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27 DE AGOSTO/MARTES Semana 21 del tiempo ordinario

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Testigos y testimonios de allá y de aquí

+ Santa Mónica de Hipona: Mónica significa dedicada a la oración y a la vida espiritual. Nació en Tagaste (África del Norte) a unos 100 km de la ciudad de Cartago en el año 332. Sus padres encomendaron la formación de sus hijas a una mujer muy religiosa pero de muy fuerte disciplina. Su deseo era dedicarse a la vida de oración y de soledad (como su nombre lo indica) pero, según la tradición de la época, sus padres le dispusieron desposarse con un hombre llamado Patricio varios años mayor que ella. Patricio era un buen hombre pero terriblemente malgeniado, mujeriego y jugador, cosa que veían muy normal por su cultura pagana. Además, tenía serios problemas de agresividad con las palabras. Ante cualquier disgusto estallaba en ira y gritaba, aunque los maltratos no fueron físicos. Tuvieron tres hijos: dos varones y una mujer. Los dos menores fueron su alegría y consuelo, pero el mayor, Agustín, se dedicó a una vida totalmente licenciosa con la cual Mónica sufrió mucho. A los ruegos y oraciones de Mónica, se atribuye que el joven Agustín, después de recorrer el mundo y hastiado de él, buscara refugio en muchas filosofías, religiones y, finalmente, en el cristianismo encontrara su definitivo puerto. El joven Agustín llegaría a ser un gran padre de la Iglesia. Mónica murió en el año 387 en Ostia. Su fiesta se celebra el día anterior a la de su hijo. + Dom Hélder Cámara: Nació en Fortaleza, Brasil, el 7 de febrero de 1909. Era uno de los 12 hijos de Joao Cámara (periodista y crítico teatral) y Adelaida Pessoa (maestra). Entró en el seminario a los 14 años y en 1931 fue ordenado presbítero de la Iglesia Católica. Este mismo año organizó la Juventud Obrera Cristiana. La Iglesia conservadora le pidió que abandonara dicha actividad y lo enviaron a Río de Janeiro a organizar la enseñanza religiosa en las escuelas. Fue nombrado obispo auxiliar de Río, organizando enseguida un nuevo movimiento para urbanizar, humanizar y evangelizar las favelas”. Fue el gran impulsor de la creación del CELAM (Centro Episcopal Latinoamericano). En 1964, año del golpe militar en Brasil, asumió el obispado de Olinda y Recife. Desde ahí desempeñó una infatigable labor de denuncia contra las torturas, en defensa de los presos políticos y de las clases más empobrecidas. Fue un hombre del pueblo y hombre de Dios. Símbolo de la resistencia a la dictadura militar brasileña y emblema de la lucha a favor de los pobres, defensor de los derechos humanos, del diálogo mundial y del ecumenismo. Muy pronto fue estigmatizado por su defensa de la teología de la Liberación. Fue llamado el “obispo rojo”. Solía decir: “Si yo reparto limosnas y mercados a los

pobres, me llaman obispo bueno. Si hago una campaña para que algunos pocos de los miles que no tienen techo tengan por lo menos una casita, me llaman obispo santo. Si hago una campaña para recoger medicinas para los que se mueren frente a los hospitales, me llaman obispo bueno. Pero si pregunto por qué en este país tan rico hay tantos que mueren de hambre, por qué en este mundo hay tantos que no tienen techo, por qué hay personas que mueren sin medicinas y sin atención médica, me llaman obispo rojo… bendito sea mi Dios…” Fue propuesto para el Nobel de la Paz por los alemanes, pero lo boicotearon los militares por miedo a que adquiriera mayor prestigio internacional. Los escuadrones de la muerte atentaron varias veces contra su vida y su casa mostraba los impactos de balas, pero nunca desistió de sus principios democráticos y de su trabajo a favor de los pobres. Al cumplir los 76 años, sin darle un año más, Roma le pidió que dejara la diócesis y muy pronto puso su reemplazo. Desde entonces se retiró a vivir, escribir y meditar en una casa muy sencilla en Recife. Con más tiempo, se dedicó a llevar por todo el mundo su mensaje de paz y justicia social. Murió sereno y en paz, con la tranquilidad de consciencia por haber realizado la misión encomendada por Dios. Murió a los 90 años, como vivió: en su humilde casa y rodeado de lo fundamental: los cuidados, el amor, el calor, el afecto, el agradecimiento de sus seres queridos que lo valoraban como padre, como guía, como ser humano, como aquel que había sabido escoger la parte mejor y nadie se la pudo quitar. Una insuficiencia respiratoria hizo que sus ojos se cerraran y que su corazón se uniera definitivamente al corazón de Dios. Su cuerpo volvió al vientre de la madre tierra para que su memoria y su espíritu siguiera viviendo junto a quienes seguimos caminando tras la utopía de los cielos nuevos y la tierra nueva donde reina la justicia… Su amigo, el también obispo Pedro Casaldáliga, otro grande por su humildad y su entrega a la justicia del Reino, dijo, a su muerte: “Fue una de las máximas figuras de la Iglesia en este siglo, y no sólo de la Iglesia Católica, lo ubicaría al lado de Gandhi (líder hindú) y de Martín Luther King (el defensor estadounidense de los derechos ciudadanos).

Antífona La mujer que teme al señor merece reconocimiento. Sus Hijos la felicitan y su esposo proclama su alabanza.(Pr 31,30.28)

Oración colecta Oh Dios, consuelo de los afligidos, que misericordiosamente recibiste las piadosas lágrimas de santa Mónica por la conversión de su Hijo Agustín, concédenos, por la intercesión de ambos, deplorar con sinceridad nuestros pecados para conseguir la indulgencia de tu gracia. Que vive y reina contigo en la unidad del espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Primera lectura 1Tesalonicenses 2,1-8

Deseábamos entregar no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas

Saben muy bien, hermanos, que nuestra visita no fue inútil. A pesar de los sufrimientos e injurias padecidos en Filipos, que ya conocen, tuvimos valor apoyados en nuestro Dios para predicarles el Evangelio de Dios en medio de fuerte oposición. Nuestra exhortación no procedía de error o de motivos turbios, ni usaba engaños, sino que Dios nos ha aprobado y nos ha confiado el Evangelio, y así lo predicamos, no para contentar a los hombres, sino a Dios, que aprueba nuestras intenciones. Como bien saben, nunca hemos tenido palabras de adulación ni codicia disimulada. Dios es testigo. No pretendimos honor de los hombres, ni de ustedes, ni de los demás, aunque, como apóstoles de Cristo, podíamos haberles hablado autoritariamente; por el contrario, los tratamos con delicadeza, como una madre cuida de sus hijos. Les teníamos tanto cariño que deseábamos entregarles no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque ustedes se habían ganado nuestro amor.

Palabra de Dios. R/ Te alabamos Señor.

Salmo responsorial: 138

R/ Señor, tú me sondeas y me conoces.

+ Señor, tú me sondeas y me conoces; / me conoces cuando me siento o me

levanto, / de lejos penetras mis pensamientos; / distingues mi camino y mi descanso, / todas mis sendas te son familiares. R/

+ No ha llegado la palabra a mi lengua, / y ya, Señor, te la sabes toda. / Me

estrechas detrás y delante, / me cubres con tu palma. / Tanto saber me sobrepasa, / es sublime, y no lo abarco. R/

EVANGELIO Mateo 23,23-26 Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el décimo de la menta, del anís y del comino, y descuidan lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello! ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera.”

Palabra del Señor. R/ Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión

Primera lectura: En la Primera Carta a los Tesalonicenses Pablo, Silvano y Timoteo, hacen una evaluación de su misión en esa iglesia y dan gracias a Dios por la buena obra realizada. Ojalá nosotros también podamos hacer este tipo de balance al terminar una obra. Ojalá podamos decir, de corazón y con certeza, que nuestro trabajo fue limpio, que no tuvimos intereses turbios, que no pretendimos honores ni tratamos a la gente con autoritarismo sino con delicadeza, como una madre a sus hijos. En otras palabras, ojalá que en todo lo que hagamos entreguemos lo mejor de nosotros mismos, con todo el corazón. Con certeza de que ahí, en el dar con generosidad, encontraremos nuestra propia realización y, con seguridad, recogeremos los mejores frutos. Evangelio: En el Evangelio continúa la crítica de Jesús a los escribas y fariseos con dos nuevas acusaciones. La primera es la que denuncia la inversión de los valores, al colocar el dinero por encima de la misericordia y la lealtad. Es la eterna tentación de optar por lo secundario ante el temor de las exigencias de aquello que constituye lo fundamental de nuestra vivencia cristiana. Es una crítica oportuna para quienes pretenden eliminar de la economía la dosis necesaria de misericordia. Sólo una economía misericordiosa podrá salvar el mundo del hambre y la miseria. No podemos permitir que la ceguera de los modelos económicos dominantes sigan conduciendo los destinos de la humanidad. La segunda crítica se refiere a las prácticas de pureza legal, que limpiaban el pecado externo, cuando el interior seguía podrido y descuidado. El cristianismo se siente fuertemente interpelado por esta acusación. Son muchas las ocasiones en las que la preocupación por lo externo, por las apariencias, por lo que dirán, se convierte en lo fundamental, descuidando el compromiso de cambiar el interior de nuestras vidas, de nuestras comunidades y de nuestras Iglesias. Sólo un cambio operado desde la conciencia puede garantizar la transformación de la realidad externa. (koinonia.org)

Oración sobre las ofrendas:

Te suplicamos, Señor, que este sacrificio que te ofrecemos en la conmemoración de Santa Mónica nos obtenga el perdón de los pecados y la salvación eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración después de comunión La acción divina de este sacramento en esta fiesta de Santa Mónica, Dios todopoderoso, nos ilumine y nos inflame, para que ardamos siempre en santos deseos y abundemos en buenas obras. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.