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Los Panchos

EL TRIO MEXICANO QUE SE CONVIRTIO EN LEYENDA MUNDIAL

CON LOS PANCHOS, LA MUSICA DE LOS TRIOS ADQUIRIO FAMA


MUNDIAL. IDOLATRADOS EN ESPAÑA, ESTADOS UNIDOS, PUERTO
RICO Y JAPON, ESTE GRUPO OCUPA UN LUGAR DESTACADO EN LA
HISTORIA DE LA MUSICA POPULAR MEXICANA. SOMOS TUVO LA
OPORTUNIDAD DE PLATICAR CON EL MAESTRO ALFREDO “GÜERO”
GIL, UNO DE LOS FUNDADORES DEL TRIO, QUIEN COMPARTIO CON
NOSOTROS SUS RECUERDOS ACERCA DE LA FORMACION Y EL
ESPLENDOR DEL GRUPO.
DEL LIBANO A MEXICO...

En su casa de la colonia Del Valle, le escuchábamos silenciosamente;


entrecerró los ojos, y a la mente del Maestro Alfredo “El Güero” Gil, vinieron
tan bonitos recuerdos, tanto de sus vivencias familiares como de su brillante
carrera artística, que hasta se podría pensar que estaba soñando.

Mi padre, Felipe Julián Bojalil, tenía sólo 12 años cuando decidió salirse
de Líbano. Se embarcó hacia Cartagena, pero en lugar de bajarse ahí, se siguió
hasta Yucatán. Cuando llegó a la ciudad de México conoció a mi madre y se
casó. Fuimos seis hermanos: Felipe, Chucho, Elena, Rosa, Matilde y Alfredo. Yo
siempre digo que soy de Veracruz, porque es la tierra de mi madre, y ahí me
crié y empecé a ser hombre. A la muerte de mi mamá, papá se fue a Mizantla,
Puebla, a hacer su fortuna: tiempo después, nos pidió a Felipe y a mí que nos
fuéramos con él. Primero comenzamos a ayudarle, pero después trabajamos
de arrieros; hacíamos viajes; a mí me tocaba llevar las mulas cargadas y el
dinero que cobraba. Mi padre nunca pudo reponerse de la muerte de mi
madre, ni de la traición monetaria de uno de sus hermanos, por eso tuvo
varios intentos de suicidio. Finalmente, en un cafetal, se dio un tiro en la sien.
Recuerdo que un día me mandó a la peluquería porque quería que
aprendiera un oficio, pues en ese entonces no podía ir a la escuela, ni
tampoco podía seguir de arriero.

Ahí había una mandolina y empecé a tocar La danza de las libélulas.


Después, un señor, a quien le decíamos Tochito, me invitó a un baile para que
tocara, pero les chocó que sólo sabía una melodía y tuve que mentir; les dije
que me sabía una nueva, y con los mismos compases, inventé no una sino
muchas canciones, que por supuesto después se me olvidaron, y tenía que
hacer otras diferentes. Como cosa del destino, a mi papá le llevaron a
empeñar una guitarra por cinco pesos y me la dio para ver qué hacía con ella.

LA LUCHA POR SOBREVIVIR


Yo y mi hermano Felipe formamos el dueto Bojalil Gil, pero no pudimos
hacer nada. En 1931, cuando murió mi padre, mi hermano y yo nos vinimos
para el Distrito Federal. Nuestros primos, los Martínez Gil, ya se escuchaban
en la radio en Mizantla. Nos salió un programa en la XEB por 15 pesos, pero
tampoco pasó nada. Mi hermano se fue de agente viajero y yo me regresé a
Puebla, donde conocí a la madre de mis hijos. Tiempo después conocí a
Lucrecia, la madre de Marcela, y finalmente a Guadalupe Bedoya, la mujer
con que comparto mi vida.

Un 16 de septiembre, Chucho y yo nos presentamos en la XEW. Me dieron


una guitarra y con ella saqué la mayor parte del repertorio de Carlos Gardel y
Guty Cárdenas. Me quedé como guitarrista de base para acompañar a otros
cantantes, y Chucho comenzó a cantar en La hora azul, aunque no le pagaban.
¿Chucho fue el primero en convertirse en la primera voz de Los
Panchos?

Sí, pero después quisimos formar el cuarteto Martínez Gil con Carlos,
Pablo, Chucho y yo. Pasó el tiempo y el charro hizo su trío llamado El Charro y
sus caporales, y nosotros quedamos fuera. Don Emilio Azcárraga Vidaurreta nos
conectó con la radio argentina y fuimos de gira para allá. Cuando regresamos,
dí clases de guitarra; cobraba 10 pesos por clase, y continué como guitarrista
en la XEW y XEB, donde acompañé a Garrido, Curiel y varias orquestas, pero
ya había pensado en hacer una carrera solo.

EL PRIMER REQUINTO
¿De dónde te vino la idea de hacer el requinto?

Felipe consiguió un contrato con la NBC de Nueva York; ahí residimos


juntos un tiempo, hasta que Felipe se casó y se fue a Brasil con Eva Garza. Nos
quedamos solos Chucho y yo; me llamó el ejército para servir en tiempo de
guerra, me fui y, a mi regreso, al trío se incorporó Esperanza, la primera
esposa de Chucho Monge. Nos tocó trabajar para los soldados que regresaban
de la guerra. En ese tiempo, pensé que ojalá lograra conseguir un instrumento
que se pareciera a la mandolina: fui a ver a un concertino para que me hiciera
un instrumento más pequeño que la guitarra, que diera 440 vibraciones por
segundo en la. Me contestó que no aseguraba que saliera bien y que me
costaría 60 dólares. Así salió el original, que ahora conserva mi hijo mayor.
Esperanza se casó y dejó el trío. Yo conocía a Hernando Avilés: me
gustaba cómo cantaba y pensaba que era la voz que necesitaba, pero lo
busqué en muchos lugares sin resultado. Curiosamente, en la 7a. Avenida de
Nueva York, en una tienda de trajes, lo ví y lo invité a integrarse al trío.
Trabajamos en un hotel de categoría en Nueva York: ahí conocimos a muchos
artistas de fama en Hollywood.

EL ORIGEN DEL NOMBRE


¿Cómo nació el nombre de Los Panchos?

Ibamos a llamarnos Francisca, Panchito y Pancho, pero cuando Esperanza


se fue, decidí que nos llamáramos Los Panchos, porque me sonaba bonito, aun
cuando Chucho Navarro decía que era vulgar. Allá en Estados Unidos estaba
muy de moda Pancho Pistolas y conocían muy bien a Pancho Villa; por eso
decidimos dejarle Los Panchos. También en ese tiempo fue cuando decidimos
grabar boleros para ver qué salía, pues yo ya empezaba a requintear. Ibamos a
firmar con la compañía SICO, pero el presidente de la Cadena de las Américas,
me dijo que no lo hiciera, y gracias a él llegó la oportunidad con CBS. Cuando
llegamos a firmar Hernando, Chucho y yo, nos preguntaron qué había pasado
con la muchacha, porque ellos habían visto las fotos con Esperanza, y les tuve
que responder que era Hernando, pero que a veces se vestía de mujer para
llamar la atención.
¿Quiénes fueron las primeras voces del grupo?
El primero fue Hernando Avilés, pero tuvo una discusión con Chucho
Navarro; le dije que no se preocupara porque ya había terminado con Los
Panchos, y ya teníamos preparado a Raúl Shaw Moreno, que cantaba un poco
descuadrado, pero lo cuadramos. Con él logramos entrar a Japón con Bésame
Mucho, pero sólo duró un año; recuerdo que un día pedí un anticipo a la CBS y
me mandaron 50 mil dólares; le di a Raúl el 10 por cierto, pero cuando lo
cambió a australes (moneda argentina), al ver todo ese dinero se volvió como
loco. Después llegó Julio Rodríguez, el auto de Mar y Cielo, y en 1957, regresó
con nosotros Hernando Avilés. Cuando se volvió a ir entró Johnny Albino, a
quien ya conocíamos porque suplió a Hernando; cuando éste se puso muy
grave debido a una fuerte epidemia, Johnny hizo todo el show. A Hernando le
pagué 400 dólares y el resto a Albino, quien ya con el grupo tuvo mucho éxito
y duró 11 años. Las primeras voces mexicanas fueron Enrique Cáceres, Ovidio
Hernández y Rafael Basurto.

LAS VOCES DE LOS PANCHOS


Hernando Avilés 1944-1951
Raúl Show Moreno 1951-1952
Julito Rodríguez 1953-1957
Hernando Avilés 1957-1959
Johnny Albino 1959-1966
Enrique Cáceres 1966-1972
Ovidio Hernández 1972-1976
Rafael Basurto 1977-1994
¿Tú componías letra y música?

Sí, pero canto de todo. Tengo poco menos de 1,000 letras, porque de
repente me vienen ideas optimistas y pesimistas. Y por supuesto, una que otra
canción tiene dedicatoria.

ALGUNOS DE SUS GRANDES EXITOS


Piensa en mí; La última copa; Sin ti; No, no y no; Ya es muy tarde;

Perdida; Una copa más; Rayito de luna; Un siglo de ausencia;

Mi último fracaso; Sin un amor; Caminemos; Me voy pa'l pueblo;

No me quieras tanto; Sin remedio...


¿Ante qué mandatarios cantaron?

Abelardo L. Rodríguez, Lázaro Cárdenas, Manuel Avila Camacho, Miguel


Alemán, Adolfo Ruiz Cortines y Don Adolfo López Mateos.

¿Por cuántos países viajaron?

Casi le dimos la vuelta al mundo, solamente a Australia no fuimos,


poruqe me dieron unas palpitaciones y dije que no quería ir allá; esas cosas
son rutas que Dios le manda a uno y son órdenes celestiales.

Y no obstante sus 79 años, el maestro Alfredo Güero Gil, sigue pulsando


su guitarra, haciendo letras y acariciando el recuerdo de la Época de Oro de
Los Panchos.

Cortesía de la revista: “SOMOS” páginas: (62-67)


Por: Guadalupe Reyes y Alfredo Ruíz del Río.
16 de febrero de 1995. AÑO 5 NUM. 113

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