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TEORIA DE LA EVOLUCION

La evolución es el proceso por el que una especie cambia con el de las


generaciones. Dado que se lleva a cabo de manera muy lenta han de sucederse
muchas generaciones antes de que empiece a hacerse evidente alguna variación

Antes del siglo XIX existieron diversas hipótesis que


intentaban explicar el origen de la vida sobre la Tierra. Las
teorías creacionistas hacían referencia a un hecho puntual
de la creación divina; por otra parte, las teorías de la
generación espontánea defendían que la aparición de los
vivos se producía de manera natural, a partir de la materia
inerte.

Una primera aproximación científica sobre tema es el


trabajo de (1924), El origen de la sobre la Tierra, donde el químico ruso propone
una explicación, vigente aún hoy de la manera natural en que de la materia
surgieron las primeras formas prebiológicas y, posteriormente el resto de los seres
vivos. En segundo aspecto de la generación espontánea de la vida tiene una
respuesta convincente desde mediados del siglo XIX. En primer lugar; los
experimentos realizados por Pasteur, y, de manera fundamental, con los bajos del
naturalista británico Charles Darwin (1859), que en su obra El origen de las
especies aporta una explicación científica sobre la evolución o «descendencia con
modificación», término utilizado por el científico para definir este fenómenos.

A pesar de que Charles Darwin ostenta el honor de haber elaborado esta teoría de
manera científica y rigurosa, existieron importantes antecedentes —puede
mencionarse en este sentido la aportación del propio abuelo de Darwin, Erasmo
Darwin— que establecieron las primeras pautas del interés científico por estos
temas. Sin duda, hay que destacar los estudios de Jean Baptiste de Monet,
caballero de Lamarck (1744-1829), que inauguraron una corriente de pensamiento
precursora en el estudio de la evolución de los seres vivos.

La tesis fundamental del lamarquismo es la transmisión de los caracteres adquiridos


como origen de la evolución; la causa de las modificaciones de dichos caracteres se
encuentra en el uso o no de los diversos órganos, tesis que se resume en la
siguiente frase: «La función crea el órgano». Lamarck resume sus ideas en Filosofía
zoológica (1809), el primer trabajo científico donde se expone de manera clara y
razonada una teoría sobre la evolución.
A lo largo de cinco años —entre 1831 y 1836—, Charles Darwin, viajando a bordo
del Beagle, recogió datos botánicos, zoológicos y geológicos que le Permitieron
establecer un conjunto de hipótesis que cuestionaban las ideas precedentes sobre
la generación espontánea de la vida.

Durante los veinte años siguientes intentó aplicar estos datos a la formulación de
una explicación coherente sobre la diversidad observada. En 1858, Darwin se vio
obligado a Presentar sus trabajos, cuando recibió el manuscrito de un joven
naturalista, A. R. Wallace, que había llegado de manera independiente a ¡as
mismas conclusiones que él, es decir, a la idea de ¡a evolución por medio de ¡a
selección natural.

Tanto Darwin como Wallace habían tomado como base la obra de Malthus sobre el
crecimiento de la población, en la que se establece que, dicho factor tiende a ser
muy elevado, se mantiene constante dado que la disponibilidad de alimento y
espacio son limitados; a partir de esta premisa la idea de la competencia. Con esta
base argumental se pueden establece dos aspectos fundamentales que sustentan la
teoría de Darwin y Wallace. Ambos científicos dan por sentado que los seres vivos
pueden presentar clones.

Esta idea, junto con la noción de competencia establecida anterior por Malthus, les
lleva a establecer que estas variaciones pueden ser ventajas o no en el marco de
dicha competencia. Por otro lado, como resultado de la lucha tiene lugar una
selección natural que favorece a los individuos con variaciones ventajosas y tiende
a eliminar a los menos eficaces en la consecución de los recursos necesarios para la
vida. Sin embargo, existe un punto de discrepancia entre ambos. Wallace nunca
compartió la idea de la selección expresada por Darwin en su obra El origen del
hombre (1871). Según Darwin algunos caracteres son preservados sólo porque
permiten a los macho mayor eficacia en esta relación con las hembras.

Desarrollo de la teoría de la evolución

A finales del siglo XIX, el llamado neodarvinismo primitivo, que se basa en el


principio de la selección natural como base de la evolución, encuentra en el biólogo
alemán A. Weismann uno de sus principales exponentes. Esta hipótesis admite que
las variaciones sobre las que actúa la selección se transmiten según las teorías de
la herencia enunciadas por Mendel, elemento que no pudo ser resuelto Darwin,
pues en su época aún no se conocían las ideas del religioso austriaco.

Durante el siglo XX, desde 1930 a 1950, se desarrolla la teoría neodarwinista


moderna o teoría sintética,: denominada así porque surge a partir de la fusión de
tres disciplinas diferentes: la genética, la sistemática y la paleontología. La creación
de esta corriente viene marcada por la aparición de tres obras. La primera, relativa
a los aspectos genéticos de la herencia, es Genetics and the origin of species
(1937). Su autor, T. H. Dobzhansky, plantea que las variaciones genéticas
implicadas en la evolución son esencialmente mínimas y heredables, de acuerdo
con las teorías de Mendel.

El cambio que se introduce, y que coincide posteriormente con las aportaciones de


otras disciplinas científicas, es a consideración de los seres vivos no como formas
aisladas, sino como partícipes de una población. Esto implica entender los cambios
como frecuencia génica de los alelos que determinan un carácter concreto. Si esta
frecuencia es muy alta en lo que se refiere a la población, esto puede suponer la
creación de una nueva especie.

Más adelante, E. Mayr desarrollará en sus obras Systematics and the origin of the
species (1942) y Animal species evolution (1963) dos conceptos muy importantes:
por un lado, el concepto biológico de especie; por otra parte, Mayr plantea que la
variación geográfica y las condiciones ambientales pueden llevar a la formación de
nuevas especies. De este modo, se pueden originar dos especies distintas como
consecuencia del aislamiento geográfico, o lo que es lo mismo, dando lugar, cuando
intentamos el cruzamiento de dos individuos de cada una de estas poblaciones, a
un descendiente no fértil. Atendiendo a las condiciones ambientales, en
consonancia con las ideas de Dobzhansky., la selección actuaría conservando los
alelos mejor adaptados a estas condiciones y eliminando los menos adaptados. En
1944 el paleontólogo G. G. Simpson publica la tercera obra clave para poder
comprender esta corriente de pensamiento: en Tempo and mode in evolution
establece la unión entre la paleontología y la genética de poblaciones.

Durante la segunda mitad del siglo XX se han planteado dos tendencias


fundamentales, la denominada innovadora y el darvinismo conservador. La primera
de ellas, cuyo máximo exponente es M. Kimura, propone una teoría llamada
neutralista, que resta importancia al papel de la selección natural en la evolución,
dejando paso al azar. Por su parte, el neodarvinismo conservador, representado por
E. O. Wilson, R. Dawkins y R. L Trivers, queda sustentada en el concepto de «gen
egoísta»; según esta hipótesis, todo ocurre en la evolución como si cada gen
tuviera por finalidad propagarse en la población. Por tanto, la competición no se
produce entre individuos, sino entre los aletos rivales. Así, los animales y las
plantas serían simplemente estrategias de supervivencia para los genes.

Pruebas de la evolución

Son pruebas basadas en criterios de morfología y anatomía comparada. Los


conceptos de homología y analogía adquieren especial relevancia para la
comprensión de las pruebas anatómicas. Se entiende por estructuras homólogas
aquellas que tienen un origen común pero no cumplen necesariamente una misma
función; por el contrario, las estructuras que pueden cumplir una misión similar
pero poseen origen diferente, serían análogas. De esta manera, las alas de los
insectos y las aves serían estructuras análogas, mientras que las extremidades
anteriores de los mamíferos, que presentan un mismo origen pero que llevan a
cabo funciones diversas —locomotora, natatoria, etc. —, constituirían estructuras
homólogas.

En relación a las pruebas embriológicas, hay que distinguir entre ontogenia —las
distintas fases del desarrollo embrionario— y filogenia, concepto que hace
referencia a las distintas formas evolutivas por las que han pasado los antecesores
de un individuo, es decir, su desarrollo evolutivo. En los vertebrados, cuanto más
cerca de la fase inicial se sitúan los embriones, más parecidos son; posteriormente,
se van diferenciando progresivamente cuanto más cerca de la fase de adulto
Terminal se encuentran.

Otra de las pruebas clásicas es el estudio de los fósiles. El análisis de los distintos
estratos geológicos demuestra la presencia de fósiles de invertebrados en los más
antiguos; gradualmente, van apareciendo en los más recientes peces primitivos, y,
finalmente, los fósiles correspondientes a los mamíferos y las aves.
ORIGEN DEL UNIVERSO

Durante casi todo el transcurso de la historia de la Física y de la Astronomía


modernas no hubo fundamentos adecuados, de observación y teóricos, sobre los
cuales construir una historia del Universo primitivo. Desde mediados de la década
del ‘60, todo esto ha cambiado. Se ha difundido la aceptación de una teoría sobre el
Universo primitivo que los astrónomos suelen llamar “el modelo corriente”. Es muy
similar a lo que a veces se denomina la teoría del Big Bang o “Gran explosión”, pero
complementada con indicaciones mucho más específicas sobre el contenido del
Universo.

Si escuchamos el silbato de un tren que se aleja rápidamente, su silbido nos


parecerá más grave que si el tren estuviera quieto. El sonido parece tener una
mayor longitud de onda cuando el tren se aleja. Esta situación corresponde al
fenómeno señalado primeramente por Johann Doppler en 1842. De la misma
manera, la luz de una fuente que se aleja es percibida como si tuviese una longitud
mayor: si el color original fuera naranja, la luz se percibiría más rojiza. Esto se
llama “corrimiento hacia el rojo” y es una manifestación del efecto Doppler en las
ondas luminosas. Ciertos análisis de la luz proveniente de estrellas y galaxias
muestran que, en la inmensa mayoría de los casos, hay un corrimiento hacia el
rojo. Esto puede explicarse suponiendo un Universo en expansión en el que cada
galaxia se aleja de las otras; como si fuese el resultado de algún género de
explosión.

A mediados de los años ‘60, A. Penzias y R. Wilson detectaron ondas de radio de


longitudes cercanas a los 10 cm. (microondas), procedentes del espacio exterior
con una particularidad singular. La intensidad de estas señales era la misma
independientemente de la dirección en que se situara la antena. Por lo tanto, no
podían ser adjudicadas a ninguna estrella, galaxia o cuerpo estelar en particular.
Estas microondas parecían llenar todo el espacio y ser equivalentes a la radiación
emitida por un cuerpo negro a 3K. Los astrofísicos teóricos comprendieron que esta
“radiación cósmica de fondo de microondas” era compatible con la suposición de
que en el pasado el Universo era muy denso y caliente.

En el comienzo hubo una explosión. No como las que conocemos en la Tierra, que
parten de un centro definido y se expanden hasta abarcar una parte más o menos
grande del aire circundante, sino una explosión que se produjo simultáneamente en
todas partes, llenando desde el comienzo todo el espacio y en la que cada partícula
de materia se alejó rápidamente de toda otra partícula. “Todo el espacio”, en este
contexto, puede significar, o bien la totalidad de un Universo infinito, o bien la
totalidad de un Universo finito que se curva sobre sí mismo como la superficie de
una esfera. Ninguna de estas posibilidades es fácil de comprender, pero esto no
debe ser un obstáculo; en el Universo primitivo, importa poco que el espacio sea
finito o infinito.

Representación ilustrada del Big Bang.

Telescopio espacial Hubble (NASA). El corrimiento hacia el rojo en la composición espectral


de la luz estelar puede ser interpretado suponiendo que el Universo está en expansión.

Al cabo de un centésimo de segundo aproximadamente, que es el momento más


primitivo del que podemos hablar con cierta seguridad, la temperatura fue de unos
cien mil millones (1011) de grados centígrados. Se trata de un calor mucho mayor
aún que el de la estrella más caliente, tan grande, en verdad, que no pueden
mantenerse unidos los componentes de la materia ordinaria: moléculas, átomos, ni
siquiera núcleos de átomos. En cambio, la materia separada en esta explosión
consistía en diversos tipos de las llamadas partículas elementales, que son el objeto
de estudio de la moderna Física nuclear de altas energías.

Las microondas que se detectan con igual intensidad en cualquier dirección en que se apunte
la antena, no pueden provenir de un cuerpo celeste en particular. Son propias del conjunto
del Universo y hacen suponer que en el pasado éste era denso y caliente.

Un tipo de partícula presente en gran cantidad era el electrón, partícula con carga
negativa que fluye por los cables transportadores de corriente eléctrica y constituye
las partes exteriores de todos los átomos y moléculas del Universo actual. Otro tipo
de partículas que abundaban en tiempos primitivos era el positrón, partícula de
carga positiva que tiene la misma masa que el electrón. En el Universo actual, sólo
se encuentran positrones en los laboratorios de altas energías, en algunas especies
de radiactividad y en los fenómenos astronómicos violentos, como los rayos
cósmicos y las supernovas; pero en el Universo primitivo el número de positrones
era casi exactamente igual al número de electrones. Además de los electrones y los
positrones, había cantidades similares de diversas clases de neutrinos, fantasmales
partículas que carecen de masa y carga eléctrica. Finalmente, el Universo estaba
lleno de fotones de luz. Estas partículas eran generadas continuamente a partir de
la energía pura, y después de una corta vida, eran aniquiladas nuevamente. Su
número, parlo tanto, no estaba prefijado, sino que lo determinaba el balance
entre los procesos de creación y de aniquilamiento. De este balance,
podemos inferir que la densidad de esta “sopa cósmica”, a una temperatura de
cien mil millones de grados, era cuatro mil millones (4. 10 a la 9) de veces
mayor que la del agua. Hubo también una pequeña contaminación de
partículas más pesadas, protones y neutrones, que en el mundo actual son los
constituyentes de los núcleos atómicas. Las proporciones eran más o menos de un
protón y un neutrón por cada mil millones de electrones, positrones, neutrinos
o fotones. A medida que la explosión continuaba, la temperatura fue disminuyendo,
hasta llegar a los treinta mil millones (3. 10 a la 10) de grados centígrados después
de undécimo de segundo, diez mil millones de grados después de un segundo y tres
mil millones de grados después de unos catorce segundos. Esta temperatura era
suficientemente baja como para que los electrones y positrones comenzaran a
aniquilarse más rápidamente de lo que podían ser recreados a partir de fotones y
los neutrinos. La energía liberada en este aniquilamiento de materia hizo disminuir
temporalmente la velocidad a la que se enfriaba el Universo, pero la temperatura
continuo disminuyendo, para llegar a los 1000 millones de grados al final de los tres
primeros minutos. Esta temperatura fue entonces suficiente para que los protones y
neutrones empezaran a formar núcleos complejos, comenzando con el núcleo del
hidrógeno pesado (o deuterio), que consiste en un protón y un neutrón. La
densidad era aún bastante elevada (un poco menor que la del agua), de modo que
estos núcleos ligeros pudieron unirse rápidamente en el núcleo más estable del
helio, que consiste en dos protones y dos neutrones.

Al final de los tres primeros minutos, el Universo contenía principalmente


luz, neutrinos y antineutrinos. Había también una pequeña cantidad de material
nuclear, formado ahora por un 73 % de hidrógeno y un 27 % de helio,
aproximadamente, y por un número igualmente pequeño de electrones que habían
quedado de la época del aniquilamiento entre electrones y positrones. Esta materia
siguió separándose y se volvió cada vez más fría y menos densa. Mucho más tarde,
después de algunos cientos de miles de años, se enfrió lo suficiente como para que
los electrones se unieran a los núcleos para formar átomos de hidrógeno y de helio.

El gas resultante, bajo la influencia de la gravitación, comenzaría a formar


agrupamientos que finalmente se condensarían para constituir las galaxias y las
estrellas del Universo actual. Pero los ingredientes con los que empezarían su vida
las estrellas serian exactamente los preparados en los tres primeros minutos.

ORIGEN DE LA VIDA

ORIGEN DE LA VIDA: La uniformidad en la composición química y las funciones de los


componentes esenciales que forman los seres vivos, así como una serie de
reacciones básicas metabólicas destinadas a obtener energía de los alimentos, son
comunes en la gran mayoría de los organismos. Esta similitud indica que la vida en
la Tierra puede haber tenido un origen común.

Todos los seres vivos organizados, desde el hombre a las formas más primitivas
comparten dos sustancias químicas fundamentales, los ácidos nucleicos proteínas.
Salvo en algunos virus, que se encuentran en la frontera entrE mas vivientes y no
vivientes, en el resto de organismos el ADN es el material hE tarjo, que transmite
las características de generación en generación. El ARN actúa en la traducción de
este material genético. Por otro lado, a pesar de los distintos grados de
complejidad, estas moléculas están formadas por unos elementos comunes veinte
aminoácidos, las cinco bases nitrogenadas y el ácido fosfórico. Esta uniformidad en
la composición química está presente de forma general en sus funciones, en la
mayoría de los organismos coinciden las reacciones metabólicas para obtener la
energía de los alimentos.

Tradicionalmente, se creía que la vida había surgido de manera espontánea en


determinadas condiciones favorables para ello. Una de las primeras referencias a
esta hipótesis se encuentra en los escritos de Aristóteles. Personalidades Copérnico,
Bacon, Galileo, Descartes o Goethe compartieron esta creencia rante los siglos XVI,
XVII y XVIII se sucedieron los intentos de demostrar, mediante ensayos de
laboratorio, la generación espontánea de la vida. La controversia se tuvo entre los
defensores y los detractores de esta teoría hasta el siglo XIX. Fue el científico
francés Louis Pasteur quien demostró con sus experimentos que ni organismo vivo
puede existir si no es como descendiente de organismos similares.

Unos sesenta años después, los científicos A. Oparin y B. Haldane sugirió una teoría
de una larga «evolución molecular abiogénica» sobre la Tierra, a través de la cual
lentamente, se acumularon moléculas orgánicas hasta formar una «sopa
primordial” La atmósfera del planeta primitivo era reductora, y si había oxígeno
libre, éste se encontraba en muy reducidas concentraciones. Al no
existir una capa de ozono alrededor de la Tierra, las radiaciones
ultravioletas del Sol llegaban hasta ella con suma facilidad, Estas
radiaciones de gran intensidad, junto con las descargas eléctricas
rayos, determinaron el aporte energético necesario para la formación
de las primeras moléculas orgánicas a partir del hidrógeno, como el metano, el
amoniaco, el agua y el dióxido de carbono. La hipótesis de que esta energía podía
tener como origen nativo los choques de meteoritos que atravesaban la atmósfera
constituyó el centro del debate durante los años treinta y cuarenta del siglo XX.

En 1953, Stanley Miller, científico estadounidense, llevó a cabo, junto con Harold
Urey, uno de los primeros ensayos en tos cuales se demostraba que las teorías de
Opanin y Haldane podían tener fundamento científico. Miller construyó un aparato
que permitía la circulación de una mezcla de metano, hidrógeno, amoniaco y agua,
en el que, a su vez, existía una circulación de descargas eléctricas. El agua
contenida en un matraz se mantenía hirviendo constantemente, para la producción
continua de vapor que permitiera la circulación de los gases. Los productos que se
formaban como consecuencia de las descargas eléctricas —que actuaban como los
rayos de la primitiva atmósfera— se condensaban en un tubo en forma de U y en
otro matraz de agua —que desempeñaba un papel similar al de los antiguos
océanos existentes en nuestro planeta— Este sencillo sistema se mantuvo en
funcionamiento durante una semana, al cabo de la cual se analizaron los
compuestos que se habían originado. Los resultados fueron sorprendentes: se
detectaron cuatro aminoácidos, comunes en la mayoría de las proteínas, urea y
varios ácidos grasos simples. Habían surgido, por tanto, unas moléculas que se
encuentran comúnmente en los seres vivos. Las condiciones primitivas de la Tierra
no debieron de ser muy diferentes de las que este científico simuló en un
laboratorio.

El siguiente paso en la evolución química es la condensación de estos primeros


aminoácidos, purinas, pirimidinas y azúcares, para la formación de moléculas de
mayor tamaño, que den lugar a la aparición de proteínas y ácidos nucleicos. Esta
concentración no es sencilla con grandes masas de agua, por ejemplo en los
grandes océano obstante, se ha apuntado la posibilidad de que, posteriormente, se
hubieran sucedido reacciones de deshidratación. Dicha deshidratación facilitó la
concentración de microsferas proteínicas, gracias a la congelación, dentro de
pequeñas gotas en la atmósfera, o por absorción dentro de partículas calizas de la
superficie del planeta. La hipótesis de la condensación fue corroborada por el
científico estadounidense Sydney Fox, que demostró cómo, calentando mezclas
secas de aminoácidos y luego mezclando los polímeros resultantes con agua, se
formaban pequeñas partículas esféricas proteinoides, que presentan ciertos rasgos
de un sistema viviente. Son de tamaño comparable al de ciertas bacterias esféricas
y presentan una doble capa que las separa del exterior; tienen propiedades
osmóticas y de transporte selectivo de moléculas. Poseen, asimismo, capacidad
para proliferar mediante procesos de gemación, como ciertos tipos de bacterias.
Aunque nunca podrá ser probado con todas las garantías, estas formaciones
proteínicas, creadas en un laboratorio, podrían ser los antepasados de las primeras
células.

Dispositivo semejante al ideado por Miller en 1953, gracias al cual el científico estadounidense pudo
reproducir en el laboratorio las condiciones de vida primitivas de la Tierra. El experimento demostró que
muchos compuestos que resultan esenciales para la vida se obtienen a partir de gases sencillos,
sometidos a la acción de descargas eléctricas y de calor

Origen de los sistemas vivientes

A partir de los estudios de laboratorio y de las leyes de la termodinámica se pueden


establecer las etapas necesarias para la aparición de la primera célula:

— Formación de polímeros de ARN capaces de replicarse mediante el a miento de


bases complementarias.
— Incorporación de los mecanismos necesarios para que las moléculas de ARN
puedan regir la síntesis de moléculas proteicas.

— Formación de una membrana de lípidos que determine el aislamiento mezcla de


ARN y nuevas proteínas.

— Sustitución como material que codifica la información para la síntesis d teínas,


del ARN por el ADN.

— Aparición de los primeros organismos procariontes, hace aproximadamente


3.500 millones de años.

— Transformación de estas células de estructura y funcionalidad sencillas, como las


procariotas, en formas eucariotas más evolucionadas, hace aproximadamente
1.000 o 1 .500 millones de años. Estas células eucariotas son las que están
presentes en la mayor parte de los animales y las plantas superiores.

— Aparición de los primeros organismos (celentéreos, protoanélidos y


protoartrópodos).

Las células son hoy en día sistemas complejos organizados, que poseen una serie
de reacciones mediadas por enzimas. Algunas de estas células son capaces de
captar la energía del Sol y transformarla en energía química, que se puede
almacenar en forma de glucosa, ATP y otras moléculas. Otras aprovechan la
energía acumulada en estos enlaces, para crecer, dividirse y mantener su
integridad. Todas las características de la vida, como la conversión de energía, la
asimilación, la secreción, la excreción, las respuestas a estímulos y la capacidad de
reproducción dependen totalmente de las complejas rutas del metabolismo de las
células actuales.

Los estudiosos del origen de la vida sostienen que los organismos primitivos eran
heterótrofos primarios —de aspecto semejante al género actual de bacterias
Clostridium— anaerobios —podían obtener todos sus alimentos directamente del
ambiente—. Estas características se mantuvieron hasta que el aporte de nutrientes
disponibles en la Tierra empezó a disminuir. A partir de este momento, los
organismos que desarrollaron la capacidad de sintetizar los compuestos esenciales
tomando como base otros compuestos accesibles adquirieron una serie de ventajas
fundamentales con respecto a los que no podían hacerlo. Para la consecución de
estas reacciones metabólicas es imprescindible el desarrollo de nuevas enzimas que
puedan mediar en las nuevas rutas.
Una vez agotados los nutrientes de la llamada sopa primordial, debido a la
proliferación de organismos, el siguiente paso en la evolución de la vida fue la
aparición de la fotosíntesis, la capacidad de aprovechar la energía solar para el
desarrollo. De esta manera, los organismos heterótrofos pasaron a estar en
desventaja frente a los nuevos autótrofos. De igual manera, la acumulación de
oxígeno en la atmósfera, orno consecuencia de la fotosíntesis, determinó la
aparición de un metabolismo aerobio u oxidativo. Los primitivos organismos de
aspecto de bacteria —procariotas— parecieron hace 3.000 millones de años, entre
ellas las cianobacterias, capaces de desprender oxígeno. Posteriormente
aparecieron los primeros eucariotas, organismos con núcleo. Según las más
avanzadas teorías, surgieron como consecuencia de la unión simbiótica de varios
procariotas. Entre ellos se encuentran las algas, los hongos, las plantas y los
animales. Su enorme éxito en la evolución puede estar, en gran medida, basado en
la variabilidad genética derivada de la reproducción sexual.

ORIGEN DEL HOMBRE


EL ESTUDIO DE LOS RESTOS MATERIALES

Para reconstruir el pasado de los hombres que todavía no habían inventado la


escritura sólo es posible para reconstruir el pasado de los hombres que todavía no
habían inventado la escritura sólo es posible apoyarse en técnicas especiales de
investigación. Estas técnicas permiten extraer información de los restos materiales
dejados por esos hombres, como por ejemplo sus huesos, los instrumentos que
fabricaron con piedras, o los restos de alimentos.
La arqueología es la disciplina que estudia esos restos materiales. Pero el
arqueólogo no se limita a recoger objetos hermosos como si fuera un coleccionista.
Su trabajo consiste en reconstruir la vida de los grupos humanos que dejaron
restos materiales: debe deducir su antigüedad, reconstruir las formas de
subsistencia, sus costumbres y ritos, su organización social.

le apoyarse en técnicas especiales de investigación. Estas técnicas permiten


extraer información de los restos materiales dejados por esos hombres, como por
ejemplo sus huesos, los instrumentos que fabricaron con piedras, o los restos de
alimentos.
La arqueología es la disciplina que estudia esos restos materiales. Pero el
arqueólogo no se limita a recoger objetos hermosos como si fuera un coleccionista.
Su trabajo consiste en reconstruir la vida de los grupos humanos que dejaron
restos materiales: debe deducir su antigüedad, reconstruir las formas de
subsistencia, sus costumbres y ritos, su organización social.

La excavación arqueológica:
Luego de realizar investigaciones
bibliográficas y sobre el terreno, el
arqueólogo llega al sitio donde supone que
hallará restos materiales de culturas
desaparecidas. Siglos, milenios de vida
humana descansan bajo algunos metros de
tierra. "Toda la historia no escrita de la
humanidad se encierra en las hojas
superpuestas del libro de la tierra, y la
técnica de la excavación tiene como primer
objetivo asegurar su lectura correcta", dijo
un arqueólogo contemporáneo. Por esto, la
tarea del arqueólogo consiste en ir abriendo
ese libro, hoja por hoja, cuidando de no
dejar que desaparezca una sola palabra, porque se corre el riesgo de hacer quizás
incomprensible el texto. Para lograrlo, se deben registrar con la mayor precisión
posible las características de cada hallazgo (medirlo, dibujarlo, fotografiarlo); y
establecer con exactitud el orden de sucesión de las distintas capas de tierra que
contienen los restos.

Aparición de los mamíferos


Hace 200 millones de años desaparecieron los grandes reptiles mas los dinosaurios
y comenzó el desarrollo de los mamíferos. E pequeños animales que dejaron el
suelo para trepar a los árboles. El salto a la vida sobre los árboles se debió,
posiblemente, a la necesidad de sobrevivir.

Surgimiento de los primates

Hace 40 millones de años, entre los mamíferos


se desarrollaron diferentes tipos de monos
llamados primates. Los primeros primates
fueron animales pequeños, de hábitos
nocturnos, que vivían (casi siempre) en los
árboles. Con el tiempo, algunos de éstos fueron
cambiando sus hábitos y características físicas:
su cráneo fue mayor, creció su cerebro, podían
tomar objetos con las manos, adaptarse al día y
alimentarse de frutas y vegetales.

Los homínidos
Se llama así a una de las dos familias de monos
en que se dividió el grupo de los primates.
Mientras que en la familia del orangután, del
gorila y del chimpancé no hubo cambios, hace
15 millones de años en la familia de los
homínidos comenzó la evolución hasta el
hombre actual.
Los primeros homínidos y el largo camino hacia el
hombre

Diversas fueron las especies que unieron al hombre


actual con los primeros homínido. Las especies que
representaron verdaderos saltos evolutivos, es decir,
verdaderos momentos de cambio, fueron las siguientes:

Australopithecus: fue el primer homínido bípedo


(caminaba en dos patas y podía correr en terreno
llano). Poseía mandíbulas poderosas y fuertes molares.
Su cerebro tenía un volumen inferior a los 400
centímetros cúbicos. De aquí se deduce que el andar
erguido se produjo mucho antes que la expansión del
cerebro.

El primer australopithecus fue encontrado en la década


de 1960 en África oriental.

Homo habilis: coexistiendo con el australopithecus


apareció esta especie de homínidos. Tenían un cerebro
más grande, alrededor de 700 centímetros cúbicos. Su
característica más importante fue el cambio en su forma
de alimentación: ya no sólo comían frutas y vegetales
sino también animales. Actualmente los investigadores
no están de acuerdo sobre si el homo habilis cazaba
intencionalmente y fabricaba utensilios para hacerlo.

Homo erectus: algunos lo consideraron el


representante directo del hombre, pero hoy se sabe que
muchos austratopithecus anteriores poseían rasgos
semejantes. Son los primeros homínidos que se
distribuyeron ampliamente por la superficie del planeta,
llegando hasta el sudeste y este de Asia. Poseían un
cerebro mayor que el del homo habilis: alrededor de 800
centímetros cúbicos. Conocían el uso del fuego y
fabricaron la primera hacha de mano. El primer homo erectus fue encontrado en
java (Oceanía) a fines del siglo pasado. El hallazgo de restos de homínidos de esta
especie en las cavernas de Pekín permitió la reconstrucción de algunos aspectos de
su vida.

Homo sapiens: vivió en Europa, en África y en Asia. Los hallazgos arqueológicos


reflejan cambios importantes en el comportamiento de esta especie: utilización de
instrumentos de piedra y hueso más trabajados, cambios en las formas de cazar,
uso y dominio del fuego, empleo del vestido, aumento en el tamaño de las
poblaciones, manifestaciones rituales y artísticas. El representante del homo
sapiens más antiguo es el hombre de Neanderthal (Alemania), y en tiempos más
modernos, el hombre de CroMagnon (Francia).

Homo sapiens sapiens: Sus características físicas son las mismas que las del
hombre actual. Su capacidad cerebral es de alrededor de 1400 centímetros cúbi-
cos. Se cree que apareció en Europa hace alrededor de 40.000 años. El homo
sapiens sapiens es el que protagonizó, a partir del año 10.000 a.C., cambios muy
importantes en la organización económica y social, como las primeras formas de
agricultura y domesticación de animales, y la vida en ciudades.
EVOLUCION DEL CRANEO:

El cráneo humano ha cambiado drásticamente durante los últimos 3 millones de


años. La evolución desde el Australopithecus hasta el Homo sapiens, significó el
aumento de la capacidad craneana (para ajustarse al crecimiento del cerebro), el
achatamiento del rostro, el retroceso de la barbilla y la disminución del tamaño de
los dientes. Los científicos piensan que el increíble crecimiento de tamaño del
cerebro puede estar relacionado con la mayor sofisticación del comportamiento de
los homínidos. Los antropólogos, por su parte, señalan que el cerebro desarrolló su
alta capacidad de aprendizaje y razonamiento, después de que la evolución
cultural, y no la física, cambiara la forma de vida de los seres
humanos.

CRANEO GORILA FRENTE A CRANEO HUMANO


Los seres humanos modernos son primates, así como los gorilas, los lemures y los
chimpancés. En algún punto de la evolución, el desarrollo humano continuó por un
camino distinto. A pesar de que existen muchas similitudes entre los seres
humanos y los primates (especialmente con gorilas y chimpancés), hay diferencias
fundamentales que atestiguan esa evolución independiente en sus respectivos
desarrollos. Esta ilustración de los cráneos de un gorila y un ser humano moderno
presenta algunas de estas diferencias. El gorila posee largos caninos y su
mandíbula es más prominente que la de los miembros de la línea de los homínidos

APARICION DE LA VIDA

Trazar el camino que siguió la humanidad durante este prolongado lapso de tiempo
es el reto al que se enfrentan los paleo-antropólogos, los científicos que estudian
nuestros orígenes. Su desafío, no obstante, es tan apasionante como quijotesco,
puesto que, de un proceso tan dilatado y complejo como es el de la hominización,
hoy sólo se conservan unos cuantos restos de herramientas y huesos fosilizados
que, pese a su innegable valor documental, resultan insuficientes para completar el
árbol de la evolución humana.

Pero lo que hoy sabemos sobre nuestros antepasados es mucho más de lo que
hace sólo unas décadas los prehistoriadores llegaron a imaginar. El desarrollo de la
genética, por ejemplo, ha permitido que algunas teorías existentes hayan sido
confirmadas o descartadas y, en un futuro no muy lejano, probablemente, la
tecnología dará respuesta a aquellas preguntas sobre la evolución humana que
permanecen sin contestar. La investigación, mientras tanto, continúa.

La Aparición de la Vida en la Tierra

El ser humano es un recién llegado a la Tierra. Según el calendario cósmico creado


por el científico estadounidense Carl Sagan, si comparáramos la historia del
universo con un año de nuestra existencia, podríamos establecer que la aparición y
desarrollo del género Horno en el planeta se correspondería sólo a la última hora y
media del 31 de diciembre, y que, un hecho tan ancestral como hoy nos parece la
invención de la escritura, se habría producido en realidad a únicamente 9 segundos
del fin de año.

En este sentido, tomando como referencia los estudios radiométricos realizados en


los minerales más antiguos del planeta, hoy puede determinarse que la Tierra se
formó hace 4550 ± 70 millones de años. Nuestro planeta, según afirman los
geólogos, habría sido inicialmente un globo incandescente que, tras un proceso de
acreción de meteoritos, aumentó de tamaño y, con el paso del tiempo, acabó
enfriándose y solidificándose.

Durante este proceso, que duró unos mil millones de años, la influencia de la
gravedad provocó que los materiales pesados se fueran depositando en el interior
del globo, mientras que los más ligeros permanecieron en la superficie. Así se
formó la corteza terrestre. Al mismo tiempo, las erupciones volcánicas generaron la
salida de vapores y gases, y la consiguiente aparición de una atmósfera primitiva,
compuesta de hidrógeno, helio, anhídrido carbónico y vapor de agua.

Cuando la temperatura de la superficie fue inferior a la de la ebullición del agua, el


vapor se condensó en grandes cantidades y provocó fuertes precipitaciones que,
además de erosionar las rocas de la corteza terrestre, determinaron la aparición de
los océanos. Fue en este contexto, hace unos 3.500 millones de años, cuando, en el
agua, aparecieron las bacterias más primitivas —es decir, los primeros organismos
vivos—.

Tuvieron que pasar unos 700 millones de años más, no obstante, para que estas
primigenias formas de vida evolucionaran hasta convertirse en algas unicelulares
capaces de realizar la fotosíntesis y expulsar oxígeno. Con la incorporación de este
último elemento a la atmósfera, hace unos 1500 millones de años, aparecieron las
primeras células eucariotas —con núcleo diferenciado— y, unos 500 millones de
años más tarde, la evolución de éstas permitiría el desarrollo de seres capaces de
intercambiar información genética entre sí —es decir, de reproducir-se sexualmente
—.

En el siguiente período, el Ordovícico, fueron muy abundantes los trilobites y los


corales y, al mismo tiempo que aparecían las primeras formas de vertebrados
marinos —los peces sin mandíbulas, como las lampreas-, algunas plantas e
invertebrados iniciaron la colonización de tierra firme. Por su parte, la tercera
división de la Era Primaria, el Silúrico, estuvo marcada por la abundancia de algas
marinas y de peces —algunos ya con mandíbulas-, así como por la existencia de
miriápodos y de plantas vasculares —con conductos internos para la circulación de
agua y nutrientes— en el medio terrestre.

La aparición de nuevas tierras. Altas cordilleras y grandes lagos inauguró el período


que siguió a] Silúrico, el Devónico, conocido también como la “era de los peces”.
Junto a la floreciente fauna marina y lacustre, en este tiempo se multiplicaron las
formas de vida en las tierras emergidas, mostrándose, por ejemplo, los más
primitivos insectos y anfibios; estos últimos, como una evolución de los peces
pulmonados y con aletas pedunculadas —es decir, capaces de respirar y de
desplazarse fuera del agua—.

En el Carbonífero, las especies vegetales, como los helechos y los gigantescas. Fue
en este momento, además, cuando crecieron las primeras coníferas, dando lugar a
espesas selvas que, enterradas bajo los aluviones en épocas posteriores, serian
responsables de la formación del carbón mineral. La existencia de un clima
pantanoso, húmedo y cálido, por otra parte, favoreció la multiplicación de familias y
especies de insectos —tanto terrestres como voladores— y de anfibios. De un grupo
de éstos, precisamente, evolucionarían los reptiles, los primeros seres que pusieron
sus huevos fuera del agua y que, gracias a desarrollar una articulación occipital,
pudieran mover la cabeza.

Durante el Pérmico, el período que pone fin al Paleozoico, los desiertos y las
montañas sustituyeron progresivamente a los húmedos bosques y pantanos del
hemisferio Norte. Este cambio climático y ambiental provocó el retroceso de los
animales que dependían del agua, como los anfibios, y benefició a aquellos que, por
su evolución fisiológica y reproductiva, mejor se habían adaptado a la vida
terrestre: los insectos y los reptiles.

De entre los grupos de reptiles surgidos a finales de la Era Primaria destacan los
terápsidos, los antepasados de los mamíferos. Se trataba en su mayoría de
animales terrestres, con grupos tanto de carnívoros como de herbívoros, que, a
diferencia del resto de reptiles, desarrollaron poco a poco la capacidad de regular la
temperatura interna de su cuerpo. A finales del Pérmico, no obstante, algún tipo de
catástrofe acabó con numerosas especies vegetales y animales del planeta, y, junto
a éstas, se extinguieron la mayor parte de terápsidos.

Dominio de los dinosaurios

El Paleozoico dio paso al Mesozoico o Era Secundaria, que se inició hace unos 250
millones de años. El primero de los tres períodos geológicos en que se divide éste,
el Triásico, estuvo caracterizado en sus últimos momentos por una nueva extinción
masiva de especies y por la aparición de los saurios, que pronto se diversificaron y,
gracias a su capacidad de adaptación, comenzaron a dominar el planeta.

Los únicos descendientes de los terápsidos del Paleozoico que sobrevivieron al


Triásico fueron los cinodontes, que, tras millones de años de evolución, darían
origen a los mamíferos. En este sentido, muchos expertos apuntan al Thrínaxodon
como posible ancestro directo. Los mamíferos aparecieron en la Tierra hace unos
230 millones de años, es decir, a finales del Triásico. Una de las especies más
primitivas que se conocen fue el Morganucodon, cuyo fósil ha sido encontrado en
cuevas de Gran Bretaña y de China. Según se cree, este diminuto insectívoro, con
aspecto de zarigüeya y costumbres nocturnas -lo que se deduce por el gran tamaño
de sus ojos— empezó a caminar por el planeta hace unos 200 millones de años.
Establecer exactamente la frontera que existió entre los primeros mamíferos y los
reptiles cinodontes —con quienes llegaron a convivir largo tiempo— resulta muy
diflcil, puesto que órganos como el pelo o las mamas, que son los que definen a los
mamíferos, no se conservan fosilizados.

Mientras los dinosaurios fueron amos y señores de la Tierra, lo que ocurrió durante
el Jurásico y el Cretácico —hasta hace unos 65 millones de años—, los mamíferos
fueron pequeños e insignificantes. A la sombra de los gigantescos reptiles, no
obstante, los descendientes de los terápsidos lograron diversificarse y
evolucionaron lentamente. En este período, por ejemplo, aparecieron los primeros
monotremas —parientes lejanos del ornitorrinco—, así como los ancestros de los
marsupiales y de los placentarios. Sin embargo, de todos los grupos de mamíferos
del Mesozoico, el más destacado tite el de los multituberculados, diminutos
animales de aspecto parecido a los roedores que se extinguieron hace 30 millones
de años. En el Jurásico, por su parte, también aparecieron las aves, evolucionando
a partir de un grupo de reptiles voladores.

La era de los mamíferos

Al final del período Cretácico, se produjo la extinción masiva de los dinosaurios y


otras especies vivientes. Las causas de esta catástrofe son aún desconocidas,
aunque la teoría más aceptada es la que señala el impacto de un meteorito de
gigantescas dimensiones como detonante de un cambio climático con nefastas
consecuencias para la flora y la fauna del planeta.

La desaparición de los grandes reptiles dio paso a la Era Terciaria —que, junto con
la Cuaternaria, forman el llamado Cenozoico—.

Durante ésta, los mamíferos, aprovechando el vacío dejado por los saurios, se
multiplicaron y diversificaron, imponiendo su dominio sobre el resto de vertebrados.
De las 10 familias que existían al iniciarse el primer periodo de la Era Terciaria, el
Paleoceno, se pasó a casi 80 en el Eoceno —tras sólo 10 millones de años de
evolución—. Muchas familias de mamíferos modernos, por su parte, datan del
Oligoceno —es decir, de hace entre 35 y24 millones de años—, y fue en el Mioceno
—hace entre 24 y 5 millones de años- cuando se registró la mayor diversidad de
especies. En este último período aparecieron los primeros y más primitivos
hominoides, como los Procónsul, Diyopithecus y Rarnapithecus.

A partir del Mioceno, el número de mamíferos empezó a declinar y, como


consecuencia de los profundos cambios climáticos que se produjeron durante el
Plioceno, hace unos 2 millones de años muchas especies desaparecieron.

Estaba a punto de iniciarse la Edad del Hielo, la Era Cuaternaria o Neoceno, en la


que un primate muy avanzado iba a imponer su dominio: el Homo.

TODO COMENZÓ CON UNA EXPLOSIÓN

Desde La antigüedad, el origen del cosmos, que precede a la formación del Sistema Solar y,
consecuentemente, a la aparición de la vida en este planeta, ha sido objeto de todo tipo de
explicaciones. En nuestros días, la teoría que se considera más verosímil es la que los científicos
denominan “Big-Bang”. Ésta propone que el universo nació y se expandió tras la explosión de un punto
sin volumen, donde no existía ni el tiempo ni el espacio, yen el que todo estaba condensado. Esto habría
sucedido hace entre 20y 15 mil millones de años. Según esta teoría, además, el universo sigue en
continua expansión

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