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LA DIGNIDAD HUMANA

PERSONA Y DIGNIDAD.

La palabra persona añade a la de hombre, el valor eminente de su ser. Es decir, señala que el hombre vale por sí mismo; no por lo que hace ni por lo que tiene.

De otra parte, la palabra "dignidad" significa también, fundamental y primariamente, "preeminencia", "excelencia" (excellere, destacar). Digno es aquello por lo que algo destaca entre otros seres, en razón del valor que le es propio. De aquí que, en rigor, hablar de "dignidad de la persona" resulta un pleonasmo, o se trata quizá de una redundancia intencionada, para resaltar o subrayar la altura del rango que ocupa este tipo de seres en el orden del universo. "Digno" es aquello que debe ser tratado con "respeto", es decir, "con miramiento" (respectus), con veneración.

El que el hombre sea persona significa que es un sujeto, y no un objeto o cosa.

Por lo

tanto, no es algo que "esté a la mano, para usarse".

No es un objeto útil, cuyo valor

dependa del fin que permita alcanzar, eficazmente; ni por el agrado que nos proporciones su simpatía o su apariencia. Ni se puede definir y medir al hombre - como persona - por lo que produce, gana o inventa. Es un hecho que cualquiera de nosotros nos indignamos si sabemos que alguien nos trata como cosas o pretende hacerlo; si se propone manipularnos y utilizarnos o quiere aprovecharse de nosotros.

Más aún, el ser humano no tiene dignidad, sino que es dignidad. Esto es lo que significa ser persona. De aquí que, así mismo, no se pueda considerar persona sólo al hombre que manifiesta y realiza una acabada o efectiva racionalidad y no libre y pleno consentimiento, pues no siempre es posible, como cuando dormimos, caemos accidentalmente en un estado de inconsciencia o padecemos amnesia, o cuando sólo somos un embrión humano. ¡Desde que un hombre comienza a existir es personal! ¡No es algo que se adquiera con el tiempo, se fabrique o se compre! ¡O se es persona o no existe lo humano, aunque esto esté muy obscurecido como para reconocerse inmediatamente! La dignidad pertenece al ser no al tener. Ahora bien, todo esto es lo que hace la vida de cada hombre y mujer, sagradas, intocables; o bien, respetables, admirables, estimables, apreciables, en una palabra, amables (que no comestibles, consumibles, desechables, o utilizables, deleitables y reciclabes).

¿ Cuáles son los tipos de dignidad que existen?

Conviene distinguir, sin embargo, entre la dignidad que todo hombre tiene como persona y que nada ni nadie se le da u otorga, ni se la puede quitar, porque pertenece a su ser; llamada con más propiedad ontológica [de o n t ó s = s e r y l o g o s = ley o razón de ser, "la que pertenece a su ser como ley], de la dignidad "moral", es decir, de la que se adquiere, conserva o pierde, según la moralidad o bondad moral del vivir [u criminal o un pervertido, o un viciosos, parecen pierden esta dignidad, pero no aquélla]; y de la "social", esto es, la que los demás nos conceden, según su propia percepción y juicio ["lo que los demás dicen que somos", la buena o mala fama o

reputación que los demás estiman que tenemos; esta dignidad es la más extrínseca y, por lo tanto, la menos "personal"].

El fundamento de todo progreso, de todo acto cultural, de todo acto científico, social o religioso, de toda relación humana, el fundamento verdadero y universal de los derechos humanos es la dignidad humana. Reconocer la misma, es reconocer que esencialmente todos los hombres somos iguales y poseemos los mismos derechos, características y obligaciones, que todos sufrimos y que todos aspiramos a la felicidad. La dignidad humana es el criterio universal que debe fundamentar entonces todo tipo de trato humano.

¿Cuáles son las exigencias de la dignidad humana?

Primero, como hemos visto ya; su reconocimiento, es decir, el afirmar ciertamente que el hombre es una persona y tiene dignidad, sin importar ninguna otra circunstancia. Segundo una actitud más humana, un trato que busque resaltar precisamente la dignidad del ser humano, y no que busque pisarla o someterla, si se hace esto se pisa lo más sagrado que tiene el hombre después del don de la vida; que es la libertad, en la cual ahondaremos en un módulo posterior.

Este trato humano nos reclama un RESPETO POR LA PERSONA, una preocupación por el hombre, un cuidado del mismo, una atención para con él y un acompañamiento. Existe una palabra que resume las exigencias de la dignidad humana: el amor. La realidad es que hemos sido creados por el amor y para el amor.

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¿Cuál es entonces la actitud que demanda esta dignidad humana?

Nos demanda una relación de aprecio por el hombre, de empatía, de comprensión; en resumen se nos pide una actitud amorosa frente al ser humano, la actitud mínima que se nos pide es la del respeto por el otro. Si la actitud más humana es la que más refleja a la divina, esto es, la de amor generoso y benévolo, hasta la misericordia y perdón, hemos de reconocer, humildemente que, como humanos, experimentamos un "cansancio existencial", porque se nos agotan las fuerzas para amar al modo genuinamente humano Es, ciertamente necesario, entonces, esforzarnos por no perder el afecto por el hombre, que se da si conservamos no sólo el sentido común, que de tan común se hace relativo y escéptico, sino también el sentido del hombre, que nos hace capaces de reconocer a éste en cuanto nos topamos con él. Más, por otra parte, ¿cómo no olvidar que necesitamos ayuda para realizar nuestro destino, y que esta ayuda no proviene suficientemente de los demás, aunque éstos sean grandes y poderosos? Necesitamos abrirnos a la trascendencia. Solos no podemos.