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Dr. A. AUSTREGESILO

MORA L BIOLÓGICA

VERSIÓN CASTELLANA DE AÍDA GURFINKE L

PORTADA

DE

RODOLFO A. CAPATTO BBICHES

ORIENTACIÓN INTEGRAL HUMANA SOC. DE RESP. LTDA. - BUENOS AIRES

Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.

Copyright by Orientación Integral Humana, Sociedad de Resp. Ltda Capital $ 72 200 —

Buenos

Aires,

1945

Título del original en portugués.

Moral Biológica

Sello de garantía

LIBRO

ARGENTINA

Se

30 de agosto de 1945 en loa Talleres

día

DE

EDICIÓN

de

terminó

Imprimir

el

Gráficos,

Macagno,

Landa

y

Cía-,

calle

Aráoz

162,

Buenos

Aires.

PREFACIO

No se puede negar que la ciencia constituye el mayor pilar de las civilizaciones. Comprendemos que la huma- nidad posee dos épocas: la precientífica y la científica. La ciencia estaba en el período nebuloso del empirismo; casi todo se limitaba a la filosofía. Por esto en la Hélade, la religión, las artes y la filosofía tenían los mejores representantes de la tierra. Grecia fue, innegablemente, la cuna de los grandes pensamientos humanos, y en ella germinaba la noción de lo helio con los moldes de la sabiduría. La filosofía greca era la intérprete, y al mis- mo tiempo, el guía para la felicidad terrena, de acuerdo con su escuela. La moral se originaba en la religión y en la filosofía. La ética tenía parte en la formación de los grandes pensadores. Roma le seguía las huellas sin el brillo y la originalidad de los áticos; las fuerzas reli- giosas mostraban allá más ímpetu y mayor capacidad difusora.

En la edad media hubo transmutaciones de los valores en la comprensión de la moral hasta la época del rena-

9

A.

AUSTREGESILO

transformó en la fas de la

tierra. Nuevas energías, nuevos conceptos, nuevas fórmulas de civilización fueron transformando el concepto de la moral, siempre en sus puntos capitales; la mística y la filosofía.

cimiento, en que todo se

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TABLA

 

DE

 

MATERIAS

 
 

Pág.

Prefacio

Prefacio 9
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9Prefacio

9
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Capítulo

I

-

¿Qué

 

es

 

la

moral?

 

13

II - Relaciones de la moral

 
„ II - Relaciones de la moral   20

20„ II - Relaciones de la moral  

20
20
20
20
20
20
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III - Varios sistemas de moral

 
„ III - Varios sistemas de moral   26
„ III - Varios sistemas de moral   26
„ III - Varios sistemas de moral   26
„ III - Varios sistemas de moral   26
„ III - Varios sistemas de moral   26
„ III - Varios sistemas de moral   26

26

IV - Varios

 

sistemas

 

de

 

moral

(conti-

 
 

nuación)

  nuación) 31
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V - Moral y Filosofía

„ V - Moral y Filosofía     35
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„ V - Moral y Filosofía     35
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„ V - Moral y Filosofía     35
 
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„ V - Moral y Filosofía     35
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VI - La moral estética de Platón

 
„ VI - La moral estética de Platón   42
„ VI - La moral estética de Platón   42
„ VI - La moral estética de Platón   42
„ VI - La moral estética de Platón   42

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VII

-

Moral religiosa

VII - Moral religiosa 47
VII - Moral religiosa 47
VII - Moral religiosa 47
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VII - Moral religiosa 47

47VII - Moral religiosa

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VIII - Moral metafísica

VIII - Moral metafísica
 
„ „ VIII - Moral metafísica       59
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59„ „ VIII - Moral metafísica      

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59
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IX - Comprensión

 

de

 

la

 

moral,

 

según

 
 

Herbert Spencer

Herbert Spencer
 
  Herbert Spencer         67
  Herbert Spencer         67
  Herbert Spencer         67
  Herbert Spencer         67
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  Herbert Spencer         67
 
  Herbert Spencer         67
 

67  Herbert Spencer        

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X - Moral positiva, según el concepto de Augusto Comte

X - Moral positiva, según el concepto de Augusto Comte
X - Moral positiva, según el concepto de Augusto Comte
X - Moral positiva, según el concepto de Augusto Comte
X - Moral positiva, según el concepto de Augusto Comte
X - Moral positiva, según el concepto de Augusto Comte
X - Moral positiva, según el concepto de Augusto Comte
X - Moral positiva, según el concepto de Augusto Comte
X - Moral positiva, según el concepto de Augusto Comte
X - Moral positiva, según el concepto de Augusto Comte
X - Moral positiva, según el concepto de Augusto Comte
X - Moral positiva, según el concepto de Augusto Comte
X - Moral positiva, según el concepto de Augusto Comte
X - Moral positiva, según el concepto de Augusto Comte
X - Moral positiva, según el concepto de Augusto Comte

77„ X - Moral positiva, según el concepto de Augusto Comte

XI - Filosofía y Moral de Nietzsche

 

90

XII - Concepto

general

 

de

 

los

 

autores

 
 

contemporáneos

 
  contemporáneos   96
  contemporáneos   96
  contemporáneos   96
  contemporáneos   96
  contemporáneos   96
  contemporáneos   96
  contemporáneos   96
  contemporáneos   96
  contemporáneos   96
  contemporáneos   96
  contemporáneos   96
  contemporáneos   96
  contemporáneos   96

96  contemporáneos  

XII I - El bien humano y el deber

„ XII I - El bien humano y el deber 105
„ XII I - El bien humano y el deber 105
„ XII I - El bien humano y el deber 105
„ XII I - El bien humano y el deber 105
„ XII I - El bien humano y el deber 105
„ XII I - El bien humano y el deber 105

105„ XII I - El bien humano y el deber

XIV - Elementos y problemas analógicos

 

derivados de la ética

 
  derivados de la ética   111
  derivados de la ética   111
  derivados de la ética   111
  derivados de la ética   111
  derivados de la ética   111
  derivados de la ética   111
  derivados de la ética   111
  derivados de la ética   111
  derivados de la ética   111
  derivados de la ética   111

111  derivados de la ética  

XV - Psicología biológica; biología huma-

 

na; concepto de la biótica

 
  na; concepto de la biótica   115
  na; concepto de la biótica   115
  na; concepto de la biótica   115
  na; concepto de la biótica   115
  na; concepto de la biótica   115

115  na; concepto de la biótica  

 

de

 

los

 

grandes

,,

XVI - irregularidades hombres

XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)

XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)

XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
XVI - irregularidades hombres XVII - Concepto de la vida humana (Bió- tica)
 

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130124

XVIII - Concepto

 

de

 

la

 

vida

 

humana

 

(continuación)

 
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  (continuación)         140
  (continuación)         140
 
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  (continuación)         140
 
  (continuación)         140
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  (continuación)         140
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XIX - El concepto de la moral biológica

 

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XX - Moral científica

 
„ XX - Moral científica             160
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XXI - Moral y Ciencia

 
„ XXI - Moral y Ciencia     181
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XXII - Moral biológica

 
„ XXII - Moral biológica     188
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188„ XXII - Moral biológica    

XXIII - Higiene y moral biológica .

 

201

11

CAPÍTULO

I

¿QUE ES LA MORAL?

Para su comprensión cumple citar autores y doctrinas desde antiguas épocas hasta la actual de las civilizacio- nes occidentales. En Grecia, la palabra ética derivaba de ethos (costum- bre), y constituía la ciencia de la moral. La expresión. "moral" deriva del latín mos, moris, que quiere decir uso, costumbre, derecho consuetudinario, comportamien- to y procedimiento. La moral es, pues, la disciplina rela- tiva a las buenas costumbres. Forma la parte de la filosofía que trata de los deberes del hombre para con sus semejantes. El moralismo es el sistema filosófico que trata exclusivamente de la ética. Habitualmente, en la mente vulgar, lo moral se opone a lo física; aquél resume el conjunto de hechos psicológicos, facultades, in- clinaciones y tendencias espirituales. Las ciencias mora- les dicen respecto al comportamiento del hombre en el

13

A. AUSTREGESILO

medio en que vive. Concierne, pues, a los hábitos huma- nos en los medios civilizados. Hacemos cuestión de des- tacar el elemento civilización porque no tratamos aquí del hombre primitivo o del aborigen, en estado de barbarie. Sabemos que la ética abarca varios sistemas. Es difi- cilísimo concretar en fórmula general, cuál es el objeto de la ética. Asimismo, porque las épocas humanas, las religiones, las varias escuelas filosóficas y los conceptos individuales hacen variar la noción de la moral. La reli- gión cristiana, la metafísica en general, el positivismo y, más explícitamente, el materialismo, poseen comprensión diferente de la ética. Podemos decir, metafóricamente, que la moral es como el éter; sabemos de su existencia, pero sus condiciones de imponderabilidad dificultan su definición. Los autores contemporáneos consideran mu- chas fases del problema. Entre los antiguos y los moder- nos se crearon varios sistemas, uno místicos, otros filo- sóficos, para la definición del tema. Así, muchos admiten la moral del deber de KANT expresada en el imperativo categórico. Otros comprenden la moral del bien, la meta humana por excelencia. El bien debe ser somático y espi- ritual, y en este caso se confunde con la felicidad reli- giosa. Ciertos filósofos comprenden el bien como el placer (hedonismo) ; el interés (utilitarismo); la libertad, la perfección, la integración, etc. Otros piensan que la feli- cidad debe ser la finalidad humana (eudemonismo). Al- gunos autores hablan de la moral sociológica en que el deber es la limitación ejercida por el medio social con respecto al individuo. En este caso, la ética dicta al

14

MORAL BIOLÓGICA

hombre lo que debe practicar o no. Son las normas de situaciones del individuo en el ambiente social en que vive, las cuales establecen actos obligatorios, de acuerdo con las sanciones legales, basadas habitualmente en la opinión pública. No siempre estos juicios son inmutables, porque no siempre el sentido común coincide con el buen sentido. Basta pensar que las pasiones políticas, religio- sas, revolucionarias, partidarias, guerreras o tendenciosas, pueden modificar la noción de la ética individual o colec- tiva. Las ideas de fascismo, de nazismo o de cualquier secta, establecen formas morales especialísimas, de acuer- do con la visión unilateral de los sectarios. Sabemos cómo el conjunto de sentimientos transmuta la comprensión de la moral, especialmente en el dominio de las pasiones religiosas, políticas o patrióticas. Podemos admitir la ética teórica y la práctica, porque existe la parte ideal y la pragmática del asunto. Sería tal vez mejor admitir, de manera más comprensible, la ética general que trata los principios universales, y la espe- cial que comprende los principios fundamentales para los casos particulares. El moralismo encierra la regla de que el bien resume la finalidad del hombre para la perfección conseguida con esfuerzo, renuncia,- rigidez de carácter y amor a la humanidad. La idea de moral, pues, incluye habitualmente la idea del deber, del bien obligatorio, según el pensamiento de los clásicos.

Por consiguiente, los objetos precipuos de la ética son

Para la ejecución de ellos cumple al

el bien y el deber.

15

A.

AUSTREGESILO

hombre depurar el carácter y adiestrar la voluntad.

voluntad representa, en la moral, papel destacado. El fundamento de la ética es realmente práctico, a pesar de poseer raíces e ideales ora filosóficos, ora mís- ticos. En tiempo de los griegos y romanos, este tema atraía los grandes espíritus del momento. Basta citar a

PLATÓN, ARISTÓTELES, GICERÓN, SANTO TOMÁS, SAN AGUS-

TÍN y tantos otros. Entretanto, la opinión acerca de la ética es variable. Si comparamos las ideas de MALEBRAN-

cnB, KANT, RENOUVIER, SPINOSA, PASCAL, FOUILLÉE, COM-

TE, SPENCER, NIETZSCHE y varios más, vemos que los aspec- tos contemplados son diferentes. En todos, sin embargo, hay dos puntos capitales: el idealismo y la realidad, esto es, ]o que es y lo que debería ser. De ahí se origina la dualidad de la ética: la teórica y la práctica; la que es legislada por las doctrinas y la que es compatible con la naturaleza humana. Junto a los espíritus de renuncia, de sacrificio integral, ante las virtudes y las acciones formu- ladas por las rígidas leyes del carácter, existen, y esto constituye ]a mayoría, individuos complacientes, como- dones, débiles, relapsos e indisciplinados que siempre ponen el egoísmo, el interés, las pasiones y la rebeldía por encima de los principios legales, religiosos o metafísicos de la moral.

La noción del carácter, según los biotipólogos contem- poráneos, se asienta sobre bases biológicas y no meramente empíricas. Mutatis mutandis la de la voluntad. Inteli- gencia, voluntad y carácter se mezclan para el combate sistemático a los instintos, pues esto constituye el objeto

La

16

MORAL

BIOLÓGICA

precipuo de la ética. Comprendernos así la base clásica del moralismo; sin embargo, cúmplenos estudiar las raí- ces de la psicología individual, según los preceptos de ADLER, esto es, las reacciones del individuo ante la fami- lia o la sociedad, según los temperamentos, y establecer la medida de las influencias mesológicas, físicas o sociales, para deducir el concepto aproximadamente justo de la moral. Sabemos que el análisis psíquico de los sentimien- tos es necesario para el juicio de la situación del individuo

en el medio.

En tiempos de PLATÓN, SÉNECA, ARISTÓTELES, CICERÓN, EPICTETO, MARCO AURELIO, SANTO TOMÁS y SAN AGUSTÍN,

la ética sólo poseía raíces en la filosofía o en la mística.

La base era empírica o metafísica.

estaría en el respeto a las ideas de virtud, para el bien humano. Las leyes morales servirían de paradigma a la acción de los hombres ante el medio social. Actualmente la fórmula científica de la ética debe va- riar, pues los sabios, especialmente los psicólogos y los psiquiatras, saben que muchos errores de acción o de actitudes resultan de constituciones, temperamentos y caracteres influidos, alterados o deformados por varias circunstancias. La cuestión de clima, nutrición, convivencia, profesión, familia y patria influye grandemente en el intento de la ética. En épocas de revoluciones, guerras o transforma- ciones sociales, la noción de la moral varía con elasticidad infinita. Es suficiente demostrar la acción destructora del nazismo, del fascismo o del imperialismo japonés, que

El punto culminante

17

A. AUSTREGESILO

se oponen a la democracia y a la libertad de los pueblos, para que tengamos claramente la comprensión dispar de la ética. Sabemos, pues, que las circunstancias, o mejor dicho, el determinismo, puede hacer variar la mentalidad humana. Hay, pues, dos formas de entender la ética: la general y la particular; aquélla procura el bien universal absoluto, obligatorio, y resume la ciencia del deber; ésta contempla la aplicación al individuo. Los principios que rigen la sociedad son variables del inglés al francés, del alemán al norteamericano, del habi- tante urbano al campesino. Empero, hay un nivel general donde se apoyan los principios de la ética, sea mística, sea materialista, ya metafísica o positivista. Evidentemen- te, la religión, la educación, la cultura, el derecho y las leyes facilitan la construcción o la permanencia del edi- ficio del bien humano. La ruta más segura está en el cumplimiento del "deber", humanamente comprendido para ser ejecutado; el deseo o el pensamiento de la hones- tidad por el procedimiento de la sugestión educativa, faci- lita la práctica de las buenas costumbres. A veces pre- conceptos y pasiones de orden religiosa, política o amoro- sa, pueden turbar la noción exacta del deber. No siempre el hombre se encuentra exento de serenidad para la com- prensión del imperativo categórico en las diversas ramas de la actividad familiar o social.

El problema de la ética no es de fácil comprensión, por las relaciones que presenta con la biología, la psicología y la sociología. El medio influye también poderosamente

18

MORAL

BIOLÓGICA

para las directivas individuales. "Dime con quién andas y te diré quién eres." Esta especie de aglutinación de caracteres, de cierta manera puede facilitar la compren- sión del asunto. Las relaciones existentes entre la moral, la psicología y la lógica, tornan delicado el tema para su solución. Sabemos de los fuertes lazos que existen entre la moral y la metafísica, los sentimientos y la natura- leza. Evidentemente, se cuentan varias doctrinas para la explicación de tan delicada materia, y he ahí por qué los autores, desde la antigüedad hasta los momentos actuales, han procurado explicarla, infelizmente sin el acuerdo uni- versal.

19

CAPÍTULO

II

RELACIONES DE LA MORAL

Vimos que el tema no es de fácil entendimiento, dadas sus relaciones con los factores humanos subjetivos y obje- tivos. Las condiciones psíquicas, intelectuales o sentimen-

tales ; los fenómenos bióticos; las influencias sociales del medio, de la época y de la cultura, hacen que la substan- cia de la ética sea extremadamente difícil de expresar. Basta pensar que para las diversas religiones, el proble- ma es variable. Entre los metafísicos y los materialistas no hay identidades de vistas. Entre ortodoxos, católicos

y protestantes, ya sean luteranos o calvinistas, o de otras

sectas, la percepción de la finalidad ética no es la misma.

Mutatis mutandis entre teístas y ateos, entre materialistas

y positivistas. Sabemos que la moral le es indispensable al hombre y que constituye base principal de civilización. Mientras tanto, parece que la humanidad, a pesar de los siglos

20

MORAL BIOLÓGICA

transcurridos, no ha presentado mejoras radicales en la acción moral. Si bien sabemos que hay una conciencia moral, asimismo cuando surgen las pasiones y las direc- tivas utilitaristas, desaparecen las fórmulas subjetivas, para surgir acciones contradictorias. Nos parece que, mo- ralmente, el hombre ha mejorado poco, dadas las pruebas de las civilizaciones. La fórmula dominante en el alma del hombre, es el egoísmo. Lo mío y lo tuyo son las únicas alabanzas subjetivas que mueven a nuestra especie. La perfección se ha demostrado en las ciencias que hacen mejorar las condiciones bióticas y sociales.

Si computáramos y analizáramos los hechos de la his- toria de las civilizaciones antiguas, medioevales, modernas

y contemporáneas, reconoceríamos que la evolución, y la

transmutación de la ética a través de los siglos, ha sido de valor mediocre. Las barbaries, los errores sexuales, las felonías políticas y administrativas, el choque de los intereses, las explosiones del ego y de las pasiones, son las mismas; apenas los ropajes son aparentemente diver-

sos. Lo que se halla registrado en los preceptos filosóficos

y religiosos de CONFUCIO, de CAQULA-MUNI, de toda la Bi-

blia, comprendido el viejo y el nuevo testamento, en las

brillantes páginas de la historia griega, en la formación del glorioso pueblo romano, en las gradas de la civilización occidental de Europa, poco han variado en lo que se refie- re a la ética. Filósofos y sacerdotes; pensadores y pro- fetas, imprimen en la noción subjetiva de la moral, incli- naciones personalísimas que a veces no son aplicables a

la totalidad o al menos a inmensas fracciones de nuestra

21

A.

AUSTREGESILO

especie.

Surgió de la relación, de los hombres entre sí, del respeto mutuo y de los deberes a cumplir.

La idea abstracta de la moral está en el perfeccionamien- to, especialmente en lo que dice respecto a las pasiones instintivas. La noción práctica de ella resume los com- promisos y deberes que los individuos establecen entre sí para la armonía social y sus correlaciones. Por ahí vemos los lazos de la ética con las religiones,

los sistemas filosóficos, el derecho de gentes, los códigos, las leyes en general y los reglamentos apropiados a los institutos y a las asociaciones para los cuales fueron he- chos. Podrá objetarse que la noción de la ética no puede abarcar todas las indicaciones arriba delineadas. Sin embargo, cuando se piensa en la moral inmediatamente,

se trata del hombre y de las relaciones de éste con sus

semejantes. No podemos, pues, comprender la ética como ciencia meramente subjetiva o abstracta, porque no pasa- ría de juego vano de leyes y preceptos. Los refranes populares establecidos por el empirismo, demuestran que de la experiencia secular surgen sabios principios que regulan de manera práctica las situaciones aplicables a las sociedades y a los individuos. Basta decir que en todas

las épocas, en todos los pueblos y en todas las civilizacio- nes, surgieron los mismos principios populares que rigen anónimamente las líneas morales de los hombres. En el transcurso de este libro han de ser tomados, de los clásicos

y de los contemporáneos, pensamientos y preceptos que

indicaron las rutas empíricas de los pueblos. En los libros

La ética sería la ciencia humana por excelencia.

22

MORAL

BIOLÓGICA

religiosos, ya se trate del Talmud, del Corán o de la Biblia, se nos deparan principios, leyes, parábolas y preceptos indicativos de que el hombre siempre aspira, por boca de los profetas, a la perfección del alma, que es, en síntesis, la aspiración suprema de la moral. Sabemos por la lec- tura de las obras sacras, filosóficas, literarias o científi- cas, que en todas se nivelan los principios del perfeccio- namiento. Desde el extremo Oriente, en las épocas pasa- das a través de los siglos por los diversos períodos de civi- lización, incluidos los bizantinos, griegos y romanos, hasta la época contemporánea, en que la religión, la filosofía, el arte y la ciencia procuran presentar principios o crí- ticas que contemplan la mejoría humana. En el teatro clásico y contemporáneo, en las epopeyas, hay siempre fundamento para una finalidad mejor, esto es, para el bien. Las tragedias, los dramas, las comedias, los libros de ficción, los ensayos, la poesía, las artes plásticas, en todo verificamos la tendencia instintiva del hombre para el ansia de lo mayor y de lo mejor, que forma la ley fun- damental del progreso y de las civilizaciones. Asimismo, en las obras que aparentan desvalorización, crítica, sar- casmo, ironía o pesimismo, existe en el pensamiento de los autores la idea de un mundo mejor y de la humanidad más perfecta; la acción ora concreta, ora abstracta, para el perfeccionamiento de la especie. En las transmutacio- nes de orden revolucionario, guerrero o religioso existen siempre ideas de mejoramiento. No podemos afirmar que la humanidad decayó o decae en aquélla o en esta época. Apenas, se transforma. Las leyes universales de la ener-

23

A. AUSTREGESILO

gética son las mismas que rigen la vida sobre la tierra. Las influencias mesológicas derivadas del sistema solar planetario, especialmente del sol, hacen que el hombre atraviese los diversos períodos de la civilización. Hay, pues, formas incógnitas e inapreciables que imponen las costumbres, los disturbios, las transmutaciones de los pue- blos, de las razas y de las naciones. El sociólogo que quiera apreciar, explicar o traducir los terremotos socia- les, tendrá siempre en el espíritu la duda cartesiana. La verdad es, que a pesar de más de cuarenta siglos de civi- lización, el hombre se muestra moralmente el mismo poseedor del egoísmo, que es el arma acerada de su per- sonalidad y el guía intuitivo que le aclara la inteligencia, dirige los sentimientos, construye el bien y el mal en el sentido abstracto o concreto, según las leyes que regulan la evolución o las mutaciones de los pueblos. Las barba- ries, las crueldades de origen religioso, político, revolucio- nario o guerrero, se comprueban periódicamente en la historia. Los errores y las anomalías sexuales se cuentan desde el viejo Oriente (basta que citemos el libro "Kama- sutra"), a través de las acciones helénicas, romanas, has- ta en los días contemporáneos de la vida de las grandes metrópolis como París, Berlín, Viena, Londres, Nueva York, Chicago, Buenos Aires y Río de Janeiro. Todos los preceptos indicados para la enmienda de este capítulo humano no son seguidos, al menos refrenados en sus expan- siones. Felizmente, parece que la ciencia contemporánea ha procurado facilitar la comprensión del problema sexual en las sociedades modernas. Podemos casi afirmar que

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MORAL BIOLÓGICA

la humanidad sólo ha avanzado en la cultura de la cien- cia. L E DANTEC, en libro clásico acerca del Egoísmo, de- mostró que toda la acción humana deriva de esa facultad exclusiva de la especie a que pertenecemos. Dice el autor. que basta raspar un poco la costra superficial de la civi- lización, y pronto aparece el troglodita o el habitante de las cavernas. Estos postulados no son derrotistas, porque confiamos en la educación, en la lección de la ciencia para la solución de los problemas que eran empíricamente re- sueltos por la mística, por la metafísica o por las escuelas filosóficas de antaño. El hombre posee la conciencia moral basada en la lógica del pensamiento. No se puede comprender la conciencia moral sin la conciencia del deber y sus relaciones mutuas. Las acciones humanas se dirigen hacia la conquista del bien o de la armonía, que son los peldaños de la ética. Entretanto, ese bien a que nos referimos no puede ser tomado ni en el aspecto egoísta ni en el individual. Com- prendemos que el hombre aspira al placer como manifes- tación del bien colectivo.

25

CAPÍTULO

III

VARIOS SISTEMAS DE MORAL

Nada más difícil que establecer una clasificación del moralismo humano. Todo hombre más o menos culto per- cibe o comprende lo que es la ética. Sin embargo, su cla- sificación, la fórmula, los límites, la esencia y la práctica, son de difícil delineamiento. Podríamos decir que cada hombre civilizado comprende la ética según su propio carácter o temperamento. Hay, en verdad, mucha elas- ticidad en los límites o en la comprensión abstracta o concreta de ese asunto. Evidentemente, lo que es moral para unos, es amoral para otros. Entretanto, podríamos establecer límites también abstractos para el entendimien- to o la consecución de los preceptos éticos. No haremos revisión de todos los aspectos humanos en

Basta pensar en los fun-

en

las fórmulas de la filosofía arábiga, griega, romana, me-

que fue comprendido el tema.

damentos de las religiones orientales y occidentales;

26

MORAL BIOLÓGICA

dioeva], moderna o contemporánea, y pronto se nos depa- ran las diferencias, los conceptos y las interpretaciones. No podremos decir cuál es la mejor de las éticas humanas.

En CONFUCIO, CAQUIA-MUNI (BUDA), MAHOMA, SAN PA- BLO, SANTO TOMÁS DE AQUINO, SÓCRATES, EPICTETO y tan-

tos más, antiguos, modernos y contemporáneos, existen conceptos diferentes. De modo que es difícil establecer las bases seguras y firmes de la comprensión del motivo en análisis. Podemos transcribir del tratado de Filosofía de GASTÓN SORTAIS el cuadro de los diversos sistemas más conocidos de los autores clásicos y contemporáneos.

Por el cuadro arriba expuesto, la noción doctrinaria depende del aporte individual de las ideas-sentimientos de cada autor desde la antigüedad hasta las épocas con-

temporáneas. El concepto de la moral se halla ligado al sentimiento, ya sea místico, ya sea filosófico, aislado o asociadamente. Sabemos que la moral se halla muy ligada

a la metafísica.

NIETZSCHE y tantos otros, se apartaron de lo que no era humano. Evidentemente, se originaron en las religiones la mayor parte de los preceptos de la ética idealistica y de la ética práctica, compelida esta última por la forma- ción de las sociedades y de las legislaciones, basadas en el derecho individual o colectivo. Instintivamente, los pueblos más o menos civilizados de todos los tiempos, en todos los grados de su adelanto, vieron en el Bien el origen de la moral, esto es, la Bondad para la concepción de la virtud y del deber.

Así, COMTE, SPENCER, RENOUVIER, GUYAU,

Hedonismo, felicidad, utilitarismo, altruismo y misticis- mo son expresiones que encierran el concepto del Bien ideal o pragmático. El hombre, por la personalidad psí- quica, es el egoísta; piensa, en primer lugar, en el Bien

28

MORAL

BIOLÓGICA

individual, y sólo posteriormente en el Bien humano. Evidentemente, es el egoísmo inicial que se transmuta en altruismo. El hombre resume el centro del mundo por el sentimiento y por el pensamiento. No encontrando den- tro de sí las fuerzas propulsoras del Bien teórico o prác- tico, se vale de Dios, el único factor universal para el desencadenamiento del Bien y del Mal sobre la tierra, La metafísica constituye, pues, una de las mayores fuerzas de la moral humana, y la prueba es que filósofos y teó- logos expanden cada vez más los principios de la fe y del deber como fuerzas misteriosas, aunque activas para la formación, la expansión y el dominio moral. HERBERT SPENCER, en el concepto de la moral que contempla el Bien del individuo y de la especie, establece la fórmula del Ego-altruísmo, exagerado filosóficamente por AUGUSTO COMTE en el altruismo: ama a tu prójimo más que a ti mismo. Infelizmente, tal precepto es meramente idealista, porque el hombre, en la lucha por la vida, en el ansia de lo mayor y de lo mejor, nada hace contra sí mismo en favor exclusivo de los otros. La noción del Ego-altruísmo es más conforme a la ficción humana que al puro altruis- mo. Pueden contarse con extrañeza individuos que renun- cian a su propia existencia en beneficio de otro. Esto cons- tituye, innegablemente, sorprendente excepción. Es ver- dad que la historia de los mártires y de los héroes repite hechos sobrehumanos; sin embargo, en el análisis final de tales eventos existe la luz misteriosa del egoísmo dis- frazado en acceso, en renuncia, en heroicidad que carac- terizaban los santos, los héroes y los genios. La vida, el

29

A. AUSTREGESILO

medio, la lucha, la familia, la sociedad, la patria, la gue- rra, el derecho de gentes, las religiones, la civilización, el progreso, son evidentemente expresiones del egoísmo humano. No es fácil legislar o disertar acerca de la moral, por- que se hiere profundamente los sentimientos humanos. A los tomistas les causan horror las doctrinas agnósticas y materialistas. Los positivistas ven con desprecio las ideas moralistas originadas en la metafísica, y los ecléc- ticos se esfuerzan por establecer lazos de unión entre la moral materialista y la metafísica. Tal vez, en su mayoría, los hombres piensen así. La verdad es que los pensamien- tos y los sentimientos varían en épocas diferentes del individuo y en diversas circunstancias. Por esto el pueblo ya estableció la máxima "de este pan no comeré, ni de esta agua beberé", pues el determinismo o las circuns- tancias pueden modificar las directivas de las situaciones de los individuos. Veamos en rápida síntesis los puntos de vista de los filósofos acerca de las doctrinas fundamentales de la ética.

30

CAPÍTULO

IV

VARIOS SISTEMAS DE MORAL

(Continuación)

El Hedonismo es la doctrina que juzga el placer como finalidad de la vida (del griego hedon, placer). Algunos autores consideran la moral de EPICURO una manera de ser del hedonismo. Aunque no resume verdaderamente una doctrina filosófica, es término genérico, susceptible de aplicarse a las diversas maneras del pensamiento y del sentimiento que colocan las satisfacciones sensibles como fines morales. ARISTIPO admitía que el placer debería ser la finalidad de la vida, diferente del Eudonismo, que encierra la busca de la felicidad y del utilitarismo en las ventajas de la existencia. En el libro que publiqué acerca de El mal de la vida, que es el ansia de ser feliz, di un suscinto balance acerca de las ideas filosóficas que contemplan la felicidad como punto exclusivo de la existencia. Según algunos autores, el hedonismo resume la fórmula "i-osera del utilitarismo. Los sofistas griegos GORGIAS, CA-

31

A.

AUSTREGESILO

LICLES y ARISTIPO, eran partidarios del hedonismo incon- dicional, y juzgaban que en la procura del placer inme- diato estaba el bien soberano de la vida. Comprendemos que la moral del placer es falsa por principio, porque no posee los caracteres esenciales, con ser funesta en las con- secuencias prácticas.

Autores modernos como HOBBACH, HELVETIUS, CALAM-

BERT, ST. SIMÓN y FOURIER, y algunos contemporáneos, especialmente de la escuela inglesa, siguieron esta doc- trina, que es fundamentalmente egoísta y no encierra el verdadero concepto ético. EPICURO, filósofo griego que fundó la doctrina que lleva su nombre, gozó en Atenas de gran influencia, espe-

cialmente por los sectarios y discípulos que lo estimaban

y

por las cualidades personales de inteligencia, solicitud

y

bondad. Fue considerado por los estoicos el paladín del

placer, a pesar de portarse modestamente en la vida y de alimentarse muy frugalmente, El mundo, por regla gene- ral juzga el epicureismo la doctrina del placer, porque el creador de la misma ponía la felicidad como punto culmi- nante de la vida. Los estoicos fueron sus mayores ene- migos. El epicureismo es simple, porque consideraba la felicidad la aspiración de la existencia, la cual se apoyaba en la tranquilidad del alma y en la práctica de la virtud. En esto se asemejaba a los estoicos; sin embargo, Epicuro no condenaba el placer y justificaba los goces humanos ; no obstante, no los procuraba ni los aconsejaba. Com- prendía que las necesidades eran imperiosas como el ham-

32

MORAL

BIOLÓGICA

bre y la sed, ora naturales como gusto depurado de los manjares, ora ficticias como la embriaguez. Aconsejaba a los individuos realizar las primeras, tener prudencia con las segundas y condenar ]as "últimas. El concepto del placer, según este filósofo griego, pre- senta dos aspectos: 1 o ) el placer en movimiento de los sentidos, vivo, sin embargo fugitivo, mezclado con el do- lor; 2º) el placer en reposo, el del espíritu, calmo, estable, puro, sin sufrimiento ni esfuerzos. Este conduce a la ataraxia, esto es, exención de perturbaciones, de inquietu- des y de infelicidad. La indolencia del pensamiento y del sentimiento era la voluptuosidad suprema alcanzada ape- nas por los dioses. Los filósofos deberían propender hacia esto, regularizando los deseos, disminuyendo las necesi- dades y las ambiciones, así como estancar las fuentes de los males morales. Innegablemente, la moral de EPICURO está basada en el placer que ya existe, según el concepto del filósofo, desde que haya cesación del dolor. En resumen, la base de la ética epicureísta es alejar el dolor, que, por regla general, cuando es violento, no dura, y cuando es pequeño, puede ser desviado o substituido por las reminiscencias agradables de venturas pasadas que forman el alma pre- sente. Para los dolores intensos del alma, EPICURO acon- sejaba hasta el suicidio. Las virtudes ocupan destacado lugar en la doctrina, como la temperancia, la prudencia, el coraje, la justicia, que forman el ciclo de la tranquili- dad del alma y del deber humano por excelencia. El bien, sin embargo, está no sólo en la práctica de la virtud como

A.

AUSTREGESILO

en la conquista del placer que comienza desde que no

haya dolor. La filosofía conduce al hombre al bien, a la delicia espiritual, pues la sabiduría muestra la manera de ser feliz; con la prudencia, el hombre puede escoger lo que es útil o perjudicial a la existencia. El placer, para EPICURO, es sobre todo espiritual. "Los deseos artificiales —dice el fundador de la escue- la— van hasta el infinito y producen más dolores que placeres propiamente dichos. El amor, la ambición y el anhelo de riquezas, la mayor parte de las veces nos llevan más a los padecimientos morales que a las verdaderas venturas espirituales." Como conclusión, admite EPICURO que para ser feliz "es menos importante un cuerpo sin dolor que un alma sin inquietudes". Evidentemente, la moral del placer es egoísta o utilita- ria, porque sólo contempla el interés personal, esto es, la felicidad individual para el goce exclusivo de sí mismo. Podemos decir lo mismo para la ética utilitaria de BEN- THAN, que considera la felicidad como uno de los primeros principios del deber. El utilitarismo rectificado de STUART MILL incide en la misma condenación moral, a pesar de que el filósofo inglés contempla la felicidad humana. Indiscutiblemente, la moral utilitaria termina siempre en el egoísmo, a pesar de que los filósofos de tales doctri- nas piensan en el bien humano. El fundamento de esos principios se nivela en la armonía general, y por conse-

Las bases de tales doc-

trinas son meramente empíricas, pues parten de princi- pios abstractos aplicables a la humanidad.

cuencia, en la armonía personal

34

CAPÍTULO

Y

MORAL Y FILOSOFÍA

En general, los filósofos griegos eran, en su finalidad, moralistas. Cínicos o estoicos, epicúreos o idealistas, casi todos, que obedecían las ideas de DIÓGENES, de ZENÓN, de

EPICURO, de SÓCRATES O de PLATÓN, encararon los proble-

mas filosóficos en dos fases: la interpretación y el idea- lismo; ora interpretaban los fenómenos objetivos y sub- jetivos de la naturaleza en general y del hombre en sí; ora trazaban líneas y preceptos para que la vida se tor- nase próxima al bien y a la virtud, a la religión y a la mística, esto es, conceptos y principios basados en la ética o en las fórmulas accesibles al hombre para una existen- cia mejor. Es obvio que siendo los conocimientos cientí- ficos y técnicos muy primitivos o casi ausentes, la inteli- gencia filosófica de los helenos propendería más hacia los preceptos moralistas construidos ya sea en el empirismo, .\ a sea en la metafísica.

35

A.

AUSTBEGESLLO

La preciosa lectura de la elegante introducción a La Oración de la Corona, de DEMÓSTENES, por LATINO Com- LIIO, nos da cuenta de la acción tumultuaria del pen- samiento filosófico del pueblo griego. En el cuadro sintético que presentamos podríamos resu- mir los puntos capitales de la filosofía y de la moral, según los pensadores de la Hélade, especialmente de la Ática. Haremos apenas rápida explicación de las doctrinas de

ZENÓN y de PLATÓN.

ZENÓN fue el fundador del estoicismo, que es, eviden- temente, filosofía moralista. El ideal estético de PLATÓN creó la filosofía de lo bello y la moral de la virtud. En realidad, una de las más simpáticas doctrinas mora- les de la antigüedad, es el estoicismo. En éste, el bien soberano está constituido por la virtud. Las ideas de los filósofos estoicos son extensas y llenas de principios empí- ricos y subjetivos que hoy serían repetidos a título de curiosidad histórica. El punto de partida está constituido por el concepto de una física bastante intrincada. La idea básica es de la tensión y del esfuerzo. Los únicos seres que se consideran en la naturaleza, son los cuerpos mate- riales, pero todas las cualidades o propiedades activas de la materia se originan en la fuerza que les es inseparable. El fuego representa el elemento más sutil y más activo. Todos los pensamientos interpretativos griegos fueron ba- sados en la lógica elemental del empirismo o de la obser- vación.

El gran monumento del estoicismo está en la moral. El mayor bien de la vida consiste en el esfuerzo extremo o

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MORAL BIOLÓGICA

depurado para alcanzar la virtud. Todo lo demás le es indiferente al estoico, inclusive el dolor y la muerte. Las virtudes tienen que ser absolutas, sin gradaciones. El sabio procura alcanzar el ideal de la perfección y la felicidad carece de límites. La práctica del estoicismo induce a los hombres a tornarse independientes de las cir- cunstancias exteriores, y para esto es indispensable la insensibilidad, que a veces es dura e inflexible. Así como el hombre posee alma, el universo la posee también, que es Dios. Se percibe en esta doctrina mezcla de empirismo y de metafísica. La parte principal del estoicismo está en la moral. La felicidad dominante reposa en la adquisición de la virtud, según la naturaleza o según la razón. El deber supremo es evitar las pasiones para que no se desvíe de la línea recta. Cumple al virtuoso ser impasible en la batalla de la vida, a la cual debe renunciarse cuando se torna imposible. La filosofía estoica tuvo grandes sectarios como SÉNECA,

EPICTETO y MARCO AURELIO.

La moral estoica sufrió metamorfosis, según los diversos adeptos; sin embargo, la virtud siempre les significó el gran bien. El principio capital de los estoicos es la virtud, el único bien; todo lo demás les es indiferente como el placer, el dolor, la riqueza, la reputación, la salud y la muerte. Siendo la virtud bien absoluto, no hay grada- ción entre el bien y el mal. El vicio y la virtud no admi- ten grado. La comprensión de la virtud está en ella misma. Virtutis praemium ipsa virtus (SÉNECA).

'

37

A.

AUSTREGESILO

La esencia de la virtud consiste en vivir de acuerdo con la naturaleza. (Zen homologomenos te physei). Este prin- cipio es equívoco por no ser compatible con la vida hu- mana, salvo si la noción de naturaleza fuera variable en el concepto individual. La naturaleza de un ser depende de lo que le es inmanente. En el hombre es la razón. La razón no existe solamente en nosotros, también en los otros hombres y hasta en el universo porque Dios es el alma de éste, luego debe existir de acuerdo con su propia

razón.

Vemos que en tales doctrinas hay elementos subjetivos individuales que son difíciles de uniformizarse en en el

Según los estoicos el sabio o el filó-

mismo molde ético.

sofo debe querer por la razón, por el orden de la belleza que en ella reina. El bien soberano está constituido por la fuerza de voluntad tensamente conservada a través de la vida, a fin de que sea ejecutada o exista armoniosa- mente, con los pensamientos, las palabras y las acciones. (Summum honum vita sibi concors). Cumple que haya armonía de los hombres entre sí (homo res sacra homini). El amor debe existir entre los seres humanos para que sea la armonía universal, El filósofo no debe conocer la distinción de familia, de ciudad o de patria. Es ciu- dadano del universo; el individuo debe integrarse, pues, a la naturaleza como parte armoniosa de ella, regido do- minantemente por la virtud, inflexible en el concepto y en 1.a acción, para que los ideales del bien sean nivelados en beneficio del individuo y de la especie.

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MORAL BIOLÓGICA

El esfuerzo de voluntad estimulado por la justa razón torna al hombre sereno ante los eventos buenos o malos de la vida. El mayor obstáculo para el concepto y para la concepción de la virtud es la pasión que para los estol- eos constituye movimiento contrario a la razón y a la naturaleza. Para que la virtud venza a la pasión es nece- saria la impasibilidad (apatheia). Decía EPICTETO: "So- porta y abstente", esto es, debemos ser fuertes contra el placer y animosos contra las pasiones para que se con- serve la calma en la desventura y en la felicidad. Sólo por esos medios podremos alcanzar la sabiduría cuyo principal instrumento es la insensibilidad. Vemos que el estoicismo aparece como ]a filosofía del carácter y del coraje y siempre aconseja el cultivo de la virtud, de la fuerza de voluntad para que sea alcanzado

el bien moral. Tal doctrina no es compatible con la natu-

raleza humana porque obliga al hombre a dominar la sensibilidad y las pasiones en lugar de hacerlas derivar ,

o mejorarlas. No se puede concebir al hombre sin senti-

mientos y éstos son a veces de tal modo imperiosos por las fuerzas subterráneas del subconsciente que el esfuerzo de la voluntad se quiebra ante las energías obscuras de los sentimientos, sean atractivos, sean repulsivos. El estoi- cismo es simpático a primera vista; sin embargo, no pue- de ser adoptado integralmente por toda la humanidad porque la personalidad varía en grados y fórmulas que sólo la ciencia comprende y explica sin condenar, y que muestra los medios de mejorar los errores morales del propio hombre.

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A.

AUSTREGESILO

La filosofía estoica es panteísta y como tal puede ser adoptada por cualquier pensador, sin embargo, no puede acontecer lo mismo con su ética. En mi libro El mal de la vida hay un pequeño capítulo al respecto del estoicismo, cuya moral se depara en estos dos versos de LUCANO:

Naturam qui sequi patriaeque impedere vitam; Nec sibi, sed toti genitum se crede mundo.

La moral estoica sería privilegio para pocos porque exigiría la virtud inflexible, incompatible con la mayor parte de los hombres. Encierra el problema idealista cuyo tramo final se encuentra en el egoísmo del indivi- duo, esto es, se torna indiferente al placer y al dolor, es- tancado dentro de sí mismo, con serenidad y sapiencia forzadas por la indiferencia al bien o al mal de la vida. La ética del estoicismo seguida por pocos ciudadanos griegos y romanos, adoptada por filósofos intransigentes, no puede servir de código a los seres humanos porque re- posa en el idealismo de la perfección, en la integridad ab- soluta del carácter y de la acción, por fin, en el desinterés por los sucesos del ambiente social de ciertos individuos. Analizando los grandes estoicos de la antigüedad como

ZENÓN,

SÓCRATES,

CICERÓN,

SÉNECA

EPICTETO

y

MARCO

AURELIO, vemos que en todos se deparan hechos diferen- tes en la comprensión de la vida, de la virtud, de la mo- ral y de la sociedad. SÓCRATES poseía extraña grandeza moral; CICERÓN y SÉNECA mostraban nobleza espiritual y coraje cívico asombrador; EPICTETO era sereno y humilde

40

MORAL BIOLÓGICA

y MARCO AURELIO en la dulzura virtuosa pregonaba el

entusiasmo social y moral que le dieron lugar prominente en el Imperio y en las letras romanas. La comprensión de la existencia como combate, como exaltación de la

energía y la inflexibilidad voluntarla contra los peligros

y amenazas del medio; la felicidad humana resultante

de la práctica de la virtud y ésta representada por la vic- toria de la razón sobre las pasiones, resumen el concepto ético de la doctrina creada por ZENÓN. Entretanto, si investigamos todos los actos, todas las situaciones de los estoicos habremos de reconocer en ellos variantes de con- tradicciones que tornan dispares los conceptos de la moral. Infelizmente, no podemos presentar súmula completa de todas las filosofías, especialmente en la parte que se refiere a la ética, de los antiguos pensadores de la Hélade.

SÓCRATES, PLATÓN y ARISTÓTELES representan las cum-

bres del pensamiento griego. Trataremos más minucio- samente de las doctrinas platónicas proferidas en el jar- dín de ACADEMO por el príncipe de los filósofos antiguos. Como muy bien dice LATINO COELHO, PLATÓN es el más ilustre miembro de la escuela socrática, el más genial y el más efectivo de los cultores de la sabiduría helena. El platonismo ofusca por su gloria y lucimiento las demás asociaciones filosóficas implantadas en el tronco socrá- tico. La moral del estetismo es elevada y noble y a pesar de su contenido idealista podemos sacar de ella concep- tos y bellezas de pensamientos para la construcción del código espiritual de los grandes hombres.

41

CAPÍTULO

VI

LA MORAL ESTÉTICA DE PLATÓN

La razón impera en el concepto de la virtud. La sabi- duría vence los instintos. La comprensión del bien debe fundirse con el ser de absoluta perfección y de infinita bondad. El deber humano se resume en aproximarse lo más posible a la virtud, teniendo como mira la semejanza de Dios. (Homaioses to theo). En la obra clásica de ALFREDO FOUILLÉE acerca de la filosofía de PLATÓN, notamos los principios esenciales acerca de las ideas y sus relaciones con el amor, con lo bello y con el arte. La base de la ley moral en PLATÓN está en el concepto del bien y de la justicia y como con- secuencia en la comprensión exacta de la virtud. La gloria de PLATÓN inundó el mundo antiguo. Lla- mábanle divino. Todos querían oírle y seguir sus ideas filosóficas y morales. La teoría de las ideas constituye la base de todas las doctrinas.

42

MORAL

BIOLÓGICA

Las ideas, esencia de todos los seres, son absolutas y

reales. Dios es el origen de ellas. Innatas en el hombre, preparan el edificio moral, de la política y del arte. Con

la prosa admirable, la lógica brillante y el genio creador,

PLATÓN tornóse en Grecia el príncipe de los pensadores. Los diálogos forman la base de la filosofía, de la política y de la moral, las cuales tanto éxito tuvieron en la Ática gloriosa.

El platonismo, evidentemente, estableció en la anti- güedad el primer sistema de filosofía espiritualista. El método adoptado fue de la dialéctica cuya finalidad está en la teoría de las ideas, punto principal de la filosofía platónica. Estas forman la jerarquía principal de la per- sonalidad humana en cuyo ápice está el bien. Este bien que domina todas las ideas no es abstracción porque se- gún los interpretadores se confunde con Dios. El bien perfecto resume también la inteligencia universal. "Per- suadirse de que es necesario hacer las cosas de la mejor manera posible." Cumple admitir el concepto de que el hombre posee alma que procura la semejanza de Dios, esto es, la perfecta inteligencia y el perfecto bien, que resumen el concepto de la moral.

Como su maestro SÓCRATES, PLATÓN consideraba la virtud como la ciencia del bien cuyo principio estaba en

la semejanza y en la imitación de Dios, pues para imitar

a Dios le es necesario al hombre huir del mundo sensible

y volar hacia el mundo de las ideas. Para asemejarse a Dios el individuo debe perfeccio- nar su naturaleza, porque el alma, de acuerdo con las

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A. AUSTREGESILO

ideas, será moralmente bella y como consecuencia, vir- tuosa; el alma se torna virtuosa cuando sus facultades son armónicas. La moral humana no puede basarse ni en el placer ni en el interés, porque será individual y egoísta. De la misma manera la ética no será hecha sólo para sabios y filósofos; al contrario, debe ser total y humana, apro- vechable para todos los seres medianamente sensatos y pensantes. Varios principios rigen empíricamente a las socieda- des civilizadas y entre ellos el bien, el deber, la virtud, la justicia y el derecho. En la moral platónica es indispensable la admisión del bien moral, y como consecuencia, las relaciones de éste con lo bello y lo útil. Naturalmente para la obser- vancia de la moral cumplen al hombre prerrogativas de carácter y de acción a fin de que haya cumplimiento de los compromisos entre los pueblos y los individuos. En el concepto abstracto de la ética es indispensable el com- bate a los instintos primitivos, especialmente a aquellos que se ligan al ciego egoísmo o a las pasiones violentas. En la doctrina platónica el bien moral constituye uni- dad, orden y finalidad absoluta. El placer, pues, no es su mira. El bien humano debe ser simple, sin embargo, rico en determinaciones y consecuencias, armoniosamen- te comprendido por la razón, o mejor dicho, por la sabi- duría. Podemos así admitir que el placer intelectual re- sume la base de la moral platónica. La expresión del

44

MORAL BIOLÓGICA

alma humana, que es la belleza moral, sintetiza la vir- tud cuyo máximo está en la semejanza de Dios. La virtud y la ciencia se mezclan para las buenas di- rectivas de la ética, las cuales se completan con el bien y lo bello, para la armonía del pensamiento y del senti- miento. En resumen, en la ley moral de PLATÓN, la idea del bien y de la justicia se halla en primer plano, natu- ralmente completada por el placer espiritual, todo rela- cionado con la ciencia, el coraje y la temperancia. PLA- TÓN estableció todas las relaciones entre la virtud y la ciencia, y la virtud y el amor, esto es, inteligencia y sentimiento fundidos para la armonía de lo bello y del bien a fin de alcanzar la suprema virtud idealista, que es la semejanza con Dios. Vemos por lo expuesto que la ética platónica se resume en la ascensión espiritual, con miras al bien, a lo bello y a la virtud a fin de que el hombre se aproxime a la perfección divina. Hay funda- mento metafísico en el pensamiento del mayor filósofo de los tiempos griegos y el concepto de la ética sólo puede ser adquirido por los elegidos de la espiritualidad. En realidad, todas las religiones toman como apoyo de la moral el perfeccionamiento del alma hasta alcanzar las semejanzas divinas.

En el aspecto filosófico o místico, el deber del hombre es elevarse dentro de sí y al mismo tiempo fijarse en la idea del bien humano. Abstractamente esta concepción es modelo, y no merece crítica ni objeciones. Es ]a fórmula rígida del entendimiento universal de la ética. Sin embargo, tales ideas no caben en la universalidad

-15

A. AUSTREGESILO

de los pueblos ni en la acción, de loa individuos. El hombre es el animal de la inteligencia de los sentimientos unidos por el egoísmo y orientados por el ansia de lo mayor y de lo mejor, porque los intereses se manifiestan como función de lo mío y lo tuyo. La ética platónica está colocada sobre el bien, lo bello y la justicia, formadores de la virtud, y resume el pre- eioso código idealista, sin embargo de concepción frágil por las impulsiones violentas y brutales que imperan en los pueblos, bajo el color de energías civilizadoras.

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CAPÍTULO

VII

MORAL RELIGIOSA

El concepto de la moral religiosa reposa en la admisión de un ser supremo y perfecto. Entre los pueblos civiliza- dos esto se resume en la idea de Dios que es el ente de absoluta perfección, esto es, infinitamente bueno, sabio y justo. En esta concepción existen otros corolarios como el del bien, del amor, de los deberes ante Dios, y de varios ele- mentos que forman los cánones de la constitución de la familia y de la sociedad. Variable en el tiempo y en el espacio, en las diversas mentalidades, Dios y la iglesia son las grandes irradiaciones de la ética religiosa, esto es, orientada en la máxima aproximación del hombre a Dios. La existencia de diferentes rituales eclesiásticos incide en las variaciones de los preceptos éticos.

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A.

AUSTREGESILO

La conciencia moral forma el lastre de la ética; por esto autores metafísicos como SANTO TOMÁS O KANT esta- blecieron los principios que forman la base racional de la ética. La conciencia moral obliga al hombre a la ad- misión de preceptos como el deber, el amor al prójimo, la práctica de la virtud, la acción del bien y las respecti- vas obligaciones que de ellos emanan. Derivan de tales preliminares la noción de derecho que se interpreta en la justicia. En las normas de la moral religiosa hay que admitir la constitución de la familia, con deberes recí- procos, de la sociedad y de las masas humanas ligadas por el bien y por el derecho de gentes. En el cristianismo existe el objeto supremo que es dado por el Hijo de Dios que, semejante al Padre Divino, pre- gonó el amor entre los hombres y el bien sobre la tierra. Si hiciéramos la rápida revisión de la doctrina tomistica verificaríamos que la moral se edifica en el bien racional. No pueden hacer parte de la ética el placer, el interés, el sentimiento, el egoísmo ni la felicidad personales. El bien humano encierra la moral y por consiguiente se torna obligatorio, absoluto, universal y práctico, aparta- do del yo exclusivo. Habría lugar aquí para discutir la noción del bien y del mal. Ya ensayamos hacerlo en el aspecto biótico, en obra que publicamos acerca de la Filosofía Biológica. En el sector místico, el bien tiene que ser puramente espiritual, tanto como sea posible, establecido en las di- rectivas subjetivas, impuestas por la idea de Dios. SANTO

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MORAL BIOLÓGICA

TOMÁS DE AQUINO estableció las bases comprensibles de la justicia divina. El autor angélico, como le llamaban, construyó la Suma teológica, que expresa la ortodoxia católica, y estableció el origen del "tomismo", conjunto de las normas teológicas y filosóficas del catolicismo ra- cional. Hoy predomina el neotomismo, formulado por el rena- cimiento de las ideas de SANTO TOMÁS y aconsejadas al mundo católico por LEÓN XIII. La palabra teodicea fue creada por LEIENIZ y signi- fica razonamiento en favor de Dios, escrita para refutar la objeción sacada de la existencia del mal. Hace parte de la metafísica y trata de las pruebas de la existencia de Dios y sus atributos. La idea moral contenida en el tomismo está en la comprensión del bien divino. En la Suma teológica, SANTO TOMÁS estableció el siste- tema completo de moral, fundamentado intransigente- mente en el cristianismo, especialmente en el catolicismo. Durante mucho tiempo la Suma teológica sirvió de fundamento al catolicismo, en la visión moral y filosó- fica. Sabemos que con el transcurrir de los años apare- cieron escuelas rivales del tomismo. Primeramente, el scotismo creado por DUNS SCOT. Entre los puntos de divergencia estaba la inmaculada concepción de la Vir- gen María negada por los tomistas El motivo determinante de la encarnación fue para SANTO TOMÁS DE AQUINO destinado exclusivamente para la redención del género humano. SCOT juzgaba que la

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A.

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encarnación debería ser la finalidad o el coronamiento de la creación. El tomismo todavía encontró divergencia por parte del molinismo. En el aspecto dogmático lo que más des- pertó disputas y pasiones fue que se establecieron rela- ciones entre el libre albedrío y el concurso divino. La libertad humana podía ser admitida, sin embargo con la gracia divina. Las dos partes moralistas estaban en divergencia porque las explicaciones destinadas a conciliar las corrientes se diferenciaban esencialmente. Los tomistas reclamaban la premoción física, esto es, conexión intrínseca entre el auxilio divino y el acto hu- mano, lo que difícilmente se conciliaria con la justa idea de libertad. Los molinistas admitían concurso indiferente, deter- minado por el uso de la voluntad, sin embargo lo sufi- ciente para que Dios llegase infaliblemente a los fines gracias a la Ciencia Media, esto es, al conocimiento de voluntades libres futuras. Los tomistas admitían también la teoría de la materia y de la forma, la distinción real entre la esencia y la existen- cia, la unión substancial del alma y del cuerpo; el papel de las especies impresas; del intelecto agente de las especies expresas en las operaciones de la inteligencia; el origen de las ideas por los sentidos (Nil est in intellec- tu quod fuerit primtim in sensu) ; la posibilidad de una creación ab-ternae, en fin, y sobre todo la naturaleza del concurso natural y sobrenatural dado por Dios a los actos libres de las criaturas humanas.

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MORAL BIOLÓGICA

Actualmente predomina en el espíritu católico el neo- tomismo, esto es, el renacimiento de las opiniones to- mistas en la enseñanza moral y filosófica del catolicismo. El mundo católico, después de la encíclica de León XIII arriba mencionada, adoptó como expresión mística de la filosofía y de la ética el neotomismo. Evidentemente el mundo latino que en la mayor parte es católico, ha desarrollado los fundamentos de la comprensión de la Suma teológica para las bases del espíritu religioso. Vemos que en Francia, en Italia, en España y últimamente en el Brasil, la formación del es- píritu religioso se halla en las ideas capitales de SANTO TOMÁS DE AQUINO, LOS últimos momentos de angustia humana por los tumultos políticos, guerreros universa- les, han exaltado el espíritu místico de los pueblos y entre los católicos el neotomismo. Según PEDRO A. PINTO

las ideas de SANTO TOMÁS en polí-

tica son las mismas de ARISTÓTELES, esto es, el gobierno depende más de quien lo dirige que de la forma pro- piamente dicha. La fe inquebrantable en Dios, Jesucristo y María San- tísima establecieron los fundamentos rígidos de la religión católica. El concepto de la moral católica se regla por los pre- ceptos de la iglesia. Los cimientos de la doctrina cristiana, especialmente de la católica, están en los evangélicos, esto es, en el Nue- vo Testamento y en los complementos emanados de la iglesia romana apostólica, bajo el reinado espiritual del

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(PAULO AUGUSTO)

A.

AUSTREGESILO

Papa. Todo el fundamento de la religión católica está en la comprensión moral de Cristo Redentor y de la Vir- gen María. Bajo estas dos figuras capitales de la iglesia católica surgen como corolario todos los principios de la ética religiosa y los rituales de la iglesia establecen los preceptos indispensables a la consecución de los prin- cipios de la moral sana, sustentados por la fe inalterable en Dios, en su absoluta perfección y en el deber que posee el hombre de aproximarse a él, especialmente en las dos formas humanas, María concebida sin pecado y Cristo el Redentor. Sabemos que todos los preceptos éticos de la religión cristiana se hallan en la tendencia a la perfección sin que se midan sacrificios para que se alcance el fin ansiado. De ahí los elementos espirituales indispensables a la eje- cución del problema ético religioso, Primeramente la renuncia de los instintos, de los goces materiales, de las fórmulas egoístas de la existencia. Las bellezas morales, teóricas, contenidas en la religión cristiana son innegablemente la obra más completa de la espiritualidad humana. Como moral idealista no se le puede disputar la per- fección. Sin embargo, la humanidad en todas sus frac- ciones individuales no se puede reglar por las formas rígidas del catolicismo y la consecuencia es que son muy raros los que siguen los preceptos de tan bella y profunda iniciativa de la espiritualidad mística. Si tomamos en abstracto los principios y los fines de la iglesia católica, en ella encontramos la esencia filosófi-

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MORAL BIOLÓGICA

ca, metafísica, que encierra las mejores concepciones místicas de la humanidad. No son, sin embargo, compa- tibles con la evolución de las ciencias, especialmente de aquello que se hizo en los siglos diez y nueve y veinte; gracias a los perfeccionamientos técnicos de las ciencias, se nos deparó un nuevo mundo de conquistas. El mal de las diversas formas de la ética esculpida en doctrinas filosóficas o metafísicas, está en que no se preocupan por las variaciones de la naturaleza humana, afirmadas en la constitución, en el temperamento y en el carácter, en la biotipología individual, especialmente en lo que dice respecto a los elementos fenotípicos que pueden surgir en el desarrollo de la criatura. Las reformas de la iglesia establecidas por LUTERO y CALVINO dieron nuevos aspectos a los principios del cato- licismo, especialmente del papismo y del Vaticano. ERASMO, con la grandeza espiritual de que estaba do- tado, ya había tentado, sin el suficiente coraje, modifica- ciones en las fórmulas de la religión occidental, especial- mente de la europea. Cabe, innegablemente, a LUTERO, el grande y poderoso esfuerzo para reformar los principios religiosos que emanaban de Roma. A partir de 1517 se inició la gran reforma del cristia- nismo cuando LUTERO se sublevó públicamente contra la fuerza y la autoridad de la Santa Sede. El luteranismo se distingue del calvinismo porque és- te admite la presencia pero rige la predestinación abso- luta, tolera los ornamentos religiosos y conserva la jerar-

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quía sacerdotal. Hay tendencia general en fundir las dos religiones bajo el nombre de Iglesia Evangélica. CAL- TINO aprovechó el ímpetu reformista de LUTERO para fundar la reforma ginebrina. La libertad de conciencia fue estipulada por la dieta de ESPIRA en 1526. En 1529 quisieron restringirla, sin embargo los reformadores protestaron, de ahí el nombre de protestantes. LUTERO se mostró hombre de acción

y valiente porque estableció los elementos del protestan-

tismo. El casamiento de los sacerdotes fue admitido como uno de los tramos de la reforma. Evidentemente, LUTERO fue 11110 de los hombres que ejercieron influencia en la marcha de la humanidad. Contribuyó de manera innega- ble al progreso moral de los pueblos. No se puede afir- mar que la escisión de la iglesia fuese benéfica para el cristianismo, sin embargo tuvo el mérito de modificar las fórmulas imperialistas del catolicismo y hacerle mudar las ideas religiosas morales, de acuerdo con los funda- mentos precipuos del cristianismo.

LUTERO OSÓ discutir, examinar los dogmas del catoli-

cismo e introdujo en el mundo intelectual el libre examen

y el libre pensamiento a pesar de lo revolucionario reli-

gioso que era negar en principio el libre albedrío. Algu-

nos de los principales elementos del protestantismo vi- nieron más del espíritu de la revolución mística que de LUTERO propiamente dicho. Innegablemente el reforma- dor trajo para los pueblos nórdicos, especialmente los anglosajones, ideas y principios más conformes con el espíritu étnico. Las transmutaciones espirituales que

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MORAL

BIOLÓGICA

ocurrieron en Europa fueron debidas especialmente a ERASMO, LUTERO y CALVINO, sin embargo, con especia- lidad a LUTERO que fue el gran propulsor reformador de la época. El cristianismo en sus elementos morales procura ense- ñar el bien humano, apoyado en la justicia divina. CRIS- TO es expresión de la virtud, porque los cimientos del edificio de su obra están en el bien y en la virtud, pues procura hacer del hombre elemento perfectivo que se aproxima a la divinidad. Todos los principios de la moral cristiana están construidos sobre la fe. A pesar de los paradigmas, raramente la humanidad puede seguir la trayectoria trazada por el cristianismo. La moral cató- lica es más rígida que la del puro cristianismo, sin em- bargo las dos se nivelan en la perfección del Redentor que apareció en la tierra para redimir al género humano del pecado original. Las leyes de la ética cristiana son preceptos establecidos para un ideal que raramente puede ser alcalizado. Los elementos de la reforma establecidos por CALVINO son más rigurosos y menos originales que los de LUTERO. El calvinismo tuvo origen en Ginebra en 1536 y se expandió inmediatamente por toda Suiza, por Francia, Holanda, Inglaterra, Escocia, Estados Unidos y otros países. Los calvinistas en Francia fueron apodados de Hugonotes y lucharon por muchos años para obtener el libre ejercicio de su culto y tuvieron a Francia en cons- tante guerra civil. Fue ENRIQUE IV quien promulgó el célebre Edicto de Nantcs que garantizó a los hugonotes

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A.

AUSTREGESILO

la libertad de conciencia. Este edicto fue revocado por LUIS XIV, en 1685. Durante el reinado de Luis XVI en 1875 los calvinistas obtuvieron nuevo edicto de tole- rancia. Las ideas de CALVINO se han modificado progre- sivamente en diversos países, con diferentes denomina- ciones. La obra de STEFAN ZWEIG acerca de una Conciencia contra la violencia, esto es, CASTELLIO contra CALVINO, pinta de manera colorida los métodos violentos e imperio- sos usados por el reformador. Se diría que el célebre heresiarca usaba los procedimientos más severos, en Gi- nebra, para que fuesen respetados sus principios teológi- cos con rigurosa disciplina eclesiástica. Tentó reformar las costumbres como mudaba las creencias, usando pre- ceptos intolerantes y despóticos. Evidentemente el rigor de los principios calvinistas desapareció del teatro de la mística humana, especialmente de la suiza. El cristianismo es innegablemente la religión en que la humanidad puede depositar la máxima confianza mo- ral porque se origina en el bien y en el amor. Las varian- tes, católica, ortodoxa y protestante, ponen en prime- ra línea la belleza ética que tiene como paradigma la per- fección divina en las doctrinas predicadas por JESUCRISTO en su pasaje efímero sobre la tierra. La gran fe en Dios y la confianza en las palabras y ejemplos forman el fun- damento de la religión cristiana. Innegablemente en el aspecto útil o pragmático la moral del Redentor ha dado los mejores frutos a la humanidad.

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MORAL BIOLÓGICA

De la lectura atenta de los evangelistas, de las obras

constructivas de SAN PABLO, SAN GREGORIO NISENO, SAN- TO TOMÁS, SAN AGUSTÍN, SAN BERNARDO y de tantos otros

que hicieron el brillo y la gloria de la iglesia católica, dedu- cimos que todos los principios del bien humano y de la

fe en la perfección divina constituyen la esencia indis-

cutible de la moral.

Sabemos que los temperamentos y caracteres han de- formado el concepto idealista del cristianismo, sin em- bargo las falsificaciones no destruyen o modifican los quilates de las piedras preciosas legítimas. Tal vez podamos establecer restricciones acerca de los fundamentos de la moral religiosa porque ella promete recompensas y amenazas, esto es, el bien es pagado con

el

beneficio y el mal con el castigo. En principio teórico

o

abstracto tal conducta es lógica porque está afirmada

en

la mística teológica de que Dios premia a los virtuosos

y

condena a los malos. El balance entre el bien y el mal

forma el punto neurálgico de la cuestión de la ética reli-

giosa. Hay tanta relatividad entre tales conceptos que

el bien de unos es el mal de otros y viceversa. Un punto

capital estaría en no ofender o desamar al prójimo en

las acciones individuales o colectivas. Por ahí vemos,

o mejor dicho, avaluamos la complejidad del asunto

porque el hombre sobre la tierra, en el trabajo de la construcción del progreso, en la formación de las naciones, en síntesis, de las civilizaciones, encuentra constante-

mente razones egoístas para contrarrestar los principios idealistas de la moral que es en realidad comprensible

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A.

AUSTREGESILO

bajo dos aspectos: el ideal y el práctico, el simbólico y el pragmático. Como vimos en páginas anteriores, la fórmula depende de circunstancias especialisimas: de la época, de los pueblos, de momentos críticos o de transmu- taciones sociales. Las épocas antiguas, medias, modernas y contemporá- neas ; la índole de los pueblos persa, griego, romano, bár- baros como los germanos, los hunos y los alanos; las épocas de la Edad Media y del Renacimiento; los ful- gores de la civilización francesa, inglesa, tudesca y esta- dounidense dan aspectos diferentes para el pensamiento idealista o abstracto de la ética. Existe comprensión universal, sin embargo polimorfa e inestable de la mo- ral, con el auxilio de las nociones del bien, de la honra, del derecho, de la virtud, de la fe, etc. Ningún sabio o filósofo sería capaz de codificar los principios rígidos e inconcusos para la estabilización de la ética.

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CAPÍTULO

VIII

MORAL

METAFÍSICA

Habiendo tratado de la moral religiosa podríamos in- cluirla en este capítulo. Sin embargo, dadas las conexio- nes existentes entre la filosofía y la ética, trataremos es- pecialmente de los autores y filósofos modernos que edi- ficaron sobre los elementos subjetivos el fundamento de la moral. Podemos tomar como paradigmas a KANT y LBIENITZ que instituyeron los principios umversalmente conocidos acerca del tema que estudiamos. Emanuel KANT, autor de la Crítica de la razón pura, de la razón práctica y de la facultad de juzgar, fue con- siderado mundialmente como el mayor pensador de su tiempo. La moral de este célebre filósofo es dogmática, racional; estriba en la noción del imperativo categórico que es el deber. Admitida por él la inmortalidad del al- ma, no podría dejar de concluir en la existencia de Dios,

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A. AUSTREGESILO

carao moralista teólogo. Su filosofía produjo verdadera revolución en las ideas del intelectualismo humano. Pro- pone someter a la crítica todos los conocimientos (doctri- na del cristianismo), esto es, los objetivos y los subjetivos. La razón aplica la forma a la materia. Juzga que hay en las cosas lo que realmente encierran, de acuerdo con las ideas apriorísticas o puras. La moral depende de la razón. Cree en la libertad, en la ley imperativa del de- ber, en la necesidad de la armonía entre la felicidad y la virtud, de acuerdo con la existencia de Dios. La moral de KANT es severa, fundada en la idea del bien absoluto, lo que, lejanamente, recuerda el estoicismo. La teoría del derecho de la moralidad descansa en la metafísica que forma su lastre filosófico. La crítica de la razón pura prepara la crítica de la razón práctica. Si verificáramos los puntos capitales de la moral de KANT, notaríamos que son cuatro: 1º) Existencia de una ley moral para el hom- bre y sus consecuencias; 2 o ) naturaleza y deber; 3°) con- dición de la moralidad; 4º) fórmulas de la ley moral.

KANT formuló ]a ética sobre el hecho de la razón, esto es, la existencia del deber que es fundamentalmente ca- tegórico por el concepto de la conciencia; ese deber po- see valor absoluto y encierra tres condiciones esenciales para su comprensión: la libertad, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios. La naturaleza del deber reposa en la naturaleza del bien, que cumple sea absoluta, hacia lo cual el hombre se encamina, y que constituye el principio de la ética. Las nociones de bien y de deber se completan. Hay, pues,

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MORAL BIOLÓGICA

necesidad de obedecer a la ley por el respeto a la propia ley. En el formalismo moral de KANT el bien deriva del deber. Para que haya moralidad es indispensable la buena voluntad, esto es, la segura intención del cumplimiento de la obligación. El sentimiento de respeto que acompaña a la obedien- cia a la ley resulta del amor a la propia ley. Es indis- pensable que la buena voluntad sea espontánea y autó- noma. Para la comprensión de la moral es indispensable

la noción imperiosa del deber. El respeto absoluto al

prójimo es el fundamento del derecho como obligación. La moral kantiana, de manera abstracta es lógica y ac-

cesible a los espíritus de la generalidad. Sin embargo,

el concepto del deber es meramente subjetivo porque no

todos lo comprenden de la misma manera. La conciencia

del deber es postulado abstracto, porque cada individuo en sí fundamenta el precepto según el temperamento y el carácter personales. Es muy difícil asimilar la com- prensión del imperativo categórico de manera concreta

o pragmática. Hay un deber subjetivamente perfecto y

abstracto y es la noción del deber humano. El deber abstracto o idealista coincide con la noción de la perfec- ción, lo que es asunto discutible ante el hombre. No se puede concebir la ética sin admitir la posibilidad de su generalización al género humano. En resumen, el prin- cipio del deber debe coincidir con la idea de Dios que es juzgado por los teístas como ser infinitamente bueno, sabio y justo.

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A.

AUSTREGESILO

CRESSON, en la crítica acerca de la moral kantiana, di- ce en conclusión, que peca por el concepto. KANT saca las consecuencias de los principios que él mismo estable- ció. En realidad, ninguna doctrina ética es más seduc- tora que la que se basa en el cumplimiento del deber. El mal está en la elasticidad de la comprensión de lo que es el imperativo categórico de la obligación. KANT no puede probar la existencia universal del de- ber que sólo puede ser dada por la conciencia. Ahora el criterio de conciencia es muy vago para que sobre el mismo se pueda establecer la noción exacta del imperati- vo. Tenemos que hacerla coincidir con la teología que resume en la verdad la más simpática manera de conce- bir la ética. La condición precipua de la ciencia de las costumbres está en la práctica del bien encarado individual o colecti- vamente. La cuestión del buen comportamiento excede muchas otras nociones que alcanzaron varias divisiones del pensamiento, del sentimiento y de la acción. Sabemos que los términos justos de tales principios son meramente especulativos, porque inciden en variaciones cronológi- cas y mesológicas de las civilizaciones. Individuos, pue- blos, razas, actúan a veces tan desarmónicamente con las concepciones derivadas de la moral, que estamos obli- gados a admitir que la ética es variable y no puede ser establecida ni rígidamente codificada. El estudio comparativo de las civilizaciones señalado por la historia universal nos lleva a esta conclusión, a

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MORAL BIOLÓGICA

pesar de tener la sincera convicción de que moralmente la humanidad no evolucionó ni se ha perfeccionado. Todos los principios metafísicos contenidos en las doc- trinas kantianas se sobreponen al platonismo, en la ad- misión de un ser supremo, modelo del bien y de la vir- tud. La admisión de Dios resume, pues, toda la noción del imperativo categórico, o mejor dicho, del deber en el concepto de la moral kantiana.

Entre nosotros, FARIAS

BRITO y JANUÁRIO L. GAFPRÉE

trataron analíticamente la obra del filósofo de Koenis- berg. Ambos trataron más del criticismo del filósofo que de la ética. La metafísica de KANT no se comprende en el antiguo sentido de la palabra. Es, como dice FARIAS BRITO, "pro- ponerse únicamente a la determinación de los límites del conocimiento, esto es, apenas el análisis de la expe- riencia; por esto las ideas kantianas tuvieron tanta re- percusión en el mundo entero". A pesar de tales con- ceptos, KANT admite la existencia de Dios como proto- tipo de la perfección y como consecuencia el punto capi- tal para el concepto de la moral.

Las nociones del alma, mundo y Dios admitidos por KANT, formaron su estructura de la metafísica racional. El criticismo de este filósofo alemán nació del cono- cimiento del valor de los conceptos abstractos o concre- tos. El criticismo se asienta esencialmente en admitir que hay uso legítimo de las concepciones y de los prin- cipios del entendimiento puro, que consiste en pensar según las formas que el espíritu imprime. El uso legíti-

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A.

AUSTREGESILO

mo está en considerar los mismos conceptos como si fue- sen los propios objetos desconocidos o verdades objetivas, esto es, las consecuencias a que somos conducidos sin jus- tificativo de lógica. Los problemas que la razón especulativa no puede re- solver, la razón práctica puede suministrar, especialmen-

te para ciertas creencias o determinados principios. Hay

por eso motivos morales que conducen a soluciones que no pueden ser teóricamente establecidas. Esa actitud cons- tituye el neocriticismo adoptado por el filósofo francés RENOUVIER. El criticismo procura, pues, determinar los límites dentro de los cuales el entendimiento humano puede ejercer su acción.

Esta noción se halla en la Crítica de la razón pura,

obra en que KANT traza los límites para el ejercicio de

la razón especulativa en los puntos en que las verdades

metafísicas no pueden ser alcanzadas. En la razón práctica, el filósofo trata del sistema de moral, basado en las verdades transcendentales a que la razón pura no puede elevarse.

Antes de KANT, LEIBNIZ, en la Teodicea, había estu-

diado los datos de la moral teológica, comprendidos por

la armonía universal, expresión legítima de la fuerza di-

vina y del camino seguro hacia la comprensión del opti- mismo que es su forma filosófica.

El optimismo metafísico de LEIBNIZ tenía como esen- cia aceptar la noción de que Dios hizo el mundo perfecto

y que las pequeñas demostraciones del mal servían para

resaltar la euritmia del universo. Teólogo convencido y

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MORAL

BIOLÓGICA

apasionado, llevaba dentro del espíritu la noción de la bondad, según so puede deducir de toda su obra de fe teológica, como observamos en el discurso sobre la con- formidad de la razón con la fe y también en la corres- pondencia asidua con BOSSUET y PELLISSON. La hipótesis de la armonía preestablecida fue creada por LEIBNIZ para admitir la existencia de los dos mun- dos, el material y el intelectual, sin embargo separados; y que se moverían como dos relojes que trabajasen siem- pre ajustados sincrónicamente, pero sin influencias mu- tuas. La noción del bien racional resume, para LEIBNIZ, la condición • primacial del placer del espíritu, nacido del principio de que Dios preparó el mundo perfecto y que la existencia del mal sólo sirve para comparación y exal- tación del bien y de la grandeza divina. El optimismo exagerado de LEIBNIZ y de FENELÓN dieron oportuni- dad a críticas severas por parte de literatos, especialmen-

te

de

VOLTAIRE.

No podemos adoptar tales doctrinas como fundamento de la moral, que es teológica y metafísica y coinciden con el tomismo o el kantismo. No podremos resumir todas las opiniones de los diferentes teólogos. Daremos apenas las doctrinas de los filósofos que más influencia ejercieron en la corriente espiritual del mundo en las épocas pasa- das y presentes. Entretanto, no dejaremos de registrar aquí el nombre de PASCAL que indudablemente encendió en la espirituali- dad humana, especialmente en la latina, principios no-

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A.

AUSTREGESILO

tablea. Pensamientos y doctrinas expresivas del genio demostraron la fusión del espíritu científico con la fe ardiente y profunda. El teísmo de PASCAL descansa en el racionalismo espiritual. En los Pensamientos se hallan resumidos todos los elementos de la moral cristiana que era el atributo de su alma. El esplritualismo formó su personalidad.

66

CAPÍTULO

IX

COMPRENSIÓN DE LA MORAL SEGÜN HERBERT SPENCER

La filosofía evolucionista de HERBERT SPENCER, habien- do abarcado todos los fenómenos objetivos y subjetivos, incidió en la moral del bien, conocida como la ética del Ego-altruísmo. Según el pensador inglés, en el bien pro- porcionado a la especie o al semejante existe el provecho individual, o de otra manera, siempre el hombre saca para sí ventaja aunque beneficie a otro. En el altruismo que encierra el sentimiento de auxilio o de amor al semejante, no está contenido exclusivamente este bien idealista y renunciador, como se nos depara en la filosofía de AUGUSTO COMTE. En la lógica sentimental de la ética yernos que la ten- dencia altruista es corolario del bien. HUTCHESON admi- tía la benevolencia, porque los hombres poseen la incli- nación natural para desear el bien a sus semejantes,

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A. AUSTREGESILO

pues, según este filósofo escocés debe considerarse el ins- tinto de la benevolencia como el elemento principal de la ética, a pesar del olvido de los deberes de los hombres entre sí y de las obligaciones ante Dios. A. SMITH admite la moral de la simpatía, esto es, afir- mada en el instinto que el hombre posee de estar en ar- monía con sus semejantes. En vez de simpatía, podría- mos admitir la noción del respeto que es muy variable de individuo a individuo, de pueblo a pueblo, lo que re- duce mucho la corporificación altruista de la moral, y concluímos en que la supuesta simpatía humana termina en verdadera noción puramente subjetiva y no pragmá- tica. Podríamos invocar como sustentáculo de la moral altruista el sentimiento de honra; sin embargo sabemos que esta noción es variable, con las épocas y los pueblos, y no podría ser para la humanidad la regla suprema y el motivo final de sus acciones. Nada más interesante que la idea del bien, sea senti- mental, sea racional, admitida como fundamento de la ética; no obstante, no estamos seguros de que sea preci- samente el bien. En el libro que publicamos acerca de los Ensayos de filosofía biológica, traté del balance del bien y del mal. Podemos admitir que el deber es la incli- nación imperativa de practicar el bien, que incluye la tendencia a la perfección. El bien puede ser comprendido como todo lo que morahnente sirve para perfeccionar al hombre: Bonum quia imperatum; malum quia prohi- bitum.

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MORAL BIOLÓGICA

La doctrina filosófica evolucionista de HERBERT SPEN- CEE considera naturalmente la moral la estación, más diferenciada de la humanidad. Los embasamientos esen- ciales se hallan en la percepción del egoísmo y del altruis- mo, tendientes al bien. La comprensión del altruismo esclarece el origen del procedimiento del hombre ante sus iguales. La verdad es que en la práctica del altruismo hay siem- pre parte apreciable de egoísmo. En la formación de las sociedades, de acuerdo con el grado de civilización, el hombre pensó siempre en el bien colectivo sin olvidarse de sí mismo. El altruismo familiar y el social están som- breados por el egoísmo, "la plenitud de las satisfacciones egoístas en el estado de sociedad, depende primeramen- te de la manutención de las relaciones morales entre los esfuerzos dispensados y los beneficios obtenidos, relación que es sustentáculo de toda la vida". Sabemos que la dependencia del egoísmo y del altruis- mo es más o menos general en todas las sociedades. Exis- ten, tal vez, pueblos que se dedican más que otros al bien humano. Se ha visto a los norteamericanos que en todos sus actos privados o colectivos, nacionales o extranjeros, poseen el designio de lo humanitario. Es claro que la moral tiene dos graduaciones, según el filósofo inglés: la absoluta y la relativa. Como con- cepto abstracto la moral absoluta deberá vencer a la relativa. Tendríamos que considerar al hombre ideal, existente en el estado social ideal. Cumple, pues, pensar en el pro-

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A. AUSTREGESILO

cedimiento del hombre en el medio en que se desenvuelve. Si acompañáramos la historia de las civilizaciones des- de las épocas antiguas hasta el momento contemporáneo, asistiríamos al desarrollo de situaciones individuales y colectivas que hacen considerar la ética como elemento subjetivo móvil. La acción de los persas, de ]os helenos,

de los alanos hasta la edad media; los hechos guerreros

y sociales de los ingleses, franceses o alemanes; las trans- mutaciones sociales contemporáneas, europeas o america- nas indican cómo el clima moral se modifica constante- mente. Hay ondas periódicas de modificaciones en la organización de la espiritualidad y de la acción huma- nas. El concepto de la justicia, de la moral y del derecho son tan variables que se dirían dispares en tiempo de orden y de revoluciones, de paz y de guerra. La ver- dad final es que predomina más el egoísmo a pesar del esfuerzo máximo para la adopción del altruismo, según

el pensamiento bíblico, spenceriano o comtista. La expre-

sión y la comprensión de la ética están en la tendencia

del hombre hacia el buen procedimiento en beneficio de

su semejante, de la familia, de la sociedad, de la patria

y de la humanidad. No es fácil juzgar la situación de

un pueblo sin conocer de él el medio, la raza y la época en que existió.

Sabemos, según SPENCER, que el egoísmo es más impe- rioso que el altruismo, sin embargo podemos comprender también que haya naturalezas menos egoístas, que predis- ponen a la perfectibilidad ética. Para que haya asimi- lación del altruismo es necesario admitir el procedimien-

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MORAL BIOLÓGICA

to del hombre desprendido de sus prerrogativas máximas egoístas en beneficio de otro o de la colectividad. La situación del individuo en general y la respectiva evolución de este procedimiento lo llevan a la mala o a la buena acción en el medio en que vive. No se puede juz- gar fácilmente esa norma individual porque muchos fac- tores pueden modificarla. El aspecto físico, biológico, psicológico y el sociológico contienen interpretaciones di- ferentes según el propio HERBERT SPENCER. NO es fácil, pues, establecer la crítica ni la explicación de los factores que mencionamos. La comprensión del bien y del mal, del placer y del sufrimiento, de los instintos y de la razón, de la época y del medio, del elemento étnico y del grado de civilización torna naturalmente difícil la ideación implícita del pro- blema ético. Por eso dice el filósofo inglés: "d e acuer- do con las diversas teorías morales y la importancia que merecen, la situación individual bajo las formas más ele- vadas debería tener como guía las percepciones innatas del bien, convenientemente esclarecidas y establecidas por la inteligencia analítica hacia el fin supremo que es la felicidad personal y general'". Vimos en páginas anteriores cómo son relativas las ideas del placer y del dolor y cómo el egoísmo se opone ins- tintivamente al altruismo en todas las condiciones bioló- gicas y sociológicas. Como consecuencia, el altruismo cuenta con elementos morales contrarios al egoísmo. Por esto toda acción humana en torno de los factores sociales es presidida por el binomio egoísmo-altruismo, y así se

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A.

AUSTREGESILO

puede comprender que haya conciliación de los dos tér-

minos en favor de un ideal para beneficio

humanidad. El dominio de la moral está comprendido en el com- portamiento especial del hombre ante la humanidad. La moral tiene por objeto la acción familiar o social; la ética posee campo más vasto de lo que ordinariamente se juzga. Comprendemos que dos puntos capitales son encarados por la ética: la acción individual y la social. En el com- portamiento individual pueden aparecer beneficios ne- gativos o positivos. Por esto no podemos establecer un código de procedimiento personal perfecto. Lo que el hombre consigue preparar y ejecutar como principio ge- neral es la cooperación recíproca. Así, concluye HERBERT SPENCER, "la moral absoluta no puede prestar gran au- xilio a la moral relativa; entretanto, ella tiene en otros casos alguna utilidad y presenta a la conciencia la consi- deración ideal de las diferentes pretensiones en juego y sugiere el logro de compromisos". La noción ideal de la ética resume evidentemente la base de la moral absoluta, que se concretaría en el bien general humano. Naturalmente sólo la podemos compren- der en el dominio abstracto de las religiones y de las fi- losofías. Sin embargo, las mayores objeciones que tene- mos que hacer son consecuencia de la naturaleza humana, especialmente en los factores biológicos y psicológicos. Los factores biológicos se ligan a las dos leyes universales de la vida que son: la nutrición y la reproducción; aquélla

de

toda la

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MORAL

BIOLÓGICA

garantiza al individuo y ésta la especie. Las simbolicé en las expresiones Fames y Libido para demostrar cómo en cualquier acción del ser biótico hay siempre predominan- cia de las fuerzas arriba mencionadas. Los elementos psicológicos que forman la armazón de la personalidad se confinan en la conciencia que simbolicé en la expre- sión Ego que aparece como el tercer radical del trinomio Fames, Libido y Ego que forman el fundamento de la moral biológica. La conciencia abarca el pensamiento y

el sentimiento. Por más que el hombre se esfuerce, salvo rarísimas ex-

cepciones, no deja de sacar para sí la mejor parte que le cabe en la existencia. Así como hay individuos, hay pue- blos que apuran el egoísmo como principio de la acción. Se han visto los germanos y los japoneses en oposición

a los latinos y a los anglosajones, especialmente a los

estadounidenses. Estoy en pleno acuerdo con las ideas expresadas por FÉLIX LE DANTEC en la obra clásica acer- ca del egoísmo, el fundamento de todas las sociedades. "Nuestro barniz de hombres civilizados no impide que cuando se lo raspa levemente, se encuentre pronto al hombre antiguo, al habitante de las cavernas."

El individuo, el medio y la lucha de la vida forman las condiciones óptimas para orientar la posición del hombre ante otro hombre. Así, en todas las fases de la

vida individual, de la familia, de la patria y de la socie- dad, asistimos a la contextura de los principios del deber

y del derecho, sin embargo prontamente contrahechos por

las manifestaciones egoístas. Todas las expresiones del

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A. AUSTREGESILO

egoísmo se manifiestan a pesar de los esfuerzos de seres superiores del medio, ya intelectual, ya sentimentalmente encaradas. Comprendemos que el altruismo sea la esen- cia de la moral absoluta pues incluye en sus principios la perfección y la renuncia. En un librito que escribí acerca de la función social y moral de lo mío y lo tuyo demostré que estas (ios ma- nifestaciones del egoísmo son las fuerzas psicológicas y éticas que conducen al hombre a practicar el bien y el mal, en el ansia de lo mayor y de lo mejor que atormen- ta su personalidad. La crítica que merece el concepto ético de HERBERT SPENCER está en que se apoya en prin- cipios meramente filosóficos, en la doctrina de la evolu- ción aplicada a la moral. Parte del principio de que el hombre procura en primer lugar la felicidad personal y después piensa en la felicidad de los otros; aparecen así los sentimientos altruistas. He aquí la moral del ego- altruísmo del filósofo inglés. La naturaleza humana es egoísta, a pesar de la ley de la evolución mejoradora, el hombre nunca se desinteresa de sí. Es sabido que las tendencias egoístas luchan cons- tantemente contra las altruistas. Solamente la lógica de los sentimientos y del pensamiento podría, por supremo esfuerzo, apartar las fuerzas naturales egoístas. Es difí- cil comprender que del egoísmo partan los sentimientos altruistas. En realidad los dos principios elementales para la com- prensión de la ética están en el exacto entendimiento del bien humano y del deber individual. La conjunción de

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MORAL BIOLÓGICA

estos dos factores traería el placer intelectual y senti- mental. Todo esto está expuesto y adoptado en las reli- giones y en las diversas filosofías. La gran verdad es que tales principios parten de idealismos y que no respetan la esencia de la naturaleza humana. Las leyes biológicas muchas veces contrarían los principios abstractos de la moral, de la justicia o del derecho. Tales fuerzas bióticas deben ser coordinadas y modificadas de acuerdo con los principios científicos concretos y no por preceptos aprio- rísticos. Que no sea esta orientación la puerta ancha o abierta hacia todos los crímenes o hacia tocios los males humanos. Modus in rebus. Son muy complejos los principios psicológicos de la personalidad humana e innegablemente es muy difícil legislar en materia de ética cuando ésta se construye en principios empíricos. La historia de la humanidad es desconcertante, porque las transmutaciones psicológicas de las civilizaciones demuestran que la ética práctica se ha modificado sorprendentemente. A pesar de los vór- tices sociales, parecen persistir como esencia idealizadora de la ética la noción del bien colectivo y del deber indi- vidual. Sin embargo, tales principios son meramente abs- tractos y partieron ora de la metafísica, ora del empiris- mo anacrónico y a veces meramente especulativo de los sueños humanos. Que estas palabras no sirven de terreno propicio para las doctrinas inconoclastas. Todo lo que se hace para el mejoramiento de la humanidad sintetiza un problema de

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A.

AUSTREGESILO

moral en el aspecto psíquico, cultural, físico y material. Todos los esfuerzos para la consecución de los principios de la moral Ego-altruísta se apoyan en la evolución de la especie humana; infelizmente han sido desmentidos por los sucesos de la historia. Las mutaciones civiliza- doras que ora destruyen, ora elevan las fórmulas sociales, nos llevan a opinar que el hombre moralmente se ha per- feccionado poco. En cuarenta siglos transcurridos reapa- recen periódicamente, a veces lentamente, a veces súbita- mente manifestaciones de decadencia y de elevación de razas, pueblos, países y continentes. Llegaremos a la con- clusión absurda de que la humanidad que es el gran ser, hace lo que quiere; comete desmanes, es atacada por accesos ora de locura, ora de barbarie; sin la obediencia u observancia de principios justos de cultura espiritual. Son terremotos ritmados que agitan los sentimientos en olas de insanias o de calmas.

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CAPÍTULO

X

MORAL POSITIVA SEGÚN EL CONCEPTO DE

AUGUSTO

COMTE

De todos los sistemas filosóficos conocidos, el que ma- yor éxito logró en el Brasil fue innegablemente el positi- vismo. Con el advenimiento de la República se tomó la política de AUGUSTO COMTE como estructura de los prin- cipios constitucionales del país. La nueva forma de go- bierno fue apoyada y proclamada por el ejército que poseía como ideal filosófico y científico el positivismo. Al frente del movimiento republicano y como dirigente espi- ritual de la mocedad militar se hallaba la figura austera y al mismo tiempo cultísima de BENJAMÍN CONSTANT. En otros centros del Brasil como Pernambuco, San Pablo, Bahía, especialmente en Río Grande do Sul se contaban adeptos y entusiastas de la nueva doctrina. Entretanto,

"a pesar de

que todo hombre civilizado es positivista, en mayor o

como dice PEDRO PINTO

(PAULO AUGUSTO),

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A. AUSTREGESILO

menor grado de evolución, son en número pequeño los positivistas sistemáticos, sujetos de manera consciente

a la doctrina",

MIGUEL LEJÍOS, TEXEIRA MENDES, PEREIRA BARRETO y

algunos otros se tornaron paladines, entre nosotros, de

la filosofía positivista, de manera que con la fuerza moral

de estos hombres notables pronto se fundó en Río de Ja- neiro la escuela nacional positivista que se caracterizó por publicaciones de obras, construcción del templo y

práctica social de la mencionada doctrina. Bien pensado,

el

concepto filosófico de la moral positiva se encuadra con

el

materialismo y al mismo tiempo con la moral biológica

científica de que trataremos después. Como bien dice AUGUSTO COMTE (citado por IVÁN LINS) , "a pesar de la extrema dificultad de los asuntos que constituyen el objeto de la moral, oso afirmar que, con- venientemente tratados, comportan conclusiones tan cier- tas como las de la misma geometría. No podemos, sin

y

duda, alimentar la esperanza de volver jamás suficiente- mente accesibles a todas las inteligencias las pruebas po- sitivas de varias reglas morales, destinadas, entretanto, a la vida común. Lo mismo se da, sin embargo, con diver- sas prescripciones matemáticas, que son todavía aplica- das en las ocasiones más graves, en el caso, por ejemplo,

de los navegantes que arriesgan diariamente la existencia,

dejándose guiar por teorías astronómicas que de ningún modo comprenden: ¿Por qué motivo no sería concebida igual confianza a nociones todavía más importantes?"

Al positivismo y al materialismo se opone el espiritua-

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MORAL BIOLÓGICA

lismo que establece la distinción capital del espíritu y del cuerpo. Ora, evidentemente la humanidad es más espiri- tualista que materialista. La mejor prueba está en el dominio de las religiones que gobiernan, los sentimientos y el espíritu colectivo de los pueblos. La esencia de la moral positivista está en el bien humano definido ética- mente por el altruismo. El cristianismo adopta el prin- cipio de que se debe amar al prójimo como a sí mismo. En el positivismo el hombre debe amar más al semejante que a sí mismo. La fórmula capital está en el siguiente principio: vivir para los demás. Según AUGUSTO COMTE la vida está hecha para vivir en comunión social y ésta no puede ser comprendida sin el sacrificio, el renuncia- miento y la dedicación. Así, el altruismo es la consecuen- cia lógica de la tendencia natural del hombre de vivir en sociedad.

Abstracta o idealmente el individuo debería hacer to- dos los sacrificios para el bien común o colectivo; sin embargo el hombre posee derechos y prerrogativas per- sonales que no siempre puede sacrificar al bien común para la armonía de sus semejantes. La consecuencia teó- rica de ese renunciamiento terminaría en acción contra- ria, porque si todos los hombres se sacrificasen completa- mente a sus semejantes nadie debería aceptar el sacrificio de otro, ]o que no puede ser claramente comprendido. Aseguramos que el altruismo absoluto y completo no es sino idealismo moral, porque todo acto humano está representado por la defensa biológica que se transmuta

En el aspecto teórico o

en acción psicológica y moral.

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A.

AUSTREGESILO

idealista nada contiene mayor sublimidad de concepto que el altruismo. Infelizmente este idealismo es incom- patible con la naturaleza humana dados los radicales bió- ticos que la componen: la nutrición, la reproducción y la conciencia simbolizadas en las expresiones Fames, Li- bido y Ego. No podemos negar que la tentativa de AUGUSTO COM- TE estableció un paso hacia la comprensión de la posibi- lidad de moral sacada de los elementos naturales cono- cibles, sin que haya necesidad de invocar fuerzas sobre- naturales para la adopción y la consecución de la ética humana. En realidad, la mayor parte de los seres pen- santes que se dedican al estudio de las cognaciones espi- rituales no podrán dar sanción a las fórmulas usadas del materialismo o del positivismo filosófico. En el Brasil, donde existe predominancia del espíritu místico, no se podrá concebir la existencia de la moral biológica o cien- tífica que contiene principios abstractos, que no se coa- dunan con las leyes rígidas de la materia. Mientras tan- to, la moral biológica no coincide totalmente con la moral materialista o positivista. Para los biólogos y para los hombres de ciencia la moral constituye una fórmula idea- lista para el bien relativo de la humanidad, porque la armonía universal es incompatible con fundamentos de la naturaleza humana.

En todos los principios establecidos por AUGUSTO COM- TE hay fórmulas esquemáticas guiadoras de la humani- dad, sea en las ciencias abstractas y concretas, ya de la posición del hombre en el medio biológico o social. De

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MORAL BIOLÓGICA

ahí los conceptos de la religión y de la moral positivas que dan interés a la filosofía de AUGUSTO COMTE. Son palabras del propio AUGUSTO COMTE "bajo la relación estática o bajo el aspecto dinámico el individuo no es en el fondo sino pura abstracción; sólo la humanidad es real, especialmente en el orden intelectual y moral". Todos los principios o axiomas de AUGUSTO COMTE son comprensibles y humanos. La humanidad es el gran ser y la tierra el gran hechi- zo. En la sociología y en la ética la doctrina positivista se muestra siempre preocupada por el bien humano. Se han visto los aforismos de AUGUSTO COMTE, que sirven de apoyo a los elementos sociológicos. "E l amor por principio, la orden por base, el progreso por fin", encie- rra el idealismo para el bien del hombre en el medio a que biológicamente fue destinado. "La ciencia sirve para la prevención." La moral del matrimonio encierra la arma- zón ética de la familia. En realidad todos los apotegmas comteanos son caminos trazados para el bien y la armonía de los hombres entre sí. El intelectualismo que preside la filosofía positivista demuestra la superioridad espiri- tual en que fue trazada, desde la razón hasta la mística. Infelizmente la humanidad no está preparada para asi- milar los fundamentos del positivismo, especialmente en aquello que se refiere a la moral. Los puntos débiles de la doctrina a mi ver se hallan en los moldes místicos, esto es, en aquello que se refiere a la religión. Evidentemente AUGUSTO COMTE sacó muchos preceptos y rituales del cristianismo, especialmente del catolicismo, lo que de cier-

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A. AUSTREGESILO

ta manera demuestra contradicción porque el cristianis- mo y el catolicismo son expresiones del esplritualismo, de la metafísica mística, lo que en principio está en oposi- ción al concepto materialista del positivismo. Los secta- rios de la filosofía de AUGUSTO COMTE dicen que los crí- ticos no comprenden bien la finalidad de los principios místicos de la religión positivista, y que las contradiccio- nes son aparentes más que reales, pues la religión positi- vista está asentada sobre embasamientos positivos y no metafísicos. Es posible que haya razón; sin embargo la finalidad mística de la religión positivista se conecta a veces con los misterios del sentimiento y de la espiritua- lidad, lo que forma una especie de terreno neutro entre el materialismo y la metafísica. Según el pensamiento del propio AUGUSTO COMTE, la preponderancia filosófica del espíritu sociológico da a la ética derechos eternos, pues "a consecuencia de la su- premacía mental sobre la construcción social, la moral restablece con enérgica eficacia el reino continuo del es- píritu de conjunto al cual el verdadero sentimiento del deber queda siempre profundamente ligado". Para el positivismo en moral, la idea de la humanidad debe ser preferida a la idea de Dios. El hombre en colectividad, o mejor dicho el gran ser, justifica la exis- tencia de la ética verdaderamente real y positiva que, apartada toda esperanza y despreciado todo temor qui- mérico, eleva la especie humana. La ética positivista que sólo reconoce los límites de orden real debe ser modifica- da progresivamente para ventaja de las sociedades y del

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MORAL BIOLÓGICA

individuo. La doctrina positivista tuvo y tiene sectarios apasionados, intransigentes y detractores. No podemos negar que un paso dado por el positivismo produjo en el mundo civilizado cierta revolución, porque el evolucio- nismo, el materialismo y el positivismo dieron orientación filosófica a un gran período del siglo XIX. Lo que hay de aprovechable en la moral positiva es lo siguiente: el altruismo como guía del bien humano, no exige recompensas metafísicas o místicas. El bien es he- cho por acto de conciencia o de deber sin promesas ni pagas. Podemos resumirlo en el siguiente postulado: el bien colectivo redunda en el bien individual, y el deber individual en armonía humana. Si fuéramos a especular acerca de la posición psicológica en el medio social ten- dríamos que establecer, para la consecución de la moral positivista la educación del carácter o el perfecionamien- to de la voluntad para que exista el bien colectivo y la armonía social. El altruismo sería constituido por la serie de renuncias individuales a fin de que sea cons- truido el bien universal. Infelizmente la constitución de las sociedades modernas y la índole de las razas y de los pueblos son elementos contrarios a la existencia del al- truismo ideal. Es verdad que los pueblos más civilizados pregonan siempre en sus estatutos el mejoramiento hu- mano por leyes y principios que garanticen el bienestar de los individuos en el medio en que viven. Los códigos, las leyes, las constituciones, la higiene, el amparo a las clases menos favorecidas, etc., revelan la preocupación de las naciones civilizadas para armonizar homólogamen-

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A.

AUSTREGESILO

te los individuos en sí y las sociedades en conjunto. Le- yes de cultura espiritual, cuidadosas, higiénicas, defen- soras del derecho y de la ética demuestran cómo todos los pueblos civilizados se esfuerzan para el beneficio de la humanidad. Infelizmente los tumultos internos y exter- nos de las naciones, las transmutaciones sociales misterio- sas a que son conducidos los pueblos, según el testimo- nio de la historia, sirven de demostración de que el altruis- mo, que es principio admirable, no existe en las propor- ciones idealizadas por el positivismo. A lo que parece, continúa la anarquía mental que señalaba el propio AU-

GUSTO COMTE.

El materialismo y el positivismo son diferentes. Como dice IVÁN LINS, "el materialismo es la observación cien- tífica que consiste en degradar las especulaciones más nobles, reduciéndolas a las más groseras, al paso que el espiritualismo es la tendencia teológica-metafísica según la cual los fenómenos superiores se independizan por com- pleto de los inferiores y, por el contrario, los dominan". El positivismo no es materialista. La esencia de la doc- trina está edificada en hechos positivos y no especulati- vos. La ciencia, pues, constituye innegablemente el ar- mazón sólido para la elevación de las ideas positivistas. La filosofía debe ser positiva, esto es, en vez de perderse en estériles especulaciones, procurará asentarse sobre la naturaleza evidente de las cosas o de los fenómenos, es decir, la representación única del universo cósmico. Las nociones de causas primarias y finales son vacías de sen- tido. Todas las ciencias convergen hacia la sociología y

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MORAL

BIOLÓGICA

como consecuencia, hacia la moral. La sociología que es estática y dinámica, que estudia el individuo y la familia y que se ocupa del desarrollo de las sociedades, es escul- pida en la ley de los tres estados, teológico o ficticio, me- tafísico o abstracto y positivo o científico. El culto a la humanidad forma la cúpula del positivismo. La división establecida por AUGUSTO COMTE con res- pecto a las civilizaciones demuestra la modificación del espíritu humano con relación a la sociología y a la moral. Los estados teológicos, metafísicos y positivo reúnen para el filósofo francés los grados de la formación espiritual en lo que se refiere a las sociedades y a la ética. Gran predominancia ejerce la metafísica desde el tiem- po de ARISTÓTELES. La metafísica incluía en los estudios de los primeros principios de los fenómenos, esto es, la filosofía primaria de ARISTÓTELES. Actualmente la ex- presión metafísica se emplea en sentido muy vago y se refiere a los altos, difíciles y generales problemas filo- sóficos. La física resume el conocimiento de las causas materiales y eficientes o mejor concretas. La metafísica está destinada a las leyes o causas abstractas de la feno- menología. Tiene por objeto las investigaciones de la finalidad, lo que se opone a la ciencia positiva, o más precisamente, a la ciencia en sí. Los filósofos metafísicos siempre se preocuparon por las cuestiones meramente especulativas, especialmente por las que trataban de las causas primarias y finales.

La me-

ditación de lo absoluto forma el plinto de sus estudios,

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Dominan la abstracción y la transcendencia.

A.

AUSTREGESILO

Los metafísicos poseen necesidad imperiosa de formar le- yes generales que reflexionen sobre las nociones filosófi- cas que dicen respecto a la insolubilidad de las adquisi- ciones científicas. Naturalmente las nociones teológicas están incluidas en el largo palio de la metafísica, porque la idea de Dios coincide con la del absoluto. Filósofos como LEIBNIZ y KANT hicieron de la metafísica el fun- damento de sus meditaciones. En estas circunstancias procuraron por métodos meramente especulativos de ra- ciocinio establecer las primicias de sus respectivas doc- trinas. Los metafisicos siempre trataron de la esencia de las cosas, fijados en los conocimientos de la razón pura con sutilezas o transcendencias de argumentos o de prin- cipios, muchos de los cuales son obscuros o nebulosos para la comprensión general. El concepto dado por AUGUSTO COMTE de la moral po- sitiva, se aproxima al de la ética científica, que se cons- truye en las adquisiciones y en los hechos lógicos de la ciencia. Los elementos suministrados por la biología, por la sociología, preparan el camino hacia la moral científi- ca. No podemos afirmar que la moral positiva coincide exactamente con la moral científica porque muchos de los datos establecidos por AUGUSTO COMTE no están de acuerdo con los preceptos contemporáneos. Las nociones modernas derivadas de los estudios de genética, de la eugenesia, de la herencia patológica, de la endocrinología, de la vitaminología, de la escuela cons- titución alista especialmente formada en la biotipología, separan de cierta manera la moral positiva de la moral

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MORAL BIOLÓGICA

científica. Indiscutiblemente, AUGUSTO COMTE tuvo la intuición creadora al establecer las relaciones de las le- yes éticas con las adquisiciones de las ciencias. Sin em- bargo, como los progresos contemporáneos ultrapasaron los límites dados en su época por AUGUSTO COMTE, natu- ralmente estamos obligados a separar no de manera ex- clusiva, las dos variantes de la ética. Asistimos, no obs- tante, a las divergencias cuando el filósofo francés esta- bleció los principios de la moral, en reglas y preceptos que decían respecto a sus propios pensamientos en. vez de ser consecutivos al estado hígido del hombre. Existen grandes relaciones entre la moral y la religión positiva y ambas deben gobernar los pensamientos, los sentimientos y los actos. La moral, sin embargo, cuida especialmente del culto afectivo, como podemos verificar en el Sistema II, (360). La fórmula ya arriba mencionada "el amor por prin- cipio, el orden por base y el progreso por fin", resume el camino ético hacia el bien del gran ser. No podemos negar que AUGUSTO COMTE estableció los elementos para la comprensión de la moral científica, de la patología social e individual, para la interpretación de los actos contra la moral perpetrados por los pueblos y por los individuos. El concepto de la ética científica no debe cuidar sólo de los errores y de las situaciones amo- rales. Cúmplele establecer principios que se coadunen con la educación, la formación del carácter y el perfec- cionamiento cultural de los individuos. Concluimos, pues, en que innegablemente el filósofo francés cuya obra su-

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A.

AUSTREGESILO

cintamente analizamos, dió un gran paso hacia el concep-

to de la ética científica. El estudio comparativo de las épocas primitivas en que

la ciencia presentaba poco desarrollo, nos conduce natu- ralmente a la comprensión de que las nociones teológicas

y metafísicas habrían de formar el armazón de la ética.

Muchos filósofos de Oriente, de Grecia, de Roma, de Ale- mania medioeval y moderna, formularon siempre con- ceptos moralistas en principios, ora teológicos, ora meta- físicos. Las interpretaciones se erigían en doctrinas cuyo origen se hallaba en las raíces de la lógica especulativa.

Muchas ideas filosóficas eran formadas por las discusio- nes y por las relaciones del ser y del no ser, esto es, del hecho material y del elemento inmaterial de la cosa en sí,

y de aquello que a él se relacionaba, de lo finito y de lo infinito, de lo absoluto y de lo relativo.

Como vimos en las páginas anteriores, las doctrinas clá- sicas de los grandes filósofos giraban en torno del cómo

y del porqué de la fenomenología universal en que las

nociones subjetivas y abstractas tenían gran predominio. Desde los principios teofilosófieos de CONFUCIO, SAKIA- MUNI, CRISTO y MAHOMA hasta las ideas metafísicas de PLATÓN y ARISTÓTELES, que la cuestión de la moral se resumía en el bien humano, formulado por la colabora- ción de los hombres entre sí. Y hasta hoy son los mismos principios que predominan en el concepto de la ética. Na- turalmente, la evolución de los pueblos y la modificación de las civilizaciones trajeron elementos y subsidios dife- rentes para la comprensión de los problemas que varia-

MORAL

BIOLÓGICA

ron de acuerdo con el criterio de cada época y de cada pueblo. Lo que faltaba entre los antiguos era la inclu- sión biológica del hombre. El gran paso de la ética bio- lógica está especialmente formulado en el estudio de la naturaleza humana, del psico-soma, contemplado el tri- nomio nutrición, reproducción, conciencia, factores indis- pensables a la comprensión del problema en estudio.

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CAPÍTULO

XI

FILOSOFÍA Y MORAL DE NIETZSCHE

Tal vez no tengamos testimoniado en la historia del pensamiento humano un nombre que lograse mayor ex- pansión en los tiempos modernos y contemporáneos que el de FEDERICO NIETZSCHE. SU personalidad y doctrina tuvieron gran repercusión en los medios intelectuales ci- vilizados. Podemos clasificarlo como neoestoico, dadas sus ideas acerca de la cultura, de la energía moral y de la voluntad del poder. Entusiastas y opositores se cuen- tan por decenas. El fundamento de sus ideas es pesimista. La cultura de la fuerza moral intensa y perfeccionada forma el ar- mazón de su edificio ético. Para esto el individuo tendría que transformarse en ser superior o superhombre, en vir- tud, en voluntad, en el dominio del poder, que se puede comprender, según mi pensamiento, en el ansia de lo mayor y de lo mejor. Esa energía de la voluntad sería

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MORAL BIOLÓGICA

el eje de la ética individualista y de la política aristo- crática del superhombre que forma la idea capital de NIETZSCHE. Todos los biógrafos señalan su entusiasmo por el hombre ideal. EDUARDO SCHURÉ, por ejemplo, acentúa la fórmula individualista del autor alemán, el culto intensivo del yo, y afirma que hasta el presente no existe en la literatura contemporánea individualista más convencido y más radical que NIETZSCHE. Las fórmulas rígidas de sus aforismos lo tornan des- piadado, como bien se simboliza en Zaratustra, el profe- ta, con relación al pasado y al presente. El deseo de dominar es el centro del alma y la mira de la existencia humana. En toda la filosofía de NIETZSCHE existe la excelencia espiritual del superhombre, que se coloca por encima de la humanidad para imaginar la vida del hombre contemporáneo, mejor y superior. Hay, según NIETZSCHE, dos tipos éticos fundamenta- les: de un lado la moralidad de los esclavos o de los dé- biles ; del otro el de los fuertes, de los señores que deben dominar el mundo con la fuerza y el poder de la volun- tad, o con la energía de la acción moral. El principio que encierra este aforismo es caracterís- tico, "vivir peligrosamente y poseer el mayor placer de la existencia". STEFAN ZWEIG, en la rápida y brillante monografía acerca de FEDERICO NIETZSCHE, dice en conclusión que la tragedia de FEDERICO NIETZSCHE está representada por él mismo y tiene poca duración. '' Genio de las más vio- lentas posiciones definidas", tenía gusto en procurar las

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A.

AUSTREGESILO

peligrosas sendas del pensamiento para doctrinar a su manera. Apologista de la fuerza moral, se entusiasmaba por el concepto de la vitalidad eterna de la humanidad. Ora entusiasta de SCHOPENHAUER, ora entusiasta de sí mismo, veía en la cultura psíquica el gran esfuerzo hu- mano. "Sed puro" , exclamaba con la pasión sincera y brutal que lo caracterizaba. El espíritu crítico de into- lerancia que lo dominaba poníalo en situación de supe- rioridad y de desprecio a todos los hombres; y la fór- mula egoísta de sus ideas lo tornaron insensible a los sufrimientos humanos, porque para que un hombre sea grande, es necesario que posea orientación inflexible. De acuerdo con las conclusiones de LISTENBERGER, NIETZSCHE poseyó el privilegio de ser discutido por todo el mundo, filósofo o lego. La obra escrita en estilo literario y brillante, con má- ximas y refranes, se torna fácil de ser leída y discutida apasionadamente. No podemos negar que la doctrina de la moral nietzschiana tiene raíces sacadas del propio hombre, esto es, parte negativa actual y parte positiva futura del superhombre. La parte que se refiere a la genealogía de la moral (obras, tomo VIl) se origina en el Más allá del bien y del mal. Trata de tres partes prin- cipales : la primera, la moral de los señores y la de los esclavos; la segunda, la que se entiende por pecado y mala conciencia, esto es, psicológicamente la moral de los tipos humanos bastardos; la tercera, forma el ideal ascético bajo la forma dudosa de una interrogación.

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MORAL

BIOLÓGICA

Convenimos en que, en NIETZSCHE, la fuerza moral constituye el elemento precipuo del perfeccionamiento humano. La formación del carácter, la educación ite- rativa e inflexible de la voluntad, la energía despiadada de la acción, la renuncia de los bienes vulgares de la tierra, la destilación progresiva de la energía espiritual a fin de que se constituya el superhombre, forman la esencia de sus doctrinas filosóficas. Para él, las cuali- dades morales pregonadas por el cristianismo son todas despreciables porque ablandan a la humanidad ante los problemas más arduos de la vida. Las doctrinas impe- rialistas del autor se adaptan perfectamente al "ger- manismo social". Se percibe que la formación moral de NIETZSCHE se hace en la crueldad, para formar ese Deus ex machina, que es el superhombre. Se siente en la formación ideal de ese tipo por encima del hombre vulgar, el alma aristocrática, plasmada en la voluntad del poder, que bien resume el ansia de la Deutschland über alles. A pesar de despreciar NIETZSCHE a su pa- tria y a sus conciudadados, ningún modelo es más adaptable al nazismo que el del superhombre.

CRANE BRINTON, en análisis cuidadoso y crítico acer- ca de las ideas y de las aspiraciones de NIETZSCHE, de- muestra con lógica elevada los elementos falsos de la moral del filósofo alemán y como consecuencia, del concepto del superhombre. Esta frase expresa el pensamiento nietzschiano: " to- dos los Dioses morirán; que pueda vivir ahora el super- hombre".

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A. AUSTREGESILO

La voluntad del poder, como la concibió el pensador tudesco, es más concepto filosófico que científico. Sólo puede ser considerado bien, lo que realza la voluntad del poder. El mal sólo procede de la debilidad y la feli- cidad se origina de la conciencia de que el poder aumenta la resistencia. Para NIETZSCHE, los débiles y los indife- rentes deben ser extintos. El guerrero sintetiza la no- bleza de la especie y personifica el bien. Todas las expresiones de renuncia, de energía, de de- puración, de fuerza para constituir el superhombre se manifiestan en odios despiadados contra la humanidad que no sabe reaccionar ante los episodios de flaquezas, de dolor moral y de inacción. Para él, el mundo está completamente errado en todas las corrientes, intelectuales, filosóficas, éticas y místicas, y habría que crear un nuevo ser para habitarlo, porque todo vive en el error, en el abandono y en la flaqueza. Los principios sociales deben ser transmutados. De- purársele la fuerza interior para vencer los errores mul- tíseculares de las condeseendencias de las religiones. Sólo ]a energía espiritual sobrepujará todas las aspiraciones humanas. El simple y desapasionado análisis del sistema nietzs- ehiano nos conduce a la repulsa; nos arrastra contra esa supuesta e idealista energía moral que excede en la voluntad de dominio o de poder, cuyo ápice está en el concepto del superhombre. Finalmente, en síntesis, ¿qué viene a ser el superhombre ? El grado final y sintético del genio, del héroe, del santo. Si pensáramos que tales

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MORAL BIOLÓGICA

cualidades se tornan excepcionalísimas en la masa hu- mana, deduciríamos pronto la falsedad de la aristocracia espiritual del tipo idealizado por NIETZSCHE. LOS nazis actuales cantan loas a las ideas del filósofo amado, a pesar de que NIETZSCHE siempre ha hablado mal de los alemanes y de sus métodos culturales. Sin embargo, todo conduce a creer que los hitleristas se tornan rígidos nietzschistas, porque todas las ideas del nacionalsocialis- mo alemán encuentran el apoyo en las fórmulas abstrac- tas e imperialistas de ese escritor germánico. Si concibiéramos la ética formulada en el bien huma- no, sentiríamos pronto la recusa de tales doctrinas sub- versivas, en que los señores han de vencer las razas humanas para esclavizarlas. El espíritu de libertad, democracia, fraternidad, des- aparece del tablado social para favorecer al predominio de la fuerza. Esa energía espiritual sólo puede ser abs- tractamente concebida con la colaboración de múltiples elementos, entre ellos la fuerza armada, el mejoramiento de las razas, los recursos monetarios, la cultura espiri- tual, los rigores higiénicos, los avances sociológicos, etc., en fin, todos los elementos que condensan la caracte- rística del progreso de la tierra. Las ideas revolucionarias de NIETZSCHE son positiva- mente antihumanas y todas sus fórmulas se tornan in- compatibles con la moral. Apenas un paso —errado— fue dado hacia adelante, esto es, sacar del propio hombre las fuerzas para el propio bien.

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CONCEPTO

CAPÍTULO

XII

GENERAL DE LOS AUTORES CONTEMPORÁNEOS

En la síntesis que liaremos de la opinión de los autores más en evidencia, no estudiaremos todos los dictámenes acerca del moralismo. Tendríamos que espigar muchos otros hallazgos en los filósofos antiguos, modernos y contemporáneos como

SPINOZA,

RENOUVIER,

PIAT,

SPENGLER,

KEYSERLING

y

otros más que son queridos por el público o por la tra- dición. Las ideas panteístas, por ejemplo, o mejor las panes-

piritualistas de SPINOZA, nos conducen hacia el concepto de la moral metafísica tan de moda en el siglo en que

vivió el filósofo holandés.

Su tratado acerca de la ética

se basa sobre todo en el cartesianismo, pues DESCARTES fue su maestro y orientador. Según SPINOZA el concepto , de Dios coincide con el del propio universo. La libertad

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MORAL

BIOLÓGICA

humana se origina en la liberación de las pasiones y en la contemplación intelectual que se identifica con Dios. El máximo del principio de la moral está en el amor acendrado a Dios y en la confianza de su perfección absoluta. La obra que trata de la ética se compone de cinco partes en las cuales estudio a Dios, el alma, las

pasiones, la esclavitud del hombre a sus propias pasiones y por fin la comprensión de la libertad cuyo perfeccio- namiento está en las victorias de los sentimientos. SPINOZA fue más moralista que filósofo; toda la obra se dirige hacia el perfeccionamiento, que se resume en el triunfo sobre las pasiones y en la aproximación del hombre a Dios. La fórmula metafísica de este gran pen- sador está en el panteísmo espiritual, esto es, en que Dios y el mundo se tornan el mismo ser, la exclusiva unidad de la ética. RENOUVIER, filósofo francés, fundó el neocriticismo que, de cierta manera, modifica la filosofía de KANT. SU doctrina, que se edifica en la libertad, posee tendencia moralista. El libro principal acerca de la ciencia de la moral da los principales elementos de sus ideas que son metafísicas. Su mejor comentador, que fue GABRIEL SÉAILLES, presenta la síntesis más o menos completa de la vida y de la obra del filósofo de Montpellier, edu- cado en los pensadores clásicos como KANT, DESCARTES,

Apoyado en la psi-

cología racional de la libertad, estudia la moral a través

de la historia y concluye en que la ética sólo puede ser

SPINOZA,

LEIBNIZ

y

MALEBRANCHE.

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A.

AUSTREGESILO

ciencia afirmada en principios propios y no en doctrinas religiosas y metafísicas. RENOUVIER se recusa a reducir la moral a la razón pura y prefiere que ella se asiente "en razón menos abstracta, completada y fortificada por los elementos generales y pasionales de la naturaleza humana". La moral nace del propio hombre que posee la noción de lo que debe ser y de lo que debe hacer. La moral apli- cada se destina a la solución del problema práctico. "El moralista se obliga a consultar la ciencia, a tener la vista fija en el deber y en el ideal, a no dejarse mo- dificar bajo la influencia de los hechos, a no apartarse moralmente de lo que puede o debe ser."

obra de ese autor hay gran tendencia hacia

afirmar la moral en la ciencia y en los hechos, de acuerdo con los principios humanos. SÉAILLES dice en conclución: "ignoro cuál es la suerte reservada a la religión, según RENOUVIER. Tal vez tenga sus destinos, atravesando los océanos, en algunas sectas de América. Es hecha para consuelo de los cristianos que se satisfacen en darse a sí mismos la ilusión de pensar libremente, vistiendo los viejos dogmas de nue- vas fórmulas. Pero estoy seguro que RENOUVIER que- dará como el autor de los Ensayos; el filósofo en lucha contra toda la metafísica de la unidad; el teólogo anar- quista de la República de los Dioses; el filósofo de la contingencia, adversario de la evidencia, de la evolución fatal, del progreso necesario; el moralista de la jus- ticia y de la libertad; que toma seriamente la vida

En

la

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MORAL BIOLÓGICA

presente y da al hombre el derecho y el deber de resol- ver el problema de su propio destino". Concluímos en que RENOUVIER es el fundador de la escuela neokantiana o mejor dicho, del neocriticismo que pide a la razón práctica los motivos para confiar en la razón especulativa, para hacer de la ciencia el fundamento de la moral. Por fin, niega toda la meta- física que no se afirma en la propia ciencia; se aparta de la escuela positivista a la que considera sensualismo grosero. Reconoce la libertad del yo como la tendencia moral del hombre. En resumen, el neocriticismo francés acentúa que ]a moral debe nacer de la razón práctica. Evidentemente, RENOUVIER anduvo muy cerca al ad- mitir como fundamentos de la moral la razón práctica, la ciencia y la naturaleza humana. Podemos decir, en- tretanto, que el fundador del neocriticismo está lleno de nociones especulativas, de modo que todavía no se apoya en hechos exclusivamente naturales, en la Bió- tica.* Según GASTÓN SORTAIS el punto de partida del neo- criticismo es falso, pues en definitiva, para RENOUVIER la verdad de la ciencia depende de la voluntad, esto es, hace volverse al escepticismo, del cual dice separarse. No insistiremos en dar opiniones de todos los filó- sofos, porque son muchos, y las ideas de los mismos giran en torno de principios generales explorados ya

*

Biología humana,

según mi concepto.

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A.

AUSTREGESILO

por otros escritores. En estas condiciones se halla el filósofo alemán OSVALDO SPENGLER, cuyas ideas giran en torno de varios problemas, mas en primera línea se bailan las de la formación del espíritu germánico, o sea, militarismo, socialismo, fascismo y racismo. En la cé- lebre obra Declinación del Occidente, publicada en 1918, y en La hora de la decisión (1934), denuncia las ideas políticas y sociales que son de alma germánica y de pensamiento teutón. Este autor que se hizo rápida- mente célebre en el mundo entero, tuvo entre los ju- ristas y estudiantes de Derecho gran popularidad, por- que las doctrinas y los principios filosóficos convergían sobre los pensamientos modernos de reformas sociales. Podremos decir también algunas palabras acerca de la moral de las ideas-fuerzas de FOUILLÉE que no logró uni- versalidad en el mundo del pensamiento y cuya esencia está en la conciliación de las exigencias de la moral con las de la ciencia. En sus obras Elementos sociológicos de la moral, La moral de las ideas-fuerzas y Crítica de los sistemas contemporáneos de la moral, explana sus doctrinas. El concepto de la idea-fuerza está en la fusión del sentimiento en la del pensamiento cuya dinámica psicología se multiplica cuando los dos factores se aso- cian para la ación moral, En la doctrina de FOUILLEE la idea en sí es ineficaz; sin embargo las ideas-fuerzas, las ideas-reflejos y las ideas-sombras son más poderosas. Para este filósofo la idea no es solamente representación, sino que constituyo también un acto y que los sentimien- tos y el deseo son compañeros o mejor dicho, comple-

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MORAL BIOLÓGICA

mentos de la propia idea, verdaderos elementos de la casualidad psíquica. BERNHEIM se expresaba ya más o menos de la misma manera diciendo que toda idea es acto naciente; esto demuestra que cada vez que el hombre formula en el pensamiento cualquier cosa, esa idea pronto se acompaña, especialmente en el dominio afectivo o moral, de un sen- timiento que le multiplica la fuerza para la acción. El ejemplo clásico de la persecusión de los cristianos por NERÓN sirve de paradigma a la comprensión de la doctrina de las ideas-fuerzas. La convicción y el senti- miento religioso multiplicaron el coraje de los inocentes cristianos que con serenidad y renuncia iban hacia el bárbaro sacrificio perpetrado por la crueldad del empe- rador romano. Es sabido, según el pensamiento filosófico universal, que las imágenes poseen elemento dinámico, intrínseco en su formación, esto es, tendencia a realizarse en acción o movimiento; en esos principios se halla condensada la doctrina de la idea-fuerza y de la idea-sentimiento de

ALFRED FOUILLEE.

Los principios establecidos por este autor demuestran la moral científica junto a las ideas-fuerzas. Según afir- ma: "Desde que la moral está necesariamente bajo la dependencia de las ideas que forman la jerarquía racio- nal, debe ser organizada bajo las conclusiones generales de la ciencia." Y como la ciencia está en continua evo- lución, la moral posee una parte móvil y progresiva que no obliga a exclusión de puntos inmutables. Las ideas

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son móviles, los sentimientos se mortifican y por consi- guiente la ética encierra parte dinámica. FOUILLÉE hace cuestión de que la moral de las ideas- fnerzas tenga carácter científico. Combate por eso el principio popular que dice: "que las ciencias no pueden ser inmorales, ni la moral puede ser científica". El ca- rácter esencial de la ótica de las ideas-fuerzas es el de favorecer la iniciativa, pues está constituida por el triun- fo del pensamiento creador. Las relaciones existentes entre la moral y la ciencia deben ser restablecidas porque la propia moral puede constituir verdadera ciencia, des- de que no haya falsos métodos científicos. La moralidad es ante todo decisión del individuo, la cual depende de la reacción de la conciencia hacia la dirección fiel de la voluntad, reacción segura en bene- ficio de la humanidad. Sabemos que los elementos voli- tivos sustentan el edificio de la ética, de modo que todo lo que produce bien humano es a costa del esfuerzo colec- tivo. Después de larga y apasionada disertación el filó- sofo concluye en que la moral de las ideas-fuerzas es la síntesis del esfuerzo de las ideas asociadas a los senti- mientos humanos asentados en ]a razón. "La moral de las ideas-fuerzas es simultáneamente la más naturalista y la más idealista de todas, pues procura en lo real las razones de su ideal, juzga por consiguiente lo real según este ideal, para reformar constantemente lo que es la idea y lo que debería ser." Existe en este concepto el poder inmanente de ese ideal que vulgarmente se conoce por deber. Vemos de lo que

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MORAL BIOLÓGICA

fue expuesto que la moral de las ideas-fuerzas en el fundo no se aparta de las conclusiones habituales de los autores metafíisicos que ven en el bien humano y en el deber las condiciones precipuas para las orientaciones de la ética. Los problemas morales, como sabemos, se dirigen al individuo en sí y a la colectividad. El hombre, la raza, la nación , la época históric a recibe n o no su contenido ole moral según el juicio de los hombres. Este juicio es variable con el tiempo y el medio, de modo que debemos establecer principios que se preparen en las ciencias para la uniformidad de ese edificio de la espiritualidad. No será fácil hacer de la moral una ciencia, como es difícil arrancarla del concepto de la filosofía. Los sabios se arraigaron en la idea de que siendo la moral disciplina espiritual y abstracta no puede caber en los preceptos y reglas de la biología o de la naturaleza. Es sabido que hace siglos, desde el florecimiento del pensamiento huma- no, formado en la religión, los cultores de la filosofía pura trataron del problema ético con principios abstrac- tos o que estribaban en la noción de la razón y de los sentimientos. Siendo la moral ciencia abstracta, debería ser estudiada filosóficamente. El esfuerzo en establecerse la ciencia de la moral, lo aproxima ya a los hechos y acciones concernientes a la naturaleza humana. Romo sum et nihil a me alieno puto. Varios autores se esfuerzan por construir la psicología, la filosofía y la moral sobre bases biológicas propiamente dichas. Entre éstos, podemos citar a Grasset, he Dantec, Dastre, Le Bon, Ingenieros, Deshumbert, Bourdeau, Abel

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A.

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Rey, Nicati, Á. Carrel y otros más. Ya trace, en un libro recientemente publicado, los primeros principios de la moral biológica, cuyos pedestales están en las leyes pri- mitivas de la vida en general y especialmente de la Bió- tiea (biología humana). Todas las doctrinas serán discutidas ele mentalmente, sin complicaciones y con sinceridad. Todo el mal de los filósofos está en la comprensión metafísica de los pro- blemas subjetivos. No admiten la ruta simple, objetiva y humana de los temas que nos hablan al respecto. La mejor comprensión de la ética está en el concepto del bien humano que no debe ser trabajo exclusivo de la conciencia, sino también de orden material precipuamente científica. La ciencia de la moral no puede ser meramente abstracta y especulativa; debe erigirse en los hechos y en la observación del medio y de los principios que tra- ducen beneficios individuales y colectivos. Tales benefi- cios no pueden originarse de puro egoísmo humano, como veremos después.

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CAPÍTULO

XIII

EL BIEN HUMANO Y EL DEBER

Evidentemente no podemos abstraer el elemento sub- jetivo del concepto de la ética y de ahí emanan las ten- dencias mística y metafísica de sus problemas. La noción subjetiva no implica incondicionalmente el espíritu para los declives metafísicos que siempre dominaron la cuestión. Dos elementos, sin embargo, se destacan predominante- mente en los autores que desde épocas antiguas han tra-

él bien humano y él deber. Estos dos

puntos son siempre tratados en todos los aspectos doctri- narios, religiosos o meramente filosóficos, como fue visto en las páginas anteriores. El mayor embarazo que encontramos para la solución de los principios éticos, está en la dificultad de la unión entre la idea y la acción, la doctrina y el hecho. Sabemos que en el concepto general de la psicología, toda idea es acto preparatorio de ejecución. En la ética, sin embargo,

tado del asunto:

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las cosas no suceden con. tanta simplicidad, y me recuer- dan una frase pintoresca de uno de mis antepasados:

"decir es con d y hacer es con h", esto es, que no todos los pensamientos o preceptos morales encuentran camino en la especie humana, pues las circunstancias pueden desviar o transmutar las direcciones del comportamiento perfecto que se tenía en mente. Sabemos que la esfera de acción puede ser individual,

social o internacional.

dificultades a veces insalvables de los temas que se nos antojen.

Para la ejecución de los preceptos éticos, importa al hombre el entendimiento de lo que sea deber, justicia, educación y cultura. Son raros los pueblos de la tierra

que tienen en el fondo del pensamiento y del sentimiento

la exacta noción de lo que fue arriba prescripto. En los

pueblos más civilizados encontramos tropiezos y sendas inmanentes a la propia cualidad psicológica de ellos. Los fundamentos se hallan preparados y solidificados por el egoísmo humano que surge como impedimento constante para la obediencia de los principios o de los factores preceptivos de la moral. La mejor trayectoria sería la aproximación del hombre

a las leyes naturales, bajo rigurosa fiscalización de las

civilizaciones, compatibles con los elementos psicológicos

Por ahí podemos comprender las

de las razas a que pertenecen. Evidentemente, los contingentes naturales o bióticos deben influir principalmente en la comprensión científica de ]a ética.

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MORAL

BIOLÓGICA

Las leyes biológicas de la constitución, del temperamen- to y del carácter no pueden dejar de influir en la forma- ción del templo de la moral, ya religiosa pura, ya meta- física o positiva. Naturalmente es fluente de tales nocio- nes la admisión del inconsciente y del consciente para la exacta comprensión de la personalidad humana. La psicología de nuestra especie debe ser biológica, a pesar de querer los metafísicos separar la psicología de la biolo- gía. Naturalmente, la biología humana debe apartarse algo de la biología común, para que comprendamos bien la noción de la ética, que, como es natural, sólo dice res- pecto al hombre. Por esto los datos intrínsecos que afec- tan a la personalidad, encierran varios corolarios que se refieren al individuo en sí, a la familia, a la sociedad, a la patria y a la humanidad. De ello deducimos las varian- tes de los preceptos morales. Adopté la expresión Biótica para referirme a la biología humana. En ella están inclui- das la genética, la eugenesia, la psicología, la sociología, la moral y todas las ciencias correlativas.

Basta pensar en las pasiones, y vemos cómo muchas veces zozobran los elementos esenciales de la ética. Meditemos por un momento en la política, en el odio, en la venganza, en la sugestibilidad, en las luchas parti- darias, en el idealismo, en los proselitismos, en los clanes, en las congregaciones, en el racismo, en las fuerzas mís- ticas, en las ideas administrativas, en las nociones de orden, de disciplina, en la crueldad de las pasiones de los tiranos, de los mandantes, de los señores feudales, de los bárbaros, de los triunfantes, etc., y veremos cómo todos

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A.

AUSTREGESILO

los cimientos del palacio de la moral se sienten sacudidos ante las circunstancias antes mencionadas. La vida gre- garia humana casi siempre empeora, pero a veces mejora la observancia de las leyes del bien y del deber. Sin

embargo, todos los esfuerzos de los pensantes, de los filóso- fos, de los hombres de ciencia y de los moralistas, se hallan a menudo tronchados ante la comprensión negativa de la masa humana, que se mueve habitualmente por el resorte fatal del interés que forma una especie de dínamo obscuro para el desvirtuamiento de la energía intelectual

o sentimental de los escritores y pensadores. La historia de las razas y de los pueblos nos lleva a caminos inciertos e imprevistos. Por ejemplo, la falsa cuestión étnica modifica el concepto humano de la moral

política y social. El ejemplo de los rusos, de los alemanes, de los ingleses, de los japoneses, de los chinos, de los hindúes, de los franceses, de los de América del Norte y del Sur, nos torna escépticos ante la belleza idealista de

la ciencia de las costumbres. El odio de los alemanes, de

estos arios a los semitas, es increíble que sea comprendido, así como el del norteamericano al negro. Mutatis mutan- dis, las desinteligencias venenosas de los musulmanes y cristianos son dolorosos ejemplos de lo que afirmamos.

Meditemos un poco acerca del instinto guerrero de cier- tos pueblos como los tudescos y los japoneses. Las fórmu- las empleadas para las luchas y las acciones de los com- bates, son crudelísimas, bárbaras e inhumanas. Sin em- bargo, por la constitución psicológica de tales pueblos, se llega a la conclusión de que á la guerre comme á la gue-

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MORAL

BIOLOGICA

rre, es lo que torna inútil cualquier esfuerzo del bien o de la moral. En la transmutación civilizadora de este siglo, que se ha operado en Europa, asistimos a las mayores deforma- ciones de las doctrinas éticas universales. Todas las expre- siones de indignaciones condenatorias son nonadas ante los eventos barbáricos de la guerra pasada y de 1a actual. Las leyes biótieas de las transmutaciones son irracionales, absurdas, sin embargo contingentes. No sabemos de cierto dónde se nos deparan el bien, el mal, el deber, la creencia, la piedad o la crueldad. Todo acontece por las fuerzas subterráneas emanadas de la propia humanidad, que se precipita en caminos incógnitos para conquistas de beneficios también incógnitos. La nulidad del hombre ante los problemas nacionales de cada pueblo; los procedimientos usados para las propa- gandas gubernamentales y doctrinarias codificados en fal- sos derechos y falsos deberes; las doctrinas fementidas que guían los pueblos que quieren predominar o guerrear; las olas de misticismo que invaden almas fanáticas, domi- nadas por el ansia de lo mejor; los errores y los disparates del nazismo alemán, del imperialismo japonés o del bol- cheviquismo ruso; la falsa posición italiana ante las ideas sociales del mundo; las crisis destructivas de los pueblos como se testimoniaron en Francia; la acción engañadora de los gobiernos y de los diplomáticos para mutuos y ajenos intereses disfrazados en falsas directri- ces hacia el bien humano; la desesperación de los hombres ante las propias acciones y los cataclismos sociales, nos

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A. AUSTREGESILO

llevan, a la conclusión de que la ética es periódicamente oscilante en sus aplicaciones prácticas, a pesar de con- servarse teórica o subjetivamente intangible en leyes y preceptos abstractos, condicionados por principios filosó- ficos y religiosos. No hay pesimismo ni escepticismo en las palabras arri- ba expresadas; no hay incredulidad en la organización del bien humano y del deber personal o colectivo. Lo que es necesario hacer es determinar y formular nuevas direc- trices para la comprensión de la ética, que debe ser la ciencia de las buenas costumbres, formulada en la biótica, siempre presente el trinomio Fames, Libido y Ego; bien comprendidas las energías bioticas que forman la consti- tución, el temperamento y el carácter de los hombres y las leyes que los rigen. Toda la franqueza es necesaria. Nada de hipocresía, de leyes y principios que no se puedan adaptar o regir la humanidad.

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CAPÍTULO

XIV

ELEMENTOS Y PROBLEMAS ANALÓGICOS DERIVADOS DE LA ETICA

Fue dicho en capítulos anteriores, que la moral es varia- ble, según el sector en que es mirada, esto es, individual, social o internacional, de acuerdo con las épocas compu- tadas por la historia y también de acuerdo con el grado de adelantamiento de los pueblos. Aparecen, por esto, las dificultades inherentes a la cues- tión. No es fácil establecer todas las relaciones de los principios y actos que son formulados en el pensar abs- tracto o concreto de la ética, que sabemos es la legislación de las costumbres humanas. Para eso, la humanidad siem- pre se valió de elementos subjetivos, con miras más a los sentimientos. Religión y filosofía fueron las primeras y las primitivas argamasas para la hechura de tan impo- nente edificio. Como elemento subsidiario, los hombres crearon el derecho, la justicia, la noción de la bondad y

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A. AUSTREGESILO

de la maldad; formularon máximas, leyes, códigos, cuer- pos de policías, vigilancias sociales, amén de los funda- mentos concretos lanzados por los pueblos para la propia mejoría. Los clásicos decían que el teatro, especialmente las comedias, castigaban al público con las deformaciones de la verdad y la caricatura de los errores (Castigat riden- do mores). Los pueblos prepararon las civilizaciones modernas por medio de la cultura, de la instrucción, de la educación, y establecieron leyes para la posición individual, familiar o social de los individuos, aislada o colectivamente. La deontología, las obligaciones, los tratados acerca de la virtud (aretología), fueron escritos para el moralismo. Se admitieron gobiernos etocráticos (fundados en la moral), esto es, en la disciplina que trataba de las cos- tumbres o de la descripción de los hábitos humanos, como la etogenia, la etnografía y la etología. Admitieron la etopeya, esto es, la pintura descriptiva de las costumbres de un hombre. Todavía en la teología y en la moral pro- piamente dicha, se establecieron los casos de conciencia para la solución de los problemas individuales. Sabemos que, filosóficamente y científicamente, la ética está apoyada en obligaciones creadas por el derecho, la razón, la legalidad, la justicia, la imparcialidad, la inte- gridad (sumum, jus), por la severidad, la incorruptibili- dad, por la norma establecida en la probidad, la honradez, la exactitud de cumplimiento, por la rectitud de compor- tamiento, también apuntadas en los códigos varios y en los diversos tratados de la ética. NEMES, TEMES IASTREA,

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MORAL BIOLÓGICA

sintetizaban entre los griegos las posiciones morales del derecho y de la razón. Sabemos que la ley y el derecho son fundamentos para la existencia de la moral social y

política. Entretanto, hay elementos que escapan a las leyes

y a las instituciones fiscalizadoras, y que dependen exclu- sivamente del íntimo individual a que llamamos concien-

cia. Los evangelios y los códigos se hallan llenos de reglas

y cánones para la observancia del moralismo. La noción

del deber como imperativo categórico, y el concepto del bien humano, forman, como ya dijimos, las vigas princi- pales de tan maravilloso monumento. Sin embargo, lo que se establece en pensamiento y palabra no siempre posee acción correspondiente; de ahí las discordancias y los fabordones entre lo que es y lo que debería ser, o de otra manera, entre lo que el hombre dice y ejecuta. In foro conscientiae quamdui se bene gesserit, suo periculo.

Para la comprensión de los preceptos morales, el hom- bre tiene que atender a las condiciones impuestas por el medio, a las prácticas correlativas de la familia y de la sociedad, por las instituciones, por la religión, y en fin, por todo lo que dice respecto a la armonía social. Máximas, aforismos, sentencias, dogmas, evangelios y tratados, en fin, la historia del pensamiento y del senti- miento humanos, indican cómo la tarea establecida por el moralista es ardua y, confesemos sinceramente, difícil de practicar. Estamos obligados a tomar directrices dife- rentes de las aplicaciones de las biblias. El fundamento de esta obra es, pues, considerar al hombre que posee bio- logía y psicología específicas.

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AUSTREGESILO

Tenemos, pues, que establecer las correlaciones de la ética con las leyes biológicas inherentes al hombre, o sea, todo lo que dice respecto al pensamiento y al sentimiento. En síntesis, nutrición, reproducción y conciencia, sim- bolizados por loa vocablos Fames, Libido y Ego, forman las radicales del concepto biótico de la moral que aparece como ciencia, por así decir, concreta y no metafísica, como suele acontecer entre filósofos y especialmente entre etó- logos. Tenemos que preparar la moral en las leyes elementales de la propia vida. Las fórmulas del deber y del bien serán interpretadas de acuerdo con la naturaleza humana. El bien y el mal subjetivos son nociones meramente intelectivas y variables cuando se aplican al concepto de [a ética. Basta rever el método usado por los pueblos triunfadores de la tierra para comprender que el bien y el mal subjetivos son oscilaciones sentimentales, que obe- decen a la rosa de los vientos de las civilizaciones. Los grandes guerreros fueron siempre conductores alternantes del mal y del bien: ¡vae victis !

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CAPÍTULO

XV

PSICOLOGÍA BIOLÓGICA BIOLOGÍA HUMANA, CONCEPTO DE LA BIOTICA

En el libro que publiqué acerca de Fames, Libido y Ego, establecí como origen de las psiconeurosis y de la psicoterapia, la exploración etiológica y psicoterápica de este trinomio psicosomático. Para el concepto de la biótica tenemos que jugar con estos elementos, apartados de la metafísica. La orientación científica actual de la psicología y de

la psicopatología, se orienta en el principio de KRETSCH-

SIER acerca del carácter, del temperamento y de la cons- titución. Las ideas de PENDE y sus predecesores de la escuela italiana completan con los estudios biopatológicos las nociones acerca del asunto. La contribución brasileña

a este respecto, de ROCHA VAZ, BERARDINELLI y otros,

aumenta la orientación científica de la patología humana, especialmente en lo que concierne a las alteraciones espi-

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A.

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rituales. En realidad, nada sucede en el espíritu sin que haya raíces en el cuerpo. Nutrición, reproducción y con- ciencia quedan tan íntimamente ligadas, que órganos y funciones, vitaminas, hormones, sistema nervioso, holosim- pático, pensamiento y sentimiento son cadenas do la mis- ma unidad psicosomática. INGENIEEOS, en obra consagratoria, se esforzó mucho en establecer los fundamentos biológicos de la psicología, y sus conclusiones son modernas, porque insisten en que los problemas psicológicos derivan de las reacciones biológi- cas. Tal esfuerzo había sido ya iniciado por TEODORO RIBOT, GEORGE DUMAS y sus colaboradores, que siempre insistieron en esa tecla científica que, poco a poco, ha pre- dominado en la comprensión de ]a psicología europea y americana. WILLIAM JAMES, en la concepción patogénica de las emociones, pone en evidencia las mutaciones fisioló- gicas en el origen de ellas. GRASSET es uno de los pocos autores que quiere hacer de la biología humana una divi- sión diferente de la biología general, pues considera a la psiquis como fórmula diversa de los fenómenos bióticos comunes.

El valor de las ideas freudianas con relación a la psi- cología contemporánea, está en la nueva orientación para comprender la conciencia y su papel en la psicopatología y en la moral. Podemos extender esta opinión a las ideas de YUNG, ADLEE, STEKEL y varios disidentes de la escuela

de FREUD.

Entre nosotros, ARTURO RAMOS, PORTO CARRERO, MAR- OOKDES, NEVES MANTAS, GASTÁO PEREIRA DA SILVA y algu-

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MORAL

BIOLÓGICA

nos más, exploraron psiquiátricamente, o mejor dicho, psi-

copatológicamente, todas las ideas con respecto a la nueva orientación psicológica que acabamos de referir. Natu- ralmente, tales doctrinas no se pueden librar del defecto

de los errores, exageraciones y preconceptos. Quien estu-

dia, crea o profundiza cualquier idea nueva o hecho iné- dito, tiene que exagerar lo que sucede en torno de los eventos creadores y hasta entonces desconocidos en la filosofía o en la psicología clásicas. No podemos negar, sin embargo, que los rumbos estable- cidos por FREUD modificaron el espíritu clásico de la psi- cología y Mutatis mutandis, de la moral. Las fuerzas del inconsciente, las raíces temperamentales, las desviaciones hormónicas, las crisis alérgicas, las intoxicaciones endó- genas o exógenas, tienen que modificar las posiciones éti-

cas, los sentimientos individuales, Jas acciones familiares

o sociales de los individuos. Por otra parte, las crisis

sociales, las mutaciones humanas colectivas o étnicas deben ser tomadas en consideración para el concepto y las accio- nes que se ligan a la moral personal o colectiva. La acción de los hombres en los medios en que viven y actúan, el valor de los dirigentes y la función de los dirigidos, los mandantes y los obedientes, los jefes y los aceclas, las exaltaciones místicas, patrióticas, revolucionarias o gue- rreras de los pueblos o de las naciones, conmueven y hacen estremecer las nociones clásicas y supuestas intangibles de la ética.

Pensemos que la armonía de los hombres sería el mejor

Sin embargo,

camino hacia el bien y hacia la perfección.

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A.

AUSTREGESIL0

las dificultades arriba citadas que se nos figuran en la marcha progresiva y acelerada de la humanidad disminu- ye la rigidez de las conclusiones éticas admitidas por los filósofos y por los místicos. Los que más se esfuerzan hacia la conclusión fiel de la perfección humana, tienen que pedir auxilio a la metafísica o a Dios para la solución de los problemas que atañen a las costumbres de los hom- bres y de las relaciones entre los mismos. Los esfuerzos que emplearemos para alcanzar los fines éticos y que deben concordar en las leyes biológicas, serán tal vez tentativas inútiles ante las fórmulas clásicas y severas de la moral como ciencia o como filosofía. Temperamento y carácter ejercen gran influencia en la acción humana, y sabemos que muchas veces elementos exógenos o endógenos pueden influir en las posiciones éticas del hombre. El radical Fames, que sintetiza la nutrición, ejerce e influye en los actos y actitudes del ser humano en el medio en que vive. Basta pensar que las vitaminas, los hormones y el sistema holosimpático pueden alterar las condiciones psicosomáticas del individuo. In- fecciones, intoxicaciones agudas o crónicas, estados cons- titucionales, modifican muchas veces la unidad psico-soma, y como consecuencia, pensamientos, emociones, posiciones individuales o sociales que pueden variar según los estados nutritivos del individuo. El trinomio Fames, Libido y Ego forma el sustentáculo psíquico y psicopatológico de la especie humana. En rápi- da visión, basta pensar en las metamorfosis propias del individuo para ver cómo la ética es variable en los perío-

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MORAL BIOLÓGICA

dos de la existencia. De la segunda infancia a la pubertad, de ésta a la madurez, de la madurez hasta la presenectud y la senectud, las modificaciones psíquicas y sentimentales son notables. Está en la conciencia de todos, que las accio- nes del adolescente, del hombre maduro y del viejo, son dispares en radicales psíquicos y sentimentales. Se han visto las actitudes de los jóvenes y de los ancianos. La maduración del organismo hace serenar las pasiones, exal- ta la mística y conduce a la filosofía; quiere decir esto que el concepto pragmático de la ética no puede ser codi- ficado fuera de la acción biótica. Recordemos aquí las tragedias biológicas de la mujer desde la pubertad hasta la menopausia, con la existencia, en los intervalos, de las crisis catameniales, la gravidez y el amamantamiento.

Tales estados modifican a menudo la mentalidad y el sentimentalismo femeninos, de modo que comprobamos procedimientos e impulsiones morales diferentes, según las referidas fases. La vejez es siempre redentora de los esta- dos pasionales. Conocemos las crisis psicosentimentales de la mujer. Estamos obligados a admitir que la sexualidad trae condiciones morales diferentes, según los temperamen- tos o las crisis de la Libido. Los sexualistas clásicos como

FOREL, HAVELLOCK, JOANNY ROUX, LAURENT y tantos más,

afirman que la moral sexual no difiere de la moral común; cumple, sin embargo, destacar que la ciencia más debe enseñar preceptos que amenazar al individuo por las fal- tas cometidas en el dominio de la sexualidad. El propio hombre, o sea, el ser masculino, es acometido por fórmulas sexuales que lo conducen frecuentemente a errores de esa

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A.

AUSTREGESILO

esfera. Sabemos que durante la pubertad se manifiestan estados intersexuales tan bien puestos de relieve por MÁ- GAÑÓN, en que surge la fase de feminilismo sexual, mor- fológica o sentimentalmente. El macho humano presenta otra pubertad en la presenectud conocida en la Iglesia eomo Demonius meridianus (le demon de midi), que sir- vió de tema a una de las más bellas novelas de PAUL BOUR- GET. En tales circunstancias pueden comprobarse desvia- ciones de la ética sexual, independiente de las posiciones sociales, políticas o profesionales del individuo. La hormo- nología contemporánea admite que muchas o casi todas las desviaciones homosexuales se relacionan con la deficiencia de las glándulas de secreción interna, especialmente de la hipófisis y de las gonadas, lo mismo de otras como las suprarrenales y el tiroides. Es creencia científica contem- poránea que el tercer ventrículo, especialmente la región tuberosa, constituye el punto capital para las perturbacio- nes de los hormones y del sistema vegetativo. Por seme- jantes síntesis podemos desde ya comprender que los pro- blemas o los preceptos éticos no pueden depender de abs- tracciones filosóficas, metafísicas o místicas y sí de múlti- ples factores, arriba mencionados.

En la obra clásica de KRAFT-EBING acerca de las Psycho- paíhias sexualis, comprobamos que, en la mayor parte de los casos hay estados degenerativos ligados habitualmente a la imbecilidad moral y a impulsiones patológicas de tipo degenerativo. Urge recordar aquí el aforismo popular de que "quien ve la cara no ve el corazón".

120

MORAL BIOLÓGICA

En los libros que publiqué, Conoce tu alma y Paz de conciencia, analicé las fuerzas íntimas del inconsciente, conductoras imperiosas de posiciones éticas contradicto- rias de ]a voluntad personal de la vida cotidiana. Las energías de los sentimientos, el régimen de las pasiones, las circunstancias, muchas veces determinan fórmulas de acción incompatibles con los principios morales del indi- viduo. En este particular, las doctrinas freudianas se muestran de tal manera clarividentes, que en las orien- taciones de la vida, muchas veces el inconsciente o el sub- consciente se tornan imperativos y tiranos. El ejemplo de

los grandes hombres como SÓCRATES, LEONARDO, GOETHE, NAPOLEÓN, BACON, TOLSTOI, DOSTOIEVSKY y AUGUSTO

COMTE, son de todo el mundo conocidos. Las fuerzas íntimas que dirigieron tales genios, fueron contradictorias con los pensamientos y las acciones. La propia historia de las religiones antiguas, modernas y contemporáneas, refuerza esas afirmaciones. La mitología se vuelve para Grecia patrón de la moral de los sabios y filósofos. Las propias narraciones de la religión católica, incluido el papismo de antaño, dominador y tirano, y las reformas místicas iniciadas por ERASMO y conducidas por LUTERO y CALVINO, demuestran cómo en los propios radi- cales místicos hay actitudes morales incongruentes y a veces inhumanas. Las violencias oratorias y pragmáticas de LUTERO, las restricciones despiadadas y apasionadas de CALVINO, las crueldades, la rigidez y acción inquisitorias de la Compañía de Jesús, las luchas fratricidas y brutales

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A.

AUSTREGESILO

entre musulmanes y cristianos, sirven de pruebas para juzgar las leyes y los conceptos éticos ante las pasiones. Imaginemos los eventos de las crisis sociales en los diversos elementos políticos, religiosos y mutables. La Rusia de entonces se transformó en la Rusia de hoy a costa de renuncias, violencias, crueldades, idealismo, de- rrumbes y reconstrucciones, abundancia de sangre derra- mada, rebeldías y obediencia, metamorfosis radicales de ideas, sentimientos, costumbres y preconceptos, todo esto con modificaciones completas del sentido moral clásico. El bolcheviquismo estableció bases de hierro para las transmutaciones de la raza eslava. Tal vez en la historia mundial no hayamos asistido a modificaciones tan comple- tas como las registradas en la vida de la inmensa nación europeo-asiática. La acción férrea de los gobiernos tota- litarios expresados en el fascismo y en el nazismo, dan en la mentalidad y en los sentimientos humanos revueltas éticas que sólo más tarde la historia nos revelará. Las páginas llenas de dolor y de odio de los pueblos y de las razas en la gran guerra pasada y en la actual, en que las plumas más primorosas y las palabras más brillantes son incapaces de expresar la verdad, suministran el espec- táculo de tales eventos y las variantes de la ética.

Sabemos que la mentalidad de las revoluciones o de las guerras modifica de tal manera el sentido común, que deja, naturalmente, de ser el buen sentido. Desaparecen las nociones de la armonía y del bien. Se transmuda la noción del deber, no sólo en el aspecto individual de la conciencia, sino en el imperativo categórico impuesto por

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MORAL

BIOLÓGICA

las circunstancias guerreras. Las batallas son precedidas de exhortaciones patrióticas y de preces religiosas, domina- das por las ambiciones de la victoria. La fe en Dios no deshace el sentido de crueldad de los hombres, el gusto de la muerte, el ansia de destrucción y las inclinaciones para el mal, ¡todo bajo el pretexto de patriotismo o de cumplimiento del deber! La barbarie domina el alma sanguinaria de los tiranos. El amor altruis- ta se enmascara y se substituye por el odio y por las venganzas, porque los pueblos son inconscientes y la masa obedece las órdenes de los mandantes bien o mal inten- cionados. "Demos achariston, omón, baskanon, apaideu- ton esti."

123

CAPÍTULO

XVI

IRREGULARIDADES DE LOS GRANDES HOMBRES

Los grandes hombres que sirvieron de exponente de las épocas o de los pueblos, poseyeron fallas de carácter, de modo que muchos fueron considerados amorales. Los pue- blos no siempre los consideran así, al menos por sus gran- des hechos. Al revés de ese postulado, vemos la actitud de los helenos que propendieron a Arístides, el ciudadano justo y perfecto, al desprecio y al ostracismo. La historia de los genios o de los grandes hombres está llena de fallas; nómbrense LEONARDO DE VINCI, SAN

AGUSTÍN,

GOETHE

O

NAPOLEÓN,

BACON

O

BYRON,

DOS-

TonsvsKi, BAUDELAIRE O VÍCTOR HUGO. Muchos hombres notables del Brasil, en las diversas clases y en las dife- rentes posiciones morales, perpetraron faltas señaladas por el público o por los compañeros privados, especialmente por los íntimos.

124

MORAL BIOLÓGICA

El tiempo suprime las lagunas y exalta las cualidades nobles de la inteligencia, de la cultura o de la acción. Existen hidalgos del pensamiento que actuaron en la polí- tica del país como orgullosos, apasionados, vindicativos y a veces malos. Los grandes hombres, sin embargo, se man- tienen por encima de la línea horizontal de los mediocres y maléficos, a pesar de que no raras veces son tachados de impulsivos, deshonestos, débiles y viciosos. Por los estudios minuciosos hechos por los grandes bió- grafos contemporáneos como STEFAN ZWEIG, LUDWIG, MAUROIS, WASSERMANN, acerca de los héroes y de los ge- nios de la humanidad, sabemos que en casi todos había fallas violentas de carácter y de posiciones morales, com- pletamente anómalas o insólitas. Las irregularidades de vida de LEONARDO DE VINCI ; las extrañas actitudes y los errores de acción de AUGUSTO CÉ- SAR; las anomalías incomprensibles en el casamiento de SEVERO CATÓN ; los impulsos mórbidos de NAPOLEÓN ; los caprichos e irregularidades de BALZAC, de HENRY BEYLE

y de VÍCTOR HUGO; las crisis sentimentales de GOETHE,

de SIIELLEY, de BYRON ; las negruras emotivas de SCHO-

las desgracias de ÓSCAR WILDE

y de tantos artistas, poetas y prosistas; las desesperacio-

nes y las pasiones de SCHUMANN, de BEETHOVEN y de WAGNER, demuestran que muchas veces las líneas éticas no pueden ser respetadas por los hombres de genio, tales las impulsiones, las fórmulas extrañas, los desequilibrios sentimentales, las variantes climáticas del alma, las per- turbaciones y vórtices de las fuerzas del subconsciente, de

PENHAUER, de NIETZSCIIE ;

125

A. AUSTREGESILO

manera que llegaremos a la dolorosa conclusión de que varios grandes hombres vivieron fuera de la ley, aparta- dos de la moral por condiciones intrínsecas de la propia psiquis, las cuales muchas veces se manifestaron discor- dantes y desafinadas con las medidas y los diapasones de ios medios en que vivieron. No llegaremos al extremo de ANATOLE FRANCE, que irreverente y escéptico, menospreció las fórmulas morales de la vida en la exposición de sus personajes. Las agre- siones constantes al poder judicial francés y las diatribas irónicas contra el catolicismo, hicieron al autor admirado y malquisto. El cinismo del padre COGNABD, en sus pin- torescas opiniones, la riqueza desatada de los agentes de la Rotisseric de la Reine Pédauque, La Revolte des Anges, L'histoire comique y la displicencia irónica de LUCIEN BERGERET, sirven de documentación al desprecio que ANA- TOLE FBANCE tenía por' la moral rectora de los actos de los hombres. No se deduzca de ahí que debemos hacer tabla rasa de los principios, de las leyes, de la ética, que constituyen, naturalmente, uno de los grandes anhelos del idealismo para la perfección. Cumple, sin embargo, que las bases sean humanas y no arrancadas a preceptos puramente teó- ricos e inaccesibles al pragmatismo. Desde los antiguos tiempos, el hombre procuró estable- cer principios para la construcción del bien armonioso de las sociedades sobre la fórmula rígida del deber. Los medios, sin embargo, fueron siempre espirituales, ya tra- zados por las religiones, ya por la filosofía metafísica.

126

MORAL BIOLÓGICA

Los grandes esfuerzos provocados por el idealismo, por las lucubraciones espirituales, por la hermosura de los sentimientos objetivos que contemplan a la familia, a la sociedad, a la patria y a la humanidad, siempre padecieron de esa insuficiencia práctica ante las circunstancias de la vida. Los autores moralistas no pueden comprender la ética calcada sobre principios puramente materialistas,

positivistas o biológicos. Hay escritores que se esforzaron

y se esfuerzan para hacer de la moral verdadera ciencia.

Estos mismos se sienten habitualmente embarazados cuan- do quieren establecer las fórmulas de la ciencia ética.

Muchas veces, por mayores energías que empleen, resbalan ora hacia filosofía, ora hacia el moralismo religioso. Hemos visto cómo hicieron AUGUSTO COMTE, RENOUVIER

y otros más, para erigir las pirámides de la moral sobre

cimientos positivos. Las tentativas no lograron los éxitos esperados, por la casi absoluta repulsa de los pueblos.

Según nuestra opinión, el mal de los pensadores en ese dominio es el de apartarse de las leyes biológicas intrínse- cas a la naturaleza humana. No podremos, pues, formular preceptos de acción individual, familiar, social, patriótica

o humana, sin pensar en las fórmulas biológicas del psico-

soma. El camino más acertado de los moralistas sería el que siempre tuviesen en cuenta la naturaleza humana en su totalidad y no el puro subjetivismo de los ideales. La mayor prueba está en que cuando estudiamos la vida del individuo en el medio familiar o social, encontramos fallas evidentes y desarmónicas ante el concepto universal de la ética. Mutatis mutandis, cuando agitan a los pueblos olas

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A.

AUSTREGESILO

de transmutaciones, ya sean sociales, revolucionarias o guerreras en sentimientos y posturas éticas, se malbaratan, y de tal manera quedan tan anómalos, que somos llevados al descreimiento de la perfectibilidad. Llegaremos a la conclusión paradojal de que en muchas decenas de siglos, el hombre, moralmente, en nada se ha perfeccionado o mejorado. Las adquisiciones y las ventajas han sido me- ramente científicas o técnicas, porque los estigmas egoístas afloran a las civilizaciones o a los individuos cuando sur- gen circunstancias imperiosas o cambiantes. Estas aser- ciones no se manifiestan escépticas o pesimistas; fueron y son testimoniadas en la historia de las civilizaciones desde el extremo Oriente hasta nuestras regiones; hace milenios sabemos que los actos de barbarie, de injusticia, de ambición y de locura colectiva, son verificados, cuando las circunstancias o las oportunidades dan lugar para ello.

Cuando surgen épocas de brillo civilizador, aparece también todo el séquito de crueldades o brutalidades hu- manas, fomentadas por lo mío y por lo tuyo, apoyados, naturalmente, en la ley social o biosocial del deseo, o del ansia de lo mayor y de lo mejor, que caracteriza el pro- greso de las masas antropológicas. Nos parece incomprensible paradoja, que cuando se ele- va en las alturas de las civilizaciones una nación o una raza, pronto se desencadenan las fórmulas brutales del mal colectivo contra los pueblos más débiles. La struggle for life suplanta todos los principios coordenadores del bien y de la virtud, de la armonía y del deber. Tal para-

128

MORAL

BIOLÓGICA

doja permanecería ineomprendida si no existiesen como base las leyes biológicas que rigen a la humanidad: porque civilización, mutación, revolución o guerra, son efectos naturales de las fórmulas bióticas de los problemas so- ciales.

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CAPÍTULO

XVII

CONCEPTO DE LA VIDA HUMANA (BIOTICA)

El fenómeno biótico se caracteriza por los trueques del organismo con el medio. Esto es la verificación del hecho, pero nada dice acerca del elemento esencial, de lo que es la vida. En principio, se separan las dos órdenes de sabios o filósofos: materialistas y metafísicos. Podemos citar va- rias opiniones al respecto; sin embargo, la duda carte- siana impera en ese capítulo oscuro del universo. En el libro que publiqué anteriormente, Ensayo de filosofía biológica, bosquejé varios aspectos de la cuestión según el punto de vista de filósofos y naturalistas. Desde DARWIN, HECKEL, BÜCHNEE, hasta los contemporáneos, vi- mos que hay en el cómputo general de las opiniones de los hombres de ciencia, predominancia de las ideas materialis- tas. Podremos citar, entre muchas, la opinión de DASTRE,

130

MORAL

BIOLÓGICA

LE DANTEC y otros, que afirman que sor los fenómenos vitales idénticos a los fenómenos físico químicos de la na- turaleza. UEXKÜLL afirma que ''la ciencia que trata de los seres vivos no es más que una ciencia experimental cuyo objetivo único es la investigación de su estructura, de su génesis y de su actividad." Para ese autor, la biología es mal interpretada cuando alguien supone que pretende explicar la vida que es fenómeno fundamental. Nuestros conocimientos apenas se refieren a los seres vivos. Presiden a los fenómenos vitales leyes intrínsecas que inicialmente no podemos explicar. El vitalismo filosófico está de pie sin los errores oscuros de la metafísica. BUN- GE afirmo en la Química fisiológica y patológica, que todos los procesos desarrollados en nuestro organismo, que pue- den ser explicados mecánicamente, son tan poco fenómenos vitales como el movimiento de las hojas y de las ramas de los árboles provocado por el viento. La base de la vida está en el protoplasma que existe hace millones de años en la tierra. Los biólogos, según UEXKULL, deben ser metafísicos, porque los fenómenos vitales no son conocidos de la inteligencia humana. Así sabemos que la vida obe- dece al plano universal con todos sus misterios. El uni- verso biológico está constituido por infinito número de seres como infinitos son los astros que componen el uni- verso. La vida es fenómeno universal, como la gravi- tación.

Vida y muerte son puntos intermediarios entre los sucesos bióticos. La noción del neovitalismo científico de HEIDHAIN y el neovitalismo filosófico de REINKB pue-

131

A. AUSTREGESILO

den ser comprendidas según la razón filosófica o cientí- fica. Toda la cuestión está en encarar inteligentemente Los hechos universales y sus manifestaciones, sin el ansia improductiva de las causas primarias o finales, como afir-

maba AUGUSTO COMTE.

Sabemos que los fenómenos vitales, en general, se pue- den explicar parcialmente por las leyes físicas o químicas, aunque no estamos habilitados para conocer la esencia íntima de la vida. Tenemos que echar mano de la filosofía

o de hipótesis para la comprensión de la vida. Las inves-

tigaciones científicas pueden librarse del yugo de la filoso- fía; no obstante, el hombre no posee elementos absolutos para explicar la vida. Los materialistas o los hombres de ciencia propiamente dichos, consideran la vida como expre- sión de la energía universal, desde la llamada vida elemen- tal hasta la vida compleja de los organismos colocados en lo más alto de la escala zoológica, como el hombre. La energía, en biología, podrá ser comprendida cuando se asimilen los fenómenos vitales a los fenómenos físico- químicos. Esta semejanza no es absoluta, porque hasta hoy los investigadores no crearon la vida artificialmente.

DASTRE formula para la energética biológica, el siguien-

te concepto: "Los fenómenos de la vida son metamorfosis

energéticas tal cual suceden en otros fenómenos de la naturaleza, esto es, que los hechos biológicos pueden ser encarados en el aspecto energético universal". En reali- dad, si fuéramos simplistas, podríamos raciocinar de la manera arriba mencionada; sin embargo, la energética biológica posee leyes especiales, formuladas por DASTRE

132

MORAL BIOLÓGICA

y resumidas en los siguientes párrafos: irreversibilidad

de las energías vitales según el origen de la energía y las mutaciones de las energías vivas del organismo hasta la muerte. El mundo animal gasta las energías acumuladas por los vegetales que reciben del sol en combinación con los elementos telúricos las energías indispensables al ciclo de la vida que forman la armonía de los dos reinos, vegetal y animal, que vemos en la tierra.

Si fuéramos a analizar iterativamente todo lo que registran la química, la física biológica o mejor la fisio- logía, podríamos comprobar que los fenómenos bióticos encarados en su aspecto científico pueden ser explicados por los principios de la ciencia. No obstante, como nues- tros conocimientos son limitados, la lógica nos obliga a silenciar las oscuridades de los hechos esenciales, porque todavía no encontramos los hilos definitivos que ligan la materia viva y la materia bruta. Las últimas conquistas científicas del siglo xix y espe- cialmente del siglo xx procuran aclarar las bases físico- químicas de la vida, aunque continuamos siempre en la misma duda acerca de las causas finales de tales fenó- menos. La vida posee una ciencia que es la biología general

y al mismo tiempo una filosofía, afirman los pensadores de todos los tiempos. Concluiremos en que también posee una moral de acuerdo exclusivamente con la biología hu- mana, o como le llamo, la biótica. No podemos admitir a priori ninguna ley o algunos

a

principios destinados al hombre que no pertenezcan

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A.

AUSTREGESILO

Ja naturaleza. Tenemos, pues, que construir la ética de acuerdo con la biótica. La verdad es que el hombre abs- traído por las condiciones biológicas no debe ser consi- derarlo un ser. El subjetivismo exclusivo no puede re- gir la moral; tenemos que procurar las raíces vitales para comprenderla bien. Si así no hiciéramos será prin- cipio, ciencia, doctrina, precepto o codificación sin efi- ciencia ni practicabilidad. La criminología tomó orientaciones diferentes desde que se introdujo la patología en su concepto. El derecho criminal es el mismo; sin embargo, varía ]a noción del código penal. Los exámenes realizados en delincuentes revelan muchas veces estados mentales patológicos debi- dos al mal comicial, a la esquizofrenia, a la psicosis ma- níacodepresiva, a la sífilis intersticial o parenquimatosa, en fin, a estados mórbidos mentales toxiinfecciosos, otrora tomados como meras coincidencias en la práctica de los delitos comunes, genotípicos o fenotípicos. Hoy la noción del crimen no es la misma que la de los autores de antaño. Mntatis mutandis, deberemos adoptar el mismo racio- cinio apriorístico para la moral. No se deduzca de mis palabras que debemos crear nue- va ciencia amoral para regir a los hombres. ¡No! Los principios teóricos y abstractos serán los mismos; no obs- tante, la aplicación de los temas a los individuos tiene que va fiar. La moral es doctrina para la humanidad y no para los autores. Todo lo que ha de pertenecer o se ha de destinar al hombre debe, ser humano.

134

MORAL BIOLÓGICA

No hay infidelidad filosófica, religiosa o científica en tales concepciones. Las bases son reales; las deducciones deben ser prácticas, eficientes y productivas. Muchos au- tores moralistas no pasan de simples escritores, como hay muchos patólogos que hacen los escritos en los gabinetes de trabajo, en las bibliotecas, meras compilaciones y no hechos sacados de la observación cotidiana. En el dere- cho y en la ética ocurre lo mismo. Los sucesos y no las- palabras deben regir ese capítulo de las posiciones hu- manas. Para que las leyes y los principios sean fecundos, cum- ple que sean practicables. No podemos admitir que de la inteligencia humana puedan surgir legislaciones inadaptables a nuestro géne- ro. Todas las fórmulas del deber serán armoniosas con la naturaleza de la especie a que pertenecemos porque casi siempre comprobamos la falta de doctrinas y de principios cuando no hay objetivación social. Homínis

interest beneficium hominum affici.

More solito.

El

esfuerzo de

los autores por

colocar la

psicología

como ciencia natural es digno de todo aplauso y expresa la orientación contemporánea. WUNDT, BERGSON, RIBOT

y

GEORGE DUMAS, para citar apenas algunos, condujeron

la

psicología hacia la experimentación, el intuicionismo y

el pragmatismo. La psicología debe ser considerada ciencia natural que se destina al estudio de las funciones psíquicas de los seres vivos. No son apenas las manifes- taciones de la conciencia que la abarque. Esta parte se refiere al hombre. No siempre podemos, para los hechos

135

A. AUSTREGESILO

psíquicos especialmente complejos, echar mano de la ex- perimentación. No obstante, la intuición filosófica como afirma BERGSON es anterior y superior a la experimen- tación cuando el problema trata de la psicología o de la metafísica. Según INGENIEROS, ni el wundtismo ni el bergsonismo deben ser los métodos preferidos para la comprensión

de la psicología. "La psicología ocupa un papel inferior

al de la biología dentro de la filosofía científica; sin em-

bargo, a su vez, abarca todas las clásicas disciplinas filo-

sóficas y sociales. Su experiencia no puede cimentar la

explicación total del universo, no obstante, sirve de base

a la interpretación general de la función de pensar, en

todos los seres pensantes. El concepto biológico y el mé- todo genético ofrecen a los psicoanalistas orientación ge- neral que tornarán más fructíferos los esfuerzos, a los sin- tetizadores base de experiencia cada vez más amplia y segura; marchando con paso distinto por el mismo cami- no, unos y otros concurrirán hacia encuadrar las funciones psíquicas dentro de la explicación unitaria de la natura-

leza. '' (INGENIEROS)

Para este autor la formación de la materia viva pue- de explicarse por la hipótesis unitaria, evolutiva y gené- tica. Las funciones biológicas resumen las incesantes permutas energéticas en sistema estacionario. En el curso de la evolución biológica las funciones psíquicas son de adaptación al medio y su formación natural es continua, debido a las propiedades elementales de la ma- teria, esto es, la excitabilidad y la motilidad. Las fun-

136

MORAL BIOLÓGICA

ciones psíquicas se desarrollan de manera progresiva y continua en el hombre. "E n las sociedades, las funcio- nes psíquicas tienen la misma significación biofiláctica que en el individuo. La moral y el derecho, que son las expresiones más típicas de las variaciones de la expe- riencia social en las costumbres y en las instituciones, se presentan como función y organización destinadas a proteger la sociedad." Los psicólogos modernos quieren ver en el alma o en el espíritu una función biótica. Esto no implica la nega- ción de la metafísica. Hay, sabemos, zonas limítrofes intransponibles entre la materia y el espíritu; sin em- bargo, no podremos negar que éste sólo existe porque el hombre existe, que es su conductor o continente psí- quico. La vieja discusión entre los autores no cesa y no cesará, porque la fe, la mística, son elementos intrínsecos al gé- nero humano y nadie podrá por la lógica o por la pre- sunción, arrancar de una conciencia la fe o la creencia. La propia filosofía no resuelve ninguno de los proble- mas que la duda intelectual del hombre pone en las cogi- taciones espirituales. GRASSET, por ejemplo, que se mostró como uno de los más apasionados escritores de temas que se ligan a la biología, cuando estudia esa ciencia en el hombre llega a la conclusión de que "la biología humana sólo compren- de la parte positiva y experimental de la ciencia del hombre". Existen para este autor, acerca del hombre, conocimientos que escapan a la biología. Fuera de ésta,

137

A. AUSTREGESILO

según el profesor de Montpellier, se hallan la moral (obli- gación y deber; ideas-leyes de la posición humana); la metafísica (ideas universales y no experimentales; ideas- lej'es del raciocinio) ; la existencia, el origen y la esencia del alma (antes del nacimiento y después de la muerte, doctrinas filosóficas y religiosas). "El vitalismo barthe- ziano los respeta." Como veremos después, GRASSET no admite la moral en las doctrinas biológicas. Entretanto todos los sucesos sociales encuentran las raíces en los hechos bióticos. PÉRRIER en un libro bastante conocido sobre la Vida en acción, dice que hay principios sociales comunes en las diversas especies zoológicas. Todo lo que sucede entre los irracionales no se adapta, no coincide con los hechos humanos. Viviremos en la eterna lucha

del ser o

no ser.

Cada paso que da la ciencia es para demostrar que las funciones bióticas son fisicoquímicas, pero que la vida es elemento universal como lo es la gravitación, la ener- gía que no puede ser explicada ni conocido su origen, como no se puede comprender el universo antes de que existiera, porque no tuvo principio ni tendrá fin. La ciencia, la filosofía, la mística, especialmente en lo que se refiere a la religión, no pueden explicar los orígenes sin apelar al dogma o al hecho en sí. El universo existe porque existe; para el teólogo, el universo existe porque fue creado por Dios. Los hombres no llegarán jamás a la conclusión unívoca, porque o el universo fue creado, o siempre existió o existirá . Los teólogos, los materialistas, los metafísicos

138

MORAL BIOLÓGICA

y los filósofos han de llevar la existencia entera con las mismas dudas, las mismas creencias y los mismos prin- cipios, puestos hace milenios en nuestras cogitaciones intelectuales o sentimentales. Sin embargo, podremos tentar nuevas sendas, apoyados en los conocimientos con- temporáneos, especialmente de la biótica, con referencias señaladas para la fisiología y para la patología. ¿Habrá, pregunto yo, moral biológica; o por otra par- te, será posible concebirla sin inducir a la humanidad a un gran error? Lo veremos en los capítulos siguientes.

139

CAPÍTULO XVIII

CONCEPTO DE LA VIDA HUMANA

(Continuación)

Expusimos en páginas anteriores los ensayos hechos

intentar una

moral positiva o científica. Los críticos pronto se pusie- ron en campaña a fin de demostrar que la ética no puede ser preparada en principios técnicos científicos y mucho depende de las elevadas cogitaciones de los sentimientos, especialmente de la conciencia. La moral individual y la colectiva presentan esferas de acción casi siempre diferentes. En tales circunstan- cias existe gran tropiezo en dar fórmula científica a esos caminos humanos. Sería osadía, para los metafísicos y los místicos, admitir moral científica, especialmente bioló- gica. En tanto, el hombre no puede apartarse integralmen- te de las leyes naturales, aunque sea admitida la dicotomía clásica de lo material y de lo moral.

por

AUGUSTO

COMTE

y

RENOUVIER

para

140

No

podemos

MORAL BIOLÓGICA

dejar

de registrar

aquí la

opinión de

aquellos que suponen que el hombre debe vivir sometido a las leyes de la naturaleza y por consiguiente bajo las condiciones bióticas de que está constituido. Luis BOURDEAU, en la obra clásica acerca del problema de la vida, en el capítulo referente al esbozo de la moral deducida de las leyes de la vida, es el primero en recono- cer que el problema no es fácil. Sin embargo la mayor parte de los moralistas contemporáneos deploran la cri- sis en que se encuentra la ética tradicional, cuyo basa- mento se halla profundamente sacudido.

La moral religiosa se supone dictada por Dios o sus profetas. La metafísica tampoco posee autoridad sufi- ciente para imponer al hombre posiciones éticas, esto es, formuladas en deberes de conciencia, en el imperativo categórico, sin que se pueda demostrar el valor positivo y humano de tales preceptos. La ciencia, no obstante, constituye la brújula real para formular leyes de comportamientos en las costum- bres.

La moral científica no ejerce sobre los hombres acción persuasiva o coercitiva para colocarlos bajo sus leyes. La ciencia no amenaza ni seduce, apenas esclarece.

Repitamos aquí la frase de DESCARTES:

"El perfecto

conocimiento

de todas las

cosas que el

hombre puede

saber es tan necesario para regularizar nuestras costum-

bres como el uso de los ojos para guiarnos los pasos". PA&CAL aconsejaba pensar bien, pues esto constituye el principio esencial de la ética.

141

A.

AUSTREGESILO

Nada mejor que la ciencia para esclarecernos la noción del deber, del bien y del mal. La moral científica no puede poseer las mismas reglas y los mismos preceptos de la matemática, de la astrono- mía, de la física o asimismo de las ciencias naturales. Empero, la biología, la psicología, la sociología, en fin, la biótica que estudia las manifestaciones de la vida hu- mana provee de indicaciones preciosas para el concepto de la moral biológica. La sabiduría concreta o abstracta facilita inmensa- mente la comprensión de la ética, pues sin el conocimien- to del hombre y del medio ninguna ley puede ser prove- chosa a la humanidad. BOURDEAU concluye en que "la verdadera moral sólo puede ser la ciencia aplicada". La moral debe aplicarse, repetimos, en la naturaleza hu- mana, o sea, edificada en las leyes de la vida y esta debe mantenerse en el hombre, física y psíquicamente de la me- jor manera posible, con las funciones más o menos perfec- tas, de acuerdo con la armonía universal, especialmente te- rráquea, más especialmente en el ambiente social en que vivimos. Sólo aspiramos al bien para mejorar la existencia, sólo cumplimos con el deber para armonía colectiva. GUYAU, citado por L. BOURDEAU, repite en la obra Es-

bozo

de una moral sin obligación ni sanción, que desde

la primera sacudida del embrión hasta el último arran- que vital del viejo, es la expresión de la vida en activi- dad que exprime su evolución y denuncia la constancia de las leyes biológicas. Todo nos expresa las tendencias para lo mejor de la existencia, para el bienestar, para la

142

MORAL BIOLÓGICA

felicidad, para la armonía; por esto evitamos los males que nos amenazan en todos los aspectos, físicos o morales, orgánicos o sentimentales. La vida humana integral resume la gran aspiración civilizadora. Los tumultos sociales son hechos por los hombres que siguen la ley de lo mayor y de lo mejor, que juzgan es la expresión del bien. La vida integral, pues, constituye el gran deseo, la gran ascensión mate- rial, intelectual y moral. El hombre es el punto capital de lo que se hace de bueno en el mundo, en cualquiera de los rincones. El deber no es más que el complemento del arte de vivir bien. El hombre civilizado cuando pro- cura vivir armoniosamente echa mano automáticamente de las leyes de la ética. El fin de la moral es necesario

y positivo; no debe ser invocado por la metafísica. La ética se origina de la razón. En nosotros se halla la noción del deber, para que la vida sea buena. El ins- tinto de la conservación nos obliga a vivir; el instinto gregario nos conduce a las leyes del bien y del deber.

"Vivir moralmente es vivir lo mejor posible, por la apli- cación sana de la vida, lo que exige saber, voluntad fuerte

y constante actividad". La moral científica no amenaza y nada exige a no ser el bien de la existencia. De acuerdo con BOURDEAU la moral se compone de dos partes, una elemental que se refiere a los deberes simples, la otra, comparada, que marca los papeles entre los debe- res y cuáles son los que prevalecerán, en casos de con- flictos.

143

A. AUSTREGESILO

Evidentemente la "biótica posee dos aspectos: el que se relaciona con el organismo y el que dice respecto al medio social. Este último concierne más positivamente a la ética que el organismo. La verdadera moral se origina más en el dominio social; sin embargo, todo contempla la acción humana, individual o colectiva. Para el hom- bre este deber elemental se multiplica porque amén de las funciones de nutrición y de reproducción tiene que vencer los percances de las enfermedades y de los acci- dentes que constituyen amenazas permanentes a la con- tinuidad de la vida. Junto a esos deberes elementales hay que tratar de los problemas de la habitación, de la vestimenta, del trabajo, en fin, de las condiciones im- puestas por la sociedad, incluida en esto la cultura o especialmente la instrucción. La vida orgánica, pues, por sí sola impone deberes que inciden en la moral, pues basta pensar en la genética, en la eugenesia y sus pre- ceptos para que comprendamos los imperativos de los principios bióticos.

La vida psíquica que depende evidentemente de las funciones orgánicas, de la nutrición, de la producción, merece cu}dados y deberes que se nivelan en. los princi- pios éticos evidentes. Es verdad que la psicología no se halla en el mismo grado de adelantamiento de la fisiolo- gía; por esto la ética biológica que trata de la psiquis es más difícil de ser comprendida que la que deriva de las condiciones fisiológicas normales. La vida espiritual posee tales misterios y tales prerrogativas que ha servido de embarazo a las conclusiones seguras del origen biótico

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MORAL BIOLÓGICA

de la moral. Los problemas de la cultura, de la inteli- gencia, de la estética o de la mística son complejos para que se resuelvan a cuore leggero. Cuando estudiemos el trinomio Fames, Libido y Ego mostraremos las relaciones intrínsecas entre los términos de esta fórmula psicosoraática. Las facultades esenciales del espíritu como la idea, la actuación, la voluntad, la lógica, el sentimiento, la imaginación, etc., son puntos que hasta hoy no fueron del todo agotados por la cien- cia. Sin embargo, sabemos que la voluntad y la lógica de los sentimientos se hallan totalmente ligadas a la ética y que sin las mismas no podemos comprender la existencia de ]a moral. Sobre todo, la voluntad consti- tuye uno de los elementos seguros para la formación del carácter; las nociones del deber y del bien humano se hallan ligadas a ella. Entretanto, la existencia de la mo- ral no podría caber en la estrecha comprensión de la cultura intensiva de la conciencia porque se tornaría me- dida de excepción para las almas. Sin sentimiento ni vo- luntad no se pueden comprender los programas de la ética individual, familiar, patriótica o humana.

Tal vez podamos resumir los paradigmas de la moral elemental en el precepto de JUVENAL: Mens sana in corpore sano. (Sátira X). En realidad, el hombre se esfuerza para el cumplimiento de ese deber elemental. El segundo precepto que dice respecto al bien, está en el juego equilibrado del egoísmo y del altruismo, con natural inclinación hacia el altruismo. Concluye BOUR- DEAU en que las condiciones precipuas de la moral cien-

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tífica residen en el doble concepto: "El primero es que el ideal de la vida consistiría en cumplir todos los debe- res, lo que es irrealizable absolutamente, pues somos seres imperfectos, falibles y contingentes y debemos resignar- nos a la existencia incompleta, defectuosa, precaria, llena de lagunas y de accidentes. El segundo es que para cada condición sea dada la mejor y la más extensa vida, llena de bienes y exenta de males y cada ser humano debe esforzarse para poner en armonía todas las funciones, para mantener en el desenvolvimiento la posible eurit- mia". Así comprendemos ]a falibilidad de los preceptos éticos cuando son tomados en el aspecto idealista. Lle- gamos a la conclusión de que la naturaleza humana es la que rige los preceptos de la moral y no ésta al hombre. Cuando estudiemos los fundamentos de la comprensión de la moral biológica echaremos mano de los argumentos necesarios para que decisiva y terminantemente refor- memos el edificio clásico de la ética, delineado exclusi- vamente en los principios abstractos. Sólo así podremos construir la ciencia de las costumbres, contemplando el dinamismo del psico-soma en plena actividad individual, familiar, patriótica o humana. Podríamos todavía citar un autor famoso, ABEL REY, que en su manual La filosofía moderna nos da un capí- tulo interesante acerca del problema moral, especialmen- te de la moral científica. Acentúa las fallas de la moral clásica, trazada por las religiones y por la filosofía me- tafísica. Dice que la ética formulada por el tradiciona-

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MORAL

BIOLÓGICA

lismo es irracional. Los autores contemporáneos se es- fuerzan por adoptar la moral científica. Actualmente el trabajo esencial es el de constituir la ciencia de las costumbres, que corresponda a la práctica, de acuerdo con los sucesos de la vida real. La moral no puede ser eterna e inmutable, fundada en principios sub- jetivos indemostrables. (ABEL REY). DUKKHEIM fue uno de los primeros en esbozar este con- cepto puesto de manera sistemática por LEVY-BBÜHL en el libro La moral y La ciencia de las costumbres. Esta debe resumir las directivas de la ética. Tiene que fundamentarse en la pedagogía, en la instrucción, en el derecho, en la sociología y en otros elementos que garan- ticen la cultura y la civilización humana, en fin, todos los elementos que faciliten el bien humano de acuerdo con loa deberes contraídos entre sí por los individuos y los pueblos. Todos los factores de progreso y de civilización se hacen a costa de la intuición del bien. No se puede comprender la sociedad, la familia, la política, la carrera militar, médica o jurisprudencia sin las relaciones ínti- mas con la ética, pues ésta resume la armonía de la vida de las sociedades cultas. En las páginas anteriores juzgo haber dejado estable- cida la necesidad de apoyar la moral en la biología y asimismo de considerarla ciencia independiente. Sus cimientos son múltiples, pero deben ser seguros, cavados en hechos, en la experiencia, y en la fuerza intuitiva del bien colectivo. La cuestión del deber se liga a las necesi-

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A.

AUSTREGESILO

dades y a las condiciones biopsicológicas del individuo o de los pueblos.

de

admitir fórmulas rígidas para la consecución de precep- tos alejados de la naturaleza humana. Todo nos conduce a las circunstancias en que se operan las acciones individuales y sociales del hombre, esto es, influidas por Jas épocas, por el estado de alma, por las transmutaciones por que pasan los seres, las razas, los pueblos y las civilizaciones. En el capítulo siguiente ha- remos explanaciones más precisas para el concepto de la moral biológica.

El mal

de los

místicos y de los

metafísicos es el

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CAPÍTULO

XIX

EL CONCEPTO DE LA MORAL BIOLÓGICA

Sabemos que la vida humana posee tres condiciones precipuas: la nutrición, la