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CRISIS DEL CONCEPTO PAREJA

Juan José López Nicolás.


Técnico en Orientación Familiar

El culto a la plenitud personal casi exige la renuncia a la pareja si su


funcionamiento reclama algunos meses de rodaje o una revisión general. Esto no quiere
decir en absoluto que estemos en contra de que la individualidad no sea importantísima
y se tenga que mirar por ella para el bienestar, primero, personal, pero esta situación
llevada a extremos, como está pasando, hace que no "se aguante", que no se analicen
espacios adecuados para defender a ultranza la existencia de la pareja aun cuando sea
necesario hacer esfuerzos personales por mantenerla viva, siempre que exista el sustrato
del amor en qué apoyarse y hasta hemos visto casos en los que "se ha perdido la fe en la
pareja"; incluso "se obliga" a poner fin a una unión si no se "ajusta con esta época que
nos condena a la felicidad, cueste lo que cueste." (Jocelyn Dahan)
En estos tiempos actuales en los que hemos perdido una serie de valores, también van
desapareciendo una serie de figuras ancestrales, unas negativas (lo cual está bien) y
otras que nos eran bastante positivas. Los objetivos de las familias han cambiado e
incluso se ha desplazado el interés por el padre al interés por los hijos. Tal vez estemos
ante la desaparición del "pater familias" que ha sido destronado por sus propios hijos;
ante la desaparición de la sociedad patriarcal convirtiéndola en la sociedad de los niños,
de los hijos. Este punto de vista ante esta realidad nos hace necesario cambiar ciertas
estructuras mentales relacionadas con la misma terapia familiar, la cual, en muchas
ocasiones, no ha de ir enfocada a los subsistemas conyugales/maritales o de pareja, sino
al subsistema parental: se infiere la necesidad de aprender ante estos cambios a ser
realmente primero padres y después...lo que venga.
Tal vez estamos en una etapa en la que tras una serie de situaciones que se dan en la
pareja y ante la incapacidad de darles solución, desaparece el amor, pero realmente
padres lo seguiremos siendo toda la vida. Nos hemos quedado con esa parte de la frase
"...en la salud...para lo bueno y...". Hemos perdido, casi con toda seguridad, la
capacidad de frustración que no tiene el significado de "tragar", ni ceder hasta que
explotes, ni dejar de ser uno mismo, razón por la que se considera conveniente que la
paternidad/maternidad se ve obligada a evolucionar, a cambiar sus patrones y replantear
la distribución de las funciones paternas y maternas como trabajo para los padres y las
madres el siglo XXI.
Aún así, la razón de ser del especialista en familia, del orientador familiar, cada vez
tiene más base operativa, más espacio para reestructurar los desfases que se sufren en
los ciclos evolutivos de las personas y para los que nadie, nadie, nos ha preparado.
En cuanto a la familia monoparental, estamos ofreciendo una imagen engañosa y unos
mensajes que en teoría no deben ser ciertos, ya que aunque se haya dado una separación
de los padres, la coeducación debe llevarse a cabo de forma conjunta, por lo que tal vez
sea más propio hablar de hogar monoparental, ya que "la monoparentalidad da por
supuesto que hay un solo progenitor cuando la realidad no es esa."
"Educar solo a un niño no es en sí mismo un problema. Puede serlo cuando la
monoparentalidad se acompaña de otras preocupaciones más graves (depresión,
problemas financieros y profesionales...)" ( del libro Un solo padre en casa de Anne
Lamy)

No es nada raro que cada vez estemos más ante hogares monoparentales pon un motivo
básico: cuando la pareja hace aguas, empieza a tener problemas y entra en crisis que no
solucionan pero logran esquivarlas (volverán porque son crisis de repetición), es el
momento ideal para un miembro de la pareja el tener un hijo en la creencia de que de
esta manera se va a consolidar esta unión altamente deteriorada. Resultado: la crisis se
superará o estallará. Es cuando estalla cuando vemos que la separación se hace una
realidad y ya podemos sumar otro hogar roto en su conyugalidad por haber creído que la
solución estaba en ese "niño parche"; personita que al parecer por sí sola iba a poder
cambiar y unirnos sin el trabajo interior que se hace necesario para efectuar el cambio
adecuado que nos lleve a una comunicación idónea.
Somos adultos y desde aquí pretendemos un espacio para la reflexión que nos ponga a
trabajar, sobre todo a los hombres, para que dejemos de creer que los problemas que nos
surgen en la pareja son únicamente problemas “de ellas”. Siempre formamos parte del
problema y de las soluciones. Trabajemos, pues en este sentido del camino. ¡Vamos
allá!