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Amor a primera vista

Es un día normal de verano, y Lucila se levanta como siempre a las 12:00,


hace un calor impresionante, al menos 32°. Se decide por ir a la playa, a
pasar quien sabe cuantas horas, y con la intención de divertirse. Llegó
enseguida, ya que su casa queda a dos cuadras de allí. Sus dos mejores
amigas, Diana y Laura también fueron. Las tres se recostaron sobre las
reposeras para tomar sol. Algo las interrumpe y son tres chicos. Uno de ojos
miel, de alta estatura y pelo morocho, con unos anteojos de sol. Ese fue el
que le llamó mucho la atención a Lucila. Ella se paró, lo saludó y muy
amablemente le preguntó el nombre, él con gusto dijo Nahuel. Se estrecharon
las manos y comenzaron a charlar de cosas sin sentido, hasta que él la invitó a
nadar.

- Si, no será la mejor invitación que te hayan hecho pero te la haré de todos
modos, ¿Quieres venir a nadar?

- Claro que si.

Estuvieron un rato bastante largo, se divirtieron a lo grande. Comenzaron


nadando, y luego terminó todo con una guerra de arena, obviamente con la
arena que está debajo del agua. Se hicieron las 5:00 de la tarde, Lucila fue a
despedirse de sus amigas y tomar sus cosas, dejando a Nahuel solo con su
notebook, pero algo le llamó la atención, cuando regresó para saludarlo,
había desaparecido, solo encontró una carta impresa en hoja A4 y supuso que
la habría impreso desde su computadora. Decidió guardarla para abrirla luego
en su casa.

Al llegar a su casa, luego de una tarde agotadora, decidió recostarse a mirar


televisión, y al rato se durmió. Despertó, miró su reloj pulsera que marcaba
las 10:00. Recordó la carta que había guardado de Nahuel, tomó su bolso de
playa y la abrió, ya que estaba doblada en cuadraditos y comenzó a leer.

“Lucila: Te confieso que desde que te vi hoy en la playa, me pareciste linda.


Comenzamos a hablar y eso se fortaleció porque más que linda me pareciste
adorable. Luego esa pelea de arena, fue muy buena y gané yo admitámoslo.
Parece inútil, enamorarse de una persona en horas, pero creo que eso fue lo
que me pasó. No sé si crees lo mismo que yo, pero yo opino, que de lo
poquito que se de ti, eres muy parecida a mi, y que somos tal para cual. Si
queres que seamos algo más que amigos, ven a la costa, y respóndeme con un
‘Si Nahuel, quiero ser tu novia’. Quiero agradecerte por esa corta, pero
hermosa tarde, muchas gracias Lucila. Si no aceptas, no vengas y olvídate de
mí.

Nahu”

Una sonrisa se formó en su rostro y salió corriendo a buscar ropa linda, abrió
el agua tibia y se dio un baño de agua caliente, tardó demasiado, mientras se
relajaba, y pensaba en ese ‘si’ que le diría. ¿Cómo sería ese encuentro?
¿Formaremos buena pareja? ¿Llegaremos a estar un tiempo considerable
juntos? Estas preguntas, y más se cruzaban por su cabeza, esa ducha fue algo
interminable para ella.

Luego de ese largo, pero muy acogedor baño, se vistió con un short de jean y
una remera roja, manga corta. Un poco de brillo en sus labios y base en toda
su cara.

Bajó las escaleras, tomó las llaves, su celular, y su dinero y fue a abrir la
puerta, en lo que sale la madre de la cocina.

- ¿Qué crees que haces saliendo a esta hora?

- Mamá deben ser las 10:30, por ahí, prometo volver temprano, antes de las
12, ¿Sí?

- Lamento decirte que te equivocaste, son las 11 y algo, para las 12, ya es
muy tarde.

- Pero mamá.

-Nada de peros.

Lucila subió rápidamente las escaleras, dejó su celular en su mesa de luz, y


revoleó las llaves contra el suelo, con algo se tenía que desquitar. Se arrojó a
la cama a llorar. Aunque parecía imposible, le sucedió como a Nahuel, se
enamoró en un par de horas, pero a diferencia de él, no se pudo confesar.
Tenía esperanzas de hacer una linda pareja. No podía sacarse de su mente la
última frase de la carta “Si no aceptas, no vengas y olvídate de mí”
Recordaba eso, y lloraba cada vez más intensamente, sus padres no la
escuchaban, ya que tenía la puerta cerrada, y desde abajo no se escuchaba
muy bien, asique podía gritonear todo lo que quería sin que ellos se
preocupen.

Al día siguiente, se quedó toda la tarde mirando TV, en su cuarto, encerrada


con tan solo haber almorzado un trozo de carne por el mediodía. Tenía
hambre, pero no quería salir de su cuarto, para ver a su madre, llena de odio.
Prácticamente creía que le arruinó la vida.

Luego de unos meses, conoció a un chico, con el cual se pusieron de novios,


nada importante, ya que a ella no le atraía ni su físico, ni su personalidad, tan
solo lo usaba para olvidarse de Nahuel. Lo besaba, pensando que eran los
labios de su amor desaparecido, por decirlo así, ya que nunca había podido
probarlos. Iba, todos lo días a la playa por las tardes, a ver si estaba ahí, y
nada. Nunca lo encontraba, ni una señal de él.

Hasta que una tarde había salido con Nicolás – Su novio actual- y se estaban
besando, cuando Lucila se sintió observada, miró hacia sus alrededores y lo
vio a Nahuel. Fue caminando rápido a explicarle todo, pero él salió corriendo,
sin hablar, sin saludar, sin hacer ni un gesto, solo corrió hasta quedar lejos de
allí. Lucila trató de alcanzarlo, pero se le hizo imposible, era muy rápido. Al
comienzo casi lo alcanza, pero se tropezó, se calló y lo perdió de vista. Pero
se levantó corrió, corrió más para encontrarlo después de casi 5 meses, pero
no, no lo pudo encontrar. Nuevamente a lamentarse por perderlo, dos veces.

Meses más tarde, aproximadamente 2 o 3 meses, Lucila ya estaba soltera


nuevamente, desde ese día que persiguió a Nahuel, le contó todo a Nicolás, él
hecho una rabia le dijo que nunca más le dirigiera la palabra, y que la
próxima no lo utilice porque tenía sentimientos. Si lastimoso, además de
perder al amor de su vida, un chico llamado su novio, en lugar de apoyarla, la
tiró más para abajo. Lucila tendría varios años de “Shock” luego de esto, sería
difícil olvidar todo eso que le ocurrió, más aún si fue su madre la que se lo
impidió, por una estupidez, las madres a veces son demasiado
sobreprotectoras, eso pensaba Lucila cada segundo que pensaba en él. No
había cosa que la despistara, es más hasta soñó con él millones de veces.
Definitivamente eso era amor, y pensar que ocurrió todo porque ese día fue a
la playa y se recostó a tomar sol, si ella se hubiese ido al mar desde un
comienzo sería todo distinto, pero no, lamentablemente se cruzaron, tuvieron
una hermosa tarde juntos, pero duró muy poco. Lucila nunca tubo suerte en el
amor, pero esto que le estaba pasando era muy fuerte, todos los días era un
rutina, cuando estaba con gente, se hacia la fuerte, prefería que nadie lo
sepa. Pero cuando estaba sola rompía en llanto, y si alguien la encontraba
llorando decía siempre lo mismo “Me caí”

Olvidé presentarme, soy su amiga Clara, me sé toda la historia, desde la carta


hasta el beso de ella y Nicolás, ¿Cómo lo sé? Simple, soy la mejor amiga
también de Nahuel y él me contó que una que conoció en la playa a una
chica, le hizo una carta, y toda la historia. Una vez que fui a la casa de Lucila
y ella me contó que era de un tal Nahuel, que no pudo ir a conocerlo, y toda
la historia. Yo supe siempre eso, porque esto pasó días después del encuentro
que tuvieron ellos dos por primera vez, en la playa, pero no quise hablar
antes porque no quise meter la pata, pero llegó un momento en el que era
hora de actuar, para mi suerte salió todo como yo esperaba, todo gracias a mi
plan. Pero de todos modos iban a terminar juntos, porque sé que siempre se
amaron, y aunque Nahuel se puso furioso con ella por todo lo que pasó con su
novio y todo eso, algún día se iba a enterar que lo hizo solo por olvidarlo a él.
Un día les mandé esta carta a ambos.

“Ven a la playa a las 13:30 mañana, es importante.

Tu amiga Clari”

Ambos fueron a ese horario y se cruzaron, Nahuel estaba hecho una furia, no
la quería escuchar, eso lo pude detectar cuando estaba en una reposera, con
unos anteojos de sol y una revista, observando todo lo que pasaba.

-¿Tú? ¿Aquí? ¿Qué diablos haces aquí Lucila?

-Nahuel, sé que estas molesto, pero déjame explicarte.


-¿Explicarme? Es obvio que nunca te gusté porque no viniste a la costa el día
que te cité y te olvidaste de mí porque andabas besándote con un chico.

-Eso nunca, pues si no fui, pero siempre me gustaste, y si lo besé, pero nunca
me olvidé de ti.

-Que cosas ilógicas dices. Dices que no me olvidaste, pero que si lo besaste, y
también dices que no fuiste el día que te cité, cuando la carta claramente
decía que si no estabas interesada no vallas, ¿Y qué hiciste? Si, por supuesto,
no fuiste.

-Déjame explicarte por favor.

-De acuerdo que sea rápido.

-Está bien. Yo quería ir a la costa, y decirte si, si y por supuesto que si, pero
cuando llegué a casa me dormí y no leí la carta, me desperté tarde, y hasta
que me bañé y me cambié mi madre no me dejó salir.

-Claro perfecta excusa, ahora de ese chico que estabas besando… ¿Qué me vas
a decir?, ¿Qué lo besaste pensando que era yo? ¿Acaso crees que soy inútil?

-¡NO! Escúchame. Yo me puse de novio con él, solo porque me quería olvidar
de ti, me quería olvidar porque te amé todo el tiempo, y quería verte de
nuevo, todos los días iba a la playa y ni una señal tuya, entonces al no poder
verte, te quise olvidar, y tan solo me puse de novio con Nicolás, pero no
funcionó porque te sigo amando. El beso pasó porque lo besaba cada vez que
me acordaba de ti, para llenar ese vacio, pero no pude.

-Entonces…nunca dejaste de amarme.

-Claro que no, no sé como ocurrió, pero esas pocas horas contigo me hicieron
dar cuenta que somos muy parecidos, que somos tal para cual, y que eres un
encanto de persona.

-Lucila, no sé, yo no sé si te podré perdonar, todo esto es mucho, no sé si no


sería mejor seguir con mi vida, ya no sé si confiar en ti.

-Por favor, yo sé que te amo, por favor, tienes que creerme. Empecemos
desde esa noche, suponte que si hubiese ido, ¿Quieres ser mi novio?

Nahuel se quedó callado, contemplando la hermosa de Lucila, y en lugar de


responderle, le dio un tierno y cálido beso muy romántico, yo sonreí
victoriosamente, me levanté y me retiré del lugar para dejar a los dos
tortolitos solos. Hoy en día, después de dos años, ellos son novios muy felices
y creo que este amor va a durar mucho tiempo. Al fin y a cabo, a pesar de
tanto enredo, terminaron juntos. FIN ♥
· Nombre: Aida

· Blog o web: Breakingxdawn

· Título: Entre olas.

ENTRE OLAS.

Notaba la humedad del mar rozar mis mejillas, un agradable aroma a sal me
refrescaba la nariz. Los recuerdos navegaban en mis ojos. La espuma del mar
intentaba salpicarme con esfuerzo. La cálida arena se volvía fría por minutos,
el atardecer era el dueño del paisaje. Mi espalda tocó la suave arena, y mis
ojos contemplaban el viejo y gran azul, sin ninguna mancha, sin ninguna
nuble. Los colores se mezclaban y jugaban entre ellos, pero el azul los
conquistaba. Cerré los ojos y inspiré con fuerza. El móvil vibró en mi bolsillo.
Intenté ignorarlo, pero se iba haciendo más intenso y podría ser importante.
Metí la mano en el pantalón, y lo saqué al exterior. Retiré los diminutos
granitos de arena que habían la pantalla. No reconocí el número y pulsé el
botón de colgar.

Ya era hora de volver a casa, cogí mi guitarra y me levanté. Moví los pies
hacia los lados para que la arena pudiera salir sin problemas. Caminé, y por
cada paso, mis pies se hundían en ella. Miré al frente y el aire tiro mi pelo
hacia atrás. Pisé el portal de mi casa y ya empezaba a extrañar la playa, miré
hacia atrás una vez más y crucé la puerta.

- Ya era hora cariño – empezó Jennyfer, mi Mánager y madre en toda regla – te


han llamado de la Green Room, mañana tienes que tocar allí.

El estrés ya empezaba a llamar a la puerta, y la tranquilidad salía por la


trasera. Asentí con la cabeza y subí hacia mi habitación.

Las partituras llenaban el suelo, y el piano ocupaba casi la mitad de la


habitación. Con dificultad deje mi guitarra encima de la cama y me senté en
el escritorio. Adoraba las vistas que la ventana de este producía. La playa,
blanca y tranquila se reflejaba en mis ojos verdes, olvidándome de a cuanto
estrés tenía que estar establecida las horas siguientes.

Aplausos y más aplausos. Las flashes de las cámaras y las luces rojas de las de
vídeo me iluminaban. Mis mejores amigas junto a mi madre estaban en
primera fila. Ilusionados. Agradecidos. Sinceros. Sara mostraba una de sus
románticas sonrisas, confiada en que podía salir adelante. Alba estaba
orgullosa y aplaudía bien fuerte sin cesar. Y mi madre, Jennyfer estaba apunto
con la cámara para guardar uno de los tantos recuerdos para posarlo en la
tumba de mi querido padre. La audición empezó. Mi voz estaba serena,
tranquila y no se alteró en ninguna ocasión. Sentí la canción. Sentí las
emociones que esta producía. Mis dedos rozaban las cuerdas de mi vieja
guitarra, y el ritmo contagiaba a los asistentes. Pero mis dedos se
equivocaron. Mis dedos hicieron demasiada fuerza y mi vieja guitarra soltó
una de sus finas cuerdas. Entonces, recordé.

7 de Enero de 1998. Tenía sólo 4 años, hoy un frío siete de Enero los cumplía.
Y mi afecto hacía la música, heredado por mi padre, corría entre mis venas. Él
me regalo mi primera guitarra. Le di un fuerte abrazo, porque nadie, nadie
sabía lo que ese regalo podía significar para mi. Donde una guitarra, una
simple guitarra me había hecho llegar tan lejos. Nuestra pequeña casa, estaba
situada en frente de la playa. Y cada mañana antes que mis padres se
despertaran creaba mis propias canciones en ella. Componía canciones únicas
y especiales para una niña, que contaban la historia de las olas y de la espuma
que con esfuerzos tocaban la punta de mis dedos. Solo necesitaba eso y ya era
completamente feliz. Pero debí darme cuenta, de lo especial que pueden
resultar algunas personas en tu vida. Aquella misma noche, mi padre no
regresó a casa. Aquella misma noche, todo eran ruidos, voces y
desesperación. Aquella misma noche no me atreví a tocar la guitarra. Aquella
misma noche... mi padre estubo en la vieja playa componiendo una última
canción, entre las olas que le arrastraban a la orilla.

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