Вы находитесь на странице: 1из 172

UNIVERSIDAD JUÁREZ DEL ESTADO DE DURANGO

UNIVERSIDAD JUÁREZ DEL ESTADO DE DURANGO RECTOR: LUIS TOMÁS CASTRO HIDALGO

RECTOR: LUIS TOMÁS CASTRO HIDALGO

Epistolario de Dostoievski

Fedor Dostoievski

Editorial de la Universidad Juárez del Estado de Durango Titulo: Epistolario de Dostoievski ; Fedor

Editorial de la Universidad Juárez del Estado de Durango

Titulo: Epistolario de Dostoievski ; Fedor Dostoievski

Primera edición: 1950

Diseño de portada: Carlos Martínez Torres

Diseño de interiores: José Daniel Ramírez Devora.

© D.R. Fedor Dostoievski

© D.R. De esta edición, Editorial de la Universidad

Juárez del Estado de Durango.

Constitución 404 sur. Zona Centro

C.P. 34000

Durango, Dgo. 2011

ISBN: 978-607-503-035-7

editorialujed@ujed.mx

ÍNDICE:

SOBRE

SOBRE

SOBRE

SOBRE

SOBRE

«CRIMEN Y CASTIGO»

9

«EL IDIOTA»

31

«DEMONIOS»

63

«EL ADOLESCENTE»

91

«LOS HERMANOS KARAMÁSOVI»

113

SOBRE LA «VIDA DE UN GRAN PECADOR»

117

JUICIO DE DOSTOIEVSKI SOBRE SU PRIMERA MUJER

129

LA MUJER DE DOSTOIEVSKI, CRÍTICO:

OBSERVACIONES DE ANNA GRIGÓRIEVNA SNITKINA A ALGUNAS OBRAS DE SU MARIDO ACERCA DE «CRIMEN Y CASTIGO»

133

« ACERCA DE « DEMONIOS»

ACERCA DE

EL IDIOTA »

139

145

EL INCIDENTE STRÁJOV

149

DOSTOIEVSKI Y TOLSTOI

163

Epistolario de Dostoievski

SOBRE «CRIMEN Y CASTIGO»

A SU HERMANO MIJAIL

Semipalatinsk, 31 de mayo de 1858.

N o recuerdo ya (tengo muy mala memoria), no re- cuerdo ya si te escribí que estaba en tratos con Ká- tkov (Mensajero Ruso) y le había ofrecido mi cola-

boración para su revista: le prometí escribirle una narración larga si me entregaba inmediatamente quinientos rublos. En unión de una carta muy donosa y afectuosa me envió los quinientos rublos, hace cuatro o cinco semanas. Me dice que celebra mucho contar con mi colaboración, y que desde luego accede a mi ruego (respecto a los quinientos rublos), suplicándome a su vez no me imponga esfuerzo alguno y trabaje sin prisa. De suerte que estoy escribiendo ahora para el Ruskii Viéstnik 1 una novela larga; lo desagradable es que no he convenido con Kátkov lo que me ha de abonar por pliego, y le he escrito diciéndole que a su discreción lo dejaba. Quiero escribir también este año algo para La Pa- labra Rusa; pero no una novela, sino un cuento. La novela la escribiré, pero cuando vuelva de Siberia. Hasta entonces

1 El Mensajero Ruso.

Fedor Dostoievski tendré que aplazarla. La idea fundamental de mi novela es muy feliz; la figura del protagonista, nueva y nunca llevada al libro. Se trata, sin embargo, de una figura muy frecuente hoy en la vida real en Rusia (según infiero de los movimien- tos e ideas nuevos, que a todos dominan), y estoy seguro de que lograré enriquecer, a mi regreso, la novela con nuevas observaciones. No hay que precipitarse, amigo mío, sino procurar hacer algo bueno. Tú me escribes que yo soy muy vanidoso y quiero destacarme ahora con alguna obra de so- bresaliente mérito, y que por eso me estoy pacientemente empollado, incubando esa obra descollante. Supongamos que sea cierto; como yo tengo por ahora el propósito de dejar a un lado las novelas, y sólo trabajo en dos novelas cortas 2 , que no pasarán de medianas, no hay que hablar de que empollo. ¿De dónde sacas tú que del primer envite se pueda pintar un cuadro? ¿Cuándo has adquirido esa convic- ción? Créeme a mí; para todo se requiere trabajo, una la- bor gigantesca. Ten la seguridad de que cualquier poemilla gracioso y ligero de Puschkin nos parece ahora a nosotros tan gracioso y ligero precisamente por lo mucho que lo tra- bajó y corrigió el poeta. Esa es la verdad. Gógol tardó ocho años en escribir sus Almas muertas. Todo lo que sale de un tirón está todavía verde. Dicen que en los manuscritos de Shakespeare no se advierten tachaduras. Pues por eso, pre- cisamente, adolece de tales monstruosidades y pruebas de mal gusto; si hubiera trabajado más, le habría salido mejor. Tú, sin duda, confundes la inspiración, la primera momen- tánea aparición de una imagen o un impulso en el alma del artista (cosa que siempre ocurre), con el trabajo. Yo empie - zo por escribir cada escena según se me ocurre en el primer momento, y me recreo mucho con ella; pero luego me estoy trabajándola por espacio de meses y hasta de un año. Me

2 La alquería de Stepanchikovo y El sueño del tito.

Epistolario de Dostoievski dejo entusiasmar por ella varias veces (pues me gusta la escena), y tacho aquí, y pongo allá; y, créeme, siempre sale ganando la escena. Sólo que hay que tener inspiración. Sin inspiración, naturalmente, no se puede hacer nada.

*

Semipalatinsk, 9 de mayo de 1859.

…Tú me escribes siempre noticias por el estilo de esas de que a Gonchárov le han dado por su novela siete mil ru- blos y que Kátkov le ha pagado a Turguéniev cuatro mil rublos por su Nido de nobles, o sea cuatrocientos rublos por pliego. (He leído, por fin, la novela de Turguéniev. Es magnífica.) Amigo mío, de sobra sé que yo no escribo tan bien como Turguéniev; pero la diferencia, realmente, no es tan grande, y espero, con el tiempo, escribir tan bien como él. ¿Que por qué, estando tan apurado, me avengo a cobrar cien rublos por pliego, mientras que Turguéniev, que posee dos mil siervos, cobra cuatrocientos rublos? Pues por eso mismo de que soy pobre y tengo que trabajar a vuela pluma y por el dinero; así que todo lo echo a perder.

Fedor Dostoievski

A MIJAIL NIKIFÓROVICH KÁTKOV

(Borrador. 1865.)

Estimadísimo Mijail Nikifórovich: ¿Podría yo contar con publicar mi novelita en su Ruskii Viéstnik? 3 Llevo ya escribiéndola dos semanas, aquí en Wiesbaden, y estoy a punto de terminarla. Hará cinco o seis pliegos. Me quedan todavía dos semanas de trabajo; acaso más. Pero, de todos modos, puedo asegurarle terminantemente que la novela estará lista dentro de un mes, y podrá usted tenerla en su poder dentro de ese plazo, sin falta.

Hasta donde yo puedo juzgar, no desentona en modo al- guno esa novela de la tendencia de su revista; antes por el contrario. Es un estudio psicológico de un crimen. Época, la actual, este año mismo. Un joven de clase media, que, expulsado de la Universidad, se encuentra en la mayor mi-

seria, sufre el influjo de algunas raras, prematuras ideas que flotan en el aire, y por efecto de su ligereza y la inconsis- tencia de sus ideas resuelve salir de una vez de su vida de apuros. A cuyo fin decide matar a una vieja, viuda de un consejero, que da dinero a réditos. La vieja es tonta, sorda, enferma, avara, cobra unos réditos judaicos, es mala y des- truye una vida humana, pues esquilma a una hermana más

joven, que le sirve de criada. «Nada vale

¿Para qué vive?

¿Le es útil a alguien?» Estas preguntas y otras semejantes desconciertan al joven, el cual decide matarla y robarla, con

3 Se refiere a la novela Crimen y castigo.

Epistolario de Dostoievski la idea de hacer feliz a su madre, que vive en la provincia; librar a su hermana, que está de ama de llaves con unos terratenientes, del humillante asedio del cabeza de dicha fa- milia y de las puercas proposiciones a que estará expuesta toda su vida; terminar él sus estudios en la Universidad y marcharse al extranjero, para ser allí toda su vida una per- sona decente, seria, que cumpla sus deberes para con la Hu- manidad, con lo que, naturalmente, expiará su culpa, sobre todo habida cuenta de que el hecho de suprimir a una vieja estúpida, mala y enferma, que no sabe siquiera para qué está en este mundo, y que quizá estaba llamada a morir de muerte natural dentro de un mes, no constituye propiamente un crimen.

Aunque tales crímenes son muy difíciles de consumar, y huellas e indicios salen fácilmente a la superficie, estan- do además el asesino expuesto al albur de la casualidad, que puede delatarlo, logra nuestro hombre, precisamente en virtud de esa casualidad, llevar a rápido y feliz término su designio. Un mes, aproximadamente, transcurre luego, hasta que llega la catástrofe. No hay quien sospeche de él, ni puede haberlo. Y aquí empieza a desarrollarse todo el proceso psicológico del crimen. El asesino se estrella contra problemas insolubles, inopinados; extraños sentimientos tortúrale el corazón. La verdad de Dios y la ley de los hom- bres triunfan por fin, y el hombre termina por comprender que debe denunciarse él mismo. Se ve obligado a ello para expiar su crimen en Siberia, y de este modo, cuando menos, poder luego reintegrarse a los hombres.

El sentimiento de ser extraño, de estar divorciado de toda la Humanidad, que a raíz de cometer su crimen experimen-

ta, le tortura lo indecible. Triunfan la ley de la Naturaleza,

Y el criminal decide sufrir todos los

martirios con tal de espiar su culpa. Me cuesta mucho traba-

la ley de los hombres

Fedor Dostoievski jo exponerle a usted con toda claridad mis pensamientos.

En mi novela se encuentra, además, una alusión a la idea

de que el castigo jurídico de los delincuentes asusta e inti-

mida a éstos mucho menos de lo que el legislador imagina, lo que se debe, en parte, a la razón de que el propio malhe- chor, de por sí, pide ya moralmente un castigo.

He tenido hartas ocasiones de observar este fenómeno

aun en hombres totalmente degradados, y con frecuencia

en forma muy primitiva. Pero yo quería representarlo en

el ejemplo de una personalidad altamente desarrollada de la nueva generación para hacer resaltar de un modo más

claro y comprensible mi idea. Ciertos casos, de un pasado muy reciente, han me convencido de que el argumento de

mi libro no tiene nada de excéntrico, pues el detalle de que

el criminal sea un joven culto tiene su fundamento. El año pasado me contaron de un estudiante de Moscú que, expul- sado de la Universidad a raíz de los sucesos que allí ocu-

rrieron, decidió matar al correo y robar la posta. También en nuestros días leemos muchos ejemplos de ese trastorno mo-

ral

que conduce a los actos más crueles. (Aquel estudiante

de

la Academia Teológica que asesinó a una muchacha, de

4 .

En una palabra, que estoy convencido de que la actualidad,

cuando menos en parte, dará la razón a mi obra.

Ni que decir tiene que en la precedente descripción del argumento de mi novela falta aún el argumento mismo; pero creo que será muy interesante, aunque respecto a su ejecución artística no soy el llamado a juzgarlo. Con de- masiada frecuencia he escrito yo cosas malas, muy malas, por la necesidad de darme prisa y tenerlas terminadas en un plazo fijo. Aunque, después de todo, he escrito esas co-

acuerdo con ella, en una taberna, y una hora después

)

4 Ilegible en el original.

Epistolario de Dostoievski sas sin prisa y con mucho fuego. Así que procuraré, aunque haya de escribir esta obra para mí solo, escribirla lo mejor que pueda.

Hace seis años ofrecí al Ruskii Viéstnik una novela mía, por la que ya había recibido un anticipo. Pero ocurrió enton- ces un equívoco: no se publicó la novela, y yo devolví el di- nero. Puede que no tuviera yo toda la razón, pero puede que tampoco dejase de tenerla del todo; lo más probable es que se dieran esas dos cosas. Pero hoy estoy más bien dispuesto a culparme de exigente y de egoísta. No recuerdo bien los detalles de esa historia. ¿Puedo esperar que también usted, estimado Mijail Nikifórovich, opte por no recordarlos?

Estos seis años últimos he cobrado habitualmente dos- cientos cincuenta rublos por pliego (por La casa muerta, cuyo primer capítulo se publica en el número corriente de Ruskii Mir, ciento veinticinco rublos), cantidad que tam- bién hace poco me ofreció una editorial. Dejo enteramen- te a su discreción el señalar los honorarios luego que haya usted leído mi novela. Tengo entendido que así hacen los escritores que tratan con usted. Sea como fuere, no quisie- ra cobrar, por pliego, menos de ese mínimo que hasta aquí he cobrado, o sea ciento veinticinco rublos. Aunque, como digo, me confío enteramente a usted y estoy convencido de que saldré ganando más.

Perdóneme usted que toque ahora algunos asuntos priva- dos. Me encuentro actualmente en una situación pésima. A principios de julio estuve enfermo, y sin dinero alguno hice un viaje al extranjero.

Esperaba salir del atranco en poco tiempo con algún tra- bajo; pero me dejé, cosa que no lamento, seducir por otro tema, es decir, por esta idea que acabo de exponerle. Pero ello no obsta para que ahora me vea en la precisión de pedir-

Fedor Dostoievski le a usted trescientos rublos, claro que caso de publicar mi novela. Yo le ruego, estimadísimo Mijail Nikifórovich, que no relacione usted para nada los trescientos rublos que le pido con las condiciones de mi ofrecimiento, pues no guar- dan relación alguna. Se trata, sencillamente, de una súplica que yo le hago para que me ayude en este trance difícil, una súplica que, lo repito y lo subrayo, sólo es valedera para el caso de que usted quiera aceptar mi trabajo.

…Sea como fuere, le agradeceré vivamente no me haga esperar mucho la contestación, pues en la situación en que me hallo hasta un minuto tiene su valor. Creo poder estar de regreso en Rusia de aquí a un mes; pero dentro de tres semanas podré ya enviarle la novela.

BORRADOR DE UNA CARTA A KÁTKOV

(Desde Petersburgo.)

Estimadísimo Mijail Nikifórovich: Habiendo recibido su contestación a la carta que le escribí desde el extranjero, creíame ya autorizado para suponer que la aceptación de mi novela para el Ruskii Viéstnik era cosa hecha, por lo que me apliqué con todo entusiasmo a la labor.

Pero como me he dedicado exclusivamente al trabajo re- ferido, no pudiendo poner mano en ningún otro, y, además, no tengo dinero, ni nadie a quien pedírselo, para poder vivir mientras termino la obra, estoy hecho, de momento, lo que se dice un mendigo. Perdone usted que le cuente estas inti- midades. Ya sabía yo que era usted una bella persona, pero

Epistolario de Dostoievski nunca hasta ahora tuve el gusto de conocerlo a fondo. Me

dirijo a usted de escritor a escritor, y le ruego se haga cuenta

de mi situación. No soy yo solo en el mundo, sino que tengo

a mi cargo la familia de mi difunto hermano, que se halla

también en la mayor miseria y con la que parto hasta el último grosch. Tengo, además, otras obligaciones sagradas

que no puedo desatender. Sin contar con el menor recur- so, siempre obligado a esquilmar los bienes de mis amigos con continuos ataques a su bolsa, a correr de acá para allá tres días enteros para coger un rublo prestado, tengo todavía que realizar un trabajo serio, y me hallo expuesto a indeci- bles torturas morales; me gusta el trabajo en que ahora me ocupo, tengo cifradas en él muchas ilusiones, pero me veré obligado a dejarlo descansar, a perder un tiempo precioso

y andar de acá para allá siempre hostigado. Usted es tam-

bién escritor, usted cultiva las bellas letras, de suerte que me

comprenderá. ¡Y cómo, en tal situación, me he de aplicar

a un trabajo que de suyo es algo poético y requiere, por

tanto, sosiego espiritual y cierta inspiración! Mucho tiempo hace ya que hubiera podido enviarle las cuatro partes de

que consta la novela, listas ya para darse a las cajas —todo

lo tengo planeado, hasta el menor detalle—, si todas esas

circunstancias que le digo no me lo hubiesen impedido, es- tando todavía por terminar la segunda parte.

Además, que ni siquiera tengo la certeza positiva de que

mi

novela vaya a publicarse en su revista, pues en todo caso

no

se me ha dicho nada respecto a la fecha en que haya de

empezar a publicarse. En tan insufrible situación, me dirijo

a usted con el ruego siguiente:

En primer lugar, le suplico me ayude. Por haberme con- sagrado exclusivamente al trabajo destinado a su revista he tenido que renunciar a cualquier otro que pudiera propor- cionarme recursos, así que me encuentro sin una copeica

Fedor Dostoievski

y hasta he tenido que empeñar mi ropa. Por todo lo cual le

ruego a usted me facilite mil rublos adelantados. Como ya tengo recibidos de usted trescientos, sólo le pido en realidad setecientos. De esos setecientos, ruego a usted me envíe a

mí cuatrocientos cincuenta, y doscientos cincuenta a U. F.

Basúnov, al que adeudo esa cantidad.

Hasta aquí he mandado a la Dirección del Ruskii Viéstnik unos siete pliegos largos, quizá ocho. Esto hará los mil ru- blos, si no hace más. Dentro de unos días le enviaré a usted el final de la segunda parte, y en seguida, la tercera. En una palabra: que yo, por mi parte, cumpliré fielmente lo ofreci- do, insisto en ello; y, finalmente, que estoy interesado en la obra y trabajo en ella con amor, y estoy ansioso por ver qué impresión hace en el público, con cuya simpatía cuento.

En segundo lugar, le ruego me diga si la publicación de

mi novela en su revista va a empezar en el número de enero

y cuándo va a terminar. Es de suma importancia, para que

yo me trace mi plan, que conozca también el suyo.

En tercer lugar, si por cualquier razón no fuese de su agrado mi novela o tuviera usted que aplazar por ahora el

publicarla, le suplico me la devuelva. Usted es un hombre, Mijail Nikifórovich; usted tiene sentimientos humanos. Us-

ted comprenderá que yo, que he perdido tan lastimosamente

5 , tan pronto como fuere

6 , y

tanto tiempo y tanta salud, que yo

posible, tendrá su compensación, pues le juro que yo

he vendido mis últimos libros, y, además, que no estoy solo.

Esos trescientos rublos que le debo, palabra de honor que se

los devolveré.

Cuarto: ¡Sea usted bueno y no piense en ello, que yo no

5 Ilegible en el original.

6 Idem íd.

Epistolario de Dostoievski le hacía ningún reproche, y no se enfade usted conmigo! Sólo que se me hace muy duro eso de no recibir contesta- ción y permanecer en la incertidumbre.

Y quinto, le ruego me conteste del modo más rápido y

claro a la presente para que yo pueda saber a qué atenerme

y buscar por otro lado, si es preciso.

Otra cosa: si piensa usted publicar mi novela, le ruego encarecidamente a la Dirección del Ruskii Viéstnik no haga en mi manuscrito la menor corrección. Por ningún concepto lo consentiría.

Tengo la firme esperanza de que, después de estas súpli- cas que le hago, no me dejará usted Mijail Nikifórovich, en esta incertidumbre por más tiempo

AL BARÓN ALEKSANDR YEGÓROVICH

WRANGEL

18 de febrero de 1866.

En primer lugar, trabajo como un forzado. Estoy escri- biendo esa novela para el Ruskii Viéstnik; una gran novela,

en seis partes. A fines de noviembre ya tenía mucho escrito

y terminado; pero lo quemé todo, ahora puedo confesarlo.

No me gustaba. Se me había ocurrido una nueva forma, un nuevo plan, y lo empecé todo de nuevo. Trabajo día y no- che, y el trabajo me cunde muy poco.

Fedor Dostoievski Según mis cálculos, tengo que enviarle mensualmente al

Ruskii Viéstnik seis pliegos. Es terrible, y sólo podría hacer- lo si tuviese el necesario sosiego espiritual. Una novela es una obra poética, y se necesita para darle cima tranquilidad

de espíritu y fantasía. Pero a mí me acosan los acreedo-

res; me amenazan con enchiquerarme. Hasta hoy no me ha

sido posible entenderme con ellos, y no sé realmente si lo lograré, aunque muchos de ellos son razonables y aceptan

mi ofrecimiento de pagarles en cinco años. Pero con los

demás, aún no estoy en regla.

Puede usted figurarse si estaré intranquilo; eso me des- troza cabeza y corazón, y me llevo muchos días sin poder hacer nada. ¡Anda y ponte a escribir en esas condiciones! A veces es de todo punto imposible. Por eso, me es también difícil tener un momento libre para charlar con los viejos amigos. ¡Y, además, la enfermedad! A lo primero, a raíz de mi regreso, me hizo sufrir mucho la epilepsia; habríase dicho que quería desquitarse de los tres meses que me había dejado en paz. Pero ahora, desde hace un mes, me ator- menta las hemorroides. Usted, probablemente, no tiene la menor idea de esa enfermedad ni de lo que son sus ataques.

Yo llevo ya tres años que se han propuesto atormentarme

dos veces al año: en febrero y en marzo. Y figúrese usted:

catorce días (!) sin poder coger la pluma, sentado en un diván. Ahora, durante los últimos catorce días, tendré que escribir cinco pliegos. ¡Y tener que estar acostado, cuando se está orgánicamente sano, sólo porque no puede uno estar en pie ni sentado, pues inmediatamente que se levanta del diván le entra los retortijones!

esta ocasión le contaré a usted mis presentes asun-

tos literarios, y por ello verá usted cómo están las cosas. En-

contrándome en el extranjero, apremiado por las circunstan- cias, le ofrecí a Kátkov un trabajo, al precio, mezquino para

En

Epistolario de Dostoievski

mí, de ciento veinticinco rublos el pliego, ciento cincuenta para el formato del Sobremennik 7 . Más tarde supe que esa gente aceptaba gozosa, pues no tenían escritores para este año. Turguéniev no escribe, y con Liov ToIstoi han reñi- do. Yo me aparecí a ellos como el cabrón expiatorio (todo esto lo sé de buena tinta), pero empezaron a darme largas

y torearme. La cosa es que en el fondo son gente mísera; la

novela les pareció grande, y se asustaron ante la idea de te- ner que pagar veinticinco o treinta pliegos al tipo de ciento veinticinco rublos pliego. En una palabra: toda su política (ya estábamos de acuerdo) se reducía a lograr que yo reba-

jase el precio, y toda la mía, a elevarlo. Y ahora estamos empeñados en una estúpida pugna; por lo visto, quieren que yo vaya a Moscú. Pero yo me abstengo. Además, tengo mi idea: si Dios me ayuda, va a salirme esta novela una gran cosa. Yo quisiera tener primero publicadas tres partes del

libro (la mitad). Entonces habría dado el golpe, y podría yo

ir a Moscú y vería cuánto podía sacarles. Pero puede ocurrir

también que les saque más. Eso será por Pascua. Además, he tenido buen cuidado de no pedirles anticipos; me reduzco

y vivo a lo pobre, sin gastar más que lo indispensable: pero

si tomo dinero adelantado pierdo toda libertad moral para discutir luego con ellos mis honorarios. Hace dos semanas se publicó la primera parte de mi novela, en el número de enero del Ruskii Viéstnik. Me refiero a Crimen y castigo . Ya he oído algunos juicios halagadores acerca de ella. Se dicen allí cosas atrevidas y nuevas

7 El Contemporáneo.

Fedor Dostoievski

A ALEKSANDR PETRÓVICH MILÍUKOV

Moscú, junio de 1866.

Mi querido y estimado amigo Aleksandr Petróvich: Ká- tkov está de veraneo en Petrovskii-Park; Liubímov (el di- rector del Ruskii Viéstnik) está también veraneando. En la Redacción de la revista no hay nadie más que un aburrido secretario, que no sabe nada de nada. Pero yo logré cazar, en los primeros días, a Liubímov. Ya ha mandado componer tres capítulos de mi novela. Yo le prometí escribirle al galope el cuarto capítulo; los cuatro capítulos harían exactamente la mitad del final de la segunda parte (cuatro pliegos); en el cuaderno siguiente podrían dar otros cuatro capítulos, o sea todo el final de la segunda parte. Pero Liubímov se anticipó a decirme: «Le he esperado a usted para decirle que ahora, en junio y julio, podemos y hasta debemos dar la novela en pequeñas dosis; hasta se puede suspender en algún número la continuación, habida cuenta del tiempo en que estamos. Nosotros preferimos hacer de modo que en otoño aparezca la segunda mitad de la novela y su final en el número de diciembre, pues el efecto de la novela debe animar a los suscriptores para el año siguiente». Así que quedó acordado suspender la publicación de la novela por otro mes, de suer- te que los cuatro capítulos (cuatro pliegos) no se publicarán hasta julio y están ya compuestos.

Pero luego se puso en claro que Liubímov había proce- dido con una segunda intención escandalosa, es decir, que no quiere publicar uno de los cuatro capítulos que tiene en

Epistolario de Dostoievski su poder, y Kátkov confirma su decisión 8 . He tenido una explicación con ambos, pero siguen en sus trece. Sobre el capítulo de referencia, nada puedo decir; lo escribí con verdadera inspiración, pero puede que me saliera mal; sólo que sus remilgos no son por el valor literario de aquél, sino por la moral. En este sentido, tengo yo razón; el capítulo no contiene nada inmoral, sino todo lo contrario; pero ellos son de otro parecer y hasta ven en él indicios de nihilis- mo. Liubímov me ha manifestado definitivamente que debo rehacer el capítulo. Transigí, y el rehacer ahora ese largo capítulo me ha costado el mismo trabajo que hacer otros tres; pero ya lo rehice y lo entregué. Por desdicha, no he podido volver a ver desde entonces a Liubímov, y no sé si han quedado contentos de mi refundición o si hay que modificar más el capítulo. Así ocurrió con otro capítulo (de esos cuatro); Liubímov me dijo que había tachado mucho de él (no me importó, pues había suprimido un paso que no tenía nada esencial).

No sé qué pasará ahora; pero las discrepancias de opi- nión que por culpa de esa novela han surgido entre la Direc- ción y yo empiezan a cargarme.

8 Se refiere al capítulo IX de la segunda parte de Crimen y castigo, a aquel paso en que Sonia y Raskólnikov leen el Evangelio.

Fedor Dostoievski

A N. U. LIUBÍMOV 9

Viernes, 8 de julio de 1866.

Mi estimadísimo Nikolai Aleksiéyevich: Me he retrasa-

do en un día; pero, en cambio, he refundido mucho; esta vez

creo que habré dado en el clavo.

El bien y el mal están muy separados y es totalmente imposible mezclarlos y emplearlos a la inversa. He hecho también las enmiendas que usted me indicó, y creo que con creces. A propósito, le agradezco a usted el haberme dado ocasión de volver a repasar el manuscrito. Puedo afirmar resueltamente que yo mismo, de por mí, lo hubiera corre- gido.

Ahora tengo que pedirle un gran favor: ¡por Cristo, deje

usted todo lo demás tal y como está! Yo he hecho todo cuanto usted ha querido; todo está deslindado, definido y claro. La lectura del Evangelio tiene ahora otro color. En una palabra:

¡déjeme que confíe en usted; tome usted bajo su protección

mi pobre poema, mi buen Nikolai Aleksiéyevich!

El cuarto capítulo se lo enviaré en seguida, pero no antes del miércoles. Si fuera posible, lo tendría usted el martes. Pongo todo mi empeño en no perder tiempo.

Muy rendidamente suyo.

F. Dostoievski.

9 Nikolai Aleksiéyevich Liubímov nació en 1830 y falleció en 1897. Fue profesor de Física en la Universidad de Moscú, miembro del Con- sejo ministerial para la instrucción del pueblo, colaborador de Kátkov y Leóntiev en las Noticias de Moscú y director del Ruskii Viéstnik.

*

Epistolario de Dostoievski

Petersburgo, 9 de diciembre de 1866.

…Le escribí a usted, diciéndole que en este mismo mes le mandaría la tercera parte de Crimen y castigo, pero no antes del día 15, si la Dirección lo deseaba.

Pero en este caso sólo podría darle algunos capítulos de unas proporciones no superiores a dos y medio o tres plie- gos. Si usted me escribe diciéndome que los envíe, lo haré.

Pero yo quisiera saber si no podríamos seguir este plan: in- cluir en el número de octubre una advertencia anunciándole al público que el final de Crimen y castigo saldrá este año, sin falta, y darlo en los números de noviembre y diciembre. Le digo esto, única y exclusivamente, porque de este modo sería incomparablemente mayor la impresión que la novela

le haría al público; perdone usted esta vanidad de autor y no

la tome a risa, pues verdaderamente es perdonable. Podrá no tener éxito mi novela; pero a mí, que soy quien la escri-

be, se me debe perdonar, ya que hasta lo necesito, que me prometa un triunfo. De otra suerte no habría escritor que cogiese la pluma. En una palabra: que quisiera poder con- ducir mi novela de modo, que hiciese una impresión nueva

y diese tanto que hablar como al principio.

De no ser por eso no me atrevería a molestar a la Di- rección, por lo que aguardo la decisión de usted. Lo que usted diga, eso haré. En el entretanto trabajo sin parar. Para salvarme, he escrito en menos de un mes diez pliegos de

Fedor Dostoievski una intensa novela 10 para el editor Stellovskii. Pero ¡qué diferencia de un trabajo a otro!

A SU SOBRINA SOFÍA

ALEKSÁNDROVNA

IVÁNOV-JMÍROV

Dresde, 6 (18) de enero de 1871.

…El editor Stellovskii ha editado mi novela Crimen y castigo. Según los términos textuales de nuestro contrato, firmado hace cinco años, viene obligado a abonarme, al en- trar en cajas el libro, mil rublos.

Yo le he enviado mis poderes, para que se haga cargo de dicho dinero, a Máikov, que está en Petersburgo. Pero a pesar de todos mis derechos, me temía mucho no ver el dinero en mi mano.

Ese Stellovskii es un tío que nunca ha soltado el dinero sin que a ello lo requieran judicialmente. Si no me paga esos mil rublos, con los que hago tantas, cábalas, voy a en- contrarme por algún tiempo en la más apurada y desespera- da situación. Con ese dinero, en cambio, podría arreglar mis asuntos domésticos, cosa que me urge extraordinariamente en los presentes instantes

10 Se refiere a El jugador.

Epistolario de Dostoievski

A APOLLON NIKOLÁYEVICH MÁIKOV

Dresde, 7 (19) de enero de 1871.

Queridísimo Apollon Nikoláyevich: Recibo su cartita y celebro mucho haya recibido una citación referente a mis asuntos. Le ruego una vez más lea usted la copia 11 , por la que se enterará a fondo de todo. Ahora voy a decirle a us- ted lo siguiente: el no haber usted encontrado a Stellovskii por siete veces es señal de que se ha calado el objeto de sus visitas, y estoy seguro de que no quiere dar el dinero; pero, al fin y al cabo, no tendrá más remedio que pagar, porque ¿qué otro recurso le queda? Pero ¿cuándo lo hará? Probablemente, le será ventajoso aplazar el pago indefini- damente, y apelará a todos los medios. Por eso no se debe proceder contra él directamente; a la carta mía (que usted le entregó) no me ha contestado. De suerte que se ha tomado usted un trabajo inútil, y yo me quedo sin cobrar, Por esto le aconsejo lo siguiente: sin renuncia a los derechos de los poderes que le he conferido para cobrar esa cantidad, cosa que especialmente le ruego, pues él debe saber que se ha encargado del asunto una persona decente y un hombre in- fluyente en el medio literario (eso les mete miedo a esos tunos), asesórese de un abogado experto, no de un procura- dor, pues no ha de haber ningún proceso serio, sino un abo- gado que sepa cómo se puede sacar el dinero, qué medios de coacción pueden emplearse y cómo se puede echar mano

11 Una copia del contrato de Dostoievski con Stellovskii, referente a la edición de Rodion Raskólnikov, o sea Crimen y castigo.

Fedor Dostoievski de la Policía; un hombre, en suma, que esté al tanto de to- das esas cosas prácticas. Esos hombres abundan mucho en Petersburgo. Pascha, naturalmente, no es el más indicado. Aquí se necesita un picapleitos listo. Pues es maravilloso. Claro que no ha de ponernos una minuta muy elevada. Pero como se trata de un asunto seguro, puede cobrarnos barato. Cuando ese abogadito lo haya puesto en el trance de pagar o apechugar con un proceso, pudiendo salir condenado al pago de una multa convenida, creo que se apresurará a sol- tar la mosca. Así que hay que llevar las cosas de un modo, por decirlo así, policíaco, para que en seguida se percate de que tiene que habérselas con un picapleitos de cuidado. De eso, naturalmente, no se puede usted encargar, por lo que convendría que buscase un representante. Pero yo le ruego muy encarecidamente no deje su mano la suprema direc- ción de este asunto.

El abogado que digo deberá proceder en nombre de us- ted; pero el dinero lo ha de recibir usted en propia mano y no confiárselo a nadie. Se lo ruego encarecidamente

DE IAKOV PETRÓVICH POLINSKII

A DOSTOIEVSKI

Petersburgo, 22 de noviembre de 1877.

Estimadísimo Fedor Mijailovich: Me ha enviado usted dos segundas partes de Crimen y castigo; le devuelvo a us- ted una de ellas y le ruego me la cambie por una primera. La segunda parte, aquélla en que ha puesto usted su autógrafo,

Epistolario de Dostoievski la he leído ya, y la noche que pasa Svidrigáilov antes de suicidarse me ha hecho gran impresión. Son ésas unas pági- nas de suprema poesía y de poder creador. Le agradezco el exquisito deleite que me ha proporcionado

Epistolario de Dostoievski

SOBRE «EL IDIOTA»

A APOLION NIKOLÁYEVICH MÁIKOV

Ginebra, 16 (28) de agosto de 1807.

Ya comprenderá usted el fundamento de todas mis es- peranzas; claro que todo esto sólo podrá cuajar y dar sus frutos con una condición: que mi novela me salga bien. Por eso debo poner todo empeño en la tarea. ¡Ay, amigo mío, cuánto, pero cuánto me pesa haberme entregado hace tres años a esas locas ilusiones de que podría pagar todas esas deudas y haber firmado tantos pagarés! ¿De dónde saco yo ahora la energía y vitalidad necesarias? La experiencia ha demostrado que puedo alcanzar un éxito; pero ¿a condición de qué? Pues a condición únicamente de que gusten todas mis obras y despierten el máximo interés del público; de lo contrario, todos mis castillos se derrumban. Pero ¿es eso posible? ¿Está sometido a algún cálculo?

Fedor Dostoievski

*

Ginebra, 9 (21) de octubre de 1867.

…De mí trabajo no le escribo a usted, pues aún no puedo decir nada concreto sobre el mismo. Sólo una cosa: que ten- go que trabajar con mucho, pero con mucho esfuerzo. Los ataques me quitan a veces las últimas energías, y después me dejan durante cuatro días, por lo menos, sin poder coor- dinar mis pensamientos. ¡Y qué bien me iba a lo primero en Alemania! ¡Maldita Ginebra! No sé qué será de nosotros, y a todo esto, la novela es la única salvación. Lo más cargante es que irremisiblemente tiene que salirme bien. No puede ser de otro modo. Esa es conditio sine qua non. Pero ¿cómo va a salirme bien, si la enfermedad paraliza todas mis facul- tades? Fantasía tengo aún, y no del todo mala: he podido comprobarlo ahora en el trabajo. También tengo nervios to- davía. Pero la memoria la he perdido. En resumidas cuen- tas, que quiero tomar la novela por asalto, y arremeto contra ella a fondo y me lo juego todo a esa carta, y sea lo que Dios quiera. Pero dejemos esto

*

Epistolario de Dostoievski

Ginebra, 31, XII, 67 (12) de enero de 1868.

…Ha sido, pues, así: he trabajado y me he atormentado. ¿Sabe usted lo que es eso de crear? ¡No, usted, gracias a Dios, no lo sabe! De encargo y a tanto la línea, no creo que haya usted escrito nunca ni experimentado, por consiguien- te, ese infernal suplicio. Al tomarle yo al Ruskii Viéstnik tanto dinero adelantado (¡un horror!: cuatro mil quinientos rublos), me hacía la ilusión de que a primeros de año no me dejaría la musa en la estacada, sino que se me encandilarían las ideas poéticas y así me mantendrían hasta el final del año, con lo que yo podría salir de todos mis apuros. Tenía tantas más esperanzas de que así fuese, cuanto que en mi cabeza y en mi corazón empezaban a apuntar gérmenes de ideas artísticas y a dominar mis sensaciones. Pero la cosa se quedó en ciernes, mientras que lo que yo necesito es una verdadera encarnación, que siempre surge inesperada y sú- bita, de suerte que momentos antes no habríamos podido sospecharla; sólo cuando en nuestro interior ha cuajado un cuadro completo es cuando podemos pasar a tratar de darle forma artística. Sólo en ese caso se puede contar, sin miedo a equivocarse, con un éxito. Nada; que todo el verano y todo el otoño me los pasé discurriendo toda suerte de ideas (algunas muy interesantes); pero cierta experiencia me hizo sentir la falacia o la dificultad, cuando no la poca fuerza, de muchas ideas. Hasta que, por fin, opté por una de ellas, me puse a trabajar, y ya llevaba mucho escrito cuando, el 4 de

Fedor Dostoievski diciembre del nuevo estilo, fui y lo mandé todo al diablo y rompí el manuscrito. Le aseguro a usted que la novela ha- bría podido pasar; pero a mí me cargaba, precisamente por ser solamente mediana y no positivamente buena. Yo quería otra cosa. ¿Qué hacer ahora ya? ¡Estábamos a 4 de diciem- bre! Pero las circunstancias de mi vida se habían conjurado en la forma siguiente:

No sé si le dije a usted (no me acuerdo de nada) que, habiéndoseme agotado todos los recursos, fui y le escribí a Kátkov, rogándole me enviase todos los meses cien rublos. Creo habérselo ya contado a usted. Él me contestó que bue- no, y me envía el dinero puntualmente. Pero en mi carta a Kátkov (en la que le daba explicaciones) prometíale de un modo positivo, bajo palabra de honor, enviarle la novela, anunciándole que para diciembre ya tendría en su poder una parte considerable de la misma. Podía decírselo así, pues el trabajo iba muy bien y ya tenía mucho escrito. Luego le escribí diciéndole que tenía muchos gastos y que si no podía enviarme, en vez de la cantidad convenida (los qui- nientos rublos), por una vez siquiera (por el mes de diciem- bre) doscientos rublos y no ciento. En diciembre recibí su asentimiento, juntamente con el dinero, y precisamente era cuando yo acababa de destruir el manuscrito. ¿Qué hacer? Todas mis esperanzas se desplomaron. Yo había compren - dido, por fin, que esa novela era toda mi esperanza; que si la llevaba a feliz término podía pagar todas mis deudas a la Dirección y a usted, enviarles cantidades de consideración a Pascha y a Emilia Fiodórovna 12 y seguir yo viviendo; sin contar con que si la novela gustaba podía vender su segunda edición, y de ese modo saldar la mitad o las dos terceras partes de mis pagarés y regresar a Petersburgo. Pero ahora todo esto se ha venido abajo de un golpe. Al recibir esos

12 Su cuñada, la viuda de su hermano Mijail.

Epistolario de Dostoievski doscientos rublos de Kátkov le di palabra de tenerle lista la novela para el número de enero, y le rogaba me perdonase si recibía la primera parte demasiado tarde, pero asegurán- dole que nunca sería después del 1 de enero (de nuestro estilo), encareciéndole no dejase que el primer número del Ruskii Viéstnik saliese sin mi novela (los números suelen publicarse a mediados de mes).

Luego me puse a torturarme el cerebro para dar con una nueva novela. Yo no quería ya continuar la antigua por nada del mundo. Me estuve preocupado con eso desde el 4 al 18 de diciembre (nuevo estilo). Cada día, por término medio, vendría a idear seis planes (seis nada menos). Mi cabeza se convirtió en un molino. No comprendo cómo no me volví loco. Hasta que, por fin, el 18 de diciembre me puse ya a escribir la nueva novela, y el 5 de enero del nuevo estilo enviaba a la Redacción cinco capítulos de la primera par- te (cinco pliegos), confirmando que el 10 de enero (nuevo estilo) les enviaría los dos capítulos restantes de la primera parte. Ayer, 11 de enero, les envié esos dos capítulos; así que ya les he enviado toda la primera parte: seis o seis plie- gos y medio.

El primer envío deben de haberlo recibido el 30 de di- ciembre (de nuestra cuenta); el segundo lo tendrán en su poder el 4 de enero; así que, si quieren, pueden dar toda la primera parte en enero. La segunda (de la que, naturalmen- te, aún no he escrito una línea) les prometí, bajo palabra de honor, que la tendrían en su poder para el 1 de febrero (de nuestro cómputo), sin falta.

¿Comprende usted ahora, amigo mío, que no estaba yo para pensar en cartas de ninguna índole? ¿Ni qué hubie- ra yo podido escribir? Así que compréndalo usted, a fuera de humano, y disculpe como amigo mi forzado silencio. El

Fedor Dostoievski tiempo era también muy malo.

Bueno; para acabar con el cuento de la novela. A punto fijo, no sé yo lo que les tengo enviado. Pero, según mis cál- culos, no es ésta una obra descollante y de efecto. Ya hacía mucho tiempo que se me había ocurrido una idea; pero me arredraba la de hacer de ella una novela, pues el argumento es bastante difícil, y no estoy yo preparado para tocarlo,

con ser tentador y gustarme a mí mucho. Esa idea es

de presentar un hombre completamente bueno. A mi juicio, no hay nada más difícil que eso, sobre todo en los tiempos que corren. Claro que usted estará de acuerdo conmigo. Esa idea se me ocurrió ya antes en cierta forma artística, pero incompleta y no cuajada y total, cual yo quería. Sólo mi desesperada situación ha podido obligarme a echar mano de una idea todavía verde. Yo me arriesgaba como en la ruleta. ¡Puede que mientras escribo me vaya saliendo! ¡Eso es imperdonable!

la

El plan, en general, lo tengo bien trazado; vislumbro de- talles que me seducen mucho y mantienen en mí el fuego. Pero ¿y el todo? ¿Y el héroe? Pues el conjunto se condensa

para mí en la figura del héroe, que así han venido las cosas. Tengo que delinear bien esa figura. ¿O me irá brotando de los puntos de la pluma? Figúrese usted qué cosas tan ho- rribles se han ido presentando de suyo; ahora, además del héroe, ha surgido una heroína, así que ya son dos figuras principales. Y, además de esos héroes, hay ya otros dos ca-

sumamente importantes, dos casi protagonistas

racteres

(figuras secundarias, que he de describir con mucha exac- titud, hay una muchedumbre; tenga usted en cuenta que la novela ha de tener ocho partes). De esos cuatro héroes, hay dos que los veo muy bien; uno de ellos aún no tiene forma, y el cuarto, el principal, el verdadero héroe, todavía está muy confuso. Quizá lo tenga muy metido en lo hondo, pero

Epistolario de Dostoievski es terriblemente difícil; sea como fuere, debía yo haber dis- puesto de doble tiempo para ponerme a escribir.

La primera parte, a mi juicio resulta floja. Pero creo que aún hay una salvación, porque no hay nada comprometido,

y en las partes sucesivas podría arreglarlo todo satisfacto-

riamente (¡oh, si me saliese bien!). La primera parte es, en realidad, una simple introducción. Sólo hace falta una cosa:

que siquiera despierte el interés por lo que sigue; pero sobre

este punto no puedo yo aventurar ningún juicio. Sólo tengo un lector: Anna Grigórievna. A ella le gusta mucho, pero en mis cosas no es juez.

En la segunda parte tendrá que quedar todo definitiva- mente arreglado (pero durante mucho tiempo no se podrá decir nada). Hay allí una escena (una escena capitalísima); pero ¿cómo saldrá? Aunque en el boceto me ha salido muy bien. Todo, pues, queda fiado al porvenir; pero de usted es-

pero un juicio severo. La segunda parte será la decisiva; es

la más difícil. Escríbame usted también su opinión sobre la

primera parte (aunque sinceramente sé que es mala, pero escríbame usted). Le ruego además me diga, en cuanto sal- ga el Ruskii Viéstnik, si publica mi novela. Tengo todavía un miedo horrible por si la habré enviado demasiado tarde. Pero me es absolutamente preciso que salga en enero. Así que, por el amor de Dios, póngame usted aunque sólo sean dos líneas.

Al enviarle a Kátkov la primera parte, le escribí también sobre la novela lo mismo, más o menos, que a usted. La no- vela se titula El idiota. Por lo demás, nadie puede ser juez de sí mismo sobre todo cuando está excitado. Puede que tampoco la primera parte sea mala del todo.

Fedor Dostoievski El no haber desarrollado en ella el carácter principal cae dentro de las líneas generales del argumento. Por eso espe- ro su opinión con ansiosa impaciencia. Pero dejemos ya a un lado la novela. Todo ese trabajo me ha tenido tan febril desde el 18 de diciembre, que no puedo pensar ni hablar de otra cosa. Ahora le diré a usted unas palabras sobre la vida que aquí hacemos, cómo nos ha ido desde la última vez que le escribí

A SU HERMANA VIERA Y A SU CUÑADO

ALEKSANDR PÁVLOVICH IVÁÑOV

Ginebra, 1 (13) de enero de 1868.

… Pero yo estaba siempre en un estado de ánimo tan tirante y descontento, que aplacé la contestación para mo- mento más propicio; pero en estos últimos tiempos no he te- nido (literalmente) una hora libre. Todo el tiempo se me ha ido en trabajar: escribir y romper lo escrito; hasta primeros de diciembre no pude enviarle al Ruskii Viéstnik la primera parte de mi novela. Querían darla en el número de enero, pero me temo que haya llegado demasiado tarde.

Pero de ese trabajo depende casi todo para mí: mi exis- tencia, el pan cotidiano, todo mi porvenir. Le he pedido al Ruskii Viéstnik la mar de anticipos, cerca de cuatro mil quinientos rublos; luego tengo todavía en Petersburgo le- tras por pagar, que ascienden a lo menos tres mil rublos, y, además, tengo que ver cómo vivo, y en estos tiempos.

Epistolario de Dostoievski Por eso cifro todas mis esperanzas en la novela; me quedan aún cuatro meses de trabajo, sin parar, sin levantarme de la mesa. Tengo tan atrasado el trabajo porque rompí todo cuanto había escrito antes. Esta novela, según cálculos del Ruskii Viéstnik, me valdrá unos seis mil rublos de derechos. Pero tengo ya tomados a cuenta cuatro mil quinientos ru- blos, así que sólo me quedan que cobrar mil quinientos. Si me saliera bien, daría en septiembre una segunda edición (según suelo hacer siempre), por unos tres mil rublos. De suerte que podría vivir, pagar en septiembre mil quinientos rublos de trampas y regresar a Rusia. Pero todo esto depen- de ahora de mi trabajo. Todo mi porvenir y todo mi presente se cifran en él; y si mi novela sale algo bien, volverá el Rus- kii Viéstnik a abrirme crédito en septiembre

…Pero no puedo sacarle al Ruskii Viéstnik una cantidad mayor hasta enviarle la segunda parte de la novela, lo que no podrá ser hasta dentro de tres semanas, lo más pronto, pues le tengo ya tomado en anticipo mucho dinero, y sólo habré desquitado unos mil rublos, lo cual me trae tan des- asosegado, que hay noche que apenas puedo dormir. Fedia 13 no puede salir adelante sin ayuda ajena, y Pascha 14 necesita recibir puntualmente su dinero. Yo estoy viviendo con los cien rublos que mensualmente me envía el Ruskii Viéstnik. Pero no tardaré en necesitar más. A fines de febrero (según el estilo de aquí) será madre Anna Grigórievna, y para en- tonces no hay más remedio que tener dinero, y siempre más de lo que por anticipado pueda calcularse.

13 Sobrino de Dostoievski, primogénito de su difunto her- mano Mijail.

14 Pascha (Pável Aleksándrovich Isáyev), hijastro de Dos- toievski, de su primer matrimonio.

Fedor Dostoievski

A SU SOBRINA SOFÍA ALEKSÁNDROVNA

IVÁNOV-JMÍROV

Ginebra, 1 (13) de enero de 1868.

…De mí trabajo depende toda mi suerte. No sólo le he tomado adelantado al Ruskii Viéstnik cuatro mil quinientos rublos, sino que también le he prometido a la Dirección, bajo palabra de honor —y en todas mis cartas vuelve a re- petírselo—, que escribiré realmente la novela. Pero pocos momentos antes de enviar el manuscrito a la revista tuve que romperlo en su mayor parte, pues ya no me gustaba (cuan- do a uno no le satisface su trabajo, no es posible que esté bien). He destruido la mayor parte del manuscrito. Pero de esa novela y del pago de mi deuda dependen toda mi vida y todo mi porvenir. Hará tres semanas (el 18 de diciembre del nuevo estilo) pensé otra novela, y me puse a escribir día y noche. La idea de la novela es una idea antigua y que siem-

pre me sedujo; pero es tan difícil, que hasta aquí no me atre- ví a desarrollarla; y si ahora me he decidido a ello ha sido por lo desesperado de mi situación. La idea fundamental es la representación de un hombre verdaderamente perfecto

y bello. Y esto es más difícil que todo, especialmente hoy.

Todos los poetas, no sólo de Rusia, sino también de fuera de Rusia, que han intentado la representación de la belleza positiva no lograron su empeño, pues era infinitamente di-

fícil. Lo bello es el ideal; pero el ideal, tanto aquí como en

el resto de la Europa civilizada, ya no existe. Sólo hay en el

mundo una figura positivamente bella: Cristo. Esa figura de

Epistolario de Dostoievski infinita belleza es, indudablemente, o prodigio único (todo el Evangelio de Juan está impregnado de esta idea; Juan ve el milagro en la encarnación, en la aparición de lo bello). He ido demasiado lejos en mis explicaciones. Sólo quería decir que de cuantas figuras bellas hay en la literatura cristiana la de Don Quijote se me antoja la más perfecta. Pero Don Qui- jote sólo es bello por ser al mismo tiempo ridículo. También los Pickwicks de Dickens (se trata de una obra mucho más floja que el Quijote, pero también poderosa) son grotescos, y eso es precisamente lo que les confiere su gran valor. El lector experimenta piedad y simpatía para el hombre bueno burlado e inconsciente de su bondad. El secreto del humor se cifra precisamente en el arte de inspirarle al lector sim- patía. Jean Valjean es también un notable intento; pero sólo inspira simpatía por su horrible suerte y la injusticia con que la sociedad lo trata. Yo no he encontrado nada semejan - te, nada positivo, y por eso temo tener que apechugar con un posible fiasco. Detalles aislados puede que me salgan bien; pero me temo que la novela resulte aburrida. Tendrá que ser muy larga. La primera parte la escribí en veintitrés días, y ya la envié. Esa primera parte no producía efecto. Es, naturalmente, un simple premio; tiene de bueno que no compromete en modo alguno el resto de la obra; pero no ex- plica nada, ni plantea ningún problema. Lo único que deseo es que despierte algún interés en el lector para que lea la se- gunda parte. Esta segunda parte la empiezo hoy y la tendré terminada dentro de cuatro semanas (siempre he trabajado muy de prisa), y creo que resultará más fuerte e importante que la primera. Pero, querida amiga, ¡haga usted votos por que obtenga algún éxito! La novela se titula El idiota y va dedicada a usted, Sofía Aleksándrovna Ivánov. Yo, querida amiga, pido al cielo que el libro tenga tanto éxito que sea digno de esa dedicatoria. Pero yo no soy quién para juzgar

Fedor Dostoievski

mi

trabajo, y menos todavía con lo excitado que estoy

…Antes de septiembre puede que no me sea posible es-

tar

ahí de regreso; ¡por desgracia, querida amiga! Tan pron-

to pueda y regrese, me apresuraré a ir a verla para abrazarla.

Revuelvo en la cabeza el plan de fundar una revista a mi regreso. Pero todo, naturalmente depende del éxito de esta novela. Figúrese usted; trabajo a vuela pluma y, sin embar- go, no sé si el manuscrito llegará a tiempo para el número

de enero. ¡Cuánto me contrariaría que así no fuese!

A APOLLON NIKOLÁYEVICH MÁIKOV

Ginebra, 18 de febrero (1 marzo) de 1868.

…He estado todo en suspenso, con mi cerebro y todas mis facultades puestas en la segunda parte de mi novela, a la que ya di cima. No quería estropearla definitivamente , pues todo depende del éxito. Ahora ya no aspiro al éxito, sino tan sólo a evitar un fiasco definitivo; en las partes si- guientes podré enmendarme aún, pues la novela será larga. Por último, envié también la segunda parte (me he retrasado mucho, pero creo que aún llegará a tiempo). ¿Qué voy a decirle a usted? No puedo juzgarme a mí mismo, pues he perdido ya todo criterio.

Estoy satisfecho del final de la segunda parte, me agrada a mí, pero ¿qué les parecerá a los lectores? Con lo demás me ocurre lo que con la primera parte: lo encuentro flojo. A

Epistolario de Dostoievski lo más que aspiro es a que el lector no se aburra mucho Más no pido.

Querido amigo: Usted prometió enviarme su opinión en cuanto hubiese leído la primera parte. Así que todos los días voy al correo; pero no hay allí ninguna carta suya, y eso que usted, de fijo, recibió el Ruskii Viéstnik. De donde yo saco la conclusión de que la novela es floja y usted, en su deli- cadeza, encuentra desagradable y penoso decirme la verdad en mi cara, y por eso difiere el escribirme. Pero esa verdad es precisamente lo que yo necesito. ¡Estoy lampando por oír el juicio de alguien! Lo contrario es, sencillamente, un suplicio

A SU HIJASTRO

PÁVEL ALEKSÁNDROVICH ISÁYEV

Ginebra, 19 de febrero (3 de marzo) de 1868.

…Tengo puestas todas mis esperanzas en la nueva nove- la. ¡Si me sale bien podré vender la segunda edición, pagar mis deudas y regresar a Rusia! Podré, además, recabar otro anticipo de la Dirección. Pero temo que la novela sea un fiasco. La idea me agrada mucho; pero ¿y la ejecución? La novela se titula El idiota, y la primera parte se ha publicado ya en el Ruskii Viéstnik. ¿La has leído por casualidad? Lo principal ahora es que haya salido bien; entonces todo se habría salvado.

Fedor Dostoievski Trabajo día y noche

A APOLION NIKOLÁYEVICH MÁIKOV

Ginebra, 20 de marzo (2 de abril) de 1868.

…Figúrese usted: en todo este mes no he escrito una lí- nea. Dios mío, ¿qué va a pasar con Kátkov, con mis prome- sas, mis palabras de honor y mis compromisos? Me alegré lo indecible al ver que el Ruskii Viéstnik, en virtud de ha-

berle yo anunciado que por efecto del parto de mi mujer tendría que retrasarme, participaba a los lectores, al pie de la primera parte de mi novela, que la continuación iría en el número de abril y no en el de marzo. Pero, ¡ay!, que de aquí a esa fecha no me quedan más que veinte días (me he retrasado horriblemente) y no tengo escrita ni una línea… Mañana mismo le escribiré a Kátkov disculpándome ; pero con mis disculpas no van a hacer ellos nada. Y, sin embargo, aunque voy tan retrasado, no tengo más remedio que tenerlo todo listo para el número de abril. Porque toda

mi

vida (sin contar lo demás en cuanto a recursos) depende

de

ellos

…Hoy estamos ya a 3 de abril, según el cómputo local, y el 25 es el último día para el envío de la novela, ¡y no he escrito ni una línea, ni una sola línea! Dios mío, ¿qué va a pasar?

P. S. —Por el amor de Cristo, escríbame usted lo que oiga decir sobre El idiota (si es que oye usted algo). Ne- cesito, necesito imprescindiblemente saber. ¡Por Cristo! El

Epistolario de Dostoievski final de la segunda parte, del que ya le escribí a usted, es lo que va estampado al término de la primera. Pero yo lo había edificado sobre eso. En la absoluta insignificancia del ca- rácter de Nastasia Filíppovna sigo creyendo todavía. Por lo demás, distintos detalles del final de la primera parte están copiados del natural; algunos caracteres son, sencillamente, retratos, entre ellos, el general Ivolguin, Kolia. Pero el jui- cio de usted puede ser muy exacto

A SU SOBRINA SOFÍA ALEKSÁNDROVNA

IVÁNOV-JMÍROV

Ginebra, 10 de abril (30 marzo) de 1868.

Estoy terriblemente atareado, abrumado de trabajo y además, continuamente torturado por la idea de que no voy a poder enviar a tiempo a la Dirección de la revista la con- tinuación de mi novela. Del fastidio de las cinco últimas semanas no quiero hablar. Puede usted creer que me pasaba en pie toda la santa noche. El mes de marzo fue en Ginebra horrible, frío y lluvioso, y Anna Grigórievna tardó mucho en convalecer.

Apenas pude garrapatear algo en mi novela. En el segun- do número del Ruskii Viéstnik se anuncia la continuación para el número de abril. Así que tengo un mes de plazo; pero seguramente también para abril estaré retrasado, idea que se me hace insufrible. Sólo dispongo ya de diez días para los trabajos más necesarios; así que tengo que pasarme

Fedor Dostoievski día y noche con la fragua encendida. ¡Ah Sónechka! Aquí me juego yo algo doble o triple de valioso y principal que lo que a primera vista parece: toda mi suerte «no exagero nada». En primer lugar, temo que a lo último padezcan mis buenas relaciones con el Ruskii Viéstnik. No puede usted imaginarse lo solícito y confiado que hasta aquí fue Kátkov conmigo. Ha estado todo el año enviándome dinero, según yo se lo pedía, de suerte que por Año Nuevo ya estaba yo entrampado con el Ruskii Viéstnik en cinco mil sesenta ru- blos. ¡Una suma enorme! Yo hubiera podido caer enfermo y morirme, o no poder enviarle sino cosas flojas. Es un caso extraordinario de confianza. Ahora ya he publicado, en dos números, original por valor de mil ochocientos rublos, pero le he mandado a pedir cuatrocientos, pues me encuentro en una situación muy apurada. Le he mandado a pedir dinero y, sin embargo, no tengo aún listo el trabajo; de suerte que no puedo soltar la pluma ni de día ni de noche. Gracias a Dios que ya está mejor Anna Grigórievna y podrá ayudarme estenografiando y copiando, pues solo no habría yo podido salir del aprieto. La segunda y principal preocupación es que la novela resulte bien. Si me sale mal, todo se ha per- dido. Hay que hacer de ella irremisiblemente una segunda edición que, cuando menos, me produzca dos o tres mil ru- blos, pues, de lo contrario, no podré volver a Rusia, donde me aguardan mis deudas y las preocupaciones propias del sostenimiento de una casa; además, que en el momento en que no guste mi novela bajará mi prestigio. Entonces ya no me pagarían el pliego como ahora me lo pagan, sino a la mi- tad, y eso con mucho trabajo; y yo siempre ando necesitado de que me adelanten dinero. Me preocupa, pues, muchísimo la novela, y hay ratos en que tengo la seguridad absoluta de que va a ser un fiasco, La idea es buena, pero puede que no me alcancen las fuerzas a desarrollarla, sobre todo con

Epistolario de Dostoievski esta prisa y aquí en el extranjero. Créame usted, ángel mío:

significa mucho eso de tener que vivir en el extranjero y estar privado de Rusia. No son las mismas las ideas, falta la inspiración, el poder de trabajo no es el mismo que ahí. Por raro que esto pueda parecerle a usted, es así, como se lo digo. Aunque, a pesar de todo, me dan ánimos. A raíz de publicarse la primera parte recibí cartas y opiniones de personas competentísimas, que declaraban mi novela algo perfecto, superior a cuanto hasta ahora escribí, diciendo, en una palabra, que rebosa inspiración. Pero yo no me lo creo; la idea es una de esas que no llevan en sí mismas ningún efecto, sino sólo íntima verdad. Pero esa verdad íntima está muy bien cuando se planea la obra; pero ¿y en su ejecu- ción? Aun suponiendo que ésta se lograse, resultaría mejor una novela de efecto. Se vendería mejor. Y para mí el dine- ro lo es todo, la cosa maldita que me hace tanta falta. Pa- lomita mía, Sonia, a usted va dedicada la novela, lo que se nota desde su comienzo. Pero yo estoy seguro de que hasta ahora ni la ha visto ni la ha leído; en primer lugar, porque no tiene usted por qué hacerlo, y luego, que probablemente

no recibirá la revista. La primera vez que escriba a la Direc- ción les diré que le envíen a usted gratis el Ruskii Viéstnik,

y ya tendrán cuidado de que las señas vayan bien puestas.

La novela va a resultar enormemente larga y abarcará cua- renta pliegos, así que me llevará todo el verano; y eso que

Ginebra nos resulta a mí y a todos tan antipática y nos sienta tan mal para la salud, que no puedo escribir nada. Le pediré

a Kátkov cuatrocientos rublos, y así podremos trasladarnos

a Bevey, que está a dos pasos (cuatro horas de vapor por el lago), y donde ya podré despacharlo todo de un tirón

Fedor Dostoievski

A APOLION NIKOLÁYEVICH MÁIKOV

Bevey, 4 de junio (22 mayo) de 1868.

…Y, sin embargo, no puedo emprender cosa alguna has- ta terminar la novela. Pero luego, sea como fuere, volveré a Rusia. Para terminar la novela tengo que estar sentado dia- riamente, por lo menos, ocho horas a la mesa de escribir.

Mi deuda con Kátkov la tengo ya medio cancelada. Tam-

bién desquitaré lo que queda. Escríbame usted, amigo mío;

escríbame, por el amor de Dios

que leerá usted en el número de junio (puede que no pasen de tres, pues el cuarto quizá les haya llegado con excesivo retraso) describo algunos tipos de los más extremados de la

moderna juventud positivista. Me consta que los he descrito bien (pues los conozco por experiencia; nadie, hasta aquí, los había estudiado ni observado); pero sé también que to- dos van a ponerse hechos unas furias y a decir:

En los cuatro capítulos

«Absurdo,ingenuo, estúpido y falso

»

*

Epistolario de Dostoievski

Milán, 7 de octubre (26 de septiembre) de 1868.

…Ante todo, me siento terriblemente débil y decaído de tanto trabajar. Llevo casi un año escribiéndome todos los meses un pliego y medio de impresión, lo cual es muy difí- cil. Además, que me falta aquí también la vida rusa, con sus sensaciones, que siempre necesité para mi labor. Por últi- mo, aunque usted elogie la idea de mi novela, su ejecución hasta aquí no sobresale por nada. Lo que más me atosiga es pensar que, de haber podido escribir esta novela con calma, en un año, y haber dispuesto luego de dos o tres meses para copiarla y corregirla, habría resultado muy distinta; eso lo garantizo. Ahora, que tengo ya una visión de conjunto, lo veo muy claro

De aquí a dos meses tocará el año a su fin, y de las cuatro partes de mi novela, sólo tres están terminadas; la cuarta, aún no la he empezado. Es de todo punto imposible en un mes (escribiendo sin interrupción todo el año) despachar más de tres pliegos y medio, así que terminaré el año con un retraso de seis pliegos, de suerte que el final de la novela no podrá darse en el número de diciembre del Ruskii Viéstnik. Esto me coloca en una situación muy desagradable y enojosa; en primer lugar, le ocasiono a la Redacción contrariedades y molestias, y hasta perjuicios, pues tendrá que servirles a sus suscriptores el final de la novela en cuaderno especial (lo que, prescindiendo de todo lo demás, les acarreará grandes gastos), y, además, yo saldré perdiendo novecientos rublos,

Fedor Dostoievski pues le he propuesto a la Dirección indemnizarla no perci- biendo honorario alguno por esos seis pliegos que llevo de retraso. Por último, esa cuarta parte, y sobre todo su final, es lo más principal de toda la novela, que, en realidad, sólo por ese final se pensó y se escribió

A SU SOBRINA SOFÍA ALEKSÁNDROVNA

IVÁNOV-JMÍROV

Milán, 26 de octubre (7 de noviembre) de 1868.

Mi querida y buena amiga Sónechka: Llevaba mucho tiempo sin escribirle. Sólo puedo alegar en mi justificación una cosa: que sigo todavía enredado con mi novela. Crea usted, querida amiga, que trabajo en ella literalmente día y noche; y cuando no estoy escribiendo, estoy dando paseos arriba y abajo por la habitación, fumando y pensando en mi tarea. A mí mismo me cuesta trabajo creer que no tenga una hora libre para escribirle a usted; pero es así

A NICOLAI NIKOLÁYEVICH STRÁJOV

Florencia, 11 de diciembre de 1868.

…Me he decidido a tenerlo todo listo para el número de diciembre, así la cuarta parte como el final, pero a condición

Epistolario de Dostoievski de que el referido número se retrase un poco. Tendré que es- cribirme en cuatro semanas, a contar desde hoy, siete pliegos.

He comprendido de pronto que estoy en condiciones de hacerlo así, sin detrimento de la novela, a lo cual contribuye el que todo lo que queda lo tengo más o menos planeado y me sé de memoria hasta la última palabra. Si El idiota tie- ne lectores, quizá les sorprenda a éstos lo inesperado de su final. Sólo después de recapacitar un poco reconocerán que no podía acabar de otro modo. En general, puede decirse que este final es de los logrados, como final, se entiende. No hablo del valor de la novela en sí; pero cuando la haya terminado le escribiré a usted, como a amigo, un día u otro, lo que de ella pienso.

A SU SOBRINA SOFÍA ALEKSÁNDROVNA

IVÁNOV-JMÍROV

Florencia, 6 de febrero (25 de enero) de 1868.

…Mi primordial plan positivo se ha hundido por el mo- mento (dije un plan positivo; pero, naturalmente, todos mis planes, como los de cualquiera que no tiene su caudal y sólo vive de su trabajo, corren siempre riesgo y dependen de muchas circunstancias accesorias). Espero que lograré, con la segunda edición de mi novela, nivelar mis finanzas

y regresar después a Rusia; pero no estoy satisfecho de mi

obra, pues no digo en ella ni la centésima parte de lo que hu- biera querido decir. Muchas cosas están lanzadas allí aprisa

y de cualquier modo; otras resultan muy deslavazadas o, en

Fedor Dostoievski general, fallidas. Pero no me hago ningún reproche y sigo amando hoy mismo esas malogradas ideas.

Tampoco, desde el punto de vista de público, resulta el

libro de gran efecto; así que la segunda edición, si llega

o hacerse, me producirá tan poco que apenas tendré con

ello para empezar. Aunque mientras siga en el extranjero no podré saber la acogida que la novela haya tenido en Rusia. Desde el principio me enviaron recortes de periódicos con

juicios sumamente elogiosos; pero últimamente todas las manifestaciones han enmudecido. Lo peor es que ignoro el juicio que al editor del Ruskii Viéstnik le haya merecido la novela. En cuanto le pido dinero se apresura en enviármelo, de lo que yo infiero, en cierto modo, conclusiones favora- bles. Ahora me escriben Máikov y Strájov, de Petersburgo participándome haberse fundado allí una revista nueva, Sa- ria, que edita el propio Strájov; me envían el primer número

y me piden colaboración. Yo se la he prometido; pero sigo

todavía ligado al Ruskii Viéstnik por mi colaboración conti- nua (es mejor escribir siempre en la misma revista) y por la

circunstancia de haberme adelantado Kátkov, antes de salir yo para el extranjero, tres mil rublos. Les debo todavía mu- cho a los editores, pues (contando los primeros tres mil) les tengo tomados unos siete mil rublos; así que, aunque sólo fuese por esa razón, debo seguir colaborando, por ahora, en

el Ruskii Viéstnik

*

Epistolario de Dostoievski

Florencia, 8 (20 de marzo) de 1869.

…El año 1867 me dijo Kátkov, en presencia de Liubí- mov y del secretario de Redacción, que la revista tenía aho- ra quinientos suscriptores más que el año anterior, lo que se debía atribuir exclusivamente al éxito de mi Crimen y castigo.

No creo, pues, que El idiota le haya granjeado nuevos suscriptores, por lo que me halaga doblemente el que, a pesar del patente fiasco de la novela, no me suelten. Los editores se me disculpan por no haber podido dar el final de la novela en el número de diciembre, y quieren darla en un número especial. Esto me duele muchísimo. ¿Ha recibido usted, por lo menos, el final? Le ruego me lo diga. Por lo demás, yo recibo aquí el Ruskii Viéstnik; puede que me en- víen ese número especial con el de febrero.

De Petersburgo me escriben con toda franqueza que El idiota adolece de muchos defectos y, en general, ha mere- cido juicios desfavorables; pero que todos cuantos leen el libro lo han seguido con vivo interés. Eso era todo lo que yo quería.

En cuanto a sus defectos, ni a mí mismo se me escapan; tan enfadado estoy conmigo mismo por eso, que de buena gana habría escrito una crítica del libro. Strájov me enviará pronto su opinión sobre El idiota; ya sé que no es del núme- ro de mis partidarios.

Fedor Dostoievski

…Por esta razón la vida en el extranjero se me hace cada día más insufrible. Debe usted saber que para poder regre- sar a Rusia necesito disponer de seis mil, o por lo menos cinco mil rublos. Yo contaba con el éxito de El idiota. Si hubiese sido tan grande como el de Crimen y castigo, ten- dría esos cinco mil rublos. Ahora toda mi esperanza tengo que ponerla en el porvenir. Sabe Dios cuándo podré volver. Pero no tengo más remedio que volver a Rusia

A NIKOLAI NIKOLÁYEVICH STRÁJOV

Florencia, 10 de marzo de 1869.

…Estos últimos tiempos, mes y medio, estuve muy ocu- pado con la terminación de El idiota. Escríbame usted su opinión, según me prometió; aguárdola con ansia. Yo tengo mis ideas propias sobre la creación en arte; y aquello que los demás califican de casi fantástico y excéntrico constituye para mí muchas veces lo más característico de la realidad.

La cotidianidad de los fenómenos y un modo convenido de considerarlos no es, a mi juicio, realismo, sino todo lo contrario. ¡En cualquier periódico hallará usted relatos de los sucesos más reales y al mismo tiempo más extraordi-

narios! A nuestros escritores todo eso les parece fantástico; no entienden una palabra, pues precisamente son realidad, son hechos. Pero ¿quién va a fijarse en ellos, a iluminarlos

y

escribirlos? Son cosas de todos los días y todas las horas,

y

en modo alguno excepciones.

Epistolario de Dostoievski

«Es un rasgo seudorruso que el hombre lo comprenda todo, dé cima a lo grande y no remate lo pequeño.» ¡Qué detalle tan distanciado! ¡Qué mísero, vacuo pensamiento, y, además, qué exacto! Un decir sobre el carácter ruso de allá en los tiempos de Bielinskii. ¡Y qué estrechez y pequeñez en el modo de considerar y penetrar la realidad! Y siempre lo mismo, lo mismo. Así dejamos que toda la realidad nos

pase por delante de los ojos, sin verla. ¿Quién va a fijarse en los sucesos y a ahondar en ellos? Del cuento de Turguéniev

El diablo sabrá lo que ha querido decir.

¿Conque mi Idiota no es realidad y de la más cotidiana? Sí; precisamente ahora deben darse tales caracteres en nuestras capas sociales divorciadas del terruño, en esas clases socia- les que efectivamente se nos antojan fantásticas. Pero ¿a qué hablar de eso? Hay mucho en la novela escrito a vuela pluma, mucho harto prolijo y malogrado; pero también hay en ella mucho logrado. Defiendo, no mi novela, sino mi idea

no quiero hablar

A APOLION NIKOLÁYEVICH MÁIKOV

Florencia, 15 (27 de mayo) de 1869.

…No digo nada de los intereses espirituales; pero tam- bién mis intereses materiales padecen menoscabo aquí en el extranjero. Fíjese usted en este detalle: siempre han tenido mis libros tres, cuatro y hasta cinco ediciones, y El idiota

en eso no me meto) es siempre una

(sea bueno o malo

,

Fedor Dostoievski buena mercancía.

Sé de sobra que en el curso de un año se habría vendido una segunda edición. ¿Por qué no ha de hacerse de él una segunda edición? Ahora sería el momento, y yo quisiera que se hiciese, por una razón concreta. ¿Y qué he hecho? Pues hará unas seis semanas me dirigí a María Grigórievna Svatkovskii 15 rogándole fuese a la librería de A. F. Basúnov (con una carta mía de recomendación) y le preguntase si no querría hacer una segunda edición de El idiota (de poner en seguida manos a la obra, podía estar lista la edición para el invierno). Precio: dos mil rublos (yo se la hubiera dejado en mil quinientos si me los abonaba de un golpe, y si no, en pla- zos). La cosa podría hacerse con todas las formalidades del caso, pues desde aquí hubiera podido yo enviar poderes en toda regla. Yo le decía a María Grigórievna que sin ningún apremio le preguntase a Basúnov si quería o no hacer esa edición y me comunicase su respuesta. Si no quiere (aunque muy bien sabe cómo se han vendido hasta aquí mis libros y qué clase de mercancía son), me es igual. Yo mismo haré la edición en cuanto esté ahí de regreso, y nada voy perdiendo. Pero yo creo que mi encargo es razonable, ¿verdad? Todo podría despacharse en un minuto, con sólo hablar dos pa- labras con Basúnov. Pero ¿qué cree usted? Pues llevo seis semanas sin tener noticia de María Grigórievna. Pero yo me dirigí a ella (por primera vez en mi vida) porque ella misma, el verano pasado, en Suiza, se me ofreció muy solícita para cuantas cosas necesitase en Petersburgo. De modo que mis asuntos padecen por la sola razón de no estar yo allá. Y eso no es todo. Una porción de cosas, sin las cuales no puedo valerme, se me han quedado en Rusia

15 Cuñada de Dostoievski, hermana de su segunda mujer.

Epistolario de Dostoievski …Diga usted, Apollon Nikoláyevich: tengo que pedirle un favor. Si puede usted hacérmelo, hágamelo, y si no, tan amigos. Por Dios, no se tome usted ninguna molestia. El

trabajo no es grande, pero el favor sí lo es. Se trata de lo de Basúnov; le agradecería mucho fuese a verlo a su librería y

le preguntase si no querría hacer una segunda edición de El

idiota por dos mil rublos (no quiero rebajar los quinientos).

A Aleksandr Fiodórovich Basúnov, como quizá no ignore

usted, se le puede hablar sin ambages. Además, que no le pido ninguna cosa del otro jueves, ni tampoco tiene usted que esforzarse en convencerlo; a lo sumo, si ha lugar al

diálogo (Basúnov gusta de pedir consejo), puede usted ha-

blarle bien de El idiota. Pero nada de apremiarlo. Y escrí- bame usted lo que haya. A esto se reduce todo el favor que

le

pido.

Claro, claro que no desatenderá usted mi ruego (la cosa

es

para mí muy principal; pero yo no quiero ceder un ápice,

y

si él dice que no, eso será, y yo editaré el libro por mi

cuenta o aguardaré; mas, en todo caso, no perderé lo mío). Pero el asunto resulta algo enrevesado, porque yo le había hecho a ella 16 ese encargo en términos confidenciales, aun- que en seguida le escribiré participándole que también us- ted está enterado. Pero ¿no se dará por ofendida al ver que recurro a usted? De otra parte, ¿por qué había de ofenderse, sabiendo, como sabe, que usted tiene que haberse enterado por mí? Además, que no me contesta, a pesar de que esta- mos dejando perder un tiempo precioso y la cosa es para mí de tanta monta. Si, por lo menos, me hubiera escrito dicién- dome que no podía encargarse de ese cometido, habría yo quedado en plena libertad de acción; pero es el caso que no me escribe. Aunque yo creo que no importa, y no dará lugar

16 Su cuñada, María Grigórievna Svátkovskii.

Fedor Dostoievski a nada desagradable el que usted, cuando vea a Basúnov, le pregunte de mi parte si no ha recibido ya una proposición mía respecto a una segunda edición de El idiota. Luego, se-

gún el giro que tomase el diálogo, podría usted hablarle de

las condiciones. En esto consiste el encarecido ruego que le

hago, Apollon Nikoláyevich. ¡Si usted puede, hágame ese favor, se lo suplico de todas veras! Claro que no le pido a usted que deje cerrado el trato (sin contrato ni poderes, no es posible), sino únicamente que explore a Basúnov para

saber si estaría dispuesto a hacer la edición, y si puedo con-

tar con su palabra, que me lo haga saber en dos líneas. ¡Por

el amor de Dios, no se enfade usted conmigo por las moles-

tias que le proporciono!

Por lo demás, estimo necesario

poner en su conocimiento que hoy mismo escribo a María Grigórievna rogándole no vea ya a Basúnov y dé por nulo el favor que le pedía.

En este sentido habría tenido que escribirle también, aun cuando no le hubiera traspasado a usted el encargo. Pero lo mejor sería que usted se tomase la molestia de hacerle una visita a María Grigórievna y le preguntase si hizo algo de

mi encargo o si se le olvidó. Pero no quiero molestarlo a

usted, eso sería ya demasiado.

*

Dresde, 14 (26) de agosto de 1869.

…Naturalmente, sé mejor que usted mismo el verano

Epistolario de Dostoievski que está pasando, y ya con antelación sabía que no podría

escribirme hasta el otoño. Y, sin embargo, hay un punto so- bre el cual esperaba de usted unas líneas. Eso no quiere decir que le haga ningún reproche. Me refiero al asunto con

Basúnov y a la segunda edición de El idiota

yo no quería saber más que el sí o el no, pues ni por pienso

querría yo imponerle a usted, querido amigo, tantas moles- tias. Hasta indecoroso sería que yo abusase de usted hasta ese extremo. Pero, a pesar de todo, me interesaría saber el sí o el no de Basúnov.

Aunque ya no me corre tanta prisa vender la edición. Puede que más adelante resulte más provechoso, y, ade- más, tengo ahora otros planes y otros designios, pues me he propuesto estar irremisiblemente en Rusia para el año que viene.

En realidad,

A SU HERMANA VIERA Y A SU SOBRINA

SOFÍA ALEKSÁNDROVNA IVÁNOV-JMÍROV

Dresde, 7 (19, de mayo de 1870.

Con lo único que yo puedo contar es con mis trabajos literarios. Ya hace tres años, al salir de Rusia, me hacía las mismas ilusiones. Había publicado entonces una novela con mucho éxito, y se comprende, por tanto, que tuviese la esperanza de escribir otra novela que permitiese pagar en un año a todos mis acreedores. Pero como pagué a tres de ellos, por aquella época, siete mil rublos de un golpe, revolviéronse los otros y cayeron sobre mí: ¿por qué había

Fedor Dostoievski

yo pagado a aquellos tres y no a todos? Me citaron a juicio,

y yo me di prisa a venirme, con la ilusión de escribir en

un año otra novela y pagar a todos. Pero tal ilusión resultó

vana. Mi novela fue un fiasco, y además ocurrió algo que yo no había previsto: como tuve que vivir tanto tiempo lejos de Rusia, perdí el don de escribir regularmente; así, que no po- día ya contar con una nueva obra (las dificultades son más bien de índole material que espiritual, pues mientras viva en

el extranjero no puedo formar juicio personal alguno sobre

los más vulgares sucesos de la actualidad).

…Aunque El idiota haya sido un fiasco, muchos editores querrían comprarme los derechos para una nueva edición; me han ofrecido, relativamente, mucho: mil quinientos a dos mil rublos…

A SU SOBRINA SOFÍA ALEKSÁNDROVNA

IVÁNOV-JMÍROV

Dresde, 2 (14) de julio de 1870.

…El idiota ha salido demasiado tarde; hubiera debido publicarse el año pasado. Tocante a los acreedores, de segu- ro que me pondrán a la sombra, pues eso es lo que más les conviene. Crean ustedes que la gente sabe de sobra lo que puedo cobrar del Ruskii Viéstnik o la Saria por una novela.

Me meterán en la cárcel con la esperanza de que la una o la otra revista ya haga por ponerme en la calle. Eso es fijo. No,

si quiero volver, tengo que hacer otra cosa.

Epistolario de Dostoievski

A A. KOVNER 17

Petersburgo, 14 de febrero de 1877.

Estimado señor Kovner: Habla usted de mis novelas. So- bre eso, naturalmente, no puedo yo decirle nada; pero me ha halagado, no obstante, ver que, según usted, El idiota

es la mejor de todas. Figúrese usted que ya habré oído ese

mismo juicio cincuenta veces, si no más. El libro se sigue vendiendo todos los años, y cada año más. Le hablo de El idiota porque todos aquéllos que me han dicho que lo consi- deran mi mejor obra son de una índole espiritual particular, que en alto grado me conmueve y agrada. Y el que usted

también sea de esa índole espiritual que le se me antoja miel sobre hojuelas. Caso, naturalmente, que usted sea sincero.

O aunque no lo fuere

17 Abraham Uria Kovner, escritor judío que cometió un robo en un

Banco, y condenado a Siberia, mantuvo desde allí con el novelista una larga correspondencia, o, mejor dicho media correspondencia, pues

Dostoievski se abstenía, generalmente, de contestarle.

Epistolario de Dostoievski

SOBRE «DEMONIOS»

A APOLION NIKOLÁYEVICH MÁIKOV

Dresde, 14 (26) de agosto de 1869.

Por si fueran poco las ocupaciones tan horribles que ten- go, he de escribir algo, además, para la Saria y una novela grande para El Mensajero Ruso. Llevo ocho meses que no cojo la pluma. Claro que empezaré con mucho entusiasmo; pero ¿y luego? Tengo algunas ideas, pero me falta Rusia

*

19 de diciembre de 1869.

…Pero después, dentro de tres días, me pondré a trabajar en la novela destinada al Mensajero Ruso. Pero no vaya usted a creerse que yo hago buñuelos; por feo y antipático que parecer pueda lo que escriba, la idea de la novela y su elaboración son para mí, pobre autor, más preciadas que todo en el mundo. ¡Este no es ningún buñuelo, sino la idea

Fedor Dostoievski más querida y más rancia! Naturalmente que lo echaré a perder; pero ¡qué hacerle!

*

Dresde, 12 (24) de febrero de 1870.

Vuelven a darme los ataques, después de una larga pau- sa, y a estorbarme mi trabajo. Se me ha ocurrido una idea grande; no hablo de la ejecución, sino de la idea en sí. Se trata de algo por el estilo de Crimen y castigo, pero mu- cho más aproximado a la realidad y atinente a la cuestión más principal de nuestra época. Lo tendré terminado para el otoño; no ando con precipitación. Me costará trabajo darle salida en dicha época; pero si no lo consigo, es igual. Es- pero ganar con esa novela tanto dinero como con Crimen y castigo, por lo menos; así que tengo el propósito de poner a fin de año todos mis asuntos en regla y volver a Rusia. Sólo que el tema es demasiado candente. Pero basta. Mis interminables cartas van a acabar con usted

*

Epistolario de Dostoievski

Dresde, marzo de 1870.

…Argumentos tendría a porrillo. ¡Eso que dice usted so- bre la literatura en el extranjero son palabras de oro! Real- mente, estoy no sólo apartado de nuestra época y de toda noticia referente a ustedes, asunto del cual puede que esté mejor enterado que usted, puesto que diariamente me leo de cabo a rabo tres periódicos rusos y recibo además dos revistas. Pero de lo que estoy realmente apartado es de la viva fuente de la vida; no de la idea, sino de su carne y su sangre.

He dado El eterno marido a la revista Saria y me en- cuentro en una situación ambigua; es para mí una necesidad manifestarme con algo de más brío. ¡Claro que ahora los nihilistas y los occidentales saldrán poniéndome de reac- cionario! Pero vayan todos al diablo, que no he de apurarme por eso. No obstante, tengo mis dudas sobre el éxito de la cosa. Tan pronto me parece bien lograda la obra, de forma que pueda yo contar con una segunda edición que me dé más dinero, como se me figura que es un completo fiasco. Pero antes prefiero esto último que un éxito mediano.

Con su observación sobre los esfuerzos de mi fantasía, que cree haber notado en mi última novela, me ha dado us- ted un mazazo en la cabeza; muy preocupado estoy; pero

Fedor Dostoievski sea lo que Dios quiera. No creyendo en el éxito, es imposi- ble trabajar con entusiasmo. Pero como yo trabajo con en- tusiasmo, también espero.

A NIKOLAI NIKOLÁYEVICH STRÁJOV

Dresde, 24 de marzo (5 abril) de 1870.

…También yo tengo cifradas grandes esperanzas en la novela que ahora estoy escribiendo para el Ruskii Viéstnik.

Me refiero, no a la parte artística, sino a la tendencia; quiero expresar ciertas ideas, aunque se vaya a pique todo lo ar- tístico. Las ideas que se han ido acumulando en mi cabeza

y en mi corazón reclaman salida; aunque sólo resulte un

panfleto, diré allí todo lo que tengo en el alma. Confío en el

éxito. Aunque ¿quién se pone a trabajar sin esperanzas de

éxito? El trabajo para el Ruskii Viéstnik lo terminaré pronto,

y luego me aplicaré, ya con placer, a la novela

A SU SOBRINA SOFÍA ALEKSÁNDROVNA

IVÁNOV-JMÍROV

Dresde, 7 (19) de mayo de 1870.

…He elaborado ya el plan de una nueva novela cuyo éxito considero totalmente seguro; pero no puedo resolver-

Epistolario de Dostoievski me a escribir aquí, por lo que tendré que dejarlo para más adelante. Por el momento, estoy escribiendo una historia muy rara para El Mensajero Ruso, al que le tengo tomado un anticipo.

¿Sabe usted, mi querida Sónechka, lo que me escribe sobre mi nueva novela, aquí compuesta? Se admira usted de que pueda yo comprometerme a escribir obras de esa índole en un plazo determinado. Pues todavía más difícil es el trabajo que ahora estoy haciendo para El Mensaje- ro Ruso. Tengo que meter en veinticinco pliegos un asunto que, cuando menos, requeriría cincuenta; pero tengo que avenirme a eso, porque en tanto esté en el extranjero, no puedo escribir otra cosa.

*

Dresde 2 (14) de julio de 1870.

…No deseo más que terminar el trabajo que ahora estoy haciendo para el Ruskii Viéstnik, para que, por fin, me de- jen en paz. Y, sin embargo, se ponen las cosas de un modo que creo no voy a poder tenerlo listo para Navidad. Aunque la primera larga parte se la pienso enviar dentro de mes y medio a la revista y pedir algún dinero. A principios de in- vierno mandaré la segunda parte, y la tercera en febrero. El próximo enero podrán empezar en la imprenta. Temo que sencillamente me rechacen mi novela. Pero de antemano le diré que no puedo modificarla ni quitarle una línea. La idea de la novela me pareció al principio seductora; pero ahora

Fedor Dostoievski me pesa haberla empezado. Me sigue interesando, pero pre- feriría haberme puesto a escribir otra cosa

*

Dresde, 17 (29) de agosto de 1870.

…No sé si le conté mis dificultades con El Mensajero Ruso. Se trata de que a fines del año pasado dejé que publi- casen mi novelita en la Saria, teniéndole tomado un anticipo a El Mensajero Ruso; les tenía prometido el trabajo hace un año. ¿No le escribí a usted cómo fue la cosa? Pues que fui demorando sin sentir la novela, y de pronto caí en la cuenta de que no tenía ya tiempo de escribir nada para El Mensa- jero Ruso para primeros de año. Ellos no me dijeron nada, pero dejaron de enviarme dinero. A principio de este año

le escribí yo a Kátkov diciéndole que a partir de junio le iría

enviando capítulos de la novela, para que a fines del mis- mo pudiese estar compuesta. Así que me apliqué al trabajo con todas mis fuerzas; sabía que, de romper mis relaciones literarias con El Mensajero Ruso, no tendría ningún medio

de vida aquí en el extranjero (pues es muy difícil entrar en tratos desde aquí con ninguna otra revista). Además, que me atormentaba horriblemente la idea de que en El Mensa- jero Ruso me tuviesen por un hampón, cuando hasta ahora me han tratado tan bien. La novela en que yo trabajaba era muy grande, muy original; pero su idea era algo desacos- tumbrado para mí. Necesitaba tener mucha confianza en mí mismo para llevarla a buen término. Ahora ya no la tengo,

y el trabajo se ha malogrado. A lo primero iba muy lenta-

Epistolario de Dostoievski mente; sentía yo que todo él adolecía de un defecto capital, pero no atinaba con cuál pudiera ser. En julio, después de escribirle a usted mi última carta, me acometió toda una

serie de ataques epilépticos (que se repetían todas las sema- nas). Así que me dejaron tan deprimido que durante todo un mes estuve incapacitado para a pensar en nada; el trabajo podía serme fatal. Y al reanudarlo, hace dos semanas, vi de repente, con claridad meridiana, la razón de que la novela me saliese tan mal y dónde radicaba el defecto; cual poseí- do de inspiración súbita, concebí de pronto un nuevo plan para mi obra. Debía cambiarlo todo de raíz; sin separarme

a pensarlo mucho, borré cuanto llevaba escrito (en total,

quince pliegos) y empecé de nuevo otra vez, desde la pri- mera línea. El trabajo de un año, perdido. ¡Si usted supiera, Sónechka, cuánto cuesta ser escritor, es decir, cargar con la suerte del escritor! Mire usted: yo estoy seguro de que si dispusiese para escribir una novela de dos a tres años —lujo que pueden permitirse Turguéniev, Gonchárov y Tolstoi—, me saldría una obra de la que se hablaría aún pasado un siglo. No es jactancia; consulte usted su conciencia y los recuerdos que de mí tiene y dígame si alguna vez me he alabado. La idea de la novela es tan buena y tan principal que ante ella me quito el sombrero. Pero ¿qué va a salir de

ahí? Desde ahora ya puedo decirlo: en ocho o nueve meses habré terminado la novela y echándolo a perder todo. Una obra así requiere, por lo menos, dos o tres años. (Será, ade- más, muy larga: treinta y cinco pliegos.) Puede que algunos detalles y algunos personajes aislados no me salgan mal, pero sólo en boceto. Muchas cosas quedarán a medio hacer,

y otras resultarán demasiado prolijas. Imposible será que

pueda poner muchas bellezas en la obra, pues la inspiración depende en muchos sentidos del tiempo que se tiene para el trabajo. Y, sin embargo, yo no suelto la pluma. ¡Es ho-

Fedor Dostoievski rrible, viene a ser igual que un suicidio consciente! Pero no es eso lo más principal, sino que todas mis cuentas se han venido abajo. A primeros de año tenía yo la firme esperanza de poderle enviar para el 1 de agosto parte considerable de la novela a El Mensajero Ruso, y de este modo mejorar mi situación. Pero ¿qué voy a hacer ahora? Lo menos hasta primeros de septiembre no podré enviarle a la revista una cantidad, y pequeña, de original (yo quería enviarle mu- cho a fin de tener algún motivo para pedirles dinero); y en esas condiciones me da empacho pedirles ningún anticipo; la primera de las cinco partes que comprenderá la obra sólo hará siete pliegos; ¿cómo pedirles nada? Así que todas mis cuentas se han venido abajo y no sé, de momento, cómo voy a vivir. ¡Y en esta disposición de ánimo, coja usted la pluma y póngase a trabajar!

A MIJAIL NIKIFÓROVICH KÁTKOV

Dresde, 8 (20) de octubre de 1870.

Estimado y admirado Mijail Nikifórovich: Hoy envío a El Mensajero Ruso sólo la primera mitad de la primera parte de mi novela Demonios, pero en seguida enviaré también la otra mitad. La novela constará en total de tres partes, cada una de las cuales hará de diez a doce pliegos. De ahora en adelante no habrá ya más retrasos en los envíos.

Caso de que no vaya usted a dar a las cajas mi novela hasta el año próximo, no estará de más que le exponga en unas palabras el argumento de la novela. En el número de

Epistolario de Dostoievski los sucesos descollantes que han podido influir en mi na- rración ha de incluirse el célebre asesinato de Ivánov por Nescháyev en Moscú. Me apresuro a declarar que no sé de Nescháyev ni de Ivánov, ni de todo ese sonado suceso, más que lo que publicaron los periódicos. Pero aun suponiendo que estuviese mejor informado, nunca se me hubiera ocu- rrido hacer una simple glosa. Mi fantasía puede muy bien apartarse del hecho real, y mi Piotr Verjovenskii no se pare- cerá en nada a Nescháyev; pero creo que mi espíritu, sobre- cogido por el suceso, ha concebido, mediante la fuerza de la fantasía, una persona y un tipo adecuados a esa fechoría. No deja de ser provechoso pintar un tipo así; pero no fue sólo lo que a mí me sedujo. Creo que los ejemplares de esa lamen- table variedad humana no son digno objeto del arte. Con gran sorpresa mía, ese personaje se me antoja medio grotes- co porque, aunque aparezca en el primer plano de la acción, no es, bien mirado, sino algo secundario dentro del radio de acción de otra personalidad que, efectivamente, debe consi- derarse como el verdadero protagonista de la obra.

Este otro personaje de la novela (Nikolai Stavroguin) es también un personaje siniestro, un malvado. Yo lo tengo por una figura trágica, aunque muchos, al leer la obra, exclama- rán: «Pero ¿qué clase de hombre es éste?» Yo me he apli - cado a la elaboración artística de esa personalidad porque hace mucho tiempo tenía ganas de describirla.

A mi juicio, es tan rusa como típicamente humana. Sen- tiría, por el público, que no comprendiese esta figura. Y más aún sentiría oír el reproche de que está traído por los ca- bellos, pues yo lo he pintado con el alma. Cierto que tales caracteres se dan rara vez en tan típica perfección, pero es,

Fedor Dostoievski no obstante, un carácter ruso (de cierta clase social). No vaya usted a formar juicio, estimado Mijail Nikifórovich, hasta haber leído la novela de cabo a rabo. Me da el corazón que ese personaje me va a salir muy bien. No entraré ahora en detalles, pues temo no ser exacto. Sólo le diré una cosa:

que todo ese personaje lo describiré mediante sus actos y no apelando a disquisiciones, lo que hace esperar que resulte una personalidad, una pieza.

Se me resistió mucho tiempo el comienzo de la novela. Me ocurrió, lo que hasta aquí no me había sucedido nunca, y fue que dejé por unas semanas el principio y me puse a escribir el final. Temo también que ese primer capítulo no tenga toda la vida que hubiera podido tener… En los cinco pliegos y medio que le acompaño apenas si había espacio por exponer el enredo; pero tanto éste como la acción toda se descubrirán y ensancharán de una vez. Puede usted estar tranquilo: es evidente que mi novela tendrá interés, y creo que como ha quedado ahora hará todavía más efecto.

Pero no todos los personajes van a ser siniestros. Tam- bién habrá en el libro figuras luminosas. Me temo, en gene- ral, no estar yo a la altura de muchas cosas.

Quisiera, por ejemplo, llevar al arte por primera vez toda una serie de figuras que aún apenas han hallado represen- tación literaria. Como ideal de esa clase de personajes pre- sento yo a Tijón Sadonskii, un eremita que se ha acogido al claustro. Tendré algún rato al héroe de mi novela conver- sando con él, frente a frente. Me tiemblan las carnes; nunca intenté nada parecido; pero conozco bien ese mundo.

Epistolario de Dostoievski Pasemos ahora a otra cosa. Piense usted de mí lo que quiera, estimado Mijail Nikifórovich, pero mi situación es tan apurada que me veo obligado a molestarle. Se me han agotado los recursos y tengo que mantener a mi mujer y a la nena. No obstante andar delicada de salud, ha tenido mi mujer que dar el pecho hasta hace un mes a la criaturita, y ahora, en vez de tratar de reponerse, tiene que sacrificar el sueño, pues no tenemos ama ni criada alguna. Esto me mata el alma y viene a estorbarme el trabajo, que a veces se me hace harto penoso.

Ya sé que le debo a usted grandes cantidades; pero con esta novela pienso saldar mis deudas. Por el momento, sin embargo, tengo que pedirle a usted quinientos rublos, aun- que bien sé que se trata de una cantidad considerable y que yo le debo a usted casi otro tanto. Pero apelo a su buen cora- zón, y le ruego que tan pronto como pueda me haga saber su contestación; no sé por qué, me preocupa la idea de que en Alemania ahora se pierden muchas cartas, y de sólo pensar que ésta que le escribo pudiera perderse, me vuelvo loco

A NIKOLAI NIKOLÁYEVICH STRÁJOV

Dresde, 9 (21) de octubre de 1870.

…No le he escrito a usted antes porque estoy sin cesar atareado con mi novela para el Ruskii Viéstnik. Iba tan mal el trabajo y tenía yo tantas veces que alterar lo escrito que acabé dándome a mí mismo palabra de no leer ni escribir, ni

Fedor Dostoievski fijar siquiera en nada la vista, hasta haber terminado lo que había emprendido. ¡Y estoy empezando! Cierto que tengo ya mucho escrito de la mitad de la novela, y pasos aislados de lo que taché aún podré aprovecharlos. Pero, al fin y al cabo, estoy en el primer capítulo. Ésta es mala señal; pero yo haré todo lo posible por arreglarlo. Dicen que el tono y el estilo de una novela deben salir espontáneos. Eso es cierto; pero a veces desentonas y tienes que volver a templarte. En una palabra: que nunca me dio nada tanto que hacer como esta cosa.

En los comienzos de la labor, a fines del año pasado, tenía yo ya por hecha la novela y la miraba por encima del hombro. Pero luego me entró verdadero entusiasmo, le tomé cariño a la tarea y me puse a escribir a todo trapo, tachando casi todo lo que llevaba escrito. Pero en el verano sucedió otra cosa, y fue que surgió en la novela un nuevo personaje con humos de ser nada menos que el verdadero protagonista de la obra, de suerte que el otro protagonista, el primero (figura muy interesante, pero no digno de ser llamado un héroe), hubo de ser relegado a segundo térmi- no. Me entusiasmé tanto con este nuevo héroe, que también me puse en seguida a arreglar todo lo que llevaba escrito. Y ahora que he enviado ya a la Redacción de El Mensajero Ruso el comienzo de la novela, me acomete de repente un nuevo temor: el de no estar a la altura del tema elegido. Ese temor me trae sumamente desazonado. Y, sin embargo, yo no introduzco de buenas a primeras a mis personajes en la obra. De antemano les tengo asignado su papel en el programa de la novela (tengo un programa que comprende varios pliegos, donde está ya anotada toda la acción, aun- que sin el diálogo ni las explicaciones). Por lo cual espero que el protagonista me salga bien y hasta resulte una figura

Epistolario de Dostoievski enteramente nueva y original; espero y temo a un tiempo mismo.

Ya es, realmente, hora de que escriba yo, por fin, algo serio. A lo mejor se me deshace todo en el aire, cual pompa de jabón. Pero, sea como sea, tengo que escribir; con esas reformas he perdido la mar de tiempo, y escrito, en resumi- das cuentas, muy poco

A SU SOBRINA SOFÍA ALEKSÁNDROVNA

IVÁNOV-JMÍROV

Dresde, 9 (21) de octubre de 1870.

Por fin he podido enviar el comienzo de mi novela, que tanto me ha hecho trabajar y de la que tan poco contento es- toy, a la Redacción de El Mensajero Ruso. Pero, en cambio, respecto a la continuación y el final, estoy tranquilo. Por lo menos será interesante, y he llegado al extremo de apreciar más lo interesante que lo artístico. Desde este último punto de vista, la obra, a mi juicio, debía ser un éxito. La idea es fuerte y rica. Eso precisamente es lo malo, que yo siem- pre la emprendo con temas demasiado grandes para mí. El creador supera en mí al artista, y eso no está bien. Pero no se trata aquí de eso, sino solamente de que me duele mucho haber mandado a la Redacción de la revista tan poco origi- nal y haberle pedido a Mijail Nikifórovich un anticipo tan considerable; pero si no me ayudan, me voy enteramente a pique

Fedor Dostoievski Me esfuerzo ahora por arreglar las cosas de modo que para la primavera pueda volver a Rusia. Para entonces qui- siera tener entregada ya la mitad de la novela. Empiezo a sentirme mal. Mi mujer tiene una nostalgia espantosa y me desgarra el corazón verla. Sea cualquiera que fuere el des- enlace que para la primavera amenacen tomar mis asuntos, no tengo más remedio que volver

A APOLION NIKOLÁYEVICH MÁIKOV

Dresde, 9 (21) de octubre de 1870.

…El trabajo que he empezado es sólo el comienzo de la novela que tengo que darle a El Mensajero Ruso, y en la que tendré que trabajar, por lo menos, medio año, noche y día, por lo que de antemano me empacha. Hay, sin embargo, naturalmente, algo que me obliga a escribirla; pero, en ge- neral, no hay para mí en el mundo nada más antipático que

el trabajo literario, la tarea de escribir novelas y novelitas

A ese extremo he llegado. Tocante a la idea de la novela, no

vale la pena explicarla. Primero, porque en una carta no es

posible contar nada bien, y segundo, porque ya es bastante castigo si lee usted la novela cuando se publique. ¿A qué castigarlo por partida doble?

Me habla usted en su carta de Nikolai el Milagrero 18 . No nos abandonará, pues Nikolai el Milagrero es el espíri-

tu ruso y la unidad rusa. No somos ya ninguno de los dos

18 Nikolai el Milagrero, Obispo de Mira bajo el imperio de Diocle-

ciano.

Epistolario de Dostoievski unos niños, queridísimo Apollon Nikoláyevich, para no sa- ber que, caso de una desgracia y hasta de simples contra- tiempos para Rusia, los elementos menos rusos de Rusia, el empleado o el estudiado de Petersburgo que son liberales, se vuelven rusos y empiezan a sentir como rusos, aunque les dé bastante vergüenza confesarlo.

Leí este invierno en la Golos 19 la franca confesión de que «durante la guerra de Crimea nos alegrábamos de los

triunfos militares de los aliados y los reveses de los nues- tros». No; mi liberalismo no va tan allá; yo me encontraba entonces en la cárcel y no me alegraba de los éxitos de los aliados, sino que me sentí identificado con mis desdicha- dos compañeros y soldados como ruso, hacía votos por los éxitos rusos, y eso que estaba aún muy intoxicado de ese roñoso liberalismo ruso que predican los tunantuelos de la partida de ese escarabajo pelotero de Mielinski, sólo que no venía nada ilógico en el hecho de sentirme ruso. Los hechos vinieron a confirmar que el achaque que padecían los rusos civilizados era más grave de lo que parecía, no limitándose

el mal a los Bielinskiis, Krayevskis y demás gentecilla. Pero

sucedió lo que se cuenta en el Evangelio de Lucas: «Que los demonios se habían metido en el cuerpo de un hombre, y

eran legión, y le pidieron (a Jesús): «Déjanos que nos me- tamos en los cuerpos de unos cerdos», y Él se lo permitió.

Y fueron los demonios y se metieron en los cuerpos de una

piara de cerdos, y fueron los cerdos, y todos a una, desde la ribera escarpada, se lanzaron al mar y se ahogaron. Cuando

acudió la gente del lugar para ver lo ocurrido encontrárosle

al ex endemoniado vestido y modosamente sentado a los

pies de Jesús, y quienes lo habían presenciado contáronle su curación.» Pues exactamente lo mismo ocurrió aquí; los demonios dejaron el cuerpo de Rusia y se metieron en los

19 La Voz.

Fedor Dostoievski de una piara de cerdos, en los de los Nescháyeves, Cerno- Solovióviches, etc. 20 Éstos se ahogaron o se ahogarán irre- misiblemente, pero el hombre sanado, al que dejaron en paz los demonios, está sentado a los pies de Jesús. Así ha de ser. Rusia se ha sacudido el cieno que le habían echado encima, y después de eso a estos bribones no les ha quedado nada de ruso. Fíjese usted en esto, querido amigo: quien pierde su pueblo y su tierra, pierde también la creencia en Dios. Pues ese es, para que usted lo sepa, el tema de mi novela. Se titula Demonios y se cuenta en ella eso mismo: cómo los demonios endemoniaron una piara de cerdos. No hay duda alguna de que me saldrá mal; soy más poeta que artista, y elijo siempre temas que están por encima de mis fuerzas. Por eso estropearé la cosa, estoy seguro. El tema es dema- siado fuerte. Pero como hasta ahora ninguno de mis críticos me ha negado cierto talento, en esta larga novela ya tendrá ocasión de manifestarse más de una vez. Esto es todo

*

Dresde, 15 (27) de diciembre de 1870.

He echado sobre mí un trabajo superior a mis fuerzas. He empezado a escribir una gran novela (una novela de tendencia, cosa para mí totalmente inusitada); a lo primero creía muy fácil despacharla. ¡Pero que si quieres! He teni- do que variar más de diez veces su plan, y he acabado por reconocer que el tema era de los que obligan, por lo que le

20 Nihilistas rusos notorios.

Epistolario de Dostoievski he cogido tirria a la novela. La primera parte la escribí con grandes apuros (es muy larga, abarca diez pliegos, pero son en total cuatro partes) y la envié. Creo que esa primera parte me ha salido muy floja y de poco efecto.

Por la lectura de esa primera parte no podrá adivinar el lector adónde voy a parar ni cómo ha de continuar desa- rrollándose la acción. En El Mensajero Ruso le han hecho desde el principio una acogida sumamente benévola. La novela se titula Demonios (esos mismos demonios de que ya le escribí a usted) y lleva un lema sacado del Evangelio. Quiero expresarme en ella francamente, sin hacerle caran- toñas a la nueva generación. Pero en una carta no se puede decir todo

A SU SOBRINA SOFÍA ALEKSÁNDROVNA

IVÁNOV-JMÍROV

Dresde, 6 (15) de enero de 1871.

No dejo de escribir en mi novela; no logro hacerme con ella del todo. Así que resulta una verdadera lástima, y no me es posible soltar la pluma y dejarla, porque la idea me gusta. Todo se desarrolla principalmente en dos o tres partes, la primera de las cuales, a mi juicio, es un pisto; la habré rehe- cho lo menos veinte veces, si no más, y en todo un año no me he hecho más que ocho pliegos. Hasta ayer no mandé la mitad, para el número de febrero. Y eso que había dado pa- labra de enviar, dentro de diez días, el final de esa condena- da primera parte. Y aún no he escrito una línea. Ese trabajo

Fedor Dostoievski me ha agotado tanto física como espiritualmente; me siento hasta enfermo; así que no he tenido tiempo, créalo usted, para escribirle

A APOLION NIKOLÁYEVICH MÁIKOV

Dresde, 2 (14) de marzo de 1871.

…Su juicio, tan lisonjero, sobre el comienzo de mi nove- la, me ha encantado. Dios mío, ¡cuánto me ha asustado y si- gue asustándome esa novela! Cuando lea usted estas líneas habrá leído también la segunda mitad de la primera parte en El Mensajero Ruso. ¿Qué le parecerá a usted? Tengo un miedo horrible. Me parece que no voy a poder seguir. Estoy desesperado. Se compondrá, en total, de cuatro partes, unos cuarenta pliegos. Stepán Trofímovich es una figura secun- daria; la novela no girará en torno de él; pero su historia está tan íntimamente ligada a los principales acontecimientos de la obra que he tenido que considerarlo como su piedra fun- damental. El tal Stepán Trofímovich llevará su merecido en la cuarta parte; tendrá un fin sumamente original. De lo de- más, no respondo; pero de eso, sí. Pero, se lo repito: tiemblo como un ratoncillo azorado. La idea de la novela me sedu- ce, y le he tomado un cariño atroz; pero estoy muy inquieto respecto a si acertaré a darle forma.

Imagínese usted: he recibido ya varias cartas felicitándo- me por la primera parte. Esto me ha dado muchos ánimos. Se lo digo sinceramente, sin pretender lisonjearlo: su juicio tiene a mis ojos más valor que ningún otro, primero, por-

Epistolario de Dostoievski que me consta su absoluta sinceridad, y segundo, porque su crítica encierra una apreciación genial: «Son personajes de Turguéniev ya en su vejez.» ¡Esa es una frase genial! Yo, en tanto escribía, me figuraba verdaderamente algo por el esti- lo; pero usted, en pocas palabras, lo ha reducido a fórmula. Sí, le agradezco a usted mucho esas palabras; ha hecho us- ted la luz en mi espíritu.

El trabajo va muy despacio; no me siento bien, y pronto llegará otra vez el período de los ataques. Temo no acabar la novela a tiempo; pero no quiero precipitarme. Cierto que tengo muy bien trazado y estudiado el plan; pero si me pre- cipito puedo echarlo todo a perder

A SU SOBRINA SOFIA ALEKSÁNDROVNA

IVÁNOV-JMÍROV

Dresde, marzo de 1871.

Me encuentro en estos instantes en un apuro horrible:

trabajo día y noche, y a pesar de eso adelanto muy poco, tanto, que estoy retrasado con El Mensajero Ruso. Y, sin embargo, tengo puesta en este trabajo toda mi esperanza. Me han enviado ya setecientos rublos y prometido mil más para junio. Con esos mil podré regresar ya a Rusia. Así que tengo que trabajar mucho; y, sin embargo, se lo repito, no puedo escribir una línea lejos de mi tierra, créalo usted

Fedor Dostoievski

A NIKOLAI NIKOLÁYEVICH STRÁJOV

Dresde, 18 (30) de marzo de 1871.

…Cuando tardan mucho en darme los ataques, y luego se presentan de pronto, siempre me dejan en un estado de depresión psíquica enorme, de suerte que friso en la des- esperación. Antes solía durarme ese estado unos tres días; pero ahora me dura siete y hasta ocho, aunque los ataques sean menos frecuentes. Así que me tiene inquieto mi nove- la, pues no necesito decirle el trabajo que me cuesta escri- bir. No tengo más remedio que volver a Rusia, aunque ya no estoy habituado al clima de Petersburgo; pero no tengo más remedio que volver allá, sea como fuere

DE NIKOLAI NICOLÁYEVICH STRÁJOV

A Dostoievski

1871

…En la segunda parte de Demonios hay cosas admira- bles, que pueden compararse con lo mejor que usted haya

escrito. El nihilista Kirílov está dibujado con hondura y pre- cisión asombrosas. La relación de esos locos, la escena con

son verdaderas joyas de perfección artística.

Karmasínov

,

Epistolario de Dostoievski Sólo que hasta ahora el público anda muy desorientado. No prevé el fin a que tiende la novela y se pierde entre ese cúmu- lo de personajes y episodios, cuya relación no ve muy clara.

Perdone usted que le exprese estos juicios desagradables. Se me ha puesto en la cabeza darle a usted consejos, y no puedo abstenerme de esa estupidez, que le ruego tome como expresión del grandísimo interés que su labor me inspira.

Evidentemente es usted aquí, tocante a riqueza y diver- sidad de ideas, el primero, y el propio Tolstoi, comparado con usted, resulta monótono. Lo que no es óbice para que cuanto usted crea tenga un especial y fuerte colorido. Sólo que, indudablemente, usted escribe para el público selec- to y se excede en sus obras, las complica demasiado. Si sus novelas tuviesen una trama más sencilla producirían más efecto. El jugador y El eterno marido hiciéronle al público una impresión muy intensa, mientras que cuan- to puso usted en El idiota fue cosa pérdida. Ese defecto guarda, naturalmente, íntima relación con sus méritos. Un francés o un alemán hábil se habría hecho ya célebre en ambos hemisferios con la décima parte de su sustancia y brillaría como astro de primera magnitud en la historia de la literatura universal. El secreto está, a mi juicio, en refre- nar la fuerza creadora, reducir la finura del análisis y con- tentarse con una figura y una docena de escenas, en vez de veinte personajes y cien escenas. Perdone usted que se lo diga, Fedor Mijailovich; pero creo que usted no ha sa- bido, hasta ahora, sacar partido de su talento, gobernarlo con miras a producir el mayor efecto en el público. Com- prendo que con esto rozo ya en un gran misterio, que le doy a usted un consejo absurdo: el de que deje usted de ser usted mismo, que deje de ser Dostoievski. Pero creo que, a pesar de todo, comprenderá usted lo que quiero decir

Fedor Dostoievski

A NIKOLAI NIKOLÁYEVICH STRÁJOV

Dresde, 23 de abril (5 mayo) de 1871.

…Su carta me ha dado una gran alegría. Pero respecto a su último juicio sobre mi novela, voy a decirle lo siguiente:

sabe usted apreciar de sobra los méritos que tenga el libro; segundo, señala usted con extraordinario acierto su defecto principal. Sí, ése fue siempre mi mayor tormento; pero no puedo administrar bien mis medios. Cuando me pongo a escribir una novela en seguida me asalta una muchedumbre de argumentos para otras tantas novelas y cuentos, por lo que luego se resiente todo de falta de medida y de armonía. Usted lo ha dicho con frase extraordinariamente justa cuán- to me ha hecho padecer eso, pues siempre tuve conciencia de ese mi flaco. Incurro también en otro defecto, y es que, arrebatado de inspiración poética y subyugada por una idea, me lanzo a empresas superiores a mis bríos. (Nota bene: La fuerza de la inspiración poética es siempre superior, como en el caso de Víctor Hugo, a los recursos artísticos. Hasta en el propio Puschkin se advierten huellas de esa desarmo- nía.) Pero eso da conmigo en el foso…

Debo añadir aún que mi regreso a Rusia y las muchas preocupaciones que me han desazonado este verano le han perjudicado también mucho a la novela…

Epistolario de Dostoievski

*

Dresde, 18 (30) de mayo de 1871.

…O echo a perder la novela (lo que sería un dolor, y ya he empezado a flaquear), o remonto el vuelo y hago algo re- gular. Escribo a la buena de Dios; tal es mi actual divisa

A LA SEÑORA N., UNA AMIGA DE SOFÍA

ALEKSÁNDROVNA IVÁNOV-JMÍROV

22 de septiembre de 1872.

Muy estimada Yelena Pávlovna: Tengo que ir irremisi- blemente a Moscú para estipular personalmente con Ká- tkov las condiciones de mi novela, pues por cierta razón, como no sea personalmente, no podemos entendernos. Pero Liubímov, director de facto de El Mensajero Ruso, me ha hecho saber que Kátkov ha salido para el extranjero, donde estará mes y medio. Debo decirle que, de todos modos, la novela requiere mi presencia en Moscú; pero no puedo per- der el tiempo, y si llegase allá antes que Kátkov no tendría más remedio, quieras que no, que aguardar su regreso. Sólo en un caso extremo puedo avenirme a tratar las cosas con Liubímov. Por lo que, siendo ya tiempo de que yo hiciera

Fedor Dostoievski

el viaje a Moscú, me permito hacerle una súplica, y es que

tan pronto como reciba usted la presente vaya a ver a Só- nechka, caso de estar en Moscú, y le ruegue en mi nombre, encarecida y urgentemente, haga el favor de visitar a Liubí- mov en la redacción de la revista o donde mejor estime, para, sin decir nada de mi viaje, enterarse de: primero, si Kátkov ha vuelto ya; segundo, si no, cuando viene; tercero,

si allí no lo saben con seguridad, que digan, por lo menos

aproximadamente, para qué día lo aguardan; cuarto, cómo va de salud y otros detalles más que ella pueda inquirir. Dí- gale usted que eso tendría para mí muchísima importancia.

No le escribo a ella directamente porque no sé dónde se encuentra con seguridad.

Si no estuviese en Moscú, entonces le agradecería en el

alma. Yelena Pávlovna, se hiciese usted cargo de mi ruego

y fuese a la Redacción del Viéstnik (Mensajero) o de las

Moskovskia Viedomasti (las Noticias de Moscú), que para

el caso es igual, y sin decir por qué (lo que muy bien puede

hacerse), preguntar para qué fecha aguardan a Mijail Ni- kifórovich. Perdone usted que la moleste, pero me precisa muchísimo saberlo.

Y ahora, lo último y más principal: que, a ser posible, no pierda minuto y me conteste en seguida, pues ya ando muy retrasado, y si he dejado la cosa para lo último ha sido por- que pensaba que desde aquí podría saber si Kátkov había vuelto o no. Si usted me contestase diciendo que lo aguar- daban para dentro de dos semanas, entonces dispondría yo de dos semanas para ir a Moscú, aunque luego me retrasase. Pero si no lo esperan tan pronto, no me queda otro recur- so que plantarme en seguida en Moscú y entenderme con Liubímov, quien, por otra parte, en carta de primeros de agosto, me decía no poder resolver nada solo

Epistolario de Dostoievski

A SU ALTEZA EL PRÍNCIPE ALEKSANDR

ALEKSÁNDROVICH 21

1873.

Alteza: Permítame el honor y la dicha de presentarle mi obra. Podría casi llamársela estudio histórico, cuyo objeto es descubrir la génesis de sucesos tan extraordinarios en nues- tra sociedad especial como el movimiento de Nescháyev.

A mi juicio, no se trata ahí de ninguna casualidad ni de ningún especial fenómeno; antes bien, nos encontramos ante las consecuencias inmediatas, directas, del profundo divorcio en que toda nuestra cultura rusa se halla respec- to a los veneros y principios nativos, originales, de la vida rusa. Incluso los representantes más talentosos de nuestra evolución seudoeuropea llegaron hace ya mucho tiempo a la conclusión de que para un ruso era un verdadero crimen el soñar con la independencia y la originalidad. Pero lo más terrible es que esos individuos tienen razón sobrada, pues, al llamarnos a boca llena, estamos ya renegando de Rusia. Corridos y asustados por habernos quedado tan a la zaga de Europa, hemos olvidado que nosotros, los rusos, en la esencia, en los deberes del espíritu ruso, es posible que lle- vemos el don de aportar al mundo una luz nueva en cuanto acertemos a apreciar la originalidad de nuestra evolución. Encantados de la propia bajeza, hemos pasado por alto una ley histórica irrevocable, según la cual jamás podremos ser

21 Por aquel entonces, príncipe heredero de Rusia.

Fedor Dostoievski nosotros una gran nación, capaz de ofrecer a la Humanidad toda algo original y valiosa para ella, mientras no tengamos cierto orgullo, cierta consciencia de nuestra propia impor- tancia ante el mundo, de nuestra importancia como nación.

Hemos olvidado que todas las grandes naciones pu- dieron reconocer sus poderosas energías y llevarlas a pleno desarrollo precisamente por haber sido tan orgullosas, tan egoístas, y que precisamente si fueron útiles a la Huma- nidad, si pudieron aportar al género humano, aunque sólo fuese una centellica de luz, debió ser precisamente a su or- gullo, a su invariabilidad, consecuencia, arrogancia y egoís- mo, manteniéndose las que eran.

Hoy aquí, en Rusia, pensar de este modo y expresar tales ideas equivale a exponerse a que todo el mundo le

vuelva a uno la espalda. Pero no se puede negar que los más señalados predicadores de nuestra independencia nacional serían los primeros en condenar, y con espanto, el caso Nes- cháyev. Nuestros Bielinskiis y Granovskis se resistirían a creerlo si se les dijese que ellos eran los padres legítimos

de los Nescháyeves. Y precisamente ese parentesco y esa

sucesión de ideas que se transmiten de padres a hijos, desa- rrollándose más ampliamente en estos últimos, es lo que yo

he querido poner de realce en mi obra. Muy lejos estoy de

haber logrado el éxito; pero he puesto en la empresa todo

mi saber y mi conciencia toda.

Halaga y corrobora mi espíritu, alteza imperial, la es- peranza de que el heredero del trono más elevado del mun-

do, el futuro soberano y señor de la tierra rusa, pueda quizá,

aunque sólo fuere de pasada, apreciar mi ensayo, flojo, ya

lo sé

pero concienzudo, de dar forma artística al fenóme-

,

no

más peligroso y morboso de nuestra actual civilización,

de

esa civilización extraña, antinatural, servil, pero que to-

Epistolario de Dostoievski

davía sigue imperando en Rusia.

Con mis sentimientos de respeto y gratitud infinitos, soy, alteza imperial, su más fiel y devoto servidor,

Fedor Dostoievski.

Epistolario de Dostoievski

SOBRE «EL ADOLESCENTE»

A SU ESPOSA, ANNA GRIGÓRIEVNA

Ems, domingo 28 (16) de junio de 1874.

…De ahí que no me encuentre en condiciones de com- poner algo para la novela. Temo que la epilepsia me haya quitado, no sólo la memoria, sino también la fantasía. Un triste pensamiento me anda por la cabeza: ¿qué va a pasar si me quedo imposibilitado para escribir? Por lo demás, ya veremos…

Padezco también un tedio horrible. No puedo compren- der cómo voy a pasarme aquí un mes. Puede que haga algo y me ponga a trabajar

*

Ems, domingo 5 de julio (23 de junio) de 1874.

…El aburrimiento de mi vida aquí se me hace insu-

Fedor Dostoievski frible. Aunque ya me he puesto a trabajar en la novela (¡oh dolor!, que aún estoy en el boceto, y éste se me resiste), no sé cómo voy a librarme del tedio

…Anya, mi trabajo va muy lentamente y el plan me da mucho que hacer. ¡Exceso de plan! Ese es el mayor defecto. Al repasarlo todo he visto que he reunido allí materia para cuatro novelas. Según Strájov, ése fue siempre mi defecto. Pero ya no tengo tiempo. Aunque quizá aún pueda corre- girme. Lo principal es el plan, que luego el trabajo es fácil. Anya, palomita, mi labor principal tiene que estar despa- chada en todo caso para el otoño

*

Ems, viernes 10 de julio del nuevo estilo (28 junio) de 1874.

…He tenido que suspender mi trabajo durante el ata- que (cuatro días). No puedo en absoluto trabajar

*

Ems, viernes 17 (5) de julio de 1874.

…Todo cuanto leo me repele; pienso malhumorado

Epistolario de Dostoievski en mi plan. Todos me dicen que la más pequeña ocupación espiritual perjudicará al tratamiento y me excitará todavía más los nervios, y que debo hacer una vida puramente ve- getativa

*

Ems, 26 (14) de julio de 1874, domingo.

…En casa trabajo asiduamente en el boceto, pero no acierto a escribir nada. En teniendo ya el plan, todo el tra- bajo irá como sobre ruedas. ¡Si siquiera me saliese un plan logrado! Pero ¿será así? Quisiera escribir algo extraordina- rio. La sola idea de que los Anales Patrios puedan tacharme algunas cosas casi me paraliza la mano; pero de esto no se puede hablar en una carta

*

Ems, 28 (16) de julio de 1874.

…Debía ponerme al trabajo, y aún estoy ocupado con el plan. Este me trae a mal traer. Creo que los ataques me dejarán en paz, por lo menos durante el primer mes de tarea. Pero ¿qué pasaría si yo me quedase demasiado débil para el

Fedor Dostoievski trabajo, débil en sentido material, de suerte que no pudiera resistirlo tanto tiempo, cual ya me ocurrió antes?

*

Ems, 29 (17) de junio de 1874.

…Hace un tiempo mortal. Ya tengo algo resuelto para el plan, pero no sé si quedaré contento o no

*

Ems, 1 de agosto (20 de julio) de 1874.

…He elaborado aquí dos planes de otras tantas nove- las, y no sé por cuál de ellos optar. Si para agosto estuviéra- mos ya definitivamente acomodados, me pondría a escribir a fines del mes. ¿Me alcanzarán la fuerza y la salud para una labor de forzado cual la que hasta aquí hice? ¿Qué me ha pasado siempre? Pues que he terminado la novela, sí, pero a costa de mi salud estropeada. Si no me encuentro mejor que en la primera mitad del pasado invierno, no andará muy bien el trabajo

Epistolario de Dostoievski

DE NIKOLAI ALEKSIÉYEVICH NEKRÁSOV

A DOSTOIEVSKI

Petersburgo, 12 de octubre de 1874.

…Celebro mucho poder contar decididamente con su novela para el número 1 de 1875 de los Anales Patrios, según habíamos convenido. Hasta la vista, a principios de diciembre; si no viene usted en persona, mándenos el origi- nal; las pruebas pueden enviársele.

A NIKOLAI ALEKSIÉVICH NEKRÁSOV

Staraya Rusa, 20 de octubre de 1874.

…No puedo, naturalmente, como autor, decirle a usted nada sobre el éxito o el fiasco de mi obra, claro que desde mi punto de vista. Yo no hago más que escribir, y Dios sa- brá lo que ha de salirme. De todos modos me esfuerzo por que mi trabajo pueda salir en el número de enero, y segura- mente le avisaré a usted de antemano a fines de noviembre respecto a cómo vayan las cosas. En todo caso, lo más tarde que puede usted tener en su poder el original será el 10 de diciembre.

Fedor Dostoievski

DE NIKOLAI ALEKSIÉYEVICH NEKRÁSOV

A DOSTOIEVSKI

18 de diciembre de 1874.

Su novela está compuesta; hoy mismo le enviamos las pruebas. Las leeré y. le escribiré a usted en seguida.

A SU ESPOSA, ANNA GRIGÓRIEVNA

Staraya Rusa, 18 de diciembre de 1874.

…Ahora ya puede apretarme Nekrásov si algo va con- tra su gusto; sabe que el Ruskii Viéstnik no me ha de tomar ahora (es decir, para el año que viene) original, pues está atiborrado de novelas. Pero aunque tenga que ponerme a pedir limosna, no me apartaré una pulgada del camino tra- zado

Epistolario de Dostoievski

DE NEKOLAI ALEKSIÉYEVICH NEKRÁSOV

A DOSTOIEVSKI

18 de enero de 1875.

Queridísimo Fedor Mijailovich: Hoy hemos envia- do nuestro primer número a la censura; el jueves tiene que estar en la calle y ese mismo día se lo mandaremos a usted. Nos urge imprescindiblemente la continuación; si la tuvié- ramos, en cuatro días la componíamos. Le ruego, pues, nos la envíe o por lo menos nos diga para qué día podemos con- tar con sus cuartillas.

A SU ESPOSA, ANNA GRIGÓRIEVNA

Petersburgo, 6 de febrero de 1875.

Querida Anya: Ayer lo primero que hice fue ir a ver a Nekrásov, que me apremiaba de un modo horrible, pues los negocios no tienen espera. No te lo voy a contar todo; sólo diré que me recibió con afectuosidad extraordinaria. Está muy contento de la novela, aunque todavía no ha leído

la segunda parte; pero me dijo que Saltíkov la había leído y hecho grandes elogios de ella. Nekrásov no suele leer sino

He corregido en su casa parte de

las pruebas definitivas

Fedor Dostoievski

las galeradas, y el resto me las he traído. En las pruebas no me ha gustado mucho la novela. Nekrásov ha accedido de buen grado a hacerme un anticipo de doscientos rublos,

que ya tengo en mi poder

Después fui a cenar, a las siete,

con Máikov… Me recibió con gran cordialidad, al parecer, pero no tardé en advertir que algo raro ocurría. También

acudió Strájov. De mi novela, ni palabra, y seguramente por

no ofenderme

Avsieyenko ha despotricado en El Mundo

Ruso sobre El adolescente. Pero Máikov dijo que era una cosa estúpida. No he leído el artículo de El Mundo Ruso

*

Petersburgo, 8 de febrero de 1875.

…Luego fui a comer a casa de Wolf, volví a la nuestra,

y a las nueve tuve la visita de Strájov. Este me manifestó

clara y terminantemente que Máikov no tenía parte alguna en los rumores que respecto a mí han circulado y que ni siquiera tenía noticia de ellos. El adolescente no le gusta ni pizca. Alaba el realismo, pero encuentra la obra antipática,

y por ello muy aburrida, Me ha hablado en términos gene-

rales, muy objetiva y sinceramente; pero nada de eso hace

mella en mí, pues estoy convencido de que en la parte que sigue les demostraré que están equivocados.

En las Noticias de La Bolsa o en El Nuevo Tiempo (Strájov no recuerda bien) ha leído estos días un artículo muy largo sobre El adolescente. En él no alaban precisa- mente la novela, mas dicen que hasta aquí eran muchos los

Epistolario de Dostoievski que tomaban los tipos de Dostoievski por figuras de la fan- tasía, pero que ahora parece llegado el momento de cam- biar de opinión y reconocer que son profundamente reales y otras cosas por el estilo. En La Voz siguen la pauta de no hablar nunca de nada que se refiera a los Anales Patrios

*

Petersburgo, 9 de febrero de 1875.

…Apenas hube sellado ayer la carta que te envié cuan- do se abrió la puerta y apareció Nekrásov. Venía para ex- presarme el entusiasmo con que había leído el final de la primera parte (hasta ahora no la conocía, pues no lee el nu- mero de la revista sino en las capillas. antes de procederse a la tirada). «Me pasé toda la noche leyendo, completamente abandonado a esa tarea, cosa que, atendidos mi edad y mi estado de salud, no habría hecho tratándose de otro.»

Y ¡qué lozanía la suya, báriuschka! (lo que más le gustó fue la última escena con Liza), «Esa frescura no se encuentra ya hoy en ningún escritor.» En la última novela de Liov Tolstoi no hay más que repeticiones de lo que ya

antes había leído de él, sólo que lo de antes vale más (pala- bras de Nekrásov). La escena con el suicida y la narración le parecen el colmo de lo perfecto. Y, figúrate le han gusta- do también los dos primeros capítulos. «Lo más flojo— me dijo—es el capítulo octavo (o sea cuando el adolescente se esconde en casa de Tatiana), donde hay una serie de deta-

» Y, cosa notable, a mí, en tanto

lles puramente externos

Fedor Dostoievski

leía las pruebas, ese capítulo fue el que me agradó menos

y suprimí mucho de él. Nekrásov está la mar de contento.

«He venido para hablar con usted de todo lo demás. Por Dios, no se precipite usted, no eche a perder la cosa, ya que ha empezado tan bien.» Yo fui y le expliqué mi plan, que consiste en hacer un alto en marzo, publicar luego, en abril

y mayo, la segunda parte; hacer otro alto en junio y dar en

julio y agosto la tercera parte, y así hasta el final. Mostrase de acuerdo conmigo en todo. «Pero cuide de no estropear- lo.» Aquí intercaló la cuestión del dinero: ((Le corresponde por lo pronto novecientos rublos; doscientos los ha cobrado

ya, de suerte que aún puede pedir setecientos, ¿Tendrá usted bastante con que yo le haga ahora un anticipo de quinientos rublos?)) Yo le contesté: « ¡Ponga usted mil, mi querido amigo! » En seguida accedió. «Lo hago——me dijo—sólo en consideración a que usted este verano, antes que marche al extranjero, va a necesitar más.» En resumidas cuentas:

que los Anales Patrios me tienen en gran aprecio y que Ne- krásov quiere estar muy bien conmigo…

DE NIKOLAI ALEKSIÉYEVICH NEKRÁSOV

A DOSTOIEVSKI

19 de marzo de 1875.

Estimadísimo Fedor Mijailovich: Pasado mañana

sale nuestro tercer número. Necesitamos su original para

el cuarto. Díganos a vuelta de correo para qué día podemos

contar con él. Piense usted, sobre todo, si está en condi-

Epistolario de Dostoievski

ciones de podernos escribir la segunda parte para el cuarto

y quinto números, es decir, de enviarnos original para el

cuarto número, hasta el veinticinco o veintiséis de marzo, y

para el quinto, hasta el veinticinco de abril. Si tiene usted la menor duda respecto a ese punto, sería preferible prorrogar

la interrupción por un mes más, o hacer otro alto en la se-

gunda parte, y si sus dimensiones lo consienten, distribuir

el original en tres números de la revista, ateniéndonos se-

riamente a los plazos arriba indicados respecto a la entrega del original. Las dos cosas son posibles.

Piense usted en ello seriamente.

*

24 de marzo de 1875.

Estimadísimo Fedor Mijailovich: Celebramos mucho poder contar con la

novela para el cuarto número; aguardaremos hasta el 29

ó el 30, incluso hasta primeros del mes siguiente; más no

podemos, pues el 13 es Pascua y tenemos que enviar antes

el número a la censura.

Le he puesto a usted un telegrama. Verdaderamente, le he señalado el plazo extremo, y espero que usted se atenga a él en abril.

Fedor Dostoievski

A NIKOLAI ALEKSIÉYEVICH NEKRÁSOV

Staraya Rusa, 26 de marzo de 1875.

Estimadísimo Nikolai Aleksiéyevich:

Después de echar muy bien las cuentas, he llegado a la conclusión siguiente:

hasta el 25 ó 26 podré enviarle tres pliegos de la segunda parte, y de entonces al 1 y 5 de abril unos cinco pliegos, o sea la primera mitad de la segunda parte, a propósito de lo cual debo advertirle que la segunda mitad de la segunda parte, destinada al número de mayo, ha de ser cuatro o cua- tro pliegos y medio más corta.

Así se lo había escrito ya, antes de recibir su carta. Pero después de recibir ésta comprendí que ese plazo del día 25 de cada mes tenía para usted la importancia de un sacramento, y verdaderamente podía perjudicársele no ate- niéndose estrictamente a ese plazo fatal. Así que contesto a sus dos proposiciones como sigue: La distribución del ori- ginal en tres números no sería provechosa para el efecto de la novela, o sea para mí. Yo le enviaré a usted para el 25 ó 26 de marzo tres pliegos por lo menos, y luego, nunca des- pués del 29, de tres y medio a cuatro pliegos para el cuarto número. Para el 25 de abril le habré enviado infaliblemente el final de la segunda parte. De este modo, déjalo todo a su resolución. Si usted no quiere esperar hasta el 29 de marzo, no dé usted a las cajas más que lo que haya recibido hasta el 26. Y lo mismo digo para el 25 de abril. Pero yo desearía

Epistolario de Dostoievski que usted aguardase el resto para el 29. Debo confesarle que esa resolución se me hace dura, no por el plazo, sino por el efecto.

En cinco pliegos, según yo acordé al principio, podría resultar el final incomparablemente más interesante y más claro. Pero como no hay otro remedio, ya me desquitaré en la segunda mitad de la segunda parte. No me van a salir canas por ello.

Aguardar, aún un mes, es decir, no dar nada en abril, me parece muy mal. Pero vuelvo a repetirle lo que ya le dije de palabra; no crea usted que me precipito; más bien me reprocho mi excesiva actividad Tengo ya listo todo el borrador de la novela, de suerte que no hago ahora sino redactar lo ya escrito.

Tengo una gran curiosidad por saber qué hará usted des- pués que reciba mi envío del 26. Mi deseo sería, según le digo, que aguardase hasta el 26 y el 29, y luego el final de la segunda parte hasta el 25 de abril.

DE NIKOLAI ALEKSIEYEVICH NEKRÁSOV

A DOSTOIEVSKI

Petersburgo, 30 de abril de 1875.

Estimadísimo Fedor Mijailovich: En vez del original recibí ayer su carta. Hasta el 2 podemos aguardar, si es pre- ciso; pero más, no. No lo apremiamos a usted por exagera- do ordenan cismo, pero también el desorden debe tener sus

Fedor Dostoievski límites. El cuarto número saldrá el 25 y no el 15, sólo que,

por lo menos, el quinto número no podrá salir más tarde, sino más bien antes, pues en junio y julio estaré yo fuera, y temo que, no estando yo aquí, se retrase su salida un mes. Dígame usted cómo lleva la tercera parte, y no pierda de vista que yo marcho a fines de mayo y antes tenemos que hablar, de palabra o por carta. Envíe usted algo y perdone

mi regaño, que la edad lo hace a uno así.

A SU ESPOSA, ANNA GRIGÓRIEVNA

Ems, 4 (16) de junio de 1875, jueves.

…Lo peor es que ni siquiera he pensado aún en po-

nerme a trabajar; la nostalgia y toda esa quisquillosidad y

esas cochinadas le quitan a uno los ánimos

Anya: siempre me horrorizan las obligaciones que echo so- bre mí, pues veo que, por más que haga, no me va a quedar tiempo para escribir. Pero en cuanto salga de aquí todo se

hará imposible, pues en seguida vendrán el viaje, el trasla-

do a Petersburgo, y luego lo demás. Así que me entra una

tristeza enorme

Palomita mía,

*

Epistolario de Dostoievski

Ems, 7 (19) de junio de 1875, sábado.

…Todavía no he empezado el trabajo. No sé cómo voy

a escribir nada. De todos modos, tendré que estarme aquí

todavía cuatro semanas. Y ¿qué voy a hacer aquí yo solo, sin ti? Y sobre todo, que no tengo nada pensado, ni siquie- ra ultimado el plan en todas sus partes. Después de cuatro

(o acaso sólo tres) semanas, cuando salga de aquí, me será totalmente imposible, desde ahora lo veo, escribir nada; en Petersburgo tendré que andulear de acá para allá, buscando cuarto, y apenas tendré tiempo para estar con vosotros, pues en seguida tendremos que ponernos en camino. ¿Cómo voy

a

trabajar entonces? Siempre pensamientos tristes y dudas,

y

siempre solo conmigo mismo

Y si para colmo me honra

con su visita un ataque, ¡adiós todo trabajo! ¡Oh, cómo me apura sólo pensarlo, y, sin embargo, casi seguramente será

así!

Sin haber escrito algo de la novela, no puedo volver

allá

El 22 ó 23 no tengo más remedio que empezar a po-

ner en limpio el borrador y tener listo el plan, pues de lo

contrario, no podré enviar nada a los Anales Patrios.

Fedor Dostoievski

*

Ems, 10 (22) de junio de 1875, martes.

…No creo que vaya a estar aquí mucho. Y aunque no

Es

imposible aguantar más de lo que yo aguanto. Es, literal-

mente, un potro de tortura, es peor que estar en una cárcel.

Si siquiera pudiera trabajar, me distraería. Pero tampoco

puedo, pues aún no tengo plan y tropiezo con dificultades enormes. Cuando no se tiene pensada la cosa, no se puede emprender el trabajo. Sin contar con que la tristeza le quita a uno la inspiración, y ésta es lo principal… ¡Ah, si yo pu- diera escribir algo, o algo se me lograra! Esto me trae muy inquieto, pues aunque en Rusia también estaba solo, sabía,

tenga preparado nada de la novela, me volveré a casa

no obstante, que en la habitación contigua estaban los ni-

ños, y esto sólo me daba vida y fuerzas. Y, sobre todo, sabía

yo

que allí cerca tenía a mi Anya, que Verdaderamente es

mi

mitad

No te enfades, ángel mío, por esta tristeza que

respiran mis cartas. Si con la ayuda de Dios logro poner-

Tengo

mucho miedo a un ataque, pues hace ya mucho tiempo que

no me da ninguno. Si ahora me acometiese alguno iría a

repetirme tres veces en el mismo mes, como siempre me ocurre después de mucho tiempo de no darme. Y ¿qué sería entonces de la novela?

me a trabajar, ya verás cómo se me va esta murria

*

Epistolario de Dostoievski

Ems, 13 (25) de junio de 1875, viernes.

…Lo que más me apura es el fiasco del trabajo; me

pongo a escribir, me atormento y dudo, y no me siento con bríos para empezar. No se pueden escribir obras literarias por encargo, bajo la amenaza del látigo; para ello se requie- ren tiempo y libertad. Pero creo que pronto podré ponerme

a trabajar seriamente, aunque no sé lo que saldrá. Con esta

tristeza puede ocurrir muy bien que estrope toda la idea Me trastorna de raíz la idea de la novela y de lo que vaya a escribir. Ya no puedo dar más largas al asunto, y, además,

¿Qué va a ser este invierno de

nosotros, Anya, qué va a ser de nosotros? A mí me han vuel- to ya toda la espalda, y yo no he de correr detrás de ellos.

Hasta el Diario de San Petersburgo, que había elogiado El adolescente, ha debido de recibir luego orden de atacarlo, pues en el último número decía que el final de la segunda parte no pasaba de mediano y que il n’ y a rien de saillant. Ahora bien: pueden decirme todo lo que quieran, pueden hasta censurarme por exceso de efectos; pero no es lícito decir que no haya allí nada de saillant. Aunque ya veo que la novela está perdida; la enterrarán con todos los honores

que necesitamos dinero

y

en medio del general desprecio

Basta, el porvenir dirá,

y

no renuncio en modo alguno a mis energías para el futu-

ro

Fedor Dostoievski

*

Ems, 15 (27) de junio de 1875, domingo

…Sobre el trabajo, tengo formada mi opinión; es cosa perdida, había incluso empezado a escribir, pero es a todas

luces imposible que yo pueda enviarle nada a la revista para

el 25 de julio. Pero si no lo hago así, acabará por enfadarse

seriamente Nekrásov, y me negará el dinero en el momento de mayor apuro. Pero aquí, en esta soledad y con esta tris-

teza, no me va a salir bien el trabajo, me lo da el corazón;

Si no tuviera

sobre mí esa continua y pesada preocupación del trabajo, se me ensancharía el corazón. Sobre todo por las noches,

me entra una gran murria; las mañanas las paso mejor; por

eso he elegido las mañanas para trabajar

hay aquí ninguna, y aunque las hubiese, yo no voy a ellas. Siempre me parece que pierdo el tiempo; pero el caso es que me paso la vida metida en casa y sin embargo, no tra- bajo; me puse y empecé a escribir la primera cuartilla y no quedé satisfecho

Distracciones no

y además, que cada día aguardo el ataque

*

Ems, 18 (30) de junio de 1875, jueves.

Epistolario de Dostoievski …Por lo que a mi trabajo se refiere, no te diré nada;

todo está estancado y nada acaba de arrancar. El plan es lo único que tengo ya definitivamente trazado, pero aún no

empecé el trabajo ¿Qué va a ser de mí? horrible al ataque

do

tener paz del alma para trabajar, para escribir una novela

Y

Todavía no tengo escrita una cuartilla.

No lo sé. Además, tengo un miedo

Tú también me tienes muy preocupa-

¡Qué ansias tengo de Verte junto a mí! Y aún tengo que

¿cómo es eso posible?

*

Ems (21 de junio) 3 de julio de 1875, sábado.

…Pero cualquier ocupación intelectual durante la cura

la

El año pasado me lo dijo ya Orth, pero no le hice gran caso. El año pasado, en general, no trabajé yo así, o por lo menos

no tuve las preocupaciones y apuros que éste. Pero ahora que ya me he puesto a trabajar de vera en serio, ¿cómo voy a dejarlo? ¿Y Nekrásov? ¿Y los Anales Patrios?

He tomado una resolución y escrútale una carta a Nekrásov, explicándoselo todo. En ella le presento mis ex- cusas y le ruego encarecidamente: primero, no salir en el número de agosto, sino en el de septiembre; en cambio le prometo enviarle en ese caso algo bueno (y realmente, creo que algo bueno escribiré, pues el plan me ha salido de per- las y no en vano me dio tanto que hacer); segundo, de serle imposible acceder a mi petición, le hago presente que no

consideran sumamente perjudicial. ¿Qué va a ser de mí?

Fedor Dostoievski puedo enviarle más de dos pliegos y medio para el número

de agosto y, sobre todo, que con eso todo el efecto quedaría

No sé qué me contestará; pero en modo alguno

suspenderé aquí el trabajo; lo único que haré será reducirlo simplemente a la mitad.

malogrado

*

Ems (22 de junio), 4 de julio de 1875, lunes tarde.

…Ya comprenderás que desde mi carta de ayer, que habrás recibido antes que ésta, no puede haber ocurrido ninguna novedad, salvo, a lo sumo, el que mi novela se ha estancado y no hay quien la haga avanzar. Anhelo descanso. ¿Cuándo llegará?

DE NIKOLAI ALEKSIÉYEVICH NEKRÁSOV

A Dostoievski

20 de agosto de 1875

Estimadísimo Fedor Mijailovich: No tengo, natural- mente, nada que decir contra eso de que la continuación de la novela se aplace por otro mes más, y estoy por completo

Epistolario de Dostoievski de acuerdo con usted en que se le debe ofrecer al autor toda oportunidad de hacer su obra lo mejor posible.

Para el número noveno contamos seguramente con ella y aguardamos todos los días el original. Ya nos urge

Epistolario de Dostoievski

SOBRE «LOS HERMANOS KARAMÁSOVI»

A V. V. MIJAILOV

16 de marzo de 1878.

Tengo pensada y pronto empezaré una novela, en la cual, entre otras cosas, figurarán muchos niños, y por más

señas, de pocos años: de siete a quince. Las observaciones

de un hombre como usted serán para mí preciosas bame, pues, cuanto sepa de los niños:

anécdotas, costumbres, réplicas, frases y frasecillas, ras- gos característicos, circunstancias familiares, creencias, de- lincuencia e inocencia, nacimiento y educación, latín, etc., etc.; en una palabra: cuanto usted sepa.

Escrí-

A SU ESPOSA, ANNA GRIGÓRIEVNA

Noviembre de 1878.

Tuve una entrevista con Kátkov. Hablamos de la no-

Fedor Dostoievski vela. Se hizo cargo del manuscrito, y a mi observación de que tenía muchas correcciones me respondió que no impor- taba, que él conocía muy bien tu letra, y que esta de ahora era de las más claras. Luego me dijo que lo leería todo. ¿Piensa usted de veras pasarse entre nosotros cinco días o una semana?

*

Unos días después.

Fui a ver a Liubímov (socio de Kátkov) y hablamos de la novela. Kátkov estaba empeñado en leerla él; y por más que Liubímov le rogó que se la diese a leer a él, no consintió, por lo que hube yo de contarle a Liubímov el argumento, y le interesó mucho.

*

Noviembre, 10.

Kátkov no leyó el manuscrito, pero lo hojeó y se lo dio a leer a Liubímov. Este ha leído ya la tercera parte y la encuentra muy original.

A YÚRIEV

Epistolario de Dostoievski

Junio, 11.

Tocante a mi novela, le diré toda la verdad… La pensé y me puse a escribirla; pero aún dista mucho de estar terminada; sólo está empezada, Siempre me ocurre lo mis- mo; empiezo una novela larga (cuarenta a cuarenta y cinco pliegos) a mediados del año y estoy ocupado en ella hasta mediados del año siguiente.

A AKSAKOV

28 de agosto de 1880.

, un trabajo que me ha llevado tres años entre pensarlo, coor- dinarlo y escribirlo

y toca a su final

Estoy terminando los Karamásovi

Fedor Dostoievski

A LIUBÍMOV

(Con el envió de las últimas páginas del manuscrito.)

Noviembre, 8.

Ea; ya terminé mi labor. He trabajado en ella tres años

Epistolario de Dostoievski

SOBRE LA « VIDA DE UN GRAN PECADOR»

A APOLION NIKOLÁYEVICH MÁIKOV

Florencia, 11 (23) de diciembre de 1868.

…Ahora proyecto: 1°, una novela grande, titulada Ateísmo (pero, por el amor de Dios, que esto quede entre nosotros); no obstante, antes de ponerme a ella tendré que leerme toda una biblioteca de obras sobre ateísmo, de au- tores católicos y griegos ortodoxos. Y aun en las circuns- tancias más favorables, no podría estar terminada la novela hasta de aquí a dos años. La figura principal ya la tengo. Un ruso de nuestra clase distinguida, ya entrado en años, ni muy culto ni muy ignorante, no mal situado socialmente, pierde de pronto, ya al cabo de su vida, la fe en Dios. Du- rante toda su vida no pensó más que en su empleo, siguió los carriles de la rutina y llegó a los cuarenta y cinco años sin haberse distinguido en nada. (La solución es puramente psicológica; sentimiento hondo, humano y auténticamente ruso.) La pérdida de la fe prodúcele una gran impresión (la acción de la novela y el medio son fuertes). Pugna por ad- herirse a la nueva generación de ateos, eslavos, occidentali- tas, sectarios y anacoretas rusos, a los curas, yendo a parar,

Fedor Dostoievski entre otros, a poder de un jesuita polaco, para dar luego en el abismo de la secta de los jlisti ( 22 )

y encontrar, finalmente, la salvación en la tierra rusa, la salvación rusa y el Dios ruso. (Por amor de Dios, no le ha- ble usted de esto a nadie; después de escribir esa última novela ya no me importará morir, pues habré vertido en ella todo lo que llevo sobre el corazón.)

Mí querido amigo: Yo tengo de la realidad y del realismo otra idea muy distinta a la de todos nuestros realistas y crí- ticos. Mi idealismo es más realista que el suyo. ¡Dios mío! ¡Si quisiéramos echar la cuenta objetivamente de cuánto nosotros, los rusos, hemos adelantado en nuestra evolución moral, saldrían los realistas levantando el grito y diciendo que todo eso es pura fantasía? Y, sin embargo, ése es el rea- lismo auténtico. ¡Ese es el verdadero y profundo realismo! El de ellos es enteramente superficial.

Esa figura de Liubim Tórzov ( 23 ), ¿no resulta, bien mi- rada, espantosamente insignificante? Y ésa es la más osada tendencia de su realismo. A eso llaman realismo profundo! Con un realismo así no puede explicarse ni la centésima parte de los hechos reales. Mientras que nosotros, con nues- tro idealismo, hemos incluso predicho muchos hechos. Esta es la verdad pura. Amigo mío, no se ría usted de mi fanta- sía; pero yo soy como Pablo: «Puesto que nadie me ama, me amaré yo.»

Pero, sea como fuere, tengo que vivir. No arrastraré al Ateísmo por los suelos (además, tengo mucho que decir sobre el catolicismo y el jesuitismo, comparados con la or-

22 Secta de flagelantes muy extendida en Rusia.

23 Protagonista de un drama de Ostrovski.

Epistolario de Dostoievski todoxia). Tengo también el plan de una novela algo larga, de unos doce pliegos, que me parece verdaderamente ten- tadora. ¿Por cuál de las dos me decidiré, y a quién ofreceré luego mi trabajo? ¿A la Sari? Pero yo tengo la costumbre de pedir siempre anticipos, y con la Sana eso no parece fá- cil

A SU SOBRINA SOFÍA ALEKSÁNDROVNA

IVÁNOV-JMÍROV

Florencia, 6 febrero (25 de enero) de 1869.

…De lo que El Mensajero Ruso conteste a mi petición de dinero depende todo. Pero aun suponiendo que la contes- tación sea favorable, seguirá siendo mi situación harto inse- gura. No tengo más remedio que regresar inmediatamente a Rusia; aquí desperdicio toda ocasión de escribir algo, pues no tengo a mano el material preciso: la realidad rusa (de donde yo saco mis ideas) y los rusos. A cada momento ten- go que consultar o inquirir algo, y no sé dónde. Ando ahora a vueltas con el plan de una novela gigantesca, que en todo caso, y aunque no se me lograra del todo, haría gran im- presión por el tema. Es éste el ateísmo (nada de atacar a las convicciones que hoy se extienden en torno nuestro, sino otra cosa: un verdadero poema). Eso tiene que subyugar al lector aun contra su voluntad. Pero no tengo más remedio que hacer grandes estudios previos. Tengo ya pensados ad- mirablemente dos o tres personajes; entre otros, un católico

Fedor Dostoievski exaltado y sacerdote (por el estilo de San Francisco Fanier).

Pero aquí no puedo escribir nada. De esta obra seguramente podré vender una segunda edición y sacar mucho dinero; pero ¿cuándo? De aquí a dos años. (No le hable usted a nadie de mi proyecto.) Entre tanto, tendré que escribir otra cosa para ganar el pan de cada día. Todo esto es horrible. Es menester que las circunstancias varíen. Pero ¿cómo van a cambiar? No tiene más remedio que operarse un cambio en

mi

situación. Pero ¿de dónde va a venir ese cambio?

*

Florencia, 8 (20) de marzo de 1869.

…Veo que no le hablo a usted hoy más que de mí; pero

ya

ciencia. De todas esas cosas literarias dependen ahora todo

mi porvenir y mi regreso a Rusia. Mi deseo más ardiente

es abrazaros a todos y quedarme para siempre ahí, a vues- tro lado; quizá se me logre algún día. No necesito decir,

amiguita mía (y seguramente usted me comprenderá), que toda mi actuación literaria sólo tiene para mí un valor ideal determinado, sólo encarna un fin, una esperanza, y que yo

no lucho por la gloria ni por el dinero, sino única y exclusi-

vamente por la síntesis de mis ideas artísticas y poéticas, y

que estoy en ello, seguiré y le ruego me escuche con pa-

que antes de morirme quisiera expresar de lleno en alguna obra lo que rebosa en mi espíritu.

Por el momento ando a vueltas con el plan de una novela. Se titulará Ateísmo, y creo que lograré decir en ella

Epistolario de Dostoievski todo lo que quiero. Pero fíjese usted, querida amiguita: aquí no puedo escribir. Debía estar en Rusia, verlo y oírlo todo e intervenir inmediatamente en la vida rusa; y aun así, ese trabajo me llevaría dos años cuando menos. Aquí no puedo acometerlo y tengo que escribir, entre tanto, otra cosa

A APOLLON NIKOLÁYEVICH MÁIKOV

Florencia, 15 (27) de mayo de 1869.

…Ya le he escrito a usted que tengo una idea literaria (una novela, una parábola del ateísmo), de la que toda mi actuación literaria hasta el presente no es más que el prólo- go y a la que consagraré ya todo lo que me quede de vida. Pero aquí no puedo desarrollar esa idea; imposible. No ten- go más remedio que estar en Rusia. Sin Rusia no puedo escribir

A SU SOBRINA SOFÍA ALEKSÁNDROVNA

IVÁNOV-JMÍROV

Dresde, 29 de agosto (10 de septiembre) de 1869.

…Estoy ahora totalmente embebecido en una idea; pero no puedo proceder inmediatamente a desarrollarla, pues no

Fedor Dostoievski estoy debidamente preparado, teniendo antes que pensarlo mucho y allegar materiales. Así que tengo que reprimirme y escribir antes algunas novelitas nuevas. Eso es horrible. Es para mí un enigma lo que me aguarde y el rumbo que tomarán mis cosas

*

Dresde, 14 (26) de diciembre de 1869.

…A ése (El Mensajero Ruso) le tengo reservado algo mejor: una novela de la que sólo se publicará allí la primera parte. El total tardará en estar listo cinco años, y constará de tres novelas enteramente independientes entre sí. Esa nove- la es toda mi esperanza, el fin supremo de mi vida, y no sólo tocante al éxito económico. Encierra mi idea capital, que ha ido cuajando en mí durante los dos años últimos. Pero no puedo precipitarme a escribirla, pues no quiero estropear- la. Esa idea lo representa todo para mí hasta el momento

De otra parte, tendría que estar en Rusia para es-

presente

cribirla. La segunda parte de mi novela se desarrolla en un monasterio. No sólo necesito ver muchas cosas (muchas he visto ya), sino también vivir en el mismo monasterio. De ahí que se me haga tan cuesta arriba vivir en el extranjero; no tengo más remedio que volver a Rusia

Epistolario de Dostoievski

A NIKOLAI NIKOLÁYEVICH STRÁJOV

Dresde, 26 de febrero (10 de marzo) de 1870.

…Se lo digo a usted sinceramente: no he ideado nunca ningún tema pensando en el dinero ni en el deber, para te- ner listo en el plazo señalado algún trabajo prometido. Los compromisos no me preocupan hasta que tengo ya pensado el tema que verdaderamente quiero desarrollar, y cuyo des- envolvimiento estimo necesario. Un tema así tengo ahora. No me extenderé sobre esto, limitándome a decirle que ja- más se me ocurrió una idea mejor ni más original ( 24 ). Pue- do asegurarlo así sin que me tilden de inmodesto, porque sólo hablo de la idea y no de su ejecución. Esta depende de Dios; puede suceder que yo lo estropee todo, como tantas veces me ha pasado; pero una voz interior me dice que tam- poco ha de abandonarme la inspiración cuando me aplique

a desarrollar la idea. Sea como fuere, respondo de la nove-

dad de la idea y la originalidad del estilo, y estoy ya que me

consumo. Será una novela en dos partes, de lo menos doce

y quizá quince pliegos cada una (así calculo)

Espero, pues, su contestación, y le ruego viva y en-

carecidamente me envíe si le es posible, a cuenta de mis futuros honorarios (como ya me envió usted una vez Guerra

y paz, de Tolstoi), el libro de Stankévich sobre Granovski

24 En la primavera de 1870 Dostoievski iba viendo cada vez más claro el paso de lo Vida de un gran pecador a Demonios.

Fedor Dostoievski ( 25 ). Me hará usted un gran favor, que no olvidaré nunca.

Me es tan indispensable ese libro como el aire para respirar,

y lo necesito urgentemente, pues ha de servirme de material

para mi obra, y sin antes leerlo no puedo hacer nada. No lo olvide usted, por Cristo; envíemelo en seguida, sea como fuere

*

Dresde, 24 de marzo (5 abril) de 1870.

Me apresuro, querido Nikolai Nikoláyevich, a con- testar su carta, y empezaré hablándole de mí. Le diré ter- minante y sinceramente que, después de bien echadas las cuentas, no puedo comprometerme a enviarle la novela para

el otoño. Lo considero absolutamente imposible, y le ruego

a la Dirección no me apremie, pues quiero hacer mi trabajo

con el mismo cuidado y esmero que esos señores (es decir, los grandes). Sólo garantizo que la novela estará terminada para enero del próximo año. Estimo ese trabajo más que todo. Aprecio más esa idea que todos mis otros planes, y

Llevo ya tres años preocupado

con la idea de esa novela, no habiendo podido hasta ahora decidirme a acometer esa tarea en el extranjero, pues que- ría dejarlo para cuando estuviese en Rusia. Pero en estos tres años he madurado toda el plan, y creo que la primera parte (que destino a la Saria) puedo empezarla aquí, pues

quiero desarrollarla bien

25 En la figura de Stepán Trofimovich de Demonios puso Dostoievski rasgos del humanista Granovski.

Epistolario de Dostoievski su acción se desarrolla unos años atrás. No se asuste us- ted al oírme hablar de una primera parte. Esa idea requiere gran amplitud; tanta, por lo menos, como Guerra y paz, de Tolstoi. Será, hablando propiamente, un ciclo de cinco novelas distintas, independientes entre sí (exceptuando las dos centrales), que podrán muy bien publicarse en distintas revistas, como otras tantas novelas completas y acabadas. Por lo demás, llevarán todas como título general el de Vida de un gran pecador, y cada una de ellas tendrá también su título particular. Cada parte (o sea cada novela) hará unos quince pliegos, a lo sumo. Para escribir la segunda novela no tengo más remedio que estar en Rusia, pues la acción se desarrolla en un monasterio ruso, y aunque yo conozco muy bien los monasterios de mi país, necesito ir a Rusia. De buen grado le daría más pormenores; pero ¿qué es lo que se puede decir en una carta? Le repito que me es ab- solutamente imposible tenerle la novela para este año; no me apremie usted, y puede que se encuentre luego con un trabajo concienzudo, bueno (por lo menos, yo he hecho de esa idea la finalidad de mi futura actuación literaria, pues no puedo hacerme ilusiones de vivir y crear todavía más de seis o siete años)

A APOLION NIKOLÁYEVICH MÁIKOV

Dresde, 25 de marzo.

El trabajo para El Mensajero Ruso no me ha de cansar mucho; en cambio, a la Saria le he prometido un trabajo de- cente, y me esmerará. Este último trabajo hace ya dos años

Fedor Dostoievski que lo llevo en la cabeza. Es la misma idea que ya le dije a usted. Esa será mi última novela; tendrá las dimensiones de Guerra y paz. Como ya le conozco a usted por nuestros antiguos coloquios, sé que la idea ha de gustarle. La novela constará de cinco grandes narraciones (cada una de quince pliegos; en los dos años he madurado por completo el plan). Las referidas narraciones serán de todo punto independien- tes entre sí, de modo que se las pueda vender por separado. La primera se la tengo destinada a Kaschpírev; se desarrolla en el año 40. El título de toda la novela será: Biografía de un gran pecador, pero cada parte llevará su título particu- lar. Con la idea principal, que ha de desarrollarse a lo lar- go de cada una de sus partes, me he estado atormentando, consciente o inconscientemente, toda la vida; es el proble- ma de la existencia de Dios. El protagonista es tan pronto ateo como creyente, fanático y sectario, para recaer luego en el ateísmo. La segunda novela tendrá por escenario un monasterio. En esa segunda parte tengo puestas todas mis ilusiones. Puede que al cabo digan que yo escribo algo más que puros desatinos. Sólo a usted, querido Apollon Niko- láyevich, me confío; en la segunda novela figurará como protagonista el santo Tijón Sadonski, claro que con otro nombre, pero también será un obispo que se ha acogido a la paz del claustro. Un chico de trece años que ha tomado par- te en un grave crimen, un chico muy despejado, pero muy pervertido (conozco el tipo), futuro protagonista de toda la novela, ha sido internado por sus padres en el monasterio para que allí se eduque. El lobezno, el niño nihilista, Vive en compañía de Tijón Sadonski. En el mismo monasterio se hallará también Schaadáyev ( 26 ) (claro que también con

26 Piotr Yakolevich Schaadáyev (1766-1856), filósofo, autor de la Car- ta filosófica, por cuya publicación hizo Nicolás I que lo declarasen loco. En ella afirmaba que Rusia, por su incapacidad aparente para producir algo propio, no tenía derecho a la vida entre los demás pueblos.

Epistolario de Dostoievski nombre distinto). ¿Por qué Schaadáyev no había de pasar un año en el monasterio?

Piensa usted que Schaadáyev, después de aquel pri- mer artículo, por mor del cual todas las semanas recono- cían le los médicos para comprobar su estado mental, no pudo contenerse y publicó un segundo artículo, pongamos en francés, allá en el extranjero, cosa muy verosímil, y que por ese segundo artículo lo hubieran condenado a un año de enclaustramiento. Pero en el monasterio puede Schaadáyev recibir la visita de Bielinski, Granovski y hasta Puschkin (pero no debe decirse nada del verdadero Schaadáyev; yo pienso aprovechar únicamente el tipo). En el monasterio se halla también Pablo el Prusiano ( 27 ), un tal Golúbov ( 28 ) y un monje, Parfenii (ese ambiente me lo sé yo de memoria; desde mi infancia estoy familiarizado con el monasterio ruso). Pero los personajes principales son Tijón y el mu- chacho. Por Dios, no le cuente usted a nadie el argumento de la segunda parte. Yo no tengo costumbre de hablar del asunto de mis obras futuras con nadie, siendo usted la única persona con quien me confieso, y aunque los demás pudie- ran considerar como baladí mi plan, yo lo tengo en altísima estima. No le hable usted a nadie de Tijón. A Strájov le he hablado del ambiente del monasterio, pero no le he men- tado a Tijón. Quizá acierte a crear una figura mayestática, positiva, santa. Debe ser algo distinto que Costanchoglo y que el alemán del Oblómov, de Gonchárov. Probablemente no crearé nada, sino que pintaré al verdadero Tijón, que de antiguo llevo amorosamente dentro del corazón. Pero tam- bién una fiel pintura, si me sale bien, la consideraré como una gran cosa. No le hable usted a nadie de esto. Pero para

27 Personaje de la novela Almas muertas, de Gógol. 28 Personaje que en la novela de Gonchárov Oblómov hace de con- traste con el apático protagonista por su actividad práctica, y trata de estimularlo a la acción.

Fedor Dostoievski escribir esa segunda parte de la novela, que se desarrolla en el monasterio, tengo que estar irremisiblemente en Rusia.¡ Ah, sí quisiera salirme bien! La primera parte trata de la in- fancia de mi héroe. Claro que no figuran allí sólo niños; es una verdadera novela. Esa primera parte puedo, afortunada- mente, escribirla en el extranjero; se la ofreceré a la Soria. ¿Me la tomarán? Mil rublos no son, después de todo, unos honorarios excesivos.

Epistolario de Dostoievski

JUICIO DE DOSTOIEVSKI SOBRE SU PRIMERA MUJER

CARTA AL BARÓN WRANGEL

Mi mujer, María Dmitrievna, ha muerto de tubercu- losis en Moscú adonde se había trasladado un año antes. Yo fui a reunirme allí con ella, y todo el invierno de 1864 me lo pasé a la cabecera de su cama; el 16 de abril del año último pasó a mejor vida, con pleno conocimiento, y como se despidió de todos nosotros y tuvo un recuerdo para todos nuestros amigos, también para usted lo tuvo. Con esta carta se lo transmito a usted, querido, bueno y viejo amigo. ¡Ten- ga usted para ella también un recuerdo bueno y afectuoso! ¡Oh amigo mío, me amó con un amor sin límites, y yo tam- bién la amaba a ella sobre toda ponderación, sólo que no podíamos ser felices viviendo juntos! Cuando volvamos a vernos, se lo contaré a usted todo; ahora sólo puedo decirle que nosotros no podíamos dejar de amarnos, aunque por culpa de su carácter raro, irritable y fantásticamente morbo- so éramos muy desgraciados cuando vivíamos juntos. Pero cuanto más desdichados éramos, tanto más nos amábamos. Por extraño que esto pueda parecer, así era la verdad. Era ella la más honrada, noble y generosa de todas las mujeres que he conocido en mi vida. No obstante el hondo pesar del año anterior a su muerte y el dolor de verla morir; no obs- tante saber y sentir con duelo amargo lo que con ella se me

Fedor Dostoievski iba al sepulcro, no podía yo figurarme ni remotamente lo desierta y árida que quedaría mi vida desde el punto y hora en que la tierra hubiera cubierto su cadáver.

FIN DEL «EPISTOLARIO DE DOSTOIEVSKI»

Epistolario de Dostoievski

LA MUJER DE DOSTOIEVSKI, CRÍTICO:

OBSERVACIONES DE ANNA GRIGÓRIEVNA SNITKINA A ALGUNAS OBRAS DE SU MARIDO

ACERCA DE «CRIMEN Y CASTIGO»

En la calle de S…, en el puente de K

Calle Stolyarna, puente de Kokuschkin.

Puente de T…v.

Puente de Tústchkov.

Al desembocar de la perspectiva V

a la plaza, vio de

pronto, a mano izquierda, la puerta de un corral rodeado de muros sin ventanas.

Perspectiva Vosnesenskii. Durante las primeras sema- nas de casados me llevó mi marido, dando un paseo, ante el patio de una casa y me mostró la piedra debajo de la cual había escondido Raskólnikov los objetos robados a la vieja. Aquel patio se encontraba en la Perspectiva Vosnesenskii… la segunda después de pasada la calle Maksimilianovskii. En su lugar han edificado ahora una gran casa, donde tie- ne su Redacción Deutsche Zeitung. A mi pregunta: « ¿Y cómo diste tú con ese patio hondo y desierto?», contestó

Fedor Dostoievski me Fiador: «Pues por la misma razón porque suelo buscar lugares apartados del gentío… así ocurre cuando uno se encarga los trajes en casa de un buen sastre.» Dostoievski se hacía los trajes en casa de Scharmer, célebre sastre de aquel tiempo.

—Es en la Perspectiva Vosnesenskii

—atájale Razúmijin—; pero allí se alquilan dos pisos amueblados; el casero es el comerciante Iuschin

Esos cuartos amueblados se encontraban en la es- quina de la Perspectiva Vosnesenskii y la calle Kazán, en la casa número 43-22, donde ahora está el paso a la fonda. Así me lo dijo Fedor, contestando a preguntas mías.

…Un incendio

,

otro incendio

El año 60, el Lado Petersburgués componíase casi por completo de casas de madera, razón por la cual eran allá muy frecuentes los incendios.

Al salir de la plaza fue a desembocar en la calle N

Calle Táirov, junto a la Sennaya.

¡Ah! ¡E