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EL DEESAFÍO ÉTICO: LAS FARC

A través del estudio de la historia hemos podido apreciar diferentes acontecimientos


que han marcado una pauta trascendental en el transcurrir de la existencia humana, desde
los cambios producidos por eventos climáticos, los fenómenos protagonizados por las
masas o hasta las proezas que algunos héroes de nuestra raza han exhibido, hemos tenido
puntos de referencia a partir de los cuales establecer nuestros arquetipos, a partir de los
cuales tomar una postura, a partir de los cuales hemos creado una compleja identidad.

El caso colombiano no es la excepción. Desde la época de la colonia tanto en


Colombia como en toda la América Latina los indios, negros y mestizos fueron maltratados,
reducidos, esclavizados y oprimidos, inclusive eliminados, por la clase opresora,
representada en este contexto por los blancos, tanto los insulares como los mantuanos.
Como bien relata la historia, en Colombia fue establecido el virreinato de Santa Fe de
Bogotá lo que trajo consigo una férrea dominación por parte del moribundo Imperio español.
La invasión de la monarquía hispánica en Colombia trajo como consecuencia el
establecimiento de una sólida oligarquía y una pisoteada clase popular.

Es éste el origen de lo que hoy podemos evidenciar como una lucha de clases que
se encuentra latente en la extensión del territorio colombiano, lucha que se desarrolla tanto
a nivel bélico en las selvas de la Amazonía y en los campos colombianos, así como se
desarrolla a nivel político en las contiendas que se dan entre los prestigiosos y no tan
prestigiosos dirigentes colombianos.

La guerrilla en Colombia surge durante la década de los sesenta, como resultado de


la vigencia del Frente Nacional, que desde 1958 le cedió tanto el poder político como el
control institucional a los partidos Liberal y Conservador. Sin embargo, no es sino hasta el
año de 1962 cuando, durante el mandato del entonces presidente Guillermo León Valencia,
se pone en vigencia un supuesto plan de “pacificación” que resultó en el control militar de la
población. Se evidenciaron maltratos y abuso de poder, hasta el punto en el que los
campesinos se adentraron en los campos y las selvas para mantenerse alejados de las
zonas más influenciadas por las fuerzas gubernamentales y militares, resultando de esta
mezcla entre el miedo y el resentimiento la conformación de fuerzas subversivas, el pueblo
revelado en armas.

Un aspecto importante dentro de esta serie de eventos fue la intervención extranjera,


ya que en medio del contexto de la guerra fría, las operaciones militares desplegadas por
León estaban claramente identificadas con la orientación estadounidense y el combate
continuo contra los movimientos de izquierda.

Los líderes sindicalistas eran perseguidos, las congregaciones campesinas y obreras


eran disipadas por medio de actos violentos, la libertad de expresión fue progresivamente
siendo coartada. Finalmente a partir de una de las operaciones militares organizada para
atacar a algunos de los principales líderes comunales, llamada “Operación Marquetalia”, los
campesinos tomaron de decisión de establecer una fuerza político-militar para hacerle
frente al gobierno, naciendo así las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia).
Este brazo armado se inició bajo el liderazgo de Manuel Marulanda Vélez, quien con
cuarenta y dos hombres bajo su mando se dispuso a adentrarse en las selvas colombianas
y establecer desde allí su resistencia, una lucha contra los gobiernos de derecha, en contra
de aquellos que pisotean los derechos del pueblo, tal como en algún momento argumento él
mismo.

A pesar de su lucha por una causa legítima, la reputación de este grupo armado ha
quedado muchas veces muy mal vista. Algunas personas alegan que en función de una
filosofía o utilizando como excusa las reivindicaciones populares, han cometido actos
atroces, han perjudicado tanto individual como colectivamente a los colombianos e inclusive
a las personas de los países vecinos. Muchas otras condenan los actos de estos
guerrilleros, los consideran simple asesinos que pelean por una cuota de poder, los
consideran los principales actores del terrorismo regional, que se dedican al narcotráfico y a
la extorción. Sin embargo otras posturas sólo argumentan el que la lucha por los derechos
populares no debe ser desplegada con fusiles sino con ideas.

Resulta realmente polémico tomar una postura con respecto a esta guerra, ya que
cada uno de nosotros tiene un manera diferente de ver las cosas, cada uno tiene un criterio
diferente que nos dice hasta que punto es suficiente un sacrificio, hasta que punto es
correcto involucrar más personas en una situación bélica o que nos dice que simplemente
es incorrecto hacerlo.

En el mundo en el que vivimos la pobreza es una situación normal, el abuso es el


acto predilecto de los que ostentan el poder y la vida tiene un precio en dólares, sin
embargo, las personas que luchan en contra de esto lo hacen desde posturas diferentes,
algunos se acuestan frente a los tanques, otros se unen al debate mientras que otros
agarran un fusil y se disponen a la lucha armada.
¿Hasta qué punto la ética debe estar presente en nuestros actos? ¿A que ética se
puede someter un guerrillero? ¿Piensan los opresores en la ética cuando producen la
muerte de miles de niños aun cuando sus actos sean perfectamente legales? Son preguntas
que nos llevan a otra pregunta más compleja: ¿Qué es ético y qué no es ético, y para quien
es ético?

Otro caso de lucha por las reivindicaciones de los pueblos latinoamericanos se


puede atestiguar en el caso de Ignacio Martín Baro quien por medio de las ideas y la
espiritualidad estableció su guerra contra la miseria, contra el maltrato y la opresión. Este
hombre decidió morir por lo que creía de la misma manera que un guerrillero lo hace, la
diferencia radica en la metodología empleada para la consecución de la meta.

Aun cuando ésto es cierto, no podemos hacer esta afirmación, sin hacer la inmediata
salvedad de que dichos métodos o pasos a seguir en nuestra lucha, dependerán de las
oportunidades y enseñanzas que la vida nos haya dado o que inclusive nuestros pares nos
hayan permitido acceder. Recordemos entonces que somos el resultado de la composición
“bio-psico-social”, es decir, que nuestra manera de percibir y asumir nuestra realidad
dependerá directamente de la forma en la que hemos logrado (si es que hemos logrado),
satisfacer nuestras necesidades fisiológicas, dependerá de la manera en la que hemos sido
recibidos por nuestros semejantes y el trato que hemos desarrollado, dependerá la manera
en la que se ha construido y desarrollado nuestra psique de acuerdo con nuestras
experiencias a través de la vida.