Вы находитесь на странице: 1из 240

POSTAL DEL OLEAJE

POETAS NACIDOS EN LOS 80 COLOMBIA - MÉXICO

Editorial

Editorial

POSTAL DEL OLEAJE

POETAS NACIDOS EN LOS 80 COLOMBIA - MÉXICO

Selección y Prólogo Jenny Bernal

Jesús Ancer Rodríguez Rector Rogelio G. Garza Rivera Secretario General Rogelio Villarreal Elizondo Secretario de
Jesús Ancer Rodríguez Rector Rogelio G. Garza Rivera Secretario General Rogelio Villarreal Elizondo Secretario de

Jesús Ancer Rodríguez Rector

Rogelio G. Garza Rivera Secretario General

Rector Rogelio G. Garza Rivera Secretario General Rogelio Villarreal Elizondo Secretario de Extensión y

Rogelio Villarreal Elizondo Secretario de Extensión y Cultura

Celso José Garza Acuña Director de Publicaciones

Padre Mier No. 909 poniente, esquina con Vallarta Centro, Monterrey, Nuevo León, México, C.P. 64000 Teléfono: (5281) 8329-4111 / Fax: (5281) 8329-4095 e-mail: publicaciones@uanl.mx Página web: www.uanl.mx/publicaciones Universidad Autónoma de Nuevo León

Calle 51 No. 17-14, cuarto piso Bogotá D.C., Colombia Teléfono: 750 6085

e-mail: editores@editorialconlasunas.com Página web: www.editorialconlasunas.com

© Grupo editorial Con las uñas

© Jenny Bernal

© Postal del Oleaje

Poetas Nacidos en los 80. Colombia - México

ISBN: 978-958-99915-9-6

Diagramación y Diseño e Imágenes de Carátula:

Pablo López

Impreso en Monterrey, México Printed in Monterrey, Mexico

Reservados todos los derechos conforme a la ley. Prohibida la reproducción total y parcial de este texto sin previa autorización por escrito del editor. 2013.

GEOGRAFÍA DE OLAS

Abordar la poesía y abstraer de ella parte de su universo, requiere conexión con el poema y sugiere un sentimiento de vértigo ante el hecho de dar cuenta del encuentro, porque se puede caer con facilidad en enunciaciones vagas. Para vencer la ambigüedad y adentrarse en la esencia de la poesía es preciso entenderla como un misterio, “el misterio que tienen todas las cosas” como afirma García Lorca y cada nueva lectura una puerta al descubrimiento. Postal del oleaje, se presenta como parte de dicho universo; una selección que da cuenta del panorama poético de una década, con el interés de invitar al lector a un descubrimiento en ese inabarcable misterio.

Quiero resaltar no sólo el trabajo polifónico y poético de la selección, sino el valioso rol del lector en este diálogo. El poeta argentino Juan Gelman afirma en su poema “Sobre la poesía”: “habría un par de cosas que decir/ que nadie la lee mucho/ que esos nadie son pocos”; con preocupación y orgullo por sentirnos partícipes de la excepción, aceptamos los versos de Gelman casi como una máxima. Estos versos dan cuenta del lugar al que se ha relegado la lectura de poesía. Con dificultad un grupo de esos “pocos” a los que refiere Gelman, habrá leído algún poeta clásico, un grupo más pequeño quizá se interese por la poesía nacional y un grupo minúsculo se preocuparía por la lectura de los contemporáneos.

Descubrimos entonces la importancia del lector, esa persona que acepta la compañía de un libro y por azar o no, ha encontrado un libro de poemas, y en éste ha escudriñado su misterio. La presente selección considera 12 voces colombianas y 12 voces mexicanas de poetas nacidos en la década del 80, un reducido número considerando la amplia producción poética en esta generación, pero que constituyen una apuesta, para quien ha indagado a profundidad la poesía contemporánea o para quien esté desprevenido y acepta el saludo de las 24 olas que golpean fuerte a una orilla y de la que es preciso indagar su geografía.

** Sobre la selección vale la pena indicar que tiene el interés de dar cuenta de un panorama general; una mirada a la poesía escrita por poetas que nacieron en los 80´s en Colombia y México. Siempre desde un ejercicio de lectura cuidadosa. Se corrió con el riesgo de abordar algunos escritores inéditos con la intención de resaltar la calidad de sus propuestas poéticas por encima de sus reconocimientos literarios, su posible popularidad o la cantidad de publicaciones.

Es sustancial considerar que los poetas entre 22 y 30 años en su mayoría no han publicado más de dos o tres libros. En el caso particular de Colombia, dados los escasos estímulos y posibilidades para publicar, los autores en este rango de edad no superan el libro publicado (en promedio) y, aunque la mayoría tienen por lo menos dos libros escritos, aún no han encontrado la posibilidad de publicarlos, además del tiempo y cuidado que sugiere escribir poesía. El hecho de tener más de cinco libros publicados a un autor nacido en los 80´s le sugiere o una proeza de talento y suerte editorial o un trabajo de más años, propio de autores con mayor trayectoria.

Los poetas mexicanos cuentan con mayores estímulos estatales y gubernamentales para la publicación de

sus libros y su ejercicio creativo, hecho que facilita el conocimiento de nuevas apuestas creativas y libera a los autores del miedo a la hora de proponer una nueva poética o de trasgredir lo tradicional. Sobre ello vale la pena decir que este hecho tiene como ventaja la promoción y enriquecimiento de las letras mexicanas, pero por otra parte, en ocasiones lo cualitativo se ve afectado por lo cuantitativo, es necesario a partir de este hecho reflexionar y como en este tipo de disertaciones, acudir a la lectura y la crítica. Este último aspecto valdría la pena considerarlo también para las letras colombianas, la necesidad de acercarse

a los textos y de consolidar una comunidad crítica que enriquezca su calidad.

De antemano, y considerando que la selección sólo tiene en cuenta 12 voces por país, presento excusas por las omisiones; autores que pese a pertenecer a dicha generación no aparecen en la muestra. En los dos países existen trabajos que pudieron estar incluidos por su calidad, no obstante, la idea primordial es presentar un panorama general que no se excediera en nombres, con la intención de que el lector se lleve una idea de las principales apuestas poéticas en cuanto a tono, ritmo, forma, manejo de la imagen, etc. y la respectiva polifonía que se está tejiendo en cada país.

Una muestra o antología de poetas contemporáneos

que aborde una década (sobretodo de poesía reciente)

e incluya demasiados nombres por país, ya de por sí

genera desconfianza respecto a su calidad e intención, que bien puede ser la de dar a conocer poesía desde

una mirada selectiva o la de vincular muchas voces con intereses de notoriedad mediática o alguna treta de mercado editorial. Sobre la generación que se elige para la muestra, diré que se abordó una década para

poder dar cuenta de un momento en particular. Dentro de los poetas nacidos en estas tres últimas décadas que hacen parte de la poesía contemporánea, la de los 80´s presenta una pluralidad de voces y una estética más interesante a la búsqueda de la presente muestra.

En relación a los poetas nacidos en esta época, es interesante observar el ejercicio de promoción de sus propios libros y el acercamiento a la lectura de sus contemporáneos. De este aspecto quiero resaltar lo dicho en un apartado anterior y es el hecho de que un número importante de escritores de esta generación se leen a sí mismos y en su mayoría promocionan su trabajo gracias a los avances tecnológicos y comunicativos, en donde se puede indagar, con algo de suerte, sobre las propuestas poéticas de contemporáneos del mismo u otro territorio, con ingresar algunos datos en el computador, o se puede crear un blog o página web para la divulgación del propio trabajo. Aunque esto último no es un lugar común entre los poetas de dicha generación, sí es un fenómeno relevante, porque cambia el concepto del escritor de años atrás, el cual quizá se dedicaba a escribir sin la correspondencia permanente de sus contemporáneos y le significaba un mayor esfuerzo dar a conocer su producción poética, así fuera a un grupo reducido de lectores.

Debido a la escasa lectura de poesía y al auge del e-book, los escritores contemporáneos han adaptado estas herramientas, sumando sus diferentes posibilidades desde las redes sociales hasta la página web, para dinamizar la poesía y llegar a un número mayor de público en menos tiempo. Ya no se depende tanto de una casa editorial o de un premio para dar a conocer el trabajo literario, esto como adición a la adquisición de capital simbólico el cual finalmente confirma al escritor en un campo literario. Al escritor de nuestra época le preocupa que se conozca su escritura, pero no sólo

desde la mirada individual sino colectiva. Por lo mismo, es usual ver a un número de escritores que se dedican

a la gestión cultural, organizan eventos, recitales,

coordinan publicaciones, entre otros, con el propósito

de dar a conocer su trabajo y el de otros poetas.

Un aspecto importante de la generación de poetas nacidos en los 80´s es la conformación de colectivos

literarios, que inician con tertulias y afinidades respecto

a la poesía y en ocasiones llegan a proponer un estilo

particular en la forma de escribir, de percibir la poesía

o de “ser poetas” , se habla incluso de propuestas

colectivas de “performance poético” que modifican la concepción del texto escrito para sugerir otro tipo de manifestación artística que en algunos casos permite la posibilidad de acercar la poesía a otros públicos y significarla desde otras artes y en otros perjudica la esencia de la poesía, la cuestiona y la suprime como texto.

Los colectivos han existido a lo largo de la historia de

la literatura y en ese sentido, no son ninguna novedad,

no obstante, es importante ver el incremento de estas colectividades en la actualidad en relación a décadas anteriores. Sin embargo, en lo anterior es sustancial aclarar que independientemente del impacto que estas colectividades generen para el crecimiento poético de los países, el trabajo que se considera en la presente muestra no tiene en cuenta el ejercicio colectivo del poeta. Lo que habla por el poeta es su obra personal, su creación solitaria, lo otro quizá sean formas de entender un contexto o de enriquecer sus procesos creativos.

Finalmente vale la pena recalcar el valor de cada una de las 24 voces seleccionadas, las cuales se ratifican como firmas personales; atienden al llamado de la poesía desde su propia estética, la cual se confirma a

lo largo de su obra. Octavio Paz afirma en “Tránsito y permanencia” publicado por la Revista Vuelta de Año

XVII, N° 201 de agosto de 1993, que “el decir poético no es un querer decir sino un decir irrevocable” dicha cita atiende a la búsqueda de la presente muestra, los 24 poetas tienen un decir innegable y está tangible en

el poema.

***

Postal del oleaje se divide en dos partes, la primera

inicia con la muestra poética de los autores colombianos y la segunda con la de los autores mexicanos. En estos dos grupos se puede entrever una tendencia en la escritura de poesía por país, rasgos que han heredado de sus antecesores y, a su vez, en cada uno de los autores se evidencia una voz particular que enriquece

el panorama poético.

En el caso de los poetas colombianos nacidos en los 80´s se ve una comunicación cercana con la tradición, la cual los autores aceptan y reconocen. Existe un cuidado en el lenguaje y se explora la imagen desde sus diversas posibilidades. El ritmo del poema es un aspecto importante para los poetas colombianos

y difícilmente se propone un salto o ruptura. Otra

característica es la mesura en el estilo y la forma del poema, aunque no es un hecho de todos los autores,

sí se observa esta tendencia en su mayoría.

El apartado de Colombia inicia con la poeta Lucía

Estrada quien da cuenta en sus poemas de la fuerza de

la imagen y las posibilidades de jugar con lo oculto para

develar un universo particular. Por su parte, Andrea Cote conversa con el lector y habla del mundo desde una mirada lejana de artificios. De otro lado, Carolina Dávila descubre su exterior y lo interioriza para revelar su verdad, se separa del tono confesional usual en la

poesía escrita por mujeres. Henry Gómez habla desde una poética cifrada, hay un cuidado del lenguaje y una inclinación a lo clásico, no le interesa el lector usual. La poética de Julio Balcazár es una ruptura, un desborde de palabras que sugiere un nuevo ritmo de lectura, su hablar es coloquial, juega con la voz poética y le da atribuciones a un personaje ficcional. Sus poemas develan el espíritu del hombre contemporáneo que reside en una ciudad del tamaño de sus desidias.

Jorge Valbuena es un poeta de imágenes que anuncian abismos, encuentros, amores, desde un estilo armónico que afirma la fuerza estremecedora del poema. Leonardo Gil habla desde su interior para entender y afirmar lo exterior. Kamilo Muñoz juega con la forma del poema, incluye lo narrativo y crea un mundo poético desde el cual devela su preocupación por el mundo. Revisa el pasado y lo confronta, le canta a la memoria. Santiago Espinosa acude al recuerdo, vuelve a situaciones, personajes, de las que es preciso revelar su claridad pero también su opacidad; abre las puertas al diálogo con lo real. A Luis Mallarino le inquieta la poesía, la cuestiona, la afirma, su lenguaje es ligero y mordaz. La poesía de Tania Ganitsky da cuenta de inquietudes filosóficas, la pregunta y la retórica tienen un papel fundamental en su decir. Finalmente cierra la parte de Colombia la poeta Yenny León quien experimenta con la forma visual del poema y sugiere el tríptico, de esta manera explora diversos rostros de la palabra poética. Sus poemas son desgarramiento y también revelación.

México descubre su poesía en el segundo apartado. La poesía de esta generación se preocupa por recrear situaciones desde una mirada más vivencial, transciende la idea de la imagen etérea. Algunos se apropian de personajes ficcionales para escudriñar su yo, una suerte de heterónimos. María Zambrano afirma en La razón en la sombra; antología crítica de

Ediciones Ciruela publicado en España en el 2004, en un apartado sobre la avidez de lo otro el hecho de “mirar y ver a otro no afuera, no allí donde el otro realmente está, sino en un abismal adentro”, a ello está dirigida la poesía de este grupo de poetas, quienes buscan en sí al otro y le dan libertad de hablar en el poema. Por la cercanía territorial con Norte América hay una inclusión frecuente de anglicismos en algunos autores. Otra característica es la alusión al pasado para develar la complejidad del presente. En los poetas mexicanos hay una apuesta por lo novedoso en cuanto a la forma y las maneras de percibir el poema, se puede anunciar una especie de interés por la ruptura, como lo menciona Octavio Paz cuando se refiere en Los hijos del Limo: Del romanticismo a la vanguardia, editado por Seix Barral en 1974, a la tradición de la ruptura, la cual “implica no sólo la negación de la tradición sino también de la ruptura”.

La poeta Daniela Camacho inicia el apartado de México con una poesía que recrea situaciones, acude a elementos de la naturaleza y, desde un tono conversacional, explora diferentes posibilidades de la prosa poética. Carlos Ramírez Vuelvas presenta desde la figura de “Calíope” una poética narrativa que se alimenta de la realidad y revela el presente, se percibe en su poesía equilibrio de la imagen poética. Iván Cruz Osorio viaja en el tiempo y muestra en su poema Corifeo personajes de antaño y de nuestra era, los sienta en una mesa para hablar de amor, desamor y conversar con el hombre del presente que vuelve al pasado para gritar su ahogo. Lorena Ventura devela una poesía, que desde la sencillez, entraña el sentimiento, descubre un grito transparente que acoge como cómplice al lector. Alí Calderón representa en sus poemas la voz del hombre actual, preso de sus palabras y posibilidades, su búsqueda y la figura del viaje como un encuentro con el mundo y con sí mismo. Manuel Iris presenta un

trabajo poético armónico, alude a recuerdos, escudriña en sus fotografías la revelación y el asombro.

La poesía de Dalí Corona retoma la noche y su melancólico canto, la nostalgia se abre como una página en blanco que él habita desde el lenguaje. Fernando Trejo es del grupo de poetas que recurre a un personaje, explora las formas del verso y de la prosa para asentar su decir poético. Sus letras no temen recorrer las calles de remembranzas familiares. Samuel Espinosa Mómox habla desde una poética conversacional del amor y su melancolía. Karen Villeda vislumbra una geografía con sus palabras y la nombra, allí desnuda el alma de los seres y las formas que habitan ese lugar. Su poética es experimental, juega con el lenguaje y adopta la prosa poética. Manuel de J. Jiménez hace del discurso judicial una materia poética, propone una Iuspoética; la define como “rama del derecho que estudia la poesía como ley cosmogónica”. Su trabajo es una ruptura de las formas tradicionales de la poesía y acoge su propio lenguaje para abordar lo humano. Para finalizar Eduardo de Gotari propone una vinculación creativa entre música y poesía. Su voz es la del hombre actual refleja los saltos en el vacío de la época en versos que no extrañan estilos pasados.

****

En cuanto a la poesía de estas últimas décadas se han hecho diversas aproximaciones. En el caso de Colombia, aunque han sido escasas las antologías que dan cuenta de la poesía de las últimas generaciones, se destaca la antología de poesía Posdata de Poesía colombiana: Antología de los 70 y 80, ediciones Pluma de Mompox en el 2011, con selección y prólogo del escritor y traductor mexicano Iván Trejo, la cual reúne una muestra considerable de 10 poetas colombianos nacidos en la décadas del 70 y 80. Otro trabajo que

se destaca es la Antología de poesía contemporánea:

Colombia – México, selección y prólogo de Federico Díaz Granados editado por Cangrejo Editores en el 2011, la cual permite un acercamiento a la poesía de 50 escritores contemporáneos de los dos países; 25 colombianos y 25 mexicanos nacidos entre 1958

y 1983. Finalmente está la Antología de poesía

colombiana editada por “Los conjurados” en el 2011 a

cargo de Fabio Jurado Valencia quien hace un recuento

de la poesía colombiana desde 1931 hasta el año 2011,

dicha antología considera sólo un poeta de los 80´s y uno de los 70´s. Aunque estas tres publicaciones son las referencias más significativas, es relevante citar aproximaciones como la de Poca tinta: Antología de ciberpoesía editada por la Universidad de Caldas en 2012, a cargo de Leandro Loaiza quien reúne 45 escritores nacidos entre 1977 y 1993, y hace una nutrida muestra de voces, en donde se presenta un poema por autor a partir de los trabajos publicados por los escritores en la web.

En México con un espectro mucho más amplio de publicaciones que han abordado las últimas décadas

de la poesía mexicana, quiero destacar la antología Un

orbe más ancho: 40 poetas (1971 – 1983), editado por Punto de partida de la UNAM en el 2005, selección y edición de Carmina Estrada. Otra antología es La luz que va dando nombre: 20 años de la poesía última en México 1965- 1985, a cargo de Alí Calderón, Antonio Escobar, Jorge Mendoza y Álvaro Solís editado por la Secretaría de Cultura; Gobierno del Estado de Puebla en 2007. Este último libro tiene la particularidad de proponer ocho tipos de lenguajes que intentan caracterizar la poesía mexicana contemporánea de este grupo de poetas y hacer una apuesta taxonómica de la misma. Otra antología es Vientos de Siglo que cuenta con la selección de Margarito Cuéllar, Marío Meléndez, Luis Jorge Boone y Mijail Lamas, editado por la UNAM en

el 2011 la cual presenta los principales exponentes de la poesía mexicana contemporánea y considera poetas nacidos entre 1950 y 1982. Un último trabajo que quisiera referenciar para concluir (teniendo presente que son numerosas las antologías de poesía reciente mexicana) es Divino tesoro: muestra de nueva poesía mexicana a cargo de Luis Felipe Fabre y editada por la Fundación del Centro Histórico de la Ciudad de México en 2008, la cual reúne el trabajo de poetas nacidos entre 1976 y 1990.

El recorrido no ha sido más que una aproximación a la geografía de la poesía hecha por autores nacidos en los 80´s, desde donde nace un sentir poético que hermana a Colombia y México. El lector, la vuelta a la lectura de poesía, la importancia de las nuevas voces, los poetas, las publicaciones, son apenas algunas líneas que bordean su territorio. La invitación no puede ser otra que a la lectura; permitir el diálogo con los 24 poetas que presento desde un ejercicio cuidadoso de lectura como una apuesta poética; olas que surgen de distintos lugares pero que desembocan en un mismo mar, un coro que desconoce fronteras y firma una misma postal.

Jenny Bernal Bogotá, 2012.

COLOMBIA

1980

Lucía Estrada (Medellín)

Lucía Estrada

MEDEA

Conjuré noches

mares

¿a favor de quién? ¿de qué?

hundí mis manos en la tierra

palabras para levantar desde allí

tu destino

De Las hijas del espino

búsquedas

pero la bondad fue rasgada

y es ahora el pájaro muerto bajo mi pie

nada reclames.

cuando vuelvas

29

Postal del Oleaje

VIRGUNIA CLEMM

Me une a tu destino la estrella subterránea,

el vuelo del albatros allá en la tibieza de lo negro que no alcanzan mis ojos. La paciencia devoradora, el círculo del azar y el espanto de una caravana de hienas, restos de una cacería de brujas imposibles de ocultar bajo el sombrero del Mago

o el velo de la Emperatriz.

Si no te marchas, si resistes, será porque todavía no dibujo el camino.

Déjame mostrarte los arcanos de la contradicción, la materia inasible de los seres que nos acompañan.

Tu semblante también es monstruoso

y es por eso que nadie

se atreve a visitarnos.

—Aquí duerme lo perdido- Nadie hablará de su inocencia.

30

Lucía Estrada

CÉLESTE DE LA VIGNE-BUISSON

Desde siempre llevo conmigo, alrededor de mi cuello, esta cinta negra.

Porque no es mía la voz,

porque mis palabras cruzaron el océano

y lejos de mí se dicen,

construyen otras bocas

y

mi espera se hace impronunciable.

Mi

cuerpo tiene la palidez del ahorcado

que se balancea en su abismo

sin rostro ni huella de dolor,

a quien los buitres del tiempo devoran las entrañas

de su memoria.

No es fácil

tejer y destejer la bruma,

y velar porque un río retome su cauce,

o el árbol, al fin, reverdezca.

31

Postal del Oleaje

De La noche en el espejo

¿QUIÉN ME HABLA con las voces del viento? ¿Quién a través del polvo, bajo la herrumbre, en la fría superficie de las cosas?

Todo cuanto he olvidado se resiste a la muerte y abre con suavidad los pliegues del aire para rozarme con /sus dedos.

¿Qué silencio me rescata en esa orilla? ¿Qué pequeño aguijón me descubre lo invisible?

Secreto laberinto que despierta en la palma de la mano.

32

Lucía Estrada

HAY FERVOR EN LA DUREZA del metal, en el viento que lo seduce y lo inclina sobre su propio vértigo. Qué silenciosa esa manera de abrirse lo negro frente a lo /blanco, lo visible frente a lo invisible, lo que se precipita frente a lo /que permanece.

Todo cuanto tiene un peso y una forma, y lo que está /oculto,

envuelto en la niebla como un barco fantasma, se mezcla entre sí para sostener el cielo, * para estar más /cerca del milagro.

Y la música, y el pájaro del vacío,

y las manos del hombre que le descubren al mundo su

/verdadero rostro, su densidad. Y la palabra, esa que construye todos los

/puentes,

y el amor, y el silencio, y la pequeña muerte que una /noche

supo reunirlos en el fuego y la ceniza.

* Homenaje a Chillida

33

Postal del Oleaje

SÓLO un nombre. Fui enviada en él a través del océano, en un barco fletado por ángeles, envuelta en lienzos, extraña como el mundo, como el muelle al que prometí arribar en medio de sales y piedras preciosas, bajo maderas y baúles sin remitente. Sola, invisible, apenas un trazo entre la risa ebria de los marineros que no me advierten y la danza fúnebre de las olas.

Dicen que llegaremos pronto. Pero el tiempo se desliza y la mano que viaja junto a mí, aquella que sostiene la flor del delirio, me cubre los ojos.

“Nadie, ningún puerto nos espera.”

34

Lucía Estrada

EL MUNDO AVANZA imperceptible bajo los pies. Lo demás es reflejo, el arriba y el abajo son la pared donde /revienta

el brillo de su sangre.

El fuego es vertical. Vivimos sin alcanzar la superficie y el secreto huye en nosotros.

Se aleja cada vez más porque nada se detiene, ni el asedio ni la fuga. El árbol duerme bajo el árbol, el hombre bajo su raíz de sombra.

35

1981

Andrea Cote (Barrancabermeja)

Andrea Cote

INTOLERANCIAS

De Chinatown a toda hora

No es lo mismo decir que yo perdono la larga espera, la quietud, la pesadumbre,

la tristeza de roble de los cuartos

y de las cosas por ahí No es lo mismo decir

que yo perdono eso,

o que no veo,

importancia

o desmesura

en la feliz inconsciencia de los árboles pero sí la veo,

a cambio,

en decir que el mundo así

-reñido o arrasado-

a veces era

una voz torpe,

insublevable,

que cree que las piedras son inmóviles

y que su quietud

de tiempo y pesadumbre

y que tus propios ojos

de tiempo y pesadumbre

pesando.

39

Postal del Oleaje

son lo que hay

y

no son más.

Pues yo perdono porque es bella

la inconsciente belleza de las cosas como lo es la brisa

ingobernable

pero también

como triste,

imperdonable,

y gris

es la estampa

de los hombres sin fe

y la quietud sorda

que tienen los seres

y las cosas intactas.

40

Andrea Cote

LAS HUESTES

Salgo al gran viaje cada cierto número de años. Me voy llevándome un nombre

y una parte en él se humilla, irremediable.

Me voy en huestes

y

en oscuros rebaños;

y

lo hago para poder hablar de ti

y

lo hago para no hablarte.

Salgo al gran viaje. Me muevo en tu joven raíz. Me muevo en tu amada marcha.

Viajo para poner un poco de la ruta en mí, un poco de la ruta en ti.

Salgo en esta ceremonia

y

lo hago para creer en ti,

y

lo hago para que vuelvas a creer en algo

Me muevo porque existe una cosa incomunicable

y he visto cuánto amas las cosas que regresan.

41

Postal del Oleaje

VER LLOVER

Sé que la lluvia también es un dios, calmo como el otro, atroz como el otro, Lo sé porque veo a los hombres pronunciar alelados los dos nombres posibles de la lluvia en sus tardes más grises, diciendo:

ven y bórralo todo, ven y llénalo todo. Y siento la fe del hombre que trabaja por el premio de la lluvia, que es el agua misma que la tocó a ella, que la bañó a ella, en la que ella ya durmió. Y sé que a todos les espanta ese rumor a cuentagotas que viene con su misma cantata sin desuso y obliga a correr apresurados y cerrar las puertas de las casas que de no ser así se llenarán de lluvia y serán de la lluvia hasta caer.

42

Andrea Cote

TODO EN RUINAS

Mirar la ruina

y

en ella

todas las cosas de una sola vez, -quiero decir-

ver las esquinas, los remiendos las cosas rotas

y

aferradas

o

los vestidos arados del amor

y

el polvo

que levemente

humilde

es el tiempo que tocó los cuerpos

y los desmoronó.

Mirar

-saber-

que hay siempre en todo una cosa entera

y ferozmente cierta,

como cierta es la ruina

y

es voraz

y

es bella.

43

Postal del Oleaje

LLANTO

De Puerto Calcinado

María,

hablo de las montañas en que la vida crece lenta aquellas que no existen en mi puerto de luz, donde todo es desierto y ceniza y es tu sonrisa gesto deslucido.

Allí es Enero el mes de los muertos insepultos

y la tierra es el primer cadáver.

María,

¿No recuerdas?, ¿No ves nada?

Allí nuestras voces son desecas como nuestra piel

y se nos queman los talones

por no querer saber de las casas incendiadas.

Hablo María

de esta tierra que es la sed que vivo

y el lecho en que la vida está enterrada.

Piensa niña,

en que esto no es vivir

y la vida es cualquier otra cosa que existe

húmeda en los puertos donde el agua sí florece,

y no es hoguera cada piedra.

Acuérdate, María, que somos pasto de perros y de aves, hombres calcinados, cortezas vacías de lo que éramos antes.

44

Andrea Cote

¿De qué estás hecha?, niña mía, por qué crees que puedes coserle la grieta al paisaje con el hilo de tu voz, cuando esta tierra es una herida que sangra en ti y en mí

y en todas las cosas

hechas de ceniza. En nuestra tierra,

los cuervos lo miran a uno con tus ojos y las flores se marchitan por odio hacia nosotros

y la tierra abre agujeros

para obligarnos a morir.

45

1982

Carolina Dávila (Bogotá)

Carolina Dávila

De Como las catedrales

CON LA LLUVIA NO PENETRAN OTRAS AGUAS

Yo amaría a esa mujer que deambula por un desierto de noches heladas mientras le llegan los rumores de algún puerto pero no rompen ellos su silencio ni suavizan los surcos que el dolor trazó en su cara

La amaría porque no se doblega porque con la lluvia no penetran otras aguas

porque su cuerpo se abre ahí donde la primavera no le alcanza

49

Postal del Oleaje

AQUÍ Y ALLÁ

Bien sé que el sol es un astro omnipresente

pero estoy segura:

El día que espió en el puerto la ruta que esa mano trazaba en mi espalda los mantos de sal que visten el desierto durmieron esperando que su brillo los transformara en plata

50

Carolina Dávila

FOTOGRAFÍAS

I

Tras la espera la ola rompe -está segura- nadie escucha el quiebre sola se extingue la espuma

II

La ola regresa

ha dejado en a roca sus

esquirlas

reposa, se confunde vuelve a ser mar olvida el golpe

III

¿Y la roca?

¿entiende acaso la fractura?

compacta

ella lamenta no poder derramarse

51

Postal del Oleaje

Frente a la flor casi marchita la niña suplicó a su madre:

“No la cortes, déjala morir entre la tierra, pues lo que yo he cuidado no son sus pétalos, sino sus raíces negras”

52

Carolina Dávila

Lo entendió después del salto:

El final del abismo es un cuerpo impenetrable

53

1982

Henry Alexander Gómez (Bogotá)

Henry Alexander Gómez

VELO DE NOCHE

Vivir la lentitud

de la hormiga, confuso

De Memorial del árbol

en una ola de arena. Entre el amor y mi sangre hay un silencio de pájaros, velos como mareas de hielo

bordados

con filamentos de sal. Alguien ha escrito mi nombre en

una

roca

incendiada con el carbón que tiñe

la noche.

57

lentamente

Postal del Oleaje

JAGUAR

In the forests of the night, What immortal hand or eye Could frame thy fearful symmetry? William Blake

El enigma de sus pieles me sorprende una vez más

a la hora de la muerte.

Otra vez la madrugada socavando las angustias

y los temibles secretos; he soñado un jaguar ciego

pariendo los miles de espejos que lo preceden desde el primer tigre de Adán en el paraíso:

un laberinto de perlas negras, de negros anillos de fuego, de umbrosos trazos de jade negro, en el marfil dorado que yace en la penumbra de la indómita selva.

¿Qué visión inmortal? ¿Qué misterio esconde su carne? Sus flameantes ojos ciegos aún me siguen en la oscuridad de mis pasos hacia la tumba, como una piedra de oro inconmovible en las molicies del firmamento de Alá en el desierto.

Lo soñé una y mil noches en esta eterna madrugada.

Lo soñé en la forma del tigre, del lince, del leopardo;

en la forma del puma, del león y de la imponente pantera. Lo soñé en el rostro infame del cazador

y en el sagrado rostro del hechicero.

Lo soñé en el altar de sangre de una raza que veneró tu terrible simetría con el universo.

Lo soñé al asecho, en la tarde de un árbol muerto,

y devorando un hombre bajo el amazónico diluvio.

De la mano de Poe y Blake soñé también a Tzinacán en su hemisférico encierro, descifrando la escritura de Dios en sus indescifrables pieles.

58

Henry Alexander Gómez

Espíritu del cometa que le ruges mil veces al alba despertándome en mis noches ciegas y blandas, ¿Qué portentosos e inmemoriales sigilos le guardas a la espesura de los sueños? No soy yo el que presume de tu esfinge, ni la ligera aurora que me trae tu recuerdo. Es la soledad que encierra mis días y mis libros y un tiempo de otros tiempos que revela nuestros miedos.

59

Postal del Oleaje

HAY SOLES QUE CAEN

Un ángel juguetea en el ramaje del árbol.

Es tan grande el abismo,

y tan silencioso el techo del mundo,

que nos abraza la pesadumbre,

y bebemos aguardiente,

y lloramos,

porque no entendemos cómo Dios juega con sus dedos de piedra entre las hojas del álamo.

60

Henry Alexander Gómez

CLAUSURA

Sobre las sábanas gastadas copula dos veces el silencio.

61

Postal del Oleaje

EL ÁNGEL NEGRO DE LA ISLA DE KAMPA

Nadie lo vio entrar en su casa. Era una fría noche de Praga, era un poema tirado a la alacena.

Al principio, con el orgullo herido y las polillas sacudiéndole los trajes, se acostumbró a vivir con la noche colgando de su espalda.

Decidió el encierro porque los hombres sencillos mueren so- los.

Con la pupila altamente dilatada, Vladimír Holan, entendió que las sombras viajan empedradas de palabras. La piedra oscura había regresado cargada de frutos.

En aquella casa había tanto ruido, tanta miga de pan en las esquinas.

Se dice que la luz de la ventana duraba encendida toda la noche, en el resplandor de la vela se diseminaba el diálogo del mundo.

La claridad no se hacía esperar. Nadie y todo había en él. La campana detenida por el lápiz, Hamlet conversando con las ruinas del espejo, la muerte escondida en las catedrales.

Pero los años no pasan en vano. En la pesada puerta crecía un caballo atado con alambres.

En el instante en que la voz del ángel deshizo los colores de las cosas, cuando la tierra de los cementerios colmó de cicatrices las estancias, pronunció estas palabras:

“Kateřina ha muerto. Hoy no ha venido nadie a preguntar. La casa ha ocultado, al fin, todos sus ruidos.”

62

1984

Julio Balcazár (Cali)

Julio Balcazár

De Últimos días de Robert J. O´Hara

CINTA MAGNÉTICA Y UN PAQUETE DE CIGARROS

Del sepulcro al aire, salto y soy las 32 costillas de Mayo De una tal Robert J. O’Hara (antiguo náufrago en un vagón /de tercera). Preguntad por mí en la taberna, que nadie ha matado /Nazis como yo. ¡Mirad, mirad mis manos! Cómo alzan solas su vuelo. Ellas van midiendo la ausencia en hueso. Ciertamente son /hermosas.

Hilan el agua y traducen a las aves migratorias. Desnudan mujeres. Entierran hijos. Las manos que nos traen sombras y futuro, son juguetes /del diablo. Un día se apagarán como una lámpara bajo la tormenta. ¡Aún es temprano, hoy que vengo sonámbulo de unos /labios! ¿Ya veis cómo me he puesto a regañadientes la piel? Resucitado tengo el tuétano en agua caliente; más alto /florece así el cadáver Ebrio y su sombra, que va probando la resistencia del /viento. Siempre habremos de subirnos una vez más al mundo. Tantas en un solo día; os lo digo yo. ¡Bienvenidos sean /todos al carrusel darwiniano! La gente exclama con desconfianza al verme pasar:

“Mirad, ahí va el muerto de O’Hara”. “Viene del sexo de Justine, su cuerpo sin peso lo delata”. ¡Oh!, tanto es cierto, que conozco gente cuya reputación /no empalidece a las flores.

Gente con paraguas, con tos y sin vacaciones. Quijotes /rutinarios De manos tempranas. Gente acaudalada en sudor. Sencilla parentela que me honra al compartir contados /átomos de vida conmigo. Dulce Justine, quizás merecías algo mejor que estos /versos.

65

Postal del Oleaje

Holly O’Daniel, vende frutas y alquila sus niños. Patrick, el carnicero; envuelve el corazón de una vaca en /papel periódico.

(Con la noticia de alguna guerra). Su delantal y sus manos siempre están rojas, como si /estrangulara rosas. Es un hombre inmenso, con una sonrisa estúpida y amable /que yo amo.

Que quisiera conservar para otro entierro. Os digo: conozco gente. ¡Con todo el horror que esta frase /encierra!

Tantas son las maravillas del mendigo:

Ahora mismo podría dormirme en cualquier pestaña. Contemplar desde allí las luces de la ciudad, y más allá el /puerto Danzando en el aire helado de las 2 de la tarde en mi isla. Me gusta ver los pájaros soltar los hilos que los atan a la /contingencia de las nubes Mientras cae la primera lluvia del otoño. Para limpiar con ella mis 8 vértebras, y ver regresar los /buques Cargados de hombres que vuelven del exilio, con las valijas /llenas de una patria Inventada. Con música, y fotos de edificios muy altos. Es bella la madruga del retorno; hay un rostro imperfecto /que me espera. Rostro matutino de difunto feliz; ahora trapecio del rocío, /de la bella Justine

O de cualquier otra mujer y sus tactos. En los mapas de mis arrugas, como desnuda fécula de /whisky, Guardo el horror y la belleza del mundo. Queridos paisajes /de promesa callada Como un secreto bosque de mástiles rotos.

66

Julio Balcazár

TERMINAL DE BUSES ENTRE LAS 3 Y LAS 5 P.M.

Todo es máscara, Heráclito, y un solo fluir de cuerpos que /son mi cuerpo. Un solo fluir de nombres, viejo amigo, y tantas máscaras. Por este cuerpo que transita mi cuerpo, todo es tiempo /encallado en mis párpados, Segundos, horas, instantes, tantos instantes; Milésimas de cuerpos que se arrojan al vacío, con tantos y /tantos nombres, ¿No habrá uno que se llame Alberto Caeiro? Ciertamente. Todo es máscara en esta barahúnda de pájaros que saltan /de la punta De mis dedos, a la noche que es máscara, a la lluvia que /es máscara,

Al silencio que a todos nos ata con un mismo hilo plateado /de hijos suyos,

Para este solo fluir, anciano, este transitar en caída libre,

A 100 kilómetros por segundo, desde otra máscara

/universal, que estalla En miles, que agita la corriente y amenaza romper los /remos. Todo es un solo ir, mi confidente, por este río eterno que

/resume todos los días Del tiempo, donde aún arden las ciudades. No hay otra cosa, digo hoy, en algún punto del espacio, y /en seguida callo. No existe más que esto, y esto es nada, apenas un soplo, /nuestro hogar construido Sobre la piedra del aire, en la arena del pensamiento que /todo lo cubre. Enfermos todos, creemos atisbar las luces de un puerto, Pero no hay puerto, ni mundo, solo máscaras, amado mío, /máscaras que se quiebran Como pompas de jabón; que van levitando en la levedad /de nuestros cuerpos; Y tantos cuerpos que somos en uno solo, tendido sobre la /hierba,

Alguno habrá que se llame Robert O’Hara.

67

Postal del Oleaje

MADRUGADA DE 1993

Este es mi rostro de todos los días, incluidas las nubes. Menos una costilla, dos párpados y un motor por nariz. Labios, manchas, mapas, noviembre en los pómulos, /mamífero en la tristeza de los ojos. Dos fosas nasales, tabique roto, alguien en las pestañas. Este es mi rostro por el que entro cada noche en mi espejo /y me afeito. Rostro por el que atestiguan gentes conocerme. Hay archivos míos, folios y fotos que dan cuenta de mi /mentón y mis cejas. Pero hay días que no me reconozco; días que paso de largo /por la calle sin saludarme. Sin entender del todo a qué vienen estos rasgos usados. Quizás sea que me despierta la nieve bajo mis párpados; /tal vez la voz miente Algo de sus colores, y no queda rastro en la pupila de tu /cuerpo. Entonces dudo, porque no hay rostro mío que no sea un /rastro tuyo. Tú eres lo evidente en cada fragmento de carne. Tú me /delatas cuando huyo de mí.

El mentón te ha visto boca abajo tendida en el sillón,

La curva de tu espalda continúa el arco de mis cejas. Así que ya no puedo decir con certeza que este sea mi /rostro definitivo.

Una página que me espía dice: “toda incertidumbre, es /semilla de libertad”. Y tal vez mañana olvide alguna calle en mi frente.

O

quizás puesto tu sabor en mi lengua, haya que /empezarlo todo de nuevo.

El

aire, la sombra, la misma raíz del fuego y la etimología

/de las alas de los pájaros. Entonces este rostro no sería más que un encuentro, otro /más. Acaso una de tantas casualidades del amor, como lo es el /perfume, o enero. ¿Podría decir que este rostro con el que te amo es mío?

68

Julio Balcazár

¿Podría decir que soy dueño de él, o que permanezco al /acecho de algo vivo?

Mi rostro no sería más que una emoción, un molde para tu /risa.

¿Quién nos presta estas formas que en silencio nos llevan /y en silencio nos abandonan? Imagino que existe algún depósito donde se reparan los /desperfectos De las estaciones (una hoja que no cayó, una ventana sin /luna, un viento que no Encuentra la dirección y las palomas que pierden sus /itinerarios); allí creo Deben estar las manos sin caricias, los nombres de las /nubes, y las partes simples

De todo rostro cotidiano… Eso creo, e interrogo al timbre /de mi puerta.

¿Ves que no sabes a quién miras? Y acaso cuando lloras lo /intuyes; porque lloras Pedacitos de peces que mueren en la escalera, bajo la luz /de la bombilla; y tal vez no se

Te haga raro encontrarme en la portada del periódico,

Sosteniendo un facha de normal algo sospechosa; mientras /tú renaces tu cuerpo

En la mañana, con los semáforos, en rojos de tu boca.

Acaso alguna de las mujeres que te habitan sepan la /verdad: de qué miras Cuando miras esta débil armazón que se diluye en la /palabra que la nombra. ¡Ah!, que dulce es la máscara con sus costumbres. Hay días en que no me reconocería en la calle, /madrugadas ajenas que de pronto Aparecen colgadas de mis encías, y me duelen, porque no /estás, No hay huella tuya. Entonces fumo, huraño, prostático con /un plomo por ombligo, De a pie o en automóvil, pero a toda prisa, Buscando ese depósito de rostros para regresarte con el /resto de mis complejos, A este desorden de papeles que me hacen reconocible a tu /más cotidiana luz.

69

Postal del Oleaje

De Madison Avenue para un enero salvaje

36.

Sigue pensando, vaquero, Sin apretar demasiado el torso desnudo de tu soledad, Debe haber algo que puedas hacer, Antes de emborracharte la sombra, desnudarte los /sustantivos

Y volarte los sesos.

70

1985

Jorge Valbuena (Facatativá)

Jorge Valbuena

ESPIRAL DE FUEGO

I

De árbol de navío

Es tarde para cerrar la ventana volver a vestir la noche germinar un relámpago

el tiempo duerme

está a salvo

o eso se presiente

mientras nazco de tus labios aferrado de tu vientre a mis delirios.

II

La lluvia toda se deleita lame la luz que nos cobija se distrae buscando la cúpula de tus senos el temblor femoral de tus raíces la huella pasajera de tu manto de savia

y ese olor de tu crisálida al dejar que el río

desboque su insaciable beatitud de roble adobado para los incendios.

La ventana nos mira.

III

Entonces llega el canto. Son pájaros que posan su libertad bajo tu piel

y salen por tu boca sedientos de silencio,

73

Postal del Oleaje

arden y se elevan

sobre mi tizón encendido

buscan nuestras sombras, que van quedando

las moronas de tormenta

y regresan

convertidos en gemido a despuntar en la gruta de tus llamas en el recodo de mi fermento en la saliva que derrite los caudales

IV

con que divago.

El frío se hace humano cobra identidad de piel y de pradera al amanecer cuando la luz se entrega a las lunas de sudor que buscan una desembocadura sin rumbo que las eleve al humo de tus labios secretos al candil que busca el fuego al huracán de tus caderas pendulando sobre estas venas que se eclipsan con todas las sombras del mundo

tras la ventana la mañana hecha de incendios nos inunda.

74

Jorge Valbuena

LOS COLORES DE LA SED

De La danza del caído

Sabía Arturo Cova que el lugar donde guardaba el cuchillo era del mismo color de su piel.

Esperaba que el dolor se durmiera en la sangre que pasara de sol de los venados a selva de réquiem, caucho calcinado, y ese vaho de mujer con la savia del llanto soportando el fango del camino, las palabras áridas de olvido y una caricia de fuego que nacía en el fondo de la tierra…

Sabía Arturo Cova que esa ira era una semilla sembrada en un revólver en mitad de la vía de un disparo eterno.

75

Postal del Oleaje

PÁGINAS DE SOMBRA

De Magma

Descubro que estorbo. Es similar el tiempo que esquivo de narices al mismo en que amanezco llorado por las horas.

No hay mueble que pueda guardar mi condición. El paso de un estado sólido a otro invisible los cables de la respiración dejan su hollín en mi follaje.

Descubro que falto. No estoy presente en los largos aguaceros en las fiestas de los santos, en el mercado del pueblo. Una piedra olvidada en el tiempo recoge mi humanidad de grieta sumergida, hace que cante sus canciones un poco más alto para que escuchen los que vienen más de prisa, detengan su paso, esperen.

Pero espanto, estorbo, falto, soy una roca que agoniza en medio de un sauce que huye. Si acaso me quitaran del medio su raíz tocaría todas las muertes y fuera del hielo las orquídeas buscarían el centro de una sombra virgen.

He descubierto que amargo. no hay comisuras del sol que nos invade. Hacen falta espinas para dejar que el alba nos aúlle.

76

Jorge Valbuena

PASAJERA DE AGUA

Una muchacha se pasea por la plaza central la he visto cruzar por la fuente preguntando a la gente que la rodea

si es cierto que adentro hay peces

(no hay peces, es cierto, y no me cabe la menor duda) pero le quiero hablar así que antes de que alguien le diga la verdad atrapo uno y le digo que son transparentes.

La mujer que se pasea por la plaza central no ha vuelto a venir, hace falta verla rondar con sus lindas piernas de cuarzo estos callejones perdidos. Alguien habló un día del acuario donde guarda el pez que le he dado, no puede dejar de mirarlo de habitarlo, de beberlo, de murmurarle canciones de lluvia.

Olvidé decirle que con el tiempo ellos aprenden a volar. No haré caso de su ausencia alrededor de la fuente me sentaré a esperar guardaré con recelo estos peces que me flotan en el océano secreto donde ella me respira.

Habrá de venir algún día con su voz de atarraya

a despojar la turbiedad que me ahoga.

77

Postal del Oleaje

NUDOS EN EL TEJADO

Todos los gatos buscan tejados donde posar sus dudas.

Como esta noche y este gato que da vueltas y vueltas sobre el mismo asunto.

Ha ronroneado tanto que ya me explico su difícil certeza de ser un simple gato y no poder atrapar ese ovillo de lana que cuelga de la altura, es ovillo de luna -le digo- pero ya he dado tantas vueltas y vueltas sin poder atajar el insomnio y encerrarlo en mí vacío, que hemos terminado siendo el mismo.

El me entiende, yo lo entiendo, no entendemos el mundo.

Algo adentro me ronronea sobre los tejados de mis sueños abandonados, un intacto ovillo de tumba que no he podido descifrar. Es ovillo de lluvia, me aturde una gotera, y no ha querido aferrarse a mis ahogos.

Todos tenemos un animal adentro que nos refleja.

78

1985

Leonardo Gil (Bogotá)

Leonardo Gil

METAMORFOSIS

I

Poco se sabe pero alguien la otra noche dijo alguien ebrio, supongo, que al sol le gustaba andarse de rodillas

“al atardecer no muere como creen los viejos oráculos de las praderas tampoco duerme

Un millar de patas le salen de la cresta un millar de lenguas con que lame las montañas los árboles con que bebe las sales secas del mundo

Y con miles de lenguas /patas /rodillas /dedos el sol se hinca postra su disco ardiente para recibir la bendición de la noche para beber su lago de luces

tiempo después, preñado de sombras de rodillas el sol da a luz una niña una cabellera larga y negra le rasga la espalda una suave canción brota de él hija del sol /lluvia muerta sale a bailar los llantos todos del mundo”

81

Postal del Oleaje

II

besar con temor las praderas del sueño inhalar su aire tibio

hasta ver que una mano galopa y la otra canta

que el cuerpo se desbanda en rumores y bruma que más allá de la noche los rincones de casa iluminan

la lenta muerte cuando llega de costado

III

Si, a medianoche la duermevela se rompe

con el estruendo de un corazón que cae

en

el rincón más oscuro de Casa

no

te levantes

Un beso del silencio /un grillo muerto en todo caso me traerá de regreso desde el fondo de mis manos

IV

Cansado de dar tumbos por un espacio indeleble devoraré palmo a palmo las paredes de Casa.

Mi

vocación será la renuncia

ya

no habrá movimiento

Pronto Empezarán a caer los tentáculos como la herrumbre de un coloso marchito

Soy la piedra que aún no es,

hablo el odio de la que vendrá.

La quietud será una luz débil bajo el agua

La arena mi última metamorfosis

82

Leonardo Gil

ABOLENGO

Ojalá todo comenzara con un verso uno perfecto, cercano al silencio

uno que cante lo que soy, lo que he sido que dé cuenta de ese mar de cenizas

de polvo y agua que me trajo a la tierra.

De lo que soy:

Ese monstruo indómito, incalculable estridente lugar que me nombra esa palabra

que dice mi nombre aunque no me encuentre

El hocico de un animal hambriento,

al acecho, siempre a la espera

buscando mi cuerpo que huye, evita el espejo carne y sangre, entraña y ausencia

vacío

¿Quién soy si no una sombra en busca de su dueño?

De donde vengo:

Este cuerpo devorado, dolorido

Mi espalda llora en las mañanas

al abandonar la cama que habitaste hace mil años Un vago recuerdo en la migraña de Dios

que lucha por remar sobre su hoja en el agua de un río verde río, azul río, rojo río, río habitante de un planeta abandonado. Recuerdo dos cuerpos odiándose

Amándose

Salvando su sexo de las arenas del naufragio Recuerdo también la ceniza y la lava el magma, el furor de la tierra De un orgasmo vengo o de un llanto

de

una lágrima en todo caso.

Mi

destino:

El silencio, proclamar el silencio.

83

Postal del Oleaje

BAJO LA PIEL

I

¿Has llevado alguna vez una ciudad bajo la piel?

Es como no dormir

y sin embargo

saber que un sueño terrible arde entre las venas

no morir

a pesar de ser a la vez asesino y víctima un reflejo que no sabe de qué lado del espejo se encuentra

llevar una ciudad bajo la piel es saberse calle terraza ante la noche cloaca en la mañana

II

Cuando se tiene una ciudad bajo la piel resulta difícil saber /adónde ir

todas las calles conducen a ninguna parte todos los semáforos anuncian una parada

sin embargo todo fluye

no se teme a la noche más que a la luz

Todos los días la sed es diluvio de sal es tiritar de frío en las mañanas

albergar una palabra terca en el vientre

indescifrable

más cercana al odio que cualquier otra

Y todavía queda un consuelo:

revestir el cuerpo de un placer profano

84

Leonardo Gil

Llevar una ciudad bajo la piel renunciar al yo ser gota de agua, no en el mar, en el desierto donde realmente se muere donde no importa

III

no ser nadie

y aun así escuchar una sirena que llora por ti o por mí que te llama o que me llama al abismo perpetuo del insomnio

IV

cuando se tiene una ciudad bajo la piel el recuerdo de tu aroma se pierde entre mil gritos

Sólo se oye el eco de la multitud un cardumen de ambulancias en fuga

tener una ciudad bajo la piel es no morir no dormir no conocer el milagro de una luz sin poste saberte lejos siempre lejos de mí

85

Postal del Oleaje

CAMINAR

Caminar es algo que se hace con los dientes apretando los dientes

uno sale a andar por el parque, el mercado y a cada paso inhala el olor de las flores los mangos el /grito

el camión que se va con una promesa

uno se encuentra frente al semáforo y llora un rato se arrodilla a besar las rayas del muerto

a esquivar una bala roja y otra verde

uno busca un puente sobre un río estéril para recorrer la /noche

un centro comercial sobre un basurero para dormir el día

y mientras tanto

va dejando jirones de sombra en las paredes en cada hombro /cada calle

y cada paso en el andén sabe más a juevesanto

a costra de arena en los ojos /bajo la lengua

a tarde sola, dormida

¡ay de mí! que no paro que no alcanzo a decir nada serio

nada grave con este pájaro muerto entre las manos con esta serpiente seca que anida en el

corazón

Andar por ahí es el único consuelo buscar a tientas una historia una sonrisa /lucecita una promoción que me deje barato un pedazo de sueño para masticar esta noche

86

1985

Kamilo Muñoz (Ipiales)

Kamilo Muñoz

LA MUERTE ES UN CICLO QUE SE PREÑA DE MEMORIA

1

(Léase “Comisión”, de Ezra Loomis Pound)

Poeta Italiano de hace dos siglos, 1885 -1972. —Mucho gusto, cómo va la vida, cómo está este siglo. —Cómo le va, señor. Soy colombiano, de 26 años, 1985. Mucho gusto. Licenciado. Desempleado. Es difícil también tener 26 Don Dalton.

¿Tiene un cigarro? Ella extendió la mano; llovía. Nos partimos debajo de un paraguas y por-eso-llovía. Abren la puerta, mi hermano:

Administrador de empresas, una hija, Timbra su teléfono, —no ve a nadie. Parte. Llora. Se cierra el paraguas

hay alguien abriendo la cerca y el trigo el paisaje es un amasijo de peces y manos dilo llueve en las provincias que no matan

Tsunami en Japón, Chile. Asesinato del escritor tal

el cantante tal, el artista tal el poeta tal, la actriz tal.

2011.

En la radio vallenato. Moda en Medellín. ¿Novelas más leídas del año? Atracario tijeras, No hay atracario que no termine, ¿Canal del congreso de la república? podrido, señor Pound.

89

Postal del Oleaje

— ¡Hola cariño! 1 , ¡Llamada equivocada! Se parte el sol, y

por-eso-llovía. Escucho la radio encendida

y un sopor doloroso aturde mis sentidos, cual si hubiera bebido cicuta o apurado un pesado narcótico 2 ” repito apurando la cerca que está abierta

un amasijo de peces y manos abren el trigo y la cicuta el paraguas gira en la boca del día recibe el día llueve en las provincias que no secan

Las noticias. Invito a Erza a mirarlas. en mi cabeza lee su poema Comisión, repite: 1895-1985, hay una cerca abierta en el dialogo un paraguas escurriendo su alga de colores en el corazón siempre hay algo como un peso incontenible una vida posterior y una bastonera de colegio público mostrando su pelvis.

La muerte es un ciclo que se preña de memoria

1/Que quede entre nosotros, nada mejor que la leche cortada las recién casadas.

2 Uso de un fragmento del poema “Oda a un Ruiseñor” de John Keats, para conversar con el pasado del nacimiento de Loomis.

90

Kamilo Muñoz

CIGARRILLOS EN LA IMAGEN

Construir decía mi abuelo, y desprende del aliento el caballo gris que pisa la taberna.

Los dos sonríen con los dientes indios, unidas se deshacen del lector que arría la tumba lustre, los dos arden si la selva vuelve

se acobardan por una farola desamparada.

¡Apaga eso!, grita la vieja cuando llega a casa; la puerta abierta espejea el único espectáculo de los años, San Gregorio trepado en su rinconcito recibe la unción por la naturaleza de los siglos.

Detrás de los matorrales se dejó ver la sombra de la hierba, el huerto hizo ver la llanada de sus buitres, que juegan a no saber que el destino de un hombre es solo eso: la calma del polvo seco.

Las matas están secas. La música está guardada. Entre

parientes el que prende la fogata sabe levantar la quijada quemada.

Mi

abuelo está sentado

y

los inhalantes se hunden en el olor del pan y el ateísmo.

¡Deja de fumar! grita la vieja, con la boca de agüeros

sugerentes;

San Gregorio se hunde en la vareta que un chico esconde,

y el aliento quijada a quijada

abre una de sus tantas bocas

91

Postal del Oleaje

HOTEL Y BODEGONES

El color indefinible del cuero cuelga el movimiento nefasto /del toro, el mármol del cuerno del elefante calienta el corazón de la /memoria, el toro y el elefante son el sofá, el piso, un feng shui In /gles,

o nuestra tirita de símbolos olvidada en un pantalón.

En la habitación sin número

a caballo microcósmico, aserrín y medias de seda,

está montado el botones a la estadía, apreciado lector;

si sale, por favor,

deje la llave de papel que encontró en este momento en /los bolsillos,

que olvidamos, apreciado vigilante /sentado en esta silla esperando a alguien

y

entra a este hotel

si

he aquí la puerta abierta del soldadito quitándose su ropa de trabajo

92

Kamilo Muñoz

La palabra “Hiroshima”/ ¿Pesa más / que la mariposa? Ban`ya Natsuishi

CALLE DE LA SANA INQUISICIÓN PROHIBIDO ORINAR

® MULTA 1000 $ ®

Decreto-Resolución No 0001.

una bandada de mariposas vuela las cabezas rapadas de monjes lentamente ordenados en filas de tres por ocho junto a las bancas de iglesia de la Santa Inquisición, en la piel marchita del cirio se ve el registro y la huella derretida lentamente de los aviones B-29 que volaron los campos de Hiroshima y Nagasaki, 20.000 hombres marchan los fusiles prestados y B-52 vuelan el petróleo de Irak

pero en la piel de la abuela que tuesta el café y el anís vuela la mariposa que aprende

y en sus pies cae el muerto que aprenderá a volarlas

el hijo se sentarán junto a las grandes bancas de Iglesia in- cineradas por el fogón inocente a calentar sus manos

y los elefantes preciados de la memoria

preciarán la soledad del hombre que sueña

caminará cola-con-trompa-cola-con-rompa-cola-con-trom- pa los campos destruidos de la guerra que son la memoria del Ecuador del siglo XX volando la tierra derretida del siglo XXI

no se pagarán ningunos pesos colombianos por orinarse en las calles de la Santa Inquisición que se ha cagado en la /historia

93

1985

Santiago Espinosa (Bogotá)

Santiago Espinosa

EL OTRO

Pasa un hombre el niño que fue lo mira con rabia.

97

De Los Ecos

Postal del Oleaje

LA CASA ILUSORIA

Como un árbol que se abre camino en la mitad del mar, la casa, su olvidado lenguaje de peldaños, de redes y vacíos luminosos, nació en el sueño del arquitecto.

“Una casa”, se dijo, “huella de la vida, que tenga por rostro la prudencia del anónimo…” “Que interprete la montaña sin cortes sin remedos.” “Pura y aislada como la hoguera.”

Y de la casa surgieron moradores. Sus altos muros fueron perdiendo la extrañeza,

cuando por el pasillo circularon las visitas haciendo de los rincones escondites,

refugios,

donde la hombría pudo llorar las deudas de rejas para dentro

y habría de llegar el sexo

a la lengua de los niños.

Sonaron los estruendos de cada noticiero. El abandono en las caídas del fútbol. También hubo películas dobladas que hablaban del África, de una aridez distinta

a

la que comenzó en los muslos

y

terminó en el trazo de los rostros.

Fueron muchos los recuerdos que se robó la mansarda. La capa adusta del abuelo, Caracoles de ecos prófugos.

98

Santiago Espinosa

Los niños jugando a la guerra con sombreros de copa

o emprendiendo la caza del Mohán

en la selva imaginada. Mientras tanto, en la noche, los otros oían a su conciencia traquear en la madera, dando sus primeros pasos.

En medio de los aromas del melón, siempre distintos, viendo la luz colarse en los vitrales, por la ventana entró el sonido de un antiguo clarinete, poblando la casa de fantasmas

y de barcos que se hunden.

Con el adiós de los nardos, creciendo en la portada, quizás solo hubo tiempo de mirarse a los ojos para estrellar las copas de cara a la montaña. Hubo tiempo de alzarlas

y volver a brindar por los ausentes.

La obra estaba completa.

99

Para Guiseppe Volpini.

Postal del Oleaje

EL CARNICERO

La materia “diáspora de estrella”, es para Don Orlando kilos

peso tibio entre las manos.

Y el tiempo, del negro al blanco,

le zumba al oído como moscas en la tarde.

Entre lomos, caderas, blancos puñados de grasa, pasan los días de Don Orlando. Por eso alza las carnes al hombro sin pensar en los cortejos. Lee los mensajes de las fibras sin detenerse en augurios.

No hubo pudor cuando besó a su hijo entre placentas. Cuando lo tuvo en los brazos, y en los ojos del uno y del otro la misma bruma, sus manos, sin saberlo, imitaron la balanza romana.

Las vísceras del hijo se velaron, al ver la luz por el cuchillo de otros. Don Orlando no hace conjeturas,

su madre le enseñó que era malo especular.

Y sin embargo

no olvida la bendición antes de hacer los cortes. Hay que lavarse bien las manos sin importar el precio del jabón.

100

Santiago Espinosa

LAS BANDAS SE DESPIDEN

De País velado

Por la estela de la música un júbilo de otras partes se detiene en la marcha. Llama como un antiguo trasatlántico en los signos de la tuba. Avisa y se pierde en el brillo del trombón. Lentas armaduras de cobre que emergen de la neblina.

La música les sigue los pasos como un agua secreta. Ocupa huellas. Giros en la pista. Despierta en los botones de hueso y en la luz de las camisas, prendas apuntaladas por la ausente.

Hay una sombra en la mesa de los jóvenes que bailan, esperan en el ritmo, ríen, y hacia los bordes de la plaza comienzan a desaparecer.

En medio de la bruma los músicos se asoman. Ensayan el rostro de su propia máscara, más cerca del océano. Del polvo de los caminos mana una canción que para ellos ocurre en lo profundo. La escuchan, hasta perderse en ella, y van cesando en las vaharadas de la música con un adiós de cobre, lejanos.

“Adiós”, les dicen desde el fondo, Adiós.

101

Para Juan Manuel Roca.

1986

Luis Mallarino (Cartagena)

Luis Mallarino

“curioso que la gente crea que tender una cama es exactamente lo mismo que tender una cama” Cortázar

escribir un poema es exactamente lo mismo que arrancarse la piel

los poetas son eso:

seres siniestros que se enorgullecen de sus llagas de sus pústulas sus laceraciones seres que se agrietan cuando ríen seres que se hinchan se ulceran se encarnizan

y van a los eventos a mirarse

entre sí -envidiosos / asesinos¬¬-

y dicen

tengo una llaga en prosa que ganó premio

y sonríen y se agrietan

los poetas mediocres se reconocen porque tienen la piel casi intacta con excepción de unos puntos rojos que son un misterio para dermatólogos y editores

otros

se convirtieron en mercantes de la gangrena

y exhiben sus llagas en los mostradores

junto a moscas y gusanos

o comercian con la purulencia ajena

pero hay otros:

-y estos son los más simpáticos- tienen la piel reluciente tratada con aloe vera y Vitamina E y aún así aparecen en las primeras planas

en los suplementos culturales de los diarios

y en los festivales de poesía inaudita

105

Postal del Oleaje

se sabe que los grandes poetas murieron sin un centímetro de piel de allí la miseria los alaridos la locura todos en carne viva intentando decir que no sirve de nada desollarse que es mejor buscar un empleo y cobrar la quincena tranquilo sin que nadie moleste (el cajero automático y yo / más nadie) pero no nadie hace caso ¡me dan tanta tristeza los poetas!

escribir un poema es exactamente lo mismo que morder un anzuelo

106

Luis Mallarino

debes estar harta de alabanzas así que he venido a humillarte

No sé si te das cuenta de que todo lo que tocas se hace apocalipsis. Todo lo demueles, lo destruyes. Eres torpe. Se te quiebran las gotas, dejas caer la luna al mar, tomas la estrella equivocada, siembras fuego en terrenos infértiles o floreces en mitad de un otoño devastado. No sé por qué lo haces. Te aprovechas de tus ojos y los usas como tram - pas sangrientas. Asesina. Eres espeluznantemente bella y lo sabes; causas ternura y aversión, dulzura y repugnancia; eres miel sobre veneno, mordisco en manzana de acero. Siempre estás apareciendo en cada espejo, en cada jun- gla, demoníacamente bella, entrometida. Estás en todos los cauces, las causas, los sauces, las cosas, los saunas, las cunas, las quenas, las comas, las cimas, las cumbres, el hambre, los ejes, las siembras, los ojos, los nombres, las hojas. No dejas espacio para nadie. Egocéntrica. ¡Quieres serlo todo! Todo lo que tiembla o gime, todo lo que brama o ruge, todo lo que espanta y enternece. Abominablemente bella. Eres el camino y la verdad y la vida; el callejón sin salida y la mentira y la muerte. Eres el grito del grito; la palabra palabra. Mantienes a los dioses en cautiverio y vienes aquí a mos- trarnos tus manos como prueba de supervivencia. Malvada, asesina, grotesca, frágil, inocente. En tus ojos las gardenias quiebran el asfalto. Y el aire que respiras queda sin aire en tu boca.

107

Postal del Oleaje

se me han ido los días buscando formas menos despiadadas de mirarte buscando rutas buscando zonas de distensión entre tu rostro y mis manos -sin violencia- sin masacres a favor de la ternura

se me han ido los días

intentando caer en uno de los tantos naufragios que conducen a tu boca -sin temores- sin el miedo a quedar sometido

a una estampida de hojas secas

se me han extraviado los días en tu blusa -más bien en tu escote- las noches se me han convertido en tinieblas que crecen despavoridas sobre tus manos

y yo con lujuria

cayendo ladrillo a ladrillo vencido mudo polvoriento y tú con malicia mirándome como miran las enredaderas antes de abrazar o morder

108

Luis Mallarino

la poesía está siempre en donde uno menos piensa por ejemplo está en el comején y no en el libro en el piano destartalado y no en Beethoven en la plaga y no en el árbol la poesía puede que esté en los algodones de azúcar no en las nubes

en el hambre es más fácil hallarla en el hambre que en el pan en la sed que en el vino

a menudo está

en los espacios que hay entre las líneas de un verso

y no en el verso

la poesía está siempre en donde uno menos piensa por ejemplo en la factura del teléfono y no en la carta del amante

está en el silencio en el ruido en el susurro imperceptible en el bullicio en el eco sin voz y no en la voz

la poesía está en el lapso en que los labios todavía no son beso pero ya han dejado de ser bocas

la poesía puede que esté entre dos letras nunca en la palabra está en cualquier zaguán maloliente no en salones de eventos ni galerías está por ejemplo en la basura y no en el amor

la poesía está siempre en donde uno menos piensa

y pasa que

en estos tiempos –lúgubres- se piensa demasiado

109

1986

Tania Ganitsky (Bogotá)

Tania Ganitsky

I WISH I WAS A CATFISH

“Well I wish I was a catfish swimmin’ in the deep blue sea” Robert Petway

Soy un modelo de soñadora insostenible,

en

tiempos en que sólo podría vivir de otra manera

no

puedo vivir de ninguna manera;

mi

imaginación guarda todos los fracasos

para las cosas importantes.

113

Postal del Oleaje

LA PREGUNTA DE BORGES

El hecho de que alguien pregunte con cuántos caballos soñó Shakespeare entre 1592 y 1594 significa que aún se puede tomar aliento, que no todo está perdido. Quien quiera puede responder con uno con muchos con ninguno, sin esperar acertar en la cantidad, pero dando por sentando que Shakespeare sí soñó con algún caballo entre 1592 y 1594. Como lo terrible sería dudar la pregunta, como el nivel normal de realidad exigiría destruirla es una pregunta que revoluciona la respuesta. Si respondo que soñó con un caballo salvaje que corría en el bosque

o

con dos que galopaban en círculos en el campo

o

con siete que relinchaban a medianoche en un establo,

todo eso prueba una sola cosa: hay poesía.

114

Tania Ganitsky

Creo que los ojos del ciego son ascendentes. Blanco sobre blanco, el único camino hacia Dios aunque sea negro sobre negro. Creo en los ojos espirales del ciego, en su contacto-con-el-silencio, en el campo visible de la imaginación sagrada.

115

Postal del Oleaje

I

El pasado hubiera podido ser cualquier cosa

De El don del desierto

Un árbol que crece cada medio día una madre que renace una noche que no se abre y no estalla igual a un libro en que no se ha escrito nada un desierto que descubre su tiempo en liras and a god that sings us lullabies

Pero el pasado, ese no fue el pasado

El pasado es un ángel que cae de cabeza en el vacío

116

Tania Ganitsky

II

El artista abre su arena en dunas mientras la profunda paciencia del desierto desea recuperar el silencio.

117

1987

Yenny León (Medellín)

Yenny León

MUJER DE AGUA

Soy la mujer sentada a la orilla de todos los lagos

A Helena Araújo

Los restos del árbol están impresos en las yemas de mis dedos

Me resbalo por la piel de la cigarra Con mi delantal abanico el alma de la hoja Cruzo mis gruesos tobillos; busco selva la luna

Me repito seis veces dentro de mí misma en el umbral donde los mundos se funden Creo el huevo en la mitad de dos manos que se abrazan sin tocarse

Mientras dibujo el último círculo, aparece una segunda vida maraña de brazos, piernas y bocas

No tengo otro papel para escribir que la roca sobre la cual naufrago

121

Postal del Oleaje

agua una ola vacía en

Mis pies son el marco del árbol Gotea infinita la aurora

Sobrevuelo el camino del

LA COLA DEL ESCORPIÓN

La cola del escorpión atra- viesa la comisura de mis labios

Siento celos de las piedras envidio su inmortalidad

Mi tronco burbujea sobre el cubo abro el pergamino ciego leo la noche sobre mi espalda

Soy mi más amado huésped la más tierna quietud.

122

Yenny León

Con un remo en forma de mano de almirez impulso mis huellas sobre el río de cabellos desgastados que vivieron antes que mi aliento

Mis pupilas son cuentagotas mas no alcanzan a tocar el número de voces que me surcan

Veo gravitar el lenguaje blanca rosa de cera augur de mi pecho desnudo a medida que el alma recogida me atraviesa los labios

ESCRITURA

Detrás de mis ojos brota la semilla de lo eterno

Mis vértebras se abren al vuelo cercado por la página

123

Postal del Oleaje

Canto de ciego todo es un destello de blanca oscuridad Bienvenido al día aún no nacido ¿Podrás vencer la muralla

al salir de la cueva bajo el
limo

I

Llueve tu rostro

invisible de tus otros?

Tanto azul que se derrama

te sumerges en la
profundidad

tanta agua que no falta el
aire

se detiene Eres la delgada oscuridad de la mañana ¡Qué claro se hace el rayo antes de extinguirse!

del labio

II

Dilatada línea

Por un momento la corriente

TRÍPTICO

La noche cosida en las arrugas de tu ceño se eleva como humareda errante así tú ya eres ancestro

III

El nudo al final de la cuerda

A Bill Viola

124

Yenny León

leche gris en la sed

Sé cómo se siente que aunque brames tu cuerpo no te oiga te abismas en tus uñas lo demás es sólo nudo de aguas

tejido por la roca

Caída, envuelto

estás

Que si mil que si cien que si diez que si la estrella replegada regala sus puntas para nombrarte

NUDO DE AGUAS

Nada vendrá de ti ni nada viene

¿Piensas que con un giro lento de tus dedos puedes deshacer la sombra eyaculada?

noche diluviosa

Vástago débil

suelo reptil

125

Postal del Oleaje

SYLVIA

El no ser perfecta, me hiere. Sylvia Plath

Sé que a veces no soy sólida soy sólo el negativo de una ola un hueco sin sombra que olvidó el lenguaje de la espera

A veces salgo de casa

con la impresión de que soy pluma en caída un suspiro de rama seca en la boca de otro que me piensa

A veces me hundo en cobijas de humo

creadas por mí para sanar en secreto las llagas de una vida sin ofrendas ni santuarios

Suelo sentarme en los umbrales de las puertas para habitar el límite exacto entre lo hallado y lo perdido

Hoy amanecí con los labios blancos de tanto robarle horas al aire

Sabiduría gitana del errante me abrasa la inmortalidad ardiente mil manos para un nuevo comienzo

126

MÉXICO

1980

Daniela Camacho (Culiacán, Sinaloa)

Daniela Camacho

PARA NOMBRAR EL FUEGO

bajábamos de la ginebra como animales que vuelven de la fiebre / un pequeño cuarto a punto del derrumbe era enton- ces el lugar propicio para el amor / habitábamos con todo el cuerpo la palabra maremoto / un trío de ángeles animaba nuestras sombras en húmedos espejos / ardíamos de ma- nos rojas / de labios rojos / de sexos para siempre rojos / deseábamos la luz / nos poseía un lenguaje de serpientes:

/ entrar en un cuerpo o estrangularlo / hacer babear las fau- ces calientes de los lobos del sueño / decir amor mientras afuera están muriendo las palomas en tibias catedrales / entrar en un cuerpo y destruir el oro / darle la temperatura necesaria al alquimista para que interrumpa el suicidio de los niños en un país de nieve / hacer que el astrolabio nos devuelva la estrella a los ojos en blanco / y leer en las cad- eras ensanchadas / en los muslos / en la espalda / un árbol genealógico de bestias /

: sí / en otro tiempo volvíamos del vino tenebrosos / ino- centes / casi recién nacidos / tú entrabas en mi cuerpo / y un humo de lilas / sobre mí / dejaba una corona negra //

(Poema publicado por primera vez en Paideia, número 8, México, marzo de 2011)

131

Postal del Oleaje

MORIR DE PARAÍSO

I

Tu silencio es el lenguaje de la mujer que espera. Buscas un nombre. Una voz que al germinar no se rompa. Hurgas en el sueño de tu amante y con manos insalubres arrebatas frutos de la adormidera. Sobre tus labios, negras semillas recuerdan a los tábanos que enjambran en espera de sus hembras. Poco a poco, la temperatura de tu cuerpo se con- densa; sobre tu lenguaje, se desata el aguacero.

La lengua se bifurca. Dice lluvia y crece una amapola en el desierto. De sus pétalos, el té para aliviar el frío, el hambre.

Tengo miedo de nombrar la arena, de es- canciar el vino en la copa equivocada. Tal vez sería más dulce pronunciar la sed, interrumpir el vuelo de libélulas que van hacia tus ojos, heridas de mis ojos.

Pero es un designio lo que en mí se agrieta.

Mientras te espere

seré del precipicio.

132

Daniela Camacho

II

Escuchas. Hay una sonata para oboe pudriéndose en el río. Es silencio y no. Lo ángel de tus ojos ordena los acordes so- bre el agua. En tu corazón, un niño mudo ahoga una canción enferma. Aprendes a decir la noche con sus árboles enve- jeciendo. El aroma de los frutos, afilado, taja el cuerpo de la niebla. Al amanecer, la nota más violenta en el silbido de las oropéndolas predice la llovizna.

Te sueño bálsamo. Gota que desciende en la resquebra- jada corteza del almendro. Ámbar lágrima de Dios o roja sangre en el costado de la bestia.

Yo construyo para ti un lenguaje, una parva de cristales tan sanguíneos que semejan flores de cobalto. Digo para ti la transparencia, cincelo el paraíso.

En la desmesura del verano brillarán las hojas, el vocablo que al calor se deletrea.

Nublado y turbulento, sólo tú podrás instrumentar mi si- labario.

133

Postal del Oleaje

III

Lavarás tu cuerpo poseída por la sombra. Al primer golpe de agua, la piel arrancará de tajo un nombre a la memoria. Querrás decir Leteo, canción del tenebroso, diamela, pero estarás muda de espanto. En la espera del que tañe mirlos en el aire, te descubrirás distinta a las demás hijas de Eva y hablarás por los desnudos.

Soy la que flota en el río, la despojada. Polvo de la madre extraída a su niña en trance.

La desnuda

dicen ellos

la bestia descarriada.

¿A qué tanto ropaje si en la piel se me calcina un nombre? ¿Para qué vestir de nube, aturquesada, si de arder me estoy muriendo?

Busco acordes en la niebla que apacigüen mi silencio. Me abandono en el lenguaje de las barcas. Del ciprés soña- do por amantes solos nace una canción de cuna para las muchachas tristes.

En las ramas del almendro, madura el corazón del oboísta.

134

Daniela Camacho

IV

Vuelves del jardín de los quemados con una magnolia hu- meante en el lugar del corazón. Se escucha en tu vestido el crepitar de los gladiolos, el trágico gemido de las rosas. Oscuros tulipanes mecen tus cabellos. Ya muertos, despiden un olor a bestias devorándose. Hace tiempo te esperaba un tormento de flores. Ahora es otra la mujer que escribe el bosque, para que tú te pierdas.

Quería verlos frutecer en la ceniza. Árboles despavoridos. Abiertas bocas negras.

Quería apagar la flama enrareciendo el vuelo de los pája- ros. Hacer callar al violinista.

Pero ya desde mi cuerpo algo agitaba sus pañuelos blan- cos: Era la nieve. Caía de mi boca la palabra amor muerta de frío.

(Poemas publicados por primera vez en Crítica, número 139, México, ago- sto-septiembre de 2010)

135

Postal del Oleaje

De Plegarias para insomnes

I

¿Cómo desgranar la náusea de altos ojos y nochísimos in- somnios? ¿Cómo prender fue¬go a la terrible soledad? Tiemblo en el umbral de la locura, allí donde la tinta de los pájaros me silba: «Eterno será el sueño de la insomne, eterna la ternura de su espalda. Con sedien¬tas alas bajo el pubis lactará la lumbre de sus pechos. Nadie morderá semil- las en su vientre, nadie va a tatuarle el cuello con estrellas. Sola y lutecida reptará su muerte, sola en sus rojí-simos desvelos».

136

Daniela Camacho

PLEGARIA DE MUJER SIN LENGUA

Un golpe del alba en las flores/ me abandona ebria de nada/ y de luz lila/ ebria de inmovilidad y de certeza Alejandra Pizarnik.

Ebria que no, que de la luz no. Ebria y salmodiada por la noche no. Los pájaros más negros de mi boca y los cuchillos no, que de la muerte no. Todo el silencio y el gemir de oboes, la muchacha prostituta en mi ventana, el musgo entre los dientes no. El canto tremebundo de cigarras no, la hondura no. Yo arrastro este muñón de lengua entre palabras mudas que ya no, que lloran porque no. Y es ésta mi plegaria, ésta mi más dulce imprecación: la del dolor que no.

137

1981

Carlos Ramírez Vuelbas (Colima)

Carlos Ramírez Vuelbas

De Caliope baila con el poeta ebrio

3

La lengua de la lluvia lame el mes de agosto con la suavi- dad templada del calor en el verano.] El vaho del tiempo se asienta en mi lápiz con su raíz interna de oscura sensación como la sangre. Cómo detener este caudal alegre de piedra y espejismo y flores carmesí y piel desnuda y vello femenino con que se aroma el día,] que se manifiesta irreverente contra el ritmo cotidiano y las cafeterías y las tres de la tarde.] Esta euforia encendida de percibirlo todo con la misma intensidad que pueda ser nombrado] por un solo río de sangre y grafito y fuego en una hoja del tamiz de la lluvia. Todo sería, por un instante, la confusión y el gozo de ser poseído, abrazado por una fuerza tal,] al menos un segundo en que mi sólo corazón fuera, sin embargo.

Yo avanzo en mí, altivo, como un pequeño almirante, mientras desciende el lápiz por el día de lluvia de la página de agosto,] y miro cómo las cosas se llenan de mi sangre si las tocan mis pupilas, como si nunca antes fueran marcadas por las huellas digi- tales. Y alerta el cencerro agudo de mi pecho pregona la lumbre encima de la hora insegura del vuelo tordo y audaz de la ahorcajada que ignoro. Cómo decirte lo que amo al claro cielo en esta noche tarda, cuando la maravilla se revela en todo lo que veo.] Qué vértigo intenso el de sentirse vivo en medio del silen- cio mortal de las cosas. Quién podría decirme que nada de esto es cierto ahora que el mundo tiene veinticinco.]

141

Postal del Oleaje

Con la furia acumulada de este grito y este ramo hirviente de carcajadas de fango, yo te bendigo mundo y ofrezco el turbión de sangre de mi lápiz abierto, como un relámpago certero que ilumina el centro de mi casa.

Por esta noche placentera y la basura de mi calle y las bal- dosas donde el miasma hace su festín a mediodía,]

y la mujer que amo y el ciego que se acuesta en el hueco

de mi cama

y es un hombre completo amando a la mujer que amo, te

bendigo. Y quisiera para ti todos los poemas como una sola línea de poesía aún insuficiente,] como un solo verso largo que no surja aliento que con- tenga tanta fruición acumulada. (¿Podrías creerlo, un solo verso largo que no haya página suficiente sino es todo el océano y los ríos y los bosques y el desierto, y tú mismo mundo escribiendo versos para ti sobre tu cuerpo?)] Por esta hora placentera y mis amigos que me miran con miedo o con desprecio como quien presiente el acecho de un animal salvaje o una enfermedad terrible en la ciudad,] te bendigo vida y ya no puedo más

si no el agradecerte esta noche que apenas llega y que de tanto amarte me duele todo lo que cabe en mis palabras]

y en todo lo que alcanzan a percibir mis purísimos senti-

dos.

142

Carlos Ramírez Vuelbas

4

Bebo aguardiente

No hay amigo mejor que a solas te acompaña

a luchar contra uno mismo

No hay mejor destilado sino este que mana veneno en nuestro pecho

Que uno prueba sorbos

como quien bebe fuego

y mira en el fondo del vaso

su reflejo.

143

Postal del Oleaje

13

Los días de furia

Cuando la cama huele a hierba seca

y afuera el trópico es una mujer aullando

oh mis reinas

En mitad de la tormenta desangra Dios su dedo

como un relámpago

Y los autos relinchan contra el /estallido

Los días de furia

cuando cruzo la pierna y enciendo un cigarrillo para recordar otras batallas

mis hijas

La humedad es el llanto de mis pasos

y el sueño apenas un cuento para infantes

Albe los días de furia

en este momento que un hombre se dispone

a desgarrarse por dentro

mis hermanas

El trópico está lloviendo.

144

Carlos Ramírez Vuelbas

CARTA A YEATS

Yo también, hermano William Butler Yeats,

contemplo arder la vida con fría precisión de alba

y niebla de diciembre, mientras lentos tragos de coñac me beben (¿hay otra forma perceptible

de admirar cómo marcan la piel los granos férreos del tiempo?).

De fondo, adentro y a los lados, un rock and roll que lamenta el perdido amor --aullidos, fuegos en el cielo-- de fulminante cabellera roja sobre los hombros que prometía la nieve.

Aquellos pechos ondulantes de signo doble de interrogación lanzada con la certeza a la segunda persona de la yugular. La curva alarga el filo en hoz horizontal de amplias caderas

y un abismo hundido al centro que sabemos

retorna siempre primavera en musgo leve y azafrán.

Yo también, padre Yeats, quisiera para mis días el poema, y un labriego campesino en mis huesos que en firme rosa de voluntad pudiera

escribir con versos sus arados, sobre el mármol bravo, para el homenaje de la buena vida

a cambio de la bendición de la Poesía.

145

1981

Iván Cruz Osorio (Tlaxiaco, Oxaca)

Iván Cruz Osorio

CORIFEO

De Contracanto

Vengo de gritar tu nombre, de clamar a la vastedad de la noche una palabra inofensiva

que sonó como el nombre de una patria. Vengo de gritar que Malintzin ha muerto

y que su corazón quedó torcido

como el alma de sus hijos,

que Cortés llora la ausencia mientras ordena las cargas sobre las muchedumbres,

y los pueblos se dispersan

como archipiélagos marcados con tiza.

Vengo de gritar tu nombre, pero eso no importa,

la noche es blanca en los Andes,

y

estoy solo,

y

necesito una mujer

que no diga

que no es tiempo para el amor,

/

que amar en estos tiempos

es lo mismo que flotar como un cadáver frente a las playas; por eso grito tu nombre

y traigo estas viejas piedras

desgajadas del Chimborazo y el Aconcagua,

la arena sedienta del desierto de Sonora,

y este buchito de agua del lago Titicaca para que sonrías

y pronuncies mi nombre,

que no recuerdo,

que me fue arrebatado,

y que quiero escuchar de tus labios.

149

Postal del Oleaje

La noche es blanca en los Andes.

Yo vi los triunfos en Cochabamba, en Guanajuato.

Vi a Hidalgo y a San Martín

admirarse cuando Quetzalcóatl sangró su miembro

sobre los huesos polvosos de Lautaro y Cuauhtémoc para tornarlos al mar de la vida como hombres nuevos

y hacerlos pelear

por el país que pendía bocabajo como un ahorcado.

Vengo de gritar tu nombre, de enseñar ola tras ola

el mar de mi desesperación.

Vean mi sombrero, vean mi reloj, yo pude ser Margaret Thatcher

y

ganar una guerra más grande que ésta,

y

hablar de países lejanos,

y

poner mi bandera en islas

donde me cabe un solo pie.

Yo pude ser Pancho Villa

o Ernesto Guevara o Sandino,

y

agitar en el aire nuevas banderas,

y

llevar en la garganta

como un solo canto

a nuestros pueblos,

pero las banderas se han vuelto trapos flotando sobre los paredones,

y yo sólo soy un montañés

que no pudo ser un vagabundo de los puertos, que no conoció los bares flotantes de Rotterdam ni de Marsella,

y

en cambio miró a Mar del Plata,

a

Cartagena,

a

Veracruz,

a

Valparaíso,

y

pudo sentir el rumor de todos los mares,

y

los labios salados

de todas las mujeres de las costas.

150

Iván Cruz Osorio

Vengo de gritar tu nombre,

de ver a los marinos que tienden las velas,

y confían a los mares su destino.

Los heraldos han dicho que la pampa está en llamas, que arde el sitio en Cuautla, que Morelos agita el doliente de Hidalgo, que el Pacífico y el Atlántico revientan en los cascos de los barcos, que una mujer pasea sus lamentos en las calles angostas

No vendrá nadie

a contar tu ceniza,

nadie gritará tu muerte, invocarás su nombre, pero ella no vendrá, nadie te espera, nadie te ha buscado nunca.

La noche es blanca en los Andes. A diario cantamos un epitafio, una historia más de desamor. Todo el continente es desamor, no un viñedo mendocino abriéndose paso hacia la cordillera, no el desierto boliviano buscando la salida al mar.

Vengo de gritar tu nombre, pero eso no importa,

siento que he gritado todo el amor

y toda la desolación de nuestros padres,

sin dejar de estar solo, sin dejar de tener miedo, como un marinero a la deriva que sólo espera el grito de las sirenas.

151

1982

Lorena Ventura (Oaxaca)

Lorena Ventura

ESTAR DE VUELTA

Para estar de vuelta hace falta una paloma de gis entre las manos

y enseñar el trazo de la luz

a la muda geografía de tu sombra.

Poner en libertad las gaviotas del consuelo buscarme en ti bajo tu ropa en el difícil plumaje del insomnio:

abrigo de estas dos que somos cuando no te escondes.

Un amor vertical para apoyar el mar y las urgencias, (y el vértigo infinito de haber crecido en vano tantas veces, asediada por la sarna de estar sola).

Cristalizar las alas de la noche

y llegar nítida del luto a todo día.

Para estar de vuelta digo tu nombre

y también el mío.

Para que no te vayas pero también para que vuelvas.

Te busco en mí

155

Postal del Oleaje

a zarpazos

a cuentagotas

en los delgados pasos de un gato traído por la luna

en la tarde inmóvil en que la lejanía

trae

el largo silbato de un barco que se hunde

Te digo conquistada ya sin duda por lo aéreo

que para estar de vuelta sólo hace falta morirse un día.

156

Lorena Ventura

MEMORIA DE LOS DÍAS

Déjame decirte una a una las palabras que olvidé un día.

Decir

no por decir

que fueron tus ojos el pan sobre mi mesa

y tus manos del todo, como los árboles,

elementales.

(Vine a tu piel a navegar despacio

y en ella encontré algo de umbral y de atadura.

Hay una memoria de ti en cada ruta de mi sangre. Hay una muerte de mí en cada ruta de tu sangre.)

Déjame enumerarte el tiempo infinito y duro de estos /días, poner tu abandono sobre la paz obligatoria de mis horas, confundir las partículas del polvo con tu nombre.

(Tu nombre –habla el recuerdo se escribía con la misma tiza que la luna)

Déjame medir tu ausencia con insomnios

y contarte cómo envejecen mis entrañas,

Cómo los lagartos han venido a destrozar la transparencia de los sueños.

Porque ya no te veo más he ido olvidando los colores. Y porque ya nadie me escucha temo incluso al diccionario.

Porque cada minuto es un instrumento que prolonga la amargura,

porque ya ninguna raíz nace de mí para crecer profunda

y porque ya no he de volver de este destino subterráneo:

157

Postal del Oleaje

Que la noche me oscurezca con sus horas. Que mis zapatos sean tan pesados que llegue tarde a todos los crepúsculos Y que el silencio de este poema sea tal que sólo fantasmas puedan descifrarlo.

158

Lorena Ventura

TE CONFÍO MIS PÁRPADOS Y LA MÚLTIPLE

corriente de mi sangre oxigenada. Dos alas que se extienden y se pliegan:

contradicción de mi cuerpo sedentario. Mi boca, para que te pronuncies. Aunque ese nombre en tu saliva no llegue a ser jamás verbo sagrado.

Sé bien que todo en mí es margen de tu mundo. Horizonte de lo otro. Que escucho a solas canciones que hablan de ballenas. Y que extraviada en la plateada curvatura de sus colas he vuelto a ser un niño en el océano, un planeta cambiando de color.

El oficio que aprendí es una hoguera a punto de extinguirse y cada vez estoy más cerca de la línea final. Pero sé todavía cómo defenderme y puedo poner al servicio de tu magia la secreta calidez de mi veneno.

No es tan extenso el universo que el deseo de mis dedos no pueda abarcarlo. Arista por arista. Hormiga por hormiga has sido más grande que yo. Con menos desesperación y otros miedos.

Este es un camino que no volveremos a cruzar. Ya no hay espacio ahora. Sólo tiempo.

Y una tercera dimensión donde tu piel (como entonces) habla bien de ti entre mis manos.

La luz de ese metal es aún toda mi fiebre.

159

Postal del Oleaje

MEJOR LAS DUNAS QUE LOS CAMELLOS

aunque su brillo rosado significara el fin de nuestro viaje. Aunque permanecieran fijas como alas de inmensas aves petrificadas

y todo el desierto mientras tanto

fuera amarillo en movimiento.

Mejor las dunas que los camellos.

Mejor ser dueños de esta ardiente llanura de arena aunque los cactus se postren sobre el litoral de fuego como espadas de clorofila indisoluble.

Por este oleaje de fuego darían sus ojos edipos y esquimales. Por la perfecta tersura de este oro tendrían que huir al polo y a su invierno los escarabajos.

Se alzan las dunas y de nueva cuenta se sumergen, va corrigiendo sus bordes ondulados la música del viento.

(Aquí la amargura es asunto de la nieve).

Estas dunas labran su curvatura desde adentro

Pureza en llamas de sí mismas –o fósforos quizá, para incendiar las estrellas del desierto. Avanzan los camellos hacia donde dunas

a

más dunas se han rendido

y

la noche es ya un elemento inteligible.

Más allá de cada duna existe un mundo un corazón que es mío cierto, ardiente, impenetrable que nunca podré ver.

160

Lorena Ventura

MI INFANCIA ES UNA HISTORIA QUE MI PADRE REPETÍA.

Un amargo abecedario que impregnaba la sed de mi

palabra

–silencio sin saliva ni salida.

Mariposas en la niebla de una bolsa de papel.

(Bajo la invariable eficacia del pasado

donde el tiempo se prolonga sin los favores de la espuma y la sangre algo espera, bajo mis distracciones, bajo mis espinas más remotas y violetas, en la calma que promueven los moluscos –húmeda lección de caracol en la nieve que mi calor nunca ha disuelto –por la blancura de este iceberg con que sueño daría su piel cada unicornio– estoy viéndome

poblándome

sintiéndome vivir)

Estoy regresando a mis antiguos instrumentos,

a lo dulce y denso de mi propia historia.

Estoy balbuciendo en mi cartografía sagrada probándome un alma que es la imagen de mí sobre tus hombros,

y mis dedos asediando el aroma y la piel de ciertos frutos.

(El mundo era entonces claro y redondeado, sin rectas en los polos)

Todo comienza aquí.

161

Postal del Oleaje

En líquidas piedras de granada. –mínimo escarlata Donde la ropa se tiñe de simétrica sustancia y la trayectoria de mi origen se reanuda.

Cada nido –esa geometría que los pájaros nos enseñaron ya me ha quedado lejos sin tus hombros, padre.

162

1982

Alí Calderón (Ciudad de México)

Alí Calderón

[POLE POSITION]

Y mi pecho una supercarretera de ocho, dieciséis, treinta y dos carriles

con miles y millones de caballos de fuerza vertiginosos corriendo

y derramando lumbre en mis arterias.

Aquellas peligrosísimas curvas impostergables y letárgicas

y particularmente inabordables

cada vez que tú, Lesbia, no me miras.

Ese imperioso arrancar en segunda

cuando tus sí se vuelven indecibles,

impronunciables,

inminentemente pospuestos turbiamente y con perfidia por tus no unánimes e inconmovibles. Sólo tú echas a andar este Ferrari rojo, incalculablemente insaciable, impaciente por recorrer solemne

las largas calles de tus piernas

siempre prodigiosas, siempre proféticas

y en lo que a mí respecta,

absolutamente litúrgicas, plenas de infinitud.

Que la batería desbarate su potencia en tu cintura inenarrable porque finalmente y después de todo:

este bólido, Lesbia, no carbura sin tus estrechos jeans a la cadera.

165

Postal del Oleaje

[A LA MANERA DE OMAR KHAYYÁM]

EN UN JARDÍN de leves tulipanes y rosas pálidas disfruto /pleno la embriaguez He bebido hasta la última gota del vino rosado que bañó tu cuerpo y lo consagró solemne a la belleza He probado finos racimos de vid en tu lengua y los sabores más intensos en tu cáliz

Hoy que los árboles de tu juventud florecen bebo este dulce licor bajo su sombra.

166

Alí Calderón

[POBRE VALERIO CATULO]

A quién darás hoy tus versos, infeliz Catulo? sobre qué muslos posarás la mirada? Qué cintura rodeará /tu brazo?

cuáles pezones y cuáles labios habrás de morder /inagotable hasta el hastío?

Termine ya la dolorosa pantomima:

exquisito poeta, caro amigo,

fue siempre Lesbia,

un reducto inexpugnable.

A qué recordar su mano floreciente de jazmines o aquellos

leves gorjeos

sonando tibios en tu oído? para qué hablar del amor o del deseo si ella es su imagen /misma? por qué evocarla y consagrarle un sitio perdurable en la memoria? por qué Catulo? por qué? Que tus versos no giren más en torno a sus jeans, a su /blusa sisada, que tu cuerpo se habitúe a esa densa soledad absurda y /prematura, que su nombre y su figura de palmera y su mirada de /gladiola

se pierdan, poco a poco, ineluctablemente y de modo irreversible,

en el incierto y doloroso ir y venir de los días.

Y que a nadie importe si se llamaba Denisse, Clodia o

/Valentina qué caso tiene pobre Valerio Catulo? qué caso tiene?

167

Postal del Oleaje

[TRANSIBERIANO]

Diariamente diez mil kilómetros recorre el tren transiberiano para llegar de Moscú a Vladivostok, en Siberia. Nosotros habitamos la misma ciudad y todos los días nos cruzamos por la calle pero nuestro encuentro es más frío que una noche fría de Siberia y nadie todavía construye el transiberiano que me lleve a ti.

168

1983

Manuel Iris (Mérida, Yucatán)

Manuel Iris

HOMELESS

De Nueva nieve

También es nieve la que cae en el muñón del limosnero, en la vacía cuenca de su ojo.

Opaca, desdentada blancura a la mitad del rostro va burlando el rostro de la nieve.

Desde su aliento el cuerpo encima del muñón rehace una guerra en un lugar distinto en que jamás se ha visto una blancura más quemante que la flama de napalm.

No sé si el hombre ha sido un homicida.

En su muñón, en el vacío del ojo se ha atorado inútil, fría la belleza.

171

Postal del Oleaje

PARA BRINDAR AHORA

De Poemas sueltos, 2011

Homenaje a Pedro Lastra. Para Raúl Diego y Denis Pech.

Después diremos que hemos sido jóvenes,

que salimos en aviones a buscar palabras

y muchachas nuevas.

Que nos sentamos

la belleza en las rodillas, la encontramos amarga

y la injuriamos.

Después diremos que hemos sido mercenarios de calles largas y licorerías.

Diremos que hemos despertado alegres.

Que una mañana desnudamos la poesía

y allí, frente a su cuerpo irregular y enorme

difícil de preñar hemos tenido el miedo y el deseo de que todo termine.

Diremos

que nos hemos conformado con hacer literatura:

quisimos armar piedras quisimos fundar tigres quisimos construir un templo de

ceniza

y alimentar su hoguera.

172

Manuel Iris

Después diremos que dejamos el lenguaje, que no nos hizo falta y partiremos, viejos y cansados callándonos que todo es una gran mentira.

Cincinnati, Ohio. Diciembre y 2008.

173

Postal del Oleaje

NO ES AQUÍ

Varado en lenta, ennegrecida estancia en que se aduermen horas y llovizna voy a negar la casa.

No admitiré que estoy compuesto de oquedades,

a

confesar que me hacen falta abuelos

y

mi hermana que parece

siempre a punto de parir.

Apuntaré : afuera sopla el viento, se evaporó la nieve y el pordiosero sale de sí mismo…

Diré que escribo con entera libertad pero será mentira.

No es éste el sitio de decir lo que uno extraña.

No es aquí.

174

Manuel Iris

Mi madre mira su ventana y dice llueve miro afuera

realmente está lloviendo

cuando niño te buscabas charcos

para ver las nubes

dice

abro mi ventana

todo huele como a sabor de jícama

colgamos el teléfono

sonreímos como si viéramos la misma lluvia

salimos a la puerta

175

Postal del Oleaje

ROUND MIDNIGHT

De Overnight Medley

And I lost in the morning mist of an age at a riverside keep wandering in the mystic rhythm of jungle drums and the concerto. Gabriel Okara, Piano and drums

El Arquitecto calla, piensa. Planea juntar las puntas de la media noche para hacer de nuevo el puente entre tu voz y tu verdad primera.

…el inicio es torpe. Borro y escribo:

Thelonius Monk ató puntas de la media noche para tender la melodía que funciona como puente de tu voz al grito primigenio.

Acaso ha mejorado. Sigo escribiendo pero entonces apareces. Entras al cuarto y a pesar de que te veo de frente, prefiero la otra imagen que hay en el espejo, la variación del vidrio boquiabierto junto a ti.

…me detiene boquiabierto: evidente efectismo. Pongo de nuevo esa canción del Arquitecto y dejo que te vayas. Continúo:

Thelonius Monk ha atado los extremos de la media noche para iniciar la variación de los andamios que se alargan de tu hablar

a tu gemir de orgasmo tiempo de los otros

que se aman contemplando el fuego

al primitivo los pre-humanos

176

Manuel Iris

Thelonius Monk armó la media noche circular

y entonces la ternura más rudimentaria

se apropió de ti te convirtió en la imagen del primer amor que es casi el eufemismo

de quedar en celo día siguiente

es casi ronda casi

…la canción termina pero alguna variación es todavía posible. Callo. Imagino al arquitecto componiendo partituras que sirven nada más para salir o para entrar en ellas. Pongo play:

pensaba

unir las puntas de la media noche

y la ternura más homínida posible

el más elemental amor

y pensó en dejarlas en la piedra para siempre

en invocarte como a la cacería y te volvió rupestre y te dejó en la cueva del amor original del eufemismo de quedar en celo de ser Thelonius Monk haciendo los andamios

de tu risa

que se alargan de tu voz a los aullidos hacia el temblor de orgasmo

y vas del piano al tambor y vas también

en dirección contraria Caigo en cuenta de que el puente es una forma de la eternidad

que el Arquitecto escribe los reflejos de tu rostro

cuando entras por la puerta

tus puntos

o de partida.

te vio las manos

tu precisa variación de llegada

tus momentos

177

1983

Dalí Corona (Ciudad de México)

Dalí Corona

Desbaratado el grito – la caricia más delgada de un dolor que se agolpa en la garganta. Desbaratado el cielo, la mañana como un racimo de gardenias muertas por el frío. Desbaratadas las calles, las esquinas, las tiendas de /abarrotes, desbaratado el viento; la sombra de una herida abierta en /surco; desbaratado rayo, la grieta en que la noche siempre viene a rascarse las estrellas. Desbaratado yo y mí conjuro espantapájaros, el beso, la mordida, la nada que se expande al pronunciar /su tacto.

Bella e inapagable, todo cuanto mira es un protón apunto ya de la fractura, una caída vertical hacia el desierto: demonios, huracanes, nidos de voluptuosa magia negra que se encarnan en el día:

derrumbe de sombras, la muerte dibujada en cada poro, /en cada lágrima, en cada minúscula fracción de llanto incandescente.

181

Postal del Oleaje

Qué has visto en esta tierra que no sea rumor de un tiempo ya perdido.

Cómo llamarle a esto que una vez fue algarabía

y que armado con sus huesos

amó hasta la muerta noche. Cómo nombrar ahora los días que recorren el patio de esta casa, qué queda por decir de sus cimientos si en cada rincón la soledad ha colgado sus insomnios. Querida, tierna, amable soledad que ahora habitas jun- [to mío, que allanas el camino hacia marinos campos, que vibras en mi pulso como la fiera noche, como el trotar del rayo,

como el fulgor de una batalla inútil;

a ti dejo mi canto póstumo, la voz más delicada,

a ti encargo el desmedrado aliento que labra en el cuerpo la tristeza.

182

Dalí Corona

Devorará Cerbero el corazón de aquel que intente con lanza o con puñal atravesar las puertas de la noche. Y no se sabrá de quién son los huesos que mengua la [tarde, de quién los lamentos que pueblan las orillas de este [mar cansado, de quién el golpe seco. No se sabrá tampoco de la mano que acarició solemne el lomo del caballo esperando que el relincho regresara hasta su tumba la mueca de un dolor certero y palpitante. Pero el aire que circunde su silencio dejará un ligero olor a algarabía y ése será el delicado canto que te nombre.

183

Postal del Oleaje

La voz de mi hijo al despertarse no es la misma que al cruzar la puerta de la escuela. Un río que en su viaje lleva peces cuando a las siete en punto se levanta, un páramo sombrío cuando suena la campana que le muestra que es la hora de empezar las clases.

Solemos platicar en el camino de la casa hacia la escuela; hablamos de los días pasados

y lo que haremos al iniciar las vacaciones. Repasamos, juntos,

vocales y alfabeto,

corregimos

nuestra expresión verbal para las cenas familiares.

La voz de mi hijo en las mañanas no es la misma que al cruzar la puerta de la escuela, algo, como un banco de peces, le cruza la garganta

y le impide decir “adiós papá”

cuando me marcho.

184

Dalí Corona

Dios proveerá, decía mi madre,

cuando los días de la quincena se alargaban

y no llegaba el día de pago.

Dios proveerá, la escuche decir por mucho tiempo mirando multiplicarse su neurosis pero nunca los panes y peces. Aún así, sin haber visto al milagro realizarse, acostumbro, en días como hoy, mirar a mi hijo

y decirme en voz muy baja, Dios proveerá.

185

Postal del Oleaje

Seguramente entre la sombra acecha, prepara su mirada de bandido y afila los garfios con la intención de hacerme más despojo. No tiene idea que debajo de la piel, entre el músculo hecho nudo la sangre ya coagula. Ya comienza a detener su tránsito.

186

1985

Fernando Trejo (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas)

Fernando Trejo

De Travelling

CAMEO CUANDO EL ABUELO CARLOS NOS RECORRIÓ VIAJE PARA SIEMPRE.

A la Caro, mi hermana. A la Gis.

Nos fue la infancia más larga aquella tarde. Atravesamos el pueblo,sin gota de agua en la garganta, ahogándonos de sed. Salimos con elsol detrás, pintarrajeaba de oro las ventanas. Mi madre, recuerdo, nostomó una foto. Camina- mos varios kilómetros y recorrimos el pequeñopueblo que cabía en mi mano. Las ventanas con su vista clavaban la figura del abuelo y de los nietos, y no creían capaz que la música delviento nos mugiera un silencio, y que la metralla de las piedras alrodar nos abriera camino, y que los per- ros con su lengua ya muertanos dejaran en paz. Fue la tarde más larga de la infancia, estoy seguroque de eso se encargó el abuelo. Supo mantenernos al tanto, con el ojo pelón, engallados, sin mencionar palabra, en ese camino- film y largo que se ha convertido Viaje para siempre, del que no querré volver.

189

Postal del Oleaje

CAMEO EN LA QUE EL DIRECTOR OBSERVA A LA MUCHACHA QUE LAVA ROPA LOS DOMINGOS EN CASA DE LOS ABUELOS.

A mis primos Luis y Toño. A Carlitos (†).

La muchacha del pueblo

lava ropa los domingos en casa de la abuela. Doscientos ojos míos la intentan desnudar,

y un deseo inquieto y delgado como un hilo -por fregar en el abdomen del patio

y del deseo-

me nace debajo de mi piel.

La muchacha del pueblo anda entre los matorrales cantando quién sabe qué pajarerías y desnuda su alma entre las buganvilias y el mandil. Dieciséis años, veranos donde el sol ha tatuado ya sus pechos dorado ya sus piernas.

La muchacha del pueblo se menea indiscreta de vestido al aire.

Hace de este deseo un inquieto coraje entre los puños, he de dejar marcas en las paredes con mi rabia de nudil- los.

190

Fernando Trejo

CAMEO EN LA QUE EL DIRECTOR SE AFERRA A NO MIRAR A LOS OJOS DE UNA NIÑA EN EL SET.

Y te me quedas viendo y

es en el corazón una batalla para salir a saludarte.

Miles de soldaditos se abaten esta guerra.

Todos ansían con ganas aferradas salir a descubrirte.

Y cuando te me quedas viendo

es una multitud de pasajeros picándome los ojos, mojan con su lágrima redentora esta risita que se dibuja en mi boca.

Y es en el corazón una batalla a muerte.

Hay dentro de mí, trescientos míos queriendo ser yo por sólo mencionarte, por sólo pronunciar tu nombre del que extraigo todas las posibles conjeturas para no mover las líneas en que dibujo tus ojos.

Y cuando te me quedas viendo,

es en el aire tu voz la que sostiene todas las moléculas, vienen y van felices festejando su infinito recorrido; sólo ellas saben a dónde se dirige el mundo en estas vueltas de las que nadie se percata; y todos sin pensar en ello, hacemos el oficio diario de dormir, de caminar sin rumbo fijo.

Y cuando te me quedas viendo,

el mundo parece detenerse.

191

Postal del Oleaje

Y no sé, entonces, si esta gravedad dejará elevar mi corazón como un globo aerostático,

ETERNO,

por los aires.

192

Fernando Trejo

PIEZA PARA BESO LARGO

¡Para la acción cutánea del recuerdo! Del olvido vago. De la sola interpretación iracunda de las voces detrás de la silbada e inmiscuida tela. Para. Ventura aligera. Vuela entonces la voz melosa de la melancolía. Saben del beso largo las len- guas que por nosotros se inyectaban a veces, a voces, a vasos de cristal abriéndonos la piel.

193

Postal del Oleaje

De Bérsame

Íbamos de paseo a levantar los mangos del terreno. Entre las guayas encontrábamos un rinconcito para anidarnos de la lluvia. Ahí soltaba su más recia tormenta la nostalgia. No paraba la noche de gemir y sordas nuestras manos se apretaban a nosotros y decidíamos entonces pelar guaya por guaya para perder el tiempo, para que se nos quitara la gana esa de acariciar los mangos a mordidas.

194

1985

Samuel Espinosa Mómox (San Pedro Cholula, Puebla)

Samuel Espinosa Mómox

De Dossier Desesperanza

TABERNARIA

Para Federico Vite

No te sorprenda el día en que la amargura que tanto tiempo te ha habitado entre la lengua se te olvide en la banca de algún parque después de haber probado en el roce de sus manos casi imperceptible

en sus labios el sabor a mandarina de las tardes

y reconozcas en su voz la sombra

de duda que

o al menos te presagie algunas otras tardes

de hablar con alguien más que las paredes de tu casa

o los vasos sucios de la cantina de siempre

recuerdas

se parece a la alegría

Ni dudes al verte de reojo

en los aparadores de una tienda de zapatos

y encuentres que también en el reflejo

mientras caminas a su lado

ella camina de tu /brazo

mientras los dos sonríen sin grandes esperanzas pero sin más razones para no tenerlas

No te sorprenda

si un par de semanas después de conocerla

ella no llega o llega tarde a la siguiente cita

y poco a poco

triste te vas dando cuenta que de las muy pequeñas brasas encendidas

que miraste alguna vez al fondo de sus ojos

cuando te miraba

va sólo quedando una delgada línea una brevísima delgada línea de humo que fácilmente se confunde con su rímel

sin embargo

inevitablemente

y sonreía

197

Postal del Oleaje

Y sobre todo

con sólo las migajas de sus labios en tus hombros

y la amargura que habías olvidado

burlándose de ti

y te acompañe a la cantina que los dos conocen tanto

no te sorprenda el día en que estés solo

regrese

198

Samuel Espinosa Mómox

CANCIONES DEL PALTIEL HIJO DE LAIS(fragmentos)

Mejor hubiera sido no saber ni su nombre

y que mis ojos

nunca posaran en su cuerpo sus muslos casi vivos en sí mismos la brevedad retórica debajo su blusa ni que su boca mínima tormenta que arrasa con ciudades

que arrastra y blande el torbellino de la lengua

hasta inundarlo todo

me alcanzara

[vii]

o que el lentísimo depredador que traigo dentro

esta enfermiza bestia de colmillos suaves parásito letal por delicado en el momento mismo de nacer se hubiera muerto