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Técnicas de Seguimiento - Manual completo

Algunos derechos están reservados. CC. 2009 Fénix Hebrón


Edición completamente revisada y ampliada.
Fénix Hebrón - Título original: “Técnicas de seguimiento. Manual Completo”, sobre la edición original de
2006.

¡Atención!
El presente manual contiene información básica de espionaje, escolta, vigilancia y defensa. Debe
utilizarse con las debidas reservas, a pesar de que hemos puesto énfasis en preservar la seguridad por
encima de todo, queda bajo su absoluta responsabilidad los posibles daños que puedan derivarse de su
uso.

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Índice
Persecución Lineal y Persecución Panorámica
1- Preámbulo
2- Diversidad para un mismo fin
3- Persecución Lineal
4- El Ritmo
5- Persecución Panorámica
6- A modo de resumen
Persecución Suprapanorámica
1- Preámbulo
2- Persecución Suprapanorámica
3- A modo de resumen
Técnicas de Comunicación
1- Equipo
2- Procedimiento de comunicación
3- Seguridad en la comunicación
Técnicas de Escolta
1- Introducción
2- Número adecuado de escoltas a utilizar
3- Equipo del escolta
4- Pautas de actuación y comportamiento de un escolta
5- La figura de un escolta: su imagen
6- Sección técnica: escolta en la calle
7- Gestión de rutas y protección de la información
8- Grados de protección y peligrosidad
9- Las tres pautas primordiales de actuación
10- El protegido
11- El escolta dentro de la casa
12- Los peligros del escolta
13- La vida de un escolta

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Las técnicas de seguimiento son habitualmente utilizadas en todo el mundo para los
más diversos fines: desde seguir a una persona cualquiera, hasta la persecución de
unos delincuentes o secuestradores para averiguar el lugar donde tienen secuestrada
a la persona o donde guardan sus armas. Muchas de éstas técnicas son desarrolladas
y guardadas en el más profundo secretismo por agencias de seguridad, y han
permanecido hasta el día de hoy en el más absoluto secreto, solamente en manos de
profesionales del espionaje y en grupos terroristas. Con éste primer acercamiento de
éste texto (que es un extracto de un libro más desarrollado) quiero acercar éstas
técnicas al público en general, de forma que, conociéndolas, puedan defenderse y,
sabiendo cómo se les puede seguir, puedan evitarlo y sentirse así más seguros. Desde
éste punto de vista es desde el cual distribuyo al público y pongo en tus manos este
manual.

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Técnicas de Seguimiento.

PERSECUCIÓN LINEAL Y PERSECUCIÓN PANORÁMICA

Preámbulo
Existen multitud de técnicas para seguir a un sujeto, cada una con su propia
particularidad y definición. Para clasificarlas podemos agruparlas en los distintos
medios que utilizan, basándonos en ellos hay infinidad, pero podemos decir las
principales de tierra, en las que el sujeto o causa de persecución se traslada:

· A pie

· En automóvil.

También existe la persecución acuática, seguimiento radar y diversas tecnologías... la


electrónica y el espionaje moderno poseen una extensísima gama de elementos para
todos los campos y de todos los gustos. Pero dejando a un lado toda esa
parnafernalia, vamos a analizar un tipo de seguimiento que se puede realizar en
cualquier parte y sin necesidad de grandes artilugios. Nos referimos a la persecución a
pie. Éste será el tema de el actual estudio.

Nota: Quede bien claro que tanto las técnicas como elementos diversos relatados en éste texto
son de carácter meramente informativo y orientativo. El autor deja a su entera
responsabilidad el uso que de tales conocimientos pueda hacer, y declina cualquier hecho que
en el ejercicio de las mismas pueda presentarse. El presente estudio debe tomarse:
• Como un ensayo de técnicas.
• Como un texto solo y exclusivamente informativo, no siendo su tarea la de formar ni entrenar a
nadie.
El presente estudio es 100% original, no se venden libros de esta temática a la gente de la calle...

En el presente a la persecución a pie no se la tiene muy en cuenta y las personas


corrientes, por lo general, la ignoran, incluso ignoran que existan técnicas específicas
para ello; las películas, por ejemplo, nos dan otro tipo de seguimiento más
espectacular, que es el del coche. Y las técnicas modernas permiten que con ciertos
aparatos se pueda detectar a determinadas personas de una forma mucho más fácil.
Pero ¿qué pasaría si no se dispusiera, por una u otra razón - accidente, avería...- de
muchos de esos aparatos? o ¿quién conoce, en un momento dado, las técnicas
necesarias para seguir a una persona sin ser descubierto? Eso es lo que se pretende
estudiar.

Por supuesto, los conocimientos relatados aquí deben emplearse con el suficiente
sentido común, y sin violar la libertad de ninguna persona. Un mal uso de éstas
sencillas normas puede acarrearnos problemas graves, y, además, sólo en
determinadas circunstancias conviene perseguir a una persona: tengamos en cuenta

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que si somos descubiertos, poniéndonos en un extremo caso, siguiendo a un criminal,
podemos correr peligro de muerte. Por ello estas técnicas no deben tomarse como un
simple juego, ya que son herramientas profesionales, no para novatos. Advertidos de
ello, entremos en materia.

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Diversidad para un mismo fin
En el seguimiento de una persona, personas, etc (sujeto, llamaremos a partir de
ahora) se pueden dar muchos casos y variantes, entre las más importantes tenemos:

-Conocer la zona. Un desconocimiento de ella es, según en qué situaciones, una


dificultad añadida, pues nos obliga a acortar distancia, a seguir con más fijación al
sujeto y por dónde transita, quizá, incluso, nos perdamos nosotros mismos.
-Ser conocidos: Si conocer la zona es un punto a favor, ser conocidos en ella (por ej.:
vivir en el barrio) puede resultar en nuestra contra. El que nos llamen, nos
entretengan con saludos, etc. También, si nos descubren, el sujeto podría preguntar
por “quién lo estuvo siguiendo”, y entonces estaríamos perdidos. Estos puntos pueden
parecer muy superficiales para el común mortal, y además, los expertos no se dejarán
nunca descubrir de modo tan infantil, pero no por ello se los debe desestimar. En
muchísimas ocasiones lo que nos parece más obvio es lo que nos lleva a la derrota.
Tengamos en cuenta que estamos realizando un seguimiento (o, quizá, nos estén
siguiendo a nosotros!). Alguien puede haber contratado a un profesional para que nos
vigile (nuestra mujer, nuestro empleado...). En otras ocasiones, somos nosotros los
que nos vemos obligados a perseguir.

Muchos accidentes (sobre todo de escolta) se hubieran evitado si los profesionales


conocieran bien éstas técnicas. Entremos ahora en un tema nuclear para el
seguimiento, que es la velocidad. Cuando seguimos a un sujeto, el ritmo de nuestro
pasos debe ir casi siempre al compás de él, durante el tiempo en que la calle sea más
larga. Los mismos pasos, la misma velocidad, sí, pero ¿a qué distancia? Una pregunta
difícil de responder, y cuya respuesta nos dará la experiencia. En cualquier caso, la
distancia no se marca a placer, depende de muchos factores: conocimiento o no de la
zona, lo poblada o no que ésta esté; el tipo de calle o la acera, el tipo de persecución
utilizada, la rectitud o no de la calle... Por todo ello, y quizá más, no se puede dar una
respuesta adecuada y genérica.

Los diez, quince o veinte metros nunca son constantes, y también, claro, que siempre
acertados. En las próximas líneas se intentará aclarar más el punto de la velocidad y
el factor distancia, pero por regla general señalemos que: la distancia será mayor
cuanto menos “corra” el sujeto, y menor cuando los pasos sean más acelerados. Pero
claro: ni tan lejos que casi no lo veamos y a la primera esquina se pierda, ni tan cerca
que con sólo girar la cabeza descubra nuestra presencia. Otro punto importantísimo
dentro de un seguimiento a pie es la clase del mismo, que puede ser, en rasgos
generales, tres:
-Persecución lineal
-Persecución panorámica
-Persecución suprapanorámica

Quizá nosotros, cualquier persona, haya seguido a otra por la calle, por diversión o

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por ver “a dónde va”. Casi seguro que la persecución que habremos adoptado sería la
lineal. En realidad, en un seguimiento serio se suelen realizar las tres, dependiendo
del trazado y, sobre todo, las dos primeras. Según la distancia y el tiempo de
persecución, podríamos decir que un seguimiento a pie de dos horas, tiene el 60% de
persecución lineal, el 30% panorámica y alrededor de un 10% de suprapanorámica.
Por contra, un seguimiento de corto espacio (unos diez minutos) tendría con él un
100% de la técnica o tipo adoptado al principio del mismo, quizá un 5% de
persecución de otro estilo. O, en otras palabras: vemos al sujeto en cuestión y
nosotros lo seguimos en persecución lineal, una vez en ella, quizá por la soledad de la
calle, o porque la extensión nos lo permite, adoptamos la p. panorámica. A medida
que vaya creciendo el tiempo que lo sigamos, el tipo de persecución se irá
modificando.

Antes de pasar a analizar cada persecución individualmente, hemos de tener en


cuenta que no siempre se debe cumplir las normas a rajatabla, pues cuanto más en
alerta esté el sujeto, quizá debamos adoptar técnicas distintas que, de otra forma, no
se adoptarían. Ello también sirve si, por ejemplo, estamos siguiendo a una persona
experta, o a alguien que corre...

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Persecución Lineal

También se la conoce por “persecución de acera”, pues suele realizarse en la misma


recta que lleva el sujeto, a espaldas de él, por supuesto. Ésta técnica se suele utilizar
para sujetos que no nos conocen, o que no se les quiere, bajo ningún concepto,
perder. Tiene el inconveniente de que podemos ser descubiertos con más rapidez que
con las otras dos, pero si el perseguidor se mezcla con la gente de la misma calle, o
en calles solitarias no despierta la atención del otro (por ejemplo, sonándole los
zapatos) o se cambia de vez en cuando a otro tipo de técnica, suele ser un sistema
bastante seguro.

Como ya se ha dicho, en la p. lineal nos mantendremos a distancia del sujeto, y


llevamos el rimo de nuestros pasos al suyo. Esto no debe realizarse durante mucho
rato, si no queremos que quizá la gente que nos mire desde lejos (en ventanas, o
policías vigilando, etc.) se dé cuenta que seguimos a “ese” sujeto. El ritmo de
nuestros pasos crece cuando el sujeto se acerca a las esquinas agudas de los edificios,
y nuestra mirada, en ningún caso, ha de parecer atenta al sujeto. Tambien se puede
recurrir a pequeños trucos, como cambiar de acera para mirar escaparates cuando las
calles son amplias y rectas y nos lo permiten, de éste modo, no solamente
aseguraremos más nuestra discrección, sino que despistaremos a posibles terceros
que estén atentos a nosotros.

En la p. lineal, y en general en todas, la vista, como se ha dicho, no se mantiene sobre


el sujeto, como mucha gente erróneamente cree. Ello haría que, al desembocar en
una avenida plagada de gente llamásemos mucho la atención.

No sería tampoco la primera vez que alguien se nos acerque, tras estar un tiempo
siguiendo a un sujeto con la mirada atenta en él, diciéndonos algo así “¿por qué sigues
a ése?” en voz alta. Además, si mantenemos la vista todo el rato sobre el sujeto, no
tendremos la suficiente agilidad como para ver si alguien nos sigue a nosotros a la
vez. Manteniendo la distancia, la vista se traslada, de vez en cuando, a los
escaparates y a toda la extensión de la calle. Es decir: lo más parecido a que
caminásemos normalmente. Cualquier cosa que se salga de la normalidad, llamará la
atención. Y eso no debemos permitirlo.

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Aunque tampoco debemos mirar de un lado para otro todo el rato, pues eso delataría
nerviosismo. Debemos mantener una vigilancia somera sobre: si alguien nos sigue, las
próximas calles que vengan (sobre todo si desconocemos la zona), tráfico para
eventuales cruces y posiciones de semáforo, y, por las miradas de la gente, si ya han
averiguado lo que estamos haciendo... eso nos dará una idea de lo fatal que estamos
llevando el seguimiento. Y de vez en cuando, para atrás por si alguien nos sigue,
recurriendo, como ya es sabido, siempre que podamos a escaparates, cristales de
coches y portales, etc.

Bien, estamos persiguiendo al sujeto, manteniendo la distancia justa y el ritmo de sus


pasos, no lo miramos tan fijamente como para que nadie se de cuenta ni tan “de
cuando en cuando” como para perderlo o para que los viandantes descubran que
somos muy “raritos”. Ahora llega una esquina, conocemos la ciudad y sabemos que
tras ella hay una calle tan sólo, entonces aceleramos el paso y contamos cinco al ritmo
aproximado de sus pasos [En realidad esta es una norma metódica, el tiempo a
esperar depende de muchos factores y del sujeto, pero debemos dar un tiempo
prudencial para el espacio, ya que no podemos encontrarnos con el suejto nada más
doblar la esquina]. Cuando doblamos la esquina, si vemos al sujeto volvemos a la
distancia normal. Pero no conocemos la ciudad, tras ésa esquina puede haber un
entramado de calles... ¿qué hacemos entonces? Lo mismo que antes:

La esquina debe preveerse con antelación, mirando lo que nos llega para no tener que

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corretear para llegar detrás del sujeto a la esquina, cosa que podría delatarnos.

Ahora hemos afrontado la esquina, el sujeto continúa su camino, nosotros lo seguimos


con la persecución que estimemos correcta:

Pero... ¿Y si no aparece el sujeto?

1: Miramos, de un rápido vistazo, todos los escaparates, comercios y portales, girando


la cabeza (se supone que la vestimenta del sujeto la conocemos de sobra como para
verlo tras ellos, verdad?):

2- En los escaparates que no alcancemos con la vista, los recorreremos


trasladándonos circularmente al entramado de calles, mirando también las aceras de
ellas, empezando por el más cercano al más lejano:

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Entonces, puede darse el caso de que el sujeto esté en una tienda, o por detrás de
algún vehículo, o que, debido al tráfico, haya tenido que correr para cruzar y alejarse
de nosotros algunos pasos, estando en una calle lejos de nuestra vista. El punto 2
debe de haber sido suficiente como para volver a captarlo. Sino, podremos volver
sobre nuestros propios pasos y reanudar la búsqueda en los escaparates y las
bocacalles, quizá alguna tienda o bar tenga mucha gente y nos quite visión. O se haya
metido en un portal y subido las escaleras. Podremos esperar a que enciendan alguna
luz.

También podemos caminar por las bocacalles adyacentes, no es la primera vez que un
sujeto ha descubierto nuestra presencia y está en un portal de otra calle cercana,
esperando. En suma: la rapidez en éstos primeros momentos es importante. Si, a
pesar de ello, no lo encontramos, realizaremos de nuevo todo despacio. En éste punto
nuestra presencia quizá empiece a despertar curiosidad, por lo que deberíamos
considerar la posibilidad de vigilar desde un sitio cercano y que cubra la zona o la
salida de personas, como un parque, algún bar o nuestro coche aparcado.

Llegados a éste punto, si lo anterior fracasa, nos plantearemos la posibilidad de


haberle definitivamente perdido, pues puede haber entrado en un edificio cercano a
otra esquina, o que viva en una zona verdaderamente difícil. De ahí que, en
posteriores seguimientos del sujeto, tengamos en cuenta la posiblidad de utilizar, una
vez se acerque a ésa zona, otra técnica, como la p. suprapanorámica, que nos dará un
seguimiento “por delante” y con mucho más campo de visión:

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Debemos tener en consideración en éste tipo de acciones el sentido del tráfico, ya
que, si el sujeto se dispone a cruzar y el tráfico le viene “hacia” nosotros, el peligro de
que nos vea es muchísimo menor a que si el tráfico viene “de” nosotros, puesto que
mirará hacia nosotros para ver los coches acercarse, y podemos delatarnos. De ahí
que el sitio que eligamos para la p. panorámica es crucial. Los remedios hay muchos,
y esta norma es muy conocida por todos. Entre las acciones básicas con respecto al
tráfico podemos optar por:

-Cambiar a otra acera donde el tráfico venga hacia nosotros.

-Cambiar al otro lado, donde el tráfico y la gente entorpecería que el sujeto nos viera
(sobre todo si no nos conoce), pero nosotros sí le veríamos.

En éste aspecto, debe considerarse también en todos casos las dificultades que
entrañaría volver a coger la velocidad de seguimiento lineal, etc., por lo que entonces
se pasaría de p. panorámica a lineal, que sería lo más conveniente. La p. lineal es
también apta para calles en donde el tráfico no es elevado, pues aunque haya mucha
gente, nos mantendremos siempre a la espalda del sujeto. Si la calle, por el contrario,
es estrecha y sin casi viandantes, entonces deberemos alejar mucho la distancia de
seguimiento, cosa que nos llevaría a adoptar la p. panorámica.

La lluvia, el granizo, el viento, las obras en las calles... facilitan la p. lineal, por el
contrario, el sol (que nos puede hacer producir sombras largas hacia adelante y
delatarnos), la soledad, la noche... la dificultan.

También se ha de aclarar que el seguimiento con medios distintos, por ej., coche
siguiendo a alguien a pie, puede ser quiza algo bueno en zonas rurales y a las que se
pueda seguir al sujeto desde un lugar alto y relativamente cercano, cubriendo amplias
zonas de espacio libre sin llamar en exceso la atención, pero en ciudad algo así es
inútil, ya que sólo lograremos algunos metros antes de que nos descubra, aún
disponiendo de prismáticos u otros métodos (exceptuando radio o micro transmisores,
claro).

Otra técnica usada por las agencias de espionaje y los especialistas, es utilizar varios
individuos, cambiando entre todos ellos la p. lineal, aunmentando con ello las
probabilidades de éxito, ya que una persona puede dudar de que la siga otro, pero
dudar de que la sigan cuatro, cinco o incluso más individuos raramente se lo cree,
puesto que tiende a pensar que es “paranoia suya”. En éste aspecto, si localizamos a

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alguien desde un coche, lo mejor sería bajarnos y coger un walkietalkie con equipo de
manos libres mientras otro conduce el coche, para así informarle de dónde estamos
cada cierto tiempo y, si el sujeto coge a su vez un vehículo, hacer venir al nuestro
para seguirle. Realicemos aquí un alto en el camino para dedicarnos un poco más a
una faceta que es común a cualquier tipo de seguimiento: el ritmo.

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El Ritmo
Ya se ha dicho que debemos armonizar nuestros pasos a los del sujeto a seguir,
excepto en determinadas circunstancias e incidencias debe variarse, pero ni tan
siquiera ésto es una norma fija, sobre todo teniendo en cuenta los pasos de las
personas a seguir. Lo anterior es efectivo ante un caminar normal, pero ¿qué sucede
cuando la persona es mayor, de avanzada edad o camina muy despacio? ¿No
delataría, si amoldamos nuestro pasos a los suyos, nuestra presencia?, y ¿qué pasaría
si el caminar de la otra persona es muy grande, es decir, con gran velocidad? Esos son
los dos extremos con los que podemos encontrarnos. Para alguien que quiere saber si
le persiguen, lo mejor es adoptar el ritmo rápido: delata mejor la persecución. Pero
consejos aparte, analicemos cada uno:

-Lentitud: Ante la lentitud ya hemos dicho que uno debe alejarse, pues en algunas
zancadas, en caso de necesidad, podremos recortar en relativo poco tiempo la
distancia. Otra técnica, que debe mezclarse muy bien con la anterior -por ello las
cualidades de cada uno- es pararse mirando escaparates, paisajes, mirando el reloj,
hablando por el móvil, escribiendo sms, atándose el zapato, comprándose el
periódico... existen multitud de recursos para dejarnos atrás y seguir con lo que
hemos de aparentar: un tranquilo y relajado paseo.

En ningún supuesto, y sobre todo si el sujeto es viejo, debemos acercarnos a una


distancia normal y mantener el ritmo, aunque sea a costa de perderlo, si no queremos
descubrirnos y, a la vez, descubrirnos ante los paseantes: imaginaros a alguien joven,
con el mismo paso y a corta distancia, en p. lineal, detrás de un viejecito... se notaría
bastante, ¿no? Antes de realizar éso, pasaremos a p. panorámica o incluso
suprapanorámica, que, en lenta velocidad, y sobre todo si se conoce la zona, da unos
resultados excelentes.

En todo caso el seguimiento lento suele llamar la atención y es algo complicado...


recuerdo que perdí un sujeto precisamente porque caminaba muy lentamente y, a la
vez, se paraba, miraba... ello me hizo adoptar mucha distancia, excesiva, que no pude
recuperar después. Por ello aconsejo que siempre que se pueda, seguir al sujeto con
p. lineal, pues suele pararse, mirar... y es mejor esconderse aprovechando las
circunstancias del momento e intercambiarla, cuando lleguen curvas o distancias
holgadas, con la p. panorámica.

Por último, conviene anotar que la distancia a que nos obliga este andar “lento” puede
hacernos perder al sujeto si no lo seguimos más concienzudamente que a distancia
normal, con la mirada. Recordemos que, a mayor distancia, más debemos de
atenderle, sin caer en el extremismo.

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-Velocidad: Si la p. suprapanorámica era buena para la lentitud, para el caminar
rápido queda prácticamente descartada, a no ser que conozcamos bien la zona y
sepamos, más o menos, la dirección a la que se encamina el sujeto. Aquí la distancia
se reduce, a no excesivamente, pero sí bastante; ello es debido a que una persona
veloz puede darnos esquinazo en un abrir y cerrar de ojos.

También hay que presentar atención a la calle: si hay mucho ambiente, “escondernos”
tras la gente, y, si está vacía, caminar como si no le persiguiéramos, sino como si
tuviéramos miedo; o bien pasar a panorámica... bueno, ya he dicho al principio que si
la lentitud es complicada, la velocidad mucho más.

Por otra parte, tenemos a nuestro favor que, un sujeto que camina rápido por las
calles suele estar bastante ocupado en lo que tiene delante que en asegurarse de si le
siguen. En éste tipo de seguimientos veloces suele ser casi exclusivo adoptar la p.
lineal, salvo en zonas despejadas o sin gente.

Atender, como siempre, a no mirar al sujeto demasiado para no delatarnos, y a mirar


también lo que nos llegue: próximas calles, tráfico, etc.

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Persecución Panorámica
Si en la p. lineal ésta se desarrollaba por la misma “línea” imaginaria (de ahí el
nombre) que el sujeto, en la p. panorámica el seguimiento se realiza por la parte
inmediatamente contraria:

Este tipo de persecución tiene algunos inconvenientes que se deben tener muy en
cuenta antes de realizarla:

-De un giro simple de cabeza, el sujeto puede que nos vea. Por ello, la p. panorámica
no suele usarse, por ej. en calles estrechas: los escaparates cercanos, portales de las
aceras contrarias que se abren, etc. invitan a mirar y, de paso, pueden delatarnos.
Ese es un inconveniente muy importante, pero existe también el que, por ejemplo, la
persona tenga que cambiar de acera o se vaya inmediatamente hacia una calle muy
alejada de nosotros, cosa que, en ciertas ciudades, no es difícil encontrar.
De ahí es necesario preveer lo que se nos viene para cambiar a p. lineal en cuanto las
circunstancias así lo aconsejen:

En éstos casos, se adoptaría el mismo método de la p. lineal para recuperarle, pero


sin detenernos en la esquina y siguiendo la última línea (rumbo) marcada por el
sujeto. Fijémonos también en la otra acera: en muchas ocasiones, el despiste nos
viene simplemente porque el sujeto cruzó la calle. Entre las ventajas que hacen que la
p. panorámica sea una de las más preferidas y usadas están:

-Poder ver la calle de la otra persona desde lejos, previniendo quizá cambios de
rasante, semáforos, esquinas pronunciadas, accidentes, etc. Sobre todo, si las
esquinas son abiertas (es decir: mayor campo de visión):

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Esta técnica es también formidable en grandes avenidas, siempre y cuando la
distancia no sea excesiva entre acera y acera (hablaremos entonces de p.
suprapanorámica), pues los humos de los coches, el tráfico en sí, la lejanía de los
edificios, no invitan a mirar hacia el otro lado, y sí hacia atrás, delatando una posible
p. lineal. En el caso de que realizemos p. panorámica en avenidas de varios carriles, la
distancia descenderá; eso sí, nunca perseguiremos al sujeto a su lado (en paralelo):

Pero sí acortaremos la distancia lo que creamos conveniente, aunque manteniéndonos


atrás en todo momento. Debemos preveer con la vista si existen peligrosas esquinas o
callejuelas que nos harían perder al sujeto, para, en la medida de lo posible, cruzar a
tiempo y perseguir en p. lineal.

En esta clase de avenidas, si de nuestro lado da sombra caminaremos por ella, es


decir, al lado de los edificios o árboles. Ello hará aún más complicado que el sujeto nos
vea. Las técnicas de no mirar siempre al sujeto etc. siguen siendo válidas aquí, pues si
mantenemos la vista en el perseguidor nos delatarán terceros, como ya se ha dicho.

Otra modalidad que engloba la p. panorámica, y que puede realizarse si se conoce la


zona, es por calles adyacentes:

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Ello hace casi imposible que seamos descubiertos, pero el peligro de perder al sujeto
aumenta exponencialmente. Para volver a “cazarlo” (o “sincronizar” con él)
descenderemos la calle y volveremos sobre la acera contraria. Adoptaremos la misma
secuencia de pasos que el sujeto, cambiándolos entre edificio y edificio para esperarlo
al final de éstos y, si es preciso, verlo llegar desde lejos.

Recordemos también que, en ésta persecución, según la estrechez de la calle, puede


delatarnos las superficies acristaladas (sobre todo si el perseguido es experto). Y que,
en pocos metros, los semáforos, cruces, etc. pueden alejarnos mucha distancia del
sujeto o acercanos peligrosamente a él. En el supuesto de que el sujeto cruce hacia
nuestra acera, tenemos las opciones de distracción (de un estudio posterior) o
también esperaremos mirando escaparates, etc.

Si el sujeto cruza y se dirigue a nosotros, una vez seamos vistos no debemos permitir
que nos vuelva a ver: lo seguiremos con p. lineal si es preciso hasta que podamos
volver a cruzar y seguirle con, ahora sí, una mejor y más magistral p. panorámica...
puesto que nuestro fracaso delata nuestra poca concentración:

1- Si el tráfico es denso, acortaremos distancia si es necesario hacia adelante,


cruzando y volviendo sobre nuestros pasos. 2- Si no, volveremos a adoptar una
distancia prudencial cruzando hacia atrás sin fijarnos excesivamente en el sujeto para
dejar que el se vuelva a quedar adelantado y nosotros atrasados en disposición de p.
panorámica:

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Lo que no debemos hacer en ningún caso, es girar delante suyo. Es mucho mejor
tropezarnos de frente con él que ante su cara dar la espalda. Para éste supuesto,
podemos también entrar en alguna tienda a comprar una revista, bar... mientras
nuestra acción no le pierda, cualquiera de éstas acciones son válidas.

Si a pesar de todos nuestros intentos el sujeto nos ha visto claramente y se da cuenta


de que le seguimos, deberemos rendirnos a la evidencia: abandonar o seguirle con
persecución suprapanorámica, quizás así vuelva a recuperar la confianza de que nadie
le sigue.

Otra variante son, por ej., las rotondas o plazas. Nunca se rodean con p. panorámica,
pues podemos encontrarnos con el sujeto o perderle (a no ser que sean muy
pequeñas) sino con p.lineal y, de nuevo, rehacemos la panorámica:

Ésta es correcta:

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O, incluso, realizar antes la lineal:

La p. panorámica es también muy efectiva si se persigue al sujeto por un parque o


zona verde, mientras éste sea lo suficientemente amplio y nos mantengamos a la
distancia concienzudamente detrás. También es buena en grandes núcleos
industriales, puertos, etc.

Lo que no es bueno es andar escondiéndose en cada portal o detrás del sujeto, como
se ve en algunas ficciones cinematográficas, eso no sólo llama la atención del sujeto,
sino que alerta a todo el mundo alrededor. Salvo que el sitio esté despejado y la
distancia no sea muy corta, que para ello existe la “p. lineal oculta” (l. o.), tema que
se abordará en futuros desarrollos.

Hasta aquí se han expuesto los puntos principales sobre la p. lineal y p. panorámica,
dentro del ámbito de la persecución a pie. Espero que te hayan servido de
inicialización y de conocimiento a éste atractivo mundillo.

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A modo de resumen...
Cualquier movimiento que no esté acorde con su entorno te delatará. Si caminas en
una multitud que va despacio, por ejemplo, yendo tú a toda prisa, llamarás la atención
rápidamente. Debes saber mimetizarte con el entorno en el cual te muevas para pasar
desapercibido. Tu ropa ha de ser neutra, (no negra, como muchos erróneamente
pudieran pensar. Por ej.: vestir de negro en verano, en una zona playera, donde todo
el mundo va a color, es un gran error). La mayoría de las personas usan colores
apagados en su vestimenta habitual, mantente pues en ése entorno social de la
mayoría. Es decir: en donde te vayas a mover. Asimismo, en las sociedades
occidentales, las personas, en las avenidas y calles más o menos concurridas, caminan
casi siempre siguiendo la pauta del tráfico: van por su derecha y vienen por tu
izquierda:

Haz tu lo mismo para mezclarte entre la gente, no quieras ir siguiendo a alguien y, a


la vez, tropezando con todos los que vienen delante, porque pronto se fijarían en tí.
Aprovecha el entorno para mantenerte invisible: vehículos aparcados y en carga-
descarga, vallas de publicidad, árboles, adornos...

No te quedes sin salida, mantén siempre rutas de escape, preven el futuro: la


posibilidad de que el sujeto dé la vuelta repentinamente, de rotondas difíciles, de
pasos deshabitados o de varios carriles, para tomarlos, si es menester, desde otro
lado.

En semáforos poblados, ponte en el lado extremo del cruce del sujeto, protegido por la
gente, y mejor hacia atrás que delante, en el exterior que en el interior:

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Si el semáforo estuviera desierto, espera a cruzar lejos de donde puedas ser visto u
opta por otro tipo de persecución que te permita hacerlo.
No te dejes meter contra las cuerdas: pueden tenderte una emboscada.

Y recuerda: practica. Es la mejor manera de adquirir experiencia.

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PERSECUCIÓN SUPRAPANORÁMICA

Preámbulo
Este tipo de seguimiento es ideal cuando la otra persona nos conoce, o sabe que ya la
siguen. Las grandes distancias que suele darse en este tipo de persecución obligan a
una práctica concisa de la misma, y sólo personas expertas pueden desarrollar un
buen seguimiento sin perder al sujeto.

Pero como sirve también como complemento a las otras dos, creo necesario apuntar
algo sobre ella. He de aclarar antes de entrar en materia que no descubriré toda la
estrategia de esta técnica, sencillamente porque usada con fines malvados puede
causar mucho daño a personas inocentes. Además, podría ser utilizada con fines
terroristas para huir de una zona, escapar de la ciudad... o de delitos, por lo que me
extenderé en ella únicamente lo justo.

24
Persecución Suprapanorámica
Tengamos en cuenta que la Persecución Suprapanorámica (P.S.) tiene la
particularidad de recorrer mucha distancia en relativo poco tiempo, destruyendo a su
vez otras técnicas de seguimiento o vigilancia, incluso desde vehículos, pues como se
puede utilizar para perseguir, también al contrario: para escapar.

Estudiada con tiempo y con ayuda de planos, puede dar resultados extraordinarios.
Por ello no la voy a desglosar aquí, solo voy a apuntar algunos matices. Creo que una
persona “normal”, con las técnicas desarrolladas en el primer capítulo de esta serie
tiene mas que suficiente. Además, para cuando tenga necesidad de realizar un
seguimiento, al ciudadano de a pie le basta y le sobra con recurrir a la P.L. y P.P. y las
notas de la P.S., con eso debería servirle para realizar un seguimiento con éxito, sobre
todo si está entrenado.

Desde un sitio alto vigilaremos los desplazamientos del sujeto, permitiéndonos una
vez se esté alejando, realizar otro tipo de persecución:

Parques, zonas elevadas de una ciudad: a medida que el sujeto se aleja, nosotros
descendemos y/o nos acercamos, manteniendo la distancia que en la P. S. puede
llegar a ser muy grande, por lo que, como nos vamos acercando, pasamos a otro tipo
de persecución.

En la P. S. no se mantiene tampoco la mirada en el sujeto, pero sí durante más


tiempo que en la Persecución Lineal y Persecución Panorámica (ver capítulo anterior).
El tiempo nos lo dirá la experiencia, y dependerá de muchas condiciones (zonales,
climáticas, ambientales...).

Los pasos suelen ser de tipo 2-2-1 (ver capítulo anterior), acelerando velocidad
cuando comenzamos la técnica P.S. y manteniéndola mientras nos acercamos.
Gracias a la P. S. tendremos mucho más campo de visión, y sabremos con bastante
antelación los desplazamientos del sujeto.

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Los dos salimos desde una p. lineal o p. panorámica.
El sujeto se dirige a una tienda y nosotros “acortamos” con p.s., esto puede hacerse
también no sólo con este ejemplo, la ciudad y zonas rurales, si se conocen y se
preveen –por ello mirar no sólo al sujeto, sino a lo que “viene” – ofrecen muchos
campos de actuación. Aquí la P. S. se mantiene durante poco tiempo, simplemente, el
que nos ofrezca la zona propicia.

Recordemos que la P. S., al estar algunas veces nosotros sobre un sitio elevado,
puede delatarnos, por ello el concordar con el entorno y caminar, según a qué
distancia y, si llega el caso, tras los árboles u otros objetos que estén en el ambiente:

Para localizar y seguir mercancías que se trasladen de persona a persona también es


ideal la P. S., sobre todo si, por ejemplo, la persona que acaba de pasar el “paquete”
se mantiene durante algún rato mirando por si alguien persigue a su cómplice.

26
A modo de resumen...
Hemos visto una pequeña introducción para dar los primeros pasos en lo que a
persecución Suprapanorámica se refiere.

También hemos destacado, una vez mas, la importancia de nuestra posición y de la


prevención en la zona en la que nos encontremos, así como para adelantarnos a los
próximos movimientos que realice el sujeto.

Con tales pasos bien aprendidos y experimentados, conseguiremos un alto grado de


éxito y poder seguir fácilmente a casi cualquier sujeto.

En el capítulo siguiente tocaremos otro atractivo punto importante: las técnicas de


comunicación, que nos permitirán cubrir varias distancias usando diferentes personas
y manteniéndonos en contacto con ellas vía radio.

27
TÉCNICAS DE COMUNICACIÓN

Equipo
El uso de walkie-talkies ("radioteléfonos", que aquí denominaremos simplemente
"radios"), y los teléfonos móviles cada vez está más generalizado en el mundo del
espionaje y contraespionaje. Actualmente, gracias a la miniaturización, los equipos de
comunicación se pueden fácilmente ocultar, siendo los micrófonos integrados o,
mediante clips, insertados, en cualquier parte de la ropa (chaqueta, jersey...),
mientras que los auriculares pueden permanecer más o menos ocultos en el oído e,
incluso, y gracias a las técnicas y algoritmos de eliminación de ruidos y micrófonos
direccionales, podemos encontrarnos con que tanto el auricular como el micrófono se
incluyen en la misma unidad.

No obstante, en su punto más básico todos ellos comparten los mismos elementos, los
principales son el transmisor y el receptor. El transmisor consta de micrófono
(convierte las señales de audio en señales eléctricas), el oscilador local (en las radios,
genera una frecuencia base para utilizar con otros módulos), el multiplicador (que
aumenta la frencuencia del oscilador y se usa como onda "portadora"), el amplificador
del micrófono (como su nombre indica, aumenta la señal de éste), el modulador-
emisor (hace una mezcla de la portadora y la señal del micrófono, y es el encargado
de enviar la señal junto con la etapa de potencia, que sirve para dotarle de energía) y
la antena, que es la vía propia de salida.

Receptor inalámbrico personal. Puede llevarse prácticamente en cualquier sitio.

En el receptor encontramos: la antena (la vía de entrada de señal), el oscilador local


(extrae la información a nivel local del modulador), el mezclador (utiliza la frecuencia
de la portadora para, con la frecuencia del oscilador local, conseguir una nueva a la
que se le denomina frecuencia intermedia), el demodulador (también llamado
"detector", extrae la información de la portadora) y el altavoz, que genera el sonido
audible.

Existen multitud de tipos de radiotransmisores en el mercado, unos destinados para


estaciones base móviles o fijas ("estaciones base"), repetidores para aumentar el
alcance, y radios portátiles que incluyen en un mismo equipo todo lo necesario para la
transmisión/recepción. No nos detendremos en ello, ya que dependiendo del caso se
requerirá de un determinado aparato. Únicamente señalar que para persecuciones a
corta distancia (persecución lineal y panorámica) es recomendable el uso de equipos
miniaturizados o, incluso, con conexión mediante ellos con bluetooth (cualquier móvil
S60 puede ser equipado con utilidad de Walkie-Talkie con alcance de un centenar de
metros en campo abierto, aproximadamente, lo que es muy útil para seguimientos a

28
corta distancia). Mientras que para persecuciones en automóvil o suprapanorámicas
podemos usar perfectamente estaciones base móviles o radioteléfonos de mano.

BT Voice, una de las aplicaciones para transmitir voz en un móvil vía Bluetooth.

Normas generales de uso


Si el equipo es portátil (walkie-talkie, de mano, estación base...):
· Comprobar la carga de las baterías antes de su uso.
· Ajustar la potencia (alta o baja, hight o low) a la distancia que requiramos, con el fin
de ahorrar batería.
· Ajustar convenientemente el silenciador, si éste no viene programado de fábrica, y
hacer una comprobación del altavoz.
· No usar el equipo sin antena o con la antena de otro aparato, ya que puede
estropearlo seriamente.
· No ocupar el canal lanzando al aire una portadora sin hablar, ya que bloqueríamos
dicho canal inútilmente.

Módulo de audio miniaturizado, se inserta en el canal auditivo y es prácticamente invisible.

Si el equipo es miniaturizado:
· Suelen activarse por voz. Por ello, no hablar si no es absolutamente necesario y
tener la precaución de no estar cerca de personas que puedan activarlo. No obstante,
esto también depende del equipo, si es multicanal o dúplex no es tan delicado como lo
anterior.
· No hablar como si estuviésemos "contando secretos", si necesitamos conversar
mucho con la base o con otros equipos, es mejor llevar un equipo que simule un mp3
(o auriculares que hagan dicha función), y de este modo hacer como si estamos
"cantando" la canción que escuchamos.
· Hablar claramente, sin gritar -ya que ensuciaríamos de ruido la transmisión- y
vocalizando bien.

29
Comunicación
Podemos estructurar en tres fases la síntesis de la comunicación, con el fin de que:
1. tengamos el canal el menor tiempo ocupado.
2. transmitamos clara y concisamente lo importante, sin perdernos en detalles
superfluos.

Transmisor inalámbrico con tecnología FM de gran calidad y acabado resistente a inclemencias mediante
tecnología anti-corrosión usada también por la NASA en sus vehículos espaciales.

Para ello en la comunicación de equipos de vigilancia, rescate y emergencias, se usa el


siguiente esquema:
- La transmisión del "indicativo": aquí se identifica al emisor y receptor mediante unos
indicativos preestablecidos.
- La transmisión del "contenido": aquí se emite el mensaje propiamente dicho,
evitando ambigüedades.
- La "confirmación": se nos confirma su recepción y, en caso de ser necesario, el
estado de ésta (mala, regular o se nos insta a repetir el mensaje).

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Transmisor personal de 36MHz con 1440 frecuencias.

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Seguridad de la comunicación
Erróneamente se suele preferir en la comunicación vía radio el uso de secráfonos, sin
embargo no debemos olvidar que muchos de los escáners que se pueden encontrar en
el mercado, incluso de gama media, incorporan ya descodificación, por lo que no es un
método de ningún modo seguro. En su caso es incluso conveniente utilizar tablas de
identificación y contraseñas o alias de comunicación.

Por lo tanto, deberemos actuar como si siempre estuviésemos siendo escuchados,


aunque, incluso, usemos teléfonos móviles, ya que éstos puedes ser fácilmente
pinchados desde las centrales e incluso desde las BSTs.

Unas normas básicas a seguir en éste sentido son:


- Utilizar siempre los indicativos y las tablas de identificación o, en su caso,
codificación. Una tabla de codificación puede ser: "un 325 en la esquina norte". El 325
puede corresponder a un robo, incendio o cualquier otro incidente o suceso,
dependiendo de la temática en la que estemos.
Dichos indicativos se usarán también en el caso de ocupación o intervención del canal
o de la comunicación por parte de otras personas, por lo que no solamente deben
referirse a un suceso en concreto, sino también pueden hacer referencia a un tipo de
contraseña que sólo nuestro equipo reconocerá, un lugar, acción a realizar o cualquier
otra tarea o cometido. Todo ello debe haber sido, lógicamente, previamente estudiado
y acordado con todos los miembros e incluso realizar unas tablas de indicativos.
- Llamar a la estación base y/o compañeros por su indicativo, nunca, lógicamente, por
sus nombres o apodos. Tampoco enviar al espacio datos personales, nuestros o de
otros.
- Si el cuerpo del mensaje va a durar cierto tiempo, liberar el canal de cuando en
cuando, si no es full dúplex, para permitir al otro la intervención.

32
TÉCNICAS DE ESCOLTA

Gráficos utilizados y su interpretación

Introducción
Destacaremos aquí las técnicas y métodos del escolta moderno. El escolta (agente de
protección, guardaespaldas, etc.) se caracteriza principalmente por dos cosas: su
compromiso con la defensa de su cliente, y la alta especialización que requiere su
cometido.

Por ello es recomendable destacar la cada vez mayor importancia que cobran este tipo
de especialistas, auténticos “fantasmas en la sombra” que vigilan y salvaguardan los
movimientos de sus protegidos en un mundo cada vez más inseguro y con enemigos,
también, cada vez más peligrosos y variados.

En este manual tocaremos exclusivamente los “escoltas urbanos”, los llamados


“guardaespaldas” cuyo fin es proteger a diferentes personalidades en los más variados
terrenos pero siempre -o casi- en ambientes civilizados de las sociedades occidentales.

Por tanto, no tocaremos otro tipo de escolta, como puede ser la militar, o la escolta en
zonas bélicas y de conflicto (que requiere no sólo de una táctica diferente, sino de un
variado número de unidades y soldados que ejercen como escolta), así como la
escolta en otro tipo de terrenos (selva, bosques o desiertos…) cuyas técnicas difieren
en alguna medida con la mayoría de las descritas aquí. No obstante, y dicho lo
anterior, hay que mencionar que el tipo de escolta en la sociedad urbana occidental
es, también, el escolta más requerido.

La protección personal y la escolta ha ido variando a lo largo del tiempo, en la


actualidad, debido a la falta de personal específicamente formado y a la creciente
necesidad de determinadas personalidades, es llamativo ver a personal de seguridad
privada o policía municipal, sin la suficiente preparación, ejerciendo labores de escolta
de alto nivel. Esto trae consigo no ya el lógico peligro para la propia persona a la que
se quiere proteger, sino actuaciones, en muchos casos, desproporcionadas o
intervenciones ineficientes en las que, sólo por fortuna, no ocurren mayores
desgracias.

La formación como escolta ha estado íntimamente ligada a las policías de los


gobiernos, así como a sus servicios secretos. La labor de un policía, unido a su deber
de sacrificio, es uno de los puntales sobre los que, cada vez más, se asienta esta
tarea, sin embargo no debemos olvidar la labor de las agencias secretas y de
espionaje, que, debido principalmente a su especializada formación, han ejercido -y
ejercen- un papel primordial en la salvaguarda de las personas.

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Número adecuado de escoltas a utilizar
El número de escoltas depende, casi siempre, de la importancia de la persona VIP a
proteger, y, cómo no, de su poder adquisitivo. Un político de una corporación local con
pocos medios muy probablemente posea a su disposición un único escolta (en la
mayoría de las ocasiones pagado por el propio partido y/o estado), mientras que un
personaje mediático a nivel internacional, un alto gobernante (presidente de un país,
rey o reina) o el dueño multimillonario de una corporación poseerán varios, incluso, y
dependiendo de los actos, decenas de ellos (algunas veces, bien es cierto, ofrecidos
por el propio servicio secreto de su país).

Por lo tanto no sería correcto clasificar a la escolta adecuada por su número, ya que
muchas veces el protegido no puede elegir cuántos deben protegerle y, el escolta,
además, mucho menos, de modo que tendremos que conformarnos, si somos
únicamente uno, con utilizar y aprovechar la mayoría de los recursos posibles a
nuestra disposición (o que podamos obtener) para hacer nuestro trabajo lo mejor
posible, aún careciendo, como en la mayoría de las ocasiones, lamentablemente, suele
suceder, de los medios óptimos para hacerlo.

Pero no solamente esos medios están en nuestra contra, sino que también lo que nos
rodea (y el propio protegido debido en algunas ocasiones a su inexperiencia, y, otras,
a propósito) nos ponen no pocas trabas y dificultan nuestro trabajo. Un buen escolta,
por tanto, deberá considerar todo ello para hacer que no se convierta en un peligro
para su protegido.

En resumen: un escolta debe tener la suficiente intuición y experiencia como para no


convertir una situación cotidiana y banal en una emergencia, y, a la vez, para no
perder los papeles en una emergencia.

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Equipo del escolta
El equipo con el que contará un escolta para sus labores de protección es muy
variado, y depende en gran medida de la situación, el conflicto y terreno en el que
actuará, y sus propias preferencias.

No obstante, podemos destacar del mismo varios elementos (que no siempre van a
utilizarse, pero que merece la pena incluir en un listado como recordatorio):
- Arma. Ligera y fácilmente portable si se va a trabajar en zonas urbanas o en
ambientes con mucha movilidad.
- Teléfono móvil: Debe ser también muy portable, con cámara - en algunas ocasiones
podríamos llegar a necesitar la cámara para obtener pruebas, matrículas, captar a
personas y/o sus movimientos - y de inicialización rápida. La cámara no debe tener
mucho retardo en inicializarse, de forma que una vez lo saquemos del bolsillo lo
tengamos listo para hacer fotos de manera inmediata, por lo tanto desechemos los
aparatos de telefonía de vanguardia que requieren minutos y minutos para su inicio, y
elijamos aparatos más rápidos, como los Nokia S40. No elijamos el teléfono móvil, así
como diversos elementos, por estética. La estética debemos guardarla para nuestra
vida privada. El aspecto principal que debe primar es la eficiencia.
- Equipo de escucha y/o comunicación: Ver la parte 4 del presente “Manual de
Seguimiento”.
- Equipo de protección personal: Integrado por chaleco antibalas, si se requiere y
dependiendo del caso, situación o zona específica, además de otros útiles y utensilios
a elección de cada persona.
- Otros elementos: Como claves de intervención, de llamada, de comunicación… esto
dependerá siempre de la unidad a la que pertenezcamos o del grupo que nos haya
encargado la protección.

Mapas, rutas, desviaciones y rutas alternativas, junto con históricos de recorrido,


vehículos de los alrededores con fotografías de los mismos, etc. etc., son algunos de
los elementos con los que contará también un escolta en su trabajo cotidiano. Esto es
de vital importancia, por ejemplo, en casos de coches bomba o emboscadas. Debemos
conocer los vehículos habituales que aparcan o están cerca de donde vive nuestro
protegido, de manera que ante la aparición de cualquier vehículo sospechoso podamos
estar alerta y, en su caso, advertir al protegido de ello.

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Pautas de actuación y comportamiento de un escolta
Aunque el deber de un escolta es el de evitar todo peligro para su protegido, nuestra
labor debemos hacerlo lo más solapada y tranquilamente posible, de manera que no
sólo no consigamos ejercer una mejor labor, sino, y un punto importante, que nuestro
trabajo no afecte a la persona a la que protegemos.

El escolta ha de estar todo el tiempo alerta y precavido, pero no debe contagiar este
estado a su protegido, ya que éste, en la mayoría de las ocasiones, tendrá su propia
vida y rutina. Debemos saber adaptarnos -en la medida de lo posible, lógicamente- a
ella sin que se note ni nuestra intervención, ni nuestros miedos o sospechas.
Sólo en última instancia intervendremos con el protegido para hacerle modificar,
aunque sea mínimamente, sus pautas cotidianas.

Por ejemplo: si existe un auto aparcado, que nos hace sospechar, no debemos
advertirle de ello al protegido y hacerle variar su ruta. La mayoría de las veces esto
crearía situaciones de alerta que, con el tiempo, pasarán no sólo a afectar su vida
privada, sino su propia estabilidad emocional.

Por ello es imperativo que dejemos claro al protegido que aceptará nuestras
sugerencias por encima de todo y las tendrá en cuenta. Debemos, en lo que se llama
en el argot, obrar con psicología.

En otras ocasiones, sin embargo, y en determinados trabajos, solamente tendremos


acceso al VIP a través del Jefe de Seguridad, que es la persona que contará con todos
los medios y que, se supone, posee la mayor experiencia. Si esto es así, el Jefe de
Seguridad debe saber interpretar correctamente nuestras órdenes y trasladarlas
correctamente al protegido, de manera que no se cree confusión y la situación no
derive en un acto de irresponsabilidad.

Ante el vehículo aparcado del ejemplo anterior no diremos algo así: “Sospecho de ese
auto, probablemente tenga una bomba adosada, vámonos por este lado de la acera o
por esta ruta”. Eso, dicho la primera vez, probablemente le afectará y nos hará caso,
pero cuando lo decimos diez, doce o cien veces, como, probablemente, tengamos que
hacer -dependiendo del caso- el protegido acabará o por no hacernos caso, o le
crearemos una situación de estrés para la que él no está - y no tendría por qué
estarlo, por otra parte - preparado.

En lugar de ello diremos: “Vamonos por esta zona (o por esta acera, o por esta parte
del edificio)”. No le diremos por qué ni para qué. Si la bomba explota luego en la otra
parte del edificio por la que nosotros no hemos pasado, ya habrá tiempo de
explicárselo; y, sino explota, le habremos ahorrado un disgusto.

Por todo lo anterior hay que insistir sobre ello: antes de entrar a cumplir nuestro
trabajo debemos dejarle claro cómo actuaremos y la importancia de hacernos caso.
Esto implica algo importante: responsabilidad. A partir de ahora no podremos decir
que el protegido ha ido por éste u otro sitio “por su culpa”, aunque en la mayoría de
las ocasiones, realmente, así sea.

Debemos tener la capacidad -y la autoridad- para modificar rutas, cambiar ubicaciones


y alterar recorridos. Esto, lógicamente, es más o menos fácil cuando el protegido
decide dar un paseo todas las tardes, pero es más difícil de conseguir cuando
debemos hacer la escolta sobre un determinado trazado con multitud de gente que ha
sido previsto con antelación semanas, cuando no meses, atrás.

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Por ello, otro de los aspectos importantes del escolta es que ha de ser flexible. Y, por
ello también, es muy importante que sepa analizar, en minutos (¡o segundos incluso!)
la situación que le rodea y que rodea a su protegido: posibles zonas de evacuación,
peligros inminentes, zonas de paso más seguras… a veces solo tendremos unos
minutos para decidir todo esto, y es nuestra experiencia, junto con nuestra
profesionalidad, la que nos ayudará a salir airosos.

Todo ello, además, debe hacerse de modo “transparente” para el protegido, sin que
nada le afecte o, cuanto menos, le afecte lo más mínimo. Es lo que se denomina
“intervención silenciosa”, una especie de vigilancia latente que nunca debemos
aletargar y, también, nunca debemos hacer evidente.

No obstante, en muchas ocasiones no tendremos la capacidad (ni la autoridad moral,


no ya profesional) de modificar su agenda o sus compromisos. Ante ello debemos
actuar intentando haber preparado el terreno mucho antes (esto es posible en muchos
casos, ya que los compromisos de muchas autoridades han sido pactados bastante
tiempo antes). Pero incluso eso es menos importante, a veces el peligro lo tenemos
nada más salir a la puerta de casa, y si modificamos esa parte podemos haberle
salvado la vida, aún sin nosotros llegar a saberlo nunca.

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La figura de un escolta: su imagen
Se tiende a catalogar a un escolta como un tipo alto, vigoroso, de aspecto fuerte y con
un impecable traje negro y gafas de sol. Algunos escoltas, sobre todo de estrellas del
cine, la televisión y el espectáculo en general, son tan precavidos con su imagen que
dedican todas sus fuerzas a que no le saquen una foto a su protegido o a sí mismo,
privando esos aspectos tan banales, incluso, y llamativamente, a su propia seguridad.
Cierto que en muchas ocasiones es la estrella de turno quien le ordena a su escolta
“no dejar que le hagan fotos”, pero ante dicha orden lo mejor que debería responder
el escolta es que contrate a un vigilante jurado para tal cometido, ya que el suyo es
mucho más importante que la enorme estupidez de colocar su mano ante las cámaras.
Los escoltas de los servicios de seguridad, tanto de las casas reales como de los altos
mandatarios gubernamentales, extrañamente colocarán su mano ante una cámara
para evitar que un fotógrafo obtenga una foto. Un escolta tiene cosas más
importantes en las que ocuparse.

Otros escoltas no sólo protegen la propia imagen de su protegido, ¡protegen incluso la


de ellos mismos, poniendo todas sus fuerzas en que no obtengan su foto! Algo
inaudito. Si un terrorista o un sujeto quiere obtener la foto de un escolta, ¡no tiene
que esforzarse lo más mínimo!, solamente con esperar a que salga de casa ya la
obtendría. Y la de su protegido, en muchas ocasiones, solamente tiene que comprar
una revista para tener una buenísima foto. Por lo tanto perder el tiempo en evitar que
nos saquen fotos o en ocultarnos a la vista de los demás con unas gafas de sol no es
sólo algo hedonista, sino totalmente ineficaz.

Debemos considerar -y probablemente en la mayoría de las ocasiones así sea- que los
terroristas probablemente no sólo tengan nuestra foto, sino nuestro número de móvil,
nuestra dirección, nuestro modelo, marca y matrícula de coche, ¡y hasta el
restaurante de nuestra comida favorita! Y es que esas cosas son muy simples de
averiguar para las personas que realmente les interesa. Probablemente, incluso, nos
sigan sin tener nosotros ni siquiera una idea de cómo o cuándo lo han hecho (ver los
capítulos anteriores de “Técnicas de Seguimiento”).

También podríamos escudarnos en nuestra formación, los largos años que hemos
pasado en las academias especializadas, ¡pero no debemos olvidar que los terroristas
están tan bien formados como nosotros y, además, tienen a su favor que en muchas
ocasiones conocen mejor el terreno, los ambientes, y tienen de su parte elementos
cruciales como la sorpresa y el anonimato! ¿Crees que tu formación como agente
especializado es buena? ¡Si muchos terroristas han sido formados con las teorías y
técnicas de los propios servicios de espionaje más punteros del mundo!

Otros escoltas aparecen en determinados reportajes de televisión o periódicos


ocultando su rostro para “proteger su anonimato” y no dar protagonismo… Es cierto
que la vida de un escolta debe ser velada, y eso se corresponde también cuando el
escolta pertenece al servicio secreto, pero… ¿es realmente útil? Algunas corrientes de
estudio opinan que sí, pero, hoy en día, cualquier ciudadano de a pie sabe enseguida
si estás haciendo de escolta o no, lo peor del caso es que hay veces que, como el
avestruz que mete su cabeza en un agujero, cree que nadie le ve porque él no ve a
nadie, cuando la realidad es que todo el mundo le ve, y es él mismo el que se engaña.

No hay nada peor que puedas hacer para tu labor que engañarte a ti mismo, que creer
no sólo que todo es seguro, sino que, además, tengas la presunción de que dominas la
situación y que “nadie es más listo que tú”. Es tan fácil acabar con eso como que se te
acerquen dos tipos por la espalda y, de dos disparos, acaben con la vida de tu cliente

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y la tuya. Así de simple. De hecho, ha ocurrido, y, lamentablemente, puede que
vuelva a ocurrir.

Más importante que todo ello es guardar nuestra información confidencial: nombre y
apellidos (en Internet usaremos siempre apodos y, a ser posible, uno diferente para
cada cuenta, servicio o similar que nos demos de alta, nunca el mismo, ni siquiera
parecidos o derivados del mismo), dirección, carnés, tarjetas de crédito y similares, ¡e
incluso nuestras huellas dactilares! Es con nuestro nombre verdadero, más que con
nuestra imagen, con el que los terroristas pueden obtener valiosa información de
nosotros. Tampoco debemos usar las iniciales, ni recoger paquetes “de” o “en nombre
de” (aunque nuestro cliente nos lo ordene, esa es una labor del servicio y/o
mayordomos) ni, por supuesto, firmar en ningún documento. Si nos detienen por la
calle para que participemos en alguna campaña con nuestra firma, diremos “no”
educadamente y seguiremos nuestro camino (la profesionalidad no está reñida con la
cortesía), y actuaremos así en los múltiples aspectos de nuestra vida, ¡incluso cuando
estamos con nuestra familia y creemos que nadie sabe de nosotros ni nos ve! La labor
de un buen escolta es algo que forma parte de su vida, y que no se reduce a ocho
horas diarias sobre un escritorio.

Cuando nos llame alguien (incluso al teléfono privado) siempre haremos que digan
nuestro apodo, no contestaremos si pronuncian nuestro nombre completo. Asimismo,
ante llamadas del tipo “¿es usted don etc. etc.?”, las rehusaremos, y solo admitiremos
este tipo de llamadas tras confirmar su identidad. Aún así, pueden estar
escuchándonos, por lo que extremaremos las precauciones al máximo en nuestras
gestiones, sobre todo en aquéllas en donde el filtrado de información pueda ser más o
menos sencillo.

Podríamos pensar que estaremos a salvo en plenas vacaciones con nuestra familia
(como seguramente sea muy cierto, muchos de los grupos terroristas no tendrán ni
infraestructura ni poder económico para viajar durante un mes a un país tropical, cosa
que nosotros sí podríamos hacer en nuestras vacaciones), pero no debemos olvidar
que muchos de los grupos terroristas más eficaces funcionan mediante células, y,
gracias a Internet, nuestra imagen (¡y todos nuestros datos!) pueden viajar al instante
a bordo de un correo electrónico. Y ese grupo terrorista probablemente sí tenga
células o comandos que operen cerca o en nuestro mismo lugar de vacaciones. De
modo que nuestra imagen, y todas las imágenes nuestras que quieran, seguramente
ya obren en su poder.

Otro tanto de lo mismo ocurre con nuestra vestimenta: debemos ir como la situación
lo demande, y no con un “uniforme” de escolta. Si vamos a pasear o a hacer footing,
llevaremos ropa acorde a ello; y si acompañamos a nuestro protegido a una gala y él
lleva un traje de etiqueta, nosotros llevaremos lo mismo.

39
Sección técnica: escolta en la calle
Este es un buen momento para recordar que toda esta serie de libros de “Técnicas de
Seguimiento” se basan, como su aspecto primordial, en técnicas a pie. Para automóvil
y en diferentes circunstancias existen otro tipo de técnicas específicas, las cuales no
son cometido abordar en esta colección.

También he de señalar que, por la propia filosofía de estos manuales, sólo se incluyen
en los mismos unas “pautas de actuación”, unos puntos principales y primordiales, ya
que el desarrollo completo de la temática de seguimiento daría para un volumen
mucho más amplio y profundo.

Dicho todo lo anterior, abordaremos ahora un aspecto puramente técnico y de


actuación: la protección en la calle.

Ya hemos dicho que lo principal para un escolta (y para la buena salud física y mental
de su protegido) es que no se note su intervención, que sea totalmente transparente
pero, a la vez, totalmente eficaz. Conjugar ambos aspectos es algo para lo que no
todos están preparados, y que, también, no todos se ven capaces de hacer. Aún así es
primordial, porque de lo contrario encerraremos a nuestro protegido en una especie de
urna de cristal que, irónicamente, le otorga una protección falsa, ya que un simple
disparo de un desconocido en la nuca, que nos salga por cualquier esquina, puede
acabar con todo al traste. Es importante no olvidar que somos nosotros los que
debemos estar siempre en alerta, precavidos, y en tensión, pero no podemos trasladar
todo ello a nuestro protegido porque ni ése es su papel, ni su profesión, ni,
seguramente, está preparado para hacerlo correctamente.

Si al escolta le pueden los nervios, la tensión y el miedo, es su problema. Su único y


exclusivo problema, y si no puede con la situación o ésta le supera es cuando debe
contemplar, seriamente, el abandonar y dejar que ocupe su puesto alguien mejor. No
es el primer caso de escolta “quemado” que se da, ya que ésta es una profesión en la
que el descanso no siempre se consigue, en donde dormir, a veces, cuesta muchísimo
y en donde nuestra vida pasa en un milisegundo por el filo de la navaja, ¡y a veces
durante varios días a la semana!

Existen varias técnicas básicas de escoltar a una persona. Tocaremos por alto alguna
de ellas, no sin antes recordar que esto ni es “norma de ley” ni siempre lo más eficaz,
sino, simplemente, un “abecedario básico” que todo buen escolta debería saber
contemplar.

40
- Escolta en calles de población.
Habitualmente los escoltas protegen a su defendido poniéndose detrás de él,
caminando a una distancia prudencial (más lejos cuando hay más espacio, menos
cuando la situación es más abierta o hay más gente) del mismo. Si van por parejas
uno se colocará a su parte izquierda, y el otro se colocará a su derecha.
En el presente manual actuaremos siempre como si hubiera un único escolta, ya que
es la labor más difícil y donde podremos cometer los mayores fallos, puesto que
cuando hay dos escoltas siempre podremos contar con el compañero/s.
En las calles con tráfico, nos dispondremos siempre a la izquierda, hacia la zona de la
carretera:

Si nos situásemos hacia la derecha, en la zona donde están los edificios y comercios,
fácilmente podríamos quedar sin salida, acortando no sólo nuestras opciones y vías de
escape, sino nuestra movilidad.
Desde donde nosotros estamos podremos ver tanto el tráfico como lo que se acerca
por delante a nuestro protegido, así como el interior de tiendas y portales:

41
Podremos avanzar, además, fácilmente hacia nuestro protegido, así como actuar
sobre un campo mayor de terreno. Si ocurre algún incidente, tendremos más facilidad
para refugiar a nuestro protegido hacia los edificios.

Algunos profesionales estiman que la mejor forma de proteger en uno de los puntos
más sensibles a un individuo, como es la salida a la calle (en un auto, o en un local,
tenemos más flexibilidad y podremos controlar más puntos y zonas), sin llamar en
exceso la atención, es con cuatro escoltas. Dos se situarían por delante, y otros dos
por detrás, todos ellos en los flancos. Los de delante “limpiarán” el camino y
preservarán de los peligros, mientras que los detrás actuarán de apoyo y evitarán
acercamientos por sorpresa. Así es como salen a la calle alguna que otra estrella del
pop y del cine.

Sin embargo incluso así es bastante “fácil” actuar contra el protegido, o, incluso,
capturarlo. En una ocasión un tipo esperaba en un portal, mientras que, en frente, y
con la puerta corrediza de una furgoneta abierta, su cómplice esperaba mirando por el
espejo retrovisor. A una señal, el sujeto del portal avanzó como un vendaval
“cogiendo” brutalmente a su paso al protegido, y arrojándose luego ambos, tirándose,
sobre la furgoneta abierta:

La actuación fue impresionante y dejó a los cuatro guardaespaldas “con la boca


abierta” mientras la furgoneta aceleraba perdiéndose entre el tráfico.
Este es solo un ejemplo de que no siempre lo que parece la mejor protección, lo es.

Otra variante es cuando va uno, o un par, de escoltas “limpiando” la zona:


contenedores, papeleras… incluso cloacas y bocas de riego y eléctricas. Esto se suele
hacer ante el paso de comitivas muy importantes, tras lo cual se quedan soldadas
para que no vuelvan a abrirse. El efectuar esta tarea se mostró una práctica muy
eficiente cuando podemos contar con importantes recursos y una cantidad
considerable de policías expertos, así como agentes de todo tipo. Sin embargo, es
totalmente inservible cuando se realiza a la par que aparece el sujeto, poniendo a uno
o dos guardaespaldas a “mirar cosas”: extrañamente puedan tener el tiempo
suficiente para considerar que cualquier bolsa es un artefacto explosivo y, en caso de
serlo, el terrorista, hábilmente apostado a prudente distancia, podría hacerla explotar
consiguiendo, muy probablemente, herir a nuestro protegido.

Por ello, lo mejor para estos casos es modificar rutas (¡incluso sobre la marcha!), por
muy preferida que sea determinado trazado para nuestro protegido, o mucho cariño o
preferencia que tenga por determinada calle.

42
- Escolta en el sitio de trabajo y hogar de su protegido.
Deberemos tomar imágenes de todos y cada uno de los vehículos aparcados en la
zona donde trabaja nuestro protegido, así como de su hogar - ¡u hogares! -, sus
matrículas, viviendas adyacentes, caminos, calles, arbolado, etc. etc., y repasarlo
diariamente. Mantendremos también un histórico de todo ello, investigando la
aparición de nuevos vehículos o personas ajenas al lugar, ¡no es la primera vez que un
terrorista sorprende “inocentemente” poniendo un arma bomba en el mismo lugar de
residencia!

El tránsito de personas también es una de las tareas que debemos controlar, todo ello,
a veces roza la ilegalidad (también muchos otros actos de espionaje…), por lo que
deberemos tener especial cuidado con ello. Asimismo, papeleras, contenedores de
basura (¡y su posible modificación o alteración!, etc. etc.).

Esta es una labor metódica, que, la mayoría de las veces, solo nos ofrecerá la llamada
“información basura”, pero de vital importancia si llegamos a dar en el clavo. Por todo
ello es importante apoyarse en la informática: existen programas que facilitan
enormemente esta labor, ahorrándonos horas y horas de tediosas tareas de visionado,
como se hacía antiguamente.

Lógicamente, toda esta información se almacenará en el ordenador “off-line”,


haciendo copias de seguridad en discos duros externos, si lo creemos necesario.

Con ello podremos saber si determinado contenedor de basura, por ejemplo, lo mueve
hasta nuestro portal un basurero X que pasa los miércoles por la calle, o, por el
contrario, lo han movido expresamente cerca de nuestro portal o coche. Si es en éste
último caso, seremos nosotros quienes salgamos primero, llevemos de nuevo el
contenedor hasta su ubicación original y solamente después vayamos a buscar al
protegido. De forma similar obraremos con todo lo demás que se salga de la
“normalidad”.

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- Escolta a la salida y entrada del sujeto.
Existen personal de escolta que, al salir el protegido de un determinado local,
restaurante, de su casa o de su oficina, comienzan a mirar nerviosamente arriba y
abajo, a uno u otro lado, de tal forma que lo miran todo menos, quizá, el francotirador
que está apostado algunos metros por encima de ellos.

En las academias y centros de formación se centran, sobre todo, en la cualidad no


tanto de ver, sino de observar. Debemos comparar la situación global tal como estaba
hace unos minutos y cómo está ahora, y lo mejor no es salir a la par de nuestro
protegido cogiéndolo del brazo, atosigándolo y atosigándonos a nosotros mismos, sino
tomarnos nuestro tiempo, salir antes, y, luego, avanzar con nuestro protegido.

En locales y sitios cerrados, en cualquier caso, saldremos nosotros primero, y nuestro


protegido detrás. Sólo nos colocaremos detrás de nuestro protegido una vez éste inicie
la marcha para caminar, y nunca si ésta marcha la inicia para llegar al coche.

Uno de los puntos donde suelen aprovechar los sujetos para dañar a sus víctimas es
precisamente en las aglomeraciones de la salida de los locales. Allí, muchas escuelas
de escoltas, erróneamente, ordenan a sus profesionales colocarse delante y abrirles la
puerta del auto. Eso no es tarea de un escolta, debe ser otra persona la encargada de
hacerlo. En estas situaciones las personas forman un pasillo a derecha e izquierda, y
es en uno de esos flancos donde un terrorista se suele apostar con un arma al frente
para disparar. Debemos colocarnos a un lado, de manera que, extendiendo
simplemente un brazo, eliminaremos a nuestro protegido de la línea de disparo y, a la
vez, posibilitemos todo el campo libre para poder nosotros actuar. Esto debe
practicarse asiduamente en entrenamiento, ya que es un acto reflejo y debe hacerse
de manera inmediata.

Éste es el cometido que hace en esas situaciones el personal de seguridad privada o


los agentes locales de policía, pero éstos no tienen la suficiente sensibilidad ni rapidez
para obrar con la celeridad que requiere la situación, por lo tanto lo mejor es que
seamos nosotros mismos quienes cumplamos ésa labor.

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Con respecto a la entrada, actuaremos igual.

Otro punto conflictivo, y en el cual pocos especialistas se ponen de acuerdo, es en


evitar ataques de francotiradores. Lógicamente, si un terrorista prepara muy bien este
tipo de ataques estamos perdidos, aunque los contra de hacerlo son de un riesgo tan
elevado que, afortunadamente, pocos lo hacen (es casi seguro que tras efectuar el
disparo el francotirador sea fácilmente detenido, además de la poca seguridad de que
dicho disparo cumpla su objetivo, por lo que la mayoría de terroristas prefieren
acercarse a más distancia, consiguiendo mucho más eficazmente sus sangrientos
fines).

Lo mejor sería “limpiar” previamente la zona con policía experimentada, y, luego,


mantenerla en ése estado mediante agentes y la imprescindible ayuda de helicópteros
volando a baja altitud. Lamentablemente, eso no es siempre posible, por lo que las
medidas a tomar serían:
- Acercar el coche blindado lo más posible a la puerta, de modo que el espacio libre
entre éste y la salida sea de apenas unos centímetros.
Para apoyar esta medida, además, una vez saldrá primero el escolta, otra, unos
agentes, otra, diferente personal, de manera que el francotirador no tenga una
certeza matemática de que tras determinada persona (o determinado número de
personas) pase su objetivo, y no pueda efectuar un disparo “de memoria”. Como es
sabido, ni siquiera en esto deberemos mantener una rutina.
- El protegido entrará y saldrá del coche de la manera más rápida posible. De modo
que siempre tendrá que estar vacío el espacio del interior del coche o del interior del
local, y no tenga que esperar en mitad del trayecto. Da igual la personalidad o el VIP
que esté en el otro lado, esto debe cumplirse siempre.
- El chofer, u otra persona, protegerá de visión directa desde abajo con un paraguas
todas las entradas y salidas, y no sólo la del protegido (de hacerse en este último
caso, el francotirador sabría cuándo disparar).

En algunas galas, celebraciones y actos, se suele poner una marquesina, que no sólo
decora, sino que impide la visión de posibles francotiradores. Para ello existen unas
medidas estándar, que debemos hacer cumplir -aunque de ello ya se encarga el
personal de seguridad encargado de velar por el acto-, y en donde la marquesina no
debe ser muy alta (para evitar líneas de disparo abiertas a los lados) ni estar muy
retrasada con respecto a la llegada de los autos (para evitar un espacio “delicado”
entre la marquesina y el mismo auto).

Además, el material que cubre la marquesina no ha de ser transparente y, a poder


ser, colores chillones. El exterior de la marquesina, si es de noche, podrá cubrirse de
negro para aumentar aún más su eficacia.

También se suelen disponer contra-francotiradores en puntos estratégicos que deben,


previamente, calificar el equipo de guardaespaldas. No obstante esto no es siempre
posible (depende de muchas cosas, entre ellas los gastos que podemos hacer para
cubrir determinado evento y la preparación con la que contemos en cuanto a tiempo).
Cuando recurrimos a contra-francotiradores es conveniente apostar con ellos personal
de apoyo; en algunos manuales de terrorismo se sugiere la estrategia de atacar al
contra-francotirador (que suele estar solo) disponiendo en su lugar luego un terrorista
con su propia indumentaria (ya que será mucho más fácil acceder al edificio del
contra-francotirador). Por lo tanto, si hacemos que el contra-francotirador vaya
apoyado también por otra persona armada que vigile no sólo los alrededores, sino el
lugar mismo, podremos prevenir atentados como éste. Lógicamente, ello depende del
personal que tengamos a nuestra disposición y en muchos casos no es posible.

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- Evitando sorpresas.
Cuando caminamos por una zona de arboleda, protegiendo a una persona al paso, los
manuales nos dicen que debemos evitar pasar cerca de los árboles, en donde puede
haber personas emboscadas.

Cuando nos atacan por detrás, el primer punto de atención en el que se centra el
terrorista somos nosotros: el objetivo no es tan importante, porque pueden acabar
con él de una forma u otra, pero los profesionales, quien puede poner en peligro toda
la operación, es el escolta. A veces se tienda a proteger “en exceso” a nuestro cliente
obviando esta máxima.

A nosotros se nos acercarán por detrás o a los lados, o, incluso, en coche o en moto.
Elegirán los lugares más propicios para ellos, donde podrán huir mejor y donde los
testigos sean mínimos: aparcamientos, zonas aledañas de parques, jardines amplios
con rincones sombríos… Etc. etc.

En otras ocasiones es el guardaespaldas quienes les sorprenden a ellos, e, incluso, se


han dado casos de querer “pedirles la documentación”. No es buena consejera el
hacer de héroe en estos casos. Si el terrorista quiere huir pongámosles un “puente de
plata” y que se encarguen de él la policía, ya que nosotros no tenemos -ni podemos,
ya que nuestro principal cometido es proteger a nuestro cliente- la capacidad ni los
medios para ello.

Pero, si por el contrario, son ellos quienes nos sorprenden a nosotros, estamos
acabados. Lo que buscan no es herirnos, lo que buscan es matarnos. Saben que
somos un “testigo vital” en la investigación, y nos harán callar la boca. Y, luego,
acabarán con nuestro protegido. ¿Qué le decimos, por tanto, a nuestro protegido?
¿Qué evite los lugares rutinarios, su bar preferido de las tardes, su rincón melancólico
del parque que le trae tantos recuerdos?

En el manual de “Persecución Suprapanorámica” hemos tocado algunos aspectos


importantes de todo ello, lógicamente, en dicho manual, por seguridad, no se pasó a
desglosar punto por punto, ni a concretar toda la información sobre el tema, sería, por
tanto, adecuado volver ahora sobre ello, aunque sea, de nuevo, por alto.

Si estamos escoltando a nuestro protegido, es fácil para un grupo terrorista,


relativamente, acabar con él y con nosotros por sorpresa, casi al mismo tiempo. Pero
¿y si le protegemos mediante persecución suprapanorámica? Los terroristas dudarán,
el elemento sorpresa ya no lo sería tanto, y, aunque consiguieran su objetivo, muy
difícilmente conseguirían salir airosos de la situación. Y eso es algo que les hará
sopesar muy mucho el hacerlo.

La protección más eficaz que un escolta puede hacer no es estar todo el día sobre su
protegido como una lapa, sino, siempre, elegir la manera más eficaz de protección,
dependiendo de la situación, la ubicación, la oportunidad y las posibilidades reales de
ataque; ahí es donde entra en juego la habilidad de nosotros como profesionales. De
otra forma no sólo no realizaremos bien nuestra labor, poniendo en peligro su vida,
sino que, además, y “de regalo” para los terroristas, acabarán con un buen escolta. No
permitas que eso te ocurra.

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- Vigilancia máxima al caminar.
Mientras el escolta (o escoltas) caminan con el protegido, deben centrarse también en
ir mirando los posibles refugios y parapetos que se encuentran por el camino, los
cuales utilizarán de forma inmediata en caso de una agresión repentina.

Esto se hace mientras nos vamos desplazando, observando a la vez potenciales


peligros, que nos harán movernos a izquierda o derecha del protegido, según de
dónde provengan estos, sin olvidarnos de mirar arriba buscando posibles amenazas
(materiales que pueden caer, francotiradores…), a nuestra espalda, a nuestros pies, y
muchos metros por delante nuestro.

Aunque es algo complicado obtener soltura para realizar todas estas funciones
mientras nos desplazamos, con la práctica se va adquiriendo una cierta intuición que
hará que todo ello aparezca casi por reflejo.

Además no debemos olvidar prestar atención a múltiples incidencias que pueden


ocurrir o estar en el camino, como charcos de barro, tapas de alcantarillas abiertas,
obras... que podrían dañar al protegido o hacer que pase un momento bochornoso, lo
cual entra dentro del papel de escolta evitarle.

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- Comportamiento ante manifestaciones, altercados y actos multitudinarios.
Obviamente, lo lógico sería evitarlos, de no ser posible, rodearlos, eligiendo un
trayecto alternativo. Cuando ni eso podemos hacer, podemos entonces optar a que
pasen y, si no es posible porque nos hemos visto envueltos en uno, nos iremos
colocando al final del mismo para salir.

Siempre suelen haber grupúsculos conflictivos, que son quienes inician las hostilidades
y a los cuales debemos intenta esquivar. Se suelen colocar a los flancos e inician
incidentes tales como quemas de contenedores, rotura de escaparates, etc. A ellos se
dirigen los antidisturbios, iniciando entonces una batalla campal. No debemos
dirigirnos a los antidisturbios porque nos confundirían seguramente con ellos, al
contrario, si nos vemos envueltos en uno de esos grupúsculos, nos adentraremos en él
como se ha mencionado anteriormente: hacia atrás hasta salir. En este sentido
también podemos elegir una calle adyacente para huir por ella.

Respecto al escolta, se mantendrá junto al protegido en todo momento, no


interviniendo en las reyertas que se produzcan y tratando de preservar la integridad
de su cliente. Si es necesario, le cogeremos de la mano o del brazo para guiarle,
apartando a los que se interpongan sin brusquedad pero firmemente y de manera
decidida.

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Centros comerciales y lugares de ocio.
Una de las mayores contradicciones para el escolta es tener que realizar su trabajo
viendo como los demás se divierten, es más, mientras su propio cliente se está
divirtiendo. Y no solo por el hecho en sí, sino por tener que verse obligado a minimizar
aún más su afán protector. Para que su labor no resulte tan ingrata y, a veces,
exasperante, es crucial la colaboración del protegido. No obstante es bastante lógico
que esto en muchas ocasiones no ocurra, y es entonces cuando nos vemos obligados a
hacer uso de todos los recursos a nuestra disposición.

El cliente creerá, obviamente, que esta vez, como todas las anteriores, no ocurrirá
nada. Bien, eso es bueno. Pero por si acaso ocurre algo es para lo que estamos
nosotros.

Lo malo es que también depende mucho de la edad que tenga nuestro protegido,
como este sea un adolescente podeos acabar la noche como niñeras, no solo de él,
sino de los demás miembros de su panda y amigos.

Lo bueno sería que, por lo menos, nuestro cliente no bebiera a alcohol: si ya es


complicado proteger a alguien así, mucho mas lo es si además tenemos que vigilarlo
borracho.

Hay cosas que se deberían dejar claras a nuestros protegidos, como es este tema de
las drogas, pero, aún así, no siempre nos van a hacer caso.

Si esta borracho y es difícil de controlar podremos optar por meterlo en el coche y


llevarlo a casa sin contemplaciones. Da igual que nos amenace con despedirnos o
denunciarnos, siempre es mejor perder un trabajo que perder un cliente por haber
hecho mal nuestro cometido.

Lo que no debemos hacer es, por mucho que nos enfademos, dejarlo solo e irnos.
Siempre le devolveremos sano y salvo a su casa y, una vez en ella, podremos tomar
las decisiones extremas que nos plazcan.

Insistiremos siempre, eso si, para que no vaya a los mismos lugares a la misma hora,
y pondremos especial hincapié en facilitar que su protección no signifique un agobio.
Recordemos que él se está divirtiendo.

Prestaremos especial atención a las personas, sobre todo desconocidas, que conoce y
se encuentra, recordando sus rasgos faciales e, incluso, tomándoles fotos con las
técnicas que deberíamos ya dominar. Dichas fotos las incorporaremos a su dossier
personal junto con el día y la hora (nota: la creación y mantenimiento de tales
dossieres esté prohibido en muchos países).

Llevaremos un recuento de los sitios que visita, sus propietarios, fecha de apertura y
todo lo que nos pueda ser útil (esto es importante en determinadas zonas donde los
grupos terroristas poseen una amplias raíces sociales).

En su caso, le convenceremos para que tenga un número de teléfono "basura", que


facilitará a todos sus amigos esporádicos o contactos de una noche, lo mismo con
direcciones de correo electrónico, que, además, deberá poseer configuración de alta
seguridad.

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Aunque todos sepan que eres su escolta, el te presentará, siempre que lo haga, como
un amigo, enfatizando que eres su amigo "callado y tímido". Ya habrá tiempo para que
descubran la realidad después.

No confraternices con sus nuevas amistades, ni con sus amigos de toda la vida. Es
mejor pasar por un ser huraño y distante que no por un detective de novela policíaca,
cuyo papel no solo no te corresponde sino que, además, no podrías utilizar llegado el
caso.

Es muy tentador, a veces, querer participar de las discusiones y conversaciones de sus


amigos, sin embargo no debes olvidar que esos no son tus amigos y que cualquiera de
ellos podría convertirse en un soplón de lo que digas. No caigas en la antigua trampa
de querer ser la estrella de la reunión. Y, si te embaucan, recurre a las "Técnicas de
Distracción".

En las tiendas y centros comerciales donde salga de compras acompáñale hasta la


caja, y ponte entre el y el cliente siguiente. Despreocúpate de lo que compre, de quien
llene las bolsas o del dinero: ocúpate solo de su seguridad. Así le ayudarás a que
actúe siempre con naturalidad y como si tú no estuvieras.

Podéis elegir, antes de salir, un lugar de reunión en caso de extrema necesidad y de


que ocurra algo que obligue a separaros. Dicho lugar deberá ser público,
preferentemente, y estar abierto hasta altas horas. El hall de un centro comercial o
determinado restaurante del mismo centro es un buen lugar. Deberás elegir un lugar
discreto en el que pueda ver sin ser visto por todo el que pase y que, además, pueda
ser vigilado todo el tiempo por camareros, trabajadores, etc.

Recuerda, por último, que en la calle es vital que conozcas la multitud de técnicas de
seguimiento para que puedas contrarrestarlas. Los terroristas no te van a dar tregua,
aunque estéis en un pueblo o ciudad. No les des tu tampoco tregua a ellos.

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Acercamiento a fans y periodistas, peticiones de entrevistas y autografos.
Lo mas lógico, lo más seguro y lo más normal es que las entrevistas que conceda el
protegido las realice en sitios seguros, previamente analizados por nosotros y a
periodistas de los que nos hayamos asegurado tanto su acreditación como
identificación. Pero en algunos momentos esto no es posible. Cada vez más programas
de televisión envían a reporteros audaces y astutos a colarse entre la masa de gente
para que el VIP le responda a un par de preguntas, o le salude. Si es esto último
puede saludar a distancia, pero, otras veces, el protegido insiste en acercase al
público para firmar algún autógrafo o responder a sus preguntas.

En tales casos extremaremos la precaución al máximo, los escoltas, entonces, se


acercarán al protegido, formando en torno suyo una célula de seguridad, e
interponiéndose entre el protegido y los extraños, dejando el hueco mínimo
imprescindible para que el VIP conteste al periodista o firme el autógrafo. Si el
protegido se traslada firmando a la masa de gente, los escoltas se trasladarán con él.

Sería conveniente, también, que uno de los escoltas (o el propio protegido) llevase
consigo un bolígrafo o rotulador, que es el que utilizaría el protegido para firmar el
autógrafo. Asimismo, el cuarderno (u objeto) sobre el que firme se dejará que lo
sostenga el propio fan alargando la mano (si no podemos mantenerlo alejado) o, en
su caso, uno de los escoltas.

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Gestión de rutas y protección de la información
Lo mejor sería no repetir la misma ruta durante, al menos, quince días, e incluso estos
aleatorios entre sí. Pero materialmente pocas veces esto es posible. Por ello debemos
subdividir la ruta, dependiendo de su extensión, en “subrutas”: si no podemos
modificar su trazado, siempre podremos alargarla recorriendo o rodeando manzanas,
casas o edificios, convirtiendo con ellos las posibilidades de modificación en multitud
de variantes, con lo que se eleva, exponencialmente, la posibilidad de que terroristas
“acierten” poniendo el determinado artefacto explosivo.

Lógicamente, la decisión de por dónde, cuándo y en qué momento se modifican las


rutas corresponderá siempre al escolta, aunque éste podrá aceptar sugerencias de su
protegido, será él en última instancia quien deba tomar la decisión, no
comunicándosela a su protegido, a ser posible, ya que de lo contrario podría
comunicarlo a otras personas (incluso familiares o personas cercanas y sin querer) por
teléfono, el cual puede estar “pinchado” o ser detectada la conversación por múltiples
medios, con lo cual la eficacia de la ruta modificada perdería completamente su razón
de ser. Tampoco se le comunicará al chofer -de tenerlo- hasta el último momento, y,
siempre, una vez dentro del auto y a solas.

Si el calendario de rutas lo planificamos en un ordenador, éste no deberá tener


conexión a Internet en ningún momento (muy fácilmente nos pueden introducir virus
o troyanos, incluso sin que nosotros llegásemos a percibirlo), y ése ordenador
permanecerá siempre “off-line”, lo mismo ocurrirá con toda la información sobre el
protegido y sobre nuestra tarea.

Cuando requeriramos trasladar datos desde el ordenador “off-line” a otro, o a


Internet, lo haremos siempre sirviéndonos de un pendrive, tras lo cual procederemos
a su destrucción con herramientas específicas de destrucción, y nunca con la
herramienta de borrado del sistema operativo (ya que existen utilidades que pueden
leer los elementos eliminados) ni con formateos, aunque éstos sean a bajo nivel.
Debemos ser minuciosos en este aspecto, y no dejarnos caer en la rutina pensando
que “por una vez no pasa nada”, ya que con que sólo una vez suceda ya será
suficiente y nos dejará, tanto nuestra profesionalidad como eficacia, muy en
entredicho.

Reservaremos un teléfono para uso profesional y otro para uso personal. El teléfono
móvil “profesional” lo llevaremos siempre con nosotros, mientras que el personal lo
guardaremos en lugar seguro, junto con el ordenador “off-line”. Siempre que debamos
comunicarnos con familiares, amigos o conocidos, lo haremos por el teléfono personal,
y desde un lugar seguro, ya que debemos pensar que -sobre todo en determinadas
labores de protección- podemos estar poniendo en peligro sus vidas, incluso
facilitando su secuestro o la obtención de información privada por parte de bandas
terroristas que podrían usar para chantajearnos.

Por ello viajaremos hasta un lugar seguro para hablar. No utilizaremos el teléfono
móvil personal desde el domicilio del protegido, en su lugar usaremos el ordenador
“on-line”, usando herramientas de encriptación, en su caso, para comunicarnos con
nuestras personas más cercanas.

El teléfono profesional será quien nos mantenga enlazado con todo lo que ocurra en lo
que concierne a nuestro trabajo e, incluso, con líneas protegidas. La comunicación con
nuestro protegido será, preferiblemente, de forma personal, y, de no ser esto posible,
siempre a través de Internet. Mantendremos una cuenta de correo “en secreto” que
podremos usar en ésos casos, la cual le facilitaremos “en mano” a nuestro protegido y

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que éste deberá conservar en su agenda. Si pierde o se extravía la agenda o tenemos
la sospecha de que su información podría estar comprometida, sustituiremos esa
cuenta de correo por otra y, en todo caso, cada cierto tiempo prudencial la
modificaremos.

El protegido podrá acceder, sólo cuando no sea posible la comunicación en persona, a


nosotros, mediante dicha cuenta. Nosotros accederemos a esa cuenta usando un
ordenador diferente al “on-line”, o, mejor aún, nuestro teléfono móvil.

Siempre que tengamos que efectuar viajes largos con el protegido, llevaremos un
móvil con conexión a Internet, para el caso de que tengamos que estar separados por
cuestiones de trabajo, movilidad o fuerza mayor. Siempre que dicha separación
suceda, seremos nosotros quienes acudiremos hacia el protegido, y no viceversa,
aunque el vuelo o el trayecto de nuestro protegido lo alejen de su ruta inicial.

En el lugar en donde nos encontremos (si estamos fuera de la residencia habitual)


seguiremos las mismas pautas de modificación de rutas, evitando la rutina y la
comodidad. Las rutas las haremos en papel que luego destruiremos (a ser posible,
quemándolo), y en las ciudades desconocidas, con aglomeraciones, evitaremos salir
del auto. De no ser esto posible, acortaremos la distancia de protección respecto al
protegido.

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Grados de protección y peligrosidad
Existen diferentes aspectos que conviene destacar a la hora de decidir actuar sobre un
peligro que derive en daños a nuestro protegido.

Estos se catalogan en “peligro inminente”, “peligro potencial” y “peligro latente”,


aunque en otros tratados y especialistas los catalogan por códigos de color, mientras
que, en determinadas agencias de protección, los catalogan por claves internas.
Un escolta obrará siempre en “peligro latente”, es la etapa en donde más flexible
puede ser nuestra actuación y donde tenemos más opciones para escoger y salir
airosos.

Un “peligro potencial”, sin embargo, se da cuando el “peligro latente” se hace más


palpable, evidente, o, también, cuando observamos, sin ningún género de dudas, que
determinada situación comprometida va a ocurrir (por ejemplo: un coche se acerca
hacia nosotros a toda velocidad con una de sus puertas entreabiertas). Aquí tenemos
pocas opciones donde elegir, pero aún tenemos bastantes posibilidades, si elegimos
las correctas.

Por último, un “peligro inminente” es cuando la situación aparece como una amenaza
real, sin ningún género de dudas. Por ejemplo: el coche que va hacia nosotros con sus
ventanillas bajadas y vemos los cañones de las armas saliendo por sus ventanillas.
Ante esta situación tendremos pocas opciones de salir airosos (y, lo más importante,
de hacer salir airoso a nuestro protegido), pero aún podemos elegir, si actuamos con
rapidez y correctamente.

Lógicamente, la forma de actuar dependerá de cada situación y del momento, lo que


sí debemos tener en consideración, en todas y cada una de ellas, son las “tres pautas
primordiales del escolta”, que tocaremos a continuación.

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Las tres pautas primordiales de actuación
Aislar, defender, refugiar.
Aislar: Aislaremos a nuestro protegido del peligro inminente: con nuestro cuerpo o
apartándolo sin miramientos; poniendo por medio una vía (en T, por ejemplo), un
obstáculo (auto, vivienda, árbol…); un elemento lo suficientemente confiable.
Defender: Defenderemos a nuestro protegido mediante disparos, poniendo distancia
de por medio, usando técnicas de distracción, etc.
Refugiar: Sacaremos a nuestro protegido de la zona de conflicto o del potencial
peligro: metiéndolo en un coche blindado y llevándolo a un sitio seguro; extrayéndolo
de la zona peligrosa y metiéndolo en una casa donde podremos esperar a las fuerzas
de seguridad; evacuando a un lugar seguro por el medio más apropiado.

Siempre que ocurre una situación de peligro nuestra pauta de actuación para con
nuestro protegido es la misma: lo principal es “aislarlo” para que no sufra daños,
eliminándolo bien de la vía de los disparos, bien de la zona donde sufre el ataque.
Luego lo defenderemos, aunque la defensa siempre está supeditada a la capacidad,
tanto nuestra como la del protegido. Si no tenemos escape o no podemos huir, o si la
situación del protegido -por heridas o incapacidad- lo requiere.

Por último, debemos refugiarlo para preservarlo de todo mal, intentando hacerlo
volver de la manera más inmediata y menos traumática a su rutina, a la normalidad,
aunque nosotros sigamos en alerta y atentos al resto de peligros.

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El protegido
Nuestro protegido, sobre todo al principio, nos dirá que colaborará con nosotros, que
hará lo que le indiquemos e, incluso, que estará dispuesto a modificar sus pautas
cotidianas para ayudar nuestra labor. Esto nos lo dirá sobre todo si ha recibido un
pequeño “susto” y nos han llamado para evitar que no vuelva a suceder.

Todo ello está muy bien, y su posición es realmente digna de admirar, pero con el
paso del tiempo se irá “aflojando”, sobre todo si la aparente calma vuelve a reinar en
su vida.

Pero un escolta debe actuar como si su protegido no cumpliera nada de lo que dice o,
aún haciéndolo, como si todas las conversaciones, emails, correos, comunicaciones,
amistades, etc., de su protegido, estuvieran siendo espiadas por sus enemigos.
Aunque el protegido ponga todo de su parte, debemos entender que éste no tiene ni
los conocimientos, ni la práctica, para llevarlo a cabo. Podrá intentar que sus
conversaciones sean privadas, y que sus elementos de relación con los demás (y sus
propias relaciones) sean lo más íntimas posibles, pero no sabrá discernir ni cuándo lo
son ni, además, si los demás son de confianza. Por lo tanto nosotros actuaremos como
si no lo son siempre, y como si las comunicaciones de nuestro protegido con el
exterior son inseguras SIEMPRE. Da igual los cortafuegos o las medidas que haya
adoptado para que no lo sean, para nosotros, todo es inseguro. No hay que conceder
espacio para la duda, porque si dudamos, perdemos.

Además, hay que tener en cuenta que nuestro protegido es muy diferente con el trato
a los demás que nosotros: él -o ella- probablemente tengan que estar, por su trabajo
y por su vida, en relación directa con muchas personas, incluso con personal
extranjero y con gente de toda índole, muchos fiables, pero otros realmente
peligrosos. El escolta, al contrario, mantiene a su familia y a sus amistades “al
margen”, su “vida propia” está totalmente supeditada a su protegido, y sus amistades
no entran en relación, nunca, con su trabajo, mientras que en su protegido lo hacen
siempre. Esto es obvio, y lógico, por otra parte, puesto que los trabajos son
diferentes.

La mayoría de la información nos la reservaremos, por lo tanto, para nosotros


mismos. Ni siquiera la compartiremos con el protegido, ¡mucho menos información
confidencial, como cuándo o dónde vigilaremos tal sitio o la forma de hacerlo!, y, en
según qué tipo de protección otorguemos, con nuestros superiores o con nuestro
enlace.

No está mal que el protegido se interese por nuestro trabajo, pero no deberemos darle
un “curso acelerado de escolta” o de espionaje, ése no es nuestro cometido. Además,
lo peor que podríamos hacer es desvelar nuestros secretos o nuestras pautas de
actuación, ¿qué haríamos si se produjera una filtración, o si nuestros enemigos
supieran cómo actuamos y nuestros pasos con antelación? ¡Estaríamos
completamente a su merced!

Tampoco somos su confesor. No pocos escoltas han caído en la “trampa fácil” de


convertirse en íntimos confesores de los miedos de sus clientes. Sus temores, dudas y
pánico, que los lleven a su psiquiatra o psicólogo, no es nuestra labor ser su pañuelo
de lágrimas ni curar sus problemas mentales o líos intelectuales. Está bien que le
tengan al escolta admiración, incluso respeto, pero ni es su superior, ni es su
confesor. Es, simplemente, su escudo: si lo usa mal, le puede llegar una flecha. Si lo
usa bien, puede salvarle la vida. Simplemente es eso, y debemos tenerlo claro en todo
momento.

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Es lógico que, como humanos, cualquier escolta se sienta sensible por los miedos y
tristezas de la persona que protege, pero si se deja influenciar por ello acabará
cediendo y bajando la guardia o, como se dice vulgarmente, “moralmente implicado”.
Además, no debemos olvidar que también nosotros tenemos una buena dosis de
miedo y temor, corremos el peligro de hacerle cargar con ello a nuestro protegido,
convirtiendo una relación eficaz profesional en una tormenta de sentimientos de muy
difícil resultado.

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El escolta dentro de la casa
El escolta que cumple su función también dentro de la casa del cliente, debe de ser lo
más invisible posible. No hay nada que le moleste más a una persona que un intruso
deambulando por su casa dando órdenes.

Afortunadamente, las casas de los VIP, la mayoría de las veces, suelen ser lo
suficientemente grandes como para que el escolta pueda “desaparecer” sin mucha
dificultad, y que no se note su presencia.

El escolta debe dar las oportunas instrucciones prácticas de comportamiento y


seguridad y, una vez se haya asegurado de que se cumplen, permanecer sin
intervenir, ni en discusiones ni en disputas familiares.

Es bueno, asimismo, que el escolta tenga una actividad a la que dedicarse en los ratos
donde no tenga nada que hacer: salir en bicicleta, en moto, la lectura o la pintura…

También deberá tener una habitación que pueda cerrarse con llave, y a la cual no
podrá acceder nadie, ni siquiera el servicio, que limpiará la habitación en su presencia.
Además, dicha habitación sería conveniente que contuviera una caja de seguridad
para guardar el equipo básico, armas, munición, identificaciones -si es necesario-, el
ordenador “off-line”, pendrives, móvil personal, etc. etc.

Se deberá ser muy cuidadoso en mantener todas esas cosas bajo llave y guardadas
cuando vayamos a salir de casa, aunque nos ausentemos únicamente unos pocos
minutos. De nuestra minuciosidad puede depender nuestra vida y la de nuestro
cliente.

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Los peligros del escolta
El escolta no sólo tiene enemigos exteriores (sin duda, los más devastadores, aunque
no siempre los peores), sino interiores. Se podría decir que el mayor peligro de un
escolta es la costumbre y la rutina. Cuando vives una rutina y obras por simple
comodidad levantas la guardia. Y cuando levantas la guardia no hay vuelta atrás:
estás acabado.

Por eso muchos escoltas realizan cursos de reentrenamiento, de actualización y


reciclaje, pero ni aún así se está a salvo de ello.

Lo peor es que muchas veces el escolta se deja contagiar por la rutina de su


protegido: “tal día tiene que hacer tal cosa, mañana nos toca hacer esta otra”. Es muy
fácil modificar todo eso cuando se es un recién llegado, pero a medida que pasa el
tiempo, y que el protegido nos genera -y le generamos- confianza, todos esos
aspectos se van debilitando. Todo ello no sería un gran peligro si nos olvidamos del
peligro en sí que encierra nuestro trabajo, el cual, debemos tener presente -y no me
cansaré en repetir- que en un milisegundo se puede crear el caos, se puede modificar
todo, y se puede pasar de la calma más absoluta a la desgracia y tragedia más
grande. Solamente cuando empezamos a olvidar eso, o cuando no lo tenemos en
suficiente estima, es cuando nuestro trabajo deja de ser tan valioso.

Y es que el escolta no es tanto para detener el peligro (muchas personas suelen tener
la imagen de un escolta como la del tipo aquél que salta en el último momento para
detener con su cuerpo la bala del fusil terrorista que éste ha disparado apostado a
determinada distancia), que también, sino, y principalmente, para evitarlo. La mejor
actuación de un escolta, y su mejor tarea, es cuando nadie sabe (y a veces ni él
mismo) que ha evitado que su protegido sufra daños. Es, sobre todo, una labor de
vigilancia y prevención: la vigilancia, porque nos da la oportunidad de obtener las
mayores cartas posibles para evitar un mal a nuestro defendido, y la prevención
porque nos posibilita para saber actuar adecuadamente ante las situaciones de
peligro, o de potencial peligro, o de posible peligro.

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La vida de un escolta
La vida de un escolta es lo más parecido a la de un agente secreto en zona enemiga,
con la diferencia de que un agente secreto puede pasarse menos tiempo en ése
cometido y de que, además, tiene menos peligros de rutina.

El peligro para un escolta aparece de inmediato, de improviso, de manera repentina,


y, cuando lo hace, se deciden en décimas de segundo cosas tan vitales como su
supervivencia y el éxito en su trabajo.

El problema es que un terrorista cuenta con muchos apoyos, y puede tomarse un


descanso siempre y cuando quiera, mientras que un escolta, muchas veces, está solo,
depende de él mismo, y cuando le llegan los descansos le cuesta mucho
acostumbrarse a una vida “normal”. Es lógico, puesto que siempre está en tensión.

Lo básico para un escolta es, entonces, una buena formación y unas aptitudes
óptimas, solo con tales cosas podrá salir airoso de su tarea. Lo mejor en su vida diaria
es que no ocurra nada. Mientras la mayoría de los mortales busca y desea que pasen
cosas en su vida que les haga salir de la rutina, que les entretenga y distraiga,
aventuras y descubrimientos nuevos, para el escolta todo eso es un peligro potencial.
Lo mejor para un escolta es que llegue la noche y el día haya sido lo más apacible
posible.

Un escolta debe evitar la intervención, tanto en chascarrillos como en discusiones.


También, debe evitar salidas nocturnas, frecuentar lugares peligrosos o situaciones en
los a los terroristas les sea muy fácil chantajearle, ¡no será la primera vez que se
pierde una buena carrera de escolta por un lío de faldas! Y es que la soledad y la
penumbra a la que le obliga su trabajo no es fácil de llevar por todas las personas, hay
que ser alguien suficientemente preparado y dispuesto para hacer algo así.

Algunos escoltas argumentan sobre ello que intentan hacer una vida “normal” dentro
de la anormalidad de su situación. Nada en la vida de un escolta es “normal”, depende
siempre de lo que haga su protegido, y es únicamente a él a quien lo supedita todo. El
problema es que algunos escoltas acaban convirtiendo a su protegido en “un
instrumento”, algo que es muy fácil que llegue a ocurrir con el paso del tiempo, y éste
busque hacer más daño (y dificulte aún más el trabajo del escolta) y complicaciones a
su escolta, con lo cual acaba siendo todo cualquier cosa menos una labor de
protección.

No es la primera vez que un protegido se salta las rutas de su escolta, o elige él


mismo los trayectos, o, incluso, decide coger el auto y organizar una huida para
despistarles. Llegados a este punto cabría preguntarse: ¿hasta dónde es necesaria ahí
la labor de un escolta? Cuando el protegido pone él mismo en peligro su vida a
sabiendas de que lo hace, e incluso haciéndolo por despecho, ¿debe el escolta
continuar con su trabajo?

La respuesta es sí. El doctor que opera a su paciente aún a sabiendas de que no va a


conseguir nada y de que va a seguir haciendo lo posible por empeorar su enfermedad,
no por ello deja de coger el bisturí, ¿qué clase de profesional sería entonces?

Lógicamente, bienvenidos sean aquéllos protegidos que colaboran y admiran la labor


de sus escoltas, que están siempre dispuestos a ayudarles y colaborar con ellos. Sin
embargo, existen otros que dificultan su labor, y hace que ésta, ya muy difícil de por
sí, se vuelva a veces insoportable.

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