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INDICE

 

Prefacio

9

I. Introducción

13

II.

Primer período:

21

Método "tradicional": tratamientos físicos

y

"tratamiento moral".

III.

Segundo período:

41

Método de sugestión hipnótica

IV. Tercer período: Método hipnocatártico

71

V. Cuarto período: Método catártico

83

VI. Quinto período: Método de asociación libre

111

o

método psicoanalítico.

VII. Algunas conclusiones provisorias

125

Bibliografía

133

Prefacio

Este ensayo, en su conjunto, constituye un capítulo de un libro en proceso cuyo título provisorio es el siguiente: "El Método y la Técnica del Psicoanálisis: su nacimiento y sus articulaciones. Una lectura epistemológica." Dicho libro se inscribe dentro de una extensa investiga­ ción, de tiempo ilimitado, sobre la que estoy trabajando en la Universidad Autónoma Metropolitana, Xochimilco, la que quedó registrada con una denominación tan ambiciosa como difícilmente abarcable para un solitario investigador:

"La problemática epistemológica del Psicoanálisis". Otros proyectos más urgentes, dentro de la misma inves­ tigación en curso, han ido aplazando la terminación de ese libro. Sin embargo, el capítulo referido, ya terminado hace mucho tiempo, y tal vez por su coherencia interna, está sien­ do utilizado, bajo forma de apuntes, por mis alumnos de la UAM-X. y del Círculo Psicoanalííico Mexicano. Por esta razón he decidido adelantar su publicación en esta colección "Breviarios de la Investigación", a pesar de que solamente cobrará su sentido más pleno cuando se reinstale dentro del texto global del que ahora es extraído, en el que constituye tan sólo una indispensable parte intro­ ductoria. En él se detalla, con gran minuciosidad, y desde una perspectiva histórica-crítica, el largo camino que permitió la constitución del método psicoanalítico y la del dispositi­ vo propuesto por Freud para el trabajo clínico. Ello conlle­ va necesariam ente tran sitar por las teorizaciones efectuadas por éste en la "prehistoria del Psicoanálisis", po­ niendo el acento en las transformaciones de la técnica uti­ lizada por el fundador del Psicoanálisis así como en las razones de dichos cambios y mutaciones. Este capítulo, qué veremos ahora como un ensayo en sí mismo, constituye desde nuestro punto de vista la base ne­ cesaria sobre la que podrán esbozarse lecturas interpreta-

vas de carácter teórico y epistemológico, al contextualizar históricamente dicho proceso, desde una perspectiva bas­ tante distinta a la utilizada de manera tradicional. La misma supone entender la compleja interacción entre los niveles teóricos, clínico/técnicos, histórico/coyunturales y el proceso interno vivido por Frcud, de descubrimiento de su propio inconciente, para poder dar cuenta de los comple ­ jos caminos que condujeron a la instauración del método de la asociación libre en el dispositivo terapéutico, condición de posibilidad para el trabajo analítico, en lo que se suele designar como "situación psicoanalítica". Las múltiples citas incorporadas al texto apuntalan la in­ tención didáctica con la que fue escrito, permitiendo seguir en detalle el proceso de modificación metodológica/técnica seguido por Frcud entre 1886 y 1898, fecha en que -para no­ sotros- puede delimitarse el nacimiento del Psicoanálisis, desde un abordaje epistemológico. Pese a nuestros intentos de separar este ensayo de los ca­ pítulos que lo anteceden y lo continúan en el texto original, no hemos logrado incluir y sintetizar de una manera satis­ factoria el contenido de dichos capítulos previos, ni elimi­ nar totalmente las referencias cruzadas a los posteriores. Pedimos pues disculpas a los lectores por los temas que pue­ dan quedar oscuros sin la presencia del extenso desarrollo que recibían originalmente (por ejemplo, la delimitación y diferenciación de las nociones de "método", "técnica", "situa­ ción psicoanalítica", "dispositivo", "espacio analítico", etcé­ tera -de por sí bastante ambiguas y polivalentes- y el análisis de sus complejas relaciones), así como por las múltiples menciones al análisis epistemológico que, con posteriori­ dad, será retomado a partir de los temas aquí presentados. Es posible ver este ensayo como una directa continuación

de

mi reciente libro; El nacimiento del Psicoanálisis - A p u n ­

tes críticos para una delimitación epistemológica, cuya lec tu­

ra previa puede esclarecer los objetivos que se persiguen. De todas formas la misma no resulta imprescindible ya que en el presente ensayo ha sido necesario retomar algunos ele­ mentos de dicho libro. Por ello, y pese a las salvedades an-

ya que en el presente ensayo ha sido necesario retomar al­ gunos elementos de dicho libro. Por ello, y pese a las salve­ dades antes indicadas, este texto puede ser leído aisladamente por quien se interese en seguir con mucho de­ tenimiento, en un plano histórico-descriptivo, los avatares de Freud en la producción de conocimientos y en la progre­ siva incorporación/creación de los diferentes métodos que le permitieron, en la compleja interacción antes menciona­ da, fundar el Psicoanálisis.

México, D.F., marzo de 1989

I

Introducción

Desde nuestra lectura epistemológica el nacimiento del Psicoanálisis supone una compleja interacción, interdepen­ dencia y complementariedad entre diversas dimensiones de análisis. Por ello, la simple mención descriptiva de un nivel no puede realizarse sin considerar al unísono los demás pla­ nos que se hallan intrincadamente articulados a él. Analizar la constitución del método psicoanalítico, nues­ tro objetivo en este ensayo, presupone obviamente recorrer el largo camino de transformaciones que fueron experimen­ tando el método y la técnica freudiana en la prehistoria del Psicoanálisis. Para ello resulta imposible dejar de lado el marco con­ ceptual que posibilitó la aparición de los diferentes momen­ tos metodológicos de Freud, lugar desde donde podemos acceder a la comprensión de los mismos. En Psicoanálisis la dimensión metodológico-técnica no puede ser presentada en forma separada de las teorizacio­ nes sobre las que se sustenta; éstas fueron desarrolladas por Freud, de manera trabajosa y paulatina, en un largo proce­ so que lejos está de tener un mero valor histórico. Por ese motivo nuestra reflexión epistemológica deberá ir articulando ambos niveles permanentemente, buscando además examinar los efectos producidos por un tercer regis­ tro de fundamental importancia: los avatares personales de Freud y su movimiento interno que lo condujeron a su "au­ toanálisis" (para decirlo muy esquemáticamente, Freud-su- jeto psíquico), factor esencial y fundante para el nacimiento de esta nueva disciplina.1

1 He tenido ocasión de m encionar reiteradam ente el llam ado "autoanáli­ sis" de Freud, centrado en su transferencia con Fliess. Sus efectos fuc-

Todo ello se dio teniendo como trasfondo una dimensión histórico-social (vale decir, Freud-sujeto social), la que tam­ bién necesitará de un minucioso análisis concomitante. Sólo la presentación simultánea de, como mínimo, estos niveles y sus complejas interacciones y complemcntarieda- des puede posibilitar el análisis epistemológico al que pre­ tendemos arribar. A través de él estudiaremos los pasajes entre los distintos momentos metodológicos que estamos proponiendo para dar cuenta de la constitución del método psícoanalítico. Si esos son los ambiciosos objetivos del futuro libro del que se adelanta ahora un capitulo, es preciso aclarar que los del presente ensayo resultan mucho menos abarcativos y se hallan también más delimitados. Como lo hemos esbo­ zado en el prefacio, reseñaremos históricamente dichos períodos apoyándonos de manera primordial en textos del propio Freud, en los que ahondaremos y a los que nos re­ feriremos en forma profusa. Pero si bien el ensayo tendrá un carácter iundamentalmente hislórico-dcscriptivo, no se rehuirá, por momentos, el planteamiento de algunos pro­ blemas de carácter teórico/epistemológico ni se dejará de abrir preguntas en esa dirección, que se intentarán abor­ dar en su oportunidad. Para el estudio de la transformación de la técnica psicoa- nalílica hemos resuelto dividir esta historia en períodos, ca­ da uno de los cuales estuvo centrado en determinado método. Como luego se podrá apreciar, nustra lectura difie­ re en muchos aspectos de la tradicionalmente utilizada pa-

ro n

un v e r d a d e r o ps icoanálisis (el

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P e ro

el

a b o rd a re ­

ra dividir y analizar la prehistoria del Psicoanálisis y lo que suele designarse en forma equívoca como la "evolución de la técnica freudiana". Es muy sabido que Freud habla a menudo de "método". Lo hace básicamente en sus obras tempranas para referirse al procedimiento catártico y, años después, también lo em­ pleó para designar al procedimiento psicoanalítico. Pode­ mos así leer en su obra múltiples referencias al "método catártico" y al "método psicoanalítico". Hemos resuelto extender esta idea de "método", en el mis- mo sentido utilizado por Freud , para referirnos a los demás períodos en que dividimos dicho proceso de transformación de la técnica freudiana en tos orígenes del Psicoanálisis. Cabe aquí, en primer lugar, hacer una breve digresión pa­ ra referirnos al término "método". Son muy conocidas, a nivel filosófico, las dos grandes acepciones que, desde la filosofía griega, han caracterizado a esta noción. Esquematizando al máximo, y en aras de ser breves, serían las siguientes:

a) en un sentido muy general, método remitiría, como nos

dice Lalande, a la idea de una "dirección definible y regular­

mente seguida en una operación del espíritu".3 Por su par­ te Abbagnano prefiere hablar de "toda investigación u orientación de la investigación".4

*

2

b) en un sentido más específico, método se entendería co­

mo un "Programa que regula anticipadamente un conjunto de operaciones a efectuarse, señalando ciertos procedi­ mientos que deben evitarse, para alcanzar un resultado de­ terminado".5 También podría entenderse, volviendo al filósofo italiano antes mencionado, como "una particular

2 D esde luego no es éste el único sentido en que Freud em pleó la noción de "m étodo'' y de "m étodo psicoanalítico", lo que luego retom arem os en nuestras conclusiones.

3 A. Lalande: V ocabulaire tcchnique et critique de la Philosophie. p.624. traducción nuestra.

4 N.

5 A. Lalande: op.cit

A bbagnano: Diccionario de Filosofía, p.802.

p.624, traducción nuestra.

técnica (

)

un procedimiento de investigación ordenado,

repetiblc y autocorrcgible, que garantiza la obtención de re­ sultados válidos”/' Como se puede apreciar estas dos connotaciones del con­ cepto de método están articuladas entre sí y tienen por ba­ se su significación etimológica: "camino para llegar a un

resultado”.7

Sin meternos ahora en sutilezas y matices de interpreta­ ción (por ejemplo, si el método supone un a-priori o es el re­ sultado decantado de ia experiencia, problema importante que retomaremos), podemos ver que, desde una perspecti­ va, Freud piensa el método como un camino de investigación o, para ser más precisos, como un verdadero procedimien­ to o dispositivo que permite el acercamiento al objeto en es­ tudio. Es en esa acepción que utilizaremos la noción de método que -como decíamos- haremos extensiva a cada uno de los períodos en que dividimos la historia de la técnica freudia- na en la prehistoria del Psicoanálisis. Dentro de cada período metodológico podremos mencio­ nar el uso de diversos procedimientos técnicos, que están claramente supeditados al método utilizado (por ejemplo, como veremos, la técnica de "concentración", o de utiliza­ ción de la mano en la frente, son variantes que dependen ne­ tamente del método catártico). La división que proponemos, y que iremos explicando a continuación, es la siguiente.8

"tradicional”: tratamientos

miento moral": 1886/1887 (¿?). 2) Método de sugestión hipnótica: 1887/1889 (¿1892?).

1) Método

físicos y "trata­

6 N. Abbagnano: op.cit

7 J. Coram inas: D iccionario crítico etim ológico. V ol.ll, p.309.

8 Cabe acotar que ya hemos adelantado esta propuesta, por m om entos ca­ si textualm ente, en nuestro libro: El nacim iento del Psicoanálisis - A p u n ­ tes críticos para una delim itación epistem ológica, así como en una ponencia posterior titulada: El "caso Emmy von N.". cien años después:

p.802

una lectura epistemológica.

3)

Método hipnocatárlico: 1889/1892 (¿1896?).

a) Momento inicial: esbozo del método hipnocatárlico:

1889/¿1890?.

M étodo

¿18917/1892 (¿1896?)

b)

hipnocatárlico

propiam ente

dicho:

4)

Método catártico: 1892/¿1898?.

5)

Método de asociación libre o método psicoanalítico: a

partir de 1898, aproximadamente, con una rigurosidad cre­

ciente.

Estos cinco períodos no pueden, obviamente, separarse en forma nítida, porque el proceso enjuego constituye un verda­ dero continuum que, sin embargo, poco tiene de "lógico", "es­ perado"’o "natural". De todas formas hemos intentado indicar fechas de iniciación y de terminación de cada período, enten­ dida esta última tan sólo como la de abandono de dicho mé­ todo como exclusivo y/o preponderante, continuando luego como método complementario. La fecha que anotamos a con­ tinuación, entre paréntesis, corresponde al momento proba­ ble de renuncia definitiva a dicho método. Los signos de interrogación evidencian las dudas que siguen abiertas en tor­ no a la delimitación de fechas.

Pero antes de entrar a cada uno de estos períodos se hacen necesarias algunas mínimas puntualizaciones terminológicas (con claras implicaciones teóricas), que tendremos ocasión de retomar al final del presente ensayo. Como se podrá apreciar en lo que precede hemos evita­ do la utilización de los términos "evolución" o "desarrollo" para referirnos a los avatares de la historia de la técnica freudiana. Esto merece cierta explicación ya que esos tér­ minos están muy difundidos y suelen ser muy usuales, pu- diendo encontrarse fácilmente en cualquier libro que historie el Psicoanálisis en sus diferentes vertientes. La palabra "evolución", en su acepción más común, con­ lleva la idea de progreso, de avance, generalmente lineal.

Vale decir, connota un punto de vista ideológico, finalista, que se halla aún más acentuado en el concepto de "evolucio­ nismo" (con el que suele asociarse); éste ha caracterizado a muchas escudas en las distintas ciencias sociales y supone una lectura muy simplista del modelo darwiniano/ Es noto­ rio que d "evolucionismo'’ en antropología, tan sólo por po­ ner un ejemplo, en los diferentes autores que lo han representado históricamente, no pudo desprenderse de un etnocentrismo y una lectura claramente finalista que se ha­ lla fuera de lugar para la comprensión del Psicoanálisis, en cualquiera de sus dimensiones de análisis (teórica, clíni­

ca/técnica, epistemológica, etcétera). Discutiremos luego, después de nuestro largo recorrido, si el método y la. técni­ ca del Psicoanálisis pueden ser entendidos en su proceso de constitución como un simple "desenvolvimiento" lineal (eti­ mología de la palabra "desarrollo"). Vale decir, si tiene al­ gún sentido pensar el método psicoanalítico como ya "contenido" en las formas de psicoterapia sugestiva o en el método hipnoealártieo, habiéndole bastado a Freud "desco­

",

demia. Si en cambio tomamos c.1 sentido figurado de la noción de desarrollo allí propuesto, deberemos preguntar­ nos si lo que estaba en juego era tan sólo "acrecentar, dar incremento a una cosa del orden físico, intelectual o moral". El mismo problema se nos plantea con la designación de "etapas" o de "períodos". No hemos logrado encontrar una acepción que permita realmente dar cuenta de nuestro pun­ to de vista ya que los demás términos utilizados habilual-

menle como sinónimos (fase, estadio, etcétera) también plantean dificultades muy semejantes. Es bien conocido el origen de la palabra "etapa" que en su acepción más antigua parece estar referida a cade uno de los lugares en que pernoctaba la tropa en marcha. De ahí

ger lo que estaba arrollado

como lo define la Real Aca­

9

N o

evolucionistas, las que impregnaban su marco cultural. Vé.asc, por ejem ­

plo, mi artículo: "Freud: un inédito mctapsicológico y su contexto"

( 1987).

c o n c e p c i o n e s

es

di)Yeil e n c o n t r a r

e n

el

p r o p i o

F r eu d ,

p o r

m o m e n t o s ,

luego fue utilizada en relación a la ración de comida que re­ cibía la tropa en sus campañas. Con posterioridad se gene­ ralizó, en forma figurada, como la época o avance en el desarrollo de una acción o de una obra. Pero la dimensión teleológica, en sus diversas acepcio­ nes, aparece aún muy claramente: el avance está leído des­ de la meta alcanzada o a alcanzar, que se ha "desarrollado" pasando por diferentes momentos, épocas o períodos. Las acepciones restantes, y a pesar de algunos importan­ tes matices diferenciales, tampoco resultan demasiado satis­ factorias p'or sus diferentes connotaciones. Hemos optado por hablar de "períodos" en una de sus definiciones más ge­ nerales: "Espacio de tiempo que incluye toda la duración de una cosa". Sin embargo, consideramos que tampoco este tér­ mino se adecúa cabalmente a nuestros propósitos y a nues­ tra lectura del proceso de constitución del método psicoanalítico. Nos deberemos conformar, por ahora, con estas mínimas aclaraciones que, como antes mencionábamos, se discutirán en las conclusiones de nuestro ensayo. Pasemos entonces a la reseña y a la contextualización his- tórico-crítica de estos métodos y de sus complejas articula­ ciones. Las mismas, cada vez más precisas, se darán por una parte con la teoría y, por la otra, con el acercamiento cre­ ciente de Freud a su "saber inconciente", logrado a través de su propio psicoanálisis.

II

Primer período: Métodos "tradicionales" : tratamientos físicos y "tratamiento moral" -

1886/1887 (¿?)

El 25 de abril de 1886, domingo de Pascua, se publicó en un periódico vienes el siguiente aviso: "El Dr. Sigmund Freud, encargado de cursos de neurología en la Facultad de Vicna, está de vuelta trás una estancia de seis meses en Paris y vive ahora en Rathanstrasse 7 " Los datos son muy conocidos: Freud retornaba del viaje -efectuado gracias a una beca concedida por la Universidad de Viena- que le había permitido acceder a uno de los cen­ tros más importante de toda Europa destinado a la atención y a la formación neurólogica: la Salpêtrière. Allí había he­ cho contacto con el "príncipe de la ciencia", Charcot, y con su escuela, quedando deslumbrado por la fascinante perso­ nalidad del maestro francés. Si Freud había partido hacia París como neurólogo retor­ naba de allí como psicopatólogo, habiéndose efectuado un giro decisivo en su carrera. Mucho se ha escrito sobre este tema y han sido señaladas las determinaciones edípicas im­ plicadas en ese deslumbramiento de Freud por Charcot y en su posterior ambivalencia hacia él, lo que hace innecesaria su reiteración. Veamos entonces, en forma sucinta, cuáles fueron las ca­ racterísticas del ambiente médico vienés en el ^ue Freud in­ tentó insertarse al poner su consultorio e iniciar su práctica

1 Recordem os, por ejemplo, entre los libros más recientes a Pontalis: F.n- tre le r£ve et la douleur (E ntre el sueño y el dolor).

privada. Nos bastará para ello, en aras de ser breves, recor­

dar una sola anécdota, tan gráfica como csclarecedora.

Ha

quedado

relatada

en una

carta

a

su

novia (28/5/1884)

una

entrevista que le concediera en ese año el catedrático de

Medicina de la Universidad de Viena, el Dr. Noíhnagel. E s ­ te rep u tad o médico, autoridad en su momento, busca "orien­ tar" al joven Fre ud y le señala las e n o rm e s dificultades del trabajo privado corno neurólogo. Le acepta la posibilidad de vivir de la electroterapia, pero su clientela dependerá -le di­ ce- de las derivaciones de los médicos de medicina general para tratamiento eléctrico, situación nada fácil. Por ello ter­ mina aconsejándole emigrar al extranjero: Buenos Aires o Madrid, donde podría recomendarlo. Este ejemplo habla po r sí solo y nos exime de ma yo res coment ari os.

Pasemos ahora a ver las respuestas técnicas c

in stru m e n ­

tales que podían ofrecerse en la época. P ara ello d eb erem o s referirnos brevemente a las condiciones en que se dab a el trabajo privado de un neurólogo, así como a las preocupa­ ciones teóricas del momento . Vale decir, a la es tructu ració n

del campo psicopatológico, en especial en relación a las neu­ rosis.

¿Q u é pacientes llegaban en

esa ép o c a a la consulta priva­

da de quien, como Freud, ofrecía sus servicios en esa impre­ cisa autodefinieión como "especialista en enfermedades nerviosas"?“ En la medida que los pacientes, con graves trastornos psí­ quicos eran llevados de manera directa a la consulta psiquiá­ trica, el c a m p o del n e u ró lo g o q u e d a b a b a s tan te más reducido. Le llegaban -obviamente- pacientes con trastor­ nos neuro lógi cos y, en especial, aquellos q u e p o d r í a m o s e n ­ globar dentro del término de "neuróticos". Pero, ¿qué se entendía por "neurosis'1 en esa ¿poca? ¿Cuál era la concepción teórica y la delimitación nosológi- ca q u e regulaba el abordaje y tratam ie nto de estos pacie n­

tes?

2

Denomin ació n

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p u d e n d o

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Recordemos que en el campo de las neurosis las preocu­ paciones científicas habían sufrido severas transformacio­ nes a partir del siglo XVIII y en el transcurso del siglo XIX. De la gran preocupación por los "estados magnéticos", y por el más inquietante de ellos: el sonambulismo, abierta por Mesmer y sus discípulos, se había pasado a jerarquizar otras problemáticas. En primer lugar las llamadas "personalida­ des múltiples", culminando con los intentos de comprensión de la patología que más se destacó a fines del siglo XIX: la histeria, la que parecía incluir y sintetizar todas las inquie­ tudes y preguntas anteriores. Se solía diferenciar en la época las "neurosis mayores":

histeria e hipocondría, de las "neurosis menores", las deno­ minadas neuralgias, herederas de lo que en el siglo anterior recibía el simple nombre de "dolores". La hipocondría fue perdiendo jerarquía entre 1850 y 1880, llegando a diluirse como entidad nosológica, para ser visualizada tan sólo como síntoma de otras afecciones. Es justamente en 1880 que Beard, un médico norteamericano, postula la existencia de una nueva afección, que iría a tener un papel protagónico en la concepción psicopatológica de la época. Nos referimos a la neurastenia que, a través de la validación que le otorgaron importantes y reconocidas figu­ ras de la neurología y de la psiquiatría de la época (entre ellos el propio Charcot), obtuvo carta de ciudadanía, impo­ niéndose como entidad nosológica de primera importancia. Aún hoy, en un plano meramente descriptivo, es reconoci­ da por el campo psiquiátrico y está incluida en las dos gran­ des clasificaciones de "Enfermedades Mentales" aceptadas internacionalmcnte (Organización Mundial de la Salud y American Psychiatric Association), que conforman el "códi­ go" de comunicación entre psiquiatras. Así, cuando Freud inicia su práctica privada de manera sistemática, hacia fines de la década de 1880, la concepción psicopatológica de la época en relación a las neurosis reco­ noce y diferencia dos grandes afecciones que estructuran el campo: la histeria y la neurastenia. Se agregan a estas enti­ dades afecciones mal delimitadas y peor teorizadas, muchas

veces vistas c o m o sínt omas o síndro me s, po r e je m pl o las To­ bías, las obsesiones, los trastornos epilépticos y las neurosis

traumáticas. Re cordemos que en la primera edición de su Tratado de

Psiquiatría (1883), de tanta repercusión en la historia de esa disciplina, Kraepelin todavía no otorgaba a las neurosis un apartado independiente. Se la encuentra en dos capítulos: el de los "estados crepusculares" (incluyendo entre otros, los "es­ tados crepusculares epilépticos e histéricos") y en los "estados de debilidad me nial psíquica". Apenas en su segunda edición (1887) Kraepelin separó las neurosis en una nueva sección.

Las definió en esc momento como "trastornos nerviosos fun­ cionales" y se preo c u p ó por m enciona r las alteraciones psíqui­ cas que las acompañan. Estos se diferencian en trastornos psíquicos neurasténicos, histéricos, epilépticos y coreicos.

de este preámbulo, cuáles e ra n ias

técnicas terapéuticas que pretendían dar respuesta a estas problemáticas. Los tratamientos propuestos se dividían en dos grandes grupos, a saber: a) físicos b) morales (en rela­ ción a las dos grandes posturas existentes frente a la enfer­ medad mental).

Veam os ahora, iliego

a) Los primeros consistían en electroterapia (fundamen­

talmente faradización parcial y total, au n q u e también apli­ cación de corriente galvánica), distintas formas de hidroterapia y de determinadas sustancias farmacológicas,. Tu vo tam bié n mu c ho éxito en ese m o m e n t o !a "cura d e r e ­

poso", conocida también como "cura de Playfair", propues­ ta por otro neurólogo norteamericano, Weir Mitchcli; ésta com binaba casi lodos los abordajes técnicos y prescribía co­ mo esencial el aislamiento del paciente de su medio familiar (técnica que, como podremos apreciar, corresponde al "tra­ tamiento moral") y su reposo absoluto. Freud tuvo a su cargo en 1887 la reseña de la traducción alemana del libro de Weir Mitchell, aparecido en ese año en Berlín. La obra llevaba como título: El tratamiento de cier­

tas form as de neurastenia e histeria. El propio Beard propo­

nía

para

el

tratamiento

de

la

neurastenia

lo

siguiente:

tónicos físicos y psíquicos del sistema nervioso, abarcando el ejercicio muscular, la "electrización" general, así como la administración de fósforo, estricnina y arsénico. (Sic)

b) En cuanto a los tratamientos morales tal vez sea necesa­ rio hacer un poco de historia. Sauri (1969) ha destacado las fases por las que atravesó dicha forma de tratamiento. La pri­ mera se remonta a Pinel, Esquirol y Reil. Vale decir, para ubi­ carnos temporalmente, a los principios del siglo XIX. Se trataba de hacer retornar al alienado a los "caminos de la ra­ zón". Para ello el psiquiatra, ubicado en un papel ético, utili­ zaba toda su influencia personal desde un rol paternalista para aconsejar, premiar, reprochar, amenazar e, incluso, cas­ tigar con severidad. Se buscaba con ello la emergencia de nue­ vas pasiones con las que se podría anular los efectos negativos de aquellas que dominaban a los enfermos. La segunda fase, ya a mediados del siglo XIX, suponía el abandono de la exce­ siva "teatralidad" anterior y adoptaba la utilización voluntaria y premeditada de la influencia psíquica más sutil sobre el alie­ nado. Había que cambiar en los pacientes las tendencias mór­ bidas sustituyéndolas por disposiciones inversas. Todo esto debía hacerse lentamente, con gran perseverancia y por la ac­ ción constante del medio y de las personas que rodeaban al enfermo. Se trataba ahora de reflexionar en forma conjunta con el paciente, con quien se discutía, a quien se intentaba convencer de sus errores, buscando crearle sentimientos y va­ lores "adecuados". La tercera fase, ligeramente posterior, correspondió a la llamada "pedagogía psíquica", centrada en todas las técni­ cas de persuasión. Había que ganar la confianza del enfer­ mo con actitudes que revelaran serenidad, firmeza y seguridad. El "deber ser" se imponía al paciente desde el pa­ pel de guía y consejero, con un marco de "respeto" y un im­ prescindible "humanitarismo". Como se puede observar se trata de fases de un mismo método, el que se va refinando y puliendo para convertirse cada vez más en una técnica de manipulación psicológica, a la par que se va alejando del plano impositivo.

Vale la pena citar en este punto a Sauri, en un problema

que tendremos ocasión de retomar luego. Dice así: "O rde­

nada a conquistar la confianza del enfermo, la terapéutica se centra en la libertad y la fraternidad: de aquí a la suges­

tión no hay sino un paso que muchos alienistas dieron, apo­ y á n d o s e en su a s p e c t o y a u t o r i d a d . Sin e m b a r g o , la diferencia entre ambos métodos terapéuticos (se refiere a

"persuasión" y "sugestión",

zas, es muy marcada pues media la distancia que separa lo racional, m odo propio de la terapéutica moral, persuasiva y humanitaria, de lo creencial, donde la sugestión, cuando no la omnipotencia, resulta ser de todos, el factor más im por­

tante ^ No en vano un discípulo de la escuela de Nancy, Dubois, reaccionó violentamente contra la terapia sugestiva por su irracíonalismo, por anular la voluntad del paciente, volvien­ do a resta u r ar y pro fu n diz ar el tr atam ie n to moral, en forma de psicoterapia moral. La misma reacción racionalista se dio en Alemania con la figura de Ottomar Rosenbach, a partir de 1890. Por ello, autores como López Piñcyro y Morales Meseguer, hablan de la línea Rosenbacn/Dubois la que, co­

mo lo han m ostra do C he rt ok y de Saussurc, constituyó el tecedente directo de formas actuales de psicoterapia racional (utilizadas, por ejemplo, en la URSS). No está de­

más destacar la "actualidad" de toda esta historia, aparente­ mente tan lejana.

agregado JP) pese a sus sem ejan­

a n ­

y a la segunda ed i­

ción de su Traía do de Psiquiatría (1887) donde señala la te­ rapéutica de las neurosis: curas dietéticas y tratamiento psíquico, éste último ent en d id o en el sentido de una "deli­ cada y paciente, pero firme pedagogía".4 Como podem os apreciar, pese a nacer el tratamiento m o­ ral en las instituciones psiquiátricas de reclusión de los alie­ nados, también se extendió a los pacientes neuróticos.

R eto rn em o s un m omento a Kraepeiin

3 J.J, Sauri: H istoria de las ideas p siq u iátricas, p-154.

4

Kraepeiin, citaJn

por

López

Piñeyro y M orales

Meseguer:

Neurosis y

Uno de los autores que ha trabajado extensa y profunda­ mente el tema ha sido Robert Castel, brillante sociólogo francés, cuyos trabajos, en este campo, son convergentes con los de Foucault. Desarrolla toda la problemática del tra­ tamiento moral en un excelente artículo de 1970,5 tema que retoma en múltiples pasajes de un libro posterior.6 Rescata Castel un texto de J.P. Falret de 1854 que cons­ tituye, según nos dice, la exposición más sistemática sobre el "tratamiento moral". Nos será de utilidad la transcripción de un fragmento de ese texto. Dice Falret: "Dos escuelas ri­ vales se reparten y se repartirán aún durante largo tiempo a los médicos alienistas: la escuela somática y la escuela psi­ cológica. Los unos mantienen que, siendo la locura una en­ fermedad física, es absurdo intentar curarla por otros medios que no sean el de los medicamentos y que los medios morales pueden tener, todo lo más, algún valor como con­ suelo o como alivio pasajero. Los otros, al contrario, no vien­ do en la locura más que una afección del alma, sólo consideran eficaces los medios morales, análogo a los que se pueden emplear en el estado normal, para eliminar un error o una pasión y ridiculizan -como lo han hecho Reil y Leuret, por ejemplo- el absurdo que supone el recetar una purga o un emplasto para corregir un error del espíritu en lugar de emplear contra ello el único remedio realmente efi­ caz: unas objeciones "7 Este párrafo nos permite visualizar más claramente la doble vertiente terapéutica de métodos tradicionales que Freud recibió de su contexto cultural, los que adoptó en un inicio. No acompañaremos, en este momento, a Castel en sus va­ liosos análisis sobre el sentido del tratamiento moral, como forma de control social, en una verdadera "tecnología de la intervención", como la denomina, destinada a establecer una

5 R. Castel: El tratam iento moral. Terapéutica mental y control social en el siglo XIX.

6 R. Castel: El orden psiquiátrico.

7 J.P. Falret, citado por R. Castel: El tratam iento m oral

cjm í

,

p.74.

relación de p e d e r específica en tre el m édic o y el enferm o

para neutralizar y manipular

Es evidente que las etapas por las que atravesó dicho tra­ tamiento no constituyen más que progresivos refinamientos de un mismo método, como antes lo decíamos, orientado a o b t e n e r !a total ma lea bi li da d del pac ie nt e q u e d e b e ser ■'transformado" de acuerdo a los valores del médico. Tal co­ mo lo escribían Lascgue y Morcl: "La educación especial y laboriosa por la cual p r o c u r a el médico ref orm ar , r e c o n s ­ truir de alguna forma el espíritu del enfermo".8 Nos interesa, en cambio, destacar los cuatro principios básicos de! ''tratamiento moral", tal como fueron postulados por Falret:

la en ferm ed ad mental.

1) P rin c ip io del aislamiento o "desviación del delirio"

de todas sus influencias de la nueva ’’pedagogía"

médica, verdadero paradigma de todas las pedagogías auto­ ritarias. 2) "Principio de ia ocu p a c i ó n o del tra b a jo en tod as sus formas" La disciplina, el (¡abajo, la organización estricta de los

horarios en el centro de iniernamiento ayudan a una trans­

fo rm aci ón de los pac ie nt es y

Se trata de separ ar aí en ferm o cot idi an as p a r a hacerle receptivo

al

a b a n d o n o

de sus delirios.

3) "Principio de la vida en común" Se busca aprovechar la reacción de unos enfermos sobre otro s en la convivencia pa ra su nueva "educación". 4) "Principio de sum ¡tuír ¡a voluntad del p ac ie n te p o r una autoridad extraña"

El eje central del tratamiento moral suponía la elimina­ ción de toda iniciativa del paciente y un verdadero trasplan­ te de conciencia sustituyendo su voluntad y sus deseos por los del médico.

8

I . a s c g u c

p.252.

y

M o r c l .

c h a t i o s

p o r

R.

C a s í d :

Iil

o r d e n

p s i q u i á t r i c o ,

o p . c i l

Si bien estos principios fueron postulados para los "alie­ nados", veremos cómo la concepción misma del "tratamien­ to moral" se extrapoló al tratamiento de las enfermedades mentales "menores” como las neurosis. Y esto se realizó en una doble perspectiva: por un lado, utilizando fundamental­ mente el método del aislamiento del paciente, remitiéndolo a sanatorios, baños termales, etcétera. Por otro lado, el tra­ tamiento moral está presente en la tradición médica en su forma más elemental en lo que podríamos llamar "el senti­ do común médico". El médico, desde su desconocimiento de la complejidad de los procesos psíquicos, todavía hoy suele "orientar" y "aconsejar" a su paciente en lo que considera conveniente para la resolución de los problemas vitales que éste le plantea. Como podremos apreciarlo, Freud no escapó, en los ini­ cios de su ejercicio profesional como psicoterapeuta, de la utilización de su "sentido común" en la aplicación más sim­ ple y espontánea del "tratamiento moral". Veremos que el abandono de esa ingenua postura "tradicional" se dio con- comitantemente y como consecuencia de su comprensión creciente de las estructuras psíquicas de sus pacientes y de la teorización acerca del aparato psíquico. Curiosamente Freud no hace más que una referencia di­ recta al "tratamiento moral". La misma aparece en su artícu­ lo Histeria (1888), escrito para la enciclopedia médica de Villaret. Lo menciona en francés "traitement moral", hacien­ do posiblemente una alusión a la concepción de Charcot que Freud conocía muy bien al estar totalmente familiarizado con la obra de ese autor. Para Charcot el tratamiento moral consistía, en esencia, en el aislamiento del paciente (es decir, jerarquizaba uno de los principios con que había sido caracterizado el "trata­ miento moral", como pudimos verlo más arriba), elemento central de su concepción terapéutica de la histeria. Mencionemos que en la segunda etapa de su obra, que correspondió a las lecciones dictadas entre 1882y 1891 (ubi­ cadas en el tercer volumen de sus Leçons sur les maladies du

systemenerveux), Charcot cnfatiza la terapéutica que pro p o ­ ne. La misma se divide en:

a) tratamiento psíquico o moral.

b) tratamiento médico propiamente dicho.

El primero se refiere al aislamiento total del paciente, tanto de su am biente cotidiano com o de sus familiares y ami­ gos a quienes se debe negar la visita. El tratamiento módico apunta a la electrización estática y a la h idroterapia m e tó d i­ ca. Charcot señala que viene hablando del aislamiento des­ de hace más de una década y reclama para sí la prioridad abs oluta de esa técnica pa ra el hist erismo y las afecciones conexas, frente a los métodos que la han incorporado, como el de Weir M itch d l.9

Si nos d e t e n e m o s a señalar estos a s p ec to s es p o r q u e Freud, como lo discutiremos luego, venía seguramente in­ fluenciado por esa línea de pensamiento y por la visión de Charcot sobre d hipnotismo como una "histeria artificial­ m e n te g e n e r a d a '1, es decir, un fen ómeno patológico en sí mismo. Resulta coherente, entonces que Freud haya utiliza­ do las técnicas médicas en las que se había formado, en las que confiaba, las que habían sido reafirmadas por el presti­ gio y la autoridad de Charcot. E n lo que concierne a la técnica hipnótica para el tra t a­ miento de la histeria y a toda la teoría de la sugestión desa­ rro ll a d a por Berrtheim, siguiendo los lin c a m ie n to s ya

señalados

pu nt u a Óza ei on e s

por su maestro Liebault, debemos hacer algunas

in e ia 1c s . de París, no parecía co n o cer los trabajos

Fre ud , al volver

de Liebault (en su primera época trabajos teóricos sobre el "sueño provocado" v luego más clínicos y técnicos sobre la terapia sugestiva), los que habían recibido una mínima y p o ­

lj

C a b e

p

a c o t a r

a q u í

q ue

exist ió e n

ia

q u e

s i e o l o ^ i / u c i ó n

c r e ci en t e ,

las

r o nc c p i y n l j / a <

no

s e r í a

i m p o s i b l e

i o n e s

de.

de

a t r i b u i r

C h a r e t a

a

la

fue

una

in-

f

l u c n n a

de

la Hsr uel a

de

Nanry.

su rival,

t r e

m e

a ía

q ue

perd ie ndo

posiciones con c¡ tra nscurso de

los años.

 

co significativa difusión. Bernheim, quien haría famosa a la Escuela de Nancy, apenas había publicado algunos artícu­ los. Su primer libro, que Freud traduciría al alemán, data de 1886. Como luego veremos, parecería que fue a través de su lectura que Freud incorporó la hipnosis como técni­ ca en 1887, inicialmentc en forma de eliminación de sínto­ mas por sugestión; todavía estaba lejos de utilizar el método hipnocatártico, creado por Breuer. De ahí que algunas afirmaciones de Freud, como las que transcribiremos a continuación, resulten poco aceptables en su literalidad. Decía Freud en 1925 en su Presentación autobiográfica lo siguiente: "Si uno quería vivir del tratamiento de enfermos nerviosos, era evidente que debía ser capaz de prestarles al­ guna asistencia. Mi arsenal terapéutico comprendía sólo dos armas: la electroterapia y la hipnosis, puesto que enviarlos tras una sola consulta a un instituto de cura de aguas no sig­ nificaría un ingreso suficiente."10 En la misma línea había expresado, ya en 1893, que vol­ viendo de París había empezado a trabajar en total acuerdo con Breuer, estudiando los pacientes histéricos desde la perspectiva con la que había sido examinada "Anna O.11. Se trata, como podremos apreciarlo a continuación, de sobresimplificaciones de Freud, en detalles aparentemente menores, ya que en realidad comenzó a hacer uso de la hip­ nosis, y todavía sin una intención catártica, sólo hacia fines de 1887. Vale decir, veinte meses después de haber iniciado su practica clínica privada. Nos encontramos ante un aspecto que puede parecer irrelevante. ¿Tiene alguna importancia determinar si Freud utilizó la hipnosis con fines terapéuticos en 1886/1887? Des­ de un plano histérico-descriptivo ese hecho carecería de trascendencia. No así desde una lectura epistemológica, co­ mo intentaremos esbozar en su momento al preguntarnos sobre los motivos que impulsaron a Freud a adentrarse en la utilización del método de sugestión hipnótica.

tOS. Freud: Presentación autobiográfica. T.XX, p.15.

Disponemos de pocas referencias acerca de las técnicas

em pica das por Freud en este prim er período. E n relación a

las mismas es preciso destacar como fundamental a la elec­

troterapia. La misma, como ya vimos, no era nueva para el como tampoco debía de serlo para ningún neurólogo de su

época. Menciona Jones que en los años en que Freud estu­ vo como interno en el hospital (1882/1885), complemenl aba sus menguados ingresos con tratamientos privados, "pero

a

aplicar un tr a t a m i e n t o eléctrico".11 Asimism o, uno

de los v a ­

p ara eso tensa que atravesar

a

veces to da

Viena

p ara

ir

rios cursos privados que dictó en esa época, generalm e nte a

médicos

norteamericanos, versó sobre las

aplicaciones m é­

dicas de la electricidad. Nos p r o p o n e m o s ahora seguir

a F re ud

a través de algu­

nos f r a g m e n t o s d e sus textos y, en es p ecial, de sus

r e f e r e n ­

cias clínicas a pacientes para visualizar su forma de o p erar en ese primer período. Nos encontraremos inevitablemen­

te con m uchas oscuridades y contradicciones que irem os

destaca ndo. La visión que aporta Jones sobre este período nos susci­ ta muchas dudas, pese a que este autor manejó to da la co­ rrespondencia de Freud, manteniéndose aún medita en su mayor parte. Según Jones, Freud había tenido ocasión de ver aplicaciones terapéuticas del hipnotismo antes de su via­ je a París. Asimismo, lo habría usado ocasionalmente en los comienzos de su ejercicio de la profesión. Cita Jones el ca­

so de una paciente italiana a quien Freud habría

diante hipnotismo, lo que estaría referida en una carta inédita de Freud a M artha del 5/6/1886. Afirma también que es posible que Freud haya intentado utilizar la técnica hip­ nótica en 1885, poco antes de ir a Paris, en el sanatorio de

Obersteiner donde pasó algunas semanas.

Todos estos antecedentes se habrían visto reafirmados durante su estadía en la Salpétriérc donde tuvo una amplia

experiencia en este campo.

nas vuelto de París dio dos conferencias sobre el tema "hip-

tratado m e ­

Si rec o rd a m o s ad em ás que a p e ­

notisnjo" (de las que no quedó registro alguno) su interés por el hipnotismo como aplicación terapéutica parecería quedar suficientemente claro. Pero, nos preguntamos: si su entusiasmo por la hipnosis era tal desde su regreso a Viena ¿por qué no la utilizó inme­ diatamente? ¿por qué se conformó durante tanto tiempo con los métodos tradicionales consistentes en los tratamien­ tos físicos que ya hemos mencionado, complementados con elementos de "tratamiento m orar? Tendremos ocasión de esbozar algunas respuestas a es­ tas interrogantes en el análisis epistemológico de este pro­ ceso que, por ahora, nos estamos limitando a describir. Veamos ahora, en los textos del propio Freud, aquellas referencias que nos permitan visualizar cuáles eran las téc­ nicas por él empleadas en 1886/7. Fijamos como límite de este primer período el año 1887 basándonos en el conocido fragmento de la carta a Fliess de diciembre de 1887 en la que le dice lo que transcribimos a continuación: "Durante las últimas semanas me he precipi­ tado en la hipnosis, logrando toda una serie de modestos pe­ ro notables éxitos " Cabe recordar que fechamos cada período metodológi­ co, y hablamos de cambio de método, en cuanto a la utiliza­ ción exclusiva o, por lo menos, preponderante de cada una de ellos. Es así que hasta 1887 Freud parece haber utilizado solamente los métodos tradicionales a que hemos hecho re­ ferencia. Los mismos -como veremos a continuación- no de­ saparecieron en forma inmediata, sino que subsistieron aún en los períodos siguientes, pero utilizados tan sólo como for­ ma complementaria del método que en cada caso se convir­ tió en eje de su forma de trabajar, teniendo por base de sustentación su creciente teorización. Podremos ver entonces en las citas que transcribiremos cómo en el segundo y todavía en el tercer período del pro­ ceso que nos ocupa seguía utilizando algunas técnicas de

12 S. Freud: Los orígenes del Psicoanálisis. B.N. T.IX, p.3469.

tratamiento físico, pero como complementos del método de

sugestión hipnótica o del m étodo hipnocatártico.

fechar el abandono definitivo del m é ­

Más difícil

resulta

moral" ya que, si bien en su fo rm a de

internación y aislamiento del paciente neurótico F rcud d e ­ jó pronto de utilizarlo, siguió haciendo uso de su "sentido común" medico como guía u orientador del paciente hasta

to d o d e " u a ta m ie n t o

tanto rio visualizó la in ope ran cia -y aun

do estas

aparato psíquico. Vale decir que es posible encontrar rema­ nent es de ese Ó t al am ien to moral" p o r lo m en os d u r a n t e t o ­

da la preh ís'o n a del psicoanálisis, como io podrem os

c o m p r o b a r ;d resonar

Pásennos pues a la mención de algunos textos de Frc ud que nos muestran su forma de trabajar en esos años:

antiguos pac ie nt es de tengo cinco: dos para

técnicas al em pezar a teorizar el fun cion amiento del

la in conve nica cia­

muc hos de sus casos

clínicos.

"Hoy vinieron a mi cons ulta dos

y nadie

más.

Habitual mente

B rcucr

recibir u atamiento eléctrico, uno para nada, un Schnorrer

(mendigo) y un Schnadchen (rompe-matrimonios)." "Creo quv tendré que abrir una segunda hora de consul­ ta tres veces a la se mana, de tres a cua tr o p a r a los p ac ie nt es más ricos y para aquellos que necesitan de un tratamiento

eléctrico ieveÓ Ambas chas fueron extraídas de cartas a Martha, enton­

ces su novia,

sil

cargo una con íeren cía ante la Sociedad de Medicina (26 de

noviembre). La misma era continuación y respuesta a su

conflictiva conferencia anterior ante esa misma sociedad (15

de

o c tu b re ).1" En esta segunda oportunida d Frcud expuso

un caso de histeria masculina. Se trató de un paciente, Au- gust P., de 26 jnn-;, quien prese ntaba síntomas de hemina-

En eí párr afo final de su p r es e n ta c ió n se ve con

"13

e s c i t a s

en

1886.

E n el mismo año. po cos meses desp ués,

F r c u d tuvo

a

nestesid.

13s.

F r cu d . LpiimhUiCi.

)

!

P-197.

14Ibid

p.!98.

 

ISCf.

C h e r t o k / D e

•■■-uissurc o ; muy e speci a l m e n te,

f ’. l l c n b c r g e r ,

d o n d e

m ir ui

!<;

:>•

••••'

a m d i / a d a

la

a n é c d o t a

de esa

l a m os a

y

t o r m e n t o s a

es c o n ­

f e r e nc i a

de

br.'-m:.! v sus

c o n s e c u e n c i a s

fut ur as .

claridad la concepción terapéutica de Freud, en ese momen­ to, que parece concordar con el enfoque de Charcot.

 

Dice así: "

en

un examen de sensibilidad eléctrica, vol­

sensible contra mi propósito, una parte de la piel sobre

el

codo izquierdo; y en repetidos exámenes conseguí ex­

tender las zonas dolorosas al tronco y hacer variar la in­ tensidad de las perturbaciones en el sentido de la vista. En esta labilidad de perturbación sensible baso mi esperanza

de devolver al enfermo en breve tiempo su sensibilidad

normal".16

En noviembre de 1887 hace referencia a una paciente, la Sra. de A., a quien luego, en cartas posteriores, diagnostica­

rá como "un caso de neurastenia cerebral crónica". El trata­

miento inicial efectuado por Freud para combatir sus dificultades para caminar y la sensación de pesadez en las piernas fue el siguiente: "Me he limitado a iniciar aplicacio­

nes galvanoterápicas en la espalda".17 (Acotemos que pos­ teriormente le recomendó "una cura hidroterápica en las sierras",18 lo que nos permite observar una vez más la com­ binación de los métodos físicos con el aislamiento que se so­ lía prescribir a los pacientes) En estas breves referencias clínicas de que disponemos, se comprueba que los únicos tratamientos empleados por Freud en ese momento son los que hemos denominado "tra­ dicionales". Posteriormente, como decíamos, combinará estos méto­ dos con las diferentes formas de psicoterapia que irá instru-

m entado hasta abandonar definitivam ente dichos

tratamientos físicos. Pasaremos ahora a mostrar algunos ejemplos clínicos que ilustren, en los años posteriores del trabajo clínico de Freud,

la utilización de dichos métodos tradicionales como comple­

mento de distintas formas de psicoterapia. Los motivos que

16 S. Freud-. Observación de un caso severo de hemian estes va en un varán histérico. T.I, p.34.

17S. Freud: Los orígenes lSIbid., p.3471.

op.cit

p.3468.

llevaban a O-cha combinación merecerán de una reflexión epistemoiomeo useiarcccdora en sus alcances.

# En 18*8 ai escribir su artículo sobre Histeria , ya men-

i. ¡**>i:i. {•.

""T>i ;,pi :! d ¡: | :1 neurosis". D if er en c ia allí tres

rup-. ¡ü ‘( t::■pacíficas: las que conciernen a la predis­

posición yí’ce >• \

Pas - E p'iioí-;i s.- ‘lo habla de pasibles medidas psieoprofilácli-

eas •! ■' • •plijilea de la histeria aguda expone todos los tra- tamicidos ■?adicionales que hemos tenido ocasión de

me f¡có;1o ¡; j *or ¡e ci énfasis en el aislamiento y toma así al pie de la 5eO:< l- p o n v a de Charcot acerca del ''tratamiento moral'’. Funt e ! éereuK.atn de ios síntomas históricos singulares, en

vj-aéi-- ! ■•i-1 uc medidas directas e indirectas. Estas últimas

son bo t'":.-nó inicas, siendo por su parle el tratamiento direc­ to ”!a i b’nin de ía fuente de irritación psíquica para los sín­

cs precisamente en este punto que hace

rdércníit

tomas histéricos"J

>■;p ín

; juc

pr e c e d e ,

d e d i c a

un

a p a r t a d o

a

la

ta re as te-

b o l i n e a , a los estallidos histéricos (histeria ■<ií's síntomas histéricos (histeria local).

• la segestióm hipnótica.

a

Va re

'! 'o V

cu I,; ¿eseña del libro

de Forel, señala q u e

!a

ti ¡sí

o

:n ¡ o se cu ra con m e d id a s físicas c o m o la hi-

dr

u ••

-

i., so b r e a li m e n ta c ió n o la ingestión de va­

lerme

.

e

l-.u ó:

a d e u d e

a

"Ennuy

von

N.",

s ob r e

cuyo

ir ai;.;c.

.■;o 1 ' . : ó,-, ce

el qu e se co m b in a n distintos mé to d o s,

nos

o

ó.

oes cr. detalle en los p u n to s siguientes.

e

£>

e . o

cíhe

un

artículo

titulado

"Hipnosis".

Sus

p iio o r

ce

urapéuíicas

consisten

en

acompañar

la

s ü g 'd x o

hipnótica

con

un

"pasaje

de

una

débil

co­

ime.-.o .única que excita una nítida sensación en el

vincha ^ubre la frente, cá- Señala también ía im p o r­

con

sn.;o c,

lude sorna muñequera)

la

o .Ó-, en una amp lia ""

de!

" intacto

físico

tan.cá-

el

paciente:

to car

19S. FrcuC■liad'.cía, ¡ h p.61/2. 20S. Eroo- i: Uip.aes.ii. I h p 143.

parte enferma o, en otro fragmento de su artículo: "el pase de ambas manos, durante cinco a diez minutos, por el rostro y cuerpo del paciente, lo que tiene un efecto llamativamente tranquilizador".21 No están ex­ cluidas, en ese momento, junto con la terapia hipnó­ tica, otras terapias, como la dietética, la mecánica, etcétera.

#

En 1892, cuando trata a "Elizabeth von R.", toma a su cargo los masajes que le indica "para mantenerse re­ lacionado con la paciente"22 aunque ya define esa téc­ nica como "seudoterapia". Sin embargo recurre con esta paciente a la utilización del "tratamiento moral", en sus formas más "crudas".

#

Hacia fines de 1892, al tratar a "Lucy", la hace tomar una "cura hidropática".

i

En el "caso Cácilie", tratada presumiblemente entre 1888 y 1893, resulta visible la utilización de formas de "tratamiento moral".

m

En 1894, a la paciente que padecía de un "descontrol urinario", la trata complementariamente con sobre­ alimentación.

#

Cita Freud en artículos de 1894 y 1895 a una paciente cuyo onanismo se curó a través de una "vigilancia muy severa" , lo que puede vincularse a formas represivas de tratamiento moral.

m

En 1895, en los Estudios sobre la histeria, menciona a una "cantante joven", tratada posiblemente en 1894 a través de "masajes en hipnosis leve".

Todos estos casos fueron atendidos con la combinación de hipnosis y de tratamientos físicos y morales. Veamos, a modo de ejemplo, la mención de un caso aten­ dido exclusivamente desde estos últimos tratamientos, sin siquiera la utilización de hipnosis.

2tlbid.

22S. Freud: Estudios sobre la histeria. T. II, p.154.

# En 1894 (agosto) lo escribe a Flicss acerca de un pa­

ciente,

Herr

von

F.,

a

qu ie n

prescribe como

trata-

m ienío la cura

de reposo y el alejamiento del hogar.

Podría llamar la atención que en esa fecha no utilice

ninguna técnica psicoterápica directa. Tendremos ocasión, más adelante, de profundizar este problema teórico,epistemológico. Adelantemos de todas for­ mas que en este caso su diagnóstico es el de "melan­ colía neurasténica", en tid ad en la que, d es d e su conc epc ión teórica, rio tiene sentido utilizar el m é t o ­ do catártico, por ser una "neurosis actual" (como las d e n o m in o desde 1898) y no una "psiconeurosis".

#

Ci te m o s n u e v a m e n t e los Estudios sobre la histeria.

En

esta obra

propone

combinar el m étodo catártico con

la cura

de

reposo

con

sobrealimentación,

postulada

por Weir Mitchcll. Se consigue así, nos dice, "evitar por una parte la ingerencia, tan p ertu rb ad o ra en el curso de una psicoterapia, de nuevas impresiones psí­ quic as y, p o r o t r a part e, la de excluir el a b u r r i m i e n t o que esta última cura supone, y en la cual no r a ía vez ""

los enfermos caen en una dañina ensoñación

ñala así la conveniencia de la combinación entre las terapias de B reuer y de Weir Mitchell.

Se­

E n

esi • as pec to Fre ud no hace más que ap eg arse al c o n ­

senso general de su época del que luego se apartaría en for­ ma definitiva. Hasta autores tan tradicionalistas y tan poco abiertos a los aspectos psicogenctieos de la enfermedad mental, como K ra e p d in , lo sostenían. En la quinta edición de su tratado de psiquiatría, (1896) incorpora junto con los m étodos físicos ya citados la posibilidad de sugestión h ip n ó ­

tica, aunque m arcando también sus inconvenientes y expo­ niendo sus reservas. Es claro que en 1896 ya Freud estaba m ucho más adelantado que sus co ntem poráneos ai haber trascendido esa técnica centrada en la mera sugestión. De todas formas la combinación de tratamie nto s físicos y mora-

23Ibid

p.2?4

les, conjuntamente con la sugestión hipnótica, fue en esa época generalmente aceptada como cura de la neurosis, en especial de la histeria. Como curiosidad, podemos leer en un "Manual de Psi­ quiatría" francés, totalmente "tradicional’', escrito por Ro- gucs de Fursac en 1903, las siguientes indicaciones para la histeria: "El tratamiento comprende reposo, aislamiento e hidroterapia; la sugestión -tanto en estado de vigilia como en sueño hipnótico- produce maravillosos resultados; por último, el tratamiento de las causas somáticas tan frecuen­ tes en la histeria".24 Podemos ahora pasar al período siguiente del proceso de constitución del método psicoanalítico y de las transforma­ ciones sucesivas de la técnica freudiana. Nos referimos a la utilización del método de sugestión hipnótica, que le abriría insospechadas líneas de pensamiento a nivel teórico y técni­ co. En ese nuevo período la incidencia de la teorización cre­ ciente de Freud, sobre la que se sustenta su operar técnico, cobrará una importante significación. Como se ha podido apreciar, a través de la descripción del primer período me­ todológico, el joven Freud no hizo más que adscribirse a los modelos más tradicionales. No estaba todavía en condicio­ nes de producir un cuestionamiento conceptual, que se con­ vertiría poco después en una verdadera revolución, cuyos alcances aún siguen rigiendo, casi un siglo después, nuestro quehacer teórico y clínico.

34 J. Rogues de Fursac: M anuelde Psvchiatrie.

p.332/3, traducción nuestra.

III.

Segundo periodo: M étodo de sugestión

h ip nótica, 1887/1889

(¿1892?)

Hemos podido apreciar que Freud empezó a trabajar en forma sistemática con el método de sugestión hipnótica a partir de diciembre del año 1887. Si la iniciación de Freud en esta práctica resulta bastante clara, no sucede lo mismo con la terminación del periodo y el abandono de este método. Tradicionalmente se ha hablado, siguiendo lo dicho por el propio Freud en el historial de Emmy von N., de que empezó a utilizar el m étodo catártico en mayo de 1889, fecha que marcaría en apariencia la terminación del perio­ do que ahora nos ocupa. Sin embargo, veremos que con esta paciente no sólo no utilizó el método catártico, en su sentido estricto, sino que ni siquiera se puede hablar de aplicación del método hip- nocatártico. Apenas fue un bosquejo del mismo, de carác­ ter muy precario aún, donde dicha m odalidad quedó totalmente subordinada a los objetivos teóricos del método de sugestión hipnótica. Recordem os en prim er lugar lo dicho p o r el propio Freud: “El Io de mayo de 1889 comencé a prestar atención

médica a una dama de unos cuarenta años [

Era histérica

y con la máxima prontitud caía en estado de sonambulis­ mo; cuando reparé en esto, me resolví a aplicarle el proce­ dimiento de Breuer de exploración en estado de hipnosis, que yo conocía por comunicación del propio Breuer sobre el historial de curación de su primera paciente. Fue el pri­ mer intento de manejar este método terapéutico ”34 Es bien conocida la duda interpuesta por Strachey en sus notas a la Standard Edition acerca de las fechas en que Freud trató a Emmy. Según Strachey era posible que dicho trata­ miento hubiera empezado un año antes, en 1888. Parecería,

]

34 J.

B reuer y S. Freud, Estudios,

op.

át., p.

71.

53

tal como lo afirman Chertok y De Saussure, que las inves­ tigaciones de O. Andersson, sobre la vida de esa paciente, publicadas en 1962, han resuelto este problema en forma definitiva, siendo correcta la fecha indicada por Freud. Entonces, el periodo de eliminación de síntomas por me­ dio del m étodo de la sugestión hipnótica habría práctica­ mente term inado en mayo de 1889, con la excepción de

unas pocas experiencias posteriores, en las que Freud vol­ vió a aplicarlo. É sta es la idea que predom ina y que puede verse en

en C hertok y De Saussure, así como en López

Strachey,

Piñero y Morales Meseguer. Estos últimos afirman lo si­

guiente: “

en diciembre de 1887, según el m étodo de la Escuela de Nancy, sustituyéndola paulatinamente a partir de mayo de 1889 por la técnica catártica de Breuer que aplicó sin modi­ ficaciones al parecer hasta 1892 ”35 Ya ha sido señalada por varios autores -em pezando por Jones- la incorrección del recuerdo del propio Freud cuan­ do, en su Presentación autobiográfica, afirm ó que desde el principio practicó la hipnosis con un fin diferente al de la sugestión hipnótica, buscando la historia genética del sín­ toma, punto sobre el que resulta innecesario volver en este momento. Como se puede observar desde el título del presente capí­ tulo, hemos indicado como posible terminación del periodo la fecha de 1892, la que lleva signos de interrogación como expresión de las dudas que continúan abiertas al respecto. Una de las cosas que queremos destacar en relación con esa fecha, la que justificaremos a continuación, es la impo­ sibilidad de fijar periodos claros y delimitados, con recor­ tes netos y precisos en la utilización de las distintas técnicas que condujeron a la técnica analítica. En vez de rupturas categóricas hay continuidad, un proceso paulatino tal como

utilizar la sugestión hipnótica

comenzó

Freud a

pia.

35 J.

M.

L ópez P iñ ero

y J. M. M orales M eseguer, Neurosis y psicotera­

Un estudio histórico, p.

378.

lo indicaban correctam ente López Piñero y M orales M eseguer en la cita arriba indicada.36 Explicitarem os las características específicas de ese continuum en lo que sigue. Retornando al caso Emmy, y como ya adelantamos, no creemos que éste pueda ser visto como un m omento de utilización plena del “método catártico”. Lejos de ello, po­ dremos observar en ese tratamiento la recurrencia a múlti­ ples técnicas combinadas que van desde los métodos de tratamiento físico y moral, la sugestión hipnótica (método predominante) hasta un primer esbozo del m étodo hip- nocatártico, aplicado en forma balbuceante, que concuerda totalm ente con el nivel de elaboración de la teoría de la catarsis, lo que marca un hecho im portante a nivel epistemológico. Pero antes de iniciar la descripción del método de suges­ tión hipnótica, tal como lo usó Freud en este periodo (el que veremos en función de los historiales clínicos existen­ tes y de los artículos de Freud de esa época), deberemos detenernos un m omento para esbozar el contexto general en el que se inscribe la utilización de este método de psico­ terapia. Hacia fines de 1887, cuando Freud empieza a utilizar el m étodo de sugestión hipnótica, el campo médico europeo es espectador de una creciente polémica entre dos escuelas francesas: la Salpétriére comandada por Charcot, y la Es­ cuela de Nancy, donde Bernheim -quien ha tomado el rele­ vo teórico de su maestro Liébeault- ataca con dureza las posturas de Charcot. Esta polémica alcanzará al paso de los años, y hasta la muerte de Charcot en 1893, las característi­ cas de una verdadera guerra. Dicha situación, de tanta tras­ cendencia para el nacim iento de toda la co n cep ció n psicopatológica moderna, ha sido descrita y analizada en infinidad de textos. Consideramos que dos de ellos han

36

B uena

dedicado

p a rte

de m i lib ro , E l nacimiento del psicoanálisis,

de

op. cit.,

está

ep istem ológica, cfr., cap.

a discutir el problem a

la continuidad-discontinuidad

VI, en especial.

profundizado de tal manera en el análisis de ese contexto que se han convertido en lectura imprescindible para el in­ teresado. Se trata de las obras, ya citadas, de López Piñero y M orales M eseguer (1970), por un lado, y la de H. Ellenberger, por el otro (1970), que realizan abordajes dife­ rentes aunque complementarios. Se agrega a ello, aunque con una significación considerablemente menor, el libro de L. Chertok y R. de Saussure, a quienes también ya hemos tenido ocasión de mencionar.37 Nos lim itarem os en este m omento a recordar algún detalle de dicha polémica entre estas escuelas. Esas menciones nos son imprescindibles, ya que Freud, tanto a nivel teórico como clínico-técnico, fue influenciado significativamente por las corrientes citadas, viviendo en form a muy conflictiva ese antagonismo entre sus dos modelos de identificación. H em os m encionado, al pasar, que la producción de Liébeault -mucho más rica, extensa y significativa de lo que se suele im aginar- ya exponía todos los fundamentos de lo que posteriorm ente pasaría a llamarse Escuela de Nancy, gracias a la figura de Bernheim que le dio toda su importancia. La valiosa obra de Liébeault pasó casi desapercibida hasta ser descubierta por Bernheim, quien continuó el camino de su maestro, reiterando sus bases conceptuales pero apoyán­ dolas sobre teorías más actualizadas, lo que les daba mayor relieve y mejor aceptación. Bernheim inició sus duras críti­ cas a la concepción de Charcot y sus discípulos a partir de 1883, en dos puntos fundamentalmente: la concepción de hipnotism o y la de histeria. Se trataba de una lucha des­ igual: un oscuro profesor de la Clínica Médica de Nancy se atrevía a cuestionar en forma teórica a la máxima autoridad de la neurología francesa y a uno de los más brillantes neu­ rólogos de toda Europa. No es extraño, entonces, que al principio sus críticas hayan sido rechazadas sin ser meditadas.

37

E l

lib ro

de

H .

E lle n b e rg e r

lleva

p o r

títu lo

l ’inconscient.

Histoire de la psychiatric dinamique, y

el

R.

de

S au ssu re,

E l nacimiento del psicoanalista.

Á

d e

la découverte de

L.

C h e rto k

y

Sin embargo, a partir de 1884/1885 Charcot y su escuela se vieron obligados a analizar el papel que podía tener la sugestión dentro de sus enfoques de la neurosis hipnótica. Así fue que en mayo de 1885 Charcot publicó un artículo:

“Hypnotisme et suggestion” donde, sin nombrarlo, contes­ taba a las objeciones de Bernheim. Cuando Freud llega a la Salpétriére, si bien la polémica ya había comenzado, aún no se libraban los grandes deba­ tes ni provocado las importantes controversias que apare­ cieron con la publicación del primer libro de Bernheim, en 1886, que luego sería traducido al alemán por el propio Freud. No resulta extraño, entonces, que éste no haya re­ gistrado la presencia de la Escuela de Nancy y de su con­ cepción esencialmente terapéutica mediante la sugestión hipnótica, hasta 1887, tal como lo hemos ya señalado en el punto anterior. Alejémonos momentáneamente de la polémica Bernheim versus Charcot para retornar a Freud y visualizar la forma en que fue incorporando el método de sugestión hipnótica

y sus consideraciones al respecto.

“H isteria” (1888)

En 1888 Freud publica un artículo sobre histeria en el Dic­

cionario de medicina general de Villaret. E n tulado “Terapia de la histeria” analiza

tratamiento directo e indirecto, a las que hemos hecho refe­ rencia en el periodo anterior. Propone buscar las causas de

la histeria en el “representar inconsciente” (entendiéndolo

aún en un plano descriptivo) y postula para ello la elimina­

ción de los padecimientos histéricos por sugestión. Cite­ mos un párrafo, para ver la forma en la que Freud presenta

m étodo terapéutico: “Por ejemplo, una tussis nervosa

hysterica se cura oprimiendo la garganta del enfermo hip­ notizado y asegurándole que se ha quitado el estímulo para la tos; una parálisis histérica del brazo, constriñéndolo, en

este

el apartado ti­ las form as de

la hipnosis, a mover cada una de las partes del miembro

paralizado.”38

La influencia que sobre él está ejerciendo el libro de Bernheim que está traduciendo resulta evidente. Por ello afir­ ma, a modo de conclusión: “El tratamiento psíquico direc­ to de síntomas histéricos llegará a ser el más utilizado cuando en los círculos médicos se comprenda mejor la sugestión

(Bernheim-Nancy).”39

Curiosamente cita a Breuer como el prim ero en haber realizado en Viena un método aún más eficaz. Su descrip­ ción, de lo que después se denominaría “m étodo catárti­ co”, revela claramente que todavía no entiende los alcances del mismo, ya que está apenas diferenciado del método de sugestión hipnótica. Esta falta de diferenciación se verá con una claridad meridiana en su enfoque terapéutico de Emmy.

Prólogo al libro de Bernheim , traducido por Freud

En agosto de ese año ya está listo el prólogo de la traduc­ ción del libro de Bernheim, publicado un mes después en forma casi completa. El libro, en cambio, pese a llevar la fecha “ 1889” no se publicó hasta el año siguiente. Las consideraciones de Freud en dicho prólogo merecen diversos planos de análisis teórico-epistemológicos que no abordaremos ahora. Sólo mencionaremos brevemente algún

aspecto que merece ser señalado en este contexto descriptivo. Freud oscila en form a ambivalente entre las posturas

de Charcot, a quien defiende prim ordialm ente,

y las de

Bernheim, a quien valida con ciertas reservas. No duda en afirm ar que “la sugestión hipnótica brinda al m édico un potente método terapéutico que, por añadidura, parece el más adecuado para combatir ciertas perturbaciones ner­

viosas, el que mejor respondería a su mecanismo”.40

38 S. F reu d , “H isteria” ,

op. cit., vol.

I,

p.

62.

39 Idem.

 

40 S.

F reu d ,

“ P ró lo g o

a la trad u cció n

de

H .

B ernheim ” , vol. I, p.

62.

Como podemos apreciar Freud parece estar convencido de la utilidad del método de sugestión hipnótica. No es extra­ ño entonces que, cuando inicie el tratamiento de Émmy von N., en mayo de 1889, lo emplee. Veamos en ese historial clíni­ co la forma en que el método fue utilizado por Freud durante los años 1889 y 1890 en que trató a esta famosa paciente.

El tratamiento de Emmy von N . (1889/1890)

Mencionaremos ahora los métodos terapéuticos utilizados por Freud con esta paciente, atendida por él durante siete semanas en 1889 y durante ocho semanas en el año siguien­ te, en forma cotidiana y con gran dedicación. Algunos de estos métodos constituyen restos del periodo anterior mien­ tras que otros corresponden a esbozos del m étodo hipnocatártico empleado en el periodo siguiente. Lo que mejor caracteriza el tratamiento de Emmy es la incorpora­ ción de la hipnosis, utilizada con múltiples finalidades. Si esquematizamos los métodos empleados nos encon­ traríamos con los siguientes:

a) Método de tratamientos físicos

b) M étodo

c) Método de sugestión hipnótica

d) Esbozo del método hipnocatártico

de tratamiento moral

El desarrollo del tratamiento de Emmy, analizado por no­ sotros con gran minuciosidad, puede leerse en un Apéndice de este libro, dedicado a esta paciente. (Apartado III: “El tratamiento de Emmy: síntesis del abordaje metodológico- técnico efectuado por Freud”.)

Reseña de E l hipnotism o, libro de A. Forel (1889)

Según nos dice Strachey, en el momento de publicarse su traducción del libro de Bernheim -principios de 1889-,

Freud ya había establecido contacto con August Forel, el famoso psiquiatra suizo. Forel era un ardiente defensor de la Escuela de Nancy y ejerció, mediante sus opiniones y sus publicaciones, una nue­ va influencia para Freud en ese momento de su trabajo, tan marcado por el método de sugestión hipnótica. Freud reseñó un libro de Forel publicado en ese año y, por su recomendación, hizo un viaje a Nancy para mejorar su técnica hipnótica y conocer a Bernheim y a Liébeault,

viaje al que nos referiremos luego. Detengámonos un momento en dicha reseña, ya que con­ tiene elementos de interés para el estudio de esta etapa de la técnica freudiana. Es evidente el entusiasmo de Freud por esta obra: “Este

vigoroso escrito -com o lo denomina-,

cado lugar en la bibliografía alemana sobre hipnotismo.”41

Freud toma aquí partido, en forma por demás decidida, por la “terapia sugestiva” defendiendo la hipnosis, como

técnica terapéutica, frente a las críticas existentes. Por ello

dirá:

sufrientes a sus enfermos cuando se podría aliviarlos me­ diante un influjo psíquico inocuo” .42 Rebate las objeciones contra la terapia sugestiva y mues­ tra que el estado hipnótico no supone ningún peligro, ya que, por otro lado, las sugestiones se establecen siempre, aun sin quererlo, desde la autoridad médica. Se pregunta entonces: “¿Por qué, pues no aspiraría el médico a ejercer planifícadamente un influjo que le pareció tan deseable toda vez que lo consiguió de modo inadvertido?”43 La interro­ gante que plantea y su contestación resultan muy significa­ tivas y sobre ellas deberemos volver al discutir, más adelante, las complejas problemáticas planteadas por la transferencia y la sugestión. Por ahora, anotemos tan sólo que aunque

ocupará

un desta­

[que]

es

imposible renunciar a la hipnosis, dejar

41 S. Freud, “ Reseña del libro de A. Forel Der hypnotismus”, vol. i, p. 99.

42 Ibid., p.

101.

43 Ibid., p.

102.

Freud defiende la necesidad de la terapia sugestiva y su ca­ rácter inofensivo, no deja de indicar ya un aspecto reproba­ ble de la sugestión sobre el que continuará reflexionando muchas veces: “Pero quizás lo reprochable sea la sugestión, la sofocación de la libre personalidad por el médico ”44 Esta preocupación ética de Freud, de respeto al paciente, marcará en forma trascendente su trabajo, siendo una de las vertientes cuyo análisis resulta imprescindible para enten­ der el nacimiento del método analítico. Nos interesa destacar un aspecto más que retomaremos muy pronto. Nos referimos a su defensa ante los ataques de su ex maestro Meynert: Freud se rebela fuertemente contra el calificativo de “práctico instruido en hipnosis” que aquél le otorgara, lo que merecerá ser meditado desde una com­ prensión epistemológica. Hasta aquí hemos efectuado algunas anotaciones acerca de la primera parte de la reseña del libro de Forel. La segunda parte de la misma se publicó cuatro meses después de la primera, en noviembre de 1899. Esta resulta aún de mayor interés ya que Freud, durante los meses que separaron la redacción y publicación de las dos partes, estuvo en Nancy y en el Primer Congreso de Hipnotismo, celebrado en Pa­ rís en agosto de ese año. La posibilidad de presenciar los tratamientos que lleva­ ban a cabo Liébeault y Bernheim, de conocer sus concep- tualizaciones, de intercambiar opiniones con ellos, no hizo más que acrecentar su convicción en el método de suges­ tión hipnótica, como se puede observar en múltiples pasa­ jes de su reseña. De ahí que la críticas técnicas que virtiera treinta años después, sobre Bernheim, originadas aparente­ m ente en ese encuentro, constituyen el efecto de una “resignificación” {nachträglichkeii) posterior, ya teñida por el desengaño ante ese método. Aparecen algunas consideraciones que merecen ser re­ cordadas por apuntar al método mismo, a su aplicación y a

44 Idem.

su efectividad. Por ellas vemos a un Freud totalmente con­ vencido por esta forma de terapia que -n o lo dudam os-, estaba en ese momento muy lejos de pensar en abandonar. Sus intentos de aplicación del método catártico —como ve­ remos a continuación—no eran, a esa fecha, más que inci­ pientes esbozos poco diferenciados y nada teorizados. Tanto es así que utiliza la idea de “tratamiento hipnóti­ co” como sinónimo absoluto de “tratamiento sugestivo” en todo el artículo, no perfilándose ninguna utilización de la técnica hipnótica con otros propósitos (por ejem plo, catárticos). Vemos ahora a Freud tomando mayor distancia teórica de Charcot —a quien sigue respetando profundamente—, lo cual, a su vez conlleva un considerable acercamiento a los rivales del maestro de la Salpétriére. Citemos un párrafo muy importante en esa dirección: “Sólo apuntaremos aquí que para el médico que se proponga estudiar y aplicar la hipnosis lo m ejor será, indudablemente, adherir de ante­ mano a la teoría de la sugestión. En efecto acerca de la co­ rrección de las tesis de la E scuela de N ancy podrá convencerse en todo m om ento en sus propios enferm os, mientras que muy difícilmente lleguen a poder corroborar m ediante observación propia aquellos fenóm enos que Charcot describe como ‘gran hipnotism o’ que al parecer sufren unos pocos pacientes aquejados de grande hystérie.”45 Pero el entusiasmo de Freud no le hace perder su visión crítica y su lucidez teórica ya que señala, en el final del artículo, la presencia de un punto débil en la teoría de Nancy de gran importancia: la sugestión que todo lo explicaría —incluyendo el fenómeno del hipnotismo—carece en sí mis­ ma de explicación, problema central sobre el que Freud si­ guió m editando toda su vida, sin llegar a una respuesta definitiva. Ello no es extraño, ya que la “sugestionabilidad”, que puede leerse con otra profundidad desde la teoría de la

45 Ibid., p.

106.

[subrayado en

el original.]

transferencia, parece constituir una característica permanente de la estructura psíquica, casi un elem ento ‘universal’, lo que nos enfrenta a una trascendente problemática que no corresponde desarrollar aún. Luego de señalar, siguiendo a Forel, las dificultades in­ herentes a la aplicación misma de la técnica hipnótica, pasa a preguntarse acerca de los resultados de la hipnosis. Con­ cluye mostrando que finalmente “interesa más la naturale­ za del sujeto que la de su enfermedad” .46 En algunas personas casi todos los síntomas podrían ser influidos por la suges­ tión -tan to los que tienen fundamento orgánico como los de causación psíquica—mientras que en otros sujetos ni si­ quiera estos últimos podrían ser removidos. Este plantea­ miento lo conduce rápidamente a cuestionarse si la terapia sugestiva puede entenderse como causal o m eramente sintomática. Contestará que, en muchos casos, la sugestión cumpliría con todo lo que puede esperarse de un tratamiento causal. El ejemplo con que ilustra esta idea nos interesa para ir viendo el avance de su conceptualización etiopatogénica de la histeria. Dice así: “Por ejemplo, en perturbaciones histéricas que son el resultados directo de una representación patógena o el depósito de una vivencia conmocionante ”47 Se requeriría, para la profundización de este punto (rela­ ción teoría/técnica en lo concerniente a la sugestión y a las terapias causales o sintomáticas) de un análisis epistemo­ lógico que no abordaremos en este momento.

El viaje de Freud a N ancy y el Primer Congreso de H ipnotism o

La relación con Forel, como antes lo mencionábamos, lle­ vó a Freud a concurrir personalmente a Nancy para perfec­ cionar su técnica en la terapia sugestiva. Poco se sabe de lo que significó para Freud esa visita de varias semanas (julio

46 Ibid., P. 108.

109.

47 Ibid., p.

1889) y el conocer personalmente a Liébeault y a Bernheim. Disponemos sí de las referencias que el propio Freud efec­ tuó en sus trabajos de la época y en reminiscencias a lo largo de su obra acerca de un importante experimento ob­ servado en Nancy que le abriría líneas de pensamiento. Es muy conocida la breve referencia incluida en su Presenta­ ción autobiográfica donde indica haber llevado con él a una paciente. Ésta (que no nom bra en ningún m om ento)48 su­ fría de recaídas, luego de las mejorías producidas por la terapia sugestiva. Freud en ese momento lo atribuyó a su imposibili­ dad técnica de sumirla en un estado de sonambulismo. Se­ gún cuenta, Bernheim tampoco pudo lograrlo confesándole

entonces que sus grandes éxitos terapéuticos se daban en la práctica hospitalaria, no así con sus pacientes privados. Esta observación —como luego discutiremos—ha sido puesta en tela de juicio por Chertok y De Saussure desde su línea interpretativa. Freud, tal como indican estos autores, se inscribió al Pri­ mer Congreso Internacional de Hipnotismo (8 al 12 de agos­ to de 1889), así como al Primer Congreso de Psicología Psicobiológica (6 al 10 de agosto), ambos celebrados en Pa­ rís. Parece que Freud no asistió más que en form a muy parcial a estos congresos, retornando a Viena en la noche del día 9. Esto resulta muy curioso porque en ambos con­ gresos el tema del hipnotismo, en su modalidad terapéuti­ ca, estaba a la orden del día existiendo además una enorme expectativa entre los asistentes a dicho congreso, por espe­ rarse un verdadero duelo entre las dos escuelas en pugna. En efecto, el Congreso de Hipnotismo (que llevó como título oficial “Primer Congreso Internacional de H ipnotis­

Terapéutico”) constituyó una de las

grandes batallas entre Nancy y la Salpétriére. Nos será necesa­

rio detenernos un momento en algún detalle del mismo por

mo Experim ental y

48 M asson supone que podía tratarse de Emmy, a quien equipara con Cácilie, lo que a nuestro entender (por lo m enos en dicha equiparación) constituye u n evidente error.

las repercusiones que ello tendría en el pensamiento poste­ rior de Freud y, por ende, en su técnica. Charcot, uno de los presidentes de honor de ambos con­ gresos, se había excusado no asistiendo a ninguno de ellos por no encontrarse en París (¿simple casualidad?, ¿obliga­ ciones im postergables?, ¿o, tal vez, una dificultad para enfrentarse a las agudas críticas de Bernheim y sus condis­ cípulos?). En el Congreso de Psicología Psicobiológica una de las cuatro mesas existentes estaba dedicada de modo ín­ tegro al tema del hipnotismo. Allí se enfrentaron Bernheim y Janet. El primero defendía la opinión de que todo sujeto podía ser hipnotizado, mientras que Janet afirmaba que sólo los histéricos y los sujetos con agotamiento podían serlo; es decir, la vieja tesis de Charcot, su maestro. Más duro fue el combate teórico en el Congreso de Hip­ notismo. Se esperaba como punto culminante la ponencia de Bernheim, presentada el día 9 (a la que Freud parece no haber asistido), que versó sobre el siguiente tema: “Valor relativo de los diversos procedimientos destinados a provo­ car la hipnosis y a aumentar la sugestionabilidad desde el punto de vista terapéutico”. Dicha ponencia fue importan­ te porque en ella Bernheim mostraba que todas las técnicas de hipnotismo se reducían en realidad a introducir en el paciente la idea de dormir por sugestión. Vale decir, empe­ zaba a jerarquizar más la sugestión que la misma hipnosis, evidenciando la evolución de su pensamiento. Así, la hip­ nosis, la profundidad alcanzada en la misma, etcétera, se­ rían secundarios frente al hecho de la sugestión misma. Se abría con ello una importante vía renovadora: la posibi­ lidad de tratar al paciente por sugestiones en estado de vigilia, técnica en la que ya estaba trabajando. No será ocioso recordar la polémica producida a través de las respuestas de los integrantes de la Escuela de Charcot. Citaremos tan sólo el cuestionamiento efectuado por Gilíes de la Tourette, porque nos será de utilidad más adelante:

“El señor Bernheim ha querido decirnos [que] Todo está

en la sugestión: ella sólo produce el sueño hipnótico, que no sería una n eu ro sis, sino un estado fis io ló g ic o las contracturas, las anestesias, los fenómenos catalépticos son de origen sugestivo. Cada sujeto los produce a su manera, sin reglas, sin leyes fijadas en ninguna naturaleza. Yo de­ fiendo una idea completamente distinta del hipnotism o, verdadera neurosis provocada que tiene sus leyes perfecta­ mente demostrables y demostradas que, en una palabra, está sometida fatalmente a un determinismo ”49 Agreguemos un par de anotaciones más:

— Fue éste el prim er congreso en que se oyó la palabra “psicoterapia”, la que -retom ada de la obra del psiquia­ tra inglés Hack Y. Tuke, de 1872—fue puesta en circula­ ción por Bernheim y publicada en su segundo libro de

1891.

— En él se presentaron trabajos como los de Briand y los de Bourru y Burot, que mostraban una línea muy seme­ jante a lo que sería posteriormente desarrollado como

por Breuer y Freud. No parecen

existir datos que permitan saber si Freud dispuso de las actas de estos congresos publicadas en Francia en 1889 y 1890.

“m étodo catártico”

“Tratamiento psíquico (tratamiento del alma)” (1890)

Strachey se ha encargado de señalar los avatares de este artícu­ lo. Fíasta 1966, fecha de la investigación realizada por Saúl Rosensweig, este trabajo de Freud se indicaba como de 1905. El aparente desfase -existente entre la temática y las pre­ ocupaciones teóricas de Freud en esa fecha- se aclaró al comprobarse que se trataba de la tercera reimpresión de un artículo originalmente publicado en 1890.

49 Gilíes de la Tourette, citado p o r J. M. López Pinero y J. M. M orales

M eseguer, Neurosisy psicoterapia,

op. cit., p. 244. [subrayado en el original.]

Dicho trabajo resulta muy rico en sugerencias y genia­ les chispazos de Freud, tocando en forma embrionaria te­ mas centrales que luego serían conceptualizados como transferencia, contratransferencia, resistencia, importancia de la palabra en psicoanálisis, separación entre representa­

ciones y afectos, acción recíproca entre lo corporal y lo aní­

m ico, realidad psíquica, fantasía,

deberemos volver una y otra vez sobre este artículo en nues­ tras diferentes líneas de análisis epistemológico. Por el momento nos interesa tan sólo detenernos en los aspectos vinculados a la sugestión hipnótica y reseñar la visión que, en 1890, tiene Freud de este método, lo que será imprescindible para nuestra tarea. Citemos un párrafo: “Pero todavía no se ha esclarecido satisfactoriamente cómo es que el mero ‘apalabrar’ provoca el mismo estado que los otros procedimientos” [para hipno­

tizar].50

Como podemos apreciar, se trata de la tesis sustentada por Bernheim en el Congreso de Hipnotismo a que hemos hecho referencia, lo que demuestra que, en 1890, Freud ya conocía dicha tesis, sea directamente por el mismo Bernheim (lo que sería totalmente lógico en la medida en que debió sostener conversaciones con él), sea por las actas del con­ greso o por referencias tangenciales. La actitud de Freud es crítica. Para él falta “esclarecimiento”, falta teorización. Sin embargo, esa crítica a Bernheim no supone una defensa de la postura charcotiana de quien está ahora aún más alejado. Lo podemos observar con facilidad cuando, un párrafo des­ pués, afirma —en total oposición con Charcot— que no es condición de la hipnosis la presencia de un estado patológico en el paciente. Diferenciará ahora el estado hipnótico del estado de dormir normal. En el primero se conservan ope­ raciones anímicas que faltan en el segundo, además, el sujeto hipnotizado permanece en un rapport con el hipnotizador.

etcétera. Por ello

pp.

50

S.

125

F reu d ,

y s.

“ T ratam ien to

p síq u ico

(tratam ien to

del

alm a)” , vol.

I,

Vale decir, ‘despierto’ exclusivamente para lo que esté refe­ rido en ese vínculo. Aquí esboza Freud aspectos concer­ nientes a lo que será luego entendido como transferencia. Leemos lo siguiente: “La hipnosis presta al médico una au­ toridad mayor quizá que la que ningún sacerdote o tauma­ turgo poseyó jamás, pues reúne todo el interés anímico del hipnotizado en la persona del médico.”51 Se refiere a la sugestión y a la sugestión poshipnótica en los términos ya conocidos concluyendo, en relación con el tratamiento sugestivo, lo siguiente: “Ahora bien, el proce­ dimiento terapéutico hipnótico no sólo es utilizable en to­ dos los estados neuróticos y en las perturbaciones generadas por la ‘imaginación’, así como en el desarraigo de hábitos

patológicos (alcoholismo, adicción a la m orfina,

desvíos

sexuales) sino en muchas enfermedades de órgano (aun de naturaleza inflamatoria) en la que se tiene la perspectiva

de eliminar, aunque la enfermedad básica continúe, los sig­ nos más molestos para los enfermos como dolores, inhibi­

ción del

Hasta aquí vemos a Freud, en 1890, reiterando su total convencimiento en el método de sugestión hipnótica. Sin embargo aparecen varias menciones que son importantes de destacar porque revelan su creciente disconformidad teó­ rica y técnica con este procedimiento terapéutico. Así, por ejemplo, hace referencias a la dificultad en conseguir esta­ dos hipnóticos profundos y al problema generado por la dependencia respecto al médico hipnotizador, siendo más explícito aún en otros dos problemas del método:

movimiento, etcétera” .52

— la reaparición de síntomas que obliga a reiteradas sesio­ nes de sugestión hipnótica para eliminar los mismos sín­ tomas.

51 Ibid., p.

128.

52 Ibid., p.

130.

— el aburrimiento que ello provoca: “Suele agotarse la pa­ ciencia tanto del enfermo cuanto del médico y el resulta­ do es el abandono del tratamiento hipnótico.”53

Vemos una vez más, en esa fecha, algo que ya hemos tenido ocasión de señalar: siguen equiparados, como verdaderos sinónimos, hipnosis y tratamiento sugestivo. No parece ha­ ber, en la formulación de esa época, otra posible utiliza­ ción terapéutica de la hipnosis que no sea el tratamiento sugestivo, lo que merece ser meditado ya que demuestra en forma fehaciente que en 1890 el método hipnocatártico es­ taba lejos de ser conceptualizado.

“H ipnosis” (1891)

Este artículo, en apariencia menor, escrito para la Therapeutisches Lexikon de A. Bum, había pasado desapercibido hasta 1963. Sin embargo resulta de mucha importancia para nuestro tema. Se observa en él, con enorme claridad, la muy creciente disconform idad de Freud con el m étodo de sugestión hipnótica, pese a estar aún proponiéndolo y defendiéndo­ lo. El conflicto, apenas esbozado anteriorm ente, resulta ahora visible. Freud en 1891 está comenzando a despren­ derse de dicha forma terapéutica, delineándose ahora, a modo de figura sobre un fondo, también en forma tenue, el método hipnocatártico y su utilidad. Freud empieza por m encionar las dificultades que se plantean al hipnotizador, tarea que requiere de toda una preparación y de un verdadero convencimiento en la labor que se realiza. Curiosamente, al señalar aspectos de la téc­ nica y de lo que se suele decir al paciente, prefigura fórmu­ las que no diferirán mucho de las que propondrá muchos años después, para la iniciación del tratamiento analítico.

53 Ibid., p.

132.

Plantea los problemas existentes para hipnotizar a todos los pacientes y la inevitable necesidad de “hacer la prueba” para saber si el paciente ha entrado, o no, en el trance hip­ nótico, tema sobre el que volverá en otros artículos para señalar la sensación de ridículo que esa situación le generaba. Más importante resulta ahora su contestación a la pre­ gunta: “¿Contra qué enfermedades se aplica la hipnosis?” Su respuesta excluye ahora los síntomas que tengan un fun­ damento orgánico, quedando reducida para aquellas pertur­ baciones que se consideran “puram ente funcionales, nerviosas, afecciones de origen psíquico y hábitos tóxicos y de otra índole”.54 Otro tema significativo que Freud introduce en este ar­ tículo es el concerniente al problema de efectuar la hipno­ sis con o sin testigos. La presencia de éstos, que dificulta el procedimiento, protege al enfermo de posibles abusos en la situación hipnótica y al médico de ser acusado de ello. Agre­ ga que ambas cosas han ocurrido. Este punto será impor­ tante en relación con la anécdota que contó Freud de la paciente que, literalmente, se le arrojó en los brazos, y por tanto a la transferencia/contratransferencia erótica, tema que abordaremos en un contexto más específico. Afirma, en total identificación con la línea de la Escuela de Nancy, lo siguiente: “El genuino valor terapéutico de la hipnosis reside en la sugestión que durante ella se impar­ te. Esta sugestión consiste en la enérgica negación del acha­ que de que el enfermo se ha quejado, o en el reaseguramiento de que él es capaz de hacer cierta cosa, o en la orden de

ejecutarla.”55

Agregará a ello la conveniencia de que el hipnotizador toque al paciente, pase sus manos y presione sobre las par­ tes enfermas del cuerpo, como apoyo para la sugestión que se ha enunciado.

54

S.

F reu d , “H ip n o sis” ,

55 Ibid., p.

143.

[subrayado

art. cit., vol.

i,

p.

en

el original.]

138.

Lo vemos repetir aquí, casi como ingenua expresión de

deseos, que esta forma de terapia no está dirigida sólo con­ tra síntomas sino contra procesos patológicos, siendo —en el caso de trastornos de origen psíquicos- una verdadera terapia causal. Ambos párrafos, que no se diferencian en nada de lo que cualquier integrante de la Escuela de Nancy podía escribir

a esa fecha, difícilm ente harían sospechar el próxim o rom pim iento de Freud con el m étodo de sugestión

hipnótica. Son otros fragmentos del texto los que nos mues­ tran su desacuerdo y su irritación con dicho método. La

presencia de ambas líneas, en form a sim ultánea,

y por

m

om entos

contradictoria, resulta reveladora de la

am bi­

valencia, del conflicto de Freud que, al hacer explosión, lo-

alejarían definitivamente de la

de sugestión terapéutica. Veamos ahora algunas de las críticas que van aparecien­ do en relación con esta modalidad de terapia. Dejaremos de lado, m om entáneam ente, aquellos com entarios críticos que se hallan referidos a la hipnosis en sí misma, tema que abordarem os más adelante, para m encionar tan sólo las que conciernen al método de sugestión hipnótica. La mayor crítica expuesta por Freud tiene por eje el can­ sancio, el aburrimiento y la vivencia de ridículo que suponen estar negándole repetidamente al paciente la presencia de sín­ tomas ante el mantenimiento de éstos o su reaparición casi inmediata. Citemos un párrafo: “Si el éxito deseado no sobre­ viene tras unas pocas hipnosis, sale a la luz otra de las incerti- dumbres inherentes a este método. Mientras que ningún enfermo tiene derecho a impacientarse si la vigésima sesión eléctrica o el enésimo frasco de agua mineral no le aportaron curación, tanto médico como paciente se cansan del tratamien­ to hipnótico mucho antes como consecuencia del contraste entre las deliberadamente rosadas sugestiones y la turbia

realidad.”56

hipnosis y de toda form a

56 Jbid., p.

145.

‘Embellecer’ artificialmente una realidad patológica sin comprenderla ni poder dar cuenta de su génesis, su etio- patogenia, no podía ser tolerado por mucho tiempo por

Freud

teóricas. La otra observación crítica que merece ser destacada está referida a que, como dijo Freud: “Lo único decisivo es que el enfermo se vuelva o no sonámbulo, es decir, que el esta­ do de conciencia creado en la hipnosis se aleje tan nítida­ mente del habitual que al despertar falte todo recuerdo sobre lo ocurrido durante la hipnosis.”57 En caso de que el paciente no haya entrado en una hip­ nosis profunda, al despertar cuestionará al médico y pon­ drá en duda su autoridad y com petencia profesional si continúa presentando los síntom as que, bajo hipnosis, le aseguraron que desaparecerían. El problema del nivel o grado alcanzado en hipnosis pre­ senta una enorme importancia como podemos apreciarlo en un párrafo que citaremos íntegramente, donde hace su aparición el método hipnocatártico. Dice así: “Si la hipno­ sis no es completa se evitará dejar hablar a los pacientes', es que esa manifestación motriz disipa el sentimiento de atur­ dimiento que la hipnosis le provoca, y lo despierta. En cam­ bio, a las personas sonámbulas no hay cuidado en dejarlas hablar, caminar, trabajar, y se alcanza el más vasto influjo psíquico si en la hipnosis se les indaga acerca de sus sínto­ mas y del origen de éstos.”58 Este importante fragmento nos permite entender cuáles eran los casos en que Freud podía em prender el m étodo hipnocatártico y cuáles los que quedaban reducidos a me­ ras formas de sugestión, lo que parece explicar la simulta­ neidad de ambos métodos durante todo un extenso periodo.

con su espíritu

investigador y sus preocupaciones

57 Ibid., p.

143.

Ibid., p.

58 [subrayado J. P.]

144.

“Un caso de curación por hipnosis” (publicado en diciembre 1892/enero 1893)

Se trata del conocido caso de la paciente que presentaba trastornos al intentar amamantar a su hijo. Este caso se pu­ blica en forma casi contemporánea a la “Comunicación pre­ lim in ar”, lo que genera m últiples dudas porque su conceptualización, y mucho más aún, la técnica terapéuti­ ca empleada resulta totalmente extemporánea. Freud trató a esta paciente, según la referencia corres­ pondiente, durante dos brevísimos periodos, separados en­ tre sí por un año de plazo. Específicamente, consistía en las dificultades de amamantamiento generadas ante su segun­ do y tercer bebé. No se conocen las fechas del tratamiento pero podría pensarse que fueron 1891, por primera oca­ sión, y 1892, en la repetición del problema con su tercer hijo. Mas no existe ningún elemento probatorio, ya que cabe perfectamente la posibilidad de que las fechas hayan sido 1890/1891, o incluso 1889/1890. No nos ayuda el esbozo de teorización del artículo para determinar la fecha pues, al igual que en otros casos clíni­ cos, es difícil saber qué conceptualizaciones correspondie­ ron al momento del tratamiento y cuáles a la época de su redacción. De ahí que, por más que encontremos en forma embrionaria la idea de ‘conflicto psíquico’ (mediante la no­ ción de ‘voluntad contraria’) lo único que podría afirmarse es que el artículo debió ser pensado y escrito antes que la “Comunicación preliminar”, ensayo que presenta un desa­ rrollo teórico considerablemente superior, correspondien­ te a un momento más avanzado en su conceptualización. ¿Cuál fue el tratamiento llevado a cabo con esta paciente? Freud lo indica claramente. El primer periodo consistió en dos sesiones hipnóticas, separadas por un día. En la primera, nos dice Freud: “Me valí de la sugestión para contradecirle todos sus temores y las sensaciones en que éstos se apoya­ ban. ‘Usted no tiene por qué angustiarse, será una excelente

nodriza con quien el niño prosperará magníficamente. Su estóm ago está totalm ente calm o; tiene Ud. muy buen apetito’ ”59 Al tercer día, continúa diciendo Freud, la paciente en­ tró fácilmente al estado de sonambulismo. La técnica utili­ zada en esa ocasión fue de sugestión p o shipnótica, indicándosele a la enferma que, pocos minutos después, im­ precaría a sus fam iliares por no darle de com er, por hambrearla, etcétera. Parece que las dos sesiones bastaron para restablecer a la paciente en sus posibilidades de amamantar a su hijo, lo que hizo durante ocho meses. Un año después, con el naci­ miento de otro hijo, se repitió el problema y Freud fue nue­ vamente consultado. Sólo dos sesiones hipnóticas bastaron:

“Pero tras la segunda hipnosis, el complejo de síntomas fue extirpado también de manera tan total que no hizo falta una tercera. Y la señora amamantó igualmente a este hijo ”60 Las preguntas emergen de inmediato: ¿Por qué, si la pa­ ciente entraba tan rápidamente en el estado de sonambulis­ mo, Freud no intentó siquiera indagar acerca del origen y significado del síntoma? Es decir, ¿por qué se utilizó el mé­ todo de sugestión hipnótica y no el hipnocatártico? Apla­ cemos por el momento la discusión de las ideas planteadas.

Traducción del segundo libro de Bernheim:

H ipnotism o, sugestión, psicoterapia, nuevos estudios

Esta traducción fue efectuada por Freud y publicada en 1892 y, lo que nos importa destacar, no llevó ni prólogo ni notas de Freud. Ello resulta muy significativo, y tal vez revelador del creciente alejamiento de Freud del método de sugestión hipnótica y de su conceptualización.

59

S.

F reu d ,

60 Ibid., p.

“ U n

154.

caso

de cu ració n

p o r

h ip n o sis” ,

vol. I,

p.

153.

Prólogo y notas a la traducción del libro de Charcot:

Lecciones del m artes de la Salpêtriète

Este segundo libro de Charcot traducido por Freud reunía las clases dictadas por el maestro francés durante 1887 y 1888. Publicado originalmente en este último año, fue revi­ sado por Charcot y editado en 1892. Sobre ese original tra­ bajó Freud entre 1892 y 1894, apareciendo su traducción en varias entregas durante esos años. Nos interesa destacar, para los efectos actuales, una nota que abona las línea del descreimiento y paulatino abando­ no de la terapia sugestiva por parte de Freud. Lamentable­ mente no resulta posible fechar con claridad la redacción de esa nota dentro del periodo señalado más arriba. Freud, al intentar comentar un párrafo de Charcot so­ bre el empleo de la sugestión, agrega lo siguiente: “Con estas sabias palabras Charcot pone al descubierto uno de los mayores inconvenientes con que debe contar el uso prác­ tico de la sugestión en la vigilia y en la hipnosis ligera. Ni médico ni paciente toleran, a la larga, la contradicción en­ tre la tajante negativa de la dolencia en la sugestión y su necesario reconocimiento fuera de ella.”61 Como podemos observar, la cita se halla en la misma línea que las ideas antes expresadas, especialmente en el ar­ tículo “Hipnosis”, ya reseñado en lo que precede. Citemos, para terminar este capítulo, una referencia bas­ tante más tardía, cuando ya Freud había abandonado por completo el método de sugestión hipnótica. Se trata del pró­ logo a la segunda edición alemana del prim er libro de Bernheim, prólogo y edición que datan de 1896. Su cues- tionamiento es ahora profundo: la sugestión es vista como un fenómeno patológico y la misma obra de Bernheim es cuestionada en sus aspectos terapéuticos. Tanto es así que, de acuerdo con el autor -nos dice Freud- se eliminó toda la

 

61

S.

F reu d ,

“ P ró lo g o

y

n o tas

de

la

trad u cció n

de

J.

M.

C h a rco t” ,

vol.

I,

p.

175.

parte clínica del libro al igual que el primer prólogo (escri­ to por Freud en 1888/1889): “El lado fuerte de la obra de Bernheim no se situaba justamente allí.”62 Que se elimine la parte clínica y terapéutica de una obra que apuntaba principalmente en esa dirección deja pocas dudas sobre la opinión que, en 1896, le podía merecer a Freud el método de sugestión hipnótica. Entremos, pues, al periodo que irá marcando la origina­ lidad de Freud en la producción de conocimientos, los que

repercutirán

directamente en su accionar m etodológico-

técnico.

62

S.

F reu d ,

“P ró lo g o

a la segunda

edición

alem ana del lib ro

de

H .

B ern h eim , De la suggestiori\ vol.

I,

p.

92.

IV

Tercer período: Método hipnocatártico -1889/1892

(¿1896?)

Puede resultar curioso que nos refiramos, en primer lugar, al método hipnocatártico, dejando para un cuarto período al método catártico. No dudamos que la utilización del mé­ todo catártico bajo hipnosis -es decir, el método hipnoca­ tártico - constituye una p arte, un m om ento, de la utilización del método catártico. Sin embargo, esta divi­ sión no es gratuita y nos será de utilidad para el análisis epistemológico posterior. Entre un período y el otro está en juego nada menos que la eliminación de la hipnosis co­ mo método, teniendo este abandono una enorme impor­ tancia, cuyos motivos y repercusiones tendremos ocasión de discutir. Veremos también que Freud siguió utilizando el método hipnocatártico con varios pacientes pese a que, con otros, había eliminado completamente la hipnosis y entrado por tanto al método catártico. Según se puede deducir de sus textos, Freud empleó este método hipnocatártico entre 1889 y 1892, casi como único método.1 Luego, desde 1892, utilizó en forma simultánea (casi siempre con distintos pacientes) el método hipnocatár­ tico y el catártico. A partir de 1896 (fecha aproximada y pro­ bable) abandonó en forma definitiva la hipnosis utilizando exclusivamente el método catártico, que fue modificando y puliendo con posterioridad, hasta fundar la técnica y el dis­ positivo psicoanalíticos. Estos, como bien se sabe, se susten­

1 Recordemos que, todavía a esa fecha, seguía utilizando el m étodo de su­ gestión hipnótica con algunos pacientes, pese a estar cuestionado y su­ perado por sus propias conceptuafizaciones.

tan desde un punto de vista teórico sobre el par dialéctico:

"asociación libre"/"atención flotante". Como es natural, su iniciación en el método hipnocatár­ tico, como nueva forma de trabajo terapéutico, resulta bal­ buceante, pudiendo por tanto subdividirse este período en dos sub-períodos, a saber:

a) Momento inicial: esbozo del método hipnocatártico:

1889 a ¿1890?

b) Método hipnocatártico propiamente dicho: de ¿1891?

a 1892 ¿1896?) Tendremos ocasión de visualizar que esta división, que podría parecer arbitraria y artificiosa, contribuirá a esclare­ cernos algunas de las problemáticas epistemológicas. Disponemos de referencias clínicas de cinco pacie ntes con las que Freud trabajó con el método hipnocatártico. Al­ gunas de ellas son muy breves, apenas menciones al pasar, mientras que en otras contamos con mayores datos de los historiales clínicos. Las pacientes, tratadas con este méto­

do, de la que han quedado datos, fueron: "Cácilie", "Rosalía H.", Matilde 11. y "la paciente que se le arrojó en los brazos".

A estas referencias clínicas se suman algunas consideracio­

nes teóricas en sus escritos y en su correspondencia, e:i las que deberemos detenernos. Hemos indicado en el punto precedente que Freud uti­ lizó el método de sugestión hipnótica entre 1887 y, posi­

blem ente, 1892. Vale decir, empezó a hacer uso del método hipnocatártico en forma simultánea con el méto­ do antes mencionado. Ya hemos tenido ocasión de men­ cionar su disconformidad creciente con aquel método, lo

que lo llevaría al total abandono, pocos años después, de

la sugestión hipnótica.

Los antecedentes del método hipnocatártico, creado por Joseph Breuer, son tan conocidos que no creemos necesa­ rio recordar la historia de "Anna O." (Bertha Pappenheim) quien fue tratada por Breuer entre diciembre de 1880 '/ju ­ nio de 1882.2

2 Existe una muy abundante bibliografía sobre Bertha Pappcnhcim /'A -

Señalemos solamente que las investigaciones de Ellen- berguer, que le condujeron al rastreo y rescate del diario original clínico de Breuer (y con ello a la historia clínica de B. Pappenheim) han matizado y aún oscurecido el panora­ ma que parecía tan claro. Existen diversos desfases entre el historial original de Bertha Pappenheim y el caso clínico de "Anna O.", que permiten entender el sentido de las reticen­ cias de Breuer en la publicación del caso. Todo ello ha sido cuidadosamente analizado por Ellenberguer en un artículo que luego se incorporó al texto de las nuevas ediciones de su importante libro.3 No es posible saber cuánto conoció Freud de los avatares del tratamiento de Bertha Pappenheim (quien además era una amiga de su esposa Martha) ya que sus comentarios se apegan siempre a la versión "oficiar del "caso Anna O." Sin más preámbulos veamos ahora cómo Freud fue uti­ lizando e incorporando el método hipnocatártico creado por Breuer.

a) Momento inicial: esbozo del método hipnocatártico:

1889 a ¿1890?

La primera mención al método de Breuer que se publicó en una obra de Freud data , como ya tuvimos ocasión de se­ ñalarlo, de 1888. En su artículo Histeria Freud hace referen­ cia a dicho procedimiento sin que visualice aún los alcances del mismo y sus diferencias con el método de sugestión hip­ nótica

nna O". Cabe destacar un núm ero de la revista Cuadernos clínicos de A ctualidad Psicológica.íN o .l. agosto 1983, Buenos A ires), que llevó p o r título: "Anna O ": cien años después, dedicado íntegram ente a este fa­ moso caso, brindando valiosa información así como interesantes análi­ sis teóricos y clínicos. 3 El artículo se titula "La historia de Anna O.: estudio crítico con docu­ m entos nuevos". Su traducción está incluida en la revista indicada en la nota anterior.

No obstante, Freud ha afirmado que empezó a utilizar aquel método con "Emmy von N." en quien, efectivamente, vemos un primer esbozo del método hipnocatártico.

"Emmy von N."

Volvemos a esta paciente, cuyo tratamiento fue mencio­ nado en el punto anterior. Nos toca ahora complementar lo que allí habíamos excluido y ver en qué consistió la aplica­ ción del método hipnocatártico con ella. Buscaremos mos­ trar la precariedad técnica de su empleo, que no por casualidad corresponde directamente con la precariedad teórica del método a esa fecha. El propio Freud al escribir en 1894 la epicrisis del caso, señaló lo que consideró fueron sus principales errores:

- No haber llevado suficientemente adelante el análisis de los síntomas.

- No haberlos perseguido con el necesario plan.

En efecto, la simple mención de algunos fragmentos del historial de esta paciente nos revela esas "fallas", (desde lue­ go entendidas como tales desde la conceptualización de 1894). De todas formas Freud se ubica de manera adecuada frente a la paciente cuando, siguiendo los lincamientos co­ municados por Breucr, la hace hablar e intenta escucharía:

"La exhorto en la hipnosis a hablar"4. Pero todavía es un "oír" sin "escuchar", ya que rápidamente utiliza la vía sugestiva pa­ ra poner "término a la impresión del relato"5, para "borrar­ le esas imágenes".6 Vale decir, va "removiendo" las vivencias que están acom­ pañadas de dolor psíquico, pero la búsqueda de nexos y de causas es muy débil y tímida aún. Cuando se topa con re­

4

5 Ibid.

6 Ibid.

S.

F r e u d :

R s t u d i o s

op.cit., p.75.

cuerdos que reaparecen con frecuencia, descubre la necesi­ dad de hacerlos relatar con todo lujo de detalles porque la eliminación global por sugestión no surte efectos, como lle­ ga a descubrirlo tempranamente. Luego de los relatos efectuados por la paciente bajo hip­ nosis (esbozo del método catártico) la técnica de Freud se mantiene dentro del marco de la sugestión hipnótica. Lo ve­ mos en este párrafo que transcribimos a continuación: " y le quito la posibilidad de volver a ver todas estas tristes co­ sas, pues no sólo le borro el recuerdo plástico, sino que le revoco la reminiscencia entera de su memoria, como si na­ da de eso hubiera sucedido\ 7 Esta última frase, que hemos subrayado en el texto, resul­ ta la más importante. La posibilidad de "rememorar" y no de "repetir" será para Freud uno de los ejes de la cura psicoa- nalítica. Ya en el método catártico más desarrollado se en­ cuentra presente, en germen, esa línea de pensamiento: el síntoma constituido sustituye a la representación que ha si­ do reprimida y al afecto que ha sido desplazado (converti­ do, en el caso de la histeria, como forma específica de ese desplazamiento simbólico a lo somático). La eliminación del síntoma pasa inevitablemente por la recuperación de ese re­ cuerdo reprimido al que debe unírsele el afecto, ser revivi­ do y abreaccionado, para alcanzar el efecto catártico, concomitante con la caída de dicho síntoma. Vale decir, se trata básicamente de volver a vivir lo que se trató de rehuir, en una palabra recuperar la historia y de ningún modo lo que aquí plantea: "como si nada hubiera ocurrido", borrarla nue­ vamente. Por ello, lo que parece tener el tratamiento de "Emmy" de método hipnocatártico es tan sólo crear las con­ diciones de posibilidad para que dicha recuperación de la historia se realice: hacer hablar al paciente, lograr sus aso­ ciaciones en torno a los síntomas presentes, su origen, su gé­ nesis, etcétera. Pero entre la simple creación de las condiciones de posi­ bilidad para la aplicación de un método y su utilización hay

7 Ibid

p.82. subrayado nuestro.

un largo trecho que Freud no puede atravesar en ese mo­ mento porque -como io discutiremos- no ha teorizado toda­ vía el sentido dei método catártico. Lo que mejor prueba que en "Emmy” hubo un total y ab­ soluto predominio del método sugestivo es el permanente "borramiento" de i eeuerdos y no su recuperación. Tanto es así que la paciente, un año después, se quejará sobre "la­ gunas en sus recuerdos". Lo que Freud, años después, ya en plena clínica psicoanalítica, hubiera tomado como un fracaso terapéutico, es considerado en ese momento como exitoso, tal corno se observa en la transcripción completa de un parral o- "Durante esos días se exteriorizó también aquella queja sobre lagunas en sus recuerdo ’justamente en los episodios mas im portantes’, de lo que inferí que mi trabajo de dos años antes había sido bastante interventor y tuvo efecto duradero".1’’ Lejos se está aún -obviamente- del psicoanálisis, pero también del método catártico, cuando la teoría de la cura que subyacc consiste- en incrementar la represión del pa­ ciente y no en su levantamiento El historial clínico de esta paciente es el único ejemplo clínico de Freud de que se dispone en la actualidad en rela­ ción a esta etapa (1889/1890) de aplicación inicial del méto­ do hipnocatártico. Como antes decíamos, no es posible fechar con claridad, por falta de datos clínicos, la terminación de este período de ensayos iniciales en la aplicación de este método. Lo úni­ co seguro es que en varios escritos de 1892 se observa que la teorización dei método ha alcanzado un alto nivel de de­ sarrollo. Esto permite suponer, por la articulación teo­ ría/técnica, que el procedimiento técnico también debió haber alcanzado un mayor desarrollo.

Ibid-, p. 103

Este tema recibirá en extenso desarrollo en la proyectada lectura epis­ temológica del proceso que ahora estamos describiendo. De todas For­

tratado, desde mui tiples facetas y concepciones, en e! libro

m as fue ya

ügXÍL.

b) Método hipnocatártico propiamente dicho: de ¿1891?

a 1892 (¿1896?)

Estamos fechando la terminación del período de aplica­ ción del método hipnocatártico en 1892. Esto necesita de al­ gunas aclaraciones. Parecería que, en esa fecha, Freud intentó por primer vez (posiblemente con el caso "Elizabeth") el tra­ tamiento catártico sin hipnosis. Vale decir, que fecharíamos dicha terminación del método hipnocatártico, como exclusi­ vo, hasta el momento en que Freud puede incorporar un nue­ vo método de trabajo. Es evidente, sin embargo, que continuó utilizando la hipnosis, en especial con una intención catárti­ ca, hasta aproximadamente 1896. Tendremos ocasión de ver, en los pacientes que a continuación mencionaremos, dicha utilización con fecha posterior a 1892.

"Cácilie M."

Esta paciente parece haber tenido particular importan­ cia en la comprensión que Freud fue logrando de la histeria y en el desarrollo del método catártico. En un fragmento omitido de una carta a Fliess, se lee lo siguiente: MSi cono­ ciste a Z. von K. no puedes dudar ni un momento que sólo esa mujer pudo haber sido mi maestra".10 En otro texto, éste sí publicado por él, dice Freud: "Y aún fue la observación de este singular caso en comunidad con Breuer la ocasión inmediata para que publicáramos nuestra ’Comunicación preliminar11". En otra parte del mismo tex­

to lo califica como: "el más difícil e instructivo que de histe-

ria yo haya tenido". Lamentablemente motivos de discreción impidieron la publicación detallada de este tratamiento y su historial clí­

12

10 J. M. M asson: The complete k iie r s of Sigmund Freud lo W ilhelm Fliess. p.229, traducción nuestra.

11S. Freud: Estudios 12Ibid,. p.189.

op.cit

p.190.

nico. Solo aparecen referencias al mismo en forma de aco­ taciones y llamadas a pie de página en los "Estudios sobre la histeria". Existían grandes dudas sobre las fechas en que "Cäcilie" fue tratada por Freud. Hasta la publicación reciente de la correspondencia completa de Freud a Fliess, debíamos con­ formarnos con la referencia del primero en el sentido do que la paciente revivió durante casi tres años todos los traumas de su vida, lo que daba tan sólo una idea vaga de la duración del tratamiento. Masson, quien tuvo a su cargo la edición mencionada, no sólo nos reveló las iniciales de la paciente, sino que nos informó que la misma fue enviada por Freud a Charcot en 1888.13 En función de los fragmentos de correspondencia omiti­ dos se puede entonces suponer que "Cäcilie" fue tratada por Freud entre 1888 y 1893. Vale decir que cuando Freud ini­ ció dicho tratamiento ni siquiera había esbozado la utiliza­ ción del método hipnoeatártico. Fue durante el tratamiento de esta paciente, su "prima donna" como la denomina, que se fue afirmando su comprensión y teorización de la histe­ ria y del método catártico. Ello condujo a Freud y a Breuer (luego del arduo convencimiento de este último) a la publi­ cación conjunta de dicha "Comunicación preliminar" en 1893 y del libro antes referido, en 1895. No es extraño, entonces, que en esta obra, al mencionar el tratamiento de "Cäcilie" aparezca ya considerablemente con- ccptualizado el método hipnoeatártico con ella empleado. Freud había de "purificación" en la hipnosis, en donde la pa­ ciente revivía con efecto retardado (nachträglich) todos los traumas de su vida, en estallidos de llanto y desesperación. Citemos un párrafo del texto para visualizar la técnica em­ pleada por Freud ante los "ataques histéricos" que presen­ taba la paciente (alucinaciones, dolores, convulsiones, largas declamaciones, etcétera): "Por lo común me llamaban en el

13Masson

transcribe

incluso un

fragmento de una carta

inédita de Char­

sobre !a p aciente q u e le fuera

cot a F re u d en la que aquel se p ronuncia

p.20)

remitida, (op.cil

apogeo de ese estado, y yo introducía la hipnosis, convocaba la reproducción de la vivencia traumática y ponía término al ataque mediante las reglas del arte. Recorrí con la enferma varios cientos de estos ciclos, y así adquirí las más instructi­ vas informaciones acerca del determinismo de los síntomas histéricos".14 Determinismo que era evidentemente psíquico por lo que resulta entendible el título de la famosa comuni­ cación preliminar: "El mecanismo psíquico de los fenómenos histéricos", cuyos orígenes ya hemos mencionado más arriba. Se trataba, como dice Freud con total claridad, de "un caso de conflicto y defensa",15 constituyendo dicho conceptos, en ese momento, el eje de su teorización. Pero no hay que esperar a 1894, en que fueron escritos estos pasajes citados, para ver el avance de la conceptuali- zación sobre el método hipnocatártico y la causación psíqui­ ca de las llamadas "psiconeurosis". Podemos fácilmente remontarnos más atras, como lo veremos a continuación. Mencionaremos, por ahora rápidamente, los borradores de la "Comunicación preliminar" que serán muy ilustrativos en ese sentido. Por ejemplo, la llamada "Nota III" de finales de 1892. En ella Freud describe los alcances de la terapia hip- nocatártica en estos términos: "Se comprende que nuestra te­ rapia consista en cancelar los efectos de las representaciones no abreaccionadas haciendo que dentro del sonambulismo se reviva, abreaccione y corrija el trauma, o trayéndolo a la conciencia normal dentro una hipnosis más ligera".16 Vemos aquí una diferente resolución entre el tratamien­ to efectuado bajo hipnosis profunda (sonambulismo) o ba­ jo hipnosis ligera, idea fundamental que repetirá en los siguientes términos en la Comunicación preliminar: "Ahora se entiende el modo en que produce efectos curativos el mé­ todo de psicoterapia por nosotros expuesto. Cancela la ac­ ción eficiente de la representación originariamente no

14S. Freud: Estudios

15M d-, P- 191

16 S. Freud: Bosquejos de la "Comunicación Prelim inar" - N ota III. T. I,

op.cit

p.190.

p.186.

abreaccionada, porque permite a su afecto estrangulado el decurso a través del decir, y la lleva hasta su rectificación asociativa al introducirla en la conciencia normal (en esta­ do de hipnosis ligera) o al cancelarla por sugestión médica, como ocurre en el sonambulismo con amnesia". Estos textos, que nos conformamos por ahora con citar, merecerán ser discutidos y analizados en su oportunidad, al considerar el sentido mismo de la abreacción, de la catarsis y de todo el método catártico en sus distintas modalidades de aplicación. Retornemos a los ejemplos clínicos de que se dispone hasta el presente en relación al método hipnocatártico, También en los Estudios sobre la histeria, menciona F:reud a dos pacientes más: "Rosalia H." y "Matilde H.", sin que sea posible saber la fecha exacta en que las mismas fueron aten­ didas. Sólo se puede aseverar que dichos tratamientos fue­ ron realizados a más tard ar en 1894, o en los años inmediatamente anteriores a esa fecha. Detengámonos un momento en el caso de "Rosalia H.", joven cantante de 23 años. Frcud la define como un caso de "histeria de retención". La técnica empleada con ella fue la ya señalada con "Cácilie": reproducir todas las impresiones excitadoras buscando su abreacción con efecto retardado. Sin embargo hay algún aspecto interesante, sobre la técnica empleada por Freud con esta paciente, que merece ser se­ ñalado. Citemos una frase: "La hice insultar al IR tío, dirigirle filípicas, decirle en cara toda la verdad, etc." Vemos aquí cómo Freud no sólo deja emerger la abreac­ ción sino que la dirige. Su técnica con esta paciente prefigu­ ra las actuales m odalidades y recursos de la terapia guestáltica (y en cierto sentido de la psícodramática) lo que no deja de ser importante y llamativo. Vemos una vez más que esas técnicas, que suelen enorgullecerse de su "moder­ nidad" frente a la tradicional "técnica psicoanalítica" -para ellos caduca- tienen su base en el método catártico y por tan-

,

17S. I7reud; Ilstudios

ISIbid

p.lS2-

,

Qp.cil

p.42.

to en la prehistoria del psicoanálisis, de la que son deudo- ras. No en balde se ha dicho acertadamente que Freud car­ ga sobre sus hombros todas las formas de psicoterapia que han emergido en el siglo XX. En el otro caso, "Matilde H.", paciente de 19 años, vemos a Freud utilizar los mandamientos, consejos y sugestiones, en sonambulismo profundo ante la imposibilidad de conti­ nuar haciendo hablar a la paciente. Nos quedaría, por último, para terminar la descripción de este período, efectuar una rápida mención a la paciente que quedó inscrita en la historia del psicoanálisis como aquélla que "se le arrojó en los brazos". Freud la cita en 1925, cuando recuerda este período, en especial en relación al na­ cimiento del concepto de transferencia, "el elemento místi­ co que operaba tras la hipnosis".19 No es posible, una vez más, fechar con exactitud el mo­ mento de atención de esta paciente, y mucho menos su iden­ tidad, la que fue tratada con el método hipnocatártico. Nos será necesario, en su momento, discutir las consideraciones de Chertok-Saussure, quienes intentan delimitar la fecha de dicho acontecimiento. Aclaremos que, para ellos, el mismo cobra gran trascendencia ya que lo conectan en forma direc­ ta con el abandono de la hipnosis por parte de Freud, lo que desde nuestra lectura resulta una simplificación de proce­ sos mucho más complejos e intrincados que requieren de una comprensión epistemológica. Podemos, pues, pasar a la reseña del período centrado en la utilización del método catártico, desde donde podremos resignificar de otra manera los límites y alcances del méto­ do hipnocatártico y, por tanto, del período al que nos hemos referido en el presente capítulo.

19S. Freud: Presentación autobiográfica. T. XX, p.27.

V

Cuarto período: Método catártico -1892 a ¿1898?

Entramos ahora al período más complejo, en el que Freud comienza a encontrar su propio camino. Período, por lo tan­ to, de una producción y una creatividad arrolladora, por mo­ mentos deslumbrante, cargado de intensas angustias y fuertes depresiones. Por ello nos será imprescindible, más adelante, analizar epistemológicamente múltiples constela­ ciones y complejos niveles de articulaciones, interdepen­ dencias y complementariedades entre la teoría, la técnica y los avatares "internos" de Freud-sujeto psíquico, para llegar a entender el proceso de descubrimiento. Este período puede extenderse entre 1892 y 1898, apro­ ximadamente, fecha en que fijaremos el nacimiento del psi­ coanálisis y cuya delim itación, trabajada antes por nosotros,intentarem os ahora justificar con mayor especifi­ cidad en relación al método y a la técnica psicoanalítica. Decíamos que se trata de un período complejo porque es también para Freud el de los inicios de sus propias teoriza­ ciones, en su búsqueda en dos campos clínicos conceptual­ mente diferentes: el de las psiconeurosis y el de las neurosis actuales. Veremos luego que esta delimitación teórica del campo de las neurosis provoca netas diferencias en su abor­ daje técnico de los pacientes que pertenecen a una y otra ca­ tegoría. Momento fundamental en el que abandona la hipnosis e inicia su propio derrotero, ese largo camino que lo conduciría a la constitución de la Teoría y de la Técnica psicoanalítica. Camino de búsqueda, de frustraciones, de lu­ ces repentinas, de permanente articulación y complejas in­ terdependencias entre la clínica y la técnica -que pule y perfecciona sobre la marcha- y la teoría -que construye a

1 J. Perrés: El nacim iento del Psicoanálisis

op.cit.

partir de vjs descubrimientos clínicos-, en los que el princi­ pal paciente (y e) verdaderamente determinante) fue él mis­ mo. Esta : • a-a>iu ción de la teoría depende, por momentos, de sus descaí >rludenlos clínicos, mientras que, en otros, es la teoií'a misma la que va sirviendo de faro para las modifi­ caciones introducidas en la técnica. Teoría que irá apareciendo, por lo tanto, en dos extremos di­ ferentes: por un lado, como resultado y consecuencia de sus descubrir:5ionios clínicos, y por otro, como el origen mismo, la cau:oi de esos descubrimientos clínicos. De ahí el ambiguo

y complejo legar de la teoría en el descubrimiento freudiano

que ha generado en muchos autores una lectura muy parcial y, por ende, distorsionada, a nivel epistmemológico. Este apasionante período de descubrimientos, San impor­ tante para la fundación del Psicoanálisis, necesita ser carac­ terizado, desde maestro punto de vista, desde cuatro ángulos

diferentes, a saber; el teórico, el psícopatológico, el técnico

y el de ia implicación personal de Freud en su "autoanálisis". Empecemos mencionando los alcances de esos niveles, los que luego desarrollaremos.

A nri-el tconro^ podríamos delimitar dicho período como

el de i pasaje de ¡a teoría del trauma a la teoría de la seduc­ ción, hasta eí abandono de ésta y el descubrimiento de la fantasía, (o, para ser más preciso, del fantasma) como ex­ presión de una realidad psíquica, diferente de la material. Vale decir, de la "Teoría del fantasma", como se la ha dado en llamar íO.Maunoni).

Es justa me ni e ese abandono (parcial, como lo veremos) de

la teoría de la seducción y del descubrimiento de la realidad

psíquica que marcará el ingreso a la historia del psicoanálisis,

y el í in üc su prehistoria. Significará nada menos que el naci­

miento de! Psicoanálisis como teoría científica, ya alejada de

los antecedentes inmediatos que permitieron su génesis. AniveipUii'Püiológico, veremos la constitución de la pri­ mera teorización psicopatológica general de Freud por la que, a partir de ¡a presencia de conflictos sexuales, se orde­ nará el campo de las neurosis, separándose radicalmente las psiccmeurosis de las neurosis actuales, teniendo estas cate­

gorías diferentes etiopatogenias, distintas ecuaciones psico- patológicas y por tanto diferentes resoluciones terapéuticas. Todo este ordenamiento se hará en torno al concepto teóri­ co de "defensa", como un gran eje que permite la distribu­ ción y clasificación de los cuadros nosológicos. A nivel técnico, Freud irá conceptualizando su práctica, introduciendo innovaciones a partir del abandono de la hip­ nosis. Atravesará así por distintas fases (técnica de concen­ tración, técnica de la mano en la frente, etc.) que lo conducirán al método de la asociación libre que caracteri­ za, fundamenta y posibilita el trabajo psicoanalítico. A nivel de su implicación personal, Freud irá penetrando, ya sobre el final de esta etapa, en forma paulatina, en su propia neurosis y en su llamado "autoanálisis". Esta búsqueda se constituirá en el eje primordial de sus descubrimientos y del nacimiento de la teoría y de la técnica psicoanalítica. Si de­ biéramos jerarquizar alguno de los tres factores que intervi­ nieron en esa compleja articulación, para el nacimiento del Psicoanálisis (teoría, técnica y psicoanálisis del propio Freud) es sobre este último aspecto que pondríamos el acen­ to. Sin ese plano hubiera sido imposible dicho nacimiento, lo que marcará la especificidad epistemológica del Psicoanáli­ sis, como disciplina científica. Este proceso, vivido por Freud hace ya 90 años, se repite constantemente en cada analista en formación, quien "incorpora" de otra manera la teoría y la práctica psicoanalíticas cuando atraviesa por su propio pro­ ceso analítico, acercándose a su "saber inconciente", aspecto sobre el que mucho hemos insistido en ensayos anteriores. Para poder referirnos a la evolución de la técnica freu- diana en esta etapa, entre 1892 y 1898, nos será necesario considerar brevemente cada uno de los cuatro niveles seña­ lados, deteniéndonos en especial en el nivel técnico. Ten­ dremos ocasión de ver que difícilmente la técnica, y su evolución, puede separarse del marco conceptual que Freud va postulando, y éste de sus "movimientos" internos al em­ pezar a visualizar los efectos de su propio inconciente, todo lo que nos conducirá luego a un análisis simultáneo de los planos indicados. Por el momento contentémonos por des-

críbir en forma sucinta, y por separado, la evolución de ca­ da uno de estos niveles.

1 Nivel teórico

Esquematizaremos su evolución recordando que Freud par­ tió de la teoría del trauma psíquico, siguiendo la conceptua- lización de Charcot. Se trataba de la extensión de la idea de trauma físico al campo del psiquismo. La "situación traumá­ tica" era entonces, en forma lineal, la causa desencadenante de la enfermedad, que existía en forma de predisposición he­ reditaria (el clásico ejemplo es el de la histeria, para la que se suponía la presencia de una "herencia neuropàtica"). Por ese "trauma psíquico" se entendía el efecto de un "agente ex­ terno" sobre el psiquismo, de un "cuerpo extraño", siguiendo el modelo del traumatismo físico, en sus aspectos de lineali- dad temporal (un efecto se produce dependiendo en forma directa e inmediata de la causa). A medida que Freud avan­ za en sus conceptualizaciones, basadas en su trabajo clínico, comprueba con asombro (y con fuertes denegaciones de lo que conocía y había él mismo leído en esa época) el origen sexual de la neurosis. En todos los casos van apareciendo co­ mo causa trastornos de la vida sexual del paciente. Los mis­ mos se separarán en trastornos referidos a la función sexual adulta actual (neurosis actuales) y, por el otro lado, trastor­ nos vinculados a una defensa efectuada con posterioridad (nachträglich) frente a experiencias sexuales prematuras, vi­ vidas por el niño. Una "sexualidad presexual", como la deno­ minaba él mismo, entendiendo por tal una sexualidad que emerge de modo prematuro en el niño. Esa sexualidad es des­ pertada antes de su aparición "normal" (leída ésta sobre la base de los factores de maduración biológica en la pubertad). Nos estamos referiendo obviamente al campo de las psi- coneurosis, caracterizadas por el conflicto producido en el sujeto por el recuerdo de esas experiencias sexuales prema­ turas. Ese despertar sexual anticipado era entendido por Freud como una seducción efectuada por un adulto sobre el

niño. Aun en el caso de que el seductor fuera otro niño, a su vez habría sido seducido inicialmente por un adulto, vale de­ cir, introducido antes de tiempo en la sexualidad. Esta Hteoría de la seducción" no constituye una nueva con- ceptualización en relación a la "teoría del trauma", sino su especificidad: ya no es cualquier trauma el que provoca el "monto de excitación" cuantitativo que el psiquismo no pue­ de "elaborar" sino especificamente el trauma sexual. La teoría de la seducción va apareciendo a partir de la carta No. 29 a Fliess, del 8 de octubre de 1895, aunque pue­ de buscarse su génesis desde 1893; es el caso de la carta No. 12 (30/5/93). Esta teoría irá desarrollándose y afirmándose en sus cartas y sus manuscritos (Por ejemplo, "Proyecto" de 1895, manuscrito "K" de 1896, etc.) así como en sus confe­ rencias (La etiología de las neurosis, del 21/4/1896). La teoría de la seducción tendrá su auge durante 1896 y principios de 1897, buscando Freud una cronología de la se­ ducción que, según el momento en que fue vivida, podría ex­ plicar la "elección de neurosis" posterior, es decir, el cuadro psicopatológico que caracterizará a ese sujeto. A partir de la carta No. 57 a Fliess (24/1/97), Freud empie­ za a dudar de esa cronología y en las cartas y manuscritos sub­ siguientes empieza a traer sus hallazgos crecientes sobre la acción de la fantasía en la vida psíquica y los primeros esbo­ zos del complejo de Edipo (mayo de 1897)2. Ello lo conduci­ rá a la famosa carta No. 69 del 21/9/97 en la que se derrumba la teoría de la seducción y Freud menciona su "actual incre­ dulidad". Lo hace en los siguientes términos: "Permíteme que

te confíe sin más dilaciones el gran secreto que en el curso de los últimos meses se me ha revelado paulatinamente: ya no

creo en mi neurótica

3

2 Sin embargo, sobre ese "error" (búsqueda de una cronología del m om en­ to de la seducción) postulará luego la idea de una "cronología" de la se­ xualidad, vale decir, la evolución psicosexual. Se trata de un tem a apasionante a nivel epistemológico: cómo los errores pueden ser los m o­

tores para el descubrim iento y la producción

científica.

3 S. Freud: l os orígenes del Psicoanálisis. B.Nueva, T.IX, p.3578, subra­ yado mío. Cabe aclarar que me he perm itido corregir la traducción en

Desde esc desmoronamiento de la teoría de la seducción (nunca definitivo, como luego analizaremos) y a través de su

"autoanálisis’' -que le ha ido permitiendo el descubrimiento

de la acción de ia fantasía- entenderá Freud el sentido de la "realidad psíquica” como determinante y dará el gran salto con el que se furnia la teoría psicoanalítica, al que nos refe­ riremos posteriormente.

2 Nivel psicopatológicn

La desciípcion detallada de este nivel resulta fundamental

para en te n d e r el trabajo clínico desarrollado en este

do. Contamos pura eiío con las referencias a más de 50 pa­ cientes, que fueron vistos y tratados en esos años. Algunas de esas menciones son muy breves, no habiendo indicacio­ nes terapéuticas. F.n otras, dichas indicaciones pasan sola­ mente por terapias físicas o de tratam iento moral. Por último, en pocos casos, en los que nos detendremos, apare­ cen desto ¡piñones exhaustivas de los historiales clínicos y de los tratamientos brindados a esos pacientes. A modo de ejemplo, puede parecer extraño a primera vista que en 1898 Freud indique corno terapia a un paciente la hidroterapia y lo envíe a un establecimiento de cura de aguas. Si tenemos en cuenta que su diagnóstico era de "neurastenia", una de las formas posibles de las "neurosis actuales", la indicación no resulta ya extraña para ese momento. Sabemos que para Freud los síntomas neurasténicos y el mecanismo de produc­ ción de esa patología no dependen de procesos psíquicos,

por lo que tampoco tendría sentido la aplicación de un tra­ tamiento psíquico Vemos aquí que su indicación terapéuti­ ca (teoría de la cura) depende en forma directa de su concepción del proceso del enfermar (teoría eliopatogéni-

perío­

no creo en

mis neuróticos", un error muy difundido. Pero en ese pasaje Freud se re­

fiere a su le o ría, n o a sus pacientes, zando e n e! sexto original a l e m á n ta latina incorporada ai alemán.

palabra " n e u ró tic a ”, una expresión

uti pu n to imponíante. Dice en la

traducción española: "

lo que

ya

resulta muy diferente, utili­

ca). Por ello, si nos proponemos analizar la evolución de la técnica en esa etapa ejemplificando con el material clínico del que se dispone, la tarea puede tornarse difícil y poco co­ herente si no se entiende la concepción psicopatológica de Freud en ese período, sobre la que se fundamenta su com­ prensión clínica y su accionar técnico. Encaremos entonces dicha primera concepción psicopa­ tológica de Freud (conformada durante la prehistoria del Psicoanálisis) la que tendría importantes modificaciones a lo largo de su futura obra.

Proponemos un cuadro general, diseñado por nosotros, y que posiblemente necesitará de algunas breves aclaraciones (ver cuadro en p. 90).

El análisis minucioso de ese cuadro que supone toda la concepción psicopatológica de Freud en esta época, (vale decir, su primera teoría general psicopatológica), implica­ ría un largo desarrollo que nos alejaría de nuestra intención actual. Nos limitaremos por lo tanto a efectuar algunos co­ mentarios sucintos que nos orienten en la descripción de su abordaje clínico de estas dos grandes categorías y, poste­ riormente, a la lectura epistemológica de las transformacio­ nes metodológico/técnicas que fueron generándose. Empecemos por mencionar la génesis de su concepción, es decir, la forma en que arriba a la misma. Recordemos que Freud y Breuer, muy influenciados por Charcot, postularon, siguiendo esa concepción, la idea de "estados hipnoides" (que se encuentra ya en Charcot). La misma condujo a pos­ tular la "histeria hipnoide". Breuer se atuvo fundamental­ mente a esta forma de entender la etiopatogenia de la histeria mientras que Freud agregó la "histeria de retención" y la "histeria de defensa". Esta última se le fue imponiendo de manera progresiva al descubrir que todos los casos de histeria estudiados por él remitían siempre a un mecanismo que se halla al servicio de la defensa del Yo del sujeto con­ tra las representaciones sexuales, vueltas ahora penosas. Avanzó en dos direcciones simultáneas: por un lado, aban-

PRIMERA CONCEPCION PSICOPATOLOGICA FREUDIANA

Las neurosis como "perturbaciones de la función sexual"

I) "Infantil" (T erreno psíquico) (conflicto sexual)

Resignificación del recuerdo inconciente, en un segundo tiempo (post-puberal), de una experiencia sexual prem atura ("sexual presexual") (Teoría de la Seducción)

F re n te a la em ergencia a p o s t e n o ri del recuerdo sexual de

la infancia:

1)

¿Aparece la d e fe n s a ante dicho re c u e rd o , vuelto ahora penoso

=

N L U R O PSIC O S IS D E

D E F E N S A

PROBLEM ATICA

A) Psiconemosis

B) Alguna!>.p¿ktisi& (de defensa)

SEXUAL

2)

II)

a) Histeria de

conversión

b) Neurosis Obsesiva

c) Fobias: luego,

Histeria de Angustia.

-Psicosis alucinatona/ Confusión alucinatoria/ Psicosis confusional/

Amentia alucinatoria aguda

-Paranoia

-Psicosis histérica

-Melancolía (Manía)

El sujeto no se defiende ante ese recuerdo, que no resulta penoso. No hay defensa

=

P E R V E R S IO N

Actual (Terreno orgánico) (Trastorno sexual)

T rastorno de la funsión genital adulta (expresión tóxica, sobre el m odelo de la "enfermedad de Basedow")

a)

N eurastenia

=

NEUROSIS ACTUALES

b) Neurosis de angustia

c) H ipocondría (posteriorm ente)

I + II (T e rre n o psíquico

+

T e rren o orgánico)

=

N E U R O S IS M IX TA S

donando paulatinamente el concepto de histeria de reten­ ción e histeria hipnoide, y, por otro, extendiendo el método catártico a otras entidades nosológicas. Descubrió así con un asombro creciente que otras psico- neurosis (especialmente la que denominó luego "neurosis ob­ sesiva") funcionan en torno a la defensa, comprobando además que algunas psicosis tienen por base el mismo meca­ nismo. El concepto de "defensa", ya generalizado, se convir­ tió en el eje de su primera conceptualización psicopatológica en lo que tiene que ver con las psiconeurosis, es decir, con las neurosis que funcionan en el "terreno psíquico". Simultáneamente con su trabajo clínico en esta área, Freud a partir de 1892 dedicó especial atención a las neuro­ sis que funcionan y se originan en un "terreno somático", a las que luego denominó "neurosis actuales". Partiendo de la neurastenia postulada por Beard, propu­ so en 1894 aislar una nueva entidad, la "neurosis de angus­ tia", que se distinguiría en cuanto a su mecanismo y a su etiopatogenia de la anterior, pese a encontrarse dentro de la misma categoría general. Muchos fueron los pacientes que padecían, según el diag­ nóstico de Freud, de neurosis actuales, que fueron vistos, es­ tudiados y tratados por aquel. Su concepción frente a estas patologías se mantuvo casi uniforme durante toda su vida. Pa­ ra Freud se trata de trastornos de la función genital adulta ac­ tual, teniendo por base "consecuencias tóxicas directas del quimismo sexual",4 como lo repetirá en 1924. Su modelo para entender estas patologías es la llamada "enfermedad de Base- dow", originada por trastornos hormonales, Freud consideró siempre que existía una relación directa entre las neurosis ac­ tuales y las enfemedades de las glándulas endócrinas, tal co­ mo reseña Rank la participación de Freud en una de las actas de la Sociedad Psicoanalítica de Viena (20/1/1909). No resulta extraño pues, como ya adelantamos, que si Freud entendía estas neurosis como de origen somático, sin ingerencia directa del psiquismo (pese a tener luego,

4 S. Freud: Presentación

op.cit

p.25.

indirc!

rosis "miMas . , .'O a presencia simultánea de psiconeuro sis y nccu aU íudcs en el m ism o p a c ie n te ), el tralam u ¿h a mismas no podía tampoco ser psíquico. De ah¡ q ¡ r • u u u s . no propone ni intenta con ellos la ulili/ ;• o. ■■- a-o-un catártico ni mucho menos del mó- todo psí¡ . :: / M¡ se- posterior. Digan,i .■ pDubras rnás sobre la?, distintas neurosis

actuales a-,,-, i, 1. ¡ir:<,i¡a¡ las y abordar las neurosis cuya

génesis y m-ms ■ -í-'f ■■■, se originan en el psiquismo.

Durara - -a ■■.a;-.* - i'Veud separará y estudiará las dos fnr~

mas ya n v s o ­ 'i-.- iu: neurosis actuales.: la neurastenia y la ncurom? o. o.uoísim. K^cicn en 1915 añadirá una lerce

ra: la hipee -■ a .< r- Ti.jsia ese mo sínto/si.: ; o u¡,o r,, ,iH isanieníe

agregarse a di' -iinots es odades nosológicas. La Neura\\.-i>¡a: es ia av.; rosis somática, típicamente masen! i- na, que reeíFe 'utnar elaboración en la conceptualización psicopatí >jógu. a brudinua. Se trata fenomenológicamente de un cuadre, n,,,, icui'.a;, presentando siempre la misma sinto- matologia. que se caracteriza por el déficit Je tensión sexual somática ja a adv, puí su taita en e! órgano terminal (al no haberse at ceu moho Dicha falta se origina en la masturba- ción exccsi ,¡ ¿1 en las poluciones involuntarias que impiden dicha acu — ¡ moa í - f ello la sexualidad somática no llega a con ver; i ve e a 1 i me", entendida en esta época como "el afecto sta r- ; m o a', vale decir, la investidura de reprc- sentaciom : v -> ? o ,m ei psiquismo, resudante de la presión de la ten-,- • mmo . itica. Esta ni,* ¡>a .íC¡oe somática postulada por Freud para explicar la a ;.=■a om.t resulta en sí misma inexplicable e :in- soslenibk ya ep,c sap: me la ausencia de referentes psíqui-

-C i!¡unMeoc en el plano somático sin acceder al

psiquismo tu a v ilo la i vea i/ación freudiana sobre la neuras-

tenia m uco <a un , eríorme endeble/ conceptual y, es cur.o-

SO, nunca Mu, r - isa Jo. p u f Freud con posterioridad, pese; a

las nueva

las "fantasías mastur-

momento era vista más eo- como síod; orne) que podía

n-

a :■ Te nsiones psíquicas o de existir neu-

COS.

T o d o

o

my c ¡i.di a -c u in e s

sobre

batorias" que, con su sola enunciación, echan por tierra lo antes expuesto. La Neurosis de angustia recibe en cambio una mayor teori­ zación, de la que nace simultáneamente su "primera teoría de la angustia", entendida en ese momento como somática. Es decir, el elevado "quantum" de tensión sexual somática (que no llega a convertirse en libido, y a cargar representaciones sexuales psíquicas) es el que se transformará de modo direc­ to en angustia somática. Se origina por lo tanto en el plano so­ mático y, por no poder "ligarse" psíquicamente, se mantendrá en ese plano somático descargándose en forma de angustia. Esa ausencia de "ligazón" (esa falta de simbolización, co­ mo hoy lo leeríamos) es lo que caracteriza a la neurosis de angustia. Pese a mantenerse en apariencia en una explica­ ción somática del cuadro, remite en forma directa al psiquis- mo por defecto, ausencia, de éste. Por eso la conceptualización freudiana sobre la neurosis de angustia tiene aún vigencia e importancia ya que desde ella puede pensarse de otras formas las llamadas "enferme­ dades psicosomáticas", en las que se observa déficit de sim­ bolización en la producción de síntomas. Esa es la línea actualmente desarrollada por la escuela psicosomática fran­ cesa en las últimas décadas. Alejémonos por el momento de las neurosis actuales pa­ ra penetrar en el campo de las neurosis cuya génesis y cuyos mecanismos se hallan según Freud referidos al psiquismo, campo específico del Psicoanálisis, es decir, las "neurosis

defensivas11.5

Muchos autores utilizan en forma indiscriminada, como verdaderos sinónimos los términos freudianos de "psiconeu- rosis" y "neuropsicosis". Es cierto que este último término fue utilizado por Freud tan sólo en pocas oportunidades, de manera particular en sus dos artículos de 1894 y 1896: "Las neuropsicosis de defensa" y "Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa", así como en manuscritos y car­

5 Como las denom ina en el "M anuscrito K" de 1896.

tas. El termino de "psiconeurosis", en cambio, mantuvo su total vigencia a lo largo de la obra freudiana. Pese a ello creo observar una diferencia entre el uso de esos dos términos. Freud utiliza el de "neuropsicosis" de mo­ do especial al incluir junto con las llamadas "psiconeurosis de defensa" a algunas psicosis en las que también se ve la puesta en marcha de un mecanismo al scrvíco de la defensa ante el recuerdo penoso, proveniente de experiencias sexua­ les infantiles. Considero por ello, y lo planteo como posible hipótesis, que Freud pensó en las "neuropsicosis" como una categoría superior que incluiría a las "psiconeurosis" y a algunas psi­ cosis de etiología psíquica.6 Neuropsicosis, en este caso, pa­ recería corresponder a "neurosis y psicosis de defensa". De todas formas el punto en discusión no reviste tanto interés ni trascendencia ya que Freud no volvió sobre el particular. Si se sostuviera, pues, este enfoque las neuropsicosis de defensa abarcarían dos subclases: las psiconeurosis, por un lado, y algunas psicosis de origen psíquico, por el otro. Dentro de las psiconeurosis, Freud desarrolló con gran esmero durante la prehistoria del Psicoanálisis, la teoría etiopatogcnica de la histeria y de la neurosis obsesiva. La tercera de las psiconeurosis, la fobia, es por ahora vista co­ mo un complejo síndrome cuyos síntomas pueden presen­ tarse tanto en las neurosis obsesivas como en las neurosis de angustia (neurosis actúales). Muchos años después la fobia será entendida como una forma de histeria, postulándose la "histeria de angustia". Dentro de la otra subclase, la de psicosis de origen psíqui­ co, Freud busca analizar la especificidad del mecanismo y de la etiopatogenia de la paranoia (o por lo menos de algunas formas de ésta) y de ciertos cuadros alucinatorios (a los que denomina indistintamente, según los momentos, psicosis alu- cinatoria, confusión alucinatoria, psicosis confusional o amentia alucinatoria aguda (este último término propuesto

6

No

siempre utiliza Freud los térm inos de acuerdo a la línea aq u í sugeri­

da,

lo cual limita aún más la hipótesis p ro p u esta.

por Meynert). También hace múltiples referencias a la psico­ sis histérica y a la melancolía. En relación a esta última hay que precisar que para Freud se trata de un concepto amplio, vinculado a todo tipo de depresión. Sin embargo, en su forma extrema, apuntaría a la clásica psicosis maníaco-depresiva, de carácter cíclico, teniendo o no su fase maníaca. Si bien su meta era estudiar la especificidad del mecanis­ mo de cada uno de esos cuadros nosológicos (por ejemplo, "conversión" en la histeria y "proyección" en la paranoia) su concepción se globalizó, en ese momento, en todas estas en­ tidades nosológicas, en torno al concepto de "defensa" fren­ te a la emergencia del recuerdo (en el segundo tiempo post-puberal) de la experiencia sexual prematura. Como decíamos, muchos fueron sus esfuerzos para expli­ car la "elección de neurosis", en el entendido de que el mo­ mento cronológico en que esa experiencia fue vivida determinaría la nosología. Esa línea fue abandonada y des­ cartada pero sirvió de base a la idea de una cronología en la evolución de la sexualidad infantil, de un desarrollo libidi- nal, cuya génesis puede leerse, en forma nítida, en las car­ tas a Fliess de los años 1897/1898, época en que empieza a gestarse en él la idea de una sexualidad infantil. No nos será necesario, por el momento, extendernos más en esta delimitación primaria entre las neurosis actuales y las neuropsicosis de defensa.

3 Nivel técnico

Llegamos al punto central sobre el que deberemos detener­ nos ya que nuestros objetivos en el presente ensayo consis­ ten en describir detalladam ante las transform aciones metodológico/técnicas efectuadas por Freud en estos años fundamentales de descubrimientos y producción conceptual. Nos valdremos para ello de las innumerables referencias a pacientes tratados en este período y a los múltiples escri­ tos en que Freud explica su técnica y las modificaciones que va introduciendo a la misma.

Había.!;;;'-, señalado que en este período que estamos analizando, en t re 18*'2 y 1898, Freud menciona a más de 50 de sus [Oícíente,1-, ,A- veces son referencias secundarias o motivo rara diversos tipos de ejempíificaciones. En otros casos aparecen ítalos en relación a los historiales clínicos de los pacientes o -lo que nos interesa muy especialmen­ te- comer ¡ario-, acerca de las técnicas terapéuticas por él empleada-. Para poder a b a rca¡ de manera sucinta estos cincuenta ca­ sos mcnei-ai.ídos, deberemos clasificarlos ya que, como lo hemos dic ho arUes, 1.a técnica freudiana depende de su diag­ nóstico y éste de cu conccptualización. Para dicha división será fundamental delimitar entre neuro­ sis actúalo- y mojropsscosis, tal como se esbozó más arriba. Freud esta a Í4 pacientes que se inscribirían dentro c,e sil concepción de neurosis actuales. Cinco de ellos son diagnos­ ticados corno neurasténicos, siete como neurosis de angus­ tia, uno como hipocondría y un último caso carece de especificación diagnóstica. El interés de Freud por las neurosis actuales quedó evi­ denciado cuando, en 1898, escribió haber reunido en su ar­ chivo clínico más de 200 casos de pacientes neurasténicos (obviamente, no iodos vistos o tratados por él). Con ello cumplió con o: proposito, expuesto en 1893, que expresaba con estro, paiahns: Como intento preliminar he comenza­ do una sene de ríen rasos de neurosis de angustia y me agra­ daría reunir sities similares de neurastenias masculinas y femeninas { ) Na (oralmente el término de comparación ne­ cesario sería urca se g u nd a serie de 100 casos nerviosos.,."7 De los catorce casos mencionados sólo aparecen pocas referencias a ios tratamientos efectuados. Así, en relación a una mujer de 42 años, dice que fue curada con éxito, aunque no indica cómo. P n el caso de Herr von F., diagnosticado como ''melancolía neurasténica", menciona el uso de la cura de reposo. En otro paciente, que lo consultó luego de una cura de aguas a ía que fue remitido por otro médico, anali-

7

S. Freud-. L c i

a p .c iL . p.3482.

za las causas de su recaída pese a la pertinencia de la indi­ cación. No aparecen comentarios sobre tratamientos psíqui­ cos efectuados a estos pacientes lo cual es totalm ente esperable y comprensible en la medida que para Freud los pacientes que padecen de neurosis actuales no necesitan de una psicoterapia. Por ello afirmaba con total seguridad des­ de 1893 lo siguiente: "De cuanto he expuesto se desprende que las neurosis actuales pueden ser completamente preve­ nidas pero que también son totalmente incurables. Así, to­ dos los esfuerzos del médico han de concentarse en la profilaxis". En este contexto el término "incurables", utili­ zado por Freud, debe entenderse en relación a la posibili­ dad de curación psíquica, es decir, imposibles de ser tratados por psicoterapia. Las vías terapéuticas propuestas por Freud para la neurastenia y la neurosis de angustia apa­ recen expuestas en 1898 en los siguientes términos:

Neurastenias. Si la enfermedad se origina en la masturba­ ción y/o en las poluciones espontáneas que impiden la acumu­ lación de tensión sexual somática, se trata de deshabituar al paciente de la masturbación y "llevar al neurasténico ahora fortalecido al comercio sexual normal, pues a la necesidad se­ xual, una vez despierta y satisfecha durante cierto tiempo, ya no es posible imponerle silencio, sino sólo desplazarla hacia otro camino".9 Esa deshabituación sería únicamente factible en un sanatorio bajo permanente vigilancia del médico. Neurosis de angustia: Si su etiología remite a las prácticas nocivas de la relación sexual, la tarea terapéutica consiste en asistir con consejos médicos a la pareja en relación a su modalidad de actividad sexual y, en especial, en relación a la utilización de técnicas contraceptivas, generalmente pro­ ductoras de trastornos al afectar la relación sexual normal de los cónyuges. Para ambas afecciones, además de los tratamientos men­ cionados, se abre la vía profiláctica que consiste en impedir,

O

8

9 S. Freud: La sexualidad en la etiología de las neurosis. (1898), op.cit

Ih id

p.3481.

p.268.

por medios educativos, la aparición de esas consecuencias

nocivas. Por ello, Freud, adelantándose casi en medio siglo

a la problemática de la educación sexual, afirmaba: "Pero,

sobre todo, es necesario crear en la opinión pública un es­ pacio para que se discutan los problemas de la vida sexual. Se debe poder hablar de éstos sin ser por eso declarado un perturbador o alguien que especula con los bajos instintos. Y respecto de todo esto, resta un gran trabajo para el siglo

venidero, en el cual nuestra civilización tiene que aprender

conciliât se con las exigencias de nuestra sexualidad"."10 Podíanos entonces, luego de haber visto que las neurosis actuales no suponen tratamiento psíquico, penetrar en las neurosis de obgen psíquico y ver las modalidades técnicas emplearlas por rreud durante el período catártico. - Las neuropea:osis: (psiconeurosis y algunas formas de psicosis de de.iensa) En relación ■-<esta categoría son mencionados por F’reud más de 20 pacientes ‘histéricos, ocho neuróticos obsesivos y fóbieos (recordemos que en ese momento de su concepíua- lización Freud todavía consideraba la fobia como un síndro­ me que podía acompañar la neurosis obsesiva) y algunos pacientes póróbrox: dos casos de paranoia y uno de psico­ sis a b n

a

: m

?r j

.

La pt

r comprobación importante consiste en el he­

cho de que t reud utiliza para todos el método catártico y las mod ibeat i-'Mies técnicas que fue introduciendo en el mis­ mo, etuno tendremos ocasión de mencionar. Esa homoge­ neidad 'u-i '•doioeica co rresp o n d e a su concepción

nosologie.a va señala da, centrada en torno al concepto de

"defensa ó <! que un il icaria el abordaje té or ico/clínico de diferentes entidades nosológicas.

Empecemos recordando que la característica de este pe­ ríodo de utdi/ación del método catártico, en oposición al anterior, es Eu eliminación y abandono de la hipnosis. Los ar g u m e n to s y las razones por las que Freud abando­ nó la técnica hipnótica son muy conocidos y han sido repe-

las

lOIbid,, j>

tidos por éste en incontables textos, por lo que no será ne­ cesario reiterarlos aquí. Resulta evidente que Freud, inicialmcnte, siguiendo los li­ ncamientos de Breuer, intentaba alcanzar la abreacdón del paciente y el efecto catártico, en estado de sonambulismo, be­ neficiándose para su propósito de la considerable ampliación de conciencia que la hipnosis procuraba. El problema se plan­ teaba cuando el paciente no entraba en una hipnosis profun­ da, debiendo Freud renunciar al tratamiento con ese paciente o instrumentar nuevos métodos, lo que en efecto realizó. Todo parece apuntar que fue "Elizabeth" la primera pa­ ciente tratada con método catártico, sin hipnosis. Su caso resulta muy ilustrativo para entender la técnica de Freud ha­ cia fines de 1892. Veremos que ésta era aún una combina­ ción múltiple de técnicas, no exenta de graves errores, que Freud -como pocos- fue capaz de visualizar, entender y su­ perar, como parte fundamental de su aprendizaje clínico. El tratamiento de esta paciente merece ser analizado con detenimiento. Por ahora nos limitaremos a mostrar en un plano descriptivo las diferentes técnicas utilizadas por Freud con "Elizabeth". Será imprescindible para el análisis epistemológico retornar a esta paciente para desmenuzar su historial. Analizaremos a través de él las articulaciones en­ tre su técnica y su teoría, entre los obstáculos técnicos con que se va enfrentando y los obstáculos epistemológicos que va postulando, vinculados a su vez con los obstáculos epis- temofílicos que limitan sus descubrimientos, complementa- riedades que logran visualizarse con gran claridad en la psicoterapia de esta paciente.

"Elizabeth"

Freud define el tratamiento de "Elizabeth’1, desde el princi­ pio mismo de su historial, como "El primer análisis comple­ to de una histeria que yo emprendiera".11 Explica cómo

11S. Freud: Estudios

,

op.cit., p.154.

renunció desde el inicio a la hipnosis cuya utilización deci­ dió aplazar al considerar que "EHzabeth" guardaba un "se­ creto" en su conciencia y no un "cuerpo extraño". Con ella comenzó el procedimiento que luego sería convertido en método: "La remoción del material patógeno, estrato por es­ trato, que de buen grado solíamos comparar con la técnica de exhumación de una ciudad enterrada".12 Resumamos los métodos y las técnicas utilizados con la paciente como complementos del método catártico, que de­ jaremos para el final:

a) Método de tratamientos físicos

Freud le Índica inicialmente masajes, ocupándose perso­ nalmente de la electroterapia en las piernas "a fin de poder

mantenerme en relación con la paciente".13

b) Método de tratamiento moral

Freud también utiliza recursos provenientes del "sentido común médico" a que antes tuvimos ocasión de referirnos. Por ejemplo, luego de haberle revelado la causa de su enfer­ medad la consuela diciéndole: "Uno es irresponsable por sus propios sentimientos".14 Se ocupa "como un amigo" de situa­

ciones del presente; la exhorta para "soportar con calma las incertidumbres sobre el futuro",15 etcétera.

c) Técnicas de intervención en la realidad externa

Freud decide platicar con la madre de la paciente, le pi­ de brindarle a su hija todo tipo de esclarecimientos y comu­ nicación anímica "a la que yo la había habituado"16; inquiere sobre las posibilidades reales de que se satisfaciera el deseo de su paciente (casamiento con el cuñado viudo), etcétera; después da a conocer toda la conversación a la paciente. Co­ mo se puede observar esta intromisión en la realidad exter­ na, de tan graves consecuencias ("estaba disgustada

12lbid

o.t5?

13fbid.

t4Thid

p. 171.

151hid

p.173.

16Thid.

conmigo por haberle traicionado su secreto, se mostraba en­

teramente inaccesible, la cura se había arruinado de una ma-

nera total

17 ), es una consecuencia directa de la actitud

que se genera por el método de tratamiento moral que

Freud abandonaría luego para siempre.

"

d) Técnicas de prescripción de tareas

Esta técnica se basa en una extensión de la teoría del mé­ todo catártico. Hay que hacer aflorar más recuerdos penosos para poder abreaccionar las excitaciones concomitantes al­ macenadas. Por ello Freud no duda en indicarle a la pacien­

te "tareas": visitar la tumba de su hermana, hacerla concurrir

a una reunión para encontrarse con un amigo de la juventud,

etcétera. Se trata de generar "situaciones aptas para evocar

recuerdos nuevos todavía no llegados a la superficie".18 Salta a la vista que estas inducciones, verdaderos actings del analista, desaparecerían también en forma definitiva de la técnica freudiana. Curiosamente reaparecieron, con otras teorizaciones,

más de medio siglo después, como "técnicas de moviliza­ ción" en las terapias "modernas" (en especial terapias de fa­ milia o de pareja según la teoría interaccionista -Palo Alto-

o sistèmica -Minuchin-).

e) Método catártico

Podemos ahora concentrarnos en el método catártico que se pule y teoriza gracias al tratamiento de "Elizabeth". Freud, que había desistido de empezar el tratamiento con la hipnosis, se hacía contar por "Elizabeth" lo que ella cono­ cía acerca de sus padecimientos. Ponía Freud especial aten­ ción en las faltas de nexos de su comunicación -"lagunas del

discurso", como luego diría- para penetrar allí y alcanzar es­ tratos más profundos del recuerdo con la técnica hipnótica. La técnica empleada era la que luego llamaría de "concen­ tración", vale decr, una técnica que mantenía aún su origen:

la paciente estaba acostada, en total reposo y concentración,

17Ibid- p.173/4.

lSIbid

p.164.

con los ojos cerrados, tal como el paciente hipnotizado, pe­

ro ahora en estado de vigilia. Al pretender Freud, como paso siguiente, hipnotizar a "Elizabeth" para encontrar la génesis de su síntoma, se en­ contró imposibilitado. Entonces, recordando la conocida experiencia vivida en Nancy con Bernheim, empezó a utili­ zar la "técnica de presión en la frente", induciendo a la pa­ ciente a traer el recuerdo que emergiera, en la seguridad que estaría indirectamente relacionado con lo buscado, Se jugaba en Freud una profunda fe en el determinismo, como

lo expresó muchas veces, problema importante para una lec­

tura epistemológica de las complejas relaciones teoría-téc­

nica en todo este período de descubrimiento del inconciente

y fundación del Psicoanálisis. Describe Freud cómo fue tomando seguridad en la técni­

ca y cómo allí aprendió a visualizar el efecto de resistencia en el paciente, nacida de la misma fuerza que había efectua­ do la represión.

estos

descubrimientos fundamentales para el nacimiento de la teoría y la técnica psicoanalítica. En esta etapa de utilización del método catártico vemos

a Freud cayendo en lo que hoy llamaríamos interpretacio­

nes "silvestres" (o mejor traducidas "salvajes") en las que, una vez entendido lo que sucede a la paciente, se lo devuel­ ve directamente, sin mediaciones y fuera de todo timing. Es lo que diría años después al comentar el famoso "sue­ ño de inyección a Irma"19: "Por ese entonces tenía la opinión

(que después reconocí incorrecta) de que mi tarea quedaba concluida al comunicar al enfermo el sentido oculto de sus síntomas; si él aceptaba después o no esa solución de la que dependía el éxito, ya no era responsabilidad mía".20

Todo ello sería teorizado

más adelante siendo

^"Irm a" (casi con seguridad Emma Eckstein) fue tratada fundamental­ m e n te en el a ñ o 1895. 1.a fallida o p e ra c ió n nasal q u e le efe c tu a ra Fliess,a instancias del propio Freud, provocó la prim era dcsidealización de Freud, en relación a su amigo, y con ello el principio del largo camino q u e conduciría a la ru p tura definitiva entre ellos.

Su meta, como decíamos, continúa siendo, al igual que durante el método hipnocatártico, alcanzar la abreacción, es decir, la descarga de la excitación almancenada. Se trata de recuperar el recuerdo reprimido que puede ser ahora "to­ lerado" de manera paulatina y aceptado por el Yo del pa­ ciente, ingresando al caudal representativo. Lo que diferenciará en esencia el método hipnocatártico del catártico no se halla en los objetivos perseguidos, sino en la nueva luz teórica que le brindó el trabajo con pacien­ tes en estado de vigilia. Con ello descubrió los efectos de la resistencia y la posibilidad del paciente de "saber" y "no sa­ ber" simultáneamente; todo esto le permitió entender la es­ tructuración del aparato psíquico y, en especial, la del sistema inconciente. Podemos, por ahora, alejarnos de "Elizabeth" para ver los da­ tos complementarios acerca de su técnica en esta etapa que nos aportan el resto de los pacientes vistos en esa época.

"Liicy"

Pocos meses depués de "Elizabeth", Freud comienza el tra­ tamiento de esta paciente de 30 años. En la medida que no consigue hipnotizarla toda su terapia se desarrolla en esta­ do de concentración, recurriendo a la técnica de presión so­ bre la frente. Con esta paciente profundizó aún más su técnica, adquiriendo mayor seguridad en su empleo y pu- diendo proseguir los tratamientos con pacientes que no lo­ graba hipnotizar. Descubrió con "Lucy" ese "curioso estado en que uno sa­ be algo y al mismo tiempo no lo sabe",21 que tendría tanta importancia para el desarrollo de su conceptualización. También entendió que esa forma del olvido tiene motivos, es deliberado, aunque nunca se alcance más que en apa­ riencia.

21 Ihid

p.130.

En cuanto a la técnica, siempre sustentada sobre su teo­ rización del momento, vemos a Freud tomar como punto de partida para el análisis de "Lucy" el olor a harina quemada:

"debía de ser posible hallar una vivencia en la cual esos olo­ res, ahora devenidos subjetivos, hubieran sido objetivos; esa "

vivencia tenía que ser el trauma

n22

.

Freud está todavía, en 1892, atado a la teoría del trauma:

el síntoma remite siempre a un hecho objetivo y traumático, funcionando corno un símbolo del mismo. Igual que con "Elizabeth" su técnica es muy activa y c ¡rec­ ta. Conduce el tratamiento, partiendo del síntoma, para al­ canzar los recuerdos olvidados y conseguir, a través de la abreaccíón de la excitación, el efecto catártico. Cuando el primer síntoma, olor a harina quemada, desaparece yes sus­ tituido por el de olor de humo de cigarro,2 Freud efectúa unas consideraciones de mucho interés que nos muestran su total alejamiento, para esa época, de las terapias sintomáti­ cas. Dice así: "Había ocurrido lo que se suele imputar a una terapia meramente sintomática: se había removido un sínto­ ma sólo para que uno nuevo pudiera situarse en el lugar des­ pejado. A pesar de ello, me dispuse a la eliminación analítica de ese nuevo símbolo mnémico".24 Vemos en este caso clínico, al igual que en "Elizabeth", la forma directa y abrupta con la que Freud interpreta una vez que entiende Aquí le devuelve intempestivamente, en for­ ma de interpretación, lo que la paciente había intentado re­ primir25: el enamoramiento hacia su patrón. Freud decide dar de alta a su paciente, "ya restablecida", luego de un tra­ tamiento que duró nueve semanas.

22S. F reud: E s tu d io s

23Este síntoma, como es notorio, estaba también sobredeterm inado en

p.134.

un

plano transferencia!, lo que Freud -en 1892- no puede visualizar al no

c o n ta r con una T eoría de la conceptuales.

T ran s fe ren cia, ni siquiera en sus esbozos

241biri

p. 135.

25 0 , más bien,

suprimir. No se trataba de una verdadera represión ya que

lo reprimido tenía que ver en esta paciente con las ramificaciones edépi­ cas de ese enamoramiento.

Otros pacientes

En todo este período que estamos reseñando, se observa a Freud trabajar en forma directiva y directa. Ha empezado ahora a "escuchar1’ al paciente, pero apenas lo necesario pa­ ra poder formular interpretaciones y construcciones sobre la génesis de sus síntomas. Este aspecto es el que queremos destacar del período catártico: Freud está aprendiendo a "escuchar" el discurso del paciente, pero se halla apenas en el principio de ese aprendizaje que rompe con la tradición médica. Veremos luego que fue el propio Freud quien pro­ vocó el corte, la ruptura radical entre el "campo de la mira­ da" y el "campo de la escucha", como los denomina muy acertadamente Sauri.26 En ese momento, todavía su escucha es parcial y entre­ cortada, a causa su gran actividad a través de la cual dirige, encamina la terapia, utilizando en forma contundente su lu­ gar de autoridad. Asimismo, como vimos en los dos casos precedentes, una mínima comprensión lo conduce a devol­ ver inmediatamente al paciente, a modo de construcción ex­ plicativa de su patología, la solución de los "enigmas" de su neurosis. En la misma línea lo observamos a menudo inter­ venir desde la teoría que sustenta, alejándose de la "escu­ cha" del paciente. Veamos unos pocos ejemplos acerca de esa actitud total­ mente "intrusiva" de Freud que no deja de tener un fuerte componente de sugestión indirecta, como remanente de las etapas anteriores. - A una paciente de 18 años, que presentaba un estira­ miento convulsivo de los dedos de los pies, le pregunta qué pensamientos acuden a su mente durante los ataques, ya que ella, "necesariamente", tenía que poder dar una explicación para ambos fenómenos.27

26 Cf. J.J. Sauri (Com p.): Las histerias.

Z7Ib id

pp.112/3 n.

- A olí a paciente, "un caso de paranoia", que ve sólo dos

veces usando la técnica de concentración, le hace "insis­ tentes preguntas sexuales", que la llevan a abandonar la te­

rapia. 2A

- Descubre el origen somático de los síntomas de una pa­

ciente (infección de! laberinto de la nariz) eliminando la hi­ pótesis de causa psíquica, porque ésta con "certeza total rechazó mis sospechas sexuales".29

- A una muchacha que padecía de reproches obsesivos,

logra amarla luego de un "interrogatorio firme" ^ de una vi­ gilancia muy scvcia que le impidió masturbarse.

- A oíra paciente, una joven señora con impulso a arro­

jarse por la ven!ana, fe devuelve directamente la presencia subyacente de representaciones eróticas, de las que la pa­ ciente no íe habbí hablado, y que Freud supone desde su

marco teórico y no desde la lectura clínica del m aterial.31

- En la misma linca podemos observar el trabajo clínico

con otra paciente, la Sra. P.J .(otro caso sobre el que de­ beremos volver). Después de haber obtenido con la técni­ ca de la presión e.n la frente las palabras "marido" y "anhelo" dice Freud que, luego de insistir, se obtuvo la de­ finición de la paciente: se trataba de su anhelo de caricias sexuales, Freud le muestra que su ataque no era más que un estado de efusión erótica y le sugiere que debió tener

en esc momento una "sensación en el bajo vientre, un de­

seo compulsivo de orinar". La paciente confirma la línea de Freud en rehmiun a la excitación sexual que supone en el m aterial.“'"

- En otro caso, una señora joven con estado de estupor,

Freud se enu.ra pon* casualidad, a través del médico de la fa-

28S.

F re ud:

i .os o ¡-i|>¿ncs

n p .r it

p.3509/10.

 

29S.

F reud:

I.a sexualidad en la etio logía

op cit

p 263.

31S.

Freud:

O b se sio n e! y lutnua. T.1II, p.77.

 

32S. Freud:

OCLUÍ. p.3527/9.

milia, de un dato "revelador". La paciente había sido sedu­ cida en la infancia por una institutriz. La terapia, dice Freud, "exitosa de primera intención, consistió en comunicarle yo a la señora el esclarecimiento que me habían dado".33 - Otro de los casos que revelan con claridad la técnica muy activa de Freud, en ese período, es el de "Katherina". Se tra­ ta de una joven de 18 años que fue entrevistada por aquél en septiembre de 1893,34 durante una excursión a los Alpes. Su forma de trabajar es la de un diálogo dirigido, lo que supone seguir exclusivamente la línea de pensamiento del terapeuta (se podría decir su "representación meta"). Ello resulta toda­ vía muy poco analítico. Citemos un fragmento donde que Freud se guía técnicamente por su conceptualización, aún sin aparecer los elementos pertinentes en el discurso del pacien­ te: "Le dije entonces: ’si Ud. no lo sabe, yo le diré de donde creo que le han venido sus ataques. En algún momento, dos años atrás, usted ha visto o escuchado algo que la embarazó mucho, que preferiría no haber visto ".3 - De igual manera la técnica de presión sobre la frente, en la que le aseguraba a los pacientes que lo primero que se les ocurriría tendría relación con lo buscado, muestra en for­ ma clara su remanente de sugestión. Podemos, entonces, caracterizar este período catártico, a nivel técnico, como el de un primer esbozo por parte de Freud de la "escucha analítica", que desarrollaría y profun­ dizaría a partir del siguiente período metodológico. Pero esa modalidad de intervención, todavía activa e in­ trusiva, no es tan sólo resultado de hallazgos empíricos; se encuentra sustentada en sus teorizaciones. Ello, como lue­ go lo analizaremos, está desarrollado por Freud en su com­ prensión de la patología y de su resolución terapéutica.

Adelantemos una frase de Freud en esa línea: "

no es líci-

33

34La fecha exacta, no indicada en el historial de la paciente, ha podido sa­ berse gracias a la publicación de las cartas com pletas de Freud a Fliess, editadas p or M asson en 1985, a que hemos hecho varias referencias.

35S. Freud: Estudios

S. Freud:Estudios

op.

cit.r p.281.

op.cit. p.143.

to sobreestimar su ’inteligencia’ inconciente al confiarle (al paciente, agregado JP) la guía de todo el trabajo. Si quisie­

ra yo esquematizar el modo de tabajar, podría decir, tal vez, que uno loma a su cargo la apertura de estratos más inter­

nos, el avance en el sentido radial, mientras que el enfermo se encarga del ensanchamiento periférico"/

4 Nivel de implicación personal de Kreud en sus descubrimiento:*; y conceptualizaciones.

Nos referimos con ello a la compleja irnbrincación entre sus descubrimientos clínicos, su creciente y original teorización y su "autoanálisis", el que se inicia en forma sistemática, pre­ cisamente al final de este período catártico. Seguir paso a paso sus grandes descubrimientos, siem­ pre muy vinculados con su propio movimiento interno en ese sut generis psicoanálisis que vivió y padeció con tanta intensidad, visualizar sus teorizaciones al respecto, enten­ der los intrincados niveles de acción recíproca y comple­ ment a ried a des entr e estos niveles, c o n sti tu i rá precisamente nuestra tarea en el extenso análisis episte­ mológico que haremos del proceso que, por ahora, nos he­ mos propuesto tan sólo reseñar y describir. Por ello no trascenderemos, en este instante, la simple enunciación de esos niveles en juego. Desde nuestro punto de vista la lectura epistemológica del proceso en cuestión, supone también una lectura psicoanalítica del mismo, a la que aquella no queda reducida, pero que no puede ser omi­ tida. Sólo así ia epistemología del Psicoanálisis respelerá la especificidad de la disciplina de cuyos procesos de produc­ ción de conocimientos pretende dar cuenta.

son los psicoanalistas que han encaminado sus

reflexiones en esa dirección, vale decir, de estudiar psicoa-

nalíticamenle los trabajos psícoanalítícos. No siempre, cla­ ro está, integrando directamente la dimensión

Much os

36ibid

r,.;:v7.

epistemológica a su lectura. Lo podemos ver en múltiples in­ vestigadores, desde los trabajos de Bernfeld (luego de emi­ grar a EEUU y tener que renunciar a su significativa línea freudomarxista), pasando por Jones, en su clásica biografía de Freud, hasta autores contemporáneos tan brillantes co­ mo O. Mannoni o D. Anzieu. Toda esa línea, junto a otras convergentes no menos im­ portantes, ha sido mencionada en mi libro ya citado, así co­ mo en artículos anteriores, por lo que se vuelve innecesario reiterar esos lincamientos generales Podemos, a lo sumo, limitarnos a recordar algún ejemplo significativo que nos muestre cómo las revolucionarias teo­ rizaciones efectuadas por Freud suelen tener como base de sustento previo el haber sido "reconocidas” en sí mismo, en ese "encuentro" con su propio inconciente, para convertirse luego, en cierto modo, en "hipótesis" que irá "confirmando" con sus pacientes. Así, por ejemplo, ya hemos reseñado con detalle, hace al­ gunos años, los pasos que condujeron a Freud al descubri­ miento del complejo de Edipo. Todo ello puede verse con mucha claridad en sus cartas a Fliess. Recordemos cómo en la carta No. 64, del 31 de mayo de 1897, Freud relata dos sue­ ños que interpreta como claramente vinculados a la relación con sus padres (es decir, "edípicos", pese a no haber aún for­ mulado la teoría del Edipo). El de "Helia", que nunca más volvió a retomar, y el de "subir las escaleras desvestido", in­ cluido luego en la Interpretación de los sueños, donde es muy trabajado. No es nada casual, en la perspectiva que estamos trabajando, que en el Manuscrito N, adjunto a esa carta em­ piece a teorizar sobre los impulsos hostiles hacia los padres y sobre la idea de incesto. Es decir que empieza a formular hipótesis conceptuales de aquello que va visualizando ini­ cialmente en sí mismo. Otro ejemplo muy evidente tiene que ver con los "re­ cuerdos encubridores", que se convierten en un sólido con-

37J. Perrés: El complejo de Edipo en la obra de Freud fConstitución d ia­ crònica de un conceptoi.

cepto de la teoría analítica justamente a partir de analizar e interpretarse los recuerdos en apariencia insignificantes de la "pradera verde" y de la "canasta" que emergen en su propio análisis. Podemos ahora, luego de esta rápida sinopsis de un tema extremadamente complejo, entrar al último momento meto­ dológico que queremos delimitar y detallar.

110

VI

Quinto período: Método de la asociación libre o método psicoanalítico (a partir de 1898)

m odificaciones

m etodológicas efectuadas por Freud, cuya fecha de inicio hem os fijado en 1898, y que desarrolló con una rigurosidad creciente.

Llegamos finalm ente al último período de

Se im pone hacer aquí algunas mínimas aclaraciones:

período com o el últim o que perm itió la

constitución del m étodo psicoanalítico y con ello del dispo­ sitivo analítico vigente hasta la actualidad, no significa que

no haya habido transform aciones técnicas posteriores en la clínica psicoanálitica.

D ichas variaciones estuvieron sujetas a los desarrollos

subsiguientes efectuados por Freud en su teorización. M en­

cionem os, a m odo de ejemplo, la preocupación

del F reud de

las últim as décadas por el "vencimiento de las resistencias"

del paciente, técnica que llegó a d efinir com o "la pieza esen­ cial del trab ajo terap éu tico "1. E n ese preciso m om ento

F reud denom ina a su apartado

las

cho revelador en cuánto

que se pueden observar, dentro del Psicoanálisis, a nivel clí­

nico-técnico.2

"Cambio de la técnica", he­ m odificaciones posteriores

Q ue fijem os este

a

Sin em bargo, en cuanto a lo

que aquí hem os d esarro lla­

do como "momentos" m etodológicos, direm os que no ha ha-

1 S. Freud: D os artículos de enciclopedia: "Psicoanálisis" y "Teoría de la libido" (1922). T. XVIII, p. 245.

2 No entrarem os ahora a discutir un problema que requeriría de un

tra­

bajo mucho más específico, pero es notorio que toda una corriente psi- coanalítica se ha apoyado en este concepto freudiano de "vencimientode

bido transformaciones ni mutaciones. El método de la aso­

ciación libre es el único que posibilita y fundamenta la situa­ ción analítica y tiene por ello total vigencia. Las diferentes modalidades técnicas de las que ya hablaba Freud (por

ejemplo, tacto y tirning para la interpretación3) al igual que muchas de las variantes técnicas introducidas posteriormen­ te por sus discípulos directos4 y por las escuelas post-freu- dianas (es el caso de la discutida y discutible técnica actual de la escansión en la escuela lacaniana), continúan, en tér­ minos generales, teniendo su sentido pleno dentro del mé­ todo de la asociación libre. Pero fijar la fecha de 1898 para la iniciación de este mé­ todo tampoco supone una delimitación estricta. Resulta im­ posible determinar con seguridad y absoluta precisión el momento en que Freud empezó a utilizarlo como definitivo y único. Pese a ello puede seguirse su génesis teórica así co­ mo la incidencia de factores empírico-clínicos para su des­ cubrim iento, en los que el mayor peso y el factor determinante tuvo que ver una vez más con la utilización efectuada por Freud de la libre asociación dentro de su "au­ toanálisis”, en esc "encuentro" con su deseo inconciente o, más bien, con sus efectos. Sin embargo, proponemos esa fecha a modo de una deli­ mitación epistemológica que parte de nuestra tesis central, ya trabajada desde otros ángulos en ensayos anteriores. La repetiremos una vez más: el Psicoanálisis no nace de meras modificaciones técnicas sino, y a partir de un específico sus­ trato sociohistórico, de una compleja articulación entre la teo­ ría, la técnica y el llamado "autoanálisis'' de Freud, siendo éste el verdadero eje estructurante de los otros vectores, en ese pa­ saje de la prehistoria a la historia del Psicoanálisis.

las resistencias" para desarrollar, desde su lectura interpretativa, una modalidad técnica muy específica que, para otras corrientes, en cambio, representa una grave distorsión del sentido mismo del trabajo psícoana- lítico.

3

Cf

p or ejemplo. ¿Pueden los legos ejercer el análisis? (192b). T. XX.

4

Con algunas excepciones, claro está, como por ejemplo, muchas de las

propuestas de Ferenc/.i en relación a su "técnica activa".

D esarrollarla en todos

sus alcances, significa seguir mi­

nuciosam ente, desde una lectura epistem ológica, las com- p le m e n ta rie d a d e s, a rtic u la c io n es, in te rd e p e n d e n c ia s, etcétera, entre esos diferentes y a veces heterogéneos pla­ nos de análisis. E sta es precisam ente la enorm e tarea hacia donde este

ensayo descriptivo nos encam ina: podrá realizarse en una form a adecuada desde lecturas inter o transdisciplinarias o, por lo menos, desde una perspectiva m ultirreferencial.5 P ero es tiem po de retom ar el nivel de reseña que ha ca­ racterizado al p resente texto para seguir la cronología y ver algunos detalles respecto a la entrada de Freud a este m é­ todo de la asociación libre. A unque parezca extraño, es recién en 1909, en las confe­

rencias sobre psicoanálisis dictadas en E E U U , que

utiliza por prim era vez la acepción "asociación libre". En el

mismo texto habla, tam bién por prim era vez, para designar­

la, de "regla psicoanalítica fundam ental". Señala que dicha regla fundam ental, la interpretación de los sueños, la apre­ ciación de las acciones fallidas y casuales y la valoración del fenóm eno transferencial, constituyen los cuatro procedi­ m ientos técnicos utilizados en el tratam iento psicoanalítico para el descubrim iento del inconciente del paciente. Sin em bargo, pese a no utilizar el concepto de asociación libre hasta esa fecha, su visualización com o fenóm eno y su misma descripción se rem ontan a m uchos años atrás. Nos encontram os, por ejem plo, con algunas puntualizaciones de F reud en esa dirección en el historial de "Emmy" (redacta­ do en 1894) cuando percibe la necesidad de esa paciente de expresarse con libertad. Citem os un párrafo para ejem pli­

ficar: "

aplican los m asajes no es un despropósito, com o

conversación que sostiene conm igo m ientras le

Freud

la

p u d iera p a ­

recer; más bien incluye la reproducción, bastante com pleta de los recuerdos e im presiones nuevas que han influido so­

5 Las propuestas recientes de Jacques

A rdoino en relación a la m ultirre-

ferendalidad abren im portantes líneas de trabajo para la epistem ología del Psicoanálisis, las que pretendem os desarrollar próxim am ente.

bre ella desde nuestra última plática, y a menudo desembo­

ca, de una manera enteramente Inesperada, en reminiscen­ cias patógenas que ella apalabra sin que se lo pidan. Es como si se hubiera apoderado de mi procedimiento y apro­ vechara la conversación, en apariencia laxa y guiada por el azar, para complementar la hipnosis".6 En otros pasajes del mismo historial, Freud señala el eno­ jo que provoca en la paciente las interrupciones efectuadas por él a su relato. Lo vemos cuando, por ejemplo, escribe:

"Y héte aquí que me dice, con expresión de descontento que no debo estarle preguntando siempre de dónde viene esto y estotro, sino dejarla contar lo que tiene para decirme".7 El interés epistemológico de estos antecedentes de la aso­ ciación libre radica en que la constatación de Freud del pedi­ do de la paciente de hablar libremente no generó modificaciones en su técnica. Desde una lectura epistemoló­ gica se podría decir que no tenía aún inscripción teórica; por ello todavía no podía convertirse en un "observable" científi­ co. Igual sucede con los múltiples sueños relatados por "Emmy" que no tenían todavía cabida teórica (en 1894 cuan­ do redacta el material y mucho menos en 1889 al tratar a esa paciente) para convertirse en "material". Por ello pasaron ca­ si desapercibidos siendo desaprovechada su importancia. Otra cosa sucede, en cambio, con algunos antecedentes de la libre asociación que remiten a la teorización que Freud va esbozando. Por ejemplo, en el "Proyecto" de 1895, se ob­ servan consideraciones sobre las "investiduras desinteresa­ das", que constituyen la génesis teórica de las "representaciones involuntarias" -base de las asociaciones li­ bres- que analizará en la Interpretación de los sueños. Esas representaciones involuntarias, originadas por la acción de­ liberada (de la "representación meta") constituirán el punto de partida para entender los sueños y crear una técnica pa­ ra interpretarlos. Luego, el descubrimiento de esa técnica (que supone poder asociar libremente con cada fragmento

S. Freud:

6

7 Ibid., p.84.

Hstudios

o p

rit

p.78.

del contenido m anifiesto del sueño), le perm itirá la exten­ sión de la asociación libre, hasta convertirla en m étodo fun­

d a m e n ta l -a sí com o fu n d a n te en o tro s e n tid o - d e l Psicoanálisis.

Si vemos esta unión en el descubrim iento entre técnica de

interpretación de los sueños y asociación libre no resulta ex­

trañ o

rezca la prim era descripción del nuevo m étodo terapéutico en la clínica. A ntes de eso, en un ensayo de 1898 qu e llevó

p or título: La sexualidad en la etiología de lais neurosis, ya se

había referido al m étodo psicoanalítico que reem plazaba al

m étodo catártico, p ero sin describirlo aún.

D estaquem os de ese texto la siguiente frase: "Basándom e

en el m étodo ’catártico ’ indicado p o r J.B reu er, he llegado a

desarrollar casi por com pleto en los últim os años un proce­ dim iento terap éu tico que llam aré ’psicoanalítico’ "8

que sea en la Interpretación de los sueños d o n d e a p a ­

U n poco más adelante se refiere a él denom inándolo "mé­

todo terapéutico psicoanalítico". Sin embargo, pese a indicar

luego sus alcances y limitaciones, no entra a su descripción.

R

ecién lo hará, por prim era vez -como antes indicábam os- en

el

capítulo segundo de su obra m agna sobre los sueños. No es

posible fechar con total precisión el m om ento en que escribió

ese capítulo, aunque se lo puede delim itar aproxim adam ente.

Sabem os que la prim era versión de esa obra fue realizada en­ tre febrero y julio de 1898, teniendo su redacción definitiva

en tre mayo y septiem bre

de 1899.

C itarem os un párrafo de esa prim era descripción del m é­

todo de la asociación libre. D ice así: "Para que pueda o b ser­ varse m ejor a sí mismo con atención reco n cen trad a es ventajoso que (el paciente, agregado JP ) adopte una posi­ ción de reposo y cierre los ojos; debe ordenársele expresa­

m en te que ren u n cie a la crítica de las form aciones de

pensam iento percibidas. E ntonces se le dice que el éxito del psicoanálisis depende de que tome nota de todo cuanto le pase por la cabeza y lo com unique, y que no se deje llevar, por ejem plo, a sofocar una ocurrencia por considerarla sin

8 S. Freud: 1.a sexualidad en

op.cit

p.275.

importancia o que no viene al caso, u otra por parecer dis­ paratada. Debe conducirse con sus ocurrencias de manera totalmente neutral; es que cada crítica es la culpable de que él no haya podido descubrir ya la resolución buscada del sueño, de h idea obsesiva, etc.''9 Veremos luego, a partir de un artículo técnico de 1903, las ligeras modificaciones que Frcud introducirá en la apli­ cación de este método, las que serían luego definitivas. Pero debemos referirnos antes, al pasar, a dos escritos practicamen! e contemporáneos: la Psicopcitología de la vida cotidiana y Fragmento de análisis de un caso de histeria (va­ le decir, e! "caso Dora"). Ambos fueron terminados a prin­ cipios de 1 , aunque el famoso historial fue retenido y reelaborado para su publicación en 1905.

En ¡a primera de las obras citadas Frcud aplica el méto­ do de la asociación libre para interpretar diversos actos fa­ llidos y ejemplifica muy especialmente su utilización en la clínica mediante un paciente que había olvidado la palabra "aliquis” al citar un verso de Virgilio. Más interesante nos resulta una cita de Freud, que trans­ cribiremos. proveniente del historial de "Dora". Nos dice lo

siguiente: "

JP) la técnica psleoanalítica ha experimentado un vuelco ra­ dical. En aquella época c-i trabajo partía de los síntomas y se fijaba como meta resolverlos uno tras otro. He abando­ nado después ; st a técnica por hallarla totalmente inadecua­ da a la es.tnteUna más fina de la neurosis. Ahora dejo que el enfermo mismo determine el tema del trabajo cotidiano, y entonces paito de ia superficie que el inconciente ofrece a su atención e.n cada caso. Pero así obtengo fragmentado, en­ tramado c t i diversos contextos y distribuido en épocas sepa­ radas lo que corresponde a la solución de un síntoma. A pesar de esta desventaja aparente, la nueva técnica es muy superior a la antigua, c indiscutiblemente la única posible"}

desde

los Estudios (sobre la histeria, agregado

IOS. F rc ud. P lá s m e n lo de brayada fina) es nuestro.

análisis de un caso de h isteria. T.V II, p . l l , el s u ­

Pasem os ahora a lo que habíam os adelantado: en 1903 F reu d escrib e un artícu lo titulado: El método psicoanalíti- co de Freud, com o contribución p a ra un lib ro de Lów en- feld. La detallada descripción del m étodo psicoanalítico allí incluida será definitiva y m erece por ello reco rd arse textualm ente: "El m étodo catártico ya había renunciado a la sugestión; F reud em prendió el segundo paso: abando­ nar la hipnosis. H e aquí el m odo en que hoy trata a sus en­ ferm os: sin ejercer sobre ellos ninguna influencia de otra

índole, les invita a tenderse cóm odam ente de espaldas so­ bre un sofá, m ientras él, sustraído de su vista, tom a asien­ to en una silla situ ad a detrás. T am poco les pide que cierren los ojos, y evita todo contacto y cualquier otro p ro ­ cedim iento que pu d iera reco rd ar a la hipnosis. U na sesión de esta clase transcurre com o una conversación entre dos personas igualm ente alertas, a cada una de las cuales se le ahorra todo esfuerzo m uscular y toda im presión sensorial que pudiera distraerla y no dejarle concentrar su atención

sobre

E n los párrafos siguientes se referirá Freud a la p érdida de am pliación de conciencia que perm itía la hipnosis, aho­ ra abandonada. M ostrará cóm o la asociación libre (que aún no nom bra, como antes señalábam os), sustituirá con venta­ ja esa am pliación de conciencia. D escribirá la regla funda­ m ental que se enuncia al paciente en los térm inos ya citados. Vemos entonces que en 1903 está formulado el m étodo psi­ coanalítico12 en forma definitiva. Ya se evita todo contacto físi­ co con el paciente, no se le exige que cierre los ojos, etcétera, liquidándose así los restos de los m étodos anteriores. Q ueda así delimitado, en sus características externas y formales, el proce­ dimiento analítico, al que hoy denominamos dispositivo psicoa­ nalítico. Sus modificaciones, a partir de ahí, estarán relacionados

su propia actividad aním ica".11

11S. Freud: E l m étodo psicoanalítico de Freud. T.VII.

12Estamos equiparando claram ente "m étodo de la asociación libre" y "mé­ todo psicoanalítico". Verem os sin em bargo en nuestras conclusiones que

p.238.

esta equiparación puede y debe matizarse si tom am os en cuenta

otras

acepciones de "m étodo psicoanalítico", tam bién presentes en el freudiano.

texto

con la forma de escuchar y de intervenir en relación a esa libre asociación del paciente (y su correlato, la atención flotante del analista) y tendrá que ver, claro está, con los avances y descubri­ mientos teóricos que Freud irá efectuando (transferencia, neu­ rosis de transferencia, compulsión a la repetición, profundización del concepto de "resistencia", etcétera). El concepto de "atención flotante", correlato de la aso­ ciación libre del paciente, será recién introducido eri 1912 en su artículo: Consejos al médico sobre el tratamiento psi- coanalítico con su actual denominación pese a haber sido mencionado, por primera vez, en el famoso "caso Juanito"

(1909).13

Nos hemos detenido largamente en la aparición y des­ cripción del nuevo método. Nos será necesario ahora refe­ rirnos a otros aspectos que caracterizan la forma de trabajo de Freud, inaugurada en este período. Como ya lo senálabamos, Freud en 1909 indicó los tres procedimien­ tos técnicos ahora utilizados para descubrir los contenidos inconcientes del paciente. Se refirió a la asocación libre, a la interpretación de los sueños y a la apreciación de sus ac­ tos fallidos. Agregó a los mismos, y sin entrar a una pro­ fundización del tema, lavaloración del "extraño fenómeno" de la transferencia. En relación a la transferencia es fundamental recordar que, más que un simple procedimiento técnico, fue convir­ tiéndose poco a poco, con el desarrollo teórico freudiano, en el verdadero eje de la situación analítica así como de la teoría de la cura psicoanalítica. Freud ya se había referido descriptivamente al fenómeno transferencial en 1895 (Psi­ coterapia de la histeria), había visto y reconocido sus desvas­ tadores efectos en el "caso Dora" (1905), y lo consideraba como el "genuino portador del influjo terapéutico" ya que,

como escribía en 1909: "

lucionarse y transportarse a otros productos psíquicos en la elevada temperatura de la vivencia de transferencia".14

los

síntomas (

)

sólo pueden so­

13S. Freud: Análisis de la fobia de un niño de cinco años. T.X.

14S. Freud: Cinco conferencias sobre psicoanálisis . T.XI.

p.47.

A penas en 1910 (Las perspectivasfuturas de la terapiapsicoa-

nalítica), introducirá el concepto de "contratransferencia", de tanta importancia teórica y técnica. Seguirán después dos artí­ culos íntegros dedicados al tem a de la transferencia (de 1912 y 1914);15ambos lo conducirán a la idea central de su técnica pos­

terior: si la tranferencia es repetición, será fundamental recor­ dar para no volver a repetir. Por ello afirm ará lo siguiente: "El principal recurso para domeñar la compulsión de repetición del paciente y transform arla en un motivo para el recordar, reside en el manejo de la transferencia".16Por ese camino se podrá sus­ tituir la neurosis ordinaria del paciente por una neurosis de transferencia, curable psicoanalíticamente. Será necesario para ello la "perlaboración" (o "translaboración") que perm ita la su­ peración de la resistencia y la "ligazón". C arecería de sentido en este m om ento desarrollar estos simples pantallazos en relación a la im portancia creciente de la transferencia en Freud, aunque p ara efectuar un abor­ daje epistem ológico resulta im prescindible analizar las com plejas relaciones existentes entre transferencia y suges­ tión. Ese aspecto m erece ser subrayado, al pasar, ya que Freud em pleó m uchos años tratando de diferenciar el Psi­ coanálisis de su prehistoria en función precisam ente de la

deñnitiva elim inación de los planos sugestivos

mos, por ejem plo, la bellísim a oposición m etafórica que pro­

pone al respecto entre la pintura y la escultura: "per via di porre" y "per via di levare" 7) Sin em bargo debió reconocer luego que cierto nivel de sugestión (sugestionabilidad del paciente y no ya sugestión voluntaria de éste por parte del analista) volvía a colarse, a m odo de inoportuno visitante, dentro del Psicoanálisis en form a de transferencia. Y ese es en especial el punto de par­ tida a través del cual se puede estudiar cómo la transferen­ cia, pese a ser un fenóm eno central del psiquism o hum ano,

(R eco rd e­

15S. Freud: Sobre la dinám ica d é la transferencia (1912) y PuntualizaciQ- nes sobre el am or de transferencia (1914), am bos en el T. XII.

16S.

Freud:

Recordar, repetir y reelaborai. T.X II, p.156.

17S.

Freud:

Sobre psicoterapia (1904), T.V II, pp.250/1.

no puede llegar a ser explicada en su "esencia", ni aprehen­ dido definitivamente su estatuto teórico. Acerca del tercero de los procedimientos (la apreciación de los actos fallidos y acciones casuales del paciente) la Psi- copatología de la vida cotidiana (1901) muestra, con innume­ rables ejemplos de pacientes, la técnica empleada por Freud para dicha apreciación. Recordemos que el primer acto fallido del propio Freud que se inter preta a sí mismo (olvido de Julius Moscn) data de agosto de 1898.í8Su importante artículo Sobre el meca­ nismo psíquico de la desmemoria fue escrito poco después, en el mismo año. Es posible pensar entonces que, hacia 1890, su teorización sobre los actos fallidos estaba lo bastan­ te desarrollada para que pudiera interpretarlos en el traba­ jo clínico con sus pacientes (habiendo como siempre empezado por él mismo en su calidad de lo que podríamos denominar "paciente fundante"). En relación a los sueños se conoce el interés que, desde siempre, había experimentado Freud. Sin embargo los pri­ meros sueños que se interpreta a sí mismo, en apariencia, se hallan mencionados en una nota a pie de página del histo­ rial de "Emmy" (escrito en 1894). Su lectura de los mi.smos es aún precaria, faltándole lo esencial al carecer de una teo­ ría explicativa sobre el significado de los sueños. Se sabe que el primer sueño que Freud se interpretó con total minucia y detenimiento fue el famoso sueño de "inyec­ ción a Irma" (es decir de su paciente Emma, a quien ya he­ mos mencionado). El sueño fue del día 24 de julio de 1895. Entre 1895 y 1897, año en que se inicia su "autoanálisis' sis­ temático, Freud debió trabajar seguramente sobre sus pro­ pios sueños lo que se intensificó considerablemente en ese año con su propio análisis. Resulta evidente que Freud, a medida que fue entendien­ do el mecanismo de producción onírica y el significado de los sueños, empezó a interpretarlos a sus propios pacientes. Por ejemplo, en el capítulo segundo de su Interpretación de

18Carta a Fliess No. 94 del 26 de agosto de

1898 .

los sueños nos dice lo siguiente: "En el curso de mis psicoa­ nálisis de neuróticos he som etido ya a interpelación más de

un m illar de sueños

"19

Es difícil precisar cuándo em pezó a in terp retar los sue­

ños de sus pacientes. Esa obra contiene una enorm e canti­

dad de

un rápido recuento se observan alrededor de 50 ejem plos de sueños de dichos pacientes. L am entablem ente en la m edida que sólo son m encionados los sueños y no los historiales, re ­ sulta im posible identificar los pacientes referidos ni las fe­ chas en que fueron tratados. M uchos de los ejem plos allí incluidos debían estar ya re ­

m aterial onírico de sus propios pacientes. H aciendo

dactados en el prim er bo rrad o r de su obra term inada

lio de 1898, tratándose por lo tanto de pacientes atendidos alrededor de esas fechas (aproxim adam ente 1897 y 1898). D isponem os, de todas form as, com o dato, de varias re ­ ferencias a un p acien te que F reu d denom ina: "Sr. E.", quien es m encionado en las cartas a Fliess. Se observa, a

d e la le c tu ra del Manuscrito L de m ayo d e 1897, que

a esa fecha in te rp re ta los sueños de ese p acien te, lo

través F reu d

que perm ite pensar que ya tenía algunos lineam ientos de su T eoría del Sueño. La otra paciente cuyo historial se encuentra muy d esarro­

llado es "Dora", tratad a entre

octubre y diciem bre de 1900.

Con excepción del análisis de los dos sueños de "Dora" que se hallan detallados, el resto del historial contiene pocas re ­

ferencias explícitas a la técnica freudiana (aunque es m ucho lo que de él puede deducirse, com o lo verem os en su opor­ tunidad) pero es indudable que Freud, en ese m om ento, ya estaba trabajando m ediante el m étodo de la asociación libre

en ju ­

(aunque de un m odo inicial

O tro elem ento probatorio del alejam iento de Freud de los m étodos anteriores se encuentra pocos años después en las "Actas de la Sociedad Psicoanalítica de Viena". E n la reu ­ nión científica de dicha Sociedad, efectuada el 30 de octu­ bre de 1907, F reud presenta un historial clínico. Se trata de

y aún insatisfactorio).

19S. Freud: La interpretación

op.cit

p.125.

121

la primera exposición efectuada sobre el famoso "hombre de las ratas". Rank, encargado de transcribir las actas, escribe lo que sigue al resumir las palabras de Freud de ese día: "La técnica analítica ha cambiado hasta tal punto que el psicoa­ nalista ya no trata de extraer el material que le interesa si­ no que permite al paciente seguir el curso natural y espontáneo de su pensamiento".20 Esta cita resulta interesante para comprobar que en 1907 Freud todavía tiene que hacer esta aclaración -aparente­ mente obvia a esa fecha- a sus discípulos. Cabe pensar en­ tonces que el tránsito del método catártico al método psicoanalítico, iniciado en 1898, no fue fácilmente aceptado y seguido por aquéllos. Tampoco resulta extraño entender que esto haya pasado ya que el nuevo método significaba un alejamiento del lugar imaginario de autoridad, de saber y de salud, que suele ser muy gratificante en un plano narcisísti- co. "Bajarse de ese lugar de guía, conductor o modelo era también íomper con toda la tradición médica de idealiza­ ción y omnipotencia del médico. Esa ruptura, que Freud descubre como imprescindible para la clínica psicoanalíti- ca, no debió ser demasiado grata para muchos de sus segui­ dores. Si Freud la pudo realizar es porque pasó por una removedora experiencia analítica: el llamado "autoanálisis" que fue -como lo hemos mencionado muchas veces- un ver­ dadero psicoanálisis, en el que Ffiess funcionó transferen- cialmente como psicoanalista. Tendremos ocasión de discutir desde un abordaje episte­ mológico lo que ya hemos reiterado en lo que precede: que los mayores descubrimientos teóricos de Freud, aquéllos que permitieron el nacimiento del Psicoanálisis, el pasaje de su prehistoria a su historia, tuvieron que ver en forma direc­ ta con los avances personales en su análisis. Luego del extenso recorrido efectuado sobre los textos de Freud, podemos cerrar este ensayo que tuvo por objetivo des­ cribir el largo proceso de constitución del dispositivo psicoa-

20H. N unberg y ¡i. f-'edem (compil.): Actas de la Sociedad Psicoanalítica

de. Y ie n a . T.I. p.242.

122

nalítico y del m étodo de la asociación libre que lo fundam en­ ta y posibilita. Con ello hemos señalado el cim iento y organi­ zado los datos necesarios a p artir de los cuales será posible

que ha

desarrollar una lectura epistem ológica del proceso ocupado largam ente nuestra atención.

123

VII

Algunas conclusiones provisorias

No es esta la prim era vez que califico a mis conclusiones de "prólogo”. Las razones p ara h acerlo ahora resultan todavía más evidentes y fueron m encionadas desde el mismo prefa­ cio. E ste ensayo no constituye mas que una parte, fundam en­ talm en te descriptiva, extraída de su extenso contexto, apuntando el conjunto a la discusión teórica y epistem oló­ gica del m étodo, la técnica y el dispositivo requeridos para posibilitar la "situación psicoanalítica". Sin em bargo, nos será posible esbozar en este punto al­ gunas consideraciones de interés al retom ar diversos tem as que quedaron abiertos en las páginas que preceden. M ucho hemos insistido, desde el principio, en que debía­ mos rechazar las tradicionales fórm ulas de "desarrollo" o "evolución de la técnica freudiana" para el recorrido que aquí se ha efectuado. N uestras razones son simples y abo­ nan la línea de pensam iento que hemos venido trabajando y la m odalidad de nuestra lectura epistem ológica del Psicoa­ nálisis, en especial de lo que hem os denom inado y delim ita­ do como "epistemología freudiana". Cuando se habla de "evolución de la técnica freudiana" y se recorren "etapas" de la misma, se concibe dicha evolución como un proceso natural en donde los pasajes de una etapa

a la otra

cir, cóm o si dicho proceso no generara preguntas muy sig­

nificativas a nivel epistem ológico. A sí leído, desde la óptica más tradicional en que ha sido historiado el Psicoanálisis, no resulta extraño o llamativo que Freud haya llegado al m é­

todo de la asociación libre, atravesando previam ente

por el

catártico. Parecería existir entre ellos una continuidad tan estrecha y tan directa, que se crea la ilusión de que cualquier otro investigador hubiera podido arribar a los m ismos des­ cubrim ientos. Todo proceso, leído evolutivam ente desde el

resultan totalm ente lógicos y esperados. V ale de­

125

lugar "term inal’', suele ap arecer com o "natural” y evidente,

obturándose así la producción de cuestionamientos, es de­ cir, la posibilidad de generar fructíferas interrogantes.

M e ha parecido muy extraño que, habiendo ya tantas lec­

turas históricas sobre el nacim ie