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Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

Estado actual y desafíos

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Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

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Esta publicación reúne los artículos y testimonios del Seminario Interamericano de Perio- dismo y Comunicación Científica, realizado en la ciudad de Buenos Aires del 13 al 15 de octubre de 2010.

El evento fue organizado por la Dirección Nacional de Relaciones Internacionales del Mi- nisterio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la República Argentina y el Programa Interamericano de Periodismo Científico de la Oficina de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

Indice

Presentación Agueda Menvielle

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Algunas consideraciones sobre el periodismo científico en América Latina Jorge Duran

6

Antecedentes de la divulgación científica: su impacto sobre el “ideario” moderno de la profesión Matías Loewy

9

Las actitudes del público y la producción de conocimiento:

reflexiones en torno a una controversia Ana María Vara

14

La noticia científica y su impacto Nancy Patricia Ruiz Mora

29

Profesionalización del periodismo científico. Avances y desafíos. ¿Qué se espera hoy de un periodista científico? Susana Gallardo

33

Especialización en comunicación pública de la ciencia y periodismo científico:

“Un aporte para la profesionalización de la comunicación pública de la ciencia” Guillermo Goldes

41

Especialización en divulgación de la ciencia, la tecnología y la innovación, Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) Sandra Murriello

47

Periodismo científico en Chile: bases y desafíos Eduardo Reyes Frías

51

Percepción social de la ciencia y la tecnología. Actitudes frente al riesgo y la participación ciudadana Carmelo Polino Dolores Chiappe

56

Percepción pública de la ciencia y la tecnología, cultura científica y comunicación social Leonardo Silvio Vaccarezza

71

Percepción pública de la ciencia, la tecnología y la innovación en Colombia Ximena Serrano Gil

78

Comunicación científica: el caso CONICET Ignacio Duelo Van Deusen

81

3

Las instituciones científicas y la comunicación pública de la ciencia Bruno Geller

91

Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

Instituciones científicas y su vinculación con los medios en Perú Yazmin Rojas Blanco

96

Legislación, cooperación y presupuesto para CTI: instrumentos para la inclusión y la comunicación científica en la sociedad argentina Graciela Giannettasio

103

Ciencia, educación y periodismo en el contexto de las democracias modernas Jorge V. Crisci

109

Anexo

115

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Agueda Menvielle * Presentación
Agueda Menvielle *
Presentación

Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

Agueda Menvielle *

Presentación

Del 13 al 15 de octubre de 2010, en la ciudad de Buenos Aires, se realizó el “Seminario Interamericano de Periodismo y Comunicación Científica” como parte de las actividades de divulgación y formación científica de la Dirección Nacional de Relaciones Internaciona- les del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y la Organización de los Estados Americanos (OEA).

En el marco de la Organización de los Estados Americanos, la Argentina ha mantenido una activa participación en las Reuniones Ministeriales de Ciencia y Tecnología, tendientes a posibilitar la creación y organización de la Comisión Interamericana de Ciencia y Tecno- logía (COMCyT), con el objetivo de recomendar políticas hemisféricas de cooperación en materia de desarrollo científico, tecnológico y de innovación; formular lineamientos y defi- nir prioridades de acción a través del Plan de Acción de México.

Desde el año 2008 y hasta el 2010, nuestro país ejerció la presidencia de la Comisión, impulsando y colaborando en una serie de propuestas. Entre ellas, el Programa Interame- ricano de Periodismo Científico que fue el marco general de este seminario y tuvo como objetivo la interacción, la reflexión y el debate de temas de interés para la divulgación cien- tífica entre comunicadores de todo el país y América Latina.

Más de 150 profesionales de la comunicación científica asistieron a este evento, entre ellos periodistas de medios de comunicación de la ciudad de Buenos Aires y del interior del país, representantes de las áreas de comunicación de organismos públicos, instituciones científicas y universidades de América Latina.

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La organización de este encuentro fue el resultado de un creciente reconocimiento de la importancia del periodismo científico a nivel nacional y regional. Una sociedad del cono- cimiento requiere de la valoración de las actividades de ciencia, tecnología e innovación (CTI) en el desarrollo nacional. Para ello es necesaria una política que impulse actividades que acerquen los conceptos de CTI a la población, con el propósito de reconocer su valor.

La publicación que aquí les presentamos reúne artículos, testimonios y reflexiones de al- gunos de los 35 disertantes que por tres días nos acompañaron para hacer posible este seminario. Agradezco a todos ellos, a los participantes de Buenos Aires y a aquellos que vinieron de otras provincias argentinas y de países amigos; a la Oficina de Ciencia, Tecno- logía e Innovación de la OEA; a la Fundación Pablo Cassará que brindó sus instalaciones y al equipo de la Dirección Nacional de Relaciones Internacionales por su destacado trabajo en la realización de este seminario.

Esperamos que haya sido una verdadera oportunidad de intercambio, de debate y de encuentro entre profesionales interesados por la comunicación pública de la ciencia. Es nuestro deseo haber sumado un aporte más al complejo proceso de fortalecimiento de las capacidades para el periodismo y la comunicación científica en América Latina y el Caribe.

* Directora Nacional de Relaciones Internacionales del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, República Argentina.

Jorge Duran * Algunas consideraciones sobre el Periodismo Científico en América Latina
Jorge Duran *
Algunas consideraciones sobre el Periodismo Científico en América Latina

Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

Jorge Duran

*

Algunas consideraciones sobre el Periodismo Científico en América Latina

Hablar de una sociedad del conocimiento requiere que la sociedad tenga acceso a in- formación, la entienda y actúe sobre ella. Una sociedad que está informada y reconoce la importancia de la ciencia y la tecnología (CyT) para el desarrollo, es más propensa a participar en el proceso político, incluyendo la formulación de políticas en temas que los afecten. En este sentido, estrategias efectivas de comunicación y diseminación deben formar parte íntegra de las políticas en CyT para fomentar una democratización en la toma de decisiones.

El periodismo científico, entendido como aquél que aborda temas con componentes cien- tíficos y tecnológicos para exponerlos a la sociedad, es una de las herramientas más potentes para la labor de la popularización de la ciencia y la apropiación de sus benefi- cios por la sociedad. El periodismo científico es una parte primordial de las capacidades nacionales en CyT pues ayuda a transferir el conocimiento a la ciudadanía, convirtiéndose en un importante elemento para la democracia. Los periodistas científicos no sólo comu- nican logros y retos en CyT sino que comparten también sus beneficios o perjuicios, con- tribuyendo así a la creación de una sociedad del conocimiento y motivando a una mayor participación de la sociedad en temas científicos y tecnológicos. Esta participación va desde involucrarse en el quehacer político hasta asistir a ferias y museos. La contribución 6 de una buena diseminación de la información en CyT contribuye de manera significativa a despertar la curiosidad y la sed de conocimiento en los jóvenes.

Desafortunadamente, el periodismo científico en América Latina no es tan prevalente como se podría llegar a pensar y la región todavía presenta carencias en la manera en la que la información en CyT es difundida. Muchas veces la sociedad permanece al margen de la mayoría de los temas en CyT debido a que no existen suficientes mecanismos o ventanas que informen apropiadamente sobre estos temas y, muy significativamente, cómo pueden afectar sus vidas. Sorprendentemente, por ejemplo, no todos los países de la región cuen- tan con asociaciones de periodismo científico.

En términos generales y sólo por mencionar algunas limitaciones: pocos periódicos dedi- can secciones o páginas específicas a notas de CyT y cuando lo hacen tienden a publicar notas de carácter internacional y no contribuciones nacionales; con frecuencia y a pesar de que numerosas encuestas indican lo contrario, la nota en CyT no se considera como de alto impacto por lo que se elimina a favor de otro tipo de nota; en su mayoría, los dia- rios en la región no cuentan con suficientes recursos humanos para cubrir notas en CyT; y existen pocos periodistas especializados en cómo comunicar eficientemente conceptos científicos en una manera apta y comprensible a la población no especializada.

* Especialista Senior, Oficina de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Organización de los Estados Americanos (OEA).

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A pesar de la asimetría que existe en términos del desarrollo de capacidades en este

tema, es importante destacar que, concientes de la importancia crítica de la CyT para el desarrollo socio-económico, muchos países de la región han incrementando los recursos humanos y financieros en este rubro y han incluido el tema de comunicación y apropiación de la ciencia como parte de sus agendas nacionales.

En ese sentido, la Organización de los Estados Americanos (OEA) ha emprendido, con

la colaboración de los gobiernos y socios estratégicos de la región, un programa inte-

ramericano de periodismo científico con miras a fortalecer las capacidades humanas en esta materia. Siguiendo los mandatos relacionados con la creación y diseminación del conocimiento científico, así como con la popularización de la ciencia para promover el desarrollo emanados de las Cumbres de las Américas y de la II Reunión de Ministros y Altas Autoridades en Ciencia y Tecnología, la Oficina de Ciencia, Tecnología e Innovación (OCTI) del Departamento de Desarrollo Económico, Comercio y Turismo está implemen- tando la iniciativa Apropiación de la Ciencia por la Sociedad: Proyecto Interamericano de Periodismo Científico.

Este proyecto tiene como propósito principal fortalecer las capacidades para diseminación y divulgación de la ciencia. Sus componentes principales son: a) seminarios sub-regiona- les para capacitación de periodistas, legisladores y sector privado; y b) la creación de un Portal Interamericano de Periodismo Científico como mecanismo permanente de dise- minación de información en ciencia y tecnología abierto a la sociedad en general y para promover la intercomunicación entre periodistas, científicos, representantes de medios de comunicación y funcionarios públicos.

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Hasta el 2010 y en coordinación con los Ministerios/Secretarías y/o Consejos Nacionales de Ciencia y Tecnología de América Latina se han realizado concursos abiertos en perio- dismo científico en Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Paraguay, Panamá y Perú, para seleccionar a un ganador por país que, financiado por la OEA/OCTI con apoyo de la Agencia Canadiense de Desarrollo Internacio- nal (ACDI), acompañó a dos comunicadores seleccionados por los Órganos Nacionales de Ciencia y Tecnología (ONCyT) de esos países más la República Dominicana, Colombia y Uruguay a los seminarios de capacitación. Estos seminarios fueron realizados, para Suda- mérica el 13, 14 y 15 de octubre de 2010 en Buenos Aires, bajo el auspicio del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCYT) de la Argentina y para Meso- américa y la República Dominicana, el 18 y 19 de noviembre de 2010 bajo los auspicios del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México (CONACYT) y con la participación del Fondo Consultivo Científico y Tecnológico, la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Tecnología (SOMEDICYT) y la empresa Investigación y Desarrollo (I+D). Los seminarios, que contaron con la participación de 200 asistentes cada uno, cubrieron temas de gran relevancia para el periodismo de ciencia, tecnología e innovación como la comunicación pública en CyT, el periodismo de investigación, el papel del sector privado, Política de Estado, así como el potencial de los medios para comunicar ciencia, el impacto de la noticia científica, la percepción pública de la ciencia, instituciones científicas y su vin- culación con los medios, entre otros. Se espera realizar un tercer seminario para el Caribe angloparlante, Canadá y Estados Unidos en 2011.

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Es importante destacar que gracias a la participación de asistentes de toda la región en estos seminarios se han creado redes. De manera muy significativa, por una parte, un grupo de periodistas en Argentina ha decidido fundar la asociación argentina de perio- dismo científico y por la otra, a instancias del CONACYT de México y con el apoyo de la OEA, se firmará una Carta Intención entre los ONCyT de los países de la región compro- meterse a continuar apoyando actividades como los seminarios para el fortalecimiento de capacidades.

En relación al Portal Interamericano de Periodismo Científico, su diseño y creación ha sido realizado por la OCTI con el apoyo financiero de la ACDI y fue lanzado oficialmente durante los seminarios. El Portal cuenta con el apoyo de los ONCyTS y de las asociaciones de periodismo científico de la región y presenta un mecanismo gratuito para la diseminación o búsqueda de información en CyT que los propios usuarios han subido. Ver www.periodismocientífico.org

Sin contar el desarrollo socio-económico de los pueblos mediante innovaciones y avances colaborativos, la diseminación del conocimiento y la información científica son esenciales elementos para promover una mayor participación ciudadana en el quehacer político y por ende una mejor y más eficiente gobernabilidad democrática.

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Matías Loewy * Antecedentes de la divulgación científica:
Matías Loewy *
Antecedentes de la divulgación científica:

su impacto sobre el “ideario” moderno de la profesión

Antecedentes de la divulgación científica:

Matías Loewy *

su impacto sobre el “ideario” moderno de la profesión

Es un ejercicio inevitable, aunque también caprichoso, analizar y reformular el pasado con el prisma del presente. La identificación de “pioneros” y de los orígenes de una disciplina no escapa a ese sesgo. Jenofonte, un historiador ateniense del siglo IV antes de Cristo, y Tito Lucrecio, un filósofo romano que vivió tres siglos más tarde, quizás hayan sido los primeros “divulgadores científicos”. De Jenofonte, el periodista chileno Eduardo Latorre ha dicho que su método para escribir la historia comparte los rasgos de los comunicadores científicos modernos, entre ellos, objetividad y sencillez para llegar a las masas, amenidad, respeto a la verdad e integración en el medio para el que trabajaba 1 . De Tito Lucrecio, au- tor de la obra “De la Naturaleza”, Carl Sagan y Manuel Calvo Hernando han resaltado su capacidad para introducir aspectos explicativos de la naturaleza que hoy se considerarían “divulgación para profanos”. 2

En esa misma línea, resulta interesante observar hasta qué punto los pioneros de la di- vulgación y el periodismo de ciencia han contribuido a construir y consolidar idearios y perspectivas de la profesión que aún hoy siguen vigentes. Y de qué forma problemas, metodologías, prescripciones o anhelos que hoy nos parecen relativamente novedosos, ya fueron afrontados, experimentados o formulados por nuestros “protocolegas” o colegas a lo largo de la historia.

9

Paracelso (1493-1541), un médico y alquimista, considerado el padre de la farmacia, fue quizás el primero en enfrentar el desdén o desconfianza de los colegas cuando adaptó el lenguaje “técnico” a una esfera discursiva más comprensible por el público. En efecto, sus biógrafos sostienen que intentó explicarle al pueblo la medicina en su propia lengua plebeya, con no poco escándalo “de los contempladores de orinas y de los académicos”, como decía Paracelso. 3

Sin embargo, la divulgación de las ciencias, como género literario, comenzó recién en los siglos XVII y XVIII. Y tal vez la obra pionera sea el “Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo, tolemaico e copernicano” (1632) de Galileo Galilei. Galileo quería ser entendi- do tanto por los científicos como por los ciudadanos: prescindió del latín y usó la lengua vulgar, el italiano antiguo. 4 Por otra parte, expuso su tesis en forma de diálogo entre tres

* Editor Senior de la revista Newsweek Argentina. Docente a cargo del Curso Taller de Introducción al Periodismo Científico de la Fundación Instituto Leloir. Vicepresidente de la Red Argentina de Periodismo Científico- Asociación Civil. E-mail: matiasloewy@gmail.com

1 Latorre E. El Periodismo Científico en América Latina. El Mercurio, Santiago de Chile, 27 noviembre 1966. Citado en Calvo Hernando M. “Divulgación y periodismo científico. Entre la claridad y la exactitud”. México DF: Dirección General de Divulgación de la Ciencia- Universidad Autónoma de México, 2003.

2 Sagan C. Un punto azul pálido. Buenos Aires: Planeta, 1996. Calvo Hernando M. Antecesores ilustres de la divulgación científica. Periodismo científico 2001; n.° 35, pp. 4-5.

3 Lluesma Uranga E. Estudio preliminar sobre Paracelso. En Paracelso. “Obras completas”. Buenos Aires: Editorial Schapire, 1945.

4 Cortiñas S. Un recorrido por la historia del libro de divulgación científica. Quark 2006; nº 37-38, pp 58-64 (accesible en

www.prbb.org/quark/37-38/default.htm).

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personajes, un género literario ágil con el que no sólo pretendía eludir los rigores de la In- quisición sino que también, en los tiempos del Renacimiento, servía para atraer tanto a los lectores como a los autores. En otras palabras: Galileo, como cualquier buen divulgador, adaptó el lenguaje y lo puso en un formato que procuraba sostener la atención de una audiencia más amplia.

El escritor y filósofo Bernard le Bovier de Fontenelle (1657-1757) se hizo célebre por una obra clásica de la divulgación científica: “Entretetiens sur la pluralité des mondes”, publi- cada en 1686 y reeditada durante más de dos siglos. En el prefacio, Fontenelle intentaba disipar pruritos y aseguraba que el texto sería comprensible “aún para aquellos sin conoci- mientos científicos”. Y agregaba: “He querido hablar de la ciencia en una forma que no fue- ra científica. He tratado de llevarla a un punto que no fuera demasiado árida para la gente común, ni demasiado superficial para los sabios”. Vladimir De Semir, periodista científico español, se pregunta si no sería esa una primera definición de divulgación. 5

Georges Louis Leclerc, conde de Buffon (1707- 1788), fue un escritor, filósofo e intendente del rey. Autor de la voluminosa “Historia natural, general y particular”, que incluía una histo- ria de la Tierra y de los planetas, de los animales y de los seres humanos, reflexionó sobre

el poder de la palabra y la importancia de una buena redacción en su célebre discurso de

recepción de la Academia Francesa: “Las obras bien escritas son las únicas que pasan

a la posteridad: la cantidad de conocimientos, la singularidad de los hechos, la novedad

misma de los descubrimientos no son garantías de inmortalidad”. 6 Sentía, y esto todavía aprenden hoy los periodistas, que la forma de contar algo era tan importante como el he- 10 cho mismo que se narraba.

El filósofo y escritor francés Denis Diderot (1713-1784), el padre de la monumental “En- ciclopedia”, quiso transmitir al público las maravillas de la ciencia y la tecnología. Consi- deraba que el escepticismo era un primer paso para la búsqueda de la verdad: “Lo que jamás ha sido puesto en duda no puede ser de ninguna manera probado. Lo que no ha sido examinado sin prevención no ha sido jamás bien examinado. Una sola demostración me afecta más que cincuenta hechos”. 7 La reivindicación de la duda y la necesidad de evidencias, esenciales para todo buen científico, se alinean también con recomendacio- nes modernas para periodistas de ciencia y, por supuesto, para cualquier periodista en general. “Ser periodista es tener buenas dudas, buenas preguntas, y estar seguro de muy pocas cosas”, sostiene Jorge Lanata. 8 “Jamás afirme nada si no hay pruebas concluyen- tes al respecto”, aconseja por su parte Acianela Montes de Oca, profesora venezolana de periodismo científico. 9

Escritor, científico y filósofo alemán, Wolfgang Goethe (1749-1832) fue un precursor de la utilización de recursos y géneros literarios poco tradicionales, tales como la poesía, para

5 De Semir V. Aproximación a la historia de la divulgación científica. Quark 2002; nº 26 (accesible en www.prbb.org/

quark/26/default.htm).

6 Conde de Buffon. Obras completas. Madrid: Mellado, 1848.

7 Diderot D. Pensamientos filosóficos. El combate por la libertad. Barcelona: Proteus, 2009.

8 Lanata J. Seis caminos para llegar al mismo sitio. En “Periodismo x periodistas. Manuel de TEA y Deportea”. Buenos Aires: TEA y Deportea, 2006.

9 Montes de Oca A. El renovado desafío del periodismo científico. En “Jornalismo e ciencia: uma perspectiva ibero- americana”. Coord: Massarani L. Río de Janeiro: Fiocruz/COC/Museu da Vida, 2010.

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transmitir conocimientos científicos y llegar a un público amplio. “Nadie quería compren- der la unión íntima de la poesía y de la ciencia; se olvidaban que la poesía es la fuente de la ciencia”, sostenía. 10 En su poema “La metamorfosis de las plantas”, de 1770, Goethe

llega a describir el desarrollo de los cotiledones de la siguiente forma: “Yace en la semilla

la fuerza simple: un modelo incipiente/ cerrado en sí mismo, replegado bajo el envoltorio/

hoja, raíz y brote, sólo medio configurado y sin color/ así el grano seco conserva a cubierto

la vida serena/ que irrumpe hacia lo alto, se confía a la humedad benigna/ y de la noche

circunstante surge”.

Camille Flammarion (1842-1925), un popular astrónomo francés y divulgador de la astro- nomía, estaba imbuido por una especie de compromiso misionero por llevar la ciencia al gran público. Y experimentó con cualquier dispositivo narrativo imaginable para lograr que su comunicación fuera más eficaz. Prosperó durante la época que De Semir consi-

dera “la edad dorada” de la divulgación, entre 1870 y 1900, cuando coincidían el deseo de mostrar y el deseo de saber. 11 “Si la humanidad supiera qué profundo placer embarga

a quienes escrutan el cielo (…), media Europa estaría cubierta con telescopios en lugar

de bayonetas”, proclamaba Flammarion. Pero su éxito como divulgador también dañó su reputación entre los científicos, en parte por su utilización de ficciones didácticas para cautivar a los lectores, en parte por sus coqueteos posteriores con el espiritismo. 12 Le había pasado lo mismo a Paracelso: los afanes divulgativos podían restar prestigio dentro de la comunidad de pares.

El padre de la teoría de la evolución, Charles Darwin (1809-1882), no fue un divulgador en sentido estricto pero sí un científico que escribió como si lo fuera. “El origen de las espe- cies”, su obra cumbre de 1859, es el último gran trabajo de investigación que puede ser leído por cualquier persona sin conocimientos especializados. No fue un hecho casual. El gran divulgador Richard Dawkins y el profesor de retórica John Angus Campbell, aunque tienen posiciones diferentes sobre la teoría evolutiva, coinciden en que Darwin usó el inglés llano y un discurso literario comprensible para convencer de sus ideas no sólo a los otros científicos sino también a un público más masivo. 13 Dawkins agrega que el “ratio explica- tivo” de la gran idea de Darwin de la selección natural, esto es, aquello que logra explicar dividido lo que se necesita asumir para hacer la explicación, es enorme. “Darwin nos hizo tomar conciencia del vigoroso poder de la ciencia para explicar los largo y complejo en términos de lo pequeño y simple”, escribió. 14

11

Pero si Darwin pudo sacar la ciencia fuera del coto de comprensión exclusiva de las élites científicas ilustradas, medio siglo más tarde fue Albert Einstein (1879-1955), en palabras del divulgador científico John D. Barrow, quien “restauró la fe en la ininteligibilidad de la ciencia”. 15 Y si bien Einstein publicó en 1917 un “librito” de divulgación, “Sobre la teoría

10 Domínguez M. Goethe y la divulgación científica. Quark 2002; nº26 (accesible en www.prbb.org/quark/26/026024.htm).

11 De Semir V. Íbid.

12 Stableford B. Introducción. En Flammarion C. “Lumen”. Middletown: Wesleyan University Press, 2002.

13 Campbell JA. Charles Darwin: rhetorician of science. En “Landmark Essays on Rhetoric of Science. Case studies”. Ed:

Harris RA. Mahwah: Lawrence Erlbaum Associates, 1997.

14 Dawkins R. Why Darwin matter. The Guardian, Londres, 9 de febrero de 2008 (accesible en http://www.guardian.co.uk/

science/2008/feb/09/darwin.dawkins1).

15 Barrow JD. Imágenes del Cosmos. Las mejores imágenes de la historia de la ciencia. Barcelona: Paidós Ibérica, 2009.

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de la relatividad especial y general”, en el que intentaba “presentar las ideas principales del modo más claro y simple posible, respetando en general el orden y el contexto en los que fueron realmente concebidos”, no logró disipar una percepción extendida: todo el mundo sabía que el físico alemán había hecho algo importante, aunque nadie supiera muy bien qué. No es un problema del discurso. Los papers de Einstein, señala el físico y novelista Alan Lightman, tienen un lenguaje simple, argumentos directos y una matemática que no presenta dificultades. Lo profundo, agrega, es el pensamiento, la intuición sobre la naturaleza. 16 En declaraciones a la prensa, en 1921, el mismo Einstein especuló sobre la razón del interés que despertaba su teoría en la gente: “Estoy seguro de que es el misterio de no comprender nada lo que les atrae… les impresiona, tiene el color y el encanto de lo misterioso”. 17

Peter Coles, profesor de Astrofísica de la Universidad de Nottingham, considera que a la gente no le importaba no entender exactamente lo que hacía Einstein, pero disfrutaban pensando que el intelecto del científico era superior al suyo. Y supone que un fenómeno similar ocurre hoy con la popularidad de Stephen Hawking. “El éxito de ventas de ‘His- toria del tiempo’ no significa necesariamente que las ideas de Hawking se entiendan de forma generalizada”, escribió Coles. “Yo dudo incluso que la mayoría de la gente que han comprado el libro lo hayan leído. Pero el personaje de Hawking refuerza el elemento ‘so- brenatural’ de su ciencia”. 18 El éxito popular de Einstein y Hawking refuerza, en síntesis, la noción de que la divulgación científica (a diferencia de la educación formal) puede producir un goce estético que es independiente de la eficacia didáctica con que transmite un cono- cimiento científico.

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La “explosión cámbrica” de la divulgación científica en el siglo XX, motorizada por nom- bres como George Gamow (1904-1968), Isaac Asimov (1920-1992), Carl Sagan (1934- 1996) y Stephen Jay Gould (1941-2002) en Estados Unidos 19 , termina por consolidar el ideario moderno de la divulgación: saber de ciencia ayuda a entender la vida y a tomar decisiones; divulgar ciencia es una actividad creativa; hay que escribir o comunicar en un lenguaje comprensible; no basta con informar: hay que motivar, entretener, inspirar; hay que encontrar el equilibrio entre el rigor científico y la simplificación; divulgar no significa distorsionar; hay que convencer a los científicos sobre el valor y la importancia de divul- gar; la ciencia ayuda al desarrollo de país, y una sociedad informada será más propen- sa a apoyar la ciencia. Escribió, por ejemplo, Gould: “Los conceptos de la ciencia, con toda su riqueza y ambigüedad, pueden ser presentados sin ninguna simplificación que se considere distorsión, en un lenguaje accesible a cualquier persona inteligente” 20 . Soste- nía Sagan, en referencia a la posibilidad de comunicar conceptos y términos científicos mediante una “selección natural” de metáforas, analogías, imágenes y anécdotas: “(el divulgador) puede llegar casi a cualquier parte si camina por un sendero bien pavimentado que el público pueda recorrer”. 21

16 Lightman A. The Discoveries. Great Breaktrhroughs in 20th-Century Science.

17 Barrow JD. Íbid.

18 Coles P. Hawking y la mente de Dios. Barcelona: Gedisa, 2007.

19 Cortiñas S. Íbid.

20 Gould SJ. La vida maravillosa. Barcelona: Crítica, 2007.

21 Sagan C. El mundo y sus demonios. Barcelona: Planeta, 2000.

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Enrique Belocopitow (1926-2007), “Belo”, es un referente ineludible de la historia de la di- vulgación científica en Argentina. Química y discípulo del Nobel Luis Federico Leloir, quien dirigió su tesis de doctorado sobre metabolismo de hidratos de carbono, en sus últimos 25 años se dedicó a difundir la ciencia a través de los medios de comunicación y a formar re- cursos para acometer esa empresa. Belocopitow, señala Alberto Díaz, director del Centro de Biotecnología Industrial del INTI, intentó sacar la ciencia de su ostracismo y llevarla al gran público. “Es algo parecido a lo que pretendió Galileo Galilei con su pequeño telesco- pio: llevar las estrellas a la mesa familiar”, compara Díaz. 22 Decía Belocopitow: “Un país en el que el pueblo y las autoridades son concientes de que el progreso del país depende de la aplicación y del conocimiento de la ciencia, es distinto de otro que considera que la ciencia es un adorno y no sirve para nada”. 23 Veinticinco siglos después de Jemofonte, divulgadores y periodistas científicos suscriben con entusiasmo esa afirmación.

13

22 Díaz A. La revolución silenciosa. Biotecnología y vida cotidiana. Buenos Aires: Capital Intelectual, 2010.

23 Gruffat C. Enrique Belocopitow: Sobre el periodismo científico y sus aportes a la enseñanza de la ciencia. Colección educ.ar, 7 de junio de 2006 (accesible en www.coleccion.educ.ar)

Ana María Vara * Las actitudes del público y la producción de conocimiento: reflexiones en
Ana María Vara *
Las actitudes del público y la producción de conocimiento:
reflexiones en torno a una controversia

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Las actitudes del público y la producción de conocimiento:

Ana María Vara

*

reflexiones en torno a una controversia

La primera pregunta que surge cuando hablamos de público y ciencia es: ¿por qué comunicar para el público general? ¿Qué beneficios trae a un lector de diarios o un es- pectador de televisión informarse sobre ciencia y tecnología? Una respuesta clásica, a la que nos remitimos de manera recurrente por su claridad y concisión, es la formulada por Durant (1990), quien resume en tres argumentos las razones que justifican la comu- nicación pública de la ciencia en función de los intereses del público: un argumento cul-

tural, uno práctico y uno político. En primer lugar, sostiene, la ciencia es una adquisición primaria de la civilización occidental moderna, aquello que nuestra cultura hace mejor. Por lo tanto, la gente merece conocer acerca de esta actividad intelectual característica de nuestra época: éste es el argumento cultural, que delinea un público próximo a un espectador. El argumento práctico se basa en que la ciencia y la tecnología suponen impactos notables en las sociedades contemporáneas, de modo que es clave manejar ciertas nociones para poder tomar decisiones en nuestra vida diaria: de alimentación, de ventajas y riesgos tecnológicos. Para este autor es clave tener en cuenta las nuevas tecnologías que continuamente transforman la agricultura, la industria y la medicina: el público (entendido como consumidor) puede beneficiarse al recibir información técnica

a partir de la cual tomar decisiones informadas. Finalmente, el argumento político apunta

a señalar que la calidad de una democracia depende de una adecuada comprensión por

parte del público (los ciudadanos) de los problemas a resolver, entre ellos los relativos a

cuestiones científicas y tecnológicas.

Si bien este último punto presenta algunos inconvenientes —la omnicomprensión del pa- norama científico es pura fantasía, aún para los expertos—, Durant plantea que en cambio es posible un nivel de familiaridad suficiente para comprender cuáles son las discusiones entre expertos. Y concluye: “La democracia es siempre dificultosa, pero sin un mínimo nivel de comprensión pública de los problemas relevantes, es cuestionable si ésta es si- quiera posible” (Durant 1990: 14). Quizás el autor que ha trabajado de manera más conse-

cuente en esta línea es Jon D. Miller quien, tras una larga trayectoria dedicada al tema e in- corporando las sugerencias de muchos críticos, ha desarrollado la idea de “alfabetización científica ciudadana”. Nosotros preferimos una vez más la postura de Durant (2005), quien en otro trabajo ha hablado de tres acepciones de la noción de alfabetización científica, distinguiendo entre la que tiene que ver con los contenidos, la vinculada a la metodología y

la que se apoya en el conocimiento del modo de producción de conocimiento, incorporan-

do aspectos de la institucionalización de la ciencia. Parafraseando su posición, podemos decir que los contenidos son excesivamente amplios y renovables permanentemente; la metodología no es única y suele ser imitada por actores interesados —pensemos en los comerciales de televisión o de cosméticos, en que se argumenta tener pruebas “científi- cas” de la eficacia de determinado producto—; mientras que la alfabetización institucional

* Dra. en Estudios Hispánicos (Universidad de California). Investigadora del Centro de Estudios de Historia de la Ciencia José Babini – Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) Email: amvara@unsam.edu.ar

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hace al fondo de la cuestión de la ciencia en tanto que producción socialmente situada de conocimientos. De manera interesante, veremos que este aspecto es relevante también en los casos de controversias, en los que las críticas más finas de quienes resisten ciertas tecnologías tienen que ver con el modo de funcionamiento de las instituciones, los criterios para realizar un estudio de impacto, los criterios para regular determinadas tecnologías, los conflictos de interés de quienes realizan los estudios.

Ahora bien, este público general que necesita y merece informarse sobre ciencia y tecno- logía, ha sido tradicionalmente caracterizado como ignorante y desinteresado. Se ha dado por obvia la existencia de un desnivel, de una brecha entre científicos y público general, que constituye el modelo más extendido de esta relación. En primer lugar, es importante relativizar esta visión, des-naturalizarla. Autores como Bensaude-Vincent (2001) han seña- lado que la concepción de esta diferencia radical entre científicos y no científicos no fue siempre así, sino que tiene un origen histórico, con una acentuación en el siglo XX: “El público ilustrado de los amateurs, un término que todavía tenía una fuerte connotación positiva en el siglo dieciocho, ha sido transformado en el siglo veinte en una masa de per- sonas fáciles de engañar, irracionales e ignorantes” (Bensaude-Vincent 2001: 106).

En esta visión, el público no sólo carece de conocimiento científico sino que de alguna manera se encuentra incapacitado para intervenir en cuestiones de ciencia con auténtica comprensión del tema —es decir, desde un punto de vista cognitivo. Como describe esta visión Fehér desde una perspectiva epistemológica: “Los epistemólogos han considerado evidente en sí mismo que la ciencia no era asunto de personas no especializadas carentes de una formación metodológica específica, y cuyo papel se limita a prestar apoyo financie- ro y moral a la investigación científica —y no a hacer aserciones de conocimiento científi- co” (Fehér, 1990: 422; bastardillas en el original).

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Desde la comunicación pública de la ciencia, Wynne (2001) muestra cómo esta visión no sólo niega al público un papel cognitivo, racional, sino que además destaca que su juicio está marcado por valores y emociones, es decir, por aspectos irracionales:

reproducen presupuestos de larga data y

profundamente culturales que hablan de una brecha categórica entre un conoci- miento fáctico, objetivo y real por un lado, y emociones o valores vacías desde el punto de vista cognitivo por el otro; y que mientras la ciencia está en busca de lo primero, el público no experto sólo es capaz de tomar posiciones sentimentales,

emocionales, e intelectualmente vacuas. (Wynne, 2001: 445)

Los acercamientos convencionales (

)

De esta perspectiva se desprende una manera de comprender la divulgación científica que parte de una radical asimetría entre expertos y público (comentada críticamente por Miller, 2001; Lewenstein, 2002), y que es la más extendida en el presente. Se trata de “la visión dominante de la divulgación”, caracterizada por Hilgartner como “un modelo en dos etapas”: en los siguientes términos: “en primer lugar, los científicos desarrollan un cono- cimiento científico genuino; en segundo lugar, los divulgadores transmiten al público una versión simplificada” (1990: 19-20). Es decir: los científicos saben, el público no sabe, y los

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periodistas científicos son los imprescindibles intermediarios que deben traducir lo que los científicos (sabios) dicen para que el público (ignorante) aprenda.

Esta visión del público fue la que guió en los comienzos las acciones de comunicación pública de la ciencia. Bauer (2007), quien habla de tres paradigmas de los estudios del

área, llama a esta visión “el paradigma de la alfabetización científica” y lo sitúa entre la década del sesenta y mediados de la década del ochenta. Este paradigma supone un déficit cognitivo del público, por lo que propone que éste debe ser educado: el papel del periodismo científico, en esta visión, es transmitir conocimientos. El segundo paradigma es el de la “comprensión pública de la ciencia”. Situado entre mediados de los ochenta a mediados de los noventa, señala otro déficit del público: que no valoriza la ciencia, que se apoya en supersticiones o creencias irracionales, que es “anti-ciencia”. La solución propuesta es, a la vez, educarlo y seducirlo. En este segundo paradigma, comprensión

y valoración son dos actitudes correlativas: el público debe comprender para aprender

a valorar. Sin embargo, años de encuestas en Europa y los Estados Unidos, muestran

que no necesariamente un público más informado es un público que apoye más a la ciencia. 1 Como ha señalado Ziman (1991: 100), frecuentemente “la mayor comprensión está asociada con una mayor apoyo a iniciativas científicas útiles (…) pero también con más oposición con respecto a aspectos que involucran disputas de tipo moral, como la investigación con embriones humanos.”

Finalmente, el tercer paradigma descripto por Bauer (2007) es el de “ciencia y sociedad”. Surgido a mediados de los noventa, revierte el diagnóstico: ahora, el déficit es el de las 16 instituciones científicas y los expertos, que tienen desconocimiento y prejuicios acerca del público. La solución es promover la participación del público en las decisiones sobre cues- tiones científico-tecnológicas. Siguiendo este diagnóstico, que supone un público racional

y con saberes propios que complementan los conocimientos expertos, en muchos países

se establecieron rondas de consultas obligatorias en relación con diversos proyectos. De hecho, son varios los procedimientos desarrollados para establecer estas consultas, de las conferencias de consenso a las consultas obligadas —aunque mayoritariamente, no vinculantes— en los estudios de impacto ambiental.

Revisiones y revelaciones

Más allá de la evolución que la reflexión sobre los públicos ha tenido en los estudios de comunicación de la ciencia, entre los periodistas científicos y entre los científicos sigue prevaleciendo, en términos generales, el primer paradigma de Bauer, la antigua “visión dominante de la divulgación”: es casi un preconcepto que se confunde con el sentido común, que persiste de manera acrítica a pesar de las evidencias en contrario. Por eso nos detendremos en la bibliografía que muestra que las variaciones de actitud del público general frente a la información científico-tecnológica en sumamente amplia. Einsiedel y

1 Quizás uno de los ejemplos privilegiados de esto lo constituye el caso de la oposición a los transgénicos en Europa:

franceses y británicos, por ejemplo, tuvieron una actitud negativa más tempranamente que españoles o portugueses, aunque su nivel de conocimientos de ciencia eran superiores, como mostraron las encuestas sobre conocimientos y actitudes Eurobarometer de manera sistemática. Ver, por ejemplo, Eurobarometer 35.1, Opinions of Europeans on Biotechnology in 1991; 39.1, Biotechnology and Genetic Engineering: What Europeans Think in 1993; and 46.1, The Eurobarometer on Biotechnology 199, Bruselas: Comisión Europea.

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Thorne (1999) realizaron una revisión de estudios empíricos e identificaron distintas actitu- des frente al conocimiento por parte de diversos públicos, que tienen plena vigencia.

Su trabajo habla de diversos públicos en diversos contextos, y contradice la noción de que el público es pasivo o abúlico —o meramente receptivo— frente a las actividades de

divulgación del conocimiento científico. Estos autores muestran que incluso el desinterés

y la ignorancia pueden ser actitudes activas y razonadas, de la misma manera que dejan

en claro que el público, cuando quiere o necesita acceder a determinado conocimiento científico, es muy activo en su búsqueda. En síntesis, describen ocho posibles actitudes frente al conocimiento científico, que caracterizan a partir de una afirmación, y que ilustran con trabajos clásicos del área de los estudios de comunicación y, más ampliamente, de los estudios sociales de la ciencia. A sus propuestas, añadiremos otros ejemplos tomados de nuestra experiencia en el periodismo científico, y de nuestras propias investigaciones, en particular las referidas a controversias ambientales. Veremos que cinco de las afirmaciones que Einside y Thorne atribuyen al público para describir sus posiciones suponen desinte- rés, desconfiada indiferencia o aún rechazo a recibir nuevos conocimientos; mientras que tres hablan de casos de búsqueda activa de información científico-tecnológica.

a) Casos de desinterés o rechazo de conocimiento:

1. No sé nada sobre X; dejaré que los expertos me digan lo que necesito saber. Einsi-

del y Thorne citan los ya clásicos trabajos de Brian Wynne (1991) sobre trabajadores de la planta de reprocesamiento de combustible nuclear de Sellafield, Inglaterra como un caso en que personas que deberían tener interés por saber más sobre física atómica —la distin- ción entre rayos alfa, beta y gamma— no lo tienen. Las razones identificadas por Wynne tienen que ver con la confianza en la institución y la división de tareas: cada cual hace lo suyo y demuestra confiar en lo que hacen los demás; el conocimiento ya está “encapsu- lado” en los procedimientos. Esto se relaciona también con la cohesión social. O sea que es para los trabajadores de esta planta —y, de alguna manera, para el funcionamiento de esta planta— es socialmente útil no saber.

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2. No sé mucho sobre X; eso está bien porque no es algo importante o relevante para

mí. En este caso, Einsidel y Thorne aluden a la multiplicación de información disponible

y aducen que todos decidimos no saber más en algún momento sobre algún tema, por

razones de “economía mental, interés o utilidad”. Citan como ejemplo la información sobre países remotos. Recordemos la parábola sobre la memoria que propone Jorge Luis Borges en su cuento “Funes el memorioso” y nos resultará claro que, para aprender, tenemos que recordar pero también que olvidar. La información que no podemos articular de manera significativa no sólo es inútil: si dirigimos nuestra atención a la misma, nos perdemos de incorporar aquellos datos que sí son fundamentales para entender aquellas cuestiones que nos ocupan o inquietan.

3. No sé mucho sobre X; y no quiero saber más. Se trata aquí de una resistencia ac-

tiva, de un auténtico rechazo a recibir nueva información. Para ejemplificar esta actitud, Einsidel y Thorne mencionan los trabajos de Mike Michael (1992) sobre cómo personas comunes hablan de ciencia. Michael notó que el público podía mostrar desinterés acerca de la información sobre radiación porque sentían que esa información formaba parte de un

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esfuerzo por “venderles” la tecnología nuclear: hablar de la radiación natural debida al gas radón, por ejemplo, puede servir para hacer más aceptable una tecnología que tiene que ver con los usos de minerales radiactivos, como el uranio. De hecho, como muestran los estudios sobre percepción de riesgo, como los realizados por Paul Slovic (2000), el carác- ter artificial de las tecnologías les otorga un aspecto más amedrentador. En la medida en que pueda asociarse la radicación de las centrales nucleares a la producida naturalmente, se logra “suavizar” su imagen. Otro ejemplo de rechazo a la información que ofrecen Ein- sidel y Thorne tiene que ver con los casos en que saber algo resultar una carga: enterarse de que uno tiene una importante predisposición a heredar una enfermedad que no tiene tratamiento nos pone frente a alternativas que algunas personas pueden preferir evitar. ¿Cómo me preparo? ¿Se lo cuento a mis hijos o a mis hermanos, que podrían igualmente haber heredado esta predisposición? ¿Querrán saberlo? ¿Se lo cuento a mi novia, a mi esposa? ¿Me seguirá queriendo? ¿Querrá tener hijos conmigo? Para algunos puede ser mejor saber; para otros, no. No es menos problemático en el caso de enfermedades que sí pueden tratarse: si tengo la predisposición pero no la enfermedad, ¿qué debo hacer? ¿Debo compartir esta información con obras social, con mi servicio de medicina prepaga? ¿Con mi empleador? En los estudios sociales de la ciencia, toda una rama de trabajo se concentra en la diversa problemática derivadas de los tests de diagnóstico de ADN.

4. No sé mucho sobre X; sobre eso nadie sabe mucho (o nada definitivo), y no hay

mucho que podamos hacer. Einsidel y Thorne mencionan en este caso trabajos sobre riesgo. Quisiera referirme al boom de la información sobre alimentación que experimen- tamos en los noventa. Con alimentos como las grasas, las pastas o el café, por ejemplo, 18 la información difundida pasó de condenarlos a adorarlos, de acuerdo a cómo se iban difundiendo las investigaciones —la mayoría, puntuales— sobre su posible influencia en determinadas enfermedades. Recordemos que la margarina fue presentada como una al- ternativa saludable a la manteca, y hoy se sabe que los aceites hidrogenados son tan ma- los o peores que la manteca. En esto, como en muchos otros casos, el periodismo tiene

alguna responsabilidad al convertir en noticia muchas investigaciones de alcance limitado:

la estructuración de la noticia como un evento puntual y novedoso tiene a acentuar estas

situaciones.

A esta distorsión contribuye también la política de prensa de los journals y de instituciones

científicas del Primer Mundo que quieren lograr la mayor visibilidad pública para sus traba- jos —un esfuerzo al que dedican importantes recursos, sobre todo a través de la difusión de material embargado (De Semir 2000). Por otra parte, es inherente a la dinámica de la ciencia perfeccionarse de manera incesante, de manera que la responsabilidad no es so-

lamente de los periodistas, sino consecuencia propia del progreso del conocimiento. Pero es importante entender al público cuando se resiste a cambiar sus hábitos alimentarios, basándose intuitivamente en que esa recomendación podría ser diferente más adelante.

5. No sé mucho sobre X, y no puedo acceder a la información, de manera que real-

mente no puedo saber más hasta que la información sea más accesible. Einsidel y Thorne mencionan los casos en que los gobiernos o las empresas no dan a conocer o niegan la información; puede ser por razones de seguridad, o de derechos de propiedad intelectual, por ejemplo. Es decir, ejemplos en que el público no puede acceder al cono- cimiento científico porque otros se lo impiden. Un caso interesante de América Latina es

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el plan secreto de la Comisión Nacional de Energía Atómica de la Argentina para lograr el enriquecimiento de uranio durante la última dictadura militar (1976-1983). Aunque se lo estaba haciendo con fines pacíficos, ni los propios científicos de CNEA que no estaban en el proyecto conocían este desarrollo. 2 Éste sería un caso de secreto por el hecho de involucrar una tecnología sensible, de potencial doble uso, que las potencias controlan celosamente —aunque algunos ofrecen razones atendibles que permiten entender estas medidas como una protección de mercado por parte de las potencias nucleares: la Argen- tina no podía anunciar públicamente que estaba desarrollando esta tecnología. Einsidel y Thorne mencionan también los casos de secreto comercial o para proteger la privacidad de las personas.

Para ofrecer nuevos ejemplos, nos gustaría apoyarnos en un libro reciente, del norteame- ricano Robert Laughlin (2009), premio Nobel de Física 1998, quien sostiene, de manera contundente, que “el acceso universal al conocimiento es totalmente incompatible con la economía de mercado” dado que “el conocimiento más valioso en términos económico es propiedad privada”. Obviamente, se está refiriendo a la fuerte presión en defensa del patentamiento del conocimiento y del reconocimiento de los derechos derivados del mis- mo para cobrar royalties que se ha acentuado fuertemente desde la década del ochenta, y que ha afectado fuertemente las investigaciones en diversos ámbitos, especialmente en el de la biomedicina, como hemos analizado (Vara 2007d). Se aduce que el patentamiento estimula la inversión, un efecto presuntamente benéfico que ha sido repetidamente cues- tionado por diversos autores. Más allá de esta discusión, es evidente que las patentes, como institución, presuponen la apropiación privada del conocimiento: en ese principio se apoyan. De modo que el conocimiento patentable es intrínsecamente inequitativo y de difusión limitada: pertenece a quienes lo patentan (que no siempre son quienes lo ge- neran). Por otra parte, Laughlin destaca que no se trata de que sean meramente las apli- caciones más prácticas del conocimiento las que se patentan, sino conocimientos que suelen caracterizarse como de ciencia básica. Por ejemplo, argumenta que, al patentar software, se están patentando algoritmos matemáticos; y que, al patentar secuencias ge- néticas, se está patentando la información fundamental sobre la reproducción de la vida. Notablemente, Laughlin se refiere de manera muy crítica a la proliferación de información vinculada a las nuevas tecnologías y a Internet, sosteniendo que esta abundancia, usada estratégicamente, en lugar de esclarecer, oscurece. Así, sostiene que, en relación con las innovaciones patentables, “la gran cantidad de información inservible confunde a los competidores”. En este sentido, concluye totalmente en contra de la opinión dominante, diciendo que las nuevas tecnologías “no son instrumentos de difusión de conocimientos, sino agentes de su destrucción”.

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Algo similar comenta Laughlin acerca del conocimiento “sensible”, aquél al que se atribu- yen poderes para afectar la seguridad de los Estados, como la tecnología nuclear. Argu- menta que se ha reservado de la difusión pública no sólo el conocimiento ingenieril para la construcción de centrales, sino los mismos principios físicos que se utilizan para su construcción. En nombre de la seguridad nacional, subraya, “hemos hecho desaparecer toda un área de conocimiento”.

2 Esta información proviene de entrevistas realizadas para una investigación en colaboración con Diego Hurtado de Mendoza.

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2) Casos de búsqueda activa de conocimiento:

1. No sé mucho sobre X y quiero (o necesito) saber más, así que voy a buscar infor-

mación para saber más. Éste es un caso cada vez más común, gracias al surgimiento de las ONG, en particular —pero no solamente— las ambientalistas. Las personas que se sienten afectadas por un desarrollo científico-tecnológico buscan activamente cono- cimiento para demostrar que el mismo supone riesgos. Es una actitud para celebrar, excepto por parte de aquellos que temen no poder controlar las conclusiones —y las

acciones— de esos ciudadanos: son los casos de resistencia a la minería, a las represas,

a la tecnología nuclear, a los transgénicos, que estamos viendo en distintos puntos de América Latina hasta permitirnos decir que nos encontramos ante un ciclo de protesta ambiental (Vara 2009).

En relación con la búsqueda de conocimiento por parte de los resistentes, Noble-Tesh (2000) sugiere que, en realidad, las controversias públicas por temas científicos no son, como muchos suponen, una discusión entre expertos y no expertos, sino entre expertos que tienen distintas visiones obre el fenómeno en cuestión —dado que también hay co- nocimiento experto del lado de los que protestan. Un ejemplo interesante de esto es la diferente posición que, desde sus inicios, tuvieron en términos generales los ecólogos y los biólogos moleculares frente a la biotecnología agrícola. Los primeros pensaban más en los riesgos ambientales de liberar nuevos genes al ambiente; los segundos tenían una visión más instrumentalista, concentrándose en las posibilidades abiertas por las nuevas técnicas. Volveremos sobre este punto en la siguiente sección.
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2. No sé mucho sobre X, pero mis amigos y mi familia saben bastante sobre eso; yo

debería informarme, o me voy a quedar afuera. Einsidel y Thorne mencionan aquí los

trabajos de Noelle-Neumann sobre la “espiral del silencio”, quien postula que tratamos de ajustar nuestra opinión a la de la mayoría, para no sentirnos excluidos. También, que nos gusta saber de qué están hablando todos. Esto es interesante: un tema de ciencia puede convertirse en un tema de conversación cotidiano si estuvo en la tapa de los diarios o en

el noticiero de la noche. O —mejor todavía— en un programa de entretenimientos o de ac-

tualidad de alto rating. También cuando empieza a “rebotar” en distintos medios: eso es el efecto de “agenda setting” en un sentido fuerte (se impone no sólo el tema, sino también lo que se piensa sobre el tema) o débil (se impone el tema). Si un tema aparece en las charlas cotidianas, las personas quieren opinar sobre el mismo. Para hacerlo, necesitan informar-

se, aunque sea un poco. En este caso, tenemos una primera etapa pasiva: le imponen al público el tema (por eso, agenda setting). Pero la segunda parte es activa: el público busca

el

conocimiento para poder participar.

3.

No sé mucho sobre X y no tengo las capacidades que se necesitan para saber

más; por lo tanto, no puedo averiguar más hasta que tenga estas capacidades.

Einsidel y Thorne mencionan el trabajo de Epstein (1995) sobre los activistas contra

el sida en los Estados Unidos, que presionaron al gobierno norteamericano para que

invirtiera más dinero en investigación, y hasta aprendieron el vocabulario técnico —la

quintaesencia de lo difícil, para la divulgación— para que sus argumentos fueran res- petados y escuchados por los propios científicos. También retomaremos este punto en breve.

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En síntesis, comprender qué hace el público con la información que se le ofrece implica tener en cuenta una serie de factores, y su interacción. Las piezas producidas por el pe- riodista científico o por parte de otros agentes vinculados al área científico-tecnológica

constituyen apenas algunos entre los muchos y diversos factores involucrados en las acti- tudes y, más importante, en las decisiones de las personas. Insisto en este punto: tanto los periodistas como los investigadores del área de la comunicación pública de la ciencia te- nemos que evitar pensar en el público como espectador, como audiencia. Por el contrario, es vital comprenderlos como agentes, seres activos, que hacen algo con esa información, es decir, que no se limitan a acceder a ella, sino que la integran —o no—en su vida, en aquellos modos y aspectos que esa información les resulta necesaria o relevante. También es importante tener en cuenta que el público dispone de diversas fuentes de información —que pueden ser coincidentes, complementarias o conflictivas con las noticias que en determinado momento se les quieren transmitir—, fuentes vinculadas con otros medios,

o proveniente de su grupo familiar, profesional, o social en términos amplios. Deben con-

siderarse, asimismo, otros factores que interactúan en los procesos de recepción en una compleja dinámica, como que los diversos públicos disponen de convicciones y valo- res diferentes; que las instituciones involucradas tienen diversos grados de confiabilidad (Frewer y Richard 1994); la pertinencia —real o percibida— de esa información para cada caso particular; la forma como cada persona percibe su propia capacidad para actuar en relación con distintos aspectos de la vida, como su salud (Rimal 2001). Se concluye, por lo tanto, que los efectos del periodismo científico no son lineales: no pueden estudiarse aisladamente ni son, por lo tanto, fácilmente predecibles.

De la resistencia a la producción de conocimientos

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Como adelantamos, nos gustaría detenernos un poco más a analizar dos de las actitudes descriptas por Einsidel y Thorne: las que tienen que ver con la búsqueda activa de conoci- miento y, agregaremos, con la promoción de la producción de conocimientos por parte del público, con ejemplos de América Latina. Para hacerlo, nos apoyaremos en la bibliografía referida a las controversias técnicas y la resistencia a las tecnologías. Un de los autores claves es, en este sentido, Martin Bauer, quien destaca el derecho de las poblaciones afectadas por la introducción o modificación en el uso de una tecnología, a ser escucha- das en sus preocupaciones y reclamos, y a determinar qué actores responderán ante qué actores por las consecuencias de esa adopción. Bauer explica que, dado que las diversas tecnologías a la vez crean y limitan ciertas oportunidades, es inevitable que las mismas, eventualmente, se encuentren ante la posibilidad de ser contestadas y, en consecuencia, sus promotores deban legitimarlas en el ámbito público. De este modo, sostiene explícita- mente que en las sociedades democráticas “El control de la tecnología por aquellos que resultan afectados por ella es entonces una agenda deseable” (Bauer 1995: 1).

La historia del siglo XX muestra que, efectivamente, en muchos casos los grupos socia-

les afectados lograron hacer valer sus demandas y modificaron el curso de desarrollo y adopción de ciertas tecnologías. En este sentido, la noción de “controversia tecnológica” fue introducida en los tempranos setenta —en coincidencia con los inicios del ambienta- lismo— para dar cuenta de procesos sociales en que actores no expertos cuestionaron

y afectaron con sus acciones públicas la decisión de actores expertos en relación con la

construcción de instalaciones, la incorporación de tecnologías que implican riesgos de

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salud o ambientales, la aplicación de normativas técnicas que suponen avanzar sobre valores tradicionales o sobre la libertad de elección de los ciudadanos. En estos casos, típicamente, hay actores que promueven el proyecto y actores que lo administran, y la controversia se suscita debido a las diferentes perspectivas sobre el problema, como ha destacado Dorothy Nelkin (1974).

Por otra parte, debemos agregar que fue la misma Nelkin en un trabajo temprano quien mostró que ser científico no implica, de por sí, apoyar todos los avances científico-tecno- lógicos. Es especialmente elocuente su estudio acerca del rechazo a la instalación de una central nuclear sobre el lago Cayuga, en el estado de Nueva York, en el que científicos de la Universidad de Cornell encabezaron la oposición y prepararon los estudios necesarios para mostrar el riesgo que corría ese ambiente lacustre frente al proyecto (Nelkin 1971). Precisamente, la tecnología nuclear ha sido la primera gran resistida del siglo XX en Esta- dos Unidos y Europa: puede decirse que la resistencia a la misma facilitó de manera direc- ta e indirecta una parcial retirada de esta tecnología países como Alemania suspendieron la construcción de centrales; otros, como Estados Unidos, reorientaron su política ener- gética (Nelkin y Pollack 1981; Kasperson et al. 1980; Joppke 1993; Rucht 1995). Aunque con diferencias, puede decirse que se produjo un proceso comparable con los organismos genéticamente modificados, en particular en Europa (Jasanoff 2005).

En la Argentina, de alguna manera nos despertamos a esta problemática, en términos de la gran opinión pública, a partir del llamado “caso papeleras”; aunque no deben sub- estimarse controversias previas sumamente importantes, como la oposición a la cons- 22 trucción del repositorio de residuos nucleares de Gastre en la década del ochenta y, más recientemente y como antecedente inmediato del “No a las papeleras”, el “No a la mina” de la localidad de Esquel.

El “caso papeleras” 3 se gestó a partir de 2003 por iniciativa de activistas uruguayos que se oponían a la construcción de, por entonces, una planta de producción de pasta de celulosa por parte de la transnacional española ENCE en la localidad uruguaya de Fray Bentos, sobre el río Uruguay, limítrofe con la Argentina. Luego se sumarían los planes de otra planta por parte de la transnacional finlandesa Botnia. Desalentados por la falta de respuesta a su reclamo por parte de las autoridades de su país, los ambientalistas uru- guayos alertaron a colegas argentinos, en particular de la cercana ciudad de Gualegua- ychú, en la provincia de Entre Ríos, quienes iniciaron una serie de acciones de demanda y de protesta. El caso ganó visibilidad pública a nivel nacional en marzo 2005, a partir de una marcha multitudinaria —entre 35.000 y 40.000 personas— en el puente internacio- nal que conecta ambas localidades. Gualeguaychú, centro de un área dedicada sobre todo a la actividad agrícola y el turismo, que se reinventó tras los críticos años noventa alrededor de los festejos del Carnaval, se convirtió en el epicentro de la controversia,

3 Por involucrar dos plantas de producción de pasta de celulosa, sería más correcto hablar de “pasteras”. Sin embargo, en las consignas de la protesta se estabilizó la denominación “papeleras”. Así, el slogan más utilizado por los asambleístas que se opusieron a estos proyectos es: “Sí a la vida, no las papeleras”, y el website de la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú fue denominado: www.noalapapelera.com.ar. Puede considerarse que la palabra “papelera”, como es usada en relación con la controversia, es una denominación a la manera de un nombre propio (convencional), en lugar de una descripción (motivada): es usada específicamente para referirse a las dos pasteras involucradas en el caso y en relación a ninguna otra.

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donde prácticamente todos los sectores sociales se movilizaron en contra de los dos

emprendimientos industriales. Allí se constituyó una organización de movimiento social,

la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú (ACAG), actor clave en la moviliza-

ción y eje de una red transnacional de apoyo en la terminología de Keck y Sikkink (1998), es decir, una red de actores nacionales e internacionales que tuvieron actuación en la protesta. Entre esos actores, se contaron activistas y académicos uruguayos, superando

la división bi-nacional que pareció predominar en determinados momentos de desarrollo

del conflicto, el que llevó a ambos países ante la Corte Internacional de La Haya, por

primera vez desde 1975 —fecha de la firma del Tratado del Río Uruguay, destinado a coordinar el manejo de este curso de agua (Vara 2007a y b).

En este punto, quisiéramos referirnos a la cuestión del carácter inequitativo de la dis- tribución de riesgos y beneficios que se ha destacado repetidamente en relación con los proyectos que suelen dar origen a este tipo de controversias públicas. En primer lugar, vamos a nuevamente a Nelkin, quien así describió tempranamente la radical asi- metría que puede establecerse entre los promotores y los “receptores” de este tipo de emprendimientos. Destaquemos que ella se refiere en la cita a controversias generadas

a nivel local:

Las controversias iniciadas por las comunidades están invariablemente ligadas

a la distribución de costos y beneficios. Quienes desarrollan un proyecto tienen

un objetivo específico que buscan alcanzar de la manera más eficiente posible. Por lo tanto, trabajan en términos de un cálculo de eficiencia que sólo incorpora costos que pueden ser cuantificados. Las personas cuyas vidas se ven afectadas

por un desarrollo definen los costos incluyendo los impactos sociales y ambien- tales. (Nelkin 1974: 3)

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Más de treinta después del libro de Nelkin, un autor como Ulrich Beck —quien introdujo la noción de “sociedad del riesgo” en su libro homónimo de 1986, a partir de la reflexión sobre este tipo de controversias y dándoles un marco teórico— parece repetir las palabras de la investigadora norteamericana. Con un agregado fundamental: lo hace en el marco de su libro La sociedad del riesgo mundial, para describir controversias transnacionales, surgidas como resultado de los procesos de globalización, marcadas por inequidades que trascienden las fronteras:

La conexión de riesgo y desigualdad se basa en la división siguiente: en el nosotros de los decidientes se unen los posibles beneficios y ventajas, haciendo caso omiso de que, a causa de su poderosa posición social, está en condiciones de tomar tales decisiones de modo (relativamente) autónomo (en virtud de la libertad de inversión,

de la libertad investigadora y científica y/o de de la potencia económica y militar);

el

nosotros de las ‘consecuencias indirectas vivientes’, por el contrario, consiste en

y

resulta de una exclusión doble: de los beneficios posibles de la decisión y de ser

condición de la misma. (Beck 2008: 196)

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En relación con el “caso papeleras” hemos argumentado que debe comprenderse como una controversia transnacional en el marco de la globalización, debido a que es conse- cuencia de un proceso de deslocalización de la producción de pasta de celulosa hacia las áreas geográficas donde es más económico producirla —cerca de las plantaciones—, áreas que incluyen al Cono Sur como destino privilegiado. Sólo para recordar un dato significativo, con datos de una consultora de la industria forestal, la producción de una to- nelada de celulosa en Finlandia cuesta US$ 350, mientras que en la Argentina, el costo se reduce a US$ 150. El rechazo de las comunidades locales es, en gran medida, el resultado de que sus pobladores tienen otro modelo productivo para la zona; en particular, los ciuda- danos de Gualeguaychú ven su modelo, basado en la agricultura y el turismo, amenazado por la instalación de dos enormes proyectos industriales, representantes de una industria con un alto potencial contaminante (Vara 2007b). De modo que en el “caso papeleras” nos encontramos ante una situación de distribución inequitativa de los riesgos y beneficios del tipo de describe Beck, es decir, como resultado de la “sociedad del riesgo mundial”, que atraviesa las fronteras nacionales: los promotores, con capacidad de decisión (las empre- sas), buscan ganar más produciendo la celulosa a costos más bajos; mientras que de los otros, que ni siquiera fueron consultados (los ciudadanos de Gualeguaychú), se espera que asuman el riesgo de proyectos potencialmente contaminantes que pueden afectar sus propios proyectos y, más ampliamente, su forma de vida. 4

En este marco, nos interesa introducir la noción de “ciencia no hecha”, es decir, “la siste- mática no producción de conocimiento” postulada por autores como Frickel et al. (2010:

446), quienes la caracterizan como “la falta del conocimiento que pudo haber ayudado a 24 un movimiento social o a otra organización de la sociedad civil para movilizar los recur- sos necesarios para confrontar a una elite industrial o política”. Esta no producción de conocimiento es consecuencia, en gran medida, del hecho de que “hay una tendencia sistemática que lleva a que la producción de conocimiento descanse en los presupuestos culturales y los intereses materiales de los sectores privilegiados”. En este sentido, las controversias repetidamente han sido criticadas —caricaturizándolas— como la oposición infundada o sólo motivada por factores emocionales o irracionales, por parte de sectores desinformados. Como vimos al citar el trabajo de Nelkin (1971) y los comentarios de Noble Tesh (2000), sin embargo, ya desde el comienzo de este tipo de casos hubo científicos del lado de los resistentes.

En particular, la red transnacional de apoyo que se creó en el “caso papeleras” para re- sistir la instalación de las plantas ha producido o promovido la producción de cantidades ingentes de conocimiento, información mayoritariamente orientada en un sentido comple- mentario a la producida originalmente por los promotores del proyecto, es decir, el Banco Mundial y las empresas. Pueden destacarse, en este sentido, diversos tipos de estudios. Daremos apenas unas pocas de las abundantes referencias que podrían hacerse, a título meramente indicativo de la diversidad de estudios.

4 Por otra parte, la eventual contaminación que podrían producir las plantas es un punto que puede considerarse subsumido en la cuestión de los costos, en la medida en que estándares más bajos de protección ambiental —y laboral y social, en los papeles o de hecho— implican costos más bajos. En efecto: niveles de regulación y costos están directamente relacionados, como muestran los autores que promueven el enfoque de evaluación costo-beneficio para analizar este tipo de controversias (Sunstein 2006). Un aspecto que, probablemente, no haya escapado a los promotores de los proyectos.

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Hubo, por ejemplo, trabajos de investigadores de los sistemas públicos tanto de la Argen- tina como del Uruguay. Por ejemplo, merece citarse el estudio temprano de la Cátedra de Obras Hidráulicas de la Universidad Nacional de Córdoba (2005), que aportó información cualitativa sobre los posibles daños ambientales en los ríos y las aguas subterráneas inclu- yendo al acuífero Guaraní, debidos a la utilización en ambas plantas del método Kraft, con dióxido de cloro. Del lado uruguayo, resultó especialmente relevante el trabajo de Panario et al. (2006), de la Universidad de la República, dedicado a revisar los posibles impactos de la forestación intensiva y de la instalación de las plantas en el Uruguay, con datos muy contundentes sobre altísimo el consumo de agua de las plantaciones de eucaliptos y los necesarios para el funcionamiento de las plantas. Dos investigadores del mismo grupo realizaron otro trabajo esclarecedor, en el que analizaron la política forestal del gobierno uruguayo, calificada por algunos como “política de Estado” debido a su continuidad a lo largo de varias décadas y sucesivos gobiernos. Significativamente, concluyeron que tal política pude considerarse “un reflejo de la voluntad de las agencias multilaterales y bilaterales de cooperación o crédito, que como es sabido, responden mayoritariamente a las directivas de las casas matrices de las grandes multinacionales” (Panario y Gutiérrez 2007: 9). Este informe fue presentado en uno de los dos seminarios organizados en 2007 por la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) para analizar la controversia, en el que se escucharon presentaciones desde la sociología, las ciencias políticas, la economía, el derecho y los estudios sociales de la ciencia, denominado “Seminario Política y Pasteras. Medio ambiente, modelos productivos y movimiento social”. Previamente la UNSAM ha- bía realizado otro, más orientado a los aspectos técnicos de la controversia, denominado “Foro Académico sobre Industrialización en Países en desarrollo y Conservación del Am- biente – 1º Encuentro: El caso de la instalación de las plantas de celulosa en la margen izquierda del río Uruguay”, y que derivó en un informe conjunto presentando las ponencias (UNSAM 2006). Cercanos a estos trabajos, se cuentan la media docena de estudios publi- cados en diversos journals por parte del investigador independiente Elías Matta (ver, por ejemplo, Matta 2009, donde se hace un análisis de los seis primeros meses de operación de la planta de Botnia).

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Por otra parte, un organismo internacional, el Center for International Forestry Research (CIFOR), hizo estimaciones muy relevantes en relación con la disponibilidad de plantacio- nes de eucaliptos y pinos en las zonas relativamente cercanas a las plantas, concluyendo que los promotores de los proyectos no podían garantizar la provisión de madera necesa- ria, debido a la enorme capacidad de procesamiento; debido a lo cual advertían acerca de la posibilidad de que la instalación coincidente de las plantas indujera a la deforestación en el área (CIFOR 2005). También fueron importantes los informes de organizaciones no gubernamentales internacionales como Greenpeace (2006) y Green Cross, que circularon fundamentalmente a través de Internet.

Finalmente, para cerrar este mínimo muestrario, consideración especial merecen los tra- bajos encargados por las autoridades argentinas a los equipos técnicos que apoyaron la presentación ante el Tribunal Internacional de La Haya; así como el caudal de informa- ción adicional que demandó el gobierno uruguayo para sostener su posición acera de la inocuidad de las plantas. Toda una inmensa producción de conocimiento generada por la preocupación de los ciudadanos de Gualeguaychú, alertados y acompañados por ciu- dadanos uruguayos y una amplia red transnacional, que no se quedaron satisfechos con

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los informes tranquilizadores aportados originalmente por las empresas y los estudios de impacto encargados por el Banco Mundial.

“Hay cientos de públicos allá afuera a los que uno puede dirigirse, cada uno de los cuales debe ser comprendido por los científicos para que sepamos cómo tratarlos, cómo trabajar con ellos, involucrarlos, tratar de beneficiarlos y ser beneficiados por ellos”, concluyó el reconocido genetista Huntington F. Willard, de Duke University, en un reciente encuentro sobre la relación entre los científicos y el público, auspiciado por la American Academy of Arts and Sciences (Money 2010: 10). Es cierto: los ciudadanos de Gualeguaychú no lograron todos sus propósitos: uno de los dos proyectos finalmente se instaló muy cerca de sus casas, imponiéndoles un riesgo que no eligieron y que, oportunamente, repudia- ron. Pero entre otros resultados rescatables de la controversia, la enorme producción de conocimiento en torno a la ecología de la zona y los posibles impactos de la producción de celulosa, así como las propuestas para controlarlos que se derivaron de estos estudios —entre las cuales se destacan los planes de monitoreo conjunto— son aspectos alenta- dores. También la producción en ciencias sociales, que ha ensanchado la comprensión de estos fenómenos y las posibles recomendaciones para tener en cuenta los aportes y objeciones de los ciudadanos, de modo de dar curso a los debates de manera provecho- sa. No es un monólogo, ni tampoco apenas un diálogo: la conversación entre los diversos públicos y los diversos expertos es un proceso de doble, triple o enésima vía que, más allá de los temores que suscita a veces, enriquece a todas las partes y profundiza la discusión pública sobre ciencia y tecnología, imprescindible en la vida democrática.

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Nancy Patricia Ruiz Mora * La noticia científica y su impacto
Nancy Patricia Ruiz Mora *
La noticia científica y su impacto

Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

La noticia científica y su impacto

Nancy Patricia Ruiz Mora *

Sentado frente al teclado de un computador, el periodista científico, y también el divulga- dor de la ciencia, se pregunta cómo convertir ese cúmulo de información que ha recopila- do en una noticia que cautive la atención de su público.

Para muchos, la divulgación de la ciencia es todavía un discurso lejano, dirigido a unos pocos, cuando en realidad, el conocimiento científico es el verdadero motor del desarrollo de una sociedad y su divulgación es la que hace posible que un número mucho mayor de personas se beneficie de él.

Tania Orbe, editora general de la revista e-ciencia, está convencida de que “La cultura cien- tífica no es un privilegio de los investigadores. Al contrario, debe ser un derecho ciudadano porque el conocimiento abre las puertas a los cambios del mundo globalizado”.

Hacia allá es a donde debe orientarse el periodismo científico, concretamente en Latino- américa, donde a diario se deben vencer barreras para que cada vez más las autoridades, científicos, estudiantes, industriales, empresarios y demás actores sociales comprendan que la inversión en ciencia y tecnología es la clave del desarrollo y que la divulgación de estas investigaciones es la que permite democratizar este conocimiento orientado a mejo- res días para los habitantes de la región.

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El rol de quienes hacemos periodismo científico es, entonces, mostrar que más allá de la teoría, la noticia científica trae consigo buenas nuevas que interesan y benefician a toda la sociedad en su conjunto. El periodista científico es mucho más que una suerte de traduc- tor del lenguaje científico a uno más común; es aquel que conecta al investigador con los beneficiarios directos e indirectos del conocimiento que éste genere. Es aquel que pregun- ta, analiza, compara y refuta, es el que con manos de seda indaga hasta lo más profundo del conocimiento y presenta de una manera sencilla, pero no por ello menos rigurosa, el impacto de la labor que hace el investigador sobre la sociedad.

Miguel Ángel Garrido 1 señala que para llevar a cabo una más adecuada información públi- ca de la ciencia, es necesario tener en cuenta ocho aspectos fundamentales:

1. La demostración científica no tiene un valor absoluto, sino que ha de ser entendida, como cualquier otro discurso, dentro de un contexto y una situación.

2. Es necesario elaborar más y mejores elencos de vocabulario científico y técnico.

* Analista de Comunicación. Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación de Ecuador. E-mail: pruiz@senacyt.gob.ec

1 Garrido, Miguel Ángel. Documento final sobre “La Comunicación Pública de la Ciencia”, encuentro celebrado en la Universidad Internacional de Santander.

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3. Hay que estimular a los científicos para que hagan cada vez más, que sean capaces de proferir tanto el lenguaje de la ciencia como el de la divulgación científica, que son discursos distintos.

4.

Para el caso de aquellos científicos que no quieran o no sepan hacerlo, hay que propi- ciar la existencia de mediadores capaces de traducir de un discurso a otro.

5.

Por lo demás, el informador debe acercarse al campo de la ciencia como a cualquier otro: con honradez, rigor y la máxima competencia posible. Para hablar sobre ciencia se posee el mismo instrumento que para hablar de cualquier otra cosa: la lengua común.

Hay que desmitificar la ciencia: no es una panacea para los problemas del ser humano, ni una religión. Como todo instrumento, se puede emplear para el bien o para el mal.

7.

Se debe hacer propaganda de la ciencia: expande los límites del conocimiento humano y proporciona bienestar.

8.

Las ciencias y las humanidades forman parte de la cultura: no es aceptable una ciencia sin humanismo, ni lo son unas humanidades al margen de la ciencia.

Estos son, sin duda, lineamientos que guían al periodista científico para no perder su norte, su objetivo que es democratizar el conocimiento y potenciar el alcance de sus beneficios. Sin embargo, es el ejercicio de este desafiante oficio el que día a día lleva a nuevas res- 30 puestas, y también a nuevas más complejas interrogantes.

Dado que el conocimiento se genera desde diversos núcleos de la sociedad, una de estas interrogantes es desde dónde se debe generar la noticia científica: ¿Son los medios de comunicación los más indicados? ¿Es el Estado? ¿O los mismos investigadores?

Desde mi experiencia, primero desde los medios de comunicación y luego desde el Es- tado, puedo decir que al ser la noticia científica un instrumento de democratización del conocimiento, puede ser generada desde los tres actores antes mencionados, siempre y cuando este deber y este derecho se ejerzan con responsabilidad, ética y compromiso.

Escribir sobre temas de ciencia y tecnología no es un trabajo sencillo. En las salas de re- dacción el periodista científico enfrenta enormes desafíos y uno de ellos es no sucumbir ante la inmediatez sacrificando el rigor científico. El periodista científico tiene la responsa- bilidad de completar una página o una sección, el tiempo es muy corto y más en diarios y noticieros de radio y televisión, sin embargo, no se puede descuidar el proceso de in- vestigar y contrastar fuentes para evitar caer en engaños o en información parcializada a determinados intereses. Este equilibrio entre rigurosidad e inmediatez es complejo, pero necesario, pues es responsabilidad de quien divulga, hacerlo con total profesionalismo y contar con las pruebas suficientes de lo que se afirma.

Otro aspecto importante es el manejo del lenguaje, como señalé anteriormente, el pe- riodismo científico va más allá de una traducción de un mensaje. Escribir sobre ciencia implica entrar en el laboratorio, conversar con los investigadores, ser los ojos, las manos,

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los oídos de cada lector para anticiparse a sus inquietudes, intereses, dudas y cuestio- namientos, de manera que al leer la noticia el lector tenga la sensación de haber estado ahí, con los investigadores, enterándose de primera mano, de un tema que le interesa. Lograr el impacto deseado será siempre el reto del periodista científico, y para ello es indispensable que en primer lugar, el periodista / divulgador entienda plenamente el con- tenido antes de divulgarlo.

Desde lo público, el Estado debe ser consciente de su responsabilidad de impulsar el de- sarrollo de actividades de Investigación+Desarrollo+Innovación (I+D+i) y de divulgar estos resultados a fin de que sus habitantes se apropien del conocimiento y sean capaces de generar por sí mismos procesos de desarrollo.

En Ecuador se ha dado un importante avance en este sentido, una muestra de ello es que del 0,07 por ciento del Producto Interno Bruto que se destinaba en el 2003 para activida- des de I+D+i, en el 2009 se invirtió el 0,44 por ciento. Si bien se ha logrado un gran avance, este porcentaje aún es bajo en comparación con otros países de la región, pero el objetivo es continuar incrementando los recursos que se destinen a ciencia y tecnología orientadas al desarrollo social y productivo.

Desde mi participación como analista de Comunicación en la Secretaría Nacional de Edu- cación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación del Ecuador, he vivido con gran satis- facción la experiencia de decirle a la gente que hay buenas noticias que contar, que por primera vez en la historia se está apostando a la ciencia y la tecnología como generadoras de desarrollo, que existen programas y proyectos orientados a articular la academia con la ciencia y la tecnología para impulsar a las universidades, escuelas politécnicas, institutos de investigación y otras instancias dedicadas a actividades de ciencia y tecnología, como generadores de conocimiento científico en y para el Ecuador.

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Es por ello que desde esta entidad pública, mi gestión de comunicación mira a la ciencia, la tecnología y la innovación, así como su divulgación como una herramienta para mejorar la calidad de vida de los ecuatorianos en áreas estratégicas para el desarrollo nacional.

Los proyectos y programas que desarrolla la Secretaría ya cuentan con resultados que se traducen en talento humano especializado, nuevas fuentes de trabajo, equipamiento, mejoramiento de la salud pública, mayor producción agrícola y reducción del uso de ferti- lizantes, entre muchos otros beneficios. De esta experiencia puedo afirmar que una noticia científica tiene un impacto verdadero en el público si conviene a sus intereses y tiene un impacto duradero si consigue un cambio en la forma de vida de una comunidad.

Por tanto, el objetivo principal de la difusión de la información científica es responder a la necesidad de que un público más amplio comprenda un contenido especializado y le inte- rese. Para ello es necesario dejar de lado la espectacularidad de la información y enfatizar en la practicidad de la misma.

Dada la variedad en los tipos de información que genera esta secretaría de Estado, es ne- cesario desarrollar una red que combine y articule varios mecanismos de divulgación, que involucran tanto medios de comunicación masiva como micromedios.

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Sin lugar a dudas, el sitio web www.senacyt.gob.ec es una gran vitrina donde se expone el quehacer científico y tecnológico que se desarrolla en Ecuador no solamente desde la Secretaría, sino desde varias instancias públicas y privadas. Además, es importante mantener contacto con los periodistas de medios de comunicación de todo el país, a fin de mantenerlos informados sobre nuevos avances de las investigaciones, programas de becas, acceso a bibliotecas virtuales, entre muchos otros temas. Las entrevistas a los vo- ceros y las ruedas de prensa son también muy efectivas a la hora de divulgar información de coyuntura a escala nacional e internacional.

Los boletines de prensa son un mecanismo muy efectivo a la hora de captar la atención de los medios de comunicación, pues de esta manera se brinda información clave a la cual los periodistas pueden acceder y posteriormente profundizar de manera personalizada. El boletín digital Ciencia al Día, también disponible desde el sitio web de la Secretaría, recopila noticias y eventos de interés sobre ciencia y tecnología en Ecuador y el mundo. Asimismo, más allá de la gestión mediática, se socializa la información mediante talleres, charlas, seminarios, conferencias, material de divulgación impreso, visitas con stands ins- titucionales para mostrar resultados de los proyectos (comunicación interpersonal directa), entre otros mecanismos.

La propuesta de la Secretaría es echar mano de todas las herramientas que sea posible, a fin de que la ciudadanía conozca y se apropie de los avances en cuanto a ciencia y tecno- logía que se desarrollan en Ecuador y que se involucre en este proceso de cambio. Que- remos decirles a nuestros públicos que la ciencia y la tecnología es algo que les compete, 32 les beneficia, y que puede mejorar su vida.

Finalmente, el investigador también puede ser un excelente divulgador de la ciencia, o más importante es que tenga la perspectiva de que más allá de lo que quiere decir, debe estar pendiente de lo que al lector le interesa saber. Tal vez no sea prioritario para el ciudadano común conocer detalles técnicos sino más bien saber cómo va a poder aplicar este cono- cimiento en su vida diaria.

Quien escribe sobre ciencia debe estar un paso adelante de sus lectores, debe conocerlo, saber lo que le interesa y sólo entonces, logrará conectar al público con la noticia.

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Susana Gallardo *
Susana Gallardo *

Profesionalización del periodismo científico. Avances y desafíos ¿Qué se espera hoy de un periodista científico?

Profesionalización del periodismo científico. Avances y desafíos

Susana Gallardo

*

¿Qué se espera hoy de un periodista científico?

Introducción

La especialización en periodismo científico es relativamente reciente en la Argentina. Si bien la presencia de artículos sobre temas de ciencia se remonta a los primeros años del siglo XIX, en la etapa virreinal, la decisión de formar recursos humanos en esta área se registra por primera vez en el país hace apenas unos veinticinco años. Ahora bien, en este cuarto de siglo se han producido algunos cambios en la relación entre la ciencia y la sociedad, por un lado, y, por otro lado, se ha reflexionado mucho sobre las funciones que desempeña el periodismo científico. En consecuencia, resulta relevante discutir qué se es- pera hoy del periodista científico y cuáles son los conocimientos que podemos considerar pertinentes en su formación para que esta profesión esté en condiciones de enfrentar los desafíos actuales.

La importancia de ser especializado

Recientemente, un grupo de investigadores australianos se preguntó si es importante la especialización de quien escribe, en particular sobre temas de salud. Se proponían saber si los artículos producidos por periodistas especializados tenían mayor calidad que los es- critos por autores generalistas. Estudiaron un conjunto de 1337 artículos que informaban sobre nuevas terapias, en los principales medios gráficos de Australia. Los resultados se publicaron en la revista electrónica PLoS Medicine (Wilson et al., 2010). Para analizar la calidad de los artículos se tuvieron en cuenta diez criterios, entre los cuales se considera- ba si los textos consignaban los costos de los nuevos tratamientos, sus posibles efectos negativos, los beneficios que aportaban y la existencia de tratamientos opcionales; asi- mismo se evaluaba la calidad de la evidencia y la consulta a fuentes independientes. Esos criterios han sido establecidos por sitios de internet que funcionan como observatorios de la comunicación médica, y que regularmente publican un informe con puntaje para los artículos publicados sobre nuevas terapias. 1

33

La conclusión de ese trabajo era esperable: la condición de quién escribe es un factor de importancia. No hay muchos estudios que pongan en evidencia este hecho, lo cual puede deberse a que no es fácil establecer criterios precisos de carácter general que permitan evaluar la calidad de los artículos. Los aspectos evaluables en artículos sobre novedades médicas no parecen ser válidos en otras áreas del conocimiento, y sería necesario esta- blecer criterios específicos para cada dominio disciplinar.

* Doctora en Letras (UBA). Directora del Centro de Divulgación Científica, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales – Universidad de Buenos Aires. E-mail: sgallardo@de.fcen.uba.ar

1 Observatorios de la calidad de las notas periodísticas sobre salud: Health News Review (http://HealthNewsReview.org/); Media Doctor (http://www.mediadoctor.org.au/); Behind the Headlines (http://www.nhs.uk/News/Pages/NewsIndex.aspx.).

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Más allá de la discusión acerca de los criterios de calidad, debemos decir que el trabajo mencionado no detalla qué tipo de formación tenían los periodistas especializados que redactaron los textos evaluados, y tampoco se reflexiona sobre ello.

Entrar a los laboratorios

Si hablamos de experiencias de formación de periodistas científicos en la Argentina, debe-

mos mencionar el Programa de Divulgación Científica y Técnica (CyT), creado por Enrique Belocopitow en 1985 y que, según estimo, constituye el primer intento en ese sentido. En aquel momento, la situación de la ciencia en la Argentina era muy diferente de la actual, y los objetivos del programa se relacionaban claramente con esa situación.

En aquellos primeros años del retorno de democracia en el país, se volvía de una etapa muy oscura también para la ciencia. Muchos investigadores se habían marchado al exte- rior, y los jóvenes seguían el mismo camino, no ya por motivos políticos sino por razones económicas: la ciencia no contaba con suficiente apoyo desde el Estado. La sociedad, en general, desconocía la tarea de los científicos, y la información sobre ciencia en los medios era muy escasa.

Ante esa situación, el CyT se propuso que la ciencia estuviera en los medios para que la sociedad en su conjunto, y en particular el sector político, se enterara de lo que hacían

los científicos y hubiera mayor disposición a apoyarla. Para lograr ese objetivo, y vencer

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la

resistencia de los investigadores, que tenían desconfianza de los periodistas, y temían

la

simplificación o “banalización” de los temas científicos, la solución parecía ser que los

periodistas trabajaran en estrecho contacto con los investigadores, y que éstos sugirieran

temas, ofrecieran publicaciones y supervisaran el trabajo final.

Los objetivos se cumplieron, pues se formaron varias camadas de periodistas, con for- mación universitaria diversa, ya que muchos provenían de disciplinas científicas, como la biología o la física, y otros de las ciencias sociales o las humanidades. Muchos de ellos se desempeñan hoy en los medios o en áreas de comunicación de las instituciones científicas.

A las becas de trabajo se sumaron también cursos destinados a graduados en ciencias o

en comunicación con el fin de brindarles herramientas básicas para comunicar temas de ciencia. A quienes dictábamos esos cursos 2 nos parecía que los pilares de una formación en divulgación científica eran, por un lado, poseer un buen manejo de las fuentes científi- cas, es decir, saber identificar aquellas confiables y de calidad; por otro lado, y con el fin de adaptar los productos a los formatos de los medios, era necesario un conocimiento del discurso periodístico y de sus pautas. Finalmente, pero no menos importante, se necesi- taba un manejo de las herramientas lingüísticas involucradas en la tarea de reformular el discurso científico especializado, tarea que involucra modificaciones en la disposición del contenido, en el léxico y también en la sintaxis.

2 Entre 1992 y 2001 participé como docente en los cursos que se dictaron en el CyT (Instituto Leloir) junto a Enrique Belocopitow, Ana María Vara y Fernando Ritacco. Un curso similar dictamos con Ritacco en la FCEyN durante el mismo período. El curso que se dicta actualmente en la FCEyN es una reformulación y ampliación de aquellos formatos.

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Esos tres tipos de conocimientos parecían suficientes como para que un periodista pu- diera comunicar novedades científicas a través de los medios, logrando motivar al público general y, sobre todo, que éste pudiera comprender los conceptos principales y conocer lo que se hacía en ciencia internacionalmente y, en especial, en la Argentina. El acento se ponía en la motivación y la comprensión del público, pero también en la calidad conceptual de la información.

Parecía que la clave residía en que los periodistas entraran a los laboratorios y escritorios de los científicos, y se compenetraran del trabajo de éstos. Eso sucedió y contribuyó a fortalecer el diálogo entre estos dos grupos. De más está decir que el trabajo de los perio- distas científicos se apoya en gran medida en la colaboración y buena disposición de los científicos.

Sin embargo, pronto se hizo evidente que entrar a los laboratorios no era suficiente para hacer un buen periodismo científico. Muchos estudios enfocados desde la sociología de la comunicación mostraron que los periodistas no siempre asumían una actitud crítica frente a sus fuentes, y eran manipulados por éstas, que se beneficiaban con la difusión de deter- minados temas (Fayard, 1988; Nelkin, 1990; Polino, 2000; entre otros). Así, los periodistas, por desconocimiento, pereza o ingenuidad, daban un crédito excesivo a sus fuentes, no hacían todas las preguntas necesarias y no contrastaban la información con otras fuentes. Desde esta perspectiva, la función del periodismo científico parecía orientarse a celebrar los logros (Fahnestock, 1986) y atenuar los fracasos o las desventajas; en el caso de desa- rrollos vinculados a la salud, se ocultaban los efectos perjudiciales.

La imagen de la ciencia

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Muchos estudios críticos sobre el periodismo científico pusieron el acento no tanto en si se transmitía conocimiento o cómo se hacía, sino, más bien, en la imagen de ciencia que se volcaba a la sociedad. Se señalaba que, a través de las metáforas empleadas se reforza- ban ciertos estereotipos sobre los investigadores que, invariablemente, eran presentados como seres diferentes del común de los mortales, y revestidos de un carácter épico, pues se mostraban como guerreros temerarios en lucha contra un enemigo feroz (la enferme- dad, los microbios) o como émulos de los dioses (Nelkin, 1990). Lo peligroso de estas representaciones era que pueden colocar a la ciencia en un lugar fuera de toda discusión.

Cabe recordar que los recursos destinados a engrandecer la figura del científico han sido empleados muchas veces en la literatura; así, podemos mencionar a un clásico de la di- vulgación científica como el libro Cazadores de microbios, del microbiólogo y escritor es- tadounidense Paul de Kruif, publicado en 1926:

“Esta es la vida del primer cazador de microbios. Es la historia de la audacia y la tenacidad que lo caracterizaron a él, y que son atributos de aquellos que, movidos por una infatigable curiosidad, exploran y penetran un mundo nuevo y maravilloso. Estos cazadores, en su lucha por registrar este microcosmos no vacilan en jugarse la vida. Sus aventuras están llenas de intentos fallidos, de errores y falsas espe- ranzas. Algunos de ellos, los más osados, perecieron víctimas de los mortíferos

Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

microorganismos que afanosamente estudiaban. Para muchos la gloria lograda por sus esfuerzos fue vana o ínfima”. (Paul de Kruif, 1926: Capítulo I. “Antony Leeuw- enhoek. El Primer Cazador de Microbios”)

El libro de Paul de Kruif reúne relatos biográficos de reconocidos investigadores que se

dedicaron a estudiar los virus y bacterias, pudieron determinar que eran causantes de di- versas enfermedades y, muchos de ellos, lograron desarrollar herramientas para prevenir

o tratar esos males. Esta obra fue un éxito y causó un impacto significativo en muchos

jóvenes que se sintieron motivados a estudiar ciencia. El autor presenta a los investiga- dores como seres especiales, audaces y tenaces, dispuestos a entregar su vida al servi- cio del conocimiento. Esa visión heroica tal vez se corresponda con la forma solitaria en que se hacía investigación en los siglos XVII hasta comienzos del XX. Sin embargo, en la actualidad los investigadores ya no trabajan de ese modo, sino que conforman equipos numerosos y cuentan con subsidios más o menos importantes, según el área de trabajo

y el país donde se desempeñen.

En la obra de De Kruif, asimismo, la actividad de hacer ciencia es representada como el descubrimiento o la develación de algo misterioso y oculto.

36

“Así era el mundo hace doscientos cincuenta años, cuando nació Leeuwenhoek. El hombre apenas había empezado a sacudirse las supersticiones más obscuras, avergonzándose de su ignorancia. Era aquel un mundo en el que la ciencia en- sayaba sus primeros pasos; la ciencia, que no es otra cosa sino el intento de encontrar la verdad mediante la observación cuidadosa y el razonamiento claro”. (De Kruif, 1926: capítulo I)

Esta representación de la ciencia que encontramos en De Kruif se sigue manteniendo hoy en día en los medios, tanto en su perspectiva sociológica como en la epistemológi- ca. Desde el punto de vista epistemológico, el empleo reiterado del verbo “descubrir” o los sustantivos “descubrimiento” o “hallazgo” evidencian cómo es entendida la actividad científica. Desde la perspectiva sociológica, se insiste en presentar a la ciencia como una actividad autónoma, que tiene sus propias reglas, y no puede ser influida por factores sociales, históricos o políticos. El engrandecimiento de la figura del científico se orienta en ese sentido. Con el fin de ilustrar esta idea, aquí mostraré sólo algunos ejemplos de cómo fue tratado en los medios un hecho científico reciente.

De dioses y demonios

En mayo de 2010, en un artículo publicado en la revista Science (Gibson et al. 2010), el equipo dirigido por el investigador estadounidense John Craig Venter daba a conocer el desarrollo de una célula bacteriana controlada por un genoma sintetizado químicamente por computadora. El hecho tuvo una gran repercusión mediática, y apareció en la porta- da de los principales diarios del mundo. Ahora bien, a pesar de que el artículo original no empleaba la expresión “vida artificial”, ésta sí apareció en la mayoría de los medios que

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trataron la noticia. De hecho, el investigador fue presentado como un ser capaz de crear vida a partir de la nada. Veamos algunos ejemplos:

1. FABRICAN ADN Y CREAN LA PRIMERA CELULA ARTIFICIAL Vida creada en laboratorio

“Creced y multiplicaos”, dijo el científico, y las bacterias, que él había fabricado, obedecieron. Así puede resumirse el trabajo que ayer, en la revista Science, anunció la producción de una bacteria viva cuyo material genético había sido íntegramente

armado en laboratorio.[

]

(Página 12, 21.5.2010)

2. Hágase la vida

artificial

Una ley inviolable de la biología -toda célula proviene de la división de otra célula- ha regido la existencia y la evolución de todos los organismos de la Tierra desde hace 3.500 millones de años. Hasta ayer. La bacteria que acaba de salir de los laboratorios de Craig Venter es una célula, pero no proviene de otra, porque su genoma es pura química: ha sido sintetizado en el tubo de ensayo de la primera a la última letra. La materia inerte animada por el hombre -el mito del golem- ya vive entre nosotros. (El País –España–, 21.05.2010)

3. La “vida artificial”, un poco más cerca: crearon la primera célula sintética La ciencia quedó un paso más cerca de la vida artificial. Luego de 15 años de es- tudio, científicos de Estados Unidos lograron crear la primera célula bacteriana viva con un genoma sintético. (Clarín, 21.05.2010)

37

Estos ejemplos muestran el titular y el primer párrafo, o encabezamiento, de las noti- cias aparecidas el 21 de mayo de 2010 en tres medios diferentes, dos de la Argentina

y uno de España, que dan cuenta de la novedad científica comunicada en la revista

Science. En los tres titulares está presente la idea de vida artificial. Asimismo, el hecho es presentado con connotaciones mítico-religiosas, por ejemplo, aparecen expresiones

del libro del Génesis, atribuidas al investigador (ejemplo 1), o en el titular del ejemplo 2. También, en el ejemplo 2, hay una referencia al mito del golem. En el ejemplo 3 se atenúa

el aspecto sobrenatural pues, por un lado, se emplean las comillas en la expresión “vida

artificial”, dando a entender que es sólo una metáfora; y, por el otro, no se afirma que tal meta se haya alcanzado, sino que se dice que “está un poco más cerca”.

La celebración del hecho se produce en la primera parte de esas noticias, es decir, en los lugares más prominentes de los textos, lo cual se vincula a las estrategias periodísticas para atraer la atención del público. Sin embargo, en los párrafos finales, mediante citas directas de diversas fuentes consultadas, los periodistas ponen en juego su actitud críti- ca e introducen comentarios orientados a relativizar la importancia del desarrollo.

El abordaje crítico de esa novedad científica se hizo más evidente unos días después de la primera presentación de la noticia. En efecto, en el suplemento “Futuro” del diario Página 12 apareció un artículo de opinión en el que el periodista ofrece una doble pers- pectiva crítica: por un lado, cuestiona el tratamiento del hecho en los medios y, por otro, formula juicios de valor acerca del investigador responsable del desarrollo científico, que de dios es convertido en “demonio”, como se muestra a continuación.

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4. Este juego de ciencia y negocios le sienta muy bien al bioquímico y farmacólogo es- tadounidense John Craig Venter. […] hacer dinero era otra de sus pasiones. […] A lo largo de su carrera, Craig se mostró como un experto en difundir sus logros no sólo a través de papers –un recurso de la comunidad científica que parece muy conven- cional para él– sino también a partir de reuniones de prensa o videoconferencias se- mejantes a las brindadas por los directores de las más importantes firmas mundiales. Un verdadero hombre de negocios que sabe cómo lograr una amplia repercusión en los medios. (Página 12, “Futuro”, 29.5.2010)

Vemos en 4 que el investigador estadounidense Craig Venter es cuestionado por su in- clinación, muy humana, por hacer dinero y difundir sus logros por fuera del circuito de la comunicación entre pares. El periodista recurre a la ironía, pues los juicios positivos sobre la capacidad del investigador se interpretan con un valor negativo. De este modo, Craig Venter es juzgado precisamente por ser diferente del resto de los investigadores, por encontrarse fuera de la norma que se supone rige dentro de la comunidad científica. Podemos preguntarnos si esos comentarios irónicos sobre alguien que se adapta a la norma no contribuyen a reforzar la imagen de los científicos como seres especiales, ale- jados del común de los humanos.

Salir del laboratorio

Quise mostrar aquí sólo algunos ejemplos de cómo el periodismo científico, muchas ve- ces sin ser consciente de ello, transmite a la sociedad una imagen de la ciencia y de los 38 científicos que no siempre se adecua a la realidad, reforzando así estereotipos de larga data que, lejos de acercar al público a la ciencia, parecen contribuir a ampliar la brecha entre ambos. ¿Podemos atribuir el problema a la formación de los periodistas científi- cos? ¿O se trata tal vez de la forma de trabajar de éstos, en estrecho contacto con los investigadores que funcionan como fuentes informativas?

Respecto de las fuentes de información, quiero recordar que la gran preocupación de los científicos que trabajan en las disciplinas que son objeto prototípico de la divulgación, como la biología, la medicina, la física, y la química, entre otras, es la precisión concep- tual. Sus críticas siempre se dirigen a señalar problemas en la transmisión de conceptos, y “distorsiones” de lo que estiman como información “genuina”. En tal sentido, hay quie- nes consideran que los comunicadores ideales serán los biólogos o los físicos, o, en su defecto, los periodistas que posean una formación científica sólida en las disciplinas que comunican. Esta propuesta es claramente controvertida (Weigold, 2009). Por otra parte, esa posición, que Hillgartner (1990) ha denominado como la “visión dominante de la po- pularización”, puede tener un uso político, pues no hace más que reforzar la autoridad de los científicos colocándolos fuera del alcance de cualquier cuestionamiento por parte de la sociedad.

Desde el punto de vista social, la ciencia como actividad se ha ido complejizando a medida que fue creciendo. El mayor número de subsidios, con mayores montos, los convenios internacionales, y la existencia de fondos provenientes de empresas privadas, hacen emerger nuevos actores sociales y ponen en juego intereses muy diversos. Todos estos factores evidencian que el científico ya no puede ser considerado como ese ser

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remoto que lucha solo y de manera desinteresada en pos de librar a la humanidad de terribles males. La visión tradicional de la ciencia como ámbito autónomo, inmune a in- fluencias de la sociedad ya no se sostiene (Knorr-Cetina, 1982; Kreimer, 2009).

Esos cambios colocan al periodista en un rol de mayor exigencia, y se hace necesaria una actitud mucho más crítica respecto de las fuentes. La precisión conceptual ya no constituye un aspecto central de la comunicación, sino la forma en que es representada la ciencia y el grado de autoridad que se les asigna a los científicos. Si bien siguen siendo relevantes los conocimientos sobre las estrategias lingüísticas destinadas a despertar el interés del público y facilitar la comprensión de los temas complejos, hoy se hacen nece- sarias nuevas herramientas con el fin de ofrecer una imagen de la ciencia más adecuada con la realidad.

Por un lado, resulta importante un conocimiento sobre los aportes efectuados desde la sociología de la ciencia para poder acercarse a una visión más realista acerca de la rela- ción entre la ciencia y la sociedad, y poder reflexionar sobre la manera en que el público puede incidir, o al menos opinar, sobre el desarrollo científico que se efectúa en su país, y al cual contribuye con el pago de impuestos.

Por otra parte, también consideramos relevante una formación en epistemología para evitar caer en lo que Lombardi señala como el “sentido común epistemológico, que com- bina elementos del empirismo-inductivismo del siglo XIX con aspectos del positivismo lógico de principios del siglo XX”. Para quienes comparten ese sentido común, la fuente de todo conocimiento residiría en la observación imparcial de los hechos, y la investiga- ción científica consistiría en la aplicación sistemática del “método científico”, mediante el cual las “verdades científicas” serían descubiertas por los investigadores como si qui- taran un velo que las cubre (Lombardi, 1998).

39

En el ámbito de la enseñanza de las ciencias, y con el fin de presentar una visión más rica de la actividad científica, Lombardi señala la necesidad de que los docentes posean una adecuada formación epistemológica, que se complemente, a su vez, con una formación en historia de la ciencia. En nuestra opinión, esa formación también es pertinente para el periodista científico a fin de que esté en condiciones de contextualizar los conceptos científicos que intenta transmitir al público.

Comentarios finales

En un momento se consideró que el rol del periodista científico era educar al público transmitiendo un cuerpo de conocimientos en formato periodístico. Hoy el desafío no es tanto transmitir conocimientos sino convertir al público en un actor social con sentido crítico. Ante la avalancha de información, es necesario fortalecer el poder de seleccionar aquello de calidad, es decir, aportar un filtro o un tamizador.

Para ello, se hace necesario que el periodista tome distancia y no se deje manipular por las fuentes. Si, al entrar al laboratorio, el periodista quedó “fascinado” ante lo que veía, ahora tal vez deba salir del laboratorio, cruzar la vereda, y analizar las cosas desde afue- ra, con sentido crítico.

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Entonces las herramientas que parecían suficientes hace veinte años, ahora ya no lo son. Eso no quiere decir que no sean importantes, o que no sean centrales, sino que, simple- mente, no resultan suficientes.

Lo que necesita el periodista científico hoy, además de los tres tipos de conocimientos básicos mencionados más arriba, es formarse en disciplinas metacientíficas: la historia de la ciencia, la sociología de la ciencia y la filosofía de la ciencia, disciplinas que inda- guen, desde marcos teóricos rigurosos, el rol de la ciencia en la sociedad, y sus funda- mentos. Asimismo requiere un conocimiento lingüístico que le permita reflexionar sobre las representaciones generadas a partir del uso del lenguaje.

Por esta razón considero que la formación de periodistas científicos tiene que estimular no sólo la producción de información científica de calidad, sino también la reflexión so- bre la práctica, reflexión que debería estar sostenida por un conocimiento sólido de los aportes producidos en las distintas áreas.

Referencias

Nelkin, Dorothy (1990) La ciencia en el escaparate. Madrid: Fundesco.

Fahnestock, Jeanne (1986) Accommodating Science. The Rhetorical Life of Scientific Facts. Written Communication 3(3). 275-296

40 Fayard, Pierre (1988) La communication scientifique publique. Lyon: Chronique Sociale.

Gibson, Daniel et al. (2010) Creation of a Bacterial Cell Controlled by a Chemically Synthesized Genome. Science. Publicado Online 20 May 2010.

http://www.sciencemag.org/content/early/2010/05/20/science.1190719.short

Hillgartner, Stephen (1990) The dominant view of popularization: conceptual problems, political uses. Social Studies of Science, 20: 519-39.

Knorr-Cetina, Karin D. (1982) Scientific Communities or Transepistemic Arenas of Research? A Critique of Quasi-Economic Models of Science. Social Studies of Science, vol. 12, 1: 101-130.

Kreimer, Pablo (2009) El científico también es un ser humano. La ciencia bajo la lupa. Buenos Aires: Siglo XXI editores.

Kruif, Paul de (1992) Cazadores de microbios. México: Editores Mexicanos Unidos.

Lombardi, Olimpia (1998) La noción de modelo en ciencias. Educación en Ciencias, II (4), 5-13.

Polino, Carmelo (2000) “Los riesgos de la complicidad en el Periodismo Científico”. Revista Re- des 16. Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmes.

Weigold, Michael. (2001) Communicating Science: A Review of the Literature. Science Commu- nication 23 (2). 164-193.

Wilson A, Robertson J., McElduff P., Jones A., Henry D. (2010) Does It Matter Who Writes Medi- cal News Stories? PLoS Med 7(9): e1000323. doi:10.1371/journal.pmed.1000323.

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Guillermo V. Goldes * Especialización en Comunicación Pública de la Ciencia y Periodismo Científico:
Guillermo V. Goldes *
Especialización en Comunicación Pública de la Ciencia y Periodismo Científico:

“Un Aporte para la Profesionalización de la Comunicación Pública de la Ciencia” **

Especialización en comunicación pública de la ciencia y periodismo científico:

Guillermo V. Goldes

*

“Un aporte para la profesionalización de la comunicación pública de la ciencia” **

I. Introducción

La sociedad argentina cambió notablemente desde el S XIX hasta la actualidad. En ese siglo se establecieron las bases de la ciencia en nuestro país. Podríamos tomar como origen los momentos inmediatamente posteriores a la Independencia Nacional, con el establecimiento del Museo Público de Buenos Aires en 1823 como hito. También po- dríamos adoptar la postura más conservadora de situar el origen de la ciencia argenti- na en las últimas tres décadas del S XIX, en las cuales se estableció el conglomerado de instituciones dedicadas a la investigación que funcionarían como bases del aparato científico que aún hoy perdura. En el primer período mencionado, la sociedad se hallaba en los albores de sus guerras civiles. En el segundo, emergía de las mismas luego de Pavón. En cualquier caso, se trataba de una sociedad esencialmente diferente de la que tenemos a principios del S XXI.

La ciencia y la tecnología argentinas deben pues responder a los cambios sociales ocurri- dos durante estos dos siglos para continuar siendo útiles a la sociedad que las sostiene. Y los cambios que la sociedad demanda a su ciencia no sólo pasan por actualizar conteni- dos, sino también, y esencialmente, por cambiar la mirada y abrirse al debate democrático acerca de su propio rol. Esto adquiere más sentido aún en países como el nuestro, en el cual el financiamiento en CyT proviene mayoritariamente del Estado, o mejor dicho, pro- viene casi íntegramente de los diferentes niveles del Estado, salvo en campos muy espe- cíficos. Por ende cabría preguntarse, por ejemplo, si la circulación del conocimiento cientí- fico debería estar incluida en los alcances de una Ley de Acceso a la Información Pública.

41

¿De dónde venimos los investigadores en cuanto a nuestra formación académica? De un sistema que durante mucho tiempo sólo consideraba importantes los conocimientos disciplinares conceptuales. Un sistema que desde el punto de vista de la comunicación aparecía como asociado al modelo de déficit. Dicho sistema consideraba la comunica- ción de la ciencia (y la docencia en ciencias) como mecanismos de “derrame controlado”. Los derrames suelen seguir direcciones y sentidos preferenciales, en general desde arriba hacia abajo. Además, sólo se derraman los “excedentes”. Y finalmente, esos derrames, aunque puntuales y no generalizados, estaban sujetos al férreo control de las respectivas disciplinas. Como resultado, durante largos períodos la llamada “divulgación científica” no fue una práctica que fuera considerada como parte indisoluble de la actividad de los investigadores, ni tampoco como un campo de comunicadores especializados, sino como

* Doctor en Astronomía – Magíster en Museología. Director del Programa de Divulgación Científica y Cultura de la Facultad de Matemática, Astronomía y Física (Fa.M.A.F.) de la Universidad Nacional de Córdoba. E-mail: consultas@ cpc.unc.edu.ar

** El presente artículo se realizó con la colaboración de los licenciados Eliana Piemonte e Ignacio Jawtuschenko, directora alterna y miembro del Consejo Académico de la Especialización en Comunicación Pública de la Ciencia y Periodismo Científico de la UNC respectivamente.

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una actividad menor y subsidiaria. Como consecuencia, la formación de docentes y sobre todo de comunicadores en ciencias estuvo largamente relegada, lo cual favoreció cierto aislamiento respecto de las incipientes demandas sociales.

En la ciudad de Córdoba en particular se consolidó un polo científico “duro” a fines del S XIX, articulado en torno a la Astronomía, la Geología, la Meteorología, la Botánica, la Paleontología…Ese polo marcó el rumbo de la ciencia mediterránea, permitió la incorpo- ración al “mundo científico” de la época, pero sus prioridades no facilitaron durante largas décadas una orientación más participativa, en la cual la comunicación pública tuviera al- guna relevancia.

Hoy existe una revalorización incipiente de la comunicación y la enseñanza en CyT, que permite, incluso, la emergencia de iniciativas académicas centradas en la comunica- ción pública de las ciencias y la tecnología, y no sólo ya en sus contenidos disciplina- res específicos.

En ese contexto nace la Especialización en Comunicación Pública de la Ciencia y Perio- dismo Científico en la Universidad Nacional de Córdoba, con una visión interdisciplinaria, contextualizadora, profesionalizadora. Se pretende con la misma contribuir al proceso de profesionalización de la Comunicación Pública de la Ciencia, dado que en el mundo actual ya no es sostenible un modelo en el cual algunos investigadores o comunicadores se ha- gan cargo de esta tarea, que es creativa como la investigación misma, en sus ratos libres o sin tener preparación formal para ello. Es decir, quienes trabajen en Comunicación Pública 42 de la Ciencia en el futuro inmediato necesitarán de una formación curricular específica, diferente y más orgánica que la heterodoxa formación que hemos recibido quienes hoy en día trabajamos en esta área, y que hemos adquirido a través de trayectos más o menos sinuosos y esfuerzos individuales.

Hoy reconocemos que comunicarse con el público en relación a temas científicos invo- lucra una responsabilidad demasiado importante, que merece de comunicadores profe- sionales que pueden ser tanto: a) investigadores de diferentes disciplinas, que acepten desarrollar conocimientos y habilidades propias de las ciencias de la comunicación; o bien b) comunicadores/periodistas que se formen para conocer el funcionamiento coti- diano del “aparato científico” y las bases conceptuales de la ciencia (que son dos cosas diferentes). Afirmamos entonces que es necesaria una nueva (en cuanto a profesión) categoría de profesionales capaces de comprender procesos, métodos, principios de diversas ciencias, así como su interacción real y potencial con el funcionamiento social que los condiciona y determina. Y de comprender el carácter comunicacional esencial de la ciencia, y de dominar al mismo tiempo estrategias de comunicación con el público no especialista, lo cual es sustancialmente más complejo que intercambiar información técnica entre colegas que comparten un mismo paradigma. Esos profesionales deben ser capaces de comprender y llevar a la práctica la idea de que en una sociedad de- mocrática no debería haber áreas exentas de control social, y que así como los actores sociales necesitan comprender aspectos de la investigación científica para sus propias vidas cotidianas, también el desarrollo de la ciencia necesita la retroalimentación de la opinión pública democrática para subsistir como una influencia de cambio poderosa y orientada al bien común.

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Cabe destacar que en nuestro País existen antecedentes de actividades formativas rela-

cionadas con la comunicación pública de la ciencia bajo la forma de cursos, diplomaturas, talleres, etc., desde hace décadas. La institución pionera en ese sentido ha sido claramen- te el Instituto Leloir y su Agencia CYTA. La FaMAF UNC, la Escuela de Ciencias de la Infor- mación, y el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Provincia de Córdoba vienen llevando

a cabo acciones coordinadas de distinto tipo para promover la ampliación de la base social

de la comunicación pública de la ciencia en nuestro medio. Pero al mismo tiempo hay que decir que hasta el día de la fecha en nuestro país no hay carreras universitarias de grado ni de posgrado con tal orientación: estamos asistiendo al nacimiento de las primeras.

II. Características de la Especialización en Comunicación Pública de la Ciencia y Periodismo Científico

La carrera estará a cargo académicamente de la Facultad de Matemática, Astronomía y Física y la Escuela de Ciencias de la Información de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, ambas de la Universidad Nacional de Córdoba. Se trata de una asociación estra- tégica entre dependencias con amplios antecedentes en la materia.

Contará con el apoyo decisivo del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Provincia de Córdoba, tanto desde el punto de vista institucional y funcional, como financiero.

La carrera tendrá una duración total de 400 horas, de las cuales 360 horas serán de cursos

y talleres, y 40 corresponderán al Trabajo Final Integrador, que incluirá práctica profesional. Dichas actividades se distribuirán en 3 cuatrimestres, dos para la cursada y el tercero para completar el Trabajo Final Integrador. De las 360 horas de cursos y talleres 240 correspon- derán a teoría y las 120 horas restantes serán de práctica.

43

El núcleo de la planta docente corresponde a profesores de la Universidad Nacional de Córdoba (un 70%). Además integran la planta comunicadores de alcance nacional y pro- fesores de otras universidades públicas, como la UBA y la UNSAM, por ejemplo. La Es- pecialización está destinadas a investigadores de todas las disciplinas, a comunicadores y/o periodistas, a docentes, y a gestores del sistema de CyT. Como requisito de ingreso se exige título de grado de Universidad reconocida en cualquier disciplina, o título terciario de carreras de al menos 4 años de duración. La idea central es que los egresados de esta Especialización puedan en principio desempeñarse: en medios masivos de comunicación, en museos y centros de divulgación de la ciencia, en agencias de noticias, en áreas de prensa o comunicaciones de institutos de investigación, universidades, etc. Es decir que se pretende aportar a profesionalizar la comunicación de la ciencia tanto en los medios masivos como en las propias instituciones del sistema educativo y científico.

El cupo mínimo de cursantes se ha fijado en 30 personas, mientras que el máximo se esta-

bleció en 50. Al menos 20 cursantes serán becados anualmente por el Ministerio de Ciencia

y Tecnología de la Provincia de Córdoba. Esas becas consisten en la eliminación de todo

arancel y en la cobertura de materiales de estudio, pero no incluyen estipendio alguno.

La carrera de Especialización en Comunicación Pública de la Ciencia y Periodismo Cien- tífico fue aprobada por el H. Consejo Superior de la Universidad Nacional de Córdoba

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según Resoluciones número 317 y 318/2010. El proyecto se encuentra en trámite de reco- nocimiento provisorio por parte de CONEAU, y se espera comenzar con la cursada de la primera cohorte en 2011.

Algunos de los principales objetivos de la carrera son:

- Formar profesionales capacitados para comunicar en forma pública los procesos e investigaciones científicas;

- Contribuir a mejorar la calidad de las interacciones entre los organismos universitarios y los medios masivos de comunicación a través de una perspectiva integradora de sus respectivas lógicas;

- Satisfacer necesidades del medio local y regional en cuanto a capacitación en comu- nicación pública de la ciencia;

- Promover una visión integradora de las ciencias como elemento central de la cultura contemporánea.

44

Por otra parte, se espera que el egresado pueda al finalizar la carrera:

- Analizar, comprender y transmitir en forma contextualizada la dinámica de la investiga- ción científica a través de diferentes medios y estrategias;

- Interactuar en forma creativa con los sistemas de comunicación e información pública en todo lo que se refiere a divulgación de la ciencia;

- Planificar y llevar a la práctica estrategias creativas de comunicación pública de la ciencia, desde instituciones, medios de comunicación o agencias de noticias;

- Comprender la diversidad de la problemática científica actual y proponer estrategias de comunicación diferenciadas, adaptadas a esa diversidad;

- Facilitar los procesos comunicativos entre investigadores y comunicadores sociales;

- Reflexionar acerca de las interacciones entre ciencia y comunicación;

- Valorar en forma crítica las posibilidades y limitaciones de la ciencia y la tecnología en el mundo actual.

El plan de estudios se articula en base a 6 módulos consecutivos, aunque no se han pre- visto correlatividades entre materias. Los módulos y materias son (entre paréntesis figuran los docentes propuestos para cada materia):

Módulo I. Comunicación Pública de la Ciencia

I.1

Introducción a la Comunicación Pública de la Ciencia (L. Moledo)

I.2

Ciencia, Tecnología y Sociedad. Conflictos y Controversias (A. Vara)

Módulo II. Fundamentos de la Investigación Científica II.1 Filosofía e Historia de las Ciencias (M. Velasco) II.2 Historia y Estructura de las Instituciones de CyT en la Argentina (D. Hurtado de Mendoza) II.3 Elementos de Sociología de la CyT (S. Roitman)

Módulo III. Seminarios Optativos (8 de 12): Problemas Actuales de Investigación y Desarrollo en…

a-

Matemática (L. Cagliero)

b-

Física (V. Hamity)

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c-

Astronomía (I. Bustos Fierro)

d-

Química (C.G. Sánchez-L. Avalle)

e-

Biología (G. Bernardello)

f-

Básica en Salud (R. Pautassi)

g-

Psicología y Filosofía (J. Ahumada)

h-

Antropología (A. Dapuez)

i-

Sociología (M. Díaz de Landa)

j-

Economía (R. Frediani)

k-

Demografía (E. Domenech)

l-

Desarrollo tecnológico (comunicaciones, energía, residuos, etc.) (G. Durán-J. Martín)

Módulo IV. Periodismo Científico

IV.1

Técnicas Básicas del periodismo (M. Viada)

IV.2

Técnicas del periodismo científico (D. Golombek)

IV.3

Taller de análisis de textos científicos (S. Gallardo)

IV.4

Taller de producción multimedial en ciencias (R. Gómez Vecchio)

IV.5

Taller de producción audiovisual en ciencias (D. Golombek-D. Ludueña-E. Piemonte)

Módulo V. Instituciones de CyT

V.1

Planificación de la comunicación desde instituciones científicas (N. Abatedaga)

V.2

La comunicación de la ciencia desde Museos y Centros de Divulgación (M. Bonnin-G. Goldes)

V.3

Comunicación de la Ciencia desde organismos de promoción y centros de investigación (I. Jawtuschenko)

Módulo VI

VI. Trabajo Final Integrador (incluye práctica profesional).

45

Cabe aclarar que respecto del módulo III, el mismo es obligatorio y es una de las particu- laridades de esta carrera. De los 12 seminarios propuestos, los cursantes deberán realizar

y aprobar al menos 8. Los seminarios resumen las bases disciplinares de una muestra

amplia de áreas de investigación activas en la Universidad Nacional de Córdoba. Cada uno de ellos está estructurado en cuatro segmentos: una introducción que muestra las bases

conceptuales, metodológicas e históricas de la disciplina (lo que define y diferencia la dis- ciplina de otras); un resumen conceptual del conocimiento “consolidado” en la materia; un “inventario” acerca de fuentes de información confiables en la temática; una aproximación

a los problemas abiertos y controversiales. La existencia de este módulo refleja el con-

vencimiento de que para trabajar en comunicación pública de la ciencia y la tecnología es necesario comprender algunos aspectos básicos propios de cada una de las disciplinas, desde su propia lógica y lenguaje. Se trata en definitiva de acceder a la versión de la inves- tigación que los propios investigadores tienen de sus disciplinas específicas.

Por otra parte, la estructura del módulo es tal que todos los cursantes deberán tomar se- minarios orientados tanto a ciencias de la naturaleza cuanto a ciencias sociales.

Al mismo tiempo, se estima necesario que los cursantes tomen contacto reflexivo con contenidos de carácter teórico acerca de la naturaleza del conocimiento científico, lo que

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está garantizado en el módulo II. Dicho módulo contiene una visión filosófica, histórica y sociológica acerca de la producción del conocimiento científico.

III. Consideraciones Finales

Con esta nueva carrera de especialización que se comenzará a dictar en 2011 pensamos que la Universidad Nacional de Córdoba hace una contribución importante para aportar a la democratización del conocimiento científico-tecnológico, ampliando su base social e intentando responder a necesidades sociales que a veces son explícitas y otras veces no. El aporte central pasa por consolidar la tendencia a la profesionalización de la comunica- ción pública de la CyT como disciplina por derecho propio, con lo cual se iría solidificando un nuevo campo profesional, de naturaleza interdisciplinaria y transversal a la mayoría de las disciplinas tradicionales.

Para que ello pueda ocurrir, sin duda es esencial una estrategia de concientización de las propias comunidades de CyT acerca de lo imperativo de reflexionar en forma profunda acerca del propio rol social de la CyT. El debate acerca del rol de las comunicaciones sociales está fuertemente instalado en nuestro País, con la Ley de Servicios de Comuni- cación Audiovisual como referencia insoslayable. Sin embargo el debate sobre el rol de la CyT no está mayormente en la actualidad en la agenda pública, prevaleciendo a veces visiones dogmáticas que es necesario desmitificar.

Para ello, entre otras cosas, se deben visibilizar los anclajes sociales de la CyT como parte 46 importante de la cultura contemporánea, superando los aislamientos, muchas veces au- toimpuestos como medidas de protección.

La superación de la brecha entre la producción de conocimiento en las Universidades Pú- blicas y la apropiación social del conocimiento es vital para dinamizar la sociedad y para permitir a la Universidad el logro de sus fines sociales. La Especialización en Comunica- ción Pública de la Ciencia y Periodismo Científico pretende ser una herramienta académica en ese sentido.

Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

Sandra Murriello *
Sandra Murriello *

Especialización en Divulgación de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación Universidad Nacional de Río Negro (UNRN)

Especialización en divulgación, la ciencia y la innovación, Universidad Nacional de

Sandra Murriello *

Río Negro (UNRN)

Nuestra sociedad está permeada por la ciencia y la tecnología (CyT) e imbuida en los procesos de innovación, éstas son parte de nuestra cultura, modelan nuestro cotidiano y nos enfrentan a planteos éticos. El rol de la enseñanza formal, de los medios masivos y de otros canales de comunicación como libros, museos, exposiciones, campañas educa- tivas, películas, documentales u obras de teatro es fundamental para la conformación del imaginario social sobre CyT.

La comunicación pública de la CTI, referida en Argentina habitualmente como divulga- ción, es abordada por profesionales de las más diversas disciplinas y, desde el punto de vista académico, es un campo aún en construcción. La formación de profesionales críticos abocados a la comunicación pública de la ciencia, la tecnología y la innovación (CTI) es un campo incipiente, cuyas prácticas aun están en revisión (Ramani, 2008; Semir, 2008). Experiencias como las SISSA-ISAS, en Trieste (Italia), la de Dublin City University (DCU) en Irlanda, el MSC Science Communication de la University of the West of England en Bristol (UK) o Máster en Comunicación Científica, Médica y Ambiental de la Universitat Pompeu Fabra en Barcelona (España) vienen siendo marcantes en esta área. En los paí- ses latinoamericanos hay también propuestas en ejecución, como el Mestrado Multidisci- plinar em Divulgação Científica e Cultural (MDCC) de la UNICAMP en Brasil o la Maestría en Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología coordinada por la Universidad Central de Ecuador, que están abriendo rumbos en la profesionalización de la divulgación CTI. Si bien en Argentina hay experiencias sistemáticas de formación, en especial cursos de periodismo científico, desde los años 80 (Dellamea, 2000) y entre las iniciativas de posgrado recientes se puede resaltar el Diploma de postgrado en Comunicación Científi- ca, Médica y Ambiental expedido por la Universidad Pompeu Fabra en Buenos Aires, vale decir que hasta ahora las universidades nacionales no habían creado carreras de posgra- do específicas dedicadas a este fin. Cabe destacar que el sistema oficial de posgrados en Argentina reconoce tres niveles de curso: especialización, maestría y doctorado que difieren en duración y exigencias de graduación. En este marco la Universidad Nacional de Río Negro ha tomado la iniciativa de crear la Especialización en Divulgación CTI que pretende abrir un espacio de formación a quienes desean adquirir herramientas y estra- tegias de comunicación de la CTI.

47

Esta carrera de posgrado, que dará inicio en abril de 2011, está articulada con la Maestría en Ciencia, Tecnología e Innovación que, con una Orientación en Divulgación CTI, comen- zó ya en agosto pasado en la Sede Andina de esta Universidad. De este modo la UNRN ofrece una doble propuesta académica de posgrado en este campo, una de carácter pro- fesionalizante y, otra, abocada a la investigación académica. Ambas carreras ofrecen un panorama amplio de las discusiones teóricas y de las áreas de trabajo de la divulgación

* Doctora en Educación en Geociencias (Unicamp, Brasil). Coordinadora Especialización en Divulgación CTI – UNRN. Sede Andina, Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) E-mail: divulgacioncti@unrn.edu.ar

Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

así como espacios de taller dedicados a la generación de productos que puedan ser viabi- lizados por distintos medios o proyectos apropiados a instituciones de CTI.

Es interesante destacar que los espacios de capacitación profesional existentes hasta el momento están abocados mayormente al periodismo científico y ubicados en la región central del país. Refuerza esta afirmación la propuesta de apertura, también a partir de 2011, de una Especialización en Periodismo Científico por la FAMAF de la Universidad Nacional de Córdoba que fuera presentada en este mismo seminario en octubre último. En este sentido, la creación de los posgrados de la UNRN en Patagonia es un aporte a la descentralización en la consolidación académica de este campo.

Otro aspecto a destacar de esta carrera es su oportunidad respecto a la perspectiva de de- manda de profesionales del área a nivel nacional. En el marco de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que regula la actividad en la Argentina otorgándole a las uni- versidades el papel de productoras de contenido, este nuevo posgrado también asume el rol de cubrir esta área de vacancia.A su vez, refuerza esta función el rol que recientemente la UNRN ha asumido como Nodo de Producción Patagonia Norte en el Sitema Argentino de Televisión Digital Terrestre. De este modo, la capacitación específica en comunicaicón de CTI sera un aporte concreto a las necesidades profesionales contemporáneas. En esta breve presentación se dará a conocer la propuesta académica de la Especialización en Di- vulgación CTI a dictarse a partir de abril de 2011 en San Carlos de Bariloche, Sede Andina de la UNRN.

48 Organización del plan de estudios

Con el objetivo de promover la reflexión sobre los procesos comunicacionales y el de- sarrollo de habilidades específicas el plan de estudios da cuenta de materias teóricas y prácticas que se articulan en una práctica profesional y un trabajo final integrador. La Especialización se estructura en un total de cuatrocientas setenta (470) horas reales de dictado organizadas en quince (15) actividades curriculares, de las cuales una (1) corres- ponde a una práctica profesional.

Las actividades están organizadas en ciclos:

- Materias teórico prácticas: un ciclo de seis (6) materias que conforman el campo teórico de la comunicación pública de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación.

• Comunicación pública de la ciencia, la tecnología y la innovación (32 hs.)

• Comunicación para divulgadores (32 hs.)

• Comunicación y educación (32 hs.)

• Comunicación, riesgo y ambiente (32 hs.)

• Elementos de lingüística para divulgadores (24 hs.)

• Fuentes y sistemas de búsqueda (16 hs.)

- Talleres: Los seis (6) talleres de producción de materiales están destinados al conoci- miento de la práctica de producción y de los ámbitos de trabajo, así como a la elabo- ración de materiales de divulgación de CTI en diversos formatos.

Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

• Producción de textos de comunicación pública de CTI (32 hs.)

• Escritura Científica (24hs)

• Ciencia, tecnología e innovación en la educación no formal (48 hs.)

• Ciencia, tecnología e innovación en los medios audiovisuales (48 hs.)

• Ciencia, tecnología e innovación en los medios digitales (24 hs.)

• Ciencia, tecnología e innovación en los medios gráficos (48 hs.)

Estos Talleres contemplan la participación de profesionales en actividad de reconocida trayectoria en medios masivos e instituciones públicas que, en seminarios cortos, introdu- cirán la perspectiva de la práctica profesional.

- Materias electivas: podrán escogerse como electivas dos (2) actividades curricula- res, de 24 hs cada una, afines a la temática que formen parte del plan de estudios de otra carrera de posgrado de Universidad. A su vez se prevé la creación ad hoc de actividades curriculares en el campo de la comunicación rural, de la educación y de la comunicación audiovisual.

- Práctica Profesional: en función de ejercitar funciones de divulgación en medios de co- municación e instituciones de CTI, la UNRN ha firmado convenios de colaboración con diversas entidades de la ciudad. Los alumnos tendrán treinta horas (30 hs) de práctica individual, adecuada a sus intereses y necesidades, en alguna de estas instituciones.

- Trabajo Final integrador: para la obtención del título de Especialista se requiere la presentación de un Trabajo de divulgación que articule las disciplinas cursadas.

Modalidad y lugar de dictado

49

La Especialización en forma presencial, cada quince días, en Bariloche, Provincia de Río Negro, en la Patagonia Argentina. Esta ciudad nuclea una gran cantidad de instituciones de CTI de reconocida trayectoria, así como un elevado número de empresas de base tecnológica altamente innovadoras concentrando la mayor proporción de profesionales y de posgraduados del país. Instituciones como INVAP, Centro Atómico, Instituto Balseiro, INTA, Centro Regional Universitario Bariloche (UNCOma), son representantes de esta tra- yectoria. A su vez, la ciudad posee infraestructura para la recepción de estudiantes siendo así un espacio apropiado para dar a esta oferta un alcance nacional e internacional.

Destinatarios

• Personas que se desempeñan en el área de comunicación de instituciones públicas y privadas de medio ambiente, ciencia, tecnología e innovación.

• Responsables de la dirección y gestión de centros, institutos y departamentos de do- cencia, investigación, tecnología y desarrollo.

• Responsables del diseño, ejecución, comunicación y evaluación de proyectos de in- novación, extensión y transferencia de tecnología.

• Funcionarios, gestores, investigadores, tecnólogos, comunicadores y profesionales de universidades públicas y privadas.

• Docentes e investigadores en general.

Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

• Periodistas y comunicadores en general.

• Extensionistas y educadores ambientales.

• Profesores de educación superior no universitaria (terciario) y de educación media.

Perfil del egresado

• Reconocer el panorama nacional e internacional del estado del arte de la comunica- ción pública de la ciencia, la tecnología y la innovación.

• Realizar un análisis de las relaciones entre los distintos actores sociales, la ciencia, la tecnología y la innovación desde una perspectiva de la comunicación pública.

• Actuar en los distintos espacios y medios de divulgación de la ciencia, la tecnología y la innovación, tanto en los procesos de producción como en los de edición.

• Gestionar, organizar y conducir programas y eventos de divulgación de la ciencia, la tecnología y la innovación.

• Asesorar a instituciones públicas y privadas en iniciativas de divulgación de la ciencia, la tecnología y la innovación.

Cuerpo docente y Consejo Académico

La carrera cuenta con un sólido equipo docente ya confirmado, proveniente de diversas universidades del país. A su vez se invitarán otros docentes y profesionales del área a compartir seminarios sobre temáticas puntuales.

50 Dr. Aldo Calzolari (UNRN) Dra. Susana Gallardo (UBA) Dra. Lila Luchessi (UNRN) Dr. Pascual Masullo (UNRN) Dra. Paola Britos (UNRN) Dra. Ana María Vara (UNSam) Mgt. Astrid Bengtsson (UNRN) Mgt. Anabella Speziale (UNSam) Dra. Sandra Murriello (UNRN) Dra. Sandra Massoni (INTA -UNR) Dr. Diego Golombek (UNQ)

Coordinación: Dra. Sandra Murriello

Para mayor información sobre la carrera puede consultarse:

www.unrn.edu.ar/blogs/divulgacion-cientifica

Referencias

- Dellamea, A.B. (2000).La formación de divulgadores y periodistas científicos en la Argentina. IX Congreso de Divulgación de la Ciencia y la Técnica. México. Sala de Lectura CTS-I. http://

www.oei.es/salactsi/dellamea3.htm

- Ramani,D. (2009).Master in science communication: an overview, Jcom 08 (01)

- Semir,V. de (2009). Master in Scientific, Medical and Environmental Communication, Jcom 08 (01)

Eduardo Reyes Frías * Periodismo científico en Chile: Bases y Desafíos
Eduardo Reyes Frías *
Periodismo científico en Chile: Bases y Desafíos

Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

Periodismo científico en Chile: bases y desafíos

Eduardo Reyes Frías

*

El Siglo de las Luces, asociado a la Ilustración, estimuló diversas inquietudes cultu- rales y políticas en Europa. Al contrario, la expulsión de los Jesuitas de las comarcas americanas que decretó el Rey de España en 1767 detuvo un lento progreso en las actividades educacionales y laborales que había iniciado esta orden religiosa en sus propiedades de ultramar.

Bajo tales circunstancias, entre los sacerdotes y novicios desterrados de Chile, el abate Juan Ignacio Molina logró incorporarse a la Universidad de Bolonia, en Italia, donde publi- có “Saggio sulla storia naturale del Chili” en 1782, producto de anteriores observaciones de la geografía, la flora y fauna que había efectuado en su país natal. La obra ganó pres- tigio en los círculos eruditos de su época y el abate Molina es considerado el primer cien- tífico chileno, aunque lamentablemente se adelantó en evidenciar los impactos del poder político en el campo de la ciencia.

“Ya tenemos el precioso instrumento de la ilustración universal: la imprenta. La voz de la razón y la verdad se oirá entre nosotros, después del triste silencio de tres siglos.¡Siglos de opresión, barbarie y tropelías!” El mensaje editorial del primer periódico “Aurora de Chile”, en febrero de 1812, destacó el rezago histórico en comparación a otras colonias hispano- americanas en el uso de la imprenta. Además, junto al propósito de apoyar el movimiento independista en el continente, la “Aurora” empezó a difundir informaciones educativas sobre prevención de enfermedades y datos de climatología.

51

Durante la mayor parte del siglo XIX, la estabilidad republicana y el crecimiento económico favorecieron el despliegue de una diversidad de periódicos y revistas en las principales ciudades de Chile, donde se manifestaron con distinto énfasis las corrientes ideológicas

y las expresiones literarias. Por ejemplo, en la década de 1840 funcionaban 9 imprentas en Santiago y otras tantas en Valparaíso y Concepción, en su mayor parte dedicadas a

publicaciones periódicas. La cifra alcanzó el centenar en 1886, pero la capacidad de leer

y escribir estuvo lejos de registrar un avance parecido en la población nacional.

Dentro del marco elitista de la cultura decimonónica, “El Mercurio de Valparaíso” se dis- tinguió a lo largo del siglo por las informaciones de progreso industrial y los inventos téc- nicos; en particular, noticias relacionadas con el comercio internacional que atendía este puerto estratégico del Pacífico Sur. En equilibrio pragmático, a través de varios cambios de propiedad, el diario se mantuvo relativamente distante de los combates partidistas que determinaban la aparición y el cierre de numerosos periódicos.

En un periódico de mayor alcance nacional, el aporte más relevante del área científica se publicó sistemáticamente entre 1830 y 1853 en “El Araucano”, donde el redactor y ca- tedrático Andrés Bello aplicó entre los conocimientos adquiridos durante su formación

* Periodista. Presidente de la Asociación Chilena de Periodistas Científicos. E-mail: ereyesfrias@yahoo.es

Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

académica en Inglaterra. Dicha experiencia y sus contactos culturales le facilitaron la di- vulgación de publicaciones provenientes de Europa, a lo cual agregó las primeras noticias

y comentarios de los estudios del territorio nacional que efectuaban expertos contratados

por el gobierno para evaluar el potencial productivo. En consecuencia, en cumplimiento de su misión paralela como Rector de la Universidad de Chile, don Andrés Bello señalaba en “El Araucano” las vinculaciones del saber superior con el progreso y bienestar de la nación.

Modernizaciones

A mediados del siglo XX la radio y la televisión marcaron el cambio tecnológico que am-

plió las fuentes, los formatos y las audiencias de la divulgación científica. Asimismo, en sintonía con el avance cultural que preconizaba la UNESCO, en el período 1956-1970 se fundaron en Chile las primeras escuelas universitarias de Periodismo en las ciudades de Antofagasta, Santiago, Valparaíso, Concepción y Valdivia.

Por consiguiente, bajo tuición de las Facultades de Humanidades y Educación, la for- mación profesional fue dejando el carácter autodidacta que anteriormente dependía del mandato editorial de los diferentes diarios y revistas, para asumir en cambio planes aca- démicos con materias de historia, teorías de comunicación social y aprendizaje de las técnicas informativas. En forma lógica, no obligatoria, algunos programas incorporaron asignaturas o talleres de Periodismo Científico, aprovechando la cercanía de laboratorios universitarios. Este ambiente formativo de los cronistas y reporteros justificó la convocato- ria del Primer Seminario Interamericano de Periodismo Científico, celebrado por la OEA en 52 Santiago de Chile, en octubre de 1962.

En el ámbito político del país, la repercusión de acontecimientos mundiales registrados en

la década de 1960, tan impresionantes como la carrera espacial y los primeros trasplantes

de corazón humano, estimuló la creación de la Comisión Nacional de Investigación Cien- tífica y Tecnológica, Conicyt, por iniciativa legislativa del Presidente Eduardo Frei en 1967. Sin embargo, los objetivos de impulsar planes de desarrollo y fomentar las investigaciones quedaron limitados por contingencias políticas de mayor importancia relativa y falta de presupuesto en la etapa inicial de Conicyt.

Pausa política-cultural

La rebelión militar del 11 de septiembre (sinónimo de “pronunciamiento, golpe”) interrum- pió drástica y trágicamente el desarrollo cultural de Chile. Los testimonios humanos supe-

ran cualquier bibliografía. En el espacio académico, el cierre de los institutos de sociología

y de algunas escuelas de periodismo formó parte del control militar de las universidades

en paralelo a las medidas de censura a la prensa. No obstante, el ministerio de Educación mantuvo vigente Conicyt, bajo la premisa de que su funcionalidad estaba acotada por las ciencias básicas, al margen de la política.

En estas circunstancias restrictivas, al alero más bien simbólico de Conicyt, se creó la Asociación Chilena de Periodistas Científicos, Achipec, en octubre de 1976, cuyo plan de trabajo se orientó principalmente a realizar encuentros con especialistas para difundir formas más rigurosas y atractivas de divulgación del saber superior.

Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

Al cumplir su primer decenio, Achipec organizó en alianza con la Asociación de Protección de la Familia el seminario “¿Más calidad o cantidad de vida en Chile?” que congregó más de un centenar de profesionales en Viña del Mar, en octubre de 1985. Los 12 relatores pertenecieron a muy diversas disciplinas, desde medicina y economía hasta teología, en tanto que el dilema temático involucraba un cuestionamiento a la idea de crecimiento de- mográfico como “factor de seguridad nacional” en esferas gubernativas.

Además de discutir el factor cuantitativo del problema a través de las deliberaciones del seminario, el Dr. Igor Saavedra, físico galardonado con el Premio Nacional de Ciencias, postuló que la seguridad del país implicaba una exigencia relevante en el desarrollo cien- tífico y tecnológico, de modo que debiera destinarse una parte de las ganancias del cobre para reforzar las investigaciones. La propuesta no logró entonces ninguna trascendencia política, en cambio, el tributo de las exportaciones de cobre para el equipamiento de las Fuerzas Armadas se ha mantenido hasta la actualidad.

FONDECYT - Evolución Presupuestaria y de instrumentos 1982 - 2001 (Millones $ julio 2001)

24.000 22.000 Otros Programas 20.000 34% Concurso Regular 18.000 16.000 14.000 12.000 10.000 8.000 66%
24.000
22.000
Otros Programas
20.000
34%
Concurso Regular
18.000
16.000
14.000
12.000
10.000
8.000
66%
6.000
4.000
2.000
0
1982 1983 1984
1985 1986 1987
1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994
1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001

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Tal vez como un gesto compensatorio, el gobierno militar entregó desde 1986 el primer financiamiento sustantivo en la trayectoria de Conicyt, lo cual permitió concretar el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico, Fondecyt, mediante concursos anuales de excelencia de los postulantes y la relevancia de los proyectos.

En otra paradoja, el gráfico adjunto ilustra con barras negras el ascenso de presupuesto de Fondecyt que se detiene al final de los años 90, en plena democracia, siendo parcialmente suplementado con nuevos programas de Conicyt. No obstante, en vista del anuncio de un recorte presupuestario, los investigadores efectuaron protestas callejeras en Santiago, Concepción y Valdivia. Fue una noticia insólita. Desde entonces han aumentado los re- cursos de Conicyt, pero surgen demandas de desarrollo, propias de la globalización, que también debe tener en cuenta la comunicación social de la ciencia.

Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

Nuevos desafíos en Ciencia y Periodismo

En los últimos 10 años las autoridades universitarias y las sociedades científicas han rei- terado que la inversión de Chile, 0.6 % del Producto Interno Bruto, PIB, apenas cubre el crecimiento de las actividades que genera la masa critica de 5.000 investigadores y la modernización de los laboratorios. El porcentaje es similar en América Latina, pero en una meta de desarrollo debiera compararse con los países “emergentes” que invierten más del 1 % del PIB en dicho rubro.

No falta conciencia política del déficit indicado. Pero también existen debilidades socia- les de mayor urgencia, como la salud y la educación pública, a lo cual se han agregado impactos externos sobre la economía, como la crisis asiática de 1997 o los “desastres naturales”.

54

 

Periodismo Científico en Chile: bases y desafios

Desafio de Ciencia & Tecnología + Innovación

Artículos científicos (papers) y patentes acreditadas en EEUU. 2003 Fuente: Krauskopf y Menéndez, 2007

País del

Papers

Papers por

Patentes

Patentes por millón de habitantes

autor

Totales

millón de

Totales

 

habitantes

Finlandia

7.851

1.510

865

166.3

Australia

23.620

1.199

900

45.7

Nueva Zelanda

4.666

1.167

135

33.8

Argentina

4.679

121

63

1.6

Brasil

12.699

70

130

0.7

México

5.902

56

84

0.9

Chile

2.550

162

11

0.7

El segundo gráfico deja en claro el buen nivel que registra Chile en publicaciones cien- tíficas con alcance internacional –“papers”- en referencia a Brasil, Argentina y México, ponderando la cantidad de habitantes. Al mismo tiempo, salta a la vista la brecha res- pecto a los países “emergentes”, Finlandia y Nueva Zelandia, que multiplican por 10 dicho parámetro.

Por otra parte, las exigencias de la globalización involucran mayores expectativas de in- vestigaciones aplicables a sectores productivos para mejorar o superar la explotación de recursos naturales. En este sentido, de acuerdo a la nomenclatura internacional, Chile agregó “Innovación para la Competividad” al binomio de “Ciencia y Tecnología”.

Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

En contraste al buen indicador de publicaciones científicas, el mismo gráfico comparati- vo de siete países señala que Chile ocupó el último lugar en la cantidad de patentes acre- ditadas en Estados Unidos en el 2003. Es difícil que esta característica pueda cambiar a corto plazo, por cuanto refleja un distanciamiento casi tradicional entre los sectores académicos y empresariales en proyectos de investigación. En concreto, la inversión nacional de 0,6 % del PIB en ciencia y tecnología registra 65 % de aportes públicos y 35 % de sectores privados.

Los nuevos desafíos del periodismo científico aparecen claramente abiertos gracias a la comunicación electrónica, vía satélite, que superó la distancia en tiempo y espacio respec- to a las fuentes informativas, junto con amplificar las audiencias tipificadas como “aldea global”. Además, los investigadores se muestran más proclives a difundir sus proyectos, sobre todo si se trata de descubrimientos, asumiendo el riesgo de una entrevista en pan- talla….En todo caso, las normas éticas son válidas en forma recíproca, respetando el derecho social a la información.

Por ejemplo, la modalidad más dinámica y extensiva del periodismo científico se ha visto aplicada exitosamente en Chile mediante la difusión de las imágenes estelares captadas por los observatorios astronómicos el país y de otros lugares de nuestro planeta, comple- mentando la visión artística con explicaciones educativas.

En el terreno más cercano a la percepción pública, luego del doble terremoto y tsunami que asoló gran parte de Chile en febrero último, sin obviar las noticias propias de la ca- tástrofe, los medios de prensa y televisión publicaron extensos reportajes explicativos del fenómeno geológico y oceánico, mostrando también con sentido rectificador las deficien- cias del sistema científico administrativo de prevención sismológica y marítima. Se trata de un tema pendiente.

55

Desde el punto de vista del perfeccionamiento profesional, los aportes individuales o cor- porativos de los periodistas dedicados a la divulgación científica y tecnológica se multipli- can y enriquecen gracias a los encuentros internacionales que permiten cotejar, en vivo y en directo, experiencias y proyectos de diferentes contextos culturales.

En esta perspectiva, corresponde agradecer la labor integradora que vienen desarrollando la Federación Mundial de Periodistas Científicos (WFSJ), la Red de Popularización de la Ciencia y la Tecnología en América Latina y El Caribe (Red Pop) y el nuevo Programa Inte- ramericano de Periodismo Científico, patrocinado por la OEA.

Referencias

- Becerra, Silvia (2010). El Mercurio de Valparaíso, su rol de difusión de la ciencia y la tecnología en Chile Decimonónico. Bravo y Allende Editores. Santiago

- Prenafeta, Sergio (2008). La comunicación de la ciencia en Chile. Conicyt, Santiago.

- Reyes, Eduardo (2000). Exigencias éticas de la divulgación científica. Revista de Periodismo y Relaciones Públicas. Universidad de Viña del Mar.

- Subercaseaux, Bernardo (2000). Historia del libro en Chile. LOM Ediciones. Santiago

Percepción social de la ciencia y la tecnología. Actitudes frente al riesgo y la participación
Percepción social de la ciencia y la tecnología.
Actitudes frente al riesgo y la participación ciudadana ***
Carmelo Polino *
Dolores Chiappe **

Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

Percepción social de la ciencia y la tecnología.

Actitudes frente al riesgo y la participación ciudadana ***

Carmelo Polino

*

Dolores Chiappe

**

Introducción

La percepción del riesgo y la participación ciudadana son dos temas clave para las polí- ticas de ciencia y tecnología contemporáneas. La politización de la ciencia, su visibilidad, e impacto social, en el cual cuentan consecuencias no deseadas de la implementación de tecnologías, han agudizado los conflictos en relación al desarrollo científico tecnoló- gico y su gestión política. Como exponentes de estos profundos cambios en la relación ciencia, tecnología y sociedad durante el último cuarto del siglo XX, las propuestas de democratización participativa están llegando a las instituciones científicas. Jasanoff (2004) asegura que éstas han sido las condiciones para que el término ciudadanía cobrara fuerza en el ámbito científico-tecnológico. En las instituciones científicas, alrededor del mundo, proliferan debido a esto los discursos y las prácticas para incluir la “voz ciudadana” en la definición y gestión de las políticas públicas. Se promueven mecanismos variados de dis- tinta índole y alcance: conferencias de consenso, encuestas de opinión, audiencias públi- cas, referéndums, gestiones negociadas, etc. En dichos intentos, no exentos de conflictos 56 acerca de su legitimidad, extensión y capacidad de incidencia en la política, se trata de que la categoría público no quede restringida al marco analítico tradicional como consumi- dor de los productos científico-tecnológico en el mercado o lector de las obras culturales de la tradición divulgativa. Se trata de otorgarle un estatuto de ciudadano.

Las encuestas de opinión pública ofrecen información actualizada acerca de las ventajas y restricciones del fenómeno participativo en ciencia y tecnología; principalmente en lo que atañe a uno de los temas más íntimamente relacionados con la participación ciudadana como lo es la percepción social del riesgo (ambiental, sanitario, económico y/o social) que acompaña al desarrollo tecnocientífico. En este artículo repasamos indicadores disponi- bles vinculados a riesgo y participación ciudadana, tomando como base distintos estudios de encuesta a escala nacional (Argentina, Brasil, Colombia, España, Estados Unidos, etc.), regionales (Iberoamérica y Europa) e internacionales (World Values Survey). Se mostrará que la participación ciudadana es un fenómeno que las personas reconocen como de cre- ciente interés público, y que la percepción del riesgo admite complejidad, contradicciones y visiones críticas que dan cuenta de una cierta madurez en torno a los impactos sociales de la ciencia y la tecnología.

*** Con algunas modificaciones, este artículo ha sido publicado previamente con el título “Percepción social de la ciencia y la tecnología. Indicadores acerca del riesgo y la participación ciudadana”, en El estado de la ciencia, RICYT, Buenos Aires, 2010. Se agradece a la RICYT el permiso para su reproducción en este libro.

*

Investigador del Centro REDES/RICYT, Argentina. E-mail: cpolino@ricyt.edu.ar

**

Investigadora del Centro REDES, Argentina.

Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

Participación ciudadana y políticas públicas

El ejercicio del poder en las democracias contemporáneas está atravesando fuertes ten- siones. La democracia representativa se está transformando debido a la emergencia de formas deliberativas de participación política. Están surgiendo nuevas modalidades de representación y ejercicio del poder, basadas en la búsqueda de mecanismos más abier- tos, menos centralizados y jerárquicos para la gestión de los asuntos públicos. Las admi- nistraciones intentan, de algún modo, incluir a la ciudadanía en la gestión de la política y es, al mismo tiempo, la población la que reclama la existencia de mecanismos participa- tivos (muchas veces en base a reclamos y movilizaciones sociales con altos niveles de conflictividad). En las encuestas hay indicios que remiten a la necesidad de reorientar las prácticas democráticas. De acuerdo, por ejemplo, a los datos proporcionados por la últi- ma aplicación del World Values Survey (2005-2007), la mitad de los entrevistados de los siete países de Iberoamérica donde se incluyó una pregunta sobre calidad democrática se muestran insatisfechos con la situación en sus países. Hay, no obstante, una diferencia importante en la distribución de estas proporciones según el país que se considere. Los niveles de insatisfacción alcanzan el 60% en las poblaciones de Perú y México, seguidas por Argentina, y se ubican en torno al 40% en Chile y Venezuela. Entre los países de la lista, sólo en España la mayoría de la población se encuentra razonablemente satisfecha o muy satisfecha con la democracia (Gráfico 1).

Calidad democrática y tecnocracia

70 60 50 40 30 20 10 0 Argentina Chile España Guatemala México Perú Venezuela
70
60
50
40
30
20
10
0
Argentina
Chile España
Guatemala México
Perú
Venezuela

Proporción de población insastifecha con la calidad de la democraciaProporción de población que rechaza la tecnocracia

Proporción de población que rechaza la tecnocraciaProporción de población insastifecha con la calidad de la democracia

Gráfico 1

57

En la misma medida, cuando se consulta a los ciudadanos por la organización de la toma de decisiones para los asuntos públicos, hay proporciones muy significativas de la po- blación que rechazan la implementación de formas de gestión tecnocrática, basada en el juicio de los sistemas expertos, como sustituto de la política. Más de la mitad de la po- blación española opina que no es correcto que los saberes expertos deban reemplazar

Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

a los gobiernos como tomadores de decisión. Niveles similares de rechazo se advierten

en Argentina y Chile (del orden de la mitad de los encuestados). Y esta misma tendencia, aunque en una proporción menor pero suficientemente destacable, en la medida en que alcanzan a un tercio aproximado de los ciudadanos, se encuentra también en México, Perú y Venezuela. Considerando ambos atributos, podríamos decir entonces que España es el único de estos países donde el balance democrático es satisfactorio y donde, al mismo tiempo, está más presente la negativa a la tecnocracia. Guatemala y Perú repre- sentan, por el contrario, el espejo invertido de la situación española: allí estaría la mayor aceptación de los sistemas expertos y la menor complacencia respecto a la calidad de sus democracias. En Argentina, Chile y Venezuela las proporciones son sustancialmente similares (Gráfico 1).

Aún con los recaudos que es necesario considerar, la deliberación parece haberse trans- formado en un reclamo por una “verdadera esencia” democrática: el “giro deliberativo”

estaría representado por una preocupación acerca de la autenticidad de la democracia y el control sustantivo –no meramente simbólico– de ésta por ciudadanos comprometidos. La deliberación pone el acento en el proceso colectivo para resolución de problemas sociales

y de gestión y toma de decisión política. Abelson y colaboradores (2003) señalan cinco

virtudes del involucramiento ciudadano para la toma de decisiones: 1) compartir opiniones de una forma que las votaciones no permiten; 2) generar y considerar un amplio rango de opciones o nuevas alternativas que anteriormente podrían no haberse considerado; 3) fortalecer propuestas en beneficio público, antes que en virtud de intereses particulares; 4) incrementar la legitimidad de las decisiones tomadas y facilitar su implementación; 5) 58 mejorar las cualidades morales e intelectuales de los participantes.

La participación en ciencia y tecnología no es entonces un fenómeno aislado ni exclusivo. En rigor, sólo es comprensible dentro de este marco histórico-político más amplio en el

cual se están redefiniendo las fronteras de las relaciones de poder, los criterios de repre- sentatividad y la calidad de las democracias contemporáneas. La participación y el invo- lucramiento público forman parte de recursos y discursos que buscan legitimar el orden democrático y recomponer las relaciones políticas en la sociedad. Cada vez resulta más difícil para los poderes políticos actuar al margen del escrutinio público (donde cabe desde

el reinado de las encuestas a los métodos de consulta y gestión participativa), como tam-

bién al poder económico colocar innovaciones en el mercado, ignorando las preferencias

y expectativas de los consumidores.

El estudio Iberoamericano de 2007 (FECYT-OEI-RICYT, 2009) mostró que la amplia mayo- ría de los encuestados entre los pobladores de grandes urbes reclama que los ciudada- nos sean escuchados y su opinión tenida en cuenta. En algunos estudios nacionales que cuentan con estas preguntas también se advierte dicha cuestión: por ejemplo, el 70% de los panameños (SENACYT, 2008) opina que la población debe ser escuchada cuando hay que tomar decisiones de gran escala e impacto. En Brasil esta proporción llegaba al 63% de la población (MCT, 2006).

En Europa la situación parece ser la misma y se manifiesta con la misma intensidad que en Iberoamérica. Los últimos dos barómetros de ciencia y tecnología, 2005 y 2010, ponen de manifiesto que entre los europeos hay un acuerdo amplio acerca de que el público debería

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ser escuchado y su opinión tenida en cuenta. En el Eurobarómetro 2005, por ejemplo, siete de cada diez entrevistados demanda mayor acceso a la toma decisiones políticas sobre ciencia y tecnología. Los datos no varían significativamente al observar el comportamiento de distintas variables sociodemográficas. El reporte destaca, únicamente, que el público más informado parece tener mayor aceptación del involucramiento ciudadano en el proce- so de decisiones políticas sobre ciencia y tecnología.

Los movimientos a favor de la participación democrática no implican necesariamente la extinción de los mecanismos tecnocráticos ni, tampoco, el desprestigio del saber experto:

las encuestas europeas también ponen en evidencia que junto al reclamo de mayor acce- so la mayoría también prefiere que sea el juicio experto el que prevalezca en la toma de decisiones. Dos tercios de los europeos prefieren que las decisiones sean tomadas sobre la base de decisiones expertas. Al mismo tiempo, también en el estudio iberoamericano de 2007 se podía observar que, como ocurría en Europa, dos tercios (seis de cada diez) de los entrevistados prefieren que los problemas sociales que se derivan de la ciencia y la tecnología sean atendidos y decididos sobre la base de juicios expertos. Esta evaluación permanece estable si se analizan distintas variables sociodemográficas: no hay diferencias significativas por género, edad, nivel educativo o hábito informativo, por ejemplo. Expre- siones en esa línea también se advierten en Estados Unidos. En 2006, la Universidad de Chicago aplicó una encuesta nacional donde se consultó a la población acerca de cuán- ta influencia deberían tener ciertos grupos expertos de científicos (entre ellos médicos y economistas) en la toma de decisiones sobre cuatro temas de primer orden en la agenda pública en relación a otros actores sociales. Los temas considerados eran calentamiento global, investigación con células madre, el incremento en las tasas de ingreso federal y los alimentos genéticamente modificados. De acuerdo con la interpretación de los datos pu- blicados por la National Science Foundation (2010), los norteamericanos consideraron que los científicos, comparados con otros actores sociales (por ejemplo, líderes del gobierno, los negocios o reconocidos religiosos), deberían tener una influencia importante a la hora de orientar las decisiones políticas sobre estos temas. Con pocas excepciones, dice el reporte de la NSF, las respuestas no difieren de forma acentuada entre distintos grupos sociodemográficos.

Ciencia, tecnología y riesgo

59

El riesgo y la percepción que tienen de él los individuos proporcionan, otra interesante vía de análisis para comprender las dinámicas que se establecen en la actualidad entre políti- ca, ciencia, tecnología y sociedad. La construcción social del riesgo ha sido intensamente estudiada desde la sociología por varios autores, entre ellos cabe destacar a Beck (1996, 1999, 2008) Giddens (1990, 1996) y Luhmann (1996), quienes han dado cuenta de la di- mensión social y cultural que atañe a la conformación del riesgo como indicio y síntoma de una etapa propia de la modernidad.

Entre las transformaciones que trae aparejada esta etapa de la modernidad se encuen- tra el nuevo estatus que adquiere el conocimiento, el cual es provisional, está sujeto a la controversia, la confrontación y la incertidumbre. En ese sentido, los sistemas expertos que conviven muchas veces difieren en sus concepciones e implicancias. Los estudios de comunicación de la ciencia han documentado de forma abundante estas interaccio-

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nes, ya sea, analizando la cobertura del impacto social de distintas tecnologías o debates asociados a descubrimientos o desarrollos experimentales, o bien emergencias médicas, ambientales, etc., y los movimientos sociales (ver, por ejemplo, Dunwoody, Griffin, 2007; Carvalho, 2008, 2007; Drache et al, 2003; Entwistle, Hancock-Beaulieu, 1992; Roche, Mus- kavitch, 2003; Irwin, 2008, 1995).

Luhmann destaca otro aspecto interesante de la estrecha conexión que existe entre cono- cimiento y riesgo. Este autor plantea que el riesgo se construye temporal y socialmente y por eso cobra relevancia para su análisis el saber quién o qué determina en un momento dado lo que debe o no debe definirse como riesgo. En este sentido, una decisión correc- ta tomada en el presente evitaría un riesgo futuro. Evitar los riesgos mediante la toma de decisiones acertadas llevaría a la conclusión de que un mayor conocimiento permitiría a la sociedad actual transitar del riesgo a la seguridad. Pero los hechos demuestran lo opues- to, ya que un mayor saber y su complejización hacen visible nuevas facetas del riesgo (Luhmann, 1996: 150)

Al igual que Luhmann, Beck (2008) señala que un mayor saber no reduce necesariamente el riesgo, sino que aumenta la visibilidad del mismo. A su vez, este saber devela nuevas dimensiones del no-saber sobre el futuro y esto genera una mayor indeterminación del riesgo. Para Beck, este no-saber, que enfrenta a las sociedades modernas con riesgos indeterminados, descubre la valoración social que se pone en juego en la definición de los riesgos y, por ende, delata la dimensión política que recorre esta problemática. Así, un riesgo minimizado, por ejemplo por las instituciones políticas, es susceptible de generar 60 diferentes formas de protestas o reclamos sociales en la arena política.

La cualidad valorativa del riesgo y la imposibilidad de su cálculo a causa de su indetermi- nación coloca a los gobiernos, por otro lado, en una paradoja, ya que deben intensificar sus esfuerzos para aumentar sus conocimientos en aras de garantizar la seguridad y de poder controlar aquello que no pueden saber si existe (Beck, 2008). Luhmann también destaca el trasfondo político de la valoración social del riesgo que queda evidenciado en torno al problema de la prevención que interviene entre la decisión y el riesgo. En este sen- tido, la prevención, cuya finalidad sería reducir la aparición de un riesgo o su envergadura en el futuro, expone a la política tanto a la sobreestimación como a la subestimación de riesgos, lo que a su vez desencadena la politización de estos temas en la sociedad.

Muchos de los riesgos actuales están estrechamente vinculados con los desarrollos tec- nocientíficos que se generan en áreas tan diversas como salud, medioambiente, energía

y producción industrial, entre otras. Es por ello que la gestión de los riesgos está íntima-

mente relacionada con las regulaciones (que intentan minimizar los riesgos de naturaleza tecnocientífica) y las políticas públicas de ciencia y tecnología que tienen por finalidad promover la investigación científica en determinados campos de conocimiento. Si bien en este contexto el saber experto tiene un papel destacado en los procesos de toma de deci-

sión política en materia de regulación y orientación de las políticas públicas sobre ciencia

y tecnología, también lo es que cada vez cobra más relevancia la opinión de la ciudadanía

respecto a las implicancias sociales, medioambientales, éticas o políticas que puede tener el apoyo a una determinada línea de investigación científica o una aplicación tecnológica. La conciencia que tienen los gobiernos sobre las dificultades que puede traer aparejadas

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el hecho de subestimar o sobredimensionar un riesgo o de tomar decisiones respecto a la orientación de las investigaciones científicas que estén en disonancia con los valores de la sociedad en la que serán realizadas, han convertido a las técnicas de consulta ciudadana en una valiosa herramienta para conocer, comprender y orientar mejor la agenda de las políticas públicas de ciencia y tecnología, como así también para poder evaluar la opinión de lo ya realizado. Por otra parte, estas técnicas también se han convertido en metodolo- gías de investigación de suma utilidad para la reflexión y comprensión académica sobre la percepción social del riesgo, la valoración del desenvolvimiento tecnocientífico y el rol y la importancia asignada a las diferentes instituciones y actores sociales involucrados en el devenir sociotécnico.

Indicadores de valoración de riesgos en las encuestas de opinión pública

Una de las técnicas de consulta ciudadana más utilizada es la encuesta de opinión pú- blica, pues si bien la intensidad de la participación que habilita es baja comparada a las posibilidades que ofrecen otras metodologías (como las conferencias de consenso, los referéndums o las audiencias públicas), permite sin embargo obtener información estadís- tica valiosa extensible a niveles sectoriales, nacionales o regionales respecto a la opinión y percepción de los ciudadanos sobre estos temas.

La encuesta Iberoamericana de 2007 (FECYT-OEI-RICYT, 2009) incluyó un capítulo sobre valoración social del riesgo científico y tecnológico. Sus resultados permiten apreciar, por ejemplo, la valoración de riesgos futuros asociados a la ciencia y la tecnología. En este sentido se observa que en todas las ciudades –a excepción de Caracas- la mayoría de las personas señala que en los próximos veinte años habrá que gestionar “muchos” o “bas- tantes” riesgos (Gráfico 2).

61

90,0

80,0

70,0

60,0

50,0

40,0

30,0

20,0

10,0

0,0

80,0 70,0 60,0 50,0 40,0 30,0 20,0 10,0 0,0 B o g o t á Buenos

Bogotá

Buenos Aires Caracas Madrid

Santiago

Sao Paulo

B o g o t á Buenos Aires Caracas Madrid Santiago Sao Paulo
Muchos y bastantes riesgos Muchos y bastantes beneficios

Muchos y bastantes riesgos

Muchos y bastantes riesgos Muchos y bastantes beneficios

Muchos y bastantes beneficios

Muchos y bastantes riesgos Muchos y bastantes beneficios Riesgos y beneficios futuros de la ciencia y

Riesgos y beneficios futuros de la ciencia y la tecnología (%)

Fuente: Encuesta Iberoamericana (2007), RICYT-OEI-FECYT.

Gráfico 2

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Al mismo tiempo, también la amplia mayoría de los entrevistados señala que la ciencia y la tecnología producen “muchos” y “bastantes” beneficios (76% en promedio). Se destaca Bogotá con la visión más optimista, que comparte con Buenos Aires. Los optimistas datos de esta pregunta sobre beneficios parecen contradecir los de la pregunta anterior sobre riesgos. Sin embargo, no se trata de una contradicción. Más bien parecen estar reflejando una percepción no maniquea y crítica por parte de los entrevistados de la compleja reali- dad de la ciencia actual. Globalmente consideradas, las preguntas sobre riesgos y benefi- cios muestran que los entrevistados se inclinan por una valoración optimista aunque tienen bien presente los riesgos de la ciencia y la tecnología.

62

Tabla 1 (p.14 y p.15). Perfil de actitudes ante riesgos y beneficios de la ciencia y la tecnolo- gía por ciudad

Bogotá

Buenos

Caracas

Madrid

Santiago

Sao

Total

Aires

Paulo

muchos y bastantes ries- gos / muchos y bastantes beneficios

57,3%

48,1%

23,9%

38,4%

43,1%

44,9%

42,6%

muchos y bastantes riesgos / poco y ningún beneficio

11,3%

12,0%

8,9%

11,1%

18,1%

19,2%

13,4%

muchos y bastantes be- neficios / pocos y ningún riesgo

21,0%

29,4%

45,9%

32,1%

25,4%

24,4%

29,7%

pocos y ningún riesgo / pocos y ningún beneficio

1,9%

1,4%

5,7%

2,9%

3,1%

4,9%

3,3%

Ns / Nc

8,6%

9,2%

15,7%

15,5%

10,4%

6,5%

11,0%

Total

100%

100%

100%

100%

100%

100%

100%

Fuente: Encuesta Iberoamericana (2007), RICYT-OEI-FECYT.

La Tabla 1 ofrece el cruce de ambas preguntas (p.14 y p.15) y conforma una cierta tipología actitudinal en la que resalta, en primer término, la importancia de la posición que podría- mos considerar más “realista”, es decir, la que se inclina por afirmar que en los próximos veinte años habrá tantos beneficios como riesgos. Dicha posición es asumida por cuatro de cada diez iberoamericanos encuestados. Observada por ciudades, es más enfática en Bogotá, y está menos presente en Caracas. Por otra parte, casi un tercio de la muestra total podría considerarse como parte de un grupo que minimiza los riesgos y realza los be- neficios. En Caracas este grupo es no obstante más grande que la media general. Luego hay un 13% que asume una postura pesimista: los riesgos serán muchos y los beneficios pocos o ninguno. En Sao Paulo este grupo tiene un peso mayor que en otras ciudades.

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Escepticismo respecto a la ciencia y la tecnología (EB, 2005 y 2010)

La ciencia y la tecnología son respon- sables de la mayoría de los problemas medioambientales actuales (EB, 2005)

La comida obtenida a partir de orga- nismos genéticamente modificados es peligrosa (EB, 2005)

Debido a su conocimiento, los científicos tienen un poder que los hace peligrosos (EB, 2010)

tienen un poder que los hace peligrosos (EB, 2010) Desacuerdo 0% 20% 40% 60% 80% 100%

Desacuerdo

un poder que los hace peligrosos (EB, 2010) Desacuerdo 0% 20% 40% 60% 80% 100% Ni
0% 20% 40% 60% 80% 100% Ni de acuerdo ni en desacuerdo No sabe
0%
20%
40%
60%
80%
100%
Ni de acuerdo ni en desacuerdo
No sabe
Acuerdo Gráfico 3
Acuerdo
Gráfico 3

Los barómetros europeos también permiten dimensionar la valoración de la ciencia y la tecnología en relación a diferentes problemáticas abordadas desde la sociología del ries- go. Por una parte, los europeos resaltan el papel de la ciencia y la tecnología para la cura de enfermedades y la mejora de la calidad de vida. Sin embargo, en varios aspectos las posturas escépticas se hacen sentir. Por ejemplo, como muestra el Gráfico 3, en los Euro- barómetros de 2005 y 2010 la mayoría de los encuestados (seis de cada diez) señaló que

la ciencia y la tecnología son responsables por los problemas del medioambiente, o bien

que los científicos pueden tornarse peligrosos en virtud del conocimiento que poseen, o

que los alimentos genéticamente modificados son peligrosos (la mitad de la población).

63

Algunas de las encuestas nacionales de percepción llevadas a cabo por los organismos de

ciencia y tecnología en América Latina también ponen de relevancia la complejidad de la valoración de los riesgos y beneficios. En el caso de Brasil (MCT, 2006), por una parte, se ve que la mayoría de los encuestados (casi la mitad) opinaba que en el balance los bene- ficios son mayores que los perjuicios (deteniéndose en cuestiones fuertemente vinculadas

a la protección de la salud, el aumento en la calidad de vida, la educación y las formas de comunicación). Una proporción importante del público –casi un tercio– descartaba la existencia de riesgos. Un 13%, en cambio, sostenía que riesgos y beneficios estaban en

equilibrio. Entre los principales riesgos mencionados figuraban los efectos sobre el medio ambiente (un tema central de la agenda pública de Brasil), la reducción del empleo y la pro- vocación de nuevas dolencias y enfermedades. Sin embargo, los brasileros no parecían tener una visión optimista ingenua. Varias de las respuestas apoyan esta suposición. Por ejemplo, siete de cada diez opinaba que el conocimiento científico podía tornar peligrosos

a los investigadores. La misma proporción reclamaba que los científicos deberían exponer

públicamente los riesgos de las investigaciones que llevan a cabo. Seis de cada diez, por otra parte, consideraba que las aplicaciones tecnológicas de gran impacto podían ser ca-

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tastróficas para el medio ambiente. Y también la mitad de los brasileños encuestados no creía que la ciencia y la tecnología fueran a eliminar, por ejemplo, la pobreza en el mundo (MCT, 2006). La encuesta 2008 de España (FECYT, 2008) registró una situación en parte

similar a la encontrada en Brasil. Así, la mitad de la población consideró que los beneficios de la ciencia son, globalmente considerados, mayores que sus riesgos. Se ponderó su capacidad para el desarrollo económico, la calidad de vida, y el combate de enfermedades

y epidemias. Sin embargo, casi un 30% sostuvo que beneficios y perjuicios están en pie

de igualdad. Entre las desventajas se enfatizó el aumento de las diferencias entre pobres

y ricos, la pérdida de puestos de trabajo o problemas de conservación del medio am-

biente. En la segunda encuesta nacional de Colombia (Colciencias, 2004) la ambivalencia respecto a los riesgos también era evidente, dividiendo a los entrevistados en dos grupos con el mismo peso estadístico: la mitad pensaba que el desarrollo científico-tecnológico ocasiona problemas para la humanidad, como el deterioro del medio ambiente y la utiliza- ción del conocimiento para la guerra. La mitad restante se mostraba en desacuerdo con estas ideas. En la encuesta nacional de Argentina (SECYT, 2007) se introdujo un capítulo específico sobre energía nuclear donde se preguntaba entre otras cuestiones por el riesgo percibido y su gestión. La mitad de los argentinos opinaba que se trata de un riesgo que puede ser gestionado eficazmente, mientras que otro 20% también acordaba con que se trata de un riesgo incontrolable.

Una problemática compleja: riesgo, medio ambiente y opinión pública

En el libro titulado The politics of climate change, Giddens (2009) señala que a pesar de la 64 preocupación que la mayoría de las personas expresan respecto al cambio climático y al conocimiento sobre el impacto que en ello tiene la producción industrial y los productos derivados de ella que se utilizan y consumen diariamente, la mayoría de los ciudadanos en casi todos los países apoyaría iniciativas nacionales e internacionales para lidiar con el calentamiento global siempre y cuando estas iniciativas no demanden una alteración sig- nificativa del estilo de vida. Este tipo de condicionamiento al apoyo de políticas públicas destinadas a la mitigación o reducción de los riesgos generados por el desarrollo tecno- científico ilustran la complejidad que entrañan los procesos de toma de decisión para la generación de leyes y regulaciones que puedan enfrentar estas problemáticas sin dejar de contemplar, al mismo tiempo, la opinión de la ciudadanía y su deseo generalizado de no ver afectado drásticamente su estándar de vida. En este sentido, las encuestas de opinión pública son de gran utilidad tanto para saber qué opina la ciudadanía en general sobre las consecuencias económicas, sociales y ambientales que traen aparejadas la implementa- ción de una determinada regulación, como así también para lograr comprender las contra- dicciones, los límites y los planteos que configuran la construcción social del riesgo en un determinado contexto.

Una estrategia interesante para indagar la distancia que muchas veces se presenta entre la preocupación expresada respecto a un riesgo y las acciones que se llevarían a cabo para contrarrestarlo consiste justamente en presentar preguntas o situaciones en las que el encuestado deba considerar dar, perder o sacrificar algo para disminuir un determinado riesgo. Muchas de estas preguntas suelen realizarse en torno a temas vinculados con el daño al medio ambiente y los eventuales cambios en los hábitos de vida o el gasto per- sonal que el encuestado estaría dispuesto a afrontar para evitarlo. Formulaciones de este

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tipo, a pesar de no desterrar del todo las respuestas políticamente correctas, sí logran sortear ciertos lugares comunes de aquellos planteos más abstractos donde la opinión de quien contesta no involucra pensar las implicancias de la respuesta dada para el modo en que lleva adelante su vida.

La aplicación en algunos países de Iberoamérica del estudio de World Values Survey (2005-2007) anteriormente referido, ilustra este tipo de contraste actitudinal. Una de las preguntas obligaba a los encuestados a posicionarse frente a la dicotomía crecimiento económico o protección medioambiental. En concreto se las hizo escoger entre dos estra- tegias de política pública excluyentes entre sí: la primera, una donde se privilegiara la pro- tección del medioambiente a riesgo de que se produjera una tasa de crecimiento econó- mico más lenta y, como producto de ello, se perdieran puestos de trabajo en la economía. La segunda estrategia consistía en afirmar que el crecimiento económico y la creación de empleo deberían ser las máximas prioridades, incluso cuando el medioambiente se viera en alguna medida resentido.

Tabla 2.

 

Protección del

medio ambiente

España

México

Argentina

Brasil

Chile

Perú

Uruguay

Colombia

Guatemala

Total

vs. crecimiento

 

económico

Protección del

64,2%

64,1%

74,9%

63,6%

67,3%

65,9%

48,9%

69,9%

61,8%

65,5%

medio ambiente

 

prioritaria (1)

Desarrollo eco- nómico y crea- ción de empleo prioritarios (2)

33,3%

33,6%

21,8%

31,4%

30,9%

32,1%

47,9%

28,3%

34,1%

31,8%

Otras respuestas

2,5%

2,3%

3,3%

5,0%

1,9%

2%

3,2%

1,8%

4%

2,7%

 

1054

1422

922

1433

922

1403

877

3017

988

12038

Total

100%

100%

100%

100%

100%

100%

100%

100%

100%

100%

65

(1) La protección del medio ambiente debería ser prioritaria, incluso si causa un desarrollo económico más lento y se pierden puestos de trabajo. (2) El desarrollo económico y la creación de empleo deberían ser prioritarios, incluso si el medio ambiente sufre a consecuencia de ello.

En todo los países, a excepción de Uruguay, prevaleció la postura “políticamente correcta” frente a la problemática ambiental, la que retiene un global redondeado de dos tercios de la población. La apreciación más alta en este grupo la hacen los ciudadanos de Argentina y Chile. La excepción comentada de Uruguay refleja una visión donde el par dicotómico se encuentra en equilibrio: existe la misma proporción de encuestados que se inclinan por el crecimiento económico como los que señalan la necesidad de preservar ante todo el medioambiente. (Tabla 2)

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De la misma manera, cuando se les solicitó que expresaran su grado de conformidad frente a la afirmación de que “el Gobierno debería reducir la polución medioambiental”, se obtiene un nivel de acuerdo que alcanza a una media de ocho de cada diez consultados. (Tabla 3)

Tabla 3.

 

El Gobierno

debería reducir

España

México

Argentina

Brasil

Chile

Perú

Uruguay

Guatemala

Total

la polución

 

medioambiental

Muy de acuerdo

53.3

%

25.4

%

54.5

%

46.6

%

56.7

%

23.8

%

45.3

%

38,8%

41,4%

De acuerdo

37.1

%

41.5

%

32.3

%

35.2

%

28.0

%

49.0

%

36.8 %

41,4%

38,0%

En desacuerdo

7.0

%

28.9

%

11.2

%

16.0

%

13.6

%

25.2

%

13.9 %

14,6%

17,3%

Muy en

2.6

%

4.1 %

2.0 %

2.3 %

1.7 %

1.9 %

4.1 %

5,2%

3,0%

desacuerdo

 
 

1125

1529

956

1491

967

1440

952

990

9450

Total

100%

100%

100%

100%

100%

100%

100%

100%

100%

Pero, como se verá a continuación, las actitudes adquieren otra configuración cuando se introducen cuestiones más específicas que apelan a la conducta y afectan a la economía 66 doméstica de los entrevistados.

Tabla 4. Destinaría parte de mis ingresos para el medio ambiente

España

México

Argentina

Brasil

Chile

Perú

Uruguay

Guatemala

Total

Muy de acuerdo

6,2 %

24,3 %

14,4 %

11,8 %

20,1 %

14,8 %

4,3 %

38,2%

16,8%

De acuerdo

42,8 %

59,7 %

42,8 %

40,8 %

35,1 %

62,4 %

39,8 %

46,5%

47,6%

En desacuerdo

28,9 %

12,7 %

27,2 %

34,8 %

25,5 %

19,9 %

44,6 %

9,4%

24,8%

Muy en

22,1 %

3,4%

15,5%

12,6%

19,4%

2,9%

11,2%

6,0%

10,8%

desacuerdo

 
 

1092

1540

946

1493

929

1431

926

988

9347

Total

100%

100%

100%

100%

100%

100%

100%

100%

100%

Al evaluar el nivel de acuerdo respecto al hecho de tener que otorgar parte de los ingresos para mitigar problemas medioambientales, se observa que en los encuestados en Guate- mala, México y Perú, siguiendo ese orden, predominan actitudes ampliamente favorables a la contribución financiera personal para contrarrestar estos inconvenientes. En Argentina la sociedad también se muestra proclive a esta posibilidad, aunque de una forma menos acentuada, ya que una proporción amplia de la población (42,8%) está en desacuerdo. En

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el caso de España las respuestas muestran una distribución dicotómica de las respuestas:

mitad de los encuestados están a favor y la otra mitad en contra. Brasil y Chile presentan distribuciones similares. Uruguay, finalmente, es el país donde el rechazo cobra mayor fuerza, alcanzando a una proporción algo mayor a la mitad de los encuestados. (Tabla 4)

Tabla 5.

 

Aceptaría un

aumento de

impuestos si

fuera destinado

España

México

Argentina

Brasil

Chile

Perú

Uruguay

Guatemala

Total

a prevenir

 

la polución

medioambiental

Muy de acuerdo

6,5 %

14,6 %

8,5 %

8,4 %

16,1 %

11,2 %

4,5 %

12,8%

10,5%

De acuerdo

40,8 %

55,8 %

35,3 %

41,1 %

35,2 %

55,9 %

38,5 %

50,4%

45,3%

En desacuerdo

31,2 %

24,0 %

36,1 %

37,0 %

29,2 %

29,0 %

42,6 %

20,5%

30,9%

Muy en

21,5 %

5,5%

20,1%

13,5%

19,5%

3,9

14,5%

16,3%

13,3%

desacuerdo

 
 

1097

1533

951

1491

936

1426

920

989

9344

Total

100%

100%

100%

100%

100%

100%

100%

100%

100%

67

Otra forma de evaluar la aceptación de una contribución económica que afecta a la eco- nomía doméstica es a través de la actitud respecto a los impuestos. Frente a la pregunta si se estaría dispuesto a asumir un incremento de los mismos para que dicho dinero se destine a combatir la polución medioambiental, vuelven a notarse posiciones de acepta- ción, rechazo y polarización. Las sociedades de México (siete de cada diez encuestados), Perú (67%) y Guatemala (63%) mantienen una disposición mayoritaria a la contribución económica vía impuestos. En España se vuelve a notar que la opinión está dividida en pro- porciones similares, con una leve tendencia al rechazo. Brasil y Chile también mantienen esta característica. La mayor parte de los uruguayos (57%) mantiene la postura de recha- zo. Con algunas diferencias, en estos países predomina la misma posición para ambas preguntas. Por último, la mayoría de los argentinos (56%), en este caso a diferencia de la pregunta anterior, se pliegan a resistir el aumento de los impuestos. (Tabla 5)

Conclusiones

En este artículo se defendió la idea de que la participación ciudadana en ciencia y tecno- logía no puede ser comprendida acabadamente si no se tiene en cuenta el horizonte más amplio de las transformaciones y las tensiones propias por las que están atravesando las democracias y sus formas de representación. El reclamo civil por una mayor apertura de los procesos de toma de decisión, que incluyan nuevos canales y modalidades de partici- pación pública, puede ser leído como una propuesta para ampliar los cauces por los que se manifiesta la representación civil en las democracias actuales.

Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

Los indicadores de percepción social en Iberoamérica expresan en distintos niveles cómo la opinión pública ha ido procesando las transformaciones acontecidas en las últimas dé- cadas en la relación ciencia, democracia y sociedad. En primer término, los ciudadanos se muestran, con excepciones, particularmente críticos respecto a la calidad democrática en sus países. En segundo lugar, es un hecho que la ciudadanía reclama la apertura de canales de expresión y participación aunque, al mismo tiempo, esto no supone el agota- miento de formas tecnocráticas de gestión de los asuntos públicos ni la quita de apoyo a los sistemas expertos como fuente de legitimación de las políticas.

Esto se ve acompañado por una alta valoración del aporte de la ciencia y la tecnología en mejoras concretas de la calidad de vida y del rol de los científicos en la sociedad. Sin embargo, como también se ha mostrado en este artículo, no hay un optimismo ingenuo respecto a las consecuencias del desarrollo tecnocientífico. Más bien al contrario, la conciencia acerca de los riesgos indica que los ciudadanos tienen capacidad suficiente para discriminar entre beneficios y riesgos. Esto equivale a decir que las visiones positi- vas no han sido remplazadas por posturas apocalípticas sino por consideraciones más equilibradas y críticas.

La información disponible a partir de estos estudios ratifica entonces lo inadecuado de los modelos lineales de relación ciencia y sociedad. Por cierto, esta percepción social más compleja y multiforme puede asociarse a distintos factores: las profundas transfor- maciones en la estructura institucional de la ciencia y la tecnología contemporáneas y su grado de exposición y alcance público; la forma en que el conocimiento y sus apli- 68 caciones han permeado estructuras sociales diversas, y en muchos sentidos redefinido fronteras económicas, instituciones y hasta subjetividades; la magnitud política de la ciencia y la tecnología; y, también, las propias dinámicas de gestión política del poder en las democracias actuales.

De la misma forma, los indicadores ponen de manifiesto que los gobiernos y a las institu- ciones científicas, particularmente en América Latina, se enfrentan al desafío de generar cauces y mecanismos institucionalizados para que el “reclamo participativo” pueda con- cretarse en acciones que incluyan a la ciudadanía. La intervención social implicaría pensar en mecanismos de consulta e inclusión para un paulatino proceso de apertura (que algu- nos autores llaman de democratización) de la ciencia al escrutinio social. Habida cuenta de la historia institucional y política de la región, es comprensible que esto provoque reaccio- nes diversas que van de la amplia aceptación a la mayor de las resistencias.

Pero la idea de una democracia deliberativa no parece compatible con denegar el acceso público, o delegar sólo en los expertos, en la inteligencia empresarial, intelectual y profe- sional, decisiones que afectan al conjunto de la sociedad y que en última instancia deter- minan los rumbos que una sociedad decide emprender. Ahora bien, pensar la participación ciudadana en América Latina no se correspondería con la adopción acrítica de modelos o técnicas desarrolladas en los países avanzados, sin tomar en cuenta la posición relativa de la ciencia y la tecnología en las sociedades de América Latina, las matrices económi- cas y productivas, así como las formas que adopta la participación política y social en las democracias regionales.

Periodismo y Comunicación Científica en América Latina

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