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Capitalismo y descampesinización en el Suroeste dominicano

Esta publicación ha sido posible gracias al apoyo de la Dirección General de Aduanas

Archivo General de la Nación Volumen LXXXI

Angel Moreta

Capitalismo y descampesinización en el Suroeste dominicano

Santo Domingo

2009

Archivo General de la Nación, volumen LXXXI Título: Capitalismo y descampesinización en el Suroeste dominicano Autor: Angel Moreta

Departamento de Investigación y Divulgación Directora: Reina C. Rosario Fernández

Edición y cuidado: Lillibel N. Blanco Fernández Diagramación: Raymer A. Domínguez M. Diseño de cubierta: Raymer A. Domínguez M. y Karol González Snochowski

Fotos de cubierta: «Zona del valle de SJM» y «Cultivo de arroz con tracción animal». (Angel Moreta)

© Ediciones del Archivo General de la Nación, 2009

Archivo General de la Nación Calle Modesto Díaz 2 Ciudad Universitaria Santo Domingo, Distrito Nacional Tel. 809 362-1111, Fax. 809 362-1110 www.agn.gov.do

ISBN: 978-9945-020-65-6

Impresión: Editora Búho, C. por A.

Impreso en República Dominicana Printed in Dominican Republic

Y que naide escupa sangre pa’ que otro viva mejor.

AtAhuAlpA YupAnqui

La dialéctica de Marx es método de investigación de relaciones sociales, relaciones de producción; no de análisis de documentos.

león trotskY

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Agradecimientos

A Luisa Díaz Nin, quien fuera mi compañera, por su signi-

ficativa ayuda, solidaridad y desprendimiento; sin ella no hu- biese sido posible este trabajo. Mi admiración y respeto por su grandeza de espíritu.

A Raymundo González, verdadero «comandante de tra- bajadores y trabajadoras» del Archivo General de la Nación (AGN), quien a través de su sensibilidad, apertura y dotes in- telectuales ha dado mucho al país.

A Lillibel Blanco, editora junior del AGN, por su interés

profesional en los trabajos que le asignan, su cortesía, inteli-

gencia, educación y capacidad técnica. Sin su ayuda este traba- jo no hubiese sido editado.

A Lusitania Martínez por el estímulo que representó para

mí que el presente trabajo le fuera últil para su investigación

sobre Plama Sola.

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Angel MoretA

Contenido

Introducción / 13

I. La región Sur y la provincia de San Juan de la Maguana / 19

II. Inicios del desarrollo capitalista en el valle de San Juan de la Maguana / 45

III. Apropiación terrateniente de los medios de producción en la agricultura / 69

IV. Intensificación del capitalismo agrario / 91

V. Procesos de descampesinización (1950-1970) / 121

VI. Las relaciones de producción en la microformación social regional / 141

VII. El campesinado en su relación con el capitalismo (¿Desaparición del campesinado mercantil en la microformación social regional?) / 181

Conclusión / 227

Bibliografía general / 231

Apéndice 1. El campesinado del Suroeste en la década del 20 / 239

Apéndice 2. El caudillismo regional / 251

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Angel Moreta

Apéndice 3. Materiales históricos previos e ideas para la investigación de las clases sociales en las estructuras agrarias del Suroeste (SJM). Aspectos técnicos y metodológicos / 259

Apéndice 4. Proletarización rural, capitalismo y clases sociales en el Suroeste (SJM). (Tendencias e hipótesis) / 309

Apéndice 5. Artículos publicados en el periódico local El Cable (1925 y 1935), por el escritor regionalista Manuel de Jesús Rodríguez Varona (1873-1956) / 345

Índice de cuadros / 355

Índice de ilustraciones / 359

Índice onomástico / 361

Introducción

El presente trabajo pretende organizar los elementos históricos que hacen posible la explicación del proceso de establecimiento del capita­ lismo en la agricultura de la región Suroeste, específicamente del valle de San Juan de la Maguana, desde fines del siglo xix hasta la confi­ guración de las actuales relaciones sociales. El intento permite una visión general de dicho proceso y de los procesos más específicos de diferenciación que sufrió el campesinado de la región en el siglo xx, la que ha estado dedicada principal­ mente a la producción de mercancías agrícolas para el mercado interno. Se trata de un esfuerzo de reconstrucción histórica y sociológi­ ca, que comienza con los efectos del capital comercial, que es la forma primitiva del capital, 1 hasta las formas agrocomerciales actuales, esfuerzo a veces somero en ciertos aspectos, con base en un trabajo de campo directo, que proporcionó, mediante fuentes de historia oral, hilos conductores específicos e importantes para dicha reconstrucción. En su globalidad, el intento es importante en nuestro país, si to­ mamos en cuenta la inexistencia del trabajo de campo en las ciencias

1 «Históricamente, el capital, en su enfrentamiento con la propiedad de la tie- rra, se presenta en un comienzo y en todas partes bajo la forma de dinero, como patrimonio dinerario, capital comercial y capital usurario. Sin embar- go, no hace falta echar una ojeada retrospectiva a la protohistoria del capital para reconocer en el dinero su primera forma de manifestación.» (Karl Marx, El Capital, libro 1, sección tercera, México, Siglo XXI, 1982, pp. 179-180.)

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sociales en República Dominica, todavía escasamente desarrolladas e institucionalizadas. 2 En realidad, este trabajo es el primero de tres partes del plan global que nos trazamos, las otras dos partes son: el estudio de la relación campesinado y capitalismo en la actualidad, y el de la fuerza de tra­ bajo agrícola en condiciones de proletarización y semiproletarización, con lo cual tendremos una visión de conjunto de la región, la que tratamos como microformación social regional por sus características socioeconómicas específicas. 3 A diferencia de otras regiones del país, en el valle de San Juan de la Maguana para 1920 no se puede hablar de subsunción for­ mal del trabajo en el capital, ni por tanto, de la producción de plusvalor absoluto, porque el escenario estaba dominado por el ca­ pital comercial, que es la forma primitiva de la relación capitalista como dominante. El capital comercial, al igual que el usurario, 4 corresponde a situaciones en las cuales «el capital ya aparece des­ empeñando determinadas funciones subordinadas, pero no en su función dominante, determinante de la forma social general, en su condición de comprador directo y apropiador directo del proceso de producción». 5 La relación capitalista moderna, que se inicia como subsunción formal, se ha desarrollado, hasta cierto punto,

2 Dicha inexistencia casi total no ha permitido el conocimiento de procesos concretos de la formación social ni del descubrimiento de la problemáti- ca de la formación regional, como en otros países, por ejemplo, México y Brasil. Véase el trabajo de Héctor Díaz Polanco: Agricultura y sociedad en El Bajío, México, 1984, p. 8.

3 Sobre el concepto que proponemos de microformación social regional, véase el capítulo 4 de este trabajo. Sus características socioeconómicas son, entre otras: 1) región muy occidental distante del centro del país; 2) in- corporación tardía al mercado mundial; 3) formación tardía del mercado de trabajo; 4) predominio de comerciantes extranjeros, que sustituyen a los hateros de fines de siglo xix; 5) elites locales dominantes tradicionales muy cerradas en virtud del aislamiento del centro del país; 6) un campesi- nado tardíamente diferenciado, ideológicamente muy atrasado y con for- mas culturales reflejantes de ese distanciamiento; 7) ejercicio de un poder económico, político y social ligado a la iglesia, la región, el caudillismo, el espíritu de elite, el dominio directo de masas de hombres y mujeres en base a la tradición política, el patrimonialismo, etc. Véase nuestro análisis puramente económico de las relaciones de producción observadas en la microformación social regional.

4 K. Marx, El Capital, capítulo VI, p. 58. Véase el capítulo II del presente trabajo.

Introducción

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a partir de esa forma, «que aquí y allá sigue constituyendo aún

la fase de transición hacia la relación capitalista propiamente dicha». 6 Cuando en la región del valle de San Juan de la Maguana, con el avance de la economía mercantil, se desarrolla la división del trabajo agrícola regional entre procesamiento y producción agrícola, y surgen las factorías agroprocesadoras, las agroindustrias y la producción agrícola capitalista, se puede hablar de subsunción formal del trabajo en el capital y, por tanto, de la producción del plusvalor absoluto. Los campesinos mercantiles son sometidos por agroprocesadores (factorías y

agroindustrias) y los obreros agrícolas proletarios y semiproletarios por

el capitalismo agrario.

Este proceso comienza a desplegarse a fines de 1940, cuando la especialización productiva empieza a cobrar auge, centrada en la producción de arroz y maní (y mucho antes habichuela y maíz). Hacia 1970, la región del valle de San Juan de la Maguana puede

considerarse ya una zona productora especializada en este tipo de alimentos para el mercado interno, con una división del trabajo consolidada entre agricultura y procesamiento industrial ligado

a ella, un mercado de trabajo agrícola y la presencia de un ca­

pitalismo agrario. 7 El sometimiento de la fuerza de trabajo campesina al mercado de bienes, dinero y trabajo, en sentido general; el sometimiento de la fuer­ za de trabajo obrera, proletaria y semiproletaria, al capital agrario y de factorías, muestra que latu sensu opera en la región a partir de este período señalado la lógica de valorización del sistema y por ello la subsunción formal del trabajo al capital. 8 El hecho más destacado aquí es la subsunción de las economías mercantiles campesinas al capital que opera en factorías arroceras y en agroindustrias recolectoras de maní para la elaboración industrial de grasas vegetales, como Industrias Lavador y la Sociedad Indus­ trial Dominicana (La Manicera), y el surgimiento de un mercado de trabajo en la agricultura al que acuden miles de jornaleros y echa días

6

K.

Marx, El Capital, capítulo VI.

7

A propósito de este concepto, véase Vladimir Lenin, El desarrollo del capitalis­ mo en Rusia, capítulo I, Barcelona, 1974.

8

K.

Marx, El Capital, capítulo IV; véanse los capítulos VI y VII de este trabajo. Véase

K.

Marx, Capítulo VI inédito de El Capital, México, 1978.

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desprovistos de medios de producción, gran parte de ellos en condicio­ nes de semiproletarización. 9 En el presente trabajo hablamos, con respecto al campesinado de la región, de dos procesos de diferenciación socioeconómica. El primero a

principios del siglo xx, cuando intercambian con el capital comercial;

y el segundo, hacia los años 40, cuando dicha relación se establece con

el capital de factorías y agroindustrias. 10

Hacia el 1900 se instalan comerciantes extranjeros en el medio ur­ bano del valle de San Juan de la Maguana, de nacionalidad árabe e

italiana, y algunos de descendencia española o directamente españoles

y puertorriqueños, que establecen negocios y almacenes, traen géneros

de las zonas donde hay puertos (Azua, Barahona y la capital del país, que funciona como centro distante), esto es, telas, enseres diversos, combustible para alumbrar, lámparas de gas, espuelas de caballos, cu­ chillos, platos, machetes, etc. e intercambian con los campesinos. Hacia los años 1910­1920 formalizan estos comerciantes una red mercantil, descrita someramente en el capítulo II, con la zona rural

a través de compradores agentes comerciales, que adquieren productos

agrícolas alimenticios y los traen a la ciudad mediante recuas, 11 pro­

ductos que eran sacados ya como mercancías agrícolas hacia fuera del valle por los comerciantes urbanos, los cuales tenían verdaderos centros de acopio. 12 Ya para 1918 comenzaban los comerciantes a sustituir las recuas de animales y los recueros que viajaban a Azua y Barahona, y en­ sanchar el intercambio introduciendo vehículos de motor, en un valle distante hacia el occidente del país. Los primeros vehículos de carga con motor de combustión interna fueron llevados al valle por estos comerciantes en 1918, y hacia los

9 K. Marx, El Capital, capítulo VI.

10 Véanse los capítulos VI y VII del presente trabajo.

11 En el capítulo II describimos la red mercantil y en el III presentamos los me- dios de producción que ya en 1915 habían logrado adquirir los comercian- tes. Véase el cuadro ‘‘Comerciantes extranjeros propietarios de tierras en el valle de San Juan de la Maguana (1900-1920). Red mercantil con el campe- sinado’’. Este cuadro fue construido con los datos que brinda El Libro Azul de Santo Domingo, publicado en 1920 en los Estados Unidos, y en 1976 en República Dominicana por la UASD, con presentación de Roberto Cassá.

Introducción

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años 1920­1925 eran propietarios de grandes extensiones, dedicadas

a la ganadería, mediante procesos de apropiación referidos en el capí­

tulo IV. El poder político y económico adquirido para ese período les permite francamente forcejear con el ingenio Barahona por los dere­ chos de utilizar las aguas del río Yaque del Sur. 13 Estas unidades de ganadería fueron transitorias, pues tan pronto comienza el cultivo de arroz en el valle, después de 1930, cambian los propietarios el uso del suelo y lo destinan principalmente, y sobre todo en sus zonas irrigadas, al cultivo de dicho producto, que despuntaba entonces como mercancía agrícola importante para el mercado interno. Dicho cultivo ya se había consolidado en otras regiones, e incluso se

cultivaba desde fines del siglo xix en el Cibao, según comentarios de Pedro Francisco Bonó. 14 Hacia el 1950 el valle de San Juan de la Maguana entra en pro­ cesos de especialización productiva y los comerciantes­terratenientes desarrollan las factorías agroprocesadoras, dando lugar a nuevos pro­ cesos que son expuestos someramente en el capítulo VII. En este último, nuestro trabajo presenta algunos elementos preli­ minares de la relación campesinado y capitalismo en la región, con

lo cual queda abordado lo más concreto de nuestra exposición, y se se­

ñalan las clases y capas sociales ligadas a la agricultura de la región, aunque en forma todavía hipotética y embrionaria. 15

13 Polémica importante vehiculada en el periódico local El Cable, dirigido por E. O. Garrido Puello, escritor, miembro de la elite local y relacionado con los caudillos en los años 1910-1920. Véase el apéndice IV, el cual recoge algu- nos artículos del escritor regionalista, prácticamente desconocido, Manuel de Jesús Rodríguez Varona, quien escribió varios materiales en el periódico semanario local El Cable y en el Listín Diario, actualmente recogidos en su totalidad en dos volúmenes, con notas, presentación, estudio introductorio, edición e ilustraciones de Angel Moreta, autor de este trabajo.

14 Emilio Rodríguez Demorizi, Papeles de Pedro Fco. Bonó, Santo Domingo, 1964. Véase el texto de Alejandro Angulo Guridi, incluido en dicha obra, en el cual polemiza con Pedro Fco. Bonó (p. 100 y ss.).

15 También este análisis se hace en forma somera, tomando en cuenta que co- rresponde propiamente a la segunda parte de nuestro plan global; por ello, cantidad considerable de datos empíricos quedan fuera de esta exposición. El objeto de esta primera parte es únicamente la explicación sociológica e histórica del establecimiento del capitalismo en dicha región.

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Ilustración 1. Ubicación de la región Suroeste
Ilustración 1. Ubicación de la región Suroeste

I. La región Sur y la provincia de San Juan de la Maguana

Ubicación de la región. generalidades

La región Suroeste está formada por siete provincias: Azua, Barahona, Independencia, Pedernales, San Juan de la Ma- guana, Elías Piña y Bahoruco. Tiene un área de gran tamaño, unos 14,500 kilómetros cuadrados, o sea, el 30% del territo- rio nacional. Su población para el año 1978 alcanzaba a casi 700,000 personas, el 13% del total del país. Su densidad de población es de 38 habitantes por kilóme- tro cuadrado, más baja que la densidad promedio del país que es de alrededor de 100 kilómetros cuadrados. Al norte tiene las estribaciones del macizo central; hacia el sur, las costas del mar Caribe; hacia el oeste, la frontera domi- nico-haitiana; hacia el este, la provincia Peravia. Los ríos principales de la región nacen en la Cordillera Central; entre ellos está el Yaque del Sur, que recorre 200 ki- lómetros y muere en la Bahía de Neiba después de aumentar su volumen con el río San Juan. Es uno de los ríos más monta- ñosos del país, el que nace a mayor altura, el más importante de la costa sur y uno de los cuatro más importantes de la isla. Sirve de límite provincial parcial entre Barahona-Bahoruco y Azua-San Juan de la Maguana. El río San Juan es el afluente principal del Yaque. Nace al noreste del Pico Duarte y pasa por La Maguana y San Juan, mo- jando el valle y reuniéndose al Yaque antes de Villarpando.

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La región Suroeste tiene una variedad de microclimas, con diferencias notables de precipitación y altitud; gracias a éstos, los campesinos pequeños cultivan una gran varie- dad de cosechas: café en las áreas elevadas, plátanos en las planicies donde hay agua de riego, habichuelas, guandul, tubérculos en todas partes. También se cultiva arroz y caña de azúcar en las fincas más grandes en forma empresarial, básicamente. La región tiene un bosque xerofítico tropical seco donde tienen sus hábitats núcleos dispersos, pero importantes, de campesinos pobres que encuentran su base económica fa- miliar en actividades como la agricultura de tala y quema, la crianza de caprinos y la producción de carbón vegetal. Los recursos naturales de esta región tropical están siendo agotados debido a la histórica tala de árboles para explotar el carbón, la destrucción del bosque xerofítico, la salinización de los suelos y la desertificación. Muchas de estas actividades pueden atribuirse al campesinado, para la reproducción de su economía familiar, exageradamente precaria, pero también a empresarios capitalistas madereros que devastan el bosque tro- pical seco. La región Suroeste es una de las más pobres del país y su sector agrario es poco desarrollado en el sentido «moderno» capitalista. Su producto per cápita regional sólo alcanza los 400 pesos anuales, lo que representa apenas el 45% del pro- medio existente en el país para los años 1977 y 1978. La distri- bución del ingreso es marcadamente desigual, apenas el 25%, aproximadamente, de la población económica activa, que se- gún el VI Censo Nacional de Población, era de más de 135,000 personas, tenía ingresos por encima de los 125 pesos mensua- les; el restante 75% percibía ingresos menores. 1 Para la fecha de dicho censo, 1970, más de 88,000 ha- bitantes de la región, o sea, el 65.6% de la Población

1 Oficina Nacional de Planificación (ONAPLAN), Plandes 24, Región Suroeste, Santo Domingo, 1976; VI Censo Nacional de Población, tomo III, Santo Domingo, 1971; Secretaría de Estado de Agricultura (SEA), Medio ambiente y recursos naturales, Santo Domingo, 1978; Santiago de la Fuente, Geografía dominicana, Santo Domingo, 1982.

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Económicamente Activa (PEA), se ocupaban en las activida- des de agricultura, caza, silvicultura y pesca, La industria manufacturera apenas absorbían 9,500 personas, igual al 7.3% de la misma. Esto ilustra una tendencia, que todavía se mantiene, a un limitado crecimiento de las actividades ma- nufactureras, las cuales no tienen una gravitación significati- va en la región, pues en ella sólo se localiza un 4% de los es- tablecimientos industriales del país. Según datos del Plandes 24, Región Suroeste, de la Oficina Nacional de Planificación (ONAPLAN), las industrias clasificadas de acuerdo a la Ley 299 de Incentivo Industrial en el período 1968-1978, alcan- zaron a sólo 9 establecimientos, con una inversión en capital productivo de 5.7 millones de pesos, suma que representa apenas el 2% de la inversión desembolsada en estímulo a dicha ley, que ascendió a más de 336 millones de pesos en el período antes mencionado. De igual modo, los préstamos del Fondo de Inversiones para el Desarrollo Económico (FIDE), entre mayo de 1966 y diciembre de 1978, es decir, en un período de 12 años, as- cendieron a 171 millones en todo el país, tocando a la región apenas 9 millones 260 mil pesos, que equivale al 5.4%. Y de los préstamos del Banco Agrícola, que sumaron casi 112 millones de pesos, fueron a la región apenas 14.6 millones, aproxima- damente el 13%. Lo mismo ocurre con los préstamos de los bancos comerciales. Otras regiones del país, como el Centro Sur y el Cibao, por ejemplo, captan el grueso del capital productivo y de las in- versiones que se realizan al amparo de la Ley de Incentivo Industrial. Esta tendencia se acentuó en el período 1976-1978, en el cual solamente se «clasificaron» dos industrias en la re- gión Suroeste. La región cuenta con apenas algunas agroindustrias (a ex- cepción del azúcar, en Barahona), las cuales no transforman el producto agrícola en la misma, sino que lo trasladan a la capital como materia prima, casos como el maíz, el maní y el tomate. El mayor volumen de la producción agraria sale hacia fuera de la región, mayormente hacia la capital, que consume entre el 30 y el 40% de la producción nacional de este tipo.

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Al no tener sector de industria, los bienes manufacturados de subsistencia provienen de la capital, incluyendo algunos que salen como materia prima: grasas vegetales, pastas, hari- nas, tejidos, etc. con excepción de la leche, la cual, al menos en San Juan de la Maguana, se obtiene en la zona debido a la presencia de cierta ganadería. Esta región para 1983 cubre el área más pobre del país, con los índices más elevados de desnutrición (58%), de mor- talidad infantil (118 por 1,000), el número más elevado de ile- trados (42%), insuficiencias agudas en disponibilidad de agua potable (152 mil, de 2.5 millones de habitantes), vivienda y recursos de salud (6,065 personas por cada médico, cuando el promedio nacional es de 3.93). Según informe sobre la situación de la vivienda en 1983, 2 las zonas rurales de la región Sur-Suroeste son las que pre- sentan las condiciones más lastimosas, incluyendo la región Este del país, en las cuales el 80% de las viviendas presentan las siguientes características: piso de tierra, sin acceso a agua corriente y utilización de letrina colectiva o ninguna letrina. Hay por encima de 109 mil viviendas en esas condiciones, lo que implica una población de alrededor de medio millón de habitantes viviendo en condiciones de extrema insalubridad. «Sólo la letrinización y el encementado de los pisos de esas viviendas significaría una reducción drástica de la tasa de mor- talidad, principalmente de los niños menores de 1 año.» 3 Los datos más recientes que existen sobre la desnutri- ción en el país se derivan de una encuesta realizada en 1983 (por la Secretaría de Estado de Salud Pública y Cáritas Dominicana), que abarcó una muestra de casi 13 mil niños menores de seis años en distintas regiones. Según dicha investigación, los niños desnutridos en esa edad representan, proporcionalmente, alrededor del 72%, siendo particular- mente más grave el problema en la región Suroeste, donde

2 ONAPLAN, Informe sobre la situación de la vivienda rural en República Dominicana, Santo Domingo, 1966.

La región Sur y la provincia de San Juan de la Maguana

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la desnutrición de tercer grado afecta al 6% de la población de infantes encuestados. 4 En los distintos informes oficiales y no oficiales que se han presentado sobre la realidad social del país en sus as- pectos sectoriales, se destaca siempre la región Suroeste como la más deprimida, particularmente sus zonas rurales en comparación con las de otras regiones, como la Norte y la Central-Sur, las cuales, según el Informe sobre la situación de la vivienda en República Dominicana, 1966, tienen condiciones relativamente mejores. Históricamente, como se verá, la región ha mantenido un aislamiento del centro del país, por la dificultad de las vías de comunicación terrestre: hasta 1930 no existió carretera que co- municara a Azua con San Juan de la Maguana, y todavía en la ac- tualidad no cuenta con una vía de comunicación importante. La región no desarrolló una base económica propia, a di- ferencia de otras, como la Norte, que les permitiese subsistir adecuadamente y mantener una coherencia como región.

Existen pocos agentes económicos endógenos que dinamicen la región; el insuficiente desarrollo de la industria del Suroeste se explica en parte por la dependencia de las áreas más desarrolladas del país, situación desfavorable en factores de localiza­ ción como transporte, energía, servicios financie­ ros, mercados, etc. 5

El sector agrícola de la región Suroeste es poco desarrollado en el sentido capitalista, pese a que, según estimados que se han hecho en documentos oficiales, «tiene el potencial de convertir- se en la frontera agrícola principal de la República Dominicana», dado el hecho de que apenas el 27% del área de la región se en- cuentra distribuida en fincas. Una gran cantidad de tierra aún pertenece al Estado o a comunidades. 6 De más de 25 millones de

4 O. Vásquez, «Situación nutricional».

5 ONAPLAN, Informe sobre la situación de la vivienda.

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tareas 7 cultivadas en todo el país, 2 millones 700 mil, el 10.8%, pertenecían a la región. Y una población agrícola activa de casi 90 mil personas, el 17.7% de la PEA agrícola del país, tocaba a 31.5 tareas de tierras cultivadas por persona, mientras a nivel na- cional, para la misma fecha, 1970, una PEA agrícola de 502,191 personas tocaban a 51.6 tareas por habitante. Existe unsector avanzado en la agricultura del Sur-Suroeste, cuyas actividades van dirigidas a la exportación, básicamente el azúcar. Opera a escalas de producción relativamente elevadas, utiliza tecnologías modernas con niveles de productividad sobre el promedio de la región. Aquí habría que incluir los cultivos de arroz del valle de San Juan de la Maguana, hacia el occidente de la región, cuya producción y actividades van dirigidas al mer- cado interior de bienes de subsistencia, sector éste que, en su aspecto más «moderno», tiene altos niveles de inversión en capi- tal productivo (tecnología, etc.). Se utiliza estacionalmente una fuerza laboral barata para tareas de siembra, cosecha y recolec- ción, y los déficits temporales de mano de obra se resuelven par- cialmente en los cultivos de exportación, mediante la utilización de campesinos semiproletarios y jornaleros haitianos. La actividad productiva azucarera vinculada a la exporta- ción, hacia el extremo sur, cuenta desde fines del siglo pasado e inicios del xx, cuando los más de 100 trapiches abrieron paso a los 4 ingenios que quedaron como fábricas de azúcar en Azua y Barahona, con un central azucarero de gran importancia para esa zona, receptor de la caña de azúcar que proviene de un área agrícola de más de 191 mil tareas. La zona es la de mayor rendi- miento en toneladas de caña por hectárea, con un promedio de casi 90.0, cuando el promedio nacional es de 53.5 toneladas. Hacia este extremo sur de la región existen también activi- dades minero-extractivas que explotan bauxita, sal y yeso en forma primaria y se comportan como enclaves que generan un número reducido de empleos estables y concentran tecnolo- gía importada. La bauxita constituyó en 1973 el 43.3% de las exportaciones que hizo el país en dicho año. 8

7 1 tarea = 629 m 2 (aprox.); 1 hectárea = 15.9 tareas (aprox.).

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Ilustración 2. División política de la República Dominicana, 1983
Ilustración 2. División política de la República Dominicana, 1983

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Angel Moreta

La región, en consecuencia, hacia dicho extremo sur, pro- duce bienes para el mercado externo (azúcar y café) y para consumo interno; y hacia su parte más occidental, que abar- ca el valle de San Juan de la Maguana y su coetáneo, el valle de Azua, produce bienes agrícolas para el mercado interior (arroz y habichuela principalmente, víveres, maíz, maní y to- mate industrial). De un total nacional de 1.4 millones de tareas arroceras, el Suroeste tenía 179,000, es decir, más del 12% en 1977. De habi- chuela roja cultivaba 503,763 tareas, de un total para todo el país de 694,388, o sea, el 72.5%, para ese mismo año. 9 Igualmente en el cultivo del guandul (47%). En otros cultivos, incluyendo el arroz, la superficie sembrada es relativamente pequeña, com- parada con el total nacional, es decir, apenas el 16%. La región tiene una estructura básicamente agrícola en la cual coexisten unidades empresariales y economías campesi- nas numéricamente mayoritarias. Las primeras se vinculan a la producción de caña de azúcar, arroz, habichuela, al agro- procesamiento industrial del tomate, al café, etc. Trabaja con niveles de productividad y rentabilidad relativamente elevados y gestión empresarial. En cambio, las economías campesinas se dirigen fundamentalmente a la producción de alimentos bási- cos y al cultivo del café. Además, importantes sectores del cam- pesinado, en toda la región, encuentran la base económica de subsistencia en actividades como la agricultura de tala y que- ma, la producción de carbón vegetal y la crianza de caprinos. Según el VI Censo Agropecuario, de 43 millones de tareas que tenía el fondo agropecuario, 5 millones estaban dedicadas a bosques, la mayoría de los cuales corresponden a las zonas áridas y semiáridas del país, que son las zonas productoras de carbón vegetal en el sur y el noroeste del país, y que reciben menos de 60 y entre 60 y 85 centímetros de precipitación res- pectivamente en promedio anual. De las diferentes actividades que llevan a cabo los campesi- nos de la región, según evaluaciones que se han hecho, la que causa efectos negativos más duraderos es la agricultura de tala

La región Sur y la provincia de San Juan de la Maguana

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y quema. Los daños pueden notarse principalmente en las laderas empinadas en la sierra Martín García, sierra de Bahoruco, y en las laderas sureñas de la Cordillera Central y también en las de importan­ cia como las de los ríos Yaque del Sur, del Medio y de Ocoa. Solamente el campesinado más pobre se dedica a la elabo- ración de carbón, como ocupación principal, que constituye una fuente de vida para éstos; casi todo es transportado a las ciudades. En Azua hay más de 100 camiones que trabajan a tiempo completo en el transporte de esta mercancía. El Suroeste es la región productora de carbón más grande del país, se ha calculado aproximadamente dicha producción en 200 mil sacos mensuales, lo que representa un total anual de 2.4 millones de sacos. Para 1971, según datos del VI Censo Agropecuario, había en la región Suroeste más de 53,000 explotaciones, de las cuales 646 unidades con extensión de 800 a 8,000 tenían 1.1 millón de tareas; y unas 41,480 fincas de menos de 80, apenas reunían 1.2 millones de tareas, equivalente al 76.4%. Existían, asimis- mo, 282 unidades de más de 1,600 tareas, que acaparaban 1.4 millones de tareas, el 26.1% del área total. Esta estructura agraria latifundista-minifundista, muy mar- cada también en la región Este del país, comenzó a conformar- se desde 1950, cuando se constituyeron más de 180 mil nuevos minifundios en todo el país, reduciéndose su extensión prome- dio de 24.2 tareas en 1950 a 21.2 en 1960. En la región Suroeste habían, por ejemplo, en 1950, según el IV Censo Agropecuario, unas 3,600 unidades de menos de 10 tareas, y en 1970, 5,181 fincas de menos de 8 tareas, las cuales sufrieron un proceso de acaparamiento y pasaron a reducir su número de 5,382 explo- taciones en 1950 a 3,333 en 1960, aumentando su tamaño pro- medio de 366 en 1950 a 489 en 1960, aún cuando la superficie global se redujo de 19.7 millones de tareas a 16.2 millones. 10 Más adelante, cuando analicemos la concentración lati- fundista de las tierras del valle de San Juan de la Maguana,

10 Wilfredo Lozano, «La formación del proletariado en República Dominica- na», Problemática Rural en República Dominicana, Anales del IV Congreso Do- minicano de Sociología, Santo Domingo, 1983; IV Censo Agropecuario, 1950. Cuadro No. 30; VI Censo Agropecuario, Vol. I.

28

Angel Moreta

mostraremos los intensos procesos de descampesinización ocurridos en esa área entre 1950 y 1960, que tienen su inicio, no obstante, unos años antes de ese período. En toda la región Suroeste había en 1950 unas 3,628 unidades de menos de 8 tareas, en 1970 pasaron a haber 5,263 y en 1981 unas 7,604. Las unidades de 1950 tenían una superficie promedio de 9.2 tareas; las de 1970, unas 22.0; y las de 1981, alrededor de 23.1. La tendencia de la región, según los datos de los censos agropecuarios, es hacia una minifundización progresiva, den- tro del mantenimiento de la polaridad latifundio-minifundio. En el caso del valle de San Juan de la Maguana, como veremos, se producen importantes procesos de reconcentración terrate- niente que hacen posible, hacia el año 1960, un monopolio de las mejores tierras y demás recursos físicos de esa área, hasta llegar, en 1971, a 93 fincas con un tamaño promedio de 10,234 tareas, que acaparaban el 19.5%; unas 353,000 tareas de un fondo de cultivo provincial de 1.2 millones; y por otro lado, a unas 27,300 fincas de menos de 80 tareas (el 78.8% del total de tierras cultivadas de la provincia) con una superficie de 527. 11 La región posee dos ejes de importancia que definen dos líneas funcionales dentro de la regionalización trazada por el Estado en 1968: una con centro en San Juan de la Maguana, se extiende a través de las ciudades El Cercado, Las Matas de Farfán y Elías Piña; otra con centro en Barahona, se expande

a través de las zonas urbanas de Neiba, Duvergé y Enriquillo,

configurando ambos, sistemas de integración regional con la ciudad de Santo Domingo. 12 Barahona funciona como centro manufacturero, cuyos recursos mineros le dan un carácter de economía urbana de enclave con un papel agrícola en segun- do rango, cuya producción, al igual que la del sector minero, va dirigida hacia afuera de la región. San Juan de la Maguana, hacia el oeste, tiene una base agrí-

cola y pecuaria, con suelos de las clases II y III dentro del valle,

y cuyos recursos permiten obtener grandes rendimientos en la

producción de arroz, maní y habichuela, todos destinados al consumo interno de bienes de subsistencia.

11 VI Censo Agropecuario, Vol. I.

La región Sur y la provincia de San Juan de la Maguana

29

De igual forma, hacia el oeste (Azua, San Juan y Elías Piña) vienen organizándose en los últimos años, procesos de espe- cialización productiva basados en cultivos temporeros que ha- cen diferencia con Barahona en el extremo sur. En aquellas provincias había en 1971, 3.3 millones de tareas de cultivo, de las cuales el 37% correspondía a la provincia de San Juan de la Maguana, y más de la mitad de estas últimas, unas 648 mil tareas, se ubicaban en el valle, zona en la cual apenas habían 45 tareas sembradas de caña y cerca de 430 mil dedicadas a cultivos temporeros. 13 Mientras en toda la región habían más de 160 tareas sem- bradas de caña de azúcar, en toda la provincia de San Juan so- lamente habían 465 dedicadas a ese cultivo, lo cual contrasta con las provincias de Barahona, Bahoruco e Independencia,

al sur, que tenían en conjunto más de 160 mil tareas dedicadas

a la caña de azúcar, que representa el 5.5% de la superficie

azucarera del país. Esto explica que estas provincias que conforman el sur de la región se diferencian de las del oeste: mientras en aquellas los cultivos permanentes ocupan más de medio millón de tareas, en estas los temporeros abarcan más de 1.2 millones, el 23.4% del total de tierras de labranza dedicadas a cultivos temporeros del país y el 84.5% de los mismos en la región Suroeste. Este último dato porcentual revela la importancia que en San Juan de la Maguana, Azua y Elías Piña tienen los cultivos temporeros en relación al total de las tierras en cultivo de la región Suroeste. Muestra, asimismo, procesos de especialización productiva que desde hace años vienen dándose en San Juan y Azua; par- ticularmente en San Juan una producción de cereales (arroz, maíz), leguminosas (habichuela, guandul) y oleaginosas que sirven, como el maní, de insumos al procesamiento agroindus- trial de aceites vegetales. Un fondo de cultivo de 1.2 millones de tareas (el 66.6% de la superficie total de las explotaciones, que era de 1.8 millones), del cual unas 827 mil, que repre- senta el 66.4% de aquel, se utilizaban en cultivos temporeros.

30

Angel Moreta

Apenas 156,267 tareas, en San Juan, se dedicaban a cultivos permanentes, es decir, el 12.5%, y 78,507 a pastos de cultivo, lo que hace un total de casi 235,000 tareas dedicadas a cultivos permanentes y pastos, o sea, un 19.5%. El uso del suelo de labranza arroja un resultado histórico de

un proceso que comenzó en 1920 y se desarrolló plenamente, en su sentido capitalista, hacia los años 1950, cuando en la re- gión Suroeste se le fijó al valle de San Juan el papel, en la divi- sión social del trabajo, de productora de cereales y leguminosas para el mercado interior. De igual modo, dedicaba apenas 156 mil tareas de su fondo de cultivo a pastos permanentes y 77 mil (el 6.5%) a bosques

y montes; a diferencia de Azua y Barahona, que dedicaban,

respectivamente, el 14.8% y el 16% a montes y bosques, 14 en

contraste con la región Este y Central que dedican casi la mitad de la superficie en tareas a los pastos permanentes, y al extremo sur de la región de la que nos ocupamos, donde se produce el mismo fenómeno, aunque en menor escala; en cambio hacia el extremo oeste, incluyendo el valle de San Juan de la Maguana,

la proporción de pastos permanentes es menor.

Ello arroja el resultado de que en el extremo oeste, y bási- camente en el valle, la utilización del suelo, que hacia 1900 era básicamente ganadero, se oriente hacia 1970, más al cultivo de productos agrícolas que a la crianza y a los pastos. En toda la provincia, apenas, como se vio, 78 mil tareas es- taban dedicadas a pastos cultivados, lo que representa el 6.2% de la superficie de labranza de la provincia y el 36.7% de las tie- rras dedicadas a pastos de cultivos en toda la región Suroeste, que eran 213,823 tareas. En el valle de San Juan apenas unas 48 mil tareas estaban sometidas a pastos cultivados. Si tomamos en cuenta que éste se extiende en unas casi 649 mil tareas de superficie de cultivo, esto representa un 7.4%, lo que explica el desarrollo relativa- mente bajo de la ganadería, e inclusive un desarrollo regresi- vo comparado con años anteriores, cuando todavía no habían tomado impulso, antes de 1940, procesos de especialización

La región Sur y la provincia de San Juan de la Maguana

31

productiva de cereal y leguminosas, para el consumo interno, de mecanización agrícola y de concentración de las mejores tierras y recursos físicos del valle, dentro de un proceso de in- tensificación del capitalismo en esa parte de la región. Hoy en día San Juan de la Maguana es la provincia del Suroeste que presenta la mayor variabilidad de cultivos y las su- perficies más importantes de siembra. Es la mayor productora de habichuela, guandul, víveres, maíz, arroz y maní. La superfi- cie total sembrada era para 1975 de 564,932 tareas, es decir, el 32% de la superficie total sembrada en la región. Le sigue en rango, en cuanto a superficie sembrada, Barahona, con unas 334 mil tareas, de las cuales 220,248 corresponden al cultivo del café y más de 32,000 a víveres (plátanos). La provincia de me- nor desarrollo agrícola es Pedernales, con apenas 44 mil tareas de la superficie total sembrada de la región, o sea, el 2.5%. 15

Cuadro 1 No. de explotaciones, superficie y tamaño promedio en el Suroeste, 1971

Provincia

No. de

%

Superficie

%

Tamaño

fincas

(tareas)

promedio

El país

259,169

100.00

43,314,776

100.00

170

D. N.

5,956

2.29

1,505,469

3.47

253

Azua

9,743

3.75

1,041,630

2.40

107

Bahoruco

4,849

1.87

543,674

1.25

112

Barahona

5,700

2.19

1,116,419

2.57

196

San Juan

21,989

8.48

1,807,989

4.17

82

San Rafael

8,075

3.11

366,923

0.84

45

Independencia

2,854

1.11

306,679

0.70

107

Total Suroeste

53,210

20.51

5,183,314

11.93

649

Fuente: Censo Agropecuario 1971. Cuadro No. 1, Vol. II, p. 12 y ss.

32

Angel Moreta

Cuadro 2 Superficie de las tierras en tareas de cultivo en San Juan de la Maguana, según uso de la tierra, 1971

Fuente: Censo Agropecuario 1971. Cuadro II, Vol. II, p. 52.

 

En descanso

 

95,063

52,928

32,344

180,335

598,051

pastos

de cultivos

 

48,354

15,234

14,919

78,507

213,823

Con

Cultivos

permanen-

tes

73,688

60,161

22,418

156,267

843,105

temporeros

 

Intercala-

dos

156,394

44,680

128,259

329,333

620,932

Cultivos

 

Solos

274,695

79,669

144,209

498,573

849,061

de

azúcar

 

48

0

417

465

160,488

Caña

Total

superficie

 

648,709

254,207

343,255

1,246,171

3,316,463

Municipios

San Juan

El Cercado

Las Matas

La provincia

La región

La región Sur y la provincia de San Juan de la Maguana

33

Según datos del VI Censo Agropecuario, en San Juan de la Maguana había 4,570 fincas sembradas de arroz, el 17% del total de fincas en estas condiciones en el país, con una super- ficie de más de 143 mil tareas, lo que representa el 93.2% de toda la superficie arrocera de la región, que era de más de 152 mil tareas. Correspondió, además, el mayor volumen de producción, unos 336 mil quintales de 50 kilos, es decir, el segundo lugar después de las provincias Duarte y La Vega, que tuvieron res- pectivamente 418 mil y 368 mil quintales, y tradicionales pro- ductoras de este cereal desde los años 1950. En San Juan de la Maguana, casi el total de la producción de arroz que correspondió al año del VI Censo Agropecuario, el 95% aproximadamente de unos 332 mil quintales, fue desti- nado al intercambio, fenómeno que también se repite en las provincias mencionadas. En general, el 90% de la producción arrocera para 1971, ya se orientaba al mercado. La producción de arroz de San Juan, en relación a toda la de la región Suroeste, que fue de 354,562 quintales de 50 ki- los, ocupó el 95%; el resto apenas alcanzó a 24,860 quintales, una cantidad insignificante. Este lugar de primer orden en la producción del cereal, no solamente es con relación al Suroeste, sino también al Este y a la región Central, que apenas produjeron 145 mil quintales y 32 mil quintales respectivamente. 16

el valle de san JUan de la MagUana. aspecto geográfico e histórico

Pertenece a la provincia del mismo nombre, la cual ocu- pa una extensión territorial de 3,560 kilómetros cuadrados, que representa el 26% de los 14,511 kilómetros cuadrados de toda la región Sur. Es una de las más grandes del país y se ubica hacia la parte occidental, que comprende, además, las provincias de Azua y Elías Piña. La otra parte de la región

34

Angel Moreta

se extiende más hacia el sur y el extremo sur, y convencio- nalmente se ha aceptado en diversos documentos, que com- prende las provincias de Barahona, Bahoruco, Pedernales e Independencia. 17 La agricultura de la provincia tiene un peso importante en la producción de arroz, habichuela, maní y otros, como el maíz, y en ella se han desarrollado procesos y transformaciones que constituyen el objeto de nuestro análisis. El valle de San Juan posee una extensa llanura de cerca de 632 mil tareas, cultivables en su mayor parte con sistemas de riego que se alimentan de las aguas que aportan los ríos Yaque del Sur, Mijo y San Juan. Se ubica dentro de los 1,746 kilóme- tros cuadrados de tierra cultivable que tiene la provincia, el tercer lugar después del valle del Cibao, que dispone de 4,968 kilómetros cuadrados y de la llanura costera del Caribe, que tiene 5,140 kilómetros cuadrados. En el renglón de suelos no cultivables, ocupa uno de los últimos lugares. 18 Dicho valle es el segundo del país por su extensión, des- pués del valle del Cibao. Comprende zonas irrigadas hacia el este y el oeste, donde se desarrollan cultivos especializados de arroz, habichuela, pastos, sorgo, etc. Sus tierras son de buena fertilidad, de la clase II y III, con infraestructuras, por tanto, con buena renta diferencial I y II. Algunos autores lo sitúan, de norte a sur, desde las estriba- ciones de la Cordillera Central hasta la sierra de Neiba; y desde Elías Piña, al oeste, hasta Azua, al este. Desde el punto de vista agrícola no tiene tanta extensión, pues en dirección al oeste, y al sur comprende vastas porciones de bosque xerofítico, hacia donde fue empujado históricamente el campesinado a medida que se intensificaba la apropiación capitalista del valle. La sierra de Neiba, al sur, se extiende desde la frontera has- ta el Yaque del Sur, río que la separa de la sierra de Martín García. Se levanta como una silla de caballo entre los valles de San Juan y La Hoya de Enriquillo que queda a unos 300 me- tros por debajo del valle de San Juan y es una falla de la sierra

17 El VI Censo Agropecuario divide la región Sur en: Suroeste (Azua, San Juan y Elías Piña) y Sureste, que comprende el resto de las provincias mencionadas.

La región Sur y la provincia de San Juan de la Maguana

35

de Neiba, tiene suelos poco cultivables que aparecen a lo largo de estrechos valles intramontañosos, pequeños y aislados. 19 Dicha sierra se compone de altas montañas que se extien- den al sur del valle de San Juan y forman la divisoria entre las provincias de Azua y Barahona. A su este, separada de ella por el río Yaque del Sur, se encuentra la sierra de Martín García, la cual mira hacia los llanos de Azua al norte y hacia la bahía de Neiba por el sur. 20 Con respecto al valle de San Juan, T. W. Vaughan en: Un reconocimiento geológico de la República Dominicana, de 1920, se refirie al período colonial, y decía que:

] han es­

crito interesantes relaciones de la belleza y la fertili­ dad del valle de San Juan. Este valle está dotado por la naturaleza de una caída de lluvias mayor

y más uniforme (sic) distribuida que la adyacente llanura de Azua, de manera que allí abunda más el agua para los fines del riego. 21

los que han viajado por la República [

Cronistas y viajeros, clérigos y funcionarios coloniales que escribieron informes y relatos de viajes y memorias sobre los recursos geográficos y las condiciones de vida de la colonia, se refirieron a la parte occidental de la región Sur elogiando y des- cribiendo sus riquezas físicas. Uno de éstos, Diego Alcocer, en su Relación sumaria del estado de la isla, de 1650, afirmaba que:

el

valle de San Juan es de lindo temple, fresco y sano

y

que algunas veces hace muy gran frío. Críase en él

mucho ganado mayor y pudiera criar mucho menor porque se cría muy bueno. Alguno hay y se pudiera criar mucho si la falta de caudal no lo excusara. 22

19 S. de la Fuente, Geografía , p. 60 y ss; T. W. Vaughan y otros. Un reconocimiento geológico de la República Dominicana, Santo Domingo, 1983.

20 T. W. Vaughan y otros, Un reconocimiento geológico.

21 T. W. Vaughan y otros, Un reconocimiento geológico, p. 39 y ss.

36

Angel Moreta

36 Angel Moreta Ilustración 3. Valle de San Juan de la Maguana. Recreación de la geógrafa

Ilustración 3. Valle de San Juan de la Maguana. Recreación de la geógrafa Sandra Black

Otra noticia de Alcocer sobre el valle en el siglo xvii es sobre la crianza de caballos:

ay en este valle muchos caballos cerreros o como acá dicen, cimarrones, que todos los que quieren los cogen y se aprovechan de ellos. Es tanto el nú­ mero de ellos que ponen admiración y es una de las maravillas del mundo […] dicen ay más de trein­ ta mil caballos y los que se moderan algo dicen que más de veinte mil. Lo que admira más a los que no le han visto es que cuando van a espantar los caballos para que entren en los corrales empiezan a correr de una parte a otra y unos espantan a los otros de manera que puesta una persona en un lu­ gar alto ve pasar un día entero caballos corriendo, que son tantos que hacen temblar la tierra. 23

La región Sur y la provincia de San Juan de la Maguana

37

En el siglo xvi el valle era rico en crianza de animales y ganadería; aún cuando existían en él más de doce grandes hatos, el área estaba prácticamente despoblada. Al informar sobre los pueblos que habían sufrido despoblamientos en el siglo xvi, antes de las devastaciones de 1606, Juan López

Recreación de la geógrafa Sandra A. Black
Recreación de la geógrafa Sandra A. Black

Ilustración 4. Parajes y secciones de San Juan

Velasco, cosmógrafo-cronista, en su trabajo Geografía de la Isla Española, reporta que la «villa de San Juan de la Maguana, en el medio de la isla, entre la ciudad de Santo Domingo y La Yaguana, cuarenta leguas de uno y otro pueblo, ha quedado

Echagoian (Relación de la isla Española), Antonio Sánchez Valverde (Idea del valor de la isla Española), incluidos en Relaciones históricas de Santo Domingo, E. Rodríguez Demorizi (editor), Santo Domingo; Juan López de Velasco (Geografía de la isla Española), Andrés Núñez de la Torra (Relación sumaria), incluidos en Relaciones geográficas de Santo Domingo, E. R. Demorizi (editor), Santo Domingo, 1978; M. L. Moreau de Saint-Mèry, Descripción de la parte española de Santo Domingo, Santo Domingo, 1978.

38

Angel Moreta

en él la iglesia y la gente de dos ingenios de azúcar que hay allí juntos». 24 Después de las devastaciones, la zona comenzó a repoblarse ya avanzado el siglo xvii. Andrés Núñez de la Torra, en su fo- lleto de 10 páginas impreso hacia 1662, informa haber encon- trado que la villa de San Juan «tendrá 50 vecinos, (y) socorre con 200 hombres». 25 Pero hacia fines del siglo xviii, en 1796, cuando Moreau de Saint Mèry publicó su Descripción de la parte española de Santo Domingo, dio noticias de la existencia de 3,600 habitantes en 1764, y de 5,000 en 1796. 26

El pueblo actual de San Juan no fue comenzado, sino muy entrado del siglo xviii, y en 1764 estaba todavía considerado como nuevo. Tenía entonces

pocas casas, pero hoy es bastante importante. Está

] se

encuentra al norte y al oeste del pueblo. La causa de su establecimiento fue la multiplicación de los hatos y el alejamiento en que sus hateros se encontraban de sus parroquias. En 1764 había tres mil seiscien­

de los cuales trescientos estaban

en condiciones de llevar armas. Actualmente, esta población es de cerca de 5 mil habitantes. 27

como a trescientas toesas del río Neiba, el que [

tos habitantes [

]

En el siglo xviii la ganadería tomó impulso, no sólo en la región de San Juan de la Maguana, sino en la parte española, y se convirtió en el medio de vida de mayor trascendencia. El hato ganadero hizo la forma más importante de propiedad privada. El presbítero Carlos Nouel, en su trabajo Límites parro­ quiales, de 1885, da cuenta de la existencia de más de 25 hatos en la zona de San Juan «que no están cercanos a la villa». 28 Este impulso de la crianza estuvo motivado en el hecho de que la parte occidental francesa de la isla «le adjudicó a su

24 E. Rodríguez Demorizi, Relaciones geográficas, p. 25.

25 E. Rodríguez Demorizi, Relaciones geográficas, p. 75.

26 M. L. Moreau de Saint-Mèry, Descripción, p. 256.

27 M. L. Moreau de Saint-Mèry, Descripción, p. 256.

La región Sur y la provincia de San Juan de la Maguana

39

vecino oriental el papel de suministrador de carnes», en una coyuntura en la cual aquella colonia se encontraba en el auge de su desarrollo económico. 29 Hasta la implantación de los modernos establecimientos azucareros, a partir del último tercio del siglo xix, hubo una división regional del trabajo que comenzó a desarrollarse a mediados del siglo xvii, como consecuencia del decaimiento de la minería, primero, y de las despoblaciones después, y que

alcanzó su auge en el siglo xviii. Se trata de que la parte coste- ra del Sur, básicamente alrededor de Azua, continuó dedicada

a la producción de azúcar, con métodos tradicionales de fa-

bricación; y el Norte, el Este y los valles del Oeste (Azua y San

Juan) se dedicaron a la ganadería. 30 Si esta división se mantuvo hasta 1870 aproximadamente, con el auge azucarero que comenzó en esa misma fecha se alteró la estructura económica y social del país. Los terrenos privados más grandes se encontraban en la región Este, los hatos ganaderos, y al oeste de Azua y Baní, donde estaban las plantaciones tradicionales de azúcar. En el valle de San Juan, al occidente, había numerosos hatos ganaderos pero por su número parece que no eran de un tamaño exagerado. 31 Los más de 200 trapiches o fábricas tradicionales de azúcar existentes alrededor de Azua, según Informe de la Comisión de

Investigación de los Estados Unidos, desaparecieron para dar paso

al establecimiento de tres ingenios modernos; pero más al oes-

te, en el valle de San Juan de la Maguana, continuó la crianza de animales y la actividad ganadera, situación que comenzó a modificarse, como veremos, entrado el siglo xx.

La ausencia casi total de medios de comunicación hizo que las regiones llevaran una existencia casi autárquica que no permitía la producción para un mercado interno o externo a no ser, como afirma Hoetink, que el área de producción estu- viera cercana de los puertos naturales, como en Azua, o que:

29 Harry Hoetink, El pueblo dominicano. 1850­1900, Santiago, 1972.

30 H. Hoetink, El pueblo.

40

Angel Moreta

el producto mismo se prestara al transporte irre­

gular y rudo por los ríos, como era el caso de las

maderas de la Línea Noroeste al sur de Montecristi

y alrededor de Barahona. Finalmente, donde los

productos agrícolas eran de suficiente valor y apro­ piados para el transporte ligero, como el tabaco y el cacao, se podía resolver el problema del transporte, aunque en forma primitiva, con el uso de animales de carga. En cambio, el ganado se transportaba así mismo. 32

Durante la colonia, cada región se diferenció de acuerdo

al tipo de producción y de recursos que poseía. Abandonada

y semidespoblada, la colonia produjo regiones con existen-

cia autárquica, microformaciones sociales que se dedicaban

a producir, como el Cibao, víveres y tabaco; la ganadería en

el Este y hacia el occidente de Azua y el valle de San Juan, y azúcar, mieles y madera en el Sur. Según el informe citado de la Comisión Americana de Investigación, para la tercera década del siglo xix Azua produ-

cía azúcar, maderas y mieles.

La común o distrito de Azua, en 1863, contenía 7,550 habitantes. Produce anualmente de 20,000

a 30,000 quintales de cera, 400 quintales de re­

sina de guayacán, 500 toneladas de fustete, 100 toneladas de campeche, 30 toneladas del Brasil y cantidades más pequeñas de madera satén, palo de

rosa, palo cochinilla. 33

Mas al occidente, hacia San Juan de la Maguana, donde no había puertos naturales como el de Azua, se sintieron más tardíamente las consecuencias del auge azucarero y de la im- plantación de más de 30 ingenios modernos; la inexistencia de vías de comunicación hizo su existencia más autárquica

32

H. Hoetink, El pueblo, pp. 14-15.

33

E.

Rodríguez Demorizi, Relaciones geográficas, informe citado de Carlos Nouel,

La región Sur y la provincia de San Juan de la Maguana

41

que las otras regiones y continuó con el pastoreo y la crianza de animales hasta principios del siglo xx. Todavía en 1920, según el censo de ese año, en el valle, más específicamente, en Punta Caña, se encontraba el mejor cria- dero de caballos del país. La parte oeste de la región Sur, al sufrir más tardíamente procesos de expansión capitalista, generará características di- ferentes de desarrollo del capitalismo que necesariamente no son homogéneas con aquellas vinculadas al auge y la moder- nización azucarera. Hacia 1910 todavía no se habían sentido plenamente los efectos del aumento del valor de la tierra, por tanto, apenas se iniciaban las particiones, la mercantilización de las tierras del valle y la superación del sistema de terrenos comuneros, que en otras regiones había hecho crisis como resultado del alza en el valor de la tierra. Hacia 1920 no habían alcanzado todavía una importancia económica decisiva procesos de desarrollo del capitalismo en la agricultura para el mercado interno en San Juan de la Maguana, y es probable que en toda la región Sur. En las de- más regiones del país, la vinculación de la producción cam- pesina al capital se daba sobre la base de las relaciones co- merciales que mantenían productores campesinos con una red de intermediarios, prestamistas y exportadores (tabaco, cacao, etc.), dentro de todo un sistema económico que, tras el dominio de la burguesía exportadora, localizada en las prin- cipales ciudades de la región del Cibao, ponía a depender al campesinado, en el grado de su vínculo mercantil, del mer- cado mundial. 34 Este fenómeno de sometimiento mercantil del campesina- do a una economía de exportación, no se producía a princi- pios del siglo xx, y es probable que tampoco hacia los años veinte, en la zona del valle de San Juan de la Maguana. De hecho tal sometimiento se produjo, pero vinculado a grupos mercantiles locales. Ello constituyó la primera diferenciación del campesinado, a partir de los años veinte.

42

Angel Moreta

En la provincia de Azua, de la cual San Juan era parte, se producía para exportación en el siglo xix, pero es probable que la zona occidental, al oeste de Azua, no estuviese involucrada en esa red comercial, ya tradicional en la región del Cibao. A propósito del problema regional que se suscitó entre al- gunos intelectuales del siglo xix, entre ellos Pedro F. Bonó y Angulo Guridi, este último discute con el primero sobre la importancia de las regiones, tratando de defender la idea de que todas las provincias, en tanto sean agrícolas, tienen la mis- ma importancia para la vida nacional. Sale a relucir que las provincias del Cibao:

producen mucho tabaco, es verdad, pero las de Azua y Santo Domingo producen mucho azúcar, (que se exporta no sólo al extranjero), y mucha madera, y mucha cera, amén del almidón, de

cueros y granos, que tanto se exportan por allá como pueden exportarse por aquel puerto. Y no se olvide que también se empieza a cosechar mu­ cho y buen tabaco en las provincias del Seibo y

Lo repetimos: que en un

de Santo Domingo [

lugar de una misma nación se produzca mayor cantidad de cierto artículo que en otro, y ni aun el que en uno se coseche trigo, por ejemplo, y en otros café o azúcar, no altera en ningún sentido

la unidad o analogía de los intereses comunes [ ]

]

35

La región Sur estaba, ya a fines del xix, aunque en menor medida que el Cibao, involucrada en relaciones comerciales con el mercado mundial, a través de los productos que se han mencionado: maderas, cueros, mieles, azúcar, cera, almidón y granos. Necesariamente no era una producción campesina; además, tomando en cuenta la despoblación tradicional de la región, se puede suponer que más bien eran productos mer- cantiles agenciados por comerciantes.

La región Sur y la provincia de San Juan de la Maguana

43

Las regiones del país se fueron incorporando de manera desigual al capitalismo, unas más tardíamente que otras. La región Este lo hizo a través de la industrialización azucarera; la del Cibao, a través, básicamente, de una agricultura mercantil de exportación, proceso a través del cual se generó el tradicio- nal lazo mercantil del campesinado con redes de intermedia- rios, prestamistas y exportadores; el Sur a través, también, de una agricultura de exportación, pero hacia el occidente, San Juan de la Maguana, Elías Piña, etc., el proceso cobró auge ya entrado el siglo xx. Fue una región que se mantuvo distante. José R. Abad na- rra y describe, en su Reseña general geográfico­estadística, cómo eran los «caminos del oeste» y las dificultades y vicisitudes que lo acompañaron, a fines del xix, por un camino real de Azua a San Juan de la Maguana. 36 Esta parte del Suroeste, incluyendo el valle, hizo su incor- poración al capitalismo a través de una acumulación por vía comercial de grupos burgueses locales vinculados hacia el centro del país con la burguesía comercial, a través del co- mercio con Haití y puntos importantes de la región Sur, Azua y Barahona. La acumulación regional del Suroeste estuvo centrada en su comienzo con el comercio urbano y urbano-rural. Todavía en 1920 existía fundamentalmente una agricultura de subsisten- cia, que ya comenzaba a descomponerse sobre la base de su incorporación a la producción de valores de cambio y sus vínculos con una red de intermediarios y burgueses mercanti- les urbanos locales.

36 José Ramón Abad, Reseña general geográfico­estadística de la República Domini­ cana, Santo Domingo, 1993, p. 35 y ss. Véanse los apéndices números I y IV, en los cuales se recogen textos de 1920, de los escritores Víctor Garrido y Manuel de Jesús Rodríguez Varona. El Archivo General de la Nación (AGN) publicará una compilación en dos volúmenes inéditos de los trabajos de este último autor, muchos de ellos recogidos del periódico local El Cable, ya desaparecido; a saber, Sociología aldeana y otros textos (Vol. I) y Artículos (Vol. II), con estudio introductorio de Angel Moreta.

II. Inicios del desarrollo capitalista en el valle de San Juan de la Maguana

antecedentes

La región Sur en el siglo xix tenía más de 200 trapiches (fábricas tradicionales de azúcar) y hacia el último tercio del mismo mantenía relaciones de producción liberadas del lastre de las relaciones esclavistas. Los varios centenares de molinos azucareros empleaban desde hacía más de medio siglo una mano de obra libre. No obstante, había en su organización económica ciertos principios semifeudales, por ejemplo, un maestro azucarero con sus ayudantes. Este principio de organización les impedía convertirse en modernos ingenios o en fábricas de azúcar más o menos avanzadas. A fines del siglo xix, el auge azucarero desencadenado como consecuencia de grandes inversiones extranjeras en esta rama de la producción, provocó como efecto estructural el decaimiento de la producción azucarera tradicional del Sur a base de trapiches, 1 y de la ganadería en la región Este. Los trapiches del Sur decayeron completamente en un pro- ceso transicional que, según algunos autores, marcó el paso de relaciones de producción precapitalistas a relaciones capitalistas en esta rama. En la región, los trapiches van a ser reemplazados

1 H. Hoetink, El pueblo, capítulo I; Andrés Cortén y otros, Azúcar y política en la República Dominicana, capítulo I, Santo Domingo, 1978.

– 45 –

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Angel Moreta

por unos cuatro ingenios, y en todo el país, varios cientos de aquellos serán sustituidos por menos de 30 ingenios. 2 Hostos constató que «los trapiches que hormigueaban en los campos del Sur, han ido desapareciendo rápidamente y el trabajador de todas estas comarcas ha ido abandonando su producción en corta escala por convertirse en agente de la producción en gran escala». 3 En Azua quedó un ingenio, tres en Baní, dos en San Cristóbal, San Pedro de Macorís y Samaná, trece en la capital y uno en Puerto Plata. Y para 1920 existían tres ingenios en Azua y uno en Barahona. 4 La región Sur continuó dedicada a la producción de made- ras, mieles, cera, etc., dentro del modelo mercantilista que se configuró en el siglo xix a base de la «acción condicionante» del capital comercial sobre la economía. 5 El renglón principal donde éste actuaba en la región eran los cortes de madera, y en menor importancia, los cueros, el ganado, las mieles y la cera, los cuales alcanzaron una mercantilización considerable. Pese a que el funcionamiento de la economía de la región estaba condicionado por la actividad del capital comercial, ya tradicional, por ejemplo en el tabaco en la región del Cibao, continuaron existiendo renglones de economía de subsisten- cia, que particularmente hacia San Juan de la Maguana se con- servarían todavía hasta la década de 1920. Hacia la parte occidental de la región Sur, o sea, el valle de San Juan de la Maguana básicamente, y todas las localidades adyacentes, para fines del xix y principios del xx, la ganadería entró en crisis y fue siendo sustituida en parte por la agricul- tura de alimentos, que entonces permanecía principalmente como agricultura de subsistencia. El capital comercial era muy débil y no tuvo un área dónde actuar en forma predominante. Entrado el siglo xx comenzó

2 A. Cortén, Azúcar.

3 E. Rodríguez Demorizi, Hostos en Santo Domingo, Vol. I, Santo Domingo,

1939.

4 Censo de 1920, p. 19.

5 Roberto Cassá, «Acerca de las relaciones capitalistas de producción en la República Dominicana», Realidad Contemporánea, No. l, Santo Domingo,

1975.

Inicios del desarrollo capitalista en el valle de San Juan

47

a

actuar colocando mercancías entre los productores agrarios

y

mercantilizando productos distribuidos a base de la explota-

ción comercial de los productores directos. En 1887, según noticia de Víctor Garrido, San Juan de la Maguana era una «aldea enyerbada» en la cual los ladrones se robaban los animales en la plaza pública para picarlos al día siguiente en el mercado, «dentro de la mayor impunidad». El mercado era fundamentalmente agrícola, de carnes y otros productos ganaderos. «Los alborotadores campesinos se adue- ñaban del pueblo los sábados y miércoles, días de mercado, con sus bebentinas y pendencias.» 6

A nivel político predominaban las jefaturas caudillistas locales, cuyo máximo exponente era el compadre de Ulises Heureaux, general Wenceslao Ramírez, nombrado por éste general de brigada en 1884 y jefe comunal de San Juan de la Maguana en 1887. Más adelante se analizará el papel de estos

caudillos locales en la apropiación privada de los terrenos co- muneros y ejidales, proceso que en otras regiones se produjo

a manos del capital azucarero. En todo el valle imperaban las sabanas, las cuales, según un autor de la región, «eran una fuente de deleite espiritual».

Las sabanas ofrecían no sólo el verdor de

su suave alfombra de gramas, sino la majestuosi­ dad de sus ilimitados horizontes; todas las tardes las sabanas sentían holladas la paz de sus sende­ ros por grupos de honestos jóvenes de ambos sexos, en pos de soledad y misterio para sus enamorados corazones en los encantos de la llanada [ ]

] [

7

Sobresalían la sabana del pueblo, la de Solorín para los pa- seos pedestres, las de Mogollón, Jínova, Juan de Herrera, Hato del Padre, Santomé, Chalona, Suárez y Buena Vista «para los paseos a caballo efectuados en abigarrado grupo de amazonas y jinetes». 8

6 E. Víctor Garrido, Espigas históricas, Santo Domingo, 1971, p. 262.

7 E. O. Garrido Puello, Espejo del pasado, Santo Domingo, 1979, p. 37 y ss.

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Angel Moreta

Cuando terminaba el verano se iniciaba el período de la recogida del ganado sabanero. «Era la época del ordeño en grande escala, de estampar la vacada mostrenca y de gran ac- tividad en los hatos. Los vaqueros iban y venían con el lazo sobre la silla, mostrando sus habilidades profesionales, duchos en enlazar un toro o tumbar una res.» 9 La residencia de los hateros tenía la casa principal con sus anexos, corrales para las distintas clases de ganado y vivienda para los peones. Las relaciones sociales en los hatos ya habían venido mo- dificándose en todo el país; se habían intensificado formas contractuales entre los trabajadores y los propietarios, sea me- diante pago de salarios en especie o en dinero, sea mediante obligaciones de trabajo a cambio del disfrute de tierra, etc. 10 Los hatos tenían cierto peso social por cuanto eran unidades con relativa autosuficiencia y se vinculaban más al mercado in- terno, que ya era más o menos importante para fines del siglo xix, y particularmente con Haití había un importante comercio. En la región la ganadería tenía un peso importante, y ha- cia el extremo sur, Barahona, imperaban los cortes de ma- dera preciosa. En ella se daban relaciones mercantiles, pero muy débiles hacia el valle. Las memorias redactadas por E. O. Garrido Puello, oriundo de la región, muestran que en los hatos se confeccionaban «quesos amasados, muy sabrosos, y mantequilla». La leche y el queso carecían de valor comercial por su abundancia y porque era una industria doméstico-rural gene- ralizada. Ya bien entrado el siglo, cuando había crecido la po- blación urbana, se organizó una lechería y la botella se vendía al precio írrito de dos centavos. La carne se vendía a cuatro centavos la libra, los huevos a cinco por cuatro centavos, un pollo por cinco centavos, las telas muy baratas y los jornales muy precarios. 11 Las relaciones mercantiles se daban vinculadas a la gana- dería; San Juan de la Maguana vendía carnes a la región del

9 E. O. Garrido Puello, Espejo.

10 R. Cassá, «Acerca de las relaciones».

Inicios del desarrollo capitalista en el valle de San Juan

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Cibao, Santo Domingo y Haití. Además, productos derivados de ella, como los cueros. La población de la región en su gran mayoría estaba dedi- cada a actividades agrarias, y tenía acceso a la tierra. Se han apuntado algunos factores para explicar esto. Primero, la baja densidad demográfica provocaba la existencia de enormes zo- nas desocupadas; segundo, debido a la debilidad económica generalizada, las tierras no tenían gran valor. En tercer lugar, no existía una clase agraria dominante de importancia que opusiera resistencia a la configuración de la pequeña propie- dad agraria libre. 12 Solamente entrado el siglo xx cobrarán importancia las operaciones de capital comercial. A diferencia de otras re- giones, se nutría sobre la base de un sistema de explotación

y sometimiento de aquel campesinado en el cual la relación

mercantilista había cobrado vigencia, vinculado al modelo agroexportador, en esta región dicho capital se desarrolló más tardíamente debido a la presencia casi absoluta de un campe- sinado de subsistencia autárquico, que dependía de un merca- do urbano débil para la adquisición de algunos bienes, y que

comenzaba a transformarse vinculado al mercado interior. Con la decadencia de la ganadería, que por lo demás, como se mencionó, tenía una baja mercantilización, y en la cual no operaba un capital comercial importante, la agricultu- ra campesina comienza a sustituirla y se vincula parcialmente al sector comercial, con el que pasó a realizar transacciones mercantiles, a las cuales nos referimos más adelante. Dicha agricultura campesina autárquica comenzó a transformarse hacia la década del 1920. Las zonas urbanas de la región tenían apenas importancia como centros comerciales, residencia de productores agrarios

y de ubicación de la administración pública. Ello ocurría para

todo el país en el siglo xix, pero más tardíamente en la zona por cuanto el capital comercial que determinaba el funciona- miento de la base económica de la formación social regional, actuaba en renglones muy exiguos.

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Angel Moreta

50 Angel Moreta Ilustración 5. División política de la región Suroeste, R. D., 1983

Ilustración 5. División política de la región Suroeste, R. D., 1983

Inicios del desarrollo capitalista en el valle de San Juan

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el capital coMercial y el caMpesinado

En el período 1890-1930, en otras regiones del país, las econo- mías campesinas se enrolaron a vínculos mercantiles en función de la producción para exportación a través del capital comer- cial y usurario. 13 La frontera agrícola no agotada, el bajo precio de la tierra y la débil presencia de las relaciones de producción capitalistas son factores que no coadyuvarían a la afirmación de un proceso de descampesinización que generase una importante oferta de fuerza laboral para la producción azucarera. Las economías campesinas planteaban estructuralmen- te una débil oferta de fuerza de trabajo al mercado laboral abierto por los ingenios. En el Suroeste, en cambio, el someti- miento del campesinado es al capital comercial y usurario en función de producción para el mercado interno, proceso que en el valle de San Juan de la Maguana se produce en el perío- do que va de 1910-1920 en adelante. En esta parte oeste de la región Sur la lógica mercantilista se desarrolla más tardía- mente: frontera agrícola no agotada en una zona en la que no hubo enclaves azucareros ni industrialización correspondien- te a ellos, con una débil extensión de relaciones capitalistas, un fuerte peso de la producción campesina autárquica; estos factores no permitirían la generación de una fuerte oferta de fuerza de trabajo, si no más allá del 1940. Solamente a partir del 1940, con el desarrollo de procesos latifundistas de concentración de medios de producción, se va a producir una cierta oferta de fuerza laboral para las uni- dades arroceras y un proceso de transformación de las econo- mías autárquicas en mercantiles. La especialización arrocera de las unidades campesinas mercantilizadas, más la correspondiente a las fincas empresa- riales, serán elementos que conducirían en forma importante al surgimiento de un capital-dinero vinculado a la operación de factorías y agroprocesadoras de arroz. Hasta hoy este capital depende estructuralmente en la re- gión de las economías campesinas mercantiles.

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Angel Moreta

El proceso de generación de un proletariado agrícola, en este contexto de preservación de economías campesinas mer- cantiles, será peculiar porque creará grupos heterogéneos proletarios y semiproletarios. En la zona del valle de San Juan de la Maguana, el capital co- mercial actuaba en actividades exiguas, como ya se vio; solamen- te entrado el siglo xx comenzó a actuar colocando mercancías entre los productores agrarios, que eran traídas básicamente del centro del país, y mercantilizando productos distribuidos a base de la explotación comercial y usurera de los campesinos. Se ha expuesto la estructura del comercio en el sistema mercantilista del siglo xix, 14 básicamente en lo referente a los cultivos de exportación: una burguesía mercantil conectada con comerciantes más pequeños, de escala local y regional, con los cuales comparte ganancias a través de niveles de pre- cios para las mercancías, a base de la explotación usurera y comercial de los productos directos. En esta estructura, la ga- nancia comercial provenía de varios mecanismos, tales como préstamos en especie o de géneros de consumo cobrables con la cosecha y con recargo de interés, ventas a altos precios de mercancías importadas, compra forzada de las cosechas, etc. 15 Este modelo, que operó fundamentalmente en el cultivo taba- quero, define un esquema cuyo eje de acumulación se sitúa en la ganancia comercial y usuraria. El «comercio de frutos» comenzaba a existir para principios de siglo en la región, pero no había todavía establecimientos comerciales con escaparates y mostradores. 16 Sin embargo, existía desde fines del xix un mercado urbano que funciona- ba los días miércoles y sábado; a él acudían compradores y co- merciantes informales que llevaban sus productos a lomo de burros y mulos desde los lugares donde estaban almacenados. Algunos comerciantes eran representantes de compañías es- tablecidas en Azua, como la de Julio Coean y Compañía, la de José Lench, los Recio, etc. Estos comerciantes azuanos funcio- naban en enlace; recibían géneros (cera, mieles, cueros etc.)

14 R. Cassá, «Acerca de las relaciones»; H. Hoetink, El pueblo.

15 H. Hoetink, El pueblo.

Inicios del desarrollo capitalista en el valle de San Juan

53

y comestibles (habichuela) que venían en recuas desde San

Juan de la Maguana; a su vez, proporcionaban géneros que venían de la capital (tejidos, fósforos, etc.) y que eran trans- portados al valle de San Juan.

Este movimiento también tenía que ver con Haití, a través de la frontera. San Juan era una zona tradicionalmente vincu- lada al intercambio con dicha nación. Grupos de comerciantes pequeños se ocupaban, casi siempre en forma de contraban- do, de colocar en ese vecino país géneros como pieles, cera, etc., además de ganado. Los negociantes regresaban de Haití

con toda clase de artículos y chucherías: seda, fuerte azul, pur- ciana, alabanza, pañuelos, perfumes, lozas, clerén, ajo, cabulla

y otros. 17 Una parte de estos artículos atravesaba la frontera legalmente a través de las aduanas terrestres. Otra parte lo hacía en forma de contrabando, «que fue la ley de la frontera, formándose al amparo de esa ilegítima manipulación un pro- ductivo comercio». 18 Este comercio con el vecino país data de la época colonial, pero el mismo recibió un fuerte golpe cuando, como conse- cuencia de la Convención dominico­americana, los intereses nor- teamericanos interceptaron las aduanas del país, y se formó un cuerpo de carabineros con la misión de vigilar las fronteras con Haití.

Los alcances del contrabando eran tan extraor­ dinarios y sus raíces tan hondas, que dio lugar a un grave y trágico incidente ocurrido en Las Matas de Farfán en el año 1906. Un fuerte contrabando perteneciente a distintos comerciantes del lugar fue sorprendido y decomisado. Cuatro funcionarios de aduana de nacionalidad yankee se encontraban en dicha población con motivo de la ocurrencia. Los perjudicados, cerrados a toda avenencia, exi­ gían la entrega de la mercancía en forma enérgica y violenta, a mano armada. Al ser la petición de­ negada atacaron la oficina, pereciendo en el asalto

17 E. O. Garrido Puello, Espejo.

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dos de los yankees, salvándose los otros dos porque pudieron huir hacia Comendador donde estaba el

cuartel de los carabineros [

]

19

A su vez, comerciantes pequeños de Haití frecuentaban el mercado urbano ya establecido en San Juan de la Maguana,

y pagaban con la moneda de su país, la cual circulaba en pa-

ridad con el peso dominicano en todas las provincias fronte- rizas hasta 1934. La casa comercial de J. Paniagua funcionaba como agente de cambio de la moneda haitiana la cual cambiaba en los bancos de Puerto Príncipe. Los primeros establecimientos comerciales con escaparates

y mostradores, exponiendo diariamente a la avidez del público sus

existencias comerciales, surgieron después del 1910, es probable que en el 1920; fueron los inmigrantes italianos Antonio, Flor y Samuel Marra; Antonio, Horacio y Liberato Marranzini, Miguel Dimayo y los árabes Simón Herrera, Bartolo, José y Miguel Paniagua, Elías y Nicolás Michelén, Pedro J. y José J. Hayaime, los que iniciaron dichos establecimientos. 20

Estos comerciantes conformarían luego la primera bur- guesía mercantil de la región, cuyas operaciones se desarro- llaron en la zona urbana, pero luego, después de los años 1920, una vez que habían logrado amplios márgenes de acu-

mulación, dirigieron su capital-dinero a la zona rural para negociar con campesinos la compra de frutos a través de re- des de intermediarios. De hecho en la zona no existían grupos locales dominan- tes, a no ser, para esa época, los dirigentes caudillistas, que

a nivel político manejaban al campesinado y mantenían una

influencia sobre los diversos estratos sociales de la misma.

Los ganaderos y hateros, que disfrutaban en gran parte tie- rras comuneras, no llegaron a conformar un grupo dominan- te cohesionado capaz de mantener social y económicamente el hato como unidad productiva, y con poder suficiente para

19 E. O. Garrido Puello, Espejo.

Inicios del desarrollo capitalista en el valle de San Juan

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impedir la conformación de la pequeña propiedad agraria so- bre la base de la ocupación de tierras comuneras, ejidales, etc. Fue a partir de las actividades de este capital comercial ur- bano que se inició el vínculo con el campesinado. El primero que inició el «comercio de frutos» 21 fue un inmigrante español llamado Felipe Collado. Le siguieron Pedro J. Heyaime, José y Miguel Paniagua, Liberato Marranzini, Antonio Marra y otros. Justamente aquellos comerciantes que años antes se habían establecido como negociantes urbanos que traían mercancías desde Azua y la capital. Los productos de la tierra (habichuela, maíz, etc.) se cose- chaban para el consumo interno de la común de San Juan de la Maguana. Algunos de estos comerciantes, entre ellos bási- camente, Felipe Collado, pusieron en práctica la compra de productos agrícolas a los campesinos y asumieron el papel de agentes mercantiles obteniendo volcar sobre las plazas vecinas el sobrante de las cosechas. También lograron hacer algunas expor- taciones de habichuelas a Puerto Rico. 22 El capital comercial fue la principal vía de acumulación en una región escasamente vinculada al mercado de exportación. La vinculación que este capital desarrolló con el campesinado fue sobre la base de una lógica de subordinación, pero a través de la mercantilización de productos y géneros para el merca- do interior. El sistema de mercantilización que entonces se desarrolló y que marcó el primer proceso de diferenciación del campe- sinado de la región, el cual se encontraba esparcido por las distintas secciones y parajes de la provincia, fue el siguiente:

comerciantes urbanos, como se ha mencionado, po­ nían sumas de capital­dinero en manos de agen­ tes intermediarios compradores ubicados en las

21 El concepto «comercio de frutos», empleado por E. O. Garrido Puello en su memoria Espejo del pasado, alude justamente al intercambio del capital comercial con el campesinado.

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diferentes zonas agrícolas de la provincia, tanto hacia el norte montañoso y húmedo, como hacia el este y el oeste del valle, y hacia el sur tropical seco. Don Jesús Aquino, Higuerito, SJM.

Dichos intermediarios funcionaban como acaparadores lo- cales que se relacionaban con el campesinado a través de siste- mas de medidas más o menos arbitrarios, y también utilizando un instrumento importante del cual estaban provistos dichos acaparadores locales: un peso de balanza llamado romana. De esta forma se organizó en toda la provincia una red mer- cantil cuyo centro se controlaba en la ciudad. Según las entre- vistas y observaciones de campo realizadas con personas muy mayores de edad en las diversas zonas, algunas de las cuales precisamente habían sido en el pasado agentes compradores de algunos de los comerciantes urbanos involucrados en la red, las sumas de capital-dinero que los comerciantes de la ciudad ponían en manos de ellos eran elevadas en tiempo de cosecha. Las observaciones empíricas realizadas arrojan el mismo re- sultado: los agentes zonales mercantiles tenían su romana para trabajar con el campesinado; a menudo recibían hasta 15,000 pesos o más para realizar transacciones; los productos agríco- las eran generalmente leguminosas (habichuela), pues el arroz todavía no había comenzado a sembrarse en esa región para la primera década del siglo xx, pese a que ya se conocía en el Cibao; el transporte de las compras a las ciudades generalmente se hacía en recuas, las cuales eran traídas hasta un determina- do punto cerca de la ciudad, donde vehículos y camiones de los capitalistas comerciantes los recogían; casi todos estos agentes mercantiles, hoy muy avanzados de edad, todos octogenarios o más, residían en las zonas donde operaban o en sus cercanías, y reunían una gran experiencia en la compra de frutos, expresa- da no sólo en la cantidad de años dedicados a dicha actividad, sino también en la destreza en el manejo de la romana. Uno de nuestros entrevistados, don Jesús Aquino de 100 años de edad, narró la forma o los procedimientos que utiliza- ba, generalmente vinculados al pesaje de los productos, para la expoliación del campesinado en la circulación.

Inicios del desarrollo capitalista en el valle de San Juan

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Yo recibía el dinero del comerciante Marra; él me decía: «la habichuela te la recibo a tanto; usted se defiende». Esa era la palabra de ellos: «usted se defiende». La habichuela estaba barata enton­ ces, no es como ahora. La habichuela se compraba

a cualquier cosa después de diez pesos pa’bajo los

cien kilos; yo nunca podía cantarle apenas los cien kilos a los pobres agricultores, tenía siempre que matarle sus tres o cuatro kilos [ ]

Para matarle esos kilos yo preparaba la roma­ na. Esa romana que está ahí todavía la preparo yo que nadie se da cuenta que lo están engañando. A

las pesas se le pone el gancho, ellas tienen su plan­ cha. Tengo planchas de 200 kilos, de 100, de 50, tengo de 25 kilos, también en libras. Las planchas

se enganchan.

de 25 kilos, también en libras. Las planchas se enganchan. Ilustración 6. Balanza denominada romana ,

Ilustración 6. Balanza denominada romana, de 1920, utilizada por intermediarios

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Muchas veces la preparábamos con un mecáni­ co, muchas veces le poníamos al gancho el machete, pero lo más cotidiano eran las planchas; pero mu­ chas veces no utilizamos las planchas para ciertas personas, que uno no podía de ninguna manera, porque esas personas uno las necesitaba para que le trajeran a uno otros agricultores, y uno tenía que ayudarlos, ahí venía el primo, el papá, el tío Había campesinos que no eran salvajes y uno no podía ponerle las planchas; cuando eran amigos de uno yo no pesaba directamente, ponía otro a pe­ sar y yo le decía: «cántame los kilos», pero ya él y yo estábamos en combinación; aparentemente, en este caso, quien lo estaba matando a él era el otro [ ]

23

El capitalista comercial urbano enviaba la producción fue- ra de la región, principalmente a la capital. Este representante del capital en la zona no establecía claramente el margen de beneficio que correspondería en términos porcentuales al comerciante zonal que lo represen- taba, razón por la cual éste se veía constreñido a obtener un diferencial de beneficio mediante el logro de un precio infe- rior al fijado como precio de compra por aquella figura. Diversos comerciantes urbanos tenían el mismo tipo de contactos y similares representantes en las más diversas zonas agrícolas de la provincia. Existía una cadena de comerciantes urbanos y pequeños agentes comerciales compradores zona- les que operaban con capital-dinero de los primeros. Todavía en algunas secciones y parajes rurales de la provincia apare- cen ejemplares de estas figuras intermediarias acaparadoras del pasado que mantienen en un aposento de sus viviendas el instrumento de pesaje que entonces se llamaba romana. Como se percibe del testimonio de uno de ellos, utilizaban como procedimiento de astucia a otra persona que le pesaba a aque- llos campesinos que no eran salvajes o que eran compadreados

Inicios del desarrollo capitalista en el valle de San Juan

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o simplemente campesinos con los cuales él no quería chocar. Pero siempre dentro de una fórmula de combinación para expoliar al productor. 24 Puede conjeturarse con mucha propiedad que los comer- ciantes urbanos en el Suroeste no tuvieron el problema de competencia, apuntado por Hoetink, 25 representado por el desarrollo y la presencia de la bodega central en las zonas o re- giones en las que se estableció el capital vinculado a la indus- tria azucarera. 26 Este autor expone cómo el comerciante de pueblo o local, «cuyo capital era frecuentemente limitado, no podía compe- tir ni en precios ni en surtidos con las grandes bodegas que traían sus mercancías directamente del extranjero». 27 Y no sólo no tuvieron esa dificultad para lograr márgenes considerables de acumulación, sino que además, desarrolla- ron ese primer vínculo con un campesinado totalmente igno- rante y analfabeto. 28 Hay que tomar en cuenta, también, que dichos comerciantes, políticamente, pasaron a tener «influen- cia» local y cierto poder, en la medida en que algunos de ellos se hicieron miembros del cabildo provincial. Es probable que la principal fuente de expoliación estuvie- se en la sustracción a través del pesaje, y no en procedimientos consuetudinarios de subordinación como en otros renglones, tales como el tabaco y el cacao. 29 Pero sí el desarrollo del in- tercambio habrá creado en una segunda etapa otros procedi- mientos de sometimiento en la medida en que el campesina- do se fue vinculando al mercado en la adquisición de géneros de consumo y de géneros necesarios a la producción, como implementos agrícolas. Pero esto es puramente especulativo

24 Las entrevistas de campo realizadas con este tipo de figuras fueron sumamen- te interesantes para reconstruir sobre la base de un procedimiento empírico, el desarrollo del capitalismo en la agricultura de una región determinada.

25 Toda esta parte está apoyada en información de campo.

26 H. Hoetink, El pueblo, p. 39.

27 H. Hoetink, El pueblo, p. 38.

28 Víctor Garrido, «Informe sobre la común de San Juan de la Maguana, 1920», citado por E. Rodríguez Demorizi en Lengua y folklore de Santo Domingo, Santo Domingo, 1975.

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si nos referimos a los años de 1920. Después de 1930, cuando

comienza el cultivo de arroz en escala mercantil importante, es probable que se iniciara aquella segunda etapa, en la cual operarían mecanismos usureros, tasas de interés, compromiso

de entregar cosechas, recargos de precios y otros mecanismos de expoliación y sustracción de excedente. La acumulación del capital comercial no se limitó apenas

a la circulación, sino que además los comerciantes compra-

ron tierras por cabeza de arenque, cercaron y usurparon tierras,

engañaron campesinos a base de la legislación agraria esta- blecida a partir de 1911, con notarios y agrimensores que per-

tenecían a familias caudillistas o que en todo caso estaban al servicio de la apropiación privada de los terrenos comuneros

y ejidales (de las sabanas) del valle.

el caMpesinado de sUbsistencia en 1920

Hacia 1920 todavía había un campesinado de subsistencia importante, pero en su generalidad las economías campesinas estaban en un proceso de mercantilización de la producción y de sometimiento al mercado interno regional. Este mercado ya venía formándose desde fines del siglo xix, años desde los

cuales hay noticias no sólo de la existencia de días de feria

y de mercado en la zona urbana, sino también de comercio

con Haití, y con Azua, como terminal del transporte a lomo de animal que venía de San Juan con cueros, ceras, mieles y productos agrícolas, que ya entonces, con la habichuela en primer lugar, había comenzado a sustituir a la ganadería. En el Suroeste, el proceso de incorporación del campesina- do a la producción de valores de cambio se desarrolla a partir del 1920 aproximadamente, cuando ya para esa fecha en otras regiones dicho proceso estaba muy avanzado y había comen- zado desde mucho antes de entrar el siglo xx, por ejemplo, en

el tabaco y el cacao, como ya se ha señalado. En un informe de 1922, Víctor Garrido constataba la trans- formación que se estaba produciendo:

Inicios del desarrollo capitalista en el valle de San Juan

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Mientras llovió y los pastizales reverdecieron copiosamente cada primavera, San Juan fue el cuerno de la abundancia. Surtía de ganado, es­ pecialmente, a la República de Haití. Sus caballos fueron tan famosos, que el padre Meriño cita en su «Geografía Patria» los de Punta Caña. Toda esa riqueza era de sabana, no tenía solidez básica. Hoy la común es mísera. Perdida la esperanza de recons­ truir la riqueza ganadera, los habitantes se han dedicado a la agricultura y se cultiva toda clase de frutos menores. En grande escala la habichuela, que constituye un floreciente negocio de exportación; lue­ go, arroz, maíz, guandul, garbanzo, arveja, pláta­ no, rulo, yuca, batatas, papa, caña, tabaco, etc. 30

Se constata en dicho reporte la decadencia de una activi- dad otrora importante, como el pastoreo y la ganadería, que acaba cediendo un lugar de primera importancia a la agricul- tura campesina, actividad a la cual se dedicaría la mayoría de la población. Ello habrá decidido la degradación económica y social de los hateros y la desaparición de relaciones semi- serviles en la organización del hato. Dicha fuerza de trabajo habrá buscado ubicación en la agricultura de subsistencia que entonces comenzaba a producir valores de cambio. Concomitantemente, los comerciantes, inmigrantes y nati- vos de la región pasarían a ocupar el primer lugar en la escala económica y social regional; como se ha visto, la actividad del capital comercial abrió los primeros elementos de incorpo- ración del campesinado a la producción de mercancías me- diante un vínculo de intercambio en el cual el dinero como elemento de la circulación ocuparía un lugar importante. El informe de Víctor Garrido permite constatar, además, que la habichuela era un renglón de producción de primer orden, inclusive como género de exportación. En segundo lugar, seguían toda clase de frutos menores, dentro de los cuales se encontraba el arroz, que todavía no había pasado a ser un

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Angel Moreta

cultivo capitalista, ni un renglón de relevancia en la región, proceso que se produjo en 1940. Otro autor regionalista, E. O. Garrido Puello, muestra nos- talgia por las consecuencias de los vientos bravíos del materia­ lismo dentro de las cuales se cuenta la transformación de las sabanas en haciendas de cultivo y pastizales.

Y lo que fuera en antes campiñas de ensueños y amores son hoy ganaderías bajo cerca, arrozales, plantíos de habichuelas, papas, maíz, cebollas y maní. El arado surcando la tierra y los canales de riego fecundándola han sustituido al ganado que pastaba libremente, propiciando una economía más sólida para la región. El materialismo se tragó los románticos sueños del pasado [ ]

31

Para 1920 la industria era prácticamente inexistente; la princi- pal eran las factorías azucareras en Azua, en cuyos llanos costeros había plantaciones de caña y tres ingenios, con 45 kilómetros de vías férreas. Al oeste, la agricultura parcialmente mercantil, tenía una importante vinculación al mercado de bienes de subsisten- cia, aunque dentro de las limitaciones que imponía la región en su conjunto, entre ellas, la falta de medios terrestres de comu- nicación. Ello representaba un obstáculo a la mercantilización de productos agropecuarios, pues no había carretera, a no ser del kilómetro veinte de Azua hacia la capital. 32 «Puede decirse que los hombres reparten su atención en- tre el pastoreo, el cultivo de la tierra y el comercio.» 33 Había en San Juan de la Maguana una industria doméstico-rural importante que fabricaba andullos, jáquimas, lazos, hicos de hamaca, «con la fibra de la cabulla, que tienen fama en el país por su excelencia» 34 ; con la hoja del guano se elaboraban árganas, macutos, esteras, capachos; con otras hojas se

31 E. O. Garrido Puello, Espejo, p. 40.

32 Entrevista con el señor Mayobanex Rodríguez, 1985.

33 Víctor Garrido citado por E. Rodríguez Demorizi, Lengua y folklore.

Inicios del desarrollo capitalista en el valle de San Juan

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confeccionaban esterillas, aparejos, canastos, sillas rústicas, con el fondo de guano retorcido. Utilizando barro cocido, la industria doméstico-rural fabri- caba, asimismo, tinajas, ollas, cachimbos; con madera hacía bateas, barriles, tinajas; de la palma, el roble, caracolí y otras maderas, se sacaban tablas de construcción. También se fabricaban quesos y mantequillas, utilizando la leche de vaca, cabras y ovejas; casabe, tortillas de diversos tipos, almidón obtenido de la yuca; sombreros de cana; ras- paduras, producto del jugo de la caña puesto al fuego en grandes pailas; se confeccionaban, de igual modo, monturas, pellones y sudaderos; cigarros llamados túbanos.

El tabaco de esta común es inmejorable. El que se produce en la sección de Yabonico es de calidad tan superior, como el mejor tabaco cibaeño. Hay quien afirme que es superior. La intensidad de la indus­ tria andullera (el andullo es de difícil manipula­ ción) se debe a la dificultad para exportar con pro­ vecho la aromática hoja. Valdría la pena hacer de esta común un centro tabacalero como Santiago. 35

El capital comercial no se interesó en el tabaco de que ha- bla el informe de Víctor Garrido de 1920. Es probable que el principal renglón en el cual aquel se interesara, fuera el de los productos agrícolas, básicamente la habichuela. La situación va a cambiar rápidamente a partir de 1930, con la generaliza- ción del cultivo de arroz. Es probable, que la mayor parte de la producción artesanal campesina no saliera fuera de la región y que gran parte de ella se consumiera en las mismas localidades y zonas rurales de la región. Ello tiende a mostrar que el consumo de bienes de subsis- tencia por parte del campesinado era proveído por la indus- tria doméstico-rural y la agricultura; lo mismo puede decirse del consumo de medios de producción, aunque había algunos

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Angel Moreta

que era absolutamente imprescindible adquirirlos en el co- mercio urbano, tales como machetes, azadas, mochas, picos, fósforos, combustible, sal, etc. El consumo de bienes alimenticios, de ajuares del hogar, de materiales de construcción, de prendas de vestir era pro- veído fundamentalmente por la naturaleza; ésta jugaba to- davía para esos años un papel destacadísimo en la provisión de elementos para la reproducción de la unidad familiar campesina. 36

Nuestros campesinos viven en casas construi­

das de tablas de palma y en bohíos de tejamaní embadurnados de lodo y blanqueados luego; pero

el

tejamaní solamente se usa por los muy pobres

o

en aquellas secciones en que no hay tablas y

resulta muy costosa la adquisición. Los enseres­ domésticos se componen de sillas criollas, mesas de madera, juegos de platos y tazas y tacitas de loza, cubiertos, calderos, ollas de barro, tinajas, güiros,

bangañas, cucharas, sacadores de agua, hechos del frugo del higuero, etc. Sólo los muy infelices o los muy miserables carecen de estas pequeñas co­ modidades. Los hombres duermen generalmente en hama­ cas de tela, las mujeres en catres o barbacoas con colchones de algodón o de guajaca; pero el uso de la barbacoa ha quedado reducido a cierta clase de gente inferior. Se alumbran con lámparas co­ rrientes o con lamparitas de hojalata, llamadas jumeadoras, o con hachos de pino, que le dicen cuaba. 37

Según el mismo informe, el campesino adornaba su vivien- da, generalmente con dos divisiones, con láminas y retratos

36 Luis Gómez, Descomposición de la comunidad campesina (1920­1970), Santo Domingo, 1982.

Inicios del desarrollo capitalista en el valle de San Juan

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recortados de los periódicos; en la sala tenían una mesita con un mantel, y encima vasos y tacitas de café, esmerada- mente limpias. Las prendas de vestir que usaban eran de fuerte azul y de listado, soletas, etc., principalmente en los días no feriados ni domingos. En los días festivos visten dril o casimir, dejan las soletas y usan un par de zapatos. Del informe de Víctor Garrido se desprende que el cam- pesinado consumía en el mercado urbano elementos como:

vasos, tazas, zapatos, manteles, fuerte azul, dril, casimir, lista- do, platos, cubiertos de loza, cucharas, calderos, gas para lám- paras jumeadoras, fósforos, etc. En cambio, todo lo demás, era proveído por la naturaleza y transformado por la industria doméstico-rural, de gran riqueza entonces y de primera im- portancia en la vida campesina. En cuanto al consumo de sal y azúcar, el campesinado utili- zaba la sal de Neiba y la raspadura. Ambos productos llegaban al mercado en recuas de animales. «El acarreo proporcionaba un intercambio comercial entre las dos regiones, pues los nei- beros regresaban a sus hogares con géneros adquiridos en el comercio sanjuanero.» 38

Comerciantes extranjeros propietarios de tierras en el valle de San Juan de la Maguana (1900-1920). Red mercantil con el campesinado de subsistencia

Familias comerciantes

Propiedades agrarias, etc.

Actividades

Liberato Marranzini, asociado con Ves­ pasiano Ciaccio, en Azua. Fundó su casa comercial en 1900.

Valiosa finca con potre­ ros dedicados a la crian­ za de ganado vacuno; casas y solares. Casa la Flor de Italia.

Negocios de café, ganado y productos en general, 20 emplea­ dos.

Flor Marra Marranzini. Fundó su casa comer­ cial en 1903.

Finca de potreros con 200 cabezas de ganado vacuno con edificio para peones; 4 casas y 4 sola­ res. Casa la Linda.

Mercancía en general; importada de los Esta­ dos Unidos.

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Angel Moreta

Hermanos Marranzini:

3 magníficas casas, so­ lares, 3 fincas con 10 mil tareas de superficie de las cuales 6 mil están cerra­

das y cultivadas; ganado vacuno, criollo y africano.

Toda clase de frutos y productos agrícolas, mercancías de todo tipo, importadas exclu­ sivamente. Exportado­ res de frutos.

Carlos, Antonio y Hora­ cio. Tienen 4 sucursa­ les y agencias en toda la provincia de Azua.

500

cabezas de ganado.

 

Las fincas se ubican en Santomé, Manoguayabo y Juan de Herrera.

Hermanos Paniagua:

Extensos potreros dedicados a la cría de ganado vacuno. Casa la Venus.

Compra y venta de productos tales como:

fundada en 1905.

café, cacao, frijoles y cera; con especialidad.

Don Juan J. Michelén. Se estableció con su familia en 1910.

Potreros muy buenos, ganado vacuno, un servi­ cio de 100 mulas para el acarreo de carga; «una buena tenería».

«Compra y venta de productos del país»; especialmente frijoles «indianos», café, cueros, cera, mieles, etc. Mercancías en general, tenerías.

Pedro J. Hayaime

Fábrica de calzados denominada La Perla, grandes recuas y caba­ llos de cargas; casas y fincas. Casa la Francia.

«Venta al por mayor

y

al detalle»; compra

y

venta de produc­

tos del país; tejidos, provisiones, peletería y ferretería.

Marranzini Hermanos, Sucursal en Las Matas, administrada por don J. Balsamo.

Casas, solares, 3 fincas con más de 10 mil ta­ reas; 6 mil tareas cerca­ das y cultivadas; ganado

Comercio en general, con especialidad en compra y venta de víveres y ropa; toda clase de frutos del

vacuno, criollo y africano;

500

cabezas de ganado

país.

vacuno.

Don Santiago Rodrí­ guez (Las Matas).

(Sin datos)

Comercio en general, con especialidad en compra y venta de víveres y ropa, toda clase de frutos del país.

1908.

Fuente: El libro azul de Santo Domingo. Publicado en Estados Unidos en 1920. La UASD lo publicó en 1976, Editora Universitaria.

Según estos datos documentales y aquellos primariamente provenientes de investigaciones de historia oral, se estable- ció hacia los años 10 una importante red mercantil entre

Inicios del desarrollo capitalista en el valle de San Juan

67

el capital comercial y el campesinado, que cubría las zonas más productivas del valle de San Juan de la Maguana. Dicha red representó no sólo la acumulación inicial del capital comercial, sino que desató los primeros procesos de dife- renciación del campesinado de la región en su incorpora- ción al mercado interno en expansión.

Las medidas del gobierno de intervención norteamericana, entre ellas la prohibición de la crianza libre de animales, fa- cilitaron el proceso de apropiación de las tierras del valle, junto a la alianza de caudillos y comerciantes.

Varios de éstos serían los primeros en establecer factorías agroprocesadoras, en los años 40, y se asociarían como blo- que regional clasista al régimen de Trujillo, que les conce- dió la nacionalidad a partir del 1941.

Red mercantil en el valle de San Juan de la Maguana para el mercado interior, 1920

Comerciante Comerciante urbano urbano Campesinado de subsistencia Comerciante Comerciante urbano urbano
Comerciante
Comerciante
urbano
urbano
Campesinado
de
subsistencia
Comerciante
Comerciante
urbano
urbano

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Angel Moreta

68 Angel Moreta Ilustración 7. Zona del valle de San Juan de la Maguana Ilustración 8.

Ilustración 7. Zona del valle de San Juan de la Maguana

Moreta Ilustración 7. Zona del valle de San Juan de la Maguana Ilustración 8. Zona del

Ilustración 8. Zona del valle de San Juan de la Maguana

III. Apropiación terrateniente de los medios de producción en la agricultura

condiciones necesarias al proceso de apropiación

Después de 1920, la economía campesina comienza a con- solidar su vínculo con el mercado y su transformación len- ta como productora de valores de cambio. Para que la pro- ducción de mercancías en el seno de sociedades agrarias se pueda dar, deberán ocurrir otros fenómenos que le son con- comitantes, como que las zonas urbanas alcancen cierto de- sarrollo, la división del trabajo se haga presente, y el comercio y el mercado se amplíen. 1 Estas condiciones comienzan a producirse a partir de los años 20. Ya para esa fecha la provincia de Azua, que compren- día el área oeste (San Juan de la Maguana y Elías Piña), hasta la frontera, tenía más de 100 mil habitantes, el tercer lugar den- tro de las 12 provincias del país en ese entonces; y la común de San Juan tenía más de 32 mil habitantes, que representaba el 31.6% de la provincia de Azua y el 3.6% de la población total del país, que era de 894,600 habitantes. 2 A partir de 1920 hubo una significativa ampliación del co- mercio y el mercado debido al desarrollo del transporte ha- cia Azua, Barahona y otras provincias. Tradicionalmente las

1 Ernest Mandel, Tratado de economía política I, México, 1980, p. 62 y ss.; Mario Margulis, Contradicciones en la estructura agraria y transferencias de valor, México, 1979, p. 9 y ss.

2 Censo de 1920, p. 143.

– 69 –

70

Angel Moreta

dificultades de comunicación terrestre habían sido un obstá- culo para integrar el valle de San Juan de la Maguana a la circulación mercantil, a las que se agrega el hecho de que en dicha región no hubo históricamente presencia de compañías azucareras que le plantearan a ésta la necesidad de vínculos con el mercado mundial capitalista. Ello condujo a un aisla- miento del centro del país que retardó, en comparación con otras regiones, su ampliación del mercado interior. El viaje de San Juan de la Maguana a Azua, hacia el este, era una travesía dura. Para el transporte de cargas se utilizaba la carreta de bueyes o de mulos;

] [

a bajar la mitad de la carga para poder subir la

otra mitad; había que depositarla allá para volver

a bajar con la carreta y entonces volver de nuevo con la carga que había quedado, luego acomo­ dar la carga que había sido dejada arriba. Eso

se hacía en Los Bancos. Ahí donde está el puente

que hicieron los americanos el río era una playa,

yo recuerdo que había cuestas que obligaban

ese era el mejor paso, aunque tenía mucha agua [ ]

3

En el trayecto de 83 kilómetros hasta Azua existían algunos puntos conocidos por los recueros y viajantes que proporcio- naban albergue, yerba para los animales y comida, como en Los Toros y Arroyo Salado;

pero para el descanso, si no se caminaba provisto de hamaca, el duro suelo, sobre árganas por cabe­

cera, las valijas, el recurso heroico como urgente

] en la

cual la espera del nuevo día era una luz en las tinieblas de la desesperación. 4 Por decenios interminables el Sur fue la re­ gión remota y olvidada, perdida entre montañas y

necesidad de una noche de expectativas [

3 Entrevista de campo al septuagenario Mayobanex Rodríguez, 1985.

Apropiación terrateniente de los medios de producción

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sabanas, que muchos dominicanos, en desdeñosa ignorancia confundían con Haití. Sin ferrocarri­ les y sin caminos viables, con los primitivos medios de comunicación para las relaciones humanas, el caballo, la mula y el burro, eran los medios de mo­ verse, de acercarse al mundo [ ]

5

Las recuas de carga llevaban exigua producción a Azua:

habichuela, maní, dulces, raspadura, etc. 6 Llevaban lo que se producía en recuas de ocho y diez burros. La finalidad de es- tos viajes, al principio, era llevar los animales para traer mer- cancías que llegaban de la capital a los almacenes y depósitos de patio de los comerciantes azuanos Freites, Recio, Joaquín Ruiz, etc., en donde «le permitían a uno alojarse si llovía; mientras, uno dependía de lo que llevaba, huevos, tortilla, ras- padura y otras cositas que se producían aquí». 7 Después de llegar el primer vehículo de motor a la ciudad de San Juan de la Maguana, en 1918, los ayuntamientos de ésta y de Azua decidieron reparar la vía, que solamente te- nía 15 kilómetros en condiciones aceptables, y terminar de construir el puente sobre el río Yaque del Sur, acción en la que influyeron los intereses comerciales, pues el cabildo de San Juan estaba bajo la influencia directa de éstos desde 1910 aproximadamente. 8 Hoetink expone cómo a fines del siglo xix y principios del xx, los comerciantes urbanos locales tenían gran influencia en los ayuntamientos de aquellos municipios vinculados a la ac- tividad azucarera. Algunos de estos ayuntamientos se quejaban de la corrupción que imperaba en la zona rural, en peticiones elevadas al Congreso Nacional 9 , pero lo que realmente había

5 E. O. Garrido Puello, Espejo.

6 Entrevista de campo, 1985, entre ellos a Mayobanex Rodríguez, hijo de Ml. de Js. Rodríguez Varona, publicista de SJM, en el periódico El Cable.

7 Entrevista de campo, 1984.

8 Domingo Rodríguez, de los principales representantes del capital comer- cial en la región, era presidente del Ayuntamiento en 1918. Luego, con el cultivo del arroz dentro de relaciones capitalista, organizó la primera facto- ría de arroz de la región. Véase: E. O. Garrido Puello, Espejo, p. 113.

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Angel Moreta

era, como consecuencia de una mayor circulación del dinero, un aumento enorme del número de pequeños comerciantes buhoneros que hacían competencia a los comerciantes locales establecidos en las zonas urbanas. En el Suroeste, donde no se dio el fenómeno de un mer- cado de trabajo vinculado a la economía de exportación, la existencia de los comerciantes urbanos se produjo desde prin- cipios de siglo, quienes luego de acumular capital, se enfoca- ron en la agricultura. Una vez que se acondicionó el camino de Azua a San Juan, los comerciantes trajeron camiones y automóviles, que anu- laron las recuas de carga y arrojaron a la desocupación a los recueros. Este elemento reforzó la circulación mercantil y ac- cionó las redes de compras de productos agropecuarios de las economías campesinas a través de intermediarios acaparado- res, descritas en el capítulo anterior. Entre los comerciantes que comenzaron rápidamente a utilizar vehículos de motor para transportar la producción del valle de San Juan hasta Azua, se encuentran los inmigrantes que se establecieron a principios de siglo en la ciudad. 10 Como se evidencia en el mapa de las carreteras construi- das en el país entre 1906 y 1930, 11 sólo entre 1924 y 1930 se vino a construir la carretera desde Santo Domingo hasta Azua. Todavía después de este último año no existía una carretera hacia San Juan de la Maguana. Cuando ésta se construye, en- tre 1930 y 1940, el desarrollo capitalista de la región recibirá otro impulso en el sentido de su intensificación. Ya antes, en 1926, se construyó el canal de Juan de Herrera, al norte, alimentado con las aguas del río San Juan, que pasó a mojar gran parte del valle, básicamente el norte y el este; con capacidad de un metro cúbico por segundo, absorbió algunos canales particulares que habían sido construidos con anterio- ridad por capitalistas individuales. El sistema de riego en el valle es muy peculiar; desde fines del siglo xix está sobredeterminado por los intereses particulares

10 E. O. Garrido Puello, Espejo, p. 113.

Apropiación terrateniente de los medios de producción

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que se han ido apropiando de las tierras de mejor capacidad productiva. El primer canal se construyó durante el gobierno de Ulises Heureaux, llamado regola del pueblo porque pasaba cerca de la ciudad, corría de norte a sur y llevaba sus aguas a la hacienda de la querida del presidente, señora Juana Ogando, ubicada en Manoguayabo. 12 Para la misma época, el compadre y seguidor regional de Ulises Heureaux, general Wenceslao Ramírez, caudillo político de toda esa zona Suroeste, constru- yó el canal de Mijo, que se alimentaba de las aguas del río del mismo nombre, con el fin de regar sus tierras de Mijo, en don- de tenía una gran hacienda agrícola y ganadera.

Moya Pons, F. Manual de historia dominicana , 5 ta. ed. UCMM, 1980.
Moya Pons, F. Manual de historia dominicana , 5 ta. ed. UCMM, 1980.

Ilustración 9. Carreteras construidas entre 1906 y 1930

En las dos primeras décadas del siglo xx, se intensificó la construcción de canales particulares de riego, construidos

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Angel Moreta

con capital-dinero privado, básicamente de comerciantes y de caudillos, entre ellos el hijo de Wenceslao Ramírez, el también general caudillista José del Carmen Ramírez, quien, al igual que el padre, era entendido en riego y había hecho estudios de agrimensura en la capital del país a fines del siglo xix. 13

Recreación de la geógrafa Sandra A. Black
Recreación de la geógrafa Sandra A. Black

Ilustración 10. Zona del valle de San Juan de la Maguana

Después de 1926, con la construcción del canal de Juan de Herrera, se multiplicaron los canales particulares: dece- nas de ellos tomaban las aguas de los ríos San Juan, Maguana, Mijo, Jínova, Mogollón, del Medio, Las Cuevas, Yaque del Sur, Vallejuelo, algunos de los cuales mojan el valle. El problema de las aguas de riego se hizo importante en la región para profundizar el proceso de acumulación que ha- bía comenzado en la circulación con el capital comercial. El periódico local El Cable, fundado en 1921, cuya vida editorial

Apropiación terrateniente de los medios de producción

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duró hasta 1930, patrocinó la apertura del canal de Juan de Herrera a través de una serie de artículos escritos por su direc- tor. 14 La campaña del periódico fue larga, recia y fructífera. Asimismo, un grupo de ciudadanos de San Juan de la Maguana, a instancias de una vigorosa campaña de El Cable, constituyó en 1920 un Comité de Defensa de las Aguas del Sur, en donde estaban representados los intereses de los comercian- tes propietarios de tierras y futuros propietarios, para luchar con el Central Barahona por una utilización no antojadiza de las aguas del río Yaque del Sur. Dicho Central azucarero ha- bía recibido una concesión de derechos de agua por parte del Gobierno de Ocupación, pero «interpretando antojadiza-

le había otorgado el Gobierno

mente la concesión que [

Militar, procedía a medirlas tratando de precisar su caudal en las temporadas de sequía con el fin de limitar el uso de ellas a las personas que tomaban estas aguas y la de sus afluentes con destino al riego de sus haciendas». 15

La actitud del Central Barahona, en manos de intereses nor- teamericanos, causó desasosiego en toda la región de San Juan de la Maguana, cuya economía comenzaba a fundamentarse en la agricultura, y llevó al periódico El Cable a «una memorable

de resonancia mundial» y que encontró eco en

campaña [

todos los periódicos del país, «excepto el Listín Diario». 16 Prueba de que existía un interés por las aguas, particular- mente del capital comercial y las figuras caudillistas locales, fue el hecho de que la Secretaría de Estado de Agricultura e Inmigración, del Gobierno Militar norteamericano, expidiera unos 12 títulos de agua, de un total de 26, para sacar regolas y construir canales de los ríos que mojan el valle, entre ellos, el Mijo y el San Juan. 17

Uno de los solicitantes para las aguas del río Mijo fue el general Wenceslao Ramírez, solicitud que le fue aprobada.

]

]

14 V. Garrido, En la ruta, p. 120; E. O. Garrido Puello, Espejo, p. 37. En estas publicaciones se cuentan las circunstancias de la campaña.

15 E. O. Garrido Puello, Historia de un periódico, Santo Domingo, 1968, p. 41.

16 E. O. Garrido Puello, Historia. Luego, en 1920, el director del Listín, Pellerano Sardá, explicó a una comisión que lo visitó que «el Central Barahona era un cliente no desdeñable de la empresa y que él juzgaba inoportuno atacarlo».

76

Angel Moreta

Ya para esos años, el arroz y la habichuela eran de amplio consumo en el país. En 1920, por ejemplo, se importaron 13,076 toneladas métricas, con un valor de más de 3 millones de pesos, cifra que muestra que el país estaba alcanzando un consumo considerable de este producto, pero al mismo tiem-

po que tenía una incapacidad productiva del mismo. Para esa época, el arroz, junto otros frutos, era un cultivo mercantil en la zona, aunque básicamente se utilizaba para consumo de subsistencia. Solamente a partir de 1930 va adqui- riendo una importancia considerable en la región, a la cual llegó tardíamente, comparado con la región del Cibao, que ya

a fines del siglo xix era cultivado como producto de subsisten- cia. Según Bonó, en el Cibao en 1890, el arroz ya se sembraba para autoconsumo. 18 En San Juan de la Maguana, debido a la predominancia de la ganadería, este producto era práctica- mente desconocido. En el Informe de la Comisión de Investigación de los

Estados Unidos se da cuenta que en el Cibao «el arroz y el plátano se siembran para consumo doméstico». Entre 1930 y 1940 se expandió la producción de arroz y se con- figuraron zonas en distintas regiones del país como especializa- das en la siembra y el cultivo de este cereal, hasta llegar, en 1942,

a realizar exportaciones de más de 50 mil toneladas métricas. 19 Un factor que provocó la decadencia de la crianza de ani- males y, por tanto, el empobrecimiento de muchas familias campesinas, fueron las prohibiciones a la crianza libre ejecuta- das por las tropas interventoras norteamericanas. Los campe- sinos tenían puercos, vacas, chivos y otros animales pastando libremente en las sabanas del valle. Los intervencionistas, una vez llegaron al valle, prohibieron la circulación de animales y castigaban con multas «todo animal que violara el perímetro urbano, que ellos fijaron a su antojo», 20 y establecieron una alambrada de púas alrededor de la zona urbana con portones de entrada y salida que se cerraban de noche.

18 H. Hoetink, El pueblo; E. Rodríguez Demorizi, Papeles, pp. 101-103.

19 Joaquín Balaguer, La realidad dominicana: semblanza de un país y de un régimen. Buenos Aires, Argentina, 1947, p. 48 y ss.

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Estas medidas provocaron una diferenciación según la cual, unos tuvieron que «fomentar potreros», cercados con alambradas, y otros tuvieron que dejar la crianza y vender sus animales. Las persecuciones que los intervencionistas ejecutaban con- tra la vagancia, sumadas a la eliminación de la crianza libre, llevó a muchas familias campesinas a refugiarse en la agricul- tura de subsistencia, en un momento en el cual se consolidaba la red mercantil que hemos descrito en el capítulo II. 21

el proceso de apropiación

Los distintos elementos que se han analizado crearon las condiciones para que se configurara a partir de la interven- ción norteamericana, una presión por la tierra, que sería lle- vada a cabo en los años siguientes por el capital comercial, en alianza con notarios y agrimensores. Para la fecha el capital comercial había logrado suficientes márgenes de acumulación y, además, poder político en alian- za con el sector caudillista tradicional. En 1918, el presidente del cabildo local, y otros miembros, eran representantes de dicho capital y manejaban según sus intereses y necesidades, básicamente después de la retirada de las tropas intervento- ras, las actividades del mismo. Para 1930 los intereses de este sector como dominante estaban configurados en la región. Los inmigrantes extran- jeros que personificaban la figura del capital comercial ya habían venido adquiriendo tierras porque se dieron cuenta que más tarde iban a tener su valor; los campesinos no valo- rizaban la tierra.

Se tenían títulos sobre terrenos comuneros, pero sin que ningún interesado tomara posesión de ellos, excepto para hacer algún conuco. La dejadez

21 La represión de las tropas norteamericanas fue activa en la región; inclusi- ve, los yanquis apresaban al que no tuviere la casa limpia. Información de campo.

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Angel Moreta

y la ignorancia llegaron al extremo que esos títulos pasaban de mano en mano sin que para esa cesión se instrumentara ningún acto legal. Suponían que bastaba la posesión. 22

Después de 1930 se aceleraron las adquisiciones de tie- rras. Casi todos los comerciantes, que años antes habían sido inmigrantes, 23 adquirieron, compraron, usurparon y tomaron tierras antes y después de 1930. Después de 1940, se converti- rían también en patronos de factorías procesadoras de arroz, lo que marcará una nueva etapa del desarrollo capitalista en la región. En entrevista de campo, un anciano oriundo de la región, con edad de 108 años, refiriéndose al proceso, expresaba que:

muchos las consiguieron (las tierras) con inteligen­

cia; con el dedo decía: ‘esto es mío, y esto es mío,

Y así fue que las consi­

guieron. En aquel tiempo era con el dedo que se conseguían las tierras. Usted decía: «esto es mío»

y buscaba y pagaba bien a un agrimensor, medía

las tierras, buscaba un notario y se quedaba con ellas y con todo lo que le parecía. Así consiguieron los Mesa toda esa sabana de Solorín y los alrede­ dores del pueblo; todo eso era de ellos. ¿Los cam­ pesinos? Esos eran unos infelices, los echaban a un lado; a ellos les compraban palocitos de alguna cerquita que tuvieran y por esa cerquita entonces cogían todo ese terreno; las tierras no tenían valor en aquellos tiempos [ ]

y aquello también’ [

]

24

El asunto de la apropiación de la tierra se hizo un proble- ma de gran importancia, cuyos antecedentes ya venían en el

22 Información de campo, 1984; E. O. Garrido Puello, Espejo, p. 120.

23 Los Paniagua, Hayaime, Octavio, Marranzini, Collado, Recio, Marra, Rodríguez, etc.

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reclamo de las aguas, en la construcción de canales privados, en la reparación del camino que conduce a Azua, en la polé- mica con el Central Barahona y en la campaña por la cons- trucción del canal de Juan de Herrera, gestiones y actividades todas en las que participaba el Ayuntamiento. En 1928, cuando se planteó en Azua la fusión del legalismo caudillista del Suroeste, con el Partido Nacional Horacista, los primeros reclamaban para la provincia de Azua tres cuestio- nes fundamentales que resolver, y que después de constituido el Gobierno algunas fueron aplicadas: la comunidad de las tierras, el reparto de las aguas y la construcción de vías de comunicación. 25

Sandra A. Black
Sandra A. Black

Ilustración 11. Ríos de la provincia de San Juan

El planteamiento sobre la comunidad de las tierras era con el fin de atajar la confección de títulos falsos que está haciendo virtualmente nulos los derechos de propiedad privada.

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Angel Moreta

Títulos de agua expedidos por la Secretaría de Estado de Agricultura e Inmigración, en virtud de la orden ejecutiva No. 318, a los siguientes:

Domingo Rodríguez­Agua del Río San Juan­Azua. Jesús M. Vargas­Agua del río el Caño de Boña­Neiba­Barahona. Alberto Perdomo­Agua del río Plaza Cacique. Santiago J. Rodríguez­Agua del río Macasía­Matas de Farfán.

J.

Julio Coiscou­Agua del río Birán­Barahona.

Asociación «La Altagracia»­Agua del río El Manguito­Neiba. Arabaje Hermanos­Agua del río Macasía­Matas de Farfán.

A.

Santiago­Agua del río Macasía­Matas de Farfán.

Manuel Pérez­Agua del río Camana­Neiba. Sociedad de Irrigación «Los Tres»­Agua del río San Juan­San Juan. Joaquín García­Agua del río Yaque del Sur­Barahona. Sociedad de Irrigación «Amantes de la Agricultura»­Agua del río San Juan­San Juan­Azua. Ismael Mateo­Agua del río Jacahueque­Matas de Farfán. Inomina Palmer­Agua del río Jacahueque­Matas de Farfán. Sociedad de Irrigación «La Unión»­Agua del río San Juan­San Juan. Sociedad de Irrigación «La Unión»­Agua del río Macasía­San Juan. Sociedad de Irrigación «La Competencia»­Agua del río María Chiquita Neiba Barahona. Francisco Tomillo­Agua del río San Juan­San Juan. Sociedad de Irrigación «El Porvenir»­Agua del río Las Marías­Neiba. Sociedad de Irrigación «El Esfuerzo»­Agua del río Baní­Baní. Sociedad de Irrigación «El Progreso»­Agua del río Baní­Baní. Sociedad de Irrigación «La Legalidad»­Agua del río Baní­Baní. Sociedad de Irrigación «El Adelanto»­Agua del río Baní­Baní. Wenceslao Ramírez­Agua del río Mija­San Juan­Azua. Resolución No. 74, Gaceta Oficial No. 3355­Luis Liberto Bogaert

Fuente: Primer Censo Nacional, R.D., 1920.

Esto muestra que el proceso de falsificación de títulos ha- bía comenzado tardíamente en el Suroeste. La apropiación de terrenos comuneros y ejidales en otras regiones había co- menzado con la ley que en 1911 hizo obligatoria la partición de los mismos; se desarrolló entonces todo un movimiento de falsificación y apropiación oportunista de terrenos comuneros, fundamentalmente ligado al cultivo de la caña de azúcar, que estaba en manos de extranjeros y nacionales. 26

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En el Suroeste, en cambio, dicho movimiento se desarrolla vinculado a las necesidades de expansión del capital comer- cial, y no del capital azucarero. En 1920 solamente había un agrimensor en el valle de San Juan de la Maguana: un hijo del caudillo W. Ramírez, quien se había hecho agrimensor en el Instituto Profesional. Vinculado consanguíneamente al caudillismo local y miem- bro de los círculos de poder tradicionales, a los cuales se habían agregado los comerciantes urbanos; el joven José del Carmen Ramírez regresó de la capital hecho agrimen- sor «a una comarca donde la mayor parte de las tierras eran comuneras» 27 Midió muchas de las tierras del valle y con- tribuyó a su repartición en manos de aquellos círculos de poder y del capital comercial. Hostos y Bonó reaccionaron a las nuevas realidades de la intensificación del capitalismo azucarero y sus secuelas. En la región Suroeste no hubo voces que se levantaran frente a este proceso regional de apropiación por parte de un capital comer- cial no vinculado fundamentalmente a las exportaciones. Las voces que se oyeron apenas reclamaban, como hemos visto, las condiciones para que justamente este proceso se produjera. Desde fines del siglo xix, la ley de agrimensores daba po- testad a éstos para decidir de la validez de la documentación presentada por requerientes. 28 Si tenemos presente que para 1920, según el censo de ese año, había en todo el país menos de 60 agrimensores, podríamos darnos cuenta de que en una región como el Suroeste, incomunicada y distante, la tremenda especulación y presión febril alrededor de la apropiación de medios de producción en la agricultura, también se habrá pro- ducido (aunque no vinculado a las necesidades de expansión de la caña de azúcar, sino del cultivo de cereales y leguminosas que alcanzaban importancia en el mercado interior en expan- sión) y que un solo agrimensor pudo haber reunido poder legal suficiente no sólo para él consolidar y ampliar medios de producción, sino también para «ayudar» a que sus asociados del capital comercial también consiguieran dichos medios.

27 V. Garrido, En la ruta, p. 65.

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Angel Moreta

La familia del agrimensor tenía tradición agraria. Wenceslao Ramírez era conocedor de materia de riego, además de gran propietario y ganadero en Mijo, hacia el este del valle; padre del agrimensor José del Carmen Ramírez, y de tres generales más, formaban una familia con poder local y lazos de compa- drazgo con Ulises Heureaux, quien tuvo una querida e hijos en San Juan de la Maguana. Era una familia caudillista, bien relacionada con el campesinado ignorante y analfabeto de la región, al cual manejaba de acuerdo con sus proyectos y necesidades. Los caciques regionales se apropiaron de grandes exten- siones de tierras, las mejores del valle. En su obra Geografía y sociedad, 29 Juan B. Pérez narra cómo en 1920, el general Wen- ceslao Ramírez tenía una amplia y cómoda residencia solariega en Mijo con grandes extensiones de tierras agrícolas y gana- deras. Imaginemos el poder que tenía en la década del 90 del siglo xix, cuando había sido nombrado general y «jefe comunal de San Juan de la Maguana» por el presidente Heureaux, para pensar en las posibilidades de apropiación de tierras de este grupo de poder local, del cual participaban otros generales, como Ampayés Alcántara, Vidal y los hermanos del agrimensor Carmito Ramírez, que eran también tres generales. Ello hace sustentar la idea de que en el Suroeste el caudi- llismo regionalista tuvo que ver con el proceso de apropiación de las tierras del valle en su alianza, como se ha dicho, con los comerciantes locales. Nancie L. González analiza cómo «cada región tenía su caudillo, que al mismo tiempo que mantenía el orden dentro de su territorio, desafiaba los esfuerzos del gobierno central para controlarlo a él o a sus dependencias». 30 Para ese tiempo hubo un auge de falsificaciones de títu- los de tierras comuneras y ejidales; algunos notarios locales fueron hechos prisioneros por sospecha, y además existía una seria indeterminación acerca de la propiedad ejidal del Ayuntamiento, organismo éste que no disponía de ninguna

29 V. Garrido, En la ruta.

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copia del Amparo Real con que la administración colonial dotó a los cabildos del país. Había comentarios inclusive de que el documento de Amparo Real había sido sustraído, destruido o perdido, 31 hecho que evidencia de por sí la atmósfera de frau- de que existía en la región, inclusive dentro de las esferas del poder municipal. E. O. Garrido Puello habla de que los ayuntamientos de San Juan de la Maguana, al igual que otros del país, desenvolvían sus actividades en ambiente pasivo, «sin mucho fervor por los intereses del pueblo». 32 Esa desgana e indiferencia permitió que todos los terrenos aledaños al pueblo fueran mensurados por personas habilidosas, que se apropiaron de las mejores tierras del valle, incluyendo los ejidos del ayuntamiento que eran, como explica Hoetink, posesión común de los habitantes. 33 Como ya se ha mencionado, dada la presencia de los co- merciantes en los ayuntamientos del período en San Juan de la Maguana, es muy probable que la sustracción de documentos ejidales y municipales, la usurpación y falsificación de títulos y la apropiación de los medios de producción más importantes del valle, se produjera mediante algún uso del poder y del in- volucramiento de estas personificaciones del capital comercial en dichas actividades, y a través del mecanismo que menciona E. O. Garrido Puello como desgana e indiferencia de los cabildos locales de ese momento, situación que coincide con aquellas que refiere Hoetink sobre el monopolio del poder en los ca- bildos de aquellas provincias afectadas por el auge azucarero, de parte de los comerciantes. La presión por la apropiación de los recursos físicos no era para instalar explotaciones azucareras ni plantaciones de cacao, como fue el caso en otras regiones. Cuando se desa- rrolla dicho proceso, entre 1920 y 1930, aproximadamente, a manos de grupos locales de las clases dominantes, ya existía concomitantemente un dominio del capital comercial sobre

31 E. O. Garrido Puello, En el camino de la historia: 1911­1967, Santo Domingo, 1977, p. 88. Entrevista al Sr. Mesa, diciembre 1983. Los abogados privados de su libertad fueron, uno de apellido Soñé y otro Castillo.

32 E. O. Garrido Puello, En el camino.

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Angel Moreta

el campesinado y comenzaba a cobrar auge un mercado re- gional de alimentos, sin descontar una frontera agrícola no agotada en toda la región y el país. 34 La mayoría de las personas mayores de la región que fueron entrevistadas coinciden en señalar cómo el proceso de apro- piación y concentración de los mejores recursos agrícolas, se produjo a través de la ignorancia de los campesinos y la inte­ ligencia de los adquirientes. Los primeros alienaban, vendían o dejaban por cabeza de arenque o cola de túbano sus medios de producción. Las tierras no valían nada, en tierra de ciegos, el tuerto es rey; los campesinos eran engañados con base en la mensura- ción fraudulenta, en la legislación y el sistema de apropiación que dicha legislación –la ley de concesiones agrícolas que los nor- teamericanos hicieron aprobar en 1911–, estableció sobre la base de nuevas relaciones de producción. 35 La ley de 1911 permitirá las compras de grandes exten- siones de tierra a precios irrisorios. Bajo el Gobierno Militar de Ocupación dicha ley será reforzada con la creación del Tribunal de Tierras. 36 El sistema Torrens también va a coadyuvar para que los pro- cesos de apropiación privada y fraudulenta de las tierras y re- cursos físicos, en la medida en que el interesado en sanear un terreno solicitaba su reconocimiento al Tribunal de Tierras y éste seguía más adelante un procedimiento que dejaba prác- ticamente indefenso al campesino: 37 publicaba un llamado en

34 La frontera agrícola en todo el país era de apenas 8.6 millones de tareas de superficie cultivada. En 1935 había ascendido a 15 millones de tareas. (Ver Censo de 1920.)

35 Juan Bosch, Composición social dominicana: historia e intrepretación, [1970], Santo Domingo, 1988, pp. 265, 271. Citado por A. Cortén, Azúcar, p. 52.

36 A. Cortén, Azúcar, capítulo I.

37 M. Medrano Vásquez, Formularios sobre saneamiento inmobiliario en Santo Do­ mingo, Santo Domingo, 1981. «El procedimiento se iniciaba con la concesión de prioridad, la cual puede ser pedida tanto por la persona que se pretenda propietario del inmueble a sanear, como por el Estado a través del abogado del Estado, que es su representante por ante el Tribunal de Tierras. El interesado eleva una instan- cia al Tribunal Superior de Tierras acompañándole los documentos justifica- tivos del derecho de propiedad que le asiste, así como del contrato suscrito por el agrimensor y él; si el impetrante se pretende propietario, sin discusión con nadie, ininterrumpidamente, entonces deberá acompañar su petición

Apropiación terrateniente de los medios de producción

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los periódicos para que los interesados en el saneamiento de determinado terreno sometan en un plazo dado sus solicitu- des y alegatos de posesión. Si en ese plazo no se recibía otro alegato que el de la primera persona interesada, entonces se saneaba y registraba a manos de esta última. Debido a que los campesinos no leían ni leen periódicos, menos en la segunda y tercera décadas del siglo xx, y mucho menos en una región alejada del centro como el Suroeste, éstos perdían fácilmente sus tierras, máximamente en zo- nas sometidas al caudillismo de jefes políticos y económi- cos locales, dentro de una dominación patrimonial de estos grupos. 38 En la región Este, la existencia de una frontera agríco- la no agotada, permitió hacia los años de intensificación de expropiaciones terratenientes (1916-1925), que grandes nú- cleos de campesinos se recampesinizaran, pasando a ocupar otras zonas agrícolas, básicamente, en la región Noroeste del país. 39 Otra situación se verificó en el Suroeste, donde pobla- ciones campesinas se replegaron en la misma región hacia las estribaciones de montañas en la zona alta norte, hacia el bosque tropical seco del sur, y el bosque xerofítico seco al este del valle. En esas zonas se refugiaron núcleos campesi- nos pauperizados. 40

de una certificación expedida por el alcalde pedáneo del lugar donde radi- que el terreno. Corresponde al Tribunal Superior de Tierras tramitar ante el director general de mensuras catastrales para que este funcionario le im- ponga al inmueble objeto de saneamiento la designación catastral pertinente y devuelva el expediente con sus recomendaciones; luego se procede a dictar la Resolución que concede la prioridad, lo que implica que el agrimensor pueda iniciar, previo requisito de publicar en un periódico de circulación nacional el aviso del requerimiento para el saneamiento y el conocimiento de la audiencia que celebrará posteriormente el juez del Tribunal de Tierras de Jurisdicción Original que resulte designado para su conocimiento, quien tendrá un papel activo en todo el proceso de saneamiento, distinto al juez en materia civil donde las pruebas las aportan las partes.»

38 Todavía en 1983, a San Juan de la Maguana llegan apenas 1,200 periódicos diariamente, sumando los distintos periódicos; pensemos que la población rural es de más de 160 mil habitantes.

39 W. Lozano, «La formación del proletariado».

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Angel Moreta

Las familias involucradas en procesos de concentración de medios de producción en la agricultura del valle, con poder político (ligado al caudillismo regional) y poder económico (obtenido a través del comercio de bienes, urbano y rural), y que monopolizaron, frente a un campesinado totalmente ig-

norante, los mejores recursos productivos, conformaron gru- pos patrimonialistas, con base en el paternalismo, la fuerza, el engaño y el chantaje, en una relación de dominación regional que hasta hoy deja entrever sus consecuencias. Dichos grupos se reciprocaban entre sí en un sistema de apoyo mutuo, y hacia 1940-1950, formaban un poder terrate- niente que explotaba fuerza de trabajo campesina «en colo- nato» sobre la base de relaciones no capitalistas de aparcería

a la media y otras modalidades. Fueron, por tanto, un sector

rentista que cobraba renta del suelo en especie y que logró amplios márgenes de acumulación que, más adelante, trans- firieron a otros sectores de la economía, como el financiero, agrocomercial (factorías) o de bienes inmuebles urbanos. Su desintegración parcial, pero importante, se explica más adelante. 41

Algunos de estos rentistas llegaron a tener en la década del 1940 hasta 80 hombres en colonato dentro de sus unidades lati- fundistas, los cuales eran usufructuarios de 12, 15 y hasta 20 ta- reas a la media. Bajo este régimen de renta en producto, una modalidad de renta del suelo no capitalista, el terrateniente ayudaba al productor directo con sumas dinerarias para semi- llas y costos de producción; el campesino trabajaba las tierras

y la cosecha se dividía en dos mitades. 42

de braceros azucareros a la R.D. CENDIA, UASD; citado también por W. Lozano, «La formación del proletariado».

41 Información de campo. Datos de Mayobanex Rodríguez, noviembre de

1985.

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Proceso de apropiación del valle de San Juan de la Maguana, 1920 43

Poder de los comerciantes

1900

Explotación

del

campesinado

Agentes

compradores

zonales, 1920

El mercado interior
El
mercado
interior

Capitalismo

agrario, factorías,

agroindustrias

interior Capitalismo agrario, factorías, agroindustrias Acumulación y poder de los comerciantes Alianza con los

Acumulación y poder de los comerciantes

Alianza con

los caudillos y

poder político

Desintegración

del colonato y

terratenientes

político Desintegración del colonato y terratenientes Apropiación de los medios de producción del valle Colonato

Apropiación de los medios de producción del valle

Colonato

de

campesinos

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Angel Moreta

Los caudillos y la Primera Intervención Norteamericana (1916-1924)

Los caudillos y la Primera Intervención Norteamericana (1916-1924)

La mayoría de los caudillos regionales depusieron su autonomía, lideraz­ go y poder y se

La mayoría de los caudillos regionales depusieron su autonomía, lideraz­ go y poder y se sumaron a los interventores norteamericanos, haciéndose colaboradores de éstos. En el valle de SJM, los caudillos lilisistas, horacis­ tas, etc., colaboraron abiertamente con los yanquis en la persecución del campesino Olivorio Mateo, precursor de prácticas mágico­religiosas de la región. A esos caudillos se refirió Fabio Fiallo en su conferencia sobre Cayo Báez:

«Frente a la consigna única de mucho terror por parte del ejército de ocupa­ ción,

«Frente a la consigna única de mucho terror por parte del ejército de ocupa­ ción, el pueblo dominicano estaba desamparado no sólo en cuanto a sus ‘medios de defensa’, sino también ‘de todo ejemplo de honor’, por la fuga cobarde de los bravucones que habían sido sus hombres de gobierno.» «¿Dónde estaban aquellos por quienes (el pueblo dominicano, A.M.) había derramado a torrentes su sangre generosa en lucha enconada de hermano contra hermano? ¿En dónde los otros que él había exaltado a los puestos más eminentes y lucrativos de la Nación, en los congresos, en la magistra­ tura, en la diplomacia, en el manejo de los tesoros públicos?».

«Ahí cuando se volvió a saber de ellos, cuando (el pueblo dominicano. A.M.) volvió a

«Ahí cuando se volvió a saber de ellos, cuando (el pueblo dominicano. A.M.) volvió a verlos, fue en el palacio del Gobernador Militar a quien iban a ofrecerle: los unos, su sumisión y sus influencias políticas; los otros, sus

talentos, sus actividades, sus relaciones sociales [

]

Y también en las fies­

tas del Country Club, a donde algunos llevaban sus mujeres y sus hijas a danzar

tas del Country Club, a donde algunos llevaban sus mujeres y sus hijas a danzar y divertirse con aquellos mismos rudos sargentones que convertían en pavesas nuestras aldeas, estrangulaban ancianos al correr de sus rápi­ dos bridones y aplicaban con sus propias manos el sable hecho ascua en el vientre desnudo de nuestros indefensos campesinos»

Fuentes: Fabio Fiallo: «Presentación del mártir Cayo Báez», conferencia pro- nunciada en La Vega, 1923. Víctor Garrido: En la ruta de mi vida, Santo Domingo, 1970. El Libro Azul de Santo Domingo, publicado en 1920 por el gobierno de interven- ción. Edición de la UASD, Santo Domingo, 1976. Presentación de R. Cassá. Juan B. Pérez: Carta al presidente Roosevelt, 1933.

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Los caudillos y la Primera Intervención Norteamericana (1916-1924)

«En la primavera del 1917 el Gobierno Militar decidió extinguir el foco de anormalidad que mantenía encendido, desde muchos años antes, el lla­ mado dios Olivorio y destacó sobre San Juan como jefe de operaciones al coronel Bears quien llegó precedido de una fama que no le favorecía. Las fuerzas de la Guardia Republicana con que debía operar se adelantaron y llegaron a la ciudad por el camino de Azua, encomendadas por el coronel Buenaventura Cabral, después de un buen descanso en Mijo, en la hacien­ da del general Wenceslao Ramírez, quien enterado de los acontecimientos que se avecinaban se trasladó a la población a esperar su desenvolvimien­

to. Un poco más tarde, a través de la Cordillera Central, por el camino de San José de Las Matas, llegaron a San Juan tropas del Cuerpo de Marina invasor. Cuando el coronel Bears llegó, lo primero que dispuso fue reunir en la sala del Ayuntamiento a todos los hombres de la población. Él llegó

a

San Juan animado de propósitos hostiles porque las intrigas de algu­

nos dominicanos le habían informado que detrás de dios Olivorio estaba el general Carmito Ramírez, dirigente del Partido Legalista. Él expuso en la reunión a lo que iba y pidió cooperación. El general Wenceslao Ramírez, un viejo y sabio capitán de la región, se la ofreció en nombre de todos y también acompañarle en la ofensiva contra Olivorio, a pesar de sus años. Olivorio estaba en las lomas de Naranjo. Cuando Bears preguntó si había en la ciudad quien le hiciera un plano del lugar donde moraba Olivorio, el general Wenceslao le dijo que su hijo Carmito podía hacérselo. El coronel Bears, asombrado exclamó: ‘me habían informado que el general Carmito era un bandido’. Se le dijo que lo hicieron víctima de una mala e interesada información porque el general Carmito no era un bandido sino un prestigio­

so profesional. Se le hizo el plano y cuando se resolvió atacar a Olivorio, el general Carmito, enterado de que su anciano padre había resuelto correr

el

riesgo de acompañarlo, decidió no abandonar a su padre. Se atacó a

Olivorio, un infeliz campesino a quien habían endiosado la ignorancia y el fanatismo, y como era de esperarse fue desalojado y dispersado. El general Wenceslao ganó la confianza del coronel Bears y éste, que había llegado

a

San Juan con la funesta idea de hacer un campo de concentración para

enterrar los habitantes que residiesen en la zona norte y este de la común, así como de otras no menos negativas, desistió de sus proyectos y confió

la

normalización de la común al general Wenceslao quien salvó a San Juan

de los graves sucesos que le amenazaban, provocados por las intrigas po­ líticas de malos dominicanos.»

Fuente: V. Garrido, En la ruta, p. 65 y ss.

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Angel Moreta

90 Angel Moreta Ilustración 12. Factorías de arroz en el valle de San Juan de la

Ilustración 12. Factorías de arroz en el valle de San Juan de la Maguana

Factorías de arroz en el valle de San Juan de la Maguana Ilustración 13. Recua de

Ilustración 13. Recua de mulos que traen productos al mercado

IV. Intensificación del capitalismo agrario

debilitaMiento del colonato

Hasta 1950 los terratenientes y comerciantes rentistas man- tuvieron muchas de sus tierras en manos de campesinos apar- ceros que las trabajaban a la media, es decir, de campesinos co­ lonos que producían y pagaban renta del suelo en producto. El grupo de comerciantes que se apropió de las principales tierras del valle se configuró, por tanto, como un grupo ren- tista que explotaba campesinos en la producción a través de modalidades y relaciones no capitalistas. 1 La fuente principal de acumulación de estos grupos locales había sido el comercio y el campesinado explotado en la cir- culación; ahora se explotaba directamente fuerza de trabajo campesina en colonato. El fenómeno del colonato al interior de unidades terrate- nientes fue de carácter transitorio, probablemente producto de la inexistencia todavía de grupos de productores capita- listas especializados en producir para el mercado interno; fe- nómeno que cedió en forma importante tan pronto se hizo posible la configuración regional de estos grupos como con- secuencia de procesos de especialización productiva para el mercado interno que comenzaron a desarrollarse a partir de 1940 y adquirieron fuerza cerca de 1950. 2

1 Cortén y otros, Azúcar.

2 W. Lozano, «La formación del proletariado».

– 91 –

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Ello no quiere decir que las relaciones de producción que corresponden a la aparcería hayan llegado a su fin, pero sí, de manera importante, dentro del fenómeno del colonato de tierras propiedad de terratenientes que no trabajaban directa- mente sus medios de producción. Siguen existiendo diversas formas de renta del suelo, pero en lo que concierne a la pro- ducción capitalista arrocera, que es la que sustituye al colo- nato a partir de 1950 y 1960, paga renta del suelo en dinero porque se trata de arrendamiento. 3 Entre 1950 y 1960, esta relación de producción específica en gran escala en la zona, sufrió un proceso de decadencia y disolución, el cual se acentuó en los primeros años de 1960, coincidente con la agitación social que siguió a la liquidación del grupo trujillista, cuando varios terratenientes tuvieron te- mor de que los campesinos se apropiaran de sus tierras, y co- menzaron a expulsarlos paulatinamente. La disolución del colonato parece haber desarrollado re- sultados diversos; entre ellos, un proceso de proletarización campesina, en la medida en que estos productores se vieron arrojados de sus unidades de explotación, muchos se incorpo- raron a los barrios pobres de la ciudad de San Juan, que co- menzaban a crecer a partir de esos años, donde se instalaron como fuerza de trabajo obrera en actividades agrícolas. Por otro lado, un impulso a la instalación de unidades empre- sariales agrícolas; varias de esas explotaciones fundiarias terra- tenientes fueron puestas en manos de empresarios capitalis- tas, básicamente en tierras arroceras del valle, que buscaron explotarlas en forma capitalista utilizando fuerza de trabajo asalariada, probablemente constituida en parte por la fuerza laboral campesina expulsada. 4 Más adelante, esta fuerza laboral con hábitat en los barrios pobres, pasó a constituirse regularmente en un elemento del

3 Observación de campo, 1984. Mucho de lo que aquí se diga es producto de esta observación, inclusive el fenómeno del colonato de campesinos a que ya hicimos referencia en el capítulo III y estamos haciendo ahora, fue estable- cido mediante el trabajo empírico.

Intensificación del capitalismo agrario

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mercado de fuerza de trabajo que entonces se constituía, ac- tualmente existente en las tres salidas principales que tiene la ciudad: Juan de Herrera (al norte), carretera Sánchez (al este) y Las Matas (al oeste). Con las leyes agrarias balagueristas se producirían conflictos entre campesinos colonos residuales y propietarios, que culmi- narían en expulsiones mediante la amenaza, el soborno, la compra paternalista de derechos, la manipulación, etc., y otros mecanismos de chantaje. Entre 1962 y 1964 se produjo hacia el sur de la ciudad, en Manoguayabo, un desalojo amplio y conflictivo de campesinos colonos, que dio lugar a protestas campesinas y probablemente al primer movimiento campesi- no de la región, en las cuales se destacó el viejo Ramos, padre del dirigente campesino Zoilo Ramos, de Maguana al Medio, un anciano hoy con más de 80 años de edad. 5 Muchos de los campesinos desalojados se incorporaron a otras actividades (traberos, billeteros, obreros urbanos, etc.) o se insertaron en nuevas relaciones de aparcería con rentistas pequeños propietarios, en otras zonas agrícolas de la región. Las tierras pasaron a manos de usufructuarios capitalistas, varios de ellos de factorías arroceras, pagaban renta en dine- ro y trabajaban directamente como gestores empresarios y co­ mandantes de trabajadores agrícolas. Los terratenientes descubrieron la ganancia media capita- lista a través del latifundismo, sea trabajando ellos directamen- te, sea arrendando a inversionistas empresariales a cambio de la renta del suelo en dinero. Concomitantemente, en esta coyuntura se producen pro- cesos de reconcentración latifundista antes y después de 1950, en los cuales sale perdiendo el campesinado, a través de com- pras bajo presión, paternalismo o chantaje. Algunos de estos productores se proletarizaron y se instalaron en las orillas de la zona urbana, otros se replegaron hacia las zonas altas húme- das o hacia las zonas secas del sur, en la misma región. Algunos

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de los capitalistas que entonces pasaban a ocupar las tierras, como el capitalista de factoría Homero Paniagua, terminaron de ejecutar procesos de expulsión y estimularon el cultivo ca- pitalista de arroz y habichuelas en esas tierras. La configuración de un mercado de trabajo agrícola venía desde 1940 aproximadamente, cuando la economía campe- sina se va sumergiendo en una condición de precariedad es- tructural como consecuencia de la mercantilización creciente de la misma y de su sometimiento progresivo al mercado en expansión, hechos a los cuales nos referiremos más adelante. La clase rentista pasó a ser residual en la medida en que cedió como latifundista terrateniente al capitalismo agrario

y a los dueños y empresarios de factorías arroceras sus tierras

a través de diferentes vías, sin descontar que algunos de los

miembros de aquella clase se incorporaron directamente al capitalismo agrario o de factorías, o sus descendientes. Las vías a través de las cuales el sector rentista se acercó a su desfiguración parcial fueron las siguientes: algunos vendieron para invertir en la compra de bienes inmuebles en las zonas ur- banas; otros murieron y las tierras se repartieron entre los here- deros, quienes a su vez las vendieron a capitalistas agrarios; otros terceros han sometido sus tierras al arrendamiento capitalista a empresarios urbanos grandes y medianos que pagan, como se ha mencionado en sentido moderno, renta del suelo. De este proceso, más las apropiaciones que mencionamos, surge una recomposición y reconcentración de los medios de producción y recursos físicos del valle de San Juan de la Maguana que son dirigidos a la producción de cereal para el mercado interno dentro de la lógica general de valorización del capital-dinero, inherente al sistema capitalista.

La intensificación del capitalismo agrario a partir de 1950, teniendo una de sus bases en el arrendamiento capitalista, alimentará al mismo tiempo el capitalismo de factorías, que recientemente comenzaba sus actividades productivas y comer- ciales, en un proceso que creará mercado de trabajo regional y una fuente nueva de sometimiento del campesinado que se ha venido especializando en la producción arrocera. Este proce- so que venimos describiendo se inscribe dentro de uno de los

Intensificación del capitalismo agrario

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momentos constitutivos del proceso de concentración latifun- dista de medios de producción en el país, 6 que corresponde al surgimiento de unidades empresariales agrarias ligadas a la producción arrocera y cafetalera, además de la consolidación del latifundio ganadero y los procesos de expropiación terrate- niente que le fueron correlatos, teniendo estos últimos como principal protagonista al grupo trujillista, a partir de 1940, y que afectó a poblaciones campesinas del Sur y otras regiones. 7 El primer momento, que constituye con aquel dos grandes etapas en el proceso de polarización latifundio-minifundio de la estructura agraria dominicana, va de fines del siglo xix hasta 1925, y corresponde al latifundio azucarero, teniendo su pun- to de mayor incidencia en el período 1916-1925, concentrado básicamente en la región Este del país. Como se ha visto, en el Suroeste dicho momento constitu- tivo del proceso de concentración fue protagonizado por gru- pos locales de las clases dominantes, familias terratenientes y comerciantes no necesariamente vinculados al grupo trujillis- ta, aunque tampoco en contradicción con él, con la variante de que dichos grupos locales accedieron parcialmente al capi- talismo agrario después de 1950, debido a procesos particula- res de desagregación. 8 El capitalismo agrario en el valle de San Juan y en las zo- nas llanas y fértiles, aunque en secano, que le son adyacentes, adquirió gran impulso después de 1960, con muchos empre- sarios grandes y medianos dedicados a la producción de arroz y habichuelas. Como se verá, en esta relación de producción participaron, y aún participan, los capitalistas de factorías agroprocesadoras, constituyendo ambos sectores la expresión más desarrollada del capital vinculado a la agricultura de la región, incluyendo las agroindustrias Lavador y La Manicera, que se habían incorporado anteriormente.

6 W. Lozano, «La formación del proletariado».

7 W. Lozano, «La formación del proletariado».

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Angel Moreta

El arrendamiento capitalista del suelo, como relación de producción que se hizo importante en el proceso de desarro- llo del capitalismo agrario arrocero, no hizo desaparecer otras relaciones no capitalistas de pago de la renta de la tierra, como las que corresponden a la aparcería a la media, a la tercia y a la cuarta. Y ni siquiera formas de pago no salariales, en espe- cie, todavía importantes ambas como relaciones que se dan básicamente en el campesinado. Las relaciones de aparcería (y sus modalidades) se dan principalmente entre campesinos

y rentistas pequeños y medianos y en tierras de secano, las

cuales dilucidaremos en el capítulo V. Para 1950, la provincia Benefactor 9 tenía 821 casos de ex- plotaciones bajo administración, colonato y aparcería, con más de 50 mil tareas, básicamente en el valle de San Juan de la Maguana, mientras Azua reunía apenas 140, Barahona 225, Bahoruco 172 y San Rafael 10 unos 72 casos, con una extensión, respectivamente, de 4,520; 872,307; 6,001 y 3,124 tareas. La excepción es Barahona, que reunía esa cantidad de superficie debido a las plantaciones azucareras bajo el régimen de admi- nistración, con 136 fincas y 867,563 tareas. 11 Por tanto, si excluimos el caso de la provincia de Barahona,

a San Juan de la Maguana corresponde el lugar más significa-

tivo en volumen de superficies dedicadas al régimen de ad- ministración, aparcería y colonato, en 1950. El arrendamien- to, en cambio, para esa fecha, tenía escasa significación, pues existían apenas 95 casos, con poco más de 8,000 tareas; y en las demás provincias era todavía mucho menor, a excepción de la San Rafael, donde había 389 casos de arrendamiento con 18,395 tareas, situación comprensible por existir en ella un predominio de la pequeña propiedad. La importancia de aparcería y arrendamiento en San Juan de la Maguana se amplió en 1971 al interior de la pequeña propiedad básicamente, lo que sirvió de refugio a núcleos campesinos y probablemente de contención a la proletariza- ción; de 95 casos de arrendamiento y 668 de aparcería, con 8

9 Hoy San Juan de la Maguana.

10 Hoy Elías Piña.

Intensificación del capitalismo agrario

97

mil y 26 mil tareas respectivamente en 1950, se pasó a 1,339 casos de aparcería y 349 de arrendamiento en 1970, con casi

49 mil y 35 mil tareas respectivamente. La mayoría de éstos

se daban en la zona del valle y en explotaciones menores de

80 tareas. 12

Cuadro 3 Procesos de concentración después de 1960 en el arroz

Los censos registran intensos procesos de concentración del suelo en la caña de azúcar, pastos y arroz. En este último cultivo la concen- tración fue del orden del 65%.

Años

No. de productores arroceros

Extensión

ocupada de

 

arroz (tareas)

1960

79,140

1.2

millones

1971

27,715

1.2

millones

Fuente: Censos agropecuarios 1960 y 1971.

Para explicarnos la diferencia abismal podríamos tener en cuenta parcialmente los cambios de clasificación del V Censo. En 1950 los procesos de concentración latifundista toda- vía no eran muy acentuados en la agricultura de la provincia. De unas 17,500 explotaciones que existían en San Juan de la Maguana, alrededor de 15,000, o sea el 86% del total, tenían menos de 80 tareas, lo que muestra un peso muy significativo de economías campesinas. Esta es una característica general de todo el Suroeste, aunque no necesariamente de todas las provincias. En 1950 en toda la región, la mayoría de las fincas tenían entre 32 y 80 tareas, y no se producía fundamentalmente la po- laridad latifundio-minifundio, aunque no dejaba de avisarse. En la provincia Benefactor, por ejemplo, había 76 fincas de 800 tareas en adelante, que concentraban más de 135 mil tareas. Y no había una sola explotación, según el Censo Agropecuario,

98

Angel Moreta

que reuniese 8,000 tareas, al igual que en Azua, en San Rafael y en Pedernales, aunque lo mismo no ocurría en Barahona, en donde ya para la fecha había 4 unidades con más de 8,000 ta- reas cada una, en una superficie de más de 75,000 tareas.

Cuadro 4 Fincas y superficie de 800 a 8,000 tareas en adelante, en San Juan de la Maguana y en la región Noroeste, 1950

Provincia

Total

Total

800-8000

Más de 8000

de

fincas

superficie

       

Fin-

Superfi-

Fin-

Superficie

 

cas

cie

cas

El país

276,848

37,022,748

5,040

9,030,779

342

10,712,253

D. N.

9,118

1,441,620

182

418,904

26

627,129

Azua

7,401

372,806

18

28,693

1

8,000

Bahoruco

5,580

314,086

7

20,202

5

111,808

Barahona

6,264

1,618,191

105

221,140

11

936,590

Benefactor

17,449

976,509

76

135,292

­

­

Independencia

3,210

155,156

5

5,300

1

16,060

San Rafael

6,938

311,868

48

99,449

7

13,277

Fuente: Censo Agropecuario 1950. Cuadro No. 30, p. 200.

Sin embargo, 76 fincas de más de 800 tareas, con un to- tal de 135 mil tareas, mostraban ya en 1950 que el proceso de apropiación y concentración se acentuaría después de esa década. En otras regiones el proceso mencionado estaba más adelantado, como en el Norte y en el Este. En Puerto Plata, por ejemplo, existían 7 explotaciones de más de 8,000 tareas, con una extensión global de más de 200 mil tareas, siendo su fondo agropecuario de 1.2 millones en 6,000 unidades. En San Pedro de Macorís, para 1950 existían 67 fincas de entre 8,000 y 40,000, con una superficie de más de 1.4 millones de tareas, cuando el total de la provincia era de 1.7 millones en 4,443 unidades.