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Lo universal y lo particular

M.P.M. (Arenas), Antorcha núm. 4, enero de 1999

La relación entre lo universal y lo particular en la revolución y en la construcción


socialista o entre las leyes y principios generales, válidos para todos los países, y la
forma que éstos adoptan en cada país, ha sido uno de los problemas que más polémica
ha levantado en las últimas décadas en el seno del movimiento comunista internacional,
hasta el punto de que en torno a esta discusión se han ido configurando dos corrientes
de pensamiento y dos prácticas no sólo distintas, sino incluso contrapuestas en
numerosos aspectos.

I
Fue Mao Zedong quien estudió con más detenimiento la contradicción entre lo universal
y lo particular, centrando su atención en este último aspecto del problema, es decir, en
la particularidad de la contradicción, lo que configura toda una concepción sobre el
mismo.

Esa concepción aparece expuesta en un discurso suyo pronunciado en abril de 1956 bajo
el título Sobre diez grandes relaciones, en el que se sientan las bases teóricas para la
línea general de edificación socialista en China. En este texto Mao plantea la necesidad
de continuar estudiando con ahínco lo que hay de correcto en Stalin, precisando: lo que
debemos estudiar es aquello que pertenece al dominio de las verdades universales, y
este estudio debe combinarse con la realidad china [...] Nuestra teoría -insiste un poco
más adelante- es la integración de la verdad universal del marxismo-leninismo con la
práctica concreta de la revolución china. En otro discurso pronunciado el 15 de
noviembre del mismo año, Mao volvió a hablar de este asunto, confrontando a China y
a la Unión Soviética para resaltar no lo que identificaba a los dos países socialistas, es
decir, lo que pertenece al dominio de las verdades universales, sino lo que los
diferenciaba en cuanto a su composición nacional.

Para Mao, un país y otro constituyen, igualmente, una unidad de contrarios. Tanto
China como la Unión Soviética llevan el nombre de países socialistas, pero ¿hay o no
diferencias entre ellos? Sí, son diferentes en cuanto a su composición nacional (1).
Aunque tanto en ése como en otros discursos y escritos, Mao hace referencia a los
rasgos comunes de la revolución china y la soviética, esto siempre lo hace,
precisamente, para destacar las diferencias en el proceso revolucionario de ambos
países. Por este motivo no debe extrañarnos que en ese pasaje que hemos citado, lo
universal, lo común en la revolución china y la revolución soviética, se reduzca al
nombre; todo lo demás pertenece al dominio de la composición nacional. De esta tesis
se desprende, como vamos a comprobar más adelante, que a Mao se le escapa la
conexión existente entre lo universal y lo particular. Además él no concibe lo universal
como el contenido esencial de lo particular, ni encuentra en lo particular la forma
concreta en que se manifiesta lo universal. Ciertamente, entre el contenido y la forma
siempre hay una contradicción. Pero, ¿es posible sostener la existencia de una forma,
cualquiera que sea ésta, sin su contenido correspondiente? ¿Cuál es el contenido del
socialismo? He ahí el problema fundamental que se nos plantea, más allá del empleo
que podamos hacer del nombre del socialismo, lo cual no deja de ser, efectivamente,
una forma. Ese contenido es lo universal, lo común a todos los países socialistas sin
excepción, y no tiene nada que ver con la composición nacional, sibien en cada nación o
país adopta una forma diferente y hasta puede tomar otro nombre sin que por ello deje
de ser socialismo. Así sucedió en China y en otros países.

Dónde, en qué categoría histórica o formación económica y social encuadrar las


distintas composiciones nacionales, es otra cuestión que queda también sin explicar en
esa tesis de Mao que hemos recogido, lo que inevitablemente conduce a considerar el
régimen económico, social y político de cada país como algo absolutamente diferente,
singular o exclusivo. En la realidad sucede, sin embargo, que ningún país o nación
puede escapar ni dejar de pertenecer a una u otra categoría histórica producto del
desarrollo social.

Evidentemente, si bien con esa tesis no se logra la integración de la verdad universal


del marxismo-leninismo con la práctica concreta de la revolución ni en China ni en
ningún otro país, aunque se le ponga el nombre socialista, sí se puede llegar muy
fácilmente a establecer una teoría propia, particular, que permita la integración de la
revolución popular en la vía universal del desarrollo capitalista. Esto es lo que ha
sucedido finalmente en China. De ahí la gran contradicción que se ha manifestado ya
desde el comienzo de su proceso revolucionario, entre las profundas necesidades y
aspiraciones de las masas de un cambio profundo de la sociedad, por una parte, y las
fuertes tendencias impulsadas por la burguesía y el imperialismo para un desarrollo por
la vía capitalista, por la otra. De ahí también las confusiones originadas por esas dos
tendencias entre sus dirigentes, los continuos virajes y las luchas entre líneas a que
conducía inevitablemente su propia teoría.

Las referencias de Mao a los errores de Stalin llevan implícita una crítica al núcleo
fundamental de la concepción marxista-leninista que hace hincapié, no en lo particular,
sino en lo universal, no tanto en la separación que existe y se manifiesta continuamente
de diversas maneras, como en la unidad, supeditando en todo caso lo particular o
nacional a lo universal o internacional, la parte al todo. Esta concepción marxista-
leninista conduce, naturalmente, a buscar el apoyo del proletariado internacional para
poder desarrollar la lucha contra la burguesía dentro del propio país y a escala
internacional. Pues bien, los comunistas chinos, influenciados por Mao, no
comprendieron, no aceptaron ni aplicaron nunca esta concepción, esta línea, lo que en la
práctica les conducía a debilitar sus vínculos con el movimiento comunista internacional
y a mantener la alianza con su propia burguesía. A la larga, esta línea les ha conducido a
depender de su apoyo,a hacerle numerosas concesiones y a tener que claudicar
finalmente ante ella y el imperialismo.

Como esta línea política no entroncaba con la teoría marxista-leninista ni con la práctica
del movimiento comunista internacional, los chinos debieron crear una teoría o tesis
filosófica, supuestamente marxista, que justificase su posición. Esta teoría aparece
expuesta en el texto de Mao que trata Sobre la contradicción, obra escrita en 1937
dedicada a combatir el pensamiento dogmático.

Mao comienza su estudio de la contradicción asegurando que la ley de la contradicción


en las cosas, es decir, la ley de la unidad de los contrarios, es la ley más fundamental
de la dialéctica materialista. A continuación cita a Lenin: La dialéctica, en sentido
estricto, es el estudio de las contradicciones en la esencia misma de los objetos. ¿Pero
cuál es la esencia misma de los objetos? Esta puede ser definida como la cualidad
fundamental que comparten con los de su misma especie y que los diferencia de todos
los demás. Es a partir de aquí como se plantea el problema del estudio de las
contradicciones, o de la identidad, de cómo los contrarios pueden ser y cómo suelen ser
(cómo devienen) idénticos -en qué condición suelen ser idénticos, convirtiéndose el uno
en el otro-; por qué el entendimiento humano no debe considerar estos contrarios como
muertos, petrificados, sino como vivos, condicionados (2). Esto es, en sentido estricto,
la dialéctica, el estudio de las contradicciones para poder descubrir su esencia.
Sirviéndose de esa cita de Lenin, Mao quiere reafirmar su punto de partida y salvar al
mismo tiempo el gran escollo que representa el hecho de que no sólo existe la
contradicción en todas partes y en todas las cosas, sino que lo universal constituye lo
que es común a muchos objetos particulares, lo que los aproxima, los liga y condiciona
en su pertenencia a una misma especie o fenómeno.

Lógicamente, para poder hablar de la particularidad de la contradicción es preciso partir


de la universalidad de la contradicción, ya que de otra manera no se sabría cómo
situarla, de dónde nace ni cómo puede existir. Es como hablar de efectos sin causas o de
causas que se basan en sí mismas, que no son, a su vez, efectos de otras causas. Una
persona, por ejemplo, está compuesta por un conjunto de contradicciones de distinta
naturaleza (contradicciones físicas, sociales, sicológicas, etc.), pero, para resumir,
vamos a dar por sentado que forman una sola contradicción particular o individual.
¿Podría existir una persona aislada, al margen de la naturaleza y de la sociedad? El
hombre es, ante todo, un ser social, un ser que nace y se hace conjuntamente con otros
hombres y mujeres; nace de su universalidad. Esta es la característica fundamental
común a todas las personas. Esta característica no niega su particularidad o
individualidad, el hecho de que cada uno obra con sus propias manos y piensa con su
propio cerebro. Pero lo que hace y piensa el hombre ha estado y estará siempre
condicionado por su relación con la naturaleza y con los otros individuos de su misma
especie, de manera que su vida particular y su misma conformación física, cultural y
moral, no sólo depende, sino que no podrá rebasar nunca los límites de esa
universalidad y está moldeada por ella.

Lo mismo sucede con todas las cosas y fenómenos del mundo y de la sociedad. Nada
existe de por sí, aislado o independientemente de todo lo demás. La unidad material del
mundo, la conexión e interrelación universal de todos los objetos y fenómenos, en su
desarrollo o automovimiento, es un principio del materialismo dialéctico, firmemente
establecido hace mucho tiempo por la ciencia. De este principio filosófico partimos los
marxistas en el momento de abordar el estudio de las cosas o los fenómenos concretos,
lo individual y particular, ya que de lo contrario nos perderíamos fácilmente en el mar
de las particularidades sin saber establecer los nexos existentes entre ellas y caeríamos
en el idealismo y la metafísica.

Lo universal, al tener existencia sólo a través de lo particular o singular, cambia y se


transforma a medida que se generalizan ciertos rasgos en principio singulares. Es así
como lo singular o particular deja de serlo y se convierte en su contrario, deviene
universal. Esta es la contradicción dialéctica de lo particular y lo universal a través de la
cual se impone siempre lo nuevo sobre lo viejo o ya caduco. Esta relación de identidad
que muestra como los contrarios pueden ser y como suelen ser [...] idénticos, es decir,
que convierte el uno en el otro, es la esencia misma de la dialéctica, lo que reviste a ésta
de su carácter universal y absoluto, y no la mera contradicción, ya que contradicciones
hay muchas y de distintos tipos, pero no todas son dialécticas, no todas conducen a un
desarrollo y superación constantes (*).

Este problema lo despacha Mao en el trabajo que estamos comentando aludiendo a la


concepción metafísica del mundo que ve las cosas como eternamente aisladas unas de
otras. En cuanto a la universalidad de la contradicción, he aquí lo que dice: Para
facilitar mi exposición, comenzaré por la universalidad de la contradicción y luego
continuaré con la particularidad de la contradicción. Lo haré así porque la
universalidad de la contradicción puede ser explicada en pocas palabras, pues ha sido
ampliamente reconocida desde que Marx, Engels, Lenin y Stalin, los grandes creadores
y continuadores del marxismo, descubrieran la concepción dialéctica materialista del
mundo y aplicaran con notable éxito la dialéctica materialista al análisis de numerosas
cuestiones de la historia humana y de la historia de la naturaleza y a la
transformación, en todos los terrenos, de la sociedad y la naturaleza (en la Unión
Soviética, por ejemplo); en cambio muchos camaradas, especialmente los dogmáticos,
todavía no comprenden claramente la particularidad de la contradicción. No entienden
que es precisamente en la particularidad de la contradicción donde reside la
universalidad de la contradicción (3).

Este pasaje es especialmente revelador del problema que tenemos planteado. Mao parte
de la consideración de que todo lo que habría que decir sobre la universalidad de la
contradicción, ya ha sido reconocido desde que los grandes creadores y continuadores
del marxismo, descubrieron la concepción dialéctica materialista del mundo y la
aplicaran con notable éxito. De manera que él no tiene a este respecto nada más que
decir. Lo asombroso resulta descubrir por nuestra parte que, a pesar de todo eso muchos
camaradas, especialmente los dogmáticos, todavía no comprenden claramente la
particularidad de la contradicción. Pero ¿por qué no la comprenden, sólo porque son
dogmáticos, o porque todavía no ha aparecido nadie para explicarles, como hace Mao,
que es precisamente en la particularidad de la contradicción donde reside la
universalidad de la contradicción? Nosotros nos inclinamos a creer que es esto último,
de tal manera que esa acusación de dogmatismo habrá que repartirla en partes más o
menos iguales entre aquellos camaradas que todavía no comprenden la particularidad
de la contradicción y los grandes maestros del marxismo que no se preocuparon
tampoco por investigarla y enseñarla a sus alumnos, no obstante haber aplicado con
notable éxito la dialéctica materialista al análisis de diversas cuestiones... ¿Cómo
explicar ese éxito,después de tanta dejadez por la teoría y la enseñanza de la misma?
Este es uno de los mayores enigmas que Mao no se detiene a investigar pero que para
nosotros reviste el mayor interés.

Efectivamente, nadie sería capaz de negar la labor realizada por Marx, Engels, Lenin y
Stalin, en el descubrimiento y la aplicación de la concepción dialéctica materialista del
mundo, así como los resultados que obtuvieron de ella en el análisis de numerosas
cuestiones de la historia humana, de la historia de la naturaleza y en la transformación
en todos los terrenos de la sociedad y la naturaleza, y eso sin que, al parecer, hubieran
comprendido claramente la particularidad de la contradicción. De Marx se sabe que
estudió una cosa tan poco particular como, por ejemplo, la mercancía y el sistema de
producción capitalista. Y sabemos que fue poco concreto porque puso todo su empeño
en demostrar que lo particular tenía un carácter universal y habría de imponerse en
todos los países. Engels, por su parte, también hizo un análisis muy poco concreto del
surgimiento y desarrollo de la familia, de la propiedad privada y del Estado y cometió el
mismo error de querer demostrar que esa forma de organización y relaciones sociales,
no tenían nada de particular, es decir, que son comunes a todos los pueblos desde los
tiempos más primitivos, pasando por las antiguas Grecia y Roma, hasta alcanzar a las
sociedades más modernas, señalando al mismo tiempo las leyes que las han modificado
según la época y las que habrán de hacerlas desaparecer en el futuro, leyes que son
igualmente comunes, universales. Engels, por lo que se ve, tampoco tuvo mucho interés
en demostrar la particularidad de la contradicción. Igualmente Lenin debió ocuparse en
hacer un análisis del desarrollo del capitalismo en Rusia. Y repárese en que Rusia
constituía por aquella época y aún después, una particularidad de lo más original; es
decir, un país sumamente atrasado, semifeudal, semibárbaro y a la vez imperialista.
Basados en estas particularidades nacionales los populistas rusos se habían puesto tan
pesados, que pretendían a todo trance marchar directamente hacia la revolución
socialista, evitando el paso por el capitalismo y la revolución democrático-burguesa. Por
este motivo Lenin debió trabajar duro y sudar tinta para demoler las ideas de los
populistas y demostrar que también en Rusia operaban las mismas leyes del desarrollo
económico y social capitalista comunes, universales, que ya por entonces se habían
implantado en los principales países occidentales y en Norteamérica. Lenin, ya se ve,
tampoco puso demasiado interés en hacer comprender la particularidad de la
contradicción.

Es claro que los grandes maestros del proletariado internacional tuvieron muy en cuenta
y partieron siempre en sus análisis de lo concreto o particular, pero que, a diferencia de
Mao (luego nos referiremos a Stalin), en lugar de elevar esa particularidad a la categoría
de ley fundamental, la situaron en un lugar secundario y subordinado para destacar,
precisamente, lo universal o común a todo el desarrollo histórico, ya que sólo de esta
manera podrían ser descubiertos en la aplicación o integración más o menos dogmática
de sus principios y leyes, los rasgos y características particulares no esenciales, o las
formas en que aquéllas se manifiestan en cada país.

Mao dirige sus dardos contra los dogmáticos que no entienden que es precisamente en
la particularidad de la contradicción donde reside la universalidad de la contradicción.
Más adelante explica en el mismo texto: La universalidad o carácter absoluto de la
contradicción significa, primero, que la contradicción existe en el proceso de
desarrollo de toda cosa, y, segundo, que el movimiento de los contrarios se presenta
desde el comienzo hasta el fin del proceso de desarrollo de cada cosa.

Que la contradicción es universal, existe en todas las cosas y recorre cada proceso de
desarrollo desde el comienzo hasta su fin, es una de las tesis filosóficas fundamentales
del materialismo dialéctico que el revisionismo ha tratado de ocultar y tergiversar. El
dogmatismo,verdaderamente, tiene poco o nada que ver en este asunto, de manera que si
Mao se refiere a los dogmáticos es porque necesita recurrir a su ayuda para desviar la
atención de su propio eclecticismo. Lenin, estudiando el problema de la dialéctica,
comentó: Comenzar con lo más sencillo, con lo más ordinario, común, etc., con
cualquier proposición:las hojas de un árbol son verdes; Juan es un hombre, Chucho es
un perro, etc. Aquí tenemos ya dialéctica [...] Lo individual es universal (4). En cada
una de estas sencillas proposiciones hay dialéctica porque al señalar que las hojas de un
árbol son verdes estamos aludiendo, quizás sin pretenderlo o sin que nos apercibamos
de ello, a una cualidad que es común a todos los árboles, cualidad que, por lo demás,
sólo se puede hallar en los árboles concretos, reales, ya que de otra manera no puede
existir. Del mismo modo, cuando decimos Juan es un hombre, no nos estamos
refiriendo a otra cualidad de Juan más que aquélla que lo identifica con los de su misma
especie: la de ser un hombre y nada más. 0 sea, ni alto ni bajo, ni rubio ni moreno, ni
obrero ni burgués, por no extendernos en otras cualidades más personales o
individuales. Chucho es un perro. Hay otros muchos perros a los que no se les llama
Chucho, sino Bobi, Trotski, etc., y que son, en su mayor parte, de distintas razas, de
pelo y color también distintos, etc., pero cuya cualidad esencial común es ser tan perro
como Chucho.

Esta es la dialéctica elemental y espontánea a la que se refiere Lenin, dialéctica que se


puede hallar en cualquier proposición simple. Claro que Lenin no podía detenerse en
una explicación tan simple de la dialéctica. Necesitó recurrir a esos ejemplos para
deducir de ellos algo que resulta mucho más importante. Dice: aquí tenemos ya
dialéctica [...] Lo individual es universal. Y prosigue: por consiguiente, los contrarios
(lo individual se opone a lo universal) son idénticos: lo individual existe sólo en la
conexión que conduce a lo universal. Lo universal existe sólo en lo individual. Todo
individual es (de uno u otro modo) universal. Todo universal es (un fragmento, un
aspecto o la esencia de) lo individual. Todo universal sólo abarca aproximadamente a
todos los objetos individuales. Todo individual entra en forma incompleta en lo
universal, etc., etc. Todo individual está vinculado por míles de transacciones a otros
tipos de individuales (cosas, fenómenos, procesos) etc. (5).

II
La contradicción no es universal porque exista en todas las cosas y fenómenos desde el
comienzo hasta el fin, sino porque lo universal o común está contenido en cada una de
ellas como lo esencial, dado que lo individual existe sólo en la conexión que conduce a
lo universal. Por eso dice Lenin que todo individual entra en forma incompleta en lo
universal y no a la inversa, es decir, no lo universal en lo particular, ya que de ser así
tendríamos que considerar cada particular como un universal, como algo que se basta a
sí mismo para existir.

Esto es necesario destacarlo, por cuanto que, de la otra manera, si en lugar de destacar
lo universal y buscar en lo particular los rasgos comunes a un mismo objeto, fenómeno
o proceso revolucionario, lo situamos siempre en un segundo plano, pueden ocurrir dos
cosas: primero, que tendamos a olvidarnos de lo universal y, segundo, que después de
tanto olvidar lo universal y de profundizar en lo particular acabemos descubriendo otros
universales distintos y contrapuestos a los que decimos estar defendiendo, ya que,
verdaderamente, de las leyes y principios universales que determina el nacimiento,
desarrollo y caducidad de todas las cosas, no es posible escapar. En última instancia, la
cuestión consiste en si nos ponemos del lado de los universales progresivos, nuevos, que
van surgiendo a lo largo de la historia y los favorecemos con nuestra actividad práctica,
o nos ponemos del lado de los universales viejos o ya caducos y, lógicamente,
acabamos hundiéndonos inevitablemente con ellos.

Mao se refiere a la significación de la universalidad o al carácter absoluto de la


contradicción, para remarcar las particularidades nacionales de la revolución china y
todo aquello que la diferencia de la revolución soviética. Esto es justo y puede resultar
necesario remarcarlo una y otra vez para combatir la ceguera de los dogmáticos, que
sólo ven lo universal, la lucha de clases, por ejemplo, sin reparar en lo particular y por
tanto son incapaces de reconocer la forma específica que adopta esta lucha en cada país,
determinada por sus condiciones económicas y estructura de clases, así como otros
factores debidos a su historia, su cultura, etc., que desempeñan un importante papel en
el desarrollo de la revolución. Pero con más razón no se puede pretender hacer una
defensa del carácter absoluto de lacontradicción negandola esencia misma de este
problema, es decir, separando absolutamente el aspecto universal del particular y
convirtiendo este último aspecto, que es secundario, en principal o esencial.
Precisamente porque lo particular es contrario y se opone a lo universal, de lo que se
trata es de determinar cuál es el aspecto dominante y principal en esta contradicción. Si
reconocemos que lo universal expresa el contenido esencial de los objetos y los
fenómenos, en tanto que lo particular es la forma en que dichos objetos y fenómenos se
muestran o se manifiestan, entonces tendremos que concluir que lo principal y
determinante es lo universal. Aquí, lo universal no es algo externo al objeto o
fenómeno, sino que forma parte inseparable de él como su núcleo fundamental y
determina, por tanto, su carácter.

La particularidad de la contradicción, pues, no deja de ser un aspecto secundario y como


tal debe ser tratado en su relación con el otro aspecto. Decimos en su relación, ya que,
como hemos comprobado, lo universal se encuentra en todos los particulares, es lo
común a todos ellos y sin lo cual tampoco estos particulares podrían esistir. Esto es,
precisamente, lo que hace de lo universal el aspecto principal o dominante. Lo particular
no puede existir por sí mismo, y de hecho son innumerables los particulares que
aparecen y desaparecen sin que se vea afectado esencialmente lo universal (el todo), que
de esa manera puede dar lugar a la aparición de otros infinitos particulares. En cambio,
probemos, aunque sólo sea con la imaginación, a eliminar lo universal. ¿Podría surgir
de la nada un particular? ¿podría un particular sobrevivir aislado y en el vacío?

Sólo desde esta concepción se puede abordar el análisis de lo particular y sus


contradicciones específicas, ya que como también hemos visto antes, lo universal, si
bien es el aspecto esencial de todo lo particular, sin embargo no abarca totalmente lo
particular. De aquí se deduce la importancia del análisis de lo particular. Es esto lo que
nos permite desgajarlo de lo universal para su estudio, antes de restablecer sus
conexiones o relaciones mutuas, de lo que ambos saldrán más enriquecidos, matizados,
esclarecidos. Para ello, lógicamente, hay que proceder antes que nada a clasificar el
objeto o fenómeno de que se trata, a fin de poder establecer las leyes específicas de su
movimiento o su desarrollo.

Sobre esta cuestión, Mao escribe: Toda forma del movimiento contiene su propia
contradicción particular. Esta contradicción particular constituye la esencia particular
que diferencia a una cosa de las demás [...] Todas las formas sociales y todas las
formas del pensamiento tienen, cada una, su propia contradicción particular y su
esencia particular. De paso, al llegar a este punto, Mao aprovecha la ocasión para
emprenderla nuevamente contra los dogmáticos que son perezosos y rehúsan dedicar el
menor esfuerzo al estudio de las cosas concretas. Nada tenemos que objetar a esta
calificación de los dogmáticos, mas ¿de qué se trata realmente? Se trata, como explica el
mismo Mao poco más adelante, de que para descubrir la particularidad de las
contradicciones en el proceso de desarrollo de una cosa, consideradas en su conjunto,
en sus interconexiones, es decir, para descubrir la esencia del proceso de desarrollo de
una cosa, hay que descubrir la particularidad de cada uno de los aspectos de cada
contradicción de ese proceso; de otro modo, será imposible descubrir la esencia del
proceso (6).
Estamos, pues, ante dos proposiciones coherentes y emparentadas entre sí:

Primera proposición:

Todas las formas sociales y todas las formas de pensamiento tienen, cada una, su
propia contradicción particular y su esencia particular.

Segunda proposición:

Para descubrir la particularidad de las contradicciones en el proceso de desarrollo de


una cosa, consideradas en su conjunto, en sus interconexiones, es decir, para descubrir
la esencia del proceso de desarrollo de una cosa, hay que descubrir la particularidad
de cada uno de los aspectos de cada contradicción de ese proceso. 0 sea, que se
comienza sentando la premisa según la cual todas las formas sociales y todas las
formas de pensamiento tienen, cada una, su propia contradicción particular y su
esencia particular, y se acaba, después de pasar de puntillas sobre el conjunto y las
conexiones, en el mismo abrevadero: En la particularidad de cada uno de los aspectos
de cada contradicción de ese proceso.

Mao se extiende en consideraciones sobre el dogmatismo y los dogmáticos para


demostrar que a esto se refería Lenin al decir que la esencia misma del marxismo, el
alma viva del marxismo, es el análisis concreto de la situación concreta. Por supuesto
que no vamos a entrar aquí a analizar la situación concreta que entonces existía en
China, pues no es el objeto concreto de nuestro análisis. Ni siquiera vamos a entrar en el
análisis de la situación de nuestro país, ya que no lo necesitamos para demostrar la
falsedad que encierra esa concepción que acabamos de exponer acerca de lo que debe
ser un análisis concreto de una situación concreta que merezca el nombre de marxismo.
Porque análisis concretos de situaciones muy concretas se han hecho muchos. Cada
clase tiene el suyo, el que corresponde a su visión del mundo y a sus intereses. Por eso
se trata, antes que nada, de saber de qué visión o concepción del mundo y de qué
posición de clase partimos a la hora de realizar un análisis concreto de una situación
concreta. El marxismo siempre parte de la concepción materialista dialéctica y de la
posición de la clase obrera. De otra manera, por más que intentemos escapar de las
garras del dogmatismo o del subjetivismo, no podremos sino seguir presos de él o caer
en la cloaca de la ideología burguesa.

¿De qué fenómenos de la sociedad y de qué pensamiento estamos hablando? Esas son
las primeras preguntas que habría que responder. En segundo lugar habría que
esclarecer también qué debemos entender por particularidad de la contradicción
cuando nos referimos a los fenómenos de la sociedad y del pensamiento. Marx, por
ejemplo, trató de todas las formas sociales y de todas las formas de pensamiento,
deteniéndose especialmente en el análisis concreto de una formación social y una forma
de pensamiento muy concreto: en la sociedad burguesa y el pensamiento burgués, y
extrajo de ese análisis las contradicciones particulares de este tipo de sociedad y de
pensamiento así como sus esencias particulares. Para Marx, no existían más
contradicciones ni más esencias particulares en la sociedad burguesa y el pensamiento
burgués, que las que él pudo reconocer y analizar. Es más, en su estudio de la historia,
de la economía, la política y la cultura de todos los países avanzados que fueron objeto
de su atención, es decir, en el análisis de cada país, Marx no encontró sino aquello que
los identificaba con los otros, de lo que pudo deducir que ésa era, precisamente, la
contradicción particular y la esencia particular de esa formación social; lo que la
distinguía de otras formaciones. En cuanto a la esencia y contradicciones de la forma
del pensamiento burgués, especialmente la filosofia y la economía política, Marx, como
se sabe, también hizo algunos descubrimientos importantes, destacando que se
correspondían o son el reflejo en la mente del hombre burgués, de su naturaleza
universal esencialmente burguesa.

Marx no consideraba las formas sociales y las formas de pensamiento de cada país por
separado, para establecer a partir de ese supuesto análisis concreto la contradicción
particular y la esencia particular de cada uno de esos países, como se deduce
claramente de las tesis de Mao, y eso por la sencilla razón de que tales contradicciones y
esencias particulares nunca han existido ni pueden existir. Esto no quiere decir que no
existan rasgos o características correspondientes a otras formas de organización social y
pensamiento que no sean burgueses. Por ejemplo, China, en la época que Mao escribió
la obra que estamos comentando, era un país semifeudal y semicolonial que se hallaba
en un proceso revolucionario abierto. Esto significaba entonces que su contradicción
particular y su esencia particular no estaban realmente definidas, que se hallaba en un
punto del proceso de desarrollo histórico en el que, se puede decir, había perdido ya
buena parte de su vieja contradicción particular y de su vieja esencia particular (que por
supuesto compartía con otros muchos países) y comenzaba a adoptar la contradicción
particular y la esencia particular del capitalismo. China no era entonces ni un país
puramente feudal ni tampoco capitalista. Se encontraba en un proceso de transición
desde una forma social ya caduca en todo el mundo a otra que ya había empezado
también a decaer sin haberse establecido en China, por lo que se le planteaba la
necesidad de liquidar cuanto antes los rasgos de la anterior formación social que aún
conservaba y cubrir rápidamente la etapa histórica correspondiente al desarrollo
capitalista a fin de poder adentrarse en la nueva era del socialismo que ya por entonces
había comenzado.

Ciertamente, este complejo proceso estaba preñado de contradicciones particulares, no


se puede negar, y el deber de los comunistas consistía en descubrirlas y analizarlas en
concreto desde la concepción y el método marxista-leninista, sin dejarse atrapar por el
dogmatismo, pero también evitando caer en las redes del particularismo, de la sofistería
y del eclecticismo. ¿Qué es la particularidad de la contradicción? ¿Cómo debemos
entenderla? Evidentemente se trata de esos rasgos de formas sociales y de pensamiento
que no se corresponden con las formas sociales y de pensamiento características y
dominantes en una época dada del proceso general de desarrollo histórico de la
sociedad, y que, por consiguiente, o bien habían de ser las que predominen en el futuro
(caso de las formas de socialismo) o bien están condenadas a desaparecer en un plazo de
tiempo relativamente corto. De modo que por particularidad se puede entender
también, no lo individual universal, como rasgo dominante de una cosa o un proceso,
sino lo individual como excepción, de lo que se sale o queda fuera de lo universalmente
dominante o ya establecido.

Pues bien, dichas excepciones, que existen en la realidad como eslabones intermedios
de transición de unas formas a otras de movimiento o de cualidades diferentes, no
pueden constituir, por su propia naturaleza, la contradicción particular ni la esencia
particular de ninguna formación social, si bien pueden ser una forma particular de
pensamiento. Con el pensamiento ya se sabe lo que sucede: que no sólo es capaz de
reflejar más o menos fielmente la realidad objetiva, sino que también puede volar y,
¡como no!, despeñarse. ¿Cómo puede una tal categoría detransición, si se la puede
llamar así, servir de fundamento, de premisa, para un análisis que se pretende marxista,
científico, dialéctico?

De ser cierta la tesis de Mao habría que considerar tantas formas sociales y de
pensamiento como países existen en el mundo. Lo que él considera una forma social o
una contradicción y esencia particular, no lo es en modo alguno. El marxismo sólo
reconoce la existencia de cinco grandes formaciones económicas y sociales a lo largo de
la historia: el comunismo primitivo, el esclavismo, el feudalismo, el capitalismo y el
comunismo. También reconoce la existencia de ciertos eslabones intermedios o
regímenes de transición de una a otras formas sociales, tal que el colonato que se
estableció en Europa después de la caída del imperio romano (y que perduró durante
cuatro siglos, antes del establecimiento del sistema feudal), y lo que ha podido ser
recientemente el régimen semifeudal y colonial, en el que se mezclan varias formas
sociales correspondientes a los distintos sistemas sin que predomine ninguno de ellos.
Estas formas pueden permitir el paso al socialismo, pero también pueden dar lugar a un
retorno temporal a viejas formas sociales ya caducas (al capitalismo), que es lo que ha
sucedido en China y en otros países. En ningún caso, dependiendo de la época o del
grado de desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas sociales, el período de
transición puede durar mucho tiempo ni puede permanecer estable por las fuertes
corrientes históricas y las fuerzas que confluyen en él, de manera que resulta imposible
establecer una contradicción particular y una esencia particular dentro de ellas; en
todo caso, esa inestabilidad y fluctuación entre un régimen social y otro distinto, podría
ser su contradicción particular y su esencia particular, mas esto no constituye una
formación social característica en el sentido que lo entiende el marxismo dogmático.

Otra acepción de lo particular, por oposición a lo universal (que como ya hemos visto
está contenido o forma un todo con lo particular o individual), es la que se refiere al
carácter específico, cualitativamente diferente de cada cosa o fenómeno, ya que,
efectivamente, cada objeto particular contiene su propia contradicción, distinta a todas
las demás. Aquí hay que distinguir claramente la contradicción o contradicciones
sociales, las cuales no tienen nada que ver con las que se dan en el mundo animal, en el
vegetal o mineral.

Un particular (y a la vez universal dentro de su propia naturaleza o contradicciones


específicas) sería, por ejemplo, el estudio de la materia inanimada, desde los astros a las
partículas elementales. Otro particular es el estudio de la vida, desde el ADN hasta el
cerebro del hombre. Otro es el estudio de la forma social de movimiento. Todos estos
son campos de estudio particulares de los que se ocupan las distintas ramas de la ciencia
y pueden ser estudiados por separado como tales particularidades (aunque, tal como
vimos anteriormente, no es posible aislar completamente ni establecer una separación
absoluta entre unos y otros campos, ya que están interconectados o relacionados unos
con los otros) pero son cualitativamente diferentes y sus movimientos y
transformaciones transcurren siguiendo sus propias leyes o contradicciones y procesos
también diferentes. Dentro de cada una de esas formas de movimiento se da también
una infinita variedad que obedece, a su vez, a otras tantas cualidades, leyes o
contradicciones. No obstante, todas están condicionadas o sujetas a las mismas leyes
generales que determinan su pertenencia a uno de esos grandes campos (física, biología,
etc.). Así la forma de movimiento que se conoce por movimiento social, tiene sus
propias leyes que la distinguen esencialmente de todas las demás. Lo mismo se puede
decir del pensamiento del hombre.

Mao se refiere a todas estas contradicciones de distinto carácter, subrayando que, por
ejemplo, de un huevo nace una gallina, pero que una piedra jamás podrá poner un
huevo. De una piedra sólo puede salir otra piedra más pequeña o polvo, con el que en
todo caso se podrá abonar la tierra que nutre el grano que alimenta a la gallina que pone
el huevo. Pero de este huevo jamás podrá salir una piedra, ya que ambas formas de
existencia o movimiento de la materia están regidas por leyes diferentes y tienen
también cualidades diferentes. Dentro de cada una de esas formas de movimiento
cualitativamente diferentes se da también una infinita variedad de formas particulares
que no lo modifican esencialmente o que lo hacen muy lentamente. No obstante, la
separación entre unas y otras cualidades o propiedades no es nunca absoluta ni tan
tajante, ya que en realidad unas se derivan de las otras y se transforman en su contrario
(el nacimiento de la vida, su origen en la materia inorgánica, es algo que la ciencia ha
demostrado hace ya tiempo). Del huevo, ciertamente, no puede salir una piedra, pero
¿quién puede negar la existencia de materia calcificada, petrificada,en la cáscara y aún
dentro del huevo? Por lo demás, ¿de dónde extrae la planta o el grano que alimenta a la
gallina sus elementos nutritivos, si no es de la tierra, de los minerales, del agua y la luz?
En todo caso, de lo que no podemos dudar -la experiencia histórica así nos lo ha
demostrado- es que del huevo semifeudal y semicolonial sí puede salir la gallina
capitalista o bien el pollo socialista, es decir, formas de organización social
esencialmente diferentes.

Notas

(1) Mao Zedong: Discurso pronunciado en la II sesión plenaria del VIII Comité
Central del Partido Comunista de China.
(2) Lenin: Cuadernos filosóficos.
(3) Mao Zedong: Sobre la contradicción.
(4) Lenin: «Sobre el problema de la dialéctica», Cuadernos filosóficos, Obras
Completas, tomo 29.
(5) Lenin: «Sobre el problema de la dialéctica», Cuadernos filosóficos, Obras
Completas, tomo 29.
(6) Mao Zedong: Sobre la contradicción.

(*) Toda la concepción de Mao gira en torno a esa visión unilateral de la contradicción
que conduce siempre a partir de la realidad inmediata y a perder de vista otros
importantes factores de desarrollo. Por eso hay que hacer notar que, si bien la ley de la
contradicción es la más importante de la dialéctica, ésta no puede ser, sin embargo,
reducida a sólo esa ley. Engels definió la dialéctica como la doctrina de las leyes que
rigen el movimiento y desarrollo de la naturaleza, de la sociedad humana y el
pensamiento (Anti-Dühring). Lo que permite partir siempre de una visión general, que
abarque el desarrollo en su conjunto, en el momento de abordar cualquier contradicción
o análisis concreto. De lo contrario, lo más probable es que perdamos el norte o nos
equivoquemos. Es lo que explica Lenin cuando dice: El enfoque del espíritu (humano)
de una cosa particular, el sacar una copia (= su concepto) de ella no es un acto simple,
inmediato, un reflejo muerto en un espejo, sino un acto complejo, dividido en dos,
zigzagueante, que incluye la posibilidad de que la fantasía vuele apartándose de la
vida; es más: la posibilidad de la transformación (además, una transformación
imperceptible, de la cual el hombre no es consciente, del concepto abstracto, de la idea,
en una fantasía [...] Porque incluso en la generalización más sencilla, en la idea
general más elemental (‘mesa’ en general), hay cierta partícula de fantasía (Cuadernos
filosóficos).

III
Lo que nosotros hacemos en China, ¿convendrá a las leyes económicas que imperan en
el país? Este problema merece ser estudiado. Según mi parecer, basta con que el
modelo chino esté conforme en lo esencial a las leyes económicas de China. Este
comentario de Mao, que hemos recogido de sus Apuntes a los Problemas económicos
del socialismo en la URSS (*), obra de J. Stalin, resume la posición que ya hemos
estudiado, sólo que esta vez referida a la construcción económica del socialismo.

¿Significa esto, acaso, que las leyes de la construcción socialista deberán ser distintas en
cada país? Por lo que hemos leído poco más arriba, acerca de la coincidencia, en lo
esencial, del modelo chino con las leyes económicas chinas, parece que no debemos
albergar ninguna duda respecto a este problema. Mas ¿cuáles son esas leyes económicas
chinas? Mao alude a la necesidad de estudiar este problema, pero de momento sólo se
refiere en el mismo texto a algunas leyes económicas muy conocidas y bastante
comunes.

Mao cita la obra de Stalin: Se dice que la necesidad de un desarrollo armónico


(proporcional) de la economía de nuestro país permite al poder soviético destruir las
leyes económicas existentes y crear otras nuevas. Esto es completamente erróneo. No
se puede confundir nuestros planes anuales y quinquenales con la ley económica
objetiva del desarrollo armónico, proporcional, de la economía del país [...] Este
pasaje -indica Mao- es el centro del problema (**). Eso quiere decir [Mao prosigue con
el pasaje de la obra de Stalin] que la ley del desarrollo armónico de la economía da a
nuestros organismos correspondientes la posibilidad de planificar con acierto la
producción social. Pero no se puede confundir la posibilidad con la realidad. Son dos
cosas diferentes. Para convertir la posibilidad en realidad, hay que estudiar esa ley
económica, hay que dominarla, hay que aprender a aprovecharla con entero
conocimiento de causa, hay que confeccionar planes que reflejen con total plenitud las
exigencias de esa ley. No puede decirse que nuestros planes anuales y quinquenales
reflejen plenamente las exigencias de esa ley económica. Mao comenta esta cita para
concluir: Teóricamente, lo que Stalin dijo en ese pasaje es correcto. Pero no estudió
minuciosamente el problema ni desarrolló sus ideas de manera clara. En la Unión
Soviética no hay desarrollo simultáneo de las grandes, medianas y pequeñas empresas,
como tampoco desarrollo simultáneo de las regiones y del poder central, o de la
industria y de la agricultura. En todos esos dominios, los soviéticos no caminan con las
dos piernas [...] Nosotros tampoco hemos estudiado suficientemente las leyes objetivas
como para adueñarnos de ellas, y por ende nuestros planes tampoco reflejan
perfectamente esas leyes.
Repárese en que Stalin está señalando, y no por casualidad, esa confusión que consiste
en identificar la ley económica del desarrollo armónico o proporcional de la economía,
con los planes anuales y quinquenales; es decir, la posibilidad de planificación que
ofrece el socialismo, con los resultados reales, ya que, evidentemente, son dos cosas
diferentes. Por esta razón Stalin llama a estudiar dicha ley para dominarla y aprender a
aprovecharla así como a confeccionar planes que reflejen con plenitud las exigencias de
esa ley. Stalin no habla de otra cosa en ese pasaje más que de la ley de la economía
planificada socialista, del desconocimiento de esa ley, de la necesidad de confeccionar
planes que la reflejen, etc. ¿Podría haber estudiado más minuciosamente este problema
y desarrollar sus ideas de manera más clara? Eso lo vamos a comprobar más adelante;
ahora de lo que no tenemos ninguna duda es que Mao no comparte, no obstante haberlo
señalado (y si repara en él es para mostrar su desacuerdo) que sea ése, precisamente, el
centro del problema,de ahí que haya desviado nuestra atención hacia otras cuestiones
secundarias, como el llamado desarrollo simultáneo (que, de hecho, entra dentro de lo
que debe ser un plan correcto de planificación, que es a lo que se refiere Stalin), para
concluir que nosotros tampoco hemos estudiado suficientemente las leyes objetivas
como para adueñarnos de ellas, y por ende nuestros planes de trabajo tampoco reflejan
perfectamente esas leyes. ¿Cómo se puede afirmar que Stalin no estudió
minuciosamente el problema y reconocer a continuación que nosotros tampoco hemos
estudiado suficientemente...? Aquí caben dos interpretaciones. Primera: que no lo
hemos estudiado suficientemente, pero sí más minuciosamente que Stalin, lo que nos
autoriza para criticar sus ideas poco desarrolladas y, desde luego, nada claras; y
segunda interpretación: si bien Mao reconoce al principio que el centro del problema
está en la confusión entre los planes anuales y quinquenales con la ley económica
objetiva del desarrollo armónico, él considera que son otros los problemas o las leyes
objetivas y, por ende los planes que se deben realizar. Esta es la clave para entender este
pequeño embrollo.

Stalin habla de la ley económica objetiva del desarrollo armónico, proporcional, de la


economía del país, en tanto que Mao dando ese extraño rodeo, nos sitúa ante las leyes
objetivas, sin referirse para nada al desarrollo armónico, planificado. Y si habla de
nuestros planes,es tan sólo para decir que tampoco reflejan perfectamente esas leyes. Es
sabido que en China se comenzó imitando el modelo soviético. De lo que se trata, pues,
es de desechar dicho modelo,incluso como inservible para la URSS, para adoptar un
modelo chino de desarrollo basado, no en planes justos según la ley objetiva económica
del desarrollo armónico, proporcional, de la economía socialista, sino en unos planes
que reflejan unas leyes que, desde luego, no son socialistas.

Mao critica que en la Unión Soviética no hubiera desarrollo simultáneo de las grandes,
medianas y pequeñas empresas, como tampoco desarrollo simultáneo de las regiones y
el poder central, o de la industria y de la agricultura. Ese sería el modelo chino de
desarrollo. Pero a poco que analicemos las condiciones reales, tanto económicas y
sociales como políticas e internacionales del país de los soviets tras la revolución, nos
daremos cuenta inmediatamente de la imposibilidad de simultanear el desarrollo de
todos esos sectores, por lo que el poder soviético se vio obligado a tener que elegir entre
el desarrollo de los sectores claves de la economía y el fortalecimiento del poder central,
o la muerte de la revolución. Para los trabajadores de la Unión Soviética no existía otro
modelo que no fuera ése, ya que no sólo debían tener en cuenta su atraso, sino que no
podían contar con la ayuda técnica y financiera que sólo la revolución proletaria
triunfante en los países más adelantados de occidente les podría haber proporcionado.
¿Cómo simultanear el desarrollo de las grandes, medianas y pequeñas empresas, sin
permitir al mismo tiempo el desarrollo de la burguesía y las inversiones de capital
extranjero? ¿Cómo simultanear el desarrollo de la industria y la agricultura sin contar
con los medios que sólo podía proporcionarles la agricultura colectiva de los
trabajadores del campo? ¿Cómo simultanear el desarrollo de las regiones y del poder
central ante la debilidad de dicho poder y en una época de guerra civil casi permanente,
de acoso y agresiones imperialistas? En este aspecto, China, ciertamente, se encontraba
ante una situación diferente, ya que, entre otras cosas, contaba con la ayuda y el apoyo
de la Unión Soviética. No obstante, el problema que se planteaba no era muy diferente,
hasta se puede asegurar que es un problema que habrá de presentársele a otros países y
para lo cual se hace indispensable tener las ideas medianamente claras.

Se trata, como lo analiza Stalin y el mismo Mao recoge en sus apuntes, del problema de
la división en dos categorías de los medios de producción. Una parte de esos medios son
de propiedad estatal o de todo el pueblo; la otra parte pertenece a los colectivos de
trabajadores. Esto implica la producción y el intercambio de mercancías a un cierto
nivel así como la propiedad individual o privada de los objetos de consumo personal y
familiar, de manera que en el socialismo los medios deproducción no nueden ser
considerados como mercancías; es decir, no pueden pasar a ser propiedad privada
individual ni utilizados, por tanto, para la explotación del trabajo. Esto plantea el
problema de la actuación de la ley del valor y de la fijación de los precios en el
socialismo. No nos vamos a detener aquí a estudiar este problema, porque nos llevaría
muy lejos. Tan sólo nos vamos a limitar a exponer la concepción de Stalin:

En nuestro régimen de producción -escribe Stalin- Los medios de


producción no pueden ser, en modo alguno, considerados como
mercancías. ¿Por qué se habla, pues, del valor de los medios de
producción, de sus costes, de sus precios, etc.?

Por dos causas:

Primera. Porque es indispensable para el cálculo, para la contabilidad,


para determinar si las empresas son rentables [...]

Segundo: porque es indispensable para efectuar, en interés del comercio


exterior, la venta de los medios de producción a los Estados extranjeros.
Aquí en la esfera del comercio exterior, pero sólo en esta esfera, nuestros
medios de producción son en realidad mercancías y en realidad se
venden (7).

Este es el mismo problema que se planteó también en Cuba en 1963, en la polémica que
enfrentó a Ernesto Che Guevara con los revisionistas en el ministerio de economía en
relación con los costos de producción como base del análisis económico de las
empresas sujetas a sistema presupuestario,polémica en la que el Che se muestra mucho
más stalinista que maoísta y,desde luego, nada fidelista: Nuestra concepción -escribe el
Che- que no está implantada sino en determinadas ramas de la economía, considera el
producto como un largo proceso de flujo interno durante el transcurso de todos los
pasos que debe dar en el sector socialista hasta su transformación en mercancía, lo que
ocurre solamente cuando hay traspaso de propiedad. Este traspaso se realiza en el
momento en que sale del sector estatal y pasa a ser propiedad de algún usuario (8).
El Che no está proponiendo aquí que los medios de producción pasen a ser propiedad
privada; se está refiriendo a los usuarios,no como a productores de mercancías, sino
como consumidores; se está refiriendo al valor de uso de las mercancías, y no a su valor
de cambio, ya que en el socialismo el sector de la economía de propiedad estatal,
dominante, no sólo no es regulado por la ley del valor, sino que como indica Stalin,
dicha ley resulta, a su vez regulada por la planificación. El error fundamental de los
camaradas Sanina y Venzher consiste en que no comprenden el papel y el significado
de la circulación mercantil en el socialismo, no comprenden que es incompatible con la
perspectiva del paso del socialismo al comunismo. Piensan, por lo visto sión del
marxismo es que la circulación mercantil no es óbice para pasar del socialismo al
comunismo, que la circulación mercantil no puede impedir esa transición. Es éste un
profundo error nacido de la incomprensión del marxismo (9).

Ese profundo error y esa incomprensión que muestra Mao en sus anotaciones críticas de
estas cartas de Stalin, lo que resulta doblemente significativo si se considera la defensa
que hace de ellos después de haber leído lo que había escrito Stalin. Claro que aquí se
podía objetar que en la situación de China que describe Mao, no se puede pretender
pasar inmediatamente al comunismo. Pero tampoco en la URSS de principios de los
años 50, ni posteriormente en Cuba, se está proponiendo un paso tan inmediato. Se
trata, evidentemente, de la línea a seguir en la etapa del socialismo, una línea que
persigue acabar con la propiedad privada sobre los medios de producción, con la
producción de mercancías, etc. y para lo cual se propone dar los primeros pasos de una
manera firme y consecuente. ¿Se puede dejar, en estas circunstancias, de defender la
concepción del marxismo cuando es objeto de ataques o tergiversaciones por los
revisionistas y adoptar una posición ecléctica, intermedia o pragmática, en nombre de
unas supuestas particularidades nacionales o contradicciones y esencias propias,
específicas?

Mao no está de acuerdo con esta ley económica del socialismo que defiende Stalin y
propone, por el contrario, que algunos medios de producción pasen a ser propiedad
privada. La existencia de dos sistemas de propiedad constituye, efectivamente, tal como
argumenta Mao, la principal premisa de la producción mercantil y, si bien es cierto
igualmente que a fin de cuentas, ésta última también tiene nexos con las fuerzas
productivas,no se puede perder de vista en ningún momento la ley de la planificación
socialista basada en la existencia de los nuevos tipos de propiedad, los cuales no tienen
nada que ver y entran en abierta contradicción con las viejas relaciones de producción
capitalistas. Esto hace que, contrariamente a lo que afirma Mao en sus Apuntes, los
intercambios no seguirán efectuándose a través de las mercancías sino, en todo caso, en
áreas restringidas y por poco tiempo. Lo que desde luego no se puede admitir es que
dichos intercambios puedan realizarse en las regiones o sectores donde el sistema
socialista de propiedad de todo el pueblo se haya realizado íntegramente ya que admitir
esta posibilidad equivaldría a dejar la puerta abierta para la restauración capitalista bajo
una supuesta economía socialista de mercado. Esta fue, como se sabe, la tesis que
defendiera Bujarin en los años 30 en la Unión Soviética y que aún hoy siguen
defendiendo los bordiguistas; tesis que puso en práctica Jruschov nada más usurpar el
poder en la URSS y que han hecho suyas los denguistas chinos bajo la misma consigna
bujarinista de ¡enriqueceos!

Esta concepción se basa en el supuesto de que es posible mantener el poder en manos de


la clase obrera y algunos sectores claves de la economía socialista, en un islote rodeado
por la pequeña y mediana economía privada y en un mercado mundial dominado por las
grandes potencias imperialistas, sin que éstas acaben infectándolo todo y socavando el
poder obrero para terminar poniendo la llamada economía socialista de mercado al
servicio de la restauración capitalista y de los monopolios capitalistas internacionales.

Para reforzar sus argumentos, los oportunistas siempre han recurrido a Lenin de una
manera fraudulenta, intentando convertir la Nueva Política Económica (NEP)
preconizada por él, así como la necesidad del comercio y el capitalismo de Estado, en
argumento a favor de la propiedad privada capitalista y el libre comercio en el
socialismo. De esta manera, lo que para Lenin venía a suponer un paso atrás obligado
que debía permitir mantener la alianza obrero-campesina, al mismo tiempo que un
mayor desarrollo de la producción y su concentración en manos del Estado proletario
(como paso previo al establecimiento de una verdadera economía socialista), para los
bujarinistas, jruschovistas y denguistas, de lo que se trata no es de otra cosa sino de un
retorno hacia la pequeña y mediana producción que sirva de base a la concentración y
restauración capitalista. Este es el modelo o la vía de desarrollo que nos ofrecen,
contrapuesto al modelo stalinista soviético ovía comunista de Marx, Engels y Lenin.

Mao recoge un pasaje de la obra de Stalin donde este problema aparece expuesto de una
forma bastante clara: De aquí se desprende -escribe Stalin- que Engels se refiere a
países donde el capitalismo y la concentración de la producción están bastante
desarrollados, no sólo en la industria, sino también en la agricultura, para que se
puedan expropiar todos los medios de producción del país y hacer de ellos patrimonio
del pueblo entero. Por consiguiente, Engels considera que en esos países se debería,
paralelamente a la socialización de todos los medios de producción, suprimir la
producción mercantil. Y eso, naturalmente, es acertado (10). Stalin, en aplicación de los
principios marxistas-leninistas, aboga por la supresión de la propiedad privada
capitalista sobre los medios de producción en los países poco desarrollados, no así por
la supresión de la producción mercantil, que deberá permanecer en ellos, pero de una
producción mercantil sin propiedad privada sobre los medios de producción, sin
explotadores y sin mercaderes capitalistas. Es decir, que no se trata de la supresión de la
producción mercantil, sino de la producción mercantil capitalista a fin de que, entre
otras cosas, los intercambios no puedan continuar efectuándose a través de las
mercancías sino conforme a un plan dirigido a servir a las masas populares. Esta es la
ley del socialismo, lo que diferencia esencialmente al sistema socialista del sistema
capitalista basado en la propiedad privada, en la anarquía de la producción y en las
demás leyes de la explotación del trabajo por el capital.

Mao no entendió este problema e interpretó mal a Lenin y Stalin. Dice en sus
comentarios a la obra de Stalin: algunos no quieren la producción mercantil. Se
equivocan. En lo concerniente a este problema, aún debemos seguir remitiéndonos a
Stalin, quien, a su vez, se remite a Lenin. Este último dijo que habría que concentrar
todos los esfuerzos en el desarrollo del comercio. En cuanto a nosotros decimos que
hay que desarrollar con todas nuestras fuerzas la industria, la agricultura y el
comercio. ¿Porqué se limitan Lenin y Stalin a hablar sólo del comercio y no dicen ni
una palabra del desarrollo dela industria y la agricultura? (¿Es qué este desarrollo no es
el centro de toda la atención y el esfuerzo de la construcción económica del
socialismo?). Evidentemente, porque separan la producción y el comercio de
mercancías de la propiedad de los medios de producción, en tanto que Mao está
aludiendo al desarrollo de la industria, la agricultura y el comercio como todo un
sistema de relaciones económicas que no excluye la propiedad privada y el intercambio
a través de las mercancías.

Stalin rechaza esta concepción como contraria al socialismo; y en cuanto al papel de la


producción mercantil en general, he aquí lo que dice: no puede considerarse la
producción mercantil como algo independiente que se basta a sí mismo, como algo
independiente de las condiciones circundantes. La producción mercantil es más vieja
que la producción capitalista. Existió en el feudalismo y sirvió a ese régimen y, a pesar
de que preparó ciertas condiciones para la producción capitalista, no condujo al
capitalismo (11). Esta afirmación -apostilla Mao- es un poco forzada. La producción
mercantil no conduce al capitalismo.

Esta aparente contradicción entre el texto de Stalin y la observación que hace Mao
(parece querer decir lo mismo), revela que éste no ha comprendido las tesis de Stalin y
de Lenin. La producción de mercancías es más vieja que la producción capitalista, y no
obstante, a pesar de preparar ciertas condiciones para la producción capitalista, no
condujo al capitalismo. Esto lo dice Stalin porque sabe positivamente que, para que se
pueda establecer el régimen capitalista de producción, se tienen que dar, junto a
determinadas condiciones técnicas de la producción, dos condiciones básicas: la
posesión de los medios de producción y de vida por parte de los propietarios capitalistas
(el capital pre-industrial) y la existencia de un proletariado numeroso que carezca de
ellos y se vea obligado a tener que vender su fuerza de trabajo a los poseedores de los
medios de producción. Bajo estas condiciones, y es de lo que aquí se trata, la
producción mercantil sí conduce al capitalismo; es decir, que la tesis de Stalin no resulta
nada forzada. Pero Stalin va mucho más lejos y pregunta: ¿porqué no puede también la
producción mercantil servir por cierto tiempo a nuestra sociedad socialista sin
conducir al capitalismo? Esta es la clave del asunto. Se trata, como ya hemos señalado,
de una producción mercantil sin propiedad privada de los medios de producción y sin
intervención de los capitalistas, para un cierto periodo de nuestra sociedad socialista. A
Mao esto le parece perfectamente justo,e incluso llega a afirmar que si se elimina a los
capitalistas se puede desarrollar enormemente la producción mercantil, lo que no casa
por ningún lado con su propuesta de convertir una parte de los medios de producción en
mercancías y que los cambios continúen efectuándose a través de las mercancías.

En el primer caso, utilizamos la producción mercantil para avanzar hacia el comunismo,


es decir, para la supresión de la mercancía y de todo lo que va ligado a ella,
particularmente la ley del valor, de los intercambios según el coste de producción, de la
competencia, etc., en tanto que en el segundo nos encaminamos hacia la restauración del
capitalismo con todas sus leyes económicas y relaciones sociales. Por consiguiente
-concluye Stalin- nuestra producción mercantil no es una producción mercantil
habitual, sino una producción mercantil sin capitalista, que en lo fundamental tiene que
vérselas con las mercancías de productores socialistas unificados (el Estado, los
koljoses y las cooperativas), una producción cuya esfera de acción está circunscrita a
los objetos de consumo personal y que -es evidente- no puede de ningún modo
transformarse en producción capitalista y está llamada a contribuir, con su 'economía
monetaria', al desarrollo y al fortalecimiento de la producción socialista (12).

Pero Mao se muestra en desacuerdo con esta conclusión, y lleva la polémica al terreno
del problema de las transformaciones del sistema de la propiedad, con el que está
estrechamente relacionado, para decir que Stalin evita responder a este problema,
cuando, en realidad, ésa es la única respuesta socialista, marxista, que cabe darle: la del
desarrollo de la producción y su concentración en manos del Estado (de toda la
sociedad), a fin de que se pueda cumplir de forma efectiva la ley socialista de la
planificación económica, social, cultural, etc. Si, por el contrario, partimos de la
concepción de que la esfera de la producción mercantil no está circunscrita a los
objetos de consumo personal y que ciertos medios de producción también pertenecen a
la categoría de mercancías ¿no estaremos con ello fomentando un modelo de desarrollo
capitalista?

Mao cree haber encontrado una contradicción en el planteamiento de Stalin: si se


considera como mercancías los productos agrícolas, pero no los productos
industriales, ¿cómo se los puede intercambiar entonces? Pero la respuesta a esta
pregunta es muy sencilla: Stalin sólo considera como no comercializables los medios de
producción, no los objetos de consumo personal producidos por la industria. ¿0 es que
los campesinos no tienen necesidad de esos productos, entre los que se encuentran los
aperos y otras herramientas de trabajo? Además, entre los productos agrícolas, no todos
entran en la categoría de mercancías, y de hecho son intercambiados directamente, o a
través del Estado, para su utilización como medios de producción industriales.

Este intercambio es la base sobre la que se asienta la alianza obrera y campesina y lo


que permite incrementar la producción y el establecimiento de nuevas relaciones
sociales más acordes con el desarrollo de las fuerzas productivas hasta alcanzar, a través
de la incesante lucha de clases y las transformaciones en el ámbito de la superestructura,
la etapa del comunismo en que habrán desaparecido todas las formas de propiedad
privada y colectivas, para dar paso a una sola propiedad de todo el pueblo. Con ello
desaparecerá también la producción de mercancías y la división en clases de la
sociedad, en tanto que el Estado se habrá extinguido como órgano especial de represión
de una clase sobre las otras, quedando tan sólo en pie su función administrativa. Este es
el modelo y la vía universal del comunismo, no existe ningún otro modelo ni ninguna
otra vía.

Reconocer la universalidad de esa vía no quiere decir que todos los países deban
transitarla de la misma e idéntica manera. Admitir la identidad de los rasgos principales
y fundamentales de la revolución proletaria en todos los países significa, para nosotros,
oponerse al revisionismo en todas sus formas nacionales. Sobre este particular, en sus
Notas de lectura del 'Manual de economía política de la Unión Soviética' Mao hace una
pregunta que nos parece muy oportuna: ¿Por qué el proletariado triunfó primero en
Rusia? y he aquí su respuesta: A comienzos del siglo XX, el centro de la revolución se
desplazó hacia Rusia y nacía el leninismo, desarrollo del marxismo. Sin el leninismo,
no habría habido victoria de la revolución rusa [...] Si no hubiera habido lucha entre
los bolcheviques y los mencheviques; si no hubiera habido lucha contra el revisionismo
de la II Internacional, le habría sido imposible triunfar a la revolución de Octubre. Esta
es una observación que nos parece absolutamente correcta. Lo es igualmente la opinión
que expresa poco más abajo Mao en el sentido de que la victoria de la revolución
proletaria no se obtiene forzosamente en los países de muy alto nivel de desarrollo
capitalista. Otra consideración merece lo que Mao dice a continuación: Es muy dificil
hacer la revolución y construir el socialismo en los países occidentales, porque en esos
países la influencia perniciosa de la burguesía es muy profunda y ya se infiltró por
doquier. En China la burguesía sólo existe desde hace tres generaciones, mientras que
en países como en Inglaterra y Francia existe desde hace decenas de generaciones [...]
por eso la clase obrera inglesa no sigue al Partido Comunista, sino al Partido
Laborista. Lenin dijo: 'cuanto más atrasado es un país, tanto más difícil es su paso del
capitalismo al socialismo'. Vista desde hoy, esta tesis no es correcta. En realidad,
cuanto más económicamente atrasado es un país, tanto más fácil -y no difícil- resulta
su paso del capitalismo al socialismo. En realidad, cuanto más pobre es un hombre,
tanto más quiere la revolución. Claro que esto no explica por qué países como la India,
o como la inmensa mayoría de los países dependientes, aún habiendo en ellos cientos de
millones de pobres que quieren la revolución, todavía no la han llevado a cabo, e
incluso en la misma China a pesar de la corta existencia de la burguesía, la revolución
socialista tampoco haya podido llegar muy lejos. La cuestión, pues, continúa siendo la
misma de antes: es más fácil comenzar la revolución socialista en los países atrasados,
pero más difícil terminarla, en tanto que en los países más desarrollados, debido a la
circunstancia a que se refiere Mao, la revolución socialista resulta más difícil
comenzarla, pero cuando se produzca, lo más probable es que no haya marcha atrás y
con ello puedan prestar una importante ayuda a los otros países.

Mao no tiene en cuenta para nadaquela revolución en los países semicoloniales y


semifeudales es una revolución que está pendiente desde hace muchas décadas, incluso
siglos; y que por eso están relativamente preparados para ella. Pero esta revolución a la
que aspiran los pobres, no es, precisamente, la revolución proletaria, sino en todo caso
una revolución democrática que les saque de la miseria, la opresión y el oprobio en que
se encuentran, cosa que el capitalismo ya no puede hacer. Se trata, en definitiva, de
continuar un camino ya trazado por la historia sin grandes rupturas en su continuidad.
Por eso resulta más sencillo en esos países la revolución democrática. En tanto que la
verdadera consolidación del proceso revolucionario y su marcha ininterrumpida hacia la
meta del comunismo... eso es ya otra historia, para la que se precisa, necesariamente, de
la revolución en los países capitalistas más desarrollados. Esto es lo verdaderamente
difícil, pero, de nuevo, ésta es la vía... no existe otra.

La teoría de Mao sobre las particularidades de la contradicción responde a una visión


de una realidad y un momento muy concreto del proceso revolucionario de China que,
si bien pudo tener éxito y ser aceptada en ese momento, escondía una gran
contradicción que con el tiempo se iría agravando hasta hacerse antagónica,
irreconciliable con los postulados socialistas y comunistas. De ahí que haya sido
utilizada por el revisionismo chino para asentar sobre ella sus tesis
contrarrevolucionarias y restauracionistas. Esto quiere decir que al comienzo, durante la
etapa de revolución democrática popular, dicha teoría, no obstante su ambigüedad y
eclecticismo, era revolucionaria (al menos, en un aspecto), lo que le permitió a Mao
hacer importantes contribuciones teóricas y prácticas. Sería más tarde, en el proceso de
transición y construccion del socialismo, cuando esa teoría comenzó a mostrar sus
lagunas y sus grandes errores. Sin embargo, esos errores nunca serían rectificados por
Mao ni por el Partido Comunista de China (PCCH). Así se explican las
improvisaciones, los continuos giros a derecha e izquierda del propio Mao y el hecho de
que, al final, sus partidarios se vieran desarmados frente a los derechistas, los cuales
supieron utilizar aquellos errores, improvisaciones y virajes para imponerse y llevar a
cabo sus planes contrarrevolucionarios. De ahí también esa continuidad de la que
hablan los denguistas de su línea respecto a la de Mao, una vez depurada ésta de sus
errores izquierdistas.
A todo esto contribuyeron indudablemente, tanto las equivocaciones y la posición
rígida de Stalin como, sobre todo, los atropellos, las intromisiones y la política que
pretendieron imponerles a los comunistas chinos los revisionistas soviéticos
encabezados por Jruschov y Breznev. Mao criticó y no aceptó nunca esa línea
revisionista y la denunció como lo que realmente era: una línea de capitulación ante el
imperialismo y de restauración capitalista. Mao también salió en defensa de Stalin y de
la revolución soviética, cuyas principales experiencias trató de aplicar a las condiciones
de China, después de analizarlas, a la vez que impulsaba la Gran Revolución Cultural
Proletaria. Este fue un movimiento fundamentalmente político e ideológico que tenía
como principal objetivo criticar el revisionismo y prevenir la restauración del
capitalismo en China, destacando como uno de los mayores méritos de Mao.

Pero ni siquiera este importante movimiento revolucionario de masas y las enseñanzas


que proporcionó, pudieron suprimir o contrarrestar el lastre político e ideológico que
desde tiempo atrás venía arrastrando el PCCh. Esto se demuestra, entre otras cosas, en
el hecho de que la restauración del capitalismo en China no ha podido ser evitada. Que
este fenómeno se debe a numerosos factores históricos, económicos, políticos,
ideológicos, culturales, etc., no cabe dudarlo. No obstante, los más importantes de ellos,
en nuestra opinión, son los de tipo ideológico. Además Mao no sólo cometió el gran
error que ya hemos analizado, sino que no supo corregirlo a tiempo; hasta se puede
asegurar que él mismo fue prisionero de este error, lo que ha permitido a los
revisionistas servirse de Mao, de una parte de su obra, para emborronar la otra parte
calificada por ellos de izquierdista. Esta circunstancia desarmó a sus seguidores, e hizo
que muchos de ellos, incluso en vida de Mao, quedaran desautorizados y aislados, a
merced de los contrarrevolucionarios derechistas chinos.

Por otro lado, es bien conocida la crítica que realizara Mao a la concepción de Stalin
sobre el problema de la identidad o de la unidad y la lucha de los contrarios, la ley más
importante de la dialéctica, en la que aparecen desconectados ambos aspectos. Esta
crítica, que nosotros siempre hemos considerado justa, habrá de ser analizada de nuevo.
Igualmente son conocidas las referencias que hace Mao en distintos textos a la
desconfianza de Stalin respecto a la política del PCCH. Todo esto lo explica Mao como
una consecuencia de la rigidez del pensamiento de Stalin, y es verdad que hay mucho de
cierto en esa observación. Sin embargo, una cosa es la rigidez de pensamiento, que
puede conducir a cometer incluso graves errores, y otra muy distinta los errores de
principios que cometió Mao y que están en la base de la desconfianza de Stalin respecto
del proceso revolucionario chino. El mismo hecho de que, como reconoce Mao, esa
desconfianza de Stalin no desapareciera hasta que China se enfrentó directamente a la
agresión del imperialismo yanki en Corea en 1950, es un claro indicador del motivo
fundamental de aquella desconfianza, lo que, por demás, se ha visto posteriormente
confirmado por la política que está aplicando el revisionismo chino tanto con los EEUU
como en relación con el nuevo Estado de la burguesía rusa.

Por supuesto que no se le puede atribuir a Mao esta política y menos aún la que ha
conducido a la restauración capitalista en China, de la misma manera que no se le puede
atribuir a Stalin la política de traición al socialismo y al internacionalismo que
practicaron Jruschev, Breznev y compañía. El problema que nosotros planteamos es
otro muy distinto: se trata de la existencia de un desacuerdo en el seno del movimiento
comunista, desacuerdo debido, fundamentalmente, a la diversidad de condiciones y al
distinto grado de comprensión de la teoría marxista-leninista, aunque también es verdad
que, como casi siempre sucede, fueron sus enemigos revisionistas e imperialistas los
que, a fin de cuentas, lo utilizaron en su propio beneficio.

Notas:

(7) Stalin: Respuesta al camarada Alexandr Ilich Notkin.


(8) Ernesto Guevara: Consideraciones sobre los costos.
(9) Stalin: Respuesta a los camaradas A.V. Sanina y V.G. Venzher.
(10) Stalin: Problemas económicos del socialismo en la URSS.
(11) Stalin: Problemas económicos del socialismo en la URSS.
(12) Stalin: Problemas económicos del socialismo en la URSS.

(*) El texto de Mao Apuntes a los 'Problemas económicos del socialismo en la URSS',
nunca fue publicado oficialmente en China. Hay que tener en cuenta que el tomo V de
las obras escogidas de Mao, en el que se recogen sus escritos de 1949 a 1957, no
apareció hasta 1977. La Comisión del CC encargada de publicar la obra del dirigente
chino, anuncia en el prólogo a ese tomo que seguirían editando sucesivamente los tomos
siguientes, cosa que, naturalmente, no han hecho los denguistas. Todo lo que Mao
pudiera escribir desde 1957 hasta su muerte en 1976 ha sido ocultado por los
revisionistas chinos. Sin embargo, algunos de esos textos, particularmente aquellos que
tenían un carácter interno han podido escapar a la quema de los contrarrevolucionarios
por haber sido recopilados y publicados por los Guardias Rojos en 1967 y 1969 bajo el
título ¡Viva el pensamiento de Mao Tse-Tung!. El texto que comentamos está incluido
en una de esas recopilaciones de las que se han hecho numerosas traducciones; nuestras
citas provienen del libro titulado La construcción del socialismo en China, editado por
Siglo XXI Argentina Editores, enero de 1976.

(**) Subrayado nuestro.