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5. EL IMPERIO DE CARLOS V: POLÍTICA INTERIOR Y EXTERIOR.

La llegada al trono de Carlos I de España en 1517 supone la entronización de


una nueva dinastía: los Habsburgo o Austria (De hecho, ya no veremos más a una
dinastía española al frente de la monarquía). Pero con Carlos no llega solo una casa
reinante extranjera, sino una nueva realidad política que afectará profundamente al
conjunto de los reinos de la Corona: el Imperio. Se abre la época de los Austrias
mayores, se abre la época de la dominación española en el mundo.
De entrada, Carlos (Hijo de Felipe el Hermoso y de Juana “La Loca”, hija de los
Reyes Católicos) heredó un conjunto de territorios enorme, disperso y muy variado.
- De su abuela Isabel de Castilla, Castilla y todas sus posesiones, en el momento
en que empezaba la gran expansión española en el continente americano con las
expediciones de Cortés.
- De su abuelo Fernando, Aragón y todas sus posesiones, entre las que cabe
destacar casi la mitad de Italia.
- De su abuelo Maximiliano, las posesiones patrimoniales de los Habsburgo
(erblande) y la condición de candidato a heredar la corona imperial.
- De su abuela María de Borgoña, los territorios patrimoniales de Borgoña, Franco
Condado y Países Bajos.

Este conjunto formado por estados y naciones bien diferenciadas (leyes, monedas,
instituciones, intereses propios...) no podía ser gobernado de cualquier manera. En
cuanto a política interior, distinguimos dos aspectos: los mecanismos de gobierno y los
conflictos interiores.
- Mecanismos de gobierno: Carlos V, apoyado en la tradición bajomedieval de
Aragón (monarquía pactista) y en la práctica de sus abuelos, los Reyes
Católicos, aprovechó las bases institucionales que ya funcionaban. Desarrolló el
sistema polisinodial, con consejos generales, y consejos territoriales, creando los
nuevos consejos necesarios: Flandes, Indias...En cada territorio de la monarquía,
un virrey hacía las funciones de vicario de Carlos. Y cobró gran importancia otra
de las figuras nacidas bajo el reinado anterior, como son los secretarios.
- Los conflictos interiores:
o Las comunidades de Castilla (1518-1522). Se trata de un problema de
difícil interpretación histórica, porque se unen aspectos de lucha social,
política e incluso cultural de forma muy íntima, sin que se puedan
establecer límites claros. A la llegada de Carlos a España en 1517, el
joven rey (nació en 1500) es impopular: no habla castellano, y viene
rodeado de una serie de colaboradores flamencos que son acusados de
rapiñar sin escrúpulo. Al año siguiente, Carlos inicia su campaña para ser
nombrado emperador. Eso significa petición de fondos para irse de la
península, y arrastrar a Castilla a una aventura de dudosa proyección:
formar parte de un imperio con centro en Alemania. En las ciudades de
Castilla se van formando juntas que dicen levantarse en defensa de las
libertades castellanas y contra la presencia de extranjeros en el gobierno.
Hay además un componente social, como es el enfrentamiento de una
cierta burguesía castellana asociada a la artesanía lanera de calidad,
contra la aristocracia, partidaria del emperador, y más ligada al comercio
de lana en bruto. Y coincidirá con el levantamiento antiseñorial que pone
a los campesinos de parte de la “comunidad”. En 1519 se forma la Junta
Santa y se inicia una guerra que durará hasta abril de 1521, en que los
ejércitos comuneros, dirigidos por Padilla, Bravo y Maldonado, son
derrotados en Villalar. La ciudad de Toledo resistió hasta enero de 1522,
capitaneada por la viuda de Padilla.
o Las Germanías de Valencia (1519-1522). En el ámbito de la Corona de
Aragón se produjo el movimiento agermanado (germanía: hermandad),
en que artesanos urbanos, aprovechando el desconcierto producido por la
epidemia de peste de 1519 y la salida de la nobleza hacia las cortes (para
dar fondos a Carlos V, precisamente), ocupan el poder de las ciudades
más importantes. Otra vez artesanos contra aristocracia en la ciudades; y
campesinos contra señores en el ámbito rural. En este caso, hay que
añadir un matiz particular, como es el odio contra los moriscos en los
ambientes campesinos. Y otra vez, la aristocracia derrotará a los
levantiscos.

Coinciden en el tiempo, y podrían haber supuesto la pérdida de los territorios


peninsulares, especialmente si ambos movimientos hubieran buscado una acción
conjunta. Pero no fue así. Cuando Carlos V regrese a España, se encontrará una paz
social que durará hasta los motines de Esquilache en 1767.

Por lo que se refiere a política exterior, distinguimos:


a- Objetivo: la creación de un Imperio Cristiano Universal, idea que muchos atribuyen a
la influencia del consejero canciller Gattinara. Entronca con las ideas medievales de
Emperador cristiano que se remontan a Carlomagno. En 1520 fue investido Cabeza del
Sacro Imperio Romano, sucediendo a su abuelo Maximiliano. Ya era emperador.

b- Conflictos:
1- Con Francia, la otra gran monarquía católica de la época, gobernada por
Francisco I. El rey francés no podía aceptar de buen grado la formación de una entidad
política que prácticamente rodeaba y asfixiaba al reino de Francia. El enfrentamiento
será constante, y en muchos aspectos parece más un enfrentamiento personal que otra
cosa. Los éxitos de Carlos son resonantes en Pavía (1525), donde es hecho prisionero el
propio Francisco. La paz de Cambrai (1529) pone fin a una primera etapa de conflicto.
A partir de 1540, con la incorporación de Milán a la corona española se recrudece la
cuestión, hasta 1544, en que se resuelve por la paz de Crépy.
2- Con el Turco, por tres razones: religiosa, evidentemente; económica, por la
piratería que desde el norte de África castigaba los territorios españoles; y política, por
la connivencia entre el Sultán turco y el rey de Francia, aliados de oportunidad contra el
Emperador. En 1535 tuvo lugar la jornada de Túnez, principal éxito contra las bases del
pirata Barbarroja; cuando se intentó repetir lo mismo con Argel, en 1541, se saldó con
un enorme fracaso.
3- Con los protestantes alemanes. Con mucho, el más complicado de los
problemas, y el que le costó la salud y el poder a Carlos. En el seno de sus territorios, en
Alemania, surge el movimiento de reforma religiosa en 1517, encabezado por Lutero.
Tras intentar la vía de la negociación y el debate teológico en numerosas dietas y
coloquios, Carlos se decidió por la vía militar ante la postura irreductible de los
protestantes. Pero si lo conseguía, su poder sería tan enorme que prácticamente toda
Europa estaría a sus pies. El rey de Francia, e incluso el Papa, privaron de apoyo al
Emperador. Francisco I, por razones políticas, apoyando a los protestantes. El Papa,
retrasando la convocatoria de un concilio que a ojos de muchos podría haber
solucionado los problemas. Sin embargo, la situación se enquistó hasta tal punto que, a
pesar de haber aplastado a los protestantes en Mühlberg en 1547, Carlos V se vio
obligado a abdicar en 1556. Cedió la corona imperial y los territorios patrimoniales de
los Habsburgo a su hermano menor Fernando; el resto, a su hijo Felipe. Y a los
protestantes luteranos les concedió la tolerancia de su religión en el ámbito del Imperio
alemán, por la paz de Augsburgo en 1555.
La sensación final de Carlos fue de fracaso. Su proyecto de imperio cristiano se
había diluido, y solo le quedaba Castilla, en donde se refugia para morir en 1558.