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Indice

Agradecimientos
Prefacio de Marilyn Ferguson
1. ¿Qué es la neurocomunicación?
2. ¿Qué voy a conseguir?
3. Cómo realizar los ejercicios
4. Del cerebro a los pies
5. Movimientos del hombro y la cintura escapular
6. Reorganizar la relación del cuerpo con
la gravedad
7. Una mano para tocar / Una mano para
ser tocado
8. Una lengua para todos los gustos
9. Aprender a través de los hemisferios
10. Explorando estados alterados
11. Ondas cerebrales autorreguladas
12. Integrando el mundo de los sentidos
13. Neurocomunicación y método psicofísico
Epílogo

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Agradecimientos
La NEUROCOMUNICACIÓN surge de la confluencia entre la reeducación
psicofísica y otros tipos de comunicación que se dirigen a esos niveles de la
persona que quedan más allá de donde alcanza el lenguaje en su uso cotidiano.
La reeducación psicofísica y estos lenguajes subcorticales son aliados naturales y
forman una misma familia en la que cada uno amplía y enriquece al otro. Quiero
agradecer a los siguientes pioneros su aportación para crear esta alianza, por su
original y excelente contribución. Con cada uno de estos investigadores he
gozado de una relación humana que me ha resultado importante y
enriquecedora:

Wilfred Barlow Milton H. Erickson Moshe Feldenkrais Thomas Hanna


Gracias al trabajo de estos hombres, tenemos no sólo una nueva visión de las
posibilidades humanas, sino también unos nuevos y potentes medios para
hacerlas realidad.
Efectivamente, al día siguiente Yukteswar volvía a estar muy débil, y Lahiri
Mahasaya le dijo: "Vaya, una vez más te has indispuesto a ti mismo".
Durante varios días, los altibajos de Yukteswar coincidían plenamente con las
palabras de Lahiri Mahasaya, y él por fin entendió la lección que su guru le
intentaba enseñar.
"¿Qué significa esto?" dijo Lahiri Mahasaya. "Un día me dices, "Estoy bien", y al
día siguiente dices "Estoy enfermo". No es que yo te haya curado o indispuesto.
Son tus propios pensamientos los que te debilitan o te fortalecen."
Yukteswar preguntó: "Si pienso que estoy bien y que he recuperado mi antiguo
peso, ¿será así?". Lahari Mahasaya respondió: "Así es". En ese mismo instante,
Yukteswar sintió cómo volvían su fuerza y su peso.
Yogananda sintetizó la enseñanza: "El pensamiento es la fuente de toda
creación...". Múltiples filósofos y maestros a lo largo de toda la historia han
repetido esta máxima. El poder del pensamiento para influir en el plano físico es
uno de los conceptos fundamentales de muchas disciplinas espirituales.
Constituye la base de la hipnosis y de una multitud de terapias. "Como un
hombre piense, así será." "Los pensamientos son cosas."
La investigación científica lo corrobora. Nuestro cerebro y nuestro cuerpo son
afectados no sólo por la luz y la oscuridad, la temperatura y la humedad, la hora
del día y las subidas de azúcar, sino también por las creencias culturales, la
depresión posvacaciones, la oración y las expectativas. Nuestras cogniciones son
actos bioquímicos con consecuencias bioquímicas. Algunos de los
descubrimientos son notables. En un estudio realizado en Harvard con hombres
de edad avanzada, los participantes dieron unos resultados opuestos a ciertos

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índices de envejecimiento tras una experiencia de inmersión de tres días, durante
la cual todos imaginaron que tenían veinte años menos.
Nuestro cerebro responde a las imágenes de una forma muy literal. Los sucesos
imaginados producen un efecto físico. Si alguien imagina que está realizando un
gran esfuerzo físico, su corazón empieza a latir más rápido. Por medio de
experimentos, se ha demostrado que nuestra visión interna está sujeta a las
mismas ilusiones ópticas que la visión externa. Las emociones y las actitudes
pueden predisponer al individuo hacia ciertas enfermedades. Es harto sabido que
algunos perfiles emocionales son más propensos que otros a desarrollar un
cáncer o enfermedades cardíacas. Y que, mientras los pacientes de cáncer son a
menudo personas de un trato extraordinariamente dócil, las mujeres con cáncer
cervical suelen manifestar niveles más altos de hostilidad. Y entre los hombres, la
hostilidad y no el trabajo duro es lo que ha resultado ser el culpable en la
relación entre la conducta de "Tipo A" y las dolencias cardíacas.
Inspirados por la obra El futuro del cuerpo, de Michael Murphy, un compendio
sobre las transformaciones corporales, los participantes de un programa
experimental de dos años llevado a cabo en Esalen (1992 - 1993), fueron capaces
de visualizar, afirmar y efectuar cambios físicos observables, como un aumento
de estatura, por ejemplo.
La NEUROCOMUNICACIÓN pone este proceso al alcance de todos. Con este
original libro en la mano, podemos sentir, y nunca mejor dicho, que nos hemos
estado perdiendo buena parte de la película. Nos hacemos conscientes de ese ser
humano que Clyde Ford llama "el Sabio en el Templo". Robert Masters ha
descubierto una manera sencilla y elegante de comunicarse con la mente. Con
ella, el lector puede llegar a tener un conocimiento experimental de la vasta
inteligencia que nos mueve. Nos enseña un tono respetuoso, una forma de
dirigirnos a ese Sabio. Esto es importante, puesto que ya tenemos un
conocimiento instintivo de que en un momento de crisis podemos dar órdenes al
cuerpo ("¡Ahora no puedes ponerte enfermo!"), pero hasta ahora no sabíamos
cómo entablar un diálogo con él.
La NEUROCOMUNICACIÓN es como una invitación al baile. Pocas experiencias
resultan tan prodigiosas como el descubrimiento personal de que el cuerpo
responde de una manera exquisita a la palabra, tanto escrita como hablada.
Mediante el lenguaje se evocan imágenes cinestésicas.
Los músculos responden, sutilmente pero sin demora, a las descripciones que de
ellos se hacen. La sugestión conduce a imágenes que provocan una respuesta
espontánea.
La NEUROCOMUNICACIÓN se gestó a partir de un rico caudal de trabajo
anterior. Es el producto de la imperecedera fascinación que el autor siente por el
potencial humano y de un interés más concreto por cómo responde nuestro
cuerpo a las escenas que imaginamos al leer literatura. Durante los años en que
ha ido elaborando y refinando sus métodos terapéuticos, Bob Masters ha
encontrado tiempo para escribir y ser coautor de veinticinco libros, entre ellos La

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diosa Sekhmet y el Camino de los Cinco Cuerpos, Las Variedades de la
Experiencia Psicodélica, Juegos Mentales, y Escuchar el Cuerpo (junto con su
esposa, Jean Houston).
Esta pasión por el trabajo fue cultivada en sus primeros años por un abuelo poco
común, cartero de oficio y erudito por afición. Masters aprendió a leer a los tres
años, y a los cuatro ya recitaba en las clases de catequesis para adultos. Su
abuelo le contaba los mitos escandinavos, griegos y romanos; de sangre india, le
legó a Bob las tradiciones de este pueblo y le enseñó a rastrear y a cazar con arco
y flechas. Le habló de las rocas, de los árboles y de los espíritus de la naturaleza.
"Y entonces mi interés por la mitología se amplió para acoger a Edgar Allan Poe,
la ciencia ficción y el chamanismo", recuerda él.
Bob se alistó en la Armada a los diecisiete años, un acto de rebeldía contra su
padre, que quería mandarle a una escuela privada de oficiales del ejército. Al fin
de la Segunda Guerra Mundial, trabajó en Alemania durante la ocupación.
Estudió en la Universidad de Marburg y luego vivió en París durante un año.
También estudió en el Alexander Institute de Londres.
Hacia 1947, Masters empezó a sentirse intrigado por las ideas de Wilhelm Reich,
quien había roto con Sigmund Freud por creer que los analistas ortodoxos se
encerraban en sus propias limitaciones. Puesto que la neurosis podía
manifestarse en el cuerpo, Reich quería investigar más a fondo cómo se
enfrentaba el cuerpo al trauma. Reich creía que se podía restablecer la salud
psicológica por medio de una reorganización del cuerpo.
En 1954, Masters descubrió que el cuerpo responde a la sugestión de una forma
muy intensificada mediante el uso de drogas psicodélicas, y empezó un estudio
sistemático del peyote con una periodicidad semanal, consigo mismo como sujeto
del estudio. "Yo había estudiado de modo informal con Jean-Paul Sartre -cuenta
ahora-, y el existencialismo me había imbuido un montón de ideas que quería
sacarme de encima.
Descubrí que las drogas psicodélicas me permitían mantener enfocada la
concentración."
Se había estado preparando para ser profesor de filosofía. Entonces, su
fascinación por la literatura volvió a declararse, y quiso ser poeta o novelista. Se
trasladó a Texarkana, Texas, y ahí publicó un periódico y escribió poesía. Más
tarde trabajó en el Houston Post.
Conocer a Milton Erickson reavivó su antiguo interés por la hipnosis. Sin
embargo, le atraía más la posibilidad de agudizar la percepción que las
aplicaciones terapéuticas. Ya había descubierto por medio de las drogas
psicodélicas que, en un estado alterado, el cuerpo puede responder en cuestión
de segundos. El hecho de que se pudiera influir en las respuestas voluntarias le
dio la idea de que tal vez se pudiera llegar también a influir sobre las respuestas
involuntarias. Y ahí tenía a Erickson, haciendo justamente eso, creando cegueras
y sorderas experimentales en sus sujetos de hipnosis.

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Era algo harto conocido que la sugestión hipnótica de una quemadura podía
producir una ampolla. En esta clase de "realidad virtual", como la llama Masters,
el cerebro es incapaz de diferenciar entre las imágenes subjetivas y la realidad
objetiva. Descubrió, por ejemplo, que si un individuo se había quedado paralítico
a los catorce años, la parálisis a veces desaparecía si hacía una regresión hasta
los trece años, a menos que la parálisis estuviera causada por una lesión de
columna.
n esta época, Masters supo de un caso que le impresionó profundamente. En un
país escandinavo, un hombre había quedado encerrado por accidente en el
vagón-refrigerador de un tren. Le encontraron muerto, con todos los síntomas
clínicos de muerte por congelación, pero la refrigeración no estaba conectada.
Sus imaginaciones del frío fueron mortales. Esta historia ponía de relieve el
potencial clínico de las imágenes, e hizo más fácil aceptar otros fenómenos
inducidos por la imaginación. El cerebro puede ser engañado. Y todo aquello que
el cerebro pueda organizar, dice Masters ahora, el cuerpo lo ejecutará.
Este es el sencillo secreto de la NEUROCOMUNICACIÓN. Los movimientos se
describen de una forma que la mente debe crear imágenes, tanto si se trata de
un proceso consciente como si no. Estas imágenes producen un efecto sobre la
corteza motriz, donde se inicia la actividad muscular. Entonces, el sistema
esquelético-muscular da una respuesta involuntaria a las imágenes y el cerebro
se ve obligado a mover el tobillo, por ejemplo.
Masters ha observado que si alguien sufre una parálisis lateral, una sugestión a
la parte no paralizada puede evocar un recuerdo de una sensación cinestésica.
Conforme se revive esta sensación recordada, se desplaza de un hemisferio a otro
de forma que el otro lado se moverá, sólo un poco al principio, y más con la
práctica.
Masters hace también hincapié en agudizar las sensaciones. Tras los ejercicios
de NEUROCOMUNICACIóN, "el cuerpo se siente más alto y más ligero", y "a
medida que cambia el tono emocional, aumenta el placer".
Masters también ha desarrollado una serie de ejercicios para retrasar el
envejecimiento. Cualquiera puede hacerlos, dice; no hace falta una imaginación
muy vívida. "Es cuestión de mantener la concentración y no dejar que la mente
divague. Si aprendes a formular las frases, si utilizas las imágenes adecuadas,
puedes trabajar con el corazón, la circulación, la linfa. El movimiento sucederá."
Los fenómenos de la NEUROCOMUNICACIÓN nos dicen mucho de nuestro
potencial creativo, además del funcionamiento del cuerpo. Este mundo que
parecía tan sólido se vuelve más fluido, y esto constituye un estímulo para
nuestra creatividad en general. Nos pregunta: ¿Cuán real es lo real?". El tópico
de que "los pensamientos son cosas" cobra aquí un nuevo sentido.
La NEUROCOMUNICACIóN es apropiada para unos tiempos cada vez más
míticos, donde los límites entre los mundos material e inmaterial se han vuelto
borrosos y todo parece posible. La literatura científica y popular sobre las
experiencias de "casi muerte" está cambiando muy deprisa nuestra imagen de la

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muerte. Parece que somos criaturas interdimensionales, diseñadas para andar
por los bordes de la realidad.
La guerra entre los materialistas, que intentan reducirlo todo a una neurona, y
los mentalistas, que quieren caminar sobre el agua, carece ahora de sentido.
La NEUROCOMUNICACIÓN recorre los sutiles senderos del diálogo, y plantea
algunos interrogantes: ¿Quién o qué es este ser que lee o escucha? Si el cuerpo
escuchara con este tipo de atención, ¿qué otra cosa oiría? ¿Qué contendrán esos
comentarios despectivos que hacemos sobre nosotros mismos, las
preocupaciones que expresamos o la violencia gratuita que introducimos en casa
a través de la televisión? ¿Somos responsables de nuestras imaginaciones?
Resuenan aquí las palabras de Robert Masters: Aquello que el cerebro pueda
organizar, el cuerpo lo ejecutará. Una advertencia, una promesa. Si queremos un
cambio de rumbo en nosotros mismos y en nuestra sociedad, esta es la
conversación que debemos mantener. El movimiento sucederá, dijo Masters. Que
el movimiento empiece en estas páginas.

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¿Qué es la
neurocomunicación?

Las experiencias verdaderamente singulares se dan muy rara vez. Este libro, sin
embargo, proporcionará a sus lectores experiencias que sí son singulares. Su
singularidad puede deberse, o no deberse, al resultado de algún capítulo en
particular, o del libro en su conjunto, pero radica más bien en el hecho de que se
experimentarán cambios corporales significativos en respuesta a casi cada
párrafo, y en algunos casos a cada frase.
Al final de un capítulo o "ejercicio", el lector puede descubrir cambios como los
siguientes: que un pie o una mano se mueve mejor que el otro y que se percibe
con más claridad; que el cuerpo se ha quedado de alguna manera más suelto,
más alto o más erguido; que se han experimentado estados de conciencia
alterados, que traen consigo percepciones alteradas del entorno, visuales y de
otros tipos; y que se han experimentado una diversidad de cambios que varían de
un ejercicio al otro.
Tal vez el lector haya experimentado antes estos cambios corporales y estados de
conciencia alterados, y tal vez no. Sea como sea, es poco probable que estas
experiencias se hayan tenido de una manera repetida, detallada y predictible, por
el simple hecho de leer un libro. No me refiero tan sólo a algo como las
respuestas emocionales que se tienen a menudo al leer una buena novela. Me
refiero más bien a un complejo proceso por el cual se introducen las palabras en
el sistema nervioso central del lector, de un modo que se dan cambios
predictibles y muy específicos en el sistema esquelético-muscular, tales como el
alargamiento de algunos músculos para que unas determinadas articulaciones
óseas puedan tener mayor libertad de movimiento. Respecto a la inducción y
utilización de estados alterados de conciencia que se hace en este libro, lo que
experimentará el lector se parece menos a las respuestas habituales que tenemos
hacia los estímulos literarios que a las experiencias que se dan en los estados de
trance. De la respuesta literaria, por ejemplo, no se puede esperar que facilite la
autorregulación de las ondas cerebrales, ni tampoco que sirva para integrar los
diferentes sentidos de un modo que se abran las puertas de la percepción.

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Para poder conseguir los efectos deseados, la NEUROCOMUNICACIóN no puede
leerse como se leen otros libros, con la intención -consciente o no- de absorber
mentalmente su contenido. La mayoría de libros pueden considerarse alimento
para la mente; unos pocos libros, alimento para el espíritu. Lo que ofrece la
NEUROCOMUNICACIÓN es, sin embargo, alimento para el cuerpo. Para que el
cuerpo pueda aprovechar este alimento al máximo, la mente no debe devorarlo,
tal como haría por hábito, sino que se debería abordar con la intención de que lo
leído pase por la mente en su camino hacia el cuerpo. Que la mente esté pasiva
significará, por ejemplo, que no haga ningún esfuerzo para entender
intelectualmente ni recordar lo que está leyendo.
Lo que debe hacer la mente es concentrarse fijamente en lo que lee, pero con la
única intención de ser una especie de pantalla sobre la que se proyecta el
mensaje, el texto del libro, para el cuerpo. La mente no debe vagar, sino que debe
estar plenamente dedicada a servir como tal pantalla. Al igual que una pantalla
no retiene las palabras o imágenes que se proyectan sobre ella, no hay motivo
para que la mente retenga nada de lo que se haya leído.

El mensaje es exclusivamente para el cuerpo, y su receptor más inmediato es,


desde luego, el cerebro y, en rápida sucesión, la médula espinal, las vías
neuronales que van a los músculos, y después los propios músculos, de forma
que puedan actuar sobre el esqueleto según el mensaje recibido.
En el capítulo 3 se darán algunas otras intrucciones sobrecómo leer el texto de la
NEUROCOMUNICACIÓN.
Cuando se lee el texto con la mente y la conciencia bien enfocadas, cuando la
concentración es lo bastante intensa, se darán algunos fenómenos que facilitarán
el proceso de comunicación que acabamos de describir. Estos fenómenos serán
en gran manera inconscientes -suceden justo por debajo del umbral de la
conciencia-, aunque a veces pueden atravesar la fina barrera que los mantiene
en la inconsciencia, penetrando así, de una manera mínima pero reconocible, en
la conciencia. La razón por la que estos fenómenos -en su mayoría
micromovimientos de los músculos- son inconscientes es, simplemente, porque
son muy pequeños. No se trata aquí, como sucede con algunos métodos
hipnóticos, de que uno pretenda generar efectos en o a partir de la mente
inconsciente.
Por otro lado, ya se ha hecho mucho hincapié en que la participación de la mente
consciente en el proceso de la NEUROCOMUNICACIóN debe ser tan mínima como
sea posible. Efectivamente, lo que se describe en el texto no lo debe ejecutar
voluntariamente la mente consciente. El texto puede indicar, por ejemplo, que un
hombro suba, o se adelante, o baje, o retroceda, describiendo así círculos por
medio de rotaciones de la articulación escapular. Este repaso de los movimientos
posibles del hombro no se dirige en absoluto como una instrucción para que la
persona realice estos movimientos de una forma consciente y voluntaria. Muy al

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contrario, la mente debe permancer tan pasiva como se pueda, sin hacer nada
voluntariamente, y absteniéndose de iniciar ningún tipo de actividad corporal. Es
sólo cuando la mente alcanza este grado de pasividad que el sistema nervioso
central encuentra su mejor oportunidad para producir unas respuestas
relativamente puras al texto.
¿Qué sucede, pues, cuando la mente del lector permite que las palabras que
describen los movimientos del hombro u otros movimientos pasen a través de
ella? En respuesta a esas palabras, el cerebro crea involuntariamente una
imagen que ilustra las acciones que describen las palabras.
Entonces, casi tan rápido como crea las imágenes, el cerebro emite mensajes a
los músculos apropiados, los cuales, a su vez, realizan movimientos diminutos -
micromovimientos- de un género tal que, si esos movimientos fueran mayores,
los movimientos resultantes serían percibidos y observados conscientemente tal
como se describen en el texto, mientras que los micromovimientos tan sólo los
insinúan.
Esos micromovimientos sólo llegarán a la conciencia si resultan, por así decirlo,
excesivos, anulando o traspasando las restricciones que normalmente los rigen.
Entonces, la persona se vuelve consciente de movimientos pequeños pero
claramente involuntarios y, con toda probabilidad, también de la necesidad de
inhibir esos movimientos desde la conciencia para que no aumenten aún más. La
mayoría de lectores tendrán experiencias como ésta en un lugar u otro del texto,
experiencias que se dan por muchos y variados motivos y que pueden ser de
naturaleza personal e idiosincrática. Es probable que la experiencia sea la de
intentar refrenar un impulso o tendencia bastante fuerte de llevar a cabo de una
forma objetiva los movimientos que acaba de leer. El lector puede incluso
descubrir, de repente, que está realizando esos movimientos, y de un modo que
puede incluso aproximarse a la gama completa de movimientos, tal como se
presentan en el texto.
Con raras excepciones, ninguno de los movimientos descritos tiene una
importancia capital en producir los cambios que se pretende que se den al final
del ejercicio. Más bien, los efectos resultan predictibles a partir de los muchos
movimientos diferentes que se describen, ordenados por secuencias, y que tienen
un efecto acumulativo que produce el resultado buscado: una mayor movilidad
del hombro, mayor sensibilidad en la mano, mejor postura, una percepción
diferente de sí mismo o del mundo, o cualquiera que fuera el resultado
perseguido en cada ejercicio.
Los "juegos corporales" que realizará en este libro van desde algunos muy
sencillos hasta otros bastante complicados. Estos juegos son muy reveladores
respecto a la capacidad del cuerpo para responder al lenguaje, incluso cuando la
capacidad de sugestión del cuerpo no ha sido incrementada por medio de
componentes emocionales ni por la inducción de estados de conciencia que
quedan más allá de la norma individual y del consenso cultural sobre la realidad.

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Existen estados de conciencia y situaciones emocionales que aumentan
enormemente la capacidad -y tendenc-ia natural- del cuerpo a transformarse en
respuesta a las imágenes y expresiones verbales. Podemos imaginarnos, con
razón, que un novelista que comprendiera suficientemente este proceso podría
evocar una amplia variedad de estados corporales -en interacción con estados
emocionales y niveles profundos de conciencia- para crear experiencias de un
género que la literatura, hasta hoy, no ha conseguido. Muchos escritores lo han
intentado, pero la NEUROCOMUNICACIÓN indica un camino para evocar una
gama más amplia de respuestas, que seguramente comprenden incluso
respuestas de tanta profundidad como las experiencias religiosas y místicas (por
ejemplo, induciendo un estado de desdiferenciación, pérdida de límites del ego, y
la consiguiente experiencia de unidad con alguna realidad mayor).
Puesto que la NEUROCOMUNICACIóN puede utilizarse de una forma
demostrable -tal como se utiliza en este libro- para evocar cambios significativos
en el sistema nervioso central, los músculos y el esqueleto, parece probable que
pueda usarse también para efectuar cambios en los órganos corporales, y tal vez
pueda, incluso, llegar a todas y cualquier parte del cuerpo y sus procesos. Puesto
que no deposita su fe en ningún hipotético conocimiento ni sabiduría
dan por muchos y variados motivos y que pueden ser de naturaleza personal e
idiosincrática. Es probable que la experiencia sea la de intentar refrenar un
impulso o tendencia bastante fuerte de llevar a cabo de una forma objetiva los
movimientos que acaba de leer. El lector puede incluso descubrir, de repente,
que está realizando esos movimientos, y de un modo que puede incluso
aproximarse a la gama completa de movimientos, tal como se presentan en el
texto.
Con raras excepciones, ninguno de los movimientos descritos tiene una
importancia capital en producir los cambios que se pretende que se den al final
del ejercicio. Más bien, los efectos resultan predictibles a partir de los muchos
movimientos diferentes que se describen, ordenados por secuencias, y que tienen
un efecto acumulativo que produce el resultado buscado: una mayor movilidad
del hombro, mayor sensibilidad en la mano, mejor postura, una percepción
diferente de sí mismo o del mundo, o cualquiera que fuera el resultado
perseguido en cada ejercicio.
Los "juegos corporales" que realizará en este libro van desde algunos muy
sencillos hasta otros bastante complicados. Estos juegos son muy reveladores
respecto a la capacidad del cuerpo para responder al lenguaje, incluso cuando la
capacidad de sugestión del cuerpo no ha sido incrementada por medio de
componentes emocionales ni por la inducción de estados de conciencia que
quedan más allá de la norma individual y del consenso cultural sobre la realidad.
Existen estados de conciencia y situaciones emocionales que aumentan
enormemente la capacidad -y tendencia natural- del cuerpo a transformarse en
respuesta a las imágenes y expresiones verbales. Podemos imaginarnos, con
razón, que un novelista que comprendiera suficientemente este proceso podría
evocar una amplia variedad de estados corporales -en interacción con estados

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emocionales y niveles profundos de conciencia- para crear experiencias de un
género que la literatura, hasta hoy, no ha conseguido. Muchos escritores lo han
intentado, pero la NEUROCOMUNICACIÓN indica un camino para evocar una
gama más amplia de respuestas, que seguramente comprenden incluso
respuestas de tanta profundidad como las experiencias religiosas y místicas (por
ejemplo, induciendo un estado de desdiferenciación, pérdida de límites del ego, y
la consiguiente experiencia de unidad con alguna realidad mayor).
Puesto que la NEUROCOMUNICACIÓN puede utilizarse de una forma
demostrable -tal como se utiliza en este libro- para evocar cambios significativos
en el sistema nervioso central, los músculos y el esqueleto, parece probable que
pueda usarse también para efectuar cambios en los órganos corporales, y tal vez
pueda, incluso, llegar a todas y cualquier parte del cuerpo y sus procesos. Puesto
que no deposita su fe en ningún hipotético conocimiento ni sabiduría
inconscientes -como es el caso de muchos métodos hipnóticos-, podría tener
incluso aplicaciones médicas y terapéuticas más específicas, predictibles y de
mayor alcance. La investigación tendrá que explorar las posibilidades que guarda
para la ciencia, así como los escritores tendrán que explorar las posibilidades que
guarda para la literatura.
Lo hasta aquí expuesto debería proporcionar al lector una comprensión
preliminar de los fundamentos del método llamado NEUROCOMUNICACIÓN. Una
vez que se hayan realizado los ejercicios, en el Epílogo se proporcionará una
explicación más detallada que ampliará lo que se ha dicho aquí.

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-2-

¿Qué voy a conseguir?

Los resultados de realizar los ejercicios de NEUROCOMUNICACIóN variarán


mucho de una persona a otra. Entre otras cosas, el resultado dependerá de si los
ejercicios del libro coinciden con los problemas y necesidades de cada lector.
También dependerá del grado de concentración de la conciencia que se aplique a
la lectura de los ejercicios. Si algunos ejercicios son efectivos y otros no,
cualquiera de los factores expresados arriba podrían constituir la explicación.
La NEUROCOMUNICACIóN -este libro- ofrece la posibilidad de lograr cambios
específicos importantes en la organización y funcionamiento de las diversas
partes del cuerpo humano. Más importante aún, este pequeño libro constituye
una forma de obtener un conocimiento nuevo y estimulante sobre un medio por
el cual se puede transformar el cuerpo humano. Me gusta pensar que el libro
resulta entretenido a la vez que proporciona un conocimiento de un mismo,
ofreciendo al lector unas experiencias a las que nunca ha tenido acceso antes.
Sea como sea, y para volver al tema de los posibles resultados, la gran mayoría
de lectores deberían acabar este libro con una mejor imagen del cuerpo, más
amplia y más exacta. Es decir, deberían poder percibir más de su cuerpo, y
percibirlo con mayor claridad y con mayor exactitud. Esto abre el paso hacia un
uso más sano y eficiente de su cuerpo y lleva al cuerpo y la mente hacia una
conexión más íntima entre ellos, ambas cosas muy de desear.
Leerá sobre muchos tipos de movimientos, algunos de los cuales nunca haría
normalmente, o ni siquiera se plantearía hacerlos. De esta forma, esos
movimientos -que en realidad usted realizaba en otras épocas más tempranas de
su vida- volverán a entrar en su repertorio. Esto sucederá gracias a los
micromovimientos, las micropercepciones y las imágenes sensoriales que
resultan de la lectura. Éstos, a su vez, liberarán patrones previamente inhibidos
de las células de la corteza motriz de su cerebro. Entonces, conforme se vaya
dando esta desinhibición, por un efecto de concatenación, también se
desinhibirán en cierto grado las zonas adyacentes del cerebro, liberando, con
toda probabilidad, algunas facultades de pensamiento y sensación previamente
bloqueadas.
La NEUROCOMUNICACIóN también puede cambiar y expandir -de nuevo, y como
siempre, para el lector verdaderamente consciente y concentrado- su
autoimagen, su conciencia de sí mismo corno una totalidad. Puede acabar el
libro con una mayor confianza en la maleabilidad o susceptibilidad de su cuerpo

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a los cambios inducidos por usted mismo o por otros. Entenderá y sabrá, a
niveles fundamentales de su ser, que casi nada en usted está verdaderamente
fijado. Cuando usted sepa esto, y lo crea verdaderamente, tendrá el camino
mucho más abierto para cambiar en cualquier dirección que se proponga. Esto
comprende las dimensiones física, mental, emocional y también espiritual de su
ser. Creará un vínculo más estrecho entre componentes y facultades como la
inteligencia, la imaginación, la voluntad, el equilibrio, la creatividad, la moral y
otros. El mensaje de la NEUROCOMUNICACIÓN es que, tal y como las palabras,
las imágenes y las ideas pueden forjar grilletes mentales y corporales a nuestro
alrededor, un uso informado de éstas puede hacernos libres, a cualquier nivel de
nuestro ser.
Cuando hablamos de "ejercicio" en el sentido de la NEUROCOMUNICACIÓN,
debería entenderse que hablamos de un enfoque que apunta a los cambios del
tipo mencionado. Naturalmente, el organismo humano también requiere para su
salud y armonía una buena nutrición y una aplicación inteligente de ese tipo de
ejercicio físico habitual dirigido a tonificar el sistema cardiovascular, dar fortaleza
y estar en buena forma general, sin olvidar el mantenimiento del cuerpo en un
peso deseable. Estos son los niveles más superficiales de ejercicio, pero su
importancia no debe ser subestimada. Los cambios más profundos, que
producen una interacción unificada del sistema cuerpo/mente, siempre
resultarán más provechosos si el cuerpo está bien alimentado, sus órganos
internos funcionan bien y los músculos y huesos están fuertes.
Pero plantéese, también, la NEUROCOMUNICACIóN como un juego corporal.
Permítase vivirlo como una nueva forma de disfrutar y gozar, un método lúdico
para fomentar el autoconocimiento.
Para finalizar, hay mucho material aquí para despertar e inflamar la imaginación
del científico y del literato. Quedan por tratar y desarrollar las aplicaciones de la
NEUROCOMUNICACIÓN a la neurología, las terapias de rehabilitación, la
gerontología, la psicoterapia y otros campos de la psicología, la psiquiatría y la
investigación de la conciencia, así como el campo de la narrativa y tal vez la
poesía. El autor espera con ilusión y gran curiosidad estos tipos de desarrollos y
aplicaciones.

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-3-

Cómo realizar los ejercicios

La forma en que realice los ejercicios de NEUROCOMUNICACIÓN determinará los


resultados que obtenga de ellos. Esta afirmación se irá repitiendo
constantemente, de una manera u otra, a lo largo de todo el libro. La experiencia
ha demostrado que es necesario insistir en ello. Esto se debe al hecho de que se
le pide que lea de una forma diferente al patrón de lectura habitual que ha ido
estableciendo a lo largo de los años; en el caso de algunos lectores, durante
décadas.
Se le pide que lea este libro en un entorno que elimine, en la medida que sea
posible, toda distracción. Esto puede significar, entre otras cosas, una sala donde
no pueda sonar el teléfono, donde no entren ni salgan otras personas, y donde
los ruidos del mundo exterior sean tan apagados como pueda usted disponer.
Aparte de eso, no necesita gran cosa más, salvo su propia persona y su ejemplar
de la NEUROCOMUNI CACIÓN. Vístase con ropa suelta y cómoda y, a menos que
eso suponga una distracción, quédese descalzo. Sería conveniente disponer de
una mesa o escritorio o alguna otra superficie sobre la que depositar el libro. Y
una silla que sea cómoda, con un asiento lo bastante firme para no hundirse en
ella. La silla puede tener brazos o no, como usted prefiera. Si le es posible,
pruebe una silla con brazos y otra sin ellos, para ver cuál le va mejor.
Además de disponer de un espacio objetivo sin distracciones, debería disponer
también de un espacio subjetivo tan libre como pueda de distracciones. No lea
este libro cuando esté demasiado absorto por otras cuestiones como para poder
dedicar su plena atención a lo que esté leyendo. Intente darse tiempo de sobras,
de forma que no tenga que ir con prisas durante la experiencia para poder pasar
a hacer otras cosas. No se ponga a leer sólo porque piense que tiene que hacerlo.
Leer y "hacer" el juego corporal que supone la NEUROCOMUNICACIÓN debería
ser algo que desee hacer, no algo que hace por obligación ni por necesidad. Es un
hecho bien conocido que los seres humanos aprendemos mucho mejor cuando
hacemos lo que deseamos y no aquello que nos sentimos obligados a hacer, tanto
si la obligación proviene de dentro como de fuera de uno mismo.
Cuando mejor aprendemos es cuando aprender resulta placentero; aprender con
la NEUROCOMUNICACIÓN puede resultar tan placentero como estimulante. Lo
que va a hacer le resultará novedoso, y aún no sabe cuál será el resultado de
ello. Los ejercicios son breves, muy beneficiosos en potencia, y sea cual sea el
final de cualquier capítulo, supondrá ciertamente una sorpresa.

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Mientras lea, asegúrese de mantener una postura cómoda. Modifique su posición
tan poco como pueda. Es especialmente importante que no cruce las piernas ni
los pies, ni los brazos ni las manos. En el momento de realizar un ejercicio de
NEUROCOMUNICAClóN, cruzar los miembros confundiría su sistema nervioso y
le impediría tener las respuestas que se suponen.
La mayoría de los sistemas nerviosos humanos son lo bastante racionales y
saludables para ser hedonistas: buscan el placer y evitan el dolor. Son
contadísimas las ocasiones en que se pueda justificar oponerse a estas
tendencias naturales del sistema nervioso. Los ejercicios de
NEUROCOMUNICACIóN, con casi total seguridad, le proporcionarán placer si
usted los aborda con la idea de que le den placer. Al leer acerca de muchos de los
movimientos, usted se dará cuenta de que se pueden realizar de forma que
resulten sensuales y produzcan placer, especialmente a nivel táctil y cinestésico:
el placer de tocar y el placer de moverse.
Se le recordará repetidamente que será la calidad y el nivel de enfoque de su
conciencia lo que determine el beneficio que extraiga de la
NEUROCOMUNICACIÓN. La conciencia sólo podrá estar enfocada si usted crea el
tipo de circunstancias objetivas y subjetivas que ya se han mencionado. "Enfoque
de la conciencia" significa el nivel de concentración que usted aplique a la
lectura. "Calidad de la conciencia" comprende un "darse cuenta de sí mismo" que
impide que la concentración se convierta en un tenso esfuerzo de la voluntad. Es
ese estado de atención enfocada el que saborea la lectura, permitiendo que los
significados fluyan a través de la mente con el entendimiento de que son
mensajes, no para la mente, sino para el cuerpo. Es también la "calidad de la
conciencia" la que mantiene su cuerpo relajado y conserva el enfoque placentero
de su experiencia.
La lectura -como se le recordará a menudodebe ser realizada con lentitud, a la
vez que con el tipo de intención y atención que acabamos de mencionar. Se le
pide, y se le volverá a pedir, que haga pausas entre las frases, un segundo o dos,
dándose tiempo para asimilar lo que acaba de leer. Su cerebro no tiene ninguna
experiencia previa de procesar información tal como se le presenta en la
NEUROCOMUNICACIÓN. Su sistema nervioso central no conoce ninguna otra
experiencia de recibir y transmitir información de la manera que se le pide que lo
haga aquí.
Para su cuerpo, esta es una experiencia de aprendizaje, y el aprendizaje será más
lento al principio, y más rápido una vez que todo el proceso resulte más
conocido.
Puesto que su intención será la de leer más despacio y más meticulosamente que
de costumbre, tal vez tenga que estar más alerta que de costumbre a las
divagaciones de la mente, así como a las tendencias de reaccionar a la novedad
de la situación conteniendo el aliento o tensando los músculos. Estas tendencias
pueden ser muy fuertes, y es muy importante que usted las observe y no se
permita caer en estas formas de conducirse. Si se da cuenta de que está
conteniendo el aliento, simplemente normalice la respiración y continúe adelante.

16
Si nota que ha tensado los hombros, déjelos sueltos, y así sucesivamente.
Cuando haya repetido esto varias veces, podrá realizar la lectura de una forma
más relajada.
Asimismo, después de realizar algunos de los ejercicios, debería resultar más
fácil usar su conciencia de la forma que hemos expuesto, y también le resultará
más fácil a su cuerpo asimilar y actuar según los mensajes recibidos.
Aparte de lo anterior, cualquier otra instrucción necesaria aparecerá
oportunamente en el texto. Los párrafos que le piden una acción física o efectuar
observaciones de su estado físico o sus percepciones, aparecen en cursiva. Su
lectura y su "hacer" serán reforzados con la información que se da en los
capítulos siguientes.

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-4-

Del cerebro a los pies

Ahora, mientras lee, apoye los pies en el suelo con toda la planta, y póngalos
paralelos entre ellos, a un palmo o un palmo y medio (25 a 30 cm) uno del otro,
como le resulte más cómodo. Al acabar esta frase, simplemente preste atención a
ambos pies, notando cómo los percibe: si los percibe con claridad, cómo
contactan con el suelo, y todo aquello que note. Confio en que haya hecho esto
detenidamente, sin prisas. Si no es así -o aunque lo sea- hágalo una vez más,
dándose al menos uno o dos minutos para sus observaciones. Debe mantener los
pies tal como están ahora a lo largo de todo el ejercicio.

Ahora siga leyendo, más bien despacio y sin preocuparse demasiado por
encontrarle sentido a lo que lea. Sepa, simplemente, que uno habla de forma
diferente cuando se dirige al cuerpo en vez de hacerlo a la mente, y usted está
más familiarizado con las palabras que se dirigen a la mente.

Por lo tanto, al menos hasta que se haya acostumbrado a las diferencias y haya
adquirido una cierta comprensión del método, lo que se le diga puede parecerle
extraño e incluso un tanto disparatado. Tan sólo, deje espacio para la posibilidad
de que, conforme vaya avanzando, todo cobre un sentido muy interesante.

Ahora me gustaría recordarle que tiene usted un pie derecho. Si es un pie


derecho típico, sin lesiones, tendrá cinco dedos. Tiene un dedo gordo derecho y
luego otro dedo a su lado. Su pie derecho también tiene un. dedo medio y luego
un dedo que corresponde al dedo anular. Su pie derecho tiene también un dedo
pequeño. Tal vez sepa o pueda percibir cuál de los dedos del pie es el más largo,
qué dedo le sigue en longitud, y el siguiente a ése. Pero muy probablemente
sabrá que el dedo pequeño de su pie derecho es el más corto, y que el dedo gordo
de su pie derecho se llama así porque es el de mayor circunferencia. El dedo
gordo de su pie derecho se parece bastante al pulgar de su mano derecha.
Su pie derecho se parece a una mano en algunos otros aspectos. Por ejemplo, por
detrás de los huesos de los dedos hay otros huesos que continúan hacia la parte
trasera del pie y que le ayudan a apoyar el pie y le dan flexibilidad al moverse.
Por supuesto, también tiene usted un talón derecho y, por encima de él, un
tobillo derecho que se mueve cuando el pie derecho anda. También hay

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movimiento en su tobillo derecho si apoya la almohadilla y los dedos del pie
derecho en el suelo y simplemente levanta el talón derecho.

Usted puede seguramente levantar los dedos del pie derecho todos a la vez y
después bajarlos. Seguramente puede levantar el dedo gordo solo. Seguramente
puede levantar y bajar los otros cuatro dedos juntos. Pero, a pesar de que esto
queda dentro de su potencial, seguramente no puede mover cada uno de los
dedos del pie derecho por separado, tal como puede hacer con los dedos de la
mano.
Ha visto su pie derecho muchas veces. Lo ha visto desde arriba, desde dentro,
desde fuera, e incluso desde la planta del pie. Su pie derecho le ha acompañado
toda su vida, y usted debería realmente saber qué aspecto tiene. Pero, ¿sabe
realmente qué aspecto tiene? ¿Podría, sin mirar, visualizar las uñas de los dedos
del pie derecho, los espacios entre los dedos, el empeine del pie, el tobillo
derecho, etcétera?
Cuando piensa en caminar, ¿sabe realmente cómo se mueve su pie derecho?
¿Apoya el talón del pie derecho y luego toda la planta del pie, hasta llegar a la
almohadilla del pie derecho, y entonces los dedos del pie abandonan el suelo en
sucesión según su longitud? ¿Qué sensación produce cuando apoya el pie en el
suelo y anda sobre él hasta levantarlo de nuevo? ¿Anda normalmente de una
forma pesada o ligera sobre su pie derecho? ¿Tiene alguna noción de cómo anda
el pie derecho en comparación con su otro pie?
¿Sabe usted que puede simplemente deslizar su pie derecho hacia delante y
hacia atrás? Puede deslizar el pie derecho hacia delante y hacia atrás muchas
veces.
Puede hacerlo distraídamente, interesándose sólo en si su pie se desliza hacia
atrás y hacia delante. O puede realizar este movimiento con la intención de usar
su pie derecho para reconocer el suelo o la alfombra, la superficie que esté
tocando. También puede, con este mismo movimiento, utilizar deliberadamente
esta superficie para estimular sensaciones en la planta de su pie derecho. De
hecho, la planta de su pie derecho, si se la estimula como es debido, puede
proporcionarle sensaciones verdaderamente placenteras.
Las terminaciones nerviosas del tacto en la planta del pie son de las más
sensibles que podemos encontrar en el cuerpo humano. Con toda probabilidad,
la evolución lo planificó así para protegerle de lesionarse. Sea como sea, los seres
humanos de algunas culturas han cultivado esta sensibilidad de los pies, y
especialmente la de la planta de los pies, hasta el punto de tratar a los pies como
una especie de órgano sexual secundario. Su pie derecho podría ser estimulado
hasta este grado de conciencia placentera.
Usted también puede hacer girar la punta del pie derecho de lado a lado. El talón
derecho puede quedarse casi en su sitio mientras el pie derecho se desplaza del
todo hacia la izquierda y después regresa hasta la derecha, pasando por el lugar

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donde el pie derecho apunta hacia el frente. O bien, usted podría hacer girar el
pie derecho de forma que el talón derecho se desplace de lado a lado, y la
almohadilla del pie derecho se quede más o menos en su sitio.
También puede dibujar círculos en el suelo consu pie derecho, círculos
pequeños, o círculos grandes. Puede realizar círculos lentos o círculos rápidos.
Con su pie derecho, puede girar hacia fuera delcuerpo, o hacia dentro. También
puede combinar algunas de estas posibilidades con su pie derecho. Por ejemplo,
puede dibujar círculos pequeños, lentos, hacia fuera, o círculos grandes, rápidos,
hacia dentro. Su pie derecho podría hacer muchas combinaciones de
movimientos, según los diversos tamaños posibles de los círculos y según lo
rápido o lento que se desplace su pie derecho en una u otra dirección.
Ahora, tras haber leído estos comentarios, dirija su atención hacia los pies y
observe si ahora existen para usted de la misma forma .que existían antes de que
empezara a leer estas frases sobre su pie derecho y el potencial de sus
sensaciones y movimientos. ¿Tiene la misma conciencia de su pie derecho que de
su pie izquierdo? Si no es así, ¿qué diferencias percibe?
¿Puede percibir cada uno de los dedos de su pie derecho con algo más de
claridad? ¿Toca su pie derecho el suelo de una forma algo diferente?
Compare su percepción de la pierna derecha con la de la izquierda, su rodilla
derecha con la izquierda, su hombro derecho con el izquierdo. Compare el lado
derecho de su cara con el lado izquierdo. Si deja de leer y cierra los ojos durante
un rato, ¿descubrirá que está mirando hacia la derecha? ¿Que tal vez su cabeza
se ha vuelto de forma espontánea hacia la derecha -posiblemente incluso todo su
tronco- de forma que su columna se ha torcido como se tuerce cuando usted se
vuelve hacia la derecha y el hombro derecho queda por detrás del izquierdo?
Podría ser que se encuentre respirando -suponiendo que no haya obstrucciones-
más plena y claramente a través del orificio derecho de su nariz que por el
izquierdo.
Dentro de un instante, cuando haya acabado este párrafo, levántese y ande por
la habitación. Compare cómo camina el pie derecho con respecto al izquierdo: el
contacto con el suelo, la flexibilidad del pie, todo aquello que observe.
¿Empieza a comprender lo que significa el término NEUROCOMUNICACIÓN?
Mientras realizaba la comparación, seguramente habrá notado que no sólo su pie
derecho se sentía mejor, sino que el izquierdo se sentía peor: tieso y torpe, entre
otras cosas. Sin embargo, no es verdad que el pie izquierdo esté "peor" que antes.
Más bien, su sistema nervioso está comparando su pie izquierdo tal como está
normalmente con las mejoras ocurridas en el pie derecho, por lo que el pie
izquierdo sufre en comparación.
Es bueno permitir que las diferencias entre los dos pies se mantengan durante
un rato. Esto alienta a su cuerpo a adoptar la mejor organización e intentar
retenerla. También es posible, tal como aprenderá, llevar el pie izquierdo -o

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cualquier parte del cuerpo de que se trate- muy rápidamente a un estado
parecido o idéntico al de la parte mejorada. También Puede usted realizar el
ejercicio de nuevo, cambiando la palabra derecho por izquierdo, o izquierdo por
derecho, según sea el caso.
Obtendrá entonces el efecto contrario al obtenido al seguir el texto, contrario en
el sentido de que el lado contrario será el que obtenga los beneficios.
¿Empieza a entender que escribir para el cuerpo, y comunicarse con el cuerpo,
evoca respuestas muy diferentes de las que se dan cuando al escribir, como casi
todo lo escrito, se dirige a la mente en primer lugar?
Sepa y entienda que esto es sólo el principio. A medida que lea y aprenda -a
medida que aprenda a responder y que aprenda más de sí mismo por diversos
medios- se darán cambios más profundos y complejos. También, podría darse el
caso de que ninguna parte ni función de su cuerpo quede más allá del alcance de
las palabras debidamente dirigidas.

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-5-

Movimientos del hombro


y la cintura escapular.

Tras leer este párrafo, lleve a cabo las acciones descritas y preste mucha atención
a sus movimientos y sensaciones. Al final del ejercicio, se le pedirá que realice las
mismas acciones y que compare sus movimientos y sensaciones con los
movimientos y sensaciones que observará dentro de un momento. En primer
lugar, camine alrededor de la sala y observe los movimientos de sus hombros al
caminar y cómo percibe los movimientos de sus hombros. Fíjese también en
cómo se mueven sus brazos a tenor de los movimientos de sus hombros.
Después de eso, quédese parado y perciba sus hombros, comparando el lado
derecho con el izquierdo. Lleve los brazos hacia atrás y luego por encima de la
cabeza, y luego al frente y hacia abajo, describiendo círculos con los brazos desde
los hombros y comparando la soltura de los movimientos en ambos hombros.
Tome asiento, entonces, y compare la conciencia que tiene de sus hombros
derecho e izquierdo, de sus pies derecho e izquierdo, de los lados derecho e
izquierdo de la pelvis, de los lados derecho e izquierdo de su cara, y de sus lados
derecho e izquierdo en conjunto. Por favor, hágalo ahora.
Después siéntese con la planta de los pies apoyada en el suelo, paralelos entre sí,
separados un palmo o palmo y medio. Procure colocar el resto del cuerpo
simétricamente y mantenga esta posición simétrica mientras sigue leyendo.
Lleve ahora la atención al hombro derecho y la parte superior derecha de su
espalda, incluyendo el omóplato derecho. Si puede percibirlos claramente, podrá
percibir la parte superior de su hombro, la parte anterior del hombro, la. parte
externa del hombro, la parte posterior del hombro, y tal vez tenga alguna
percepción de la articulación de su hombro derecho y de cómo se inserta su
brazo derecho en el lado derecho de su cuerpo. Podría tener conciencia también
de su axila derecha y de los puntos en que la parte superior de su brazo derecho
entra en contacto con el lado derecho de su torso.
Su hombro derecho tiene muchas posibilidades de movimiento. Usted puede, por
ejemplo, desplazarlo hacia delante. Puede llevarlo hacia delante y traerlo de
vuelta al punto de origen, y desplazarlo hacia delante y hacia atrás de nuevo.
Estos movimientos vienen acompañados por unas sensaciones muy definidas.

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Si extendiera su brazo derecho hacia delante, descubriría que puede realizar un
movimiento frontal mucho más extenso con el hombro derecho de lo que puede
realizar cuando su mano derecha reposa sobre el libro, el escritorio, el muslo o el
brazo de la silla.
También puede llevar el hombro derecho hacia atrás, devolviéndolo a la posición
de origen, y repetir ese movimiento muchas veces. Entonces se producen
sensaciones diferentes, aunque son algo parecidas a las que aparecen cuando
lleva el hombro derecho hacia delante. Si su brazo derecho está por detrás de
usted, entonces el movimiento de regreso del hombro se vuelve mucho más
extenso.
Advertirá seguramente que puede realizar un movimiento algo más amplio si
empuja hacia arriba desde la articulación del hombro derecho, llevando el
hombro hacia la oreja derecha y hacia el techo. Puede levantar el hombro
derecho, bajarlo de nuevo al punto de partida, y subirlo y bajarlo mientras
observa las sensaciones que esto le produce. Si realizara una serie de
movimientos del hombro derecho -adelante y atrás, arriba y abajo- durante un
rato, advertiría con casi total seguridad que el hombro derecho acabaría colgando
más abajo que el hombro izquierdo. También lo sentiría más vivo, como si
pudiera moverse con mayor soltura y en una mayor distancia.
También puede hundir el hombro derecho hacia abajo, y regresar luego al punto
de partida. Le será mucho más fácil si el brazo derecho cuelga al lado. De nuevo,
las sensaciones en el hombro derecho serán diferentes, aunque parecidas a las
que conoce cuando desplaza el hombro hacia delante, hacia arriba o hacia atrás.
Ahora también puede hacer movimientos circulares con el hombro derecho.
Puede desplazar el hombro derecho hacia arriba y luego hacia delante, abajo, y
luego atrás, y entonces arriba, hacia delante, abajo y atrás, y así sucesivamente,
dibujando círculos y más círculos con el hombro derecho. Puede dibujar
pequeños círculos con ese hombro, y puede dibujar grandes círculos con ese
mismo. Puede dibujar círculos lentos, y círculos rápidos. Puede dibujar pequeños
círculos lentos con el hombro derecho, y también grandes círculos rápidos con
ese mismo hombro . Puede dibujar círculos de tamaños diferentes y a diferentes
velocidades de movimiento.También puede invertir la dirección en que dibuja los
círculos su hombro derecho.
Puede hacer círculos hacia atrás durante un rato, y entonces puede hacer
círculos hacia el frente, percibiendo qué está haciendo con su hombro derecho y
qué sensación producen esos movimientos.
Podría colocar la palma de su mano derecha sobre el muslo de su pierna
derecha, cerca de la rodilla. Entonces podría deslizarla bajando por la pierna
derecha, empujando con el hombro derecho. Y podría llevar la mano hacia arriba
por la pierna atrayéndola desde el hombro derecho. Empujando y estirando con
el hombro derecho, podría ir desplazando la mano derecha arriba y abajo por la
pierna, desde el tobillo hasta la articulación de la cadera, si puede abarcar toda
esta distancia. Para eso, tendrá no sólo que empujar y estirar desde el hombro

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derecho, sino también permitir que el cuerpo se doble desde la cintura,
desplazándose adelante y atrás con el hombro derecho.
También podría apoyar la mano derecha encima del hombro derecho, con la
parte superior del brazo a la altura del hombro, y entonces dibujar círculos con el
brazo derecho, girando desde el hombro derecho. Desde esta posición podría
dibujar todo tipo de círculos, hacia un lado y hacia el otro, lentos y rápidos,
grandes y pequeños, con múltiples combinaciones a medida que su hombro
derecho gira con la mano derecha apoyada en él.
También, con la mano derecha encima del hombro derecho, podría desplazar el
codo hacia delante, de forma que el hombro rote hacia dentro. Si pusiera la mano
en la axila, advertiría que el movimiento del hombro sería diferente, dirigiéndose
más hacia el centro de su cuerpo.
Ese movimiento del hombro derecho hacia el centro de su cuerpo se volvería
asimismo más amplio a medida que colocara la mano más y más abajo en el lado
derecho del cuerpo, hasta que finalmente alcanzara un punto en que el
movimiento de regreso se hace cada vez más pequeño.
Algo parecido sucedería si colocara la mano derecha sobre el hombro derecho y
desplazara el brazo hacia atrás. Entonces su hombro iría cada vez más atrás a
medida que su mano fuera bajando por
su cuerpo hasta que, de nuevo, alcanzara un punto de regreso cada vez menor.
Los movimientos del hombro derecho se harían más pequeños hasta que
finalmente no hubiera casi movimiento en el hombro, ni en el omóplato derecho
ni en la parte superior derecha de la espalda.
Ahora podría extender el brazo derecho de forma que la mano derecha descanse
sobre la mesa delante de usted, y podría empuñar la mano sin apretar los dedos.
Entonces puede hacer girar el puño como una rueda hacia dentro, sintiendo el
giro interno de su hombro derecho. Después de eso, podría hacer girar el puño
hacia fuera, sintiendo cómo el hombro rota hacia fuera. Puede hacer girar el
puño de derecha a izquierda, de forma que el hombro rote hacia dentro y luego
hacia fuera, y de vuelta, experimentando una sensación claramente diferente en
el hombro derecho y un movimiento en el hombro derecho distinto a todos los
descritos hasta ahora.
Llegados aquí, si hiciera estos movimientos, advertiría claramente cómo el
hombro derecho cuelga más bajo que el izquierdo. De hecho, advertiría que su
pelvis ha descendido en el lado derecho, y que su cuerpo entero tiende a
inclinarse hacia la derecha.
Seguramente advertirá que su cabeza está ladeada hacia la derecha, que la
columna se curva hacia la derecha y que, por tanto, la caja torácica descansa
hacia el centro de su cuerpo en el lado derecho.

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Seguramente descubriría también que la cadera derecha se ha desplazado de un
modo que la rodilla derecha apunta hacia la derecha, así como el pie derecho,
mientras que en el lado izquierdo, su pie y tobillo estarían apuntando hacia el
frente.
En otras palabras, descubriría que su sistema nervioso está experimentando una
fuerte predisposición hacia el lado derecho. Advertiría que este lado produce una
sensación menos densa y a la vez más vivaz si lo compara con el lado izquierdo.
Sobre todo, se daría cuenta de sensaciones en su hombro derecho que
seguramente llegarían a permitirle sentir la articulación de dicho hombro cuando
se encuentra quieto, y también si decidiera dibujar círculos u otros movimientos
con la articulación del hombro derecho. Y esta percepción de su hombro en el
lado derecho sería ciertamente muy diferente de la sensación del hombro en el
lado izquierdo, si comparara los dos hombros desde su posición de sentado.
Ahora fíjese en cómo está sentado y si su sistema nervioso manifiesta alguna
predisposición hacia el lado derecho. Compare cómo percibe su ojo derecho en
relación al ojo izquierdo. Cierre los ojos para experimentar esta -y
otrascomparaciones. El lado derecho de sus labios en relación al lado izquierdo.
El lado derecho de su cara en relación con el lado izquierdo. El hombro derecho
en relación con el izquierdo.
Ahora, físicamente, objetivamente, describa círculos durante un instante con
ambos hombros y compárelos. Compare no sólo los movimientos del hombro sino
también lo que sienta que sucede en la parte superior de la espalda, tanto en el
lado derecho como en el izquierdo.
A continuación, levántese y dé un paseo por la sala, comparando el lado derecho
con el lado izquierdo: en primer lugar, cómo se mueven los hombros y los brazos,
luego todo aquello que note, incluyendo el contacto con el suelo que tienen el pie
derecho y el pie izquierdo.
Después deténgase y, con los brazos, describa grandes círculos por encima de la
cabeza. Describa círculos simultáneos y también alternando los brazos.
Haga círculos que empiecen llevando los brazos hacia atrás y círculos que
empiecen llevando los brazos al frente. Entonces quédese quieto y compare sus
dos hombros y brazos.
Después vuelva a sentarse, y haga cualquier otra observaciónque se le ocurra.

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-6-

Reorganizar la relación del


cuerpo con la gravedad

Para empezar, limítese a leer este párrafo. Luego siga las instrucciones. Al seguir
las instrucciones, esté tan atento como pueda a sus sensaciones y movimientos,
proponiéndose recordar exactamente lo que observe, de forma que pueda
comparar su estado actual con lo que experimente una vez concluido el ejercicio.
Observará, en primer lugar, cómo se mantiene de pie y qué sensación le produce.
Fíjese en las sensaciones de longitud -o altura- de su cuerpo, el contacto de los
pies con el suelo, cómo siente su tronco -fijándose especialmente en la parte baja
de la espalda-, y cómo sostiene la cabeza. Fíjese en si la cabeza parece erguida,
de forma que su mirada se dirija al horizonte y no al suelo ni al techo. Intente
darse cuenta también de qué hace con los ojos: si miran hacia el horizonte, o
hacia abajo, hacia arriba, o bien hacia un lado u otro. Entonces, sin dejar de
examinarse cuidadosamente, empiece a caminar y haga observaciones parecidas,
fijándose en las sensaciones de estatura y peso de su cuerpo. Ejecute ahora estas
acciones y vuelva a sentarse.
Ahora, tal como ya ha hecho antes, tome asiento con ambos pies bien apoyados
en el suelo. Debería colocar - y mantener- los pies paralelos y con una separación
de un palmo o palmo y medio ( 25 a 30 cm) entre ellos.
Recuerde, es de crucial importancia que lea despacio y con mucha atención.
Repose durante un segundo o dos entre frases para que la
NEUROCOMUNICACióN pueda producir todo su impacto sobre su cerebro y
sistema nervioso central. Entonces, tal como ha experimentado antes, sus
músculos y esqueleto podrán asimilar las señales que precisan para
reorganizarse involuntariamente como resultado de su lectura.
Si sus pies son normales, tienen dedos, y huesos con articulaciones dentro de los
dedos. La planta del pie es una masa carnosa, en cuyo interior hay otros huesos,
un poco más largos, que se extienden a través de todo el pie y llegan hasta el
talón. También el talón tiene una estructura de huesos, cuya forma es muy
diferente a la forma de los huesos de los dedos y del pie.
Justo encima del talón está, por supuesto, el tobillo. Su tobillo tiene una
estructura ósea bastante compleja; por encima de ella se encuentran los largos
huesos de la pierna. Estos huesos, y el resto de la parte inferior de la pierna, se

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hallan entre los tobillos y las rodillas. Esta parte de las piernas es mucho más
larga que los pies, recorriendo una buena porción de su cuerpo, desde los tobillos
hasta las rodillas.
Sus rodillas tienen su propia estructura ósea bastante complicada y una
variedad de movimientos mayor que sus tobillos. En parte, esto es así no sólo
porque las piernas son bastante largas por debajo de las rodillas, sino porque las
piernas también son bastante largas por encima de las rodillas. Sus piernas por
encima de las rodillas, los muslos, son seguramente bastante más sensibles al
tacto que la parte inferior de las piernas y las pantorrillas. De hecho, si desliza
los dedos hacia arriba por los muslos, ejerciendo una pequeña presión sobre la
carne con las uñas, seguramente advertirá que las sensaciones se hacen más
fuertes -y probablemente bastante más placenteras- a medida que se acerque a
la pelvis y las nalgas.
En la parte delantera de su cuerpo está la zona púbica, el bajo vientre y luego -a
medida que su conciencia va subiendo por su cuerpo- está el ombligo. Por detrás
de su ombligo se encuentra el segmento inferior de su columna. Su columna
arranca en el cóccix, situado en la pelvis, y va subiendo por el cuerpo; se
compone de muchas vértebras de diferentes tamaños. Luego está la zona que
usted conoce como cintura y, por encima de ella, la caja torácica.
(un poco por debajo de su cintura y caja torácica están sus manos y dedos. Se
parecen en algo a los pies y dedos del pie, tal como sus muñecas y brazos se
parecen considerablemente a los tobillos' y piernas. Por encima de las muñecas
están lo que, usted llama sus antebrazos, que conducen a los codos. Sin duda,
usted podrá percibir que sus costillas' empiezan en algún lugar cercano al sitio -
en cuanto a la altura- donde su antebrazo se junta con el codo. Luego vienen los
brazos y, en su extremo superior, las articulaciones del hombro y los hombros.
Sus costillas -y su caja torácica- rodean gran parte de su tronco, protegiendo un
buen número de órganos vitales. Usted posee muchas costillas, y a. medida que
su conciencia avanza por su cuerpo hacia su pecho y axilas, debería poder sentir
que sus costillas se mueven suavemente hacia fuera y hacia dentro, al compás de
la respiración. Si su percepción es correcta, podrá notar, en cierto grado, los
movimientos de sus costillas en la parte anterior de su cuerpo, pero más
fácilmente en los costados y en la espalda.
El tórax y los pechos se suelen percibir normalmente con mucha claridad. La
conciencia de sus pechos se encontrará a diferentes alturas de su cuerpo según
su tamaño y forma. Justo encima de su esternón, y hacia los lados, se
encuentran los hombros. También posee articulaciones de los hombros, y es
posible que perciba asimismo sus omóplatos. Su columna se eleva más allá de
los hombros y se introduce en el cuello, subiendo por detrás de los huesos del
mentón hasta la base del cráneo.
En el interior del cuello se encuentra no sólo la columna sino también la
garganta, con la cual puede percibir, a menos que ya tenga conciencia de ella,

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cuando bebe o cuando come. Al tiempo que percibe la garganta, también es
probable que perciba el interior de la boca y, quizás, la mandíbula.
Su percepción del interior de la boca seguramente comprende el paladar superior
e inferior de la boca, los lados de la boca, los dientes y la lengua. De todas las
partes del cuerpo, tal vez ninguna otra se percibe tan claramente como los labios.
Los percibimos con tanta claridad porque participan en actividades de
grandísima importancia, tanto para la supervivencia como para satisfacer
necesidades emocionales muy fundamentales: la ingestión de alimentos, la
comunicación con los demás por medio del habla y de hacer el amor. Tal vez
pueda darse cuenta incluso ahora, al leer, lo claros que aparecen sus labios en
su imagen corporal, su cuerpo tal como usted lo percibe.
Por encima de sus labios se encuentran otras partes de su cuerpo que tienen una
gran importancia. Está su nariz, necesaria para respirar y también para el
sentido del olfato. Sus oídos, necesarios para oír. Y sus ojos, sin los cuales usted
no tendría conocimiento visual del mundo, además de tener una forma muy
diferente de imaginar y recordar.
Debido a la gran importancia de esas partes de su cuerpo situadas en la cabeza,
normalmente su rara y su cabeza son percibidas con mucha claridad, en
comparación con algunas otras partes de su cuerpo. El resto de su cabeza -su
frente y esas par, tes que suelen estar cubiertas de pelo- también se perciben con
bastante claridad, pero seguramente no tanto como percibe su cara. Esto se
debe, en parte, a que la carne no es muy gruesa ni muy sensible en las zonas
donde recubre el exterior de su cráneo.
Su cráneo ofrece un espacio y una protección para la parte más importante del
cuerpo humano: el cerebro. Otras partes pueden ser de igual importancia para el
mantenimiento de la vida, pero ninguna otra resulta tan importante para la
manera en que usted la vive.
Dentro del cráneo, su cerebro -que usted no puede percibir- se divide en dos
hemisferios, cada uno de ellos una estructura de inmensa complejidad que se
caracteriza por una constante actividad eléctrica y química. Visible desde la parte
superior del cerebro, sé encuentra la llamada división cerebral y el cuerpo
calloso. Aunque lo que se enseña es que uno no puede percibir su cerebro, lo que
sí es cierto es que, cuando se mantiene la conciencia enfocada durante un rato
en el espacio del cerebro, aparece una sensación de que se está percibiendo el
cerebro, a veces con mucha claridad. Si es la concentración la que crea una
imagen del cerebro, o simplemente por qué se tiene esta sensación, es algo que
no está claro todavía.
Podrá mantener fácilmente la concentración en el espacio cerebral si tiene la
sensación de que sus ojos miran hacia arriba, hacia el espacio del cerebro, y dan
vueltas en ese espacio. Puede tener la sensación de que sus ojos dibujan círculos
horizontales, verticales, diagonales, todo tipo de círculos, girando en diferentes
direcciones, en el espacio del cerebro.

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También puede tener la sensación de respirar hacia el espacio del cerebro. Puede
sentir cómo dirige la respiración hacia el hemisferio izquierdo del cerebro, o el
derecho, o hacia el interior y más allá del cuerpo calloso que une los dos
hemisferios. Puede sentir que respira a través del cerebro, hasta la parte superior
del cráneo e incluso más allá. Puede sentir que respira a través del espacio de su
cerebro y hacia el cráneo, de manera que su cráneo se alarga al respirar a través
de él. O puede sentir que respira directamente hasta la parte superior del cráneo
y que su respiración se extiende entonces hasta más allá del cráneo. Su
respiración sube a través de su cerebro y del cráneo, más y más alto, tan alto a
través de su cráneo y más allá de él como usted decida respirar. Concédase
algunos segundos para asimilar lo que acaba de leer.
Ahora, cuando haya acabado de leer este párrafo, levántese y compare su estado
con el que tenía antes de empezar a leer este ejercicio. Después, camine un poco
y compare lo que experimenta al caminar ahora con lo que experimentó al
caminar al principio de este capítulo. Una vez realizado esto, regrese a la silla y
lea el párrafo final. Haga estas observaciones ahora.
¿Qué ha observado? ¿Qué tipo de sensaciones de longitud o altura, y cómo se
apoya su cuerpo, su tronco sobre todo? ¿Cómo sostenía la cabeza y hacia dónde
se dirigía su mirada? ¿Qué sensaciones de peso, o ligereza, y cómo se apoyaban
sus pies en el suelo al caminar? ¿Sentía su cabeza como si flotara un poco en el
espacio al moverse? A veces incluso sucede que cuando se siente el cuerpo a un
nivel más profundo, las emociones o el estado de ánimo también se perciben con
mayor profundidad. ¿Describe algo de esto lo que ha experimentado? ¿Qué más
podría añadir usted? Dé otro paseo si siente que tal vez ha pasado algo por alto.

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-7-

Una mano para tocar


una mano para ser tocado

Como ya ha observado, al concluir cualquier ejercicio de


NEUROCOMUNICACIÓN, su percepción es más clara y usted puede mover de un
modo más eficiente aquella parte de su cuerpo sobre la que ha estado leyendo. A
medida que vaya realizando estos ejercicios, será cada vez más probable que los
cambios que ocurran sean permanentes, y también que vayan apareciendo otros
beneficios. El potencial para funcionar como un genio está presente en todo
cerebro humano, y podría realizarse sólo con que el cerebro se utilizara de una
manera suficiente y eficaz. Es improbable que la lectura de este libro reactive su
potencial hasta ese punto, pero sí le puede dar un empellón en esa dirección. Los
ejercicios tienen el efecto de liberar o desinhibir las células cerebrales
"congeladas" en la corteza motriz.
Su cerebro se vuelve más activo en más de sus partes, no sólo en la corteza
motriz sino también en las zonas adyacentes del cerebro que tienen que ver con
las funciones de pensamiento y sensación.
Los efectos son acumulativos conforme avanza el "trabajo". No sólo mejora usted
el estado de su cerebro, y lo usa mejor, sino que también va mejorando
acumulativamente su imagen corporal, esto es, percibe su cuerpo con mayor
claridad y exactitud. A medida que esto suceda, usted sabrá más exactamente
qué es lo que está haciendo. Se volverá entonces menos torpe, menos
derrochador de sus recursos energéticos y menos dispuesto a sufrir lesiones
accidentales. Su cuerpo tendrá una menor inclinación a retener los patrones
musculares que resultan de la tensión psicológica y emocional, de modo que, en
realidad, será menos propenso a "estar tenso". A medida que mejoren su
percepción y su uso del cuerpo, será usted también mucho menos vulnerable a
esos síntomas de un mal uso corporal que a menudo se atribuyen erróneamente
al envejecimiento. En un plano práctico, usted envejecerá más despacio y con
más elegancia que si no expande su conciencia ni usa su cuerpo según esta
conciencia.
Por breve que sea este libro, y a pesar del hecho que sólo le permita "trabajar"
con unas pocas partes de su cuerpo, con toda seguridad -y de una forma
beneficiosa- le puede transformar. Le abrirá la posibilidad de una mayor

30
conciencia y de usar su cuerpo con un potencial de movimiento, percepción y
placer mucho mayor del que haya conocido nunca antes.
Desde ahí, usted podría continuar desarrollando estas posibilidades y obtener
beneficios aún mayores.
Pero no podrá hacer nada de esto mientras alguien no le enseñe el camino, y esto
es precisamente lo que le está sucediendo ahora, al leer y "hacer" este libro.
Quizás a estas alturas ya esté acostumbrado a emprender cada nuevo ejercicio
en posición sentada, con los pies en paralelo y con un palmo o palmo y medio de
separación entre ellos. Se le ha pedido que se siente de una manera que permita
que los movimientos que realice al leer sean mínimos. En el caso del presente
capítulo, nos encontramos con un pequeño problema que no hemos encontrado
hasta ahora. Va a leer acerca de su mano izquierda, y esta lectura provocará
varios cambios en su percepción de dicha mano y en la capacidad de ésta para
percibir y moverse. Sin embargo, también tendrá que usar sus manos para
sostener el libro, o al menos dar la vuelta a la página.
Por lo tanto, intente reducir su conciencia de estar utilizando sus manos para
tocar el libro u otros objetos de su alrededor y permita que la conciencia de su
mano izquierda esté tan determinada como le sea posible sólo por las palabras
que va a leer.
Al final de este párrafo, debería ejecutar las acciones descritas. Esto le
proporcionará una base para comparar su mano tal como está ahora con su
mano tal como estará más tarde. Durante un instante, mire sus manos mientras
descansan paralelas entre ellas, con las palmas hacia abajo y en una posición
tan simétrica como sea posible. Fíjese cuanto pueda en la apariencia de sus
manos y compárelas entre ellas.
Acto seguido, explore su muslo y rodilla izquierdos con su mano izquierda,
fijándose en lo que percibe y cómo lo percibe. Entonces haga lo mismo con su
mano derecha, y su pierna y rodilla derechas. Use tam bién su mano izquierda
para explorar su mano y brazo derechos y, después, su codo derecho mientras
flexiona y extiende el brazo para que la mano izquierda pueda explorar cómo se
mueve el codo. Entonces use su mano derecha para percibir la mano y brazo
izquierdos y el codo al moverse. Después de esto, coloque sus manos tan
simétricamente como pueda. Acabados estos ejercicios pase al siguiente párrafo.
Recuerde que lo que estamos haciendo aún le resulta muy nuevo a su cerebro,
aunque seguro que va aprendiendo. Con el tiempo, cuando el cerebro tenga más
experiencia, seguramente funcionará con más rapidez. Pero por ahora, como se le
ha instruido anteriormente, es necesario que lea despacio y con atención y que
mantenga su conciencia enfocada en lo que esté leyendo. De nuevo, le resultará
de ayuda hacer un segundo o dos de pausa después de cada frase, dándose un
tiempo extra para que las palabras le lleguen antes de llevarlas a cabo.
Ahora vamos a observar su mano izquierda con algo más de detalle. Esa mano
empieza en la muñeca, y contiene huesos que se extienden hacia la base de los

31
dedos. La palma está dotada de una multitud de terminaciones nerviosas que
permiten que su mano izquierda toque con una gran sensibilidad. El dorso de su
mano izquierda es mucho menos sensible.
No le hace falta ser tan sensible como la palma izquierda porque no se usa a
menudo para tocar, ni para aprender de lo que está tocando la mano izquierda,
ni para proporcionar sensaciones a otro cuerpo.
Asimismo, la parte inferior de los dedos de su mano izquierda es más sensible
que la parte superior. La cara interna de los dedos es más sensible que la parte
superior, pero menos sensible que la parte inferior. Su mano izquierda tiene,
como es de suponer, cinco dedos. O, si lo prefiere, cuatro dedos izquierdos y un
pulgar izquierdo. Seguramente puede percibir que su pulgar tiene una
circunferencia mayor que los otros dedos, sobre todo que el meñique izquierdo.
También es posible que usted pueda percibir las diferentes longitudes de los
dedos de su mano izquierda y percibir claramente que el dedo del corazón es el
más largo.
A menos que usted junte los dedos de su mano izquierda, entre ellos hay un
espacio. Los espacios a cada lado del dedo del corazón son seguramente casi
idénticos. Es probable, sin embargo, que el espacio entre el meñique y el anular
izquierdo sea diferente del espacio que hay entre el índice y el pulgar izquierdo.
Usted puede percibir fácilmente las articulaciones de los dedos de la mano
izquierda si cierra los dedos en un puño y los vuelve a extender. Puede repetir
este gesto varias veces, flexionando y extendiendo los dedos rápidamente, y
después flexionándolos y extendiéndolos despacio.
También puede subir y bajar los dedos, todos juntos o por separado, tal como lo
haría si estuviera tocando el piano con su mano y dedos izquierdos.
Gracias a la cantidad de movimiento que realiza regularmente, la mano izquierda
de un pianista será ágil y sensible. Sin duda usted puede imaginarse
cómo se movería su mano izquierda si usted tocara el piano regularmente, como
un concertista. Su mano izquierda también podría ser de lo más sensible, y tal
vez de lo más ágil, si usted la usara habitualmente para trabajar con el cuerpo de
otras personas, como hacen algunos sanadores. Su mano izquierda tocaría,
entonces, no sólo la superficie de otro cuerpo sino que sentiría su interior,
tocando de una manera mucho más profunda y completa de lo que tocan las
manos de ordinario. Usted podría tener ese tipo de mano izquierda.
Podría empezar a dotar a su mano de esta sensibilidad desplazándola arriba y
abajo por su pierna izquierda, usándola para percibir tanto como pueda su
pierna izquierda mientras la toca. Podría usar su mano izquierda para explorar
su rodilla izquierda, procurando tocar tan profundamente como pueda los
huesos de la rodilla con la mano izquierda. Entonces, si dobla y estira la pierna
izquierda, podrá percibir lo que sucede en su rodilla izquierda de una manera
aún más clara.

32
Hay muchas cosas que usted puede hacer para aumentar la sensibilidad de su
mano izquierda, hacer que tenga mayor presencia en su imagen corporal, y
mejorar el funcionamiento general de ella.
Las mejoras se dan, por ejemplo, cuando la conciencia se mantiene enfocada
incluso durante la ejecución de actividades muy simples. Usted puede, si gusta,
dejar la punta de los tres dedos medios sobre la mesa, al tiempo que golpetea
sobre la mesa con la base de la mano, en intervalos rítmicos de uno, dos, tres y
cuatro golpes. O también, podría posar la base de la mano sobre la mesa y
golpetear con la palma y los dedos en intervalos rítmicos de uno, dos, tres y
cuatro golpes.
Podría dejar la base de la mano inmóvil y deslizar los dedos de lado a lado. O
dejar los dedos quietos y deslizar la base y la palma de la mano de lado a lado.
También puede simplemente deslizar la mano izquierda adelante y atrás, o
llevarla de lado a lado, deslizándola sobre la mesa o alguna otra superficie. O
podría dibujar círculos sobre la mesa con la palma de la mano, primero hacia un
lado y después hacia el otro. Con la mano izquierda puede dibujar círculos
pequeños y puede dibujar círculos grandes. Puede dibujar círculos rápidos y
puede dibujar círculos lentos. Puede dibujar todo tipo de círculos, con distintos
grados de velocidad y lentitud, grandes y pequeños, hacia un lado y hacia el otro,
siempre girando y percibiendo con su mano izquierda las sensaciones que ello le
produce.
Seguramente habrá tenido alguna vez la experiencia de dejar la mano izquierda
en agua fría durante un rato, de forma que la mano se va quedando cada vez
más entumecida cuanto más tiempo pasa bajo el agua.
Su mano izquierda también conoce la sensación que produce el agua caliente.
Sabe lo que es tocar o sostener un pedazo de hielo. También sabe lo que es tocar
o sostener algo caliente.
Su mano izquierda sabe qué sensación producen las pieles de animales: qué
sensación le producen a la palma y al dorso y qué sensación producen las pieles
entre los dedos de su mano izquierda. Su mano izquierda conoce el tacto de las
plumas, y también del cuero y de las telas de algodón. Su mano. izquierda
seguramente ha tocado terciopelo, y conoce el tacto del satén y también de la
seda.
Su mano izquierda sabe lo que es tocar la corteza de un árbol, o una hoja o la
hierba. Conoce el tacto del papel de lija, y del vidrio mojado y de la madera
pulida. Su mano izquierda puede recordar la sensación de adaptarse a las formas
de un trozo de metal.
También conoce la sensación de tocar el cuerpo humano y cuantas experiencias
diferentes puede disfrutar con el solo hecho de tocar otro cuerpo.
Usted puede utilizar su mano izquierda para aprender cosas de las superficies
que toca, pero también puede usar muchas de estas superficies para estimular
sensaciones en ella. Repetimos, su mano izquierda, la palma y la base de los

33
dedos están dotadas de un número enorme de terminaciones nerviosas para el
tacto. Gracias a este hecho, también es posible estimular en alto grado esas
partes de su mano izquierda, de modo que la mano se vuelva extremadamente
sensible, además de cargarse de energía.
Es esta energía en su mano izquierda la que otra persona puede percibir como
calor si, por ejemplo, usted realizara un trabajo de sanación. Su mano izquierda
podría transmitir tanta energía que el calor casi daría la sensación de poder
quemar su cuerpo o el de la otra persona.
En una situación adecuada, su mano izquierda puede recibir, y también
transmitir, lo que será claramente percibido como energía sexual. La palma y los
dedos se llenan de tal modo de energía que pueden llegar a resultar, al menos
ligeramente, orgásmicos, y entonces su mano podría despertar sensaciones
parecidas en casi cualquier parte del cuerpo de otra persona si acariciase ese
cuerpo.
Una vez experimentada tal posibilidad, usted puede utilizar otras superficies para
despertar diferentes tipos de sensibilidad y diferentes tipos de energía en su
mano izquierda. Tanto si esas energías son, pongamos, de tipo sexual como
sanador, o de otros tipos de energía, su mano puede sensibilizarse de tal modo
que deja de parecer sólida y parece más bien como si estuviera compuesta de
partículas de energía que fluyen o bailan. Cuando su mano izquierda está
energetizada a ese nivel, la energía será percibida en toda la mano, y no sólo en
la palma o en la base de los dedos.
Cuando su mano izquierda ha adquirido este grado de sutileza y sensibilización,
entonces puede realmente percibir otros cuerpos en profundidad, y también
puede traspasar su energía a esos cuerpos a un nivel muy profundo. Su mano
izquierda puede ser así.
Ahora, al final de los siguientes dos párrafos, haga, por favor, lo siguiente,
preferiblemente con los ojos cerrados. primer lugar, compare su conciencia de la
mano izquierda con la conciencia de la mano derecha. Compare también su
conciencia del hombro izquierdo respecto al derecho y fijeseen cómo se apoya el
lado izquierdo de su pelvis en comparación con el derecho, y cómo percibe su pie
izquierdo y cómo se apoya en el suelo en comparación con el pie derecho.
Entonces utilice la palma y la base de los dedos de su mano izquierda para
explorar su pierna y rodilla izquierdas. Tras eso, use la mano derecha para
explorar la pierna y rodilla izquierdas y compare las dos experiencias. También
toque y explore la mano derecha con la izquierda, y después use la mano derecha
para tocar y explorar la izquierda, y observe con qué diferencia toca su mano
derecha respecto a como lo hace la mano izquierda. Su mano izquierda, con toda
certeza, tocará de una manera que produce sensaciones más refinadas y
expresará más conocimiento que la mano derecha. En cambio, al explorar su
mano derecha, la izquierda tocará algo que es más sutil que ella misma.
Apoye el codo derecho en la palma de la mano izquierda y entonces flexione y
extienda el brazo derecho, sintiendo el codo con la mano izquierda. Después

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sienta el codo izquierdo con la mano derecha mientras flexiona y extiende el
brazo izquierdo. Compare las dos experiencias. Una vez que haya concluido,
levántese, camine por la habitación y compare su conciencia de la mano y el
brazo izquierdos con el derecho. Entonces, use su mano izquierda de otras
maneras para seguir explorando de qué modo puede sentir su mano lo que toca
cuando se la ha acercado un poco más a su potencial sensitivo.

35
-8-

Una lengua para


todos los gustos

Una vez más, siéntese como antes, cómodamente, en el mismo tipo de silla, y
apoye los pies en el suelo, paralelos, con un palmo o palmo y medio de
separación entre ellos. Cerciórese de que no será interrumpido ni sufrirá ninguna
distracción, y recuerde que a medida que lea, la calidad de conciencia que
aplique a la lectura -el enfoque de su concentración mientras lee despacio y
atentamente- determinará, más que ninguna otra cosa, cuanto se beneficie del
ejercicio. Ahora, cuando se le pida, realice sus observaciones según las
instrucciones que reciba para poder comparar su estado actual con lo que
perciba y haga cuando concluya su trabajo.
De todos modos, en primer lugar se debería mencionar que es muy corriente que
los músculos de la. lengua mantengan una tensión habitual o se encuentren
excesivamente contraídos. Tal tensión crónica en la lengua tiene muchas
consecuencias perjudiciales, entre ellas: la cabeza y el cuello no pueden girar tan
libremente como deberían, los movimientos oculares se ven inhibidos y los ojos
pueden acumular una carga nerviosa, y es probable que aparezcan interferencias
con el habla y la respiración. En algunos casos, los movimientos de la boca se
ven afectados, impidiendo comer y beber de un modo adecuado. La tensión en la
lengua puede contribuir a crear tensión en la mandíbula, problemas dentales y
jaquecas. Incluso los movimientos de la columna en la parte superior e inferior
de la espalda pueden verse perjudicados como resultado de una tensión crónica
en la lengua.
Cuando la lengua está suelta, yace ancha y plana en la boca, y la punta
sobresale muy ligeramente entre los dientes superiores e inferiores. Cuando se
encuentra lo bastante suelta, se mueve en coordinación con los movimientos de
los ojos, el cuello y la cabeza. Si los ojos van hacia la derecha, la lengua irá hacia
la derecha. Si la cabeza se vuelve hacia la derecha, la lengua se desplazará hacia
la derecha, tal como harán los ojos si no hay ninguna inhibición de los
movimientos oculares que lo impida. De manera similar, la lengua y los ojos se
coordinarán con la cabeza y el cuello en el caso de los movimientos de subida y
bajada, o cualquier otro tipo de movimiento de la cabeza y el cuello.
Lo que significa este tipo de coordinación es que la lengua se mueve incluso en la
dirección del pensamiento o de la atención. Si una persona está pensando en

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algo que queda a su derecha, entonces su lengua se desplazará
involuntariamente hacia el lado derecho de la boca. Si una persona está
pensando o atendiendo a algo que queda a su izquierda, entonces de una manera
involuntaria -y, de ordinario, inconsciente- su lengua se desplazará hacia el lado
izquierdo de la boca.
Esto es lo que sucede cuando el cuerpo se mueve como debe. El motivo de que
ocurran estos movimientos es que la cabeza y los ojos siempre tienden a
desplazarse en la dirección en que se está pensando o hacia la que uno dirige su
atención. Los movimientos musculares del cuello y los ojos pueden ser muy
pequeños, pero son suficientes para producir el movimiento mayor de la lengua,
que la llevará hacia la derecha o la izquierda, o al paladar superior o inferior de
la boca, según sea el caso.
Ahora, tómese un minuto o dos y observe cómo descansa su lengua y qué hace
cuando usted vuelve la cabeza hacia la derecha y la izquierda, o simplemente
lleva los ojos a derecha e izquierda. Si su lengua no se mueve con los
movimientos de cabeza y ojos, entonces no sólo su lengua mantiene una tensión
crónica, sino que además restringe los movimientos de su cabeza y ojos. Si su
lengua se mueve con su cabeza y ojos, entonces manténgala fija en medio de la
boca, y pronto se dará cuenta de cómo esta sujeción le tensa los ojos y le
dificulta volver la cabeza y cuello al desplazarlos a derecha e izquierda unas
cuantas veces.
Si su lengua permanece en medio de su boca cuando desplaza la cabeza y ojos de
lado a lado, intente entonces hacer con la lengua movimientos contrarios a los de
la cabeza y cuello, llevando la lengua a la izquierda cuando la cabeza y ojos
vayan hacia la derecha. Esto le dará una noción clara de la interrelación entre la
lengua, los ojos y los músculos del cuello.
Observe también si siente que la lengua descansa ancha y plana, si la punta de
la lengua se extiende un poco hacia el espacio entre los dientes superiores e
inferiores, y hasta qué punto le parece que percibe toda la superficie de la
lengua, o incluso más allá de la superficie. Gire la cabeza de derecha a izquierda
unas cuantas veces para tener una noción de qué sensación le produce, la
facilidad con que gira, y con cuánta velocidad puede girar sin ninguna sensación
de tensar o forzar. Ahora lleve la lengua de lado a lado en la boca, observando
esos movimientos y cómo los afecta que usted abra la boca ligeramente, luego un
poco más, y un poco más, hasta que llegue a un punto en que mantener la boca
abierta ya no ayude a los movimientos de su lengua, sino que la lengua empiece
a sentirse obstaculizada por la tensión en la boca y en la mandíbula cuando
usted fuerza la abertura más de lo que le resulta cómodo. Y ahora, simplemente
lea, despacio, atentamente, haciendo pausas entre las frases como de costumbre.
A menos que la lengua se utilice de una manera activa y voluntaria, o a menos
que se la examine o perciba de una manera deliberada, la mayoría de personas
tienen poca o ninguna conciencia de su lengua.

37
No saben cómo descansa en la boca, ni cómo debería descansar si se encontrara
bien organizada. No saben si se mueve con los ojos y la cabeza, o si debería
hacerlo. La verdad sobre estos hechos, como con tantos otros hechos básicos de
nuestro uso cotidiano del cuerpo, es desconocida hasta el punto de que no existe
ni siquiera una conciencia de no saber las cosas que sabría un organismo sano y
con un funcionamiento adecuado.
Incluso cuando observa su lengua en el espejo, seguramente no la mira para ver
cómo descansa: si descansa ancha y plana, o si aparece contraída y redondeada.
Tampoco es probable que la mire para ver si la lengua, en su posición de
descanso, asoma la punta entre los dientes superiores e inferiores o si queda por
detrás de los dientes.
Sin embargo, si usted decide prestar suficiente atención a su lengua, puede
encontrarse que cada vez es más consciente de su superficie: la parte de arriba,
los lados, y la base o parte inferior. Tal vez entonces se haga consciente de su
longitud, y de las sensaciones de humedad y calor en ella. Es probable que
perciba más humedad en la parte inferior de la lengua que en la superior. Prestar
suficiente atención a la lengua -traerla durante al menos un rato a su imagen
corporal- es probable que le haga sentirla más grande.
Tal como se le pidió que observara, el alcance y agilidad de la capacidad de
movimiento de su lengua puede ser experimentado parcialmente al desplazarla
de derecha a izquierda en el interior de la boca.
Si lo hace con la boca cerrada, los movimientos de la lengua serán pequeños, y
seguramente sentirá que su base, donde se originan los movimientos, está
bloqueada para poder realizar movimientos mayores. Entonces, a medida que la
boca se abre cada vez más, su lengua puede moverse más y con mayor libertad y
facilidad de movimiento, hasta el punto en que puede sentir tensión en la
mandíbula, al forzar la boca a abrirse más de lo que resulta cómodo. Entonces
percibirá de nuevo que los movimientos de su lengua se encuentran limitados y
bloqueados, aunque por razones diferentes.
La lengua se puede usar para explorar el interior de la boca de muchas maneras
diferentes. Por ejemplo, puede pasearse por el paladar superior y descubrir que
este paladar es bastante sensible al tacto y que incluso puede producir
cosquillas. Puede descubrir que la lengua tiene mucho más espacio para
pasearse cuando explora el paladar superior que cuando explora el paladar
inferior.
Cuando su lengua explora el interior de su mejilla izquierda, tocará entonces un
tipo de superficie diferente, y también tendrá bastante espacio por explorar. A
diferencia de los paladares, los lados de la boca son mucho más blandos y ceden
con mayor facilidad.

38
Su mejilla izquierda, por ejemplo, es muy blanda, y se estira y cede fácilmente
cuando la lengua la empuja desde el interior. Lo mismo sucede, por supuesto,
con el lado derecho de la boca cuando usted lo explora con la lengua.
Su lengua puede tener una experiencia rica y variada al explorar, uno por uno, la
cara interna de los dientes. Su lengua también puede explorar los bordes
incisivos de los dientes inferiores. Y, uno por uno, puede explorar la cara externa
de los dientes inferiores, para descubrir que las sensaciones son muy diferentes
según explore la cara externa o la interna, o los bordes incisivos de los dientes.
Constituye una experiencia significativamente diferente utilizar la lengua para
explorar la cara interna de los dientes superiores, y después la cara externa de
los dientes, repasando los dientes uno por uno, para llevarla después hacia los
lados, a lo largo de los dientes superiores, desplazándola como si, se tratara de
un limpiaparabrisas.
También puede desplazar la lengua hacia delante y hacia atrás, de izquierda a
derecha, de forma que la parte inferior de la lengua pase por el borde de los
dientes inferiores, mientras que la parte de arriba de la lengua pasa
simultáneamente por el borde de los dientes superiores.
También puede explorar simultáneamente el interior del labio superior y la cara
externa de los dientes superiores con la lengua.
De la misma manera, su lengua puede explorar el interior del labio' inferior y la
cara externa de los dientes inferiores, ambos a la vez. Y puede usar la lengua
para desplazarla hacia delante y hacia atrás, de forma que primero recorra el
labio y dientes superiores y después el labio y dientes inferiores, dibujando una
forma ovalada al moverse. Incluso puede realizar esta acción de manera que
cuando la lengua vaya hacia la izquierda, siga hasta entrar en el lado izquierdo
de la mejilla, y cuando vaya hacia la derecha, siga hasta el lado derecho de la
mejilla.
Puede retraer la lengua hacia atrás de forma que la punta quede a una cierta
distancia detrás de los dientes, y puede practicar retraerla y después llevar la
hacia delante hasta el punto en que entre en contacto con la cara interna de los
dientes. O puede llevarla hacia atrás tanto como pueda sin que llegue atensarse,
y después llevarla adelante de forma que se extienda entre los dientes y entre los
labios y salga hacia delante hasta que usted pueda verla. Puede retraer la lengua
y luego extenderla de esta manera muchas veces, llevándola hacia atrás hasta
donde le resulte fácil, y después sacarla hacia delante, hasta donde llegue sin
tener que forzarla.
Puede alargar y liberar la lengua de una forma muy perceptible si coloca la punta
de la lengua entre los dientes y la muerde con mucha suavidad. Entonces,
empuje la lengua un poco más hacia delante y muérdala suavemente de nuevo, y
otra vez, y otra más, sacando cada vez la lengua un poco más hacia fuera y
mordiéndola suavemente para ir marcando el avance.

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A medida que vaya repitiendo este proceso de extender la lengua en pequeños
tramos, podrá advertir que puede dar treinta o cuarenta pequeños mordiscos
antes de que la lengua asome por la boca tanto como pueda alargarla. Entonces,
a medida que repita el proceso, puede llegar a dar cincuenta mordiscos, o
sesenta, con la lengua asomando cada vez más por la boca, a medida que el
cerebro responde al mensaje que recibe y permite que la lengua se alargue más y
más. Tras haber realizado estos movimientos durante un rato, su lengua puede
ser sensiblemente más larga que cuando empezó. Cuando la lleva de nuevo al
interior de la boca y la deja reposar ahí, tal vez la perciba más ancha y más
plana. Puede incluso suceder que asome entre sus dientes más de lo que le
gustaría, pero rápidamente se reorganizará para regresar a su posición natural,
con la punta sobresaliendo sólo muy ligeramente entre los dientes. Lo que sienta
su lengua y cómo sienta usted su lengua puede variar mucho según la
orientación e intención que usted ponga en el uso de su lengua. Por ejemplo, la
puede usar para percibir las superficies que toca con ella, con la intención de
reconocer esas superficies, pues su lengua puede revelar, mediante su
exploración, cómo son esas superficies. Pero también podría usar su lengua con
una intención diferente al recorrer con ella esas mismas superficies y, mientras
toca las superficies de una manera que parece idéntica, podría tener la intención
de aprender cómo responde su lengua a esas superficies: aprender, no sobre lo
que toca su lengua, sino sobre las sensaciones que percibe al tocar algo con ella.
También puede modificar su intención, y por tanto su experiencia, de otras
maneras muy sencillas. Por ejemplo, puede usar su lengua deliberadamente para
estimular sensaciones en cualquier parte de su boca o labios, u otra zona de su
cuerpo que la lengua esté tocando. O puede usar intencionadamente cualquier
parte que su lengua esté tocando para estimular sensaciones en ella. La
experiencia será muy diferente en cada caso, tanto para la lengua como para la
parte que es tocada por ella. (Si estuviera tocando con la lengua el cuerpo de otra
persona, por el mero hecho de variar sus intenciones, la experiencia de la otra
persona, además de la suya propia, sería bastante diferente, según cuál fuera su
intención.)
Existen muchas otras variaciones que puede introducir al explorar el potencial
sensorial y cinestésico de su lengua. Por ejemplo, puede usar la lengua para
estimular el interior de su mejilla izquierda mientras, de forma simultánea, la
usa para aprender sobre la superficie interna de la mejilla. O podría enfocar su
conciencia en lo que siente el labio inferior mientras lo toca con la lengua, a la
vez que usa el labio inferior para estimular sensaciones en ella. En estos casos,
deberá dividir su conciencia, y tal vez descubra entonces que ha dividido también
la cantidad e intensidad de sus sensaciones. También podría encontrarse con la
capacidad de repartir diferentes porciones de las sensaciones que 1e llegan entre
la lengua y la mejilla, o cualquier otra parte que la lengua esté tocando.

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Podría pretender -y conseguir- en otras palabras, que su lengua se quede con
tres cuartas partes de las sensaciones existentes, dejando una cuarta parte a sus
(normalmente mucho más sensibles) labios.
Una vez que su lengua haya disfrutado de todas estas experiencias, y si se han
realizado a conciencia y de una manera relajada, es muy probable que su lengua
se mueva con mayor libertad y más rápidamente de lo que se movía antes, y que
esté mejor coordinada con los movimentos de los ojos, la cabeza y el cuello. Su
lengua se moverá con mayor rapidez de lado a lado si mueve expresamente los
ojos y la lengua juntos, de izquierda a derecha, o si vuelve la cabeza de izquierda
a derecha y mueve la lengua y los ojos de izquierda a derecha, para descubrir lo
rápido que puede hacerlo. También es posible que descubra que su cabeza y
cuello giran con mayor facilidad y soltura de lado a lado, con lo que descubrirá
que los músculos de su cuello se han liberado.
Entonces, si el ejercicio ha resultado lo bastante provechoso, advertirá que, con
sólo girar la cabeza de izquierda a derecha, su lengua acompaña
espontáneamente a la cabeza. Y tal vez sólo tenga que mover los ojos de izquierda
a derecha para descubrir que la lengua los acompaña. Si su lengua ya estaba
bien coordinada, quizás advierta que ha mejorado la calidad de sus movimientos.
Quizá no tenga más que pensar en algo que está sucediendo a una cierta
distancia hacia la izquierda de su cabeza para observar que la lengua se desplaza
espontáneamente hacia el lado izquierdo de la boca.
O no le haga falta más que imaginar algo que sucede hacia la derecha para
observar que su lengua se ha desplazado hacia o contra la mejilla derecha, y
también puede advertir que su lengua sube y baja según usted imagine algo que
sucede por encima de su cabeza, o preste atención a algo que sucede a la altura
de sus pies o por debajo de ellos.
Ahora efectúe estas observaciones, empezando con cómo reposa su lengua en la
boca, fijándose después en cómo se coordina con los movimientos de la cabeza,
de los ojos, y con su atención. Y f jese en la claridad con que percibe ahora las
superficies de su lengua. Vuelva la cabeza rápidamente de lado a lado, notando
cómo se mueve. También, con la boca abierta casi hasta el punto de tensión,
lleve la lengua de lado a lado y fíjese en si ha mejorado el movimiento.
Permanezca sentado tranquilamente, con los ojos cerrados, e intente realizar
algunas otras observaciones.

41
-9-

Aprender a través
de los hemisferios

Como de costumbre, lea este párrafo y lleve a cabo las acciones que en él se
describen para disponer de una base que le permita reconocer qué cambios ha
producido en su cuerpo la NEUROCOMUNICACIÓN. A menudo no percibimos el
cuerpo con mucha claridad, pero sí que lo percibimos normalmente como si fuera
simétrico. Es decir, la persona media percibe con una claridad prácticamente
idéntica la pierna derecha e izquierda, el brazo derecho e izquierdo, el hombro
derecho y el izquierdo, los dos lados de la cara, etc. De ordinario el cuerpo se
percibe como del mismo peso en ambos lados, y también de la misma longitud.
Esto es lo que aquí denominamos simetría.
Ahora, levántese y colóquese con los pies abiertos hacia fuera en un ángulo
parecido y con los brazos colgando de manera similar. Fíjese en si su cuerpo le
parece simétrico en función de la claridad de percepción, peso y longitud. Luego,
camine por la sala y efectúe las mismas observaciones. Una vez hecho esto,
regrese a la silla y, en posición sentada, repase su cuerpo en cuanto a la
simetría. Después, siga leyendo, despacio y atentamente, haciendo pausas de
uno o dos segundos entre frases.
Recuerde, esta forma de procesar la información es nueva para su cerebro, algo
que se ha de aprender antes de que el cerebro pueda ejecutarlo con rapidez.
Debe sentarse, como ya es habitual, con los pies paralelos y a un palmo o palmo
y medio el uno del otro. Mantenga esta posición simétrica y procure hacer lo
mismo también con el resto del cuerpo.
Seguramente podrá sentir que las nalgas y las plantas de los pies reposan
simétricamente sobre la silla y sobre el suelo.
Ahora me gustaría llamarle la atención sobre el hecho de que su pie derecho se
apoya en el suelo, dibujando un ángulo prácticamente recto con la pierna
derecha. El muslo derecho se encuentra aproximadamente en ángulo recto con la
pierna derecha. Y, si está sentado en una posición erguida, entonces el lado
derecho de su tronco se encuentra en ángulo recto con su muslo derecho.
Usted sabe que podría mover el pie derecho de varias maneras diferentes. Podría
dejar el talón derecho en el suelo y luego golpetear el suelo con la almohadilla del

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pie derecho. Podría golpetear el suelo en intervalos rítmicos de uno, dos, tres y
cuatro golpes, o podría hacerlo sin ningún ritmo definido.
Dejando el talón derecho más o menos en su sitio, podría hacer girar la punta del
pie de lado a lado, sin levantar el pie del suelo. O, bien, podría deslizar el talón
derecho de lado a lado manteniendo la punta del pie más o menos en su sitio.
También podría mover repetidas veces el tobillo derecho hacia el exterior y
después hacia e1 interior del pie derecho.
Podría extender la pierna derecha y, dejando el talón apoyado en el suelo, dibujar
círculos en el aire con el pie derecho.
También podría zarandear los dedos de los pies. Tras extender la pierna, podría
traerla de nuevo hacia el cuerpo por medio de la articulación de la rodilla
derecha. Podría doblar y extender la pierna derecha muchas veces, usando los
músculos que sirven pira mover la pierna desde la articulación de la rodilla
Podría pasar la mamo derecha arriba y abajo por la pierna derecha, percibiendo
la cara anterior, posterior y lateral de la pierna derecha con la mano derecha.
Podría colocar la mano en combinaciones diferentes con la pierna derecha.
Podría utilizar la mano derecha para explorar y estudiar la parte inferior de la
pierna derecha sobre la intención de aprender tanto como pueda ella. Podría usar
su mano derecha para estimular muchas sensaciones diferentes en su pierna y
rodilla derechas. También podría usar su pierna y rodilla derechas para
estimular sensaciones en la mano derecha. Y existen otras posibilidades. Todo
depende de la intención que aplique a los mecanismos sensoriales de su mano
derecha.
Evidentemente, podría hacer lo mismo con el muslo derecho. Podría desplazar la
mano derecha por el muslo derecho, por ejemplo, de una manera que estimule
fuertes sensaciones en la palma de la mano y en la base de los dedos derechos.
Podría usar los dedos y las uñas de la mano derecha para ejercer pequeñas
presiones sobre el muslo derecho, de forma que estimularan sensaciones
placenteras que podrían llegar a resultar bastante intensas.
Podría doblar el brazo derecho desde el codo y entonces usar la mano derecha
para palmear el muslo derecho o, tal vez, para golpetearla rítmicamente a
intervalos de uno, dos, tres o cuatro golpes.
Podría doblar el codo derecho y dibujar círculos en el aire con el brazo y mano
derechos, girando desde el codo. También podría dejar la mano derecha sobre el
lado derecho de su caja torácica y dibujar círculos con el codo, pero esta vez
girando desde el hombro derecho. O podría describir círculos desde el hombro
derecho, estirando el brazo derecho frente a usted y haciéndolo girar, o
extendiéndolo por encima de la cabeza y dibujando círculos desde el hombro.
También podría usar diferentes partes del lado derecho de su cuerpo para
percibir el mundo a su alrededor. Podría palpar diferentes partes de la silla con la
mano derecha, usando su mano para aprender cosas sobre la silla, o usando la
silla para estimular sensaciones en su mano derecha. Puede apretar la pierna
derecha, o presionar con el brazo derecho contra alguna parte de la silla,

43
estimulando sensaciones en esas zonas de su lado derecho. También podría
prestar atención a cómo descansa su nalga derecha sobre la silla y cuál siente
que es la posición del lado derecho de su pelvis.
Puede explorar el interior del lado derecho de su boca con la lengua, deslizándola
por la boca, golpeteando la lengua contra el interior de la mejilla o empujando
contra la mejilla derecha. Puede concentrar la respiración en el orificio derecho
de la nariz, sintiendo así que respira sólo por el lado derecho. Entonces puede
notar cómo se mueven las costillas del lado derecho, y que su hombro derecho
sube y baja al inspirar y espirar por el lado derecho de la nariz. Puede guiñar el
ojo derecho, tal vez a intervalos rítmicos de uno, dos, tres y cuatro guiños.
Su conciencia tiene la capacidad de subir y bajar a lo largo del lado derecho de
su cuerpo, empezando lentamente desde la planta del pie derecho y recorriendo
todo el lado derecho hasta la coronilla. Entonces, desde el lado derecho de la
coronilla, puede bajar por el lado derecho de la cara, percibiéndola, y bajar por el
lado derecho del cuello, el hombro derecho, el tronco, el brazo y la mano
derechos, el lado derecho de la pelvis, la pierna derecha y el pie derecho, y
entonces pasearse arriba y abajo, percibiendo el lado derecho del cuerpo muchas
veces.
Tras leer este párrafo, llevará a cabo nuevas observaciones. Esta vez, sin
embargo, puede empezar a hacerlo permaneciendo sentado. Fíjese, por ejemplo,
en si el lado derecho le da la sensación de estar más bajo que el lado izquierdo: la
pelvis más apoyada en la silla, el hombro descansando más abajo, el pie derecho
con un mayor contacto con el suelo. Preste atención también a si percibe su ojo
derecho más claramente que el izquierdo, su hombro derecho más claramente
que el izquierdo, su muslo derecho más claramente, etcétera. Entonces, levántese
y, de pie, haga las mismas observaciones. Acto seguido, camine por la sala y, de
nuevo, observe la simetría de su cuerpo -o, como es el caso ahora, asimetría-
comparando el nivel de percepción entre ambos lados, además de las sensaciones
de peso y longitud. Camine muy rápido y fíjese en si la asimetría se hace más
marcada.
Si ha estado bien atento, es casi seguro que habrá tenido una sensación bastante
clara de que su cuerpo es más largo en el lado derecho. Debería haber sentido
que el lado derecho se mueve con mayor libertad, que parece más enérgico y
vigoroso, y que el pie derecho se apoya más en el suelo. También hay otros
muchos cambios que puede ha-. ber notado: quizá la respiración es diferente en
el lado derecho, una mayor claridad de visión en el lado derecho, una tendencia a
mirar hacia la derecha, e incluso otros. Intente observarlos una vez más;
sentado, luego de pie, y después, caminando, observe con esmero tantas
diferencias como pueda detectar entre cómo se organiza y funciona cada lado.
Cuando haya acabado, vuelva a sentarse, y llevaremos este proceso un paso más
adelante.
Como ya se le ha explicado, existen ventajas en dejar el lado que se ha
"trabajado" en su estado alterado, mejorado. Su sistema nervioso, si goza de una
salud relativamente buena, es a la vez racional y hedonista. Es decir, busca el

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placer y evita el dolor. Así, cuando un lado de su cuerpo ha podido sentirse y
moverse mejor, su sistema nervioso querrá conservar esta forma de estar más
placentera. Cuanto más rato pueda observar esta forma de estar más placentera,
mayores serán las posibilidades de que el sistema nervioso fije estos cambios, ya
sea intentando retenerlos o esforzándose por recuperarlos.
Existe también otra posibilidad: la de transferir de un lado a otro lo que se ha
aprendido. En el caso de la NEUROCOMUNICACIÓN, donde los cambios se
consiguen simplemente por medio de la lectura, esta transferencia es menos fácil
de realizar que cuando se usan movimientos de verdad, o movimientos reforzados
por imágenes sensoriales. No obstante, vamos a intentar llevar a cabo ahora esta
transferencia, con la cual deberíamos conseguir, al menos, que se restaure la
simetría de su cuerpo con un mejor nivel de organización que el que existía antes
de leer esta parte del libro.Una vez más, mientras permanece sentado, tome nota
de cualquier asimetría que perciba en su cuerpo. (En estos momentos podría ser
menor de lo que era hace un minuto o dos).
Ahora, dispóngase a levantar el pie izquierdo, cruzando la pierna izquierda sobre
la derecha, de forma que el pie izquierdo descanse sobre la cara externa del pie
derecho. Después, podría devolver el pie izquierdo a su posición de partida y
cruzar la pierna izquierda por detrás de la derecha, de forma que la cara anterior
del tobillo izquierdo contacte con la cara posterior del tobillo derecho. Ahora
podría usar la pierna izquierda para levantar la pierna derecha. Una vez que la
haya levantado, puede devolver la pierna izquierda a su posición original.
También podría entrelazar los dedos de la mano izquierda con los de la mano
derecha de forma que el pulgar izquierdo quede por encima del pulgar derecho.
Entonces podría separar las manos y entrelazarlas de nuevo, pero esta vez con el
pulgar derecho por encima del izquierdo. También podría, una vez que haya
separado las manos, colocar la muñeca izquierda encima de la derecha, y la
muñeca derecha sobre la izquierda, y podría repetir este movimiento varias veces.
Para acabar, podría colocar la mano derecha sobre el hombro izquierdo.
Dejándola ahí, podría colocar la mano izquierda sobre el hombro derecho.
Entonces podría levantar los codos hasta la altura de los hombros y volver a
bajarlos, manteniendo la mano derecha sobre el hombro izquierdo y la mano
izquierda sobre el hombro derecho. Podría hacer esto varias veces, subiendo y
bajando los brazos con las manos sobre los hombros, y entonces devolver las
manos a su posición natural.Ahora, fíjese en cómo está sentado, y si se
encuentra más simétrico. Levántese y repita las mismas observaciones, y
después hágalas de nuevo mientras camina. Si ahora se encuentra, como es
probable, más simétrico, ¿siente que alguna otra cosa esté mejor que cuando
empezó el ejercicio? La transferencia de un hemisferio a otro de su cerebro, ¿ha
sido de lo que ha aprendido, o simplemente ha restaurado ambos lados del
cuerpo al estado que predominaba antes de que uno de los lados fuera alterado?
Alterar uno de los lados ha requerido un "trabajo" bastante largo. Dése cuenta de
con qué rapidez y facilidad su cerebro le ha devuelto a un estado de simetría.

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Explorando estados
Alterados

Este ejercicio de NEUROCOMUNICACIÓN es algo diferente de los que ha


realizado hasta ahora. En este caso, lo que buscamos conseguir no es la
alteración de una o algunas partes o funciones, sino una experiencia más global
que requiere la participación de todo su cuerpo. Usted debería poder reconocer,
cuando terminemos, que está explorando estados alterados de conciencia, y
también un nivel de relajación muscular y otros tipos de relajación claramente
diferentes de su estado actual.
Cuando llegue al final de este párrafo, camine por la sala algunas veces y tome
nota mental de sus percepciones, cómo percibe su entorno y si se siente relajado
o no. Note cómo se mueve y todo aquello que pueda detectar de su forma de estar
actual mientras se desplaza por la sala. Después, siéntese tal como ya se ha
descrito antes: el mismo tipo de silla, la misma posición de pies, etcétera.
Modifique su postura lo menos posible mientras lea el texto. Recuerde la
importancia de enfocar su conciencia y también que, puesto que el texto se dirige
directamente a su cerebro, hay que leer despacio y muy atentamente, dejando
pequeñas pausas entre frases, de forma que su cuerpo pueda asimilar lo que lee
y organizarse con arreglo a la lectura. Cuente con que el estado alterado y la
relajación que experimentará le resultarán placenteros. Ahora, efectúe sus
observaciones. Después, vuelva a la silla y dedíquese simplemente a leer.
Existen muchos sistemas que se dedican al desarrollo personal y a realizar el
potencial humano. Los más elaborados utilizan, casi todos, la respiración de una
forma que no coincide con las experiencias de respiración que tienen la mayoría
de las personas, fuera de estas disciplinas. Por ejemplo, al respirar es posible
tener la sensación de estar dirigiendo la respiración a través del cuerpo y hacia
cualquier parte de él. Usted puede tener la sensación, por ejemplo, de respirar
hacia el pie izquierdo o hacia la mano derecha, o puede tener la sensación de
inspirar hacia el cerebro y luego espirar hacia la pelvis.
A una persona se le puede pedir que mande la respiración hacia abajo hasta el
pie izquierdo, y después que la mande hacia arriba desde el mismo pie, dirigir la
respiración de arriba abajo, de modo que entre y salga por el pie, a través de la
planta y el dorso del pie.

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La respiración se puede dirigir hacia abajo a través del tronco y a través de toda
la pierna hasta el pie derecho. Puede inspirar a través de la planta del pie
derecho, dejando que la respiración vaya subiendo por la pierna derecha, para
seguir por el tronco hasta el pecho y después continuar hacia arriba a través de
la cabeza, a través del espacio del cerebro y por encima de él.
La respiración se puede dirigir a la rodilla izquierda y hacerla regresar, para
mandarla después a la rodilla derecha. Entonces, puede respirar hacia la nariz y
bajar hacia la rodilla izquierda, regresar a la nariz y mandarla hacia la rodilla
derecha, y continuar alternando entre una rodilla y la otra.
Su respiración puede subir y bajar por la parte superior del cuerpo, de modo que
entre y salga por la coronilla en un extremo, y entre y salga entre las piernas por
el otro extremó, inspirando desde la entrepierna de forma que la respiración
recorra la columna vertebral hasta la cabeza y salga por la coronilla para volver a
bajar después.
Puede respirar colocando la respiración justo entre el ombligo y la garganta, de
arriba abajo y de delante atrás, justo entre el ombligo y la garganta.
Puede tener la sensación de inspirar y espirar entre las piernas, y respirar hacia
el hombro izquierdo y bajar de nuevo. Puede mandar la respiración del hombro al
espacio entre las piernas. Puede respirar alternadamente desde el hombro
izquierdo y desde el hombro derecho, mandando la respiración a través del
cuerpo, y desde el espacio entre las piernas, según usted la dirija.
Puede mantener la respiración en la base de la cabeza, entre la barbilla y los
ojos. Puede dirigirla para que entre y salga por la oreja izquierda, y entre y salga
por la derecha, atravesando la cara hasta la nariz y de vuelta otra vez. También
puede llevar la respiración hacia la frente, con la sensación de que entra y sale
por la frente. Puede añadir la sensación de que su respiración se proyecta, como
si fuese una columna de una materia muy sutil que sale desde la frente, y que
después, al tomar aliento, puede atraerla de vuelta y volver a mandarla hacia
fuera.
Algunos de los cambios más fuertes suelen darse cuando dirige la respiración
hacia el espacio de su cerebro. Pruebe a dirigir el aliento por cada uno de los
orificios nasales por separado, de forma que mande un flujo de aliento hacia el
hemisferio izquierdo del cerebro y, simultáneamente, el otro flujo de aliento hacia
el hemisferio derecho del cerebro.
O bien puede mandar un solo hilo de aliento, que entra y sale del espacio
cerebral, de forma que este espacio palpite, o se expanda y se contraiga. Con este
tipo de respiración, es posible sentir que el espacio cerebral se hace
considerablemente mayor al compás de su respiración.
Si la respiración se dirige intencionadamente hacia la parte superior de su
cerebro, para seguir hasta el cráneo y más allá de éste, entonces es posible sentir
cómo se expande el espacio cerebral, pero en sentido de alargamiento,
haciéndose más largo.

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Su aliento puede salir a través de la coronilla y regresar después por el mismo
sitio, entrando y saliendo como una columna que sube más y más alto con cada
inspiración.
Y si respira hacia arriba, entrando y saliendo del espacio cerebral, puede hacerlo
expandiendo primero la longitud del espacio cerebral y después la circunferencia
de este espacio. Con este tipo de respiración, una persona puede empezar a tener
una noción de la presencia física del cerebro y del espacio cerebral o, al menos,
tener una sensación de que se percibe el cerebro, sobre todo cuando la
respiración entra y sale por los lados de la cabeza y por la coronilla.
También puede intentar inspirar desde los pies y las manos, de forma que la
respiración recorra las piernas y los brazos, todo el tronco y las extremidades
inferiores, atraviese la garganta y la cabeza, a través de la totalidad de su cuerpo.
Ahora, cuando respira de esta manera, puede sentir cómo se expande y contrae
todo el cuerpo al compás de la respiración; el cuerpo palpita con esta respiración
de cuerpo completo, de forma que puede sentir el cuerpo en su totalidad y de una
sola vez por medio de la inspiración y espiración.
Reflexione un momento sobre esta respiración de todo el cuerpo, la totalidad de
su cuerpo percibida toda de una vez, un todo unificado, armonioso. Deténgase
un momento y reflexione sobre esta posibilidad.
Ahora, cuando haya concluido este párrafo, permanezca sentado tranquilamente
y haga un repaso de cómo se siente: su estado de conciencia, si se encuentra
relajado, su relación con el entorno, y cualquier otra cosa que observe. Acto
seguido, levántese y camine por la sala realizando la misma clase de
observaciones. Fíjese en si está de pie como antes o de manera diferente, si siente
un estado claro de relajación, y de qué maneras la percepción de su cuerpo, de sí
mismo y de su mundo puede diferir de su percepción antes de leer estas páginas.
Tras eso, vuelva a sentarse y lea el párrafo final.
Es probable que aún esté teniendo una experiencia de estados de conciencia
diferente de lo que es corriente para usted. Le sugerimos que se relaje un poco
más y que disfrute explorando y examinando su estado actual, comparándolo
con sus estados de conciencia más habituales. Entonces, cuando haya explorado
a fondo estas experiencias, de forma que pueda recordarlas con claridad,
póngase de pie y camine por la sala a paso ligero durante un minuto o dos. Tal
vez descubra que está entrando en un estado más receptivo y perceptivo.
Examine también ese estado, e intente darse cuenta de cómo se va fundiendo
gradualmente en un estado más parecido a lo que es habitual en su vida.

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-11-

Ondas cerebrales
Autorreguladas

Como de costumbre, siéntese con ambos pies planos sobre el suelo y paralelos
entre sí, a la distancia acostumbrada. Como siempre, lea atenta y detenidamente,
parando un segundo o dos entre frases. Ya no debería hacer falta mencionar que
no debe interrumpir ninguno de estos ejercicios para ir al baño, contestar al
teléfono ni por ningún otro motivo. Cualquier interrupción garantizará un fracaso
parcial o total de sus esfuerzos.
Ahora vamos a buscar unos cambios algo diferentes de todo lo que ha
experimentado hasta ahora, quizá parecidos, pero en absoluto idénticos a los
experimentados en "Explorando estados alterados". En este caso, vamos a
intentar darle algún grado de control sobre la producción de dos tipos de ondas
cerebrales, las ondas alfa y las ondas delta. Si no entiende los efectos de un
predominio de producción de ondas alfa o delta, se le explicará más tarde.
Además, un ejercicio como éste está diseñado para ejercer el mismo tipo de efecto
beneficioso sobre la zona a que se dirige -en este caso, su cerebro- como en
cualquier otra parte o función del cuerpo sobre la que se mantiene enfocada la
conciencia durante un período de tiempo suficiente.
Usted debe tener una idea general de dónde se encuentra su cerebro en el
interior del cráneo. Seguramente sabe que su cerebro posee dos hemisferios, el
derecho y el izquierdo. La conciencia se puede enfocar sobre el espacio donde se
encuentra el hemisferio izquierdo, o se puede enfocar donde está el hemisferio
derecho.
Es posible dirigir la respiración de modo que usted sienta que está respirando
hacia el hemisferio izquierdo del cerebro. Puede hacer esto durante un rato, y, al
hacerlo, es probable que descubra que su percepción del hemisferio izquierdo es
bastante diferente de su percepción del lado derecho de su cerebro. También
puede respirar hacia el hemisferio derecho de su cerebro durante un rato
repetidamente, y entonces, las sensaciones que aparezcan en el lado derecho
seguramente se parecerán a las que tuvo al respirar hacia el lado izquierdo del
cerebro.

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Acuérdese de limitarse a leer y no realizar voluntariamente los movimientos
descritos en el texto. Sin duda experimentará un impulso de realizar los
movimientos, pero una vez más, no los lleve a cabo voluntariamente. Ahora
también puede respirar hacia la parte posterior del cerebro, y puede respirar
hacia la base del cerebro, o puede respirar hacia el centro del cerebro, o hacia la
parte superior del cerebro. Puede respirar hacia la parte de atrás del cerebro para
sentir que su cráneo se alarga por detrás. Luego puede respirar hacia delante a
través del cerebro, hacia la frente, y después volver atrás de nuevo. Puede
respirar hacia la parte posterior del cráneo, y puede respirar hacia la parte
anterior del cráneo, de forma que éste se alargue por delante además de por
detrás, mientras usted respira hacia delante y hacia atrás, advirtiendo, al
hacerlo, que su cerebro también se alarga por delante y por detrás.
Su sensación de respirar a través del cerebro resulta muy efectiva para ayudarle
a mantener la concentración en el cerebro. Es más, al mantener esta
concentración, tendrá una sensación de que percibe no sólo la superficie de su
cerebro sino también su interior, al dirigir su respiración a través de él. Cuanto
más rato se dedique a respirar hacia la parte posterior del cerebro y del cráneo,
tanto más sentirá que tanto su cerebro como su cráneo se alargan por detrás. Al
principio, puede parecer que es sólo el cráneo el que se alarga al dirigir la
respiración a través del cerebro y hacia el cráneo. Sin embargo, a medida que
esta sensación se hace más clara, su sensación de que el cerebro también está
siendo modificado por la respiración se irá haciendo más clara. Usted no sólo
puede respirar hacia la coronilla, más allá de la parte superior del cerebro,
creando una sensación de alargamiento del cerebro en el hacia la coronilla, sino
que existen también otras interesantes formas de crear algunas sensaciones
novedosas en el espacio cerebral.
Puede, por ejemplo, respirar a través del orificio izquierdo de la nariz hacia el
hemisferio izquierdo del cerebro, mientras que, de forma simultánea, respira por
el orificio derecho hacia el hemisferio derecho. Puede hacer esto de forma que
sienta que el cerebro y el cráneo se alargan hacia el lado izquierdo y, a la vez, se
alargan hacia el lado derecho. Entonces, al espirar, el cerebro y el cráneo pueden
volver a encogerse, de forma que usted sienta que ambos lados están como
estaban antes de inspirar hacia los lados izquierdo y derecho de su cerebro. En
otras palabras, por medio de estas acciones usted puede crear una sensación de
palpitaciones en el cerebro, con el cerebro expandiéndose hacia fuera con la
inspiración y volviendo al punto de partida con la espiración, expandiéndose con
la inspiración, y así sucesivamente: sentirá palpitaciones suaves en el cerebro,
palpitaciones que usted experimentará como sensaciones muy claras de
movimiento en el cerebro y en el cráneo.
Asimismo, también puede respirar hacia ambos hemisferios del cerebro, y llegar
hasta el cráneo, sintiendo de nuevo como éste se alarga, pero esta vez hacia
arriba y hacia fuera. Este movimiento de subida y bajada a través del cerebro
puede volver a darle una percepción muy clara del cerebro, puede crear de nuevo
las palpitaciones.

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Tras haber respirado hacia el cerebro durante otro rato, respirando ahora hacia
delante y hacia atrás a través del cerebro y después hacia arriba y hacia abajo,
puede dejar de dirigir la respiración hacia el cerebro. Es más, olvídese
completamente de la respiración. Entonces puede advertir que, incluso sin dirigir
la respiración, su conciencia se mantiene bien enfocada en el cerebro y que usted
tiene lo que parece una impresión sensorial muy clara del exterior del cerebro, de
cómo éste descansa en el interior del cráneo, e incluso una sensación de poder
percibir el cerebro más allá de su superficie, o una sensación de alguna actividad
física que se da en el cerebro.
Una vez que su conciencia esté enfocada en los procesos de su cerebro,
sintiéndolos o intentando sentirlos, entonces podrá aparecer en el campo de su
conciencia una imagen incluso más destacada de su cerebro. Entonces, si se
detiene un instante y no intenta hacer ni experimentar nada, podría darse el caso
que tuviera la sensación de que su cerebro está flotando apaciblemente en su
conciencia, una experiencia que algunas prácticas de meditación trabajan muy
duro para conseguir.
Deténgase al menos diez segundos antes de pasar al siguiente párrafo.
También puede tener la experiencia de sentir que está explorando el espacio de
su cerebro con los ojos, dirigiendo los movimientos de sus ojos hacia este
espacio. Puede levantar la vista hacia el hemisferio izquierdo y dejar que los ojos
se paseen por él. Entonces puede levantar la vista hacia el hemisferio derecho y
dejar que los ojos exploren ese lado. También puede explorar la totalidad del
espacio cerebral, haciendo girar los ojos a diferentes niveles del espacio cerebral.
Dentro de ese espacio, puede dibujar círculos en diagonal, con algunos círculos
que se inclinen hacia la izquierda y otros que se inclinen hacia la derecha. Puede
dibujar círculos verticales con los ojos, y puede describir círculos horizontales
con los ojos en su espacio cerebral. Puede dibujar círculos bastante rápidos con
los ojos en el espacio cerebral, y puede dibujar círculos cada vez más lentos,
girando por diferentes niveles de su espacio cerebral. Puede dibujar círculos muy
lentamente en el centro, dibujando círculos horizontales tan grandes como el
espacio le permita, y entonces puede dejar que esos círculos se hagan cada vez
más lentos hasta que los ojos vengan a detenerse. Los movimientos de los ojos se
detienen.
Entonces podrá tener la sensación de que los ojos reposan en algún lugar dentro
del cerebro y que, salvo por su conciencia de los ojos y del cerebro, ésta no tiene
nigún otro contenido: ni pensamientos, ni imágenes, sólo paz y tranquilidad.
Cierre los ojos y obsérvese a sí mismo unos instantes.
Ahora, tal vez usted sepa, o tal vez lo ignore, que su cerebro produce varias
clases de fenómenos eléctricos, que incluyen las ondas fácilmente mensurables
que llamamos alfa, beta, delta y zeta. Las ondas alfa son las que predominan en
la meditación. Cuando el cerebro produce sobre todo ondas alfa, es cuando
tenemos la sensación de relajación y serenidad. Las ondas delta, por otro lado,

51
son las ondas del sueño. Cuando el cerebro empieza a producir cantidades
significativas de ondas delta, la persona empieza a sentirse soñolienta y, si la
actividad delta continúa, se duerme.
Usted puede notar que hay algunos movimientos oculares muy característicos,
que acompañan a sus diferentes respuestas a las instrucciones del cerebro:
ondas delta (ondas cerebrales del sueño), u ondas alfa (ondas cerebrales de
relajación). Puede suceder que tan pronto como haya alguna sugerencia de que
su cerebro está generando ondas delta, e incluso antes de que se haya hecho
ninguna mención de somnolencia, usted sienta que sus párpados empiezan a
caer, como cuando cierra los ojos.
Esta tendencia a cerrar los ojos es, evidentemente, apropiada cuando usted
produce ondas cerebrales asociadas al sueño.
Por otro lado, los movimientos oculares que seguramente experimentará cuando
su cerebro produzca ondas alfa, o cuando esté a punto de producirlas, ondas de
meditación y de relajación profunda, serán movimientos apropiados a esos
estados de conciencia, tal como la tendencia de sus ojos a cerrarse es apropiada
cuando su cerebro busca la soñolencia y el sueño. Con las ondas alfa, puede
sentir cómo se relajan los ojos. Es fácil, con un poco de práctica, percibir cómo se
relajan los ojos cuando usted u otra persona da las instrucciones para que su
cerebro produzca ondas alfa. O, al menos, su cerebro aceptará gustoso esas
instrucciones cuando su conciencia esté enfocada en su cerebro o en el espacio
cerebral.
Las instrucciones para producir ondas delta o alfa no sólo provocarán que sus
ojos tiendan a cerrarse o a relajarse, sino también producirán cambios en la
respiración. Podrá notar tres tipos diferentes de respiración: la que aparece
cuando se sugieren ondas delta, la que aparece cuando se sugieren ondas alfa, y
la que se produce cuando no se sugiere ningún tipo de ondas.
Yo no voy a decirle cómo podría cambiar su respiración en cada una de esas
situaciones. Intente descubrirlo por sí mismo. Pero tenga en cuenta que si se dan
cambios espontáneos de movimientos de ojos, o cambios espontáneos en la
respiración, o ambos, entonces es casi seguro que también se han dado cambios
en los tipos de ondas cerebrales que está produciendo.
A modo de resumen, su concentración en su cerebro puede permitirle adquirir
un cierto control sobre las ondas alfa, delta y otras. Su cerebro responde cada
vez más a las sugerencias sobre qué tipos de ondas va a producir. Entonces, si la
sugerencia verbal dice que el cerebro produzca ondas alfa, lo que se
experimentará será un estado de relajación.
Después, si usted sugiere que el cerebro produzca ondas delta, es posible que
muy pronto aparezca un estado de somnolencia. Después de eso, puede usar las
sugerencias para explorar el estado relajado alfa durante un rato, y después el
estado de somnolencia delta durante otro rato, pasando de uno a otro estado
varias veces. Para mantener esta capacidad, no debería hacer ningún otro
movimiento.

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Cuando haya concluido este párrafo, hable con su cerebro y sugiérale que
produzca ondas alfa, y entonces limítese a observar los resultados. Tras
mantener esa sugerencia y esas observaciones durante un rato, sugiérale al
cerebro que produzca ondas delta de somnolencia y observe qué sucede. Pase de
vez en cuando de un estado al otro, y fijese si le parece que a resultas de la
lectura, su cerebro está dispuesto a producir determinados tipos de ondas según
sus instrucciones, al menos hasta cierto punto.

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-12-

Integrando el mundo
de los sentidos

Sólo entre los pueblos más bien primitivos, o entre los pueblos que han podido
permanecer más cerca de la naturaleza, se da, de manera natural, una
experiencia multisensorial equilibrada del mundo exterior, ese mundo que existe
fuera de la persona. Hablo de una manera de vivir el mundo cuyo uso de los
sentidos es simultáneo y aproximadamente equivalente, de manera que esos
sentidos describen el mundo perceptible tal como es y no de una forma
fragmentaria.
Incluso hace un siglo o dos, era corriente que la gente tuviera una conciencia
multisensorial de la realidad externa. Hoy en día, sin embargo, los humanos
hemos llegado a un punto tal de extrañamiento con la naturaleza, y de tal
fragmentación y desequilibrio interno, que es casi imposible encontrar a alguien
que no falsifique su mundo al captarlo a través de sólo uno o dos sentidos a la
vez, diluyendo y distorsionando así la realidad que está viviendo.
En otras palabras, se hace un excesivo hincapié en algunos aspectos de la
realidad, mientras a otros aspectos no se les da ninguna relevancia, y otros,
incluso, son totalmente pasados por alto.
Imagine una fotografía de un paisaje. Entonces borre algunas partes del paisaje,
oscurezca otras, empalidezca algunas más y observe si aún lo puede reconocer
como el paisaje que representaba la fotografía al principio. Esto es lo que le
sucede al mundo exterior cuando le aplicamos los sentidos de una manera
desigual.
Es fácil demostrar que el oído resulta mermado cuando la conciencia se centra
en la visión. 0 que la visión disminuye al aguzar el oído. Si usted acentúa la
conciencia de lo que está tocando, descubrirá que la agudeza de visión y oído
disminuyen, junto con cualquier otra sensación que esté presente en ese
momento. Cierre los ojos y advertirá cómo cobra relevancia cualquier otro sentido
en el que se concentre.
Es indiferente de qué tipo de experiencia sensorial estemos hablando. Una
concentración en las sensaciones de movimiento apagará todas las otras. Lo
mismo sucederá si nos concentramos en el gusto o el olfato.

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Una vez más, es casi imposible encontrar a un hombre que pueda estar en una
habitación, o atravesar una habitación, y darse cuenta de un modo equivalente
de lo que se puede ver, oír tocar y oler, de sus movimientos o de lo que está de
gustando, en el caso de que estuviera saboreando álgo. No, tendrá una
percepción primaria de uno de sus sentidos, una secundaria de otro, una leve
conciencia de un tercero, otra aún más leve de un cuarto, y seguramente no
detectará ya nada más, si es que llega a captar todo eso. Entonces, ¿cómo puede
esperar una persona tal tener una experiencia adecuada del mundo objetivo?
Esta incapacidad de usar los sentidos de un forma armoniosa y acompasada es
una fuente primordial de error. Existen, por supuesto, muchas otras distorsiones
de la realidad tal como la experimenta la persona media. En muchos casos, se da
una incapacidad casi total de pensar y, simultáneamente percibir más de lo que
es del todo imprescindible para no chocar con los objetos o caerse. Las
emociones desde luego, pueden obstruir tanto el pensamiento como la
percepción. Las ideas preconcebidas de muchos tipos diferentes tiñen la
percepción del mundo del individuo.
Con la presencia de todos estos factores, la realidad de la persona media es poco
más que una vaga y estrambótica aproximación de lo que percibiría si fuera
capaz de aprovechar la capacidad sensorial, intelectual y de otras índoles con las
que está dotado el ser humano.
Añadamos un hecho que es reconocido por casi todas las principales disciplinas
espirituales del mundo: el ser humano está "dormido" o despierto a un nivel
mínimo, más parecido a la noción de un sonámbulo que a la de alguien
despierto, receptivo. Y, tal como el contenido de los sueños de un sonámbulo que
dicta sus movimientos, la vida mental de la persona corriente está gobernada
primordialmente por las imágenes, ideas e impulsos involuntarios que surgen de
la mente inconsciente para manifestarse en el escenario de una "realidad" pálida
y desfigurada que se percibe a través de la neblina borrosa y desequilibrada de
los sentidos.
Dirija su atención hacia el libro que está leyendo. ¿Qué es lo esencial que capta
de él? Supongamos. que sostiene el libro entre las manos: seguramente está
tocando una o varias páginas y, tal vez, incluso el lomo y las tapas. Mientras lo
sostiene, también puede ser que esté tocando la mesa o el escritorio sobre el que
descansa el libro. Puesto que lee, también lo mira. Para leerlo, debe tener alguna
conciencia de que las palabras que lee han sido impresas en tinta negra sobre
una página que, aparte de la tinta, es más o menos blanca.
Usted toca el libro, mira el libro, y para leerlo también tiene que moverse, de
forma que su sentido cinestésico también participa en el proceso.
Si se da cuenta de algo de todo esto, tal vez sepa si son sólo los ojos los que
recorren la página de través y de arriba abajo, o si también realiza algún
movimiento de lado a lado y de arriba abajo con la cabeza, para lo cual mueve el
cuello en tanto la cabeza gira, baja y se levanta, por minúsculos que sean los
movimientos.

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Aunque no formen parte del acto de leer, seguramente habrá sonidos de alguna
clase que penetren en su conciencia mientras lee. Tal vez también pueda detectar
olores que le llegan, e incluso tener conciencia de algunas sensaciones de sabor
en la boca, o tal vez sólo capte la humedad de su boca.
¿De qué tiene conciencia principalmente? ¿Tiene más conciencia de tocar el libro,
o de mirar al libro, o de los movimientos que realiza su cuerpo mientras lee?
¿Hasta qué punto capta sonidos, olores, sabores y cualquier otra sensación como
humedad, sequedad, frío, calor? Si tuviera que construir una jerarquía de
sensaciones, que vaya desde aquellas sensaciones más presentes a las menos
presentes, ¿en qué orden las colocaría?
¿Sabe usted si, en realidad, se daba cuenta de todas estas sensaciones antes de
que le fueran mencionadas? Si la respuesta es no, ¿sabe de qué sensaciones sí
tenía conciencia mientras leía, antes de que le fueran enumerados los diferentes
tipos de sensaciones posibles? ¿Podría usted haber construido, de un momento
para otro y sin ninguna enumeración ni mención previa, una jerarquía
adecuada?
¿Es posible que su jerarquía cambiara de una sensación dominante a otra a
medida que los diferentes sentidos le fueron recordados? Por ejemplo, cuando se
le insinuó que estaba tocando diferentes partes del libro, ¿se daba el caso de que
el sentido táctil era el dominante? ¿O se volvió dominante?
Cuando leyó lo de la tinta negra sobre el papel blanco, ¿qué predominaba
entonces? ¿Era su sentido visual? ¿Y había sido así antes de que se mencionara
el aspecto de la página?
Mientras tanto, ¿qué sucedía con su sentido cinestésico? ¿Percibía algo sobre el
movimiento de los ojos o la cabeza antes de leer acerca de estos movimientos? No
se han mencionado los movimientos mayores de mano y brazo que hacen falta
para volver las páginas.
Dirija su atención hacia el libro que está leyendo. ¿Qué es lo esencial que capta
de él? Supongamos. que sostiene el libro entre las manos: seguramente está
tocando una o varias páginas y, tal vez, incluso el lomo y las tapas. Mientras lo
sostiene, también puede ser que esté tocando la mesa o el escritorio sobre el que
descansa el libro. Puesto que lee, también lo mira. Para leerlo, debe tener alguna
conciencia de que las palabras que lee han sido impresas en tinta negra sobre
una página que, aparte de la tinta, es más o menos blanca.
Usted toca el libro, mira el libro, y para leerlo también tiene que moverse, de
forma que su sentido cinestésico también participa en el proceso.
Si se da cuenta de algo de todo esto, tal vez sepa si son sólo los ojos los que
recorren la página de través y de arriba abajo, o si también realiza algún
movimiento de lado a lado y de arriba abajo con la cabeza, para lo cual mueve el
cuello en tanto la cabeza gira, baja y se levanta, por minúsculos que sean los
movimientos.

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Aunque no formen parte del acto de leer, seguramente habrá sonidos de alguna
clase que penetren en su conciencia mientras lee. Tal vez también pueda detectar
olores que le llegan, e incluso tener conciencia de algunas sensaciones de sabor
en la boca, o tal vez sólo capte la humedad de su boca.
¿De qué tiene conciencia principalmente? ¿Tiene más conciencia de tocar el libro,
o de mirar al libro, o de los movimientos que realiza su cuerpo
mientras lee? ¿Hasta qué punto capta sonidos, olores, sabores y cualquier otra
sensación como humedad, sequedad, frío, calor? Si tuviera que construir una
jerarquía de sensaciones, que vaya desde aquellas sensaciones más presentes a
las menos presentes, ¿en qué orden las colocaría?
¿Sabe usted si, en realidad, se daba cuenta de todas estas sensaciones antes de
que le fueran mencionadas? Si la respuesta es no, ¿sabe de qué sensaciones sí
tenía conciencia mientras leía, antes de que le fueran enumerados los diferentes
tipos de sensaciones posibles? ¿Podría usted haber construido, de un momento
para otro y sin ninguna enumeración ni mención previa, una jerarquía
adecuada?
¿Es posible que su jerarquía cambiara de una sensación dominante a otra a
medida que los diferentes sentidos le fueron recordados? Por ejemplo, cuando se
le insinuó que estaba tocando diferentes partes del libro, ¿se daba el caso de que
el sentido táctil era el dominante? ¿O se volvió dominante?
Cuando leyó lo de la tinta negra sobre el papel blanco, ¿qué predominaba
entonces? ¿Era su sentido visual? ¿Y había sido así antes de que se mencionara
el aspecto de la página?
Mientras tanto, ¿qué sucedía con su sentido cinestésico? ¿Percibía algo sobre el
movimiento de los ojos o la cabeza antes de leer acerca de estos movimientos? No
se han mencionado los movimientos mayores de mano y brazo que hacen falta
para volver las páginas. Si se le hubiera preguntado sobre su conciencia del
sentido cinestésico en el momento en que volvía la página, ¿cómo habría afectado
eso su jerarquía de preeminencias sensoriales?
Al final de los dos siguientes párrafos, usted se dedicará a reconstruir la
jerarquía de sensaciones que ha experimentado mientras leía estos párrafos.
Antes, usted no estaba sobre aviso para una tarea de autoobservación como ésta.
Ahora, sin embargo, sabe de antemano lo que se le va a pedir que haga. Se le
pide que tome nota mental de sus percepciones táctiles, sus percepciones
visuales, cinestésicas, auditivas, olfativas y gustativas, si es que están presentes.
Sabe que debe intentar darse cuenta de si tiene esas percepciones, de la claridad
relativa de esas percepciones y de cómo, por ejemplo, su intento de observación
afecta a la lectura, la comprensión de lo que se lee, y posiblemente, también a la
o organización de su cuerpo. Por ejemplo, al intentar hacer un seguimiento de
sus experiencias sensoriales, ¿le lleva ese esfuerzo a interrumpir la respiración,
encoger los hombros, poner en tensión la nuca, o a crear algún otro tipo de
tensión en el sistema muscular? ¿Tiene alguna conciencia, mientras se auto

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observa, de pensamientos o emociones ajenas que sean producto de lo que está
haciendo, o sabe que hace, o más bien parece que tengan otra causa? Ahora
bien, si le ha costado hacer estas observaciones, compararlas y ordenarlas en
una jerarquía, no deje de leer estos párrafos de nuevo y construya la jerarquía. Si
es preciso, relea los párrafos varias veces.
Como ya hemos comentado, es poco frecuente encontrar una persona que no use
uno o dos sentidos a expensas de los demás, diluyendo así cualquier realidad
dada, y creando de esta manera un todo distorsionado. También se da el hecho
de que existen diferentes tipos de personalidades que tienden a preferir un
sentido, o quizá dos o tres, a expensas de los otros, y que lo hacen casi sin
excepción. De este modo, uno puede usar el sentido de la vista en detrimento de
los otros.
Otro puede hacer un mayor uso de los sentidos del tacto y cinestésico, haciendo
un menor uso proporcional de los otros sentidos. La salud y el equilibrio exigen
una multipercepción más armoniosa y mejor orquestada.
A menudo es deseable concentrar la percepción de forma selectiva, pero esta
selectividad sensorial debería ser fruto de una elección libre, no algo impuesto de
una forma del todo inconsciente.
Puesto que este ejercicio es más complicado que los otros que ha hecho, se le ha
pedido que llevara a cabo muchas más observaciones que en apartados
anteriores. Se le pedirá que realice algunas más, aquí y allá, a medida que
avancemos. Al final de este párrafo, levántese y camine por la sala, procurando
notar, tan plenamente como pueda,
todo aquello que le llegue por medio de los sentidos. Asi mismo, ponga un
empeño especial en apreciar si se da más cuenta de sus movimientos, o de lo que
ve, lo que oye o, quizá, de alguna otra clase de conciencia sensorial. De nuevo,
establezca una jerarquía, ordenando los sentidos según la intensidad de su
conciencia al moverse por la sala. ¿De qué sentido tenía más conciencia, cuál iría
en segundo lugar, etcétera? Dispóngase ahora a caminar y a efectuar las
observaciones. Una vez que haya concluido, regrese a la silla, al libro y a la
lectura.
Mientras lee, se le revela de nuevo que la lectura y su experiencia de aquí y ahora
contienen varios componentes: principalmente visuál, táctil y cinestésico; los
demás tienen un significado sólo marginal. O tal debería ser el caso, aunque los
ruidos ambientales desagradables pueden volverse aún más molestos.
Dado todo lo que hemos hecho hasta ahora, usted debe tener, con casi total
seguridad, conciencia del contacto que mantienen sus manos y dedos con el
libro. Es casi seguro que usted tiene conciencia visual de las páginas del libro, de
lo blanco de la página y lo oscuro de la tinta. A menos que su conciencia haya
dejado de beneficiarse de lo que ha leído, también debería darse cuenta de las
sensaciones de movimiento, no sólo de los extensos movimientos de brazo y
mano que se realizan al volver la página o cambiar la postura, sino también de
los movimientos oculares y, posiblemente, de los movimientos de cabeza, o

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incluso de los hombros y la espalda. Si sus ojos se mueven con libertad, no
debería hacer falta mover la cabeza para leer. Sin embargo, si el movimiento de
sus ojos está restringido, entonces tal vez tenga que mover la cabeza, con los ojos
viajando en su interior como pasajeros. Si los movimientos de su cuello también
están inhibidos, quizá tenga que mover otras partes de la columna y torso para
poder leer la página.
De hecho, es muy poco habitual que una persona tenga mucha conciencia de los
movimientos de los ojos o la cabeza mientras lee. Y, a menos que aparezca
alguna molestia, puede haber una casi total falta de conciencia de las partes del
cuerpo que no participan directamente en el acto de leer, como es el caso de los
ojos, la cabeza, las manos y los brazos.
Una persona verdaderamente sana, incluyendo en el concepto de salud una
imagen y autoconsciencia corporal razonablemente completas completas, sabría
prácticamente lo mismo sobre lo que hacen las otras partes del cuerpo como
sobre los ojos, la cabeza y los brazos, que participan directamente. En su caso,
mientras leía, es poco probable que tuviera una conciencia suficiente de lo que
hacían sus pies y piernas cuál era la disposición de su pelvis, qué hacía con los
hombros, cómo respiraba, si su cuerpo se encontraba en una posición más o
menos simétrica, y demás. A menos que alguna parte le doliera, su conciencia
seguramente abarcaba muy poco de usted mismo, salvo por la cabeza y las
manos, e incluso entonces, probablemente percibía muy poco lo que estaba
haciendo.
No confunda esta escasa conciencia de sí mismo con una "buena concentración".
Su conciencia sería seguramente la misma aunque estuviera sentado mano sobre
mano. Ciertamente, la buena concentración convive con una, saludable
conciencia de uno no. Uno abarca más, no menos, cuando sabe lo que está
haciendo.
Esto es así, en parte porque, cuando no sabemos lo que hacemos, es probable
que estemos usando mal el cuerpo y creando algún grado de malestar que,
aunque no llegue a penetrar en la conciencia, constituye una distracción para el
cerebro y el sistema nervioso.
Esto no significa que nunca haga falta usar uno o dos sentidos en tal medida que
minimice el uso de los demás sentidos. La cuestión es que en su campo de la
conciencia debería existir la posibilidad de elegir, y que la elección, en un
momento dado, de acentuar uno o más sentidos debería ser la adecuada a la
situación o a sus objetivos. La persona que tiene un pleno dominio sobre sus
sentidos tiene la capacidad de escoger hasta qué punto se va a usar o no un
sentido determinado. Esta capacidad comprendería lo que en psicología se
conoce como "alucinacion negativa", es decir, la capacidad de no ver, u oír, o de
cualquier otra manera no captar aquello que está objetivamente presente- para
eliminar cualquier impresión sensorial de forma que, a efectos prácticos, deja de
estar presente (Es lo contrario de "alucinación positiva", la percepción de algo
como si estuviera presente cuando en realidad no lo está). La persona con total
dominio de su percepción puede simplemente regular las impresiones sensoriales

59
del mismo modo que regula el volumen de la radio, sólo con subir o bajar un
botón.
No hay mucha gente que tenga este grado de control sobre los mecanismos
sensoriales, pero la capacidad para dicho control existe en todo ser humano.
Como ya hemos mencionado, su experiencia puede ser en gran manera visual.
Puede ser una experiencia visual de aquella parte del libro que esté leyendo. O
puede extenderse más allá del libro para incorporar la mesa o escritorio sobre el
que descansa el libro.
Y su conciencia visual puede seguir ampliándose para abarcar todo aquello que
quede dentro de su campo de visión.
Mientras lee, también puede ocurrirle que se dé cuenta, simultáneamente, de
impresiones visuales evocadas por las palabras que está leyendo.
Aunque sus ojos estén enfocados sólo hacia las páginas, si lee algo sobre una
manada de elefantes, entonces es probable que se haga, al mismo tiempo, una
imagen de cómo es una manada de elefantes. En realidad, esa imagen que tiene
de la manada seguramente le resultará de mayor interés que las páginas del libro
y por tanto la "verá" mejor que como ve el libro, en algún sentido. Lo mismo
sucede si lee un libro sobre un velero en alta mar, un gran ejército en marcha,
altas cumbres montañosas, una cascada, una pareja haciendo el amor. Ese tipo
de experiencia "visual>) también se dará si piensa, por ejemplo, en su perro, su
gato, u otro animal al que tenga cariño.
Mientras su mente se recrea con su mascota, esta imagen seguramente eclipsará
con mucho las impresiones visuales de su entorno.
También es verdad que si se centra en alguna parte limitada de su entorno, este
enfoque le hará ver la parte enfocada de una manera muy diferente a como ve
otras partes del entorno que podrían estar igualmente al alcance de su vista. Lo
que sucede no es sólo que la vista se enfoca, si no que excluye de la conciencia
otros elementos que también quedan en el campo de visión. La elección de no
ver, o casi no ver, algunas partes de lo que el sentido visual está captando puede
ser la consecuencia de una elección consciente o inconsciente. Es fácil, en
cualquier momento, mirar un grupo de objetos, observar cada uno de ellos con
aproximadamente la misma atención, y entonces enfocar uno solo de ellos y
observar cómo los demás se van diluyendo en una relativa oscuridad o, incluso,
inexistencia.
Cualquiera de los sentidos puede usarse de este modo, siempre y cuando el
estímulo no sea de una naturaleza tan intensa que elimine la opción de la
percepción selectiva.
En circunstancias normales, por ejemplo, no pasaremos por alto un objeto que
sea lo bastante afilado para penetrar en el cuerpo o lo bastante caliente para
quemarlo.

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Con esto no queremos decir que no podamos excluir incluso sensaciones muy
fuertes: hay personas que pueden disociarse del dolor de tal modo que pueden
sufrir operaciones quirúrgicas sin anestesia y con muy pocas molestias). De
forma parecida, aunque en un grado menor de nuestro potencial sensorial,
normalmente captamos, o no captamos, los estímulos que se nos presentan.
Por ejemplo, usted puede desplazar la palma de su mano, dotada de extrema
sensibilidad, sobre una superficie como el brazo del sillón o alguna otra parte de
su asiento o mesa, y optar por crear sensaciones bastante fuertes en su mano al
hacerlo. De modo alternativo, puede usar su mano de una forma que pueda
parecer igual, pero reduciendo en gran medida las sensaciones de la mano, ya
sea no haciéndoles caso, o tocando algo con la otra mano y poniendo la atención
en las sensaciones que eso le produce.
También puede concentrarse en otro de los sentidos, etcétera. Por otro lado,
ayudará a incrementar las sensaciones de la mano cerrando los ojos, por
ejemplo, y podría conseguir lo mismo tapándose los oídos, de forma que él
sentido auditivo ofreciera poca o ninguna competencia a su sentido del tacto.
Sus manos, mientras sostienen el libro, reciben una serie de sensaciones táctiles
diferentes: de las páginas del libro, de los bordes de las tapas, de la
sobrecubierta, etcétera.
Esas sensaciones, si se lo permite, pueden llenar gran parte de su conciencia.
Sin embargo, suponga que está leyendo algo acerca de lo agradable que es estar
sumergido en agua muy caliente, o acariciar el pelaje de un animal, o sostener
algo muy frío, como un pedazo de hielo, con ambas manos, o que le den un
masaje corporal con aceite. O quizá leer que sujeta un pez vivo en las manos, o
que examina con las manos un colmillo de elefante, o que siente la cálida arena
de una playa en la espalda mientras el sol calienta el resto de su cuerpo. ¿Hasta
qué punto, al leer estas descripciones, permanecerá consciente de sus manos
que sostienen el libro y las sensaciones que tuvo cuando no pensaba más que en
el contacto de las manos con el libro? Seguro que se habrá producido algún
cambio en su conciencia al leer, del mismo modo que su conciencia visual se
trasladó de las letras negras en las páginas blancas a los ejércitos en marcha, las
cumbres montañosas y las cascadas, al leer sobre ellos.
Mientras lee, su experiencia visual y táctil, tal como se acaba de demostrar, están
determinadas sólo parcialmente por el libro que sostiene y que está mirando.
Aun más, pueden ser determinadas por el contenido de la lectura y por las
imágenes visuales y táctiles evocadas por lo que lee y, como seguramente habrá
observado, las imágenes es pueden ocupar, con relativa facilidad su conciencia
más plenamente que sus impresiones sensoriales, al menos en ciertas
circunstancias.
Mientras lee, seguramente percibirá algunos sonidos que se producen en la sala
a su alrededor. El hecho de volver las páginas del libro produce algún ruido
mínimo, y también cuando lo coge o lo deja sobre la mesa. Sin embargo, la
mayoría de sonidos que oye seguramente tienen otro origen; proceden o bien de

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dentro de la sala, o bien del exterior, lo bastante potentes para introducirse en
ella.
También pueden proceder del interior del edificio en el que se encuentra, o de
fuera, como los ruidos de la calle, por ejemplo.
De nuevo se da el caso de que el libro le puede proporcionar imágenes sonoras
que mantendrán ocupada su conciencia en un grado mucho mayor que los otros
tipos de ruidos mencionados. Piense, por ejemplo, que podría estar leyendo sobre
los sonidos de las diferentes clases de campanas.
Podría leer sobre campanillas que tintinean, o podría leer sobre grandes
campanas que redoblan en la distancia. Le podríamos pedir que se detuviera un
instante y pensase en el sonido que emiten esas campanas.
Podría estar leyendo un texto que hablara de los sonidos de una ópera, o de una
sinfonía, o de la voz de un cantante de salsa. También, sobre el pitido de la
sirena de un barco, el retumbar de una tormenta, el ruido de una moto, o el de
una sierra que corta un árbol. Podría leer sobre el sonido de un chaparrón que
cae en un techo de cinc, o el susurro de las hojas cuando sopla el viento.
Es probable que leer sobre estos sonidos le evoque imágenes auditivas que van a
competir con su conciencia de otros sonidos de su alrededor, y también con las
sensaciones visuales, táctiles o de otra clase que usted pueda tener en ese
momento.
Ahora bien, es perfectamente posible no tener que escoger entre los diversos
estímulos e imágenes sensoriales. No hay razón por la que no pueda caminar por
la playa con una vívida sensación del sol en el cuerpo y de la arena bajo los pies,
el agua en los tobillos, sintiendo claramente cómo levanta los pies, dobla las
rodillas y balancea los brazos a la vez que escucha los sonidos del agua, y
también las bocinas de los coches y una banda de música que desfila por el
paseo de la playa.
Con toda seguridad puede sentir que está sentado en la silla, que sostiene el
libro, mira las páginas y que hay sonidos a su alrededor.
Puede saber muy bien cómo sería meter la mano en un cubo de agua tibia y
removerla con la mano, a la vez que percibe los movimientos del brazo, mientras
escucha música por la radio y, como acompañamiento de fondo, otros ruidos que
provienen del televisor. Al mismo tiempo, puede captar olores de la cocina, y
puede estar masticando un filete o mordisqueando una galleta. Usted podría
mordisquear y oler y oír y remover y sentir el calor todo a la vez, de un modo más
o menos equivalente.
Puede levantarse y pasear por la sala, y sentir cómo tocan los pies el suelo, y
cómo se mueven las piernas, y puede ver la sala a su alrededor, y escuchar los
sonidos que le rodean, de forma que al mismo tiempo, y sin ninguna dificultad,
puede captar los movimientos del cuerpo, puede escucharlos sonidos de la sala,
puede ver lo que hay en ella, y si hay algo que se pueda oler, entonces también
puede percatarse de ello. Si está comiendo, también puede degustar lo que come,

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y podría hacerlo a la vez que todo lo demás sin ninguna dificultad. En realidad,
podría descubrir que ahora ve más de lo que veía cuando caminó por esta misma
sala hace un rato. Al mismo tiempo, puede ser muy bien que oiga más, a la vez
que es más consciente de sus movimientos y más consciente del contacto de los
pies con el suelo. Se da cuenta, sobre todo, de si los objetos de la sala destacan
más y con mayor singularidad que cuando los miró antes. Antes, seguramente,
sus percepciones tendían a aglutinarlo todo más o menos en un grupo.
Al ver ahora cada cosa en su particularidad, ¿le recuerda cómo lo vivía de niño,
cuando todo era relativamente nuevo y usted era, pues, mucho más consciente
de las diferentes partes que, entre todas, creaban el conjunto de su mundo en un
momento dado?
Ahora póngase de pie y camine, fijándose en aquello que verdaderamente
observa. ¿Cuál de sus sentidos percibe que se ha agudizado? ¿Ha sentido que se
diera más cuenta de cualquier estímulo sensorial que estuviera presente? ¿Ha
advertido que percibiera sus movimientos con mayor claridad y, tal vez, que se
moviera más como imagina que se mueve una persona primitiva o un animal,
con mayor agilidad y más conciencia simultánea de su cuerpo y del entorno?
Intente caminar por la sala de nuevo, y observe atentamente en qué se diferencia
su experiencia de ahora con la que tuvo al caminar antes de leer este libro para
adquirir un tipo de funcionamiento sensorial más integrado y armonioso.

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-13-

Neurocomunicación
y método psicofísico

En este punto de su desarrollo, la NEURCOMUNICACION marca una frontera. El


potencial que contiene exige aún una gran tarea de exploración. Dentro de este
potencial he mencionado la posibilidad de educar al organismo para que
responda con tanta precisión y refinamiento que las. palabras dirigidas al
sistema nervioso central quedan provocar cambios en muchas partes del cuerpo
y muchas funciones involuntarias. En esta fase temprana y pionera, mi ilusión es
que el alcance de la eficacia de la NEUROCOMUNICACIóN transcienda
significativamente todo aquello que hasta hoy han logrado el biofeedback o los
procedimientos-hipnóticos.
La NEUROCOMUNICACION se llama así porque es un método para dirigirse al
sistema nervioso por medio de la palabra (hablada o escrita). Si la palabra escrita
supone alguna ventaja es sólo porque es más fácil que un material como el
presentado aquí llegue a un mayor número de personas cuando se ofrece desde
las páginas de un libro. También es cierto que hay algo de espectacular -por lo
inusitado- en el uso del papel impreso para efectuar cambios predictibles, y a
veces bastante complicados, en el cuerpo humano. Y, por supuesto, en el caso de
un libro no hace falta disponer de magnetófono, ni vídeo, ni ningún otro tipo de
equipo.
Aparte de tales ventajas, sin embargo, la palabra hablada es ciertamente
preferible a la escrita como medio para evocar los efectos de la
NEUROCOMUNICACION. El propio acto de leer interfiere en cierto grado en esa
pasividad de la conciencia que permite que la NEUROCOMUNICACIóN se
aproveche al máximo. El lector posee patrones de actividad muscular que ha
desarrollado a lo largo de los años y que se han convertido en hábitos
inconscientes bien arraigados. Un observador atento puede detectar en casi cada
lector formas personales de colocar y usar los músculos y el esqueleto, formas de
respiración y de mover la cabeza y los ojos. Aunque estas conductas puedan ser
en gran manera o del todo inconscientes, no por eso dejan de suponer unos
esfuerzos que difuminan o de alguna manera distorsionan la conciencia que uno
puede aplicar a la lectura.

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Es muy difícil que alguien pueda tener una forma de escuchar habitual y
firmemente arraigada que se parezca a la escucha que requieren materiales tan
novedosos como los que se presentan en la NEUROCOMUNICACION.
Por eso, si uno está escuchando algo, es más fácil entregarse a la experiencia y,
concretamente, seguir las instrucciones respecto a dejar que el mensaje
simplemente "fluya a través" de la mente y vaya al cuerpo. También, y esto es
muy importante, la persona que dirige el ejercicio puede marcar el paso de la
presentación; en cuyo caso esa persona ha de tener una experiencia mucho
mayor sobre cuál debería ser ese ritmo, así como qué palabras y frases necesitan
ser realzadas, y en general cómo presentarlas para facilitar la concentración y el
nivel de conciencia de la persona que escucha.
A pesar de los relativos inconvenientes, nos ha parecido valioso hacerlo para
demostrar con ello que la palabra escrita puede ser utilizada para provocar
cambios de organización en el cuerpo tan complicados y predictibles como los
que pueden darse en respuesta a los ejercicios que usted ha leído y
experimentado. Hemos demostrado, a un nivel científico, algunos hechos sobre la
interrelación cuerpo-mente que nunca antes habían sido tratados de esta
manera. Cuando semejante demostración puede ser realizada, entonces debe
realizarse. He insinuado que el futuro de la NEUROCOMUNICACION escrita -a
diferencia de la hablada- podría encontrarse más en el ámbito de la literatura
que no en el de la medicina o psicología. Sea como fuere, para cualquiera que
haya leído este libro hasta aquí no hará falta nada más para convencerle de la
singularidad de la experiencia.
Así como los efectos de la NEUROCOMUNICACIÓN escrita serán superados por
los de la NEUROCOMUNICACIÓN hablada, así los efectos de un ejercicio idéntico
o comparable serán aún mayores si los movimientos se imaginan
conscientemente, es decir, con una imaginación que comprenda imágenes de las
sensaciones táctiles y cinestésicas apropiadas. Yendo más allá, el ejercicio será
incluso más efectivo -y provocará cambios aún mayores- si se realiza con
movimientos reales, objetivos, y no sólo con movimientos imaginados, subjetivos.
En algunos casos, los mayores efectos de todo se pueden conseguir por medio de
una combinación de movimientos objetivos e imágenes subjetivas en unas
circunstancias adecuadas de estados alterados de conciencia. No puede
realmente plantearse un sistema de ejercicios que realice su potencial para
cambiar al ser humano, a menos que ese sistema incorpore una forma de
organizar la conciencia en esos estados que resultan más favorables para
alcanzar el objetivo que se persigue cualquiera que éste sea.
La NEUROCOMUNICACIÓN acaba cuando aquello que se le pide a la persona no
es sólo que atienda al lenguaje, sino una participación considerablemente más
activa en el proceso, utilizando imágenes, movimientos estados de conciencia y
cualquier combinación de ellos. Para dejar bien clara la diferenciar' entre la
NEUROCOMUNICACIÓN y el trabajo psicofísico, le pediremos al lector que realice
el siguiente ejercicio. Como debe recordar, al principio del libro realizó un
ejercicio titulado "Movimientos del hombro y cintura escapular". Intente recordar

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cuál fue su respuesta a ese ejercicio. ¿Hasta qué punto mejoró la movilidad de su
hombro derecho en relación a los movimientos de su hombro izquierdo?
¿Cómo se organizaba su cuerpo al final? ¿Notó que el lado derecho de la pelvis
estaba más bajo, de forma que el cuerpo tendía a inclinarse hacia la derecha?
¿Miraban sus ojos hacia la derecha, estaba su cabeza inclinada hacia la derecha,
tendía todo el cuerpo a apoyarse más hacia la derecha? ¿Advirtió cómo su
sistema nervioso experimentaba una clara preferencia por su lado derecho, de
forma que usted percibía su ojo derecho mejor que el izquierdo? ¿Su hombro
derecho mejor que el izquierdo? ¿El lado derecho de su cara mejor que el lado
izquierdo, el pie derecho mejor que el izquierdo; en realidad, que podía percibir
todo el lado derecho de su cuerpo mejor que el lado izquierdo?
Intente recordar qué sucedió cuando se levantó de la silla y anduvo por la sala.
¿Se movían mejor su brazo y hombro derechos, y su pie derecho se apoyaba
mejor sobre el suelo que el izquierdo? Y recuerde qué pasó la primera vez que
dibujó grandes círculos, primero con el brazo derecho y luego con el izquierdo,
subiendo los brazos y manos hacia el cielo raso y bajándolos después hacia el
suelo. Trate de recordar cualquier otra respuesta que hubiera tenido.
Ahora, voy a describirle movimientos idénticos y muy parecidos, pero esta vez
usted va a llevar a cabo físicamente los movimientos a medida que lea.
Al final de este párrafo, levántese y camine por la sala, y observe los movimientos
de los hombros mientras camina. Compare los movimientos de los brazos al
andar. Entonces quédese de pie y fíjese en cómo percibe sus dos hombros: si los
percibe con igual claridad, o si uno lo percibe con una claridad significativamente
mayor. Después, dibuje algunos círculos grandes con los brazos: lleve los brazos
por detrás de la espalda, por encima de la cabeza, al frente y abajo, comparando
la capacidad y soltura de movimiento en los dos brazos y hombros. Dibuje los
círculos moviendo ambos brazos a la vez, y después altérnelos. Para acabar,
regrese a su silla y compare su conciencia del hombro derecho e izquierdo, el pie
derecho e izquierdo, el lado derecho e izquierdo de la pelvis, el lado derecho e
izquierdo de la cara, y el lado derecho e izquierdo como un todo. Por favor,
levántese y realice ahora estas observaciones.
Una vez sentado, adopte la postura que tenía para realizar la
NEUROCOMUNICACIÓN. Deje los pies apoyados en el suelo, paralelos entre sí, a
un palmo o palmo y medio de distancia. Coloque el resto del cuerpo tan
simétricamente como pueda, y procure mantener esta postura simétrica mientras
lea.
Cuando realizó esto como ejercicio de NEUROCOMUNICACIÓN, usted trabajó con
el hombro derecho. Esta vez trabajará con el hombro izquierdo.
Antes que nada, simplemente fíjese en qué puede percibir de él: la parte superior,
el frente, la cara externa del hombro, la parte trasera, y cualquier otra cosa que
capte. Entonces tómese un instante para comparar esas percepciones con lo que
le llega de su hombro derecho, recordándolo, para que pueda compararlo más
tarde.

66
Ahora, manteniendo el cuerpo erguido, lleve el hombro hacia delante y tráigalo de
vuelta a la posición de partida. Recuerde, esto ya no es NEUROCOMUNICACIÓN,
ahora ejecuta Físicamente los movimientos. Lleve el hombro izquierda hacia
delante de nuevo, tráigalo de vuelta, y haga esto unas cuantas veces antes de
seguir leyendo. Debería tener unas sensaciones muy claras al realizar los
movimientos.
Ahora extienda el brazo izquierdo hacia delante. Estírelo tanto como pueda sin
inclinar el torso. Encontrará que este es un movimiento de avance mayor que el
que realizó hace un instante. Sigue siendo, sin embargo, una cuestión de
empujar y estirar desde la articulación del hombro. Haga este movimiento al
menos diez veces, observando atentamente sus sensaciones. Después, coloque el
brazo izquierdo detrás de usted, y lleve el hombro tan atrás como pueda,
devuélvalo a la posición de partida, y repita este movimiento al menos diez veces.
Ahora, deje que su antebrazo repose sobre el brazo de su asiento (o, si acaso, en
su muslo izquierdo), y empuje hacia arriba con el hombro izquierdo, acercándolo
a la oreja y en dirección al cielo raso. Cuando lleve el hombro izquierdo hacia
abajo, déjelo ir tan abajo como quiera. Procure ponerse de forma que el brazo
izquierdo pueda colgar a su lado, y entonces levante el hombro izquierdo tan alto
como pueda, déjelo caer tan abajo como pueda ir, y haga este movimiento varias
veces. Cuando haya terminado, repose la mano en el brazo de su asiento o sobre
su pierna, y fíjese si su hombro izquierdo cuelga ahora algo más abajo que el
derecho. Compare también el nivel de claridad con que percibe tanto el hombro
izquierdo como el derecho.
Ahora, con la mano izquierda apoyada donde empieza el muslo, describa
movimientos circulares con el hombro izquierdo. Puede llevar el hombro hacia
arriba, y después hacia delante, abajo y hacia atrás. Continúe describiendo
círculos como este con el hombro izquierdo.
Describa algunos círculos pequeños con el hombro izquierdo, y luego, círculos
más grandes con el mismo hombro. Describa varios círculos lentos con el
hombro izquierdo, y entonces haga algunos más rápidos. Pruebe a hacer círculos
pequeños y lentos con el mismo hombro y luego, al cabo de un rato, haga
círculos grandes y rápidos con ese hombro. Describa círculos de diferentes
tamaños y a diferentes velocidades de movimiento.
También debería invertir la dirección de los círculos que describe el hombro
izquierdo. Hágalos hacia atrás durante un rato, y luego hacia delante,
percibiendo tan plenamente como le sea posible lo que está haciendo y qué
sensaciones producen esos movimientos.
Ahora coloque la palma de la mano izquierda encima del muslo izquierdo, justo
por encima de la rodilla. Entonces, empujando y estirando desde el hombro
izquierdo, baje la mano por la pierna y vuelva a subirla. No doble el codo, mueva
sólo el hombro izquierdo.
Ahora ponga la mano izquierda encima del hombro izquierdo, con el brazo a la
altura del hombro, y describa círculos con el brazo izquierdo, girando desde el

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hombro izquierdo. Desde esa posición, describa diferentes tipos de círculos: a
derecha e izquierda, lentos y rápidos, grandes y pequeños, toda clase de
combinaciones; el hombro izquierdo irá describiendo círculos, mientras la mano
izquierda descansa en el hombro.
También con la mano izquierda sobre el hombro izquierdo, saque el hombro
hacia delante de forma que el hombro izquierdo rote hacia dentro. Ponga
entonces la mano izquierda en la axila izquierda y lleve el codo hacia delante.
Advertirá que ahora el movimiento del hombro es diferente y lleva el hombro más
hacia el centro del cuerpo. Observe ese mismo movimiento cuando coloca la
mano más abajo en el lado izquierdo de su cuerpo, y entonces vaya colocando la
mano cada vez más abajo hasta que el movimiento del hombro se vea restringido.
Ahora, extienda el brazo izquierdo de forma que la mano izquierda descanse
sobre la mesa delante de usted, y empuñe suavemente la mano. Haga rodar el
puño hacia dentro, y sienta el movimiento rotatorio hacia dentro en el hombro.
Cuando haya hecho esto, dé vueltas al puño hacia el exterior de su cuerpo,
sintiendo cómo rota hacia fuera el hombro. Luego, haga girar el puño de
izquierda a derecha, de forma que el hombro rote hacia dentro y hacia fuera, y
note que las sensaciones en el hombro son muy diferentes de las otras que ha
experimentado.
Coloque la mano izquierda sobre el reposabrazos o el muslo, y describa círculos
con el hombro: hacia delante, hacia abajo, hacia atrás y hacia arriba,
describiendo círculos muy amplios y rápidos. Tras hacerlo varias veces, invierta
la dirección de los círculos. Compare esos círculos -y los movimientos y
sensaciones del hombro- con los que experimentó antes.
Deténgase. Quédese sentado y Fíjese ahora en si su hombro izquierdo cuelga
más bajo que el derecho. Note también si la pelvis ha descendido más por el lado
izquierdo, de forma que todo el cuerpo tiene una tendencia hacia
la izquierda.
Fíjese hacia dónde se dirige su vista y si, tal vez, su cabeza se ha inclinado hacia
la izquierda, de forma que la columna se curva hacia la izquierda, y que, por
tanto, su caja torácica se dobla hacia el centro de su cuerpo en el lado izquierdo,
mientras que se ha alargado en el lado derecho.
Perciba su cuerpo como un todo, comparando el lado izquierdo con el derecho.
Tal vez quiera probar percibir y
compararlos con los ojos cerrados, además de abiertos. Observe si su lado
izquierdo parece más vivo y, sobre todo, compare las sensaciones del hombro
izquierdo con las sensaciones del hombro derecho. Intente sentir que puede
llegar a percibir el interior de la articulación del hombro, comparándolo con la
conciencia que tenga del hombro derecho.
Compare también la percepción de su ojo izquierdo con la del ojo derecho, el lado
izquierdo de la cara con el lado derecho, el lado izquierdo de los labios con el
derecho. Haga círculos tan rápido como pueda con ambos hombros y note los

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movimientos no sólo en los hombros sino en la parte superior izquierda de la
espalda en comparación con la derecha.
Tras leer este párrafo, levántese y camine, comparando el lado izquierdo con el
lado derecho; en primer lugar, compare cómo se mueven los hombros y los
brazos, y después todo aquello que observe, como el tipo de contacto que tiene el
pie izquierdo con el suelo en comparación con el pie derecho, etcétera. Acto
seguido, deténgase y describa círculos grandes por encima de su cabeza con
ambos brazos. Describa círculos simultáneos, y también alternos. Realice
algunos círculos con los brazos hacia atrás y otros con los brazos hacia delante.
Después, quédese quieto y compare ambos hombros y brazos. Vuelva a sentarse
y haga cualquier otra observación sobre las sensaciones que experimente.
Finalmente, compare la diferencia entre los efectos de este trabajo psicofísico y
los efectos de la NEUROCOMUNICAClON. Aunque ambos enfoques conducen a
cambios, existen diferencias. El trabajo psicofísico es más adecuado para
aplicarlo a esas partes y funciones corporales que quedan bajo el control
voluntario. Esto es así incluso cuando se hacen ejercicios sentado en una silla y
leyendo un libro. La NEUROCOMUNICACION puede tener un potencial mucho
mayor para abarcar partes y funciones corporales que se consideran
involuntarias. La NEUROCOMUNICACIÓN puede ser de gran valor cuando existe
una incapacidad para llevar a cabo funciones que normalmente serían
voluntarias.

Epílogo

La NEUROCOMUNICACION es uno de los muchos componentes de un sistema


más global de reeducación neuronal y sensorial denominado MÉTODO
PSICOFÍSICO o TÉCNICA MASTERS. El Método se desarrolló dentro de un
programa de The Foundation for Mind Research [Fundación para la Investigación
de la Mente] durante los casi treinta años en que he trabajado como director de
investigaciones en dicha fundación. El Método es parte de un proyecto aún
mayor, dirigido a definir y adquirir una vía de acceso fructífero a esos potenciales
humanos latentes o prácticamente inexplorados. El MÉTODO PSICOFíSICO
consiste básicamente en lo siguiente:
1) Trabajo de movimiento: Recoge varios cientos de ejercicios, que engloban una
gran variedad de movimientos y muchas y diversas sensaciones táctiles y
cinestésicas. Existen también cientos de combinaciones de movimientos,
sensaciones e imágenes -tanto objetivas como subjetivas-, que se usan para

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programar el cerebro y poder así reorganizar el sistema esquelético-muscular, y
mejorar y ampliar la capacidad del cuerpo para moverse y percibir con claridad.
2) Trabajo con imágenes: Este componente resalta el uso de las imágenes
visuales, táctiles, cinestésicas, y otras imágenes sensoriales, y de una "imagen
corporal" para inducir cambios en la capacidad de movimiento, la percepción, y
también en el funcionamiento mental y emocional. En otras palabras, las
imágenes se utilizan para incidir directamente en el cuerpo físico. Se trabaja con
unas imágenes sensoriales que se basan en un cuerpo enteramente imaginado,
para también llegar a producir cambios en el plano físico (cuerpo/mente).
3) Neurocomunicación: El uso de la palabra sola, hablada o escrita, para evocar
diversos cambios psi
cofísicos. La NEUROCOMUNICACION, como los demás componentes, también se
puede usar combinada con los otros.
4) Estados alterados de conciencia: El uso de estados alterados para facilitar los
efectos del TRABAJO DE MOVIMIENTO, TRABAJO CON IMÁGENES Y
NEUROCOMUNICACIÓN. Los diferentes componentes se pueden utilizar para
inducir y hacer más profundos los estados alterados, o se pueden inducir estos
estados por otros medios. Se utilizan estados de conciencia determinados para
hacer más efectiva la aplicación de los otros componentes.
El conjunto de estos cuatro elementos constituye la base de la TÉCNICA
MASTERS O MÉTODO PSICOFÍSICO. Se diferencian, así, de cualquier otro
sistema o método existente y proporcionan una organización bien definida que se
puede usar fácil y eficazmente tanto para enseñar como para explicar lo que es y
cómo funciona el Método.
TRABAJO CORPORAL INDIVIDUAL: El Método se puede enseñar verbalmente en
grupos amplios o reducidos, limitado normalmente sólo por el espacio de que se
disponga. Sin embargo, también incorpora un sistema de trabajo corporal que es
una extensión, intensificación y amplificación del trabajo dirigido verbalmente.
Está indicado de manera especial para dolencias de salud tanto físicas como
mentales_ que requieran un reeducación psicofísica más que un tratamiento
médico. Como observó Tom Hanna, esto incluye aproximadamente la mitad de
los problemas para los cuales la gente acude al médico. A la larga, se reconocerá
de forma general que algunas dolencias exigen tratamiento médico, mientras que
otras no se benefician de la medicina contemporánea y requieren un enfoque del
tipo del MÉTODO PSICOFÍSICO.
Para aquellos que practican una disciplina espiritual, el MÉTODO PSICOFÍSICO
proporciona una práctica sumamente eficaz de atención y concentración, además
de servir de acceso a dimensiones más sutiles del cuerpo y del ser. Este es
concretamente el enfoque que se enseña a los seguidores de la Quinta Vía, tal
como se expone en el libro del mismo autor, The Goddess Sekhmet (La Diosa
Sekhmetj).

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La práctica de la NEUROCOMUNICACIÓN y de los otros componentes del
MÉTODO PSICOFÍSICO se ve enormemente facilitada al trabajar con los cursos
de ejercicios e instrucción en audio-cassette. Para más información pueden
dirigirse al autor (P.O. Box 3300, Pomona, New York 10970). De vez en cuando se
ofrecen talleres del Método en muchos países de Europa y Asia, además de
Estados Unidos. Se han completado dos Programas de Formación, y existen
actualmente unos 75 profesores oficiales del Método.

FIN.

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