Вы находитесь на странице: 1из 11

ENTRE JOHN ELSTER Y PHILIP PETTIT: RACIONALIDAD EN LA

ACCIÓN COLECTIVA.

Por: Ubaldina Díaz Romero Universidad del Atlántico1.

1. Presentación

En los últimas décadas del siglo XX y años siguientes el imperialismo del modelo de la
elección racional en las ciencias sociales, sufrió diversos reveses a manos de algunos de los
pensadores más connotados de su propio patio. En 1967 ganó el Premio Nobel de
Economía el investigador nacido en Milwoukee (EEUU), Hebert Simon . Gradualmente se
fueron multiplicando los eventos críticos que colocaban en cuestión las virtudes de la teoría
para dar cuenta de los procesos económicos que estaban ocurriendo en el mundo.

Nuestra tesis a defender será justamente la de la racionalidad limitada o acotada en los


procesos de decisión colectiva de entes colegiados Creemos que frente a las apreciaciones
integristas de los profesores R Dworkin, Pettit, puede pensarse de modo más razonable, en
la validez de los procesos de decisión colectiva, aceptando la condición de incertidumbre
como un sustrato propio de dichos procesos los cuales se desarrollan siempre con
precariedad en la información y sujetos a la constricción prevista por una regulación
procedimental. Que en dicho marco, es más razonable para el desarrollo de la democracia
deliberativa evaluar para la decisión final las argumentaciones previstas por sus
integrantes en la etapa de deliberativa que en las dudosas unificaciones de un resultado
final.

Para desarrollarlo inicio en el primer punto presentando la paradoja doctrinal formulada por
Kornhauser y Sager; en el 2º punto, el modo como ella ha sido reformulada por P.Pettit

1
Docente investigadora Universidad del Atlántico .Facultad de Ciencias Humanas.
udiaz@uniatlantico.edu.co

1
para mostrar los puntos de la extensión realizada por Pettit al ámbito político; en el 3er
punto, esbozamos aspectos esenciales de las limitaciones de la racionalidad que presenta
John Elster en su publicación Domar la suerte, buscando de esta forma delimitar los puntos
de apoyo o de disidencia de sus afirmaciones y nuestra posición. Al final una breve alusión
a las potencialidades ya de todos conocidas, de la teoría de H. Simon en el cuestionamiento
de la idea de la maximización de utilidades.

2.KORNHAUSER

Ha llevado al examen de las organizaciones políticas la conocida paradoja que él mismo


formuló. Esta interesante análisis de los procedimientos de la toma de decisiones en grupos
colectivos altamente estructurados o en grupos llevados únicamente por la conjunción de
sus intereses particulares ha suscitado desde hace mucho rato, distintas reacciones en el
seno de la reflexión en ciencias sociales y políticas. El intercambio de argumentos dista de
ser esquemático: si hay un elemento que hace atractivo el debate de por sí bastante
consistente, es la presencia de ilustraciones de diverso orden que acompañan a la
argumentación.

La paradoja ha sido extremadamente prolífica dando lugar al desarrollo de variado campo


de implicaciones que permiten revisar los instrumentos de evaluación de los modelos
políticos conocidos. Entre otros, encontramos la labor de profundización llevada a cabo por
Philip Pettit en el sentido de abordar la cuestión del resultado desde la ponderación de los
procedimientos. Su planteamiento del dilema presentado lleva a analizar y poner en
cuestión la racionalidad de las decisiones que en casos ordinarios toman los jueces
colegiados.

2. PETTIT

El esfuerzo analítico-crítico de Pettit demuestra la paradoja entre el resultado que


obtenemos si en la votación suscitada por un asunto en el cual se presentan dos

2
argumentos ilustrativos, un juez colegiado compuesto por tres personas, decide tener en
cuenta las votaciones individuales que cada una de ellas ha dado a los argumentos
ilustrativos O por lo contrario solamente tiene en cuenta lo decidido por cada uno de ellos
en el resultado final. Supongamos que se define si hay opción para considerar si es viable
la declaratoria de resolución de contrato para un contratista cuando el demandante asegura
que hubo incumplimiento de la cláusula respectiva. Todos aceptan la doctrina legal que
establece el incumplimiento cuando hay acción u omisión deliberada y lesiva de los
términos pactados. Lo anterior se ilustra en la siguiente tabla:

(0) (S) R<->(0&S) Resultado

final

Juez 1 Sí Sí Sí Sí

Juez 2 Sí No Sí No

Juez 3 No Sí Sí No

Resultado Sí Sí Sí No

Final

Totalizando los resultados encontraríamos : Una mayoría que acepta O; una mayoría que
acepta S: una mayoría que acepta R <->(O&S), y una mayoría que rechaza R. Como
puede observarse, si se analiza y determina la votación por las votaciones particulares a
cada premisa, obtendríamos un resultado diferente al que se obtiene teniendo en cuenta
sólo la decisión final. La conjunción de las premisas está dada en la aceptación de la regla
R según la cual el resultado ha de ser mayor, igual o menor a dichas premisas. De la
inclusión de esta regla deriva Pettit los elementos para el posterior desarrollo que en el
2001 y en el 2002 en colaboración con List hace del problema.

3
En esa condición se introduce la inconsistencia en el juego de argumentos colectivos por
tanto, en el sentido estándar de la lógica proposicional: no - asignación de valores de verdad
a las proposiciones O, S y R que haga todas las proposiciones en el set simultáneamente
verdaderas. Este resultado ocurre, sin embargo, ante la evidencia que el set de los
argumentos votados por los jueces individuales es totalmente consistente.

Con el desarrollo propuesto por Pettit, la paradoja doctrinal pasa a dilema discursivo: no se
queda en el planteamiento: indaga respecto al punto en el cual se produce la divergencia y
encuentra que se ha introducido una conexión lógica como elemento proposicional. Al
desechar la regla o conexión lógica del esquema, desplaza la atención hacia los otros
elementos del cuadro procesal de la votación. Esta operación le permite enlazar la
estructura de la paradoja discursiva en la apreciación de contextos más amplios y ello
produce un rendimiento teórico que presenta en su texto titulado Deliberative Democracy,
the Discursive Dilemma and Republican Theory:

No se trata ya de mirar la aparente contradicción entre la decisión por las premisas o la


decisión por la conclusión a la cual se lleva al colectivo. Ahora se trata de mirar cómo estas
dos vías descubiertas trabajan o no en detrimento o fortalecimiento de las prácticas
diseñadas como alternativas de administración y control de asuntos públicos en el marco de
la democracia deliberativa. En efecto podríamos ilustrar aquí de qué modo ellas son
presentadas por PP para su examen:

Llamaremos Forma 1 aquella que privilegia el carácter colectivo de la decisión y


obviamente toma en cuenta el resultado final. Llamaremos Forma 2 aquella que decide por
la prevalencia de los resultados particulares de cada uno de los integrantes del colegio.
Implicaciones para la Democracia Deliberativa

Forma Forma 2 Ideal Republicano

1.Asegura el Preserva el 1.Asegura la


carácter colectivo carácter racionalidad del
Defiende la
democrático de razonamiento

4
de la decisión la institución colectivo. racionalidad colectiva
minimizando la
2.Pone en riesgo la Compromete el 2.Reduce la
responsabilidad de
racionalidad del carácter responsabilidad de
argumento deliberativo del la argumentación a la argumentación en
colectivamente ideal. las visiones los razonamientos
considerado particulares particulares de los
jueces.(o de los que
integran el colectivo)

Es un tanto arriesgado para un contexto donde los procesos de reorganización de las


instituciones, el trabajo de fondo de las agremiaciones y colectivos se encuentra mediado
por una serie de interrogantes que evidencian los altos grados de incertidumbre que se
viven, particularizar una propuesta que se enmarca en el ámbito de caracterización de un
modelo de racionalidad de la acción en colectivos, pero sin desmedro de las
responsabilidades individuales en cuanto a la carga de la argumentación de sus razones.
Pero es que la racionalidad también se la ha jugado al azar, diría John Elster. Ciertamente:
el trabajo que desarrolla en Juicios Salomónicos (Elster,1989), es uno de sus laboriosos
intentos por demostrar de qué modo ha sido racional en algunos momentos y contextos la
apelación a los recursos aleatorios para la toma de decisiones.

La posición republicana defendida por P. Pettit que privilegiaría la búsqueda de la


racionalidad del razonamiento colectivo en las decisiones, le lleva a introducir algunos
puntos para superar el dilema, dejando de lado la consideración de la regla R como una
proposición y retomando su rol como una constricción o doctrina legal que en tanto tal, no
juega como premisa sino como referente normativo marco.Y argumenta señalando que ésta
es la respuesta (Pettit,2001,268-99) que la teoría republicana ha dado a los demócratas
deliberativos señalando la necesidad hasta donde sea posible, de asegurar la imposición de
la razón en el nivel colectivo. Define como la prioridad de esta necesidad, en detrimento de
las cuestiones relativas a la deliberación. Es como decir: “Si ya sabemos que los

5
argumentos que hacemos respecto a las ilustraciones con que contamos para llegar a la
decisión, no tienen mucho que ver a la hora de tomar las decisiones para qué perdemos el
tiempo? Pongámonos de acuerdo rápidamente y el que crea tener la mayor consistencia en
su argumento que sea el que hable…” La pregunta que responde Pettit claramente está
relacionada con un emplazamiento que hace a los seguidores del modelo demócrata
deliberativo: “¿cuál es la vía entonces que podría adoptar un gobierno demócrata
deliberativo para pensar en un fortalecimiento de su proyecto? el cuestionamiento está
ligado a la idea que, plantear el reforzamiento de individuos en sus convicciones y razones
a nivel individual, como sería lo propio en el ejercicio de los procesos de deliberación,
debilita la posibilidad de consistencia de las decisiones colegiadas. Y de otra manera,
propiciar individuos disciplinados para el uso de razones y argumentaciones en perspectiva
al nivel colectivo, no garantiza sino que ellos deberán llegar a acuerdos previos sobre
cuáles son las consideraciones relevantes en referencia a cada uno de los asuntos en los que
les corresponda decidir.

El paso de la paradoja al dilema ilustra dos momentos significativos para la reconstrucción


de nuestro marco de referencia de las racionalidades en comento. De la mano de la
aplicación de la lógica estándar desbrozamos la inconsistencia del sistema procedimental
usual en las decisiones colectivas. Desbrozada la inconsistencia, aclaramos que ella no es
obstáculo para pensar la racionalidad de las decisiones sino que emerge la condición
dilemática como un “poner a prueba” los recursos de ambas vías para el desarrollo de las
condiciones del evento deliberativo. Si bien aparenta de entrada la postura republicana el
riesgo correlativo a la peligrosa expresión de imposición de la razón, también apoya el
hecho de obtener la racionalidad de la decisión del colectivo, a través de procesos que
impliquen no la provisión de mejores medios de ilustración sobre las situaciones, sino la
búsqueda de procedimientos novedosos para la selección de criterios de elección, diferentes
a la pesadez de las comidas previas.

6
3.JOHN ELSTER.

Han sido varias las obras que sobre la problemática de las razones de la racionalidad ha
elaborado John Elster en el curso de sus investigaciones. Elster es uno de los filósofos
actuales que combina en su investigación aspectos sustanciales no sólo relativos a la
filosofía de la economía, sino además a la crítica filosófica de los sistemas, a la
metodología de la investigación en el área de las ciencias sociales, a la explicitación de
campos novedosos para la investigación reflexiva.

En el cuadro de sus aportes a la reflexión filosófica ocupa un lugar no despreciable su


argumentación y planteamiento del individualismo metodológico el cual para su
perspectiva ha caracterizado de un modo central la teoría económica. Ciertamente la teoría
de la elección racional, la que prefigura los individuos portadores de un interés egoísta es
el paradigma que ha gobernado en la teoría económica dominante o neoclásica según
palabras de Antoni Domenech, en la Introducción a Domar la Suerte (Elster,2001,16)

El trabajo de John Elster se inicia realizando una consistente crítica al holismo


metodológico del estructural funcionalismo desde las bases del individualismo
metodológico, típico del proceder en el campo de la economía. Pero, contrario a lo
esperado, no fue una adhesión acrítica ni nada por el estilo: en la trilogía formada por sus
obras dedicadas a dilucidar los problemas creados por la teoría de la elección racional
aplicada indistintamente a muchos otros dominios de las ciencias sociales, el noruego ha
iniciado la construcción de la racionalidad imperfecta que se apoya en diversos recursos
para propiciar su consistencia y la de sus elecciones. Y ello lo realiza a través de una crítica
muy sólida a escuelas clásicas como el utilitarismo, cuestionando la inveterada convicción
utilitarista a la que hemos hecho alusión, las preferencias y su inmodificable presentación.
Ya en Uvas Verdes, ha hecho visible una postura básica que consiste en afirmar la
capacidad del sujeto para elegir con cierta libertad sus propias restricciones, lo cual, es
terreno impropio cuando hablamos de TER.Y de contera, “la responsabilidad del sujeto en
la formación de sus deseos y preferencias, las posibilidades y las técnicas que tiene a su
disposición para regularlas por sí mismo y hasta para elegirlas libremente”(Elster,2001,26)

7
Pero también puede descubrir que en la acción humana es factible y hasta ordinario
encontrar efectos laterales de dicha acción, los cuales son aquello que, de ser perseguidos
directamente nunca son logrados, pero que en presencia de otros factores, han podido ser
alcanzados. Realiza su trabajo definitivo en los términos de la formulación expuesta en
Juicios Salomónicos exhaustiva para señalar las principales limitaciones de la teoría de la
elección racional.

En términos de Elster, somos irracionales pero queremos ser racionales: somos capaces de
seleccionar las reglas de nuestras prohibiciones y reconocer nuestras limitaciones. Somos
capaces de elegir libremente nuestras preferencias e intereses pero también aceptamos
conscientemente que el entorno modela en gran medida la capacidad de acceso a tales o
cuales preferencias. Podemos actuar racionalmente pero la actuación racional no agota las
posibilidades de realización de la acción humana por cuanto existen los efectos laterales de
la acción, que se hacen presente en su momento y lugar determinados por las propias
normas que regulan la acción humana.

Vistos de este modo los desarrollos que anuncian para los economistas e investigadores de
las ciencias sociales la abdicación de la TER por implicación de las probadas limitaciones
de una racionalidad considerada como moldeada totalmente por las preferencias,
recordemos que han sido también economistas quienes han trabajado para disolver esta
saturación teórico-metodológica que nos planteó la TER. Herbert Simon dedicó espacio
notable en sus investigaciones para pensar una alternativa frente a las limitaciones de la
TER. Y en él, lo que se perfila es una modulación o moderación de las preferencias: los
hombres no actúan maximizadoramente en muchas ocasiones. A menudo se satisfacen con
un nivel determinado y es este nivel determinado, el que determina el curso de su acción, de
este modo Simon sale al paso de la indeterminación de la TER.

Frente a una concepción procedimental de las limitaciones de la racionalidad y otra, de


orden sustancial en la que se cuestiona la naturaleza egoísta e interesada de los individuos
en tanto ellos son conscientes de sus propias limitaciones y exhiben compromisos previos
consigo mismos para afrontar sus debilidades, asumiendo también a la vez la condición

8
azarosa de algunas de sus elecciones, la apuesta que realizamos está orientada a defender la
tesis que descubrimos en los ejercicios críticos de Juicios Salomónicos, una virtual
aceptación de la incertidumbre, de lo que queda más allá de la percepción de la razón. Esta
aceptación elimina entonces la condición de maximización de la utilidad. En dicho sentido,
es válida la observación de que la concepción de naturaleza humana que sostiene la TER no
dá más rendimiento para su aplicación: su carácter restrictivo deja por fuera los efectos
laterales de la acción, sin parar mientes en los resultados de dichos efectos y su potencial
para generar transformaciones.

En el campo que nos ocupa, estaríamos pensando en la aleatoriedad de algunas decisiones


colectivas. Su naturaleza aleatoria o azarosa, en este caso asimilada a inconsistente ó
dilemática no es condición suficiente para negarles la posibilidad de dar cuenta de la
actividad deliberativa de los individuos. Justamente la vía que debe escoger quien pretenda
desde una postura gubernamental el desarrollo de la democracia deliberativa ha de ser
aquella que permita priorizar el componente deliberativo, que no la imposición de la razón
tal como expresa Pettit. Una interpretación exegética del modelo republicano quebranta la
naturaleza democrática de las instituciones, si se le apuesta a la idea de cortar al paso de
forma tajante, el desarrollo de los procesos democráticos. No es la vía para fortalecer un
ideal republicano, el forzar los debates mediante la imposición de razones de la mano de un
dedicado ciudadano total que pretenda tener en su poder las llaves del futuro.

Sopesando las implicaciones expresadas por Pettit para la segunda vía, es decir la que
particularmente acogemos como resultado de este breve examen. Recordemos: en esta
segunda vía planteada por el dilema discursivo, se decide la votación teniendo en cuenta
como resultado el resultado obtenido en las votaciones particulares de cada una de las
premisas. Las implicaciones que presenta el filósofo Pettit es que con ello se asegura la
racionalidad de la decisión colectiva pero se reduce la responsabilidad de las
argumentaciones particulares a las perspectivas de cada uno de los integrantes. Según esto
no se propicia la formación de decisiones colectivas como tales, se debilitaría la condición
democrática de la decisión. A nuestro modo de ver, esto ocurriría en el evento anterior
cuando según la –Forma 1 se privilegiara el carácter colectivo de la decisión, tomando

9
como resultado la conclusión. allí sí se debilita el componente democrático. Pensamos que
en la deliberación está el componente que más trabaja por el fortalecimiento de la confianza
en las instituciones. Si eliminamos la deliberación, eliminamos la participación abierta. Si
las razones que se exponen no son susceptibles de argumentación, qué sentido tiene hablar
de procesos de decisión? La intuición final es que la preferencia de Pettit por la postura
republicana vá en contravía con la misma naturaleza procedimental del dilema discursivo.

4.Acción colectiva: intenciones, creencias, deseos.

Pareciera un despropósito seguir aplicando una terminología afín con la TER para explicar
o argumentar en torno a peculiaridades de la Acción colectiva que se distancian de los
presupuestos de la teoría de la elección racional. Pero lo hacemos en línea a seguir las
posteriores diferenciaciones que plantea PP en colaboración con David Schweikard entre
acciones conjuntas y Agentes De grupo (Pettit, Schweikard,2006,18-39)

Pensar la aleatoriedad presupone aceptar la incertidumbre, el azar, que en una medida u otra
toma parte de momentos específicos en la elección. Determinar un método aleatorio no
sería contra razón sino, contra sorpresas. La elección por sorteo como paso final de un
procedimiento de varias etapas de selección expresa: Acepto la limitación de mi
información y criterios para la decisión final. He aplicado los métodos más claros y
transparente pero ante la igualdad de condiciones de los participantes seleccionados, ¿quién
soy yo para, aplicando este criterio a mis ojos relevante, elegir a quien lo refleja y dejar por
fuera a aquel igualmente competente? Como un ingrediente para el desarrollo de la
democracia, la aleatoriedad puede expresar el velo de la ignorancia, en lo que respecta a la
provisión de cargos públicos, o la distribución de recursos escasos, o la asignación de
responsabilidades como las asociadas al ejercicio electoral.

Pensar la aleatoriedad en las acciones que presuponen una decisión colectiva implica
incluir en el listado de cláusulas que sugieren Petitt y Kweinkard en el texto mencionado,
no sólo el convencimiento de cada cual de la necesidad de realizar su parte; de la voluntad
de cada uno para alcanzar el resultado final; de la convicción que tenga de que cada uno

10
hará su parte; de la creencia en que todos aceptan y observan estos requerimientos. Hay que
pensar también que cada uno sea capaz de sacar su parte adelante, aun cuando en el
momento crucial advierta divergencias en el hacer del otro. Incluir ese componente racional
que es la inteligencia emocional, como capacidad para afrontar situaciones frustrantes. No
en vano Nicolai Domenech cita en la introducción de Domar la suerte, las alternativas que
podría brindar una incursión en la psicología cognitiva empírica, para el refinamiento o
reformulación de la TER.

5. BIBLIOGRAFÍA.
Elster J. Domar la suerte. Barcelona (España). Editorial Paidós. 2001.167 págs.
Elster J. Juicios Salomónicos. Barcelona…..
Kornhauser, Lewis A.; Sager Lawrence G. The many as One: Integrity and Group Choice
in Paradoxical Cases.En: Philosophy and Public Affairs. Londres. Blackwell Publishing
Inc., Academic research Library. 2004; 32-3
Olson M. La lógica de la acción colectiva. México. Editorial Limusa. Grupo Noriega
Editores.1992. 199 págs.
Pettit P. Deliberative Democracy and the Discursive Dilemma, En: Philosophical Issues
(supplement to Nous). Australia. Editorial Nous, vol.11. 320 págs.
Pettit, P. and Schweikard David. Joint Actions and Group Agents.En: Philosophy of the
Social Sciences, Londres,*Editorial Sage Publications. 2006. Vol. 36, Number 1.
Pettit, P. Deliberative Democracy, the Discursive Dilemma and Republican Theory. En:
Philosophy of the Social Sciences. Londres*, Editorial Sage Publications, 2007. Vol. 37.

Bogotá, Agosto 30-3008

11