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BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II

Desgrabación de la homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, con motivo de la misa de acción de gracias por la beatificación de Juan Pablo II en la Catedral Metropolitana (1 de mayo de 2011)

Este pasaje del Evangelio que la Iglesia pone para este primer domingo después de Pascua, nos trae la formulación de un nuevo credo, del credo pascual. Ese acto de fe tan chiquito y tan denso que el espíritu Santo inspira al corazón incrédulo de Tomás:”Señor mío y Dios mío”. Un credo sencillo pero hondo. Un credo que involucra toda la vida de Jesús, su pasión, su muerte y su resurrección: “Señor mío y Dios mío”.

Un credo que hoy les pido lo proclamen en el momento de la elevación, haciéndonos eco de este misterio gozoso de la Pascua y diciéndole al Señor, que compartió su vida con nosotros y nuestra muerte, que El es el Señor y el Dios: “Señor mío y Dios mío”. Todo el tiempo que sigue a la Resurrección del Señor lo ocupa El y sus ángeles en pacificar, en aquietar los corazones, en abrir las mentes, y el saludo pascual de los ángeles es un saludo de esperanza y de coraje: “No tengan miedo”. Lo primero que le dicen los ángeles a las mujeres: “No se espanten, no tengan miedo” porque el miedo era lo que se apoderó de los discípulos cuando el sepulcro estaba vació, cuando ven esos ángeles, o también cuando se aparece el Señor, creen que es un fantasma y El les tiene que decir: “Un fantasma no tiene cuerpo, tóquenme.” Y san Lucas tiene una frase muy bella sobre esto.

El miedo a la alegría. Era tal la alegría que tenían que se resistían a creer!! Porque tenían miedo que les pasara los que les sucedió con la primera alegría que terminó en frustración. El miedo a la alegría. Y Jesús dice: “No tengan miedo a la muerte porque le gané, la vencí.” No tengan miedo a los fantasmas porque yo estoy entre ustedes. No tengan miedo a la alegría, a la alegría de ese triunfo que ya poseemos… Y el acto de fe que la primera comunidad pone en boca de Tomás encierra todo esto: “Señor mío y Dios mío.”

El beato Juan Pablo nos dijo, repetidas veces ya desde el comienzo: “No tengan miedo” porque vivía contemplando a su Señor resucitado, él sabía que su Redentor vivía, él sabía que esas llagas abrevaban su corazón de pastor, que en esas llagas encontraba refugio y coraje, y nos lo quiso transmitir de entrada: “No tengan miedo”… Hace unos días, en una bellísima expresión, el arzobispo de Cracovia, Cardenal Dziwisz, refiriéndose a esta frase dijo: “aquel no tengan miedo (que pronunció el Papa) derribó dictaduras.” El coraje, la firmeza, que nos da la resurrección de Cristo, la serenidad de ser perdonados por la misericordia que encontramos en sus llagas, nos quitan el miedo.

Que hoy siga resonando en nuestros oídos y en nuestro corazón esa frase de Jesús, de los ángeles y del beato Juan Pablo: “No tengan miedo”. Y que como respuesta nuestra, con el corazón de rodillas, le digamos a este Señor resucitado: “Señor mío y Dios mío.” Que así sea.

Card. Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires Buenos Aires, 1 de mayo de 2011