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25 ate Matcola Paz y Alicia Morel * PERICO TREPA POR CHILE IsaN678.956.264-7465 EN TIERRA DEL FUEGO, PERICO DEBE DEJAR LA ESCUELA PARA CONVERTIRSE EN PASTOR, EL OFICIO DE SU PADRE. ‘SABE QUE VA AEXTRANAR A SU PROFE- ‘SORA, A SUS CONPANEROS, ESE GRAN [MAPA DE CHILE COLGADO EN LA MURA- LLA... PERO LO QUE PERICO AUN NO SABE ES QUE, SIN PROPONEASELO, ESTA A PUNTO DE EMPRENDER UNA AVENTURA MEMORABLE, EN LA QUE GRACUS A LA AVUDA DE DIFERENTES ‘AMIGOS PODRA CUMPLIR SU SUERO Y TREPAR FOR TODO CHILE. NARCELA PAZ V ALICIA NOREL SON 00S ECONOCICAS ESCRITOFAS CHLENAS. MARCELA PAZ ES LA CREADORA DEL POPULAR PERSONAJE PAPELUCHO Y GANADORA DEL PREMIO NACIONAL CE LITERATURA EN 1962. EN EDICIONES om HA PUBLICADO JACKY, PAZUCA EN LA BUNA, EL SOLDADIFO ROJO Y LoS PECOSOS, TODOS EN LA COLECCICN EL ARCO DE VAPOR. ALIC/A MOREL POSEE UNALARGA TRAYECTORIAEN LA.LUITERA- ‘TURA INFANTIL Y JUVENIL DE NUESTRO Pals. ES AUTORA DE MAS D= MEDIO CENTENAR DE UBAOS. EN EDICIONES 5M HA PUBLICADO LA COLECCISN 2E QUENTOS EL SECRETO DEL CARACOL. APARTIR DE9 ANOS * = = be 3 2 £ 8 2 S 2 3 = < = Marcela Paz y Al DE VAPO a Morel Perico trepa,por Chile EL BARCO DE VAPOR Perico trepa por Chile Marcela Paz y Alicia Morel 1 El fueguino iPerico, vuelve a contar! —Pero si conté bien, seforita. —Contaste solo hasa treinta... —la profesora parecia a punto de enojarse—. Escucha, Pe ya es hora de que pongas atencién. Saies | escribir, pera cuentas solo hasta treinte. Qué Toda la clase sabe contar hasta mil 0 miré al suelo, Tenia sus razones para no saber contar como Los otros. Pero no padia decirlas. Empez6 a pasar el dedo en torno al pupitre. —jPerico! i, sefiorita —se levanté y miré de frente a la maestra. —{Tienes alguna preocupacién? ¢Hay proble- mas en tu casa? Perico miré a sus compaferos que refan y también rid. Sus grandes dientes blancos sepa- rados brillaban en su cara morena, més morene por e! acholo, En realidad, no sabia si todos se veian de él y tampoco entendia las preguntas de a profesora. Por fin se deci 6 a contestar: Si, seForita, hay problemas... —dijo. —Bien, Pe-ico, hablaremos después —y con- inué lz clase. Perico tenia ocho afios y Ie gustaba mucho ir ida sar con los compaiieras, Su era muy sola en el rancho de su pedr ‘Tan lejos que para ir a la escuela hacerle er el caballo de su padre y tan nimal cor epezaba nen Tierra del Fuego, la zona mais a :, dence los cias son tan cortosen inviers0 que apenes hay cinco horas de luz. Al revés, en rvierno. Pero ei siquiera no son tan largos que todos se acostaban en pleno dia, porque le noche era le corta. En sus pequefas tierras de lomes suav padre de Perico criaba ov el as finas, que él mismo pasto-eaba. Le habia dicho a Perico que el dia que pudiera con-ar hasta cincuenta, tendria que hacerse cargo del rebano. Pe! continua: yendo a la escue’a, aunque pera Hegar a ria gue $3 helade que lo traspasaba mas que la nieve. Y por eso Perico ro aprend mi toda mi vida contando ovejas, como é pensaba Perico mirando el largo mapa de Chile que colgaba en un muro de “a sala de clases No. Algtin cia treparé por mi igual que arafia, Reco-reré haste el Gitims rincn Pero esa misma noche, durance padre le d erica Sreferi ir a veces con dura Muvia y el vi adre me pone de pastor, tendré que comida, su —Perico, desde mafana cui ards mis ovejas. Empieza ayudes. —Pero papé, usted tiene circuenta ov s6lo sé contar hasta treinta. —Con;ards las treinte y luego veirte mis. Ast regas. A Perico se le alargé la cara. Ya no volver las fiestas de fin de ano > de su pa- buen Sempo y es hora de que me jas. Yo sebras que estin ab aa la escuela, no vi no galoperia a todo lo que dab dze para llegar a tiemzo. Se aburriria atrozmente s, solo, entre cuic Sintié ganas de Hlorar, porque nar las sorgresas y aventuras de su nueva vida, —Al menos podré ir a desped 208 y de mi meestra... —moque¢ 30. Luego vuelves al monte, ami a donde esperdndote Desde ese momento, la escuela se convirtio en lo mas maravilloso y alegre de su vida. Son6 toda la noche con sus compaferos que co: y gritaban jugando. Parecian tener alas y vo sobre los patios... Se desperts y pa cazallo, Galopaba pensando en la lo esperaria un par de horas desoués No quiso decitles @ sus amigos que ya ro vol- No cuer’a ¢ ompadecieran. Qu.za se contaria a la profeso:a, Llego hasta su pupitre y se senté como todos los dias. Trataba de no penser que al salir a recreo se irfa para siem>re de ese mundo y seria un pastor. Solo. Muco. Con lo 9 disimulo, sac6 un clavo de su bolsillo y grabo su nombre en su pusitre: “Perico el trepador’ Sali6 con todos al recreo, y de pronto s2 acercd a su profesora y, sin mirarla, le dijo: —No volveré. Desde ahora cuidaré de mi padre... —y r comentario, corrid hacia el cobertizo, apreté la cincha a su caballo y, montands de un salto, partis a todo galope Lleg6 al lugar del pastoreo. No hes traico elmuerzo y es tarde —dijo su padre—. Serd mejor gue empieces desde mafiana... —No, pepa, hii dijiste que empezaria hoy. Debis:e Hegar mds temprano para eso. Lle- va al rosillo a casa. Esté todo sudado, tranco, Almuerza Por un momento, Perico sintié rabia. ¢Por qué 5 ovejas nm esper Io habian hecho volver de la escuela a media mafiana? Luego reaccioné, al torcer la rienda y encaminarse paso a paso a su -ancho. Tenia que olvidarse del colegio. Al fin y al cabo, un dia u otro, todos dejan la escuela para irse a trabajar, Ahora de pastor... ¥ vio la imagen del pastorcito del nacimiento con su flauta. Si, él podfa hacerse una de cana. Con su flauta lamarfa a las jas, inventeria ura melodie zara ellas y para e mundo entero. Quizé seria un flautista famoso y entonces v:ajaria por todo Chile hasta legar a Arica. Bien caminados, quizé podria hacer ¢ recorride er una semana, El resillo alargaba el camino con su lenta mar- cha. A él no Ie pasaria eso —pensaba Perico— tocaba pensar en algo para no aburrirse ve- 10 nunca se Aabia cansado. Seguramente el rosillo era viejo. Lo dejé pastar un rato onar luego sintis sus propias cipas. —Yo también tengo hambre —Ie dijo tixandolo ge la rienda—. jAndando! Esa noche, cuando Perico se metié a la cama junto a su hermano chico, su padre le indicé: Mefiana tendrds que levanterte més termpra- n no. Yo te despertaré. Y levarés tu almuerzc el morral con lo gue te ha preparado tu mad: y apreté bien los Perico se tapé con la frazad ojos que querian —Ella ro es mi madre —murmuré bajo la ropa—. Mi madre estd en el cielo, Ella es pura- mente mi madrastra, la madre de mis hermanos chicos. Pero no mia. Mi madre es linda, mucho més buena y me quiere tremendo porque yo soy su tinico hijo y ella es mi Gniea madre. jEntera mia’ Sorbidé con fuerza y apreté la cabeza contra el colch6n, :ratando de dominar su pena. Ms le valia pensar en las melodias de su flauta, en ser famoso por su misica, en Henar Tierra del Fuego cc poder de sus canciones... No miraria dema: alas ovejas. Las cuidaria, si, pero estaria mirando s mucho més lejos. Flautista famoso y trotatie de Chile; esa era su arrbicién.. 1 2 {Falta una! ' Le paree 6 que recién se habia dormido cuando su padre lo desper-6 remeciénd sin despercar a su hermano chico. Su madrascra y la hermanita menor dormian atin. La cocinilla estaba encendida y e. cuarto o café y pan tostado. Su padre remo Mas sobre olla. FI desayuno tenia un sabor especial; asf, compat entre él y su papa —Te pondras mi poncho viejo. FI fsio pica mucro a esta hora —le dijo su padre. es brasas y la leche subia en —Puedo levarme un cuchillo? Quiero hacerme una flauta de cafia —explicé Perico. El padre eligié uno. No tenia mango ni filo, pero eso no era problema, ya que lo afilaria en una piedra El poncho, al ponerselo, llez6 al suelo. Mejor, asf lo calentaa entero tes nges demasiado con la flauta. Recuerda que estas trabajanco y cuidando del ganado. No puede perderse ura oveje Salieron juntos y levaniaron la tranca del corral Las ovejas se empujazon impacientes por salir a co- mery pertieron atropelléndose en la escasa claridad. 12 Perico las siguid y en el camino ubied a tientas unas caiias que cor:6 para llevar consigo. —Mientras esté oscuro, no te preocupes. Las ovejas estarin juntas y no se moverdn com:endo el pasto con rocio, Cuando terminen de ramonear, ya habré aclarado. Trotando junto a su padre, sintio Perico que se calentaba, a pesar del aire helado, Los dias ndo legaba el verano. empezaban a alargerse cu Por fin se desuvo e. resaro. El padre de Perico se despidié repitiends sus recomendaciones y volvi6 e casa ‘erico se dejé caer sobre los cojines de pasto asgero y htimeco y afirmé su eabeza en e! morral para dormir otro poco. familiar y casero que lo hacia sentirse acompanado cielo, donde, ent: mientras miraba niebla, navegaban ‘asestrellas. Descubr unas que parecian un volantin gigante y pensé ponerles nombre, pero el sueso le cemé los ojos. Lo desperts un extraiio cosqu vapares de entreellas leo. Algo corri6 sunariz. Perico sobresu cuerpo y Heg6a rasguite dio un salto justo a tiempo para ver desazarecer un cururo en su pequefia cuev: ispecie de rat insult6—. Me sacas:e de un lindo suefo... —y se pu Ja cafta la cueva del curur Ya era de dia y Perico recordé de pronto su trabajo. Con espento se vio solo en el Hano, Nin- guna oveja se divisaba Sor ningtin lado. Creyé vivir una horrible pesa zEstaré despierio? —se pregunté dandose un a escarbar con 13 do a otro, pero sta. Quiza cu ‘aba de susto, viera un perro o} padre debe darm me pierden las ov cuando ni siquiera 7 En un grupo cor y dos que pastab. diacisiete, se a pito al lugar ¢ aguanté porgue primer perdida, (Qu laba el —Podria ser Se deslizé por la Joma y a medica que se acer- caba, el bulio se parecfa mas a una oveja. Por fin estuvo cerca y, ya seguro, le extrafié Ia rara actitud det animal: esteba inmovil, con la cabeza levantada y no comia. Perico legé hasta ella y comprendié lo que pasaba: es:aba dando vida a una ovejita, pero tenia problemas. Vio en sus ojos una terrible angustia: lo miraba como pidiendo su ayuda. El corderito tenia solo la cabeza y una pata afuera y se esforzaba inditilmente en tratar de edelantar su otra pati isto muchas veces a su padre ayudando a una oveja en situaciones como esta y no vacilé en imitaclo. Solo que le faltaban fuerzas... Loged aleanzar la petite doslada y sus manos inseguras pudieron sacarla de su aprieto. La oveja madre se levarté del paiar en que estaba echada, mientras Perizo recogia en sus brazos al corderito que respiraba ral. Sujets su cabeza en sus brazos, que cafa sin aliento, ¥ poco a poco loge que la sostuviera. Los ojos asustados se calmaban y cuando ‘a aceres a ‘a madre, ella lengiieted el hociquito negro y fue limpiando a a. La recién nacida hizo un esfuerzo por levantarse, pero no pudo tenerse en pie. Por un ra‘o Perico ol s de pastor; era comiend: padre a sorprenderla lejos ds sus debe confiaba en que el pifio reunido sig: y que no llegara si del rebano. Al fis Ja ovejite bale Ia Jevanté en brazos pa: spin tranquiia. Perico darle calor y se encaminé hecia donde estaban las otras. La macire los siguis. 16 Con el animalito en sus brazos, Perico sentia una ifo con silbides, como habia visto hacer a en las estancias. 8 arrie ;Caramba! Apenas quierc una cosa, la tengo —pens6 mirando con atenciér las marioras del rado: el perro se ech6 al suelo, en de aquellos que se crien solitarios y rabi que cuando se juntan en manadas pueden comerse un rebafio entero. Se desaté el lazo que llevaba siempze consigo amarrado a Ja cintura y se lanz6 contra el perro a latigazos, dispuest> a vender cara la vida de sus ovejas. —iAh, ah, salvaie! iYo te las voy a dar! Sus gritos asustaron momentani animal, que solt6 su presa. ¥ e: cameo, como si —gritabe a todo pulmon— ameate al comprendiera su obligacién, egacx6 le cabezota y empez6 a escarzar el suelo v a dar topetadas en el aire. —iVamos, macho, ayti rujeres! —soguia gritando Perico, haciendo girar e: litigo como una hélice. Las ovejas se apifiaban lejos, indo hacia el llano y, 2 as, iba la oveja madre. La corcerita nueva habia quedado atrés, balaba débilmente y en vano queria mientras ef perro salvaje se le acercaba evantarse, galope De dos saltos, Perico estuvo junto a ella y se- cAndose la manta in dejar de da> grito tisé sobre el perro raros que asustaban al 20 se debatia envueltoen la manta y Pericoaprovechd para -anzarle una piedra. BI perro quedé quieto; ‘did la piedra, de buen tamaio, lo habi Tom6 en brazos a ‘a ovejita y 1a acaricié para alejar sus temores. Estoy para culdarte —le decia—, ne debes tener miedo de los persos salvajes cuando yo istoy cerca. Entrelanio, riraba sin pestafe rel bulto del perro, cubierto con su porcro gris. En cualquier momento podia recuperarse, lanzarse de nuevo al asalto. Bajé al suelo a la oveja y ‘e estird las palas, tratando de que se sostuviera; pe piemas eran déciles y miraba a ojos de botones tratando de explicarselo. En un impulso, volvié a levantarla en sus bsazos, —Oye, Mirasol, ese seré tu nombre, porque no hay otro mas lindo para ti. Yo, el igual que ta, me demoré en aprender a caminar. Pero lo nsayandio hasta que me result sol sonrefa, aunque seguia estuve Le parecié gue M temblando. —No debes tenerme mieco mente—, Debes con‘iar en mi. No quiero qu tengas mizdo... —y sin saber por qué, bes6 a la corderita y ella le lami tis extraiia alegria. Era la primera vez que alguien le hacfa caritio. No recordaba fos que seguramente Ie hizo su madre, porque ella murié antes de que é\ tuviera nemori La oveja madre estaba ahora a su lado. Puso a Mirasol en el suelo para juntarlas, Luego, arman- Ja acarici6 suave- me ja cara, Per: at dose de valor, se acercé al bulto del perso para recuperar su poncho. Recogié la misma piesra grandota y la cafia que pensaba un dia usar para las bellenas, Al levantar le manta, perro salvaje despertacia para atacarlo y tendria que defende Se aceras poco a poco. Mirasol mamaba lejos, moviendo su colita de felicidad, El rebaio se ha- bia tranquilizado y pastaba a distancia. Tendrian tiempo de huir si el animal enloquecido atacaba de nuevo. Con mucho cuicado la punte del pon- cho y lo levanté. Las patas rigicas del perso no se agitaron. El aturdico no desperts y esto dio confianza ¢ Perico. —iCeramba! Le pegué en la cabeza. Soy bas- tante capo en punterfa a ciegas. El perro tenia el hoc: sangre goteaba entre sus dientes. —jPareces bien aturdido! —exclam6 inelinéndo- se sobre el suerpo—. No me digas que te maté. No lo pensé, solo quise defender a mi rebaiio. Seatrevis a tocar al animal y ‘uego lo dio vuelta. —Te mats sin querer —dijo como cisculpan- dose—. Lo que se llama en defensa propia Sentia ura rara sensacién de remord:miento, una tristeza. Quizd no era de hombre apenarse asi. Siel perro no hubiera estado loco, habria sido su mejor compafero. Sacudié la cabeza para tirar lejos la con“usin que Jo Henaba: —No debs olvidar que soy el de mejor punte: en toda Tie-ra del Fuego. Quid de todo Chile Y miré al cielo, triunfante. Entonces 22 4 ¢Ovnis o marcianos? Vio un punto en el espacio ezul. $2 acercaba desde gran altura. Podia ser un marciano en su pletillo volador, 9 quizd un ovri. Eran cosas que contaban en la escuela sus compaieros, y cuando la profesora los ofa, explicaba: “Hey gente qu dice haberlos visto, incluso e> Punta Arenas, pe —Puede ser uno de esos —exclamé alborota- do— y yo lo veré y podré estudiarlo, Rio al darse cuenta de cue hablaba en voz alta —Se nota que estoy solo todo el dia, ya habl conmigo y no me aburro. El “platilio” brillaba y se acerceba a gran vel cidad. E pastorco lo estaba poniendo imaginativo, ademas de hacerlo hablar solo, porque lo que se aproximaba era un simple aviér, une de tanto que van ce Cerro Sombrero a Manantiales y a Punta Arenas en los afanes petroleros. Su Tierra del Fuego era muy importante con sus “pozos de coro negro, por la escasez mundial”, como decia la profesora. Pero este avidn que se acerceba parecia mas chico, “r4gil e inseguro. No surcaba el cielo como una Zala, como algunos que viera; 23 a ebajo, tratando de sacarsels. oto abrié les ojos, pero no dijo nada —Yoy a buscar ayuda —le explicé el pastor, 1 pi sacindose el gorro y apartardo el humo, Pertio a toda carrera hacia su casa pensando que su padre pod:fa hacer lgo por el herido. O 4 mismo partirfa al galope an su viejo caba‘lo a dar aviso al retén de carabineros. José, su hermano chico, salié a su encuentro. —Se cay6 un avién —grité—, mi mama y yo lo vimos —Si, casi me cayé encima. :Ha vuelto papa? —No. Perico fue en busca de su madrastra, gue habia dejado de cocinar y se azreglaba para ire dar aviso a los carabineros de lo que habian v —Tia, e: piloto esté heride y bastante mal —dijo Perico, —Liévale esto mi botella del “fuerte’—. Mencs mai que est vivo —continué—. Iba saliendo para ir a pedirle al compadire que dé aviso por radio... Lléva'e esto al piloto y dile que venaré pronto la ambulancia José quedard cuidendo la casa y a cu hermana mientras vuelvo. José alarg6 sus labios a punto de hacer puche- ros; se morfa de ganas de ir a ver el desastre: era ntras tato —la tia le pasé la el primer accidente que v loco de curiosidad. Perieo, entretanto, se tomaba un enortre vaso de agua. Luego Ilené una botel y, cogienco la que contenia el “fuerte”, partié corriende con ellas por las lomas. Aungue le dio en su vida y estaba 26 una puntada, siguié, acortanco apenes el paso. El camino ie parecia interminabie... Menos mal que ya divisaba el humo de los restos del avién y eso Jo animaba @ contiruar sin darse un deseanse. El piloto estaba menos eturdido y acepté el trago de aguarciente —La tia fue a pedir ayuda —dijo Perica, viendo la mirada del piloto, —Gracias, me salvaste la vida. tengo una pierna guebrada y no puedo mo —Hay un hospital en Porverir y otro en Ce-ro Sombrero. En todo caso, pronto vendran a bus- carlo, porque lo vieron de muchas partes sa era la vertaja de aquella parte plana de la isla, que todo se veia El piloto bedié otro poco. Tenfe las manos guemadas, no padia moverlas y Perico le acere la botella a la boca. —Yo Io estaba mirando cuando volaba al Je dijo— y entonces lo vi caer como un péjaro al que le han pegado un hondazo. —No pude evitarlo. Algo le pasé al motor. Perdf altura con snucha sapidez... Fue terrible. Vi venir el suelo. Alcarcé a dar eviso por radio. Cerré otra vez los ojos. Gjali se hubiera do- mido, No se quejaba, aunque sus piernas debian dolerle y las manos y todo el caerpo. Entonces divis6 a los lejos algo que se acerca- ba: era el jeep de los carabineros. Seguramente vieron caer el aparato 0 quiza oyeron el llamado por radio, porque cra imposible que su madrastra habiera logrado comunicarse tan pronto, ero Me temo que me 7 Perico sontié al ver ios brincos que daba el jeep por las lorras. Aleanz6 a distinguir que venfan tres personas en 6) ra su madrastra! fa? —pregunté el carabinero practican‘e que ‘enia una ctuz roja en le manga. Salté al suelo al ver que Perico asentia y corrid una Sombrero po- rastra—. Yo por e: camino y les servi de guta. Todos se acercaron mien radio —ex| ps encontré as el practicante examinaba cuidadosamente al siloto pregu indole “zle duele?” a cade -ato. Luego le nyeecién y armando una camilla de recostaron al herido en ella y lo una evaron al Se alejaron muy Iento para no dar coveos. Su madrastra partié con el con sus oveias, otra vez se quedé s 28 5 Terrible amenaza Cuando volvi6 a su casa, su padre habia tle- gado. La madrastra le contaba la caida del avi6n y el rescate del piloto. Serfa tema para muchas tardes, ahi donde casi no sucedie nada —Hola, hijo, ges verdad que lo viste caer? —Si. Lo habia divisado cuando tocavia era un punto en el cie-o, Al verlo bajar tan brusco, pen que e:a un dguila, pero en ese instante se convirtid en avién, viniéndose ebejo, cerquita de rr Te cio miedo? Ni me acuerdo, porque corri altiro al verlo arder. —jTe acercaste? —Caro. Ayudé al piloto que 10 podia salir, porque estaba amarrado. Con el cuchillo corté Ta correa. —zNo te quemaste las manos? Perico se las miré. —Chamuscadas no mas, Me do:ian los ojos con el humo, pero me me hasta las narices. 2Y el piloto? —Tuye que hacer harta fuerza para saca-l ja gorra para taparme 29 Después dijo que tal vez tenfa una pierna que- brada. —<¥ entonces? —Vine corriendo a casa a dar aviso y pedir ayuda, La tia me dio un frasquite con fuerte para llevarle, Le costé tragarlo, pero ar La tia sonre‘a esperando alabanzas. —Suponge que reg'strarias el avion después que se llevaron al pilo:o —pregunté su padre —Primero recog las oveias. Luego voly’dond2 humeaba todavia. Era et primer avién al que m2 acereaba, aunque ya no quedaba mucho de él. Estaba casi oscuro, pero le eché otra mireda antes de venirme. Los fierros retcreidos ya se habjan enfriado. Encontré esto y lo guardé de recuerde. 8 ojos, Perico alargé a su sadze una pistola medio fundida, ‘aramba, un recuerdo sSlidi i —rid su padre. —{Sirve? —pregun:6 e! nino. Su padre se la devolvio sonriende -Si, come recuerdo so! fregé. Nunca podré funcionar, Perico. —Da igual, no habia pensedo matar a nadie... Te portaste bien hombre, hijo, Porque ya eres, hombre. Bien mereees tu recuerdo... Pero ahora tengo que contarte mis negocios. Exes parte de m equipo. Vendi las bestias 2 un gringo y vendrds conmigo a entregérselas, Es un viaje de estuerzo para ti, pero si trabajes conmigo. Perico sintié algo raro, como ganas de tora” Por un lado le halagaba que su padre lo tomara en cuente. Pe: mente. se llevarian a Mirasol y ese ie dolia tremendo. Con un estuerzo grande, se tragé la pena. —gLas vendiste todas, papa? —pregunté al fin —Clarito. Las cincuenta, Son finas, estan pre- ciosas y me pagaron bien. Compraré nuevas que crecerdn y engorderan a tu cuidad: —Y entonces les venders —marmuré F tristemente. iBravo! capaces de formar un ganado de seleccién. jY ti padre, sin darse cuente ntendiste el negocio. No todos sor vas como socio! —rid de la pena de Perico. Habia vendido a la oveja madre y coz ella se iia la erie recién nacida. La pobre no podia sepe~ ria con ella... Aunque le rarse de su made y se explicara a su padre la verdad y su pena, igual se irfa Mirasol. No iba a deshacer el negocio por eso. Esa noche, mientras todos dormian, Perico tomé una decisién: partirfa con su ovejita, fuera ella donde fuera. Lo necesi:aba para no morir aplastada por las otras y él la necesitaba a ella porque era su Gnica cosa propia A la mafiana siguiente, su padre lo esperaba con el desayune como el prmer dia de trabajo. Le gustaba estar solo con él, sin los hermanos chicos ni su madrastra. No median el pan, ni la leche ni el azticar mientras hablaban de muchas cosas que interesaban a los dos. —Iré contigo a ver las ovejas y el avién caido —dijo el padre sopeando el pan en su jarro. Perico comprendié que habia legado el mo- mento de contarle lo de Mirasol, ¢Qué pasaria 31 entonces? Los grandes son duenos de muchas cosas y no entiender lo i portante que es para algo propio: un a Empezaba a aclavar cuando sa Sincieron un galope. 2Q: horas? E) pacre se det un nifo tene! Nn podria venir a esas vo. grité a Perico —jlré mas tarde! I re sus olviends ra_una suecte. Una gran suer s tranc: erico ab plviéndola ¥ recogid a ia ove) nla mier en ras azuzaba al resan\ en sum o hacia les lomas. —Dios me esté ayudando —pens6 e' nil Nada se puede sino empujan de arriba. Oj que mi padre se entretenga bas a ver el ganado. Las estrellas amigas se iban borrando en ef ielo. Esta vex las ov nt y no venga jas buscaron paste més lejos, lo cue daba tiempo para ver si alguien se acercaba. Acomodd a Mirasol jun:o a la madre y comenzé a sacar sonidos ¢ - 1 flauta De pronto se dio cuenta de q sobre sus patas que a colita como un remolino ape madre. Perico se ale: mentarse sola, pe ela ove) fa. estabe vada contra la ovej rd de ver que ya podia 1 sinti v ie punzada de —Soy tan egoista como el José —pensé eno- jado—. La queria paca mé, tuilida, y ahora me apena verla sana. Menos mal, asi el gringo, descubre, tendré que pagar por ella y entor la cuidara 32 Tomé su flauta y ensay6, sin qvitar la vista de su oveja, une cancién para ple, pero linda, y melodia muy si repitié une cereaba. Al poco « carabineros, que seg ci avién destrozad ntarse con cllos. El carabinero que Dio una mirada al rebatio y corrié a j mangjaba lo reconocid y lo presenté a su acom pefiante: —Aqui tiene al salvador del pilot —Teniet Campos. te le estrecho | y con fuerza. teniei > confirmar prefiero oft 10 de los hechos. Eres el lestigo princip. mportarte. El teniente se Perico se sintié mu acomod6 e que contara el pastor. Informé que e’ piloto estaba recuperdndose cunque tenia quecradas ambas piernas y muchas quemaduras. El nine volvi6 a y e7 seguida cl teniente le relataz de eseribin, - Quieres Inco acabi alargs el pap nes que mar tu declaraci leer lo que anote? Perico dijo que no. E siempre leyera antes de firmar, pero el pastor pens6 que con Io lento que lea, iba a pasar un la firma, Tomé el lapiz. del segura, el teniente, teniente le aconsejé que buen rato antes teniente y puso su nombre con letra —Gracies por tu confianza di Entretanto, el otro carebinero examinaba los restos del avidn, y apari6 cue mostré a su jefe. Igunas piezas metélicas La matricula —dijo indicando una lata en- oscada—. El niimero del motor y lo que queda de la rad o. —Todo fundido —confirms el tenien‘e. El porito averiguaré ‘a razén de! accidente con estas piezas. Perico recordé la pistola que recogié como recuerdo, pero no dijo naca. Se la quitarian aurque n3 servia ya, En camb:o para él formebe parte de su tesoro, Se despidié ce los del jeep y volvié dende sus ovejas, que se habian disper sado. Mientras reunia el rebaiio, tocé la flaute junto a Mirasol; las ovejas parecfan escucharla, aprenderian pronto a seguirlo pe Lo que ras le inter su Mirascl melodia ba era que la aprenciera Cuando al anochecer Baltasar asomé timida- mente en al , Perico hizo sorar su flauta paza que el rebatio emprendiera el regreso. Varias veces repitid el sonido y con su cafa larga empujé a las remoloras. De pronto recordé que no vo 5 pastos, fa con ellas a Av dia siguiente partiria con su padre a ertregarlas a! gringo, Ctras iban a ser las ove as que tendria que cuidar, Pero nose separaria nunca de Mirasol. La tomo en brazos y regresé al rar-cho sin sospechar lo que traerfe la siguiente mafiana. 34 6 Y ahora gqué? Al llegar a su casa advirtié un enorme camién corralero, casi tan grande como el rancho. Sentados a la mesa con su padre hal hombres. Uno de ellos tenfa una barba rubia y al momento el pastor comprerdié que cra el gringo al que su padre le vendié las ovejas. Tomaban aguardiente, mientras cnirriaban unos cos' lares sabrosos en la coci Su padre lo p: que era “el salvador” del pilato, Perico se sintié nt6 a los hombees, agregando enrojecer y empezé a molestarle que re la historia. —Ademas es Cuida mi ganado —y agregs, dirigiéndose a él—: Perico, el sefior Smith prefirid venir en su camién s mi socio —decia el padre a buscar las ovejas, porque dice que pierden peso con el viaje a pie y que, como son finas, sueden quebrarse les patas. Y se eché a reir estrepitosamente —Usted no tiene miedo a viajar ce noche —comenté su madrastra al gringo. —Casi no hay noche ahora —ri6 él ahorra tiempo. 36 —Tiempo y plata —di‘o el padre —Sobre todo platita, porque a mi ayudante le page por horas —y el sefior Smith le p. codazo a su joven companero que bebia Los ojos de Perico by el momento. Aun s 2 manta y veia sus 00s suplicantes pidiéndole que no la abandonara. Como dertro de é na orden, una vor, vardn las ovejas $i Dos y el aguardiente lo pesmiten —con- testo inister Smith y rié de nuevo. Se empné el vaso y a Perico le cargé su risa, 1 barba dura, rojiza, que le hacia recordar a un pirata male, cruel, asesino de ¢ Se fue al rineén donde dormia con su her mano y sacé cuidadosamente ce debajo d colchén su pistola fundida. La escondié en su bolsillo y volvié a la mesa, donde ya estaba servido su plato. . Tenia Fambre pero se cuidé de comer solo un poco; queria guardar algo para el ser largo. Llevaria su flauta, su cachillo, su pisto- la y Ios px . No imaginaba hacia qué Jugares tend:fa que seguir a Mirasol. Por de pronto, le estorbaba la manta oscura; si iba ¢ mezclerse con el rebaro deberia parecerse adi “Toma ur trago o te daré frie —le dijo el compefiero de Smith que pod i ahorros que te 36 Perico sonrié al nombre gue le caia simpati- co y se cal6 la vieja chomba de lana de ovejas, tan parecida a ellas mismas. Recogié sui plate y pregunté si podie guardar su racién para el dia siguiente, Nadie le contests ‘Cuando ai amanecer lo remecieron, no recor daba su preocupacién de aventuras y le casté volver a la realidad. —Vamos, hombre, echar el rebano al camién... Perico salt al suelo y al mo vino a la memoria su: proyecto. Répidamente cogié el paquete que habia pzeparado y lo echs darme a tienes qu ay ese la cara le en su morrel Afuera la noche era muy os orillando Baltasar, que le serviria de g . Abrié las trancas y fue despertando @ Aun a a, peso estaba encaso necesa las ovejas y empujindolas hacia afue-: escondié en su chomba. E] pioneia y el gringo habfan ajustade el puente; n. Por él podian pasar es- trechamente una a una y entre los tres hombres las iban contando. —Cuando verdo ganaco yom y cuando lo compro, igual —decia Smith, sin tientas descubrié a Mirasol y loa. cam mo lo cuento, perder la cuenta. A Perico le parecié que esa frase le echaba el mundo encima, ;Como iba él a meterse al camién con su ovejita? Se fue quedando atras con Mirasol y la madre. Habia cue turbar al gringo en la cuenta, A pesar del frio, traspirabe. —Treinta y siete, treinte y ocho —contaban las voces roncas, Se acerceba su turno. | Cogié a la madre de Mirasol y lomo, ‘orzdndola a subirel puente. L trep6, pero cuando el pastor se apart de su lado, se echo atrés y armé el desorder. entre las que segui —Llevabamos cuarente y tres —dijo el gringo con rabia —Yo conté cuarenta y cuatro —alegé su padre. azras. Solo han subids —Si, pero una se vo! cuarenta y tres Perico dio un nuevo empujén a la oveja madr= hace asar junto a confiado en le oscuridad, se arries; pucntecillo y ga la por baj sus patas, —Abcra si que van cuarenta y cuatro —grité Smith Pero al continuar contandole cuenta y una. —Usted tenie raz6n, sefior Smith, Mis ovejas le salieron cin- son neuenta, EI gringo rié —Y¥o runce me egu Y subis el puente ama C0. dolo a la barand: ya bien fija en el cam y ‘me —afiadis, mientras Perico se acomodaba entre las patas del ganado del primer piso, lo que no dejaba de ser incémodo. Ya se las arreglaria para subirse al de arriba cuande pudiera. Oyé los adioses y el motor del vehicule apagé cuelquier otro ruido. Los focos iluminaron 38 casi lo de: 40 las praderas y partiero lo. Por lo demas, no se iba para etico respi lori6, pero ahora jamés Su padre 7 Rumbo desconocido 1 60 era sola y ests Perono fue ast. A veces, lo que se planea resulta muy diferente y sucede lo que nunca se pensd Perico se acomods en un rineén cerca de la bacanda con Mirasol cn sus rodillas. La madre, a ia de coj‘n. Iba calenti:o entre anas gue amo-tiguaban los sltos y se sus espaldas, le ser sus grucsa durmié sin problemas. Nux Cuando el era pleno dfa. en ur barranc6n, Hebia algun. Fi supo cuanto viajd midin se detuvo, abrié | os hombres se baja S ojos y mn aalmorzar casas y calles, ico aprovecnd para com Jas belaban, empujindose. Seguramente tenian hambre y extratia>at tad de las lomas y el pasto mojado de cada dia. Mirasol era la Gnica que se alimentaba con la leche ce su ma tay ely 147 solitarias y Perica asomé su cabeza revu . Las algunos arboles inclinados por el se movian como haciéndole seftas. Pasaron dos personas agachadas defendiéndose nadas le refrescé la calles es nto austra’ nto, otras caminaban hacia atrds arr del 18 MUTOS Para No caer. 41 Al mirar a su alrededor, Perico empez6 a reconocer Puerto Porvenis, donde una vez vito con si: Jadre. En esa ocasi un frigor: corderos: los conv granate. Jamas 1 dia fue muy largo esper. largo de luz tambicn. Perico, miranco co: solo estu jeron en ‘0, donde congelaban |a carne de los de hielo color i su merienda. Persabe en los patagones, enormes gue antes poblaron su tierra. Decian que ahora guedaban muy poces, escondidos en cel poniente de le gran isla Ds canales De pronto aparecié el g-ingo con su pione Trafan sus orros muy m ponchos avanzando contra dos y abrazaban horrible viento. page 1e preocuparse de alimentar ol ganado para que no piesa peso n, acclerand s del puerto. Bruscamente frenaron zDonde estaban? Este si que era nocido. Tenfa un ruide nueve, un que Perico nunea antes escucnd cijo Smizh—. Tar para un embarque. Ahora hay ¢ ny partie n lugar deseo- lor nuevo, alg | ols jams. 42 8 ;Contratado! —jAre! jUh, uh! jArze! —gritaba una voz 4spera. Un irio afilado hirié la espalda de Peri al so:tarse las ovejas que lo apretaban. El puente ya estaba puesto en el camisn y no dio tiempe al muchacho para pensar en el peligro inmediato Las ovejas bajaban medio tullidas. EI gringo las picaneeba brutalmente. Perico salt6 afuera junto a la cabina y, una ver. en tierra firme, se jugé entero, acercandose alos hombres, Habfa una g-an bareaza atracada al muelle donde por otro puente trepaban semia- turdidas las ovejas. —Puedo ayudar? —pregunté acereéndose— Soy pastor. | pioneta lo miré fijamente; por un momento ‘a. Perico creyé que lo recone —Parece que te he visto antes... :Verdad, amigo? —le pregunté, Perico negs con la cabeza y empez6 a levantar las ovejas tullidesestirando sus patas suavemente. Hacta bastante fuerza y esto lo notaron los otros —Eres en verdad pastor —dijo el gringo con . Y te necesizamos. Te ganarés unos feroz risotada: 43 pesos si haces comer y beber al rebano. iG Entrd en accidn camo teenico. Empezo a ral pifto con maestria. Las ov on y sintié gratitud hacia los inocentes ar levados a cualg as lo reconocie- males, parte sor los hombres —jEres de equi? —pregunté el gringo, m: “ind con atencién—. Aunque hace afos que abajamos con ove'as, no sabemos manejarlas smo ti Perico conteste in volver la cabeza. ‘No, no soy de Porvenir. Vengo de tier-a adentro ~y sae su flauta como quien muestra un mento, Necesitaba ganar tiempo y demorar la tarea para que no descurtie: la boca y comenz6 a tinica melodia que le result —jHabré pasto aqui? —pregunid luego al gringo—. Si han viejado mucha, lo nece: que el agua —No te preacupes, ya ree bordo —co Hizo sefas al pioneta y grité a Perico: —Cuidales mientras volver-os 5¢ alejaror, pero miraban hacia atrés para a. pastor. ‘Seitor, que no me reconozcan Mirasol y yo estamos perdidos si tti no 10s ayudas Se sentia censacio y hambriento. Pero habia que actuar réido, antes de que volvieran los satrones. Con estuerzo levents a Jas ultimas ovejas y sul al cami6a para bajar a Mirasol. Corrié con ella por la pianchada terdida en:-e la barcaza y el iba. 44 6. Acamodé a sa as él muelle, y todo el pinto ‘o si oveiita junto a la madre, que siempre iba aba la tarea cuand Term regresaron los dos hombres. —Bien, c —dijoe gringo, tienes pasta de ovejero, {Quieres venir con nosotros? Si, seftor —Andando, enzonces. Stiseie a la barcaza, Su suerte estaba echada. No habia pesibil dad de volver airs. Lo importante era salvar a oveja. Mas adelante veria cémo regresar a casa. La cabeza de Perico empez6 a furconar ace leradz. ;Adénde iban? Matar No; oy que el gringo las compré por las ovejas al otro lad finas, no resultaba el negocio... :Las congelarian? ~De qué manera podria salvar a la suy Los hombres hablaban junto a él, pero no pi nia atencidn. Su problema bailaba en su cabeza y ademas tenia hambre. El piso de la bazceza era inestable. Se movia blandamente y Perico sintic que estaba parado en una especie de nube na mano fuerte lo sujets. wonces servirian para la crianza, Pero De pronto {Qué te pasa? —pregy —Esté mareado —dijo otra Pos blemente ni siguiera ha com-do.. Reconocié al pioneia que lo sostenie de beza y vagamente recordé que no deb‘a mirarlo mucho. Algui 6a sus labios una taza de café con leche 16 una voz ‘e la ca nace: I tomarla lentamente se sintic levantarse y camina: por la barceza. —gLe han dado de comer al rebaiio? —fue su primera frase. Los hombres rieron fuert es un verdadero pastor ron— Puedes estar trenquilo, hace rato que se estén alimentando. —No es bueno que coman demasiado la pri- mera vez después del ayuro que ido, Se pueden empachar con est2 paste seco que no conocen — » Perico. —Han ayunado apenas una noche y un dia $s que se desquiten. —No respondo por ellas —refunfuiié el pas- for, sin sensar que podian tomarle la palabra desembarcarlo. Pero al gringo reaccioné de otro modo: —Ti estdés a cargo. Vigila su comida o su ayune como quieras, Confiamos en ti Y se encaminé con el pioneta y los marinos de a borde hacia la proa: 46 9 El pioneta Perieo respirs su libertad, Estaba solo con sus ovejas, por fin. Se hebfa acostumbrado a su compaiiia silenciosa. Se abrié paso entre el rebano que run ba restos de pasto seco y, aunque estabe oscuro, descubrié 2 Mirasol junto a la madre. Se dirigié hacia la popa, en sentido contra al que tomaron los hombres, y alli pudo mirar ‘por fir mar y conocerlo. El agua oscura ce ba con los refle tuces cel puerto, En torns a la qu olitas que iban y venian dando paimadas suaves ps de las a chasoteaba: al casco, como haciendo cosq Por un costado de la bareaz cadena que se pezdia en el agua. T a extrafias cosas desconacidas, q lo olia a aceite, izas a petrdleo. A Io lejos, a través de la noche, en cl agua se mecian luces parpadeantes, faros tal vez, 0 e! fabuloso fuerte Bulnes... Dificil conocer el mar a esa nora. En cambio al tarco, que pisaba por primera vez, tenie que tocarlo, mirar cada cosa, ole:lo. Era algo nuevo que ofa nombrar mucho en la escuela y ahora podia imaginar de verdad 47 las cerabelas de Co acorazado de guerra n. Los barcos piratas y un ja cabeza orejas y do hacia afuera para mirar el incesante miento de las olas, no oy6 los pasos que e pronto siniié u mov se ace-ceban. hombre: mano en e@ No hagas estupideses, puedes caerte al agua y adiés vida Se volvié para encontr pioneta que lo miraba de «© con los ojos del Nera COMO si bas sin trabajo cuando te encontra- mos, ¢10? —S1 senor, Quizd te conve se estd mejor ¢ ) perse: Devo desaparecer con Mirasol”. —Solo vamos a atrevesar hast Y auncue aht te quedes si contrar algo en el puer Respira. ;Ne adonde se di Punta Areras, puedes en- conocia! Ademis, ahora sabia ta Ar . Qué pasar Tenia cue estar alerta para escapar en cualcuier momento Ya veria. El ponetz .¢ pasé una bolsa de papel con queso y pe —Ustedes, los cabros, sierr pre Lenen hambre hoy trabajaste mucho. Aunque el trayecto es corto, zddnde te vas a quedar? mayor i dad 48 —Aqut mismo, en cubierta. No cuiero perder de vista el rebaio que me encargan. Sentia una comezén por hacer muchas pregun- tas, porque habja ofdo tantas palabras nuevas, pero solo cio las gracias por la comida -Buenas noches —dijo el pioneta alejindose Perico le hizo una sofa. jLevar anclas! —se oyé desde el otro lado. an pesadas cadenas y el arcla del agua con sus colgajos de extrafias plantas. Comprendié que la barcaza partia, tre- pidaba entera con sus motore: 49 10 Perico desaparece Se durmié al poco taba en lo mejor en su propia golete, dando 6rdenes a Mirasol como oveja marinera, cuando un trueno los parti en dos. Mi- rasol escav6 de sus brazos y antes de atracarla, el feroz trueno se repitis de su suefo surcanco el m: ar rodeaba al bari bargo, se dio cuenta de que navegaban en cleno mar, No, aquell no habia sido un trueno; nunca s hay com niebla, Debia tretarse de otra cose —iSi, la bocina del barco! Eso era —se dijo, manoteando en Una espesa Sram ascuridad hasta gue aleanzé a su ovejita—, No tengas miedo —murmurd—, es la sirena de bares. La hacer. sonar para n chocar con ora en la niebla, Pitearé hasta que se despeje. Otro bocinazs azaz6 su voz y se acomodé de nueva entre las patas a sucios, rebato para volver asus vaivén de la barcaza era un columpio y trefa imagenes dificiles de recordar: La sirena, como trompeta de oro, partia el aire en ’a noche... Gro, el metal que en los canales de la cordillera de Darwin costé le vicla a los pobres vanacones, los 50 indios gigantes que ye no existian, La trompeta iba marcando el paso a través de 1a nicbla. Lo desperté un gran silencio y una extrafia quietud. Las maquinas se habian detenido. 6 a despertar, y Ios marineros EI barco empe: salieron a cubierta listos, dando srdenes preci- sas... Estaba rodeado de lanchones, de buques petroleros y, poce a poco, a medida que la luz aumentaba, la niebla iba desapareciendo y se podia ver el ajetreo cel puerto, Cargadores con sacos, fardos, cueros y corderos congelados. Unas griias funcionaban sobre los barcos y, mas lejos, habia un extraiio muelle hecho con vigjos cascos que antes fueran vel Pero allf se trabejaba de otro modo. Perico se div cuenta de que esa era una fantastica fadrica de buques, an astillero. Se sintié aturdido al ver tanto movimiento y ruido. El ir y venir de hombres, los pitazos y lz extraiias érdenes que daban los patrones de bar naron de asombro. cos a través de ecrneta: Los cargadores llevaban la gorra con la visera hacia atrés, defendiéndose del vierto siempre feroz, El frio era tremendo ahora que 0 lo pro- tegia el sebafio. —Perico, aqui esta tu deseyuno —dijo una vor conocida, y una mano también conocida le alarg6 un paquete —Gracias! —Perico lo tomé ansissamente y sacé una feuta, Miré al pioneta a los ojos y tuvo su mirada. — Usted me hzbfa reconocido, entonces? —pregunté, morciendo la manzane. St —Desiie un principio, pero te guardé el secreto, —Gracias —murmuré con la boca lena —Yo debia haberte devuelto a tu padre, pero no sé tus planes ni por qué estas aqut. Sélo me preocuparé de que no te mueres de hambre. El recuerdo de su padre lo golseé duramente. Hacia mucho que no pensaba en él. ;Qué diria ante el hijo desaparecido, el Y”, como Io Ha- maba ahora ultimo? SintiG una violenta angustia Por un rato se queds silencioso, mascando su manzana. Siempre he pensaco volver —dijo por fin— y muy luego. Apenas... —paré en seco la frat Estuvo a punto de revelar su secreto. sioneta parecié adivinar su problema —Pronto traerén el forraje para el ganado tu debes desaparecer, La otra manzana que iba a morder quedé a nedio camino. {Desaparecer? gPero cémo? Sabia que ese era su problema y cue no podia ped: ayuda ni siquiera a ese buen amigo. Era mejor arreglirselas solo, no depender de nadie — de Ia partida, el arriero invit6 al pesiora subir al jeep, con Mirasol y todo. El otro jeep los seguia, manejado por un gringo vestido de marino. Perico, junto al chofer, 3e sintiG més confiado y pregunts —Quié Milod Estaba convencido de que se trataba de un Pirata mas famoso que Drake. —{Milodén? —ri6 el arriero—. Milodén era més que pirata. Sepa Dios las maldades que hizo 1? 74 en su tiempo... Vivia equi, en esta cueva y aqui vino a morit, Era cl dltimo de su raza y vivid antes del diluvio universal. Nadie sabe mucho de G1... Su escuelete, que pertenecia a una especie de oso gigante de mas de tres metros, lo vier muchos, pero no se interesaran por é1. Un alentar lo supo, vino a verlo, se lo Hevd y lo vendis a Milodér fue a dar a un museo Es el tinico ejemplar en el mundo un sueco. Ye de Ingleterr y estuvo aqui miles de aos para ra dar a Inglaterra! A nosotros nos queda solo la cueva y st nombre. —Me habria gustado conocerlo —dij imaginando al monst-vo. —Pero no encontrarte con él, supongo... De pronto, en una curva del camino, apareci6 mensas torres Perico un panorama extraordinario: dos de piedra, dos montafias incre‘bles Jara los ojos de un fueguins acostumbradi a los Hanos, se alza~ lentes en su altura, Con el ban hacia el cielo, atatdecer, se iban tifendo de preciosos colores y a ratos parectan de cristal con sus hielos Si, eran torres de nieve gue jamas se derri Qué son esos? —progunt6 Peric sionado. —Son las Tor-es del Paine, ios mas altos montes en la cordillera austral y miden més de dos m cuatrocientos metros de altura. Los metros no impertaban a Zerico, pero esos fantasmas enormes de hielo lo fascinaban, eros. mpre- Parecfan venirse encima de él, de todos... Los rodeaban muchos lagos, en los que se refejaban por distintos angulos, dando la impresién de profundidades insondables —Creo de verdad que estoy sonando —dijo en voz baj | guia se entusiasm6 y explicé en los dos idiomas: —Detras de las torres hay regiones que nunca han pisado los hombres. Lagos, la cor Darwin con sus nieves eternas... Las turistas maravilladas iban sacando foto- raffas. Parecian querer llevarse a Chile encero en sus maquinas de ojo marciano. jera de Perica se sentia muy rico al ser chileno y por eso duefo de todo lo hermaso: ellas simplem grababan con sus cémaras. Se bajaron del jeep y mientr: borotaban por los alrededores, imagi ‘mente las turistas el ico empez6 a Io que fue todo eso antes del diluy cuando los milodones dominaban el campo, devo- rando hombres, ganado y todos los animales que se comieron seguramente hasta los huesos. Dios sabe qué razas existian antes de que aparecieran los milodones a banguetearse sin dejar rastro algun 0 volvia los ojos a fa caverna, alld lejos, donde se habia dormido para siempre ef ultimo Milodén, Quiz fue un rey en ese tiempo y le caverna su palacio. mi capitan Cuando Hlegaron al muelle de Puerto Natales habfa un hermosa bareo blanco atracado. Tenia dos grandes chimeneas, varios puentes y cubiertas con barandas, ventanales, muchas lanchas sus- pendidas entre ganchos, salvavidas de vistosos colores y enormes reflectores que larzaban una luz dorada. Iban y venian marinos y oficiales de impecable uniforme azul y galones brillantes y también mozos de albas chaquetas. En letras de oro, se destacaba el nombre del lujoso yate: Sengull, que, segtin oyé después Perico, queria decir “gaviota’ Las gringas tucistas subieron por una fina es- calera, parloteando més que nunca; su lengua era un misculo que no conocia el cansancio. Olvida- das cel pastor y su oveja, que las contemplaban desde tierra, se tendiecon en la cubierta, en sillas de Jona, a dormir sus emociones. Perico pensé que ese maravilloso ba para él. Buscé entonces entre los faluchos y un cites, vacios de gente en ese momento. ;Dénde estarfan sus capitanes? Se fij6 en un grupo de hombres qu noera por sus 77 trajes gruesos, sus chombas de cuello subido, sus gorras con la visera vuelta para atras, sus rostei an el aspecto de patrones d do de Mirasol, y se det uno le pre —Quiere mé en brazos, veriguar cémo pod Porvenir ¢ una de los Cisnes, —Puerto Cisne mismo voy yo uno de los patrones, un grandote, macizo y 1 fen, que mir6 a Perico hacia abajo sin hac sentirse demasiaco chico —gMe puede llevar? —le pregunts Perico, iClaro! {Por qué no? Si no Ie tienes miedo al lobo... —ri hombrot reaccioné al ver enrojecer al chiquillo. —Soy lobe y cuido mis reb de lobos. Tengo crianzas de un pelo y dos pelos Zarpo mafara, y me voy pepado a la costa, cuti- dando mis lobos. ;Conoces los coipos? gLas nutrias y los dungungos ? Gatos de mar son estes. Si quieres venir conmigo, tienes que trabajar, y duro. —No me asusta el trabajo —dijo Pericu sin darse de queel patrén, al contraiarlo, hablaba de Puerto Cisnes, que esté mucho més al norte y no de Laguna de los Cisnes de su Tiersa del Fuego. —Bien, conforme, entonces, Entre los dos ca- zaremos los lobos viejos y nos defenderemos de los comerciantes tramposos —2A qué hora zarpamos? —pregurté el pastor. —Mafiana al amanecer, Pero dime una cosa, gestuviste en la escuela? —Si, sefior, sé leer, sé contar y muchas cos. —Entonces también sabrés hacer lo que se te ordena. Si no llegas a tiempo, partiré sin ti, Aqui, en el muelle, antes de que aclare —Si, patrén, —Recibiras alimento y paga, algo de lo que gane con las pieles. ¢Entencido? EI patrén le dio la mano con fuerza. Perico también apreté como pudo y se alejé fijandose muy bien en el camino que seguia: las casas, los detalles, los marcé en su memoria para regresat sin tropiezos al otro dia Tenfa que encontrar un rincén para pasar Ia noche, que no fuera distante de! muelle y don- de pudiera pastar su oveja, Llegé por fin a una pequefia plaza, barrida por vientos y Iluvi tumbé bajo un drbol y se quedé dormido. Sof que regresaba a su casa con un rebaiio de mil ovejas que le regalaba a su padre Desperté con el aire frio de la amanecida y las pataditas que Mirasol daba contra él, arrebujén- dose en busca de calor. —De todos mados se alegraré al verme llegar con esta oveja tan linda. Cuando empezaba a aclarar, abrié su morral 16 el mas delicioso desayuno que habia probado en mucho tiempo. Se refrescé bajo una lave de agua y, con Mirasol trotando tras él, partio al muelle. Resulté fécil llegar. Ya estaba ahi el patrén, més grande que nunca. —Tendremos que esperar que empiece a subir la marea —dijo—, porque el paso del Kirke 10 haremos a con-rapelo. $i partimos con la vaciada, ! bajar la marea Megaremos al otro mundo en lugar de al puerto. —Si, sefior —respondié Perico sin entenderle mucho. —De ahora en adelante dirds “si, mi capitan” o “no, mi capitan”. Soy el capitan Miguel Benaven- te, bastante famaso en mi casa, cuando la tenga. Yo me Iamo Perico. las codegas puedes comprarte un fardo de pasto para tu ‘Toma esto por adelantan- do... —y le alargo un billet Sin perder tiempo, comprd un fardo que él mismo hizo rodar hasta el barco. Eleapitan Miguel le indicé dénde debia porerlo y cémo distribuir Ja carga para impedir que se volcara el etiter con una ola grandotz. Empez6 a subir la marea y zarparon sin més. Nadie les dijo adiés desde el muelle Perico sacé su flauta tanto tiempo olvidada y ensayé melodias que atrajeror. a las gavi y pelicanos. —jHacia mi Tierra del Fuego! —era una nueva melodia que brotaba de la cafia mientras surcaban 8 18 Mil canales y mil islas El dé recerse. Rebaios de nubes salian al encuentro del estaba medio ni lado y tendia a oscu- aui‘er, amenazal —Es el vertisquero Balmaceda, que desde el fondo de Ultima Esperanza echa sus neblinas a mar para alborotar las a n cualquier mo- mento pararé el motor, Perico, asf que tie estar atento cuando te indique que tomesel timér Capitan y pastor se entendian bien. Perico le iba sto z la navegacion, s que tomando ortear majadas de olas mas inquietas y que las ovejas. Ponian resistencia, eran pe exigian maniobras. Cuando las riberas se acercaron, angostando el canal por ef que navegaban, el capitin enseid a Perico a mancjer el timon. —Nos acereamos al Kirke - ~. Es un canal muy angosto y prefiero paserlo sin motor, En todo caso, yo tomaré el timén y ti estards atenio con las velas, Hicieron cambio de lugar, luego que el capitan desplegs la vela y su foque, Recién entonces Pe- rico compren: 6 por qué esperaron que la marea 82 subiera desde el mar al fiordo Ultima Esperan- za: las aguas, al entrar como sumergidos, hacian la navegacién més lenta y taban las maniobras en la angostura. mos de animales: A algunos les gusta arriesgarse y hace mares de aventura Alsalir cel Kirke, volvieron a encender motores, y bajar velas. El capitan explicé: Iremos cerca de las costas y entre las islas. it mar afuera en esie ciiter es arriesgado. Hay que alejacse de los ventisqueros, esos ries de hielo que bajan al mar, porque ellos cesprenden esos enormes témpanos que navegan sin pilo que nos estrellen. Al anochecer, nos acercaremos ta donde echaré mi primera mirada a tebafios de lo20s. Su rebeito es se lobos y el Hos @ usted? Porque a mi mis ovejas me conceian —Bueno, ienen miedo, saber. que soy su. amigo Perico pensé un moment —fintonees ustec no es un cazader. gNo dijo que vivie de las pieles? —Asi es, ya lo verds con tus propios ojos. Lo que Perico vefa con sus propios ojos era que las montafias nevades earecian girar; cuando las divisaba a un lado y c-efa que iban a estrellarse contra ellas. eparecian al otro, muy lejos, era ce ovejas. 8 Son mas salvaies. Ko me 3 canales que ellos no penetraban. Era como esos juegos que llaman “laberinto”, en que se b: con un lapiz la salida de miles de caminos que se cierran y cruzan. silencio era inmenso, Solo se ofa el ruido del motor; uno que ctro pato salvaje pasaba ro- ndo el agua y levantando una cortina en torno como para hacerse invisible, ya que su peso le impide volar, No se divisaba ni un caserfo, ni una cale No habia hombres por alli, puramente soledad. ca Si Tierra del Fuego era solitaria, esto se pare aun planeta deshabitado. Hasta las islas, con s Arboles con Jas rafces al aire, inclinados por las ventarrones, daban la impresién de otro mundo. Se cruzaron con algunos grandes témpanos que Hevaban pingtiinos y focas de pasajeros, y algunas tonines jugando junto al cuiter. Pero se echaba de menos la presencia humana El capitan comentaba todo lo que vefan y dijo de los define Son los zegalones de los hombres de mar, Los peseadores ce Chiloé, més al norte, Ios Haman cahueles’ v dicen que cuando hay temporal, sal- van a los néufragos llevéndolos en sus lomos hasta la playa. También dicen que tren buena suerte —Me gustaria montar uno —exclamé Perico- Galopar sobre las o!as. {Usted me cuidaria a Mi- rasol mientras hago la prueba? —gGalopar en delfines? Creo que ni sabes nadar... Los australes no pueden aprender con las aguas a cero grado de nuestcos mares. {Se te 84 olvida que estas trabajando y no_ugando? Perico asintié, No sabia nadar y estaba tra- ando. Empez6 a oscurecer y el capits quito a una isla que emergia del agua como un animal manso y verde. Eniraron a una estrecha bahia y arribaron a una playa rodeada de rocas. tre se vefa maverse una masa negruzca de cuerpas brilantes: los rebafios de lobos cel capitan Migue. jAhi estin! —grito Perico alborotado como si acercé el bar- el capitan no los viera—. ,Saltaremes a las roeas? glremos @ verlos altiro? —Mafana, Perico. Mafana. Hoy comeremos, prepararemos al refugio y dormiremos sin acor- darnos ni del citer Ataron el barco con un grueso cable y luego se internaron er: Ta isla. El capitan Migue’ conocia muy bien el camino hacia una cueva protegida del viento: su refugio, como él lo amaba. Pero entrar, descubrid cenizas caliertes, rasires de ura fogata, Eso lo enfurecis. Cara de Ratén anduve me cochinas mancs en mi rebaio, justamnente ahora que debo cuidar mis machos nuevos y las hem- bras recién nacidas! Perico nunca haba visto enojade al capitsn Miguel. ;Perecia tener tan buen humor a toda hora! itlo. Se daba cuenta de que Perico « Cisnes, mientras en realidad iban rumbo al norte, a Puerto Cisnes, Ambos habian cometido un error y para si ir viajando a sur a Laguna de ir de Ge capitan tendria que embarcar al nino en direccién ntraria. Pero decidié no decir nada hasta no tener una clera soluciGn Pasaron la noche en Puerto Edén y al dia guiente prepararor el ctiter y lo eguiparon con viveres. Perico estaba interesado en conocer a |os alacalufes. Le recordaban a los nas, ya desapa- recidas, pero de los cuales oys habler mucho a su padre y también cn la escuela Como si cada uno de sus deseos tuviera que cumplitse, apenas despegaron del puerto, vieron cruzarse con ellos una canoa de indios muy pé- lidos. El capitén les hizo un saludo el que ellos respondieron sin detenerse. —Ahi tienes a los fantasmrales alacalufes le dijo a Perico—. Vienen de los fiordos, canales muy estrechos que entran tierra adentro como en torcidos corredores. Estén rodeados de hielos y estos indios alacalufes viven ahi sil alimentindose de mariscos v peces. ciosos, oe a vez cijeron en mi escuela que iban a llegar dos. Pero nunca viniero 4 poco navegas, Perico creyé ver un arbol que crecia del mar. No es arbol, es el mé merg.do hace aiios —explicé el capitan—. Esta ahi para advertir a los navegantes cue acorquemos al lugar. Sin ese mastil, podriamos chocar con los restos del barca Moraleda y darnos yuel:a y_ hundi mos. —1Un barco hundido? Es ‘o que mas me gus- tarfa conocer por dentro. A mi tambicn, Pero hay que nadar muy bien y saber resistir el ticlo de esta agua. {Qué pena! Me habria gustado tanto v jay Muchos barcos a medio hundir, p Los piratas, esos bandidos, los hacian naufragar para saquea Y pensar que en el colegio muchos quicren de un buque su- © nos ser pi —Les gusta Ja aventura y no conocen Io que fueron en realidad. Mira, aqui tienes otro barca a medio hundir. Voy a atracar un poco para q = Perico casi Pero apenas acercé el ctit salté a le cubierta clinada que sobre- salfa del agua. Al pisarla, resbalé como si fuera de jabén y cayé al agua. én no hizo nada por sacarle. Se tenia bien merecido el susto y la sorprese. Se lo habie advertido bien clero... Si ‘0 viera en peligro no dudarfa en arriesgar hesia su pellejo for salvarlo. 95 Pero le venia bien la experiencia por su indisciplina Perico asomé una cabeza de perro asustado chorreando agua y se pescé de un fiero. Crefa ahogarse... El capitan lo dejé trabajar su salida con la pesada ropa que estilaba y solo le cogié la mano para subirlo al ctiter. Escupia agua y tiritaba —Sicate tu ropa y envuélvete en Perico obedecié sin defenderse. asustado como arrepentido, y a su manera pro- metié no faltar mas a la discipline. Cuando se tranquiliz6, le enseié un clavo roficso y torcido al capitan: i —Le Hevo de recuerdo, perc re... —dijo, —No soy coleccionista —rié el capitan y le ofrecié comida para que se celentara. El cttter entraba ya en la Angostura Inglesa. Eran dos muros densos y muy altos, dos murallas usted lo g naturales muy fuertes que apenas dejaban paso al ciiter en el canal. Solo se veia un angosto cielo azul mientras el motorcito resonaba en la soledad de esas ag; ’itamente profundas. —Aqui hay a lo menos dos mil metros de fundidad. Es un tajo abierto en la cordillera por la mano misteriosa de Dios. —No es el mismo camino que tomamos al venir —dijo Perico—. No creo haber este tinel antes. EL capitan aprovech6 el momento para expli- carle a Perico la equivocacién de ruta, el error cuando hablaron de Cisnes. —Seguiré trepando entonces... —dijo con pena. 96 —ZHay ball —Més afuera. De chicuillo anduve tras Ahora escasean. Prefiez mis lobos... Cuando salieron del acantilado les parecis rena- cer ante la inmensidad de: mundo. Esa estrechez htimeda y oscura, con su mezquina cinta de agua y también. mezquinc cielo, los traia enervados. ‘Ahora que estamos a todo cielo y mar, qu adveri:rte, Perico. que demoraras er llegar a tu as aqui? 0 casa. Nos heros alejado mucho de tu camino. —No importa, he visto tanta maraville. Mi casa est siempre donde mismo y sabré encontrarla Yo estoy contratado por usted y voy a seguir'o. Dejaron atras la isla Wellington y empezaron a navegar en un mar agitado, leno de islotes. El capitan enfilé hacia unos peftones negruzeos que Hamaba “ratones” lis la tierra del Cara de Raton? —fse no tiene tierre. En todo caso vamos a dormir al pic de faro San Pedro, en una isl cerca del golfo de Penas. Detuvieron el motor y a remo se fueron acer cando al lugar. A Perico le fascind acampar cerca de us faro. Yer como funcionaba, mirar su inmenso ojo lu- minoso alumbrando los barcos y las racas, Atracaron el citer y lo ataron con cable y ancia, Treparon for Ja roca hasta muy cerca de la poderosa luz que iba girando coro una lenia hélice que se aduena de todo lo que elumbra Mirasol los seguia como cabrita de monte, in problemas, probando aqui y alla los pastitos 97 nuevos que asomaban. Encontraron ramas cortadas, como si alguien hubiera despejado el lugar por algtin motive misterioso. —Nadie vive aqui? —pregunts Peries. adie, resultaria imposible, pero los guar dafaros se encargan de mantener su foco y no hay problema. Los guardacostas vigilan a los encargados de cuidar faros y balizas. —lambién en mi tierra hay un faro casi al fin del mundo, y se llama Evangelistas, pero al revés de estos, en él viven muchos hombres. —Se te ha soltado la lengua, pero ha armar el refugio. El capitan volvia a ser el capitan y Perico obedecfa. Mientras cortaba remas de guila creyé e trepé al armazén del fare para tener una vision mejor. Llegé casi al foco de luz. como una gran polilla y en ese mismo instante oyé de algtin lado un ruido de motor que se ponia en marcha, —Es e] Cara de Ratén —dijo el capitan Miguel tranquilamente. —Mala hora para navegar, cuando scurece. De todos modos, no puede atravesar el golfo de Penas. Tendra que refugiarse en alguna caleta del rio Baker, no Te queda otra que ver un barco, Mariscaron un rato y comieron hasta hartarse. Estaban cansados y bajo las quilas asmaron un colchén de hojas y se durmieron profundamence. 21 ¢Dénde esta Mirasol? Perieo se desperté con un chorro de agua que La ramada no protegia de la le caia er: la car Ituvia y e! capitan y su compaiero tuvieron buen trabajo para techay su refugio con mantas, cueros y todo lo gue pillaron a mano. —jNo veo a Mirasol pron —Yo apenas te veo a ti con esta jluvia. La mos cuando amanezca. Y es de esperar —exelamé Perico de encontra gue escampe, porque el v bueno Pe les son selvajes. Intranquilo, no podia dormirse. El ruido del agua y del viento ensombrecian su cordaba haber puesto a Mi- ato no anuncia neda > también Io sabia. Los temporales austra- imaginacién. No rasol @ sus pies, tampoco haberla visto mientras construyeron e! refugio. No se atrevié a despertar a su jefe para contarle todo lo que pasaba por su cabeza, Puede haber resbalado—-pensaba—, no tiene costumbre de andar con temporales. Pero es de noche y a lo mejor se ha echado por al quilas —trataba de consolarse 99 Cuando Ja Tuvia calmé un poco, bajaron al cater a buscar provisiones. Atin estakan intactas las conservas que el pioneta le dio a Peri en Puerto Natales. Las abrieron y resultaron sai nas deliciosas, Perico no perdfa la esperanza de ver aparecer a Mirasol, ¥ bused s aunque ver. Seguramente se habia refugiacio y esperaba descanso entre las rocas, nto y la lluvi vi que cesara la Iuvia. Ya estaba grandecita y sabia cuidarse, Pero nose quedaba tranquilo, por mucho que tratara de razonar. Un gar de pingidinos lo distrajerc mento. Parecian hombrecitos guatones de camisa por un mo- blanca y chaqueta negra; no le tenian miedo y se acercaban tos de choros. De pronto se levanté decidicda a encontrar a su oveja, vi comer los 1 © mverta, Lo peor era la duda. Anduvo por los roquerios, escarbé en las pozas profundas, Hamé y tocé su flauta, pero toco era imiitil bajo la incansable Huvia. Al otro dia lo desperté el silencio. El temporal habia pasaco. El capitan se fue a arreglas el cuter y ntras me preparo para zarpar. Te espero al abajo Perico a empezar, en vano, la argus- tiosa busqueda, Al rato, oy6 la voz de! capitan Miguel que lo lamaba y sintié que se le apretaba la garganta, No contesté. -No me iré sin Mirasol —se dijo con fuerze—; que el capitan se arregle como quiera. Yo me 700 quedo, Viviremos con mi ove'a junto al faro, entre los singiiinos. No me faltard comida de choros y pescados y Mirasol tendra su pasto etesno. Y Si pasa algiin barca jiPERICOOOO! fe suave, el buen viento para aavegar. El se desentendia, saltando de un lado a otro sin perder la esperanza de encontrar a Mirasol. ‘Ademés, estaba decidido a jquederse viviendo ahi, on la isla’ De pronto se en capitan. —Dye bien, Perio, quieras o 70 quieras, tendras que venir conmigo. Dgjarte en esta isla es como acandonarte a una muer‘e por ham>te 0 por frio. Po: la buena o la mala te embarce —No podria esperar un poco mds para en- —as voces las llevaba y trafa el ontré frente a frente con el contrar a mi oveja? Tu oveja se la robé el Cara de Raton, estoy seguro, porque lambién me sacé unos viveres del No se ‘lev los cueros, porque yo los habfe bajaco, asi que esta es su vengarza. -Nos leva més de un die de vent lamenté Perico, —Pero ‘0 alcanzaremos. Con la tempestad scar donde acampar. 2] muy ende- tuvo que moniado se ha levado a Mirasol 2n vez de los cueros. Lo cone Perico se resigné y partieron bordeando la costa, entre miles de islas verdes, brillantes por Ja Iluvia reciente. El golio de Penas desplegaba su z00, oleaje, razamente calmado, y avanzzron hacia la 101 boca del rio Baker. Perico escrutaba el horizonte de divisar el ciiter del ladrén Vamos a avanzar a !a vela para que no nos asi Io sorprenderemos —y el capitan cor- t6 el motor— Ademas, ahorramos combustible. Perico, jal timon! —orden6. Solo el chillido de los pajaros acuaticos, gavio~ tas, caiquenes y band aba el aire; y en el agua jugaban pingiiinos y brillaban escamas de peces. Orillanco, con cuidado para no embanear, iban ligeros. Perico transpira>a de nervios, repesia e secrete: ‘Seftor, haz que esté viva, haz cue laencuentre, —jAhi va y no nos ha visto! —grits de pronto capitan Junto con decirlo, se oy6 el lejano ruido cel motorcito y asome la lancha en una curva. Perico se empin6 y alcanz a ver, destacando sobre Io cuetos El viento er:pujaba al ctiter con rapicez. Cuando supusieron gue el falucho del Cara de Raton ye no se les escapaba, se aprontaron para enfrentar la pe ‘a. Perico se sintié electrizado cuando atra into al bare: caron seguido y sin ver mas que su oveja, 2largé los brazos para tomarle. Pero el ctiter de| ladrén arraned a todo motor. El capitan tiré su lazo con gancho y fue acortando el cable, de modo cue pudiera darle topsnes al otro por los costados. Perico sacé su cuchillo y su pistola fundida, pero vio con sorpresa que él 102 Cara de Ratén, con su gorro de lara encajado hasta ‘as cejas, los esperaba sonriendo de oreja a oreja. Tenia en brazos a Mirasol y enarbolaba un arp6n como si fuera guzripola. —(Vienes por le chiporra? —pregunté mos- trando sus agudas colmillos que le valieron el jTe la cambio por el chiquillo que te nombre: acompafia! -{Idiota! La oveja es del muchachi que devolverla. —Pero los cueros de lobos son ios v sino me los das me comeré la corderita asada al palo, Asi que pasando y pasando... —rid casi alegre, —jTuyos? {Se te olvid6 que me los robaste? jEres un patudo! El capitan iba enrollando su lazo con disimulo y cuando lo tuvo todo listo, se levanté en toda Su altura, endureci6 sus fuertes omisculos y sus ojos brillaron como chispas. — Entrega esa oveja o lo verds todo amari- tienes Ho!— le grits y disparé el lazo haciendo caer al sonriente bandido al fondo de su embarcacién, La oveja, aturdlida, iba a echarse al agua cuando Perico la cogié er. sus brazos, —Antes de soltarte, arreglaré cuentas conti- go —afiadié el capisin—. La prdxima vez que te pille robando en mis rebafos, sera la ultima, porque entonces te iré a cejar 2 la isla més ‘ejana y solitaria, donde no haya ni lo30s. No podras contar el cuen‘o; Zoiste bien? —iSi, capitan Benavent hombre. —se oy6 la voz del 103 las peleas, 1 é. Mi carte 105 22 Golfos y ventisqueros arta que escribi6 Perico a su padre, ademas la primera de su vida, resultaba dificil de leer, atiter se movia bastante y las hojas de libreta cue ledio el capitan eran pequenas y de lineas estrechas, Lo principal era que, a su modo, le aseguraba que estaba bien y que regresaria algin dia. La travesia del golfo de Penas fue muy bailada de se y surtida. Pegados a la costa para capear en posible el oleaje fuerte, avanzaban a ratos a velao segtin las variaciones del viento y de |as San Quintin. Sus hielos caian al mar y de pronto oyeron una explosién y un alboroto de aguas hizo bailar al ctiter como una cascarita. Se habia desprendido un témpano de! borde helado, del rio blanco, donde se erguian misteriosas figuras de cristal. El capitén hizo un violento viraje para ar el choque. —Comprendes lo peligroso que resulta acer- carse a la costa por estos lugares? Ese bloque de hielo casi nos hunde. —Pero zese rio de hielo, de dénde sale? 106 —Allé arriba hay glaciares fésiles. Nadie co- de vienen estos ventisqueros, que asi noce de d se Laman peligrosas, que ningdin explorador se ha atrevido 1 que Io haga quiza qué i. rfos helados. Esas son regiones tan a excursionar por al antiguas vidas encontr Milodones —murmuré Perico, pero el capi- tén ro le oy6. Unaliento helado llegaba hasta ello cho y oveja se hebfan abrazado para calentarse. gPor qué las islas que ahora vemos parecen més ricas de pastos y con més arbo s? —pre- gunc6 Perico. —Porque estamos mas al norte y el menos helado que en tu terra, Salimos del canal ma es Messier y crazamos ya el golfo de Penas. —Ni sé lo que es un golfo —dijo Perico a media vor. ate ntrada del mar en ki —Fsuna tierra, Imag como ‘a de tu tierra, pero mas ancha y una bah profunda, mas abierta. Por eso los gol“os ne como puerios, @ no ser que estén protegidos por una entrada angosta. Y este se Ilarra de Penas, ven a —jDios nos libre si estalla una tormenta! que trepar a lo que fuera, aun al rio de me 9. Pero ya lo hemos cruzado, {menos mal —Golfos, bahias, ventisqueros, fiorcos... Hay gue ver que he visto cosas raras —comenté Pe- jco—. Ojala me acuerde de todo cuando yuelva a mi casa. 107 Hacia el anochecer entraron a una behi da de lomas y montaiias verdes; por tod todea- lados se vefan bosques. En un recodo se internaron en un canal donde el mar se tranguilizaba casi por comp Era un verdadero refugio —zTe diste cuenta, Perico? Vamos legando. Dejamos atrais la gran bahia de San Quintin, donde cabe toda una armada de barcos. Y vamos ahora por un fiordo. el Aldunate, y alld, al fondo, unos amigos mfos. Al ruido del motor acudieron a la playa dos nifios, ur hombre y una mujer, seguidos de algu- Nos perros. El capitan daba gritos y hacia sefias a Jos de Ia orilla, que respondian con entusiasmo. Cuando atracaron, el alboroto fue grande y absa- zaban al capi:in Miguel y miraban sonriendo a iven entre todos arrastraron al ctiter fuera del agua y se encaminaror hacia una casa medio escondida en el bosque. La cesa era de troncos y estaba amarrada a los érboles. Su coirdn parecta barba de viejo —Nos atrasamos porque tuvimos que entrar al rio Baker —expticaba el capitin— Hablamos pensado Iegar a tiempo para tu cumpleaitos, Catalina. Es mi ahijaca —dijo el capitén a Perio —Da igual —exclamé el padre de los riftos— En todo caso, benditos vientos y olas que te tra- jeron aqui. Pensé que no venias este ano. Los nifies y la mujer hacian carifio a Mirasol, que no los esquivaba. “Por algo Ia oveja se habia criado entre Aombres”, pensé Perico, orgulloso cho de pasto 108 Qué tal se han portado los faros durante el invierno? gHubo naufragios por culpa de alguro que dejé de alumb: pregunté el capitén. —No, fue una svert so los reviso y doy la noticia por mi transmisor. El nice que pudo Para naufragar fui yo, cue me arriesgué a salir para za S° apagaba eviter desgracias cuando una b © alguna boya dejaba de hacer sonar su sirena, Alentrar a la casa, se levanté an viejecito que les salié al encuentro, Era el abuelo, que se encan- taba de verlos. Una visita en aqu un acontecimiento, un cambio y muchas noticias y corversaciones nuevas. * Qué tal tus lobos y chungungos, Miguel? —pregunts riendo de alegria. —Hartos lobos, pero también ladrones. En las regiones era cambio los chungungos se han perdida de vista. Los loberos son tan esttipidos que metan a los chicos, No se dan cuenta de que asi acazarén con las razas nas y que ellos se van a quedar de brazos cruzades 2Y este nifto es tuyo? Segtin mis cuentas, no. Aunque guizd te casaste con una viuda... Todos rieron y Miguel explicé la presencia de Perico. ‘Asi que has venido desde Tierra del Fuego... —e! viejo abrazi a Perico, admirado—. Noes poco viajar. Yo esiuve una vez por esas regiones y me anduvo dando por las ovejas... Después por el oro, que hay harto por alld. —Ahora le daria por e! petrélea —rié el ca- pitén—. El mundo anda como loco cetras de los 109 comcustibles, perece como si ‘a tierra se fuera a enfriar Son pocos los que se ecupan de los tebajios de lobos finas, como yo. Conversaron alegremente hasta que aparecié la patrona con un sabroso ca'dilla de choros. Perico valid ot se relamié de gusto, lo que También plat pan le parecié especial. —Es que lo hacemos con harina de papas —oxplied la d fa de casa—. Y lo doramos con inteca de chancho. —Es rico. Se deshojaba en las manos de? —Tu oveja también esté comiendo pastos intos —ti6 el capitan, —Por eso me gustaria que este viaje no se aca- Sara nunea, todo es nuevo, me gusta —se atrev a decir incié hablado. Dos hom®res que se hospedaban en un cuartito junto a la casa entraron trayendo pescado fresco. Eran ch ym erica, ¥ se tes que, ¢ cambio de hospedaje, pescaban seaban Habian « escub:erto bancos de cho-vs y ostras en esa bal n grande. Uno de era callado. E) grande y pensaban hacer un negocin ellos conversaba mucho. el ot un momento, dijo: —Esto de los bancos de os‘ras ay que guardat erito otro se aviva y adids pletita er sec —Por mi no ‘0 sabré nadie —aseguro el capitan Miguel—. Y por Perico tampoco. Este fuezuint es mas callado que les piedras Pronto el abuelo se puso a dormitar, ecaado para atrés en su silla, y declars: 110 Es nora de dormir. Y se estiré haciendo crujir sus huesos. Los nifios y la macire levantaron la nnesa, aco- modaron unas martas junto al fogsn e invitaron a dormir a sus visitantes. La ovejita ya duerme en su corral— dijo al padre ante una mirada de Perico. Al dia siguiente, cuando desayunaban, Perico se acereé al capitan y casi en secreto Ie di —;Qué hago con mi carta? —Damela. La despacharé apenas Hegue a Puerto C Recibié de Perico el papelito arrugado y sucio. {Estas bien seguro de no querer volver? Harto seguro. Quiero ir con él —indicé al 1 los faros. Quiero cono- nes, duefio de casa— a revisa cer los bosques sumergides, quiero hacerme bien amigo del Pancho —sefiaié al nifto— y quie: mostrarle a Mirasol toda esta tierra —Te dejaré aqui un tiempecito para que estires las piernas y corretees por los cerros. Yo pasaré por aqui dentro de dos lunas —dijo el capitén: — {Seguro que volveré? —pregunto Perico. —Seguro. Ahora voy hacia el norte. Todos fueron a la zada pera ayudar al capitan Benavente @ equipar el ctiter y echarlo al agua Antes de que sub-erz a la embarcacién, Perico lo abraz6: —Gracias, capitan Migue!. Gudrdese este re- cuerdo mio para que no se olvide de volver. Y le alargo la pistola encontrada er el avién. El capitan escogié entonces un par de relucientes WwW cueros de lobos y se los dio al pastor, —Esta es tu paga, Perico. Fuiste un compaitero muy bueno. Esser que aprendas muchas cosas en esta peninsula, nueva para ti y paca Mirasol, 6 al ciiter. Le hicieron sefias hasta que se verdié de vista A Perico se le apreté la garganta. Cat miraba fijo Y en esas tierras que el pastor tanto deseaba conocer, otras extrafas, terribles y también ma- raville uras lo esperaban 23 Dos que se pierden I jaba hasta perderse de vista en © se qued6 mirando al citer que se ale- mar. Sentia una cosa rara: arora que viajaba, le sucedia a menudo aquello de queres ser dos Fericos: uno que se va y otra que se queda en el lugar. Le habria gustado seguir siempre con el capitan, pero queria ver muy de cerca un faro, encender su luz y saber que ella salvarfa muchas vidas en las noches de tormenta. Caminata de mal humor hacia la casa del farero, reprochandose: —jAntes todo me daba igual, peco ahora quie- ‘© conocer e] mundo entero! No es que olvide a los amigos; me gustaria que estuvieran conmigo el capitan Miguel, ef pioneta del gringo y hasta loto que me «: cielo cuando yo era pastor. Lo cue pasa es que me encarifio con Los amigos, con los an-meles y hasta con lo que piso. Creo que esto me pasa porque todo 2s Chile, es mi suelo, mi pais, y quiero conocerlo hasta su {iltimo rincén. El farero Io esperaba en la puerta de la casa de troncos. que te cuidaré igual que a mis hijos v te dejaré ir el dia que resuelvas volver a tu pero en manos segi —Gracias —la voz de Perico soné ronca y ta—. Pero no quiero volver todavia —Majiana te llevaré a conocer los faros y balizas. —{Balizas? No sé que son. -Son faros pequefos flotantes. Muestzan a los navegantes dénde hay roces sumergidas. Son igual de importantes porque evitan naufragios. Por eso cuando salgo al mar a revisar los faros, teviso también las balizas: que no les falte aceite, que estén buenas sus mechas y mantengan perder tempo porque ella qui Se adentraron en el bosque con Petico ento- indo siempre su melodia con le flauta Apartaban les ramas que hacian ¢ 7 la huclla. Los enormes troncos formaban con sus copas un techo oscuro, gue, al viento, dejaba caer luz acui y alli I canto de los pajaros se apagaba con el cru del follaje. Y la voz de la flauta acompaiiaba el lamento de Las ramas que «: —Yo me vuelvo —dijo Pancho de pronto—. No quiero meterme al bosque embrujaco. Mi pacre nos ha prohibido entrar. or qué? —Ahi vive un brujo. Dicen que e! que entra, no sale, Tu oveja debe estar por aht, perdida Yo sigo hasta encontraria. No tengo miedo. —Mi padre se enojaré conmigo si te dejo en el bosque. —No puedes si padre por mi. tarme. Dale las gracias a tu 116 Y soplando st flauta Perico se metié en bosque donde no iardé en perderse. Era dificil llevar sus bultos y soplar .a caiia, Se paraba a veces por si escuchaba un balido, pero el rumor del bosque y su oscuridac misteriosa Io impulsaban a continuar y tocar mas fuerte | flaute, que le daba compania. —Me gusta mas el mar, pelear con sus olas —pensé—. Pero no puedo abandonar a Mirasol. Seria igual que ratarla Quebré una rama y le parecié que, més alld, otra se quezraba. ;Seria un eco? —Puede ser ur arbol que se desgancha —se hubiera dejado otros cadejos de lana. E) silencio grande cel bosque lo detuvo. Habia cesado 1 y, aunque se escuchaban gritos de p, ros aislados, la vida parecia suspendida como a seguir tocando si esperara algo. No se atrevi su flauta. De improviso oy6 un dure golpe y en seguida otros, con marcado ritmo, Cesaron y escucid el angustioso gemido de un arbol al cer. —Diria que hay un lefiador... el brujo tal vez, fancho y a su hermai con el que asustan a mirona Y se enceminé hacia donde oyé caer el érbol Golpes de hacha mas cortos lo guieron... Bl orujo s ramas. Tenia curiosidad bia estar trozanco de verlo y la eszeranza de que su brujeria le ayudara a encontrar ¢ Mirasol V7 24 El brujo Perico se despert6 entre las grandes manos de un desconocido, Bra un hombre de barbas y cabellos muy largos, color de tierra, envuelto en cueros de Iebos Sus ojos, fruncidos entre gruesas arrugas, lo miraban ce fijo. Sus dur mov s manos le una pierna, luego otra, como queriendo convencerse de que las t Cuando Perico abrié ia enteras. 0108, el hombre sonrid, haciendo mis arrugas en su rostro peru enseftando unos dientes biancos y sano: —AI menos ests vivo —dijo con voz extraia— Te via! ceer el pellin y cref gue te aplastaba... Por suerte fueron apenas unas ramas, pero el golpe fue duro —Creo gue me atusci —dijo Perico levantén- dose—. Solo estoy medio mareado... —iQué bueno! —sonrié el barbudo—, un érbol al caer puede matar. :De dénde vienes? —De casa del farero, pero no soy de aqui, —No saco nada con preguntarte cosas porque soy sordo —y mostré sus orejas grandes que no fan. Perico lo miré sorprendido y apenado. Quiso 120 andar, pero un color agudo en la pierna lo hizo tirarse al suelo. Con las dos manos empezé a so barse la canilla que se iba hinchando répidamente. —Estas lastimado —el hombre se encuclillé para examiner Ia hinchazn—. Te Hevaré a mi rancho para curarte. Lo levanté en sus brazos como si fuera un juguete, pero sus firmes pisadas repercutian en la pierna adolorda y Perico empezé 2 quejarse sabiendo que el hom®re no lo escuchaba. Era una ruca pequefia, hecha de t=cncos y ramas cubierta por cueros de lobo, pero sucia y misera~ ble. El sordo recosté al nifio sobre unos cueros y e aplic unas hojas que ten‘a en ur tacho. Poco a poco le aliviaron el dolor de la pierna n par de horas esters sano —le d 2y medio brujo para curar los males. co del bosque lo entonces se acorcé Pe embrujado. Sin duda este era el brujo y ahora estaba en sus manos: no podia huir y nadie vendria a buscarlo, Menos mal que el dolor iba desapareciends. No era tan malo cl brujo si lo habia sanado. Lo abservaba tendido sobre los cueros que tenian debajo un colchin de hojas secas, El Sru- jo molia entre las manos algo que ‘uego dejaba caer en una ollita de greda, negra d2 humo, que calentaba en un homillo de piedras. Hablaba solo tode el tier:po, pero en voz beja, de modo que Perico no alcanzaba a entender lo que decia Vacid un poco de lo que cocinaba en un jarro y se lo dio a kever a Perico. { le dijo animandolo a cederlo, y como si adivinare sus pensamientos, agregé— no tengas miedo, no sey malo. Vivo solo pero me agrada ayuder a los que me necesitan. Hago mi vida sin molestar a otros, Soy lefiador y cur- idor de c: No me hace falta nada, porque me compran la lefia y me traer los cu para curtirlos. A cambio de eso me pagan con lo que me hace falta; arroz, porotos, papas, fruta, yer~ ba para mis matecitos y también azticar. Tengo verduras silvestres y otras cosas. Perico lo miraba fijamente mientras el brujo hablaba; iba probando en sorbitos agua de hojes secas. Hablo solo para no olvida Al dlevas: cueros s:n curtir. Estan tiesos y duros. Yo te los curtiré y los dejaré muy suaves. Es mi traba‘o. Esta noche prepararé igo bueno para ti. Tengo Piures remojados y sé guisarlos bien. |A ver si te gustan! Ahora dime, zqué hacias en el bosque? Peries empezé a explicar, luego vio en la cara del viejo que no servia de nada nt comprender que busca’a su oveja. Después de algunos intentos, el brujo entend iYal —dije . Perico negé con la cabeza, bal varias veces y En sacé su flauta. ‘Eres pastor: Claro, esta mailana via tu oveja y bien tentado estuve de cogerla. Para alguien > que decia Sy gestos, traté de hacerl nces, con mai perfectamente, . Perdiste a tu perrit que come solo peseacios y mariscos, un trozo de came fresca es mucha tentacién. Pero la dejé ir. No 122 i : era mia y tendrfa un dueito. Ese duefo eras tt. Perico refa de felicidad y demostraba su agra- decimiento. Trato de levantarse, feo e] dolor lo retuvo. —Ya esté oscuro —dijo el brajo—. $i tu ove'a no es tonta, la enconiraremos mafiana, donde yo pasto tierno, pero lejos de aqu guiso enunciado que Perico sabores fel —No tengas miedo de que alguien atrape a tu oveja en estas soledades. No hay zorros n Y faltan algunos dias para que venga y los cueros curtidos. Ni le, evar mi} siquiera he acarreado toda la leia a mi mu mostré a pero estin listos los cueros... —y nos atados de cucros suaves y brillantes. ndo hay mal tiempo —c tinué nablando el sordo—, y cuando escampa y hace frio, trozo lefia, Ahora boto los arboles vie Perico —Soy curtidor ¢ n- para el afio que viene porque ya hice lefia con los que boté el verano pasado. Eso quiere decir que la balsa viene una por afio —dijo Perico sabiendo que no le oia— Antes a mi me gustaba estar solo en los faldeos de mi padre. Pero aqui no me gusta, y menos un aio entero... Si tu pierna no esta buena ez Mafana para ceminar, ‘e Hevaré en mis hombros en busca de La encontraremos. Lastima que cuando eré mids. tu ov la encuentres partirés con e'la y no te Creo que es la primera vez gue viene un r hasta aqui... 25 Otra huella Lnos golpes repetides sacaron del suai a Perico, que demoré bastante en darse cuenta dénde se hallaba. E! brujo azotaba cueros con‘ra un tronco un poco més alto que 6 irmemente arraigado al suelo para resistir sus golpes. Luego Jos sobaba en sus manos y los sacudia como si fueran trazos, Perico reconocis sus lobos, aunque ahora brillaban negros y doses. Miro su pierna que ya no se veia hinchada, y se levanté. Pero le doifa al andar. Sentia como alambcitos en el hueso y prefiris acerearse al so>- saltando en su pie sano, entido y se alegz6 al verla —Tus lobitos ya estén sobados —dijo el bru- viejo ro lo habia jo—. Me desperté muy temprano y ar de curtirlos mientras dormias. Estaban suaves y 0 los acaricié encantado mienizas el viejo preparaba el desayuno. —zPrefieres mate 0 caié? —pregunts. Perico puso su deco en el tarro de café, al que estaba acostumbrada y le traia recuerdos de su tierra. Lo azucararon a gusto y lo bebieron Ientamente, mientras ermitaiio conversaba a su modo, sin 124 recibir respuestas. —Veamos si eres capaz de cam:nar —dijo cuando terminé de desayunar y lo tomé ce la mano. Perico hize empefio por disimular su cojera pero el viejo lo advirtid. —Mejor te Hevo en mis hombros, Pesas menos que un tronco de metro. Llevaremos charqui para el almuerzo y tu cantimplora con agua. No es cerca, aunque yo acorte el camino Cruzé los brazos y elevé a Perico montandolo en sus hombros mientras ¢] nifo trataba de e Ia cosquilla de su larga melena, Reia al verse tan alto, pero le preccupaban Jas ramas Capaz que un gancho me degielle, a estas alturas —dijo Perico al viento. Igual que el brujo. hablaba solo para no olvidarse—. Si mi cabeza cueda atrés, seguiremos viaje sin elle, seguro. Mi oir’ caer. asaron junto a unas rumas de troncos ordena- dos y del mismo tamaito y avanzaron entre elas. El bosque era cada vez mas ralo y en partes sus Arboles eran pequenios y delgacos. —Es mi bosque —decia el brujo con su voz de lantado afo eras ato, Los primeros robles los trocé hace ya diez aftos y se me hicieron largos mirdndolos erecer. amigo no n sole tono—. Lo he Los que ti ves en piles ya tenfan doce anos y esos tan guainas como tu, los trozaré en ocho afos m Salieron por “in del bosquecillo tierno y se encaminaron a una loma suave que verceaba. —Tu oveja no habria sacado mucho con morder 125 este musgo, es demasiado corto. Més arriba creo que habra pastito.. Se detuvieron 2 mirar por todos lados sin di- visar a Mirasol. Luego siguieron. A medida que avarzaban, el paste asomaba fresco y se doblaba bajo las pisadas. Perico sacé su flauta y entoré su melodia. El corazén del viejo golpeaba fi nto a sus piernas y comprendis que estaba cansado, Le coxié la cabeza y Ie grité sda su fuerza en la oreja —jDescansemos! Para su gran sorpresa el viejo se eché al suelo lo bai6 de sus hombros iI tu voz! —dijo ei brujo con los ojos bri- antes de alegria— Es lo primero que oigo en inta aos, Aungue quizé solo senti el soplo de tu boca... ~—iNo! —Perico volvié a gritarle en le oreje—, jUsted me oyé! jAlgin dia seré médico de sordos y vendré aqui para sanarlo! con lagrimas. Perico ya no = volver & gritarle pero asinti sonriendo. —A ver si te auras en crecer.. —dijo el viejo. Sacaron el charqui para celeb-ar esta esperanza y se instalaron a almorzar. Se entendfan a su manera, Sorque ya los gritos de Per lograban hacerse oft, —Déjeme hablar a mi y no te quedes sin voz, porque un sordo y un mudo no pueden enter derse. Mira alld lejos, bien lejos —apunté con su 126 grueso dedo chugco—. ,Aleanzas a ver los ventis- gueros? Sor las cumbres de hielos zontinen:ales més duros que le roca y 20 se han derretido en de aitos. Su muro helado cierra un inmenso y sin mil campo de hielo que es imposible atraves: embargo, hay en é! una isla que es un paraiso de flores y plantas. Algunos de sus péjaros se aventuran hasta aqui. Yo quise hacer otro paratso , pero las aves no me acd en mi tierra, mi pare crajeron semilla y siguieron su vuelo. Perico volvié @ tocar su flauta. El nia mucho que decir, mucho que hadlar y conta entretanto no buscaban a Miresol. Como si el viejo adivinara su pensamiento, cogid algo del suelo y lo ensedé a Perio. —Por aqui anduvo tu oveja —le dijo mostran- ce animal—. Ya debe rmitafio te- pe dole una pequena bos! cos, porque ests seca Sin esperar ¢ que Io invitara, Perico volvié a repar en los hombros de! brujo y continuaron su camino por las lomas verdes, uno baslando y el otro tocando su flauta, 127 26 Una gran V en el cielo Los sorprendié la nocke y se cobijaron en ur refugio del brujo, a mitad de camino hacia su muelle. 9 continuaza explicando su manera de acartear los lefios, ha camino. Perico se aburtia —Pensaré que voy a quedarme aqui con él toda la vida... Me trae aqui y mi ov endo estaciones en e por qué haber venido a este rincdn. Esta vez su cama fue solo un nido de rames. Igual se durmi6 porque equ hombros del brujo era tan cansador como caminar. La fleuta son ico ibe andando junio al brujo. Inventé melo- dias nuevas, pero fue @ Oveja. Poco a poco se iba abriendo paso algo en su cabeza y cuando legaron de vuelta a ca del ermitato, en luger de dormirse, Perico se quedé pensando: “Cada uno de esos troncos Jos ha acarreado el brujo... y seguirs cortando y acarreando afi a aio. Yo no podria resistirlo”’ il encon Ledaba horror pensaren la vida de ese hombre, verse atrapada en algo parecido. No que la suya se aspechaba muy pero muy distinta y lena de sorpresas. —Desdle que voy eonociendo el mundo, muchas nvoz alta, mple ovejita... Quiz fue un pretexto seguirla para no ser pastor. El mundo es muy grande, Chile es muy grande y lo quieco conocer enero. Pod ser que el pastor que antes fui quiera quedarse en estas tierras con su oveje, y 0:10 Perica, esie que zhora soy, siga trepando por Chile. Muy temprano, y entre suefios, oys pasar ndadas de psi ¢ levanté de un salto, creyéndose Ilanado por ellos. brujo estaba afuera mirando pasar las aves, —Van hacia el norte —dijo al ver a Perico: Son bandurrias, las cigiiefias chilenas, goyes sus corneteos? Anuncianel fin de nuest-o corto veran: usted no las oye —dijo Perico A sabe... —respondié el viejo con sonrisa una enorme cosas son menos importantes —se dij seguro de no ser ofdo—. Mirasol es una Quie maliciosa. Perico miré al ¢ V de cisnes, acaso de su tierra, que viajaban hacia el norte. Se los indicé al viejo sonriendo, porque Ie eran conocidos. —Buscan lugares mas abrigados. en los lagos cercanos a la costa. No sé por qué creo que ti vas a seguirlos —agrego. —De verdad usted es adivino y con razén tié Perico asintiendo con la aman brujo. cabeza. Sf, se irfa como los pajeros y quizés en el camino encontraria a Miraso Mientras tomaban desayuno segura hablando el viej —Si has de inte, lo haras bordeando el rfo San Tadeo; yo te lo mostraré. Llegaras entonces a la laguna San Rafael, aquel enorme espejo azul. Ahi Jos caminos del agua se te abrir. No tienes mas que seguir a los pajaros y a as este las. Siempre hacia el norte... Pesan barq sta bo es, Alguno te recogerd, sin bes vercer ¢. miedo de esa tremenda de nuev: Tanchones y duda, si soledad. En ese inst inte se ay6 un estrucrdo inm ir6 al brujo asustado, pero este se rascaba sprendimiento de un sémpane de hielo, Esos los oigo yo tambié gue estén erse agua, Hey Yo buscaré tu oveja hasta encontrar muy bien y 5, hablaba iba en jbo de ‘4 mi companera. Mientr: lando apretados los cueros ico y aténdolos con L espalda y pescados secos 0 viven en nterior de est peninsula de Taitao. Y estos otros son de caiqui flamencos, porcu nea toco los nidos de son sagcados. No deben irse jon salvaje es un re de 131 Perico le agradecié a su modo a! visjo y en un impulso le regelé su flauta. Le serviria para en- contrar a Mirasol, aunque quiza con qué melodia. fa el sonido si lo escuchaba La oveja reconocer 27 El bosque sumergido supo cudntos dias. un avaro media su comida, para hacerla Eurar y cada vex que bebia en su cantimplora Gejaba en ella un poco de agua. Cuando encon traba e| modo d en ol rio, aprovechabs pies duros de barro, edo a esa inme tambien para refrescar su Luchaba contra el y se alegraba sintiés sa soledad ose acompafiado cuando vefa o escuchaza pasar las bandadas de pajaros. En las noches buscaba las desenrollaba sus cueros y se cubri ‘strellas. cor ocidas, No le costaba dormirse porque era mucho el cansancio. U inde, 20 1, se abrié ante él un inmenso: jo azul rodeado de hielos, come un gran par- pado de cristal. Maravillado ante ceer a le orilla de la laguna y habia llega acaso luz, staba deslumbrado yal fin del mundo o fa ¢ cielo. Cerré un momento los ojos pero un estruendo igantesco le hizo abrirlos de nuew2. Un témpano quebraba los cristeles del aire, desprendiéndose de n rio de hielo que se derretia al caer a la na, Por ua rato el terror lo dej hasta que poco a poco se dominé, recordande lo que le habia anunciado el brujo. Vio entonces los numerosos témpanos de tan distintas formas que flotaban mas que gjos, hacia el norte, aban como joyas gigantes. - Quizs podri legar a puerto —pensé. ravegar en uno ce ellos y Més que a Mirasol, echaba de menos el ajetre y afanes de un puerto, las voces y las érdenes de los cargadores y oficiales de barcazas, la vid de hornbres esforzados, pero Suenos comedores, Su morral estaba vacto; solo quedaba al fondo un huevo de caiquén al que cuidadosamente le quebré un pedacito para sorberlo y saborearlo. Se acereé después a la laguna y bebi6, sumergiendo la cera en las aguas crstal nas. EI sol, al bajar en el horizonte, lanz6 rayos oblicuos que hicieron transgarente las profundi- dades. A Perico le parecié ver, er el fondo, un bosque de arboles enormes... @Estaba Joco? Eren ea realidad arboles desnudos y gigantes, dormidos en el fonde de ‘a laguna, oscuros y péjaros juguetones — Una selva sumergida! —exclamo Perieo y su vox resoné agrandandose en el inmenso silencio. n hojas ni Algo se le apreté en las costillas y sin de Morar. —{Seré el pensé luchando contra el miedo gue lo iba ama- rrando hasta los pies—. El brujo me asegurd que zqui llegaban botes y lanchones y hasta barcos. Llegaba ‘a noche y era urgente protegerse del gana: inico cristizno en estas soledades? 134 rio que respiraba el ventisquero. El inmeaso oje azul de agua con su bosque fantasma se iba poniendo negro. Se refugid en un hoyo, y agotado se embarcé en el suefio, va que no podie embarcarse en otra cosa Del suefo large y profundo lo sacé un extraiio griterio, Qué era eso? ;Choroyes que emigraban Salt6 fuera cel nidal con la esperanza de que la bandada dejara caer un huevo para su hambre. ¥ vio que era pleno dia y el sol brillaba sobre el Ia y sus inmensos castillos de hielo se coloreaban. Pero no eran choroyes ni otros péja grantes los chillones: eran dos botes Henos de gente con plumaje de todos colores que gritaban su admiracién ante los hiclos eternos. Corrié hacia la orilla v reconce.6, Sor sus caprichosos lentes y pintorescas ropas, 2 las gringas, las mismas que ado en la cueva muchos dias atrés habia eco del Milodon 6 sabiendo que su voz no iba a ser ofda por el alboroto con que celebratan les inmensas y angustiadas figures de los penitentes azrodillade en el ventisquero. Tembién él quedé mudo por un momento ante la grandiosidad del paisaje. Corria por la orilla sacudiendo su gorra de lana para hacerse notar; no se dabe cuenta de que sus ropas grises y rotas se confundian con la arena y que mas qe un nifio parecia un Robinson Crusoe, un habitante de los ven:isqueros. Pero él habia perdido su miedo a los misterios del lago con Sosques sumergidos y témpancs flotantes. Los botes que anunciara el brujo estaban ahi, con 135 gente, aungue fueran gringas, Alguiea, de pie en el barquito, enfocaba un telescopio hacia los penitentes, muchas manos se alargaban para mirar también a través de ellos Una mujer de gorro colorado mireba ahora hacia Ia orilla, hacia Perivo. Gritaba en ese idioma raro, sefialéndolo y pronto tado el bote chillé, agitando decos hacia © si fuera un extraordinario descubr:miento. otero acercé el barquito a Ja playa y B —jEh! 2Quicres ayuda? \eted Perico a través de sus manos para aumentar el volumen de su voz de pajaro. —iVolveré a buscartel —y le voz.se la lievaba el viento helado. EI bote se alej6 con su carga alborotada, que hizo sei sal muchacho con sus pafuelos de colores, hasta desaparecer por el argosto paso entre la laguna San Rafael y el estuario Elefantes, EI silencio cay6 otra vez como una manta. Pasé mucho tiempo ’erico no se atrevid a mo- verse esperando a sus salvadores, El hambre se le olvid6 ante el miedo de quedarse atrapado entre los hielos eternos, Al fin reaparecié el bar- uito y Pericu corrié egitando su gorra; cuando la embarcacién atracé 2 la orilla, se dejé caer en ella sin resue'lo. Fl remero no le hizo preguntas, Parecia acostumbrado a recoger néufragos en las més raras regiones. Sin darse cuenta, Perico naveg6 sobre los bos- sumergidos, y 70 advirsi6 la inmensa rama vuelta el bote. Cuando salieror de la laguna, el muchacho divis6 el bares blanco y dorado de las turistas. Su cubierta se vefa lena de sillas de ona, con gente dese Los marineros recibie y dromas; le dieron comida cal sanda. na Perico entre risas te y Io hicie- ron limpiarse in poco para presentarse ante el capitan del barca. Perico se despe bullicio de los marineros al levantarse, Habia al dia siguiente con el dormico en une ‘itera como ellos y comenzaba una vida que nunca imagind. Platos sabrosos y zbundantes en las comidas, disciplina y Grdenes que él debfa cumplir miertras se deslizaban por las aguas azules sin saber hacia dénde iba Ahora vestia un blusén largo, pantalones az zrremangados para poder andar y la gorra mari- nera hundida hasta las oreias. Le tocaba el altimo lugar er la fila, pero se sentia feliz formando parte de los hombres que hacian funcionar el barco. Sus compaferos lo Hamaban “Mascota” y le hacian muchas bromas; pero al pastor eso le iba ndolo sentirse uno de dan tantos. —Todavia no entiendo lo que soy en el bareo. {Soy marinero? —le pregurté al mas joven: ach Una pizea menos que eso —ri6 e| m Y eso zqué es? he —contesté el otro—. Pero ademés eres mascola, no ‘0 olvides. No hizo més preguntas, pero se fue dando cuenta de que su oficio era ayudar, ser rmandado 137 por todos, limpiar o recoges, pelar papas o lavar estropajos. Eran amigos alld abajo, pero le costaba entender al cociners japonés, trabado de lengua, aunque siempre sonriente; enojado 0 contento, mostraba sus dientes y muchas veces se llev6 Perico unos golpes de kerate inesperados. Le sirvi6 para apren- derlo y practicarlo con los marineros alguna vez. Cierto dia le tocé Hevar @ cubiesta una silla de lona para reemplazar otra en mal estado, Sintiéndose un hombronazo y muy cepaz, llegé, por fin, con bastantes tropezones, 2 la esco! que caba a la cubierta. Llevaba la silla en con su cabeza pasada entre las lonas y veia donde pisaban sus pies. A poco andar, tropezé de fren:én con une persona. Bajé de golpe la silla y con tan mala suerte, que !a dejé caer en el pie de alguien que grité: “|Ay!”. Perico la salté y se disparé a todo correr por donde habia venido. La duefia de ese pie donde cayé la silla era nada menos que la gringa turista que le habia sacado tantas fotos cuando se encontraron en la cueve de} Milodén. Y Perico alcanz6 a reconocer al g-upo apoyaco en la baranda blanca del barco mientras otros paseaban por cubierta Anadie le conié que conocia al grupo de turis- tas, pero si se negé a subir a buscar ia silla rota. —Si no obedeces, faltas a la disciplina —dijo enojado el marinero. —Soy suche solamente —se defendis Perico—, Si un oficial me ve en cubierta no solo yo lo voy 138 a pasar mal... —y desde dotac:én se dio cuenta de que su mascota sabia defenderse. a mafana temprano le extraiié Perico el alboroto de los macineros. La ducha funciona’a con cantos muy sonoros y nunca le dieron hueco a él, que tuve que zambullir cara y manos en un balde. Los compaiteros lucian chequetas ‘impias, sonrefan bien y yo la de Nevar un anes no son S010 soi16 Perico todavia mareado, sea misi acompafarme e1 este vue remedio a un enfermo, Los av para la guerra, son también para salvar muchas vidas. Perico no contest6, Miraba el que estur erior del a con cierto desprecio. N era eq :do para ser salvavidas. Pero el piloto parecid adivinar su pensamiento. —Tii miras con desconfianza mi matapiojo No nece- varse ni para atertizar. Casi bes las ventajas que porque no sita cancha para como un helicépters, descega en poccs metros, y hay que tomarlo mas bien como una bicie'eta con alas Perico se rié. Alargaba su cuello para mirar mejor hacia abajo, fascinado con las centellas de mar y las manchas verdes de las islas y fiordos. Qué isla es esa tan grande, atracada a la tierra? Chiloé, donde naci. Te mues- . Perico. Este amigo aviador ara mi, Chiloé es tro sus alrededor siente orgullo de ser chilote. ‘0 més lindo de Chile, 29 Las dos serpientes lo mismo, »rque no supo calcula ». Cuando se 0, el golpe E| piloto salté a tierra y Perico F pero con mal eltura suerte suelo como un sa encié de que aacie vio su por » le dol's. Habjan aterrizado en Castro y se encam acia el centro de Ia ciudad. El pilote qu a Perico su plaza nsefiar na de flores, 1 hermosa iglesia de madera y la brusca bajada hacia un fiordo, que era un puerto interior al que s2 entra por un angosto canal » miraba fascinado. odo se ve més lindo con cuatro ojos —dijo— Solo no me kabria fijado ni en las casas que parece recién piniadas —Se lavan todos los dies 0 en las noches —explicé e! piloto—, porque aqui Ilueve lo bas- tante para fener todo limpio y florido. stoes como distinto.... No veo lacordillera... En vezde hay un muro de boscues que parece empujer las cesas al agua. Da miedo que vayan a sumergirse... —exclam6 Perico mostrando cémo el ague Megaba hasta algunas puertas. 148 —No se hunden porque estan sobre pilotes y son tai es que hasta se pueden t-asladar enteras a otro lugar. Son todas de madera y con cadenas, por el agua, n estas lierras no verds remalcarlas a lo carcetas porque se hurden en el barro. Usamos rados por Sueyes, para mamos “mingacos” Jame mos bateas, especie de botes cargar las cosechas, que —Y esos hombres, casi de mi pe las pueden? .0% chilots son fuertes, aungue chicos de = porte. le mas que laa ra... ¥ son jenen corazon, que lepres y sanos. Muest-an sus lindos 1e cualquier vecino no se dientes al remolcar lo podria solo, Se Perice —No. Son ¢ los chilenos. Habian Megado a una pequeta case azul ro- deada de flores. Los esperaba una pareja en | puerta —Cémo esta el enferm to? —pregunts el vino a su encuent / vengo a bus- —Si es asi, me avisan por rad jo despidiéndose de la pareja, je un matecito—. Qu anzar donde mi: madre... —explics. Y treparoa por la misma pendiente que habs que insistfa en ofrec a bajado, atrave: camino intesic yy ra cl con facha de pesca muchacha y el Cuando Ia nif mado y vine —Para acortar la camineta, Perico, te cont naenorme serpient Ia atrapé con su ron el pueblo y Or. mada Caicaivilu. Era zativa, Tenia un solo hijo, deforme. nombre de ese culebrén fendémeno ore, patas de guanacu y cola de Este monstruo se enamoré ce una linda a la perversa Caicaivilu la y, enroscandose en su pierna, ta. Vivia en na serpiente buena gue escuchs str |. Caicai a socorrerl 18e enfurecid en el mer al ver acercarse a Trentren, la Suena serpiente, y comenz6 a levantar i letazos, trata subis a la mui a las cavernas, Caicaivilu Ham los temporales, ios truenas y los aguas dare nzaz La mor ndo de inundar Ia tiers: acha en su lomo y hu tratando de 16 entonces en su ayuda a la |luy ntos, on la tierra y fueron subiendo Aasta tana. > seria en tiempos del di‘uvio —dijo Perico. guramente.., La buena serpiente, Trentren, tuvo entonces que levantar el techo de las monta- elevaba mas y 150 fas con su poderosa fuerza. Entretanto C vilu 4s las aguas, hasta alcanzar la caverna donde Treniren habia escondido a la nifia. La buena serpiente se armé de todas sus fuerzas y estiré la montafa, formandola come una forteleza ¢ ae de Caicai que ‘a azotaba dia y noche con sus enormes olas. No logré madura, tan alegre como el’a Pedro! —las mujeres abrazaban el piloto que se vei do Te esperamus a almorzer —Encontré a un amigo y eso atrasé mi vue —explics él ostrando a Perico. Luego lo pre senté a su hermana y a su madre llaméndolo “mi salvador de Tierra del Fuego” y contando sus aventuras, Perico estaza encantado del carito atabaa, como un hubieran estado especando —Nunea peasé que tendria la suert nocer al salvador de mi del piloto— Tengo que da con que de co- Ja madre gracias a Dios de poder mostrarle mi gratitud pos lo que hizo por ti diciendo esto le entregs a Perico una ceja grande. Dentro de la c9j sin Pedro = fa uN precioso avin que jo al descubririo. Es tuyo, un recuerdo de mi agradecimiento —decfa e:la acariciando a Perico—. Este juguete me lo trao Pedro cuando volé por primera vez al Japén, pero desde que suze que un nifio Io habia salvado, pensé que a él le regalacia este 152 avién que es muy quer:do. Y por fin te lo he ntreger.. Perico, el pastor aventurero, ma farero y trotamundos, estaba mudo de ‘elicicad podido no, lobero, Nunca ances tuvo un juguete, nunea artes vi et en mini estrecha be na réplica de ui en sus brazos sin saber qué decir. Lo siento —dijo de prorto Pecro- ste gusto grande de ta. Volveré, madre, @ a acompanar, A Ls mejor que irnos porque ‘erico acorta la vis sé si él me cui Ordenes de volar a Magallanes y creo que am companero no .¢ faltan ganas de ver a su pedre: Salicron juntos bajando por el jardin hacia el camino que seguirian para volver a la cancha 1a con elas” gue onde los esperaca la “bi jae Pucrto Montt. canzo un bi 10. ? Parecen remolqce, pacron’ apurade ra otro. ‘erico para que mon| ron luego a ta cancha y adanze y echa para Perico, via —Tenemos que apurarnes, viene Pericole puso toda su elma al en peno y resuit {Podremos volar con Huvia? —grité para hacerse oft, trepando <) aparato. En ese momen- fo una bandada de ilamencos rosados cruzé por encima de ellos con gran alborote. —Ellos también huyen de via. Nosotros 153 nos remontaremos para volar sobre ella, sol entonces otro suido al de se habia descargado golpeanda por todos lados al avidn, Pedzo cortié unos metros por la canche y enfils al cielo para superar ef aguace 30 El buque fantasma V 10. Le parecfa una colchoneta , Perico se sentia segu- pumosa y blanda que amortiguaria cualquier golse, Se imaginaba mientras sus manos acariciaban el ma abia lo} avin de juguete que no ado examinar. A cada rato le preguntaba al capitin Pedro > su pequenio para qué era esto o lo mata wer tu ay tierra, en cambio te estés perdiendo al se Ik cielo... ya se fueron la mira abajo tu Chile caprich El aire transparente dal 0s colores de énen |g que solo bes; brillo al cente- y jz que iban dejando atrés. El avién iba perdiendo altura y velocidad para que el chiquillo su tierra. —Veo una entrada de mar en plena tierra y Cri del mar y a preciara mejor muchas islas verdes. gigantes... y gue eran pescados Perico. —Claro que son botes y cargados de chamantos, trabajos deartesania en mimbrey totora sde en Ancud, piedra cancagua... Hoy es dia de fe ha gente a donde atracan esos boles, y comprar ‘0 que traen los artesanos desde las islas famos bajar un rati‘o el matapi Ia feria? —No toco es pasarlo bien, Montt hi muy tripulado y ese gente nos esse para conoey Puerto des, —Me habria gustado conocer Ancud. —Algtin cia lo conocerds seguramente... ;Tiene un fuerte del tiempo de los esp. brava, con :y su mar Ipea el Pacifica, es famosa por 5 temporales que -etumban en le isla enteral —Caicaivilu? a ramente... De Estaba pensa plancaba para a Topual —zSabe una cosa? Qi para esevit que he visto. Aterrizaron en un eno} la leyenda y callado mientras el aparato izar en el acropuerto de EI ero comprarme un bloc aa mi una ¢ lo acre y deci ne aesapuerto, donde fo, y tanto jetreo como viera Perico en los puertos de mar, Embarques, cari dos de meletas y cajas, escaleras con ruedas, bodegas, hangares, capitanes, mecanicos manchacos de aceite, ruidos surtidos ¥ Orcenes en voces alias. Dos oficiales se acercaron al capitén Pedro. —Muy a tiempo como siempre, mi capitén. Una 156 tarea delicada como esta y de ‘anta responsabi dad, por llevar ochente pasajeros, solo podiamos robéramos confiarla a usced. |Y perdone que st: domingo! —Los accidentes y Jos enfermos no consultan io, gno? —1i6 el piloto mientras se acer- ap os trabajazan operando al gi nvilé @ Perico a conocer la ciudad, que era sin duda la més grande e impo habia visto en su vida jaro grandote que espera as Ped=o y otros me rte, un mor or ante q pisos, es v comercio des para el pastor vialero. A Perico le daba vergi 7: presionesa este muchacho poco on las personas azas, jan comenterle su eso no le sucedia mayor que grandes. guid decic alge: ees cada vez mas lindo... de ser chileno! —Te gustard conocer el puerto y Angelmé onto orgullo nth nes —y se encaminaron ia sol palico de la tarde alumbraba una can. cas tidad de veleros; y sus empinadas loras bla terminando en punta se mecian en el mar, Hat también lanchas y bareazas de todos colores... Un cuadro movedizo de un ariis:a, pintor y poetz. Qué lindo! —murmurd Pezico por lo bajo, recordands otros puertes que habia conocicio- {Dios es maravilloso! —exelamé sir poder contener su admira De pronto lo sacé de su ensueno el monitor: 157 —Se El Tep Caminaban ¢ demasiado impre se atrevia a de ahogarse con alguien a quien apenas co: Fuego. pero a dejar ur re » de ambulancia, entonces ido. ;Es de verdad o leyenda? enda importada por | pera deienderse jeuche es arece en las a los pescadores 4 todo el mundo co: Perico. tonces se bién lépiz y hasta un sobre para Ja cazta que iba a escribir a su padre El gigantesco aviér_ya probeba sus motores en mecio de le losa I capitén Pedro invit6 2 los dos muchachos a conocer el interior del gigante, no solo en sus salones de vuelo sino también en sti repostero, bodega de emergencia y cabina ce mando. F todo eso era un mundo fascinante que no de admirar y a ser avia > el monitor este es mi primer paso: conocer por dentro aparato los ojos. —Yo también quiero ser piloto —dijo Perica éDe qué edad puede uno entrar a la Escuela de Aviaci6n? —No es solo cuestién de edad —el monitor se estaba ponicndo “protector”—., Yo la tengo, pero me faltan estucios tocavia —Estudios... —repitié Perico—. Pero también serv s horas de vuelo —dijo, sintiéndose seguro 31 El rapto rico, te invito a comer algo bueno. Lo me- secemos tii y yo. Habria querido ala isla Tenglo donde hacen exquisitos curantos Puerto Varas, donde en una noche como esta los voleanes se ven muy bie =Ya vi el Osarno —lo interrumpié Perico. levarte a cz ceso, prefiero no alejarme de El Tepual hasta que parta el gran pdjaro, sano y seguro. Eso sex4 por lo menos en una media hore mas. Entretanto, vamos a pedi mariscos del mundo antes de gue se terminen Ocuparon le nica mesita ve y el mozo no se hizo esperar con su lista y su amable sonrisa, los m fa, en un rine Pedro decidié por los dos: ostras, erizos, jaibas al natural. Yo conoci los bancos de ostras —dije rico— y también los roguerios donde viven las jaibas. ;Pero no las he comi Ya veras qué rices son, tal como les hizo Dios. La sala estaba Hlena de voces y casi no se 01 > que se hableba. La gente reia alegre y todos 164 bebian, menos en las mesas de la tripulacién, donde el café servia de animador. — Siempre demoran tanto en traer el plato? —Perico tenia hambre. —Hay mucha gente esta noche, y el personal se hace escaso, pero te acortaré la espera con -yenda. una —Ya me Cuénteme otra. —Cuentan que los espaftoles estaban haciendo, guardia en la frontera, Esto era durante la Con- cuista, en el sur, cerca de Llanquihue, el lago jos. Se encontraron los espaficle cercados por los indios y el combate fue fero: Cuando los indios ya iban ganando, aparecié un ejéreito faniasma, de blancos e indios con cascos y corazas viejas, Derrotaron a los indios y desaparecieron en las seivas de Llanquihue Queds sembrado de cascus y armas primitivas ¢ campo de batalla y también de heridos. Uno de ellos conté que habia en el interior una ciudad de mezcla indigena y espafiola: la Ciudad de los Céseres, que has vido nombra Aparecié el mozo con el pedido, y el piloto nino se lanzaron al fes De pronto, el capitan, que se llevaba a la boca la ostra mas grande, se quedo con ella en la mano, en suspenso... Sus ojos se endurecieron y su boca quedé abierta, Su mirada estaba fija en la ventana Cuando Perico le iba a pregui ntaron la del Caleuche, capitén. ar si la ostra estaba mala, el piloto la dejé caer al plato y sa- 162 6, levandose la servilleta. El nifo no lo siguié y continud comierdo mientras lo vefa acercarse a la mesa del capitan ce vuelo y su comando —{Ha enviado usted a probar ol 623? —Pedro interrumpia la comida de los “grandes Por supueste que no. —Acabo de verlo pasar. Atin se divisa. Los oficiales y cap:tanes se levantaro atro- pelladamente y selieron con Pedro disparados hacia la losa, comprobando que el gigante avin aba ya y se divisaba remontdndose en di- n al volcan Osorno. idos y turbados, peso el mé palido de todos era el cepitin Pedro {Quién puede ser el piloto? Yo lo senti arran- car, pero obviamente pensé que eras ttt, Pedro... —Entonces, gquién? —preguntabe a tocos el capitin de vuelo—. Mi tripulacisn estd toda aq presente, en tierre. Se han robado el avidn! Las mesas de aviadores y oficiales se habfan vaciado y todo cl personal rodeaba a su jefe, esperando érdenes. Las azalatas se dispersaron is mesas del comedor para calmar a los entre pasaie —Tu I de pronto —Agui est el chico que viaja conmigo —y co que se ha te dos muchachos a bordo —dijo n ayudante a Pedro. tomo por los hombros a acercado, con cara de susto. ntonces es el otro, el que Jo ecompaiaba, ino mayor que se las da de aspirante Esta frase electrizé a todo e! grap3; go y hablaban a un ti 1 —buté el capitin de vuelo y se produjo un tremerdo silencio—. Es una emer- gencia. Como en estado de guerra, cacia uno a su puesto. El 628 va en vuels en much sugerfa —jAtenc mpe. s manos de un > que apenas tiene conecimientos para lay que tratar de evitar su mucrte y, en lo posible, salvar el aparato, La operacién mediata es RADIO. Dar aviso a todas taciones y que ses 1 de obtener contacto le conteste, que atienda stas tral con ef 628, conseguir ins eciones gu torre de control S tn irresponsable 0 un loco, hay que ponerse ar ccando se dé cuenta en lo gue Hablarle con mucha calma y dark = muy claras de direccién, velocidad e de cancha para que ate je envia as las entina. intestaron todos a coro. ree. Te lamando EL grupo se disolvic m larmente y cada un. partié corriende a la oficina en que deb Se oy operar una voz en el parlante: “Aqui aero- puerto El Tepual, lamando a central, lamando tra! Conteste”. Tras un corto lencio, continué: “Si, emergencia, encia en el avi 628. Se pide un experio pera dirigir por radio un aterrizaje en Osorno, El piloto es un nifio. A‘encién, torre de contro} Conteste si recibio el mensaje y trensmita a todas les estaciones. También la direccisn del experto para salvar al muchacho y al aparato”. EL avin se habia perdido tras el volesn 164 mientras cientos de ojos, clavados er la cumbre, miraban aque! sunto. Los pasajeros se n la losa y escucharon atentos los mensajes de Ie radio. Algunos reclamaban a un oficial porque iban a perder sus maletas; él les ascguraba que la compaiiia era responsable por todo. Las azafatas etendian a los mas nerviosos; on une sonrisa que pareefa pintada en mpaticas explicaron que venia otro us caras én para llevarlos a destino, y estampaban los reclamos pore ipajes en detalladas list: La voz de los parlantes Hleg6 hasta el vecinde de El Tepual, y los curiosus acudieron en gi numero a informarse. Alguien ti stencia —Pero ano ibas ti en el avidn? cra su lade. abriéncose paso y atropel andoa cualquic~ gar a la oficina donde se encontraben Perico se espants al ver al mo reunidos los jefes Entré como capitan Pedro lo detuvo rudamente era! —le ordend—. Qué te has imaginado? Pero el machacho logré hacerse ci {Mi capitén! Esté eq acompaiié a visitar cl 628. Lo vi entre los curiosos. | capitan lo , sin comunicar a nadie la ica; queria estar muy seguro antes de hab A poco de salir de la oficina, encontraron al n respeta- a nadie. El el monitor que m monitor y con él volvieron. Perico se quedo afu y jamés supo io que sucedié a puertas © reze Los parlan ‘an Io mismo y sabia qué pensar. Pasado un buen rato, se abrié la puerta y salich el discutido monitor, con cara de saber mucho y Hevé a un rincén a Perico. Con gran secreto le conté que iban ‘Jamar a todos los pasajeros y cerrarfan las puertas de El Tepual. —Yo me voy antes de que me chiquillo. ncierren —d ‘erico no valvié a verlc Se interrumpié quilos, pues todo seré recuperado. Muchas gracias. 70 un silencio y una 167