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POLITICA

Uno de los aspectos que ha caracterizado a Colombia a lo largo de su historia


ha sido el bipartidismo, siendo de los pocos países latinoamericanos donde
el Partido Liberal y el Partido Conservador, sobrevivieron como agrupaciones
hegemónicas hasta siglo XX. La historia Colombiana también se ha
caracterizado por el radicalismo político que ha desencadenado numerosas
conflictos armados internos, guerras civiles.

El nacimiento de los partidos políticos en Colombia tuvo lugar en la primera


mitad del siglo XIX, las ideas románticas y socialistas que tenia Inglaterra y que
pretendían difundir por todo el mundo, llegaron a la Nueva Granada, influyendo
tanto en los intelectuales que buscaban transformaciones como en los
tradicionalistas.
En la Nueva Granada, por ese entonces, existían dos grupos poblacionales
claramente definidos: Los indígenas, esclavos, artesanos, antiguos militares y
comerciantes, para los cuales un cambio en la situación social, política y
económica era indispensable; y los esclavistas, burócratas, terratenientes,
militares de alto rango y clero, para quienes la situación era ideal y debía ser
mantenida a toda costa.
Para los primeros, el cambio era totalmente significativo e implicaba
transformar el Estado, pasando de unas relaciones coloniales (de acuerdo con
los intereses burgueses) a un Estado con leyes generales para todos, en las
cuales se suprimieran las jerarquías ante la ley y se le quitara a la Iglesia el
monopolio del conocimiento y de la enseñanza. Estas eran las primeras ideas
liberales que abogaban por un Estado con ciudadanos libres, lo cual implicaba
la abolición de la esclavitud, así como la implantación de las libertades de
expresión, de religión, de opinión, de enseñanza y de libre comercio.
Para los segundos, liderados por Mariano Ospina Rodríguez, las cuestiones
sociales sobre las cuales se discutía tan sólo servían para dividir a los
granadinos, además de interferir con sus intereses económicos (la abolición de
la esclavitud, por ejemplo, afectaba los intereses económicos de los
esclavistas, o hacer jurídicamente iguales a todos los hombres derrumbaba el
poderío social de la burocracia del país). El partido defendía, además, la
conservación de las tradiciones, la lengua y los valores heredados de la
Colonia, y admitía que la religión católica era la orientadora del Estado y que
por tanto, debían existir estrechas relaciones entre la Iglesia y el Estado.
De las anteriores disputas surgieron sociedades que, meses después en 1849,
hicieron posible la aparición los dos partidos: Liberal y Conservador.

En Colombia, la pertenencia a un partido siempre fue una cuestión más de


tradición familiar que de reflexión individual, lo que hizo que, en nombre de la
defensa de dicho partido, el fanatismo imperase por encima del razonamiento
sosegado, convirtiendo a las causas políticas en génesis y motivo
fundamentales de la violencia en Colombia durante la primera mitad del siglo
XX.

Entre 1845 y 1850 se presentaron cambios en la Nueva Granada que


condujeron al triunfo de las ideas liberales librecambistas. En 1845, subió a la
presidencia Tomás Cipriano de Mosquera, quien gozaba del apoyo de los
terratenientes esclavistas. Pese a su tradición conservadora, Mosquera impulsó
una serie de reformas con claras tendencias liberales. La orientación
librecambista del gobierno de Mosquera ocasionó la protesta de los artesanos
quienes se agruparon en sociedades democráticas, cuya finalidad era
presionar al gobierno para imponer una política proteccionista que defendiera la
naciente manufactura nacional. Mosquera fue sucedido en la presidencia por
José Hilario López quien contó con los votos de los artesanos que esperaban
que se mantuviera el proteccionismo. Una vez posesionado, el gobierno inició
el proceso de reformas que introdujeron profundos e importantes cambios en la
economía. Estas reformas fueron: la reforma fiscal, abolición de la esclavitud
(1851), reforma agraria, establecimiento del librecambio, leyes contra la Iglesia.

El definitivo establecimiento del librecambio provocó las protestas de los


artesanos y la división de los liberales en dos corrientes: los gólgotas
(defensores de los intereses de los comerciantes) y los draconianos
(defensores del proteccionismo y de los intereses de los artesanos). En 1853,
José María Obando, simpatizante de los draconianos, fue elegido para la
presidencia. Obando se vio obligado a aprobar la Constitución de 1853 que era
la continuación de la política iniciada por el gobierno anterior. El descontento de
los draconianos se acentuó y se volvieron frecuentes los enfrentamientos entre
estos y los gólgotas o cachacos que pertenecían al grupo de ricos
comerciantes.

La Constitución de 1853, además de fortalecer el librecambio, descentralizó el


gobierno y tuvo un carácter centro-federal. Redujo los poderes del presidente
de la República y estableció el matrimonio civil y el divorcio. Estas medidas no
fueron bien recibidas por la Iglesia. Esta constitución fue la primera que afirmó
que en adelante no existirían esclavos en Colombia.

La institucionalización del librecambio trajo como consecuencia el


levantamiento de los artesanos quienes, comandados por el general José
María Melo, dieron un golpe de estado en abril de 1854. Melo, defensor del
proteccionismo, fue nombrado presidente, y como tal, abolió la constitución de
1853 y disolvió el Congreso. Melo, apoyado por los artesanos, permaneció en
el poder durante 8 meses al cabo de los cuales fue derrotado por las fuerzas
que comandaban los expresidentes López, Mosquera y Herrán que contaban
con el respaldo de los comerciantes y de los terratenientes conservadores.
Una vez restablecida la paz, Obando fue destituido de la presidencia y Melo fue
expulsado del país por 8 años. Melo fue fusilado en México, después de
participar en un movimiento revolucionario en ese país.

Los dos años del período presidencial de Obando los completó el conservador
Manuel María Mallarino quien gobernó en armonía con el partido liberal y
derogó algunas de las normas que se habían establecido en contra de la
Iglesia, entre ellas la ley de divorcio. En 1857 subió a la presidencia Mariano
Ospina Rodríguez uno de los fundadores del partido conservador.
Ospina, quien había sido también uno de los autores de la constitución de
1843, autorizó el regreso de los jesuitas al país y promovió la redacción de una
nueva constitución que cambió el nombre de Nueva Granada por el de
Confederación Granadina.

La Constitución de 1858, redactada y aprobada durante el período de Ospina,


era de carácter federalista, puesto que las ocho provincias, que recibieron el
nombre de estados, podrían darse su propia constitución y legislar sobre
asuntos en los cuales el Congreso no tenía jurisdicción. Según la nueva
constitución, el período presidencial sería de 4 años y el derecho del voto se
extendió a todos los varones mayores de 21 años y a los jefes de familia que
no habían alcanzado esa edad. Esta Constitución la apoyaron los
conservadores y los liberales gólgotas que se habían unido para combatir el
gobierno de Melo.

La ley que permitía al gobierno central inspeccionar las elecciones dentro de


cada uno de los estados, la interpretaron algunos como un deseo del Gobierno
de interferir en los estados de la Confederación y por esta razón se desató una
guerra civil que condujo a la caída del Gobierno y de la Constitución de 1858.
La reacción se desató en 1860 cuando Tomás Cipriano de Mosquera,
presidente del estado del Cauca, se rebeló contra el Gobierno de Bogotá y
declaró la independencia del estado que él gobernaba. Otros estados hicieron
lo mismo y ante el descontento general, Mosquera se nombró a sí mismo
supremo director de guerra y declaró la guerra al gobierno conservador de
Ospina. El conflicto dio el triunfo a Mosquera quien, desde 1861, se había
proclamado presidente provisional de la República. Posesionado de su cargo,
ejerció la presidencia como un dictador mientras convocaba a una convención
para redactar una nueva constitución.
El rasgo más sobresaliente de la dictadura de Mosquera fue su política
anticlerical. Poco después de asumir la presidencia ordenó la expulsión de los
jesuitas y el destierro del Arzobispo de Bogotá. Además, decreto la tuición de
cultos, es decir, una ley que prohibía a los religiosos ejercer sus funciones sin
autorización del Gobierno. Mediante el decreto de desamortización de bienes
de manos muertas, expropió los bienes que pertenecían a comunidades
religiosas que no podían ser puestos en venta. Las comunidades que se
opusieron a este decreto fueron abolidas. Las tierras expropiadas pasaron a
manos del Estado que las vendió al mejor comprador.

En medio de la guerra civil, que continuaba porque algunos sectores de la


población no estaban conformes con la dictadura, Mosquera convocó a una
convención para elaborar una nueva constitución. La convención, compuesta
en su mayoría por liberales radicales, es decir, por el ala del liberalismo que
pretendía aplicar en el país los más puros principios del liberalismo clásico, se
reunió en Rionegro en 1863, y redactó una nueva carta constitucional. Se inició
entonces el período radical, que se extendió hasta 1885.
Esta nueva constitución suprimió el nombre de Confederación Granadina y dio
al país el nombre de Estados Unidos de Colombia, que comprendía una
federación de estados dentro del más absoluto sistema federal. Antioquia,
Bolívar, Boyacá, Cauca, Cundinamarca, Magdalena, Panamá, Santander y
Tolima conformaban los Estados Unidos de Colombia y cada uno de ellos
gozaba de autonomía: podían dictar sus propias leyes, tener ejército propio y
administrar justicia independientemente del Gobierno Nacional.
Proclamó libertades individuales tales como libertad de comercio, de opinión,
de imprenta, de enseñanza, de asociación, etc. Así mismo, concedió a los
ciudadanos el derecho de portar armas y de comerciar con ellas y libertad para
entrar y salir del país sin pasaporte ni autorización. También suprimió la pena
de muerte. Además, concedió la ciudadanía colombiana a cualquier ciudadano
de las repúblicas hispanoamericanas que residiera en nuestro país.
Estableció la separación entre la Iglesia y el Estado y prohibió al clero adquirir
propiedades.
Redujo el período presidencial de 4 a 2 años y quitó poderes al presidente de la
República. La máxima autoridad de la nación residía en el Parlamento por ser
este el representante de los ciudadanos. El Parlamento estaba compuesto por
2 cámaras: el Senado que debía aprobar todos los nombramientos hechos por
el ejecutivo y la Cámara compuesta por un representante por cada 50.000
habitantes. La administración de justicia dependía de las leyes de cada estado.

El papel del Estado quedó reducido al de vigilar el orden público y garantizar


que se respetaran las libertades individuales.
La Convención eligió como presidente a Tomás Cipriano de Mosquera hasta
1864, fecha en la cual se realizaron elecciones, tal como lo disponía la
Constitución.
La Constitución de Rionegro impuso en nuestro país el más absoluto
federalismo o autonomía de las diferentes regiones (estados) con relación al
poder central.
El Gobierno Nacional (presidente, Parlamento, etc.) carecía de autoridad sobre
los estados que se convirtieron casi en islas independientes unas de las otras,
tanto en el aspecto económico como en el político.

Como el Gobierno Nacional no podía intervenir en los conflictos internos de


cada estado, las guerras civiles se volvieron más frecuentes. Fueron frecuentes
los conflictos armados al interior de cada estado, por ejemplo revueltas y
sublevaciones contra los gobiernos locales, así como las guerras entre dos o
más estados. Además existía absoluta libertad para comerciar con armas y
esto hizo posible que los líderes locales armaran sus propios ejércitos con
mayor facilidad.
Como consecuencia de la descentralización de los impuestos (cada estado
recaudaba sus propios impuestos y muy pocos eran destinados al Tesoro
Nacional Central), el Gobierno Central no disponía de ingresos económicos
suficientes para cubrir sus gastos. La situación de la Hacienda Pública llegó a
ser tan grave, que en 1865 el Gobierno tuvo que vender en subasta la mayor
parte de los edificios públicos.

Para las elecciones de 1876, el liberalismo estaba ya dividido en dos grandes


grupos: los radicales que deseaban que se mantuviera la Constitución y los
moderados que, junto con los conservadores, defendían un cambio hacia el
centralismo. Pese a la división, Aquileo Parra fue elegido para la presidencia.
Parra, el último presidente radical, tuvo que enfrentar la sublevación de los
conservadores de Tolima y de Antioquia.
En 1878, los liberales moderados y los conservadores apoyaron la candidatura
de Julián Trujillo quien, una vez elegido, abolió las leyes anticlericales e inició
negociaciones para poner fin a la separación entre la Iglesia y el Estado. El
Congreso, conformado en su mayoría por liberales radicales se opuso a estas
medidas.
El gobierno de Trujillo abrió el camino a la Regeneración, un movimiento
político cuyo objetivo era la restauración política y económica del país, el
restablecimiento de la paz y el fortalecimiento de las instituciones y del poder
del Estado. A la cabeza de este movimiento estaba Rafael Núñez, quien
contaba con el apoyo de los liberales moderados y de los conservadores.

Núñez fue elegido presidente en 1880. Durante su primer gobierno, que se


extendió hasta 1882, dictó leyes que agradaron a los conservadores, tales
como el restablecimiento de los estudios de religión abolidos durante el período
radical, y la autorización a los obispos desterrados para regresar al país. Para
el siguiente período fue elegido Javier Zaldúa quien falleció y fue sucedido por
José Eusebio Otálora. Durante su gobierno retornaron al país los jesuitas, que
habían sido expulsados por Mosquera al iniciarse el período radical. En 1884,
Núñez fue reelegido e inició su proyecto de derogar la Constitución de
Rionegro y redactar una nueva Constitución de carácter centralista. Los
radicales y caudillos regionales se opusieron a este proyecto y declararon la
guerra a Núñez en 1885. El conflicto se inició en Santander y se extendió a
otros estados. Apoyado por los conservadores y los liberales moderados que
se unieron en el Partido Nacional, Núñez pudo vencer a los sublevados y
declarar la nulidad de la Constitución de Rionegro.

La constitución de 1886 expresó el pensamiento de Núñez y de los


regeneradores. Según ellos, debía imponer la libertad y el orden como
principios para gobernar. Los puntos más importantes de esta Constitución,
fueron que dió a nuestro país el nombre de República de Colombia; estableció
la descentralización administrativa y la centralización política; solamente
existirían un congreso y un poder ejecutivo centrales, una legislación para toda
la nación y un ejército único; los antiguos estados, que de ahí en adelante se
llamarían departamentos, gozarían de autonomía para asuntos administrativos
tales como obras públicas, educación y servicios públicos entre otros, pero el
nombramiento de los gobernadores era responsabilidad del presidente de la
República; el período presidencial se extendió a 6 años; proclamó la religión
católica como elemento esencial dentro del orden social y la responsabilidad
del Estado de proteger la Iglesia; la educación pública quedó a cargo de la
Iglesia. Con estas leyes finalizó la separación Iglesia-Estado que había sido
decretada en la Constitución de 1863; respetaba las libertades individuales
pero establecía ciertos límites a las mismas; restableció la pena de muerte para
delitos graves y reservó para el gobierno el derecho exclusivo de fabricar y
comerciar con armas; otorgó el derecho de votar por consejales y diputados a
los varones mayores de 21 años que ejercieran profesión, arte u oficio. Solo los
varones con renta superior a los $500 anuales y propietarios de bienes
inmuebles podían votar por los representantes y designar a los electores
encargados de elegir presidente y vicepresidente. Los senadores eran elegidos
por las asambleas departamentales.
Para el período 1886-1892, Rafael Núñez fue reelegido para la presidencia. En
1887, se firmó con la Santa Sede un Concordato, por el cual se devolvían a la
Iglesia los privilegios que le habían sido arrebatados por la Constitución de
Rionegro y se restablecían las relaciones Iglesia-Estado. Núñez fue reelegido
nuevamente para el período 1892-1898.
Por enfermedad, primero y después debido a su fallecimiento, asumió el cargo
el vicepresidente Miguel Antonio Caro. Durante su mandato fueron
perseguidos algunos líderes liberales y se impuso un severo control a la
prensa. El partido liberal, desplazado del poder, vio en la guerra su única
salida. En enero de 1895, los liberales se levantaron en armas contra el
gobierno de Caro, pero fueron derrotados en marzo del mismo año. El
Gobierno, fortalecido por la existencia de un ejército nacional, acentuó su
persecución contra los líderes del levantamiento. Al mismo tiempo, se produjo
una división dentro del partido conservador: los nacionales que apoyaban el
gobierno de Caro y los históricos que se oponían a la concentración de poderes
en la persona del presidente y al control que este ejercía sobre la prensa. Las
elecciones siguientes dieron el triunfo a los conservadores nacionales.

La avanzada edad del nuevo presidente Miguel Antonio Sanclemente le impidió


encargarse del mando y su cargo lo asumió el vicepresidente José Manuel
Marroquín. Aunque Marroquín pertenecía al bando de los conservadores
nacionales, quiso adelantar algunas reformas que favorecieran a los liberales y
a los conservadores históricos. Sanclemente asumió entonces la presidencia y
rechazó todas las reformas que habían sido propuestas por Marroquín. Los
liberales comprendieron que sería imposible lograr algo por la vía pacífica y
comenzaron a planear otra guerra que se convertiría en la más prolongada y
devastadora de todas las que sucedieron en el país durante el siglo XIX: la
guerra de los mil días.
La guerra estalló en agosto de 1899 y se prolongó hasta noviembre de 1902.
Los liberales lograron importantes triunfos durante los primeros meses del
conflicto pero la derrota de Palonegro, en 1900, lesionó seriamente el ejército
rebelde.
En julio del mismo año, Marroquín asumió nuevamente la presidencia y los
liberales trataron de pactar la paz. El presidente decidió continuar la guerra. En
1902, las tropas rebeldes, comandadas por Benjamín Herrera, invadieron
Panamá y el Gobierno, atemorizado, pidió ayuda a los Estados Unidos que
inmediatamente envió tropas a ese departamento, en el que se adelantaban las
obras de construcción del Canal de Panamá. Las tropas liberales, que no
podían luchar contra el ejército norteamericano, los liberales aguantaban
desesperadamente ante las escasas ayudas de otros países, al tiempo que el
propio partido se dividía entre Pacifistas y Belicistas. Perdieron la fe en el
triunfo y sus líderes se dedicaron a buscar la paz. En noviembre de ese año, a
bordo del buque norteamericano Wisconsin, el gobierno y los rebeldes firmaron
el tratado de paz. Aunque la guerra no dió el triunfo definitivo a ninguno de los
dos bandos, los conservadores continuaron en el poder hasta 1930.
El conflicto afectó seriamente a nuestro país. Cerca de 100.000 personas
perdieron la vida y la economía quedó totalmente arruinada. Además, la guerra
debilitó al país en momentos en que Estados Unidos se proponía adquirir el
Canal de Panamá. Por esta razón una de las más graves consecuencias de la
guerra de los mil días fue la separación definitiva de Panamá y la pérdida del
canal interoceánico que se estaba construyendo.

Dentro de las políticas expansionistas de los Estados Unidos, convertido ya en


una potencia mundial, la posesión de una vía interoceánica era fundamental. El
Gobierno norteamericano negoció entonces con la compañía francesa y
propuso al gobierno colombiano un tratado por el cual, nuestro país se
comprometía a vender a los Estados Unidos la franja de tierra donde se estaba
construyendo el canal. Este tratado fue firmado en 1903 por el ministro
colombiano Tomás Herrán y el Secretario de Estado de los Estados Unidos.

El tratado Herrán-Hay fue aprobado por el congreso norteamericano pero fue


rechazado por el senado colombiano por atentar contra nuestra soberanía.
Ante la negativa del gobierno colombiano, los Estados Unidos apoyaron un
movimiento separatista panameño que declaró, el 3 de noviembre de 1903, la
independencia de la República de Panamá. El nuevo gobierno panameño
celebró con los norteamericanos, los tratados que otorgaron la soberanía sobre
el canal a los Estados Unidos a través del tratado Hay-Bunau-Varilla.
Por otro lado, Estados Unidos normalizó sus relaciones con Colombia, por
medio de un tratado Urrutia-Thomson, firmado en abril de 1914 durante el
gobierno de Carlos E. Restrepo. En este tratado, Colombia reconoció la
independencia de Panamá y fijó límites con el mismo. Por su parte, Estados
Unidos se comprometió a pagar 25 millones de dólares a Colombia como
indemnización por haber influido en la separación.

ECONOMÍA
Las zonas más pobladas estaban en el centro del país, en el suroccidente y
centro de Antioquia y regiones costeras de Cartagena y Santa Marta. Debido a
los fenómenos del agotamiento de las tierras y la saturación demográfica y la
concentración de las tierras en zonas ya pobladas, se presentó una expansión
de la frontera agrícola. Un ejemplo de ello fue la colonización antioqueña, en
dos vertientes.
La vertiente de Rionegro, hacia el sur, con características liberales. Querían
trasladarse a nuevos campos, para iniciar la producción cafetera en el Viejo
Caldas, el norte del Tolima y el sudoeste antioqueño. Se pasa de una
estructura de la gran hacienda a una de pequeña y mediana hacienda, surgen
las grandes familias para trabajar en la economía familiar, hacia una
democratización de la propiedad.
La vertiente de Marinilla se especializó en la agricultura y la minería, esta última
dependiendo de la volatilidad de sus condiciones con respecto a las guerras.
Por este motivo, esta vertiente no entró en un proceso de acumulación de
capital como los rionegreros, vieron empobrecerse con la minería y no
avanzaron en la diversificación de la agricultura.
En el aspecto del comercio exterior, las características de aumento de la
población más que de la agricultura, la autosuficiencia en las regiones y el
predominio de asentamientos en zonas frías donde se producían productos
iguales a Europa no permitieron que la agricultura generara un gran excedente
exportable, dentro de los cuales se encontraba el tabaco, con un 40% de las
exportaciones del país. Mientras las exportaciones crecían, las importaciones
crecían también a ritmos acelerados, con mayor proveniencia de Inglaterra y
Francia
Entre 1849 y 1857: rápido crecimiento de las exportaciones de tabaco.
Entre 1858 y 1869: relativo estancamiento de las exportaciones de tabaco.
Entre 1870 y 1882: rápido crecimiento de tabaco.
En los 80, las exportaciones de tabaco cayeron rápidamente pero fue
compensada por el auge del café y la quina.

Años Importaciones Exportaciones Exportaciones más


representativas
1864-65 5.965.181 5.042.691 Tabaco; oro y plata
1867-68 6.392.866 7.376.997 Tabaco; metálico (dinero)
1870-71 5.862.711 7.597.757 Metálico (dinero), tabaco
1873-74 11.218.844 10.189.852 Metálico (dinero), tabaco
1877-78 8.708.797 11.111.196 Metálico (dinero), quina
1880-81 12.071.480 15.836.943 Quina; metálico (dinero)

Rafael Nuñez se convierte en principal ideólogo económico y político de la


época. Existían diferentes monedas por regiones en el país, por eso crea el
Banco Nacional y el papel moneda. Ambos generan estabilidad en las tasas de
interés y el capital empieza a fluir hacia la construcción y hacia otras
actividades agrícolas.
Con el proyecto de unificación de la moneda (que en realidad fracasó y apenas
se constituye un Banco Central en 1923), Antioquia y Panamá, las regiones
más avanzadas del país y con más recursos, entran en conflicto con el
gobierno central. Decían que con éste financiarían al resto del país, ya que no
existía respaldo en oro por la pobreza del país.

Mosquera fue sucedido en la presidencia por José Hilario López quien contó
con los votos de los artesanos que esperaban que se mantuviera el
proteccionismo. Una vez posesionado, el gobierno inició el proceso de
reformas que introdujeron profundos e importantes cambios en la economía.
Estas reformas fueron:

Reforma fiscal: consistió en la abolición de muchos impuestos coloniales que


todavía estaban vigentes en la Nueva Granada. Suprimió el diezmo y el
estanco del tabaco con lo cual se incrementó el cultivo de este producto.
Además, el gobierno cedió a las provincias el derecho de fijar y recaudar
algunos impuestos y las autorizó para suprimirlos si la autoridad provincial lo
consideraba conveniente.

Abolición de la esclavitud: en 1851, el gobierno declaró libres a los esclavos


que aún subsistían en el país. Los terratenientes del sur, donde estaba
concentrada gran parte de la población esclava, se rebelaron contra esta ley y
organizaron una revuelta pero no tuvieron éxito. Los esclavos libertos pasaron
a formar parte del grupo de trabajadores agrícolas asalariados.

Establecimiento del librecambio: pese a las promesas que López había hecho a
los artesanos, el librecambio fue establecido definitivamente. Esta reforma
favoreció a los comerciantes importadores-exportadores y a los terratenientes
interesados en vincularse al mercado internacional.

Las exportaciones colombianas que en 1875 habían sido de US29.9 millones


bajaron a US7.3 millones en 1885. Entre 1879 y 1881, el precio de la quina de
exportación cayó en un 80%. Para suplir las necesidades de importación se
fundieron los objetos de oro que fueron convertidos en numerario, y la escasez
de éste aceleró el aumento del tipo de interés, lo cual a su vez facilitó la
especulación bancaria, pero al mismo tiempo obró como elemento depresivo
de las actividades económicas. La decadencia de ciertas exportaciones como
la quina, había dejado cesante a gran número de trabajadores y esto se
manifestaba en malestar social con expresiones violentas como las
insurrecciones urbanas de Bucaramanga y Pasto. Los levantamientos
regionales proliferaban ante la mirada impotente del poder central. En 1875-
1876 el régimen comienza a fisurarse con la violenta difusión del partido de
gobierno entre liberales parristas y nuñistas y con la cruenta guerra a la que se
lanzó el partido conservador en nombre de la religión y los Estados Soberanos.
El federalismo había cumplido su función: las tierras de indígenas y de la
Iglesia, así como gran cantidad de tierras baldías, habían sido repartidas. Ante
las dificultades económicas, la quiebra de las exportaciones y las
insurrecciones repetidas, el poder fraccionado del Estado no era ya el
adecuado. Para las necesidades políticas y económicas de una clase
dominante que se consolidaba a nivel nacional era preciso otro proyecto de
gobierno. Este se encarnó en la Regeneración.

Rafael Núñez, político liberal, que a nombre de su partido había sido


gobernador del Estado de Bolivia y Presidente de la República entre 1880 y
1882, encarnó el viraje. Muchos imputaron éste a traición pero él no era más
que la encarnación de las nuevas necesidades de los sectores dominantes.
Para el logro de su empresa iniciada en su segunda presidencia (1884-1886),
Núñez contó con el apoyo conservador y con el de un sector del liberalismo al
que debía su elección presidencial. La unión de estas dos fuerzas tomó el
nombre de partido nacional pero bien pronto se convirtió en conservador.

La política de la Regeneración se plasmó en un proyecto económico, en un


proyecto administrativo que a nombre del orden consolidó la represión, y en la
utilización de la ideología y la reorganización de los aparatos ideológicos del
Estado, que fueron entregados a la Iglesia Católica para su manipulación.

El proyecto económico tuvo como pilar el Banco Nacional. Al crearse éste, al


hacerse obligatorios los depósitos estatales en él y no en los bancos privados,
el Estado concentró recursos para conjurar el crónico déficit fiscal. La
imposición de una moneda estatal de tipo nacional, el papel moneda, cuando
hasta ese momento los bancos privados tenían el derecho de emisión, llevaba
como propósito conjurar la escasez de dinero motivada por la fuga de
numerario metálico y contribuyó a rebajar el tipo de interés y a dinamizar la
actividad económica en el sector agrario y en la construcción. Al mismo tiempo,
la política de devaluación con su secuela de disminución de salarios reales,
favoreció a los propietarios de haciendas cafeteras e impulsó la exportación de
café. Entre 1887 y 1897 se sembraron treinta millones de árboles de café. De
allí en adelante este producto se implantó como principal artículo de
exportación.

La tradición política de libre cambio comenzó a revisarse, y a través del manejo


fiscal se activó una política proteccionista de la manufactura nacional. El control
de la banca y el manejo monetario crearon fricciones momentáneas entre el
Estado y el sector bancario que vio limitadas algunas de sus prerrogativas; esto
dio lugar a los más fuertes ataques contra la Regeneración. Con todo, como los
propietarios de banco tenían intereses vinculados a otros sectores de la
economía tales como la producción y exportación de café, la política económica
de la Regeneración en su conjunto los benefició. En el sector bancario, a la
larga, el resultado fue la concentración y consolidación de unos pocos bancos a
costa de la quiebra de bancos más pequeños.

El proyecto administrativo quedó plasmado en la Constitución de 1886. Como


justificación de su papel redentor, Núñez había hecho circular el lema de:
"Regeneración o catástrofe" y acuñado la frase de: "Centralización política y
descentralización administrativa". Como respuesta a las nuevas necesidades,
la Constitución dio paso a un estado centralizado, en el que se abolían los
estados federales y se les sustituía por unidades administrativas denominadas
departamentos, al frente de los cuales se designaban funcionarios de libre
nombramiento y remoción del Presidente de la República. La soberanía se
hacía residir unitariamente en la Nación y al ejecutivo, representante ya de
clases con ámbito nacional y no de oligarquías regionales, se le fortificaba
otorgándole un gran poder. Se unificaba la legislación para todo el país y se
establecían mecanismos intervencionistas, que dejaban de lado la antigua
concepción liberal, para que el Estado contara con herramientas legales para
intervenir en la vida económica y regular el ejercicio de la propiedad, en aras
del "bien común". Claro está que lo que se manifestaba como asunto técnico,
de "descentralización administrativa", tenía un hondo contenido político pues
era el asentamiento de un poder central, expresión del "interés general",
encarnado en la clase dominante para mejor regular las condiciones de
explotación de las masas populares e imponerse, en aras de ese interés
general, sobre los intereses parciales de las oligarquías regionales o de las
fracciones de clase. Por esa razón y para poder mantener ese propósito, era
necesaria una fuerza representativa que garantizara la Constitución. De allí la
centralización del poder armado, la supresión de los ejércitos regionales y la
creación de un ejército y de una política nacional. Si en el período federal las
revueltas tenían un ámbito regional, durante la Regeneración el desarrollo del
poder central amplió los conflictos al ámbito nacional. En el período se reafirma
la divisa del escudo nacional: "Libertad y orden", pero la implantación de ese
orden, que relegó la libertad al símbolo emblemático implicó la guerra de 1885-
1886, la de 1895, y la más cruenta de todas las del siglo XIX: la guerra de los
Mil Días (1899-1902). Esta dejó como secuela cien mil muertos y fue causa
importante de un efecto descentralizador: la separación de Panamá.

A la ideología religiosa se le asignó el papel de amalgama para solidificar el


proyecto económico y el administrativo de represión. Si la Constitución de 1863
se dictó en nombre del pueblo, los constituyentes de 1886 se erigieron en
voceros de Dios, "fuente suprema de toda autoridad", en cuyo nombre fue
dictado el estatuto constitucional. Núñez era un escéptico religioso, que durante
su larga estadía burocrática en Europa, había comprendido la función que
podía jugar la manipulación de la ideología religiosa para la preservación del
statu quo entre las masas. Como hábil político captó también que en el país
había dos fuerzas organizadas en las que podía basar su proyecto
administrativo de denominación: el ejército y el clero, y en ellos se apoyó. Las
relaciones entre la Iglesia y el Estado se regularon por el Concordato de 1887,
adicionado en 1891, y a la Iglesia se le otorgó inmenso poder. De nuevo se
puso en sus manos el destino civil de las personas y a ella quedó
encomendado el registro de nacimientos, matrimonio y muertes. Las
cementerios quedaron bajo su control, el divorcio se suprimió y el matrimonio
civil se dificultó y se convirtió en elemento de escarnio para quienes lo
contrajeron. Se autorizó de nuevo la constitución de órdenes religiosas dentro
del territorio nacional y a ellas se confirió la educación. Sobre la educación se
estableció en el concordato:

El movimiento de la Regeneración pronto se convirtió en un gobierno


simplemente conservador. Tras de su intento dictatorial (1904-1909) Rafael
Reyes dejó el mando y fugazmente se instaló en el poder, el Movimiento
Republicano. A su nombre Carlos E. Restrepo gobernó como presidente (1910-
1914) pero en la práctica el grupo republicano estuvo compuesto por
conservadores y liberales civilistas que pronto regresaron a sus antiguos
partidos. Con estos matices puede decirse que durante cuarenta y cuatro años
hubo la República conservadora.

Panamá permaneció en calma hasta marzo de 1900. El gobernador logró


frenar a los liberales antes de que hicieran algún pronunciamiento sobre la
región. Bajo la protección de Estados Unidos se constituyó en una nación
aparte, independiente y soberana, que perteneció a Colombia desde 1821
hasta 1903.
Este compromiso de Panamá frente a Estados Unidos surgió a raíz de la ayuda
financiera para construir, en primer lugar, el
ferrocarril de Panamá, y mucho más tarde, el canal de Panamá,
comprometiéndose Estados Unidos a garantizar la neutralidad del Istmo, la
soberanía y la propiedad.
El canal fue inicialmente contratado con Francia, pero debido al largo invierno
panameño y con él la aparición de la fiebre amarilla, muchos franceses
murieron en la construcción. Este proyecto se financió mediante emisiones de
bonos pagaderos por cuotas.
Pero la compañía constructora entró en quiebra por el despilfarro, y los
franceses involucrados entraron en procesos penales por estafa y por abuso de
confianza.
Estados Unidos compró la concesión del canal, aprovechando ese punto
estratégico del puerto como ventaja frente a su guerra con España.
Los panameños no estaban de acuerdo con algunos arreglos de Marroquín
(actual presidente de Colombia), por lo que secretamente se aliaron con los
estadounidenses. El 6 de noviembre de 1903, Panamá fue reconocida por
Estados Unidos como ente soberano e independiente de Colombia, a cambio
de ceder una zona a perpetuidad.
El canal se inició con el saneamiento de la zona, y se terminó en 1914.

INFRAESTRUCTURA

En la década de los 70 se empezó a vislumbrar la decisión de construir


ferrocarriles en vez de carreteras. Su construcción pretendía facilitar las
comunicaciones entre la parte interior y más poblada del país con el mar. Los
siguientes son prospectos e inicios de vías ferroviarias, algunas de ella
inconexas y/o incompletas, construidas algunas por medio de inversión
norteamericana e inglesa:

• F. de Buenaventura a Cali
• F. del río Zulia a Cúcuta
• F. de Paturia (río Magdalena) a Bucaramanga
• F. de Puerto Berrío a Medellín
• F. de Barranquilla a Sabanilla

La poca unidad que tenía el ferrocarril se la daba la conexión con el río


Magdalena. Se continuó la política de facilitar el enlace entre la navegación
fluvial y la marítima, además de un significativo avance en la construcción de
puentes.

Los aspectos de infraestructura se vieron marcados por distribución de la


población, así dependiendo de las zonas más densas para efectuar el comercio
y de las zonas portuarias tanto fluviales como marítimas. Así, las
características de la población colombiana se centraban en una población rural
por actividad agrícola y minera dominante, y una aglomeración debido a un
gran auge de la actividad del comercio internacional, como Bucaramanga,
Cúcuta, Cartagena, Cali, Manizales y Medellín.

Las Concesiones Siempre Han Estado En Primera Línea

Las concesiones como tal, han sido siempre utilizadas de diversas maneras e
implementadas basadas en sistemas utilizados en otras partes.

Es así como desde 1836, el Congreso expidió una Ley a través de la cual se le
concedía a personas naturales o jurídicas, privilegios y especiales regalías para
que construyeran y explotaran el camino de rieles entre la ciudad de Panamá y
el punto de terminación de las aguas navegables del río Chagres, para
intercomunicar así los dos Océanos. Estos ambiciosos planes solo se llegaron
a cristalizar hasta 1850, cuando se contrató con el Barón Thierry la
construcción del ferrocarril de Panamá, primera obra de este género que se
construyó y se dio al servicio en Colombia.

Desde esa época, la historia del transporte en nuestro país estuvo


intrínsecamente relacionada con la ejecución de obras de fomento público,
adelantadas por iniciativa de los Estados, hoy departamentos, con la intención
principal de buscar una salida al mar para su respectiva provincia.

En 1871, con la Ley 69, el gobierno destacó la importancia que tenía para el
país la agilización del transporte en la actividad comercial. De ahí que en 1872,
la Ley 52 buscó la integración de una red Ferroviaria Interoceánica que
partiendo de la bahía de Buenaventura, atravesara los departamentos del
Cauca, Tolima, Cundinamarca, Boyacá y Santander, y se conectara con el río
Magdalena en un puerto en donde la navegación no sufriera interrupciones.
Nació así el proyecto denominado ferrocarril del norte, cuya finalidad básica era
la de unir a Bogotá con el Océano Atlántico.
Pero todos estos proyectos quedaron truncados ante la transformación política
y administrativa surgida con la Constitución Política de 1886, que convirtió los
Estados en Departamentos, redujo la renta de las secciones y fortaleció, en
cambio, las de la Nación.

Sin embargo, paulatinamente y mediante la revalidación por parte de la Nación


de algunas negociaciones realizadas por los Departamentos, los ferrocarriles
fueron avanzando mediante la utilización de diversa tecnologías extranjeras.

En la administración del Presidente Marco Fidel Suárez, se recibió la propuesta


del "Sindicato Colomboamericano", conformado por famosos banqueros y
comerciantes norteamericanos, para integrar el sistema ferroviario, encaminado
a construir una red férrea en la cual los trenes recorrieran el trayecto de Bogotá
a un punto de la Costa Atlántica en menos de 24 horas, mediante el sistema de
concesión a 50 años, incluida la explotación y operación. Pero esta genial idea,
quedó en la mente de los colombianos y en los famosos "sueños del presidente
Suárez".

En 1892 con la Ley 104 se autorizó la construcción de los ferrocarriles


colombianos, a través de los sistemas de concesiones. Este sistema otorgó un
monopolio del transporte ferroviario en diferentes rutas, considerándose este
régimen como la causa principal, hasta 1947, de un servicio deficiente, de
elevadas tarifas y de falta de integración en la red que existía en ese momento.

Para finales del siglo XIX y comienzos del XX, el Ferrocarril se constituyó en un
motor para las exportaciones, especialmente las de café, tabaco y cacao.

Entre 1881 y 1934 se realizó la construcción de los principales tramos de la red


férrea colombiana, hecho que en 1885 se favoreció con la actividad económica
relacionada con la industrialización del cultivo de banano, la cual impulsó el
desarrollo del sector férreo.

Con la construcción de los primeros ferrocarriles los costos del transporte se


redujeron notablemente, lo que permitió ampliar la red.

Puerto de Cartagena de indias: A mediados del siglo XIX, con la llegada de


buques de acero y máquinas a vapor, el país debió construir puertos para
recibir a los nuevos “colosos” de los mares por lo que, en 1894, Cartagena
recibió obras de dragado del Canal del Dique; un muelle fluvial en Calamar; un
muelle marítimo (de la Machina) y un ferrocarril para unir la bahía con el río
Magdalena.
BIBLIOGRAFIA:

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• Gran enciclopedia de Colombia, tomo X, editorial Círculo de
Lectores, Bogotá, 1994
• http://www.memo.com.co/fenonino/aprenda/historia/las-
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• http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_Civil_de_los_Mil_D%C3%ADas
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• http://apuntes.rincondelvago.com/historia-economica-
colombiana.html
• economia.uniandes.edu.co/.../HistoriaEconomicadeColombia_Urruti
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