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NO VALIÓ LA PENA

Obra en 3 actos

Julio Sergio Santana

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INTRODUCCIÓN

ESCENARIO

Este escenario se podrá emplear para todas las escenas y sólo bastarán cambios menores
para cada caso.

El foro se divide en dos áreas mediante una puerta y posiblemente un marco que simule
un muro divisorio, pero que es “transparente”, para no estorbar la visión del auditorio
hacia una de las áreas o la otra, en que es dividido el foro. Un ejemplo de esto se muestra
en la figura.

En una primera escena, el área 1 simulará una calle o una plaza con la entrada al área 2
que será algún tipo de Bar o Antro. En la segunda escena el área 1 será un pasillo de
hospital, que da acceso a un cuarto de hospital, simulado en este caso por el área 2. En la
tercera escena, la puerta es la entrada a una casa, representada por el área 2, desde la
calle, que está simulada por el área 1.

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INDICACIONES PARA LAS EMOCIONES Y ACTITUDES DE LOS
PROTAGONISTAS:

Las indicaciones acerca de las emociones, actitudes y otros gestos de los protagonistas se
dan entre paréntesis cuadrados, en cursivas. Por ejemplo:

[Se incorpora y llora amargamente, y después grita:]

PERSONAJES:

• Víctor: Un hombre joven. Es el personaje central de la trama.


• Cholo: Amigo de Víctor.
• Norma: Amiga de Víctor y de Cholo.
• Profeta: Uno que habla de parte de Dios.
• Mujer 1 y Mujer 2: Dos mujeres ataviadas exuberantemente en rojo y/o negro.
• Hombre obscuro: Hombre vestido de negro, con una capucha que deja ver su
rostro de aspecto cadavérico.
• Enfermera: Enfermera de hospital.
• Jóvenes cristianos(as): Dos jóvenes, o jovencitas cristianas, que irán de visita al
hospital.

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ACTO PRIMERO
“El no”

El escenario está dividido en la calle o la plaza y un bar, en los que se pasa de un sitio al
otro a través de una puerta.

En el área del bar aparecen sentadas a una mesa, las dos mujeres: Mujer 1 y Mujer 2,
bebiendo y fumando1 en la penumbra.

En la plaza se encuentra Víctor, sentado en una banca, leyendo una revista, y con francas
muestras de aburrimiento bosteza varias veces. Bailoteando, y medio tambaleándose,
mostrando señales de la alegría artificial que produce la ingestión de alcohol, llega
Cholo, desde el otro extremo de la plaza:

Cholo: Hola Víctor, ¿qué haciendo?


Víctor: Pues aquí, Cholo, matando un poco el tiempo. Oye, ¡sí que estuvo bueno el
reve(ntón) pasado!, ¿no?
Cholo: No pues sí. Nosotros nos la seguimos hasta las cinco de la mañana, en la casa de
Toque. Estuvo de fábula. Este tipo se ligó a dos chavas y a un chavo.
Víctor: [Con claras muestras de duda] ¿Noooo?, ¿apoco?
Cholo: Sí. ¿No sabías que es bisexual? Y bueno, luego que salió de su cuarto, echaba
chispas: ¡estaba cruzadísimo! Quién sabe que se metió, porque decía y decía,
carcajeándose, que éramos caricaturas. Estaba contentísimo, hasta que se vomitó
y se quedó como dormido.
Víctor: Y tú, ¿qué onda?, ¿cómo te la pasaste?
Cholo: ¿Yo? ¡De pelos! Me la pasé pisteando con Gela, con Chucha y con el Pato. No
sabes, ¡cuando toma se pone tan ocurrente! Nos tuvo botados de la risa por horas.
Víctor: No me digas.
Cholo: Sí, se quitó los zapatos y ¡ja, ja, ja, ja!, se los olía y se los olía. Al final aquel se
fue con Chucha y yo me fui al departamento de Gela. Lo bueno que mi chava ni
se dio por enterada. Si me cacha en la movida, ¡pa’qué te cuento! Lo bueno que
ahorita anda trabajando en otra ciudad.
Víctor: Sí, ¿verdad? Como la última vez: cuando te metiste con la turista que venía de
Pachuca. Por poco y te cacha. Si no es porque te salgo al rescate y le digo a tu
chava que, en realidad, la mona era mi amiga y que se estaba hospedando en ese
motelito porque no tenía dinero para pagar otro lugar, ¡quién sabe cómo te
hubiera ido! ¿no? Así que me debes una ¿eh?
Cholo: Sí, mano. Pero, pus, pa’eso son la viejas, pa’disfrutarlas, pa’gozarlas, y uno tiene
que correr sus riesgos de vez en cuando.

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No es necesario que estén fumando en realidad. Simplemente que se vea que los personajes se llevan los
cigarrillos a la boca y juegan con ellos en el cenicero.

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Víctor: Sí, mano, pero tú los corres muy seguido ¿no? No te digo que yo no tenga mis
asuntillos con varias viejas, pero yo soy agente libre. Tú, en cambio, ya estás
comprometido con Erika.
Cholo: Pues sí, pero uno es macho, y tiene uno que desfogarse como sea, ¿no es cierto?
Víctor: No, pues sí.
Cholo: Y bueno, después de la fiesta ¿qué? No me digas que tú te fuiste a dormir luego,
luego.
Víctor: ¡No, que bah! Ya que se acabó todo allí, nos fuimos a seguirla con los otros
compas al “Tequilazo”. ¿Si sabes cuál?
Cholo: ¿Qué no es ese que está por la estación central?
Víctor: Sí, ese mero, y allí nos la seguimos hasta que tuvieron que cerrar, porque el Toto
se puso como loco, y empezó a hacer un botadero de mesas; porque según, el
mesero no le trajo los tragos como él se los pidió.
Cholo: Te digo que ese Toto es muy violento. La verdad, [Señalándose la cabeza] yo
creo que ya le falla, por tanto crack que se ha metido.
Víctor: Pues sí, luego que llamaron a la policía, creo que lo entambaron. Ya no supe más
de él. Pero bueno, el tiempo que estuvimos allí nos la pasamos súper. Estuvimos
bailando con las viejas que estaban allí, que, además, estaban buenísimas. Yo me
agarré a una que, pa’qué te cuento … Si no hubiera sido por el regadero del Toto,
seguro que me la empaco a mi departamento; pero con eso ya se me aguadó la
fiesta, y ahorita traigo un dolor de cabeza y una cruda espantosa.
Cholo: Yo también, ¿por qué no vamos a curárnosla en esta cantina? [Señalando hacia el
bar]

En eso, se aproxima, de lejos, Norma, sin entablar ningún contacto con ellos.

Cholo: [Con notorio desdén] Ahí viene ésta, que, de unos días para acá, se ha puesto
media rarita; media filosófica. Desde que se empezó a juntar con unos güeyes,
dizque cristianos, la verdad, ya no la aguanto. Ya bastante tengo con que mis
papás estén friegue y friegue con que “¿por qué no nos acompañas el domingo a
la iglesia, hijo?”, pa’que venga ésta a sermonearme.
Víctor: [Como tentado por la curiosidad acerca de Norma] Si quieres, adelántate a la
cantina, y te alcanzo luego. Yo me hago cargo de esta vieja.

Cholo se mete al bar y se sienta a la mesa con las dos mujeres que están allí. Empieza a
tomar y a fumar con ellas. Mientras tanto, Norma llega a donde está Víctor y le saluda:

Norma: ¡Hola Vic! ¿Cómo estás?


Víctor: ¿Yo? ¡Qué bah, pues de maravilla! Oye, por cierto, no te vi en la fiesta de
anoche. ¿Qué?, ¿no te invitaron?
Norma: Pues sí. Lo que pasa es que ya encontré algo mejor. Algo mucho mejor.
Víctor: ¡Ya, ya, ya! No me digas que ya descubriste el súper-éxtasis.
Norma: Bueno, no. Yo no descubrí, ni inventé nada. Pero sí, encontré algo. Más bien, a
alguien que ya estaba allí buscándome. Alguien que acabó con esa terrible
soledad que me atormentaba.

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Víctor: ¿Sola tú? Pero, si siempre has estado rodeada de amigos y amigas. Es más, no
he visto a nadie más contenta, feliz y bien acompañada en nuestras fiestas que a ti
… [se queda pensando unos momentos] ¡Ah, creo que ya te estoy entendiendo! O
sea que ya formalizaste una relación con alguno de tus cuates. Algo así como que
ya te conseguiste un novio o un amante de planta ¿no?
Norma: No, no, no. No me estás entendiendo. ¡Encontré a Jesús! Me mostró que me
ama, y porque llevó mis pecados, o sea, las regadas que he dado en la vida, me
perdonó, y se ha vuelto mi amigo.
Víctor: [Señalando a Norma] ¡Ja, ja, ja, ja, ja … Norma la mística! ‘Ora sí que me
sacaste toda la risa, … ¡Eres amiga y estás enamorada de un fantasma, ja, ja, ja,
ja!
Norma: No, mira, no es ningún fantasma. Es cierto que murió. Es Dios, que se despojó
de todo lo que tenía y se hizo hombre, de carne y hueso, para morir en tu lugar y
en el mío; para cargar allí con tus culpas, con tu vergüenza, con tu dolor. Pero
igual que murió, también se levanto de la tumba, y completito, no sólo su espíritu.
Víctor: ¡No me digas! Y, ¿cómo hablas con tu amigo? ¿por teléfono? ¡Comunicación a
larguiiiiísima distancia, ja, ja, ja…!
Norma: Mira, la verdad es que no acabo de entenderlo todo, y ni siquiera atino a
comprender cómo pasó, pero yo estaba en esa misma actitud que tú estás cuando
la gente hablaba conmigo de estas cosas. Pero en mi interior, había una vocecita
que me decía: “Y, ¿qué tal si lo que estos locos cristianos dicen de Jesús es
cierto?, ¿qué tal si de verdad él es capaz de de dar una libertad verdadera a los que
están encadenados, como yo, a las locuras de este mundo?, y ¿qué tal si este
Jesús, del que hablan, puede verdaderamente sanarme de este corazón que está
totalmente quebrantado y deshecho?, ¿y qué tal ...?” Después de considerarlo por
algún tiempo, decidí tomar el riesgo y me atreví a hablarle. Le dije: “Jesús, si tu
vives escúchame: ¡mira el desastre que he hecho de toda mi vida! No sé ni cómo,
ni qué decirte. Pero, si tu puedes tomar mi vida y hacer algo nuevo hoy, hazlo por
favor”.
[Mientras Norma continúa con su narración, Víctor muestra que lo que está
escuchando le está haciendo pasar por una lucha interna: se reacomoda varias
veces en su asiento y se truena los dedos o se muerde las uñas.]
Al principio creí que iba a ser como hablarle al aire, pero, de pronto, empezaron a
pasar delante de mí las imágenes de un hombre perfecto y santo, muriendo por mí
en una cruz; de un hombre así, siendo lastimado por otros hombres y por otras
mujeres, como yo. Mientras esto pasaba ya estaba yo en un mar de lágrimas, en
un llanto intenso. Sentí como si una mano se posara sobre mis hombros, y
escuché una voz que casi podía tocar y que me decía: “Hija tus pecados te son
perdonados”. Mi llanto se hizo más intenso, sentí que el costal de basura que
llevaba en mis hombros era quitado para siempre, y una presencia hermosa e
indescriptible me invadió aquí adentro. Desde entonces, no me ha abandonado; él
está aquí en este mismo momento y puedo hablar con él aquí mismo si quiero.
Víctor: [Mostrando a la vez duda, pero oponiendo resistencia a lo que se le está
compartiendo] ¡Estás fumada, estás completamente fumada! Díme de cuál

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fumaste; dime dónde la conseguiste pa’que vaya yo y compre un poquito. A ver si
yo también me escapo de la realidad, como tú.
Norma: Te lo digo de verdad: esto no es un escape de la realidad. Lo que me pasó y lo
que vivo hoy es más real que eso que tú llamas realidad.
Víctor: La realidad real es que la vida es una porquería. Esa es la realidad de la que tú te
estás queriendo esconder con tus fábulas. La realidad es que todo en este mundo
es pena y dolor y uno tiene que buscar la forma de distraer la mente y no tratar de
pensar mucho en esas cosas. Por eso yo me divierto. Me la paso bien, de veras. La
vida te ofrece un muy amplio menú de opciones para mitigar la porquería que es
vivir aquí: yo, por eso, me la paso muy bien con mis amigos en las fiestas.
Cuando tomas y si le agregas algunos otros aceleradores, y eso lo sabes muy bien,
tu mente se va otros lugares y te pones bien happy. Si a eso le agregas sexo, pues
pa’que te cuento, porque tú lo sabes muy bien, te vas hasta las nubes ¿no? Esos
son unos pocos de los muchos placeres que nos puede ofrecer la vida para no ver
las fregaderas que pasan aquí todos los días, y así, cuando te vas de este mundo,
te vas feliz y contento, habiendo disfrutado al máximo de todo lo que el mundo te
puede ofrecer.
Norma: Bueno, Víctor, lo que precisamente Dios te quiere ofrecer a través de Jesús es
cambiar esa “realidad” de la que tú sí estás tratando de escapar con todo lo que
haces. ¿No sientes dentro de ti un vacío tremendo?, ¿no sientes una gran
necesidad que no ha podido ser satisfecha por nada de lo que haces, ni por nadie
de los que conoces?

En el interior del bar, Cholo se levanta y dirigiéndose a las dos mujeres que están con él
les dice:

Cholo: Ahorita regreso, voy a tirar el agua.


Mujer 1: Está bien, precioso aquí te esperamos.

Cholo sale de la escena por la derecha.

Víctor: [Se muestra condescendiente, pero a la vez impaciente y consulta su reloj]


Perdón Norma, está muy, pero muy interesante tu plática, pero ya me tengo que
ir. Tengo una cita muy importante. Tal vez otro día podamos continuar con esta
charla tan ilustrativa, ¿eh?

Norma: Sí, Vic, está bien. ¡Qué Dios te bendiga de verdad!

Víctor se levanta y entra en el bar. Mientras tanto Norma se queda en la plaza, sentada y
como meditando.

Víctor: ¡Hola chicas! Y, Cholo ¿dónde está?


Mujer 2: Fue a limpiar el drenaje, ¡ja, ja, ja! No te preocupes, ahorita regresa.

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Víctor empieza a tomar y a fumar con las dos mujeres en el bar. Mientras tanto, en la
plaza:

Norma: [Se pone de pie, levanta sus ojos y sus manos al cielo] Señor Jesús, Papá, te pido
que tú toques la vida de Víctor de una manera sobrenatural. Sí Papá, revélale tu
verdad, toca su corazón; porque yo sé que esa felicidad que trata de aparentar no
es más que mentira. Yo sé que en el fondo de su corazón, hay una soledad
desesperante y un dolor inmenso que no se acaba. Sí Papá, toca su vida, toca su
corazón.

Norma sale lentamente de la escena por el lado izquierdo. Mientras tanto, en el bar se
empiezan a escuchar las notas distorsionadas de un vals grotesco. Víctor, invita a las dos
mujeres a bailar con él. Los tres se levantan de la mesa. Víctor baila alternadamente con
una mujer y con la otra; en momentos, los tres se encuentran bailando juntos al ritmo de
la música y con muestras de alegría ríen, mientras continúan con su danza2. De la
penumbra, surge el hombre obscuro, con una vara en las manos y se integra a la grotesca
danza. El gesto de Víctor empieza a cambiar, de alegría a tristeza y de tristeza a espanto,
mientras continúa danzando con los otros tres personajes. Poco a poco, en medio de la
danza, el hombre obscuro empieza a dirigir a los otros tres personajes, pero
particularmente a Víctor, como si le estuviera enseñando a bailar, golpeando de cuando
en cuando sus pies con la vara que trae en la mano. De esta manera, en medio de la
danza, los cuatro van saliendo de la escena hasta que la música se extingue.

Interludio

Mientras se prepara el escenario para el siguiente acto, se escuchará el canto “Qué sería
de mí”, de Jesús Adrián Romero.

2
Aquí resulta muy importante la iluminación, que debe mostrar los cambios de expresión en el rostro de
Víctor. Esta parte de la escena debe mostrar de manera alegórica cómo su vida está siendo manipulada por
poderes extraños.

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ACTO SEGUNDO
“El Hospital”

En este acto, el escenario está dividido en dos partes: a la izquierda (Àrea 1), es un
pasillo de hospital y, a la derecha (Área 2), se trata de un cuarto aislado de hospital.
Sobre, la puerta del cuarto, que está cerrada, aparece un letrero que dice: “PELIGRO:
Paciente muy contagioso”. El cuarto está amueblado de manera austera, solamente con
una cama, y una silla al lado de la cama. Sobre la cama del cuarto, yace Víctor, con su
rostro demacrado y con una botella de suero conectada a uno de sus brazos.

Víctor: [Tose y se queja lastimeramente varias veces.] ¡Ay, ay!, ya no sé qué es lo que
me duele más: esta terrible enfermedad que me punza por todas partes del cuerpo
o el verme abandonado en este sitio, ¡qué solo me siento en este horrible cuarto!
[Tose nuevamente, y se agarra la cabeza con un gesto de dolor en su rostro.]
¡Ay, cómo me duele la cabeza!
[Se queda como dormido por unos momentos, y luego se revuelve sobre su cama
con evidente dolor. Después exclama gritando:]
¡Señorita, señorita, … enfermera! ¡Quiero orinar!
[Con dificultad, medio se incorpora sobre la almohada de la cama y se queda por
un tiempo esperando una respuesta que no llega. Entonces, vuelve a gritar:]
¡Enfermera, enfermera, alguien, por favor! ¡Necesito ayuda!
¡Necesito ayuda! ¡Por favor!, [sus quejas se van apagando y van dando lugar al
llanto] ¡por favor! …
[Después de llorar amargamente por un tiempo,] ¡Si tan sólo pudiera pensar, pero
este dolor de cabeza, este ardor en mis entrañas, y esta fiebre que tengo por todo
mi cuerpo, no me dejan!
[Vuelve a llorar,] Después de sospechar cuál era mi enfermedad, mi familia, mis
papás y mis hermanos, me abandonaron aquí, como quien tira en el basurero un
costal de inmundicias. Desde entonces, no han vuelto a visitarme.
[Sollozando,] Y, ¿dónde están ahora mis amigos y mis amigas?, ¿dónde están
esos con los que me iba de parranda cada vez que se podía?, ¿dónde están esas
que compartieron la cama conmigo? ¡Todos me han abandonado! … Y la tonta
que me contagió de esta enfermedad, ¿dónde está?, [Se queda pensando por unos
instantes,] Mmmm, bueno, yo creo que esa ya está mas muerta que yo.
Y, Cholo, según mi amigo del alma, ¿dónde está él?, ¿por qué no ha venido a
visitarme?, ¡todos me han abandonado, me han dejado aquí como si fuera un
desecho!
[Nuevamente se agarra la cabeza,] ¡Ay, este insoportable dolor de cabeza está
regresando de nuevo!, ¡ay, si hubiera sabido que todo iba terminar así me hubiera
moderado más en el tipo de vida que llevé! La enfermera me ha dicho que si se
confirma el diagnóstico con los análisis de sangre que han mandado hacer, ya no
queda ningún remedio para mí.
[Llora amargamente,]¡No, no me quiero morir! ¡Noooo!

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Yo creía que había disfrutado al máximo de mi vida, pero ahora veo que todo ha
sido una mentira: una cruel mentira.
¡Todo lo que según gocé, todo lo que según me divertí, todo eso lo cambiaría
ahora por un poco más de vida! Al final, nada de eso valió la pena. ¡No valió la
pena! Mi vida completa ha sido sólo un desperdicio. ¡La he arruinado! ¡Si yo
hubiera sabido que todo iba a terminar así!

Víctor se queda sollozando, acostado en posición fetal hasta que se queda como dormido.
Por el área del pasillo, llega un grupo de cuatro de personas, encabezado por la
enfermera, que lleva cubierta la boca con un cubre-bocas; le sigue Norma, acompañada
por los dos jóvenes cristianos. La comitiva se detiene enfrente de la puerta del cuarto,
que permanece cerrada.

Enfermera: Les advierto que entrarán aquí bajo su propio riesgo. Les pido que por favor
firmen estos papeles, en los que aceptan esta condición, y eximen al hospital por
cualquier cosa que les pase. [Les muestra unos papeles para firmar.]
Joven 1: Sí, señorita, muchas gracias. [Norma y los dos jóvenes firman los papeles.]
Enfermera: [Abre la puerta, extendiendo lo más que puede su brazo, en una intención
de no contaminarse,] Les pido que, por favor, mantengan cerrada esta puerta. No
podemos arriesgar a ninguna de las personas que circulan por este pasillo.
Joven 2: Sí, señorita, muchas gracias. Entendemos su preocupación.

Norma y los dos jóvenes que le acompañan entran al cuarto de hospital, y uno de ellos
procede a cerrar la puerta, con cuidado, procurando no despertar a Víctor. Se quedan
observando a Víctor, por unos momentos. Norma se sienta cuidadosamente en la silla.

Víctor: [Tose y se queja de un dolor agarrándose el vientre,] ¡ay!, [asustado,] ¿quién es?
… ¿quién está ahí?
Norma: Soy yo, Norma, no te asustes, Víc. ¿Cómo estás?
Víctor: [Con un tono de voz muy lastimero,] ¿Cómo estoy? Siento que me estoy
muriendo. Todo me duele.
Norma: [Tocando la frente de Víctor,] Estás ardiendo en fiebre.
Víctor: [Se incorpora con dificultad, apoyándose en la almohada,] Creí que nadie iba a
venir a visitarme. ¡Gracias por venir Norma! [Señalando a los jóvenes que están
allí,] ¿Quiénes son ellos?
Norma: Ellos son mis amigos de la iglesia a la que asisto. Quisieron acompañarme para
visitarte y para orar por ti.
Víctor: [Dirigiéndose a los jóvenes,] Les agradezco mucho que hayan venido.
Joven 2: No tienes que agradecer, Víctor, Norma nos ha platicado mucho de ti. Hemos
orado por ti en nuestro grupo, y aunque no te conocíamos todos te amamos.
Víctor: ¿Cómo pueden ustedes amar a un desperdicio de hombre? [Señalándose a sí
mismo,] Miren, esto es lo que queda de mí.
Joven 1: Bueno, la verdad es que nosotros tampoco lo entendemos. De la misma manera
que no alcanzamos a entender, cómo es que Jesús nos amó a nosotros.

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Víctor: Antes yo creía que mucha gente me amaba. Pero, aquí, en este abandono en el
que estoy, está la muestra de que no es así. ¿Dónde está Cholo?, ¿por qué no ha
venido a visitarme?
Norma: ¿No sabes?
Víctor: ¿Qué es lo que no sé?
Norma: Perdón, no quiero traer más dolor a tu sufrimiento, pero creo que es mejor que
lo sepas, para que no pienses que él te abandonó así como así. Tiene dos semanas
que él se quitó la vida.
Víctor: ¡No me digas! ¿Cómo pasó eso?
Norma: Pues, al parecer, aunque por fuera se le veía muy contento todos los días; en las
tardes, cuando ya estaba solo en su casa, padecía de unos terribles ataques de
depresión. Su novia, Erika, me platicó que ella llegaba luego a su casa y lo
encontraba metido en la cama, o agazapado en un rincón, sumido en una profunda
tristeza; me dice ella que, ¡le costaba muchísimo trabajo sacarlo de ese estado!
Víctor: ¡No lo puedo creer!
Norma: Sí, todo terminó, como te dije, hace dos semanas. Fue un tiempo en que se
quedó completamente solo, porque Erika se había ido a trabajar a Puebla.
Víctor: [Se agarra nuevamente la cabeza,] ¡Ay, este dolor de cabeza que no me deja!
Joven 2: ¿Necesitas algo?
Víctor: Sí, por favor, me puedes traer un poco de agua, que tengo la boca completamente
seca.
Joven 2: Claro. [Sale de la habitación por la puerta.]
Norma: Por cierto, Cholo dejó una nota de suicidio. Por todo lo que escribió allí se
puede ver que no era feliz. Conocí a sus papás en el funeral, y me platicaron que,
después que él se peleó con ellos y dejó su casa, hace dos años; ellos se sintieron
muy abrumados y desesperados, hasta que alguien les compartió acerca de Jesús y
ellos lo aceptaron inmediatamente, y así recibieron un consuelo que no los ha
dejado, ni siquiera en estos momentos tan difíciles. Desde que ellos aceptaron a
Jesús, le insistieron a su hijo que hiciera lo mismo, pero él siempre los tiraba de
locos, y nunca quiso aceptar.
Joven 2: [Abre la puerta, llega con un vaso de agua, cierra la puerta y le ayuda a Víctor
a tomar de ahí,] Aquí está el agua.

Unos momentos después, llega la enfermera.

Enfermera: [Toca la puerta,]


Víctor: Sí, pase.
Enfermera: [Solamente entreabre la puerta, y, sin entrar en el cuarto, dice, desde
afuera:] Joven, siento decirle que ya está confirmado el diagnóstico.
Efectivamente, usted tiene “La Enfermedad”.
Víctor: [Completamente aturdido y abrumado,] ¡¿Cómo?!
Enfermera: Sí, joven, y no tengo por qué engañarlo, pero le queda poco tiempo de vida.
Así que le aconsejo que empiece a arreglar sus asuntos pendientes. Sería bueno,
que de paso le avise a todas las personas con las que ha tenido contacto sexual,
porque esa es la vía de contagio de “La Enfermedad”.

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Víctor: [Con total desesperanza,] Oiga, ¿qué no puede venir el doctor a darme una
explicación más amplia, a lo mejor hay algún otro procedimiento…?
Enfermera: No es necesario, él está muy ocupado atendiendo a personas que sí tienen
esperanza de vida y, además, él le diría exactamente lo mismo que yo le estoy
diciendo. Ahora, si me lo permite, yo me retiro. [En seguida, cierra la puerta.]
Víctor: [Llora,] ¿Por qué a mí?, ¿por qué me tendría que pasar esto a mí? ¡Tenía tantos
años de vida por delante!, ¡tenía tantos proyectos!, ¿por qué?, ¿por qué?
Norma: Mira, Víctor, todavía tienes vida, y como sea, nosotros hemos venido a orar por
ti. ¿Nos permitirías hacerlo?
Víctor: Adelante. Aunque no creo que sirva de nada. [Tose intensamente.]

De las sombras surge el hombre oscuro, y sin emitir sonidos, se frota las manos y hace
muecas de alegría y felicidad al ver el punto al que ha llegado la vida de Víctor. Los
personajes reunidos en el hospital, no se percatan de su presencia, y hacen caso omiso de
todas sus gesticulaciones.

Víctor: ¡Yo creo que ya todo se acabó!

Norma y el Joven 2, se arrodillan al pie de la cama, mientras que el Joven 1, permanece


en pie, preparándose para dirigir la oración. A medida que los tres oran, imponiendo sus
manos sobre Víctor, el hombre oscuro sale de la escena, como asustado.

Joven 1: [Imponiendo sus manos sobre el enfermo, pero mirando al cielo,] Señor Jesús,
en esta hora declaramos que tú tienes poder para librar a Víctor de esta terrible
enfermedad. Te pedimos que hoy vengas y pongas sus manos sobre su cuerpo y le
libres de este mal…

Mientras ellos continúan en su oración3, se despliega una cortina de humo (hielo seco) en
escenario, para preparar el siguiente acto. En esa cortina de humo, Norma y los dos
jóvenes que le han acompañado desaparecen. Mientras tanto el cuarto de hospital se
transforma en el cuarto de una casa habitación. El pasillo de hospital se transforma en la
calle. El letrero que está sobre la puerta del cuarto desaparece también. El suero
conectado al brazo de Víctor desaparece. Su aspecto demacrado se transforma (esto se
puede lograr lavando su cara).

Interludio

Mientras se prepara el escenario para el siguiente acto, se escuchará el canto “Cambiaré


mis tristezas”. Se puede usar la versión del grupo “Vertical”, o en vivo una versión en el
que se escuchen claramente todas las palabras del canto.

3
Es importante que la oración siga en el mismo tono que el mostrado. No debe haber aquí invitación a
aceptar a Jesús ni nada que se le parezca. Esto, debido a lo que será la conclusión de la obra en el acto
tercero.

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ACTO TERCERO
“La Vida”

El escenario se ha transformado en el cuarto de una casa habitación: el área 1, es la calle,


y de allí se accede a la casa habitación, representada por el área 2, a través de la puerta.
El cuarto tiene por lo menos una cama. Víctor está dormido sobre la cama. Su aspecto
demacrado y enfermo ha desaparecido. Por la calle, llega el profeta, y toca varias veces la
puerta de la casa y espera.

Víctor: [Al escuchar que tocan la puerta, se despierta, se incorpora, bosteza y se estira,
pero sin darse cuenta aún que han tocado a su puerta.] ¡Qué barbaridad!, ¡cuánto
he dormido y tuve un sueño de lo más extraño!
Profeta: [Vuelve a tocar la puerta,] ¿Hay alguien en casa?
Víctor: Sí, un momento por favor. [Procede a abrir la puerta.]
Profeta: Buenas tardes.
Víctor: [Inconciente de la hora,] ¿Tardes ya? Buenas… ¿qué se le ofrece?
Profeta: ¿Eres Víctor Martínez?
Víctor: Sí, yo soy, ¿por qué?
Profeta: Mira, no creo que tú me conozcas. Yo soy cristiano, y en mi grupo hemos orado
por ti algunas veces. Bueno, pues tengo un mensaje del Señor Jesús para ti.
Víctor: ¿Cómo?
Profeta: Sí, él me ha mostrado algunas cosas y, de hecho, he venido porque él así me lo
ha indicado.
Víctor: ¿Es que tú hablas con él?
Profeta: Todos podemos hacerlo, y bueno, anoche estaba orando o platicando pues con
él y esto es lo que él me dijo que te dijera, esto es lo que él Señor te dice:
[Empieza a pronunciar con autoridad profética,] “Víctor, yo te he amado desde
antes que tú nacieras, y a pesar de todas las cosas, buenas o malas, que han
rodeado tu vida, siempre he mantenido una mirada vigilante sobre los pasos que
has dado. He mandado a mis mensajeros y mensajeras para llamar tu atención
sobre las cosas que he hecho para rescatar tu vida del abismo en el que se
encuentra, y aunque tú no les has hecho caso, sus testimonios acerca de mí son
completamente verdaderos…”
Víctor: [Completamente sorprendido,] ¿Cómo?
Profeta: Tú vida ha sido manipulada por fuerzas espirituales malignas, pero, mira, esto
es lo que el Señor te dice: “Mi vida di por ti, en una cruz. Allí cargué tus pecados,
tus errores, tu dolor. Allí fui avergonzado para que tú no fueras avergonzado.
Cada una de las gotas de sangre que allí derramé, son enormes gotas de vida para
ti.”
Víctor: No alcanzo a entender.
Profeta: Hay algo más. El Señor me mostró anoche que él te trajo una revelación en
sueños. No sé exactamente qué es, pero lo que sí me ha dicho él, es que te ha
permitido ver y sentir uno de los posibles finales de tu vida si sigues por el

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camino por el que vas; un final en el que te quedarás completamente solo y
desesperado, y te irás de esta vida, sin amor y sin Dios.
Víctor: [Ante esta revelación, Víctor empieza a sollozar,] ¡Es increíble, eso es
exactamente lo que soñé anoche!
Profeta: Al final, todo dependerá de lo que tú escojas hoy. Ese destino puede ser
completamente cambiado por Jesús. Sus brazos están abiertos, te está llamando, y
te dice “mira que estoy a la puerta de tu corazón llamando. Si oyes y abres hoy,
yo entraré a tu vida y todo cambiará para ti, empezará aquí para ti una vida
abundante, como nunca jamás soñaste, una vida que seguirá incluso hasta la
eternidad, donde estarás para siempre conmigo”.
Víctor: [Completamente quebrantado,] ¿Cómo puedo abrirle mi corazón?, ¿qué puedo
hacer?
Profeta: Tú puedes hablar directamente con él, pues él está aquí mismo, con nosotros.
Víctor: No sé cómo, ¿cómo puedo hablar con él?
Profeta: Está bien, si quieres te voy a ayudar. Repite lo que voy diciendo, pero haz tuyas
esas palabras. Dile: “Señor Jesús,…”
Víctor: [Con énfasis,] ¡Señor Jesús…!
Profeta: “Hoy me acerco a ti, para abrirte mi corazón…”
Víctor: ¡Hoy me acerco a ti, para abrirte mi corazón…!

Antes de que el profeta pueda continuar, Víctor sigue la oración por sí mismo:

Víctor: [Con mucha emoción,] ¡Te abro la puerta de mi vida, porque quiero que entres
en ella! Me arrepiento y te pido perdón por el desastre que he hecho. ¡Ven y
arregla todo lo que he descompuesto y endereza mis pasos!

Se empiezan a escuchar en el fondo los acordes del canto “Poema de Salvación” (versión
de Coalo Zamorano o, en vivo, pero con este arreglo), y al irse escuchando la letra,
Víctor se une a ella y termina cantando este canto con la mirada al cielo hacia el extremo
derecho del escenario. Mientras entona este canto, una luz desde el lado derecho ilumina
su rostro.

FIN

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