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CUARTAS MORADAS El SILBO DEL PASTOR: ¡Déjate amar!

Comenzamos escuchando la invocación al Espíritu Santo, para entrar también en el sentir de la Santa que pide luz al Espíritu para saber entender y expresarse en lo dificultoso de este territorio de las cuartas moradas. Como ella, nos ponemos bajo la corriente del ES.

Canción de Taizé: VENI, SANCTE SPIRITUS

Repaso breve por las moradas que vamos atravesando (siempre volver a empezar)

Primeras:

ENTRA

Segundas:

LEVÁNTATE: PERSEVERA

Terceras:

SÍGUEME

Cuartas:

EL SILBO DEL PASTOR

Quintas:

GUSANO DE SEDA

Resuena todavía, de las TERCERAS moradas:

- Humildad, humildad…

- Sígueme

- No almas concertadas: razones, egoísmo, obediencia humilde: En silencio y esperanza procurar vivir siempre. Él tendrá cuidado de sus almas.

- En todas las moradas mirar al prójimo

Estas cuartas moradas son como un descanso en el trayecto. Comienzo de la vida mística, gracias sobrenaturales…

Palabras o ideas clave de esta morada para comentar:

1.

Otro ritmo es posible: descanso Dejarle y dejarse a sí 4 M 3,8

2.

Aprender a amar: amarle y dejarse amar

3.

Ensancha el espacio de tu tienda Dilata las estrechuras; hacerte capacidad

4.

El silbo del pastor ¿Qué susurra el pastor hoy a tu oído?

1.

OTRO RITMO ES POSIBLE

¿Es posible la calma en la prisa, la unidad en la acción, la serenidad en el conflicto? ¿Es posible reconsiderar nuestra manera de andar por la vida o es del todo imposible pensar en acompasar nuestra velocidad a otro ritmo no mecánico, no impuesto desde fuera? ¿Qué creéis? ¿Estamos condenados a la inercia, determinados a entrar en dinámicas implacables?

Dejamos un momento la pregunta… silencio. Calma.

Ni te lo plantees, dicen algunos, acabarás nervioso y desesperado y te durará el propósito hasta doblar la esquina.

Persevera, dicen algunos, prueba a hacer experiencia. Vuelve a intentarlo. No te rindas, pequeños logros hacen costumbre.

Sin una gracia, sin abrirte a un don, no cambia el ser humano por dentro, sólo su maquillaje.

Entre la ascética y la mística es oportuna esta cuestión: Entre la tarea del buscador y el Don de Dios. Entre el esfuerzo y las gracias místicas. Todo es importante, todo es valioso… en su lugar.

La Santa ha comenzado a invocar al Espíritu Santo. Porque son difíciles estas cosas del espíritu.

Dios quiere tomar la iniciativa, quiere ser dueño de mi existencia, a pesar de mis resistencias.

No hay técnicas milagrosas, trucos, artimañas infalibles… La Santa propone recursos y ejercicios prácticos, pero la clave es el DON de Dios.

Nos planteamos qué hacer, preguntamos QUÉ HAY QUE HACER PARA CONSEGUIRLO: Aprenda a entrar en la mística en diez días. Curso fácil, asímil de misticismo acelerado. Máster en recursos espirituales para momentos de crisis. Una conversación entre maestro y discípulo: ¿qué haces? pregunta el maestro al discípulo que estaba en silencio… quiero alcanzar la iluminación, respondió. Al rato el maestro estaba puliendo una teja. ¿Qué haces? preguntó el discípulo. Estoy sacando brillo a esta teja. Pero eso es imposible, dijo el discípulo. Pues de la misma forma es imposible que por la práctica tú alcances la iluminación… Un dicho que perdura hasta hoy entre los maestros de oriente: MA-SEN, pulir una teja.

En una antigua película, Sugata Sanshiró, la leyenda del gran yudo de Akira Kurosawa, el aprendiz de yudo pasa la noche en el estanque helado, creyendo así impresionar a su maestro y demostrarle que ha aprendido sus enseñanzas. A la mañana, con las primeras luces descubre que ha vencido la prueba y ve a su alrededor las flores de loto que se abren con el amanecer, y comprende que la gracia no es el esfuerzo en sí, sino el don mismo que ya está irradiando alrededor, pero que la aceleración interior no deja percibir.

La paciencia de UNA GESTACIÓN… no se fuerza, no se violenta a mi capricho. La paciencia todo lo alcanza… frente a la botonmanía. Todo al alcance un clic. Entrar a la velocidad de un enter. Salir a la velocidad de paso de un dedo por la pantalla. Ya. En este instante. Puntual. Sin espacio. Otra cosa más, sin silencio, sin intermedio, no pausa. No pensar.

Recordamos aquellas palabras de Hermann Hesse en un libro, EL CAMINANTE:

Estáte quieto, estáte quieto… (Dice el árbol)

Cuando estamos tristes y apenas podemos soportar la vida, un árbol puede hablarnos así: ¡Estate quieto! ¡Estate quieto! ¡Contempladme! La vida no es fácil la vida no es difícil. Estos son pensamientos infantiles. Deja que Dios hable dentro de ti y en seguida enmudecerán. Estás triste porque tu camino te aparta de la madre y de la patria. Pero cada paso y cada día te acerca más a la madre. La patria no está aquí ni allí. La patria está en tu interior, o en ninguna parte. (Hesse, El Caminante)

La Santa habla de

Recogimiento activo, de donde provienen los contentos, que nacen de nuestro natural. Quietud, de donde nace gusto, que es natural y sobrenatural.

Dos fuentes con dos pilas que se hinchen de agua:

1º Arcaduces y artificio: de lejos 2º En el mismo nacimiento del agua, sin ruido. Paz, quietud y suavidad Cuando Él quiere

Es tiempo de dejarse atraer (en los brazos del amor)… DEJARLE Y DEJARSE A SÍ (4 M 3, 8)

Acoger el don que él quiere regalar.

Ni por una cosa, ni por otra son mejores que los demás. La Santa siempre dispara contra la mentira del creerse lo que uno no es. Siempre HUMILDAD.

2. APRENDER A AMAR: en medio de barahúnda y ríos caudalosos

Para aprovechar mucho en este camino y subir a las moradas que deseamos, no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho; y así lo que más os despertare a amar, eso haced. Quizá no sabemos qué es amar, y no me espantaré mucho; porque no está el mayor gusto, sino en la mayor determinación de desear contentar en todo a Dios y procurar en cuanto pudiéremos no le ofender y rogarle que vaya siempre adelante la honra y gloria de su Hijo y el aumento de la Iglesia católica. Estas son las señales del amor, y no penséis que está la cosa en no pensar otra cosa, y que, si os divertís un poco, va todo perdido. 4M 1, 7

Cuando aprieta la dispersión de mil formas, y está la persona en el arrabal del castillo, con mil bestias fieras y ponzoñosas y mereciendo con este padecer… ni nos ha de turbar, ni lo hemos de dejar, que es lo que pretende el demonio 4 M 1, 9

La Santa habla de muchos ríos caudalosos, aguas que se despeñan, muchos pajarillos y silbos (en la parte superior de la cabeza). Cada uno piense en los pájaros, como solemos decir, que tiene en su cabeza, en ocasiones simplemente distraen, otras son negros cuervos sombríos, que desconciertan el alma 4M1, 10; con toda esta barahúnda de ella no me estorba a la oración ni a lo que estoy diciendo, sino que el alma se está muy entera en su quietud y amor y deseos y claro conocimiento. 1, 10.

Hace una oración pidiendo al Señor no nos atrapen acaben bloqueando el paso nuestras miserias: ¡Llévanos, Señor, adonde no nos menosprecien estas miserias que parecen algunas veces que están haciendo burla del alma! 1, 12

Frente a toda distracción e incomodidad del pensamiento, podríamos decir con San Agustín, canta y camina. Procura no hacer caso. Dice la Santa con gracia: Dejemos andar esta tarabilla de molino y molamos nuestra harina, no dejando de obrar la voluntad y entendimiento 1, 13

3. ENSANCHA EL ESPACIO DE TU TIENDA

Vigila si has dejado dormir o morir las cosas que te despertaban a amar, desanda el camino, desbroza la maleza, comienza por poca cosa, da un paso sólo, no quieras ordenar todos los papeles, ni responder todos los correos, tan sólo responde uno esta vez, un papel en su sitio, una carta pendiente… no mires al final de la calle… despereza tus músculos y vete entrenando para emprender camino de nuevo, tras el largo invierno, que el pastor está pronto para llamarte…

Is 54, 2-7: se nos dilata, ensancha el corazón Salmo 118, 32: “Me dilataste el corazón” dice la Santa, 4M2, 5: el nacimiento de este manantial no es del corazón, sino de un lugar profundo, del centro del alma. Veo secretos en nosotros mismos que me traen espantada muchas veces; y ¡cuántos más debe haber!

Naturalmente somos difíciles para acoger lo diferente, lo nuevo… no aceptamos de natural, sino por gracia. Este deseo de descubrir y dejarse descubrir, lleva al alma a dejarse conducir más allá, sin querer buscarse a sí.

No procurar los gustos. ¿Por qué no hay que buscar los gustos?

1. Amar a Dios sin interés.

2. Es poca humildad creer que nos los da por nuestro servicio.

3. Que nuestro aparejo sea el deseo de padecer, por imitar al Señor.

4. Su Majestad no está obligado.

5. Él se da a quien quiere, como quiere, cuando quiere.

4.

EL SILBO DEL PASTOR

Recordamos aquel reclamo del Esposo en el Cantar de los Cantares: Levántate, amada mía, hermosa mía, ven a mí… Cantar de los Cantares 2, 8-10.

El Señor nos lleva al Tabor, para que descansemos… allí oímos con Él la voz primigenia, fundante: Tú eres mi amado.

Nos trae a sí con su silbo amoroso. En algunos momentos de la vida, se hace especialmente audible la llamada del Señor a recoger todas las dispersiones en su amor. Una llamada a volver a casa, una casa que no está lejos de mí mismo.

La Santa dice que, a pesar de los muchos negocios, luego le tiran de dentro. Los sentidos y cosas externas ceden a esta llamada desde el interior.

Al alma le toca DEJARSE ATRAER, no resistirse, en sencillez y pobreza espiritual.

Distinguir otros silbos, como canto de sirenas (Juan de la +), que nos atraen para devorar nuestra libertad. Discernir los sonidos de los que nos dejamos llevar. Preparar el oído atento para distinguir SU VOZ, en medio de tantas voces.

ORACIÓN

En la oración de hoy, dejamos silencio, sólo acompañado por el sonido de una fuente que mana en el centro del escenario, recordando el manantial que brota del centro del alma, invitando a la quietud de quien se sabe inundado de tanta gracia, tanta misericordia.

que brota del centro del alma, invitando a la quietud de quien se sabe inundado de

Escuchamos la canción de Taizé: BONUM EST CONFIDERE, que se cantó en la iglesia de Taizé cuando dieron la noticia de su muerte, en aquel momento desconcertante. Invito a los presentes, por encima de todas las circunstancias que ahora tocan vivir, sea lo que sea en lo que ahora estamos, a confiar en el Señor. Es bueno confiar en Él. Confía, abandónate a Él.

Terminamos leyendo el poema de Lope de Vega, que nos recuerda los silbos amorosos del pastor

Pastor que con tus silbos amorosos me despertaste del profundo sueño, Tú que hiciste cayado de ese leño, en que tiendes los brazos poderosos, vuelve los ojos a mi fe piadosos, pues te confieso por mi amor y dueño, y la palabra de seguirte empeño, tus dulces silbos y tus pies hermosos. Oye, pastor, pues por amores mueres, no te espante el rigor de mis pecados, pues tan amigo de rendidos eres. Espera, pues, y escucha mis cuidados, pero ¿cómo te digo que me esperes, si estás para esperar los pies clavados? Podéis escuchar esta poesía en:

Posibilidad de leer en algún momento de la oración el siguiente texto de Hermann Hesse, que habla de volver a la confianza fundamental, en los brazos de Dios:

Las hermosas aguas siguen bajando, blancas y azules, por la montaña parda, y cantan la vieja canción, y el viejo arbusto está lleno de mirlos. Ninguna trompeta resuena desde la lejanía, y la gran época consiste de nuevo en días y noches llenos de encantos, y en mañanas y tardes, mediodías y crespúsculos, y el paciente corazón del mundo continúa latiendo. Cuando nos tendemos sobre el prado con el oído pegado a la tierra, o nos asomamos al agua desde el puente, o contemplamos largamente el cielo claro, podemos oír este corazón grande y tranquilo de la madre, cuyos hijos somos nosotros. Un día llagará la paz con el último agotamiento, y la maternal tierra me acogerá en sus brazos. No será el fin, sino un renacimiento, será el baño y el sueño en que desaparece lo viejo y marchito y empieza a respirar lo joven y nuevo. (H. Hesse, El Caminante, Barcelona, Ed. Bruguera 1984, 32-33).

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