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Cuatro Tradiciones

Sociológicas

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RANDALLiCOLLINS

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Edición corregida

Three Sociological

y

aumentada de

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Btil¿o*oa E,,.n¿''f 0orío Q/tff"oot

EL COLECIO DE MEXICO, N. C.,

Gm^dmJhtl Jür;.

rlluB$lmt flItomur FrmHlInM

Collins,

Cuako

Randall tradiciones Sociológicas. * Edición corregida y

aumentada. - México:

Universidad Áutónoma Metropolitana' lztapalapa. 7996

-332p.

Traduciión de: Four sociologicd traditions

ISBN 970 620 848-8

l.

Sociología

- Metodología.

3. Solidari-dad.

Z Conflicto Social.

I. fitulo

@ 1991 1994by Oxford University Press' Inc.

Revised and exPanded ediüon of

Three Sociological Traditions

@ Cuatro Tradiciones Sociológicas

Randall Collins

Título original en inglés:

Four Sociological Tradiüons

Traducción: Angel Carlos González

Composición tipográfica

y diseño de portadat Leticia Fonseca

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D.R.@ Universidad Autónoma Metropoütana

Iztapalapa

Rector: José Luis Gár4u.ez

División de Ciencias Sociales y Humanídades

li ISBN:970 620 81tti 8

1$

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1i:

Primera edición 1996

3,000 ejemplares

Inpmy mcuadmado s Méx¡co

301

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Prefacio

La tesis de este libro es que-lq sociologfa ha

hecho grandes pro-

gresos en su conocimiento del mundo social. Aunque a menido

*

Íto*t

que

la sociologfa lo es acumulativa y q,r" los pen_

liguel.sieldo tan imporrantes, á3ün más, que

investigadores actuales, me h¿\ propuesto

:id"f:

los

clásicos

teóricos e

{eaosjrar

g¡9 exr-sten

importantes lfneas de desarrolio qir"

desde los clásicos hasta las

"*

versiones modemas de la sociolo$a.

Eso no quiere decir que la sociología moderna esté exenta"de

del

escisiones básicas entre las posicioñes teóricas. La realidad

mundo

intelectual de hoy és que estamos diviüdos en forma

puntos de vista antagónicos. Sin

*l

"r"f".go,

p*á á"*

radical, con

número de esos desacuerdos no es infinito y no bastan

menür otno hecho

varias lfneas de pensamiento

años ul grado de sofisticación cada dla

han

mayor.

impgrtantg para nuestra especialidad: que

adguirido etr ior úlümos clen

En la primera edición de este libro me concentré en tres

grandes

tradiciones sociológicas. A la primera la llamo la tradi-

99".d:t .gniqb yt l mi,juicio, proviene por igual de Karl Muo,

F¡iedrich

riana son juzgadas a

y Max weber. Las tradiáoneímao,ista

y*"b"-

fngels-

mmudo como antagónicas, pero líverdad

común desde el puntó de vista so_

han desarnclhdb tas teotias

¿ái *-

social, el conflicto polttico- v ios

la sociología. so¡re toáo en

investigaáores de las rá¿i-

cosas en prés-

polfticdaso-

e.s

tienen mucho en

ciológico. En coniunto, ellas

pitalismo, la estratificación

-que

temas macrohistóricos conexos de

los rfümos años, muchos teóricos e

ciones marxista y weberiana han tomado rn:uchas tamo unos de otros. si dejamos-de lado el activismo

ciado al marxismo, y tamuien h política mas conseirraaora q"e

PREFACIO

.$

!i

a veces se atribuye a los weberianos, y nos concentramos tan

sólo en sus aportaciones intelectuales, podemos ver el

surgimiento de una visión muy refinada de la macroestructura

de la sociedad, que se basa en los dos polos de una tradición

generalmente confl ictiva. La segunda tradición que se describe aquí se conoce como la

durkheimiana, en honor de su más grande expositor. Se trata de

la tradición "sociológica" más consciente de sí misma/ ya que

incluye a Auguste Comte, el autor que acuñó el término "socio- logla", y también a Emile Durkheim, quien abogó con el mayor

vigor por la sociología como un nivel de análisis de tipo único.

Una vez más, he afirmado que la tradición se divide en dós fac-

ciones principales. Una de ellas se ha concentrado en la ma-

H croestrúctu.ide la sociedad, pero en una forma organicista y i

,S evolucionista muy alejada del enfoque de conflicto propuesto I

.l$

c

por Marx, Engels y Weber. Esta facción proviene de antecesores

$ tan remotos como Montesquieu, Comte y Herbert Spencer, y
$

pasa por el propio Durkheim hasta llegar a funcionalistas más

recientes, como Robert Merton y Talcott Parsons. Esta verüente

tr

de la tradición durkheimiana ha sido muy atacada en los últi-

$.

gl

mos años, por su tendencia a idealizar y materializar la estruc-

# tura social.

Pero una segunda

vertiente,

a la que he llamado el

linaje de la antropologla social, ha dado lugar a muchas

II nociones realistas. Esta vertiente coloca el acento en los meca-

R nismos por los cuales los rituales sociales, que tienen lugar en

i:¡ los grupos frente a frente, producen la solidaridad. Los rituales

PJ

ü generan también slmbolos dotados de una carga emocional, que llegan a ser el centro focal de las creencias morales, y también las

ic

irt fronteras entre los círculos interno y externo del grupo. Esta

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línea de análisis ha logrado avances impofrantes a últimas

rii fechas, entre ellos el obtenido por Erving Goffrnan al aplicarla a los rituales de la vida cotidiana. Otros sociólogos la han vincu- lado con las clases sociales y los fundamentos culturales de la esffatificación, con lo cual han tendido un puente entre la tradi- ción durkheimiana y la tradición del conflicto.

La tercera tradición que se examina en este libro es la

microinteraccionista. También en este enfoque hay varias ver-

tientes. Hay una versión pragmática derivada de Charles

Sanders Peirce y desarrollada por George Herbert Mead; la línea

interaccionista simbólica, con aportaciones importantes de

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'l:1

tr:

iri

il.

Charles Horton Cooley, W.I. Thomas y la formulación expllcita

PREFACIO

de Herbert Blumer; además de la sociología fenomenológica o

'etnometodológica'creada por Alfred Schutz y Harold Gárfin-

kel. Támbién Erving Goffman participa en esta palestra

gene-

ral. El no fue un interaccionista simbólico, como se le hacon- siderado tan a menudo, pues al principio parücipó en el desa-

rrollo de la tradición durkheimiana del análisis de los rituales

sociales. Sin embargo, ya más avanzada su carrera, Goffman

adoptó la nueva sociología de la

conciencia y lanzó lo que a mi

juicio fue un fructlfero e interesante contraataque, basado en las interrogantes básicas de ésta acerca de la construcción social

de la re-alidad y la sociología del lenguaje. Igual que las otras dos tradiciones que se describen en este libro,-la delos microin- teraccionistas sigue haciendo grandes progresos en nuestros

dlas.

En esta nueva ediciónlre añadido la tradición utilitaria, que

en las últimas décadas ha s\do designada la teoría del cambió, o biery de la elección racional. En la edición antgrior,los utilitarios

aparecían sobre todo como una fuente de frustración

para las

otras dos tradiciones. Durkheim orientó la sociologla en una

nueva dirección al criticar la teorla racional del contráto

social y

neggr que urut teoría de la acción individual pudiera bastar

explicar las características de la sociedad. L,ateoría del conflicto

se acerc¿r más a los utilitarios, ya que ambas tradiciones centran

su atención en el interés propio y en la importancia de la eco-

nomía material. La diferencia es.que la teorla del conflicto ha

adoptado una visión mucho más dura de las relaciones sociales,

para

pues señala la dominación y los brotes periódicos de lucha vio-

lenta, mientras que los utilitarios han pieferido una visión libe-

benigna, en la cual los intereses indiüduales racionales pro-

ducen-los

resultados para todos. Sin embargo, este lado

ral

Telores

optimista de la

últimos años y los utilitarios modernos se han vuelto mucho

más críticos frmte a la sociedad actual. En este aspecto, la teoría

racional moderna de Ia elección ha tendido a fuiionarse con la

tradición racional/uütitaria ha camúiado en los

teoda del conflicto/ aungye de un modo políticamente ambiguo;

si bien la teorfa clásica del conflicto solía-ubicarse en las

izqrler-

das, la teorfa moderna de la elección racional lanza sus criticas

tanto desde la derecha como desde la izquierda.

La tradición microinteraccionista,

qué representa el flujo de

hiociologfa, siempre

las filosoffas idealista y pragmáüca haba

ha sido hostil al enfoque racional/utilitario. En ciérto senüdo

PREFACIO

aquí se trata de una continuacióru en el terreno de la sociologla, de la inveterada batalla filosófica entre el idealismo continental y el empirismo británico. En la década de 198Q el lado idealista y relativista de esta tradición filosófica se enunció en una ver-

sión muy polémica bajo el rubro del Posfnodernismo. Este movimients es pardcularmente hostil hacia el enfoque posi- tivista; asf, en cíerto rnodo se puede decir que los campos de

batalla intelectuales de fines del siglo XX han sido configurados

por una nueva irrupción de los antiguos opositores: el creciente

movimiento de la teorfa racisnal/utilitaria

filosoflas interpretativao de orientacién eultural, que son

por un lado y.las

descmdientes del idealismo alemán,por el otro, Los debates en

marcha entre ecas tradiciones son parte integral del lugar

"donde está la acciód', en términos intelectuales. Lao cuafu tradiciones que he elegido en este caso no son las únrcas áreas de la sociologfa que se han deparnrllado en forma acurnulativa y que han avanzado hacia el refinamiento teórico.

Pese a ello, creo que tienen derecho a ser consideradas como las

tradiciones medulares de la sociologfa, pues ostentan una con-

tinuidad en el tiempo y una profundidad de pensamiento que

muy pocas tradicionee pueden igualar. Tengo la esperanza de

qve Cwtro traücianes socíol6gícas presente al lector el panorama

de los progresos alcanzados por la sociologfa en las cuatÍE o

cinco generaciofies que abarca su existencia.

Se ofrece un volumen acompañante, publicado tarnbién por

Oxford University Pless, titulado Foar

Sociological Tfaditío¡ts:

Sel¿cnil Rudings. Alll apare,cen textos importantes de cada una

de las cuatro tradiciones, desde sus clásicos hasta 6uE avances teóricos recientes,

SanDiego

R. C.

Mryo de1993

fl

Contenido

PRÓLOGO

EL ASCENSO DE LAs CIENCTAS SCICIALES

El pensamiento social en los imperios agrarios

tas universidades medievales crean al intelectual modemo

-

El Rmacimiento: la vida intelectual se vuelve secular

Lae guerras religiosas y la Ilwtración

Economía: la prímera dencia social

Bl ascenso de la

escuela pública y la revoluci6fide

/

la universidad

El desa¡rollo de las disdplinas

La historia se profesionaliza

Los economistas se conviertn en académicos

Ia psicología se independiza

La

antropologla ncuntra sunidrc

Y por fin la sociologfa

1. LA TRADICTÓN DEL CONFLICTO

La posición central de Karl Marx

Friedrich Engels, el sociólogo en las sombras

La teoría de las dases sociales

I¿ teorla de la ideologfa L¿ üeorfu del conflicto polltico La teorla de Las r€voluciones

3

4

8

t2

14

20

21

27

27

28

33

36

4l

51

53

ffi

67

70

75

81

CONTENIDO

CONTENIDO

xl

La teoría de la estratificación de los sexos

83

Max Weber y la teoría multidimensional de

la estratificación

86

El siglo XX enlaza las ideas de Marx con

La segunda ala: el linaje de la antropología social

Fustel de Coulanges y la guerra ritual de clases

Teoría de Durkheim sobre la moralidad y

el simbolismo

las de Weber

98

La base ritual de la estratificación: W. Lloyd Wamer

Las organizaciones como lucha por el poder Las clases, las cr¡lturas de clase y la desigualdad:

100

Erving Goffman y el culto coüdiano al individuo Rituales de interacción y culturas de clase:

los teóricos del conflicto

108

Collins, Bemstein y Douglas

Movilización de clases y conflicto político

La edad de oro de la sociología histórica

111

115

Apéndice: Simmel, Coser y la teoría funcionalista

del conflicto

Notas

2. LA TRADICIÓN RACIONALIUTILITARISTA

El ascenso original y la caída de la filosofia utilitaria

Se logra el retorno del individuo

La sociología descubre los mercados del género y

el matrimonio

Tres aplicaciones de los mercados sociológicos:

inflación educacional, mercados de trabajo divididos y bienes ilegales

Las paradojas y los límites de la racionalidad

118

124

727

131.

140

76

752

1,61,

Soluciones racionales propuestas para crear

la solidaridad social

167

La economía invade la sociologla y viceversa

171

La teorfa racional del Estado

178

La nueva ciencia polltica utilitarista

183

Notas

189

3. LA TRADICIÓN DURKHEIMIANA

La sociología como la ciencia del orden social

Ley de Durlüreim sobre la gravedad social

Dos alas: la tradición maclo

Montesquieu, Comte y Spencer hablan de la morfología social Mertory Parsons y el funcionalismo

197

793

197

204

2M

270

Redes de intercambio ritual: el vínculo micro/macro

Marcel Mauss y la magia del intercambio social

Lévi-Strauss y la teoría de la alianza

Una teoría de cadenas rituales de interacción

El futuro de latradición durkheimiana

Notas

4. LATRADICIÓN MICROINTERACCIONISTA

Una sociologí.a nativa de los Estados Unidos

La filosofia se convierte en un canpo de

batalla de la religión y la ciencia

El pragmaüsmo de Charles Sanders Peirce La sociedad está en la mente: Cooley

l,a sociologla del pensamiento de George Herbert Mead

Bloomer crea el interaccionismo simbólico

La sociologla de la conciencia:

Husserl, Schutz y Garfinkel

La sociología del lenguaje y la cognición

El contraataque de Erving Goffrnan

Un resumen

Notas

EPfLOGO

BIBLIOGRAFfA

ÍNprcs

276

277

224

228

----'; 232

2U

239

240

245

247

250

257

256

256

)

25E

262

28

270

275

287

290

292

298

303

305

311

321

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*

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:1

ii

Cuatro tradicianes

sociológicas

PróIogo: El ascenso de

Ias ciencias sociales*

La ciencia social proviene de una base social. Esta declaración

encierra dos paradojas. Cimcin significa un conocimiento sobre el mundo objeüvo, que es verdadero porque describe las cosas tal como son yno como nosotrcs las pudimos haber imaginado.

Sin embargo, ahora se dice que esa ciencia tiene una base

social,

determinada por la sociedad en la cual viven los científicos

sociales. Esa es la paradoja número uno.

La paradoja.número dos es gue, a pesar de todo, se afirma

jggd*e*iste. Es un mundo autónomo y objetivo

ire áetq¡

algtñ

qgfkjffs

cuya

1¡na

éñstffifesñffiéñdle1te de los individuos y

lo queéstos piensan. Si la ciencia social tiene-éxito,

dla será posible escribir incluso las leyes objetivas de esta deter-

minación social de las ideas.

Sea paradójica o no, esta declaración es verdadera

por lo

me_nos en-el grado suficiente para que alguien pueda eicribir

todo un libnc sobre el üema. En cierto sentido, dé eso trata este

libro. Cada una de las cuatro tradiciones

sociológicas ha tenido

yn papel en el descubrimiento de las leyes coñ las cuales se

determinan las ideas sociales.

Enla tradíción del conflictn discernimos la dinámica de la ideo-

logfa, la l-egjtimjdad, las condiciones de movilización de

los gru-

pos que defimden su propio interés, y la economla de la cultirra.

- *El prólogo presnta r¡na visión socioló$ca retrospecüva de las condiciones de

en general y

la sociedad que han sido l,a base para d ascenso de las cierrias sociales

de la.sociología en particular. El lector lo puede omitir si desea pasar diritamente a las ideas de las d¡atro tradiciones.

CUAIRO TRADICIONES 5OCIOLÓGICAS

Para la tradición del conflicto, las ideas son ¿rrmas

nación está determinada por la distribución de los recursos

y su domi-

sociales y económicos. En virtud delatradición racíonal/utilítaiia, aprcndemos la na- turaleza limitada de las capacidades humanas para procesar la

información, acerca de la racionalidad atada y las paradojas de la elección cognoscitiva.

Dela tradición ilurkheimiann aprendemos los rituales sociales

que no sólo crean la solidaridad, sino también los slmbolos qtre usamos para pensar. Nuestra mente está formada por ideas

que los grupos a los cuales pertenecemos han investido de

poder moral. Nuestras afiliaciones sociales determinan que lo

que nosoftos aceptamos es lo rcal,y también imponen una san-

ción moral que establece la necesidád de creer, asl como una condena moral a quien dude de las creencias aceptadas.

De la tradicíón miuointcrauionista aprmdemos que la socie- dad está en la mente rnigma. Nuestras conversaciones y los

encuentros prácticos en la vida de todos los dfas edifiean nues-

tro sentido de la realidad social. Asf pues,las cuatro tradiciones sociológicas son, entre otras

cosas, sociologlas del conocimiento y descubren un determinis-

mo social en sus propios fundamentos. Cada una de las cuatro

tradiciones está sujeta a las leyes de las demás: el conocimiento basado en la ideologla,los lfmites racionales de la racionalida{

la verdad dimanada del ritual, y la construcción social de la rea- Iidad. ¿Cómo es posible esto?

en última instancia, el acertiio se püede abordar

con los métodos de la filosofla y las matemáücas (derivados de Bertrand Russell, Kurt Gódel y Ludwig l,Vittgenstein) que dis- tinguen varios niveles en las declaraciones-referenciaies. Stn embargo éste no es un libro de frlosofla: no me he propuesto

resolver las paradojas sino tan sólo ilustrarlas.

Los capítulos de este libro presentan el contenido de esbs cuatro tradiciones teóricas de acuerdo con su desarrollo en el riltimo siglo y medio. En el prólogo enfocamos el oio del soció- logo en Ias condiciones que lian configurado los cimientos de dichas tradiciones.

Creo que,

Elpensamimto social at los imperias ngrarias

Las ideas siempre tienen sus porüadores. En los imperios agrat

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r PNÓLOCO' ELASCENSO DE I.AS CIENCI.AS SOCIALES

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rios, que abarcan la mayor parte de la historia mundial desde el

$ tercer milenio a. de J.C. hasta la Europa medieval, hay pocas

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bases para distinguir grupos intelectuales en sus respectivas

comunidades. En los imperios de Egipto, Mesopotamia, Persia,

la India, China y lapón, había clases doctas: en su mayoría eran

sacerdotes, funcionarios del'gobierno y algunos mercaderes.

Esas clases desarrollaron ciertos conocimientos de ashonomfa,

de historia ---eobre todo

funcionarios del gobierno

crónicas.de reinados compiladas por

o autoridades religiosa-s- encbn-

trq*ol a menudo los inicios de una investigaci?n acumulativa

sobre la sociedad.

Para el desarrollo de un conocimiento social

obietivo se r

(O por to I

deben"cumiilii dós Conditíoñés. piiméra;gsogiéfá¿f

menos algunas'p-áitri's ile éltáftuvo que vóIvffi-racionaiista o

desencantadq-gegú_n_9.1'F-trlrno-deMaxTrebéi;T3toerñffi

ocürrir,

cuando las

-en

a

los grandes imptelóE-dffiis*de la anUgtiedad,

cuesüones prácticas del comercio y la admi*étradOn

del gobiemo crearon una actitud más factual ante el mundo

ryfi"l.

Sin embargo, engf mismas,las necesidades prácticas son

ya que es

sólo-una-pequeña ayuda para el pensamienüo socñl,

_coexistir

con todo tipo de mitos

posible desarrolliar conocimientos prácticos sin tener unacom-

prensión conscienté de los principios generales. Las habilidades

prácticas pueden

ciones erróneas de carácter social. por

y concep-

lo tanto, la squnáa¡

condicién fue el sygimimto de un grupo de intelectuales-espe- I cialistas c¿rpaces de rear una comufudad social entre ellos nris-

CUATRO TRADICIONES SOCIOLÓGICAS

mos

encontrar apoyo la búsqueda del conocimiento por derecho pro- pio. Así pues, nos aplicaremos a rastrear el surgimiento de esas

comunidades intelectuales y observaremos tanto su estructura

interna como sus relaciones con el resto de la sociedad que las rodeaba. La creación de toda ciencia social ha sido dificil: mucho más que la creación de las ciencias naturales. Aun cuando en un tiem-

po los ámbitos de la física,la química,la astronomía,la biología

y todo el resto del mundo natural estaban imbricados con mitos

religiosos, en general el proceso de sustituirlos por una ciencia

técnica ha estado relativamente libre de controversias. Es cierto

que Galileo fue condenado por la Iglesia Católica y que la teoría

de Darwin sobre la evolución provocó controversias públicas,

pero ese üpo de incidentes ha sido excepcional en la mayoría de

los casos. No ocurre lo mismo con los pengadores sociales. Para

ellos la presión de la ortodoxia social ha sido tan intensa, que las

herejlas intelectuales han tenido grandes dificultades en su for-

mulación e incluso para penetrar en la mente de los intelec-

tuales. Tal vez por esta razón las ciencias naturales florecieron

primero, y no porque las ciencias sociales sean 'más jóvmes' o porque la materia de su estudio sea en misma mucho más difi- cil o indeterminada. Esto explica la primera de las dos partes de

este argumento: cómo fue que la polític4 la religión y las insü-

tuciones educacionales se tuvieron que combinar en forma ade-

cuada, de modo que pudiera surgir una comunidad intelectual

con suficiente autonomía para abordar las interrogantes de las

ciencias sociales por principio de cuentas.

Los primeros intmtos sistemáticos de pensamiento social se produjeron en las ciudades-estado de Grecia en el año 500 a.

áe I. C. La antigua civilización griega ocupa un lugar promi-

nente en la historia del pensamiento occidental porque allí fue

donde surgió por vez primera una comunidad intelectual bas-

tante definida, que no estaba subordinada ni al gobiemo ni a la

religión. La sociedad de Grecia surgió de tribus relativamente primitivas, en las fronteras de los grandes imperios del Medio

Oriente. Protegidos por las condiciones geopolíticas de la época, ellos lograron adquirir la riqueza y la cultura de sus vecinos más

comunidad intelectual- dentro de la cual pudiera

-una

avanzados sin tener que someterse a sus religiones

y sus go-

biemos centralizados en forma opresiva. Ios griegos conser-

varon la burda democracia de coaliciones bélicas tribales y la

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PRÓLoGo: ELASCENSO DE LAS CIENCIAS SOCIALES

7

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multitud de cultos religiosos locales que éstas llevaban consigo.

Cuando la erudición oriental y sus propios conocimientos

¡

i. irrumpiero-n en esa situación de pluralismo religioso y político,l

t surgió un buen número de escuelas intelectuales griegas. Los¡ grupos más famosos fueron los que se formaron en tómo de filó- i

,{

;:

sofós como Thles, Pitágoras, los ¡ófistas,

cierto sentido, se trataba de cgltos

)

,1ia

Sócrates y Platón. En l

religiosos innovadores que

añadían el conocimiento raci/nal a los rituales de las formas

antiguas

'ii

de culto. Sin embargio, esas escuelas también eran fac-

ciones políücas dentro de la política de las ciudades-estado; asl

mismo, eran una fuente de ingresos para maestros itinerantes

que enseñaban el arte de la argumentación a los polfticos y abo-

gados-ciudadanos en ciernes (porque en esos tiempos todos

tenían que defenderse por sí mismos ante la asamblea de la ciu- dad-estado). El rasgo clave de esta situación era la competencia

que se establecía por la presencia de muchos intelecfuales que

vendían sus destrezas aI público. En virtud de que se trataba de empresarios intelectuales libres que no recibfan órdenes en una

jerarqufa sacerdotal o de gobiemo, no había prejuicios intrínse- cos que los obligaran a conservar la tradición. La competencia con otros que pretendían ser intelectuales provocó el desarro-

llo de nuevas ideas y el

cas de sus rivales. Én h

estado, se presentó la situación sin paralelo de una comunidad intelectual libre, con muchos mercados que explotar; el resulta- do fue un periodo de vigor intelectual que la historia ha llegado a considerar como una Edad de Oro. Las ralces de la filosoffa y las ciencias modernas se remontan a ese periodo; también en él

encontramos los inicios de la ciencia social.

La primera consideración sistemáüca de la sociedad se

encuentra en las filosoffas de Platón y Aristóteles. Desde luego que esa consideración se ocupa sobre todo de la cuestión eva- luativa de cuál es la mejor forma que podría adoptar una socie-

mejoramiento de éstas frente a las críü-

epoca en que florecienrn las ciudades-

dad, y no intenta of¡ecer una explicación de por

cosas tal como sory sin embargo, esto es lo que se podrfa espe-

rar de un grupo intelectual que también

su pen-

polfücos. gh la

Qué

existen las

aspiiaba a desempeñar

un papel en la polltica de Grecia. Al mismo üempo

samiento era más intelectual que el de otros

generación siguiente a la de Platón, su discfpulo Aristóteles

lportó

las

el primer ejemplo de análisis emplrico cuando estudió

constituciones de varias docenas de ciudades griegas y trató

li

ii

1;

t1

ii

tr:

CUATRO TRADICIONES SOCIOLÓGICAS

de establecer las condiciones bajo las cuales éstas eran gober- nadas por reyes, aristocracias o democracias. A Aristóteles no

las interrogantes de valor, sino también el

desarrollo de un sistema de conocimiento. El factor crucial puede radicar en la estructura de la escuela que él organizó:

sólo le interesaban

mimtras que la escuela de Platón tenía el propósito decapacitar

líderes para el gobierno, Aristóteles se proponía ante todo

capacitar a otros intelectuales. La misma forma de organización

elegida por Aristóteles lo condujo a la sistematización" y su ais-

lamiento interno de toda meta polftica inmediata lo indujo a dar mayor énfasis al conocimiento por sus propios méritos. La sociologla y la economía de Aristóteles eran prometedo- ras, pelo ru