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Los judíos de la España moderna y contemporánea Vol.

Por qué el visigodo, el moro medieval, el español de fines de la Edad


Media, el alemán, el ruso, el berebere y otros muchos pueblos, a lo largo de
los siglos y de las generaciones, han odiado tan continua y sistemáticamente
al judío? P. 25.

El judío (como otros orientales) utilizaba, pues, los resortes del poder,
requerían la ayuda de las autoridades, de los soldados si era preciso y
circulaba, aunque luego conservara su peculiar personalidad y no fuera un
súbdito respetado por sus virtudes patrióticas. P. 27

Comercio y relaciones de las juderías.


Aun en las épocas más oscuras de la Edad Media, cuando el espíritu
localista y cerrado de las sociedades rurales había triunfado sobre todas las
tradiciones urbanas del Imperio romano, los judíos parecen conservar gran
parte de aquéllas y siguen siendo los negotiatores por antonomasia,
administradores de erarios públicos y privados, traficantes en gran escala,
dispuestos siempre a emprender viajes arriesgados y larguísimos. P. 40.

En la Cordoba Califal de Abd al-Rahman III nos encontramos a un


ministro hebreo, Jasdai ben Sapurt, que tuvo una correspondencia curiosa (si
es auténtica), con el rey de los jázares.
Los judíos comerciaban con productos raros, caros, exóticos.
Llevaban curiosidades a los grandes potentados de la tierra. También se
dedicaban al comercio de esclavos, combinado con el de pieles, que les
llegaban de zonas muy septentrionales de Rusia. P. 42.
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Relaciones entre judíos y mahometanos.
El judío y el hispano romano habían convivido sin que quede más que
escasa memoria de que el segundo se mostrara intransigente con el primero.
El judío y el visigodo de la época católica ya vivieron de otra manera:
cuando los mahometanos, árabes, sirios y berberiscos fijaron sus ojos en la
península, el judío los consideró, pues, como liberadores. Y en una medida
lo fueron. Desde el año 711 hasta la época en que se resquebrajó el Califato
de Córdoba, y salvando algún episodio luctuoso, vivió como nunca había
soñado vivir, después de los tiempos de esplendor bíblico. Pero, al fin, la
armonía entre musulmanes y hebreos también va desapareciendo. P.49.

Los judíos debían tener sus tablajerías aparte y no debían de matar


reses para los musulmanes. No debían de venderse sus ropas entre los
creyentes, no podían llevar ropas honorables ni ser saludados con las
fórmulas propias de los mismos creyentes, y deberán llevar un signo por el
que sean conocidos, por vía de humillarlos. P. 50

Aparecen de modo constante almojarifes, médicos, astrónomos e


intérpretes judíos que forman academias y grupos intelectuales y que, de un
lado, conocen el árabe, y del otro, el hebreo, y, por fin, tienen algún barniz
latino. P. 51.

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El pueblo judío está dominado por la letra escrita. La fuerza de las
Sagradas Escrituras y el Talmud sobre él es tal que todos sus actos se hallan
referidos a aquellos textos. Es el judío un pueblo de letrados, de escribas, de
“gentes del libro”, como dicen los árabes gráficamente. Cuando se ha
hablado de la influencia de la cultura hebrea sobre la española, hay que
entender que se alude, sobre todo, a la literatura y a actividades del espíritu
relacionadas con la letra escrita. En lo que se refiere a Bellas Artes, plásticas
sobre todo, poco hay que decir. El hebreo en esto no suele ser original:
acepta el arte moro o mudéjar para sus sinagogas, como admite otros
elementos, según sea un hebreo alemán del siglo XIX, holandés del XVII o
español del XV. Algún pequeño sello de orientalismo se percibe a veces en
su atuendo, en su figura. Pero si esto se halla patente en las escenas de la
vida judía de Rembrandt, por ejemplo, otros documentos gráficos nos
resultan completamente neutros. P. 69.

Dios, los grandes dioses y el Dinero se hallan, pues, estrechamente


relacionados: casi desde la época en que los hombres empiezan a creer que
hay una o unas divinidades supremas y cuando descubren que existe un
valor que es como la quitaesencia de todos los valores, pues puede
conquistar y trocar todos o casi todos los bienes de la tierra. ¡Qué fuerza
tiene el dinero! Es un valor también supremo en la tierra. Ningún moralista
antiguo fue capaz de dar una idea de su poder. Porque los moralistas lo han
considerado, casi siempre, como un mal, aunque sea un mal necesario. Y el
dinero está usando una expresión nietzcheana, más allá del bien y del mal. P.
73.

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Si se echa una ojeada a los documentos judíos de aquel período, se
obtiene la impresión de que pertenecen a una sociedad que, en efecto, se
halla mucho más reglamentada y somerita a número, podríamos decir, que
otras contemporáneas. Los padrones, las listas de pago relacionadas con
ellos, las escrituras privadas, compras y ventas de casas, todo tiene un
aspecto burocrático. Las formas de colocar el dinero para obtener intereses
eran complicadas y requerían una contabilidad rigurosa. Refiriéndose a la
aljama de Zaragoza que estudió con particular cuidado, decía, por ejemplo,
don Manuel Serrano y Sanz: “Más que sociedad industrial, la aljama judía
de Zaragoza era una institución bancaria que manejaba gran parte del capital
de los cristianos. Todas las clases sociales de Zaragoza vivían, en gran
parten con los intereses del dinero que habían dado a los judíos en cambio de
censales; de tal modo, que cuando el clavero o clavario de la aljama… hacía
sus pagos en los días marcados, comparecían ante aquel judío nobles,
caballeros, clérigos, frailes de todas las órdenes religiosas, representantes de
monjas, mayordomos de parroquias, viudas y doncellas.” (M. Serrano y
Sanz, Origenes pags. 66-68) p. 79.
Américo Castro, por ejemplo, ha reunido muchos datos sobre las
actividades de los judíos españoles en la Edad Media y llega a afirmar que
“la historia de España se ha alzado la base de una economía judaica”.
(Américo Castro. La realidad historica de España, p. 472)
Otro escritor moderno, éste portugués, afirma que los cristianos que
fueron conquistando las tierras de la península, donde se habían asentado los
árabes, eran, desde el punto de vista técnico, económico y cultural, en
conjunto, muy inferiores a aquéllos, y que los hebreos sirvieron de

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intermediarios untre unos y otros. (Antonio Jose Saraiva, A Inquisicao
portuguesa, p. 14)
Una especialista en historia económica como Henri Pirenne llegó a
afirmar que se ha exagerado el papel que desempeñaron los judíos en el
desarrollo de los pueblos europeos y que en los países con mayor fuerza
comercial e industrial e número de prestamistas y hombres de negocios de
esta estirpe fue reducido. Según él, aumentaba a medida que se avanzaba en
la Europa oriental, donde la industria y el comercio eran más débiles
precisamente. ( Henri Pirenne, Historia economica y social de la Edad
Media, p.135. ) P. 80

Por otro lado, el que los artesanos hebreos constituyan, como


constituyen, un elemento importante en la vida de los estados peninsulares
del medioevo, no es algo privativo de España. También aparecen en otras
muchas partes del mundo medieval. El hombre del ghetto es muy igual por
doquier, poco dado a la agricultura siempre, con tendencia a especializarse
en determinados trabajos.
Así resulta que médicos hebreos hay en la Espala medieval lo mismo
que en El Cairo de los califas o que en la Alemania imperial de fines del
siglo XIX y comienzos del XX.
Don Manuel Serrano y Sanz, tras sus laboriosas pesquisas a las que ya
hemos hecho varias referencias, afirmó que en millares de escrituras que
revisó en el Archivo notarial de Zaragoza no encontró más que una relativa a
un judío labrador. Los más eran reboleros, zapateris, sastres, banoberos,
bajadores y pelliceros, chapuzadotes, herreros y carniceros. Predominaban
también los plateros y traperos y ropavejeros.

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Pero los judíos aragoneses más pudientes eran, sobre todo, según se
ha visto, prestamistas, banqueros y arrendatarios u recaudadores de
impuestos. P. 81.
Uno de los más grandes enemigos que tuvieron los judíos por
entonces fue el antipapa Luna, que, en 1415, expidió una bula
prohibiéndoles leer el Talmud y también el ejercicio de las profesiones a que
más dados eran: no podían ser médicos, ni cirujanos, ni boticarios, ni
especieros, poteros, corredores, tratantes, concertadores de esponsales u
matrimonios, compromisarios y recaudadores de impuestos; se les prohibía
también que diesen dinero en préstamo y se disponía que llevaran un signo
distintivo y que oyeran cada año tres sermones contra el judaísmo. P. 84.

Los cristianos, que en ocasiones perseguían a los hebreos,


comúnmente los tenían como vigilantes, como policías: la infamia, el poder
y la deshonra se combinaban, pues, de modo peregrino. Pero volvamos al
asunto de la usura. P.87.

Los cristianos viejos se creen más inteligentes que los primeros; no


juzgan, en cambio, que en conjunto aventajan a los segundos en este
particular, aunque crean siempre que tienen otras cualidades que les hacen
muy superiores. De ahí su antijudaísmo peculiar, cultivado por la Iglesia. P.
89.

En suma, si los términos de usurero, judío y hombre enemigo de


Cristo y su religión se hacen a los largos sinónimos, los oficios en que los
judíos descuellan adquieren también en ciertas regiones una fama
sospechosa: por ejemplo, el de sastre. Y, en general, el cristiano viejo
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villano, chapado a la antigua, creía que todo aquel que manejaba más el
dinero, la moneda acuñada, que la azada y el arado o la espada, era no sólo
explotador, sino también un hombre sin fe.
Los cristianos han creído que el dinero es un peligro, una ocasión de
pecar. Han considerado también que los mayores pecadores son los judíos
usureros y manchados por el Deicidio. P. 90.
El antisemitismo es un hecho que se ha sólido explicar desde varios
puntos de vista. Los autores que han simpatizado con el pueblo judío le han
buscado unas causas. Los enemigos hostiles buscaron otras. En realidad, es
muy difícil desenvolverse con un poco de objetividad al discutir los puntos
de vista de los dos grupos. P. 109
¿Motivos de estas persecuciones? Veganza justa, replicarán otros
hostiles al Judaísmo. Sin duda eran una válvula de escape de una sociedad
compleja y llena de resentimientos.
Un antisemita que goza hoy de no muy buena fama, H.S.
Chamberlain, afirmaba rotundamente que “toda persecución en apariencia
eclesiástica tiene su causa real en una situación económica intolerable”
(H-.S- Chamberlain, La genése du XIX siecle, trad de Robert Godet, pag.
460). P. 118.
A los judíos se les cagó, además, con la reputación de ser muy dados a
toda clase de prácticas mágicas, considerando, claro es, la Magia como un
arte diabólico. P. 119.

Los grandes males políticos se atribuyen también a acciones


individuales o colectivas de los judíos. Ellos fueron los que participaron más
en la entrega de muchas ciudades a los mahometanos invasores, según va
dicho; contra esta acusación de tradición perpetua tenían que afilar sus
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argumentos aun los panegiristas del pueblo d Israel en el siglo XVII, por
ejemplo, Isaac Cardoso. P.121.

Las persecuciones sangrientas producían, de modo automático,


conversiones forzadas. Había, en efecto, por doquier, familias judías que,
sometidas al espanto y en ultima instancia, recurrían a pedir el bautismo en
tierras de cristianos. P. 123.

Es verdad que en la Biblia pueden espigarse pasajes que reflejan en


criterio de tolerancia. Pero no es menos cierto que otros están en flagrante
contradicción con aquéllos. P.175.

La idea de la culpa colectiva, del Deicidio, que sirvió a los pueblos


cristianos para perseguir a los judíos durante siglos y siglos, está relacionada
estrechamente con la misma idea bíblica del pecado original. Es decir, con la
idea de que existen pecados que se transmiten por vía de herencia y que,
además, tienen más sentido dentro de la vida legal y colecita que dentro de la
vida moral e individual. El pecado del Deicidio o pecado original hacen de
todos los hombres, o de un grupo de hombres, culpables sin culpa propia. P.
176.
La ley de la sangre es una ley que tuvo vigencia entre los judíos. La
noción de pureza e impureza, vinculada a creencias religiosas, también, en el
Deuteronomio se lee que no entrarán en la casa de Dios ni los bastardos, ni
los ammonitas y moabitas, incluso en la décima generación. P. 177.
Los Reyes Católicos el 31 de marzo de 1492 y después de algunas
consultas declararon su decisión de darles a elegir entre recibir el bautismo o
marcharse de sus reinos en un plazo breve: cuatro meses. P. 195.
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Salida de los judíos.
Tenían prohibido sacar dinero, pero lo sacaron como pudieron.
Aunque los judíos ricos ayudaron a los pobres cuanto pudieron para
que no se convirtiesen, aunque les había invadido un espíritu mesiánico que
les hacía esperar milagros, las caravanas eran como para producir piedad.
Como los judíos dependían de modo directo del monarca y como
manejaban cantidades grandes de dinero y además muchos capitales los
tenían puestos en treudos, resultaba laboriosa la tarea de pasar la
administración de unas manos a otras. Así se tardó bastante en publicar la
orden de expulsión: el fijar el capital que podía corresponder al tributo que
pagaban las aljamas de los hebreos para adjudicárselo a la corona, el
indemnizar a algunos y el asegurar la vida normal de los que quedaban y
eran dependientes de los que se iban, eran cosas que requerían tiempo y
trabajo, pues aunque se ha fantaseado mucho exagerando las cifras de los
expulsos, éstos constituían, sin duda, un porcentaje bastante grande dentro
de la población de los reinos de Aragón y Castilla. Hablemos algo de este
asunto debatido. P. 197.