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Escuela Nacional de la Judicatura

HACIA LA COMPRENSIÓN
DE LOS PRINCIPIOS
RECTORES DEL PROCESO
CIVIL
Autor
Lic. Alberto A. Moronta G.

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Hacia la compresión de los principios
rectores del proceso civil.  

AUTOR: Gerentes de Proyectos


Lic. Alberto A. Moronta G. Glenys Linares
Area Penal
Hecho el Depósito Legal Ellys Coronado
ISBN: Area Civil
Diagramación/Portada: Iris Cuevas Mariloy Díaz
Corrector de estilo: Juan Manuel Prida   Área Principios Fundamentales
  Rosa Maria Cruz
© Escuela Nacional de la Judicatura Área Funcional y Apoyo
  ENJ
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Especialista Analista
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Analista Analista
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Capital Humano Analista
Virginia Feliz Maurys Santana
Analista Analista
Denia Pichardo
Analista

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CONTENIDO

Prólogo.................................................................................................................................7
INTRODUCCIÓN...................................................................................................................9

capítulo 1
¿qué son los principios rectores?
1.1 Los principios de la ciencia del derecho..................................................................... 11
1.2 Diferencias entre las normas jurídicas y los principios del derecho en sentido
general............................................................................................................................... 14
1.3 De los principios generales de la ciencia jurídica a los principios rectores y
constitucionales del proceso........................................................................................ 16
1.4 Reconocimiento de los principios rectores............................................................... 17 3
1.5 Enumeración de los principios rectores..................................................................... 19

capítulo II
El principio dispositivo
2.1 La facultad de disposición del proceso otorgada a las partes............................... 25
2.2 Concepto y caracteres generales................................................................................ 26
2.3 Aplicaciones...................................................................................................................... 28

capítulo III
El impulso procesal
3.1 Impulso procesal de oficio o impulso procesal de parte....................................... 29

capítulo iv
El principio de contradicción y el principio de igualdad
de las partes
4.1 El principio de contradicción........................................................................................ 34
4.2 Aplicaciones del principio de contradicción.............................................................. 35
4.3 El principio de igualdad de las partes.......................................................................... 36
4.4 Aplicaciones del principio de igualdad........................................................................ 38
4.5 Propuestas para el mantenimiento de la vigencia de este principio.................... 38

capítulo v
El principio de la oralidad y la escritura y sus derivados, los
principios de inmediación, concentración y publicidad
5.1 El principio de la oralidad y la escritura..................................................................... 41

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5.2 Ventajas de la oralidad.................................................................................................... 43


5.3 Ventajas de la escritura................................................................................................... 43
5.4 Inconvenientes de la oralidad....................................................................................... 44
5.5 Aplicaciones del principio de la oralidad.................................................................... 45
5.6 El principio de inmediación........................................................................................... 46
5.6 El principio de concentración....................................................................................... 48
5.7 El principio de publicidad.............................................................................................. 49

capítulo vi
poderes del juez o principio de autoridad
6.1 El principio de autoridad............................................................................................... 52
6.2 Juez dictador, juez espectador, juez director, fórmula de la autoridad del juez..54
6.3 Procedimentalismo / procesalismo............................................................................. 55
6.4 Principio de autoridad versus principio de aportación de parte ........................ 56

capítulo vii
La lealtad procesal o principio de moralidad y el principio de
imparcialidad del juez
7.1 La lealtad procesal........................................................................................................... 61
7.2 Conducta procesal indebida......................................................................................... 63
7.3 Soluciones propuestas para evitar esta inconducta procesal................................ 64
4 7.4 Caso en que las partes se ponen de acuerdo para engañar al juez..................... 64
7.5 Aplicaciones...................................................................................................................... 65
7.6 El principio de la imparcialidad del juez..................................................................... 67

capítulo viii
El principio de celeridad y los principios de saneamiento,
economía procesal y de eventualidad o preclusión
8.1 El principio de celeridad................................................................................................ 70
8.2 Propuestas para la vigencia de este principio........................................................... 70
8.3 Aplicaciones...................................................................................................................... 73
8.4 El principio de saneamiento.......................................................................................... 75
8.5 Principio de economía procesal................................................................................... 75
8.6 Las preclusiones o principio de eventualidad........................................................... 76

conclusiones................................................................................................................. 79
bibliografía....................................................................................................................... 81

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RECONOCIMIENTO

Para la culminación del presente ensayo, es justo reconocer todo


el apoyo logístico y auspicio de la Suprema Corte de Justicia, en
la persona de su presidente, el Magistrado JORGE A. SUBERO
ISA y de la Escuela Nacional de la Judicatura, en la persona de
su Director, el licenciado LUIS HENRY MOLINA, quienes hicieron
posible los viajes a la Biblioteca de la Universidad de Puerto Rico
a recopilar las fuentes bibliográficas.
5
Es mi deseo además testimoniar mi agradecimiento a la Escuela
de Derecho de la Universidad de Puerto Rico, en la persona de
su pasado decano, DR. EFRÉN RIVERA RAMOS y su decano
actual DR. ROBERTO APONTE TORO a los profesores, ERNESTO
L. CHIESA, CARLOS DÍAZ OLIVO, GLENDA LABADIE, CARLOS
CONCEPCION, IVETTE RAMOS y DAVID HELFELD, por el
tiempo que generosamente me brindaron; así como al personal
de biblioteca, sobre todo a MARÍA OTERO, PEDRO PADILLA
y PEDRO DIAZ, por su valiosa y continua cooperación y, por
último, muy en especial a JULIA VELEZ, oficial administrativo de
la oficina del decano, cuyas eficaces gestiones hicieron posible
nuestros viajes.

Quiero agradecer a mis colegas licenciado MIGUEL LORA REYES,


magistrado MARIO NELSON MARIOT TORRES y magistrada
JUANA E. JIMÉNEZ PIÑA por su esfuerzo valioso y desinteresado
en la corrección de los borradores y por el entusiasmo que le
imprimieron a esta labor.

Lic. Alberto A. Moronta G.

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PRÓLOGO

Los principios rectores del proceso civil


El principio es el primer instante del ser de una cosa. 7
Esta concepción debemos particularizarla a la razón o fundamento de algo, o espe-
cíficamente restringiendo aún más el concepto, el principio es base, origen o razón
fundamental sobre la cual se procede en cualquier materia.

En términos generales, son innumerables los principios que los autores recogen,
como: máxima, norma o guía.

A título enunciativo recordamos los principios de concentración, continuidad, no


contradicción, convalidación, igualdad, inmediación, separación de poderes, sober-
anía nacional, legalidad, oralidad, reciprocidad, subsidiaridad, universalidad, y otros
muchos.

En las ciencias del derecho existen los principios generales. Es el tema y motivo de
la obra del licenciado Alberto A. Moronta G., tiulada “Hacia la comprensión de los
principios rectores del proceso civil”.

Después de enumerarlos y glosarlos en su significado procesal genérico, el autor se


sumerge en la comprensión de los principios frontales de una de las ciencias del
derecho: el Proceso Civil.

A fin de lograr el objetivo de su obra, el autor comienza reconociendo los principios


rectores del tema que desarrolla. En este afán hace acopio de unos cuantos sectores
de la mejor doctrina que ha ocupado cuartillas u obras en el asunto.

Enumerar los principios rectores es obra prolífica, la cual se extendería mucho más,
si se glosan o explicitan los mismos. Con tacto pedagógico, el Licenciado Moronta,
primero enumera los principios fundamentales del derecho.

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Enumerarlos es suficiente para despertar interés en los mismos: el inquisitivo, valo-


ración de la prueba, concentración del proceso, inmediación e instancias múltiples,
por no citar sino unos pocos.

Cualquiera de los principios del proceso origina literatura amplia y sustanciosa. El


Licenciado Moronta se afinca y glosa de modo especial, profundo y sustancioso,
con acopio de buena doctrina en el principio dispositivo, y luego trata del impulso
procesal.

Los principios del proceso civil son unos más interesantes que otros, para el lector. El
principio de contradicción es básico y se recoge en todo el ordenamiento procesal.
El licenciado Moronta lo glosa, comenta y explicita y llega a sus aplicaciones.

Al principio de oralidad y la escritura le dedica el autor algunos razonamientos útiles


hasta desembocar en sus ventajas e inconvenientes.

Quien quiera profundizar en los principios rectores del proceso, que se sumerja en
esta obra del Licenciado Alberto A. Moronta G., no perderá el tiempo y ganará para
las defensas ulteriores en pro de derechos del hombre y del ciudadano, los cuales
no deben faltar en los códigos relativos al proceso.

8 DR. ATAGÑAN PÉREZ MÉNDEZ.

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INTRODUCCIÓN

¿Cuáles son los principios rectores que gobiernan el proceso civil? ¿Cómo se in-
terpreta a la luz de los principios, como se realiza la llamada ponderación? ¿Sólo se
aplican para el derecho dominicano o francés, o son universales? ¿Son vinculantes, 9
aunque no se hayan positivizado, qué ocurre en caso de fricción entre una norma
jurídica y uno de estos principios? ¿Qué diferencia existe, si alguna, entre principios
generales del derecho, principios rectores del proceso y principios constitucionales
del proceso?

La existencia de unas directrices generales no necesariamente escritas, que emergen


de la misma esencia del proceso civil, no es objeto de discusión hoy día. Me refiero
a los principios rectores del proceso.

Sin embargo, determinar cuáles son, cuál es su fuerza vinculante en nuestro derecho
actual, la necesidad de que hayan sido positivizados, su diferencia con los principios
constitucionales del proceso y qué hacer cuando hay una colisión entre el principio
y una norma escrita procesal, son temas de discusión en nuestra comunidad jurídica,
sobre todo, a partir de la redacción de códigos como el de trabajo, el que instaura
el sistema de protección para Niños, Niñas y Adolescentes y más aún el nuevo Có-
digo Procesal Penal, que han consagrado una carta de principios para sus materias
respectivas.

El asunto cobra mayor interés, por cuanto cursa en el Congreso desde hace algunos
años una propuesta de reforma al Código de Procedimiento Civil y el tema de los
principios habrá de ser considerado debidamente.

Resulta, que en nuestras escuelas de derecho no nos enseñaron a interpretar a la


luz de principios, o mejor dicho, no se nos adiestró para realizar la ponderación de
principios en el análisis de un caso cualquiera. Se nos enseñó a interpretar utilizando
el modelo dogmático, imbuido de la escuela positivista, haciendo uso del silogismo:
la premisa mayor, la ley, la premisa menor, el hecho en cuestión y la conclusión que

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deviene como resultado de la subsunción, dependiendo de si el hecho coincide o


no con la hipótesis legal. Pero esa premisa mayor estaba limitada a la ley, no incluía
otras fuentes del derecho como son las normas constitucionales, los acuerdos inter-
nacionales, principios y valores en que descansa nuestro sistema jurídico. Incluir los
principios en nuestra hermenéutica jurídica supone una ampliación de las fuentes del
derecho a tomar en cuenta, es decir, de la premisa mayor. Se atribuye, entre otros, a
Dworkin, la inclusión de los principios en esta labor esencial del jurista.

Motivado por estas razones, me propongo realizar una aproximación a los principios
generales del proceso civil, identificarlos de manera general, examinar de la mano
de lo mejor de la doctrina clásica y moderna, en qué consisten, con sus fortalezas y
debilidades y, partiendo de la premisa de que son universales, realizar una visión pano-
rámica de cómo operan los principios rectores en otras legislaciones, especialmente,
el Nuevo Código de Procedimiento Civil francés, el Código general del Proceso de la
República Oriental del Uruguay, especie de Código Modelo para Latinoamérica y las
Reglas Federales del Procedimiento Civil de Los Estados Unidos de Norteamérica.
He elegido los procesos de estos países por la interacción cada vez más acentuada
que se verifica entre nuestras legislaciones.

No se trata pues de un tratado, ni es mi propósito agotar el tema con este estudio,


más bien es una contribución para la comprensión de estas directrices, lo que supone
un aporte para el desarrollo de una teoría general del proceso, y, si es el caso, pro-
10 piciar la discusión sobre el tema ante una eventual reforma de nuestra ley procesal
civil y por qué no una reflexión sobre el proceso civil actual.

El estudio se divide en 8 capítulos distribuidos de la siguiente forma:

I. ¿Qué son los Principios Rectores?

II. El Principio Dispositivo.

III. El Impulso Procesal.

IV. El Principio de Contradicción y el Principio de Igualdad de las Partes.

V. El Principio de la Oralidad y la Escritura y sus derivados, los Principios de Inme-


diación, Concentración y Publicidad.

VI. Poderes del Juez o Principio de Autoridad.

VII. La Lealtad Procesal o Principio de Moralidad y el Principio de Imparcialidad del


Juez.

VIII. El Principio de Celeridad y los Principios de Saneamiento, Economía Procesal,


Eventualidad y Preclusión.

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¿qué son los principios
capítulo I
rectores?

En nuestras universidades se nos enseñó que la ley del Código, las fuentes vinculantes
del derecho, eran la ley y la costumbre. Nuestro trabajo consistía en interpretar la
ley y la mayoría de los autores de la doctrina que utilizamos analizaban texto por 11
texto los artículos de los cuerpos legales. Para sorpresa nuestra, ahora se nos habla
de “principios” y surgen muchas interrogantes, ¿Qué son los principios del derecho?
¿Dónde están escritos? ¿De dónde vienen? ¿Forman parte de nuestro derecho po-
sitivo? ¿Cómo los vamos a aplicar al caso específico?

1.1 Los principios de la ciencia del derecho


Hablar de los principios del derecho o de la ciencia jurídica podría remontarse ori-
ginalmente a los jurisconsultos romanos1 . Se le atribuye a Ramón Llull o Raimundio
Lullio haber sido el primero que empleó el término principios generales del derecho,
al pretender establecer los principios generales de la ciencia jurídica2 . En la actuali-
dad asistimos a una nueva “edad de oro” de los principios3 , sobre todo a partir de
la nueva retórica que se inicia con el juicio de los criminales de guerra nazi, cuya
defensa estuvo fundada en que sus atrocidades se encontraban legitimadas por el
código nazi, lo que supuso una quiebra del modelo dogmático, según el cual, la ley
era la única fuente del derecho, y el reconocimiento de la existencia de un principio
relativo al respeto y a la dignidad de la persona humana4 .

1
Angel Sánchez de la Torre, Los Principios Clásicos del derecho, Unión Editorial, Madrid, 1975, Pág. 102, citado por Vigo, Los Principios
Jurídicos, pág. 2.
 2
Federico de Castro, Derecho Civil de España,Valladolid, 1942, t I, p. 348.
 3
Así lo ha expresado Luis Prieto Sanchís, en su libro Sobre Principios y Normas, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid,
1992, p. 17.
 4
Chaïn Perelman, La Lógica Jurídica y la nueva retórica, Civitas, Madrid, 1979, p. 103.

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Nuestro sistema jurídico niega al juez la facultad de crear o modificar la ley. Sin em-
bargo, le obliga a fallar aun en caso de silencio, oscuridad o insuficiencia de la ley5 .
Para conciliar estos dogmas que parecerían inconciliables en caso de que exista una
verdadera laguna o insuficiencia de la ley, Radbruch6  habla de la existencia de un tercer
dogma: “La prohibición de crear derecho y la de negarse a fallar solo pueden conci-
liarse entre sí si arrancan de un tercer supuesto, a saber, que la ley carece de lagunas,
no encierra contradicciones, es completa y clara, o por lo menos, que partiendo de
una ley llena de lagunas, contradicciones y oscura, cabe llegar a una decisión unívoca
de cualquier problema jurídico por medios puramente intelectuales”.
La validez de este tercer dogma va a depender de que el juez encuentre siempre
la ley aplicable al caso. Precisamente con este fin, afirma Luis Prieto Sanchís, nacen
los principios generales del derecho, que serían una especie de último recurso, de
más lejana frontera a la que puede llegar el juez, sin convertirse en creador7 . Esta-
bleciendo el Código Civil español un orden de prelación de las fuentes del derecho,
esto es, primero se aplica la ley, en su defecto la costumbre y en defecto de ambas,
los principios generales del derecho.
El enriquecimiento de la interpretación a la luz de los principios del derecho, su
inclusión en la técnica del razonamiento jurídico, cobró mayor vigencia, con los
trabajos de Ronald Dworkin, con su obra “Los derechos en serio”, en la que refuta
fundamentalmente la teoría de su antecesor en Oxford, H. L.A. Hart, quien postulaba
que el derecho era un sistema de reglas (system of rules), señalando que esta tesis
12
imposibilitaría la comprensión de aspectos esenciales del razonamiento judicial en
los llamados casos difíciles8 . Hasta el punto de que autores como Josef Esser han
advertido un desplazamiento lento del sistema codificado a una casuística general
orientada según principios9 .
Son los principios de la ciencia del derecho, enunciados generales a los que se
subordina un conjunto de soluciones particulares. De ahí que con razón se afirma
que las reglas jurídicas son aplicaciones de los principios, a no ser que establezcan
excepciones a ellos. Son los principios, pues, los fundamentos mismos del sistema
jurídico a partir de los cuales se despliega todo el aparato de las normas10 .
Parte de la doctrina entiende que los principios son normas generales del derecho,
como sinónimo de derecho científico, como expresión concreta del Derecho Natural,

5
El artículo 4 del Código Civil Dominicano expresa: “El juez que rehusare juzgar pretextando silencio, oscuridad
o insuficiencia de la ley, podrá ser perseguido como culpable de denegación de justicia”.
6
Citado por Luis Prieto Sanchís en su libro Apuntes de Teoría del Derecho, Madrid, Editorial Trotta, S. A., 2005, p.
207.
6
Rodolfo Luis Vigo, Los Principios Jurídicos, p.2.
7
Luis Prieto Sanchís, Apuntes de Teoría del Derecho, Madrid, Editorial Trotta, S. A., 2005, pág. 207.
8
Según Dworkin, las reglas son aplicables a la manera del todo o nada. Si se dan los hechos que estipula una regla,
entonces o bien la regla es válida, o bien no lo es, en cuyo caso no contribuye en nada a la decisión; mientras que
los principios tienen una dimensión de peso o importancia, que las reglas no tienen y propone como ejemplo el
caso Riggs versus Palmer, un nieto que solicita al tribunal entrar en posesión de la herencia de su abuelo, a quien
este asesinó, circunstancia que la ley testamentaria no había contemplado como causa de exclusión de la herencia.
El tribunal rechazó la solicitud del nieto apoyándose en el principio de que nadie puede sacar provecho de su
propia acción ilícita.Véase Juan Ruiz Manero, Principios Jurídicos, 2da. Ed., Madrid, Enciclopedia Iberoamericana de
Filosofía, Editorial Trotta, S. A. , 2000, pp. 149-150.
9
Rodolfo Luis Vigo, Los Principios Jurídicos, p.2.
10
Ángel Latorre, Introducción al derecho, Barcelona, Ariel Derecho, 2002, p. 65.

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cual reglas universales de que la razón especulativa se sirve para encontrar soluciones
particulares justas y equitativas cual los preceptos del derecho; igualmente como
un derecho universal común, general por su naturaleza y subsidiario por su función,
aplicado como supletorio a las lagunas del derecho11 .

Pero hay diversidad de opiniones y en la actualidad el concepto de principios de la


ciencia jurídica tiene significados muy diversos. Con Ruiz Manero12  podríamos citar
seis sentidos diferentes de la expresión:

a) Principio en el sentido de norma muy general, que regula un caso cuyas pro-
piedades relevantes son muy generales.

b) En el sentido de norma redactada en términos particularmente vagos, como


acontece con las que incorporan lo que los juristas llaman conceptos jurídicos
indeterminados, como el abuso de derecho, la buena fe, la diligencia propia de
un buen padre de familia.

c) En el sentido de norma que expresa los valores superiores de un ordenamiento


jurídico, de un sector del mismo, de una institución.

d) En el sentido de norma programática o directriz, esto es, de norma que estipula


la obligación de perseguir determinados fines.

e) En el sentido de norma dirigida a los órganos de aplicación del derecho y que 13


señala, con carácter general, como se debe seleccionar la norma aplicable,
interpretarla, etc.

f) En el sentido de regula iuris, esto es de enunciado o máxima de un considerable


grado de generalidad y que permite la sistematización del ordenamiento jurí-
dico o de un sector del mismo, como por ejemplo, el principio del legislador
racional o la máxima iura novit curia.

Para salvar la ambigüedad e imprecisión de este concepto, que como acabamos de


describir puede tener tan diversas acepciones, Ruiz Manero13  propone clasificar
el término tomando en cuenta los contenidos y problemas a que centralmente se
refieren los juristas cuando hablan de principios, en dos clases de principios, esto es,
principios en sentido estricto y directrices.

En este contexto, llama principios en sentido estricto cuando está referido el


término a normas que expresan los valores superiores de un determinado ordena-
miento, sector del mismo o institución (c); y directrices, en el sentido de normas
programáticas para la persecución de determinados fines (d).

En una segunda clasificación, los divide en principios explícitos, cuando están


expresamente dictados por una fuente de producción jurídica y principios im-

11
Guillermo Cabanellas, Diccionario Enciclopédico de Derecho Usual, 26 edición, Buenos Aires, Argentina, Editorial Heliasta, 1998,
tomo VI, p. 417.
12
Juan Ruiz Manero, Principios Jurídicos, 2da. Ed., Madrid, Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía, Editorial Trotta, S. A. , 2000, p.
151.
13
Juan Ruiz Manero, Op. Cit., p. 152.

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plícitos, cuando son extraídos de disposiciones expresas del ordenamiento, como


racionalización.

1.2 Diferencias entre las normas jurídicas y los principios del


derecho en sentido general
El profesor Rodolfo Luis Vigo, en su libro ‘Los Principios jurídicos” ofrece un listado
bastante completo de las 24 diferencias entre principios y normas. Las exponemos
a continuación:

1. El contenido: Dworkin define los principios como “estándares, que no son nor-
mas, y que han de ser observados, no porque favorezcan o aseguren una situación
económica, política o social que se considera deseable, sino porque es una exigencia
de la justicia, la equidad o alguna otra dimensión de la moralidad”, que es necesidad
de los jueces tomar decisiones respaldadas en argumentos de principios, para así
asegurar el respeto de los derechos de los ciudadanos; mientras que las normas
cuentan con un contenido diversificado y no necesariamente moral.

2. El origen: las normas pueden ser sometidas a lo que Dworkin llama un “test de
origen” o “pedigree”, individualizando el momento y forma en que fueron establecidas;
mientras que en los principios resulta irrelevante aquella búsqueda.
14
3. La validez: La validez de los principios es consecuencia necesaria de su contenido,
la validez de las normas, deriva de otras normas o de los principios.

4. Capacidad explicatoria o justificatoria: Como dice Kart Larenz en su obra


“Derecho justo”, en el principio jurídico, lo decisivo es su actitud como causa de
justificación y su acuñación en una regulación o varias. Los principios al modo de
leyes científicas tienen una especial y relevante capacidad explicatoria y didáctica,
en tanto hacen posible una descripción económica o breve, sintetizando una gran
cantidad de información de un sector o de todo el ordenamiento jurídico.

5. La aplicación: las normas se aplican de manera disyuntiva, o todo o nada, depen-


derá de si se han dado o no los supuestos fácticos y en caso afirmativo, se aplican
las consecuencias previstas en ella; mientras que los principios se limitan a enunciar
una razón que discurre en determinada dirección, no pretenden siquiera establecer
las condiciones que hacen necesaria su aplicación. A este respecto, cita a Atienza y
Ruiz Manero14  quienes afirman que los principios configuran el caso en forma abierta,
mientras que las normas, lo hacen en forma cerrada.

6. Tipos de razones: Atienza y Ruiz Manero identifican las normas como “razones
perentorias” para que el intérprete adopte la solución prevista, excluyendo cualquier
deliberación tendiente a otra mejor solución; mientras que los principios constituyen
“razones de primer orden” para resolver en un determinado sentido, cuya fuerza
respecto de otras razones para resolver en otro sentido, ha de ser ponderado por
el órgano jurisdiccional.

14
Manuel Atienza y Juan Ruiz Manero, Sobre principios y reglas, “Doxa”, No. 10, Universidad de Alicante, 1991,
p.108.

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7. La identificación: Es posible brindar al menos teóricamente un listado de normas;


cosa imposible en los principios, ya que se carece de un acto de incorporación del
principio al ordenamiento jurídico.

8. La derogación: si bien es aplicable la derogación a las normas, lo mismo no ocurre


con los principios que seguirán formando parte del sistema jurídico, mientras se les
estime convenientes o justos en la determinación de derechos y deberes.

9. La labor que exigen: La labor argumentativa cuando se trata de principios, exige


la labor de precisarlos e inferir la solución que se propone o prescribe; en el caso
de las normas esta labor es más técnica y burocrática.

10. Las excepciones: Es beneficioso incluir en el enunciado de las normas las


excepciones; sin embargo, de acuerdo con Dworkin en el caso de los principios, se
trataría de una labor estéril, por cuanto no lograría hacer al principio más completo
o exacto.

11. Los destinatarios: Los principios van dirigidos a los órganos de adjudicación de
derechos, las normas pueden también ser orientadas hacia los ciudadanos.

12. Resolución de contradicciones: Una norma no puede ser válida, si otra que
la contradice, también lo es; los principios cuentan con una dimensión de peso o
importancia15 , de manera que habrá que tener en cuenta el peso relativo de cada
uno de los principios implicados en el caso, y la preferencia por uno, no implica la 15
pérdida de juridicidad del que se descarta.

13. El cumplimiento: Los principios son “mandatos de optimización”, según Robert


Alexy, dado que mandan la mejor conducta posible; mientras que las normas son
“mandatos definitivos” y al mandar una conducta, es posible el cumplimiento pleno
de ellas.

14. La estructura lógica: Se discute en doctrina si las normas son juicios categó-
ricos o juicios hipotéticos o disyuntivos; mientras que los principios son conceptos
axiológicos.

15. Incorporación al sistema jurídico: las normas justifican su admisión en el


sistema o porque se las infiere de los principios o en virtud de reglas de admisión
propias del sistema; los principios son admitidos por convención o por evidencia.

16. Compromiso histórico: Alexy afirma que el derecho racional de la moder-


nidad ha incorporado como principios los de la dignidad humana, libertad, igualdad
democracia, Estado de derecho y Estado social; en las normas son evidentes la con-
tingencia y la relatividad de sus contenidos, a tenor de las características del tiempo
y el lugar a donde se dirigen.

15
La aplicación de los principios supone una operación con dos fases: en la primera, se convierte el principio en regla, que es a
lo que se llama ponderación, luego en una segunda fase, la regla creada se aplicará según el modelo subjuntivo o finalista. En la
ponderación que hace el juez, pueden distinguirse varios pasos: a) se constata que ante una determinada situación, hay principios,
valores en tensión y que necesitan algún tipo de ajuste, pues todos ellos no pueden satisfacerse al mismo tiempo; b) en una
segunda fase, se establece una prioridad de tal principio o valor sobre otro y se aducen las razones para ello y c) finalmente
se construye una regla que supone la traducción en términos deónticos de esa prioridad y que será la base de la subsunción
correspondiente. Manuel Atienza, El Derecho como Argumentación, Barcelona, Editorial Ariel, S. A., 2006, pp 168-170.

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17. Localización en el ordenamiento jurídico: dentro del ordenamiento jurídico,


los principios se ubican en el plano de la Constitución, o sea, el derecho más alto
(higher law); mientras que las normas se ubican en el resto del ordenamiento.

18. Operatividad con la lógica formal: en el campo de las normas se verifica


claramente el desarrollo que ha tenido la lógica formal; en el de los principios por
su contenido axiológico, esta operatividad se ve perturbada o dificultada.

19. El aporte a la integración del sistema: La admisión de los principios amplía


notablemente la capacidad de respuesta del ordenamiento jurídico, el sistema de
normas tiene una mayor limitación en las respuestas jurídicas.

20. Componentes: de los ocho elementos que en su análisis de las normas pres-
criptivas ha comprobado Von Wright, resulta imposible verificar en los principios, la
autoridad (agente que emite la norma), la promulgación (dar a conocer la norma),
así como con exactitud el contenido y la ocasión.

21. Funciones: Bobbio reconoce en los principios cuatro funciones: a) interpreta-


tiva, ya que aportan al esclarecimiento del sentido de otras normas; b)directiva o
pragmática, porque orientan la actividad de los juristas al momento de la creación de
la norma; c) integradora, proporcionan criterios conforme a los cuales resolver un
problema jurídico que encuentra solución en la norma y d) limitativa, en el sentido
de que ponen los cauces dentro de los cuales puede ejercerse cierta competencia. Se
16
les reconoce, además, a los principios una función fundamentadora y sistematizadora
del ordenamiento jurídico. Por su parte, a las normas les es extraño el tener por
objeto precisar u orientar otras normas o suplir su ausencia.

22. La coactividad: los principios ordenan, prohíben o permiten conductas sin esta-
blecer sanciones; mientras que las normas se distinguen por su carácter coactivo.

23. La formulación lingüística: La existencia jurídica de la norma requiere del


enunciado lingüístico, aunque no se reduzca a él; para los principios esta dimensión
lingüística carece de trascendencia.

24. Capacidad sistematizadora del derecho: Las normas no generan automáti-


camente, por sí mismas un sistema jurídico; mientras que todos los principios, según
Esser, tienden a la formación de un sistema y a un esquema de jerarquización lógico,
así en todas las culturas se repite el mismo ciclo: descubrimiento de problemas,
formación de principios y articulación de un sistema.

1.3 De los principios generales de la ciencia jurídica a los


principios rectores y constitucionales del proceso
Definidos los principios de la ciencia jurídica como reglas de optimización que
informan todo el sistema jurídico, importa saber su vinculación, si alguna, con los
principios rectores y constitucionales del proceso, lo que constituye precisamente
el tema que nos ocupa.

Acontece que estos principios generales sirven de soporte y brújula a todo el


andamiaje del sistema de derecho, permean cada una de sus ramas constituidas en

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disciplinas autónomas, tomando en cuenta su especial naturaleza. El Derecho Pro-


cesal Civil no escapa a este influjo necesario, de tal suerte que en el desarrollo de
la teoría del proceso, la mayoría de los autores dan cuenta de la existencia de unos
principios que ordenan o rigen toda la actividad procesal16 , principios que emanan
de las mismas normas procesales y que han sido objeto de análisis jurisprudenciales
y doctrinales. Así podemos decir con certeza que en nuestro proceso hay unos
principios fundamentales que lo norman y que pueden ser implícitos, esto es, que se
extraen de la misma norma jurídica procesal, y explícitos, cuando han sido consagra-
dos legislativamente por una autoridad con poder reglamentario. Pero que rigen por
igual aunque no hayan sido positivizados y porque rigen toda la actividad procesal,
les llamamos principios rectores del proceso y cuando han sido consagrados
constitucionalmente, les llamamos principios constitucionales del proceso.

1.4 Reconocimiento de los principios rectores


Esta idea de principios rectores, según el profesor Montero Aroca, su denomina-
ción, reconocimiento y utilización en la enseñanza del Derecho Procesal Civil, surge
a finales del siglo XVIII, cuando comienza a enseñarse el derecho procesal como
asignatura en las universidades alemanas, entonces se consideró como inadecuado
el método casuístico desde el punto de vista docente, por lo que hubo que buscar
otro método, búsqueda que coincidió con el auge del jusnaturalismo racionalista, de
donde resultó que la tarea de incluir en un sistema la variedad de las regulaciones 17
procedimentales se hizo bajo este condicionamiento filosófico, así se llegó al método
de los principios17 .
Inicialmente se entendieron los principios como máximas derivadas de la razón
natural, de la naturaleza de las cosas, dotadas de un valor apriorístico respecto de
la regulación positiva, eran los principios los que debían determinar el contenido
de las normas positivas, o dicho de otro modo, la norma positiva concreta debía
ajustarse al sistema de principios; hoy son considerados los principios como ideas
base de determinados conjuntos de normas, ideas que se deducen de la propia ley,
aunque no estén expresamente formuladas en ella. Sus repercusiones prácticas18  se
manifiestan en diversos campos:

A) Como elemento auxiliar de la interpretación;


B) Como elemento integrador de la analogía, para los supuestos de la laguna legal
C) Como marco teórico para las discusiones de lege ferenda19 .

16
Afirma Gozaíni, que el desarrollo del proceso permite observar un conjunto de principios que estructuran las denominadas
reglas adjetivas del procedimiento, se trata del ritual propiamente dicho, del reflejo de cómo se hace un proceso, a partir
de la orientación que fundamenta cada sistema jurídico procesal , que esta actividad práctica nos conduce a desentrañar los
principios que informan las instancias, desde la demanda hasta la prueba, desde ésta hasta la sentencia, y así, orgánicamente, se
resuelve la esencia del comportamiento procesal, la conducta de las partes y sus posibilidades, derechos, obligaciones, cargas
y expectativas en el litigio judicial. Osvaldo Alfredo Gozaíni, Op. Cit., pp. 97-98.
17
Juan Montero Aroca, Manuel Ortells Ramos, Juan-Luis Gomez Colomer y Alberto Monton Redondo, Derecho Jurisdiccional,
Barcelona. Librería Bosch, 1995, Tomo I, p. 307.
18
Este autor particularmente elige este método de principios por dos razones: 1) porque en algún caso los principios han sido
constitucionalizados, lo que les ha otorgado naturaleza normativa en un doble sentido: son de aplicación directa y sirven para
determinar el contenido de las futuras leyes procesales y 2) por el valor didáctico de su exposición y aprendizaje, pues con
ellos se está dando una visión resumida pero completa del fenómeno procesal. Ibid, p. 308.
19
Ibid, p. 308.

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El Código de Procedimiento Civil francés de 1806, inspirado en la ordenanza de


Colbert de 1667, era un código de formalidades. Sus redactores ignoraron estos
principios fundamentales. En su Tratado Elemental de Procedimiento Civil, R. Morel
dedica cuatro páginas a los principios directores del procedimiento civil francés, en
específico, a la dirección del proceso por las partes, la contradicción y lo relativo
a la oralidad y la escritura. Luego en 1958, en el Manual de Procedimiento Civil de
Cornu et Foyer, figura una sección sobre estos principios directores, reconociendo
que aunque ningún texto los establece, todo el mundo los admite en el desarrollo
del proceso civil, cuyas reglas no son más que una aplicación de estas directrices . No
fue sino por el decreto No. 71-240 del 9 de septiembre de 197120 , que por primera
vez en derecho positivo francés se enuncian los principios directores del proceso,
consagración en la que se evidencia la influencia de las lecciones de H. Motulsky21 .
Posteriormente, estas directrices conforman la carta de principios que inicia el Nuevo
Código de Procedimiento Civil francés, en sus artículos del 1 al 24.

Observa el profesor uruguayo Eduardo J. Couture22 , que el proceso civil es un


proceso dialéctico, refiriéndose en este sentido, a la Dialéctica de Hegel23 , es decir,
se llega a la verdad por la exposición que hace una de las partes de su teoría del
caso24 , contrastada por la teoría del caso de su contraparte, que la exposición de
estas ideas opuestas requiere la aplicación de numerosas previsiones particulares,
no basta la dialéctica, sino que se requiere además la razonable distribución de las
oportunidades dadas a las partes a lo largo de todo el discurso, es por ello que se
18
señalan una serie de principios que rigen el proceso, a los que se ha denominado en
ocasiones mandamientos procesales y que los textos constitucionales imponen al
legislador algunos de éstos, como el debido proceso25 .

Este mismo autor, en su Vocabulario Jurídico define el principio procesal como:

“El enunciado lógico extraído de la ordenación sistemática y coherente de diversas


normas de procedimiento, en forma de dar a la solución constante de éstas el ca-
rácter de una regla de validez general” 26 .

El Código General del Proceso de la República Oriental del Uruguay contiene en la


actualidad una carta de principios, en sus artículos del 1 al 11, principios que, según
afirman los redactores principales del anteproyecto de este cuerpo legal, Adolfo
Gelsi Bidart, Luis Torello y Enrique Vescovi, habían sido aceptados hace ya mucho

 20
Decreto que posteriormente junto con otros forma parte integral del Nuevo Código de Procedimiento
Civil francés.
 21
Répertoire de Procédure Civile, Dalloz, parís, 1994, tomo III, Principes Directeurs Du Proces, pp. 2 y 3.
 22
Eminente procesalista uruguayo, redactor del anteproyecto del Código de Procedimiento Civil de su país,
anteproyecto que sirvió de base fundamental para el nuevo Código General del Proceso de la Republica
Oriental del Uruguay, nuevo código modelo para Iberoamérica.
 23
En la Dialéctica de Hegel, la posición de una de las partes (tesis), es contrastada por la posición de la otra,
(antítesis) y la negación de la antítesis o la negación de la negación de la tesis, da lugar a la síntesis.
 24
Entendida como aseveración convincente de la posición del abogado que justifica el veredicto que busca.V.
Pozner Larry S. y Roger Dodd, Cross-examination, Science y Techniques, citado por las licenciadas Ana Paulina
Cruz Vélez y Berthaida Seijo Ortiz, en su Manual de Litigación Criminal, Publicaciones Puertorriqueñas, Inc.,
2006, p. 48.
 25
Eduardo J. Couture, Fundamentos del Derecho Procesal Civil, 3ra. Edición, Buenos Aires, Ediciones De Palma,
1997, p. 181.
 26
Eduardo J. Couture, Vocabulario Jurídico, tercera edición, Montevideo, Editorial B de f, 2004, p. 589.

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tiempo por la doctrina universal y nacional, muchos de los cuales fueron tomados
en forma casi textual, del proyecto Couture de 1945 y éste a su vez del Código
italiano de 194227 .

En el derecho procesal civil norteamericano, se observa, como veremos en otra


parte de nuestro estudio, la vigencia de algunos de estos principios, de tal suerte
que se ha dicho que es extraño que Chiovenda, en sus admirables observaciones
sobre la historia del proceso civil, no haya considerado la evolución histórica y las
características del proceso civil angloamericano, el cual pone en práctica en amplia
medida los principios propugnados por el ilustre maestro28 . Por otra parte, en el
derecho procesal civil puertorriqueño, han sido identificados también estos principios,
como el de impulsión, oralidad, inmediación, concentración, publicidad, celeridad y
economía procesal29 .

Con respecto al derecho procesal civil dominicano, el Dr. Froilán Tavares Hijo afirma
que, decidir la cuestión del modo de conducir el proceso y las formas en que se
va a desenvolver, es plantear la solución del problema fundamental, de los principios
directrices y tendencias, que la doctrina llama principios orgánicos del proceso y
deben, en una legislación dada, combinarse los unos con los otros, o predominar unos
sobre otros, a fin de obtener una adecuada organización del proceso. Que debido al
predominio de uno u otro principio, por ejemplo, la iniciativa del proceso será obra
exclusiva de las partes o estará a cargo del estado; el proceso será oral o escrito;
los actos constitutivos del proceso se realizarán de una sola vez y en una misma 19
audiencia o en momentos sucesivos y en varias audiencias; las partes presentarán
todos sus medios de fondo o de forma a hacer valer en una sola vez o en un cierto
orden; el juez que decida será el que ha instruido todo el proceso, o no necesaria-
mente tenga que ser éste; todo el proceso estará sujeto al requisito de publicidad, o
todo o una parte puede desarrollarse en cámara de consejo; el proceso sólo puede
ser conocido después de haber sido informada la parte demandada o este requisito
no es necesario30 .

Por su parte, el Dr. Artagñan Pérez Méndez31 , señala que hay principios fundamen-
tales que gobiernan la instancia, que dependiendo del papel respectivo que tengan
las partes y el juez, habrá un procedimiento acusatorio e inquisitorio. Se refiere a
la carta de principios del Nuevo Código de Procedimiento Civil francés, compara
algunos de estos con nuestro derecho procesal civil dominicano, analizando en una
primera parte los principios fundamentales relativos a las partes y al juez y en la
segunda, los relativos a los caracteres del procedimiento. Dentro de los primeros
ubica el principio dispositivo, asegurando su vigencia en nuestro derecho, aunque
no se encuentre consagrado en ningún texto legal; la dirección del proceso y los
poderes del juez, afirmando en este sentido que la tendencia procesal moderna es
a aumentar los poderes del juez; el principio contradictorio que, según sus palabras,

27
Instituto uruguayo de Derecho Procesal, Código General del Proceso, sexta edición, Fundación Cultura Universitaria, p. 23.
28
Angelo Piero Sereni, El Proceso Civil en Los Estados Unidos, Buenos Aires, Ediciones Jurídicas Europa-América, 1958, Pág. 11.
29
Rafael Hernández Colón, Derecho Procesal Civil, San Juan, Michie de Puerto Rico, San Juan, pp. 2-4.
30
Froilán Tavares Hijo, Elementos de Derecho Procesal Civil Dominicano, 6ta. edición, Santo Domingo, Editorial Tiempo, S. A., 1989,
volumen II, pp. 10-11.
31
Artagñán Pérez Méndez, Procedimiento Civil, Santo Domingo, Editora Taller, C. Por A., 1985, pp. 160-165.

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domina todo nuestro proceso civil y el de la inmutabilidad del proceso. Mientras


que en los últimos menciona el principio de la oralidad o la escritura y la publicidad
en los debates.

1.5 Enumeración de los principios rectores


Abordar el tema de los principios rectores, presenta normalmente la dificultad de
su determinación, en razón de que no hay uniformidad en doctrina con relación a su
enumeración y clasificación. Ocurre que, como afirma Couture32 , esta enumeración no
puede hacerse de manera taxativa, porque estos principios surgen naturalmente de la
ordenación, muchas veces impensada e imprevisible, de las disposiciones de la ley.

Una de las clasificaciones más completa de los principios, es la que hace el procesalista
colombiano Hernando Devis Echandía, quien distingue dos tipos de principios, por una
parte, a) los que sientan las bases generales de la ciencia procesal, denominándolos
principios fundamentales de la ciencia procesal y por la otra, b) los que miran a la
organización del proceso, que denomina principios fundamentales del procedimien-
to33 . La expondremos a continuación, dado su carácter didáctico, a fin de ofrecer un
primer intento de definición de los diversos principios.

A) Principios fundamentales del derecho procesal:


20
Principio de interés público o general en el proceso: en el sentido de que nadie
discute que tanto el proceso penal, como el civil, laboral, contencioso-administrativo
y de cualquiera otra clase, son eminentemente de interés público o general, porque
persiguen y garantizan la armonía, la paz y la justicia sociales.

Carácter exclusivo y obligatorio de la función jurisdiccional del Estado: de


donde emana la prohibición de la justicia privada y obligatoriedad de las decisiones
judiciales.

Independencia de la autoridad judicial: es indispensable que los funcionarios


encargados de tan delicada y alta misión puedan obrar libremente en cuanto a la
apreciación del derecho y de la equidad, sin más obstáculos que las reglas que la ley
les fije en cuanto a la forma de adelantar el proceso y de proferir su decisión.

Imparcialidad rigurosa de los funcionarios judiciales: que implica la ausencia


de todo interés de este funcionario, distinto del de la recta aplicación de la justicia.

Obligatoriedad de los procedimientos establecidos en la ley: la ley señala


cuáles son los procedimientos que han de seguirse para cada clase de proceso o
para obtener determinadas declaraciones judiciales, sin que les sea permitido a los
particulares, aun existiendo acuerdo entre todos los interesados del caso, ni a las
autoridades o a los jueces modificarlos o permitir sus trámites, salvo cuando expre-
samente la misma ley autoriza a hacerlo.

32
Eduardo J. Couture, Fundamentos del Derecho Procesal Civil, Op. Cit., p. 182.
33
Hernando Devis Echandía, Teoría General del Proceso, Buenos Aires, Editorial Universidad, 1984, tomo I, pp.
21-52.

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El principio de que las sentencias no crean, sino declaran derechos: Los


derechos subjetivos se originan en el derecho positivo y principalmente en la ley, su
fuente formal más común en el mundo moderno. Los procedimientos sirven para
obtener su tutela, su ejecución, su garantía, para permitir, en ocasiones, su ejercicio,
no para crearlos.

El principio de la verdad procesal: significa que para el juez lo importante y


único es la verdad procesal, que su decisión tendrá que ceñirse a ella y que entonces
será recta y legal, aunque en ocasiones la realidad sea diferente.

El principio de la cosa juzgada: significa que una vez decidido, con las formalidades
legales, un litigio o un asunto penal entre determinadas partes, éstas deben acatar
la resolución que le pone término, sin que les sea permitido plantearlo de nuevo, y
los jueces deben respetarla.

B) Principios fundamentales del procedimiento:

El principio dispositivo o inquisitivo: El principio dispositivo significa que corres-


ponde a las partes iniciar el proceso formulando la demanda y en ella sus peticiones
y desistir de ella, y solicitar las pruebas, sin que el juez pueda ordenarlas de oficio.
El inquisitivo, por el contrario, por un aspecto le da al juez la función de investigar la
verdad por todos los medios legales a su alcance, sin que la actividad de las partes
lo obligue, ni lo limite a decidir únicamente sobre los medios que ellas le llevan o le
21
pidan, y por otro aspecto lo faculta para iniciar de oficio el proceso y para dirigirlo
con iniciativas personales.

Principio de la valoración de la prueba por el juez, de acuerdo con las reglas


de la sana crítica: No se trata de saber si el juez puede perseguir la prueba de los
hechos con iniciativa propia, o si debe ser un espectador del debate probatorio, sino
de determinar cuáles son los principios que debe tener en cuenta para apreciar esas
pruebas aportadas al proceso de una u otra manera, y cuáles los efectos que puede
sacar de cada uno de los medios de prueba.

El principio de impulsión oficiosa del proceso: Se relaciona directamente con el


inquisitivo, y consiste en que, una vez iniciado el proceso, debe el juez o el secretario,
según el acto de que se trate, impulsar su marcha sin necesidad de que las partes lo
insten a hacerlo, pues simplemente se tratan de cumplir las normas legales que lo
regulan, y son responsables de cualquier demora ocasionada por su culpa.

Principio de economía procesal: Es la consecuencia del concepto de que “debe tra-


tarse de obtener el mayor resultado con el mínimo de empleo de actividad procesal”.

Principio de concentración del proceso: complementa el anterior y tiende a


que el proceso se realice en el menor tiempo posible y con la mejor unidad. Para
esto se debe procurar que el proceso se desenvuelva sin solución de continuidad y
evitando que las cuestiones accidentales o incidentales entorpezcan el estudio de lo
fundamental; lo cual sólo se obtiene restringiendo el derecho de interponer recursos
o incidentes de previa definición.

Principio de eventualidad, también llamado de la preclusión: se entiende


por tal la división del proceso en una serie de períodos o momentos fundamentales,

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que algunos han calificado de compartimientos estancos, en los cuales se reparte el


ejercicio de la actividad de las partes y del juez de manera que determinados actos
deben corresponder a determinado período, fuera del cual no pueden ser ejercitados
y si se ejecutan no tienen valor.

Principio de inmediación: significa que debe haber una inmediata comunicación


entre el juez y las personas que obran en el proceso, los hechos que en él se deban
hacer constar y los medios de prueba que se utilicen.

El principio de la oralidad o de la escritura: se refiere a la preeminencia de lo


oral o lo escrito en el proceso.

El principio del interés para intervenir en los procesos: como algo indis-
pensable para el orden y la buena marcha de los procesos, se limita a las personas
que tengan un interés jurídico, económico o familiar, el derecho a intervenir en los
procesos.

Principios del interés para pedir o contradecir una sentencia de fondo y de


la legitimación de la causa: significan estos principios que quien formula peticiones
dentro del proceso debe tener un interés legítimo, serio y actual en la declaración
que se persigue, sin que en materia civil sea siempre suficiente el ser parte principal
en el proceso para tener derecho a que se dicte sentencia de fondo.
22 Principio de impugnación: es fundamental en el procedimiento que todo acto del
juez que pueda lesionar los intereses o derechos de una de las partes, sea impugnable,
es decir, que exista algún recurso contra él, para que se enmienden los errores o
vicios en que se haya incurrido.

Principio de las dos instancias: de los principios de la impugnación y de la


contradicción o audiencia bilateral se deduce el de las dos instancias. Para que ese
derecho a impugnar las decisiones de los jueces sea efectivo y el demandado pueda
contradecir adecuadamente las pretensiones del actor y éste las excepciones de aquél,
la doctrina y la legislación universales han establecido la organización jerárquica en
la administración de la justicia, con el fin de que, como regla general, todo proceso
sea conocido por dos jueces de distinta categoría si los interesados lo requieren
oportunamente mediante el recurso de apelación.

Principio de motivación de las sentencias: es indispensable que los funcionarios


judiciales expliquen y fundamenten sus decisiones, a menos que se trate de simples
órdenes para el impulso del proceso.

Principio de la carga de la prueba: que indica al juez que cuando falte prueba o
ésta sea insuficiente, sobre los hechos en que deba basar su sentencia, debe resolver
a favor de la parte contraria a la que tenía dicha carga.

Principio de la congruencia: es el principio normativo que exige la identidad


jurídica entre lo resuelto, en cualquier sentido, por el juez en la sentencia y las pre-
tensiones y excepciones planteadas por las partes.

Principio de la humanización de la justicia judicial: en el sentido de que es


indispensable humanizar al máximo los procedimientos y sus trámites, puesto que

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se trata de actuaciones de personas para juzgar a otras personas cuyos problemas


son, por consiguiente, profundamente humanos.

La doctrina francesa, clasifica los principios rectores, tomando en cuenta su objeto, de


la siguiente manera: A) los principios que garantizan un funcionamiento democrático
de la instancia: el derecho a un tribunal independiente e imparcial y el derecho a un
proceso equitativo, público y en un plazo razonable; B) los principios fundamentales
de conformidad con los roles del juez y de las partes: El principio acusatorio o de
la iniciación, y el dominio de la dirección del proceso y el principio dispositivo y de
dominio y dirección del proceso, el principio de respeto al derecho de defensa y el
principio de contradicción, La inmutabilidad del litigio y la obligación de reserva y C)
los principios fundamentales del procedimiento: Oralidad y escritura, y el carácter
laico del procedimiento34 .

El Código General del Proceso de la República Oriental del Uruguay incluye en su


carta de principios: La iniciativa del proceso, la dirección del proceso, el impulso pro-
cesal, la igualdad procesal, la buena fe y lealtad procesal, la ordenación del proceso, la
publicidad del proceso, la inmediación procesal, la pronta y eficiente administración
de justicia, la concentración procesal y el derecho al proceso.

Como se ha dicho es difícil realizar una enumeración taxativa de los principios rec-
tores, pero tomando en cuenta que la razón principal de este estudio es contribuir
a su comprensión, escogeremos, los que a nuestro juicio probablemente tienen más 23
relevancia en nuestro derecho dominicano, para realizar el análisis por separado de
cada uno de ellos.

34
Jean Vincent et Serge Guinchard, Procédure Civile, 24 Ed., París, Dalloz, 1996, pp. 395-446.

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El principio dispositivo
capítulo II
“La iniciación del proceso incumbe a los interesados. Las partes podrán disponer de sus
25
derechos en el proceso, salvo aquellos indisponibles y podrán terminarlo en forma unilateral
o bilateral de acuerdo con lo regulado por este Código 35” .

“Seules les parties introduisent l’instance, hors les cas où la loi en dispose autrement. Elles
ont la liberté d’y mettre fin avant qu’elle ne s’éteigne par l’effet du jugement ou en vertu
de la loi.36 ” .

“A civil action is commenced by filing a complaint with the court37 ”.

2.1 La facultad de disposición del proceso otorgada a las


partes
En cada una de las disposiciones legales recién transcritas, se observa la idea de que
el proceso pertenece a las partes, inicia con el ejercicio de la acción que éstas realizan
y se va a mantener durante todo el trayecto bajo su dominio, salvo las excepcionales
prerrogativas reconocidas al juez, unas veces en aras de la justicia y otras, en cuanto
al impulso procesal.

35
Artículo 1 del Código General del proceso de la República Oriental del Uruguay.
36
Artículo 1 del Nuevo Código de procedimiento Civil francés, traducido al español expresa:
“El proceso sólo podrá comenzar a instancia de parte, salvo en aquellos casos en que la ley disponga lo contrario.
Las partes serán libres de ponerle fin antes de que concluya por sentencia o en virtud de lo dispuesto en la ley”.
37
Regla número 3 de las Reglas Federales del Procedimiento Civil norteamericano. La regla correspondiente en el derecho
puertorriqueño es la número 2 de las Reglas de Procedimiento Civil de Puerto Rico, que expresa: “Un pleito se inicia con
la presentación de una demanda en el tribunal”.

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Autores franceses ven en el artículo 1 del Nuevo Código de Procedimiento Civil, la


consagración del principio acusatorio y en el artículo 2 del mismo cuerpo legal, la
prerrogativa a la conducción del proceso por las partes. Observan que en aplicación
del principio acusatorio o dispositivo, como también se denomina, las partes tienen
la iniciativa de impulsión, de desistimiento, de aquiescencia, salvo los casos en que se
encuentre en juego el orden público38 . La jurisprudencia francesa en aplicación de
este principio, ha llegado incluso a reconocer a las partes la posibilidad de suspen-
der el curso de la instancia, mediante una demanda conjunta de radiación, la cual se
impone al juez (Cass. Ass. Plén. 24 nov. 1989).

Una de las características prominentes del proceso en el sistema angloamericano


es su naturaleza adversarial, que en la litigación civil se traduce en la iniciativa del
proceso confiada a las partes, así como la investigación de los hechos pertinentes,
la presentación de la prueba y de los argumentos legales al tribunal, cuya función se
limita a adjudicar conforme a los alegatos y pruebas que las partes han presentado y
aplicar de manera apropiada la ley39 . Hay dos vertientes resultantes de esta facultad
otorgada a las partes, por un lado la llamada party presentation, que alude a la facultad
de investigar, presentar pruebas y argumentos, y por el otro, la llamada party prosecu-
tion, que atañe al impulso procesal de parte.40  Este principio es la expresión de dos
ideas interrelacionadas, en el sentido de que las partes son dueñas de sus propios
derechos y libres de presentar reclamaciones o defensas, y que el interés social en
asegurar los derechos subjetivos está suficientemente servido, cuando se otorga a
26 las partes afectadas el derecho de hacer valer sus propios intereses41 .
Fuller visualiza la adjudicación en el sistema angloamericano no como un simple
método de resolución de disputas, sino como una forma de orden social, como el
contrato o las elecciones, dado el modo de participación de la parte interesada. Señala
que el modo distintivo de participación en los contratos es la negociación, en las
elecciones, el voto y en la adjudicación, la presentación de pruebas y alegatos42 .
En la legislación dominicana actual no existe ninguna disposición legal que lo consagre,
pero el proceso inicia a partir de la demanda en justicia realizada por el demandante,
de manera general mediante acto de alguacil, de conformidad con los artículos 59
y siguientes del Código de Procedimiento Civil. De ahí que se define la demanda,
como el acto procesal por el que una persona se dirige a un tribunal pidiéndole que
consagre una pretensión en su favor. 43 

2.2 Concepto y caracteres generales


El principio dispositivo es el criterio derivado de la naturaleza de los derechos e inte-
reses en juego, en virtud del cual el proceso se construye, en primer lugar, haciendo

38
Jean Vincent et Serge Guinchard, Procédure Civile, 24 Ed., París, Dalloz, 1996, p. 407.
39
Fleming James, Jr., Geofrey C. Hazard, Jr. And Joan Leubsdorf, Civil Procedure, 5th. Ed. New York, Foundation
Press, 2001.
40
Ibid, pp. 4-5
41
Idem.
42
Lon L. Fuller, The Forms and Limits of Adjudication, citado por Robert M. Cover y Owen M. Fiss, The
Structure of Procedure, New York, The Foundation Press, 1979, p. 507.
43
Froilán Tavares Hijo, Elementos de Derecho Procesal Civil Dominicano, 6ta. edición, Santo Domingo, Editorial
Tiempo, 1989, p. 219.

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depender su existencia real y su objeto concreto del libre poder de disposición de


los sujetos jurídicos sobre los derechos sustantivos y materiales cuya protección
jurisdiccional se pretende y, en segundo lugar, de modo que dispongan también
libremente de las oportunidades de actuación procesal abstractamente previstas
en la norma jurídica. Una primera consecuencia o manifestación primera de este
principio, es que el proceso sólo se inicia por la iniciativa de un sujeto jurídico que
pretende obtener una resolución judicial completa, lo que se debe a dos factores: la
total instrumentalidad del proceso y el libre poder de disposición del sujeto jurídico
sobre lo que puede ser materia de aquél. En España para referirse a este aspecto
del principio, se habla de principio de justicia rogada o de rogación44 . Este poder de
disposición permite que el objeto del proceso venga determinado, ante todo, por lo
que el actor decida pedir en relación con los fundamentos de hecho y de derecho
que quiera hacer valer45 .

El reconocimiento del principio dispositivo como principio autónomo del derecho


procesal, se ubica en el siglo XIX, específicamente en 1801, cuando Göner designa
como “principio dispositivo”, lo que antes fuera conocido bajo el concepto de con-
troversia, nace precisamente en una época de plena desconfianza hacia los jueces en
el período en que Europa Continental salía de las monarquías absolutas46 .

Este principio supone en realidad dos principios distintos: a) El principio dispositivo


en sentido estricto, esto es la disponibilidad de las partes sobre el interés privado y
la conveniencia o no de acudir al órgano jurisdiccional pretendiendo su satisfacción 27
y b) El principio de aportación de parte, que versa sobre el monopolio que tienen
las partes de aportar al proceso los elementos de hecho y los medios de prueba47 .

Se afirma que el fundamento de este principio dispositivo, se encuentra en la na-


turaleza privada del derecho subjetivo a hacer valer en el proceso, en la titularidad
particular del mismo, en la autonomía de la voluntad de los ciudadanos y, en definitiva
en la libertad48 , o que es un reflejo de la autonomía del derecho que se hace valer
en el mismo proceso49 ; en fin, que este principio se basa en la suposición de que en
los asuntos en los cuales solo se dilucida un interés privado, los órganos del poder
público no deben ir más allá de lo que desean los propios particulares50 .

Visto desde otra óptica este derecho de las partes ha sido considerado como una
carga procesal51 , señalándose a este respecto que el predominio del principio dis-
positivo en un proceso, no significa dominio de la voluntad de las partes, sino una
marcada apreciación de su actividad, que no se trata de un reconocimiento a un

44
Andres De La Oliva y Miguel Ángel Fernandez, Lecciones de Derecho Procesal, 2da. Ed., Barcelona, Limpergraf, S. A., 1984, p. 74.
45
Idem.
46
Osvaldo Alfredo Gozaíni, Teoría General del Derecho Procesal, 1ra. Reimpresión, Buenos Aires, Ediar, 1999, p. 109.
47
Juan Montero Aroca, Manuel Ortells Ramos, Juan-Luis Gómez Colomer y Alberto Mondón Redondo, Derecho Jurisdiccional,
Barcelona, Librería Bosch, 1995, tomo I, p. 325.
48
Ibid.
49
Salvatore Satta, Manual de Derecho Procesal Civil, Buenos Aires, Ediciones Jurídicas Europa-América, 1971, tomo I.
50
Eduardo J. Couture, Fundamentos del Derecho Procesal Civil, Buenos Aires, Depalma, 1997, p. 186.
51
Por carga procesal debe entenderse, a juicio de Ugo Rocco, un cierto comportamiento que debe tener un sujeto si quiere
obtener y conseguir un resultado favorable a su propio interés, que suele hablarse de carga del impulso procesal, de una carga
de la demanda, de una carga de las alegaciones, de una carga de la prueba, de una carga de los gastos.Véase Ugo Rocco, Teoría
General del Proceso Civil, México, 1959, Editorial Porrua, S. A., tomo II, p. 411.

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pretendido derecho suyo de disposición del material del pleito, sino de una sanción
de responsabilidad en la procuración del material de conocimiento del juez52 .

2.3 Aplicaciones
Couture53  señala siete ejemplos de aplicaciones de este principio en el derecho
procesal civil:

a) En la iniciativa, la actividad jurisdiccional sólo se inicia a petición de parte.

b) En el impulso, en un proceso acentuadamente dispositivo, el impulso procesal se


haya confiado a las partes.

c) En la disponibilidad del derecho material, si las partes pueden iniciar el proceso,


pueden también ponerle fin, abandonando la acción ejercida.

d) En la disponibilidad de las pruebas, es lo que denominamos más arriba, principio


de aportación de parte54 , que significa que la iniciativa de las pruebas corresponde
exclusivamente a las partes55 .

e) En los límites de la decisión56 , el juez no puede fallar más allá de lo pedido por las
partes y tiene la obligación de responder a cada pedimento de éstas. Es lo que
28
llaman en la doctrina española, el deber de congruencia, según el cual el juez debe
ser congruente con la pretensión y la resistencia formuladas57 .

f) En la legitimación para recurrir, sólo puede recurrir quien ha sufrido un agra-


vio58 .

52
Jose Chiovenda, Principios de Derecho Procesal Civil, Madrid, Reus, S. A. 1977, tomo II, p. 278.
53
Couture, Op. Cit., pp. 187-189.
G) En los efectos de la cosa juzgada, ya que la cosa juzgada sólo surte efecto entre las partes que hayan

litigado.
54
De conformidad con el artículo 6 del Nuevo Código de Procedimiento Civil francés, las partes tienen la
carga de alegar los hechos en que fundan sus pretensiones y que son pertinentes, de tal forma, que les está
vedado al juez fundar su decisión sobre hechos que no son parte del debate (Art. 7 del mismo código).
55
Es lógico pensar que quien pide una tutela jurídica a los órganos jurisdiccionales exponga lo que, a su juicio,
fundamenta tanto fáctica como jurídicamente la petición formulada. Ante todo porque ese sujeto jurídico
conocerá, de ordinario, unos hechos que los tribunales siempre desconocerán.Véase Andrés De La Oliva
y Miguel Ángel Fernández, Lecciones de Derecho Procesal, 2da. Ed., Barcelona, Limpergraf, S. A., 1984, p. 74.
56
La sentencia está recortada a pronunciarse dentro de los límites de la demanda. El castigo por sentenciar
con algunas de estas deficiencias , es decir, fuera del marco de congruencia en los hechos litigiosos importa
la nulidad del decisorio.Véase, Osvaldo Alfredo Gozaíni, Op. Cit., p. 110.
57
Juan Montero Aroca y otros, Op. Cit., p. 326.
58
Este agravio ha sido definido por Gozaíni como la diferencia negativa entre lo que pidió y fue resuelto.Ver
Osvaldo Alfredo Gozaíni, Op. Cit., p. 110.

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El impulso procesal
capítulo III
“Les parties conduisent l’instance sous les charges qui leur incombent. Il leur appartient
d’accomplir les actes de la procédure dans les formes et délais requis59 ”.
29
“La dirección del proceso está confiada al tribunal, el que la ejercerá de acuerdo con las
disposiciones de este Código60 ”.

“Promovido el proceso, el tribunal tomará de oficio las medidas tendientes a evitar su


paralización y adelantar su trámite con la mayor celeridad posible61 ”.

3.1 Impulso procesal de oficio o impulso procesal de parte

Iniciado el proceso por las partes, ¿qué ocurre luego? ¿Cómo se regula la sucesión
de un acto a otro del procedimiento? Dependerá de la actividad del juez o de las
partes?

El impulso procesal es la actividad que tiende a obtener el progresivo movimiento


de la relación procesal hacia el fin62 , es la pregunta por el cómo de la sucesión de los
actos, una vez transcurridos sus correspondientes términos o plazos63 .

Los alemanes contraponen el impulso o movimiento de oficio (officialbetrieb) al im-


pulso o movimiento de parte64  (parteibetrieb). El principio de impulso oficial se basa

59
Artículo 2 del Nuevo Código de Procedimiento Civil francés, traducido al español:
“ Las partes impulsan el curso del proceso asumiendo las cargas que les incumben. Les corresponde dar cumplimiento a los
actos procesales en la forma y tiempo requeridos”.
60
Artículo 2 del Código General del Proceso de la República Oriental del Uruguay.
61
Artículo 3 del referido Código General del Proceso.
62
José Chiovenda, Op. Cit., p. 237.
63
Andrés de la Oliva y Miguel Ángel Fernández, Op. Cit., p. 77.
64
Francesco Carnelutti, Derecho y Proceso, Buenos Aires, Ediciones Jurídicas Europa-América, p. 182.

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en la idea de que el Estado está interesado en la rápida definición de los litigios una
vez surgidos, y por esto sus órganos deben tomar la iniciativa de la pronta solución
de los mismos; en el impulso de parte el proceso avanza a instancia de parte, son
éstas las que deben solicitar del juez que declare terminada una fase procesal y que
abra la siguiente65 , parte de la idea de que el proceso es cosa de las partes y de que
estas tienen derecho de disponer del tiempo de su tramitación y, a la vez, la carga
de hacerse diligentes para llevarlo adelante66 .
La lectura combinada de los artículos 2 y 3 del Nuevo Código de Procedimiento
Civil francés permite afirmar que se ha establecido en Francia un balance entre los
poderes de las partes y las prerrogativas del juez en el nuevo proceso civil francés67 ,
en el sentido de que el primero de estos artículos, otorga a las partes la conducción
de la instancia bajo las cargas que les incumben y el segundo, faculta al juez para vigilar
el buen desarrollo de la mismas, pudiendo impartir los plazos y ordenar las medidas
necesarias, es decir, el juez administra el procedimiento68 .Esta fórmula sugiere que
la instancia se desarrolla bajo la impulsión de las partes, limitándose la función del
juez a garantizar la armonía del proceso69 .
En República Dominicana, en el estado actual de nuestra legislación y aunque no
aparece consagrado en ningún texto de ley, predomina para los asuntos civiles y
comerciales, el impulso de parte, a tal punto que se ha dicho que el juez es el último
que se entera del proceso, pues la demanda se lanza sin su autorización y la parte
30 demandada comparece sin que él se entere, pues la comparecencia en materia civil
ordinaria se realiza mediante la constitución de abogado70 . La aplicación de este
principio da ocasión a que los procesos puedan prolongarse durante años, puesto
que sea cual sea el tiempo que transcurra a partir del último acto del procedimiento,
la instancia no perime de pleno derecho, sino a pedimento formal del demandado71 .
Afortunadamente uno de los proyectos de modificación del Código de Procedimiento
Civil consagra como principio en su artículo 6 la dirección del proceso al tribunal72 ,
como ocurre en el Código General del Proceso de Uruguay.

Couture en su Proyecto de Código de Procedimiento Civil acoge el impulso procesal


de oficio, expresando que un proceso inspirado en fines exclusivamente individuales,
es lógico cuando deja que las partes por indolencia, por desinterés o aun por error,
prolonguen indefinidamente el curso de la tramitación. Pero un Código inspirado en
móviles sociales, que ve en la justicia el cumplimiento de un fin esencial del Estado
y que no puede desentenderse de los casos que se someten a los tribunales porque
en ellos está involucrado el propio prestigio de éste, no puede desinteresarse de la
marcha del proceso73 .

65
Juan Montero Aroca y Otros, Op Cit., p. 334.
66
José Chiovenda, Ibid.
67
Serge Guinchard, Megacode, Nouveau Code De Procedure Civile, 1e. edición, París, Dalloz, 1999, p. 3.
68
Dalloz, Repertoire de Procédure Civile, 2e. edición, París, 1992, tomo III, Los Principios Directores del Proceso,
p. 23.
69
Serge Guinchard, Droit et Pratique de la Procédure Civile, París, Dalloz, 1999, p. 2395.
70
Artagnán Pérez Méndez, Procedimiento Civil, 11ma. Edición, Santo Domingo, Impresora Amigo del Hogar,
2002, tomo I, volumen I, p. 217.
71
Froilán Tavares Hijo, Op. cit.,Vol. II, p. 14.
72
Artagnán Pérez Méndez, Op. Cit., p. 36.
73
Eduardo J. Couture, Proyecto de Codigo de Procedimiento Civil, Buenos Aires, Ediciones De Palma, 1945, p. 85.

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Y añade el mismo autor, que lo que las partes quieren es justicia, para ello fueron al
tribunal a pedir algo o a oponerse a algo, que lo que el Estado busca con acelerar
la marcha del litigio hacia su conclusión, es satisfacer, justamente, la justicia que las
partes pidieron, que la adopción del impulso de oficio significa que vencido un plazo
procesal la secretaria da cuenta y el magistrado provee lo que corresponda al estado
del asunto74 .

En España, en razón de la vigencia del derecho constitucional a un plazo sin dilaciones


indebidas o a un plazo razonable (Art. 24.2 C. E. y 6.1 del Convenio Europeo para
la protección de los derechos humanos y las libertades fundamentales), con el fin
de darle continuidad al proceso, se ha optado por el principio de impulso de oficio,
atribuyendo al órgano jurisdiccional el control de la conclusión de los distintos ac-
tos o etapas del proceso, y la consiguiente continuidad del mismo de acuerdo a lo
previsto en las normas del procedimiento75 .

En Los Estados Unidos de Norteamérica por efecto de la vigencia del principio


dispositivo, se ha establecido el impulso de parte76 , party prosecution.

31

74
Ibid, p. 86.
75
Joan Picó Junoy, Los Principios Constitucionales Rectores del Proceso Civil, publicado en el libro Constitucionalización del Proceso Civil,
Santo Domingo, Escuela Nacional de la Judicatura, 2005, p. 108.
76
Fleming James, Jr., Geofrey C. Hazard, Jr. and Joan Leubsdorf, Civil Procedure, 5th. Ed. New York, Foundation Press, 2001, pp.
4-5.

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El principio de
capítulo IV
contradicción y el
principio de igualdad
de las partes
33
“Nadie podrá ser juzgado sin haber sido oído o debidamente citado, ni sin observancia de
los procedimientos que establezca la ley para asegurar un juicio imparcial y el ejercicio del
derecho de defensa77 ”.

“No person shall… be prived of life, liberty, or property, without due process of law78 ”.

“Nulle partie ne peut etre jugée sans avoir été entendue ou appelée”79 .

“Les parties doivent se faire connaître mutuellement en temps utile les moyens de fait sur
lesquels elles fondent leurs prétentions, les éléments de preuve qu’elles produisent et les mo-
yens de droit qu’elles invoquent, afin que chacune soit à même d’organiser sa defense”80 .

“Le juge doit, en toutes circonstances, faire observer et observer lui-même le principe de la
contradiction. Il ne peut retenir, dans sa décision, les moyens, les explications et les documents
invoqués ou produits par les parties que si celles-ci ont été à même d’en débattre contra-
dictoirement. Il ne peut fonder sa décision sur les moyens de droit qu’il a relevés d’office
sans avoir au préalable invité les parties à présenter leurs observations81 ”.

77
Del Art. 8,2,j de la Constitución dominicana.
78
Parte de la quinta enmienda de la Constitución de Los Estados Unidos de Norteamérica, que consagra para el gobierno
federal el debido proceso de ley: “Nadie…será privado de la vida, la libertad o la propiedad sin el debido proceso de ley”.
79
Art. 14 del Nuevo Código de Procedimiento Civil francés, cuya traducción al español se lee:
“Nadie podrá ser juzgado sin haber sido oído o llamado al proceso”.
80
Art. 15 Nuevo Código de Procedimiento Civil francés, al español:
“Cada una de las partes debe poner en conocimiento de la contraria, con antelación suficiente, los elementos de hecho en
que funde sus pretensiones, las pruebas que aporta y los fundamentos de derecho invocados, a fin de que cada una esté en
condiciones de organizar su defensa”.
81
Art.16 del Nuevo Código de Procedimiento Civil francés traducido al español se lee:

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4.1 El principio de contradicción


¿Podrá ser condenada una persona, sin haber sido oída, sin haber tenido oportu-
nidad de defenderse? ¿Se ajustan al derecho los procedimientos clandestinos? ¿El
material del litigio deberá ser conocido y discutido por ambas partes o basta con
presentarlo al juez?

Probablemente el principio de contradicción, que consiste de conformidad con el


artículo 8,2,j de nuestra Constitución en el ejercicio del derecho de defensa, es el que
más influencia ejerce en el esquema procesal presidido por el principio dispositivo.
Se ubica dentro del conjunto de derechos fundamentales procesales consagrados
bajo la fórmula del debido proceso de ley, según prescribe para el derecho domini-
cano el artículo 8.2,j de la Constitución, norma que acusa un notable influjo de la
Constitución norteamericana, específicamente, de sus enmiendas V y XIV. Supone la
vigencia del precepto “oír a la otra parte”, que es esencial en la estructura bilateral
de nuestro proceso civil.

Según algunos, este principio es la expresión misma del juicio civil, porque la acción
que está en su base es esencialmente bilateral, o sea, postula una relación entre
sujetos, y la exigencia de tutela en orden a esa relación y de él derivan como co-
rolario todas las otras normas que dan carácter al proceso civil: la dependencia del
juicio respecto a la acción, la dependencia del juez, respecto a las partes en orden
34 a la producción de la prueba, todo lo que se indica, en una palabra, con el carácter
dispositivo del proceso82 . Que el principio de contradicción importa no tan solo la
extrínseca contradictoriedad del proceso, sino la esencial realización contradictoria
de la tutela pedida, en el sentido de que la declaración del derecho no puede dejar
de ocurrir sino en relación a los dos sujetos, y el juicio sobre la existencia del de-
recho viene necesariamente a estatuir sobre las respectivas posiciones jurídicas de
los dos sujetos83 .

Chiovenda enseña que normalmente no se puede estatuir sobre una demanda, sino
fue oída y debidamente citada la parte contra la cual va propuesta (auditur est altera
pars), que en aplicación del principio de contradicción, la demanda judicial existe
en el momento en que es comunicada a la otra parte y a partir de aquel momento
existe la relación procesal84 . De igual forma, la obligación de estatuir nace en el caso
concreto en el momento en que en que es invocada frente al adversario85 .

Si por excepción, es llamado el juez a proveer “inoida parte”, la relación procesal nace
con la presentación de la demanda, pero el adversario no es parte en la relación, en

“El tribunal deberá observar y hacer observar en todo caso el principio de contradicción. Para fundar su
decisión sólo podrá atender a los medios de prueba, a las explicaciones y a los documentos invocados
o aportados por una parte en caso de que la contraria haya estado en condiciones de contradecirlos.
No podrá fundar su decisión en fundamentos jurídicos que él mismo haya apreciado de oficio sin haber
ofrecido previamente a las partes la oportunidad de pronunciarse al respecto”.
82
Salvatore Satta, Manual de Derecho Procesal Civil, Buenos Aires, Ediciones Jurídicas Europa-América, 1971,
tomo I, p. 141.
83
Salvatore Satta, Op. Cit., p. 142.
84
Jose Chiovenda, Op. Cit., p. 63.
 85
Ibid, p. 64.

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tanto no le sea notificada la demanda o la resolución, por ello sólo a partir de este
momento nace un derecho procesal respecto del adversario86 .

Ugo Rocco ve en este principio el reconocimiento de una pretensión respecto del


demandado, en este sentido afirma que para asegurar la satisfacción de los intereses
amparados por el derecho y sólo de aquellos intereses que éste protege, dentro de
los límites y en la medida establecida por el derecho, sin invadir la esfera de libertad
reconocida al individuo, sacrificando, por consiguiente otros intereses amparados por
el derecho, las normas procesales reconocen al demandado una pretensión frente
a los órganos jurisdiccionales, la cual asume una forma antitética a la pretensión del
actor87 .

Esta pretensión resulta incontrovertible por el mismo principio que establece la


igualdad de las partes en el proceso y que consiste en la facultad de exigir obligato-
riamente, de parte de los órganos jurisdiccionales, la declaración, mediante senten-
cia, de las concretas relaciones jurídicas deducidas del juicio. Frente a la acción que
pretende una declaración positiva, el demandado contrapone una acción que tiende
a una declaración negativa y viceversa88 .Y añade, que no puede hablarse de un deber
de las partes de prestarse a la controversia, ya que puede existir el llamado proceso
en rebeldía, en el cual una de las partes, aún habiendo sido citada regularmente al
juicio, no comparece89 .

Del contraste de la posición del actor y del demandado, podrá sacar el juez el cri- 35
terio exacto de su decisión, con base en el material de pruebas y argumentaciones
de hecho y de derecho que una y otra parte habrán desplegado en el desarrollo
del proceso90 .

En su Proyecto de Código de Procedimiento Civil, Couture observa que el principio


de contradicción es la consecuencia natural de la estructura bilateral del proceso,
que esta estructura permite a la justicia eliminar todo recelo y sospechas sobre las
proposiciones de las partes, en cuanto a los hechos, ya que debe suponerse que
nadie habrá de tener más interés que el adversario en oponerse y contradecir las
proposiciones inexactas de su contraparte y, en consecuencia, cabe admitir que las
proposiciones no contradichas, deben suponerse exactas91 .

4.2 Aplicaciones del principio de contradicción


La doctrina francesa admite como un principio natural de la instancia que cada parte
pueda discutir las pretensiones, los argumentos y las pruebas de su adversario, se

86
Ibid, p. 65.
Gozaíni afirma que en esta última hipótesis, el principio de contradicción queda resguardado, lo único que cambia es el tiempo
para cuestionar, no se desplaza el contradictorio en sí mismo, sino la oportunidad para hacerlo.Véase Osvaldo Alfredo Gozaíni,
Op. Cit., p. 100.
87
Ugo Rocco, Teoría General Del Proceso Civil, México, 1959, Editorial Porrua, S. A., tomo II, p. 231.
88
Ibid, pp. 232-233.
89
Ibid, p. 408.
90
Ibid, p. 408.
91
Eduardo J. Couture, Proyecto de Código de Procedimiento Civil, Buenos Aires, Ediciones De Palma, 1945, p. 88.

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expresa a veces este principio, diciendo que las partes deben respetar el derecho de
defensa. En aplicación de este principio es esencial que cada una de las partes tenga
libertad de atacar y de defenderse, la posibilidad de conocer y de discutir los docu-
mentos producidos, las deposiciones de los testigos y de asistir a los procedimientos
de prueba92 . Afirman estos autores que el juez no solo tiene la obligación de hacer
observar el principio de contradicción, sino que debe observarlo él mismo. Las partes
están así protegidas no solo contra las maniobras de su adversario, sino contra la
negligencia o la parcialidad del juez (Cons. D état, 12 oct. 1979, D. 1979.606)93 .

En la legislación angloamericana, se evidencia el respeto de este principio que por


demás está consagrado, como se ha dicho por la 5ta. enmienda para los asuntos
federales y por la enmienda XIV, para los asuntos estatales. Así, se ha dicho que la
principal función del emplazamiento de conformidad con la regla 4 de las Reglas
Federales del Procedimiento Civil norteamericano es dar información al demandado
que una acción legal ha sido incoada en su contra, de manera que tenga tiempo y
una justa oportunidad para defenderse y presentar sus alegatos94 .

Lo mismo ocurre en Puerto Rico, cuyas Reglas del Procedimiento Civil son muy
similares a las norteamericanas y donde se ha establecido que, de manera general,
las normas que se refieren al emplazamiento son de cumplimiento estricto, en razón
de que el emplazamiento se mueve dentro del campo del derecho constitucional y
más específicamente dentro del derecho del demandado a ser oído y notificado de
36 cualquier reclamación en su contra. Es un requisito del debido proceso de ley que a
una parte se le notifique de todo proceso en su contra para que tenga la oportunidad
de asistir al juicio, presentar prueba y ser oído95 .

En República Dominicana, este principio regula la instancia por necesaria aplicación


del artículo 8.2.j de la Constitución que ha consagrado, como se ha dicho, el debido
proceso de ley, no hay ningún texto en el derecho procesal civil que lo consagre, sin
embargo nuestra doctrina jurídica ha dicho que su vigencia se infiere, de todas las
disposiciones que, al regular la marcha del proceso, exigen la citación del demandado
o presuponen que él ha sido regularmente citado96 , que como consecuencia de este
principio en nuestra legislación los medios de prueba empleados o propuestos por
cada una de las partes u ordenados de oficio por el juez, deben ponerse a disposición
y en conocimiento de la parte contra quien puedan ser invocados97 .

4.3 El principio de igualdad de las partes


Como consecuencia del principio de contradicción, existe el principio de igualdad
de las partes en el proceso, en razón de que el derecho de defensa, la obligación de

92
Jean Vincent et Serge Guinchard, Procédure Civile, Op Cit., pp. 431-432.
93
Ibid, p. 433.
94
Baicker-Mckee, Janssen, Corr, Federal Civil Rules, Handbook, Thomson West, 2006, p. 176.
95
Rafael Hernández Colón, Derecho Procesal Civil, San Juan, Michie de Puerto Rico, p. 162.
96
Froilán Tavares Hijo, Elementos de Derecho Procesal Civil Dominicano, 6ta. edición, Santo Domingo, Editorial
Tiempo, S. A., 1989, p. 24.
97
Idem.

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“oír a la otra parte” no serviría de nada, si a ambas partes no se les ofrece la opor-
tunidad de presentar sus alegatos en un pie de igualdad.Y es que se estima necesario
para que el proceso jurisdiccional sea una verdadera superación de la justicia privada,
el postulado de que los distintos sujetos del proceso dispongan de iguales medios
para defender en el proceso sus respectivas posiciones, de parejas posibilidades para
sostener y fundamentar lo que a cada cual parezca conveniente98 .

Esta igualdad de las partes en el proceso como principio ha sido consagrado como
uno de los derechos fundamentales del individuo, así el artículo 10 de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos consagra el derecho que tiene toda persona a
ser oída públicamente y con justicia en condiciones de plena igualdad99 , por un tribunal
independiente e imparcial; en igual forma el artículo 14.1 del Pacto Internacional de
los Derechos Civiles y Políticos establece que todas las personas son iguales100  ante
los tribunales y cortes de justicia, similar disposición rige para los países europeos
por efecto del artículo el 6-1 de la Convención Europea de Derechos Humanos101 , y
para nosotros de manera muy especial se evidencia la consagración de este principio
por el contenido de los artículos 8, inciso 5102  y 100103  de la Constitución Política
de la República Dominicana.

La noción de igualdad (équité) resume el conjunto de garantías formales enume-


radas por el artículo 6-1 de la Convención Europea de Derechos Humanos, pero
tiene su autonomía propia y ha servido para sancionar una decisión por violación
a este principio. De la existencia de este derecho fundamental, surge la obligación 37
para el tribunal de realizar un examen efectivo de los medios, argumentos y ofertas
de prueba de las partes, a fin de ponderar su pertinencia para la decisión a tomar;
de la misma forma hará cumplir la exigencia de la igualdad de armas, sobre la cual
la comisión europea, ha expresado que toda parte en una acción civil, debe tener
una posibilidad razonable de exponer su causa en el tribunal, en condiciones que no
presenten desventaja104  de una manera apreciable con relación a la parte adversa;
esta igualdad finalmente se refiere a la posibilidad de tomar conocimiento de las ob-

98
Andrés de la Oliva y Miguel Ángel Fernández, Lecciones de Derecho Procesal, 2da. Ed., Barcelona, Limpergraf, S. A., 1984, p. 69.
99
El referido Art. 10 de la Declaración expresa: “Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída pú-
blicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o
para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal”
100
La parte citada del artículo 14.1 en lo que se refiere a este tema se lee: “Todas las personas son iguales ante los tribunales y
cortes de justicia.Toda persona tendrá derecho a ser oída públicamente y con las debidas garantías por un tribunal competen-
te, independiente e imparcial, establecido por la ley, en la substanciación de cualquier acusación de carácter penal formulada
contra ella o para la determinación de sus derechos y obligaciones de carácter civil”.
101
La parte que nos ocupa de dicho artículo es la siguiente:” Toda persona tiene derecho a que su causa sea conocida de manera
justa, pública y en un plazo razonable por un tribunal independiente e imparcial, establecido por la ley, que decidirá, sea de las
contestaciones sobre sus derechos y obligaciones de carácter civil…”
102
La parte final del inciso 5 se refiere a que la Constitución “No puede ordenar más de lo que es justo y útil para la comunidad
ni puede prohibir más que lo que le perjudica”.
103
El texto del artículo 100 es el siguiente: “La República condena todo privilegio y toda situación que tienda a quebrantar la
igualdad de todos los dominicanos, entre los cuales no deben contar otras diferencias que las que resulten de los talentos o
de las virtudes y en consecuencia, ninguna entidad de la República podrá conceder títulos de nobleza ni distinciones heredi-
tarias”.
104
Coincide esta precision de la Comisión con el criterio expuesto por Ugo Rocco sobre este principio: “Según este principio
las partes al ejecutar el derecho de acción y el correlativo de contradicción en juicio, deben estar en una posición de perfecta
paridad e igualdad, de modo que las normas que disciplinan su actividad no puedan constituir, frente a una de las partes en
juicio, con daño a la otra, una situación de ventaja o de privilegio”. Ugo Rocco, Op. Cit., p. 408.

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servaciones o de las piezas producidas por la contraparte, así como de discutirlas105 .


Se vincula además a este principio de igualdad, la llamada igualdad en la fila, esto es,
la exigencia de que el resultado obtenido en otro proceso similar sirve las veces
de antecedente del que está en curso106 , ante iguales hechos, iguales soluciones, al
aplicar la misma ley.

4.4 Aplicaciones del principio de igualdad


Algunas aplicaciones importantes de este principio son:

A) La demanda debe ser necesariamente comunicada al demandado.

B) La comunicación debe hacerse con las formas requeridas por la ley bajo pena
de nulidad, ya que todo quebrantamiento en las formas del emplazamiento en-
traña el riesgo de que el demandado no haya sido efectivamente enterado de la
demanda107 .

C) Comunicada la demanda se otorga al demandado un plazo razonable para com-


parecer y defenderse.

D) Las pruebas deben ser comunicadas al adversario para que tenga conocimiento
38 de ellas antes de su producción.

E) Toda prueba puede ser fiscalizada por el adversario durante la producción e


impugnada después de su producción.

F) Toda petición incidental que se formule, ya sea durante el debate, ya sea durante
la prueba, debe sustanciarse con audiencia del adversario, salvo disposición en
contrario.

G) Ambas partes tienen iguales posibilidades de presentar sus exposiciones de


conclusión o alegatos y de impugnar mediante recursos las resoluciones que les
sean adversas108 .

4.5 Propuestas para el mantenimiento de la vigencia de este


principio
¿Podría hablarse en la práctica de esta igualdad, a sabiendas de las grandes desigualda-
des sociales, culturales, económicas que existen en el mundo? Al respecto se ha dicho
que lo que este principio demanda no es una igualdad numérica, sino una razonable
igualdad de posibilidades en el ejercicio de la acción y la defensa109 , la idea está en

105
Jean Vincent et Serge Guinchard, Op. cit., pp. 400-401.
106
Osvaldo Alfredo Gozaíni, Op. Cit., p. 101.
107
Solución acertada a nuestro juicio es la instaurada por el actual régimen nuestro de nulidades “no hay
nulidad sin agravio”, consistiendo este agravio en la violación al derecho de defensa.
108
Eduardo J. Couture, Fundamentos…, Op. Cit., pp. 183-184.
109
Ibid, p. 185.

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quitar espacio a la inferioridad jurídica, sin conceder a unos lo que a otro se niega,
en igualdad de circunstancias110 .

Preocupa el hecho de que ciertamente la igualdad de los ciudadanos no ha pasado de


las constituciones a la realidad, lo que se refleja en el proceso, en el que muchas veces
la lucha por la justicia se convierte en algo tan desigual como la vida social111 .

Se ha pretendido corregir esta desigualdad procesal mediante algunos remedios que


se consideran inadmisibles y estos son:

A) La igualdad de hecho no puede lograrse en el proceso por el camino de esta-


blecer legalmente una desigualdad de signo contrario; lo que se ha denominado
igualdad por compensación, en razón de que sería inconstitucional y absurdo,
es el caso, por ejemplo, de que una parte pudiese proponer prueba y la otra
no, o que el recurso sólo fuera posible a una de las partes.

B) Tampoco se corrige la desigualdad dejando al criterio del juez la conformación


del proceso-procedimiento, para que lo acomode a las especialidades del caso
concreto, ya que se atentaría contra la seguridad jurídica.

C) Por último, no constituye una solución admisible, aquella pretensión de que el


juez abandone su actitud de imparcialidad y se convierta en protector de la
parte más débil, porque se quebraría la existencia de la misma jurisdicción112 .
39
El profesor Montero Aroca propone una serie de medidas complementarias que, a
su juicio, contrario a las anteriores, sí podrían fortalecer la vigencia de este principio
en el proceso civil español:

A) Como el artículo 24 de la Constitución española reconoce el derecho de


acudir a los órganos jurisdiccionales del Estado, deben entenderse derogados
por la Constitución todos los obstáculos y limitaciones legales a ese derecho
en cuanto no supongan encauzar razonablemente el ejercicio del mismo.

B) La simplificación de los diversos tipos procesales, mediante la supresión de la


mayor parte de los procesos especiales.

C) En el proceso civil y en sus derivados, la igualdad de las partes no puede lo-


grarse estableciendo desigualdades procesales de signo contrario, sino que el
legislador, partiendo del conocimiento de la desigualdad real de las partes, debe
favorecer todas aquellas instituciones que puedan servir para poner a la parte
socialmente más débil en condiciones de paridad, y desechar todas aquellas
otras que contribuyen a convertir la igualdad de derecho en desigualdad de
hecho. Se trata así de fomentar la ejecución provisional, las medidas cautelares
o la oralidad procedimental y de suprimir formalismos inútiles, evitar recursos
meramente dilatorios, etc.

110
Osvaldo Alfredo Gozaíni, Op. Cit., p. 101.
111
Juan Montero Aroca, Manuel Ortells Ramos, Juan-Luis Gomez Colomer y Alberto Monton Redondo, Derecho Jurisdiccional,
Barcelona, Librería Bosch, 1995, Tomo I, p. 319.
 112
Ibid, pp. 319-320.

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El principio de la
capítulo V
oralidad y la escritura
y sus derivados, los
principios de inmediación, 41

concentración y
publicidad

Los medios del diálogo son el hablar y el escribir, en términos más genéricos, el discurso
y la figura, pero no son medios equivalentes, sino complementarios, por eso el proceso no
puede y no debe renunciar ni al uno ni al otro113 .

5.1 El principio de la oralidad y la escritura


¿Debe ser el proceso oral o escrito? ¿La oralidad o la escritura en el proceso deben
regir de manera absoluta? ¿Se refiere la oralidad a la presentación de los argumentos
o toca también lo relativo a las pruebas? ¿Si la audiencia es oral en forma absoluta,
cómo conoce el tribunal de alzada el desarrollo de la misma? ¿Se vincula el principio
de oralidad con otros principios en el desarrollo democrático de la instancia?

Según este principio, las partes no pueden a su arbitrio valerse de los medios orales
o de los escritos para comunicarse entre sí y con el órgano jurisdiccional, sino que
deben, según los casos y según las facultades o las obligaciones que la ley les confiere,
valerse de la una o de la otra forma de manifestación del pensamiento114 .

113
Francesco Carnelutti, Derecho y Proceso, Buenos Aires, Ediciones Jurídicas Europa-América, pp. 174, 175.
114
Ugo Rocco, Teoría General Del Proceso Civil, México, 1959, Editorial Porrúa, S. A., tomo II, p. 411.

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“La experiencia derivada de la historia permite añadir que el proceso oral es el mejor
y más conforme con las exigencias de la vida moderna, porque sin comprometer lo
más mínimo, antes bien, garantizando, la bondad intrínseca de la justicia, la propor-
ciona, más simplemente y prontamente”115 .

Se atribuye a Chiovenda a principios del siglo pasado el inicio de la lucha por la ora-
lidad en el proceso civil116 , este autor identifica como un problema fundamental del
procedimiento la prevalencia117  del elemento oral o del elemento escrito, ya que esta
circunstancia determina el tipo y los caracteres de un proceso118 , entiende que las
reformas procesales del siglo XIX produjeron una prevalencia progresiva del proceso
oral sobre el escrito, sobre todo en el ámbito del derecho penal, donde se presenta
como un principio político, lo que no ha ocurrido con igual rapidez en el campo del
derecho civil, porque allí se presenta como un simple principio técnico jurídico119 .

El proceso no debe ser ni puramente oral, ni exclusivamente escrito, ya que exclusi-


vamente oral sólo puede ser un proceso primitivo en el que los pleitos y los medios
de prueba son sencillos, simples y no se admiten las impugnaciones o apelaciones y los
medios de reproducción de la palabra son difíciles. En los pleitos de una civilización
más avanzada la escritura tiene siempre una parte, todo proceso moderno es, por lo
tanto, mixto y será oral o escrito según la importancia que en él se dé a la oralidad
o a la escritura, y, sobre todo, según el modo de verificar la oralidad120 .

42 El principio de la oralidad no se limita a una discusión oral en la audiencia, ya que


en un sistema en que las partes están obligadas a exponer por escrito no sólo sus
conclusiones, sino también los motivos de hecho y de derecho que sirven de base
a la pretensión del concluyente, la discusión oral se reduce a una repetición inútil.
La discusión oral supone un debate oral, el principio de oralidad no excluye los es-

115
José Chiovenda, Principios de Derecho Procesal Civil, Madrid, Reus, S. A. 1977, tomo II, pp. 132-133.
116
Precisamente en el Congreso Jurídico Forense de Roma, de octubre de 1911, Chiovenda por su activa
propaganda en pro de la oralidad y la concentración procesal, obtuvo el voto favorable de la mayoría de
los participantes de este Congreso. Ibid, p. 134.
117
Con este mismo término refiere Montero Aroca, el predominio de uno de estos dos métodos, afirmando
precisamente que existe una imposibilidad práctica de configurar un procedimiento de manera totalmente
oral o escrito. Véase, Juan Montero Aroca, Manuel Ortells Ramos, Juan-Luis Gómez Colomer y Alberto
Montón Redondo, Derecho Jurisdiccional, Barcelona, Librería Bosch, 1995, tomo I, p. 342.
118
José Chiovenda, Op. Cit., p. 132.
119
Afirma Chiovenda que en el campo del Derecho Civil no tuvo la apasionada devoción de las masas, sino
únicamente la fría y meditada adhesión de los estudiosos, de los prácticos, de los gobernantes que consi-
deraron por una parte la identidad sustancial entre el derecho civil y el penal, y por la otra, la beneficiosa
influencia que el principio de la oralidad por sí mismo puede tener en el desarrollo de los juicios. Cita
como la primera ley procesal civil importante en la que la oralidad ha triunfado, el Reglamento Procesal
Civil para el imperio germánico, 15 años después de la vigencia de este Reglamento, Austria introducía
la oralidad en los juicios civiles, que Francia admite la oralidad en su Code de Procédure Civile, pero
hay que reconocer que no ha actuado en el proceso civil francés con la plenitud que se observa en el
proceso penal y con que ha sido adoptada en Alemania y Austria, tanto así que Tissier reconoce que los
inconvenientes ordinariamente notados en el funcionamiento del proceso se derivan de la incompleta
aplicación del principio de oralidad. Ibid.
El Código de Procedimiento Civil de Hannover se identifica como el primer Código que abandonó la
escritura. Montero Aroca y otros, Op. Cit., p. 343.
Lógicamente Chiovenda se refiere al antiguo Código de Procedimiento Civil francés que regía en-
tonces.
120
José Chiovenda, op. cit., p. 134.

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critos en el proceso, pero exige que no tengan sino el lugar que les compete según
las condiciones de la vida moderna y según la utilidad efectiva que pueda dar a los
juicios121 .

Si hubiera que destacar algo que normalmente caracteriza el procedimiento oral,


puede decirse que esta clase de procedimiento suele acabar con una audiencia oral
en la cual el juez se pone en relación directa con las pruebas personales (testigos,
peritos) y con las partes, sin perjuicio de que esta audiencia haya sido preparada
por una serie de actos escritos, en los cuales puede haberse interpuesto incluso la
pretensión122 ; o lo que es lo mismo, que las alegaciones, la prueba y, en su caso, la
última concreción de las pretensiones y sus fundamentos, antes de la sentencia, se
presenten al juez de viva voz123 .

5.2 Ventajas de la oralidad


En todos los casos en que hay que medir la espontaneidad de las declaraciones de
alguien124 , sea parte, testigo, o perito, es evidente que el contacto directo y personal
de éstos con el juez, pone al juez en situación de apreciar mejor la declaración, y si
la verdad de los hechos debe resultar de un contradictorio, sea de partes, testigos o
peritos, la confrontación pierde toda eficacia en el escrito que la reproduce. Aun en
las cuestiones meramente jurídicas, y en aquéllas en que el material de hecho resulta 43
todo de documentos, la discusión oral entendida no como declamación académica,
sino como una concisa oposición de razones a razones, puede llevar a una definición
ciertamente más pronta y probablemente mejor que la madurada en el interior del
juez con sólo la ayuda de los escritos125 .

La mayor rapidez, la mayor facilidad de entenderse, recíprocamente, la selección que


la defensa hablada hace, naturalmente en las razones y argumentos, haciendo sentir
la eficacia de las buenas y la inutilidad de las malas; la sinceridad de la impresión del
que escucha, explican la importancia que el debate oral tienen las relaciones públicas
y privadas de la vida moderna126 .

5.3 Ventajas de la escritura


La perdurabilidad y la ponderación se presentan como virtudes de la escritura, la
primera en aplicación de la máxima si verba volant, scripta manent, y la segunda se

121
Ibid, Pág. 136.V. Montero Aroca y Otros, Op. Cit., p. 344.
122
Montero Aroca y otros, Op. Cit., p. 144.
123
Andrés De La Oliva y Miguel Ángel Fernández, Lecciones de Derecho Procesal, 2da. Ed., Barcelona, Limpergraf, S. A., 1984, pp.
63-103.
124
El hablar se acompaña del gesticular y el gesto integra la fuerza expresiva de las palabras, de manera que el hablar presenta una
riqueza sin duda mayor que el escribir; sin embargo, el hablar tiene como defecto por un lado la dificultad de la improvisación,
es decir la pronta encarnación de la idea en el concepto, que es en lo que consiste el secreto de la elocuencia, y del otro, la
fugacidad del discurso, el discurso huye y no hay otra facultad para retenerlo que no sea la memoria de quien escucha y los
límites de la memoria son lamentablemente bien conocidos. Francesco Carnelutti, Op. Cit., pp. 174-175.
125
Ibid, p. 137.
126
Idem.

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refiere a que quien escribe, no apremiado por la exigencia de no introducir largas


pausas en el discurso, tiene una amplia disponibilidad de tiempo que le permite toda
la comodidad necesaria para la formación de los conceptos127.

En el proceso oral tiene su lugar también la escritura, en primer lugar para preparar
el tratamiento del pleito, por ejemplo, la demanda inicial se redacta por escrito y
debe indicar sus elementos y los medios de prueba de manera precisa, de manera que
coloque al demandado en situación de defenderse, así como otros actos procesales,
ya que es un contrasentido venir a la audiencia para comunicarse escritos, la escritura
se emplea entre ausentes, pero entre presentes, se utiliza la palabra128 .

En segundo lugar, como documentación de todo lo que tiene importancia para el


pleito, en particular, de lo que ocurre en la audiencia, apuntes que toman los jueces,
las actas de audiencia, interrogatorios de partes, testigos o peritos, resoluciones del
juez, actas que sirven no solo para la memoria del juez, sino para documentar las
actividades procesales en las instancias superiores, ya que oralidad significa que el
juez debe conocer de las actividades procesales (interrogatorios, pericia, etc.) no a
base de escritos muertos, sino a base de la impresión recibida; y también refrescada
por los escritos, de estas actividades ocurridas ante él129.

44 5.4 Inconvenientes de la oralidad


Se señalan como inconvenientes de la oralidad130 :

A) Que el proceso oral es más superficial y la decisión fácilmente precipitada, po-


niéndose de relieve la mayor garantía que ofrecen los escritos, desde el punto de
vista de la mayor precisión del que los redacta, de la mayor ponderación con que
pueden ser examinados. Estos temores resultan infundados, toda vez que la ora-
lidad contrarestada por los escritos que preparan el debate, garantiza una justicia
intrínsecamente mejor, hace al juez partícipe del pleito y le permite dominarlo
mejor, evitando los equívocos tan frecuentes en el proceso escrito131 .

B) Que las partes se encuentran más fácilmente expuestas a sorpresas, omisiones


y errores. Temor también infundado, ya que la comunicación previa de los do-
cumentos y los escritos preparatorios tiene por objeto precisamente poner en

127
Francesco Carnelutti, Op. Cit., pp. 174-175.
128
Ibid, p. 138.
129
Idem.
130
José Chiovenda, Op. Cit., p. 143.
131
El proceso oral excita el espíritu del magistrado y del abogado y lo hace más sagaz, más rápido, más pe-
netrante, asegura mejor la veracidad y la sinceridad de los resultados de la instrucción. Ciertamente las
garantías que parecen suficientes en el proceso penal para tutelar la libertad y el honor de los ciudadanos,
no deben considerarse inadecuadas en el proceso civil, para tutelar sus bienes. No debe olvidarse que
contra los posibles errores queda la garantía de la apelación, que en el proceso oral reviste un interés
especial que no tiene en el escrito, donde es considerado por muchos como una inútil duplicación. Por
otra parte, si la introducción del proceso oral produce un aumento porcentual en el número de sentencias
no confirmadas, significaría un daño levísimo comparado con la ventaja de una justicia rápida, pronta y
económica, de un proceso redimido del enojoso formalismo del proceso escrito, más cercano a la realidad,
más accesible al pueblo. José Chiovenda, Op. Cit., pp. 143-144.

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situación de defensa a cada una de las partes132  y, por otra parte, el juez puede,
en todo caso, prorrogar términos y audiencias a favor de la parte que justifique
estar-sin su culpa- imposibilitada para realizar un acto o para prepararse suficiente
para la discusión oral.

C) Que la discusión oral favorece a los palabreros, temor que supone una inexacta
noción de la oralidad, ya que la oralidad bien considerada, no extiende, antes
restringe el campo de la discusión oral propiamente dicha, lejos de favorecer la
declamación académica tiende a hacer el debate más familiar y sencillo133 .

5.5 Aplicaciones del principio de la oralidad


En Francia, desde la redacción del antiguo Código de Procedimiento Civil, el lugar
reservado a los escritos era importante, pero sin duda el carácter oral del procedi-
miento franco y feudal ocupaba el más grande lugar, señalándose a este respecto que
el carácter oral de los debates permite una mejor comprensión de los elementos del
litigio, al revelar sus elementos humanos y afectivos. Debido a la dualidad de funciones
de abogado (avocat) y procurador (avoué), que realizan en Francia los profesionales
del derecho, la instrucción de los asuntos civiles mantiene las características a la
vez de la oralidad y la escritura. Hoy día, se citan dos factores que podrían indicar
un retroceso en cuanto a las conquistas del procedimiento oral: a) La fusión de las 45
profesiones jurídicas, el abogado en la actualidad tiene a su cargo ante el tribunal de
grande instance y ante las jurisdicciones de excepción de la representación y de la
asistencia134 , puede temerse que la defensa, que era en cierta medida, del monopolio
del abogado y la justificación de su intervención, no ocupa el mismo lugar que antes
en los procesos civiles, ya que la función de postulación amenaza con desarrollarse
en detrimento de la función de defensa; b) El nuevo ritmo dado al desarrollo del
proceso permitirá sin duda llevar ciertos incidentes ante el juez de la mise en état
y los nuevos magistrados relatores, luego de un breve diálogo entre los abogados,
que no significará defensa propiamente dicha135 .

Aunque se admiten los escritos en el proceso civil norteamericano, sea para com-
probar diligencias procesales o como prueba literal, lo cierto es que la prueba oral

132
Además como estos escritos no son más que el anuncio de las declaraciones futuras y estas pueden ser modificadas en la
audiencia, si la parte hace nuevas declaraciones y ofrecimientos de prueba con la manifiesta intención de retrasar el proceso,
el juez, a instancia de parte y en algunos países, aún de oficio, puede declararlas inadmisibles. José Chiovenda, Idem.
Gozaíni afirma al respecto que la práctica oral, evita, o por lo menos, inutiliza, la chicana procesal, porque la conducta obs-
truccionista tiene respuesta inmediata y solución tempestiva. Osvaldo Alfredo Gozaíni, Op. Cit., p. 125.
133
Añade Chiovenda que si este peligro no impide que oralmente se prepare la deliberación de las leyes, de actos administrativos,
propuestas en las asambleas grandes y pequeñas, tanto menos deberá impedir que los jueces civiles que por su especiale
educación espiritual están en condiciones de hacer frente mejor a los simples engaños del arte oratorio. Idem.
134
En Francia hasta las reformas introducidas por la ley de 1971, la representación de las partes ante el tribunal de primera instancia
y de apelación estaba a cargo del procurador (avoué), que era un oficial ministerial adscrito a cada una de esas jurisdicciones.
Las funciones de este oficial ministerial era postular, es decir, dirigir el procedimiento, dar y recibir en nombre del cliente las
comunicaciones necesarias para la instrucción de la causa, y concluir, esto es, dar a conocer al tribunal las pretensiones del cliente.
Por el contrario, el abogado no era un representante del cliente, su función se limitaba a defender la causa, es decir, a presentar
al tribunal los medios, argumentos y alegatos en que la parte justificaba sus conclusiones. V. Froilán Tavares Hijo, Elementos de
Derecho Procesal Civil Dominicano, 6ta. edición, Santo Domingo, Editorial Tiempo, S. A., 1989, pp. 104, 105.
135
Jean Vincent et Serge Guinchard, Procédure Civile, Op. Cit., pp. 444-445.

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(oral evidence) se considera como el medio de prueba por excelencia, y es el que se


usa más frecuentemente, mientras que la prueba escrita tiene carácter, por decir
así, subordinado. La estructura entera del proceso civil norteamericano está basada
sobre la premisa de que las demandas y excepciones de las partes se prueban de
ordinario, y sobre todo, mediante el recurso a la prueba oral. La producción de un
documento se consiente en tanto hayan sido establecidas las premisas necesarias
para determinar su admisibilidad y su relevancia y también, a veces, su naturaleza y
autenticidad; esto es, hace falta, como suele decirse lay a foundation para la producción
de dicho documento. Tal foundation se establece comúnmente mediante pruebas
orales (testimonio de las personas que han escrito, expedido y recibido la carta o que
han asistido a su confección; testimonio de las partes que han firmado el contrato
o estuvieron presentes a la firma, etc.)136 .

No se admite, en principio, la producción en juicio de documentos, como, por ejem-


plo, certificados médicos, relaciones periciales, actas de reconocimiento de lugares,
actos de notoriedad los cuales se limiten a consagrar por escrito declaraciones que
pueden hacerse oralmente. Las declaraciones contenidas en tales documentos deben
hacerse ante la corte oralmente, de modo que la parte que produce los testigos pueda
examinarlos y, lo que es más importante, que la otra parte pueda examinarlos a su vez
mediante la cross examination. Tanto los jueces togados como los jurados muestran
una tradicional aversión y desconfianza por las afirmaciones y deposiciones escritas y
también por los documentos, aversión y desconfianza que se deben al hecho mismo
46
de que la corte no siempre está al corriente de las circunstancias en que tales actos
y documentos se formaron. Hay, en cambio, una predilección por el testimonio oral
(testimony of a living witness), en cuanto el mismo permite a la corte apreciar en vivo
cómo se produce el testimonio y al adversario proceder a la cross-examination del
testigo, y así determinar su credibilidad y la corrección de su declaración137 .

El principio de oralidad tiene una manifiesta prevalencia en el proceso civil ibero-


americano en la actualidad, en muchos de ellos por la generosa influencia del Código
General del Proceso de Uruguay, Código Modelo para Latinoamérica; en Puerto
Rico, porque allí rigen básicamente las Reglas Federales del Procedimiento Civil
norteamericano y en República Dominicana por la influencia del antiguo Código de
Procedimiento Civil francés, que fue uno de los primeros en acoger la oralidad.

Del principio de la oralidad se derivan los principios de inmediación, concentra-


ción y publicidad138 .

5.6 El principio de inmediación


El principio de inmediación podría parafrasearse con la expresión acortar la
distancias, no tanto en el plano físico, cuanto en el plano espiritual. La palabra es

136
Angelo Piero Sereni, El Proceso Civil en los Estados Unidos, Buenos Aires, Ediciones Jurídicas Europa-América,
1958, pp. 17-18.
137
Idem.
138
Juan Montero Aroca y otros, Op. Cit., p. 342. Este autor entiende, por ejemplo, que la inmediación es parte
esencial del procedimiento oral, de tal suerte que puede afirmarse que no se trata de principios distintos,
sino de los dos aspectos de una misma realidad. Ibid, p. 345.

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un trámite, el hombre habla para comunicar a otro, la palabra está lanzada sobre el
uno y el otro, es la esencia del diálogo lo que hay que comprender. El problema del
procedimiento es garantizar el éxito del diálogo, que quiere decir, el entendimiento
recíproco de quien habla y de quien escucha, el principio fundamental a este respecto
toma el nombre de la inmediación139 .

El concepto de inmediatez de las actividades procesales consiste en que las partes


se comunican directamente entre sí y con el juez y el juez se comunica directamente
con las partes y con las demás personas que intervienen en el proceso (testigos,
peritos, etc.), mientras que según el principio opuesto esta comunicación es indirecta.
Una de las condiciones fundamentales para la oralidad es que el juez del proceso
oral que conoce del pleito, sea el mismo hasta la decisión140 .

En aplicación de este principio, las partes se comunican inmediatamente entre sí141 ,


a través de la citación y, durante el pleito, se comunican también inmediatamente
entre sí, intercambiándose los escritos en audiencia o mediante notificaciones. En
cuanto a la actividad del juez, lo ideal sería que éste se comunique directamente
con las personas (partes o terceros) cuyas declaraciones debe apreciar en el pleito,
y el proceso oral trata de realizar ese ideal142 . El artículo 8 del Código General del
Proceso de Uruguay consagra de manera específica este principio143 .

La inmediación exige que el juzgador144  se haya puesto en contacto directo con las
demás personas que intervienen en el proceso, sin que exista entre ellos elemento 47
alguno interpuesto, exigencia particularmente importante con relación a las pruebas,
a tal punto que normalmente se concibe la inmediación solamente como la exigencia
de que el juez que ha de pronunciar la sentencia haya asistido a la práctica de las
pruebas. En consecuencia uno de los efectos de la aplicación de este principio es la
imposibilidad de que se produzcan cambios en las personas físicas que componen
el órgano jurisdiccional durante la tramitación de la causa, y en especial que sólo

139
Francesco Carnelutti, Derecho y Proceso, Buenos Aires, Ediciones Jurídicas Europa-America, pp. 172-173.
140
José Chiovenda, Op. Cit., p. 182.
141
Todo acto importante del proceso se lleva así a conocimiento de la otra parte, sea por notificación o por depósito en secre-
taría, evitando así las posibles sorpresa o trampas, teniendo cada una de las partes la posibilidad de exponer como mejor le
parezca las propias razones y rebatir las del adversario, quedando así reforzado el principio de contradicción y el de igualdad
de las partes en el proceso.V. Ugo Rocco, Teoría General del Proceso Civil, México, 1959, Editorial Porrúa, S. A., Tomo II, p. 410.
142
José Chiovenda, Op. Cit., p. 183.
143
El artículo 8 del Código General del Proceso de Uruguay consagra este principio:“Inmediación procesal.- Tanto las audiencias
como las diligencias de prueba que así lo permitan, deben realizarse por el tribunal, no pudiendo éste delegarlas so pena de
nulidad absoluta, salvo cuando la diligencia debe celebrase en territorio distinto al de su competencia.
144
Carnelutti hace una interesante reflexión sobre la atención como una de las virtudes fundamentales del juez, la atención como
resultado de un esfuerzo, precisamente el esfuerzo contra la distracción. Observa que hay que tener en cuenta la cantidad
de audiencias que se fijan, ya que no se puede pretender que un hombre continúe estando atento a los discursos ajenos por
cinco, seis, siete horas. Que por otra parte, los defensores deben reducir su discurso a lo esencial, de manera que aligeren la
fatiga de los jueces; cosa que sería más fácil conseguir, si el hablar claro y sucinto no exigiese una preparación paciente, que
a menudo los defensores no se cuidan de obtener.
Esta atención combina el escuchar y el mirar, al menos cuando el discurso es hablado, y a este propósito el lector cuidadoso
deberá reflexionar sobre las relaciones entre la palabra y el gesto; incluso, en general, entre la palabra y la expresión del
rostro, lo que tiene particular importancia para el examen de los testigos: cuando decimos a los niños que las mentiras se les
leen en la frente, este modo de decir está mucho menos lejos de la verdad que lo que puede creerse.V. Francesco Carnelutti,
Op. Cit., p. 172.

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pueden concurrir a dictar la sentencia los magistrados ante los que se ha desarro-
llado la audiencia oral en la que el juez o tribunal se pone en relación directa con
las pruebas y con las partes145 .

5.6 El principio de concentración


La concentración supone que los actos procesales deben desarrollarse en una
sola audiencia, o en todo caso en unas pocas audiencias próximas temporalmente
entre sí, con el objetivo evidente de que las manifestaciones realizadas de palabra
por las partes ante el juez y las pruebas, permanezcan fielmente en la memoria de
éste a la hora de dictar sentencia. El ideal de todo procedimiento es la concentra-
ción en una sola audiencia de todos los alegatos de las partes, de la proposición y
práctica de la prueba e incluso de la resolución del asunto, y que si este ideal es
difícilmente conseguible la tarea del legislador y del tribunal consiste en aproximar
lo más posible el procedimiento al ideal146 . La concentración ha sido considerada
como la principal característica del proceso oral, al grado que Alcalá-Zamora ha
dicho que si las mayores ventajas del procedimiento oral obedecen al principio
de la concentración, sería preferible hablar de proceso concentrado en vez de
proceso oral147 .

48 La exigencia de que el proceso oral sea concentrado lo más posible en una audiencia
o en pocas audiencias próximas, había sido ya establecida por Chiovenda148 , tomando
en cuenta que cuanto más próximas a la decisión del juez, son las actividades pro-
cesales, tanto menor es el peligro de que la impresión adquirida por éste se borre y
de que la memoria lo engañe149 ; y tanto más fácil resulta mantener la identidad física
del juez, que en cambio en un largo período puede cambiar por traslado, defunción
o enfermedad, ascenso, retiro, etc. Precisa que los incidentes deben decidirse en la
misma audiencia o en las audiencias próximas en que el proceso está concentrado,
ya que no es lógico, ni económico que una persona examine el pleito para conocer
de la competencia, y otra lo vuelva a examinar desde el principio para conocer del
fondo; que una resuelva sobre la admisión de un medio de prueba y otra conozca
de los resultados de la prueba admitida, que en esto no sólo hay que evaluar el des-
perdicio del tiempo, sino el peligro de juicios diferentes sobre extremos comunes al
incidente y al fondo. Concluye afirmando que la oralidad y la concentración exigen
que la decisión del incidente no sea impugnable separadamente del fondo.

El objeto de la concentración de los actos procesales es evitar la dispersión y con-


siguiente dilapidación, de la actividad procesal, por ello no consiste en reducir a la

145
Juan Montero Aroca y otros, Op. Cit., p. 345.
146
Juan Montero Aroca, Op. Cit., p. 346.
147
Idem. En igual sentido, Chiovenda ha advertido que la concentración es la consecuencia principal de la
orfalidad y la que más influye en la brevedad de los pleitos. Ibid, p. 140.
148
José Chiovenda, Op. Cit., p. 140.
149
Es que la finalidad de la concentración estriba en la reducción del proceso a pocos actos o audiencias,
próximos entre sí, de manera que el juez pueda frescamente, grabadas todavía en su memoria las impresio-
nes de los sucesos importantes, fallar en el juicio que él mismo levantó. Iván Escobar Fornos, Introducción
al Proceso, Bogotá, Editorial Temis, 1990.

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unidad las etapas procesales, transformando, tal vez, el proceso en un caos, sino que
reconociendo los límites infranqueables de las fases procesales, procura dentro de
cada una de ellas reducir el desgaste de la actividad y energía procesales150 . En el
artículo 10 del Código General del Proceso de Uruguay recibe este principio, con-
sagración especial151 
Carnelutti compara el proceso por la multiplicidad de sujetos que participan, con
una orquesta, por cuanto realizan varias actividades que conspiran a un mismo fin, y
ve en ello el principio de la unificación, pero es necesario que este fin opere a través
de la acción de una persona, con autoridad para dirigirlas hacia el fin, un director
de orquesta, así se habla del principio de concentración, puesto que alude más a la
agrupación de las varias actividades que a su coordinación152 .

5.7 El principio de publicidad


La publicidad del proceso, según Couture, puede ser vista como un resultado de la
esencia misma del sistema democrático de gobierno, con su consecuencia natural de
la presencia del público en los procesos judiciales, constituye el más preciado instru-
mento de fiscalización popular de los magistrados y defensores, el pueblo es el juez
de los jueces153 . Por ello, este principio ha sido consagrado por numerosos acuerdos
internacionales que tienen rango constitucional, como un imperativo del proceso, así
vemos que el artículo 10 de la Declaración de los Derechos Humanos, el 14.1 del 49
Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos y para los países europeos,
el 6-1 de la Convención Europea de Derechos Humanos la han previsto como uno
de los derechos fundamentales procesales del ciudadano y de manera especial para
nosotros, la Constitución Dominicana, lo ha hecho en su artículo 8,2,j.
En aplicación de este principio, el proceso es público, para las partes y para el público
en general. Bien entendido el principio se refiere a que el proceso es público para
los terceros, porque la publicidad para las partes se refiere en realidad al principio
de contradicción, ya que si un acto procesal fuese secreto para las partes, se estaría
colocando aquéllas en una situación de indefensión154 .
Algunos autores entienden que la difusión de los mecanismos judiciales logra cumplir
una función docente, aleccionadora de los beneficios que parten de la jurisdicción, que
el conocimiento masivo de la actividad jurisdiccional desentraña los equívocos que
tiene a veces la comunidad sobre los operadores del proceso; pero este fin pierde
toda eficacia cuando promedia en el sensacionalismo periodístico155 .

150
Clemente A. Diaz, Instituciones de Derecho Procesal, Parte General, Buenos Aires, Abeledo-Perrot, 1968.
151
“Artículo 10. Concentración procesal.- Los actos procesales deberán realizarse sin demora, tratando de abreviar los plazos,
cuando se faculta para ello por la ley o por acuerdo de partes, y de concentrar en un mismo acto todas las diligencias que
sea menester realizar”.
152
Francesco Carnelutti, Op. Cit., p. 179.
153
Eduardo J. Couture, Fundamentos…, Op. Cit., p. 192.
154
Juan Montero Aroca, Manuel Ortells Ramos, Juan-Luis Gómez Colomer y Alberto Montón Redondo, Derecho Jurisdiccional,
Barcelona, Librería Bosch, 1995, Tomo I, p. 347.
Sobre este mismo punto, se ha dicho que la publicidad en el proceso refiere a la posibilidad de que las partes y los terceros
puedan tener acceso al desarrollo del litigio, logrando con su presencia una suerte de control hacia la responsabilidad pro-
fesional de jueces y abogados.V. Osvaldo Alfredo Gozaíni, Op. Cit., pp. 129-130.
155
Osvaldo Alfredo Gozaíni, Op. cit., p. 130.

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Tres motivos se resaltan sobre esta tarea dogmática de la publicidad:

A) Como garantía constitucional integrada a la noción de debido proceso, por


cuanto refleja los actos del poder judicial, transformando el silogismo que para
el público tiene el proceso en una noción deductiva y comprensible para quienes
nada conocen de leyes.

B) La publicidad interna del proceso, esto es, cómo se regulan los actos que pueden
trascender hacia fuera o que, por su contenido, quedan solo en conocimiento
de las partes. La naturaleza pública del proceso impide la existencia de pro-
cedimientos secretos para las partes. Esta publicidad interna se destaca en las
disposiciones que se ocupan de las audiencias (con asistencia o no del público,
según lo disponga el tribunal); en el acceso al expediente (pueden solicitarlo
partes e interesados, o sólo quienes acrediten intervención en él), en las formas
de cumplir ciertas notificaciones (copias en sobre cerrado por la índole secreta
del conflicto), entre otros.

C) El principio de publicidad interesa al proceso como manifestación exterior de


sus actos, regulando qué acceso tiene el público a sus problemas internos156 .

Pero la publicidad de los juicios, principio consagrado por la Constitución dominicana


y que se extiende no solo a las audiencias, sino que alcanza al pronunciamiento de la
sentencia, puede ser restringida en circunstancias de excepción como cuando contra-
50
venga el orden público o las buenas costumbres157 . Esta restricción, también ha sido
prevista por el 14.1 del Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos158 , y
por el artículo 6-1 de la Convención Europea de Derechos Humanos159 .

156
Osvaldo Alfredo Gozaíni, Op. Cit., p.131.
157
Así, parte del el citado artículo 8,2,j de nuestra Constitución dominicana expresa: Las audiencias serán
públicas, con las excepciones que establezca la ley, en los casos en que la publicidad resulte perjudicial al
orden público o a las buenas costumbres”.
158
“La prensa y el público podrán ser excluidos de la totalidad o parte de los juicios por consideraciones de
moral, orden público o seguridad nacional en una sociedad democrática, o cuando lo exija el interés de
la vida privada de las partes o, en la medida estrictamente necesaria en opinión del tribunal, cuando por
circunstancias especiales del asunto la publicidad pudiese perjudicar a los intereses de la justicia; pero
toda sentencia en materia penal o contenciosa será pública, excepto en los casos en que el interés de
menores de edad exija lo contrario, o en las actuaciones referentes a pleitos matrimoniales o a tutela de
menores””.
159
“…pero el acceso a la sala de audiencia puede ser prohibido a la prensa o al público de la totalidad o una
parte del proceso en interés de la moralidad, del orden público o de la seguridad nacional en una socie-
dad democrática, cuando los intereses de los menores o la protección de la vida privada de las partes en
proceso lo exige, o en la medida juzgada estrictamente necesaria por el tribunal, cuando en circunstancias
especiales la publicidad sería contraria a los intereses de la justicia”.

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poderes del juez o principio
capítulo VI
de autoridad

Le juge veille au bon déroulement de l’instance ; il a le pouvoir d’impartir les délais et 51


d’ordonner les mesures nécessaires160.

Le juge tranche le litige conformément aux règles de droit qui lui sont applicables. Il doit
donner ou restituer leur exacte qualification aux faits et actes litigieux sans s’arrêter à
la dénomination que les parties en auraient proposée. Toutefois, il ne peut changer la
dénomination ou le fondement juridique lorsque les parties, en vertu d’un accord exprès et
pour les droits dont elles ont la libre disposition, l’ont lié par les qualifications et points de
droit auxquels elles entendent limiter le débat. Le litige né, les parties peuvent aussi, dans
les mêmes matières et sous la même condition, conférer au juge mission de statuer comme
amiable compositeur, sous réserve d’appel si elles n’y ont pas spécialement renoncé161 .

Le juge a le pouvoir d’ordonner d’office toutes les mesures d’instruction légalement


admissibles162 .

Le juge peut inviter les parties à fournir les explications de droit qu’il estime nécessaires à
la solution du litige163 .

 160
Art. 3 del Nuevo Código de Procedimiento Civil francés, ofrecemos su traducción al español: “El tribunal velará por el buen desa-
rrollo del proceso; tendrá la potestad de otorgar los plazos y de ordenar aquellas medidas que considere necesarias”.
 161
Art. 12 del mismo Código Procesal francés: ““El tribunal ha de resolver el litigio conforme a las normas jurídicas que resulten
aplicables. Deberá dar o restituir a los hechos y actos litigiosos su calificación exacta, sin atenerse a la denominación que las partes
hubieran propuesto. Sin embargo, no podrá alterar la denominación o la fundamentación jurídica cuando las partes, en virtud de
acuerdo expreso y respecto de derechos de los que tengan la libre disposición, le hayan vinculado en cuanto a las calificaciones y
cuestiones jurídicas a las que hayan querido limitar la controversia”.
 162
Art. 10 del No. Cód. Proc. Civ. Francés: “ El tribunal podrá acordar de oficio la práctica de todos los actos de prueba que resulten
legalmente admisibles”.
 163
Art. 13 N. C. P. Civ. Francés: “El tribunal podrá solicitar de las partes que le proporcionen cuantas explicaciones de derecho estime
necesarias para resolver el litigio”.

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La dirección del proceso está confiada al tribunal, el que la ejercerá de acuerdo con las
disposiciones de este Código164 .

6.1 El principio de autoridad


Es el juez el gran ausente del proceso, al que observa como simple espectador, o en
el moderno proceso civil se le otorgan algunos poderes, bajo el entendido de que
el Estado está comprometido en la solución del conflicto?

El proceso civil regido por el principio dispositivo, limita, sobre todo, en cuanto rige
de manera absoluta, los poderes y facultades del juez, de suerte que si el proceso
pertenece a las partes, su función queda reducida a la de un simple espectador.

Sin embargo, el moderno proceso civil concilia el principio acusatorio con una cierta
orientación hacia el principio inquisitorio, acordando cada vez poderes más amplios
al juez. Así, por ejemplo, el artículo 12 del Nuevo Código de Procedimiento Civil
francés faculta al juez para dar o restituir su exacta calificación a los hechos y actos
litigiosos. En opinión de Motulsky, cuando el juez recalifica, lo que hace es sustituir
una regla de derecho invocada por las partes por otra regla165 . Igualmente los artí-
culos 3, 8, 10 13 y 21 del Nuevo Código de Procedimiento Civil francés consagran
otras facultades al juez.
52
En República Dominicana, las nuevas corrientes francesas en pro del acrecentamiento
de los poderes del juez, específicamente en la dirección de la instrucción, han ejercido
su influencia, sobre todo, a partir de la ley 834 de 1978, la cual permite a los jueces
fijar, si hay necesidad, a pena de astreinte, el plazo y las modalidades de la comuni-
cación de documentos y obligar a la restitución de los mismos a la parte que no los
restituye en tiempo oportuno (Art. 51 y 53 de la ley 834 de 1978), sin embargo, no
hay una disposición que exprese: “El juez tiene poder para ordenar de oficio todas
las medidas legalmente admisibles”166  Esta actividad del juez se observa también en
ciertas contestaciones que nacen del matrimonio con relación al incumplimiento
de las obligaciones respectivas de los esposos (Art. 214 Cód. Civil), la audiencia de
casación se fija de oficio (Art. 13 Ley sobre Procedimiento de Casación), lo mismo
pasa con la perención del recurso (Art. 10 de la misma ley), diversos casos en los
que el juez puede ordenar la ejecución provisional de su sentencia, la facultad para
prescribir de oficio ciertas medidas de instrucción, con el fin de establecer o com-
pletar una prueba, por ejemplo, la comparecencia personal de las partes (Art. 61, ley
834 de 1978), el juramento supletorio, la información testimonial (Arts. 82 y Sigtes.
Ley 834), la inspección de lugares (Art. 295 Cód. de Proc. Civil) y el informe pericial
(Art. 322 del mismo Código)167 .

Esta corriente que propugna por acordar más poderes al juez tuvo en la escuela
procesal italiana como uno de sus más ilustres precursores a Chiovenda, quien

164
Art. 2 Código General del Proceso de Uruguay.
165
Vincent et Guinchard, Op. Cit., pp. 409, 418 y 419.
166
Artagnan Pérez Méndez, Op. Cit., pp. 218-219.
167
Froilán Tavares, Op. Cit., pp. 14-15.

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sostenía que el proceso civil moderno procura modificar la actitud pasiva que el
juez tuvo en otros tiempos, que es un principio de Derecho Público moderno
que el Estado se encuentra interesado en el proceso civil, no en el objeto de cada
pleito, sino en que la justicia en todos los pleitos se realice lo más rápidamente y
lo mejor posible.

El juez, por lo tanto, debe estar provisto en el proceso civil de una autoridad de que
careció en otros tiempos.

Autoridad dirigida ya sea a impulsar cuidadosamente el pleito:

• Señalando las audiencias de manera que no se den aplazamientos.

• Rechazando demandas propuestas fuera de tiempo.

• Realizando de oficio las pruebas admitidas.

• Notificando de oficio las resoluciones.

Ya a formar en el juez una convicción o la más justa convicción:

• Haciéndolo participar directamente en los pleitos.

• Haciendo aclarar a las partes los puntos más oscuros.


53
• Proponer nuevas pruebas168 .

• Dar las indicaciones de hecho más importantes.

• Llamando a las partes personalmente a las audiencias.

• Disponiendo de oficio algunos medios instructorios169 .

Imbuido al parecer de esta doctrina, Couture, en su Proyecto de Código de Procedi-


miento Civil expresa que el proceso no es duelo de particulares, sino una relación
jurídica de Derecho Público, en la cual el Estado es parte esencial y compromete
un fin propio170 . Afirma que el juicio civil no es una relación jurídica de dos par-
ticulares ante un juez impasible, que se limita a esperar el fin de la lucha, como
en el duelo clásico, para proclamar vencedor al que hubiera triunfado según las
reglas del combate.

Precisa que los jueces son representantes del Poder Público y tienen los atributos
de autoridad y de intervención que, en general, tienen todos los gobernantes y todos
los agentes del servicio público. Para hacer más gráfica su exposición propone el
siguiente ejemplo: “Si un ciudadano no puede despojar a otro de sus bienes en presencia
de la autoridad sin que ésta lo reduzca a prisión, no se concibe en virtud de qué razona-
miento un juez debe presenciar impasible cómo un litigante deshonesto arruina, burla y

168
La iniciativa probatoria del juez no desnaturaliza el principio dispositivo, sino que coexiste con él, ya que se refiere al poder
de disposición de los elementos de convicción, sin interesar la relación jurídica procesal.Véase, Osvaldo Alfredo Gozaíni, Op.
Cit., p. 111.
169
José Chiovenda, Op. Cit., p.19.

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defrauda a un litigante honesto, sin poner en juego un mínimo de su autoridad para evitar
ese despojo que se consuma ante él”.

6.2 Juez dictador, juez espectador, juez director, fórmula de


la autoridad del juez
De acuerdo con Clemente A. Díaz, el principio de autoridad define, dentro de las
categorías de los principios generales del Derecho Procesal, los límites del aspecto
jerárquico autoritario que asume aquella disciplina por la incidencia del órgano juris-
diccional, considerado como Poder del Estado Político, en el conflicto de los justicia-
bles171 . Manifestaciones de este principio serían el poder de conducción o de dirección
del proceso y el poder de esclarecer la verdad de los hechos del proceso.

Con relación a este principio, hay dos posiciones antagónicas inspiradas la primera, en
una ideología sociopolítica liberal y la segunda, en una ideología jerárquico-autoritaria,
pero entre ambas, hay infinidad de fórmulas transaccionales172 .

Es en la concepción liberal-individualista que se ubica la fórmula de la neutralidad del


juez173 , mediante la cual el juez no debe intervenir de manera activa en la marcha del
proceso, cuya iniciativa, impulso, conducción y disposición es atributo del justiciable, es
la fórmula de la rogación del proceso, según la cual el juez no puede actuar sino a
54 pedido de parte, convirtiéndose en cierto modo en el espectador de una contienda
que tiene el compromiso de pronunciar un veredicto al finalizar aquélla174 .

Una fórmula intermedia sería la del juez-director, término medio entre el juez
espectador y el juez dictador175 . Se trata, según Díaz, de una fórmula incompleta,
excepto que se interprete el verbo dirigir en una forma amplísima, este poder de
dirección y conducción sólo afecta al desarrollo del proceso y a su marcha normal,
o que no agota los predicados propuestos por los fines del Derecho Procesal que
están involucrados en el problema176 .

170
Este fin propio consiste en que la jurisdicción se cumpla en los términos de la Constitución.Véase Couture,
Proyecto de Código de Procedimiento Civil, Op. Cit., pp. 12 y 92.
171
Clemente A. Diaz, Instituciones de Derecho Procesal, parte general, Buenos Aires, Abeledo-Perrot, 1968, Pág. 234.
172
Ibid, p. 235.
173
Al referirse a la neutralidad del juez, señala Gozaíni, no nos referimos a la imparcialidad, sino a que el juez
no interviene en forma activa en la marcha del proceso. Como una excepción a esta neutralidad cita el
comentario de Couture sobre la facultad del juez de invocar de oficio los medios procesales que tienen
un carácter de orden público: “Más notable es la facultad dejada al juez de invocar de oficio los medios
procesales que interesan al orden público, y de hacer entrar así al debate algunos de los elementos del
litigio que los litigantes se abstienen de invocar”. Couture, Eduardo J., Perrot, Roger, El principio de neutra-
lidad del juez en los derechos francés y uruguayo, Revista de Derecho Procesal, 1955-I, p.213.Véase, Osvaldo
Alfredo Gozaíni, Op. Cit., p. 106.
 174
Ibid, p. 236.
Señala Díaz que esta fórmula satisface con mayor plenitud una particular concepción de la libertad in-
dividual, citando a Couture a este respecto; pero puntualiza que esta fórmula solo puede tener el valor
absoluto que se le pretende atribuir, en tanto exista a su respecto el presupuesto fundamental de una
igualdad absoluta de las partes en el proceso…
 175
Es el juez propio de los estados autoritarios donde predominan el principio de investigación o de apor-
tación de hechos por parte del mismo órgano jurisdiccional. Osvaldo Alfredo Gozaíni, Op. Cit., p. 107.
 176
En cuanto a esta fórmula Clemente A. Díaz expone que se trata de una creación ideal de la doctrina para
enjugar el déficit de la posición individualista del juez espectador, evitando, al mismo tiempo, su absorción

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Colocándose en una posición crítica contra la fórmula del juez espectador, se postula
la intervención activa y preponderante del juez en la marcha del proceso y en el es-
clarecimiento de la verdad de los hechos controvertidos: fórmula de la autoridad
del juez177 , que se traduce en una especial configuración de la posición del juez y
de las partes en el proceso y ante su resultado.
Frente al juez-espectador, impasible e inerme, se postula el aumento de los poderes
del juez, en lo que respecta a la dirección y conducción del proceso, en la formación
del material de cognición y en la vigilancia de la conducta de los justiciables178 .
En la concepción del juez-espectador y del juez-director se concibe el órgano juris-
diccional como dotado de un conjunto de facultades que puede ejercitar, pero que
no puede imponer a los justiciables. La concepción del juez como autoridad intro-
duce la idea de poder sobre un súbdito, el justiciable, poder que adopta la forma de
un poder-deber por el grado de imperatividad para su ejercicio y del que resultan
paralelamente, para el justiciable, deberes y cargas. Pero no se trata de sustituir la
actividad del justiciable por la actividad del juez, sino de desplazar el centro de gra-
vedad del proceso, sin que se resienta el poder de disposición de los particulares,
que incluye el poder de iniciativa del proceso179 .

6.3 Procedimentalismo / procesalismo


En un desarrollo reciente sobre el tema, Osvaldo Alfredo Gozaíni180  observa también 55
dos vertientes o criterios contrapuestos sobre los poderes del juez. En primer lugar,
se refiere al procedimentalismo, en el que se otorga relevancia a la disponibilidad
de las partes, tanto para ordenar el procedimiento, como para decidir el curso de
sus intereses sin participación de la voluntad estatal, limitando la función del juez a
la de un simple decisor que no se compromete con otra finalidad que no sea aquella
que las partes proponen.

La segunda vertiente es la del procesalismo, que ha creado las bases de la moderna


ciencia procesal, estructurada en los tres pilares clásicos que fundan la disciplina: ju-
risdicción, acción y proceso, en la que se ha privilegiado el interés social, procurando
llegar con los poderes dados el juez a la verdad real, objetiva, evitando el modelo
desigual e insatisfactorio del sistema dispositivo.
Con el siglo XX la concepción del proceso como cosa de las partes, res privata, cobró
importancia; pero a partir de la influencia constitucional en el proceso se regresa a
la idea del juez como director del proceso181 .

por tendencias políticas jerárquico-autoritarias, que en cierto modo refleja la perplejidad del hombre de ciencia cuya ideología
liberal-individualista es contradicha por el fenómeno jurídico en examen. Ibid, pp. 238-239.
177
Couture en la Exposición de Motivos de su Proyecto de Código de Procedimiento Civil afirmaba que era preciso otorgar
al juez el poder de dirección del proceso, no como un poder discrecional, sino como un poder ordenador que debe
ejercerse de acuerdo con la ley. Citado por M. Morello, La eficacia del proceso, 2da. Ed. Buenos Aires, Editorial Hammurabi,
2001, pp. 181-182.
178
Clemente A. Díaz, Ibid, p. 240.
Esta fórmula es coetánea de la dimensión científica del Derecho Procesal, o sea del tránsito de la exégesis procedimental a
la fundamentación dogmática de la disciplina jurídica.
179
Ibid, pp. 240-241.
180
Osvaldo Alfredo Gozaíni, Op. Cit, pp. 104-105.
 181
Afirma Gozaíni que la publicitación ubica el proceso dentro del Derecho Público, por el que se entiende que un individuo que

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Gozaíni ve a este juez director del proceso, como un magistrado con poderes de
iniciativa y dirección. Con una amplia iniciativa en la verificación de los hechos re-
levantes para la solución del litigio, tal como fue sometido a su conocimiento, sin
rebasar el cuadro que las partes han concretado182 .

Plantea la cuestión de una eventual parcialidad de este juez director, si ejercita sus
poderes, en interés exclusivo de una de las partes. Pero afirma que el riesgo de
parcialidad ronda todas las actividades del juez, como ser humano que es, la única
forma de eliminarlo sería confiando a una máquina la dirección del proceso. Atar las
manos al juez en la investigación de la verdad es pagar un precio muy alto, el remedio
contra el riesgo de la parcialidad no consiste en argüir obstáculos en la investigación
de la verdad, sino en imponer al juez, respeto escrupuloso de la contradicción en la
instrucción del proceso y la estricta observancia del deber de motivar sus decisiones,
mediante el análisis cuidadoso de la prueba producida y la indicación de las razones
de su convencimiento acerca de los hechos183 .

Una facultad no discutida del juez, aun en la aplicación más absoluta del principio
dispositivo, radica en el conocimiento y aplicación del derecho, provocando con este
poder la calificación jurídica del hecho y la deducción de los efectos consecuentes
a partir de las previsiones legales dispuestas184 .

56
6.4 Principio de autoridad versus principio de aportación de
parte
Donde reside la mayor preocupación del principio dispositivo es en la aportación
de parte185 , toda vez que sólo las partes pueden alegar los medios que sustentan
sus pretensiones, sin que el juez tenga posibilidad alguna de investigación oficiosa186 ,
prohibición que alcanza al esclarecimiento de los hechos afirmados por una de las
partes y admitidos por la contraria.

Según el postulado clásico de este principio de aportación de parte, las facultades


materiales de dirección pertenecen a las partes, lo que significa que: a) Son ellas las
que tienen que aportar los hechos al proceso por medio de los actos de alegación;

acude a la jurisdicción no tutela ya solamente un interés privado, sino que por vía de la despersonalización
del derecho subjetivo y la socialización del derecho, muda hacia un marco de protección que considera la
situación global de la sociedad. Que hoy en día el proceso es público, porque aún resolviendo conflictos
privados, generaliza sus respuestas dando pautas de convivencia social. Ibid.
Este juez director del proceso lo concibe Gozaíni al igual que Couture y la doctrina procesal moderna
iberoamericana, dentro de la fórmula de la autoridad del juez, precisamente en aplicación del principio
de autoridad.
182
Osvaldo Alfredo Gozaíni, Op. Cit., p. 108.
183
Osvaldo Alfredo Gozaíni, Op. Cit., p. 108.
184
Ibid, p. 110.
185
De conformidad con este principio de aportación de parte, o de controversia o de dualidad de partes, el
órgano jurisdiccional se ha de atener a los hechos admitidos por todas las partes, no debe introducir por
sí mismo hechos nuevos de carácter fundamental, ni realizar o intervenir, en principio, en más actividad
probatoria que la solicitada por las partes.Véase Andrés De La Oliva y Miguel Ángel Fernández, Lecciones
de Derecho Procesal, 2da. Ed., Barcelona, Limpergraf, S. A., 1984, p. 75.
186
Ibid, p.111.

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el juzgador no tiene esa facultad (ni deber) y b) Sobre las partes recae la prueba de
los hechos en un doble sentido, en primer lugar, de las partes ha de salir la iniciativa
para pedir el recibimiento a prueba del pleito y para proponer medios concretos
de prueba y en segundo lugar, la parte que alegó hechos y no los probó sufrirá las
consecuencias en la sentencia, pues el juzgador no podrá tener en cuenta los hechos
no probados187 .

Sin embargo, la socialización o publicitación del proceso civil en Europa, ha traído


como consecuencia un incremento en las facultades probatorias del órgano jurisdic-
cional, sin menoscabo de la vigencia del principio dispositivo, en el entendido de que
si bien las partes poseen la libre disposición de sus intereses deducidos en juicio, es
decir, del objeto del proceso, no lo son, del proceso mismo, al concebirse éste no
solo como instrumento dirigido a la tutela jurisdiccional de derechos privados, sino
como función pública del Estado188 .

La mayoría de las legislaciones europeas posteriores a esta etapa de ideología liberal,


acogen estos postulados socializadores del proceso y limitan el alcance del principio
de aportación de parte, a favor del denominado principio de colaboración, en fun-
ción del cual se atribuye a los jueces y tribunales, con distintos matices, importantes
iniciativas probatorias189 , tal es el caso de Alemania190 , Italia191 , Francia192 , Bélgica193 ,
Suiza194 , Portugal195  e Inglaterra196 . Con relación a España, la Ley de Enjuiciamiento
Civil permite también alguna iniciativa probatoria al juzgador197 .
57

187
Juan Montero Aroca, Manuel Ortells Ramos, Juan-Luis Gómez Colomer y Alberto Montón Redondo, Derecho Jurisdiccional,
Barcelona, Librería Bosch, 1995, tomo I, págs. 329. Este monopolio de aportación, a juicio del profesor Montero Aroca, rige
el proceso civil y debe seguir en el futuro, por cuanto su alteración significaría destruir el principio de oportunidad y atentar
a la imparcialidad del juzgador.
188
Joan Picó Junoy, Principios Constitucionales del Proceso Civil, ensayo publicado en el libro Constitucionalización del Proceso
Civil, Santo Domingo, Escuela Nacional de la Judicatura, 2005, p. 112.
189
Joan Picó Junoy, Op Cit, Pág. 113. Todas las notas al pie que siguen relativas a las legislaciones de estos países en apoyo a la
opinión de este autor, fueron tomadas del artículo citado, pp. 113, 114.
190
La Zivilprozessordung alemana le permite el juez disponer de la comparecencia de alguna de las partes con el fin de inte-
rrogarlas, decretar pruebas de conocimiento judicial y la pericial, requerir la aportación de documentos de las partes o a las
autoridades o informes oficiales.
191
El Codice di Procedura Civile italiano permite al juez el interrogatorio de las partes, reconocimiento judicial o inspección de
cosas o personas, solicitud de documentos e información a la administración pública, testimonio de personas que no hayan
sido nombradas durante la audiencia o de personas que aparezcan en los escritos de las partes y que a juicio del juez pueden
conocer la verdad.
192
El Nuevo Código de Procedimiento Civil francés faculta al juez para disponer de oficio todos los medios de prueba relevantes
para la decisión del litigio (Arts. 10, 143 y 144).
193
El Código judicial belga reformado por la ley del 3 de agosto de 1992, reforzó ampliamente los poderes del juez en la dirección
del proceso, permitiéndole ordenar de oficio la prueba testifical, la pericial, la confesión judicial y la documental.
194
En Suiza, varias leyes procesales admiten que el juez puede ordenar las pruebas que estime útiles a la búsqueda de la verdad,
pudiendo ordenar de oficio, por ejemplo, un experticio o una inspección de lugares.
 195
El Código de Processo Civil de 1961, faculta al juez para ordenar de oficio, las diligencias que considere necesarias para la
búsqueda de la verdad.
196
Las nuevas normas procesales civiles de Inglaterra, en vigencia a partir de abril de 1999, introducen ciertas actuaciones
probatorias del juez de oficio, muy especialmente en lo que respecta a la prueba pericial.
197
El juez está facultado para acordar de oficio que se practiquen determinadas pruebas u ordenar de oficio la aportación de
documentos, dictámenes u otros medios e instrumentos probatorios (Art. 282); de manera general para decretar de oficio
cuantas pruebas estime pertinentes, en los procesos de capacidad, filiación, matrimonio y menores (Art. 752); al careo de
testigos, finalmente el art. 429 permite una importante iniciativa probatoria en la siguiente hipótesis: “Cuando el tribunal
considere que las pruebas propuestas por las partes pudieran resultar insuficientes para el esclarecimiento de los hechos
controvertidos lo pondrá de manifiesto a las partes indicando el hecho o hechos que, a su juicio, podrían verse afectados por

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Ahora bien, la iniciativa probatoria del juez civil no puede ser ilimitada pues puede
entrar en conflicto con derecho o principios que merecen ser protegidos. Pueden
señalarse tres límites a esta iniciativa en este principio atenuado de aportación de
parte:

A) La prueba practicada por el juez debe, necesariamente, limitarse a los hechos


controvertidos o discutidos por las partes. En consecuencia, le está vedado al
tribunal llevar a cabo ninguna actividad tendiente a investigar o aportar hechos no
alegados por las partes, ni fallar alterándolos, so pena de incurrir en la sentencia
en un vicio de incongruencia.

B) Es necesario que consten en el proceso las fuentes de prueba sobre las cuales
tiene lugar la actividad probatoria del juez.

C) Es necesario que se respete, en todo momento, el principio de contradicción, por


lo que se le debe permitir a los litigantes proponer nuevas pruebas y participar
en la práctica de toda la actividad probatoria198 .

En España, esta formulación atenuada del principio de aportación de parte se fun-


damenta en el carácter social del estado de derecho consagrado en la Constitución
española, en el deber del juez de velar por la efectividad de la tutela de los intereses
discutidos en el proceso para lograr el objetivo final de la función jurisdiccional,
que proclama ese texto sustantivo en su artículo primero, como valor superior del
58
ordenamiento jurídico: La justicia.Valor que según Kelsen sólo se da en aquel orden
social bajo cuya protección pueda progresar la búsqueda de la verdad, entendiéndo-
se con Taruffo que una decisión judicial nunca es justa si se fundamenta sobre una
determinación errónea o inexacta de los hechos199 .

En la moderna administración de justicia civil de Los Estados Unidos el principio de


impulso de parte (party-prosecution) ha sido modificado, bajo el presupuesto de que
la Corte tiene una responsabilidad afirmativa en llevar el caso hacia el acuerdo o el
proceso; y el de la iniciativa de parte (Party-presentation) ha recibido modificación,
en razón de la fuerte tradición del common law, en el sentido de que el juez debe
jugar un papel activo en la dirección, dentro de los hechos alegados por las partes
y sus respectivas defensas, en cuanto a la aplicación de la ley. En asuntos como los
de segregación escolar por su naturaleza de “public question”, esta participación es
más evidente200 .

La administración de la prueba en el proceso civil está regida en Los Estados Uni-


dos por las Reglas Federales de Evidencia, por aplicación combinada de la regla 101
y 1101,b y en Puerto Rico, por efecto de la número 1 de Las Reglas de Evidencia

la iniciativa probatoria. Al efectuar esta manifestación, el tribunal, ciñéndose a los elementos probatorios,
cuya existencia resulte de los autos, podrá señalar también la prueba o pruebas cuya práctica considere
conveniente”.Véase Joan Picó Junoy, Op. Cit., pp. 118, 119.
198
Joan Picó Junoy, Op. Cit., pp. 114, 115.
199
Ibid, pp. 115-116. Afirma Joan Picó Junoy que si el objetivo de todo proceso es que los jueces y magis-
trados apliquen a ley a unos determinados hechos , de cuya certeza deben estar convencidos, coartarles
o restringirles, de un modo absoluto, la iniciativa probatoria supone, una limitación a la efectividad de la
tutela judicial y a la postre a la búsqueda de la justicia.
200
Geoffrey C. Hazard, Jr., and Michele Taruffo, American Civil procedure, Yale University Press, 1993.

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de Puerto Rico. La regla 402 Federal, equivalente a la 19 de Puerto Rico concede


discreción al juez para excluir evidencia pertinente cuando su valor probatorio no
compensa el potencial de error, confusión o dilación que entraña admitirla201. Asi-
mismo la Regla federal 611(a) y 614 equivalentes a la 43 (C) y (D) de Puerto Rico,
otorgan al juez, con las limitaciones inherentes al sistema adversativo, el control
sobre la presentación de la prueba, incluyendo la facultad de interrogar a los testigos
llamados por las partes y hasta llamar él testigos202 .

En Pueblo v. Pabón, el Tribunal Supremo de Puerto Rico fija el enfoque actual, citado
frecuentemente por los demás tribunales, sobre la intervención del juez en el sistema
adversativo, destacándose lo siguiente:

A) El juez no sólo puede, sino que debe ser participante activo en la búsqueda de la
verdad, lo que incluye requerir la declaración de determinados testigos –aunque
no hubieran sido llamados por las partes– e interrogar a los testigos llamados
por las partes.

B) La intervención del juez es legítima tanto en casos civiles como en criminales,


con o sin jurado, aunque “el juez debe actuar con más cautela ante el jurado”.

C) El límite a la intervención del juez es la imparcialidad, esto es, la intervención está


condicionada a “que su conducta se mantenga dentro de las normas de sobriedad
y equilibrio que impiden que el juez sustituya, en vez de que complemente, la
59
labor del fiscal o del defensor”203 .

En los Fundamental Principles and Rules of Transnational Civil Procedure, conjunto


de reglas del procedimiento civil que aspiran a ser comunes a los países anglosajo-
nes (common law) y continentales (civil law), fruto de un proyecto auspiciado por
The American Law Institute, se identifican entre sus principios fundamentales, entre
otros: A) La consagración de la iniciativa de parte, con expresa prohibición de la
iniciativa de oficio, B) La responsabilidad del tribunal en la dirección del proceso,
procurando igualdad de armas y la celeridad y C) El aporte de prueba a cargo de
las partes, otorgando al juzgador tres facultades relevantes en materia probatoria:

201
Ernesto L. Chiesa, Tratado de Derecho Probatorio, Sto. Dgo., Editora Corripio, 1998, tomo I, p. 6.
202
Ibid, p. 402.
El texto de la Regla 43 (C) es el siguiente: “El juez que preside un juicio o vista tendrá control y amplia discreción sobre
el modo en que la evidencia es presentada y los testigos son interrogados con miras a que la evidencia sea presentada en
la forma más efectiva posible para el esclarecimiento de la verdad, velando por la mayor rapidez de los procedimientos y
evitando dilaciones innecesarias”; y la 43 (D) contiene la siguiente disposición: “El juez podrá, a iniciativa propia o a petición
de la parte llamar testigos a declarar, permitiendo a todas las partes contrainterrogar al testigo así llamado. También podrá
el juez, en cualquier caso, interrogar a un testigo ya sea éste llamado a declarar por él o por la parte”.
203
Ernesto L. Chiesa, Op. cit., pp. 405-406.
La parte más citada de la decisión es: “El concepto de juicio acusatorio, en su versión primitiva, parece hallar especial apoyo
en la creencia de que la justicia se produce mágicamente del combate entre dos adversarios, presidido por un juez cuya
función esencial es ver tan sólo que se cumplan las reglas del juego. Rechazamos dicha visión de la función del juez. El juez no
es el simple árbitro de un torneo medieval entre la defensa y el ministerio público o el retraído moderador de un debate. El
juez es partícipe y actor principal en el esclarecimiento de la verdad y en la determinación de lo que es justo. El juez puede y
debe ser en casos vistos con o sin jurado, aunque con mayor libertad en los segundos, participante activo en la búsqueda de
la justicia, siempre que no vulnere la imparcialidad que su alto oficio reclama. Puede el juzgador en consecuencia requerir la
declaración de determinados testigos o interrogar a los que las partes ofrezcan, siempre que su conducta se mantenga dentro
de las normas de sobriedad y equilibrio que impiden que el juez sustituya, en vez de que complemente, la labor del fiscal o

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La facultad de acordar el recibimiento a prueba de oficio, la facultad de indicar los


puntos relevantes objeto de prueba, así como los medios de prueba idóneos para
resolver estos puntos y la facultad de designar perito de oficio204 .

60

del defensor. Nada impide que un juez, para aclarar un testimonio o una situación, o consciente de que
no se han formulado algunas preguntas centrales para la determinación de lo sucedido verdaderamente
en un caso, se tome la iniciativa a dicho efecto”.
204
Xavier Abel Lluch, La Iniciativa Probatoria De Oficio En Textos Supranacionales, ensayo publicado en Constiti-
cuonalización del Proceso Civil, Sto. Dgo., Escuela Nacional de la Judicatura, 2005, pp. 390-392.

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la lealtad procesal o
capítulo VII
principio de moralidad y el
principio de imparcialidad
del juez
61

Las partes, sus representantes o asistentes y, en general, todos los partícipes del proceso,
ajustarán su conducta a la dignidad de la Justicia, al respecto que se deben los litigantes
y a la ante lealtad y buena fe. El tribunal deberá impedir el fraude procesal, la colusión y
cualquier otra conducta ilícita o dilatoria205 .

Les parties sont tenues de garder en tout le respect dû à la justice. Le juge peut, suivant la
gravité des manquements, prononcer, même d’office, des injonctions, supprimer les écrits,
les déclarer calomnieux, ordonner l’impression et l’affichage de ses jugements206 .

7.1 La lealtad procesal


Por efecto del principio dispositivo la mecánica procesal discurre básicamente por
la actividad de las partes, contando con plena discreción para su realización en el
proceso. ¿Qué ocurre si una de las partes no juega limpio? Asimilando el proceso
a una pelea de boxeo, ¿podría decirse que se permiten los golpes bajos con toda
impunidad? ¿Tiene cada litigante la obligación de ser leal con la contraparte y con
el juez?

Art. 5 del Código General del Proceso de Uruguay.


205

Art. 24 Nuevo Código de Procedimiento Civil francés:“Las partes estarán obligadas a guardar en todas sus actuaciones el debido
206

respeto a la justicia. el tribunal, en función de la gravedad de las faltas, podrá, incluso de oficio, librar mandamientos, suprimir los
escritos, declararlos calumniosos, así como ordenar la impresión y la fijación en lugar público de sus resoluciones”.

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En otros tiempos se exigía a las partes una declaración jurada de que litigaban de
buena fe, tal ocurría en el derecho romano207 , el derecho canónico y sus derivados,
posteriormente se consideró una medida inútil208  o un impedimento excesivo, pero
aun así manteniéndose el precepto de que el que litiga de mala fe, es decir, consciente
de no tener razón (litigante temerario), es responsable de los daños del pleito, no
sólo de los simples gastos que ocasiona la derrota209 . En los últimos tiempos, puede
decirse que se produce un regreso a esta tendencia de acentuar la efectividad de un
leal y honorable debate procesal210 .

Se ha denominado principio211  de lealtad procesal, de buena fe o de moralidad, al


conjunto de reglas de conducta presididas por el imperativo ético, a que deben
ajustar su comportamiento procesal todos los sujetos procesales, es decir, las partes,
procuradores, abogados y jueces212  y por el cual se sanciona del proceso, la malicia,
la mala fe, la deshonestidad, la inmoralidad. Este principio hace referencia a las reglas
de la buena fe en dos sentidos213 : A) buena fe-creencia, por cuanto se tiene convic-
ción del propio derecho y B) Buena fe-lealtad, que se refiere a la voluntad de obrar
honestamente214 .

El número 5 de los Mandamientos del abogado refiere de manera acertada el con-


tenido de este principio:

“SÉ LEAL.- Leal con tu cliente, al que no debes abandonar hasta que comprendas que es
62 indigno de ti. Leal para con el adversario, aun cuando él sea desleal contigo. Leal para con

207
En Grecia el procedimiento ático imponía a las partes, antes de entrar en la discusión del pleito, el deber
de prestar un juramento en el sentido de que entablaban la demanda o bien la defensa, con veracidad y
convencidos de su derecho y en Roma las Instituciones de Gayo y Justiniano consagraban la exigencia del
juramento de las partes, de no contravenir las normas procesales y la obligación del abogado de renunciar
a su mandato cuando se enterase de la falsedad de las alegaciones o de lo infundado de una pretensión,
sin que la parte tuviera derecho a tomar un nuevo abogado. Véase, Rodolfo Luis Vigo, Ética del Abogado,
Conducta Procesal Indebida, 2da. Edición, Buenos Aires, Abeledo-Perrot, p. 117.
208
El proceso moderno abandonó esas exigencias, a juicio de Couture, no porque considerara innecesaria
la vigencia de principios éticos en el debate forense, sino porque los consideraba implícitos. Eduardo J.
couture, Fundamentos…, Op. Cit., p. 190.
209
José Chiovenda, Op. Cit., p. 210.
210
Eduardo J. Couture, Fundamentos…, Op. Cit., p. 190.
211
Hay autores que le niegan su valor de principio o de norma objetiva a este deber de lealtad, unos, porque
es anterior y superior a toda norma jurídica y se desnaturalizaría al contacto de lo material; otros, porque
la moral y del derecho tienen campos distintos y modos diversos y a veces opuestos de imponerse: la
persuasión para aquélla, la coercibilidad o coacción para éste. J. Ramiro Podetti, Teoría y Técnica del Proceso
Civil, Buenos Aires, Editorial Ideas, p. 95.
212
Clemente A. Diaz, Instituciones De Derecho Procesal, Parte General, Buenos Aires, Abeledo-Perrot, 1968, p.
264.
Para Ramiro Podetti, este principio consiste en el deber de ser veraces y proceder con buena fe, de todos
cuantos intervienen en el proceso a fin de hacer posible el descubrimiento de la verdad. J. Ramiro Podetti,
Teoría y Técnica del Proceso Civil, Buenos Aires, Editorial Ideas, p. 97.
213
Entiende Díaz como válidos los artículos 3 y 63 del Código de Procedimiento Civil de Brasil que sanciona
a quien intentare demandar por espíritu de emulación, capricho o grave error, o ejercitare abusivamente
los medios de defensa, obstruyendo injustificadamente la marcha del proceso o provocando incidentes
manifiestamente infundados o alterare intencionalmente la verdad, procediendo con dolo, fraudem violencia
o simulación, en que se aglutinan figuras tales como la ambigüedad, la malicia, la argucia, la obrepción, la
falsedad, la obstrucción, la colusión fraudulenta, sea en la información de los hechos del proceso, sea en
el régimen probatorio, sea durante, en general, la tramitación misma del proceso. Ibid, p. 267.
214
Ibid, p. 266.

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el juez, que ignora los hechos y debe confiar en lo que tú dices; y que, en cuanto al derecho,
alguna que otra vez debe confiar en el que tú le invocas”215 .

7.2 Conducta procesal indebida


La violación al principio de lealtad, buena fe o moralidad en el proceso, se ha deno-
minado “conducta procesal indebida”216  y comprende cinco especies: la conducta
negligente, la conducta dilatoria, la conducta temeraria, la maliciosa y la irrespetuosa,
veamos cada una de ellas:

A) Conducta negligente, se trata de ciertos incumplimientos que se establecen


como condiciones o requisitos previos a los fines de concretar el acto procesal
pretendido, y que precisamente tienen como sanción la frustración de éste, de
manera que el perjuicio no trasciende a la contraparte, sino que lo sufre la propia
parte negligente no logrando la concreción de lo pretendido.

B) Conducta dilatoria, es aquélla que aún careciendo de intención termina poster-


gando más de la cuenta a la litis y su solución, cuenta pues, con tres elementos
esenciales: a) afecta el tiempo del proceso en una medida significativa, por lo que
motiva una específica sanción incluida en la sentencia definitiva; b) provoca un
daño a la contraparte al ver demorada la decisión judicial, daño que corresponde
63
a que en justicia sea reparado; c) la conducta dilatoria carece de intención de
generar el resultado que produce, característica que permite distinguirla de la
maliciosa;

C) Conducta temeraria, supone actuar con temeridad, esta es la actitud de quien


afirma hechos o se conduce sin fundamentos o motivos, con conciencia de la
propia sinrazón217 . Chiovenda afirma que incurre en temeridad, el que actúa con
el deliberado propósito de hacer daño y con la conciencia de no tener razón.
Dos hipótesis pueden caracterizar esta conducta, según Carnelutti, la noción de
culpa grave o de mala fe, por lo que se desdobla en dolo y culpa grave. Dolo que
se traduce en la conciencia de la propia sinrazón por parte de quien sostiene
tener razón y culpa grave, que se refiere a la insuficiente ponderación de las
razones que apoyan la pretensión o la discusión, pero no todo grado de culpa
implica temeridad, que no es solo imprudencia, sino imprudencia exagerada. En
fin, la temeridad se asocia a una actitud de apresuramiento imprudente e intre-
pidez, sin mediar las consecuencias de los actos, ni colocar el empeño debido
en función de las circunstancias de hecho y de derecho del caso.

D) Conducta maliciosa, en que incurre aquel que se sirve conscientemente del pro-
ceso, utilizando los medios que el mismo le brinda para ocasionar un daño en la

 215
Eduardo J. Couture en un discurso pronunciado a propósito de recibir el título de socio honorario del Colegio de Abogados
de Argentina, dio una magnífica cátedra de Ética Profesional, que se resume en los Diez Mandamientos Del Abogado, como
han sido citados profusamente por la doctrina.
 216
Así la ha denominado Rodolfo Luis Vigo en su obra citada, Ética del Abogado, las cinco especies de esta conducta procesal
indebida se tomaron igualmente de esa obra en sus páginas 87-125.
 217
Eduardo J. Couture, Vocabulario Jurídico, Op. Cit., p. 691.

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contraparte, afirmándose que en la malicia hay una explícita intención de emplear


procesalmente hechos o derechos falsos con vista a una sentencia favorable, o
para postergar la decisión o provocar un daño económico o moral, aún a costa de
perder la causa, de manera que tiene como elementos característicos la intención
y el daño y el perjuicio consiste en la prolongación innecesaria y desmedida del
proceso. Esta conducta se caracteriza, según Morello, cuando cualquiera de las
partes, incluyendo el que finalmente resulte vencedor, obstaculiza o retarda el
mismo ocasionándole un daño al contrario.

E) Conducta irrespetuosa, la ética profesional y el derecho positivo imponen que


el estilo y forma de las actuaciones judiciales satisfagan ciertas condiciones que
impliquen garantizar el debido respeto a la contraparte y al juez mismo.

7.3 Soluciones propuestas para evitar esta inconducta


procesal
Se han propuesto algunas soluciones para evitar esta conducta procesal indebida:

A) Forma de la demanda, la demanda y la contestación deben exponerse en forma


clara, en capítulos y puntos numerados, a fin de que el relato de los hechos no
constituya una emboscada al adversario.
64
B) Unificación de las excepciones, las excepciones dilatorias deben proponerse
todas juntas.

C) Limitación de la prueba, los medios de prueba deben limitarse a los hechos


debatidos, a fin de evitar una maliciosa dispersión del material probatorio y la
demostración de hechos que se hubieren omitido deliberadamente en el debate
preliminar.

D) Convalidación de las nulidades, los errores de procedimiento deben corregirse


inmediatamente, mediante impugnación, si así no se hiciere, las nulidades que se
deriven de esos errores se tienen por convalidadas o cubiertas.

E) Condenas procesales, el litigante que actúa con ligereza o con malicia es con-
denado al pago de todo o parte de los gastos ocasionados, como sanción a la
culpa o dolo en su comportamiento procesal218 .

7.4 Caso en que las partes se ponen de acuerdo para


engañar al juez
Se plantea la cuestión de saber qué hacer cuando las partes se ponen de acuerdo
para engañar al juez, ya que como éste, según algunos, no puede proceder de oficio y
si las partes disponen del proceso, aunque descubra el dolo, no podría reprimirlo; sin

218
Eduardo J. Couture, Fundamentos…, Op. Cit., pp. 192-193.

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embargo, la opinión más socorrida es que el proceso tiende a actuar la ley, de acuerdo
a las peticiones de las partes, para lo cual se persigue dentro de él, el descubrimiento
de la verdad de los hechos, si las partes exponen con falsedad consciente los hechos,
el fin del proceso se desnaturaliza y como el juez no es un mero espectador, sino
el delegado de la soberanía para actuar la ley, debe tener facultad de declarar la
inexistencia de una verdadera contienda en el caso llevado a su decisión, ya que al
poner en movimiento el poder jurisdiccional sin una causa lícita, se afecta el orden
público, ya que el juez tiene dentro del Estado la misión de dirimir conflictos, no la
de homologar acuerdos contrarios a la ley219 . Este criterio se avala en el rol director
que asume el magistrado en el proceso, él dirige la contienda dialéctica, impone la ley
y preserva el decoro y orden en los juicios, dedicando especial interés a proteger
el respeto a la justicia220 .

7.5 Aplicaciones
Dos tipos de sanciones han sido previstas para reprimir esta inconducta procesal,
por una parte, una sanción represiva aplicada de oficio por el juez y fundada en el
interés público comprometido en el proceso y las exigencias planteadas por los
fines del derecho y la ética profesional, y por otra parte, una sanción resarcitoria de
los daños sufridos por la parte afectada, que debe efectuar la respectiva petición al
juez de la causa221 . 65

El Nuevo Código de Procedimiento Civil francés consagra este principio en su


artículo 24, que impone a las partes la obligación de guardar en sus actuaciones
el debido respeto a la justicia y, a la vez, faculta al juez, entre otras atribuciones a
librar mandamientos, suprimir escritos, declararlos calumniosos, facultad que puede
ejercer aún de oficio. Por su parte, el artículo 5 del Código General del Proceso de
la República Oriental del Uruguay, somete la conducta procesal de las partes a la
dignidad de la justicia, al respeto que se deben los litigantes y a la lealtad y buena fe,
otorgando al tribunal la facultad de impedir el fraude procesal, la colusión y cualquier
otra conducta ilícita o dilatoria.

En las “American Bar Association Model Rules of Professional Conduct”, cuerpo de


reglas que regula el ejercicio de la profesión jurídica en Los Estados Unidos de Nor-
teamérica, se evidencia la aplicación de este principio, por cuanto la Regla número
3 prohíbe a los abogados la interposición de demandas frívolas222 , la realización de
falsas declaraciones223 , presentar evidencia que sabe que es falsa, obstruir el acceso

219
J. Ramiro Podetti, Teoría y Técnica del Proceso Civil, Buenos Aires, Editorial Ideas, p. 98.
220
Osvaldo Alfredo Gozaíni, Op. Cit., p. 115. Refiere en este sentido el artículo 34, inciso 5to. del Código Procesal Civil y Co-
mercial de la Nación (Argentina), que establece como deber de los jueces “dirigir el procedimiento, debiendo, dentro de los
límites expresamente establecidos en este Código: d) prevenir y sancionar todo acto contrario al deber de lealtad, probidad y
buena fe… 6to. Declarar, en oportunidad de dictar las sentencias definitivas, la temeridad o malicia en que hubieren incurrido
los litigantes y profesionales intervinientes”.
221
Rodolfo Luis Vigo, Ética del Abogado, Op. Cit., p. 136.
222
El texto de esta regla expresa: “Rule 3.1 Meritorious Claims and Contentions. A lawyer shall not bring or defend a procee-
ding, or assert or controvert an issue therein, unless there is a basis in law and fact for doing so that is not frivolous, which
includes a good faith argument for an extension, modification or reversal of existing law.
223
Expresa la regla en este sentido: “Rule 3.3 Candor Toward the Tribunal (a) A lawyer shall not knowingly:

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de la contraparte a la evidencia, falsificar evidencia o instruir testigos a declarar falsa-


mente. Entendemos que en lo que respecta al proceso civil, esto no es más que por
aplicación del artículo 1 de las Reglas del Procedimiento Civil que establece como
principio asegurar, entre otros valores, la justicia en el proceso civil.

En la legislación dominicana no se encuentra consagrado como principio el deber


de lealtad procesal, como ocurre con el artículo 24 del Nuevo Código de Proce-
dimiento Civil francés o el artículo 5 del Código General del Proceso de Uruguay,
sin embargo, se encuentran disposiciones dispersas como el artículo 73 de la ley de
Organización Judicial impone a los abogados la obligación de expresarse ante los
tribunales con respeto y moderación , exponer los hechos fielmente, con claridad y
previsión; y no emplear en la defensa de las causas que se les encomienden, medios
reprobados por la moral, o como el artículo 45 de la ley 834 de 1978 que faculta
al juez de condenar a daños y perjuicios a quien se haya abstenido con intención
dilatoria de invocar un medio de inadmisión oportunamente. En muchos casos ha
sido la jurisprudencia que ha establecido los criterios para sancionar la conducta
procesal indebida, sobre todo, en lo que respecta a lo que se ha denominado el
abuso de las vías de derecho, que se da, por ejemplo, en las llamadas querellas
temerarias, habiéndose establecido como un criterio jurisprudencial reiterado por
la jurisprudencia francesa y acogido por la nuestra, que el ejercicio de un derecho
no puede, en principio, ser fuente de daños y perjuicios para su titular, para ello,
es indispensable establecer que su ejercicio obedece a un propósito ilícito, de
66
perjudicar a otro, como sería la mala fe, la ligereza o la temeridad imputable a su
titular224 .

Así como el principio estudiado de lealtad procesal rige la conducta de los litigantes,
la actividad del juez está regida, sobre todo, por el principio de imparcialidad
del juez.

(1) make a false statement of fact or law to a tribunal or fail to correct a false statement of material fact
or law previously made to the tribunal by the lawyer;
(2) fail to disclose to the tribunal legal authority in the controlling jurisdiction known to the lawyer to be
directly adverse to the position of the client and not disclosed by opposing counsel; or
(3) offer evidence that the lawyer knows to be false. If a lawyer, the lawyer’s client, or a witness called by
the lawyer, has offered material evidence and the lawyer comes to know of its falsity, the lawyer shall
take reasonable remedial measures, including, if necessary, disclosure to the tribunal. A lawyer may
refuse to offer evidence, other than the testimony of a defendant in a criminal matter, that the lawyer
reasonably believes is false”.
(b) A lawyer who represents a client in an adjudicative proceeding and who knows that a person intends to
engage, is engaging or has engaged in criminal or fraudulent conduct related to the proceeding shall take
reasonable remedial measures, including, if necessary, disclosure to the tribunal.
(c) The duties stated in paragraphs (a) and (b) continue to the conclusion of the proceeding, and apply even
if compliance requires disclosure of information otherwise protected by Rule 1.6.
224
Cas. Civ, 13 de marzo del año 2002, información tomada del libro Un lustro de jurisprudencia civil, del Ma-
gistrado Rafael Luciano Pichardo, Primer Sustituto del Presidente de nuestra Suprema Corte de Justicia,
Santo Domingo, Impresora alfa y Omega, 2002, pp. 313 y 314.
Se observa en este criterio jurisprudencial reiterado de nuestra Corte de Casación, la influencia de
una decisión de la Corte de Casación francesa que ha servido desde principios del siglo pasado para el
establecimiento de este invariable criterio: “El ejercicio de una acción judicial no degenera en culpa sus-
ceptible de entrañar una condena por daños y perjuicios mas que si constituye un acto de malicia o de
mala fe; o si es al menos, el resultado de un craso error equiparable al dolo”, Cas. 14 de agosto de 1882,
D.1883.1.255.

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7.6 El principio de la imparcialidad del juez


Ni siquiera podría hablarse de que una de las finalidades del sistema jurídico es pre-
servar el valor justicia, si no existiesen reglas tendentes a asegurar la imparcialidad
del juzgador. La posibilidad para los litigantes de que el litigio que los vincula sea
conocido por un tercero imparcial, asegura el paso de la justicia privada a la pública y
el consecuente monopolio del derecho de castigar y de decir el derecho del estado
a través de la actividad jurisdiccional que llevan a cabo los jueces, asegura, pues, la
renuncia de las partes a las vías de hecho o a hacer justicia por sus propios medios,
fortaleciendo la existencia del estado de derecho.

Este principio de imparcialidad, igual que otros que hemos tenido oportunidad de
estudiar previamente, ha sido consagrado por convenios internacionales con rango
constitucional en la mayoría de nuestros países y en nuestras constituciones, como
uno de nuestros derechos fundamentales procesales. Así el artículo 10 de la De-
claración Universal de los Derechos Humanos225  y el 14.1 del Pacto Internacional
de los Derechos Civiles y Políticos226 , se refieren al derecho de cada persona a ser
oída por un tribunal independiente e imparcial, derecho que igualmente se consagra
para los países europeos por el artículo 6-1 de la Convención Europea de Derechos
Humanos227 , y en nuestra Constitución228  en el artículo 8,2,j.

El perfil del juez en la antigua Roma, el judex, era el del tercer hombre que desde su
tribuna guiado por el derecho, determinaba cuál de los litigantes lo tenía229 , ejercía la 67
justicia, ordenando que fuera dado a cada uno lo suyo, le llamaron ponti-fex230 , pues
consideraron que este sacerdote de la diosa Themis siempre tendía de esta manera
un puente firme entre la omnipotente divinidad y el humilde ser humano, puente
que unía ambas eternidades231 .

La idoneidad del juez, según Carnelutti232 , depende de la posición suya frente a las
partes, la imparcialidad se resuelve en una equidistancia de las partes. Ser im-
parcial significa no ser parte, pero el juez en tanto hombre, no puede dejar de ser
parte, se trata de un individuo con sus simpatías, con sus antipatías, sus relaciones
sus intereses, sus predilecciones, pretender la imparcialidad del juez es tanto como
buscar la cuadratura del círculo, sería necesario hacer vivir el juez dentro de una
campana de vidrio; y quizá no bastaría porque le haría perder su humanidad, esto

225
“Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal
independiente e imparcial…”.
226
“… Toda persona tendrá derecho a ser oída públicamente y con las debidas garantías por un tribunal competente, inde-
pendiente e imparcial…”.
227
“:” Toda persona tiene derecho a que su causa sea conocida de manera justa, pública y en un plazo razonable por un tribunal
independiente e imparcial...”
228
“Nadie podrá ser juzgado sin haber sido oído o debidamente citado, ni sin observancia de los procedimientos que establezca
la ley para asegurar un juicio imparcial…”
229
Ju-dex, ju-dix, jus-dicente, significa la persona que en el sentido estricto de la palabra, dice expresa una orden, da una orden,
y en el sentido amplio, señala a la persona que dice el derecho. K. Zoltan Mehesz, Judex Romanus, Asuncion, Bibliográfica
Juridica Paraguay S. R. L., 1997, p. 13.
230
Palabra compuesta, viene de pontem facere, que significa hacer el puente. Efectivamente los primeros pontífices de Roma eran
bausánicos, artesanos cuya actuación limitábase a construir puentes sobre el Tíber y luego entre los dioses y los hombres.
K. Zoltan Mehesz, Judex Romanus, pp. 13-14.
231
K. Zoltan Mehesz, Judex Romanus, Asuncion, Bibliográfica Jurídica Paraguay S. R. L., 1997, pp. 13-14.
232
Francesco Carnelutti, Derecho y Proceso, Buenos Aires, Ediciones Jurídicas Europa-América, pp. 84-85.

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es, la comprensión que viene de saber vivir la vida de los otros. El problema de la
imparcialidad no se reduce, pues, a la desconfianza del juez porque esté ligado con
una de las partes, sino liberarlo de cualquier prejuicio, que de un modo u otro pueda
turbar, aun en mínima medida, aquella imparcialidad, semejante al perfecto equilibrio
de una balanza.Y qué decir del saber privado del juez, en cuanto a lo que se pide que
juzgue, el juez debe ser en principio, un ausente, queriendo decir no tanto que no
sabe de ello cuanto que no debe saber nada de ello, Friedrich Stein233  afirma que el
juez en lo que se refiere a los hechos no pude valerse de su conocimiento privado,
de tal suerte que si hubiese tenido conocimiento directo de ellos, habiéndolos visto
u oído, debería olvidarse, regla que no vale ni para los hechos notorios, ni para el
conocimiento de las leyes naturales o jurídicas.

El reconocimiento como derecho fundamental procesal del ser humano al juez im-
parcial, no se discute en el derecho iberoamericano, institutos como la recusación y
la inhibición en nuestras leyes nacionales tienen por finalidad garantizar esta impar-
cialidad del juez, así como los Códigos de Ética Judicial. La imparcialidad, finalmente,
demanda de la observancia del principio de igualdad de las partes en el proceso, por
cuanto el juez debe despojarse de preferencias234, simpatías o antipatías a la hora
de realizar su elevada función.

68

233
Friedrich Stein, Das Private Wissen des Richters, Leipzig, C. L.Hirschfeld, 1893, citado por Carnelutti, Op.
Cit. Ibid.
234
Citamos aquí parte del canon XII del Código de Ética Judicial de Puerto Rico: “En el ejercicio de su labor
judicial, la Jueza o el Juez no deberá incurrir en conducta constitutiva de discrimen por motivo de raza,
color, nacimiento, origen, condición socio-económica, ideas políticas o religiosas, condición física, edad o
género. Evitará que sus palabras o su conducta puedan interpretarse en forma alguna como manifestaciones
de discrimen o prejuicio por tales motivos, y no deberá permitir manifestaciones de esa índole por parte
del personal, oficiales del tribunal u otras personas que actúen bajo su dirección y control”.

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El principio de celeridad
capítulo VIII
y los principios de
saneamiento, economía
procesal y de eventualidad
o preclusión 69

Toute personne a droit à ce que sa cause soit entendue équitablement, publiquement et


dans un délai raisonnable, par un tribunal indépendant et impartial, établi par la loi, qui
décidera, soit des contestations sur ses droits et obligations de caractère civil, soit du bien-
fondé de toute accusation en matière pénale dirigée contre elle235 .

Toda persona tiene derecho a ser oída con las debidas garantías y dentro de un plazo
razonable…236 .

El tribunal y bajo su dirección, los auxiliares de la Jurisdicción, tomarán las medidas nece-
sarias para lograr la más pronta y eficiente administración de la justicia, así como la mayor
economía en la realización del proceso237 .

They shall be construed and administered to secure the just, speedy, and inexpensive de-
termination of every action238 .

Estas reglas regirán todos los procedimientos de naturaleza civil ante el Tribunal General de
Justicia. Se interpretarán de modo que garanticen una solución justa, rápida y económica
de todo procedimiento239 .

235
Art. 6-1 de la Convención Europea de los Derechos del Hombre.
236
Del Art. 8.1Convención Americana de Derechos Humanos.
237
Art. 9 del Código General del Proceso de Uruguay.
238
Del texto de la número 1 de la Reglas Federales del Procedimiento Civil de Los Estados Unidos.
239
Número 2 de las reglas del Procedimiento Civil de Puerto Rico.

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8.1 El principio de celeridad


Una de las mayores preocupaciones de los sistemas de administración de justicia de
nuestros países, hoy día, es el reto de ofrecer un servicio judicial rápido, justo y efi-
ciente, habida cuenta de que la justicia tardía se torna en injusticia. Muchos esfuerzos
se han hecho, pero la rapidez que reclaman los ciudadanos no queda siempre satisfe-
cha, ya que muchas veces el número de casos es superior a la capacidad instalada del
órgano jurisdiccional para solucionarlos. De modo que hasta se han implementado
con éxito los Métodos Alternos de Resolución de Disputas, como una opción que
viabiliza la más rápida solución de los asuntos en algunas materias.

Cabe preguntarse, ¿está el proceso regido por un principio de celeridad? ¿La función
jurisdiccional del Estado se cumple con una justicia tardía? ¿Si este principio informa
todo el proceso, qué requisitos, plazos, formalismos deberán cambiar? ¿Acaso los
avances tecnológicos son capaces de producir una revolución beneficiosa a estos
fines? Veamos.

El artículo 6-1 de la Convención Europea de Derechos Humanos y el 8.1 de la Con-


vención Americana consagran con la categoría de derecho fundamental aquél que tiene
el ciudadano a un proceso en un plazo razonable240 . Se dice que la justicia para ser tal
debe ser rápida, que el concepto de afianzar la justicia, implica el mandato imperativo
de asegurar a los ciudadanos la pronta solución de sus litigios241 , sugiriéndose para
70 tal fin que el proceso sea sustanciado y resuelto sin dilación, procurando eludir las
causas que le demoran, simplificando los trámites y suprimiendo aquéllos que no
son sustanciales; estableciendo límites para la realización de los actos procesales por
parte de los litigantes, del juez y de los auxiliares de la justicia y penalidades para el
caso de omisión242 .

8.2 Propuestas para la vigencia de este principio


Para cumplir con este principio se propone243 , por otra parte, que se establezca una
regulación procesal que impida las dilaciones con sanciones objetivas que introduzcan
las correcciones necesarias al sistema, por ejemplo:

A) El proceso civil se puede y se debe regular, según sus tipos y modalidades, con
una duración limitada. Lo importante es que no se quede ningún tiempo muerto
entre trámite y trámite.

B) Es preferible señalar los plazos razonables, antes que permitir la prórroga de los
mismos. Es decir, todos los plazos deben ser perentorios e improrrogables.

240
El cumplimiento de este requisito previsto por la Convención Europea, se aprecia según las circunstancias
de la causa, en particular la complejidad del asunto, la conducta del justiciable y el de las autoridades
competentes.V. Jean Vincent er Serge Guinchard, Op. Cit., pp. 403-404.
241
J. Ramiro Podetti, Teoría y Técnica del Proceso Civil, Buenos Aires, Editorial Ideas, p. 89.
242
J. Ramiro Podetti, Idem.
243
José Almagro Nosete, Consideraciones de derecho procesal, 1ra. Ed., Barcelona, Librería Bosch, 1988, pp.
265-266.

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C) Regulación procesal que impida excepciones dilatorias o incidentes con trami-


tación separada del curso del principal, potenciándose mediante la audiencia
preliminar el saneamiento de los defectos procesales, la fijación definitiva de
los hechos y en su caso el recibimiento a prueba y la proposición de la misma y
mediante una o varias audiencias sucesivas, siempre dentro de un límite máximo,
la práctica de la prueba en presencia judicial y la valoración conclusiva. Proscrip-
ción de las apelaciones interlocutorias.

D) Debe entenderse que la eficaz organización del servicio de la justicia es cuestión


que incumbe al Estado, de manera que el ciudadano no puede ser responsable de
su anormal funcionamiento, responda éste a dolo, culpa o simplemente a retraso
originado por otras causas no imputables a los funcionarios, tales como escasez
de dotaciones o acumulación excesiva de trabajo. Por eso la resolución fuera de
plazo, sin más, debe ser causa de responsabilidad objetiva y, por tanto, de indem-
nización, porque denota un anormal funcionamiento de administración de justicia.
Las acciones de repetición que tenga el estado contra el funcionario culpable o
negligente es otra cuestión que tampoco, en principio, incumbe al ciudadano.

“El Proyecto parte de la base de que la justicia de este país es admirable en cuanto a su
calidad, tanto en el orden intelectual como en el orden moral. Pero adolece de extraordinaria
lentitud, de debilidad para con el litigante malicioso y de ineficacia en cuanto al cumplimiento
de los fallos”, así se refería Couture244  a la justicia uruguaya al momento de preparar
su proyecto de Código de Procedimiento Civil, por lo que entendía que la reforma 71
debía encaminarse a simplificar los trámites, despojándolos de inútiles formalismos,
concluyendo que sencillez, probidad y eficacia debían ser el lema de la reforma245 .
Sencillez para que el procedimiento no sea sino un simple instrumento para regir
el debate, probidad, porque el tradicional desprestigio del litigio solo se enmienda
convirtiéndolo en una leal y franca exposición de los intereses opuestos, sometidos
a la decisión del poder público y eficacia, para evitar que las soluciones de la justicia
estén destinadas a llegar demasiado tarde246 .
Para la consecución de lo ordenado por este principio, Morello247  propone cambios
en lo atinente al desempeño del tribunal y su personal y al procedimiento, dentro
de los cuales, se encuentran:

A) Supresión de ferias judiciales, un órgano judicial debe funcionar continuamente


y sin interrupciones.

B) Utilizar los edificios e infraestructura de los tribunales en horarios vespertinos


o nocturnos complementarios, en este horario pueden atenderse los asuntos
de la jurisdicción voluntaria.

C) Sumarizar los juicios al máximo.

D) Modificar drásticamente el régimen de las notificaciones judiciales, utilización


del fax, del teléfono y otros medios.

244
Eduardo J. Couture, Proyecto de Código de Procedimiento Civil, Op, Cit., p. 10.
245
Ibid, pp. 10 y 11.
246
Eduardo J. Couture, Proyecto de Código de Procedimiento Civil, Op. Cit., p. 25.
247
Augusto M. Morello, La eficacia del proceso, 2da. Ed. Buenos Aires, Editorial Hammurabi, 2001, pp. 26-30.

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E) Reducción de las resoluciones recurribles.

F) Acentuar el deber de colaboración por el lado de las partes y de los terceros, sea
en tareas de esclarecimiento e investigación (similares al discovery anglosajón),
en el aporte de documentos obrantes en su poder o en toda incidencia decisiva
para acceder a la verdad jurídica material.

G) Establecer, a través de una imposición razonable y controlable, el deber de in-


formación del deudor, demostrativo de su buena fe, respecto al estado actual de
su patrimonio, como requisito condicionante de la oposición de la ejecución.

H) Acordar a la preparación de la demanda (en trabajo multidisciplinario) la atención


que requiere el acceso responsable a la jurisdicción, lo cual supone la previa y
reflexiva consideración de acceder a los métodos alternos de solución de dis-
putas.

I) El ejercicio activo por el juez, en la audiencia preliminar, de la selección de


los medios de prueba que –sin desmedro de la defensa– no importe una so-
brecarga estéril o disfuncional, conforme a las circunstancias a acreditar en el
proceso en concreto de que se trate, con la utilización en los litigios de alta
complejidad, las posibilidades suficientes de dar cabida a la prueba científica
que así lo requiera.
72
J) La configuración en una instancia más administrativa que judicial de lo concer-
niente a la ejecución, en especial, lo que se refiere a la subasta.

En cuanto al impacto de la revolución informática, identifica como una de las causas


de la ineficiencia de la justicia, el mantenimiento de sistemas o métodos de trabajo
que prescinden de los aportes de disciplinas técnicas o científicas que son determi-
nadas por la modernidad248 . Que si se toma en cuenta que la finalidad del servicio
de justicia debe ser la máxima efectividad posible en la solución de conflictos (en
tiempo, costo y calidad), se hace imperativo repensar la forma de construir el pro-
ceso, de organizar la oficina judicial y el estudio jurídico, lo que supone una ardua
tarea de mentalización y capacitación de los recursos humanos y de reasignación de
funciones, roles y responsabilidades dentro de cada organización249 .

Este cambio de actitud mental se refiere a comprender cuáles son las metas que el
servicio judicial está llamado a satisfacer, para desde allí, reorientar nuestros esfuerzos
en una labor constante de superación personal y de mejoramiento de la realidad que
nos circunda, bajo el entendido de que las computadoras no habrán de resolver nada
sin un vocacionado compromiso con los fines y metas del servicio de justicia y sin
una sentida convicción de producir cambios tangibles en la forma de trabajar250 .

La simple incorporación de la tecnología, uso del teléfono, grabadora, filmadora, fax,


computadora, son por sí solos transformadores; la efectividad del sistema judicial

248
Augusto M.Morello, Op. Cit., p. 31.
249
Idem.
250
Ibid, p. 32.

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puede adquirir otra dimensión con la introducción, por ejemplo de la multimedia251 ,


la telemática252  y la videoconferencia253 .

8.3 Aplicaciones
Lograr una solución justa (just), rápida (speedy) y económica (not expensive) de todo
proceso, es una de las metas fundamentales de las Reglas Federales del Procedimiento
Civil Norteamericano. En aplicación de este principio, una enmienda de 1993 hace
énfasis en el deber que tiene el juez de ejercer la autoridad procesal que le otorgan
estas reglas procesales, en aras de asegurar la solución justa y sin plazos o costos
indebidos de los procesos254 .

Se ha dicho que la regla número 1 del Procedimiento Civil puertorriqueño, que


posee una redacción similar a la federal, incorpora al proceso civil angloamericano,
los principios de celeridad y de economía procesal.255 

En la actualidad están siendo revisadas estas Reglas del Procedimiento Civil de Puerto
Rico, por comisiones formadas por el Tribunal Supremo y dentro de las propuestas,
se habla de la posibilidad de comunicar documentos a las partes, a través del facsímile
o del correo electrónico, lo que implicaría mayor celeridad y más economía256 .
73
La Regla número 5 Federal se refiere a la notificación de documentos y escritos entre
las partes y provee la posibilidad, entre otras muchas previsiones, de enviar una copia
del documento hasta por medios electrónicos257 , siempre que la persona notificada
haya expresamente consentido por escrito258  esta forma de notificación259 .

251
La multimedia consiste en la posibilidad de hacer interactuar imagen, sonido y texto en la computadora. Si todo lo actuado
(o lo más relevante) quedara registrado en videodiscos u otros dispositivos tecnológicamente admisibles, la dificultad que
tienen las instancias superiores para acceder a cuestiones de hecho y de prueba en el juicio oral en primer grado, quedaría
superada, pues el juicio se convertiría en una especie de película encerrada en uno o varios discos compactos, que el juzgador
podría ver y escuchar al momento de redactar su decisión. Morello, Ibid.
252
La telemática permite enviar y acceder a información a distancia, conectando dos puntos cualesquiera del planeta, siempre
que en cada uno de ellos exista al menos una computadora, un MODEM y una línea telefónica, y a través de Internet se
realiza por el costo de una llamada telefónica local.
253
Es la posibilidad de entablar diálogo entre diversas personas situadas en dos o más puntos geográficos, con y a través de la
imagen.
254
Baicker-Mckee, Jansen, Corr, Federal Civil Rules Handbook, Op. Cit., pp. 154,155.
255
Rafael Hernández Colón, Derecho Procesal Civil, Op. Cit., pp. 3 y 4.
En interpretación del Tribunal Supremo: “Los tribunales no pueden permitir el uso de los mecanismos procesales fuera de
los términos establecidos en estas reglas; tampoco deben conceder prórrogas a menos que se presenten dentro del término
establecido, vengan acompañadas de una adecuada justificación, el tribunal determine que al concederla no se causará perjuicio
a la otra parte o una indebida dilación a la pronta solución de la controversia, y que su concesión es necesaria para lograr
una justa solución. Lluch v. España Service Sta. 117 D. P. R.729, (1986).
256
Esta información la obtuvimos en entrevista que le hiciéramos en mayo del 2006 a la profesora Dra. Glenda Labadiede la
Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.
257
Se trata de la regla 5, b, 2,(D), que ha previsto la posibilidad de enviar una copia por cualquier otro medio, incluyendo medios
electrónicos, siempre que la persona a notificar haya consentido previamente por escrito en esta forma de comunicación.
258
Este consentimiento debe ser específico e incluir el nombre de la persona a notificar, su dirección (facsímile number, e-mail
address), el formato a ser usado y la duración del consentimiento.
259
Baicker-Mckee, Jansen, Corr, Federal Civil Rules Handbook, Op. Cit., pp. 221-227.

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En pro de la celeridad, debemos referirnos en específico a un procedimiento ins-


taurado por esta legislación anglosajona que procura coadyuvar a una solución más
ágil del litigio, me refiero a la conferencia con antelación al juicio o pretrial260 , que
es aquélla que celebra el juez con los abogados de las partes con el fin de facilitar el
desenvolvimiento del proceso. Esta conferencia está precedida de una conferencia
entre abogados, que se realiza entre otros propósitos para:

1. Estipular por escrito los hechos no controvertidos y exponer los hechos en


controversia.
2. Intercambiar listas de testigos potenciales acorde con el descubrimiento de
prueba habido.
3. Acordar la designación de un testigo perito del tribunal y estipular por escrito
las cualificaciones de todos los testigos peritos de las partes.
4. Examinar y marcar todos lo exhibits261  que las partes intenten presentar en el
juicio conforme a derecho.
5. Examinar y marcar una lista de deposiciones262  a ser presentadas como evidencia
en el juicio conforme a derecho.
6. Concretar al límite reducible la controversia de hechos y de derecho a ser
sometida para decisión judicial.
74
7. Discutir la posible transacción del caso.
La conferencia con antelación al juicio263 , entre otros fines, persigue:
1. Simplificar las cuestiones litigiosas.
2. Determinar sobre la necesidad o conveniencia de enmendar las alegaciones.
3. Obtener admisiones de hechos y de documentos en evitación de prueba inne-
cesaria.
4. Obtener la identidad de los testigos que se espera utilizar en el juicio y la
limitación del número de los testigos o peritos264 .
Esta conferencia con antelación al juicio es lo que se ha dado en llamar en el Código
General del Proceso de Uruguay, la audiencia preliminar, tomada precisamente del
pretrial anglosajón, instituto que ya existía en el ordenamiento austríaco y en otros
países europeos265 .En esta estructura se establece un sistema en el que luego de la

260
La Regla 37 del Procedimiento Civil de Puerto Rico regula lo relativo a las deposiciones.
261
Son los documentos probatorios.
262
Las Reglas del Procedimiento Civil facultan a los litigantes a obtener el testimonio bajo juramento de una
persona, reservando el derecho a la contraparte de repreguntar. Estas deposiciones se toman con el objeto
de descubrir prueba o para perpetuar testimonio.V. Rafael Hernández Colón, Op. Cit., pp. 230-231.
263
El Proyecto de Reglas del Procedimiento Civil de Puerto Rico de 1996 otorga al juez la facultad de oficio
de requerir en todo caso una temprana conferencia judicial, con el fin de tomar control de caso.V. Rafael
Hernández Colón, Ibid.
264
Rafael Hernández Colón, Ibid.
265
Adolfo Gelsi Bidart, Luis Torello, Enrique Vescovi, Gonzalo Uriarte, Exposición de Motivos del Código General
del Proceso de Uruguay, 6ta. edición, Fundación de Cultura Universitaria, p. 17.

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demanda y la contestación, ambas escritas, las partes y el juez se reúnen, y allí, frente
a frente, los litigantes y sus abogados y con la presencia e intervención activa del
juez, se trata de llegar prioritariamente a una conciliación y en su defecto, se realiza
el debate y se fijan los puntos en disputa de manera clara y concreta266 .

8.4 El principio de saneamiento


Colabora con el principio de celeridad, el principio de saneamiento, por cuanto
procura expurgar aquellos vicios que inducen al entorpecimiento de la causa o que
provocan dificultades para reconocer claramente el objeto de la discusión. Así, el
artículo 34, inciso 5to. del Código Federal argentino impone a los jueces señalar,
antes de dar trámite a cualquier decisión, los defectos u omisiones de que adolezca,
ordenando que se subsanen dentro del plazo que fije y lo faculta para disponer de
oficio toda diligencia que fuere necesaria para evitar nulidades267 .
Esta colaboración tiene efecto en dos vertientes. En primer lugar, depura el proceso
de vicios que inciden directamente en el litigioso, para ello el juez deberá, por ejemplo
imponer claridad en la redacción de los escritos, devolver las presentaciones que
violenten el derecho de defensa o sean ofensivos o agraviantes o expulsar de las
audiencias a quienes las interrumpen.
En segundo lugar, asegura que este objeto se encuentre precisamente determinado,
75
liberándolo de manifestaciones dispendiosas o de pruebas inconducentes que sean,
en definitiva, un estorbo insalvable para resolver, en aplicación del principio, el juez
deberá rechazar in limini aquellas pretensiones manifiestamente infundadas268 .
Cabe señalar la vinculación que se advierte en doctrina entre este principio y el de
economía procesal269 , que se refiere a dos aspectos vitales para la eficacia del
proceso: que sea terminado en el plazo más breve y que ello se logre en la menor
cantidad de actos.

8.5 Principio de economía procesal


El principio de economía procesal270 supone que el proceso que es un medio, no puede
exigir un dispendio superior al valor de los bienes que están en debate, de tal suerte
que debe existir una necesaria proporción entre el fin y los medios. En consecuencia,
los procesos modestos en su cuantía económica, son objeto de trámites más simples,
aumentándose las garantías a medida que aumenta la importancia económica del
conflicto. Pueden señalarse como aplicaciones de este principio, las siguientes:
a) La simplificación en las formas del debate, los procesos de menor importancia
se debaten de modo oral.
b) Limitación de las pruebas, las pruebas onerosas se simplifican.

266
Ibid, p.18.
267
Osvaldo Alfredo Gozaíni, Op. Cit., pg. 139.
268
Ibid, pp. 139-140.
269
Osvaldo Alfredo Gozaíni, Op. Cit., p. 135.
270
Eduardo J. Couture, Fundamentos de Derecho Procesal Civil, Op. Cit., p. 189.

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c) Reducción de los recursos, en muchos casos tomando en cuenta el monto, las


decisiones son inapelables.

d) Economía pecuniaria, las costas y gastos de justicia son normalmente meno-


res.

e) Tribunales especiales, por lo general los asuntos de escaso monto, se dirimen


en tribunales ajenos a la jurisdicción ordinaria271 .

8.6 Las preclusiones o principio de eventualidad


Por último, este principio se vincula además al principio de las llamadas preclusio-
nes, que significa que dentro de las distintas fases o tiempos del procedimiento se
ha de realizar un acto concreto con contenido determinado, de tal manera que si la
parte no lo realiza oportunamente pierde la posibilidad de realizarlo272 . Chiovenda
enseña que con el fin de dar mayor precisión al proceso, hacer posible la declaración
definitiva y garantizar su exacto cumplimiento, el legislador entre otras medidas,
provee la preclusión que consiste en que después de la realización de determinados
actos o del transcurso de ciertos términos, queda precluso a la parte el derecho de
realizar otros actos procesales determinados, o en general ningún acto procesal273 . Ha
expresado Carnelutti que “cada acto debe tener su tiempo274 ”, el orden formal del
76 proceso no se manifiesta continuado, porque se detiene en estadios que fraccionan
la unidad del procedimiento, como la gráfica exposición de Calamandrei, se asemeja
al aspecto exterior de un drama dividido en varios episodios escénicos, unificado
en virtud del hilo de las vicisitudes275 .

Es que las diferentes etapas del proceso, según Couture276 , se desarrollan en forma
sucesiva, mediante la clausura definitiva de cada una de ellas, impidiéndose el regre-
so a etapas y momentos procesales ya extinguidos o consumados, transcurrida la
oportunidad, la etapa del juicio se clausura como si una especie de compuerta se
cerrara tras los actos impidiendo su regreso. Pero no se trata de una prescripción,
sino de una caducidad y puede resultar de tres situaciones diferentes:

A) Por no haberse observado el orden u oportunidad dado por la ley para la realiza-
ción de un acto, por ejemplo, el no apelar dentro del término opera la extinción
de esa facultad procesal, la no producción de la prueba en tiempo oportuno, la
falta de alegación o de expresión de agravios en el tiempo fijado, o cuando en
aplicación del principio de eventualidad277 , se les pide a los litigantes que hagan
valer sus defensas en forma simultánea y no se hace de esta manera;

271
Ibid, 189-190.
272
Juan Montero Aroca, Manuel Ortells Ramos, Juan-Luis Gómez Colomer y Alberto Montón Redondo,
Derecho Jurisdiccional, Barcelona, Librería Bosch, 1995, Tomo I, p. 351.
273
José Chiovenda, Op. Cit., pp. 379-380.
274
Francesco Carnelutti, Derecho y Proceso, Buenos Aires, Ediciones Jurídicas Europa-América, p. 177.
275
Osvaldo Alfredo Gozaíni, Op. Cit., p. 132.
276
Eduardo J. Couture, Fundamentos…, Op. Cit., pp. 194-199.
277
Este principio consiste en pedir a las partes que todos los actos de postulación, ataque y defensa, respon-
dan a las etapas correspondientes del proceso; recordando al efecto que, bajo el imperio del principio de
preclusión, lo que no se hace en tiempo hábil y pertinente queda impedido de plantearse en lo sucesivo.
Osvaldo Alfredo Gozaíni, Op. Cit., p. 136.

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B) Por haberse cumplido una actividad incompatible con el ejercicio de otra anterior,
lo que supone el no ejercicio de esta, provocándose la preclusión a su respecto,
por ejemplo, el contestar la demanda sobre el fondo, opera preclusión de la
facultad de oponer excepciones dilatorias.

C) Por haberse ejercido ya una vez, válidamente, esa facultad, se trata de situaciones
en las que ha operado la cosa juzgada, considerada como la máxima preclusión, en
cuanto impide la renovación de las alegaciones, apoyadas en los mismos hechos
que fueron objeto del proceso anterior.

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conclusiones

Hablar de los principios rectores es hablar de una teoría general de proceso, de 79


hecho, surge la idea de estos principios, como método de enseñanza del derecho
procesal civil en las universidades alemanas.

Como asistimos en la actualidad a una verdadera edad de oro de los principios, se


justifica cualquier estudio que propicie la reflexión sobre el proceso a la luz de los
principios rectores, ya que es indiscutible su incorporación en la labor interpretativa
del juzgador, como la más lejana frontera a la que puede llegar, sin convertirse en
creador.

Iniciamos refiriéndonos al concepto de principios, su clasificación, sus diferencias con


las normas jurídicas y su reconocimiento en el derecho procesal civil, con la finalidad
de ofrecer una base teórica mínima para la comprensión general de este estudio.

Luego, procuramos estudiar cada uno de los principios identificados previamente


como de mayor incidencia en el proceso civil dominicano, previendo la posibilidad
de una pronta reforma de nuestro Código Procesal Civil. Este estudio se hizo seña-
lando los rasgos generales de los principios elegidos y su ámbito de aplicación en el
tiempo y en el espacio; en el tiempo, precisando en lo posible el reconocimiento de
cada uno como principio rector del proceso, y en el espacio, mostrando su vigencia,
en los procesos de cada una de las legislaciones estudiadas, sin entrar en sus detalles
particulares.

Desde esta óptica, a manera de conclusión, consideramos que sería útil tomar en
cuenta en la nueva legislación procesal, lo relativo al impulso procesal de oficio, en
el sentido de que el juez como detentador de uno de los poderes del estado está
comprometido con el servicio de la justicia; la concepción del juez director o éste
concebido como autoridad, sin llegar a ser el dictador del proceso inquisitorio; la

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oralidad y sus principios derivados de la inmediación, la concentración y la publici-


dad en el proceso civil; la igualdad, incluyendo en ésta, la llamada igualdad en la fila;
la lealtad procesal estableciendo fórmulas eficaces para su prevención y sanción y,
sobre todo, la exigencia de realizar las reformas pertinentes para cumplir con el
principio de celeridad procesal.

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