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P. OPES BARIA - Historia de Coma IV EI toro contra la loba. De los Graco a la guerra de los aliados Ls intentos tefotmistas de Tiberio Sempronio Graco inauguraron el timo sigho de la Repablica comana (133-131 aC.),caracterizado por los continues centhictee intemos, de una violencia desconocida hasta entonces, que acabaron desgarranelole Légicamente, la durera del enfrentamiento desperté encendidas pasiones que distosionston of ane que de al se hacia de un modo, en dleima instanca,irtemediable. Entre los joices Peyorativos sobre los fraco,ate abunclan en los escritos de Cicerén y los enxores de ballon eee enka byografia, mis equilibrada, de Plutarco,sélo nas queda el primer libs eee guerras civiles de Apiano, una fuente algo mas fable, aunque no exenta de prejuicios Asiana no tiene dudas sobre el caricter dela crisis Se traté de un enffentamieato ene tary Rabies entre propietarios prepotentes y campesinos sin tis, Si bien pecker acep- {argue fuera dsa uma de las claves del conflicto, pienso que tuvo mayor tnecenten ee que Semos afforsr de continuo en el slato de Apiano: la tensién creciente oneal anne ya loba, gnire Tos itélices y Roma, que condujo a la primera guerra civil la llamace guerra de los alia- des~ slo resuclta cuando toda Italia obtuvo la ciudadanta romana, a ee politico cuya nine hfe pamite comparacién porque contintia e impulse un largo proce de eae Peace ot de Hala, canco en fo cuteural como en lo econsmico,en el que sl tow idlinn sien ep onetse sobre la loba romana como marco principal de referencia, La comagcil Politica, en adelante, ya no sera Roma con su territorio (el sipado de Augusto, en buena medida, sera la conchisicn embargo, en vez de proceder primero al andlisis de las ca wusas y el alcance de Ia crisis, parece mejor exponer antes el relato de los aconteci imientos, en fa medida en que sea posible |. TIBERIO SEMPRONIO. GRACO. Tos hermanos Graco perteneefan a la nobilitas romana, deto peso e influencia en el senado. Su padre (cfr, ocasiones (177, 163 a.C.), ademas de censor (16! durante sus campafias en Hispania. Su madee, la ha dejado un revelador rettato-, que eta hija de al miicleo de familias con verda- fig. 3.2, p. 94) habia sido consul en dos 9 aC.) y habia obtenido algunos éxitos famosa Comelia ~de la que Plurarco nos Bscipin Africano, el vencedor de Anibal, 106 tuvo doce hijos, de los que sélo sobrevivieron tres. Por diltimo, su hermana Sempronia con- trajo matrimonio con Escipién Emiliano, a cuyas érdenes sirvié Tiberio Graco, cuando tenfa veinte afios, durante el asedio de Cartago (147-146 a.C.), Después, Tiberio, ya cues- tot, se vio envuelto, como vimos, en fa rendicién de Mancino en Numancia (137 a.C.). A duras penas pudo librarse de que el pueblo ordenara entregarlo a los nurnantinos, como le sucedio al cOnsul. A este citculo de poderasos parientes, Tiberio le afiadié su matrimonio con la hija de Apio Claudio Pulero, ednsul en el 143 y princeps senatus desde el 136. Con apoyos tan influyentes, se comprende bien Ia hondura de la crisis provocada por las iniciativas de Tiberio Graco. Plutarco afirma que, a la hora de preparar el proyecto de ley, Tiberio buscé el consejo, no sélo de Apio Claudio, sino también de personas de un presti- gio similar, entre ellas, dos hermanos y conocids juristas: P. Licinio Craso Dives Muciano (hijo de P. Mucio Escévola, pero adoptado por un Licinio Craso, fue pontifice maximo desde el 132 y sera consul en 131) y P. Mucio Escévola (cénsul en 133, pontifice maximo desde el 130: pro- bablemente, fue él quien se encargé de publicar los annales maximi, como vimos en II.[.1) Tiberio no era un agitador ni un enemigo del senado y, aunque sea'una respuesta parcial, podemos suponer que sus propuestas pretendian, entre otras cosas, restar poder e influencia en los comitia a su cufiado, Escipién Emiliano. Miinzer vio en los enlaces de Tiberio Graco con la hija de Apio Claudio y de Cayo con la hija de Licinio Craso la formacién de una gran alianza entre los enemigos de los Escipiones (1999, p. 247). 1. El tribunado del 133 a-C. Durante su expansién por Italia, Roma habfa ido apoderindose de parte del territorio de la ciudades que se habian rendido (deditio), en proporciones variables, entre 1/3 y 2/3 y Jo mismo hizo después con aquellas que se habfan pasado a Anibal en la segunda guerra piinica. Esa tierra pasd a ser de titularidad publica, era ager publicus, del que Roma podia disponer a su conveniencia: algunas parcelas las vendia (ager quaestorius, asi llamado por- que lo ponfa en venta el cuestor), otras las arrendaba (ager censorius, pues del arrendamien- 0 se encargaba el censor), pero la mayor parte las distribuia gratuitamente bien en lotes individuales (ager wiritim adsignatus) bien mediante la fundacién de colonias. Sobre lo res- tante, que era mucho, en tanto que Roma no decidiese otra cosa, se reconocta el derecho de occupatio a los antiguos propietarios y 2 quienes, de hecho, se hiciesen cargo de la parcela. Se encontraban pues como posesores en precario, pero de larga duracién, y, segiin el parecer unénime de Apiano y Plutarco, la mayorfa eran ricos que habfan acumulado por este proce- dimiento grandes cantidades de tierra. Parece que debian pagar un canon (uectigal) como reconocimiento de la propiedad de Roma, aunque no es algo de fo que podamos estar segu- ros yen cualquier caso su cuantfa debfa de ser pequefia. - Tiberio Graco, hubo de iniciar su mandato como tribuno de la plebe el 10 de diciembre del 134. Pocos dias después, presenté al pueblo una revolucionaria ley agraria sin pedir pri- mero, como era costumbre, el parecer del senado. En ella reafirmaba el limite de quinien- tas yugadas (125 ha) como extensién maxima de ager publicus que podfa ocupar un ciuda- dano. Ese limite ya venta fijado en una ley anterior, nunca aplicada, aunque no podemos identificar cual, pues son varias las leyes de modo agrorum que conocemos (a veces se ha pensado en la ley Licinia Sextia del 367 a.C. pero es improbable que a mediados del siglo 1v la reducida cantidad de ager publicus fuese compatible con un limite tan alto). A esas qui- nientas yugadas, Tiberio afiadié tal vez otras doscientas cincuenta por cada hijo con un limite maximo de ottas quinientas (esto es, dos hijos), si hacemos caso de la referencia en la Perioja de Livio a que el méximo establecido era de mil yugadas, aunque segtin Badian (1972) el epitomista se equivocé en fa cifra, pues el proyecto inicial toleraba suplementos de doscientas cincuenta yugadas por cada hijo (sin limite de hijos) y el que finalmente se aprobé, mas rigido, s6lo concedia quinientas, sin excepciones. No tenemos la certeza de 107 que los latinos y socios itdlicos pudiesen beneficiarse de los repartos al igual que los ciuda. danos romanos. Si la intencién de Tiberio era la de aumentar el ntimero de movilizables {assidui), esto es, reforzar el poder del ejército, parece légico que tuviera en cuenta la ele. vada proporcién de itdlicos en el ejército de Roma, mas de la mitad en. ocasiones, pero no podemos estar seguros de que su objetivo no fuese precisamente el de aminorar la depen. dencia de Roma respecto de sus aliados, en este terreno. En contra de lo que sostiene Richardson (1980), no creo que fuese necesario, para recibir parcelas de ager publicus, obte. ner al mismo tiempo la ciudadania romana. Una comisién de tres individuos se encargaba de deslindar las parcelas de ager publicus cedidas a los particulares y repartir el excedente entre «los pobres» en lotes inalienables de un méximo de treinta yugadas, sometides al pago de un canon (wectigal). Un aftadido posterior otorgé a la comisién poderes jurisdiccionales, de ahi su denominacién oficial como [Huiri al gris) i(udicandis) a(dsignadis) Segtin dejé escrito Cayo Graco, su hermana concibié el proyecto de reforma agraria al cruzar Etruria, camino de Numancia, ver la pobreza de sus habitantes y comprobat que quienes cultivaban la tierra eran esclavos. El propio pueblo lo incitaba, con garahatos escri- tos en los pértices, las paredes y los monumentos, a que devalviese & los pobres la tierra pablica. Plutarco nos ha conservado un fragmento de uno de los discursos que Tiberio pro- nuncid para defender su ley, y aunque sea parcialmente, permite apreciar st enorme talen- to oratorio (Vida de Tiberio, 9, trad. de A. Sanz Romanillos): Las fieras que discurten por los bosques de Italia tienen cada una sus guaridas y sus cuevas; los que pelean y mueren por Italia slo participan del aire y de la luz, y de ninguna otra cosa més, sino ue, sin techo y sin casas, andan errantes con sus hijos y sus mujeres; no dicen verdad sus cau. Hos cuando en las batallas exhortan a los soldados a combatir contra los enemigos por sus atas y sus sepuleros, porque de un gran niimeto de romanos ninguno tiene ara, patria ni sepulezo de sus mayores; sino que, por el regalo y Ia riqueza ajena, pelean y mueren, y cuando se dice que son sefiores de toda la tierra, ni siquiera un terrén tienen propio. [7 El proyecto de ley provoes las irms de muchos senadores, en. especial, lgicamente, las de aquellos que se habfan apropiado de extensas parcelas de ager publics. Elles convencieron a un tribuno de la plebe, Marco Octavio, para que interpusiese su veto, lo cual impedia que se some- tlese a votacidn por las tribus. La pugna entre Tiberi Graco y M. Octavio se prolongé a lo lar. go de dos asambleas frustradas por la intercessio (segiin Plutarco) o bien de tres (segiin Apiano) y hubo también una reunién del senado en la que ambos expusieron sus argumentos, pero sin llegar a ningin acuerdo. Tiberio anuncié mediante edicto que vetarfa, a su vez, los actos de cualquier magistrado en tanto no se pudiese somerer a votacién su proyecto de ley y parece que legs a sellar el erario en el templo de Satumo. Hasta aqui, nada nuevo respecto de los usos habituales del conflicto politico en aquellos aos. Lo que quebré la paciencia de Tiberio fie la toaudez de Octavio, que, respaldado por una mayorfa de senadores, mantuvo su veto, no para retrasay, sino con el fin de impedtir que el pueblo se pronunciase sobre la ley, algo del todo int sual y contrario a la esencia misma del tribunado plebeyo. Tiberio decidié entonces dar un, paso decisivo, sin precedentes también: proponer a las tribus la destitucidn de Octavio con el argu mento de que un tribuno de la plebe que actuase contra los intereses del pueblo no merecta seguit ocupando su puesto. A diferencia de otros ordenamientos (como la Atenas democrsti- ca del siglo v), en Roma, los magisttados, si bien eran elegidos por votacién popular, no po- dian ser depuestos salvo aquellos casos en que la eleccién se habia visto viciada por algtin de- fecto religioso y descontando, naturalmente, la abdicacién voluntaria. Por ello, noes de excluir Ja influencia de conceptos politicos griegos en esta audacia gracana, pues segtin Plutarco (Vida 8,5) respaldaron a Tiberio el filésofo Blosio de Cumas y el rétor Didfanes de Mitilene. Las tribus voraron ungnimemente a favor de la destitucién de Octavio y eligieron a otto en su lugar cuyo nombre varfa en las fuentes: Mumio, Minucio 0 Mucio. Ast, quedaba despe- jndo ef camino al proyecto de ley agratia, que fue aprobado sin mayor dificultad. | : : 108