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TRABAJO SOCIAL

CONOCIMIENTO OBJETIVO

AUTOR: T.S. Osvaldo San Giácomo Parodi.


Febrero-Marzo de 2001.
“En la nieve, me decías, se pierde todo instinto de conservación.
Después de dos, tres o cuatro días de marcha sólo se desea el sueño. Yo
lo deseaba, pero me decía: si mi mujer cree que vivo, cree que camino.
Los compañeros creen que camino. Todos tienen confianza en mí y soy
un canalla si no camino”.

“A partir del segundo día, ya ves, mi mayor trabajo fue impedirme


pensar. Sufría demasiado y mi situación era demasiado desesperada.
Para tener el valor de caminar no debía considerarla.
Desdichadamente, controlaba mal mi cerebro que trabajaba como
una turbina. Pero aún podía escogerle sus imágenes”.

“He hecho lo que he podido y ya no tengo esperanzas, ¿por qué


obstinarme en este martirio?”. Te bastaba cerrar los ojos para lograr
la paz en el mundo”.

“Lo que salva es dar un paso. Otro paso más. Siempre el mismo
paso que se vuelve a dar…”

“Lo que hice, te lo juro, ningún animal lo hubiera hecho”. Esa frase,
la más noble que yo conozca, esa frase que sitúa al hombre, que
honra, que restablece las verdaderas jerarquías me volvía a la
memoria. Finalmente te adormeciste, con la conciencia abolida, pero
de ese cuerpo desmantelado, arrugado, quemado, ella iba a renacer al
despertar para dominar, nuevamente, a ese cuerpo. El cuerpo,
entonces, no es sino un buen útil”.

“Y yo pensaba: si se le hablase de su coraje, Guillaumet se alzaría


de hombros.

“Sabe que una vez mezclado en los acontecimientos los hombres ya


no se espantan. Sólo lo desconocido espanta a los hombres. Pero
para cualquiera que lo afronta ya no es más lo desconocido.

“Su verdadera calidad no reside allí. Su grandeza es de sentirse


responsable. Responsable de él, del correo y de los camaradas que lo
esperan. Tiene en sus manos las penas y alegrías de ellos.
Responsable de lo que se construye de nuevo, allá entre los vivos, y
en lo cual debe participar. Responsable, un poco, del destino de los
hombres en la medida de su trabajo.

“Forma parte de los amplios seres que aceptan cubrir amplios


horizontes con sus follajes. Ser hombre es, precisamente, ser
responsable. Es conocer la vergüenza frente a una miseria que no
parece depender de uno. Es estar orgulloso de una victoria que los
camaradas han obtenido. Es sentir, posando uno su piedra, que se
contribuye a construir un mundo.”

“Tierra de hombres”; Cap. "Los camaradas”, II.


Autor: Antoine de Saint-Exupéry.
ÍNDICE

INTRODUCCION...........................................................................1

CAPÍTULO I:
RELACION SUJETO-OBJETO EN EL TRABAJO SOCIAL.
PROCESO DE CONOCIMIENTO...............................................9
RELACION HOMBRE-NATURALEZA Y TRABAJO SOCIAL.................................................................9
TRABAJO SOCIAL Y CONOCIMIENTO DE LA REALIDAD................................................................16
PROCESO DE CONOCIMIENTO Y TRABAJO SOCIAL.........................................................................24
RELACION DE SUJETOS EN EL PROCESO DE CONOCIMIENTO......................................................28
CAPITULO II:
METODOLOGIA EN EL TRABAJO SOCIAL........................41
UNIDAD DE TEORIA Y PRACTICA.........................................................................................................41
PREMISAS METODOLOGICAS DEL TRABAJO SOCIAL.....................................................................47
DOS CONTENIDOS METODOLOGICOS ESENCIALES........................................................................51
ESPECIFICIDAD DEL TRABAJO SOCIAL...............................................................................................57
PRAXIS SOCIAL, CONOCIMIENTO Y TRANSFORMACION DEL OBJETO......................................64
METODOLOGIA GENERAL DEL TRABAJO SOCIAL:
ORDENAMIENTO LOGICO DE PROCESOS COGNOSCITIVOS..........................................................69
CAPÍTULO III:
RELACION TEORÍA-MÉTODO EN EL TRABAJO SOCIAL.
.........................................................................................................82
SIGNIFICADO TEÓRICO-METODOLÓGICO DE LAS CATEGORIAS...................................................82
LA COMUNICACION RACIONAL: CATEGORIA DEL TRABAJO SOCIAL.......................................90
COMUNICACIÓN RACIONAL: VÍNCULO PROFESIONAL NECESARIO..................................................................................99
COMUNICACIÓN RACIONAL Y CONOCIMIENTO.......................................................................................................113
CAPÍTULO IV:
RELACIÓN TEORÍA-MÉTODO EN EL TRABAJO SOCIAL.
.......................................................................................................124
TOTALIDAD CONCRETA.
CONCEPTO Y SIGNIFICADO PARA EL TRABAJO SOCIAL..............................................................124
OBJETO DEL TRABAJO SOCIAL: UNIDAD DE CONTRARIOS.........................................................133
CAPÍTULO V:
INSTITUCIONES Y TRABAJO SOCIAL...............................139
UNA CONTRADICCION SIGNIFICATIVA............................................................................................139
INSTITUCIONES Y CONOCIMIENTO DE PROCESOS SOCIALES....................................................147
INSTITUCIONES Y PROCESO DE TRABAJO SOCIAL........................................................................154
BIBLIOGRAFIA.........................................................................161
INTRODUCCION

La profesión de trabajo social ha mostrado históricamente una gran


preocupación por definir y elaborar, el tipo de vínculo más adecuado con las
personas, instituciones y organizaciones sociales a las que dirige su atención.
Probablemente también, esto representó las primeras búsquedas de la verdad
objetiva mediante diversas formas de relación humana. Más recientemente, la
preocupación por apoyos metodológicos mejor elaborados y contribuciones
más precisas respecto a las formas de comunicación humana racional con los
sujetos del objeto de trabajo social, pareció orientarse a lograr mayor eficacia
en esta labor como a mejorar las formas y contenidos del vínculo profesional.
Sin embargo, todavía se confía demasiado en el conocimiento empírico y en la
calidad humana del trabajador social —indispensable en cualquier labor
profesional— así como en el desarrollo de su capacidad técnica. Si bien estos
aspectos son necesarios, consideramos que las exigencias de conocimiento y
transformación de las situaciones humanas específicas de trabajo social,
requiere desarrollar la capacidad de análisis científico de esas situaciones, en
la aspiración de transformar éstas en una realidad nueva y diferente.

Una elaboración con participación de los sujetos, que partiendo de la atención


de la situación humana que los involucra, permita acceder a su conocimiento y
transformación, a fin de apropiarse del conocimiento nuevo que requiere la
construcción de una situación humana diferente. Esta apropiación representa
una elaboración de conocimiento realizada con la mediación profesional y que
implica, recuperar una actuación humana independiente respecto de la realidad
específica concreta. Es decir, recuperar la objetividad del pensamiento y la
acción, como condición para realizar una participación social que permita a

1
los seres humanos resolver las situaciones a que son sometidos en las
sociedades en que viven.

A fin de desarrollar esta preocupación por una mayor objetividad científica en


el trabajo social, el libro se presenta estructurado en cuatro capítulos. Así, en
el primero, la atención se centra en las características del proceso de
conocimiento partiendo del vínculo necesario entre sujetos en el trabajo social.
En el segundo capítulo, se analiza la metodología del trabajo social partiendo
de la unidad de teoría y práctica, la especificidad de la profesión y la relación
de la categoría de praxis social con el conocimiento y la transformación del
objeto. El tercer capítulo, refiere a la relación entre teoría y práctica y se
estudia la comunicación racional como categoría del trabajo social. En el
capítulo cuarto, se analiza la categoría general de totalidad concreta y el objeto
de trabajo social como unidad de contrarios. Por último, en el capítulo quinto,
se estudia la relación entre el trabajo social y las instituciones, considerando el
papel del Estado y de las luchas de clases e ideológicas.

Particularmente, existe un momento significativo del ejercicio de la profesión


de trabajo social, el cual tiene que ver con el movimiento de conocer-
transformar y en el que a nuestro juicio, se pone en juego la necesidad social
de la profesión. Esto en la medida que representa la capacidad de elaborar
conocimiento objetivo, para superar las necesidades y problemas generados en
el ámbito de la actividad humana consciente.

Esa necesidad social y la capacidad de elaborar ese conocimiento, es lo que


sustenta la atribución que se nos otorga socialmente de intervenir en la vida de
los sujetos individuales o colectivos. Es decir, que esa necesidad social se

2
apoya esencialmente en la elaboración de un conocimiento objetivo acerca de
las situaciones concretas en que se debaten las personas. Más específicamente,
la necesidad social de disponer de una posibilidad de análisis de la realidad
que permita comprenderla apropiando un conocimiento que enriquezca el
pensamiento existente, a fin de encontrar las explicaciones y soluciones para
transformar las situaciones humanas específicas.

En consecuencia, transformar esas situaciones humanas significa algo más


complejo y comprometido, que hacerse cargo el profesional de elaborar un
diagnóstico, establecer la metodología y aplicar técnicas que permitan diseñar
programas de acción para el cambio de conductas y actitudes en las personas.

Nos parece que existe una relación directa entre el respeto a la dignidad de las
personas y el desarrollo del conocimiento, que lleva a reconocer su capacidad
de pensar y conocer más allá de las necesidades y problemas en que se
debaten. Conocer y transformar es un movimiento que involucra tanto al
profesional de trabajo social como a las personas que atiende, por lo cual esta
relación trasciende el concepto educativo de que el desarrollo de ese vínculo
incide y modifica a ambos.

En esta perspectiva, más bien sucede que se ubica en el ámbito profesional la


capacidad de conocer y en las personas el objeto de transformación. Se
considera al trabajo social como una profesión eminentemente práctica, que en
consecuencia prioriza la práctica social sobre la teoría y el método. La lógica
de esta interpretación del trabajo profesional, lleva a sustentar la propuesta de
que el esfuerzo de conocimiento radica en el diagnóstico. O sea, que el

3
conocimiento se limita a una instancia específica e inicial, que podrá arrojar
luz a la acción práctica del profesional.

No obstante, a nuestro juicio, se presenta otro problema: qué tipo de relación


profesional se debe establecer con las personas, para con ellas desarrollar el
proceso de conocimiento acerca de su propia realidad.

Si el conocimiento lo limitamos a la etapa del diagnóstico, si afirmamos que la


nuestra es una profesión eminentemente práctica y si conocer tiene por
objetivo único la realización de acciones (es decir, elaborar planes de acción
en que los demás participen para asegurar su éxito) la relación profesional se
establecerá desde un vínculo de autoridad por el conocimiento de que dispone
el trabajador social, respecto de sujetos individuales o colectivos con
necesidades y problemas a resolver.

Decíamos anteriormente que existe un vínculo natural al reconocer en la


dignidad humana la capacidad de pensar y conocer, a través de lo cual las
personas realizan los actos de su vida. Estos actos contienen un pensamiento
que los orienta y que necesitamos conocer para comprender su realización;
comprensión que exige identificar en la situación humana concreta su
peculiaridad. Es decir, lo que la identifica y hace diferente de otras similares,
pues de lo contrario estaríamos aplicando recetas de dudosa efectividad.

Si esto es así, la relación profesional necesita de un vínculo con los sujetos


individuales o colectivos, que caracterizamos de comunicación racional. Es
decir, el vínculo de comunicación que determina un ejercicio de la autoridad
profesional puesto al servicio del conocimiento con las personas, necesario

4
para desarrollar el proceso de abstracción de sus situaciones humanas
concretas.

En el trabajo social el proceso de abstracción que conduce al conocimiento


objetivo y más esencial del objeto, no puede realizarse si el profesional y los
sujetos no se incorporan al mismo.

El objeto de trabajo social constituye una síntesis peculiar de necesidades y


problemas, que se expresan en actos humanos orientados por el pensamiento.
La especificidad del objeto de trabajo social se ubica en la atención de
situaciones humanas específicas, cuya síntesis peculiar es necesario conocer
para abrir la posibilidad de su transformación.

Ahora bien, el movimiento que involucra el conocimiento y la transformación


se resuelve en la identificación de problemas y en su explicación planteando
hipótesis, en la profesión de trabajo social se pueden identificar procesos
específicos que permiten articular la realización lógica de ese movimiento.

La realización articulada de estos procesos lógicos en el trabajo social, son


efectuados profesionalmente a partir de la actividad de las personas en la
realidad y desde esta actividad humana —con la cual se vincula el trabajador
social— se elaboran y reelaboran los conceptos que permitirán orientar su
transformación. Pero estos conceptos se alcanzan si se considera al objeto en
su movimiento interno, en lo específico de su situación concreta y en la
interrelación con otras realidades. A su vez, se identifican las alternativas de
transformación y de las cuales las personas se apropian, a medida que avanza
el proceso de conocimiento.

5
Desde esta concepción de trabajo social que acabamos de exponer,
consideramos que nuestra profesión se va conformando más bien como una
disciplina de contenido científico acerca del conocimiento objetivo de
situaciones humanas concretas, conscientemente realizadas en un marco social
históricamente determinado.

El conocimiento científico de la sociedad, representa la explicación objetiva y


racional de la realidad social, esto en la medida en que describe la formación y
desarrollo de los fenómenos, los procesos y sus interacciones así como las
condiciones en que suceden. A su vez, la explicación científica está referida a
procesos que existen objetivamente; es decir, independientemente de quien los
estudia y del nivel de conocimiento que se posea.

Su racionalidad está determinada por la posibilidad de elaborar una imagen de


la realidad en la conciencia, al apropiarse ésta del conocimiento de los
procesos que constituyen los fenómenos sociales y sus conexiones específicas,
que superada la prueba de su contrastación en la realidad, se consagra como
conocimiento objetivo.

Cada disciplina científica estudia alguna de las formas en que se manifiesta la


realidad social en su universalidad, esto con la finalidad de determinar de
manera objetiva y racional el comportamiento de los procesos que la
constituyen.

En este sentido el trabajo social ha adquirido la responsabilidad social, de


atender situaciones humanas concretas en tanto sean el resultado de la
actividad humana consciente. Estas situaciones humanas que forman su objeto

6
de trabajo, poseen una existencia independiente y por lo tanto pueden ser
conocidas objetiva y racionalmente por el profesional de trabajo social.

Corresponde a su responsabilidad social la elaboración de conocimiento


objetivo para la transformación del objeto de trabajo, en el marco de la
especificidad profesional caracterizada por un vínculo de comunicación
racional a través del cual las personas pueden reubicarse objetivamente en la
realidad.

Estos contenidos representan la mayor preocupación del libro, en la medida


que para el trabajo social el conocimiento objetivo de la realidad es la
exigencia necesaria para la transformación de ésta. A su vez, aceptar que la
realidad social se puede conocer, significa —a nuestro juicio— la
responsabilidad profesional por elaborar una perspectiva más objetiva de
conocimiento y acción en el trabajo social. Es decir, la necesidad de que el
trabajo social avance por el camino de la elaboración y apropiación del
conocimiento objetivo, a fin de consolidarse como una disciplina científica
para la atención, conocimiento y transformación de las situaciones humanas
realizadas en el plano de lo consciente.

Las ideas expuestas en este trabajo, comenzaron a elaborarse en las


actividades de docencia e investigación desarrolladas en el Taller “A” de
Teoría y Práctica Profesional en la Escuela Universitaria de Servicio Social;
Uruguay, 1987-89. Agradezco a los compañeros del equipo docente y a los
estudiantes, quienes con sus juicios y trabajo responsable, contribuyeron a dar
forma a estos contenidos. Sin embargo, las bases esenciales —teóricas y
prácticas— de este trabajo, se iniciaron en la labor realizada por el equipo de

7
investigación bajo la orientación del Prof. Enrique Di Carlo, desde la Cátedra
de Etica de la Escuela Universitaria de Servicio Social, Uruguay, 1968. Mi
agradecimiento, a los colegas y a profesionales de otras disciplinas que
generosamente se prestaron para leer los originales de este libro. Sus
opiniones, sin duda, fueron una contribución decisiva para la elaboración más
precisa de muchos conceptos aquí expresados.

8
CAPÍTULO I:
RELACION SUJETO-OBJETO EN EL TRABAJO
SOCIAL. PROCESO DE CONOCIMIENTO.

RELACION HOMBRE-NATURALEZA Y TRABAJO SOCIAL

El progreso de la actividad humana consciente caracterizada por el trabajo


humano, propició la transformación y apropiación de la naturaleza por el
hombre. Las exigencias y dificultades a que se vieron sometidos los seres
humanos para resolver su vínculo con la naturaleza, contribuyó a generar la
necesidad de una actividad humana colectiva. La participación social
cooperadora de los hombres no fue un agregado a tomar en cuenta, sino que
formó parte esencial de todo el proceso de desarrollo social. Esta participación
generó a su vez la necesidad de la comunicación humana, o sea de expresar el
pensamiento para comunicarse experiencias y conocimientos; lo cual
contribuyó a enriquecer su existencia y la propia participación colectiva de los
hombres.

Es decir, que la praxis humana ha permitido el avance del conocimiento


contribuyendo asimismo, a dar existencia objetiva al mundo exterior en la
conciencia humana. Este mundo exterior además de existencia objetiva, en
tanto existencia independiente de quien lo estudia, se constituye a su vez en
fuente de nuestros conocimientos que no se obtienen como contemplación de
la realidad, sino como producto del vínculo humano con ella en el esfuerzo
constante por resolver sus necesidades.

9
El conocimiento del mundo circundante que el hombre fue elaborando, le
permitió además orientar su actividad práctica para sacar provecho de los
bienes de la naturaleza y para el desarrollo de los procesos sociales.
Asimismo, permitió la elaboración de los datos de la realidad, desde la
observación activa de ésta al pensamiento abstracto y desde éste a la práctica
social.

De esta manera, el conocimiento se fue desarrollando mediante la actividad


práctica de los hombres y a través de los vínculos humanos integrados al
sistema de sus relaciones sociales. A su vez, el pensamiento humano por la
abstracción, se orientó a la elaboración de un conocimiento cada vez más
objetivo de la realidad. Sin el desarrollo progresivo del conocimiento objetivo
de la naturaleza como de la sociedad, no hubiera podido comprender los
acontecimientos de la vida social ni la significación de los procesos sociales y
menos aún, la posibilidad de prever el curso de los acontecimientos futuros y
su transformación. Prevalecería una actuación a ciegas, en la cual los sujetos
humanos se subsumen en la realidad como objetos, tanto de su preocupación
por objetivarla como de transformarla.

De la misma manera, a nuestro juicio, en el contexto del esfuerzo humano


para apropiarse del conocimiento de la realidad, es donde se puede ubicar la
necesidad de contar socialmente con una profesión como la de trabajador
social. La relación del profesional con las personas se establece en la
preocupación por acceder al análisis de las situaciones humanas en las que se
debate, es decir al conocimiento de su realidad, a fin de apropiarse de los
contenidos más esenciales de ésta; buscando reproducirla como fenómeno
comprensible en la conciencia de los sujetos. En este esfuerzo mutuo de

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comprensiones, las personas participan en el proceso de conocimiento para
avanzar hacia la transformación de la realidad. Esto equivale a apropiarse de
los procesos integrados y articulados al desarrollo de toda situación humana
que por medio de su comprensión se trata de objetivar. Los nexos entre estos
contenidos con sus vínculos humanos y materiales, no aparecen en la
expresión superficial de la situación humana en cuestión, sino en la
profundidad esencial de los procesos que la constituyen. Esta dificultad para
lograr el conocimiento de la realidad, también muestra la exigencia que el
trabajo profesional debe superar, así como la necesidad de un análisis objetivo
de las situaciones humanas que hace posible comprender su especificidad. Es
decir, que no es suficiente con establecer un vínculo humano positivo, ni
realizar una lúcida descripción de la realidad que otros sufren. Se requiere
desarrollar un vínculo de comunicación humana racional, en la cual poner en
juego el esfuerzo de comprensión que se requiere para acceder al
conocimiento esencial de la realidad, involucrándose el profesional con las
personas para apropiarse con ellas de las esencialidades inherentes a la
situación humana: explicarla y avanzar hacia su progresiva transformación.
Cada realidad específica constitutiva del objeto de trabajo, posee sus
peculiaridades que están sometidas a un ordenamiento propio y diferente, a
otras realidades que al ser identificados mediante el análisis, permite acceder
al conocimiento de su esencia; es decir a los contenidos determinantes de su
existencia.

Sin embargo, la relatividad de cada situación humana no puede conducir a su


incomprensión, sino que nos sirve para establecer parámetros históricos y
específicos que contribuyen a comprenderla y avanzar en su transformación.
La relatividad del conocimiento, no es igual a la concepción relativista que

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niega la posibilidad de conocer e incidir en las situaciones humanas concretas,
por lo cual éstas se consideran más bien realidades humanas inmutables cuyo
cambio radica más en la decisión voluntarista de las personas que de su
análisis objetivo. Desde este enfoque la labor profesional ve limitada su
incidencia, tanto para el conocimiento objetivo, por la dependencia respecto
de la subjetividad de las decisiones humanas, como en la alternativa de lograr
una transformación objetiva de las situaciones sociales. “Para el relativismo
consecuente no existe verdad objetiva: hay muchas verdades, la del
proletariado, la de la burguesía, la de los conservadores, la de los
revolucionarios cada una de ellas igualmente verdadera o falsa. Se cae así en
la célebre noche relativista donde todos los gatos son pardos, y se termina por
negar la posibilidad de un conocimiento objetivo”1 .

La praxis social como fuente de conocimiento, no puede reducirse a una


visión relativista y subjetiva de su realización y desarrollo. Más bien
representa la posibilidad de realizar el proceso de abstracción para conocer la
realidad, a fin de acceder a su conocimiento objetivo en la medida en que
hemos sido capaces de reproducirla en la conciencia de los sujetos
(profesional y personas) identificando sus procesos y elementos constitutivos,
en un marco histórico-social que le dio origen y que contribuyó a su
caracterización. La praxis social está representada en la totalidad de la
actividad material de los hombres e influida por el desarrollo social existente,
el cual de nueva cuenta puede ser superado por la actividad humana sobre la
realidad concreta.

1
“Sobre el método Marxista”. Michel Löwy, Alain Brossat y otros. Colección Enlace,
Grijalbo, 1986.

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En ese marco de actividad humana que da lugar a las transformaciones
sociales y de igualdad, es a nuestro juicio, donde se inserta el trabajo social
como un instrumento mediador que impulsa la producción de cambios
positivos con relación a situaciones humanas específicas.

A su vez, el objeto de trabajo social se presenta como la realización al nivel de


procesos conscientes, de situaciones humanas concretas en las cuales la
relación dialéctica hombre-realidad no se ha resuelto en términos de favorecer
su progresividad. Más específicamente, el objeto está constituido por personas
en debate con la realidad; por lo cual a nuestro entender, el objeto de trabajo
social no está representado sólo por personas sino por la situación concreta en
la cual establece una relación contradictoria con las posibilidades y
condiciones de vida. La referencia a procesos conscientes significa ubicar al
trabajo social, su lugar específico de actuación, en cuanto es el nivel en el que
llevan a cabo las acciones humanas los sujetos con los que se vincula
profesionalmente. La atención de estas acciones humanas para avanzar hacia
su conocimiento y transformación, es el desafío que da validez al trabajo
social. Representa, una función social que pone de manifiesto la capacidad y
la necesidad de atender situaciones humanas específicas, involucrando a
trabajadores sociales y personas para su conocimiento y transformación.
Atender, conocer y transformar son objetivos que caracterizan a la profesión y
a su vez constituyen su proceso específico de conocimiento y acción, ya que el
interés y el reconocimiento social por su función, es la facultad para participar
con su saber profesional, en las realidades humanas que dificultan o frenan la
progresividad del desarrollo individual y de la sociedad misma. Aquella
función y esta atribución socialmente reconocidas, generan las alternativas de
actuación del trabajo social en los más diversos ámbitos de la actividad

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humana individual o colectiva, realizándose a través del que anteriormente
denominamos proceso específico de trabajo social que se inicia en la atención
de las situaciones concretas, para acceder a su conocimiento y crear las
condiciones para su transformación.

Así considerado el objeto de trabajo social en el marco histórico-social más


general, quedan abiertas —a nuestro juicio— las posibilidades de un
conocimiento más objetivo, a partir de la atención de situaciones humanas en
que los hombres intentan resolver su existencia en el marco del desarrollo de
la sociedad humana.

Mediante este esfuerzo de conocimiento más objetivo de lo que está pasando a


los sujetos humanos de nuestra relación profesional, sucede también un
proceso de apropiación de la realidad a través del pensamiento y de esta
manera –al igual que en la primitiva relación inicial con la naturaleza— se van
identificando las formas en que se relacionan con los objetos de la realidad y
con las demás personas. Desde esta objetivación de la realidad gracias a su
conocimiento, establece su diferenciación así como se fue separando de la
naturaleza a medida que la fue comprendiendo e identificándose como un ser
persona diferenciado, capaz también de modificarla en cuanto fue
desarrollando una mayor conciencia de su vínculo con ese mundo. En ese
proceso de avance de la conciencia las personas con el apoyo profesional del
trabajador social, no sólo se identifican a sí mismas respecto de la realidad
sino de los demás seres humanos, asumiéndose a su vez como individuos
independientes. Así identificados como sujetos de conocimiento y
transformadores de la realidad, se incorporan nuevas comprensiones que hace
posible iniciar la superación de su estadio inicial caracterizado por la pérdida

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de objetividad; desde la cual, no puede diferenciarse de su situación humana
concreta, viendo limitada su capacidad de vínculo con los objetos y demás
seres humanos generando un sistema de relaciones distorsionadas que limitan
la solución de los problemas y su desarrollo como personas.

Formada a través del trabajo humano y en el marco del proceso de desarrollo


histórico de la humanidad, la conciencia no es innata al ser humano sino que
es un producto de su desarrollo social. Es decir, no se confunde con la
naturaleza sino que en realidad es su opuesto al no ser una expresión material
sino ideal. Es la imagen en el cerebro humano del mundo material y la
representación más aproximada de los fenómenos, expresados por ideas,
conceptos y demás manifestaciones ideales respecto de la naturaleza y de la
sociedad. Por lo mismo, la conciencia no puede confundirse con lo material,
pero a su vez su existencia depende de la comprensión del vínculo con los
objetos materiales y personas, del cual obtiene a través de procesos de
comprensión, el conocimiento de los contenidos esenciales.

En este contexto, el debilitamiento o pérdida de conciencia por las personas


respecto de su vínculo con los objetos de la naturaleza y del carácter de sus
relaciones sociales, genera situaciones humanas específicas y sintetizadoras de
problemas y conflictos que inciden en las formas de participación, creatividad
e iniciativas humanas, conduciendo a su indiferenciación y dependencia de la
realidad. Su carácter de sujeto de conocimiento y realidad activa concreta,
queda subsumida en incorporada a la complejidad de las condiciones en que se
debate dando lugar a una búsqueda y realización de soluciones, que ponen en
evidencia una insuficiente comprensión del contenido de los acontecimientos,

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como de la capacidad de controlar y prever los acontecimientos humanos y los
procesos a que dan lugar.

Al trabajador social los sujetos participantes en el objeto de trabajo, se le


presentan como realidad activa y como sujetos de conocimiento (experiencia
acumulada y trasmitida generacionalmente). El vínculo profesional se
establece para la búsqueda de un vínculo con una realidad objetiva, a la cual
acceder desde una relación profesional que se involucra con lo que le pasa a
los sujetos humanos, en cuanto debe penetrarse en su unidad material y
espiritual a fin de comprender la situación específica a partir de un esfuerzo de
conocimiento e integración de sus elementos esenciales. Claro está que no se
trata de un involucramiento de carácter subjetivo que pueda hacer perder al
profesional la dimensión del vínculo, sino aquel que propicia el desarrollo de
una relación que hace posible el pasaje por un proceso de análisis, al
conocimiento de la realidad favoreciendo el desarrollo de nuevas condiciones
para el cambio. Más específicamente, la explicación del fenómeno no depende
del punto de vista subjetivo del sujeto, sino del análisis objetivo de la realidad
concreta como objeto de atención.

TRABAJO SOCIAL Y CONOCIMIENTO DE LA REALIDAD

La atención, conocimiento y transformación de situaciones humanas, es decir


de los problemas y conflictos, es un proceso específico que realiza el
trabajador social y a través del cual puede no sólo identificarlos sino también
comprender la forma en que se han sintetizado las necesidades humanas y
materiales del sujeto, expresada en las diversas formas de participación de los
sujetos en la realidad. La relación profesional se establece en el momento en

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que los sujetos individuales o colectivos llevan a cabo su vínculo con la
realidad, con la mencionada insuficiencia de sus expresiones conscientes y
conductas con que realizan ese vínculo. Su comprensión se puede llevar a
cabo retomando su capacidad creadora y desarrollando el sistema de vínculos
sociales construidos. Se requiere de la comprensión de las situaciones
humanas para volver a orientar los aspectos de la vida social, mediante la
verbalización y reflexión crítica de los contenidos más esenciales
favoreciendo la conciencia de los procesos en que los hombres se debaten con
la realidad.

No es posible entonces, concebir al trabajo social únicamente como una


acción social a fin de proporcionar “experiencias gratificantes”, ni reducirlo a
ejercicios formales de expresión y “vida democrática”. Tampoco se trataría
del uso de técnicas que “ayuden a las personas a funcionar” o concebirlo como
una “tecnología social”, aun en un esfuerzo por alcanzar el nivel de un trabajo
profesional más objetivo; pero confundiendo el valor operativo de éstas con su
significación científica. El manejo de técnicas contribuye a realizar el proceso
del conocimiento hacia la esencia de los contenidos pero cuando se las usa
para sustituir ese proceso, únicamente nos guía una concepción operativa y
pragmática que reduce el papel del trabajado social a una continua aplicación
de técnicas en busca de resultados operativos. En realidad, desde este enfoque
se omite el valor de los contenidos teóricos que favorecen la explicación de la
realidad y contribuyen a orientar su acción metodológica mediante el vínculo
con las personas atendidas. Otras veces no se trata de una omisión total pero
predomina una actuación profesional empírico-intuitiva, aplicadora de
técnicas, aisladas tanto de una concepción global de la realidad histórico-
social como de un análisis objetivo del proceso intrínseco de la realidad

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específica. Se corre el riesgo de una aplicación a ciegas de técnicas, cuyo
resultado será incierto y más bien sujeto a la casualidad, buena suerte o a la
confianza e intuición del profesional.

Más allá de la experiencia profesional, que sin duda cuenta, se necesita


avanzar en el proceso de comprensión de las realidades concretas, para
favorecer la inserción del profesional en el vínculo establecido por los seres
humanos con esa realidad, a fin de apoyar la apropiación consciente de sus
contenidos y procesos. El objeto del trabajo profesional de acuerdo a como lo
hemos definido, muestra toda su complejidad en el momento del vínculo con
los seres humanos durante el ejercicio de su relación con la realidad.

A su vez el vínculo con el trabajador social, no puede representar para las


personas, una nueva carga o escollo a superar en relación a sus problemas y
necesidades, en verdad tiene que favorecer la búsqueda de soluciones sin la
sobrecarga de juicios, interpretaciones o teorizaciones acerca de lo que debe,
pudo o debió hacer. Suficiente esfuerzo representa —si se hace bien— lograr
una comunicación racional, que permita comprender juntos, qué le está
sucediendo, qué lo originó y cómo se desarrollaron sus problemas con la
realidad.

El vínculo profesional se inicia cuando se establece el trabajador social, una


relación con los sujetos (trabajador social-persona, familia, grupo, centro de
población, institución, etc.) cuya significación es generar las condiciones para
que el profesional y las personas analicen qué está sucediendo en la vida de
éstas para así abrir la posibilidad de transformarla en conocimiento objetivo,
para lo cual se apela a la experiencia acumulada por los sujetos humanos, en la

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medida que en ella se ubican valores y comprensiones permitiendo someterlos
a análisis a fin de penetrar en los contenidos esenciales de la realidad. El
vínculo con el trabajador social contribuye a que las personas, inmersas en una
situación concreta problemática y conflictiva, se asuman como sujetos de
conocimiento y seres activos capaces de transformarla. El proceso de
conocimiento iniciado con el relato y la reflexión en común, permite avanzar
con la mediación del trabajador social, hacia su objetivación a fin de alcanzar
su mayor comprensión.

La significación de ese vínculo con el profesional de trabajo social estriba en


la posibilidad de que la contradicción sujeto-realidad constitutiva del objeto de
trabajo social, se pueda objetivar tanto para el sujeto profesional como para las
personas, a partir de un esfuerzo de análisis compartido desde el cual la
relación con la realidad se puede reorientar a través del desarrollo de un
proceso de objetivación en la conciencia, favorecedor de un cambio en las
formas y condiciones de vida.

Ese vínculo profesional es el que favorece la apropiación del conocimiento de


la realidad, lo cual requiere también de la acción sobre ésta como elemento de
comprobación acerca de las comprensiones elaboradas, desde la cual iniciar
un proceso de cambio y transformación de la situación humana en la cual se
debaten los sujetos individuales o colectivos. Esto se realiza en términos de
reparación y construcción de una situación nueva que mejora la realidad sujeta
a análisis, enjuiciando la validez de algunos de sus contenidos y
contribuyendo así a construir una nueva situación. Es decir, haber vuelto a
adquirir la capacidad de objetivar la realidad tanto en el plano individual como
en relación a las determinaciones sociales que lo condicionan, significa haber

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identificado los contenidos esenciales de la contradicción sujeto-realidad y
construido una nueva síntesis explicativa de esa realidad, desde la cual
elaborar soluciones capaces de mejorar las condiciones de existencia. Así,
cuando un grupo de productores nos consulta acerca de una idea de proyecto
productivo que puede cambiar sus condiciones de vida, necesitamos
desarrollar con ellos un proceso de conocimiento desde la interpretación que
han realizado de su situación actual y de su interés y posibilidades de
mejorarla, para empezar a comprender el por qué de la propuesta, Sin este
punto de partida, es decir desde el pensamiento desarrollado por esos sujetos
en tanto productores, sólo nos queda ofrecer una opinión técnica efectuada sin
considerar los motivos que la originaron, y tampoco atendiendo a las
posibilidades reales de llevarla a cabo con éxito. Así sucede, que se toman
más en cuenta los objetivos del marco institucional en que labora el trabajador
social que las opiniones de los productores en torno al proyecto, no atendiendo
suficientemente a la expectativa de nuevas condiciones de vida y haciendo que
el proyecto en cambio sea una nueva fuente de fracasos y conflictos.

Durante ese proceso de conocimiento es posible poner en evidencia los


intereses, aspiraciones y alternativas reales de ejecución de esas ideas a
medida que se conocen sus contenidos objetivos al incrementar su
comprensión de la realidad que quieren transformar, lo cual propicia la
diferencia entre esos sujetos y lo qué les pasa. Esto contribuye a superar la
indiferenciación inicial que caracterizamos como pérdida de la capacidad de
comprender contenidos de la realidad, y que se plantea al sujeto profesional en
términos de contradicción entre los sujetos y la situación en que se debaten.
Las personas al sufrir la disminución de objetividad se subsumen en un
proceso de indiferenciación respecto de la realidad, como una suerte de

20
invasión que los problemas provocan en la personalidad dificultando la
comprensión y acción. Pero es posible revertir esta situación mediante el
vínculo entre el sujeto profesional y los sujetos de la realidad, abriendo la
alternativa de desarrollar un proceso de comprensiones, para transformar
condiciones vitales de existencia.

La objetividad se recobra mediante la relación entre los sujetos involucrados


en un debate con la realidad, por su participación activa en ella como elemento
decisivo para la comprobación práctica y que abre la alternativa de llevar a
cabo un proceso de transformación. Por esta vía a su vez, se supera la
indiferenciación personas-realidad, independizándose del cúmulo de
problemas que los agobian, lográndolo por el desarrollo de la comprensión
objetiva y capacidad de orientar su vida socialmente. No se trata entonces de
“conciencias ingenuas” en relación a interpretaciones técnicas lúcidas. En
verdad, de esos procesos de indiferenciación del mundo exterior nadie está
exento, por que son consecuencia de la actividad humana realizada además,
bajo determinadas condiciones sociales.

Cuando manifestamos la necesidad de comprender los contenidos del mundo


exterior por un proceso de abstracción, buscamos determinar cuáles fueron los
hechos concretos que generaron el sistema de contradicciones del cual las
personas no pueden emerger. Tratamos de conocer los contenidos de la
relación contradictoria y conocer los valores, normas y aspiraciones, que las
han guiado y que constituyen su forma de vida. Avanzando sobre este
conocimiento los seres humanos —no sólo los profesionales del trabajo social
— se apropian del mundo que los rodea mediante una reproducción más

21
objetiva de éste en el pensamiento; lo cual implica la posibilidad del cambio
del individuo y la transformación de su situación específica.

La relación sujeto-realidad forma parte entonces de una misma totalidad, ya


que estudiar situaciones humanas concretas significa realizar una delimitación
respecto de la totalidad social en la que se origina. Esta delimitación de la
realidad significa que la determinación del objeto de estudio constituido por
aquella relación sujeto-realidad, se concreta como una instancia específica,
perteneciente al contexto de la relación del hombre con la realidad.

Esto lleva a considerar a las personas como sujetos de conocimiento en esa


realidad, a fin de abstraer el saber necesario para su transformación. Conocer
el accionar de las personas en la realidad, plantea la necesidad de que se
supere la contradicción de formar parte del objeto de estudio en tanto realidad
concreta y de distanciarse de él para comprenderlo. Esta toma de distancia de
las personas respecto de la realidad se alcanza con el apoyo profesional del
trabajador social, a partir de la atención y relación comunicativa que aporta
para establecer un vínculo con el objeto a fin de conocerlo.

La mediación profesional aporta el conocimiento objetivo socialmente


acumulado y una comunicación humana racional para favorecer el análisis de
la realidad con las personas. Es decir, que el trabajador social se vincula con
una parte del objeto representado por los sujetos humanos a fin de juntos
conocer la realidad. A esto lo denominamos proceso de desdoblamiento del
objeto de estudio en sujetos y realidad específica. Este desdoblamiento se
inicia analizando la realidad y a partir del tipo de atención que las personas
requieren, contribuyendo a que éstas se asuman como seres capaces de

22
desarrollar un conocimiento más objetivo. Se incorporan con el trabajador
social a la búsqueda de comprensiones separándose de los contenidos de su
situación desde su análisis, realizando la necesaria toma de distancia de la
propia realidad a fin de considerar los acontecimientos, respuestas elaboradas
y diversos contenidos de la realidad, desde los cuales elabora conocimiento.
La relación entre el sujeto profesional y los sujetos de la situación humana
(sujeto-sujeto) es una praxis social de comunicación racional, apoyada en el
análisis de los contenidos de su experiencia acumulada para la reelaboración
como conocimiento objetivo. El desdoblamiento del objeto de trabajo social
en personas y su realidad (sujeto-realidad) a partir del establecimiento del
vínculo de comunicación racional para comprender la realidad con la que se
debate, es lo que abre la alternativa para la apropiación de esa realidad por el
pensamiento entre ambos sujetos (trabajador social-personas).

La realidad humana al poderse conocer como verdad objetiva abre la


posibilidad de su transformación, objeto final de todo proceso de
conocimiento. Quedarse en el planteo subjetivista, representa aceptar la
existencia humana como inmutable y la acción profesional limitada a procesos
acríticos de adaptación. A nuestro entender, en estas diferentes concepciones
acerca del conocimiento de la realidad, estriba el papel progresivo o
retardatario del trabajo social, sin embargo ciertas corrientes tradicionales del
trabajo social lo atribuyen genéricamente, al desempeño de la profesión que se
realiza en el marco de las instituciones; que por otra parte han sido generadas
—y por tanto pertenecientes— en el marco del sistema de relaciones sociales
vigentes.

23
Podríamos señalar que desde esa crítica al papel del trabajo social en las
instituciones, más bien se alienta un fatalismo social en cuanto las
instituciones responden a una variedad de intereses en cuyo marco, todas las
profesiones responden al mismo esquema de posibilidades y limitaciones. La
preocupación debe pasar, más bien por la concepción acerca del conocimiento
de la realidad, por la cual, o bien se parte de la imposibilidad de concebirlo
como verdad objetiva, separando pensamiento y acción. O bien, de que es
posible conocer objetivamente la realidad, reconociéndola como determinante
de los procesos de toma de conciencia y partiendo de la unidad indisoluble
entre pensamiento y acción (teoría y práctica), abriendo así el camino para las
transformaciones de la realidad.

PROCESO DE CONOCIMIENTO Y TRABAJO SOCIAL

Consideremos ahora la vinculación entre las personas y la realidad tal como la


proponemos —para el conocimiento y transformación de la realidad— desde
el ángulo más abstracto del proceso del conocimiento.

Como punto de partida, la falta de conocimiento acerca del fenómeno u objeto


de trabajo social nos plantea la apariencia de una realidad caótica representado
por la carga de subjetividad con que las personas se presentan ante el
trabajador social, sin embargo sabemos que la realidad es una unidad
estructurada y dinámica, representada por procesos que están
interrelacionados y que debemos identificar. Mediante un esfuerzo de análisis,
esa apariencia caótica comienza a ser superada para alcanzar el conocimiento
del fenómeno en sus contenidos esenciales. Para esto debe resolverse la
contradicción, de que siendo el objeto algo concreto, su comprensión se

24
resolverá por el camino del análisis, lo cual requiere una toma de distancia de
la realidad.

Lo concreto2 se expresa en la integralidad de todas las partes constitutivas del


objeto de trabajo, manifestándose no obstante en una diversidad de
expresiones. A su vez, en esas partes los elementos componentes, se hallan
relacionados y condicionados entre sí. Es decir, que el caos es aparente y lo
concreto es más bien una síntesis de contenidos diversos. En consecuencia, lo
concreto es un sistema de nexos y relaciones entre las partes integrantes, que
se hacen comprensibles a través del análisis.

La comprensión de un fenómeno social significa tomar en cuenta el conjunto


de las relaciones sociales, de las que emerge como tal. Su consideración
aislada de las condiciones de existencia o de sus partes, le hace perder su
integridad y su condición de concreto. A su vez, el objeto se conoce en su
especificidad cuando se comprenden los procesos, nexos y relaciones que lo
integran; por lo que identificada su calidad de concreto, también lo será
respecto de los demás fenómenos de la realidad que condicionan su existencia.

Es en este sentido, que definimos antes el objeto de trabajo social como


síntesis de necesidades del sujeto en una realidad históricamente determinada.
Es decir, síntesis de determinaciones económicas, políticas, culturales, etc.,
que constituyen una unidad y cuyos procesos internos deben conocerse como
integridad del fenómeno, y en el marco de las relaciones sociales más amplias
de su existencia en la sociedad.

2
“Principios de Lógica Dialéctica”. Rossental, Ed. Pueblos Unidos.

25
A su vez, no basta con caracterizar un objeto de trabajo por alguna de sus
partes constitutivas, ni siquiera por la que parezca la más representativa del
fenómeno. Es necesario avanzar por el análisis hacia la identificación de todas
sus partes constitutivas y descubrir las relaciones entre éstas, lo cual permitirá
establecer cómo están determinadas y qué papel juegan en su peculiar sistema
de contradicciones. Esta concepción acerca de la integralidad de los
fenómenos hace posible además establecer su carácter, identificando sus
peculiaridades y elementos diferenciales respecto de otro objeto de trabajo.
Las partes constitutivas de éste, pueden ser similares en el análisis genérico y
en este sentido identificar aspectos similares en una familia (alcoholismo,
pérdida de trabajo, separación de los padres, mala conducta de los hijos, etc.),
en un grupo (liderazgo autoritario, falta de comunicación interna,
enfrentamiento entre sus miembros, etc.) o bien en una cooperativa
(problemas de mercado y producción, distanciamiento entre directivos y
socios, etc.). Sin embargo, en la familia, grupo o cooperativa que presenten
ese tipo de problemas, será necesario conocer cómo están relacionados entre
sí, cuáles son sus contenidos determinantes y cómo están interrelacionados
para estar en condiciones de identificar la forma peculiar en que están
estructurados. Será a partir del análisis que se comprenderán sus contenidos y
las relaciones entre sus partes, lo que permitirá establecer qué es lo específico
del objeto de trabajo, que lo caracteriza y diferencia de otro fenómeno con
contenidos similares. De esa especificidad, es de donde podrán emerger las
soluciones y consolidar su proceso de transformación, es decir, de establecer
las diferencias y no las similitudes, se hará posible realizar también un
esfuerzo de síntesis del conocimiento logrado, a fin de recomponer al objeto
como una totalidad estructurada y dinámica pero ahora comprendida.

26
El proceso de conocimiento implica un esfuerzo analítico por el cual se
alcanza la identificación de las partes del todo que constituye el fenómeno,
pero a su vez en este esfuerzo cognoscitivo se quebranta la integralidad de éste
concreto. Cuando, por ejemplo, se atiende una familia, la primera abstracción
es su separación de la sociedad como fenómeno concreto, posteriormente se
proceda a identificar sus problemas y sus formas de relacionarse que permitirá
a su vez caracterizarla como objeto de trabajo. Este proceso de abstracción se
lleva a cabo porque los contenidos y partes constitutivas de esa unidad que es
el objeto, tienen también existencia concreta: con relación a la familia, ésta
posee existencia concreta respecto de la sociedad, al igual que las partes que la
integran (la relación de los padres, sus formas de vínculo con los hijos, la
conducta de estos, etc.) lo tienen de ésta. Es decir, que todo fenómeno tiene
simultáneamente existencia concreta y abstracta, dependiendo su diferencia
del lugar que ocupen respecto del proceso de conocimiento, estableciéndose
como referencia lo identificado como objeto de análisis o las partes que lo
integran.

De esta manera el proceso analítico a que sometemos al objeto de trabajo hace


que al abstraer una de sus partes constitutivas para conocerla, ésta tendrá que
ser considerada como un concreto, que estará formado por partes y
contradicciones que para conocerlas requieren de un específico proceso de
abstracción. Es decir que un contenido identificado se constituye en un
concreto, pero a su vez se vuelve abstracto al someterlo a un en otra instancia
del proceso de análisis para conocerlo. Cuando por ejemplo, identificamos la
relación paterna como significativa en la conflictividad familiar, ella se
constituye en un concreto que será necesario someter a un proceso de
abstracción para conocerlo y establecer su relación con el todo que es la

27
familia. Un concreto para conocerlo, debe someterse a un proceso de
abstracción por medio del análisis, pero a partir de ese conocimiento que
implica la identificación interna de sus partes, relaciones, nexos y
contradicciones es apropiado en su integralidad y movimiento interno,
constituyéndose en una unidad conocida para las personas que actuarán en
ella, por el conocimiento adquirido de esa realidad. Por este proceso de
abstracción apoyado en la actividad analítica del pensamiento,
conceptualizamos el objeto de trabajo reproduciéndolo en la conciencia.

RELACION DE SUJETOS EN EL PROCESO DE CONOCIMIENTO

La mediación del trabajador social, es una colaboración objetiva con los


sujetos de la realidad para la apropiación de su situación concreta por la vía
del conocimiento de ésta, a fin de que la praxis social la realice en condiciones
de resolver sus necesidades y contradicciones. La comprensión del objeto, en
tanto existencia concreta, se realiza mediante el proceso de abstracción en el
cual interviene el trabajador social y las personas. Estas, en cuanto sujetos
activos en dicho proceso a que somete su situación existencial, llevan a cabo
un esfuerzo de conocimiento que permite apropiarse de la situación humana
inicial reproduciéndola como comprensión de la realidad.

La situación inicial —respecto del proceso de conocimiento— no es igual a la


que se alcanza luego de la abstracción, ya que a partir de este proceso, lo que
se obtiene es su imagen reproducida en la conciencia. Es decir, se alcanza el
conocimiento del fenómeno en su esencialidad mediante el análisis para luego
reproducirlo como integralidad conocida, a través de un proceso de síntesis
que permite recomponer la situación desde su conocimiento adquirido y

28
consecuentemente, favorecer su transformación. Las expresiones internas del
objeto de trabajo no pueden conocerse directamente, sino que esto se obtiene
en forma indirecta y en base a las abstracciones representadas en conceptos,
problemas, hipótesis, etc. Por esta vía indirecta se accede al conocimiento de
la esencia interna del fenómeno, para apropiárselo como una totalidad
representada en la unidad de sus manifestaciones externas e internas.

En este sentido, la primera etapa de todo este movimiento, parte de una


realidad concreta que percibimos como acumulación de datos que se van
comprendiendo por medio de su análisis que se desarrolla en el marco de la
comunicación racional entre los sujetos. En esta etapa de análisis se pueden
identificar las partes esenciales del objeto, así como su sistema de
contradicciones y hasta posiblemente, se pueda acordar con los sujetos una
estrategia de acción.

A nuestro juicio, esta fase del análisis es recorrida en el trabajo social, incluso
en sus diferentes enfoques teóricos. Se observa particularmente, en aquellas
concepciones profesionales más preocupadas por superar el trabajo intuitivo,
poniendo un acento muy gravitante en los aspectos lógico-formales, a los que
considera esenciales para la labor del trabajador social. Este esfuerzo de
abstracción basado en el proceso analítico, permite acceder a un nivel de
conocimiento aun insuficiente y no integral del objeto, ya que hace posible la
identificación de las partes que lo constituyen. A veces incluso, atendiendo
sólo a aspectos muy particulares del objeto, como las llamadas necesidades
materiales, lo cual ha conducido a una criticable —por insuficiente— acción
asistencialista. Habiendo provocado en su momento, una fuerte reacción entre

29
los trabajadores sociales y llevado a un rechazo de la asistencia y el trabajo
institucional, siendo su principal víctima el trabajo social de casos.

En este nivel de abstracción lo que se observa comúnmente en el trabajo


social, es el acento puesto en la relación entre sujetos y considerando a las
personas más bien como fuente de información que aporta datos para el
conocimiento. Es decir, sin pretender un efecto de desdoblamiento del objeto
en sujeto y realidad, que contribuya a superar las indiferencias de las personas
respecto de la realidad en que se debate, lo cual sucede por la disminución o
pérdida de su comprensión objetiva a que se hizo referencia anteriormente.
Por el contrario, la relación del profesional con esas personas se establece en
tanto “sujetos de acción profesional”: alguien al que necesitamos porque posee
información acerca de lo que le pasa; datos para ser analizados por el
trabajador social y estar en condiciones de ofrecer alternativas de solución,
formular consejos, programar acciones, elaborar proyectos, etc. De esta
manera, el análisis no se realiza como involucramiento entre sujetos para
comprender la realidad, sino que la distancia necesaria para toda abstracción
no se efectúa respecto de la situación humana concreta, sino respecto de las
personas como sujetos indiferenciados de la realidad, aun cuando se busque su
participación en la reflexión. Si bien los aspectos lógico-formales del proceso
de conocimiento, son necesarios para avanzar en su apropiación por el
pensamiento, lo determinante en dicho proceso son los contenidos de la
situación humana. El manejo de éstos como meros datos, es decir como
información, se apoya más bien en una sobre valoración de los aspectos
metodológicos y manejo de técnicas, sustituyendo el papel determinante de los
contenidos específicos de la realidad para su comprensión.

30
Sin embargo, la relación entre sujetos, debe servir para que emerjan los
contenidos esenciales y específicos de la situación humana y con la mediación
del trabajador social, acceder a su comprensión con los necesarios apoyos
lógico-formales, a fin de garantizar su objetividad. De esta manera, métodos y
técnicas se ponen al servicio del conocimiento concreto de la realidad y para
que afloren nuevos contenidos.

Para esto se requiere que desde el conocimiento obtenido en la abstracción


analítica, se progrese a la integración de sus partes y al descubrimiento de sus
nexos y relaciones esenciales por medio de un esfuerzo de síntesis, que
permita dar cuenta del objeto de trabajo en su proceso de desarrollo,
reconstruyéndose aquel todo caótico inicial de manera comprensible, para
avanzar en la transformación del objeto.

“La descomposición del todo en sus partes no constituye un fin en sí. Si


limitáramos a ello la esencia del análisis, lo concebiríamos de manera
mecanicista. Descomponiendo de esta manera un todo, lo fosilizamos y la
cognición no alcanza a su fin capital: descubrir la esencia interna y las bases
de la diversidad de las cosas. Es precisamente, esta faceta externa del análisis
la única que ven ciertos idealistas (por ejemplo, los intuicionistas), quienes
llegan a la conclusión de que el análisis sólo es capaz de dejar sin vida lo que
la tiene y le contraponen la intuición como único medio para llegar al
conocimiento de la esencia de las cosas.

“Ahora bien, el análisis no se reduce simplemente a la descomposición de un


todo en sus partes. La descomposición no es sino un recurso del que se vale el
conocer para descubrir en la diversidad de fenómenos, en la multiplicidad de

31
propiedades y facetas de la cosa, lo capital, lo esencial, que constituye la “base
genética” de los mismos. Sin una desmembración semejante, no es posible
alcanzar el objetivo señalado; ahora bien, el examen analítico del objeto no
sólo no le deja sin vida, sino que, por el contrario, constituye el procedimiento
—y es el único— que nos lleva al conocimiento del objeto en lo que tiene de
“vital”3 .

Esa descomposición de la totalidad inicial que es la situación humana


atendida, no se realiza para convertirlo en algo estático mediante un
conocimiento parcializado de sus partes y procesos, sino para comprenderlo
en la integralidad de su movimiento. Esta dificultad puede superarse mediante
el descubrimiento de las formas en que las partes y procesos de aquel todo
inicial, se entrelazan y se impulsan para constituir la situación humana
especifica como objeto del trabajo social. Asimismo, ese movimiento se apoya
en reflexiones y manifestaciones afectivas de las personas que se acumulan y
contradicen y que a su vez, determinan las decisiones y conductas que éstas
asumen para de alguna manera resolver sus necesidades y problemas. Es decir,
se desencadenan procesos de abstracción acerca de la realidad que orientan las
decisiones que los sujetos adoptan en determinado momento de los niveles de
crisis para intentar superarla, que a su vez van a constituir contenidos
determinantes de los procesos que se desarrollen desde esas decisiones y
conductas de los sujetos.

Este conjunto de reflexiones, en los que se entrelazan complejamente


abstracciones acerca de la realidad, con valores y sentimientos arraigados en
las personas, van a constituir momentos y contenidos nodales cuya
3
Rossental, Op. Cit.

32
comprensión es decisiva para descifrar procesos y conductas posteriores. La
identificación por medio del análisis de esos contenidos y procesos permite
elaborar un conjunto de comprensiones respecto de la forma en que aquellas
partes y sus procesos se han integrado.

A partir de la identificación del conjunto de hechos, reflexiones críticas y


decisiones asumidas por los sujetos respecto de la realidad, lo que adquiere
preeminencia en el proceso de conocimiento es cómo se fueron desarrollando
los hechos y procesos posteriores que configuraron la situación humana como
objeto de trabajo. Mediante un proceso de síntesis del conocimiento se buscará
comprender las interrelaciones entre las partes y procesos de ese todo concreto
que es el objeto de trabajo. Descubrirlo en su movimiento real elaborado en la
conciencia: representación ideal de una totalidad concreta y conocida, desde la
cual los sujetos puedan retomar su participación con mayor objetividad. Para
la reconstrucción de este todo, partimos del análisis hasta descubrir la base
genética esencial o núcleo problemático principal del objeto de trabajo. Será
éste nuestro punto de partida para iniciar el proceso de síntesis, mediante el
cual las partes se unen en un todo integrado a partir de esa base genética
esencial descubierta. Esta expresión más simple de los contenidos del objeto,
coincide con la contradicción más simple determinante de los acontecimientos
posteriores, que caracterizará el desarrollo de la situación en que se debaten
las personas. Por medio del análisis se lleva a cabo un proceso de reducción
del el conocimiento a los contenidos más esenciales que constituyen el objeto
de trabajo social, haciendo posible identificar a cierto nivel de desarrollo de
conocimiento a su núcleo problemático esencial.

33
Estos núcleos problemáticos esenciales se constituyen a su vez en el punto de
partida para acceder a las comprensiones más complejas, que permiten
reproducir en la conciencia la imagen más representativa de la situación
humana concreta de la cual se partió. Se descubren a través del análisis y
mediante un proceso de comunicación racional con las personas,
caracterizados como aquel contenido más elemental pero determinante del
desarrollo posterior de toda la situación y que partiendo de él permite
reconstruirla en sus detalles. La identificación de estos núcleos problemáticos
es por lo tanto un producto del proceso de conocimiento generado en la
relación profesional, cuando se ha avanzado en el proceso de diferenciación de
las personas respecto de su realidad específica. Trataremos de aclarar más este
concepto con un ejemplo:

Madre casada durante 8 años, separada desde hace tres, tiene dos hijos; uno de
8 años para el cual debió solicitar internación en una institución pública por
motivos económicos. Posteriormente, la trabajadora social de la institución
colaboró en lograr un hogar de adopción para el menor, en el cual vive desde
hace un año. La hermana del niño presentaba retardo mental, lo cual afectaba
el comportamiento de éste llegando a una somatización que le hizo sufrir
problemas digestivos. El padre de los menores, se fue del país después de la
separación quedando sola la mujer con sus hijos; ahora regresó y está
dispuesto a colaborar. El niño se recuperó de sus problemas digestivos y
mantiene muy buena relación afectiva con la familia de adopción. La madre lo
visita cada 20 días.

Recientemente la madre fue notificada oficialmente de un pedido de adopción


realizado por la familia adoptiva, situado en un Juzgado de Familia; en

34
apariencia originado en el apoyo económico que la familia recibe de la
institución. La trabajadora social manifestó a la señora, que visitaba seguido el
nuevo hogar del niño porque previó que “ocurriría un encariñamiento familia-
niño”. A su vez, reconoce en la madre una mujer preocupada por sus hijos
habiendo elaborado un informe favorable a ésta. La madre opina que si bien
no lo pudo cuidar directamente, procuró que su hijo estuviera bien atendido y
con una familia que le tuviera afecto. Ahora cree que la familia lo que desea es
seguir cobrando el apoyo económico institucional y que no es por motivos
afectivos que habría hecho la solicitud de adopción. No obstante, expresa que
también los hijos (3) de la familia trabajan y le compran cosas al niño por lo
que tiene todo lo necesario. Su decisión igualmente será la de buscar una
solución legal “si insisten en la adopción”, ya que aun no está en condiciones
de mantener y cuidar a su hijo.

Por el relato que la madre realiza del papel desempeñado por la trabajadora
social, ésta no realizó un análisis del proceso de separación y adopción, ni del
sistema de contradicciones que caracteriza esas relaciones; sino que más bien
parece haber atinado únicamente a interponer su preocupación ante la
afectividad que probablemente sería desarrollada entre el niño y la familia de
adopción. Preocupación que no estaría originada en un análisis de la situación
específica, sino en una apreciación subjetiva de ésta. En cambio, lo que
objetivamente ocurrió fue una acción de la madre en busca de soluciones para
su hijo y respecto de éste, una solución aceptablemente resuelta de su
situación y a partir de lo cual, las nuevas relaciones padres-hijo que se han
establecido por la convivencia con la familia de adopción, requieren ser
analizadas a la luz de la nueva realidad. Es decir, desde la comprensión de sus
contenidos concretos y no mediante formalidades que terminarían por incidir

35
negativamente en todos los sujetos involucrados en la situación. Los tres
padres (los de adopción y la madre) que constituyen la nueva situación
paterna, son el producto natural del proceso desarrollado, de carácter no
antagónico y formando parte inseparable de la experiencia vital del niño.

Analizada la situación con la madre, se llegó a elaborar el resumen de


comprensiones que ofrecemos y en este proceso a su vez, se pudo determinar
lo que hemos denominado núcleo problemático principal, entendiendo por
éste: la decisión de la madre de internar a su hijo y la posterior aceptación de
que el niño pasara a vivir con su familia adoptiva. Se descartaron otras
posibilidades como el supuesto egoísmo de la familia adoptiva, el derecho de
la madre a negarse a la adopción, la gestión de la trabajadora social, etc. Todas
éstas dependen en su expresión abstracta de otras abstracciones, en cambio la
decisión tomada, aparece como el desencadenante de toda la situación que se
crea en torno al menor y que permite, iniciar el proceso de síntesis en su
correlación histórica y en la secuencia lógica de su conocimiento, por el cual
reproducir la situación concreta en términos de reproducción de ésta en la
conciencia.

La decisión de la madre respecto de su hijo, bajo circunstancias de carencias


económicas, se presenta como el punto de partida que hace posible explicar el
desarrollo posterior de la situación. Desde la comprensión de este desarrollo,
se abren posibilidades para cambiar las condiciones de la situación presente en
términos de no afectar el proceso de madurez afectiva del niño, en relación al
sistema de relaciones construido con la familia de adopción y con su madre.

36
Partiendo de la decisión de la madre, tomada en circunstancias de fuertes
dificultades económicas y en la búsqueda de condiciones de vida para su hijo,
la señora decide primero internarlo y luego aceptar una familia adoptiva. No
se trata de juzgar lo que pudo o debió hacer, lo cierto es que esta persona en
esas circunstancias actuó de la manera señalada, pensando en su hijo y
seguramente, considerando que en tanto cambiaran sus condiciones, podría
recuperarlo volviendo a la situación inicial. Pero las realidades humanas
concretas son altamente cambiantes y dinámicas, por lo que su decisión dio
lugar a una nueva realidad familiar.

El vínculo positivo que se establece entre la familia y el niño, se origina en esa


decisión y se desarrolla en el marco de una entrega afectiva y material como la
propia madre esperaba. A su vez, esto conduce a una positiva relación afectiva
entre el niño y la familia de adopción integrando a unos como sus padres y
otros como sus hermanos. Esta realidad se configuró a partir de la
incorporación de los elementos deseados en la realidad anterior —
identificables en la preocupación y búsqueda de la madre— y que
contribuyeron a desarrollar un conocimiento de la realidad por el cual fue
posible superar la situación originaria (madre-hijo), constituyéndose en una
nueva realidad satisfactoria para el menor. Sin esta comprensión de la
situación inicial, resulta difícil buscar soluciones que transformen la realidad.

La trabajadora social parece más bien abordar los efectos, perdiéndose en la


incidencia de éstos sobre la situación creada. Desde la perspectiva del niño, a
fin de que no se abandone la relación con la familia adoptiva y a su vez
recuperar el vínculo con su madre, será necesario elaborar una relación entre
la madre y la familia adoptiva que reconstruya la experiencia realizada por

37
ambas partes, como una nueva realidad concreta que se comprenda y asuma
en sus nuevas especificidades.

Debe tomarse en cuenta que este análisis apunta únicamente a tratar de


clarificar el concepto de núcleo problemático principal, dada su significación
como punto de partida para realizar el proceso de apropiación de la realidad.
Es decir, realizar la segunda etapa del movimiento del conocimiento, que
permite por medio de la síntesis reproducir el objeto en su proceso de
desarrollo y cambio. Es posible que puedan surgir dudas y necesidades de más
datos y rasgos característicos de la situación, pero el ejemplo se usa
exclusivamente para el objetivo mencionado y no para un análisis más amplio
y detallado del objeto. Aún corriendo el riesgo de una insuficiente descripción,
creemos que el ejemplo permite observar que el núcleo problemático surge en
el marco de los contenidos analizados, o sea de la especificidad de la situación
concreta y no como una elaboración ajena a ésta.

Esta base genética más elemental que permite reconstruir el proceso de


desarrollo de la situación específica como objeto de trabajo social, posee en
consecuencia un carácter histórico haciendo posible ese conocimiento y
avanzar hacia sus contenidos más complejos.

Este avance hacia lo más complejo del conocimiento de la realidad, significa


determinar no ya las partes y relaciones que la integran sino los
condicionamientos mutuos en que cobran sentido esas partes y relaciones. No
se trata en consecuencia, de la identificación de acontecimientos y de su
vínculo con comportamientos realizados, más bien ahora se requiere
establecer cómo y por qué están ligados entre sí.

38
Lo complejo de este proceso se representa en la posibilidad real, de reproducir
la realidad objetiva por el pensamiento como unidad concreta integrada; lo
cual permite descubrir toda la riqueza de conocimiento oculta en la situación
específica al captar al objeto de trabajo en su propio movimiento.

Es decir, que esta etapa del proceso de conocimiento del fenómeno no consiste
en un acoplamiento mecánico de las partes que lo integran para constituir una
unidad. No consiste en identificar, por ejemplo, el sistema de roles familiares,
acontecimientos de su existencia, etc., para luego intentar en base a una
hipótesis reconstruir la realidad en la que esa familia se debate.

La reproducción de la realidad es posible en el trabajo social, partiendo de una


relación de comunicación racional entre sujetos en los términos ya analizados.
Es la que permite un involucramiento del profesional con las personas en el
objeto de trabajo, haciendo posible resolver la toma de distancia de esa
realidad por medio de la abstracción para su comprensión, sin desligarse de las
personas como sujetos de conocimiento. De lo contrario, el trabajador social
seguirá considerando a los sujetos individuales o colectivos en el plano de su
indiferenciación respecto de la realidad, adoptando el carácter tradicional de
aconsejar o conducir paternalistamente. O bien, como técnico que en base a su
saber adquirido y experto profesional, sabe lo que le pasa y va a pasar al otro
si no realiza los cambios en el sentido en que el profesional interpreta su
situación.

Esta etapa hacia el conocimiento integral del objeto, representa también una
mayor madurez de los sujetos humanos con los cuales se trabaja. Es decir, la
relación inicial entre sujetos de conocimiento se apoya en el análisis de la

39
realidad, llevándose a cabo a través de él un primer esfuerzo de diferenciación
del sujeto respecto de su situación específica. El segundo esfuerzo, significa la
apropiación del objeto de manera integral por el conocimiento, ya no a través
del análisis sino de la síntesis que permite desarrollar la unidad en la
multiplicidad esencial de los contenidos del objeto.

Sucede inicialmente un esfuerzo de comunicación a fin de establecer una


relación entre sujetos que mediante el conocimiento de la realidad haga
posible tomar distancia de ésta, propiciando de esta forma la diferenciación
sujeto-realidad. El vínculo indiferenciado con la realidad, se supera entonces
desde la relación entre sujetos que hace posible conocer integralmente al
objeto. De esta manera los sujetos individuales o colectivos establecen su
vínculo con la realidad, retomando su actividad objetiva sobre ésta en la
medida que la ha ido comprendiendo y se ha ido transformando. Lo
característico ahora, es que la realidad ya no se presenta como caótica, ni para
el trabajador social ni para las personas que forman parte del objeto de trabajo.
Ha dejado de ser caótica por el nivel de comprensión alcanzado acerca de su
forma de estructurarse y de cómo se relacionan sus contenidos
(acontecimientos, decisiones, aspiraciones, vínculos humanos, etc.). Una vez
aprehendida la realidad por el pensamiento cambia la relación sujeto-objeto,
cambiando el sujeto humano en ese proceso al transformar la realidad con su
participación activa. En consecuencia la participación es natural al proceso de
conocimiento, no pudiendo ser considerada como algo a tener en cuenta o que
se agrega en el trabajo social, si se acepta que la finalidad de éste es la
apropiación del conocimiento objetivo de la realidad para su transformación.

40
CAPITULO II:
METODOLOGIA EN EL TRABAJO SOCIAL.

UNIDAD DE TEORIA Y PRACTICA

La evolución del trabajo social hacia una disciplina científica, plantea la


necesidad de una concepción teórico-metodológica específica para la
comprensión de su objeto de trabajo, lo cual significa avanzar hacia la
comprensión de la situación humana desde su atención y conocimiento,
concibiendo a las personas como seres activos transformadores de la realidad
y de sí mismos.

La metodología del trabajo social tiene que garantizar la apropiación de la


realidad en su dinamismo y cambio, abordándola desde su unidad teórico-
práctica específica. Esto implica avanzar desde una visión integradora de la
realidad y partiendo de la existencia de la unidad contradictoria sujeto-
realidad, desde donde la teoría y la metodología se constituyen en un medio
para conocer la realidad. Concebidas las situaciones humanas como
totalidades concretas representadas en el objeto de trabajo, requieren ser
atendidas y conocidas profesionalmente con un enfoque integrador de sus
procesos internos como condición esencial para elaborar su conocimiento.

Partiendo de esta concepción teórico-metodológica, conviene analizar otras


interpretaciones de esta relación a nuestro parecer insuficientes. Cuando el
trabajador social se apoya en la existencia de una unidad total entre el sujeto y
la realidad atendida, parte de una concepción ideológica por la cual las
condiciones de vida de las personas mejorarán si cambian las condiciones

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sociales que las generaron, sin que los seres humanos en ellas puedan por sí
mismos tomar decisiones orientadas a cambiar su realidad inmediata. Desde
esta perspectiva, se pierde de vista el papel del sujeto no sólo para el
conocimiento de su situación específica, sino que el sujeto es subsumido en su
realidad atribuyéndose a sus condiciones de existencia una preeminencia tal
que todo cambio en la situación específica dependerá de cambios en la
realidad más general, corriéndose el riesgo de la ideologización (A. Tecla) del
cambio abandonando la posibilidad del conocimiento objetivo para su
transformación, aun en el marco de las alternativas que ofrezca el nivel de
desarrollo social alcanzado.

Si en cambio, se parte de una separación total entre ambos (sujeto y realidad)


—como acostumbran los positivistas— la posibilidad del conocimiento
objetivo de la realidad se pierde, al partirse de una ruptura del vínculo esencial
sujeto-realidad. Desde esta última perspectiva, los contenidos del proceso
histórico del sujeto, su actividad concreta, ocurren como ajenos a éste, en
cuanto no se logra el descubrimiento de los nexos, relaciones y propiedades
que hacen de ese proceso una unidad dialéctica.

El conocimiento objetivo no se obtiene por acumulación de información


acerca de las necesidades y problemas del sujeto, ni subordinando el
conocimiento a una identificación del sujeto con la realidad, sino conociendo
el proceso histórico en su dinámica interna. Tampoco se obtiene rechazando
los procesos lógicos que requiere todo análisis científico de la realidad, ni
creyendo que la objetividad depende únicamente de la utilización de métodos
y técnicas para acumular información. Si bien el compromiso ideológico con
el objeto es esencial en el trabajo social como en general en las ciencias

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sociales, éste no es suficiente por sí mismo para el conocimiento objetivo de la
realidad.

A su vez, cuando la labor profesional está caracterizada por un pragmatismo


aplicador de técnicas, difícilmente la relación con los sujetos humanos
superará las expresiones subjetivas con que las personas buscan resolver sus
problemas. En esta perspectiva, la atención del sujeto se lleva a cabo como
sujeto con necesidades y se lo asiste cosificándolo, en la medida que se
concibe a los seres humanos únicamente como seres con necesidades y no
como personas capaces de pensar y tomar sus decisiones para superar
problemas. En cambio, el trabajador social usa su “poder” profesional para
convencer —más que para ayudar a comprender— orientando al sujeto
respecto de cómo “resolver” su vida. De tal manera que el esfuerzo por
conocer objetivamente, se sustituye por una relación de base subjetiva
orientada a la atención de necesidades y al manejo de conductas y
comportamientos individuales.

Diferente a esta concepción es desarrollar una relación entre trabajador social


y los sujetos individuales o colectivos, que los tome en cuenta como sujetos
capaces de elaborar conocimiento desde un esfuerzo de abstracción de los
procesos de la realidad, que tiene por objetivo un conocimiento integral de
esos procesos. La metodología a emplear debe permitir la apropiación del
conocimiento de los contenidos del proceso histórico que han llevado a la
conformación de las situaciones humanas concretas, pues es desde ellos que se
podrán comprender también los valores y conductas puestos en juego por las
personas en las circunstancias objeto de trabajo social.

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La separación formal de sujeto y realidad, lleva también a la separación de esa
unidad contradictoria respecto de la realidad social más amplia y a la
incomprensión de este vínculo, de manera que las situaciones específicas se
tratarán de resolver aisladas de las realidades sociales que las condicionan y
que las han originado.

“A diferencia de los positivistas que desconocen la identidad parcial entre el


sujeto y el objeto de conocimiento y que postulan la neutralidad de la ciencia
social o del estudio de los hombres como si fueran hormigas, los ideologistas
proponen la identidad total entre el sujeto y objeto sin tomar en cuenta los
eslabones intermedios a través de los cuales se relaciona la práctica del sujeto
como investigador y la práctica social que incluye al objeto de conocimiento
como sujeto de la historia”.4

Considerando la actividad concreta de los sujetos en la realidad, la teoría y el


método favorecen su apropiación por medio de la abstracción para
reproducirlo como pensamiento en la conciencia. Por su lado la práctica social
consciente tiene un valor propio en cuanto se constituye en criterio de verdad
de las elaboraciones más abstractas generadas en la labor teórica y
metodológica. Es decir entonces, que la praxis humana no sólo es previa al
método, ya que las personas comenzaron a incidir en la naturaleza antes de
desarrollar la lógica como procedimiento del conocimiento, sino que además
lo es de la teoría. Sin embargo ésta por ser una elaboración humana,
contribuye a orientar a la práctica social y al método con quien establece una
relación unitaria, para conocer la realidad objetivamente. En este sentido,

4
“Metodología en las Ciencias Sociales”, Tecla Jiménez, Alfredo; Ed. Taller Abierto,
México.

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otorgar a la actividad consciente de las personas un significado de utilidad
meramente informativa para el profesional, conduce a considerar que la
elaboración teórica de las personas, es decir el pensamiento que condujo sus
actos, es una actividad paralela sin incidencia decisiva más que como recurso
instrumental. Tampoco es suficiente considerar a la práctica social humana
como actividad social expresada en un “conjunto de actos” realizados en la
relación sujeto-objeto, ya que en realidad es siempre una unidad de
pensamiento y acción con una estructura y dinamismo propio, sin cuya
comprensión no es posible su transformación y la del hombre mismo.

Partiendo de la unidad de teoría y método para avanzar de lo abstracto a lo


concreto, los procedimientos metodológicos son lo formal en el proceso de
investigación y se apoyan en los contenidos teóricos que sirven de fundamento
al proceso lógico de conocimiento. De lo contrario el método se constituye en
un recurso desarticulado de la teoría y, en consecuencia, su utilidad se reduce
a encontrar soluciones prácticas inmediatas, sin que éstos impliquen
necesariamente una consideración objetiva del problema.

Lo que hace la actividad científica es reproducir objetivamente la realidad en


la conciencia, siendo en este sentido que esa elaboración es de carácter ideal.
Pero esa elaboración parte de la realidad, es decir de la independencia con que
los hechos ocurren y no de la adecuación de éstos a la conciencia, como si
fuera ésta la que los construyera. Si así fuera, se estaría afirmando en un
sentido idealista, que es la conciencia la que determina al ser. No existe en
consecuencia un ámbito para los hechos reales y otro para los hechos
construidos por la ciencia. Los objetos de la ciencia siempre son reales y es
mediante el proceso de abstracción, que se reproducen en la conciencia como

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elaboraciones ideales para incidir en ellos. De acuerdo con Kopnin5: “Los
positivistas modernos subrayan insistentemente la tesis de que existen dos
mundos: el mundo del experimento corriente, de las cosas y los procesos, con
el cual se enfrenta el hombre en su vida cotidiana (su medio ambiente, la
naturaleza), y el mundo científico, donde estos mismos procesos y objetos se
manifiestan de un modo completamente distinto, que nada tiene de común con
las representaciones que se tienen habitualmente acerca de ellos”.

Ahora bien, el método como expresión del proceso lógico del pensamiento,
contribuye a objetivar el conocimiento y avanzar en la apropiación y
transformación de la realidad por los hombres que participan en este proceso.
Pero como expresión de esa actividad, el método tendrá que reflejar
contenidos teóricos que permitan conocer objetivamente la realidad, siendo
por la adecuada correlación entre la teoría y el método, que la realidad se
podrá abordar objetivamente. La “perspectiva operacional” que algunos
autores defienden —a nuestro entender— conduce a una sobrevaloración de lo
metodológico sobre lo teórico. Aun poniendo toda la confianza en respetar la
unidad de teoría y práctica, esa propuesta conduce a considerar al método
como garantía no del conocimiento sino de determinadas acciones no
orientadas por el conocimiento como condición para el cambio ni por teorías
existentes desde las cuales comenzar a entender lo que sucede. Al considerarse
en estas concepciones operativas a la acción práctica como la esencia del
trabajo social y al método la garantía de las acciones emprendidas, se corre el
riesgo de que la teoría se pierda en la relación unitaria teórico-práctica. Lo que
se expresa por parte de algunos autores, como preocupación por cumplir con
esa condición necesaria (unidad de teoría y práctica) en realidad se reduciría a
5
“Lógica Dialéctica”, P.V. Kopnin; Ed. Grijalbo

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una operatividad profesional que privilegia la relación método-práctica,
abandonando a la teoría disponible como factor decisivo para la identificación
y comprensión objetiva de los fenómenos sociales.

PREMISAS METODOLOGICAS DEL TRABAJO SOCIAL.

La especificidad metodológica del trabajo social no radica a nuestro juicio, en


una pragmaticidad del trabajador social en la realidad concreta, sino en la
unidad entre la atención y conocimiento de las necesidades y problemas, como
en resolver toda la complejidad de su articulación al proceso de conocimiento
para su transformación.

Desde esta especificidad del trabajo social, plantearemos las premisas en que
se puede desarrollar su metodología:

a) La relación entre sujetos para el conocimiento objetivo de la realidad, lo


cual implica resolver un vínculo de comunicación racional para la atención de
las situaciones humanas, su conocimiento y transformación.

b) Las situaciones humanas objeto de atención, constituyen totalidades


concretas en tanto representan un todo estructurado en desarrollo.

c). El conocimiento integral de los contenidos de las situaciones humanas


concretas, se puede lograr desde una objetiva selección de categorías, como de
su adecuación y elaboración respecto al campo de trabajo correspondiente.

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d). La comprensión y realización de este conocimiento como transformación
del objeto de trabajo, depende de su objetivación a través de la unidad del
proceso histórico y lógico, relativo a la situación humana concreta.

El trabajador social necesita descubrir la lógica interna del proceso histórico


de su objeto de trabajo, ya que la situación a atender es resultado de su
desarrollo como situación humana concreta, por lo cual incorpora el proceso
anterior hasta su realidad actual como premisa y condición de su existencia y
transformación.

El conocimiento teórico y la actividad práctica del trabajador social respecto


del objeto de trabajo, son inseparables y desarrollados a través del vínculo de
comunicación racional con los sujetos individuales o colectivos involucrados
en la situación concreta cuya atención es requerida.

Si bien el conocimiento relativo al campo de trabajo, no asegura la


comprensión de las situaciones concretas en su especificidad, aporta las
categorías para su análisis y crea las condiciones para el vínculo entre sujetos
a fin de penetrar en la esencia de la situación. La comunicación racional
desarrollada con los sujetos individuales o colectivos del objeto de trabajo,
permite la aportación de conocimiento empírico a distintos niveles de
elaboración, necesario para desentrañar los contenidos de la situación concreta
objeto de atención profesional, a fin de descubrir los procesos que la
constituyen, la forma en que los sujetos participan en ellos, los
acontecimientos humanos que se gestaron en esos procesos así como su
interconexión y condicionamiento mutuo. Es decir, significa apropiarse de una
realidad desconocida, compartiendo sus significados esenciales y generando

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las posibilidades de una elaboración en común con los sujetos, en un esfuerzo
por conocer esa realidad para intentar juntos su transformación.

En el ejercicio profesional cotidiano el trabajador social se tendrá que apoyar


en algunas categorías para conocer la realidad, las que serán seleccionadas,
adecuadas o reelaboradas en su pertenencia al campo de trabajo. Ese
conocimiento existente representado en las categorías, no ayuda a conocer
más objetivamente a la situación específica, favoreciendo el descubrimiento
de sus propios contenidos. Por lo cual no hay una acumulación cuantitativa de
contenidos teóricos, sino que partiendo del conocimiento existente y
representado en las categorías conceptuales seleccionadas, permite disponer
de un conocimiento del campo de trabajo que favorece a su vez el
conocimiento del objeto de trabajo.

Estas elaboraciones teóricas disponibles y relacionadas al campo de trabajo, se


enriquecerán a su vez con el desarrollo de nuevas construcciones objetivas
acerca de las situaciones humanas como objeto de trabajo. Este
enriquecimiento teórico del campo de trabajo, se lleva a cabo mediante el
planteamiento de problemas e hipótesis, en el contexto y desarrollo del
proceso de abstracción para la apropiación del conocimiento de esas
situaciones. A través de este proceso de abstracción y mediante la intervención
del trabajador social y demás sujetos de la situación, se producen
modificaciones en las ideas, conductas y decisiones tomadas por estos sujetos:
es decir mediante el pensamiento de las personas, a fin de realizar el proceso
de transformación de esa realidad. En este sentido, los contenidos teóricos
disponibles que sirvieron para orientar el trabajo, irán cambiando a partir de su
formulación más abstracta hacia otras de concreción más objetiva, que permite

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profundizar en el conocimiento de la situación específica, mediante la
participación activa del trabajador social y los demás sujetos de la situación
humana.

Debe considerarse también, que la situación humana como objeto de trabajo es


una parte de la realidad social que se nos presenta como un todo estructurado
en desarrollo y sus contenidos a identificar y conocer son un producto de su
praxis humana. Esos contenidos de la realidad al comprenderse, constituyen
conceptualizaciones elaboradas por el pensamiento de las personas y apoyan
su andar en la realidad. Por lo cual será a partir de ese pensamiento elaborado
por las personas y ejecutado en actos humanos concretos, que se establecerá el
vínculo de comunicación racional con el trabajador social. A su vez, las
aportaciones de éste provienen del conocimiento teórico más general y del
específico al campo de trabajo, así como de su experiencia profesional, desde
los cuales apoya la indagación y elaboración de los contenidos desarrollando
el proceso lógico de conocimiento. Las explicaciones que en este proceso se
van obteniendo, representan apropiaciones de conocimientos objetivos que
son resultado de la participación directa del trabajador social y los sujetos de
la situación humana en la búsqueda del conocimiento específico de ésta.

El conocimiento de los contenidos de la situación humana proviene para el


trabajador social, no sólo de las personas involucradas en la situación sino del
conocimiento existente. A su vez, el grado de avance del conocimiento
existente respecto al campo de trabajo y al objeto de trabajo, contribuirá a
delimitarlo con más precisión en sus contenidos esenciales. Este esfuerzo de
mayor objetividad en el conocimiento, representa también la posibilidad de

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cambios significativos en la situación específica en la medida que se la va
comprendiendo por el trabajador social.

DOS CONTENIDOS METODOLOGICOS ESENCIALES.

Antes de abordar el concepto más básico de especificidad del trabajo social, se


considerarán dos aspectos esenciales de su labor:

a) Reconocer que los sujetos de las situaciones humanas que atiende son
sujetos históricos de conocimiento, ya que se aborda un objeto de trabajo
constituido por personas que individual o colectivamente se hallan en debate
con una realidad específica, caracterizada por una síntesis de necesidades y
problemas. Esta situación específica en la que se debaten, requiere de atención
y conocimiento especializado para su objetivación y cambio.

b) El trabajador social necesita elaborar un conocimiento objetivo de la


situación humana concreta, desarrollando un proceso de conocimiento con los
sujetos de ésta. El establecimiento de este vínculo basado en una
comunicación racional, crea las condiciones para avanzar por la abstracción,
desde la forma en que se le presenta al trabajador social la realidad humana
hasta la apropiación de sus contenidos más esenciales y la transformación de
la realidad por los sujetos participantes.

Esta esencialidad del vínculo significa reconocer que esos sujetos


participantes, son los protagonistas históricos de los cambios de la realidad,
cualquiera que sea su contexto cultural o económico. Sin su participación no
sólo no hay situación, sino que no hay posibilidad de elaborar conocimiento ni

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alternativa de cambio y nuestro saber se vuelve inútil. Se reducen las
posibilidades de conocimiento de la realidad y particularmente para el
trabajador social, se limita la alternativa de apropiación objetiva de la realidad
para su transformación.

Esto podría interpretarse como una sobrevaloración de la participación de los


sujetos de la situación específica, alegándose que la realidad suele presentar
un nivel de complejidad que escapa a la comprensión de quien la vive, o bien
invocar la importancia de la objetividad del trabajador social como
consecuencia de su capacidad teórica como profesional. Sin duda que la
intervención del trabajador social puede requerirse en circunstancias de una
aguda pérdida de objetividad de las personas respecto de la realidad en que se
debaten, pero en la medida que se vaya superando esa pérdida de objetividad,
el trabajador social deberá buscar la participación consciente de las personas,
en los términos antes expuestos. Lo que, a nuestro entender, ha ocurrido
tradicionalmente es la sobrevaloración respecto de la capacidad de conocer
por parte del trabajador social, lo que ha conducido a un protagonismo
profesional que contribuyó a poner fuera del proceso de conocimiento a los
sujetos de la situación humana específica convirtiéndolos en objeto de
atención.

A su vez, la sobrecarga ideológica que impregnó el trabajo profesional,


particularmente desde el movimiento de reconceptualización, contribuyó a
confundir la labor científica con la práctica político-social, incrementando la
ideologización de la labor profesional. Se rechazó así el trabajo desde las
instituciones, a la metodología tradicional y además se aconsejó volcarse al

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trabajo hacia la sociedad civil para servir a los intereses populares, en
particular, desde movimientos sociales.

El desarrollo del conocimiento objetivo de la sociedad sin duda que requiere


tener una posición ideológica que ponga al profesional al servicio de un
conocimiento en favor de las clases populares. Pero tampoco se trata de
desarrollar un vínculo que únicamente nos identifique ideológicamente con
sus necesidades y problemas, sino que este vínculo debe significar un aporte
de conocimiento objetivo. La labor profesional, representa una necesidad
histórica correspondiente al nivel de desarrollo social alcanzado por la
sociedad humana. En consecuencia, tan importante como el trabajo con
movimientos sociales, es la especialización en el trabajo con: drogadictos,
niños abandonados, con delincuentes, en proyectos de desarrollo, con
cooperativas y organizaciones sociales, etc. El compromiso del trabajador
social no sólo radica en la identificación ideológica con su objeto de trabajo,
sino con el conocimiento objetivo de éste. Al respecto consideramos oportuno
realizar la siguiente cita: “No es suficiente con sostener una posición de clase
avanzada que se manifiesta en la selección adecuada del objeto de estudio, es
necesario, además dominar los aspectos lógicos, técnicos y formales de la
investigación. En un sentido estricto, no hay posición avanzada si no se
cumple este requisito”.6

A pesar de los cambios ocurridos en la profesión de trabajo social, su relación


con los sujetos individuales o colectivos se siguió realizando desde su
autoridad profesional y reduciendo la participación de aquellos a la necesidad
de contar con su disposición, interés y motivación. Si esto falta —se dice— la
6
Tecla Jiménez, A. Op. Cit.

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labor se verá limitada y no se podrá cumplir con lo que se espera del saber
profesional; sin embargo, muchas veces éste se reduce a un “saber convencer”
o a un “saber organizar”. Se argumenta a veces, que las otras profesiones
parten de un conocimiento claramente identificable socialmente y que ésto
favorece su labor independiente, mientras el trabajador social se identifica con
un hacer técnico-práctico. Probablemente, entonces, la clave esté en disponer
de un conocimiento identificable que oriente el hacer; es decir, disponer de un
conocimiento objetivo acerca del objeto profesional específico, sin que esto
signifique un dejar de realizar su actividad propia.

El trabajador social con frecuencia establece una relación con las personas
involucradas en la situación específica que no se orienta a una elaboración de
su conocimiento objetivo, sino que en realidad las considera sujetos con
necesidades. O sea, que la situación humana concreta como unidad dialéctica
de sujeto-objeto, no se aborda desde un saber adquirido que se desarrolla con
los otros sujetos. Más bien se hace desde un accionar práctico que refiere más
a un “saber qué hacer” pragmático, que a conocer la situación con las personas
para determinar su especificidad y esencialidad hacia el proceso de
transformación.

Este conocer con los otros, requiere a su vez de un vínculo objetivo con el
objeto. En este sentido, no es lo mismo por ejemplo, relacionarse en tanto
objeto de trabajo social, con una población de las denominadas “marginadas”,
concibiéndola exclusivamente como un comportamiento psicosocial y
cultural, o caracterizándola como un sector de la sociedad que no pudo
acompañar el proceso de modernización, que definirla como población
trabajadora. Es decir, como fuerza de trabajo disponible para seguir siendo

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explotada y reproducida en las peores (pero beneficiosa para el capital)
condiciones sociales. Desde una u otra selección de categorías, se define tanto
la preocupación por el conocimiento objetivo como el compromiso ideológico
del trabajador social respecto de esos sectores de población.

Los seres humanos son activos transformadores del mundo y de sí mismos,


por lo cual el carácter de la realidad social está determinado por la praxis de
los individuos. A las personas se les puede comprender por la actividad que
realizan, aportando éstas el pensamiento puesto en práctica y apropiándonos
de él para elaborar el conocimiento de las acciones realizadas, partiendo de la
existencia de esa relación contradictoria de sujeto-realidad que caracteriza al
objeto de trabajo social. El conocimiento de la realidad sigue ha sido más
bien, en el trabajo social, conocimiento de los sujetos aun en el caso de que
sean movimientos sociales, poblaciones “marginadas” o grupos sociales. No
nos apropiamos de la realidad para transformarla, sino de las personas en ella
para organizarlas, orientarlas, educarlas, ideologizarlas, politizarlas, etc.
“Como los positivistas niegan el carácter objetivo de las tesis científicas, le
niegan el paso al mundo material exterior y se ven obligados a buscar los
criterios del conocimiento científico fuera del ámbito de la ciencia, no en el
objeto, sino en el sujeto y, ante todo, en el lenguaje de la ciencia. Su tesis
fundamental es que el análisis de una ciencia significa, ante todo, el estudio de
su lenguaje. “Cada ciencia viene a una unidad de conocimiento. Para los
positivistas esta unidad radica en el idioma, en la terminología científica, pero
no en el objeto. No hay ninguna unidad de leyes, pero sí unidad de lenguaje
científico”.7

7
Kopnin. Op. Cit.

55
No es lo mismo partir de un conocimiento objetivo de la realidad social, que
de una mistificación de ésta. Así, volviendo a nuestro ejemplo, utilizar la
categoría de fuerza de trabajo para definir a la población “marginada”, permite
comprenderla no sólo en su composición social sino también en su
participación en el proceso de la producción, así como apoyar su inserción en
los probables procesos de transformación. No se tratará entonces, de una
población abstracta, sino real, concreta, con un contenido más objetivo, desde
el cual, generar la posibilidad de una relación entre sujetos para la apropiación
objetiva de esa realidad humana y abordarla como objeto de trabajo social.
Esto significa asumir verdaderamente un compromiso ideológico desde la
definición del objeto, identificando nuestra labor profesional con la verdad
objetiva respecto de esos procesos sociales, que involucran a amplios sectores
populares.

No estamos afirmando, entonces, que la verdad surge del conocimiento de la


realidad que este sector de población posea, sino que la conquista de
objetividad acerca de la realidad es producto de su participación como sujeto
histórico de conocimiento y del trabajador social como profesional; en un
esfuerzo colectivo de objetividad respecto de la situación concreta como
objeto de trabajo social para su transformación. Este punto de partida presenta
como diferencia básica, que se orienta a los contenidos de la situación —a la
actividad de los sujetos— para apoyarse luego en los aspectos formales,
permitiendo articular el conocimiento y las soluciones específicas.

Los seres humanos se diferencian en el reino animal por su capacidad de


pensar racionalmente, en consecuencia el vínculo profesional no se establece
para el conocimiento de las personas, sino para que ese pensamiento se

56
constituya en un instrumento para la toma de conciencia acerca de los
contenidos que integran las situaciones humanas, en las que se debaten para
resolver no sólo su subsistencia sino el derecho a una vida mejor. El trabajo
social es una profesión que abre la alternativa de realizar la construcción de
mejores condiciones de vida, para lo cual establece una relación con los
sujetos individuales o colectivos para conocer qué es lo que les está pasando y
cómo lo pueden superar.

ESPECIFICIDAD DEL TRABAJO SOCIAL.

La especificidad profesional está representada en la capacidad de atender


situaciones humanas concretas. Podría decirse que esto también lo hacen otras
disciplinas como la sociología, antropología, psicología social, etc. Sin
embargo, mientras para éstas la atención de situaciones humanas específicas
puede ser una parte de su actividad, para el trabajador social constituye la
responsabilidad que lo identifica socialmente. La atención de situaciones
concretas es una función del trabajador social, que realiza mediante una
relación con las personas como sujetos activos y de conocimiento, en el marco
de sus necesidades y problemas.

La atención de situaciones humanas, exige de la capacidad del profesional


para involucrarse con las personas respecto de sus necesidades y problemas, a
fin de conocer sus contenidos; lo cual lo remite al conocimiento del sistema de
contradicciones que determinan sus comportamientos y la posibilidad de su
transformación. Atender para conocer las necesidades y problemas, implica
tanto la significación del vínculo entre sujetos como asumir las urgencias de

57
su atención, a fin de articularlo con el proceso de conocimiento y
transformación.

Esta especificidad del trabajo social no sólo permite identificar y delimitar su


objeto de trabajo, en tanto situación humana concreta, sino apropiarse de un
proceso con valor metodológico en cuanto señala la necesidad de atender,
conocer y transformar la realidad, pero además muestra la forma en que los
sujetos van a relacionarse y participar en su desarrollo. En este sentido, lo que
une realmente al sujeto con el objeto, es la búsqueda de la objetividad del
conocimiento, porque la meta del sujeto profesional —en este caso el
trabajador social en la relación con sujetos individuales o colectivos— es crear
una situación nueva. Es decir, no es únicamente que el conocimiento se
concrete en una determinada solución concreta mediante la atención
profesional, sino que a través del conocimiento del objeto como situación
humana concreta, éste se transforme en otra situación por medio de la
actividad práctica de su atención consciente y a partir de su conocimiento, lo
que permite reorientar conductas, elaborar nuevas perspectivas y encontrar
soluciones vitales diferentes que mejoren las condiciones de existencia en
sociedad.

La transformación de la realidad es la realización del conocimiento, pero para


que esto ocurra el conocimiento debe ser objetivamente verídico. En tanto lo
sea, se convierte por la praxis en una realidad objetiva y en este sentido, la
transformación de la realidad es la creación de la nueva situación. “La verdad
es subjetiva en el sentido de que constituye un conocimiento humano, pero es
objetiva por cuanto el contenido del conocimiento verdadero no depende ni
del hombre ni de la humanidad. En el concepto de verdad objetiva volvemos a

58
tropezar con la dialéctica del sujeto y del objeto. La verdad es algo subjetivo
que sobrepasa por su contenido la esfera del sujeto para entrar en la esfera del
objeto. El conocimiento es verídico sólo cuando tiene contenido objetivo. Por
ello no puede haber ninguna otra verdad que la objetiva”.8

La necesidad de esta objetividad del conocimiento, el trabajador social la debe


resolver en el marco del vínculo dialéctico, entre el requerimiento de atención
que la situación humana le impone y la relación entre sujetos para el
conocimiento objetivo de la realidad. La búsqueda de este conocimiento exige
la relación entre sujetos, que partiendo de la atención de las necesidades como
vínculo inicial con el objeto o situación humana, se apropien de su
conocimiento. En base a la praxis que desarrollan, tanto el trabajador social
como las personas, avanzan hacia la realización del conocimiento objetivo
elaborado mediante acciones y comportamientos humanos que permitan
construir una nueva realidad en cuanto a mejores condiciones de vida humana.
Cuando nos referimos a este mejoramiento de las condiciones de existencia,
pensamos no sólo en el plano individual o familiar en que con mayor
frecuencia desarrolla su actividad el trabajador social, sino también en el
ámbito de –por ejemplo— un grupo de productores rurales o de trabajadores
urbanos interesados en desarrollar un proyecto productivo. También en estas
situaciones humanas se debe conocer qué necesidades originaron la iniciativa
y profundizar en el conocimiento de esas realidades, para avanzar con las
personas interesadas en el proyecto en que éste represente verdaderamente un
instrumento transformador de las condiciones de existencia; es decir lograr la
construcción de una nueva realidad. Someter esta perspectiva de construcción
social de una nueva realidad por parte de un grupo de trabajadores rurales o
8
Kopnin, Op. Cit.

59
urbanos, no puede someterse a la crítica de quienes ven en el trabajo social un
instrumento al servicio del status-quo de la sociedad. Y si así ocurriera, lo que
estas visiones mostrarían es su negativa a generar perspectivas de cambio en
las condiciones sociales de los grupos humanos, orientando su trabajo
profesional al sometimiento de las condiciones de vida existentes a las
realidades impuestas por gobiernos conservadores, en la medida que esas
iniciativas exigen a éstos modificar sus políticas de financiamiento; políticas
que en general, van dirigidas a los grupos con poder económico. Son estos
grupos los que en realidad someten a sus intereses particulares toda iniciativa
de inversión a favor de los sectores populares exigiendo garantías con que
estos sectores no cuentan, o bien no pudiendo beneficiarse por no reunir las
condiciones para ser sujetos de crédito; por lo cual ven postergadas sus
aspiraciones de desarrollo productivo y el mejoramiento de sus condiciones de
existencia que supere la situación inicial.

No es posible para el trabajador social, abocarse a la atención de necesidades


por un lado y al conocimiento y construcción de nuevas realidades por otro.
Ambos aspectos constituyen la situación humana concreta objeto de trabajo
social, debiéndola atender en la totalidad que representa. Los sujetos de la
situación humana han dejado su huella en ella, por lo cual de esa realidad
objetiva forman parte sus necesidades; resolverla, representa comprender el
proceso de desarrollo de esas necesidades en la situación humana específica,
partiendo de la forma y nivel actuales de solución alcanzada. Es decir,
partiendo de su nivel actual de desarrollo de sus necesidades y debate humano
en ellas representativo de la tensionalidad existente y desde éste proceder a su
conocimiento. Partir de este grado de concreción de lo humano en debate,
significa a su vez establecer la relación profesional en el plano de lo

60
consciente, expresando el ámbito específico del alcance de su conocimiento
que considera el proceso concreto seguido por los sujetos en la situación para
comprenderlo en su peculiaridad. La transformación se realiza desde esta
apropiación de la realidad, en la cual adquieren significación las expresiones
(psicológicas, antropológicas, etc.) de los sujetos involucrados.

El trabajador social avanza desde la situación específica tal como se le


plantea, ya que es desde ella que encuentra más desarrollados sus contenidos
contradictorios esenciales. El conocimiento inicial de esa realidad tiene un
fuerte grado de subjetividad, pero aporta lo necesario para acceder al proceso
histórico de la situación humana. La esencialidad contradictoria de esa
realidad que se le plantea al trabajador social permite mediante su
comprensión, identificar el proceso de formación y desarrollo de la situación
humana objeto de trabajo, al contener los principales elementos de éste
desplegados en la situación actual.

El proceso histórico del objeto muestra la trayectoria de cambios que ha


experimentado, así como sus etapas y desarrollo por lo cual dicho proceso se
constituye en objeto del pensamiento, buscando reproducirlo objetivamente.
El proceso lógico del conocimiento histórico no sigue a éste en todos sus
aspectos, sino que lo hace apoyándose en las abstracciones fundamentales del
proceso histórico y representándolo en la medida que da a conocer la forma en
que se ha desarrollado.

Más adelante ampliaremos estos conceptos, por ahora tengamos en cuenta que
esa unidad de procesos (histórico y lógico) adquiere valor metodológico, para

61
resolver las relaciones entre el conocimiento del desarrollo del objeto y su
estructura lógica.

En el desarrollo del objeto se observan y comprende la relación de los sujetos


humanos con sus necesidades, los intentos para resolverlas, las carencias en su
comprensión, el estancamiento, la consolidación de los problemas, las
aspiraciones y expectativas, las búsquedas y los fracasos, las posibilidades
internas y externas, las interrelaciones de todo este debate con el mundo
exterior. Pero la comprensión del proceso histórico requiere de un esfuerzo
metodológico, que permita reflejarlo como apropiación objetiva en la
conciencia para la construcción de una nueva realidad.

En esta perspectiva un aspecto esencial en la metodología del trabajo social, es


la relación entre sujetos que permite acceder al conocimiento de la realidad
objetiva en tanto objeto de atención profesional. Los contenidos están en el
objeto que reúne sujetos y realidad específica, siendo a estos contenidos que
debe dirigirse la actividad cognoscitiva de los sujetos.

Al conocimiento de los contenidos de la situación humana específica,


contribuye el conocimiento de los contenidos del campo de trabajo al que
pertenecen, permitiendo penetrar esas situaciones desde una totalidad más
amplia. Por lo cual será de gran utilidad que el trabajador social desarrolle —
junto a otras disciplinas científicas— el conocimiento objetivo acerca del
campo de trabajo profesional correspondiente. A su vez ese conocimiento del
campo de trabajo hará posible la elaboración de una metodología más
específica que le permita realizar sus funciones profesionales relativas al
campo, a fin de abordar las situaciones concretas desarrollando un proceso

62
lógico más preciso para conocer el objeto de trabajo. Es decir, que en un
sentido más amplio, el campo se constituirá en objeto de estudio del trabajo
social, a fin de elaborar a este nivel nuevas abstracciones que amplíen el
marco teórico para una praxis profesional más objetiva. Así, los problemas de
una cooperativa se atenderán desde su actividad específica constituyéndose en
objeto de trabajo, pero también se deberá conocer el campo cooperativo que
aportará por ejemplo, el conocimiento de su relación con las políticas
económicas y el comportamiento de las ramas productivas. Por otra parte, los
campos se subdividen y generan especializaciones dentro de ellos
(cooperativismo de vivienda, producción, consumo, etc.) que probablemente
también requerirán de adecuaciones metodológicas ya que no se organiza
igual la producción y el mercado de bienes que el de servicios. El campo de
trabajo exige una acumulación y especialización de conocimiento para ejercer
la labor profesional, para a su vez elaborar la forma metodológica más
adecuada a los contenidos del objeto de trabajo, hasta constituirse mediante el
desarrollo teórico-práctico en una rama del saber propio del trabajo social
como disciplina científica.

En el actual nivel de conocimiento objetivo la actividad profesional se ubica


en el marco de un determinado campo de trabajo y el trabajador social, tendrá
que elaborar el conocimiento teórico, metodologías y técnicas que hagan más
eficiente la labor y a su vez, desarrollar ese conocimiento objetivo hasta
definir y constituir sus ramas de conocimiento que permitirán estructurar al
trabajo social como disciplina y contribuir con sus aportes teóricos, al
desarrollo de las propias ciencias sociales.

63
La atención de necesidades y problemas, es una función específica que lleva a
cabo el trabajador social y desde ésta, avanza en el análisis objetivo de la
realidad, a fin de estar en condiciones de realizar ese conocimiento mediante
soluciones concretas para superar necesidades y problemas, en el marco de las
posibilidades del desarrollo social. Podríamos agregar que este marco se
constituye a la vez en un desafío y un compromiso para los trabajadores
sociales, que los llevará a apoyar y alentar la participación social tanto en la
denuncia de las insuficiencias y carencias, como para la elaboración de
propuestas que reflejen los intereses populares.

PRAXIS SOCIAL, CONOCIMIENTO Y TRANSFORMACION DEL


OBJETO.

A nuestro juicio, no puede confundirse el trabajo social profesional para


atender realidades humanas concretas que lleva a cabo el trabajador social,
con un accionar pragmático sobre ellas.

El conocimiento de la realidad se obtiene por la actividad del sujeto sobre el


objeto y la base del conocimiento se halla en la actividad práctica que el
hombre desarrolla. En esta relación con el mundo exterior, el hombre
encuentra la fuente de conocimiento y el lugar donde comprobar sus
elaboraciones teóricas. Actuar y conocer es una unidad que permite al hombre
reflejar en su pensamiento los procesos del mundo exterior, así como realizar
una actividad más objetiva. La praxis humana es la que hace posible la
apropiación del conocimiento de la realidad y a su vez, permite la
confirmación de éste, constituyéndose en una categoría esencial del
conocimiento. Lo que permitió al hombre transformar la naturaleza para

64
resolver sus necesidades, fue la adquisición de conocimientos que hicieron
posible una renovada participación sobre los procesos del universo;
satisfaciendo necesidades y generando nuevas que contribuyeron a enriquecer
su existencia.

El conocimiento se acumula a través de la práctica social y refleja las


necesidades y los problemas de cada momento histórico, en tanto
conocimiento científico. Pero es la práctica humana la que permite verificar la
objetividad del conocimiento verdadero, haciendo posible la explicación
científica acerca de los procesos humanos universales. Precisamente a partir
de este nivel de conocimiento es que esos procesos se pueden modificar, por
lo cual no es suficiente con observar su existencia o proceder a su descripción.

El desarrollo del conocimiento a través de la praxis humana consciente, se


transforma en teoría requiriendo de su confrontación con la realidad para
alcanzar la objetividad científica necesaria. Las categorías que emergen de
estos procesos de verificación derivan de la categoría básica de praxis y se
constituyen en contenidos que utilizan los seres humanos para su actividad
práctica.

El trabajador social se introduce en los acontecimientos de la actividad


humana consciente, compartiendo conocimientos y elaborando otros nuevos
con los sujetos de la situación; contribuyendo así a modificar los procesos
humanos en su especificidad más concreta.

El saber que dispone el trabajador social, como conocimiento objetivo


acumulado y fijado en su formación y experiencia profesional, constituye un

65
marco teórico que le permite determinar con mayor objetividad, las
peculiaridades y características del objeto de trabajo. Pero este saber acerca
del objeto además de permitirle decidir cómo actuar, le sirve para relacionarse
con los sujetos de la situación y comenzar a entender qué le pasa y a
comprender sus necesidades y problemas, así como identificar los procesos en
que están involucrados los sujetos y el trabajador social mismo.

La relación entre conocimiento y transformación de la realidad, se resuelve en


el vínculo entre problemas e hipótesis sobre la base de la praxis humana. En la
actividad de los sujetos sobre el objeto, las personas hacen uso de su
capacidad de pensar desarrollando y reelaborando ideas. Estas ideas no
reflejan totalmente al objeto ya que su conocimiento resulta inabarcable en
todos sus contenidos, presentando una gran multiplicidad de nexos con otros
objetos y respecto de los sujetos que lo integran. Sin embargo, las ideas acerca
del objeto, juegan un papel decisivo en la transformación de éste a pesar de no
reflejarlo totalmente, ya que esas ideas poseen un alcance significativo en
cuanto se apropian no sólo de los contenidos más esenciales de la situación
presente, sino que permiten determinar cuáles son las carencias o
insuficiencias de su contenido actual y del que puede llegar a incorporar. Esto
es posible porque se considera al objeto en movimiento, tanto en su actividad
interna como en el vínculo que establece con otros objetos. Es decir, en lo
específico de las situaciones humanas concretas y en la interrelación con otras
situaciones. Más concretamente, a partir de las ideas o concepciones de que se
dispone acerca del objeto, es posible identificar las alternativas de
transformación que contiene y las cuales se pueden apropiar a medida que
avanza el proceso de conocimiento. Señala Kopnin al respecto: “...cuando el
sujeto emprende su acción práctica sobre el objeto, tiene en calidad de

66
premisa, por un lado la coincidencia, la unidad de la idea y del objeto y, por
otro, la contradicción entre ambos. La idea no coincide plenamente con el
objeto no sólo porque no lo refleja por completo, sino porque contiene como
meta la imagen ideal del nuevo objeto, que como tal no existe aún en la vida
real (el objeto anterior lleva implícita únicamente su posibilidad efectiva).
Pues bien, esta contradicción entre la idea y el objeto, que existe en el marco
de una determinada unidad entre ellos, sirve de premisa teórica para la
transformación práctica del objeto; diríase que establece diferencias entre el
objeto que existe y el que debe ser y orienta hacia la realización del que debe
ser”. Agrega luego: “La idea hace conocer al sujeto la imperfección del objeto
y de este modo argumenta teóricamente la necesidad de su cambio”.9

Es la creatividad contenida en la idea acerca de la transformación del objeto


como meta, lo que da perspectiva a la actividad práctica, abriendo la
alternativa de que a partir de la interacción entre sujetos y objeto se logre la
transformación de éste en otro nuevo. Pero en todo caso, la preocupación
permanente será determinar el grado de objetividad de la idea, es decir la
profundidad con que refleja la realidad objetiva asegurando su realización en
la realidad. A su vez se requiere disponer de los medios (conceptuales y
técnicos) necesarios para plasmar la idea en la práctica. Cuando ambos
aspectos se hallan presentes, los sujetos son capaces de transformar la
situación humana como objeto mediante su actividad práctica. Es también
necesario señalar que la práctica humana se anticipa al desarrollo de las ideas,
generando la posibilidad de prever nuevos conocimientos respecto del inicial
de la situación humana, por lo cual la práctica se constituye en base del
conocimiento y momento de contrastación de su veracidad.
9
Kopnin. op. cit.

67
La transformación del objeto de trabajo social queda determinada por la
relación entre lo objetivo y lo subjetivo, ya que inicialmente la realidad se
subjetiviza a través de la idea que se elabora. Mediante la práctica humana la
idea se realiza en la realidad a través del proceso de su transformación; o sea
que lo subjetivo se cambia a una realidad objetiva, representada en la
realización de la idea. Este proceso permite a su vez, vincular definitivamente
el sujeto al objeto a través de su conocimiento que ejerce en la realidad
transformándola. De esta manera, los sujetos se independizan de la realidad al
comprenderla y pueden actuar con mayor objetividad.

La indagación de problemas en la situación específica de trabajo social, se


lleva a cabo en el marco del desarrollo de acontecimientos humanos
contenidos en el objeto de trabajo, sobre los cuales las personas ejercen su
pensamiento y actúan con la finalidad de modificarlos. En sí mismos, los
problemas indagados plantean contradicciones cuya solución requiere de la
participación de los sujetos mediante su capacidad de pensar. Pero a su vez,
por esta participación se desarrolla aun más la conciencia del problema y con
esto, la necesidad de resolverlo. Es decir, que llegados a este punto de máxima
tensionalidad, los sujetos se sitúan ante la alternativa de resolver la
contradicción o quedar ligados, dependientes, de ella.

A través del pensamiento las personas desarrollan su comprensión de las


contradicciones hasta la necesidad de superarlas definitivamente, lo que exige
el conocimiento de los contenidos más esenciales de ellas. El conocimiento
nuevo representado en la elaboración de los contenidos objetivos del objeto de
trabajo social, implica un grado de madurez de las condiciones necesarias para

68
la solución del problema, abriendo nuevas alternativas para avanzar en el
proceso de transformación del objeto.

Este movimiento que involucra el conocimiento y la transformación de la


realidad, en el contexto de la labor del trabajador social, se resuelve en la
identificación de problemas y en su explicación a través de hipótesis
contrastadas en la realidad, a fin de constituirlo en conocimiento verídico. A
su vez, ese movimiento se lleva a cabo a través del que definimos como
proceso específico del trabajo social: atender, conocer y transformar la
situación humana.

METODOLOGIA GENERAL DEL TRABAJO SOCIAL:


ORDENAMIENTO LOGICO DE PROCESOS COGNOSCITIVOS.

La relación entre la teoría y el método, está determinada por el hecho de que la


teoría representa una síntesis explicativa acerca de la realidad, por la cual se
expresa ésta de manera integral. La posibilidad de explicar la realidad a través
de la teoría, es decir de una imagen representativa, ideal, de la realidad,
permite orientar la actividad lógica del conocimiento caracterizado en el
método, a fin de articular la actividad humana con la realidad. Por su parte el
método representa una unidad de operaciones teóricas y prácticas, que hacen
posible el conocimiento de la realidad. Es decir, que sobre la base del
conocimiento teórico disponible acerca del objeto, será a través del método
que se llevará a cabo la actuación práctica de los sujetos para el conocimiento
y transformación del objeto de trabajo. A su vez existe una independencia
relativa entre teoría y método, determinada por la significación de ambos para
alcanzar el conocimiento objetivo. Por lo cual tanto la teoría como el método

69
poseen su especificidad pero al mismo tiempo una forma necesaria de
condicionarse. De esta manera, la apropiación del objeto por los sujetos a
través del pensamiento, requiere de las teorías que dan cuenta de él, tanto las
más generales como las relativas al conocimiento más específico al objeto de
trabajo. Así como las teorías más generales lo reflejarán en sus contenidos y
condicionamientos más universales, también se planteará la necesidad de
contar con el dominio de teorías que permitan dar cuenta de particularidades
del objeto de trabajo, expresando contenidos esenciales del objeto a un nivel
de mayor especificidad.

Esta exigencia de conocimientos se inicia en el trabajo social, con la


apropiación de los contenidos específicos al campo de trabajo al cual
pertenece el objeto. Pero el conocimiento del campo de trabajo social, no es
suficiente para penetrar en los contenidos esenciales del objeto, ya que éste
requiere considerarlo en la especificidad de sus propios procesos. Cabe señalar
que no es esta necesidad de conocimiento teórico una peculiaridad del trabajo
social, sino una exigencia relativa a toda disciplina científica y necesaria a su
elaboración objetiva para la reproducción de su objeto por el pensamiento.
Además los métodos específicos, son elaborados por las respectivas
disciplinas en el proceso histórico de su evolución.

El método representa el dominio que el hombre ha adquirido del conocimiento


científico, siendo expresión de su incidencia práctica sobre los procesos de
conocimiento de la realidad.

Entendemos al método en el trabajo social, como una práctica social


consciente para la apropiación de un conocimiento nuevo acerca de

70
situaciones humanas específicas, que favorezca su transformación mediante la
actividad objetiva de los sujetos en ella. Es decir, que el método permite
articular la participación de los sujetos en el desarrollo del conocimiento con
la transformación de necesidades y problemas, relativos a la situación humana.
El objetivo de transformar el objeto de trabajo, abarca tanto las posibilidades
de realizar las soluciones concretas que la situación humana reclama, como la
actuación objetiva de las personas en la realidad específica.

El método de trabajo social se establece desde una praxis social que tiene su
origen en una relación específica entre sujetos para apropiarse del
conocimiento teórico y empírico disponible, para avanzar hacia un
conocimiento objetivo que implica la transformación de la realidad específica.
El método tendrá entonces que permitir el desarrollo de un proceso de
conocimiento para que las personas se apropien de la realidad, analizando el
proceso histórico y estructura lógica de la situación humana como objeto de
trabajo. El esfuerzo indagatorio implica una relación del profesional con los
sujetos, a fin de iniciar un esfuerzo mutuo para la atención y conocimiento de
las necesidades y problemas.

Tanto la metodología clásica representada en los métodos de caso, grupo y


comunidad como en la contemporánea caracterizada por una base
metodológica general, las etapas metodológicas guardan un orden en
apariencia flexible en cuanto al mantenimiento de un orden lógico ya que en
ambas formulaciones no se requiere necesariamente comenzar por un
diagnóstico.

71
Según lo expresan las autoras de “Un enfoque operativo de la metodología del
trabajo social”:10 “Las etapas o momentos de la estructura metodológica no
mantienen una secuencia rígida sino que se dan entremezcladas y
paralelamente. El conocimiento se logra a través de la acción, ésta se funda en
el conocimiento, la evaluación se da en forma permanente y todas las etapas
son teórico-prácticas”. Los conceptos de “entremezclada” y “paralelamente”,
no parecen obedecer a una concepción dinámica sino más bien a una ausencia
de estructuración lógica de la metodología, que a su vez las lleva a afirmar que
“todas las etapas son teórico-prácticas”, cuando esta relación no es relativa a
una etapa sino a una concepción teórica que orienta el trabajo científico.

Más específicamente, en la metodología aceptada actual del trabajo social y


básicamente a partir de la reconceptualización (investigación, diagnóstico,
programación y evaluación) lo característico es la exclusión de las personas
del proceso de conocimiento. A nuestro juicio, sin embargo, de lo que se trata
en primer lugar, es de que los sujetos humanos y el trabajador social, se
apropien de lo que hemos denominado proceso específico de trabajo social
(atención, conocimiento, transformación) para una vez incorporados al
proceso de conocimiento de la realidad poder reproducir a ésta en la
conciencia, con la finalidad de lograr una actuación más objetiva en la
sociedad.

A su vez, los análisis más lúcidos de aquellos teóricos de trabajo social que
defienden la vocación operacional de la profesión y la definen como una
técnica social, sostienen que el método de trabajo es tanto un medio para
conocer como para transformar y que, los problemas que aborda son a la vez
10
Alwin de Barros, Jiménez de Barros y Quezada de Greppi. Ed. Humanitas. 1982

72
cognoscitivos y prácticos. Sin embargo, cuando se refieren al método como un
proceso (y podemos suponer que también de conocimiento), si bien plantean
que su vitalidad está en la dinámica con que se relacionan sus contenidos,
agregan que dada la variedad de factores que influyen en el objeto estos no se
pueden detectar y concluyen entre otros conceptos: en que nunca se podrá
obtener una imagen completa del proceso, por lo que no es posible
reproducirlo en su totalidad ni determinar cómo sus contenidos se
interrelacionan.

Desde este enfoque operativo para conocer y transformar, lo que se pone en


duda en realidad es la posibilidad de conocer y ante esto, el problema que se le
presenta al profesional es: cómo hacer para transformar una realidad si no la
puede conocer.

No obstante es posible percibir en esta corriente de opinión en el trabajo social


una preocupación por el conocimiento de la realidad con la cual coincidimos,
mas sin embargo desde nuestro punto de vista, particularmente interesa que la
profesión se oriente más que a una perspectiva operacional, hacia la búsqueda
del conocimiento objetivo relativo a la actividad humana consciente. Porque
cuanto más conocimiento objetivo se elabora, más fiel será la reproducción de
la realidad en la conciencia y este proceso de apropiación de la realidad por el
pensamiento —a partir de un proceso de abstracción de ésta— es lo que va a
permitir la transformación de las situaciones humanas.

Lo que no se puede es confundir el proceso de formación de la situación


concreta con el proceso de abstracción a que la sometemos, a fin de

73
apropiarnos de ella mediante el análisis y la síntesis; ya que este proceso de
abstracción lo que obtiene de la realidad es su imagen racional.

La actividad científica de conocer se realiza a partir de abstracciones que nos


permiten abarcar parte de la realidad, avanzando mediante el análisis desde la
situación humana concreta separando cualidades de uno o varios de sus
procesos constitutivos. Esto permite su conocimiento desde un contexto
delimitado, simplificado y relativo al todo estructurado en el que se realizan
esos procesos y cualidades.

Pero esa etapa inicial de análisis, que partiendo de lo concreto de la situación


humana permite apropiarse de sus contenidos de manera cada vez más
objetiva, se complementa con un proceso inverso que implica un regreso hacia
lo concreto inicial desde la abstracción a que lo sometimos. Este regreso hace
posible reproducir el proceso de manera completa, en el sentido de descubrir
los nexos y relaciones al interior del proceso estudiado y de éste con otros que
suceden en el todo estructurado más amplio. Es decir, que así se puede
reproducir en la conciencia una imagen racional de la realidad estudiada.

Su reconstrucción es racional, porque conocemos cómo están organizados y


estructurados sus contenidos; lo cual da lugar a la elaboración de un concepto
de significación científica, por ser la síntesis de todos los conocimientos
adquiridos del proceso, relaciones y propiedades específicas.

Por un lado entonces, realizado el proceso de conocimiento partiendo de una


situación concreta (inicialmente caótica y subjetiva) y conociéndola desde un
proceso de abstracción nuestra imagen de la realidad ya no será desordenada,

74
ni deformada, sino que será racional en la medida en que podremos reproducir
la totalidad al descubrir cómo se relacionan sus elementos constitutivos. Pero
además, la actividad práctica del reflexionar sobre la realidad y la validación
de las nuevas construcciones del pensamiento sobre ella a través de la
actividad humana consciente, hace que las personas transformen la situación
humana en la que se debaten y se transformen a sí mismos.

Es decir, más que una estructura de etapas o fases, a nuestro juicio el método
general del trabajo social en su evolución actual hacia una disciplina
científica, tiene que expresarse en un ordenamiento lógico de procesos
cognoscitivos, desarrollado en base a la comunicación racional entre
trabajador social y sujetos individuales o colectivos. Este ordenamiento y esta
relación profesional hacen posible utilizar todo el conocimiento teórico y
metodológico disponible, tanto en la profesión como en las ciencias sociales,
para el conocimiento del objeto de trabajo. En el presente capítulo se aborda la
metodología propuesta, dejando para el próximo el análisis de la importancia
metodológica de la comunicación racional para el trabajo social.

La concepción metodológica planteada, muestra la preocupación por el


desarrollo del conocimiento objetivo de las situaciones humanas concretas,
partiendo para esto de la unidad entre el proceso histórico de la situación
humana y el proceso lógico de conocimiento. No se trata entonces, de una
apropiación pragmática de la realidad sino cognoscitiva, que se inicia
necesariamente con la atención profesional correspondiente y asumiendo su
carga subjetiva descubriendo, mediante un proceso de análisis crítico-
reflexivo con las personas, los contenidos objetivos de esa realidad. El interés
profesional no se establece tanto en un esfuerzo de elaboración diagnóstica

75
para determinar técnicamente qué les pasa y qué hacer con los sujetos
individuales o colectivos que se debaten en una determinada situación
humana. Sino que desde una relación de comunicación racional, comenzar a
conocer juntos para avanzar en una formulación diagnóstica de la situación
específica haciendo posible su apropiación en la conciencia a través del
pensamiento. Es decir, desarrollando un proceso de abstracción apoyado en el
análisis crítico— para luego elaborar una síntesis cognoscitiva de esa realidad,
a fin de establecer la necesaria distancia respecto de ésta, para su objetivación
y transformación.

El trabajador social debe considerar que está ocurriendo un debate consciente


entre los sujetos humanos y su realidad específica –que motiva la intervención
profesional— y en el cual las soluciones intentadas han sido insuficientes para
mantener un vínculo objetivo con ella pero que puede recuperarse con apoyo
del trabajador social. Este apoyo profesional se realiza en el contexto del
debate que en el plano de lo consciente las personas realizan con sus
realidades cotidianas, en el cual ante la insuficiencia de construcciones críticas
ha sucedido un proceso de pérdida o disminución de objetividad en el
pensamiento, que ha limitado la capacidad necesaria para descubrir y realizar
aquellas soluciones que permitan alcanzar las mejores condiciones de vida.

La confianza del profesional está en la posibilidad del desarrollo de la


actividad consciente de las personas, desde la cual abordar la realidad para
atender y comprender sus problemas específicos (en el marco institucional que
corresponda) accediendo a su conocimiento para generar las condiciones que
transformen esa realidad. El objetivo profesional, en el marco de ese esfuerzo
compartido de elaboración crítica de la realidad, será apoyar el proceso de

76
diferenciación e independización de las personas involucradas en la situación
humana específica. Es decir, en la posibilidad de retomar un andar objetivo en
la realidad, sin que la subjetividad de sus elaboraciones se constituyan en una
limitante para sus búsquedas y acciones conscientes.

Para realizar esta labor profesional se requiere de una metodología que


permita establecer un ordenamiento de la actividad cognoscitiva desde una
relación profesional que propicie el análisis objetivo de la realidad,
recuperando un pensamiento lógico entre las personas para comprender la
situación en que se debaten. En este sentido, el ordenamiento lógico apoyado
en el desarrollo histórico de la situación humana, abarca también nuestra
propuesta de proceder a la atención de necesidades como a su análisis crítico,
que contribuya tanto a superarlas como avanzar hacia una ubicación más
consciente de las personas en esa realidad.

En el contexto de esta propuesta metodológica, el trabajo social se apoya en el


desarrollo de un vínculo de una comunicación racional entre sujetos, a fin de
instrumentar el proceso de atención, conocimiento y transformación del
objeto. Este proceso que consideramos específico de la profesión, se articula a
su vez al antes analizado proceso de desdoblamiento del objeto, por el cual es
posible efectuar el análisis crítico de la situación humana. Esta articulación de
ambos procesos se constituye en el instrumento metodológico esencial para
atender las necesidades y problemas de los sujetos humanos individuales o
colectivos, en el contexto del desarrollo de un proceso de conocimiento y
creación de una nueva realidad.

77
Ahora bien, la peculiaridad de todo objeto social de contener a las personas y
la especificidad para el trabajo social de representar una síntesis de contenidos
diversos, plantea que el vínculo de comunicación racional se establezca desde
el momento de su atención en donde encuentra mejor desplegados los
contenidos contradictorios y esenciales de la situación humana. Desde esta
atención inicial (caótica y subjetiva) comienza, de acuerdo a lo ya expuesto, el
proceso de conocimiento mediante el análisis de la formación y desarrollo del
objeto, a fin de reproducirlo en la conciencia de los sujetos (profesional y
personas) por el pensamiento.

El trabajador social requiere reelaborar la situación humana que atiende, pero


lo hace junto con las personas involucradas. Es decir, se reconoce la necesidad
de atender las situaciones humanas no sólo en lo que tienen de carenciales,
sino porque al atenderlas puede iniciarse con los sujetos su conocimiento y
encontrar las soluciones más inteligentes posibles.

Este conocimiento permite objetivar la realidad, es decir recuperar aquella


objetividad perdida por las personas en su debate con la realidad, por medio de
un proceso de abstracción de ésta que realizan con el profesional. Este
esfuerzo de objetivación que exige poner a prueba conceptos y vínculos,
desechando unos y reelaborando otros, conlleva su propia transformación y de
las personas.

A su vez, el proceso de desdoblamiento del objeto (en sujeto-objeto) para


abordar su conocimiento, es el que permite abrir el camino al proceso de
abstracción contribuyendo a establecer la necesaria distancia entre los sujetos
y la realidad, para la elaboración de su conocimiento objetivo. Nuevamente el

78
vínculo de comunicación racional entre el sujeto profesional y los sujetos
individuales o colectivos, estimula una relación humana que propicia el
desdoblamiento del objeto en sus dos contenidos esenciales: las personas en
debate y los contenidos de la realidad específica. Este proceso que
denominamos de desdoblamiento del objeto, se lleva a cabo en la medida que
se establece la relación profesional con las personas, iniciándose así el proceso
de conocimiento mediante la reflexión crítica acerca de la situación humana
concreta.

Ambos procesos representan una integración de conocimientos y acciones,


que incorporan la atención de necesidades que el objeto de trabajo reclama y a
partir de la cual, no sólo comienza a ser atendido sino también conocido. Esos
contenidos del objeto, se indagan mediante el planteamiento de problemas que
permiten penetrar la subjetividad de los planteamientos iniciales, así como
también contribuyen a determinar la forma de atención más eficiente. Se
identifican a su vez los procesos y hechos más esenciales relativos al
planteamiento inicial de problemas, hasta llegar a los contenidos generadores
de la situación específica. El trabajador social pone al servicio de este esfuerzo
de atención y reflexión crítica, tanto las elaboraciones teóricas específicas al
campo de trabajo como los elementos formales (metodológicos y técnicos) de
que se disponga en relación a la especificidad del campo y objeto de trabajo,
que mejor apoyen el avance del proceso indagatorio Una vez incorporadas las
necesidades al proceso de conocimiento y realizado el planteamiento inicial de
problemas, la relación de sujetos se orienta a una indagación más sustancial de
procesos y hechos. Esto implica un esfuerzo de conocimiento orientado a
identificar los contenidos más esenciales, planteando problemas e hipótesis de

79
trabajo que abran el camino a las que denominaremos hipótesis específicas, a
fin de acceder a la apropiación de conocimientos nuevos.

Este nivel de penetración del objeto por los sujetos de la situación humana,
revela también que se desarrolla un tercer que denominamos proceso de
diferenciación e independización de las personas respecto de la situación en
que se debaten. Este proceso es el que permite la reincorporación de las
personas a la realidad, al recobrar la objetividad de su actividad humana. No
se trata entonces únicamente, de una independencia respecto del trabajador
social como se ha planteado tradicionalmente, sino respecto de la propia
realidad específica. Este proceso se inicia en el esfuerzo de reflexión crítica y
se consolida en la elaboración sintética de la situación humana, que permite
reproducirla de manera integral en la conciencia de las personas; es decir, la
identificación de la racionalidad de los procesos constitutivos de la situación
humana. La comprensión de la realidad permite a las personas retomar
paulatinamente su actividad objetiva, lo cual supone no sólo la transformación
de aquella sino también la del vínculo establecido por las personas respecto de
su situación inicial y que motivó la intervención del trabajador social. Este
desarrollo de la capacidad de objetivar la realidad es lo cual a nuestro juicio,
representa el objetivo esencial de la profesión de trabajo social. En este
sentido, el nuevo conocimiento significa la reelaboración de ideas y la
reconstrucción del vínculo establecido entre los sujetos humanos y su
situación específica. Es decir, comprensión y revaloración de la situación
humana por los sujetos, así como reconstrucción del objeto de trabajo a partir
del descubrimiento de sus procesos esenciales. La relación de sujetos se
redefine respecto del objeto de trabajo que a partir del conocimiento adquirido

80
es posible delimitarlo con mayor precisión, buscando la transformación de la
realidad.

A nuestro entender, en el trabajo social la metodología debe favorecer la


realización de una participación consciente por parte de los sujetos, para: a) la
apropiación del conocimiento objetivo; b) la actuación objetiva de los sujetos
en la realidad social; c) la transformación del objeto de trabajo.

En otras formulaciones metodológicas, en particular las del “enfoque


operativo”, los sujetos humanos quedan fuera del que denominamos proceso
específico de trabajo social, cuando de lo que se trata es de que las personas y
el trabajador social se apropien de ese proceso con la finalidad de favorecer la
actuación objetiva en la sociedad.

En este marco, el diagnóstico posee un valor esencial tanto para la relación del
profesional con los sujetos al ser elaborado a través del vínculo con estos
como por su aporte específico para establecer una forma adecuada de atención
y comprensión del objeto. En realidad representa un momento decisivo para el
conocimiento del objeto y cuya certidumbre no puede depender
exclusivamente de la experiencia del trabajador social. Su elaboración se lleva
a cabo al desarrollarse el proceso específico de atención-conocimiento-
transformación, como instancia de conocimiento y punto de partida para
resolver el vínculo de comunicación racional y desarrollar un proceso de
conocimiento aun más amplio, en el cual identificar los núcleos problemáticos
principales, a medida que se avanza en el esfuerzo de reflexión crítica acerca
de la situación humana y se abre la posibilidad de construir su síntesis
comprensiva del objeto.

81
CAPÍTULO III:
RELACION TEORÍA-MÉTODO EN EL TRABAJO
SOCIAL.

SIGNIFICADO TEÓRICO-METODOLÓGICO DE LAS


CATEGORIAS.

En la profesión de trabajo social, se parte de concebir a los sujetos humanos


participando activamente en una situación específica objeto de trabajo, lo que
exige una participación profesional en una realidad concreta para iniciar un
proceso de conocimiento. A su vez, la elaboración de conocimiento, requiere
de las personas para comprender la realidad. Sin esta participación los sujetos
se aíslan de la realidad tratándoselos únicamente como objetos y se les atiende
como seres pasivos que esperan soluciones. En cierto sentido son fijados a las
necesidades que presentan y se contribuye a instalarlos definitivamente como
personas con necesidades a satisfacer; marco en el cual el “asistencialismo”
que tanto rechazamos, se consolida como la forma representativa del trabajo
social. No obstante, todavía la participación de los beneficiarios en programas
de bienestar social, se plantea como de gran importancia para el éxito de los
mismos pero la forma de integrarlos es en términos de lograr su adhesión al
programa y no, en tanto incorporación de conocimiento y experiencia. Es
decir, de acuerdo al concepto de que las personas son seres activos,
transformadores del mundo y de sí mismos, a fin de considerarlos no sólo
como parte del objeto de estudio sino como sujetos de conocimiento.

Como objeto de estudio las situaciones humanas específicas de trabajo social,


tienen la particularidad de contener al sujeto en ese sistema de relaciones

82
sociales: como personalidad activa y creadora. Esta peculiaridad de contener
al sujeto, se presenta como unidad contradictoria de sujeto-realidad e implica,
la participación activa de las personas para el conocimiento y transformación
de la realidad.

La actividad práctica de los seres humanos no constituye un quehacer ciego


sino reflexivo, en busca de realizaciones objetivas que hagan posible el
desarrollo social y que, en consecuencia, exige de un conocimiento de la
realidad apoyado en la experiencia acumulada y transmitida
generacionalmente, como del conocimiento filosófico y científico que en tanto
desarrollo teórico iluminan la actividad humana. “Por su carácter racional, la
explicación científica encuentra las conexiones que son posibles entre todos y
cada uno de los conocimientos adquiridos y, luego somete a prueba tales
conexiones, hasta lograr representar con ellas los enlaces reales que existen
entre los procesos a los cuales se refieren los conocimientos, las conexiones
racionales se convierten en conocimientos objetivos”.11

La praxis humana por sí misma no ofrece validez científica para efectuar el


pasaje del fenómeno a su esencia, este pasaje se realiza por un proceso de
abstracción que de cuantos más apoyos teóricos disponga más posibilidades
tendrá de profundizar en la esencia fenoménica. El estrecho vínculo entre
teoría y práctica garantiza el desarrollo del conocimiento objetivo, al
apropiarse de los elementos cada vez más esenciales de los fenómenos
sociales, con apoyo en la lógica en tanto formulación de métodos y
procedimientos para el análisis científico.

11
“Introducción a la Lógica Dialéctica”. Eli de Gortari. Ed. Grijalbo. México.

83
Específicamente, en el trabajo social se busca apoyar el éxito de la gestión
profesional desde un esfuerzo de reflexión con las personas, para el desarrollo
de un pensamiento en común y de esta manera ir conociendo las condiciones,
alternativas y posibilidades de acción. Es decir, se busca desarrollar una
reflexión crítica que permita disponer del conocimiento elaborado en la
relación de comunicación racional y descubrir las formas de aplicar ese
conocimiento para cambiar la situación. El accionar consciente representa
también la contrastación en la realidad del conocimiento elaborado, o sea la
obtención de un conocimiento más profundo que contribuye a su vez a la
ampliación y profundización del existente.

Mediante el proceso de conocimiento de la realidad es posible realizar el


pasaje del fenómeno a su esencia apoyados en un contexto teórico en el cual
se articulan una variedad de conceptos generales, que constituyen las
denominadas categorías. “Los conceptos fundamentales que son implicados
necesariamente en todo juicio establecido científicamente, vienen a precisar la
sustancia del universo como dominio general de la investigación de la ciencia.
Dentro de este dominio general, los campos particulares de cada una de las
ciencias quedan acotados por aquellos conceptos que son implicados
ineludiblemente, y de un modo específico, dentro de cada ciencia en
particular. Y dentro del campo de una ciencia se definen dominios más
restringidos, que son caracterizados por los conceptos que desempeñan en
ellos esta función fundamental, constituyendo así las diversas ramas de esa
ciencia. Dentro de los límites del dominio que definen, estos conceptos tienen
un carácter universal, ya que son implicados siempre por los otros conceptos.

84
Pues bien, a los conceptos que desempeñan la función que venimos relatando
se les denomina categorías”.12

Las categorías son conceptos fundamentales en que se apoya el conocimiento


científico, al reflejar los contenidos teóricos generales pero relativos al objeto
que se estudia. Por tanto no tienen un carácter arbitrario, sino que se
seleccionan a partir del objeto de trabajo social, explicitando sus propiedades
y relaciones específicas, mientras que su formación se vincula al proceso de
abstracción como generalización de la práctica social. Las categorías expresan
contenidos teóricos que se han elaborado en el proceso histórico de
conocimiento y que nos ayudan a penetrar hacia lo esencial del fenómeno. En
este sentido podríamos señalar que permiten determinar la unidad de teoría y
método, como elemento decisivo a fin de pasar de lo abstracto a lo concreto en
el proceso del conocimiento.

No puede concebirse el método vacío de todo contenido teórico con lo cual se


deposita toda la confianza en el aspecto formal, metodológico, haciendo
depender el conocimiento exclusivamente de la pureza metodológica por la
utilización de procedimientos y técnicas sin orientación teórica que determine
su selección y aplicación. Desde esta concepción el contenido válido es
únicamente el de la situación a conocer, sin que el conocimiento adquirido y
contrastado alcance un valor que supere lo hipotético. Las concepciones que
dentro del trabajo social pretenden reducirlo a una técnica social, rompen el
necesario equilibrio entre las categorías más generales de forma y contenido,
sobrevalorando lo formal y buscando en las técnicas y procedimientos
metodológicos lo esencial del conocimiento. En consecuencia también, la
12
De Gortari, E., Op. Cit.

85
práctica se sobrevalora en relación a la teoría y en última instancia, se pone al
descubierto nuevamente la separación entre la teoría y la acción. Esta
interpretación del trabajo social no es casual, sino que se vincula directamente
al problema fundamental de la filosofía, las relaciones entre el pensar y el ser
determinantes para el proceso de conocimiento. Estas concepciones teóricas
no parten de la necesaria unidad sino de la separación, entre ambos opuestos y
consideran como punto de partida del conocimiento humano a la conciencia y
no al ser.

No se trata de rechazar los aspectos formales del conocimiento científico, sino


que en la relación esencial entre forma y contenido se considera determinante
al contenido que es al cual se dirige la intención de conocimiento, viendo en
las formas metodológicas los aspectos lógicos que favorecen el desarrollo del
pensamiento objetivo sobre la realidad. Los contenidos formales del
conocimiento (métodos, técnicas, procedimientos) constituyen la garantía de
la adquisición objetiva del conocimiento esencial, permitiendo mediante la
contrastación de las hipótesis penetrar el fenómeno hasta su esencia. El
conocimiento humano requiere de la ciencia, ya que al conocimiento esencial
no se llega si no es en forma indirecta a fin de superar la apariencia
fenoménica que oculta su realidad objetiva. Por lo cual, los elementos
formales no pueden dejarse de lado en su significación, sino que son los que
hacen posible alcanzar ese conocimiento de manera indirecta. Pero estos
elementos formales están, en consecuencia, al servicio del conocimiento de los
contenidos propios de la situación concreta de estudio, por lo cual no pueden
ser las técnicas lo determinante sino un apoyo necesario al desarrollo de un
pensamiento lógico que permita superar lo aparente de la situación que
requiere atención profesional y que oculta los verdaderos contenidos; a fin de

86
conocerlos para poder transformar esa situación. Quedarse únicamente en la
preocupación por la aplicación de técnicas, representa apropiarse sólo de una
parte del conocimiento científico.

Ahora bien, el contenido de las categorías, es objetivo ya que es una


producción de conocimiento constrastado en la realidad y en este sentido
contribuyen a vincular al hombre con la realidad, al reflejar los procesos
sociales como ocurren en ella. “Es bien sabido que todo conocimiento que
refleja fielmente el mundo objetivo tiene valor de método y sirve como medio
para ahondar en la esencia de las cosas. Todo método científico es una copia
de la realidad y esto se refiere tanto al método filosófico, como a los métodos
de las ciencias especiales”.13

El valor metodológico de las categorías proviene de constituirse en un medio


para conocer la realidad. Por lo mismo no se puede hacer una diferenciación
entre categorías metodológicas y teóricas. La única diferencia está dada por el
contenido que cada una representa y que refleja una parte de la realidad. En
consecuencia, las categorías representan a la vez el contenido por ser el
resultado del conocimiento humano como generalización de la práctica
humana. Es decir, que haber alcanzado este producto teórico-metodológico
que son las categorías, revela el progreso logrado por el conocimiento
humano.

“Al procurar al hombre el conocimiento de los vínculos y de las relaciones


internas, las categorías le ayudan a orientarse correctamente en las diversas
situaciones, a encontrar el hilo fundamental del desarrollo; esta circunstancia
13
Kopnin, P.V., Op. Cit.

87
tiene primordial significación para el éxito de la actividad práctica. El valor
práctico de las categorías radica en que el hombre, gracias a ellas, domina los
procesos más sutiles, imprescindibles para poder dirigir las fuerzas de la
naturaleza y la sociedad”.14

Las categorías son útiles en tanto permiten orientar la labor práctica, pero en la
medida que favorecen la comprensión de la realidad a partir del análisis de la
situación concreta y nunca, como sustituto de este análisis.

Cuando tratamos de conocer una situación humana, se tienen que seleccionar


aquellas categorías que nos permitan avanzar en la situación de nuestro
interés, hacia la comprensión de sus elementos esenciales. De la selección y
combinación de las categorías, no sólo podremos disponer de un caudal de
conocimientos que favorezcan el descubrimiento de nuevos conceptos
explicativos, sino que tendremos un apoyo metodológico al constituirse en
instrumento para el proceso de abstracción. Gracias a su aporte, es posible
orientar el estudio de las situaciones concretas tomando en consideración los
contenidos de las categorías seleccionadas. No cualquier categoría será
adecuada al objeto de trabajo, sino que la selección que realicemos estará a su
vez basada en el conocimiento disponible acerca del objeto de nuestra
atención. Así, no serán las mismas categorías las que usemos para trabajar con
una cooperativa que con una familia, o en un centro de población urbano o
rural.

Asimismo, la selección de categorías en el trabajo social, requiere tomar en


cuenta el vínculo existente entre el objeto de trabajo, el campo al que
14
Kopnin, P.V. Op. Cit.

88
pertenece y la sociedad en su conjunto. Será necesario definir en relación al
objeto, cuáles son las categorías explicativas de los procesos sociales
generales de la sociedad y aquellas que permitan dar cuenta más directamente
de la integralidad de nuestro objeto. Expresa de Gortari: “Y, aún dentro de los
límites de una disciplina determinada, sus categorías propias presentan
variaciones definidas en cada una de sus ramas componentes. Así cada una de
las divisiones de la ciencia posee sus categorías peculiares dentro de su
dominio, y ellas la definen conjuntamente por completo. Pero, al mismo
tiempo, las categorías generales se determinan en el desarrollo de las
investigaciones específicas de toda ciencia y de cada una de sus ramas y, por
lo tanto, su determinación está condicionada por las caracterizaciones
particulares que adopta en los distintos dominios científicos”.15

Entre las categorías más generales se podrá considerar por ejemplo, la


formación económico-social, al contener las características objetivas de la
sociedad en un momento histórico determinado. En cuanto a las categorías con
alto grado de generalidad pero con una incidencia más específica de nuestro
objeto, se podrán considerar entre otras, la clase social, el proceso de
producción y de trabajo, las características de la fuerza de trabajo, el modo de
vida y las formas de vida, etc.; así como las específicas al campo de trabajo.

A su vez la selección no debe tener un carácter rígido, sino que por el


contrario las categorías serán readecuadas y sustituidas en el transcurso de la
experiencia profesional de acuerdo a los resultados obtenidos.

15
De Gortari, E. Op. Cit.

89
A continuación consideraremos una categoría específica del trabajo social,
producto de la labor teórico-práctica realizada en el transcurso del desarrollo
histórico de nuestra profesión y en su proceso actual de consolidación como
disciplina científica. Esta categoría es la que se ha utilizado en el análisis
anterior con la denominación de comunicación racional y que se ha construido
desde fines de los años sesenta, en un esfuerzo de investigación
interdisciplinaria y de posterior elaboración teórica.

LA COMUNICACION RACIONAL: CATEGORIA DEL TRABAJO


SOCIAL.

El concepto de comunicación racional que se ha utilizado en todo el texto


anterior, se forjó en el proceso de investigación desarrollado por el equipo de
investigación integrado por estudiantes y docentes de la Escuela Universitaria
de Servicio Social, en la Universidad de la República Oriental del Uruguay,
que bajo la dirección del Prof. Enrique Di Carlo (1968) estudiaba diversas
formas de conducción de grupos.

La comunicación racional fue el concepto esencial descubierto, la base


genética, tanto para el vínculo profesional como para la apropiación del
conocimiento objetivo. A su vez la investigación se apoyó en una rica base
teórica proveniente de diversas corrientes filosóficas, así como de una
exhaustiva revisión de las más lúcidas aportaciones teóricas del ámbito del
trabajo social. En este sentido recomendamos las lecturas de “Una
investigación sobre orientación de grupos”, en la cual el Prof. Di Carlo expone
detalladamente todo el proceso de investigación y los resultados obtenidos
(Ed. ECRO-Guillaumet, 1971) y también su antecedente, el análisis filosófico

90
del mencionado concepto y de la investigación misma, en el libro del mismo
autor: “Perspectivas en la conducción de grupos” (Ed. Guillaumet, 1969). Más
recientemente (1996) el Equipo de Investigación en Epistemología y
Metodología del Trabajo Social (E.I.E.M.) que actualmente dirige el Prof. Di
Carlo en la Universidad Nacional de Mar del Plata, publicó el libro “Trabajo
social profesional: el método de la comunicación racional”; en el cual además
de realizarse un profundo análisis de las bases teóricas del concepto y del
proceso de su desarrollo en el trabajo social, se presentan elaboraciones que lo
enriquecen y permiten observar su evolución teórico-metodológica.

A nuestro juicio, la esencialidad del concepto de comunicación racional se


ubica en que resume con base objetiva, los esfuerzos teóricos de profesionales
del trabajo social orientados a precisar el valor teórico y metodológico
específico de la relación entre el trabajador social y los sujetos humanos en
debate con la realidad. El concepto de comunicación racional sintetiza el
proceso histórico realizado por ese tipo de vínculo profesional, hasta la
preocupación actual por dotarlo de contenidos teórico-metodológicos que
sustenten al trabajo social como una disciplina científica.

En este sentido se considera en el presente libro, que la comunicación racional


se ha constituido en una categoría teórico-metodológica del trabajo social,
base genética esencial de una forma de relación profesional para la atención de
necesidades y problemas desde la cual a su vez, articular y desarrollar un
proceso de abstracción para conocer y transformar el objeto de trabajo social.
Más específicamente, aporta a la profesión el contenido esencial desde el cual
articular e integrar metodológicamente, los procesos definidos en el capítulo
anterior como específicos del trabajo social.

91
Por lo expresado, se consideró oportuno incluir en este capítulo —con algunos
ajustes de redacción y conceptuales— nuestro trabajo incluido en la sección
“Aportes” de la antes mencionada publicación del E.I.E.M., bajo el título:
“Construcción del objeto y comunicación racional”.

A pesar de que los seres humanos establecen diversas formas de relaciones


sociales para desarrollar su vida en sociedad, resolver el vínculo humano y la
comunicación con las personas significa una laboriosa construcción de
sentimientos y pensamientos, no siempre fáciles de realizar.

Cuando la caridad y la filantropía determinaron el carácter inicial de lo que a


futuro se constituiría en nuestra profesión, la labor social se apoyó en una
asistencia que se resolvía desde un vínculo mediado por la satisfacción de
necesidades inmediatas que las personas así atendidas no parecían ser capaces
de resolver por sí mismas. Si bien la sociedad humana sintió la necesidad de
atender esas situaciones, no lo hacía desde una comprensión de las causas
económicas y sociales que las generaban. Más bien se trataba de poner en
práctica una sensibilidad humana, una vocación de servicio, que establecer un
vínculo para el conocimiento y la participación de las personas en la solución
de sus problemas.

Los avances en relación a la construcción de una sociedad más igualitaria y en


la interpretación de los problemas sociales con el desarrollo del pensamiento
filosófico y de las ciencias sociales, permitió objetivarlos de manera diferente
identificándose a las personas en relación a ellos no sólo como condicionados
por contenidos de la realidad —de las circunstancias sociales— sino como sus
constructores. No como víctimas pasivas sino como seres activos capaces de

92
producir y transformar la realidad, a su vez la responsabilidad social de los
profesionales de trabajo social exigió otra capacitación, pero más
esencialmente de un vínculo de comunicación humana para la comprensión de
las situaciones objeto de trabajo social. Fue necesario conocer más acerca de
las personas y de la sociedad y también se abrió paso una forma de
responsabilidad profesional ante los problemas sociales, orientada a la
denuncia de las situaciones humanas; identificándose a las personas con
problemas en un plano de atención respetuosa de su calidad humana, como
seres responsables y con capacidad de participación en los problemas a
resolver.

Sin embargo, los orígenes caritativos y filantrópicos así como el desarrollo del
trabajo social en tanto estudio institucionalizado pero vinculado estrechamente
a la medicina y en buena medida al derecho, retrasó —a nuestro juicio— el
desarrollo del vínculo entre el sujeto profesional y las personas, a las que
designamos como nuestros asistidos o clientes. Es decir, que los avances en el
conocimiento más objetivo de la realidad social favorecieron la relación
sujeto-objeto sobre bases también más objetivas, a partir de una apropiación
de conocimientos por el profesional desde los cuales se estableció el vínculo
con los asistidos o clientes. No obstante, este vínculo desde el conocimiento
del trabajador social, se comenzó a considerar insuficiente en la misma
medida en que fue creciendo la conciencia de la magnitud de los problemas a
atender, particularmente con la finalización de la Segunda Guerra Mundial, el
desarrollo a gran escala de programas de reconstrucción y la generalización de
políticas desarrollistas de bienestar, plantearon la necesidad de una amplia
participación de las personas.

93
Esta toma de conciencia de las necesidades humanas sobre un nuevo marco
interpretativo, se realizó en un mundo de mayor participación por la incidencia
de ideologías de cambio social, por los procesos de descolonización, por un
fuerte desarrollo de las fuerzas productivas a nivel mundial y nuevas formas
de comunicación humana. El mundo se amplió con el surgimiento de nuevas y
mejor estructuradas sociedades y la ampliación de las nuevas formas de
comunicación; a su vez mejoraron las condiciones de vida en un marco de
mayor exigencia social para alcanzar diferentes soluciones a los problemas de
la sociedad, sobre la base de su conocimiento ampliado y de formas más
participativas de organización social.

En el trabajo social estos cambios incidieron favoreciendo procesos de


independización respecto de la medicina y el derecho, incorporándose los
conocimientos de las ciencias sociales y se buscó mejorar su metodología. Sin
embargo, lo que no sufrió modificaciones tan significativas fue la forma de
establecimiento del vínculo comunicativo entre el sujeto profesional y los
sujetos individuales o colectivos a quienes dirige su labor. En este vínculo
profesional siguió predominando una relación basada en la autoridad
profesional respaldada en su conocimiento y experiencia, mientras las
personas a atender continuaron ubicándose en un plano más bien excluyente y
pasivo. Es cierto que a la participación social se le otorgó mayor atención, en
particular para el éxito de los programas de bienestar y por la información de
que disponen de innegable utilidad para el profesional; pero esto mismo
muestra que el vínculo profesional con las personas atendidas, continuó
apoyándose en una relación de carácter utilitario y desde una ubicación de
subordinación de éstas.

94
No sólo quedó asimilada al trabajo social una modalidad médica16 que
requiere del paciente alguna información para elaborar el diagnóstico y
plantear el tratamiento a seguir, sino que cuando la profesión se abrió más al
conocimiento de las ciencias sociales se relacionó con el objeto de trabajo
desde el mismo encuadre que lo hacen los científicos sociales. Es decir,
abordando el conocimiento del objeto de estudio a distancia, como un objeto
fijo y distante, apoyado en la autoridad del conocimiento adquirido —aun por
aquellos estudiosos que lo abordan desde una concepción teórica dinámica—
en cierto sentido, como si fuera posible conocer a las personas y realidades
integrantes del objeto, sin entrar en una forma de comunicación que permita
reflexionar juntos sobre la realidad que deseamos conocer y transformar.

En realidad se trata de un objeto vivo con una historia cuyos actos poseen
significación por constituir la realización del pensamiento humano, que
contiene una intencionalidad y un propósito, lo cual necesitamos aprehender
en la conciencia, si aceptamos que la esencia del trabajo social consiste en la
apropiación de un conocimiento objetivo de la realidad a fin de avanzar hacia
el cambio positivo de las condiciones de existencia.

Puede aceptarse el señalamiento de que actualmente las formas de conocer en


las ciencias sociales, progresan en el sentido de realizarlo desde un vínculo
cercano con los sujetos involucrados; que particularmente en el trabajo social,
la relación con esos sujetos ha evolucionado por la incorporación de una
preocupación más definida por los contenidos formales (métodos y técnicas)
para un conocimiento más objetivo de la realidad. Si bien estos avances son
16
También es cierto que existe otra modalidad médica más comunicativa con los
enfermos, a fin de conocer cual es su concepto del dolor que siente y de la enfermedad que posee, así
como del sentimiento que le despierta el estar enfermo; en lo cual apoyarse el médico, tanto para
diagnosticar como para la eficiencia del tratamiento a realizar por la persona enferma.

95
innegables, parecen aun insuficientes. El conocimiento de los sujetos que
forman parte del objeto de trabajo social, se continúa realizando desde una
forma de comunicación que privilegia un tipo de vínculo utilitario y de
autoridad que determina una labor profesional que deja fuera a las personas,
en cuanto en última instancia todo sigue dependiendo del saber elaborado
profesionalmente en el cual el otro cuenta por la información de que dispone
(informante calificado en el mejor de los casos) y porque debe ser convencido
de que su actuación tiene que ser modificada para su mejor integración o
adaptación a la vida social. En consecuencia, las personas no cuentan por su
pensamiento sino por una necesidad social de adecuación a la realidad ante un
objeto de trabajo que preocupa socialmente, lo cual autorizaría a actuar al
profesional.

Con el concepto de comunicación racional se plantea la necesidad de revisar la


relación profesional basada en la autoridad del conocimiento profesional en
los términos antes señalados y que a nuestro juicio, excluye la posibilidad de
la incorporación de las personas a los procesos de conocimiento y
transformación de la realidad. O sea, que la forma de relación profesional que
criticamos no sólo no acompaña los avances realizados por la sociedad
humana en cuanto a los niveles de comprensión, comunicación y organización
alcanzados por la sociedad civil, sino que resulta insuficiente para acceder a
una real comprensión del objeto de trabajo social. La necesidad de modificar
la forma de relación profesional, está determinada por la exigencia del
conocimiento científico de nuestro objeto de trabajo. El pasaje de la apariencia
de los fenómenos a la esencia de éstos, no se resuelve por su conocimiento
directo sino de manera indirecta estableciendo una relación específica con el
objeto y haciendo uso adecuado de teorías y procesos lógicos. En este sentido,

96
no es la misma relación que se establece entre el sujeto y el objeto en las
ciencias naturales que en las ciencias sociales, ya que la naturaleza y carácter
del objeto es diferente. A su vez, la relación sujeto-objeto no se resuelve de la
misma manera en las diferentes ciencias sociales; particularmente en trabajo
social, la naturaleza y características específicas del objeto de estudio obligan
a una forma de relación peculiar entre el sujeto profesional y el objeto de
atención, en la cual deben tomarse en cuenta los siguientes aspectos:

a) La necesidad de partir de la unidad parcial del sujeto humano y la


realidad social, que constituyen una unidad contradictoria característica del
objeto de trabajo social.

b) El profesional de trabajo social es por su función específica, parte de esa


realidad social que se busca atender para conocer y en la medida que se
conoce transformarla.

Es en este sentido que para su trabajo, el profesional requiere establecer una


comunicación que permita la reflexión con los sujetos humanos involucrados
en la situación concreta y específica de trabajo social. A través de esa forma
de comunicación incorpora a los sujetos a su vida profesional a través de un
proceso de conocimiento que le permite a su vez individualizarlos, en la
medida en que comprende objetivamente la realidad que los involucra a
ambos.

Esa forma de vínculo que caracterizamos de comunicación racional determina


un ejercicio de la autoridad profesional puesta al servicio de los sujetos,
necesaria para desarrollar con estos el proceso de conocimiento de la realidad.

97
Por su valor teórico y metodológico la consideramos una categoría específica
del trabajo social, ya que concentra toda la experiencia histórica del vínculo
profesional elaborado objetivamente en el esfuerzo de innumerables teóricos
de nuestra profesión, mostrando el desarrollo de este concepto en tanto
búsqueda de una relación profesional con las personas para conocer
objetivamente la realidad y aspirar a su transformación. Cuando afirmamos su
valor metodológico, lo basamos en que es en base a esta forma de
comunicación que los trabajadores sociales pueden generar un proceso de
conocimiento que trascienda la comunicación humana cotidiana, para
incorporarle la de producir un conocimiento que se apropie y descubra la
racionalidad interna y peculiar de lo que constituye el objeto de trabajo social.

El proceso de abstracción que conduce al conocimiento objetivo y cada vez


más esencial del objeto, no puede realizarse —siempre que se haga con la
finalidad de transformación de la realidad— si los sujetos involucrados
(profesional-personas) no se incorporan al mismo. El objeto social tiene la
peculiaridad de caracterizarse por una unidad parcial y contradictoria sujeto-
objeto, representada en el debate cotidiano entre los sujetos humanos y la
realidad. No significa una pérdida de autoridad profesional en un “todos
somos iguales”, o bien “necesitamos sumergirnos en la realidad del otro y
vivir como él para entenderlo”, etc. Por el contrario, al involucrarse el
profesional en un proceso de conocimiento con los demás sujetos humanos si
bien implica incorporarlos a su interioridad, significa también que las personas
son incorporadas a través de la comprensión de su pensamiento y en este
sentido, conservan aun en esa interioridad su identidad a partir de la cual se
hace posible la labor profesional. No basta con que el profesional disponga de
un acervo teórico y metodológico amplio, sino que se requiere de un vínculo

98
de comunicación en cuyo marco se pueda resolver un proceso de
conocimiento de los actos humanos realizados. En definitiva, la relación
dialéctica entre la percepción exterior del acto humano y la penetración a su
interioridad esencial, se resuelve en un vínculo de comunicación racional que
hace posible la reflexión en común, para conocer el pensamiento existente en
el acto humano permitiendo su apropiación como verdad objetiva.

COMUNICACIÓN RACIONAL: VÍNCULO PROFESIONAL


NECESARIO.

En trabajo social se necesita elaborar la historia —pasada y reciente— del


objeto de trabajo, reproduciendo sus contenidos de manera comprensible en la
conciencia. Este conocimiento si bien lo es de los actos realizados por las
personas involucradas, no puede serlo únicamente desde su exterioridad sino
en cuanto a la racionalidad de los contenidos en el comportamiento social
realizado de acuerdo a un pensamiento que orientó a los sujetos humanos.
Pensamiento que será necesario reproducir tanto en sus elementos esenciales y
nexos específicos, en la conciencia del profesional como de los sujetos, para
poderlo apropiar en la significación del acto realizado y a fin de comprender
más objetivamente la situación humana específica de trabajo social, es decir su
racionalidad intrínseca y peculiar. Por lo cual el conocimiento de esa historia
que necesitamos recuperar, no puede ser una mera crónica de hechos sino
esencialmente conocimiento del pensamiento generador de esos
acontecimientos humanos. Pero además esa recuperación histórica puede
lograrse si se establece una forma de comunicación que incorpore a las
personas como sujetos de conocimiento; a partir de lo cual se genera la
necesidad de conocer el pensamiento que orientó, en su momento, la

99
realización de los actos humanos. Mediante ese vínculo de comunicación que
permite la apropiación de la racionalidad del pensamiento elaborado, se
pueden identificar las ideas que orientaron las acciones realizadas y la propia
racionalidad con que se constituyeron los acontecimientos humanos, al interior
del objeto de trabajo.

Conocer estos acontecimientos significa conocer su significado, el cual está


contenido en el pensamiento de los sujetos que lo realizaron. A su vez
entonces, los actos o acontecimientos humanos no pueden considerarse como
hechos ocurridos y cuantificables, sino que su significado radica en la
comprensión del pensamiento que los ejecutó, constituyéndose así en
verdaderos testimonios que permiten reproducir la situación de trabajo social
como verdad objetiva.

Esta situación de trabajo social es el objeto al cual se orienta la labor


profesional, reconociendo la existencia de sujetos en ella como protagonistas
esenciales de los acontecimientos realizados. Los acontecimientos que la
integran, identificados a través del esfuerzo de comunicación con los sujetos,
son comprendidos en su significación a través del proceso de abstracción a
que se somete a esa situación humana, identificando sus nexos causales,
procesos y relaciones, que permite descubrir su racionalidad interna. El objeto
de trabajo social será entonces, una realidad humana concreta en proceso de
conocimiento, en la cual los sujetos humanos han realizado acciones de
acuerdo a un pensamiento que los orientó y el cual necesitamos recuperar de
manera comprensible en nuestra conciencia profesional y de los sujetos como
protagonistas.

100
Los contenidos esenciales a recuperar a partir de los actos que constituyen la
situación específica, están representados en los conceptos y juicios propios del
pensamiento que los sujetos ejercieron para realizar esos actos y a partir de lo
cual cobran sentido; se vuelven comprensibles y en esta medida
transformables. Si este constituye el contenido fundamental a recuperar,
podemos aceptar que necesitará de un marco adecuado para la reflexión
crítica. O sea, una relación entre el profesional de trabajo social y los sujetos
de la situación, caracterizada por una comunicación racional de los relatos y
procesos de análisis y síntesis que permitirán realizar la apropiación de la
situación humana concreta como conocimiento objetivo. Sin esta forma de
comunicación no parece posible realizar el proceso de conocimiento de la
realidad, ya que no se trata de conocer hechos sino su racionalidad específica.
Representa apropiación del pensamiento de los sujetos humanos y más
esencialmente, reproducción de la realidad en la conciencia de los sujetos en
situación de comunicación racional.

La comunicación racional como categoría del trabajo social, representa la


forma esencial de establecer el vínculo profesional con los sujetos de la
situación específica, porque desde ella se hace posible el conocimiento
objetivo de la realidad. Para que suceda una forma de comunicación como la
que planteamos, los sujetos sobre los que dirigimos nuestra atención
profesional deben reconocerse como necesarios para el conocimiento objetivo
de la realidad. No son personas a quienes vamos a “curar” su comportamiento
social o quienes podrán salir de sus problemas gracias a que el profesional le
indique qué debe hacer, sino más esencialmente son personas cuyas acciones
fueron realizadas de acuerdo a su naturaleza y carácter de seres capaces de
elaborar y ejercer su pensamiento. Personas que están en una situación

101
peculiar en cuanto a una disminución o pérdida de objetividad en sus
conceptualizaciones respecto de los actos que realiza, por lo que puede
necesitar de la atención profesional de un trabajador social a fin de recuperar,
mediante un proceso reflexivo para la atención de sus necesidades, los niveles
de objetividad en las acciones que realiza.

La relación profesional no se basa, en una forma tradicional, apoyada en la


autoridad de su capacidad adquirida; sino en la búsqueda de una comunicación
racional con los sujetos individuales o colectivos que atiende. Esta relación de
sujetos se apoya en un “nosotros”, necesario como base para un proceso de
conocimiento que permita descubrir en los acontecimientos de la situación
específica de trabajo social, los significados que los convierten en testimonios
válidos al ser recuperados por la comprensión del pensamiento de los sujetos
que los realizaron. Esta comprensión y recuperación se lleva a cabo —en el
marco de nuestra profesión— mediante la reflexión en común entre sujetos a
fin de reproducir la realidad a través de un proceso de abstracción. En este
proceso, la apropiación del pensamiento de los sujetos significa conocer la
intencionalidad puesta en la realización de un acto humano. La
intencionalidad descubierta es a su vez, la comprensión del significado del
acto reflejando la historia construida por las personas. La historia representada
en la situación específica de trabajo social, no es una recopilación de hechos
relatados por las personas atendidas y que el profesional deberá integrar y
comprender para posteriormente estar en condiciones de aconsejar qué hacer o
“para llevarlos sin que se den cuenta”, o en términos más francos decirle a las
personas qué y cómo deben resolver su situación. La historia de la situación
humana que requiere atención, se constituye en un proceso de comprensiones
que desde la realidad concreta expresada en la forma de actos humanos

102
significativos, se abre al conocimiento de estos actos desde la búsqueda de la
apropiación del pensamiento de los sujetos humanos a través de la
comunicación racional. No hay comunicación racional sin desarrollo de
conocimiento, por lo que esta forma de vínculo además de apoyarse en un
“nosotros” característico de la época contemporánea, implica que el acento de
la acción profesional está puesto en el conocimiento del pensamiento de las
personas que atiende. Pero este conocimiento no es sólo para él como
profesional, sino que al reproducirlo en la conciencia junto con los sujetos,
ambos se apropian tanto del pensamiento ejercido como del acto realizado en
una toma de conciencia que abre el camino a la transformación. Esta se va
realizando en el proceso de reelaboración de aquél pensamiento, en el
descubrimiento de la racionalidad de su ejecución, recobrando un andar
objetivo sobre la realidad y generando así nuevos actos que permitan
resolverla.

La relación entre sujetos no ocurrirá entonces, desde un vínculo de


subordinación de los sujetos de la realidad respecto del profesional, sino desde
una relación más igualitaria donde el “nosotros” se refleja en una forma de
comunicación para conocer con el otro; a través de un esfuerzo en común de
objetivación de la realidad por el pensamiento. Es decir, por la conciencia de
la intencionalidad del pensamiento realizado históricamente, puesto por el
vínculo profesional en posibilidad de reconstruirlo como conocimiento
objetivo. Para esto la comunicación racional parte de los acontecimientos que
constituyen la situación humana específica y desde la subjetividad con que se
trasmiten, para avanzar mediante el análisis a su recuperación objetiva. Este
será el punto de partida para el conocimiento y transformación de la situación
específica, lo cual requiere de un vínculo de comunicación racional

103
desarrollada en un mundo donde cada vez con mayor firmeza comienza a
predominar un mayor respeto por lo que las personas sienten y piensan.

La búsqueda de mejores horizontes científicos para la profesión de trabajo


social no puede establecerse únicamente desde el perfeccionamiento
metodológico, sino también desde la incorporación de valores sociales que el
profesional necesita incorporar para estar en comunicación con los cambios
que realiza la sociedad civil. Valores que requiere jerarquizar y organizar, a
partir de una relación profesional orientada a la elaboración de un
conocimiento compartido con los sujetos que atiende. En principio, no se trata
de valores que los trabajadores sociales no hayan ejercido, sino de su
reubicación en un marco social de exigencias nuevas. Más que la integración o
adaptación de los sujetos, se busca a través del conocimiento la
transformación de las realidades humanas. En este marco, la labor profesional
puesta al servicio del conocimiento objetivo y la transformación de las
situaciones humanas, plantea un nivel de exigencia diferente a la tradicional
relación profesional orientada a la integración o adaptación social, apoyada en
funciones asistenciales o en el “llevarlo sin que se dé cuenta”.

La tesis que nos guía es que el trabajo social significa apropiación del
pensamiento de los sujetos, a fin de identificar la racionalidad peculiar
existente en los actos humanos constitutivos de la situación específica sin lo
cual no es posible su transformación. De ahí la importancia de esta categoría
que orienta teórica y metodológicamente la relación profesional que realizada
desde un vínculo de comunicación racional, abre la posibilidad de reflexionar
en común y críticamente con las personas.

104
En la medida en que los actos humanos son comprendidos en la relación
profesional-sujetos, se genera una nueva conciencia de las acciones realizadas.
En este sentido, la identificación del pensamiento que orientó a los sujetos
humanos en la búsqueda de soluciones, se puede lograr en tanto pensamiento
realizado. Separar el acto (pensamiento realizado) del pensamiento que lo
orientó, vuelve al acto un hecho en sí mismo incomprensible para el
profesional de trabajo social, pero también para las personas que lo
considerarán como ajenos a su realidad. Las situaciones específicas de trabajo
social pueden contener acontecimientos similares por su apariencia exterior
por lo cual conociendo la racionalidad interna de sus procesos y relaciones
internas, se los podrá identificar y diferenciar a fin de abordar las formas
específicas de solución. Las personas en tanto constructoras de los
acontecimientos humanos, son a su vez en buena medida, las responsables de
la intencionalidad y propósito de su realización. Desde esta capacidad de
construcción consciente reconocida en las personas participantes, la
comprensión de su pensamiento representa un contenido que identificado
permite comprender sus realizaciones. Cuando en la relación profesional de
trabajo social, se establece un vínculo de subordinación respecto del
profesional, los actos humanos aparecen como despojados de pensamiento y
ajenos a quienes los realizó. Más cercanos a objetos arqueológicos pero sin
arqueología, ya que esta ciencia sabe que en cada objeto existe un propósito
que refleja el pensamiento de quien lo ejecutó. El trabajo social debe ver en su
objeto profesional una realización con propósito, es decir acciones humanas y
pensamientos que necesitan ser recuperados mediante un proceso de
abstracción.

105
Los sujetos humanos ponen en juego conceptos y conductas éticas en el
desarrollo de sus acciones, que se deben aprehender para estar en condiciones
de transformarlas y contribuir a mejorar a su vez las condiciones de la
existencia en sociedad. Cuando el trabajador social aprehende el acto como
exterioridad, es decir sin penetrar en el pensamiento de los sujetos que lo
realizaron, su labor se inclina más a un arte para manejar la situación en que
los sujetos están involucrados. En realidad lo que se requiere es un esfuerzo
científico, para la apropiación de ese pensamiento singular y comprender la
realidad. Esto es lo que permite su identificación sin confundirla con otras
similares, descubriendo lo diferente y creando las condiciones para conocer su
peculiaridad.

El trabajo profesional no puede limitarse tampoco a una aplicación de


técnicas, pues con estas sólo se puede “dibujar” la realidad que se percibe
desde la exterioridad de la realidad del otro. Por lo cual la labor del
profesional no es en esencia un asunto de habilidades, sino del establecimiento
de una relación para reflexionar en común y en la que necesariamente debe
poner a su servicio todo el conocimiento teórico, metodológico y técnico, a fin
de realizar el pasaje de la forma externa de los fenómenos a la esencia
comprensiva de los mismos. Es decir, que lo necesario en el trabajo social es
penetrar la situación humana específica como objeto de trabajo, abriendo un
proceso de comprensión desde su reflexión crítica que permita reconstruir la
situación humana en forma integral en tanto construcción histórica humana.
Para esto se parte de los contenidos de la realidad sometiéndolos a un proceso
de análisis y síntesis, en el marco de un vínculo de comunicación racional. A
través de este proceso se descubre y comprende el pensamiento, pero además
se recupera al acto humano como construcción histórica realizada por

106
determinados sujetos, y desde esta objetivación reconstruyen juntos los nexos
causales, relaciones y procesos; es decir la racionalidad contenida en la
situación humana concreta.

Apropiarse de este conocimiento de la realidad es comenzar su


transformación, al ser reconstruida en su interioridad esencial en la conciencia
de los sujetos. Antes se señaló que no se puede comprender una realidad si no
es apropiándose del pensamiento en ella contenido, por lo que necesita de los
sujetos para reproducirla y recrearla mediante su análisis crítico. Es decir que
éstos no sólo aportan información sobre sus actos, sino que reelaboran con el
profesional los conceptos y juicios de valor utilizados. Es en este sentido que
la relación entre conocer y transformar presenta una continuidad, al
desarrollarse un proceso de comprensión en el que se van descubriendo los
contenidos más esenciales y se realiza el pasaje de la acción práctica de las
personas, a la objetivación de la realidad por el descubrimiento de su nueva
racionalidad.

No se trata entonces de recuperar contenidos inconscientes del pasado de las


personas, sino de recuperar situaciones humanas conscientemente realizadas
en función de un pensamiento puesto en acción por los sujetos. En este sentido
el trabajo social se apoya en las personas que atiende en su calidad de sujetos
históricos, quienes aportan el conocimiento de los acontecimientos de su vida
construida. A través de la identificación de aquel pensamiento existente, se
avanza mediante la reflexión a la auto-conciencia de esos acontecimientos.

En trabajo social el énfasis tendrá que ponerse en consecuencia, en la


apropiación del conocimiento objetivo de la realidad mediante un vínculo de

107
comunicación racional. Esta relación para el conocimiento en común, permite
al profesional acceder a los contenidos de la situación humana percibiéndose
su trabajo a través del compromiso que desarrolla con las personas para
conocer cómo piensan y qué valores los orientan. A su vez, los sujetos
humanos protagonistas y constructores de esas situaciones, desarrollan un
vínculo de confianza con el trabajador social al identificarlo como alguien que
pone en juego su experiencia y conocimientos, en el esfuerzo en común por
aprehender la realidad con mayor objetividad y abrir el camino para mejores
soluciones.

La comunicación racional como categoría del trabajo social significa una


forma de relación profesional, sin la cual no es posible desarrollar un proceso
de abstracción para conocer la realidad. Es decir, que la relación profesional
en los términos que la estamos proponiendo tiene en sí misma valor
metodológico. Desde ella se abre la alternativa de generar un proceso de
conocimiento, pero producir este proceso requiere también poner a su
disposición los medios lógicos para acceder a sus contenidos más esenciales.

El inicio de ese conocimiento se ubica en los actos humanos expuestos desde


su exterioridad y caracterizados por su expresión subjetiva inicial, pero
quedarse a este nivel de apropiación de la situación humana no asegura el
acceso a su conocimiento objetivo. Para lograrlo se requiere realizar el tránsito
hacia esa objetividad, mediante el proceso de abstracción. Quedarse al nivel
inicial de atender sin el análisis crítico de la situación humana, lleva más bien
a generar procesos de integración y adaptación de los sujetos a la realidad.
Someter a ésta al análisis crítico, significa recuperar pensamientos y valores
puestos en juego en la realización de los actos humanos y de esta manera,

108
abrir paso a la posibilidad de recobrar la objetividad para mejor resolver la
realidad. En este marco cobra sentido también, la atención de las necesidades
inmediatas y el reencuentro con un pensar y un sentir que favorece el andar
objetivo de las personas. Es este andar objetivo –o sea la realización del
proceso de diferenciación e independencia de los seres humanos, respecto de
sus situaciones específicas— el sentido esencial que a nuestro juicio posee el
concepto de transformación, en cuanto refleja más claramente la finalidad
principal del trabajo profesional, al buscar que las personas desarrollen una
mayor capacidad para resolver sus problemas. Así, la transformación se refiere
básicamente al tránsito del estado de pérdida de objetividad para resolver la
realidad, al estado por el cual se realiza la recuperación de ésta durante el
mencionado proceso de diferenciación e independencia, a través de la
abstracción.

Por lo mismo, podría considerarse fuera de contexto el desarrollo de procesos


de integración y adaptación social a la realidad, como si constituyeran en sí
mismos valores a realizar en tanto finalidad profesional, cuando en realidad se
apoyan generalmente en procesos acríticos relativos a la situación humana.
Estos procesos (integración y adaptación) se realizarán de todos modos pero
en un marco diferente de comprensiones, en la medida que las personas
desarrollen un pensar y un querer, desde los cuales conducir sus vidas
conscientemente en el propio contexto social de su existencia. Es decir, que
las personas están determinadas por su naturaleza social a realizar su vida en
el marco de la sociedad, lo cual implica siempre la realización de diversos
niveles de integración y adaptación a las condiciones de existencia social. La
contribución que el trabajo social puede hacer, es que estas condiciones se
lleven a cabo a partir de un proceso de reflexión crítica de los actos humanos.

109
Cuando se afirma que conocer es ya realizar la transformación de la realidad,
está señalándose que se accede a los niveles necesarios de objetividad del
pensamiento ejercido. Pero tendrá que tomarse en cuenta también, que las
personas no sólo se apropian de una recreación de ese pensamiento, sino de la
capacidad de objetivación de la realidad lo cual abre la alternativa de
soluciones más productivas para su vida. Este concepto de transformación de
la situación, no significa que necesariamente el profesional tenga que asumir
la responsabilidad de cambiar las condiciones de la realidad, ya que éstas son
determinadas por el desarrollo social alcanzado y a su vez, porque depende de
la decisión de los sujetos humanos en cuanto desarrollo de su conciencia
posible de cambio de la situación. Es esta conciencia posible, es decir la
medida del cambio que los sujetos individuales o colectivos están dispuestos a
realizar, la que va a determinar la propia labor profesional; siendo en relación
a ella que se podrá avanzar y en cuyo marco, se elaborarán las soluciones para
el cambio progresivo de la situación humana. “Por lo tanto, es dentro del
marco de la conciencia posible de los grupos particulares y del máximo de
adecuación a la realidad de que su conciencia es capaz, donde es preciso
plantear el problema de su conciencia real y de las razones por las cuales ésta
queda retrasada respecto de la primera”.17

Sin embargo, el trabajador social al poner sus conocimientos al servicio del


desarrollo de la objetivación de la realidad, acompaña el proceso de cambios
progresivos y de discernir junto con las personas el querer contenido en esos
cambios; es decir, la vida a que aspiran. En este sentido, favorece la

17
Para la ampliación de este concepto ver: “Marxismo y Ciencias Humanas”, Lucien
Goldman. Ed. Amorrortu. Buenos Aires, 1975.

110
apropiación del pensamiento y la acción que los sujetos humanos van
realizando para mejorar sus condiciones de vida.

Se trata entonces de una transformación que favorece la apropiación de la


realidad por los sujetos individuales o colectivos, en términos de apropiación
no sólo de conocimiento sino de los procesos materiales en que se realiza la
vida en sociedad. Es decir, de la apropiación de soluciones laborales, de
procesos productivos, de condiciones de vida familiar, de la superación de
conductas antisociales y en general del mejoramiento de las más diversas
formas de vínculos humanos.

En cuanto al concepto de objetividad, lo estamos usando particularmente, en


relación al proceso de abstracción que permite apropiarlo. Sin embargo, a
veces este concepto es usado como una capacidad del trabajador social,
mediante la cual evita —se dice— quedar atrapado en la subjetividad de las
personas que atiende. Pero en realidad, la capacidad de objetividad se vincula
más bien, a un esfuerzo de conocimiento en común con los sujetos, ya que la
objetividad es algo por descubrir al estar contenida en la subjetividad de los
actos humanos. Todo acto por ser llevado a cabo por personas posee un
contenido de subjetividad, desde el cual se establece el vínculo inicial con el
trabajador social. En consecuencia, no se logra esa capacidad por una actitud
desde la cual establecer una distancia afectiva, a fin de no caer en
apasionamientos o dejarse envolver por emociones. Es decir, no dar lugar a la
expresión de sentimiento y emociones que la situación humana cause al
profesional, porque esto generaría riesgos en cuanto a que la relación puede
alcanzar grados de subjetividad que limiten las posibilidades de comprensión.
Como si existiera contradicción entre apasionarse y reflexionar, cuando en

111
realidad es imponiéndose esos límites que se restringen las alternativas para
lograr una relación de comunicación racional con los sujetos.

En primer lugar, no se trata de buscar un vínculo afectivo con los sujetos, sino
de establecer una comunicación humana racional para comprender juntos la
realidad. La distancia necesaria con el objeto para el conocimiento objetivo,
no se establece respecto de los afectos sino que tiene que ver con el desarrollo
del proceso de abstracción de la realidad, a través del cual se realiza el análisis
y la síntesis. En segundo lugar, para que esto se realice en la relación con el
profesional, la actitud de éste debe caracterizarse por una capacidad de
escuchar al otro y de estar interesado realmente en su situación. Esto plantea la
necesidad de un vínculo cercano, donde los afectos se van a expresar en el
marco de ese interés profesional y en un trato humano con los sujetos. El
vínculo se plantea en términos de conocimiento y no para generar un proceso
afectivo. El afecto hacia el profesional se desarrolla en la medida que los
sujetos ven en él, un ser interesado por comprender y atender sus problemas y
necesidades. La confianza en el trabajador social no se establece por el interés
de éste en elaborar una relación afectiva con las personas para que le cuenten
qué les sucede, o desde una actitud distante donde lo afectivo no cuenta y debe
reprimirse. El verdadero vínculo profesional se gana en el esfuerzo realizado
en común con las personas, para descubrir desde la subjetividad manifestada
por los sujetos y propia de la situación humana a transformar los contenidos
objetivos, planteando problemas y estableciendo hipótesis que favorezcan la
apropiación de ese conocimiento. En realidad lo que une al sujeto con el
objeto, es la búsqueda de la objetividad del conocimiento.

112
El ejercicio del trabajo social representa la recuperación por los sujetos de su
capacidad de objetivar la realidad, lo cual tiene que ver con la atención de
necesidades inmediatas y la recuperación crítica del pensamiento ejercido en
la situación humana. Esto se realiza a través de un vínculo de comunicación
racional entre los sujetos, a fin de que éstos se apropien del conocimiento y se
creen las condiciones de objetividad para realizar las soluciones que
transformen definitivamente la situación.

COMUNICACIÓN RACIONAL Y CONOCIMIENTO.

Al plantear la necesidad del conocimiento histórico del objeto de trabajo


social, se hace referencia al proceso de desarrollo que ha seguido; es decir,
cómo se originó, cuáles son sus principales etapas evolutivas y cuál es su
realidad actual. Lo histórico está representado en su contenido y es a su vez el
objeto del pensamiento, ya que a través de éste es posible reproducir el
proceso histórico con objetividad; poniendo en evidencia su complejidad y sus
contradicciones.

El conocimiento se apoya en el proceso lógico del pensar para reproducir los


contenidos esenciales del objeto y reconstruir su desarrollo histórico, mediante
el proceso de abstracción a que somete al objeto. Sin embargo, el pensamiento
no reproduce el proceso histórico como una copia fiel, es decir en la totalidad
de sus movimientos, sino que el proceso lógico se apropia de sus contenidos
más esenciales, aunque siguiendo el hilo conductor del desarrollo seguido por
el objeto. Para reproducir en la conciencia, o sea de manera comprensible, al
proceso histórico del objeto, se necesita llegar a conocer sus contenidos más
esenciales.

113
Por un lado, no se requiere reproducir el desarrollo histórico del objeto en
todos sus detalles para comprenderlo, pero para esto se debe realizar un
proceso de abstracción lógica que permita la apropiación de sus contenidos
esenciales, a través de lo cual identificar la sucesión de cambios realizados.
Por otra parte, para descubrir los contenidos esenciales del objeto se requiere
reproducir el proceso histórico de su desarrollo. Esta unidad contradictoria de
lo histórico y lo lógico permite el avance hacia los contenidos esenciales, pero
a su vez para superar dicha contradicción es necesario iniciar un proceso de
abstracción partiendo de la forma en que se presenta el objeto, su situación
actual, siendo en ella que aparecen expuestos de manera más detallados los
contenidos más significativos y reflejan a cierto nivel, el proceso de desarrollo
seguido por el objeto. La reproducción lógica en el pensamiento no es
suficiente, sino que se requiere conocer la historia del objeto como fenómeno.
No basta con realizar un proceso lógico de conocimiento acerca del desarrollo
seguido por el objeto, pues es necesario explicar también el proceso histórico
de manera integral; no sólo en sus contenidos esenciales sino aun en sus
detalles significativos, a fin de hacer posible que la historia del objeto
aparezca ante nuestra conciencia en toda su plenitud. A través del análisis de
la realidad como se nos plantea, se puede elaborar una teoría del objeto que
ayude a su comprensión definitiva, pero para lograrlo es preciso reproducir su
historia de manera comprensible en la conciencia. Comprenderlo no significa
regresar a los conceptos iniciales de los cuales se partió en el proceso lógico,
sino que apoyados en su unidad con el proceso histórico es posible
reelaborarlos y crear conceptos nuevos como productos del estudio, a través
de los procesos lógicos del análisis y la síntesis a que sometemos al objeto. La
teoría a la que se llega es más desarrollada de la que se parte, como

114
consecuencia de la penetración del conocimiento en la esencia del objeto y en
su historia reconstruida.

Ahora bien, cuando existe la posibilidad de iniciar el conocimiento del objeto


desde la forma en que se presenta —porque se ofrece al análisis como un
producto del desarrollo realizado o porque muestra resultados del mismo que
permiten comprender desde su actualidad el camino que llevó al objeto a su
estado presente— su estado actual se refleja como el resultado de todo su
desarrollo y en consecuencia, su comprensión definitiva se va a lograr en el
marco del desenvolvimiento histórico del objeto.

En realidad sucede que el análisis del objeto puede efectuarse tanto desde su
estado actual avanzando desde sus evidencias más desarrolladas hacia los
contenidos esenciales que permiten recrear su proceso histórico, o bien si su
forma presente no está suficientemente desarrollada analizar el proceso
histórico identificando su origen, etapas evolutivas y realidad actual. En el
primer caso el énfasis se pondrá en el procedimiento lógico, apropiándonos de
la realidad desde las abstracciones que el pensamiento va elaborando en
nuestra conciencia; en el segundo caso, se analiza el desarrollo histórico
concreto y se lo expone bajo forma histórica de conocimiento. En cualquiera
de las dos posibilidades se mantiene la unidad y una relativa independencia de
los procedimientos lógico e histórico, pues mientras el primero pierde fuerza
cognoscitiva si se aleja de los hechos reales, el segundo podría quedar
reducido a la identificación de un conjunto de acontecimientos si no estuviera
determinado por el objetivo de llevar a cabo su comprensión sujeta a procesos
formales que garanticen su objetividad.

115
En la profesión de trabajo social, la relación unitaria de los procedimientos
lógicos e históricos se realiza a través de la comunicación racional entre el
profesional y las personas, para asumir el proceso de conocimiento que abra la
alternativa de elaborar conceptos nuevos acerca de la realidad y avanzar hacia
su transformación; adquiriendo el conocimiento de aquellos procesos que
permiten articular todo el desarrollo de la situación humana concreta y
específica de trabajo social. El conocimiento de esa situación que se inicia con
la atención a las personas, no se ubica en una conceptualización superficial,
sino en la profundidad de sus procesos contradictorios, nexos causales y
vínculos humanos. La dificultad para conocer la realidad que le plantea al
trabajador social, requiere desarrollar un vínculo de comunicación humana
racional entre el sujeto profesional y los sujetos de la situación concreta, para
desarrollar juntos los procesos lógicos de conocimiento y acceder a los
contenidos más esenciales de la realidad. El objeto de trabajo social es una
situación específica, que debe ser comprendida en su peculiaridad por el
profesional y las personas involucrados para descubrir su ordenamiento propio
y diferente de otras realidades.

Avanzar en este sentido de conocimiento, exige establecer ese vínculo


profesional peculiar con las personas caracterizado como de comunicación
racional, reconociendo en éstas sujetos de conocimiento de su propia
situación.

La relación contradictoria caracterizada por el vínculo sujeto-objeto peculiar


de la situación de trabajo social, se objetiva tanto para el profesional como
para las personas en tanto sujetos que forman parte del objeto profesional. Es
decir que la relación de mediación del profesional con los sujetos individuales

116
o colectivos, lo es respecto del proceso de abstracción a desarrollar también
por estos sujetos para que se apropien del conocimiento objetivo de la
situación. La nueva realidad a que se comienza a acceder, no lo es sólo en la
adquisición de capacidades en las personas para una percepción más objetiva
de la realidad en que se debaten. Estas capacidades contribuyen a su vez, a
modificar el grado de indiferenciación que caracteriza su debate con la
realidad, generada en una pérdida de objetividad, lo cual las vuelve
dependientes de los acontecimientos. Es decir que la objetividad se comienza
a recobrar a partir de la relación entre el sujeto profesional y los sujetos de la
situación específica de trabajo social, en la búsqueda en común y desde sus
diferentes niveles de objetividad del conocimiento.

Como se expresó anteriormente, la realidad social plantea la peculiaridad de


que el sujeto y el objeto se presentan bajo la forma de una unidad parcial y
contradictoria, pero además para comprenderla se requiere superar la
contradicción de que los sujetos formen parte del objeto, a fin de que se
establezca la distancia necesaria para realizar ese conocimiento. La posibilidad
de lograrlo es mediante el proceso de abstracción a que se somete a la
situación humana, desde el vínculo de comunicación racional entre el
profesional y los sujetos de la situación. Es decir, un vínculo entre sujetos que
permite apropiarse del objeto en tanto acontecimientos humanos en proceso de
conocimiento.

Lo que se desarrolla al realizarse el vínculo de comunicación racional es el ya


analizado proceso de desdoblamiento del objeto, en sujeto y objeto (realidad),
estimulada a partir de la relación entre sujetos para hacer posible el proceso de
abstracción de la realidad. La realidad humana al poderse conocer

117
objetivamente abre también la alternativa de su transformación, lo contrario
representa aceptar la existencia humana como inmutable y la labor profesional
limitada a apoyar procesos de adaptación social.

El vínculo de comunicación racional permite también apoyar el proceso de


diferenciación e independencia de las personas respecto de la realidad, a
medida que progresan en su comprensión objetiva. El primer esfuerzo de
diferenciación se realiza al nivel del análisis, mientras que el llevado a cabo en
el proceso de síntesis representa la apropiación de la realidad como
reproducción integral en la conciencia de los sujetos. El proceso de síntesis es
el que permite identificar la unicidad de la situación humana en la
multiplicidad esencial de los contenidos del objeto de trabajo social. El
proceso de diferenciación realizado por las personas en el marco del trabajo
social respecto de la realidad, le permite retomar su actividad objetiva a
medida que la ha ido comprendiendo; lo cual supone una transformación del
vínculo sujeto-realidad, objetivo general y esencia de la profesión de trabajo
social.

Como se planteó anteriormente, esta esencialidad se realiza en el marco del


debate de las personas con la realidad, en la búsqueda de comprensiones
objetivas que esa realidad esconde. A su vez la relación entre conocimiento y
transformación de las situaciones humanas en el vínculo profesional de
comunicación racional, se establece desde el planteamiento de problemas e
hipótesis sobre la base de la práctica humana para hacer posible la apropiación
de esas situaciones en la conciencia de los sujetos. A partir de la actividad de
las personas sobre la realidad, se elaboran y reelaboran los conceptos que
permitirán orientar su transformación. Si bien estos conceptos o ideas

118
elaboradas no pueden reflejar al objeto de trabajo social en su totalidad por la
vastedad de contenidos que lo constituyen, su significación nace de hacer
posible su comprensión; pero además permiten determinar cuales son sus
carencias e insuficiencias y la elaboración de comprensiones que se pueden
incorporar al objeto. Esto es posible si se considera al objeto en su
movimiento interno, en lo específico de su situación concreta y en la
interrelación con otras realidades. A partir de su comprensión se pueden
identificar las alternativas de transformación que contiene y de las cuales, los
sujetos se pueden apropiar a medida que avanza el proceso de conocimiento.

El conocimiento nuevo representado en los contenidos del objeto de trabajo


social, implica un grado de madurez de las condiciones necesarias para la
solución del problema y el avance en el proceso de transformación de ese
objeto. Este movimiento que involucra el conocimiento y la transformación de
la realidad, se resuelve en la identificación de problemas y en su explicación a
través de hipótesis contrastadas en la realidad, para considerarlo un
conocimiento verídico. En trabajo social, ese movimiento y su solución se
realiza al desarrollarse el que llamaremos proceso específico de trabajo social,
caracterizado por la atención, conocimiento y transformación de las
situaciones humanas como objetos de la actividad profesional.

Antes de abordar este proceso en el marco de la comunicación racional y a fin


de precisar más el concepto de especificidad profesional, mencionaremos otro
contenido específico de la profesión que permite identificar el objeto de
trabajo social como una síntesis de necesidades y problemas, constituyéndolo
en un concreto específico. Cada objeto de trabajo se sintetiza de manera
diferente aunque sus componentes sean similares (económicos, culturales,

119
religiosos, etc.) por lo que sin identificar esta especificidad del objeto —sus
peculiaridades— no se habrá descubierto un conocimiento nuevo del objeto,
determinado por las peculiaridades de su realidad y los sujetos que la
construyeron.

El trabajo social posee especificidades, que son relativas unas a su función de


atender situaciones humanas concretas mediante una capacidad adquirida, que
a su vez permite identificar su responsabilidad profesional. Otra, vinculada al
objeto de trabajo determinado por una síntesis de contenidos diversos, que es
necesario conocer para definirlo en sus peculiaridades. Sin embargo, podría
afirmarse que en verdad todo objeto de trabajo es una síntesis de contenidos
diversos. Por lo cual, este carácter del objeto adquiere especificidad para la
profesión de trabajo social al estar determinada por la responsabilidad
profesional referida a la capacidad de atender al objeto, a fin de abordarlo
como una síntesis concreta.

La especificidad del objeto de trabajo social implica que debe ser reproducido
en la conciencia de los sujetos por el pensamiento, lo cual se lleva a cabo al
desarrollarse lo que se había planteado como el proceso específico de
atención-conocimiento-transformación, realizado en el marco de la
comunicación racional. El trabajo social reconoce la necesidad de atender las
situaciones humanas, no sólo por lo que éstas tienen de carencias
significativas para las personas, sino porque atendiéndolas puede iniciar con
ellas su conocimiento. Es decir, que la categoría de comunicación racional
proporciona también el instrumento metodológico esencial para realizar el
proceso específico de conocimiento en la profesión (atención-conocimiento-

120
transformación) a fin de identificar la peculiaridad de la síntesis del objeto de
trabajo.

En capítulo anterior nos hemos referido al concepto de categoría destacando


su valor teórico y metodológico para el conocimiento humano, al orientar la
actividad profesional y de las personas para favorecer la comprensión de la
realidad. Se señaló también que no tienen un carácter arbitrario,
seleccionándose desde el objeto de trabajo para apoyar el proceso de
conocimiento, a fin de explicitar sus propiedades y relaciones.

En el presente capítulo hemos analizado y pretendido fundamentar, que en el


trabajo social la comunicación racional constituye una categoría teórico-
metodológica de carácter general, en cuanto permite reflejar contenidos
esenciales del objeto de trabajo profesional, relativos particularmente al
vínculo entre sujetos para desarrollar el proceso específico de trabajo social.
Constituye a su vez un apoyo metodológico esencial del profesional para el
vínculo y conocimiento de la realidad, proporcionando el conocimiento
acumulado históricamente en el trabajo social respecto del tipo de vínculo
necesario con los sujetos, así como para la apropiación objetiva del objeto
como su labor esencial.

De esta manera queda superada, a nuestro juicio, la contradicción entre


atender sin asistir y conocer para transformar, ya que se trata en realidad de un
proceso único. No se puede pretender el conocimiento de la realidad si no se
parte de atenderla, considerando tanto la especificidad del objeto de trabajo
social por la cual éste representa una síntesis peculiar de contenidos diversos,
como de la profesión misma en cuanto atención de situaciones concretas.

121
Especificidad esta última, que remite a su capacidad adquirida para atender
situaciones humanas concretas como función y responsabilidad socialmente
asumidas. Se podría agregar, que es desde esta función y responsabilidad que
también se le otorga al profesional la atribución de intervenir en esas
situaciones humanas.

Ahora bien, al fundamentar la comunicación racional como categoría del


trabajo social, se plantea por un lado su significación genérica para toda esta
disciplina pero a su vez, cada uno de sus campos de trabajo identificará las
categorías que le son propias en relación a las características de su objeto de
trabajo. Sin dejar de señalar que existen —como ya se mencionó— otras
categorías de carácter aun más general, relativas a los contenidos objetivos de
la sociedad en un momento histórico determinado en cuyo marco se ha
desarrollado el objeto de trabajo social; así como otras también de carácter
general, pero que se seleccionan por su mayor proximidad con las
características del objeto (clase social, fuerza de trabajo, modo de vida, etc.).
En cualquier caso es necesario destacar que la selección y aplicación de estas
categorías generales, no deberá realizarse de manera rígida sino que tendrán
que ser readecuadas y hasta sustituidas en función de los resultados que se van
obteniendo en el proceso de conocimiento.

El conocimiento más general en el trabajo social, se vincula al dominio de los


contenidos particulares del campo de trabajo al cual pertenece el objeto. Pero
el conocimiento del campo de trabajo social, permite ubicar al objeto en
relación a su totalidad más amplia y por tanto resulta insuficiente para penetrar
en los contenidos esenciales del objeto específico de trabajo. La necesidad de
que para conocerlos, deberán tomarse en cuenta los conocimientos teóricos

122
generales y particulares del campo de trabajo social, no es una peculiaridad
del trabajo social, sino una exigencia relativa a las necesidades de
conocimiento de toda disciplina científica para desarrollar su labor objetiva
para la reproducción de su objeto. Los métodos específicos, son elaborados
por las respectivas ciencias en el proceso histórico de su evolución, y en este
proceso se va definiendo más precisamente como disciplina científica.

123
CAPÍTULO IV:
RELACIÓN TEORÍA-MÉTODO EN EL TRABAJO
SOCIAL.

TOTALIDAD CONCRETA.
CONCEPTO Y SIGNIFICADO PARA EL TRABAJO SOCIAL.

Las situaciones humanas específicas consideradas como objeto del trabajo


social y caracterizadas por la relación contradictoria entre las personas y la
realidad, son percibidas como una unidad difícil de subdividir en sus partes
sustanciales y hasta en los hechos concretos que la constituyen. Se nos
presenta como un todo material y espiritual, una expresión integral de
experiencia viva que resume la existencia y el pensamiento de las personas,
sintetizándose en una manifestación concreta y comprensible de lo cotidiano
del quehacer humano. Esta dificultad de conocimiento de la realidad como
unidad genera la necesidad de subdividirla mediante un proceso de análisis
para acceder a su conocimiento. Subdivisión que es posible llevar a cabo
precisamente por ser unidad de partes interelacionadas. Cuando dividimos la
realidad, a su vez estamos aceptando su integralidad y el contexto unificador
en el que cobrará sentido la explicación de sus partes. Por lo cual, la
subdivisión no es arbitraria, sino que se apoya en la existencia de un contexto
social del que forma parte, en el análisis crítico de la realidad y en la adecuada
selección de las categorías teóricas que orientarán el trabajo profesional. Sin
embargo, esto no significa que se puede comprender mediante una simple
reducción a sus partes, sino tomando en cuenta que la realidad constituye una
unidad dinámica, desde su forma “caótica” inicial en la que los sujetos
individuales o colectivos se presentan con un predominio de contenidos

124
subjetivos a partir de lo cual vamos descubriendo su pensamiento y la forma
que este adoptó en la situación humana de trabajo social que constituye una
totalidad concreta. La representación final que alcancemos partiendo del
proceso de análisis a que la sometemos, permitirá acceder a una totalidad
comprendida y explicada en la multiplicidad de sus determinaciones y
vinculaciones internas, es decir una unidad con una estructura propia en la
cual sus partes constitutivas cobran sentido y se explican mediante el
conocimiento de ellas y de las formas en que interactúan.

Planteamos anteriormente que lo concreto de una situación humana, se


comprende abriendo un proceso de abstracción para su conocimiento;
partiendo de un todo “caótico” e incluso incomprensible de manera directa.
Las comprenciones iniciales se van a superar a su vez, mediante la
apropiación de nuevos conocimientos, tanto de las partes como del todo; es
decir, de la unidad en que se expresa la situación humana. La explicación no
podrá ser en consecuencia una mera descripción analítica del desarrollo de la
situación humana y de cómo ésta ha ido evolucionando, sino que deberá
abarcar la identificación y comprensión de las contradicciones que la rigen y
en las cuales las personas se debaten, en base a las cuales se ha dado el
desarrollo de la situación humana. Se trata entonces de un proceso en el que
está en juego la objetividad del conocimiento, para dar respuesta objetiva a las
situaciones humanas. Sobre este aspecto señala de Gortari: “Por objetividad se
entiende, por un lado, que toda investigación científica, al resultar fructuosa,
pueda ser repetida por cualquier otro hombre, siempre que éste reproduzca los
diferentes pasos seguidos por el descubridor, hasta alcanzar los mismos
resultados. También significa, por otra parte, que los resultados de la
investigación expresan y representan determinadas manifestaciones de una

125
realidad material que no depende de la sensibilidad, ni de la conciencia, ni del
pensamiento cognoscente. Así, la noción primordial de objetividad se
encuentra en el reconocimiento de la existencia del universo, de modo
independiente al conocimiento, e incluyendo al hombre como parte integrante
del propio universo; ya que, hasta la misma objetividad del conocimiento tiene
su fundamento en la objetividad de la existencia.18

La categoría dialéctica de totalidad concreta a que nos hemos estado refiriendo


en estos párrafos, según Karel Kosik,19 ha pretendido ser “reducida a una
exigencia metodológica” para la indagación de la realidad. Agrega: “Esta
degeneración del concepto ha desembocado en dos trivialidades: que todo está
relacionado con todo y que el todo es más que las partes”. Señala que esta
categoría del materialismo dialéctico, es ante todo la respuesta a la pregunta:
“¿qué es la realidad?” y que sólo en segunda instancia puede representar una
alternativa metodológica.

En relación a esa pregunta Kosik expresa: “Si es un complejo de hechos, de


elementos simplísimos y directamente inderivables, de ello se desprende, en
primer lugar, que lo concreto es el conjunto de todos los hechos, y, en segundo
lugar, que la realidad en su concreción es esencialmente incognoscible, puesto
que es posible añadir a todo fenómeno nuevas facetas y aspectos, hechos
ulteriores, que fueron olvidados o aún no descubiertos, y, mediante esta
adición infinita, se puede demostrar el carácter abstracto e inconcreto del
conocimiento”. Señalando luego: “Existe una diferencia fundamental entre la
opinión que considera la realidad como una totalidad concreta, es decir, como

18
De Gortari, E. Op. Cit.
19
“Dialéctica de lo concreto”. Kosik, Karel. Grijalbo, Colección Enlace. México.

126
un todo estructurado en vías de desarrollo y autocreación, y el punto de vista
según el cual el conocimiento humano puede o no puede alcanzar la
“totalidad” de los diversos aspectos y hechos, propiedades, cosas, relaciones y
procesos de la realidad”. Pero, a su vez, señala Kosik: “... la totalidad no
significa todos los hechos. Totalidad significa: realidad como un todo
estructurado y dialéctico, en el cual puede ser comprendido racionalmente
cualquier hecho. Reunir todos los hechos (juntos) no constituyen aún la
totalidad. Los hechos son conocimiento de la realidad si son comprendidos
como hechos de un todo dialéctico, esto es, si no son átomos inmutables,
indivisibles e inderivables cuya conjunción constituye la realidad, sino que
son concebidos como partes estructurales de un todo. Lo concreto, o sea la
totalidad, no es por tanto, todos los hechos, el conjunto de ellos, el
agrupamiento de todos los aspectos, cosas y relaciones, ya que en este
agrupamiento falta lo esencial: la totalidad y la concreción. Sin la
comprensión de que la realidad es totalidad concreta que se convierte en
estructura significativa para cada hecho o conjunto de hechos, el conocimiento
de la realidad concreta no pasa de ser algo místico, o la incognoscible cosa en
sí”.20

Consideramos necesario transcribir esta larga cita ya que en el trabajo social si


bien se requiere orientar la labor profesional de acuerdo con una concepción
teórica que permita alcanzar una explicación objetiva de la realidad, existen
propuestas de carácter esencialmente pragmáticas desde las cuales sólo se
pueden identificar por el análisis, las partes y los hechos que en relación a la
acción inmediata se consideren más significativos. La ordenación,
clasificación y jerarquización de los hechos, no obedece a ninguna
20
Kosik, K. Op. Cit.

127
comprensión objetiva de la realidad, sino a una identificación de partes y
hechos que se consideran subjetivamente significativos para abordar la
realidad.

El todo se expresa como “que todo está relacionado con todo”, pero no como
realidad estructurada cuya apariencia caótica debe trascenderse para explicar
su esencia. Desde este punto de vista, la reducción del trabajo social al empleo
de técnicas resulta una exigencia natural para intentar dominar
pragmáticamente, el “caos” de la realidad. Programar para ejecutar y evaluar,
no es lo mismo que elaborar un plan de trabajo a partir de una comprensión de
la realidad: significa más bien anteponer una técnica a un proceso de
conocimiento.

Si la situación humana concreta es un todo estructurado, los hechos que la


constituyen expresarán esa realidad y será así posible determinar la
significación de los mismos de manera objetiva, sin deshechar alguno a priori
y arbitrariamente, pudiendo realizar una selección, ordenamiento, clasificación
y jerarquización objetiva de ellos, para avanzar en la comprensión no sólo de
esos acontecimientos sino de la situación humana en su unidad. Esto se puede
realizar a partir de la elaboración del conocimiento objetivo de esa situación,
para el cual métodos y técnicas estarán en función de ese objetivo de
penetración a lo esencial de esos contenidos. Más específicamente, podríamos
preguntarnos: ¿qué métodos o técnicas, por sí mismos permiten seleccionar
los hechos más significativos o determinar las partes constitutivas de una
situación humana concreta? La unidad de teoría y práctica permite avanzar por
la abstracción, a través de la forma caótica en que se nos presenta la realidad,
pero es la iluminación de esa realidad por la teoría, lo que permite avanzar

128
hacia la objetividad: conociéndola en su estructura interna para transformarla.
Negar esta posibilidad de conocimiento de la realidad es, en consecuencia,
negar la posibilidad de su transformación.

La categoría de totalidad concreta que estamos analizando, favorece la


delimitación de la realidad por lo cual posee valor metodológico, en cuanto no
será toda la realidad la que se abarcará en el conocimiento y además orienta en
la identificación de las partes que la constituyen y que pueden conocerse en
ese marco de pertenencia. Así, una cooperativa, una familia, una institución,
son una totalidad objeto de nuestro trabajo social y una porción de otra
realidad más amplia, como por ejemplo la sociedad. A partir de esta
delimitación más general, se estará en condiciones de determinar las partes y
los contenidos que las integran, que cobran sentido en el marco de una
totalidad de la cual partimos. En consecuencia, se podrá establecer cuáles son
los elementos que la constituyen pero también, cuáles no le pertenecen o
inciden significativamente y por tanto, no pesan para nuestra búsqueda de
conocimiento. De esta manera la selección de hechos o acontecimientos
humanos, no tiene un carácter arbitrario ni se apoya en una intuición del
trabajador social originada muchas veces en una sobrevaloración de su
experiencia profesional. Es decir, que en el desarrollo del trabajo profesional
si bien requerimos información, es necesario determinar cuál tiene real
significación para avanzar en el conocimiento; de lo contrario puede ocurrir
que el exceso de información dificulte aún más la identificación del
conocimiento más esencial, contribuyendo a entorpecer esa búsqueda más que
a precisarla.

129
Ahora bien, formar parte de una totalidad significa que ellas estarán regidas
por los contenidos contradictorios de la totalidad específica a la que pertenece,
pero a su vez esa totalidad de pertenencia está regida por las contradicciones
de la realidad social más amplia a la cual pertenece. Es así, que las
contradicciones entre los contenidos de la totalidad de pertenencia –el objeto
de trabajo social y las partes que lo constituyen- por un lado determinan las
características de su existencia en la realidad social pero además, inciden en el
dinamismo de su desarrollo. A su vez, los contenidos de las partes integrantes
de la totalidad están regidos por sus propias contradicciones y determinados
por la totalidad a la que pertenecen.

El valor metodológico de esta relación entre la totalidad objeto de trabajo


social y las partes que la constituyen, se pone de manifiesto en cuanto permite
delimitar tanto al objeto de trabajo como seleccionar sus contenidos y su
relación contradictoria; lo que a su vez hace posible jerarquizarlos en el marco
de la totalidad. Jerarquización de los contenidos de la totalidad o situación
humana concreta, desde la cual identificarlos para su ordenamiento histórico y
lógico.21

Cuando, por ejemplo, trabajamos con una cooperativa de producción


consideramos que como empresa social objeto de trabajo social, es una
totalidad concreta que está regida por las contradicciones propias de la
formación socio-económica predominante. La contradicción principal que las
rige en esta relación, es que siendo una empresa determinada por relaciones
sociales y de producción socializadas, están sometidas a las relaciones de
producción capitalistas. Esta delimitación más general de la cooperativa de
21
Tecla Jiménez, A. Op. Cit.

130
producción abre la posibilidad de otra más precisa identifcando su estructura
de funcionamiento de la cual derivan en gran medida sus partes constitutivas y
que permiten caracterizarla por su forma socializada de funcionamiento
interno. En tanto totalidad concreta, cada cooperativa de producción estará
entonces regida por contenidos contradictorios que afectan el eficiente
funcionamiento de sus partes esenciales, las que estarán sometidas a sus
propios contenidos contradictorios. Así, cuando se plantea que la cooperativa
no ha resuelto bien sus formas de participación en las decisiones, su
organización productiva o administrativa, etc, se está aludiendo al inadecuado
funcionamiento de sus partes, a partir de una selección de contenidos
identificados en su funcionamiento y que pueden ser jerarquizados por su
incidencia contradictoria, ordenándolos a su vez en el marco del proceso
histórico y lógico seguido por la cooperativa en su desarrollo y conocimiento.
El descubrimiento de los contenidos contradictorios más significativos de la
realidad cooperativa que asesoramos, contribuirá a determinar cómo se
comportan en esa totalidad concreta los problemas específicos de su
funcionamiento y organización.

Identificar estas contradicciones más específicas en la cooperativa y en


referencia a las de carácter más generales, permitirá descubrir otra variedad de
condiciones y circunstancias que, originadas en la estructura económica de la
sociedad, determinan sus posibilidades de desarrollo. Se produce una
interconexión de conocimientos que contribuyen a comprender y modificar el
sistema de relaciones contradictorias entre las partes, los hechos y el todo,
poniendo en evidencia sus formas de incidencia y significaciones específicas.
La identificación del sistema de contradicciones más generales y específicas
del objeto de trabajo social contribuye a su vez a tensar las relaciones y

131
procesos y crea las condiciones para su superación. Mediante su coocimientoi
se observa cómo se van abandonando algunos contenidos y comienzan a
cobrar mayor significación aquellos que perfilan la nueva situación que se
construye, es decir aquellos contenidos que aun con escasa estructura u
ocultos en la red de problemas contribuyeron, junto con los nuevos contenidos
elaborados, a impulsar los cambios.

Es decir, que no es desde la atención aislada de sus partes o poniendo énfasis


en alguna de ellas, que se resuelve la totalidad. Es partiendo de ésta como
delimitación de una realidad más amplia —es decir, de su carácter relativo—
y definiendo sus partes constitutivas —sin reducir una a la otra— sino en
consideración de la mutua determinación, que se crean las condiciones para
desarrollar un proceso lógico de conocimiento, necesario para la
transformación de la realidad. Asimismo, la totalidad como producto de una
praxis social desarrollada históricamente, no sólo es objeto de nuestro trabajo
social sino también, sujeto de su propio desarrollo. Objeto en tanto
conocimiento y construcción de una totalidad concreta, que es —en nuestro
ejemplo— la empresa cooperativa; pero sujeto, en tanto posibilidad de
transformación por la participación consciente de sus miembros como
trabajadores y responsables de la empresa. Este desdoblamiento, permite a su
vez la abstracción con la participación mediadora del trabajador social. A
través de la comunicación racional con los sujetos individuales o colectivos, se
objetiva la totalidad y se apropia de un nuevo conocimiento de sus problemas,
que permite la superación del “caos” inicial y la instrumentación paulatina de
los cambios. Es desde esta matriz esencial de comunicación que —a nuestro
juicio— se instrumenta el trabajo social y no desde una sobrevaloración de su
autoridad y conocimientos técnicos.

132
OBJETO DEL TRABAJO SOCIAL: UNIDAD DE CONTRARIOS.

La totalidad concreta es pues una unidad de contrarios. Es decir, las


situaciones humanas concretas en tanto objeto de trabajo social, son una
unidad de contrarios. Esta unidad significa que la situación humana está
constituída por un sistema de contradicciones, cuya comprensión abre el
camino a la transformación de la realidad en otra, también contradictoria. La
existencia de contenidos opuestos como elementos de la misma situación, se
presentan mutuamente relacionados por nexos específicos vinculados a su
unidad. Cada parte de la contradicción condiciona a la otra en la medida en
que la contiene, constituyendo así la unidad contradictoria que es la situación
humana concreta. Ese condicionamiento que llega a transformarse en una
oposición activa, se constituye en la fuerza que impulsa su desarrollo ya que al
resolverse la contradicción, la realidad se transforma modificando su calidad
misma. La oposición interna de contenidos, se manifiesta en términos de
conflicto en cierto momento del desarrollo de la situación humana y al
transformarse cambia la identidad de la situación específica dando paso a la
formación de una nueva realidad cualitativamente diferente. El antagonismo
en la relación de los contenidos contradictorios propios de la unidad del objeto
de trabajo social, se va agudizando por la acumulación de contenidos opuestos
y hace que el conflicto interno a que da lugar se desarrolle y estalle
modificando la identidad del objeto, su unidad específica; el proceso de
cambio sigue su curso para culminar en una formación cualitativamente nueva
del objeto.

Unos padres entregan a su hijo a un hogar de adopción, determinados por la


necesidad material de no poder mantener a su hijo. Con esta decisión se busca

133
resolver el antagonismo inicial, sucede a su vez un cambio sustancial en la
relación padres-hijo, culminando el proceso en el surgimiento de una nueva
situación para el menor y sus padres en el marco de las relaciones que se
generen en el hogar de adopción y la necesidad de elaborar un nuevo sistema
de vínculos.

El conocimiento del objeto de trabajo social se orientará entonces a identificar


las contradicciones en las que se debate, a fin de analizarlas desde su origen,
para descubrir los nexos, interdependencias y cambios de identidad,
reproduciendo el proceso histórico y lógico de la situación objeto del trabajo
social. Este conocimiento se elaboró partiendo de considerar al objeto como
unidad de contrarios, a partir de lo cual apoyar la transformación en una
realidad nueva y diferente, en cuanto se recobra su objetividad. Si en cambio,
hubiéramos identificado los contenidos y analizado por separado cada parte
contradictoria se ubicaría a un nivel de abstracción que impediría reflejar la
diversidad de los contenidos y la realidad no se podría conocer en su
movimiento y desarrollo, sino que aparecería fragmentada y cada parte
aislada, no permitiendo aprehender su vínculo con el todo estructurado que es
esa realidad.

El trabajador social que —en el ejemplo planteado— tome en cuenta


separadamente la situación de los padres al tomar la decisión; que considere la
situación del niño respecto de la decisión tomada por los padres; que perciba
la incidencia que el hogar de adopción tendrá en el menor; en tanto análisis de
las partes específicas y aisladas de la situación, no podrá comprender la
magnitud de los cambios ocurridos y le será imposible contribuir a elaborar un
nuevo sistema de vínculos en torno al menor. Le será necesario conocer los

134
nexos e interacciones de esas partes contradictorias que en su desarrollo han
transformado la realidad, determinando el sistema de nexos e interdependencia
hasta la modificación cualitativa de la situación concreta.

Esta modificación cualitativa está precedida a su vez, de cambios que se han


generado y acumulado en el objeto de trabajo social. Es decir, una serie de
cambios cuantitativos ocurridos en la situación concreta, que a cierto grado de
acumulación produce cambios más radicales que afectan y transforman
cualitativamente la identidad de la unidad del objeto de trabajo social. La
situación misma se transforma porque en ella está sucediendo un cambio en
sus contenidos cuantitativos y cualitativos, lo cual muestra la capacidad de la
situación humana para admitir y resistir cambios, aceptando una
transformación de carácter cualitativo que significa el advenimiento de una
nueva realidad.

El cambio en la calidad de la situación representa una interrupción brusca en


la continuidad de su desarrollo, para dar lugar a una nueva realidad. La
situación se vuelve insostenible y obliga a tomar decisiones y modificar
comportamientos que cambian el proceso de desarrollo, dando lugar a una
transformación cualitativa de la realidad. Es decir, que los cambios radicales
de una realidad no suceden por la acumulación simple de contradicciones. Por
más importantes que sean los cambios cuantitativos no alcanzan a producir la
transformación de una realidad en otra, sino que ésta ocurre al modificarse su
proceso de desarrollo. Se ha producido una situación nueva surgida de la
anterior pero diferente a ella por su cualidad, modificándose la esencia de la
realidad o sea su sistema de conexiones internas. Cabe señalar que para este
cambio las personas involucradas han realizado un proceso de apropiación de

135
su realidad, poniendo a prueba su capacidad de pensar para decidir e incidir en
ese proceso de desarrollo que es su vida misma, mientras que ese esfuerzo de
conocimiento representa la elaboración de uno nuevo acerca de la realidad.

Esto significa a su vez que el trabajador social deberá comprender ese


pensamiento que determinó el acontecimiento humano realizado, como parte
sustancial de la esencia de la situación concreta. Será mediante la
comunicación racional con los sujetos humanos para propiciar el
desdoblamiento del objeto en sujeto y realidad, que podrá acceder a la
comprensión de esa unidad de pensamiento y acción que ha sido ejercida por
las personas.

Descubierta esa unidad esencial no se va a requerir, como plantean las


corrientes positivistas, confirmar su validez científica con la repetición de la
observación del fenómeno, dado que éste ya no está determinado por la
cantidad sino por la calidad. En el ejemplo que hemos utilizado, la
comprensión de la nueva realidad que genera la incorporación del niño al
hogar de adopción y el nuevo sistema de vínculos que consecuentemente se
elaborará, implica una universalidad de conocimiento que permite a su vez al
trabajador social, saber a qué atenerse en situaciones similares.

Ahora bien, la transformación de una situación en una nueva y diferente a la


inicial y la interrupción de las transformaciones cuantitativas para el pasaje a
una cualidad nueva, implica una modificación sustancial de contenidos de la
situación humana. En nuestro ejemplo, esta realidad se presenta en la situación
inicial como relación padres-hijos y la búsqueda de condiciones de vida para
el niño optándose por su incorporación a un hogar de adopción.

136
Pero es a través del proceso de síntesis que se obtiene el conocimiento e
incorporándose los contenidos positivos existentes, reelaborados a partir de la
calidad de la nueva situación alcanzada. La incorporación del niño al hogar de
adopción es representativa de esta situación nueva, al exigir otro sistema de
relaciones y vínculos diferentes al inicial que requiere una nueva relación
entre el pensamiento elaborado y la acción ejercida, lo cual determinará los
contenidos de la nueva realidad producida.

El trabajador social necesita conocer el desarrollo seguido por el objeto de


trabajo en el proceso de superación de las contradicciones, su cambio
cualitativo en el pensamiento y los acontecimientos ocurridos para influir en
las posibilidades de cambio progresivo. Para ésto requerirá conocer todo el
proceso desde su origen; delimitar las contradicciones; identificar qué
acumulación de hechos y acontecimientos han ocurrido y cual fue el
pensamiento que los orientó; qué cambios cualitativos han sucedido e incluso
pueden suceder.

Lo positivo o significativo a conservar permite restituír la identidad en su


nueva cualidad, dando continuidad histórica a los cambios en el proceso de
desarrollo. A su vez, en la situación humana inicial se realiza la identificación
de la presencia de los elementos que integrarán los contenidos de la nueva
situación en gestación, lo cual requiere ser percibido a fin de definir el proceso
de cambio. La existencia de estos nuevos contenidos en la situación objeto de
trabajo social, exige su identificación oportuna en tanto contenidos que por su
cualidad contribuyen a consolidar las transformaciones cuantitativas.

137
La no percepción de tales contenidos, su pasaje inadvertido, puede limitar e
impedir su incorporación al proceso y en consecuencia, establecer una
frecuencia de cambios no articulados conscientemente. La insuficiente
conciencia de los cambios ocurridos dificulta el acceso a la nueva situación.
Su señalamiento o apreciación oportuna, implica la posibilidad de consolidar
el cambio, realizándolo conscientemente en la nueva realidad.

138
CAPÍTULO V:
INSTITUCIONES Y TRABAJO SOCIAL

UNA CONTRADICCION SIGNIFICATIVA

Los trabajadores sociales nos debatimos en una aparente contradicción que


Lamamoto y de Carvalho expresan de la siguiente manera: “Por lo tanto, si
tales servicios, de un lado, favorecen a los trabajadores, como resultante de
sus propias conquistas en el sentido de suplir necesidades básicas de
sobrevivencia en esta sociedad, por otro lado, su implementación, al ser
mediatizada y dirigida por la clase capitalista, pasa a constituirse en uno de los
instrumentos políticos de refuerzo de su poder, frente al conjunto de la
sociedad”.22

Por un lado, los denominados servicios sociales son la expresión de las luchas
populares, pero por otro el Estado para realizarlos en la sociedad, se apropia
de esos servicios sociales intrumentalizándolos como una forma de consolidar
el dominio de una clase sobre otra. Es decir, que en este contexto y aun
reconociendo que esos servicios surgieron de esas luchas, la función del
trabajador social no se constituiría en una forma de ejercer lo conquistado por
los sectores populares, sino que estaría sometido a una labor de agente
instrumentalizador de los intereses de la clase en el poder. Desde esta
concepción —sumamente ideologizada— no interesa tanto el valor concreto
del servicio institucional brindado pública o privadamente, en cuanto a qué
necesidades y problemas atiende, sino que se lo analiza desde su papel formal-
institucional a lo que coincidentemente parece también reducirlo el Estado. En
22
“Relaciones Sociales y Trabajo Social”. Lamamoto, Marilda y de Carvalho, Raúl. Ed.
CELATS. Perú, Lima, 1984.

139
consecuencia, el análisis del papel del trabajador social no puede tener otra
conclusión que la de considerarlo un agente útil a la expansión de los intereses
políticos dominantes, en el marco de una sociedad con antagonismos sociales.

Es así que, mientras los contenidos de los servicios han sido conquistados en
el marco de las luchas sociales, su representación formal-institucional es la
expresión de la manera en que los contenidos de los servicio son realizados en
la sociedad. Ambos aspectos de la contradicción constituyen, sin embargo,
una unidad representativa del servicio para la atención concreta de
necesidades y problemas; en la cual inciden tanto las clases populares con las
exigencias de respuestas a las necesidades sociales y el propio Estado. No
obstante, si se parte de reconocer la incidencia de las organizaciones y luchas
sociales en la constitución de las instituciones públicas y privadas, no parece
congruente negar la significación del aporte de la profesión de trabajo social
para atender mejor las necesidades sociales.

A nuestro juicio, se trata de una aparente contradicción, ya que desde esa


visión toda labor orientada a mejorar las condiciones de vida social serviría a
los intereses dominantes –incluidas ciertas actividades que buscan cambios
impulsando programas específicos como los de vivienda, salud, etc- cuando en
realidad lo que sucede es que esas mejoras de las condiciones de vida, se
tendrán que llevar a cabo en el marco de una determinada estructura social
inequitativa y que por lo mismo genera luchas sociales para una superior
calidad de vida. Podríamos agregar que esa aparente contradicción, no es
exclusiva del trabajador social sino que involucra con mayor o menor
intensidad a todas las profesiones. La contradicción a señalar es en la que
caen ciertos analistas de trabajo social, en cuanto pierden de vista que nuestra

140
profesión surgió en el marco histórico del respeto a las personas como
ciudadanos, es decir sujetos de derechos y obligaciones, existiendo entre los
primeros el de disponer de medios que mejoren las condiciones de vida en
sociedad. Así, la lucha por la vivienda, la atención de la salud pública, las
diversas formas de comunicación humana, la alimentación y educación
pública, entre otras, además de necesidades representan valores en sí mismos
en cuanto determinan una calidad de la cual los ciudadanos tienen derecho a
gozar.

De lo contrario deberíamos considerar que los obreros no pueden exigir el


cumplimiento del derecho a la vivienda y que los arquitectos caerían en la
misma aparente contradicción que los trabajadores sociales, lo que llevaría a
concluir que toda modificación positiva de las condiciones de vida en
sociedad sería retardataria, posición que seguramente no está presente en la
intención de los analistas de nuestra profesión. En realidad, el trabajo social al
igual que otras profesiones que atienden necesidades y problemas sociales,
están al servicio de la mejora de las condiciones de vida, es decir que las
clases populares en particular, dispongan de apoyos para resolver sus
problemas y mejorar su calidad de vida.

Resulta decisivo para la vida en sociedad que tanto las familias pertenecientes
a los sectores populares como las que gozan de mejores condiciones de vida,
que se atiendan con eficiencia los problemas de drogadicción, de los niños
abandonados o maltratados, la situación de los hijos de padres separados que
se los disputan en un juzgado, se asesoren cooperativas, se investiguen o se
elaboren proyectos que contribuyan a mejorar tanto la produción de bienes o
servicios como la vida de los trabajadores y sus familias : situaciones humanas

141
de atención específica de trabajadores sociales, compartiendo conocimientos y
funciones concretas con otros profesionales vinculados al campo de trabajo.

Esta búsqueda de atención y conocimiento se realiza y desarrolla en el


contexto de la satisfacción de necesidades sociales, constituyéndose en un
requisito indispensable para la convivencia social, ya que no hay sociedad
humana que resista la existencia descontrolada de semejantes necesidades y
problemas, a riesgo de sufrir procesos de degradación y autodestrucción.

Lo que la profesión debe aceptar definitivamente, es que la incidencia


profesional en las instituciones para un servicio más eficaz que permita una
atención eficiente de los beneficiarios, va unida al desarrollo del conocimiento
específico del campo de trabajo y de los asuntos para los cuales fue creada la
institución, generándose a su vez la posibilidad de que la profesión incida en
la vida institucional tanto en relación a otras profesiones como en la
elaboración de políticas sociales e institucionales.

La labor mediadora entre personas y la institución que realiza que realiza el


trabajador social, en lo que tiene de específico, implica contribuir a resolver el
vínculo objetivo entre los sujetos y la realidad generándose un proceso de
independencia, a fin de estar en condiciones de orientarse con mayor
objetividad. La actividad objetiva de los sujetos en la realidad es una finalidad
esencial del trabajo social, que a su vez le exige realizar su labor profesional a
través de la apropiación del conocimiento nuevo acerca de las situaciones
humanas, para un mejor aprovechamiento de las soluciones de bienestar y
seguridad social, elaboradas colectivamente en las sociedades en que viven.

142
En consecuencia, el trabajo social se orienta a favorecer la atención objetiva
de las necesidades humanas mediante la participación de los sujetos como
constructores históricos de la sociedad, cuando no lo hace caen en el
asistencialismo es decir, en una búsqueda a ciegas de soluciones sin pasar por
el conocimiento de la realidad que abre la comunicación racional con las
personas. Desde esta participación consciente y unicamente desde ella,
contribuye a articular en las instituciones, la atención y trato a los sujetos con
las políticas institucionales; a fin de elaborar las soluciones programáticas y
personalizadas que favorezcan la realización de los cambios en las situaciones
humanas específicas.

Desde la identificación ideológica del trabajador social con el objeto de


trabajo que implica tanto aportar como desarrollar su conocimiento objetivo,
se elaboran las soluciones que se van a llevar a cabo a partir de ese
conocimiento objetivo acerca de las situaciones humanas específicas y de la
participación de los sujetos en ellas. Será en este sentido, que la relación del
trabajador social con los demás profesionales involucrados en un determinado
marco institucional, se sustentará en que nuestro trabajo representa un faltante
de conocimiento para las otras profesiones. El aporte de conocimiento
objetivo acerca del objeto de trabajo social es una responsabilidad profesional
que se reclama como esencial para cualquier profesión y a su vez, requisito de
la complementariedad e integración de conocimientos en la labor
interdisciplinaria.

En este contexto, cabe reiterar la insuficiencia que representa que el trabajador


social considere a los sujetos de atención profesional -individuales o
colectivos- unicamente como fuente de información, o desde una visión

143
formal del concepto de respeto y por tanto se le debe atender: ambas formas
de establecer el vínculo entre sujetos son insuficientes, en cuanto representan
una ubicación profesional del trabajador social que no toma en cuenta la
necesidad de generar un conocimiento nuevo ya que en realidad es solamente
el trabajador social, quien desarrolla un proceso de conocimiento pero sin las
personas. Si bien este conocimiento puede constituir un aporte para las
personas que atiende, lo que hemos denominado conocimiento nuevo
elaborado a partir de datos obtenidos en reuniones grupales o entrevistas con
las personas, requiere de su participación para involucrarse en el proceso de
conocimiento. En consecuencia, los sujetos humanos deben intervenir en esa
elaboración de conocimiento que se construye desde su experiencia y
opiniones no ateniéndose exclusivamente a la “opinión autorizada” del
trabajador social. Asimismo, ese conocimiento elaborado, en la medida que se
asume asume como alternativa de cambio para realizarla en su propia
existencia, permite que ese conocimiento se someta a prueba en la medida que
favorezca una relación objetiva con la realidad en que se debate. Es decir, que
en un marco institucional de actuación profesional, el conocimiento elaborado
determinará una más eficiente aplicación del programa institucional
contribuyendo a mejorar las condiciones de vida de las personas.

De esta manera es posible unir la comprensión del problema con el apoyo


institucional a través del trabajador social genrándose un proceso de
transformación de la situación original, que permite también mejorar el nivel
de objetividad de las personas para el desarrollo de una vida más productiva
en relación a sus potencialidades.

144
En esta perspectiva, la ubicación del profesional en la institución a partir del
conocimiento objetivo elaborado desde las situaciones humanas específicas,
debe abrir la alternativa de incidir en los programas y normatividades
institucionalespara la aplicación de sus políticas e incluso, realizar los
planteamientos que correspondan para mejorar o crear nuevos servicios a fin
de alcanzar aquellos fines.

En este sentido, el papel del trabajador social en las instituciones no puede ser
el de un transmisor pasivo de sus objetivos y normas, sino que a partir del
conocimiento empírico y teórico que ha producido, está en condiciones de
elaborar propuestas que mejoren o reformen el funcionamiento institucional;
con el objetivo de que los programas de bienestar social no sólo satisfagan
necesidades sino el desarrollo de la persona humana.

Cabe mencionar a su vez, que desde el punto de vista de las personas que
atendemos las respuestas que obtengan para su bienestar social no generan
(más allá de la peculiaridad de la relación) una dependencia institucional o
hacia el trabajador social, ya que se realizará a partir de un proceso de
comprensiones desde el cual se lleva a cabo el vínculo con el programa
institucional y en el cual, las personas participaron directamente
incrementando su conocimiento de la realidad y asumiendo los cambios que la
fueron modificando.

Si no confiáramos en que esta concepción del papel de los programas de


bienestar social, contribuye a que las personas adopten conductas más
objetivas e independientes respecto de la realidad con que se debaten ,
tendríamos que validar los planteamientos individualistas que destacan el

145
valor del esfuerzo personal para superar las circunstancias socioeconómicas
adversas. En realidad sabemos que son las limitantes a aquellos programas e
instituciones —a través de las cuales se instrumentan las políticas sociales del
estado— las que impiden la diversificación y expansión de sus beneficios a los
sectores de la sociedad que más lo necesitan, convirtiéndose en un factor más
para sostener la desigualdad de oportunidades.

Sin embargo, son esas desigualdades las generadoras de comportamientos


antisociales e incluso de condiciones laborales y de vida que se constituyen en
una pesada carga para la sociedad, que incrementan la demanda de servicios
(hospitalarios, penales, correccionales, de drogadicción, etc). No es en la
pérdida de perspectivas sociales de vida, en la desmoralización, desintegración
social o en los procesos de degradación humana, sino en la existencia de
oportunidades y condiciones para la creatividad humana, donde las personas
encuentran las posibilidades para desarrollar su autosuficiencia, elaborando las
comprensiones de la realidad necesarias para una vida independiente.

En el marco institucional o de las organizaciones sociales ejerce su


conocimiento el trabajador social, relativo tanto a determinado campo de
trabajo como a la especificidad de atención que la institución u organización
represente, cuyos niveles de satisfacción dependerán también del desarrollo
social alcanzado. Este desarrollo representa una limitante de carácter global, al
trabajo social, que no significa una aceptación de las soluciones institucionales
existentes, sino un nivel de respuesta determinado por el tipo y desarrollo de la
formación económico social vigente; lo cual no equivale a resignar exigencias
de mejoramiento del servicio institucional. Más bien esa limitante global
puede hacer referencia a determinadas calidades de servicio, vinculadas por

146
ejemplo a soluciones tecnológicas para instrumentar conocimientos
científicos, o bien a soluciones organizativas influidas por aspectos culturales
relativos a tradiciones y costumbres,que invitan a un ejercicio del compromiso
profesional por denunciar y mejorar esas carencias.

INSTITUCIONES Y CONOCIMIENTO DE PROCESOS SOCIALES.

No obstante las limitaciones con que las instituciones atienden las necesidades
de reproducción de la población —en particular para la de más bajos ingresos
— cabe tomar especialmente en cuenta, que sus servicios son incorporados
por estos sectores de población a sus condiciones de subsistencia. Cualquier
proceso transformador de los programas y servicios de bienestar, tendrá que
partir de la atención y conocimiento de esas condiciones de subsistencia. Esto
requiere una metodología del trabajo social, que permita la apropiación de lo
que propusimos como proceso de trabajo social (atención, conocimiento y
transformación) por los sujetos individuales o colectivos, a fin de generar un
mejor trato y atención institucional.

La aportación de conocimiento y metodológica del trabajador social, por un


lado refleja la necesidad de la relación comunicativa con los sujetos humanos
para atender, conocer y transformar la realidad y por otro, que la incidencia de
la profesión en las instituciones favorezca el mejoramiento de sus políticas de
atención. A su vez, esa actividad profesional se puede realizar de manera más
eficiente si se conocen las características de la actividad productiva de esa
población, sus condiciones de producción y la forma en que ésta se reproduce.
Disponiendo de bases teóricas más objetivas desde las cuales elaborar el
conocimiento que el trabajador social necesita, para contribuir a la

147
transformación del objeto de trabajo social. “No se trata de elaborar simples
discursos ideológicos sino de reflejar en forma objetiva la realidad concreta.
El estudio de cualquier fenómeno social que no tome en consideración la
estructura económica de las formaciones sociales concretas no obtendrá otra
cosa que resultados unilaterales, representaciones mecanicistas, que en lugar
de aclarar los procesos los deforme y los empañe23“.

En este sentido de elaborar un conocimiento que refleje objetivamente la


realidad, no basta por ejemplo, con considerar la tradicional preocupación por
determinar si un centro de población resulta ser verdaderamente una
comunidad o posee “espíritu comunitario” para intentar su desarrollo, ya que
tanto o más significativo es conocer la forma en que participa en la actividad
económica del conjunto de la sociedad a la que pertenece. Es decir, que si bien
es necesario conocer los contenidos culturales, normas y tradiciones, también
debe estudiarse la forma en que participa ese centro de población en la
realización del proceso de producción, distribución, cambio y consumo; en
base a qué se genera el excedente, cómo se distribuye y en qué se aplica;
cuáles son las estrategias de supervivencia de la población para la
reproducción de la fuerza de trabajo. Considerando esto, desde el nivel de
desarrollo alcanzado en el centro de población por las fuerzas productivas y de
las características de las relaciones sociales existentes.

La supervivencia de la población es relativa —en gran medida— a los


procesos de la producción de bienes y servicios. Esos procesos generan un
excedente de cuya forma de apropiación y distribución dependerán la

23
“Enfermedad y Clase Obrera”. Tecla Jiménez, Alfredo. Instituto Politécnico Nacional.
México, 1982.

148
actividad productiva y las propias condiciones de vida. En este sentido, los
procesos de transformación del campesinado en asalariado rural o el
surgimiento de corrientes migratorias campo-ciudad reflejan los cambios a
que se ven sometidas esas poblaciones. Contribuyendo de manera
determinante a modificar sustancialmente su modo y formas de vida, tanto en
los centros de población rurales como en los nuevos lugares de destino
(urbano) de esa fuerza de trabajo. Claro está que esos procesos de
transformación no se generan únicamente en los centros de población, sino
que sobre él ejercen un papel determinante los procesos de concentración de la
producción generada por la industrialización en los centros urbanos, desde los
cuales penetra los poblados rurales transformando sus estructuras económicas
y sociales para adaptarlas a las necesidades del capital en su proceso de
acumulación.

Fenómenos sociales como la “marginalidad”, que tanto interés y preocupación


despiertan en el trabajo social por ser generadores de necesidades y atención
predominante en las instituciones de bienestar social, tienen que ser analizados
desde la perspectiva de sus contenidos más objetivos.

La marginalidad en tanto fenómeno social se origina en los elementos


contradictorios que enfrentan a la actividad del capital con las posibilidades de
empleo de la fuerza de trabajo, incidiendo en la actividad económica de la
sociedad en cuanto a sus alternativas de desarrollo y modernización. Como
consecuencia, amplios sectores de población resultan explotados, relegados y
aislados como efecto de las nuevas formas de actuación del capital.

149
La denominada población “marginada” es un producto de la actividad del
capital, siendo en realidad un resultado necesario al propio proceso de
acumulación de capital, contribuyendo a su realización. Una de las formas de
contribución es la posibilidad de regular los salarios mediante el control del
mercado de trabajo de acuerdo a la ley de la oferta y la demanda. Por lo cual, a
mayor oferta de fuerza de trabajo menor salario, como consecuencia de
excedente de asalariados que compiten por un puesto de trabajo acrecentando
la oferta y poniendo así, a disposición del capital, una masa de trabajadores
ávidos de trabajar para sobrevivir.

Esa población trabajadora que necesita reproducirse como fuerza de trabajo


para estar siempre disponible a fin de ser absorbida por el capital, requiere
también reproducir la vida familiar. En este marco de necesidades se elaboran
también las más diversas estrategias de subsistencia, desde la integración a
actividades de servicio hasta la participación en el sector informal de la
economía, tanto en la venta de objetos como en la producción artesanal o
familiar, que permita resolver un ingreso para reproducir la vida de los
miembros de la familia. Esta actividad productiva tiene destino generalmente
en empresas que mediante el maquilado, que la población desempleada o
subempleada realiza, logran disminuir costos ahorrando en salarios y
trasladando a estas familias los costos y riesgos de la producción, así como
eliminando el pago de beneficios o cargas sociales.

Es decir, que las denominadas estrategias de sobrevivencia no escapan a la


lógica del capital sino que están determinadas por éste, contribuyendo a
abaratar los salarios, a fortalecer el proceso de acumulación de las empresas y,
en un marco más general, a encubrir una política de control de la

150
desocupación. El proceso de acumulación de capital no cesa de realizarse aún
en un marco de crisis económica, pero se afecta gravemente la posibilidad de
reproducción de la fuerza de trabajo al tiempo que se acrecientan los procesos
de concentración de la riqueza. A su vez, la calidad de vida por el deterioro de
las condiciones de ésta (alimentación, salud, educación, vivienda, etc.) ambas
determinadas a su vez por las condiciones de trabajo y generadas, en un
contexto de explotación y sobreexplotación. Pero además, se modifican las
formas de vida: cambian los valores y normas de convivencia a nivel
individual y social; se observan transformaciones en las relaciones,
composición y conductas familiares; se incrementan y amplían las formas de
participación laboral de las mujeres; se generan nuevas necesidades en el
cuidado de los menores, etc.

Acaba por transformarse todo el modo de vida (rural o urbano) de las familias
de este amplio sector de población, en un proceso que no sólo se refleja en el
avance de condiciones de vida pauperizadas y hasta de degradación, sino de
modificación profunda de formas arraigadas de vida familiar y social.

Desde la consideración de los contenidos más objetivos de estos fenómenos


sociales por parte de los trabajadores sociales, es posible el proceso de
atención, conocimiento y transformación de las situaciones humanas
específicas en tanto objetos de trabajo social. Resultan así más comprensibles
por ejemplo, algunas características y papel de la actividad productiva
realizada por gran parte de la población de los llamados “cantegriles” en
Uruguay. La composición social de estas poblaciones “marginadas”, está
constituida por hombres y mujeres que trabajan como obreros, funcionarios
municipales, policías y soldados, así como por desocupados y subocupados

151
integrados a las diversas actividades del sector informal de la economía. Una
población cuya característica común es la de ser fuerza de trabajo en situación
de necesidad extrema y cuya actividad productiva depende, en forma total o
parcial, de la recolección de basura. Se realiza con participación
predominante, pero no exclusiva, del padre de familia e hijos varones mayores
e incorpora en la etapa de clasificación al conjunto de la fuerza de trabajo
familiar constituida por la madre, hijas e hijos menores y otras personas que
vivan bajo el mismo techo. La venta del material clasificado queda
generalmente en manos del padre, madre o de quien ejerza el papel de “jefe de
familia”.

En la clasificación, se obtienen aquellos materiales que se constituirán en


materia prima a reciclar (plástico, cartón, metales, vidrio, etc.) en los procesos
industriales, a cuyos establecimientos llega luego de un proceso de cambio
que se realiza en la cadena de intermediación. La recolección de basura es en
realidad, un proceso de obtención de materia prima para la industria, a un
costo relativo a los niveles mínimos de reproducción de la fuerza de trabajo
que la recolecta y clasifica.

La reproducción de la niñez, en éstos sectores de población, parece limitarse a


alcanzar el mismo círculo ocupacional del padre o padrastro: si es varón
abandona el ciclo escolar primario al tercer o cuarto año, adquiriendo un nivel
mínimo de educación y sin ningún tipo de calificación para el trabajo. Si es
mujer, sometiéndolas a la exigencia de capacitarla para resolver
cotidianamente las condiciones de la reproducción de la vida familiar y
relegándolas a tareas derivadas de la división sexual del trabajo así como a la

152
reproducción biológica para las necesidades de fuerza de trabajo, que el
capital requiere24.

A partir de estas condiciones materiales de existencia se reproduce y


desarrolla un modo de vida específico adaptado a su situación de necesidad
extrema. Es decir, a una forma específica de reproducción de esa fuerza de
trabajo, cuyos requerimientos están limitados a los ingresos diarios que
puedan obtener luego de la recolección, clasificación y venta a los acopiadores
intermediarios de los objetos seleccionados. De esta manera las soluciones de
vivienda, alimentación, salud y educación, serán relativas —en tanto consumo
— a los escasos ingresos diarios y a la utilización de servicios que brindan
instituciones públicas y privadas (religiosas). El modo de vida de esta
población, en tanto forma de reproducción específica y relativa a sus
características de necesidad extrema, contribuye a determinar formas de vida
apoyadas en comportamientos solidarios para la colaboración inmediata y, con
apoyo, en el conocimiento de soluciones institucionales para la alimentación y
salud. Las relaciones afectivo-sexuales se resuelven en uniones jóvenes por el
fuerte control social que se ejerce desde las familias consolidadas,
caracterizadas por la relación concubinaria que acepta la integración de hijos
de relaciones anteriores, así como de la incorporación de madres solteras a esa
forma de relación familiar. Entre otros rasgos que constituyen la forma de vida
de esta población, todo parece orientarse a que la vida pueda transcurrir de
manera más organizada tanto para un máximo de utilización de la fuerza de
trabajo disponible como para su reproducción, contribuyendo a crear

24
Resumen de conclusiones de la investigación de campo, realizada en colaboración con
estudiantes del Taller “A” de Teoría y Práctica en la Escuela Universitaria de Servicio Social. Uruguay,
1989.

153
condiciones de vida que favorezcan la b{usqueda de soluciones, a un nivel de
subsistencia, de sus necesidades y problemas.

Las soluciones que aportan las instituciones públicas o privadas, se expresan


en un asistencialismo expresado en formas de aportaciones mínimas,
relacionadas al apoyo a la niñez o a madres que trabajan: comedores
infantiles, canasta familiar, hogares diurnos, carnet de asistencia a la salud,
etc. El asistencialismo se constituye así, en la forma de contribuir a fijar a esta
población a sus condiciones de necesidades extremas, aportando soluciones
relativas a las condiciones mínimas de reproducción de esta fuerza de trabajo.
Pero además, la somete a una conducta pasiva, contraria a una alternativa de
participación que reconozca su carácter de sujeto histórico de conocimiento y
ser activo, capaz de incorporarse a condiciones productivas y de vida
superiores a las que son destinadas.

INSTITUCIONES Y PROCESO DE TRABAJO SOCIAL

La necesidad de atender los problemas de las situaciones humanas concretas,


generan en el trabajo social la búsqueda de un conocimiento que permita
modificar los procesos que la caracterizan, haciendo posible la apropiación de
una realidad que requiere de ese conocimiento para ser transformada.

Como se expresó en capítulo anterior, se parte de una realidad en apariencia


caótica cuyo análisis se lleva a cabo concibiéndola como un concreto unitario,
a fin de desarrollar su conocimiento identificaqndo sus partes esenciales,
contradicciones y procesos que las determinan para disponer de los contenidos

154
que permitan elaborar un planteamiento transformador de las condiciones de
vida.

La delimitación de la situación humana como objeto de trabajo social,


equivale a la elaboración de un diagnóstico preliminar, que permite ubicar el
tipo y carácter del problema a atender y conocer; es decir que representa una
hipótesis de trabajo inicial para su conocimiento. Lo cual favorece la
identificación de las contradicciones que contenidas en el objeto, implicando a
su vez, conocer el proceso de desarrollo de la situación humana. Dominar los
contenidos esenciales del objeto y su proceso de desarrollo representa
apoyarnos y partir, de lo concreto del objeto de trabajo generando las
condiciones para elaborar soluciones. Modificar la realidad plantea la
necesidad de conocerla, mediante lo cual los seres humanos se independizan
de esa realidad apropiándosela como sujetos y en tanto tales, desarrollan
nuevas capacidades para orientarse en ella, adecuando y reelaborando un
sistema más eficiente de relaciones sociales.

El trabajador social se inserta, como instrumento mediador, en los esfuerzos


de transformación social de la actividad humana, a fin de impulsar cambios
progresivos. Su responsabilidad social refleja la necesidad de un saber
objetivo, que se construye desde la participación humana y experiencia
acumulada por las personas que atiende.

Esto lo obliga también a definir su compromiso con el objeto de trabajo social,


así como proceder a su análisis para la elaboración de un conocimiento nuevo
de la situación humana, superando la subjetividad inicial de los vínculos
sociales construidos por el sujeto. A nuestro juicio, esto difiere de aquellas

155
opiniones que identifican la labor profesional en las instituciones, como
contribución al mantenimiento del statu-quo de la sociedad. En realidad,
reducirla a esta expresión, significa limitar las posibilidades de elaboración de
conocimiento objetivo con los sujetos y haber relegado a éstos a la condición
de objeto del trabajo social.

Involucrarse con los sujetos, significa que la intervención en la situación


humana específica por la vía del conocimiento y haber definido su
compromiso con el objeto de trabajo. No es pues un involucramiento con la
subjetividad de los sujetos, sino asumirla para iniciar el proceso de
conocimiento a fin de producir las alternativas de cambios y transformaciones
verdaderamente progresivas. Asimismo la posibilidad de realización de esas
alternativas están relacionadas con las políticas sociales e institucionales; en
gran medida dependientes de los niveles de desarrollo social alcanzados y de
las propias luchas sociales.

La apropiación de ese conocimiento objetivo abre la alternativa para incidir en


las políticas institucionales y en el trato que la institución establece respecto
de las personas, ya que también desde la institución se las debe tratar como
sujetos a fin de que la instrumentación de las políticas institucionales se
articulen a esas capacidades.

A nuestro juicio, no se trata de descalificar estos procesos desde una crítica al


papel conservador de las instituciones y concibiéndolos exclusivamente desde
los intereses de clase. Sin duda que ambos aspectos forman parte del debate de
los sectores sociales con la realidad y por lo mismo, deben ser sometidos al
análisis reconociendo que los sujetos son los protagonistas históricos de los

156
cambios sociales, estando entre sus posibilidades la de incidir en la vida de las
instituciones. En este marco, vale la pena reiterar el concepto de que sin la
participación de los sujetos no habrá conocimiento ni alternativa de cambios,
eliminándose la posibilidad de la apropiación objetiva de la realidad.

El trabajo social necesita desarrollar conocimiento tanto al nivel de las


situaciones específicas como en relación al propio campo de trabajo,
realizando a su vez contribuciones para modificar políticas y formas de trato
institucionales. De lo contrario, sus aportaciones corren el peligro de apuntar a
propuestas más referidas a soluciones asistencialistas, que a una atención
objetiva de las necesidades humanas. Es decir, a realizar propuestas parciales
que parten de considerar a los sujetos como objeto con necesidades y
problemas y no, como constructores históricos de sus relaciones sociales.
Asimismo, las políticas sociales e institucionales deben considerar el valor
social de contribuir al desarrollo de los sujetos, ya que el derecho a mejores
condiciones de vida y de trato social constituye un valor social solidario en sí
mismo, más justificado aun por el papel decisivo de las personas en la
actividad económica de la sociedad; o sea que no se origina en las condiciones
de enajenación y marginación a que se lo someta a las personas o grupos
humanos.

Ahora bien, el objetivo del trabajador social y de los sujetos individuales o


colectivos con quienes establece el vínculo profesional, es la creación de una
situación nueva y diferente que represente la transformación de la situación
humana de atención profesional mediante el conocimiento de la realidad por
los sujetos: la objetividad del vínculo para el conocimiento es lo que en
concreto une al sujeto con el objeto.

157
La práctica social consciente de los sujetos es condición metodológica
ineludible, ya que permite articular el proceso de conocimiento con la atención
de necesidades y problemas. Articulación que implica a su vez, la apropiación
del proceso específico de trabajo social por los sujetos haciendo posible el
desarrollo del trabajo profesional.

En este sentido, vale tomar en cuenta la significación que posee el vínculo del
proceso y método de trabajo profesional, con las políticas sociales e
institucionales y la forma de trato respecto de los sujetos beneficiarios.
Consideramos que la viabilidad de ese vínculo por el tipo específico de
intervención de los profesionales del trabajo social en las instituciones, estará
caracterizado por la elaboración de respuestas apoyadas en el conocimiento
objetivo y práctica social consciente, para sustentar tanto las formas de trato al
sujeto beneficiario como para adecuar y mejorar la calidad del servicio.

Asimismo, debemos aceptar que aun en las condiciones del asistencialismo


que tanto rechazamos, existe una verdadera necesidad del servicio por parte de
las personas a la que se destinan. Esto implica reconocer que dichos servicios
reflejan soluciones a necesidades existentes en la sociedad y que ésta
incorpora a través de sus instituciones, como nivel de soluciones disponibles
para atender situaciones humanas concretas sean éstas de carácter jurídico, de
salud, vivienda, etc; respuestas que las personas integran a sus estrategias de
sobrevivencia. Cada vez con mayor notoriedad, esas soluciones se resuelven
en una interdependencia de conocimientos que vincula estrechamente una
profesión con otra.

158
Al trabajo social se le reconoce como poseedor de un conocimiento relativo a
la atención de situaciones humanas en su especificidad concreta, es decir que
se le reconoce un espacio de actuación específico, que no le atañe a otras
profesiones, representando un conocimiento necesario para la transformación
de esas realidades. No es pues un auxiliar del saber de otras profesiones, sino
que representa un faltante de conocimiento para éstas, que lo necesitan y
requieren para su propia realización, en tanto aportación específica y objetiva.

Esa interdependencia de conocimientos se resuelve en el marco de


instituciones públicas o privadas, que se crean en el proceso del desarrollo
social. Es decir, que si bien son expresiones de la organización de la sociedad
y reflejan un determinado tipo de relaciones sociales con su carga ideológica,
son a su vez la expresión de exigencias derivadas del desarrollo de la
conciencia de las necesidades y problemas sociales. A su vez, los niveles de
desarrollo de la conciencia social respecto de las necesidades y problemas,
objetivados en instituciones y organizaciones sociales, contienen una mayor
exigencia de respuestas profesionales en relación a su conocimiento existente.

Las instituciones y organizaciones reflejan las necesidades y problemas que


afectan a la sociedad y representan el nivel de soluciones relativo al sistema de
relaciones sociales existente. En este sentido, nos parecen insuficientes los
planteamientos de algunos analistas de trabajo social, que en sus
interpretaciones del papel de las instituciones públicas o privadas como del
trabajo social en ellas, parten de considerar su relación con las clases
dominantes y del Estado como determinadas exclusivamente por los intereses
de éstas sin tomar en cuenta que ambos carecen de intereses homogéneos.

159
En consecuencia, esa interpretación del papel de las instituciones refleja más
bien un enfoque desde el cual, el servicio parece encontrar una contraparte
pasiva e incapaz de comprender la significación de su participación en la
defensa e instrumentación de sus derechos. Es decir, como si los servicios
representaran únicamente una muestra ideológica del papel del Estado, al cual
las clases populares se someten sin capacidad crítica alguna. De igual modo
los profesionales del trabajo social en esa concepción, parecen no tener otra
opción que sucumbir a las insuficiencias y carencias del servicio sirviendoesto
para descalificar a ambos, negando entonces cualquier posibilidad de incidir
proponiendo cambios.

Sin embargo, el Estado para legitimarse ante la sociedad, necesita también


representar los intereses generales de ésta obligándolo a debatirse con los más
diversos intereses sociales, lo cual por momentos puede tomar la forma de una
dura lucha ideológica realizada al interior de las clases sociales, exigiendo la
atención de sus intereses y llevándose a cabo un intenso debate ideológico. Es
precisamente en este contexto de antagonismos y debates en los cuales las
organizaciones y movimientos sociales y partidos políticos que estructuran la
sociedad civil, donde el trabajo social desarrolla su labor profesional
contribuyendo desde su conocimiento específico al mejoramiento de las
condiciones de la vida humana.

160
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