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-

(opoelio 5isp a oo

en el

BOGOTA

1921

(opoelio 5ispaoo

en el

Valle õel (£loca

BOGOTA

JUAN

-

C/.SIS,

1.i)21.

EDITOR

A L AL ~I A P (J R A D E 'tI I M A. DR r}

R A S largos

años de éJl1~,encia, en que

~Imis pies hallaron

tierras

de leyenda,

.~--:~~¿:!y mis ojos se apacentaron

en la visión

de m;¡res alumhrados

por el Cisne

Cruz del Sur, el cumplimiento

del

de Leda y la último deber

filial me condujo. con impensado

imperio

e irre-

sistible impulso,

al amado

Valle del Cauca, mi

tierra natal,

en vísperas

de la

Nochebuena

del

venturoso

afio

de 1918. Llevaba

conmigo una

piedra blanca y en ella esculpidas

estas palabras,

de rara y dulce

cia:

oportunidad

e inefable

elocuen-

Slcut mater unieum lilium sum, ita e.l¿o tt

-1II-

CORNELiO

HISPANO

diligebam. Torpe mi mente y rebeldes mis labios para balbucir vocablo alguno digno de ella y de su santa memoria, el Libro de los Reyes vino en mi auxilio; dio expresión a mi ternura y voz a mi len- gua, y pude así rendir el triste y postrer tributo de lágrimas a la mejor de las madres. En la antigua y piadosa ciudad de Buga, cuna y sepulcro de sus abuelos, en el rústico cementerio,

de amarillentas y carcomidds

cipreses llorosos y aroman jazmines del Cabo y de la India, reposa para siempre una de aquellas divi- nidades inmortales, cuyo culto ha vivido y vivirá más que las religiones, más que todas las filosofías,

tumbas, Que sombrean

y Que sólo a Eurípides, en el dorado paganismo, le fue dado definir clamando:

O PIKRON FILON PROSEGOREMA MATEROS.

-IV-

E N E L V A L L E D E IJ C A U C A

EL

COKCIEH.TO

DEl,

(Hellos, Buga).

DOMINGO

!

I

I~IO tenemos palabras suficientemente ex-

~~

-1

i pres/vas para decir

él nuestros lectores

toda la grata y perdurable impresión

que dejó en nuestro

efectuado el último domingo. Baste anotar que ese festival de refinado arte

es una de las más claras revelaciones de que esta ciudad posee, quizás sin saberlo, artistas de ver- dad, capaces de constituir timbre y honor de cual-

quier capital

cimientos del espiritu.

ánimo

el brillante concierto

que no sea ajena a los nobles espar-

- v

-

OORNELIO

HISPANO

Cornelfo Hispano abrió el acto con una magis- tral disertación, en la cual no supimos qué admirar más: si el estilo diáfano de cláusulas impecables o el acendrado amor que guarda el poeta por esta vieja ciudad para la cual ha tenido sus más felices estrofas. Esa oración familiar constituye, a no du-

darlo, el elogio definitivo de esta villa del Guada-

uno de sus hijos más dilectos. El

publico buguefio, a quien las palabras de Hispano

lajara, hecho por

hirieron las fibras más recónditas y estimularon las más queridas añoranzas, supo aplaudir deli- rante al ilustre escritor.

- VI -

EN

EL VA.LLE

ELOGIO

Seiloru, .eilorel:

DEL

DE

CA.UCA

BUGA.

l(llllNnuestra amada Bugu las virludes crio- tianas de austeridad, clemencia, ternu-

ra, caridad, son terrigenas, nacidas del propio suelo materno, y asi como algunas flores se dan sin cultivo en nuestros paties y jardines, bro- tan ellas espontáneas en vuestros corazones, como rosas maravillosas de santidad, cargadas de esen- cias paradisiacas, y son tan anti~uas como las mus- gosas piedras que yacen entre adormideras y la-

-VII-

CORNELIO

HISPANO

gartos,

lajara. El cuadro de honor de los benefactores bugue- nos es lujoso y bien conocido de vosotros, pero importa grabarlo en oro viejo sobre los muros de los monumentos que su consagración, generosidad

allá arriba, donde fue la primer

Guada-

desinterés erigieron y transmitieron a las suce- sivas generaciones agradecidas. Esos cuadros de honor, puestos a la vista de los niftos, serían lec- ciones prácticas de moral, patrones de virtudes, espejos de cultura, y perpetuarían, como en los ci- vilizados pueblos de ultramar, la magnanimidad de los que antepusieron al egoísmo o la avaricia los más bellos impulsos del corazón. En Buga, conviene no olvidarlo, los benefactores han sido Igualmente promotores de civilización, estimula- dores de adelanto, y así, en hermoso concierto, se han dado la mano la beneficencia y el progreso, la moral y la cultura. Los que lograron la alegría de Inscribir sobre los frisos del hospital concluído las reglamentarias palabras: Finis coronal opera, levantan hoy los muros de nuestro teatro; han al- zado un palacio para la educación de la juventud

y

y

sembrado jardines públicos que recrean los ojos

y

dan sombra refrescante a nuestras damas en las

- vnr -

EX

EL

VALLE

-----------

DF:L CAUCA

------.----.-

tardes cálidas y penumbras ches de luna.

discretas

en las no-

Permitid,

señores, que el más humilde de los

bugefios, que ha vivido en perpetua

mayor parte de su vida fuera de este dulce suelo, si bien ligado a él por las fibras más sensibles del

corazón y la magia de los rtcuerdos; que un día, en representación de Colombia, en la ocasión más solemne, bajo los legendarios tamarindos de San Pedro Alejandrino, ante la sombra augusta del Libertador, Je rindió un homenaje filial, de entra- fiable emoción; que en Par::s, la Babilonia mo- derna, puso en prensas, cuyos crujidos repercuten en todos los ámbitos del mundo, cantos en cuyo sabor vernáculo y acentos familiares y reminis- centes habéis reconocido vu,:stro ambiente sopo- rosa, los rumores de vuestro río trovador, la ale- gría de las campanas de pasCJa, los déjos vesper- tinos de nuestras aves siniestras; escenas caseras que se repiten cotidianamente, y aun las frugales golosinas predilectas de vuestros paladares; per- mitid, os digo, que honre mis labios pronunciando, en esta ocasión, algunos de esos nombres, que os son caros, no pocos de los cuales unieron a todos las excelencias del espiriru los dones físicos, in-

nostalgia la

-

IX -

CORNELIO

HISP.àNO

de don Joaquín Mosquera, cuyo rostro, al decir de

los contemporáneos, era una urna de belleza, ornato de los salones florentinos, amigo de las Bonapar- tes, y en Caracas, la patria de Miranda y de Bello.

Recordad, si no, a don Manuel Antonio

Sancle-

mente yadon jOf.é Maria Cabal, quienes,

por sus

nobles continentes, vieja estirpe y actitud señoril, cualquiera hubiera tomado por graves y ceremo- niosos lares ingleses; don Abraham Fernández de Soto, de talla intelectual y fisica de jurisconsulto romano; don Luciano Rivera Garrido, flor de selec· ción de esta tierra, que él amó apasionadamente y describió, con mágica pluma, en páginas de melan- cólica dulzura, y su padre don Luciano Rivera, quien (lo veo eoIT'O en una lejana penumbra in- fantil) alto, escuálido, nevado por muchos invier-

nos, ciego, inclinado sobre un bordón y conducido ~or un lazarillo a través de estas softoJientas calles bugueñas, evocaba la trágica figura de Edipo Rey, y aún otras sombras más de auténticos hidalgos castellanos, a quienes sólo faltó el espadin y la gorguera y las espuelas de plata, descendientes de

aquellos

fundado la magnífica ciudad de los Reyes, domado a Atahualpa y sus tribus ricas y belicosas, atrave-

fieros halcones que, desp:.Jés de haber

- Xli -

E.N E IJ V A L L E D E L C A U C A

zaron, como ciclopes, las volcánicas

toriales,

latitudes ecua-

para caer,

las agrias

tierras

de los pastos,

con Belalcázar,

a la elísea campifía

payanés,

repo-

sar allí, deleitosamente,

de la ruda

conquista

del

Imperio

de los Incas, limpiar

los escudos,

tomados

del orin, y afilar los hierros

con (ue habían

de en-

trar, en espléndido

galardón

a sus fatigas,

a este

valle

llamó el Libertador

desde una cumbre

tristeza de Boabdil,

vez, la tierra

feliz, a este Paraíso de América, como

cuando

andina,

de regreso

lo

del Pe~ú,

con la

volviÓ la vista,

para contemplar,

por última

que un día le había cado con largueza

Jas legiones de bravos

que se batieron

como leones a este valle

en Bomboná,

encantado

guitarra caucana, cuyo cordaje

de su

Buga,

en Junín, en Ayacucho;

de las Hespérides;

rio, y cuyo

a esta armoniosa

es la cinta de plata

epónimo

talle sonoro

afios

en de mi vida,

está

la tierra de los primeros

donde, me complazco en repetiria,

tidós

cias, a veces ha apartado vivido siempre.

a pesar de vein-

años

de ausencia

enormes,

y

no ob¡;tante Jas distan-

suerte me

han

con que la varia

de ella, mi corazón

y mi mente

Mis Elegias Caucanas, que entre

mi pobre

labor literaria

parece

preferís, fueron,

casi todas,

-

Xlii

-

CORNELIO

HISPANO

modernos. El Secreto de Toledo es muy distinto del secreto de Buga; aquél tiene la rudeza y sequedad casteIlanas, la marchitez y rigidez misticas, la pe- sadez y crudeza españolas, que aparecen en las fi- guras largas, escuálidéls, graves, cadavéricas, de ultratumba, del pintor cretense, como por ejemplo, en El Entierro del Conde de Drj[az. El secreto o encanto de Buga, si bien ofrece también un pálido fondo religioso, tiene, en cambio, cierto fuego pa- sional, como una diafanidad de ensueño, cierta juventud, cierta gracia, no sé qué frescor acari- ciante que recuerdan esos cuadros de los primi- tivos italianos, de los virgineos prerrafaelistas que pintaban, con celestes pinceles, demacradas silue- tas de santos anacoretas, en medio de deliciosos cármenes y jardines. Y de tal suerte es percepti- ble ese encanto de que os hablo, aun para los ex- traños, que una vez, en Caracas, leyendo a un reputado escritor y poeta ver~ezolano, algunas de las elegías caucanas, acabadas de escribir en esa ciudad, de un clima igual al nuestro, donde flore- cen también los jazmines del Cabo, al air él, por primera vez, el nombre de Buga, le causó extra- Beza su sonido, y, al encontramos después, solía decirme: Buga, este nombre tiefte algo raro; Buga,

-XVl-

EN

EL

VALLE

---------

DEL

CAUOA

---.----- ----------

esta palabra

tiene como acento

y color de leyenda,

suena triste, misteriosa;

Buga, Buga

El poeta

caraquefío

había adivinado

el secreto

encanto de

nuestr:l urbe,

la vieja Guadalajara

de las sencillas

tradiciones

galantes,

de las doradas

leyendas reli-

giosas, tiernas y melancólicas

Goélo, en la brumosa Bretaña, quc impregnaron

armonía y aticismo

quila y cálida

a la orilla de su rio familiar,

históricas

de las matronas,

na que hilaban, como hogar, contaban los

Buga, la Real, donde el manso Jesús de Nazaret,

como en la aldea de Emaús a sus cliscípulos,

recido a nosotros milagrosamente;

ras costumbres

pero de aquellas

como las del país de

de

el genio de Renán; la villa tran-

una eterna siesta

sobre

sus

la ciudad

que parece dormir

recostada

Buga,

colinas de esmeralda;

de estirpe roma-

la Reina Berta, y, al amor del

Cuentos de mi madre la Oca;

ha apa-

la de ¡¿IS auste-

las alegres nochebue-

patriarcales,

nas y los Reyes Magos;

la de las argentinas

noches

de luna, las

huertas

de yerbabuena

y manzanilla,

las tapias coronadas

de belllsimas, los patios

olo-

rosos a albahaca,

sombreados

de arrayanes

y gra-

nadas

de las jóvenes de ojos aterciopelados

de donde copió

en flor; Buga,

la de los jazmines

del Cabo y y sOffadares,

Jorge Isaacs

los de Marta; Buga.

- XVlI -

CORNELIO

HISPANO

la muy noble y muy leal ciudad de los caballeros, la dulce tierra de mi infancia, la tierra sagrada de mi madre, mi tierra I

- nm-

EN HONOR

DE HISPANO

(Reléos, 8~a).

f¡;'.~·' V': I~N selecto grupo

F~~';I:;:O::''';'-'

de caballeros buguellos

lli!~.~~I rrientes, en el Hotel Nápoles, zl ilustre

r~

. ,;.

lho:"

I

obsequió, en la

noche del 5 de Jas co-

literato

Cornelio Hispano, con una espléndida

cena.

Entre los concurrentes recordamos a los doctores Rafael Rengifo O., Emilio Quintero Vo, Roberto Be- cerra Delgado, José Ignacio Ospina G., ]en;{ro Cruz V., Antonio Montoya Payán, León Cruz Santos, F.

y los

López Pomareda

y Tulio Enrique

Tascón

-

XIX-

CORNELIO

HISPANO

señores Besalio y Rafael F. de Soto, Alfonso e Isaías Saavedra S., Eduardo E., Luis y Ernesto Salceda Ospina, Aristides Holguin, Gilberta Garrido, CH- maca Becerra, Jorge Latorre, Saulo Patiño B., Abel Cruz Santos,Jaime y Alejandro Cabal Pamba, Fran- cisco J. Sinisterra, Jasón Guzmán, Ulpiano Cabal S., Francisco Peláez M., Alberto Cucalón, Carlos Dominguez O., Daniel Mena y López, Daniel Valle- jo, Manuel y Luis Salazar, Augusto Cabal, Luis Dominguez Sánchez, Alonso Figueroa y César Vallejo.

El señor D. Gilberto Garrido ofreció la manifes- tación en estrofas felices, y el señor Alfonso Saave- dra, en un aplaudido discurso. El poeta Hispano agradeció la manifestación en frases elocuentes y rehozantes de cariño por esta tierra.

La fiesta se prolongó hasta la madrugada

y

dejó en todos los concurrentes las más gratas im-

presiones.

Estrofas dé) señor Garrido:

- xx -

EN

EL

VALLE

DEL

CAUCA.

A CORNELIO HISPANO

ofreciér.dole el banquete con que los bugueños celebrom03. hoy 5 de enero de 1919. su regreso 01 terruño

Te fuiste

un día, solo, ellllma

en primavera de ilusión,

y de tu espíritu en la calma

dormida aún la inspiraci6n.

Oaminos largos, más caminos

tu joven planta trajinó:

-dó

están del genio los destinai?

un dfa tu alma preguntó.

y como el Genio cerca estaba, muy pronto hubiste de saber

lo

que tu mente Ilmbicionabu

y

hllbra inquirido sin temer.

arda entonces la voz fausta quisiste el Genio hacer salir; en nuestra .Ateua s inexhausta fuiste los medial:> a adq\lirir.

-

XXI

-

COR~ELIO

HISPANO

y oyendo xuavas, dulces glosas,

I:'ntraRte un día con tu morral pOI' el sendero do las rO:ias en el jardín espiritual.

Fuiste, ceñido el primer lauro, la rica Hólaùe a escrutar, jinete en lomos del "Centauro" en un sonoro galopar.

y cual los heroes

de Apolouio:

-no

tenóis agua que me eléis?

dijiste, hermano de Suetollio,

a Hesperia,

Egle y Eritéis.

y el Olmo) el .Alam(¡ y el Sauce,

menos rebeldes

te dieron todo el sacro cauce que aprisionaste en tu Jardín.

a tu fin,

Despuós) oh místico ateniense ! calló el pagano ruiseñor; para el divino Estridonense cantaste el cántico illE'jor:

- XXII -

EN

EL

YALLJiJ

DEL

CAeCA

------------------------

(Cornelio, divino pseudónimo, más grande aquí mi devoción:

tú me metiste

en la mitad del corazón

a San JerÓnimo

)

La primavera de otros días biza en tu alma florecer las más sentidas "Elegías" para esta tierra enaltecer.

El Genio as!, buscando

al Genio,

torn6se al fin historiador:

de nuestro histórico proscenio hizo un altar encantador.

En él es Dios el dulce amante

aquél de Fanny

y tú del rito el oficiante que allí nos das de comulga!'.

de YiIlard,

(Cornelio, oh buzo divino!

me infundiste

al de Casilda, al Dias Andino,

en la mitad del corazón

al Gran Simón,

)

- XXIII -

CORNELIO

HISPANO

Vives poemas de amor puro:

siempre el Crinado te besó; el apotegma de Epicuro tu estro, en otro, lo inspiró.

De lo infinito en el abismo

la esfinge fuiste a aprisionar,

y

allf te encontraste tù mismo

y

te pusiste a sollozar

Los dioses diéronte su abrigo

allá en el mágico

puedes también gustar un higo

dulce de Egilos, cual

pais:

Tirsis.

Más grata que estas golosinas, en otra mesa, a ti más fiel, te dieron miel de las encinas, «panales dorados de mie!.,.

Ni un días aquf que te consuele; !iba este vaso de perdón:

"qué deliciosamente huele" este hidromiel del corazón!

Gilberto Oarric1o

- XXIV -

PA.LABRAS

del :¡eñor D. Alfon:¡o Saavedra :S.

o N la misma autoridad

con que la

II doncella de la montaña, ruda y vibran- te, admira la belleza de un crepúsculo,

sin más cultura que la encauzada

dados de su madre que la atisJa y el constante

esfuerzo de sus labores, sobre

hogar que bulle derltro de ella. Con las mismas

pnrrogativas

con que el mozo labriego, dejando

--,.

~~

n

_ U J

entre los cui-

la pendiente de un

- xxv -

CORNI<~LIO

HISPANO

los cuidados de su viejecita, ven-

go a rendir el tributo de mi admiración espon- tánea, sin literatura, sin arte, al alto poeta e insigne

el hacha, añora

patricio.

en mi alma que la falta de erudición me

incapacite para lIamarme crítíco- que así mis pala- bras serían para Cornelio Hispano el óleo con que se unge a los glorificados; ellas son apenas un lau- rel campesino; ellas sólo representan la expresión natural del enamorado de lo bello; quizá por eso tengan semblanza remota a ese sol de los venados que habéis cantado, al perfume ingenuo del tomi- llo y de la albahaca; ellas son como la obstinación del corderillo engreído en la ribera de alfombra es- meralda, donde brotan flores bellas, donde el agua del arroyo que pasa es más fría, impoluta y rumo- rosa, dor.de la asoma y el gilgero cantan sin temo- res de cazador y de rapaces, porque en esa ribera siente más grata la vida. Yo sólo sé declros que alleeros todos gozamos:

la abuela regañona, la sencilla muchacha inculta; eT aldeano enamorado; la dama os comprende, la n¡fia os canta, el músico os interpreta, el literato os aà- mira, el poeta os t:nvidía, el soñador campesino eI- perimenta que en las fibras delicadas de su alno

Siento

- XXVI -

EN

EL VALLE

DEL

CAUCA

sentimiento se entretejen las sutilezas de un arte di- vino y cifra allí melodias y mojulaciones armonio- sas que su idioma no sabe expresar. Al aIm;!, patria habeis dado, acorde con el orden de vuestro sentir, temple inmenso y propÓsitos irre- mediables. Habéis mostrado al colombiano, en ma¡;- níficos libros, desde cómo vivió este trozo de mun- do en el idealismo heleno, hasta cómo nació glorio- samente la Patria, y cómo el hermano, a quien casi amamantó, la ultraja. Yo, adorador de mi Patria yenamorado de la belleza, os admiro, os venero y os agradezco. Tomemos esta capa par la armonia, representa- da en la persona de Camelia Hispano, por quien nos hemos congregado aquí, para satisfacción gra- t[sima, hijos de Buga.

- XXYIl -

HISPANO

A.

LOS

BUGUER'OS

Amigos míos y conterráneos:

alegre ágape que

y efusi-

por haberme reu-

nido, en torno de esta mesa, a tántos queridos camaradas, viejos y jóvenes bugueños, condiscí- pulos ;>,.lgunos, toaos predilectos de mi carino.

Oracias por haberme ofrecido la ocasión de volver

a deciros que, a pesar

I R A C I A S por este

! me ofrecéis

tan espontánea

vamente. Oracias,

de mi larga ausencia, mi co-

- XXVJJI -

EN }~ L V A L L E D E L C A

U C Á.

siempre aquí con

vosotros; que soy bugueño por nacimiento y por

temperamento; bugueño con toda mi aL11a;bugueño

a macha martilJo, como las aguas de nuestro río,

bajo las cuales me siento volver a los qui¡1ce años, como los decrépitos árboles dr mi casa que me vieron nacer y que he abrazac'o como si fueran mis hermanos, y a cuya sombra, como al amparo

razón y mi mente han estadc

de los barbudos Términos de los antiguos, juntaría con ~usto la tierra que soy a mi madre ti'~rJ·a.

estas dulces palabras, madre

tierra, con que los elegíacos griegos empezaban los epigramas funerales consagrados a sus amadas o a sus amigos, viene a mi recuerdo una escena encantadora, habida en propicia ocasión, semejante

a ésta por su sinceridad y sencillez, tiernas flores

del alma que se dan lozanas en todas Jas latitudes. Un dia de noviembre de 1830, Federico Cho- pin, el inmortal autor de los Noctl1rnos, de las Po~

lonesas y de la Marcha fúnebre, dejaba, muy joven aún, a Varsovia, su ciudad natal, en busca de la

y al pronunciar

gloria. Un grupo de amigos, a la cabeza

de los

cuales se hallaba su viejo maestro Elsner,

se ha-

bía reunido para

aldea situada sobre la ruta, hasta Wola, lugar his-

acompaflarlo hasta la primera

- XXiX -

CORNEL~O

HISP.d~O

tórico donde se efectuaba en otro tiempo la elec- ción de los reyes de Polonia. Allí sus amigos ento- naron una canción, expresamente compuesta para

el acto, y, al terminar

ofrecieron una copa de plata, artísticamente cince- lada, llena hasta los bordes, no de vino, como su-

pondréis vosotros,

natal. Federico no pudo contener las lágrimas

el ágape de despedida,

le

sino de la tierra de la patria

Diez y ocho años más tarde, Chopin,

muerto

en París en pleno vigor del genio, fue conducido

al cementerio

de

polvo que se arrojó sobre su tumba fue aquella

tierra polonesa que, un triste día de noviembre, ha-

bía traldo consigo, en

de su patria para no volver jamás. Este episodio, amigos

bolo de ese amor, tan antiguo como el mundo, que

una copa de plata, al salir

posar al lado Je Bellini, y el primer puñado

del Père Lachaise, donde debía re-

mias, es un bello sím-

une,

con inefables

vínculos, a todas las almas no-

bles

al lugar donde, abiertas a

la luz y a la vida,

primero respiraron y sonrieron. Por eso, antes que

una voz del concierto

pin lo fue sublime, es un acento, un acorde de un rincón de tierra determinado. Alli tuvo él contacto

con la madre Naturaleza;

allí alumbró el sol sus

universal, un poeta, y Cho-

- XX:li -

EN EL VALLE

DEL CAUCA.

ojos y palpitó su corazón; allí pensó, amó, padeció. Un poeta es una patria que canté.!

bretón se asegura que una

maldición

vuelto a ver, antes de su muerte, su campanario parroquia!. Yo he vivido mucho~ años lejos de mi

En un viejo cuento

pesa sobre el emigrzdo

que no haya

casa,

pero arraigado

siempre po~ el corazón a mi

casa,

y ahora vuelvo a ver mi campanario parro-

quia!. Estoy, pues, libre de maldición, y por ello

os ruego me acompañéis a alzar este vaso, y tam- bién por este encantado Valle, tanto más querido cuánto más distante, y por los talentosos compa-

fieros que han ofreci do esta fiesta con frases tan elegantes como halagüeñas y abrumadoras para

por la satisfacción de

ya que la

alegría es dón del cielo, y los griegos la cultivaban tanto como la salud, su heraldo, y sin la cual no existe. Ella sirvió de base a la divina doctrina de Epicuro, cuyo encanto, al decir de Diógenes Laer-

ella fue

predicada por el Santo de Asís C'Jmo una obliga- ción canónica: los franciscanos deben estar siempre gaudentes in Domino, y por la alegría, por la sana alegría, conviene brindar en Buga para acabar con

mi, aficionado a las letras; hallamos reunidos aquí

alegremente,

cio, igualaba la dulwra

de las sirenas;

- XXXI -

CORNELIO

la fama de su tristeza,

difundida

HISPANO

por los que mal

la conocen o la quieren, y que confunden

el ruido

con el júbilo,

la algazara

con el entusiasmo.

Alzo

mi copa también a la salud de todos vosotros,

hijos

progresistas

por el creciente adelanto material, intelectual

ral de esta querida tierra del alma.

de Buga, incuicadores

de cultura,

y

y mo-

En medio

de la ~Iegria de la fiesta,

Hispano

recitó las mejores

casa natal, Leyenda del charco del burro, Chimbi-

todas del ambiente del dulce Valle cau-

buguefio y de las fragancias

<:ano:

laca, La escuela, impregnadas

de sus Elegías Caucanas: La

EL BORRIQUITO

BLANCO

leyenda :5agrada del Charco de! Burro.

El agreste rio del Guadalajara, bajo el bosque umbrío, una historia rara cuenta al caserio.

- XXXII -

EN

EL

VALT.JE

DEL

CAUOA.

85tO era un lllJtígllo

sábar10 ce ramos;

Jesús aguardaba

Para entrar

lIas

Sll mallso jumento

al pueblo,

bnjo alegre,; ramos, no había un jumento.

en todo el pueblo

Sólo un asno 1181'010';0, (!e Ull rico hacendado,

PlIstailflo, cruzaba Pero ese opulento Era el mús avaro

ia fértil COmtlrCa,

y adusto hacenelado

de aquella COJlarca.

Ya, a la tarele, todos

volrían

al pueblo

'l'ristes,

pues no hallaban

mÍls que aquel

borrico,

Cuanelo vieron,

antes

de entrar

eu el pueblo,

Salir, reb1lznando,

del

río un borrico.

 

Era el borriqllitc

más manso

en triunfo

y más blanco j

Cogido, lleváronlo

él la aldea,

Y, subre

el burrito

más manso

J" más blanco,

Entró

al otro día Je~ús

en la aldea.

Hosanna!

a su

paso,

clamaban

las gentes,

Alegrúos

Y, bajo las palmas Iba el borriquito

hijas de Salem,

Hosanna!

de rústicas

gpntes,

con Jesús, Hosanna

I

Y.bó

aql1r que al blijarse

En el templo

lleno do mirra

Jesú:~ del pollino, y de flores,

Hacia

el río, al trote,

marchóse

el pollino,

Libre

ya de ricos arneses

y floret.

- .:xXXIU -

s

CORNELIO

HISPANO

y aqur acaba el cuento del borrico blunco Que sali6 del rfo de Guadalajara:

Fue aquel el burrito más manso y más Que vieron las gentes en Guadalajara.

blanco

y el agre~te rio De Guadalajara, Bajo el bosque umbrío, Aun la historia rara Cuenta al caserío.

LA

CASA

NATAL

En Buga, cerca al río, cuyas brisas Serenlts deshojaban lus rosales En tibias noches de infantiles risa~, Mi casa está bajo árboles frutales.

Cuán viva la recuerdo!

El patio, el huerto,

La palmera más alta del poblado; Todo ahora estará ya mustio o muerto:

El mamey, los madroños, el granado;

La toma que bajaba de El Molino,

Entre habas, tamarindos y ciruelos, y a nuestra huerta entraba en cristalino AIroyo, bifurcado en arroyuelos,

- XXXlV -

EX

EL VA.LLE

DEL

CAUCA

Que regaban la roza y hOI'~alizas, U raudos, al eorrer b¡¡jo los limos E higuera~, apol'cadas COll cenizas, Meclan, retozll.ntes, los racimus.

Las tapias del jardín, tapias de piedra Que daban a la calle, florecidas DA bellísimas ante.3 1 hoy de hiedra Cubiertas estarán y derrllfda~;

Tristp el zaguán, donde ágiles corvetas Hacra, al ensillarlo, el ca.'1tañito, En días de paseo a Zabaletas, Sonso, Las Playas, Guacarf, El Cerrito.

y td, frondoso cidro, cuyas ramas De todo el pueblo uyeron Ias lisonjas:

Di, la casa natal hoy embalzamas? Aúo bañas en las aguas las to.ronjas?

Por recoger las frutas que e,ifan,

Yo madrugaba,

Un coco, un mango, un caimo, siempre hacían Ladrar el perro fiel de Ra lsia'ora.

a veces, con la aurora,

En otro predio rústico, vecino, Mataban lOll domingos un carnero Cebón, o chamuscaban un cochino,

y de chuparse

el dedo era el puchero;

- xxxv -

CORXELIO

HI~PANO

Empanadas, los sábados, y raros Jueves, COli mucho aliño de las ôras;

Cómo me SUDoreo al recordaras

Tamales, sin rival, de las lliveras i

Ra Pax, prima Prudencia, mi sia Anita,

Nombres que merecieron tÚntas loas Del vencindurio, humilrle capillita Do invitaban a orar lrlS Pigucl'Oas.

Isabel, :\largaritl1, Flora, Elisa,

A todas las recuenla

Con su risueiío delantal

y sus falons de olán y su corpiiio.

Nombrr,; de la niñez que no ha podido Borrar la ausencia, el tiempo, la distancia;

Nombres que siempre

Con su viejo (landor y su fragancia!

mi cari:10,

de frisa,

tornan rIel olvido

Por eso, mientras

viva, dulce casa

Que los guardas, a ti irá mi reclamo; Tu vejez, y hasta el liquen que te arrasa,

Sólo un amo tendrán:

tu anti~110 amo!

y cuando

ya no exista, tu ruina

Al pasante dirá, con voz secreta:

En otro

De este l'ta, la casa de un poeta.

tiempo aquí se alzó, vecina

Parts, 1912

- X~XVI -

E:t<i .E L y A L L E D E L C JI U C A

--- --.--.- -------

------- ---

LA ESCUELA

Entollces, vecina cie guarlunl sombroso, Muy cerca drl río se alzaba la Ermita. Donda el campesino pueblo al llfilfl.lJroso, Ferviente, alumbraba cnn cern bendita.

La escuela de niiíos queda.ba on la esquina, En :;:enda trillada p0r las IIp;uadorasj Eran las mae.;tras dos bueut S señoras, Regañonas, sordas y muy rezandcras, De fald6n morado, chaqueta, esclavina,

Y caja de p(llvo el1 las faltriqueras.

Las acompaiiuba un perrc" una gat:!, Un loro parlero que pedía clcao,

Y una tirnaneju, rolliza mulata,

Que cantaba cc'plas de pipiripao.

Todos los domin¡;os recib\an vi"ita

Del cura del pueblo, (JI Padre Donnto, Viejito encorvado, rubicundo y chuto,

Y, ya por la tarde, se iban a la Ermita,

También otro antiguo saeristán de Baga,

Cuya cara era Ulla sola arruga,

Y, no obstante, fresca como una lechuga,

- XXXVII

COl{~BLIO

HISPANO

Iba en la semuna, uua vez o dos, Con ruaua, chamhergo y estudiada to~, A pC'dír limosna para el niüo Dios.

Estos contertulios hablaban de sautas, Cuya vida y obras eran su prurito, De la mula errada, de brujas y espantos,

y del pavoroso farol de San Vito.

gn la sala habfa, con

un caleudario,

Un globo terrestre y un abecedario;

Un

viejo pesebre, con su asno y su buey,

Sus magos, pastores y cÚndida grey; Sobre las cornizas, piadosos retablos, Calvos San Antonios y ~raves San Pablo s, y contra los muros, pesarias y cojas, Tres sillas dA Córdoba, dos escaparates, Con loza vidriada, bandejas y mates, y en rededor del tosco tilllljero, entre hojas

De aliso, badeas, piñas y aguacates.

Luégo, el claro patio, la huerta, el pensil, Donde, entre las blancas rosas de Castilla, Flotaba el perfume de la manzanilla, Mejorana, orégano, ruda y pffegil, De la yerbabuena, malva y toronjil.

A las seis en punto se servia la cena, Que estaba gnardada bajo la alacena:

- :n:xvm -

EN

EL VALLE

DEL

CAUOA

Ohocolate, queso, dulce y ag:la clara y fresca del r10 del Guadalajara.

Oh têmpora, oh mores! Oh escuela divina,

Oomo las de Atenlls! Oh buenas seño:as Patriarcales, sordas y muy rezado ras, De faldón morado, chaqueta, esclavina, El 6ltimo afecto yo quiero rendiros Hoy que, CODmi madre, sois3ll el Señor,

Y un tierno se~reto del alma deciros:

Que do lo que el mundo guarda en sus creadoras Entrai\as y zODas, bajo las estrellas, Las cosas más puras, m:\s dubas, más bellas,

Son las que en un tiempo,

Me enseñaste, oh sordas y santas se liaras !

de amor y candor,

OIlIMBILAGO

La luna era el dia; los ágile3 niños

Llenaban de cantos y risail la calle; Gerca, hocha unas pascuas, y toda cariños, La abuelita blanca como los al'miños, Y, lejos, el vasto silencio del Yalle.

- Ohimbilaco, que te coge el día!

- A. que no liE, cogerá!

- XXXIX-

CORNELIO

HISPANO

En la selva el fosco morrocó, turbando La nacho, lanzaba su tétrico g-rita,

'Mientras, las manitas juntas sobre el blando Regazo materno, y balbuceando, El medroso niño lezaba el Bendito.

-Chimbilaco,

- A que no me cogerá!

que te coge el dta!

Tormenta lejana, COD lumbres de argento,

Las cumbres andinas, de pronto, abrillanta; Disuelto en el aire se pierde un lamento,

y sigue la abuela contando

Del péjaro que haf¡la y el árbol que canta.

su cuento

-

- A que no me cogerá!

Chimbilaca,

que te coge el dta!

Ay! cuán brevemente pasar::m las horas, Cenidas de rosas y ensueños antaño! DIáfanas y frescas y retozadoras,

aomo en los jardines

IflS fuentes cantoras,

Ay! COD quó tristeza recuérdase ogaño!

- Chirubilaco, que te coge el dra!

- A que no me cogerá! Si, al menos, como antes ent~e enredaderas Se alzara el tejado de la vieja casa,

Si el huerto luciera sus plácidas

éras,

- XL -

E K E L V A. L L E DE ¡. C A. U C A.

--.---------.---. --- ------~--

Sus tapias floridus y sus tnlnnquerai:l, Mas todo se acaba, pero todo pasa.

- Chimbilaco, que te coge el dia!

- A. qne no ne cogerá!

Si pudiera, oh slleiios! vol ver a mi

tiorra

y ofr las rondallas, de són elegíaco,

Que cantan las hijas del pl1eblo en la sierra;

Sentir

y ver a los nifioil jugar chimbilaco . Chimbílaco, quo te cogo el día!

el misterio que la pampa encierra,

Caracas, 1!lll

- A. que no me cogerá!

¡.: L S O L D E L OS Y E N A D O S

Reposa el mcnte y la campiña,

y corre

FI J'fo, blljo el puente, balbuciendo; Tiñe de rosa el sol lejana tone,

y por el campo el buey pasa mugiendo.

Tardos y silenciosos campcEinos Descienden de la sierra, duerr1e el vionto, y los añosos bosques vespertinos Parecen exhalar como un lamento.

- XLI -

Las muchachas

CORNELIO

HISPANO

del pueblo que en la fuente

Hunden sns rojos cántaros, medrosas. Miran, bajo los árboles del plllmte, Temblar la onda ell floración de rosas.

Suena en el aire mfstico tañido y el poeta, en la playa solitaria, De cara al sol, escucha enternecido, Como un sueño de amor, esta plegaria.

Es la hora en que dejan la espesura y vienen a pacer a los collados, y a triscar, como en tibia onda pll~a, En el sol de la tarde, los ,·enados.

A ESTELA

En los bug-uenos jardines, De claveles y jazmines, Donde con áureos reflejos Liban miel los tominejos y vuela la mariposa,

Eres, Estela, una rosa,

-

xU!

-

EN

EL

VALLE

DEL

CAUCA

Rosa Ciue por b maiïana

Respira a la luz temprana,

y en la soporosa tarde

Cual ascua encendida ai:de; A las vespertinas ~raua:>, Estela, así, te engalanas.

Rosa que aceudra ambrosía

Y, al despertar,

Abre sus prístinas hojas, Ya rubias, albas o rojas, y da su aroma a las brisas, Como tú nos das sonrisa~.

Rosa crema, sin espinas, Así en la viùa caminas, Dejando en Ins corazones Como acentos de canciones; Quién podrá olvidarte, Estela, Rosa colar de canela!

con el día,

Tú que naciste a la AUl'ora, Como Venus tentadora, Tienes la virtud secreta De la morada violetll,

y ante tu aliento se humil.'a

y esconde la manzanilla.

-

XI,l11

-

COHNELIO

HISPANO

Rosa t6, virg(nea rosa,

Blanca y casta y deleito,,~\, At mirar tu epifanin,

Ansiamos tu euc:uistía Alzar hasta n nestras bocas:

Estela, asi nos provocas.

y como en tu f¡IZ palpita Sangre de la SlIlamita,

Estela, preciosa illfiel,

Te asemejas a RICJuel

y n las rosas de Saarón Que amaba el rey Salom6n.

Cuando el céfiro te acosa Llneves botones de rosa,

Como el durazno sus pomas

Al posarse las asomasi Rosal qne en mi verso alabo, Te envidia el jazmill del Cabo.

En otras tierras

y climas

Te dirán mejores rimas, Pero nnnca más sincer~s,

l\"i tus gracias hechiceras

Tendrán marco más risueño Qne nuestro huerto bugneño,

- XLIV -

EN

EL

VALLE

DEL

CAUCA

RosfI I que al afio floreces Cual lo~ de P6stnm dos veces, Cómo se inclinan tus ramas,

y tus cosechas derrama~,

De ¡.¡onrisas ! Yo te q niETO

Como a In flor del romero.

En los bugueiius jard; nes,

De claveles y jazmines,

Dondll COll áureos reflejos Liban miel los to!ninejos

y vuela la mariposa,

Eres, Estela, una rosa!

Buga, Nochebuena de 1918

- XL T -

L I T E R A T O E H 1 S T O R I Ó G I{ A F O

ACTUALMENTE HUESPED DE ESTA CIUDAD

(Relatof, Cali)

O e o S de los intelectuales

colombia-

nos contemporáneos pueden, como Hls-

_ pano, exhibir una

obra

tan selecta

como intensa.

En sus poemas -- ya agrupados

en tres

helénico, la blanda sugestión

bíblicas y las reverberaciones quemantes del tró-

pico. El Jardin

de las pre-

dilecciones

parenta

pa-

hermosos libros -

rebosa el clasicismo

de

las

leyendas

de las Hespérides (poemas

cuanto

ganos)

es urna bellísima guardadora

de Hispano

de todo

trans-

En La

el alma de la Grecia antigua.

- XLVI -

EN

------------

Leyenda de Oro (poemas

mente, acarician te, el espíritu

EL

VAT"LE

DEL

CADCA

-------------

cristianos) flota suave- d{~ la vida tranquila,

incomplicada,

allá de remotns

siglas.

Pero

el ve-

nero riquísimo

del pensamiento

poético

de

His-

pano-quizá

por la expontánea

sugestión del suelo

nativo,-Io

hallamos en Las EleRías Caucanas: alii

supo derramar el perfume indeficiente

sensitiva;

parece haber

valle, los crepúsculos

fico, el río rumoroso

anhelos

de su alma de artista

del

en esas

estrofas

su

retina

copiado los cielos maravillosos

incomparables,

que lleva

tajo

Al leerlas,

el sol muní-

sus ondas

los

nos distan-

de un pueblo

ciamos de la influencia

de esta naturaleza,

desbor-

y sentimos

el balanceo

rítmico

dante y agresiva, que lleva nuestra

alma como por

sobre

obedien-

tes ondas

de aire.

La prosa de

Hispano,

diáfana y vigorosa,

ha

dado

a la bibliografía

continental

productos ópti-

mos.

Por las páginas

d~ su libro De Paris al Ama-

zonas, Hispano

conduce

al lector a través

de los

tesoros

artísticos

del mundo

parisino y luégo

lo

trae por entre las intrincadas

selvas

del padre

de

los ríos: el contraste

es sorprendentel

El Diario de

Bucaramanga, la extraña

obra del General

L. Perù

yacían en las empol-

de Lacroix, cuyos manuscritos

- XLVII -

OORNELIO

HISPANO

vadas estanterías de una biblioteca caraqueña, por efecto de un erróneo concepto de lo que debe ser la historia, fue copiado por Hispano con p~-

ciencia

prensas cie la C'lsa Ollendorff, se levantó airada la protesta de la incomprensión, como si el erudito historiógrafo bugueño se hubiera hecho reo de

atróz cielito! Ahora, revaluada esa apreciación,

hecha

yeron que Ja persona de Bolivar se deslustraba

con los apuntes

prichos, se ha apreciado debidamente el servicio he- cho a la historia americana por Hispano. Colombia en la guerra de la independencia, otro volumen de Hispano, constituye preciadísimo aporte en pro de

la gloria nacional, en el que se hacen resaltar Jos esfuerzos realizados por nuestra patria en favor de la emancipación. Hispano ama con delirio la gloria del liberta- dor. A ella ha consagrado sus mejores estudios y

la aplicación analítica de sus atinadas observacio-

a la luz

pública la Historia secreta donde pasarán las aventuras

benedictina; y cuando el libro salió de las

al golpe de las impresiones de quienes cre-

íntimos sobre sus pasiones y ca-

nes. Está ya en prenSJ

y pronto

saldrá

de Bolivar, libra por

galantes y amo rosas de Hispano, supo

del Libertador, quien, al decir

- :ILvm -

EN

EL

VALLE

DEL

CAUCA

sintetizar la vida en un tríptico admirable: gloria,

mujel y vino.

La venida de Hispano a Cali representa para quier;es lo conocemos, algo asi co:no el rescate, transitorio, de los padecimientc1s de nuestra gris monotonía, algo que l1a hecho f'orecer de alegria nuestros campos de esperanzas. Pase, pues, él bajo las arcadas triunfales de admiración que aquí levantamos al vallecaucano mirr_ado de las bellas letras.

caballeros de esta

ciudad obsequiará mañana a Hispano con un sun-

tuoso banquete.

Un grupo de distinguidos

~ XLIX -

II O JI E ~ A J E A li I S P A N O E N C A L I

(Correo del Cauca, Cali, enero 20. 1919)

-

N O e H E, como lo habíamos anunciado, I se efectuó en los elegantes comedo! es del Hotel Europa, el banquete organi-

zado por un grupo de amigos y admiradores del historiógrafo vallecaucano e inspirado poeta Cor- nelio Hispano. Estuvieron presentes las siguientes personas:

Señoritas: Stella López, Margarita López. Eu- genia López e Irma López. Señores: Cornelio Hispano, doctor Manuel Ma- ria Rodriguez, doctor Evaristo García, don BIas S. Scarpetta, don J. Emiliano Otero, don Ricardo Nieto,

Q

,

"

~_i

-

L -

EX E~. Y á. L L E D E L C A U C A

do.:~')r Federico López Pomarcda, don Ernesto Fr~:lco S., don Abraham Domínguez, doctor Salva- dor Iglesias, don Jorge Santander, doctor Teodo-

miro Calderón D., don Jorge Zawadzky, doctor Pri- mitivo Iglesias, doctor Francisco Magaña C., doc- tor Ernesto García Vásquez, don Pedro Cucalón O.,

don Luis R. López, doctor

Olimpo López Lema, don GuUermo López, don Isaias Saavedra, don Alfonso López, doctor Lauren- tino Quintana, doctor Ciro Molina Garcés, don Her- nando Zaw(luzky, en representación de Relatar;

Juliu Fajardo H., don

don Hernando Guerrero, de La Orientación; don Francisco A. Paláu, del COrïf!O del Cauca.

La mesa se hallaba

arreglada con exquisito

gusto artístico, y cn los muros de los comedores ondeaba el pabellón nacional. Las mayores animación y cordialidad reinaron durante la hermosa fiesta, que será siempre de grata recordación para quienes asistieron. A la hora del champagne, don Ricar;lo Nieto, nuestro excelso vate, se dirigió a Hispano, en nom- bre de los concurrentes, en los siguientes términos:

"Señor Hispano:

«El grupo de amigos que os rodea en este mo- mento ha querido, de manera muy modesta pero de

-

LI -

 

CORKELIO

HISPAXO

 

modo muy cordial,

testificar su admiración

al egre-

gio historiador

de

Bolívar

indepen-

dencia;

poeta que tras luengos

su entusiasmo

y de nuestra al literato

y su años vuelve hayal

afecto

al

Valle de

Efraín y de María, que

él cantó en estrofas

que tie-

nen la suave cadencia

de

la brisa

en

las

ramas

y el apacible

murmurio

de las

de nuestras selvas ondas del Zabaletas

y del Nima.

 

Poeta, literato, historiador:

los con los cuales se presenta.

quien ha hedlO célebre

hé aq uí los tres títu-

gallardo y victorioso,

quiera

el nombre

en donde

de «Camelia

Hispano.» Fecunda

labor la de este

hijo de nuestro

Valle, cuya gloria es nuéstra,

como

son nuestros

la gloria del

cielo inmaculado

que

nos cobija

y la del sol radiante

que

enciende nues-

tras venas! Fecunda

labor la de este

acto exponente

de

misma

la moderna

la

pluma que traza las Elegias Caucanas o la

cultura

colombiana,

que con

Leyenda de oro, describe en páginas

imperecederas,

a Colombia,

la Heroica,

y erige

un monumento

literario

parece haber sido el lema Que

hijo de

Apoio y de Clío que, junto a la flor de lis y a la CÍ-

grabara

al Padre y Libertador

de la Patria.

este

Belleza y verdad

en sus cuarteles

heráldicos

tara encantadora,

calzó el coturno

de la Diosa que

- LU -

EN

EL VALLE

DEL CAUCA

los griegos 1 epresentan-terri

un libro cn la mano. Belleza y verdad, verdad y be-

lleza: ¿existe algo en el Cosmos más píritu humano? ¿Y no es por ellas

hombre se asoma hasta

tiemblan los astros y se encienden las estrellas? ¿Qué ideales más altos que e~tos atributos del Sér Excelso y Suoremo, que un L1iatallan en mármol la Venus de Milo y otro día tallan con la pluma

la efigie de César o la estatua de Alejandro? Primero fue la poesia, después la historia. como

el fruto. Tres fases

blemente belIa--con

digno del es- por donde el

ese cóncavo azul donde

primero

comprcnde la obra poética de Hispano: Grecia, el

Cristianismo, la tierra natal. Sediento de ese vino "que 110 beben los bárbaros," H spano clavÓ sus ojos

Homero, y de los

bloques de mármol de Paros que sirvieron para la

en esa Bélade antigua que oyó a

fue la flor, después

Venus

Victrix o para el ApoIo de Belvedere,

construyó el jardín de las H'!spérides, por donde vagan los centauros índómitcs y se asoman las Oreadas llorosas, mientras las nillfas de los bos- ques, coronadas de yedra, corren perseguidas por los Faunos risuer-os o por los Sátiras, de ajas cen-

tellantes. Pero el dios Pan había muerto. Y entonces es

-LIll-

COHXELIO

IlI:SPAXO

Jerónimo

quien llora "bajo

rotos quitasoles

de pal-

mera."

Es el santo

solitario,

de luengas

barb;¡s y

ojos hundidos,

lagro se ha clanplido:

Deltas,

en lentas caravanas

siertos,

paz espíritual, siempre

el que clama en el desierto.

los hombres

no acuden

la pitonisa

a buscar

ha terminado;

en

perfumada

El mi-

ya a

en donde

se van

la soledad de los de-

de Afrodita,

no la carne

sino la

buscada y nunca consegui-

da. Ahí tenéis La leyenda de oro.

Después

la patria, mejor dicho, el terïlliir).

y ésta es para mí la f¿¡z poética

Hispano. Callejones polvosos saturados

de las piñuelas

asoman los carboneros

tartaladas

y los guásimos;

más simpática

de

del aruma

maduras;

remanso

del río donde se

casas des-

corredores

y pa-

y antiguas.

de amplios

tios o)(¡fOSOS a albahaca,

en d0nde a las

tarde rezan el rosario el pratriarca

bugueño

seis de 11 y su fa-

milia; mangas donde pastan los ganados

a la

sombra de los chimangos

y de los guayabos

en flor;

río Cauca, callado

y amarillo,

en cuyas riveras

can-

tan (as zarcetas

y meditan

las garzas;

la piedra

en

donde muchachos nos sentábamos

antes de C<ler al

charco transparente;

el primer

caballo que montá-

mos y la primera pena que

tuvimos,

y

-"Chimbilaco,

que te coge el día!-a

que no

me cogerá!"

- LIV -

E N E L V A L L E D E TJ C.A. U C A.

,

.

Teda, toda esa infancia muerta y esa adolescen- cia marchita; y esas costumbres oxidadas, más be- llas a través de la distancia; yesos paisajes, por desgracia vivos cuando se halla muerto el corazón; fado eso, digo, está encerrado en la urna que llamó Hispano ELegias caucanas, verdaderas elegías por la melancólica dulzura del pasado, y caucanas por los temas regionales que en ellos se cantan.

El literato se confunde con el poeta. La prosa

de sus libros corre cristalina como un río de nues- tro Valle; es la prosa renaniam., sencilla como un árbol, pero difícil en su aparente sencillez. De Pa- ris aL Amazonas tiene páginas exquisitas. Cuando el poeta llega a la ciudad luz, s~ transforma. No es ya el poeta de las ELegias, sino el amante que besa a la amada en los risas y en los labios:

«Es con la piedad, amor y veneración con que los grandes romanos volvían los ojos hechizados a

AtE'nas, y los atenienses,. niños mimados de la glo-

ria, en SUR crueles

cia, como vuelvo hoya ti mi corazón y mis pensa- mientos, oh París! PoIífila cap:tal de la República de las almas! Atenas rediviva! Antorcha del mun-

do! Dar y nata de todo lo noble y de todo lo bello,

días de zozobra

y decaden-

- LV -

CORNELIO

HISPANO

----------------------

compendio y síntesis

de la vieja Galia eterna de los París! París!"

y del poeta aparece

para su cabeza

el que y para la

más en el país, y que tiene algo del y algo de la Hispa-

de Hita:

druidas f1orestales .•

Y en pos del literato más lauros ha desgajado

Patria,

fuera de él, el nombre armonioso

Lacio de Virgilio

nia

y el que ha hecho conocer

y de Tácito,

del Romancero

del Cid y del Arcipreste

Camelia Hispano. Es el historiador

laborioso y

ameno; el biógrafo

de Bolívar, el Grande;

el com-

pañero

de Blanco

Fombona, de Villanueva

y de

García Calderón.

Rodó lo aplaude,

y el actual

Pre-

sidente de Colombia

rea

la obra histórica

dio macizo y admirable

larga y extraña

prologa

una de sus obras. Ta-

seria hablar

aquel

de

estu-

de Amé-

a este momento

de Hispano, desde

sobre

el Creador

rica, comparable sólo al delliteralo

uruguayo, hasta

el último

que

se anuncia

ya y en que veremos

no

al Bolívar

del Delirio sobre el Chimborazo

sino al

Bolivar íntimo, enamorado y galante, mezcla de Luis

XV y de Condé, impetuoso

como un torrente

del

trópico;

al amante

de

Fanny de Villars

en su pri-

mavera,

y de Manuelita

Sáenz en su ocaso; al Bo-

lívar-hombre,

que todos conocemos.

en una palabra,

- LVI -

y no al Bolívar-dios

E.l'\

EL

VALLE

DEL

CAUCA

En Hispano,

el literato

y el artista

sirven

al

historiógrafo.

ésta es una de

sus cualidades-

No es ya su obra -y aquel hacinamiento

de fechas

y

documentos,

de

citas

y de nombres,

a que

tan

dados

han

sido

los antiguos

reconstructores

de

nue~tn vida nacional.

Es algo distinto

de aquello.

La helleza

no anda reñida

con la verctad. sino que

se completan.

Hisrano

es, e·, este

sentido,

un

hijo

f'e.: aquel

exquisito

y ddicioso

historiador

francés,

rovinzios •. un hermano espiritual

Amadeo Thierry,

el je los Relatos m/'-

de aqucl Ilcnry

Houssaye,

que

r.ns hace

asistir

a la tragedia

de

Waterloo y a ],;s

dolorosas

retaliaciones

del

Terror Blanco •. de aquel

Federico

todas

por al Corso de Ma- de las batallas,

pero

Masson

cuyas paginas, consagradas

renho, pasa é~te no con el triccrnio

sino con el vestido

de Jas demás

hombres,

de~tacándose,

en media

de ellos, como el sol entre

les demás

astros

de nuestro

sistema

planetario.

Historia exquisita

es ésta, que no tiene las arideces

de los campos

sino la verclura

de los desiertos,

primóverales.

Mas

¿a qué seguir

en este asunto

tan cono-

cido de vosotros,

los que

lo h:lbéis

leido?

Ni este

es el momento,

ni soy yo elllllmado

a hacerla.

- LVII -

CORNELIO

HISPANO

La comisión que los aqui presentes tuvieron a bien darme, era sólo la de dedicar este ágape

fraternal al litera~o y al amigo

su visita. El/a está cumplida, aunque ha faltado

la palabra de oro con que debió hacerse, por care-

cer cie ella el apoderado que elegisteis.

que nos honra con

Hispano: Cuando el autor de Marco Aurelio, ya célebre y glorioso, volvió a esa dulde Bretaña que años atrás había abandonado, joven y desco-

nocido; y oyó en la suave melancolía de la tarde

el eco de las campanas

chicuelos de

Tréguier; y escuchó nuevamente el himno de las

olas al romperse en el acantilado de las costas del

los ojos y besó con

hondo cariño la tierra en donde se habían abierto

al

volver, tras)a

recorrer los mismos sitios cantados, el mismo sol refulgente, el mismo dela cariñoso, azul y pen- sativo y al veros entre nosotros, quizá murmuréis, en voz baja, el verso admirable de Musset, que todos recitamos, n::>cuando se abre la vida literaria como un botón de rosa, sino cuando empieza ya a des- hojarse suavemente, como una flor de otoño:

ausencia, a nuestro Valle amado, y

a la luz. Algo análo~o ha debido sucederas

Norte, sintió humedecerse

de trigo en donde jugueteaban los

nativas; y vio las gavillas

- LVIlI

-

.E X E L V A L L ~l D E L C A U C A

"EIre

admiré n'est rien,l'affaire est d'etre aimé!»

«Ser aJmirado

cho! •.

es poco, más ser amado es mu-

He dicho.

Estrepitosos aplausos interrumpieron varias ve- ces al orador. Acto seguido, Hispano pronunció LIn bellísimo

discurso d~ "gradccimiento,

verán ,~n la edición de hoy de Relator.

qœ nuestros ]~ctores

Don Jorge Zawadzky dio lectura a una hermosa

y sent:da

Alberto Carvajal, quien no pudo concurrir

fiesta por motivos

carta

alus~va éll acto, dirigid:':! por don

de salud.

a la

Los doctores Evaristo

Garc;'a y Manuel María

Rodriguez deleitaroil a los concurrentes con feiices im provisaciones. Nieto, Hisnano y Molina Garcés recilaron esco-

gidas composiciones,

tancias de los presentes. Un expresivo telegrama de Saavedra G11indo,

cediendo a las repetidas

ins-

asociándose

hizo conocer de los circunstantes. La Orq'Jesta Unión Musical amenizó esplén-

didamente el banquete.

al homenaje

rendido

a Hispano,

se

- LIX-

OORNELIO

HISPANO

Nada más justo y merecido que esta hermosa

manifestación

uno de los más altos exponentes

lidad colombiana, cuyo nombre es conocido en to-

dos los países vantes.

en que se habla el idioma de Cer-

de aprecio y admiración

hecha a

de la intelectua-

En seguida fue leída esta carta del doctor Saa- vedra Galindo.

-

LX

-

La Cumtre, enero 2 de 1919.

Señor D. Isaías Saavedra S.--Buga.

[miA Z tenido la idoa feliz de iniciar con

otros compaflcros tina espontánea ma-

Bien querido Isaías :

l nifestación social a Cornelio Hispano,

Y te has acordado de

mí para darme el grato y honroso encargo de ofre-

cerIa al ilustre festejado, que visita ahora Jas caros lares de su ciudad natal. Por varias aspectos me es honorífica y placertera senejante designación,

esclarecido hijo de Buga.

que sé agradecerte cumpliera ton positivo

en todo lo que vale, y que gusto, si el reciente que-

branto de salud de mi primogénito SaúI, no me

hubiera

forzado a este campo en busca de un

clima mejor para restablecerlo. Dcbo confesarte primeram'~nte que en todo Jo

-LX!-

-------

CORNELIO

-"-

-

-.

-'.

--

-.

-

-."--

HISPANO

--.---

_o.

_"

que de Buga se trata, en asuntos de honor, experi- mento una íntima sensación, mitad orgullo y mitad placer, que se asemeja mucho a lo que siente el

dt: su

hijo en todas las satisfacciones propia madre.

y alegrías

A esto se agrega, que ser el portavoz de aquella

fiesta gentil, exponente de la actual juventud bu-

gueña, tan bien dotada de cerebro y de alma, y presidida por Cornelio Hispano, representa inne-

gab/emente

quiera, y despierta en el espíritu intelectual cuerdo de una mañana de Atenas.

el re-

un claro timbre para ufanar a cual-

Y, fina/mente, dirigir /a palabra -alma eterna

de las cosas-a

tan eminente literato, es asunto

de elevada selección,

que por sí mismo

honra

él quien lo hace, y deja, además, imborrable

con-

hemos sabido

apreciar /a pluma de oro del consllgrado escritor vallecaucano

tento a los amigos

que de veras

Pero ya que no puedo estar contigo y con tus nobles companeros en esta apetecible reunión, he

querido que al menos vaya esta carta, escrita con el estrecho margen que me deja la partida del tren,

sea esta mi-

siva el heraldo

de todo lo que de mi sér pueda ir

hacia ustedes, quedándome yo aquL

inexorable como la muerte, para que

-LXIl-

EN

EL

VALLE

DEL

CAUCA

Tu designación

cultura

de exransíÔn,

cármenes caucanos

para ofrecer aquella

fiesta de

me ha hecho soñar en una hora de solaz y

en medio

(que

de las flores de nuestros con sus rosas y azucenas

inmort,dizó

María, la de Isaacs), aromando

con su

clásico perfume

y luciendo

~,us matices

como es-

estrellas

de la tierra,

subre jarrones

antiguos que

ostentan

la elegancia

etruria,

Cll

el lino de

una

mesa cubierta y de Bohemia.

por vajilJ:¡s de léS fábricas

de Toledo

Oyendo

la música

de lo~ inspirados

artistas

de t:S[J privilegiada

lazar, han hecho de las cuerdas

que una armonía.

sección,

que a la cabeza de Sa-

un rito, aún más

Viendo

subir

del labio al pensamiento,

 

como

una ola de alegría,

el espumo!;o

vino, que reboza

en los bordes dorados

del fino vaso bacarat. -

-

-

-

-. -

Qué hermosa y merecida fie:;ta!

 

No es posible

en tan pequeño

espacio,

 

ni aun

abreviar

Hispano. Pero es preciso recordar--eso siquiera-

que aquella manifestación

hijo de Buga, que se fue un

nocido, camino

el esbozo de la persoralidad

de Cornelio

está dedicada c.1 dilecto día, sólo, niño, desco- «con el azul cuaderno

de Bogotá,

- LX!Il -

CORNELIO

IIISPA~O

bajo el ala, y vuelve hoy nimbada sa frente por una fama de escritor que ha salvado los mares de su Patria, para colocaria entre las plumas america- nas de primera magnitud. Comprendiendo Camelia Hispano que para vencer con el espíritu es preciso, como lo hizo el divino Francés, «nutrirse de raíces griegas," se fue a los campos del helenismo y violó los sellos del idioma inmortal de Píndaro y Hornero. Sintiendo en S:I espíritu como Isaacs y Rivera Garrido los impulsos amorosos de la tierra poé- tica en que nació, la cantó en rimas de soberbio valor métrico, en Elegías CafJcanas, que esta «tie- rra del alma» no podrá olvidar nunca. Como crítico, Cornelio Hispano ha batido re- mos de candor. Ha hecho obra admirada por eru- ditos y pensadores de la éra contemporánea. Como historiador, ha fatigado las más encon- tradas opiniones de los últimos tiempos. Comba- tido muchas veces, hasta con acerbía, como cuando

fue

a los archivos de Caracas a desentrañar gran-

des

amarguras para el patriotismo -la

historia es

impasible como la naturaleza;- y aplaudido siem- pre por los tesoros que él ha descubierto en la Biblioteca Nacional de Bogotá, en donde vive Cor- nelio como buzo en el mar.

- LXIV -

EN

EL

VALLE

-------------

DEL

CAUCA

------

-------

Comó poeta, tiene cantos de la más clásica mo- delación, verdaderas esculturas marmóreas, puli-

das y perfectas,

mostramos lo que fue el arte griego. ~o alcanz') más, mi caro amigo. Desgajen ustedes al1á, p.lra Cornelio Hispano, el más fresco laurel que darse pueda sobre los montes sacros de la histórica ciudad del Guadala- jara; que ella le conozca y le ame ahora a él, como él la ha amado y dado a con:>cer tan lejos con el oro sideral de su pluma. Yo me quedo aqui acompaftándolos con el espí- ritu, en medio de la paz de esta fresca montaña, cumpliendo el anhelo íntimo de Salvador Rueda:

como las que nos quedan para

"Tener UIl hijo que me diese llliento, que fuese como un prolorgamiento de mi sér, y pasar la vida entora

con él a solas dedicado

al cuidu

de su alma y su razón,

para quo fuera

lo que yo soñé ser, y nUMa

Tu primo y amigo afectísmo fuertemente la mano .

he sido.»

que te estrecha

J. M. Saa"e~ra CialiQ~o

- LXV -

EN HONOR

DE CORNELIO

(Relator, Cali)

HISPANO

B

~

I

:ENTUROSAS

¡ ocasiones

pueden considerarse las

mer-

en que nuestro media

cantil permite un sesgo hacia preocu-

paciones más elevadas. y así la uQuedad del

Interés y la monotonía de lo prosaico

muten y amerja la vida espiritual regocijada. Por eso el banquete con que fue obsequiado ano- che Cornelio Hispano, en los comedores del Hotel Europa, brinda infinitas consolaciones. Encausados en lecho de oro, al poeta fueron los afectos de sus admiradores, con toda su esponteneidad, con toda

su ternura, libres, llevando cada cual-como río que

va recogiendo pétalos y hojas y copiando

ofrenda me-

linfas pedazos de cielo y paisaje-la

recida.

se tras-

en sus

- LXVI·-

E X Ji; L V A L L E DEL

C.A. U C A.

La presencia de gentiles damas, encendió la ale- gría entre todos. Preciso es subrayar, como merece,

el realce dado a

Stela, Margarita,

currentes supieron tributarIes ~l culto que demanda la mujer distinguida, la mujer como símbolo de levantadas ídealidades del espíritu humano. A esas damas, sobre cuyas cabezas parecian fulgir rayos gIorificadores, consagramos caras y deferentes pala- bras de simpatia.

la fiesta pür las bellas señoritas Eugenia e Irma López. Los con-

Hispano ocupó el puesto de honor, y a su dere- cha e izquierda tomaron asiento los doctores Eva .• risto y Pablo García A. Asi, la fiesta semejaba un ágape ·-suntuoso ágape,-en donde las rimas sono-

ras y los faws de la sabiduría alternaban

metiùa emulación. Ricaruo Nieto ofreció el banquete en frases in- superables. Rápidamente esbozó los cartdales men-

tales y obra de Hispano. Nieto tiene el don de ha-

cer sentir lo que

alma s~nsÍbjlizada por el arte. La naturaleza ejerce

en pro-

él siente,lü que palpita en su

sobre él dominio completo. La sangre late venas con ímpetu de ola sobrc~ el tajamar.

sobre él dominio completo. La sangre late venas con ímpetu de ola sobrc~ el tajamar.

en sus

El dis-

curso del señor Nieto mereció calurosos aplausos. Hispano contestó con donosura y brillantez. Su

- LXVll

-

CORNELIO

HISPANO

emoción era visible. Sus palabras cálidas, con acen- to de añoranzas queridas, brotaban desde el fondo de su noble corazón. Cali sabrá agradecerle, espe- cialmente, el recuerdo consagrado al egregio Jorge Isaacs. Frenéticas palmas recibió Hisp¡¡no al con- cluir su m:'\gnifica oración. La publicación que de ella hacemos en seguida, nos releva de ampliar su elogio. El doctor Manuel María Rodrígucz- afortuna- damente presente para el complemento de la fiesta .- accedió a dejarse oír. Sus ojos apagados para mí- rar las cosas del mundo, abiertos están para inda- gar sobre todo orden de manifestaciones espiritua- les y mentales. El doctor Rodriguez es nuestro más alto exponente de intelectualidad. Nadie como él

que

yugue con la suavidad e ilustración del concepto. Con vehemencia, muy sentida, el doctor Evaris-

to García, prodigó los danes de su palabra. Entu- siasmo delirante produjeron las frases brotadas del

sabio venerable. Sobre su

nieve de los años, flotan, en plena florescencia de

ju ventud, los más hermosos anhelos. Nieto, Hispano y Ciro MoUna-cediendo

radas exigencias de los circunstantes-recitaron se-

cabeza, nevada por la

sepa cincelar la frase y nadie como él que sub-

a reite-

- Lxvm -

RX E L Y A L L E D fi~L C A IT C A

Icctisimas c:;trofas. Gajos de laurel cayeron sobre

las manos d~ los tres apolonidas. Hispano debe sentirse orgulloso, no por el va- lor intrínseco del presente, sino por su significado

de afecto y de enseñanza.

hacer recluta de almas para su cruzada de noble idealismo y a repartir entre nosotros el sacramento

de las IdeaS.

Publicamos a continuación la carta de don Al- berto Carvajal, alusiva a la fiesta. Muy sensible fue que el laureado poeta no estuviera anoche presente. Su carta Ileva el sello de la p liera caballerosidad que distingue al señor Carvajal. El doctor Saave- dra Galindo se asoció igualmente al acta por media de un telegrama.

A eso vino él a Cali: a

- :.XIX-

Cali, enero 19 de 1919

Sefiores Don Ricardo Nieto, don Jor~e Zawadzky, don Bias S. Scarpetta y doctor Salvad·)rlglcsias. E. L. C.

I~'IIImal estado de salud me impide, muy

Muy estimados amigos míos:

a mi pesar, estar con ustedes

esta no-

. che, lo que regocijaría sobremanera mi

ánimo. ya que se trata de festejar a quien me unen los más estrechos lazos de amistad, de una amistad

antigua e inalterable, y de

obras en prosa y verso ha contribuído, y no poco,

a dar lustre a las patrias letras. Decir a ustedes que Cornelio Hispano es una de nuestras más brillantes

figuras literarias, lujo y orgullo de este Valle queri- do, al que tan hermosamente ha cantado en estrofas de armonía perdurable, sería decir lo que ustedes

honrar a quien con sus

y todos los amigos y admiradores que hoy le rin- den homenaje saben mejor que yo.

- LXX -

EN

EL

VALLE

DEL CAUCA

Yo lo admiro más que por

su prosa de una sen- más que por su eru-

más que por su gran talento poé-

de sus versos, por

cíllez y elegancia renaniana!\,

dición benedictina,

tico y por la seductora

que sus triunfos representan un esfuerzo personalí-

sima; a su constancia

impulsos,

ro más que por las cordiales

taciones

amor entrai'lable de que siempre, b mismo

momento de desencanto le he visto dar muestras

libro')),

de SU5 verdes años,.

perfumadils,

como un tesoro.»

«en macetas

mlÍsica

y abnegación,

y no a ajenos

debe cu~nto es y cuanto vale. Yo lo quie-

de su amistad,

y constantes manifes-

con que me ufano, por el

en el

que en la hora de triunfo,

(y a\l[ están diciéndolo

sus

al terrufio

inolvidable,

al Valle

al que hoy trae

el mirto y el laurel

«patria

con ustedes

la alegría

como en ocasión más propicia hubiera sido, sentida

Desde mi obligado retiro comparto

de esta manifestación,

Hi no ostentosa,

si y merecida

como pocas, y estrecho

con calor la

mano generosa

que tan puras y vibrantes

notas ha

arrancado

do para defender, precisando gallarclamente contro-

vertidos puntos históricos, las glorias sagradas la Patria.

a la lira, y que con tánto vigor ha corri-

de

De ustedes

muy atento servidor

y amigo,

f\lberto Car"'~J~1

- LX:U -

ELOGIO

DE

CALI

POR CORNELIO HISPANO

Queridos paisanos y amigos:

Vivamente conmovido, os presento mi rendida acción de gracias por esta espléndida y regocijada fiesta con que habéis querido honrar, en mi insig-

nificante persona, a las ilustres letras vallecaucanas y a los jóvenes que las cultivan y Jas hacen florecer en ubérrinlas cosechas de eterna juventud. Vuestra bella ciudad capital, en medio de la ac-

que la enriquece; al lado

tividad de su comercio,

de sus modernas empresas de progreso, que la civi- lizan, embellecen y a¡;igantan, no olvida, pues, que es también la cuna del mayor ingenio colombiano,

del egregio bardo que más lejos y más melodiosa-

•. LXXll

-

E N E L V Â. L L E D E r, CA u C A

mente ha hecho

conocer

y élmar en el mundo

el

nombre de Colombia,

y, el aún más caro a nuestro

corazón, de nuestro

valle caucano, que alumbra

la

Cruz del Sur, y que yo ¡;;iempre he

llamado, como

Lnr

Byron a Roma: "querida

tiería

del alma,"

por-

que

aqui, en estas campos

deleitables,

abundantes,

fructíferos,

do este suave an_helo del autor de Manón: "U n jar-

dín, un::! vaca y dos gallinas

más que en parte algunil, parece pensa-

me bastan."

Ser la cllna de Jorge Isaacs es poseer un hlasón

de encanto, una inefable

sia, un preclaro

dades de las más

mas codiciarían

en la ardiente imaginación

los lugares consagrados

preciosos varones que anhelaron,

pos, hacer fJor~cer el ensuefio en el mundo: poetas

del amor desde Anacreonte ca y Lamartine.

y Tibulo hasta Petrar-

aurecla

de miste!"io y poç-

ciu-

y resonante

repuestas

título que muclns

regiones

y vilrios cli-

para ellas; es ser lo que han sido,

de todns

los pueblos,

po~ €'I n'lcimiento

de los

en tOGas los tiem-

El Maestro

de Egina, a tiempo de morir, dio

gracias

a su Genio y ~ la Fortl na por haber nacido

hombre

y no animal, griego y no bárbaro.

y, sobre

todo, por

haber vivido en Aten:ls, en losdías

de Só-

crates; y Euripides

la fe!ícidad

decía que la primera

piedra de

es haber nacido en una ciudad famosa.

-

L:i.XlLI

-

 

OORNELIO