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Hay cuatro clases de enfermedades:

1. àa de nuestro espíritu, causada por el pecado personal.


2. àa emocional causada por las heridas y sentimientos del pasado.
Abarcan nuestra vida psíquica.
3. àa enfermedad física del cuerpo.
4. Puede darse también la opresión del maligno.

Jesús sanó todas estas enfermedades. Perdonó los pecados al


paralítico y a la pecadora. Curó ciegos, leprosos, sordomudos, y
a los que sufrían por toda suerte de enfermedades; arrojó el
demonio de muchos posesos y dio paz y su consuelo a muchos.

àa lectura del Evangelio nos enseña claramente cómo nuestro


Salvador es "el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo"
y que, movido por su amor a todos nosotros, cura las
enfermedades y libera del maligno a cuantos están poseídos por
el mal.

Esta caridad de Jesús que "cargó con nuestras flaquezas y enfermedades"


explica, la multitud y variedad de curaciones que hizo durante su vida pública,
porque sentía una gran compasión. El ciego de Jericó le grita: "Hijo de David,
Jesús, ten compasión de mi", y el Señor le dice: ¿qué quieres que te haga? (Mc
10,47-51).

También las curaciones fueron efectuadas por Jesús para que su Padre fuera
glorificado. Oigamos también a San Mateo: "Y los sanó: de manera que se
maravillaban las gentes viendo hablar a los mudos; los mancos sanos; andar a
los cojos y ver a los ciegos; y glorificaban al Dios de Israel" (Mt 15, 30 -31).

SANACIÓN FÍSICA: ACàARACIONES

No toda sanación es milagrosa como creen algunos. S an Pablo,


cuando enumera algunos carismas en la 1 Carta a los corintios
cita primero el don de curaciones y a continuación el de
operaciones milagrosas (12,9). Esta aclaración es muy
importante para la recta comprensión de este carisma.

El ministerio de sanación no desprecia la acción méd ica ni


prescinde de ella. El capítulo 38 del Eclesiástico honra la
persona y la profesión del médico, pero nos recuerda que toda
sanación viene del altísimo.
Este ministerio de Sanación se desempeña mejor por medio de
un equipo, ya que hay más riqueza de c arismas y se evita el
peligro del orgullo. Nadie puede afirmar que fue el instrumento
exclusivo del Señor.

El ministerio de sanación se ejerce por medio de la oración de


sanación. Oramos al Padre por Cristo para que glorifique a su
Hijo por medio de esta sanación. Por eso es sanación de Jesús.

El mejor ministro de sanación será el que viva el profundo amor


del Señor en su vida y comunique este amor y la ternura de Dios
a sus hermanos enfermos.