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JOSÉ MANUEL PERAMÁS

LAVDATIONES QVINQVE

Cinco alabanzas al muy ilustre Sr. Dr.

Ignacio Duarte Quirós

Fundador del Colegio de Monserrat de Córdoba en América

Edición bilingüe anotada de

MARCELA ALEJANDRA SUÁREZ

Este trabajo se inscribe en la producción del Proyecto PICT REDES 2000-00019


de la Agencia de Promoción Científica y Tecnológica titulado Tradición clásica,
cosmovisión jesuítica e ilustración: perspectivas diversas sobre la configuración
cultural del hombre letrado en las colonias españolas del actual territorio
argentino, cuyo Director Responsable es el Dr. Alfredo Eduardo Fraschini.

Buenos Aires

BIBLIOTECA NACIONAL DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

2005
PRESENTACIÓN

El proyecto PICT REDES 2000-00019, Tradición clásica,


cosmovisión jesuítica e ilustración: perspectivas diversas sobre la
configuración cultural del hombre letrado en las colonias españolas
del actual territorio argentino, acreditado y subsidiado por la
Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, propone,
entre otros, los siguientes objetivos:

• Obtener un conocimiento detallado de las actividades culturales y


educativas producidas en los territorios del futuro Virreinato del
Río de la Plata durante los siglos XVI al XVIII así como de los
productos concretos -obras literarias, filosóficas, didácticas,
musicales y plásticas- de tales actividades.

• Realizar una configuración ideológica, estética y científica de los


hombres formados en las escuelas y universidades de la colonia en
esa etapa histórica con el fin de comprender los lineamientos
generales y particulares de la evolución cultural argentina en el
tránsito de la dominación española a la independencia.

• Colaborar en el rescate de textos inéditos de todo tipo producidos


en esa etapa histórica en los territorios señalados y realizar la
edición crítica -bilingüe, cuando esté en otra lengua- de los
mismos.

• Lograr una buena difusión -en todos los niveles posibles- de los

1
datos, análisis, reflexiones y conclusiones resultantes del estudio
de dicho período, con el fin de que ellos contribuyan a la
comprensión del fenómeno cultural argentino en los siglos XIX y
XX.

El tercero de ellos, que es, de algún modo, un camino para el


más puntual logro de los demás, está íntimamente ligado a la
actividad filológica. Los integrantes del nodo Buenos Aires de dicho
proyecto interuniversitario, provenientes del ámbito de las lenguas y
literaturas clásicas, son los encargados de llevar adelante esa tarea.
En el caso de estas Laudationes quinque de José Manuel
Peramás, es la Dra. Marcela Alejandra Suárez, docente de la
Universidad de Buenos Aires e investigadora del CONICET, la
encargada de hacer conocer una versión técnicamente actualizada, en
el plano filológico-lingüístico, de dicha obra escrita en lengua latina, y
ofrecer una traducción fiel al original y accesible al lector moderno.
Una serie de notas, a veces breves pero siempre precisas, ilumina este
texto del siglo XVIII que por primera vez se ofrece con las
características señaladas.
Como Director Responsable del proyecto, el logro de esta
edición me llena de alegría y me da fuerzas para continuar con los
varios trabajos similares que, en distintos grados de avance, están en
este momento en nuestras manos.

Dr. Alfredo Eduardo Fraschini

2
INTRODUCCIÓN

IGNACIO DUARTE Y QUIRÓS Y EL REAL COLEGIO


CONVICTORIO DE
NUESTRA SEÑORA DE MONSERRAT

Ignacio Duarte y Quirós nació en Córdoba a fines de la segunda década


del siglo XVII y murió el 2 de febrero de 1703 en Caroya. Estudió en la
Universidad donde obtuvo el título de Maestro en Artes y el de Doctor en
Teología. En 1650 fue ordenado sacerdote por el Obispo Maldonado de
Saavedra. Es poco lo que se conoce de su vida, pero todos coinciden en que
era sencillo, humilde, muy piadoso y caritativo. No ocupó cargo político ni
religioso de categoría ni fue profesor de la Universidad como hubiera podido
esperarse de su condición de doctor.
En 1684, después de entrevistarse con Tomás Domvidas, provincial de
los jesuitas, nace el proyecto de la fundación de un Colegio Convictorio con
la idea de colaborar con la Universidad y de que los alumnos residieran en él,
en un ámbito adecuado para sus estudios, regido por las normas morales del
momento. Por esta razón, el 8 de julio de 1687 Duarte puso a disposición de
la Compañía de Jesús la suma de 30.000 pesos en bienes, incluida la estancia
de Caroya que destinó al sostenimiento del colegio y como residencia
veraniega para los estudiantes. El procurador General de la Compañía de
Jesús, R. P. Diego Altamirano, gestionó ante el rey de España la autorización.
La Cédula Real del 15 de junio de 1685 y la donación de bienes de Duarte
permitieron la realización del mencionado proyecto. El colegio pasó a estar

1
bajo el patronazgo real y su nombre completo fue Real Colegio Convictorio
de Nuestra Señora de Monserrat. El 1º de agosto de 1687 el gobernador
Tomás Félix de Argandoña estableció su fundación. 1
Duarte tuvo la satisfacción de ver al Colegio Convictorio en
funcionamiento y progresando con alumnos de la propia ciudad de Córdoba
y de diversas ciudades de las gobernaciones del Tucumán, Río de la Plata,
Paraguay y Chile. Por Real Cédula del 2 de diciembre de 1716 se aprobó
definitivamente su fundación y funcionamiento y se determinó que se regiría
por las constituciones del Colegio de San Bautista de Charcas, similares a las
de los colegios de Lima y Cuzco. 2 Así, pues, el Colegio de Monserrat se fue
convirtiendo poco a poco en uno de los centros americanos más importantes
de enseñanza. En este sentido, dice Furlong (1946: 227) al referirse a la
cultura pedagógica de los jesuitas: “Se podrán tal vez criticar los métodos,
condenar los procedimientos, hallar fallas en los programas, en los textos o en
las enseñanzas, pero la historia imparcial tendrá siempre que reconocer que
cabe a la Compañía de Jesús y solamente a ella, haber abierto escuelas en
todos nuestros centros de población, haber fundado colegios en todas las
ciudades del antiguo virreinato y haber erigido en el corazón geográfico del
mismo, una Universidad que desde principios del siglo XVII hasta fines del
siglo XVIII pudo competir con los grandes centros culturales del Viejo
Mundo.”
Desde su fundación hasta la actualidad la vida académica del Colegio
de Duarte transitó por tres períodos: el jesuítico o inicial (1687-1767), el
intermedio o inestable (1767-1907) y el universitario o actual (de 1907 en
adelante). Con el correr de los años, las circunstancias cambiaron y el Colegio

1
Cf. Viotto (1992); Dichiara (1992: 2).
2
Cf. Dichiara (1992: 2).

2
Convictorio pasó a ser Colegio de Estudios Secundarios y su nombre oficial es
hoy Colegio Nacional de Monserrat.
Hoy, en medio de una ciudad pujante y docta, los jóvenes estudiantes,
que recuerdan a diario a su fundador, 3 lo llaman simplemente “Monse”.
“Pero en esas dos sílabas de simplificación ha quedado intacto su espíritu, el
vivir en común que marca para las generaciones que se suceden, como las
aguas siempre móviles del río, la idea primera que desafió tempestades y
desalientos, que fue creciendo en la actualización constante de sus planes de
estudios, pero que no perdió en el devenir de los siglos su encanto
primordial.” 4

LAS LAUDATIONES QUINQUE:


PERAMÁS Y EL PROBLEMA DE LA AUTORÍA

Tras la muerte de Duarte y Quirós, desde 1762 a 1766 se


pronunciaron en latín, a manera de homenaje, una serie de alabanzas para
enaltecer su figura y su obra.
La introducción de la imprenta en Córdoba resultó un germen de
progreso literario, pues estimulados por la imprenta que funcionaba en
Ambato, Capitanía General de Quito, y antes de obtener el permiso real, los
jesuitas cordobeses importaron materiales de España y luego iniciaron sus
gestiones legalmente para establecer la imprenta en el Colegio de Monserrat.
El primer impresor fue el Hno. Coadjutor Pablo Karer, quien además de
3
La estatua de bronce de Ignacio Duarte y Quirós preside el patio principal; un óleo con su figura
ocupa un lugar destacado en la sala de profesores; su escudo de armas es también el escudo del
Colegio.
4
Beato et alii (1987: 34).

3
publicar la Pastoral del Arzobispo de París, el Manual de Ejercicios, el Acto General
de Estudios y las Reglas y Constituciones que han de guardar los Colegiales del Colegio
Real de Nuestra Señora de Monserrat, hizo posible en 1766 la publicación de
aquellas cinco alabanzas bajo el título de Laudationes Quinque. La vida de la
imprenta fue muy corta, pues a un año de su inauguración (1766), fue
clausurada en 1767 cuando se produjo la expulsión de la Compañía. 5
Durante mucho tiempo se creyó que el autor de las Laudationes había
sido Bernabé Echenique, según figura en la dedicatoria. Bernabé Echenique 6 ,
nieto de Juan Echenique, gran protector del Colegio, pertenecía a una familia
influyente y poderosa dentro de los círculos sociales y políticos de aquella
época. Hoy, sin embargo, sabemos que el autor es el P. José Manuel Peramás.
De origen catalán, nació el 17 de marzo de 1732. Después de haber ingresado
en la Compañía de Jesús, fue enviado a tierras americanas en 1755. A fines de
ese mismo año, llegó a Córdoba del Tucumán. Trabajó un tiempo en la
reducción de San Ignacio Miní y en ese mismo período se le encargó la
redacción de las Cartas Anuas de la Provincia del Paraguay. Al cabo de tres
años debió abandonar sus tareas apostólicas y regresar a Córdoba donde se
hizo cargo de la cátedra de Retórica y Teología Moral. Aceptó la carga con el
espíritu de siempre y se entregó en cuerpo y alma a la enseñanza. Pero la tarea
educativa a la que se había consagrado fue repentinamente interrumpida
cuando en la madrugada del 12 de julio de 1767 el comandante Fabro leyó la
Real Cédula de Carlos III de “estrañamiento y secuestro”. De América pasó a
Cádiz y de allí, después de múltiples destierros, fue embarcado hacia los

5
Sus prensas y sus tipos fueron abandonados y olvidados por algún tiempo en el local del mismo
colegio. En 1780 el Virrey Juan José de Vértiz dispuso trasladarla a Buenos Aires. La imprenta que,
en virtud del escaso tiempo de funcionamiento llevaba materiales aún sin usar, fue instalada en el
solar conocido como “Manzana de las luces”. Esto permitió la aparición del Telégrafo Mercantil.
Cf. Beato et alii (1987: 77-78).
6
Esta es la tesis sostenida por Ricardo Rojas (1918: 253, 357). Cf. Furlong (1952: 27).

4
Estados Pontificios. Llegó a Faenza en 1773 y el 21 de julio de ese año un
nuevo desgarro lo sorprendió: la supresión de la Orden por mandato de
Clemente XIV a través del Dominus ac Redemptor. En este doloroso marco
histórico Peramás encontró la muerte el 23 de mayo de 1793, a los 61 años,
después de haber vivido 26 en el destierro. El ilustre jesuita murió añorando a
América, esa tierra que él sentía como suya.
Sin dudas, el hecho más significativo de Peramás en tierra americana
fue la publicación de las Laudationes Quinque. Esta obra pertenece al genus
demonstrativum, laudativum o epidíctico, es decir, definido como un discurso
pronunciado en alabanza a una persona, una actividad o una cosa que se
quiere celebrar. Dicho genus se caracteriza por la exhibición o ε)πι/δειχιϕ
oratoria que invita a emitir un juicio artístico, pues apunta a la belleza,
estética y moral, de objetos y asuntos. 7 La latinidad de las Laudationes no es ni
puede ser obra de un alumno, por más aventajado que este haya sido en el
arte de la retórica, sino más bien de un maestro avezado en la prosa
ciceroniana y en la tradición clásica.
En la biografía escrita por el P. José Ferrer,8 quien vivió con Peramás en
Italia, se hace referencia a las oraciones quinque in laudem Domini Ignatii
Duartii et Quirosi. Otra prueba de carácter decisivo es el ejemplar que se
guarda en el Colegio de San Estanislao de Málaga, en el que se encuentra una
dedicatoria concebida en estos términos: Patri Iulio Cordarae. Soc. Iesu
Historiatori, Iosephus Peramasius eiusdem Societatis Iesu, Romam. 9

7
Acerca del genus demonstrativum, laudativum o epidíctico, cf. Her. 1.2, 2; Quint. Inst. 3.7, 28;
Lausberg (1966: 213).
8
Esta biografía se conserva en el tomo manuscrito e inédito rotulado Jesuitas Catalanes en la
Biblioteca de la Universidad de Barcelona.
9
Al Padre Julio Cordara, Historiador de la Compañía de Jesús residente en Roma- José Peramás de
la misma Compañía de Jesús.

5
En el Index Librorum Bibliothecae Collegii Maximi Cordubensis Societatis
Iesu, Anno 1757 que contiene el catálogo de libros pertenecientes al Colegio
Máximo de la Compañía de Jesús, se encuentra entre la I y la O la siguiente
constancia: Pr. Iosephus Peramas Laudationes 5 in honorem D.D. Ignatii Duartii.
La obra del Index fue finalizada el 25 de julio de 1757, tal como figura en la
nota final. El atestado relativo a la obra de Peramás, a juzgar por el color de la
tinta y la caligrafía, fue un agregado posterior entre julio de 1757 y julio de
1767. 10
Fundándose en estos motivos, entre otros, Furlong (1937: 22-24)
afirma que no hay dudas de que Peramás es el único y verdadero autor de las
Laudationes. 11 En cuanto a la omisión de su nombre, nada se sabe, aunque los
bibliófilos jesuitas modernos insisten en el hábito de los integrantes de la
Orden de hacer aparecer sus trabajos bajo el nombre de terceros.

El P. Peramás ha cooperado en gran medida con las letras y las


tradiciones históricas de nuestro pasado. Por ello, aquel desconsolado Fuimus
Iesuitae. Fuit Societas que en el diario del destierro deja constancia de su
partida de Córdoba, puede contrarrestarse con lo dicho por el P. Joaquín
Gracia S.J.: “[…] los jesuitas se fueron de Córdoba en agosto de 1767, pero
quedaba en ella el genio de sus hijos.” Y no solo el genio de sus hijos sino
también el de sus obras, patrimonio nacional y patrimonio de la humanidad.

Dra. Marcela Alejandra Suárez

10
Cf. Martínez Paz (1940: 2).
11
Entre sus escritos se destacan, entre otros, De invento Novo Orbe, Advenientem Faventiam, De vita et
moribus sex sacerdotum, Annus patiens o Historia de la expulsión.

6
NUESTRA EDICIÓN

La transcripción del texto de las Laudationes quinque corresponde a la


edición facsimilar:

Universidad Nacional de Córdoba. Instituto de Estudios


Americanistas. Colección de la Imprenta Jesuítica del Colegio de
Monserrat. Cinco Oraciones laudatorias en honor al Dr. D. Ignacio
Duarte y Quirós. Córdoba. Imprenta de la Universidad.
MCMXXXVII.

La edición de 1937 presenta las siguientes características:

• 4 (108 x 172 mm). Part. V. en bl. 4 pp. s. n. de antecedentes.


• La colección de la Imprenta Jesuítica del Colegio de Monserrat suscrito
por el Dr. Enrique Martínez Paz, pp. VII-XIV.
• El autor de las Laudationes Quinque por el P.Guillermo Furlong Cardiff
S.J. , pp. 1-68.
• Portadilla v. en bl..
• Texto facsimilar de las Laudationes, pp. 71-170.
• Portadilla v. en bl.
• Cinco elogios del esclarecido varón Sr. Dr. Ignacio Duarte y Quirós,
traducción de Benito Ochoa, pp. 173-267.
• Portadilla v. en bl.
• Indice general de nombres de la versión castellana pp. 271-274.

7
• Indice pp. 275-276.
• Colofón I p., 3 pp. en bl.

Criterios que se han tenido en cuenta para la transcripción:

• Se ha mantenido la puntuación original, pero se la ha modificado en la


traducción .
• Se ha respetado el criterio de Peramás en cuanto al uso de las
mayúsculas.
• Se ha unificado la alternancia j /i en favor de i.
• Se ha transcripto & por et .
• Se han eliminado todos los acentos diacríticos.
• Se han desplegado todas las abreviaturas.
• Se han transcripto todas las notas a pie de página.
• Se ha conservado el criterio de cita utilizado por Peramás.
• Se han indicado errores, transposiciones y omisiones de versos en
algunas de las fuentes citadas.
• Las notas figuran a pie de página.
• De todas las notas autorales asertivas, se han traducido sólo las
informativas.

********************************

8
DEDICATORIA

En la Dedicatoria Peramás declara que ha escrito las


Laudationes Quinque por mandato de los nobilísimos alumnos del
Monserrat y destaca la voluntad de editar la obra a partir de tres
razones: dejar constancia del amor admirativo como principal
affectus del elogio, estar a la altura de aquellos antepasados que
promovieron la fundación del Colegio y unir el elogio de Duarte con
los orígenes de la imprenta en la ciudad de Córdoba.

***************************
Texto latino

CLARISSIMI VIRI D. D. IGNATII DUARTII ET QUIROSII


COLLEGII MONSSERRATENSIS CORDUBAE IN AMERICA
CONDITORIS, LAUDATIONES QUINQUE, QUAS EIDEM
COLLEGIO REGIO BARNABAS ECHANIQUIUS O. D.

CORDUBAE TUCUMANORUM ANNO MDCCLXVI. TYPIS


COLLEGII R. MONSSERRATENSIS.

IMPRIMATUR.

D.D.Iosephus Garay et Basan. Vicarius Generalis Illustrissimi Domini


Doct. Episcopi Emmanuelis Abad Yllana, in Eiusdem absentia
Administrator Dioeceseos, nec non Decanus Capituli Cathedralis
Ecclesiae Cordubensis.1

COLLEGIO REGIO MONSSERRATENSIS BARNABAS


ECHANIQUIUS FELICITATEM.

Habitas quinquennio, iussu vestro, nobilissimi Adolescentes2,


Collegae mei, de CLARISSIMO VIRO IGNATIO DUARTIO ET
QUIROSIO Laudationes, eas vestro nomine, et sub tutela positas, in
lucem edere est animus. Non quia lucis illae publicae, vel vestri

1 De acuerdo con la edición facsimilar, la escritura responde a las características de la


humanística libraria. Cf. de Lasala (1999: 170-174).
2 Este apóstrofe recorre todos los elogios con distintos calificativos (optimi, notabilissimi, etc).

1
nominis sint satis dignae; sed quod3 palam apparere DUARTII laudes,
vel inconcinne dictas, non potest non vobis esse iucundissimum.
Neque enim mihi ipse persuasi unquam, novellum vos Oratorem
excitasse, et iussisse de DUARTIO dicere, quod ab eo perfectam
eloquentia, aut expolitam satis orationem expectaretis, sed ut infantem
etiam num, et indisertum, ad eam, quae in vobis maxima est, paulatim
dicendi facultatem informaretis.
Cur vero publici iuris velim facere DUARTII Laudationes, causa
est domesticum quoddam fatum. Nam cum hic omnium civium omnia
extarent vota de Collegio hoc nostro condendo, tum Ioannes
Echaniquius, avus noster, qui gerebat eo tempore Urbis Magistratum,
gravissimas de ea re litteras ad Senatum dedit, ut Collegium
approbaret, orans; et exoravit denique. Eae litterae in Tabulario nostro
sunt; meque incitarunt, ut quam laudem meruit avus Echaniquius in
promovendo Collegio, eam nepos ego in laudando Collegii Conditore
merere optarem.
Est etiam, cur nunc maxime Orationes has edi velim, ea causa;
quod Moderator noster, qui Collegii nostri studia, et laudes promovet
unice, typos domi nobis posuerit elegantes, quibus excitet ad edendum
aliquid publica dignum luce. Et, credo, emitti his typis nihil vultis
prius, quam DUARTII Laudationes, quae, etsi sunt ab stilo indignae

3 Edición facsimilar: quòd. Acerca de los textos neolatinos del siglo XVII y XVIII, Benner
y Tengström (1977: 26) dicen: “we found accents of various kinds in all the texts: a
circumflex may indicate a certain case, the ablative of the first declension (terrâ, Româ)
or the ablative of the second declension (circulô) or the genitive of the fourth (spiritûs).
A circumflex may also be used to distinguish between homonyms (pendêre). The same
accent may occur above a preposition (â, ê) and be used to indicate a contracted vowel
(radiârit). The most common accent is grave accent. This can be used to distinguish
between certain adverbs which are likely to be confused with other forms (ferè, fortè,
latè, solùm, curiosiùs), but it also occurs above others adverbs (saepè, penitùs) and
other words (cùm, à, è, atquè, nè, quò,tantò)”. Cabe señalar que en nuestra transcripción
hemos eliminado todos los acentos diacríticos.

2
publico, a DUARTIO ipso, et vestro nomine dignitatem omnem
accipient.
De vestris ego laudibus, Adolescentes optimi, plura hic dicerem,
nisi eas dici modestiae vestrae esse grave, et iniucundum scirem.
Vultis scilicet me, vestris praetermissis, ad DUARTII Collegii nostri
Conditoris laudes properare: id iam propero: et libentius eo propero,
quod vos laudandi postea non unus erit locus. Nam cum DUARTII
laudes cum vestris quodam vinculo coniunctae sint, non potui
Laudationes DUARTII facere, quin vos laudarem una. Valete.

*********************************

3
4
DEDICATORIA

Texto en español

Cinco alabanzas al muy ilustre Sr. Dr. Ignacio Duarte y Quirós,


fundador del Colegio de Monserrat de Córdoba, que Bernabé
Echenique dedicó al mismo Colegio Real.

En Córdoba de Tucumán, en el año 1766.


En la imprenta del Colegio Real de Monserrat.

Que se imprima

Sr. Dr. José Garay y Basán. Vicario General del muy ilustre Sr. Dr.
Obispo Manuel Abad Yllana, Administrador de la Diócesis en ausencia
del mismo y, asimismo, Deán de la Catedral Principal de la Iglesia
Cordobesa.

Bernabé Echenique desea felicidad al Colegio Real de Monserrat.

Nobilísimos jóvenes, colegas míos, existe la intención de publicar


las alabanzas del muy ilustre Ignacio Duarte y Quirós, pronunciadas
durante un quinquenio, según vuestro mandato, aquellas que fueron
colocadas bajo vuestro nombre y tutela. No porque sean
suficientemente dignas de hacerse públicas o de vuestro nombre; sino
porque publicar los elogios de Duarte, inclusive los que han sido
dichos sin habilidad, no puede no ser gratísimo para vosotros. En

1
efecto, yo mismo jamás me persuadí de que vosotros habíais
estimulado al novel orador y habíais ordenado hacer referencia a
Duarte porque esperaseis de él un discurso perfecto en elocuencia o
una frase convenientemente pulida; sino de que formabais
paulatinamente en esta capacidad de expresión, que es máxima en
vosotros, al todavía infacundo y falto de elocuencia1.
En verdad, la causa de querer exponer las alabanzas de Duarte al
juicio público está vinculada con un cierto destino doméstico. Pues al
haberse mantenido aquí los votos de todos los ciudadanos acerca de la
fundación de este nuestro Colegio, entonces Juan Echenique, nuestro
abuelo, que en aquel tiempo desempeñaba la magistratura de la
ciudad, entregó al Cabildo cartas muy comprometidas sobre esta
situación implorándole que aprobara el Colegio. Finalmente lo obtuvo.
Estas cartas están en nuestro archivo y al alabar al fundador del
Colegio, me incitaron como nieto a hacerme digno del elogio que el

1 Las Laudationes aparecen bajo el nombre y la tutela del Colegio Real y de sus

nobilísimos alumnos (eas vestro nomine, et sub tutela positas), cuyos méritos celebra el
jesuita, en función de la fórmula ab auditorum persona, haciéndolos partícipes de la
misma alabanza de Duarte (Nam cum Duartii laudes cum vestris quodam vinculo
coniunctae sint, non potui Laudationes Duartii facere, quin vos laudarem una). Es de
notar que en la dedicatoria, la benevolentia se logra por medio de la fórmula de elogio ab
nostra persona. Un motivo moralmente valioso y digno de alabanza, vinculado con la
fórmula de la modestia, es la afirmación, por parte del autor, de que se ha dedicado a
escribir por mandato de otra persona. En el inicio de la dedicatoria Peramás declara el
mandato de los nobilissimi adolescentes por medio del sintagma iussu vestro. Es
importante destacar además que el objetivo del encargo al supuesto ´novel orador´ no es
otro que didáctico: apuntar al desarrollo en el arte de la elocuencia ([...] paulatim
dicendi facultatem informaretis), arte que gana un lugar preponderante en la formación
clásica de los jóvenes alumnos y en el que Peramás se distingue como un eximio
representante. El otro motivo, incluido también en la dedicatoria, está asociado con la
divulgación de conocimientos y se manifiesta en la voluntad de editar las Laudationes a
partir de tres razones: dejar constancia del amor admirativo como principal affectus del
elogio; estar a la altura de un destino doméstico representado por aquellos antepasados
que promovieron la fundación del Colegio y aunar el recuerdo de Duarte con los
orígenes de la imprenta en la ciudad de Córdoba. Finalmente, el elogio personal
epidíctico que Peramás plasma parte del rechazo de lo que ya ha sido dicho y ofrece una
pintura diferente y novedosa de Duarte. Esta perspectiva le permite al jesuita ocupar el
lugar del primer panegirista, pues quienes lo precedieron en el ejercicio del genus
laudativum no cumplieron con el officium de elogiar; por el contrario, produjeron
quejas por la muerte de Duarte, muchas de las cuales naufragaron en el olvido.

2
abuelo Echenique mereció al promoverlo. Existe también otra causa de
por qué ahora querría que estos discursos fueran publicados. Nuestro
Rector que promueve los estudios de nuestro Colegio y las alabanzas
de un modo único, nos ha puesto en nuestra casa una elegante
imprenta a partir de la cual se estimule la divulgación de algo digno de
la luz pública. Y creo que nada queréis que sea publicado por esta
imprenta antes que las alabanzas de Duarte que, aunque son indignas
del dominio público por su estilo, recibirán toda la dignidad del mismo
Duarte y de vuestro nombre.
Acerca de vuestros elogios, óptimos jóvenes, podría decir aquí
muchas cosas, a menos que supiera que el pronunciarlos fuera motivo
de agobio y desagrado para vuestra modestia. Naturalmente, queréis
que me dirija rápidamente a las alabanzas de Duarte, el fundador de
nuestro Colegio, tras pasar por alto las vuestras. Ya concluyo y de buen
grado me apresuro, porque después habrá más de una ocasión para
alabaros. Pues ya que los elogios de Duarte han sido relacionados con
los vuestros a partir de cierto vínculo, no pude dejar de elogiar a
Duarte sin ponderaros a vosotros al mismo tiempo. Adiós.

*******************************

3
PROLOGUS

PRÓLOGO

En el prólogo, Peramás, tras una breve referencia biográfica de


Duarte, aborda el tema de la fundación del Colegio y desarrolla
detalladamente las actividades intelectuales, espirituales y recreativas
de los alumnos en los días laborables y en los no laborables.
Asimismo, describe el tipo de vestimenta usada por los jóvenes. Por
último, se excusa por los errores que pudieron haberse deslizado y
pone de manifiesto la necesidad de leer todos los elogios para
fundamentar un juicio sobre Duarte, ya que en cada uno se ha ido
plasmando algún aspecto de su personalidad.

******************************
Texto latino

PROLOGUS

DOMINUS D. IGNATIUS DUARTIUS ET QUIROSIUS


Cordubae in America fuit Domi nobilis. Is severis disciplinis
adolescens operam dedit, et Doctorum lauream meruit in Cordubensi
Academia. Initiatus postea sacris, boni Sacerdotis partes implevit
omnes, nec domi nec foris otiosus, vel libris vel civium commodis
intentus unice. Exempla virtutum continentiae, modestiae, integritatis,
fidei, constantiae, caeterarum plurima: quibus ipse per se patriae
multum profuit; et ut per alios prodesset etiam, nobilium
adolescentium Collegium posuit, petitis ab MONTESERRATO Divae
ope, et nomine.
Posuit autem id anno MDCXCV, quo anno IV Idus Apriles cum
Templum Iesuitarum magnifice apparatum fuisset, eoque
convenissent Cordubenses equites, explicuit e loco superiore
Collegiorum adolescentium naturam, et conditionem Orator nobilis,
spoponditque novum Monsserratense Collegium ingenti futurum bono
adolescentibus, et his Provinciis utilitati, ornamentoque. Fecit maiore
ceremonia DUARTIUS ipse conditor, et cum post sacrum nascentis
Collegii alumni novi asserendi intemerati Virginis Mariae conceptus
(id lex nostra petit ab his, qui domo nostra recipi volunt)
Sacramentum dixissent, deducti sunt ad aedes, quae illis recipiendis
iam paratae erant. Dici vix potest, quantum hoc opere omnibus
Reipublicae partibus Duartius opitulatus sit. Dati hinc his Provinciis
Antistites sacrorum sancti, et minores Magistratus, Parochi,

1
Proepiscopi, Archipresbyteri, innumerabiles. At ut non informandis
solum sacris hominibus institutum Collegium est, plurimi etiam hinc
orti civiles Magistratus, Praetores, Propraetores, et Patres conscripti.
Debet id Respublica optimae illi adolescentium institutioni, quae
tanta hic est, ut nullibi Collegiorum eiusmodi maior, credo, sit, ne
dicam par1. Quotidie habent suas rerum caelestium commentationi, et
precibus, quae ore fiunt, tum sacris lectitandis libris destinatas horas,
quas et studia litterarum, et honestae recreationes distinguunt.
Quotannis vacant Ignatianis metitationibus octo dies: quo tempore,
ostio clauso, redditisque Rectori clavibus, prohibetur omnibus aditus,
exitusve; ut ne ad Iesuitarum2 quidem Collegium, quod prope est, et
quo utimur per annum plurimum, accedamus: contenti interea
domestico Sacello, ubi in Solitudine Deus (quem toto anno in sacra
theca habemus) ad cor loquitur alumnorum.
Ad haec singulis mensibus diem alumni dicunt, quo die aliquam
de Ignatii sententiis perpetuo commentantur. Id MENSIS
EXERCITIUM vocant: et possent idem omnium virtutum
EXERCITIUM vocare: et lignum illud vitae Apocalypticum dicere,
afferens fructus duodecim, per menses singulos reddens fructum
suum3: inde enim et hauriunt, et fovent virtutes omnes, quas singulis
firmatas mensibus toto exercent anno. Inde etiam ardor ille, et sacra
fames, qua sacras epulas accipiunt frequentissime.
Inter haec pia alumnorum studia, studio litterarum tantum
datur temporis, ut qui studentes viderit, putet nihil eos aliud
1 Nótese que Peramás, al referirse al Colegio, alude al prefacio de Ab urbe condita de
Tito Livio: aut nulla umquam res publica nec maior nec sanctior nec bonis exemplis
ditior fuit.(Praef.11)
2 Con respecto a la semivocal i, Peramás alterna el uso de j / i . En nuestra transcripción

hemos optado por la i.


3 Apc.22.2: In medio plateae eius et fluminis ex utraque parte lignum uitae afferens

fructus duodecim, per menses cingulos reddens fructum suum, et folia ligni ad
sanitatem gentium.

2
quidquam agere, aut posse. Eius rei Duartio nostro gratia, qui ita diei
officia temperavit, ut pietati et litteris fieret satis, et alterae essent
alteri adiumento. Nam albente Caelo, ad Sacellum itur: vacatur
mediationi piae semihoram: deinde sacrum4 fit: post sacrum in
triclinio brevis mensa datur pueris; qui inde, praelectionibus, quas
pridie audierunt, relectis, in Academiam modesti, compositique eunt,
ubi suos quisque Magistros audit. Ab scholis vacatur domi litteris ad
prandium: et prandium suscipit animi quoque recreatio: nam inter se
iucunde hilariterque destinato in loco colloquuntur.
Postea, ubi in Sacello5 Deum et Virginem salutarunt,
aliquantulum temporis meridiando transigunt, donec pomeridianae
instant scholae. Itur, audiunt Magistros iterum, inter se exercent,
reditur. Ludunt, recreantur cibulo, canunt, si velint. Cadente ferme
sole, coeunt in Sacellum Virgini fusum preces orbiculis piacularibus:
unde pleni caelestis opis ad studia litterarum redeunt ad coenam;
tantum, quod semihoram ante coenam collationibus disciplinarum
inter se communiter vacant. A coena otii rursus non nihil est: tum in
Sacellum conveniunt, audituri sacram lectionem quartam horae
partem, et quadrantem item diurna excutiunt opera; denique cubitum
eunt.
Haec profestis diebus, festis autem a sacra meditatione,
Sacerdoti peccata confitentur, post ad divinas mensas accedunt.
Singulis diebus Dominicis concioni sacrae assistunt per semihoram: a
concione studium accipit. Post meridiem intersunt de severis

4 El neutro sacrum designa toda especie de objeto sagrado; el giro sacrum facere, se
utiliza para referir la realización de toda ceremonia religiosa. Cf. Ernout- Meillet, s.u.
sacer
5 Según Ernout-Meillet, s.u.sacer, “diminutif du n. sacer substantivé dans le sens de

petit sanctuaire, consacré à un dieu, contenant un autel, mais depourvu de toit, d´après
Fest. 422, 15”.

3
disciplinis quaestioni horam integram : deinde rusticantur6, postea
litteris student ad coenam.
Urgent haec litterarum, et virtutum exercitia Iesuitae, qui domi
sunt. Nam praeter Academiae professores publicos, sunt hic, qui
privatim studia alumnorum curant. Hi diu eos, qui palam de litteris
sunt facturi periculum, exercent inter annum : quo fit, ut alumni
Collegii nunquam sine laude pugnent, propugnentve. Extremo iam
anno, cum de auditis antea disciplinis magistris responsuri sunt
publice, domi discutiuntur, tentanturque: qui satis docti, prodeunt :
siquis vel ob indiligentiam, vel ob stuporem animi minus respondet
apte, continetur domi, premiturque, donec tuto sisti possit iudicibus.
Hinc et alumnorum semper constat honos : et is talis est, qui Collegii
nostri laudes longe lateque propaget. Illud certum est, post conditum
Collegium decuplo maiorem Adolescentium numerum Academiae
Cordubensi accessisse. Et ad Collegium nostrum tot undique confluunt
adolescentes nobiles, ut vel a Peruvio ditissimo, vel ab amaenissimo
Chili, sexcentis hinc ferme longe leucis, veniant ad montem nostrum:
pro auro, argentoque relictis domi, nascentes hoc in monte fructus
accepturi: de quibus Diva Montis praeses: Melior est, inquit, fructus
meus auro, et lapide pretioso; et genimina mea argento electo. 7

6 Rusticor, verbo derivado de rusticus, significa " estar o vivir en el campo". Así aparece en Cicerón:
Subsiciua quaedam tempora incurrunt, quae ego perire non patior, ut si qui dies ad
rusticandum dati sint, ad eorum numerum ascommodentur quae scribimus (Leg.III 9).
Saepe ex socero meo audiui, cum is diceret socerum suum Laelium semper fere cum
Scipione solitum rusticari eosque incredibiliter repuerascere esse solitos, cum rus ex
urbe tamquam uinclis euolauissent. (De or. II 6, 22). Quod quidem ipsum scribe,
quaeso, ad me ut, dum consisto in Tusculano, sciam quid garriat, sin rusticatur, quid
scribat ad te. (Att.12 1, 1). Asimismo, ocurre en autores de temas rústicos como
Columela: Illud uero etiam in perpetuum custodiendum habebit, ut eos, qui foris
rusticari debebunt [...] (Rust.12 3, 8).
Cf.Ernout- Meillet, s.u. rusticus; Forcellini, s.v.De este verbo deriva el sustantivo
rusticatio, del cual se vale el P.Rafael Landívar, jesuita guatemalteco (1731-1793), para
titular su poema didáctico descriptivo Rusticatio Mexicana, publicado en Bolonia, en
1782.
7 Prov. 8.11: Melior est enim sapientia gemmis.

4
Post pensa annua Philosophis, et Theologis argumenta aliqua vel
Historiae, vel Phisices amaenae proponuntur: et qui melius tractarit, et
laudatur publice, et lautum effert praemium : neque his carent, qui
student Grammaticae, et Rethoricae, si themata proposita scribant
eleganter. Illa etiam pars est aestivi otii, ut de proposito argumento,
suo quisque die, concionem triclinio inter coenam habeant. Docentur
sic et de Superiore loco verba facere, et virtutes, virosque Sanctos
laudare, et vitia reprehendere. Haec vere. Hieme, cum urgent severiora
studia, certis diebus iubentur, dum prandent caeteri, thesim aliquam
Theologicam, vel Philosophicam explicare, et explicatam propugnare;
immissis aliis, qui repugnent. Imitantur hac re sapientes viros, quibus
ferme cibi non sapiunt, nisi vel librorum amaeniorum lectione, vel
doctis disputationibus condiantur8. Qua etiam re laudat Traianum
suum Plinius, neque enim, ait, aut peregrinae superstitionis mysteria,
aut obscoena petulantia mensis Principis oberrat, sed benigna
invitatio, et liberales ioci, et studiorum honor.
Sed suis his exercitationibus non iucundis minus, quam utilibus
fit, ut adolescentes nostri, cum iam tenent calores, nihil domuum
paternarum desiderent delicias; adeo, quod vix posset cuiquam
credibile videri, ut vel hic Cordubae nati, quinque, sex, septem, plures
annos, nunquam Collegio pedem efferant, nec domum intrent
paternam, nisi parentes summe aegrotent. Qui vero veniunt aliunde,
non nisi post decennium, absolutis studiorum spatiis omnibus, in
Patriam redeunt. Fert hoc Collegii nostri lex de non prodeundo, ne
suorum quidem visendorum causa, severissima. Ita descendunt altius
hausta hinc praecepta, et mores firmius haerent, et litterae profundius

8El empleo de la forma condiantur resulta una marca alusiva en el plano lexical que nos
remite a un pasaje de Plinio (Ep. 3.1.9): Frequenter comoedis cena distinguitur ut
voluptates quoque studiis condiantur.

5
inscribuntur in alumnorum animis: quae postea documenta servant
constantissime: ut de hoc possis Monte dicere, quod dicunt de
Olympo, inscriptas ibi litteras in culmine, nullis ventorum vicibus,
nullisque posse imbribus deleri.
Vestis genus, ut id quoque dixerim, tunica nigra est ad pedes
demissa; hac super duplicata est ad pectus punicea stolula, quae ab
humeris ad imos talos descendit. Haec qua pectus sinistrum tegit,
scutulum habet argenteum, IESU signatum Nomine : supra Diadema9
regium est, regiae tutelae, et Patrocinii, quibus Collegium gaudet, nota.
Pileus quadrifidus capiti ornamentum est.
Caeterum cum rerum omnium fructum ad DUARTIUM Collegii
Conditorem pertinere alumni nostri videant, grati animi causa
decreverunt, ut anniversariae haberentur de eo Laudationes publicae.
Eas ego habui quinquennio, cum adhuc ad clamosas illas, et raucas
itarem scholas, ubi rerum maior, quam verborum et eloquentiae est
cura. Id adeo, et aetas nostra adolescentis adhuc, non satis ad
castigatam orationem iuvit : tamen Laudationes nostras iudicio tuo
volui committere, facile a te et tempori, et aetati, quibus sunt habitae,
condonatum iri sperans, quidquid peccatum est. Et cum latinum
minus aliquid deprehenderis, reprehende, licet: at cogita, me haec ab
Urbe Roma, id est, matre eloquentiae latinae, infinitis propemodum
distantem spatiis, et in Orbe Novo, non Ciceroni cognito, non Terentio,
aut Caesari scripsisse.
Illud etiam te volo monitum, non omnia me de DUARTIO
singulis orationibus dixisse: sed quae proposito argumento apta erant:
quare omnes legas, necesse est, antequam de DUARTIO iudices. Et

9Diadema en latín (del griego δια/δηµα) es un sustantivo neutro. El femenino es un arcaísmo que
aparece
en Pomponio (Com.163) y en Apuleyo (M.10,30). Cf. Gaffiot, s. v.

6
cum vel omnia legeris, multo DUARTIUM scito10 maiorem fuisse; sed
excidisse pleraque et iniuria temporum, et primorum maxime
Laudatorum vitio, qui, lacrymabili quodam dicendi genere contenti,
ubi Parcas maledictis omnibus lacesciverant, quod DUARTIUM
tulissent, satis sibi officio suo fecisse visi sunt. Ea res querimoniarum
plenas illorum Laudationes fecit, laudum solidarum11 non item. Tamen
vel ex his, quae hoc, ut ita dicam, naufragio, et fato erepta sunt,
eximiam quamdam DUARTII imaginem spectare licet. Vale.

*****************************

10 El imperativo futuro se caracteriza por una desinencia en –to cuyo origen hay que
buscarlo en el ablativo de una antigua partícula demostrativa.Cf. Mellet (1994: 249). Con
respecto a los tipos de empleo, Serbat (1994: 265) considera que “un second type
d´emplois est constitué d´occurrences pour lesquelles l´ordre peut être exécuté
immédiatement, mais vaut aussi pour un avenir assez long. La notion de futur ne porte
plus sur la borne initiale du procés, mais sur son extension dans les temps.”
11 Término que se utiliza en retórica para hacer referencia al estilo pleno y cerrado, cf.

Cic. Brut. 291.

7
Texto en español

PRÓLOGO

El Sr. Dr. Ignacio Duarte y Quirós perteneció a una noble familia


de Córdoba en América. Cuando era adolescente, se consagró a serias
disciplinas y mereció la gloria de los Doctores en la Universidad
cordobesa. Tras haberse iniciado luego en lo religioso, cumplió todos
los deberes del buen Sacerdote sin estar ocioso ni adentro ni afuera, y
atento únicamente ya a los libros, ya a los beneficios de los ciudadanos.
Ejemplo de virtudes1: continencia, moderación, integridad, fe,
constancia, y muchas otras con las que él de por sí fue muy útil a la
patria. Para ser también provechoso a través de otros, inauguró un
Colegio de jóvenes nobles, después de solicitar a Monserrat la
asistencia de la Virgen y el nombre. Lo fundó el 10 de abril del año
1695. Tras haberse preparado el Templo de los Jesuitas
suntuosamente y haberse reunido allí los caballeros cordobeses, el
célebre orador explicó desde una alta tribuna la naturaleza de los
Colegios de Jóvenes y su preparación, y aseguró que el nuevo Colegio
de Monserrat sería un enorme beneficio para los jóvenes y una ventaja
y distinción para estas provincias. El mismo fundador Duarte organizó
la ceremonia mayor y una vez prestado juramento de defender el fruto
de la Virgen María (a los que quieren ser recibidos en nuestra casa,
nuestro reglamento les pide esto) los nuevos alumnos del naciente
Colegio, sin manchas, fueron llevados a los aposentos que ya habían
sido preparados para que fueran recibidos. Apenas puede decirse
cuánto Duarte ayudó a todos los integrantes del virreinato con esta

1El autor recurre a la etopeya para ponernos al tanto del carácter moral de Ignacio
Duarte y Quirós.

1
obra. De allí que fueron dados a estas Provincias los cargos de
venerables Sacerdotes de culto e innumerables cargos menores:
Magistrados, Párrocos, Obispos, Archipresbíteros. Pero como el
Colegio se estableció no solo para formar religiosos, de allí también
egresaron gran cantidad de magistrados civiles: auxiliares,
gobernadores, tenientes gobernadores y cabildantes.
La República debe esto a aquella óptima institución de jóvenes
que es tan grande aquí que no creo que exista en ninguna parte un
Colegio superior, ni siquiera, diría, similar. Cotidianamente destinan
sus horas, que se dividen en estudios literarios y honorables
recreaciones, al comentario de asuntos celestiales, a las plegarias
vocales y a la lectura de libros sagrados2. Anualmente se dedican
durante ocho días a las meditaciones ignacianas. En este período,
después de cerrar la puerta y devolverle al Rector las llaves, se prohíbe
a todos la entrada o la salida para que ni siquiera accedamos al Colegio
de los Jesuitas que está cerca y al que utilizamos muchísimo durante el
año; mientras tanto somos contenidos en el Santuario doméstico
donde en soledad, Dios (al que todo el año tenemos en el sagrado
cofre) se dirige al corazón de los alumnos.
Para esto los alumnos eligen un día de mes en mes en el cual
meditan continuamente alguna de las máximas de Ignacio. Esto se
denomina práctica del mes. También se podría denominar práctica de
todas las virtudes y a dicha práctica árbol apocalíptico de la vida
puesto que aporta doce frutos y produce su fruto, uno por cada mes.
De allí que, en efecto, no solo absorban sino que fomenten todas las

2Encontramos grandes coincidencias en la distribución del tiempo propuesta por “Las


Constituciones y Estatutos de Argandoña”, “Las Reglas del Colegio Seminario de San
Luis” y el testimonio de su puesta en práctica en los “Cinco elogios”. El cronograma
aplicado al Convictorio de Monserrat que se lee en la Laudatio prima sólo tuvo
modificaciones horarias con el correr del tiempo. Cf. Beato et alii (1987:84 ss).

2
virtudes que, afianzadas en cada mes, ejercitan durante todo el año; de
allí también aquel deseo y el apetito sagrado con que reciben muy
frecuentemente los alimentos sacros.
Entre estos piadosos estudios, los alumnos se dedican al estudio
literario tanto tiempo que quien los haya visto pensaría que no hacen
ni pueden hacer otra cosa3. El agradecimiento por esto está dirigido a
nuestro Duarte, quien organizó las obligaciones del día de tal modo
que hubiera suficiente tiempo para la piedad y las letras y que una
ayudara a la otra. Pues al amanecer van al Templo donde cuentan con
media hora para la meditación piadosa. Luego se realiza la misa y
después de la ceremonia, se ofrece en el refectorio un pequeño
desayuno a los jovencitos, quienes desde allí, tras repasar las
explicaciones del maestro escuchadas el día anterior, se van en calma y
ordenadamente a la Universidad, donde cada uno escucha a sus
Maestros. Al regresar de las aulas se sigue estudiando hasta el
almuerzo. Almuerzo y renovación del espíritu resultan un sustento,
pues en un lugar determinado se entretienen entre sí placentera y
alegremente.
Una vez que saludaron a Dios y a la Virgen en el Templo, se
toman un tiempo para la siesta hasta que la escuela se impone después
del mediodía. Van, escuchan nuevamente a sus Maestros, se ejercitan
entre sí y regresan. Juegan, se reaniman comiendo, cantan, si
quieren.
Casi al atardecer, en pequeños círculos expiatorios, se reúnen en
el Santuario de la Virgen que desborda de plegarias. Desde allí
regresan al estudio literario hasta la hora de la cena, pletóricos de

3 El Colegio atravesó diferentes etapas, pero siempre se mantuvo el “Plan Humanista”


de estudios con el principio rector de formar jóvenes en “virtud y letras”. Sus disciplinas
tenían el sentido teológico-humanista que impulsaba España.

3
poder celestial; sólo media hora antes de cenar, en general, se ocupan
de confrontar las lecciones mutuamente. A partir de la cena, por el
contrario, hay un poco de recreo; luego se reúnen en el Santuario para
escuchar la lección sagrada durante un cuarto de hora, y además
examinan durante otro cuarto de hora los trabajos diurnos.
Finalmente se van a dormir.
Esto en los días laborables. En los no laborables, sin embargo,
después de la sagrada meditación, confiesan al Sacerdote sus faltas y
luego se acercan al banquete sagrado. Cada domingo por espacio de
media hora escuchan el sermón, del cual se recoge una enseñanza.
Pasado el mediodía participan durante una hora entera en planteos de
serias disciplinas; pasean por el campo y enseguida se consagran al
estudio hasta la hora de la cena.
Los jesuitas que permanecen en la casa se ocupan de estas
prácticas literarias y virtudes. Pues, además de los profesores públicos
de la Universidad, están aquí quienes en privado se preocupan por los
estudios de los alumnos. Durante bastante tiempo entrenan año a año
a aquellos que han de exponerse a la prueba de las letras
públicamente; por esta razón, los alumnos del Colegio nunca luchan ni
compiten sin alabanza. Ya al finalizar el año, cuando deben enfrentarse
en público con los maestros respecto de las disciplinas escuchadas con
antelación, son apartados y examinados. Quienes son suficientemente
doctos, sobresalen y si alguno, por negligencia o parálisis del espíritu,
responde de un modo menos apto, se lo retiene y se le exige hasta que
pueda comparecer frente a los jueces con seguridad. De allí que no solo
se mantenga siempre el honor de los alumnos sino que este es tal que
difunde las alabanzas de nuestro Colegio a lo largo y a lo ancho. Una
cosa es cierta: después de la fundación del Colegio, el número de

4
jóvenes4 de la Universidad cordobesa5 aumentó diez veces. Y a nuestro
Colegio confluyen de todas partes tantos jóvenes nobles que vienen a
nuestro monte, ya desde el riquísimo Perú, ya desde el muy ameno
Chile, desde casi seiscientos leguas de distancia para recibir, en lugar
del oro y la plata dejados en nuestra casa, los frutos que nacen en este
monte, de los cuales la Diosa, protectora del Monte, dice: “mi fruto es
mejor que el oro y que las piedras preciosas; mis producciones,
mejores que la plata escogida.”
Después de las valiosas rentas anuales, se proponen algunos
agradables argumentos de Filosofía, Teología, Historia o Física y quien
mejor los aborda, no solo es elogiado públicamente sino que se lleva
un distinguido premio. No carecen de esto quienes se dedican a la
Gramática y a la Retórica, si pueden escribir con distinción los temas
propuestos. Aquella parte también tiene lugar en el ocio estival de
modo que cada uno tenga en su día una disertación acerca del
argumento propuesto, en el comedor durante la cena. Así se les enseña
a escribir en un tono superior, a alabar las virtudes y los santos
varones y a rechazar los vicios. Esto en primavera. En invierno, cuando
urgen los estudios más serios, en determinados días se les ordena
exponer alguna tesis teológica o filosófica, mientras el resto desayuna,
y una vez expuesta, defenderla de los que oponen resistencia. En este
sentido, imitan a los sabios varones para quienes los alimentos casi no
tienen sabor, a menos que sean sazonados ya por la lectura de los

4 Con respecto a los catálogos de los primeros alumnos del Colegio de Monserrat, cf.
Grenón (1942).
5 Acerca de la Universidad de Córdoba, escribe Furlong (1946: 239 ss): “La Universidad

de Córdoba fue la expresión más elocuente de la cultura jesuítico-colonial. Fue, además,


la obra de mayores alientos y la más prolífica llevada a cabo por los Padres de la
Compañía de Jesús en estas regiones del Nuevo Mundo. Cierto es que desde principios
del siglo XVII hasta fines del siglo XVIII fue la Universidad cordobesa el foco más
poderoso de la ciencia y el propulsor más eficaz de las más nobles disciplinas
intelectuales.”

5
libros más placenteros, ya por las doctas discusiones. Por esta causa,
también Plinio alaba a su Trajano. En efecto, dice, “ni los misterios de
la peregrina superstición ni la obscena petulancia está delante de la
comida del Príncipe, sino una benigna invitación, las diversiones
nobles y la deferencia para con los estudios”.
Pero por estas prácticas suyas no menos agradables que útiles,
nuestros jóvenes cuando ya urgen los calores, no desean las delicias de
las casas paternas, a tal punto que a cualquiera podría resultarle
apenas creíble que los nacidos aquí, en Córdoba, durante cinco, seis,
siete y más años jamás saquen el pie fuera del Colegio y no regresen a
la casa paterna, a menos que los padres se enfermen gravemente. Pero
quienes vienen de otro lugar, solamente después de un decenio,
regresan a su Patria, tras haber concluido todas las etapas de estudio.
La muy severa ley de nuestro Colegio establece no salir, ni siquiera
para visitar a sus parientes. Así penetran más profundamente los
absorbidos preceptos y más firmemente se afianzan las costumbres y
las enseñanzas se inscriben más hondamente en el espíritu de los
alumnos para que después se conserven como modelos inalterables, de
modo que podría decirse acerca de este Monte, lo que dicen del
Olimpo: inscriptas allí las letras en la cima no pueden ser destruidas ni
por la violencia de los vientos ni por las lluvias.
El tipo de vestimenta, puesto que habré de decir esto también, es
una túnica negra que cae hasta los pies; sobre esta se duplica una
estola púrpura junto al pecho que desciende de los hombros hasta los
talones. Esta que cubre el lado izquierdo tiene un escudito de plata
que se distingue por el nombre de Jesús; más arriba se reconoce la

6
Diadema del rey, de la tutela real y de los Protectores de los cuales el
Colegio goza. Un sombrero de cuatro picos adorna la cabeza6.
Puesto que nuestros alumnos ven que el fruto de todas las
restantes cosas se debe a Duarte, el fundador del Colegio, decidieron,
en función del espíritu agradecido, que sus alabanzas anuales fueran
consideradas públicas. Yo las consideré durante un quinquenio cuando
todavía concurría a aquellas clamorosas y raucas clases donde existe
una preocupación mayor por el contenido que por la elocuencia.
Aunque esta situación y nuestra edad todavía adolescente nos impidió
tener un estilo pulido, con todo quise confiar a tu juicio nuestras
alabanzas en la esperanza de que cualquiera fuera la falta sería
fácilmente olvidada por ti en consideración no solo del tiempo sino
también de la época en que fueron pronunciadas. Y cuando descubras
algo menos latino, puedes criticarme, pero piensa que yo las escribí
alejado por espacios ilimitados de la ciudad de Roma, es decir, de la
madre de la elocuencia latina, y en el Nuevo Mundo, sin haber
conocido a Cicerón, a Terencio o a César7. También quiero advertirte8

6 La vestimenta de los colegiales del Monserrat se componía de sotana (traje talar),


manteo (manto o capa), beca (estola) y bonete (sombrero o también llamado cuadrado).
Los graduados usaban otra indumentaria: la museta, el capirote y el sombrero con
borlas. Lucían esta vestimenta para la pomposa ceremonia de graduación y en otras
ocasiones especiales. El único documento pictórico original vinculado con los uniformes
es un dibujo en colores del Padre Florian Paucke S.J. Cf. Beato et alii (1987: 88-90).
7 El jesuita, valiéndose de la fórmula proemial ab nostra persona, se propone ganar la

benevolencia del lector y evitar toda sospecha de arrogancia a partir de una presentación
modesta. Pero como la misma debe ser resaltada, termina cayendo en el extremo de la
afectación o falsa modestia. La declaración de la impericia puede tener lugar no al
principio, sino en el centro o, como en este caso, al final, en la cumbre de la conmoción
de los afectos. De este modo se excusa por los errores que puedan haberse deslizado
haciendo alusión a su edad juvenil, a su deficiente manejo de la elocuencia motivado por
el hecho de haber vivido en un mundo desconocido, alejado de Roma No obstante,
confía en el lector y en su capacidad de juicio, tal como se desprende del elogio ab
auditorum persona: [...] tamen Laudationes nostras iudicio tuo volui committere [...].
No hay que olvidar que tal como sostiene Marrero Fente (1999: 86) “las llamadas de
afecto positivo se movían desde el elogio desmedido al lector, pasando por la valoración
normal (amigo benévolo o benigno, cándido, caro, carísimo, curioso, cristiano, pío o
piadoso), hasta la indiferencia, la crueldad y el insulto al vulgo.”

7
que en cada uno de los discursos no dije todo acerca de Duarte sino lo
que se adecuaba al argumento propuesto. Por ello, es necesario que
antes de emitir tu juicio sobre Duarte, las leas todas. Cuando las hayas
leído completamente, incluso, deberás tener presente que Duarte fue
muy superior, pero fue víctima no solo de la injuria de los tiempos
sino, sobre todo, de la mayor imperfección de los primeros
panegiristas, quienes, satisfechos con un cierto estilo lúgubre de
elocuencia, cuando habían irritado a las Parcas con todo tipo de
maldiciones porque se habían llevado a Duarte, consideraron que
habían cumplido lo suficiente con su deber. Esta situación colmó de
lamentaciones sus alabanzas, pero no así de elogios de estilo pleno. Sin
embargo, se puede esperar una cierta imagen eximia de Duarte a partir
de lo que fue arrebatado de este naufragio y esta destrucción, por
decirlo de alguna manera. Adiós.

*********************************

8 El monitum final (Illud etiam te volo monitum [...]) se refiere a la necesidad de leer
todos los elogios para fundamentar un juicio en torno de Duarte, pues en cada uno se ha
ido tejiendo algún aspecto de su personalidad: su biografía (Laudatio prima), su amor al
estudio (Laudatio secunda), su amor a la juventud (Laudatio tertia), sus virtudes
(Laudatio quarta). En la Laudatio quinta, precedida por un nuevo monitum al lector
(Lectori), se une el elogio de Duarte con la alabanza y la recomendación de los colegios
americanos para jóvenes. Cabe señalar que en los textos neolatinos de la época la
advertencia al lector es un rasgo común. Nótese que el P.Rafael Landívar encabeza su
obra con una advertencia (Monitum), en la que hace referencia al título de su obra, a la
veracidad de los hechos, al estilo poético y a la dificultad de descubrir vocablos y metros
para expresar asuntos tan novedosos. Al dirigirse al lector, apela a la fórmula te
monitum velim.

8
9
LAUDATIO I

PRIMERA ALABANZA

En el primer discurso laudatorio Peramás construye el elogio de


Duarte en función del tema de la nobleza de los antepasados y
refuerza la alabanza con la descripción del escudo de familia,
integrado por seis símbolos- la estrella, las llaves, el ciprés, las rosas,
los lirios y las cruces-, en los se preanuncian las virtudes y acciones
duartianas.

*******************************
Texto latino

CLARISSIMI VIRI D.D. IGNATII DUARTII ET QUIROSII

LAUDATIO I

INESSE MAIORUM NOBILITATI vim suam, quae non sinat


degenerare minores1 ab avita gloria, is neget unus, qui et ignobilis ipse
sit, nullisque maioribus, nec magni illud vatis audierit umquam2:

Fortes creantur fortibus, et bonis


nec imbellem feroces
progenerant aquilae columbam.3

Certe heroicis illis temporibus sola commendatio virtutis


distinxit e plebe nobiles. Nam siquis arte quadam dicendi et eloquentia

1 Minor con el sentido de descendiente aparece en Virgilio (Aen.1. 532).


2 En la Laudatio Prima Peramás construye el elogio de Duarte y Quirós en función del
tema de la nobleza de los antepasados. Para ello recurre:
* por un lado, a la intertextualidad, es decir, a la cita textual de unos versos de
Horacio: Fortes creantur fortibus et bonis / est in iuuencis, est in equis patrum /
virtus neque inbellem feroces / progenerant aquilae columbam (O.4.4, 29-32);
* por otro, al exemplum de los tiempos heroicos, aquellos en los que la virtud
enciende en los varones ilustres y nobles una llama que no se extingue, sino que
reproduce los valores de los mayores insignes.
3 Edición facsimilar: (1) Horat. Lib. 4 Od. 4. La cita correcta es Hor. O. 4.4., 29-32. Si bien

está omitido el v. 30 (est in iuuencis, est in equis patrum / uirtus [...]), los versos citados
dan pie al jesuita para iniciar su argumentación acerca de los tiempos heroicos: Certe
heroicis illis temporibus sola commendatio virtutis distinxit e plebe nobilis. La virtud
que nace de la nobleza enciende en los varones ilustres una llama que no se extingue,
sino que reproduce los valores de los mayores insignes. En este contexto la alusión
reflexiva es algo más que un mero repetir la voz de Horacio, pues significa el encuentro
entre dos voces y, al mismo tiempo, un gesto ambiguo de reverencia, por un lado, y de
recontextualización, por otro. El prestigio de la cita se extiende, en este caso, a la obra
del propio Peramás como una especie de protección. La utilización que hace el jesuita del
poeta augustal no apunta a la superimposición de signos en la cual un elemento toma el
lugar del otro, sino más bien a la auctoritas como prueba para corroborar la justeza de
su argumentación y autenticar así su propio texto.

1
dispersos homines, et vagantes more belluarum in unum locum
coniunxerat; siquis ingenio et prudentia fregerat incitatae multitudinis
impetum; siquis amplificaverat regni fines, aut ab eis hostes expulerat;
siquis belli, domive, virtute sapientiave supra caeteros eminebat; hos
Respublica praeclaris suis decretis nobilitabat, ad honores, arasque
prevehebat, et nimis amplo vocabulo appellabat Deos, veluti
aratricem4 Cererem, Mercurium eloquentem, doctam Minervam et
fortem Herculem: quorum deinde filiis eo etiam honos habitus est,
quod inesse in iis semina paternae claritatis viderentur. Ex virtute
igitur nobilitas coepit: et ex nobilitate quaedam egregiis viris flamma
crescit in pectore, quae sedari non potest ante, quam praestantem
maiorum virtutem expresseris imitando.
At qua in re sita haec virtus sit: quo fiat modo traduxisse ardor
generis et vis: id mihi semper visum est, esse admodum explicatu
difficile. Scilicet ut Philosophis certum est a Sole et Astris in subiectum
orbem virtutem quamdam venire et vim : at ut venit, ut subit intima
terrarum haec vis, et virtus; vix explicant: sic certo descendit in
minores vis haec nobilitatis; at quo descendit modo, dici vix potest.
Nisi id malimus dicere explicari vim hanc intimam ab extima illa
altera, et patente, quae minores maiorum immemores esse non
patitur. Haec sunt statuae, imagines, monumenta honoris, scuta
gentilitia maiorum; ubi vident nepotes, quibus quasi gradibus ad
honores avi, proavique ascenderunt5: et quibus ad gloriam ipsis, et
laudem enitendum est. Atque ex iisdem imaginibus, scutisque illud
nepotes solidi solatii hauriunt, ut minus aegre maiorum mortem
ferant, quos per res gestas, et statuas, et caetera honoris insignia, ad
inmortalitatem consecratos vident.

4 Aratrix femenino de arator aparece en Notae Tironianae (cf.Gaffiot, s.v.).


5 El autor alterna el uso del indicativo y del subjuntivo en las proposiciones interrogativas indirectas.

2
Quae cum ego reputarem nuper ex morte Collegii nostri
conditoris Cl[arissimi] V[iri] Ignatii Duartii et Quirosii tristissimus,
non potui non Caroli il[lustrissimi] Hispaniarum Regis clementiam, et
prudentiam laudare, qua Collegio nostro concessit, ut insignis, et scuta
gentilitia Duartii, et pro Collegii foribus, et hic in aede sacra, ex
adverso regio stemmati appenderemus. Quaesivit eo nobis Rex
sapientissimus et solatium de morte Duartii, quem in statuis, et scuto
immortalem videremus, et incitamentum, quo, proposita ipsius
nobilitate, ad honores aggrederemur. Atque haec eadem causa est, cur
in anniversaria laudatione Duartii scutum illud gentilitium consuevit
ibi, ubi illud videtis, pro tumulo collocari.
Id adeo ego et sapientissime factum existimo; et quaerenti ad
laudationem Duartii argumentum, non aliunde, quam ex ipsius scuto,
peti mihi videtur, melius posse. Quin etiam id in eo commoditatis erit,
ut vos, nobilissimi adolescentes, nobilitas Ignatii accendat ad verae
nobilitatis imitanda facta. Illud unum vos rogo, ut, me de Duartii scuto
dicente, oculos saepe ad scutum ipsum, quod coram est, convertatis:
sic fiet, ut orationem nostram non minus oculis hauriatis, quam
auribus.
Igitur cernitis in scuto Duartii sena symbola: superne STELLAM,
sub stella decussatas CLAVES, inferne CUPRESSUM, quaternas sub
cupresso ROSAS, totidem circum LILIA, octonas denique scutum
complectentes CRUCES. Quibus ego symbolis propositas fuisse
ostendam, et praenuntiatas Duartii virtutes, et facta praeclarissima
iam inde ab maiorum suorum temporibus: veluti olim in Homerico illo
scuto futura Achillis facinora, et Aeneae in altero illo Virgiliano
expressa continebantur.

3
Ac primo quidem scuti STELLA illa rapit nostros ad sese oculos.
Solent illi, qui observandis astris studium collocant suum, in
puerorum natalitiis horoscopum servare de Caelo: atque ex stellarum
aspectu inter se, situ, coniunctione, vel ea contra, nascentis dotes,
ingenium, fortunas, vitaeque genus omne praedicere. Non moror,
quantum his Astrologis tribuendum fit: alii viderint. Equidem ex
STELLA hac facile Duartii pueri vitae genus omne ac virtutes
divinassem.
Haec enim STELLA est, quae nascenti Duartio clarum et illustre
in Hispanicis, et Indicis monumentis Duartiorum genus
repraesentavit, et nihil indignum eorum nobilitate admittere passa est:
cum, STELLA hac praeeunte, videret Duartius, maiorum gloriam
posteris lumen esse: neque bona, neque eorum mala in occulto pati.
Haec, ut stellae proprio lucent lumine, Duartium perpetuo monuit, ut
sua et propria mallet luce, quam aliena, vel maiorum splendore
nitescere. Haec illa fuit, quae Ignatio modestiam, pudicitiam,
temperantiam, prudentiam, quae constantiam, integritatem, fidem,
morum suavitatem, et stellis innatam excellentiam quamdam, et
caeteras adolescente ingenuo dotes dignas, vi illa occulta, qua stellae
subiectum orbem implent caelesti virtute, inspiravit.
Haec STELLA Duartium movit, ut Myrrham, castitatem voto
facto, iam inde a puero; et Thus, quo suavissimos mores, et sacram
hostiam iam Sacerdos litabat, et Aurum, quod in eleemosynas6
profudit regio animo consecraret IESU in antro Beethlemitico, vel
potius in Monsserratensi specu. Haec STELLA est, quae assidue
Duartium admonebat, Sacerdotibus praesertim dictum esse: Vos estis

6 Blaise (s. v.) consigna las variantes elemosyna, eleemosyna, elymosyna. Según
Mohrmann (s. .v.), este helenismo se encuentra entre los cristianismos léxicos
indirectos.

4
lux mundi.7 Haec lumen praebuit, quo lumine cum in sacris Libris
legisset illud : qui ad iustitiam erudiunt multos, quasi stellae in
perpetuas aeternitates8: ad condendum hoc artium bonarum
domicilium erectus est, ubi ad omnem iustitiam, virtutesque omnes
harum Provinciarum adolescentes nobilissimi informarentur.
Ad extremum, cum haec natura stellarum sit, ut tametsi
videantur mori, non pereant tamen: sed ubi veterem orbem
illustrarunt, pergunt occidendo hunc Novum orbem illustrare: sic
maiores Duartii, ubi splendore suo impleverunt Europam, lumen
intulerunt in Americam: et Ignatius noster, etsi visus est occidere,
tamen igne ille suo, suis nimirum virtutibus, pergit nos, et Provincias
has omnes illustrare. Plura possent de STELLA hac dici : sed iam
alterum scuti symbolum CLAVES illae nos vocant.
CLAVES istae, Auditores9, adeo Duartii vitam exprimunt, ita
sunt illi propriae, ut nisi coram in Scuto videretis, vererer, ne id a me
fictum putaretis. Vocarunt scilicet Duartium, disciplinis iam excultum
omnibus, et Doctorum donatum praemiis, et laurea, CLAVES istae ad
Sacerdotium. Hae enim CLAVES portenderant subiectum iri
aliquando intimo, et sanctiori quodam modo ipsum Ignatium Petri
Apostolorum Principis clavibus; et eisdem aperturumpostea Collegium
hoc adolescentibus innumerabilibus, qui sacris initiati, et p[rae
aliorum curae praefecti, a Petro ipso CLAVES istas acciperent, quibus
referarent infinitis Sacramentorum valvas, et Caelum. At quam ipse
Ignatius assidue, solerterque Claves istas divinas versavit? quam

7Edición facsimilar: (2) Math. 5. La cita correcta es Math. 5. 14.


8Edición facsimilar: (3) Daniel. 12. La cita correcta es Dn. 12. 3.
9 El vocablo auditores, utilizado también por otro jesuita, Rafael Landívar, en su

Funebris declamatio pro iustis, no se encuentra en Cicerón, ni en Salustio, ni en Tito


Livio con el sentido que aparece en los neolatinos. Tanto en el texto de Landívar como en
el de las Laudationes, la expresión se acerca a la significación moderna de ' oyentes'. Cf.
Accomazzi (1961: 107).

5
multis aperuit istis Clavibus ad Deum aditum? dicere possem iisdem
omnibus Duartium aperuisse, quibus alumni Collegii nostri
aperuerunt: quae enim ii egerunt, et egisse per eos Ignatius ipse
censendus est: ut Gregorius Magnus Anglorum Apostolus dicitur,
quod Apostolum suum Augustinum Anglis dederit.10
Sed haec mitto. In unum dico, Ignatium ipsum his Clavibus per
se se alta multorum, et obscura conclavia aperuisse: feras animorum
solvisse, et apertis ianuis, in Caelum introduxisse. Cuius rei causa
poposcit sibi Duartius ab Sacrorum Antistite iuris sacri dicundi in
Villa, quam deinde huic Collegio attribuit, potestatem; ut fervis,
quorum erat Dominus, esset et parens, et Parochus: quo ille plurimis
saluti fuit, atque aliis per Baptismum Ecclesiam aperuit, aliis Caelum,
quod sibi ipsi post Baptismum occluserant. Postremo si Duartii
CLAVES istas Clavibus illis, quas manu Petrus gerit, contuleris; senties
quam simillimas, imo easdem: tamque utraeque interse arcte coibunt,
quam coiisse dicuntur eiusdem Petri Romanae, ac Hyerosolimitanae
catenae, cum collatae inter se sunt : ut nulla deinceps humana vis
separare potuerit, quas coniunxit divina.11 Vellem in his, Auditores,
diutius immorari, utique cum nobis hinc ad feralem illam
CUPRESSUM, mortis Symbolum, et Trophaeum digrediendum sit: ad
digrediendum necessario: qui enim fieri possit, ut vel invitus
reluctansque ad CUPRESSOS non venias?
CUPRESSUS, invisa antiquis arbos fuit, morti, et inferis
consecrata, de eaque dictum illud:

Linquenda tellus et domus.12

10 Edición facsimilar: (4) In Elogio Eccles. IV Idus. Mart.


11Edición facsimilar: (5) In Elogio Eccles. Cal. Aug.
12 Edición facsimilar: (6) Horat. L. 2 Od. 14 La cita correcta es Hor. O..2.14, 21-24. Cabe

6
Neque harum, quas colis, arborum,
Te, praeter invisas CUPRESSOS,
Vlla brevem Dominum sequetur.

Sed non CUPRESSUS tantum, aliae etiam antiquis fuerunt


arbores mortis Indices. Neque enim, nisi per summam iniuriam, alio,
quam ad mortis indicium, et lenimen, trahat quisquam, fictas illas
antiquorum in arbores metamorphoses. An vos putatis cum Heliadas
in Populum13, Daphnen in Laurum14, Narcissum in florem
cognominem15, Attin in Pinum, et Cyparissum puerum illum in hanc
nostram CUPRESSUM16 mutatos dixerunt veteres, eos has
metamorphoses re ipsa factas credidisse? Enimvero sapientiores illi
fuerunt, quam ut haec crederent. Finxerunt scilicet conversiones illas
suorum, ut quoties Pinum, et Laurum, et Populum, et caetera suis
afficta, cernerent, toties de suis per mortem ablatis recordarentur 17.
Sed, ut caeterae arbores qualecumque mortis solatium quibusdam
fuerit, CUPRESSUS communis erat omnibus mortis index, qua illi ad
mortuorum memoriam, et ex memoria hac ad vitae rationem
componendam utebantur.
Neque Duartius noster CUPRESSO sua, alio usus est. Quippe
meminerat, CUPRESSO visa, maiorum, quos nec nobilitas generis, nec

señalar que el autor omite traducir et placens / uxor (21-22).


13 Cf. Ov. Met. 2. 340 ss.
14 Cf. Ov. Met. 1. 452 ss.
15 Cf. Ov. Met. 3. 339 ss.
16 Cf. Ov. Met. 10. 106 ss.
17 En este pasaje, el lexema metamorphoses implica una condensación, una integración

en la que la alusión es absorbida por Peramás quien se apropia de algunos episodios de


las Metamorfosis de Ovidio, vinculados con la transformación en árboles de ciertos
personajes (Dafne en laurel, las Helíades en álamos, Narciso en flor, Atis en pino,
Cypariso en ciprés) para luego adaptarlos al nuevo contexto. Estas alusiones establecen
anafóricamente un precedente temático sobre la situación literaria que Peramás
desarrolla y somete a su propia exégesis.

7
largae divitiae eripuissent satis. Stabat ante oculos perpetuo
CUPRESSUS haec, ex eaque proveniebat Duartio commentatio illa
mortis, quae in illo immortalis fuit. Hinc vitam illam instituit morti
propriorem, quam vitae. Hinc cruciatus illi, et voluntaria verbera,
quibus parietes isti, ut respersus sanguis testis est, toties
personuerunt. Hinc negata oculis a modestia videndi copia. Hinc
suffusus longis vigiliis, et ieiunis ori pallor, fractus, et fugiens in genis
color, et pectus tumens, et collapsa tempora, et gressus tremuli, et
oculi pressi, et rarus anhelitus, et tota facies cadaverosa18: diceres
Duartium aut morientem vivere, aut viventem mori: ita praesens erat
mortis species. Hinc recissus e cultu corporis luxus omnis, divisae
inopibus divitiae, mortalium rerum abiecta procul cura. Hinc Montis
huius Serrati cultura: in quo id scitote, Collegae mei, voluisse
dumtaxat CUPRESSOS coli, non flores, nec caducas arbores brevi
victuras.
Quod si quando hic colendae sint ROSAE; eae sub Cupresso hac
colendae sunt: quemadmodum quaternas illas Duartianas ROSAS hic
videtis satas: quo ab impudica Venere, quae tristem illam arborem,
nimium fugit, tutae sint. Admonet igitur nos Cupressus haec, ut
perpetuo mortis memores, Duartii vitae vitam simillimam vivamus;
Cupressoque hac edoceamur constantiam, qua illa semper viret; et
durare in laboribus, quibus nunquam arbos haec cedit, nec vero cessit
Duartius. Octonae autem CRUCES illae, quae Scutum circumdant, e
Cupresso hac Duartiana factae videntur mihi: ita Duartii iuge sese
cruciandi studium, et IESUM crucifixum imitandi ostendunt
voluntatem. Et quod octonae sint, satis eae indicant, nihil illum in

18La imagen facies cadaverosa aparece en Terencio, Hec. 441: cadaverosa facie. El
adjetivo cadaverosus se registra asimismo en San Ambrosio, In Psalm. 118 Serm 16,28:
nihil -um, nihil mortuum ore tuo sumus (cf. ThLL s.v.). Väänänen (1971:186) señala el
empleo popular del sufijo -osus y la frecuencia del matiz despectivo.

8
corpore, nihil in animo, quod cruci non affixerit, habuisse: cum et
quina corporis sensa, et terna animi virtutes, sua quamque Cruce
signarit semper: ut Duartio, quidquid videret, CRUX; quidquid
olfaceret, CRUX; quidquid audiret, CRUX; quidquid gustaret, CRUX;
quidquid ageret, esset CRUX. CRUX item esset, quidquid meminisset;
CRUX quidquid cogitaret; CRUX, quidquid appeteret.
Iam inter has cruciatuum spinas, iuxtaque, hanc Cupressum,
nata illa sunt LILIA Duartiani Scuti. Scitis, quam praesertim virtutem
Lilia referant, Castimoniam. Haec in Duartio tanta fuit, quantam et
vos saepe audistis, et ego vix verbis assequar. Etenim Ignatius iam
inde a puero, LILIA ita coluit, puritatem amavit, ut nihil magis
timuerit, quam, nequa levior aura,haec affaret LILIA: procul inde
amotae pestilentes animae, halitusque; ductae circumquaque robustae
crates, cancellique, qui aspides, et feras pestesque arcerent omnes:
contra vocati cultores puri, et pii, innocentes socii, pueruli videlicet,
quibus erat cordi candor Liliorum. Narcissulos19 illos, Ganimedas,
Cupidinesque, peius oderat angue, et cane. Advocata item LILIORUM
amans et cultrix Virgo, cui dedit plenis LILIA manibus, et cui etiam
tum puer perpetuum Sacramentum Castimoniae conservandae dixit.
Nec qui ita cautus puer erat, senex non fuit cautissimus. Quod
rescisset, ex ancillis aliam vel temere, vel ludibundam, absente se,
pulsasse lectulum, cui ipse dabat noctu fessa membra, nefandum id
duxit crimen, ac turpe pecus, et mancipium arguens hostilia in herum
ausum, nihil propius affuit, quam ut virgis caesum foras protuderet:
tum, retracto in mediam lecto domum, subici flammas iussit, quibus
petulanti feminae pudorem iniiceret: illud interminatus: ardebit sic
mihi, quae post hac cumque, vel in absentis heri umbram, lascivum

19 El sufijo diminutivo -ulus agregado al nombre propio Narcissus adquiere un matiz despectivo.

9
quid tentarit. O factum Sacerdote dignum? O utinam horum magnam
Sacerdotum tum copiam haberemus? Vos, Auditores, coniicite ex eo
antiquae probitatis viri circumspectionem: et qui in alienum, siquod
fuit crimen, ita animadvertit, credite fuisse alienissimum ab omni
crimine.
Quare, ut solent viri illi sancti, qui hac maxime Castimoniae
laude floruerunt, LILIA manutenentes pingi, velut intemeratus
adolescens Aloysius, velut Xaverius, aliique: ita LILIA haec Scuti
Puritatis Duartii testimonio sunto, et vobis hortamento, quo LILIA
haec florentissima in vestris animis semper sint, et candidissima: ut
vestrum unusquisque, pro tumulo stans, Duartio inclamare possit:

Tu Dux noster eris, manibus date LILIA plenis.


Purpureos spargam Flores, animamque parentis
His saltem accumulem donis, et fungar inani
Munere: 20

Iam de Galea illa Scuti, quae eminet superius, nihil aliud


dixerim, quam ea tegi, ac defendi virtutes illas omnes, quas supra de
Duartio diximus: ut de illius Scuto, et Galea nobis liceat illud Pauli
dicere: In omnibus sumentes Scutum Fidei, et Galeam salutis
assumite21.
Haec de Scuti Symbolis, qua privatim ad Ignatii pietatem
pertinent, dicere habuimus. De eisdem autem, ut Duartiorum
communiter nobilitatem, et genus spectant, dici possent quam
20 Edición facsimilar: (7) Ex Virg. Aeneid. 6. El autor se vale de la cita virgiliana " Tu
Marcellus eris. Manibus date lilia plenis, / purpureos spargam flores animamque
nepotis, / his saltem accumulem donis, et fungar inani / munere". (Aen. 6. 883-886),
recurso intertextual que, aunque modificado, le permite poner de manifiesto su formación clásica.
21 Edición facsimilar: (8) Ad Ephes. 6. La cita correcta es Eph. 6.16-17. Cabe señalar que

Peramás no cita “in quo possitis omnia tela Maligni ignea exstinguere”.

10
plurima. Nam cum eorum origines in monumentis Hispanicis
invenissem altissimas, in Indicis sic reperiebam. Ioanna Elisabethae
Reginae F[ilia] anno octavo supra sesquimillessimum Hispaniolae,
quam vocant, Insulae Hispanis Colonis, et Heroibus illis, qui, Columbo
Argonauta duce, nuper eam Insulam, per eamque NOVUM ORBEM
Imperio Hispano addiderant, haec Privilegia, et stemmata nobilitatis
concessit. Ut nempe Cives fani Dominici (quod Insulae caput est) in
Scuto purpureo CLAVIM purpuream inciderent : et municipes
Compostellae in Scuto caeruleo STELLAM candidam: et municipes
Portus Argentini in iusto Scuto SYLVAM viridantem: et municipes
Sanctae Crucis CRUCEM albam: Insulanis vero communiter uti dedit
in Scutis suis LILIIS regii stemmatis22. Quorum symbolorum eas
Ioanna causas dederit:
Quod Coloni illi, Hispani Heroes, plurimis, maximisque
laboribus quaesierint, invenerint Insulam Dominici, et post Insulam
Novum Orbem, Novum Caelum, quod STELLA illa refert; quod novam
Evangelio Ianuam aperuerint, et Trophaea Crucis amplificaverint; id
CLAVIS, id CRUX notat; quod campum inmensum laurorum,
palmarumque, spreta mortis Cupresso, metuque detexerint, id SYLVA
monstrat; quod candori et puritati Romanae Fidei, adiugendis
Ecclesiae barbaris, consuluerint, id reddunt LILIA; ob eas causas in
Scutis suis CLAVI, STELLA, SYLVA, LILIIS, CRUCE utuntor,
obilitantor. Id ego in monumentis Indicis ab Ioanna datum maiorum
illis gentium patribus comperiebam: et cum inter primos Colonos
Duartios invenissem, traxisse inde, ab ista Insula, ob easdem causas,
obsequium nempe in Regem singulare, studium amplificandae
Religionis, constantiam in perferendis laboribus, magnanimitatem, et

22Edición facsimilar: (9) Joan Diez de la Calle. Noticias Sacras, y Reales de los dos
imperios de las Indias occidentales.

11
audaciam in facinore post hominum memoriam excelso, et arduo,
qualis Americae conquisitio fuit, traxisse, inquam, inde putabam Scuti
sui symbola STELLAM, CLAVES, CUPRESSUM, CRUCES, LILIA.
Sed, ut ad Ignatium nostrum propius redeamus, habetis
explicationem Scuti, brevem illam quidem, ubi tamen Duartii vitam,
virtutesque, quasi in libro certo, legeritis. Extat Scutum istud tot in
locis, atque adeo in hac aede Sacra, et pro tumulo, ut vos ubique ad
imitanda facta illa praeclarissima parentis vestri accendat. Atque, ut
nepotibus, si ad maiorum nobilitatem et gloriam, iisdem, quibus illi
tenuerunt, gradibus adnitantur, illorum imagines, et statuae, et Scuta
ornamento sunt: contra, degeneribus probro ignominiaeque: ita si lux
vestra coram hominibus luxerit; si aliis Caelum et exemplis vestris, et
sacris Ministeriis exercendis aperueritis; si ista vestra perpetua mortis
commentatio fuerit, et Crux; si intemeratos et candidos mores inter
cruciatuum spinas, veluti ROSAS, et LILIA colueritis; et STELLA, et
CLAVES, et ROSAE, et LILIA, et CUPRESSUS, et CRUX Duartii vobis
erunt gloriae ornamentoque. Certe quoties Scutum istud intuebimini,
toties de Ignatii virtutibus, et quid illae a vobis, qui Duartii nepotes
audiri amatis, exigant, admirantes recordabimini. Denique, ut estis
nobilissimi, Severini Boethii sapientissime, sanctissimi, clarissimi Viri
illud perpetuo mementote: Quod siquid est in nobilitate bonum, id
esse arbitror solum, ut imposita nobilibus necessitudo videatur, ne a
maiorum virtute degenerent23. Dixi.

Non minus Ignatius noster nobilis fuit a Quirosiorum genere.


Genus hoc antiquissimum est in Hispaniorum monumentis. Ioannes
Argote de Molina in suo de Nobleza de Andaluzia Pag. 66. haec de

23 Edición facsimilar: (10) Sever. Boeth. De Consol. Philos. Lib. 3. Pros. 6.

12
Quirosiis tradidit. "De los del apellido de QUIROS Casa antiquissima,
y grande en el Principado de Asturias son las Armas en Campo de
Plata DOS LLAVES AZULES puestas en aspa, y QUATRO LIRIOS
AZULES, Y QUATRO ROSAS ROXAS, y por orla ocho Aspas de oro en
Campo roxo. Estas usan los que se hallaron en la conquista de Baeza :
otros traen dos LLAVES enhiestas, y un LIRIO encima, y dos en lo
baxo.
Ioannes Felix Franciscus de Rivarola in de MONARQUIA
ESPAÑOLA, BLASON DE SU NOBLEZA part.2. pag. 363. V. CONDE
DE BENAZUZA (haec est Hispali Duartiorum Familia) reddit
Epigraphen, quae ad Statuam FRANCISCI DUARTII Hispali est. Ea
est, cum hispana eiusdem Rivarolae interpretatione, haec. HIC IACET
DUARTIUS VIR CLARISSIMUS MARITIMORUM COMMEATUUM.
C.V.E. ACIER. PRAEFECTUS MAXIMUS, QUI MULTIS PROFUIT,
NEMINI NOCUIT: ET DONA CATHALINA DE ALCOZER UXOR
SUA. OBIIT VIII. KAL. OCT. MDLIV. Aqui jace Francisco Duarte,
Varon Clarissimo. Proveedor General de las armadas, y Exercitos, que
hizo bien à muchos, mal à ninguno. Y Doña Cathalina de Alcozer su
Muger, murió à 24. de Sep. de 1554. Addit idem: Fue hijo de
D.Francisco Duarte Mendioca, que tuvo los mismos puestos, y su
Nieto del mismo nombre; que despues de otro fue del Consejo
supremo de Indias, y Presidente de la Casa de Contratacion de esta
Ciudad, que todos fueron calificados Hijos de ella, cuya Casa ya
Titulada posseen los Marqueses de la Fuente, Condes de Benazuza.
Haec Rivarola. Crediderim ego ab hac seu parentum, seu maiorum
Duartii praefectura Amaricanae Societatis (haec est, quae vocatur
Hispali Casa de Contratacion) et illa regiarum classium procuratione,
Americam Duartios ipsum frequentasse.

13
****************************

14
Texto en español

PRIMERA ALABANZA AL MUY ILUSTRE


SEÑOR DOCTOR IGNACIO DUARTE Y QUIRÓS

Sólo aquel que sea él mismo de origen oscuro y que, al no existir


ninguno de sus antepasados, jamás haya escuchado aquellos versos del
gran vate:
“Los valientes engendran a los valientes y bravos; las águilas
rapaces no engendran a la tímida paloma.”

podría negar que en la nobleza de sus antepasados reside algo


inmanente, lo cual impide corromper a los descendientes de la gloria
ancestral. Por cierto en aquellos tiempos heroicos la sola inclinación a
la virtud distinguió a los nobles de la plebe. Porque si alguien había
reunido con cierto arte de la retórica y de la elocuencia a hombres
dispersos y errantes, según la costumbre de las bestias salvajes en un
único lugar; si alguien con el talento y la prudencia había disminuido
el ímpetu de la multitud excitada; si alguien había ampliado los límites
del reino o había expulsado de él a los enemigos; si alguien en la
guerra o en la paz se distinguía por encima del resto en virtud o en
sabiduría, la República, con sus preclaros decretos , los ennoblecía y
catapultaba a los honores y a los altares y los llamaba Dioses con un
vocablo demasiado amplio, como la agricultora Ceres, el elocuente
Mercurio, la docta Minerva y el valiente Hércules, a cuyos hijos
finalmente también se les tributó el honor porque parecía que las
semillas de la excelencia paterna existían en ellos. De la virtud
entonces nace la nobleza y a partir de la nobleza crece en los egregios

1
varones cierta llama en el pecho que no puede ser atenuada antes de
que se haya logrado reproducir la destacada virtud de los antepasados.
Pero siempre me pareció absolutamente difícil de explicar en qué
consiste esta virtud, de qué modo el fuego de la estirpe y la fuerza se
han manifestado. Naturalmente, para los filósofos es verdad que
cierta virtud y fuerza llegan al orbe subordinado, desde el Sol y los
Astros, pero apenas explican cómo vienen, cómo se insinúan desde la
profundidad de la tierra. Así ciertamente llega a los descendientes esta
fuerza de la nobleza, pero casi no puede decirse de qué modo
desciende. A menos que prefiramos decir que esta íntima fuerza se
explica por aquella otra externa y evidente, que no admite que los
descendientes se olviden de sus antepasados. Dicha fuerza está
representada por las estatuas, los retratos, los monumentos al honor,
los escudos familiares de los antepasados, en los que los nietos ven con
qué trayectoria los abuelos y bisabuelos alcanzaron los honores y por
medio de los cuales ellos mismos deben esforzarse en escalar no solo la
gloria sino también la alabanza. De estos mismos retratos y escudos
los inquebrantables nietos recogen aquel consuelo para soportar
menos dolorosamente la muerte de sus antepasados, a los que ven
consagrados a la inmortalidad a través de las acciones llevadas a cabo,
las estatuas y las restantes insignias de honor. Habiendo examinado
estas cosas recientemente, sumamente entristecido por la muerte del
muy ilustre varón Ignacio Duarte y Quirós, fundador de nuestro Cole-
gio, no pude menos que alabar la elocuencia y la prudencia del
distinguidísimo Carlos, rey de España, en virtud de las cuales
concedió que en nuestro Colegio también otorgáramos el justo valor a
los escudos familiares del insigne Duarte no solo delante de las puertas

2
del colegio sino también allí, en el templo sagrado, frente a la corona
real.
El sapientísimo rey buscó para nosotros el consuelo a la muerte
de Duarte de tal modo que lo viéramos en las estatuas y en el escudo
como un estímulo inmortal, por medio del cual, habiendo sido
expuesta la nobleza del mismo, nos aproximáramos a los honores.
Esta es la causa misma de por qué en la alabanza anual de Duarte
aquel escudo de familia acostumbró colocarse delante de la tumba, allí
donde lo veis. Yo emprendo esto y juzgo que ha sido hecho con
sabiduría; asimismo, para el que busca la razón de la alabanza de
Duarte me parece que esta no puede ser buscada en ninguna parte
mejor que en el escudo. Más aún, en él existirá la ventaja de que la
nobleza de Ignacio, nobilísimos jóvenes, os iluminará para imitar los
hechos de la verdadera nobleza. Yo os ruego una sola cosa: cuando
hable del escudo de Duarte, a menudo volved los ojos hacia el mismo,
que está presente. De este modo, aprovecharéis nuestro discurso con
los ojos no menos que con los oídos1.
Por lo tanto, veis en el escudo de Duarte seis símbolos: arriba
una estrella; abajo de la estrella unas llaves puestas en cruz; en la parte
inferior un ciprés; bajo el ciprés cuatro rosas; alrededor otros tantos

1Cuando el orador se enfrenta con el asunto, suele manejar figuras en torno a los afectos
que pesan en la elaboración de la res sin perder de vista el impacto sobre el público.
Entre dichas figuras se destaca la evidentia, definida por Quintiliano (Inst. 8.3. 61; 9.2.
40) como la descripción viva y detallada de un objeto a partir de la enumeración de sus
particularidades sensibles reales o creadas por la fantasía. Según los testimonios de los
distintos retóricos, esta figura, que se caracteriza no tanto por decir como por mostrar,
suele adoptar diferentes denominaciones, tales como ε)να/ργεια, ε)/κφρασιϕ, illustratio,
descriptio, demonstratio, repraesentatio y sub oculos subiecto. Si se trata de procesos,
las descripciones pertenecen a la narratio; en cambio, si se trata de personas o cosas,
aquellas se transforman en discursos epidícticos que apuntan a intensificar la claridad y
la verosimiltud. Los objetos pasibles de ser descritos son múltiples, pero basta recordar,
entre otras, las memorables descripciones literarias de famosos escudos. Para el análisis
de la ε)να/ργεια cf. Zanker (1981)

3
lirios; finalmente ocho cruces que rodean todo2. Yo demostraré que las
virtudes de Duarte expuestas y preanunciadas en estos símbolos y las
destacadísimas acciones existían ya desde la época de sus
antepasados, como en otro tiempo, en aquel escudo homérico estaban
grabadas las futuras acciones de Aquiles y en aquel otro virgiliano
representadas las de Eneas3. Pues finalmente aquella estrella del
escudo arrebata nuestra mirada en dirección a ella. Aquellos que se
afanan por observar los astros, suelen observar el horóscopo en los
nacimientos de los niños y a partir del aspecto de las estrellas entre sí,
su ubicación y su conjunción, suelen predecir, incluso, la dote del que
nace, su talento, su fortuna, todo su estilo de vida. No me entretengo
en cuanto a lo que debe ser atribuido a estos astrólogos. Que otros lo
vean. Ciertamente a partir de esta estrella yo podría adivinar toda la
vida del joven Duarte y sus virtudes. En efecto, esta es la estrella que,
cuando Duarte nació, representó el distinguido e ilustre linaje de los
Duarte en los testimonios hispánicos y de las Indias, y no admitió
nada indigno de su nobleza, porque, siendo guía esta estrella, Duarte
vio que la gloria de sus antepasados iluminaba a sus descendientes y
no permitía que ni las buenas ni las malas acciones de aquellos
estuvieran ocultas. Esta le advirtió continuamente que, como las
estrellas brillan con su propia luz, era preferible brillar con luz propia
que brillar con la ajena o con el esplendor de sus antepasados. Esta es
la que con aquella fuerza oculta, con la que las estrellas llenan de celes-
2 Los maestros de oratoria y retórica se detienen siempre en los procedimientos
descriptivos por su eficacia. El jesuita haciendo suyo el dominio de estas áreas impone una
descripción pormenorizada, una especificación de los detalles con el objetivo de mover los
afectos y lograr un mayor enriquecimiento conceptual.
3 En Ilíada (XVIII), se encuentra la ecphrasis más antigua de la literatura dedicada a una

obra de arte figurativa: el escudo de Aquiles. Conviene recordar que, en rigor, Homero no
describe la representación del escudo sino que narra la creación del mismo por parte de
Hefesto. En Eneida (VIII), Virgilio dota a Eneas de un escudo nuevo cuyas imágenes son
relevantes, pues representan momentos vívidos en la historia de Roma.

4
tial virtud el mundo que está debajo, inspiró a Ignacio moderación,
castidad, templanza, prudencia, constancia, integridad, fidelidad,
suavidad de las costumbres, una cierta superioridad innata en las
estrellas y otras cualidades dignas de un joven bien nacido. Habiendo
sido pronunciado el voto, esta Estrella indujo a Duarte ya desde niño a
consagrar en la cueva de Belén o, mejor dicho, en la de Monserrat su
castidad como mirra, y el incienso con el cual como sacerdote sacrifi-
caba suavísimas costumbres y la sagrada hostia, y el oro que derramó
con regio ánimo en las limosnas.Esta Estrella es la que le advertía
asiduamente que a los Sacerdotes se les había dicho especialmente
aquellas palabras: " Vosotros sois la luz del mundo." Esta le
proporcionó la luz con la que, cuando leyó en los Sagrados libros: "los
que instruyen en la justicia a muchos serán como estrellas en
perpetuas eternidades", fue impulsado a fundar esta casa de estudios
superiores, donde se formaron en toda justicia y en todas las virtudes
los nobilísimos jóvenes de todas estas provincias.
Finalmente, ya que la condición de las estrellas es que, aunque
parezca que mueren, sin embargo, no perecen, sino que cuando
iluminan el viejo orbe, continúan iluminando este nuevo mundo al
morir, así los antepasados de Duarte, una vez que colmaron Europa
con su resplandor, llevaron la luz a América. Aunque pareció que
moría, nuestro Ignacio nos guía con su fuego, con sus virtudes y
continúa iluminando todas estas provincias. Muchas cosas podrían
decirse sobre esta estrella, pero ya aquellas llaves nos evocan otro
símbolo del escudo. Estas llaves, oyentes, expresan la vida de Duarte
de tal manera y son tan apropiadas a ella que, salvo que las vierais en
el escudo abiertamente, temería que pensarais que esto ha sido
inventado por mí. Sin duda, estas llaves llamaron al sacerdocio a

5
Duarte, perfeccionado ya por todas las disciplinas y condecorado con
los premios de los Doctores y con la corona de laurel. En efecto, estas
llaves habían predicho que el mismo Ignacio estaría sometido algún
día de un modo más profundo y más religioso a las llaves de Pedro, el
príncipe de los Apóstoles. Con las mismas este colegio se abriría
después a innumerables jóvenes, para que iniciados en lo religioso y
encargados del cuidado de otros recibieran del propio Pedro estas
llaves con las cuales renovaran indefinidamente las puertas de los
sacramentos y del cielo. Pero ¿cuán asidua y hábilmente hizo girar
estas llaves divinas el propio Ignacio? ¿Cuántas veces con muchas de
estas llaves abrió la entrada a Dios? Podría decir que Duarte la abrió
con las mismas con las que los alumnos de nuestro colegio la abrieron.
En efecto, se juzga que las cosas que ellos hicieron, incluso el mismo
Ignacio las hizo por ellos, como Gregorio Magno es llamado el Apóstol
de los ingleses, porque les dio su apóstol agustino4. Pero omito esto y
digo sólo que Ignacio mismo abrió con estas llaves los altos y oscuros
aposentos de muchos, liberó las cerraduras de las almas y, una vez
abiertas las puertas, las introdujo en el cielo. Por esta situación, Duarte
pidió permiso para decir la Misa en su casa de campo, permiso que
luego atribuyó a este colegio, para ser padre y párroco de los esclavos
de quienes era señor. De este modo, salvó a muchísimos y por medio
del bautismo abrió la iglesia a unos, y a otros el cielo que ellos
mismos se habían cerrado. Finalmente, si comparas estas llaves de
Duarte con las que Pedro lleva en su mano, verás qué semejantes son
e, incluso, qué idénticas. Sin embargo, unas y otras se unirán
estrechamente entre sí, como se dice que están unidas las cadenas
romanas del mismo Pedro y las de Jerusalén, cuando han sido unidas

4 En el Elogio de la Iglesia, el 12 de marzo.

6
entre sí, de modo que ninguna fuerza humana ha podido separar lo
que la fuerza divina unió5. Querría, oyentes, detenerme más
extensamente en esto, aunque debemos pasar a aquel fúnebre Ciprés,
símbolo6 y trofeo de la muerte. Y para pasar necesariamente ¿quién,
en efecto, podría lograr no llegar a los Cipreses, incluso
involuntariamente y resistiendo?
El ciprés fue un árbol odiado por los antiguos, consagrado a la
muerte y a los dioses subterráneos, del cual se dijo:

"Habrás de abandonar la tierra y la casa. Y de los árboles que


cultivas, ninguno, salvo los odiosos Cipreses, te seguirá como
precario dueño." 7

Pero no solo el ciprés sino también otros árboles fueron señales


de muerte para los antiguos. Porque a no ser por una injusticia suma,
nadie puede interpretar sino como indicio y consuelo de la muerte
aquellas transformaciones en árboles sobre las que nos hablan los
antiguos. ¿Acaso pensáis que cuando nos cuentan que las Helíadas
fueron transformadas en álamo, Dafne en laurel, Narciso en la flor del

5 En el Elogio de la Iglesia, 1 de agosto.


6 El ciprés se erige, pues, en el campo del escudo como símbolo de la muerte. Este
motivo connota recuerdos perdurables, longues durées. En tal sentido, según Guillén
(1985: 275), “ el topos interesa como signo, como reconocimiento de un conjunto
cultural con el que el escritor enlaza activamente o se declara solidario.”
7 La memoria poética en su calidad de tropo retórico supone alienar un discurso de su

antiguo sistema de decodificaciòn y contexto de uso y transferirlo a uno nuevo. A


propósito, pues, del árbol funerario, Peramás transfiere al contexto de las Laudationes
una nueva cita horaciana legitimando su escritura con el gesto intertextual. Por el
procedimiento de la citación, la vocación es múltiple ya que invoca (apela), convoca
(hace presente), evoca (recuerda) y revoca (suspende). En efecto, Peramás revoca parte
de los vv. 21-22 (Linquenda tellus et domus et placens / uxor [...]), en tanto que los
versos citados evocan una tradición, un universo y por medio de ellos se atribuye una
causa pretextual a un tópico que no está aislado sino inserto en una continuidad.

7
mismo nombre, Atis en pino8 y el niño Cipariso en este nuestro Ciprés
ellos creían que estas metamorfosis habían sido hechas realmente? En
rigor, ellos fueron más sabios como para creer estas cosas. Sin duda,
inventaron sus propias conversiones para que tantas veces contem-
plaran el pino, el laurel, el álamo y los restantes símbolos atribuidos a
los suyos, tantas veces se acordaran de quienes habían sido
arrebatados por la muerte. Pero cualquiera que haya sido el consuelo
de la muerte que los demás árboles les brindaran, el Ciprés era para
todos el símbolo común de la muerte, del que hacían uso para suscitar
el recuerdo de los muertos y ordenar su vida, según este recuerdo.
Y nuestro Duarte no utilizó su ciprés sino otro. Seguramente,
habiendo sido visto el Ciprés, recordaba a sus antepasados a los que ni
la nobleza de estirpe ni las vastas riquezas habían podido arrebatar de
la muerte. Ante sus ojos permanentemente estaba este Ciprés, y de
este provenía para Duarte aquella preparación para la muerte que en
él fue inmortal. De aquí que estableció una vida más cercana a la
muerte que a la vida. De aquí aquellos tormentos y voluntarios azotes
con los cuales resonaron estas paredes tantas veces como lo atestigua
la sangre salpicada. De aquí la facultad de ver negada a sus ojos, por
humildad. De aquí esa palidez diseminada en todo el rostro por las
prolongadas vigilias y ayunos, el color disminuido que huye de las
mejillas, el pecho hinchado, las sienes hundidas, la marcha
temblorosa, los ojos hundidos, la respiración débil y todo el semblante
cadavérico. Podría decirse que Duarte o vivió al morir o murió al vivir:
así estaba presente una especie de muerte. De aquí que arrancó todo
lujo del cuidado de su cuerpo, repartió sus riquezas a los pobres y alejó
de sí la preocupación por las cosas mortales. De aquí el cultivo de este

8 Esta metamorfosis no figura en la obra de Ovidio, aunque el poeta se refiere a la


leyenda frigia de Atis y Cibeles en Fast. 4. 223 ss.

8
Monserrat, en el que –tened esto siempre presente, Colegas míos-
quiso que fueran cultivados sólo cipreses y no flores o árboles caducos
que han de vivir poco tiempo.
Si alguna vez aquí hay que cultivar Rosas, deben ser cultivadas
bajo este Ciprés, como veis que están plantadas aquellas cuatro rosas
del escudo de Duarte, para que estén protegidas por la impúdica Venus
que huye demasiado de aquel árbol triste. Por lo tanto, al recordarnos
continuamente a la muerte, este Ciprés nos advierte que vivamos una
vida similar a la de Duarte. Nos enseña, además, la constancia con la
que conserva siempre su verdor y la perseverancia en los trabajos a los
cuales este árbol nunca cede, como tampoco cedió Duarte. Aquellas
ocho Cruces que rodean el escudo me parece que fueron hechas de este
Ciprés duartiano. Así lo muestra el perpetuo afán de Duarte de
mortificarse y la voluntad de imitar a Jesús crucificado. Y puesto que
son ocho, indican de un modo idóneo que nada tenía en el cuerpo ni en
el espíritu que no clavara en la cruz, ya que señaló con la cruz no solo
sus cinco sentidos corporales sino las tres potencias del alma. En este
sentido, para Duarte, cuanto veía, cuanto olía, cuanto gustaba, cuanto
ejecutaba, cuanto recordaba, cuanto pensaba, cuanto apetecía, era una
Cruz.
Ya entre estas espinas de mortificaciones y junto a este Ciprés,
nacieron aquellos Lirios del escudo duartiano. Sabéis perfectamente a
qué virtud, en especial, se refieren los Lirios: la castidad. Esta fue tan
grande en Duarte cuanto vosotros a menudo escuchasteis y yo apenas
puedo expresar con palabras. En efecto, Ignacio desde niño cultivó
lirios, amó la castidad de tal modo que su mayor temor fue que el
vientecillo más leve ajase esos Lirios; por eso alejó los espíritus
pestilentes y las emanaciones y se rodeó por todas partes de cercos

9
sólidos y cerraduras para que apartaran a los áspides, las fieras y todas
las pestes; por el contrario, llamó a los compañeros cultivadores puros,
piadosos e inocentes, esto es, a los niñitos a quienes agradaba la
blancura de los Lirios. A los Narcisitos, Ganimedes9, Cupidos10 los
aborrecía más que a las serpientes y a los perros. Invocó también a la
Virgen, amante cultivadora de los Lirios, a la que obsequió Lirios con
manos llenas y a la que, siendo niño, consagró voto de perpetua
castidad.
El, que tan precavido era cuando niño, lo fue en gran medida
cuando viejo. Al enterarse de que, mientras estaba ausente, una de sus
criadas había manoseado en broma la pobre cama donde daba
descanso a sus fatigados miembros, consideró tal acción un crimen
nefando, una torpeza intencionada, y arguyendo que la esclava se
había atrevido contra él como un enemigo, estuvo a punto de echarla a
la calle, después de haberla azotado. Pero habiendo traído al medio de
la casa la cama, ordenó poner fuego debajo, para infundir vergüenza a
la petulante mujer al mismo tiempo que profería: " así arderá la que,
después de esto, intentara algo lascivo, incluso contra la sombra del
amo ausente" ¡Hecho digno de un sacerdote! ¡Ojalá tuviéramos gran
cantidad de estos sacerdotes! A partir de esto, podéis conjeturar,
oyentes míos, la circunspección de un varón de antigua probidad y
debéis creer que estuvo muy apartado de todo crimen el que castigó así
el ajeno, si en realidad hubo algún crimen.
Por tanto, del mismo modo que se acostumbra a pintar con lirios
en la mano a aquellos santos varones, que florecieron especialmente

9 Ganimedes, joven héroe perteneciente a la estirpe real de Troya y descendiente de


Dárdano, cuidaba los rebaños de su padre. Pasaba por ser el más hermoso de los
mortales y su belleza había inflamado de amor al más poderoso de los dioses. Cf. Grimal,
s.v.
10 Narcissulos, Ganimedas y Cupidines hacen alusión a los jóvenes muelles y afeminados.

10
por esta alabanza de la castidad, como el purísimo joven Luis, San
Francisco Javier y otros, así estos Lirios del escudo deben ser
considerados testimonios de la pureza de Duarte y exhortaros a que los
conservéis siempre muy floridos y limpísimos en vuestras almas, para
que cada uno de vosotros pueda delante de su sepulcro invocarlo con
estos versos:

"Tú serás nuestro guía; repartid Lirios a manos llenas. Esparci-


ré purpúreas flores y que honre el espíritu del padre al menos con
estos regalos y cumpla con una vana tarea."

Respecto del Yelmo del escudo que está en su parte superior, no


mencionaré otra cosa sino que con él se cubren y defienden todas esas
virtudes de Duarte que he mencionado más arriba, de manera que
podemos decir de su escudo y de su yelmo aquello que decía San
Pablo: " Entre todo lo que os apropiéis, tomad el escudo de la fe y el
yelmo de la salud."
Esto era lo que tenía para decir de los emblemas del escudo, en
cuanto atañe a la piedad privada de Duarte11. En lo que respecta a la
nobleza común a los Duarte y a su linaje, podría decirse muchísimo de
dichos emblemas. Pues investigando los remotísimos orígenes, en las

11Con motivo de celebrarse los 300 años de la fundación del Colegio, se publica en 1987
un libro titulado El Monserrat, en el que se detalla el simbolismo del escudo y sus
emblemas: la stella matutina representa a la Virgen María como Madre Universal; las
ramas del ciprés aluden a todas las generaciones de monserratenses; las llaves cruzadas
que separan el ciprés de la estrella simbolizan el entendimiento: el de la Virtud y el de las
Letras, porque en virtud y letras se habrán de formar los futuros caballeros. Las rosas y
las flores de lis encierran la caridad y la pureza y finalmente las ocho cruces simétricas
anuncian el equilibrio que la razón exige a los estudiantes. El escudo de Duarte y Quirós
es hoy el escudo monserratense que preside todos los acontecimientos del Colegio
Nacional. Los símbolos espirituales con que cuenta no han perdido vigencia, puesto que
son atemporales. En tal sentido, se erige como sinónimo de identidad y, al mismo
tiempo, como defensa, protección y definición del Alma Mater que fue modelando el
espíritu de la institución. Más aún, como síntesis de un ideal irrenunciable.

11
memorias de España, he hallado la siguiente noticia. Juana, la hija de
la reina Isabel, en el año 1508, concedió estos privilegios e insignias de
nobleza a los heroicos colonos españoles de la isla que llaman La
Española como igualmente a aquellos héroes quienes con Colón como
jefe argonauta, habían conquistado recientemente esa isla y por ella el
nuevo mundo para el imperio hispano. De manera que los ciudadanos
del puerto de Santo Domingo que es la capital de la isla debían grabar
una Llave color púrpura en el escudo de fondo purpúreo y los de
Compostela , una Estrella blanca en un escudo azul; los del Puerto
Rico un Bosque verde en medio del escudo y los de Santa Cruz, una
Cruz blanca. A los isleños, en general, les permitió usar en sus escudos
las flores de Lis del blasón real. La misma Juana dio los motivos de
estos emblemas.
Porque aquellos colonizadores, héroes españoles, buscaron y
hallaron, tras grandísima fatiga, la isla de Santo Domingo, y después
de ella, un Nuevo Mundo, un nuevo cielo: aquella Estrella lo
representa; porque abrieron una nueva puerta al Evangelio y
amplificaron los trofeos de la Cruz: la Llave y la Cruz lo indican;
porque, una vez alejados el Ciprés de la muerte y el temor,
descubrieron un inmenso campo de laureles y palmas: el Bosque lo
demuestra; porque se ocuparon de la pureza y el candor de la fe
romana para convertir a los salvajes a la Iglesia: los Lirios lo reflejan.
Por esta causa, usen en sus escudos la Llave, la Estrella, el Bosque, los
Lirios y la Cruz como signos de nobleza.
He hallado en las memorias de Indias que tal concesión fue
otorgada por Juana a los padres de las familias más antiguas, y al
haber descubierto que los Duarte, entre los primeros colonizadores,
por las mismas causas habían heredado de allí, de esta isla, obediencia

12
singular para con el rey, empeño en propagar la religión, constancia en
soportar los trabajos, magnanimidad y valor en la hazaña más excelsa
y ardua de la que haya memoria, como fue la conquista de América,
entonces pensaba que habían sacado los emblemas de su escudo: la
Estrella, las Llaves, el Ciprés, las Cruces, los Lirios.
Pero para referirnos más de cerca a nuestro Ignacio, tenéis
aquella breve explicación del escudo, donde sin embargo, leeréis, como
en un libro verdadero, la vida de Duarte y sus virtudes. Ese escudo está
en tantas partes, principalmente en este sagrado templo, y delante de
su sepulcro, que os concita en cualquier lugar a imitar aquellos hechos
preclarísimos de vuestro padre. A los nietos, si se esfuerzan por
alcanzar la nobleza y la gloria de sus antepasados siguiendo sus
mismos pasos, los retratos, las estatuas y los escudos les sirven de
ornato; pero a los indignos les sirven de oprobio e ignominia.
De modo que si vuestra luz brillare públicamente ante los
hombres; si abriereis el cielo a los demás con vuestros ejemplos y con
el ejercicio de los sagrados ministerios; si vuestra vida fuere un
perenne recuerdo de la muerte y una cruz; si cultivareis costumbres
inmaculadas y cándidas, como Rosas y Lirios, entre las espinas de las
mortificaciones, la Estrella, las Llaves, las Rosas, los Lirios, el Ciprés y
la Cruz de Duarte serán para vosotros, gloria y ornato. Por cierto que
cuantas veces contempléis este escudo, tantas recordaréis, admirados,
las virtudes de Duarte y qué exigen de vosotros que amáis ser escu-
chados como sus descendientes.
Por último, como que sois nobilísimos, recordad siempre las
frases de Severino Boecio, excelentísimo varón, muy sabio, sumamente
honrado e ilustre: " Si algo hay de bueno en la nobleza, es que la

13
necesidad de no deshonrar la virtud de sus antepasados parece
impuesta a los nobles." He dicho.

No menos noble fue nuestro Ignacio por el linaje de los Quirós


que es antiquísimo en la historia de España. Juan Argote de Molina, en
su libro de Nobleza de Andalucía, página 66, dice de los Quirós: " De
los del apellido de Quirós. Casa antiquísima y grande en el principado
de Asturias. Son las armas en campo de Plata Dos Llaves azules,
puestas en aspa, Quatro Lirios azules y Quatro Rosas Roxas, y por orla
ocho aspas de oro en campo roxo. Estas usan los que se hallaron en la
conquista de Baeza; otros traen dos Llaves enhiestas y un Lirio encima
y dos en lo baxo."
Juan Félix Francisco de Rivarola en Monarquía española,
Blasón de su nobleza, parte 2, página 363, V. Conde de Benazuza, (que
es en Sevilla la familia de los Duarte), traduce la inscripción que tiene,
en esa ciudad, la estatua de Francisco Duarte. Hela aquí con la versión
castellana del mismo Rivarola -HIC IACET DUARTIUS VIR
CLARISSIMUS MARITIMORUM COMMEATUUM. C.V.E. ACIER.
PRAEFECTUS MAXIMUS, QUI MULTIS PROFUIT, NEMINI
NOCUIT: ET DONA CATHALINA DE ALCOZER UXOR SUA.OBIIT
VIII KAL.OCT. MDLIV. Aquí jace Francisco Duarte, Varon Clarissimo ,
Proveedor general de las Armadas y Exercitos, que hizo bien à
muchos, mal à ninguno- y doña Cathalina de Alcozer su muger, muriò
à 24 de sept. de 1554". Añade: fue hijo de D.Francisco Duarte
Mendioca, que tuvo los mismos puestos y su nieto del mismo nombre,
que después de otro fuè del Consejo Supremo de Indias, y Presidente
de la Casa de Contratación de esta ciudad, que todos fueron calificados
Hijos de ella, cuya Casa ya titulada posseen los Marqueses de la Fuen-

14
te, Condes de Benazuza. Esto dice Rivarola. Me inclino a creer que, a
causa de haber tenido ya los padres de Duarte, ya sus antepasados,
esta prefectura de la Sociedad Americana (esta es la que en Sevilla se
llama Casa de Contratación) y la proveeduría de las Armadas reales,
los mismos frecuentaron América.

*********************************

15
LAUDATIO II

SEGUNDA ALABANZA

La argumentación del segundo elogio gira en torno al tema de la


inmortalidad de Duarte. Peramás considera que no hay entrada más
segura para obtener la inmortalidad que el camino de la sabiduría.
Así, pues, expone la formación de Ignacio a partir de cuatro etapas: el
rétor, el filósofo, el teólogo y el sacerdote.

*********************************

Texto latino
CLARISSIMI VIRI D.D. IGNATII DUARTII ET QUIROSII
LAUDATIO II

SERUM, LACRYMAE, OFFICIUM ET nec nostro vel dolori, vel


vulneri profuturum! Dum res erat integra, dum retinendi Duartii,
remorandaeque fugientis eius animae spes erat aliqua; tum implendi
oculi, tum Caelum fatigandum precibus, tum Arae, et Templa
oneranda votis fuerunt, siquo modo gemitibus, luctuque Parentis
optimi vitam demereremus ab superis. At ubi tot iam anni sunt, ex
quo dura nimium sors, et triste fatum, virum, qui immortalis esse
debuit, eripuit nobis, quo iam lamenta, et maeror, et squalor iste, et
comploratio haec, nisi ut malum, per se magnum, fiat immensum,
aeternumque?
Iustae lacrymae! Iusti gemitus! Audio: sed quibus ab oratoribus
tuis, Collegium nobile, quaerendus fuit modus aliquis magis, quam
maior, maiorque in dies materia regerenda. Debuerunt illi anteire
vulneri, et mederi; non refricando, irritare. Quorsum enim illa?
Ignatii casum secum Collegii nostri ruinam traxisse: uno illius tumulo
spem nostram iacere omnem consepultam: Montem hunc nostrum,
illius morte fractum, et loco motum, illo cadente, cecidisse: quorsum
haec? Nempe vera sunt: scimus, fatemur. Aeternis lacrymis digna?
Flevimus, flemus. Sed hoc a te petimus, cum ita deplorata sint omnia,
aliquam dolori facias medicinam, et nos, siquid potes, consoleris.
An id ego possim, Collegae tristissimi, haud satis scio: experiar
tamen, et pro virili consolationi vestrae ferviam. Quid enim? Dixerunt
illi Duartium mortuum: et hinc lacrymae, hinc suspiria. Ego enitar
contra: VIVENTEM dicam, dicam IMMORTALEM DUARTIUM.

1
Num satis haec dolori vestro facient, et medebuntur? Eia, advertite
huc animos, et tota, quae dicam, mente, et plenis auribus accipite.
IGNATIUS ille, HEROS ille DUARTIUS, ille PARENS OPTIMUS, et
Collegii nostri Conditor nusquam mortuus est, nulla sui parte periit :
VIVIT adhuc, VIVIT, et VIVET IMMORTALIS.
Ac primo quidem putet aliquis instar esse immortalitatis
memoriam hanc vestram, desideriumque Duartii, quibus eum, in
animis vestris calentem adhuc, donare vita quodammodo videmini.
Certe Oratorum princeps Tullius, Vita, inquit, mortuorum in
memoria est posita vivorum. Sed certiora sunt nobis Duartii
immortalitatis argumenta. Nam siquisquae vivens edidit, clara
facinora, et quas habuit praestantes virtutes, ita edidit, et habuit, ut
eis immortalitatem sibi dicatur comparasse: veluti Magnus ille
Alexander, et Carolus item Magnus et quem ego Heroibus omnibus
antepono, Christophorus Columbus ille Maximus, qui nostram hanc
Americam aperuit : si hi rebus gestis consecuti sibi sunt
immortalitatem; Duartius noster, cuius tot extant facta
praeclarissima, non erit immortalis?
Vel si nihil aliud ab Ignatio nostro haberemus, quam hoc
Collegium nostrum, hoc sapientiae domicilium, esset id fatis, ut
immortalitati consecrandus videretur. Scilicet nullus est certior
immortalitatis consequendae aditus, quam sapientia. Habent hoc viri
sapientes, ut viventes admirationi sint, et mortui aeterno desiderio;
quorum cum homines et facta praeclarissime, et sapientissime dicta
in animis conservant suis, et alii aliis quasi per manus tradunt, fit, ut
sapientium memoria intermoriatur numquam; et vivere semper, et
spirare videantur.

2
Quod si libri accedant ingeniose, sapienterque conscripti, hi
maxime immortalitatem parentibus suis pariunt. Iam siquis non ipse
per se solum sapiens fuerit, sed longum, aeternumque post se
sapientium ordinem reliquerit; si librorum loco ipsam sapientiae
officinam posteris tradiderit, is non erit aeternitate dignus? Atqui
Duartius et sapientissimus ipse fuit, et sapientiae domicilium illud
aeternum posuit, ubi tot efformantur sapientes viri, unde tot
Doctores sapientissimi prodierunt, et prodeunt quotidie,
prodibuntque.
Quare hoc Ignatius monumento1 fecit, ut nulla sui unquam
periret parte, sed immortalis viveret. Id adeo ex ipsa Ignatii vita
cognoscite. Duartii vita in quatuor divisa est partes. Prima pars illa
annorum est, quibus puer ille, et litterarum humaniorum studiosus
fuit: pars altera annorum, quibus adolescens, et Philosophus; tertia,
cum vir et Theologus; postrema est pars annorum, quibus iam
Sacedos fuit. His nimirum omnibus aetatibus IMMORTALIS erit
semper Duartius.
Namque is puer ita fuit, et humaniorum litterarum studiosus,
ut, qua erat indole suavissima, et candido ingenio, non tam
Musarum, quam Gratiarum, et Virtutum alumnus videretur. Ad

1 La memoria colectiva, entendida como el recuerdo de las experiencias pasadas


compartidas por una comunidad, y su forma científica, la historia, se valen de dos tipos
de materiales: los documentos y los monumentos. El lexema monumentum está
vinculado a la raíz indoeuropea men, que expresa una de las funciones fundamentales de
la mente: la memoria. Como derivado de monere (hacer recordar, llamar la atención,
advertir), es un signo del pasado, es todo lo que permite perpetuar el recuerdo. En
efecto, desde la antigüedad romana, el sentido de monumentum se circunscribe a dos
acepciones: 1) una obra de arquitectura o escultura con fines conmemorativos; 2)
monumento funerario destinado a mantener viva la memoria. Cabe señalar que la
noción de monumentum se cruza con la de documentum que deriva de docere (enseñar)
y ha evolucionado hacia el significado de prueba en el vocabulario legislativo para luego
afirmarse esencialmente como un testimonio escrito caracterizado por una objetividad
que se contrapone a la intencionalidad de monumentum. Cf. Halbwachs (1992: 38 ss);
Le Goff (1991: 227 ss); Ernout-Meillet, s.v. moneo.

3
omnem ille comitatem compositus, ad modestiam, ad pudicitiam, ad
pietatem, ad innocentiam, nihil habere pueritiae visus est praeter
annos, caetera senex. Tam ille studii tenax fuit, et amans, ut nec
ludus, et deliciae, quae plerosque; nec labor et taedium, quae pueros
omnes ab studio solent avertere, a discendi contentione, librisque
revocarint. Cum vero relaxandus erat animus honesto otio; sui
similes, id est, pudentes, bene morigeratos, ingenuos pueros socios
sibi et comites adiungebat. Certe eminuit iam tum in Duartio
corrigendorum, ac recte instituendorum puerorum studium
singulare: et siquem ad virtutem paulo propensiorem nactus erat,
incitabat scilicet, et puritatis, castique timoris, quod numquam
deinceps cum omni hominum genere facere intermisit, amorem
inspirabat. Iam in sacra aede ita erat assiduus, ut delicias ibi omnes
suas collocasse videretur; et ara sub ipsa ludens, praeludebat iam
tum, quae deinde impleturus erat serio, officiis Sacerdotis.
Is fuit puer, et studiosus Rhetorices Ignatius. Et non ille hac
parte IMMORTALIS est? Nostis, Auditores, quot in hoc Collegio
fuerint, et quot etiam num sint pueri studiosi humaniorum litterarum
Ignatio similes, modesti, comes, pudici, innocentes. Quam illi in
Templo frequentes! quam in studio humanitatis assidui? Quam
verbis, quam moribus elegantes? Quis inter haec in tam teneris annis
tantam non miretur constantiam, qua vix avulsi ab ubere, iam
virorum animos, virorum studia ita induerunt, ut nec paternae
deliciae domus, nec dulcis Matrum memoria, nec amor patriae, et
illecebrae a suscepto proposito revocent, avertantve? Qua re pueri alii
cum horum alacritatem, et laetitiam, et suavissimos vident mores,
contineri nullis domi suae praemiis possunt, quin huc volitent, seque
dulcissimis sociis coniungant. Et cum exemplo Duartii tales sint; cum

4
Duartio debeatur haec Institutio puerilis; quis dubitet, quin per eos
spiret adhuc Ignatius, et vivat IMMORTALIS?
At qualis fuit Duartius adolescens, et Philosophus? Deo unice
dedita mens, naturae arcana, causasque investigans, conditorem
plantarum, si florum, si nubium, et Caelorum naturam, si Solis
astrorumque vires, vicesque scrutabatur, illum de se philosophantem
ad suum opificem omnia haec, rectoremque deducebant. Videbat
Duartius ante pedes multa, quae America nostra offert nova, et
exquisita Philosophis, et quae tantopere mirantur Europaei Physici,
Caelum, plantas, bruta animantia, fontes, arbores, lacus, maria,
ventos, caetera, non Platoni, non Aristoteli, non Democrito ullive
Philosophorum, ante Columbum, cognita. Admirabatur auri et
argenti vim illam immortalem, et quae plusquam magnes ferrum,
humanas trahit mentes, et Americam hospitibus implet infinitis.
Quae omnia Duartius non habendi, sed cognoscendi studio
investigabat: et sibi ipse accomodabat Virgilii illud2:

Condit opes alius, defossoque incubat auro....


Exsilioque domos, et dulcia limina mutat,
Atque alio patriam quaerit sub Sole iacentem....

2Edición facsimilar : (1) Georg. 2. Este pasaje corresponde al libro II de Geórgicas (475-
482) y se caracteriza por el hecho de presentar omisión de versos y transposición:
Condit opes alius, defossoque incubat auro.(507)
Exsilioque domos, et dulcia limina mutat,(511)
Atque alio patriam quaerit sub sole jacentem (512)
Me vero primum dulces ante omnia Musae,(475)
Quarum sacra fero ingenti perculsus amore,(476)
Accipiant; caelique vias et sidera monstrent,(477)
Defectus solis varios, lunaeque labores.(478)
Unde tremor terris: qua vi maria alta tumescant (479)
Obicibus ruptis, rursusque in se ipsa residant. (480)
Quid tantum Oceano properent se tingere soles (481)
Hyberni vel quae tardis mora noctibus obstet.(482)
Peramás pone en práctica estos dos recursos poéticos con el objetivo de enfatizar la
sabiduría del maestro.

5
Me vero primum dulces ante omnia Musae,
Quarum sacra fero ingenti perculsus amore,
Accipiant; Coelique vias et sidera monstrent,
Defectus Solis varios, Lunaeque labores :
Unde tremor terris : qua vi maria alta tumescant
Obicibus ruptis, rursusque in se ipsa residant :
Quid tantum Oceano properent se tingere Soles
Hyberni : vel quae tardis mopra noctibus obstet.

Harum rerum cognitione contentus, res ipsas, aurum utique,


argentumque, minus curabat. Scrutabatur, speculabatur,
philosophabatur : sed studia, speculationes, Philosophiam ad
Naturae auctorem referebat: totusque ipse in libris abditus, terrenis
rebus omnibus, mundoque maior vivebat autem? Imo vivit, et vivet
immortalis, in iis adolescentibus, quos Ignatio Philosopho similes
Lycaeum hoc nostrum dedit. Quid enim? Tot sapientes Philosophi,
qui Duartii opibus, Duartii disciplina in hoc Collegio vivunt, non sunt
vita Duartio? Crediderim ego Duartium Pythagoricae Sectae
studuisse de animorum transmigratione: ita mihi videtur ille in vos,
optimi adolescentes, totus migrasse. Num fallor? num mentior? Non
vos, Philosophi, eadem vi, eademque, qua Duartius olim, anima
agitamini, et eandem vivitis vitam? Credite, cum in Naturae studium
toti incumbitis, cum Physicas commentationes cum pietate
coniungitis, cum rerum mundanarum cognitione contenti, res ipsas
contemnitis, cum ab his maximis Americanis divitiis, argentique, et
auri venis, nihil aliud praeter veritatem Philosophicam petitis; toties
mihi, nec mihi uni soli, sed omnibus, qui ita vos studentes physicis
vident, revixisse videtur Ignatius adolescens, Ignatius Philosophus.

6
Atque hic locus me monet de Ignatii adolescentis facto
praeclarissimo. Videbat Ignatius noster Iuventutis florem et nimis
caducum esse, et plurimis expositum insidiis vel rapacium manuum,
vel fascinantium oculorum. Intelligebat, nisi flosculus iste undique
sepiretur spinis, haud fore diu illibatum, sanctumque. Haec cum
apud se ipse diu multumque cogitasset, venit ad aram, quasi de ea re
Numen consulturus. Ante pulcherrimum Virginis simulacrum stans
modo, modo procumbens, Virginis opem, Virginis arma vocabat in
vota. Nec defuit votis Virgo. Occupat extemplo Ignatium flamma
quaedam caelestis: ardent oculi, emicat in vultu sacer aestus, Numen,
nihil nisi Numen cor, mens, animus spirat: sentit castam vim ille, et
mutari viscera, et membra corrigi, et aureum indi pudorem: qua re
stupens Ignatius: me, me, inquit, Virgo, petis, sanctum pudorem
petis: do, voveo. Sic faveas votis, Virgo: Moriar, siquem in me alium,
quam Virgineum amorem patiar: id votum, et Sacramentum
perpetuum esto.
Dixit et annulum, quem forte tulerat, in Virginis manum
transtulit: et quoniam me, ait, tibi despondi, Virgo; en annulum,
amoris mei, et castitatis testem sempiternum. Annulus hic,
Auditores, in Sacrario nostro asservatur: et rei tantae monumentum,
et signum expetitae a Duartio in Philosophis nostris virtutis. Neque
vero non movit Philosophos nostros exemplum hoc. Dederunt etiam
hac parte, iucundissima immortalitate Duartium adolescentes
purissimi. Quid enim aliud facere dicendi sunt ii, qui ab hoc nostro
Monte in Ignatii castra descendunt quotidie, dicturi ibi castimoniae
Sacramentum; et sequuturi, sanctissimi iam milites, Ignatii ducis
signa?

7
Sed est Ignatio nostro vita alia praeclarior, ac divinior. Minoris
ille Philosophiam fecisset, nisi per eam veluti per gradus quosdam ad
naturae auctorem ascendisset. Scilicet praeludebat Philosophia
Theologiae: et Theologia ad se integrum, totumque Ignatium
rapiebat. Ardebat amore ille Divino, et quae Deum contemplandum,
cognoscendumque dabat sacra ars, non poterat non gratissima ei
esse, et sanctissima. Itaque auctores illos, illos libros Duartius
amabat, qui eum proxime ad Deum deducebant. Videtis, quos ille
libros manu sua notatos reliquerit: non Poetas lascivientes, non
inutiles fabulatores, non pedestres Scriptores, et plagiarios: sed
solidos Theologos, Sanctos Patres, maiorum gentium Doctores, sive
qui de moribus, sive qui de schola, ut vocant, Theologiam iuvare
possunt: ad haec Digesta legum, sacra iura, Legum interpretes, et
Librorum Divinorum, Historiarum principes, caeteros, sine quibus
Theologus esse non possis. Neque enim erat Duartius ex eorum
numero, qui cum Epitomen, nescio quam, et compendia quaedam
legerint, Caelum ipsum videntur sibi digito tetigisse.
Innixus igitur fundamentis solidis eodem tempore et doctrinam
ipsam, et doctrinae praemia assecutus est noster Duartius. Donatus
est, Academiae decreto, Doctorum laurea. Is, Auditores, Theologus
fuit Duartius, et tales optabat Theologos Collegii nostri. At non
semper tales habuit? Nimirum fecerunt Theologi nostri, ut, qui
Divinis studebant studiis, nihil in se, quod Deum non saperet,
paterentur. Et Doctores nostri quam Duartio Doctori similes? Mitto
studiorum severitatem, et constantiam: mitto omnium Theologiae
partium commentationem assiduam: mitto iudicium acre, et
perspicax: hoc unum dico: si Doctores nostri doctissimi non essent,
nec esset item unde studiosi omnes in his Provinciis in Cordubensi

8
Lycaeo, prae aliis Academiis, donari mallent laurea Doctorum. Ita
Theologi nostri, et Doctores Duartii famae consulunt, et nomini.
Nomini autem et famae? imo vitae. In his enim et per hos Ignatius
Theologus vivere, in his spirare adhuc dicendus est.
Videtis, Auditores, quam Duartius IMMORTALIS sit tribus
vitae suae partibus, qua Rhetor, qua Philosophus, qua deinde
Theologus. Iam quam idem IMMORTALIS fit, qua Sacerdos, tot
argumenta sunt, quot ferme videtis in Provincia Sacerdotes. Ignatius
Sacerdos virtutum cultor omnium fuit, castus, purusque, modestus,
prudens, salutis aliorum cupidissimus, scelerum vindex, pauperum
Patronus, et Parens. Ita ille domi libris, et caelestium rerum
contemplationi deditus, ut merito dubitari posset: Domi-ne ille, an in
Templo sanctior esset. Quibus Duartius rebus meruit, ut venerationi
omnibus esset, et exemplo : et ut in Tabulis Regiis, quibus datum illi
est, ut Collegium nostrum conderet, ab Rege Catholico SACERDOS,
SANCTUS, ET DOCTUS appellaretur.
Atqui, Auditores, plurimi sunt, qui hac etiam parte
immortalitatem dederint, et dent etiamnum Duartio. Quot hinc
prodierint, virtutibus omnibus absoluti, Sacerdotes, et scitis et
videtis. Nec Sacerdotes solum minores, sed Sacrorum Antistites
Collegium hoc nostrum his Provinciis dedit, modestos illos omnes,
comes, pudicos, graves, eruditos. Quare cum Sacerdotem aliquem, hic
institutum, videbitis (et plurimos videbitis) Sanctissimum; et hic
dicite, Duartius est: Sapientissimum; et hic Duartius est:
honestissimum; et hic Duartius est: libris, et sacris Ministeriis
deditissimum, et hic Duartius est.
Quamobrem quaqua Duartium, Auditores, introspexeritis,
apparebit vobis Immortalis: ut mihi videatur Duartio contigisse, quod

9
ferunt de Phoenice. Hic in Arabiae montibus altissimis, quaesitis
undique aromatis, super ipse incubat, accensoque, Solis flamma,
rogo, moritur Phoenix, non moriens, sed ex suo ipse cinere novus,
purusque resurgit immortalis. Ita Duartius in Monte hoc Serrato
altissimo, collectis ex omnibus Americae Provinciis, velut aromatis,
praestantissimis adolescentibus, fatis cessit, non moriens: sed
repente in adolescentium horum animis visus est reviviscere, et
IMMORTALIS fieri. Ut de Duartio nostro, et de vivaci illa avi simul
dixeris, quod cecinit Poeta nitidissimus. (Claud.[ianus] de Phoenice)

Et Pater est prolesque sui....


Qui fuerat genitor, natus nunc prosilit idem,
Succeditque novus....
...Moritur, te non pereunte, senectus.

Quae cum ita sint, Collegae mei, cum non mortuum Duartium,
sed IMMORTALEM videatis, parcite iam lacrymys, et gemitibus.

Absint inani funere naeniae :


Luctusque turpes, et querimoniae :
Compesce clamorem, ac Sepulchri
Mitte supervacuos honores. 3

Quin potius laetamini, invenisse Duartium nostrum domicilium


hoc et optimorum puerorum, et adolescentium Philosophorum, et
Theologorum, et Sacerdotum, sanctissimorum, quo Immortalitati
suae consuleret. Itaque, cum vos ipsi Duartio Immortalitatem possitis

3 Edición facsimilar: (2) Horat.Lib.2 Od.17

10
dare, date. Nec opus est, quod id agatis, ut antiquorum exempla vobis
afferamus. Est enim haec non scripta, sed nata lex: quam non
didicimus, accepimus, legimus: verum ex natura ipsa arripuimus,
hausimus, expressimus: ad quam non docti, sed facti: non instituti,
sed imbuti sumus : ut Discipuli omnes, liberique nihil non agant, quo
et famae, et immortalitati consulant eorum, a quibus ipsi vel vitam,
vel Doctrinam acceperunt. Multae hac causa positae Athenis Statuae,
multae pro Rostris Romae, quae Doctorum redderent imagines
virorum, praesentesque facerent civibus eos, quos dolebant obiisse.
Haec mortales antiqui, ut suos quodam modo facerent
IMMORTALES. At ego a vobis, Adolescentes optimi, non id peto, ut
Statuas in hoc Collegio, quod propter omnium Artium disciplinas,
Athenae alterae vocari posset merito, non peto, ut Statuas Parenti
nostro ponatis: Statuae enim, quamvis elegantes, mutae, et inanimes
sunt. Sed Imaginem Duartii ponite, picturae illi a Zeuxi factae
similem. Picturus hic Helenae simulacrum e puellis formosissimis id
sumpsit Helenae suae, quod erat in unaquaque pulcherrimum4. Ita
vos Ignatio nostro Statuam, quoatuor istis partibus, quas antea dixi,
effingite. Hae vos estis partes, vos ipsi, praestantissimi adolescentes.
Vos, per vos ipsi, vitam Duartio date, vindicate eius manes, consulite
Immortalitati. Et consuletis utique, si inter vos Ignatium referatis : si
modestissimi pueri; ut puer Ignatius: si virtutis, et explicandae
naturae studiosissimi; ut fuit Philosophus: si ut noster; Theologi
sapientissimi: si Sacerdotes sancti; ut olim Sacerdos Ignatius fuit, et
vos semper fueritis. Dixi.

4 Edición facsimilar: (3) Cic. De Inv. Rhet. Lib.2

11
********************************

12
Texto en español

SEGUNDA ALABANZA AL MUY ILUSTRE VARÓN


SEÑOR DOCTOR IGNACIO DUARTE Y QUIRÓS

Las lágrimas, homenaje tardío que no ha de ser provechoso


para el dolor ni para la herida! Mientras todo quedaba como estaba,
mientras había alguna esperanza de retener a Duarte y demorar a su
alma que huía, entonces debieron llenarse los ojos, entonces debió
fatigarse el cielo con ruegos y los altares y templos debieron cargarse
de promesas, por si acaso podíamos, de alguna manera, lograr de
Dios, con gemidos y llanto, la vida de nuestro óptimo Padre. Pero,
cuando ya hace tantos años, desde que una suerte demasiado dura y
un triste hado nos arrebataron al varón que debió ser inmortal, ¿a
dónde conducen estos lamentos, esta tristeza, este luto y este llanto,
si no a que el mal, grande por sí mismo, se vuelva inmenso y eterno?
¡Justas lágrimas! ¡Justos gemidos! Los escucho, pero a tus
oradores, noble Colegio, debió exigírseles alguna moderación, más
que consignar un material cada día mayor. Debieron prevenir la
herida y curarla, no irritarla manoseándola. Pues ¿qué sentido tiene
aquello? La caída de Ignacio arrastró consigo a nuestro colegio a la
ruina, toda nuestra esperanza yace sepultada en su sepulcro, este
nuestro Monte, quebrantado por su muerte, cayó también removido
de su sitio, cuando él cayó. ¿A qué, pues, todo esto? Es un hecho, es
verdad, lo sabemos y lo confesamos. ¿Cosas dignas de eternas
lágrimas? Y ya hemos llorado y lloramos aún. Pero te pedimos que ya

1
que se han lamentado tanto tales acontecimientos, proporciones
algún remedio para calmar el dolor y nos consueles, si puedes.
Tristísimos Colegas, no sé suficientemente si puedo hacerlo,
pero lo intentaré y ayudaré a vuestro consuelo, según la medida de
mis fuerzas. ¿Y qué, por ejemplo? Han dicho que Duarte ha muerto.
De allí las lágrimas, de allí los suspiros. Yo me esforzaré por lo
contrario: diré que Duarte vive, diré que es inmortal. Pues yo diré que
Duarte es inmortal. ¿No satisfará esto a vuestro dolor y lo curará?
Vamos, pues, poned atención en lo que voy a decir y recibidlo con
todo vuestro entendimiento y con los oídos plenos. Aquel Ignacio,
aquel Héroe Duarte, aquel Padre Optimo y fundador de nuestro
Colegio, jamás murió, ninguna parte suya ha perecido: vive aún, vive
y vivirá inmortal.
Primeramente, alguno podría pensar que este recuerdo vuestro
y la nostalgia por Duarte, con los que en cierto modo parece que le
dais vida a él que todavía conserva el calor en vuestros espíritus,
equivalen a la inmortalidad. Por cierto, el príncipe de los oradores,
Tulio, dice: " La vida de los muertos está depositada en la memoria de
los vivos".1 Pero nosotros tenemos argumentos más seguros acerca de
la inmortalidad de Duarte. Pues si existe alguien que durante su vida
hizo públicas las preclaras acciones y las destacadas virtudes que
tuvo, las hizo públicas y las tuvo de tal modo que se dice que con
aquellas ha conquistado la inmortalidad para sí, como aquel
Alejandro Magno y el mismo Carlomagno y aquel que antepongo a

1 Para iniciar su argumentación Peramás acude a una cita de Cicerón en relación con la
memoria. La cita textual es la siguiente: Vita enim mortuorum in memoria est posita
vivorum (Phil. 9.5). El jesuita se apropia de dicha cita y la transplanta omitiendo la
referencia exacta de la obra y del pasaje. De este ejemplo de autoridad se desprende que
el recuerdo es el primer paso en el camino hacia la inmortalidad. Pero los argumentos
que sustentan la inmortalidad de Duarte son mucho más contundentes que el recuerdo y
la memoria. Cf. Suárez (2004).

2
todos los héroes, Cristóbal Colón, el más grande, que descubrió esta
nuestra América. Si estos han conseguido la inmortalidad con sus
gestas, nuestro Duarte, cuyas hazañas tan insignes sobresalen, ¿no
será inmortal?
Aun si no tuviéramos de nuestro Ignacio otra cosa que este
nuestro colegio, esta sede de la sabiduría, eso sería bastante para
consagrarlo a la inmortalidad. Pero no hay entrada más segura para
obtener la inmortalidad que la sabiduría. Los hombres sabios se
caracterizan por esto: vivos causan admiración y muertos son motivo
de eterna nostalgia; cuando los hombres conservan en sus ánimos de
un modo preclaro y sabio hechos y dichos y los transmiten de unos a
otros como si los pasaran de una mano a otra, resulta que la memoria
de los sabios no muere jamás y parece que ellos viven y respiran
siempre.
Si se añaden libros compuestos con ingenio y sabiduría, estos
dan a luz precisamente la inmortalidad de sus padres. Si alguien no
ha sido sabio únicamente para sí, sino que ha dejado tras de sí una
larga y continua sucesión de sabios; si en lugar de los libros ha
transmitido a la posteridad la fábrica misma de la sabiduría, ¿no será
digno de la eternidad? Pero Duarte no solo fue él mismo muy sabio,
sino que fundó esta sede eterna de la sabiduría, donde se forman
tantos sabios, de donde egresaron tantos doctores sapientísimos,
egresan y egresarán.
Por lo tanto, Ignacio logró con este monumento2 que ninguna
parte de su ser pereciera, sino que viviera inmortal. Conocedlo a
2 El colegio ha sido memorizado como un monumentum del pasado que evoca el
recuerdo de su fundador, y ha sido transformado en documentum, un documento que es
el resultado de un montaje de la historia, de la época, de la sociedad colonial que lo ha
producido, pero también de las épocas ulteriores durante las cuales ha seguido viviendo.
El documento queda, dura, da testimonio y, en consecuencia, se transforma en un
monumento. Cf. Le Goff (1991: 238).

3
partir de la propia vida de Ignacio. La vida de Duarte está dividida en
cuatro partes. La primera es la de los años en que, niño aún, estudió
humanidades. La segunda está representada por los años en los que
siendo joven, estudió filosofía. La tercera, cuando era un hombre ya
formado, es la del Teólogo. La cuarta y última es la de los años
durante los que ejercitó su ministerio sacerdotal. En todas estas
etapas Duarte será siempre inmortal.
De hecho, fue un niño tan estudioso de las humanidades que,
dotado como estaba de muy agradable talento y clara disposición
natural, parecía que no era alumno de las Musas tanto como de las
Gracias y de las virtudes. Preparado para toda bondad, moderación,
pudor, piedad, inocencia, parecía que nada tenía de la niñez, fuera de
los años. Por lo demás, era un anciano. Fue tan tenaz en el estudio y
amante del mismo, que ni el juego ni las diversiones, que retraen a la
mayoría, ni el trabajo y el cansancio, que suelen apartar del estudio a
todos los niños, lo alejaron del empeño de aprender y de los libros.
Cuando el espíritu debía descansar realmente con un ocio honesto,
buscaba como compañeros a los que eran similares a él, es decir, a
niños recatados, de costumbres sanas y de buena familia. Ya entonces
sobresalió en Duarte la afición singular de corregir y educar a los
niños. Si encontraba a alguno un poco más propenso a la virtud, lo
incitaba, le inspiraba el amor a la pureza y al casto temor, lo cual
nunca dejó de hacer, desde entonces, con toda clase de gente. Eran
tan asiduas sus visitas a la capilla que parecía que había colocado allí
todos sus placeres. Jugando al pie del altar, preludiaba ya entonces
los oficios de sacerdote, que más tarde desempeñaría seriamente.
Este fue Ignacio mientras era niño y estudiante de retórica. ¿Y
no es inmortal en esta época? Conocéis, oyentes, cuántos jóvenes

4
estudiantes de Humanidades hubo en este colegio, y cuántos incluso
semejantes a Ignacio, moderados, compañeros, virtuosos, inocentes.
¡Cuán frecuentes han sido sus visitas al templo! ¡Cuán constantes en
la formación de su cultura! 3 ¡Qué atildados en sus palabras y
costumbres! ¿Quién no podría admirarse en tan tiernos años de tanta
constancia, con la que apenas apartados del pecho materno, ya
vistieron el aliento y las aficiones varoniles, de modo que ni las
delicias de la casa paterna ni el dulce recuerdo de las madres, ni el
amor a la patria ni los halagos los hacen regresar o los separan del
camino comenzado? Por esta razón, cuando los demás niños ven la
vivacidad y la alegría de estos y sus muy agradables costumbres, no
hay premio alguno que pueda contenerlos en su casa y, más aún,
vuelan hacia aquí y se reúnen con los compañeros más dulces. Y
puesto que se debe al ejemplo de Duarte el que se comporten así;
puesto que a Duarte se debe esta institución para educar a los niños,
¿quién dudaría que a través de ellos Ignacio respira todavía y vive
inmortal?
¿Y cómo se comportó Duarte, cuando era joven y estudiante de
filosofía? Entregada por entero su mente a Dios, investigando los
arcanos de la naturaleza 4 y sus causas, veía al Creador de las cosas

3 Según Gaffiot, s.v., el término humanitas se define como: a.' humanidad, naturaleza
humana'; b. afabilidad, filantropía; c.cultura general del espíritu; d.civilización. Cicerón
es quien ha definido y afirmado el concepto de humanitas, elaborado sin dudas por los
griegos. Según el pensamiento ciceroniano, la humanitas representa el conjunto de
cualidades intelectuales y morales, la cultura integral del hombre para la vida privada y
social, lograda por una educación adecuada. No consiste en una eruditio ni en una
urbanitas ni en un ideal ético elevado, sino en todos estos aspectos integrados. La
humanitas, pues, es lo que hace que el hombre sea hombre y lo que le ha dado unidad y
universalidad para siempre (Cf. Pro Archia I 1-3).
4 Nótese que Rafael Landívar (1731-1793) concluye su poema didáctico descriptivo,

Rusticatio Mexicana, exhortando a la juventud a descubrir los arcanos de la naturaleza y


a valorar las maravillas americanas:

En tibi, primaevo florens ardore iuventus,


cui caelo natura dedit gaudere benigno,

5
ocultándose por todas partes y lo admiraba. Si escudriñaba la
naturaleza del fuego, del mar, de los vientos, de la tierra, de las
plantas, de las flores, de las nubes, de los Cielos, si observaba la
fuerza y la sucesión del sol y de los astros, todas estas cosas lo
conducían a él que filosofaba acerca de ellas, hacia su Artífice y Señor.
Veía Duarte ante sí muchas cosas nuevas que ofrece nuestra América,
no solo las que son buscadas por los filósofos, sino las que tanto
maravillan a los naturalistas europeos,5 tales como el cielo, las

atque aures mulcere avibus, pictisque tueri


libratas pennis caeli per inania turbas,
cuique herbosus ager late viridantia praebet
gramina odorifero semper fulgentia flore;
en tibi, queis tetras, violenti ad littora Reni,
fallere conabar curas, atque otia, cantus.
Disce tuas magni felices pendere terras,
divitiasque agri, praestantia munera caeli,
explorare animo, ac longum indagare tuendo.
Alter inauratos Phoebeo lumine campos
incautis oculis, brutorum more, sequatur,
omniaque ignavus consumat tempora ludis.
Tu tamen interea, magnum cui mentis acumen,
antiquos exuta, novos nunc indue sensus,
et referare sagax naturae arcana professa
ingenii totas vectigans exere vires,
Thesaurosque tuos grato reclude labore. (App. 94-112 )

[He aquí para ti, juventud que floreces con el ardor de la primera edad, a quien la
naturaleza concedió gozar un clima benigno, endulzar los oídos con los cantos de las
aves, y contemplar sus bandadas disparándose a través del cielo con sus alas
multicolores, y a quien el campo cubierto de hierbas ofrece vastamente gramíneas
verdegueantes, que deslumbran con flores perfumadas, he aquí para ti, los cantos con los
cuales intentaba engañar mis luctuosas preocupaciones y mi ocio a orillas del impetuoso
Reno. Aprende a valorar tus fértiles tierras,a explorar animosamente y a investigar
contemplando ampliamente las riquezas del campo, los exscelentes dones del cielo: Sea
otro el que siga las campiñas doradas por la mluz del sol, con los ojos incautos, como los
animales, y dilapide indolente todo el tiempo en juegos. Pero tú, que posees gran
agudeza de entendimiento, despójate de las antiguas ideas y vístete ahora con las nuevas,
y resuelta a develar sagazmente los misterios de la naturaleza, ejercita en la búsqueda
todas las energías de tu ingenio y con gustoso esfuerzo descubre tus riquezas.]
5 El espíritu cientificista del siglo es contradictorio con respecto al continente joven. La

flora y la fauna son desacreditadas y los suelos considerados débiles e inhóspitos.


Algunas de estas teorías tienen como objetivo disminuir el valor y la importancia de un
baluarte de España, foco de interés económico para el resto de Europa. Un científico tan
prestigioso como George Buffon, en su Historia Natural Universal (1749), pone en tela
de juicio varios de los beneficios atribuidos a la naturaleza americana. Aún más
vehemente es el prusiano Cornelius de Pauw, que en su obra Recherches Philosophiques

6
plantas, los animales, las fuentes, los árboles, los lagos, los mares, los
vientos, y otras particularidades desconocidas para Platón,
Aristóteles y Demócrito y para cualquiera de los filósofos anteriores a
Colón. Admiraba la abundancia inextinguible de oro y plata que atrae
la atención humana más que el hierro y llena de innumerables
huéspedes a América. Todo esto investigaba Duarte, no con el deseo
de tenerlo, si con el de conocerlo, y se aplicaba a sí mismo, aquellos
versos de Virgilio6:

“Otro esconde las riquezas y duerme sobre el oro enterrado; cambian


por el exilio sus moradas y dulces umbrales y buscan una patria que
yace bajo otro sol. En cuanto a mí, ante todo, que las dulces Musas
cuyo sacerdocio profeso tocado por su gran amor, me acojan e
indiquen los caminos y los astros del cielo, los eclipses del sol y las
variadas fatigas de la luna, de dónde proviene el temblor de la tierra,
con qué fuerza se acrecientan los profundos mares cuando rompen
sus barreras y descansan sobre sí mismos nuevamente, por qué los
soles invernales se apresuran tanto a bañarse en el océano o qué
demora obstaculiza las tardías noches.”

Satisfecho con el conocimiento de estas cosas, no se preocupaba


tanto por las cosas mismas, como el oro y la plata. Escudriñaba,
observaba, filosofaba, pero refería los estudios, las observaciones, la
filosofía, al Autor de la naturaleza. ¿Vivía él mismo escondido por
completo en sus libros, y por encima de todo lo terrenal y del mundo?

sur les Americains (1772) habla, sin pruebas científicas, de la naturaleza embrutecida de
los criollos, indígenas y mestizos. Es durante la vigencia de estas ideas, cuando los
jesuitas expulsos arriban al viejo mundo. Poco se sabe allí de América. Poco y mal.
6 Con frecuencia, las Laudationes ponen de manifiesto un intento de adaptación a un

modelo ideal expresado por el texto clásico.

7
No, vive y vivirá inmortal, en el corazón de estos jóvenes que este
nuestro Liceo entregó semejantes a Duarte filósofo. ¿Pues qué?
Tantos sabios filósofos, que por las riquezas de Duarte, por la
disciplina de Duarte viven en este colegio, ¿no son otros Duarte por
su vida? Estoy tentado a creer que Duarte se consagró al estudio de la
secta pitagórica en relación con la transmigración de las almas; de tal
manera me parece que él ha transmigrado por completo a vosotros,
jóvenes óptimos. ¿Acaso me engaño? ¿Acaso miento? Filósofos, ¿no
sois agitados por la misma fuerza, por el mismo aliento, que en otro
tiempo agitó a Duarte, no vivís la misma vida? Creedme, cuando os
dedicáis enteramente al estudio de la naturaleza, cuando unís las
investigaciones de física con la piedad, cuando satisfechos con el
conocimiento de las cosas mundanas, despreciáis las cosas mismas,
cuando de estas máximas riquezas americanas y de las venas de plata
y de oro, ninguna otra buscáis, fuera de la verdad filosófica, tantas
veces nos parece a mí y no solamente a mí sino a todos los que así os
ven estudiar física que ha revivido Ignacio joven, Ignacio filósofo.
Y esta ocasión me advierte de un hecho esclarecidísimo del
joven Ignacio. Nuestro Ignacio veía que la flor de la juventud no solo
era demasiado caduca, sino que también estaba expuesta a las
muchísimas acechanzas de manos rapaces o de ojos encantadores.
Comprendía que aquella florecilla, a menos que estuviera cercada de
espinas por doquier, no permanecería intacta o inviolable durante
mucho tiempo. Habiendo recapacitado largamente y en gran medida
sobre estas cosas, llegó hasta el altar como para consultar sobre ese
asunto a la Divinidad. Ante la bellísima imagen de la Virgen, ya de
pie, ya postrado, llamaba en auxilio de sus votos, el socorro de la
Virgen, las armas de la Virgen. Y la Virgen no faltó a los votos. Invade

8
repentinamente a Ignacio una cierta llama celestial; los ojos están
encendidos, brilla en el rostro un sagrado ardor, el corazón, la mente,
el espíritu no respiran otra cosa que la Divinidad. Siente una casta
violencia: las entrañas se transforman, los miembros se corrigen y un
pudor áureo se le impone. Ignacio se queda estupefacto y exclama:
“¡Virgen, me reclamas a mí, a mí y al santo pudor! ¡Lo ofrezco, lo
consagro! ¡De esta manera favorece mis votos, Virgen! Moriría si
experimentase en mí otro amor que no sea el de la Virgen. ¡Sean
perpetuos este voto y este sacramento!”
Dijo y traspasó a manos de la Virgen un anillo que había traído
por casualidad. Y añadió: “ya que me he desposado contigo, Virgen,
he aquí el anillo, testigo sempiterno de mi amor y mi castidad.” Este
anillo, oyentes, se conserva en nuestro Sagrario como recuerdo de un
hecho tan grandioso y señal de la virtud que es exigida por Duarte a
nuestros filósofos. Y en verdad no ha dejado de conmover a nuestros
filósofos este ejemplo. En relación con esto, incluso, jóvenes
purísimos han dotado a Duarte de muy agradable inmortalidad. Pues
¿qué debe decirse que hacen aquellos que de este nuestro Monte
descienden cada día al campamento de Ignacio para emitir aquí voto
de castidad y seguir ya como integérrimos soldados, los estandartes
del capitán Ignacio?
Pero hay otra parte en la vida de nuestro Ignacio, más preclara
y divina. Hubiera tenido en menos la filosofía, si no hubiera
ascendido por ella como por ciertos escalones hasta el Autor de la
naturaleza. Sin duda, la Filosofía lo introducía en la Teología y la
Teología arrebataba por completo a Ignacio. Ardía en amor Divino, y
la sagrada disciplina que le permitía contemplar y conocer a Dios, no
podía dejar de serle gratísima y santísima. Así amaba Duarte a

9
aquellos autores, aquellos libros que lo conducían muy cerca de Dios.
Veis qué libros ha dejado anotados con su propia mano, no poetas
lascivos, no inútiles narradores de fábulas, no escritores pedestres y
plagiarios, sino sólidos teólogos, Santos Padres, Doctores de pueblos
ancestrales, o los que pueden ayudar al conocimiento de la teología
moral escolástica, como la llaman; además, compilaciones de leyes,
derecho canónico, jurisconsultos e intérpretes de la Sagrada
Escritura, principales historiadores, y otros sin los cuales nadie puede
ser teólogo. Y Duarte no era de aquellos que, cuando han leído un
epítome, cualquiera sea, o algunos compendios, parecen haber tocado
con la mano el cielo mismo.
Apoyado, pues, en fundamentos sólidos, al mismo tiempo
consiguió nuestro Duarte la doctrina y los premios de la doctrina. Le
fue conferido por decreto de la Universidad el título de doctor. Este,
oyentes, fue Duarte y de esta manera deseaba que fuesen los teólogos
de nuestro colegio. ¿Y no los tuvo siempre así? Sin dudas, nuestros
teólogos que se consagraban a los estudios divinos, lo hicieron de tal
manera que no soportaban nada, en sí mismos, que no supiera a
Dios. ¿Y cuán semejantes nuestros doctores a Duarte doctor? Dejo a
un lado la severidad y constancia en los estudios, la reflexión asidua
sobre todas las partes de la Teología, el juicio agudo y perspicaz. Sólo
digo esto: si nuestros doctores no fuesen doctísimos, no existiría
tampoco la posibilidad de que todos los estudiosos, en estas
Provincias, prefirieran graduarse de doctores en el Liceo de Córdoba,
antes que en las demás Universidades. Así nuestros teólogos y
doctores velan por la fama y el nombre de Duarte. ¿Unicamente por
el nombre y la fama? No, por la vida. En efecto, debe decirse que
Ignacio teólogo vive y respira todavía en estos y por estos.

10
Veis, oyentes, cuán inmortal es Duarte en tres aspectos de su
vida: como rétor, como filósofo, finalmente como teólogo. Ya hay
tantos argumentos para probar cuán inmortal es como sacerdote,
cuantos sacerdotes veis en la Provincia. Como sacerdote Ignacio fue
cultor de todas las virtudes, casto, puro, moderado, prudente, muy
ávido de la salvación de los demás, vengador de los crímenes,
abogado y padre de los pobres. Tan dedicado estaba a los libros y a la
contemplación de las cosas celestiales, que se podía dudar, con toda
justicia, si era más santo en nuestra casa o en el templo. Por esta
razón, Duarte mereció ser venerado e imitado por todos, y ser
llamado por el Rey Católico, Sacerdote santo y docto, en las cédulas
reales por las que se le concedía fundar nuestro colegio.
Por consiguiente, oyentes, hay muchísimos que, en este sentido,
han hecho y aún ahora hacen inmortal a Duarte. No solo sabéis sino
que veis cuántos sacerdotes, dotados de todas las virtudes, han
egresado de aquí. Y no solamente sacerdotes menores, este colegio
nuestro también ha dado obispos a estas Provincias, todos ellos
moderados, afables, recatados, serios, eruditos. Por lo cual cuando
veáis (y veréis a muchísimos), a algún sacerdote educado aquí, si es
muy santo, decid: “este es Duarte”; si es muy sabio, “este es Duarte”;
si es muy honesto, “este es Duarte”; si está muy entregado a los libros
y a los sagrados ministerios, “este es Duarte”.
Es por ello que dondequiera que contempléis a Duarte, os
aparecerá, oyentes, como inmortal, de tal modo que me parece que a
Duarte le sucedió lo que cuentan del Fénix. Este, en los montes más
altos de Arabia, después de haber buscado aromas de todas partes, se
echa sobre ellos y, encendida la hoguera con un rayo de sol, muere,
sin morir, pues resurge de su propia ceniza inmortal, nuevo y puro.

11
Así Duarte, en este altísimo Monserrat, después de haber recogido, a
manera de aromas, los jóvenes más aventajados de todas las
provincias de América, murió, sin morir, pues de repente pareció que
revivía en los espíritus de estos jóvenes, y se convertía en inmortal.
De nuestro Duarte y de aquella ave que vive por siempre 7 puede
decirse al mismo tiempo lo que cantó el brillantísimo poeta
(Claudiano en el Fénix):

"Y es padre y prole de sí mismo...-el que había sido progenitor, ahora


salta como hijo- y nuevo sucede...Muere la vejez, sin perecer tú". 8

Puesto que esto es así, colegas míos, y puesto que no veis


muerto a Duarte, sino inmortal, cesad vuestras lágrimas y gemidos.

"Aléjense del sepelio los lamentos vanos, los llantos


vergonzosos y las quejas; ahoga el grito y deja a un lado las honras
vanas del sepulcro".9

7 El concepto de inmortalidad y eternidad atraviesa los cinco discursos laudatorios, pero


en la Laudatio secunda aparece reforzado por la emersión del mito, considerado a juicio
de Brunel (1994: 24), un “elemento extranjero”. En este caso se trata del mito del ave
Fénix. Peramás adhiere a una de las dos tradiciones que siguen los mitógrafos: el ave
prende fuego a la olorosa pira que ha formado y de sus cenizas surge un nuevo Fénix.
8 El mito del ave Fénix favorece la inclusión de unos versos de Claudiano:

Et pater est proles sui… (24)


Qui fuerat genitor, natus nunc prosilit idem,(69)
Succeditque novus...(70)
...moritur, te non pereunte, senectus. (103)

Esta serie, que pertenece al carmen 27 dedicado al ave Fénix, no mantiene el orden que
figura en el poema sino que es transpuesto por el jesuita. Asimismo, nótese que, salvo el
v. 69, el resto no aparece citado de manera completa. Es probable que no sean omisiones
por falta de memoria sino más bien una adaptación del material, una citación de alcance
contextual, con la cual el jesuita refuerza y consolida su exposición acerca de la
inmortalidad de Duarte.
9 Peramás cita: Horacio Libro 2, oda 17. Pero la cita es errónea, puesto que no es II 17

sino II 20, 21-24. La memoria poética no solo define el reconocimiento de los ecos de un

12
¿Por qué, más bien, no os alegráis de que Duarte haya
descubierto esta nuestra sede, que alberga no solo excelentes niños y
jóvenes filósofos, sino también teólogos y santísimos sacerdotes, para
que ella velara por su inmortalidad? Así pues, ya que vosotros
mismos podéis dar a Duarte la inmortalidad, dádsela. No es necesario
que os traiga los ejemplos de los antiguos10 para que hagáis esto. En
efecto, esta ley no ha sido escrita, sino que es innata. No la hemos
aprendido, oído o leído; en verdad, la hemos tomado, absorbido y
expresado a partir de la naturaleza misma; no hemos sido enseñados
sino creados para ella; no hemos sido preparados, sino iniciados para
que todos los discípulos y los hijos no hagan otra cosa que velar por la
fama y la inmortalidad de aquellos de quienes han recibido la vida o
la doctrina. Por este motivo se levantaron muchas estatuas en Atenas,
muchas en las tribunas de Roma, para que expresaran las imágenes
de los hombres doctos y presentaran a los ciudadanos a aquellos cuya
muerte se lamentaba.
Los antiguos mortales hicieron esto para convertir de algún
modo en inmortales a los suyos. Sin embargo, jóvenes óptimos, yo no
os pido que erijáis estatuas en honor de nuestro Padre en este colegio,
que por la enseñanza de todas las disciplinas puede llamarse

texto en otro sino además la capacidad que presenta el lector de organizar el sentido de
un texto en conexión u oposición Hacia el final de la Laudatio secunda, Peramás en su
condición de autor-lector, define su obra en términos de oposición frente a los elogios de
los primeros panegiristas ya mencionados, y convalida la exhortación a abandonar
lágrimas y gemidos convocando la auctoritas horaciana una vez más. La fuerza
persuasiva de la auctoritas es muy grande debido a la validez universal de la sabiduría
que encierra. Quien transplanta un pasaje, quien cita, dice Guillén (1985: 276), “valora lo
repetido no calcando sino recalcando y poniendo de manifiesto una voluntad de
continuidad con tenacidad casi patética.”
10 La nobleza, las virtudes y la inmortalidad son tres tópicos que Peramás desarrolla en el

elogio personal epidíctico de Duarte. En dicho elogio la significación de las citas y


alusiones reside en la edificación de valores morales a partir de su funcionamiento
retórico como antiquorum exempla. Cf. Suárez (2004).

13
merecidamente una segunda Atenas. En efecto, las estatuas por más
artísticas que sean, son mudas e inanimadas. Pero colocad una
imagen de Duarte que sea semejante a aquella pintura hecha por
Zeuxis.11 Teniendo la intención de pintar un cuadro de Helena tomó
para su Helena lo que era más bello en cada una de las doncellas más
hermosas. Así fabricad vosotros una estatua de Duarte, compuesta de
esas cuatro partes que anteriormente mencioné. Esas partes sois
vosotros, vosotros mismos, destacadísimos jóvenes. Vosotros, por
medio de vosotros mismos, dad vida a Duarte, reivindicad sus manes,
velad por su inmortalidad. Y velaréis por ella, si vosotros reproducís a
Ignacio entre vosotros; si también vosotros fuereis siempre niños
sumamente moderados, como Ignacio cuando era niño; si fuereis
muy aplicados a la virtud y a la explicación de la naturaleza, como lo
fue siendo filósofo; si fuereis teólogos sapientísimos, como él; si
fuereis santos sacerdotes, como en otro tiempo fue Ignacio. He dicho.

****************************

11 Zeuxis de Heraclea es uno de los más famosos pintores griegos de finales del siglo V
a.C. Atestigua su maestría la leyenda de que un racimo de uvas pintado por él fue
picoteado por los pájaros. Sus obras más mencionadas son precisamente el retrato de
Helena y el centauro hembra con su cría. Cf. Cic. Inv. II 1-2.

14
LAUDATIO III

TERCERA ALABANZA

En el tercer elogio de Ignacio Duarte y Quirós Peramás aborda el


tema de las riquezas y las virtudes del fundador del Colegio de
Monserrat y desarrolla su argumentación con el objetivo de
determinar si han sido más útiles las riquezas, las virtudes o si ambas
han aportado mayor provecho para la institución.

******************************
Texto latino

CLARISSIMI VIRI D.D. IGNATII DUARTII ET QUIROSII

LAUDATIO III

QUAMQUAM PLURIMAS MAIORES NOSTRI lacrymas


Parenti optimo Ignatio Duartio et Quirosio morienti dederunt; et
orbitatem Collegii nostri in illius funere plenis planxerunt oculis:
tamen haud satis visi sunt fecisse officio, et pietati suis: et hac causa
vocarunt comploratores alios, qui eodem, ac ipsi, sensu animi
tangerentur, et secum de CLARISSIMI VIRI dolerent morte : nobis,
ad haec, posteris suis mandarunt pii, ac soliciti, ut plures quotannis,
pluresque in Ignatii tumulo lacrymas funderemus, certi, non tot eas
futuras unquam, quot eidem deberemus.
Quid enim, aiebant, praesentis illius virtutum exemplis, quibus
iam caremus, desiderabilius? Quid eiusdem opibus, quibus Collegium
hoc nostrum instruxit, et quibus amorem in nos suum testatus est,
largius? et non largas nos, vos aeternas, Collegae nostri, Ignatio
Duartio lachrymas dabimus? Extincto tam munifico, tam Sancto
Patre, ab luctu, et gemitibus, et planctu, et ululatibus unquam
temperabimus? Haec duo illi Duartii liberalitatem, et exempla
virtutum commemorando saepius, amorem erga eum nostrum
excitabant, et petebant lacrymas. Quas cum non negarimus : cum
quotidie ploratibus nostris, parietes isti personuerint: visum mihi est,
paululum hodie dolorem vestrum relevare, ereptosque paulisper
lacrymis oculos, ut ad duas illas causas, a maioribus commendatas

1
nostris, convertatis, rogare vos, Collegae sapientissimi. Et mihi
quidem saepe id, et multum, cogitanti liquere satis non potuit: PLUS
ne DUARTII OPIBUS, quam VIRTUTUM EXEMPLIS deberemus.
Quare anceps ego et suspensus de utrisque hodie disputare constitui:
vos deinde Iudices eritis, Collegae nostri; atque utris plus debeat
Collegium nostrum iudicatote.
Atque ut ab opibus ordiar : an vos putatis in his Provinciis ante
annum MDCXCV. nullum nobilium adolescentium Seminarium
conditum fuisse, quod id utile Reipublicae futurum maiores nostri
non iudicaverint? Nihil illi fando acceperant, aut legendo noverant,
quanti ubique terrarum, et semper, et ab omnibus Nationibus, et
facta sint, et fiant haec puerorum Gymnasia, et Collegia? Europam
mitto : nihil hic in America movebantur fama Collegiorum S.
Ludovici Quitensis, S. Bartholomaei Sanfidensis, B. Martini Limani,
B. Ioannis Bap. Argentini, S. Ildephonsi Mexicani, et caeterorum.
Ignorabant Concilii Tridentini Decretis statui1, iuberi Legibus
Indicis2, in singulis Dioecesibus condi haec Seminaria? Enimvero
iniurius sit maioribus nostris viris prudentissimis, et sapientissimis,
qui ita aut ignaros rerum fecerit, aut tanto in negotio indiligentes.
Agitabatur ea res quidem, ac maxime, et sepe3 etiam tentata est.
Obversabantur ante oculos omnium, et probabantur Collegia
adolescentium. Et quidem Magnus ille Episcopus Ferdinandus
Trexius, qui Provinciae commodis invigilabat unice anno MDCIX ab
Rege Hispaniarum adiumenta petiit, quibus Collegium Iacobopoli,
ubi tum Antistitum Sedes erat, poneret. Et demum anno MDCXII
ipse Collegium inibi, D. Cathalinae Martyri dedicatum, erexit, et

1 Edición facsimilar: (1) Concil. Triden. Ses. 23 de Reform. C. 18.


2 Edición facsimilar: (2) Recop. Indc. Lib. 1 Tit. 23 Leg. 1.
3 Acerca de la evolución correspondiente al diptongo ai ( ai > ae > e), cf. Nierdermann

(1953: 59).

2
Iesuitarum fidei commisit. At postea, erepto fatis Antistite, et
Collegium ipsum brevi extinctum est4. Hic Cordubae anno MDCXIII
conditum aliud Collegium est, eiusdem Trexii Antistitis opibus,
consiliisque, cui S. Xaverio nomen fecit, tradiditque Iesuitis. Et cum
eo anno, die S. Petro sacra, Pontificum caerimoniis in Templo
Maximo fecisset, quatuordecim talares tunicas consecravit, iisque
totidem adolescentes nobilissimos, novi Collegii alumnos futuros,
induit. Post illa, Populi supplicatione, et Senatu, equitibus,
religiosisque Sodalitalibus, et Templi Maximi Sacerdotibus, atque
adeo ipso Antistite deducentibus, in aedes, quas magno sumptu
Antistes idem redemerat, induxit. Collegii huius fama adolescentes
Provinciae nobiles ita commovit; ut proximo anno MDCXIIII.triginta
iam ingeniosissimi alumni Collegium incolerent: qui redeuntem
Iacobopoli Antistitem Trexium magno apparatu, et humaniorum
litterarum, et Philosophiae, et Theologiae acutis prolusionibus
exceperunt.5 Tamen idem ferme fatum, quod Iacobopolitanum illud
hoc Cordubense Collegium excepit. Id adeo ex Nicolao Techo
Historico accipite. "Episcopus, inquit, Tucumanensis Ferdinandus
Trexus Cordubae Seminarium nobilium adolescentium, maiori
aviditate, quam successu instituit, Societatique tradidit, idque
aliquandiu usui fuit : quamquam paulo post, mortuo Episcopo,
deficientibus subsidiis aetatem non tulit."
Quare magno civium dolore Seminariorum spes praecisa est
omnis. Quid enim sperandum iam ultra erat, si nec Patriciorum, nec
vero Antistitum opes ad condendum, conditumque sustentandum
Seminarium satis essent? Hace puero Duartio, haec iam adolescente,
omnium querela: corrumpi otio iuventutem, occupari omnia

4 Edición facsimilar: (3) Pet. Lozan. Hist. Paraq. Lib. 6 c. 10.


5 Edición facsimilar: (4) Pet. Lozanus Hist. Paraq. Tom. 2 Lib. 7. c. 19.

3
barbarie, silere artes, nullum sapientiae locum esse, peregrinari sacra
studia, teneri ab stultis insolenter omnia, sacra ipsa intermitti, quod
nullus esset vel tantis opibus, qui posset, vel tanta in Rempub[lica]
caritate, qui vellet Collegium erigere educandis adolescentibus,
tradendis bonis artibus : vel hoc solo nomine beatius esse longe
proximum Peruvium Tucumania, non quia auro, argentoque felix
supra fidem esset; sed quod Hispana ibi pubes, Hispani adolescentes,
Hispano digna sanguine disciplina, in Collegiis educarentur. Plenum
erat forum, plena templa, plenae privatae domus harum querelarum.
Has Duartius silens audiebat, nec spernebat omnino : tantum
consilium improbabat eorum, qui implere omnia querelis mallent,
quam tandem querelis obviam ire, et inveterato mederi malo. Ergo,
ut erat magno celsoque animo, lamentationes inanes mittens, iam
tum mente ingens opus concepit, quod, magno deinde Reipub[licae]
bono, re executus est.
Acceperat a maioribus suis dives patrimonium, quod industria
auctum, eo iam creverat, ut et Collegium condere posset, et conditum
sustentare. Aperuit rem viris doctis: probarunt, ultro incitarunt.
Relatum ad Regem est, vellet, iuberet Ignatii Duartii opibus
Collegium stare. Stare voluit, et iussit Carolus hoc nomine secundus
Hispaniarum Rex: datae in hanc rem sunt regiae tabulae : quibus
tabulis Ignatio Duartio et Quirosio concessum est; quoniam triginta
aureorum millia ad Collegii aedificationem daret, ut Collegium, quod
felix faustumque6 esset his Provinciis, aedificaret, sisteret, poneret:
postquam posuisset; uti eidem Ignatio Duartio et Quirosio iura,
immunitates, beneficia concederentur, quae iura, quae immunitates,
quae beneficia Collegiorum conditoribus concedi consueverunt.

6 Felix faustusque es una fórmula religiosa que a menudo es completada por fortunatus
(Cf. Cic. Div.I 45,102; Varr.Ling.VI 86).

4
Neque hoc ego loco praetermittam, Auditores quod Ignatii
liberalitatem commendat maxime. Nam cum Digestis Indicis
iubeatur,7 Regis stemma Collegiis condendis praefigi, deturque
Episcopis, siquidem ea suis opibus erexerint,uti sua pariter domestica
insignia suspendant; privatis vero conditoribus eo privilegio
interdictum sit: tamen Carolus II. Hispaniorum Rex Duartio dedit, ut
in Collegio suo Scuta gentilitia suspenderet : aequante tam munifica
liberalitate Duartii, quod a dignitate Antistitibus datum est.
Itaque, quod neque civium, neque Antistitum opibus stare
antea Collegium potuit; Duartii fortunis stetit, stabitque in aeternum.
Equidem cum Trexiana illa, quae antea dixi, Collegia complector
mente et cogitatione, videntur mihi ea, non quod re ipsa duratura
essent, fuisse posita : sed veluti rudimenta fuisse quaedam huius
nostri Duartiani numquam perituri. Et quidem quod alterum
Iacobopolitanum Cathalinae Martyri, id est, Virgini sapientissimae, et
Humanioribus, Philosophicis, Theologicisque litteris eruditae sacrum
fuerit: alterum Cordubense, dedicatum Xaverio Indorum Apostolo,
die Divo Petro Caelorum Clavifero devota: his rebus portendere ambo
mihi sunt visa, et studiorum nostrorum in trinis illis artibus
eruditionem; et futurum in eisdem convertendorum Indorum
studium, et demum Clavium illarum Duartianarum introducendis in
Caelum hominibus usum perpetuum : quae a me superioribus annis
dicta recordamini.
Sed ad opes Ignatii redeamus. Et quamvis in regiis tabulis
solum millia dicuntur data a Duartio; tamen nostris monumentis,
quae in Tabulario asservantur, duodequadraginta, eoque amplius ea
fuisse constat: praediis scilicet, et servitiis, et paternis domibus, et

7 Edición facsimilar: (5) Recop. Indic. Lib. 1 Tit. 23 Leg. 2.

5
copiosa supellectili aedificationi Collegii attributis : quorum ego
bonorum aestimationem proferrem, si id necessarium putarem. Illud
unum maxime interest vestra scire, qualis, et quanta fuerit domestica
supellex Duartii. Nempe octo amplius millibus aestimata est. Luxum,
delicias, pompam, faustum, et mollis animi blandimenta dicet aliquis
potius, quam Sacerdotis modestam continentiam. Meliora precor :
audite, adolescentes; adeste hic Sacerdotes omnes, et quae tandem ea
Duartii supellex luxuriosa fuerit, animis accipite.
Libri, sacra instrumenta, vestes ad Sacrificia, Divorum8 Statuae,
et caetera, quae animi pietatem excitarent, pretiosa omnia : quae
autem ad corpus spectabant lectus, mensae, abaci, reliqua utensilia,
si quae a maioribus suis acceperat, dempseris, vilissima : non ibi vasa
aurea, aut toreumata, aut marmorei parietes, aut peregrinae
Tabulae : haec non sibi, quae ille cumque haberet, sed Divis
reservabat: contra quam alii faciunt, quorum cum domos, atque villas
in urbium exedificatas modum videris, subversosque eorum libidini
montes; templa Divorum squalere patiuntur, et iacere. Ac de libris
quidem vos ipsi testes estis, quos videtis notatos Duartii chirographo:
chirographo illo venerabili, quod, audeo dicere, plura vos doceat,
quam quae in libris intrinsecus continenteur. Certe quidem docet,
quos vos amare, et terere debeatis libros SS. Patrum, Theologorum,
Pontificum iuris, et Regum, Philosophorum, Historicorum, non

8 Landívar, al celebrar el trabajo de las minas de oro y plata, también emplea el lexema
divus para referirse a los santos: Nunc animis frustrum lapidis purgantibus offert /
nunc Divis, Verboque Patris, Castaeque Parenti. (R.M.VIII 258-259). (Arriba el
custodio permanente bajo la amplia entrada de la mina vigila la puerta en guardia
insomne, donde recibe fiel los fragmentos del excavado monte y resuelto socorre
considerablemente a muchos pobres: ya ofrece un trozo de piedra a las almas que se
purifican, ya a los santos, al Verbo del Padre y a la inmaculada Madre.)

6
impurorumque Poetarum, non pedestrium scriptorum,
bucconumque.
Caeterum si singula, quae opibus Ignatii debetis, velim dicere,
nullus erit orationi modus. Hoc paucis dico; si domum amplam,
pulchramque, quae quadraginta millia, et plus eo, iusti rerum
aestimatores valere putant: si caeteras, et in urbe, et ruri
commoditates habetis, haec omnia Ignatio deberi. Deberi eidem
etiam ornatissimum Sacellum hoc decem instructum Romanis tabulis
pulcherrimis, quae tanto artificio SERRATUM illum MONTEM
Europaeum huc transtulerunt in Americam, ut iam oculis ipsis, non
solum mente, celsissimam illam Divae sedem videamus. Cernere hic
licet, uti sacer ille Antistes Petrus, plenus doloris, plenus lacrymarum,
tristi comitatu, Barcinone Serratum in Montem Virginis simulacrum
transfert: nequid ab Mauris impuris, iam per totam Hispaniam
impune volitantibus, contra Divae honorem fieret. Non procul hinc
splendent caelestia lumina, et caelestes sonant cantus, quibus sacrum
illud pignus, multis per annis, divinitus ostenditur piis pastoribus.
Hac Vicensis Antistes Gottomarus, populi magna supplicatione,
repertum simulacrum e specu illa antiqua ibi, ubi nunc est, collocat.
Parte alia divinus ille Petrus Nolascus Redemptoris Matrem consulit
de libertate afferenda captivorum. Est etiam Ignatio Equiti suus ibi
locus armis cincto, quae offert Virgini; et pretiosis vestibus, quas
tradit pauperi. Denique nihil tam illustre in Sacro illo Monte est, nihil
tam antiquum, quod Romanus pictor magnis his, et pretiosis tabulis
non transmiserit spectandum nobis.
Atque haec quidem Duartii opibus debemus. Iam de virtutum
exemplis pauca referam : omnia enim non possum. Et sit ab ipsis
opibus prima Duartii virtus, qua scilicet avaritiam, quae ferme

7
omnium mortalium animos corrumpit, atque habendi, possidendique
cupiditatem vicit: divitias enim, quibus caeteri ad amicitias,
clientelas, nobilitatem, honores, magistratus, sacerdotia emunda
utuntur, eas amplissimas Patriae, Reique publicae condonavit. Quare
vacuum terrenis malis animum occuparunt divinae virtutes pudor, et
iustitia, et incorrupta fides, et nuda veritas, et innocentia, et
modestia, et temperantia, et benemerendi de omnibus civibus
studium perpetuum. Quibus ille rebus invictum ab deliciis animum
ad labores, et dura quaeque applicuit.
Vigilabat, sudabat, sua negligebat, nihil denegabat, quod dono
dignum esset. Et quo universam Rempublicam uno beneficio
complecteretur, Collegium hoc posuit. In quo equidem haud scio, an
animi magnitudinem, an liberalitatem, an vero prudentiam
commendem magis: est enim magnitudinis animi, quod voluerit; et
liberalitatis, quod opibus condiderit; et prudentiae, quod certis
legibus Collegium hoc nostrum solidissime firmarit. Nam qui liberis,
et ne potibus magnificas domos aedificent, qui suos lactent, qui
beneficia iis, unde plus sperant, faciant : invenies plurimos: qui ob
unius patriae caritatem publicum opus urgeant, qui instruendis
doctrina pueris, qui formandis optimis civibus opes produndant suas,
tam pauci sunt, ut vix eorum in singulis saeculis duo sint paria.
Ad liberalitatem etiam Duartii pertinent singularis illa in
Religiosos viros munificentia, et in egenos largitas. Submittebat
identidem ille viris sacratis, quibus vel inopiam sublevarent, vel arcte
minus viverent. Pueris autem, puellisque orbis, pudentibusque
faeminis, quibus forma ob domesticam miseriam in discrimen
venerat, praebebat necessaria, ne pudorem proicerent. Visus etiam
est indumenta ipse per se pauperibus dividere; et quos fortuna

8
nobiles loco moverat, hos fovebat, casum miseratus : et ne iniquitate
temporum pressi, admitterent aliquid nobilitate pristina indignum.
Neque vero caeterae in Duartio virtutes liberalitati non fuerunt
pares. Atque in primis tantus fuit, et tam tener, et tam constans
Duartii amor in Virginem, ut nullius in Matrem vel carissimam tanta
filii sit pietas, quanta in Deiparam fuit Duartii. Testes huiusque in
Virginem amoris este, Cordubenses cives, Cordubenses viae. Quoties,
(vos cives, viasque apello) quoties Duartium Virginis simulacrum
illud, quod ad nos quasi haereditarium pervenit, publice gestantem
vidistis? Ut solent alii in Sanctioris hebdomadae supplicationibus
cruces, spinas, lora, catenas, aliaque pietatis instrumenta producere,
et ostentare populo; Duartius noster, quoties inter annum
supplicationes habebantur, simulacrum illud complexus, per vias,
forumque circumgestabat, ea animi modestia, ita in Virginem defixis
oculis, eoque ardore, ut in statuam illam inanimem vitam
spiritumque transferre suum quodammodo videretur.
Degebat ruri interdum Duartius, quo sine interpellationibus
liberius posset, et diutius Deo, et divinis rebus vacare : ubi autem
devotus aliquis Virgini dies adventabat, repetebat urbem, ut esset
exemplo omnibus, quibus religionibus, qua pietate sacri isti agitandi
sunt dies. Ergo magnam diei partem, atque adeo ad ipsum meridiem,
in Templo consumebat, Virginis insistens laudibus. Deinde plenus
Numine, domum redibat, eoque invitabat ad se Religiosos aliquot
viros, qui et secum Virginem celebrarent, et laetis, et honestissimis
assisterent mensis. Ad haec, cum erat in urbe, singulis Saturni
diebus, quod ii Virgini sacri sint dies, Collegii alumnis, in triclinio
accumbentibus, cibos ipse per se ministrabat: quos haec Duartiana
pietas, et alacritas multo reddebat caenantibus dulciores.

9
Atque haec quidem in Matrem, in Filium optimum non minor,
imo multo maior fuit pietas. Sacris initiatus, Sacerdotis partes omnes
implevit, quo aeterno Pontifici sanctum munus probaret. Ubi
litandum erat, victimae maiestati commotus, deficiebat pene animo:
et plenus Numine, quas sacer ardor intus eliquabat lacrymas,
reddebant oculi foras. Visus est saepe inter sacrificandum
collacrymans Sacrificio: adeo ut vel adstantes accenderet Sacerdotis
modestia, et gravitas. Hic conceptus in aris ignis, durabat scilicet,
erumpebatque saepe flamma, praesertim ubi ante latentis Domini
Altare prosternebatur.
Quare octo dies illos, qui agendis Christo gratiis, pro divino illo
epulo nobis apparato singulis annis consecrari solent : et quibus
latens toto anno in Sacrario Numen sublime in solio populo
proponitur : hos Duartius dies, nequo privaretur momento praesentis
Christi conspectu, in Templo totos exigebat stans modo, modo genu
nitens, multa prece, multisque lacrymis adorans Deum patentem: nec
prius inde discedebat, quam velo obducto, sol ille spledidissimus
occidebat. Adeo Duartii cor amans occuparat pietas. Cuius rei,
publicae etiam viae testes fuerunt, cum Eucharisticae supplicationis
comes pius, in prodiens e Templo Numen vota fundebat sua, totus
ardens amore.
Quibus ille rebus effecit, ut veluti patriae decus singulare, et
unicum virtutum omnium exemplum haberetur. Certe nullum omisit
Duartius aut benefaciendi, aut de civibus benemerendi officium. Ille
scelerum vindex, ille tenuiorum praesidium, ille orborum civium
parens, ille Ethnicorum, qui nos circumstant, procurator solicitus, ut
illos e tenebris latebrisque, quibus impietatem contegunt suam,
eriperet. Atque in hoc ego studium illud refero, quod cum

10
Ecclesiasticas dignitates minime noster ambiret, tamen Cruciatae
Commissarius, quem vocant, esse voluerit : nempe ut Maurorum, et
Ethnicorum pro sua parte ferociam frangeret: et ab his misere
detentos Christianos eriperet. At quam idem domi sanctus, quam
libris, et rerum contemplationi caelestium deditus!
Apud se eos dumtaxat familiares retinuit, qui aliis exemplo, sibi
essent incitamento virtutum. Qui inter eos excellebat pietate, is,
veluti fidus Achates, erat perpetuus Duartio et socius, et comes :
nunquam foras prodibat, nunquam rusticabatur, nunquam aliquem
conveniebat, quin interesset, vel certe non abesset probus ille comes.
Scilicet ut praesto esset? Ut mandata exciperet? Nihil minus. Adesse
iubebatur, ut testis sibi rerum suarum omnium esset. Intelligebat
enim Duartius; et si, ne desis officio, satis sit proposita ubique Dei
praesentia, tamen hominis frugi praesentiam, ut apud te sis, ubi
fueris cumque iuvare quamplurimum.
Dixi, Duartium usum ad haec familiarium ministerio : neque
enim ausus sum illos, etsi conditione liberi non erant, servos
appellare. Quid enim? Eos appellem ego servos, quos liberum habuit
loco, quos tractavit humanissime, quibus plus in herum, quam hero
in ipsos erat potestatis? Adeste animis, et accipite servorum in herum
ministerium novum, inauditum. Fidelissimum servorum Duartius, in
intimum conclave vocatum, armabat in se ipse virgis, et flagris: et
nudo repente tergo, caede, inquiebat, ne parce flagris; ne me
mancipium turpe, pessimum Dei servum, caede, saevi.
Cum primum haec audiit servus, totus horruit; tristeque
deprecatus ministerium est, et lora proiecit. Instabat Duartius virgas
reddebat: sed rursus debiles, tremulaeque servi manus. Parendum
tamen erat; caedendus Ignatius; donec herili respersus servus

11
sanguine, aut stabat attonitus, aut pius fugiebat. At ubi animadvertit
servus eo se die cariorem hero, quo die loris in eum crudelius
saevisset; tales tantaeque fiebant in Duartium pugnae, ita plagae
addebantur : plagis, ut ad necem caedi videretur. Quid, Auditores?
Hoc est herum, aut hoc est servum esse? Fac in conclave illud
sanctissimum aliquem ex ignotis introduci: videt caedentem, videt
caesum; utrum herum putabit, utrum servum?
Quod si me interrogetis, cur haec ille a servis pati voluerit? Non
difficilis responsio est. Cum se per se ipse Duartius torqueret,
quantum posset; nec posset, quantum vellet; serviles ad voluntarium
supplicium quaerebat manus, multiplicabatque tortores. Et qui nullo
non iudice absolveretur, ipse de se iudex, et reus satis invenit causae,
cur a servo torqueretur, et verberaretur: et cui servo publice ne
testimonii quidem in herum ius esset, cautione legum: ei servo domi
in heri tergum, ne dicam vitam, ius erat. Quod ita magnum est, et
inusitatum, Auditores, ut in quo id inveniatur, supra nihil dici iam
possit, ubi id dixeris. Sic doctus Mabillonius in Annalibus,9 cum de
Sancto Bavone dixisset, docuisse Ethnicos sacra Dogmata magnis
laboribus, attritumque ieiuniis, et vigiliis, meditandis rebus
caelestibus vacasse assidue; tandem addidit, eo cruciandi sese studio
processisse, ut voluerit, et sustinuerit a servo caedi : nempe id ieiunii,
id perpetuis meditationibus, id est vigiliis maius.
Iam, ne si persequar singula constitutos mihi dicendi fines
transgrediar, qua liberalitate, temperantia, pietate, modestia, in sese
severitate audistis fuisse Duartium, eundem in caeteris exercendis
virtutibus tenorem tenuisse cogitate. Quae cum ita sint, ut unde
incoepit, eodem terminetur oratio, cum iam vos de Ignatii opibus,

9 Edición facsimilar: (6) Lib. 13 n. 44.

12
exemplisque virtutum, audieritis, iudicandum vobis est utris ille
Collegio huic nostro magis profuerit : utraque inter se comparate
sedulo, perpendite omnia diligenter, et a quibus stet victoria,
iudicate. Neque imitari vos Simonidem illum velitis, qui rogatus
quondam, utrum aestimabilius sibi videretur, Sapientiane, (quo
etiam nomine virtutes Philosopho dignas intelligebant veteres) an
divitiae; nihil certi sibi esse respondit; cum videret a sapientibus
divites coli, a divitibus sapientes non item.10 At dubitare ipsi non
licuit, vel certe liberius profiteri debuit, multo aestimabiliorem
divitiis esse sapientiam: divitias autem cum sapientia coniunctas
multo utiliores: quae mortalium omnium sapientissimi responsio
est:11 utilior est, inquit, sapientia cum divitiis. Id adeo in Duartio
videre licet, qui et sapientia, et virtutibus una cum divitiis vobis fuit
utilissimus.
Equidem sic existimo, cum plurimum sapientiae, et virtutibus
tribuendum sit, nisi in Duartio cum opibus simul fuissent, eorum
utilitatem ad paucos fuisse redundaturam: nunc cum per opes hoc
Collegium steterit, propositum esse plurimis, et vobis maxime,
exemplum illud sanctissimum, quod intueamini, atque imitemini.
Caeterum vestras has divitias in eo sitas esse existimare debetis, ut de
vestro hoc Collegio dici possit, quod de Urbe Romana Historicorum
princeps Livius gloriabundus scripsit: Nulla unquam Respublica nec
maior, nec sanctior, nec bonis exemplis ditior fuit. 12 Dixi.

10 Edición facsimilar: (7) Apud Feijoum Tom. 4 Dis. 2 Paragr. 8.


11 Edición facsimilar: (8) Ecclesiastes. c. 7. Se trata de Ecclesiastés 7, 11, cuyo texto,
según la Vulgata es: “bona est sapientia cum divitiis”.
12 Edición facsimilar: (9) Lib. 1. Dec. 1. init. Se trata de Tito Livio, Ab Urbe condita,

Praef. 11.

13
********************************

14
Texto en español

TERCERA ALABANZA AL MUY ILUSTRE VARON


SEÑOR DOCTOR IGNACIO DUARTE Y QUIROS

Aunque nuestros mayores muchas lágrimas derramaron por la


muerte de nuestro óptimo padre Ignacio Duarte y Quirós y lamentaron
con los ojos llenos de lágrimas la orfandad de nuestro colegio, sin
embargo, en sus funerales no parece que hayan cumplido lo suficiente
con su deber y piedad, y, por esta causa, llamaron a otros que se
lamentaban para que se conmovieran con el mismo sentimiento de
espíritu y se dolieran con ellos de la muerte del muy ilustre varón.
Además, solícitos y piadosos, nos encargaron a nosotros, sus
sucesores, que derramáramos, cada año, muchísimas lágrimas sobre el
sepulcro de Ignacio, seguros de que ellas no serían nunca tantas,
cuantas le debíamos a él mismo.
En efecto, ¿qué más deseable – decían- que los ejemplos de sus
virtudes, estando presente, ejemplos de los que ya carecemos? ¿Qué
más generoso que sus recursos con los que fundó este colegio nuestro y
con los que atestiguó su amor hacia nosotros? ¿Y no lloraremos por
Ignacio Duarte, nosotros profusamente, y vosotros, colegas,
eternamente? Muerto un padre tan munificente y tan sano, ¿seremos
alguna vez moderados en el llanto, los gemidos, el lamento y los
clamores? Estas dos cosas, al recordar a menudo la liberalidad y los
ejemplos de las virtudes de Duarte, excitaban nuestro amor hacia él y
reclamaban lágrimas. Ya que no las hemos negado, ya que día a día
estas paredes han resonado con nuestros llantos, me pareció bien
aliviar un poco hoy vuestro dolor, y rogaros, colegas sapientísimos, que

1
dirijáis por un tiempo vuestros ojos arrancados de las lágrimas, hacia
aquellos dos asuntos, encomendados por nuestros mayores.
Ciertamente, para mí que he meditado esto con frecuencia y mucho,
no pudo aclararse suficientemente si debíamos más a las riquezas de
Duarte que a los ejemplos de sus virtudes. Por tanto, yo, dudoso y en
suspenso, he resuelto disertar hoy acerca de ambos temas; luego
vosotros, colegas, seréis los jueces y juzgaréis a cuál de los dos debe
más nuestro colegio.
Empezaré por las riquezas. ¿Pensáis, por ventura, que en estas
provincias, antes del año mil seiscientos noventa y cinco no se fundó
ningún Seminario de jóvenes nobles, porque nuestros mayores
juzgaron que no sería útil a la república? ¿No habían oído o leído en
cuánta estima han sido tenidos y cuánta estima tienen estos gimnasios
y colegios de niños, en todas partes, siempre, y por todas las naciones?
Paso por alto a Europa. Aquí en América ¿no eran incitados por la
fama de los colegios de San Luis de Quito, de San Bartolomé de Santa
Fe, del Bienaventurado Juan Bautista de La Plata, de San Ildefonso de
Méjico y otros?1 ¿Ignoraban que se estableció por los decretos del
Concilio de Trento, y se ordenó por las Leyes de Indias que en cada
Diócesis se fundaran estos seminarios? Pero, en efecto, sería injusto
con nuestros mayores, sensatísimos y prudentísimos varones, quien
los considere ignorantes de los hechos o poco diligentes en asuntos de
tanta importancia.

1Es posible que la vocación docente de los Jesuitas se afianzara definitivamente después
de la creación del primer Colegio de la Orden, en Mezina, a sólo ocho años de fundada la
misma, en 1548. Desde entonces fueron creando y dirigiendo un número creciente de
establecimientos educacionales conocidos con el nombre de Colegios Convictorios,
Seminarios, Colegios Máximos o Universidades. Estos colegios dedicados a la enseñanza
secundaria y superior, fueron numerosos en Europa. En América, sucedió lo mismo.
Peramás menciona no menos de veinte.

2
Lo cierto es que este asunto se trataba muchísimo y a menudo se
intentó hacer algo. Ante los ojos de todos se presentaban y aprobaban
los colegios de jóvenes. Aquel gran obispo Fernando Trejo, que como
ninguno velaba por los intereses de la provincia, en el año mil
seiscientos nueve, pidió ayuda al rey de España, para fundar un colegio
en Santiago del Estero, donde estaba la sede de los obispos. Y,
finalmente, en el año mil seiscientos doce él mismo erigió en esa
ciudad un colegio dedicado a la mártir Santa Catalina, y lo confió al
cuidado de los jesuitas. Pero, arrebatado luego el Obispo por el
destino, en poco tiempo también el colegio dejó de existir. 2
Aquí en Córdoba, en el año mil seiscientos trece, fue fundado,
mediante los recursos y consejos del mismo obispo Trejo, otro colegio,
al que le dio el nombre de San Javier y entregó a los jesuitas. Cuando
ese mismo año, el día de San Pedro, se celebró una misa pontificial en
el Templo Máximo, consagró catorce sotanas y vistió con ellas a
numerosos jóvenes nobilísimos, futuros alumnos del nuevo colegio.
Después, en medio de la aclamación popular, los condujo, en
compañía del Cabildo, caballeros, cofradías religiosas, canónigos del
Templo Máximo y el obispo en persona hasta la casa que él mismo
había adquirido a gran precio. La fama de este colegio movió a los
jóvenes nobles de la provincia de tal manera que al año siguiente, en
mil seiscientos catorce, treinta alumnos naturalmente muy aptos,
habitaban el colegio. Estos mismos acogieron con gran pompa e
interesantes certámenes públicos de Humanidades, Filosofía y
Teología, al obispo Trejo cuando regresaba a Santiago. A pesar de
2 Conviene recordar que el Obispo Trejo y Sanabria ofreció una fundación, es decir,
proporcionar los medios para que el Colegio Máximo pudiera continuar con los estudios
superiores que en 1612 habían sido trasladados al Colegio que los jesuitas dirigían en
Chile. A tal efecto, entregó al Provincial jesuítico Padre Diego de Torres, un acta
pormenorizada por la cual hacía donación de sus bienes y dejaba sentadas las
condiciones y objetivos de la misma.

3
todo, casi la misma suerte que acompañó a aquel colegio de Santiago,
acompañó a este de Córdoba. Así lo podéis leer en el historiador Padre
Nicolás Del Techo:3 "El obispo del Tucumán,” dice, " Fernando Trejo,
fundó con mayor deseo que fortuna, y entregó a la Compañía, en
Córdoba, un seminario de jóvenes nobles. Este prestó utilidad durante
algún tiempo, aunque poco después, muerto el Obispo, no pudo
subsistir por falta de recursos."
Por lo cual, toda la esperanza en los seminarios fue arrancada
con gran dolor de los ciudadanos. Pues ¿qué había que esperar más
allá, si no bastaban las riquezas de los nobles ni de los obispos para
fundar y sostener un seminario después de fundarlo? Esta ya era la
queja de todos, durante la niñez y la adolescencia de Duarte: la
juventud se corrompía por el ocio, la barbarie se apoderaba de todo,
las artes hacían silencio, no había lugar para la sabiduría; los estudios
sagrados emigraban, todos los asuntos eran manejados por los
ignorantes contrariamente a las costumbres, los oficios sagrados se
interrumpían, ya que ninguno tenía ni tantas riquezas ni tanto amor
por el interés público, de modo que pudiese o quisiese fundar un
colegio para educar y enseñar a los jóvenes las artes liberales. Sólo por
esta causa Perú era más feliz que el mucho más cercano Tucumán; no
porque estuviese provisto de oro y plata más allá de lo creíble, sino
porque la juventud hispana, los jóvenes hispanos, eran educados allí,
en los colegios, por una disciplina digna de la sangre hispana. Llenas
estaban de estas quejas las plazas, llenos los templos y llenas las casas
particulares. Duarte las escuchaba en silencio y no las despreciaba en
absoluto; únicamente desaprobaba el consejo de quienes preferían

3 Nicolas du Toict, castellanizado Del Techo, (1611-1680) fue un sacerdote jesuita que
vivió muchos años en las misiones del Guayrá, y escribió una Historia de la Provincia
del Paraguay de la Compañía de Jesús.

4
colmar todo con quejas a enfrentarlas y poner remedio al inveterado
mal. Por consiguiente, como tenía un espíritu grande y elevado,
dejando de lado los lamentos inútiles, ya entonces concibió en su
imaginación una obra ingente que más tarde, con gran beneficio e
interés público, realizó.
Había heredado de sus mayores un rico patrimonio, que,
aumentado por el trabajo, se había acrecentado hasta tal punto que
podía fundar y sostener un colegio una vez fundado. Manifestó su
propósito a los hombres doctos: lo aprobaron y, además, lo animaron.
Se propuso al rey que, si quería, ordenase que el colegio se fundase con
los recursos de Ignacio Duarte. Así lo quiso y lo ordenó Carlos,
segundo rey de España con este nombre. Para este fin fueron
despachadas cédulas reales por medio de las cuales se permitía a
Ignacio Duarte y Quirós, puesto que cedía treinta mil pesos para
edificar un colegio, que edificara y erigiera un colegio que fuera de
buen augurio y próspero para estas provincias y que, después que lo
hubiese edificado, se concediesen al mismo Ignacio Duarte y Quirós
los derechos, inmunidades y beneficios que se había acostumbrado
conceder a los fundadores de colegios.
Y no pasaré por alto, oyentes, lo que ensalza en extremo la
liberalidad de Ignacio. Pues, aunque en la Recopilación de Leyes de
Indias se ordena que el escudo real se coloque al frente de los colegios
que se funden, que se conceda a los obispos, si en verdad los han
fundado con sus propios bienes, colgar igualmente sus propios
escudos y se niegue a los fundadores particulares este privilegio, sin
embargo, el rey de España, Carlos Segundo, concedió a Duarte que
pusiera en su colegio los escudos de familia: puesto que la munificente

5
liberalidad de Duarte igualaba lo que ha sido dado a los obispos por su
dignidad.
Así el colegio que antes no pudo mantenerse ni con las riquezas
de los ciudadanos ni con la de los obispos, se estableció con los bienes
de Duarte y permanecerá por siempre. Ciertamente, cuando abarco
con la mente y la imaginación aquellos colegios de Trejo, de los que
hablé antes, me parece que han sido fundados no porque habrían de
mantenerse realmente, sino porque eran como ciertos rudimentos de
este nuestro Duarte, que no ha de perecer nunca. Y por cierto, el
hecho de que el primero, el de Santiago, haya sido consagrado a la
mártir Catalina, es decir, a la virgen sapientísima y erudita en
Humanidades, Filosofía y Teología, y el segundo, el de Córdoba,
dedicado a San Javier, apóstol de los Indios, en el día dedicado a San
Pedro, el portero celestial, me parece que ambos predicen la erudición
de nuestros estudios en esas tres disciplinas, el futuro fervor en ellas
por la conversión de los Indios y, por último, el empleo perpetuo de
aquellas llaves de Duarte para introducir a los hombres en el cielo.
Recordad lo que os he hablado en años anteriores.
Pero volvamos a las riquezas de Duarte. Aunque en las cédulas
reales se dice que solamente ha dado Duarte treinta mil pesos, sin
embargo, consta en nuestros documentos, que se guardaban en el
archivo, que fueron más de treinta y ocho mil; porque otorgó, para la
edificación del colegio, las fincas, los esclavos, las casas paternas y
abundantes muebles. De estos bienes estimaría yo el precio, si lo
juzgara necesario. A vosotros solamente os interesa saber de qué
calidad y cuán ricos han sido los muebles domésticos de Duarte.
Recientemente fueron tasados en más de ocho mil pesos. Alguien
podría hablar del lujo, las comodidades, la pompa, la prosperidad y la

6
seducción de un ánimo muelle antes que de la mesurada compostura
de un sacerdote. Os ruego mejores cosas: oíd, jóvenes, estad aquí
presentes todos los sacerdotes y aprended finalmente cuál ha sido el
lujoso mobiliario de Duarte .
Libros, sagrados instrumentos, vestiduras para los divinos ofi-
cios, estatuas de los santos, y restantes cosas, todas valiosas, que
excitan la piedad del espíritu. En lo que respecta al cuerpo, el lecho,
las mesas, los ábacos y otros utensilios, si exceptuamos lo que había
heredado de sus mayores, eran del precio más bajo. No había vajilla de
oro o cincelada, ni paredes de mármol, ni cuadros extranjeros. Estas
cosas, si algunas tenía, no las reservaba para sí, sino para los santos, al
contrario de lo que hacen otros que, a pesar de que vemos que han
edificado sus casas y quintas a manera de ciudades y para ello han
removido los montes, a expensas de su capricho, permiten que los
templos de los santos estén sucios y abandonados. Vosotros mismos
sois testigos, en lo que se refiere a los libros que veis señalados con la
firma de Duarte, con esa firma venerable, que -me atrevería a decir - os
enseña más de lo que está contenido dentro de los libros. Sin duda, os
enseña qué libros debéis amar y conservar: los de los Santos Padres y
Teólogos, los de derecho pontificio, los de los Reyes, Filósofos,
Historiadores, y no los de los poetas desvergonzados o los de los
escritores pedestres e impertinentes.
Si quisiera hablar de cada una de las cosas que debéis a las
riquezas de Ignacio, no habría límite para el discurso. Lo diré en pocas
palabras: si tenéis una casa amplia y bella que los justos tasadores
opinan que vale cuarenta mil pesos y más que esto; si tenéis en la
ciudad y en el campo otras comodidades, todo esto se lo debéis a
Ignacio. También digo que le debéis esta capilla llena de ornato y

7
cubierta con esos diez bellísimos cuadros romanos, que con tanto arte
ha transportado aquel Monserrat europeo a América, de modo que ya
con los ojos mismos, no solo con el espíritu, vemos la altísima sede de
la Virgen. Aquí se puede ver cómo aquel sagrado obispo Pedro, lleno
de dolor, lleno de lágrimas, con una triste comitiva, traslada desde
Barcelona al Monserrat la imagen de la Virgen, para que a partir de
los Moros, que ya recorrían impunemente toda España, nada atentase
contra el honor de María.
No lejos de aquí resplandecen las celestiales luminarias y
resuenan los celestiales cantos con los cuales aquella sagrada prenda
muchos años después es mostrada por obra divina a los piadosos
pastores. Por aquí Gotomaro,4 obispo de Vigo, en medio de una gran
procesión popular, coloca allí, donde ahora está, la imagen sacada de
aquella antigua cueva. En otra parte, aquel divino Pedro Nolasco5
consulta a la Madre del Redentor acerca del modo de asegurar la
libertad de los cautivos. Allí, igualmente, tiene su lugar el caballero
Ignacio, ceñido con las armas que ofrece a la Virgen y con los preciosos
vestidos que entrega a un pobre. En suma, nada hay tan ilustre en
aquel sagrado Monte, nada tan antiguo, que el pintor romano no haya
transmitido en estos grandes y preciosos cuadros para que nosotros lo
contemplásemos
Por cierto debemos esto a las riquezas de Duarte. Ya referiré
pocos ejemplos de sus virtudes pues no puedo todo. Y de entre las
riquezas mismas sea la primera virtud de Duarte, aquella con la cual
venció evidentemente la avaricia y el deseo de tener y poseer que

4 Gotomaro fue obispo de Iria (identificada aquí con Vigo, en Galicia), sufragáneo de
Braga, a mediados del siglo VII.
5 San Pedro Nolasco (1206-1252), de origen presumiblemente español, es el fundador de

la orden de los Mercedarios, o de la Misericordia, encargada de recaudar fondos para el


rescate de cristianos en poder de los musulmanes.

8
corrompe casi siempre los ánimos de todos los hombres. Pues entregó
a la Patria y al bien público aquellas valiosísimas riquezas,6 de las
cuales otros se valen para granjearse amistades, clientes, nobleza,
honras, magistraturas y dignidades eclesiásticas. Es por ello que
divinas virtudes ocuparon el ánimo, vacío de males terrenales: el
sentimiento de pudor, el espíritu de justicia, la fe incorruptible, la
verdad desnuda, la inocuidad, la moderación , la templanza y el deseo
continuo de prestar servicio a todos sus conciudadanos. A causa de
aquellas virtudes, aplicó, además, el ánimo libre de placeres al trabajo
y a las tareas más duras.
Velaba, se cansaba, descuidaba sus asuntos, nada negaba que
fuera digno de regalar y, para abarcar a toda la república con un solo
beneficio, fundó este colegio. En esto, no sé, por cierto, si debo elogiar
más su magnanimidad de espíritu, su liberalidad o su prudencia; pues
es propio de su magnanimidad el hecho de haber querido; de su
liberalidad, el haber empleado sus riquezas; de su prudencia, el haber
afirmado sólidamente con estatutos fijos este nuestro colegio.
Encontrarás a muchísimos que edifican para sus hijos y nietos casas
magníficas, alimentan a los suyos, otorgan beneficios a aquellos de
quienes esperan retribuyan más. Los que trabajan con diligencia
solamente por el amor a la patria, los que prodigan sus riquezas en la
educación de los niños y en la formación de óptimos ciudadanos, son
tan pocos que apenas hay dos iguales en cada siglo.
A la liberalidad de Duarte también corresponde aquella singular
generosidad para con los clérigos y aquella prodigalidad hacia los
6 Tras ingresar en la Compañía de Jesús en México y recibir las órdenes sacerdotales,
Rafael Landívar regresa en 1761 a Guatemala donde lleva a cabo su conocida "renuncia de
bienes" en favor de los guatemaltecos, familiares, sirvientes, esclavos y del Colegio San
Borja.

9
necesitados. Continuamente proporcionaba recursos a los sacerdotes
para que aliviaran su pobreza o vivieran menos estrechamente. A los
niños y niñas huérfanos y a las mujeres recatadas para las cuales su
hermosura significaba un peligro a causa de la miseria doméstica les
suministraba lo necesario para que no echaran por tierra el honor. Se
lo vio repartir sus vestiduras por sí mismo a los pobres y compadecido
de su desgracia ayudaba a los nobles a quienes la suerte había hecho
perder su estado para que, aplastados por la iniquidad de las
calamidades, no cometiesen algo indigno de su antigua nobleza.
En verdad, las demás virtudes no fueron en Duarte desiguales a
su liberalidad. Y entre las primeras su amor hacia la Virgen fue tan
grande, tan tierno, tan constante que de ningún hijo hubo afecto tan
grande para una madre queridísima como grande fue el de Duarte
para la Madre de Dios. Sed, ciudadanos cordobeses, calles cordobesas,
testigos de este amor a la Virgen. ¿Cuántas veces (a vosotros o llamo,
ciudadanos y calles), cuántas veces habéis visto a Duarte llevando
públicamente aquella imagen de la Virgen que, a manera de herencia,
ha llegado hasta nosotros? Como otros, en las procesiones, suelen
sacar y mostrar al pueblo cruces, espinas, correas, cadenas y los
restantes instrumentos de piedad, así nuestro Duarte, en cuantas
procesiones había durante el año, llevaba en sus brazos, aquella
imagen a través de las calles y plazas con tal humildad de espíritu, con
los ojos tan fijos en la Virgen, y con tanto fervor que parecía que quería
en cierto modo transmitir a aquella estatua inanimada su vida y su
aliento.
A veces Duarte moraba en el campo para poder dedicarse más
libremente sin interrupciones y durante más tiempo a Dios y a las
cosas divinas, pero cuando se avecinaba algún día consagrado a la

10
Virgen, volvía a la ciudad para demostrar con el ejemplo a todos con
qué ceremonias religiosas, con qué piedad estos días debían ser
celebrados. Así pues, pasaba en el Templo gran parte del día hasta el
mediodía mismo, ocupado en las alabanzas a la Virgen. Después, lleno
de inspiración, volvía e invitaba a algunos clérigos para que celebraran
a la Virgen junto a él y lo acompañaran en las mesas no solo alegres
sino muy moderadas. Además cuando estaba en la ciudad, todos los
sábados porque estos días se hallan consagrados a la Virgen, él en
persona servía los alimentos a los alumnos del colegio sentados en el
comedor. La piedad y satisfacción de Duarte los volvía mucho más
agradables para quienes los comían.
Y esto en relación con la Madre. La piedad para el Hijo óptimo
no fue menor sino mucho mayor. Ordenado sacerdote cumplió todos
los deberes de un sacerdote para rendir el santo culto al Pontífice
eterno. Cuando había que celebrar, conmovido por la majestad de la
víctima casi se desmayaba lleno de inspiración y los ojos arrojaban
lágrimas que fundía por dentro el sagrado fervor. Muchas veces se lo
vio acompañar el sacrificio con sus lágrimas, mientras lo ofrecía, de tal
manera que aun la humildad y la gravedad del sacerdote enardecía a
los que estaban presentes. Este fuego, concebido en el altar, era
duradero evidentemente y con frecuencia la llama saltaba, sobre todo
cuando se prosternaba ante el altar del oculto Señor.
Es por esto que aquellos ocho días que solían consagrarse cada
año para dar gracias a Cristo por el divino banquete preparado para
nosotros y en los cuales la Divinidad oculta durante todo el año en el
Sagrario se coloca en lo alto del trono ante el pueblo, Duarte los pasaba
íntegros en el templo para no privarse ni un instante de la presencia de
Cristo, ya de pie, ya de rodillas, adorando a Dios manifiesto con

11
muchas plegarias y muchas lágrimas, y no se apartaba de allí hasta que
corrido el velo aquel sol resplandeciente se ocultaba. Así la piedad
había ocupado el amante corazón de Duarte. De esto fueron testigos
también las calles públicas, cuando como acompañante piadoso de la
procesión Eucarística al salir del templo, dirigía sus preces a la
Divinidad completamente inflamado por el amor.
Con esto logró que fuera considerado como una singular honra
de la patria y un ejemplo único de todas las virtudes. En verdad,
Duarte no omitió ninguna obligación de beneficiar a sus
conciudadanos o de prestarles buen servicio. El fue el que castigó los
crímenes, defensor de los débiles, padre de los ciudadanos desvalidos,
procurador solícito de los paganos que nos rodean para arrancarlos de
las tinieblas y escondrijos con los que encubren su impiedad. Y,
precisamente, refiero aquí aquella preocupación que, aunque de
ninguna manera buscaba las dignidades eclesiásticas, le hizo querer
ser nombrado, como dicen, Comisario de la Cruzada, para quebrantar
por su parte la ferocidad de los Moros y de los paganos y arrancar a los
cristianos detenidos por estos en condiciones miserables. Sin embargo,
¡cuán santo fue, cuán dedicado a los libros y a la contemplación de las
cosas celestiales!
Sólo retuvo cerca de sí a aquellos familiares que eran ejemplo
para los demás y para él mismo aliciente de virtudes. El que entre ellos
sobresalía en la piedad, ese como el fiel Acates, 7 era amigo y
compañero perpetuo de Duarte; nunca salía afuera, nunca vivía en el
campo, nunca visitaba a alguien, sin que interviniese o por lo menos

7 Troyano, fiel amigo de Eneas, a quien acompañó en sus viajes hasta Italia. Según una
tradición, fue quien dio muerte a Protesilao, primer griego que desembarcó en suelo
troyano.

12
no estuviese ausente aquel buen compañero. ¿Para que estuviera a
disposición? ¿Para que recibiese encargos? De ningún modo. Le
ordenaba estar presente para que fuera testigo de todas sus cosas. Pues
Duarte comprendía que, aunque la presencia de Dios era
suficientemente propuesta por todas partes para no faltar al deber, con
todo ayudaba muchísimo la presencia de un hombre de bien, cerca de
nosotros y donde estuviésemos.
He dicho que Duarte empleaba para esto la ayuda de los
familiares. En efecto, no he osado llamarlos esclavos aunque no eran
de condición libre. ¿Pues qué? ¿Podría llamar esclavos yo a quienes
tuvo en lugar de hijos, a quienes trató muy humanamente, quienes
tenían más poder sobre el amo, que este sobre ellos? Prestad atención
y escuchad un servicio de los esclavos hacia el amo, nuevo e inaudito.
Después de haber llamado y conducido al más fiel de sus esclavos a un
aposento íntimo, Duarte mismo se armaba de varas y látigos y
desnuda repentinamente la espalda le decía: " hiere, no perdones a los
azotes; y bien a mí que soy un esclavo infame, el peor de los esclavos
de Dios, azótame, sin piedad."
Tan pronto como el esclavo oyó esto, se horrorizó completa-
mente y suplicando que se le eximiera de este triste servicio arrojó el
látigo. Persistía Duarte y le devolvía el látigo; pero nuevamente las
manos del esclavo se ponían débiles y trémulas. Con todo, había que
obedecer; había que azotar a Ignacio hasta que el esclavo, salpicado
con sangre de su amo, se quedaba atónito o compadecido huía. Pero
cuando el esclavo se dio cuenta de que había sido más querido por su
amo, ese día en que precisamente había sido más despiadado en
azotarlo, tales y tantos combates se desataban contra Duarte, las
heridas se sobreponían de tal modo que parecía que lo quería matar a

13
azotes. ¿Qué es esto, oyentes? ¿Esto es ser amo o ser esclavos?
Introduzcamos a cualquier desconocido en aquel cuarto santísimo: ve
al que azota, ve al azotado. ¿Cuál pensará que es el amo y cuál el
esclavo?
Si me preguntáis por qué quería sufrir esto por parte de los
esclavos, la respuesta no es difícil. Al atormentarse Duarte por sí
mismo cuanto le era posible y al no poder cuanto quería, requería las
manos de los esclavos para el suplicio voluntario y multiplicaba los
verdugos. Quien no hubiera dejado de ser absuelto ante juez alguno
convertido en juez de sí mismo y en reo, encontró suficiente motivo
para ser atormentado y azotado por un esclavo y este esclavo que en
público ni siquiera tenía derecho a dar testimonio contra su amo, por
privilegio de las leyes, ese esclavo tenía derecho sobre su espalda, por
no decir sobre su vida. Tan grande e inusitado es el hecho, oyentes,
que si lo encontramos en alguno, ya no puede decirse nada más,
después de haber dicho esto. Así el docto Mabillon8 en los Anales,
habiendo narrado que San Bavón enseñó con gran esfuerzo a los
paganos los sagrados dogmas y que consumido por los ayunos y
vigilias se dedicó a la meditación asidua de las cosas celestiales, añade
por último que llevó tan adelante el empeño de mortificarse que quiso
y soportó ser azotado por un esclavo pues eso es mayor que los ayunos,
las continuas meditaciones y las vigilias.
Para no transgredir ya los límites que me han impuesto para
hablar si enumero cada cosa- escuchasteis qué liberal, temperante,
piadoso, moderado, severo fue Duarte consigo mismo- pensad que
mantuvo el mismo tenor en el ejercicio de las otras virtudes. Ya que es

8Jean Mabillon, monje benedictino de origen francés (1632-1707). La obra aquí citada,
cuyo título completo es Vetera Analecta, consta de cuatro tomos en los que narra sus
numerosos viajes, en medio de extensas reflexiones sobre temas filosóficos y teológicos.

14
así para que el discurso termine allí donde empezó, habiendo vosotros
escuchado el relato de sus riquezas y ejemplos de sus virtudes, tenéis
que discernir con cuál de ellos aportó mayor provecho al colegio:
comparad uno y otro aporte entre sí cuidadosamente y con gran
diligencia ponderad y juzgad de parte de quién está la victoria. No
imitéis a Simónides9 que preguntando antaño cuál de las dos le parecía
más estimable, si la sabiduría (con cuyo nombre entendían los
antiguos las virtudes dignas de un filósofo) o las riquezas, respondió
que no sabía, porque veía que los ricos eran agasajados por los sabios,
y los sabios por los ricos no del mismo modo.
No debió dudar o por lo menos debió confesar más libremente
que la sabiduría es mucho más estimable que las riquezas, pero que las
riquezas acompañadas de la sabiduría son mucho más útiles. Esta es la
respuesta del más sabio de todos los hombres: " Es más útil,” dice, “la
sabiduría acompañada de las riquezas", lo cual puede verse en Duarte
que por la sabiduría y las virtudes unidas a las riquezas, os fue
utilísimo.
Yo por lo menos pienso que aunque debe atribuirse mucho a la
sabiduría y a las virtudes, si ellas en Duarte no hubieran sido al mismo
tiempo acompañadas de las riquezas, a pocos hubiera redundado su
utilidad. Ahora que por medio de las riquezas se ha levantado este
colegio, debéis pensar que aquel ejemplo santísimo fue propuesto para
que muchísimos, en particular vosotros, lo contemplaran e imitaran.
Además debéis pensar que estas vuestras riquezas han sido puestas en
él de modo que de vuestro colegio puede decirse lo que Livio, príncipe
de los historiadores, escribió con orgullo de la ciudad de Roma:

9 El poeta Simónides de Ceos vivió entre 556 y 468 aproximadamente. Sus poemas, de
los que se conservan sólo fragmentos aislados, merecieron el comentario de filósofos
como Platón e historiadores como Heródoto.

15
“jamás ninguna república fue ni más grande, ni más íntegra, ni más
rica en buenos ejemplos." He dicho.

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16
LAUDATIO IV

CUARTA ALABANZA

En el cuarto elogio Peramás hace referencia a las virtudes y a las


acciones duartianas a partir de la comparación de la figura de Ignacio
Duarte con la de San Ignacio de Loyola. Ambos han sido muy
semejantes, de modo que aquel que conozca a uno conocerá a los dos.

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Texto latino

CLARISSIMI VIRI D.D. IGNATII DUARTII ET QUIROSII

LAUDATIO IV

MAXIMUS, ET INFINITUS FUERIT necesse est dolor,


Auditores, quem tot anni nec finire potuerint, nec lenire.
Sexagesimus iam annus est, ex quo dura nimis, et crudelis mors, et
triste fatum Collegii nostri Conditorem Ignatium Duartium et
Quirosium abstulit : et quas tum plurimas maiores nostri profuderunt
lacrymas, alii atque alii deinceps exceperunt, et luctuosissimum
casum quotannis, imo quotidie deplorarunt. Tamen remisit doloris
pars nulla, et in dies integrascit Duartianae mortis sensus.
Id cum ego saepius, multumque mecum ipse cogitassem, tum
his diebus, qui mihi dati sunt ad commentandum, cum Duartii res
gestas, et virtutes propius inspexi, talem ac tantum parentem
amisisse nos vidi, ut Collegii nostri in illius morte orbitas aeternis
mihi lacrymis digna videatur. Quare quae mihi ad laudandum
Ignatium commentatio esse debuit, perpetuus de ipsius morte dolor
fuit, et luctus : et ipso adeo hoc mane cum vos maestissimos, et
atratos parietes, et piaculare sacrificium institui vidi, et lugubres
cantus audivi, non satis consilii fuit, quid agerem, qut quid dicerem.
Steti stupenti similis : languebat vox, spiritusque. At illa ipsa tandem
triste funus canentium vox, quae me exanimarat, animum reddidit,
cum demum intulit : QUONIAM NON REPELLET DOMINUS
PLEBEM SUAM : QUIA IN MANU EIUS SUNT OMNES FINES
TERRAE, ET ALTITUDINES MONTIUM IPSE CONSPICIT. 1

1 Edición facsimilar: (1) Sumptum id ex pervigilio mortuorum, quod ante Sacrum fuit.

1
Respiravi scilicet : et cum lugerem antea orbitatem Collegii
nostri; solatio illud postea fuit : DOMINUM ESSE, QUI NEC
PLEBEM HANC SUAM REPULISSET, et parentis loco pro Duartio
nobis successisset. Dolueram, Montem hunc nostrum, Duartio vivo,
florentissimum; Duartio iam mortuo, squalentem futurum, et solis
aptum feralibus Cupressis : at demum audivi : DOMINUM ESSE,
QUI ALTITUDINEM HUIUS NOSTRI SERRATI MONTIS
CONSPICERET. Timueram, ne nullus iam futurus esset adolescens
nobilis, qui huc vellet ascendere, Duartio e vivis rapto : sed vox illa
me docuit : IN MANU DOMINI ESSE OMNES FINES TERRAE, ut
undique terrarum adolescentes optimos, Sodales nobilissimos huc
advocaret, futuros vestros socios, et pro Duartii morte comploratores.
Complorabunt vobiscum una, quoties rerum gestarum Duartii
in mentem venerit, Collegii casum : commemorabunt virtutum eius
exempla : admirabuntur magnanimitatem : et quoties Ignatii nomen
audient, collacrimabunt. Sed, audito Ignatii nomine, rebus eius gestis
commemoratis, nihil est, adolescentes optimi, cur commoveamini,
nihil est cur tristemini : imo vero illustre nomen illud, et facta digna
nomine, consolationi vobis debent esse, et solatio. Id ego vobis statui
nunc ostendere : nempe IGNATII nomine res Duartii omnes,
virtutesque, et vestram consolationem contineri. Quo id ego
deduxerim, attendite.
Principio grande hoc opus Collegii nostri molitus, quo illius
immortalitati, et regni huius, urbisque perpetuae utilitati consuleret
Duartius, Societatis hominibus voluit illud tradi. Putet aliquis hoc de
tradendo Societati Collegio nostro consilium solius Duartius fuisse, et
non decretum Numinis. Sed, credite, cum Duartio ipso et nata, et

2
adulta res ista est, et Deus, qui IGNATII nomen puero Duartio dedit,
adolescenti, et seni iniecit mentem, ut et res suas IGNATIO
committeret, et Loyolam propius imitaretur. Neque enim Duartius
IGNATII nomen habuit, et animum Ignatii, et virtutes non habuit;
sed similis nomine, officio, et rebus gestis fuit simillimus, adeo ut
nulla in Duartio laus fuisse videatur maior, quam quod fuerit ALTER
IGNATIUS. Nam si Alexandri Magni maxima laus fuit, quod Mars
alter, et Caesaris, quod alter Alexander diceretur : haec summa
Duartii laus esto : ALTER IGNATIUS. Quam res gestae illius hanc illi
laudem, nomenque pepererint; et quanta inter Duartium, et Loyolam
similitudo intercesserit, expediam inter se utrumque componendo.
Loyola, abiectis Martis armis, novum orsus vitae genus,
advocavit sibi Patronam Virginem : ratus quod res erat, tum sibi fore
Numen propitium, cum maxime Virginis fidei sese, et clientelae
commisisset. Aegrotabat e vulnere recens Ignatius, cum repente e
Caelo delapsa Virgo, luce conclave, gaudio Ignatium implevit, et
novitium animum ita in virtutum decretis confirmavit, tantamque
clienti suo vim addidit, ut deinceps Ignatius in potestate corpus, et
impotentes cordis cupiditates habuerit. Qua re incitatus Loyola
amorem, operam, studium, se, et sua omnia Virgini devovit,
statuitque, cum sibi primum per valetudinem liceret, eius aliquod
Templum, pie peregrinantium ritu, adire, atque ibi Patronae optimae
sese totum sistere.
Plurimae erant in Hispania devotae aedes Virgini, velut
COLUMNATA, ATOCHIANA, GUADALUPICA, caeterae, quae ad
sese Ignatium allicerent. Pependit ea re animi diu, incertus, quo
demum inclinaret: excitabant aedes suos quaeque amores: ac vicit
tandem, vicit celebratissimum MONTISERRATI Templum. Nec mora

3
ulla: iter arripit, currit, volat, et Templum Divae ingressus, ante
Virginis aras novus miles, novum Sacramentum dixit, pugnaturus
deinceps Virginis auspiciis difficillimam sane pugnam, sed orbi
eandem utilissimam. Sacramenti obses fuit suspensus ex ara pugio.
Quot hic a Virgine Ignatius beneficia acceperit, non attinet dicere :
illud certum est, observatam perpetuo oculis, et Ignatii animo
Serratimontis speciem: de hoc illum montem crebros habuisse
sermones, et si munis corpore, mente ibi semper habitasse : quare
cum primi Socii Romae Templa, ubi concionarentur, inter se
compararunt, Ignatius sibi Montiserrati aedes depoposcit.
Hic fuit in Montiserrati Virginem amor Loyolae: et hac in re
Duartius ita Ignatius fuit, ut nihil supra. Duartius cum
castigatissimam pueritiam egisset, iam adolescens, quo sibi Virginem
demereretur, Templum, ubi pulcherrimum illius simulacrum erat,
adiit, et se, suaque omnia Divinae Matri devovit. Haec, ut olim
Loyolae, caelestem flammam castissimo iuveni iniecit, et aureum
dedit pudorem. Tum Duartius perpetuam ei castitatem despondit; et
ut Ignatius arma, sic ipse annulum, quem tulerat, e Virginis
simulacro in devotionis testimonium suspendit. Sed cum nihil, quod
spectaret Virginem, non faceret maximi Duartius, tamen MONTEM
SERRATUM tanti fecit, ut eo vota sua omnia, cogitationes, studia
direxisse videretur. Et cum de danda Collegio nostro Patrona
cogitabat, occurerunt illi, credo, perinde ac Loyolae, sacra illa nomina
ATOCHIANUM, COLUMNATUM, GUADALUPICUM, caetera : sed
demum MONSSERRATENSE praelatum est: eaque est Collegii nostri
lex altera. MONTISERRATI NOMEN COLLEGIO AETERNUM
ESTO.

4
E Serratomonte ad hominum commercia descendens Loyola,
primum ad studia litterarum animum adiecit, ut, qui nulli postea non
esset profuturus, iam tum prodesset pueris. Igitur repuerascere homo
id aetatis inter pueros coepit. Grammatices praeceptiones illas,
nomina, verba, genera, syllabas, caetera gravibus iam fastidiosa viris,
ut solent pueri crustula, suo ipse avide absorbebat. E Grammaticis
Philosophos adiit: et spinosa illa Logices principia, commentationes
physicas, et obscura illa, et procul fugientia decreta Metaphysices
sedulus audiit. Inde ad sacra Theologiae adyta , et divina mentis
templa transiit, laetus, veluti e mari turbido ad portum placidum
devenisse. Atque haec studia Loyola sic excoluit, ut Grammaticus,
puerorum innocentia; Philosophus, sapientium
constantia;.Theologus, pium virorum sanctitate, et gravitate esset
exemplo omnibus, qui videbant studentem. Atque haec quidem
Loyolae studia.2
Duartius autem tam illi fuit in studiis similis, ut in Duartio
revixisse Loyola videretur, qui studeret rursus litteris. Quippe
Grammaticus sic Duartius fuit, ut reliqui pueri ingenium eius,
virtutesque mirati, non tam suum putarent condiscipulum esse,
quam Magistrum morum. Et quamvis praestaret eloquentia
plurimum, numquam tamen erat eloquentior, quam ubi de
amplectenda virtutis pulchritudine, deque Deo, et Virgine
loqueretur : adeo cor amans verba sequebantur : ut accomodari
Duartio possit, quod de Loyola ait pictus Maffaeus. "Animum ad
rerum caelesium sensa concipienda longo iam usu promptum et
agilem, si amandi vocabulum, vel alia quaepiam eiusmodi vox
admonuisset eorum, quae pie ac religiose cogitare, et commentari

2 Edición facsimilar: (2) Quae hactenus dicta de Ignatio Loyola sunt, diximus ex
probatis auctoribus Ribadeneira, Fluvia, etc.

5
consueverat, subito pene abstractus a sensibus, in contemplationem
Divinae charitatis, ac sempiternae beatitudinis tota mente
raperetur."3
Philosophus vero de natura ita disputabat Duartius, ut ubique
conditorem spectaret ipse, et aliis spectandum daret, seu Caelum
suspiceret, seu elementa, et caetera introspiceret : ut iterum illud
politi Maffaei nostro Ignatio attribuas. "Procedente deinde
tempore...tantam eius generis (divina contemplandi) facultatem
adeptus est, non modo ut e Caeli, siderumque aspectu, quo maxime
capiebatur, sed etiam ex intuitu floris, aut herbae, aut levissimae
cuiuslibet rei, confestim in Dei cogitationem, amoremque suavissime
raperetur."4 Iam Theologus Duartius expressit totum Loyolam, sive
Deum contemplaretur, sive contemplatus eundem amaret.
At Loyolam ipsum iterum spectemus propius. Instructus his
iam litteris coepit contra hominum vitia, et Daemonis malas artes
pugnare. Carpebat morum licentiam, reprehendebat singulorum
peccata ordinum, iram praeterquam in armis, militum, et luxuriam;
corruptos iudicum animos; otia, et petulantiam iuvenum; senum
levitatem, et omnia mordendi libidinem; ad haec coercebat improbos,
revocabat perditos, aliis vitiorum fugam, aliis amorem virtutis
inspirabat, aderat aegrotantibus, custodias invisebat, sublevabat
pauperes, in omne omnium hominum genus benignus erat, et pius:
contra, in sese ita saeviebat, ut vix iam membra essent, quae plagas
exciperent.
Haec in Europa Loyola: et quo ei in America similis esset
Duartius, nihil omisit, quo minus inserviret omnium commodis, et
aliis persuaderet sanctitatem, alios revocaret a vitiis. Quam ille in

3 Edición facsimilar: (3) Maffae in vita Ign. Lib. 1. c. 16.


4 Edición facsimilar: (4) Idem Maf. Lib. 3. c. 1.

6
cives suos liberalis! quam de illorum salute solicitus! quam largus in
inopes! quam bonorum fautor, parensque! In vexando autem,
domandoque corpore tantus fuit, ut serviles etiam manus caedendis
membris adhiberet. Ad extremum is erat Duartius, ut, si eadem
tempestate cum Loyola vixisset, uter Cordubae, uter Parisiis
versaretur, vix dicere potuisses : dixisses eundem utrobique. Ita illi
inter se similes fuerunt. Quod si Alexander ille M[agnus] de
Hephaestione amico illo suo, et aequali, et suarum rerum imitatore,
iure dixit : ET HIC ALEXANDER EST, eum monstrans digito:5 cur
nobis non licebit dicere de Duartio nostro Ignatii assecla, eiusque
imitatore: ET HIC IGNATIUS EST?
Sed non id mihi propositum est, Auditores, ut singulas inter se
utriusque Ignatii res gestas comparem : neque enim per tempus licet:
sed quae sunt in utroque illustriores. Est quidem in Loyola nihil
illustrius, quam Societatis institutio. Cum prodesse vellet omnibus
Ignatius, nec posset nisi praesentibus : absentes vero, quos animo
complectebatur, prohiberetur locorum intervallis, ne re iuvaret ipsa :
huic ut malo mederetur, atque ut in Europa simul esset, et in Africa,
Asia, et America, fieretque idem quodammodo immortalis, et
immensus, excogitavit maximum, immortale, divinum opus,
Societatem. Ex hac ille socios distribuit quoquo versus : Socios, qui
Sacra Ministeria ab ipso instituta continuarent; Socios, qui et in
Provinciis omnibus, et aetatibus viverent omnibus; Socios, qui
profligarent impios Ecclesiae hostes, et erigerent Catholicos; Socios,
qui Idolorum templa everterent, et Ethnicos convincerent; Socios, qui
aperirent Gymnasia Iuventuti; Socios, qui artes, et disciplinas

5 Edición facsimilar: (5) Q. Curtius Lib. 3.

7
promoverent omnes; Socios, qui libris, qui virtutibus, qui pie effuso
sanguine implerent Orbem terrarum.
Neque id dumtaxat praestitit Loyola : sed cum iam suis domos
posuisset, Collegia etiam ponere alienis voluit, ratus, sic propius
adolescentibus, propius urbibus subveniri. Quare proficiscenti Iaio
Socio in Germaniam, Lutherana afflatam peste, id in primis
mandavit, ut ageret prolixe cum Episcopis de Collegiis Adolescentium
erigendis : id Germaniae salutem, et vitam fore. Et quo res haec
movenda esset ardore, ostendit ipse Romae, cum maximum illud, et
Princeps omnium Germanicum Collegium posuit. Adscivit ipse per
se, qui arcem illam Religionis tenerent, viginti quatuor nobilissimos
adolescentes. Hos aluit suis sumptibus, cum vix domi suppeterent
necessaria. Contraxit in eo sustentando ingens aes alienum, cuius
magnitudine erant iam, qui putarent brevi dissolvendum Collegium.
Sed extat hac in re praeclarum Ignatianae constantiae
exemplum, quod ipsis Maffaei scriptoris verbis accipite. "Vir quidam
princeps Collegii Germanici tutelam, ac patrocinium oneris, et
impendii gravitate defatigatus abiicere cogitabat; idemque auctor erat
Ignatio, ut, ne in re tam desperata, ac paene collapsa, diutius operam
et oleum perderet: sane fortiter Ignatius illi respondit : faceret ipse,
quod vellet: se quidem, quoad viveret, eam procurationem nunquam
esse depositurum: neque vero dubitare, quin tam praeclare
inchoatum opus, divina providentia conservatura esset." 6 Nec spes
fefellit Ignatium. Nam , corrogatis nummulis, iuvenes tamdiu aluit,
donec certi Collegio census attributi sunt a Gregorio XIII. Pont[ifice]
Max[imo] eumque id deinceps in splendorem devenit, quem saepe de
Germanico Collegio audistis. Tanti Collegia fecit Ignatius.

6Edición facsimilar: (5) Maf. in vita Lib. 3 c. 14.

8
Ignatium dixi? Quem? Utrumlibet, per me licet, putetis, vel
Loyolam, vel Duartium. Idem enim utrique in Collegia adolescentium
studium fuit : et quod Romae Loyola, hoc Cordubae fecit Duartius.
Optabat hic quam maxime, cinctam videns urbem, et has Provincias
caecis Ethnicis, per multos esse praecones Evangelii, qui eis lucem
ferrent. Cupiebat, cum distractos ruri Hispanos cerneret, et rebus
intentos suis magis, quam divinis, optimos ad eos Parochos mitti, qui
sacra curarent. Dolebat, ingenuos pueros temere per Urbem vagari, et
otio diffluere, et quod subigi cultura posset ingenium, id malis artibus
corrumpi. Desiderabat in Magistratibus integritatem, tractandaeque
artem Reipublicae. Culpabat in patribusfamilias nullam liberorum
curam. Erat etiam, quod in Sacerdotibus vellet castigari: nec tam
ipsorum putabat vitium, quam quod ante pueri et adolescentes bonis
Magistris caruissent. Volebat ad haec solum aliquod, et quasi fundum
esse, unde, et sacris familiis probi sodales, et Templis optimi
Sacerdotes, et supremis Cathedris Antistites sanctissimi provenirent.
Haec Duartii occuparant animum, haec secum ipse dies
noctesque versabat, siquo modo mederi tantis posset malis,
perfecitque tandem meditando, vigilandoque, ut id staret publice,
unde publicum remedium peteretur. Sed quid stetit? Stetit gentium
harum lumen, Americae deliciae, stetit Parochorum, qui ruri
Hispanos curent, faecunda domus, stetit adolescentium arx, pietatis
ara, optimarum artium sedes, stetit Senatorum, Religiosorum
virorum, Sacerdotum sanctorum, illustrium Antistitum sacrum
domicilium, stetit, quo uno omnia dixerim verbo, stetit hoc Collegium
Monsserratense. Quo quidem, ut ego existimo, illud assecutus
Duartius est, quemadmodum antea per Societatem Loyola, ut esset

9
quodammodum immortalis, immensusque, cum Collegii alumni
ubique sint, et semper consulant hominum saluti.
Atque hoc unum est, Auditores, quod Duartium Loyolae
simillimum fecit, ut de utroque illud dici possit : Qui utrumvis recte
norit, ambos noverit. Etsi nihil aliud in Loyola, et Duartio videretis,
quam hanc de condendis Collegiis voluntatem, et studium singulare,
facile animadverteretis, eundem in utroque animum, idemque in
adiuvandis hominibus, urbibusque consilium fuisse. Quare quod
addam, nihil est, in unum vos moneo, atque obtestor, optimi
adolescentes, cum immortales debeatis Duartio referre gratias pro
hoc vestro Collegio nobilissimo, traditaque vobis disciplina, ne in
officii genere ponatis lacrymas, quibus Duartio vestro parentetis.
Nihil opus hic luctibus, lamentatione, gemitibus. Mortuum plangitis?
Atqui heros vester immortalis est: nec illum mors abstulit, sed nobis
eundem superi inviderunt, traxeruntque ad sese. Imitamini hac vos
parte Iesuitas, ut Duartius Loyolam imitatus est. Nam Iesuitae pro
Ignatio suo aniles lacrymas fundunt; mortem accusant; sese
torquent; consolationem admittunt; quaeruntve? Scilicet Religioni id
ducerent, et piaculo, si mortuum lugerent, quem sciunt immortalem,
et regnantem cum superis. Haec vos quoque de Ignatio vestro et
cogitare potestis, et sperare. Dixi.

*************************************

10
Texto en español

CUARTA ALABANZA AL MUY ILUSTRE VARON


SEÑOR DOCTOR IGNACIO DUARTE Y QUIRÓS

Es necesario, oyentes, que sea muy grande e infinito el dolor al


que durante tantos años no han podido poner término ni aliviar. Hace
ya sesenta años que la muerte, demasiado dura y cruel, y el triste
destino arrebataron a Ignacio Duarte y Quirós, fundador de nuestro
colegio. Unos y otros recibieron sucesivamente las lágrimas que
entonces nuestros antepasados derramaron en abundancia y lloraron
la muy lamentable desgracia cada año, más aún, cada día. Sin
embargo, no ha cedido ninguna parte del dolor y día a día se agrava el
sentimiento por la muerte de Duarte.
Habiendo recapacitado mucho estas cosas muy a menudo,
principalmente en estos días que me han sido otorgados para preparar
el discurso, cuando contemplé más de cerca las hazañas y virtudes de
Duarte, advertí que hemos perdido a un padre de tal índole que me
parece que la orfandad producida por su muerte, en nuestro colegio, es
digna de eternas lágrimas. Es por esto que lo que debió ser para mí
una disertación para alabar a Ignacio, fue continuo dolor y llanto por
su muerte; y esa misma mañana, al veros sumamente tristes, las
paredes cubiertas de negro y al oír la misa de difuntos y los cantos
lúgubres, no atiné suficientemente a hacer o decir lo que debía. Me
quedé estupefacto, la voz y la respiración languidecían. Pero,
finalmente, la misma voz de los cantores del responso, que me había
desalentado, me reanimó, cuando precisamente añadió: " Puesto que

1
el Señor no rechazará a su pueblo; porque en su mano están todos los
confines de la tierra y el mismo contempla las alturas de los montes." 1
Volví a respirar naturalmente y al llorar ante la orfandad de
nuestro colegio, me sirvió de consuelo, aquello de que " era el Señor,
quien no ha rechazado a su pueblo", y ha ocupado su lugar de padre
para nosotros. Me causaba dolor este nuestro monte, lleno de flores,
mientras vivió Duarte; muerto él, estaría árido y sería apto únicamente
para los fúnebres cipreses; pero otra vez oí que " el Señor era quien
contemplaba la altura de este nuestro Monserrat". Temía que ya no
hubiese ningún joven noble que quisiera subir hasta aquí una vez
arrebatado Duarte de entre los vivos; pero la voz me enseñó que " en
la mano del Señor estaban los confines de la tierra", para convocar de
todas partes de la tierra jóvenes óptimos, compañeros nobilísimos,
futuros colegas vuestros que se lamenten por la muerte de Duarte.
Lamentarán al mismo tiempo con vosotros, cuantas veces
recuerden las hazañas de Duarte, la desgracia del colegio; harán
mención de los ejemplos de sus virtudes; admirarán su magnanimidad
y cuantas veces oigan el nombre de Ignacio, llorarán. Pero, una vez
escuchado el nombre de Ignacio y recordadas sus hazañas, no hay
razón, óptimos jóvenes, de que os conmováis ni de que os entristezcáis.
Por el contrario, en verdad, aquel ilustre nombre y los hechos dignos
de tal nombre deben ser para vosotros motivo de consuelo y
compensación. Es lo que me propuse demostraros, es decir, que todos
los hechos y las virtudes de Duarte y vuestro consuelo están
contenidos en el nombre de Ignacio. Prestad atención cómo lo he
deducido.

1Tomado del responso de los muertos que se reza antes de la misa.

2
Al principio, habiendo planeado la gran obra de nuestro colegio,
Duarte quiso entregarlo a los religiosos de la Compañía para que ellos
contribuyeran a su inmortalidad y a la perpetua utilidad de este reino y
ciudad. Alguien podría pensar que la resolución de entregar este
colegio a la Compañía fue únicamente de Duarte y no decreto de la
Divinidad. Pero, creedme, cuando el asunto nació y creció en Duarte,
Dios que concedió al niño Duarte el nombre de Ignacio, inspiró al
joven y anciano para que entregara a San Ignacio sus cosas e imitara
más de cerca a Loyola. En efecto, Duarte no tuvo el nombre de Ignacio
ni su espíritu ni sus virtudes; sino que semejante en el nombre y
ministerio, le fue muy semejante en las hazañas, tanto que parece que
ninguna alabanza mayor puede aplicarse a Duarte como decir que fue
un segundo Ignacio. Pues, si la máxima alabanza de Alejandro Magno
fue ser llamado segundo Marte, y la de César fue ser llamado segundo
Alejandro, que la alabanza suma de Duarte sea ser llamado segundo
Ignacio. Explicaré cómo sus hazañas le han dado esta alabanza y
nombre y cuánta semejanza ha mediado entre Duarte y Loyola
comparando entre sí a uno y a otro.
Tras haber abandonado las armas de Marte2 y haber iniciado un
nuevo estilo de vida, Loyola eligió por patrona a la Virgen,3 pensando
que Dios le sería propicio, al entregarse por completo a la fe y a la
protección de la Virgen. Siendo joven, Ignacio estaba enfermo a causa

2 A los 26 años Loyola luchó junto a su señor, Juan Velásquez de Cuéllar, enfrentando al
cardenal Cisneros, regente de Carlos I, para conservar el señorío de unas villas
castellanas y rescatarlas del dominio de Germana de Fois, a quien el propio Carlos I las
había donado injustamente. La derrota y muerte de Velásquez de Cuellar lo dejó sin
sueldo ni beneficio. En 1517 pasó al servicio del virrey de Navarra y en 1521 durante el
levantamiento de este territorio sufrió una herida en una pierna a raíz de la cual quedó
cojo.
3 San Ignacio de Loyola tuvo una gran devoción por Nuestra Señora de Monserrat y

Nuestra Señora de la Guía, esta última venerada en Manresa. Fue tanta la devoción que
estas dos imágenes le despertaron cuando las visitó que la tradición popular señala a la
Virgen como la impulsora de su consagración a la vida religiosa.

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de una herida, cuando descendiendo repentinamente del cielo la
Virgen, iluminó todo el aposento y lo llenó de gozo. Y de tal manera
fortificó el novel espíritu en los preceptos de las virtudes y añadió tanto
vigor a su protegido, que continuamente Ignacio mantuvo sujetos el
cuerpo y las desenfrenadas concupiscencias del corazón. Incitado por
esto Loyola se consagró a sí mismo y a todas sus cosas, su amor,
trabajo y afición a la Virgen y decidió visitar, tan pronto como la salud
se lo permitiera, alguno de sus templos, según el rito piadoso de los
peregrinos, y entregarse allí absolutamente a la óptima Patrona.
Muchos templos había en España consagrados a la Virgen, como
el del Pilar, Atocha, Guadalupe y otros que atraían a Ignacio. Se quedó
perplejo dudando a dónde inclinarse; cada templo despertaba su amor
y finalmente venció el celebérrimo de Monserrat.4 No hay demora,
emprende precipitadamente el viaje, corre, vuela y habiendo entrado
en el templo de la Virgen, ante su altar prestó, como nuevo soldado, un
nuevo juramento para sostener sucesivamente bajo sus auspicios un
combate dificilísimo, pero utilísimo al mundo. Como prenda del
juramento la daga quedó suspendida del altar.5 No corresponde decir
cuántos beneficios de la Virgen Ignacio recibió en ese lugar. Lo cierto
es que la figura del Monserrat se presentó ante los ojos y la
imaginación de Ignacio, de este monte conversó con frecuencia y
habitó siempre allí si no con el cuerpo al menos con el espíritu. Es por
esto que cuando los primeros compañeros en Roma se distribuyeron
entre sí los templos en que predicarían, Ignacio eligió el de Monserrat.

4 Deseoso de completar su consagración a Dios con una peregrinación a Tierra Santa,


Loyola emprendió su viaje tan pronto como terminó su convalecencia (1523). La primera
parada fue el Monasterio de Monserrat.
5 El 24 de marzo de 1522 ofreció la espada y el puñal delante del altar de Nuestra Señora

de Monserrat. Allí dejo sus vestimentas y vistió las armas de Cristo.

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Este fue el amor de Loyola para con la Virgen de Monserrat; en
eso Duarte fue tan Ignacio que en nada lo supera. Habiendo
conservado una niñez muy casta, Duarte ya joven, para captarse la
benevolencia de la Virgen, llegó al templo donde había una bellísima
imagen de ella, y se consagró con todas sus cosas a la Divina Madre.
Esta, como en otro tiempo a Loyola, infundió al castísimo joven una
celestial llama y le otorgó el áureo pudor. Entonces Duarte le hizo voto
de perpetua castidad y al igual que Ignacio que colgó las armas, así él
mismo dejó el anillo que había llevado en la imagen de la Virgen como
testimonio de consagración. Pero, aunque Duarte apreciaba
sobremanera cuanto se refería a la Virgen, sin embargo, estimó tanto a
Monserrat que parecía que había dirigido allá todos sus votos, sus
pensamientos, sus preocupaciones. Cuando pensaba en la patrona que
debía dar a nuestro colegio, se le ocurrieron, creo, lo mismo que a
Loyola, aquellos sagrados nombres de Atocha, Pilar, Guadalupe y
otros; pero finalmente fue preferido el de Monserrat. Y esta es una
segunda norma de nuestro colegio: sea Monserrat el nombre eterno
del colegio.
Al descender del Monserrat al trato con los hombres, Loyola se
aplicó en primer lugar al estudio de las Letras, para que ser ya
entonces útil a los niños, él que a ninguno había de dejar de ser útil.
Por lo tanto, el hombre volvió a ser niño entre los niños. El mismo
absorbía con avidez, como los niños las golosinas, los preceptos de la
Gramática: nombres, verbos, géneros, sílabas y todo lo demás que da
fastidio a los hombres formados. Después de la Gramática, vino la
Filosofía. Con gran constancia escuchó los espinosos principios de la
Lógica, los estudios acerca de la Física y aquellos oscuros y casi
inasibles axiomas de la Metafísica. Luego llegó a los sagrados arcanos

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de la Teología y a los templos del pensamiento divino, con tanta alegría
como si hubiese pasado de un mar turbulento a un apacible puerto. Y
Loyola cultivó todas estas disciplinas de tal manera que al estudiar
Gramática, con la inocencia de los niños, Filosofía con la constancia de
los sabios y Teología con la santidad de los varones piadosos, sirvió de
ejemplo a todos los que lo veían estudiar. Esto en cuanto a los estudios
de Loyola.6
Duarte fue tan semejante en sus estudios a Loyola que parecía
que este había revivido en aquel, para dedicarse de nuevo al
aprendizaje de las Letras. De tal manera se comportó Duarte cuando
estudiaba Gramática que los demás niños admirados de sus
condiciones naturales y virtudes no lo consideraban tanto un
condiscípulo cuanto un maestro de costumbres. Y aunque sobresalía
muchísimo en elocuencia, sin embargo nunca era más elocuente que
cuando hablaba de abrazar la hermosura de la virtud o de Dios y de la
Virgen. Las palabras acompañaban el corazón amante de tal manera
que se puede aplicar a Duarte lo que el ornado Maffei dice de Loyola:
"Si el vocablo amor o alguna otra palabra de esta clase hubiese
recordado el espíritu ya pronto y ágil por el prolongado uso a concebir
sentimientos de verdades celestiales, de aquellas cosas en las que había
solido recapacitar y meditar piadosa y religiosamente; de repente, casi
abstraído de los sentidos, sería arrebatado por completo hacia la
contemplación de la caridad divina y de la beatitud eterna."
Pero cuando estudiaba Filosofía, Duarte discutía acerca de la
naturaleza de tal manera que dondequiera contemplaba al Creador y lo
mostraba para que otros lo contemplaran ya levantaba los ojos al
cielo, ya examinaba los elementos y demás seres. De igual modo, es

6 Lo que hasta aquí se ha dicho de San Ignacio de Loyola, lo hemos sacado de los
autorizados escritos de Ribadeneira, Fluviá, etc.

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posible atribuirle el otro pasaje del ya citado elegante Maffei: "Con el
transcurso del tiempo..., alcanzó tanta facultad en eso (en la
contemplación de las cosas divinas), que no solo por la observación del
cielo o de las estrellas, que le atraía muchísimo, sino también por
haber fijado la mirada en una flor, o en una hierba o en cualquier cosa
muy insignificante, era arrebatado, sin pérdida de tiempo y
suavemente, para pensar en Dios y amarlo." Ya siendo teólogo, Duarte
representó a Loyola por completo en la contemplación y en el amor a
Dios.
Pero, de un modo más particular, miremos nuevamente al
mismo Loyola. Equipado ya con estas Letras, comenzó a pelear contra
los vicios de los hombres y las malas artes del demonio. Disminuía la
licencia de las costumbres, reprendía cada uno de los pecados
individuales: la ira, salvo en los combates de los soldados, la lujuria,
los ánimos corrompidos de los jueces, la ociosidad y la petulancia de
los jóvenes, la ligereza de los ancianos y el deseo de vituperar todo;
además reprimía a los malvados, llamaba al buen camino a los
perdidos; a unos inspiraba el deseo de huir de los vicios y a los otros el
amor a la virtud , asistía a los enfermos; visitaba las cárceles, ayudaba
a los pobres, era benigno y piadoso para con todos los hombres y, al
contrario, se enfurecía contra sí mismo de tal modo que apenas
bastaban sus miembros para recibir heridas.
Esto hizo Loyola en Europa. Para ser semejante en América,
Duarte nada omitió que fuera útil a todos: aconsejar la santidad a
unos, apartar de los vicios a otros. ¡Cuán liberal fue con sus
conciudadanos! ¡Cuán solícito para la salvación de ellos! ¡Cuán
pródigo con los menesterosos! ¡Qué sostén para los buenos y qué
padre! Al maltratar y domar su cuerpo fue tan excesivo que empleaba

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hasta las manos de los esclavos para herir sus miembros. En suma,
este era Duarte de modo que si hubiera vivido durante el mismo
tiempo con Loyola apenas se hubiera podido decir cuál moraba en
Córdoba y cuál en París; más bien, hubiéramos dicho que el mismo
moraba en ambos lugares. ¡Tan semejantes fueron entre sí! Si aquel
Alejandro Magno dijo con razón acerca de Hefestión, su amigo,
coetáneo e imitador de sus hazañas: "Este también es Alejandro", al
mismo tiempo que lo señalaba con el dedo, ¿por qué a nosotros no se
nos permitirá decir de nuestro Duarte, discípulo e imitador de Ignacio,
“este también es Ignacio”?
Pero no me he propuesto, oyentes, comparar entre sí cada una
de las hazañas de uno y otro Ignacio, ni tampoco el tiempo lo permite.
Sólo hablaré de las que son más ilustres en ambos. Por cierto, nada
más ilustre en Loyola que la fundación de la Compañía.7 Ignacio, al
querer aprovechar a todos y al no haber podido, a excepción de los
presentes, al impedirle en verdad la distancia realizar algo en favor de
los ausentes, a quienes abrazaba con el espíritu, para remediar este
mal y para estar simultáneamente en Europa, Africa, Asia y América y

7 Ignacio tenía 38 años cuando se trasladó a Francia donde siguió estudiando siete años
más. Pedía limosna a los comerciantes españoles para poder mantener sus estudios.
Animó a muchos de sus compañeros universitarios a practicar con mayor fervor la vida
cristiana. En 1534 se unieron a él seis estudiantes de Teología: Pedro Fabro, Francisco
Javier, Jaime Laínez, Alfredo Salmerón, Simón Bobadilla y Nicolás Rodríguez.
Motivados por los dichos de Ignacio, hicieron votos de castidad, pobreza y vida
apostólica. Loyola mantuvo la fe de sus seguidores a través de conversaciones personales
y con el cumplimiento de sencillas reglas de vida. Poco después tuvo que interrumpir sus
estudios por motivos de salud y regresó a España. Dos años más tarde, se reunió con sus
compañeros que se encontraban en Venecia y se trasladaron a Roma para ofrecer sus
servicios al Papa. Decidieron llamara a su asociación Compañía de Jesús porque estaban
decididos a luchar contra el vicio y el error bajo el estandarte de Cristo.La nueva
institución fue aprobada por Paulo III el 27 de setiembre de 1540 con la bula Regimini
militantes Ecclesiae. Los medios de apostolado empleados habrían de ser la orientación
de las almas a través de los Ejercicios Espirituales, la frecuencia de los sacramentos, la
catequesis, la predicación, las misiones entre infieles y la instrucción y formación de la
juventud. Elegido General, Ignacio escribió las Constituciones con las declaraciones de la
Compañía, obra maestra de ciencia jurídica y perfección cristiana.

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convertirse, en cierto modo, en inmortal e inmenso, imaginó una obra
muy grande, inmortal, divina: la Compañía. Desde esta distribuyó
compañeros por todas partes; compañeros para que continuasen los
sagrados ministerios, instituidos por él; compañeros para que vivieran
en todas las provincias y en todas las edades; compañeros para que
vencieran a los impíos enemigos de la iglesia y animaran a los
Católicos; compañeros para que derribaran los templos de los ídolos y
convencieran a los paganos; compañeros para que abrieran colegios de
jóvenes; compañeros para que promovieran el estudio de las artes y
todas las disciplinas; compañeros para que llenaran el orbe de las
tierras con libros, virtudes y sangre derramada piadosamente.
Loyola no se contentó solamente con esto sino que habiendo
levantado casas para los suyos, quiso también fundar colegios para los
extraños, pensando que así se ayudaba más de cerca a los jóvenes, más
de cerca a las ciudades. Es por esto que, al marchar su compañero Le
Jay a Alemania, infestada con la peste luterana, le recomendó
especialmente que hablara prolijamente con los obispos acerca del
establecimiento de colegios para jóvenes porque esto sería la salvación
y vida de Alemania. Y cuando fundó el Colegio Germánico, el más
grande y principal entre todos, mostró en Roma con cuánto ardor este
asunto debía tratarse.8 El en persona escogió a veinticuatro jóvenes
nobilísimos para que defendiesen esa fortaleza de la Religión. Los
alimentó a sus expensas, aunque apenas había lo necesario. Contrajo
en su sostenimiento una deuda enorme, cuyo monto hacía creer que en
breve el colegio debía ser clausurado.

8Loyola fundó instituciones de interés universal: en 1531 el Colegio Romano, modelo de


seminario y cenáculo de santos y eruditos a través de los siglos, y en 1532 el Colegio
Germánico, destinado a la preparación de futuros apóstoles de la Alemania luterana.

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Pero ha llegado hasta nosotros un ejemplo esclarecido de la
constancia de Ignacio en este asunto, cuyo relato oíd del mismo
Maffei: " un cierto hombre importante pensaba abandonar, agobiado
por el peso de la carga y de los gastos, la tutela y el patrocinio del
colegio germánico, y aconsejaba a Ignacio que no perdiera más el
tiempo y el trabajo en una obra de tan poca esperanza y casi
malograda. A este Ignacio respondió esforzadamente que hiciera lo
que quisiese; que mientras viviese él no abandonaría esa tarea y que
no dudaba que la divina Providencia conservaría la obra tan
preclaramente empezada." Y la esperanza no engañó a Ignacio. Pues,
reunido un poco de dinero, sustentó a los jóvenes durante largo tiempo
hasta que el Papa Gregorio XIII asignó rentas fijas al colegio y este
consiguió el esplendor que habéis oído a menudo sobre el Colegio
Germánico. Ignacio mucho estimó los colegios.
¿He nombrado a Ignacio? ¿A cuál de ellos? Pues por lo que se
refiere a mí, podéis pensar en cualquiera de los dos, en Loyola o en
Duarte. En efecto, ambos poseyeron el mismo afán de fundar colegios
para jóvenes y lo que en Roma hizo Loyola, Duarte lo hizo en Córdoba.
Al ver a la ciudad y estas provincias rodeadas por ciegos idólatras,
deseaba en grado sumo que hubiera muchísimos pregoneros del
Evangelio que les llevasen la luz. Viendo a los españoles dispersos por
el campo y más atentos a sus cosas que a las divinas, ansiaba enviarles
intachables párrocos para que ejercieran el sagrado ministerio. Se
dolía de que los niños de buena familia anduvieran a la deriva por la
ciudad y se relajaran por el ocio y que la condición innata que podía
ser cultivada se corrompiera con malas artes. En los magistrados
echaba de menos la integridad y el arte de gobernar. Culpaba a los
padres por la falta de cuidado hacia los hijos. Había también algo que

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deseaba corregir en los sacerdotes, pero no pensaba que era tanto por
culpa de ellos, como porque habían carecido de buenos maestros,
cuando eran niños y jóvenes. Para esto quería que hubiera, aunque
más no fuera, una especie de finca, de donde proviniesen buenos
compañeros para las sagradas congregaciones, óptimos sacerdotes
para los templos y santísimos obispos para las diócesis.
Estos pensamientos preocupaban el espíritu de Duarte y día y
noche cavilaba consigo mismo sobre el posible remedio para tan
grandes males. Finalmente meditando y velando logró que se
levantara públicamente aquello de donde el remedio público sería
buscado. Pero ¿qué se levantó? Se levantó la lumbre de estos pueblos,
el orgullo de América; se levantó la fecunda casa de los párrocos que
han de cuidar a los españoles en el campo; se levantó la fortaleza de los
jóvenes, el altar de la piedad, la residencia de las mejores disciplinas;
se levantó la sagrada sede de cabildantes, religiosos, santos sacerdotes,
ilustres obispos; para decirlo con una sola palabra se levantó este
Colegio de Monserrat. Con este, según pienso yo, Duarte ha logrado lo
que, en cierto modo, por medio de la Compañía, logró Loyola: ser, de
alguna manera, inmortal e inmenso, ya que los alumnos del colegio
están en todas partes y velan siempre por la salvación de los hombres.
Y esto es lo único, oyentes, que hizo a Duarte muy semejante a
Loyola, de modo que de uno y otro puede decirse lo siguiente: " El que
conozca a cualquiera de los dos, conocerá a ambos.” Aunque no vieseis
en Loyola y en Duarte nada más que esta voluntad y empeño singular
por fundar colegios, fácilmente advertiríais que existió en uno y otro la
misma intención, la misma decisión de ayudar a hombres y a ciudades.
Es por esto que nada hay que añadir. Unicamente os aconsejo y os
ruego jóvenes óptimos, que ya que debéis agradecer eternamente a

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Duarte por la fundación de este muy noble colegio vuestro y por la
enseñanza que se os imparte, no derraméis obligadamente lágrimas
para honrar a vuestro Duarte. No hay aquí necesidad de llanto, de
lamentación, de gemidos. ¿Lloráis al muerto? Y bien, vuestro héroe es
inmortal y la muerte no lo ha arrebatado sino que los dioses lo han
envidiado y lo han llevado junto a sí. Imitad, en esto a los jesuitas,
como Duarte imitó a Loyola. ¿Acaso los jesuitas derraman lágrimas
por su Ignacio a la manera de las viejas? ¿Acusan a la muerte?
¿Admiten consuelo o lo buscan? Evidentemente tendrían escrúpulos y
considerarían una falta digna de ser expiada, si lloraran a un muerto
que saben que es inmortal y que reina con los habitantes de las
moradas celestiales. También vosotros podéis pensar y esperar esto de
vuestro Duarte. He dicho.

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LAUDATIO V

QUINTA ALABANZA

En la quinta alabanza, precedida por un discurso prefacial dirigido al


lector, se une el elogio de Duarte con el elogio y recomendación de los
colegios americanos para jóvenes. La finalidad de dichos colegios es
formar óptimos gobernantes. En este sentido, Peramás intenta
demostrar la necesidad y utilidad de estas instituciones, para lo cual
analiza primero la situación de las mismas en Europa.

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Texto latino

LECTORI
Do tibi, Lector, quintam D.D. IGNATII DUARTII ET QUIROSII
laudationem: si quidem DUARTII laudatio dicenda est, quae
perpetua est Americanorum Collegiorum adolescentium laus, et
commendatio. Sed, ut voles, hanc nostram orationem vocato:
dummodo consilii nostri causas tibi probaverimus. Nempe prima, vel
in primis DUARTII laus est, Regium hoc COLLEGIUM
MONSSERRATENSE condidisse: hinc illi nomen immortale, hinc illi
anniversarii honores, et publica gratulatio. At vero haec illius laus
talis est, quam per se nullus satis intelligat, nisi quanti Collegia
iuvenum facienda sint, idem intellexerit. Hac nos causa Collegiorum
istorum necessitatem, et utilitatem, prasertim in America, pluribus
ostendere voluimus.
Quod si de Europaeis Collegiis multa diximus, id fuit
Collegiorum origines investigasse: nec de Collegiis NOVI ORBIS
potuimus apte dicere; quin ea e VETERE ORBE huc traheremus.
Fecimus scilicet, quod Historici solent, qui, ut de inventa America
narrent, inventoris Columbi genus, et natale solum expediunt prius:
vel, quod faciunt Geographi, qui Americae descriptionem daturi, in
eadem tabula, Europae partem, quae ex adversum Novo est Orbi, et
unde huc prospectus est, addunt pariter. Quod multa ipsorum
auctorum verbis unde illa exscripsimus, dederimus, non reprehendes,
credo : vel quia plus est ponderis, quo minus verba aliorum mutes :
vel quia testium verba, in iudicio pure, et sancte, ut ipsi dixerint, ab
oratore proferenda sunt : vel denique quia, quo pauciora de nostro,

1
aliorum plura sint : minus erunt laudationes nostrae vituperabiles.
Haec te monuisse volui. Vale.

CLARISSIMI VIRI D.D. IGNATII DUARTII ET QUIROSII

LAUDATIO V

ITA SUPERIORIBUS ANNIS, QUIBUS PER quadriennium ex


hoc loco de Cl[arissimo] Viro Ignatio Duartio et Quirosio dixi, eius
funus prosecutus sum, et lamentatus triste fatum, et questus fortem ;
ut has vestras lacrymas dolori tanto ; et tanto huic vulneri tempus
ullum mederi posse penitus negaverim. Amisisse vos, aiebam,
Parentem Opt[imum] Doctorem sapientissimum, Collegii vestri
Conditorem liberalissimum, et columen vestrarum rerum unicum, et
vestras spes. Sed ut, quod res est, dicam: meis illis orationibus vestri
potius rationem, quam Daurtii habui; et dolorem vestrum attendi
magis, quam rem totam, et causam. Cum enim de Duartii morte
dolendi causas ad vos tantum derivavi, publicum luctum, et
complorationem civium caeterorum, quasi nihil res haec ad alios
pertineret, tacitus praeterivi.
Quod siquis ita interpretatus sit, ut vobis unis de Duartii morte
dolendum, dixisse me putet; negasse autem eundem urbi, eundem
Regno, eundem Provinciis his omnibus, eundem huic NOVO ORBI
complorandum; is vehementer errat. Neque enim minus cives reliqui
Duartio debent, quam vis: nec pauciores sunt dolendi causae caeteris,
et toti adeo Americae, quam Collegio nostro. Hanc ego causam

2
publicam, quae cum Duartii laudibus coniuncta est, hodierno die
agere decrevi, et vobis demonstrare. Quod quam facile ad probandum
sit, vel ex horum Collegiorum natura ipsa, ac conditione licet
perspicere: quippe Collegia ista, non ad vestram tantum, vel aliorum
adolescentium commoditatem, sed ad totius Provinciae, et Americae
utilitatem conduntur. Cum enim ex optima adolescentium
institutione totus Reipublicae status pendeat; nec aliis utatur civitas
Consulibus, Praetoribus, Ducibus, Sacerdotibus, caeterisque
Magistratibus, quam quos a teneris annis praeceptorum cura instituit
eidem iuvenes: qui aluerit hos iuvenes, et docuerit, huic et
Sacerdotes, et Duces, et Praetores, et Consules, caeterique
Magistratus debebuntur: Conditores autem Collegiorum sunt, qui,
conquisitis optimis morum, et artium magistris, positisque publicis
domiciliis, iuvenes hos alunt, docentque: igitur Collegiorum
Conditoribus, quotquot optimi sunt in Republica debentur
Magistratus.
Equidem sic existimo, nullum a cive maius civitati praestari
beneficium posse; quam si arcem quamdam erigat, quo hostium
presse malis, iuventus confugiat: si portum et monstret, et aperiat,
quem, tot expositi procellis, naufragiisque, adolescentes tuto intrent:
si fontem denique deducat aliquem, unde in omnes partes, et
membra Reipublicae sanguis, et vigor influat: atqui et hunc fontem,
et portum istum, et illam arcem Collegia adolescentium esse, nemo
erit tam iniustus rerum aestimator, quin videat, et quin dicat.
Sed ne cui vestrum mirum esse videatur, me in hac solemni
laudatione, cum res agatur hoc funebri apparatu, tanto conventu
hominum, et frequentia, statim ab initio Collegiorum utilitatem adeo
magnificis verbis praedicare; quaeso a vobis, ut in hac causa mihi

3
detis hanc veniam, accomodatam Duartio nostro, vobis,
quemadmodum spero, non molestam; ut me de Conditore amplissimi
Collegii dicentem, hoc concursu hominum litteratissimorum, hac
vestra humanitate, patiamini de Collegiorum originibus, institutione,
utilitate paulo loqui liberius. Quod si mihi a vobis tribui, concedique
sentiam: perficiam profecto, e inter magnas Ignatii Duartii laudes
hanc fuisse putetis principem, et maximam, tam amplum, tam nobile,
tam utile, Collegiis in vetere illo Orbe olim institutis communes sunt:
deinde de iis, quae precipue eiusmodi Collegia in hoc NOVO ORBE
commendant, video mihi esse dicendum. Nam si Collegia haec
adolescentium in Europa utilia, ac necessaria sunt, multo sunt eadem
in America utiliora, et necessariora.
Principio multa fuerunt, vel inter antiquos Hebraeos, eiusmodi
Collegia, veluti in Bethel, in Hierico, in Rammatha: et Seminarium
illud nobilissimum in monte Sion, quod Rex David exstruxit
magnificentissime: ubi Hebraeorum. Nam cum solae existerent
sacrae illae Familiae in desertis locis: ibi domi sancti illi adolescentes
instituebantur: et has tu domos merito Collegia quaedam vocaveris,
ubi Abrahamus, et reliqui Patriarchae, Rectores erant, et Ministri
morum.
Quod est de Abrahamo multo certius: hic enim in Sichem et
Mambre scholas aperuit, et suos docuit, quae optime callebat ipse (ut
est apud Iosephum) Eloquentiam, Poesin, Philosophiam,
Theologiam, Astronomiam, et caeteras artes. Ex his deinde prodiit
Collegiis Ioseph ille sapientissimus, qui traducutus in Egyptum,
Egyptios docuit, quae a maioribus ipse didicerat (etsi postea Egyptii
pro vanitate gentis traditam sibi doctrinam corruperunt); ut
erudiret, aiunt de Ioseph sacri libri, Principes eius sicut semet ipsum,

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et senes eius prudentiam doceret.1 Excusso postea Egyptiorum iugo,
Hebraei suas illas maiorum artes restituerunt, et castra illorum
Collegia facta sunt peripatetica. Et quidem Moyses Eumolpo apud
Clementem Alexandrium dicitur, docuisse Hebraeos Grammaticam,
nec eam solum, quae hoc nomine vocari solet, sed etiam litterarum
omne genus. 2
Haec olim religiosi illi viri. Nec Christiani viam aliam secuti
sunt ad stabiliendam religionem. Nam praeter scholam
Alexandrinam, ubi Origines professus est artes omnes in Gymnasio,
quod vere Seminarium Alexandrinum dixeris: Caesareae Palestinae,
in urbe illa nobilissima, Pamphilus Sacerdos, non opulentus minus,
quam pius, magnificum Collegium exstruxit, ubi inter alios litteris
studuit celebris ille Eusebius, qui ab hoc Pamphilo, Eusebius
Pamphili dictus est. Propagari deinde sacra disciplina coepit, et
constitutae Scholae sunt Antiochiae, et Constantinopoli: ubi
Constantinus ille Magnus nobilissimum Collegium adolescentium, et
magnificentissimum condidit: in quo dudodecim sapientissimi viri
erant, qui puerorum studia curarent: quod postea Collegium
incendere iussit, leonina plusquam rabie, Leo ille Isauricos.3
Sed haud mirum est, Christianos homines educandis
adolescentibus Collegia instituisse, cum vel prisci illi Romani Collegia
adolescentium in urbe sua esse voluerint. In his Collegiis Romani
pueri educabuntur: veluti in Augurum Collegio, ubi iuvenes
docebantur augurum disciplinam. Romulus etiam Collegium posuit,
quod FRATRUM ARVALIUM vocarit: addidit deinde aliud Romae vel

1 Edición facsimilar: (1) Ps. 104.


2 Edición facsimilar: (2) De antiquorum Seminariis videsis Cresolium in Mistag. Lib.
2.c. 14. Sec.1. et Calinum. Lec. Sac. Tom. 1. Lec. 44.
3 Edición facsimilar: (3) Vide iterum Cresol. Ib. Sec. 2. De Collegio Constantinopolitano.

Vid. Casanium. Vit. S. Stanislai. c.3.

5
Numa, vel Tullus Hostilius.4 Quid quod eiusmodi Collegia apud
Iapones etiam, et Sinas, Indorum illos sapientissimos, reperta sunt?
Ut his Collegiis non immerito tribuas, quod illi supra caeteros
orientales emineant. 5
Serius in Occidentem, quod Aotus bellorum motibus
concuteretur, colendarum litterarum, exstruendorumque
Collegiorum studium transiit. Sed armis quiescentibus, Agapitus
Pontif[ex] Max[imus] et alii minores Pontifices in promovenda
studia, ponendasque studiorum domos incubuerunt: nec desuerunt
sanctissimorum horum virorum studiis studia Regum. Certe in
Capitulario Caroli Magni decretum erat de constituendis scholis per
singula Monasteria, vel Episcopia. Concilia item Gallicana praeclaris
legibus rem eandem sanxerunt.
Certe in Capitulario Caroli Magni decretum erat de
constituendis scholis per singula Monasteria, vel Episcopia. Concilia
item Gallicana praeclaris legibus rem eandem sanxerunt. Sed haud
scio, an nobilius in antiquis Conciliis decretum ullum sit, quam illud
Toletani II. habiti an[no]. DXXXI. Id cap[itulo] I. statuit. “De his,
quos voluntas parentum e primis infantiae annis Clericatus officio
manciparit, statuimus observandam: ut mox cum detonsi, vel
ministerio electorum contraditi fuerint, in domo Ecclesiae, sub
Episcopi praesentia a praeposito sibi debeant erudiri. Adeo vetus in
Hispania est de Collegiis adolescentium cura, studiumque”.
Sed instar sit omnium Conciliorum Concilium Tridentinum,
quod, cum veluti ex turri altissima Christianae Reibub[licae] partes
omnes prospiceret, ut quid cuique parti, Sacerdotum paresertim

4 Edición facsimilar: (4) Alexander ab alex. Lib. I. c. 26.


5 Edición facsimilar: (5) Tursel. Vita Xaver. Lib. 4.c.I.

6
ordini, maxime profuturum esset, decerneret, decretum hoc edidit:6
Cum adolescentium aetas, nisi recte instituatur, prona sit ad mundi
voluptates sequendas; et nisi a teneris annis ad pietatem, et
religionem informetur, antequam vitiorum habitus totos homines
possideat, nunquam perfecte, ac sine maximo, ac singulari
propemodum Dei Omnipotentis auxilio, in disciplina Ecclesiastica
perseveret; sancta synodus statuit, ut singulae Cathedrales,
Metropolitanae, atque his maiores Ecclesiae, pro modo faculatum, et
Dioecesis, vel eius Provinciae, si ibi non reperiantur, numerum in
Collegio ad hoc prope ipsas Ecclesias, vel alio in loco convenienti, ab
Episcopo eligendo, alere, ac religiose educare, et in Ecclesiasticis
disciplinis instituere teneantur”.
Nec tacendi hoc sunt loco Monachi, qui rem hanc omnium
maxime promoverunt. Nam cum Reipublicae et ipsi pro virili parte
cuperent fervire, hoc sibi negotii sumpserunt, ut nobilium filios domi
educarent, instituerentque litterarum documentis, et virtute. Hac re
Magnus ille Basilius in Regulis fusius disputatis7 illud agit: Quomodo
artium magistri peccantes pueros corrigere debeant. Quam ille rem
prudenter explicat, ac sapientissime. Et ad parentem pueri cuiusdam,
qui in Collegio suo immature mortuus fuerat, ita Basilius humaniter
scribit:8 “Quoniam nos Dominus in secundarium parentum Ordinem
Christianis constituit, dum nobis puerorum in se credentium
formationem, quae per pietatem est, concredidit, calamitatem illam,
quae in obitu beati aim filii tui accidit, etiam ad nos proprie pertinere
iudicamus. ... Ingemuimus, erepto puero, quem in ipso aetatis flore

6 Edición facsimilar: (6) Sess. de Reform. c. 18.


7 Edición facsimilar: (7) Interrogat. 53.
8 Edición facsimilar: (8) Epistol. 20.

7
ad hoc a se dimiserant (parentes), ut in studio disserendi
exerceretur”.
Sed audite hic, Collegae mei, quales Collegii alumnos habuerit
Basilius, et quales nos esse oportet. “Mortuus est puer, addit,
secundum aetatem vitalis, (id est quem diutius victurum diceres.) in
choris coaetaneorum honeste se gerens, acceptus doctoribus, simplici
alloquio etiam ferocissimum quemque ad benevolentiam pertrahere
valens, acutus in disciplinis, mansueto ingenio, et supra aetatem
modesto, et si plura quis referat, adhuc tamen minus, quam veritas
exposcit narrabit. ... Non patravit malum aliquod, non struxit dolos
proximo, non male agentium conventiculis immiscuit se, non
sustinuit peccandi vim, (id est, restitit) non mendacium, non
ingratitudinem, non avaritiam, non studium voluptatum, non carnis
affectus, qui imperitis animis innasci solent, expertus est, nec ulla
vitiorum istorum cicatrice in anima notatus hinc migravit, sed purus
ad meliorem fortem discessit”. Haec de alumno illo suo Basilius. Et
proh Deus immortalis! quam illustria, quam sancta essent Collegia
nostra, si multis eiusmodi adolescentibus abundarent!
Iam quod in Oriente Basilius, idem in Occidente praestitit
occidentalium Monachorum Princeps D. Benedictus, qui cum etiam
tum puer Romae studiosorum vitia adolescentium, et lasciviam
vidisset, secessit ipse inde: et iam vir, et senex secessum in suorum
domibus patere voluit nobilibus adolescentibus. Igitur domi
instruendos recepit primorum urbis liberos, veluti Maurum, et
Placidum: et multo post in eodem Casinate monte educatus, et
institutus est Thomas ille Aquinas, qui inde, tamquam sol alter
splendidissimus, descendit totum illustraturus Orbem. Atque haec

8
fuerunt Collegiorum, quae apud Religiosos viros nunc sunt,
rudimenta quaedam.
Sed cum constanti adeo per omnes aetates studio haec Collegia
excitari viri prudentissimi curarint, fieri non potest, quin summam
illi in his utilitatem, aut etiam necessitatem viderint. Videbant scilicet
teneram illam puerorum aetatem, ceream in vitium flecti,
monitoribus asperam, si parentum indulgentiae permitteretur, plus
daturam mali, quam boni. Parentes saepe non posse, saepius nolle
liberorum vitia corrigere: imo ne vitia quidem parentibus videri, quae
in filiis sunt vitiosissima. Ut nullus non pucherrimus matri filius, sic
nullus non bonus. Id exprimunt haec carmina:9

At, pater ut gnati, sic nos debemus amici,


Si quod vitium est, non fastidire. Strabonem10
Appellat paetum pater, et pullum, male parvus
Sicui filius est. Etc.

Ad haec emittuntur liberi, cum libuerit, domo: vagantur per


urbem soli, vel illis adhaerescunt, quorum e consortio nocentes
domum redeunt, qui innocentes exierant, parentibus interea vel rem
ignorantibus, vel male conniventibus. Nempe corruptum a natura
solum nobis haereditate contigit, quod antequam spinas coeperit
insitas emittere, purgari oportet, subigi, coli, semente spargi optima.
In Seminariis haec fiunt facillime, ubi cultores experti sunt, qui quem
quisque fructum ferre possit, et quando arari, quid in eo seri, quae
putari debeant, probe norunt: culturae huic optatus respondet
fructus, quem nunquam domi adolescentes darent: quaedam enim

9 Edición facsimilar: (8) Horat. Saty 3 Lib. I.


10 Edición facsimilar: * Id est, distoris oculis,et vocat paetum, id est, pulchris oculis.

9
sunt semina, quae suis relicta solis, vix bona: alio translata,
laetissimos fructus ferunt. Nullus est in Collegiis vacandi locus,
nullum otium: certa contra virtutum exercitia, certa litterarum: suum
est legendis libris tempus, suum frequentandis scholis, suum
exercendis sacris rebus, suum etiam honestis recreationibus animo
relaxando.
Sunt ad haec socii pari conditione, nobilitate, studiis, qui, alii
aliis, testes sibi sunt, et censores morum. Instat loci praeses omnibus,
et alias omnes publice, statis horis, alias singulos privatim ad
virtutem, et animi nobilitatem excitat. Ac veluti ab specula
gubernator, observatis stellis, quo dirigendus cursus sit, praecipere
solet, et docet tempestates imminentes, et latentes scopulos, et
locorum pericula nautis monstrat; sic rector verbis instruit, et monet
alumnos, quae eos, cum hinc egressi fuerint, et syrtes, et pericula
maneant, et quo cursum debeant dirigere, et quas stellas sequi.
Deinde conformandae recte vitae praecepta tradit; et historiarum
exemplis praecepta confirmat: nec frustra: plerique, quod audiunt,
exprimunt moribus: hos ille laudat, hos stimulat: spectent caeteri, et
ipsi quoque laudanda facere student.
Quid quod, in domo parentum inclusi iuvenes carent
aemulatione ad studia, eaque re torpent, et sordescunt? At in
Collegiis, ubi tot iuvenes praestantes ingenio sunt, qui honores
litteratorum hominum, et merentur, et recipiunt, cessare non licet vel
ignavissimo. Accenditur sic fax illa nobilis, et stimulus, qui maxime
adolescentes pungit, ut quo alios ascendere vident, cupiant eodem et
ipsi enniti, et subire: mirantur praeeuntes, et admirationi esse volunt
sequentibus. Hac re promovent maxime studia litterarum, et surgit,

10
et crescit paulatim generosus ardor ille praestandi digna, indigna
fugiendi, quo sine Respublica stare non potest.
Egressis deinde Collegio longo usu virtus insita durat: et quos
Seminariis puerulos civitas tradiderat, recipit iam doctos, castosque;
et quibus rerum gubernacula committere possit; habetque quos
Consules, Praetores, Sacerdotes eligat. Haec ex Collegiorum
institutione proveniunt commoda, quae frustra a parentum domibus,
et blanditiis petas, speresve: certe ea est aurea D. Chrysostomi vox:
Eos, qui domi cum parentibus morantur, non valde illustres, nec
insigni sapientia praeditos videas.11 In Collegiis vero ubi ille male
indulgens parentum amor non est, sed amor solidus; ubi aliquid
peccat puer, reprehenditur, vapulat: et vapulasse omnes, et
reprehensos tum dicas: ita alienis poenis sapiunt, et cavent. Praeterea
qui praesunt Collegiis, viri et prudentes, et honoris, et famae non
prodigi, sed soliciti, summam adhibent curam, ac eo intendunt
nervos omnes; ne conceptam de instituendis pueris spem frustrentur:
et optant vehementer, ut quos Respublica fidei credidit suae, eosdem
optime institutos, et bene morigeratos reddant. Quare his morum
Magistris accomodare illud Horatii poteris.

Os tenerum pueri balbumque Poeta figurat;


Torquet ab obscaenis iam nunc sermonibus aurem.
Mox etiam pectus praeceptis format amicis,
Asperitatis, et invidiae corrector, et irae:
Recte facta refert; orientia tempora notis

11Edición facsimilar: * Quam auream sententiam aureis inclusit verbis aetate nostra
Poeta nobilissimus Franciscus Grimaldi: (De vita Aulica. lib.I.)
Dulcis amor patris, blanda indulgentia matris
Ad laudem coeptum saepe moratur iter.

11
Instruit exemplis. Et c[aetera].12

Haec, et plura sunt alia, quae antiquos ad condenda Collegia


adolescentium commoverunt. Et cum Novus hic Orbis, America,
inventus est, Reges Catholici docti, quam ad instituendos iuvenes
Hispanos, qui in his Provinciis deinceps nascerentur, aut migrarent
huc ex Europa, et quam ad docendos Indos qui erant innumerabiles,
futura essent utilia Seminaria, statim lege13 sanxerunt: ut in singulis
Provinciis nobilium adolescentium Collegia conderentur. Quod
Lusitani etiam in India illa sua recens inventa viderunt: nec
sperarunt, Indicam iuventutem recte institui, nec promoveri inter
Ethnicos Religionem posse, nisi Coae in principe urbe, Collegium
adolescentium erigerent. Erexerunt igitur Collegium SANCTAE
FIDEI, quod Franciscanis Sodalibus commiserunt.Hi postea
advenienti Xaverio sponte illus tradiderunt; nec Xaverius, pro eo, quo
erat Lusitanorum adiuvandorum, convertendorumque Indorum
studio, administrationem illam recusavit.14 Adeo viri Apostolici rem
hanc, ubi recens Religio, et fides esset, veluti in America est, et
utilem, et necessariam existimarunt.
Regum igitur parens mandatis praeclarissimus ille Peruviae
Prorex Toletus anno MDLXXVIII. Collegium S. Philippi erexit in
Limana Academia: quod Maiorum illorum, quae vocant, Collegiorum
utitur privilegiis. Anno deinde MDLXXXII. Prorex Martinus
Enriquius Regale Collegium S. Martini posuit. Et demum an[no]
MDXCI S. Thoribius Alphonsus Mogroveius Collegium condidit,
quod a Conditore Sanctissimo S. Thoribii nunc vocant. Ita Limae, in

12 Edición facsimilar: (9) Epist. I. Lib. 2.


13 Edición facsiilar: (10) Digestis Indicis. lib I. cit. 23. leg. I.
14 Edición facsimilar: (11) Turselinus vita Xaverii. lib. 2. c. 4

12
nobilissima illa Americae urbe, tria sunt Collegia iuvenum, unde
veluti ex tripode quodam sapientiae petuntur oracula: et ubi Limana
ingenia, auro, et argento suis pretiosiora, limantur affabre.
Roderisius Valdesius in suo illo Poemate Hispano Latino, quod ad
intitutionem Caroli II. regis, etiam tum pueri, condidit, complexus est
haec tria Collegia, eorumque laudes.15

Tantas Collegiales Togas,


Tam eruditas, quam varias,
De Philippo Togas regias,
Regias Togas Martinianas.
De Sanctissimo Thoribio
Togas Metropolitanas,
Que alternandose conformes
Frequentant devotas aras.

De iisdem Collegiis Franciscus Haroldus agit in Lima Limata,16


et: “ex omnibus, ait, his tribus Collegiis prodierunt Eximii Viri ad
omnes Reipublicae dignitates, et officia tam Ecclesiastica, quam
Saecularia”.17
Mexici, quod alterum est Americae caput, an[no] MDLXXIII
condita etiam adolescentium Collegia sunt. Cur, et a quo condita
fuerint, reddidit Franciscus Zachinus.18 “Porro, inquit, anno
MDLXXIII, dum Provincialis (Petrus Sancius) quid maxime pro
15 Edición facsimilar: (12) De Lima paragr. 31.
16 Edición facsimilar: (13) In app. c. 8. V. Limensis Academia.
17 Edición facsimilar: (14) Meminit etiam Limanorum iuvenum Collegg. And. Mendo De

iure Academico lib. I. quaest. 6. ubi laudat maxime Limanam, et Mexicanam


Academias: et de Colleg. S. Martini ait ex D. Leone Pinello: “sublime hoc est iuventutis
scientificae emporium”. Laudat etiam tria haec Collegia Georgius Iuan in Itin. suo ad
Americam Meridionalem. Part. 2. lib. 1, c. 3.
18 Edición facsimilar: (15) Hist. Soc. I. part. 4. lib. 1. n. 192.

13
rerum statu promovere pietatem posset, circumspicit, nihil reperit
MAGIS NECESSARIUM, quam idoneos Ecclesiae Ministros, ac
bonam educationem iuniorum. Iam enim cunctus indigenarum
populus Baptismum susceperat; sed primis Magistris morte
absumptis, paulatimque sequentium laxatis moribus, aparebat
horum incuria, et interdum non rectis exemplis, pietatem non altas in
gente radices immittere: potius partem magnam non nisi externam
Christiani professionem habere. Nec vero deerat his indoles, aut
voluntas, si recte instituerentur ad virtutem. Ad haec Hispana
iuventus nullo cultu educata primam naturae facilitatem, ad virtutis
disciplinam a Deo concessam, vitiis imbuebat. Ergo utrique huic
incommodo eadem opera posse obviam iri Sancius intellegens, recte
formanda litteris, ac moribus tenera aetate; de scholasticorum
Collegiis, Complutensium, ac Salmanticensium instar, excitandis pro
concione disseruit: ratione proposita, qua certa collata pecunia ad
perpetuum parandum vectigal, qui aut liberos, aut cognatos, aut
quosvis ex pietate vellent alere, ius perpetuum, ad haeredes
transiturum, Patroni adquirerent. Volentibus excepta animis
cohortatio. Inchoatur COLLEGIUM APOSTOLORUM PETRI ET
PAULI nomine, apposito Rectores prudente, ac pio: et additi aliquot
Collegis convictores: et alia subinde Collegia eiusdem Sancii hortatu,
et magno labore structa: quod primum ornamentum, et adiumentum
ab Societate Civitas, et Universitas Mexicana accepere”.
Erravit hic illud Zachinus, quod primum a Sancio conditum
Collegium adolescentium SANCTORUM APOSTOLORUM PETRI ET
PAULI NOMINE DONARIT: id enim nomen Collegii Maximi
Iesuitarum Mexici est: at Collegium adolescentium, quod ibi, Rege
Philippo II, conditum est, a SANCTO ILDEPHONSO vocant. Nec

14
possum huius ILDEPHONSIANI COLLEGII, cum illius huc mihi
mentio inciderit, non aliquid dicere: quippe et decus magni Mexici
illud est, et viros sapientissimos dedit isti urbi innumerabiles. Videre
id licet aliqua ex parte in libro, qui COLLEGII ILDEPHONSIANI
nomine editus est an[no] MDCCXI.VIII. Liber hic multorum
alumnorum nomina continet, et dignitatum; quas obtinuerunt,
meminit: sed maior Collegii laus, ab carminibus, quae ibi eduntur,
mihi nunc petenda est: ita erudita, ita ingeniosa sunt, et Phaebo
digna. Scilicet ludos Poeticos indixerat Collegium ob inaugurationem
Ferdinandi SEXTI Regis Hispaniarum. Alumni Ildephonsiani et
ingenii, et amoris erga Regem sui, editis carminibus, tribus
certaminibus, magnum signum dederunt: et quod mirandum magis:
omnes Regis laudes a SEXTI nota peti voluerunt. Liber iustus est,
carmina omnis generis innumerabilia, omniaque inclusa SEXTO
numero veluti quodam orbe aureo circulove. Nimirum variarunt
prodigaliter hunc numerum, ingeniose petitis inde Regis laudibus:
et, quod vix credas, vitium illud vitarunt: Delphinum in sylvis
pigentis fluctibus aprum.19
Vel inde poteris coniicere, quales reliqui victores fuerint, cum
qui tertii certaminis tertium praemium meruit, D.D.Iosephus
Ign[atius] Guraya hos versus fecerit, quos ego admodum ingeniosos,
et dulces puto:

SEXTI nomine iam nites in orbe,


Reddens tempora, Ferdinande, digna,
Signari melioribus lapillis.

19 Edición facsimilar: (15) Horat. in art. Poet.

15
Berillus vario nitens colore,20
Senis pulchrior angulis meretur,
Praeclari imperii notare saecla.
Hunc ergo accipe, quem tibi Minervae
Offert nunc soboles suo Patrono,
Cui totam voluit domum sacrare;
Hunc mittit lapidem unicum; sed ipse
Nil tota minor est domo lapillus,
Qui Regis numerum capit notatum:

Denique de hoc libro amplius dicam, quam monumentum


praeclarum esse Mexicanorum ingeniorum. Atque si in reliquis
Americae Provinciis, tam Litterae humaniores colerentur, quam
coluntur mexici, brevi latium, et illam victricem veteris terrarum
Orbis linguam in NOVUM ORBEM navigarem videremus. Quare de
Ildephonsianis alumnis liceat id Monsserratensi alumno cecinisse.

Dum canitis SEXTI TRINO certamine laudes;


Audiit, attonito turba NOVENA choro.
Pellimur heu! dixit, Parnassi culmine Phaebus:
Orbis et antiquus vincitur ORBE NOVO.
SEXTUS SEXCENTOS dedit uno nomine Phaebos:
Ildephonsiacos in iuga sacra vocans.
Ergo fonte tuo veteri iam, Phaebe, recede:
Et bibe MEXICEO, siqua canenda, lacu.
20Edición facsimilar: (16) Id argumenti tertio loco propositum fuerat, ut celebraretur
Ferdinandi Sexti laus a Berillo lapide, qui [ut apud Isidorum est lib. 16. orig. c. 7) in
India gignitur viriditate similis smaragdo. Politur ab Indis in sexangulas formas ... aliter
politus non habet nitorem: hinc SEXTI petenda erat laus, hinc Collegii Ildephonsiani,
quod viridi colore in trabea alumnorum utitur, laetitia in Sexti Ferdinandi
inauguratione exprimenda.

16
Magnum Morerii Dictionarium de Collegiis mexicanis sic
narrat.21 “Collegia adolescentium Mexici sunt haec: MAIUS illud de
SANCTIS conditum anno MDLXXIII, ab Il[lustrissimo] D. Francisco
Garcia Rodriguez Sartoi, Antistite Guadalaxariensi: Collegium
omnium princeps illic est: et alumnorum multi Archiepiscopi postea,
Episcopi, et Senatores ibi fuerunt, et alibi: Collegium Imperiale
Sanctae Crucis Caciquiorum cond[itum] an[no] MDXXXVII. Regium
Col[legium] S. Ioannis Lateranensis cond[itum] an[no] MDLVII.
Col[legium] S. Ildephonsi cond[itum] an[no] MCDXXXVI. Col[legium]
S. Raymudi Nonnati, quod curant Reverendi Patres Mercenarii
condit[um] an[no] MDCLIV. Seminarium Tridentinum cond[itum]
an[no] MDCLXXX-XIX.
Hic praeterquam quod omnia male perventuntur, quod
antiquiora Collegia prius, quam recentiora, numerari decuit: pleraque
etiam, meo quidem iudicio, sunt falsa. Nam Collegium
Ildephonsianum, quod Rege Philippo II conditum esse constat, reiicit
ad annum LDCXVIII: et cum Regium illud sit, id silet, quod non de
aliis siluit. Video deinde, alumnos Ildephonsianos gloriari, et Regium
esse, et caeteris antiquius Collegium suum; qua laude, et titulo
utuntur etiam cum librum illum (cuius nos supra meminimus, et ubi
pag. 21. disserte dicitur Collegium, Rege Philippo II conditum fuisse)
Reginae Mariae Barbarae, Ferdinandi uxori, dedicant, quam non
fallerent, credo.
Annuae Litterae Soc[ietatis] Iesu edit[ae] an[no] MDCX, id est
octo ante Morerianos annis, aiunt: ad S. ILDEPHONSUM inter
alumnos praeclarum certamen esse; nullo aliis de virtute concedente.

21 Edición facsimilar: (17) D. Morerii. V. Mexicum.

17
Et Litterae an[no] MDCXIII aiunt. “Seminarium (S. Ildephonsi)
Mexicanum ex centum sexaginta egregie moratis alumnis sex et
viginti produxit in publicum, suo merito laureae praerogativa
donatos, cum honorifico testimonio industriae in disciplinis utiliter
collocatae. Ildephonsianum hoc caeteris nobilium Hispanorum
Collegiis (nam S. Crucis Collegium Caciquiorum utique antiquitate
caetera vincit: sed non nobis de eo sermo est) antiquius eo etiam
existimo, quod ad illum excitandum (quasi de re nova, et Mexici non
via unquam) Sancius Iesuita pro concione de utilitate Seminarium,
ubi adolescentes Hispani, futuri Sacerdotes, et urbis magistratus,
docerentur, disseruerit: quod, credo, non faceret, si ex aliis iam
Hispanorum excitatis Collegiis haec ibi utilitas constaret. Concionem
autem narravit supra Zachinus. Sed editorem Magni Dictionarii
corrigant ii, quorum interest.
Igitur ab istis veluti duobus orbis Americani cardinibus, Lima et
Mexico, excitandorum Collegiorum studium propagatum fuit. Et
quidem an[no] MDXCIIII Ludovicus Lopius de Solis, Augustinianus,
Quitensis Antistes, condidit Quiti Seminarium S. Ludovici, quod
singulari benevolentia Societati Iesu tradidit, et amplissimis verbis
commendavit Regi Catholico, qui rei certior factus Senatui Quitensi
mandavit anno MDCV: ut conservationi COLLEGII QUITENSIS AD
PROPAGANDUM EVANGELIUM, DOCENDOS HISPANOS,
CONVERTENDOS INDOS, ET AD BONUM COMMUNE
REIPUBLICAE, EIUSDEMQUE ORNAMENTUM, ET DECUS
CONDITI, invigilaret unice.22
Eodem ferme tempore Collegium aliud (cui S. Bartholomeo
nomen est) positum est in urbe Sanctae Fidei de Bogota. Quae

22 Edición facsimilar: (18) Apud Emmanuel. Rodericium Mannon. et Amazon. lib. 1. c. 8.

18
duorum horum Collegiorum institutionem consecuta sint commoda
ex Emmanuele Rodericio23 accipite: cuius ego verba eo libentius hic
latine reddam, quod et Collegiorum utilitatem commendant maxime,
et studiorum initia in hac nostra America Meridionali historica
quadam narratione comprehendunt. “Duo illa, inquit, Collegia S.
Bartholomaei in urbe Sanctae Fidei, et S. Ludovici Quitensis, fontes
quidam fuerunt (idque Americanarum rerum sciens negabit nemo)
studiorum in America, quae studia magnopere erant necessaria ad
informandos parochos, et Evangelii concionatores, quorum vel
innumerabiis multitudo vix his Provinciis sufficeret: idem de Peruvia,
Chili, et TUCUMANIA puta. Crescebant quotidie numero
Hispanorum liberi, erantque illorum iam plurimi cum in Americam
Societas Iesu navigavit: navigavit autem cum primum iaciebantur
fundamenta Limanae, et mexicanae Academiarum, quae in binis sunt
urbibus Americae principibus. Et quamquam decretum Regis de
condendis istis Academiis editum est an[no] MDLI;24 tamen cum
anno MDLXVII. Societas Iesu in Peruviam primum ingressa est,
Limana Academia, parum processerat, neque eius satis administratio
constabat. Quare Prorex Franciscus Toletus, sapiens ille Praetor, qui
rem ibi Christianam, et regni negotia, urbanasque utilitates
promovebat maxime, tradere Societati voluit Academiam hanc anno
MDLXVIII. Quam cum Provincialis fortiter recussasset, succensuit ea
re Toletus Societati non parum... At Societas contenta est, aperuisse
ibi Grammatices scholas... Ex eo tempore, maxime post S. Martini
Collegium conditum, coeperunt studia ibi plurimum florere: et

23Edición facsiilar: (19) Idem Lib. 1. cap. 9.


24 Edición facsimilar: (20) Franciscus Echave Stella Limana c. 4. ait conditam
Academiam Limanam an. 1549. Sed Petrus Peralta Lima condita Cant. 5. eundem cum
Roder. annum posuit. addit diem conditae Acad. fuisse 4. idus Maii an. 1551.

19
provenit fructus ingens doctorum hominum, qui eius urbis honores,
et Magistratus consecuti sunt omnes.
Eodem tempore, et causis iustioribus, in aliis Provinciis ubi
Academiae non erant, professa est Societas iesu Grammaticam,
Philosophiam, et Theologiam, velut in TUCUMANIA, in PROVINCIA
FLUMINIS ARGENTEI, in Chili Regno, in urbibus Arequipa, et
Quito, et in fano Sanctae Fidei de Bogota. Unde paucis post annis
prodierunt adolescentes ingeniosi, et dignissimi Artium, et
Theologiae laureis; quas tamen, et si magnis itineribus et sumptibus
quaererent, peterentque in publicis Academiis candidati; iacebant
tristes, reiiciebanturque, quod illorum studia, et merita nec legitima
fuissent, nec publice quaesita. Quorum candidatorum querelae cum
deletae essent ad Philippum Regem, his litteris datis an[no]
MDCXVII Cardinalem Borgiam de Velasco rogavit, ut, quoniam in
America binae dumtaxat Academiae essent Limae, et Mexici, quae res
et sumptus, et incommoda pareret maxima Hispanorum liberis, ab
istis duabus urbibus remotis, qui tamen digni erant ob studia Artium,
et Theologiae Doctorum laureis: quae si concederentur, plurimi futuri
essent, qui spe honoris ad litteras incumberent, magno Evangelii
propagandi, et caeterarum rerum sacrarum futuro bono: ob eas res
peteret suo nomine a Romano Pontifice, vellet, iuberet, Academias
constitui in Collegiis Societatis Iesu Insularum Philippinarum, et
Novi Regni Granatae, et Chilis, et TUCUMANIAE, ET FLUMINIS
ARGENTEI. Rem concessit Gregorius XV Pontif[ex] Max[imus] edito
decreto anno MDCXXII. Et Philippus IV qui patri demortuo
successerat, iussit eodem anno MDCXXII Academias illas in Insulis
Philippinis, in Novo Regno Granatae, et in Chili, et in TUCUMANIA,
et in PROVINCIA FLUMINIS ARGENTEI, erigi; erectasque committi,

20
tradi, concedi Collegiis Societatis Iesu earum Provinciarum”.
Hactenus Rodericius.
Haec fuerunt, Auditores, initia studiorum, et Academiarum in
his Provinciis: quae omnia Collegiis adolescentium deberi certum est.
Neque enim firmari potuissent Academiae, aut in Novo Regno
Granatae; nisi illic S. Bartholomaei; aut in regno Chilensi; nisi S.
Xaverii Collegium esset. Et hic Cordubae, nisi hac in rupe
Monsserratensi, tamquam Civitas quaedam supra montem posita,
Academiae fundamenta iacerentur; vix ea staret. Sed de Collegio in
urbe S. Iacobi Chilensi condito, sic narrat Nicolaus Techus:25 “in
Regni metropoli, postulante Senatu regio, et urbis magistratu,
Seminarium nobilium adolescentium erexit an[no] MDCXI. Didacus
Torres. Causa instituendi fuit, quod primarii adolescentes in domibus
parentum, exuberante omnibus illecebris Chilensi Regno indulgenter
nimis, ac deliciose, non sine morum pernicie educarentur; et
speraretur, sub cura Societatis iuvenes Reipublicae regendae idoleos
formatum iri”.
Huic Collegio, et caeteris, quae paulo ante diximus, addendum
est Collegium adolescentium S. Ildephonsi Angelopolitanum, quod
superiore saeculo ineunte, aut non multo secus, condidit Antistes
Angelopolitanus D. Alphonsus de la Mora Escobarius. Eduxit
Collegium hoc viros quamplurimos et virtute, et sapientia
praestantissimos: atque ut nomine, sic etiam re simillimum est
Collegio S. Ildephonsi Mexicano, quod ad illius commendationem
satis esto. De Collegiis autem, quae in hac Tucumania Provincia olim
fuerunt, dixisse me memini superioribus laudationibus. Nimirum
fuisse Iacobopoli Collegium S. Catherinae, et hic Cordubae alterum S.

25 Edición facsimilar: (21) Lib. 4. cap. 4.

21
Xaverii. Videntur etiam olim fuisse Bonis Auris adolescentium
Collegia: ait enim26 Techus ante an[no] MDLXXXVI : “In Tucumania,
et Portu Boni Aeris Regum Catholicorum auctoritate, et sumptu
Episcopales sedes erectae, Canonicorum Collegia instituta, et
Seminaria constructa sunt”.
Sed Collegia haec omnia, alia liis causis, dilapsa sunt: donec,
quod instar omnium est, constitit Collegium hoc nostrum
DUARTIANUM quod ab an[no] MDCXCV stat Regum Catholicorum
auctoritate, stabitque in aeternum, superis faventibus. De Seminario
isto Lauretano, quod etiam hic positum videtis, et quod conditum
Iacobopoli fuit an[no] MDCXCVII decreto Caroli II; et inde huc
translatum, cum transferri Cordubam iussit Sedem Episcopi
Inn[ocentius] XII an[no] MDCXCIX: de hoc ego Collegio id unum
dixerim: si tales post hac Antistites nactum fuerit, qualem nactum est
Decessorem Antistitem Il[lustrissimum] D.D. Petrum Michaelem de
Argandonna; (qui Argentinus nunc Archiepiscopus est, et qui antea
Episcopus Patriam hanc nobilitavit suam, et magnifico auxit Templo)
et qualem nunc habet Episcopum Il[lustrissimum] D.D.
Emmanuelem Abad de Illana; nec illud Seminariorum nulli cedet;
certe videmus nunc in nostro Antistite instaurata illa Gregoriana
tempora, cum Pontifex ipse per se alumnos suos cantum pium, et
concordes pietati docebat mores.
Sed hoc loco praeterire non possum, quod de his duobus
Collegiis Cordubensibus, et nostra Academia, scripsit ad
Bened[ictum] XIV Il[lustrissimus] D.D. Petrus Michael de
Argandonna, quem modo laudavimus an[no] MDCCL. “Duo etiam
Cordubae, ait, iuventuti non sine ingenti profectu educandae

26 Edición facsimilar: (22) Lib. 1. cap. 22.

22
Seminaria existunt. Alterum tridentinum Beatae Mariae Lauretanae,
ac D. Thomae Doctori Angelico sacrum sub cura Rectoris presbyteri
Saecularis, qui sex tantummodo alumnos (crevit iam illorum
numerus) moderatur, quibus onus incumbit Cathedrali Ecclesiae in
Divinis inserviendi. ... Alterum Seminarium Divae Virgini Montis
Serratensis sacrum sub cura, et regimini Patrum Societatis Iesu
quinquaginta (maior iam numerus est) praeter propter Alumnos
educat. Utriusque autem Seminarii incolae litteris, et virtute egregie
excoluntur in publica PONTIFICIA, AC REGIA UNIVERSITATE,
quae in memoratae Societatis Iesu Collegio a saeculo, et ultra
constituta est, ac praeter duas Cathedras Grammaticae, Poesi, ac
Rhetoricae edocendis, octo alias habet pro Theologia tum Morali, tum
Scholastica, pro Sacris Canonibus, pro Sacra Scriptura, ac pro
universa Philosophia. Iisdem facultatibus addiscendis strenui
discipuli incumbunt, gloriosaque aemulatione decertant, donec ad
brevium lauri litterariae perveniant. Plurimum ad id prodest eximia
plane cura, ac diligentia, qua Professores Iesuitae disciplinis iisdem
tradendis, ac omni in auditoribus suis virtuti promovendae semper
invigilant.
His Argandonnae litteris Pontif[icis] Max[imi] nomine rescripsit
an[no] MDCCLII Sac[ra] Congregatio Concilii, et quod ad Collegia
adolescentium attinet, cum caetera probasset; “Idem te quoque, ait,
praestare confidimus in Cleri moribus efformandis, ut idonei ad
Altaris ministerium assumantur; cuius rei magnam nobis spem fecit
ampliandi Seminarii consilium, quod suscepisti, ut splendeant illi
coram tot Gentibus sicuti ardentes lucernae in domo Dei;
sacrarumque aedium decori Clericorum virtus, atque religio apprime
conveniant”. Tanti Romani Patres Americana faciunt Collegia

23
adolescentium! Utraeque et Antistitis, et Sacrae Cong[regationis]
litterae editae sunt Romae typis elegantissimis an[no] MDCCLII.
Haec habui, Auditores, quae de Collegiis Americanis
adolescentium quasi historica quadam narratione dicerem: alia me
omisisse crediderim, digna, quae dicerentur: sed desererunt me vel
libri, vel tempus, ad cognoscendum: Nam tametsi Georgius Juan in
itin[ere] suo ad Americam meridionalem, suis cuiusque locis,
meminit Collegiorum adolescentium S. Christophori Guamangensis;
et S. ioannis, et S. Christophori Argentinorum; et Pacensis S.
Hieronymi; et Cuzquiensium S. Antonii, et S. Bernardi, tum S.
Ludovici, et S. Bernardi Quitensium: tamen ita horum meminit, ut
nec a quo, nec quo tempore condita fuerint, quod mihi de omnibus
aliunde scire non licuit, dixerit, nec eorum laudes posuerit: qua re
minus ille fuit nobis usui.
Aggrediar nunc causas illas exponere, quibus causis UTILIORA
sunt, et NECESSARIORA adolescentium Collegia in America, quam
in Europa. Quas mihi causas videtur sapienter attigisse Philippus II
decreto illo suo, quod supra citavi pro Collegio Ludoviciano Quitensi:
nempe oportere hic condi haec Collegia.” AD PROPAGANDUM
EVANGELIUM, DOCENDOS HISPANOS, CONVERTENDOS
INDOS, ET AD BONUM COMMUNE REIPUBLICAE, EIUSQUE
ORNAMENTUM, ET DECUS. Pergite me, quod facitis, libenter de
singulis his partibus dicentem audire, viri sapientissimi.
AD DOCENDOS HISPANOS sunt haec Collegia utilia, nec utilia
solum, sed etiam necessaria. Nam in Europa plurimi sunt, qui
Hispanorum liberos et publice, et privatim doceant et student ibi
plurimi litteris; nec litterarum praemia suppetunt omnibus: quare
adolescentes, et Sacerdotes multi ingeniosi, doctrina praestantes, et

24
virtute, a candidatis aliis, et competitioribus honorum victi, coguntur
Provinciam eam subire, ut nobilium adolescentium curam suscipiant.
Domi sunt, illorum moribus, et studiis praesunt, deducunt foras,
domum reducunt, et testes adsunt ubique: quo fit, ut si maxime
velint; nobilium liberis nec otiari liceat domi, nec malis esse foris
censoris metu. At in America nostra nec mos iste invaluit, nec tot
Hispaniorum liberis nobilibus censores satis essent; cum non multi
studiorum laborem, et molestiam subire hic velimus: quare, relictis
pueris domi solis, nullus, qui studia urgeat, adest, et domo egressis,
quo libet, quibuscum libet, ire licet: et saepius adolescentibus nec
graves placent mores, nec boni socii comitesque. His malis occurritur
in Collegiis, ubi multi adsunt censores, et Magistri morum, qui studia
promoveant, et coerceant adolescentium licentiam.
Quod si in Europa, ubi maiora domi adiumenta sunt ob hos
domesticos censores, quos dixi, educandis liberis; tamen, qui melius
sapiunt, publicis eos Collegiis includunt: quanto id magis fieri oportet
in America, ubi adiumentum nullum ferme domi, impedimenta sunt
plurima? At enim adest domi Pater, qui Paedagogi loco, studiis
liberorum praesit, castigetque moras. Scilicet tu a Patre, negotiis, et
mercaturae dedito obtineas, ut litterarum apices, et puncta curet?
Malit ille enim enimvero nummos domi, quam foris vagantis filii
passus numerare. Sed esto: praesit studiis, et moribus Pater, si domi
est: at in his Provinciis saepissime Pater domi non est: quod omnia a
negotiatione externa pendeant, et sint itinera longissima, quibus
menses plurimos, annos totos consumunt Patres: luctante interea
domi cum liberis matre, quae, ut natura timidior est, et indulgentior,
in procaces pueros imperium vix obtinet: unde mores corruunt,
profliganturque.

25
Quin etiam, ut Hispanorum domus, et servorum, et ancillarum
gregibus abundant, videt saepe SARA prudens filiolum ludentem cum
Ismaele servo, nec tamen audet marito dicere: Eiice ancillam hanc, et
filium eius:27 quare bibit cum ludo innocens infantulus non
innocentes mores. In Collegiis commercia haec omnia, ludique cum
infimae fortis hominibus interdicuntur: et ISAAC dignam ingenuo
puero, et nobili institutionem accipit. At haec in America abundant
lenocinia, luxus, otium, divitiae, instrumenta malorum: quibus
innutritus puer domi, auri, argentique copia circumfluens, et
beatulus, ut sibi quidem videtur, quo proclivis natura est, fertur
praeceps. Abstrahendus igitur, depellendusque a matre est, severa
disciplina coercendus, docendusque, qui Conditori omnium, et datori
bonorum, copiarumque gratus sit, et qui donis naturae temperate
utatur, et modeste. Quae cum in Collegiis doceatur puer, reversus
postea domum domestica oblectamenta haec temperare novit. Audi,
quid Techus de hac Americana abundantia dixerit:28 Quamvis
Hispana natio frugalis sit, et naturam temperantiae artibus coercere
noverit, tamen indigenarum feminarum multitudo, licentiaque ita
corruperant mores, ut fortem suam Hispani lamentaretuntur. Et non
hic tu, ut haec a puerulis averteres, cum Iuvenale clamares:29

Nil dictu foedum, visuque haec limina tangat,


Intra quae puer est procul hinc, procul inde puellae,
Lenonum et cantus pernoctantis parasiti,
Maxima debetur puero reverentia.

27 Edición facsimilar: (23) Genes. 21.


28 Edición facsimilar: (24) Lib. 1. c. 20.
29 Edición facsimilar: (25) Iuv. Satyr. 14.

26
Et cum Horatio,30 ut pueri domo ad Collegia confugerent:

... Nunc adhibe puro


Pectore verba, puer: nunc te melioribus offer.
Quo semel est imbuta recens, servabit odorem
Testa diu.

Sed AD BONUM COMMUNE REIPUBLICAE, EIUSQUE


ORNAMENTUM, ET DECUS dicuntur a Rege Collegia necessaria.
BONA, quae maxime a Collegiis adolescentium peti debent, vel ad
civilem institutionem pertinent, vel ad sacram. Atqui utraque haec
institutio nusquam gentium utilior, aut necessarior est, quam in
America: nullum est Regnum, Provincia nulla, cui meliores, et
sanctiores vel civiles Magistratus, vel sacri opus sint quam huic
NOVO ORBI; quam rem si Americae dederint Collegia
adolescentium, ingens, infinitum bonum dedisse dicenda sunt. Agitur
autem in Collegiis haec res maxime, ut de sacris, et civilibus officiis
adolescentes moneantur, vel proponendis his, qui hac olim laude
floruerunt; vel tradendis, explicandisque praeceptis, quae usus, et
antiquitas in Republica probaverunt; vel legendis Historiis, ubi
plurima in utramque partem exempla sunt, sive eorum, quos laudes,
et imiteris, sive eorum, quos vituperes, et quorum caveas exitus. Iam
meliores oportere hic esse Rerum principalium moderatores, quam in
aliis Provinciis graviter docet Iosephus Acosta rerum Americanarum
in primis gnarus:31
“In aliis, inquit, Rebuspublicis, et civitatibus ex multa
antiquitate fundatis, et constitutis, habent moderatores adiumenta

30 Edición facsimilar: (26) Hor. Lib. 1. Epist. 2.


31 Edición facsimilar: (27) Acosta de Proc. Ind. sal. lib. 3. c. 4.

27
plurima, eademque maxima, quibus etiam volentes non sinuntur
errare. Sunt leges publicae utiles, est patriae consuetudo, sunt
exempla maiorum, est denique quidam rerum veluti cursus ipsa
antiquitate firmatus, quo in otio, et negotio facile, ac tranquille
civitatis status per se consistit; vel certe ii deflectat paululum, modica
rectoris motione dirigitur, sicut in tranquillo, ac tuto mari clavum
tenenti usu venit. At in Indicana moderatione, cum praesertim nova
regna adeuntur, atque habitantur a nostris, omnino est secus. Omnia
nova, iura, naturali excepto, incerta, nulla propemodum firma
auctoritas, exemplaque superiorum temporum vel nulla, vel non
imitanda, eventus quotidie inopinati, repentinae plerumque, ac
periculosae mutationes, municipalia iura tum ignorata, tum non satis
firma ad iudicandum; Hispanienses, Romanaeque leges barbarorum
diu receptis moribus repugnantes, status ipse Reipublicae adeo
inconstans, et varius, suique dissimilis, ut quae heri commodissima,
rectissimaque habebantur, hodie, rebus commutatis, iniquissima, ac
periculosissima existant. Hic, quis non videat, qualem moderatorem
eiusmodi Respub[lica] efflagitet, quam sapientem, quam cordatum,
quam integrum, atque constantem? quippe cuius consilio, ac
prudentia commissa sunt omnia; in quo praesidia omnia belli
pacisque constituta, collocataque sint. Si enim primos civitatum
conditores optimos, ac sapientissimos esse antiquitas voluit ad prima
fundamenta iacienda; profecto perspicuum est non nisi
praestantissimos lectissimosque viros orbis indagatores, ac novarum
gentium duces esse debere”.
Quae cum ita sint, aliqua esse hic debet, ubi optimi isti
moderatores efformentur, officina: quo tu nomine recte Collegia
adolescentium vocaveris: ibi enim, qui administraturi postea sunt

28
Provincias has, instruuntur bonis praeceptis, ut sciant; et virtutibus,
ut velint Provincialibus suis prodesse. Quod autem ad ornamentum
et decus Reipublicae Collegia pertineant, vel hinc facile coniici potest,
quod eis maxime concessa civibus felicitate. An tu putas, aut
Mexicum tot illis Collegiis Maiore de Sanctis, Lateranensi,
Ildephonsiano, caeteris; aut Limam Philippico illo, aut Martiniano,
aut Thoribiano non gloriari, aut Chile Xaveriano illo suo? Nempe
cum omnis Reipublicae gloria posita sit; et nobilitate civium, et
virtute, non possunt non esse gloriae, ornamentoque civitatibus
domus illae sanctissimae, ubi nobilissimi civium virtutibus
instruantur, ut in Collegiis instruuntur, omnibus: et unde prodeant,
qui deinde rebus gestis, et doctrina artium, illustraturi sunt urbem.
Iamvero AD PROPAGANDUM EVANGELIUM utilia Collegia
sunt ex Regis verbis. Scilicet petendi hinc sunt Evangelii praecones
optimi. Hac de re, quae de civilibus Magistratibus diximus,
accomodari facile possunt Sacerdotibus, qui multo hic, quam alibi
terrarum sanctiores sint, et sapientiores necesse est. Nam cum vel
inter Indos, vel Hispanos, qui ruri sunt, versentur plurimi, multa per
se ipsi decidere debent, et constituere. Et nisi sancti iidem, et bene
docti sint, non quo recta ratio, et doctrina, vel vocabit virtus, rem
deducent; sed quo libido, quo stultitia trahet. Quos ibi consulat nullos
habet: Antistes procul est: libris ferme caret: quid igitur hic faciet,
nisi ab adolescentia ingenium doctrina subactum habeat? Nova
deinde, ut in NOVO ORBE, et novis oppidis, vel ad rem moralem, vel
ad ius civile, vel Pontificium, spectantia accidunt, ubi vel
interpretandum, vel extendendum, vel temperandum ius est: quae
frustra ab eo speres, qui non optime institutus sit, nec multa audierit,
legeritque, antequam huc angustiarum redactus fuerit. Atqui in

29
Collegiis haec agitantur omnia, et documenta traduntur, quibus si
minus quid quaeque in re nova fieri debeat, scias: at scies, qui quaque
in re minus erres. Antistites vel si diligentissimi sint, docere omnia
per se ipsi non possunt, nec praestare, nequid unquam agant stulte
stulti Parochi. Quod siquid praecipiant, vel nova huc deducta
Romanorum Pontificum decreta transmittant: si curio ille solitarius
vel nesciat, quod a litteris destitutus sit; vel nolit, quod sit improbus,
parere praecipientibus, in ovium, plebisque damnum id recidat,
necesse est.
Dicam hic quod, ante Collegium S. Bartholomei conditum,
accidit in provincia Sanctae Fidei de Bogota: dicam inscitiae
cuiusdam Parochi portentum detestandum. Circum ille ducturus erat
oppidum Eucharistiae Sacramentum publica supplicatione.Aderant
iam parati cives, iam thura incendebantur, iam anteibant funalia,
cantoresque, et tibicines alternis praecinebant. Sed ecce sibi: res
nova, et improvisa rem totam, et Parochum turbavit. Hostiam ante
consecratam, maiori quam oportuit orbe, non capiebat argentea pixis,
qua erat includenda. Quid his Parochus faceret? Expectate facinus,
quantumvis indignum, et nominis stultissimi. Homo ingenio
promptus, ubi se paululum circumspexit: huc forfices, huc, ait,
forfices.Allatae sunt forfices. Tum bonus ille ferro, et fornicibus ea
parte Hostiam minuit, qua parte maior erat theca: et iam minorem
inclusit. O mortalium omnium hominem sanctissimum, et impium!
Tu ne ausus es ferro sacra illa membra tangere. Tu Sacerdos, tu rei
curator sacrae, divino corpori ferrum admovere non veritus es, non
timuisti? Non manus stupuerunt tuae, non horruerunt oculi tantum
nefas? Quam, quaeso, maiorem a Iudaeis iniuriam Christus ferret?
Catenas ferreas, ferreos clavos, hastile ferreum. Iam clavos, iam

30
lanceam, iam ferrum non a milite Ethnico; sed a Sacerdote: non a
Iudaeis; sed a Christiano Christo sustinet. O pudendae inscitiae,
temeritatisque pudendum facinus! sed pudet et me tam tetrae rei
diutius meminisse.
Fuit etiam ibi, qui multis ante annis initiatus sacris, et iam
pinguis Sacerdos, rogatus publice a Magistratu, ut hispane
interpretaretur latinum librum: nescire sese respondit
interpretationes eiusmodi: id unum scire, peregrinam illam linguam,
cum ipse Sacerdos factus esset, nondum in provinciam transvexisse:
Hispanum esse, et Hispane nosse, latine non nosse.32
Non his, credo, sapientior ille fuit Sacerdos, qui in urbe
Assumptionis Paraquariae, quod Commissarius, quem vocant,
Cruciatae esset, edixit: ut Sacerdotes omnes, omnes Monachi,
caeteri, qui Breviaria, Missalia, diurnos illos minutiores libros,
procuratoris Escurialis non signatos chirographo, haberent, ad sese
comportarent, vel comburendos, vel tineis, blattisque contradendos:
piaculum esse libros illos sine Procuratoris Escurialis nomine vendi,
legive. Intercesserunt viri aliqui sapientes, piique, siquidem nullus
erat in Provincia sacer liber, ea notatus manu: et si, qui erant, alios
combureret, perderetve, nec solvi a Sacerdotibus statas preces posse,
nec sacra fieri. Atqui satius est, ait, sacra omnia intermitti, et cessare
preces, et templa claudi, et nihil legi, quam ab Escuriali procuratore
non transmissos libros legi: omnino Escurialem Procuratorem ad
preces, et sacrificium necessarium esse: tueri se Escurialis
Procuratoris privilegia, et iura debere.33 Quid plura? Homo
importunus re non destitit, donec a maiore Magistratus iussus est

32 La edición facsimilar consigna aquí el número (28), pero no aparece la nota


correspondiente al pie de página.
33 Edición facsimilar: (29) Privilegium est Procuratori Hieronymiani Escurialis, ut

Chirographo notet Sacerdotum sacros libros in Hispania divendendos.

31
sapere.34 Id in ea urbe accidit, antequam Collegium hoc nostrum illuc
sapientes, et prudentes Sacerdotes, quod nunc facit, transmitterett:
plures enim (quod scitis) urbs ea nobilissima adolescentium huc
mittit, in hoc nostro Collegio erudiendos litteris.
Iam ab istis Sacerdotibus, quid tu speres sani? Atqui plures
essent illorum similes, nisi in Collegiis adolescentium artes, et
prudentiam docerentur. At cur id de illitteratis, et stultis queror? Vel
etiam ii, qui ab adolescentibus probe instituti sunt, timendum est, en
otio victi, taedioque, cum ruri, et inter Indos erunt, acceptas artes, et
libros abiiciant. Nam, ut ego quidem existimo, solitudo, et cum
rudibus hominibus usus, ubi iam tu in animum induxeris, te, prout
illi stulti sunt, satis doctum, non multum iuvant, ut ad libros
incumbas. Abhorret enim ferme ab ignaris vir doctus, et legi, et
audiri, et sua probari vult a sapientibus, et iustis rerum
aestimatoribus, Sapientia enim absconsa, ait sapientissimus ille,35 et
thesaurus invisus, quae utilitas in utrisque? Atque ut Americanos
thesauros auri, argentique invisos esse non patimur, sed exercemus,
sed magnis laboribus in lucen trahimus: contra, si educi foras non
possint, despicimus, et nihil in effodiendis operae, aut curae
consumimus: sic si absconsa esse cogatur Parochi sapientia, nec
possit apparere, ut inter rudes non potest, nec ea magni fiet, nec ultra
petetur a libris. Quare, cum iuvenes etiam tum sunt, monendi
maxime, et ita ad studia litterarum, et libros sunt alliciendi, ut
sciendi, legendique amor intercidere numqueam possit, vel si soli
sint.
At dicuntur etiam a Rege AD CONVERTENDOS INDOS idonea
Collegia adolescentium. Quo enim doctiores, et sanctiores Indorum

34 Edición facsimilar: (30) Narrat Pet. Lozanus Histor. Paraq. tom. 2. lib. 4., c. 21.
35 Edición facsimilar: (31) Ecclesiastici. cap. 20.

32
concionatores sint, multo plures eorum ad Religionem convertentur.
Atqui id maxime fit in Collegiis, ut sancti sint, et docti, qui ad Indos
mittendi sunt. Neque vero illi sunt serendi, qui ad innstruendos
Indos, et rudes curandos homines, doctrinam parvi pendunt, et
studiae negligunt. Audiant ii Acostam experientissimum virum illum.
“Tria, inquit, in omni Christi ministro, qui Indorum salutem sit
curaturus, quaerenda sunt, vita integra, doctrina idonea, copia
sermonis: quorum si desit aliquid, et aliis profuturus non est, et
periculum animae suae non leve ipse sustineat.”36 Addit idem alibi37
“Sciat (Indorum curator) quae forma Cathechismi servanda, quis
ordo Sacramentorum tenendus, quantum sibi liceat in absolutione,
quae sint reservata crimina, quae privilegia Neophitorum a Summis
Pontificibus data, caeteraque talia (quorum unum est, ut ait idem
alibi, praecepta Divina, qui serventur, qui violentur.) Neque his
contentus pergit ultra.38 Et tametsi, ait, in pleriaque mediocris
quaedam doctrina sit satis, tamen eos, ad quos recurrunt caeteri, a
quibusque velut fonte hauriunt, tam esse oportet absoluta Theologiae
facultate instructos in NOVO ORBE, ut nusquam gentium amplius ...
Nam ad pellendos errores Indorum, et ad novam tuendam religionem
Theologiae doctrina magnopere necessaria est ... In NOVO ORBE
nova esse negotia oportet, novos mores. Militiae, mercaturae,
nauticae, totius Indicae administrationis difficultates occurrunt
quotidie novae, magnae, quibus nisi sacrae doctrinae lux adsit, eaque
copiosa, in magnis ignorantiae tenebris, ac certo periculo salutis suae
homines versentur, necesse est.” I nunc, da Indis stultos parochos, da
illitteratos Sacerdotes Americae.

36 Edición facsimilar: (31) Acosta de proc. Ind. sal. lib. 4. c. 6.


37 Edición facsimilar: (32) Idem lib. 4. cap. 10.
38 Edición facsimilar: (33) Idem lib. 4. cap. 11.

33
Et cum extra Seminaria, et Collegia serium in adolescentibus,
tanta auri, argentique copia, et tantis deliciis, otio, divitiis, luxu
plenis, frustra speres studium litterarum, necessaria omnino
studiosis, et futuris Sacerdotibus Collegia ista sunt. Neque sacra
dumtaxat studia, quae Acosta ibi prosecutus est, sed Philosophia, et
bene dicendi ars plurimi hic faciendae sunt. Conducit enim maxime
Indorum saluti concionatorem in dicendo, explicandaque natura
exercitatum esse. Docet id Iosephus Paulus Arriaga, qui diu inter
Indos versatus est. “Vidi, inquit,39 concionatorem quemdam, qui ad
refutandos Indorum errores, quos habent de Pacarinis, (sic vocant
maiores suos) fingunt enim alios ab alio fonte, aut monte, et alios
aliunde ortos esse, ad refutandos errores hos rationes multas
afferebat, Indorum ingenio aptas, illam utique: similem a simili
gigni. Atque ut errorem evelleret illum, quo negabant omnes homines
ab iisdem parentibus oriri, et descendere potuisse; promebat inter
concionandum spicam tritici versicolorem: interrogabat deinde
Indos, eam ostentans, quot e granis nata illa fuisset spica? Ab uno
scilicet, respondebant. Qui igitur, aiebat, cum illud granum singulare,
vel album, vel atrum, vel purpureum, uno utique colore, fuerit; tamen
in spica hac, ab eo orta, alba sunt, et atra, et purpurea, et pallida
simul grana? Iam ut eis persuadere fulmen Deum non esse, nes
posse, explicabat perspicue, ut vel rudes ipsi intelligerent qui nubes
fierent, qui fulmina, et c[aetera]. Et dicitur Ingarum quidam hac
maxime ratione motus fuisse, ne solem crederet Deum, quod illi
obiectum fuisset, solem nec cum vellet, nec ubi vellet, stare posse:
qua re satis apparebat, ab alio eum potentiore trahi, regique. Dici vix
potest, quantum, cum haec audiunt, et perspiciunt, delectentur Indi:

39 Edición facsimilar: (34) Extirpat. Idolat. in Peruvia cap. 13.

34
ut vel hinc pateat, quam sit innatum homini sciendi, cognoscendique
studium ... Postea, maximi, ait, momenti res est, ut Indi in religione
promoveant plurimum, illorum concionatores bonos, sanctos,
diligentes, ac artium peritos, praesertim Theologiae, esse; est enim
error maximus vel affirmare, vel sentire, opus non esse Theologia
nobis ad docendos Indos: quod nimium iam multi in Peruvia
dictitant. Haec ille Hispanis verbis, quae nos latina fecimus.
Quae quidem omnia haud difficulter rudibus etiam Hispanis,
quos inter parochi sunt, accomodari possunt. Nam et dicendi arte
praestet, necesse est, qui hos moveat, et decipi eos facile et aliquibus
superstitionibus, vel ab Indis Ethnicis, vel a malis Christianis ortis:
quibus erradicandis magno erit adiumento naturae vires a
Philosophia didicisse: quae nisi tu in Collegiis didiceris, ut hic rerum
status est, bonus, credo, mercator potius, quam sapiens eris
Philosophus.
Atque haec sunt, Auditores, quae doctrinam a Collegiis
adolescentium petendam esse probant: ab iisdem quaerendam
sanctitatem vitae multa sunt plura quae probent: neque enim
Sacerdoti Americano periculi minus est a sanctitatis, quam a
doctrinae inopia: ita ubique scopuli sunt, ubique syrtes, ubi mores
faciant naufragium. Nimirum soli hic curiones agunt, procul a
Rectoribus, et censoribus inter servitia, inter Indos, proiectae
verecundiae homines, et faeminas: quam igitur sanctus sit necesse
est, qui inter haec malus non sit? “Abundant servi, ancillaeque: at
ubique terrarum, ait D.Chrysostomus,40 pro comperto habetur
servorum genus impudens ferme esse, formatuque difficile, lascivum,
lubricum.” Cuius rei eam ipse reddit causam: “cum negligantur,

40 Edición facsimilar: (35) Homil. 4. in Epist. ad Titum.

35
neminemque habeant, cui componendi illos, ac formandi studium sit,
merito ad ipsa nequitiae praerupta, ac praecipitia devolvuntur: si
enim ubi pater instat, et mater, et paedagogus, et nutricius, et
Magister, et aequales, et alia plurima, perdifficile quispiam malorum
contubernia, confortiaque devitat: quid putas his omnibus destitutos,
qui quotidie scelestus commiscentur hominibus, et cum quibus
volunt, licenter congrediuntur, cum sit nemo, qui ipsorum
conversationem, amicitiasque disquirat; quid arbitraris eiusmodi
homines fore?
Vidit haec ab ancillis mala, servisque, Synodus I Limana anno
MDLXXXVIII cui interfuit, et praefuit S. Thoribius. Haec cum
invalescentem ancillarum videret impudentiam, ne longius pestis
serperet, sanxit cap[itulo] XIX. “Quia multi servas habent, qui non
solum negligenter, sed quod peius est, volenter, et gaudenter
consentiunt, et permittunt eas in concubinatu vivere, propter lucrum,
quod ipsis ex partu servarum accrescit, nullius pensi habentes
obligationem, qua tenentur eas Dei legem docere, et ad eius
observantiae hortari: et quoniam nobis, ut ipsorum Pastori, et
Praelato, expedit obviare huic malo, hortamur, et commonemus, ut
illico remedium adhibeant, ut ipsorum servae bene vivant, omnem
peccandi occasionem eis penitus auferendo; praesenti provisione
eosdem praemonentes quod cum omni rigore contra ipsos
procedemus, tamquam contra fautores, et participes istius delicti.
Nostrisque Vicariis, et Parochis, praecipimus, ut eorum unusquisque
in loco suae curae hoc nostrum synodale capitulum populo palam
legant, ut eius ignorantia a nemine praetendi possit: hortamurque
Praedicatores, et Confessarios, ut eiusmodi servarum Dominos

36
moneant.”41 Vide tu hic quanta ab harum ancillarum impudentia, et
lascivia, et Venere timenda est corruptio adolescentium inter tot
earum greges tanta licentia versantium?
Neque vero in America minus periculi ab indis est, quam a
servis. Producamus eam in rem iterum Acostam testem.42
“Barbarorum, ait, commoratio est omni humanitate destituta ad
bonum, ut tamen ad malum nihil illa magis pertrahat, et irritet.
Impudicitiae omnis vorago ingens, ubi hominum timor nullus,
faeminarum mira lascivia, et procacitas, pudor penitus omnis
ignotus, occasio frequentissima, non tam quaesita ad libidinem,
quam libidinem ipsam quaerens. Timor quidem Dei potentissimus
est ad retinendum peccato: at ubi pudore pariter, ac metu humano
destituitur, tum vero urgetur ipsa facilitate peccandi, facillime, quae
nostra est miseria, abiicitur ... Apud barbaras faeminas pudor tam
deest, ut nihil hac parte a pecude distent: imo vero cum pecudes
pudore non superent, libidine superant. Quis igitur ex tanto incendio
sospes exibit, nisi cum gratia divina protexerit, et quotidiana carnis
mortificatio vallaverit?”
Sunt plurimi, fateor, qui inter tot syrtes, et carybdes, et Circaeos
impudicitiae scopulos ceratis navigent auribus: sed eorum plerique,
aut omnes ferme, in Collegiis educati sunt: et si ibi educati non sint,
optandum magis, credo, quam sperandum est, contra haec satis eos
tutos fore, ac potentes. Neque tamen omnia nos hic pericula
recensuimus, quae Parochum Indorum circumstant; sunt enim alia,
et fortasse maiora, vel neglecti officii, curaeque depositae: vel
avaritiae, de quibus sigillatim mihi dicendum non est: illud dumtaxat
dixerim, quod dixit Arriaga, quem supra laudavimus, AD INDOS

41 Edición facsimilar: (36) Apud Haroldum LIMA LIMATA post. CC.


42 Edición facsimilar: (37) De Procur. Ind. sal. lib. 4. cap. 4.

37
CONVERTENDOS paucos esse, qui ingredi velint, nisi per AUREUM
OSTIUM, ET ARGENTEUM. Proh Deus immortalis! Quam hoc
ostium a Pauli diversum ostio, quo ad convertendas Macedonicas
gentes ingrediebatur! “Ostium enim, inquit, mihi apertum est
magnum et evidens, et adversarii multi.”43
Neque ita hebetes sunt Indi, et tardi, qui Sacerdotes istos
AUREOS, ET ARGENTEOS, et delicatulos, et lascivos non satis
notent. Dicam, quod hac de re Acosta dixit, et dicam ipsius verbis:44
“Cum quadam in urbe in foro Clericum concionantem inter caeteros
audisset Curaca quispiam Indorum, (nomen id dignitatis est inter
Indos) et sermonis ardorem, et vim admiratus esset, conversus ad
Hispanos quaesivit: quaenam ratio hominis, et quod institutum
esset? Cum respondisset quispiam, hominem esse sanctum, qui
salutem ipsorum tantummodo quaereret: perrexit ultra quaerere:
utrum deliciis, opibusque vacaret? Cum esset responsum, minime
isthaec ab illo quaeri: subdidit barbarus: cur ergo non alio utitur
habitu, ac veste, ut genus vitae declaret? (quasi qui clericali uterentur
veste deliciis unice studerent, et opibus.) Vide, quaeso, quam apud
illum laborarit ordo Ecclesiasticus. Atque utinam solus esset.”
Videtur etiam huc facere, quod Mexicanus quidam Hispanis
respondit. Cum rogaretur Mexici Indus quidam iam christianus, cur
adeo pauci Mexicanorum Religionem amplecterentur nostram: quod
cessant, dixit, veri Sacerdotes, et Ministri Christi. Si tam illi in
proponendo Christo nostris gentibus laborarent, quam hic olim
laboratum est ab falsis Sacerdotibus pro Idolis colendis, nullus iam
nostratium non esset Christianus.45 O dedecus, et probrum

43 Edición facsimilar: (38) Ad Corint. 1. c. 16.


44 Edición facsimilar: (39) De proc. Ind. sal. lib. 1. cap. 12.
45 Edición facsimilar: (40) Narrat Ioan. de Torquemada Monarch. Indian.

38
Sacerdotum Christianorum! Ergo ne ab Ethnicis vincemur
Sacerdotibus? Ergo en solicitiores illi erunt de avita superstitione,
quam de Religione nostra nos? O vos sancta Collegia adolescentium,
ubi futuri Sacerdotes, et Plutonem, et Venerem vincere docentur, et
studere unice saluti Indorum procurandae! O pia Collegia, quam vere
vos dicimini, et iuste a Rege Catholico idonea esse, et utilia AD
CONVERTENDOS INDOS!
Sed iam satis mihi videor explicasse Regis verba, quibus
Collegiorum adolescentium utilitatem commendavit. Quam cum hic
in America viri sapientes, et harum rerum experti viderint, eorum
excitandorum, et auctores, et fautores fuerunt. Vel Americana ipsa
Concilia summopere id egerunt, ut Collegia haec in urbibus primariis
ponerentur, et solide fundarentur. Arequipensis Synodus, coacta
anno MDCLXXXIV. Antistite D. Antonio de Leon, totum tituli tertii
libri tertii caput de conservatione Collegii adolescentium scripsit. Et
Synodi Pacensis, quam coegit an[no] MDCXXXVIII. Sapientissimus
ille Antistes D. Felicianus de la Vega, caput tertium tituli octavi totum
est de conservatione Seminarii: et haec quidem prima capitis verba:
“Vicarius noster incumbet in hanc rem summopere, ut Seminarium
optime administretur, et probe gubernetur, et leges severe
observentur, etc.
Sed quod nos propius spectat, hanc rem praeclare ursit Synodus
I. Tucumanensis, quam habuit Il. Antistes Ferdinandus Trexus an[no]
MDXCVII. Huius Synodi constitutionem XV partis III opere pretium
duximus ad verbum ab Hispano exemplo latinam facere: “Concilium,
inquit, et Synodus Provincialis iubent in singulis Dioecesibus
Collegium condi, ubi adolescentes litteras doceantur, et virtutem:
quo, qui ad dignitatem Sacerdotii adspirant, mature informentur Dei

39
timore, et studia urgeant, quorum deinde ipsis futurus est usus: nam
ut sapiens ait: adolescens iuxta viam suam, etiam cum senuerit, non
recedet ab ea.
Et quoniam rogat nos Rex Catholicus, datis litteris, ut
Collegium quamprimum ponamus in oppido NOVI MATRITI46 quod
veluti in umbilico Provinciae est, et ubi quies est, et commoditates,
quibus studiosis litterarum opus est: ob eam rem volumus, et
iubemus, iam nunc illam partem legitimam, quam Concilium
Provinciale definivit, hoc est, ex centenis trinas, extrahi ab bonis piis;
quam partem Collegio adiudicamus; isque eam exiget, quem nos
exigendae praeficiemus. Sed quoniam quae hac parte Collegio
conceduntur, parvi momenti sunt: et multo plura sunt opus ad illius
conservationem, hac re auctores sumus omnibus, qui liberos suos in
Collegio alere voluerint, ut necessaria ad victum illorum suppeditent:
donec creverint Collegii reditus: pertinet enim haec res ad CIVIUM
ET REIPUBLICAE bonum, et DECUS, ac splendorem Provinciae.”
Haec Synodus Tucumanensis I.
Hae Synodi secutae sunt auctoritatem Concilii Limani I. quod
coegit sanctus ille Praesul Thoribius Alphonsus Mogovreius, et quo
nos, qui ad illud, adductis aliorum Antistitum decretis, veluti
quibusdam gradibus, ascendimus, orationem nostram absolvere
voluimus. Thoribius igitur, qui Collegiorum adolescentium utilitatem,
et necessitatem probe noverat, non solum, quod impedimenta
educandae iuventutis in America, quae supra docuimus, praesens
viderat; sed etiam, quia ipse olim alumnus fuerat Collegii illius
Maioris Ovetensis, quod Salmanticae est, et unde Cardinales,
Archiepiscopi, Episcopi, Sacri Quaesitores, Praetores innumerabiles

46 Edición facsimilar: * Periit oppidum hoc, et en reliquiae quidem illius restant.

40
prodierunt; ita de hac re decrevit cum Concilio Patrum, quod
habitum est Limae an[no] MDLXXXIII, et quod deinde Pontifex
Max[imus] approbavit. “Quoniam in sacro Concilio Tridentino inter
alia in Synodo Provinciali tractanda; peculiari quadam ratione
iniunctum est, ut de Seminariis tan[torum] Patrum, imo Spiritus
Sancti auctoritate decretis, instituendis agatur: atque illud maxime
perspicuum est, NULLAM HOC SALUTARI INSTITUTO
ECCLESIAM PERINDE INDIGERE UT HANC NOSTRAM
INDICANAM in qua novae plantae Evangelicae acurate nutriendae
sunt, et ad propagandam Christi fidem instituendae. Haec sancta
Synodus, officium suum agnoscens, Episcopos omnes, atque Pastores
ex parte Omnipotentis Dei obtestatur, atque eorum conscientias,
quantum potest, onerat, ut in Ecclesiis suis, quamprimum Seminaria
praedicta puerorum excitanda curent, omnibus impedimentis
quacunque ratione postpositis, et c[aetera]. (42) Omnia haec Limani
Concilii verba sunt: quibus non video, quid gravius, quid grandius,
quid firmius dici possit ad commendationem Collegiorum
adolescentium. Decretum hoc certe tale est, quod orationem hanc
nostram DE UTILITATE, ET NECESSITATE Collegiorum, in America
praesertim, probet maxime.
Haec sunt, quae de Americani Collegiis adolescentium dicenda
putavimus: nimis ea fortasse multa, praesertim cum non de hac re
perpetuam orationem; sed laudationem Duartii instituere
debuerimus. At vero Duartii ipsius liberalitas, Duartii consilium,
Duartii auctoritas, Duartii vita, Duartii studia, Duartii exempla eo nos
vocarunt, ut de Collegiis adolescentium fusius diceremus: quae enim
diximus, omnia non tam Collegia commendant, quam nomen,
gloriam, decus, laudes, et famam Duartii: qui nullis pepercit

41
laboribus, et molestiis, ut rem hanc promoveret, qui ingens
patrimonium profudit in condendo hoc Collegio nobilissimo, qui tam
longos, et crebros de Collegiorum utilitate, et necessitate sermones
apud omne hominum genus vivens habuit.
Quid quod Duartianum Collegium est, quod et commoditates,
quas dixi ex Collegiis nasci, et incommoda, quae si ea non sint, timeri
debent, probat in primis? Videtis enim, quam hinc egressi
adolescentes inter delicias, modesti; inter auri, argentique copiam,
continentes; inter servitia, graves; inter Indos, sancti; inter pericula,
cauti; inter res gerendas, prudentes; inter rudes, docti; inter
licentiam, et prava hominum exempla, incorrupti sint. Videtis quam
ii, qui hinc ad civiles honores, et dignitates vocati sunt, moderatores
recti, et sapientes fuerint; quam civium commoda, fortunasque
promoverint, quam omnem Rempublicam graviter, et sancte
administraverint. Videtis, quam, qui ex Collegio nostro vel ad
procuranda sacra Hispanorum, vel ad Indorum salutem solicitandam
profecti sunt Sacerdotes, omnes Parochorum, et Concionatorum
partes impleverint, quam incorrupti ipsi corruptos aliorum mores
correxerint, quam instituti optime, et doctrina omni abundantes, et
sapienter negotia pia tractarint, et suos caelestia docuerint, et divina.
Quare meritus est his rebus Duartius, non modo Collegii huius
alumnorum memoriam perpetuam, sed etiam Provinciarum harum
omnium, et totius NOVI ORBIS in quem longe lateque beneficii huius
magnitudo dimanat, gratulationem, et studium sempiternum. Vos
autem, Collegae mei, qui propius Duartii liberalitatem experimini,
qui sapientiam, et doctrinam nostis, qui videtis, quam vos amarit, et
vestra commoda unice procurarit; vos artes omnes, vos studia, vos
litteras, vos cogitationes omnes, et curas eo conferre debetis, ut tantis

42
Duartii beneficiis satisfaciatis, vel aliqua saltem ex parte
respondeatis. Hac vos re, Rethorices studiosi, ita voces, linguam
eloquentiam, dicendi facultatem omnem exercere oportet; ut vestris
orationibus Duartii praeclaras laudes in primis praedicetis.
Et vos, Philosophi, eo vires ingenii, et scrutandae naturae
solertiam convertite, ut praeclaras Duartii dotes, et indolem
contemplemini, eiusque ingenium suspiciatis, et admiremini: atque
eam Philosophiae partem, quae Ethices est, diu multumque evolvite,
eo consilio, ut Ignatium vestrum, omnibus illis dotibus, quibus ibi
Philosophus dicitur debere constare, constitisse, atque excelluisse
cognoscatis. Et vos demum, Theologi, virtutes illas divinas, quibus
praestitit, et sacra studia, quae nunquam intermisit, et sapientiam,
quam assecutus est, et quae edidit, exempla virtutum, Theologicis
momentis ponderate. Neque ita vos ego, Collegae, ad haec hortor,
quasi ad vos unice arbitrer pertinere: pertinent enim ad universas has
Provincias, et regna, quae hoc beneficio Duartio devincta sunt. Atque
hac ego causa in hoc MONTE SERRATO altissimo Collegium
nostrum exaedificatum puto, ut cum ab omnibus horum regnorum
incolis undique conspici possit, omnium excitet admirationem,
plaususque. Dixi.

**************************************

43
44
Texto en español

AL LECTOR 1
Te entrego, lector, el quinto elogio del Señor Doctor Ignacio
Duarte y Quirós, si debe llamarse elogio de Duarte el que es una
continua alabanza y recomendación de los Colegios Americanos para
jóvenes. Pero llama como quieras a nuestro discurso siempre que nos
apruebes las causas de nuestra determinación. La primera alabanza
de Duarte o una de las primeras es haber fundado este Real Colegio
de Monserrat. De aquí aquellas honras que se llevan a cabo todos los
años y la congratulación pública. Pero esta alabanza es de tal índole
que nadie por sí mismo puede entenderla lo suficiente si no
comprende cuánto deben estimarse los colegios para jóvenes. Por
este motivo, nosotros hemos querido demostrar ampliamente la
necesidad y utilidad de tales colegios, particularmente en América.
Si hemos hablado mucho de los colegios europeos, ello se ha
debido a la necesidad de investigar los orígenes de los mismos. No
hubiéramos podido hablar con exactitud de los colegios del Nuevo
Mundo, si no hubiéramos trasladado hacia aquí los del Viejo. Sin
dudas, hemos procedido como suelen hacerlo los historiadores que,
para narrar el descubrimiento de América, hablan primero del linaje
y la patria de su descubridor Colón; o como los geógrafos que, al
representar a América, añaden en el mismo mapa la parte de Europa
que está enfrente del Nuevo Mundo y desde donde se ve hacia aquí.

1Este texto liminar autoral que constituye un discurso a propósito del quinto elogio se
denomina, en términos de Genette (2001: 137), prefacio. Como es costumbre en los
prefacios o prólogos del siglo XVIII, Peramás retoma la fórmula te monuisse volui La
función prefacial se ejerce sobre el lector, según se advierte en la apelación inicial.
Nótese que en dicha apelación el autor no acude a la valoración normal que suele figurar
en otros prólogos (amigo benévolo, lector benigno, cándido, caro, curioso, pío, etc). Cf.
Marrero-Fente (1999: 86).

1
Creo que no reprenderás que hayamos dicho mucho con las palabras
de los mismos autores, de donde hemos copiado aquellas noticias,
puesto que más peso tienen, cuanto menos mudes las palabras de los
otros; puesto que las palabras de los testigos deben ser referidas
correcta y fielmente por el orador en el juicio, como ellos mismos las
han dicho; finalmente, puesto que tanto menos dignos de reproche
serán nuestros elogios cuanto que se habla más de las cosas ajenas
que de las nuestras. He querido advertirte de esto. Adiós.

QUINTA ALABANZA AL MUY ILUSTRE SR. DR. IGNACIO


DUARTE Y QUIRÓS

A lo largo de los cuatro años precedentes he hablado desde este


lugar del muy ilustre varón Ignacio Duarte y Quirós, he acompañado
sus honras fúnebres, he lamentado el triste sino y me he quejado de la
dura suerte de tal manera que negué que vuestras lágrimas y el
tiempo pudieran curar completamente un dolor y una herida tan
grandes. Decía que vosotros habíais perdido a un padre sin par, a un
doctor sapientísimo, al liberalísimo fundador de vuestro colegio, al
insustituible sostén de vuestras cosas y, finalmente, de vuestras
esperanzas. Pero, para decir la verdad, en aquellos discursos os tuve
más en cuenta a vosotros que a Duarte y atendí más a vuestro dolor
que al asunto todo y a su causa. Pues cuando desvié únicamente hacia
vosotros las causas del dolor por la muerte de Duarte, omití en
silencio el llanto público y el lamento de los demás conciudadanos
como si este asunto nada tuviera que ver con otros.

2
Si alguien ha interpretado de tal modo que piense que yo he
dicho que vosotros únicamente os debéis doler por la muerte de
Duarte y que la ciudad, el reino, todas estas provincias, este Nuevo
Mundo no tienen por qué lamentar su muerte, se equivoca
muchísimo. En efecto, no menos que vosotros deben a Duarte los
restantes ciudadanos, ni los demás, e incluso toda América, tienen
menos causas de dolor que nuestro colegio. Hoy he resuelto tratar y
demostraros esta causa pública que va unida a las alabanzas de
Duarte.
A partir de la naturaleza y condición misma de estos colegios se
puede comprender cuán fácil es probar mi tesis, porque ellos se
fundan no solo para utilidad vuestra o de los demás jóvenes, sino
también de toda la provincia y de América. En efecto, puesto que todo
el estado de la república depende de la mejor formación de los
jóvenes y la administración no se vale de otros gobernadores,
intendentes, jefes, sacerdotes, y demás magistrados que no sea de
aquellos jóvenes a los que el cuidado de los preceptores preparó para
ella desde la tierna infancia, quien sustentare y enseñare a estos
jóvenes, con este estarán en deuda sacerdotes, jefes, intendentes,
gobernadores y demás magistrados. Son fundadores de colegios los
que, después de haber buscado maestros inmejorables por sus
costumbres y conocimientos, y edificadas sedes públicas, sustentan y
enseñan a los jóvenes. Por lo tanto, estamos en deuda con los
fundadores de colegios por cuantos magistrados intachables hay en la
República.
Yo al menos pienso que ningún ciudadano puede prestar un
beneficio mayor a la comunidad que si erige una especie de fortaleza
adonde la juventud acosada por los males de los enemigos corra a

3
refugiarse; si muestra y abre un puerto al que los jóvenes expuestos a
tantas borrascas y naufragios entren seguros; si lleva, por último, el
agua de una fuente de la que fluya el vigor y la sangre por todas las
partes y miembros de la república. Nadie será tan injusto evaluador
de las cosas como para no ver y proclamar que tal fuente, tal puerto y
tal fortaleza son los colegios de jóvenes.
Pero para que no os parezca digno de sorpresa que yo, al
pronunciar este solemne elogio, en medio de tan fúnebre pompa y de
tan gran número de asistentes empiece con magníficas palabras a
ensalzar tanto la utilidad de los colegios, os pido me concedáis en esta
causa un permiso acomodado a la honra de nuestro Duarte y no
fastidioso para vosotros, así lo espero: que al hablar yo del fundador
de este colegio celebérrimo ante un grupo de hombres tan letrados,
ante vuestra humanidad, toleréis que diserte un poco más libremente
acerca de los orígenes, fundación y utilidad de los colegios. Si me lo
concedéis ampliamente, lograré sin duda, que penséis que entre las
grandes alabanzas de Ignacio Duarte la principal y la máxima es
haber fundado este colegio tan amplio, tan noble, tan útil. En primer
lugar, veo que tengo que hablar de aquellas condiciones que son
comunes a los colegios fundados en otro tiempo en aquel Viejo
Mundo y luego de las que hacen particularmente recomendables los
colegios de jóvenes en el Nuevo. Pues si estos colegios de jóvenes son
útiles y necesarios en Europa, mucho más útiles y necesarios son los
mismos en América.
Al principio, hubo muchos colegios de esta clase, aun entre los
antiguos Hebreos, como en Betel, en Jericó, en Ramata y aquel
nobilísimo seminario que el Rey David hizo edificar con gran
magnificencia en el monte Sión, donde se enseñaban las artes

4
liberales y disciplinas sagradas de los hebreos. Yo no puedo creer que
sean otra cosa que colegio de jóvenes aquellos Tabernáculos de los
antiguos hebreos. Pues al estar solas aquellas sagradas familias en
lugares desiertos, allí los virtuosos jóvenes se instruían. A estas casas
se las puede llamar colegios, donde Abraham y los demás Patriarcas
eran rectores y ministros de costumbres.
Esto es mucho más cierto si se refiere a Abraham. En efecto,
este abrió escuelas en Siquén y Mambré y enseñó a los suyos lo que él
mismo muy bien sabía (así lo escribe Josefo2): elocuencia, poesía,
filosofía, Teología, Astronomía y demás disciplinas. De estos colegios
egresó aquel sapientísimo José que, trasladado a Egipto, enseñó a los
egipcios los conocimientos que él mismo había aprendido (aunque
después los egipcios, por su vanidad, corrompieron la doctrina que se
les había enseñado). “Para que enseñase”, dicen de José los sagrados
libros, “a sus príncipes como así mismo, y enseñase la prudencia a sus
ancianos”. Luego de haber sido sacudido el yugo de los egipcios, los
hebreos restituyeron las disciplinas de sus antepasados y sus
campamentos fueron convertidos en colegios ambulantes. Y
ciertamente Eumolpo, según escribe Clemente de Alejandría, 3dice
que Moisés enseñó a los hebreos la Gramática y no solo la disciplina
que suele llamarse así, sino también toda clase de Letras.
Esto hicieron antaño los varones piadosos. Tampoco los
cristianos siguieron otro camino para consolidar la religión. Pues,

2 Flavio Josefo (37-100) recibió la acostumbrada instrucción que las familias

sacerdotales daban a sus hijos y adquirió una vasta cultura en todo el saber hebraico.
Entre sus obras se destacan La guerra de los judíos, Antigüedades Judaicas, Contra
Apión.
3 Clemente de Alejandría nació probablemente en Atenas hacia la segunda mitad del

siglo II y murió en Antioquía en 215. Es una de las figuras más notables de la literatura
griega cristina del siglo III. Stromata, Protréptico y El Pedagogo son algunas de sus
obras más famosas.

5
fuera de la escuela de Alejandría, donde enseñó Orígenes4 todas las
disciplinas en el gimnasio que en verdad se puede llamar seminario
de Alejandría, el sacerdote Pánfilo, no menos rico que piadoso,
edificó en la muy noble ciudad de Cesárea de Palestina, un magnífico
colegio en el que entre otros estudió aquel célebre Eusebio5 que, a
causa de este Pánfilo, fue apellidado Eusebio de Pánfilo. Comenzó a
propagarse luego la sagrada enseñanza y se instituyeron escuelas en
Antioquía y en Constantinopla, en la cual Constantino el Grande
fundó un nobilísimo y muy magnífico colegio de jóvenes, donde había
doce hombres muy sabios para cuidar de los estudios de los niños.
León Isaúrico ordenó más tarde, con rabia más que leonina,
incendiar este colegio.
Pero no hay que admirarse de que los cristianos hayan fundado
colegios para la educación de los jóvenes, ya que los antiguos
romanos quisieron que los hubiera en su ciudad. En estos colegios se
educaban los niños romanos, como en el Colegio de los Augures,
donde a los jóvenes se les enseñaba la disciplina propia de los
Augures. También Rómulo fundó un colegio al que llamó de los
Hermanos Arvales. Luego Numa o Tulo Hostilio añadieron otro en
Roma. ¿Qué diremos de los colegios de jóvenes descubiertos entre los

4 Orígenes nació en 185 en Alejandría y murió en 252 en Tiro. Era de familia cristiana.
Tras haber adoptado la profesión de gramático, la abandonó para dedicarse a la
catequesis. Años más tarde creó un centro de enseñanza superior llamado
“Didascaleion” y renunció a sus funciones de catequista. Dicho centro comprendía la
enseñanza de todas las ramas de la cultura pagana. Este es el primer esbozo de lo que
será la Universidad Medieval. Dio muestras de su genio en todas las actividades que
desarrolló. Marcó la teología oriental con su sello y dejó su huella en la occidental.
5 San Eusebio de Cesárea es considerado el padre de la historia eclesiástica. Nació entre

los años 260 y 265 en Palestina, probablemente en Cesárea, Allí estudió en la escuela
fundada y en la biblioteca dejada por Orígenes, junto con el sacerdote Pánfilo, cuyo
nombre añadió al propio. Eusebio fue sobre todo autor apologético como lo prueban las
siguientes obras: Contra Hierocles, Preparación evangélica, Demostración evangélica.
Tenía la costumbre de volver sobre sus obras y de justificar sus afirmaciones con la cita
de fuentes. A tal costumbre, pues, se debe la valiosa documentación contenida en
Historia eclesiástica.

6
japoneses y los chinos, los más sabios de los indios? No sin razón se
puede atribuir a estos colegios el hecho de que aquellos pueblos se
destacan por encima de los demás orientales.
La preocupación por el cultivo de las letras y la fundación de
colegios pasó más tardíamente a Occidente porque este era agitado en
su totalidad por las convulsiones de la guerra. Pero aquietadas las
armas, el Papa Agapito y otros obispos se empeñaron en promover
los estudios y en fundar las instituciones. A los afanes de estos
santísimos varones no les faltó el afán de los reyes. Ciertamente en el
Capitulario de Carlomagno había un decreto acerca de la fundación
de escuelas en cada uno de los monasterios y obispados. Igualmente
los Concilios de la Galia ordenaron el mismo asunto con ilustres
leyes. Pero no sé si hay algún decreto más esclarecido, entre los de
los antiguos Concilios, que aquel de Toledo II, celebrado el año
quinientos treinta y uno. En el capítulo primero establece: “Respecto
de aquellos a quienes la voluntad paterna ha entregado, desde los
primeros años de la infancia, al ministerio de la clerecía, ordenamos
que se observe que, una vez recibida la tonsura o después que hayan
sido asignados al ministerio de los elegidos, deben ser instruidos en la
casa de la Iglesia, ante la presencia del obispo, por una persona que
tenga mando sobre ellos”. Tan antiguo es en España el cuidado y
preocupación por los colegios de jóvenes.
Pero valga por todos los Concilios el Concilio Tridentino, el
cual, mirando, como desde una torre altísima, todas las partes de la
República Cristiana, para mandar lo que a cada una de esas partes, en
especial al orden sacerdotal, había de ser más útil, dio a luz este
decreto: “ Puesto que la edad juvenil, si no se la educa rectamente, se
inclina a seguir los placeres mundanos, y si no se la forma, desde los

7
tiernos años, en la piedad y la religión, antes de que el hábito de los
vicios posea enteramente a los hombres, nunca persevera de una
manera perfecta, sin un máximo y singular auxilio de Dios
Omnipotente, en la disciplina Eclesiástica, el Santo Sínodo ordena
que cada una de las Catedrales Metropolitanas y las Iglesias Mayores
que estas, según la medida de sus facultades y la amplitud de la
diócesis, están obligadas a sustentar, educar religiosamente e instruir
en las disciplinas eclesiásticas, una cantidad determinada de niños de
la misma ciudad y diócesis o de esa provincia, si allí no se
encontraren, en un colegio apropiado y vecino a las mismas iglesias o
en otro lugar conveniente, que debe ser elegido por el obispo.”
No deben ser silenciados en este lugar los monjes, que
promovieron esto más que nadie. Pues, al desear, según la medida de
sus fuerzas, servir ellos mismos a la república, tomaron a su cargo
educar a los hijos de los nobles e instruirlos en las letras y en la
virtud. Por eso, aquel Basilio el Grande, en las Reglas más
ampliamente discutidas, propone lo siguiente: cómo los maestros
deben corregir a los niños que cometen una falta. Explica este asunto
con sensatez y muy sabiamente. He aquí lo que escribe, lleno de
humanidad, al padre de cierto niño que había muerto
prematuramente en su colegio: “Ya que Dios nos ha constituido para
los Cristianos, como en una segunda clase de padres, cuando nos
confió la formación, que se da por medio de la piedad, de los niños
que en él creen, pensamos que la calamidad que acaeció con la
muerte de tu hijo bienaventurado también nos toca de cerca…Hemos
gemido, al haber sido arrebato el niño, a quien (los padres) habían
renunciado en la flor misma de la edad, para que se ejercitara en el
estudio de la elocuencia.”

8
Pero escuchad, colegas míos, cuáles han sido los alumnos del
colegio de Basilio y cuáles conviene que seamos nosotros. “Ha muerto
un niño”, añade, “vital según su edad (es decir, de quien podíamos
decir que viviría mucho tiempo), que se comportaba honestamente en
los coros de sus coetáneos, aceptado por sus maestros; que podía, con
su conversación sencilla, atraer a su benevolencia al más feroz de los
hombres; agudo en los conocimientos, de índole mansa y moderado
más de lo que exigía su edad, y de quien, aunque refiramos más
cosas, sin embargo, diremos menos de lo que la verdad exige…No
hizo mal alguno; no preparó engaño contra el prójimo; no se mezcló
en las reuniones de los que obraban mal; resistió a la violencia del
pecado; no experimentó la mentira, ni la ingratitud, ni la avaricia, ni
el amor a los placeres, ni los afectos de la carne, que suelen nacer en
los espíritus inexpertos y, sin haber sido marcado por cicatriz alguna
de esos vicios en su alma, no se marchó de aquí, sino que puro partió
hacia mejor suerte”. Esto escribió Basilio de su alumno. ¡Oh, Dios
inmortal! ¡Qué ilustres, qué santos serían nuestros colegios si
abundaran muchos jóvenes como ese!
Lo que Basilio realizó en el Oriente, en el Occidente lo hizo el
primero de todos los monjes occidentales, San Benito, quien,
habiendo visto en Roma, aún siendo niño, los vicios y lascivia de los
jóvenes estudiosos, se apartó de allí. Ya hombre maduro y anciano,
quiso que el retiro para los jóvenes nobles fuera accesible en las casas
de los suyos. Por consiguiente, recibió para instruirlos en casa, a los
hijos de los principales de la ciudad, por ejemplo, a Mauro y Plácido.
Mucho después se educó e instruyó, en el mismo Monte Casino,
Santo Tomás de Aquino, que, desde allí, como un segundo sol muy
resplandeciente, descendió para iluminar el orbe entero. Y estos

9
fueron, en cierto modo, algunos de los rudimentos de los colegios que
ahora se encuentran en casa de los religiosos.
Pero ya que varones prudentísimos se han ocupado de fundar
estos colegios con afán constante, durante todas las épocas, no puede
suceder que no hayan visto en ellos suma utilidad o, incluso,
necesidad. Veían, sin dudas, que la tierna edad de los niños se
inclinaba al vicio como si fuese de cera, áspera para sus maestros y, si
se la dejaba librada a la indulgencia de los padres, produciría más
males que bienes. Veían que los padres muchas veces no podían y
muchas más no querían corregir los vicios de los hijos; por el
contrario, ni siquiera a los padres les parecían vicios, las cosas que
son muy viciosas en los hijos. Así como para una madre ningún hijo
es feo, así también ninguno es malo. Lo expresan los versos
siguientes:

“Pero como el padre no se disgusta por el defecto del hijo, así


nosotros, no debemos disgustarnos por el del amigo, si es que existe
alguno. El padre llama al tuerto6 ojitos furtivos y si tiene un hijo
demasiado pequeño,7 le dice pichón.”8

A esto se añade que los hijos se escapan de la casa, cuando les


viene en gana; vagan solos por la ciudad o se juntan con aquellos de
cuya compañía vuelven a casa dañados quienes salieron inocentes,
mientras los padres o lo ignoran o cierran torpemente los ojos. Nos
ha tocado en herencia un suelo corrompido por la naturaleza, que es

6 Es decir, de ojos torcidos y lo llama paetum, esto es, de hermosos ojos.


7 Hor. Sat. I 3, 43-46. Peramás comete un error al citar el v. 44: si quod vitium est, en
lugar de si quod sit vitium.
8 En Roma Strabo, Paetus y Pullus suelen ser cognomina basados frecuentemente en

alguna particularidad física.

10
necesario limpiar, remover, cultivar y sembrar con la mejor semilla,
antes que comience a levantar las espinas que crecen
espontáneamente. Esto se hace con suma facilidad en los seminarios,
donde hay cultivadores expertos, que conocen perfectamente qué
fruto puede dar cada uno, cuándo se debe arar, qué es conveniente
sembrar, qué podar.9 A este cultivo responde el fruto deseado que los
jóvenes nunca darían en casa; en efecto, existen algunas semillas que,
si son dejadas en sus tierras, apenas son buenas, y si son trasladadas
a otro lugar, dan frutos muy agradables. En los colegios no hay
ocasión de estar desocupado, ningún ocio; al contrario, ejercicios
determinados de virtudes y letras. Hay un tiempo destinado a leer,
otro para ir a clase, otro para dedicarse al culto, otro para relajar el
ánimo con honestas recreaciones.
Además hay compañeros de igual condición, nobleza, aficiones
que se sirven recíprocamente de testigos y censores de las
costumbres. El jefe de la casa vigila a todos y unas veces
públicamente en determinadas horas y otras, en particular, excita a

9 Como ya hemos señalado, Peramás se apropia del texto clásico para adaptar su
discurso al modelo ideal expresado por aquel. Así, pues, las imágenes agrarias de este
pasaje se presentan como alusiones a Verg. G. I 50-53:
Ac prius ignotum ferro quam scindimus aequor,
uentos et uarium caeli praediscere morem
cura sit ac patrios cultusque9 habitusque locorum,
et quid quaeque ferat regio et quid quaeque recuset.

(Pero antes de hender con el hierro la ignota llanura, hay que conocer anticipadamente
los vientos y los variados factores climáticos, los antiguos cultivos, los hábitos de los
terrenos, qué produce cada región y qué rechaza.)

Virgilio lleva al lector al momento paradigmático de la confrontación inicial con la


naturaleza, que implica una ignorancia definitiva. En estos versos de instrucción técnica
el mantuano introduce el concepto lucreciano de ley natural. Antes de sembrar el
agricultor debe determinar qué tipo de semillas conviene más en función de los suelos y
del clima. La naturaleza ha determinado que distintos productos crecen en distintas
regiones y el agricola debe considerar esta ley para tener éxito. En el texto de Peramás
los maestros y profesores de los colegios y seminarios son los agricultores portadores de
conocimientos que aseguran el fruto deseado.

11
todos a la virtud y a la nobleza de ánimo. Y como desde su puesto de
vigilancia el piloto suele recomendar, después de observar las
estrellas, adónde debe encaminarse la nave y señala las tempestades
inminentes, los escollos ocultos y muestra a los marineros los lugares
peligrosos; así el rector instruye con sus palabras y avisa a los
alumnos acerca de los escollos y peligros que les aguardan, cuando
hayan salido de aquí, y acerca del lugar adonde deben dirigirse y qué
estrellas seguir. Luego enseña los preceptos para la formación recta
de la vida y los confirma con ejemplos históricos y no en vano, pues
la mayoría expresa con sus costumbres lo que oye. A unos alaba, a
otros estimula. Los demás miran y se empeñan en hacer ellos mismos
también cosas dignas de alabanza.
¿No es acaso verdad que los jóvenes, recluidos en casa de sus
padres, carecen de emulación para el estudio y por esta razón se
entorpecen y se malogran? En los colegios, en los que hay tantos
jóvenes aventajados por su inteligencia, que merecen los honores de
los hombres letrados y los reciben, no le es lícito haraganear ni
siquiera al más incapaz. Aquella antorcha ilustre y el estímulo que
punza especialmente a los jóvenes, se enciende de tal manera que
ellos mismos desean escalar y subir allí adonde ven que otros
ascienden. Admiran a los que van a la vanguardia y quieren ser objeto
de admiración para los que marchan en la retaguardia. Por esto,
promueven especialmente los estudios literarios y surge y crece
paulatinamente aquel noble ardor de realizar cosas dignas y de huir
de las indignas, sin el cual la república no puede permanecer.En los
que han egresado del colegio, la virtud, arraigada por el prolongado
hábito, perdura, y la ciudad recibe ya doctos y castos a los que había
entregado niñitos a los seminarios, y tiene a quienes pueda

12
encomendar el timón de la administración pública y elegir
gobernadores, intendentes, sacerdotes. Estas utilidades provienen de
la fundación de los colegios, que en vano pueden buscarse o
esperarse de la casa y de las caricias de los padres. Por cierto, aquella
sentencia de San Juan Crisóstomo es de oro: “Se puede ver que
aquellos que viven en sus casas con sus padres no son muy ilustres ni
dotados de insigne sabiduría.” 10Pero en los colegios donde no existe
aquel indulgente amor de los padres, sino un sólido afecto, cuando el
niño comete un falta, es reprendido y castigado y se puede decir
entonces que todos son castigados y reprendidos. Así escarmientan
con los castigos ajenos y se vuelven cautos. Además los que gobiernan
los colegios son hombres prudentes y no despreocupados por la
honra y la reputación, sino que solícitos aplican suma preocupación y
para ello orientan todos sus recursos para no quebrantar la esperanza
concebida acerca de la educación de los niños, y desean
vehementemente devolver muy bien instruidos y bien morigerados a
los que la república confió a su lealtad. Es por eso que a estos
maestros de costumbres se les puede aplicar aquello de Horacio:11

“El poeta configura la tierna y balbuciente boca del niño,12 y aparta


inmediatamente su oído de conversaciones obscenas. Luego también
forma el espíritu con preceptos amigos.13 Corrige la aspereza, la
envidia y la ira. Cuenta acciones correctamente; instruye a las
generaciones nacientes con ejemplos conocidos.”
10 Esta áurea sentencia encerró en áureos versos, el celebérrimo poeta de nuestro tiempo

Francisco Grimaldi (De la vida cortesana, libro 1): “El dulce amor del padre, la blanda
indulgencia de la madre / muchas veces retardan el viaje ya emprendido hacia la gloria.”
11 La epístola horaciana (II 1, 126-131) puede guiar las acciones del maestro.
12 Horacio apunta al uso de la poesía para enseñar a los niños cómo hablar. Cf. Rudd

(1989: 95)
13 Horacio se refiere a preceptos que apunten a vivir en términos amistosos, idea que es

ilustrada en el v. 129. Cf. Rudd (1989: 96).

13
Estas y otras muchas cosas movieron a los antiguos a fundar
colegios de jóvenes. Cuando este Nuevo Mundo, América, fue
descubierto, los Reyes Católicos, convencidos de cuán útiles serían los
seminarios para educar a los jóvenes españoles, que nacieran después
en estas provincias o emigraran hacia aquí desde Europa, y para
enseñar a los indios, que eran incontables, estatuyeron por ley que en
cada una de las provincias se fundasen colegios de jóvenes nobles. Lo
mismo vieron los portugueses en aquella su India recién descubierta,
y no esperaron que la juventud de esa región pudiese educarse del
modo debido, ni adelantar la Religión entre los paganos, si no
levantaban, en Goa, la ciudad capital, un colegio de jóvenes.
Fundaron, por lo tanto, el colegio de la Santa Fe, que encargaron a la
congregación de los franciscanos. Después estos, por su propia
voluntad, lo traspasaron a San Francisco Javier,14 que acababa de
llegar. Javier no rehusó aquella gestión por el deseo que tenía de
ayudar a los portugueses y convertir a los indígenas. Tan útil y
necesario consideraron los varones apostólicos este asunto, donde la
Religión y la Fe eran recientes, como en América.
Por lo tanto, obedeciendo a los mandatos regios, el ilustrísimo
Francisco de Toledo, virrey del Perú, fundó en el año mil quinientos
setenta y ocho, en la Universidad de Lima el Colegio de San Felipe, el
cual goza de los privilegios de los colegios llamados mayores. En el
año mil quinientos ochenta y dos el virrey Martín Enríquez fundó el
Real Colegio de San Martín. Y por último en el año mil quinientos
noventa y uno, Santo Toribio Alfonso Mogrovejo, erigió el colegio

14 Francisco Javier (1506-1552) fue un sacerdote jesuita español que misionó durante
muchos años en el Oriente (China, India y Japón). Fue canonizado en 1622. La Iglesia
Católica lo considera patrono oficial de las misiones extranjeras y de todas las obras
relacionadas con la propagación de la fe.

14
que, en honor de su santísimo fundador, ahora llaman de Santo
Toribio. Así en Lima, nobilísima ciudad de América, hay tres colegios
de jóvenes de donde como de cierto trípode de sabiduría se solicitan
oráculos y donde los talentos limeños más preciosos que su oro y que
su plata, son limados artísticamente. Rodrigo Valdés,15 en su poema
Hispano Latino, que escribió para la instrucción del rey Carlos II,
todavía niño, abarcó estos tres colegios y sus alabanzas.
Tantas colegiales togas
Tan eruditas, quam varias,
De Phillipo Togas Regias
Regias Togas Martinianas
De Sanctissimo Thoribio
Togas Metropolitanas
Que alternándose conformes
Frequentant devotas aras.

De los mismos colegios trata Francisco Haroldo 16 en Lima


Limada y de todos estos tres colegios, dice “han egresado varones
eximios para ocupar todas las dignidades de la república y todos los
cargos tanto eclesiásticos como seculares.17

15 Rodrigo de Valdés, sacerdote jesuita nacido en Lima en 1609 y fallecido en 1682, es


autor del Poema heroico hispano-latino panegírico de la fundación y grandezas de la
ciudad de Lima, escrito en latín con versificación española.
16 Francis Harold, sacerdote de la orden franciscana, nacido en Irlanda en 1620 y

fallecido en Roma en 1685, es autor de varias obras, entre ella la que aquí se cita, cuyo
título completo es Lima Limata conciliis, constitutiuonibus synodalibus et aliis
monumentis, notis et scholiis illustrata.
17 Hace mención también de los colegios de jóvenes de Lima, Andrés Méndez en Derecho

Académico, libro I cuestión 6, donde alaba principalmente las universidades de Lima y


de México, y del Colegio de San Martín dice, tomándolo del Doctor León Pinelo: “este es
un sublime emporio de la juventud estudiosa.” Alaba también estos tres colegios Jorge
Juan en su Viaje a la América Meridional, parte 2, libro 1, cap.3.

15
En México que es otra capital de América se fundaron colegios
de jóvenes en mil quinientos setenta y tres. Por qué y por quién han
sido fundados lo refirió Francisco Zachino.18 “Además mientras el
Provincial” (Pedro Sánchez), dice, “investiga en el año mil quinientos
setenta y tres qué podía acrecentar la piedad, de acuerdo con el
estado presente, encuentra que nada era más necesario que ministros
idóneos de la Iglesia y la buena educación de los jóvenes. Pues ya
todo el pueblo indígena había recibido el Bautismo; pero, arrebatados
por la muerte los primeros maestros y relajadas paulatinamente las
costumbres de los que siguieron, aparecía por su negligencia y aun
por los ejemplos nada buenos que la piedad no había arraigado
profundamente en esa gente, sino más bien que la mayor parte no
tenía más que una profesión de fe cristiana meramente externa. No
les faltaba a ellos disposición natural o voluntad para ser educados en
la virtud.
Además la juventud española educada sin cultura alguna
llenaba de vicios la facilidad inicial de la naturaleza concedida por
Dios para el aprendizaje de la virtud. Pensando, pues, poder lograr
ambos propósitos con la misma obra, es decir, la recta formación en
letras y costumbres, de la edad infantil, Sánchez habló en público de
la necesidad de fundar colegios a la manera de los de Alcalá y
Salamanca, después de proponer el modo por el cual, recogiendo una
cantidad fija de dinero para obtener una renta perpetua, los que
deseasen sustentar piadosamente a sus hijos o a sus parientes o a
cualesquiera, podían adquirir el derecho perpetuo de Patrono,
transmisible a sus herederos. La exhortación fue recibida con buena
voluntad. Se comienza el Colegio de los Apóstoles Pedro y Pablo, y se

18Francesco Sacchini, que de él se trata, fue un sacerdote jesuita italiano (1570-1625),


autor de una Historia Societatis Iesu y de varias biografías de personajes sobresalientes.

16
pone al frente un rector prudente y piadoso. Se agregan algunos
convictores a los colegas. Luego, gracias a la exhortación del mismo
Sánchez, se levantaron con gran trabajo otros colegios. Este fue el
primer ornato y ayuda que la ciudad y Universidad de México
recibieron de la Compañía.”
Se equivocó Zachino al llamar de los Santos Apóstoles Pedro y
Pablo al primer colegio de jóvenes fundado por Sánchez; en efecto,
este nombre es el del Colegio Máximo de los jesuitas de México. Pero
llaman de San Ildefonso al colegio de jóvenes que fue fundado allí por
el rey Felipe II. No puedo dejar de decir algo de este Colegio de San
Ildefonso, ya que lo he mencionado. Es la honra del gran México y ha
dado a esa ciudad incontables hombres sapientísimos. Se puede ver
algo de eso en el libro que con el título Colegio de San Ildefonso ha
editado en el año setecientos cuarenta y ocho. Este libro contiene los
nombres de muchos alumnos y recuerda las dignidades que han
obtenido. Pero el mayor encomio de este colegio debo buscarlo ahora
en las poesías que allí se publican y que tan eruditas, tan ingeniosas,
tan dignas de Apolo son. El colegio había mandado la celebración de
juegos poéticos con motivo de la ascensión al trono del rey de España
Fernando VI.19 Con la publicación de dichas poesías en tres
certámenes los alumnos del colegio dieron una gran muestra de
talento y de amor a su rey y lo que es más admirable: todas las
alabanzas al rey quisieron buscarlas en la palabra sexto. El libro es
razonable, las poesías de todo género, innumerables, y todas,
encerradas por el número sexto, como en un círculo de oro. Por
cierto, variaron prodigiosamente este número puesto que buscaban

19 Famoso por publicar poesías latinas y celebrar los ludi poetici, el Colegio de San
Ildefonso de México se hermana en el siglo XVIIII con el Colegio de Monserrat en la
tradición clásica.

17
con ingenio motivos de alabanza para el rey y aunque apenas pueda
creerse, evitaron aquel defecto “del que pinta a un delfín en los
bosques y a un jabalí en las olas.” 20
De ahí que se pueda conjeturar cuáles han sido los restantes
vencedores, cuando el Señor Doctor José Ignacio Guraya, quien
mereció el tercer premio en el tercer certamen, compuso estos versos,
muy ingeniosos y dulces, según mi opinión:

“Ya resplandeces con el nombre de sexto en el mundo, haciendo que


los tiempos, Fernando, se vuelvan dignos de ser señalados con las
mejores piedritas. El berilo21 esplendente por su variado color, más
hermoso por sus seis ángulos merece señalar los siglos del preclaro
imperio. Recibe, pues, para ti Minerva a este, al que la progenie ahora
ofrece a su patrono, a quien quiso consagrar la casa toda; envía esta
piedra única; pero la piedra misma que abarca el número señalado
por el Rey en nada es menor que toda la casa.”22

Finalmente, nada más diré de este libro, sino que es un


monumento preclaro de los talentos mexicanos. Y, si en las restantes
provincias de América, se cultivaran tanto las Humanidades como se
cultivan en México, veríamos que dentro de poco navegan hacia el

20 Hor. P. 30. El adynaton del v. 30 que muestra seres fuera de su medio habitual no es
utilizado por Horacio como imagen de lo imposible sino como símbolo del desorden y la
variación que menoscaban la unidad de la obra y desvirtúan el praeceptum del simplex
et unum. Cf. Suárez (1998: 167, 171).
21 Se había propuesto como argumento para el tercer certamen, que se tomara como un

motivo de alabanza para Fernando VI el berilo que (como escribe Isidoro en el libro 16
de los Orígenes, cap. 7) nace en la India parecido por su color verde a la esmeralda. Es
tallado por los indígenas en forma hexagonal…tallado de otra manera no reluce. A
partir de aquí debía buscarse un motivo de alabanza del término sexto y debía
expresarse la alegría del Colegio de San Ildefonso, porque en la trábea de los alumnos se
usa el color verde por la ascensión de Fernando.
22 Los versos de José Guraya son endecasílabos falecios.

18
Nuevo Mundo el Lacio y aquella lengua vencedora del antiguo orbe
de la tierra. Es por esto que se le podría permitir a un alumno del
Monserrat cantar acerca de los alumnos del colegio de San Ildefonso,
lo siguiente:

“Mientras cantáis en tres certámenes las alabanzas del Sexto, escuchó


la multitud, atónito el coro. ¡Ay! Somos arrojados, dijo Febo, de la
cumbre del Parnaso: Ya el orbe antiguo es vencido por el orbe nuevo.
Sexto ofrendó con un solo nombre, a seiscientos Febos; y llama a los
de Ildefonso a los sagrados montes. ¡Ea! Apártate ya, Febo, de tu
antigua fuente, y bebe del lago Mexicano, si algo has de cantar.”

El gran diccionario de Morerio dice de los colegios mexicanos:


“Estos son los colegios de jóvenes en México: el Mayor, llamado de
Todos los Santos, fundado en el año mil quinientos setenta y tres, por
el ilustrísimo Monseñor Francisco García Rodríguez Sartoi, obispo de
Guadalajara. Este es el principal de todos los colegios y muchos de
sus alumnos fueron después arzobispos, obispos y cabildantes. En
otros lugares se encuentran el Colegio Imperial de Santa Cruz de los
Caciques, fundado en el año mil quinientos treinta y siete; el Real
Colegio de San Juan de Letrán, fundado en el año mil quinientos
cincuenta y siete; el Colegio de San Ildefonso, fundado en mil
seiscientos dieciocho; el Real Colegio de Nuestro Señor Jesucristo,
fundado en el año mil seiscientos treinta y seis; el Colegio de San
Ramón Nonato, a cargo de los Reverendos Padres Mercedarios,
fundado en el año mil seiscientos cincuenta y cuatro; el Seminario
Tridentino fundado en el año mil seiscientos ochenta y nueve.

19
Además de que aquí todo es tergiversado, porque convenía
enumerar los colegios más antiguos antes que los modernos, la mayor
parte de lo que dice es, según mi juicio, falso. Pues, el Colegio de San
Ildefonso, que nos consta que fue fundado por el rey Felipe II, lo
retrasa hasta el año mil seiscientos dieciocho, y a pesar de ser Real,
hace silencio, aunque no hace lo mismo con los otros. Veo luego que
los alumnos del Colegio de San Ildefonso se jactan de que su colegio
es Real y más antiguo que los demás. De esta alabanza y título se
valen también cuando dedican aquel libro (del cual hemos hecho
mención arriba y donde en la página veintiuna, se dice
elocuentemente que el colegio ha sido fundado por el rey Felipe II) a
la reina María Bárbara, esposa de Fernando, a la cual no podían,
según me parece, engañar.
Las Cartas Anuas de la Compañía de Jesús,23 editadas en el año
seiscientos diez, esto es, ocho años antes de la fecha que asigna
Morerio, dicen: “En el colegio de San Ildefonso se realiza un preclaro
certamen; porque nadie cede a nadie en virtud”. Y las Cartas del año
mil seiscientos trece dicen: “El Seminario (de San Ildefonso) de
México ha presentado al público entre los ciento sesenta alumnos
bien preparados, a veintiséis condecorados merecidamente con el
doctorado, con un testimonio honorífico del trabajo puesto al servicio
de los estudios.” A este Colegio de San Ildefonso más antiguo que los
demás colegios de nobles españoles (pues el de la Santa Cruz de los
Caciques verdaderamente supera a todos en antigüedad; pero por

23Los miembros de la Compañía de Jesús ocupan un lugar destacado dentro de nuestra


evolución historiográfica, por cuanto entre los siglos XVII y XVIII realizaron el mayor
aporte al estudio de la historia de nuestro país en el período hispánico. Estos religiosos
contaron desde un principio con sus propios cronistas encargados de redactar las Cartas
Anuas, extensa información que cada año era elevada por los padres provinciales al
general de la Orden, residente en Roma, sobre diversos aspectos de las misiones
ubicadas en esta parte de América.

20
ahora no hablaremos de él), lo considero incluso más antiguo por el
hecho de que para estimularlo el jesuita Sánchez habló en público
como de cosa nueva y nunca vista en México, de la utilidad de los
seminarios donde los jóvenes españoles, futuros sacerdotes y
magistrados de la ciudad, serían enseñados. Creo que no hubiera
hecho esto si esta utilidad se hubiera probado allí de otros colegios de
españoles. Zachino, con todo, refirió la arenga más arriba. Pero los
que tengan interés corrijan al editor del Gran Diccionario.
Por lo tanto, a partir de estos dos puntos del mundo
americano, Lima y México, se propagó el afán por la fundación de
colegios. Y ciertamente en el año mil quinientos noventa y cuatro,
Luis López de Solís, agustino, obispo de Quito, fundó allí el seminario
de San Luis que entregó con singular benevolencia a la Compañía de
Jesús y recomendó con palabras de grandísima significación al Rey
Católico, quien al conocer el asunto, encargó al Cabildo de Quito, en
el año mil quinientos noventa y cinco, que velara muy especialmente
por la conservación del Colegio de Quito, fundado para la
propagación del Evangelio, la enseñanza de los españoles, la
conversión de los indios, para el bien común de la república y ornato
y decoro de la misma.
Casi por el mismo tiempo, otro colegio (que se llama de San
Bartolomé) fue fundado en la ciudad de Santa Fe de Bogotá.
Escuchad qué utilidad ha reportado la fundación de estos dos colegios
a partir de Manuel Rodríguez,24 cuyas palabras traduzco al latín tanto
más gustoso puesto que mucho hacen valer la utilidad de los colegios
y abrazan como en un relato histórico los comienzos de los estudios
en esta nuestra América meridional. “Aquellos dos colegios”, dice, “el

24 Manuel Rodríguez, jesuita colombiano (1640-1701) que fue procurador de la Orden en


la región amazónica, es autor de una obra titulada El Marañón y Amazonas.

21
de San Bartolomé en la ciudad de Santa Fe y el de San Luis en Quito,
fueron una especie de fuentes (esto no lo negará nadie que sepa la
historia de América), de los estudios en América, los cuales eran
sumamente necesarios para la formación de párrocos y predicadores
del Evangelio, cuyo número, aunque fuera incontable, apenas
bastaría para las necesidades de estas provincias. Lo mismo se debe
pensar del Perú, de Chile y del Tucumán. Día a día los hijos de
españoles aumentaban en número y eran ya muchísimos, al tiempo
que la Compañía de Jesús se hizo a la mar; se hizo a la mar tan pronto
como se echaban los cimientos de las Universidades de Lima y de
México, que están en estas dos ciudades capitales de América…Y
aunque el decreto del rey acerca de la fundación de estas
universidades fue publicado en el año mil quinientos cincuenta y
uno,25 sin embargo, cuando en el año mil quinientos sesenta y siete,
llegó por primera vez al Perú la Compañía de Jesús, la Universidad de
Lima poco había adelantado y su administración no se mantenía
suficientemente. Es por esto que el virrey Francisco de Toledo, sabio
gobernante, que promovía en gran medida la fe cristiana, los asuntos
del reino y el provecho de la ciudad, quiso entregarla a la Compañía
en el año mil quinientos sesenta y ocho. Habiéndose negado el
Provincial enérgicamente, el virrey no se enfadó poco con la
Compañía…Pero la Compañía se contentó con haber abierto allí
escuelas de Gramática…Desde aquel tiempo, principalmente después
de la fundación del Colegio de San Martín, allí empezaron a florecer
muchísimo los estudios y provino una copiosa producción de

25Francisco Echave, en la Estrella de Lima, cap. 4, dice que la Universidad de Lima fue
fundada en el año 1549; Pedro Peralta, en La Fundación de Lima, canto 5, da el mismo
año que Rodríguez y añade que fue fundada el 12 de mayo de 1551.

22
hombres doctos, que consiguieron los cargos de esa ciudad y todas las
magistraturas.
Al mismo tiempo y por causas más justas, en las otras
provincias donde no había universidades, enseñó la Compañía de
Jesús, Gramática, Filosofía y Teología, como en el Tucumán, en la
Provincia del Río de la Plata, en el reino de Chile, en las ciudades de
Arequipa y Quito y en la Iglesia de Santa Fe de Bogotá. A causa de
esto, pocos años después, egresaron jóvenes talentosos y muy dignos
de ser doctorados en Artes y Teología; aunque buscaban estos grados
a costa de viajes y grandes gastos, y los solicitaban como candidatos
en las universidades públicas, sin embargo, estaban apesadumbrados
y eran rechazados en vista de que sus estudios y méritos no eran ni
legítimos ni requeridos públicamente. Habiendo llegado las quejas de
estos candidatos a oídos del rey Felipe, este por carta fechada en el
año mil seiscientos diecisiete, le pidió al Cardenal Borja de Velasco
que, puesto que en América había solamente dos universidades, la de
Lima y la de México, lo cual acarreaba gastos e incomodidades muy
grandes a los hijos de los españoles, alejados de esas dos ciudades y
que, sin embargo, eran dignos, por sus estudios, de recibir doctorados
en Artes y Teología, y que si tales cosas se concediesen, habría
muchísimos que por la esperanza de la honra, se dedicarían a las
letras, con gran provecho futuro de propagar el Evangelio y las demás
cosas que atañen al culto cristiano; le pidiese al Sumo Pontífice en su
nombre por las razones antedichas que quisiera y ordenara que se
fundasen universidades en los colegios de la Compañía de Jesús, de
las islas Filipinas, del Nuevo Reino de Granada, de Chile, del
Tucumán y del Río de la Plata. Accedió Gregorio XV por un decreto
publicado en el año mil seiscientos veintidós. Felipe IV que había

23
sucedido a su padre difunto, ordenó en el mismo seiscientos
veintidós, que aquellas universidades fueran fundadas en las islas
Filipinas, en el Nuevo Reino de Granada, en Chile, en el Tucumán y
en la Provincia del Río de la Plata y que, una vez fundadas, fueran
encomendadas, entregadas y cedidas a los colegios de la Compañía de
Jesús de tales provincias. Hasta aquí Rodríguez.
Estos fueron, oyentes, los comienzos de los estudios y de las
universidades en estas provincias. Es cierto que todo esto se debe a
los colegios de jóvenes. En efecto, no hubieran podido consolidarse
las universidades en el Nuevo Reino de Granada, si no hubiera
existido allí el Colegio de San Bartolomé; o en el Reino de Chile, si no
hubiera existido el de San Javier. Aquí, en Córdoba, si no se echaran
los cimientos de la Universidad en esta roca de Monserrat, como una
ciudad colocada sobre un monte, apenas podría permanecer en pie.
Pero del colegio fundado en la ciudad de Santiago de Chile cuenta
Nicolás del Techo:26 “En la capital del reino, por las peticiones del
Real Cabildo y del Alcalde de la ciudad, el Padre Diego Torres fundó
un seminario de jóvenes nobles en el año mil seiscientos once. El
motivo de esta fundación fue que los jóvenes de la primera nobleza,
en las casas de sus padres, por la abundancia de incentivos
pecaminosos del Reino de Chile, eran educados con demasiada
indulgencia y delicadeza, no sin destrucción de las costumbres y se
esperaba que bajo el cuidado de la Compañía se formasen jóvenes
aptos para regir la república”
26 El jesuita Nicolás del Techo (a quien ya nos hemos referido en una nota anterior)
escribió una Historia de la Provincia del Paraguay, publicada en 1673 en la ciudad de
Lieja y traducida al castellano en 1897. El propósito fundamental de esta obra es resaltar
la tarea cumplida por los misioneros, a los que dedica varios capítulos biográficos. En el
aspecto histórico narra los sucesos ocurridos en el Río de la Plata, anteriores al
establecimiento de la Orden y reproduce los errores de la obra de Ruy Díaz de Guzmán
sobre la cual se basa. Pese a ello fue un hábil narrador y su trabajo debe recordarse por
cuanto inicia la labor historiográfica de la Compañía de Jesús.

24
A este colegio y a los demás que mencionamos poco antes, debe
añadirse el Colegio de jóvenes de San Ildefonso de Los Angeles que, a
principios del siglo pasado, más o menos, fundó el Doctor Alfonso de
la Mota Escobar, obispo de Los Angeles. Este colegio formó a
muchísimos varones aventajadísimos en virtud y sabiduría; y así
como se parece en el nombre, así también es muy semejante al
Colegio de San Ildefonso de México, lo cual es suficiente para su
encomio. Recuerdo haber hablado en las alabanzas anteriores de los
colegios que hubo antaño en esta provincia del Tucumán.
Seguramente, dije que hubo en Santiago el Colegio de Santa Catalina
y aquí en Córdoba, otro, el de San Javier. Parece que en Buenos Aires
también hubo, en otro tiempo, colegios de jóvenes, porque el Padre
del Techo, en el año mil quinientos ochenta y seis, dice: “En el
Tucumán y en el puerto de Buenos Aires, se erigieron con
autorización y fondos de los Reyes Católicos, sedes episcopales y se
construyeron Colegios de Canónigos y Seminarios. “
Pero todos estos colegios, unos por una causa y otros por otra,
no subsistieron, hasta que se levantó este (que vale por todos)
nuestro colegio de Duarte, que desde el año mil seiscientos noventa y
cinco, por autorización de los Reyes Católicos, permanece y
permanecerá eternamente, con la ayuda del cielo. Acerca de este
seminario de Loreto, que también veis edificado aquí y que fue
fundado en Santiago, en el año mil seiscientos noventa y siete, por
decreto de Carlos II y luego trasladado aquí cuando Inocencio XII en
el año mil seiscientos noventa y nueve, mandó que la sede del
obispado fuera trasladada a Córdoba, sólo me bastará decir que, si le
tocan en suerte tales obispos, como fue el anterior ilustrísimo Señor
Doctor Pedro Miguel de Argandeña (que es ahora obispo de La Plata

25
y antes ennobleció a esta su patria y la enriqueció con un magnífico
templo) y como es el Ilustrísimo Señor Doctor Manuel Abad de
Illana, aquel seminario no cederá a ninguno. Por cierto que ahora
vemos restaurados en nuestro obispo aquellos tiempos de Gregorio,
cuando el Papa, en persona, enseñaba a sus alumnos el canto pío y
costumbres acordes a la piedad.
Pero no puedo omitir lo que de estos dos colegios cordobeses y
de nuestra Universidad, en el año mil setecientos cincuenta escribió
al Papa Benedicto XIV, el Ilustrísimo Señor Doctor Pedro Miguel de
Argandoña, a quien poco antes hemos elogiado: “Hay también en
Córdoba dos seminarios para educar a la juventud no sin gran
provecho. Uno es el Tridentino, dedicado a la Bienaventurada Virgen
de Loreto y al Doctor Angélico Santo Tomás, bajo el cuidado de un
rector, presbítero secular, que dirige solamente a seis alumnos ( ha
crecido ya su número), a quienes incumbe el cargo de atender la
iglesia catedral en el culto divino. El segundo seminario, dedicado a la
virgen de Monserrat, bajo el cuidado y el régimen de los Padres de la
Compañía de Jesús, educa más o menos cincuenta alumnos (el
número ya es mayor). Los moradores de uno y otro seminario son
especialmente formados en letras y en virtud, en la Universidad
Pontificia y en la Real, que fue fundada hace más de un siglo en el
colegio de la citada Compañía de Jesús. Además de dos cátedras de
Gramática para la enseñanza de la Poética y de la Retórica, tiene otras
ocho: Teología Moral, Escolástica, Sagrados Cánones, Sagrada
Escritura y toda la Filosofía. Para aprender estas disciplinas animosos
discípulos se esfuerzan y luchan con gloriosa emulación hasta que
consiguen el premio del doctorado. Muchísimo se aprovecha el
cuidado absolutamente eximio y la diligencia con que los profesores

26
jesuitas velan continuamente para enseñarles las disciplinas
antedichas y adelantarlos en toda clase de virtudes.”
A esta carta de Argandeña respondió en nombre del Papa, en el
año mil setecientos cincuenta y tres, la Sagrada Congregación del
Concilio, después de haber aprobado los demás asuntos que atañen a
los colegios de jóvenes: “Confiamos en que mantienes el mismo
empeño en la formación de las costumbres del Clero, para que los
idóneos sean llevados al ministerio del altar; de esto nos ha dado gran
esperanza la resolución que tomaste de ampliar el Seminario, para
que resplandezcan en la presencia de tanta gente como antorchas
ardientes en la casa de Dios, y la virtud y religión de los clérigos
convenga excelentemente al decoro de la sagrada casa.” ¡Tanto
estiman los Padres de Roma los colegios americanos de jóvenes!
Ambas cartas, la del obispo y la de la Sagrada Congregación, fueron
impresas en caracteres elegantísimos en el año 1753, en Roma.
Esto, oyentes, es lo que he tenido que decir en una especie de
relato histórico de los colegios americanos de jóvenes. Me inclino a
creer que he pasado por alto otras cosas dignas de ser contadas; pero
me han faltado o los libros o el tiempo para investigarlas. Pues
aunque Jorge Juan, en su Itinerario hacia la América Meridional, en
algunos lugares recuerda los Colegios de jóvenes de San Cristóbal de
Guamanga; de San Juan y de San Crisóstomo de La Plata; de San
Jerónimo de la Paz; de San Antonio y de San Bernardo del Cuzco y de
San Luis y San Fernando de Quito; sin embargo, de tal manera los
recuerda que no ha dicho ni por quién ni en qué tiempo fueron
fundados, ni ha enumerado sus méritos. Puesto que no me fue
posible hallar estos datos en otra obra, este autor me ha sido menos
útil.

27
Empezaré ahora a exponer aquellas causas por las que son más
útiles y más necesarios los colegios de jóvenes en América que en
Europa. Me parece que Felipe II ha abarcado sabiamente estas
causas, en aquel decreto suyo, que he citado arriba, a favor del colegio
de San Luis de Quito.Evidentemente convenía fundar tales colegios
“para la propagación del evangelio, la enseñanza de los españoles, la
conversión de los indios y para el bien común de la república y ornato
y decoro de la misma.”
Proseguid como lo hacéis, escuchándome gustosos, varones
sapientísimos, mientras trato cada uno de estos temas.
Estos colegios son únicamente útiles para la enseñanza de los
españoles y no son sólo útiles sino también necesarios. Pues en
Europa hay muchísimas personas para enseñar a los hijos de los
españoles en público y en privado; muchísimos se dedican a las
letras; no bastan los premios de las letras para todos. Es por esto que
muchos jóvenes y sacerdotes talentosos, aventajados en doctrina y
virtud, vencidos por otros candidatos y competidores en las honras,
son obligados a penetrar en esa provincia para tomar a su cargo el
cuidado de los jóvenes nobles. Moran en casa de estos, están al frente
de sus costumbres y estudios, los conducen afuera, los vuelven a su
casa y por todas partes están como testigos. Por lo cual sucede que, si
tuvieran vehementes deseos, no se les permite a los hijos de los
nobles ni entregarse al ocio en casa ni portarse mal fuera, por miedo
al censor. Pero en nuestra América no ha prevalecido aquella
costumbre ni habría suficientes censores para los hijos nobles de
españoles, porque no muchos queremos soportar aquí la labor y
molestia de los estudios. Es por esto que, una vez que los niños son
dejados solos, en casa, no hay nadie que los incite al estudio y a los

28
que salen de casa les es permitido ir a donde quieren con quienes se
les antoja. Y la mayor parte de las veces a los jóvenes no les agradan
las costumbres severas ni los buenos compañeros. Estos males se
afrontan en los colegios, donde hay muchos censores y maestros de
costumbres que promueven los estudios y corrigen la libertad sin
control de los jóvenes.
Sí, en Europa, donde hay más ayuda a causa de estos censores
domésticos de que he hablado para educar a los hijos, sin embargo,
los que demuestran más sensatez, los encierran en los colegios
públicos. ¿Cuánto más es necesario que suceda en América, donde la
ayuda doméstica es casi nula, y los impedimentos muchísimos? Pero,
en efecto, en casa está el padre para que en lugar del pedagogo
gobierne los estudios de los hijos y corrija sus tardanzas. Pero ¿podría
exigírsele a un padre, dedicado a los negocios y al comercio, que cuide
las tildes de las letras y los puntos? En efecto, él preferiría contar las
monedas en casa antes que los pasos del hijo que está afuera de aquí
para allá. Pero supongamos que el padre gobierna los estudios y
costumbres si está en su casa; en estas provincias muy
frecuentemente el padre no está en su casa porque todos los asuntos
dependen de la negociación en el exterior y son larguísimos los viajes
en los cuales los padres pasan muchísimos meses y aun años enteros;
la madre, entretanto, lucha con los hijos en casa y como ella es de por
sí más tímida e indulgente, apenas puede mantener su autoridad
sobre los niños procaces. De ahí que las costumbres decaigan y se
arruinen.
Más aún, como las casas de los españoles abundan en esclavos y
esclavas, a menudo la prudente Sara ve a su hijito jugando con el
esclavo Ismael y, sin embargo, no se atreve a decirle al marido: echa a

29
esta esclava y a su hijo. Es por esto que el niñito inocente bebe con el
juego costumbres no inocentes. En los colegios todos estos tratos y
juegos con hombres de ínfima clase están prohibidos, e Isaac recibe
una educación digna de un niño libre y noble. En América abundan
estos atractivos- lujo, ocio, riquezas-, instrumentos del mal. El niño
alimentado con dichos atractivos en su casa, desbordante de oro y
plata y poco feliz, según parece, se precipita adonde la naturaleza se
inclina. Por lo tanto, debe ser alejado y arrancado de la madre,
obligado con severa disciplina y enseñado para que muestre su
reconocimiento al fundador y dador de todos los bienes y riquezas y
para que utilice los dones de la naturaleza con mesura y moderación.
Puesto que en los colegios al niño se le enseña esto, al regresar luego
a su casa, aprende a moderar estas diversiones domésticas.
Escuchemos lo que dice Nicolás del Techo de esta abundancia
americana: “Aunque el pueblo español es frugal y sabe moderar la
naturaleza con las artes de la templanza, sin embargo, la multitud de
mujeres indígenas y su libertinaje habían corrompido las costumbres
de tal manera que los españoles se lamentaban de su suerte.” Y para
apartar a los niños de tales cosas no se podría aquí proclamar con
Juvenal: “Nada torpe de decir y de ver toque estos umbrales, dentro
de los cuales hay un niño. Lejos de aquí, lejos de ahí las muchachas
de los rufianes y los cantos del parásito trasnochador. Máximo
respeto se le debe al niño.”27
Y con Horacio para que los niños huyeran de su casa y se
refugiaran en los colegios:

27Juv. 14.44-47. En el v. 45 Peramás cambia la lectio pater de Juvenal (intra quae pater
est) por puer. Quizás haya sido un error involuntario. Pero no es ilógico pensar en un
cambio intencional para adecuar el exemplum y la cita a la temática planteada.

30
“…Ahora recibe con un pecho puro las palabras ¡oh, niño!, ahora
ofrécete para cosas mejores. La vasija guardará largo tiempo el olor
con el que se impregnó hace poco. ”28

Pero el Rey dice que los colegios son necesarios para el bien
común de la república, su ornato y su honra. Los bienes que
principalmente deben exigirse a los colegios de jóvenes corresponden
a la educación civil o a la sagrada. Una y otra educación en ninguna
parte es más útil o más necesaria que en América; ningún reino,
ninguna provincia hay que tengan mayor necesidad de mejores o de
más honestos magistrados, civiles o eclesiásticos, que este Nuevo
Mundo. Por consiguiente, si los colegios de jóvenes en América, han
cumplido con este cometido, hay que decir que han hecho un bien
enorme e infinito. En los colegios se trata especialmente de enseñar a
los jóvenes los deberes eclesiásticos o civiles, o de proponer como
ejemplos a los que en otro tiempo florecieron con alabanza; o de
exponer y explicar los preceptos que el uso y la antigüedad han
aprobado en la república; de leer la historia, donde existen
numerosísimos ejemplos en ambas partes de aquellos para alabar o
imitar; o de aquellos para vituperar y de cuyo final hay que
precaverse. Ya el Padre José de Acosta,29 conocedor como pocos de
los asuntos americanos, nos enseña con palabras de peso, que
conviene que aquí los gobernantes sean mejores que los de otras
provincias: “En otras repúblicas”, dice, “y naciones fundadas y

28Hor. Ep. I 2, 67-70.


29José de Acosta nació en Medina del Campo en 1539 y murió en Salamanca en 1600.
Muy joven ingresó en la Compañía de Jesús. En 1571 pasó al Nuevo Mundo donde fue
misionero en Arequipa y La Paz, y general de su Orden en el virreinato del Perú.
Intervino en el Concilio de Lima. En 1587 volvió a España donde fue nombrado visitador
de la Compañía. Su obra principal es su importantísima Historia Natural y Moral de las
Indias que fue traducida a varios idiomas.

31
constituidas desde mucho tiempo atrás, los gobernantes tienen
copiosa y grandísima ayuda que no les permite equivocarse, aunque
quisieran. Son útiles las leyes públicas, la patria tiene costumbre,
existen los ejemplos de los antepasados y, por último, cierta marcha
de los acontecimientos, reforzada por la antigüedad misma, con la
cual se mantiene fácil y tranquilamente el estado de la nación, en los
tiempos de paz y en los de turbulencia. Si se desvía un poco, se alinea
con un simple movimiento del gobernante, como le sucede al piloto
en un mar tranquilo y seguro. Pero, en el gobierno de las Indias,
particularmente cuando los nuevos reinos son descubiertos y
habitados por los nuestros, pasa de muy diverso modo. Todas las
cosas son nuevas; el derecho, salvo el natural, es incierto; casi
ninguna autoridad es firme; los ejemplos de los tiempos pasados o no
existen o no deben ser imitados; los acontecimientos cotidianos son
impensados; repentinos, por lo general, y peligrosos los cambios; los
derechos municipales son ignorados o no lo suficientemente sólidos
para juzgar; las leyes hispánicas o romanas, contrarias a las
costumbres inveteradas de los bárbaros, y la organización misma de
la república, tan inconstante y diversa, tan diferente, que las cosas
que ayer eran consideradas utilísimas y muy correctas, se convierten
hoy, tras el cambio de las circunstancias, en muy injustas y
peligrosas. Por tanto, ¿quién no vería qué gobernante reclama tal
organización política, qué sabio, qué cuerdo, qué integro y
constante? De hecho, a su sensatez y prudencia se ha entregado todo;
a este se le han fijado y dispuesto todos los implementos de la guerra
y de la paz. Si, en efecto, la antigüedad quiso que para echar los
primeros cimientos los primeros fundadores de las naciones fueran
los mejores y los más sensatos, es verdaderamente evidente que los

32
descubridores de un mundo y jefes de nuevos pueblos no pueden ser
sino muy sobresalientes y escogidos.”
Ya que esto es así, debe haber aquí alguna fábrica donde se
formen esos óptimos gobernantes. Con tal nombre se puede designar
correctamente a los colegios de los jóvenes, pues aquellos que
después han de administrar estas provincias allí son educados con
buenos preceptos para que sepan y en virtudes para que quieran ser
útiles a sus conciudadanos. De ahí que fácilmente puede conjeturarse
que los colegios apunten al ornato y honra de la república, o que las
ciudades se jacten muchísimo de ellos, por así decirlo con una
felicidad, única y muy importante, concedida a los ciudadanos.
¿Acaso no se enorgullece México con sus colegios, el Mayor de Todos
los Santos, el de San Juan de Letrán, el de San Ildefonso y los otros; o
Lima con el San Felipe, el de San Martín, el de Santo Toribio; o Chile
con el suyo, el de San Javier? Puesto que toda la gloria de la república
está colocada no solo en la nobleza de los ciudadanos sino también en
su virtud, no pueden dejar de ser motivo de gloria y ornato para las
ciudades aquellas casas muy respetables, donde jóvenes muy nobles
son educados en las virtudes, como en los colegios, y de donde
provienen los que han de ilustrar la ciudad con sus hazañas y la
enseñanza de disciplinas.
En verdad, los colegios son útiles para la propagación del
Evangelio, según las palabras del Rey. Evidentemente, de aquí deben
ser buscados los mejores pregoneros del Evangelio. Por esto, lo que
hemos dicho de los magistrados civiles puede acomodarse fácilmente
a los sacerdotes que es necesario que sean más santos y más sabios,
aquí mucho más que en cualquier parte. Pues, al pasar la mayor parte
de ellos su vida entre los indios o entre los españoles que viven en el

33
campo, deben decidir y establecer muchas cosas por sí mismos. Y si
ellos mismos no son santos y no están bien instruidos, no resolverán
de acuerdo con la recta razón, la doctrina o las exigencias de la virtud,
sino según el impulso del capricho o de la ignorancia. Allí el sacerdote
no tiene a quién consultar: el obispo está lejos, casi siempre carece de
libros. ¿Qué hará, por lo tanto, si no ha cultivado desde la juventud
sus condiciones naturales con la doctrina? Nuevas medidas, como en
un nuevo mundo y en nuevas ciudades, ocurren en la moral, en el
Derecho Civil o en el Canónico, cuando el derecho debe ser
interpretado, extendido o atenuado. En vano puede esperarse esto de
aquel que no haya sido instruido de manera óptima, o no haya
escuchado y leído mucho antes de ser llevado a tales aprietos. En los
colegios, por cierto, todo esto se trata y se dan las normas para que
sepamos qué se debe hacer en cada caso nuevo. Se sabrá si se comete
el menor error en todas las cosas. Los obispos, aunque sean muy
diligentes, no pueden enseñar todo por sí mismos ni lograr que los
párrocos no hagan algo insensatamente alguna vez. Si algo ordenan o
transmiten los nuevos decretos de los Pontífices romanos traídos
hasta aquí, si aquel curión solitario no sabe, porque ha sido apartado
de las letras, o no quiere, porque es ímprobo, obedecer las órdenes,
es necesario que esto vaya en perjuicio de la grey y del pueblo.
Narraré aquí lo que acaeció en la Provincia de Santa Fe de
Bogotá antes de la fundación del Colegio de San Bartolomé. Hablaré
del monstruoso y detestable error de cierto párroco. Estaba a punto
de conducir alrededor de la ciudad, el Sacramento de la Eucaristía en
una procesión pública. Los ciudadanos ya estaban preparados; los
incensarios despedían ya su aroma; las antorchas ya precedían y los
cantores y músicos alternaban sus partes. Pero he aquí que una

34
situación nueva e imprevista conturba todo e, incluso al párroco. La
hostia recién consagrada a causa de su circunferencia mayor de la
conveniente, no cabía en el viril de plata, en el cual debía ser
encerrada. ¿Qué podía hacer este Párroco? Esperad un acto indigno
tanto como se quiera y propio de un hombre sumamente insensato.
El muy listo, cuando apenas reflexionó, dice: “tráiganme unas tijeras,
pronto, unas tijeras.” Le trajeron las tijeras y entonces él, bueno para
el hierro y las tijeras, cortó aquella parte de la hostia que no cabía en
el viril y, así recortada, la encerró. ¡Oh el más insensato y el más
impío de los hombres! ¿Tú osaste tocar con el hierro aquellos
sagrados miembros? ¿Tú, sacerdote, tú encargado del culto, no has
temido acercar el hierro al divino cuerpo? ¿No se entorpecieron tus
manos, no se horrorizaron tus ojos ante tan enorme delito? ¿Qué
mayor injuria soportaría Cristo de parte de los judíos? Soporta las
cadenas de hierro, los clavos de hierro, la lanza de hierro. Cristo ya
sostiene los clavos, la lanza, el hierro no de un soldado pagano, sino
de un sacerdote; no de los judíos, sino de un cristiano. ¡Oh ignorancia
vergonzosa y hecho vergonzoso de la temeridad! Pero ya me
avergüenzo de alargar la narración de un asunto tan horrible.
Hubo también allí quien, después de muchos años de ordenado
y siendo ya un fecundo sacerdote, respondió, al pedirle públicamente
un magistrado que tradujera al español un libro en latín, que no sabía
traducir y que sólo sabía que, habiendo sido ordenado sacerdote, esa
lengua extranjera no había sido introducida todavía en la provincia,
que él era español, que sabía español y no latín.
Creo que no fue más sabio aquel sacerdote que, en la ciudad de
Asunción del Paraguay, puesto que era comisario de la cruzada,
ordenó que todos los sacerdotes, todos los frailes y los restantes que

35
tuvieran breviarios, misales y aquellos libros diurnos más pequeños,
sin la firma del Procurador del Escorial, se los trajeran para
quemarlos o entregarlos a la polilla, porque era pecado que aquellos
libros se vendieran o leyeran sin el nombre del Procurador del
Escorial. Se interpusieron algunos varones sabios y piadosos, ya que
no había en la provincia ningún libro sagrado con tal firma y si
quemaba o destruía los que había, no podrían los sacerdotes rezar ni
celebrar el culto. Pero decía que era mejor que se interrumpiera todo
el culto, cesaran las oraciones, se cerraran los templos y no se leyera
nada que no fueran los libros enviados por el Procurador del Escorial;
que el Procurador del Escorial era absolutamente necesario para las
preces y la celebración del Sacrificio y que él debía proteger los
privilegios y derechos del Procurador del Escorial. 30 ¿Qué más? El
hombre importuno no desistió de esto hasta que un magistrado
superior le ordenó entrar en razones. Esto sucedió en aquella ciudad,
antes de que nuestro colegio enviara hacia allá, lo cual hace ahora,
sabios y prudentes sacerdotes; en efecto, (como sabéis), esa ciudad
nobilísima envía hacia aquí muchísimos jóvenes para instruirse en las
letras en este nuestro colegio.
¿Qué se puede esperar de bueno de tales sacerdotes? Y habría
muchísimos semejantes a ellos, si no fueran instruidos en
conocimientos y en prudencia en los colegios de jóvenes. Pero ¿por
qué me quejo de los iletrados e ineptos? Incluso hay que temer que
aquellos que desde la adolescencia han sido bien formados, vencidos
por el ocio y por el tedio, arrojen, cuando estén en el campo y entre
los indios, los conocimientos aprendidos y los libros. Pues, según yo,
al menos, pienso, la soledad y el trato con hombres incultos no

30Es privilegio del Procurador del Escorial de los Jerónimos firmar los libros sagrados
de los sacerdotes, que hayan de venderse en España.

36
ayudan mucho para dedicarse a los libros, cuando nos hemos
convencido de que, en la medida en que son insensatos, basta con ser
doctos. En efecto, el varón docto se aparta casi siempre de los
ignorantes y quiere ser leído, oído y aprobado por los sabios y por los
justipreciadores de las cosas. “La sabiduría escondida”, dice el más
sabio, “y el tesoro invisible ¿qué utilidad en ambos?” Y así como no
toleramos que los tesoros americanos de oro y plata queden sin ser
vistos, sino que trabajamos incansablemente para sacarlos a la luz
con grandes esfuerzos y, si no se pueden extraer, los despreciamos y
no nos preocupamos más en excavarlos; así también, si la sabiduría
del párroco es constreñida a estar escondida y no puede aparecer
entre los incultos, no será apreciada, ni tampoco en adelante buscada
en los libros. Es por esto que, cuando aún son jóvenes, deben ser
prevenidos de manera muy especial e incitados al estudio de las letras
y de los libros, de tal modo que el amor a la ciencia y a la lectura
jamás se pierda, aun cuando estén solos.
Asimismo, el rey dice que los colegios de jóvenes son útiles para
la conversión de los Indios. En efecto, cuanto más doctos y más
santos sean los predicadores de los indios, tanto más muchos de ellos
se convertirán a nuestra religión. En los colegios se logra
principalmente que sean santos y doctos aquellos que han de ser
enviados a los indios. No deben ser soportados aquellos que estiman
en poco la doctrina y menosprecian los estudios en lo que respecta a
la instrucción de los indios y el cuidado de los hombres incultos.
Escuchen ellos al Padre Acosta, varón sumamente experto: “Tres
cosas, dice, deben requerirse en todo ministro de Cristo, que ha de
procurar la salvación de los indios: vida íntegra, doctrina idónea,
abundancia de palabra. Si alguna de ellas faltare, no solo no será útil

37
al prójimo, sino que también él mismo pondrá en grave peligro a su
alma.” Añade en otro lugar: “sepa (el misionero de indios) qué forma
de catecismo debe guardarse, qué orden debe mantenerse en los
Sacramentos, cuánto le está permitido absolver, cuáles son los
pecados reservados, cuáles los privilegios concedidos por los Sumos
Pontífices a los neófitos y otras cosas semejantes (de las cuales una
sola, según él mismo en otro lugar: cómo se guardan, cómo se violan
los preceptos divinos)”. Y, no contento, prosigue más adelante: “Y,
aunque en la mayoría de los casos basta cierta doctrina mediocre, sin
embargo, es conveniente que aquellos a quienes recurren los demás y
de quienes se absorbe como de una fuente estén dotados de tan
absoluto dominio de la Teología, en el Nuevo Mundo, como en
ningún otro pueblo … Pues, para rechazar los errores de los indios y
proteger la nueva religión, es muy necesaria la doctrina… En el Nuevo
Mundo conviene que sean nuevos los asuntos, nuevas las costumbres.
Cada día ocurren nuevas y grandes dificultades en la milicia, el
comercio, la navegación y en toda la administración de las Indias. Si
la luz de la sagrada doctrina no las asiste en abundancia, es forzoso
que los hombres vivan en las grandes tinieblas de la ignorancia y
pongan en peligro su salvación” Ahora vayamos y enviemos hacia los
indios párrocos insensatos y sacerdotes incultos a América.31
Puesto que, fuera de los seminarios y colegios, en vano puede
esperarse un serio estudio de las letras en medio de tanta abundancia
de oro y plata, tantas comodidades, ocio, riqueza, lujo, los colegios
para jóvenes estudiosos y futuros sacerdotes son absolutamente
31 Las naciones europeas tienen un camino seguro, trazado desde la antigüedad. El
gobernante, aunque quiera, no puede equivocarse. Algo muy distinto es el gobierno de
los pueblos nuevos. América es un mundo donde no prevalece la tradición, en donde
todo es incierto pues los ejemplos del pasado no existen o no deben imitarse, un mundo
inconstante e imprevisto. En consecuencia, el gobernante americano tiene que saber
cómo interpretar y qué hacer ante una situación nueva.

38
necesarios. No solo los estudios sagrados, que Acosta se encargó de
describir allí, sino que la Filosofía y el arte del bien decir deben
estimarse aquí muchísimo. En efecto, conduce en gran medida a la
salvación de los indios que el predicador esté ejercitado en hablar y
en la explicación de los fenómenos de la naturaleza. Así lo enseña
José Pablo Arriaga32 que durante largo tiempo vivió entre los indios.
“He visto a cierto predicador que, para refutar los errores que los
indios tienen acerca de los Pacarinos (así llaman a sus mayores),
imaginan, en efecto, que unos han nacido de una fuente o monte, y
otros de otro lugar; para refutar, digo, estos errores traía muchas
razones, acomodadas a la inteligencia de los indios y entre ellas, la
siguiente: el semejante engendra al semejante. Y para arrancarles
aquel error por el que negaban que todos los hombres pudieran haber
nacido y descendido de los mismos padres, mostraba, mientras
predicaba, una espiga de trigo de diversos colores. Preguntaba luego a
los indios, mostrándosela, de cuántos granos había nacido esa espiga.
De uno solo naturalmente respondían. “¿Cómo pues, decía, aunque
aquel único grano había sido de un solo color, ya fuese blanco, negro
o rojo, los granos que se hallan en esta espiga nacida del tal grano,
son unos blancos, otros negros, otros rojos, otros descoloridos?” Ya
para convencerlos de que Dios no es ni puede ser el rayo, les
explicaba claramente para que aun los ignorantes pudieran entender
cómo se producían las nubes, cómo los rayos, etcétera. Y se dice que
uno de los Incas fue inducido a creer que el sol no era Dios, porque le
habían manifestado que el sol no podía estar fijo cuando y donde
quería y que por esta razón aparecía arrastrado y gobernado por otro

32El jesuita español Pablo José de Arriaga (1562-1622) ejerció su apostolado en Perú,
donde dirigió los colegios de Lima y Arequipa. Es autor de numerosas obras de tema
teológico y catequístico.

39
más poderoso que él. Apenas se puede decir cuánto se deleitan los
indios, cuando oyen y comprenden estas cosas. Seguramente a partir
de aquí se pone de manifiesto cuán innato es en el hombre el afán de
saber y conocer…” Luego dice:“es de capital importancia que para que
los indios avancen lo más posible en la religión, sus predicadores
sean buenos, santos, diligentes y expertos en disciplinas,
particularmente en Teología; en efecto, es un error grandísimo
afirmar o sentir que la Teología no nos es necesaria para la enseñanza
de los indios, lo cual algunos ya repiten demasiado en el Perú.” Aquel
dijo en español lo que nosotros tradujimos al latín.
Ciertamente, todo esto puede acomodarse sin dificultad a los
españoles incultos, entre quienes se hallan los párrocos. Pues es
necesario que sobresalga por su elocuencia para que pueda
conmoverlos y es fácil que ellos sean engañados por algunas
supersticiones, nacidas de los indios paganos o de los malos
cristianos. Para erradicarlas será de gran ayuda el haber aprendido de
la filosofía las fuerzas de la naturaleza. Si no las aprendemos en los
colegios, según se hallan las cosas, creo que saldremos buenos
comerciantes antes que sabios filósofos.
Estos son, oyentes, los argumentos que prueban que la doctrina
debe buscarse en los colegios de jóvenes. Hay otros muchos que
prueban que debemos buscar en los mismos la santidad de la vida; en
efecto, el sacerdote americano no corre menos riesgo por falta de
santidad que de doctrina; así en todas partes hay escollos, en todas
partes Sirtes en las que las costumbres pueden naufragar. Sin dudas,
aquí los curas moran solos, alejados de los superiores, entre los
esclavos, entre los indios, hombres y mujeres de abandonado pudor.
En consecuencia, ¿cuán virtuoso es necesario que sea para que no se

40
pervierta entre estos peligros? Abundan los esclavos y las criadas.
“En todas partes”, dice San Juan Crisóstomo, “se sabe a ciencia cierta
que los esclavos son casi siempre desvergonzados, difíciles de educar,
lascivos, propensos al mal.” El mismo da la causa de esto, cuando
dice: “En razón de que son abandonados y no tienen a nadie que se
preocupe por corregirlos y educarlos, ruedan justamente hacia los
mismos precipicios de la maldad y sus abismos. Si, en efecto, alguien,
cuando el padre, la madre, el pedagogo, el ayo, el maestro, los
coetáneos y los demás están muy cerca, evita el trato y compañía de
los malvados con muchísima dificultad, ¿qué podemos pensar de los
que están al margen de estas ayudas, que se mezclan cotidianamente
con hombres criminales y se encuentran libremente con quienes
quieren ya que no hay nadie que examine sus conversaciones y
amistades? ¿Qué clase de hombres creemos que serán?
El Concilio primero de Lima, en el cual intervino y del cual fue
presidente Santo Toribio, en el año mil quinientos ochenta y ocho, vio
estos males provenientes de las criadas y de los esclavos. Al ver que la
desvergüenza de las criadas crecía, para que la ruina no avanzara por
más tiempo, estableció en el capítulo diecinueve: “ya que muchos
tienen esclavas, y no solamente con negligencia sino, lo que es peor,
con voluntad y gustosos consienten y permiten que ellas vivan en
concubinato, a causa de la ganancia que les aumenta por los partos de
las mismas, sin estimar en lo más mínimo su obligación de enseñarles
la ley de Dios y de exhortarlas a su observancia; puesto que a
nosotros, como pastor y prelado de los mismos, nos incumbe prevenir
este mal, exhortamos y amonestamos que inmediatamente pongan
remedio para que sus esclavas vivan bien quitándoles por completo
toda ocasión de pecar, advirtiéndoles con esta provisión que

41
procederemos con todo rigor contra ellos mismos, tanto como contra
los defensores y los cómplices de tal delito. Y a nuestros vicarios y
párrocos ordenamos que cada uno de ellos, en el lugar dedicado a su
cuidado, lea públicamente este capítulo de nuestro concilio, para que
nadie pueda alegar su desconocimiento y exhortamos a los
predicadores y confesores que adviertan a los amos de tales esclavas.”
¿Vemos aquí cuánta corrupción hay que temer por la desvergüenza,
la lascivia y el placer de estas esclavas, en perjuicio de los jóvenes que
viven con tanto libertinaje entre sus tantos rebaños?
Pero en América los indios no significan menor peligro que los
esclavos. Con respecto a tal afirmación, aduzcamos nuevamente el
testimonio de Acosta. “El modo de vivir de los bárbaros se halla tan
desprovisto de toda ayuda humana para el bien que, sin embargo,
nada arrastra e incita más al mal que él. Ingente es el abismo de toda
impudicia cuando el temor de los hombres es nulo; sorprendente la
lascivia y la procacidad de las mujeres; el pudor absolutamente
desconocido. Muy frecuentemente, la ocasión es buscada no tanto
para satisfacer el deleite cuanto ella misma lo busca. Ciertamente el
temor a Dios es poderosísimo para resistir al pecado; pero cuando
uno es apartado al mismo tiempo del pudor y el temor humano,
entonces, en verdad, es urgido por la facilidad misma de pecar y
muy fácilmente (esta es nuestra miseria) el temor a Dios es
abandonado…Entre las mujeres bárbaras falta tanto pudor que en
este sentido en nada se distinguen de los animales; por el contrario,
aunque no superen a los animales en pudor, los superan en lujuria.
¿Quién, pues, saldrá salvo de incendio tan grande, si no lo protege la
gracia divina y la cotidiana mortificación de la carne no lo circunda
como con un vallado?”

42
Son muchísimos, lo confieso, los que navegan en medio de
tantas Sirtes, Caribdes y escollos circeos de impudicia, con los oídos
cerrados con cera; pero la mayor parte de ellos o casi todos han sido
educados en los colegios, y si allí no lo han sido, creo que hay que
desear más que esperar que ellos estén bastante seguros o puedan
estarlo contra estos peligros. Sin embargo, no hemos rememorado
aquí todos los peligros que rodean al párroco de los indios; hay otros,
incluso, y quizás mayores- el del deber abandonado y la misión
encomendada o el de la avaricia- acerca de los cuales no debo hablar
particularmente. Solo diré lo que dijo Arriaga, a quien anteriormente
hemos alabado: “Para la conversión de los indios hay pocos que
quieran entrar, a menos que sea por la puerta de oro y plata.” ¡Por
Dios inmortal! ¡Qué diferente es esta puerta de aquella por la cual
Pablo entraba para convertir a los Macedonios¡ “En efecto, dice, se
me ha abierto una puerta grande y clara y los adversarios son
muchos.”
No son tan torpes y lentos los indios de modo que no señalen
suficientemente a esos sacerdotes de oro y plata, muelles y lascivos.
Referiré lo que ha contado Acosta respecto de tal cosa y lo haré con
sus mismas palabras: “Habiendo escuchado algún Curaca indio (este
es nombre de una dignidad entre los indios) a un clérigo que
predicaba entre los demás en la plaza de una ciudad y habiéndose
admirado del fervor y fuerza del sermón, se volvió a los españoles y
les preguntó cuál era el modo de vivir de este hombre. Habiendo
respondido uno que era un santo y que buscaba únicamente la
salvación de ellos, preguntó de nuevo el indio si estaba libre de
placeres y de riquezas. Al respondérsele que de ninguna manera
buscaba eso, añadió el bárbaro por qué, pues, no usaba otro hábito y

43
vestiduras para mostrar su estilo de vida (como si los que usaban la
vestidura clerical, se dedicaran exclusivamente a los placeres y a las
riquezas). Podemos ver, por favor, ¡cuánto ha peligrado el orden
eclesiástico con él! Y ¡ojalá fuera él solo!” Parece que también aquí
viene bien lo que un mexicano respondió a los españoles.
Habiéndosele preguntado en México a cierto indio ya convertido al
Cristianismo por qué tan pocos mexicanos abrazaban nuestra
religión, respondió: “porque faltan verdaderos sacerdotes y ministros
de Cristo. Pues si ellos trabajasen para dar a Cristo a nuestro pueblo
tanto cuanto antaño trabajaron aquí los falsos sacerdotes a favor del
culto de los ídolos, ya alguno de los nuestros sería cristiano” ¡Oh
deshonra y vergüenza de los sacerdotes cristianos! ¿Por lo tanto,
seremos vencidos por los sacerdotes paganos? ¿Serán ellos más
solícitos en su antigua superstición que nosotros en nuestra religión?
¡Oh vosotros, santos colegios de jóvenes, donde a los futuros
sacerdotes se les enseña a vencer a Plutón y a Venus y a preocuparse
únicamente por la salvación de los indios! ¡Oh piadosos colegios!
¡Cuán justamente dice el Rey Católico que sois apropiados y útiles
para la conversión de los indios!
Pero me parece que ya he explicado bastante las palabras del
Rey, con las que recomendó la utilidad de los colegios de jóvenes.
Puesto que en América los varones sabios y expertos en tales asuntos
vieron esta utilidad, favorecieron y aconsejaron la fundación de
aquellos colegios. Incluso, los concilios americanos mismos
procuraron que estos colegios fueran erigidos y bien respaldados en
las principales ciudades. El Concilio de Arequipa, reunido en el año
mil seiscientos ochenta y cuatro, siendo obispo Don Antonio de León,
llamó “Acerca de la conservación del colegio de jóvenes” a todo el

44
capítulo del título tercero del tercer libro. Todo el capítulo tercero del
título octavo del Concilio de la Paz que reunió, en el año mil
seiscientos treinta y ocho, el sapientísimo obispo Don Feliciano de la
Vega, trata de la conservación del seminario. Estas son las primeras
palabras del capítulo: “Nuestro Vicario se preocupará
extremadamente para que el seminario sea administrado lo mejor
posible, gobernado con rectitud y para que las leyes se observen de
modo severo, etc.”
Pero, en cuanto se refiere a nosotros con más atención, el
Concilio primero del Tucumán que congregó el Ilustrísimo Fernando
de Trejo en el año mil quinientos noventa y siete insistió claramente
en esto. Hemos creído que valía la pena traducir del castellano al latín
la Constitución décima quinta de la tercera parte de este Sínodo que
dice: “El Concilio y el Sínodo Provincial ordenan que en cada una de
las diócesis se funde un colegio donde los jóvenes sean enseñados en
letras y en virtud, para que aquellos que aspiran a la dignidad
sacerdotal sean formados prematuramente, en el temor de Dios y se
ocupen de los estudios que después les han de ser útiles; pues como el
sabio dice: “el joven, según su camino, no se apartará de él, aun
cuando envejeciere”.
“Y puesto que nos ruega el Rey Católico por sus cédulas que
fundemos cuanto antes un colegio en la ciudad de Nuevo Madrid33
que está en el centro de la provincia, y donde hay tranquilidad y
comodidades que son necesarias para los estudiosos de las letras; por
ese motivo queremos y ordenamos ya ahora aquella parte legítima
que ha definido el Concilio Provincial, esto es, que de los bienes píos
sea extraído el tres por ciento que adjudicamos al colegio; este la

33 Esta ciudad ha desaparecido y ni siquiera quedan sus restos.

45
exigirá a quien hemos puesto al frente para que la exija. Pero ya que
los recursos que, por tal concepto, se conceden al colegio, son de poca
importancia, y son necesarios muchos más para su conservación, por
esto aconsejamos a todos los que quisieran sustentar a sus hijos en el
colegio que les proporcionen lo necesario para su vida, hasta que
crezcan las rentas; en efecto, esto contribuye al bien y honra de los
ciudadanos y de la república y esplendor de la provincia.” Hasta aquí
el primer Sínodo de Tucumán.
Estos Sínodos siguieron la autoridad del primer Concilio
Limeño que reunió el santo prelado Toribio Alfonso Mogrovejo, y con
el cual nosotros que hemos ascendido como por ciertos escalones
hasta aquel, una vez aducidos los decretos de los demás obispos,
hemos querido terminar nuestro discurso. Por lo tanto, Toribio que
conocía bien la utilidad y necesidad de los colegios de jóvenes, no solo
porque había presenciado los impedimentos para la educación de la
juventud en América que hemos mencionado más arriba, sino
también porque había sido en otro tiempo alumno de aquel Colegio
Mayor Ovetense, que está en Salamanca y del cual han provenido
cardenales, arzobispos, obispos, sagrados inquisidores, innumerables
gobernadores, resolvió acerca de este asunto con el Concilio de
Padres, que fue celebrado en Lima en el año mil quinientos ochenta y
tres, y el Papa después aprobó: “Ya que en el sagrado Concilio de
Trento, se encomienda de peculiar manera que, entre los asuntos que
deben discutirse en el Sínodo provincial, se trate la fundación de los
seminarios, ordenados por la autoridad de los Padres y del Espíritu
Santo; y ya que es muy claro aquello de que ninguna iglesia necesita
tanto de esta saludable institución como esta nuestra institución
indiana, en la que las nuevas plantas evangélicas deben ser nutridas

46
cuidadosamente y formadas para la propagación de la fe cristiana,
este santo Sínodo, conociendo su deber, ruega encarecidamente, de
parte de Dios Omnipotente, a todos los obispos y pastores y, cuanto
puede, grava sus conciencias para que en sus iglesias procuren erigir
lo antes posible los antedichos seminarios de niños, tras posponer de
cualquier forma todos los impedimentos, etc. Todas estas palabras
son del Concilio Limeño y no veo qué pueda decirse de más peso, de
mayor amplitud y solidez para recomendar los colegios de jóvenes.
Este decreto es por cierto de tal índole que prueba en grado sumo
nuestro discurso acerca de la utilidad y necesidad de los colegios,
sobre todo en América.
Esto es lo que hemos creído que debía decirse de los colegios
americanos de jóvenes. Quizás es demasiado, especialmente porque
era deber nuestro dedicar todo el elogio a Duarte, y no todo el
discurso a este asunto. Sin embargo, la liberalidad del mismo Duarte,
su prudencia, su autoridad, su vida, sus estudios, sus ejemplos nos
han incitado a tal punto que hemos hablado de los colegios de
jóvenes; en efecto, todo lo que hemos dicho no recomienda los
colegios tanto como ensalza el nombre, la gloria, la honra, la alabanza
y la reputación de Duarte, que no ahorró trabajo alguno ni molestias,
para promover este asunto, invirtió su cuantioso patrimonio en la
fundación de este colegio nobilísimo y, mientras vivió, mantuvo
prolongadas y frecuentes conversaciones con toda clase de hombres
sobre la utilidad y necesidad de los colegios.
¿Qué diremos de este colegio de Duarte que convence
principalmente acerca de los bienes que he dicho nacen de los
colegios y de los males que deben temerse, si aquellos no existen?
Veis, en efecto, cuán modestos son, en medio de las comodidades, los

47
que egresan de aquí; temperantes, entre la abundancia del oro y la
plata; serios, entre los esclavos; santos, entre los indios; cautos en los
peligros; prudentes en la administración de los asuntos; doctos entre
los ignorantes; incorruptos, entre el libertinaje y los malos ejemplos
de los hombres. Veis cuán rectos y sabios gobernantes han sido los
que desde aquí fueron llamados para ocupar cargos y dignidades
civiles; cuánto han promovido los intereses y haberes de sus
conciudadanos y cuán seria y honestamente han administrado toda la
república. Veis cuánto han cumplido con sus oficios de párrocos y
predicadores los sacerdotes que surgieron de nuestro colegio para
atender el culto entre los españoles o para procurar la salvación de los
indios; cuán incorruptos ellos mismos han corregido las corrompidas
costumbres de los otros y cuán bien instruidos y ricos en toda
doctrina han tratado sabiamente los asuntos piadosos y enseñado a
los suyos las cosas celestiales y divinas. Es por esto que Duarte
mereció no solo el recuerdo perpetuo de los alumnos de este colegio,
sino también el reconocimiento y el eterno afecto de todas estas
provincias y de todo el Nuevo Mundo, sobre el cual se extiende a lo
largo y a lo ancho la grandeza del beneficio. Y vosotros, compañeros
míos, que experimentáis más de cerca la liberalidad de Duarte, que
conocéis su sabiduría y doctrina, que veis cuánto os ha amado y
procurado como ninguno vuestro bien, vosotros debéis conducir
todas los conocimientos, los estudios, las letras, los pensamientos y
cuidados a tal punto que podáis satisfacer tantos beneficios de Duarte
o, por lo menos, responder en parte. Por esto, estudiantes de
Retórica, conviene que ejercitéis las voces, la lengua, la elocuencia,
toda la facultad de decir, para que proclaméis principalmente con
vuestros discursos las preclaras alabanzas de Duarte. Y vosotros,

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filósofos, dirigid las fuerzas de la inteligencia y el afán de escudriñar
la naturaleza, para que contempléis las esclarecidas dotes y el
carácter de Duarte, miréis y os maravilléis de su inteligencia; meditad
mucho y largo tiempo aquella parte de la Filosofía que se llama Etica,
con el propósito de conocer que vuestro Ignacio debió mantenerse
firmemente y destacarse en todas aquellas dotes por las que allí es
llamado filósofo. Y precisamente vosotros, Teólogos, valorad aquellas
virtudes divinas en las que sobresalió, los sagrados estudios que
nunca interrumpió, la sabiduría que alcanzó y los ejemplos de
virtudes que dio. No os ruego, compañeros, ni os exhorto, como si
pensara que esto atañe únicamente a vosotros; en efecto, atañe a
todas estas provincias y reinos que están ligados por este beneficio de
Duarte. Y por tal motivo yo pienso que nuestro colegio ha sido
edificado en este altísimo Monserrat, para que pueda ser visto por
todos los habitantes de estos reinos, y excite la admiración y aplausos
de todos. He dicho.

*****************************

49
50
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FUENTES

1. CITADAS POR PERAMÁS

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Liber Prouerbiorum 8.11
Liber Ecclesiastes 7.11
Prophetia Danielis 12.3
Euangelium secundum Matthaeum 5.14
Epistula ad Ephesios. 6.16-17
Apocalypsis Ioannis 2.3
• BOECIO, SEVERINO
De consolatione Philosophiae
• CICERÓN
De Inuentione II 1-2
In M.Antonium oraciones Philippicae 9.5
• CLAUDIANO
Carmen 27.24, 69, 70, 103
• DE ACOSTA, JOSÉ
De procuranda Indorum salute
Historia Natural y Moral de las Indias.
• DEL TECHO, NICOLÁS
Historia de la Provincia del Paraguay.
• DÍAZ DE LA CALLE, JUAN
Noticias sacras y reales de los dos Imperios de las Indias
Occidentales.
• ECHAVE, FRANCISCO
La estrella de Lima.

1
• GRIMALDI, FRANCISCO
De la vida cortesana
• HAROLDO, FRANCISCO
Lima Limada
• HORACIO
Ars Poetica 30
Carmina
2.20, 21-24
4.4.29-32
Epistulae
I 2, 67-70
II 1, 126-131
Satirae
I 3, 43-46
• JORGE, JUAN
Viaje a la América Meridional
• JUVENAL
Satirae 14.44-47
• LOZANO, PEDRO
Historia de la conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán.
• MABILLON, JEAN
Annales
• MAFFEI, GIOVANNI PIETRO
De vita et moribus Ignatii Loiolae.
• MÉNDEZ, ANDRÉS
Derecho académico
• PLINIO
Epistulae

2
3.1.9
• TITO LIVIO
Ab urbe condita Praef. 11
• VALDÉS, RODRIGO
Poema Hispano Latino
• VIRGILIO
Aeneis 6. 883-886

1.1. AUTORES CITADOS SIN ESPECIFICACIÓN DE OBRA

ARRIAGA, JOSÉ PABLO


CLEMENTE DE ALEJANDRÍA
EUSEBIO DE CESAREA
FEIJÓO, BENITO JERÓNIMO
FLAVIO JOSEFO
QUINTO CURCIO
RODRÍGUEZ, MANUEL
ZACHINO (FRANCESCO SACCHINI)

1.2. OBRAS CITADAS SIN ESPECIFICACIÓN DE AUTOR

In Elogium Ecclesiae
Concilio Tridentino (seguramente se trata de las Resoluciones)
Recopilación Indiana.

3
2. CITADAS POR LA TRADUCTORA

• AMBROSIO
Enarrationes in psalmos XII, 118
• APULEYO
Metamorphoses 10.30
• CICERÓN
Pro Archia I 1-3
Epistulae ad Atticum 12, 1,1
Brutus 291
De diuinatione I 45, 102
De legibus III 9
De oratore II 6, 22
• COLUMELA
De re rustica 12.3, 8
• LANDIVAR, RAFAEL
Rusticatio Mexicana VIII 258-259
Appendix 94-112
• OVIDIO
Metamorphoses
1. 452 ss
2.340 ss
3.339 ss
10.106 ss
Fasti
4. 223 ss

• POMPONIO

4
Cosmographia 163
• PS. AMBROSIO
Sermones 16. 28
• QUINTILIANO
Institutio Oratoria
3.7,28
8.3, 61
9.2, 40
• RHETORICA AD HERENNIUM
I 2, 2
• TERENCIO
Hecyra 441
• VARRÓN
De lingua latina VI 86
• VIRGILIO
Georgica 1. 50-53
Aeneis 1. 532

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