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La vida de Wolfgang Amadeus Mozart, uno de los nombres inmortales de la música, contradice la

regla que dice que los jóvenes talentos tendrán una madurez opaca y no sobresaldrán. Su padre
entró a su cuarto un día con un amigo, y encontró al niño con una partitura en la mano. El pequeño
Mozart, sin nisiquiera cinco años de edad, le dijo a su padre que estaba escribiendo un concierto
para piano. El padre lo examinó, y lágrimas de alegría y sorpresa cubrieron su rostro al percibir lo
"correcto" que era.

"Es bueno, pero muy difícil para uso general," dijo el amigo.

"Oh," dijo Wolfgang, "hay que practicarlo hasta que se aprenda. Esa es la forma de hacerlo." Y
diciendo eso, tocó su concierto en el piano con total limpieza y perfección.

Durante la misma época, se ofreció a tomar el violín en una agrupación de música de cámara. Su
padre se rehusó, diciendo, "Como podrás hacer eso? Nunca aprendiste a tocar el violín."

El pequeño Mozart

"Uno no necesita estudiar para eso," respondió el prodigio musical; y tomando el instrumento, tocó
el segundo violín con facilidad. Tal precocidad parece casi increíble, y no hay otro paralelo en la
historia de la música.

Nacido en Salzburg, el 27 de Enero de 1756, fue entrenado por su dedicado padre, que renunció a
su puesto como músico de corte para tener más tiempo con su familia. Desde una temprana edad
mostró una extraordinaria pasión por la música y las matemáticas, dibujando notas y diagramas en
todos los lugares accesibles a su insasialbe lápiz.
Cuando fue llevado a Vienna, el virtuoso de seis años sorprendió a la
corte con sus brillantes talentos. La futura reina de Francia, Maria
Antoinette, estaba particularmente encantada con él, y el pequeño
Mozart inocentemento dijo que se quería casar con ella. Su padre
dedicó muchos años a un tour artístico, con él y su pequeña hermana
menos talentosa, a través de las ciudades alemanas, y también se fue
extendiendo a París y Londres. En todas partes el más grande
entusiasmo era despertado en el público por el joven que prometía
mucho. En una carta, el padre escribe a casa: "tenemos espadas,
lanzas, cajas de oro, suficientes para abastecer una tienda; pero dinero,
es un artículo escaso para nosotros".

En París fueron recibido positivamente en la corte, y se dice que el


niño dijo que expresó su sorpresa cuando Madam Pompadour se
rehusó a besarlo, diciendo: "Quién es ella, que no me va a besar? A
caso la reina no me ha besado?" En Londres sus improvisaciones y
sonatas para piano despertaban gran admiración. Aquí también
publicó su tercer obra. Estos viajes eran una ininterrumpida cadena de
triunfos para el pequeño virtuoso en el piano, violín, órgano y canto. El primer hogar de Mozart
Lo nombraron miembro honorario de las Academias de Bologna y
Verona, y recibió a la edad de trece años un pedido para escribir la ópera "Mithridates", la cual fue
producida con éxito en Milán en 1770. Muchas otras composiciones menores datan de este tiempo,
las cuales eran dedicadas a sus admiradores italianos. En Roma, Mozart visitó la Capilla Sixtina y
escribió la partitura de la gran misa de Allegri, cuya copia estaba prohibida al público, oyéndola una
sola vez.

Los triunfos del joven Mozart ocuparían muchos más párrafos; pero aparte de ser una prueba de su
extraordinaria precocidad, tuvieron poca significancia en su gran carrera, excepto si consideramos
que estimularon al pequeño a tener una buena base para su futuro aún más brillante, que, a pesar de
ser corto, fue productivo en resulatados que no se olvidarán.

II.

La vida de Mozart en París, donde vivió con su madre en 1778 y 1779, fue una desilusión, porque
comenzó a despreciar a la nación francesa. Su profunda y simple naturaleza alemana se revelava
contra la frivolidad Parisina, en la que solo encontraba sensualidad y bajeza, escondidad bajo una
fina capa de gracia social. Detestaba la música francesa, diciéndo de esta: "Los francesas son y
siempre serán simples burros. No pueden cantar, gritan." Durante la misma época en que Gluck y
Puccini tenían sus grandes duelos artísticos. Podemos ver la religiosidad del joven compositor en su
descripción de Voltaire: "El impío villano, Voltaire, acaba de morir como un perro." Luego
escribiría: "Amigos que no tienen religión no pueden ser mis amigos... Tengo un tal sentido de la
religión que nunca haría nada que no lo haría ante todo el mundo."

Con el retorno de Mozart a Alemania en 1779, teniendo entonces veintitrés años de edad, se termina
su periodo clásico como compositor. La mayor parte de sus misas ya habían sido escritas, y ahora se
dispuso a cultivar seriamente el verdadero género operático alemán. La finalización de esto es la
producción de "Idomeneo", su primer gran obra lírica.

El joven compositor tenía grandes problemas de pobreza durante estos días. Las cartas a su padre
muestran sus fricciones con las pequeñas preocupaciones de la vida. La falta de dinero lo afectaba
profundamente, pero siempre mostrando su característico buen humor. "Tengo solamente un
pequeño cuarto; está lleno con un piano, una mesa, una cama y un cofre con cajones," escribe.

Se casaría; porque deseaba enfrentarse a la pobreza con la compañía de una mujer que lo amara y
que se atreviera a ayudarlo a enfrentarla. En Manneim conoció a una hermosa joven cantante,
Aloysia Weber, y fue a Munich para ofrecerle matrimonio. Ella, sin embargo, no vio nada de
atractivo en el flaco y débil jovencito, con su gran nariz, grandes ojos y pequeña cabeza; no tenía
nada de atractivo. Su hermana menor, sin embargo, amaba secretamente a Mozart, con quien se
casó en 1782 en la casa de la baroneza de Waldstetten. Las razones por las cuales Mozart decidió
casarse muestran su naturaleza ingenua. La respuesta a su padre, quien se oponía al matrimonio
debido a su pobreza, vale la pena rescatar:

"Constance es una mujer de buena conducta, de linaje respetable, y estoy en la posición de por lo
menos ganar el pan de cada día para ella. Nos amamos, y estamos decididos a casarnos. Todo lo que
has escrito o que posiblemente escribirás acerca de la situación no puede ser más que buen consejo,
el cual, sin embargo bueno y sensible, no se puede aplicar a un hombre que ha llegado tan lejos con
una mujer."

A pesar de su pobreza, Mozart poseía tal integridad e independencia que hasta lo llevó a no aceptar
una muy buena oferta del rey de Prusia para convertirse en su director de orquesta, por alguna razón
desconocidad que afectó su sentido del bien y el mal. El primer año de su matrimonio compuso "Il
Seraglio", y conoció al anciano Gluck, quien mostró un profundo interés en él y calurosamente
felicitó al genio. Haydn, también, reconocía sus brillantes capacidades. "Yo le digo, por la palabra
de un hombre honesto", dijo el autor de "La Creación" a Leopold Mozart, el padre, quien le pidió su
opinión, "que considero a su hijo el más grande compositor que haya oído. Escribe música con buen
gusto, y posee un completo conocimiento de las técnicas de composición."

La pobreza y los gastos que iban en aumento siempre fueron problemas para Mozart. A pesar de
todo, su creatividad no se vio afectada. Su genialidad era insaciable e incansable. Creó sinfonías,
óperas y sonatas con tal prodigalidad que sorprende, aún teniendo muchos otros ejemplos de
prolíficos músicos. Como artista y compositor su trabajo nunca cesó. Día tras día y noche tras noche
descansaba apenas una hora, para luego seguir con su obra. Hasta podríamos pensar que presentía
cuan corta sería su vida, y estaba con prisa para conseguir la mayor cantidad de resultados posibles.

Siempre fue perseguido por las necesidades. Muchas veces su esposa enferma no podría conseguir
sus medicinas. Ganaba más dinero que la mayoría de los músicos, sin embargo siempre estaba
empobrecido. Su gloria no estaba en lo sensual, la vida extravagante o desordenada, pero en la
generosidad que mostraba con los que en muchos casos necesitaban menos ayuda que él mismo.
Como muchos otros hombres de genialidad y sensibilidad, no podía decir "no" al menor dolor o
sufrimiento que mostraran sus semejantes.

III.

El punto culminante en el desarrollo artístico de Mozart fue en 1786. "Las Bodas de Figaro" fue la
primera de una serie de obras maestras que no son superadas tanto por su música como su manejo
del escenario lírico. El siguiente año "Don Giovanni" vio la luz, fue producida en Praga. La
overtura a esa ópera fue compuesta en menos de seis horas. Los habitantes de Praga recibieron la
obra con gran entusiasmo, parecían comprender mucho mejor al genio que los propios Vieneses.
Mozart en 1789

Durante este periodo hacía frecuentes giras de conciertos para conseguir algo de dinero, pero con
poco éxito. Regalos como relojes y anillos eran comunes, pero las ganancias de Mozart eran tan
escasas que se veía obligado a vender estos regalos para poder pagar una cena y alojamiento. Qué
ironía que su público lo adorase, pero que lo dejara pasar hambre! Sus audiencias tenían tanta
admiración que hasta eran capaces de llevarlo a cuestas hasta el hotel, pero probablemente nunca
pensaron que una buena cena talvez fuera un mejor agradecimiento.

En nuestra sociedad, donde los artistas destacados ganan fortunas dignas de reyes por el ejercicio de
sus talentos musicales, no es fácil creer que Mozart, reconocido como el más grande pianista y
compositor de su tiempo en toda Alemania tuviera que sufrir tanto la pobreza. En 1791 compuso
"La Flauta Mágica", a pedido de Schikaneder, un empresario Vienés, quien había escrito el texto a
partir de un cuento de hadas, mostrando un humor típicamente alemán. Mozart puso mucha
dedicación en esta obra, y la convirtió en la primer gran ópera alemana. El pago que recibió el
compositor fue insignificante, teniendo en cuenta que esta ópera le permitió construir una nueva
casa de la ópera y lo ayudó a construir una gran fortuna. También se cuenta que, el día de la muerte
de Mozart en la miseria total, cuando su esposa enferma, no tenía el dinero para comprar un ataúd
para su esposo, este empresario iba por Viena lamentando la pérdida, pero que no fue capaz de
pagar los gasto de un entierro decente.

En 1791 la salud de Mozart se estaba deteriorando con gran rapidez, sin embargo, él nunca
reconocía su destino que se aproximaba. Sentía una profunda melancolía la cual nada podía
remediar. Por primera vez su habitual buen humor lo abandonó. Su esposa había viajado para visitar
las aguas curativas de Baden.

Ocurrió un incidente que lo impresionó profundamente a Mozart. Una noche lo visitó un extraño,
vestido de gris, con una orden para componer un réquiem sin falta en un mes. El visitante, sin
revelar su nombre, se marchó en la oscuridad, así como había llegado. Una vez más el extraño
llamó y le recordó amablemente a Mozart de su promesa. El compositor se convenció de que éste
era un visitante del otro mundo, y que el réquiem sería para él mismo. Cuando su esposa volvió, lo
encontró con una palidez de muerto en la cara, en silencio y melancólico, trabajando con total
concentración en la misa funeral. El visitante misterioso, a quien Mozart consideró un mensajero de
la muerte, hoy sabemos que en realidad era el Conde Walseck, quien había perdido a su esposa, y
deseaba hacerle un homenaje musical.

La enfermedad atacó al compositor mientras trabajaba en el requiem. El mundo musical no dejaba


de hablar de su última ópera. Innumerables halagos le eran propinados por parte de empresarios,
que se habían dado cuenta de su genialidad demasiado tarde. El gran Mozart estaba muriendo en su
juventud, cuando el éxito comenzaba a sonreirle y el mundo le abría los brazos, todo fue demasiado
tarde.

El réquiem sin terminar quedó en su cama, y sus últimos esfuerzos fueron para imitar los sonidos de
algunos instrumentos, mientras terminaba su vida en los brazos de su esposa y su amigo Süssmaier.

El réquiem de Mozart

El epílogo de este drama es uno de los más tristes en la historia del arte: un funeral de mendigo para
uno de los más grandes genios de la humanidad. "Era una tarde de invierno," cuenta un antiguo
registro, "cuando el cajón fue depositado en los pasillos de los costados al sur de San Esteban. Van
Swieten, Salieri, Süssmaier y dos músicos desconocidos fueron las únicas personas presentes
además del sacerdotes y los cavadores." El gran compositor encontró su descanso en la "tercera
clase". El clima estaba inclemente, y obligó a los pocos acompañantes que abandonaran el lugar.

IV.

Las encantadoras cartas de Mozart nos revelan su naturaleza amable y afecuosa, haciéndonos
admirar no solamente al genio sino también a la persona. Su buen sentido del humor se puede ver
en cada frase. No hay mejor manera de conocer a Mozart que a través de su correspondencia.

Cierta vez le escribe a su hermana desde Roma, siendo apenas un muchacho:

"Estoy bien, gracias a Dios, bien, y les mando a ti a mamá miles de besos. Desearía que estuvieras
en Roma; estoy seguro de que te hubiera gustado. Papá dice que soy un pequeño tonto, pero eso no
es nada nuevo. Aquí no tenemos más que una cama; es fácil de entender porqué no puedo cansar
cómodamente con papá. Estaré contento cuando tengamos cuartos nuevos. Acabo de terminar de
dibujar a San Pedro con sus llaves, a San Pablo con su espada, y a San Lucas con mi hermana. Tuve
el honor de haber besado el pie de San Pedro; al ser tan pequeño no lo alcanzaba y tuvieron que
levantarme. Soy el "Wolfgang" de siempre."

Mozart apreciaba mucho a su hermana Nannerl, y solía escribirle en un mosaico de francés, alemán
e italiano. Justo después de su boda le escribe:

"Mi amada está mucho más animada a ir a Salzburg, y estoy dispuesto a apostar mi propia vida, si,
mi propia vida, que estarás más feliz aún por mí cuando la conozcas; si es que, consideras, como yo,
que una esposa honesta, virtuosa, con buenos principios y agradable puede hacer feliz a un
hombre."

La grandeza musical de Mozart, revelada en la simetría y exactitud de su arte, como también en la


riqueza de su inspiración, ha sido reconocida unánimemente por sus hermanos compositores.
Meyerbeer no podía contener las lágrimas al hablar de él. Weber, Mendelssohn, Rossini y Wagner
siempre lo admiraron con gran entusiasmo. Haydn lo llamó el mejor compositor. En fertilidad
inventiva, belleza de formas, y exactitud de métodos, tiene pocos rivales. El compositor de tres de
las más grandes óperas de toda la historia musical, sinfonías que pueden ser comparadas con las de
Haydn por su simetría y melodía, un gran número de cuartetos, quintetos, etc.; sonatas para piano
que están entre las mejores; de muchas misas que son estándares en los servicios de la Iglesia
Católica; de una gran variedad de hermosas canciones—difícilmente hay alguna forma musical que
no adornó con los tesoros de su genialidad. Podríamos repetir sobre él, las palabras de uno de sus
críticos más competentes:

"Mozart fue un rey y un esclavo, rey de su propio hermoso reino musical; esclavo de las
circunstancias y condiciones del mundo. En las fronteras de su reino tenía poder supremo; pero los
poderes de la tierra no reconocieron su soberanía."

Un retrato póstumo de Mozart