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Memoria narrativa e

industria

cultural ;

: J. Martín Barbero

u n iversi dad del "ó:t?":r1i

Introducción: di Io po¡nlar o Io nrasiuo

:

Para que Io que sigue adquíera su sentido se hace necesario ubicarlo, así sea

en la investigación de la que forma parte. Una in'

Ce manera esquemática,

popularylo masivo" a la quelleguéempu jadoporla ne'

ces¡did de dos desplazamientos gueseñalan en el terreno dela teoría los cam-

bios que 5s vive en lo polítÍco.

vestigación sobre"lo

El primero:

que pasaen o

La cultura de masa nose identifica ni puedeser reducida a lo

por los medios masivos. La culturade masa, como aÍirma Rosi-

tl,t no es solo un conjunto Ce objetos sino un "principio de comprensión" de

unos nuevos mo<ielos de comportamiento,

cual implica

es decir, un modelo cultural. Lo

que Io que pasa en los medios no puede ser comPrendido por relación con las mediaciones sociales, con los "mediadores" en el

fuera de su

sentido que los define lrf artín Serranot y a los diferentes contextos culturales

escolar, familiar, etc.- desde los que, o en contraste con ios

-religioso,

cuales

viven los g¡upos y los individuos esa cultura. El segundo: La mayoría

de las investígaciones que estudian Ja cuitura de masa enfocan ésta desde el modelo cullo, no sólo en cuanto experiencia vital y estética de la que parte el

investigador, sino ysobre todo definiendo la ülTura de masa, identifÍcándo- la con procesos de vulgarización y abaraiamiento, de envilecimiento y deca-

dencia de la cultura culta. Y en esa dirección operaciones desentido como la

predominancia de ia intriga o la veiocidad de un relato y en términos genera-

les la repetición o el esquernatismo son a prion descalificadas como recursos

de simplificaeión, de facilismo, que rem¡tiría:r en últimas a las presiones de

los formatos tecnológicos.v a las estratagemas comerciales.

j)

¡F.

lll

Rositi, Í{Lsroriay lroriade Ia t-.tltu¡a de masr't,o'* rl*.

\f

artin Senatto-,L-a mediociónsocial,Iladrid.

rr le inrestigación dc la

1977. )'d mLsmoautor: "Nuel'os métodol pa-

en I a.tisla delaOpinión

estructura ¡- ia cii nárnic¡ de la encr-lturüación-,

Públics. no.37. Itadrid, 197{.

5g

Coudcrdónycultun

Nose trata de desconocer la realidad de esas presiones y esas estratagemas.

Se trata del "lugar" desde el cual son miradas y del sentido que entonces ad-

quieren. Es lo que se pl antean Mattelert y Piemme al pregu ntarc en un li bro

reciente"en qué medida la cr¡ltura de¡nasas nohasido ataceda porAdorno y Horkeimer porque su proceto de fabricación atentrba contra una cierta sacrdización del arte-.¡ Esdecir quemirada desdeel modeloculto lacultura

de masa ticnde a ser vísta únicamente como el resultado del proceso de in-

dustrialización mercantil

sea en su versión economicista o

-ya

tecnologista- impidiendo asi comprender y plantearse los efectos estructu- rales del capitalismo sobre la cultura.

Pare explicar esto último se'hace necesario el sdgundo desplazamiento:

investigar la cultura de r.rasa desde el otro modelo, el popular. Lo cual no

tiene nada que ver con la añoranza y la tendencia a

lecuperar

un modelo de

comunieación interpersonal con el que hacer frente, iluoriamente, a la complejidad teenológicay a la abstracrión de la comu¡ricación masiva. Lo quese busca con estesegunCo desplazamiento es un análisisdelosconflictos que articula la cu I tura. Ya que m irada desde lo popul ar la cultura masiva de-

ia al descubierto su carácter de cultura de clase, eso precisamente que tiene

por función negar. Y ello porque la cultura popular no puede definirse en

niq$in sentido, ni cor¡:c aquella que producen ni como aquella que crnsr¡- meno de la quese alimentan las clases populares, por fuerade losproeesos de

dominación y los conflictcs, las contradiceiones que esa dominación movili-

za. La cultura culta tiene una acendrada vocación a pensane como la cultu-

ra. La popular en cambio "no puede ser nombrada rin nombrar a Ia vez

aquellaque laniega yfrente ala quese afirma a trar'ésde unalucha desígual r. con frecuencia ambigua".t A partir de ahí se abren tres pistas, tres lineas de

investi gación'" tr" b"¡ I. DeIo popular dlo

"r

no seoa rada sino com plementari¡men te.

muicoz dlrección que nopuedeseguirse más que his-

tóricamente ya quer frente a todas las nostalgias por lo "auténticamente po-

pular", lo masivo no es algo completamente exterior, algo que venga a inva- dir y corrornper lo popuiar descie fuera sino el desanollo de ciertas virtuali- dades ya inscritas en la cultura popular dei siglo XIX. La cultura de masa no

aparecr de golpe, como un corte que permita enfrentarla sin más a Ia popu-

lar. Lo masivo se ha gestado lentamente desde lo popular. Solo un enorme estrabismo histórico, solo un profundo etnocentrismo de clase (BourCieu), que se niega a nombrar lo popular como cultura, ha podido llevar a no r?r en

la cultura n¡siva rnás que un Droc€so de vulgarización, la decadencia de ia cultura cuita. Y ¿se etnccentrismo no es una enfermedad exclusiva de Ia de-

recha, desci¿él trabajan muchosieiosanálisiscríticos.

porque en el ter¡eno c':itural Ia masificac:ón coniisteen el proceso de inver-

sión desenijdo medíanteeicual pasa ailam arn,popúIaren el's. XlXlacultu'

Perolahistoriaesotra

I

¡^.

M¡ttd¿r:

yJ.Il. Picrnme,I-a t*aJs¿én allcrnclioo, B¡rcelonr. lg8l.

{¡. }rfrrtin Br:Fro. lPricrer¡ de comunic¡ción cn lr cultun popul¡r'cn Comunlcación olla.

natlco g cambio naal

\lé.:c¡o,

i961.

60

q

. Maaotü ¡c¿ralla"'

ra producida indrrUialmente

momento

para el consumo de las masas. Esto es, en el

histórico eri gue le cultura popular apunta--T*o lo hemos

iostrado en otra partd- a su constitución enicultu ra de cla¡,e, esa misma

hecha Ímpfsible y transformada en cul-

culturava ar"r*ir"¿"1&dedentro,

lurademasa. Pero anr vez esa

inversión solo será posibie por la cercanía que

"i

el s. XIX guarda

aún la rnasa de "las ma¡as", de manera que la cultura

activendo ciertasseñ¿s de identidad de Ia víeja

' Dopular-masivaseconstituye

"r¡it"i"

¡neutralizaado

2. Delo mosioo alo

o deformando otras'

popular: para investigar en prime_r luga rlanegoción,

esto es la cultura dc ¡n¡tsa en cuan to negación de los conflictos a través de ios

cuales las clases popuiares construyen

de I c dispos¡tivos de m¿sificación ide

su identidad. Investigación entonces despolitización y con trol' de desm ovi'

lización. Y en

scgundo iugar la nediación, esto. es las operaciones mediante

y se aPoya sobre ló popular. fnvestigaclón en'

cuiturimasiva de códigos populares de percep'

las cuales lo masivo recupera

tonces de la presenc¡a eila

ción y reconocirniento, de elementos de su memoria narrativa e iconográfi-

cg. Mirados desde ahi ía repetición

nadasimplificador ní degradante

do de comunicación

que es no sólo el de las masas

aprendieron aleerp.,o

experiencia o un"

p"rala,

o el esquematismo adquieren un sentiio

porque nos reiriten y nos hablan de un mo'

otro-, scncillamente diferente al de la cultura letr ada' y

no

carnpesinas

sino el de las mas͡s urbenas que

queunlibro essiempreuna

a "escribir", yparaiÁ

Jhirtoria" nunca un "texto" ni siquiera una información,

q,re una fotograíía o un film no hablanuncade planos nidecomposi-

sino'de lo que relresenta y del recuerdo, p.ara las que el arte comuniea

ción

siernpre y sin mediaciones con la vida'

l. Losto"p opularadelo

tan las pregunt¿s

quu

audiencia

"r*rr,-con

sobre qué

masioatquees aquella dirección en laque apun-

hacen las tiases populares con lo que ven, con lo

o lo que leen. Frente a las medicíones de

lo quu **pr"n

y

ción, de ia respuesta

las encriestas de

mercado que se agotan en el análisis de la reac'

aI estímulo, y conlra la ideología del consumo'

-lo

zus gre'm'áticas de recepción, dedeco

pauta de c\or¡sumo son el punto de llega'

receptáculoy

pasividad, se trata de investigar la actividad que se ejerce en ios

popular tampoco eshomogéneo, tamtién

usos!ue los áiierentes grupos

es plural- hac=n deloluiconrumln,

di iicación. Porque si el iroducto

da de un pro"*á d"proiucción

prima Ce otro proá

ceso de utiliza;ión.

o ia

son también el punto de partida y la materia

de producción, silencioso y dispeno, oculto en el pro-

fui la utiiización que los gnrpos indígenas y campesinos

de este continente han hecho y siguen haciendo de los ritos religiosos impues- tospor loscolonizador6, yen la queesos ritos no-son rechazadossinosubver'

en función de referencias extrañas al sistema

del que procedfan. O

-u" pu"Uto c€nstn¡ido oerca de Bogotá para dbergar a los habitantes de

la manera como los pobladores iniciales de GuatavÍta

tidos a. utilizarlospara fines y

3t. MeaínBeráo,Apuúaparaunahktorbdclanmatriaa¿Itsrclad¿lamesndí4¡¡'lón,9'

16 y s¡.

8l

tt

Cr,nrunic¡ción

!' cr¡ltr¡ re

otro destruido para la c-onstrucción de una represa- redistríbuveron el.sen-

tído y la fu nc!ón de los espacios de ia casa, de tos aparatos de ir igiene, et c. En

últímarse trataría de investigarlor¡ue.\1. deCerteau6 h:r llanr¿do !as"tácti- cas", oue nor o¡losición a ias "estrategias" del fuerte, deíinen lus a.strrcias, !as estratagernas, Ias ingeniosidaCesdei débil. Descubriresosprocedimientosen

los que se encarna otra lógica de la aeción: la cje [a reslstencia 1. la répiica a la

ciominación.

EI relato popular: un ntodo de acceso a Ia otra criltttr¿

Comencemos por poner esto en claro: al estudiar relatos po¡;ulares io t¡ue es-

tamos investigando, o meior el"lugar"desdee!

que investigarros noe.sla lite-

raturasino la cultura. Yesto no por una arbitrariaopción ciei insestigarjor si-

no por erigencias dei objeto. Es otro el [uncionamienio popular dei relato,

rnucho más cerca de la vida que del arte, o de un arteSí pero transitir.cr, en

continuidad con la vida. Y ello por punta

que articula la mernoria de! gnrpo yen el clue se dicen las prácticis. Un rnoCo

)- punta ya que je trata del discurso

de cieeir que no sólo habla de, sino que materializa unas maneras de hacer.i v amos pues a estudiar algunos rasgosclaves de los modcs de na^-rar en Ia cul-

tura no letrad,a, Y esa denominación en negativo, que después e.,rplieir.rre-

1os tarn'bíén en pcsítivo, señala la imposibilidad de ciefinir esa cultura por

fuera de los conflictos desde los que construye su icientidad. Lc cual no .jebe

ser confundido con la tendencia a negarle a las clases populares una iCenti-

dad cultural pues como advierte Bourdieu "la ientacibn de

rencia de unaestéticasbtemátÍca a Iastomasdeccsición estétícasde lasclases

populares no es menos peligrosa que la inclinación a dejarse imponer, sirr

darse cuenta, la representación estrictamente negatir.a ce !a vísión popular

prestar la cohe-

que esiá en el fondo de toda estética culta".s No iet¡ada

significa entánces

un¿ cultura cuyos ¡eiatos no viven en ni tlel libro. viven en li canción y en el

refrán, en las historias que se cuentan de boca en boca, en los cuentos yen los

chistes, en el alburyen losoroverbios. De,manera queinclusoc:¡andoesos re-

latos son puefios por escrito no gozan nqr¡ea del status socjai dei libro. Las

coplas de ciego, los piiegosde corciel, el folletín

riaii¿an tanto ensu forma de impresión como en la circulacl¿n vconsurno ese

novela por en tregas ma te_

)rla

otro :nundo cie e¡istencia del relato popular: algo toscacnente

papel periódico, que nose adquiere en laslibreriassinoen

).en

ia caileo en el mer-

:mpreso

c¿do

-o

como ilegaban los almanacues ¡r los iibnllcs de devcción c cle rece-

iueblos, en la boisa del b,.ihcner ¡

er, ia

los ungüentos,v e:erios apercs dr

cctici:rncs.

tas nredicinales durantesiglos a lor

que iban tambión lo.scordones y las agujas,

trabajo- y e ue una vez leido si rve para otros usos

.{ ú n hiv cuan-

cio las clases populares comp¡an iibros no lo hacen nun3a en !lbrerías r, no "n

l¡1 qc gateru.

'\l

Linrx:¡ líon d u q uot td,i ar,p. 75 y s.

!P.

_dc Certeau. op. cit., p. lS0. i6-/.

Bourdieu, t-a ilt¡ti¡rttin-Caüque maaldu iugonenf , p. 33-

62

. lttemoria narrcfir¡

los quíoscos de Ia calle o en las tiendas de barri,¡. Y el ¡ncdo Ce adguísición

tlene mucho que ver ccn las formas de uso. lvf irada desde sus moCos cle narrar, la cultur:r popu!ar si{ue siendo la de

aquellos que aDenas saben leer, gue leen muyprrcor )/ que no saben escribir.

Pregu nten a un eanpesi ro por el m undo en,gue hace su vida ;z podrán co nsta-

tar no solo la rioueza y la precisión desuvocabulario sino la expresividad de

su saber "ccntar". Pero pídanle que lo escriba yverán su muciez. Lo cual nos plantea, en positivo., Ia otra cara, la de la persistencia de lorciispositivos de la

cultu¡a oral encuhnto dispósitivos

en los modos de narrar como de

enunciación de lo popular y ello tanto ,"

de

leer.

I. OTRO I'fODO DE NARRAR

q.f

No cenir de Ia ,taríiciótt orcl (ní ir c

cllo) a lo que epdfld o la nooela de

i

tod,as los otru j orm ot r at

l¿mtara efi prosa

an! a de I i-

ia¡en-

da, íncluso no¡aeionS

-Jábulo.

cpildt-,

Pcro Ia apc rt o sob rc to,lo

d e lo qu e a

r:anar. El na¡¡acar toma ío gue

Ic p ropb

Y a su ca,

. la conaierle at merimaa de los

na't:d de ! a apen o de Ia que lc i ran

a cia, de rel a! aCo.

Quc acuchan Eu hbt oria. El ¡¡oucli¡-

to cn ambia se mcntlate 6W¡t¿. iV. Ecnjamin

ll irado desde !a crítica culta el reiato popular es reducido a su "fórmula", a su agotarnientc en ei esquernatismo, la repetición y ia transparen^ia de las

corrl'enciones. Del otro iado los estrrdiosos dd foiklore nos tienden osa trarn-

pa: la del descubrimiento de lo primit!voylapur'eza del¿s íornas, lo popular

como lo aún no corrompido. Frente a esasdospttsiciones [a pista que trabajo s urge de la convergenci a de cios propuestas muy distintas: la de un investi ga-

dor de la cuitura de masa en los años cincuenta, R. Hoggart, quien estudian- do la canción pooular define l¿s canoencíonet c{mo "lo que pe:raite Ia rela-

ción de la experiencia con los arquetipos"reyladeM. Bajtin iescubriendo en

la fiesta popular todas las señas de un otro modc de comunicación.t0 Desde esa convergencia analizar relatos es astudiar!?óEesos de comun:cación que iro se agotan en los ciirocsiiivos tecnológicosporque remiten ciesde ahí mismo a Ia economia del inraginario coleetivo. I-a ¡:rimeraoposic!ón que permite caracterizarel relato popuiar es la ínii-

cacia por !a ci ta Ce Ben jami n: f rente a la noveia y su textuaiidaci iniransitiva,

la narración popuiar essiempre un "contar a". Recitado o leí<jo en voz aita el reiaio oopularse realiza siempre en un acto decomunicación, en ia puestaen común ie una mernoria que iusiona experiencia y mocio de conta¡ia. Porque

no se trata sólo de una memoria de los hechos sino también cie los gestos. Ai

eR. Hoggart, Tlrcllsaol Lí(6sa!,p. 16l.

_

,''.

i,-,.

'

tolrl. Ba¡tin, La culturo popular a la Edad Alqliay ar d Renacimíanto,p. 177 y s.
5

63

Comu¡rle¡<tó¡f eultun

igual que unchiste noestá hechosólo de palabrassino de tonosydegestos, de

pausas y decomplicidad. Y cuya posibilidad deser asumido por el auditorio,

y vuelto ac.ontar, esguesedejememorizar. Pero hoyestáen baja la memoria, desvelorizada por los profesores, la incesante innovaeión de noticias y de ob- jetos la hace imposible y I a cibernetización que nós acosa parece hacerla defi-

nitivamentc innec"csaria. Y ello nos torna más difícil comprender ese fun-

cionamiento paradójico de la naración popularen la que la calidad de Ia co- municación está en proporción inversa a ia cantidad de información. Y es

que la dial&tica de le mernoriase resiste a dejarsepensarpor las categorías de

la informática o del análisis literario. La repetición convive aquí con Ia inno-

vación ya que ásta la ponesiemprelasituación desde la quesecuenta lahisto-

ria, de forma queelrelato vive desus t¡ansformacionesysu fidelidad, noa las palabras siempre porosar al contexto, sino al sentído yrlu moral. La otra oposición fundamental es la que traza el relato "de género" frente

al "de autor". He ahí unacategoría básica para investigar lo populary lo que'

d e popular queda aún en Io masivo. I I No me estoy refi riencio a I a'categoría li- teraria de género sino a un cpncepto a situar en la an tropología o la sociologia

de la cultura, es decir al funcionamiento social de los relatos, funcionarnien-

to diferenciai y diferenciador, cultural ysocialmente disc¡iminatorio. Y que

atraviesa tanto las condiciones de producciones como las de consumo. Los gh fros r,nun dispositivo por excelencia de lo popu lar ya que no so n sólo mo-

dos deescriturasino también de lectura: un "lugar" desde elquese lee yse mi- ra, sedescifra ycomprende el sentidode un relato. Por ahí pasa una demarca- ción cultural importante, porque mientras el discurso culto estalla los géne- ros, es en Io pop ular-m asi vo donde átossi guen viüendo y cumpliendo su rol :

articul¿r la cotidianidad con Ios arquetipos. f)ecjr relatos "cie género" es es- tarse planteando como obieto preciso de estudio la pluridimensionalidad de

los dispositivos, esto es ias mediaciones ma teriales y expresivas a t¡aves de las

cuales los procesos de reconocimiento se ír¡sertan en ios cie producción irucrí- biendo n¡ hudila en la estructura misma del narrar. fuÍ la velocidad de Ia

cantidad desmesurada de aventuras- en su relación con Ia de la acción sobre Io psicológico,Ia repetición en su relación con la

constitución de la memorie del grupo, ei esquematismo y ei ritmo en su rela- ción csn los arquetipos y los proc€sos de identificación.

intriga

-la

prioridad

II. OTNO TfODO DE LEER,

Plantearse la existencia de diferentes modos de lee r choca hoy con dificulta- des de basc. Está aún porhacerse la historiasocial de la lectura que imbrique

I lsobre d cooccpto de'génao- como unided de rnáltsi¡ cn la culture dc m8s¡.ri, yer: P. Fabbrii "I¿omunictzióni di mass¡ in ltdie: sgnrdos¿nriotico e mdocchio ddl¡socjologir', en Vernrr

5/2, lyl3. Sobrelor-géncro¡'cn

la¡cultunrpopu.lrrcl, vcrNo. l9delarw. Po étlquc,l9l{, mo-

::''-

N¿mo¡la ffi"d¡c¡

historia de las formas de leer y tipolola de los públicos-tt Y necesitariamos

además replantear por completo las teorias de recepción, tanto la funciona'

lista comola crítico-negativa. Porque ambas Prolongan,

nera, una larga ¡r pertinaz tradición que arranca

"ilustrada" del proceso educativo y segun la cual ese Pro¿o

cada cual a ma'

de la concepción

discurre de un

hacia unpolopaioo

polo actíoo, que detecta elsaber: la élite, el intelectual,

e ignorante: el pueblo, ta masa. Con la consiguiénte división tajante e inape-

que es ladelacreatividad y la actividad

laüleentie Ia ederadelaproducción,

por un lado, y Ia del cons¡mo quees la dela pasividad y e! conformismoporel

ótro. Las mutaciones que han posibilitado el paso de la'vieja escuela" a los

modernos medios no han cuestionado en absoluto el postulado de la pasivi-

dad del consumo. Una vez más la posibilidad de romper con la lógica de esa

concepción

implica desplazarse del espacio teoqico-político en que se origi'

desplazamiento nos permite por el momento vidumbrar al menos

tres rasgos diferenciales de la lectura popular. En primer lugarlectura colectioa.Cuando los historiaCoresse han acerca-

do d hecho de la lectura popular ren¡ltan casi siemprc desconcertados: ¿cómo

es posible hablar de lectores en l¿s clases populares del s. XVIII o XIXsi sólo

firmar, ysilossalariosde una

semana apenas daban paraun pliego decordel?l¡. La preguntaexponeclara' mente los prejuicios, confundir lectura con escritura, ysobrc todo peruar !a

una minoría pequeñísimasabía leer, esdecir

na. Ese

lectura desde la irnagen del individuo encerraCo con su libro, ignorando que

¿

(^

desde los testimonios de Don Quijote

-*porque

siega, se recogen aquíIasfiestas muchossegadores,

cuando es tiempo de la

ysiempre ha¡r algunoque

sabe leer, el cual coge uno de estos libros en las manos, yrodeárnonos dél más

de treinta, estárnosleescuchandocon tanto gUstó que nosquita milcanas"di' c.e el venterr a propósitode las novela¡ de caballerÍa en el capltulo )OOI de la

primera parte-, y la institución popular por antonomasia de las veladas en

las culturas campesinas, hasta los labriegos anarquistas que en la Andalucf a de mediados del XIX compraban el periódico aun sin saber leer para que al-

guien se lo le¡rera e su familia, la iectura en las clases pooulares ha sido

siempre predominantementecolectiva,

ra tiene el ritmo que Ie marca el grupo. En la que lo leído funciona no como

punto de llegada y de cierre del sentidosino alEiit¡ario como punto departi-

da, de reconocimiento y puesta en marcha de la memoria c€lectiva que aea'

ba reescribiendo el teto, reinventándolo al uülizarlo parahabla¡)'festeier

otrascosas distintas a aquellas de que hablaba, ode las rnisrnasperoensenti- dos profundamente diferentes. Y conste que no estoy haciendo teoríe sino

esto es en voz altayen la que lalectu-

liAln¡no¡intcatoscncs¡dircción¡on

y ot á,

iure u¡brins'

¡3sobre

N. Rubln,"t-¡trrturr-, enR. Escrrpit

Hccio un o s96lrrll o gía dd hah o l it qcrb, p. 22L -21_2- j. J. Darmoo, -Lcctu re runlect le-

,

st

I¿

toma¡ Fanülcton, Raruc Eu¡oPc' P.rÚ' lyt{.

Sdomoo, -41q"*

problcrnu dc

loe re¿lizedocpor:

!¡ nc:sid¡d dc rephctcer c5¿ prcSunt& vcr: N.

sociologia delsslitenture¡d¿lengua

p.1540.

espaJlo.t,nc¡aciótypüIb athlitr:aturt1¡4ñola,

85

Comunicrclóo y nrlturr

transcribiendo el recueido Ce una experlencía, ta de la lectu¡a de los ¡el¡rtos

de la guerra'en las veladas de invierno de un pueblito ea¡tellano.

. En segundo lugar: lectura expraioa.Esto es una lecturique implica a los

lectores en cuanto sujetos que no tienen vergüenza de.*prou las emrxione¡

que suscita la lectura, su eraltación psu aburrimiento. Leerpara los habitan-

tes de Ia cultura oral - no letrada- es escuchar, pero esa escucha es sonorl.

Como I a de I os púb I icos pop ul a res

en el r.ea tio

;- a ú n h oy e n i cs ci n es de b¿ rÍ !o,

con sus aplausos 1' sus silbidos, sus sollozos v sus careajacias qu,-.

tanto disg-.r;-

r,rr.áo.

tan al público culto 1. edr¡cado tan cuidadcso de con[rolar-crultar

cíones. Digamos de t¡na vez que esa e.rpresi*idad revela, maniíiesta, aun r

pesar de toios los peligros de la identificac!ón denunciados por Brecht, la

rnare3 más fuertemente diferenciadora Ce la es;ética pc¡:ular irente a l¿ cui-

ta, frente asuseríedad ysu rragcc itin a! goceen el que toias ias estéticas ail-.-

tocráticas han vsio siempre algo sospechoso. Es má¡ para Adorno y demá.s

cornpañeros de la Esct¡ela de Francfort ia verCaderalectura

empieza ailí

. donde term i na ei goee. t{ Quizá esa n ega t íuidod tenqa no pocrJ q'',u *:"r.nn ru

pesimismo apocaliptico ,'su incapacidad para ausbar las contradiccloces que atraviesa la cultura de masa.

Y en iercer lugar: Iectura oblicua, desuiada. Leetura cuya gramática es

muchas veces otra, diferente a la gramática de proiuceión.'si la autonomia

del texto es ilrrsoria mirada desde las

condiciones de producción lo es igual-

Solo prejuicios de clase puedei ne-

lairiacidad cie apropia rse de lo

ciases popularei francesas hi-

rnente desde las condiciones de lrctura.

garle a los códigos populares de percepción

que leen. fuí por ejemplo la lectura que las

cieron Ce / os mísl ¿nosde Parú transiormandoelfoiietin desue en agente Ce

una toma de conciencia mediante laactivación de lasseñasde reconocimien-

to que allí había.15 O la lectura que los campesinos andal uces o sicilianos del

XIX hacia¡r del reiato de las acciones de los bandoleros, lectura performativa

que obligó más de una vez a bandoleros asueldo de lospatronoJa ponerse del lado de los sampesinos pobres.rs o la lectura de las masas nordeitinas en el

Brasil hacen de ios "relatos de milagros" a! resernantizarios desde la no coin-

cidencia dei hecho ydelsentido, y por tantocomo irrupción de lo

imposib!e-

posible frente al chato realismo de ios periódicos.r; o la lrura, un iin, qu"

las clases ¡:opulares hacen hc1,de lo que les ofrece la raciío o la TV dando lu-

qar a una mulritud ie formas de resistencia l,reapropiación.

li'l *^t" proposito: H-R. f auss.

l?; f1!tr^^:;unio,.i$0.

en L cn de mtrt:te n crirte

"Pe<¡ueia a¡:ologia de ta e.rperieniia

e¡tética', en Be¡¡. Eco No.

L.art

de masse exisreril?'.,

p. !17.f{, Ver tarnbién, .\f . Dufrennc,

¡ran. p. 9-f/.

nak socialiste, Parfu.

jkt,cf,,rojls quc tieren n cu.'nra esa lcctr¡re: l.l.

i.v-i{' ,'!

'over

IJo-r}', Er¡cn:e Str',

rlonrly

55.

Eo.,s<¡cialirno y orcolociótt, garcclona,

lg?3.

en

E'j. llcbsba'.s n, Rebcldrc prirniticos, el capitulo dedicado aJ "banColerosocial'. p. 27.

lTgrbre era lectura, r.cr \Í. de Cerrcar t. IJn,-art

brrrsr/ior, en op.cil., p. 56-60.

66

\4

.t

Claues púra r€-conocü el mel,oCra¡na

!¡l an oria nc,r?o,t at a

Íl gtrcrta nocin¡lal. d ri

r la eil I ¡t¡o

.wcir¡tal. a d mclod¡onto A. Cram¡ci EI nclodroma. so clote dd attat- dinionto Janilior & ls ralídod.

C. llloruiráis

De los géneros poprr!ares ningúiotrc ha cuajaic en América Latina comc el

melodiama. Ni el de terroi -y

no es que falten áotivos- ni el ie aventuras,

ni el cómíco han logrado en la región una e.rtensión y una profundidad co¡rr-

parabies a la del rnelodr3rna. Cor¡o si en ese "gáierc" se encontrara el moide

más ajustado para decir ei mcCo de ver ¡r de sentirde nuesiras gen ies. lvlás allá

cje tantas lectur¿s iJeológicas estrechas pero tanbién más allá de las modas y

los re'.'iv¿lesprraintelectuaies, el nnelodrama hesidoysiguesiendo un terre- no fundamental para estuaiar ia cont¡edictona re¿lidad ir la "no contempo- raheidad entre lcs productos ci¡ituraies que se corlsrrrnen y ei espacio socíal 1,'

culturai desde e I que escs prcii!ctos scn consumidos, mirados o leídos por las

clases pooulares¿n Améríca Lalina".¡s En íorma ietangoo de telenovela, de "cine me.xicano" o conzultorio radial, el melod¡arna habaja una veta pro- funda del