fenomenolégica- Husserl interpreta el vinculo intencional, en otras palabras, como la actividad que realiza las expectativas de la conciencia. Su punto de vista refleja la insistencia de la fenomenologfa idealista en referir toda aprehensién gnoseolégica a las actuaciones de un sujeto estilizado y desmundanizado. 9. O sea que importa analizar el vinculo entre los conceptos husserlianos designados como die Leistung y das Geleistete, o aun entre los que denomina der Vollzug y das Vollsieben. Introduccién, La fenomenologia * 27 Precisamente se comprometié Husserl con el transcendentalis- mo por haber primado las prestaciones esponténeas del sujeto. Inter- preté el concepto de fenémeno de acuerdo con el significado literal de «manifestacién entendida como mostracién de una mismidad». Concebfa Husserl como «fenémeno», efectivamente, todo aquello que «se manifiesta mostrandose a s{ mismo tal como es en s{ mismo», y por esta raz6n postul6 la existencia de un vinculo indisoluble entre 7 el carécter automostrativo de los fenémenos y los desempefios del su- jeto. Como consecuencia de ello, la fenomenologfa asumié una orien- * taci6n transcendental a partir de 1913. Esta decisiva asociacién entre donacién absoluta e idealismo transcendental, de todos modos, arran- caba de un doble compromiso de la fenomenologfa. Por un lado esta doctrina subscribe, como ya hemos indicado, una concepci6n au- tomostrativa del fenémeno, ya que lo concibe como una manifes- tacién que se presenta a s{ misma como precisamente aquello que es en sf misma. De este modo se satisface dos requisitos fundamentales: la necesidad de que el dato fenoménico preceda a la «donacién in-mediata de s{ mismo» o unmittelbare Selbstgegebenheit, y la exigen- cia de una «presentificaci6n donadora de sf misma» o selbstgebende Vergegenwiirtigung. Por otro lado, Husserl asocié la nocién de fenéme- no con la estilizada subjetividad ante la cual se muestra a s{ mismo. Tuvo que admitir que la actividad de «llevar el objeto a la mostracién de sf mismo» la realiza el sujeto, precisamente el propio sujeto que aprehende al objeto que muestra su mismidad. En realidad, para la fe- nomenologia «fenémeno» nunca significa meramente «aquello que se manifiesta», o atin «aquello que se muestra a s{ mismo». Este térmi- no designa de hecho la correlacién necesaria y universal del propio fenémeno con la subjetividad ante la cual «se muestra a sf mismo tal como es en sf mismo». Por esta raz6n el inicial interés de la fenome- nologfa por el funcionamiento intencional de la subjetividad se acab6 centrando en el anélisis de la referida «correlaci6n universal». Por principio esta actividad indagadora es de naturaleza «transcen- dental», pero no sélo en la medida que refiere a la subjetividad las condiciones de posibilidad para toda experiencia, sino también por- 28 * De Husserl a Heidegger \ que concibe el propio sujeto como el principio de la unidad y del sen- tido de:las vivencias.!° Esta referencia a la orientacién «transcendental» de la feno- menologia, de todos modos, debe ser comprendida teniendo en cuen- ta que Husserl emplea el término «transcendental» en dos sentidos distintos, ya que no sélo denota el modo espectfico de la reflexién fe- nomenolégica sino que también alude a los temas que ésta indaga. En relacién con este ultimo sentido es oportuno recordar que el tema propio de la reflexién fenomenolégica, como ya ha sido indicado, es el «yo transcendental», y que por extensién son asimismo tematizadas la «vida» y la «subjetividad» transcendentales. Estos términos, como ya se habré advertido, ponen de manifiesto el resurgimiento en feno- menologia de la reflexi6n transcendental, cuyo tema caracteristico, ‘como es notorio, es la apercepcién transcendental como fundamento de la unidad de la conciencia. En cuanto a la ambigiiedad que, como ‘hemos visto, impregna la utilizacién husserliana del término «trans- ‘cendental», en realidad procede del cardcter autorreferencial que la fenomenologia asigna a la conciencia. En la reflexién transcendental, ‘efectivamente, el yo se escinde en una instancia tematizadora y una instancia tematizada, y esta ruptura, a su vez, exige que la conciencia Teunifique los fragmentos escindidos. El itinerario seguido en la presente exposicién, inesperadamente, nos lleva de nuevo al fenémeno «mundo». Aun cuando el anilisis fe- nomenolégico remita a una subjetividad estilizada las «condiciones de ‘posibilidad para toda experiencia», no cabe duda de que éstas, asi 10. Es oporruno indicar aqui, aunque sea de pasada, que el reflexivismo de Husserl ha sido cuestionado por algunos criticos de nuestro tiempo. En particular el filésofo Jacques Derrida ha puesto cn tela de juicio las ideas de Husserl sobre la autopresentacién del fenémeno como aquello que es en si mismo. Cree este autor que postular el aparecer puro del fendmeno ante la conciencia presupone un redoblamiento o movimiento originario de duplica- cin sin el cual «aquello que se manifiesta» en modo alguno podria referirse a sf mismo. El fenémeno, en suma, slo parece capaz de presentarse a s{ mismo cémo aquello que es en sf mismo si, en contrapartida, se encuentra previa- mente escindido. Gfr. Jacques Derrida, La Dissémination, Paris 1972, p. 210. Introduccién, La fenomenologia » 29 como la experiencia de unidad y de sentido que propician, se en- cuentran referidas a un mundo. En realidad ambas evocaciones: mun- do y subjetividad, se encuentran armonizadas. Husserl Ileg6 a afirmar, expresando con rotundidad una constatacién crucial, que las canéni- cas «condiciones de posibilidad para toda experiencia» conllevan «en sf mismas un mundo». La transcendencia del sujeto y el cardcter in- tencional de la experiencia, en otras palabras, son dos figuras del pen- samiento fenomenoldégico que se condicionan recfprocamente. El yo que propugna la fenomenologfa, desde luego, no es un ente particular instalado en el mundo, pero indagar sus prestaciones constituyentes / obliga a tener en cuenta la orientacién extravertida de sus vivencias. Por un lado, efectivamente, el yo fenomenolégicamente estiliza- do no forma parte del mundo, ya que toda mundanidad le transcien- de. Pero, por otro lado, el yo no puede ser realmente pensado si se le disocia de su universal imbricacién con el mundo. No se trata, ni mu- cho menos, de que el yo transcendental sea el agente que ha creado el mundo, y sin embargo es preciso admitir que el sentido transcen- dente del mundo, o sea su modo de donarse al sujeto como un todo unificado que tiene realidad propia, es un rasgo ontolégico cuyo ori- gen debe ser atribuido al propio sujeto. Sélo las operaciones subjeti- vas que instituyen sentido, en otras palabras, justifican la unidad transcendente del fenémeno «mundo». Es oportuno sefialar que el propio Husserl esclarecié la relacién entre el yo y el sujeto en un co- mentario que ha permanecido inédito: «Cuando se afirma que el yo es el sujeto de la conciencia, el término “sujeto” designa Gnicamente el centramiento (Zentrierung) que acompafia toda posible vida al tra- tarse de la vida-de-un-yo (ein Ichleben) y en la medida que su finali- dad especffica es vivenciar, o sea tomar posesi6n por medio de la con- ciencia.»!! ‘Toda entidad pensable, en suma, es interpretada por la fenome- nologia como el correlato real o posible de unos modos especificos de 11. Gfe Edmund Husserl, manuscr. C 3 I, p. 1, cit, en: Klaus Held, Le- bendlige Gegenwart, La Haya 1966, p. 4. 30 + De Husserl a Heidegger donaci6n intencional. «Todo posible ser intencional sobreviene y que- da determinado por la constitucién intencional de la conciencia, has- ta el punto que sélo en ella adquiere su sentido especifico. Una vez més ocurre que describir la vida de la conciencia, aparte de su valor psicolégico, da acceso a una dimensién ontolégica.»!? Estas constata- ciones orientan la fenomenologfa idealista hacia unas conclusiones tajantes. Por lo pronto mantiene que la experiencia del mundo resul- ta de las «actuaciones» o «prestaciones», o sea las Leistungen en ter- minologia de Husserl, del yo transcendental. De manera concomi- tante, el «modo de ser» o «indole ontoldégica» de este yo, viene de- terminado precisamente por la estructura bipolar del vinculo inten- cional. Pero no sélo la intencionalidad condiciona el nivel ontolégico del yo transcendental. También el yo que «intenciona» mantiene una interesante relacién con la donacién intencionada. Desde luego el fendémeno es un dato para el «polo del yo» o Ichpol, pero al propio tiempo las operaciones de este receptor ideal hacen que tal dato se manifieste en la conciencia con una realidad de ente. O sea que la funcién del «polo del yo» consiste en propiciar que el objeto se ma- nifieste a s{ mismo como tal objeto con la mayor autenticidad posible, es decir que, en expresién de Husserl, se manifieste «a s{ mismo y tal como es en si mismo». De todas maneras, para que este desempefio del yo pueda tener lugar es preciso que intervenga el vinculo inten- { cional. Sélo la intencionalidad, en efecto, puede legitimar la inter- l pretacién de toda experiencia posible como una modalidad del acto perceptivo, unas veces préxima y otras lejana. Por estas razones el anilisis de los procesos perceptivos ha sido siempre hegemdnico en fenomenologfa, aun cuando algunos estudiosos de Husserl hayan cri- ticado esta preponderancia. Llegados a este punto cabe afirmar que con el movimiento feno- menolégico culmina la aspiracién del pensamiento a fundamentarse a s{ mismo, siendo también posible advertir en la radicalizacién feno- 12. fr Joaquin Xirau, Le filosofia de Husserl, Buenos Aires 1966, p. 167. Introduccién. La fenomenologia * 31 menolégica del universalismo y de la reflexividad una deuda eviden- te con la Modernidad filoséfica. En todo caso, la ambicién universa- lista de Husserl, as{ como su compromiso reflexivo, totalizador e infi- nitista, contrastan 4speramente, como veremos en detalle en su mo- mento, con la posici6n que defiende la ontologia fundamental de Martin Heidegger. A pesar de que este filésofo procedfa del 4mbito fe- nomenolégico, su obra provocé una profunda mutacién en la evolu- cién de la doctrina. Trataremos de formular aquf esta discrepancia del modo més sucinto posible. En oposicién a la fenomenologia idealista, Heidegger mantiene que las tematizaciones filoséficas son posibles por la existencia de un «suplemento» que, a su vez, elude toda tematizaci6n. Esta instancia in-tematizable, por consiguiente, se encuentra en una posici6én de «ocultacién» o de «retraimiento» con respecto a las propias tematiza- ciones que propicia. Expresado en otros términos, lo in-tematizable se substrae sistematicamente a toda objetivacién, en el bien entendido que aquello que se resiste a ser tematizado es también aquello que ha- ce posible los actos objetivadores y las estrategias de predicacién. Ha- ciéndose eco de las reservas de Heidegger, en nuestro tiempo el fil6- sofo Jacques Derrida ha criticado la ambicién universalista de Hus- serl, y sobre todo ha sefialando la decisiva presencia en la doctrina fenomenolégica de un residuo no tematizado. En él son prominentes aquellos conceptos que, segtin una especificacin debida al feno- menélogo Eugen Fink, no estan presentes en la estructura manifiesta de la doctrina porque su alcance es exclusivamente operativo.!3 Evo- cando el cuestionamiento heideggeriano, Derrida destaca asimismo la opacidad tematica de los 4mbitos que la fenomenologia ha optado por no explorar, ya que en su opinién esta terra incognita atematizada ha aportado una paradéjica viabilidad a las estrategias tematizadoras de la fenomenologfa." 13. fe Eugen Fink, «Operative Begriffe in Husserls Phinomenologie», Zeitschrift fir philosophische Forschung 11 (1957), pp. 321-337. 14. Gfr Jacques Derrida, «Introduction» a: Edmund Husserl, Lorigine de * Ia glométrie, trad. de J. Derrida, Paris 1974, 2.* ed., p. 39. 32 * De Husserl a Heidegger Ya hemos indicado que el movimiento fenomenoldgico se apro- pi6 del ideal autofundamentador que propugna la Modernidad fi- loséfica, al tiempo que asumia la tradicién metodolégica del pensa- miento transcendental. Husserl mantuvo a lo largo de su obra que solo perfeccionando el instrumental metodolégico es posible progre- sar en filosofia, y desde luego fue coherente con esta conviccién al concebir la fenomenologia, ante todo, como «la teorfa de un méto- do especffico». La evolucién doctrinal de Husserl, efectivamente, parece haber consistido en la busqueda cada vez més radicalizada de un método autofundamentador. En la consolidacién de la fenome- nologfa, ademés, se advierte una aproximaci6n paulatina a los plan- teamientos transcendentales. Podria incluso afirmarse que Husserl percibié en la fenomenologfa el telos histérico de la filosoffa tran- scendental. Al fin y al cabo mantuvo este autor que la tarea feno- menolégica primordial es analizar los modos de la conciencia conci- biéndolos como modos de la objetividad. De hecho Husserl aspiré a un «saber del saber», ya que se interes6 tanto por la autotema- tizacién del propio saber como por la teorizacién de si mismo por el sujeto del conocimiento. Incluso la «donacién a sf mismo» del obje- to en la conciencia es concebida por Husserl considerando la acti- vidad que presentifica en ella la «mismidad» del objeto. En pocas palabras, la fenomenologfa otorga un rango hegeménico a la activi- dad constituyente del sujeto transcendental. Las tendencias primor- diales del transcendentalismo, desde luego, parecen cristalizar en la fase idealista de la fenomenologfa: a) la conviccién de que el cono- cimiento de cualquier objeto sélo puede ser esclarecido a partir de los procesos que constituyen su realidad de objeto; b) la consta- tacién de que si la realidad conocida no estuviera sometida a las mismas reglas que determinan el conocimiento, éste no podria tener lugar; c) el rasgo preponderante del transcendentalismo segin el Ila- mado «principio supremo de los juicios sintéticos a priori» kantiano: «todo objeto est4 determinado por la unidad sintética de la multi- plicidad de la intuicién en una experiencia posible»; partiendo de esta constataci6n mantiene Kant que «las condiciones de posibili- Introduccién, La fenomenologia * 33

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