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Quivira

La persistencia de la presencia
NOTA:
Quivira es el nombre de una ciudad imaginaria llena de riquezas,
de la que hablaba una leyenda española posterior
al siglo XII. A partir del siglo XVI, algunos
exploradores creyeron que esa ciudad existía realmente y
la buscaron al norte de la Nueva España.

Leyenda original española.


El origen de la leyenda está en un hecho histórico:
la ciudad de Mérida fue conquistada por los moros en 1150.
Según la leyenda, siete obispos huyeron de la ciudad,
salvando sus vidas y algunas reliquias valiosas.
Estos habrían acabado estableciéndose en un lugar lejano y desconocido,
fundando en ese lugar las ciudades de Cíbola y Quivira.
Habiendo acumulado muchas riquezas,
sobre todo oro y piedras preciosas;
llegándose a decir que cada uno de los siete obispos
fundó una ciudad construida con oro.

Sin relación con la leyenda, en 1528 Pánfilo de Narváez,


dirigió una expedición que naufragó en La Florida.
Solamente cuatro náufragos consiguieron regresar
andando hasta Sinaloa, en Nueva España.
Albar Núñez Cabeza de Vaca fue uno de ellos.
En su libro de viaje afirmó que algunos
nativos les contaron leyendas sobre ciudades con grandes riquezas.

Expedición de Fray Marcos de Niza.

Cuándo lo supo el Virrey Antonio de Mendoza,


organizó una expedición dirigida por
el fraile franciscano Fray Marcos de Niza.
Este llevaba de guía a Estebanico,
otro de los supervivientes de la expedición de Narváez.

Fray Marcos de Niza ordenó a Estebanico que se adelantara a investigar,


y este afirmó que había vuelto a escuchar las leyendas…
Fray Marcos de Niza concluyó que los nativos
hablaban de las “Siete ciudades de Cíbola y Quivira”,
de la leyenda española. Estebanico no esperó al fraile,
sino que siguió hasta llegar a Háwiko en Nuevo México.
Ahí lo mataron los nativos y la expedición dio la vuelta.
Cuando fray Marcos de Niza regresó al Virreinato,
informó a Don Antonio de Mendoza que había llegado
a ver una ciudad más grande que Tenochtitlan,
dónde , según él, en ella la gente usaba vajilla de plata y oro,
decoraba sus casas con turquesas y perlas gigantes,
esmeraldas y más joyas.
Al poeta José María Lugo Dawning
Postmortem

Hablando de poetas

Las palabras pertenecen


a todos
Pero no todos pertenecen
a las palabras

…con el poeta y maestro


Hugo Gutiérrez Vega en
la Casa del Poeta en el
6º Encuentro Latinoamericano
de poesía Tintanueva, en marzo
del 2010, México, D.F.
Hombre al trasluz

Hombre del segundo vertical que del estro


[desciende,
José María, enamorado de la verba filosófica de
[Heidegger,
de Bachelard y Bergson, tus labios chispeaban
[vocablos como peces,
como piedras de colores, soliloquios, loco
[solitario, sol, locura
luminosa, daimon platónico enamorado de la luz,
destellos en tus ojos de niño eterno y juguetón.

El tiempo, José María, el tiempo sin tiempo,


El segundo perpetuo, el instante reflejado en el
[espejo
del presente que no tiene cola alguna que te pisen,
instante de nuevo como pez saltarín y escurridizo,
palabra multiplicada como piedrecita multitonal,
coralillo de rombos, rumbos y rumbetes,
la vida hecha de un soplo helado de felicidad sin
[fin.
Acordeón del pobre para no extrañar, sin lastre
[alguno,
con la petaquilla, el poncho o jergón de viaje
[siempre listos,
en ese instante fugaz que permanece para siempre.

Wapaláina, el cañón de Wapaláina, tú y Albert


[Gailland,
escalando, las montañas de Urique, y ese
[encuentro mágico
con la madre tierra, con tu madre, con el médium
[owerúame,
completando el viaje. Y tu madre, amorosa,
[hablándote de Dios,
no del dios convencional, hecho a la semejanza
[del hombre,
sino el dios invisible sólo visible a los ojos
[invisibles de los muertos.

Decías siempre que el tributo del dios volvía al dios,


Y que lo del César al César Vallejo, en caridad de
[Dios, allá en París,
un día lluvioso, antes de que se muriera, también
[regresaba,
Y César Vallejo que no ha muerto. Oh, te digo
[que no. Y Martín Heidegger,
Henri Bergson, Gaston Bacherlard tampoco han
[muerto;
ni tú, poeta, filósofo, narrador, melómano, amante
[de la zigala,
nicaragüense, mexicano por adopción,
[chihuahuense por convicción,
José María Lugo, Chema Lugo, Ché Malugo,
[saltapatrás, un viernes
veintinueve del mes sexto del dos mil siete del
[calendario numérico esotérico
del cual también nunca sabrías, y tu injusto
[corazón estallándote habría.

Pero no importa, todos tan serios, los cinco, tan


[serios, tan formales,
con huarache, sin sombrero y sin corbata, tan
[educados todos, esperándonos, quiñándonos
un ojo, despeinados, despistados, Vallejo,
[Heidegger, Bachelard,
Bergson y Lugo, sacándole el máximo jugo a la
[existencia, sacándole ventaja
al costal de huesos, sacándole la lengua a la
[huesuda, y Alef, y Guimel,
y nosotros aquí, desde este lado de la vitrina,
[aplaudiéndoles a todos.

de “El amor destruye lo que inventa”/ “otros poemas”


José Luis Domínguez
Prólogo
Los oficios divinos

Escribir poesía es ir detrás de las palabras, cruzarlas como se cruza una cortina.
El lenguaje y el pensamiento convencional, tanto individual como colectivo son una
cortina que nos separa del estado poético del ser, categoría de lo esencial humano.
Todos –alguna vez en nuestra vida- lo intuimos pero no lo atendemos quizá por
miedo, quizá por temor de ser, quizá olvidados por ambición de lo puramente material o,
quizá también por discapacidad interior.
Más que un espejo de una imagen de sí, de un Narciso verbal, la poesía revela al
hombre universal que somos, que representamos.
El arte de la poesía es lenguaje sin ego.
El arte de la poesía es lenguaje impersonal.
El arte de la poesía es lenguaje sin yo.
En las sábanas de la literatura el arte de la poesía, es el arte por excelencia.
Los llamados por Ella es una edad temprana –piensan por lo regular y eso es hasta
necesario–, que tal vez no sea un oficio difícil. Posteriormente la mayoría lo abandonan por
ese gran equívoco.
Cuando el iniciando comprende esto, entonces se da cuenta con los primeros años
de entrega absoluta, que “es importante que el artista esté sumamente educado en su propio
arte; pero su educación es tal que los procesos ordinarios de la sociedad que constituyen la
educación antes le estorban que la promueven.”
Por lo anterior podemos comprender que para todas las áreas del arte regla la misma
ley. Para el pintor, para el escultor, para el músico, para el actor, para el danzante, para el
narrador, etcétera, etcétera, la misma ley.
Sin talento, sin disciplina, sin oficio –de ahí también que se les conozca como los
“oficios divinos” –, sin entrega absoluta no hay, no puede resultar nada.
Los trabajos seleccionados que conforman este libro, fueron tomados de cada uno
de los proyectos terminados por los becarios en el periodo que les correspondió a cada uno.

Fue para mí muy grato encontrar en la mayoría el proceso de calidad que sólo
entrega no sólo el talento sino la continuidad de la disciplina.
Aquí sólo el buen lector de poesía podrá darse cuenta quién cumple y quién no.

Por lo que respecta al título del libro, me pareció más que adecuado rememorar la
leyenda más distintiva del Norte de la Nueva España, la de las míticas ciudades construidas
con oro, siendo una de ella: Quivira. Otra vez el mito de El Dorado.
Para mí el oro con que fueron construidas estas ciudades, no es otro que símbolo de
la luz, luz de la sabiduría, luz del Espíritu, luz de la poesía viviente, o sea, para la
comprensión de los seres sensibles que nacen en el estado de Chihuahua y que saben a lo
que me refiero cuando elegí como subtítulo: La persistencia de la presencia.

Rogelio Treviño.
José María Lugo Dawning†. 2008

Es a la vez un honor y una tristeza que un gran poeta de la talla de José María Lugo
Dawning, inicie este libro de becarios publicado por el Instituto Chihuahuense de la
Cultura.
Tristeza por su muerte acaecida el mismo año en que fuera becado (2008) por su
proyecto “Poemas del Instante”, y que no pudo llevar a cabo por dicho suceso.
Honor porque José María Lugo Dawning, nicaragüense por nacimiento y
chihuahuense por amor, fue un poeta reconocido en América Latina y en México debido a
su obra, por escritores como Miguel Ángel Asturias, Antonio Alatorre, Tomás Segovia,
Juan Rulfo y Ramón Xirán.
En el año de 1959, la Revista Mexicana de Literatura (Nueva Época), le publicó seis
poemas al lado de Ernesto Cardenal, Julio Cortázar, Juan García Ponce, Emilio Uranga,
Martha Morillo, Rosario Castellanos, Ramón Xirán y Ernesto Mejía Sánchez.
Esos seis poemas aparecen hoy nuevamente en este libro, como homenaje a este
gran poeta que para algunos escritores chihuahuenses —entre los que me encuentro— nos
aclaró el difícil camino de la poesía.
Descanse en paz.
Rogelio Treviño .

____________________________________________________
Seis poemas
1
Vivida representación de lo visible
Para llegar a lo invisible,
La palabra es lo creado.

Este ritmo de riel que me subyuga,


Esta ventana de ferrocarril en la montaña.

2
Son dulces los ojos de María.
Constelaciones de abejas
concretaron su miel.

Son verdes los ojos de María


como el verde-dulce de las frutas.
extensos ojos verdes como mansos arrozales
peinados por la propiciatoria mano de los vientos.
Ancha fuente verde de la mirada de la virgen.
Desde el amor primero…
desde el río piadoso de la música.
Desde la sangre…
Se consagró la esperanza.
Son ojos de María dispuestos
para el amor, para el amor…
sin vicios, sin presas, sin cadenas,
para el amor, sólo.

3
MANOS
Anoche me dormí
besándome las manos.

Todo el cielo empuñaron


mis manos.

Larga y clara verdad


de cinco voces
de cinco nubes,
la palma quieta de tu mano.

4
Me río del porqué de los árboles,
de las estrellas
inclusive;
me río
del que me pregunta.
En el pensar profundo me anego.
No sé,
no entiendo
o no me importa.

Siento llover,
anoche, amanece,
voy pasándola.

5
Cuando miro,
ya la sierra va largo,
dibuja su música el caballo.
Las mariposa no lamen el viento,
duermen en las ventanas.

En este clima la noche ha caído


sobre el techo.

Las víboras custodian las huellas


del trabajador,
su sudor desplomado.
Cuando miro,
no estoy triste ni alegre.

6
A LOS CAÍDOS DE LA REVOLUCIÓN
La hiena criminal empecinada
se alimenta de muerte.
Pólvora apetitosa
infecta sus lugares.

Más para vosotros


—prematuramente lanzados al silencio—
sólo existe el puro olor de la montaña,
y vuestra sangre
fructificará
en aliento de la Patria.
Junio, 1959.
"Tierra baja: Poemas a Urique"1.

Palabra

Urique es tierra baja,


espíritu profundo.
Urique,
nombre que usa el de afuera
para referirse al adentro adentro no se usa.
Uri es sí.
Aquí donde se es, donde se está
la palabra para ser Todo
te hace invisible.
Urique:
tendrías aquí en la tierra
lo que buscas
allá en el cielo.

1
Colección Solar, serie “Jardines Colgantes”, Instituto Chihuahuense de la Cultura, 2003.
II

Evidencia rotunda, redonda,


de la cuadratura circular.
Hondura en que la divinidad inmanente, el Sí
la Cosa en Sí
la Unidad,
es lo que es.
Cuenco

Una literatura que sea pensamiento cóncavo, implosivo.


Una literatura de adentro que nos enseñe a ver el afuera;
que asomada al abismo de nuestro propio ser encuentre
en su fondo diluido las estrellas.
Un ojo poético que sea laborioso misterio de retina.
Una literatura como fiebre de Dios sobre las aguas heridas
por la tiniebla.
Una literatura que vea en la semilla el árbol,
en la Nada de la desesperación el Todo de la abundancia;
la diadema en la ceniza de la página blanca,
la rosa en el recodo del tiempo histórico.
Una literatura que nos conduzca a la más encumbrada sinergia:
el Rostro.
Una literatura así no sería literatura.
Pejenauta

Llego metido en una cápsula de fuego

impulsado por una hormiga de viento.

Hallo un agua callada en la memoria,

agua seca,

piojo en el agua,

barba en el agua,

salpicadura de agua,

sal pica dura en el ojo de agua.

Desvelo a vela que devela,

propulsión a sangre sonora

en el seno del sol hueco.

Palabra solvente disolvente.

Sol de viento en el agua.

Riqueza de burbuja en la tormenta.

Semilla de alegría en el relámpago.

Rayo en el espejo de sombra,

río en la tiniebla de plata.


Luz del cuerpo de la luz,

luz del silencio del fuego.

El charco

El cielo se ve en el fondo del espejo.

Mármoles evaporados.

Perfume

sobre hondonadas de temblor.

Alas de puras eles,

cantar de peces.

Aleta ala de sol

remo de rama.

Jugar en el hogar con fuego frío.

Palabra: mirada oculta de los dioses,

ojo metálico,

luna abierta.
Caballo

Reverso de la vida.

Semilla del sueño.

Fuente con alas.

Luz sólida.
La belleza del fuego y del agua

La belleza del agua

para el campo.

La belleza del fuego

`para el hogar.

¿Quieres agua?

Sal de ti mismo.

¿Quieres fuego?

Entra.
El río

Por qué nuestros ojos no son

como el agua del río,

agua que todo se lo lleva,

esa historia de fuego eterno

que se desliza imperceptiblemente

hacia la muerte

en ese vidrio claro y oleaginoso de la vida.

Nuestros ojos quieren detener la imagen

y la imagen que se refleja en el río

siempre es la misma aunque el río corra.


La tahona

La acequia empuja la turbina

que hace mover la tahona.

Una piedra redonda amarrada

a la punta de un barrote

de madera

se desplaza circularmente

por el cajete de piedra

y tritura la tierra bruta.

El mercurio hace las veces

de imán con que se recoge

el oro.

La acequia es la pasión,

la tahona, las circunstancias

de nuestra situación,

y el mercurio el eterno femenino

de nuestra madre naturaleza

que extrae de nosotros


el oro.

Los escarabajos

Escarabajos verdes

de un verde metálico brillante

un verde esmeralda

hacían con el excremento bolas

para camada de su postura.

Las subían por el hoyo del excusado.

Se les caían y las volvían a subir.

Cuando caía la bola arrastraba consigo

por su pendiente caprichosa

al aferrado escarabajo.

Luego, el animal

en un esfuerzo nuevo

obstinado y alegre

rápidamente la subía

por otro atajo.

Así fabrica su bolita de oro el gambusino.


Descenso de la temperatura

Cual sierpe cascabel

el sol de medio día vibra y sibila

en la atmósfera.

La tierra roja de las laderas

es una brasa.

Todo reposa embriagado por el veneno

odioso del bochorno.

El descenso se anuncia con una leve brisa.

El río ancho, poderoso, manso.

Es septiembre

y las aguas corren aún lechosas

por las lluvias pasadas.

Metidos en la colmena rumorosa

de la corriente compasiva,

el sol apagó su sed de pronto.


Una ola de viento hizo cantar

a dos enorme alisos de la ribera.

“Odiseo ante el espejo”. José Luís Domínguez. 2000

El bardo druida

Esta es la hora del juicio,


el tiempo de romper el cascarón para nacer de nuevo.
que otra vez nos cante de los siglos oscuros el dios Hu,
cuando languidecía el hierro bajo el poder del hierro,
cuando los escotos y los pictos aún eran hijos de los dioses,
y combatían sin miedo
contra las multiplicadas huestes del águila imperial.
Guía nuestras manos, oh, dios Taranis,
que nuestro pulso sea firme en la batalla,
que reviva el fulgor de nuestra sangre antigua,
como en aquel glorioso día que
bajo el impulso de la ciega ira del gran Wallace
llegamos hasta las limítrofes del Stirling Bridge
y asentamos, jubilosos, la más grande bandera de Escocia
Al amanecer de hoy,
Primavera de mil trescientos catorce,
Cuando las flores dejen de ser
Alas estáticas bajo el fuego del espectro luminoso
Cuando bajen rodando juguetonas desde el Inverness-Shire
Las ondas frescas de la costa acariciando nuestra cara impertérrita,
Y ciña nuestras sienes la corona de la siempreviva,
Iremos al encuentro con la muerte o la victoria,
La vida o la victoria en Bannockburn.
Complácenos, Señor de los Guerreros,
Y la cabeza de Eduardo, el Único, será tuya.
II

Pero antes de partir hacia ese sitio,


así como el habilísimo arácnido teje su más perfecta red
sin que el viento inmute jamás sus intersticios,
así, oh, Madre de todos los hombres, tierna Ceridwen,
concédeme el dulce privilegio
de hilar el secreto atavío del recuerdo.

Olvidar del tiempo esta silenciosa orgía del pensamiento,


entregarse,
como se entregan las aguas vírgenes al cauce de la Mar del Norte,
como una flor silvestre que fácilmente se deshoja,
como la savia de la luz pronta a extinguirse
bajo el peso de una sangre estéril.
el salmo del dolor deslíe mi llanto silencioso
y me desviste al mismo tiempo de la angustia.
III

Buscar el muérdago disperso sobre el vientre de la encina:


mis ojos al muérdago,
mis pies al muérdago,
mis manos al muérdago,
mis labios al muérdago,
no para que de la serpiente no me dañe su veneno,
no para que una centella no me divida en dos,
no para que se alejen a los demonios,
no para retirar de mí los espíritus de la mala suerte,
ni tampoco para que no me postre la epilepsia,
sino para volver a ella, así, tal como era,
y hacer del aire estéril algo mucho más profundo y fértil.
Sorprenderla una mañana
bajo la sombra circular amantísima del muérdago
me otorgó el derecho pleno de besar sus labios.
Una rama de muérdago,
sólo una rama,
me basta para darle muerte al dios negro del olvido.
IV

Amar la tierra que sus pies pisaban


volver a oírla pronunciar mi nombre:
loco delirio que estremece de pasión al bosque.
El triste búho nocturno canta
la balada de las tres mil quinientas noches que vivimos juntos,
compartiendo el fuego, el pan y el vino.
Veo crecer a la cicuta a orillas de la terca ciénaga
La cicuta que no habré de probar
porque un guerrero ha de buscar su puerta
en el seno del tiempo o de la espada.
Quisiera ser la encina
o ser el muérdago disperso.
V

Ya sus alas de halcón despliega,


pediré que su ojo avizor la busque en la extraviada ruta de mi alma,
que la busque en el ojo de la fuente,
en el huevo de serpiente,
en la hondonada de los fiordos,
en todos los emblemas de su absurda muerte.
VI

Esa última noche, la tan nuestra, la total y triste,


un talismán cayó al abismo
y partióse en dos la hebra que sostenía la espada
mientras se daban a la fuga risas y alas ignotas...
¿Quién iba a imaginar que aquélla nefasta broma de los dioses
marcaría en la arena de los cuerpos,
su cuerpo y mi cuerpo,
las huellas más profundas de la separación?
VII

Yo la he petrificado en mis recuerdos


cariátide hecha de blanca faz de luna
hija adoptiva de la Acrópolis,
habitante perpetuo de ese antiguo reino llamado corazón del hombre,
caracola sin nombre donde descansa el pez de mi deseo su más nocturno sueño.
Noche del estro,
has de mis palabras una cueva, un socavón,
un refugio donde pueda guarecerme en esta noche que se acaba.
Nada basta a mi angustia ni a mis ojos cansados.
Paseo vespertino

Llega hasta aquí

caminando
desde el viejo barrio de Bloomsbury
sin encontrar vestigios de Eliot o Virginia.
Observa un letrero ya oxidado de una pared en ruinas:
“Dont’t let you throw the empty bottles”.
Nunca sabrá cómo ni por qué quiso venir a Londres,
sólo quería romper el viejo y duro molde de su máscara,
dejar de vivir la vida inútil de los otros,
dejar de ser inquilino detestable en los ojos siempre abiertos de los otros.
Aquí la luna mucho menos es distinta de la luna de América,
aquí la luna sigue siendo etérea sal mirándose al espejo;
aquí la gente es como en todas partes;
carne, sangre, sal, huesos y “una inercia tan absurda”;
aquí el mal del siglo es no llegar a tiempo,
tomar litros de té
y guardar las apariencias;
“aquí todo es tan viejo y sucio
con ese hollín de siglos incrustado en la epidermis”
y el agua es agua,
y el humo, humo.
El Támesis,
un torrente de sucia sombra desbordándose.
Se ahoga el tedio de esta tarde en ese hondo abismo del crepúsculo.

“Malla Solar”. Micaela Solís Torres.

A mi primo Bernardo Montes Torres


In memoriam.

Una garza emigra de mis manos


sobrevuela en círculo su sombra
Nido en duelo

Son las cuatro


el silencio deslíe los pensamientos
Un aire suave y cálido balancea las cortinas

Batir de puertas en penumbra los arenosos párpados

En el plato de peltre
la cera derrama su estructura
y en insomne susidio reverbera
Tremulación de calicanto en ambarinos pálpitos
temblor de incertidumbre en las blancas paredes
donde la noche expira
Va redondeando un círculo el destino
caen las cinco

En su delirio
la gota derrama su paciencia
cantan los gallos a la flor violenta de la aurora
balan las vacas un llanto dulce de ignorancia
en la clandestinidad de su cinismo
trocas polarizadas rallan llantas

Un impulso de rayo lo levanta (tempestad en el ánimo)


y un amargor de guamis en la boca.
2

Para no mirar atrás


guarda los pensamientos con lapidarios dobleces de silencio
Su equipaje es un muro que se ata a la espalda
para no ver a las niñas
y sus mejillas rosas y sus resuellos rápidos de pájaros
Un muro sus vivencias
para no marearse con la mirada de ella
ovillada en la flor del llanto entre sábanas
exhalando suspiros espirales
remolinos de tiempo
3

Cuando abre la puerta


la sequía ataja la última duda
Aire seco
enjuto anciano de aliento dolorido da en la cara.
4

No ha cruzado el umbral
no ha pisado aún el polvo del camino
y cae como hacha la voluntad en el plexo de la puerta

Astillas suelta su ángulo de luz


La acacia de enfrente mana las primeras hojas del otoño
que se enredan con la ventolera del verano.

Ya cruza el rostro el primer aire extranjero


ya aprieta el muslo primo

ya comienza usted a alejarse


5

Por el camino real

flota un olor a encino requemado

Pequeño brote con perfume a resina que se incendia

Sale de la chimenea de la casa de la madre

Mientras atiza

con el aún tibio soplo de los sueños

entreteje el cabello

que entrevera con el pardo color de la humareda

Sus ojos brillan

con el azul fantasma de la infancia

que flota entre los geranios

el trenzado aroma de lo humilde

y la memoria perdida

de antiguos viajes de galeras a la deriva

Casa materna

con ojeras moradas en las ventanas

y la zozobra de secretas tempestades

Quedará madre
manando el propio mar

navegando recuerdos

Junto a la noria
el álamo en cuyas ramas
quedan en ixtle
los vestigios del columpio
donde jugaban a los pájaros volantes

Y aquella rama de sauz

donde los ojos miraban al revés


cual ojos de ‘murciégalo’

La noria
donde cayó Manuel
que no sabía nadar
ni de abismos en la tierra
-venía de la ciudad-

“El corazón de un niño


revienta en la caída”
dijeron
7

Se va a la aventura cargado de tanta parquedad


que trae la despedida colgando de los dedos
como un lucero inútil
¿Cuántos besos no dados le tapian de amargura la boca?
¿Cuántas caricias adheridas a la piel
hacen de la ternura una ampolla a punto de estallar?
¿Cuántos abrazos clausurados
encierra la celda del pecho rebosante?
¿Cuántas miradas amorosas
primo
corren por las comisuras de sus ojos?

Límpido, el cielo carga una parquedad


de territorio azul intenso como ojos de madre.
8

La montaña abre su párpado

lo despide la pupila roja de la aurora

Súbita vieja oscura

cruza al occidente sin mirarlo

Entre raídas nubes

una garza emigrante deshilacha su vuelo

en lontananza
9

Mira alrededor

desparramando en círculo impotencia

desperdigando fantasmas de ilusión

en los surcos que el sol abre inclemente

Arranca entonces de cuajo la pasión

para poder flotar rumbo al futuro


10

Cruje ávida la tierra

al peso de los primeros pasos

De su negrura aceitosa surge

olor a hembra abandonada

a la suerte ¿de qué invisible invasión?


11

Oleosa
es la sangre de los héroes agrarios
como negro
el último grito de Socorro Rivera
sembrado
a punta de traición sobre la espalda

Y
no obstante
floreció entre los maizales

Luego
se levantaron las arcinas en las labores
como altos edificios
de fríjol
avena
zacate

Y las canchas del maíz


Encostalado para la venta
cuando los graneros y las trojes
eran cuernos de la abundancia
y las desgranadoras zumbaban día y noche
en el regocijo del insomnio fabril
Toneladas de alegría
se paseaban en la fiesta de la pisca
la procesión del último carro enlistonado

Baile
cerveza
barbacoa
chicharrones
enchiladas
natillas

para el bendito apetito de los peones


cuando las vacas eran fuente
de leche espesa para asaderos
y los rojos huevos de las gallinas
chillaban intensos en el sartén del almuerzo
12

El fruto de la cosecha
una pieza de manta
para las sábanas de verano
otra de franela
para las sábanas de invierno

Un bote de crema perfumada


Para las rodillas de los niños.
Zapatos
sombreros
suéteres

domingos de organdí para las niñas

las visitas al médico las vacunas

los útiles
la bicicleta
los dulces de ciudad

la troca del año y el tractor

pagados con el exacto fruto del esfuerzo


La dorada prosperidad de los rancheros

Ahora

¿con qué alegría recordar todo aquello?


13

¿Luego qué?
padre de anchas manos
y principios derechos como surcos
¿Qué dios expolió a las nubes?
¿Desde qué atroz torre humana
bombardea con helio
al ingrávido pecho oxigenado?

La deslealtad celeste es campo de batalla


Donde pesa impávido el azul
con su flagrante deserción de agua.
14

A la hondura de su juicio
que sereno germina entre raíces
pregunto
padre
¿Qué dios está pacientemente transmutando
ésta
otrora tierra de humus vegetal
bondad de dulces minerales
matriz de pródigas cosechas
memoria pía
del sol-pan
astro de la abundancia
en yermo útero de sal ensimismada?
15

El paterno solar es tiempo anquilosado


soledumbre
Sol
Verbo de un solo tentáculo omnisciente

Insolación del ser


16

En la crepuscular atmósfera cainita


el progreso postra a peso de quijada
sus coyunturas de engranes herrumbrosos
Y en los aserraderos
-altar de sacrificios-
los pinos y los cedros yacen
con su estatura centenaria derrotada
17

Del remolino de su tumba


en soledad plural
Abel reinicia el éxodo
para gestar de nuevo el paso
que se mide de acuerdo al impulso
del corazón que lo fabrica
y no
a la ambición falaz
de poseer el horizonte
Sujeto el tiempo a la medida de la huella
y no a la levedad de su hondura
la desdeñada vocación de vuelo
de los peces ancestrales
18

¡Qué dios Caín levanta al nómada


del sendero de su tumba?
¿quién midió a tiro de piedra
el alcance del primer ego sobre la tierra
hundiendo así
a la felicidad con el peso del futuro?
19

Quien por primera vez enumeró


‘el uno
el dos
y el tres
son míos’
cuando era plano el horizonte
como la palma de una mano
abierta
al cielo ámbar
y plantó en el suelo que pisaba
el báculo del caminante
fundó el árbol de la historia
con el erguido peso del fracaso

Después
todos los sueños fructificaron en caída
en culpa
de infinitesimales cálculos
20

En la sierra escondida
la respuesta flota sencilla
con el viento fresco de la montaña
en la encendida belleza de las amapolas
21

Después
uno y los otros
aprendimos a sembrar las semillas
a cultivar en el deseo la ambición
22

Con chirridos de engranaje herrumbrosos


bajo la resolana
abre grietas en la yonkeada tierra
aparato caduco de la vida
monopolio del sol canicular
23

En el esqueleto del aire cruje hambre


24

En transparente pulcritud doméstica


El día tiende su sábana tórrida
A la mirada del obseso
Que busca en el cielo las señales del barro
25

El sol descarga fuego


sobre la espalda
con el golpe de su marro
modela
el azul ardiente del fracaso
26

¿De quién es la invasión


sólo visible
en el canto triunfal del óxido?
“El refugio del aire”. Nelson Solorio Talavera. 2009

Una muchacha Rarámuri

Suben al monte, ríen


y hablan del misterio que van a tocar
todo está cubierto de pinos
menos esa alta pared, ese acantilado

llevan cámaras fotográficas


suficiente comida y jeans

es medio día pero no hace calor


y deciden entrar a la cueva
que como un ojo cerrado
está escondida detrás de matorrales en la pared de roca

se atan a la orilla del abismo


de entre las mujeres sólo ella se atreve a bajar

caminan por una saliente muy estrecha hasta la boca de cueva


escuchan el eco, el ruido de la aves y murciélagos

Ahí está lo que ella esperaba ver


huesos de hombres y mujeres, vasijas en las que han borrado las pinturas
ropa que se hace polvo entre los dedos
Ella toma el brazo de un esqueleto y le parece muy grande
también hay un aire húmedo como el aliento del algo vivo
que sale de la oscuridad
siente asombro y quizás miedo

no hay en ella presentimiento alguno


como no lo hubo en aquellos hombres
que dejaron sus tumbas en las montañas
la sangre no clama desde su secreto
y ella no sabe que toca a sus antepasados

Se llamaban los Pilares del Mundo


Gawi Tónora
y creyeron que aquella cueva los salvaría
siendo una forma tangible
y divina de la memoria

Como ramas cortadas fuimos arrojados lejos


de aquel pino, de aquella columna de palabras que sostiene al universo

Ahora viene a mi mente la fábula


de unos hombres en una caverna
cuya sombra somos nosotros
El puente sobre el mundo

A José María Arguedas

Los peñascos en los que la luna


Había dejado una veta blanca

Los ríos que parten las codilleras


la arena en la que el sol se diluye

Todo es tuyo, lo supiste mientras vivías

Todo lo que está fluyendo bajo el puente de tus palabras


todo lo que pasa, y aunque parezca inmóvil y quieto
pasa
es tuyo

los barrancos que nadie ve


respiran ese aire de tus palabras

que, tatuadas en lo más secreto del aire


te hicieron dueño del mundo
y tienden lazos en todas direcciones
desde tu corazón que ya no existe

El amor oscuro de tu vida, más que la muerte


Pudo borrar las fronteras entre los seres y las cosas
A un artista

En la cartografía que puntual e inasible


traza tu mirada
vi aquel bello lugar inexistente

eras como relámpago que hiciera existir


imposibles mundos mejores
de campos abiertos bajo cálidas sombras
e imperios de justicia
en el instante en que se extingue

yo hubiera querido nacer


bajo las estrellas que sólo tú haz mirado
que fueras tú mi dios bueno
y respirarte

Pero yo he nacido fuera de ti


pasamos con la noche que va más de prisa
y te tengo dormido a mi lado

y peor aún
ahora ya no eres ese que duerme junto a mí
ahora habitamos la oscuridad que separa una palabra de la otra
y es extraño pensar
que unos pocos signos
son, aquellos prodigios
tu respiración y tu mirada
en este mundo que por más que yo quiera
tampoco existe

Canción posible
Para Elisa Flores Limas

Las zarandea, las hace sonar y resplandecer ante la lámpara


las pega contra el piso
las palpa, las aprieta
las pequeñas manos sienten el filo de las llaves
y cada curva de metal se hunde en la suave palma

Las arroja y ahora toca la mesa


la golpea, mira los rostros de los que la rodeamos
tiene ocho meses y ya interpreta en nosotros
los gestos transparentes del cariño

Se entusiasma y ríe

Son ya los balbuceos de su boca una canción posible


son ya los movimientos de sus dedos
los primeros trazos
en el espinoso proyecto de la vida

La idea del animal violento


Astuto y afanoso de dominio
desaparece de mí y sólo queda el milagro

el milagro de una nueva conciencia


que viene a seguir dibujando
al incompleto mundo
Al enigma

Guiado por una intuición anterior a él mismo


el perro enfermo
se levanta del polvo

tibio por la luz invernal


que lenta desciende
sobre su lomo pardo
muerde la hierba
con dientes hechos para la carne
arranca manojos de pasto
y los traga, tal vez con dolor

ahora este amigo


regresa a su lecho bajo el sol
su respiración se escucha y tiene olor

En su momento
tan solo como un hombre
el perro también repudia la muerte
todo lo que no es
espera del otro lado

y el mismo frío
que un día subirá por nuestros huesos
apaga ya el enigma sin palabras
que yace sobre aquel nicho de polvo
Regresa al mar
Somos agua
somos el gusano
el pez
la sombra

un buen día
somos fuego
ardemos
corremos por los campos
perseguimos el aire
y también somos una sola palabra
y el encuentro
de perspectivas contrarias
ardiendo sobre la hierba

las nubes que vagan


en el vehemente
calendario de los huracanes
las nubes
en las contracciones
del Corazón del Cielo
también nos representan
el mar se proclama
en nuestra pequeñez
la marca sube por las escaleras de nuestra voz
su fuerza es un torrente
en el arrollo de nuestras palabras

y así
somos tinta
que viene de las tinieblas
somos
consanguinidad
del agua
y la sombra

el espíritu nos reclama


viene desde lo profundo
en una noche que atraviesa el tiempo
como una vena de néctar
desde las tinieblas del origen
donde antiguas bestias nos han devorado
y se han convertido en nosotros
igual que el fuego y la hierba
y todo cuando se alzó
frente la eternidad

en la piel
en ese camino de soledades
hunden sus raíces los relámpagos
los mismos enloquecidos fantasmas
que regresan a su heredad en la tormenta
que hermana al agua con el cielo
y a la sombra
con las afiladas curvas de la luz
Articulamos el mar
en la saliva del beso, del grito
en la integridad solitaria del ojo
en su ceguera

los dioses y los protozoarios


nacieron de un relámpago ancestral
en sus abismos

se mece sobre los árboles


y se ha condensado en bandadas de pájaros
en manadas de toros
en garras
en la tibia ninfa de las orquídeas
y su reflejo palpita en la marca de todas las sombras
pulsando
en la elasticidad de la noche

flota sobre cirios


en el anhelo de la antigua unidad
está en las tristes iglesias sin que nadie sepa quién es

todas las oraciones van y vienen del mar


y los frutos arrancados del tiempo
y las palabras que nos dibujan el mundo
el frío mineral
la humilde sombra
el fuego y el maíz de nuestra carne
regresan al fondo de su sueño
Otro sol

Ahí estaba el sol sobre la multitud de coches


atrás de los cerros mordisqueados por la ciudad
el sol del invierno en su lento declive

lo vi
claro como la nieve
tornando los cables negros de la luz
del oro más fugitivo

la gente salía del súper mercado


lo sintió
leve y humilde
como un animal o un dios bueno

y hoy lo soñé
quieto sobre los muros
de otra ciudad de fantasmas
que también era el paraíso
Hallazgo

¿Qué pensar ante esta calavera


qué puede el poema ante
los huecos de los ojos vacíos
del cráneo vacío?

El accidente de ser
de vivir en el desierto
que es violento a pleno día
me puso en aquel paseo por los montes

puso mis pies sobre el camino espinoso


por el que un asesino
arrastró a un niño quizá vivo
o al menos, tibia su carne todavía

No me adentraré en los tugurios


que la mente abre a través del dolor
no me hundiré en la sangre, en la carne susceptible
en las horas maceradas contra el metal

Pensaré en ese cráneo

Ese lugar inmenso, tal vez infinito


que levanté sin querer y puse ante mi cara
como un Hamlet grotesco
Era igual a las piedras
al cielo yermo y a los planetas que giran en el frío
pero aquel cáliz había sido roto, quemado
y estaba perdido para quienes lo quisieron

en qué punto se rasgó la fibra


en qué punto dejó de respirar y no fue ya más que el muñeco
que aquella bestia quiso que fuera
aquella bestia
contra la que la bestia que hay en mí siente un odio mortal

bestia
qué raro se siente el vacío
de esa palabra en mi boca

bestia
el odio se acumula en ella como una voluta
en los caprichos del aire

ojalá, y aquel hombre


que asesinó, fuera la Bestia, la brutalidad pura
el Mal

ojalá, diferente a nosotros


no fuera otro prisionero

ojalá, no se pareciera a mí
a ti, a la mujer que queremos

Quizá fue liberado de nuevo


Camina sobre el mundo
O fue borrado como nosotros lo seremos

No quiero saber más de él

Yo escribo casi 10 años después del hallazgo


(de vivir, el niño tendría más o menos 19)
él sigue muerto, y sus horas y sus días
no pueden ser negados
y nada puede ser removido
de aquel mapa que su aliento trazó en el aire

pero su cráneo está frente a mí


todavía lo palpo
duro y terso como una piedra pulida por el agua
y es que estamos en un oleaje
el nítido aire, las espinas, los cerros
todo se balancea alrededor de nuestra fragilidad
y algo tiene que ve el espacio donde se mueren las estrellas
con las cuencas de tus ojos
y con el blanco cristal que guardaron

Columna de humo, humo flaco


que asciendes hasta tu desaparición
pálida piedra, qué pudo decir
qué te puedo decir que no haya sido dicho de mejor modo

nada, sólo te repito, repito al sol que no pudiste sentir


yo que soy una calavera
erguida y soñando en el abrigo de la carne
mientras tú eres el que respiró y sintió pasar al remolino
y tú, el que me encontró una tarde
el que estaba investido de aquello que todos los dolores

Invierno, 2007

me abatió de pronto el recuerdo de tu voz


de dónde salió
de qué instante secreto en los refugios del aire

en pasados inviernos
todavía tu voz ya de vieja
se emocionaba
o temblaba como un pájaro emigrante

ahora
parecen repetirse los minutos
y hay un secreto retorno
en este viejo invierno
que ha vuelto con la ilusión del presente

allá en lo alto
las figuras negras de las aves
regresan a un sur cálido y remoto

ha vuelto el instante
y portando la sombra de tu voz
se ha dispersado otra vez

ha vuelto el invierno
y el mismo sol repite la misma mueca
pero algo se ha perdido para siempre
algo fundamental
se ha despeñado
tiempo atrás, en el silencio

La vestidura del dios

Clama, eleva tu voz


al dueño nuestro,
el que es el Viento y la Noche

(así les hablaba


el Emperador a las niñas de Tenochtitlan)

Había que rezarle a aquel que se vestía


de la noche y el aire para hacer sensible su misterio

aquel que sin ser nadie, acaso nada


nos abre los ojos por primera vez
a todos los que, sin pedirlo
venimos al mundo

Hoy a tantos años de que un remolino


borrara el imperio de aquellos hombres
algo parece latir bajo sus piedras
y bajo las imágenes del misterio
que en ellas tallaron

esa fuerza que quieres llamar con algún nombre conocido


también podrías envolverla en la noche
y en el viento para hacerla sensible

pero piensas en esta trampa prodigiosa


que se adueño del barro y el maíz
e igual a un remolino que levanta el polvo
nos mueve por el mundo un poco tiempo
y no hay un nombre, sino una ausencia muy profunda
“Espejo de Fuego”. Lily Blake. 2008

Principio

Te siento entre mis manos vida


tibia palpitante.

A veces delirando el grito original


Que me tragué después.
Razón

De todas las cosas que puedo desear


ese día quise un cubilete.
Será porque antes
el destino me daba vértigo.
Pragmática

Hago mil cosas a la vez


cuento pasos de hormigas
saludo al sol.

Por eso nunca estoy aquí


siempre en el intermedio dibujo del aire
y estorbo telarañas.
Escondite

En mi complicado andamiaje interno


donde cables se cruzan y llevan impulsos eléctricos
existen fibras invisibles
que por estar tan dentro
sólo la música puede tocar.
En la tierra

Antes de venir
planeamos nacer aquí
y hacer
hoy no recuerdo qué.
Precisiones

Tengo tanto tiempo dentro


que podría tener todo en mis manos.
Todo tiene tanto tiempo
que podría ser de todos.
Tengo todo y tengo tiempo,
tiempo, tengo tanto para ti.

Tengo todo tan lleno


y sé que nada importa.
Iluminación reflexiva

Línea luminosa entreabre la puerta


confía mi sombra al recoveco.
Porque brillo en su oscuridad me sigue como tierra al sol.
Ignoro.
Ignora.

Luz penetra mi frente


cálido obsequio blanco.

Giro,
queda la puerta a mis espaldas.

Quien te sigue, sombra,


soy yo.
Sin saber

Me columpio en mis preguntas


vaivén de confusión.
Al subir
me envuelve el aire con manos doradas
el vértigo de tierra espera mi regreso.

Es que no sé aun.

El ritmo
mantiene una vez más la vida.
Hallazgo

Inmóvil sitiado el silencio,


ahuecados los espacios interiores
como gajos transparentes de cristal,
el aire suspendido en sus maniobras,
petrificada la insistencia del tiempo
como un ave monumento capturada en cantera.

Escucho.

En cada parte interna


hay movimiento
vibro
soy música.
“Poemas Heredados”. María Merced Nájera Migoni.

Ámbar en la orilla
Gotas de agua en el
cristal perenne,
a contra luz
tus ojos
en el vacío de la tarde
Diversos azules se proyectan
desde el círculo hasta la estación
donde la vista absorbe
colores de los vidrios de agua
pronto oscura
la hora donde termina el ocaso
determina mi razón
que no sueño.
Todos estos ciclos
veranos y tardes de arco iris
en que las horas me permiten vislumbrar
los azogues del otoño
en donde yo espero
sólo aguardo
los ojos enemigos
vacíos vidrios
óvalos al fondo
al fondo
de la rueda
en donde la luz cubrirá
tus últimas viandas en la dorada arena
donde todos somos uno
y
las razones
en el horizonte se diluyen.
Sólo entonces
y
sólo entonces
la llama se habrá extinguido.
Y la quietud imaginada
nos cubrirá entre las sombras del transverso coágulo de luz
allá en el último reflejo del espejo
por el lado sur del lienzo sepia
polvos azules se aglutinan de nuestros sueños en el estío.

Cantata para una pausa de dos vidas

El silencio abandonó la tarde


Y tú y yo
detrás del convento de nuestros sueños
seguimos de bruces
los latidos de la noche.

Aquella puerta nos contuvo.


Abadía de luchas
Abatidas finalmente en el abismo.
Monólogo

Diálogo de ecos nos alejan


abruman.
Abstinencia de miradas
permanecen en la acera de nuestro olvido.
Acertijo

Esa ácida tarde en que tus ojos dibujaron el enigma


y guardaste la llave de aquella puerta.
Ahí en el desdoble de las horas
las líneas de tu rostro quedaron ocultas
bajo el retrato de colores sepia.

Sombras de tardes desdobladas.


Y en las orillas de la espera
el dolor aguarda
en la habitación más oscura.
La puerta nos separa

Las voces asesinan nuestra fantasía


y los minutos intocables se acumulan en los rostros
nuestros corazones palpitan a distancia
la puerta nos separa.

Hasta cuando Amado Mío


el acróbata tiempo detendrá su marcha.
Hermética noche

Aquella noche
grabamos nuestros sueños entre ornato de la noche.

del otro lado de la puerta
imaginabas mi silencio en tu bullicio latido ardiente/ /
casi intacto
mi cuerpo agonizaba
__Esa luz mineral del olvido inundó nuestra agonía__
seguía su sombra
el perfume de mi cuerpo
¿ ¿
Historia de un inverso total

Tendida bajo la tenue luna


donde el delirio ignora
los ecos del infierno en que amordazados
los sueños se esfuman.
no puedo enjugar tu llanto
¿Cómo puedo asomarme
más allá de ti? Y encontrar todo eso que te asfixia.
II

¿Qué somos? Mitológicamente Evas venidas al mundo


ciervas asustadas
huyendo de las gargantas abiertas
para acallarnos
y ser inoculadas de epílogos falsos
__Cantarnos así mismas__
auto convencernos
de nuestros interminables días
en que desangramos
esas mutaciones que la vida nos pone enfrente
como estigmas amarrados a la Luna.
III

Somos hogueras inextinguibles


huellas inconmensurables..
Con encendidos poros la noche
Interminable nos cubre
el dolor nos une llevándonos a coordenadas
donde el mercurio de nuestros cuerpos
se desangra en cada Luna.
Hemisferios de círculos rotando en nuestros rostros azules.
Lunes que no regresan
dónde detenerlos
someterlos a escrutinios
y decir __ya basta__
como aglutinar los recuerdos
sin que laceren.
IV

Una mueca en nuestros rostros


impacta el escenario del día
confinado a los discursos de los instantes oscuros.
Entre llenos y vacíos
los meses amurallan los recuerdos
inverso total
donde me disuelvo
en el estridente silencio de todos.
V

Aún escucho las notas


de esa partitura
que ensordece. Lor en a
morada
en el último cobijo
donde el voltaje de mis días ausentes
me trasbordan
en la búsqueda del extravío.
Sin sentir la herencia del dolor
Que nos aguarda al final del camino.

Como puedo encontrar las piezas que nunca


embonaron y que mi raciocinio se empeña en demostrarme
los enigmas.
Restos permanecen en los rastros
espontáneos
frágiles.
En el contrapunto de un análisis perdido...
desentierro círculos de luces
en líquidas palabras
de esta cósmica muralla en que me asfixio.
VI

Estos instantes
en este ahora me sofocan...
caducos
inermes
los miserables residuos de este olvido
anteponen a sus líderes
las horas para que enloden
y asesinen las cenizas de mi llanto.

Ahora pido
se escuchen los ecos que agonizan
este larguísimo lamento.
VII

Este es hoy
un nuevo tiempo
de lunes en que las llaves de mi sueño
permanecen confinadas
en el pantano de esta desmemoria.

Rejas
en el interior
a punto
de un inédito
decreto
____no es esto___
acaso palabrería.

Significado
breve
por la sombra
fuego
habitable
en este jueves
de mortaja oculta
llena de ficticios
fines sin excavar la noche del silencio.
VIII

En la luz inerte de mis cuencas


sólo queda la mudez bajo la niebla
lluvia de tarde del viernes.
Quién puede salvar estos inciertos
desaciertos de lo inverso
son todos estos puntos frágiles
lacerando en lo espontáneo de mis días. Puedo decir que estoy casi viva
o tal vez... Soy [casi llama frágil invisible hilo de agua
resbala de mi rostro]

Efímeras horas del viernes


cierro las persianas y termino la jornada
encendida tarde se esconde
detrás de las plazas.
Testigo de mis intenciones
como un aliento
se detonan los recuerdos
bajo el cielo de todos
mis esbozos cubren cicatrices
en el espejo
la sombra mira los fragmentos de luz
arropando su oscuro límite.
“Tierra en Mano”. Haydeé Espino Castillo.

Sí, en efecto, hoy comienza todo de nuevo.


Hoy comienza la vida, la verdadera vida.
El pasado, inmediato y lejano,
ha sido un sueño.
José Revueltas.

A la tierra que fueres

Una polvareda oculta

tus pasos, caminas cubriéndote los ojos

y no puedes seguir

hasta la tierra que te llama.

Una pierna y otra languidecen y descubre tu garganta

entonces

los aromas de mi voz

pero la ignoras.

Como una caravana

te extiendes sobre el manto de tu propia suerte,

diluyes tu sal sobre la arena y escribes mi nombre


una

muchas veces

para recordarte que no existo, que soy un invento en el vacío de

una leyenda escrita por tus antecesores.


Tierra de ciegos

Cuántas manos serán suficientes para terminar

con la vacuidad de tus espacios

Cuántos deslices rociarán tu

frágil memoria

soterrada en astillosas batallas corporales

y estruendosas búsquedas inciertas.

Cuántas lágrimas habrá

en la pupila

o cuántos los poetas que por una u otra

escriban

o los cauces que inunden mi agotado rostro

ignotas luminarias

marquesinas impúdicas

¿No lo ves o eres ciego?


Tierra a la vista

Como Simbad

te aferras a las olas.

Ellas me dictan tu proximidad,

anuncian gustosas

la tierra

que no has visto durante meses.

Yo soy esa tierra,

me asomo y saludo diciéndote:

“llegaste, estarás bien”.

Pero temes perderte en la memoria de la soledad,

en un lecho de paja mal amado.

Temes no encontrar un coco,

una lámpara o televisión por cable

para sobrevivir.

Mi mano asoma desde lo alto


saludándote

pero en ti

no ladra un perro

ni redonda fruta se vislumbra

en el paisaje de tu estrecha memoria.


Tierra de nadie

Llegó la hora.

se abre paso

como un anzuelo en el agua:

la tierra se funde en ti

como dos destinos

apretados en un solo cuerpo

filosa

rígida

reclama autonomía

prepara su más dura batalla

cuando

crees poder andar

andar y andar

sin titubeos.
Tierra prometida

Ni moisés ni dios

dieron en el blanco,

por eso los escribo con minúscula.

Creyeron que podían quitarme

tu custodia y te llevaron

a una tierra prometida

inexistente.

El hambre y la peste siguen acosándote

como al principio,

como en la otra tierra

que labraste

antes de seguir

una ley arraigada a sus caprichos

más que al destino de finísimas flechas

que te apunta.
Tierra al asunto

De todos los asuntos

es éste el que más te incomoda,

el que tenemos pendiente.

No te ocultes.

¿No ves que echarle tierra

es ocultarlo en ti mismo?

Recuerda: soy el ave que vuela

más alto.

Soy el río más grande

el caudaloso

el angosto

el seco

el olvidado.

Soy todo río y todo mar

Todo todo

oculto en los glaciares de tu propia suerte.


Tierra sin ley

Busco en tu nombre lo naciente,

toda edad y todo vicio: culebras marchitas

hilos de sangre.

Busco toda tu natura.

Toda “contra”.

Toda tu piel apostada entre las piedras:

toda célula tibia que se apaga.

Y naufragan las lombrices,

cansadas de mecerse por la tierra.

Que se cansen, que chillen todas

Aún no abre el telón

el mundo

y quién sabe si lo abra.


Sólo se respira anarquía

en tus cerrados párpados de aire.

Tierra firme

Una sombra cuelga de tu boca:

es la luz divisoria de tus rutas,

un horizonte jadeante,

una brisa de fuego abigarrada

junto una pequeña alondra


Con los pies en la tierra

Sueño que eres otro

pero

no te enteras:

tus manos sólo atinan refrescarse

en cremas y billetes.

No soy una amante diluida

en colecciones de cartas, dulces y memorias.

No soy, cierto, ni mujer ni hombre.

Ni luz ni mar

ni espejo.

Deja de volar, baja de la nube.


Pecho a tierra

Echado como un potro

vuelve la lluvia de ideas a tu cabeza

iluminada por

simples proyectiles.

Soy refugio de suelas y camisas,

un faro luctuoso que abrazas con

veinte uñas para protegerte

de las balas.
“Perfil de humo”. Martha Estela Torres Torres. 2003.

El reloj

eco palpitante

tic tac infinito

Llueve

Dios se oculta

tras los días

el hombre tiembla

ante la oscura muerte

Es noche

la eternidad espera
Mi sueño se repite cada noche,

aparece la misma sombra;

idéntica la voz en la ventana

Escucho los mismos pasos

a mitad exacta de la luna

Nada cambia entre las veredas

hambrientas del destino

Una cruz de sal

marca mi cuerpo.
Anoche soñé luciérnagas en mi cama

y el baile sonámbulo de los dioses,

sorteando mi piel

entre la espuma y la carne.

Al amanecer un dolor muerde,

mi cuerpo no soporta

tanta soledad.
Me desnudaré de ti

a mitad exacta de la noche

cuando aparezcan las luciérnagas

en la espesa claridad sin luna

cuando se evapore el tiempo

y se eleven rezos de palomas

cuando la lluvia caiga

con el fresco ritmo de albahaca

cuando los clavos

se desprendan

de la cruz.
Aguarda el silencio de las hojas

y que el tiempo se derrumbe bajo tus pies.

Espera a que termine el invierno

o vuelva a florecer la lluvia.

Si prefieres, espera

a que los cisnes se cobijen con espuma

y los peces salten al amanecer.

Puedes tener paciencia

a que las luciérnagas te asfixien

y el fuego incendie tus cabellos.

O tal vez quieras aguardar la vejez

tendido sobre un cable eléctrico;

mientras yo muero cada día espantando

los insectos fastidiosos de la soledad.


Déjame hurgar

en los sepulcros del olvido,

buscar entre la tierra oscura

la luz de aquellos nombres

para sentir ahora

el humo de su llanto

y los pasos náufragos del cenzontle,

paa escribir palabras clandestinas

que aún duermen en el himeneo de Cronos.


No podemos existir

bajo la mirada oblicua del destino

ni hollar los caminos

con nuestros pies de espuma.

No puedes habitar mi piel

ni acomodar en mi pecho

tu vuelo fértil de poeta,

tampoco puedes encender

metáforas en la oscuridad

ni profetizar las imágenes de la luna.

No puedes encontrar el absoluto

ni retener la muerte en mi almohada

ni caminar con los ojos vendados

en el cable eléctrico de mis sueños,

tampoco puedes danzar conmigo

la danza húmeda de los delfines.

Por que la ley insustancial


ha delineado en tus manos

los sustantivos precisos

para posterga hasta la muerte

el temor imperfecto de mi nombre.


Concédeme Señor, más tiempo

para expresar las palabras

que sangran al salir el sol

para descubrir mis raíces

y expiar la culpa de mis pecados

para romper el lazo mortuorio

que ciñe mis entrañas,

para despertar las larvas

que aún permanecen dormidas

en la oscuridad.

Para reposar mis huesos

y el vuelo fértil de mis manos

Para revelar las letras

que arden en mi piel.

Para mitigar lagunas etéreas

De hastío y soledad.

Para secar la angustia

que oprime mis palabras.

Para purificar los lamentos

en el limbo de los sueños.

Para evadir la estocada del buitre


y la daga certera del olvido.

Para resucitar el canto del búho

dame a conocer

el lado dulce de la muerte

con el paraguas extendido

a la entrada del infierno.


Caracol

En el borde del silencio,

Al filo del la tarde lúdica

que sacude mis nostalgias,

escucho la música fugaz del tiempo

marcando sus pasos en la arena.


Iconos

Gotas de sangre
corren llenas de miedo
por las venas del calvario
dioses permanecen
estáticos temiendo caer
íconos que se desploman
antes de conceder perdón
El tiempo transcurre
indiferente.
“Desierto de mar”. Juan Armando Rojas. 2003

Aurora

la abuela aurora teje una malla de sal para la luna

ilumina caminos hasta el centro de la tierra alguna vez

creyó fielmente en perseguir las brujas de su infancia

bordó una sábana de rosas con hilo y tela de las cruces

para cubrir los santos en su oración logró fundir la

noche enamorar a la lechuza

la abuela preparaba el último alimento de las sombras

que llegaban a dormir a sus pies al verla vacilaban las

estrellas tiritaban aprendieron sobre el temblor del

frío su rostro se impregnó con la humedad de

chiricahua

en el oráculo de la arañas la abuela aurora teje por la

noche una malla de sal para la luna durante el día junta

el polvo de los que no alcanzaron a enterrar su cruz

antes del alba


Paquimé

la que platica con los dioses y roba el canto a quien la

lluvia sorprende en el desierto predicando a los

cometas Paquimé desértica morada te extiendes

como el valle que el sol nunca abandona

has logrado escaparte de la noche bebiendo el agua de

las serpientes los acueductos milagrosos alzas la

mano navegas por el cauce del oráculo en el alba le

temes al augurio Paquimé la que avanza por un

callejón de pueblo en busca del próximo diluvio

ciudad de los hechizados oculta el corazón cien

escaleras tu nombre la noche sobre la estepa la luna

bajo este mar platicas con las sombras en espejismos

la ruina de los pericos escapas en un sueño y lo

escribes en los pétalos del viento

Paquimé hay mitos que no te pertenecen lunas que a

ti regresarán un cuervo hurta el sol y se oscurece para

llorar la muerte de sus hijos la soledad nocturna te

entregas a la ofrenda
ofrenda azul o viento de los ángeles cristal arena

blanca muy blanca caminas abrazada al árbol de la

vida y en el limbo haces de la noche un corazón

fluyes por la memoria de los dioses encierras en las

piedras el crascitar del cuervo tus demonios conspiran

con la ciencia y guardas la distancia Paquimé

escarbas en la arena las máscaras del sol pero en

silencio
Rosacruz

la noche en oración un pueblo duerme bajo el río una

mujer encinta deja de zurcir augurios en el viento y a

las estrellas nombra hilo y espinas en el fuego arden

rosacruz oráculo del sol descifras en el tótem de su

voz el llanto un diluvio acecha

un colibrí sostiene el vuelo que aprehendiste el frío sus

alas protege su vista fija en el otoño rosacruz da

media vuelta y hurta el pergamino de tus viajes el

amor idílico del río el pueblo la lluvia su hábito

mundano cruza desiertos

habrá tormenta el rizo de una vela imita al mar y

espuma el invierno alza un huracán la luna se refleja

en un cristal diluye su menguante entre dunas avanza

rosacruz conmovida reposa los ojos en tu espíritu

celeste hay tormenta en el invierno

huellas y huellas en la arena más blanca de la luna la

noche más oscura viene a su fin inmersa en el vientre

llevas un deseo bajo el brazo liberas péndulos al sol


es la mañana

terminó la primavera rosacruz culmina el verano ya

la abuela ves llorar y enmudecer al recordarte el pueblo

que se ahogó en el río al fin ves su rostro

la herida el largo camino en el desierto


Chiricahua

quieres dormir sobre la piedra fría bajo la hoguera

junto al regazo de una nube y escondes alas en las

terrazas de los cerros y en una cueva guardas la

oración por la mañana Cíbola tu piel curtida en oro de

los templos conjuro con que inicias un diluvio

espina de maguey piedra común calabacilla

corola y polen de un lucero la flor de los

cometas la roca que se rinde frente al viento

el ojo del venado el horizonte la huella de los

hombres en fuego consumida

Chiricahua cronista de los dioses tu padre fue un

volcán en erupción un sueño escrito en las cenizas del

maíz

hoy la abuela aurora te nombra cometa augurio

relator del desierto raíz del huracán noria y espejo

su trinchera su lluvia su último santuario


Palo verde

dedos al cielo la contorsión del árbol una roca

extiende su peso entre las ramas junto al mezquite hay

fuegos que incineran ritual

incienso la mañana

en este valle tus monolitos conjuran en la tarde su

silencio ocaso y torbellino cirios encendidos sobre el

torso de tus manos contemplación y voz de horizonte

palo verde seducido por los ojos de la tarde bajo el

amor del cielo tus raíces acarician el agua de la noria


Mezquite

¿en qué dirección mirarán las aves únicos testigos de la

crucifixión? a medio viaje soplas como viento para

borrar las huellas del cronista te ocultas en la máscara

del palo verde disimulas tu sombra en el sahuaro

pero la primavera te delata o esconde los retoños

bajo las piedras gestas un diluvio vuelven tus ramas a

crecer mezquite a tus vainas regresan las semillas

con un poco de viento atraes al camaleón y a medio día

espinas brotan

contigo se confiesan las cigarras atrás del espejismo y

cantas sus pecados por la noche piensa que el cronista

los escribe pero la primavera sabe que si ha de viajar

por tu sombra será mejor atravesar los médanos

cruzar el meridiano de los signos andar por las cenizas

de la sangre
Santuario

ahora que imaginas ser el fuego hostil de los

conquistadores santuario en qué dirección vuelan las

aves cuando a la lluvia se le olvida descender el cielo?

qué rumbo tomaron el correcaminos y el cenzontle?

hacia dónde el colibrí giró su vuelo?

santuario largo sendero entre las dunas un poco de

aguanieve cae sobre tus alas tu rostro es el tatuaje de

una historia la huella digital de las espinas corona

mancha de sangre crónica dictada por tus manos si a

diario hay redención por qué las aves se hieren los

ojos con la espina más aguda?


Llovizna

cae llovizna en tus alas colibrí para entender la vida

cuando te ahogas en un vaso de agua para explicarte

por qué solo llueve de aquel lado del río cuando la

luna habita la sequía

baja la llovizna y cae en tus alas escarbas en la arena

bebes el agua de la noria tu reflejo destello presente

entre la luna y la luna entre cielo y el cielo la

llovizna baja

cae llovizna colibrí entre el otoño y los muros del sol

baja la llovizna hasta humedecer tu cuerpo de viento

flagelado el corpus de tu flor el invisible giro la

ausencia de tus alas

esta mañana presenciamos el rumbo de tu vuelo en el

mapa de la lluvia intuimos la angustia de sentirse

abandonado y en los cristales de la arena tu rostro

un sol que desconoce tus anhelos


“El Ser y el Otro en el Espejo”. César Eduardo Mendoza. 2005

Pasión-Esfinge

En tu cuerpo me refugio del exilio


sobrevivo a través del verso clandestino,
entre palabras húmedas que replican,
entre pedazos de secretos fulminantes.

Existimos en el manto de la noche,


estrellas de fuego, de alma, de colores.

En días maduramos por la ausencia,


porque no vivimos, por que no somos,
nos inventa la palabra, es cierto,
pero la luz no golpea nuestro cuerpo.

Tus brazos de mármol, tus salados muslos,


eres alma-deseo que viste piel trigueña,
pecho que acuna mis tristezas,
labios que deshojan el ámbar de mis labios,
sangre de luna, cicatriz en las ventanas.

Hombre-incienso, lengua de fuego que arde,


que agita mis extremidades descifrándome.
Confesión de la máscara

Divina teatralidad que me exige,


día a día,
portar la misma máscara,
que como paradoja resulta,
que me libera y me descubre.

En la mesa frente al desayuno,


en las calles tumultuosas,
en la familia y los amigos;
máscara-mentira,
que incrustada al deseo
llevo como insignia,
deshonrosamente,
aunque protectora,
de la que brotan ávidos
los gestos que me trazan.

Máscara confesa,
redimida lágrima,
cual si fuera la comedia,
antiguos tiempos,
lengua ardiente,
escudo invencible
que vela por la imagen mía,
en una región
donde todo duele.

Hasta que no acaben las miradas,


o se destruyan estos muros,
vivirás en mi carne
hasta que ellos quieran,
hasta que tu ausencia me invente.
Nostalgia del cuerpo perdido

Ni el razonamiento ni la fe me enseñan a creer,


en conceptos, en palabras, en le bien o en el mal,
no hay doctrina o mandamiento a que pueda creer,
pero aquí, yo, tildado de “raro”, me educo de “amor”,
vivo bajo su piel de tormenta la desdicha y el derrumbe,
la lluvia de manos sobre mi cuerpo y los ácidos besos,
disuelto en jaulas que condenan, entre ángeles de sal.

Lloro hoy porque pienso haber extraviado mi cuerpo,


porque amo similitudes y rechazo compatibilidades,
porque al cruzar la esquina me desgarra el tráfico,
y los autos caen como hojas de maple, en un lugar inexistente.

Me persigno ante la imagen de un dios en el que creo,


porque me creí aquello del amor y el paraíso,
pero ese infierno reclama mis ojos,
porque me perdí en un cuerpo que no admite razones,
que no se argumenta en sermones ni oraciones,
y entonces dudo de seguirle el juego a la hipocresía.
Fruto prohibido

Pasión y alas, nada más.

Unas veces rojizo bajo coronas verdes,


otras veces añejo, quizá podrido.

Sabes de su veneno cruel,


más el sabor de aquel fruto
te inhibe pensar en su efecto.

Fatal deseo sin cárcel,


voz que trepa voluntad,
oscuro misterio que adormece,
aún y cuando te resistas.

Sacudes las entrañas


para arrancarte sus manos,
insaciable bebida
que adormece el espíritu,
y mientras lo entiendas,
y aunque calles,
ellos lo saben,
no descansarán en vano
hasta destilar el deseo,
hasta matarte el alma.

No importa el fruto,
no importa el reflejo,
entonces pienso,
no resisto…

Ya habrá otro paraíso.


¿Qué hace tu cuerpo con el mío?

Llegaste dormido en la arena de mi playa,


razón y palabras: dios se equivocó de nuevo,
amor y miradas: ¿será acaso que eres mío?

Quise olvidar al despertarte,


pero tus labios no perdonan
ni el más leve suspiro,
ni ahonda la verdad siquiera
entre esos brazos que aferran.

Quise huir de aquella Inglaterra


a refugiarme en la mañana de un bosque,
iniciar de principio ese camino,
recorrer el cuerpo de la vida futura,
rehacer salvaje el erotismo
a no poder describirlo con palabras.

Qué hacen las horas conmigo,


la edad nunca vuelve, dicen,
ni el mismo Zeus podría
con ese amor tuyo enamorarme,
ni con esa piel nívea,
ni con esas púrpuras mejillas.

Qué hace tu cuerpo con el mío,


símbolo inherente a la abyección moderna,
más aún,
a un amor que ya ni el amor mueve,
pero es la costumbre el miedo que nos reviste.

Qué hace tu cuerpo con el mío,


cuando tu corazón ha perdido su voz en el vacío.
Anatomía del silencio

Se aposenta desnudo el silencio de manos oscuras,


lo miro dispuesto a convertirse en mariposa,
en criatura alada, en ruido salado al oído.

Respiro su angustia en lo profundo de mi cuerpo,


yo, escaso de recuerdos, lo miro de nuevo
y respondo sediento de risas insomne de luz,
en esa frontera de asesina indiferencia,
con la triste manía de olvidar;
nada puede hacerse entonces en contra suya,
octubre me abofetea y el mar de hojas me azota,
es el silencio y la nómina de sus gritos,
aquellos que sacuden al insomnio,
y no hay palabra que habite el silencio,
hay un eco que estremece
–como el de los sueños–
y no escuchas siquiera la tragedia,
aún por lo violenta que ésta sea,
y mientras los ángeles caen
y los abismos se inventan,
bailo a medianoche,
al ritmo del silencio,
al ritmo del suicidio,
mientras dios reparte culpas,
y la intolerancia me apunta
con su dedo índice.
Nota a Safo

Has hecho florecer en el silencio la sangre,


como una orquídea disuelta en el beso de tus labios,
la blancura de tus senos se deshoja entre las sombras,
y la infancia gira en torno de los árboles sedientos.

Te busco en el ramaje del recuerdo,


mientras los pájaros de papel
se aprisionan en la distancia del deseo,
y tu lengua profana el ámbar de mis labios
cuando calla la luna entre las hojas.

Aún sigo durmiendo sola.

En la cama te espera la corona de violetas


y la flor de azafrán con la que me vestías,
falta el bálsamo en los labios, queda arena,
conservo aún las cenizas del deseo,
tu corazón sacudió en brasas de fuego,
los cantos que juntas derramamos en las rosas,
en el jardín, en la campiña, en ésta nostalgia,
y todo esto fue antes de la soñada boda.
Irá a otra ciudad

Iré a otra ciudad a encontrar lo que no encuentro,


a entregarme al hambre de esperar lo que ya no espero,
a fumigar las sábanas de noche que acunan alacranes,
a pronunciar tu nombre tan efímero como las demás cosas,
a romperme en pedazos de la materia que ocupa mi presente,
y a llorar por dioses sordos de eterna omnipotencia.

Iré a otra ciudad en ruinas a dormir el canto,


a vivir el guión que me condena a esta vida,
a envejecer entre harapos con la verde carne;
no hay sitio ni camino en este despoblado,
porque las alas me asfixian de esperanza
y la muerte va fermentando sus costillas.

Tan sólo este silencio ocupa el tiempo,


siglo tras siglo la misma cosa,
el miedo, el ansia de saber que existo,
queriendo habitar otro sitio, otra ciudad,
una ciudad de olvido que nutra mi memoria,
con el afán de aniquilar el amor que me infundiste.

Iré a otra ciudad, a despedirme en el mismo andén,


con esa nostalgia a punto, a resignarme,
a despedirme de esta tierra que me dio rosas morenas,
producto de luchar, inútilmente…
Un sueño de escándalo

Cuando dejemos de ser prisioneros,


y la noche triste esté muerta en el tejado,
te contaré cómo era nuestro amor.

Quizá no encontremos futuro


en estas palabras deslavadas,
porque el hombre es sólo un eco,
y sus voces son la sombra de su piel;
moriremos antes de saber de nosotros,
este amor negado tres veces
será alimento de cualquier gusano
como siempre lo ha sido,
al menos esta vez sabemos,
que alguien vivirá de ello.

Podré dibujar tu nombre


al final de éste poema,
te llamaré por tu nombre
cuando diga que te amo,
nuestra pasión vestirá de frac,
iremos al parque tomados de la mano,
sin manos ciegas que se cierren al paso,
sin miradas ni gritos lejanos;
ésta parte del espejo,
en la que nos encontramos,
será sólo un lugar para vacacionar
cuando nos cansemos de líneas verticales,
nuestra voz vendrá al silencio,
la jaula de tu cuerpo dejará volar
a los fantasmas verdes de la noche,
amaremos a una mujer o a un hombre,
hechos a semejanza del mañana
que esperamos, detrás de un amanecer
que abra sus días con el ritmo de la ausencia,
conjuraremos palabras y algunos versos,
mientras la luz encuentre nuestros cuerpos,
y despertemos de este sueño de escándalo.

Te amaré

Llevo las sílabas de tu nombre en mis arterias,


en los papeles de mi cajón, en mi órgano hueco;
tengo que guardar en silencio el deseo, la pasión,
tus besos tibios, tus labios salados, tu sangre;
debemos guardar las apariencias, mentir,
resignarnos, envejecer entre palabras,
envolver el revólver del futuro y las heridas,
volver a las altas rocas, vivir en cuarto oscuro
mientras la angustia abarate nuestros huesos
y el viento pierda la memoria de tus manos.

Te amaré a través de los ojos de otro cuerpo,


mudaré de piel, de nombre, de espíritu,
viviremos en el capricho de los límites,
de las fronteras, del marco del espejo,
tus dedos cruzarán la isla de mi pecho
para vivir en mí por un instante
mientras nuestros cuerpos , esconden el alma.
“Zero Borderland”. Mauricio Macario Mauricio Rodríguez.
2001

“Cuando llegamos aquí


buscábamos el Paraíso,
quisimos llegar a el
y terminamos en el Inicio.”

Identidad perdida-lo más cercano a lo perfecto

Esta es la ciudad de otros

se oscurece con luces eternas

falso clamor, cegada aventura de suicidio.

Las calles bajo mis zapatos en esta ciudad

cruzan en rojo los lenguajes

los silencios, las bocas

cada vez que el tiempo canta

negras notas de bohemia.

En esta ciudad no puedo escribir poesía

hablan solas las palabras

se amotinan

por un trago de cerveza

retóricas se contradicen
y árido quedo callado

frente al bar de las mentiras.

Paradero del desconocido

la velocidad obliga

a quedar preso entre dos tierras

y cada puente es una duda de idioma

o es quizá mi identidad perdida.


Drive all night

–what do you bring from México?

–nada mister, (el camino es mi familia)

–traís droga?

–(soy la semilla que hará florecer tus campos) no sir.

El anhelo de nosotros

los que estamos en la vereda

es llegar al otro lado

aunque casi siempre

siempre es casi

y la frontera consume

convierte, descuartiza

las promesas forjadas como leyendas

por los viajantes que nunca regresaron.

Por que esta es mi tierra

sangre de bravos

indios mansos olvidados

hijos del camino nacidos de otra parte

viviendo en el seco principio

de esta sala de espera.

Porque los que nacen Juárez


viven del American Dream

son de El Paso ciudadanos

y los oriundos de la ciudad de la Estrella

ahora viven en una nueva guerra (pay per view)

inventada por los medios masivos

o algún gobierno hambriento de desdicha (be all that you can’t beat).

Mientras nosotros, los errantes del desierto

conducimos nuestras almas toda la noche

por alcanzar este sueño

muriendo muchas veces mientras llega

vendiendo el alma por un plato de comida

dejándolo todo en manos de un nuevo Dios

adoptado en un refugio que se cae a pedazos

como la fe con la que partimos de nuestra casa

cuando viajando toda la noche

tratamos de brincar el cerco

y terminamos por vivir acá

al borde, en la frontera… en lo más cercano a lo perfecto.


“Ni mexicano, ni pocho,

chicano mucho menos;

quizá gabacho soy,

pero sólo en películas de

los Almada.”

La vía camaleónica

Vivo aquí

en la biblia

es la verdad

yo la piso la sostengo

las palabras se me caen.

Soy reptil de fría inocencia

piel seca sin glándulas

como las putas de la Mariscal

mis hermanas de la tarde.

Jamás necesité la guía de mis padres

para convertirme en lo que soy

engullo este entorno alucinante

mexicanos de todos colores

marchan felices por la Juárez

sintiéndose del primer mundo.


hijos de la … industria maquiladora

esclavizados al progreso

porque en su tierra no había maíz

y del frijol ya estaban hartos.

Trocas del año olor a sangre

impregnaron sus falsos argumentos

para cambiar de piel

lengua larga catapultó sus ideas

y permitió que fueran presa

del coyote sigiloso en el mercado.

(Aplastar este cuerpo en tu cuerpo

con grandes fábulas y orgasmos

bajo el río de arena

substrayendo cada una de tus memorias

desnudo ante la muerte

antes de colonizar los nuevos campos).

Emerjo en un mar de palabras

mis sentidos son tocados por regionalismos

Ku Kux Klan y el carnaval de ofertas del Cal TV

me sorprenden

un nuevo disfraz se apega a mi piel:

ya no soy ciudadano

ni habitante
soy un número más de la estadística.

La calle se cae a pedazos

despacito en El Paso

echan las casa por la ventana

y los pordioseros

amontonados en la esquina de una iglesia

donde todos mientan la madre

antes de persignarse –solemnemente–

como el la cruz de San Lorenzo.

Lento al caminar mi color es territorio

estado de ánimo vigente

es la frontera que existe

al cruzar el umbral del gabacho

–no cholos, no putos, no mexicanos–.

Cambiante como sombra en el otoño

pasivo testigo de la desgracia

de un pueblo cortado en dos

ahora soy otros individuos

de pálida coloración

pretendo imitar el sueño

mis ojos arbitrarios se mueven

defienden con celosía


la última plegaria a la Guadalupana

mal pintada en una barda

en una tierra que no fue prometida

para adoptarla como casa

con un lenguaje ajeno a mis costumbres.

Fiel amigo d la vereda

emigrante señalado

nunca más será el paisaje

tu motivo de nostalgia

aprende pues

follow me now

y conquistaremos esta tierra.


“Ropones”. Arturo Rico Bovio

I
Ropones

Ropones:
piel de la infancia protegida,
cascarón de ilusiones sin estreno.
días vendrán de vientos y de nubes,
de soles y de lluvias
que vencerán la gravedad de convenciones,
el capullo estrecho de palabras,
para llevar un despuntar de plumas
a los cielos
Ronda cotidiana

Nace el día sobre los sueños de ayer..


Se repite el misterio:
emergemos de nocturnas mortajas
aves fénix que convoca la luz
para el vuelo pactado de parejas.
Hay un toque de emoción entre las alas,
nos miramos uno a una en el espejo del otro
a confirmar el nudo de ilusiones
antes de iniciar el éxodo cotidiano.
La jornada arrastra cauda de extrañezas,
separaciones y encuentros matinales,
rehuir las felonías de cazadores
para llegar a la heredad de la labranza
e ir del paso al pozo
en un pisar el peso de los tiempos.
Vuelta al nidal con boca llena de carencias
a convocar llamadas familiares;
pausa restauradora, luego,
una vez más salir al expuesto paisaje
para buscar émulos, trémulos, impíos,
con quienes compartir observaciones,
obsesiones y planeos,
hasta el descongelamiento de la tarde.
Llega el turno del retorno
con una bocanada de estrellas y de lutos;
es una prisa presa en la presencia
de anticipar el canto que me llama
y estar allí para el alivio
al tañer las campanas de su voz
que siempre estrenan.
Caen entonces cadenas y recatos
al incubar juntos cadencias ignoradas
bajo ropones y plumajes;
es el vértigo de un vuelo de ciegos
que asciende al firmamento
para abrazar la Tierra por su talle.
Vacía la calle de los ritos
vamos descendiendo lentamente
al fondo compartido de la noria
donde germinan y renacen en penumbra
los sueños de hoy.
Sigilo

Declinan la tarde y el verano.


Hay una luz de tiempos desvaídos
al acecho.
Algo del sol resiste
la caída redonda de la noche.
Se derriten la aorta y la cava
en huerto y la calle ensombrecidos.
Afila instrumentos el silencio
sobre el asfalto y las canteras
mientras las voces se amordazan
con un rumor de orquesta que se afina.
Pende el latir del último pájaro
que arranque un retazo a lo celeste
para llevarlo al nidal
con sus recuerdos.
Camino sigiloso
como si fuese a despertar y no quisiera;
los pensamientos bajo el brazo,
una red de miradas furtivas sobre el mundo,
el respirar vuelto un soplo retenido
para llegar en el dintel de la penumbra
al secreto lugar de nuestro encuentro.
Sol y luna

Sol y luna tu rostro,


guía de mis sueños navegantes,
espejo nocturnal y en la vigilia.
Tu sonrisa de ángeles ingenuos
rapta mis tardes de congoja
con su coro silente de promesas
de una tierra tejida de esperanzas.
Llegan veloces
—andanada de pájaros
sobre mi cuerpo de verano dolorido—
tus manos y tus labios
en el muelle del tiempo.
Luna en el sol, misterio que conjuga
Faro-espejo, ángel y ave,
mirar tu faz es prometerme un mundo
florecido de luz en la penumbra
y es volcar el cazo de suspiros
para anidar los sueños y los puertos.
Primaveralia

Primavera de chispas que contagia


la verde llama de ilusión eterna
a mi heredad de arena y sol
en el destiempo de escarchadas hojas.
Así, tan de improviso
con pisadas de niña
y zapatillas grandes
al compás de un juego milenario
franqueaste la puerta amurallada
por miedos y secretos
para sembrar raíces de alegría
en cada cicatriz de mis batallas viejas.
Sylenas I

Porque tengo tu amor mi vida es clara


manantial de lunas y de soles
con que abro y cierro la puerta de los días
en mansa paz de sedes canceladas
sin la zozobra de las viejas fechas
ni ese quebranto de las estaciones.
Porque tengo tu amor ya no requiere
mi barca la brújula imantada
por la estrella de extrañas correrías
en la noche de sal de las ausencias.
Porque tengo tu amor comienza ahora
mi camino un rosario de mañanas
donde viste la luz una sonrisa
y hay dos siluetas que se trenzan
en un diálogo eterno y sin retorno
por la misma emoción enamorada.
Sylenas II

Cuando tu vida acarició la mía


con un clamor de pájaros sin nido
se rozaron los sueños y las alas;
sonó un clarín de vuelos en mi pecho
se enredaron mis ojos con los tuyos
en un pacto de largas primaveras
y un destino de pajas y de pinos.
Anhelo

Mi corazón con dedicatoria


—lágrima de luz florecida
sobre un campo de arena
auroral—
habita hoy, para ti,
en el secreto centro
del espejo lunar.
Crisálida de sueños
traspasa la noche
a la espera amorosa
del agua del oro de la fuente de mañana,
como jaula de mago
que en lugar de aves
soltara el vuelo de pétalos de rosas.
Juglerías

Cada vez que te ensueño


hay un dejo de danza en mis sentidos,
como si fuera ahora primavera
y cantara cada palmo de mi vida
el himno de una gloria anticipada
para anidarla en los espacios de mi cuerpo.
Cada vez que me asomo
a contemplar tu rostro sin tu anuencia,
campanillas de luz son tus sonrisas
en el brocal del mundo desbocadas
al convocar a filas ilusiones
de todas mis horas y mis días.
Cada vez, a tu lado, es la primera,
porque vuelvo a palpar ese misterio
de estar junto a ti en el ahora
igual que ayer y así será mañana,
con un sabor de algo conocido
desde el instante fundatorio de mi tiempo.
Cada vez más, descubro con sorpresa
mi suerte de juglar enamorado
de caminar el mundo a un ritmo doble
al compás de tus mimos y mis manos
con certeza de agujas imantadas
por la fuente emisora del destino.
Leo poemas

Leo poemas en tus ojos


cuando me asomo a reflejar mi vida.
Tantas puertas se abren
sobre campos de asombro
que se vuelven tintas mis sentidos
para cubrir las paredes del mundo
con grafías de largas alas.
Soy así tu cautivo amanuense
de emociones bordadas en la piel,
turbante de cánticos heréticos
mudo en absorta contemplación,
mas el oído abierto a la palabra.
Formulo entonces el voto de mi estirpe
no con la voluntad sino en la sangre:
escriba, recitador y peregrino,
seré en cada fragmento de mi cuerpo
para vaciar los horizontes
de colores gastados
y cubrirlos de formas y figuras
al dictado de musas y duendes
que habitan los espacios de tus ojos.
Tu presencia

Luz de tu presencia sorprendida:


cascada de voces que se queda
cautiva en el latir de mis empeños,
liberta en la pasión cotidiana
en que los días se precipitan
y prolongadas noches se cancelan.
Ruedan las estaciones
al ritmo de tus manos con las mías:
hay un artilugio de ilusiones, cantos,
sembrador de risas y de juegos,
almácigo de emociones
a florecer en los campos del mañana.
Edén

Caminamos juntos
en el mundo original de las palabras
desnudos de razones.
no hay ya latitudes en la tierra
el fruto del saber
se secó bajo el sol de nuestro encuentro.
Las sierpes seductoras
emigraron hacia los grandes lagos del pudor
en busca de esperanza.
Nada turba la paz de nuestros ojos
ni siquiera
los pasos de otra gente
por los prados de la voz.
Se respira nuevamente
un aire de parras y de encinos
sin floración de culpas
ni invocación de amonestaciones
sobre la ágrafa superficie de la piel.
Es la hora del ángelus de las caricias:
nace muda
la oración desde la boca de los dedos
y son campanas nuestros labios
paa llamar a ceremonias ancestrales.
Todo es posible
sólo prohibir se ha desterrado
del lugar donde nace la luz
y se despierta la conciencia de la vida.
Caligrafías del sol

Caligrafías de sol son tus días


cuando interrogo al misterio de tu origen
y juego a reinventar ese sendero
que te llevó hacia mí.
Hay mensajes cifrados en tus ojos
que miraron otros horizontes
para empañarse de lutos y nostalgias
de lo que pudo ser y no lo fue.
Palabras de una lengua ya perdida
entonando salmos y oráculos proféticos
con que tocabas sin que te dieras cuenta
los linderos de mi vida con la tuya.
Hoy que se cumplen ciclos del milagro
de habitar una burbuja en este Mundo
que se abrió como flor para hacerme prisionero
del aroma de tu voz,
de la caricia-néctar de tus manos,
del pincel suave: tu sonrisa,
puedo por fin descifrar esa escritura
que me condujo a ti
desde el preludio de los tiempos.
“Septiembre”. María Dolores Dorantes Ortíz. 2005

lectora capaz de la sangre de mis pulsos...

(Diente por diente

vuelve

ojo por ojo

mi mujer)

Sueña...

Encuentra un bosque

de hojas doradas

por el frío

en el centro del sueño

escucha

manos que se introducen

en el agua

Arrodillados

han llegado para beber


de ti

sueña...

Un relámpago

en tu corona de cuencos

antorchada

Vas

con el interno

verdeoscuro No

descansando en tus ojos

serena vas

sobre la barca

Lentamente

te arrulla

la marea
Dulce era el agua

de tu lago

Yo

podía ver el fondo

Arrojaron

punzante la piedra

como el latido de tu corazón

La primera

se incrustó en ti

oscureciendo

De frutos

coloridos

fueron tiempos

los entregabas

desde la palma misma

de la mano de Dios
Juntos

dividimos el pan

La espuma

de ese licor de ver

en mí

te sembró eterno

La pérdida

hunde el brillo

de garfio

en lo ciego

alumbra

y parte

hacia dentro de mí

alumbra

las dos mitades

de tu cuerpo
Oro audible de luz te sigo por encontrar el canto de tu metálica maca.

Por conseguir la llama te sigo.


“Tráveler”. Jesús Armando Molina Barraza. 2003.

La lluvia empezó a golpearlo con fuerza


Corrió a refugiarse dentro de un gran hueco.
¿Era el hueco de un árbol?
¿Era el hueco de una hormiga?
No, era el ano de un elefante.
El elefante cerró su ano. Ogbe. Suplicó.
Pero no pudo escapar.

Fragmento de una poesía anónima africana.

Cuervos Privados

vistas anteriores
carcomen mi invisible boca
la que habla por mí
siempre que otras voces
crecen cual maleza
entre los labios subterráneos
que lo han dicho todo

y yo lo ignoro todo

desde el génesis
y la primera luz
yo lo ignoro

otros ojos supieron


tatuaron

en la piel más tierna


del mundo

antes que las piedras


que las letras
que yo

la primera palabra
el canto se oculta
en la cascada quieta
en el reposo tibio
de la lengua

inmisericordes cantares
germinan

callan sombríos
en el encierro
de sus días

uno esta encerrado


dentro de su boca
anoche no murió nadie
bajo el tejado con sol eléctrico
manantial de luz
sobre cuerpos
entristecidos de insomnio

Insomnio es un niñito
sin párpados
danzando
en letras escolares
alegre jugueteando
con el cansancio familiar
compadecido una vez

y luego no

después odio
al pequeño
de la noche inquieta

su llanto rajó
los ojos llenos de sueño
las cabezas
hinchadas de sueño
casa de arcilla mueve
las aletas de los peces del tiempo
desde el nacimiento
hasta las muertes anunciadas
del cáncer

lloramos una, dos, tres veces


como diablitos en el cielo

tamborileo siniestro
surgido
entre las llamas de la noche

la noche convertida en beso


en hombros de infinita gracia
no puedo cantar
el pez muere: no puede cantar
ni una sola tibieza en la garganta
hace fuego

el pez solo es pez


como yo en el fondo de la fogata
soy el pez

incapaz de nadar
carente de escamas
no respiro la humareda

(no hay peces fénix)

no soy fuego en el candor del fuego


en la lumbrera
no puedo cantar
el vendaval arrastra nubes y palomas
arriba en el suelo
vuelan prendas de humedad
alzándose como plantas de viento

la casa tiembla y tiemblo


carentes de mis pies
mi cuerpo ingrávido
es una pluma contra la furia

de los coros de fuego


de la banda de jazz de Dios
a la desolación la nombran

el avión que dice al silencio


el segundo que no marca el reloj

los ruidos que dicen nada


nacidos de ninguna boca
estrellan sus ondas
en la superficie muda

ningún antena los capta


Un leve canto inicia
delgado
en el prado del día

diáfanos crustáceos
en movimiento
excitan a minúsculos océanos

pero en la cabeza
la multitud de aullidos
me despierta
Avión en las
diez treinta
del tiempo
cuando todo
el tiempo
son veintiún
años
recrea el cielo
creado antes
por el ave
fugaz
del instante
alado
reposando en
la consumación
del fuego
las raíces crecen sobre el muro
las vemos estirarse
mientras desayunamos

la savia arremete en marejada

moja nuestro hogar de arena

es lo peor de vivir sepultados:


ver como crecen las lombrices
en días de lluvia
“A la Sombra del Gigante”. Ana Carolina Apodaca Monge. 2003

Te amo con la noche

Si no sintiera el murmurar de tu vientre


no acabaría nunca mi amanecer
en cada despertar se desangra de fuego la luna

Entre la luz y la oscuridad estamos nosotros:


tus manos,
mi cuerpo.

Te amo con la noche.

El sol seco de tanto llorar


mi voz se deprime cuando duermes,
la muerte suena tierna,
quiero endulzar la voz con su ternura.
Celos

Como entre sepulcros de arena y orgasmos


se derrite la luna entre sus jugos
grande y tenebrosa es la noche
estoy solo
es entonces cuando me canso de morir.

Tengo sueño.

Me dan asco los besos de amor,


en otros labios,
tanta dulzura.

(¡celos!)

Se derrama de la noche tu mirada


Y se comienza a adormecer el alma.

Es el dolor de un dios abandonado.


Egoísta

Soñar, recordar
Desangrarse junto a ti

Las nubes de tu cuerpo


se abren a la noche
y caen sobre mí.

Cuando se oculta la salida


mi laberinto parece florecer.

La esquizofrenia diaria.

Entre espasmos de vida


el alma parece alejarse hasta el fin.

Se escribe en tu historia, otro archivo,


amanecer
duermes como es costumbre.

El frío de tu rostro
me recuerda que aún vives.
Epitafio

Sientes caer de los labios las palabras


como gotas de lluvia

Llora el tiempo
las nubes enmudecen.

Cartas nocturnas se escriben en tus manos blancas,


el mármol de tu cama
dibuja con sangre el contorno de tu cuerpo
luego nada.
Otro poema

Busco un poema perdido entre hojas de tiempo y sangre,


que triste,
que triste estoy.
De rodillas en mi cama
rezándole a una pared vacía
como mis ojos y manos

Sin tinta para vivir:


Lo encontré.
Sin esperanza

Alma o cuerpo, ser como este no existe,


Acaso semejante a un ser humano.

¿Realmente la sangre de sus venas es vital?

Alma en pena
acabando su mortalidad,
sin contemplar su inmortalidad
Sueño de media noche

¿Cuántas veces volé junto a ti?


Dormía el sol entre fuego despierto,
la hoguera del miedo,
un signo de amor.

Mis manos se abren paso


cubrimos con sangre todos los signos de pureza.

Si supiera Dios nuestras mentiras


seguro nos adoraría por mentirosos.

Prometiste acompañarme siempre.

El que sueña al fin eres tú


la oscuridad ansiosa te despierta y
pereces lentamente.

Si duermes por siempre


prometo estar ahí.
Tus cenizas

Como una escultura de tu cuerpo


se enreda en mí la serpiente de tu voz

Me duele vivir con aire entre las venas


por la sangre corren pedazos de venganza

Una fuente de fuego


refresca mis pensamientos.

Estás junto a mí
quiero dibujarte
tu perfil copula entre mis manos
son tan destructivas
consumen todo.

La venganza aflora entre cenizas.


Súplica

Mátame,
clávame el filo del silencio entre los pliegues del alma,
róbate mi cielo, respira mi aire,
ese es mi deseo.

No quiero dormir,
quiero que me duermas
y que sea despacio,
canta una canción de cuna
al ritmo del silencio para escuchar la nada.

Quiero sufrir entre tus garras fuertes,


Sentir tu fina crueldad que me atormente,
Sufrirte, llorarte.
Porque tu amor es así,
duele en el alma, en el cuerpo.
Y nadie lo nota.

Te suplico que,
Con tu látigo de viento,
Con tu espada de sombras
Con tus alas de demonio, Ángel,
Protejas mi alma.
Nocturna

En mi infancia jugaba a escondidas con la muerte.


Quería quedarme con lo prohibido del mundo.

Siempre quise volar,


Soñé que lo hacía
fue un truco de espejos, dije,
Era inocente en aquel tiempo.

La noche platicaba conmigo tiernamente,


Durante el día solo un ángel me cuidaba,
pero no quería hacerlo,
es que no tenía a nadie a quien cuidar.

Recuerdo mi llanto infantil bajo los gritos de mi padre,


no quería llorar, me dolía el pecho,
los sollozos traicionaban mi “fortaleza”,
son los mismos que a veces me traicionan ahora
pero huyen cuando me miro al espejo y sonrío.

El Ángel aun sigue aquí,


ya no me cuida, me acompaña,
porque quiere hacerlo.
Lo amo, es lo único que tengo;
la noche seca mis lágrimas cuando él tiene que volver.
Nunca tendré a mi ángel y a la noche juntas.
Es algo prohibido.
Siempre quise quedarme con lo prohibido.

Aun juego a escondidas con la muerte,


tengo miedo de perder,
y ya no quiero ganar.
“Maquia”. Rafael Ávila.

a… (aquí debería ir tú nombre, cabroncita).


A Miguel Hernández, in memoriam, también.

“No me acostumbro a perder


pero juego por placer
y ese juego
me da la vida”.
Bosé (“Manos vacías”, 1992).

“– ¿Qué es un fantasma? –preguntó Stephen–.


Un hombre que se ha desvanecido
hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia,
por cambio de costumbres”.
James Joyce (Ulises, 1921).

Cada noche inventa


su propia luna su propia oscuridad
negros tuétanos para esconder al duende enfermo
al insomnio en busca de una estrella chueca.

Apenas el silencio toca el nombre de las cosas


la mirada la palabra la penumbra la morada
muestra el tiempo su sonrisa de péndulo
su mueca eterna
su extraño caminar en línea curva.

Detrás de cada hueso doloroso


un ángel de la guarda ríe
(Everybody knows. Do you?).
La calle abrocha su bragueta de hojas secas
y a esta hora –más o menos–
en la que murió Rimbaud
sobre el revés del mundo
Dios escribe un cuento
–lápiz de sol–
un cuento.

Un nosequé de tu vientre busco en mi almohada


donde descanso y restriego mis cabellos
Sólo entonces duermo.

II
Una niña asustada veía llover sus piernas
cereza derretida
sus muslos legaban de visita a mi boca
un sabor extraño que en cada fuego encuentro.
Lava del volcán vientre volcán.
Mujer-sangre
mujer-sangre
mujer-sangre devótame.

III
Te llamarás hoguera aunque Claudia te llames
y arrojaré en tus carnes mis diablos y mis mieles
mis cactus y mis flores
mis frágiles espinas.
Alas o miradas me da igual.
Besos o alacranes no me importa.
Mi amor es un fantasma que tal vez ya no exista
más lejos desvanecido
en la casa de un diciembre ciego
ojos nublados, sí, ego.

IV
Es imposible querer purificarme en espejismos
hervir mis brazos y mi pecho en tus latidos
buscar la duna exacta, el jaque, el estallido
por tu cuerpo de alfila.
Te llamará desierto aunque mar seas.
A un quemar seas.

V
Te amé en la hora del durazno muerto
del ámbar gris
del segundo fornicando manecillas.
“¿Oye, sabes a jabón?”
Mira, estamos llenos de tiempo.
De tiempo muerto.
De minutos kamikaze arrojados como fruta ardiente
a reventarse
minutos fiesta minutos luto ditirambos.
“¿Es que hueles a jabón?”
Mujer, obviamente no me escuchas.
Mi voz se oxida ante tu esencia de mercurio
navaja líquida filo abierto
hemorragia metálica adivinando el cuerpo.

Puta sea la bruja


que incrustó en tus pezones un diamante en celo
un efluvio en roca que no entiendo
–destino–
que no me pertenece.

Puta sea la bruja


que arrancó de mi costado tu espíritu de calcio
dust to dust, porque polvo eres
(y me negarás tres veces).

VI
Tantas lluvias esperé tus labios
que mi verga se volvió constelación
dulce jeroglífico
en la cicatriz que a veces tengo por memoria
¿Qué pensaría Kafka
si supiera que tu aliento
evita resucitarme?

VII
Dios te salve María
las tetas y la espada
tu cáscara de anís
y el nulo menstruo.
Sade Sade
¿Por qué me has abandonado?

VIII
En cada pupila vagabunda un sol en pubertad se esconde
para comprenderlo basta con tener un hueco en la garganta
púas en el silencio caricia de un fantasma.
The caress of a ghost really hurts. Me cae de a madre.
Te deja pedazos de vidrio, niebla ácida y grillos muertos.
La caricia de un fantasma duele. Neta.
Arde, te hace babear y retorcerte
despertar de malas y extrañar pendejas.
La caricia de un fantasma duele.

IX
Un blues de madrugada me dice
que tengo la boca triste
la piel bien morena
y las manos pequeñas.
Por lo menos es verdad verificable.
Pero sería mejor que diera
que padezco de insomnio crónico,
que declaro mi amor a una mujer de manos alargadas.
Híbrida de gata y ángel
que no le gusta el rock.
Que tiene que mantenerse
y sólo pronuncia cuatro letras de mi nombre.

X
Mirándote he reducido el mundo. Mirándote.
Al levantar tu rostro revienta mi pecho
y de él lentamente un jaguar escapa.
(El dolor sólo existe mientras duermo).
Una nube necia pronuncia por el cielo la mañana en sílabas.
A ma ne ce.

Posdata
No lamento tu lejanía de oasis
sino este frío de invierno
que me congela las manos sin tocarte.

Invierno 1997

Vampiros Market
Cuantos párpados hacen falta para matar al cuervo
Cuanta ceguera se esconde entre sus alas
(secas ya de tanta sal)
Nunca el negro fue tal.
Y en la sombra coagulado extingue.
Sssssssshhhhhhhh.
Pico de cera No digas Nada

El secreto
en un tequila aguarda
para sacarte los ojos.

Piñata sex toy


La ramera aún no desmota
de su jabalí violeta.
Igual fue castigada a palos.

Su piel de china imploraba


por una boca
por unas manos
y hasta por un látigo.

Treinta y ocho garrotazos luz. Ni gota de sangre.


Entonces
de su vientre
salieron los dulces.

Dog Sun
Perro de Sol
Ladra el cielo rabioso
ahorcándose en su propio naranja
perro de sol
o de a como las siete y media
se pierde la fe en las nubes
sun dog
dios de Dios
Luz de luz
Dios verdadero de dios verdadero
engendrado no creado
La tarde de mis tardes muerde su eutanasia de hojarasca
easy go easy come
Las tardes de mi tarde clavan sus colmillos de recuerdos
really sun really dog really god dientes de leche
Mi mano dilatada
gigantesca
etérea
se extiende por la esquina inexplicable
de todas las calles
Alguna palabra intenté pronunciar
pero de tanto guardar silencio
solo cardos tensa mi garganta
¿Has visto alguna vez la lluvia?
Me preguntaba antes hace años
y hoy también
Pero un locutor pendejísimo echó todo a perder
“MAY THE FORCE BE WITH YOU” decía
no dejes de sintonizar la súper súper
súper prendidísima…
y el taxi se llevó lo mejor de su
estupidez

Tanto sabe la memoria, sabe tanto


que exacta en vaho
niebla de pus
te reconstruye
llaga niña para un dios disimulado
Alguna vez tuve voz
en el lugar exacto que pronuncié tu nombre
pasan autos de fulgor intrascendentes
pero quisiera tener uno
sólo para trepar una chava más o menos
y llevarla a una disco de las buenas
y terminar mis días en un altar de paso
$50.00 y ahí va la cortina
globo de rigor rigor látex
y darle este pinche mundo
mi ciudad, tu recuerdo,
mi cansancio y mi tristeza
por el culo
por el culo
por el culo

Eólica
A María Elena Ortiz
“…cuando la ciudad
pinte sus labios de neón,
subirás en mi caballo
de cartón,
Me podrán robar tus días,
Tus noches no.”
Joaquín Sabina

Que angustiante es no saber


lo que las nubes cuentan
a los grillos
como el secreto de la brisa
que celosa de sí misma
no se vuelve tormenta.
El aroma de humedad
que se siembra
por el huerto de tu hoja en blanco.
Sólo nacerá un poema
si lo riegas con el jugo
de tu alma fermentada
si le arrancas las plagas
con los dientes
si le inventas cada segundo
un sol nuevo…
Recuerda amiga
que las ansias de volar
te vuelven viento
para que todo vuele por ti.
Que el ruido no impida
tu canto de cristal
(porque el silencio se alimenta
de voces que el ruido desperdicia)
porque en el albo desierto de papel
el punto más discreto
estalla
para disecar con signos
la existencia.

“Del Desierto y el Exilio (Vox Clamantis in Deserto)”. Erik


Falcón. 2002
Paso del Norte
a los que no llegaron

Temor
por la noche del desierto
inundado de espíritus
rojiazules
Aullándoles
promesas como engaños
[Estruendo]
Relámpagos que alumbran
Detrás de las montañas
y las partes más oscuras
De la carretera
donde viajan
veinte hombres
veinte héroes
ilegales
que cantan bendiciones
Que naufragan
en las mareas del cielo
sordo.

Preludio al El Hakkina

Somos discípulos del peyote mesiánico,


que cura con su ancestral sabor la impaciencia,
nadando en un mar de ataraxia,
cráteres lunares son mi carnaval.

En un descuido

Una lágrima en fuga cada minuto


de la mediocridad del ser en pena
Los sueños fútiles:
Imbécil
Ver la Luz
impide dormir
por las arrugas que crea el querer tocarla.

Sobre ver películas del cine mudo


para aprender a leer los labios
No es posible
leer los labios
en una película
con fondo musical
o a bajo volumen

Ni saber
cuándo callar y cuando hablar
a media función.

II

Flamas
que danzan en círculos
sobre el escritorio
donde nacen cien poemas
Ligeros
como el sueño
Cuando cae
en la dulzura somnolienta
de los ojos que ven
la muerte en blanco

Daemon

Satán
after tempting Christ

why did you decide for Juárez, vato?

Solar Sistema

La mediocridad del universo reside en el afán de seguir adelante


sin dar pasos atrás
I. Astrolutista.

Dictadura férrea en cosmos


bajo la tutela eterna del iracundo Sol
que esclaviza

tortura lascera

Heridas de antaño

A la Luna amante
a las demás estrellas

En alce
en cúspide y llanuras
El Sol proclama

El mundo
es mi gobierno
para el pueblo y con el pueblo
sobre el mundo y el estado
sigo siendo
yo.

II. Europa.

Una noche de matices azulados


a la orilla
de un lago

La Luna desnuda
abrió sus piernas
lentamente

[éxtasis]

III. Biósfera.

Girando en círculos
brillando excelsa
nace
una idea del cerebro de la Luna
con dorados ojos
cabellos de fuego y una lanza
en su mano izquierda.

En fastuosa cuna de plata labrada


consentida por su padre Sol
La nueva diosa del alba
galopa los montes
recorre los mares
Crece la idea
no sólo ella
La henchida rabia y envidia
en el corazón
de las demás estrellas.

…Ilustre misión
o
histórica conspiración…
Alto.

IV. Patricidio.

Coro [heraldo]: Llanto!!!

Con pérfida daga oculta


que blande como furia de lluvias de julio
el sol ha sido asesinado

El dolor del mundo se ha enfriado


en una tibia noche
En un solsticio de verano.

Ahí yace el Sol… Frío. Jadeante. Moribundo.


sobre una cama de flores marchitas.
Agónico
susurra a esa Idea que tanto amó

abatido
y sin aliento
dedica a ella
la última lágrima que Él derramó.

A una Inocente Asesina.

Coro [todos]: Ha muerto el Rey!!!


Viva el Rey!!!

“Geografías y Biografías de la otra América”. Oscar Robles.


2007

El Otro Lado
People who must, like immigrants or nomads,
live always in imaginary places
Think of past or word to fill a blank.
Robert Pinsky
Explanation of America

El otro lado está a cuatro horas de Chihuahua,


es una parte de la misma entraña de mi tierra.
Pasas por Villa Ahumada, Juárez o El Paso,
miras cerros verdes o secos, desierto, sol incienso,
guamis, mezquites, huizaches, oceánicos cielos,
horizontes espléndidos de azul y oro,
miras a la gente hacendosa en ciudades y pueblos.
Mi abuelo iba a caballo hasta la frontera
arreando vacas en jornadas de varios días
antes de que yo naciera, antes de que crecieran las urbes
y se llenaran de centros comerciales y anuncios.
Mi padre cruzaba la frontera cuando yo era niño
siempre con la certeza del regreso de Odiseo,
viajaba a Colorado con otro vecino,
trabajaba un mes o dos en el desahíje del betabel
y mi madre se quedaba en nuestra tienda de barrio
casera e íntima, espacio de colores y aromas de especias,
vendía pan y leche, dulces y frutas, queso y verduras,
vendía brillantina y mejorales y cuadernos y sodas,
y regalaba su corazón y su plática amena
con su prodigiosa memoria de nombres y fechas,
mientras hilaba e hilaba sus pensamientos
y escuchaba en una radio azul de madera
rancheras y boleros de Javier Solís,
campiranas canciones de los Dos Reales,
alegres norteñas y polkas de acordeón y flautín
con los montañeses del Álamo y los Broncos de Reinosa,
escuchaba las populares Cartas del Rancho,
ese animado correo oral que unía personas,
familias y pueblos enteros con noticias
de enfermos, nacimientos, funerales
bodas, quince años y ventas de ganado o ropa,
escuchaba conversaciones, historias vivas
contadas por locutores y gente sencilla.
Mi padre traía de Texas pantalones de mezclilla
camisas de azul intenso como el cielo de Chihuahua,
como los ojos de Gene Autry o Mi bella genio,
troquitas de metal y dulces de menta y mantequilla.
Desde que yo era niño o más, según contaban los viejos,
otros parientes y vecinos eran mojados o braceros
y viajaban a California o Texas, Arizona o Nuevo México
Colorado o Nevada, las antiguas tierras de otro México,
que se refunda con exilio, el amor y el duro trabajo.
Unos se quedaron como empleados o campesinos,
otros se casaron y aprendieron inglés, compraron casas,
otros regresaron por la querencia de la tierra,
otros iban y venían en tren, camión o troca.
DE niño yo inventaba El otro lado con retazos de fantasía
con el mundo nuevo y mágico de la televisión
entre el rancho de los Cartwright en Bonanza
y la casa hermosa de la Hechizada Samanta,
con la gorra cazadora y el hacha de Daniel Boone
y los paisajes de cactus y desierto de El Gran Chaparral,
y me enamoraba como Archie y Verónica
y tomaba malteadas de chocolate.
Yo crecí con la tentación del viaje y la aventura
e inventaba historias de piratas y luchas con tiburones
y largas travesías por montañas y mares y caminos
en el corral de nuestra vieja casa de adobe y barandales,
entre perros y gatos, gallinas y palomas,
inventaba aventuras de El Llanero Solitario y Roy Rogers
con juguetes de plástico y casitas de madera.
Ahora yo continúo el viaje de mi padre y mis parientes
como un nuevo navegante en nuevos océanos.
El otro lado es de El Paso para allá o para acá,
al otro lado del río Bravo o del río Grande,
al final del Puente Libre o del Puente Santa Fe,
El otro lado es la otra América,
mi otra Casa.

Luna Ebria
Y todo era su cuerpo.
Todo era Él.
Eduardo Lizalde
Gran Canario
El enorme ojo parpadea un instante
sobre la ciudad que duerme
flota sobre el cielo estrellado
sobre las Organ Mountains
como una nave extraña
que encalla en Las Cruces.

El ojo se posa sobre las montañas


fantasmales y hermosas
ebrias de sueño y noche y estrellas.

Es el mismo ojo que te espía


en ciertas noches inciertas
cuando caminas por las calles
o manejas por los llanos de Nuevo México.

El ojo hace gestos mínimos


te hipnotiza
y de pronto sientes el vaho frío y suave
en tu cuerpo de caminante
sientes una invisible boca oscura arriba
y no es el invierno ni el viento.

El ojo de clara de huevo


el mítico ojo de queso
el ojo del toro prieto
en el ruedo de la noche
no duerme
y te mira fijamente:
un pesado rostro frío
es la noche
con sus poderosas mejillas.

Mientras caminas y caminas


dibujas en tus ojos ebrios
los pies callosos y los brazos giganteos
y los dedos regordetes de montaña
que acarician tal vez a Neptuno y a Plutón
y el vientre que arde sobre Venus
en esta noche absurda y fantasmal.

Miras el cielo oscuro


e imaginas con delirio poético
las estrellas que mojan como lluvia
el corazón de un alto dios insomne
y bosquejas el rostro oceánico
sobre el planeta Tierra
manchado de sueños y pesadillas.

A la media noche
el ojo de toro triste
ojo divino
aún te mira
desde las Organ Mountains:
Luna ebria
que finge el sueño
o la muerte.
Ángeles del Otoño
Para Nubia, àngela y querubina

April is the cruellest month, breeding


lilacs out of the dead land…
Thomas Stearns Eliot
The Waste Land

Buscad, buscadlos:
en el insomnio de las cañerías olvidadas,
en los cauces interrumpidos por el silencio de las basuras.
R. Alberti
Sobre los ángeles

Otoño engendra
diluvios de hojas
doradamente tristes
árboles de huesos grises
paraísos repentinos
en parques o baldíos
de Las Cruces
refugio de niños
y solitarios
y viejos.

Entre las hojas


a veces se oyen vocecitas
voces de ángeles y querubines
se miran también
sus melenas súbitas
entrelazadas
ángeles agónicos
quebradizos
como hostia rancia
ahí están
diseminados
sobre la hierba
moribundos peces
náufragos de Dios
implorando al cielo
con sus bocas arrugadas
y sus bracitos tiesos.

¡Ven a verlos!
se revuelven con el viento
aves de pálida luz
descienden
bajo los árboles
ablandan
al corazón más duro
con su savia invisible
entre la tierra estéril
se hunden y se hunden
profundo
en el lodo más frío
renacen
en la primavera
fruto luminoso o tallo tierno.

Piedras de río
Para Grecia,
por su voz de pez dulce

Diferente que el de los trenes


es el viaje que hacen los ríos.
Joao Cabral de Meloneto
El río
Al norte de Nuevo México
el Río Grande corre con insaciable belleza
salvaje y plenamente agreste
con su geografía libre y sin nombre.
Un viajero contempla las aguas
y escribe en su amarillenta bitácora
la historia de un viejo río de su infancia
un viejo río de sueño:

En su vientre blando
las piedras nacen con tacto de luz y hierba
y se embriagan de cielo azulino y de agua pura y viajera.
El río las acaricia con dedos de sueño
bajo el sol del mediodía
en la tarde de tiernos oros.

Las piedras son juguetitos simples


flores de fuego dulce
frutas de color pastel
conchas de un mar sin arrugas
panecitos de piel silvestre
labios de vírgenes.

Los peces niños nadan entre las piedras


y saborean dulces de colores
graciosos chicles de nube y estrellas
con el ombligo de su imaginación
con aletillas de cristal y risas frescas.

Las piedras son jabones que lavan y lavan


el vientre eterno del río viajero
y nunca se desgastan y huelen a sol manso.
Las piedras comen lama y hierbitas
chapotean a ratos e inventan chistes burbujeantes
con ranitas galgas y traviesas
y tienen hijitas de colores
tiernas niñas de confeti y pastel.

Las piedras son el perfecto arcoíris


de un cielo transparente
que se deshace en cabellos de agua.
El agua las acaricia
como quien acaricia un durazno de pulpa abierta
el agua las imagina
como quién pinta un poema de colores
en el corazón de un ángel.

Al sur de Nuevo México


el Rio Grande corre hacia la frontera,
se vuelve el Río Bravo,
divide ciudades, países y personas,
se convierte en barrera y herida.
Al cruzar el Puente Santa Fe hacia el sur,
un viajero lanza al río
un puñado de piedras niñas
como quien siembra semillas o sueños
y la promesa del regreso.
“Actum Confessionem”. María Elena Ortiz Chávez. 2006

Lacandona

Lagarto de palabras negras sube


rasgando el pensamiento baja
como la noche que avanza cautelosa
gigantesca pantera de hierba
Se diría que hoy tiene miedo
de nos ser por el viento que la arropa
para entrar en la selva.
Para entrar en las chozas de todos los fantasmas
que no hablan ni ríen
y que apenas musitan.

Sus ojos tristes


son dardos que fallan el blanco
y que se pierden más allá de la tortilla
y los frijoles que no terminan de cocerse.
El día ha pasado de la inercia al miedo.
Sólo para contemplar al sol y a la tierra que no siembran
a esa larva que les come los ojos
y el estómago.

Para ellos no saben lo que pierden.


A lo lejos están las metralletas y su vociferar de muerte
muerte muerte muerte
en un pantano que confunde
un soquete de llantos infinitos
allá
aquí
ahora
en la garganta de una flor un grito queda suspendido
en esta noche la pantera de mil rostros
tiene miedo de avanzar

Tercer Blues

En su ritual de sangre el sol desapareció callado


dejando paso al fuego azul
veladora de la noche.
Bajo la cera luminosa
el silencio con su aliento de eucalipto
blues negro que embruja.
El velo de luciérnagas nos cubre
juega
con nuestros cabellos
que caen con descuido al ritmo de su latido tenue
tenue
tenue
con nuestras sombras
arlequines que danzan en una llamarada
y ríen impúdicos mostrando su pálida desnudez
deslizándose
abrazados
abrasados
abrazados
en el tobogán de lumbre.
Con la daga del frío viento
se quebró tu cuerpo de cristal
tu respiración y tu piel estallaron ráfaga de angustia en un gemido
ni siquiera quedó la pavesa de tu sombra
fuego fatuo
sólo la vela macilenta extinguiéndose
como una escarcha cremosa entre mis dedos aún tibios
con un calor inexplicable.

Mi vida en cash

Aquí donde estoy


espacio comprimido
por etiquetas gastadas
quien me puede entender
quien me ha entendido nunca
nadie

Hablo un lenguaje que no comprenden


de algo que a nadie gusta
que “Era el día de los crisantemos blancos” –diría Rilke–
que “nací para robar rosas de las avenidas de los muertos”
–diría Bukowski– y eso que

Por qué no tuve ni tengo


la valentía suficiente
para romper esa línea magnética
que no me deja cruzar
a otros mundos
a trazar mis senderos
o será
que he amado demasiado
primero a mis padres después a mis hijos
ha sido más fuerte ese sentimiento
que mi pasión por ese arte al que no he podido llegar

Música puede haber sido concertista


pero le arpegio cien veces repetido
pesó mucho en mis hombros de niña
Danza pude haber sido bailarina
más el “Grand jeté” en el aire frío
volvió de hielo
mis tiernas alas

Tenía aptitudes
podía ser brillante
–dijeron los maestros–

Eso ayer
pasado–escalpelo subversivo
en mi recuerdo
Y ahora qué pasa con el ahora
¿Dónde estoy?
en el intervalo espacio y nada

¿No encuentra la soda señor?


ahí a su derecha
agua al tiempo
en la caja señora sí en esa
Permítame diez cincuenta gracias
quince exactos gracias
de usted son veinte pesos gracias

El día sin fin


con gente idiota
pensando en todo
o angustiada
soy muy abrupta al juzgar
pero que se yo de lo que abate
a cada persona que entra a mi registradora

Tengo que comprender


que todos
con nuestra luz y sombra
somos efectivo

Y estamos en el mismo mundo


sin oferta
y sin cambio

Ese vientecillo frío

Que me molesta al atardecer


hace calor lo sé
me da una melancolía
que daña mi espíritu
y comprendo que sólo soy un parpadeo
una exhalación
y muchas muchas veces
ya no tengo ganas de vivir
¿para que?

Tengo rápido que ocupar mi mente


hacer algo pronto pronto
no puedo ni debo seguir
únicamente pensando
más cuando no se piensa en nada
cuando has decidido
que ya te cansaste
y te duele todo
y todo te da lo mismo

Y no te importa
que el techo se esté derrumbando
que las puertas de los gabinetes de la cocina
están desbaratándose
que todo es caos
y tú no puedes ni quieres hacer nada
definitivamente estás cansada muy cansada
hasta hablar que flojera
y son apenas las ocho de la noche

Este día ha sido temerario e infinito


todavía hay tiempo de fumar tres cigarrillos
y tomar un vaso de coca cola light
esos tormentosos kilos de más
que se han acumulado y se resisten a perderse

Caminas y haces bicicleta


y te lo tomas muy en serio un mes
(ni modo perdiste la disciplina)
Luego simplemente estás cansada cansada
te dejan de importar
y sigues en esa órbita ineludible

Me importa ejercicio fruta austeridad


no me importa café con crema mucha crema chantilly
en las tardes de taller con el maestro
y una exuberante rebanada de pastel
o hamburgesota de queso porque eres vegetariana

pero hoy estoy cansada


ya no quiero acordarme
ni escribir
para qué

La confesión

“Porque para decir una cosa


no hay dos voces.
Sólo hay una.”
Camille Lemonnier
Novelista belga
1844-1913
J
Me gustaría llevar el rosa
bueno tal vez el azul
no con el negro luciría más elegante
ese vestido es bellísimo.
Las zapatillas el bolso
todo combina perfectamente.

Con este aroma tierra mojada


que me recuerda
una noche de ojos
y oídos alertas
mudos testigos de tantas cosas.

O
Se fracturó el alma.
Los pedazos rodaron
al compás de mis pisadas
por la calle de tierra
en el amanecer de cualquier día.
El asfalto indiferente
todavía no la ha hecho prisionera.
En mi cabeza
las emociones se atropellaron
en vértigo impaciente.

K
Es un hombre atractivo
niño juguetón
que ha guardado sus angustias
en el clóset
en la alacena
en el tapete.
Si los muros hablaran
tal vez me hubieran contado
de llanto
de miedo
de hambre
la ansiedad quimérica
espejismos burlándose en la mesa
en el sofá en la puerta
haciendo guiños de mala intensión.
Y
Con la angustia punzando el pensamiento
con una sombra en el corazón
me alejé de todo.
La incertidumbre de impotencia
aguijonea mi sensibilidad
quisiera que hubiese sido
un mal sueño.
Pero humana que soy
¿cuánto tardaré en olvidar?

G
¡Espérenme! ya voy
nada más me faltan
mis anillos de brillantes

Piscis
(signo brumoso-ambiguo)

Galerías insondables
de mi cerebro
en disfunción
que me perturban
me confunden
Rayos y centellas
en la explosión negativa
de todo mi ser
Urano el gran sabio
arribando en mi mar
me hizo darme cuenta
debo estar pendiente muy pendiente

Certidumbre ahora
en este instante que dependo
de una diminuta pastilla rosa
(veinticinco mg. de Clorhidrato de Maprotilina)

¿De quién este desastre que me tocó en herencia?


Incógnita perversa
que me agrede
y que no hay nadie
que pueda contestar

Así nací
así soy
Dios –mi Dios–
es el único que podría hacerlo
¿pero entendería?
…si me contestara

Es sábado
son las seis
y hace frío

Quisiera ser como el camaleón

Para cambiar sombra adheridas a mi memoria


recuerdos adaptables al terreno
días de sangre fía
poder decir a los reptiles de humo
que ya deben descansar en paz
Mis demonios transmutarlos en luz
Los reflejos en cosas tangibles
Las mariposas que vuelan siempre a mí alrededor
ponerlas quietas en el espejo
Las miradas y risas perdidas en los cajones del chifonier
El sol de la madreselva y el jazmín que ya no existen
guardarlos en frascos dorados
La inteligencia de mi perro Pablo
grabarla en un CD

Retroceder la película volverla a editar


¿valdría la pena cambiar? yo me adapté
o todo se adaptó a mí

¿habrá segunda parte?

¿tendré tiempo de hacerla?

Madre

Mujer vestida de sol


coronada de estrellas
Señora del silencio
de la humidad
del amor
Gracias por tu “fiat”
por ser esa persona tan singular
por haber venido a decirnos
que a nosotros mexicanos
nos tienes en un lugar muy especial
en tu admirable corazón
con tu Presencia maravillosa en esta tierra
Corazón que ama intensamente
pero que también tuvo ese inmenso
terrible dolor
Tu Hijo en la cruz
esa discreción a lo largo de la vida
de tu Divino Hijo
cuanto aprender de Ti

Madre que magnífica eres


María de Guadalupe ven
te necesitamos en este convulsionado México
danos tu auxilio
bendícenos aún más de lo que has hecho
haznos comprender que el amor y la comprensión al hermano
es lo que nos puede salvar en este torbellino
que se ha formado a nuestro alrededor

Danos la fortaleza de tu fe
tu esperanza
tu amor

Madre
envuélvenos en tu sagrado manto

Es tan fácil morir

Torpes anudadas
mis reflexiones
mariposas cansadas

que enajenan
Ilumina la mente
tu recuerdo
Ráfaga de luz
que aclara mis ideas
veo
a un mundo fascinante
a ese pesimismo inoportuno
lo araño
lo pateo

Hay que dormir

Tengo que imponerme

Al vacío que me invade


fiera salvaje al acecho
quiere destrozarme
Horas perniciosas que transcurren
arrastrando su hocico cínico
Esos minutos de agua sin río
evaporándose al calor de mi angustia

TV infinita
ochenta canales y su bla bla bla
¡uff!
Ayer fumé y mastiqué chicle
(cosas odiosas las dos)
y he sentido donde estoy
en la más absoluta dispersión
Que caos
o mi mente es la anarquía sin materia
que anhela ser ese humo
de la pajilla de incienso
que forma sus arabescos precisos
y ¡paf!

En un parpadeo desaparece
en el vacío del vacío

“La Otra Teología”. Gabriela Borunda. 2004

Manuscrito del profeta sin utopía


(compañerosdelpartdidocomunistatodosjuntosenlainternacionalcontuyanoquieroyconmiaa
penaspuedovamosjuntoscompañero)
I

Mi cabeza dando vuelta en los páramos

del alcohol

y miro el altísimo arco de la sinagoga:

escribo estos versos escondidos en mi pulso

porque amar es una vergüenza

la vida no puede seguir

y sigue tu paso por la acera:

esta es una pobre y fallida canción de cuna

cantada en lo oscuro

y clandestino

(en la cama donde nos arropamos cuando nuestros padres no están)

para un hijo que espero cuando nadie lo espera

un niño cuya cuna hice con los huesos

de otros niños:

vivo para ver como te alejas

con la luz de mañana:

para sentir el vacío químico de mí sangre

las sulfurosas aguas del vacío hierven sobre mi pecho cuando te alejas

y la vida es tan dulce como siempre:

se que estás muriendo –que no morirás sobre mis brazos


y la muerte colocará mi nombre en tu garganta

justo cuando se acabe el aire de tus pulmones- que yo muero también

y que es nuestra culpa pero no lo es:

nadie nos enseñó a vivir

un corazón de azúcar perfumada es una cruel casualidad

alguien que no quiere barrer tu corazón de falso diamante

con los despojos del amanecer:

cuando mis padres vuelvan de vacaciones

mamá lavará estas sábanas

y se irá por la cañería

todo lo que en la oscuridad pudo parecer sagrado.

II

Despertó sobresaltada por aquel terrible sueño

alguien le encendió un cigarro


tejía la cordura que le faltaba:

tejió las velas del barco

los días de zarpar

dibujó con nudos el azul cobalto de los piélagos:

Preparó la maleta de ambos

se olvidó de pretendientes y sudarios

asumió los rostros de la fatalidad

subió al barco:

Ulises se detuvo en cada isla

ella esperó hasta la madrugada

la única diferencia fue que

una historia tan obvia

jamás fue contada por ningún ciego:

Penélope estabas con los que perdieron

pero no te oí llorar:

III
Con los naufragios

y el café negro de la mañana

uno pierde el cuerpo amado

nunca el amor:
mala suerte

uno pierde los días

y el amor a la patria:

uno pierde la inocencia

el amor a la poesía

y desde luego

la fe en los poetas:

Joaquín Sabines

el peor poeta de la adolescencia

yo soy el pero seductor del mundo:

Tanto horror es inmerecido

para una sola estirpe:

Llego tan a destiempo

y te amo de tal forma

cualquiera pensaría que quiero marcharme

(de puro cobarde que soy)

para besar las llagas de Sandino

el santo rosario de la guerrilla

El mundo se esta borrando:


Cuando nada llega a tiempo

la música la mies

la erección

te limpias los mocos

con la servilleta

donde escribiste un poema:

la Utopía no vale tanto como nuestro amor

Ella cerró los labios

y el cerró la mirada:

IV

La sirena de los sueños

se me pierde

su voz no me llama
al arrecife donde el subconsciente borda tu imagen:

Se que soñé contigo

que muchas veces

en un fragmento de sueño mil veces soñado

alcancé tu nombre:

Un relámpago de primavera

atraviesa el desierto de mi memoria:

Olvido es el único misterio

lícito al desamor:

Saltarán oscuros relámpagos

de cada navajazo

Sombras de sombras

seguirán tu sueño

y tu sueño será tu muerte:

Unas cuantas cosas verdaderas

que ya son mentira:

Una muestra de folklore en tubo de ensayo:

Fin de la utopía

Los niños acostumbrados a la navaja del sol

Jamás verán el amanecer


V

(Alicia de perfil sin espejo)

Alicia ya ves que es inútil tratar convertirse en bacteria


de nada sirve esconder la sonrisa tras el espejo.

Alicia dónde esta la reina de corazones,

la que tañía el tiempo con el laúd de tu corazón

Ahora que ya no puedes tener fe,

amor pesimista,

comprenderás porque te dije:

cuando se terminen los caminos

cuando veas las columnas que anuncian el mundo a tus espaldas

cuando entiendas que el amor es aquella isla que siempre dejas tras de ti

entenderás que en reino del vacío

únicamente la furia puede volar;

aquella que sostiene tus tobillos, mis tobillos,

carcomidos por la muerte:

radiografía de un barco hundido, madera podrida

que engendra leyendas de amor y atroces muertes bajo la sal del mar.

Mientras subes al cadalso

las dulces manos de la furia sostienen tus tobillos.

Niña has envejecido,

entiende que en este siglo todo sueño es clandestino,

y que sólo es joven quien ha renunciado de una vez y para siempre

a lo que sea que se tenga que renunciar.


Alicia no te queda más remedio que volverte invisible, tu que tienes piel de

Cuarto menguante y maligno conjuro ¿dónde podrías esconderte?

Aunque no puedas:

aunque deslaves tu piel y deshagas tu rostro con el ácido corrosivo del llanto

no pasarás inadvertida... amar es tan subversivo.

Alicia entre los muertos del 68

entre disfraces de libertad

con veinte zarcillos colgando en la nariz

con cincuenta mil anuncios comerciales grabados en una sola neurona

con quince mil ideologías de pacotilla en una sola guitarra

-Cómo quisiera ser la estrellita marinera donde naufraguen tus miradas-

-Oye, te doy mi autógrafo-

Alicia no queda nada al otro lado del espejo.

Y cuando me pregunten porque volví

le diré al verdugo: es la furia asida a mis tobillos

y me importa un bledo si la historia no te juzga.

VI

(pero Alicia ya no me escucha)

Lobo estás ahí ¿si o no?

Y me pongo de frente a la mariposa y le digo


este cuchillo te hace reír

este cuchillo te hace reír

este cuchillo te hace reír

José María Lugo , nació en Managua, Nicaragua, en 1936. Estudió filosofía en la UACH
y en la UNAM. Colaboró en diversas revistas: Khatarsis, Apolodionis, Salamandra, Armas
y letras, El porvenir, Plaza, entre otras. Publicó los siguientes títulos: Muchacho con
guitarra (1961), Carne de la noche (1964), El caballero de la humana energía; el
pensamiento oculto en Rubén Darío (1964), Colección de poemas (1967), El caracol
(1982), Mare nostrum (1982) y Vericuetos del grial (1989).

José Luís Domínguez, nació en Cuahutémoc, Chih., en 1963. Ha colaborado en diversas


revistas: Voces de tinta, la fragua, Solar y Esdrújula. Publicaciones a la fecha: Jonás
(1996), Quinteto para un pretérito (2000), El jardín del colibrí (2002); Los dedos en la
llama (2006), El barrio viejo de mis recuerdos (2006) y Diez leyendas de Cuahutémoc
(2008). Ha obtenido los siguientes premios: mención honorífica en el IV Concurso
Binacional de Poesía Pellicer-Frost (1999), primer lugar Premio Chihuahua (ensayo
literario, 2001) y el primer lugar del Premio Internacional de poesía Gilberto Owen Estrada
(2007).

Micaela del Carmen Solís Torres, nació en Delicias, Chih., en 1961. Realizó estudios en
lengua y literatura hispánicas (UACH) y teatro (UACH). Ha colaborado en diversas
revistas: Azar, Cuadernos del Norte, Solar, Finisterre. Publicaciones a la fecha: Remolino
(1994); Poesía y fotografía antigua de Chihuahua (1995). Aparece en las siguientes
antologías: Literatura Chihuahuense (1987), Escritores de la frontera norte (1987), Tierra
adentro (1990), Anuario de poesía del INBA (1990), Químicamente puras (1997), Evas de
un paraíso reencontrado (1995). Ha obtenido los siguientes reconocimientos y becas: 2º
lugar en el Concurso de Cuento (gobierno del estado de Chihuahua, 1984); Premio de guión
radiofónico “La mujer del Puente” (Deutche Welle, Radio Alemania, 1995); becaria del
Consejo Estatal para la Cultura y las Artes (1994).

Nelson Solorio Talavera, nació en Chihuahua, Chih., en 1983. Es licenciado en letras


españolas (UACH, 2005). Ha colaborado en la revista Solar. Ha publicado Reconstrucción
del paraíso (2006).

Lily Blake González, nace en Chihuahua, Chih., en 1965. Estudió las carreras de
Comunicaciones y Administración de Empresas (Univ. de Texas, 1987). Ha publicado los
poemarios Microuniversos (1998), Mujer Enigma (2001) y Espejo de Fuego (2009).

María Merced Nájera Migoni, nació en Delicias, Chih., en 1963. Ha colaborado en


diversas revistas: Solar, Esdrújula y Alforja. A publicado a la fecha: Acuarelas, erotismo
(plaquette, 2000), Delicias (plaquette, 2001), Cristales cromáticos (2001); El corazón lo
dice todo (plaquette, 2002), En la provincia de los recuerdos (plaquette, 2002), La morada
de Omega (plaquette, 2003), Auge de sombras (2004). Aparece en las antologías
Químicamente puras (1997), Mujeres poetas en el País de las Nubes (2001), El jardín del
colibrí (2002), La palabra y el viento (2003), Ires y venires: la frontera en la poesía (2003),
Canto a una ciudad en el desierto (2002) y Trilogía poética de las mujeres en
Hispanoamérica, pícaras, místicas y rebeldes (2005).

Haydeé Espino Castillo, nació en Chihuahua, Chih., en 1977. posee estudios en literatura
hispanoamericana (Universidad de Texas, 2003) y contaduría pública (ITESM, 1997).

Martha Estela Torres Torres, nació en Parral, Chih. en 1957. Tiene estudios en
pedagogía y filosofía. Ha publicado en diversas revistas y suplementos literarios.
Actualmente estudia la carrera de letras españolas en la Universidad Autónoma de
Chihuahua. Ha publicado a la fecha: Hojas de Magnolia (2002) y Pasión literaria (2003).
Aparece en la antologías Químicamente puras (1997).

Juan Armando Rojas, nació en Ciudad Juárez, Chih., en 1969. Posee un título en
literatura hispanoamericana y peninsular (Univ. de Texas, 1993) y un grado doctoral en
literatura hispanoamericana y peninsular (Univ. de Arizona, 2002). Ha colaborado en
diversas revistas: Tierra adentro, Fronteras, Lunazeta, Diturna, Arteletra, The Voices
Cocoon, The Tucson Poet y Solar. Publicaciones a la fecha: Río vertebral (2002) y Lluvia
de lunas (1999). Aparece en las siguientes antologías; Antología de la poesía
latinoamericana del siglo XXI: el turno y la transición (1997), Cuentistas de Tierra
adentro III (1999).

César Eduardo Mendoza Morales, nació en Chihuahua, Chih., en 1984. Posee estudios
en Comunicación (Univ. Reg. del Norte, 2009). Ha publicado En la otra cara del olvido
(plaquette, 2005).

Mauricio Macario Tercero Mauricio Rodríguez, nace en Torreón, Coahuila, en 1975.


Estudió Ciencias de la comunicación (Univ.. Aut. de Coah., 1998). A colaborado en el
periódico Norte de Ciudad Juárez. Fue becario por el INBA en el taller literario del Dr. José
García-García. Fue nominado como mejor cronista de espectáculos en el premio La
Columna de Plata, entregada por la Asociación de Periodistas de Ciudad Juárez. Su obra
poética a sido publicada en el suplemento arm@rio de la revista Semanario.

Arturo Rico Bovio, nació en Chihuahua, Chih., en 1944. Estudió Derecho, Filosofía y
Letras Españolas, además de poseer un master en Derecho Social (UACH) y un doctorado
en Filosofía (UNAM). Su obra es la siguiente: Las fronteras del cuerpo (1990), La hora del
desierto (1991), Bocetos, evocaciones, caligrafías (1987), Astillarium. micropoemas
(1994), Isla en el tiempo (1999), Teoría corporal del Derecho (2000). Obtuvo el Premio
Chihuahua en Literatura (1988). Su obra poética ha sido antologada en el libro Muestra de
la poesía chihuahuense, en el volumen del lV Encuentro Nacional de Escritores de la
Frontera Norte (UACJ 1989; Idem 1990; Spacchi; Americani) y en La filosofía europea
del Nuovo Mondo (Vol. ll (1994); Utopía y Nuestra América (Ecuador 1996).

María Dolores Dorantes Ortiz, nace en Córdoba, Veracruz, en 1973. Ha colaborado en


diversas revistas: Semanario del Meridiano 107 (1993), Solar (1995), Bum-bum (2005).
Publicaciones a la fecha: A título de muestra (cuadernillo, 1996), Poemas para niños
(1999), Para Bernardo: un eco (2000), Lola: cartas cortas (2002), Sé lámpara (2003).
Aparece en la antología Poetas de Tierra adentro III (1997). Ha obtenido los siguientes
premios y becas: apoyo PACMyC (2003), becaria en el área de letras (Instituto
Veracruzano de Cultura, 2001), primeros lugares en poesía y cuento del Concurso de
Juegos Florales (Grupo Unido Femenino de Acción Social, 1997).

Jesús Armando Molina Barraza, nació en Ciudad Juárez, Chih., en 1980. Su obra poética
aparece en el suplemento arm@rio, suplemento cultural de la revista Semanario, en la
revista Taller y en la Gaceta Universitaria, periódico mensual de la UACJ.

Ana Carolina Apodaca Monge, nació en Chihuahua, Chih., en 1983. Posee los siguientes
reconocimientos: primer lugar en composición poética (COBACH, 2001); primer lugar en
el Premio Nacional de Literatura Joven (SOGEM, 2001). Ha publicado A la sombra del
gigante (2007).

Rafael Ávila Lozoya , nació en Chihuahua, Chih., en 1968. Realizó estudios de


contabilidad, mercadotecnia y administración (ITCMA 1986-90). Editor de Onomatopeya
Editores. Fue promotor cultural. Colaboró en diversas revistas: Azar, Solar, Tierra adentro.
Su obra se encuentra en las antologías: A medias tintas (1995), Tendedero poético (1995) y
Letras chihuahuenses Cosecha (Gobierno del Estado, 1996). Fue beneficiario del apoyo del
Programa PACMyC-Culturas Populares 1997-98, en el área de literatura marginal. Obtuvo
los siguientes premios: Manuel López Dávila 1995 (Sociedad Chihuahuense de Escritores);
Martín H. Barrios Álvarez 1996, primeros lugares en poesía y narrativa (Dirección General
de Educación y Cultura del Estado de Chihuahua).

Oscar Robles, nació en Ciudad Juárez, en 1968. Obtuvo su doctorado en Español en la


Universidad de Arizona en 2002. Ha publicado narrativa, poesía e investigación literaria en
México y en los Estados Unidos. Ha enseñado lengua, literatura y cine hispánicos en
universidades de los Estados Unidos durante trece años.

María Elena Ortiz Chávez, nace en Guanaceví, Dgo., en 1939. Realizó estudios de
Contaduría, Ballet y Danza moderna. A publicado Tendedero poético (1995), Insomnio
(1996), Químicamente Puras (1997). Dentro de sus reconocimientos se cuenta la mención
honorífica en la categoría de Poesía, en el Certamen Manuel López Dávila (1996); obtuvo
el segundo lugar en poesía en el Certamen Martín H. Barrios Álvarez (1997); primer lugar
en los Juegos Florales por los 300 años de Nombre de Dios Chihuahua.

Xóchitl Gabriela Borunda Flores, nació en Chihuahua, Chih., en 1973. Realizó estudios
en Ciencias de la Comunicación (UIAN 1994-98) y maestría en Educación (CIDEC 2000-
02). Ha colaborado en diversas revistas: Tierra adentro, Blanco Móvil, Fronteras. A la
fecha tiene publicados los siguientes títulos: Biografía de Luz (1993), Balda del Silencio
(1995), El canto de la brujas (1998), Poemas de ida y vuelta (1999), Corazón de Sade
(2000). Ha obtenido los siguientes premios, becas y reconocimientos: becaria del Fondo
para la Cultura y las Artes, en la categoría de creadores jóvenes (1997); Premio Nacional
de la Juventud, en el área de creación artística (1997); Juegos Trigales del Valle del Yaqui,
primer lugar (1998, Instituto Sonorense de la Cultura); Medalla Dolores Castro, premio de
poesía femenina (1998, gobierno del estado de Oaxaca), Premio Chihuahua en poesía
(1999).

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